CIENCIAS SOCIALES HOY – Weblog

Actualidad sobre política, sociología, economia, cultura…

Posts Tagged ‘UP

MAPU, Historia: Gobierno UP y quiebres 1971-1973… (Cuarta Parte)

leave a comment »

AMBROSIO1 por Cristina Moyano, Dra. en Historia

Capitulo 4:

Gobierno y quiebres 1971-1973. MAPU: el partido “que nació a caballo”

La formación de la izquierda cristiana y la primera fractura del MAPU: la oportunidad para definir la identidad marxista.

Ampliamente cubierto por El Mercurio, el conflicto desatado en la mitad de 1971 mostraba, según el periódico, las tensiones insalvables e irreconciliables, en el largo plazo, de la compleja convivencia entre marxismo y cristianismo.

La idea de que el marxismo y el cristianismo podían convivir de manera armónica y potenciarse mutuamente se termina abruptamente con la creación de la IC y la salida de los parlamentarios del MAPU, principales líderes en los primeros meses de actuación del partido, cuestión que será sobredimensionada por la prensa de derecha. Sin embargo, cabe mencionar que la formación de la Izquierda Cristiana no se debe a dichos parlamentarios, sino que a un conflicto que cruza a la DC y el sector tercerista que decide quebrar con dicho partido ante el fracaso de reformar por dentro la colectividad de la flecha roja y avanzar en un proceso de profundización de las reformas sociales y económicas prometidas bajo el lema de la “Revolución en Libertad”.

El conflicto por la definición ideológica al interior del MAPU comienza a hacerse más agudo en el mes de agosto de 1971, días previos a la inscripción formal de la colectividad en el registro electoral. Dada la importancia que tenía el hecho de convertir al MAPU en un partido, con todas las de la ley, las pugnas internas se hicieron cada vez más visibles. La nueva colectividad debía tener una ideología clara y definida y en ese ámbito parece que la opción de Rodrigo Ambrosio, Secretario General por esos años, de definirse como partido marxista, excluía la posibilidad de mantener el ideal cristiano.

Así lo expresaba una carta enviada por Jerez, Gumucio, Silva Solar y Chonchol a Ambrosio el 25 de mayo de 1971, en donde conminan al Secretario General a “abordar y resolver seriamente el problema de su ideología”. En dicha carta los viejos fundadores del MAPU enfatizaban que “para algunos, entre los que nos encontramos, somos una fuerza dentro de la izquierda, destinada fundamentalmente a ser cauce para aquellos que siendo de formación o tradición cristiana, se sienten comprometidos en un frente político y con un programa común para la fuerzas populares, fundamentalmente de formación marxista, para impulsar juntos el cambio revolucionario de la sociedad y construir en Chile una sociedad socialista… para otros, por ejemplo para muchos jóvenes del MAPU y para usted mismo, compañero Ambrosio, somos un partido leninista. Con ello deja atrás lo planteado en el principal documento teórico del movimiento que al formarse el MAPU señaló que éste hacía suyos “los valores revolucionarios que el cristianismo como fuerza cultural incorporó al mundo”.[1]

Se planteaba en esta carta que el MAPU se encontraba perdiendo la fuerza potencial, que los viejos fundadores creían tenía la nueva colectividad de izquierda. Ese elemento de identidad y que según ellos ampliaba las bases de la UP al incluir el elemento cristiano al ideario popular y revolucionario, que en nuestro país estaba articulado básicamente en torno a los partidos que se habían declarado marxistas, se abandonaba para constituirse en un partido más de la izquierda ya existente. Según los mismos parlamentarios “respetamos plenamente al cristiano que milita en un partido marxista. Nos parece una opción legítima. Pero creemos que la incorporación masiva de los sectores populares cristianos a la lucha por la construcción socialista requiere de un cauce político que les sea más accesible, y eso es a nuestro juicio, una izquierda de inspiración cristiana… que tome su puesto en la tarea de transformación revolucionaria de la sociedad junto a los comunistas, socialistas, radicales y toda la izquierda.”[2]

Sin embargo, la misiva junto con enfatizar que la opción por el marxismo leninismo dejaría fuera a un importante contingente de personas cuya identidad popular no estaba afianzada en esa ideología, también dejaba ver, entrelíneas, que la definición teórico-ideológica estaba cruzada por un conflicto generacional. Los parlamentarios señalan que son los más jóvenes los que mayoritariamente abogaron por esta definición ideológica y entre ellos se encontraba Ambrosio y la gran cantidad de militantes que provenientes de la tradición cristiana necesitaban definirse como marxistas, quebrando sus lazos con el pasado, construyendo una nueva identidad.

Finalmente la apuesta de los jóvenes no estará en aportar a la izquierda una ideología distinta, sino que una forma de poner en práctica esa ideología, una nueva forma de hacer política, que requería precisamente de cortes y rupturas con aquellos sectores tradicionales y que en el MAPU representaban los más viejos, aquellos para quienes el peso de la cultura política adquirida en la Democracia Cristiana no podía ser arrancada de raíz.

De esta forma la constitución de la Izquierda Cristiana, aún cuando se propusiera básicamente herir a la Democracia Cristiana, terminaría también hiriendo al MAPU, toda vez que la base militante y el ideario eran bastante comunes. Es por eso que los intentos públicos de Ambrosio se encuentran abocados a construir una imagen del MAPU como partido tolerante donde todos tienen espacio para hacer política, tratando con ello de mantener esa duplicidad que le daba la importancia política a la colectividad. Ambrosio señalaba que en el MAPU tenían un espacio de participación todos los que quisieren adherir a su propuesta, ya que esta colectividad era “pluripartidista no sólo como actitud, sino que como una forma de vivir y actuar”[3].

Mientras Ambrosio intentaba mantener esta imagen del MAPU para evitar que otros militantes salieran de la colectividad, la Izquierda Cristiana en sus declaraciones públicas enfatizaba la imposibilidad de que convivieran en la misma colectividad marxistas y cristianos. Las palabras de Luis Maira, líder fundador de la IC, eran bastante claras cuando argumentaba que “no polemizará con el MAPU, por cuanto los diferencia la matriz ideológica, los primeros son cristianos y los segundo de inspiración marxista”[4]. Con ello Maira zanjaba la discusión al afirmar que los cristianos revolucionarios están en la IC, los marxistas en las otras colectividades.

Para la prensa de ese entonces, el conflicto desatado con la formación de la IC viene a poner en juego la base de apoyo a la Unidad Popular. Para el Mercurio por ejemplo, la formación de esta nueva colectividad no aumenta el apoyo al gobierno de Allende, sino que divide el ya existente. Según este periódico la IC permite simplemente que los cristianos del MAPU formen su propia colectividad, dejando de convivir con los marxistas. Eran los mismos, no aumentaron, solo se dividieron, era la conclusión del periódico.

Al mismo tiempo, El Mercurio señalaba que el MAPU “al perder su identidad inicial cristiana, socialista y revolucionaria deja(ba) de ser atractiva, para convertirse en un partido leninista más que no le aporta(ba) pluralismo a la U.P[5]. Resaltaba también el periódico, para fundamentar esta idea, las palabras con que Narciso Irureta, militante de la DC analizaba el conflicto, esgrimiendo que la formación de la IC y la aparente crisis que generaría en la DC era simplemente una “estrategia para tapar la crisis de la UP”[6].

De esta forma tanto el periódico El Mercurio como la Tercera, enfatizaron la creación de la Izquierda Cristiana como un conflicto que si bien se inicia en la DC, termina afectando también al MAPU y las bases de apoyo de la Unidad Popular. Dicho enfoque, sin embargo, quedaba matizado con la forma en que se cubrió el nacimiento de la nueva colectividad política por los periódicos El Siglo y El Clarín. En estos últimos periódicos, el conflicto parecía solo rozar al MAPU, planteandose como clave el problema del debilitamiento estructural de las fuerzas demócrata –cristianas, causado por un descontento militante ante el comportamiento de las cúpulas partidarias, bastante alejado de las promesas de cambio social y de construcción de una sociedad comunitaria, que hicieron atractivo a dicho partido formado hacia fines de los años 50.

Dentro de este conflicto político, el 12 de agosto de 1971 el MAPU se inscribió como partido formal ante el registro electoral. Avalan su inscripción 34.000 firmas, de las cuales ya habían renunciado el 6 de agosto, los líderes más visibles en los primeros meses de existencia del Movimiento de Acción Popular Unitaria. No estarían en el “MAPU partido” ni Chonchol, ni Jerez, ni Gumucio, ni Silva Solar.

Sólo dos días después de la inscripción de la colectividad, Ambrosio aceptó la renuncia de los antiguos militantes y en una declaración pública afirmó que “la declaración de los renunciados envolvía una paradoja, porque mientras por un lado se integraban a un nuevo cauce revolucionario, desvalorizaban al mismo tiempo la multiplicidad de caminos que tienen los cristianos para trabajar por la revolución[7]. En forma similar, en una carta de la comisión política del MAPU hecha pública el 17 de agosto del año 1971 se argumentaba que el MAPU aceptaba la renuncia de dichos militantes, pero sin comprender la estrechez de visión de los parlamentarios, que no les permitía entender la posibilidad de que un cristiano milite en un partido sin ideología cristiana y de izquierda[8].

La “estrechez de visión” que los miembros de la comisión política del MAPU destacaron como argumento a la renuncia de estos militantes ex rebeldes de la DC, estaba referida también a otro elemento que sobresaltaron en la misma carta, referida a la profunda crítica sobre la forma tradicional de entender y practicar la política, tal como estos lo habían hecho en su partido originario. Los jóvenes del MAPU enfatizaron así, que el problema no era sólo ideológico-doctrinario, sino que contraponía dos formas de pensar y actuar la política, antagónicas tanto en el sentido ideológico así como en el sentido generacional.

La prensa de la época destacó esos elementos y contrapuso de manera más evidente la aparente incongruencia entre marxismo y cristianismo. De hecho una tira cómica que aparece en el Mercurio muestra al MAPU como un partido atropellador e intolerante, tratando con ello de estigmatizar un dogmatismo exacerbado del marxismo, que no se condice con los postulados expresos en los documentos políticos de la colectividad, donde ellos argumentaban que el marxismo era simplemente una herramienta de análisis de la realidad social y no un dogma incuestionable. En la tira cómica, aparece el sacerdote jesuita Gonzalo Arroyo, destacado militante del MAPU, pescando con un anzuelo dos peces que tienen escritos en sus vientres marxistas y cristianos, bajo los pies del sacerdote aparece escrito: ¡ Se desbordó el arroyo!.

De esta forma, la primera ruptura del MAPU comenzó a configurar de manera más expresa elementos de su propia cultura política. La intensidad puesta en la definición doctrinal inicial era interesante porque llevaba a la colectividad a expresar de manera pública cuál sería su manera de relacionarse con el marxismo. Aquí aparece, por lo tanto, un elemento que será importante no sólo en esos momentos, sino que más tarde dentro del proceso de renovación socialista. El MAPU entenderá el marxismo como un instrumento de análisis de la realidad social, sin dejar de lado otros elementos que permitieran adentrarse en una comprensión más profunda de lo social. Lo importante para ellos era generar una nueva forma de ver la política, donde el análisis coyuntural y estructural de la realidad chilena se volviera clave para definir la acción de los militantes. El estudio y por lo tanto una construcción más “profesional” de la política fueron elementos que van configurando la novedosa cultura política del MAPU.

Junto a lo anterior, otro elemento que va demostrando este quiebre, era una forma de militancia política que va poniendo en jaque la diversidad dentro del partido. Si bien Ambrosio en forma permanente tratará de postular que un elemento importante que aporta el MAPU a la izquierda es la posibilidad de que coexistan y convivan dentro del partido distintos actores y distintas posturas sobre lo que se entiende por socialismo y marxismo; en la práctica la militancia cotidiana, tan mezclada con el compromiso personal, la ética y la moral del militante, va imposibilitando que permanezcan en la colectividad grupos demasiado diversos. De allí que la historia de este período fundacional tenga dos quiebres importantes en un corto período de tiempo: el que acabamos de relatar y el que se irá produciendo hacia el año 1972 y que terminará por quebrar públicamente al MAPU en marzo de 1973. Esto quedará graficado de manera metafórica en un dicho atribuido a Ambrosio y recordado en la prensa por Oscar Garretón, a raíz del quiebre del año 1973: “El partido nació a caballo… de allí que no temamos a los corcoveos”[9], haciendo referencia a las turbulencias en las cuales nació y se desarrolló el MAPU en sus cortos años de existencia.

El MAPU y “la colaboración crítica” con el gobierno de la Unidad Popular.

Tal como expresamos en el capítulo anterior, el MAPU nació como colectividad para posibilitar la unión de la izquierda con miras a la elecciones de 1970. Así, una vez que Allende triunfó, el MAPU debió articular un nuevo discurso que justificara su existencia en la arena política, cuando ya se había alcanzado el objetivo fundacional.

La participación en el gobierno de la Unidad Popular conllevó al MAPU a una definición doctrinal importante que fundamentó el primer quiebre antes relatado. En forma paralela, puso a los jóvenes militantes a diseñar una estrategia de participación en el recién formado gobierno, participación que podemos definir de “colaboración crítica”.

Dicha colaboración crítica se caracterizará por el aporte de importantes cuadros técnicos en la administración del Estado. Es en esa esfera donde comenzarán a aparecer en la prensa los nombres de los militantes que hasta nuestros días son asociados al MAPU. Importantes cuadros del MAPU fueron las figuras de Oscar Guillermo Garretón[10] en la subsecretaría de Economía, quien más tarde será reemplazado por Fernando Flores[11]; José Antonio Viera Gallo[12] en la subsecretaría de Justicia, otras figuras en la CORFO como el mismo Flores o Francisco Gonzalez[13]; interventores de empresas pasadas al área de propiedad social[14], o dentro de la misma área económica y financiera, personas como Jaime Estévez, por ejemplo.

De esta forma el MAPU entregó a la gestión administrativa del gobierno de Salvador Allende importantes cuadros técnicos[15] compuestos por militantes jóvenes, con preparación universitaria y que a temprana edad se encontraban ejerciendo importantes cargos en la administración del Estado[16]. Sin embargo, esta participación en la administración no estuvo exenta de críticas a la gestión del gobierno. Así mientras algunos cuadros participaban de la construcción de la sociedad socialista desde el Estado, también coexistieron en el MAPU cuadros militantes[17] que articularon duras críticas a dicho proceso, referidas tanto a la rapidez como a la profundidad de las transformaciones.

Junto a este cuestionamiento coexiste otro referido al lugar desde es necesario construir el poder para llegar a la sociedad socialista. Un grupo importante de militantes del MAPU básicamente agrupados en el Regional de Concepción, Valparaíso y el Regional Sur de Santiago comenzaron a adherir a la propuesta de que era necesario “crear poder popular” y que por lo tanto, la participación en el Estado era una cuestión menor, razón por lo cual el partido debería concentrarse en el trabajo con las masas y desde las masas.

De esta forma parte importante de la crítica que un sector del MAPU hizo al gobierno de Allende, se realizó desde el lugar que cada militante ocupa en la sociedad. En otras palabras, el MAPU durante ese período reúne en su critica elementos visibles de la práctica política – administrativa, generadas a raíz de lo que sus propios militantes realizan. Esto es importante, por cuanto la crítica del MAPU no es solo doctrinaria, sino que también práctica, derivada de su propia participación y experiencia, cuestión que lo diferenciaba del MIR, por ejemplo.

Los cuadros técnicos de MAPU que ocuparon puestos estratégicos, fueron generando una particular forma de entender el proceso de construcción del socialismo. Su aporte crítico o de colaboración se hizo desde la perspectiva profesional administrativa donde actuaban, haciéndose cada vez más partidarios de fortalecer el poder del Estado, desde donde entendían debía dirigirse el proyecto de construcción de una sociedad socialista. De allí que el MAPU apareciera como un actor importante en el proceso económico, tanto en el sector industrial – empresarial como en el sector agrícola, ya que fue a través de su acción en la subsecretaría de economía, en la CORFO o en INDAP desde donde hablaron sus cuadros a la prensa de la época. Es por eso que una primera forma de aparición del MAPU en la prensa tuviera un corte asociado al trabajo programático, profesional y administrativo; es decir, sus actuaciones públicas estaban en estricta relación con su actuación en el gobierno.

De la acción gubernamental por lo tanto, el MAPU aprovechó los espacios para comunicar su propia idea de socialismo y de nación chilena, quedando claro que la opción del proyecto socialista debía partir de una acción práctica que evidenciara un real conocimiento de nuestra sociedad. Este elemento era válido tanto para quienes eran más partidarios de fortalecer el movimiento popular, como para quienes eran más cercanos a la idea de fortalecer el poder del Estado y potenciar el proyecto de la UP dentro del marco institucional.

Entre 1970 y fines de 1971, el MAPU planteó la línea de colaboración crítica hacia el gobierno de la UP, cuestión que en la práctica se tradujo en una militancia ordenada y disciplinada de apoyo a la gestión gubernamental con sus cuadros técnicos, dirigiendo sus principales críticas a la Democracia Cristiana, al imperialismo y a la oligarquía patronal chilena. Estos últimos focos de ataque fueron recurrentes en casi todos los partidos de la U.P, aunque el conflicto con la DC fuera más patente en el MAPU, en su afán permanente por diferenciarse de su partido original. Las tensiones internas entre los dos grandes grupos que hemos destacado, sólo asomaron en la prensa y no lograron constituir un elemento distintivo de la colectividad.

En ese período y bajo la conducción de Rodrigo Ambrosio, el MAPU se dedicó en conjunto con las labores administrativas y ejecutivas, a crecer como colectividad. Para esta última tarea, situó como elementos centrales de su trabajo el frente de masas, donde la colectividad tuvo importante participación sindical (CUT)[18], así como en las Federaciones Universitarias de Estudiantes, donde el MAPU logró bastante presencia, y en el sector campesino cuyas bases populares fueron efectivamente la gran base social de apoyo al partido junto a los estudiantes y algunos dirigentes del movimiento de pobladores. El sector campesino de apoyo del MAPU, se le debe al trabajo proveniente de la Democracia Cristiana, con figuras importantes como Jacques Chonchol y que continuaron militantes destacados como Jaime Gazmuri, por ejemplo. Las conexiones de la DC en el sector campesino a través de la creación de INDAP y la CORA en el contexto de la Reforma Agraria del gobierno de Frei Montalva, fueron generando condiciones positivas para que una vez producido el quiebre, el MAPU mantuviera dichas conexiones, que de modo general era un espacio poco visitado por la izquierda tradicional.

El trabajo de base y de proselitismo que se realizó en el contexto de la Reforma Agraria, por figuras del aparato DC del departamento campesino y que más tarde migraron de manera masiva al MAPU, posibilitó a esta colectividad heredar un espacio de influencia nuevo y que se encontraba tradicionalmente en disputa por el centro político y la derecha.

Las influencias del MAPU en otros sectores sociales, como el movimiento obrero más clásico (industrial o minero, por ejemplo) fueron más reducidas. Se puede inferir por tanto, que su capacidad de disputa de los viejos nichos fue bastante escasa, ya que el MAPU no concitó mayor atractivo para los viejos dirigentes sociales que se sentían mucho más identificados con los postulados y los estilos políticos de comunistas y socialistas.

Sin embargo, donde el MAPU logró importantes apoyos fue en aquellos sectores sociales y económicos más nuevos y que emergieron en el proceso de modernización iniciado con los radicales. La ampliación importante del sector servicios en la economía proporcionó un nicho no explorado por los partidos tradicionales, compuesto por personas jóvenes, sin militancia previa reconocida, con algunos grados mayores de preparación educacional, para quienes el MAPU aparecía como una fuerza novedosa y atractiva.

De allí que una de las labores importantes de esta colectividad, junto al trabajo tradicional en el frente de masas, se concentró en buscar “los mejores” cuadros técnicos, para ocupar lugares del aparato gubernamental y aumentar en conjunto, su dotación parlamentaria. Esto último se debía realizar con suma urgencia, por cuanto si bien el MAPU nació como colectividad teniendo cinco parlamentarios, al momento de la fundación de la I.C se quedó sin ninguno. De esta forma, el registro de la prensa nacional va mostrando cómo esta colectividad que si bien era un grupo “minúsculo” o diminuto como lo definía el Mercurio[19], fue haciéndose cada vez más importante en la gestión gubernamental, así como en lugares visibles del movimiento estudiantil, de trabajadores y campesinos.

La concentración en estos dos frentes de trabajo permite graficar su concepción del poder y la política. De acuerdo con la prensa, el MAPU concentró su trabajo partidario en aumentar sus bases sociales de apoyo así como en aumentar sus cargos en el Estado. De allí que los MAPUS aparecieran en la prensa de la época enfatizando el objetivo de ayudar a construir un puente entre el movimiento social y el político, de manera que el primero pudiera efectivamente convertirse en un actor con capacidad autónoma de participación en la construcción de la sociedad socialista. Sin embargo, los grados de preparación que el MAPU privilegiaba para participar de la administración, terminaban generando una exclusión efectiva de todo aquel militante que no pudiera colaborar técnicamente en dichas tareas. Por ello, que la configuración pública de esta colectividad esté concentrada en figuras provenientes del ámbito profesional universitario y no existen militantes conocidos (o al menos recordados por la prensa) que pertenecieran a otros ámbitos de la vida social o económica de nuestro país.

Esto último se hizo más visible en el período de la dirección de Ambrosio, quién terminó por sistematizar esta conexión entre lo social y lo político, en su teoría de los “dos filos”. En dicha “teoría” se esbozaba que era necesario que los MAPUS estuvieran presentes tanto en el aparato del Estado como en los movimientos sociales, porque el partido debía ser entendido como el vehículo que permitiera conectar estos dos espacios, que según su crítica a los partidos tradicionales, permanecían desconectados. De allí que mientras se pretendía crecer en la esfera social, participando en la CUT o ganando federaciones de estudiantes (secundarias y universitarias), también se abocaran a decidir racionalmente en qué ámbitos del Estado les parecía adecuado participar para seguir creciendo orgánicamente y ganando influencia en las bases sociales. Sólo en este sentido, el MAPU suponía se podía construir hegemónicamente un proyecto socialista. Sin ambos frentes ocupados y conectados, la disociación entre lo político y lo social se mantendría.

Para muchos esta teoría y este espíritu que nutrió la forma de participación del MAPU en la UP, era una simple forma de ocultar “artificiosamente” una intensa vocación de poder de quienes participaban en dicho movimiento. Críticos del MAPU veían en esos años, que esta colectividad era usada como trampolín social y económico para hombres y mujeres que aspiraban a participar de las labores del Estado y tener un trabajo estable y remunerado[20].

Sin embargo, esta crítica no era una prerrogativa exclusiva de los partidos opositores a la UP, sino que también generó conflictos al interior del MAPU. El 18 de diciembre de 1971, se realizaba en Santiago el 4° pleno de la Directiva Nacional del MAPU, cuyo objetivo central era “realizar un balance realista, crítico y autocrítico del primer año de gobierno; diseñar las grandes tareas de gobierno y del partido para el año 1972 y hacer una revisión autocrítica del funcionamiento del MAPU, su desarrollo en las masas y su funcionamiento en el gobierno”.

En la recurrente y permanente autocrítica que realiza el MAPU de su actuación[21], se van delineando claramente dos corrientes internas que comenzarán a tensionar la militancia interna. Por un lado, la corriente partidaria de acentuar el trabajo en las masas y en los movimientos sociales y que proponía una proletarización del partido y de sus militantes, criticando la preocupación dirigencial de nutrir con cuadros técnicos al aparato de gobierno. Dicho sector planteaba como tarea urgente la necesidad de articular los Comités de Unidad Popular, concebidos como “el mejor vehículo de comunicación entre el gobierno y las masas”[22], evitando la desmovilización que según ellos se estaba generando con la excesiva burocratización en la que había caído el gobierno de la UP. Ante ello, este sector era también partidario de unirse con el MIR y con el PS para aumentar la movilización y tensionar la estructura oficial (régimen político constitucional), permitiendo así acelerar el proceso de transición hacia el socialismo, configurando además lo que más tarde se conocería con el nombre del Polo Revolucionario.

Por otro lado, se delineaba el sector partidario de mantener puestos importantes en el aparato del Estado y en el Parlamento, por cuanto entendían que no sólo era importante contar con apoyo de masas sino que también contar con las herramientas que el poder institucional establecía como válidas para realizar las transformaciones hacia el socialismo. Aunque ambas corrientes terminaban en el mismo objetivo, las tensiones y las críticas que ambos sectores comenzaban a hacerse se volvieron cada vez más fuertes.

Sin embargo, las resoluciones del 4° Pleno del MAPU estipulaban que las tareas para el año 1972 serían las siguientes: “lucha antiimperialista, expropiación de todos los monopolios, acelerar la Reforma Agraria, ganar la batalla de la producción, ganar a los medianos y pequeños empresarios, organizar el abastecimiento, incorporar a las masas a las instancias de poder, recuperar la iniciativa en el terreno ideológico, preparar la batalla por el Parlamento y mejorar los métodos de dirección en la UP y el gobierno”[23]. Estas tareas trataban de unir ambas posturas dentro de la colectividad, estableciéndose bajo la dirección de Ambrosio que no había una incongruencia en ellas, y que el MAPU debía dirigir sus acciones tanto a la esfera social como a la esfera estatal y administrativa. Para Ambrosio tensionar ambas acciones, terminaría disolviendo la potencialidad del MAPU dentro de la UP y por lo tanto, haciendo a este partido inoperante y prescindible dentro de coalición de gobierno.

Mientras el MAPU se concentraba en estas labores de construcción de una identidad ideológica, el resto de la Unidad Popular, sobre todo el PC y un sector del Partido Socialista (sector moderado, liderado por Clodomiro Almeyda), encabezados por la figura del Presidente Salvador Allende, veían que el MAPU gastaba demasiado tiempo en discusiones fútiles, por cuanto su potencialidad como colectividad había sido zanjada en el momento de su creación.

Según la carta que Allende le envío a Rodrigo Ambrosio, disculpándose por no estar presente en la clausura del 4° Pleno, el Presidente enfatizaba que la incorporación del MAPU a la UP era una muestra “de pluralismo ideológico y verdadera democracia, cristianos, laicos y marxistas hemos volcado en un programa de gobierno, cuyas primera etapas ya hemos cumplido y seguiremos cumpliendo inflexiblemente. Así estamos haciendo la Historia.” Continúa más adelante Allende, diciendo que “tenemos que demostrarle a estos chilenos que están equivocados y que aquellos que son cristianos se convenzan que nadie que considere al cristianismo como eje central de su existencia puede ser adversario nuestro. No hay nada de lo que el gobierno popular construya que no pueda contar con la adhesión y participación de los discípulos del carpintero. Aún por sobre los errores que podamos cometer, porque es ese también uno de los riesgos de la revolución chilena, que no se sujeta a ningún modelo extraño a nuestra nacionalidad. Para un auténtico cristiano tales riesgos no deben constituir una valla, sino un estímulo para una sociedad sin explotadores ni explotados.”[24]

Allende termina dicha carta, diciéndole a Ambrosio que el MAPU ha ocupado, en el sentido antes descrito, un lugar de vanguardia, como incentivo para zanjar la discusión que se volvía cada vez más visible dentro de la colectividad y se decidieran de manera definitiva por una colaboración “inrrestricta” (y no crítica) al gobierno, dada la tenaz oposición que tenía en su contra.

De esta forma, mientras Ambrosio y sus correligionarios gastaban horas tratando de construir una identidad y un estilo político propio, Allende les reforzaba la imagen cristiana. El gran aporte del MAPU, según el sector de la izquierda que el Presidente representaba, estaba puesto en la integración de un sector social e ideológico que antes escapaba a la izquierda tradicional. Sin embargo, el cristianismo no era para el MAPU carta de nada, ni señal de identidad y menos de una cultura política en particular. A los hijos de Ambrosio esto ya les parecía un “karma”, que les recordaba permanentemente el pecado original y se esforzaron en construir un tipo de partido distinto en la izquierda, donde elementos no asociados al cristianismo les permitieran mostrar una identidad también distinta a su origen demócrata cristiano. Sin embargo, en ese esfuerzo se entienden los dos quiebres. El primero antes relatado y el segundo, que se gesta en la decisión definitoria sobre el MAPU, su carácter y objetivo político en la lucha por el poder y el socialismo.

Los signos públicos, que auguraron el segundo y gran quiebre del MAPU, se comienzan a visibilizar en los primeros días del año 1972 y se agudizan de manera profunda después del paro de Octubre del mismo año, mismo período en el que se realiza el II Congreso de la colectividad. La primera luz la daría la renuncia al partido hecha por entonces Intendente de Ñuble, Alejandro Bell. En su carta de renuncia este militante aduce como motivo de su accionar la disconformidad “en lo que se refiere a la relación entre el partido y el aparato de gobierno[25]. Bell, manifiesta que el Partido ha abandonado su quehacer social y que la actual directiva sólo está preocupada de la burocracia administrativa, ante lo cual aduce que el colectivo en el que milita ha perdido su norte y su sentido.

Otros de los puntos que hicieron pública la tensión al interior de la colectividad fue la discusión de la propuesta del MAPU de crear un “Partido Federado” que permitiera enfrentar de mejor forma las elecciones de mayo de 1973. Dicho partido pretendía concentrar las fuerzas de la UP, en un gran organismo disciplinado que permitiera por un lado contener las fuerzas que tendían a la dispersión y por otro lado, articular un discurso hegemónico y coherente que le diera una base de apoyo más sólida al gobierno de la UP. Sin embargo, si bien esta propuesta estaba liderada por la Dirección oficial del MAPU, existían algunos militantes del sector más radical que advertían que esta era una preocupación menor, ya que la gran tarea era hegemonizar el movimiento social, labor que permitiera constituir bases poderosas para oponerse con fuerza a la acción sediciosa de la oposición.

Las tensiones de este período estuvieron contenidas por la figura de Ambrosio, que constituía un liderazgo indiscutido dentro de la colectividad. Su gran preparación intelectual era reconocida por todos los sectores políticos, cuestión que generaba un respeto y admiración que permitía unificar cualquier disidencia en torno a su figura. Nadie dentro de la colectividad parecía querer ir en su contra[26]. Sin embargo, un suceso fortuito posibilitó que se dieran las condiciones para que las tensiones dentro del MAPU generaran el quiebre inminente.

El 19 de mayo de 1972, Rodrigo Ambrosio muere en un accidente de tránsito en Panamericana Norte, cuando el vehículo donde viajaba trató se sobrepasar a un camión que transportaba cemento. Le acompañaban ese día el más tarde electo vicepresidente de la CUT Eduardo Rojas.

La muerte de Ambrosio genera un descalabro interno, no hay un liderazgo claro que asuma su conducción. De manera interina, ocupará la Secretaría General del Partido el hombre de confianza de Ambrosio, Jaime Gazmuri. Sin embargo, las posiciones de éste último más distanciadas de los sectores radicales de la colectividad, condujeron a acelerar el conflicto, ante lo cuál el 24 de junio de 1972, el MAPU convoca al 5° Pleno, que presenta como objetivo examinar la situación política interna de la colectividad y del país.

Dicho Pleno tiene también como objetivo encubierto, parar la serie de renuncias masivas que a contar de mayo del año 72 se estaban produciendo en el partido, que enfatizaban que dicha colectividad “no había cumplido las aspiraciones de los trabajadores[27]. Según el periodico El Siglo, estos militantes habían migrado hacia el MIR[28]. Se comienza articular de forma cada vez más clara una vinculación fraccional entre un sector del MAPU y el MIR, así como con el sector del PS dirigido por Carlos Altamirano. El polo revolucionario que nunca se constituye de manera oficial, comenzaba a funcionar en la práctica desde mediados del año 72.

Bajo la conducción de Gazmuri, el MAPU va delineando sus posturas políticas y en las resoluciones del pleno antes mencionado, queda de manifiesto el gran apoyo que tenían las posturas más críticas al gobierno de la UP. Según las conclusiones plenarias, el MAPU enfatiza que el gobierno debe apresurar la constitución del área social de la economía, “la cuál deberá ser organizada como centro de dirección de la economía en conjunto, con plena participación de las masas en la política de distribución”[29].

En agosto de ese mismo año, Gazmuri debe enviar una carta al Presidente Allende donde se plantea “la existencia de serios problemas en la dirección de la UP especialmente en lo que se refiere a la movilización y participación de las masas”[30]. Así mientras Gazmuri es presionado por un sector del MAPU a plantear posturas cada vez más críticas al gobierno, por otra parte, el sector operativo interno manejado por los cercanos a dicho Secretario General eliminan del partido a los grupos más radicales. El quiebre por lo tanto se hacía inminente.

El violento quiebre: Se delinea una cultura política.

El 25 de mayo de 1972 Gazmuri es confirmado como cabeza del MAPU en su cargo de Secretario General y el 29 de ese mismo mes esta colectividad llamaba a acentuar el proceso revolucionario chileno. Sin embargo, cinco días antes de esta declaración “4 interventores del MAPU renuncian a sus cargos por no hacerse efectiva la participación de los trabajadores en la administración de esas empresas… Raimundo Baeza (uno de los interventores) argumentó que la UP no se había pronunciado sobre el traspaso de esas empresas al área social y dijo que la dirección del MAPU les había obligado a perseguir a los trabajadores adictos al Frente de Trabajadores Revolucionarios”[31].

Se va configurando así, a través de los escritos de prensa, un partido que aparecía divido en la práctica. Mientras por un lado la dirección aparecía liderando una crítica formal pero responsable al gobierno, los líderes intermedios y otros más visibles actuaban en otros frentes más radicales y para algunos de ellos, la colectividad ya no tenía razón de existir. Es necesario recalcar aquí que esta imagen de un partido fracturado, inorgánico y poco disciplinado era resaltada por la prensa de oposición a la UP. Así mientras el Mercurio y La Tercera enfatizaban las tensiones, El Siglo y El Clarín trataban al sector disidente a la dirección como grupúsculo que sufre de infatilismo político[32] y que sólo entorpece la conducción gubernamental.

Lo que queda claro a pesar de estas diferencias es que el conflicto al interior del MAPU adquirirá ribetes cada vez más violentos, caracterizando un estilo de hacer política donde la intransigencia y el desprecio por la colectividad y su orgánica van delineando un nuevo estilo político.

En la segunda mitad del año 1972 el MAPU continúa actuando en el frente social y en el gobierno. Así el 13 de julio de 1972, gana la segunda vicepresidencia de la CUT con Eduardo Rojas[33] y el 27 de julio manifiesta su acuerdo con la constitución de una Asamblea Popular en Concepción, cuestión que desata la ira del Presidente y del Partido Comunista.

El 4 de agosto del mismo año la dirección del MAPU es obligada, por el Presidente Allende a retractarse del apoyo a dicha Asamblea. Es así como una nueva declaración de la dirección consignó el “rechazo de las acciones espontaneístas y el intento de implantar el paralelismo en los poderes públicos[34]. José Antonio Viera Gallo, subsecretario de Justicia y militante del MAPU, acusa a los partidarios de dicha Asamblea de sufrir de infantilismo político, declarando que el MAPU no está por respaldar iniciativas que debiliten los poderes del Estado legítimamente consagrados por la Constitución[35].

Se va configurando así un estilo confrontacional de hacer política, donde la estructura partidaria parece más un espacio de ubicación y reconocimiento para el resto de los conglomerados políticos, que un espacio de actuación para los mismos miembros. La facilidad para que las posturas divergentes lleguen a la prensa y sean destacadas por ella, no manifiesta sólo el interés de la oposición por resaltar los conflictos, sino que la debilidad de la estructura orgánica del MAPU y los grandes márgenes de libertad dados para que cada militantes apareciera como voz valida del colectivo. También puede dar cuenta de las redes y contactos que los militantes utilizaban para hacer públicas sus divergencias. Así el partido parecía significar bastante poco cuando la disputa por el poder se hacía inminente.

Ante esta situación la colectividad podía fracturarse, tomar otro nombre o integrarse a otro colectivo, por cuanto eran sus militantes con sus particulares experiencias de vida los que hacían al partido, configurando un estilo personalista de hacer política, donde si bien se aceptaba al partido como institución legítima para alcanzar el poder político, también se demostraba que en la práctica podían existir otras formas igualmente válidas. Todo dependería del momento histórico y sus características.

El 2 de diciembre de 1972 se inició el II Congreso Nacional del MAPU que culminó el 7 del mismo mes. Dicho Congreso se realiza después de ocurrido el paro de Octubre, que deja a Allende y sus partidarios muy debilitados frente a la oposición. Desde sus inicios las voces que auguraban la división se hacían más fuertes. En este pleno el MAPU asume una identidad marxista leninista, renegando de cualquier otra influencia en la composición de su ideología. Se reniega por tanto del cristianismo o de la forma en que Ambrosio entendía el marxismo, es decir, esta filosofía pasaba de ser una herramienta válida para el análisis social a convertirse en un dogma.

Hacia el día 6 de ese mes, y en pleno desarrollo del Congreso las críticas a la directiva de Jaime Gazmuri eran cada vez más violentas. Dicho dirigente ya no podía jugar el rol conductor y ante ello se elige una nueva directiva que estaría compuesta por Oscar Guillermo Garretón como Secretario General, y como subsecretarios Eduardo Aquevedo (líder de la fracción más radical del MAPU) y Juan Enrique Vega (más cercano a las posturas de Gazmuri). Con dicha directiva a la cabeza, el MAPU da a conocer que en “el pleno general se aprobó la estrategia política en orden a aumentar la base proletaria de la UP y del propio MAPU, convirtiéndolo en un partido revolucionario”.

Con lo anterior se desliza la crítica interna tanto a la conducción del gobierno así como a la dirección de Ambrosio y Gazmuri, quienes no habían logrado aumentar considerablemente las bases del MAPU en los sectores proletarios del país. De hecho, los grandes apoyos provenían de estudiantes secundarios y universitarios, profesionales jóvenes, técnicos, campesinos y trabajadores del sector servicios y obreros de áreas de la industria más “moderna” (ej. Area metalúrgica). Sin embargo, en el mundo poblacional y en los obreros de la industria más clásica el MAPU tenía poca influencia real. Su estilo político no les era atractivo.

De esta forma con Garretón a la cabeza, el MAPU va articulando una línea de crítica pública al gobierno que va perdiendo la idea de colaboración manifestada en los inicios de la UP. Por ejemplo el 28 de enero de 1973, el MAPU plantea abiertamente una postura contraria a la propuesta del comunista Orlando Millas sobre el área de propiedad social y la posibilidad de coadministrar las empresas. Según la colectividad de la bandera verde “la creación y desarrollo multiplicado de organismos de base tales como las JAP y los Comandos Comunales, es decir, del control y poder revolucionarios de las masas, es el fundamento y la condición de la nueva política. Pues bien, el impulso de esta política por parte de la UP y del gobierno ha sido hasta hoy demasiado débil, casi inexistente”[36].

Sin embargo, pese a que esta era la declaración oficial de la colectividad, el 4 de febrero del mismo año aparecía Jaime Estévez apoyando la tesis comunista, avalada por Fernando Flores (como subsecretario de Economía, en reemplazo de O. Garretón quien era candidato a diputado por la zona de Concepción). Según Estévez “la única solución es el control del pueblo y del gobierno sobre la producción y la distribución[37]. Así nuevamente las opiniones de la directiva de turno eran desafiadas y desautorizadas por las voces disidentes.

La pugna anterior se da en el marco de la campaña electoral del año 73, que en marzo debía renovar el parlamento. De manera, los militantes del MAPU tuvieron que participar en una campaña electoral divididos de facto a partir de diciembre del año 72. Los resultados de dicha elección son bastante magros para la colectividad, obteniendo un 2,79%[38] de la votación, que correspondían a 101.987 votos. Ninguno de sus candidatos por la zona de Santiago, Carmen Gloria Aguayo (candidata a Senadora), José Antonio Viera Gallo (candidato a diputado por el primer distrito – Santiago) y José Miguel Inzulza (candidato a diputado por el tercer distrito – Santiago) resultaron electos.

Es más, si comparamos electoralmente el porcentaje de votación que había obtenido la DC en la elección de 1969, correspondiente a un 30,98% de la votación nacional, con el resultado obtenido por la misma colectividad en el año 1973, correspondiente a un 28,32 %; podemos decir que la DC sólo había disminuido un 2,66%, es decir, muy similar a los resultados de la cifra electoral obtenida por el MAPU cuatro años después. En la práctica, si sólo consideramos los resultados electorales, el MAPU era en 1973 lo mismo que pareció ser en el momento de su fundación: el grupo rebelde escindido de la DC. Sin embargo, dicha interpretación puede prestarse a errores, por cuanto el MAPU efectivamente había concitado nuevas adhesiones distintas del grupo original. ¿Dónde estaban esos votos entonces? Pareciera, que muchos miembros del MAPU votaron ya divididamente, manifestando la clara tensión entre las fuerzas más radicales y rupturistas de la UP y aquellas más gradualistas y cercanas al Presidente Allende.

En marzo de ese mismo año, Allende desesperadamente hace un llamado de atención a la dirección enfatizando que “El MAPU habla como si estuviera fuera de la UP”[39]. Con ello pretendía enderezar las torcidas filas, pero no lo consigue.

La mecha ya estaba encendida, solo cabía esperar el tiempo que demorara en tocar el explosivo para estallar definitivamente. Ese tiempo se acortó, ya que el 2 de marzo del año 1973, el Mercurio filtra un documento en donde militantes del MAPU afirman que el gobierno de Allende sólo tiene recursos económicos para mantenerse a flote hasta fines de abril. Este informe lapidario sobre el manejo económico, desató la ira del gobierno quien desconoció la validez del mismo. Se le calificó de falso y de errado. Los autores del documento del conflicto fueron Eduardo Aquevedo, Rodrigo González, Enrique Olivares, Kalki Glauser y Carlos Montes.

Mientras las críticas del grupo partidario de la tesis moderada, que a estas alturas funcionaba como aliado de las posturas del Partido Comunista, se volvían contra el Secretario General y su incapacidad de mantener la disciplina interna así como a la irresponsabilidad de los autores del documento, el Mercurio resaltaba la capacidad analítica de los cuadros del MAPU a quienes se les atribuía la autoría del mismo.

Según este periódico “en primer término hay que reconocer que el menos significativo numéricamente de los movimientos agrupados en la UP, es el que da muestras de abarcar con mayor conciencia la incapacidad con que actúan los organismos de la actual administración y de precisar las causas de su inefectividad. Esto podría explicarse por actuar en el seno del MAPU elementos capaces de tomar en sus manos los instrumentos de la teoría marxista y aplicarlos a la realidad política con mucha más conciencia revolucionara que las directivas de los partidos que aparecen como propietarios del programa socialista”[40].

Más allá de lo que expresa El Mercurio de los jóvenes autores del documento, que considerado en el contexto de fuerte oposición que este periódico realizaba al gobierno de Allende puede ser leído como un intento de enardecer los ánimos de la coalición gobernante, también es posible detectar la “valoración” que hace el mismo diario sobre los militantes del MAPU. En otras palabras, si le extraemos la intención política coyuntural al escrito periodístico, es posible encontrar una mirada importante desde la derecha hacia los militantes del MAPU.

Así, cuando el periódico enfatiza la idea de que en dicha colectividad es posible encontrar “elementos capaces de tomar en sus manos los instrumentos de la teoría marxista y aplicarlos a la realidad política”, da cuenta de la percepción que existía sobre los cuadros altamente preparados del MAPU. De esta forma, si bien El Mercurio afirma que este partido es el “menos significativamente numérico”, era a su vez y dada, sus condiciones profesionales, y por qué no decirlo también (aunque no lo exprese abiertamente el periódico), de clase, la colectividad más “certeramente” crítica de la UP. Esto permitiría esbozar que para la opinión de Derecha que representa el Mercurio, el MAPU aparecía como un partido altamente intelectualizado y crítico, dado el grado de preparación académica y profesional que tenía la mayoría (sobre todo la dirigente) de sus militantes. Lo anterior quedaría expresado, cuando el periódico afirma que esta colectividad es vista así en comparación con “las directivas de los otros partidos que aparecen como propietarios del programa revolucionario”.

De allí por lo tanto que para el sector de derecha que representa la opinión de El Mercurio, los MAPUS fueran visibilizados, identificados como un grupo o partido distinto de los que tradicionalmente habían existido en la izquierda. Uno de los elementos que los hacía aparecer atractivo para la época, era el alto grado de preparación con que contaban sus cuadros dirigentes. Jóvenes profesionales que ponían al servicio de la política y la conquista del poder, sus formaciones intelectuales y académicas. Representaban por lo tanto la combinación justa de idealismo revolucionario con el tecnócrata profesional que aporta desde su práctica.

Ante el lapidario documento que vaticinaba el fracaso de la política económica de la Unidad Popular, el gobierno exigió tomar sanciones contra los autores del mismo. Ante ello, la directiva encabezada por Garretón se negó aduciendo la libertad de expresión interna así como al carácter del documento. Según el Secretario General lo que había que juzgar era el por qué se había filtrado un documento que no tenía para nada un carácter público, y por ende, sus autores no habían cometido ninguna falta.

Sin embargo, el sector encabezado por Gazmuri, presionado por el Partido Comunista y Allende, pedían la cabeza de los autores. Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, el día 7 de marzo del año 1973 el MAPU se divide. La división de esta colectividad cobra ribetes de excesiva violencia, que no sólo debe ser entendida en el contexto de polarización social que se vivía seis meses antes del golpe, sino que también debido a la forma y el estilo propio de la colectividad al momento de resolver conflictos.

En un acto que fue calificado por el Secretario General O. Garretón como un intento de autogolpe, Jaime Gazmuri y Fernando Flores, que mantenían el control de la Secretaria de Asuntos Especiales del MAPU [41](SAE) expulsaron a quince miembros de la colectividad entre los que se encontraban los miembros de la directiva E. Aquevedo y el mismo Garretón, entre otros[42]

Jaime Gazmuri se autonomina Secretario General subrogante, conformando una nueva directiva en conjunto con Fernando Flores, José Miguel Inzulza, José Antonio Viera Gallo, y Carmen Gloria Aguayo. Dicha directiva acusa a los expulsados de “realizar labores obstruccionistas debido a su carácter pequeño burgués” y califica la escritura y filtración del documento como “no sólo un atentado contra la disciplina del partido, sino además el hecho político más grave creado por grupos divisionistas desde que el partido fue formado por Ambrosio[43].

De esta forma, la división quedaba manifiesta con la constitución de dos directivas que se autoarrogaban tanto el nombre de la colectividad como la herencia de Rodrigo Ambrosio. En represalia a la expulsión hecha por la directiva de Gazmuri, el 9 de marzo Oscar Guillermo Garretón expulsa al sector conducido por Flores y Gazmuri, declarándolos fuera del partido y enfatizando que el MAPU es “un partido que nació a caballo, de allí que no temamos a los corcoveos”[44].

Así mientras el sector que decía mantenerse fiel al gobierno y a la vía institucional, dirigido por Gazmuri, afirmaba que “era necesario eliminar a los ultraizquierdistas del MAPU[45] y lanzaba proclamas varias por medio de la prensa, el grupo de Garretón buscaba apoyo en las otras colectividades de la izquierda para que reconocieran su dirección como la única legítima. El 15 de marzo tanto el Partido Socialista como el MIR afirman que el verdadero MAPU es el que conduce O. Garretón[46].

Así los registros de prensa que cubren el período desde la división hasta el día que el registro electoral dictamina que el único MAPU que existe legalmente es el que se quedó con la mayor parte de la directiva, es decir, el grupo encabezado por Garretón[47], van dando cuenta de la violencia que adquiere el conflicto entre los camaradas militantes.

El día 19 de mayo, fecha en que esta colectividad celebraba su fundación y conmemoraba la muerte de Ambrosio, se realizaron dos actos paralelos del MAPU. Dichos actos intentan apropiarse de la figura de Ambrosio como símbolo de identidad, de manera de dar continuidad con su pasado inicial. De allí que la figura de este personaje, reconocido como el fundador de la colectividad, fuera tan peleada por ambos bandos. Quién se apropiara de él pretendía erigirse como el grupo legítimo ante el resto de las colectividades políticas, así como ante el resto de los militantes disidentes.

Sin embargo, los grupos disidentes no sólo se pelearon la figura de Ambrosio, sino que la prensa de la época registró también violentos incidentes entre los militantes que se disputaban los bienes materiales de la colectividad, como los autos y las sedes del partido. El conflicto tomó ribetes de suma seriedad cuando detuvieron a dos individuos por homicidio frustrado en San Fernando[48], en una espiral de violencia, golpizas callejeras, intentos de incendio y acusaciones públicas varias.

Otra acusación que cayó sobre los militantes del MAPU, y que fue hecha por opositores a la UP, tuvo relación con el usufructo del estanco de autos, para la compra de dichas especies que tenían como destino la campaña electoral de marzo de ese mismo año. Sin embargo, a los autos se les suma la adquisición de camiones y de artículos de línea blanca, que poco tenían que ver con la campaña misma. Las acusaciones de corrupción recayeron sobre Gazmuri, quién terminó reconociendo el hecho. Sin embargo, el episodio fue rápidamente empañado por la espiral confrontacional que hacia fines de junio de 1973, auguraba la antesala del golpe de Estado.

Paralelamente a los conflictos internos que terminaron con el quiebre público de la colectividad, la tensión expresaba también un conflicto que cruzaba a toda la U.P. La existencia práctica del famoso polo revolucionario, compuesto por el MAPU, el MIR y el PS (dirigido por Altamirano), también se hizo pública con la famosa acusación por intento de sedición a la Armada. Dicha acusación recayó sobre Garretón (Secretario General del MAPU y diputado por la zona de Concepción) y sobre Carlos Altamirano en ese entonces senador y Secretario General del Partido Socialista, a quienes se les atribuye un ejercicio de inteligencia para tratar de configurar un grupo dentro de la marinería que estuviera dispuesto a realizar una especie de autogolpe interno, para desbancar cualquier intento de golpe al gobierno de Allende, así como de generar un compromiso directo de esta rama con el proyecto revolucionario más radical.

Paralelamente a lo anterior el 8 de agosto del año 73, El Mercurio publica “MAPU DE VALPARAISO CONTRA LAS FFAA”. Según el registro de prensa,”diez estudiantes universitarios y obreros, pertenecientes al MIR y al MAPU, fueron detenidos luego de ser sorprendidos repartiendo propaganda subversiva para las FFAA en los blocks de Carabineros”[49]. De esta forma al intento de infiltrar la Armada, se le acusa también a la colectividad de intervenir en Carabineros.

Estas acusaciones generarán la petición de desafuero parlamentario de Garretón y Altamirano el primero de septiembre de 1973, cuestión que es formalizada por la Corte Suprema el 3 de septiembre del mismo año. Según El Mercurio el desafuero es pertinente para investigar las numerosas “menciones en diversas declaraciones como “autores intelectuales” del intento de sublevación en la Armada por varios de los detenidos”[50].

La resolución definitiva quedó en suspenso… ocho días después acaeció el golpe de Estado y en la práctica tanto los cercanos a la conducción de Allende, como los sectores del “polo revolucionario” fueron los culpables de la crisis “social, política, económica y moral” por la que pasaba nuestro país, según los dichos de la Junta Militar que asumió el poder ese día 11 de septiembre. La historia final del MAPU quedaba trunca.

De esta forma, seis meses después de la división del MAPU, que condujo a sus militantes a un enfrentamiento interno desgarrador, acaeció el golpe de Estado del 11 de septiembre. Poco tiempo habían tenido ambas fracciones, la que mantuvo el nombre legítimo de MAPU y el grupo de Gazmuri y Flores que tomó el nombre de MAPU – Obrero y Campesino (MAPU-OC), para rearmarse como colectividad. Las disputas, la violencia interna, la ruptura de amistades y de vínculos internos, sumados al clima político nacional, terminó destruyendo la colectividad que había nacido en el año 1969 y que se había planteado como objetivo ser el puente conector para que los partidos de izquierda se unieran en una sola fuerza. De su objetivo inicial y fundador: “la unidad”, quedaban en septiembre de 1973 dos fracciones que simbolizaban una cultura política particular: la de los jóvenes de los años 60.

Los jóvenes militantes que aspiraban a la unidad de las fuerzas de izquierda terminaron fracturando su propia colectividad. El fuerte compromiso y la radicalidad de una cultura política que hizo de la militancia el aspecto más significativo de sus vidas, estructuró un tipo de militante donde la experiencia compartida y el poder terminaron siendo los elementos identitarios más fuertes.

Cuando el partido se fractura, ya no quedan más que los recuerdos y los símbolos. Cuando la violencia del golpe recae sobre los partidos políticos y la sociedad entera, no queda más que la lucha de resistencia atomizada. Sin embargo, para militantes que entendían que la política se podía hacer fuera del partido o de la institucionalidad partidaria, la desaparición del colectivo por la fuerza de los hechos represivos no era un golpe tan desastrosamente duro. La identidad MAPU podía permanecer en cada uno de sus militantes quienes eran en suma el partido, más allá de la estructura oficial que los cobijaba.

¿Cómo lo lograron? Creemos que aquí es necesario abordar las historias de vida y los relatos que cada uno de sus militantes puedan hacer de ese pasado fundacional y para ello ahondaremos en las memorias que de este momento histórico tienen algunos militantes políticos.



[1] La Tercera 7/08/1971.

[2] El Siglo, 7/08/1971.

[3] La Tercera 19/08/1971.

[4] La Tercera 19/08/1971.

[5] El Mercurio 5/8/1971.

[6] El Mercurio 15/08/1971.

[7] El Mercurio 14/08/1971.

[8] El Mercurio 17/08/1971.

[9] La Tercera. 9/03/1973.

[10] Ex gerente general de IANSA, y ex gerente del METRO y de Teléfonica, después del retorno a la democracia en Chile. Actual militante del Partido Socialista de Chile.

[11] También formó parte de los cuadros dirigenciales de la CORFO y actualmente es Senador de la República por la Región de Tarapacá.

[12] Actual Senador de la República, militante del Partido Socialista

[13] Ex director del INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas) y candidato a senador por La Serena, durante la UP.

[14] Es el caso de Juan Francisco Sanchez interventor de la fábrica Textil Yarur.

[15] Al respecto cuenta Ismael Llona en sus memorias: “Al gobierno van los buenos cuadros técnicos-políticos como Fernando Flores, el Dr. Juan Carlos Concha, Carlos Bau, José Antonio Viera-Gallo, Oscar Guillermo Garretón, Rodrigo Egaña, Eugenio Ruiz Tagle. También Nelson Avila, intendente de Aconcagua hace más de treinta años. Santiago Bell, Pancho Gonzalez, el Coco Echenique. Pepe Olavaria los coordina, desde el partido.

En la dirección del partido quedan los mejores “para la dirección de la revolución”: Ambrosio, Gazmuri, Correa, el chico Avila, políticos-técnicos, y sus acompañantes en la copol, la comisión política: Eduardo Rojas, Alejandro Bell, Pancho Geisse, Maria Antonieta Saa, Cesáreo Flores, Luchín Toro, Vicente Sota, Fránex Vera, Jorge Setz y el MC que serviría como MC y en agitprop.

Los compañeros de la Cono, comisión nacional de organización, el negro Santander, el chico Riveros, el gordo Perelló, que sufrió un ataque al corazón, y Pete el Negro, que se les murió de un ataque al corazón.” En Los Santos están marchando. Ediciones Off The Record, Santiago, 2006. Pág. 68-69.

[16] Por ejemplo Oscar Guillermo Garretón tenía 27 años al momento de asumir como Subsecretario.

[17] Es importante resaltar que las voces criticas también provenían de esos cuadros que participaban de la administración.

[18] Obtuvo la 2ª vicepresidencia en 1972 y ya la tenía desde 1970.

[19] El Mercurio 17/2/1972

[20] El Mercurio, 15 de agosto de 1971.

[21] Nos sorprende que en los pocos años de existencia de dicha colectividad, se hayan realizado 5 plenos y 2 Congresos orgánicos e ideológicos, que mantenían al MAPU en una actividad partidaria interna bastante intensa.

[22] La Tercera, 9 de Enero de 1971.

[23] El Mercurio, 19 de diciembre de 1971.

[24] Carta publicada en el Siglo, 20 de diciembre de 1971.

[25] El Mercurio, 21 de Enero de 1972.

[26] Ismael Llona recuerda en sus memorias sobre la figura de Ambrosio: ““El joven Lenin, que ya se había autodesignado, fue el designado. Su figura agradable, con cuidados bigotes debray, jockey escocés, pálido, manta gruesa y clara de mediano propietario agrícola; un discurso autodictado y leído en el aire o en el viento, atrayente por lo racional y lo verdadero: su pasión por la política como arte de dirigir para dirigir en el bien de los que estaban mal; su carácter aparentemente duro en el bien de los que estaban mal; su carácter aparentemente duro y aparentemente afable; su decisión de ordenar nacer, como diría Pablito, se impusieron entre sus pares.

Entre 1967 y 1970 trabajó sin descanso para construir partido, partido revolucionario; construir alianzas; construir ideas; construir programa; construir estrategias y tácticas.

Leía mucho pero tenía también quien le leyera y le formateara las fichas correspondientes; en Concepción, Eduardo Aquevedo; en Santiago, Tomás Moulián.

Escribía y para ello se apoyaba en Kalky Glausser. Corregía y corregía” “Con Ambrosio, el Mediocampista entendió que el cambio revolucionario en el que había soñado desde adolescente sólo se podía hacer desde el poder – que era bastante más que el gobierno – y que el poder había que conquistarlo – con el gobierno y desde el gobierno- con una revolución”. Llona, Ismael. Op. Cit. P. 64 y 65.

[27] El Mercurio, 24 de mayo de 1972.

[28] El Siglo, 25 de mayo de 1972. “Dirigentes del MAPU se pasaron al MIR: Seis dirigentes del MAPU, entre ellos el interventor de la industria SUMAR, Jaime Gre (sic) Zegers, fueron expulsados por la dirección nacional de esa colectividad. El informe emitido por ese organismo señala que la Comisión Nacional de Control y Cuadros de Infiltración y actividades fraccionales de dicho partido, los expulsó por oportunismo político, traición al partido, a la clase obrera y al pueblo”

[29] El Mercurio, 24 de junio de 1972.

[30] El Mercurio, 14 de agosto de 1972.

[31] La Tercera, 24 de mayo de 1972.

[32] El Siglo marzo de 1973.

[33] Este militante acompañaba a Ambrosio en el auto el día del accidente y pertenecía al sector más cercano a Jaime Gazmuri.

[34] Palabras de Jaime Suarez quien reemplaza como ministro del Interior al Socialista Hernan del Canto. EL siglo, 4 de agosto de 1972.

[35] La Tercera, 2 de agosto de 1972.

[36] El Mercurio 28 de enero de 1973.

[37] El Mercurio, 2 de abril de 1973.

[38] Base de Datos Políticos de las Américas. Universidad de Georgetown. http://www.georgetown.edu/pdba/spanish.html.

[39] La Tercera, 31 de marzo de 1973.

[40] El Mercurio, 2 de marzo de 1973.

[41] Dirigida en esos años por Gabriel Gaspar, actual Subsecretario de Guerra.

[42] Otros expulsados fueron Rodrigo Gonzalez, René Plaza, Gonzalo Ojeda, René Roman, Kalki Glauser, Francisco Ureta, Rodrigo Rivas, Fernando Robles, Luis Magallón, Alejandro Bahamondes, Carlos Pulgar, Leopoldo Vega, Alfonso Néspolo y Carlos Lagos. La Tercera, 8 de marzo de 1973.

[43] La Tercera, 8 de marzo de 1973.

[44] La Tecera, 9 de marzo de 1973.

[45] Palabras de Mario Montanari, en La Tercera 10 de marzo de 1973.

[46] La Tercera, 15 de marzo de 1973.

[47] Dictamen que tiene como fecha 2 de junio de 1973. Esto nutrió uno de los gritos de batalla del MAPU, y que se siguió usando en los años de dictadura: “EL MAPU es un solo y está con GARRETON”.

[48] El Mercurio 18 de mayo de 1973.

[49] El Mercurio, 1 de septiembre de 1973.

[50] El Mercurio, 3 de septiembre de 1973.

Chile: Fernando Flores, el gran “travesti” de la política chilena…

leave a comment »

Jueves 13.03.08

Entrevista a Fernando Flores Por Giglia Vaccani y Manuel Salazar / La Nación Domingo

Fernando Flores se reinventa

Loco por el cambio

En los primeros años de la década de los 90 había acumulado dinero (la revista “Fortune” lo calculó en unos 40 millones de dólares), prestigio y decenas de consultorías en varios continentes. Cultivó también nuevas amistades en las redes de influencia, un célebre mal carácter y una vanidad exacerbada.

Todo empezó en una barraca, en la barraca de su madre, a fines de los años 50, en Talca, cuando ella le explicó la lógica que hacía funcionar aquel taller de maderas. En ese momento, Fernando Flores Labra pensó que su futuro estaba en la ingeniería industrial. Y de allí saltó a la informática y a la computación, a la filosofía del lenguaje, a las teorías para ordenar la producción, al éxito económico y a la arena política, donde se ha movido entre el bacheletismo y el piñerismo con tanta serenidad como frialdad.

Por estos días, Flores se ha vuelto actor principal entre los reclamos de sus amigos concertacionistas y los periodistas. Hombre temperamental, varios son los reporteros que cuentan como anécdota los ataques de ira y las amenazas de despido que él lanza cuando lo hacen navegar por aguas turbulentas. Como le pasó a Gustavo Manén, periodista de CNN, a quien Flores amenazó choreado por las reiteradas preguntas de su nuevo rol de salvavidas del piñerismo.

Pero antes que Manén, otros y más famosos periodistas se han sumado a la lista de vetados. Una de sus primeras víctimas fue la guapa Ximena Torres Cautivo. Corría abril de 2000. La periodista de larga cabellera llevaba poco tiempo como parte del equipo de la revista "El Sábado", de "El Mercurio", cuando salió de la reunión de pauta entusiasmada con su tema para la semana: un reportaje sobre los millonarios seminarios para emprendedores; furor en la época y que realizaba un tal Fernando Flores.

El objetivo era conocer el intenso quehacer del ingeniero especialista en tecnología, incluyendo su novedoso método educacional que lanzó a la fama al Colegio Altamira. "Incluso tenía hasta concertada una entrevista con su señora (Gloria Letelier)", recuerda la periodista que en eso estaba cuando logró, por fin, acceder durante una mañana al salón donde Flores impartía el famoso taller de estímulo para profesionales exitosos. Y muy exitosos, porque algunas empresas pagaban hasta US$1 millón por seminario.

"Algo pasó que él se molestó. No sé estuve parte de la mañana sentada, siguiendo el taller y a ratos riéndome de algunas situaciones", cuenta la periodista a LND al recordar que horas después, cuando avanzaba hacia su auto, vivió en directo la posesión de ira del gurú. "Me encontró en el estacionamiento y básicamente me dijo que sabía que yo lo quería cagar y que iba a hacer que me echaran ., fue muy grosero y la verdad es que yo quedé tan impresionada, que casi no contesté. Me quedé paralizada", recuerda.

-¿Y finalmente hiciste el reportaje?

-No, los editores me dieron total libertad pero quedé con tan mala impresión que preferí no hacerlo.

Días después, ya más sosegada, Torres Cautivo hizo pública una carta de repudio al actual senador: "He entrevistado a muchas personas: políticos, científicos, militares, artistas, gente común y corriente, culta y de escasa educación. He entrevistado a drogadictos, sicóticos y delincuentes Pero nunca, jamás, había recibido el trato y las amenazas con que usted se dirigió a mí", se leía en la carta enviada con copia al director de "El Mercurio", que nunca publicó.

Ella no sería la primera periodista de este medio que sufriría sus iracundas manifestaciones. La mismísima decana del periodismo nacional, Raquel Correa, se sumó al grupo. "Quiero dejar muy claro que no me insultó", dice al recordar para LND las molestias del senador ante algunas preguntas suyas que lo incomodaban. "Yo seguía no más ¡si tenía que preguntar!", enfatiza Correa, quien fiel a su estilo, comenzó una de las dos entrevistas que le ha hecho a Flores así: "Moreno, imponente, con fama de genio, el senador de la Primera Región Fernando Flores es una mezcla de soberbia y franqueza. Nada rencoroso, bastante agresivo, contesta corto, le molestan algunas preguntas, se impacienta. Incluso, en algún momento amenazó con dejar la entrevista ‘hasta aquí nomás’".

Pero como todo caballero, Flores sabe reconocer sus exabruptos y hacer como que aquí no ha pasado nada. Mientras que con Torres Cautivo y Correa se encargó de enviar emisarios para hacer las paces, con Manén el senador atinó a decir que pese a la pachotada televisada, eran amigos. "Sólo puedo decir que no tengo ninguna relación de amistad con el senador", dejó en claro el periodista de CNN a LND.

Para algunos sus actitudes son la pura arrogancia que corre por sus venas. Para otros, como su esposa Gloria Letelier, sólo "es que habla las cosas de frente", como cuando el ingeniero, en plena campaña senatorial, dejó a todos boquiabiertos al reconocer en una revista de papel couché que sí, que había tenido un hijo fuera del matrimonio y que su mujer lo había perdonado. "Él me lo dijo al primer minuto, al primer minuto…", dijo en otra entrevista Gloria Letelier, dejando en claro lo directo que ha sido su marido para enfrentar la vida.

Peso pesado

Así es este peso pesado de la ingeniería e informática, que en la política no ha pasado inadvertido y que, desde que entró al Senado, se ha abocado principalmente a los temas de defensa, educación, ciencia y tecnología, cultivando un bajo perfil en la sala.

A fines de 2002, ante los crecientes reclamos de los denominados "autoflagelantes" del Gobierno, empezó a chocar con sus adversarios en el PPD, principalmente con los seguidores del senador Guido Girardi. Se entusiasmó con una candidatura presidencial, pero el tsunami que representó la postulación de Michelle Bachelet sepultó sus expectativas. Entonces bajó la cabeza y se cuadró. Tanto, que incluso las emprendió públicamente contra el contrincante de la ahora Mandataria. "Piñera encarna lo peor de la codicia empresarial; ansía el poder para sus negocios; hizo su riqueza con la dictadura que me relegó a Dawson", sentenció entonces.

De allí al conflicto final con su partido y con la Concertación medió un breve lapso. Levantó primero el movimiento Atina Chile y luego, en compañía de otros pepedeístas, abandonó su militancia y se distanció del oficialismo para crear el partido ChilePrimero y finalmente, sumarse a las filas opositoras en la Coalición por el Cambio.

Extendiéndole su mano a Piñera esta semana, Flores sonreía a la cámara con la certeza de que sería el personaje de la noticia del día. El candidato lucía igual de satisfecho. Ninguno imaginaba entonces que el tránsfuga parlamentario pasaría por alto que el micrófono aún estaba encendido y las cámaras grabando cuando huevoneó a Manén. Después del episodio, más de alguien se pregunta en el comando del RN si el salvavidas no irá a hundir a Piñera.

Estudiante destacado

Flores ha sido un hombre con tanto temperamento como currículum desde muy temprana edad. Fue el más destacado del bachillerato del ’59 en el Colegio Blanco Encalada, en la hoy capital del Maule. Viajó a Santiago a estudiar ingeniería civil en la UC. A los 26 años empezó a enseñar investigación operacional y participó en la Dirección de Asuntos Académicos y Económicos de su universidad. Era ya integrante del MAPU.

En 1970, al iniciarse el gobierno del Presidente Salvador Allende llegó a la gerencia de Corfo y puso en marcha el proyecto Cybersyn, que introdujo por primera vez en Chile aplicaciones computacionales y sistemas de trabajo en redes para la administración pública.

El 1 de noviembre de 1972, Flores asumió como ministro de Economía, Fomento y Reconstrucción y 50 días después reemplazó al comunista Orlando Millas en el Ministerio de Hacienda. En agosto de 1973 juró como ministro secretario general de Gobierno, cargo donde lo sorprendió el golpe militar del 11 de septiembre.

De la Unidad Popular, el senador recuerda con profundo afecto a Salvador Allende y al general Carlos Prats, a quien conoció en su adolescencia, cuando el militar estaba destinado en el regimiento de Talca y Sofía, una de sus hijas, era su compañera de curso en las humanidades. En agosto del ’73, cuando el general Prats dejó el mando del Ejército y se temió un atentado en su contra, Flores le solicitó a Andrónico Luksic un departamento en Viña del Mar para que el militar eludiera el acoso de la prensa y de sus detractores.

Fue también Flores el enviado por Allende al Ministerio de Defensa, aquella mañana del martes 11 de septiembre, junto a Daniel Vergara y Osvaldo Puccio, para intentar un acuerdo con los generales golpistas. No hubo diálogo posible y se le condujo a la Escuela Militar, luego por un año a la isla de Dawson, otros dos años en el campo de prisioneros de Ritoque y nueve meses en el centro de detención de Tres Álamos. En Dawson hizo clases sobre electricidad y enseñó los rudimentos de la física cuántica y de partículas, cursos a los cuales también asistían algunos de los marinos que lo custodiaban.

El sociólogo Tomás Moulian y el biólogo Humberto Maturana lo visitaron con frecuencia en Tres Álamos. A este último, Flores le pidió que le explicara los fundamentos de la biología del conocimiento y del lenguaje, cuestión que abordaron en sesiones semanales durante ocho meses.

Afuera, mientras, sus amigos efectuaban gestiones para liberarlo. Entre ellos estaban el ingeniero y académico británico Stafford Beer, quien lo había asesorado en la puesta en marcha del proyecto Cybersyn durante la UP; y Guillermo Agüero, ex MAPU y hoy exitoso empresario, que recurrió a Jaime Guzmán Errázuriz para avalar el interés de una universidad estadounidense por incorporar a Flores como profesor.

Finalmente, en agosto de 1976, a los 33 años de edad, el ex ministro pudo abandonar Chile rumbo a San Francisco, California, acompañado de su esposa, Gloria Letelier, y los cinco hijos nacidos dentro de su matrimonio. Hablaba un inglés chapurreado, pero llevaba en la maleta un contrato por un año para hacer docencia en la Universidad de Stanford.

Exilio y éxito

Se instalaron en una modesta casa en Cupertino, en el condado de Santa Clara; disponían de un Volkswagen y Flores dividía el tiempo entre sus clases y los estudios para optar a un doctorado en Filosofía Analítica del Lenguaje y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Berkeley. Su esposa, en tanto, envasaba emparedados en una línea aérea y los hijos repartían diarios y servían mesas en locales de comida rápida. Todos ayudaban a parar la olla familiar.

En 1977, gracias al biólogo chileno Francisco Varela, quien estaba en Harvard, Flores conoció en Stanford a Terry Winogard, un doctor del MIT abocado a investigaciones en el campo de la inteligencia artificial. Hicieron amistad y el chileno lo convenció para que dejara el mundo de los robots y se abocara al uso de los computadores al servicio del ser humano.

Absorbidos por las teorías sobre el lenguaje, Flores y Winogard escribieron el libro "Understanding computers and cognition: a new foundation for design", donde expusieron sus reflexiones sobre el diseño organizacional y las teorías del "workflow", sustentadas en los postulados de otra figura de Berkeley, John Searle, que permitía mejorar la productividad de las empresas mediante la coordinación y el lenguaje de sus empleados. El paso siguiente fue fundar juntos la empresa Action Technologies Inc. y la creación del software "El Coordinador", que transformó en práctica las lucubraciones teóricas previas. En 1991 se habían vendido ya más de 100 mil copias del software, lo que les permitió dar una nueva zancada y fundar la empresa Business Design Associates (BDA).

La lógica de la barraca que años antes le había explicado su madre, su formación de ingeniero y su experiencia en la UP le permitieron a Flores darle un uso práctico a las múltiples teorías que se enseñaban e investigaban en las universidades estadounidenses. En los primeros años de la década de los 90 había acumulado dinero (la revista "Fortune" lo calculó en unos 40 millones de dólares), prestigio y decenas de consultorías en varios continentes. Cultivó también nuevas amistades en las redes de influencia, un célebre mal carácter y una vanidad exacerbada. //LND

Negocios en Chile

En 1992, el entonces ministro de Mideplan, Sergio Molina, lo invitó a un taller sobre el “Futuro de Chile y la creación de confianza”, al que asistieron los miembros de la elite política y empresarial del país. En las semanas siguientes firmó contratos para asesorar a Codelco, a la Telefónica, al BCI y a Sodimac. En 1996, la CTC le pagó cerca de seis millones de dólares para mejorar la gestión de la empresa. En 1998 fundó en Santiago el “Club de Emprendedores”, una especie de comunidad de líderes orientada a reflexionar sobre el futuro y donde había que ponerse con cinco mil dólares anuales para participar en las reuniones.

Seguía viviendo en California, en Silicon Valley, y mantenía residencias en varios otros países, pero ya pensaba en su retorno a Chile.

Entró a la propiedad de la Universidad Vicente Pérez Rosales y compró a Agata Gambardell, esposa del ex ministro de Obras Públicas, Carlos Cruz, en varios millones de dólares, el Colegio Altamira, en Peñalolén, fundado por un grupo de ex alumnas del Liceo Manuel de Salas.

En el mes de julio del año 2000, el Presidente Ricardo Lagos lo puso al frente de la Fundación Chile, cuya administración era compartida con la transnacional estadounidense ITT, de triste recuerdo para los partidarios del gobierno de la UP.

A fines de aquel año, Sergio Bitar y Marco Colodro lo convencieron para que entrara en la política a través del PPD, cediéndole un cupo de senador por la Región de Tarapacá, donde llegó en abril de 2001 a bordo de un jet Falcon, avaluado en más de US$20 millones, propiedad de su amigo mexicano Carlos Slim, el hombre más rico de América Latina. Hizo alarde de riqueza y poderío, de ser un “gurú” tecnológico conectado internacionalmente en todos los ámbitos. Su primer invitado a la zona fue el ex primer ministro de España, el socialista Felipe González. Otro eje de su campaña fue el Circo Simbad, organizado por el dramaturgo chileno Óscar Castro, radicado en París. Su estilo dio frutos y arrasó en las urnas, desplazando por amplio margen al DC Enrique Krauss.

Trayectoria de Flores: la tesis con que se graduó de ingeniero y su “transformación” política… (de Marx y Guevara, al apoyo a Piñera)…

leave a comment »

7 Mayo, 2009.

En 1970 Fernando Flores necesitaba urgentemente sacar su título de ingeniero civil industrial para poder ingresar al gobierno de la UP. En vez de recurrir a un profesor de su escuela, le pidió al sociólogo Manuel Antonio Garretón que guiara su tesis. CIPER encontró el texto, que contiene mucho análisis filosófico, histórico y sociológico desde el punto de vista marxista y bastante poco de ingeniería. Ahí están las raíces políticas del senador Flores, que desde entonces ha vivido en un permanente cambio que lo llevó a instalarse hoy en la campaña de Sebastián Piñera.

Por Francisca Skoknic, CIPER

La mediática irrupción del senador Fernando Flores en la Coalición por el Cambio, la flamante plataforma electoral de Sebastián Piñera, no debería sorprender. Es cierto que suena extraña la inclusión de un ministro de Salvador Allende en la campaña del candidato de la derecha, pero si hay una constante en la trayectoria de Flores, eso es paradójicamente el cambio: de estatizador a empresario, de antiimperialista al exilio en Estados Unidos, del PPD a Chileprimero y ahora a socio estratégico de la derecha.

Flores es ingeniero civil industrial y fue en las aulas de la Universidad Católica donde dejó sus primeras huellas políticas. Las guarda la enorme biblioteca del Campus San Joaquín, donde se conservan las tesis de quienes egresaron de esa casa de estudios. “Análisis histórico y práctica académica, el caso de la Ingeniería Industrial” se titula el trabajo archivado bajo el nombre de Carlos Fernando Flores Labra. Año: 1970.

“Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un Hombre Nuevo con una nueva técnica”, es la frase de Ernesto “Che” Guevara con que cierra el texto, que también contiene citas del “gran líder y poeta chino” Mao Tse Tung y numerosas referencias a Karl Marx. Al leerla 40 años más tarde, el contraste con el Flores de hoy resulta brutal.

Pero no es lo único que llama la atención. Gran parte de las 104 páginas están dedicadas al análisis político, sociológico, filosófico e histórico, y el resto a una propuesta de cambio académico para la carrera, acorde con los tiempos que corrían a comienzos de la Unidad Popular y en busca de la formación del “hombre nuevo” (el eslogan guevarista de la época). Independientemente de la ideología, el texto no contiene nada de lo que se esperaría de una tesis para obtener el título de Ingeniero Industrial.

Quien guió la tesis tampoco fue un ingeniero, sino que el trabajo estuvo a cargo del sociólogo Manuel Antonio Garretón, quien recuerda perfectamente el contexto en que realizó su labor. Comenzaría el gobierno de Allende y Flores, que entonces tenía 27 años, necesitaba urgentemente titularse para poder ingresar al aparato público

Fernando Flores junto a Sebastián Piñera-Había una cláusula en la letra chica de la universidad que decía que en casos excepcionales se podía hacer una memoria en cualquier tema relativo a algún ramo hecho en Ingeniería. Él había asistido a un seminario mío y me pidió que le dirigiera la tesis. Acepté-, relata Garretón, quien era director del Centro de Estudios de la Realidad Nacional (CEREN), que se creó en la UC tras la reforma universitaria.

Académicos contemporáneos a Flores cuentan que tras egresar, entró a trabajar como profesor al Departamento de Ingeniería de Sistemas durante media jornada. Ahí creó un grupo llamado “Centro de Ciencias de la Administración”, donde confluían profesores de sociología e ingeniería. Trabajaban bajo conceptos como cibernética, estudiaban la teoría de sistemas y temas de gestión bastante innovadores para la época y que Flores desarrollaría más adelante en su carrera.

El resto de la jornada, Flores se desempeñaba en la vicerrectoría académica, bajo las órdenes del entones rector Fernando Castillo Velasco. Según el relato de Garretón, fue ahí donde el actual senador se vinculó con la gente del MAPU, grupo que tras el quiebre del movimiento de la reforma universitaria se había quedado del lado de Castillo Velasco.

Los contactos con el MAPU lo acercaron al gobierno de Allende y le abrieron las puertas para asumir como director técnico de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). Ahí desarrolló el proyecto Synco, hoy conocido como la Internet socialista de Allende, que funcionaba vía télex. Lo hizo trayendo a Chile al mítico Stafford Beer, quien instaló muy resevadamente una sala cibernética desde donde se podría controlar toda la producción de las empresas al mando de CORFO. Fue ese reputado científico quien lo llevó a California.

Pero, para asumir ese cargo, antes debía titularse. Recuerda Garretón que cuando recibió el primer manuscrito de la tesis le pareció que debía ser mejorado bastante y se lo devolvió. “Le hizo un par de arreglos y lo presentó”, cuenta el sociólogo. Le faltaban más que un par de cosas. Cuando Flores se enfrentó a la comisión evaluadora, compuesta por ingenieros y el propio Garretón, el resultado fue mediocre. Según recuerda el sociólogo, la nota fue un 5, lo que no dejó satisfecho a Flores.

-No le gustó la nota y reclamó. Hizo un gesto muy poco educado hacia la comisión y dijo: “Entienden poquito”- relata Garretón. Flores ya mostraba el carácter soberbio que lo distingue hasta hoy y que esta semana lo llevó a advertirle a un periodista de CNN -cuando pensó que ya no estaba al aire- que no le daría más entrevistas porque le había hecho “puras preguntas huevonas”. Después dijo que había sido una broma.

Tesis o manifiesto

Sociólogo, Manuel Antonio Garretón“No es más que un manifiesto político”, describe un académico de izquierda que leyó en esos años la tesis de Flores. Escrito en primera persona plural, el texto parte del trabajo del marxista checoslovaco Karel Kosik. Luego dedica un capítulo al tema “Desarrollo y dependencia”, que incluye un análisis político e histórico del “fracaso del pensamiento social Latinoamericano”. Si bien dice que no pretende declararse marxista, cree que sólo dicha escuela de pensamiento refleja la práctica social revolucionaria que era contemporánea en aquellos años.

-La dependencia es pues hoy la integración de América Latina al sistema imperialista mismo. Luchar por su superación, es luchar por la destrucción del sistema Imperialista. Toda lucha contra el imperialismo es un paso hacia nuestra liberación- concluye.

Ya entonces desarrollaba el lenguaje retórico que lo caracterizaría más adelante, con afirmaciones del tipo “la totalidad del mundo comprende a la vez, como un elemento de su totalidad, el modo de abrirse esta totalidad del hombre y del modo de descubrir al hombre”.

Aunque critica a algunos ideólogos de países socialistas, es mucho más duro al cuestionar al capitalismo.

La última parte de la tesis, consistente en el 40% del trabajo, habla propiamente de la ingeniería industrial. Pero antes de entrar a las propuestas se aboca al “análisis histórico y práctica académica” de la Ingeniería Industrial, específicamente en la UC, a partir de la idea de que “un conocimiento científico de la realidad social se basa en una análisis que debe ser necesariamente histórico, dialéctico y totalizante”.

A su juicio, “los grupos de izquierda son los únicos que son capaces de plantear nuevas ideas para la Universidad dentro de un rigor académico”. En el relato histórico que hace de la Facultad de Ingeniería de la UC, llama la atención la referencia que hace a Icare, entidad que define como “un organismo de ideologización de las empresas privadas chilenas”. Años más tarde se lo vería como charlista en los seminarios del organismo empresarial.

-Si queremos diseñar un proyecto de acción, para un colectivo social chileno integrado en torno a la práctica académica de la tecnología, éste deberá insertarse dentro del proyecto histórico que orienta la práctica social del pueblo de Chile. Este proyecto histórico se inscribe a su vez en la lucha conjunta de todos los pueblos del mundo y, de manera determinante de los pueblos latinoamericanos contra el imperialismo encarnado por la potencia hegemónica, el gobierno y las clases dominantes de Estados Unidos. La sociedad que es necesario destruir es la sociedad socialista, donde desaparecen las clases sociales y la propiedad privada de los medios de producción-, escribe el idealista y algo confuso joven ingeniero.

El senador Fernando Flores, en la inauguración de ChilePrimeroEntre sus propuestas de cambio están terminar con la práctica de estudiantes y profesores que hasta ese momento son “representantes aventajados de la pequeña y alta burguesía”, para ampliar la perspectiva hacia personas con distintas posiciones. La nueva universidad contemplaría también una revolución de la gestión proveniente de la “complejidad de los sistemas” y una estructura que llama “praxeología política”, basada en la cibernética y la ciencia social crítica.

Y cita a un autor que dice que para la praxeología deben estudiarse otras prácticas sociales y culturales, como la estrategia y táctica de la guerra de Mao, los métodos de dirección del partido de Lenin y los escritos sobre guerrilla del Che.

Concluye Flores su tesis: “Es nuestra contribución mediante la práctica académica a la formación del Hombre Nuevo, que a partir de Guevara, se empieza a producir en nuestra América”. Y cierra con una larga cita del Che.

El hombre nuevo y la revolución capitalista

– No hay nada más revolucionario que el capitalismo, si revolucionario significa una cosa que crea y destruye a pasos agigantados todo lo que toca. Este capitalismo tecnológico y globalizado es brutalmente rápido. No es para gente que se queda dormida. Pero también entrega un tremendo espacio para que las personas puedan resolver sus problemas de pasión por la vida y para que la comunidad pueda tener una vida próspera- decía un renovado Fernando Flores a El Mercurio en 2003.

Todos los actores y compañeros de Flores en 1970 han cambiado. Evolucionado, dirán algunos. Lo cierto es que pocos de los revolucionarios de entonces suscribirían hoy sus dichos de aquellos días. Pero el cambio de Flores es más notorio y radical. Tras entregar su tesis ingresó al gobierno de la UP, donde luego de pasar por CORFO asumió a los 29 años como ministro de Economía, para después encabezar Hacienda y la Secretaría General de Gobierno. Ahí lo pilló el golpe de 1973.

El 11 de septiembre estuvo en La Moneda con Allende, donde fue detenido. Los militares lo tuvieron preso en Isla Dawson, Ritoque y Tres Álamos. Sólo en 1976 pudo salir al exilio, instalándose en San Francisco, California. Ahí comenzó su doctorado en Filosofía Analítica del Lenguaje y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Berkeley. Ahí comenzó también su giro ideológico. En la entrevista que cerró a garabatos en CNN esta semana, le consultaron si todavía podía considerarse un hombre de izquierda y Flores se definió como un hombre “libre y autónomo, que piensa en función de las realidad y problemas que tiene”, diciendo que esto viene de su estancia en Estados Unidos.

Dejando atrás su pasado político, Flores se concentró en lo profesional, llegando a convertirse en un gurú informático y desarrollar teorías basadas en la comunicación, el lenguaje y los principios sistémicos aplicados a la empresa. La “conversación para la acción” fue su concepto más popular. Su trabajo se plasmó en el software “El Coordinador” y se volvió empresario. Escribía libros, daba charlas, vendía sus ideas. En 1995 la revista Fortune cifró su patrimonio en US$ 40 millones.

Senador Fernando Flores, junto a Andrés AllamandTras el regreso a la democracia, se quedó en un principio en Estados Unidos, pero empezó a hacer negocios en Chile. También armó fundaciones, se hizo conocido por su carácter arrogante y nada empático, pero también se popularizó la idea de que era un hombre renovado y lleno de ideas brillantes y amigos poderosos. “Todos saben que soy de izquierda y me gusta ganar dinero”, decía en 1999 al diario El Sur.

También regresó a la política, a través del PPD. En 2001 se presentó a senador por la Primera Región, en el cupo que le cedió el ex senador por esa región, Sergio Bitar, su compañero en el campo de concentración de Dawson y quien se convirtió en uno de sus mejores amigos. Salió electo luego de una polémica y millonaria campaña, en la que llevó literalmente el circo al pueblo (contrató una carpa y la mandó de gira por la circunscripción) y usó un jet que le prestó el empresario mexicano Carlos Slim.

No ha sido protagonista en el Senado, pero ha hecho ruido en la política. Se declaró presidenciable. Pero bajó su candidatura cuando hasta el PPD le dio la espalda. Desairó a la Presidenta Michelle Bachelet al revelar que ésta lo había visitado en su departamento, justo en los momentos en que él se lanzaba contra su propio partido debido a las acusaciones de corrupción por el caso Chiledeportes. “No estoy para aguantar tanta huevá”, dijo entonces, muy en su estilo, a Radio Cooperativa. Congeló y luego renunció a su militancia PPD. Fundó Chileprimero junto al también ex PPD Jorge Schaulsohn. Y aunque dijo a Qué Pasa que nunca sería “un hombre de partido de derecha”, esta semana le brindó un feroz espaldarazo a la candidatura de Sebastián Piñera. Alabó al candidato y se declaró orgulloso de haber sido ministro de Allende. Así es el nuevo Fernando Flores.

Documentos PDF:
Análisis histórico y práctica académica: Al caso de la Ingeniería Industrial – Tesis Parte I
Análisis histórico y práctica académica: Al caso de la Ingeniería Industrial – Tesis Parte II

Enlaces relacionados:
Revise la historia del proyecto Cybersyn o Synco en la página web de Fernando Flores
Mire el video con el lanzamiento de la “Coalición por el Cambio” en el sitio web oficial de Sebastián Piñera
Vea la entrevista realizada en CNN al senador Fernando Flores

 

ciperchile.cl

"Allende en persona", por M. Labarca

leave a comment »

Adelanto de “Allende en persona”, el libro póstumo de Miguel Labarca

ciperchile.cl


Carrera

Por Miguel Labarca Labarca

Nueve meses después de que el libro “Salvador Allende, Biografía Sentimental” , de Eduardo Labarca, sorprendiera a seguidores y detractores del ex Presidente –no sin que más de alguno de los primeros se escandalizara-, el escritor y sus hermanos anuncian el rescate de la obra perdida de su padre, Miguel. Quien fuera estrecho colaborador del Jefe de Estado dejó tras su muerte la maqueta de una “rica descripción de la personalidad de Salvador Allende, su forma de ver la vida y la experiencia del trabajo con él”. La familia Labarca ha autorizado a CIPER para publicar como adelanto uno de los capítulos del libro, que cuenta dos desconocidas anécdotas del ex Mandatario.

“Hace algunos meses, al ordenar algunos efectos que habían pertenecido a nuestra madre, apareció una caja negra de cartón que no habíamos abierto. Estaba repleta de hojas de papel cebolla ajadas y amarillentas. Era el libro. En realidad se trataba de copias bastante borrosas sacadas con papel carbón. Entre los renglones, en los márgenes y al dorso, abundaban las correcciones y agregados hechos por el autor con lápiz de grafito. Ordenar ese cuerpo fue tarea compleja”.

Así relatan los hermanos Eduardo, Miguel y Margarita Labarca Goddard cómo descubrieron una joya que habían estado buscando desde la muerte de su padre, Miguel Labarca, ocurrida en 1989. La historia de cómo los tres hijos del ex colaborador de Allende y de Lillian Goddard Álamos es interesante por sí sola. Por ello reproducimos acá dicho relato –que además incluye una reseña del autor-, que es a la vez la introducción del libro.

“Allende en persona” será publicado próximamente por la editorial Fondo de Cultura Económica, y en esta ocasión CIPER ofrece como adelanto el capítulo 29, titulado, “Dos guayaberas y una capa castellana”, que relata dos desconocidas anécdotas –ambas en el marco de la actividad política de esos años- protagonizadas por el ex Mandatario.

Dos guayaberas y una capa castellana

A alguna distancia, Allende daba físicamente la impresión de ser más pequeño que su real estatura, que superaba a la mediana. Hombros anchos y vigorosos, cuello fuerte y brazos recios y una caja torácica dilatada, imponían a su estampa el aire de un deportista eficiente, siempre en forma y sin exceso de kilogramos. Su actitud alerta y vivaz, no obstante una silueta un tanto cuadrada, aparecía subrayada por su modo de andar, en que la mano derecha hundida, por lo general en el bolsillo del pantalón, imprimía a sus desplazamientos, por la ligera inclinación del hombro, un leve balanceo casi provocativo que llamaría a meditar a cualquiera antes de osar hacerle objeto de una actitud agresiva.

La nota dura de su apariencia se esfumaba al observarle de cerca. Su rostro de piel clara, cuyos matices de cambiante colorido no disimulaban sus impresiones, se veía humanizado por la abundante cabellera ensortijada y obscura, con algunos visos rojizos al trasluz, insertada en una amplia frente de líneas correctas. Una mandíbula cuadrada, rubricada por una barbilla notoriamente breve y aguda, ocupaba el centro del trazo general de ese rostro. Sus anteojos de cristal grueso encajaban en una nariz aguileña atenuada, sobre una boca de línea cordial y predispuesta a la sonrisa, en la que un bigote breve y cano acentuaba su benevolencia.

Según alguien, que lo juzgaba devotamente desde una íntima adhesión femenina, Allende resultaba casi conmovedor desprovisto de sus anteojos. La cortedad de vista tan seria imprimía a su mirada el erratismo doloroso de quien tiene que vencer el desamparo para desenvolverse con normalidad. Deportista múltiple y conductor de automóviles con el placer de la velocidad, desarrolló una asombrosa precisión de reflejos, seguramente por una imposición del subconsciente, que compensaba la inferioridad visual de la que era víctima y que muy pocos observadores descubrían.

Antes de ser Presidente, por lo general prefería conducir personalmente su automóvil en las rutas, dirigiéndose con urgencia de un punto a otro del territorio a altas velocidades. Cuando tenía verdadera confianza con quien se sentaba a su lado, le advertía: “No te descuides. Fíjate bien en al camino: tú, pones los ojos; yo, las muñecas…”, con lo cual aludía a la habilidad que se le atribuía en política, de ser “la mejor muñeca del maquineo parlamentario”. El sistema de colaboración automovilística arrojó siempre excelentes resultados. Después de años y años de recorrer incesantemente miles de kilómetros en todo tipo de circunstancias, jamás tuvo un accidente mientras hacía de chofer.

Al iniciarse el viaje, sus pasajeros se inquietaban cuando escuchaban las recomendaciones que daba al improvisado oficial de ruta. Pero una vez que apreciaban su manera de desenvolverse tras el manubrio, se creaba una atmósfera de tranquilidad. Además, solía rubricar su actitud afirmando: “¿Ven ustedes…? Para mala suerte de mis adversarios, soy inmortal…”

En el orden físico, como en todos los demás aspectos, personificaba el esfuerzo y la constancia. La madurez de la edad ennobleció sus rasgos y modales, dotando sus gestos de serenidad y atenuando las reacciones agresivas o desafiantes. Vestía cuidadosamente, pero deslizando un sello juvenil y aun de alegría de colores. No podía menos que reconocerse que, en las circunstancias y actos que lo requerían, hacía gala de una corrección hasta solemne en su presentación y comportamiento. En una ceremonia, se presentaba con la genuina dignidad cívica de la autoridad republicana.

Después de visitar reiteradamente Cuba, cobró devoción por la guayabera, ya que por naturaleza era sensible al calor. La adoptó sin reticencias para el verano. Su convencimiento de que se trataba de algo esencialmente lógico si la temperatura era ardiente, le hizo presidir algunas sesiones del Senado, cuando el aire acondicionado aún no se instalaba, en guayabera tropical. Salvo el secretario de la corporación, funcionario permanente que identificaba la respetabilidad parlamentaria con la gravedad vacua, nadie se indignó.

En general, en la vida diaria, usaba chaquetas de tipo deportivo, así como abrigos de cuero o chaquetones de paño grueso o jerseys amplios y cómodos. En muchos casos, una camisa de color, sin corbata, acentuaba su despreocupación aparente. Al principio, se consideró su falta de formalismo en la vestimenta como una afectación. Con el correr de los años, esta circunstancia pasó a ser connatural a su imagen, tanto más cuanto sabía distinguir con claridad las diferenciaciones impuestas por los convencionalismos razonables.

Después de visitar reiteradamente Cuba, cobró devoción por la guayabera, ya que por naturaleza era sensible al calor. La adoptó sin reticencias para el verano. Su convencimiento de que se trataba de algo esencialmente lógico si la temperatura era ardiente, le hizo presidir algunas sesiones del Senado, cuando el aire acondicionado aún no se instalaba, en guayabera tropical. Salvo el secretario de la corporación, funcionario permanente que identificaba la respetabilidad parlamentaria con la gravedad vacua, nadie se indignó.

La guayabera se difundió y el dueño de una gran tienda de artículos para hombre que mantenía excelentes relaciones con Allende, le pidió prestada una de las suyas para copiarla y producirla comercialmente. Al devolvérsela, el amigo le hizo llegar dos ejemplares de los producidos en sus talleres. El comerciante anunció que pondría la marca “Chicho” a sus guayaberas. Allende –que difícilmente perdía el buen humor– tomó el teléfono y manifestó al fabricante: “Temo que te vaya a ir mal con la venta de las guayaberas. Tu tienda es de lujo y sólo para ricos. La epidermis de tus clientes se va a erizar cuando se den cuenta del significado de la marca… Si quieres ganar dinero, fabrica un tipo popular y véndelas barato en las poblaciones. No te cobraré participación alguna”.

No se supo más de las guayaberas de la gran tienda, que al parecer no se llegaron a fabricar. Allende me regaló las dos muestras. Al poco tiempo llegó una factura con un precio sumamente alto por las guayaberas. El pago se hizo de inmediato.

Si el episodio de la guayabera amarga un poco la boca, otro, el de la capa española, demostró que los hombres abiertos de alma pueden desempeñar un papel positivo en las relaciones entre los Estados.

Una noche, cerca de las doce, concurrí a Tomás Moro a hablar con el Presidente acerca de un serio problema causado por la Corfo que me parecía urgente resolver. España había abierto sus fronteras desde antiguo al nitrato de Chile, nuestro abono natural, cuya empresa productora yo dirigía. El Presidente estaba ya enterado a grandes rasgos de ciertos tropiezos que habían surgido en las transacciones y ni siquiera interrumpió su partida de ajedrez. Me dijo: “Te encuentro toda la razón. España es un gran cliente para nosotros en materia de salitre. Nos otorga facilidades excepcionales, a pesar de contar con una buena industria para producir salitre sintético. Tenemos que cumplir el compromiso contraído y que yo he patrocinado. Hay que realizar la operación de la que me hablas, la cual, además de ser adecuada para Chile, implica reciprocidad hacia un país que nos trata bien, no obstante su posición política tan distinta. Por lo que me explicas, veo que en los obstáculos que han puesto a última hora algunos servicios chilenos hay un prejuicio político explicable, pero que yo no acepto”.

“Resulta –respondí– que ya se ha comunicado la negativa a la Embajada de España y creo que se originará un problema personal para el embajador, quien se ha esmerado en buscar una solución conveniente, y una tirantez de fondo con el gobierno español”. “No te preocupes… yo arreglaré en el acto las cosas. El embajador, como buen español, debe acostarse tarde y me parece un hombre llano y muy cordial. Voy a telefonearle de inmediato”, dijo Allende.

Ante el insólito requerimiento, el telefonista de guardia de la casa presidencial le debe haber dicho algo sobre la hora, porque el Presidente insistió: “Échele, échele para adelante, no más…” La respuesta fue muy rápida. El señor embajador aún no se había retirado a sus habitaciones. El diálogo telefónico resultó cordial, pero breve. Se resolvió celebrar una entrevista de inmediato, aceptándose la proposición del Presidente de que yo fuera a buscar al diplomático a su residencia. Así se hizo. Durante el breve trayecto, nos abstuvimos de cambiar impresiones. Al llegar a la residencia de Tomás Moro nos aguardaba el Presidente en los jardines, arrebujado en su capa azul de médico chileno.

El desarrollo de la entrevista no tuvo complicaciones. Allende repitió más o menos lo mismo que antes me manifestara. El diplomático reaccionó con firmeza y claridad, lo que puso en evidencia que, por desgracia, no me había equivocado al apreciar las proyecciones adversas del cambio de frente chileno. La negativa de la Corfo, que acababa de comunicársele, significaba desentenderse de un convenio que se había logrado tras vencer obstáculos administrativos en Madrid y hacer frente a intereses españoles atendibles. Pero, en fin, todo se dio por superado, comprometiéndose el Presidente a impartir las órdenes de rigor en la mañana, y yo experimenté el tremendo alivio de saber que las 80 mil toneladas de salitre que España recibía, tendrían acceso al mercado.

La conversación se prolongó en un terreno de extrema simpatía y derivó hacia el tema de la capa que lucía Allende. El embajador aseveró que, sin ánimo de herir al Presidente, debía decirle que su capa no era digna de alguien de su categoría. En seguida, al apreciar el entusiasmo auténtico de Allende por el tema, el diplomático, buen psicólogo, explicó las características, preciosismos y secretos para iniciados que han de reunir las capas castellanas de prosapia.

El Presidente arguyó, algo desolado, que en la época de juventud de nuestra generación sólo vestían capa los poetas, entre ellos Neruda, que lo hacía en la bohemia santiaguina con especial autoridad. Allende explicó que posteriormente, en sus viajes por España, no había osado comprarse una por temor a parecer figurante de cine. El embajador replicó: “Presidente, permítame darme una satisfacción muy sincera. Tengo yo dos capas auténticas. Esta misma noche, cuando me mande a dejar, le haré llegar una”. En el clima de cordialidad que se había creado, habría sido impertinente rechazar. Una importante negociación había alcanzado una solución caballeresca que superaba los convencionalismos de la razón de Estado.

 

Introducción a “Allende en persona”

Miguel Labarca Labarca
Allende en persona
Testimonio de una intensa amistad y colaboración

Historia de este libro

Miguel Labarca Labarca, nuestro padre, nació en Chillán el 21 de febrero de 1909 en el seno de una familia acomodada que no tardó en emigrar a Santiago. Estudió en el Instituto Nacional y luego en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Se incorporó a las luchas juveniles siguiendo la estela de su hermano mayor, Santiago Labarca, que en 1920 había sido presidente de la Federación de Estudiantes de Chile, FECH.

Conoció a Salvador Allende durante las acciones estudiantiles de comienzos de los años 30 contra la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo. Trabajó en la Cámara de Diputados donde, pese a su juventud, redactaba los discursos del diputado “termal” Gabriel González Videla. Aunque elegido sobre la base de una componenda con el dictador efectuada en las Termas de Chillán, este parlamentario, futuro Presidente de la República, había adoptado una actitud de abierta oposición a Ibáñez. Involucrado en la llamada Conspiración del Avión Rojo, nuestro padre estuvo preso y fue deportado a Ecuador. Regresó a Chile en 1931 a la caída del tirano y fue secretario de la comisión que investigó los actos de la dictadura. Aunque alumno brillante, nunca se recibió de abogado. En 1933 se casó con nuestra madre, Lillian Goddard Álamos, belleza chillaneja también de antigua familia, y fuimos naciendo los tres hijos. Restablecida la legalidad, fue secretario de su hermano Santiago Labarca, que desempeñó la cartera de Educación durante el gobierno de Juan Esteban Montero. Tuvo un puesto destacado en la Municipalidad de Santiago junto al alcalde Guillermo Labarca Húbertson, con quien colaboraba en todos los aspectos. Aunque don Guillermo era un escritor eminente, solía redactarle los discursos, como el que pronunció para dar la bienvenida al Presidente de Ecuador José María Velasco Ibarra. Cuando se advirtió que Velasco Ibarra no traía un discurso de respuesta, nuestro padre escribió a marcha forzada la alocución de agradecimiento del visitante. Participante activo en el Frente Popular, pasó a ser el colaborador más íntimo de la alcaldesa de Santiago Graciela Schnake. Siempre fue vehementemente de izquierda, individualista, sin militancia en partidos, miembro –aunque a menudo “en sueño”– de la masonería.

A comienzos de los 40 partimos a Buenos Aires, donde representó a la editorial Zig-Zag. En Argentina se independizó y creó su propio negocio: Ediciones Labarca. Estando allí asumió un puesto diplomático en la embajada de Chile, donde no tardó en convertirse en brazo derecho del embajador Alfonso Quintana Burgos. Juan Domingo Perón surgía en el horizonte y en la elección de presidente y vicepresidente la embajada chilena cometió el error de abanderizarse con la fórmula Tamborini y Mosca, contra la dupla de Perón y Quijano. Se corrió la voz de que las declaraciones y discursos antiperonistas del embajador Quintana las redactaba Miguel Labarca y que en una tenida masónica había criticado los arrestos dictatoriales de Perón. Cuando éste triunfó con votación arrolladora, nuestro padre tuvo que ser trasladado a París, a un puesto en el Consulado de Chile. Era el año 1946 y allá nos fuimos. En la Embajada en Francia se convirtió en consejero del embajador Joaquín Fernández y Fernández, pese a no ser titular de esa función. Cuando el embajador Fernández estuvo a punto de ser nombrado gobernador de Trieste, que se hallaba bajo fideicomiso internacional, puso como condición que lo acompañara Miguel Labarca. En Chile el presidente González Videla iniciaba la persecución contra los comunistas y nuestro padre se negó a seguir representando a su gobierno. Renunció y permaneció en París dedicado a los negocios. Ganó muchísimo dinero vendiendo productos agrícolas chilenos a la Europa devastada por la guerra.

En 1950 regresamos a Chile y volvió a encontrarse con Salvador Allende. Ese encuentro y la curiosa relación que se desarrolló entre ambos forman la sustancia de este libro. La situación económica de la familia tenía altos y bajos al ritmo de los negocios en que nuestro padre participaba. Hubo períodos de pobreza en nuestra casa, pues la cooperación con Allende era absorbente y tuvo carácter estrictamente voluntario hasta el momento en que fue contratado como secretario de Salvador Allende en el Senado. A lo largo de 22 años, cuatro campañas presidenciales y el trienio del gobierno de la Unidad Popular, volcó todas sus energías y capacidades, que eran muchas, a una estrecha y multifacética colaboración personal con Allende. Entretanto, nuestra madre, comprometida también políticamente, se desempeñaba como dirigenta de la Unión de Mujeres de Chile y de la rama femenina del Frente de Acción Popular, FRAP.

“Hace algunos meses, al ordenar algunos efectos que habían pertenecido a nuestra madre, apareció una caja negra de cartón que no habíamos abierto. Estaba repleta de hojas de papel cebolla ajadas y amarillentas. Era el libro. En realidad se trataba de copias bastante borrosas sacadas con papel carbón. Entre los renglones, en los márgenes y al dorso, abundaban las correcciones y agregados hechos por el autor con lápiz de grafito. Ordenar ese cuerpo fue tarea compleja. Había hojas sueltas sin continuidad aparente, capítulos que parecían inconclusos, versiones diferentes de algunos fragmentos. En total eran unas 650 páginas”.

Nuestro padre era un hombre de mente bullente, original, irascible, y su relación con Salvador Allende no estaba exenta de conflictos. Hasta la llegada de Allende al gobierno actuó siempre entre bambalinas, pues prefería el perfil bajo. Pero una vez en la Presidencia, Allende lo nombró Presidente del Consejo de Administración y Gerente General de la Sociedad Química y Minera de Chile, Soquimich. Desde ese puesto negoció la nacionalización del salitre y el yodo, cuya explotación y comercialización pasó a dirigir. Diez meses antes del golpe militar, en un gesto típico de su carácter, renunció al cargo por desacuerdos con algunos funcionarios impuestos por los partidos.

La mañana del golpe la diputada Laura Allende, hermana del Presidente, lo recogió en su citroneta. Rodaron en dirección al palacio de La Moneda, pero las barreras militares ya estaban tendidas y no consiguieron llegar. Más tarde se asiló en la Embajada de Francia y llegó a París, donde él y nuestra madre vivieron muy modestamente. Trabajó hasta jubilarse en una biblioteca municipal de las afueras. En el exilio siempre usó corbata negra en memoria de Allende y siguió los acontecimientos de Chile con angustia y pasión. Durante años escribía largas horas a mano o a máquina en una mesita instalada en uno de los dos cuartos diminutos del departamento parisino. Así nació el presente libro.

En 1987 padeció un infarto cerebral que lo dejó muy limitado hasta su muerte, acaecida en 1989. Esparcimos sus cenizas en el cementerio parisino del Père Lachaise, donde fue despedido con el rito masónico. Buscamos el original del libro que escribía y no lo pudimos encontrar. Averiguamos en las editoriales de Francia, donde quería publicarlo, y también en Chile, adonde había hecho un viaje cuando los militares le levantaron la prohibición de regresar. Nadie sabía nada. En 2000 falleció nuestra madre y dejamos también sus cenizas en el Père Lachaise. Del libro perdido no se volvió a hablar.

Hace algunos meses, al ordenar algunos efectos que habían pertenecido a nuestra madre, apareció una caja negra de cartón que no habíamos abierto. Estaba repleta de hojas de papel cebolla ajadas y amarillentas. Era el libro. En realidad se trataba de copias bastante borrosas sacadas con papel carbón. Entre los renglones, en los márgenes y al dorso, abundaban las correcciones y agregados hechos por el autor con lápiz de grafito. Ordenar ese cuerpo fue tarea compleja. Había hojas sueltas sin continuidad aparente, capítulos que parecían inconclusos, versiones diferentes de algunos fragmentos. En total eran unas 650 páginas. Comenzamos por fotocopiarlas, trabajo que hubo que realizar manualmente hoja por hoja. Luego ordenamos los temas y secuencias, y las páginas aisladas fueron encontrando su lugar.

El libro constaba de dos partes muy distintas. La primera era la rica descripción de la personalidad de Salvador Allende, su forma de ver la vida y la experiencia del trabajo con él. La segunda, un ensayo histórico, político y económico sobre la evolución de la sociedad chilena hasta el período de la dictadura. Esta parte abordaba algunos temas relacionados con el golpe militar que en el momento de la escritura eran novedosos, pero que en las dos décadas transcurridas han sido aclarados y documentados con más amplitud: intervención norteamericana contra el gobierno de Allende, violación de los derechos humanos, política económica de la dictadura militar… Leyendo y releyendo el texto llegamos a la conclusión de que a comienzos del siglo XXI, la parte que conservaba interés era la primera.

Ése es el libro que hoy entregamos. El autor lo había titulado Veintidós años con Salvador Allende – Ensayo biográfico-político. La similitud de la primera frase con el título del libro de otro colaborador de Allende y la decisión de excluir el ensayo nos han llevado a dar a la obra otro nombre, que a nuestro juicio refleja su contenido. Sólo hemos corregido las erratas y hecho algunos retoques, convencidos de que se trata de ajustes que nuestro padre no alcanzó a realizar.

Margarita Labarca Goddard, México D.F.
Miguel Labarca Goddard, París
Eduardo Labarca Goddard, Viena – Las Cruces
Junio de 2008