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Honduras: abierta represión contra estudiantes y académicos de sociología y ciencias sociales…

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Reproducimos aquí esta denuncia, y expresamos nuestra total solidaridad con los estudiantes, docentes y trabajadores constantemente perseguidos y reprimidos por militares y policías al servicio del gobierno conservador impuesto después del golpe de estado perpetrado en el año 2009 en ese país hermano. Ahora la represión cae sobre los sociólogos reunidos en su Congreso Nacional, del mismo modo que golpea de manera permanente a todas las fuerzas democráticas del país.  Nuestro deber es mantener esta denuncia de manera constante y sin concesiones. E. Aquevedo

Adjunto esta denuncia del Dr Juan Almendarez, ex Rector  de la UNAH, contra  el ataque  Militar policial  que ocurrió el 6 de mayo, en el momento en que estabamos en la Asamblea de Clausura del II Congreso Nacional de Sociologia.
Saludos.
R. Briceño J

SUBASTA SANGRIENTA
(Honduras abierta a los Negocios)

Juan Almendares

Bajo el principio del placer (hedónico, individualista y corporativo) se ha iniciado de la forma más cínica la “Venta Abierta de Honduras” bajo el principio de aumentar la tasa de ganancia de la acumulación histórica del capital oligárquico  articulado  con las multinacionales.

Se trata de un proceso experimental destructor de la vida, biodiversidad y cultura. Es concesionario  de privilegios para las empresas mineras, madereras, camaroneras y represas.

Promotor de la dominación cultural y de la perdida de la soberanía alimentaria. Responsable directo de las condiciones paupérrimas: hambre miseria y sufrimiento de las comunidades originarias, garifunas, misquitas , campesinas y de la clase obrera

Dos instrumentos pretenden garantizar la Venta de Honduras: la guerra mediática multimillonaria y el aparato represivo integrado por  militares, policías, seguridad privada y sicarios. Ambos instrumentos   condicionan el pensamiento único y dominante de la oligarquía que aniquila la libertad de expresión y reprime la movilización de los sectores de oposición y resistencia.

El seis de mayo 2011  en horas de la mañana, se desarrolló una manifestación de 300 estudiantes del CURN de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) en la ciudad de San Pedro Sula; lugar donde ocurrió el inicio de la operación “Honduras Abierta a los negocios” (Honduras Open For Business).

Inmediatamente hicieron presencia los cuerpos represivos del Estado, quienes  dispararon contra los manifestantes. Utilizaron  tanquetas y lanzaron varias decenas de bombas lacrimógenas.

El camarógrafo de Globo TV, Uriel Gudiel Rodríguez, fue hospitalizado a raíz de ser golpeado por una bomba lacrimógena,  arrastrado  por los cuerpos represivos  con el objeto de atenazar  la libertad de expresión

Condenamos la Venta de la Patria y la violación de los derechos humanos por  los cuerpos represivos del Estado y el atentado contra el camarógrafo de TV Globo.

En igual forma señalamos  que la invasión de los cuerpos militares y policiales a la UNAH y a la Universidad Pedagógica han ocurrido con frecuencia después del golpe militar del 28 de junio del 2009; a vista y paciencia  y en algunos casos a petición de las autoridades universitarias.

Sin embargo a pesar de la persecución, trauma , terror  y tortura de docentes y estudiantes comprometidos con la justicia social y los derechos humanos no ha sido posible castrar la conciencia de la resistencia docente estudiantil.

Repudiamos todo proceso de invasión militar , policial y de seguridad  privada  al  Alma Mater y a la Universidad Pedagógica Francisco Morazán y  la cacería de las ideas patrióticas  que defienden la vida, dignidad histórica y la autodeterminación de los pueblos

La unidad docente estudiantil y de toda la comunidad universitaria con el pueblo en resistencia es esencial para que nuestra Patria no sea una vulgar mercancía.   ¡Total rechazo a la subasta sangrienta!¡Alta es la noche y Morazán vigila!

Tegucigalpa 6 de mayo 2011

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Guerra de clases en Wisconsin, USA…

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Jeffrey Sommers · · · · ·
27/02/11
 

Presentamos al gobernador Scott Walker. Al mes de haber asumido el cargo ya estaba dispuesto a establecerse como el nuevo sheriff en la ciudad, repitiendo en el Estado de Wisconsin, las fórmulas de la presidencia de Ronald Reagan. Siguiendo el guión a la letra, Scott Walker emuló a Reagan en su primer ataque, enfrentándose a los trabajadores. Pero el momento cumbre de Walker (al quebrar la resistencia del sindicato de controladores de tránsito aéreo) ha demostrado haber sido un exceso. Walker, quien se presenta como un personaje sacado de un reparto de Frank Capra, se encontró con  que las recetas de Reagan producen resultados diferentes en la actualidad. Después de 30 años de declive económico, los trabajadores de los Estados Unidos reconocen la quiebra de estas políticas, y se están defendiendo.

Todos hemos visto las cifras. Mientras que la economía estadounidense ha crecido en los últimos tres decenios, la mano de obra ha sido golpeada en la barbilla. Al mismo tiempo, los gerentes de corporaciones y los de los sectores FIRE han visto crecer sus ingresos por múltiplos, a menudo subsidiados por los contribuyentes, aun cuando sus acciones irresponsables dejaron un caos económico a su paso. Todo el tiempo, los trabajadores han sido sermoneado sobre cómo son los responsables de la crisis económica del país y cómo los ricos deben seguir capturando más y más rentas para que la economía prospere. Incluso si no les gusta, les dicen a los trabajadores, invocando a Margaret Thatcher, “no hay alternativa.”

La semana pasada, sin embargo, los trabajadores públicos sorprendieron a todos, incluso a sí mismos y a sus dirigentes sindicales al tomar la iniciativa en estas manifestaciones y obligar  al  liderazgo del sindicato de maestros a seguirles. El pasado martes, los maestros de la capital anunciaron su intención de salir a la calle y llevar a sus estudiantes consigo. En Milwaukee, la ciudad más grande de Wisconsin, los profesores desafiaron las invocaciones de los administradores de escuelas y sus propios sindicatos de permanecer en el trabajo. El miércoles pasado marcharon en Madison, en tal número que su dirigencia sindical se vio obligada a unírseles. Así, 35 distritos escolares tuvieron que cerrar, a medida que miles de maestros y otros trabajadores del sector público caminaban hacia el centro de la ciudad.

Francamente, la mayoría de las protestas de las últimas décadas, si bien organizadas por personas bien intencionadas, han sido muy aburridas. Salimos a la calle por causas buenas, sí, pero prefiriendo estar en otro lugar; y hemos puesto en duda la eficacia de todo el ejercicio, por lo general secretamente, pero a veces abiertamente. Esta vez es diferente. Para los veteranos de las protestas en las últimas décadas, esta vez había un ambiente totalmente diferente. La escena ha sido, al mismo tiempo,  creativa, de buen humor, alegre y pacífica, pero también, enojada. Este movimiento no tuvo portavoces: la gente se organizó, tomó decisiones sobre el terreno, y actuó consecuentemente, y sus acciones e instintos dieron resultado, si vemos los acontecimientos posteriores.

El alcance del movimiento es amplio. A los estudiantes y profesores y otros empleados públicos se les se unieron bomberos y policías, cuyos derechos de negociación colectiva no están bajo amenaza inmediata y que, por lo tanto, se hicieron presentes en demostración de una notable solidaridad. Juntos, han adoptado una nueva alianza y han puesto de lado una historia de antagonismo que data de los años 1960. En este nuevo mundo, los policías ofrecen comida y café a manifestantes estudiantiles sentados en el suelo de la rotonda del Capitolio. Los bomberos, que llegan vestidos con sus trajes oscurecidos por el hollín o en faldas escocesas, tocan sus gaitas en apoyo a sus hermanos empleados públicos y estudiantes. Envolverse en la bandera -¿quien más puede hacerlo sin verse cínico o tonto?- los bomberos han devuelto este poderoso símbolo a la clase obrera organizada.

Ya el sábado, el número de manifestantes se había incrementado a más de 60.000, mientras que los adherentes del Tea Party del gobernador pudieron reunir apenas unos cuantos miles. Esto a pesar de contar con el apoyo de financeros multimillonarios como los hermanos Koch que crearon gigantescas páginas web, como “Stand for Walker”, implorando a los wisconsineses a salir a las calles para apoyar al gobernador.

Pero, a pesar de toda esta buena energía y del éxito obtenido, no todo está bien. Los trabajadores están seriamente divididos. La derecha política ha hecho grandes inversiones para poner a los empleados del sector privado en contra de sus contrapartes del sector público. Y lo han logrado. Después de tres décadas de guerra contra los sindicatos del sector privado, sólo el 7% de los trabajadores no públicos están protegidos. Como era de esperar, esto se ha traducido en una erosión casi completa de los programas de salud, anteriormente en manos y planes de pensiones de los que alguna vez disfrutaron.

Y como resultado, los trabajadores del sector privado estadounidense se han visto forzados a aceptar horarios de trabajo al estilo japonés. Sus planes de salud les brindan atención de calidad inferior, a menudo teniendo que navegar por soporíferas burocracias, sólo para que les digan  “cobertura denegada”. Sus empleadores ya no pagan las pensiones. La mayoría está por su propia cuenta a la hora de la jubilación. O si tienen suerte, pueden tener un empleador generoso que aporta la mitad hacia un plan 401k [sistema de ahorro para la jubilación. N. de la R.] que sólo alimenta a los operadores de Wall Street, mientras que nunca obtiene rendimiento suficiente para financiar su jubilación.

En resumen, es otra vez la temporada de caza. Brevemente, en 2008, esta frustración se dirigió contra los republicanos. Sin embargo, los demócratas no sacaron ningún beneficio tangible para los trabajadores desde que asumieron el poder y, ahora, la derecha ha sabido desviar la ira de la clase trabajadora, de Wall Street hacia los profesores y los empleados públicos. Hábilmente ejecutada, la táctica ha llevado a los trabajadores del sector privado sin beneficios a culpar a todo aquel que sí tiene beneficios como la causa de su privación. En lugar de ver las ganancias que ofrecen los sindicatos, los trabajadores del sector privado se han tragado la noción de que estos beneficios, de alguna manera, fueron obtenidos a costa suya – al mismo tiempo que hacen caso omiso del engorde que continúa sin disminuir en Wall Street.

La nueva guerra de clases, como de hecho es percibido este conflicto, no es entre los trabajadores y el capital, sino entre los trabajadores del sector público y los del sector privado,  éstos últimos azuzados  por multimillonarios derechistas como los hermanos Koch. Uno puede incluso imaginarse al señor Burns, de Los Simpsons, tramando algo así, en su caricaturesca representación del capital; pero esto es la vida real, y pocos parecen reconocer la ironía.

 

El feriado del lunes fue quizás la última de las grandes protestas de esta semana, ya que, cuando convocan a decenas de miles de personas, no son sostenibles. Los trabajadores públicos están bajo la presión de sus empleadores y los sindicatos de maestros, para regresar a trabajar. Si el Gobernador Walker se niega a transigir, la única arma que queda en el arsenal de los trabajadores es una huelga general y no se sabe si existe suficiente decisión para poner en marcha una. Este movimiento se inició por las acciones de Scott Walker y probablemente terminará por ellas. El siguiente paso hacia una huelga general dependerá de sus decisiones en los próximos días y si va en busca de un compromiso o de inflamar aún más a los trabajadores, al atacar su derecho democrático a organizarse

 

Walker, hijo de un predicador, siempre ha sido ciego a las sombras de gris. Sus acciones pasadas sugieren un camino fundamentalista por delante.

 

Jeffrey Sommers es codirector del Baltic Research Group en el ISLET y profesor visitante en la Stockhol School of Economics de Riga.

Traducción para www.sinpermiso.info: Antonio Zighelboim

Written by Eduardo Aquevedo

28 febrero, 2011 at 12:28

Ley contra sindicatos en EEUU, “modelo” de democracia… ?

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Primera rebelión en Wisconsin; trabajadores toman el Congreso local y suspenden labores
Impulso en EE.UU. a leyes contra los sindicatos de empleados públicos
David Brooks
La Jornada

Nueva York, 17 de febrero. Decenas de miles de trabajadores y simpatizantes suspendieron sus labores y prácticamente tomaron el Capitolio estatal en Wisconsin para protestar por un intento del gobernador de destruir los sindicatos del sector público –parte de un asalto antisindical a nivel nacional– en un conflicto que algunos comparan con lo sucedido en Egipto.

El nuevo gobernador republicano Scott Walker y la legislatura controlada por su partido impulsan una iniciativa de ley para anular pensiones, elevar el pago de seguro médico y limitar el derecho a negociar un contrato colectivo sólo de salarios, entre otras medidas para debilitar a los sindicatos públicos y sus conquistas logradas a lo largo de décadas. Walker señaló que estaba dispuesto a desplegar a la Guardia Nacional si los sindicatos se atrevían a realizar acciones para detener estas iniciativas.

Ante ello, desde el martes maestros, trabajadores de hospitales públicos, enfermeras, trabajadores de mantenimiento, de reclusorios y de salubridad pública se concentraron en el centro de Madison, la capital estatal, apoyados por sindicalistas de sectores privados que se sumaron en solidaridad, y durante dos días rodearon el Capitolio y miles ingresaron al edificio gubernamental coreando: a cerrar esto y libertad, democracia, sindicatos.

Miles de estudiantes y profesores suspendieron clases en las universidades estatales en protesta contra la iniciativa. Además miles de maestros de escuelas públicas se reportaron enfermos y no asistieron a sus centros de trabajo para sumarse a las protestas, obligando el cierre de las escuelas públicas en la capital y varios distritos más del estado. Estudiantes de preparatorias y secundarias, en lugar de gozar sus días libres, se sumaron a las marchas y protestas, coreando apoyamos a nuestros maestros, apoyamos la educación pública, y al llegar a la plaza del Capitolio fueron recibidos con ovaciones por miles de universitarios.

Por lo tanto, no pocos observadores comentan que Wisconsin se parece a Egipto, y los propios manifestantes así lo proclamaban. En algunas de las mantas y pancartas se leía: Hosni/Walker (en referencia al gobernador). Protesta como un egipcio. Si Egipto puede obtener la democracia, ¿por qué no Wisconsin? Esta es nuestra plaza Tahrir.

Lo que ocurre en Wisconsin, comentó Noam Chomsky, tal vez es el inicio de lo que verdaderamente necesitamos aquí (en Estados Unidos): un levantamiento de democracia; ya que la democracia aquí ha sido casi eviscerada, dijo en entrevista con el programa Democracy Now!.

Qué glorioso es estar en Madison, Wisconsin, esta semana, donde el pueblo se ha levantado en rebelión contra los republicanos neandertales que buscan destruir los sindicatos del sector público e imponer daño masivo a sus trabajadores. Aquí no se trata de balancear el presupuesto. Se trata de destruir los sindicatos como una fuerza política y económica, escribió Matthew Rothschild, editor de la revista nacional The Progressive con sede en Madison. Es, añadió, la zona cero de la lucha contra todo eso, y los de Wisconsin están realizando la cosa más cercana a una huelga general que jamás he visto en mi vida

Los sindicatos nacionales ofrecen recursos y personal para apoyar a sus secciones estatales, reconocen que si se logra impulsar esa ley en Wisconsin, será replicada en otros estados donde los gobernantes intentan reducir sus déficit presupuestales –que se han multiplicado como consecuencia de la crisis económica– trasladando los costos a los trabajadores del sector público. Iniciativas parecidas se impulsan en Ohio, Indiana, Tenesí, y también versiones menos drásticas pero que imponen severos recortes presupuestales a sindicalistas del sector público –sobre todo maestros– en estados gigantescos gobernados por demócratas como es el caso de Nueva York y California.

Tal ha sido el tamaño de las manifestaciones que algunos legisladores estatales republicanos ya reconsideran su apoyo a la iniciativa del gobernador, mientras que esta mañana todos los demócratas del senado estatal se esfumaron y con ello la cámara alta se quedó sin quórum, lo que imposibilitó un voto sobre la iniciativa que el gobernador desea quede aprobada para mañana. Otros consideran que a pesar de las protestas, esperan aprobar la medida muy pronto.

Hasta el presidente Barack Obama ha expresado su simpatía con los trabajadores en la pugna en Wisconsin. En entrevista con una radio de la entidad dijo que las medidas del gobernador para obstaculizar negociaciones de contrato colectivo “generalmente parecen más como un asalto a los sindicatos… Estos son maestros, bomberos, trabajadores sociales y policías. Hacen muchos sacrificios y una gran contribución, y creo que es importante no denigrarlos o sugerir de alguna manera que todos estos problemas presupuestales son a causa de los empleados públicos”.

Harold Meyerson, columnista del Washington Post, escribió que mientras los trabajadores estaban ayudando a derrocar al régimen en El Cairo, un gobierno estatal en particular estaba procediendo a derrocar a las organizaciones de trabajadores aquí en Estados Unidos. Concluyó que los conservadores estadunidenses frecuentemente expresan su admiración por la valentía de los trabajadores de otros países al protestar contra regímenes autoritarios. “Sin embargo, permitir que trabajadores en casa ejerzan sus derechos amenaza con minar algunos de nuestros propios regímenes (republicanos en particular) y no se debería permitir. Ahora que el gobernador de Wisconsin ha emitido sus órdenes de marcha a la Guardia, podemos discernir un nuevo patrón de solidaridad represiva, desde el faraón… del Medio Oriente al faraón… del Medio Oeste”.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/02/18/index.php?section=mundo&article=027n1mun

Written by Eduardo Aquevedo

21 febrero, 2011 at 21:15

La China actual: condiciones de trabajo y explotación…

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Una visión de China a partir de los suicidios en Foxconn

Pun Ngai, Revista Trasversales

China_saca_pechoIntervención en el Foro sobre globalización y desarrollo social, organizado por el Centro de Estudios de Política y Economía Internacional, 14 de mayo 2010, China University of Political Science and Law

Quiero abordar el tema partiendo del vídeo que acabamos de ver. Ya son ocho (no siete) los muertos en la empresa Foxconn. El profesor de la Universidad Qinghua decía que la tasa de suicidios no le parecía muy alta. Al día siguiente una joven de 24 años se arrojó desde lo alto de un edificio. Personalmente pienso que estos hechos son dramáticos y que es importante saber con qué criterios hay que evaluarlos y qué es eso de una tasa no muy alta de suicidios.

Los principales medios de comunicación hablan de estos trágicos acontecimientos como si se tratase de una cuestión personal: el suicidio de un joven diplomado que parecía una persona abierta y alegre se presenta como un problema espiritual, mientras que otros de estos suicidios se atribuyen a problemas psicológicos. En el caso de un trabajador que se arrojó desde el tejado del dormitorio, se atribuyó a presiones psicológicas derivadas de problemas de fertilidad. Tras el séptimo suicidio en Foxconn se solicitó la colaboración de conocidos psicólogos, que no han hecho una buena labor, y recientemente también se ha contado con sacerdotes taoístas. La dirección de Foxconn prefiere ver el problema como algo vinculado con el Fengshui y la psicología, antes que verlo como un problema de gestión enpresarial o como un problema social. Yo, por el contrario, voy a abordar el problema desde un punto de vista sociológico.

Quiero partir de estos hechos para interpretar el fenómeno de los campesinos que migran desde el campo hacia las fábricas en el proceso de formación de una nueva clase obrera. Mis libros versan sobre la primera generación de trabajadores campesinos migrantes, últimamente he escrito algunos artículos dispersos sobre la segunda generación, a la que intentaré insertar en el contexto teórico marxista, en la formación del proletariado, incorporando también algunas teorías post-marxistas, con el propósito de valorar si es posible interpretar los suicidios y las huelgas como fenómenos de protesta en el marco de la tradición teórica marxista o de la sociología.

Obviamente, no consideramos que el suicidio sea algo normal, si así fuese la práctica de los obreros coreanos que se prenden fuego debería verse solamente como una advertencia a la sociedad, y los suicidios de jóvenes obreros chinos constituye una tragedia demasiado grande como para pensar que solamente se trata, después de todo, de un modo de contar a la sociedad el injusto trato sufrido. Hoy evitaré todos los detalles sobre las muertes, ya los hemos visto en el vídeo. Los suicidios acontecidos desde enero hasta hoy corresponden a jóvenes entre 18 y 24 años, y su modalidad ha sido siempre la misma: arrojarse desde lo alto de un edificio, gesto que no permite vuelta atrás. Dos obreras han quedado heridas y no han muerto. Pero ya se trate de heridos o de muertos, ¿cómo comprender esta tragedia? ¿Hay que situarla en el contexto de la empresa o bien hay que situar esa problemática interna de la empresa en el contexto más amplio de los 230 millones de trabajadores campesinos migrantes? ¿Y para qué? ¿Para decir que esta empresa tiene condiciones mejores que aquella, que el salario de tal empresa es mayor que el de esta otra?

En Shenzsen el salario habitual de un obrero está entre 1.000 y 1.500 yuanes, mientras que en Foxconn está entre 1.500 y 2.000, siendo, pues, significativamente mayor. Las condiciones de trabajo y la gestión son un poco mejores y por ese motivo en Foxconn cada mañana a las 5,30 h. hay una cola de personas que quieren entrar a trabajar allí, mientras que otras empresas más pequeñas tienen dificultades para encontrar trabajadores. Considerando esto, podríamos decir que estamos ante una representación a menor escala de la situación común de los trabajadores campesinos migrantes; si mejoran las condiciones de trabajo en Foxconn podrían mejorar las condiciones de vida de los trabajadores campesinos migrantes.

El secreto por el que China se ha convertido en la fábrica del mundo reside en la existencia de 230 millones de trabajadores campesinos migrantes, sin los que China no habría llegado a ocupar en los últimos 20 años, gracias al bajo coste, el primer puesto como fábrica del mundo. Hoy tenemos primacía en varios ámbitos, la exportación por ejemplo. Foxconn es la primera exportadora global en electrónica. Hoy, cuando construimos Shenzhen, Shanghai etc., decimos siempre que estamos en los primeros puestos a escala mundial, pero también deberíamos decir que, según creo, también lo estamos en cuanto a la tasa de suicidios de la fuerza de trabajo juvenil, pese a los psicólogos que nos dicen que la tasa no es elevada.

Cuando analizamos la formación de la clase obrera en el marco de China como fábrica del mundo, vemos claramente quién está construyendo la riqueza, quién está edificando China como fábrica del mundo, quién se sacrifica, quién se apropia de los beneficios. Hoy se ha replanteado claramente el fenómeno de la sociedad de clases. Un país socialista, que por eso mismo debería liberarse de las relaciones de producción capitalistas, ha permitido que la división de clase penetre profundamente en las relaciones sociales.

Yo me hice marxista cuando, por primera vez, entré en las zonas industriales chinas, la primera vez que entré en una fábrica, cuando aún era estudiante universitaria a comienzos de los años noventa. En aquella época se estaban produciendo grandes cambios económicos en Hong Kong y muchas fábricas se trasladaban a China continental. Los obreros de Hong Kong sufrían el desempleo, y cuando me desplacé a China continental observé el fenómeno de los trabajadores campesinos migrantes que, año tras año, se dirigían al Guangdong para trabajar.

Estos cambios me impresionaron y estaba estupefacta al ver que en la patria del socialismo se permitía una explotación capitalista brutal, que, en los años noventa, era aún más intensa que hoy.

En 1995 entré en una fábrica en la que se producían componentes electrónicos para los teléfonos móviles de entonces. Allí, me puse a preguntar a muchas personas cuál era su salario. Era una fábrica de componentes electrónicos, en la que se hacían los teléfonos celulares de entonces. El precio de uno de esos teléfonos eran unos 10.000 yuanes. ¿Y cuál era el salario de un obrero? ¿Con qué jornada? De media, 14 horas diarias, sin sábados ni domingos.

Tal vez vuestras madres y vuestros padres sean la primera generación de trabajadores campesinos migrantes a la que hemos entrevistado, aquella situación la recuerdan bien. Cuando entré en la fábrica, leí encolerizada El Capital de Marx y descubrí que la situación que describía no era tan grave como la que había en China en los años noventa. El salario del que habla El Capital se calculaba semanalmente, pero cuando yo empecé a trabajar el cobro del salario se retrasaba tres meses y el ritmo de trabajo era extenuante. A comienzos de los noventa, morían trabajadores en los incendios que se producían en las fábricas y en los dormitorios. Después de Marx, El Capital, que describe la situación industrial del siglo XIX, influenció la revolución socialista; si comparamos la época de Marx con la situación de los trabajadores y con los suicidios de la Foxconn, se nos viene a la mente que quizá aquella época fuese más feliz que la nuestra.

A inicios de los noventa la presión sobre el trabajo era mucho más fuerte, el salario era sólo de 500 yuanes, cuando ahora está entre 1.000 y 1.500. Los dormitorios y espacios de la fábrica han mejorado, y también han mejorado las condiciones laborales. ¿Por qué, entonces, no hubo suicidios y huelgas entre la primera generación de trabajadores campesiones migrantes, lo que sí ocurre actualmente?

Cuando entré en la fábrica y ví las horrendas condiciones de trabajo no comprendía cómo podía pasar algo así en nuestro país socialista. Estaba furiosa, pero los obreros no lo estaban. Pensaba que eso dependía de que estaban atenazados, bajo presión, que no tenían posibilidad de expresar lo que sentían. Sin embargo, no ví suicidios. Hubo muertes súbitas o por agotamiento, pero no con la gravedad actual.

En los años noventa ví cómo los trabajadores comenzaban a encolerizarse e incluso a hacer huelgas. Después del 2000 en el delta del Río Perla, en particular en Dongguan, hubo oleadas de huelgas en las que participaron miles de personas, aunque sin ninguna cobertura mediática. Después, algunos medios se interesaron en las huelgas, pero dejaron de hacerlo porque se habían hecho tan habituales, sobre todo en Dongguan, que ya no atraían la atención al ser tantas y tan frecuentes.

¿Cómo interpretar las diferencias entre ambas generaciones de trabajadores? Debemos reflexionar sobre ello y, sobre todo, preguntarnos cómo surgieron los trabajadores campesinos migrantes. Además tenemos que analizar en profundidad las diferencias existentes entre estas dos generaciones, incluso con una misma composición de clase, con las mismas relaciones de producción y tratándose de trabajadores que hacen el mismo trabajo en la fábrica y que afrontan las contradicciones del capitalismo. Hay que hacerlo porque la diferencia es verdaderamente grande.

También debemos reflexionar sobre el proceso de formación de la nueva clase de trabajadores campesinos migrantes, que no podemos encajar completamente en el proceso de proletarización. A lo largo de una remodelación que ha durado 30 años el campesino se ha convertido en trabajador (en precario, sin derechos), sujeto del trabajo pero no un obrero en sentido pleno. No está claro si aún es campesino o si es obrero. Aunque las condiones en que vive son objetivamente las de un obrero, desde un punto de vista subjetivo, en tanto que trabajador, su identidad es problemática.

Analicemos el problema del reconocimiento identitario a través de algunos contenidos teóricos del post-marxismo. En el paso de la clase en sí a la clase para sí participan factores complejos y difíciles. Si introducimos este aspecto en las particulares condiciones chinas y en el proceso de inclusión en la economía global capitalista, al hacer una comparación con otros países encontramos que la singularidad china reside en nuestros trabajadores campesinos migrantes. Aunque está claro que llegan a gastar diez o veinte años de su vida trabajando en la fábrica, les es negada su posición como obreros. Su conciencia como tal sujeto aún no se ha formado completamente.

¿Asistimos en China al surgimiento de unas nuevas Enclosures [nt: cierre de los terrenos comunales en favor de los terratenientes en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX]? Pero este fenómeno es diferente en China. La nueva generación de trabajadores campesinos migrantes ya no puede volver a su pueblo pero tampoco puede quedarse en la ciudad. No puede permanecer donde está, pero tampoco pueden regresar al campo. ¿No deberíamos tal vez buscar en esta condición de clase proletaria incompleta los motivos de los suicidios y de las protestas de los trabajadores campesinos migrantes?

El fenómeno de los trabajadores campesinos migrantes no puede separarse del desarrollo de los últimos 30 años. Todo empezo con la reforma, y la reforma empezó en el campo, cuya dimensión colectiva fue destruida favoreciendo la emergencia de pequeñas economías campesinas; la base de la fuerza de trabajo a la que vengo refiriéndome se encuentra en el final del colectivismo, que dio lugar a un excedente de fuerza de trabajo campesina. Nuestros sociólogos utilizan una bella expresión para este fenómeno: una abundante fuerza de trabajo.

No importa tanto si es abundante o es sobreabundante, lo que importa es que una generación de jóvenes ya no tiene nada que hacer en el campo, no tiene ninguna oportunidad de trabajar allí porque la tierra no puede proporcionarles ocupación. Por eso empezaron a migrar buscando trabajo en la ciudad, en particular en las zonas costeras en las que entraba capital extranjero. Así fue fundada China como fábrica del mundo, gracias a esta fuerza de trabajo barata. En la reforma del agro y en la “estrategia de puertas abiertas” reside el secreto del surgimiento los trabajadores campesinos migrantes.

Estas son las condiciones del país, porque “la fuerza de trabajo” es demasiado grande. Si esta fuerza de trabajo excedente en los años 80 no hubiera sido absorbida en las fábricas de “sangre y sudor” tampoco se habrían tenido estas mínimas ocasiones de progreso. Según lo que aprendí entonces, en aquel tiempo con doscientos o trescientos yuanes mensuales se pagaban más de diez horas de trabajo diario.

Ya fuese una empresa de juguetes o una de electrónica, el producto era el mismo tanto si lo hacía una trabajadora de Hong Kong o yo misma, que trabajaba en Shenzhen, también eran iguales el capital y la marca. Por ejemplo, todo el mundo sabe que los productos Disney son muy caros, por un muñeco piden entre 200 y 300 yuanes. Bien, pues en los años 80, la misma fábrica, el mismo contexto, en Hong Kong se llegaba a ganar entre 5.000 y 6.000 yuanes, y al inicio de los 90 unos 6.000 haciendo horas extras; sin embargo, esa misma fábrica abrió una nueva sede más allá de la frontera con Shenzhen, en la que se producía la misma mercancía pero pagando salarios de 200/300 yuanes mensuales.

Esa diferencia me era difícil de comprender y aceptar, mientras que para aquellos que tenían sentido patrio era comprensible, pues decían que ambas sociedades se encontraban en una fase diferente de desarrollo, había gran cantidad de mano de obra y usar esa fuerza de trabajo barata podría impulsar el desarrollo, integrando a China en el sistema capitalista global y permitiendo dar el primer paso. Pero yo, que no tenía sentido patrio, me preguntaba si el capital de Hong Kong o Taiwán dejaría de invertir porque el salario de las trabajadoras subiese a 400 yuanes. Tanto entonces como hoy cabe preguntarse si un aumento de salarios haría que China dejase de ser la fábrica del mundo y se alejase de la ruta del desarrollo.

Para estos capitalistas el aumento de los salarios no les reporta ninguna ventaja, porque no ven a la fuerza de trabajo como personas. La patronal no se siente requerida a considerar como personas a la fuerza de trabajo barata. Por lo tanto, para ellos no tendría sentido un aumento de sueldo. Cuando entré en la fábrica, no tenían ninguna confianza en los trabajadores. Al andar por la calle o cuando íbamos a comer siempre escuchabas decir que los trabajadores chinos eran difíciles de manejar y que, muy en particular, tendían a robar mercancías ¿Es así? Ciertamente, en comparación con los trabajadores de Hong Kong y Taiwán el fenómeno del hurto de mercancías es más habitual. Los almacenes de las fábricas de Hong Kong tienen abiertas las ventanas, mientras que las de Shenzhen tienen barrotes de hierro por temor a los robos. Un trabajador de Foxconn se ha suicidado por haber perdido el prototipo del iPod; esta presión proviene del temor de la empresas a los robos. Pero si pensamos sobre ello, es preciso tomar en consideración la diferencia que había, en la fábrica en la que trabajaba, entre los salarios, unos 400/500 yuanes mensuales, y el precio de los teléfonos celulares que producíamos, a 10.000 yuanes cada uno.

He notado que muchos temen usar conceptos como clase y explotación, pero basta con entrar en una fábrica para que explotación, dignidad y palabras semejantes dejen de parecernos conceptos exóticos o que estén al servicio de alguna teoría foránea para manipular a los trabajadores. La clase objeto de esa explotación, la rabia que cada obrero siente y puede expresar, son cosas de las que, desde un punto de vista histórico, hablamos tranquilamente en la universidad entre estudiantes y profesores. Actualmente se teme la emergencia de las contradicciones de clase. Hace pocos años había fábricas carentes de las más mínimas condiciones dignas para los trabajadores. Los lugares en que se trabajaba y se vivía carecían de salidas de emergencia. Algunos obreros murieron abrasados por ese motivo. Las fábricas de los años noventa tenían los alamacenes en la planta baja, la cadena de montaje estaba en la segunda y tercera planta, mientras que los obreros vivían en los pisos superiores. Para evitar los robos se cerraba todo con llave, y en caso de incendio era imposible escapar y los trabajadores morían abrasados. Mi trabajo “Obreras chinas”, situado en los años ochenta y comienzos de los noventa, nace porque en esa época, como estudiante universitaria, ví morir así a obreras. Tras aquellos incendios, las zonas de alojamiento y de producción fueron separadas gracias a oportunas leyes. Por consiguiente, los alojamientos de una fábrica que tenga algún millar de trabajadores deben crearse ahora en sus alrededores.

En los últimos años he escrito varios artículos sobre el tema de la vivienda. Si la primera característica en la que reside el secreto de la fábrica del mundo son los trabajadores campesinos migrantes, la segunda está representada por los dormitorios vinculados a la fábrica. Es preciso preguntarse por el contexto de la vida de la fuerza de trabajo, por la posibilidad de formar una familia, ya que se debe pensar que eso, además de un salario, requiere un alojamiento, la posibilidad de criar hijos que puedan estudiar o de acudir al médico cuando se contrae una enfermedad. Pero el salario de 230 millones de trabajadores campesinos migrantes sólo se rige por las necesidades de la propia fábrica y obliga a vivir en alojamientos comunes, donde se amontonan decenas de trabajadores. El sueldo no les permite vivir en la ciudad de Shenzhen.

De hecho, en la zona costera de desarrollo en Shenzhen se piensa utilizar esta fuerza de trabajo sólo durante un breve periodo, hasta que los migrantes vuelvan al campo; son vistos como fuerza de trabajo, no como trabajadores. El problema se hace cada vez más evidente. Al comienzo, los trabajadores campesinos migrantes que estaban en las fábricas tenían su propio pedazo de tierra y la posibilidad de retornar a su pueblo; eso explica por qué razón yo me enfurecía pero ellos todavía no lo hacían. En los años noventa los obreros se consideraban, en el fondo, campesinos, aunque desde un punto de vista marxista sus relaciones de producción ya habían cambiado y se habían transformado en verdaderos obreros empleados en las fábricas, aunque sin estar aún en una posición completamente equiparable a la de los obreros: su salario no era un salario de obrero, porque el salario de un obrero debe garantizar el coste de reproducción de las generaciones sucesivas, esto es, poder tener una familia, trabajando ocho o diez horas, poder tener un lugar en el que vivir con la familia y desde el que volver al trabajo tras pasar un día de descanso.

Si en los años ochenta el salario no permitía vivir en la ciudad, actualmente el salario en Foxconn, entre 1.500 y 2.000 yuanes, tampoco permite que un obrero viva en Shenzhen. ¿Cómo puede reproducirse este sistema, cómo se tiene en pie este tipo de sostenibilidad?

Digamos claramente que este sistema sólo rige para los trabajadores campesinos migrantes, cuyo salario es la mitad del salario de un trabajador normal. Además, viviendo en el alojamiento de la fábrica se puede ahorrar algo de dinero para el futuro, ya que no es seguro que Foxconn siga aceptando a un trabajador cuando supere los 30 años de edad.

El actual desarrollo de las grandes ciudades se apoya completamente sobre los hombros de la fuerza de trabajo campesina. La ciudad es cada vez más rica, construimos ciudades cada vez más globales, como Beijing, Shanghai, Shenzhen, Guangzhou, cuyos gobiernos no tienen ninguna obligación respecto a las pensiones y al cuidado de los 230 millones de trabajadores campesinos migrantes. Tras haber explotado a la fuerza de trabajo, carecen de cualquier proyecto para su reproducción y para los cuidados que necesitan. El proyecto es devolverles al campo, arruinado desde hace veinte años, sin desarrollo alguno y sobre el que, además, pende la amenaza inminente de la venta de la tierra. Ésta es la injusticia fundamental, la fuerza de trabajo barata sostiene una producción de bajo coste que no sólo se dirige a la burguesía media urbana sino, de forma más relevante aún, a los países occidentales, como EEUU, donde quien no tiene dinero lo pide prestado para consumir y lo que consumirá es nuestra fuerza de trabajo barata. El Gobierno chino presta continuamente dinero a aquellos que puedan consumir las mercancías hechas con fuerza de trabajo barata en el sistema económico global, de forma que el sacrificio final recae sobre la masa de trabajadores campesinos migrantes.

¿Cuál es la diferencia entre las dos generaciones de trabajadores campesinos migrantes? La primera generación tenía una gran capacidad de aguante, de hecho el psicólogo que ha salido en el vídeo decía que el problema de las actuales protestas deriva de que la segunda generación está debilitada, no tiene aguante, pero debemos preguntarnos cómo se ha creado esta diferencia psicológica. Un análisis atento nos dirá que, si bien la primera generación tenía mayor fuerza para aguantar el trabajo duro y la adversidad, también tenía esperanzas y objetivos: lo que ahorraba era usado para construirse una casa y una vida familiar honorable, lo que les permitía soportar las angustias y la fatiga del trabajo en las ciudades. La segunda generación se ha formado totalmente en el ámbito urbano y aspira a un modo de vida metropolitano creado en los últimos años por el modelo de desarrollo dominante, una especie de civilidad urbana continuamente buscada, en la que se dice que hay que renunciar al campo porque de otra manera uno se desacredita, se pierde el honor, se es poco desarrollado y se pierde la posibilidad de cambiar lo que tus progenitores te dieron en su momento. Éste es el contexto en boga. La vía de desarrollo hoy imperante y su cultura nos hacen ver al campo y a nuestro pasado como si fuesen nuestros enemigos.

Desde el momento en el que nos pusimos a construir civilidad metropolitana del tipo de la de Beijing o la de Shanghai, los valores de la nueva generación están enteramente basados sobre eso, mientras que los de nuestros progenitores se basaban totalmente sobre el campo. La primera generación, aunque pobre y forzada a un duro trabajo, tenía una casa en la que pensar. Quienes ahora tienen entre 18 y 20 años no tienen motivo para sentirse vinculados al campo y sí muchos motivos para el conflicto. Año tras año se lucha por un salario más alto, y aunque los salarios son, en apariencia, el triple que a comienzos de los 90, la verdad es que también suben los precios. ¿Los 1.500 yuanes que se ganan hoy son en verdad más que los 500 de ayer? Tal vez sean menos, dada la inflación y el alza de precios. En los años noventa, en los suburbios de Shenzhen o Guangzhou se podía alquilar, por 200 o 300 yuanes, una casa en la que vivir con la familia. Hoy no se puede. Los trabajadores campesinos migrantes están forzados a residir en las zonas industriales, en las que no hay alquileres asequibles, por lo que se alojan en los dormitorios de la empresa, los mismos dormitorios desde cuyos tejados o ventanas se han arrojado estos trabajadores de Foxconn.

Un trabajador campesino migrante de veinte años que no quiera quedarse en el campo y desee vivir en la ciudad debe pagar al menos 1.000 yuanes de alquiler, pero, entonces, ¿cómo atender las demás necesidades básicas con un sueldo de 1.500 yuanes? No hay salida para los dilemas y dificultades de esta nueva generación. Hace dos o tres años se habló mucho de cuando la nieve obligó a los campesinos trabajadores migrantes a quedarse en la ciudad sin regresar a casa para la celebración del Año Nuevo chino; pero aunque hubieran podido hacerlo habría sido sólo por dos semanas, de lo que eran conscientes. La vida del campo, sus valores y su realidad se han perdido, mucho más aún si hablamos de la segunda y tercera generación.

A partir de aquí, podemos imaginar dos posibles caminos. Por un lado, sería posible un nuevo desarrollo rural que no pase por la venta de la tierra y que no esté al servicio de las grandes empresas que están devorando el campo. Un desarrollo que permita a las personas que regresan allí disponer de una base económica de la que vivir y percibir que la propia vida tiene un futuro.

Por otro lado, está la posibilidad de que estos trabajadores campesinos migrantes se conviertan realmente en la nueva clase obrera, con un incremento salarial que será beneficioso para el desarrollo de China. Si ahora todas las mercancias se orientan a la exportación, se debe a que aquí la gente no tiene dinero para consumir. Por una parte, se tiene miedo a que no haya consumo, pero no se elevan los salarios. No es lógico. Elevando los salarios en Foxconn se influiría también sobre otras empresas y sobre toda la zona de Shenzhen, induciendo mejoras.

El verdadero problema es la horrorosa competición a la baja en la que está inmerso internamente el capital, la última frontera de la competencia a la baja, cuyo precio final lo pagan los trabajadores.

¿Por qué los trabajadores han sido reducidos a esta condición? Seamos realistas: además del hecho de que nuestros sindicatos no desempeñan ningún papel útil, nuestros trabajadores no han tenido fuerza para negociar el salario. No tienen fuerza en la ciudad porque todavía están en una situación fluctuante y desarraigada. Hoy se trabaja en Dongguan, mañana tal vez en Shenzhen o Guangzhou. De este modo no se pertenece a un hogar ni a una sociedad.

La fuerza de los trabajadores, la presión que pueden ejercer sobre el capital, está fragmentada en el marco de esas condiciones. El capital desea que todos los trabajadores sean campesinos migrantes, y está claro que quiere mantener a los trabajadores migrantes de segunda y tercera generación como campesinos migrantes. Por eso no hemos modificado la situación creada por el sistema hukou [nt: sistema que regula los permisos de residencia permanentes y temporales].

Un aumento de salarios también influenciaría la situación de los estudiantes. ¿Por qué el salario de un diplomado es tan bajo? Porque detrás hay un hermano que tiene aún menos, un trabajador migrante que tiene aún menos, un desempleado que tiene aún menos. Hoy debemos reflexionar sobre quién sostiene una sociedad y sobre cuáles son los derechos a proteger.

Pun Ngai es socióloga y antropóloga, profesora en el Politécnico de Hong Kong.

Traducción del chino al italiano: Diego Gullotta

Traducción del italiano al castellano: Trasversales, con autorización de Diego Gullota.

Fuente:  http://www.trasversales.net/t20ngai.htm (Revista Trasversales número 20 otoño 2010)

La batalla de Francia… y la precariedad social

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SAMI NAÏR 23/10/2010

MIRO004 Lo que está pasando ahora en Francia era previsible. La sublevación de las clases populares vinculadas a los servicios públicos, de las clases medias seguidas por una parte importante de la juventud, de los estudiantes, no se puede entender si no se tiene en cuenta la situación de conflicto permanente creada por el propio modo de actuar del Gobierno y del presidente Nicolas Sarkozy. Sobre la cuestión de fondo, o sea la reforma de las pensiones y de la edad de jubilación, la posición del Gobierno fue dictada a los sindicatos sin posibilidad de negociación.

Retomando las propuestas de la patronal, que pedía, desde 2007, el retraso de la edad legal de las jubilaciones, la prolongación del plazo de cotizaciones y la evaluación restrictiva del trabajo penoso, el Gobierno propuso un proyecto de ley que impone el retraso de la edad legal mínima de jubilación de los 60 a los 62 años, la prolongación de las cotizaciones durante 41,5 años y el retraso de la edad para cobrar el total de la pensión de jubilación de 65 a 67 años para los que no hayan cotizado el tiempo necesario. Estas propuestas vienen acompañadas de muchas otras sobre la convergencia público-privada, el empleo de personal de mayor edad, de los jóvenes, de los derechos de los parados, de las prestaciones por maternidad, y otros puntos importantes. De hecho, el Gobierno, aprovechando el traumatismo provocado por la crisis económica, pensaba vender todo el paquete a la vez, yendo mucho más allá de lo que se estaba hablando en Francia estos últimos años.

    En el fondo, todo el mundo, incluso los sindicatos, sabe que habrá que hacer reformas, tanto por causa de la prolongación de la esperanza de vida como por la adaptación del sistema de jubilaciones a las nuevas condiciones de la economía francesa dentro del marco de la globalización. Las posiciones del conjunto de los sindicatos (los seis más importantes del país) apuntan que se trata de una reforma global, calificada de injusta (va a profundizar en las desigualdades), esencialmente pagada por los asalariados y, sobre todo, sin un proyecto de plan de empleo y de lucha en contra de la precariedad. Lo que significa que varias categorías sociales tendrán que trabajar hasta los 72 años para poder conseguir jubilaciones completas. Piden, desde luego, una reunión comparable a la que tuvo lugar después de Mayo del 68, llamada de "Grenelle", en la que se adoptó una reforma global consensuada entre el Gobierno y los sindicatos sobre el sistema social y el mercado de trabajo. El Gobierno rechazó la propuesta y, desde la primera manifestación del 24 de junio, no quiso negociar. Dicho de otra manera, ha elegido desde el principio la confrontación directa. Frente a esta ofensiva, los sindicatos -sus reivindicaciones son serias y abiertas (sin embargo, no hay un acuerdo global entre ellos mismos, y que hubiera podido ser un margen de maniobra importante para el Gobierno)-, consideraron que el Ejecutivo quería sobre todo debilitarlos. De ahí, el inevitable enfrentamiento.

    Otro elemento importante para entender la violencia del enfrentamiento: desde su elección, Sarkozy nunca pudo conseguir el apoyo mayoritario para su política de "reformas". La idea que todos los sondeos de estos dos últimos años ponen de relieve es que su política es profundamente conservadora y beneficia sobre todo a los grupos económicos privilegiados. Un sentimiento amargo de injusticia flota en el aire, y los métodos autoritarios y a veces teñidos de desprecio de los más altos responsables políticos hacia la ciudadanía acaban de transformar este sentimiento en rebeldía "lógica", para hablar como el poeta Arthur Rimbaud. Dicho de otra manera, la situación de crisis actual tiene tanto que ver con el rechazo de unas reformas consideradas injustas en un contexto de profundas desigualdades como el enfrentamiento con un presidente y un Gobierno que han perdido todas las elecciones desde las presidenciales de 2007. El tema sindical se mezcla con el rechazo político global.

    ¿Qué va ocurrir? Si el Gobierno mantiene su proyecto, probablemente asistiremos a una contestación social "rastrera" durante los próximos años, sabiendo que va a ser un tema clave en las elecciones presidenciales de 2012. Sin olvidar que los huelguistas franceses tienen la convicción de que se trata de una contienda que supera a su país, y que tendrá muchas consecuencias sobre el resto de los movimientos sociales en Europa. La batalla de Francia está lejos de acabarse.

    EL PAIS.COM

    Written by Eduardo Aquevedo

    23 octubre, 2010 at 2:32

    ¿Existen las clases sociales?

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    Marcos Roitman Rosenmann, La Jornada.mx

    DR1 Los detractores del socialismo no pueden oír hablar de la existencia de explotación, imperialismo o explotadores. Se muestran iracundos cuando algún comensal o interlocutor les hace ver que las clases sociales son una realidad. Los portadores del nuevo catecismo posmoderno, dicen tener argumentos de peso para desmontar la tesis que aún postula su validez y su vigencia como categorías de análisis de las estructuras sociales y de poder. Lamentablemente, sólo es posible identificar, con cierto grado de sustancia, dos tesis. El resto entra en el estiércol de las ciencias sociales. Son adjetivos calificativos, insultos personales y críticas sin altura de miras.

    Yendo al grano, la primera tesis subraya que la contradicción explotados-explotadores es una quimera, por tanto, todos sus derivados, entre ellos las clases sociales, son conceptos anticuados de corto recorrido. Ya no hay clases sociales y si las hubiese, son restos de una guerra pasada. Desde la caída del muro de Berlín hasta nuestros días las clases sociales están destinadas a desaparecer, si no lo han hecho ya. El segundo argumento, corolario del primero, nos ubica en la caducidad de las ideologías y principios que les dan sustento, es decir el marxismo y el socialismo. Su conclusión es obvia, los dirigentes sindicales, líderes políticos e intelectuales que hacen acopio y se sirven de la categoría clases sociales para describir luchas y alternativas en la actual era de la información, vivirían de espaldas a la realidad. Nostálgicos enfrentados a molinos de viento que han perdido el tren de la historia. Para seguir adelante, hay que renovar, buscar conceptos en un mundo novísimo.

    Sin duda en las dos últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI han emergido procesos sociales, económicos, políticos y culturales que no sólo han reinventado la realidad sino los conceptos para describirla. Ello no es acontecimiento novedoso. La historia está llena de estas vicisitudes donde se inventan palabras. Basta leer libros de tecnociencias, informática, bioquímica o neurociencias para comprobar lo dicho. Incluso, una academia tan conservadora como la española de la lengua se ve obligada, cada cierto tiempo, a incorporar voces que emergen de la vida diaria hasta convertirse en una realidad difícil de soslayar. Sin embargo, no debe caerse en el absurdo de tirar el niño con el agua sucia dentro. Nuevas voces no invalidan las ya existentes. Pueden complementar o enriquecer el lenguaje.

    La posibilidad de caer en el absurdo a la hora de renombrar objetos, oficios y situaciones, está a la orden el día. Los casos son variopintos. Así, nos podemos encontrar que un cocinero se ha convertido en un restaurador de alimentos; los recreos en los patios de los colegios, han pasado a denominarse segmentos lúdicos y los bares se consideran zonas de avituallamiento rápido. Esta moda sólo aporta confusión.

    No es lo mismo un concepto viejo que otro anticuado. El imperialismo existe por mucho que les pese a quienes plantean su muerte en beneficio de la llamada interdependencia global o globalización. Su definición sigue siendo válida en tanto explica a) la concentración de la producción y del capital que dio origen a los monopolios; b) la fusión del capital bancario e industrial y la emergencia de una oligarquía financiera; c) el poder hegemónico de la exportación de capitales frente a las materias primas; d) la formación de las trasnacionales y reparto del mundo entre las empresas; f) las luchas por el control y el reparto territorial del mundo entre países dominantes; y g) facilita comprender las formas de internacionalización de los mercados, la producción y el trabajo.

    Por consiguiente, los cambios del imperialismo señalan su versatilidad y capacidad de adaptación en medio de los cambios profundos que sufre el capitalismo. La globalización como concepto no sustituye al imperialismo como una realidad. Saber que el imperialismo actual dista del imperialismo del siglo XIX es sentido común y no requiere de muchas cábalas. El imperialismo goza de buena salud. Otro tanto ocurre con el concepto de clases sociales. En la actualidad muchos científicos sociales prefieren hablar de estratificación social y estructuras ocupacionales antes que acudir al concepto de clases sociales para explicar las desigualdades, la pobreza o la indigencia. Los ejemplos pueden continuar. También los conceptos de explotación y colonialismo internos ha caído en desgracia aunque la semiesclavitud, la trata de blancas y el trabajo infantil y el dominio étnico sean una realidad cada vez más extendida en el planeta. Es este contexto adverso para el pensamiento crítico donde ve la luz, en América Latina, una nueva realidad que trata de explicar este rechazo al uso de conceptos y categorías provenientes de la tradición humanista y marxiana: la colonialidad del saber y del poder.

    Bajo el manto de parecer posmodernos, integrados a la llamada sociedad de la información y partícipes de la globalización neoliberal, se renuncia a ejercer el juicio crítico. Es más cómodo dejar de pensar, apoyándose en una supuesta caducidad de los conceptos, que darse a la molestia de averiguar cuáles son y han sido las transformaciones sufridas por las clases sociales durante las últimas décadas. Ello supondría reflexionar, atributo del cual carecen los nuevos robots alegres de pensamiento sistémico.

    Por último sirva como provocación señalar las diferencias entre conceptos viejos y anticuados. La ley de gravitación universal tiene más de cinco siglos, por su data es desde luego longeva, pero sigue siendo válida. Quienes duden de su pertinencia, les aconsejo un ejercicio práctico, déjense caer de una altura de 50 metros y comprobaran si la ley de gravitación universal es anticuada y caduca. Lo mismo ocurre con las clases sociales. Negar su existencia es, por decir lo menos, un acto de ignorancia.

    Written by Eduardo Aquevedo

    23 agosto, 2010 at 20:08

    P. Krugman: la crisis griega no es tan grave, pero pone en evidencia debilidad del euro…

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    Un dinero demasiado lejano

    GRECIA-ESTUD003 PAUL KRUGMAN 09/05/2010

    Y bien, ¿es Grecia el próximo Lehman? No. No es ni lo bastante grande ni está lo bastante interconectada para hacer que los mercados financieros mundiales se paralicen como lo hicieron en 2008. Sea lo que sea lo que ha provocado esa breve caída de 1.000 puntos en el Dow, no estaba justificado por los acontecimientos reales en Europa.

    Tampoco deberían hacer demasiado caso a los analistas que afirman que estamos presenciando el inicio de un ataque contra toda la deuda pública. En realidad, los costes de los préstamos de EE UU cayeron el jueves hasta su nivel más bajo en meses. Y mientras los aprensivos advertían de que Reino Unido podía convertirse en la próxima Grecia, los tipos británicos también cayeron ligeramente.

    Esa es la buena noticia. La mala es que los problemas griegos son más profundos de lo que los dirigentes europeos están dispuestos a reconocer, incluso ahora (y los comparten, en menor medida, otros países europeos). Muchos observadores prevén que la tragedia griega terminará en una suspensión de pagos; yo estoy cada vez más convencido de que son demasiado optimistas, que la suspensión de pagos irá acompañada o seguida de la salida del euro.

    En ciertos aspectos, esto es la crónica de una crisis anunciada. Recuerdo que, allá por la época en que se firmó el Tratado de Maastricht que colocó a Europa en el camino hacia el euro, bromeábamos sobre que se había elegido la ciudad holandesa equivocada para la ceremonia. Debería haberse celebrado en Arnhem, el escenario del infame "puente demasiado lejano" de la Segunda Guerra Mundial, donde un plan de batalla aliado excesivamente ambicioso terminó en desastre.

    El problema, tan evidente visto en perspectiva como lo es ahora, es que Europa carece de algunos de los atributos esenciales para ser una zona de moneda única con éxito. Por encima de todo, carece de un gobierno central.

    Fíjense en la comparación que se suele hacer entre Grecia y el Estado de California. Ambos tienen graves problemas fiscales, ambos tienen una historia de irresponsabilidad fiscal. Y el punto muerto político de California es, en todo caso, peor; después de todo, a pesar de las manifestaciones, el Parlamento griego ha aprobado, de hecho, un severo plan de austeridad.

    Pero el caso es que las dificultades fiscales de California no importan lo mismo, ni siquiera a sus propios habitantes, que las de Grecia. ¿Por qué? Porque gran parte del dinero gastado en California proviene de Washington, no de Sacramento. Puede que se recorte la financiación estatal, pero las devoluciones de Medicare, los cheques de la seguridad social y los pagos a los contratistas de defensa seguirán llegando.

    Lo que esto significa, entre otras cosas, es que las dificultades presupuestarias de California no impedirán que el Estado comparta una recuperación económica estadounidense general. Los recortes presupuestarios de Grecia, por otro lado, tendrán un marcado efecto depresor en una economía ya deprimida.

    Entonces, ¿es una reestructuración de la deuda -eufemismo para referirse a la suspensión de pagos- la respuesta? No ayudaría ni mucho menos tanto como mucha gente imagina, porque los pagos de los intereses sólo representan parte del déficit presupuestario de Grecia. Incluso si dejara de pagar su deuda del todo, el Gobierno griego no liberaría suficiente dinero para evitar recortes presupuestarios radicales.

    Lo único que podría reducir significativamente el sufrimiento griego sería una recuperación económica, la cual generaría más ingresos -lo que reduciría la necesidad de hacer recortes en el gasto- y crearía empleo. Si Grecia tuviese su propia moneda, podría tratar de fraguar una recuperación así con una devaluación, lo que aumentaría la competitividad de sus exportaciones. Pero forma parte de la zona euro.

    Así que, ¿cómo termina esto? Lógicamente, veo tres formas de que Grecia pueda permanecer en la zona euro. Primera, los trabajadores griegos podrían redimirse mediante el sufrimiento, aceptando grandes recortes salariales que harían a Grecia lo bastante competitiva como para volver a crear empleo. Segunda, el Banco Central Europeo podría emprender una política mucho más expansionista, entre otras cosas comprando grandes cantidades de deuda pública y aceptando -de hecho, recibiendo con agrado- la inflación subsiguiente; esto haría que fuese mucho más fácil realizar ajustes en Grecia y en otros países de la zona euro con problemas. O tercera, Berlín podría llegar a ser para Atenas lo que Washington es para Sacramento, es decir, que los Gobiernos europeos más fuertes desde un punto de vista fiscal podrían ofrecer a sus vecinos más débiles ayuda suficiente para hacer la crisis soportable.

    El problema es que ninguna de estas alternativas parece políticamente plausible. La opción que queda parece impensable: que Grecia abandone el euro. Pero cuando se descarta todo lo demás, eso es lo que queda. Si eso sucede, será algo parecido a lo que ocurrió en 2001 en Argentina, que tenía un vínculo supuestamente permanente e indestructible con el dólar. Terminar con ese vínculo se consideraba impensable por los mismos motivos por los que abandonar el euro parece imposible: el mero hecho de insinuar esa posibilidad sería arriesgarse a unas paralizantes retiradas masivas de fondos de los bancos. Pero las retiradas masivas se produjeron de todos modos, y el Gobierno argentino impuso unas restricciones de emergencia a las retiradas de fondos. Esto dejó la puerta abierta a la devaluación, y al final Argentina pasó por esa puerta.

    Si sucede algo así en Grecia, la onda expansiva se propagará por Europa y posiblemente desencadenará crisis en otros países. Pero, a menos que los dirigentes europeos sean capaces de actuar con mucha más audacia de la que hemos visto hasta ahora y estén dispuestos a hacerlo, eso es lo que se nos avecina. –

    Paul Krugman es profesor de economía en Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. © New York Times Service. Traducción de News Clips.

    Written by Eduardo Aquevedo

    11 mayo, 2010 at 11:30