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Gabriel Salazar: Perspectivas históricas del movimiento social-ciudadano chileno…

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Gabriel Salazar*, in The Clinic

06 Agosto, 2011

La historia socio-política de Chile muestra que los movimientos ciudadanos, cuando han procurado ejercer la soberanía y el poder constituyente que les son inherentes, han sido reprimidos por ambas clases políticas (la militar y la civil), bajo acusación de “anarquismo” y “desquiciamiento del orden público”. Así ocurrió con el movimiento ciudadano que derribó la dictadura de O’Higgins en 1822 y redactó la Constitución Popular de 1828, pues fue aplastado por el golpe de Estado fraguado por Portales (civil) y Prieto (militar) en 1829. Lo mismo, el movimiento encabezado por los trabajadores (FOCH), los estudiantes (FECH) y los profesores (AGPCH), que en 1925 convocó a una Asamblea Popular Constituyente, fue traicionado en sucesión por los “caudillos” Alessandri Palma (civil) e Ibáñez del Campo (militar), que impusieron una Constitución Liberal que fue la antítesis de la propuesta por la ciudadanía.

En el primer caso, la ciudadanía se organizó en base a “pueblos” (comunidades urbanas locales) y “asambleas provinciales”. En el segundo, bajo forma de una Asamblea popular deliberante, constituida por los actores sociales con sedes a todo lo largo del territorio. En el primer caso, el objetivo fue derribar la dictadura de O’Higgins y dar al país una Constitución “Popular-Representativa”. En el segundo, derribar el decadente Estado liberal ‘portaliano’ y construir un Estado Nacional-Desarrollista.

El Estado Neoliberal que, terrorismo militar mediante, fue erigido entre 1973 y 1980, es ilegítimo por nacimiento, ineficiente por haber agudizado la desigualdad social, y no-representativo por no contar con la confiabilidad y credibilidad ciudadanas. Hay razones de sobra, pues, para que la ciudadanía se prepare para ejercer su poder constituyente. Ha acumulado suficiente memoria del alejamiento estatal (desde 1973), de la omnipresencia del Mercado (desde 1980) y pruebas contundentes de la crisis terminal que corroe el régimen que la domina (desde 1997).

La nueva movilización ciudadana muestra autonomía (no está manipulada por el Estado, ni por partido político, ni por caudillos), convergencia espontánea de actores sociales de presencia nacional (estudiantes, pobladores y profesores, sobre todo, con apoyo parcial de sindicatos, empleados y otros sectores). Está animada por una cultura social autogestionaria con 35 años de desarrollo… Pero está a medio-camino. Necesita ampliar su articulación de actores y definir un itinerario de empoderamiento continuo. El movimiento estudiantil es el que trae el mayor bagaje de temas ‘soberanos’ (la autogestión juvenil viene ‘asesorada’ por las nuevas ciencias históricas y sociales, que han elaborado una gran “caja de herramientas” sobre la realidad chilena, que no existía en 1970) junto a una decidida voluntad de cambio. Lo mismo cabe decir del nuevo movimiento de pobladores. Los otros actores, en cambio, tienden a regirse aún por prácticas de cuño ‘representativo’, razón por la que deberían revisar y actualizar sus métodos de acción para asumir las prácticas de ‘soberanía’ que están proponiendo los ciudadanos. Es el caso notorio de la CUT, que está controlada por una cúpula asimilada al régimen político (en crisis) dependiente de la Constitución (espuria) de 1980.

La crisis está. El proceso de empoderamiento ciudadano, también. Hay pues razón y fuerza para “avanzar sin transar”. El problema es definir cuál es la lógica de los pasos siguientes. Aparentemente, hay dos rutas: a) la de deliberación popular continua, que implica desarrollo del ‘poder constituyente’, de plazo socio-cultural y b) la ruta tradicional de negociación, acuerdos parciales, frentes políticos y avance por etapas, con plazos de calendario. La primera es, sin duda, la ruta estratégica, de proceso continuo y soberanía creciente. La segunda, un atajo lateral, táctico, con acción discontinua (plebiscitos intermitentes). No son vías antagónicas, sin duda; pero es una, sobre todo, la que cultiva en serio el poder popular.

Y hay, también, riesgos: a) la represión (¿no es tiempo ya que la ciudadanía controle también el sistema educativo de las Fuerzas Armadas y de Orden?); b) la oligarquización o caudillización del movimiento, y c) la negociación desmovilizadora, con efecto colateral re-legitimante de las clases políticas que se quiere cambiar.

Sólo cabe deliberar, concordar, imponer y no transar.

La Reina, julio 24 de 2011.

* Gabriel Salazar, Historiador y Sociólogo, Premio Nacional de Historia, 2006, Chile

Chile: por qué Piñera está fracasando…?

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17 de Junio de 2011

El complejo escenario de la derecha post Termas de Cauquenes

Por qué Piñera no da el ancho en la conducción política

El diagnóstico está claro hace rato: el gobierno y especialmente el Presidente tienen un importante déficit político. Pero después del revival de los Coroneles en el Consejo de la UDI el sábado pasado, el asunto pasó a castaño oscuro. Aquí un descarnado análisis de la falta de timing del Mandatario, de su gran preocupación por la gestión y los números y de su escasa sensibilidad para generar confianzas. Pero sobre todo -como resienten en la derecha-, de la incapacidad de anteponer el proyecto colectivo al éxito individual.

por Yael Schnitzer, El Mostrador

“Otros mandatarios hubieran recibido al partido en La Moneda, porque son ellos los que van al Presidente no a la inversa. Al ir al cónclave de la UDI se sobreexpuso innecesariamente y eso debilita la figura de la autoridad presidencial”, asegura Claudio Fuentes, analista político de la Universidad Diego Portales. Varios analistas concuerdan en que la decisión de Piñera de asistir al cónclave de la UDI, el fin de semana pasado, fue un error. El escenario le era adverso, porque la crisis política del oficialismo seguía en el aire.

El hecho de que Pablo Longueira se tomara la UDI y surgiera como líder indiscutible de ella –tras su discurso en el cónclave – cuestiona el mando de Piñera. “Hay símbolos de la autoridad presidencial que no puedes romper y uno de ellos es la relación con los partidos. Es el Presidente quien tiene que decidir con quién habla y el protocolo apunta a los presidentes de los partidos. En eso ha fallado el gobierno”, asegura Fuentes.

La torpeza política del Presidente tiene que ver con su personalidad y con que no le da importancia a la tradición republicana, es decir, no sigue los protocolos establecidos para moverse en el mundo político. Esto quedó expuesto en el caso de Punta de Choros, donde muchos chilenos decían “no a la termoeléctrica” y él con una llamada logró lo que la gente quería. El problema es que no supo anticipar el rechazo transversal a su iniciativa, porque “rompe con la institucionalidad y no toma en cuenta los canales existentes para tomar estas decisiones”, asegura Fuentes.

La carencia de timing político del Presidente también quedó expuesta tras el almuerzo que sostuvo en La Moneda con los principales líderes de la Concertación. “Está en el hecho de tener un doble discurso, donde por un lado pide unidad nacional y por el otro mantiene una guerrilla constante con la oposición”, explica Fuentes. El analista califica este hecho como una “estrategia política muy negativa” y  agrega que “invitarlos a almorzar y salir de la reunión criticándolos, le resta credibilidad y autoridad al Presidente, que son precisamente sus flancos más débiles”.

El amateur de la política

“Piñera es un winner, imbatible en los números, pero en historia y política es un amateur. Es como el nuevo rico de la política”, asegura un destacado analista político. Es que el estilo “Piñera” está dejando más que un sello en La Moneda y prácticamente se ha convertido en el talón de Aquiles, del primer gobierno de derecha después de 20 años.

El Presidente se mueve solo en sus decisiones y “no va a aceptar la lógica de cogobierno, a diferencia de la Concertación”, asegura por otro lado Guzmán. Es un factor clave para entender los desencuentros entre Piñera y la UDI, porque él aspiraba a conquistar la Presidencia de la República, mientras que la UDI a conquistar el poder. Esa asimetría en la valoración de lo político, es la clave para medir las distancias conceptuales entre la UDI y La Moneda.

Los problemas de la Alianza y del propio gobierno  han quedado expuestos en la incapacidad de anticiparse a las crisis políticas, tal como ocurrió con el caso de la ex Intendenta Van Rysselberghe, las protestas ciudadanas por el gas en Magallanes y las manifestaciones de rechazo a HidroAysén. Por otro lado, han existido problemas en el área legislativa al no informar o integrar al debate a la UDI antes de presentar los proyectos y finalmente, en la coordinación entre los ministros frente a temas clave como el post natal.

“Piñera gestiona… pero le falta hacer política. Anticiparse a las crisis, socializar los proyectos dentro de la Alianza antes de lanzarlos y coordinar a los ministros. Esas son las debilidades políticas de este gobierno”, asegura Eugenio Guzmán, analista político de la Universidad del Desarrollo. En Piñera prima el empresario por sobre el político y pese a que “hay un esfuerzo por vender el sello empresarial, es un modelo de administración que falló y tiene que ver con que no invitó a la fiesta a quienes pagan la cuenta (UDI)”, asegura un analista.

The Piñera way

“Piñera lidera el clan de una familia a la que no pertenece”, asegura otro destacado analista político. Es que el origen ideológico del Presidente no está en la derecha, él proviene de una familia vinculada a la DC, votó por el No y “es más bien liberal”. Este analista asegura que “buena parte del problema de relación con su sector está ahí, por ser un transplantado, un extranjero que miran con recelo”.

En el actual gobierno hay un problema de relaciones humanas, que tiene que ver con un ADN de derecha que no se refleja en el Presidente y que su sector resiente. Pero ese no es el único aspecto de Piñera que complica la gestión. Su esencia empresarial-bursátil ha determinado la arquitectura del gobierno. “Él decidió contratar gerentes más que políticos y de algún modo los parlamentarios se sintieron desplazados. La UDI, y en menor escala RN, tiene el síndrome de ser invitado: Piñera es el anfitrión y es difícil para ellos exigir un menú distinto o cambiar las reglas del protocolo”, como asegura Guzmán.

Es que Piñera siente que no le debe nada a nadie. Es un self made man, no sólo en su carrera empresarial sino que también en la política. “El modelo de gobierno está marcado por el personalismo y por establecer relaciones bilaterales con sólo algunos articuladores. Es una lógica gerencial, del estilo del sector privado… pero que no funciona en el sector público”, explica Marco Moreno, analista político de la Universidad Central. Quien agrega que “al Presidente no le gusta compartir las decisiones. Él siente que le hizo un favor a la Alianza al llegar al poder y cree que le deben el respaldo por eso”.

Esto se refleja en las designaciones ministeriales, donde nombra inicialmente a un “gabinete a su estilo y forma de ser, gerentes que sólo le responden a él”, como asegura un analista. Incluso, cuando finalmente hace el gran gesto de incorporar a dos elementos políticos –Allamand y Matthei – lo hace en carteras complicadas y deja fuera a Longueira, su rival histórico. Para este analista, Piñera se seguirá resistiendo a nombrar a su enemigo, “porque sería una renuncia a su modelo de gobierno y a su propia personalidad. No quiere gente que le haga sombra”.

La obsesión del Presidente

“Piñera nunca ha trabajado para nadie, no tiene una ideología profunda y no trabaja para la derecha. Él no gobierna para instalar a su sector en el poder, a él le interesa estar en los libros de historia como el primer Presidente de derecha después de 20 años”, explica un analista. El Presidente se mueve solo en sus decisiones y “no va a aceptar la lógica de cogobierno, a diferencia de la Concertación”, asegura por otro lado Guzmán.

Es un factor clave para entender los desencuentros entre Piñera y la UDI, porque él aspiraba a conquistar la Presidencia de la República, mientras que la UDI a conquistar el poder. Esa asimetría en la valoración de lo político, es la clave para medir las distancias conceptuales entre la UDI y La Moneda.

No sólo es un jugador solitario, sino que es un competidor en todo momento y necesita medirse constantemente con el resto. Eso está en el ADN de Piñera y es legado de su formación familiar, donde siempre lo motivaron a ser el mejor, el número uno. Hoy lleva este aspecto al extremo y algunos lo califican hasta de “enfermizo”. Un analista dice que “sólo esto explica su obsesión con Bachelet y la Concertación, con los que se compara  continuamente para poder medir sus logros”.

El Presidente siempre busca más y “se obsesiona con las cosas que no puede alcanzar”, asegura un analista. Primero se esforzó por ser un gran empresario, cuando se consolidó se empeñó en el poder político y a pesar de que no le fue fácil, logró llegar a La Moneda. “Es una persona que nunca está satisfecha y ahora busca lo que le ha sido esquivo: el respeto, el cariño y la empatía. Se ha obsesionado en parecerse a Bachelet y eso está lejos de su potencial”, explica este analista.

El factor “Piñera” en la crisis política que vive el oficialismo es clave. No sólo ha determinado la forma en que se relaciona el gobierno con la Alianza, sino que también la de los propios ministros entre sí. El Presidente genera anticuerpos dentro de la UDI y en la Concertación cae mal y más aún, por las continuas comparaciones entre su gobierno y los 20 años del otro. Piñera es “como el escorpión cuya personalidad no cambia. La derecha está resignada, pero tarde o temprano va a explotar. Hoy es el AVC, pero mañana será otra cosa”.