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Universidades públicas y privadas en Chile, E. Aquevedo

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No sólo hay concepciones diferentes acerca de la noción de Universidad Pública, sino también bastante confusión. Desde luego, en sus orígenes las universidades no nacieron de la iniciativa del estado o del poder político vigente. Sus antecedentes más lejanos en occidente son sin duda la Academia de Platón (año 287 a. C) y el Liceo de Aristóteles, que nacen de la actividad y empeño de estudiantes e intelectuales excepcionales como los indicados, y que no reciben ni atención ni apoyo del poder sino cuando su prestigio está ya establecido. En China surgen las primeras instituciones de formación superior durante el período Yu, entre 2257 a. C y 2208 a. C., pero con apoyo imperial.

Las primeras universidades que responden al espíritu moderno sólo nacen a partir del siglo XII, particularmente desde la fundación de la universidad de Bolonia (año 1119), y luego las universidades de París (1150), de Oxford (1167), de Cambridge (1209), la de Salamanca (1220), entre otras, las que independientemente de su origen que será más bien privado, son amparadas y vigiladas muy de cerca por la “santa” Iglesia Católica o por los poderes imperiales de turno.

Posteriormente, cuando el poder se seculariza, las universidades ganan espacios de autonomía y de libertad, apoyadas en mayor o menor medida por el poder civil, si bien muchas siguen dependiendo y subordinándose a la Iglesia. Queremos decir que si bien varias de ellas nacen con una “vocación pública”, no nacen como consecuencia de la acción deliberada del estado, y por consiguiente no tienen nada de estatales. Su carácter “público” se construyó principalmente a partir de lo específico de su actividad, esto es, la enseñanza y la creación de conocimiento, que fueron tradicionalmente considerados como un “bien público”. El sólo financiamiento era en ese sentido secundario, con tal de que aquellas funciones siguieran constituyendo lo esencial de su existencia y actividad. Podían depender económicamente de la Iglesia, del poder político existente o de mecenas o comerciantes, pero ello no afectaba en lo medular su rol público, especialmente desde que la Iglesia pierde crecientemente influencia y capacidad de control sobre el saber.

El comienzo de la convergencia entre el interés público y el financiamiento estatal…

Lo público tiende a confundirse con lo estatal sólo a partir del siglo XIX, cuando los estados nacionales se afirman y descubren que la educación superior es decisiva para la construcción del propio estado, mediante la formación del personal dirigente del aparato público y de la nación, para la formación de mano de obra calificada, así como, en general, para la gestión del nuevo y complejo sistema capitalista. A partir de ello la Universidad, y la educación pública en general, pasan a ser “preocupación preferente del Estado”, especialmente de aquellos estados controlados por clases dominantes de mayor capacidad emprendedora y con vocación expansionista, colonialista o imperialista. De ahí que las principales universidades modernas se constituyan en Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Alemania y algunos otros países centrales que dependen más imperativamente, para cumplir ese rol, de la formación de clases dirigentes “ilustradas” y de cuadros medios cada vez más calificados. Para esta función la Universidad es difícilmente sustituible. Por ello, progresivamente, el Estado le otorga recursos económicos permanentes y abundantes, hasta el punto de institucionalizar la figura de “Universidad estatal”, convirtiéndose para muchos en adelante como sinónimo de universidad pública.

Este proceso acontece, desde luego, en permanente tensión entre el poder político-económico y la función pública, libre y autónoma que la Universidad venía conquistando durante siglos. Lo “público” de la tarea universitaria se ve en efecto respaldado por el nuevo “mecenazgo” estatal institucionalizado, porque así la universidad expande su actividad científica (investigación y creación de conocimientos) y de transmisión de saberes y competencias de alto nivel, pudiendo también desplegar más abiertamente actividades de extensión y proyección cultural, intelectual y artística dentro de la sociedad. La existencia de sistemas democráticos representativos y de derecho regulados y estables favorece este proceso. Sin embargo, nunca el poder dejó de buscar el mayor grado posible de control o subordinación de la actividad universitaria, sea en forma solapada e indirecta, mediante el manejo de los recursos económicos o de intervenciones políticas diversas, o abiertamente en las sociedades gobernadas por regímenes autoritarios o dictatoriales (la experiencia de las universidades chilenas bajo Pinochet es perfectamente ilustrativa), sea en América Latina, o en diversos países Asiáticos o Africanos o Árabes, o de los regímenes del “campo socialista” en su momento.

Universidades públicas estatales y privadas…

En fin, queremos insistir en que esta convergencia entre la función pública de las universidades y la modalidad estatal que ellas puedan asumir desde el siglo XIX no autoriza ni histórica ni teóricamente a sostener que sean la misma cosa. Muchas universidades públicas y estatales han sido y son de excelencia, como lo evidencia la Universidad de Berkeley (número 22 en el ranking mundial THE de 2007, y reconocida como la universidad pública número uno en los EEUU y en el mundo), o las diversas universidades estatales de Europa (especialmente de Finlandia, Holanda, Alemania o Francia) que figuran entre las 100 mejores del mundo (Francia tiene 2 universidades públicas-estatales entre las 28 primeras de ese ranking). En América Latina, la mejor ubicada en diversos rankings internacionales es la UNAM, principal universidad pública-estatal mexicana.

Pero igualmente, desde luego, se encontraran numerosas universidades privadas con una función o vocación pública manifiesta y de larga data, como Harvard, Oxford, Cambridge, Yale, Princeton, situadas entre las 10 primeras de dicho ranking. Estas son evidentemente muy meritocráticas y elitistas, no obstante que el Estado entrega importantes subvenciones a la mayoría de ellas para, entre otras cosas, financiar becas para estudiantes secundarios altamente calificados provenientes del sector educacional público-estatal de bajos ingresos. Pero ellas son también públicas, en el sentido de que todas son “universidades de investigación” (claramente humboltianas en este sentido), disponen seguramente de los postgrados de mayor calificación internacional y su función no es la búsqueda de lucro. Para ser más claro aún, acotemos que en Chile hay Universidades cuyo carácter o vocación pública no se discute, como la Universidad de Concepción, la Universidad Católica, la Técnica Santa María y la Austral de Valdivia. Sin embargo ellas son privadas, sin fines de lucro y, por lo mismo, con matrículas en general equivalentes en valor a las universidades estatales.

La Universidad privada como “negocio”, o como reproductora de la clase dominante

Muy diferente es el caso de aquellas Universidades privadas cuya función esencial es generar lucro o utilidades para sus propietarios o sostenedores, donde la función pública no se manifiesta en ningún sentido concreto o esencial, es decir, donde sólo hay docencia asumida casi exclusivamente por académicos a honorarios, donde no hay ni se promueve la investigación científica, donde no existen postgrados de calidad (doctorados en especial), ni organizan su actividad académica en función de las necesidades de la sociedad. Se trata en estos casos de camufladas “escuelas de negocios”, con altísimos aranceles para el estándar nacional. Estas constituyen un buen 80% del mercado universitario chileno, formado por aproximadamente 60 instituciones universitarias, de las cuales menos de la mitad cumple con estándares de calidad y varias de ellas han logrado acreditarse mediante recursos o intervenciones ilegítimas. Esta es sin duda la típica “universidad de mercado”, donde quizás el ejemplo paradigmático es la U. de las Américas.

Pero existe otro modelo de universidad privada, donde la finalidad no es principalmente el negocio o el lucro, pero tampoco el servicio público en sentido estricto, sino mucho más precisamente reproducir y formar las elites dirigentes del mañana, de las próximas décadas, desde una perspectiva explícitamente conservadora, con altos niveles de calidad y exigencias, y cuantiosos recursos para destinar a docencia, infraestructura e incluso a investigación. Estas instituciones son la “obra” central de organizaciones católicas integristas y de poder como el Opus Dei o Los Legionarios de Cristo, o la expresión de poderosos grupos económicos. Algunas de las más representativas de este tipo de instituciones privadas son la Universidad de los Andes, la Universidad del Desarrollo, la Universidad Finis Terra o la Adolfo Ibañez.

Lo que define una Universidad de vocación pública

En suma, lo que a nuestro entender constituye lo esencial del carácter público de una universidad son elementos como, a) el compromiso explícito y prioritario con la necesidades del desarrollo social y nacional de un país; b) en lo ideológico, el sustento de un proyecto académico basado en ese compromiso social, en valores o principios como la libertad de pensamiento y académica de estudiantes y docentes, el consiguiente pluralismo ideológico, el carácter laico o no confesional, la defensa estricta de los derechos humanos fundamentales, la defensa de la autonomía e independencia académica frente al poder de turno; c) como elementos más precisos y también cruciales de dicho proyecto académico, la prioridad creciente y constante asignada a la calidad de la docencia, a la investigación científica ligada centralmente a las necesidades socio-económicas, culturales y políticas del país, a publicaciones de calidad y a la extensión universitaria referida a los grandes temas que interesan a la sociedad; y en fin, d) la ausencia, directa o indirecta, de lucro o retorno de excedentes a “propietarios” de la institución.

Una verdadera Universidad pública, sobre la base de los principios mencionados, debe dar una prioridad central a la investigación científica, y simultáneamente al desarrollo de postgrados de alto nivel, especialmente de doctorados. Esto último, investigación y postgrados, son en lo académico los elementos distintivos de una Universidad compleja de carácter público (es decir, una Universidad que vincula estrechamente docencia e investigación, muy cercana en consecuencia al modelo humboltiano), a través de lo cual se verifica el compromiso permanente con los intereses y necesidades sociales y nacionales.

Una universidad que no responda adecuadamente a estos elementos esenciales, no puede calificarse de “pública”, por estatal que ella sea, o por importante que sea su tamaño o su poder económico. En el caso chileno, parece evidente que, aparte de las universidades privadas con vocación o carácter público tradicionales ya mencionadas (UDEC y Austral), han emergido nuevas universidades privadas de carácter o vocación pública durante los últimos 18 años aproximadamente, tales como, principalmente, la universidad Arcis, Alberto Hurtado, Silva Henríquez, Bolivariana y UAHC. Pueden haber algunas diferencias entre ellas, como la condición de acreditadas o no, pero el proyecto que las anima es en lo fundamental correspondiente al perfil que hemos resumido anteriormente.

El estado asume su rol de defensa del interés público, o continúa sometido al mercado

Ahora bien, un Estado realmente democrático, comprometido más con el progreso social que con el mercado y el gran empresariado nacional (o extranjero), no puede sino apoyar el desarrollo y actividades de las universidades públicas, sean ellas estatales o privadas, verificando que ellas efectivamente no lucran camufladamente con esta actividad y asumen en la práctica el carácter público que ellas proclaman. Por lo demás ese ha sido el criterio aplicado hasta el presente a las universidades tradicionales no estatales, como la Universidad Austral y la Universidad de Concepción otorgándoles derecho a disponer de recursos públicos en virtud de su vocación no mercantil.

Sobre esta base, lo normal es que un Estado como el mencionado, como primera tarea obligatoria y propia de su función, garantice de manera expedita la gratuidad de los estudios a todos los alumnos con requisitos suficientes para cursar estudios universitarios, o al menos a los de familias que se sitúan por debajo del primer quintil de más altos recursos de la población. La segunda obligación de un estado democrático y comprometido con la educación nacional, es incrementar, considerablemente, en el caso chileno, los recursos para investigación (I+D), destinando en una primera etapa al menos un 1% del PIB, sin discriminar en perjuicio de las ciencias sociales y humanas. Y, en segundo lugar en este mismo sentido, debiera establecerse un importante fondo concursable permanente para proyectos de desarrollo de los postgrados y de la infraestructura de las instituciones públicas acreditadas.

Todo ello debiera ser “el piso” mínimo de un cambio positivo de rumbo del Estado, que ya por décadas mantiene una posición privatizadora y mercantilizadora en materia educacional, favoreciendo de hecho el lucro y no la función pública (esto es, los intereses mayoritarios de la sociedad y el desarrollo sustentable del país). Aquellos recursos, por consiguiente, deben estar reservados para todas las instituciones públicas, sean estatales o no, o sean tradicionales o nuevas.

Las mejores Universidades de Chile. Ranking de El Mercurio y Qué Pasa.

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Top 100 (2008, Sh.) mejores Universidades por áreas del conocimiento

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El Academic Ranking of World Universities del Institute of Higher Education, Shanghai Jiao Tong University, ha publicado recientemente los rankings sobre las mejores 100 universidades del mundo en diferentes áreas del conocimiento:

Ciencias sociales, donde las cinco primeras son Harvard University (USA), University of Chicago (USA), Columbia University (USA), Stanford University (USA), University of California – Berkeley (USA) y Massachusetts Institute of Technology (MIT) (USA). Más abajo, descontando a las universidades de los EE.UU., aparecen en los lugares 18, 23 y 26, respectivamente las Universidades de Cambridge, Oxford y el London School of Economics, del Reino Unido; la Universidad de British Columbia (Canadá), en el lugar 34; la Hebrew University of Jerusalem en el lugar 43; y en las posiciones entre 51 y 100, las Universidades Nacional de Australia, Hong Kong Univ Sci & Tech, McGill Univ (Canadá), McMaster Univ (Canadá), de Amsterdam, Países Bajos; University College de Londres y la Universidad de Manchester (Reino Unido); de Torno (Canadá); de Warwick (Reino Unido); Erasmus University y Free University de Amsterdam, Países Bajos; la Universidad Nacional de Singapur; Simon Fraser (Canadá); Tel Aviv (Israel); de Bristol (Reino Unido); de Copenhagen (Dinamarca); de East Anglia y Edinburgo (Reino Unido); de Lovaina (Bélgica); de Maastricht (Países Bajos); Montreal (Canadá); Nottingham (Reino Unido); Oso (Noruega) y vWesternm Ontario (Canadá).

Ingenierías/tecnologías, donde también las cinco primeras son de los Estados Unidos: Massachusetts Inst Tech (MIT) (USA), Stanford Univ (USA) University of Illinois – Urbana Champaign (USA), Univ California – Berkeley (USA) University of Michigan – Ann Arbor (USA)

Ciencias naturales y matemáticas, donde aparece una universidad inglesa entre las primeras cinco: Harvard Univ (USA), Univ California – Berkeley (USA), Princeton Univ (USA), California Institute of Technolgy (USA) y University of Cambridge (Reino Unido).

Medicina y farmacia, presidida por cinco universidades de los Estdaos Unidos: Harvard Univ (USA), Univ California – San Francisco (USA), Univ Washington – Seattle (USA) , Johns Hopkins Univ (USA), Columbia Univ (USA).

Ciencias de la vida y agronomicas, donde m’as o menos se repiten las mismas universidades: Harvard Univ (USA), Massachusetts Inst Tech (MIT) (USA), Univ California – San Francisco (USA), Univ Washington – Seattle (USA), Stanford Univ (USA).

“Universidades Chilenas son burocráticas e inflexibles”: crítica del Profesor Claudio Bunster

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El 8 de julio, la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publicó un perfil sobre Claudio Bunster. Allí, el físico compara a las universidades chilenas con “pequeñas uniones soviéticas”. Sus dichos remecieron al mundo científico local. Y provocaron una profunda molestia entre sus pares, incluidos varios premios nacionales que decidieron sacar la voz. Incluso más: el disgusto llegó hasta las máximas autoridades académicas de la Universidad de Chile y la UC.

Por Paula Comandari y María José López

Sus declaraciones se expandieron como una epidemia. La prestigiosa revista científica PNAS, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, publicó el 8 de julio pasado un extenso perfil de Claudio Bunster. Allí el científico disparó duro: dijo que el sistema universitario chileno sigue operando como “pequeñas uniones soviéticas”: burocracias inflexibles y que nunca toman riesgos. Además, señaló que “si planeas hacer un viaje de descubrimiento elige una nave de pequeño calado”, haciendo referencia a que las naves grandes, tipo universidades, no pueden penetrar aguas bajas o pasajes estrechos.

Sus comentarios cayeron como una bomba en el mundo científico de las universidades nacionales. En los pasillos, se comentaba que los dichos de Bunster “despreciaban” la labor que se realiza en los planteles universitarios, donde al trabajo de laboratorio se suma la formación de alumnos. Incluso, esta vez, varios premios nacionales -acostumbrados al silencio- decidieron hacerse parte de la batalla y alzar la voz para rebatir derechamente lo que consideran una agresión.

La preocupación, incluso, traspasó la frontera de la ciencia: los propios rectores de la Universidad de Chile y de la Católica están profundamente molestos. Tanto, que la máxima autoridad del plantel estatal, Víctor Pérez, decidió salir de su conocido bajo perfil para referirse a la polémica. “Cuando se emiten juicios sobre nuestras universidades, uno espera que sean fundados y no simples comentarios al voleo, que es precisamente lo que hace Claudio Bunster en el perfil de la revista americana, donde termina faltándoles el respeto a los académicos y académicas chilenas”, señala. En la Católica se vive un ambiente similar. El lunes recién pasado, Carlos Vio, vicerrector de Investigaciones de la universidad, se reunió con el rector Pedro Pablo Rosso en el comité directivo. Llegó con el polémico artículo en inglés en la mano y con el background de la molestia que varios académicos de la UC le habían hecho ver desde hace varios días. Pero Rosso ya estaba al tanto.

Pese a que la prensa nacional consignó brevemente el tema la semana pasada, el brote viral se había propagado mucho antes. Apenas aparecida la publicación estadounidense se transformó en comentario obligado y “los afectados” calificaron sus dichos como poco científicos, de pésimo gusto y sumamente injustos. “El 80% de la ciencia que se hace en el país proviene de las universidades”, explica el científico Manuel Krauskopf, ex rector de la Universidad Andrés Bello, quien agrega además que es imposible hablar de un “divorcio” entre las entidades universitarias y los centros privados, pues estos últimos se nutren del trabajo de tesis que hacen los estudiantes de doctorado.

Aunque a los científicos de diversas casas de estudio las palabras de Bunster los tomaron por sorpresa -“rompió la norma de buena convivencia tácita que existe entre nosotros”, explica uno de ellos-, no les llamó la atención de quién vienen los dardos: muchos lo ven como una persona muy confrontacional, marketero y soberbio, pese a que lo consideran un científico de excelencia indiscutible. “Se lo ve casi como a un pirata: una persona que está fuera del sistema y que consigue un trato especial, incluyendo financiamiento estatal no concursable según sus propias declaraciones, lo que no me parece correcto. Ni tampoco me parece adecuado que para destacar al CECS desacredite el trabajo de los científicos de las universidades”, dice la premio nacional de Ciencias Naturales Cecilia Hidalgo, la primera científica contratada por el Centro de Estudios Científicos (CECS), cuando Bunster abrió sus puertas, en 1984, en Presidente Errázuriz. Hoy Hidalgo trabaja sólo en la Universidad de Chile.

Lejos de apagar el incendio, Bunster -consultado por Qué Pasa- señala que “las citas de mis palabras que aparecen en el perfil de la revista de la Academia sobre mi vida y mi trabajo son efectivas y las sostengo palabra por palabra. El problema con la ciencia y la innovación en Chile no está en los investigadores, sino que en el sistema establecido, que incluye al aparato universitario tradicional”.

Universidades ¿rígidas?

Bunster es uno de los cuatro científicos nacionales que pertenecen a la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, donde también están Jorge Allende, Juan Carlos Castilla y Ramón Latorre. Esta institución alberga la mayor cantidad de premios Nobel del planeta, tiene 2.000 miembros estadounidenses y 900 extranjeros. Ellos mismos son los que proponen a nuevos científicos para integrar el organismo. Así se hizo con Bunster el 2005, considerando su trayectoria: es físico de la Universidad de Chile y doctor de Princeton -donde dictó clases-, obtuvo el premio nacional de Ciencias Exactas en 1995, fue miembro de la mesa de diálogo sobre derechos humanos y asesor científico del ex presidente Eduardo Frei. Entre sus logros, sus pares le reconocen haber acercado la ciencia a la gente y haberla instalado en el escenario nacional, especialmente a través de su centro que desde el 2000 funciona en Valdivia.

Pese a que el premio nacional de Ciencias Naturales Jorge Allende -quien también tiene un sillón en la Academia estadounidense- le envió a Bunster un fax para felicitarlo cuando fue aceptado en el organismo norteamericano, esta vez no celebra sus comentarios. “Me extrañaron mucho las palabras de Claudio. Sobre todo porque los perfiles que se publican en esta revista son biografías donde se muestran los logros de los aludidos, no siendo éste un espacio para lanzar críticas”, sostiene Allende, vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile. Por su parte, el bioquímico y premio nacional de Ciencias Naturales Ramón Latorre -otro de los fundadores del CECS y que hoy trabaja en la Universidad de Valparaíso- asegura que en el pensamiento de Bunster siempre estuvo la idea de que “la burocracia universitaria impide que dentro de ellas se realicen los grandes cambios, necesarios para los grandes avances”.

Situado al otro lado de “la cortina de hierro” -como él mismo dice a propósito de la actual polémica-, Miguel Allende, presidente de la Sociedad de Biología Celular de Chile, dice: “Pienso que la universidad en el sentido de hacer ciencia no es rígida para nada. De hecho, se puede hacer el mejor trabajo científico con absoluta libertad”.

“Si no ayudas a limpiar…”

“El mismo Claudio no sería quien es si no hubiera existido la Universidad de Chile”, afirma Miguel Kiwi, físico de la UC y premio nacional de Ciencias Exactas, en relación a la crítica que Bunster hace al sistema. Y Jorge Allende remata: “La Facultad de Ciencias de la Chile contrató a Bunster como ayudante-alumno entre 1967 y 1973; luego le mantuvo el sueldo mientras estuvo en Princeton y después, entre 1990 y el 2000, fue contratado como profesor titular. El plantel también contó con varios de los investigadores del CECS, quienes fueron remunerados como académicos full time, pese a trabajar en paralelo en el centro. Cuando se trasladaron a Valdivia, la universidad permitió que ellos se llevaran los instrumentos de laboratorio que utilizaban y les fueron donados como préstamo permanente”. Por ello, se queja que las declaraciones de Bunster le parecen “tremendamente injustas”.

El rector Víctor Pérez es incluso más drástico. Echa mano a una antigua publicidad sobre aseo municipal -que rezaba “si no ayudas a limpiar, no ayudes a ensuciar”- para reflejar la actitud del científico. “Si no ayudas a formar y desarrollar universidades chilenas de calidad internacional, no ayudes a ensuciarlas con ataques a ellas”, dice Pérez, disgustado. Mientras tanto, en los pasillos de la UC académicos y científicos aún comentan “la soberbia de Bunster”. Y les sigue molestando que haya juzgado “una situación con tan pocos matices, al cuestionar a los investigadores de la academia con cero capacidad de autocrítica, pese a que él, por sus acciones, tiene un tejado de vidrio gigantesco”.

¿La razón de este “tejado de vidrio”? Según los científicos es su método para buscar financiamiento: el mismo Bunster reconoció el año pasado a La Tercera que el gobierno le ha dado recursos de uso discrecional por más de $ 900 millones. También señaló allí que su manera de buscar financiamiento no ha variado en las últimas tres administraciones: “He sido cercano a los dos presidentes anteriores de la misma manera que con Bachelet”. Ello provocó duros cuestionamientos en el mundo científico.

“Siento que el CECS es percibido como un lugar que no pasa por los mismos estándares que las demás instituciones de la ciencia. Cuando uno concursa por fondos, son los propios pares quienes evalúan los proyectos. Si es bueno, dan plata; si no, no. Y eso funciona muy bien. Los que estamos en ciencia operamos bajo ese sistema. Si abandonas ese rumbo y consigues fondos sin criterio ni rendición estricta, corres peligro de que decaiga el nivel de tu centro porque no hay mecanismos de autocorrección”, explica Miguel Allende.

Muchos de sus pares tildan a Bunster de lobbista, por sus estrechos vínculos no sólo con el mundo político sino también con el militar: con éste comenzó a mantener conversaciones a comienzos de los 90, cuando la situación política aún era polarizada, y esos contactos lo han ayudado en sus actuales exploraciones a la Antártica y a los Campos de Hielo Sur. Sin embargo, otros científicos aseguran que es precisamente gracias a los nexos de Bunster que la ciencia nacional ha podido ver el nacimiento de importantes iniciativas que los favorecen a todos.

Entre ellas, se encuentran las Cátedras Presidenciales, un programa que comenzó el 95, cuando Bunster logró convencer al presidente Frei de apoyar monetariamente a los científicos más destacados del país, quienes pudieron incrementar sus salarios en cerca de $1,5 millón mensual. Este proyecto se transformó luego en la Iniciativa Científica Milenio, creada para fomentar el desarrollo de investigación científica en Chile y que ha apoyado a varias instituciones con cerca de $ 700 millones anuales.

“Si nosotros queremos tener la misma fuerza de lobby que tiene Claudio, hay que meterse y ensuciarse las manos. Tenemos que estar dentro de las instancias de poder para cambiar el sistema”, explica el bioquímico Ramón Latorre, aun cuando varios científicos aseguran que pese a insistir en concretar reuniones con la presidenta Bachelet, éstas han sido denegadas.

Roces del pasado

Los desencuentros del mundo científico nacional con Bunster vienen desde hace varios años. Algunos de sus colegas recuerdan cuando hace dos años el físico despreció los Fondecyt -fondos por alrededor de $ 28 millones anuales- y los tildó de “peanuts”. Otro episodio en esa línea ocurrió el 2004, cuando varios investigadores criticaron el otorgamiento del Premio Nacional de Ciencias al biofísico Pedro Labarca -quien desde entonces trabaja en el CECS- y Bunster repudió los comentarios argumentando que eran un “puñado de guatapiques”.

Pero no todo es ataque. Algunos reconocen el buen nivel del CECS, institución orientada a la biofísica, física y a la glaciología. “Tiene una calidad de investigación muy alta y un gran impacto científico”, opina Atilio Bustos, director de Sistemas de Biblioteca de la Universidad de Valparaíso. En todo caso, para cuantificar el impacto que tienen las instituciones dedicadas a la ciencia se debe considerar la cantidad de papers que cada una obtiene en revistas con sello ISI Thompson. Según el Ranking Iberoamericano de Instituciones de Investigación, elaborado el 2005 por Scimago -grupo español cuyos informes son consultados por los científicos- es la Universidad de Chile la que obtiene el primer lugar, con 919 publicaciones. La sigue la PUC con 625, mientras que el CECS ocupa el duodécimo lugar, con 36.

Pese a ello, varios científicos afirman que éste es un ranking subjetivo, puesto que el CECS cuenta con 80 investigadores -de ellos, 40 son permanentes-, mientras “la Chile tiene cerca de la mitad de los científicos de todo el país, que bordean los 2.000”, según dice un profesional que trabaja en universidades. Sin embargo, cuando se compara a la Facultad de Física de la UC -que cuenta con 32 científicos y un presupuesto de $1.000 millones, la mitad que el del CECS-, ésta lo supera con creces: cuenta con 90 publicaciones.

Aunque Bunster critica la burocracia de las universidades y muchos científicos reconocen que hay mucho por hacer, Scimago instala a Chile en el lugar 20 del mundo por su cantidad de publicaciones científicas ISI, por sobre Japón, Hong Kong y Hungría. Y es, por lejos, el que más impacto tiene en América Latina. “Eso no es precisamente gracias al CECS, sino a las universidades, pues un barco de exploracion de pequeño calado -como define Bunster a su centro- no puede sustentar la ciencia de todo un país”, afirma Cecilia Hidalgo.

Este buen panorama fue expuesto en el Consejo de Rectores el lunes antepasado, donde las autoridades dejaron plasmado el escenario en un informe sobre productividad, el cual fue entregado a diversas autoridades, como la ministra de Educación, Mónica Jiménez. “No deja de parecerme curioso, por decir lo menos, que los comentarios y juicios hechos por Bunster salgan a la luz pública cuando se está trabajando una política de Estado para la innovación y la tecnología del país, justo cuando se está definiendo la institucionalidad y el financiamiento del sistema, donde hay consenso que para crear una política exitosa el aporte a las universidades es esencial”, dice Víctor Pérez. Por lo mismo, Rodolfo Araya, decano de la Facultad de Física de la Universidad de Concepción, afirma que “los dichos de Bunster pueden ser leídos como forma de posicionar a su centro y encontrar así recursos”.

Otro de los puntos esenciales para medir el impacto científico es la cantidad de citas que diversos científicos toman de sus pares. El doctor en Ciencias Biológicas Nibaldo Inestrosa -profesor de la UC, que postula al Premio Nacional de Ciencias 2008- tiene 4.986 citas entre 1976 y 2007, según el Science Citation Index. Sólo es superado por Ramón Latorre. “Esto indica que hay tan buenos científicos como Bunster y los más productivos trabajan en universidades”, comenta un investigador, aun cuando desde el CECS afirman que Bunster tiene un número de citas similar a Inestrosa y Latorre. Eso sí, la búsqueda debe realizarse con su antiguo nombre: Claudio Teitelboim, el mismo con el que, según recuerda Latorre, el físico firmaba las boletas del CECS: “Claudio Teitelboim, aventurero”.

¿CECS soviético?

Aunque la molestia es generalizada en los diversos planteles universitarios del país, hay varios científicos que se suben al carro de Bunster. “Las universidades están hiperestructuradas y es hora que éstas se pongan al día: en Europa las carreras se han acortado, en Estados Unidos un estudiante de pregrado empieza en NYU y termina en Yale, por lo tanto no tenemos una institución dinámica”, explica Manuel Krauskopf. Aunque agrega que lo importante en este caso no es lo que Bunster dijo, sino lo que dejó de decir: “Claudio no reconoció que aunque falta eficiencia, la universidad sigue siendo el lugar primerísimo, donde no sólo se hace ciencia, sino que también se forma a los futuros expertos”.

Inestrosa considera que las palabras de Bunster menosprecian el trabajo de los científicos de la academia, pues según él, una de las razones de ser de la ciencia es formar gente: “En Estados Unidos ocurre lo mismo: hay universidades y centros de excelencia, como el MIT y otros, que viven en función de la investigación pero funcionan de la mano con sus estudiantes. El único modelo en el mundo que tiene institutos independientes de la docencia comenzó en la Unión Soviética y sigue existiendo sólo allá. Yo soy académico de la universidad y siempre he tenido independencia, aquí no existe una cabeza autoritaria como la de Bunster en el CECS”.

De la misma postura es Jaime Eyzaguirre, bioquímico y académico de la Universidad Andrés Bello. “Mi experiencia personal ha sido muy diferente a la planteada por Bunster. En mi carrera científica de más de 40 años nunca me he sentido en un sóviet burocrático. Las universidades donde he trabajado se caracterizan por lo opuesto. Creo que sus dichos son muy poco científicos”, dice. Pero Bunster no cambia de postura: “Yo fundé el CECS junto a otros investigadores a los 37 años y muchas de las razones que nos impulsaron a hacerlo siguen vigentes. Basta imaginar lo que una nueva generación de científicos podría hacer por el país si contaran con independencia y artillería”. En la vereda opuesta, su ex socio Latorre, quien lo conoce hace más de 40 años, asegura que su meta es hacer “un centro en la Universidad de Valparaíso, mejor que el CECS, para demostrarle que está equivocado”.

Revista Qué Pasa.cl

TOP (2009) mejores Universidades México (El Universal y otros)…

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www.eluniversal.com.mx

 

TOP 10 El Universal 2008 (http://www.eluniversal.com.mx/grafic…es/ranking.htm)
1° UNAM
2° ITAM
3° UAM
4° UDLA – Puebla
5° ITESM – Cd. de Méx y Sta. Fe
6° U. Anáhuac Méx. Norte
6° ITESM – Edomex y Toluca
7° UANL
8° UDG
9° UAEM
10° ITESM – Guadalajara

TOP 10 El Universal 2009 (http://www.eluniversal.com.mx/grafic…09/ranking.htm)
1° UNAM
2° UAM / DF
3° ITAM / DF
4° UAEMex / EDOMEX
5° UANL / NUEVO LEÓN
6° UDG / JALISCO
7° ITESO / JALISCO
8° IPN / DF
9° ANÁHUAC MEX. NORTE / EDOMEX
10° IT TOLUCA / EDOMEX

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GUÍA UNIVERSITARIA 2009, DE SELECCIONES DEL READER’S DIGEST
Ranking general

Las 10 mejores universidades del país, de acuerdo a la clasificación realizada por esta publicación, son las siguientes:

1) Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
2) Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM)
3) Instituto Politécnico Nacional (IPN)
4) Universidad Iberoamericana (UIA)
5) Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM)
6) Universidad de Anáhuac
7) Universidad del Valle de México (UVM)
8) Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)
9) Universidad de Guadalajara (UdeG)
10)Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL)

Principales resultados del ranking

El ranking Las Mejores Universidades 2009 de Reforma arrojó los siguientes resultados. Aquí se presenta el nombre de cada una de las carreras universitarias evaluadas, así como el nombre de la institución que logró el primer lugar en ella:

ADMINISTRACIÓN
Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y Universidad La Salle (empate)
ARQUITECTURA
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM CU)
COMUNICACIÓN
Universidad Iberoamericana (UIA DF)
CONTADURÍA
Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM)
DERECHO
Escuela Libre de Derecho (ELD DF)
ECONOMÍA
Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE)
INGENIERÍA CIVIL
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM CU)
INGENIERÍA INDUSTRIAL
Universidad Panamericana (UP)
INGENIERÍA MECATRÓNICA
Tecnológico de Monterrey (Campus Santa Fe)
INGENIERÍA EN SISTEMAS
Tecnológico de Monterrey (Campus Santa Fe)
MEDICINA
Universidad La Salle
MERCADOTECNIA
Tecnológico de Monterrey (Campus Ciudad de México)
PSICOLOGÍA
Universidad de la Américas A.C. (UDLA DF)
RELACIONES INTERNACIONALES
Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM)
LICENCIATURA EN SISTEMAS
Instituto Politécnico Nacional UPIICSA

Fuente – Revista Selecciones del Reader’s Digest.

Ranking Mejores Universidades Chilenas (El Mercurio)

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TOP (2008, QP) Mejores Universidades Chilenas, según Qué Pasa

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TOP (2008, QP) Universidades Chilenas, según Qué Pasa

 

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