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Chavez: una experiencia político-económica progresista y democrática, pero controvertida…

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Chávez, sobre todo, político

 Por José Natanson *

Un hombre es siempre muchas cosas. En el caso de Hugo Chávez, beisbolista aficionado, lector voraz aunque de gustos dispersos, militar habituado a ver el mundo en términos de táctica y estrategia, cristiano cada vez más convencido, showman, self-made man, cantor y pintor aficionado…

Podría haber sido, también, un héroe. En la tarde del 11 de abril del 2002 las fuerzas armadas rodeaban el Palacio de Miraflores, luego de que una manifestación antichavista liderada por empleados de Pvdsa se desviara hacia la sede presidencial y se enfrentara a un grupo de partidarios del presidente, con choques entre policías y militares y francotiradores que dejaron dos docenas de muertos de ambos bandos. Con un sector de los militares cercándolo, las comunicaciones con los más leales interrumpidas y un panorama internacional confuso –Estados Unidos y España apoyaban el golpe, la Argentina de Duhalde se oponía, Brasil aguardaba–, Chávez decidió no combatir. Todavía no sabía que sus funcionarios le jurarían lealtad, todavía los canales privados de televisión no transmitían dibujos animados para ocultar a los miles y miles de chavistas que bajaban de las laderas caraqueñas para respaldarlo, y todavía, decisivamente, no era consciente de que una parte importante de las fuerzas armadas, sobre todo de la Marina y el Ejército, se negaban a sumarse a la asonada.

En este contexto confuso, Chávez ordenó a su guardia personal no enfrentar a los militares sublevados y se entregó sin disparar un solo tiro. Al hacerlo, Chávez actuaba racionalmente, midiendo relaciones de fuerza, calculando probabilidades y recurriendo a la enorme astucia de no dejar nada por escrito: se rindió, por supuesto, pero se negó a firmar la renuncia formal que los golpistas nunca pudieron exhibir en público, en uno de esos gestos aparentemente menores pero que revelan la intuitiva sagacidad del verdadero político. Porque renunciando sin combatir, Chávez hacía algo más que evitar el destino trágico de Allende, que se pegó un tiro con la ametralladora obsequiada por los cubanos cuando las tropas de Pinochet entraban a La Moneda. En aquel momento, en una decisión que a la larga se revelaría acertada, Chávez sí renunció a algo: renunció al destino de héroe para ser, desde ahí y hasta el final de sus días, un político.

(Lo interesante es que el consejero definitivo de esa decisión, según el mismo Chávez contaría después, era, él sí, un héroe: Fidel Castro, al teléfono desde La Habana, le sugería que no se inmolara, que se entregara mientras pudiera porque, intuía bien, todavía había chances de un retorno al poder. En una de esas vueltas interesantes que a veces nos trae la historia, el héroe le aconsejaba a Chávez que actuara como un político.)

De entre todos los ángulos posibles para analizar a Chávez, elijo entonces éste: Chávez podrá haber sido un buen o un mal presidente, pero no fue un héroe ni un tirano. Por eso, aunque la tan de moda comparación con Fidel resulte tentadora, también puede ser engañosa: a diferencia del cubano, un exponente de la Guerra Fría que lideró la epopeya de una revolución triunfante a 90 millas de La Florida, Chávez fue un político del siglo XXI que llegó al poder por los votos y se mantuvo ahí 14 años gracias al apoyo popular evidenciado en una seguidilla de trece elecciones impecablemente ganadas.

Y fue también el primer gran líder de la etapa posneoliberal de América latina. Asumió la presidencia en 1999, en plena hegemonía del Consenso de Washington, y comenzó a explorar un camino por el que luego avanzarían otros países. No por una especial clarividencia, o al menos no sólo por eso, sino porque el estallido económico, la crisis social y el derrumbe del sistema de partidos (las marcas de fábrica de la transición pos neoliberal) que en Argentina se produjeron en 2001, en Bolivia en 2003/2004 y en Ecuador en 2004/2005, en Venezuela sucedieron en 1989, cuando el Caracazo cambió para siempre el paisaje de un país que, en la tibieza de una socialdemocracia autocomplaciente, se había creído a salvo de traumas sociales y golpes de Estado.

Desde su llegada al poder y la asombrosa puesta en escena de su primer juramento (“juro por esta moribunda Constitución”, dijo para dejar bien clara su intención de reformarla), Chávez maniobró hábilmente –siempre midiendo, calculando, sopesando– hasta alcanzar, en sus últimos años, un ambicioso proyecto de reforma política, social y en menor medida también económica.

Detengámonos un momento en el balance. Desde el punto de vista social, el saldo es positivo: prácticamente todos los indicadores mejoraron, se los mida como se los mida, en los 14 años de chavismo. Desde el punto de vista económico, en cambio, el balance es más matizado: Chávez no logró romper la monodependencia de un país que sigue exportando básicamente un solo producto –petróleo– a básicamente un solo destino –Estados Unidos–, aunque es lícito preguntarse si alguien podría haberlo hecho con un barril que se obstina en ubicarse por encina de los 100 dólares. Como sea, Venezuela ha registrado un crecimiento desparejo, acumula preocupantes tensiones macroeconómicas (alta inflación, déficit fiscal, un mercado cambiario caótico) y sigue descansando en una estructura productiva más parecida a la de Nigeria o Arabia Saudita que a la de Argentina o Brasil. Desde el punto de vista político, el saldo del chavismo es un formato institucional difícil de definir pero muy novedoso, una especie de hiperdemocracia plebiscitaria en la que la evidente legitimidad del líder convive con no menos evidentes esfuerzos por debilitar el componente republicano –y en menor medida el liberal– propio de cualquier sistema democrático. En concreto: Venezuela es el único país latinoamericano –a excepción de Cuba– que no contempla límites al ejercicio permanente del poder por la misma persona, y al mismo tiempo celebra periódicamente elecciones limpias en las que, cuando el líder pierde, como sucedió en el referéndum del 2007, reconoce su derrota.

Y por último, desde el punto de vista de las relaciones internacionales, Chávez fue el principal impulsor de una integración latinoamericana concebida como una articulación solidaria entre iguales, que no cayó en el típico esquema centro-periferia que caracterizó a las relaciones con Gran Bretaña, Estados Unidos e incluso, por momentos, Brasil, pero que a la vez encontró enormes dificultades para cristalizar en acuerdos concretos y duraderos. Una integración presidencial que aún no ha coagulado en procesos institucionalizados a la altura de sus intenciones (no tenemos ni Banco del Sur ni moneda única ni aduanas armonizadas ni un Parlamento), pero que de todos modos supone un desafío a Estados Unidos. Pero un desafío contenido, administrado. Sucede que, pese a su prédica antiimperialista, Chávez evitó jugar con los dos temas más sensibles en la estrategia exterior de Washington (cooperó siempre en materia de lucha contra el narcotráfico y no mantuvo con las FARC más contactos que los necesarios para resguardar sus fronteras, como por otra parte también hace Brasil), en el contexto de una relación comercial estable y mutuamente beneficiosa (la única vez que Chávez dejó de enviar petróleo al imperio fue –paradojas de la historia– cuando la oposición conservadora paralizó Pdvsa).

Resulta difícil, en medio de la avalancha de análisis y tras 14 años en el poder, ensayar un balance del chavismo. Lo central, creo, es evitar que las necesarias miradas panorámicas oculten los matices y las contracciones de un régimen que podrá ser de trazo grueso, pero al que el trazo grueso no alcanza para describir. Y que además –aunque apenas se reconoce– fue mutando en el tiempo, de la fascinación inicial con la tercera vía al socialismo del siglo XXI, por motivos totalmente comprensibles: a diferencia de Evo Morales y Lula y al igual que Rafael Correa, Chávez llegó al poder sin un partido, un movimiento social o una confederación sindical que lo respaldara, y quiso emprender cambios profundos basándose sobre todo en su voluntad y su carisma. Y ahí se encontró con la paradoja –otra más– de intentar implantar el socialismo, aun el del siglo XXI, en una sociedad amansada en una cultura económica rentista, con una estética que no es la única, por supuesto –porque Venezuela también es cuna de escritores y pintores geniales–, pero sí la dominante, de nuevo rico a lo Catherine Fulop; una revolución en el país que consume más whisky escocés per cápita del mundo (aunque no produce ni una gota y aunque sí fabrica un ron excelente), donde se venden más Hammers (a 80 mil dólares cada una) que en Estados Unidos y cuya capital se ha ido convirtiendo en la ciudad más insegura de Sudamérica (¡más que Río!), a pesar de que los índices de desigualad han mejorado (en una de esas contradicciones que ponen en crisis las verdades de los sociólogos, Caracas es una ciudad más igualitaria pero más peligrosa).

Volvamos al principio. Como el resto de los presidentes del giro a la izquierda latinoamericano, Chávez supo combinar gobernabilidad económica con estabilidad política e inclusión social, trípode en el que descansa la legitimidad de esta nueva camada de líderes. Fue, de todos ellos, el que llevó más lejos su vocación transformadora, aunque las reformas no siempre hayan funcionado y aunque muchas de ellas tengan pies de barro. Manteniéndose dentro de las amplias fronteras de la democracia y el capitalismo, Chávez tuvo la vocación de los grandes políticos que quieren estirar la cuerda al máximo, y en el camino chocó, una y otra vez, con la realidad de un país que lo quiso tanto como lo odió. Sin caer en disquisiciones de hegelianismo para aficionados acerca del Hombre y la Historia, si el sujeto o la estructura, digamos por último que Chávez fue la expresión más potente de un proceso que lo trasciende, histórica y geográficamente. Sus límites fueron los de Venezuela y los de las revoluciones impuestas desde arriba.

* Director de Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur. http://www.eldiplo.org

El balance económico de Chávez

El país que recibió Hugo Chávez al llegar a la presidencia, en 1997, se destacaba por la extrema desigualdad y la destrucción del tejido productivo. Los logros y el nuevo desafío.

 Por Raúl Dellatorre

No debe haber resultado sencillo transformar una economía en la que una cuarta parte de la población (26 por ciento) se encontraba en la pobreza extrema, el 15 por ciento de los trabajadores desempleados y, de los que tenían trabajo, más de la mitad (54 por ciento) lo hacían fuera de la legalidad. Esta era la situación de la economía venezolana hacia fines de la década del ’90, cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia para reemplazar a Rafael Caldera, último representante del bipartidismo socialcristiano (Copei) y socialdemócrata (Acción Democrática) que mantuvo durante décadas, alternándose en el poder, la situación de concentración de la renta petrolera y desigualdad, de liquidación del desarrollo industrial y agrícola, y la ausencia de los más elementales servicios sociales responsabilidad del Estado, como salud y educación.

La transformación de esa economía, sin embargo, se logró. En base a un proceso revolucionario cuyo primer objetivo estratégico fue recuperar el control de Pdvsa, la poderosa petrolera estatal cuya línea gerencial se resistió por más de un lustro (hasta después del intento de golpe de 2002) a obedecer las directivas del poder político democrático. Paralelamente, se de-sarrollaba un ambicioso (más aún teniendo en cuenta las limitaciones presupuestarias, sin acceso en los primeros años a la totalidad de la renta petrolera) programa de alfabetización y de instalación de centros de salud en toda la extensión del territorio venezolano.

La reconstrucción del tejido productivo demandó recomponer una matriz desarticulada. Un ejemplo conocido es el de la producción de mineral de hierro, que se vendía a precio subsidiado a la industria siderúrgica, para que ésta produjera bienes intermedios (chapas y perfiles) que se exportaban a Estados Unidos a precio libre. Mientras tanto, la construcción debía proveerse en el exterior de los insumos siderúrgicos necesarios, pagando precios elevadísimos o requiriendo subsidio estatal. El intermediario que se quedaba con los mayores beneficios era una empresa monopólica, Sidor. Obviamente, la solución fue renacionalizarla (había sido privatizada por gobiernos anteriores). Lo curioso es que hubiera críticas a esta respuesta política del Estado.

Pdvsa no había dejado de ser estatal, pero su asociación con capitales privados extranjeros la convirtió en un actor más de la política petrolera depredatoria del medio ambiente. Muchas tierras antiguamente dedicadas a la agricultura fueron abandonadas entre las décadas del ’70 y del ’90 a medida que avanzaban las torres petroleras sobre las costas del lago de Maracaibo, y los territorios de Anzoategui y Monagas. La consecuencia fue el éxodo de la población rural o su condena a la miseria, con la formación de amplios cinturones de pobreza.

Hugo Chávez supo recurrir a la cooperación internacional, con orientación hacia un proyecto regional, para revertir la situación. Los médicos y maestros cubanos fueron una presencia notable que caracterizó los primeros años del proceso, así como los técnicos en materia agrícola de origen argentino lo fueron en la segunda etapa, de “reinstalación” de una economía rural. Cuando la Revolución Bolivariana recuperó el manejo del recurso petrolero, Chávez devolvió esos favores con un suministro permanente de recursos energéticos a Cuba y prestando ayuda financiera a la Argentina.

Si en sus primeros años de gobierno la Revolución Bolivariana había dado gestos de la orientación buscada, el fallido golpe en su contra de abril de 2002 impulsó las decisiones que hacían falta para profundizar el proceso. La derrota de los golpistas dejó al desnudo a los enemigos de la Revolución desde adentro, dando la oportunidad de desplazarlos y despejar el camino. Ese paso se tradujo en los resultados macroeconómicos de los años posteriores: desde fines de 2003 hasta mediados de 2008, Venezuela logró 23 períodos trimestrales de crecimiento consecutivo. El record se rompió por el impacto de la crisis mundial, pero la economía retomó la senda a partir del segundo trimestre de 2010. En 2011 ya obtuvo un crecimiento de 4,2 por ciento y en 2012 de 5,5 por ciento.

Menos dependiente de productos intermedios y finales que una década y media atrás (cuando “casi todo” lo que se consumía era estadounidense o colombiano), pero todavía altamente dependiente de las divisas que genera el petróleo, Venezuela dispuso una fuerte devaluación y un desdoblamiento cambiario el último 8 de febrero, como parte de una serie de medidas que buscan corregir desequilibrios externos y mantener el equilibrio entre las políticas de promoción de la producción y el empleo, y los ambiciosos programas sociales de inclusión con fondos públicos.

El desempleo bajó a menos de la mitad (del 15 al 7 por ciento) en una década y media, y la pobreza extrema a casi una cuarta parte (del 26 al 7 por ciento). La informalidad laboral descendió del 54 al 43 por ciento (con leyes de protección laboral para los trabajadores formales que antes no existían). Indicadores y tendencias que sólo podrán consolidarse si quienes asumen la conducción del proceso logran superar su principal de-safío: derrumbar, ya sin la presencia de su líder, la resistencia de un poder económico local y extranjero que no está dispuesto a resignar el terreno perdido.

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I. Wallerstein: La lucha mundial de clases y la geografía de la protesta…

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La lucha mundial de clases: la geografía de la protesta
Immanuel Wallerstein
 
 
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                                      Protesta de estudiantes canadienses, ayer en MontrealFoto Reuters

 
 
Cuando son buenos los tiempos, y la economía-mundo se expande en términos de nueva plusvalía producida, la lucha de clases se acalla. Nunca desaparece, pero en tanto exista un bajo nivel de desempleo y los ingresos reales de los estratos más bajos suban, aunque sólo sea en pequeñas cantidades, los arreglos sociales son la orden del día.
 

Pero cuando se estanca la economía-mundo y el desempleo real se expande considerablemente, esto significa que el pastel total se encoge. La cuestión entonces resulta ser quién cargará el peso del encogimiento –dentro de cada país y entre países. La lucha de clases se torna aguda y tarde o temprano conduce a un conflicto abierto en las calles. Esto es lo que ha estado ocurriendo en el sistema-mundo desde la década de 1970 y del modo más dramático desde 2007. Hasta ahora, el estrato más alto (el uno por ciento) se ha aferrado a su tajada, de hecho la ha incrementado. Esto necesariamente significa que la tajada del 99 por ciento se ha encogido.

La lucha por las asignaciones gira primordialmente en torno a dos aspectos del presupuesto global: los impuestos (cuánto y para quiénes) y la red de seguridad para el resto de la población (gastos en educación, salud, y garantías para un ingreso de por vida). No hay país en el mundo donde esta lucha no esté ocurriendo. Pero estalla en algunos países con más violencia que en otros –debido a su localización en la economía-mundo, a su demografía interna, y debido a su historia política.

Una aguda lucha de clases hace surgir, para todos, la pregunta de cómo manejarla políticamente. Los grupos en el poder pueden reprimir duramente los disturbios populares, y muchos lo hacen. O, si los disturbios son muy fuertes para los mecanismos represivos, pueden intentar cooptar a los manifestantes fingiendo unirse a ellos y así limitar el cambio real. O hacen ambas cosas: intentan primero la represión y si ésta falla, cooptan a la gente.

Los manifestantes también enfrentan un dilema. Comienzan siempre con un grupo valeroso relativamente pequeño. Necesitan persuadir a un grupo más grande (que es mucho más tímido políticamente) que se les una, si es que han de impresionar a los grupos que detentan el poder. Esto no es fácil pero puede ocurrir. Sucedió en Egipto en la plaza Tahrir en 2011. Ocurrió con el movimiento Occupy en Estados Unidos y Canadá, Ocurrió en Grecia en las últimas elecciones. Ocurrió en Chile en las huelgas estudiantiles que han perdurado. Y en este momento parece ocurrir de un modo espectacular en Quebec.

Pero cuando ocurre, ¿entonces qué? Hay algunos manifestantes que desean expandir sus estrechas demandas iniciales hacia demandas fundamentales de mayor amplitud y deconstruir el orden social. Y hay otros, siempre hay otros, que están listos para sentarse con los grupos en el poder para negociar algún arreglo.

Cuando los grupos en el poder reprimen, con mucha frecuencia avivan las flamas de la protesta. Pero muchas veces la represión funciona. Cuando no funciona y los grupos en el poder hacen arreglos y cooptan, a veces son capaces de neutralizar políticamente a los manifestantes. Esto es lo que parece haber ocurrido en Egipto. Las recientes elecciones conducen a una segunda ronda entre dos candidatos, ninguno de los cuales apoyó la revolución de la plaza Tahrir –uno es el último primer ministro del depuesto presidente Hosni Mubarak, y el otro es un líder de la Hermandad Musulmana cuyo objetivo primordial es instituir la sharia en la ley egipcia y no implementar las demandas de aquéllos que estuvieron en la plaza Tahrir. El resultado es una cruel opción para el aproximado 50 por ciento que no votó en la primera ronda por ninguno de los dos que contaron con la mayor pluralidad de votos. Esta desafortunada situación, resultó de que los votantes pro plaza Tahrir dividieron sus votos entre dos candidatos con antecedentes algo diferentes.

¿Qué habremos de pensar de todo esto? Parece existir una geografía de la protesta que cambia rápida y constantemente. Salta aquí y luego es reprimida, cooptada, o se agota. Y tan pronto como esto ocurre, salta en otra parte, donde de nuevo se le reprime, se le coopta o se agota. Y luego salta en un tercer lugar, como si por todo el mundo fuera irreprimible.

Es irreprimible por una simple razón. El apretón a los ingresos mundiales es real, y no parece que vaya a desaparecer. La crisis estructural de la economía-mundo capitalista hace inoperantes las soluciones convencionales a las caídas económicas, no importa qué tanto nuestros expertos y políticos nos aseguren que hay un nuevo periodo de prosperidad asomándose en el horizonte.

Vivimos en una situación mundial caótica. Las fluctuaciones en todo son vastas y rápidas. Esto se aplica también a la protesta social. Esto es lo que miramos conforme la geografía de la protesta se altera constantemente. Ayer fue la plaza Tahrir en El Cairo, las marchas masivas desautorizadas con sartenes y cacerolas en Montreal hoy, y en alguna otra parte (probablemente sorpresiva) mañana.

Traducción: Ramón Vera Herrera/LA J0RNADA

© Immanuel Wallerstein

I. Wallerstein: Elecciones europeas: ¿se sostiene el centro?…

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Elecciones europeas: ¿se sostiene el centro?
Immanuel Wallerstein
en La Jornada, México
En los sistemas parlamentarios occidentales, las elecciones siempre tienen que ver con el centro. La situación estándar es aquélla en que hay dos partidos dominantes –uno situado un poco hacia la derecha del centro y otro un poco hacia la izquierda del centro. Hay diferencias entre las políticas que estos partidos emprenden cuando están en el cargo, pero hay enormes similitudes. La elección nunca refleja una división política profunda. Más bien se trata de recentrar el centro –que debe considerarse el punto de apalancamiento en el subibaja entre partidos.

Es más rara la situación donde se repudia el centro, y por tanto hay un repudio de los dos partidos principales que giran en torno al centro. Un resultado así arroja la política nacional a trastornos importantes, y en también tiene un impacto considerable fuera del país.

Las recientes elecciones en Francia y Grecia ilustran bien estas dos situaciones. En Francia, los socialistas derrotaron a la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP) y de hecho han recentrado el centro. En la situación caótica mayor del sistema-mundo, y particularmente en aquélla de la Unión Europea, recentrar el centro en Francia tendrá un gran impacto. Pero no esperemos que las políticas reales de François Hollande sean radicalmente diferentes de las de Nicolas Sarkozy.

En Grecia ocurrió justo lo contrario. El centro fue repudiado de un modo dramático. Ambos partidos principales –el conservador Nueva Democracia y el Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok)– perdieron más de la mitad de los votos que tenían normalmente. El total combinado de ambos pasó de ser dos tercios de la votación, a un tercio. Pasok incluso quedó reducido a un tercer lugar, desplazado por una coalición de partidos más a la izquierda, la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), que fue considerada, en general, la gran ganadora de los comicios.

El punto básico de las elecciones fue el programa de austeridad impuesto a Grecia por las fuerzas exteriores –sobre todo y sin inmutarse, por Alemania. Todos los partidos excepto los dos partidos importantes tradicionales llamaron a repudiar las medidas de austeridad. El dirigente de Syriza, Alexis Tsirpas, aseguró que los resultados de la elección hacían nulo e inválido el compromiso con el plan de austeridad.

¿Qué ocurrirá en los próximos meses? Después de que los tres partidos con la mayoría de los votos en Grecia –Nueva Democracia, Syriza y Pasok– no pudieron formar un gobierno, todo se mueve hacia unas nuevas elecciones. Syriza podría incluso ser el primero, en la siguiente vuelta. Dado que el gobierno griego no recibirá más asistencia, deberá recurrir a préstamos de cajón. El ministro de relaciones exteriores alemán ya amenazó con expulsarlos de la eurozona. Sin embargo, no hay modo legal de hacer esto. Y dado que el público griego parece pensar que salirse de la zona no va a resolver nada y probablemente empeore las cosas, la situación llegará a un punto muerto. Los griegos sufrirán enormemente. Pero también sufrirán muchos bancos europeos y también la población alemana, aunque hasta ahora no esté consciente de ello.

En tanto, habrá nuevas elecciones en Francia para la legislatura. Los observadores predicen una victoria socialista, con un contingente significativo del equivalente francés de Syriza, el Frente de Izquierda. La única posición clara de Hollande es que el crecimiento de Europa debe tener prioridad por sobre la austeridad –un desafío directo a la actual posición alemana. Así que el centro se recentrará más hacia la izquierda.

Los alemanes están ahora bajo una presión enorme. Hay un descontento interno que conduce a pérdidas electorales para el partido de la canciller Merkel, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), y su asociada, la coalición neoliberal, el Partido Democrático Liberal (FDP). Los otros partidos social-demócratas de Europa se han animado por la victoria de Hollande para moverse algo hacia la izquierda. Los dos partidos conservadores en la coalición gubernamental italiana han sufrido pérdidas severas en las elecciones municipales de mayo. Hay también, cosa extraña e importante, presión de Estados Unidos hacia Alemania, para que se mueva en la dirección en que Hollande empuja.

Los alemanes podrían resistirse a todo esto, hasta el 31 de mayo, día del referendo irlandés. El gobierno irlandés fue el único miembro de la zona del euro que accedió al tratado de austeridad en que insistió Merkel, con el respaldo de Sarkozy, tras la realización de un referendo. Las encuestas han estado mostrando que la definición de los resultados sería difícil, pero el gobierno irlandés se había sentido confiado en que podía ganar un voto aprobatorio. La victoria de Hollande puede ahora hacer cambiar de opinión a los votantes suficientes como para que el voto irlandés sea negativo, en cuyo caso el tratado de autoridad se invalidaría. Esto socavaría la posición alemana mucho más que el repudio griego del centro.

Entonces, ¿qué pasará? La clave es lo que ocurre en la vida política alemana. Angela Merkel, como cualquier buena líder política, intenta ver en que dirección sopla el viento. Su lenguaje por tanto ya comienza a evolucionar. En secreto tal vez acepta bien la presión externa para hacer lo que, desde el estrecho punto de vista alemán, es lo sensato y así apuntalar la compra de poder (para los bienes alemanes, entre otras cosas) en el resto de la Unión Europea.

Si Alemania se mueve en esa dirección, el euro y la zona del euro sobrevivirán, y seguirán siendo un actor importante (aunque contenido) en el escenario geopolítico. A escala mundial, el recentramiento de la totalidad de Europa, sin embargo, no se volverá un status quo pero acelerará realineamientos geopolíticos inevitables. No obstante, el recentramiento alemán ayudará a Europa a resistir mejor el siguiente tsunami que significa el colapso de fondos soberanos y del dólar como divisa de reserva.

El mundo entero nada en aguas picadas. Alemania puede pronto unirse a la lista de Estados que comienzan a entender cómo navegar en medio del caos. Los gobiernos inflexibles son su propio peor enemigo.

Traducción: Ramón Vera Herrera, LA JORNADA, MX

© Immanuel Wallerstein

Written by Eduardo Aquevedo

20 mayo, 2012 at 14:04

I. Ramonet: Elecciones en Francia…

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Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique

 

La elección presidencial es, en Francia, “la madre de todas las votaciones” y el punto incandescente del debate político. Tiene lugar cada cinco años. Es un sufragio universal directo a dos vueltas. En principio, cualquier ciudadano francés se puede presentar a la primera vuelta, que tiene lugar esta vez el 22 de abril. Aunque debe cumplir una serie de requisitos. Entre ellos, contar con el apoyo de 500 cargos electos de al menos 30 departamentos (provincias) distintos (1). Si ningún candidato obtiene mayoría absoluta (más del 50% de los votos), se impone una segunda vuelta dos semanas después. Desde la instauración de la Quinta República en 1958, siempre ha habido una segunda vuelta. A ella acceden tan sólo los dos candidados que encabezan el primer turno. O sea, habrá que esperar hasta el próximo 6 de mayo para conocer el resultado. Entre tanto, toda la vida política gira en torno a ese acontecimiento central.

Por el momento, nadie tiene la partida ganada, aunque –según todas las encuestas– la final parece que se jugará entre dos candidatos: el presidente conservador saliente Nicolas Sarkozy, y el líder socialista, François Hollande. Pero quedan todavía varias semanas de campaña en las que muchas cosas pueden ocurrir (2). Y además, un tercio de los electores no ha decidido aún por quién votará…

Los debates se desarrollan en un contexto marcado por dos fenómenos principales: 1) la mayor crisis eco­nómica y social que Francia ha conocido en los últimos decenios (3); 2) una creciente desconfianza hacia el ­funcionamiento de la democracia ­representativa.

La Constitución sólo autoriza dos mandatos consecutivos. El presidente Sarkozy se declaró oficialmente el 15 de febrero pasado candidato a su propia sucesión. Desde entonces la poderosa maquinaria de su partido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), se ha puesto briosamente en marcha. Y ha conseguido que ­todos los demás candidatos de la derecha (excepto el soberanista Nicolas ­Dupont-Aignan) se retiren de la ­contienda para dejarle como único representante de la corriente conservadora (4). La batalla sin embargo no será fácil. Todas las encuestas lo dan por derrotado en la segunda vuelta frente al candidato socialdemócrata François Hollande.

Sarkozy se ha vuelto muy impopular. En el extranjero, muchas personas no lo conciben porque únicamente perciben su imagen de líder internacional enérgico dirigiendo, junto con Angela Merkel, las Cumbres europeas o las del G-20. Además, en 2011, asumió también una postura de jefe militar y consiguió ganar dos guerras, en Costa de Marfil y en Libia. Por otra parte, en el aspecto del “glamour”, su matrimonio con la célebre ex modelo Carla Bruni, con quien acaba de tener una niña, contribuye a hacer de él un actor permanente de la prensa del corazón. De ahí la perplejidad de la opinión pública extranjera ante su eventual derrota electoral.

Pero hay que tener en cuenta, en primer lugar, un principio político casi universal: no se ganan unas elecciones gracias a un buen balance de política exterior, por excelente que sea. El ejemplo histórico más conocido es el de Winston Churchill, el “viejo león” británico vencedor de la Segunda Guerra Mundial y derrotado en las elecciones de 1945… O el de Richard Nixon, el presidente estadounidense que puso fin a la guerra de Vietnam y reconoció a China popular, pero se vio obligado a dimitir para no ser destituido… Hay que añadir que otra ley parece haberse establecido en Europa estos últimos años en el contexto de la crisis: ningún gobierno saliente ha sido reelegido.

En segundo lugar, está el balance de su mandato, que es execrable. Además de los numerosos escándalos en los que se ha visto envuelto, Sarkozy ha sido el “presidente de los ricos” a quienes ha hecho regalos fiscales inauditos, mientras sacrificaba a las clases medias y desmantelaba el Estado del bienestar. Esa actitud ha alimentado las críticas de los ciudadanos que, poco a poco, se han visto engullidos por las dificultades: pérdida de empleo, reducción del ­número de funcionarios, retraso de la edad de jubilación, aumento del coste de la vida… No cumplió sus promesas. Y la decepción de los franceses se amplificó.

Sarkozy cometió también garrafales errores de comunicación. La noche misma de su elección en 2007 se exhibió en un célebre restaurante parisino de los Campos Elíseos festejándolo sin complejos en compañía de un puñado de multimillonarios. Aquella interminable juerga en el Fouquet’s quedó como el símbolo de la vulgaridad y la ostentación de su mandato. Los franceses no lo han olvidado y muchos de sus propios electores modestos jamás se lo perdonaron.

Con su hiperactivismo, su voluntad de estar presente en todas partes y de decidirlo todo, Sarkozy ha olvidado una regla fundamental de la Quinta República: el Presidente –que posee más poder que cualquier otro jefe de Ejecutivo de las grandes democracias mundiales– debe saber guardar las distancias. Dosificar con prudencia sus intervenciones públicas. Ser el señor de la penumbra. No quemarse por exceso de sobreexposición. Y es lo que le ha pasado. Su hipervisibilidad desgastó pronto su autoridad, y lo ha convertido en su propia caricatura, la de un dirigente permanentemente acalorado, impetuoso, excitado…

Ni una sola encuesta, hasta ahora, lo da como vencedor de ­estas elecciones. Pero Sarkozy es un guerrero dispuesto a todo. Y también, a veces, un golfo sin escrú­pulos, capaz de actuar como un auténtico aventurero. De tal modo que, desde que se lanzó a la cam­paña el mes pasado, con un descaro monumental no ha dudado en ­presentarse –él, que ha sido el “presidente de los ricos”– como “el candidato del pueblo” esgrimiendo argumentos próximos a la xenofobia para robarle votos a la extrema derecha. No sin eficacia electoral. Y en las intenciones de voto, inmediatamente ganó varios puntos hasta conseguir situarse por encima del candidato socialista…

Éste, François Hollande, es por el momento, el claro favorito de los sondeos. Todos, sin excepción, lo dan vencedor el 6 de mayo próximo. Poco conocido en el extranjero, Hollande es considerado por sus propios electores como un burócrata por haber sido durante más de once años (1997-2008) Primer secretario del Partido socialista (5). Contrariamente a su ex compañera Ségolène Royal, nunca fue ministro. Y su nombramiento como candidato de los socialistas no resultó evidente. Sólo fue designado después de unas durísimas elecciones primarias en el seno de su partido (a las que, por razones harto conocidas (6), Dominique Strauss-Kahn, el preferido de los electores socialistas, no pudo competir).

François Hollande es un social-liberal de centro, conocido por sus habilidades de negociador y su dificultad para tomar decisiones. Se le reprocha ser demasiado blando y mantener en permanencia la confusión. Su programa económico no se distingue netamente, en el fondo, del de los conservadores. Después de haber afirmado en un discurso electoral que “el enemigo principal” eran las finanzas, se apresuró a ir a Londres a tranquilizar a los mercados recordándoles que nadie había privatizado más y liberalizado más que los socialistas franceses (7). En lo que respecta al euro, a la deuda soberana o a los déficits presupuestarios, Hollande –que afirma ahora querer renegociar el Pacto fiscal (8)– está en la misma línea que otros dirigentes socialdemócratas, ­como Yorgos Papandreu (Grecia), ­José Sócrates (Portugal) y José Luis Rodríguez Zapatero (España), quienes, después de haber abjurado de sus principios y aceptado las horcas caudinas de Bruselas, fueron electoralmente expulsados del poder.

La flacidez política de François Hollande aparece aún más flagrante cuando se le compara con el candidato del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon. Con el 14% de las intenciones de voto, éste está resultando la gran revelación de estas elecciones. Sus mítines son los que reúnen al mayor número de personas, y sus discursos, verdaderos modelos de educación popular, los que levantan el mayor entusiasmo. El domingo 18 de marzo, aniversario de la revolución de la Comuna de París, consiguió movilizar a unas 120.000 personas en la plaza de la Bastilla, cosa jamás vista en los últimos cincuenta años. Todo ello debería favorecer cierto giro a la izquierda de los socialistas y de François Hollande. Aunque las diferencias de líneas son abismales.

El programa de Jean-Luc Mélenchon, resumido en un librito titulado L’Humain d’abord! (9) (¡Primero lo humano!) del que ya se han vendido centenares de miles de ejemplares, propone, entre otras medidas: repartir la riqueza y abolir la inseguridad social; arrebatarle el poder a los bancos y a los mercados financieros; una planificación ecológica; convocar una Asamblea Constituyente para una nueva República; liberarse del Tratado de Lisboa y construir otra Europa; iniciar la desmundialización…

El entusiasmo popular que está levantando Jean-Luc Mélenchon da una nueva esperanza a las clases trabajadoras, a los militantes veteranos y a la multitud de los jóvenes indignados. Es también una respuesta a una democracia en crisis donde muchos ciudadanos ya no creen en la política ni en el ritual de las elecciones.

Mientras se desinfla la extrema derecha y fracasa la tentativa de revivirla mediante el experimento de Marine Le Pen, estas elecciones presidenciales francesas podrían demostrar que, en una Europa desorientada y en crisis, sigue viva la esperanza de construir un mundo mejor.

Notas:

(1) Esta exigencia se reveló insuperable para por lo menos dos pretendientes importantes: Dominique de Villepin, gaulista, ex primer ministro, y Corinne Lepage, ecologista, ex ministra, excluidos de la competición.#

(2) Por ejemplo, el asesinato de tres militares en el sur de Francia y la odiosa matanza de niños judíos en Toulouse el 19 de marzo pasado, cometidos por un joven yihadista relacionado con Al Qaeda, impactaron con fuerza en la campaña, dándole naturalmente un protagonismo particular al presidente saliente Nicolas Sarkozy.

(3) Tasa de desempleo: 9,8%. Desempleo de los jóvenes de menos de 25 años: 24%. Número total de desempleados: 4,5 millones.

(4) En favor de Sarkozy, se retiraron de la competición: Christine Boutin (Partido cristiano-demócrata), Hervé Morin (Nuevo Centro) y Frédéric Nihous (Caza, Pesca, Naturaleza y Tradiciones). Por idéntico motivo, el centrista Jean-Louis Borloo no presentó su candidatura. Y la eliminación de Dominique de Villepin y de Corinne Lepage tendrá también como consecuencia que la mayoría de sus electores apoyarán al presidente saliente.

(5) En las encuestas, los dos tercios de los votantes de Hollande declaran que lo hacen por “rechazo a Sarkozy”; únicamente un tercio dice que se adhiere a las ideas de Hollande.

(6) Léase, Ignacio Ramonet, “Una izquierda descarriada”, Le Monde diplomatique en español, junio de 2011.

(7) The Guardian, Londres, 14 de febrero de 2012.

(8) Léase, Ignacio Ramonet, “Nuevos protectorados”, Le Monde diplomatique en español, marzo de 2012.

(9) http://www.lhumaindabord2012.fr

Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=e50f8d39-0ffc-41e7-9b6d-e64185587269

Written by Eduardo Aquevedo

9 abril, 2012 at 18:11

El 27/F 2010: el día del terremoto en que las FF.AA le dieron la espalda a Bachelet…

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Revista Cambio21 desclasifica detalles inéditos de lo que ocurrió el 27F y la actitud de los mandos militares.

Por Susana Frías y Alfredo Peña

 

 

En el semanario que apareció este miércoles, lo anunciamos: dimos a conocer detalles secretos de lo que ocurrió la madrugada del 27 de febrero. Conocimos "el raro" comportamiento de los tres jefes de las fuerzas armadas: dos que se quedaron en sus casas en Vitacura (Armada y Ejército) y otro que decía que estaba todo listo (Fach) para que un helicóptero despegara, siendo que la presidenta pidió una nave cerca de las 5 de la mañana y sólo apareció después de la nueve. Entérese de los pormenores de esta historia que causó gran impacto y que nuestro semanario Cambio21 la investigó en profundidad.

A las 3:34 horas del sábado 27 de febrero de 2010 la tierra se remeció y ya nada volvió a ser igual en Chile. Nadie sabía lo que posteriormente vendría logrando que el miedo se volviera a apoderar de los afectados: un tsunami que nadie pudo advertir y que con olas de hasta 8 metros de altura sepultó a 156 personas. Al igual que la catástrofe, una silenciosa y sorda agitación ocurría entre los mandos castrenses. Fue la noche más fatídica para miles de familias chilenas y, a dos años de aquel episodio, los afectados siguen pidiendo respuestas y la justicia continúa intentando resolver el rompecabezas de esta historia.

Tras lo ocurrido, las primeras autoridades en llegar a la Onemi, la ex directora de la Onemi, Carmen Fernández; el ex subsecretario del Interior Patricio Rosende y la ex Presidenta Michelle Bachelet. Posteriormente, hacen su arribo el ex ministro del Interior Edmundo Pérez Yoma, el ex ministro de Obras Públicas Sergio Bitar y el ex ministro de Defensa Francisco Vidal. Sin embargo, no estaban ni estuvieron los encargados de entregar ayuda y de dar las respuestas claras, específicas y necesarias para este tipo de emergencias. Los altos mandos de las Fuerzas Armadas de Chile simplemente no se presentaron…. Fue ahí cuando Bachelet, en medio de la confusión reinante, se preguntó: "¿dónde están los altos mandos?", o cuando a las 06.26 horas se cuestionó: "¿Cuál es mi dificultad, mi problema? Me gustaría que estuviera alguien de la Armada aquí".

Surgen las dudas de por qué esa noche nadie le informó a Bachelet que sí existía un plan de comunicación denominado "Red Torrente", perteneciente al Ejército y que funcionó normalmente. Los altos mandos prefirieron guardar silencio y decir que ellos sí estuvieron comunicados entre sus regimientos.

Surge la duda, entonces: ¿Qué hubiera pasado si Bachelet hubiera sabido que podía ir a un regimiento o a la comandancia en jefe del Ejército y se hubiera comunicado -por ejemplo- con el ex intendente Tohá en el regimiento Chacabuco de Concepción?

En diversos análisis sobre esa noche ronda una duda sobre cuán efectivo fue el rol de las Fuerzas Armadas en las primeras horas después del terremoto. La incertidumbre se alimenta por el ineficaz papel del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) al levantar la alerta de tsunami, en el hecho de que los buques y submarinos en Talcahuano alcanzaran a salir mar adentro, en el corte de las comunicaciones y en la demora de los helicópteros solicitados a las 5 de la madrugada por la entonces Presidenta, pero que sólo estuvieron listos para despegar pasadas las 9 de la mañana desde el Parque O´Higgins.

Luego de la difusión del video de la Onemi que registró las actividades en las horas posteriores al terremoto, quedaron al desnudo vulnerabilidades que se consideraban inimaginables -incontables y graves errores del SHOA- y el fracaso de los sistemas de comunicación, lo cual abrió un período de severa reflexión en sus mandos y en las autoridades de la Defensa.

Frente a esto, las palabras del ex ministro de Defensa de Piñera, Jaime Ravinet, calaron más hondo al plantear la interrogante de lo que habría ocurrido si en vez de una catástrofe natural hubiéramos sufrido un ataque desde el exterior.

La declaración de Carmen Fernández ante la Fiscalía

El 22 de octubre de 2010, la ex directora de la Onemi, Carmen Fernández declaró ante la Fiscalía Local de Talagante, donde relata lo ocurrido la madrugada del 27 de febrero. Cambio21 accedió de la manera exclusiva a este documento. Entre los dichos, Fernández deja entrever que los organismos presentes en la Onemi fueron los que dificultaron el acceso a la información, y que nunca existió un apoyo a la Presidenta.

"La Presidenta reiteraba la solicitud de información a los organismos, preguntando por medios alternativos de comunicación que pidiéramos usar, información sobre carreteras, puentes, entre otros aspectos. Quiero dejar expresa constancia sobre dos aspectos: ninguno de los organismos presentes, algunos representados por sus más altas autoridades, proporcionaron ni un mínimo de antecedentes sobre situaciones del mar, lo que me validaba lo informado por el segundo fax del Shoa, porque no puede ser que a nivel de autoridades que se encontraba en el COE a esas alturas de la madrugada, no hubiese un indicio de la ocurrencia de un tsunami, salvo Juan Fernández".

"El jefe del Estado Mayor Conjunto general Le Dantec, en ningún momento indicó que se mantenía operativo su plan de comunicación "Torrente", el que habría constituido una importante alternativa si lo hubiese informado. El general Le Dantec me informó el domingo 7 de marzo de 2010 que la "Red Torrente" siempre funcionó y que habría bastado con que la Presidenta se hubiese constituido en algún regimiento la madrugada del 27 de febrero de 2010 para que hubiese contado con buenas comunicaciones. Por otra parte, la madrugada del 27 de febrero la Presidenta también le solicitó al general Le Dantec que pusiera al máximo de su gente en la calle a trabajar". Luego de conocer esta información inédita de Le Dantec, Carmen Fernández se enojó y puso la información en manos del ex ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, que a su vez también reaccionó indignado citando de urgencia a Francisco Vidal, a quien le enrostró delante de otros ministros si tenía conocimiento del Plan Torrente del Ejército. Ratificado por el propio ex ministro de Defensa, la existencia del sistema, Pérez Yoma le informó a la Presidenta Bachelet.

El decreto de la discordia

Fue 48 horas antes del terremoto que el gobierno firmó un decreto que establece que la actuación de las FFAA. en caso de catástrofe quedaría sometida a los requerimientos de la Onemi y la circunscribía a labores de "transporte".

El decreto exento número 760 fue firmado el 25 de febrero por los ministros de Defensa, Francisco Vidal, de Interior, Edmundo Pérez Yoma, y el entonces subsecretario del Interior, Patricio Rosende. En él -tomando en cuenta dos oficios anteriores enviados por la directora de la Onemi, Carmen Fernández- se establece un detallado protocolo que delimita funciones en el caso de catástrofe.

La norma -que causó impacto y sorpresa en las instituciones castrenses- establece que el trabajo de las Fuerzas Armadas queda sometido a la Oficina Nacional de Emergencia. Además, puntualiza la "obligación" del Estado Mayor Conjunto que, "en su rol de coordinador de los medios de transporte de las FF.AA., se compromete a agotar los esfuerzos necesarios para el cumplimiento de los requerimientos efectuados por la Onemi".

El decreto indignó a los altos mandos militares, no sólo porque los subordinaba a una oficina dependiente del ministerio del Interior, sino también porque les quitaba el control de sus recursos. De ahí la teoría de que quisieron demostrarle con fuerza a la Onemi y al gobierno su molestia.

El texto legal fue derogado y nunca tuvo ningún efecto, salvo el de poner a Carmen Fernández en un inesperado candelero.

En su declaración, a la que tuvo acceso exclusivo Cambio21, ante la Fiscalía de Talagante el 22 de octubre de 2010, la ex directora de la Onemi precisó que "este decreto y su protocolo se referían precisamente a las facilitaciones y apoyos que debían brindar las Fuerzas Armadas a Onemi, a través del Estado Mayor, tales como provisión de personal, medios de transporte y otros elementos, estableciendo incluso tiempos de reacción. Debo precisar que este decreto no cambiaba los mandos propios de las Fuerzas Armadas, sólo era la prestación de medios y apoyo. Este decreto es producto de un largo proceso entre la Onemi y oficiales del Estado Mayor, particularmente el Coronel Jorge Verdugo, y a partir de un análisis efectuado por mí presentado ante el ministerio de Defensa, respecto a las debilidades advertidas en múltiples emergencias en cuanto a la oportunidad y agilidad con que las Fuerzas Armadas iniciaban sus operaciones de apoyo en emergencia. Este decreto fue derogado a los días de asumir el gobierno de Sebastián Piñera, sin estar fundada su derogación".

El "relajo" del jefe de la Armada: Estaba en Santiago y no en Valparaíso

Las declaraciones que más impactaron fueron las del jefe de la Armada, almirante Edmundo González, quien debía hacerse presente la madrugada del 27 de febrero en la Onemi, ya que estaba en Santiago y no en Valparaíso. Sin embargo, nunca llegó. Ante la consulta sobre dónde estaba, admitió frente a los diputados de la comisión investigadora del caso terremoto que permaneció en su hogar de la comuna de Vitacura, cerca de Américo Vespucio.

"Yo me mantuve en mi casa. Tenía energía, un generador propio, entre comillas, porque al final no tuve ningún celular, ningún teléfono satelital, hasta que al final, a las 5:10 AM fui informado de que la escuadra no había zarpado, que no había maremoto porque la alerta había sido cancelada hacía cinco minutos y, obviamente, me relajé un poco. Por eso, cuando yo llegué a la coordinación a mí también me afectó la falta de asesoría que afectó a lo mejor a la Presidenta y a otras personas", argumentó González.

¿Y dónde está el piloto?

Tras el terremoto hubo una demora de cinco horas para poner helicóptero a disposición de la ex Presidenta Bachelet para ir a la zona de la catástrofe. Según le explicaron, fue porque no había piloto para las máquinas. Sin embargo, el ex jefe de la Fuerza Aérea, general Ricardo Ortega, reconoció que dos horas después de la catástrofe (5:30) "todo estaba listo para que me dijeran dónde llevar y qué llevar (…) el problema es que no llegó la orden".

En este punto, todos los actores políticos señalan que el militar falta a la verdad, que queda absolutamente demostrado en el video de la Onemi, donde cerca de las 8.30 horas del día del terremoto, la mandataria ya enojada (a su manera) de tanta ineficiencia, dice en un tono irónico: "¿Y dónde está el piloto?".

A esa hora, Bachelet -con un grado de indignación mayor- le espeta al ministro Vidal esta ineficiencia señalando que pidió un helicóptero hace más de tres horas y el ministro le señala hacia el lado, donde está un oficial de la Fach.

¿Y el Ejército?

Cuando se produjo el terremoto, el entonces comandante en jefe del Ejército, Oscar Izurieta, se encontraba a días de entregar el mando y ya se había trasladado a su departamento de calle Las Tranqueras en Vitacura. "Estaba armando todo, con cajas y cuadros en el suelo. Había dejado la casa del comandante en jefe, donde hay grupo electrógeno, respaldo telefónico. Aquí estaba sin teléfono fijo y me quedé sin celular y además sin luz", explicó Izurieta, quien dejó el cargo el 9 de marzo de 2010 y por eso tuvo que hacer la mudanza.

El actual subsecretario de Defensa, cargo que asumió 16 días después de dejar el Ejército, aseguró que "nunca se ocultó información" a la Presidenta Bachelet tras el 27 de febrero y advirtió que "el Ejército no se equivocó".

Los grandes ausentes

En las próximas semanas serán formalizados por la fiscalía pública ocho funcionarios bajo la calificación de "cuasidelito de homicidio" por las consecuencias del terremoto. Los acusados son la ex directora de la Onemi, Carmen Fernández, y el ex subsecretario del Interior Patricio Rosende. Entre los otros imputados figuran los directivos del Shoa, el organismo de emergencias de la Armada, y del Instituto de Sismología de la Universidad de Chile.

El columnista Ascanio Cavallo, sentencia en el diario La Tercera, que "no es injusto, per se, que la ex Presidenta sea indagada por sus actuaciones en esa noche infame. Pero si es así, entonces hay que indagar también a los mandos responsables de los otros organismos que debían responder: el Shoa, el Instituto de Sismología, los encargados de las telecomunicaciones y las instituciones que denegaron el auxilio. De otro modo se podría llegar a la aporía de que sólo sean indagados quienes se hicieron cargo de la catástrofe, mientras que no lo son aquellos que se omitieron".

"(…) ¿Por qué ni Rosende, ni Fernández, ni Bachelet pudieron disponer de los sistemas de comunicaciones de las Fuerzas Armadas que estaban en funcionamiento (si es verdad que así era)? Muy simple: porque no estaban allí los comandantes en jefe que podían autorizarlos (…) ninguno de ellos fue investigado por el gobierno saliente, ni por el entrante, ni por ninguno de sus ministros de Defensa", recalcó.

Las interrogantes que quedan en el aire

Tras analizar lo sucedido, surgen una serie de preguntas que apuntan a las FF.AA. como las instituciones responsables, al menos de negligencia culpable. Un artículo de Ascanio Cavallo, recuerda que en la grabación el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general de Ejército Cristián Le Dantec, declara que no tiene información y parece creer que nadie la tendrá ("no vamos a ganar mucho llamando a la Armada, señora Presidenta").

Sin embargo, el nuevo comandante en jefe del Ejército, el general Juan Miguel Fuente-Alba, dijo que el Ejército nunca perdió sus comunicaciones esa madrugada. Una gran incongruencia entre uno y otro general de la principal arma de la Defensa Nacional.

Al respecto, ¿quién es entonces responsable de que ese sistema no haya sido puesto a disposición del gobierno y de la propia Mandataria, como lo pide la Presidenta en la grabación del video al general Le Dantec?

El columnista Ascanio Cavallo habla "del extraño comportamiento de las Fuerzas Armadas después del terremoto". Y añade una frase lapidaria: "La parálisis de los militares durante las primeras horas (de la tragedia) ha sido objeto de explicaciones pueriles o inconvincentes".

¿Hubo boicot en contra de la Presidenta Bachelet?

Varias interrogantes apuntan a la tesis de que existió un posible boicot contra la ex Presidenta Bachelet por parte de las fuerzas armadas o de algunos de sus miembros en las horas posteriores a la catástrofe.

En conversación con Cambio21, el ex cadete de la escuela Militar, diputado y miembro de la comisión de Defensa, Patricio Hales, aseguró que pensar en algo así es horrible, "por mucha aversión política que tengan contra Bachelet o contra la Concertación. No se me puede pasar por la cabeza que ellos sean capaces de traicionar al país de una manera como esta. Sería criminal, aparte de ilegal e inconstitucional".

El ex ministro del Interior Edmundo Pérez Yoma, en un artículo publicado por El Mercurio, hizo un juicio sobre el 27 de febrero y aseguró que "aunque no la comparta, debo reconocer como válida la crítica sobre el momento en que debió decretarse el estado de excepción y haber entregado el control a los militares. Hay quienes sostienen que en caso de una catástrofe, de inmediato debe entregarse el control a los militares. Esto es una materia opinable (…) Al efecto de ello, me remito a las declaraciones de los comandantes en jefe quienes, sin excepción, apuntaban a que estaban escasos de personal principalmente por el período de vacaciones y que el contingente disponible en Concepción ese día era claramente insuficiente. Incluso, dado que algunas instalaciones militares -como la de Talcahuano- habían sufrido graves daños, se argumentó que el personal era requerido para resguardar la base naval".

Respecto a las comunicaciones sentencia que "algunas redes institucionales (Ejército) funcionaron parcialmente, pero tampoco estuvieron en ese momento a disposición de las autoridades civiles, como quedó determinado días después de la tragedia y hoy es parte de la controversia pública y legal que, imagino, deberá quedar resuelta por quienes corresponda".

El plan que nunca se informó

El Plan Torrente es un mecanismo de telecomunicaciones simple, no de combate. Son radios VHF y UHF. Se compraron 1.100 equipos y 60 centrales. Cada unidad posee una central y un número determinado de equipos, según su tamaño. Requiere operadores para cada central y para cada radio. Se diseñó para enlazar a militares con militares y a unidades con unidades, para propósitos institucionales.

Según justificó Izurieta: "Este sistema era exclusivamente entre unidades militares… Y si la Onemi no tenía la capacidad para comunicarse, era un problema de ese organismo". Es decir, parece ser que para Izurieta el quinto cataclismo más grande de la historia del mundo no es un problema que ataña al Ejército. Ahí es cuando surge la duda: ¿por qué la Presidenta no supo que el Ejército sí tuvo comunicación con todo el país durante la fatídica madrugada del 27 de febrero?

Carmen Fernández aseguró que "el plan Torrente siempre funcionó y que habría bastado con que la Presidenta se hubiese constituido en algún regimiento la madrugada del 27 de febrero para que hubiese contado con buenas comunicaciones".

En su declaración ante la Fiscalía, Fernández, describe: " Yo menciono esto para dejar constancia de que estaba conciente de los déficit que Onemi tenía frente a esta emergencia, lo que advertí como más crítico al observar que no estaba contando con la suficiente cooperación de las Fuerzas Armadas a través del Estado Mayor. Hago presente que cuando llegó el ministro de Defensa, Francisco Vidal, le solicité que convocara al Jefe del Estado Mayor Conjunto, general Le Dantec, por estimar plenamente vigente el Decreto Exento 760, de fecha 25 de febrero de 2010, de acuerdo a lo indicado en la cláusula décima de dicho decreto".

La existencia del Plan Torrente y la supuesta omisión sobre la existencia del sistema de las autoridades de la época, lo que hubiera hipotéticamente servido para contactar Santiago con las zonas afectadas con el terremoto y tsunami, fue puesta en el tapete por el abogado de la ex directora de Onemi Carmen Fernández, Luciano Fouillioux, quien acusó que no se informó a la ex Presidenta Michelle Bachelet que el sistema estaba operativo el 27F.

El general (r) Izurieta, actual subsecretario de Defensa y ex jefe del Ejército, en tanto, aseguró que "de acuerdo con los registros del Comando de Telecomunicaciones del Ejército, las primeras unidades que se contactaron con Santiago mediante el Sistema Torrente fueron Valdivia y la Brigada de Operaciones Especiales a las 05.00 horas. Chillán se contactó a las 05.15 y Concepción a las 07.20".

La tensión con el Ejército que marcó los últimos días de la Presidenta

La primera semana de marzo del 2010, el entonces comandante en jefe del Ejército, general Oscar Izurieta, telefoneó y solicitó una serie de audiencias con el ministro de Defensa, Francisco Vidal. Aunque el propósito central de las conversaciones era monitorear el avance de las labores a raíz del terremoto y tsunami del 27 de febrero, un tema anexo inquietaba al jefe castrense: la incertidumbre que existía sobre la participación de la Presidenta a la ceremonia de cambio de mando del Ejército programada para el 9 de marzo.

Aunque el protocolo daba por descontada su presencia, la tensión que en la semana previa se había instalado entre La Moneda y el Ejército mantenían en duda la participación de la mandataria en el acto donde Izurieta le entregaría el mando a su sucesor, el general Juan Miguel Fuente-Alba.

A las quejas por la falta de apoyo logístico durante la madrugada del 27F se sumaría una información que llegó a manos de Bachelet faltando apenas días para dejar su mandato: en el marco de una reunión con sus ministros del comité político, la mandataria recibió un informe del ministro Vidal que señalaba que el Ejército mantuvo siempre operativas sus comunicaciones internas durante las horas posteriores al terremoto.

En esa línea, el ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, planteó la necesidad de transmitir formalmente la molestia del gobierno, reprochando lo improcedente que, a su juicio, era haber guardado silencio frente a la vigencia de una herramienta como lo era el Plan Torrente.

A partir de entonces en el gobierno comenzó a tomar fuerza la tesis de que si hubiese conocido desde un principio que estaba en funcionamiento el mencionado sistema, las consecuencias podrían haber sido distintas.

Otro de los puntos que indignó a la ex Presidenta fue que el jefe del Ejército había sido contactado para asumir una subsecretaría política en el gobierno de Piñera desde antes de terminar su cargo en el Ejército.

Luego de ello, y al ver las labores de los militares en terreno, Bachelet optó por no seguir escalando la polémica con Izurieta. Fue así que terminó asistiendo al cambio de mando del 9 de marzo.

En conversación con Cambio21 el ex ministro de Defensa y ex asesor del Comandante en jefe del Ejército, Francisco Vidal, declaró que "los errores cometidos fueron de la Armada en el funcionamiento del Shoa; están acreditados en el proceso penal los errores. En el caso de la Fuerza Aérea hubo un error menor, que los helicópteros estaban pero no estaba la tripulación en la base aérea".

En cuanto al plan Torrente, aseguró que "era un sistema que yo conocía pero que no servía para la emergencia y que solamente interconecta a regimientos, no se amplía al resto de la población".

Respecto de las especulaciones de que Bachelet había pensado en desistir de ir al cambio de cambio del Ejército y estar enojada con los uniformados, Vidal aclaró que "todo eso es mentira, es un reality. Nunca ocurrió. La Presidenta no sólo asistió al cambio de mando el 9 de marzo, sino que además fue la única persona que habló ese día en la Escuela Militar y felicitó al Ejército por su labor. Yo te respondo con un hecho, frente a los que especulan, los mentirosos y gente que no cacha nada".

La conversación de Le Dantec con Piñera, Presidente electo

Un dato desconocido y que ocurrió esa madrugada del terremoto en las oficinas de la Onemi dice relación con las secretas llamadas que recibía y que hacía el ex jefe del Estado Mayor Conjunto, el general de Ejército Cristián Le Dantec, a Sebastián Piñera -entonces Presidente electo- , informándole todo lo que estaba ocurriendo en ese recinto. Ello, pese a que la Presidenta aún estaba en ejercicio. Así lo informaron tres ex altas autoridades de la Onemi y dos ex funcionarios del gobierno saliente.

Le Dantec, según la versión a la que tuvo acceso Cambio21, salía al patio exterior de Onemi, donde estaban estacionados los vehículos de la entidad de emergencia.

"Nosotros fumábamos en el patio y escuchamos decir al general: "Sí, señor Presidente, me parece, señor Presidente, ¿Usted va a venir?", relataron los testigos.

"Vimos entrar al ayudante de Le Dantec -otro militar- tres veces a la sala donde estaba la Presidenta Bachelet, indicándole que tenía una llamada, y él salía a hablar al estacionamiento, donde nosotros estábamos. Él no se dio cuenta de nuestra presencia", señala un ex funcionario del anterior gobierno que entregó este dato a las ex autoridades y que hoy desclasifica Cambio21.

"Obviamente, él bajaba el tono de voz cuando hablaba con el Señor Presidente, así es que no escuchábamos lo que le decía a su interlocutor, que nos imaginamos que era Piñera", señalan los testigos.

Al respecto, el ex ministro de Defensa de Bachelet, Francisco Vidal aseguró que, si bien "me habían dicho algo así", es "una especulación más, porque todas esas personas que dicen haber escuchado, díganlo con nombre, apellido y carnet de identidad y ahí empezamos a hablar".

Y añadió que "si eso se hizo, sería un error. Sin embargo, no me consta que lo haya hecho hasta que no me demuestren lo contrario".

Le Dantec salió de su cargo el año pasado, no por los errores del 27 de febrero, sino porque quiso comprar una casa avaluada en un millón de dólares para realzar su cargo de encargado del Estado Mayor.

revista Cambio21    http://www.cambio21.cl/cambio21/site/artic/20120302/pags/20120302110452.html

Written by Eduardo Aquevedo

2 marzo, 2012 at 20:11

Encuesta CERC (mayo-junio): Piñera obtiene sólo 35% de apoyo, mentras rechazo se empina al 53%…

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Según la última encuesta CERC

La falta de credibilidad convierte a Piñera en el Presidente peor evaluado en los últimos 20 años

El apoyo al jefe de Estado cayó 12 puntos respecto a diciembre de 2010, llegando su respaldo a sólo 35%. El sondeo da cuenta de problemas como la falta de identidad de la actual administración, que se explican en parte por su falta de cercanía y la poca claridad respecto a temas que han dado origen a protestas sociales, como la energía y la educación. En el estudio, la ex presidenta Bachelet volvió a encabezar la lista de políticos con más futuro.

por El Mostrador

Una serie de factores como la poca credibilidad, la falta de claridad respecto a cómo se abordarán temas como la energía y la educación,  y por sobre todo la falta de identidad del gobierno, son los que explican la mala evaluación que obtiene  el Presidente Sebastián Piñera en el estudio Barómetro de la Política correspondiente a los meses de mayo y junio.

El sondeo, que fue presentado este martes por el director del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), Carlos Huneeus, destaca que el jefe de Estado cuenta con un apoyo de 35% -12 puntos menos que en la muestra anterior de diciembre de 2010-, el más bajo de un mandatario en los últimos 20 años y con una baja simpatía ciudadana de sólo 28%.

En cuanto a la credibilidad, la encuesta señala que una mayoría de 57% le cree poco o nada a Piñera. Peor aún, el 71 por ciento de las personas consultadas considera que desde que la derecha asumió el poder se han visto pocos o ningún cambio, mientras que sólo el 20% cree que el actual gobierno es mejor que los anteriores.

El estudio atribuye lo anterior a las dificultades tanto del gobernante como de su administración para mostrar su identidad. De hecho, considera que se ha visto opacado por la memoria del gobierno de Bachelet.

Baja de expectativas y demandas sociales

Como era de esperarse, la encuesta atribuye la baja de Piñera a la sensibilidad de la ciudadanía respecto de los temas que han originado grandes movilizaciones sociales, como la energía, el medio ambiente y la educación.

Es así como la falta de claridad respecto al futuro energético del país se traduce en que la mitad de los encuestados rechaza la construcción de nuevas centrales, lo que según el Barómetro, tiene que ver principalmente en el rechazo a la construcción del megaproyecto Hidroaysén, que se elevó dos puntos, de 60 a 62 por ciento. Y el rechazo a las centrales nucleares se eleva al 79%.

La educación, en tanto, aparece en el segundo lugar, con 34%, entre los peores servicios del Estado, después de la salud (54%).

Pese a las altas cifras de crecimiento, la encuesta revela que las personas temen por las expectativas económicas futuras, principalmente por el temor al aumento de los precios. Además, el 65% de los consultados considera que no ha resultado favorecido por el crecimiento.

La percepción, sostiene el sondeo, es que el sistema económico actual pone menos atención a los derechos de los trabajadores. Esto explica la mayor valoración de la sociedad respecto de los sindicatos. Es así como el 73% considera que éstos son necesarios, y el 66% apunta q que los trabajadores deben negociar colectivamente.

Concertación y el fantasma de Bachelet

El Barómetro Político vuelve a confirmar una máxima que se ha venido manifestando en otros sondeos: mayor oposición no significa aumento del apoyo a la Concertación. De hecho el bloque opositor también muestra problemas de identificación. Es así como sólo el 15% cree que ha desempeñado una buena labor.

Un factor que ha determinado este bajo porcentaje tiene que ver con la mala evaluación de la ciudadanía del papel que Ha desempeñado el Parlamento, que es valorada positivamente por sólo el 12%.

Donde sí la Concertación puede sacar cuentas alegres es respecto de la imagen que tienen sus gobiernos, ya que aumentaron a 36% quienes consideran que fueron buenos, y sólo el 9,0% considera que fueron malos.

Y respecto a los políticos con más futuro, la ex presidenta Michelle Bachelet volvió a posicionarse en el primer lugar entre los políticos con más futuro, con el 32%. Le sigue el biministro de Minería y Energía, Laurence Golborne (28%), y el ministro de Educación, Joaquín Lavín (24%).

Y si se excluye Bachelet, el mejor posicionado en la oposición es el senador del PPD Ricardo Lagos Weber (29%). De todas maneras, el 35% de los encuestados cree que Bachelet será la próxima mandataria, y sólo el 8,0% menciona a Golborne y sólo el 3,0% a Lavín.

Metodología

El estudio Barómetro de la Política elaborado por CERC entrevistó a 1.200 personas de ambos sexos mayores de 18 años y que residen en las quince regiones del país.

La muestra, que se recogió entre el 7 y el 24 de mayo representa al 99% de la población total y el error muestral es de 3,0 por ciento.

 

CERC: Aprobación a Piñera cae a mínimo histórico y rechazo continúa al alza

Rodrigo Alarcón López
Radio Universidad de Chile
 
040711-01-13-a

La encuesta realizada entre mayo y junio registró un 35% de respaldo al Presidente, la cifra más baja obtenida por un mandatario desde 1990. Mientras, la desaprobación se incrementó en doce puntos hasta el 53%, un 57% de los consultados le cree "poco o nada" y un 64% de las personas considera que el suyo es un "gobierno de los empresarios".

A un mínimo histórico de 35% cayó la aprobación del Presidente Sebastián Piñera, que en diciembre pasado ostentaba un 47%, según los datos recopilados en el “Barómetro de la política mayo-junio”  del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC).

El porcentaje es el menor que ha obtenido un mandatario en el sondeo desde 1990, mientras que el nivel de desaprobación llegó a 53%, sobre el 41% registrado en diciembre.

La encuesta destaca también que “el Presidente tiene un problema de credibilidad”, ya que un 57% de los consultados le cree “poco o nada”. Asimismo, “tiene una baja simpatía ciudadana”, puesto que un 27% tiene una mala opinión de él y un 28% tiene una opinión positiva.

En la misma línea, se incrementa la percepción de que su administración es un “gobierno de los empresarios”, ya que un 64% de las personas adhieren a esta afirmación, mientras que un 58% lo hacía en el último registro. Respecto a la misma pregunta, solo un 26% considera que no es un “gobierno de los empresarios”, cifra que en diciembre alcanzaba el 30%.

De acuerdo al 38% de los encuestados por el CERC, el biministro de Energía y Minería, Laurence Golborne, sería el mejor candidato presidencial del oficialismo. Lo siguen el ministro de Educación, Joaquín Lavín (13%), Rodrigo Hinzpeter (6%), Evelyn Matthei (6%) y Pablo Longueira (4%).

En la Concertación, la medición es encabezada por el senador Ricardo Lagos Weber (29%), seguido por Carolina Tohá (13%), Guido Girardi (11%), José Antonio Gómez (7%), Ignacio Walker (6%) y el alcalde de Peñalolén, Claudio Orrego (3%).

Sin embargo, ante la pregunta abierta sobre quién sucederá en el cargo a Piñera, un 35% de los consultados señaló a la ex Presidenta Michelle Bachelet, un 8% se inclina por Golborne y un 3% indica a Lavín.

La ex mandataria también lidera a los políticos con más futuro con un 32%, superando a Golborne (28%), Lavín (24%), Ricardo Lagos Escobar (10%) y Ricardo Lagos Weber (9%).

Sobre la Concertación, aunque un 36% considera que sus 20 años de mandato fueron positivos, apenas el 15% opina que lo ha hecho bien como oposición a Piñera y solo un 24% ha visto satisfechas las expectativas que tenía.

La encuesta CERC contempla a 1.200 personas mayores de 18 años y un margen de error de 3%. Fue realizada entre el 7 y 24 de mayo pasado.

Encuesta Adimark (Mayo 2011): respaldo a Piñera cae a 36% y aumenta rechazo a 56%…

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Aprobación de Piñera se desploma y cae al mínimo histórico de la derecha

De esta forma, el gobierno se sitúa en el umbral histórico de la derecha, que desde el Siglo XX ha significado al menos un tercio del electorado para el sector. La evaluación de los atributos personales presidenciales muestra retrocesos en el mes. “Cuenta con liderazgo” disminuye 9 puntos (de 65% en abril a 56% en mayo) y su “capacidad para solucionar problemas del país” lo hace en 8 (de 64% a 56%). El atributo más débil del presidente “es creíble” disminuye en 6 puntos desde abril (48%) y se ubica en 42% en mayo. [Actualizada]

El Presidente Sebastián Piñera y su gobierno obtienen de acuerdo a la encuesta Adimark correspondiente al mes de mayo, el nivel más bajo de respaldo ciudadano desde que la derecha volvió al poder. Y lo hace en un período marcado por los movimientos ciudadanos en rechazo al megaproyecto energético HidroAysén, las marchas estudiantiles y la cuenta pública del 21 de mayo.

Según el sondeo, un 36% aprueba la gestión del mandatario, es decir cinco puntos menos que la encuesta Adimark de abril. En tanto, la desaprobación alcanza el 56%, siete puntos más que la encuesta anterior.

Por su parte, el gobierno obtiene un resultado idéntico al del presidente. Un 36% lo aprueba mientras que el 56% lo desaprueba. De esta forma, la derecha se sitúa nuevamente en su umbral histórico, que desde el Siglo XX ha significado 1/3 del electorado.

“El sorpresivo movimiento ciudadano, de carácter nacional, que generó la tramitación del proyecto HidroAysén sin duda es parte de la explicación respecto a la caída observada. Pero sin duda también está el desorden social que generan las manifestaciones de universitarios y algunos poco afortunados episodios (como caso bombas lacrimógenas). El esperado mensaje del 21 de Mayo, por otra parte, no parece haber generado algún efecto positivo que este estudio pueda identificar”, explica el estudio.

En cuanto a la evaluación de los atributos personales presidenciales, las noticias no son mejores. El atributo más débil del presidente “es creíble” disminuye en 6 puntos desde abril (48%) y se ubica en 42% en mayo. “Cuenta con liderazgo” disminuye 9 puntos (de 65% en abril a 56% en mayo) y su “capacidad para solucionar problemas del país” lo hace en 8 (de 64% a 56%).

Respecto a la evaluación por área, Educación, que hasta ahora mostraba evolución positiva, sufre una significativa caída en mayo de 16 puntos respecto a abril (cuando alcanzaba 60% positivo). En mayo, se desplomó a un 44% de aprobación. Es probable que esto se asocie a las crecientes movilizaciones de estudiantes, que hasta antes del mes de mayo habían sido escasas.

Otra área de gestión que cae significativamente en mayo es “cuidado del medioambiente”. Esta cae de 43% en abril a 37% en mayo, sin duda ligado al controvertido proyecto HidroAysén.

Evaluación del gabinete

La aprobación de los ministros se correlaciona fuertemente con lo acontecido durante el mes de Mayo, hace hincapié el sondeo. En general, se aprecia un deterioro en las evaluaciones de los ministros, si bien individualmente muchos de ellos se mantienen en evaluaciones muy superiores a las obtenidas por el Presidente y por el Gobierno en general.

El ministro de Energía y Minería Laurence Golborne se mantiene como el mejor evaluado del gabinete. Sin embargo, Golborne sufre una caída de 8 puntos porcentuales en el mes (85% en abril), registrando ahora un 77% de apoyo ciudadano.

El titular de Educación, Joaquín Lavín, también cae en su nivel de respaldo. Un 70% aprueba ahora su gestión, 8 puntos menos que en abril (78%). Misma caída sufre el Ministro Hinzpeter (Interior), cuya aprobación llegó al 59% (era 67% en abril). La ministra Von Baer disminuye su respaldo en 7 puntos, quedando en 58% (65% en abril).

También se deteriora la evaluación de la Ministra Carolina Schmidt que ahora llega al 62% (69% en abril último), caída probablemente explicada por las dificultades que ha presentado el proyecto de Posnatal.

Ajenos a estas caídas de aprobación se ubican varios ministros, que en general logran mantenerse: Cruz-Coke (Cultura), Matthei (Trabajo), Allamand (Defensa) y Larraín (Hacienda). Todos ellos mantienen estables sus niveles de respaldo respecto a la última medición de abril. Un 73% aprueba la gestión de Cruz-Coke, un 64% respalda la gestión de la ministra Matthei. Por su parte, el Ministro Allamand mantiene un 63% de respaldo, al igual que el Ministro Felipe Larraín de Hacienda, con 60% de evaluaciones positivas.

Metodología

Estudio cuantitativo con aplicación de encuestas telefónicas mediante sistema CATI. La muestra es probabilística con selección aleatoria de hogares y de entrevistados. Se utilizó un cuestionario estructurado de 20 minutos de duración. El universo está compuesto por los hogares que disponen de teléfono en los principales centros urbanos de las 15 regiones del país. El error se estima en aproximadamente +/- 3,0 % con un 95% de confianza. Se realizó entre el 04 y el 30 de Mayo de 2011.

Evaluación (oficial) de Adimak de Gobierno, Mayo 2011

Presidente Piñera obtiene su más baja aprobación desde que asumió el gobierno. Un 36% respalda su gestión y un 56% la rechaza.

En un mes marcado por el proyecto HidroAysén, manifestaciones estudiantiles y la cuenta pública del 21 de mayo, el presidente y su gobierno obtienen el más bajo nivel de respaldo ciudadano del período. Un 36% aprueba la gestión del mandatario, en tanto la desaprobación alcanza el 56%. Por segmentos, Santiago aprueba en menor medida la gestión del presidente (32%) versus las regiones (38%).

El Gobierno obtiene un resultado idéntico al del presidente. Un 36% aprueba al  Gobierno mientras un 56% lo desaprueba.

El sorpresivo movimiento ciudadano, de carácter nacional, que generó la tramitación del proyecto HidroAysén sin duda es parte de la explicación respecto a la caída observada. Pero sin duda también está el desorden social que generan las  manifestaciones de universitarios y algunos poco afortunados episodios (como caso bombas lacrimógenas). El esperado mensaje del 21 de Mayo, por otra parte, no parece haber generado algún efecto positivo que este estudio pueda identificar.

La evaluación de los atributos personales presidenciales muestra retrocesos en el mes. “Cuenta con liderazgo” disminuye 9 puntos (de 65% en abril a 56% en mayo) y su  “capacidad para solucionar problemas del país” lo hace en 8 (de 64% a 56%). El atributo más débil del presidente “es creíble” disminuye en 6 puntos desde abril (48%) y se ubica en 42% en mayo.
Áreas de Gestión

De la evolución en áreas de gestión evaluadas se desprende cuáles fueron los principales problemas que tuvo el gobierno durante el mes de mayo.

Primero, las que no fueron problema. Hay dos áreas que muestran estabilidad en los últimos tres meses: “relaciones internacionales” (69% positivo) y la “economía” (48% positivo).   Estas dos áreas de gestión   son las únicas en que el nivel de aprobación supera el de desaprobación, y son las áreas relativamente mejor evaluadas del gobierno.

El “empleo” también muestra estabilidad en su nivel de aprobación, con 39% positivo. Otra área, tradicionalmente crítica para el gobierno como es el “transporte público”, logra una leve mejoría. Desde marzo pasado la aprobación al transporte público ha aumentado en 4 puntos (23% marzo), se ubica en 27% de respaldo en mayo. Las percepciones han mejorado es especialmente en Santiago cuya aprobación aumentó en 3 puntos desde abril (17%) quedando en 20% en mayo.

El área de “Educación”, que hasta ahora mostraba evolución positiva,  sufre una significativa caída en mayo de 16 puntos respecto a abril (cuando alcanzaba 60% positivo). En mayo, se desplomó a un 44% de aprobación. Es probable que esto se asocie a las crecientes movilizaciones de estudiantes, que hasta antes del mes de mayo habían sido escasas.

Otra área de gestión  que cae significativamente en mayo es “cuidado del medioambiente”. Esta cae de 43% en abril a 37% en mayo,  sin duda  ligado al  controvertido proyecto HidroAysén.

Finalmente, en un mes bastante conflictivo,  también se deteriora la percepción   del manejo de la “delincuencia”. En mayo, un 33% aprueba esta área, 7 puntos menos que en abril (40%). Esto puede referirse  a un aumento en la percepción de las personas  respecto a la delincuencia tradicional, o a los actos delictivos  que ocurrieron durante las manifestaciones sociales (agresión a carabineros, destrucción de infraestructura pública).

Evaluación del Gabinete

Transcurridos 15 meses de instalado el gobierno, se aprecia ya una cierta  estabilidad en el nivel de conocimiento de los ministros del gabinete. Sin embargo, destaca el aumento en conocimiento  de la ministra de SERNAM Carolina Schmidt, de 45% (abril) a 49% y de la ministra Benítez de Medio Ambiente que de un 21% (abril) sube al 27%. El nuevo titular de Vivienda, Rodrigo Pérez Mackenna alcanza un 33% de conocimiento ciudadano en su primera evaluación pública en esta encuesta.

La aprobación de los ministros se correlaciona fuertemente con lo acontecido durante el mes de Mayo. En general, se aprecia un deterioro en las evaluaciones de los ministros, si bien individualmente muchos de ellos se mantienen en evaluaciones muy superiores a las obtenidas por el Presidente y por el Gobierno en general.  El Ministro de Energía y Minería Laurence Golborne se mantiene como el mejor evaluado del gabinete. Sin embargo, Golborne sufre una caída de 8 puntos porcentuales en el mes (85% en abril), registrando ahora un 77% de apoyo ciudadano.

El ministro Lavín, Educación, también cae en su nivel de respaldo. Un 70% aprueba ahora su gestión, 8 puntos menos que en abril (78%). Misma caída sufre el Ministro Hinzpeter (Interior), cuya aprobación llegó  al 59% (era 67% en abril). La ministra Von Baer disminuye su respaldo en 7 puntos, quedando en 58% (65% en abril).

También se deteriora la evaluación de la Ministra Carolina Schmidt que ahora llega al 62% (69% en abril último), caída probablemente explicada por las dificultades  que ha presentado el proyecto de Posnatal.

Ajenos a estas caídas de aprobación se  ubican varios ministros, que en general logran mantenerse: Cruz-Coke (Cultura), Matthei (Trabajo), Allamand (Defensa) y Larraín (Hacienda). Todos ellos mantienen estables sus niveles de respaldo respecto a la última medición de abril.  Un 73% aprueba la gestión de Cruz-Coke, un 64% respalda la gestión de la ministra Matthei. Por su parte, el Ministro Allamand mantiene un 63% de respaldo, al igual que el Ministro Felipe Larraín de Hacienda, con 60% de evaluaciones positivas.

Identificación con Coaliciones e instituciones del Estado

La identificación con el Gobierno se mantiene estable en 36%,  mientras que con la   Oposición aumenta 3 puntos y queda en 39%.  Caen aquellas personas que no se  identifican con uno u otro.

Como ya se ha visto, Oposición y Concertación están lejos de ser sinónimos. La aprobación de la Concertación cae 3 puntos en mayo y queda en 23% (26% en mayo). La Coalición por el Cambio también disminuye su respaldo y se ubica en 32% (36% en abril). El rechazo hacia Coalición y Concertación continúa aumentando hasta niveles inéditos: Coalición 57% de rechazo. Concertación 65% de rechazo.

Las evaluaciones hacia el Congreso también empeoran. Un 30% aprueba la gestión del Senado, mientras que un 24% aprueba la gestión de la Cámara de Diputados.  Ambas cámaras están en los peores niveles  de los últimos 15 meses.

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