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EL CAPITAL DEL SIGLO XXI: Comentario crítico desde la economía política. Por Héctor Vega *

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El libro de Thomas Piketty, Le Capital au XXIè siècle. Seuil, Les Libres du Nouveau Monde, 2013 [976 páginas con tablas y estadísticas], tiene el gran mérito de contribuir al esclarecimiento de la desigualdad de ingresos en algunos países [34] de Europa y EEUU. La estadística de la obra sobre el capital, según lo aclara el autor, proviene esencialmente de fuentes fiscales e intenta describir un mapa de la distribución de riquezas. El capital en Piketty tiene una acepción diferente al concepto en Marx. Se trata de una diferencia no sólo en lo conceptual sino además en la intención. Para Marx el propietario de los medios de producción, sean estos capital físico o en dinero, maneja un medio de explotación. En Marx la tasa de explotación, es decir la proporción de trabajo excedente con respecto al trabajo necesario es el concepto genérico aplicable a todas las sociedades de explotación. La plusvalía sólo se aplica al capitalismo, donde el producto del trabajo asume la forma de valor. Marx desentraña el sentido de la explotación en su forma capitalista, es decir mediante la plusvalía, la cual se extrae del trabajador en un proceso en el cual éste vende su fuerza de trabajo pero no vende el valor trabajo que crea. Los reformadores del modelo no buscan cambiarlo. La obra de Marx es el paso central para desactivarlo. Es decir, desactivar una situación de poder.

Marx nunca se hizo ilusiones acerca del cambio del sistema capitalista desde su lógica puesto que los capitalistas siempre han tenido claro el medio a través del cual obtienen sus ganancias: el mercado. Con un sarcasmo, que intenta apaciguar ilusiones y esperanzas, Marx nos instruye acerca de la lógica del sistema. No se trata de acusar el capitalismo a la manera ingenua de los idealistas que describen la explotación como un robo. Si todo se intercambia a su valor –y el mercado lo fija– para qué ocuparnos de cuanto le corresponde al trabajador, –razonan los capitalistas– puesto que no es el trabajador que crea el valor sino el mercado. Así, el valor como el costo son hechos establecidos e inamovibles. El costo es el valor de la subsistencia del trabajador…y punto.

I° En el siglo XXI, los esfuerzos de los capitalistas van dirigidos a la integración de los trabajadores en el sistema.
[Notas al final del texto]

Marx entiende que es en el mercado donde se realizan los valores y desde donde se reproduce el sistema que deberá dar la solución de crecimiento del producto que haga compatible dicho crecimiento con la distribución de la riqueza. –, puesto que desde ese producto se extraerán los recursos para su crecimiento. Pero ¿adónde nos conducirá el crecimiento de ese producto? ¿Podrá generarse suficiente riqueza como para ser distribuida igualitariamente? Las estadísticas que proporciona Piketty bastan para desechar esa ilusión. Pero, ¿Es posible redistribuir los ingresos en el seno de la misma estructura que preside la distribución, mediante impuestos a los ingresos, a la herencia y la firma de un decreto destinado a elevar el salario mínimo, como Piketty lo propone? Al igual que la ilusión anterior esta propuesta parece un ejercicio ingenuo e inútil que deberíamos recomenzar cuando el mercado y el orden establecido, donde reinan los monopolios, las grandes corporaciones y los bancos, restablecieran el valor al cual se intercambian los productos y se redefinan las partes que correspondan a patrones y trabajadores. En definitiva ¿basta expropiar los ricos para compensar los pobres? Pregunta pertinente a hacerse puesto que no está en la intención de Piketty cambiar el sistema capitalista.

Piketty rechaza las ideas fundamentales de Marx en relación al sistema capitalista; se centra en la valorización de activos tangibles y financieros y la transferencia de dichos activos mediante la herencia del patrimonio de una generación a otra. Patrimonio que desarrolla un crecimiento sin límites y que se transmite hereditariamente. Olvida que el capitalismo financiero mediante los mecanismos de la Deuda [crédito, emisión de deuda de las empresas, gestión de la deuda mediante derivados] involucra al conjunto de la población, promueve el ahorro forzoso de millones de trabajadores, como es el caso de los fondos de pensiones, desde donde se proporciona estabilidad al sistema financiero del capitalismo –, sin que los trabajadores sean necesariamente parte de las ganancias.

Inherente al capitalismo es el control de los medios de producción, lo cual permite la recuperación del valor agregado por el trabajador. Piketty confunde activos de diversa clase que constituyen la riqueza de la sociedad, unos que entran en el consumo, como por ejemplo la riqueza patrimonial inmobiliaria, con otros, tangibles o intangibles, donde su función económica es la de medios de producción, que contribuyen al incremento de la producción del período siguiente.

El rendimiento del capital se mide según la rentabilidad del mercado de los Ingresos de la Propiedad.[1] A la cual se agregan elementos adicionales a saber, externalidades, proporcionadas por el estado y exentas de impuestos, cual es el caso de la infraestructura pública; bienes públicos, como el agua, la educación, el medio ambiente, la seguridad pública…cuyo costo se transfiere a la sociedad, e implica un mayor rendimiento del capital.
Se pueden citar otros casos donde el rendimiento del capital se incrementa, generando con ello externalidades negativas; por ejemplo, explotaciones mineras donde la investigación sobre el costo verdadero [true cost] revela situaciones en que muere la actividad agrícola por el uso excesivo e indiscriminado del recurso agua [caso del altiplano chileno] inherente a la actividad minera; o la contaminación de la napa freática con daño a la salud de los habitantes del valle [caso de Pascua Lama en la cordillera o del proyecto minero Pacto-Junín en Ecuador entre muchos otros en el mundo[2]]; situación de las salmoneras en regiones septentrionales de Chile con transmisión de virus y contaminación del ambiente ictiológico…Pero también la actividad gananciosa de estas externalidades negativas daña el valor de otros activos, como por ejemplo refinerías o plantas nucleares instaladas en la proximidad de complejos inmobiliarios, etcétera…En resumen se trata del daño al desarrollo general de la economía a través del daño al “capital natural”[3].

Piketty no entra en esas distinciones, mide el valor de los activos por la relación capital-producto [= ingreso], donde los activos parecieran valorarse según su calidad de factor de producción. Opción de la economía neoclásica donde capital y salarios, como parte de una función de producción, se remuneran según la productividad marginal de cada factor. Se legitima así la ganancia como la justa retribución a una contribución indispensable y con ello se elimina cualquier posibilidad de evaluación crítica de los ingresos del capital y del trabajo en la relación entre el crecimiento del Producto y el rendimiento del capital.

II° La relación r>g

La relación central de Thomas Piketty es r>g, que valida con estadísticas desde casi 300 años de historia económica de países avanzados principalmente EEUU y Europa. “r”, es la tasa de crecimiento del rendimiento del capital; “g” es la tasa de crecimiento del producto.
En la remuneración del capital “r”, Piketty incluye en promedio en el curso del año, ganancias, dividendos, intereses, arriendos…en porcentajes. “g” representa la tasa de crecimiento de la economía, es decir el crecimiento anual del ingreso y la producción.

¿Por qué la relación de remuneración del capital [r] crece de manera desmesurada respecto al crecimiento de la economía [g], aumentando con ello la desigualdad en los ingresos? ¿Puede reproducirse en el siglo XXI esta situación constatada en los últimos dos siglos, con efectos dramáticos sobre la desigualdad de los ingresos? Son las interrogantes que plantea el trabajo del autor.

Controversias sobre la base conceptual de los cálculos que presenta Piketty oscurecen la relación r>g sobre todo en lo que se refieren a su valor como propuesta de validez general. Según lo precisa Eric Walravens, Piketty define junto con Gabriel Zucman en un trabajo anterior, “g” como el ingreso nacional que incluye ingresos de la tierra, los inmuebles, los bienes domésticos y los ingresos netos obtenidos del extranjero. Esta definición, según Walravens, es más precisa que el PIB pero es diferente pues incorpora componentes del PIB y del PNB. [4]

Piketty toma el capital como un capital patrimonial inmobiliario, o de herencia en términos de activos financieros. Es una contabilidad de activos donde el funcionamiento de la economía y por consiguiente la dinámica de las variables capital y producto no tienen otro sentido que coeficientes técnicos capital/producto. En términos de activos productivos, la ganancia es función de la inversión. No existe ningún tipo de proporcionalidad en esa relación –, a menos que se trate de un modelo estático, con un Presupuesto público y Balance externo en equilibrio donde, con un nivel de inversión se determine la ganancia y la producción.

Piketty establece el rendimiento del patrimonio capitalista, en los últimos 3 siglos por sobre 4 puntos sobre el crecimiento del producto. En el largo plazo el rendimiento del capital [r], antes de impuestos, se situaría entre 4% y 5% incluso entre 3% y 6%. En los siglos XVIII y XIX estas cifras oscilarían entre 4% y 5% y en el siglo XX entre 3% y 4%. Antes del siglo XX, señala el autor, prácticamente no había impuestos sobre el patrimonio. Plantea así mismo que los ingresos del capital en relación al Ingreso Nacional oscilan en el largo plazo entre 25% y 40%, donde el saldo, 75% y 60% respectivamente, representa la parte de los ingresos del trabajo.

Según las estadísticas del autor, el crecimiento del producto [g] en los dos últimos siglos, ha sido inferior a 1%, incluso, entre 0,2% y 0,5% antes del siglo XIX y salvo el siglo XX, período en que ha sido sensiblemente superior. El autor comenta que bastaría que los herederos ahorren una parte limitada de los ingresos del capital, por ejemplo 1%, para que el capital heredado por las generaciones venideras fuera un quinto del crecimiento del producto.

Cabe preguntarse, –el autor no lo plantea– el escenario a que debería enfrentarse la humanidad si r=g. Desde ya el hecho que “r” crezca más que “g” centra la discusión en la distribución del Ingreso Nacional entre los poseedores del capital, digamos “R”, y los poseedores de la fuerza de trabajo, “W”. Pues equiparar el crecimiento del producto observado [1%] al actual rendimiento del capital [4%], es decir, r=g, equivaldría a plantear en términos de distribución del Ingreso, W=R.

Suponiendo que el sistema capitalista actual se mantiene, y con ello la relación constante capital-producto que plantea el autor, y por tanto el rendimiento del capital de 4%, habría que plantearse el precio al cual debería lograrse tal igualdad de ingresos entre capitalistas y trabajadores. Imagino que en términos de infraestructura productiva, activos de todo tipo, materias primas, etcétera los medios necesarios serían equivalentes a varios planetas Tierra. Las condiciones tecnológicas en que se sustenta el aparato productivo, así como las actuales fuentes de energía…y sobre todo la rentabilidad del capital que señala Piketty, manteniéndose dichas condiciones, ponen un punto de interrogación acerca de la continuidad del sistema productivo actual. Quiero decir que esta reflexión nos lleva, más allá del reparto del Ingreso, a plantearnos la viabilidad material y los efectos dramáticos producidos por el modo de explotación del actual sistema capitalista y sus efectos en el calentamiento global.

Baste citar el caso de EEUU. Estudios llevados a cabo revelan una realidad preocupante de daños económicos irreversibles causados por el cambio climático y las emisiones de carbono –, una de las bases materiales del desarrollo de la revolución industrial en el curso de los siglos XVIII y XIX. Actualmente se comprueba una temperatura promedio de la superficie terrestre de 0,74 Celsius por sobre su promedio en el siglo XX. En el período 1970-1990 se calculó una baja de la productividad del país de alrededor de 1.5%. Regionalmente se comprueban bajas de la productividad de 3% en el sureste de EEUU con daños por tormentas, incendios, olas de calor con daños evaluados en miles de millones de dólares, a lo cual se suman en Nueva York, los efectos del huracán Sandy.[5] Con el alza en el nivel del mar con propiedades que quedarán físicamente bajo la superficie del agua en la costa este de EEUU, se proyectan para 2050 pérdidas entre 60 mil y 106 mil millones de dólares. De continuar el deterioro ambiental al ritmo actual, a fines del siglo las pérdidas aumentarían entre 238 mil y 507 mil millones de dólares. Por el calor extremo, en Estados del suroeste y grandes llanuras se calculan pérdidas en rendimiento medios de 50 y 70% en cultivos anuales de maíz, soya, algodón, trigo. Pérdidas que superarían las ganancias en áreas de menor temperatura. Actualmente este escenario se replica en el mundo con efecto sobre los precios de materias primas como el café, el azúcar y la soya, y repercusiones en la recuperación económica de los países desarrollados. Todo ello con efectos desestabilizadores sobre países que importan la mayor parte de sus alimentos.

La reflexión de Piketty no se encamina por esas rutas. Si crece la ganancia más que el producto significa que el producto crece en desmedro de sueldos y salarios con lo cual nos dice Piketty, y esta es su propuesta clave, que el corazón del problema es que la tasa de rendimiento del capital privado es demasiado alta y la mejor solución es en consecuencia bajar esa tasa de rendimiento. ¿Cómo? –, se plantea Piketty. Su respuesta es ¡Aumentando el salario mínimo! a lo cual agrega el incremento de la tasa impositiva del ingreso y la herencia.

Según los cálculos de Piketty la magnitud del patrimonio heredado alcanza a tales niveles que bastaría un ahorro suplementario para que dicho patrimonio creciera mucho más rápidamente que el producto. Con lo cual, al menos teóricamente, habría que enfrentar la hipótesis de capitalización de 100% de los ingresos. Se excluye de esta hipótesis las fluctuaciones del ahorro y la inversión y por tanto la tasa de acumulación del capital. Si la remuneración del capital explica la inversión, es porque en un período anterior dicho rendimiento, constituyó en parte, el ingreso de los capitalistas, y en parte los fondos de utilidad no retirados de la empresa, en total, ahorro del lado capitalista, con funciones diferentes pero que desde el lado de los ingresos, independientemente de la función que puedan cumplir estos [consumo, inversión, liquidez], justifican un nivel de demanda efectiva alcanzado a través de su mediación.[6]

III° Replantear la relación r>g nos obliga a pensar en un cambio de sistema que Piketty elude

Las cifras de Piketty demuestran que la remuneración del capital [r] crece en función directa de la inversión, y la producción [g] desciende en relación con la remuneración del capital [r].

El crecimiento de la tasa de rendimiento del capital no parece plantear dudas, pero la relación de crecimiento de la producción sí parece plantearlas. ¿Por qué el crecimiento de la inversión no se refleja en el crecimiento de la producción en los períodos estudiados por Piketty?

La fructificación de la inversión, es decir su efecto en el nivel de la producción no se realiza necesariamente en el tiempo que corresponda a un período [por ejemplo, un año] –, no es instantánea. Ello explica el cálculo de valor presente de los recursos financieros que se invierten, a la tasa de interés corriente operando en el mercado, y la cantidad de la inversión que se decide finalmente teniendo en cuenta su rendimiento. Segundo, la mayor producción no se obtiene de las ganancias sino de la inversión y esta última es financiada por el ahorro. De aquí surge la relación central entre riqueza –bajo la forma de ahorro– y la inversión. Tercero, la mayor demanda, producto del Producto Nacional Bruto, puede incluir cifras de mayor consumo, déficit presupuestal y excedente de exportaciones, procesos que no se traducen necesariamente en crecimiento de la producción.

A continuación un ejemplo necesario e importante.

Difícilmente la economía China volverá a registrar cifras de crecimiento del PNB a alrededor o a más del 10%; pues ha franqueado la etapa del mayor crecimiento en sectores dirigidos a la exportación, para orientarse hacia el mercado interno, con una mayor demanda [además de mayor sofisticación] explicada por la movilidad social de sectores de la población de clase media instalada en los grandes centros urbanos. En el presente, las tasas de crecimiento se calculan alrededor del 7%. La actividad no baja: se reorienta. Imperan nuevas demandas donde el crédito, de instituciones públicas o privadas, cubre desajustes entre inversión y producción; se ordena a los gobiernos regionales que aceleren el gasto; que cubran nuevas exigencias medio ambientales; coberturas en educación, salud, vivienda; se disminuya la cantidad de dinero en efectivo que algunos bancos deben tener como reserva; se bajan impuestos, etcétera.

La estadística tras la relación r>g no explica estos procesos de arbitraje entre el presente y el futuro lo cual explica las soluciones que Piketty ofrece al final de su obra –, por decir lo menos modestas: alza de impuestos a los ingresos del capital y al patrimonio hereditario y elevación del salario mínimo. Medidas que no impedirían, al cabo de un tiempo, la reproducción de las desigualdades del presente, ahondadas por las fluctuaciones del ciclo.

De hecho Piketty no se enreda en el funcionamiento de la economía. Da por sentado que desde que el rendimiento del capital sobrepasa significativamente el crecimiento de la economía, mecánicamente los patrimonios del pasado se recapitalizarán en un ritmo más rápido que el de la producción y los ingresos. Sus evidencias estadísticas reflejan épocas de conflictos bélicos [1914-1918; 1939-1945], así como períodos de reconstrucción [pos 1945] donde no cabe sumar, para los efectos del rendimiento del capital, activos fijos a valores del mercado financiero.
Comparativa que tiene importancia cuando se trata de analizar la importancia de la acumulación del stock de capital en el proceso de rendimiento del capital.

El autor muestra que posterior a 1970 los ingresos del capital aumentan. En el mundo anglo-americano, sus cálculos señalan que el ratio capital-producto se incrementa entre 250% y 300% del ingreso de esa época, contra 500-600% de hoy día. Lo cual refleja el carácter dominante del capital en la vida económica del presente. De allí proviene el carácter central de la relación r>g que se centra en el volumen físico del capital que proviene año tras año del ahorro-inversión.

Sin un análisis de las fluctuaciones del ahorro y la inversión en el ciclo, como lo pretende Piketty cuando nos describe la desigualdad creciente que se avecina en el siglo XXI, difícilmente podremos establecer los ingresos del capital y menos aún su proyección. Peor aún, caemos en el escenario de una teoría del crecimiento sin fin de los patrimonios. En este esquema la clase media reemplazaría a los rentistas, escenario en el cual 40% de la clase media se haría de 33% del ingreso nacional, en la lógica del sistema que vislumbra Piketty bajo el paraguas de la “recapitalización a ritmo más rápido que el crecimiento de la producción y los ingresos”. El resto, aparte de la cúspide de la pirámide de ingresos, no incluido en la lógica de Piketty, funda su movilidad en esquemas compensatorios del Estado en vivienda, salud, educación, programas asistenciales…y la deuda.

División de roles en un paraíso liberal donde la ganancia condena a los menos hábiles; los ricos y más inteligentes se hacen de la parte del león. Resultado al cual nos lleva la convicción de Piketty de una “recapitalización mecánica de los patrimonios del pasado.” Se elimina así toda lucha política y social, donde el ordenamiento de los ingresos –con desigualdades extremas– aparece reglado por la mecánica de la economía. En todo caso esta mecánica resulta menos cruel que las constataciones de Vilfredo Pareto en 1909 cuando escribía que los débiles morirán de hambre antes que su existencia lleve a la degeneración de la sociedad. Se puede –agregaba Pareto– comparar el cuerpo social al cuerpo humano que prontamente moriría si se le impidiera de eliminar las toxinas [7].

Sin embargo, la recapitalización mecánica no existe. La capitalización no es el proceso lineal que quiere ver Piketty, con su secuela de ricos permanentes fortaleciendo su riqueza patrimonial. Por el contrario, las fluctuaciones del ciclo elimina a muchos de ellos y otros deben contentarse con aumentos moderados en sus remuneraciones –, dado los montos involucrados esto último no parece tener efectos dramáticos en la riqueza de los altos ejecutivos. [8] Si se examinan los salarios de los más altos ejecutivos se comprueba que sus salarios están ligados fundamentalmente al desempeño financiero de sus firmas, donde se incluye en la remuneración total, salario, incentivos, opciones de acciones y bonificaciones. [9] Es decir bases variables, si no, aleatorias.

El debate que preconiza Piketty se sitúa al nivel de un sistema cuyas soluciones no tienen en definitiva otra expectativa que compensaciones cuyo rol social consiste en absorber la crítica fundamental al sistema y la incorporación de los trabajadores a éste mediante la Deuda [infra]. Lo cual puede parecer una caricatura de lo que la clase política chilena [entre muchas otras en el mundo] denomina como objetivo social: la inclusión. La inclusión significa políticas sociales, subsidios del Estado y la voluntad política de ampliar espacios democráticos de ejercicio del poder. Lo cual activa la movilidad social desde capas empobrecidas de la población hacia la clase media con mejores opciones de trabajo y con ello, de calidad de vida. Se crean nuevos criterios relativos al acceso a la educación, salud, vivienda, medio ambiente…y a la justicia social que los resume en su totalidad. Cuando el sistema económico no asegura estos nuevos criterios surgen métodos abreviados, más próximos del crédito o la manipulación bancaria –en definitiva la Deuda– que se sustituyen a cambios políticos y sociales necesarios. Cuando esto ocurre, como un fenómeno generalizado en el cuerpo social, es el momento de preguntarse acerca de las fallas en que hemos incurrido en nuestro proyecto de inclusión.

Dada la velocidad de los cambios en el corto plazo y las variables que intervienen, el desarrollo de los acontecimientos se aprecia claramente en el examen de la Oferta y Demanda Global de la economía. A los fenómenos de inversión y consumo se agregan los de la deuda privada o pública, o financiamientos compensatorios para aquellos que acceden a un mercado de consumo de mayor amplitud sujeto a las fluctuaciones del ciclo. Todo lo cual no implica necesariamente crecimiento, pero sí Deuda financiada mediante el desequilibrio del balance exterior [exportaciones-importaciones, i.e., X-M] o del déficit presupuestal [Gasto-Impuestos, i.e., G-T]; deuda bancaria o estatal…arbitraje entre presente y futuro en períodos de inversión-producción.

Pero ese no es el mundo de Piketty, la desigualdad de los ingresos supone que la recapitalización de los patrimonios del pasado se realizará más rápidamente que el crecimiento de la economía, con nulo crecimiento del ingreso de los trabajadores. En la hipótesis de g=1% y r=5% [en la relación r>g], como ya lo vimos más arriba [p. 4], bastaría ahorrar un quinto de los ingresos del capital para que el capital heredado de la generación precedente progresase al mismo ritmo que la economía en su conjunto. Con un ahorro superior al 1%, el patrimonio tendría tendencia a aumentar rápidamente. Es la ventaja en que nos sitúa el rendimiento del capital.

¿Tiene sentido explicar importantes desigualdades sociales sin entrar en las soluciones que ha buscado el capitalismo financiero? ¿Cómo ha resuelto el mercado en el corto plazo la inclusión dentro de la desigualdad de ingresos? Es la pregunta de millones de consumidores que viven de la Deuda.

Si en la búsqueda de una solución apostamos al crecimiento, es decir a la inversión, caemos en instrumentos del mercado que en parte administra el estado y en parte los privados. Mediante el ahorro total de la población [capitalistas y trabajadores] justificamos la inversión y lo que falta se cubre con el excedente de las exportaciones y el déficit presupuestal. Sin embargo, lo que el balance de fuente y uso de recursos no revela son las fluctuaciones del ciclo cuando las expectativas de ganancias futuras no se cumplen y las expectativas de inversión son menores debido a las menores ganancias del período anterior. De hecho, los procesos de inversión y consumo fluctúan según el ciclo por lo cual no dependen necesariamente de las ganancias que se han obtenido en el período anterior, pues pueden variar en base a acontecimientos sobrevinientes. Esto puede verse claramente en la ecuación de las ganancias formulada por M. Kalecki donde el lado izquierdo [ganancias brutas deducidas los impuestos] aparece justificado en el lado derecho con la inversión bruta, el excedente de exportaciones, el déficit presupuestal y el consumo de los capitalistas, menos el ahorro de los trabajadores.

Esa contabilidad nacional aclara los elementos que de un lado y otro sitúan los elementos que en un paso posterior explican el ahorro necesario para un nivel de inversiones [Ver infra]. Pero, no explican los procesos del capitalismo financiero durante las fluctuaciones del ciclo. Sin esa problemática las arremetidas de Piketty contra la injusticia, en el largo período en estudio [1740-2014], no quedan sino en eso. [10]

En presencia de salarios bajos la estrategia anti cíclica apostará, a partir de la tasa de interés de corto plazo, restablecer el crédito, es decir la deuda, para reactivar las transacciones del mercado. Si M, es cantidad de dinero; T, transacciones; V, velocidad del dinero; ri la tasa de interés de corto plazo; la función del dinero en la coyuntura se expresará por T/M = V[ri]. Lo que significa que dada la función de velocidad del dinero [V], la tasa de interés a corto plazo, ri estará determinada por el valor de las transacciones, T, y la oferta de dinero, M, que determina la política bancaria de corto plazo. [11] Es así como se logra, a una inversión dada, un nivel de ingreso y empleo, es decir un nivel de demanda efectiva. Salarios [W] compatibles a ese nivel se obtendrán agregándoles la deuda [W + Deuda], e incluyendo, de esa manera, la población al mercado mediante el crédito y el dinero plástico.

La tasa de interés del mercado resuelve el financiamiento del lado de las empresas, puesto que se trata de una variable financiera que varía en relación al valor de activos físicos de capital y desde la cual se calcula la utilidad de dichos activos. En el caso del capital financiero la tasa de interés real es una variable financiera que varía en relación al valor de activos de capital financiero.

Hasta aquí los impuestos que propone Piketty no son sino un acompañamiento que capitalistas y comerciantes tienen en cuenta e incorporan en la administración de la deuda cuando se deciden las tasas de interés que gobiernan su monto. Según lo ya explicado, si se aprobaran tales impuestos, lo más probable es que éstos sean recuperados según los mecanismos de la deuda. Todo ello sin mencionar la evasión y la elusión tributaria, tema recurrente en las economías sean estas avanzadas, emergentes o subdesarrolladas.

La deuda como parte del equilibrio social entre capitalistas y trabajadores juega un papel que desestima Piketty. Es la cuestión central al problema del poder y que abordaremos en el párrafo siguiente.

IV° De los ingresos de la propiedad capitalista y el papel de los trabajadores en la reproducción del capitalismo financiero

De los ingresos y Deuda de sectores surge la relación entre sectores de la economía, relación donde las ganancias de un sector se explican por los ingresos de otros. En primera aproximación el análisis de los grandes agregados de la macro economía permiten ver los efectos de los ingresos de la propiedad.

Partamos con los agregados macroeconómicos. A partir de la propiedad del capital inmobiliario y activos de capital, actual o heredado, Piketty calcula un ingreso de la propiedad, bajo la forma de ganancia, renta o interés. Sin embargo, falta algo en la explicación. No basta constatar la importancia del capital patrimonial, sus titulares y su evolución estadística, si no se dilucida el efecto de los ingresos de la propiedad en el ahorro. ¿Cuál es el sentido de la riqueza, y del ahorro que esta devenga, en la inversión durante el ciclo de corto plazo? ¿Qué sucede si el ahorro interno no es igual a la inversión? Allí, en ausencia de ahorro, surgen los interrogantes.
¿Deberemos remitirnos a la deuda interna, o internacional; a la circulación de dinero entre las economías avanzadas y emergentes; [12] al ahorro forzoso de los trabajadores [fondos de pensiones]; al uso de externalidades positivas [o fallas de mercado]; a nuevas formas de realización del excedente [a la Baran]; a nuevas técnicas de intermediación bancaria…?

En globalización los flujos de capitales juegan un rol subsidiario fundamental en la viabilidad del sistema capitalista financiero. Es decir, subsidiario al gran proyecto político de las clases dominantes cuya objetivo final es el de involucrar al conjunto de la sociedad en el financiamiento del sistema. Analizaremos a continuación dicho proyecto, para en el párrafo siguiente abordar la relación de los mercados financieros globales en el gran proyecto de las clases dominantes.

El gran proyecto de financiamiento que desarrollan las clases dominantes en las economías no es una problemática que se aborde en el esquema de Piketty. Pues las proyecciones de sus estadísticas proporcionan sólo resultados anuales [Ver crítica supra]. Piketty deja al lector resolver el proceso de ecualización del ahorro con la inversión. No es su problema y ello plantea la duda sobre la relación central de su texto: la desigualdad en la distribución de los ingresos, cuando ella surge precisamente de las ganancias del capital. Tema abordado en el curso de los ‘30 por Michael Kalecki y la Escuela de Cambridge en los ‘60 del siglo pasado [13].

Dicho razonamiento puede resumirse de la manera siguiente. Cuando la inversión produce un alza de precios en relación al salario y con ello un exceso de demanda efectiva y por consiguiente un alza en los márgenes de ganancia, tendremos el ahorro disponible y de esa manera la ecualización del ahorro con la inversión. Con lo cual la distribución del ingreso entre tasa de salarios y tasa de ganancias, aparece influenciada por la tasa de inversión a través del nivel de precios. Como la posibilidad de ahorro de los capitalistas [o su posibilidad de administración y manejo del ahorro forzoso de los trabajadores, o de la intermediación bancaria, o instituciones financieras en la administración de la deuda] es superior a la de los trabajadores, la ecualización de ahorro e inversión podrá realizarse. Esa es la lógica tras el crecimiento del Producto. Sin explicar la lógica de relaciones entre el ahorro, la inversión, la ganancia y el nivel de precios, no se entiende la participación de los trabajadores en el funcionamiento y reproducción del capitalismo financiero. Proceso que no resuelven las cifras que presenta Piketty en la relación r>g.

En un esquema de relaciones entre 3 sectores de la economía, o departamentos, M. Kalecki aclara la teoría de las ganancias en la distribución de los salarios. Con lo cual nos da una indicación acerca de la lógica de un sistema que basa precisamente su continuidad y desarrollo en la participación “acordada”, bien o mal, con aquellos que poseen la fuerza de trabajo pero no los medios financieros para administrar la Deuda.[14]

El esquema parte del proceso de desajuste entre inversión y ahorro, con las variables de inversión, ganancia e ingresos y nivel de precios. Los 3 sectores de producción o departamentos son los siguientes: un sector de la economía dedicada a la producción de bienes de capital [I], otro, orientado al consumo de altos ingresos [II], y otro al consumo de trabajadores o población de medianos y bajos ingresos [III].

El caso es argumentado por Kalecki en los términos siguientes. Si la mala distribución de ingresos del lado de los trabajadores limita su capacidad de consumo a la producción de dichos bienes, cualquier aumento de inversión del lado de los capitalistas causará un aumento de precios de dichos bienes, lo cual elevará las ganancias en el sector de bienes de consumo para los trabajadores [departamento III de la economía]; beneficiará los salarios en el sector de producción de bienes de inversión [departamento I] y de bienes de consumo para los capitalistas [departamento II]. La tasa real de salarios descenderá reflejando el hecho que el aumento del importe total de los salarios encuentra una oferta invariable de bienes de consumo. Digamos que Kalecki basa su argumento en el supuesto de una oferta elástica.

En síntesis el alza de precios, en relación al salario, determinada por el crecimiento de la inversión llevará a un exceso de la demanda efectiva y por consiguiente al alza de los márgenes de ganancia. Con lo cual aumentará el ahorro disponible y por esa vía se ecualizará el ahorro con la inversión. Inversión que se efectúa según la relación que existe con el stock de capital. 30 años después, en los ‘60, la Escuela de Cambridge retomará la solución de la ecualización de ahorro e inversión dada por Kalecki.
Kalecki sintetiza la relación entre los 3 departamentos de la economía. “La producción de los departamentos I y II también determinará la del departamento III si se conoce la distribución entre ganancias y salarios en todos los departamentos. La producción del departamento III se llevará hasta el punto donde las ganancias obtenidas de esa producción serán iguales a los salarios de los departamentos I y II. Para expresarlo de otra manera, el empleo y la producción del departamento III se llevarán hasta un punto donde el excedente de esta producción sobre lo que los trabajadores de este departamento compran con sus salarios, sea igual a los salarios del departamento I y II”.[15]

Los desajustes entre el ahorro y la inversión surgen de la organización de la producción, en monopolios, oligopolios, carteles, grandes corporaciones…etc., cuando se realiza el producto en el mercado. En la teoría de Kalecki estos son los “factores de distribución” de la economía.[16] Factores de distribución del ingreso y por tanto del consumo de los trabajadores, la producción y el empleo nacionales. Es la solución del sistema donde la realización del producto está determinada por la suma de la inversión y el consumo de los capitalistas. Las modalidades de realización en el mercado, abarcan las externalidades positivas, y la obtención de recursos compensatorios al ingreso propios de la economía capitalista actualmente en crisis. Es un marco de interpretación no sólo de las desigualdades sino además de factores centrales de cualquier transición hacia otro sistema.[17]

A partir de la segunda mitad del siglo XX se activa el trabajo sobre los factores de distribución, inquietud que recientemente puede verse en el trabajo de Saez y Zucman en EEUU.[18] En su trabajo ven las desigualdades como un atentado a la democracia. Subrayan que los Okupa[19] fallan al identificar el enemigo pues los verdaderos culpables de la desigualdad de ingresos no es el 1% al cual culpan sino un grupo más pequeño de un 10% de ese 1%, i.e., los top 0.01% quienes han recibido la mayor parte de los ingresos en estos últimos 30 años. Lo cual, piensan, al igual que Piketty, que es una situación que puede repetirse en el siglo XXI, con estándares de desigualdad media alta [‘medium’ inequality] más equivalentes al siglo XIX, que a la desigualdad media [‘medium’ inequality] de la pos guerra mundial II.

¿Intenta Piketty expropiar a los ricos? La situación descrita por las organizaciones internacionales dedicadas al recuento de los ricos es clara. Oxfam presentó en el World Economic Forum [enero, 2014] un informe en que revelaba que los 85 individuos más ricos del mundo poseían valores equivalentes al poseído por la mitad más pobre de la población del mundo, es decir 3500 millones de individuos [incluyendo niños]. Según las cifras ambos grupos poseen US$ 1.7 billones [millones de millones]. Esto es 20 mil millones de dólares si Usted pertenece al primer grupo y 486 dólares si perteneces al segundo![20]

V° De cómo el riesgo especulativo se instala en el siglo XXI de la globalización

A fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI se estimó que los desajustes de la relación capital-producto en la economía privada y en el marco de una balanza de pagos equilibrada podían resolverse, en un ambiente de globalización del mercado de capitales. La obra de Piketty no arroja luces sobre la evolución de dicha relación. Lo que observamos en cambio es la erosión del principio que sustenta la globalización financiera a saber, fondos financieros cuando existen fundadas expectativas de crecimiento de la economía. En su lugar predomina un sistema sustentado en la Deuda [emisiones de deuda dependiente de la liquidez sustentada por los bancos centrales] que vive entre el financiamiento y los malos resultados –, en un ambiente pletórico de apuestas sobre el futuro.

[El alivio monetario norteamericano [Quantitive Easing, QE, 85 mil millones de dólares mensuales en régimen –, actualmente 50 mil millones. Se espera que la FED termine el programa de la QE con 15 mil millones de dólares en octubre 2014], eficazmente auxiliado por la impresora de billetes de la FED ilustra claramente el principio de la palanca monetaria y sus efectos desestabilizadores en la economía mundial].

El período de las dos guerras mundiales del siglo XX y la reconstrucción significó inversiones masivas dirigidas por el Estado en sectores con necesidades de capital. Hoy, procesos de innovaciones, nuevos horizontes de la investigación, búsqueda de materias primas, desafíos en la búsqueda de fuentes de energía, cambios climáticos por el efecto invernadero, muestran la lógica exponencial de las inversiones que dichas situaciones debieran producir en la decisión de los gobiernos. Sin embargo, las urgencias creadas por la desestabilización del sistema se trasladan a la administración de la Deuda. Con la titularización y creación de productos derivados, con un riesgo transferido a otros se crearon fluctuaciones que ponen en riesgo el desarrollo de la economía real. En el pensamiento económico oficial los Factores de Distribución pesaron en el siglo XX como preocupación fundamental en la justicia social. En la segunda mitad del siglo pasado y en lo que va del siglo XXI, lo fundamental fue la Deuda, lo cual posibilita que cambios en la distribución de los ingresos sea neutralizado a través de mecanismos de intermediación bancaria, deuda, hipotecas, derivados, modificación de tasas cambiarias y manejo de tasas de interés.

La administración de la Deuda basada en el manejo de la tasa de interés determina el valor de los activos financieros, creando rentabilidades registradas en la relación r>g de Piketty… Es la realidad del capital ficticio de la cual escribía Marx.[21] Se desarticula así la formación de las ganancias con sus procesos de inversión y consumo, que en el período corto, corresponde a decisiones que se toman como reacción a factores que suceden en el pasado inmediato. De hecho, los procesos de inversión y consumo fluctúan según el ciclo por lo cual no dependen necesariamente de las ganancias que se han obtenido en el período anterior, pues pueden variar en base a acontecimientos sobrevinientes. Los Factores de Distribución así como los procesos reactivos de la Deuda en su fuerza cinética no aparecen como elementos de explicación en los capítulos de desigualdad de ingresos. No basta entender –como lo hace Piketty– el New Deal rooseveliano, como poder reactivador del Estado de la inversión y el gasto. En las dos décadas de la posguerra aparecerán los gérmenes de la globalización que Kennedy habrá detectado cuando instaura el impuesto IET [1963] que busca fijar un precio al flujo de capitales norteamericanos que se escapa hacia Europa.

El movimiento de capitales a nivel internacional demuestra que las interpretaciones del FMI y de los banqueros centrales van en dirección contraria a la realidad. En el siglo pasado se popularizó la idea que una ampliación del mercado interno creaba las condiciones para incrementar el ahorro al interior de las empresas. Es decir que la relación capital-producto podía ser mantenida mediante la oferta monetaria. De allí surge, a mediados de los ‘70s la teoría monetaria de la balanza de pagos del FMI, donde el superávit en cuenta corriente justifica el crédito interno, es decir la ampliación de la demanda en el mercado interno. Este ejercicio mecánicamente aplicado explica las acciones presididas y estimuladas por los Bancos Centrales y posteriormente en los años 2008, 2009 y siguientes de la crisis en las economías desarrolladas.

Las sucesivas crisis de los ‘90s y del siglo XXI demuestran que la Deuda globalizada predomina como fundamento privilegiado del crédito interno…en economías estimuladas con importantes emisiones de deuda. Eso conlleva capitales de portafolio invertidos en compra de acciones y bonos de mercados emergentes. A comienzos de 2014 esos fondos por valor de casi US$ 60 mil millones salieron de países considerados como vulnerables, esencialmente países emergentes. Hoy, retornan a esas mismas economías…cuando es escasa la rentabilidad de los bonos en EEUU, Europa y Japón. Los países considerados ayer como vulnerables, hoy resurgen en el interés de los inversionistas. Brasil y Sudáfrica, economías con endeudamientos importantes hoy parecen promisorios para los inversionistas, con índices bursátiles aceptables; en India la elección del primer ministro Narendra Modi, del Bharatiya Janata Party, partido nacionalista hindú, genera expectativas y crea sustentabilidad al punto que el mercado considere aceptable posiciones de bonos, así como en China en moneda local; en Indonesia y Turquía hoy resurgen cuando en un pasado muy reciente pasaban por importantes tensiones políticas e índices bursátiles a la baja.

En este cambio de escenarios. El real brasileño perdió 1%, pero los bonos denominados en real subieron 3%. Los bonos turcos denominados en liras ganaron 2% pero esa moneda cayó más de 2%. Según datos proporcionados por EPFR Global [julio 2014] se inyectaron 4900 millones de dólares en moneda local de economías emergentes [entre abril y junio de 2014] los cuales compensan en parte los 5500 millones de dólares que salieron de esas plazas entre enero y marzo de este año. Nótese que estos 4900 millones de dólares casi igualan a la deuda en dólares, euros y yenes por 5400 millones de dólares.

La situación de rentabilidades financieras con situación de riesgo, demuestra que la realidad de la remuneración “r”, que nos presenta Piketty, poco tiene que ver con la visión patrimonial de la riqueza y bastante más con el riesgo especulativo de los componentes del mercado de capital –, recuérdese el riesgo de la deuda subprime, donde los precios de las hipotecas alcanzaron valores superiores al valor mismo de la propiedad. Es la activación de la titularización con la creación de productos derivados. El riesgo se transfirió a otros. La noción de los montos negociados revela elementos que relacionan el pasado con el futuro, [es decir dinero], mediante valores del mercado, tanto en su realidad de precios como de expectativas de ganancia.

La lógica del ahorro-inversión subsiste representada por el desequilibrio del sector externo bajo la forma del excedente de exportaciones, y el déficit presupuestal en la ecuación de las ganancias brutas; también el ahorro forzoso de los trabajadores bajo su forma más importante en la economía moderna a saber, el ahorro forzoso representado en los Fondos de Pensiones de la seguridad social. El riesgo se transfiere a través la titularización de la Deuda [supra].

Reflexión final: Bienes públicos e impuestos y salario mínimo à la Piketty en el siglo XXI

El gran mérito de Thomas Piketty ha sido de mostrar a través de cifras del Ingreso Nacional la desigualdad [que provoca el sistema capitalista] en el reparto de los ingresos como resultado de la relación entre el rendimiento del capital y el crecimiento de la economía.[22] Sin embargo, Piketty no ve en este análisis el carácter fundamental de las externalidades, la Deuda y los efectos de las fluctuaciones del ciclo del corto plazo en el reparto del Ingreso.

La importancia de la administración de la Deuda en el siglo 21 obliga a asumir los títulos de deuda como parte del flujo de rendimiento del capital concebido, no como riqueza patrimonial à la Piketty sino como fuente de poder capaz de activar en su favor el déficit presupuestario, el excedente de exportaciones y las externalidades positivas y negativas creadas por el crecimiento de la actividad económica.

El resultado de estas operaciones, a favor de las clases dominantes, no se revierte con el pago de mayores impuestos [lo cual lleva necesariamente a un menor déficit presupuestal] o el alza del salario mínimo pues, situado el problema en el ámbito del poder el sistema se defiende mediante la organización de los mercados [monopolios, oligopolios…], los bancos, el manejo de los precios, en fin los llamados Factores de Distribución [supra]; totalidad que determina el presupuesto público, el comercio exterior y los títulos de deuda como parte fundamental de la administración del sistema y de las fluctuaciones del ciclo en el período corto. Es decir, el sistema se defiende y recrea sus propias defensas, con lo cual el mayor gasto, los programas sociales y las reformas estructurales del Estado son recuperados.

El rendimiento del capital [en la relación r>g que nos
presenta Piketty] categoría central del reparto del Ingreso proviene de la inversión que lo genera. La pregunta adecuada –aún antes de la distribución del ingreso– es, qué es lo que determina la inversión. La inversión genera el ahorro necesario para financiarla y las ganancias como lo vimos anteriormente [página 3, supra] equivalen al consumo y la inversión de los capitalistas.[23] De manera que la ecuación del crecimiento de Harrod-Domar [trabajada por el autor] necesita de ciertas precisiones que Piketty no hace. [a] a la igualdad entre Inversión y Ahorro debe agregarse el excedente de exportaciones y el déficit presupuestal. Cuando se transfiere parte del Ingreso a trabajadores, o se incurre en alguna inversión presupuestal, se habrá explicado la parte que eventualmente, vía impuestos a capitalistas, podrá ir a consumo de trabajadores o inversión presupuestal.

Del consumo capitalista se deducirá el efecto de las externalidades positivas [realizadas por el capitalista en el mercado] y las externalidades negativas que falsean el cálculo de los costos de la explotación, incidiendo positivamente en la ganancia del capitalista. Agregados a la inversión los efectos del déficit presupuestal, el excedente de exportaciones y las externalidades en sus dos versiones deberá considerarse además, [b] los efectos del ciclo causados por las fluctuaciones en los aportes de capital financiero. Tales fluctuaciones se reflejan en la oferta de reservas líquidas de las empresas; bonos, créditos de los bancos y la negociación de títulos de la Deuda en el mercado de capitales, etcétera

En la investigación de Piketty sobre la distribución de los ingresos y la renta no veo el tratamiento de los puntos [a] y [b] consustanciales al boom y la recesión. Sin embargo, el autor considera correctamente, como causas importantes en la capitalización y la distribución de los ingresos los efectos de los períodos de guerra [mundial I y II del siglo XX] y reconstrucción.

Existen otros elementos propios del funcionamiento del mercado que Piketty no menciona explícitamente y que se reflejan en la realidad de los precios de mercado y sus efectos en las desigualdades de ingreso de la población. Dichos elementos se resumen en la Deuda que alcanza al grueso de la población, léase crédito bancario [de consumo, hipotecas en operaciones inmobiliarias] y administración del dinero plástico. En seguida aparece una diversidad de títulos de la deuda negociados en el mercado de capitales.[24] Ninguno de estos elementos tiene el carácter de una riqueza patrimonial con base hereditaria, por tanto histórica, que Piketty menciona como causa central de las desigualdades de ingreso con proyección hacia el futuro.

El autor identifica dos variables del crecimiento de esta riqueza: [i] el rendimiento de los activos de capital superiores al crecimiento de la economía y por tanto favorece el crecimiento del patrimonio de los ricos y el crecimiento de las desigualdades; [ii] la acumulación del patrimonio es proporcional a la duración de vida y al impuesto a la sucesión en vigor al momento del deceso del causante. Piketty estima el flujo anual de herencias en un 15% del Ingreso anual en Francia [estimación realizada el 2013]; y cree sorprendente que un hecho de tal magnitud no sea noticia en los diarios o comentado en los manuales. La volatilidad de los activos en la crisis y la existencia misma de sus poseedores [ver párrafo IV, supra] pone un punto de interrogación sobre el alcance de la sucesión como causa de las desigualdades de ingreso en las economías avanzadas.

En este recuento de proyecciones hacia el siglo XXI es preciso mencionar –no ocupa mayor espacio en el trabajo de Piketty– el endeudamiento masivo del gobierno norteamericano, basado en la impresión del billete dólar, lo cual pone en riesgo sus acreencias y con ello el comercio mundial. La Deuda en los negocios y su colocación en el mercado de capitales, es un factor importante en el rendimiento del capital. Sin embargo, las operaciones de Deuda constituyen un factor desestabilizante, véase la crisis subprime; la volatilidad del rendimiento del capital, con sus consecuencias en el endeudamiento, es alentado por el carácter fiduciario del patrón-dólar. En la época del patrón oro, con la relación oro-dinero la intermediación bancaria y financiera se regía por reglas fijas de paridad monetaria. El elemento cambiario se refleja en las cifras que justifican la tasa “r” de Piketty y lo que es peor el carácter global de las desigualdades que se avizoran en el comportamiento de la economía en el siglo 21. Elemento no menor si se tiene en cuenta los 827 millones que en el mundo no tienen lo suficiente para comer y de los cuales 552 millones viven en Asia y Oceanía [cifras del WFP para 2013].

Dadas las situaciones mencionadas, efecto directo de la lógica de funcionamiento del sistema, las soluciones de Piketty resultan intrascendentes en la lucha contra las desigualdades del ingreso en el siglo XXI. Mayores impuestos a los ingresos del capital y al patrimonio que se hereda y un alza del salario mínimo ignoran la situación de poder que existe tras las desigualdades sociales y constituyen propuestas episódicas sin mayor proyección cuando se abordan las desigualdades de ingreso. Esto equivale a presentar el crédito, o la Deuda como respuesta a la desigualdad de ingresos [argumento mencionado más arriba en párrafo III], que el sistema capitalista, cuando se trata de resolver problemas de demanda presenta como solución clave en sus programas de “inclusión social” sin que el sistema de mercado sea tocado. Así, se concibe la demanda de la población al interior del mercado, vía deuda, sin que intervenga la distribución del ingreso. A lo cual se suma el carácter subsidiario de los flujos financieros internacionales.

La riqueza, o patrimonio financiero, está constituido por apuestas sobre las ganancias y los riesgos de mercado, pero también pérdidas relativas a activos fijos representados por dichos valores, en la situación de guerras, catástrofes…El pago, por externalidades positivas –léase por ejemplo, impuesto al combustible, pago del agua del altiplano en el caso de compañías mineras operando en el norte de Chile, etcétera– o externalidades negativas por daños al medio ambiente [contaminación de napas freáticas, desplazamiento de poblaciones…], constituye parte del costo pues incide en el rendimiento del capital.

En un mundo global las apuestas sobre el futuro son cada vez más complejas y alcanzan a un mayor número de inversionistas [apostadores] en sumas cada vez más importantes, de manera que se esperan mayores rendimientos para un mayor número de personas, en riesgos que incluyen un mayor número de variables a saber, geopolíticas, tecnológicas, nuevas materias primas, disponibilidad de nuevas fuentes de energía… Para estos escenarios de capitalización compleja del siglo XXI se ha privilegiado la liquidez como política monetaria en la zona Euro y la FED de EEUU con el Quantitive Easing. Un incremento en la oferta monetaria con efecto en la compra de bonos a través del sector bancario, puede cambiar un parámetro del riesgo a saber, la cantidad de titulares de bonos en el mercado. Se actúa así sobre la ganancia esperada y la minimización del riesgo.[25] Como hemos visto la interconectividad de los mercados financieros globales genera riesgos, por lo cual se explica que las economías emergentes hagan valer la importancia de los flujos financieros internacionales para el financiamiento de sus inversiones. Es la tesis que sustentaron en la reciente 5ª conferencia anual en el mes de julio del Comité de Reinversión de Bretton Woods [en Lima]. Surgió además la demanda hacia los organismos internacionales de ejercer un rol de prestamista de última instancia. La limitante central es que dichos organismos están financiados por las mismas economías avanzadas actualmente en problemas. El non dit de las economías emergentes pos Bretton Woods es asegurar la venta de deuda para así financiar sus reservas internacionales y asegurar sus inversiones. En definitiva el negocio de la Deuda consiste en conocer el grado de credibilidad entre los actores en juego. Comentarios de prensa expresan que si Venezuela deseara colocar deuda tendría que ofrecer un 14%. Sudáfrica paga una tasa de interés de 7,9 % por sus bonos de referencia a 10 años. Los bonos turcos ofrecen rendimientos de 8,7%. Sin embargo, en ambos países se ofrecen bonos en dólares por tasas de 4,5% y 4,6% respectivamente.

El riesgo en negocios complejos concierne a cada vez mayor número de personas e instituciones entre operadores, gobiernos, intermediarios bancarios. Se construyen así canastas de valores –con derivados y garantías para las operaciones de derivados– inversiones financiadas con ahorro forzoso de los sistemas de pensiones…Al número de actores en juego [parámetro central] y cantidad de recursos involucrados debe agregarse todavía otro parámetro a saber, la relación capital-producto. El rendimiento del capital en el siglo XXI se completa así con la combinación de situaciones positivas y negativas.[26]

En definitiva el escenario sociológico en que se mueve Piketty a través de un Producto que crece, donde el resultado es el crecimiento de “r”, es impredecible pues no es el cambio de parámetros presentados –ganancias, riesgos, número de inversionistas y en definitiva “r” – el que va determinar mayores beneficios a una clase dominante situada en tramos de ingreso varias veces superior al resto de la población.

La tasa de crecimiento “g” no aborda el tema de la distribución pues si aumenta el ingreso, dada la distribución actual de gran desigualdad, la situación favorecerá al número actual de ricos. En el caso de los seguros citado por B. Mandelbrot, las mayores indemnizaciones beneficiarán al número de ricos capaz de negociar y pagar la prima de un seguro. En ese caso la apuesta es alta porque sus altos ingresos lo posibilitan. El dinero atrae al dinero…“a quien tiene se le dará.” No hay trabajadores que puedan apostar a una indemnización de seguros alta. No poseen cuentas bancarias, acciones, títulos de deuda, inmuebles, pinturas, antigüedades, etc…Sin nada que perder los explotados no poseen sino sus cadenas [Marx].

La relación capital-producto, a la base de “r” no es constante, es flujo, cambia y conjuntamente con ese cambio, cambia el ahorro [sube o baja] y el ahorro determina la inversión [Cf. párrafo II, supra]. Ese conjunto de relaciones se desarrolla como parte del proceso de crecimiento del Producto. Pero resta resolver el problema de una mejor distribución del ingreso: es la norma del salario mínimo que Piketty propone. Es decir una norma de remuneración-trabajo a la cual debiera agregarse una norma de ganancia-capital.

Sin embargo, ello supone nuevos Factores de Distribución del Ingreso, [tema que no abordan los impuestos sobre las ganancias y la herencia de Piketty], lo cual supone nuevas relaciones de producción, nueva institucionalidad y de organización de la economía: área de propiedad social; economía de bienes públicos; fin del poder de monopolios y oligopolios; nuevas relaciones del campo y la ciudad…En ese contexto de nuevos Factores de Distribución de la economía se consideran los flujos de riqueza en su carácter de capitalización, pérdida o destrucción. La relación capital-producto no es stock sino flujo por cuanto el capital y las variables que influyen en su construcción y crecimiento del Producto deben renovarse. Es el caso de la infraestructura;[27] deben tomarse en cuenta las externalidades positivas y negativas. En conclusión, inversión y ahorro se renuevan en el curso del tiempo. El Producto crece como resultado de una cantidad de inversión y de ahorro que se renueva en el curso del tiempo, pero no se trata sólo de activos fijos sino como parte central de la innovación y desarrollo está el proceso de acrecentar el patrimonio cultural y científico.

Esta evolución no la veo posible sino dentro de la búsqueda de menos desigualdad con un valor trabajo reflejado en nuevas relaciones de precio, producto de la valorización de las externalidades. Proceso ligado al desarrollo de las fuerzas productivas y por ese canal a nuevos modos de producción.

¿Cómo es posible concebir tales transformaciones?

En la sociedad pos industrial se privilegia el rol subsidiario del Estado en la economía. Lo cual significa entregar la economía al mercado y dejar al Estado en su función de reparador de daños. En un ambiente donde el desarrollo de la ciencia implica reconocer su función humanista, es decir universal, siendo el desarrollo de la educación un desafío fundamental y lógico, la condición de existencia del Estado son las identidades colectivas y ciudadanas definidas por el mismo.

Serán dichas identidades las que conducirán al control de las externalidades en un nuevo sistema económico, donde en la relación Estado-colectividades se definirán los criterios de existencia y administración de aquellas. Es la tarea del siglo XXI.

Los bienes públicos constituyen un reflejo de necesidades centrales a saber, educación, salud, vivienda social, medio ambiente, pensiones, previsión social… Durante el siglo XX tales bienes se incorporaron en las economías avanzadas como función del Estado, participando en su oferta y administración. El New Deal rooseveliano sobrevivió la posguerra por algunas décadas, siendo reemplazado en la doctrina y la práctica, a fines del siglo XX, por el supply economics de Reagan y Thatcher. En ese modelo de sociedad no tiene cabida la ciudadanía como base de una economía que busca la legitimación del dominio social. El modelo privatizador establece las normas bajo las cuales se realiza la capitalización de los grupos económicos, entre ellas la regulación de las concesiones y el ensanchamiento del mercado mediante la Deuda. Eso requiere de consensos políticos, negociaciones entre los actores sociales pues se trata de un proyecto de poder.

La experiencia mundial señala que la transición hacia un nuevo modelo de sociedad no es sencilla; a veces resulta traumática y muchas veces es traicionada. Los grupos económicos no están en contra de los Bienes Públicos. Su postulación es otra. Buscan obtener una rentabilidad de su compraventa o administración. En fin reducirlos a un objeto de mercado. Tradicionalmente esto se ha logrado, tratándolos como externalidades a cargo del Estado, financiándolos mediante el presupuesto nacional –, léase déficit presupuestal si fuere necesario. Las aplicaciones de esta metodología son múltiples y abarcan terrenos tan diversos como la explotación de yacimientos mineros donde el Estado les proporciona el agua en desmedro del consumo humano y el medio ambiente; salmoneras que destruyen el medio ambiente y propagan virus afectando la riqueza ictiológica de las zonas donde se instalan; cárceles privadas; hogares de ancianos; jardines infantiles de estándares dudosos, etcéteras.

De allí las carencias, pues nunca el presupuesto público es suficiente, pero aún en ese caso los mecanismos de la Deuda asegurarán los márgenes de ganancias que el sistema consagra. Siempre existirá la salud, la educación, la vivienda, etcétera, financiada de manera privada y al contado. De hecho en una transición hacia una economía social se respetará su existencia. En la transición los objetivos del cambio deben quedar claros desde un comienzo. El mayor peligro consiste en fijar como un área donde los Bienes Públicos son concesionados a Grupos privados bajo los mismos criterios de un negocio de venta de autos, propiedades o artículos para el hogar, etcétera, puesto que con toda lógica, la ciudadanía asumirá que se ha negociado a sus espaldas.

Dejar en manos de la ciudadanía –las identidades colectivas de ciudadanos que mencionamos más arriba– las propuestas de los Bienes Públicos es el primer paso para la vigencia de los Factores de Distribución del Ingreso de una economía social. Por eso, la formación de un Área de Propiedad Social va en la dirección de administrar y desarrollar los Bienes Públicos y con ello las relaciones sociales que la regirán. Se llegará así a la legitimación del dominio social.

Pienso que echar las bases de esa nueva economía, socialmente concebida, representa el desafío del siglo XXI.

Santiago, 28 de julio 2014

* Héctor Vega es Doctor de Estado en Ciencias Económicas de la Universidad Aix-Marseille [Francia]; Doctor de Tercer Ciclo en Ciencias Sociales del Desarrollo de l’EHESS de la Universidad de París y Abogado de la Universidad de Chile. Consultor Internacional [DTCD –PNUD; FAO, OIT, UNCTAD, Gobierno Suizo].

NOTAS

[1] El término Ingresos de la Propiedad fue acuñado y utilizado por a Joseph D. Phillips, como colaborador de Paul A. Baran y Paul M. Sweezy quienes le solicitaron realizara el cálculo del Excedente Económico Real de la economía de los EEUU en la década de los ‘60. Véase Monopoly Capital. An essay on the American Economic and Social Order. Penguin Books. 1968. Cf. Appendix by J. D. Phillips. Estimating the economic surplus, p. 355].

[2] El proyecto Pascua Lama se desarrolla simultáneamente en los territorios de Argentina, Provincia de San Juan y Chile, en la Región de Atacama [IIIa], Provincia de Huasco. El proyecto Pacto-Junin se sitúa en la región de El Intag, Ecuador. Ambos proyectos han sido rechazados por las comunidades por el impacto que genera la megaminería en la salud, el medio ambiente y el desarrollo de las economías. La minera Barrick Gold con sede en Toronto, Canadá está involucrada en Pascua Lama. En el Intag interviene la Minera Codelco y Enami, ambas del Estado de Chile.

[3] En el estudio realizado, para la región de El Intag se hace una evaluación del valor del capital natural [Yo subrayo –HV]. La lógica del razonamiento es el siguiente. Cito. “Una forma de determinar el valor económico es estimar el valor de los activos del capital natural que provee este flujo anual de valor. Esto es como comparar pagos de hipoteca [flujo de valor] al valor de mercado de la vivienda [valor de los activos]. El valor de un activo puede estimarse a partir del flujo de beneficios que proporciona. Si el capital natural de la zona de Intag se tratara como un bien económico, el valor de los activos de los sistemas naturales sería un promedio de USD $15.5 mil millones a una tasa de descuento del 3% que reconoce el carácter renovable de los servicios de los ecosistemas, y que habrá gente en el futuro se beneficien de ellos”. Cf. Kocian, M., Batker, D., Harrison-Cox, J. “Estudio ecológico de la región de Intag, Ecuador: Impactos ambientales y recompensas potenciales de la minería”. Earth Economics, Tacoma, WA, Estados Unidos. 2011.

[4] En el artículo: Capital is Back: Wealth-Income Ratios in Rich Countries 1700-2010: Noted, Thomas Piketty y Gabriel Zucman, previo a El Capital en el siglo XXI, Piketty precisa “g” como el ingreso nacional según se expone en el texto principal. Ver crítica de Eric Walraven [octubre 2013]: http://blogs.mediapart.fr/blog/eric-walravens/221013/le-capital-au-xxie-siecle-de-thomas-piketty-une-formidable-boite-outils-pour-penser-les-inegalités. Según el autor las consecuencias de la confusión entre Ingreso Nacional, PIB y PNB en el período 1975-2010 sería que el rendimiento del capital “r”, para Francia sería de 6,23%, y 7% para Alemania. “g”, sería el PIB y no el Ingreso Nacional como lo presenta el autor. En cuanto al PIB, en el período citado, la cifra para Francia es de 2%. La crítica a las cifras presentadas por Piketty señala que en el Ingreso Nacional se incluyen las riquezas que provienen del extranjero [ingresos netos provenientes del extranjero]. Si en lugar de comparar con el PIB Piketty hubiese comparado con el Ingreso Nacional, en el mismo período, se habría llegado a cifras diferentes para el mismo período: “r” habría sido inferior al crecimiento de “g” en Francia: r=5,95% y g=6,27%, cifras casi equivalentes al Reino Unido r=5,75% y g=5,13%; para Alemania “r” sería muy superior a “g”: r=7,62% y g=3,30%. En nuestra opinión en su definición más corriente y general del Ingreso Nacional es el valor neto de los bienes y servicios producidos por un país en un período determinado. Ese concepto elimina el consumo intermedio que aparece en las diversas etapas del proceso productivo, dejando sólo el valor original y el valor agregado por la producción. Se mide así el valor de los bienes y servicios terminados, eliminando de este valor las materias primas y otros materiales empleados, y el valor del equipo de capital consumido [depreciación].

[5] El huracán Sandy se abatió en la costa este de EEUU, ciudad de New York el 18 de octubre en la temporada de huracanes de 2012. Con un diámetro de 1800 km, afectó gravemente Colombia, Venezuela, Haití, República Dominicana, Jamaica, Cuba, Bahamas, Bermudas, Estados Unidos y Canadá.

[6] La comparación de los ingresos del capital y de los trabajadores, a la luz de los cálculos de Piketty, ha llevado a fuertes controversias en Francia. Cf. Jean-Phillipe Delsol, Les avatars d’un nouveau matérialisme scientifique. 22/04/2014 in http://fr.irefeurope.org/Richesses-et-croissance-les-tromperies-statistiques-de-Thomas-Piketty,a2892. J.Ph. Delsol abogado fiscalista y director del IREF [Institut de rechechers économiques et fiscales], comentando sus cifras, en un período que abarca 17 años, 1996-2012, observa que si se toman las cifras del patrimonio neto de los hogares según el INSEE se llega a que la diferencia entre el rendimiento nominal del patrimonio neto de hogares y la tasa de crecimiento a precios corrientes, sería de 0,4 puntos [3.58% versus 3.18%] –, cifras bastante alejadas de aquellas proporcionadas por Piketty. Para el INSEE [L’Institut National des Statistiques et Études Économiques de Francia] el ingreso de los hogares está constituido por los salarios percibidos, los ingresos de la propiedad [intereses, dividendos, ingresos inmobiliarios…], ingresos provenientes de la producción mercantil y de las prestaciones sociales. Cuando se mezclan esos ingresos más aquellos provenientes de una explotación, llevada a cabo por los hogares, que produce bienes y servicios para su uso final propio [aparte de los servicios de habitación] estamos en presencia de un ingreso mixto que remunera trabajo y capital inmovilizado. Delsol calcula el ingreso bruto de los hogares mediante la adición de los ingresos de la propiedad más el excedente bruto de explotación. El rendimiento neto del patrimonio de los hogares se obtiene de la deducción de los intereses del ingreso bruto.

[7] Ver Vilfredo Pareto, 1909, Manuel d’économie politique. Paris, Marcel Giard & Brière. Reedición Oeuvres Complètes, 1966, vol VII, Genève, Librairie Droz. Benoît Mandelbrot comenta que esta afirmación de Pareto terminó con su reputación. A su muerte en 1923, agrega el autor, los fascistas lo beatificaban y los republicanos lo demonizaban. El filósofo Karl Popper lo denominaba el teórico del totalitarismo [Cf. Une aproche fractale des marchés. Edition Odile Jacob, Paris, 2009, p.175.

[8] En relación a los movimientos en el ranking de ricos de la revista Forbes se revela en octubre de 2013 la caída del magnate brasileño Eike Batista clasificado hasta entonces en el séptimo lugar. Al cual se suman otros que en los últimos 10 años carecen de vigencia en las listas de Forbes.

[9] Según el Wall Street Journal [wsjamericas.com, 28/05/2014] el ranking de presidentes ejecutivos de grandes corporaciones –una lista de 300 grandes empresas que cotizan en bolsa– aparece encabezado por los CEOs de Oracle, CBS y Liberty Global PLC. Según la publicación los tres ganaron un total de US$ 188 millones, lo cual sería equivalente al pago combinado de los 50 presidentes ejecutivos que están en el fondo de la lista. El mejor pagado, el ejecutivo de Oracle habría ganado US$ 76,8 millones. Según la publicación los 10 presidentes ejecutivos mejor pagados recibieron en 2013 una remuneración de casi US$ 420 millones. La media de remuneración de la lista es de US$ 11,4 millones. Las remuneraciones de los 10 presidentes ejecutivos que más ganaron se dividen en efectivo, opciones sobre acciones, acciones con restricciones, premios por desempeño. En la época de Reagan y Thatcher, como parte del supply economics, a la rebaja de impuestos se acoplaba estas alternativas de pago para los más altos ejecutivos de las grandes corporaciones. La tendencia de sus remuneraciones está cada vez más ligada al desempeño futuro de sus firmas.

[10] La ecuación general de las ganancias se presenta de la manera siguiente:

Ganancias brutas deducidos los impuesto = inversión bruta
+ excedente de exportaciones + déficit presupuestal – ahorro de los trabajadores + consumo de los capitalistas

Esta relación es válida aún en la situación que el presupuesto y el comercio exterior estuvieren equilibrados y que los trabajadores no ahorrarán, es decir:

Ganancias brutas después de los impuestos = inversión bruta + consumo de los capitalistas.

Para obtener la ecuación de ahorro e inversión presentada en el texto se resta de ambos lados de la ecuación general de las ganancias el consumo de los capitalistas y se agrega el ahorro de los trabajadores. Cf. Michael Kalecki. Teoría de la dinámica económica. Fondo de Cultura Económica. México-Buenos Aires. 1956, pp. 47-54. La teoría de las ganancias del texto fue originalmente desarrollada por Kalecki en 1935 en los artículos “Essai d’une théorie de Mouvement cyclique des affaires”, Revue d’Économie Politique, marzo-abril de 1935 y “A macrodynamic theory of business cycles”, Econometrica, julio de 1935.

[11] M. Kalecki, Ibidem, p. 76-77

[12] Por ejemplo en el caso actual con índices bursátiles fluctuantes y baja rentabilidad de los bonos en EE.UU, Europa y Japón, impulsan a los inversionistas a transferir sus dineros a mercados como Brasil y Sudáfrica, que sintomáticamente hasta hace poco habían abandonado. Se citan otros mercados, como el de India e Indonesia donde gobiernos conservadores adoptan reformas económicas favorables a las empresas.

[13] M. Kalecki, Op. cit. [1935, 1954, 1956] y la Escuela de Cambridge posteriormente. Cf. síntesis de esta Escuela en Review of Economic Studies. Octubre 1966 [autores, Pasineti, Robinson, Kaldor, Samuelson, Modigliani]; J. Robinson. Hérésies économiques, Paris, Calmann-Levy, 1971 [traducción al francés, 1972]

[14] M. Kalecki, Op. cit. 48-49. La escuela de Cambridge y específicamente Mrs. J. Robinson se vale de la explicación de los esquemas de 3 departamentos de Kalecki.
La administración de fondos de pensiones [AFPs] en el caso chileno resulta una parodia cuando se constata que en los directorios no hay representantes de los imponentes.

[15] M. Kalecki. p. 49…..

[16] Ibidem, p. 49

[17] Héctor Vega. L’économie du populisme et le projet de passage au socialismo proposé par l’Unité Populaire au Chili. Institut de Sociologie de l’Université Libre de Bruxelles. Centre d’Étude de l’Amérique Latine. Bruxelles. 1984, p. 243-291; 292-414 passim. Integración económica y globalidad. América Latina y el Caribe. Ed. Tierra Mía. 2001, p. 54, 55.

[18] Emmanuel Saez [UC Berkeley], Gabriel Zucman [LSE and UC Berkeley] The Distribution of US Wealth, Capital Income and Returns since 1913. Marzo 2014.

[19] Los okupa buscan dar uso a terrenos desocupados; edificios abandonados de manera temporal o permanente. Con ello denuncian el estado de cosas que impide hacer frente a las dificultades económicas y hacen al mismo tiempo efectivo el derecho a una vivienda.

[20] Los cálculos de Oxfam se basan en la lista de millonarios de Forbes del año 2013. Laura Shin, escribiendo acerca de las cifras de Forbes presentadas por Luisa Kroll, editora de Riqueza [enero 2014], señala que mirando más de cerca las cifras descubrió que el grupo de los 85 era más rico que los del año pasado, esto es que para ser incluido en los 20 más ricos de ese grupo había que tener 31 billones de dólares [miles de millones] en lugar de los 23 billones de dólares del año pasado…Reactualizadas las cifras a marzo de 2014 bastó con 67 de los más ricos individuos para equiparar la mitad de los más pobres del mundo. La riqueza de cada uno de esos 67 equivale en promedio a lo que posee 52 millones de personas del fondo de la pirámide de riqueza del mundo. La fortuna de Bill Gates, el hombre más rico del mundo, cuyo valor neto es de 76 mil millones de dólares, equivale a lo que posee 156 millones de personas del fondo de la pirámide. ¿Quiénes son esos 67? Se trata de 28 billonarios estadounidenses y constituyen 42% del total. Ningún otro país se acerca a estos. Otra comentarista, Kasia Moreno [marzo 2014], tiene expresiones de indignación acerca de estas obscenas diferencias, cuando observa que a nadie puede importarle quien son esos 67; así como tampoco podría importarnos que quién abrió las compuertas para que pudiera establecerse esta verdadera Kleptocracia fue un mal actor de Holliwood, Ronald Reagan. Agrega que, en realidad nos importa sólo la inevitable existencia de este pequeño grupo de personas [67 en 2014] que acumula tanta riqueza como la que poseen 3 mil 500 millones de personas en el mundo.
Cf. http://www.forbes.com/sites/laurashin/2014/01/23/the-85-richest-people-in-the-world-have-as-much-wealth-as-the-3-5-billion-poorest/
Ver también http://www.forbes.com/sites/forbesinsights/2014/03/25/the-67-people-as-wealthy-as-the-worlds-poorest-3-5-billion/.

[21] Karl Marx, Capital. Volumen III, Capítulo XXV: Credit and Ficticious Capital, p. 392-404 y Capítulos XXVI-XXXI passim. Foreign Languages Publishing House. Editado por F. Engels. Moscú 1962.

[22] Anteriormente, en 1909, Vilfredo Pareto, Op. cit., vid nota 5, presentó la curva de los ingresos basado en sus investigaciones sobre la riqueza y los ingresos en diferentes países. Sus fuentes, al igual que las fuentes de Piketty fueron estadísticas fiscales de Suiza [Basilea] de 1454 y Alemania [Augsburgo] de 1471, 1498 y 1512; ingresos de la renta de París de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX y los ingresos individuales en Gran Bretaña, Prusia, Sajonia, Irlanda, Italia y Perú. La pirámide de ingresos lo condujo a resultados brutalmente diferenciados, pues la gran masa de la población vivía en la base de la pirámide y el círculo de afortunados se concentraba en la cima. Sin embargo, lo que para Piketty debe ser objeto de corrección urgente aún a nivel global, para Pareto sus hallazgos no eran sino la comprobación de un hecho que siempre había existido y era parte de la condición humana. Cf. B. Maldelbrot, Op. cit. p. 173-178 y p. 320 vid nota 5.

[23] Consecuencia de ello es que concluimos que la tasa de interés no es determinada por la demanda y oferta de capital nuevo.

[24] Deuda realizada en el mercado de capitales a través de operaciones de swaps de divisas, tipos de interés, valores a plazo; sub fondos para compra y venta de futuros, warrants y opciones sobre instrumentos financieros basados en índices bursátiles y tipos de interés; deuda compuesta de renta inmobiliaria; utilidades y dividendos; colocación de deuda; transacciones de activos y pasivos financieros entre residentes y no residentes; activos financieros que comprenden tenencias de oro monetario, fondos financieros de origen nacional e internacional; inversiones transitorias de excesos de liquidez destinadas entre otros a compra de bonos del gobierno; fondos fiduciarios, etcétera.

[25] Este cambio del riesgo fue ilustrado por B. Mandelbrot [Op. cit. p. 299-301] cuando explica la lógica de los riesgos del negocio de los seguros. Mandelbrot se refiere al estudio de Pareto sobre la distribución de ingresos para, a continuación, referirse al tema de los seguros [Op. cit. p. 179]. El argumento podría resumirse de la siguiente manera. Cuando Pareto buscaba una ley universal sobre la distribución de los ingresos llegó, mediante la ley de las potencias, a determinar que cuando la pendiente de la recta en el espacio cartesiano [donde la coordenada ilustra el monto de los ingresos y la abscisa la población] era más suave, la distribución de los ingresos era uniforme. [En la geometría fractal, explica Mandelbrot, se puede obtener una gama infinita de potencias con pendientes más débiles o más fuertes y que pueden crecer o decrecer]. No siempre es posible pensar que se puede llegar a una situación con la que se encontró Pareto en el sentido que la pendiente era más fuerte y en consecuencia una menor cantidad de receptores de ingreso se adjudicaba los ingresos más elevados. El caso contrario es ilustrado por una pendiente más suave. En el caso de los asegurados, Mandelbrot describe el caso de una pendiente suave, donde un mayor número de asegurados percibe indemnizaciones millonarias. Viendo las grandes indemnizaciones en la industria de los seguros se puede observar que agrupan una cantidad cada vez mayor de personas que las reciben. Para adoptar ese tipo de soluciones basta cambiar un parámetro a saber el de la horizontal donde se inscriben los asegurados. En la vertical se miden las indemnizaciones o rendimientos. En el texto traslado el ejemplo de Mandelbrot sobre los seguros a la situación de negocios cada vez más complejos en el ámbito global.

[26] B. Mandelbrot, Op. cit. p. elabora un escenario de rendimientos en base a una potencia positiva y otros en base a una potencia negativa. Si no existiere correlación el resultado sería suma cero. Si hubiere correlación en ambos desarrollos el resultado puede ser de ruina o de ganancia, según el caso.

[27] Es preciso renovar la infraestructura, encontrar nuevas fuentes de materias primas, renovar la tecnología, incorporar las externalidades en el cálculo económico, lo cual significará hacerse cargo de la contaminación del medio ambiente; sanear lagos y corrientes de agua, restaurar bosques talados…todo lo cual conlleva una modificación del PIB.

Chile, la OCDE y la desigualdad de ingresos: el baile de los que sobran…

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GONZALO DURÁN

investigador de la Fundación SOL, http://www.fundacionsol.cl, @lafundacionsol

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La semana pasada, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la OCDE –u OECD, por sus siglas en inglés–, publicó el estudio “La Sociedad en una Mirada 2014″ (Society at a Glance). En el informe, la organización realiza un panorama social sobre los 34 países que conforman dicho club. Entre las mediciones más relevantes están: desigualdad, pobreza y gasto social.

Chile tiene el inexcusable primer lugar en materia de desigualdad de ingresos. El estudio confirma otras investigaciones, como la publicada en abril de 2013 por profesores de la Universidad de Chile (“La ‘parte del león’: Nuevas estimaciones de la participación de los súper ricos en el ingreso de Chile”, de Ramón López, Eugenio Figueroa y Pablo Gutiérrez), en la cual se estima que el 1% más rico de Chile concentra el 31% de los ingresos totales, medición según la cual nuestro país tendría el máximo grado de concentración visto entre naciones emergentes y desarrolladas.

Pero ¿por qué persiste la elevada desigualdad en un país que casi ha cuadruplicado su Producto Interno Bruto en los últimos 20 años?

En general, se habla, en el ámbito de la investigación económica, de la existencia de al menos dos vehículos conductores que llevan a menor desigualdad: acción fiscal redistributiva y acción sindical distributiva. Sin restarle importancia al primero, veamos qué pasa con el segundo de los vehículos en un contexto como el chileno.

¿Funciona en Chile la acción sindical para distribuir el poder, en particular el económico, a través de los ingresos? Para responder, se requiere agregar el elemento histórico al análisis.

En el año 1979, el entonces ministro del Trabajo y Previsión Social en dictadura, José Piñera (hermano del ex Presidente de Chile), lideró un proceso de transformación conocido como la “revolución laboral”, que pretendía implantar la “disciplina del mercado” en las relaciones laborales. Piñera, junto a los miembros de la Junta Militar de Gobierno y a connotados civiles de la elite nacional, formados en Estados Unidos, crearon un nuevo modelo de relaciones laborales, nuevas “reglas del juego” donde las empresas tuvieran el camino “libre” para maximizar su tasa de ganancia. La revolución laboral de Piñera fue, técnicamente, una revolución de clase: una operación destinada a fortalecer la posición del empresariado, despojando al mismo tiempo a los trabajadores del poder que tenían.

Hoy, luego de 35 años del Plan Laboral y distintos gobiernos, las relaciones de producción entre empleadores y trabajadores, continúan operando bajo las reglas generales de dicho plan (base del Código del Trabajo): negociación colectiva encerrada en el nivel mínimo, de empresa (sin posibilidad de negociar en niveles superiores, como la rama, el oficio, el nivel nacional), uso extendido y legal de rompehuelgas, interpretación estrecha del derecho a huelga (excluyendo las huelgas por solidaridad o por causas económico-sociales, entre otras), fragmentación sindical, con paralelismo entre sindicatos y entre sindicatos y grupos de trabajadores, prohibición de negociar sobre ciertas materias, desincentivo a la afiliación en sindicatos y otros. La filosofía explícita detrás de este modelo de relaciones laborales es que la acción sindical no moleste la libertad de empresa, y que en ningún caso funcione como un mecanismo para distribuir ingresos, tal como lo reconoce José Piñera.

¿Qué ha sucedido entonces en los últimos 35 años?, se ha profundizado e institucionalizado una desigualdad típicamente originada en el seno de las relaciones de producción, entre capital y trabajo, en un escenario donde trabajadores y sindicatos carecen de poder real. Un esquema en el cual el empleador es quien –sin contrapeso– fija el valor del trabajo, es él quien decide cuánto remunerar (él y su gremio), en función de la decisión política de la ganancia que desea obtener y esquivando pagar el aporte del trabajo a esa ganancia e, incluso, lo básico para que su fuerza de trabajo siga existiendo y manteniendo su capacidad.

Si consideramos los datos de la Encuesta CASEN, instrumento oficial para medir desigualdad en Chile (y el utilizado por la misma OECD en el Society at a Glance 2014), al calcular la brecha de ingresos autónomos (sin subsidios ni transferencias), entre las personas que pertenecen al 5% de los hogares más ricos y quienes pertenecen al 5% más pobre, se constata un crecimiento del 100% en los últimos 20 años. En efecto, si en 1990 el 5% más rico obtenía 129,4 veces más que el 5% más pobre, en 2011 son 257 veces más.

Por otro lado, de acuerdo al estudio de López, Figueroa y Gutiérrez, sobre la base de los datos administrativos recabados por el servicio de impuestos internos, se observa que el 0,1% más rico en Chile (cerca de 4.500 familias, con fuerte presencia empresarial) tiene un ingreso per cápita mensual de $82.856.249.

Adicionalmente, en diciembre de 2013, se publicaron las cifras de la Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos (NESI), la que en sintonía con la encuesta CASEN y la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), da cuenta del atraso salarial de Chile. En datos duros: el 50% de los trabajadores/as gana menos de $263.473 y vive altamente endeudado. Y, considerando sólo a los asalariados privados, el 50% gana menos de $281.263.

Concentración económica extrema, cuadruplicación del PIB per cápita en los últimos 20 años, con patrón de enriquecimiento pro rico, crecimiento en la brecha entre el 5% más rico y el 5% más pobre, bajos salarios y precariedad laboral para el grueso de los trabajadores/as… esa es la ruta que ha seguido la sociedad chilena para llegar al “desarrollo”. En este cuadro, hay un vínculo que no hay que perder de vista: una minoría acaudalada se enriquece por la vía de la desposesión salarial, por la vía de una acumulación por desposesión del trabajo. Se trata de una brutal desigualdad de poder, que no se rompe con bonos ni con capacitaciones, pero tampoco simplemente con reforma tributaria. Este tipo de desigualdad, se combate en el escenario mismo donde ella se produce, que son las relaciones de producción, con sindicatos fuertes y acción colectiva directa.

Eliminar la desigualdad de ingresos por la vía de la acción fiscal redistributiva, mediante un sistema “moderno” de impuestos, es uno de los vehículos con que dispone una sociedad para enfrentar el problema. Empero, es uno que no se hace cargo del bajo valor dado al trabajo (la mera creación de empleos tampoco se hace cargo de ello). Enfrentar la desigualdad desde la óptica de las relaciones de producción, necesariamente, requiere abrir la discusión y situar al trabajo en el centro de la estrategia de desarrollo. Habiendo pasado 35 años del Plan Laboral, es un mínimo indispensable y convenientemente postergado.

 

http://www.elmostrador.cl/opinion/2014/03/25/chile-la-ocde-y-la-desigualdad-de-ingresos-el-baile-de-los-que-sobran/

 

P. Krugman: el problema de EE UU no es la “crisis fiscal” sino la crisis de empleo…

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Los millones olvidados

DIC 2012 – 00:00
Un grupo de parados espera ante una feria de empleo en Nueva York. / L. K.  (Reuters)

Vamos a dejar clara una cosa: Estados Unidos no se enfrenta a una crisis fiscal. Sin embargo, sigue sufriendo en gran medida una crisis de empleo.

Resulta fácil confundirse con la cuestión fiscal, ya que todo el mundo habla del “precipicio fiscal”. De hecho, una encuesta reciente indica que una gran mayoría de los ciudadanos cree que el déficit presupuestario aumentará si caemos por ese precipicio.

En la práctica, cómo no, es justo lo contrario: el peligro es que el déficit se reduzca en exceso y demasiado deprisa. Y los motivos por los que podría suceder eso son puramente políticos; podríamos estar a punto de recortar drásticamente el gasto y subir los impuestos no porque los mercados lo exijan, sino porque los republicanos han estado usando el chantaje como estrategia de negociación, y el presidente parece dispuesto a ponerles en evidencia.

Es más, a pesar de años de advertencias por parte de los sospechosos habituales acerca de los peligros de los déficits y de la deuda, nuestro Gobierno puede adquirir préstamos a unos tipos de interés increíblemente bajos (los tipos de interés sobre los bonos de EE UU protegidos contra la inflación son de hecho negativos, de modo que los inversores pagan al Gobierno para que haga uso de su dinero). Y no me digan que los mercados podrían volverse contra nosotros de repente. Recuerden que el Gobierno de EE UU no puede quedarse sin efectivo (él imprime los billetes), de modo que lo peor que podría pasar sería que cayese el dólar, lo cual no sería tan terrible y de hecho podría ayudar a la economía.

No obstante, hay todo un sector construido en torno al fomento del pánico al déficit. Hay grupos empresariales espléndidamente financiados que no paran de exagerar el peligro de la deuda gubernamental y la urgencia de reducir el déficit ya, ya mismo; solo que, de repente, esos mismos grupos nos advierten de los peligros de una reducción excesiva del déficit. No es de extrañar que los ciudadanos estén confusos. Por otro lado, no hay prácticamente ninguna presión organizada que se ocupe de algo terrible que de hecho está ocurriendo ahora mismo, concretamente, el paro a gran escala. Sí, hemos hecho algunos avances durante el último año. Pero el desempleo a largo plazo sigue a unos niveles que no se habían visto desde la Gran Depresión: en octubre, 4,9 millones de estadounidenses llevaban más de seis meses en paro y 3,6 millones llevaban más de un año sin trabajar.

Cuando vean cifras como esas, tengan presente que estamos contemplando millones de tragedias humanas: a individuos y familias cuyas vidas están quedando destrozadas porque no pueden encontrar trabajo, ahorros agotados, casas perdidas y sueños destruidos. Y cuanto más se prolongue esto, mayor será la tragedia.

Nuestra crisis de empleo aún no superada también tiene un coste económico enorme. Cuando los ciudadanos dispuestos a trabajar tienen que soportar una inactividad impuesta, la sociedad en su conjunto sufre la pérdida de su esfuerzo y de su talento. La Oficina Presupuestaria del Congreso calcula que lo que realmente estamos produciendo está por debajo de lo que podríamos y deberíamos producir, con una diferencia de alrededor del 6% del PIB, o 900.000 millones de dólares al año.

Y lo que es aún peor, hay buenos motivos para creer que el paro elevado está socavando también nuestro crecimiento futuro, a medida que los parados de larga duración pasan a ser considerados imposibles de emplear, ya que la inversión se reduce como consecuencia de la escasez de ventas.

¿Qué se puede hacer? El pánico en relación con el precipicio fiscal ha sido revelador. Pone de manifiesto que incluso los gruñones del déficit son keynesianos encubiertos. Es decir, creen que en estos momentos los recortes del gasto y las subidas de impuestos destruirán puestos de trabajo; es imposible afirmar eso a la vez que se niega que los aumentos del gasto y las bajadas de impuestos temporales crearían empleo. Sí, nuestra economía todavía deprimida necesita más estímulo fiscal.

Y, dicho sea en su favor, el presidente Obama ha incluido una pequeña cantidad de estímulo económico en su oferta presupuestaria inicial; la Casa Blanca, al menos, no se ha olvidado por completo de los parados. Desgraciadamente, casi nadie espera que esos planes de estímulo se incluyan en el acuerdo que finalmente se alcance, sea cual sea.

De modo que ¿por qué no estamos ayudando a los parados? No es porque no podamos permitírnoslo. Dados los costes tan bajos que tienen los préstamos y el daño que el paro está haciendo a nuestra economía y, por tanto, a la base tributaria, resulta bastante fácil defender el argumento de que gastar más para crear empleo ahora realmente mejoraría nuestra situación fiscal a largo plazo.

Tampoco es, creo yo, un problema realmente ideológico. Hasta los republicanos, cuando se oponen a los recortes en el presupuesto de defensa, empiezan a hablar inmediatamente de cómo esos recortes destruirían puestos de trabajo (y lo siento, pero el keynesianismo armamentístico, la afirmación de que el gasto público crea empleo, pero solo si se destina al Ejército, no tiene sentido).

No, al final resulta difícil no llegar a la conclusión de que es un problema de clases. A la gente influyente de Washington no le preocupa perder su empleo; la gran mayoría ni siquiera conoce a alguien que esté en paro. La difícil situación de los parados simplemente no ocupa un lugar predominante en sus pensamientos y, por supuesto, los desempleados no contratan grupos de presión ni hacen grandes contribuciones a las campañas electorales.

Así que la crisis del paro se prolonga más y más, a pesar de que tenemos tanto los conocimientos como los medios para resolverla. Es una inmensa tragedia, y también es un escándalo.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel de 2008.

© New York Times Service 2012.

Traducción de News Clips.

Written by Eduardo Aquevedo

31 diciembre, 2012 at 10:40

La crisis mundial del empleo (y la pobreza en México…)

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Juan Somavía*

El panorama mundial del empleo es terrible. El desempleo afecta a más de 200 millones de personas, y continúa aumentando. La tasa actual del crecimiento del empleo, a uno por ciento o menos anual, no permitirá que se restablezcan los 30 millones puestos de trabajo perdidos desde que comenzó la crisis, en 2008.

Sin embargo, los números del desempleo son sólo parte de la historia. Millones de trabajadores tienen trabajos sólo de tiempo parcial porque carecen de una alternativa mejor. Aun antes de la crisis, la mitad del empleo fuera de la agricultura estaba en la economía informal, y dos de cada cinco trabajadores en el mundo vivían por debajo del umbral de la pobreza de dos dólares al día por persona.

El desempleo juvenil afecta a casi 80 millones de personas, con una tasa dos o tres veces superior a la de los adultos.

El desempleo y la desigualdad de los ingresos son denominador común de protestas que se multiplican en diferentes partes del mundo. Además, millones de personas tienen trabajo, pero carecen de elementos básicos: derechos, protección social y voz. En 25 países se han realizado protestas relacionadas con el empleo.

La situación podría empeorar. Con la desaceleración de la economía, desde mediados de 2011 estamos al borde de una recesión mundial del empleo que podría durar una década. Las consecuencias sociales y políticas podrían ser catastróficas.

Cuando los líderes del G-20 se reúnan esta semana en Cannes, su mayor desafío será mantenerse en contacto con sus ciudadanos y responder al creciente descontento mundial. Ellos se esforzarán por calmar los mercados financieros y asegurar que primero la zona euro, luego Estados Unidos y finalmente Japón resolverán su crisis de deuda soberana. Es urgente apagar los incendios financieros. Sin embargo, para conservar la legitimidad política el G-20 deberá enfrentar con el mismo vigor la tragedia de los millones de desempleados y de trabajadores precarios que están pagando el precio de una crisis de la cual no son responsables.

Los líderes del G-20 pueden dirigir sus esfuerzos de recuperación económica mundial hacia el camino del trabajo decente basándose en sólidas asociaciones público/privadas. Esto se traduce en cuatro medidas concretas que han demostrado su eficacia.

En primer lugar, aumentar las inversiones en infraestructura generadoras de empleo desde el actual 5-6 por ciento del PIB a 8-10 por ciento en los próximos cinco años. China e Indonesia han demostrado que esas inversiones son cruciales para mantener el empleo durante una desaceleración.

En segundo lugar, garantizar que pequeñas y medianas empresas, la principal fuente de creación de empleo, tengan acceso al financiamiento bancario y a sistemas de apoyo a la gestión, y que los créditos otorgados a las Pymes crezcan. Eso han hecho Brasil y México.

En tercer lugar, concentrarse en el empleo para los jóvenes, a través de pasantías, y servicios de orientación y formación empresarial, a fin de facilitar la transición de la escuela al trabajo. Los países que han seguido esta ruta, como Alemania, Australia y Singapur, tienen tasas de desempleo juvenil más bajas.

Finalmente, establecer pisos de protección social en los países con baja cobertura. Puede realizarse con un costo de entre uno y dos por ciento del PIB, dependiendo del país. Los esquemas de protección social financiados con dinero público en Argentina, Brasil, India, México y Sudáfrica están ayudando a millones de personas a salir de la pobreza.

Si los países se concentran en estas prioridades al mismo tiempo que elaboran planes creíbles y socialmente responsables para financiar la deuda soberana y consolidar las finanzas públicas, la recuperación será más sólida. La meta es impulsar la tasa mundial de crecimiento del empleo a 1.3 por ciento, recuperando así para 2015 la tasa de empleo de la población en edad de trabajar de antes de la crisis.

El mundo enfrenta un urgente desafío de igualdad. La percepción de que algunos bancos son demasiado grandes para fracasar y algunas personas son demasiado pequeñas para ser tomadas en cuenta, y que los intereses financieros predominan sobre la cohesión social, socavan la confianza de las personas.

La OIT apremia a los líderes del G-20 en Cannes a colocar la economía real al mando de la economía mundial; a orientar el sector financiero hacia inversiones productivas a largo plazo en empresas sostenibles; a ratificar y aplicar las ocho normas fundamentales del trabajo, y a promover el empleo, la protección social y los derechos básicos en el trabajo con la misma diligencia aplicada para controlar la inflación y equilibrar las finanzas públicas.

Esto permitirá sentar las bases de una nueva era de justicia social.

*Director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). en La Jornada, Mex.

 

El nivel de la pobreza en México es uno de los mayores del mundo

  • Miles de jóvenes quedan en la exclusión social, sin educación ni trabajo, alerta el PNUD
  • Científicamente comprobado que la base social de apoyo del narco está en los expulsados del sistema, dice experto
  • Al decir ninis se oculta que no se dan oportunidades a ese sector, afirma

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Alumnos y padres de familia en una escuela de Milpa Alta. No es que los llamados ninis ni estudien ni trabajen, es que no los dejan hacer ni una cosa ni la otra, afirma especialistaFoto Jesús Villaseca

Juan Carlos Miranda

Enviado

Periódico La Jornada
Lunes 31 de octubre de 2011, p. 24

Oaxaca, Oax., 30 de octubre. Los índices de pobreza en México están muy por encima del promedio de América Latina, lo que provoca la exclusión social de miles de jóvenes que no tienen acceso a la educación ni al trabajo y son presa fácil del crimen organizado, advirtió el asesor especial de la Dirección de Políticas de Desarrollo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Bernardo Kliksberg.

Al participar en el Encuentro Empresarial 2011, organizado por la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), el funcionario dijo que entre los pobres de América Latina sólo uno de cada cinco termina la secundaria, requisito sin el cual no son aceptados para trabajar en casi ningún lado.

Está comprobado científicamente que la base social de apoyo del narcotráfico está en los jóvenes expulsados del sistema. En cuanto cortemos realmente la exclusión social del sistema estaremos debilitando la posibilidad del narcotráfico de reclutar jóvenes, destacó.

El especialista argentino sostuvo que la pelea contra el narcotráfico se debe dar en todas las áreas al mismo tiempo: jurídica, legal, policial, etcétera, pero siempre con miras a profundizar la inclusión social.

Cuanto más se democratice México, cuanto más participe la gente, más las políticas van a responder a las verdaderas necesidades.

En una ponencia titulada Valores a cuidar y fortalecer en la construcción de la ciudadanía, destacó que mientras los niveles de pobreza en la región alcanzan en promedio a 30 por ciento de la población, en México llegan a 50 por ciento, uno de los mayores niveles del mundo.

Kliksberg, considerado uno de los principales expertos del mundo en materia de lucha contra la pobreza, criticó que se utilice el término nini para referirse a los jóvenes que ni estudian ni trabajan, pues dijo que esos conceptos sirven únicamente para ocultar que no se ha brindado a ese sector social la oportunidad de acceder a cuestiones básicas para su desarrollo.

“No son ninis; son los excluidos del sistema, y con la terminología nini estamos ocultando que han sido expulsados y excluidos. Nosotros decimos: ni trabaja ni estudia, pero no, no es que ni trabaje ni estudie, es que no lo dejaron hacer ni una cosa ni la otra”, lamentó.

Destacó que las personas en situación de pobreza tienen muchas menores posibilidades de éxito social que quienes no están en esa condición, lo que genera un circulo vicioso que impide la movilidad social.

Un chico pobre no tiene padres que lo estimulen; en muchos casos trabajan. En México hay trabajo infantil a gran escala, y no trabajan porque no terminaron la secundaria. Nadie toma hoy, ni siquiera para puestos de línea en las empresas, a gente que no tenga secundaria completa, expuso.

Agregó que muchos jóvenes indignados en el mundo, como los que han protagonizado manifestaciones en ciudades como Nueva York, Barcelona o Madrid, protestan contra una desigualdad que ha llegado a puntos desorbitantes.

Recordó que el lema de las protestas es: Somos el 99 por ciento, en referencia a que, según cifras oficiales, en Estados Unidos el uno por ciento de la población percibe la cuarta parte del ingreso de ese país, y alrededor de 400 personas poseen una fortuna superior al conjunto de la que tienen 150 millones de estadunidenses, detalló.

CEPAL: Argentina, Brasil, Bolivia y Venezuela, los que más redujeron desigualdad y pobreza…

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“Argentina…”

 

Por Tomás Lukin, Página/12

america-latina001La secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) recibió a Cash en una improvisada oficina donde está trabajando desde que el terremoto golpeó al emblemático edificio del organismo en Santiago de Chile. Alicia Bárcena no es economista, es bióloga pero recurre sin problemas a economistas latinoamericanos como Raúl Prebisch y Celso Furtado para proponer políticas de desarrollo diseñadas desde la región, cuestionar la apreciación cambiaria y defender los controles de capitales.

Bárcena desembarcó en el organismo a mediados de 2008 y se convirtió en la primera mujer en asumir la conducción de Cepal. Previamente la mexicana se desempeñaba como secretaria general Adjunta de Gestión en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, donde manejaba el gigantesco presupuesto de la ONU.

“América latina es hoy una región progresista. En Argentina se ha dado un cambio de modelo desde 2003. Es uno de los países de la región que más redujeron la desigualdad”, afirma Bárcena quien, lentamente, está revitalizando el discurso político y económico de la Cepal.

La agenda de desarrollo que presenta en sus intervenciones por la región reconoce la necesidad de “disciplinar” a los empresarios a través de distintos impuestos como pueden ser las retenciones, recupera las propuestas vinculadas con la inversión pública en ciencia y tecnología con desarrollos locales, y enfatiza la relevancia de preservar un tipo de cambio que responda a vectores productivos y no sea determinado por flujos especulativos.

–¿Qué evaluación hace la Cepal de la última década en América latina?

–Los gobiernos progresistas, desde 2002 y 2003, nos dejan un legado muy positivo donde no hay marcha atrás en las políticas sociales. Hemos aprendido que hay que igualar para crecer, que no alcanza crecer para igualar. El gasto social no se pierde, sino que es el motor de la economía.

–¿La región aprendió de los fracasos de las décadas del ’80 y ’90?

–Sin duda. La región ha aprendido lecciones muy importantes del pasado. Hoy somos una región que ha entendido la importancia de la macroeconomía: mantener bajos niveles de déficit de cuenta corriente, o superávit, bajos niveles de deuda, controlar la inflación y promover la acumulación de reservas. Después de la década del ’80 la región demoró 14 años para recuperar los niveles del PIB per cápita, pero para recuperar los niveles sociales nos tomamos 25 años.

–¿Qué cambió con los gobiernos progresistas en Latinoamérica?

–Como herencia de estos gobiernos progresistas la región invirtió activamente sus políticas sociales con distintas medidas de protección de empleo, el salario y otros programas. Apoyando incluso a los empresarios. Los estímulos fiscales durante la crisis fueron muy efectivos para estimular la demanda. Así nos recuperamos mucho más rápido de la crisis que el resto del mundo. El PIB había caído 1,9 por ciento en 2009. Este año la región recupera y crece 6 por ciento.

–¿Cómo continúa este nuevo esquema regional a la salida de la crisis económica global?

–Uno de los aspectos centrales de nuestra región es sobreponernos a la heterogeneidad estructural. En la Cepal creemos que el camino hacia el desarrollo está en la convergencia productiva. Rearticular los sectores productivos, dinamizarlos y reindustrializar. La región debe aprovechar sus mercados internos. Países con grandes mercados internos como Argentina, Brasil, Colombia y México deberían convertirse en los grandes motores del crecimiento regional. Si crece Brasil, crecen las economías que están a su alrededor. Eso es una buena noticia.

–¿Qué es lo que tienen que hacer los gobiernos?

–Hay que diversificar la estructura productiva e incentivar la inversión. Es muy importante porque la estructura de las exportaciones está muy concentrada en materias primas y precios que son volátiles y generan vulnerabilidad externa. La única forma para salir de la desigualdad es el empleo con derechos y protección.

–¿Qué significa diversificar la estructura productiva?

–Significa no sólo depender de enclaves de materias primas, sino también desarrollar servicios como puede ser la industria de software.

–Algo similar hizo Irlanda y hoy atraviesa una fuerte crisis económica.

–En Irlanda el manejo financiero es lo que fracasó; la diversificación productiva funcionó bien. Lo mismo en Finlandia y Nueva Zelanda. Cómo buscar nuevos nichos industriales es uno de los grandes temas. En el área de energía, biocombustibles, biotecnología, nanotecnología, comunicaciones, incluso con la soja. Es necesario profundizar el agregado de valor, la innovación y la articulación regional.

–¿Cómo pueden lograr Bolivia, Argentina o Ecuador impulsar este tipo de procesos?

–Definitivamente el gasto público debe cumplir un rol central. La inversión en investigación y desarrollo debe incrementarse. Hoy en la región es 0,6 por ciento mientras que en Corea del Sur alcanza al 4 por ciento. Nuestro continente tiene enorme espacio para crear localmente sus propios desarrollos tecnológicos sin que se importen de Japón o Alemania. Raúl Prebisch o Celso Furtado plantearon una agenda muy profunda para América latina que parte de la base de que el desarrollo arranca de nosotros mismos. Nadie nos va a desarrollar desde afuera. Hay que tener un planteamiento de pensamiento propio, con densidad nacional.

–La Cepal retoma así sus postulados históricos, que gestiones anteriores habían olvidado influenciados por la ola neoliberal.

–En la Cepal sabemos que el crecimiento y el desarrollo no son sinónimos. No alcanza con crecer: el desarrollo es igualar para crecer. Todavía nos falta gestión de la innovación que se hace en nuestras universidades y los jóvenes empresarios emprendedores. La región debe aprovechar la mejora en los términos de intercambio y crear fondos para ciencia y tecnología.

–Existe una importante oposición de algunos sectores económicos para que el Estado se apropie de esas ganancias y las utilice.

–Uno de los temas más importantes es la convergencia entre trabajadores, empresarios y el Estado. Nos hacen falta pactos sociales profundos. Disciplinar a los empresarios significa alcanzar un camino conjunto. El modelo donde el mercado lo podía todo no funciona y tampoco el Estado solo puede hacer todo.

–¿Propone un pacto social, como se quiere impulsar en estos momentos en Argentina?

–Necesitamos nuevos pactos para que las ganancias de productividad se queden en la región y no se concentren en muy pocos. El factor redistributivo debe ser el Estado y eso se logra con diálogo. Los empresarios deben ver que la desigualdad conspira contra ellos. Los empresarios también necesitan reglas de juego que las pone el Estado.

–¿Qué papel juega el tipo de cambio en este escenario que plantea?

–El tipo de cambio es un instrumento muy importante que manda señales muy potentes hacia el sector productivo. El tipo de cambio debe responder a los vectores productivos. Nada sería peor que las señales fueran a la concentración exclusiva de materias primas abandonando al resto de las actividades. Tenemos que evitar la apreciación.

–Esto implica aplicar controles al ingreso de capitales especulativos.

–Somos partidarios de los controles de capitales financieros especulativos. Esa medida es muy importante para apuntalar nuestras economías. Hay que desdramatizar algunos temas. La solvencia fiscal es importante, pero no se puede descuidar al sector productivo. La variable de ajuste no puede ser el sector productivo ni los trabajadores. Algunos países tienen más espacio que otros, pero sin duda no se puede perder el dinamismo en materia laboral.

–¿Cómo interpreta Cepal el desempeño argentino durante la última década?

–A partir de 2003, Argentina inició un cambio muy positivo. Hubo una acción muy valiente del Estado para transformar profundamente el modelo. Hay un quiebre cuando uno compara con la década de los ’90. Argentina, junto con Brasil, Bolivia y Venezuela, son los países de la región que más redujeron la desigualdad y la pobreza. Eso es sin contemplar la Asignación Universal por Hijo; midiendo eso, los resultados son todavía mejores.

También ha mejorado considerablemente el balance de pagos y la cuenta corriente. La deuda pública tiene un muy buen comportamiento y aumentan las reservas internacionales. El Estado ha tomado decisiones correctas para la sociedad argentina.

–¿Qué desafíos piensa que enfrenta?

–Es un proyecto de país que se ha ido construyendo desde 2003. Es un cambio de modelo que no está exento de problemas y desafíos pero por lo menos se plantea un proyecto social, productivo y de articulación política social de diálogo. Es un muy buen momento para la convocatoria de un pacto social. Hay un alto nivel de convergencia. Eso lo observé en Mar del Plata. En Argentina se está dando algo que para nosotros en Cepal es muy importante: un proyecto donde se está buscando la convergencia productiva y territorial, apoyando a las familias pobres, reduciendo la desigualdad, aprovechando el buen contexto externo a favor de la economía nacional

Written by Eduardo Aquevedo

24 diciembre, 2010 at 3:43

I. Wallerstein: ¿nos ponemos a discutir la pobreza?

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Immanuel Wallerstein

MIRO001Durante los 15 o 20 años en que el Consenso de Washington dominó el discurso del sistema-mundo (circa 1975-1995), la pobreza fue una palabra tabú, aun cuando se incrementaba a saltos y zancadas. Se nos dijo que lo único que importaba era el crecimiento económico, y que el único camino al crecimiento económico era dejar que el mercado prevaleciera sin interferencia estatista alguna –excepto, por supuesto, aquella del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Tesoro estadunidense.

La señora Thatcher de Gran Bretaña nos legó su famosa consigna TINA There Is No Alternative [no hay alternativa], con la que quería decirnos que no había alternativa para ningún Estado que no fuera Estados Unidos y, supongo, el Reino Unido. Los países del sur, sumidos en tinieblas, únicamente tenían que abandonar sus ingenuas pretensiones de controlar su propio destino. Si lo hacían, entonces podrían algún día (pero quién podría decir cuándo) ser recompensados con crecimiento. Si no lo hacían, estarían condenados a –¿me atrevo a decirlo?– la pobreza.

Hace mucho que terminaron los días de gloria del Consenso de Washington. Las cosas no mejoraron para la mayoría de la gente del Sur global –muy por el contrario– y la rebelión estaba en el aire. Los neozapatistas se levantaron en Chiapas en 1994. Los movimientos sociales le pusieron un alto a la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, en 1999 (de la cual nunca se ha recuperado). Y el Foro Social Mundial comenzó su vida expansiva en Porto Alegre en 2001.

Cuando la así llamada crisis financiera asiática estalló en 1997, ocasionando vastos daños económicos en el este y el sudeste asiático, que se expandieron a Rusia, Brasil y Argentina, el FMI se sacó del bolsillo una serie de trilladas demandas para estos países, si querían alguna ayuda. Malasia tuvo el valor de decir no gracias, y Malasia fue la más pronta en recuperarse. Argentina fue aún más audaz y ofreció pagar sus deudas a más o menos 30 centavos por dólar (o nada).

Indonesia, sin embargo, se volvió a enganchar y pronto lo que parecía una muy estable y duradera dictadura de Suharto llegó a su fin debido a un levantamiento popular. En el momento, nadie excepto Henry Kissinger, ni más ni menos, le rugió al FMI, diciendo, en efecto ¿qué tan estúpido se puede ser? Era más importante para el capitalismo mundial y Estados Unidos mantener a un dictador amistoso en el poder en Indonesia que hacer que un país siguiera las reglas del Consenso de Washington. En un famoso editorial abierto, Kissinger dijo que el FMI actuaba como un doctor especialista en sarampión que intenta curar todas las enfermedades con un solo remedio.

Primero el Banco Mundial y luego el FMI aprendieron su lección. Forzar a los gobiernos a aceptar como política sus fórmulas neoliberales (y como precio por la asistencia financiera cuando sus presupuestos estatales están en desbalance) puede tener nefastas consecuencias políticas. Resulta que después de todo hay alternativas: el pueblo puede rebelarse.

Cuando la siguiente burbuja reventó y el mundo entró en lo que hoy se refiere como la crisis financiera de 2007 o 2008, el FMI se sintonizó más con las desagradables masas que no conocen su sitio. Y alabado sea, el FMI descubrió la pobreza. No sólo descubrieron la pobreza, sino que decidieron proporcionar programas para reducir el monto de pobreza en el Sur global. Vale la pena entender su lógica.

El FMI publica una elegante revista trimestral llamada Finance & Development. No está escrita para economistas profesionales sino para el público más amplio de diseñadores de políticas, periodistas y empresarios. El número de septiembre de 2010 incluye un artículo de Rodney Ramcharan cuyo título lo dice todo: La desigualdad es insostenible.

Rodney Ramcharan es un economista de alto rango en el departamento africano del FMI. Nos dice –la nueva línea del FMI– que las políticas económicas que simplemente se enfocan en las tasas de crecimiento promedio pueden ser peligrosamente ingenuas. En el Sur global una alta desigualdad puede limitar las inversiones en capital humano y físico que impulsen crecimiento, incrementando los llamados en favor de una retribución posiblemente ineficiente. Pero lo peor es que una gran desigualdad le da a los ricos mayor voz que a la mayoría, menos homogénea. Esto a su vez puede sesgar aún más la distribución del ingreso y osificar el sistema político, lo que conduce en el largo plazo a consecuencias políticas y económicas todavía más graves.

Parece que el FMI finalmente escuchó a Kissinger. Tienen que preocuparse tanto por las masas sin lavar en los países de gran desigualdad, como por sus elites, que también retrasan el progreso porque quieren mantener su control sobre la mano de obra no calificada.

¿Se ha vuelto el FMI repentinamente la voz de la izquierda mundial? No seamos tontos. Lo que quiere el FMI, al igual que los capitalistas más sofisticados del mundo, es un sistema más estable donde sus intereses de mercado prevalezcan. Esto requiere torcerle el brazo a las elites del Sur global (y aun del Norte global) para que renuncien a unas pocas de sus mal habidas ganancias en aras de programas de pobreza que apaciguarán lo suficiente a los pobres, siempre en expansión, y calmarán sus pensamientos de rebelión.

Puede ser demasiado tarde para que esta nueva estrategia funcione. Las caóticas fluctuaciones son muy grandes. Y la insostenible desigualdad crece diario. Pero el FMI y aquéllos cuyos intereses representa no van a dejar de intentarlo.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

Written by Eduardo Aquevedo

12 diciembre, 2010 at 1:29

La vergüenza del vil centenario, por P. Lemebel

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de Pedro Lemebel,

mapuches_manifestación Son tantos días que llevan mis hermanos mapuches en huelga de hambre, y este país glotón saciándose con sus asados de fiestas patrias, con sus banquetes por el vil centenario, por las reuniones de mantel largo que se les dará a las visitas imperiales que vienen a degustar el salmón al pil pil , el guachalomo frufrú o las papayas con albaca que les ofrecerá la presidencia de la derecha.

La vergüenza es un manjar amargo que se masca y cuesta tragar, más aun cuando se sabe que un grupo de mapuches en el sur del país se niegan a probar bocado en señal de repulsa frente a la injusticia. En señal de protesta por la maldita ley antiterrorista que los tiene encarcelados y se les aplicó por defender sus derechos ancestrales. Una vez mas el pueblo mapuche es agredido en su propia tierra. Y digo “propia” porque estoy hablando de sus praderas verde olivar, de sus lomajes azules, amarillos, rosados que pinta el tornasol de las flores que en esta época acuarelan el paisaje sureño donde antaño la raza indómita miraba los amaneceres sin lentes de sol.

Resulta vergonzoso saber que este grupo de personas permanece encarcelado solo por manifestarse contra el yugo cultural impuesto. Y que hacer con esta rabia cuando vemos que los medios de comunicación casi no informan de esta protesta que puede terminar con algún comunero muerto por inanición.  Algunos de ellos tienen mareos y casi no se sostienen en pie. Nadie se preocupa tanto, y las autoridades y ministros faranduleros se hartan de comistrajos finos en los banquetes de palacio, cual obesos budas de la verborragia. Ojala les de colitis, una diarrea putrefacta que los arrastre por el water hasta el mismísimo mar. Y ni aun así se les borra la sonrisa hipócrita que lucen para las cámaras. Ni aun así dejan de masticar sus discursos entre canapé y canapé. Comen y comen y se comen a si mismos en la degustación mezquina de sus manjares y exquisiteces. Comer y cagar es su dieta para no saber que el grupo mapuche se niega a probar bocado, como si este gesto fuera un negarse a negociar, como si este gesto de mudez se negara a asumir el lenguaje del conquistador. “La porfía silencio es el estandarte de un pueblo que no le dio entrevistas a la historia”. No es el que calla otorga, aquí no hay nada que otorgar ni tranzar.

Viene el 18 de septiembre, y todos se preparan para la gran cena del bicentenario. Con empanadas de pavo o faisán, con asado de filete, mejor pescado, dice la ministra cuica tocándose la cintura de mosca, mordiendo apenas una aceituna rellena de anchoas. Mientras allá en el lluvioso sur las bocas cerradas de la tierra agonizan en su huelga de hambre. El invierno se termina, cae la ultima llovizna en la capital, también ruedan opacos lagrimones por la mejilla rugosa de una abuela machi. Llego de improviso la primavera, millones en fuegos artificiales para el vil centenario, vemos jirones de luces a lo Hollywood desde La Moneda. A los comuneros mapuches les enrejaron el cielo. Un estremecimiento de tripas marcará este dieciocho. La carne se quema en la parrilla, el vino blanco con chirimoya se entibia por el calor. El vahído de una nausea ancestral distorsiona el himno patrio que se escucha en casi todos los hogares chilenos.