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Osama ha muerto: ¿qué diferencia hace esto?, por I. Wallerstein

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Immanuel Wallerstein
La Jornada
 
 

Osama Bin Laden fue muerto en Abbottabad, Pakistán, el 2 de mayo de 2011, tiempo de Pakistán. Fue asesinado por fuerzas estadunidenses, conocidas como US Seals, en una operación especial ordenada por el presidente de Estados Unidos. El mundo entero sabe esto, y las reacciones a este acontecimiento han sido extremadamente diversas. ¿Pero ha cambiado algo, en algún lado, esta muerte? ¿Importa?

La primera pregunta que la mayoría de la gente se está haciendo es si esta muerte significa la disolución de Al Qaeda. Es claro desde hace algún tiempo que Al Qaeda no es hoy una sola organización sino una franquicia. Si Osama comandaba directamente algunos grupos, eran aquellos localizados en Pakistán y Afganistán. Hay lo que podrían parecer estructuras autónomas que se llaman a sí mismas Al Qaeda en otras partes del mundo, y notablemente en Irak, Yemen y el Magreb. Tales grupos han realizado un homenaje simbólico a Osama pero toman sus propias decisiones operacionales.

Además, el poder político y de combate actual de los varios grupos parece haber declinado desde hace algún tiempo. La razón más importante para esto no es el asesinato de los líderes de Al Qaeda por Estados Unidos u otros gobiernos sino la sensación entre la mayoría de las otras fuerzas islamitas de que podrían impulsar más sus metas mediante rutas más políticas. El asesinato de Osama puede inspirar algunos intentos inmediatos de Al Qaeda de vengarse, pero no es probable que esto frene mucho la creciente irrelevancia de Al Qaeda en el escenario mundial.

¿Acaso la muerte de Osama cambiará la situación en Pakistán o Afganistán? El gobierno de Pakistán ya se sentía inseguro desde antes de esto. Ahora se refunfuña en público tanto en Pakistán y Estados Unidos por lo que pudo haber sabido el gobierno paquistaní y cuándo lo supo. La línea oficial del gobierno paquistaní es que durante siete años no supo nada de que Osama estuviera situado en una villa aledaña a su principal academia militar. Y también alega que no supo nada previamente al ataque estadunidense y considera que fue una infracción ilegitima de la soberanía paquistaní.

Ninguno de estos argumentos es plausible. Por supuesto que sabía dónde vivía Osama, o por lo menos algunos funcionarios paquistaníes lo sabían. ¿Cómo podrían no haberlo sabido? Y por supuesto el gobierno estadunidense sabía que Pakistán sabía y no lo decía. Todo esto fue parte de la difícil y ambigua relación entre los dos aliados durante por lo menos los últimos 10 años. ¿Cambiará la muerte de Osama algo de esto? Lo dudo. La alianza continúa siendo mutuamente necesaria.

Y en cuanto a que si los paquistaníes fueron informados del ataque estadunidense que estaba por emprenderse, depende de cuáles paquistaníes hablamos. Es claro que Estados Unidos quería mantener el ataque en secreto para cualquiera que, en Pakistán, pudiera haber interferido o alertado a Osama. ¿Pero nadie sabía? Tenemos dos piezas de información contraria que han salido a la luz. The Guardian publicó un artículo después de la muerte de Osama donde se informó, sobre la base de conversaciones entre funcionarios estadunidenses y paquistaníes, de que el anterior presidente de Pakistán, Musharraf, hizo un acuerdo con el presidente George W. Bush en 2001, en el que Musharraf accedió por adelantado a algún ataque unilateral estadunidense sobre Osama donde quiera que lo localizaran, con la previsión de que los paquistaníes lo denunciaran públicamente después de sucedido. Musharraf ahora lo niega, ¿pero quién le cree?

Hay una pieza de evidencia todavía más persuasiva. Xinhua, la agencia oficial de noticias china, publicó un reportaje el mismo día de la muerte de Osama que, citando testigos presenciales, narraba que se cortó la luz durante la operación –de hecho dos horas antes de que ocurriera el ataque–, lo que únicamente pudo haberlo hecho alguna dependencia paquistaní que sabía que el ataque estaba por ocurrir. Los chinos tienen en Pakistán una inteligencia interna por lo menos tan buena como Estados Unidos. Así que parece probable que, mientras algunas agencias paquistaníes estuvieron a oscuras, otras se coordinaron con Estados Unidos.

En la punta estadunidense, algunos miembros del Congreso se agitan por el hecho de que los paquistaníes debieron saber que Osama vivía en Abbottabad y quieren por lo tanto cortar o reducir la asistencia financiera y militar a Pakistán. Pero es claro que esto va contra el mantenimiento de alguna influencia estadunidense en Pakistán, y es poco probable que se haga algún cambio real en las relaciones actuales.

Y en cuanto a Afganistán, es claro que, por algún tiempo, los talibanes han estado guardando su distancia de Al Qaeda y Osama, con el fin de perseguir su propio retorno al poder. La muerte de Osama tan sólo puede reforzar su posición dentro de Afganistán, y acelera el proceso por el cual Estados Unidos es empujado hacia fuera, algo que hará muy felices a los militares estadunidenses. Algunos en Estados Unidos dirán que esta victoria les permite hacer los arreglos políticos necesarios con los talibanes. Y algunos de los que se opusieron desde el principio a la intervención estadunidense dirán que esto prueba que no hay ya una amenaza plausible que justifique la continuada presencia estadunidense ahí. Que este escenario es posible puede verse en el grito angustioso que surge de los elementos no pashtunes en el norte de Afganistán de que no se saque conclusión alguna.

¿Acaso el asesinato de Osama hace por lo menos alguna diferencia en Estados Unidos? Bueno, sí hace diferencia. El presidente Obama asumió grandes riesgos políticos al conducir esta operación, especialmente por conducirla utilizando una fuerza Seals en lugar de bombardear la residencia. Si hubiera salido mal en alguna forma, esto lo habría hundido políticamente. Pero no salió mal. Y así se ha deshecho todos los argumentos republicanos de que es un líder débil, especialmente en asuntos militares. Esto sin duda lo ayudará en las elecciones venideras. Pero de nuevo los comentaristas han apuntado que esto lo ayudará tan sólo un poco. La economía sigue siendo el gran asunto interno de la política estadunidense. Y la relección de Obama y las perspectivas demócratas en las elecciones para el Congreso se verán afectadas sobre todo por asuntos de bolsillo en 2012.

Así, ¿qué diferencia hace la muerte de Osama? No demasiada.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/05/21/index.php?section=opinion&article=024a1mun

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N. Chomsky: mi reacción ante la muerte de Osama Bin Laden…

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Noam Chomsky
Guernica
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


Cada vez es más evidente que la operación fue un asesinato planificado, violando de manera múltiple normas elementales del derecho internacional. No  que hicieran ningún intento de aprehender a la víctima desarmada, lo que presumiblemente podrían haber logrado 80 comandos que virtualmente no enfrentaban ninguna oposición, excepto, afirman, la de su esposa, que se lanzó hacia ellos. En sociedades que profesan un cierto respecto por la ley, a los sospechos se les aprehende y se les conduce a un juicio justo. Subrayo “sospechosos”.

En abril de 2002, el jefe del FBI, Robert Mueller, informó a la prensa de que después de la investigación más intensiva de la historia, el FBI solo podía decir que “creía” que la conspiración se tramó en Afganistán, aunque se implementó en los Emiratos Árabes Unidos y Alemania. Lo que solo creían en abril de 2002, obviamente no lo sabían 8 meses antes, cuando Washington desdeñó ofertas tentadoras de los talibanes (no sabemos cómo de serias porque se descartaron instantáneamente) de extraditar a Bin Laden si les presentaban alguna evidencia, la que, como pronto supimos, Washington no poseía. Por lo tanto Obama simplemente mintió cuando dijo en su declaración de la Casa Blanca, que “rápidamente supimos que los ataques del 11-S fueron realizados por al-Qaida”.

Desde entonces no han suministrado nada serio. Han hablado mucho de la “confesión” de Bin Laden, pero suena más bien como si yo confesara que gané el Maratón de Boston. Alardeó de algo que consideraba un gran logro.

También hay mucha discusión sobre la cólera de Washington porque Pakistán no entregó a Bin Laden, aunque seguramente elementos de las fuerzas militares y de seguridad estaban informados de su presencia en Abbottabad. Se habla menos de la cólera paquistaní porque EE.UU. invadió su territorio para realizar un asesinato político. El fervor antiestadounidense ya es muy fuerte en Pakistán, y estos eventos probablemente lo exacerbarán. La decisión de arrojar el cuerpo al mar ya provoca, previsiblemente, cólera y escepticismo en gran parte del mundo musulmán.

Podríamos preguntarnos cómo reaccionaríamos si unos comandos iraquíes aterrizaran en el complejo de George W. Bush, lo asesinaran, y lanzaran su cuerpo al Atlántico. Sin lugar a dudas sus crímenes excedieron en mucho los de Bin Laden, y no es un “sospechoso” sino indiscutiblemente el que “tomó las decisiones”, quien dio las órdenes de cometer el “supremo crimen internacional, que difiere solo de otros crímenes de guerra en que contiene en sí el mal acumulado del conjunto” (citando al Tribunal de Núremberg) por el cual se ahorcó a los criminales nazis: los cientos de miles de muertos, millones de refugiados, destrucción de gran parte del país, el encarnizado conflicto sectario que ahora se ha propagado al resto de la región.

Hay más que decir sobre [el terrorista que hizo volar el avión cubano, Orlando] Bosch, quien acaba de morir pacíficamente en Florida, incluida la referencia a la “doctrina Bush” de que las sociedades que albergan a los terroristas son tan culpables como los propios terroristas y hay que tratarlas de la manera correspondiente. Parece que nadie se dio cuenta de que Bush estaba llamado a la invasión y destrucción de EE.UU. y al asesinato de su criminal presidente.

Lo mismo pasa con el nombre: Operación Gerónimo. La mentalidad imperial está tan arraigada, en toda la sociedad occidental, que parece que nadie percibe que están glorificando a Bin Laden al identificarlo con la valerosa resistencia frente a los invasores genocidas. Es como bautizar nuestras armas asesinas según las víctimas de nuestros crímenes: Apache, Tomahawk… Es como si la Luftwaffe llamara sus aviones caza: “Judío” y “Gitano”.

Hay mucho más que decir, pero incluso los hechos más obvios y elementales deberían darnos mucho que pensar.

Copyright 2011 Noam Chomsky

Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Es autor de numerosas obras políticas. Sus últimos libros son una nueva edición de Power and Terror, The Essential Chomsky (editado por Anthony Arnove), una colección de sus escritos sobre política y sobre el lenguaje desde los años cincuenta hasta el presente, Gaza in Crisis, con Ilan Pappé, y Hopes and Prospects, también disponible en audio.

Written by Eduardo Aquevedo

9 mayo, 2011 at 15:33

Muerte de Osama Bin Laden: ¿Acto de guerra o ejecución?

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La hija de Bin Laden asegura que su padre fue capturado vivo y ejecutado

Los soldados paquistaníes encontraron 16 personas maniatadas, incluidos nueve niños y tres mujeres

ÁNGELES ESPINOSA | Islamabad 04/05/2011

 El ejército paquistaní accedió al recinto una hora después del ataque estadounidense y, junto a cuatro cadáveres acribillados, encontró a 16 personas maniatadas con bridas de plástico. De ellos, nueve eran niños de entre 2 y 12 años y tres, mujeres, según informan varios medios locales. Del grupo, tres niños y cuatro eran hijos de los dueños de la vivienda, Arshad y Tareq, respectivamente, por lo que los otros dos eran hijos de Bin Laden, incluida la hija, de 12 años. Ella es la que ha declarado a la prensa local que su padre fue capturado y ejecutado.

De las dos mujeres, una es la última esposa del líder de Al Qaeda, Amal Ahmed Abdulfattah, nacida en Yemen en 1982. Recibió un tiro en la pierna, al parece tras interponerse para proteger a Bin Laden. Se supone que la otra mujer podría ser la médico personal de Bin Laden, que sufría dolores renales. Tras la operación, los militares de EE UU volaron hacia Afganistán. No pudieron llevarse a los familiares del líder terrorista porque no disponían de plazas suficientes en el helicóptero (el otro aparato del operativo fue derribado durante el ataque), según informan medios locales.

Todos los niños están “en lugar seguro y están siendo atendidos de conformidad con la ley”, según ha informado el Ministerio de Exteriores paquistaní mediante un comunicado. “Algunos han necesitado cuidados médicos y están siendo atendidos en las mejores instalaciones posibles. Serán entregados a sus países de origen”. Según informa Al Arabiya, los familiares de Bin Laden han sido trasladados a la localidad de Rawalpindi, cerca de Islamabad. Están siendo atendidos en el hospital local, adonde fueron transportados en helicóptero, según ha informado un miembro de las fuerzas armadas paquistaníes.

Respecto a la mujer muerta, los militares paquistaníes sostiene que podría ser o bien la mujer de Bin Laden o un familiar cercano, dado que habría sacrificado su vida por él. “Según nuestra información, hizo de escudo ante Bin Laden durante la operación y fue ejecutado por los comandos estadounidenses”, según ha señalado un cargo militar a Al Arabiya.

Las Fuerzas especiales estadounidenses solo se llevaron dos cuerpos en el helicóptero. Se supone que uno era el de Bin Laden y el otro, el de su hijo. Cuando llegaron los soldados y las agencias de seguridad paquistaníes, los comandos de EE UU ya sobrevolaban las montañas del cinturón tribal de Pakistán, de camino a Afganistán.

EL PAIS.COM

LA HISTORIA OFICIAL TIENE POCOS DETALLES Y DEJA ABIERTOS MUCHOS INTERROGANTES SOBRE LO QUE PASO

Osama,el hombre que resiste aun desarmado

El vocero presidencial Jay Carney justificó la escasez de datos publicados con la excusa de que oficiales del gobierno y de la CIA siguen chequeando la información disponible, pero admitió que Bin Laden no estaba armado cuando lo asesinaron.

La Casa Blanca ofreció ayer su versión de los hechos ocurridos el lunes a la madrugada en la ciudad pakistaní de Abbottabad que acabaron con la vida del líder de Al Qaida, Osama bin Laden. La intención de la narración, acotada y con pocos detalles, es fijar una historia oficial del ataque que cerró un capítulo de la lucha estadounidense contra el terrorismo internacional. “Bin Laden no estaba armado cuando la unidad especial entró en la habitación en la que se escondía y lo abatió. Pero la resistencia ante un ataque no requiere de un arma”, reveló uno de los voceros de la Casa Blanca, Jay Carney, encargado de difundir la cronología elaborada por el gobierno de Estados Unidos.

El funcionario justificó la escasez de datos publicados con la excusa de que oficiales del gobierno y de la CIA siguen chequeando la información disponible y los documentos que secuestraron tras el asesinato. La falta de imágenes que certifiquen la veracidad de lo ocurrido, por su parte, se debería a que algunas de ellas son demasiado fuertes: “Hay sensibilidades en torno de lo apropiado de publicar las fotos tras el tiroteo (…), son truculentas”, señaló Carney. De acuerdo con la descripción que ofreció Carney a los medios nacionales e internacionales, el fin de Bin Laden comenzó a última hora del domingo, cuando, a bordo de helicópteros, dos equipos de soldados de Estados Unidos, integrantes de las tropas Seal Team Six especializadas en antiterrorismo, llegaron a la residencia de Abbottabad en que vivía parte de la familia de Bin Laden junto con otras dos familias. Allí se separaron en los dos edificios principales del complejo habitacional.

El equipo que se encargó del edificio donde finalmente se localizó al líder de Al Qaida encontró en la primera planta del edificio a dos mensajeros y a una mujer. Los mató a los tres. “La mujer perdió la vida porque se interpuso en el cruce de fuego”, apuntó Carney, que luego informó que los efectivos especiales encontraron a Bin Laden y a su familia en el segundo y tercer piso. El texto no ofreció precisiones sobre la ubicación exacta del hombre más peligroso del mundo ni la cantidad específica de personas que habitaban esos sitios.

El funcionario sólo aclaró que junto a él había una mujer, una de sus esposas, que no murió, tal como lo afirmaba la versión de los hechos que circuló hasta ayer, sino que resultó herida tras recibir un tiro en una pierna cuando se abalanzó sobre uno de los soldados estadounidenses.

“Estaba la preocupación de que Bin Laden se opusiera a su captura. De hecho se resistió”, remarcó Carney, aunque no proporcionó detalles respecto de si el líder del grupo islámico más temido por Occidente utilizó elemento alguno para defenderse o la manera en que lo hizo.

No obstante, despejó dudas: Bin Laden no emitió disparo de arma de fuego porque no contaba con una. Hasta la conferencia del Ejecutivo estadounidense, la versión de los hechos en Pakistán aseguraba que Bin Laden había respondido con disparos al ataque de las fuerzas especiales que lo mataron. El consejero de la Casa Blanca para la lucha antiterrorista, John Brennan, lo había certificado al narrar ante los medios la asombrosa experiencia de ver a través de la televisión el asesinato del líder islámico. Error.

“Resistirse no requiere de un arma”, se limitó a indicar el vocero de la Casa Blanca, antes de asegurar que conforme el gobierno para el que trabaja revise los documentos, llegarán más detalles sobre el ataque.

El asesinato del árabe más buscado llegó después del intento de resistencia de su esposa: “Se disparó contra Bin Laden y éste murió”, señaló la narración.

El informe oficial insiste una vez más en que el cuerpo recibió sepultura en el mar: “Se siguieron los preceptos y prácticas islámicos. Una vez que el portaaviones USS Carl Vinson, que trasportaba el cuerpo, estuvo sobre el mar Arábigo, los efectivos lavaron el cadáver y lo colocaron en una sábana blanca. Luego fue introducido en una bolsa con lastre. Un oficial militar leyó unos pasajes religiosos preparados que fueron traducidos al árabe por un nativo. Tras ello, el cuerpo fue colocado sobre una plancha desde la que se deslizó al mar”.

El vocero aseguró que la ceremonia fue documentada en video y que también existen fotografías del cuerpo de Bin Laden. Pero también explicó que Washington está evaluando si la publicación de las imágenes es conveniente para Estados Unidos o no. “Altos funcionarios están analizando el objetivo de la difusión de las fotos y si ese hecho dañaría en algún modo los intereses (estadounidenses) no sólo doméstica sino globalmente”, apuntó Carney. “Hay sensibilidades en torno de lo apropiado de publicar las fotos tras el tiroteo (…), son truculentas y podrían provocar reacciones incendiarias”, señaló.

En tanto, Estados Unidos aseguró que un grupo de analistas expertos se encuentra analizando elementos y documentación hallada en la mansión donde se escondía Osama bin Laden. “Vamos a analizarlo detenidamente para informar sobre probables amenazas, posibles planes que pueden estar en marcha, informaciones que puedan llevarnos a otros líderes de Al Qaida y sobre qué tipo de sistema de apoyo pudo haber tenido él en Pakistán”, explicó Brennan, que reapareció en escena un día después de haber difundido información sobre el asesinato que ayer fue desmentida por la propia Casa Blanca. “Claramente, hay algún tipo de red de apoyo que le proporcionaba asistencia y ayudaba a facilitar el contacto entre Bin Laden y sus operativos”, detalló Brennan.

La muerte de Bin Laden – EL DEBATE SOBRE LA LEGALIDAD DE LA OPERACIÓN

¿Acto de guerra o ejecución?

Para unas personas EE UU ha actuado como policía, juez y verdugo en la muerte de Bin Laden; para otras, es una acción legítima contra un objetivo militar

S. BLANCO / F. SÍMULA / J. LOSA – Madrid – 05/05/2011

A medida que trascienden los detalles sobre cómo se desarrolló la operación que acabó con la vida de Osama bin Laden, crece la polémica sobre dos aspectos legales. Por un lado, se cuestiona hasta qué punto la actuación de los comandos especiales de EE UU viola la legalidad internacional. Por otro, resurge el debate sobre la validez de pruebas obtenidas bajo tortura en centros de detención como Guantánamo o las cárceles secretas

Los expertos en derecho internacional, políticos y miembros de organizaciones de derechos humanos consultados dudan sobre la legalidad de la operación que acabó con el líder de Al Qaeda.

Ali Dayan Hasan (Human Rights Watch en Pakistán)

“Ninguna ley permite el uso ilimitado de la fuerza”

Todo depende de si la operación se considera una acción en un conflicto armado, o una acción policial, porque se aplican códigos legales diferentes. Si se examina pensando en Osama bin Laden como un objetivo militar válido, entonces puede ser atacado sin buscar su rendición, aunque si se rinde, no se le puede atacar. Si se aplica el derecho internacional, no el de la guerra, es necesario buscar primero la rendición, y el uso de la fuerza solo si es necesario, como por ejemplo para proteger vidas. Tanto un código como otro permiten el uso de una fuerza letal, pero no sin límites.

Antonio Remiro (Catedrático de Derecho Internacional, UAM)l

“Esto es el ‘lejano oeste’, no justicia”

Por la información que ha dado la Casa Blanca, Bin Laden estaba desarmado y no parece que estuviera protegido por una fuerza militar digna de tal nombre, sino por algunos guardaespaldas. Lo legal hubiera sido tratar de arrestarlo. La ley permite responder a la fuerza con la fuerza aplicando estándares de necesidad y proporcionalidad. Que Bin Laden fuera el enemigo público número uno no justifica el asesinato. Recuerda al lejano Oeste, donde en vez de buscar a un delincuente “vivo o muerto”, se le busca como se dice: Dead or alive, muerto o vivo. Aquí el orden de los factores sí altera el producto, y son indicativos de cierta mentalidad. Creo que estamos perdiendo nuestros propios valores, aunque con gran celebración popular. Lo que se ha hecho con Bin Laden es liquidarlo y hacerlo desaparecer para evitar su veneración al margen de las leyes internacionales y del derecho de la guerra, si es que tal cosa pudiera aplicarse en este caso.

Antonio Marquina (Catedráticode Relaciones Int. de la UCM)

“No es ilegal, sino un acto de guerra”

Hay que plantearse la cuestión considerando el derecho de legítima defensa por parte de Estados Unidos, que fue atacado con los atentados del 11-S, y en este sentido se enmarca la eliminación de un enemigo, que se considera como un objetivo legítimo. Se trata de un acto de guerra y, como operación militar, no es ilegal, ya que en este contexto rigen otras normas. No conocemos todos los detalles del operativo y faltan elementos para analizar la dinámica de la acción. Es importante subrayar que una cosa es el aspecto legal y otra distinta, la consideración política. Solo en esta tiene cabida analizar si era oportuno para el Gobierno de EE UU mantener vivo a Bin Laden, ya que habría sido una cuestión incómoda a nivel estratégico.

Xavier Seuba (Profesor de Derecho Int. Pompeu Fabra)

“Ha prevalecido la política sobre la ley”

Las consideraciones políticas han prevalecido sobre las argumentaciones jurídicas, de modo que estas han pasado a un segundo plano. Ellos establecen una situación de guerra y de esta forma se permite aplicar decisiones extrajudiciales, son decisiones lícitas en el contexto bélico que ellos han preestablecido.

Gerard Staberock (Organización Mundial contra la Tortura)

“Hasta con el genocidio se recurre a los tribunales”

Si hubiera sido posible, lo mejor habría sido arrestar y juzgar a Bin Laden. Bajo el derecho internacional, como reconoció el Consejo de Seguridad después del 11-S, los Estados están obligados a llevar a los tribunales a los responsables de terrorismo. Esto es lo que la comunidad internacional ha hecho en otros casos de crímenes graves, como genocidio, crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra. Obviamente, detener a una persona como Bin Laden no es fácil y la operación se desarrolló con violencia. Sin embargo, también se ha reconocido que estaba desarmado, alimentando la preocupación porque haya sido ejecutado. Desde el punto de vista del derecho internacional, sería ilegal y una oportunidad perdida para hacer justicia después de los terribles ataques del 11-S. También resulta inquietante cómo los círculos neoliberales de EE UU aprovechan la operación para justificar retroactivamente la tortura, al decir que solo mediante ella se ha logrado encontrar y matar a Bin Laden.

José Juste (Catedrático de Derecho Internacional UV)

“No se han respetado sus derechos”

Con los detalles que se conocen de la operación, es dudoso que se haya respetado el derecho internacional al llevarla a cabo. No se han otorgado unas garantías mínimas a Bin Laden como ser humano, aunque sea un terrorista. Tampoco se le ha dado la posibilidad de tener un juicio justo, y se le ha ejecutado de manera extrajudicial. También puede considerarse lo ocurrido como una operación en un conflicto armado. Pero, incluso en ese caso, también tengo dudas sobre si el derecho de la guerra permite ejecutar a alguien en frío, sin intentar detenerlo, y desarmado, aunque hubiera gente armada para defenderlo. Habría que saber si querían detenerlo y se complicó la operación, o si fueron a matarlo. Si este era el objetivo, me parece de dudosa legalidad también. Por otra parte, si las pistas que condujeron a localizar a Bin Laden se obtuvieron bajo tortura, esto constituye sin duda un hecho ilícito a la luz del derecho internacional. Sin embargo, cabe pensar que eso no contaminaría necesariamente el resultado de la operación desde un punto de vista legal.

Paul Auster (Escritor)

“Su muerte fue como un golpe a la mafia”

“Siempre he tenido la idea de que Bin Laden y Al Qaeda son gánsteres”, dijo el escritor estadounidense a la radio francesa RTL, según Efe. “No son Hitler y los nazis, no son gran cosa. Son gente aislada y loca. La muerte de Bin Laden fue como un golpe a la mafia, como una acción policial contra un gánster, es todo. Creo que no cambia nada en el mundo”.

Schlomo Ben Ami (Exministro israelí)

“Puede que no sea legal pero es legítimo”

El derecho internacional se ha convertido en algo que se aplica en función del poder. Nadie va a pedir cuentas a EE UU por esto. ¿Por qué? Porque América es América. Tampoco se ha hecho con China o Rusia, por ejemplo, en otras cuestiones. Las agencias internacionales no se meten con EE UU, sino con países africanos, por ejemplo, o con Israel, candidato recurrente. Supongo que la operación no es legal, pero sí es legítima. No me imagino un escenario en el que Bin Laden es detenido y espera un juicio difundido urbi et orbi. Sería darle lo que buscaba: publicidad a su ideología. No ayudaría a la lucha contra el terrorismo. España es un país especial en todo el mundo occidental, hay una gran sensibilidad hacia este asunto. Es un país profundamente pacifista y respetuoso con el derecho internacional. Después de los atentados de Londres, Reino Unido endureció sus leyes. España, sin embargo, tras el 11-M, viró hacia la alianza de civilizaciones. Otro ejemplo: por el caso GAL, en otros países, se dan medallas.Susan Lee (Directora de Amnistía Internacional América)

“Deberían haber intentado arrestarlo”

Es imposible determinar si la acción de EE UU en Pakistán vulnera el derecho internacional con los datos que se han difundido. Desde el punto de vista de las leyes de EE UU, sería legal de acuerdo con la Ley de Autorización para utilizar la fuerza militar, aprobada por el Congreso tras el 11-S. Esta ley otorga al presidente la capacidad de “usar toda la fuerza necesaria y apropiada” contra las naciones, organizaciones o individuos que planificaron, autorizaron, cometieron o ayudaron en el atentado. Hemos criticado constantemente el amplio alcance de esta ley de emergencia. Creemos que si como se indica Bin Laden estaba desarmado y no representaba una amenaza inmediata para los miembros de la operación, deberían haber intentado detenerlo para juzgarlo.

Anthony Dwokin (Experto en derechos humanos)

“En Europa no se ve como un acto de justicia”

Mientras Obama ha definido el asesinato de Bin Laden como “un acto de justicia”, para algunos europeos esto suena de manera discordante para describir la muerte por disparos de un hombre buscado por la justicia. Pero es poco probable que se hubiera podido capturar a Bin Laden vivo. Pese a su declarada intención de recuperar la reputación de Estados Unidos por el respeto de los derechos humanos y de las leyes internacionales, Obama no ha podido acabar con las detenciones sin juicios ni ha podido llevar ante los tribunales a los presos más importantes. Ha evitado utilizar la expresión “guerra contra el terror”, pero en muchos aspectos ha mantenido la idea de conflicto armado contra el terrorismo, aunque ha intentado combatirlo con un método que muestre un mayor respeto al derecho internacional.

Leon Panetta, director de la CIA

“Las técnicas de interrogación coercitivas fueron empleadas contra algunos de estos detenidos. No sabemos si podríamos haber obtenido la misma información a través de otros métodos”. Preguntado por si en esas “técnicas de interrogación coercitivas” se incluía el waterboarding (ahogamiento simulado), Panetta respondió: “Correcto”.

EL PAIS.COM

Osama Bin Laden: propaganda y opacidad…

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3 Mayo 2011

Editorial de La Jornada, de México

Un día después del anuncio de la muerte de Osama Bin Laden a manos de soldados estadunidenses -ocurrida el domingo, según el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en la ciudad paquistaní de Abbottabad-, el asesor de seguridad de la Casa Blanca, John Brennan, afirmó que, en cumplimiento de las prácticas y tradiciones musulmanas, los restos del presunto dirigente de Al Qaeda fueron arrojados al Mar Arábigo. Tal afirmación complementa la negativa de los funcionarios de seguridad e inteligencia de la administración Obama a informar sobre la existencia de pruebas que pudieran validar las afirmaciones del gobierno estadunidense sobre la muerte del presunto autor intelectual de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

La información fragmentaria y a cuentagotas que se ha dado hasta ahora sobre el suceso, y la ausencia de fuentes independientes que permitan corroborar lo dicho por las autoridades del vecino país, hacen inevitable percibir el operativo de captura y muerte de Bin Laden no como un ejercicio de justicia ni como una acción de seguridad nacional y de combate al terrorismo -como afirmó el propio Barak Obama-, sino como un despliegue propagandístico cuya veracidad, para colmo, no puede confirmarse: a más de 24 horas de que Obama dio a conocer el asesinato del supuesto cabecilla de Al Qaeda, aún no hay datos que confirmen que éste haya sido muerto en el lugar y la hora en que sostienen las autoridades de Washington; más aun: ni siquiera hay pruebas fehacientes de que el hoy occiso haya estado vivo hasta ayer -el último mensaje que se le atribuyó fue registrado en enero pasado-, y ahora, por lo visto, tampoco hay manera de identificar que el cadáver corresponde, en efecto, a Bin Laden.

El manejo informativo de este hecho específico resulta tan criticable como el que se realiza en torno a su contexto: a casi 10 años de que George W. Bush emprendió la guerra contra el terrorismo y erigió a Al Qaeda como la principal amenaza a la seguridad de ese país y del mundo, no puede determinarse a ciencia cierta si esa organización se mantiene vigente y en operación, o si su existencia es un pretexto para mantener un estado de histeria y paranoia en la sociedad estadunidense -y en Occidente en general- y para justificar la permanencia militar de Washington en Medio Oriente y Asia central.

La opinión pública de la superpotencia se ve así en la disyuntiva entre desconfiar sistemáticamente de lo que informan sus autoridades o creer a pie juntillas en las versiones propaladas por la Casa Blanca y el Pentágono, en una circunstancia que convierte el derecho a la información en un acto de fe. Por lo que hace a los medios estadunidenses, parecen haber renunciado a consideraciones elementales del ejercicio periodístico, como la necesidad de corroborar la información presentada por las autoridades y buscar fuentes alternativas a las oficiales: en vez de ello, parecieran consagrados a reproducir los boletines que difunde su gobierno, como quedó de manifiesto con este episodio.

La situación resulta particularmente grave si se toma en cuenta el historial de mentiras y falacias que arrastran las autoridades de Estados Unidos: ello no sólo es constatable con los engaños empleados por George W. Bush para justificar la invasión a Iraq o con el ocultamiento por Washington de los crímenes de guerra cometidos en las cárceles de Guantánamo y Abu Ghraib, y en las redes de vuelos clandestinos de la CIA -por citar sólo dos de los ejemplos más ominosos-, sino también lo es al cotejar las promesas electorales del actual mandatario, que llegó al cargo con la bandera del cambio pero terminó por plegarse a la lógica belicista, colonialista y unilateral de su antecesor.

El manejo informativo discrecional y opaco que Washington ha realizado sobre éste y otros episodios, en conjunto con la postura acrítica y sumisa de la mayoría de los medios masivos estadunidenses hacia las versiones de la Casa Blanca y el Pentágono, cancelan de antemano toda certidumbre que pudiera tenerse sobre un asunto sin duda doloroso e importante para la sociedad de ese país y para la opinión pública internacional. A lo que puede verse, lo único sobre lo que una y otra pueden tener certeza es el enorme saldo de destrucción material y de vidas humanas provocado por los esfuerzos bélicos de Estados Unidos y sus aliados con el supuesto fin de vengar a las víctimas del 11 de septiembre de 2001.

Written by Eduardo Aquevedo

4 mayo, 2011 at 14:44

La muerte de Osama Bin Laden: un guerrero superado por la historia…

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Robert Fisk, The Independent

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Un don nadie de mediana edad, un fracasado político, rebasado por la historia –por los millones de árabes que exigen libertad y democracia en Medio Oriente–, murió en Pakistán este domingo. Y el mundo enloqueció. No bien había salido de presentarnos una copia de su certificado de nacimiento, el presidente estadunidense apareció en medio de la noche para ofrecernos en vivo un certificado de la muerte de Osama Bin Laden, abatido en una ciudad bautizada en honor de un mayor del ejército del viejo imperio británico. Un solo tiro en la cabeza, nos dicen. Pero ¿y el vuelo secreto del cuerpo a Afganistán, y el igualmente secreto sepelio en el mar?

La extraña forma en que se deshicieron del cuerpo –nada de santuarios, por favor– fue casi tan grotesca como el hombre y su perversa organización.

Los estadounidenses estaban ebrios de alegría. David Cameron lo llamó un enorme paso adelante. India lo describió como un hito victorioso. Un triunfo resonante, alardeó el primer ministro israelí Netanyahu. Pero, luego de 3 mil estadounidenses asesinados el 9/11, incontables más en Medio Oriente, hasta medio millón de víctimas mortales en Irak y Afganistán y 10 años empeñados en la búsqueda de Bin Laden, oremos por no tener más triunfos resonantes.

¿Ataques en represalia? Tal vez ocurran, de los grupúsculos en Occidente que no tienen contacto directo con Al Qaeda. A no dudarlo, alguien sueña ya con una brigada del mártir Osama Bin Laden. Tal vez en Afganistán, entre los talibanes. Pero las revoluciones de masas de los cuatro meses pasados en el mundo árabe significan que Al Qaeda ya estaba políticamente muerta. Bin Laden dijo al mundo –de hecho me lo dijo en persona– que quería destruir los regímenes pro occidentales en el mundo árabe, las dictaduras de los Mubaraks y los Ben Alís. Quería crear un nuevo califato islámico. Pero en estos meses pasados, millones de árabes musulmanes se levantaron, dispuestos al martirio, pero no por el islam, sino por democracia y libertad. Bin Laden no echó a los tiranos: fue la gente. Y la gente no quería un califa.

Tres veces me reuní con el hombre y sólo me quedó una pregunta por hacerle: ¿qué pensaba al observar cómo se desenvolvían esas revoluciones este año, bajo las banderas de naciones, más que del islam, cristianos y musulmanes juntos, personas como a las que sus hombres de Al Qaeda les encantaba reventar?

A sus ojos, su logro fue crear Al Qaeda, institución que no tenía tarjeta de membresía. Bastaba levantarse una mañana queriendo ser de Al Qaeda, y ya lo era. Él fue el fundador, pero nunca un guerrero en batalla. No había una computadora en su cueva, ni hacía llamadas para que detonaran las bombas. Mientras los dictadores árabes gobernaban sin que nadie les hiciera frente, con nuestro apoyo, evitaron hasta donde les fue posible condenar la política de Washington; sólo Bin Laden lo hacía. Los árabes nunca quisieron estrellar aviones en altos edificios, pero admiraban al hombre que decía lo que ellos querían decir. Pero ahora, cada vez más, pueden decirlo. No necesitan a Bin Laden. Se había vuelto un don nadie.

Hablando de cuevas, la desaparición de Bin Laden arroja una luz sombría sobre Pakistán. Durante meses, el presidente Alí Zardari nos había estado diciendo que Osama vivía en una cueva en Afganistán. Ahora resulta que vivía en una mansión en Pakistán. ¿Traicionado? Claro que sí. ¿Por los militares o por los servicios de inteligencia de Pakistán? Es muy probable que por los dos. Pakistán sabía dónde estaba.

Abbottabad no sólo es hogar del colegio militar de ese país –la ciudad fue fundada por el mayor James Abbott del ejército británico en 1853–, sino también cuartel de la segunda división del cuerpo del ejército del norte. Apenas hace un año busqué una entrevista con uno de los criminales más buscados, el líder del grupo responsable de las masacres de Bombay. Lo encontré en la ciudad paquistaní de Lahore, resguardado por policías paquistaníes armados con ametralladoras.

Desde luego, hay una pregunta de lo más obvia sin respuesta: ¿no podrían haber capturado a Bin Laden? ¿Acaso la CIA o los Seals de la Armada o las fuerzas especiales o cualquier cuerpo estadunidense que lo haya matado no tenía los medios para arrojarle una red al tigre? Justicia, llamó Barack Obama a esta muerte. En los viejos tiempos justicia significaba proceso debido, un tribunal, una audiencia, un defensor, un juicio. Como los hijos de Saddam Hussein, Bin Laden fue muerto a tiros. Claro, él jamás quiso que lo atraparan vivo… y había sangre a raudales en la habitación donde murió.

Pero un tribunal habría preocupado a muchas más personas que a Bin Laden. Después de todo habría podido hablar de sus contactos con la CIA durante la ocupación soviética de Afganistán o de sus acogedoras reuniones en Islamabad con el príncipe Turki, jefe de la inteligencia de Arabia Saudita. Así como Saddam Hussein –quien fue juzgado por el asesinato de sólo 153 personas y no por los miles de kurdos gaseados– fue ahorcado antes de que tuviera oportunidad de contarnos sobre los componentes del gas llegados desde Estados Unidos, sobre su amistad con Donald Rumsfeld o la asistencia militar que recibió de Washington cuando invadió Irán, en 1980.

Resulta extraño que Bin Laden no fuera el criminal más buscado por los crímenes internacionales de lesa humanidad del 11 de septiembre de 2001. Ganó su estatus del viejo oeste por ataques anteriores de Al Qaeda a embajadas de Estados Unidos en África y al cuartel del ejército de ese país en Durban. Siempre estaba a la espera de los misiles de crucero… también yo cuando me reuní con él. Había esperado la muerte antes, en las cuevas de Tora Bora en 2001, cuando sus guardaespaldas se negaron a dejarlo presentar resistencia y lo obligaron a cruzar a pie las montañas hacia Pakistán. De seguro pasó algún tiempo en Karachi; estaba obsesionado con esa ciudad: hasta me dio fotografías de grafitis de adhesión a su causa en los muros de la antigua capital paquistaní, y elogiaba a los imanes locales.

Sus relaciones con otros musulmanes eran un misterio. Cuando me reuní con él en Afganistán, en un principio tenía miedo del talibán y se negó a dejarme ir a Jalalabad de noche desde su campamento: me entregó a sus lugartenientes de Al Qaeda para que me protegieran en el viaje al día siguiente. Sus seguidores odiaban a los musulmanes chiítas por herejes; para ellos todos eran dictadores e infieles, aunque Bin Laden estaba dispuesto a cooperar con los ex baazistas iraquíes contra los ocupantes estadunidenses de su patria y lo dijo así en una grabación de audio que la CIA típicamente pasó por alto. Nunca elogió a Hamas y apenas si era digno de la definición de guerrero sagrado que ese grupo le dedicó este lunes, la cual llegó, como de costumbre, directamente a manos israelíes.

En los años posteriores a 2001, tuve una débil comunicación indirecta con Bin Laden. Una vez me reuní con uno de los socios en los que confiaba en Al Qaeda, en una ubicación secreta en Pakistán. Escribí una lista de 12 preguntas, la primera de las cuales era obvia: ¿qué clase de victoria podía proclamar, cuando sus acciones condujeron a la ocupación por Washington de dos naciones musulmanas? Durante semanas no hubo respuesta. Luego, un fin de semana, cuando esperaba para dar una conferencia en San Luis Misuri, en Estados Unidos, me dijeron que Al Jazeera acababa de difundir una nueva cinta de Bin Laden. Y una a una –sin mencionarme– contestó mis 12 preguntas. Y sí, quería que los estadunidenses fueran al mundo musulmán… para así poder destruirlos.

Cuando Daniel Pearl, periodista del Wall Street Journal, fue secuestrado, escribí un largo artículo en The Independent, en el que suplicaba a Bin Laden que le salvara la vida. Pearl y su esposa me cuidaron cuando fui golpeado en la frontera afgana, en 2001; él incluso me dio el contenido de su libro de contactos. Mucho tiempo después me dijeron que Bin Laden había leído mi reporte con tristeza. Pero Pearl ya había sido asesinado. O eso dijo Osama.

Las obsesiones de Bin Laden infestaron a su familia. Una esposa lo dejó, otras dos parecen haber muerto en el ataque estadunidense del domingo. Conocí a uno de sus hijos, Omar, en Afganistán, en 1994; estaba con su padre. Era un niño guapo y le pregunté si era feliz. , me respondió en inglés. Pero el año pasado publicó un libro llamado Living Bin Laden, en el que, al describir cómo su padre mató a los perros que él amaba en un experimento de guerra química, lo llamó un hombre malvado. En ese libro también recordó nuestro encuentro, y concluyó que debió haberme dicho que no era un niño feliz.

Para el mediodía de este lunes ya había yo recibido tres llamadas telefónicas de árabes, todos seguros de que los estadunidenses mataron al doble de Bin Laden, igual que muchos iraquíes creen que los hijos de Saddam Hussein no perecieron en 2003, y que el propio Saddam tampoco fue ahorcado. A su debido tiempo, Al Qaeda nos lo dirá. Por supuesto, si todos estamos equivocados y era un doble, veremos un video más del verdadero Bin Laden… y el presidente Obama perderá la próxima elección.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

Muerte de Osama Bin Laden: misterio con varias incógnitas…

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AUNQUE NADIE DUDA, WASHINGTON TODAVIA NO MOSTRO PRUEBAS

La Casa Blanca difundió detalles sobre la operación que culminó con la muerte de Bin Laden, pero todavía no mostró las pruebas que certifiquen sus afirmaciones. De todos modos, la muerte de Bin Laden fue aceptada en todo el mundo.

 Por Raúl Kollmann, Página/12

Al menos por ahora, son poco contundentes las evidencias de que en la operación de Abbottabad los comandos norteamericanos mataron a Osama bin Laden. Los especialistas consultados por este diario sostienen que Washington tendrá que mostrar pruebas más convincentes que las exhibidas hasta el momento. Las desconfianzas parten de una serie de preguntas que todavía siguen sin respuesta, y ayer se hablaba de la divulgación de un video de la operación. El asesor en seguridad y contraterrorismo de Barack Obama, John Brennan, dijo que no quieren dar demasiados datos ni mostrar demasiada evidencia para no frustrar futuras operaciones. También se hizo saber que la prueba de ADN dio positiva, aunque nada fue exhibido.

1 ¿Por qué Estados Unidos mató a Bin Laden en lugar de detenerlo?

Surgen varias explicaciones, pero ninguna se termina de dar. Por ejemplo, que se resistió y no hubo otro camino que matarlo. Sin embargo, los voceros del propio gobierno norteamericano son contradictorios. Durante la tarde se dijo que la operación fue para matarlo, no para detenerlo. El criterio llama la atención, en primer lugar desde el punto de vista humano: hubiera sido una señal al mundo si se lo apresaba y se realizaba un juicio con todas las garantías. Pero, además, marca una notoria diferencia con el caso de Saddam Hussein, encontrado en Irak, juzgado y ejecutado en la horca el 30 de diciembre de 2006. Brennan, en cambio, dijo a la noche que si se presentaba la chance de detenerlo se lo hubiera apresado. Esto entró en contradicción con otro dato difundido por la CNN: Bin Laden no disparó. Para redondear el cuadro, la cadena ABC sostuvo que el líder de Al Qaida usó a una mujer como escudo “y no se sabe si ella lo hizo en forma voluntaria”. Todo sorprende: el mayor prófugo del mundo no tenía preparada vía de escape.

2 ¿Cuál fue la razón por la que tiraron su cuerpo al mar?

De entrada, se dijo que se intentó entregar el cadáver a Arabia Saudita, país en el que Bin Laden nació. El régimen saudí no aceptó esa posibilidad –siempre según la versión norteamericana– y entonces “se lo sepultó en el mar, de acuerdo al rito islámico”. Toda la versión requiere de evidencias. El cuerpo de Bin Laden era la mejor prueba de que la Operación Jerónimo cumplió su objetivo. Anoche, los funcionarios de Estados Unidos afirmaron que tienen tres pruebas: un reconocimiento oral del cuerpo, un ADN y análisis facial, esta última es la técnica que se está imponiendo en el mundo después de las huellas digitales. Por ahora, no se vio nada de esto.

3 No quedó nadie vivo.

Por lo que se sabe al cierre de esta edición, en el complejo de Abbottabad estaba un hijo de Bin Laden, una mujer que sería una de sus esposas y dos hombres que funcionaban como correos, es decir que eran su comunicación con el mundo exterior. Todos fueron eliminados en la operación y ningún efectivo del comando de la marina sufrió ninguna herida. O sea que murieron todos los testigos posibles de lo ocurrido, del lado de Bin Laden, y sólo quedan testigos del lado norteamericano.

Desde hace varios años existe una razonable duda sobre si Osama está con vida o no. En los últimos siete años hubo sólo dos videos en los que se vio hablando al líder terrorista. Los demás mensajes fueron sólo audios, muy poco confiables. El video de octubre de 2004 nunca fue cuestionado en su autenticidad, de manera que se toma como la última prueba de vida. En septiembre de 2007 hubo un largo video, pero todas las partes en las que supuestamente hablaba de la actualidad aparecieron con la imagen congelada. Se trata de un video de dudosa validez.

Written by Eduardo Aquevedo

3 mayo, 2011 at 4:41

El poder de Internet: Wikileaks difunde los secretos que Estados Unidos quiere guardar sobre Afganistán…

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Unos 92 mil documentos secretos fueron publicados por el sitio web con detalles inéditos de la guerra en Afganistán tomados de archivos del Pentágono e informes de la situación en el terreno, elaborados entre 2004 y 2010. El consejero de Seguridad de la Casa Blanca aseguró que Washington "condena la publicación" ya que "pondría en peligro las vidas de miles de estadounidenses y sus aliados".

GUERRA"Estados Unidos condena firmemente la publicación de información clasificada por parte de personas y organizaciones que podrían poner las vidas de estadounidenses y de nuestros aliados en riesgo, y amenazan nuestra seguridad nacional", afirmó el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, James Jones.

Por la misma razón, los países que luchan en Afganistán expresaron su indignación respecto de la filtración. Si bien Gran Bretaña lamentó la publicación, llamó a Pakistán a desmantelar todos los grupos militantes que operan en su territorio. "Lamentaríamos cualquier revelación no autorizada de material clasificado", sostuvo la vocera de Downing Street. "La Casa Blanca ha hecho una declaración. No comentaremos sobre documentos filtrados".

La información develada contiene, entre otros datos, detalles sobre la denuncias del servicio de inteligencia militar estadounidense, que acusa al servicio secreto paquistaní (ISI) de trabajar con insurgentes afganos. El material filtrado vincula al ISI con la tentativa de asesinato del presidente afgano, Hamid Karzai, en 2008; con ataques contra aviones de la OTAN, y con los atentados contra la embajada india en Kabul de hace dos años.

Pakistán fue un estrecho aliado del régimen talibán afgano (1996-2001) y Estados Unidos cree que tras su derrocamiento el ISI mantuvo relaciones con los islamistas, en previsión del momento en que las tropas internacionales se retiraran.

En Berlín, el ministerio de Defensa, que tiene 4600 efectivos en el norte de Afganistán, criticó las filtraciones y dijo que estaba revisando los archivos, aunque añadió que mucha de esa información no era nueva. "Obtener y divulgar documentos, algunos de ellos secretos, en tal escala, es una práctica altamente cuestionable dado que podría afectar la seguridad de los aliados de la OTAN y de toda la misión", afirmaron desde el ministerio.

Los archivos publicados en Wikileaks contienen notas confidenciales de la embajada de Washington en Kabul, donde se expresa preocupación por lo que denuncian como una creciente influencia de Irán en Afganistán, señala un resumen divulgado por el diario británico The Guardian.

"Irán ha dado una serie de pasos para expandir y profundizar su influencia en Afganistán", escribió un militar de alto rango en un cable secreto emitido por la delegación diplomática y reproducido por el diario, que no pudo corroborar la autenticidad de los "reportes de amenazas" filtrados.

Los informes, la mayoría en base a testimonios de espías e informantes afganos remunerados, sugieren que Irán participa en una campaña contra las fuerzas internacionales lideradas por Estados Unidos en Afganistán, a través del suministro de dinero, armas y entrenamiento a los talibanes, añadió The Guardian. Teherán, que inicialmente apoyó la operación liderada por Estados Unidos contra el régimen de los talibanes en Afganistán, rechaza las denuncias.

Según el periódico, las 195 muertes de civiles registradas en los documentos son datos "subestimados, porque numerosos casos controvertidos están omitidos en los informes diarios de las tropas sobre el terreno". La mayor parte fueron causadas por tiros de soldados nerviosos en puestos de control, asegura el medio londinense.

"La función del periodismo es cuestionar al poder", enfatizó el fundador de Wikileaks, Julian Assange, en defensa de la divulgación de los archivos. En una conferencia de prensa, consideró que los reportes de bajas civiles en Afganistán que registran los documentos podrían ser evidencia de que la coalición pudo cometer "crímenes de guerra".

PAGINA/12

Los papeles de Afganistán

Los secretos de una guerra fallida

Los documentos de Wikileaks revelan la complicidad de los servicios secretos de Pakistán con los talibanes y los errores cometidos por EE UU y la OTAN en Afganistán

ANTONIO CAÑO – Washington – 27/07/2010

Los papeles del Pentágono de Afganistán, la colección de miles de documentos secretos que corroboran la visión más pesimista de esa guerra y aportan pruebas sobre el comportamiento sospechoso de Pakistán, agudizarán seguramente las dudas entre la opinión pública de Estados Unidos y Europa sobre la necesidad de ese conflicto, pero es prematuro aún pronosticar que obliguen a dar un giro significativo en la actual estrategia de la OTAN.

Los documentos, según los tres medios de comunicación que los han estudiado durante varias semanas, ilustran muy detalladamente la acumulación de errores cometidos en Afganistán durante los seis años (de enero de 2004 a diciembre de 2009) sobre los que se aporta información: reiteradas muertes de civiles en acciones militares, continuas acciones secretas para la caza de insurgentes, fracasos sucesivos de los aviones sin tripulación y, lo más grave de todo, permanentes cruces de información -incluso colaboración, según algunas interpretaciones- entre los servicios secretos paquistaníes y los dirigentes talibanes.

"Estos papeles muestran un mosaico detallado sobre por qué, después de que Estados Unidos se ha gastado casi 300.000 millones de dólares en la guerra de Afganistán, los talibanes son más fuertes que nunca", afirma The New York Times, uno de los periódicos a los que la página web Wikileaks entregó para su estudio el material obtenido. El mismo periódico advierte, sin embargo, que "este es claramente un archivo incompleto de la guerra". "Faltan referencias a algunos episodios esenciales y no incluye información altamente secreta", afirman los periodistas que han trabajado en el caso.

El diario británico The Guardian, otro con acceso a los documentos (el tercero es el semanario alemán Der Spiegel), valora que "la mayor parte del material, aunque clasificado como secreto en su día, no es ya delicado desde el punto de vista militar". Se trata, esencialmente, de comunicaciones desde el frente sobre determinadas operaciones en marcha, el resultado de otras ya ejecutadas o los preparativos de futuras acciones.

La Casa Blanca ha condenado esta filtración y ha lamentado que quienes obtuvieron los informes no se pusieran en contacto con la Administración antes de publicarlos. El consejero nacional de Seguridad, general James Jones, ha hecho público un comunicado en el que advierte que la revelación de estos datos "pone en peligro la vida de norteamericanos y de sus aliados". Los medios de comunicación implicados aseguran, no obstante, que han estudiado cuidadosamente cada papel para garantizar que no publican nada en contra de la seguridad nacional de Estados Unidos y de los demás países que combaten en Afganistán. El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, anunció ayer que hay en marcha una investigación para conocer el origen de la filtración.

Desde la perspectiva de The New York Times -en la que no coincide The Guardian-, lo más relevante de los documentos analizados es la revelación de que el servicio secreto paquistaní (ISI), o parte de él, trabaja para los talibanes, al mismo tiempo que colabora oficialmente con los norteamericanos. Aunque el periódico reconoce que no ha podido confirmar en fuentes independientes las filtraciones de Wikileaks, da credibilidad a los datos sobre varias reuniones secretas mantenidas por agentes del ISI con mandos talibanes para planificar ataques contra tropas de la OTAN.

El Gobierno de Pakistán ha desmentido esa información y Hamid Gul, antiguo jefe del ISI, ha negado las actuaciones de las que se le acusa en los papeles. Otras fuentes consultadas por The New York Times consideran lo revelado, sin embargo, como "consecuente con lo que se sabe por diversas fuentes de inteligencia".

Ese es, probablemente, el mayor valor de estos documentos: dejar en manos del público lo que solo sabía el Gobierno, poner en negro sobre blanco las críticas más comunes sobre la guerra de Afganistán y las dudas más frecuentes sobre la conveniencia de continuarla. Aunque Gibbs insistió en su rueda de prensa de ayer en que Estados Unidos está en Afganistán por los ataques del 11-S, cuando es necesario recordar con tanta frecuencia los motivos de una guerra es porque esta ha perdido sentido.

Eso no significa que estos documentos precipiten el final de la guerra. Ni siquiera Los Papeles del Pentágono, con los que este episodio es comparable, consiguieron revertir el curso de la guerra de Vietnam. Richard Nixon ganó la reelección y envió más soldados a Vietnam después de que Daniel Ellsberg pusiera en manos de The New York Times documentos mucho más valiosos que los que ahora se han conocido sobre Afganistán.

Esta serie de documentos, además, concluyen al final de 2009, justo en el momento en el que Barack Obama anunció su nueva estrategia para Afganistán. Es decir, la Administración norteamericana puede sentirse relativamente distante de la situación que describen los papeles. Desde esa fecha hasta hoy, ha aumentado en varias decenas de miles el número de soldados en Afganistán y han mejorado considerablemente las relaciones entre Washington e Islamabad. "Los desafíos en Afganistán y en Pakistán son hoy los mismos que hace una semana", declaró el portavoz de la presidencia estadounidense.

Estas revelaciones pueden tener, sin embargo, un impacto considerable en varios frentes. Primero, en cuanto al grado de cohesión que actualmente existe en el Pentágono sobre Afganistán. Gibbs admitió que la filtración de más de 90.000 documentos es, en sí mismo, "un hecho alarmante". Segundo, dan la razón al Gobierno de Afganistán en cuanto al rol incierto que juega Pakistán. Y tercero y más importante: estos papeles son un altavoz para las denuncias sobre las atrocidades de la guerra. Aunque ya se conocían las continuas pérdidas de vidas inocentes en las acciones de la OTAN, estos papeles las hacen mucho más extensas de lo que se creía y debilitan aún más la causa por la que se combate.

Otra versión del conflicto

Las más de 90.000 informaciones filtradas revelan las debilidades, los fallos y las operaciones encubiertas de la coalición internacional en Afganistán

EL PAÍS – Madrid – 27/07/2010

"Un catálogo contemporáneo del conflicto", "documentos que revelan la extraordinaria dificultad a la que Estados Unidos y sus aliados se han enfrentado como ningún otro informe había hecho", "un panorama muy distinto al que estamos acostumbrados". Son las definiciones con las que The New York Times y The Guardian definen el poder informativo de los más de 90.000 documentos clasificados recibidos por Wikileaks. Los dos diarios -que junto al alemán Der Spiegel forman la tríada a la que la organización ha entregado los papeles- relatan el conflicto afgano de una forma mucho más brutal que la versión oficial y revelan las debilidades, los fallos y las operaciones encubiertas de las fuerzas internacionales. El retrato de una "guerra por ganar el corazón y la mente de los afganos" que, según The Guardian, "no se puede ganar de esta forma".

EL FRENTE PAQUISTANÍ El aliado que ayuda a los talibanes

Los enemigos de las fuerzas internacionales en Afganistán no son solo los talibanes. Según las informaciones contenidas en 180 informes, el servicio secreto paquistaní, el ISI, desde 2004 armó, entrenó y financió a la insurgencia. Los documentos sugieren que Pakistán permitió a representantes del ISI entrevistarse con los talibanes para organizar grupos de combate contra los soldados de EE UU y planear el asesinato de líderes afganos. Uno de los informes, fechado en agosto de 2008, citado por The New York Timescon el aviso de que no pudo ser contrastado, revela un compló entre un coronel del ISI y un jefe talibán para asesinar al presidente Hamid Karzai. Los informes también relatan los esfuerzos del ISI para coordinar la red de terroristas suicidas que se convirtieron en un arma terrible en 2006. Un informe del 18 de diciembre de 2006 describe el proceso de formación de un terrorista suicida, reclutado y entrenado en Pakistán. Varias informaciones citan visitas de oficiales paquistaníes a las escuelas coránicas de la ciudad de Peshawar para encontrar nuevos reclutas.

EL ARSENAL TALIBÁN Armas sofisticadas y artefactos improvisados

El arsenal talibán es más sofisticado de lo que se ha reconocido públicamente. En mayo de 2007, un helicóptero Chinook fue abatido por lo que los testigos definen como un misil tierra-aire. Según los documentos, los talibanes poseen misiles que se guían por el calor. Podría tratarse de los mismos Stringer que la CIA entregó en los años ochenta a losmuyaihidines que luchaban contra el Ejército soviético.

Pero el arma más mortífera de los talibanes siguen siendo los artefactos explosivos improvisados (IED, en sus siglas inglesas). En los cinco años -de 2004 a 2009- a los que se refieren los documentos, se ha pasado de 308 a 7.155 IED, que se han convertido en una de las principales causas de muerte tanto entre los militares como entre la población civil. De las 358 bajas militares en 2010, 206 fueron causadas por IED. Las víctimas civiles de las bombas caseras han pasado de 122 en 2004 a 793 en 2009.

LA OTRA GUERRA Unidades especiales y aviones no tripulados

El otro frente de la guerra es el de las operaciones encubiertas. Como las de la Task Force 373, una unidad secreta que la OTAN ha utilizado para perseguir a los líderes talibanes y capturarlos, vivos o muertos. En la lista negra de la unidad están los nombres de 70 jefes de la insurgencia. Se trata de un tipo de misiones que se han ido incrementando en los últimos años, al igual que el uso de aviones no tripulados, cuya eficacia, según los documentos, es menos importante de lo que relatan los informes oficiales. Actualmente el Ejército de EE UU utiliza 20 Predator y Reaper, el doble que hace un año.

Otra cara oculta son las operaciones paramilitares coordinadas por la CIA a través de unidades especiales que organizan emboscadas, ordenan bombardeos y lanzan asaltos nocturnos. The New York Times recuerda como, de 2001 a 2008, la CIA financió el servicio de inteligencia afgano, casi una agencia subsidiaria.

LOS DAÑOS COLATERALES Víctimas civiles y fuego amigo

Las páginas más oscuras son las que describen la historia de los errores de las fuerzas internacionales que ha pagado la población afgana. Se trata, según The Guardian, de al menos 144 incidentes, en los que murieron centenares de civiles. La mayoría de las veces no se informó publicamente de estos casos, que incluyen bombardeos con decenas de víctimas civiles. Uno de los casos citados es el ataque a dos camiones de combustible ordenado por un comandante alemán el 3 de septiembre de 2009: en un primer momento se dijo que habían muerto 56 insurgentes. Una investigación posterior aclaró que los que rodeaban los camiones, abandonados y no robados como se creía, eran civiles: murieron al menos 90 personas.

REFERENCIA A ESPAÑA Optimismo por la ofensiva

En uno de los informes se cita un viaje a Afganistán el 17 de abril de 2007 del entonces director general de Política del Ministero de Asuntos Exteriores, Rafael Dezcállar. Según el documento, el diplomático expresó su optimismo por la ofensiva de la OTAN y la colaboración de las tropas afganas. Dezcállar, citando un viaje a Irán coordinado por Javier Solana, también se mostró optimista sobre las negociaciones sobre el programa nuclear iraní.

EL PAIS.COM

Written by Eduardo Aquevedo

26 julio, 2010 at 22:16