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Libia: antes de que sea demasiado tarde…

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Editorial de Il Manifesto
 
Traducción de Alma Allende y Gorka Larrabeiti
 

Escapemos a la trampa de la alternativa entre el tirano libio que debe salir de escena y los bombardeos “humanitarios” de la OTAN. Digamos claramente lo que está ocurriendo. La decisión del Consejo de Seguridad de la ONU, tomada con cinco abstenciones y diez votos a favor -bajo la presión de Francia e Inglaterra, de vuelta al Próximo Oriente, y también al final de los recalcitrantes EEUU- es una intervención militar. No debe haber dudas al respecto.
Aunque esté camuflada una vez más de intervención “humanitaria” para “proteger a los civiles” y aunque excluya, de momento, la ocupación por tierra. La zona de exclusión aérea, decidida sin ninguna relación con Trípoli, sólo puede ser impuesta mediante bombardeos. En estas ocasiones se prefiere hablar de “objetivos selectivos” y “operaciones quirúrgicas”. Con la posibilidad -es decir- de nuevas matanzas de civiles, como ocurrió en Iraq y en Afganistán y como vimos en los Balcanes. Tenemos infinitas pruebas de esta enorme mentira.


Rusia y Alemania, países que se abstuvieron en el Palacio de Cristal, expresaron precisamente esta preocupación, con la incorporación en el último momento de la necesidad, antes que nada, de una declaración de alto el fuego por las dos partes en conflicto. No es una casualidad que Alemania justifique ahora su rechazo a la zona de exclusión aérea por “los considerables riesgos y peligros” que comporta. Peligros y riesgos confirmados, por lo demás, por el hecho de que, apenas Trípoli ha aceptado el alto el fuego, se ha gritado “tongo”.

Pero tampoco debemos callar sobre la necesidad de que Gadafi salga realmente de escena. El y su régimen, que dura ya demasiado tiempo y que en cualquier caso se ha hecho pedazos, sus delirios de omnipotencia y sus graves responsabilidades en la degeneración de la crisis. Desde este punto de vista todo estaba aún en juego hasta hace diez días. Se había anticipado la posibilidad de un exilio, para Gadafi y su familia, con un salvoconducto hacia un país neutral. Pero se anunció también, a requerimiento de los EEUU -los cuales, sin embargo, no reconocen la Corte Penal de DDHH- su procesamiento ante este Tribunal por “crímenes de guerra” todavía sin probar. A pesar de la insistencia de Fohg Rasmussen, secretario general de la OTAN -que de víctimas civiles es un experto-, en denunciarlos. Crímenes que, junto a un exceso de propaganda, sin duda se han producido y deben ser castigados. Pero que, según el procurador de la Corte Penal Moreno Ocampo, conciernen “a las dos partes en armas”.

Así que la posibilidad de que Gadafi saliera de escena se ha acabado perdiendo. Ahora todo parece haber terminado en un callejón sin salida. Sin más opción que la de un baño de sangre, pues tal y como están las cosas, parece que el único objetivo que queda sea el ataque militar con bombardeos aéreos. Se olvida que algunos de los aparatos que están bombardeando y matando a civiles y rebeldes en Libia son los mismos jets franceses que vendió Sarkozy a Gadafi cortejándolo con insistencia para encajarle aviones terroríficos de entre los más caros del mundo.

Finalmente, ahí está la ambigüedad del gobierno italiano, que hasta hace diez días era un valeroso aliado de Gadafi, a quien le pedía que “contuviera” la inmigración del Magreb recluyendo en nuevos campos de concentración a los desesperados que huían de la miseria de África, y que ahora se candida como plataforma de lanzamiento para ataques aéreos y bloqueo naval militar. Y quizá no sea tan solo base, ya que el dannunziano ministro de Defensa, Ignazio La Russa, reivindica el “derecho” de bombardear también para los aviones italianos. Me pregunto si históricamente Italia tiene ganas de repetir, a sesenta años de lo sucedido cuando el colonialismo, un ataque militar a un país al que ya provocó 100.000 muertos, un octavo de la población libia [de entonces]. Me pregunto si nos vamos a asumir de verdad esta responsabilidad. Por la memoria histórica hay que decir no. Pero también por el presente.

Qué triste epílogo sería para las primaveras en el mundo árabe. La señal sería la de la sangre y la represón militar, como sucede en Yemen; como ha ocurrido en medio del silencio general durante estos días en Bahrein, donde los mismos países del Golfo que actúan ahora en la zona de exclusión aérea de Libia intervinieron militarmente en Manama para respaldar al “Gadafi” local.

En estas horas, y hasta el final, cabe también mediar por la paz. El camino es el alto el fuego, según parece deducirse a última hora incluso de las palabras del presidente Barack Obama, el cual se las debe ver ahora con otro conflicto armado que apesta a petróleo. Alto el fuego que ha de ir acompañado de una intervención de observadores ONU que se interponga y defienda las vidas humanas. De no ser así, sólo vuela de verdad la guerra.

http://abbonati.ilmanifesto.it/Quotidiano-archivio/19-Marzo-2011/art2.php3

Peligros de la "intervención humanitaria" en Libia

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Revuelta en Magreb y medio oriente
Robert Fisk
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Rebeldes llevan en camión al centro de Bengasi el cadáver de un combatiente simpatizante del gobierno de Muammar KadafiFoto Ap
 

Conque vamos a tomar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles libios, ¿cierto? Lástima que no se nos haya ocurrido hace 42 años. O 41 años. O… bueno, ustedes saben el resto. Y no nos dejemos engañar sobre lo que en realidad significa la resolución del Consejo de Seguridad. Una vez más, será el cambio de régimen. Y así como en Irak –para usar una de las únicas frases memorables de Tom Friedman en ese tiempo–, cuando el último dictador se vaya, ¿quién sabe qué clase de murciélagos saldrán de la caja?

Y luego de Túnez y de Egipto, tenía que ser Libia, ¿verdad? Los árabes de África del norte demandan libertad, democracia, no más opresión. Sí, eso es lo que tienen en común. Pero otra cosa que esas naciones tienen en común es que fuimos nosotros, los occidentales, quienes alimentamos a sus dictaduras década tras década. Los franceses acurrucaron a Ben Alí, los estadunidenses apapacharon a Mubarak y los italianos arroparon a Kadafi hasta que nuestro glorioso líder fue a resucitarlo de entre los muertos políticos.

¿Sería por eso, me pregunto, que no habíamos sabido de lord Blair de Isfaján en fechas recientes? Sin duda debería haber estado allí, aplaudiendo con júbilo ante una nueva intervención humanitaria. Tal vez sólo está tomando un descanso entre episodios. O tal vez, como los dragones en La reina de las hadas, de Spenser, está vomitando en silencio panfletos católicos con todo el entusiasmo de un Kadafi en pleno impulso.

Abramos el telón apenas un poco y observemos la oscuridad que hay detrás. Sí, Kadafi es un orate absoluto, un lunático del nivel de Ajmadineyad de Irán o Lieberman de Israel, quien una vez, por cierto, se puso a fanfarronear con que Mubarak podía irse al infierno, pero se puso a temblar de miedo cuando Mubarak fue en verdad lanzado en esa dirección. Y existe un elemento racista en todo esto.

Medio Oriente parece producir estos personajes… en oposición a Europa, que en los 100 años pasados sólo ha producido a Berlusconi, Mussolini, Stalin y el chaparrito aquel que era cabo en la infantería de reserva del 16 regimiento bávaro y que de plano perdió el seso cuando resultó electo canciller en 1933… pero ahora estamos volviendo a limpiar Medio Oriente y podemos olvidar nuestro propio pasado colonial en este recinto de arena. Y por qué no, cuando Kadafi dice a la gente de Bengasi: “iremos zenga, zenga (callejón por callejón), casa por casa, cuarto por cuarto”. Sin duda es una intervención humanitaria que de veras, de veritas es una buena idea. Después de todo, no habrá tropas en tierra.

Desde luego, si esta revolución fuese suprimida con violencia en, digamos, Mauritania, no creo que exigiéramos zonas de exclusión aérea. Ni en Costa de Marfil, pensándolo bien. Ni en ningún otro lugar de África que no tuviera depósitos de petróleo, gas o minerales o careciera de importancia en nuestra protección de Israel, la cual es la verdadera razón de que Egipto nos importe tanto.

Enumeremos algunas cosas que podrían resultar mal; demos una mirada de soslayo a esos murciélagos que aún anidan en el reluciente y húmedo interior de su caja. Supongamos que Kadafi se aferra en Trípoli y que británicos, franceses y estadunidenses destruyen sus aviones, vuelan sus aeropuertos, asaltan sus baterías de vehículos blindadas y misiles y él sencillamente no desaparece. El jueves observé cómo, poco antes de la votación en la ONU, el Pentágono comenzaba a ilustrar a los periodistas sobre los peligros de toda la operación, precisando que podría llevar días instalar una zona de exclusión aérea.

Luego está la truculencia y villanía de Kadafi mismo. Las vimos este viernes, cuando su ministro del Exterior anunció el cese del fuego y el fin de todas las operaciones militares, sabiendo perfectamente, por supuesto, que una fuerza de la OTAN decidida al cambio de régimen no lo aceptaría y que eso permitiría a Kadafi presentarse como un líder árabe amante de la paz que es víctima de la agresión de Occidente: Omar Mujtar vive de nuevo.

¿Y qué tal si sencillamente no llegamos a tiempo, si los tanques de Kadafi siguen avanzando? Entonces enviamos mercenarios a ayudar a los rebeldes. ¿Nos instalamos temporalmente en Bengasi, con consejeros, ONG y la acostumbrada palabrería diplomática? Nótese cómo, en este momento crítico, no hablamos ya de las tribus de Libia, ese curtido pueblo guerrero que invocamos con entusiasmo hace un par de semanas. Ahora hablamos de la necesidad de proteger al pueblo de Libia, ya sin registrar a los Senoussi, el grupo más poderoso de familias tribales de Bengasi, cuyos hombres han librado gran parte de los combates. El rey Idris, derrocado por Kadafi en 1969, era Senoussi. La bandera rebelde roja, blanca y verde –la vieja bandera de la Libia prerrevolucionaria– es de hecho la bandera de Idris, una bandera Senoussi.

Ahora supongamos que los insurrectos llegan a Trípoli (el punto clave de todo el ejercicio, ¿no es así?): ¿serán bienvenidos allí? Sí, hubo protestas en la capital, pero muchos de esos valientes manifestantes venían de Bengasi. ¿Qué harán los partidarios de Kadafi? ¿Se disgregarán? ¿Se darán cuenta de pronto de que siempre sí odiaban a Kadafi y se unirán a la revolución? ¿O continuarán la guerra civil?

¿Y si los rebeldes entran a Trípoli y deciden que Kadafi y su demente hijo Saif al-Islam deben recibir su merecido, junto con sus matones? ¿Vamos a cerrar los ojos a las matanzas de represalia, a los ahorcamientos públicos, a tratos como los que los criminales de Kadafi han infligido durante tantos años? Me pregunto. Libia no es Egipto. Una vez más, Kadafi es un chiflado y, dado su extraño desempeño con su Libro Verde en el balcón de su casa bombardeada, es probable que de cuando en cuando también monte en cólera.

También está el peligro de que las cosas salgan mal de nuestro lado: las bombas que caen sobre civiles, los aviones de la OTAN que pueden ser derribados o estrellarse en territorio de Kadafi, la súbita sospecha entre los rebeldes/el pueblo libio/los manifestantes por la democracia de que la ayuda de Occidente tiene, después de todo, propósitos ulteriores. Y luego hay una aburrida regla universal en todo esto: en el segundo en que se emplean las armas contra otro gobierno, por mucha razón que se tenga, las cosas empiezan a desencadenarse. Después de todo, los mismos rebeldes que la mañana del jueves expresaban su furia ante la indiferencia de París ondeaban banderas francesas la noche de ese día en Bengasi. ¡Viva Estados Unidos! Hasta que…

Conozco los viejos argumentos. Por mala que haya sido nuestra conducta en el pasado, ¿qué debemos hacer ahora? Es un poco tarde para preguntar eso. Amábamos a Kadafi cuando llegó al poder en 1969 y luego, cuando mostró ser un orate, lo odiamos; después lo volvimos a amar –hablo de cuando lord Blair le estrechó las manos– y ahora lo odiamos de nuevo. ¿Acaso Arafat no tuvo un similar historial de altibajos para los israelíes y los estadunidenses? Primero era un superterrorista que anhelaba destruir a Israel, luego un superestadista que estrechó las manos de Yitzhak Rabin, y luego de nuevo se volvió un superterrorista cuando se dio cuenta de que había sido engañado sobre el futuro de Palestina.

Algo que podemos hacer es ubicar a los Kadafi y Saddam del porvenir que alimentamos hoy, los futuros dementes sádicos de la cámara de torturas que cultivan a sus jóvenes vampiros con nuestra ayuda económica. En Uzbekistán, por ejemplo. Y en Turkmenistán, Tayikistán, Chechenia y otros por el estilo. Hombres con los que tenemos que tratar, que nos venderán petróleo, nos comprarán armas y mantendrán a raya a los terroristas musulmanes.

Todo es tan conocido que fastidia. Y ahora estamos de nuevo en ello, dando puñetazos en el escritorio en unidad espiritual. No tenemos muchas opciones, a menos que queramos ver otro Srebrenica, ¿verdad? Pero un momento: ¿acaso aquello no ocurrió mucho después de que impusimos nuestra zona de exclusión aérea en Bosnia?

© The Independent

La Jornada, México

Traducción: Jorge Anaya

Arabia Saudita, el factor clave

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Revuelta en Magreb y medio oriente
Robert Fisk
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El terremoto de las pasadas cinco semanas en Medio Oriente ha sido la experiencia más tumultuosa, devastadora y pasmosa en la historia de la región desde la caída del imperio otomano. Por una vez, conmoción y pavor fue una descripción apropiada. Los dóciles, supinos, incorregibles y serviles árabes del orientalismo se han transformado en luchadores por la libertad y la dignidad, papel que los occidentales hemos asumido siempre que nos pertenece en exclusiva en el mundo. Uno tras otro, nuestros sátrapas están cayendo, y los pueblos a quienes les pagábamos por controlar escriben su propia historia: nuestro derecho a meternos en sus asuntos (el cual, por supuesto, seguiremos ejerciendo) ha sido disminuido para siempre.

Las placas tectónicas siguen desplazándose, con resultados trágicos, valientes e incluso humorísticos, en el sentido negro del término. Incontables potentados árabes habían proclamado siempre que querían democracia en Medio Oriente. El rey Bashar de Siria dice que mejorará la paga de los burócratas. El rey Bouteflika de Argelia ha levantado de pronto el estado de emergencia. El rey Hamad de Bahrein ha abierto las puertas de sus prisiones. El rey Bashir de Sudán no volverá a postularse a la presidencia. El rey Abdulá de Jordania estudia la idea de una monarquía constitucional. Y Al Qaeda, bueno, ha estado más bien callada. ¿Quién hubiera creído que el anciano de la cueva de pronto saldría al exterior y se deslumbraría por la luz de la libertad en vez de la oscuridad maniquea a la que sus ojos se habían acostumbrado? Ha habido montones de mártires en todo el mundo musulmán, pero las banderas islamitas no aparecen por ningún lado. Los jóvenes hombres y mujeres que ponen fin a los dictadores que los atormentan son musulmanes en su mayoría, pero el espíritu humano ha sido mayor que el deseo de morir. Son creyentes, sí, pero ellos llegaron allí primero y derrocaron a Mubarak mientras los esbirros de Bin Laden aún siguen llamando a deponerlo en videos ya rebasados.

Pero ahora una advertencia. No ha terminado. Experimentamos ahora ese sentimiento cálido, ligeramente húmedo que precede al restallar del trueno y el relámpago. La película de horror final de Kadafi aún debe terminar, si bien con esa terrible mezcla de farsa y sangre a la que nos hemos acostumbrado en Medio Oriente. Y el destino que le aguarda, sobra decirlo, pone en una perspectiva aún más clara la vil adulación de nuestros propios potentados. Berlusconi –que en muchos aspectos es ya una espantosa imitación de Kadafi–, Sarkozy y lord Blair de Isfaján se nos revelan todavía más ruines de lo que los creíamos. Con ojos basados en la fe bendijeron a Kadafi el asesino. En su momento escribí que Blair y Straw habían olvidado el factor sorpresa, la realidad de que este extraño foco estaba por completo chiflado y sin duda cometería otro acto terrible para avergonzar a nuestros amos. Y sí, ahora todo periodista británico va a tener que agregar la oficina de Blair no devolvió nuestra llamada al teclado de su laptop.

Todo el mundo insta ahora a Egipto a seguir el modelo turco, lo cual parece implicar un placentero coctel de democracia e islamismo cuidadosamente controlado. Pero si esto es cierto, el ejército egipcio mantendrá sobre su pueblo una vigilancia repudiada y nada democrática en las décadas por venir. Como ha expresado el abogado Alí Ezzatyar, “los líderes militares egipcios han hablado de amenazas al ‘modo de vida egipcio’… en una no muy sutil referencia a las amenazas de la Hermandad Musulmana. Parece una página tomada del manual turco”.

El ejército turco se ha revelado cuatro veces como creador de reyes en la historia moderna de su país. ¿Y quién si no el ejército egipcio, creador de Nasser, constructor de Sadat, se libró del ex general Mubarak cuando su tiempo llegó?

Y la democracia –la verdadera, desbocada, fallida pero brillante versión que los occidentales hemos hasta ahora cultivado con amor (y con razón) para nosotros mismos– no va a convivir felizmente en el mundo árabe con el pernicioso trato que Israel da a los palestinos y su despojo de tierras en Cisjordania. Israel, que ya no es la única democracia en Medio Oriente, sostuvo con desesperación –junto con Arabia Saudita, por amor de Dios– que era necesario mantener la tiranía de Mubarak. Oprimió el botón de pánico de la Hermandad Musulmana en Washington y elevó el acostumbrado cociente de miedo en los cabilderos israelíes para descarrilar una vez más a Obama y a Hillary Clinton. Enfrentados a los manifestantes democráticos en las tierras de la opresión, ellos siguieron la consigna de respaldar a los opresores hasta que fue demasiado tarde. Me encanta eso de la transición ordenada: la palabra ordenada lo dice todo.

Sólo el periodista israelí Gideon Levy lo entendió bien. ¡Deberíamos decir Mabrouk Misr!, escribió. ¡Felicidades, Egipto!

Sin embargo, en Bahrein viví una experiencia deprimente. El rey Hamad y el príncipe heredero Salman han estado plegándose a los deseos del 70 por ciento chiíta de su población –¿80?–, abriendo prisiones y prometiendo reformas constitucionales. Le pregunté a un funcionario del gobierno en Manama si tal cosa es de veras posible. ¿Por qué no tener un primer ministro electo en vez de la familia real Jalifa? “Imposible –respondió, chasqueando la lengua–. El CCG no lo permitiría.” En vez de CCG –Consejo de Cooperación del Golfo–, léase Arabia Saudita.

Y es aquí, me temo, donde nuestro relato se vuelve más oscuro.

Ponemos muy poca atención a esa banda autocrática de príncipes ladrones; creemos que son arcaicos, analfabetos en política moderna, ricos (sí, como Creso nunca soñó, etcétera), y reímos cuando el rey Abdulá ofreció compensar cualquier descenso en el dinero de rescate de Washington al régimen de Mubarak, como ahora volvemos a reír cuando promete 36 mil millones de dólares a sus ciudadanos para mantenerlos callados. Pero no es para reír. La revuelta que finalmente echó a los otomanos del mundo árabe comenzó en los desiertos de Arabia; sus tribus confiaron en Lawrence, McMahon y el resto de nuestra banda. Y de Arabia salió el wahabismo, esa poción espesa y embriagadora –un líquido negro coronado por espuma blanca– cuya espantosa simplicidad ha atraído a todo aspirante a islamita y atacante suicida en el mundo musulmán sunita. Los sauditas criaron a Osama Bin Laden, a Al Qaeda y al talibán. No mencionemos siquiera que ellos aportaron la mayoría de los atacantes del 11 de septiembre de 2001. Y ahora los sauditas creerán que ellos son los únicos musulmanes que continúan en armas contra el mundo resplandeciente. Tengo la ingrata sospecha de que el destino del desfile de la historia de Medio Oriente que se desenvuelve ante nuestros ojos se decidirá en el reino del petróleo, de los lugares sagrados y de la corrupción. Cuidado.

Añadamos una nota ligera. He estado recogiendo las citas más memorables de la revolución árabe. Tenemos Regrese, señor presidente, sólo bromeábamos, de un manifestante contra Mubarak. Y el discurso de estilo goebbeliano de Saif al Islam al Kadafi: “Olvídense del petróleo, olvídense del gas… habrá guerra civil”. Mi cita favorita, egoísta y personal, llegó cuando mi viejo amigo Tom Friedman, del New York Times, se reunió conmigo a desayunar con su acostumbrada sonrisa irresistible. “Fisky –me dijo–, ¡un egipcio se me acercó ayer en la plaza Tahrir y me preguntó si yo era Robert Fisk!”

Eso es lo que yo llamo una revolución.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

Written by Eduardo Aquevedo

27 febrero, 2011 at 0:26

Libia: Gadafi se atrinchera en Tripoli y contraataca…

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Las fuerzas leales al dictador luchan intensamente con los opositores en las poblaciones de Zauiya y Sabratha.- El régimen intenta blindar la capital, donde concentra a numerosos soldados y mercenarios

ÁLVARO DE CÓZAR / Ras el Ajdir (Enviado Especial, EL PAÍS) 24/02/2011

 

Muamar el Gadafi ha comenzado su contraataque. Sus fuerzas leales mantienen un férreo control sobre Trípoli tras perderlo en Bengasi, Tobruk y Musratha. Ante la fuerza de los opositores, que intentaron extender la revuelta al oeste del país, el mayor objetivo del líder libio en estos momentos se centra en mantener bajo su poder las ciudades de Zauiya y Sabratha, a menos de 80 kilómetros de la capital. La situación sobre el terreno sigue siendo muy confusa, con informaciones que salen del país a cuentagotas, algo que Gadafi aprovecha para mantener un discurso en el que culpa de todos los males de Libia a Al Qaeda y a los extranjeros. Mientras, los tiroteos indiscriminados se viven hoy en el oeste, consciente ya el dictador de que en la zona oriental llegó la calma cuando los “consejos populares” se hicieron con el control de manera gradual desde el pasado 17 de febrero. Arropado por los fieles al régimen, la guardia presidencial, grupos bajo el mando de sus hijos y numerosos mercenarios, Gadafi ha comenzado su ofensiva estratégica para liquidar a los opositores y mantenerse en el poder.

Las imágenes de las poblaciones controladas por los opositores, que han empezado a distribuir agencias, muestran el armamento que dejan atrás los partidarios del dictador -vehículos blindados, artillería, armamento ligero-. Un arsenal bastante anticuado que da a entender que el régimen ha agrupado alrededor de la defensa de Trípoli sus mejores recursos.

Desde la frontera entre Libia y Egipto -donde no existe control libio, excepto dos milicianos que saludan a los pocas personas que cruzan- hasta Tobruk, a 120 kilómetros, las banderas de la independencia ondean en los edificios oficiales y las comisarías están vigiladas por civiles, algunos de ellos armados.

En mitad de esta guerra por mantener el control de las principales ciudades de Libia, el dictador se ha dirigido a sus ciudadanos -a través de una intervención telefónica aparentemente improvisada y en la línea de su última intervención- para advertir a sus opositores de que si continúan las revueltas puede cerrarse el grifo del petróleo .

Por lo pronto, lo que sí está ya bloqueado son los findos que el dictador y su familia podrían tener en el sistema bancario suizo, según ha comunicado eL Gobierno helvético. La decisión tiene efecto inmediato y tendrá una vigencia de tres años. Con esta medida se evitará cualquier riesgo de desvío de fondos públicos libios que puedan encontrarse en territorio helvético.

Los testimonios de personas que huyen de los choques y se refugian en Túnez han confirmado sin embargo que los opositores van sumando apoyos en el oeste. Zuara, la ciudad más próxima a la frontera, ha sido liberada tras ser abandonada por el Ejército. Los opositores luchan ahora por conquistar otras dos grandes poblaciones en la ruta hacia Trípoli y objetivos estratégicos de Gadafi: Zauiya y Sabratha.

Zauiya y Sabratha, dura represión

La situación en la vecina Zauiya, donde la población había proclamado la victoria, no es tan clara a estas horas. La ciudad ha sido escenario de un ataque de fuerzas leales a Muamar el Gadafi que ha durado cinco horas y ha dejado al menos 100 muertos y cerca de 400 heridos, algunos muy graves, según datos que ha facilitado un testigo a la cadena Al Yazira. Éste, identificado solo por el nombre de Ali, ha contado que las tropas llegaron a primera hora de hoy en 35 vehículos militares, que llevaban cada uno diez efectivos, “y comenzaron a abrir fuego contra la gente” que se encontraba en esa ciudad. Los soldados utilizaron armas de gran calibre “como las que se usan para disparar contra tanques y aviones”, y solo encontraron oposición de pobladores de Zauiya que estaban defendiéndose con armas cortas y escopetas de caza.

Zauiya está al oeste de Trípoli, no lejos de la frontera con Túnez. Hasta hoy, los ataques más graves contra los manifestantes de la oposición se han concentrado fundamentalmente en regiones del oriente del país. El testigo ha explicado, telefónicamente, que después de que el tiroteo se prolongara por cinco horas, hubo un descanso de unos quince minutos, y tras ello las tropas comenzaron a rondar la ciudad amenazando con matar a los civiles. Ali ha asegurado, a mediodía, que los militares se habían retirado a unos 20 kilómetros de la ciudad “para planear otro ataque de nuevo”.

Y en la cercana Sabratha, a 80 kilómetros de Trípoli, las tropas han irrumpido en la ciudad mientras se han escuchado disparos. Helicópteros enviados por fuerzas leales a Gadafi han sobrevolado ambas ciudades y han efectuado disparos contra la población.

Mientras, Seif el Islam, su hijo designado como sucesor, ha comparecido en la televisión estatal para rechazar que haya habido bombardeos contra los manifestantes y asesinatos de “centenares o miles de personas”. Además, ha invitado a los periodistas que esperan en la frontera de Túnez a entrar en Libia. “Adelante, que entren, que crucen y pasen”, ha dicho, desafiante. De hecho, Estados Unidos ha confirmado que Libia ha autorizado la entrada de algunos periodistas de CNN, BBC en árabe y Al Arabiya, pero ha advertido que a partir de ahora Libia considerará a los que han entrado “ilegalmente” colaboradores de Al Qaeda.

Trípoli, ciudad fantasma

La autoridad de Gadafi parece haber quedado reducida al bastión de Trípoli, donde se ha atrincherado junto a las milicias de mercenarios africanos que siembran el pánico entre la población. Los relatos de testigos hablan de que los guerrilleros leales al dictador patrullan las calles fuertemente armados, con el respaldo de tanques y vehículos blindados, para frenar cualquier conato de revuelta. A diferencia de muchos militares que han desertado y se han unido a la rebelión, ellos ejecutan sin contemplaciones la orden de disparar y matar a cualquiera que se interponga en su camino. Su despliegue ha convertido Trípoli en una ciudad fantasma. El clima de terror no ha impedido que los opositores que aún permanecen en la ciudad hayan convocado para este viernes una gran marcha inspirada en las que forzaron la caída de Hosni Mubarak en Egipto.

Lo que sí han conseguido los opositores es el control de las principales terminales petrolíferas situadas al este de Trípoli. Según han informado residentes en la ciudad de Bengasi, en contacto con personas que habitan la zona, las plantas petrolíferas ya están en manos de rebeldes. Los residentes han contado a Reuters que las terminales de Ras Lanuf y Marsa El Brega están siendo protegidas. Soliman Karim, un residente que ayuda en la administración de la ciudad de Bengasi, ha indicado que las exportaciones, una fuente vital de beneficios para este país miembro de la OPEP, siguen su curso más o menos natural, algo que contrasta con la opinión de otro residente, que ha sugerido que la circulación de petróleo sí que ha quedado afectada. Esta información no ha podido confirmarse con las empresas que operan las terminales.

Consciente de que se avecina la batalla final, el dictador ha realizado hoy un llamamiento a la desesperada para que los miles de mercenarios disgregados por el país se unan a la defensa de la capital. Además de contener el avance rebelde, el régimen de Gadafi tiene que hacer frente a la pérdida creciente de apoyos. A las dimisiones de los ministros de Justicia y Emigración, se sumó ayer , la del ministro del Interior y antiguo compañero de armas de Gadafi, el general Abdulá Yunis. No obstante, el régimen de Gadafi intenta mantener a flote la moral de los suyos y ha lanzado un nuevo mensaje a través de la televisión estatal en el que exige a los rebeldes que entreguen las armas y ofrece dinero a aquellos que aporten datos que conduzcan a la captura de los líderes de la revuelta.

La situación de los partidarios de Gadafi es tan desesperada que 17 pilotos de la Fuerza Aérea de Libia fueron ayer ejecutados en Trípoli tras negarse a bombardear barrios en poder de los rebeldes de la ciudad de Zauia, a 44 kilómetros de la capital, según fuentes libias relacionadas con el Ejército, informa Ignacio Cembrero. El diario Quryna -perteneciente a un grupo mediático propiedad de un hijo de Gadafi- informa hoy de que un avión militar se estrelló ayer a las afueras de la ciudad, sin causar víctimas. El motivo: el piloto y el copiloto del aparato, un Sukoi 22, saltaron en paracaídas para evitar cumplir la orden de bombardear la ciudad.

Mercenarios encarcelados en Bengasi

En Bengasi, la segunda ciudad del país y epicentro de la protesta, los manifestantes ya han tomado por completo el poder, según han podido comprobar reporteros de Reuters. Miles de personas ocupan las calles de esta localidad, situada a 1.200 kilómetros al este de la capital, Trípoli, y festejan el fin del poder de Gadafi. Alrededor de una docena de “mercenarios” han sido encarcelados este jueves después de ser sometidos a juicio. “Han sido interrogados y ahora están en un lugar seguro y bien alimentados”, ha explicado Imam Bugaighis, un profesor libio de 50 años que colabora en la organización de los comités para gestionar la ciudad.

Testigos y periodistas que han logrado entrar en el país por Egipto confirman que la ciudad fronteriza de Musaid está también en manos de los manifestantes. Lo mismo pasa, avanzando 150 kilómetros hacia el oeste, en Tobruk, un puerto estratégico en el distrito más próximo a Egipto. Los militares decidieron apoyar allí las protestas y este miércoles, por primera vez, se han podido ver imágenes en directo de una manifestación anti-Gadafi porque han entrado televisiones internacionales.

Trabajadores egipcios que han escapado de Zuara aseguran que los manifestantes antigubernamentales han tomado el control del enclave y, al igual que sus compatriotas del este, han constituido “comités populares” para reestablecer el orden. “Las comisarías han sido quemadas y no queda rastro de policías ni soldados”, han explicado en declaraciones a Reuters. Eso no quiere decir que no pueda haber ataques de Gadafi en las próximas horas.

“Gadafi morirá en Trípoli”

El número de muertos sigue siendo todavía una incógnita y oscila entre los 300 declarados por el régimen, los 1.000 considerados verosímiles por el ministro de Exteriores italiano, Franco Frattini, y los 10.000 que señala un miembro libio de la Corte Penal Internacional (CPI), Sayed al Shanuka, en la cadena Al Arabiya.

“Perderá y tendrá que irse o morirá en Trípoli, pero nada podrá evitar que el pueblo acabe con él”, dice en el puesto fronterizo de Ras el Adjir un libio que se envuelve con la antigua bandera tricolor del reino de Libia (1951-1969) en lugar de la actual, de color verde, adoptada en 1977. Esa bandera todavía se divisa desde Túnez al final de la frontera, en la parte libia y todavía inaccesible. El puesto fronterizo es el punto de encuentro de periodistas, ONG y ciudadanos tunecinos que se acercan a ver la llegada de los refugiados, unos 10.000 en los dos últimos días, la mayoría tunecinos o de otras nacionalidades que trabajaban en Libia. A medida que iban pasando, cargados de maletas y bolsas de plástico, los tunecinos les recibían con algunos gritos utilizados en las protestas que acabaron hace más de un mes con la huida del dictador de Túnez, Ben Ali. “Dégage, dégage… [lárgate]. Lo gritamos entonces contra él y lo dijeron también los egipcios con Mubarak. Es el momento de los libios”, comenta un habitante de la ciudad tunecina de Ben Gardan, a 35 kilómetros de la frontera, que se había desplazado hasta la aduana para dar la bienvenida a los refugiados.

Algunos de ellos mostraban pruebas de las medidas que el régimen está aplicando a los extranjeros. Un joven se quitó la camiseta delante de los periodistas y enseñó la espalda llena de marcas de haber recibido palos hasta la extenuación. “Soy tunecino y la policía de allí nos odia porque conseguimos lo que queríamos en Túnez, echar al dictador. Eso nos convierte en objetivo”, explicaba.

Written by Eduardo Aquevedo

25 febrero, 2011 at 6:31

Khadafi pierde el control de varias ciudades…

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BENGHAZI, TOBRUK Y OTRAS LOCALIDADES DEL ESTE DE LIBIA ESTAN EN PODER DE LOS MANIFESTANTES

Parte de las fuerzas del ejército abandonaron su obediencia al régimen y se plegaron a los reclamos de la gente en las calles desde el 15 de febrero. Los militares leales combatían por retener el oeste del país.

Los reclamos del pueblo libio corren como ríos por las calles del país. En el noveno día de protestas, la fuerza de las manifestaciones en algunas ciudades fue tal, que arrasó con todo vestigio del legendario régimen de Muammar Khadafi. Los manifestantes que reclaman el fin del gobierno tomaron el control de Tobruk, la principal ciudad de la frontera con Egipto, al este libio. Con ese territorio, el gobierno perdió el control de por lo menos cuatro localidades del este –incluyendo Benghazi– en las que un denominador común tomó protagonismo: el Ejército en funciones abandonó su obediencia al “líder y hermano guía de la revolución libia”, como se autodenomina Khadafi, y se declaró a favor de las revueltas. Ayer, además, otros dos funcionarios abandonaron sus puestos. Uno de los principales asistentes del hijo menor de Khadafi y el ministro de Justicia renunciaron “como condena a la violencia con la que el gobierno respondió al pueblo”. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, condenó el accionar del oficialismo libio y advirtió sobre la aplicación de posibles sanciones (ver recuadro).

El régimen de Khadafi, en el poder desde hace 42 años, se enfrenta a un movimiento de contestación sin precedentes desde el 15 de febrero. Su respuesta a los reclamos del pueblo, una represión extremadamente violenta que contó con ataques de patotas paramilitares y bombardeos aéreos, dejó un tendal de 300 muertos, según las propias autoridades. Para la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), las víctimas ascienden a 640, luego de contabilizar que al menos 275 personas perdieron la vida en la capital, Trípoli, y 230 en Ben-ghazi. El recuento no incluye posibles víctimas en Tobruk, donde también hubo protestas. La cadena árabe de noticias Al Jazeera se animó con la cifra de mil muertos. Sin embargo, las cifras son difíciles de confirmar debido a las interrupciones de las conexiones telefónicas y de Internet y a la limitación a los periodistas internacionales para entrar en el país.

Según reportaron medios de comunicación extranjeros, en Benghazi, la segunda ciudad del país, miles de personas festejaban en las calles la toma del poder en la ciudad. Corresponsales árabes aseguraron que en Tobruk no hay presencia de fuerzas de seguridad pública. “Estamos del lado del pueblo. En el pasado apoyamos a Khadafi, pero la situación cambió. El es un tirano”, remarcó a la cadena de noticias el comandante de las fuerzas armadas en esa ciudad, general Suleimán Mahmoud. En tanto, cronistas de la agencia de noticias británica Reuters aseguraron que Musaid, otra ciudad importante del este libio, también está bajo control de los manifestantes. Pero también la ciudad Misurata, el oeste del país, estaría en manos opositoras, según informó Al Jazeera.

Un día después de que llamara a sus seguidores a combatir a los manifestantes y amenazara con el uso letal de la fuerza contra sus críticos, el primer ministro libio continúa perdiendo apoyo de funcionarios de su gobierno y miembros de las fuerzas armadas. A los soldados y generales que se plegaron a las protestas en Benghazi y Tobruk se sumaron las unidades militares de otras ciudades, como Al Jabal al Akhdar y Derna, que prometieron proteger al pueblo.

“Expreso mi más profundo desprecio a la violencia de Khadafi”, anunció en su comunicado de renuncia Youssef Sawanhi, uno de los principales asesores del hijo menor de Khadafi, Saif al Islam. También dimitió el ahora ex ministro de Justicia Mustapha Abdeljalil, “en protesta al excesivo uso de la violencia contra los manifestantes”. Según fuentes anónimas, el primer ministro se habría atrincherado junto con cuatro brigadas de las fuerzas de seguridad en la base militar Bab al Asisiya, en Trípoli, cuyas calles estaban desiertas. Cabe recordar que la ciudad capital es el último bastión pro Khadafi que pudo observarse hasta la tarde de ayer en el país.

En tanto, en una entrevista concedida al periódico inglés Financial Times, el hijo mayor de Khadafi aseguró: “Mi padre seguirá jugando un rol esencial en Libia, aunque es cierto que es necesaria sangre nueva”. Además, aseguró que su hermano está trabajando en una nueva Constitución. “Pronto habrá novedades”, añadió.

Mientras aumentan las condenas internacionales a la represión violenta de las protestas, también lo hacen las cifras de libios y libias que huyen de su país en busca de refugio. El ministro del Exterior italiano, Franco Frattini, advirtió que hasta 300 mil libios podrían estar a punto de huir a Europa. Asimismo, miles de libios huyeron hacia las fronteras de los países vecinos de Egipto y Túnez, ante la situación convulsa que vive el país árabe. Según los datos de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), cerca de cinco mil personas huyeron a la frontera tunecina y 15 mil a la egipcia. Por su parte, la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) indicó que recibió “señales positivas” de ambos países de que mantendrán las fronteras abiertas para recibir a las personas que abandonan Libia.

Kadafi, el terrorista de Estado…
Alencontre.org
Las manifestaciones contra el poder dictatorial de Mouammar Kadafi comenzaron el 14 de febrero. La represión masiva y brutal se puso en marcha a raíz de las amplias movilizaciones, impulsadas bajo el lema “Día de cólera” el 17 de febrero. 

Desde entonces, la movilización se desarrolló en distintas ciudades. Pero la represión tomó el perfil de una verdadera masacre. Así pues, Ali al-Essawi, embajador de Libia en la India, que dimitió de su puesto, indicó a la cadena Al-Jazira, (martes 22 de febrero), que se habían utilizado algunos aviones de combate para tirar contra la población civil. Este embajador no dudó en utilizar el término de “masacres” y pedir que la ONU bloqueara el espacio aéreo de Libia con el fin de “proteger a la población”. Hay que señalar que el embajador de Libia en Australia cortó los vínculos con el poder de Kadafi, lo mismo sucede para los embajadores en la India, Bangladesh, Malasia, Indonesia, así como de los representantes de las embajadas libias ante la Unión Europea y la Liga Árabe.

En Benghazi, segunda ciudad del país, las fuerzas anti-régimen parecen haber tomado el control de la ciudad, en particular a raíz de la deserción de unidades militares que se unieron a los manifestantes. La violencia de la represión y el tipo de armas utilizada resultan de las declaraciones del Dr. Ahmed a la cadena Al-Jazira. Este último indica que “cuerpos se encontraban en tres o cuatro partes. A veces, solamente una pierna, a veces solamente una mano. ” En esta sola ciudad, el número de personas asesinadas se eleva, según este médico, a más de 300. Este martes, durante la mañana, ninguna persona herida se condujo al hospital. Este mismo médico, en el mismo sentido que otras fuentes, destaca la falta completa de medicamentos y material sanitario. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Egipto, la pista del aeropuerto de Benghazi se destruyó, lo que impide la llegada de todo avión. Soldados, que volvían a su cuartel, encontraron el cuerpo de otros soldados, asesinados, porque se habían negado a tirar contra civiles. La represión parece haber tomado formas aún más violentas en la capital, Trípoli. En los barrios de Tajoura y Fachloum, hombres armados y paracaídas lanzados por helicópteros, disparaban contra los manifestantes. Ante el pánico desatado, las mezquitas reclamaban ayuda por los altavoces.

Mouammar Kadhafi dispone desde hace tiempo de un aparato represivo potente y de milicias vinculadas al Comité Revolucionario. Estas estructuras son la base efectiva de su poder, que parecen más sólidas en Trípoli y sus alrededores. La represión brutal del poder impulsó la renuncia del embajador de Libia en la ONU, Ibrahim Dabbashi, quien afirmó que el régimen de Kadhafi “había iniciado un genocidio contra el pueblo libio”. Dabbashi y sus colegas reclamaron que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya inicie una investigación inmediata contra Kadafi, sus hijos y su clan, por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Será interesante conocer la posición del presidente Hugo Chávez sobre este levantamiento popular en Libia y las matanzas de Estado que están ocurriendo. ¿Qué dirá el presidente de Venezuela y lider del PSUV (el partido de Estado de la “revolución bolivariana”) que, en octubre de 2010, firmaba cuatro convenios y cinco memorándums de acuerdo con Kadafi?

Sobre todo teniendo en cuenta que en un discurso televisado – ciertamente grabado antes y pasado al final de la tarde de hoy, 22 de febrero, donde Kadafi aparece delante de la entrada del edificio oficial bombardeado por Estados Unidos en 1986 – el dictador declara: “Soy un combatiente, un revolucionario beduino, yo no me voy a ir con esta situación. Moriré como un mártir” (…) “Ni siquiera he comenzado a dar órdenes de usar balas; si necesitamos emplear la fuerza, la usaremos”. Ha llamado a sus partidarios a defender su régimen y a luchar contra “las ratas” que siembran los disturbios. “La lucha se llevará a cabo calle por calle hasta que el suelo libio sea liberado. Los que queréis a Kadafi, formad comités populares y atad a estos jóvenes en casa”. Les pide a sus simpatizantes llevar un brazalete verde para reconocerse.

Es decir, Kadafi declara abrir una nueva fase de la guerra contra todos los que se oponen a su poder. Se asume el terrorismo de Estado.

El aterrizaje de dos aviones de combate a Malta, Miraje F1, controlados por oficiales que se negaron bombardear a los manifestantes, abrió el tema: ¿de qué armamento dispone Kadafi? En efecto, Trípoli había comprado en los años setenta una cuarentena de Miraje F1 a Francia. Debido al embargo internacional que pesaba sobre Libia, estos aviones les fueron vendidos por algunas empresas francesas privadas. Es gracias a la venta del petróleo que el poder libio pudo, a partir del final del embargo internacional en 1999, renovar el armamento adquirido anteriormente en la URSS y en los países occidentales. Así pues, ucranianos y rusos modernizaron una escuadrilla de Sukhoï-24 y los helicópteros que se habían comprado en masa en los años setenta y 1980. El lunes 21 de febrero de 2011, fueron helicópteros de transporte Chinnok los que se vieron sobre Trípoli. Estos helicópteros fueron construidos por la empresa norteamericana Boeing y armados y mantenidos por la empresa italiana Agusta Westland. En 2006, para guardar las fronteras y consolidar su acuerdo con Italia con el fin de impedir la salida de “refugiados” africanos (trabajadores), Kadafi había comprado helicópteros Agusta 109.

Desde el 2007, se celebraba cada dos años en Trípoli una exposición de armamento – el LAVEX (Libyan Aviación Conferencia and Exposición) – donde los negociantes de armas esperaban colocar su material gracias a 45.000 millones de dólares de ingresos petrolíferos de Libia (aunque estos últimos bajaron con motivo de la crisis de 2008-2009). Así pues, Dassault esperaba colocar su Rafale (la Sra. Alliot-Marie está en Brasil para intentar venderlo al gobierno de ese país); Sukhoï su benjamín, el Sukhoï-35; el europeo EADS su Typhoon. El próximo LAVEX estaba previsto para septiembre de 2011. Algunas dificultades se le presentarán a todos estos fabricantes; no debido a las masacres contra la población libia, sino por la gran probabilidad de que Kadafi no pueda seguir haciendo sus compras.

La naturaleza militar, policial y tribal del régimen Kadhafi no deja lugar a dudas sobre sus vínculos con los poderes económicos mencionados; esos vínculos son reveladores del papel económico jugado por las grandes potencias, desde hace mucho tiempo, para alimentar el aparato de seguridad (represivo) del régimen libio. Por otra parte, es significativo que la agencia calificadora “Standard & Poor” haya pasado la nota de Libia de A para BBB +. Como forma de alertar a los acreedores y esperen el regreso de la “calma de los cementerios”.

La solidaridad con el pueblo libio ya se manifiesta en Túnez, cientos de jóvenes manifestaron a este ante la embajada de Libia en Túnez. Este ejemplo puede encontrar un eco, tanto en distintos países del mundo árabe como en Europa.

Traducción de Ernesto Herrera

Fuente: http://www.alencontre.org/

Written by Eduardo Aquevedo

24 febrero, 2011 at 4:51

Miedo se apodera de Trípoli, festejos en este de Libia

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miércoles 23 de febrero de 2011 14:03 GYT
Por Alexander Dziadosz

PhotoBENGASI, Libia (Reuters) – Miles de libios festejaban la liberación de la ciudad oriental de Bengasi del control de Muammar Gaddafi, quien se reportó que envió un avión para bombardear el área el miércoles mientras se resiste a dejar el poder.

La tripulación salió del avión luego de despegar de la capital, Trípoli. Luego hizo un aterrizaje forzoso al sudoeste de Bengasi, indicó una fuente militar según citó el diario libio Quryna, evitando una nueva tragedia después de casi una semana de violencia.

Trípoli, junto al oeste del país, sigue bajo el mando de Gaddafi. Los residentes indicaron que tenían miedo de los grupos armados leales al presidente, tras un discurso el martes por la noche en el que amenazó con atacar a los manifestantes.

Los intentos desesperados por aplastar una revuelta popular en contra de su Gobierno de cuatro décadas dejaron hasta 1.000 muertos, dijo el miércoles el ministro de Relaciones Exteriores de Italia, Franco Frattini.

Los precios del petróleo treparon por encima de 110 dólares el barril por temor a que el caos se expanda hacia otras naciones productoras de petróleo e interrumpa los suministros, quebrando las esperanzas de una rápida recuperación económica mundial.

Un oficial de la fuerza aérea, mayor Rajib Faytouni, dijo en Bengasi, cuna de la revuelta, que había sido testigo de la llegada de hasta 4.000 mercenarios en aviones de transporte libios durante tres días desde el 14 de febrero, reportó el diario Guardian de Londres.

“Por eso nos pusimos contra el Gobierno. Eso y el hecho de que hubo una orden de usar aviones para atacar personas”, añadió.

Hossam Ibrahim Sherif, director del centro de salud de Bengasi, dijo a Reuters que habían muerto alrededor de 320 personas en la ciudad.

Con informaciones de que gran parte del este se encuentra bajo control de los rebeldes, una cárcel vacía se incendió en Bengasi y la red británica Sky News mostró imágenes de misiles antiaéreos en lo que dijo era una base militar abandonada cerca de Tobruk.

Los residentes encendieron petardos y tocaron bocinas para celebrar el fin de los días sangrientos en el lugar.

Mientras los países que poseen fuertes lazos comerciales con el tercer productor de petróleo de Africa intentaban evacuar a sus ciudadanos, un trabajador turco fue asesinado en un edificio cerca de la capital, dijeron autoridades de aquel país.

Un trabajador del petróleo británico dijo que estaba varado con otras 300 personas en un campo en el este de Libia, donde informó que locales habían saqueado instalaciones petroleras.

“Vivimos todos los días con miedo por nuestra vida debido a que los locales están armados”, dijo James Coyle a la BBC. “Han saqueado (…) el campo alemán de al lado, se han llevado todos sus vehículos, todos nuestros vehículos (…) todo. Por eso estamos desesperados porque el Gobierno británico venga a buscarnos”, agregó.

Gran Bretaña dijo que estaba presionando a las autoridades libias para que reabrieran un aeropuerto militar con el fin de ayudar en las evacuaciones.

Francia se convirtió en el primer Estado en reclamar sanciones. “Quiero la suspensión de las relaciones económicas, comerciales y financieras con Libia hasta nuevo aviso”, dijo el presidente Nicolas Sarkozy.

Pero en la última señal de las divisiones internacionales en torno a la crisis, el primer ministro de Qatar indicó que no quería aislar a Libia, donde varios destacados funcionarios han declarado su apoyo a las protestas que comenzaron hace casi una semana.

El ministro del Interior, Abdel Fattah Younes al Abidi, y un asesor del influyente hijo del veterano líder Saif fueron los últimos en abandonar al Gobierno.

“Renuncié de la Fundación Gaddafi el domingo para expresar mi disgusto ante la violencia”, dijo Youssef Sawani, director ejecutivo de la fundación, en un mensaje de texto enviado a Reuters.

Gaddafi desplegó tropas al oeste de la capital para intentar detener la expansión de la revuelta. En el este, varios soldados se retiraron del servicio activo y abandonaron una base militar cerca de la ciudad de Tobruk.

El general Soliman Mahmoud al-Obeidy dijo a Reuters que el líder libio ya no era confiable. “Estoy seguro de que va a caer en los próximos días”, declaró.

Gaddafi, quien alguna vez fue respetado por muchos libios pese a su represivo gobierno, llamó a una muestra masiva de apoyo el miércoles, pero sólo unas 150 personas se congregaron en la plaza Verde de la capital, Trípoli, llevando la bandera libia y retratos del presidente.

La mayoría de las calles estaban desiertas en un horario en que suelen estar colmadas de autos.

Algunos cafés parecían ser los únicos comercios abiertos, pese al llamado del Gobierno a que los libios vuelvan a trabajar enviado a los suscriptores de las dos compañías de teléfonos móviles controladas por el Estado.

“Muchas personas tienen miedo de dejar sus hogares en Trípoli y hombres armados leales a Gaddafi están dando vueltas amenazando a las personas que se juntan en grupos”, dijo el tunecino Marwan Mohammed mientras cruzaba la frontera del oeste de Libia hacia Túnez.

Se estima que 1,5 millones de extranjeros trabajan o visitan Libia y un tercio de la población de siete millones son inmigrantes del Africa sub-sahariana.

Testigos describieron escenas de caos mientras las personas intentaban dejar el país. “Es un éxodo bíblico”, dijo el ministro italiano Frattini, pronosticando varios cientos de miles que buscarán refugio en su país.

ESTIMACIONES CREIBLES

Frattini dijo que entendía que la región oriental de Cyrenaica, donde se ubica gran parte del petróleo, ya no estaba bajo el control de Gaddafi luego de los violentos esfuerzos por aplastar la protesta allí y en el resto del país.

Frattini señaló que no sabía cuántos muertos había y agregó: “Creemos que estimaciones de alrededor de 1.000 son creíbles”.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas condenó el uso de violencia y llamó a que los responsables de los ataques a civiles sean responsabilizados, mientras que el primer ministro británico, David Cameron, llamó a una resolución formal.

“El régimen libio está utilizando niveles terribles de fuerza y violencia contra su propio pueblo, incluyendo aeronaves que están disparándole a las personas”, declaró.

Las manifestaciones en los países vecinos a Libia Egipto y Túnez lograron derrocar a líderes atrincherados pero Gaddafi, quien llegó al poder en un golpe militar de Estado en 1969 y ha gobernado el desértico país con populismo y mano dura, sigue dando la pelea.

El martes, un desafiante Gaddafi afirmó estar listo para morir como “un mártir” en Libia. “Me voy a mantener aquí desafiante”, dijo en un mensaje en el canal estatal, rechazando a los manifestantes como “ratas y mercenarios”.

Hasta un cuarto de la producción de petróleo de Libia ha estado interrumpida, en base a cálculos de las firmas que operan en el país, que se extiende desde el Mediterráneo hasta el Sahara y produce casi el 2 por ciento del petróleo del mundo

Human Rights Watch dijo que 62 personas han muerto en Trípoli en los últimos dos días, además de la cifra de 233 muertos entregada anteriormente. Pero grupos de oposición estiman cifras mucho mayores.

(Reporte de Tarek Amara, Christian Lowe, Marie-Louise Gumuchian, Souhail Karam; Brian Love, Daren Butler; Dina Zayed, Sarah Mikhail y Tom Perry en El Cairo y de un corresponsal de Reuters en Libia; Henry Foy en Nueva Delhi; Escrito por Janet Lawrence y Philippa Fletcher. Editado en español por Carlos Aliaga y Juana Casas)

Written by Eduardo Aquevedo

23 febrero, 2011 at 16:29

Libia: Khadafi promete reprimir y resistir “hasta la muerte”…

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Una verdad imborrable

Por Robert Fisk *

De manera que morirá luchando. Eso es lo que Muammar Khadafi nos dijo anoche, y la mayoría de los libios le creen. Este no será un vuelo tranquilo a Riad o un viaje suave a un lugar de veraneo del Mar Rojo. Avejentado, envuelto en túnicas del desierto, seguía delirando. Ni siquiera había comenzado a usar balas contra sus enemigos –una mentira palpable– cuando dijo: “Cualquier uso de la fuerza contra la autoridad del Estado será castigado con la muerte”, en sí misma una verdad palpable que los libios conocen demasiado bien sin el uso del tiempo verbal futuro de la amenaza de Khadafi. Seguía y seguía despotricando. Como todo en Khadafi, era muy impresionante, pero siguió demasiado tiempo.

Maldijo a la gente de Ben-ghazi que ya había liberado a su ciudad —“esperen hasta que la policía regrese para restaurar el orden”, prometió sin una sonrisa este hombre disecado–. Sus enemigos eran islamistas, la CIA, los británicos y los “perros” de la prensa internacional. Sí, siempre somos perros, ¿no es cierto? Hace tiempo, en un diario de Bahraini una caricatura me representó como (Príncipe Heredero, por favor tomen nota) un perro rabioso, digno de liquidar. Pero como los discursos de Khadafi, eso es lo normal. Y luego vino mi parte favorita, la exégesis de Khadafi anoche: ¡no había comenzado a usar la violencia todavía!

De manera que borremos todos los YouTubes y Facebooks y los disparos y la sangre y los cadáveres mutilados de Benghazi, y pretendamos que no sucedió. Pretendamos que la negativa de darles visas a los corresponsales extranjeros no evitó, en realidad, saber la verdad. La afirmación de Khadafi de que los manifestantes en Libia –los millones de manifestantes– “quieren hacer de Libia un Estado islámico” es exactamente la misma pavada que Mubarak pretendía vender antes del fin de Egipto, la misma pavada que Obama y Clinton han sugerido. Por cierto, hubo momentos anoche en que Khadafi –en su deseo de venganza, su desprecio por los árabes, por su propio pueblo– comenzó a sonar muy como los discursos de Benjamin Netanyahu. ¿Existirá algún contacto entre esos dos mentirosos que nosotros desconocemos?

En muchas formas, los desvaríos de Khadafi eran los de un hombre viejo, sus fantasías sobre sus enemigos —”ratas” que incluían “agentes de Bin Laden”— eran tan desorganizadas como las notas garabateadas en un pedazo de papel que sostenía en su mano derecha, para no mencionar el volumen de leyes de tapas verdes que citaba todo el tiempo. No era sobre amor. Era sobre la amenaza de ejecución. “‘Malditos’ aquellos que tratan de provocar descontento contra Libia”. Era un complot, una conspiración internacional. El lucharía “hasta la última gota de mi sangre, con el pueblo libio apoyándome”. Estados Unidos era el enemigo (hablando mucho de Fallujah), Israel era el enemigo, Sadat era un enemigo, la colonial Italia fascista era el enemigo. Entre los héroes y amigos de Khadafi estaba su abuelo, “que murió como un mártir en 1911” contra el enemigo italiano.

Vestido con una túnica y gorro marrón, el aspecto de Khadafi provocó algunas preguntas extrañas. Habiendo mantenido a los medios internacionales –los “perros” en cuestión– fuera de Libia, le permitía al mundo observar una nación enloquecida: YouTube y blogs de violencia terrible versus imágenes de televisión estatal de un dictador totalmente desquiciado justificando lo que o no había visto en YouTube o no se le había mostrado. Y aquí hay una pregunta interesante: los dictadores y los príncipes que permiten a la prensa internacional en sus países –los señores Ben Alí/Mubarak/Saleh/el príncipe Salman– están permitiendo que se filme su propia humillación. Su recompensa es dolorosa, por cierto.

La inmediatez de los celulares, la intimidad del sonido y el estallido de los disparos son en muchas formas más convincentes que la película digital editada de las cadenas televisivas. Exactamente lo mismo sucedió en Gaza cuando los israelíes decidieron, estilo Khadafi, mantener a los periodistas extranjeros fuera de su orgía de sangre de 2009: los blogueros y los usuarios de YouTube (y Al Jazeera) simplemente nos dieron una realidad que normalmente no experimentamos de parte de los “profesionales” del satélite. Quizás, al final, es necesario un dictador con su propio monopolio mirando a cámara para que diga la verdad: “Moriré como un mártir”. Casi verdadero.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

La última carta del líder libio

El gobernante daba la impresión de querer arrastrar a su pueblo en su caída sin que hicieran efecto las presiones internacionales. Esto es lo que opinan los expertos occidentales. Las petroleras europeas activaron la evacuación.

Por Eduardo Febbro

Desde París

Francia envió ayer tres aviones Airbus para repatriar a una porción importante de los 750 franceses que residen en Libia. Alemania, Portugal, Grecia y Holanda tomaron iniciativas semejantes ante una situación que la presidenta de la Federación Internacional de Derechos Humanos, FIDH, Souhayr Belhassen, definió al diario Le Monde en estos términos: “Estamos en plena locura. Khadafi está en las últimas, pero no toma conciencia de ello. Está completamente fuera de la realidad. Todo indica que está utilizando su última carta. Khadafi emplea la técnica de la tierra quemada, lo que da la impresión de que está dispuesto a arrastrar a su pueblo en la caída”. Las compañías petroleras de Italia, Eni; de Francia, Total; de Gran Bretaña, BP; de No-ruega, Statoil; de Alemania, Wintershall y RWE Dea, así como el grupo aeronáutico y de defensa italiano, Finmeccanica, y el gigante alemán de la industria, Siemens, procedieron igualmente a la evacuación de su personal presente en Libia. Los que más problemas encuentran para recuperar a sus ciudadanos del caos y la violencia son Túnez, Turquía y sobre todo Egipto, país fronterizo con Libia donde reside y trabaja un millón y medio de egipcios.

Los peores rumores y análisis circulaban anoche en Europa acerca de la dimensión de la represión que se abatió sobre la sociedad. Souhayr Belhassen adelantó a Le Monde que “en algunas ciudades del país, exceptuando Trípoli y Syrte, el ejército regular se unió a los manifestantes”. Según la presidente de la FIDH, algunas familias “me hablaron de ‘ciudades abiertas’. Están libradas a sí mismas”. Mucho más dramático es el testimonio que Nouri el-Mismari ofreció al diario Libération. Nouri el-Mismari, que está actualmente en Francia, fue durante 30 años el jefe de protocolo de Khadafi. Según relata al diario, El- Mismari asegura que “a cada hora, a cada momento, hay una matanza. En cada rincón hay combates y están bombardeando los barrios a ciegas con la aviación”. El ex jefe de protocolo de Khadafi agrega que hay “más de 400 muertos” y que “está ocurriendo un genocidio de masas”. Las informaciones de esta fuente coinciden con las que suministran los organismos europeos de defensa de los derechos humanos. Nouri el-Mismari evoca la presencia de los mercenarios, una intervención confirmada por Souhayr Belhassen: “Los mercenarios siempre existieron en Libia, pero su número se intensificó en estos últimos días. Como el ejército decidió ponerse fuera de juego y no seguir a Khadafi, éste recurre a los mercenarios para reprimir a los manifestantes”.

Muchos analistas occidentales consideran que el líder libio, que llegó al poder a los 27 años y se fabricó una imagen de “hombre fuerte del antiimperialismo”, se está suicidando con tal de no ceder. Hasni Abidi, director del Centro de estudios e investigación sobre el mundo árabe y mediterráneo (Cerman, con sede en Ginebra), compara a Libia con Corea del Norte. Hasni Abidi explica que, “con petróleo y sin armas nucleares, Libia es la Corea del Norte del mundo árabe”. Al igual que el régimen norcoreano, Libia es, según Abidi, un país donde “todos los poderes están concentrados en un solo hombre y entre aquellos que se llaman ‘los hombres de la carpa’. La carpa es la sede desde donde Khadafi gobierna desde el ataque norteamericano contra el palacio presidencial”. Al igual que otros analistas, Hasni Abidi destaca que las presiones internacionales no tienen ningún efecto sobre el poder de Khadafi: “En el plano internacional, Libia no tiene que rendirle cuentas a nadie. Es un aliado de la Unión Europea en términos de inmigración, petróleo y gas. Libia es un mercado con porvenir. Los europeos van a dudar en tomar cualquier decisión contra un régimen que podría cerrarles la puerta”.

Los libios se las verán a solas con su déspota asesino y los ocho hijos del coronel. Casi todos ocupan cargos altos. Saïf Al-Islam apareció hasta anteayer como un reformista moderado. Sin embargo, en el discurso que pronunció en la televisión esgrimió la amenaza que luego su padre llevó a la práctica: aplastar la revuelta a sangre y fuego. Su cuarto hijo, Mutassim Billah Khadafi, representa a la vez la apertura hacia Occidente y la represión. Mutassim oficia de interlocutor de los occidentales que visitan Libia y al mismo tiempo tiene un puesto de consejero para los asuntos de seguridad. Su nombre evoca pánico entre la población. Al-Saadi Khadafi, un ex jugador de fútbol profesional que contrató a Carlos Bilardo como entrenador de la selección libia de fútbol en el año 2000, fue el encargado de reprimir las revueltas que estallaron en la ciudad de Benghazi. Kharmis Khadafi es un oficial al frente de una brigada especial encargada de la seguridad de su padre. Mohamed Khadafi tiene un puesto aún más clave: dirige la red de telecomunicaciones libias y ha sido sin dudas quien dejó al país separado del mundo.

Written by Eduardo Aquevedo

23 febrero, 2011 at 3:03