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El nudo gordiano de la izquierda, por Emir Sader*

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En las economías de mercado, el Estado, para implementar políticas de redistribución del ingreso, como contrapeso de los mecanismos de concentración del mercado, depende de su política tributaria. A lo largo de las primeras décadas de la segunda posguerra, el Estado de bienestar social pudo desarrollarse –básicamente en Europa occidental– en base a un sistema tributario elevado para los padrones actuales. Pero los valores dominantes de derechos y justicia social guiaban las políticas recaudatorias y redistributivas.

En el período neoliberal, los valores dominantes han cambiado. Se impone la ideología liberal de mercado, según la cual cada uno deber buscar mejorar su vida disputando en el mercado en contra de los otros. Los recortes de los gastos públicos, con la teoría del Estado mínimo, han recaído sobre los derechos sociales, considerados gastos, con los cuales los sentimientos dominantes pasaron a no ser simpáticos.

El fin del Estado de bienestar social requirió la abolición de los valores de la solidaridad a favor de los del egoísmo. Cuando candidatos plantean que van a disminuir los impuestos, apelan a los peores sentimientos de las personas, a la insolidaridad social –hasta porque no especifican quiénes perderán derechos con ello, simplemente cuánto cada uno dejaría de pagar de impuestos– y suelen salir adelante en las encuestas.

Gobiernos que pretenden superar el neoliberalismo, reafirmando derechos que hayan sido eliminados, encuentran grandes dificultades de hacerlo con un Estado reducido a sus mínimas proporciones y con las recaudaciones de los Estados igualmente disminuidas. En el plan político se chocan con valores predominantes de hipersensibilidad en contra de cualquier tipo de elevación tributaria, así como con Congresos igualmente fragilizados respecto de campañas de los medios de comunicación en contra de cualquier suba de impuestos. Este es el obstáculo más grande para obtener más recursos para las políticas sociales.

Hay varias experiencias frustradas de gobiernos que, con excelentes intenciones, proponen reformas tributarias socialmente justas, en que los que ganan más pagan más y los que ganan menos, pagan menos, pero que se ven derrotados. Derrotados por Congresos bajo fuerte presión de los medios, que se hacen defensores de los ciudadanos supuestamente agredidos por embestidas del Estado insaciable que les quiere tomar lo que es suyo. La prensa convoca los peores sentimientos y valores egoístas, de insolidaridad social, para oponerse a las reformas tributarias, escondiendo que la gran mayoría dejará de pagar impuestos o pagará menos, mientras que los que pagarán más son los que ganan y tienen más y mucho más.

Sólo es posible para la izquierda superar ese obstáculo mediante una amplia, intensa y prolongada campaña ideológica previa, que demuestre la naturaleza socialmente justa de sus propuestas, para aislar a los sectores conservadores y preparar a la opinión pública para las reformas tributarias indispensables para extender las políticas sociales que nuestras sociedades –aun más en la era neoliberal– tanto necesitan.

*Emir Simão Sader, sociólogo brasileño, director del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. Master en filosofia política y doctor en Ciencia política. En sección opinión de Página/12, Argentina, 03.04.14

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Chavez: una experiencia político-económica progresista y democrática, pero controvertida…

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Chávez, sobre todo, político

 Por José Natanson *

Un hombre es siempre muchas cosas. En el caso de Hugo Chávez, beisbolista aficionado, lector voraz aunque de gustos dispersos, militar habituado a ver el mundo en términos de táctica y estrategia, cristiano cada vez más convencido, showman, self-made man, cantor y pintor aficionado…

Podría haber sido, también, un héroe. En la tarde del 11 de abril del 2002 las fuerzas armadas rodeaban el Palacio de Miraflores, luego de que una manifestación antichavista liderada por empleados de Pvdsa se desviara hacia la sede presidencial y se enfrentara a un grupo de partidarios del presidente, con choques entre policías y militares y francotiradores que dejaron dos docenas de muertos de ambos bandos. Con un sector de los militares cercándolo, las comunicaciones con los más leales interrumpidas y un panorama internacional confuso –Estados Unidos y España apoyaban el golpe, la Argentina de Duhalde se oponía, Brasil aguardaba–, Chávez decidió no combatir. Todavía no sabía que sus funcionarios le jurarían lealtad, todavía los canales privados de televisión no transmitían dibujos animados para ocultar a los miles y miles de chavistas que bajaban de las laderas caraqueñas para respaldarlo, y todavía, decisivamente, no era consciente de que una parte importante de las fuerzas armadas, sobre todo de la Marina y el Ejército, se negaban a sumarse a la asonada.

En este contexto confuso, Chávez ordenó a su guardia personal no enfrentar a los militares sublevados y se entregó sin disparar un solo tiro. Al hacerlo, Chávez actuaba racionalmente, midiendo relaciones de fuerza, calculando probabilidades y recurriendo a la enorme astucia de no dejar nada por escrito: se rindió, por supuesto, pero se negó a firmar la renuncia formal que los golpistas nunca pudieron exhibir en público, en uno de esos gestos aparentemente menores pero que revelan la intuitiva sagacidad del verdadero político. Porque renunciando sin combatir, Chávez hacía algo más que evitar el destino trágico de Allende, que se pegó un tiro con la ametralladora obsequiada por los cubanos cuando las tropas de Pinochet entraban a La Moneda. En aquel momento, en una decisión que a la larga se revelaría acertada, Chávez sí renunció a algo: renunció al destino de héroe para ser, desde ahí y hasta el final de sus días, un político.

(Lo interesante es que el consejero definitivo de esa decisión, según el mismo Chávez contaría después, era, él sí, un héroe: Fidel Castro, al teléfono desde La Habana, le sugería que no se inmolara, que se entregara mientras pudiera porque, intuía bien, todavía había chances de un retorno al poder. En una de esas vueltas interesantes que a veces nos trae la historia, el héroe le aconsejaba a Chávez que actuara como un político.)

De entre todos los ángulos posibles para analizar a Chávez, elijo entonces éste: Chávez podrá haber sido un buen o un mal presidente, pero no fue un héroe ni un tirano. Por eso, aunque la tan de moda comparación con Fidel resulte tentadora, también puede ser engañosa: a diferencia del cubano, un exponente de la Guerra Fría que lideró la epopeya de una revolución triunfante a 90 millas de La Florida, Chávez fue un político del siglo XXI que llegó al poder por los votos y se mantuvo ahí 14 años gracias al apoyo popular evidenciado en una seguidilla de trece elecciones impecablemente ganadas.

Y fue también el primer gran líder de la etapa posneoliberal de América latina. Asumió la presidencia en 1999, en plena hegemonía del Consenso de Washington, y comenzó a explorar un camino por el que luego avanzarían otros países. No por una especial clarividencia, o al menos no sólo por eso, sino porque el estallido económico, la crisis social y el derrumbe del sistema de partidos (las marcas de fábrica de la transición pos neoliberal) que en Argentina se produjeron en 2001, en Bolivia en 2003/2004 y en Ecuador en 2004/2005, en Venezuela sucedieron en 1989, cuando el Caracazo cambió para siempre el paisaje de un país que, en la tibieza de una socialdemocracia autocomplaciente, se había creído a salvo de traumas sociales y golpes de Estado.

Desde su llegada al poder y la asombrosa puesta en escena de su primer juramento (“juro por esta moribunda Constitución”, dijo para dejar bien clara su intención de reformarla), Chávez maniobró hábilmente –siempre midiendo, calculando, sopesando– hasta alcanzar, en sus últimos años, un ambicioso proyecto de reforma política, social y en menor medida también económica.

Detengámonos un momento en el balance. Desde el punto de vista social, el saldo es positivo: prácticamente todos los indicadores mejoraron, se los mida como se los mida, en los 14 años de chavismo. Desde el punto de vista económico, en cambio, el balance es más matizado: Chávez no logró romper la monodependencia de un país que sigue exportando básicamente un solo producto –petróleo– a básicamente un solo destino –Estados Unidos–, aunque es lícito preguntarse si alguien podría haberlo hecho con un barril que se obstina en ubicarse por encina de los 100 dólares. Como sea, Venezuela ha registrado un crecimiento desparejo, acumula preocupantes tensiones macroeconómicas (alta inflación, déficit fiscal, un mercado cambiario caótico) y sigue descansando en una estructura productiva más parecida a la de Nigeria o Arabia Saudita que a la de Argentina o Brasil. Desde el punto de vista político, el saldo del chavismo es un formato institucional difícil de definir pero muy novedoso, una especie de hiperdemocracia plebiscitaria en la que la evidente legitimidad del líder convive con no menos evidentes esfuerzos por debilitar el componente republicano –y en menor medida el liberal– propio de cualquier sistema democrático. En concreto: Venezuela es el único país latinoamericano –a excepción de Cuba– que no contempla límites al ejercicio permanente del poder por la misma persona, y al mismo tiempo celebra periódicamente elecciones limpias en las que, cuando el líder pierde, como sucedió en el referéndum del 2007, reconoce su derrota.

Y por último, desde el punto de vista de las relaciones internacionales, Chávez fue el principal impulsor de una integración latinoamericana concebida como una articulación solidaria entre iguales, que no cayó en el típico esquema centro-periferia que caracterizó a las relaciones con Gran Bretaña, Estados Unidos e incluso, por momentos, Brasil, pero que a la vez encontró enormes dificultades para cristalizar en acuerdos concretos y duraderos. Una integración presidencial que aún no ha coagulado en procesos institucionalizados a la altura de sus intenciones (no tenemos ni Banco del Sur ni moneda única ni aduanas armonizadas ni un Parlamento), pero que de todos modos supone un desafío a Estados Unidos. Pero un desafío contenido, administrado. Sucede que, pese a su prédica antiimperialista, Chávez evitó jugar con los dos temas más sensibles en la estrategia exterior de Washington (cooperó siempre en materia de lucha contra el narcotráfico y no mantuvo con las FARC más contactos que los necesarios para resguardar sus fronteras, como por otra parte también hace Brasil), en el contexto de una relación comercial estable y mutuamente beneficiosa (la única vez que Chávez dejó de enviar petróleo al imperio fue –paradojas de la historia– cuando la oposición conservadora paralizó Pdvsa).

Resulta difícil, en medio de la avalancha de análisis y tras 14 años en el poder, ensayar un balance del chavismo. Lo central, creo, es evitar que las necesarias miradas panorámicas oculten los matices y las contracciones de un régimen que podrá ser de trazo grueso, pero al que el trazo grueso no alcanza para describir. Y que además –aunque apenas se reconoce– fue mutando en el tiempo, de la fascinación inicial con la tercera vía al socialismo del siglo XXI, por motivos totalmente comprensibles: a diferencia de Evo Morales y Lula y al igual que Rafael Correa, Chávez llegó al poder sin un partido, un movimiento social o una confederación sindical que lo respaldara, y quiso emprender cambios profundos basándose sobre todo en su voluntad y su carisma. Y ahí se encontró con la paradoja –otra más– de intentar implantar el socialismo, aun el del siglo XXI, en una sociedad amansada en una cultura económica rentista, con una estética que no es la única, por supuesto –porque Venezuela también es cuna de escritores y pintores geniales–, pero sí la dominante, de nuevo rico a lo Catherine Fulop; una revolución en el país que consume más whisky escocés per cápita del mundo (aunque no produce ni una gota y aunque sí fabrica un ron excelente), donde se venden más Hammers (a 80 mil dólares cada una) que en Estados Unidos y cuya capital se ha ido convirtiendo en la ciudad más insegura de Sudamérica (¡más que Río!), a pesar de que los índices de desigualad han mejorado (en una de esas contradicciones que ponen en crisis las verdades de los sociólogos, Caracas es una ciudad más igualitaria pero más peligrosa).

Volvamos al principio. Como el resto de los presidentes del giro a la izquierda latinoamericano, Chávez supo combinar gobernabilidad económica con estabilidad política e inclusión social, trípode en el que descansa la legitimidad de esta nueva camada de líderes. Fue, de todos ellos, el que llevó más lejos su vocación transformadora, aunque las reformas no siempre hayan funcionado y aunque muchas de ellas tengan pies de barro. Manteniéndose dentro de las amplias fronteras de la democracia y el capitalismo, Chávez tuvo la vocación de los grandes políticos que quieren estirar la cuerda al máximo, y en el camino chocó, una y otra vez, con la realidad de un país que lo quiso tanto como lo odió. Sin caer en disquisiciones de hegelianismo para aficionados acerca del Hombre y la Historia, si el sujeto o la estructura, digamos por último que Chávez fue la expresión más potente de un proceso que lo trasciende, histórica y geográficamente. Sus límites fueron los de Venezuela y los de las revoluciones impuestas desde arriba.

* Director de Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur. http://www.eldiplo.org

El balance económico de Chávez

El país que recibió Hugo Chávez al llegar a la presidencia, en 1997, se destacaba por la extrema desigualdad y la destrucción del tejido productivo. Los logros y el nuevo desafío.

 Por Raúl Dellatorre

No debe haber resultado sencillo transformar una economía en la que una cuarta parte de la población (26 por ciento) se encontraba en la pobreza extrema, el 15 por ciento de los trabajadores desempleados y, de los que tenían trabajo, más de la mitad (54 por ciento) lo hacían fuera de la legalidad. Esta era la situación de la economía venezolana hacia fines de la década del ’90, cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia para reemplazar a Rafael Caldera, último representante del bipartidismo socialcristiano (Copei) y socialdemócrata (Acción Democrática) que mantuvo durante décadas, alternándose en el poder, la situación de concentración de la renta petrolera y desigualdad, de liquidación del desarrollo industrial y agrícola, y la ausencia de los más elementales servicios sociales responsabilidad del Estado, como salud y educación.

La transformación de esa economía, sin embargo, se logró. En base a un proceso revolucionario cuyo primer objetivo estratégico fue recuperar el control de Pdvsa, la poderosa petrolera estatal cuya línea gerencial se resistió por más de un lustro (hasta después del intento de golpe de 2002) a obedecer las directivas del poder político democrático. Paralelamente, se de-sarrollaba un ambicioso (más aún teniendo en cuenta las limitaciones presupuestarias, sin acceso en los primeros años a la totalidad de la renta petrolera) programa de alfabetización y de instalación de centros de salud en toda la extensión del territorio venezolano.

La reconstrucción del tejido productivo demandó recomponer una matriz desarticulada. Un ejemplo conocido es el de la producción de mineral de hierro, que se vendía a precio subsidiado a la industria siderúrgica, para que ésta produjera bienes intermedios (chapas y perfiles) que se exportaban a Estados Unidos a precio libre. Mientras tanto, la construcción debía proveerse en el exterior de los insumos siderúrgicos necesarios, pagando precios elevadísimos o requiriendo subsidio estatal. El intermediario que se quedaba con los mayores beneficios era una empresa monopólica, Sidor. Obviamente, la solución fue renacionalizarla (había sido privatizada por gobiernos anteriores). Lo curioso es que hubiera críticas a esta respuesta política del Estado.

Pdvsa no había dejado de ser estatal, pero su asociación con capitales privados extranjeros la convirtió en un actor más de la política petrolera depredatoria del medio ambiente. Muchas tierras antiguamente dedicadas a la agricultura fueron abandonadas entre las décadas del ’70 y del ’90 a medida que avanzaban las torres petroleras sobre las costas del lago de Maracaibo, y los territorios de Anzoategui y Monagas. La consecuencia fue el éxodo de la población rural o su condena a la miseria, con la formación de amplios cinturones de pobreza.

Hugo Chávez supo recurrir a la cooperación internacional, con orientación hacia un proyecto regional, para revertir la situación. Los médicos y maestros cubanos fueron una presencia notable que caracterizó los primeros años del proceso, así como los técnicos en materia agrícola de origen argentino lo fueron en la segunda etapa, de “reinstalación” de una economía rural. Cuando la Revolución Bolivariana recuperó el manejo del recurso petrolero, Chávez devolvió esos favores con un suministro permanente de recursos energéticos a Cuba y prestando ayuda financiera a la Argentina.

Si en sus primeros años de gobierno la Revolución Bolivariana había dado gestos de la orientación buscada, el fallido golpe en su contra de abril de 2002 impulsó las decisiones que hacían falta para profundizar el proceso. La derrota de los golpistas dejó al desnudo a los enemigos de la Revolución desde adentro, dando la oportunidad de desplazarlos y despejar el camino. Ese paso se tradujo en los resultados macroeconómicos de los años posteriores: desde fines de 2003 hasta mediados de 2008, Venezuela logró 23 períodos trimestrales de crecimiento consecutivo. El record se rompió por el impacto de la crisis mundial, pero la economía retomó la senda a partir del segundo trimestre de 2010. En 2011 ya obtuvo un crecimiento de 4,2 por ciento y en 2012 de 5,5 por ciento.

Menos dependiente de productos intermedios y finales que una década y media atrás (cuando “casi todo” lo que se consumía era estadounidense o colombiano), pero todavía altamente dependiente de las divisas que genera el petróleo, Venezuela dispuso una fuerte devaluación y un desdoblamiento cambiario el último 8 de febrero, como parte de una serie de medidas que buscan corregir desequilibrios externos y mantener el equilibrio entre las políticas de promoción de la producción y el empleo, y los ambiciosos programas sociales de inclusión con fondos públicos.

El desempleo bajó a menos de la mitad (del 15 al 7 por ciento) en una década y media, y la pobreza extrema a casi una cuarta parte (del 26 al 7 por ciento). La informalidad laboral descendió del 54 al 43 por ciento (con leyes de protección laboral para los trabajadores formales que antes no existían). Indicadores y tendencias que sólo podrán consolidarse si quienes asumen la conducción del proceso logran superar su principal de-safío: derrumbar, ya sin la presencia de su líder, la resistencia de un poder económico local y extranjero que no está dispuesto a resignar el terreno perdido.

Pagina/12

Encuesta CEP: Piñera crece sólo 3 puntos (de 24% a 27%) y Bachelet mantiene “aplastante ventaja” (50%)… [Actualizado]

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Representación y legitimidad: el desplome del poder

En indiscutido mal pie quedan toda la clase política —salvo Bachelet—, luego de la encuesta de ayer. Y aunque todos hablan de recambio y asumen el hastío de los votantes con la política tradicional, la vorágine electoral dejará el rompecabezas para el próximo gobierno. Mientras el establishment pone cara de circunstancia, el elástico sigue estirándose.

 

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Entre tanta coyuntura y cruce de declaraciones por el nivel de aprobación del gobierno de Sebastián Piñera y los centímetros que no varió en esta ocasión la carrera presidencial del 2013, fueron eclipsadas las cifras de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) que dejan en evidencia y sin apelación la abismante brecha que impera entre la clase política, las instituciones democráticas y la ciudadanía. Una crisis de representatividad que se instalará como debate y desafío de un futuro gobierno, porque la administración de Sebastián Piñera no tiene sustento para tratar de revertir esta situación ante la negativa en la coalición oficialista de llevar adelante las reformas constitucionales necesarias para modificar el sistema político.

Nadie recuerda una encuesta CEP en que ninguno de los actores políticos registrara un alza en la evaluación positiva. Por el contrario, casi todos —salvo el presidenciable Andrés Velasco que se mantuvo— cayeron en este ítem. Es cierto que la ex Presidenta Michelle Bachelet tiene una alta evaluación positiva (76%) y el “ministro-presidenciable” Laurence Golborne también (62%) ambos cayeron siete y seis puntos respectivamente en los últimos cuatro meses. Dicho desplome lo encabeza el senador PPD, Guido Girardi que cae 9 puntos, seguido por sus pares de la DC, Ignacio Walker y Ricardo Lagos Weber que bajaron 8 puntos e incluso, la dirigente estudiantil Camila Vallejo está en la lista con 5 puntos menos.

Estas cifras son una prueba —según los analistas— del agotamiento de la gente con la clase política en general, del desgaste de la elite, pero son sólo la punta del iceberg. Un 54% califica de regular nuestra democracia, sólo un 17% cree que ésta funciona bien, los niveles de confianza en los partidos políticos está casi en el suelo (6%) y el Congreso no está mucho mejor, ya que en los últimos dos años ha caído del 28% al 10%.

Si la confianza en los sindicatos (18%) es baja, es complejo que los niveles de ésta en instituciones como el gobierno (23%), municipalidades (25%) y el Ministerio Público (15%) no supere un cuarto de los encuestados.

El director del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes, recalca que esta brecha entre la clase política y la gente comenzó a principios de la década del 2000, tuvo su primer momento de expresión concreta con el movimiento de los pingüinos y que es consecuencia de un conjunto de factores. “El sistema binominal genera una representación deficiente de los intereses ciudadanos; hay un problema constitucional por los vetos que ejercen con los quórums en el Congreso que por veinte años han impedido reformas necesarias y un sistema de partidos, donde prima el criterio de las facciones y el clientelismo, con una elite maneja los partidos”, precisó.

Según Claudio Fuentes, “un próximo Presidente, debería convocar a una comisión plural, que piense la fórmula para una nueva Constitución. La sociedad chilena tiene que pensar reglas del juego que garanticen estabilidad pero también participación”, recalcó. El momento propicio es el inicio de una nueva administración, cuando todo nuevo Mandatario goza de una “luna de miel” política que le da una suerte de mayor piso para impulsar algunos temas.

La lectura que hace Fuentes es coincidente con cifras de la CEP como la del 49% considera que el binominal debería cambiarse o la suerte de caída libre en que están las coaliciones políticas tradicionales. Un 60% no se identifica con ningún conglomerado político, sólo un 18% con la Concertación, un 12% con la Alianza y un 6% con el Juntos Podemos, sin contar que un 58% rechaza como la oposición ha desarrollado su papel y un 49% desaprueba la forma que la Alianza juega su rol político.

Es indiscutido el mal pie en que esta la clase política, aunque no por eso, en ella no existe seria preocupación y ya algunos, no muchos la verdad, prenden las alarmas. El candidato presidencial,Andrés Velasco dijo ayer que es evidente “el desplome del establishment político” y que ello refleja la necesidad de un recambio, porque hay “hastío de los votantes con la política tradicional, y están pidiendo alternativas”

Para el timonel del PS, Osvaldo Andrade, “el prestigio de las instituciones está en un nivel de precariedad” y ante ello no se puede estar tranquilo. “Cuando hay una crisis de las instituciones, de la presidencia y el gobierno, urge un dialogo político entre todos los sectores”, agregó.

El escenario es complejo y si bien no se habla de estar ad portas de un estallido social, hay síntomas preocupantes como el hecho de que las instituciones democráticas son “bypaseadas” para la búsqueda y solución de conflictos. “Eso sucede cuando el Presidente de la República llama por teléfono a un empresario para solucionar un conflicto medioambiental, bypaseando la institucionalidad que existe para resolver esos problemas o que los parlamentarios legislen más reaccionando al ritmo de la coyuntura, dejando de lado el debate político de fondo”, acotó Fuentes.

NUEVAS REGLAS

Con las municipales de octubre se entrará en una vorágine electoral que sólo terminará cuando se elija, a fines del próximo año, al siguiente Presidente y un nuevo Congreso. El punto es que a pesar de algunos cambios “cosméticos” como la inscripción automática y el voto voluntario para “mejorar la participación”, no se augura una avalancha de electores en ninguno de estos comicios: sólo un 50% dice que votará con toda seguridad para elegir alcalde y concejales y un magro 57% afirma con certeza que sufragará en las presidenciales y parlamentaria del 2013.

Considerando que el desgaste es para toda la clase política, el decano de la facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, advierte que “sea cual sea el próximo gobierno, tendrá la tarea de comenzar a restablecer las confianzas ciudadanas en la institucionalidad”

Una idea compartida por Fuentes. “Un próximo Presidente, debería convocar a una comisión plural, que piense la fórmula para una nueva Constitución. La sociedad chilena tiene que pensar reglas del juego que garanticen estabilidad pero también participación”, recalcó.

El momento propicio es el inicio de una nueva administración, cuando todo nuevo Mandatario goza de una “luna de miel” política que le da una suerte de mayor piso para impulsar algunos temas.

Los actuales inquilinos de La Moneda no pueden, dado el rechazo sistemático de uno de sus principales aliados, la UDI, a las reformas constitucionales pendientes, la baja evaluación ciudadana al gobierno y en la recta final de su mandato. En concreto, dijo el académico de la UDP, “Piñera no tiene capacidad para hacerlo, la derecha no quiere cambiar el statu quo, por eso se molestó tanto con la DC e Ignacio Walker que se abrió a la idea de la asamblea constituyente, porque eso implica cambiarlo”.

 

Bachelet mantiene aplastante ventaja y aprobación a Piñera sube levemente

Según el último sondeo del Centro de Estudios Públicos, el Presidente de la República subió de un 24 a 27%, mientras un 52% expresó desaprobar la manera en que está ejerciendo su administración. En tanto, un 18% se identifica con la Concertación, un 12% con la Coalición por el Cambio y un 60% no se identifica con sector político alguno. En cuanto a reformas políticas, un 49% de los consultados se mostró a favor de cambiar el sistema binominal y un 42% cree que la educación debe ser gratuita, a la vez que un 45% cree que debe serlo para los más pobres.
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La actual directora ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet, mantuvo una amplia mayoría entre los personajes públicos en miras de la próxima elección presidencial.

Así lo revela la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), donde la ex jefa de Estado registró un 50% de las preferencias ante la pregunta: ¿Quién le gustaría a Ud. que fuera la o el próximo presidente de Chile? Le sigue el actual ministro de Obras Públicas, Laurence Golborne, con un 9 por ciento.

En abril pasado la ex mandataria registró un 51% y el secretario de Estado un 7%. En el tercer lugar de las preferencias se encuentra el líder del PRO, Marco Enríquez-Ominami con un 4%; y en el cuatro lugar aparecen empatados con un 2% el ministro de Defensa, Andrés Allamand, y el economista, Franco Parisi.

Ante la pregunta ¿Quién cree que será el próximo Presidente de Chile?, un 49 por ciento de los consultados dijo que se inclinaba por la ex jefa de Estado, mientras un 8% manifestó su preferencia por el titular del MOP.

En tanto, la gestión del gobierno obtuvo un 27%, es decir, tres puntos más de la gestión anterior (abril). Mientras un 52% desaprueba la manera en que está ejerciendo su administración.

En tanto, ante la interrogante: ¿Quién debiera ser el candidato de la alianza? los resultados fueron los siguientes: Laurence Golborne con un 26%, Andrés Allamand con 7%, Pablo Longueira 2% y Bachelet con 2%. Ante la pregunta ¿Quién debiera ser el candidato de la Concertación?: Bachelet con un 46%, Andrés Velasco con un  2%, José Antonio Gómez con un 1%.

Interrogados por la decisión de votar por… las personas sondeadas dijeron: 46% Michelle Bachelet, 14% Laurence Golborne, 5% Marco Enríquez-Ominami, 4% Andrés Allamand, 3% Ricardo Lagos Weber y cierra la lista con un 1% el economista Franco Parisi.

Un 18% se identifica con la Concertación y un 12% con la Coalición por el Cambio. 60% no se identifica con sector político alguno. La instituciones mejor evaluadas son Carabineros (50%), Fuerzas Armadas (53%), Radios (51%), más abajo la Iglesia Católica (32%), diarios (32%), Televisión (31%), Movimiento Estudiantil (30%) y Gobierno (23%).

El 49% de los consultados se mostró a favor de cambiar el sistema binominal y un 42% cree que la educación debe ser gratuita, mientras un 45% cree que debe serlo para los más pobres. Sólo un 3% dice que no debe ser gratuita.

Las principales preocupaciones para los chilenos son la Delincuencia (50%), Educación (46%) y Salud (42%).

(EL MOSTRADOR.CL)

Pese a intenso despliegue comunicacional Piñera no llega al 30% de aprobación

Los días previos desde Palacio se había insistido en que estaba todo dado para llegar a ese umbral, considerando que en la Adimark de principios de agosto, se había mantenido la tendencia alza marcando un 36 por ciento de aprobación. La confianza del gobierno se basaba en una seguidilla de planificados golpes comunicacionales, como el despliegue de Piñera por los matinales de TV anunciando la baja de la pobreza en la Casen.

 

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Un sabor amargo en la boca. Esa fue la sensación en La Moneda al conocer los resultados de la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) que arrojó un 27% de aprobación a la gestión del Presidente Sebastián Piñera, tres puntos más que en la medición de abril, cierto, justo en el límite del margen de error. Pero así y todo, fue inevitable que las cifras se sintieran en Palacio como un balde de agua fría, cuando comprobaron que no habían logrado superar la meta del 30% que en días previos al sondeo, filtraron, convencidos del éxito de la estrategia comunicacional que se desplegó desde los primeros días de julio, justo cuando se realizaba el trabajo de campo de la muestra.

Mientras el Presidente Piñera —acompañado del ministro de Economía, Pablo Longueira— estaba en el patio de los cañones en una concurrida pauta de entrega de “capital semilla” a un grupo de emprendedores, el grueso de los asesores que asistían al acto estaban atentos a sus celulares esperando conocer las cifras de la CEP, que al gobierno llegaron con sólo diez minutos de anticipación.

Los días previos desde Palacio se había insistido en que estaba todo dado para llegar al umbral del 30% considerando que en la Adimark de principios de Agosto, se había mantenido la tendencia alza marcando un 36 por ciento de aprobación, señal que interpretó como un freno de los resultados a la baja. Precisamente, la confianza del gobierno se basaba en el intenso despliegue comunicacional que se efectuó mientras la CEP estuvo en terreno, desde el 5 de julio al 9 de agosto.

En esas fechas, por destacar las principales actividades, el Presidente Piñera anunció que 650 mil inscritos en Fonasa podrán decidir dónde atenderse, citó a presidentes de la Alianza a desayuno en la Moneda para ver proyecto de salario mínimo, promulga la Ley Antidiscriminación, se dieron a conocer los resultados en varios días consecutivos de la Encuesta Nacional de Caracterización Socioeconómica (Casen) en que anuncia que su gobierno logró bajar la pobreza en un 0,7% y promulga la ley que anticipa el pago del bono Bodas de Oro, junto con la aprobación del salario mínimo en el Congreso.

Dado el esfuerzo, en La Moneda reconocían que las cifras “no fueron buenas, debió ser más alta la aprobación” y desde la Alianza, coinciden en que la cosecha “no estuvo a la altura del feroz despliegue que se hizo, ya que se debió tener un mejor resultado”.

El problema estuvo, reconocieron en el gobierno, en fijarse un umbral del 30% y filtrarlo a los medios, porque con ello se autoimpusieron una meta, que a todas luces no se cumplió. En Palacio afirman que “se pecó de exitismo” y que, a todas luces, ello se debió a que hay una “suerte de microclima” en La Moneda, que claramente no está en sintonía con lo que pasa fuera de las paredes de la sede de Gobierno.

El decano de la facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, precisó que, si bien es efectivo que “hay un cambio de tendencia, pero todavía es leve (…), hay que ver con qué velocidad este cambio se desarrolla y consolida los próximos meses”. En todo caso, reconoció que “la sintonía ambiente decía que se llegaba al 30% y, en ese sentido, efectivamente para el gobierno no fue un buen resultado” esta encuesta.

El académico Damián Trivelli añadió que fue evidente que Piñera “hizo todo lo posible, atrasaron la Casen para que coincidiera con el trabajo de campo de la CEP, hubo un fuerte despliegue de estrategia comunicacional y de recursos, a través de los bonos, se puso todo, pero no lograron subir”.

Ante el evidente autogol del gobierno al no pasar su propia meta, la salida pública fue centrar el acierto en el cambio de tendencia. El ministro Andrés Chadwick —con quien Piñera revisó las cifras de la encuesta en las oficinas de la SEGEGOB— declaró que “la gente empieza a percibir que las cosas pueden estar mejor, eso se está marcando en esta tendencia al alza. Lo importante es medir las tendencias, si me lo preguntan, hubiese deseado subir más, tener una adhesión mayor, pero lo serio es que la tendencia de las últimas encuestas, es que el gobierno va subiendo, la tendencia va hacia arriba, es lo que nos importa”.

 ¿LA PIEDRA DE TOPE?

Efectivamente el rechazo a Piñera disminuyó del 59% en abril a un 52% en la encuesta de ayer, pero la evaluación de los atributos del Presidente Piñera sigue siendo el talón de Aquiles. Un 73% dijo en la CEP que lo considera lejano, un 63% asegura que no le tiene confianza, un 64% que actúa sin destreza y un 68% que lo ha hecho con debilidad.

Por destacar las principales actividades, el Presidente Piñera anunció que 650 mil inscritos en Fonasa podrán decidir dónde atenderse, citó a presidentes de la Alianza a desayuno en la Moneda para ver proyecto de salario mínimo, promulgó la Ley Antidiscriminación, se dieron a conocer los resultados en varios días consecutivos de la Encuesta Nacional de Caracterización Socioeconómica (Casen) en que anuncia que su gobierno logró bajar la pobreza en un 0,7% y promulgó la ley que anticipa el pago del bono Bodas de Oro, junto con la aprobación del salario mínimo en el Congreso.

Desde hace meses que se ha insistido —y finalmente el Presidente acató la estrategia— en un modelo comunicacional que apuntaba a “proteger” la imagen presidencial, evitando que Piñera opinara de todos los temas y concentrando sus apariciones sólo a pautas de anuncios positivos, temas de Estado, de país, como la política internacional o los logros económicos.

Dicho esquema varió con los anuncios de la Casen con que el gobierno aseguró que logró bajar la pobreza, ya que instalaron a Piñera en la primera fila, en circunstancias que desde el mismo día que se conocieron las cifras, fueron públicamente cuestionadas y puestas en tela de juicio por la oposición, en especial por el mundo académico.

Para Guzmán, es evidente que hay “aspectos” del Presidente como “la confianza y la credibilidad que son difíciles de cambiar y ese es un flanco débil para el gobierno”. En ese sentido, subraya que la estrategia de protegerlo “quedó en nada con la Casen que lo volvió a la primera fila”.

Trivelli —quien es el coordinador del reciente estudio de la Universidad Diego Portales “Análisis de las Declaraciones de los Políticos en los noticieros centrales”— el factor de los atributos del Presidente es clave. “En julio Piñera tuvo 92% de menciones positivas en los noticieros, once puntos más que en junio. Las cifras que obtiene en confianza demuestran que da lo mismo lo que diga, la gente tiende a desconfiar, la letra chica ha calado en profundidad”.

El analista y consultor Carlos Correa agregó que “el problema de Piñera es que cuando habla la gente no le cree, su credibilidad es baja, lo que haga estará siempre teñido por ese cartel de desconfianza. Este es un gobierno que los últimos tres meses ha gobernado solamente con cuñas comunicacionales, no gobiernan, no generan acuerdos. La gente no le cree al Presidente y es más fácil construir las confianzas, que recomponer las que se rompieron, como es en este caso”.

POCA NOVEDAD EN EL FRENTE

El escenario presidencial que arrojó la CEP no varió mucho en relación a la muestra de abril, ya que Michelle Bachelet se mantuvo con una aplastante ventaja que alcanzó el 50% entre quienes les gustaría que fuera el próximo Presidente, mientras que su más cercano contrincante, el ministro de Obras Públicas, Laurence Golborne, sólo llegó al 9%, dos puntos más que hace cuatro meses, pero se enmarcan en el margen de error de la muestra. Marco Enríquez Ominani tiene un 4% y el ministro de Defensa, Andrés Allamand, quedó en el 2%, junto con el economista Franco Parisi.

Según Trivelli, queda claro que con miras a la carrera presidencial del 2013, lo mejor que puede hacer Piñera en favor de los candidatos del oficialismo es dar un paso al lado. “Debe dejar en libertad de acción a sus presidenciables, no salir del gobierno porque aún no les conviene, sino que se desempeñen fuera de su alero, es la única posibilidad para que crezcan, que no contamine a los candidatos de la Alianza poniéndose al lado”.

No es el único que piensa eso. El vicepresidente de RN, Manual José Ossandón, aseguró ayer que con los resultados de la CEP quedó claro que “este gobierno hundió a los presidenciables, que juntos suman apenas un 11 por ciento, es un despropósito para un gobierno que tiene un aparataje casi de tres años. Quiero preguntarle a los que andan celebrando estos resultados, debido a que Piñera subió tres puntos, ¿por qué ningún candidato en estas municipales se quiere sacar una foto con el Presidente?”.

Chadwick declaró que “como gobierno oficialmente no nos vamos a pronunciar sobre el mejor método para que Alianza elija su candidato, queremos respetar la institucionalidad de los partidos”. Pero ninguno desconoce en privado en La Moneda que son pocos los que creen que efectivamente se llegará a una primaria entre la UDI y RN para definir el candidato presidencial.

En Palacio consideran que ya que Longueira está prácticamente fuera de competencia —tiene un 65% de rechazo— si la distancia entre Golborne y Allamand llega al margen de los quince puntos, las primarias son un ejercicio que no vale la pena.

Longueira, en pleno patio de La Moneda, en tanto se daban a conocer los resultados de la CEP, respondió categórico: “Para que una primaria tenga credibilidad ante la ciudadanía, tiene que haber candidatos competitivos, de lo contrario no tiene ningún efecto”. Y cuando Longueira lo dice, rara vez no suceden así las cosas.

(EL MOSTRADOR.CL)

Written by Eduardo Aquevedo

22 agosto, 2012 at 22:06

El ideario neoliberal en la era de la superchería…

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El ideario neoliberal en la era de la superchería
Alejandro Nadal, en La Jornada, Mexico

La crisis en Europa ha atravesado varias etapas y ahora ha llegado la fase de la discusión política. Es la fase que más temen el establishment, el sistema bancario y las grandes corporaciones y centros de poder. Se nota en la prensa internacional de negocios. Esta es la etapa más importante porque en ella se abre la controversia política y los pueblos comienzan a deliberar sobre su futuro. Recuperan la palabra, la conciencia histórica y piensan su destino. Al poder establecido le repugna este momento democrático y buscará distorsionarlo y corromperlo de mil maneras.

Cuando la crisis comenzó con el colapso inmobiliario en Estados Unidos, la economía europea fue la primera en sufrir el coletazo. La bursatilización de activos tóxicos estadounidenses había sido el medio de contagio en el sistema bancario y financiero europeo. El primer síntoma fue el colapso de los bancos BNP Paribas (septiembre 2007) y Northern Rock (nacionalizado en febrero 2008). El congelamiento en el mercado de dinero interbancario hizo lo demás: la correa de transmisión condujo a una caída en la inversión y la demanda final. La corrosión en el sector financiero fue seguida de un freno en la actividad de la economía real (no financiera).

La segunda fase de la crisis arranca con la caída en el nivel de actividad y la reducción en los ingresos tributarios. Al mismo tiempo, la coordinación en el seno del G-20 llevó a un aumento en el gasto público para estimular la economía y mitigar el efecto de la caída en la demanda agregada. La contracción en los ingresos tributarios y la expansión en el gasto público se combinaron para incrementar fuertemente el déficit fiscal. Y como la arquitectura de la unión monetaria impide al Banco central europeo (BCE) financiar a los gobiernos de la zona euro, no quedó más remedio que acudir a los mercados financieros, en cuyas aguas los tiburones están cebados. Por eso esta segunda etapa de la crisis se presenta para muchos como una crisis de endeudamiento de los gobiernos. Pero esa no es su verdadera naturaleza.

La evolución de la crisis no es lineal. Las diversas caras de la crisis coexisten: la nacionalización de Bankia en España confirma que el sistema bancario en Europa está dañado y tendrá que seguir en cuidados intensivos. La primera fase de la crisis no pasó en vano, y la austeridad no sólo no arregla nada sino que agrava las cosas. La restricción fiscal ya condujo a la recesión y ahora viene la movilización política para evitar que los daños lastimen a la población europea.

Mucho se ha escrito sobre el triste estado de la teoría económica convencional. No pudo prever la crisis porque es esencialmente un discurso ideológico y para hacer la apología del régimen neoliberal lo que menos se quería era hablar de la inestabilidad intrínseca del capitalismo. Confrontada con el fenómeno del desempleo esa misma teoría estándar siempre insistió en que la culpa la tenían los sindicatos y cualquier forma de protección laboral. Es el mito de la rigidez de precios que sigue siendo el arma predilecta de propaganda política neoliberal.

Por eso, pasada la primera sorpresa los portavoces del poder neoliberal recuperaron la iniciativa y relanzaron su discurso en contra del gasto público y a favor de las reformas estructurales. El neoliberalismo reconoció rápido la oportunidad para una nueva guerra contra el estado de bienestar. La contraseña en esta nueva ofensiva es la palabra austeridad. Los economistas saben desde hace mucho tiempo que aplicar un régimen de austeridad en una contracción económica es la mejor receta para hundir una economía en una depresión. Pero aquí no importa que el diagnóstico sea equivocado y que la medicina de la austeridad esté contraindicada. Los poderes en la Unión Europea, en el BCE y en el Fondo monetario internacional (FMI) sólo piensan en rescatar el programa neoliberal.

El castigo contra los pueblos de Grecia, España, Portugal e Italia muestra claramente la naturaleza podrida de su proyecto. A los poderes establecidos no les interesa la democracia, ni los ciudadanos de la Unión Europea. El pueblo es material gastable porque lo único que cuenta en este momento es salvar el proyecto neoliberal.

De cara a las elecciones del 17 de junio, Alexis Tsipras, dirigente de la formación de izquierda radical Syriza, tiene razón al señalar que el fundamento de Europa es la democracia y la solidaridad, no un pacto organizado alrededor de los dogmas de la austeridad fiscal y la estabilidad de precios. No hay que equivocarse, ésta es la crisis de un modelo económico basado en la especulación y la explotación, no la crisis del estado de bienestar. La lucidez de los pueblos acabará con la superchería neoliberal. La moneda única debe tener otro fundamento y, en todo caso, no se va a salvar con el dogma de la austeridad neoliberal y la destrucción del estado de bienestar en Europa. En América y en Europa, una nueva economía debe construirse sobre las ruinas del proyecto neoliberal

Written by Eduardo Aquevedo

23 mayo, 2012 at 14:33

I. Wallerstein: Elecciones europeas: ¿se sostiene el centro?…

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Elecciones europeas: ¿se sostiene el centro?
Immanuel Wallerstein
en La Jornada, México
En los sistemas parlamentarios occidentales, las elecciones siempre tienen que ver con el centro. La situación estándar es aquélla en que hay dos partidos dominantes –uno situado un poco hacia la derecha del centro y otro un poco hacia la izquierda del centro. Hay diferencias entre las políticas que estos partidos emprenden cuando están en el cargo, pero hay enormes similitudes. La elección nunca refleja una división política profunda. Más bien se trata de recentrar el centro –que debe considerarse el punto de apalancamiento en el subibaja entre partidos.

Es más rara la situación donde se repudia el centro, y por tanto hay un repudio de los dos partidos principales que giran en torno al centro. Un resultado así arroja la política nacional a trastornos importantes, y en también tiene un impacto considerable fuera del país.

Las recientes elecciones en Francia y Grecia ilustran bien estas dos situaciones. En Francia, los socialistas derrotaron a la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP) y de hecho han recentrado el centro. En la situación caótica mayor del sistema-mundo, y particularmente en aquélla de la Unión Europea, recentrar el centro en Francia tendrá un gran impacto. Pero no esperemos que las políticas reales de François Hollande sean radicalmente diferentes de las de Nicolas Sarkozy.

En Grecia ocurrió justo lo contrario. El centro fue repudiado de un modo dramático. Ambos partidos principales –el conservador Nueva Democracia y el Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok)– perdieron más de la mitad de los votos que tenían normalmente. El total combinado de ambos pasó de ser dos tercios de la votación, a un tercio. Pasok incluso quedó reducido a un tercer lugar, desplazado por una coalición de partidos más a la izquierda, la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), que fue considerada, en general, la gran ganadora de los comicios.

El punto básico de las elecciones fue el programa de austeridad impuesto a Grecia por las fuerzas exteriores –sobre todo y sin inmutarse, por Alemania. Todos los partidos excepto los dos partidos importantes tradicionales llamaron a repudiar las medidas de austeridad. El dirigente de Syriza, Alexis Tsirpas, aseguró que los resultados de la elección hacían nulo e inválido el compromiso con el plan de austeridad.

¿Qué ocurrirá en los próximos meses? Después de que los tres partidos con la mayoría de los votos en Grecia –Nueva Democracia, Syriza y Pasok– no pudieron formar un gobierno, todo se mueve hacia unas nuevas elecciones. Syriza podría incluso ser el primero, en la siguiente vuelta. Dado que el gobierno griego no recibirá más asistencia, deberá recurrir a préstamos de cajón. El ministro de relaciones exteriores alemán ya amenazó con expulsarlos de la eurozona. Sin embargo, no hay modo legal de hacer esto. Y dado que el público griego parece pensar que salirse de la zona no va a resolver nada y probablemente empeore las cosas, la situación llegará a un punto muerto. Los griegos sufrirán enormemente. Pero también sufrirán muchos bancos europeos y también la población alemana, aunque hasta ahora no esté consciente de ello.

En tanto, habrá nuevas elecciones en Francia para la legislatura. Los observadores predicen una victoria socialista, con un contingente significativo del equivalente francés de Syriza, el Frente de Izquierda. La única posición clara de Hollande es que el crecimiento de Europa debe tener prioridad por sobre la austeridad –un desafío directo a la actual posición alemana. Así que el centro se recentrará más hacia la izquierda.

Los alemanes están ahora bajo una presión enorme. Hay un descontento interno que conduce a pérdidas electorales para el partido de la canciller Merkel, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), y su asociada, la coalición neoliberal, el Partido Democrático Liberal (FDP). Los otros partidos social-demócratas de Europa se han animado por la victoria de Hollande para moverse algo hacia la izquierda. Los dos partidos conservadores en la coalición gubernamental italiana han sufrido pérdidas severas en las elecciones municipales de mayo. Hay también, cosa extraña e importante, presión de Estados Unidos hacia Alemania, para que se mueva en la dirección en que Hollande empuja.

Los alemanes podrían resistirse a todo esto, hasta el 31 de mayo, día del referendo irlandés. El gobierno irlandés fue el único miembro de la zona del euro que accedió al tratado de austeridad en que insistió Merkel, con el respaldo de Sarkozy, tras la realización de un referendo. Las encuestas han estado mostrando que la definición de los resultados sería difícil, pero el gobierno irlandés se había sentido confiado en que podía ganar un voto aprobatorio. La victoria de Hollande puede ahora hacer cambiar de opinión a los votantes suficientes como para que el voto irlandés sea negativo, en cuyo caso el tratado de autoridad se invalidaría. Esto socavaría la posición alemana mucho más que el repudio griego del centro.

Entonces, ¿qué pasará? La clave es lo que ocurre en la vida política alemana. Angela Merkel, como cualquier buena líder política, intenta ver en que dirección sopla el viento. Su lenguaje por tanto ya comienza a evolucionar. En secreto tal vez acepta bien la presión externa para hacer lo que, desde el estrecho punto de vista alemán, es lo sensato y así apuntalar la compra de poder (para los bienes alemanes, entre otras cosas) en el resto de la Unión Europea.

Si Alemania se mueve en esa dirección, el euro y la zona del euro sobrevivirán, y seguirán siendo un actor importante (aunque contenido) en el escenario geopolítico. A escala mundial, el recentramiento de la totalidad de Europa, sin embargo, no se volverá un status quo pero acelerará realineamientos geopolíticos inevitables. No obstante, el recentramiento alemán ayudará a Europa a resistir mejor el siguiente tsunami que significa el colapso de fondos soberanos y del dólar como divisa de reserva.

El mundo entero nada en aguas picadas. Alemania puede pronto unirse a la lista de Estados que comienzan a entender cómo navegar en medio del caos. Los gobiernos inflexibles son su propio peor enemigo.

Traducción: Ramón Vera Herrera, LA JORNADA, MX

© Immanuel Wallerstein

Written by Eduardo Aquevedo

20 mayo, 2012 at 14:04

I. Ramonet y Sudamérica: “El progresismo puede tener varios años por delante”…

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REPORTAJE A IGNACIO RAMONET SOBRE EL MUNDO Y SUDAMERICA

 

Periodista y escritor, Ramonet dijo a Página/12 que la mayoría de los gobiernos de Sudamérica cumple la función de los socialdemócratas europeos en los ’50 y que si no cometen errores pueden aspirar a un ciclo largo de gobierno.

 Por Martín Granovsky

Desde Porto Alegre

Nacido en Pontevedra y emigrado con su familia a Francia, Ignacio Ramonet dirige hoy Le Monde Diplomatique en español. Fue uno de los animadores del primer Forum en 2001 y es uno de los periodistas que más recorren el mundo y observan sus distintas realidades.

–Sobre el final del Forum hay derecho a preguntarse si fue útil y qué cambió respecto del primer foro, el del 2001.

–Cuando el foro se creó, no había en América latina otro gobierno de los que yo hoy llamo neoprogresistas que no fuera el de Hugo Chávez, que además vino al foro. Al año siguiente, en 2002, por primera vez Chávez se declaró socialista. También vino Lula cuando aún no era presidente, sino candidato. Ahora en cambio los gobiernos neoprogresistas están llevando a cabo las políticas de inclusión social y al mismo tiempo el foro es menos un foro de los movimientos sociales. Es un foro en el que se discutió la crisis europea, el movimiento de los indignados en general (los chilenos, Wall Street, etcétera) y la cuestión de la memoria. La jornada de Flacso del viernes, el día de conmemoración del Holocausto, fue una de las actividades centrales. La organizaron el Forum Social Temático y el Foro Mundial de la Educación. Hasta ahora ésos no eran temas del foro. Los indignados son un tema que no lleva más de un año, y el debate sobre la memoria no se había planteado de esa manera. Dominaban el antiimperialismo y la denuncia de las guerras de los Estados Unidos en Irak o en Afganistán. Se está llegando a un nivel diferente. Los gobiernos aquí en Sudamérica lo están haciendo globalmente bien. Pero ojo, llega una nueva etapa y hay que mejorar ciertos aspectos cualitativos.

–¿Qué habría que mejorar en América del Sur?

–No creer que esta bonanza que está viviendo América latina va a ser duradera. Depende del éxito norteamericano y europeo y de si hay baja o no en la economía china que afecte a potencias agrícolas o mineras.

–Uno de los puntos es cómo aprovecha América del Sur su actual ventaja por los precios beneficiosos de los productos primarios que vende para que otra vez el rédito principal no sean palacios franceses en medio de la pampa húmeda.

–La economía funciona por ciclos. En Europa no podemos hablar de palacios en medio de la nada pero sí de grandes aeropuertos modernísimos que ahora casi no funcionan u óperas en medio de ciudades pequeñísimas. La riqueza ha pasado y no siempre se ha sabido aprovechar. Aquí, en Sudamérica, la solución es crear más y más mercado interior. Y mercado interior protegido. Y también ampliar los intercambios en el marco de la solidaridad latinoamericana. Ahora el mercado latinoamericano tiene que articularse para que haya masa crítica para todos. Si no, Brasil se desarrollará pero Uruguay no. Ahora que desaparecieron 80 millones de pobres hay una clase media que consume. Brasil introdujo la tasa sobre la producción de automóviles frente a China y aumentó esa tasa en un 30 por ciento. Es protección y es correcta.

–¿Qué discusión mundial nueva apareció en el Forum?

–Por lo pronto, muchos constataron que, más allá de las opiniones, la globalización existe. Si existe hay que analizarla y ver cómo evitar los inconvenientes de la globalización. A escala mundial en una mesa sobre la crisis del capitalismo, una de las opiniones fue que había que pensar quizás en desglobalizar y reducir la globalización. No hay solo una crisis económica. Hay una crisis de la política, de la democracia, alimentaria, ecológica. Muchos países latinoamericanos no están pensando en las otras crisis, en particular en la ecológica. Boaventura de Souza Santos subrayó que no es normal que se acuse a comunidades indígenas y se las acuse de terroristas cuando quieren proteger el medio ambiente. Las realidades van cambiando. El Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, que antes ocupaba tierras, no lo hace porque no las tiene. Cualquier pedazo de tierra es soja. Y como el MST cuando se asienta realiza producciones ecológicas, el agronegocio se lo reprocha.

–La discusión ecológica es clave también porque habrá una cumbre mundial en Río en junio.

–La precaución ecológica es algo que se ha recordado y que en cierta medida hace que los gobiernos estén pensando en hacer las cosas bien. Dilma dijo que quería dar casas a la gente. A mí me parece muy bien, realmente muy bien. Pero tengamos cuidado de no llegar al pragmatismo chino, que en nombre del desarrollo destruye lo que se oponga a esa idea, y terminemos entrando sin necesidad en una gran contradicción.

–Dilma diría: “Está bien, Ignacio, pero yo tengo que gobernar Brasil y terminar con la miseria”.

–Es que la preocupación ecológica y la social no se oponen. El Forum apreció mucho que Dilma haya decidido venir aquí y no haya viajado al Foro de Davos. Cuando Lula vino y dijo que luego se marchaba a Davos, alguien le dijo: “No se puede servir a dos amos a la vez”. Es una frase bíblica. “Hay que escoger.”

–Quizá Lula necesitaba ir a Davos porque también eso ayudaba a la consolidación política de su gobierno y en cambio hoy Brasil no necesita de Davos.

–Claro, las condiciones cambian. Y el foro debe cambiar también. Antes muchos dirigentes o presidentes venían a nutrirse. Chávez y Lula, a quienes ya nombré. También Evo Morales, Rafael Correa y Fernando Lugo. Para algunas discusiones, una reunión del foro puede tener hoy un mayor sentido en Europa, para discutir allí mismo la tremenda crisis. El año próximo está previsto que tenga lugar en un país árabe, porque los movimientos sociales no sólo se están desarrollando, sino que han conseguido ganar en dos países. Y hay nuevas discusiones, por ejemplo entre movimientos sociales laicos y movimientos sociales islamistas.

–¿Qué podría discutirse en Europa?

–En Europa hay ya algunas discusiones que se producían en América latina. Una idea de que la política está gastada y hace falta una renovación política. Que la sangre y la vitalidad nueva van a venir por el movimiento social. De esa vitalidad puede surgir un cambio. Este foro no tendría el mismo sentido organizado en Madrid, Atenas o Barcelona, donde hay sociedades que sufren y a la vez registran en algunos sectores gran voluntad de cambio. Aquí, en Sudamérica, por suerte para ustedes, hay situaciones donde la preocupación es seguir creciendo y cómo hacerlo mejor.

–¿No hay un riesgo de endiosar a los movimientos sociales como factores de cambio? Si no hay construcción política, ¿no se diluyen?

–Sí, es importante ver cómo se pasa de un momento a otro. Todavía no estamos en esa etapa en Europa, me parece. Aún no. Nadie expresa mejor el sufrimiento social que el movimiento social. Pero si no se da el paso a la política, todas las grandes crisis siempre sirven a la extrema derecha, que aparece como bajo la forma de movimientos y partidos antisistema. Prometen los cambios más radicales, demagógicos, transformacionales. Es importante que el sufrimiento social se encarne en movimientos que tengan vocación de implicarse en la política.

–¿Por qué todavía no ocurre ese paso?

–Entre otras cosas, en mi opinión, porque hacen falta líderes. Hasta el momento el movimiento social incluso rechaza tener líderes. Son muy igualitaristas desde el punto de vista del funcionamiento democrático. Es como la enfermedad infantil del movimiento social. Ya llegará el momento de la adolescencia o la madurez, cuando seguramente se generarán líderes. No líderes salvadores. Hablo de dirigentes democráticos que puedan entender al movimiento social y ayudarlo a encontrar respuestas. Después de la crisis del sistema político venezolano, el final de lo que se llama el “puntofijismo”, ¿habría habido cambios sin Chávez y lo que él representaba? Y me hago la misma pregunta con Ecuador y Correa, Bolivia y Evo, Brasil y Lula, la Argentina y Kirchner.

–¿Y cómo funciona la relación entre los líderes, los movimientos y los partidos en esos países de Sudamérica?

–Mi percepción es que hoy los partidos tienen menos influencia que hace diez años y los movimientos sociales también porque los gobiernos están haciéndolo todo. Los líderes de los gobiernos conducen el cambio. Hubo una energía social que produjo el cambio pero el cambio está tan encarrilado que a veces hay una desvitalización de la política que paradójicamente no molesta demasiado.

–Tal vez con las construcciones políticas ocurra lo mismo que con los ciclos económicos. Quizá deban o puedan ser realizadas antes de que el ciclo actual de gobiernos sudamericanos termine.

–La función de estos gobiernos es muy semejante a la de los gobiernos europeos de los años ’50 que, esencialmente, fueran conservadores o progresistas, tenían como funciones construir el Estado de bienestar, reconstruir cada país después de la guerra y aumentar el nivel de vida de la gente. Eso les dio 40 años de estabilidad política. Pero se terminó. Si los neoprogresistas sudamericanos no lo hacen demasiado mal, quizás haya por delante varios decenios como si fueran la socialdemocracia nórdica. Hoy mejoran estructuras, el nivel de vida, crean trabajo. No es casualidad que sean gobiernos neoprogresistas los que están trabajando bien. Así ocurrió con los viejos partidos socialdemócratas. Además, la construcción del Estado de bienestar y el aumento del nivel de vida termina con cualquier tipo de recurso para las oposiciones tradicionales conservadoras. Ahora la gente percibe cómo los países reconstruyen sociedades derruidas. Las favelas eran pensadas como una fatalidad. Para la derecha, era así porque es así. Pero la fuerza de la derecha desapareció, y también el elemento militar. Las leyes de la memoria son las que deben culpabilizar –sin venganza, con documentos y base histórica sólida– y establecer responsabilidades. No vengarse, sino terminar con la impunidad. A pesar de que lo que voy a decir parece escandaloso, estamos en el momento más fácil de Sudamérica. Si no hay errores y una gestión tranquila, los gobiernos de signo neoprogresista pueden quedarse en el poder mucho tiempo. Por eso hay que pensar bien las sucesiones políticas. En la Argentina eso funcionó bien. En Brasil, lo de Lula fue ejemplar. Es una lección. Y por eso hoy Dilma tiene más aprobación popular de la que tenía Lula en su primer año de gobierno.

martin.granovsky@gmail.com

Pagina/12

Camila Vallejo: "Me gustan Evo Morales y Correa". Entrevista y aclaración posterior…

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ROCÍO MONTES ROJAS 15/01/2012

"Estoy cansada física y mentalmente. Siento una carga muy grande. La gente quiere que tenga respuesta para todo y tienen la expectativa de que voy a cambiar Chile, yo sola. En la calle me gritan: ‘¡Los apoyamos, no nos abandonen!’. Pero la responsabilidad, chucha, es de todos. Yo soy solo una joven de 23 años…".

Cuando Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling intenta volver a ser la veinteañera desconocida de hace un año, apaga su móvil destartalado y se traslada a una casa del Cajón del Maipo, una localidad en la precordillera, a unos 52 kilómetros de Santiago. Fue lo que hizo el 31 de diciembre junto a un pequeño grupo de amigos para pasar la Nochevieja. El Partido Comunista, donde milita desde los 19 años, ofreció al día siguiente el tradicional caldillo de congrio con el que festeja la llegada del Año Nuevo junto a la prensa. Pero la icónica dirigente universitaria, protagonista del movimiento estudiantil chileno, amante del rock clásico y la bossa nova, del hip-hop y la cumbia, no acudió a la celebración.

En diversos lugares del planeta la han descrito como la joven y bella revolucionaria que ha cambiado la topografía del debate político y social chileno en tan solo nueve meses. La estudiante de Geografía ha sido comparada con el Che Guevara y La Pasionaria. Ha recibido hasta treinta peticiones diarias de entrevistas. Un jubilado de la ciudad de Valparaíso se tatuó su rostro en el brazo. Un cantante alemán le compuso una canción que subió a YouTube. Pero, sin contabilizar la fama que la precede, y su belleza alabada por hombres y mujeres, Camila Vallejo parece ser una joven normal que se apasiona e indigna por los mismos motivos que la mayor parte de su generación.

La entrevista se realiza en la sede de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), de la que ella es vicepresidenta. Es una casona grande y antigua, ubicada en el centro de Santiago, donde en los años setenta funcionó el cuartel general de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía política de la dictadura de Pinochet. En el cuartel tenía su oficina Manuel Contreras, condenado a presidio perpetuo por crímenes de lesa humanidad. Camila Vallejo no recuerda nada de esos años. El 11 de marzo de 1990, el día que terminó el Gobierno de Pinochet, ella tenía un año y nueve meses.

Pregunta. ¿Qué le evoca la palabra dictadura si no la vivió?

Respuesta. La imagen que me he construido a partir de los relatos es la del temor constante. Dormir con ropa por el miedo a que te vinieran a buscar por la noche, los disparos en las poblaciones, las reuniones clandestinas. Finalmente, la generación que vivió a flor de piel ese periodo quedó traumatizada, producto de esa represión. Y por esta razón, ya llegada la democracia, comenzó a reinar el individualismo y la idea de que es mejor no meterse en política, porque no siempre las cosas terminan bien.

P. ¿Qué diferencia a su generación de la de sus padres?

R. Nuestra generación no tiene temor. Y por eso, a diferencia de nuestros padres, no nos cuesta denunciar que en Chile hay abuso, represión, que los empresarios están robando y que los políticos muchas veces son unos sinvergüenzas.

Chile ha cambiado bruscamente en los últimos meses. El descontento que la población acumulaba desde hace años ha tomado forma de protestas, huelgas y cacerolazos. Los jóvenes salieron a la calle para exigir educación pública gratuita y de calidad. El conflicto desbordó al Gobierno del presidente Sebastián Piñera. Fue perdiendo poco a poco popularidad, hasta llegar a un 23% a finales de 2011. El centro izquierda, que estuvo en La Moneda durante 20 años, quedó paralizado. Camila Vallejo se transformó en el principal rostro de la metamorfosis. Blindada por un grupo de guardaespaldas, la universitaria de ojos claros y piercing en la nariz encabezó cientos de marchas.

La indignación chilena no es fruto de una crisis económica. Este país crece a un ritmo del 6%. La pobreza pasó de un 45% a un 15% entre 1987 y 2009. Sin embargo, el 10% de los chilenos más ricos gana 27 veces más que el 10% más pobre, según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). "Hay profundas inequidades sociales, poca democracia y un nivel intolerable de abusos", dice Camila Vallejo mientras revuelve lentamente una taza de café.

"Trabajamos muchas horas al día, somos esclavos de las deudas, nos estafan en las cuentas de luz y de agua y, como no tenemos tiempo para el ocio, tampoco reclamamos por las cosas que nos parecen justas. Hemos acumulado frustración y descontento. Todo eso fue lo que estalló en 2011. Chile despertó y nosotros estamos aquí para cuestionar, combatir y no seguir reproduciendo el sistema", explica.

P. Chile es uno de los pocos países del mundo donde no es legal el aborto terapéutico. ¿Cree que es justo que en el extranjero se le retrate como uno de los más conservadores de Latinoamérica?

R. Es contradictorio, porque si bien somos el país más neoliberal del mundo, en Chile existe mucho conservadurismo en los valores, tanto en la derecha como en el centro y la izquierda política.

P. ¿A qué se refiere?

R. Nos falta avanzar con respecto a los derechos de las minorías sexuales. Estoy de acuerdo con el aborto en varias circunstancias. Primero es necesario respetar la autodeterminación de la mujer, antes de traer al mundo a alguien que no va a ser compatible con la vida que quiere su madre. Hoy en día, las que tienen plata lo hacen y, finalmente, es una libertad que está condicionada a tu capacidad de pago. También estoy a favor de la despenalización de la marihuana, porque cuando se legaliza existe la posibilidad de controlar el narcotráfico.

De acuerdo con una encuesta reciente, el 39% de la población dice estar "muy indignada". Una de las teorías que se han levantado en este país para explicar el descontento es la irrupción de la clase media que dejó la pobreza en las últimas dos décadas. Los Gobiernos de la Concertación prometieron que la forma más eficiente de resolver los problemas de inequidad era a través de la educación. El modelo instalado en el Gobierno de Pinochet, sin embargo, no cambió sustancialmente y los resultados siguieron siendo mediocres y desiguales. La gente se hartó y estalló el conflicto social. La familia Vallejo Dowling pertenece a ese grupo.

"A mi edad mis padres eran pobres, supervivientes. Cuando se conocieron en el mundo del teatro tenían que vender empanadas para vivir. Militaban en el Partido Comunista, pero no eran dirigentes", relata la universitaria. Aunque ella ahora vive en un piso que arrienda en el centro de Santiago, fue criada en la comuna de La Florida en el sur de Santiago. Es una zona de clase media donde, sin embargo, hay chabolas que conviven con modernos centros comerciales y autopistas. Fue el escenario donde Camila Vallejo comenzó a "indignarse con la situación chilena". Y cuando entró a la Universidad de Chile, la pública más importante del país, comenzó a militar en el Partido Comunista.

P. A diferencia de lo que ocurre en la actualidad, donde los comunistas están en el Congreso, durante la dictadura el partido tomó la vía armada.

R. El pueblo tiene derecho a combatir en masa la violencia estructural que existe en la sociedad. Y nosotros nunca hemos descartado la posibilidad de la vía armada, siempre y cuando estén las condiciones. Sin embargo, en este momento, ese camino está totalmente descartado, porque la tensión que hoy día existe es neoliberalismo versus democracia.

Aunque ella no lo reconozca, en ocasiones ha sido una militante algo indisciplinada. Tras la muerte de Kim Jong Il, por ejemplo, criticó públicamente la decisión de su partido de enviar condolencias formales al Gobierno de Corea del Norte.

P. Pero nunca ha hecho reproches a Cuba, donde estuvo en 2009 al conmemorarse los 50 años de la revolución.

R. No es comparable. Cuba no es el mejor modelo de democracia que uno pueda reconocer mundialmente, pero se han logrado muchos avances que en Chile, por ejemplo, no hemos logrado. Siempre hay sectores reaccionarios que porfiadamente defienden las libertades individuales sobre los derechos universales. Los chilenos resguardan la libertad de empresa sobre el derecho a la educación. De cualquier forma no creo que sea el momento de debatirlo, porque tampoco manejo muchos elementos.

Además de indignados, los chilenos no confían en sus instituciones. Una encuesta reciente revela que todas han perdido respaldo ciudadano: las Fuerzas Armadas, la Iglesia católica, los medios de comunicación, el Gobierno, las empresas privadas, la Justicia, el Congreso y los partidos políticos, que hoy por hoy son los más desprestigiados. Solo un 16% de los chilenos, de hecho, cree que la democracia en este país funciona bien.

P. Es la cuarta figura política mejor valorada en Chile y ya se señala que será candidata a diputada.

R. Esto no se resuelve con que yo sea candidata, da igual. El verdadero desafío es que debe haber gente dispuesta a cambiar la correlación de fuerzas en los espacios donde se toman las decisiones. Si no nos gusta cómo funcionan las cosas, tenemos que hacernos cargo. Debemos disputar el Parlamento para que sea realmente representativo y no esté ocupado por burócratas.

P. El 26 de enero estará en Berlín y el 2 de febrero llegará a Italia. ¿Qué piensa de Europa?

R. Pienso que el desarrollo de los países del Norte se produce gracias al subdesarrollo de los países del Sur. Europa, por una parte, y Latinoamérica, Asia y África, por otra. Siempre tiene que haber sitios saqueados para que otros disfruten del placer de los excesos. Los europeos fueron parte del proceso de colonización que arrasó con nuestros pueblos originarios. La aplastaron, masacraron, esclavizaron…

P. ¿Genocidio?

R. Es que es un hecho probado que hubo genocidio en Latinoamérica. Aquí se eliminó con la espada y con la cruz. Y también se explotó la naturaleza, nuestros recursos naturales. Y los siguen extrayendo como sanguijuelas. Las multinacionales, ¿de dónde vienen? De España, de Estados Unidos…

P. ¿Qué tipo de izquierda latinoamericana la identifica? ¿La de Dilma Rousseff, Hugo Chávez, Cristina Fernández o Fidel Castro?

R. De todas hay que sacar elementos, porque tienen sus particularidades según su desarrollo histórico y realidad política. Pero me gusta mucho lo que está haciendo Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y José Mujica en Uruguay.

P. ¿Haría campaña por una eventual reelección de la expresidenta chilena Michelle Bachelet, dado que el Partido Comunista podría hacer una alianza con la Concertación?

R. Jamás estaría dispuesta a hacer campaña por Bachelet ni a llamar a los jóvenes a votar por ella. Nadie me asegura que su programa sea representativo de las ideas que el movimiento estudiantil ha planteado. Y yo no recibo órdenes del partido. Todo pasa, finalmente, por una decisión personal. A mí nadie me va a obligar.

P. ¿Cómo va a evolucionar el movimiento estudiantil en Chile?

R. Este movimiento es el puntapié inicial de un proceso social por el cual seguiremos trabajando. Queremos conseguir reformas estructurales en el sistema educativo, pero también la construcción de un país con mayores derechos y garantías por parte del Estado. La extinción del movimiento estudiantil no es una posibilidad.

EL PAIS.COM

Aclaración a entrevista del diario El País

Por Camila Vallejo
 
Camila Vallejo

 
 

En la edición electrónica del diario español El País, con fecha 15 de Enero, fue publicada una entrevista que me realizó la cual ha sido replicada por diversos medios nacionales. Al respecto, me gustaría hacer un par de aclaraciones y reflexiones sobre algunos de los contenidos de ésta.

El formato de una parte de la entrevista da cuenta de cierto tono de dureza que no se condice con la intención de mis palabras. Pues para ser objetivos, a la fecha, los comunistas no hemos definido nuestro candidato presidencial y nuestra apuesta es que dicha decisión pase por todas las fuerzas políticas y sociales de oposición que están dispuestas a avanzar a un cambio profundo del modelo económico y político del país.

La candidatura que provenga del mundo e historia de la Concertación, cuenta con la justa deslegitimación por parte de un sector social mayoritario dada la profundización al modelo de desarrollo neoliberal a la cual se abocó esta coalición, apostando a la desmovilización y a la descomposición del tejido social.

Para nosotros, no es una opción viable dar un apoyo a las mismas ideas que administraron el sistema por 20 años.

Lo que hoy busca nuestro Partido y propone al conjunto de la sociedad chilena, es la conformación de un Gobierno de Nuevo tipo que represente fielmente los intereses del mundo social donde los ejes estarán en temas como la educación pública gratuita y de calidad, el fin al lucro, nueva Constitución, una nueva ley electoral y reforma al binominal, plebiscito, reforma tributaria y nacionalización del cobre y el agua, entre otros elementos que permitan avanzar hacia una sociedad donde se garanticen derechos sociales universales, se ensanche y profundice la democracia y se pueda convivir en mayor armonía con el medio ambiente.

En otras palabras, no habrá apoyo a candidatura alguna que no se comprometa con un programa serio, que refleje los cambios políticos y económicos que la sociedad chilena está demandando y que pasan por transformar el actual modelo.

El próximo candidato deberá representar fielmente las demandas que han emergido durante este periodo donde la ciudadanía ha despertado.

Nuestra propuesta es un Gobierno que sustente su gobernabilidad en un mundo social organizado y no en meros equilibrios parlamentarios. Y eso, junto con el carácter explícito anti-neoliberal, son aspectos que los comunistas impulsaremos a la hora de proponer una alternativa de Gobierno.

Finalmente, me gustaría poner énfasis en que los comunistas elegiremos nuestro candidato presidencial, de la misma manera en que tomamos nuestras decisiones: luego de un proceso intenso de discusión programática y de forma colectiva, donde cada integrante de nuestro Partido se hará partícipe del debate y la toma de dicha decisión.

De esta manera, específico, mi candidato presidencial será aquél que como colectividad acordemos con miras a un mayor bienestar social y a un gobierno de mayor justicia e igualdad social.

Demás está decir que, la discusión presidencial, es sumamente apresurada, dada las importantísimas responsabilidades que tiene el mundo social y las fuerzas de izquierda este 2012: proyectar las movilizaciones y las demandas que emergieron del despertar del 2011 y desplazar a la derecha de los municipios, apostando por darle un nuevo carácter a los gobierno locales, fomentando la participación ciudadana, mejorando el acceso a los derechos sociales, construyendo municipios modernos, cercanos a las necesidades de los vecinos y que fomenten la organización social.

Tratar de presionar a los dirigentes sociales, estudiantiles o a la ciudadanía en general a definir una postura en torno a una figura carente aún de contenido programático es inoportuno y un vicio por lo demás, de esta añeja forma de hacer política.

Radio Cooperativa.cl