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ALAS 2013: presentación de ponencias para el XXIX Congreso de Sociología, Chile…

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Estimadas y estimados,
Les convocamos a presentar resúmenes de ponencias para el XXIX Congreso ALAS CHILE 2013.
Se recepcionarán resúmenes vía página web http://www.congresoalaschile.cl Por favor ingresar en la sección “inscripción”, allí se encuentra el instructivo para el envío, junto con el procedimiento de selección de las mismas (se adjuntan estos documentos).
El plazo para el envío de resúmenes vence el 28 de febrero 2013.

Atentos a sus consultas, nos despedimos con buenos desos para el año que se inicia,


Prof. Claudio Duarte Quapper
Departamento de Sociología
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Chile
9787781 – 9787782
claudioduarte@u.uchile.cl

Lorena Etcheberry Rojas
Asistente ALAS Chile 2013
Universidad de Chile
Teléfonos: 9787766- 9787781

Written by Eduardo Aquevedo

3 enero, 2013 at 22:17

Chile Hoy, neoliberalismo, “izquierda” y pobreza, por G. Salazar

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"El pobre de hoy es el flaite"

Por: Paulo Ramírez

Gabriel Salazar es el historiador de izquierda más reconocido por la intelectualidad chilena. Hoy escribe un libro sobre Carlos Altamirano, descree del progresismo criollo y considera que la pobreza -que es su campo de estudio- cambió drásticamente: "Ya no es material, es cívica".

Fotografía: Juan Pablo Sierra

Durante los últimos meses, el historiador Gabriel Salazar ha estado metido en un trabajo de enanos, según dice: grabar una serie de conversaciones con Carlos Altamirano para la publicación, en octubre próximo, de unas "memorias críticas" que le ha encargado la editorial Random House. Recibe en una sala de reuniones de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, donde dirige el Programa de Doctorado en Historia.

Sirve el café él mismo, en jarros prestados, y alaba el nuevo sabor del Nescafé instantáneo, mientras se echa hacia atrás y espera la primera pregunta con atención y amabilidad. Pese a los recientes, varios de sus libros ya son clásicos, indispensables para explorar nuestra historia "desde abajo": Labradores, Peones y Proletarios (1985), Violencia Política Popular en las Grandes Alamedas (1990), Historia Contemporánea de Chile (1999, en colaboración con Julio Pinto), Ser Niño "Huacho" en la Historia de Chile (2006), Mercaderes, Empresarios y Capitalistas (2009).

-¿Está preparado para la polémica que surgirá con el libro de Altamirano? Cada vez que abre la boca hace mucho ruido… Sobre todo cuando analiza a la UP, el golpe y la renovación de la izquierda…

-Altamirano es un intelectual. Así lo descubrí. Es el más intelectual de los políticos chilenos. En relación con la UP, su visión tiene que ver más que nada con la ingenuidad de lanzar un proyecto revolucionario a fondo a través de un Estado que no daba el ancho, y de promover un proceso de ese tipo cuando el mundo se dividía entre Estados Unidos y la Unión Soviética, estando nosotros en el corazón del "patio trasero" de los norteamericanos, que no querían una segunda Cuba. Eso era de una ingenuidad enorme. Dice también que, sabiendo de que eso era así – ingenuo, riesgoso-, no procuramos organizar la defensa de ese proyecto, o sea, fue una revolución desarmada. Y eso, dice él, condujo al desastre.

-¿Y qué visión le plantea sobre Salvador Allende?

-Altamirano dice que todos, incluido él mismo, procuraron ser leales al programa de la Unidad Popular. Allende también. Pero Allende, en el fondo, quería morir más que organizar la defensa. Más que atacar al enemigo que lo atacaba, él optó por pensar: "Me van a derrotar… ¡pum!, me suicido…".

-¿Como opción desesperada de último momento o esa idea le venía de antes?

-Según Altamirano, Allende tenía una concepción fatalista del final del proyecto. Por eso admiraba a Balmaceda. Y cuando apareció la posibilidad del golpe, él se dijo "de La Moneda me sacan con los pies para adelante". Fue como si en la revolución bolchevique, Lenin se hubiera suicidado en el momento clave.

-¿Y cuánto se reconoce Altamirano en lo que más tarde hicieron algunos de sus discípulos en la Concertación?

-Dice que él inició la renovación, pero no pensó que la renovación que él propuso se convertiría en un proyecto neoliberal. Porque hoy eso es el Partido Socialista para él: un partido neoliberal. Y eso es traición.

"El flaite, que no estudia, es una especie de vago, tiene blue jeans de marca, zapatillas de marca, polerón de marca, celular, peinado con estilo que necesita de una serie de cuestiones para dejar el pelo parado. Y, por lo tanto, no se siente pobre".

-¿Y usted coincide con esa mirada?

-En general sí. Es evidente que el PS actual y la DC actual olvidaron los fundamentos sobre los cuales se constituyeron como partidos. El PS con toda la trayectoria del Frente de Trabajadores, la revolución latinoamericana distinta de la moscovita… Y la DC, que surge también con esto de la opción preferencial por los pobres, Jacques Maritain, Juan XXIII, Pacem in Terris, todo un pensamiento humanista cristiano en pro de la justicia social. Todo ese discurso, que caracterizó al primer gobierno de la DC, hoy nadie lo menciona. Ninguno de esos discursos se menciona… hoy son todos neoliberales.

-¿Los socialistas se olvidaron de los trabajadores y los democratacristianos se olvidaron de los pobres?

-Claro, todos administraron el modelo neoliberal de Pinochet, y en su misma lógica. Y eso explica el descontento de las bases, porque son partidos de cúpulas.

La pobreza hoy

 

-En los 20 años de la Concertación aparecen cifras objetivas que avalan su proyecto. Un ejemplo claro es la reducción de la pobreza. ¿Usted no reconoce esos avances?

-Las cifras avalan eso si mantenemos las mismas definiciones de pobreza. La pobreza siempre se definió, en el mundo en que yo crecí, como carencias materiales. Yo vivía en una población obrera, la Manuel Montt, en el barrio Independencia, rodeada por poblaciones callampa y por conventillos. Allá llegaban los pobres a pedir "un pedacito de pan, por el amor de Dios". Y les dábamos pan duro. Yo eso lo vi, pues. ¿Quiénes eran los niños? "Cabros patipelaos", o sea, sin zapatos, con los mocos colgando, desarrapados… tú les dabas una camisita y quedaban felices. O mujeres pobres, piñinientas, todas sucias, hediondas, con un saco al hombro donde metían las cosas. Ésa era la pobreza por la cual luchamos y por la cual cantábamos La Internacional y todo eso.

-Una pobreza que hoy difícilmente se ve…

-Sí, pues. Hoy el pobre tiene una posibilidad que no tuvo en los años 40 y 50: el crédito. Tú ves a cualquier señora y tiene cuatro o cinco tarjetas de crédito de casas comerciales. ¿Cuál es el pobre típico hoy? Ya no es el cabro harapiento y sin zapatos, no es la vieja con el saco pidiendo lechuga: el pobre de hoy es el flaite. Y el flaite, que no estudia, es una especie de vago, tiene blue jeans de marca, zapatillas de marca, polerón de marca, celular, peinado con estilo que necesita de una serie de cuestiones para dejar el pelo parado. Y, por lo tanto, no se siente pobre.

Fotografía: Juan Pablo Sierra

-¿Hay que hacer una redefinición completa de la pobreza?

-Claro, porque la pobreza es relativa al contexto. Hoy, la pobreza no tiene que ver con esos bienes materiales, y por eso cae en las estadísticas. Hoy no se define por materialidad. Se define, por ejemplo, a partir del endeudamiento. Se mide por la capacidad de responder a una serie de exigencias: si te casas debes pagar por una vivienda, si tienes hijos debes pagar por su educación, si se te enferman tienes que pagar por la salud… y no estás en condiciones con 170 lucas mensuales, ni aunque te endeudes, para mantener una familia. Entonces, no me caso; y si me caso, me separo. La tasa de nupcialidad cayó 68% en los últimos 10 años. Los niños huachos alcanzan hoy el doble de lo que existía en el siglo XIX, que ya era récord mundial: está más alta que en Suecia, que es el país donde hay más cabros huachos. La tasa de divorcios supera a la de matrimonios.

El madresolterismo sobrepasa el 30%. En ese contexto, el padre de una familia popular, o no tiene trabajo o tiene puro trabajo temporal. Como no puede mantener a su familia y hay violencia intrafamiliar -¡vamos matando mujeres!-, se separa y termina dedicándose a la droga. Si te fijas la mayor concentración del consumo de drogas no está en el tramo de etario 15 a 20, sino entre 25 y 45, que es la etapa en que el hombre puede trabajar, casarse y tener familia. ¿Cuál es el modelo para el cabro chico? El papá no está, se fue y es un desastre; madre sola, trabaja todo el día. ¿Qué hace el cabro? Se va a la calle, y tenemos enormes cantidades de pandillas juveniles, cabros chicos en la calle y ahí van construyendo su identidad. ¿Y quién es su modelo? El papá no sirve, el profesor está sometido al autoritarismo dictatorial del sostenedor y por lo mismo vale hongo: su modelo es el choro de la población. Porque el choro es audaz, valiente, tiene plata, maneja armas, se agarra a balazos con los pacos, tiene seguidores, le compra camisetas al club del barrio…

-Es una descripción desoladora…

– ¡Pero eso es pobreza! No la llamo pobreza material, porque no es material. El choro tiene harta plata: por la vía del endeudamiento, del tráfico o del delito. Esto es pobreza ciudadana, cívica.

-¿Y se puede romper ese círculo?

-Es una red muy profunda… Se ve, por ejemplo, en la explosión de saqueos en el sur: cualquier desorden como el que produjo el terremoto provocará saqueos aquí y en la quebrada del ají…

-¿No fueron sorpresa para usted?

-Para nada. Eso está latente, es obvio. Estos cabros que consiguen recursos por las vías del endeudamiento o el robo están centrando su actividad simbólica en objetos como la electrónica; por eso roban puros aparatos electrónicos. En Concepción, robaron sobre todo artículos electrónicos.

"El PS, el PPD y la DC son neoliberales. Incluso en el discurso: no recuerdan para nada su pasado socialistón. Ni se acuerdan de los mapuches, de los pingüinos ni de los subcontratados. El PC luchó para estar en el Parlamento. Y ahora lo logró: está ahí. Entró a la misma lógica del Estado pinochetista".

-¿El problema tiene que ver con políticas sociales equivocadas?

-Tiene que ver con que no estamos leyendo en profundidad lo que está pasando en el mundo y en Chile. Seguimos mirando los grandes parámetros macroeconómicos. Y los vemos todos sanos. ¡Pero veamos los indicadores de desarrollo humano del PNUD! ¡Ahí la cosa cambia! Se ve que existe a nivel de la población chilena una enorme sensación de inseguridad, un malestar interior: no sé si podré asegurar mi salud cuando esté viejo, no sé si podré educar a mis hijos, no sé si puedo estar en mi casa tranquilo sin que me asalten… Pura inseguridad.

-El conflicto ya no está en la calle…

-¡No pues, está adentro de la casa! Y el régimen, feliz: estamos todos bien, vean las cifras, ¡pero nadie ve el enmierdamiento de las personas por dentro!

-Bonita manera de llegar a celebrar el Bicentenario…

-O bien celebramos un cumpleaños o bien hacemos un balance de vida. Son dos cosas distintas. Podemos celebrar el cumpleaños 200 de la Independencia, que es probablemente lo que predominará. Pero otra cosa es un balance de lo que hemos hecho o dejado de hacer y que nos tiene con este malestar interior. Esa evaluación no se está haciendo.

-¿Cómo ve la efeméride, entonces?

-Existirá un contraste muy fuerte entre el pan y circo que hará el gobierno -algo que la Concertación también habría hecho- y este otro pensamiento profundo que va por abajo y que es muy crítico.

-¿Quiénes se hacen cargo de esto?

-Nadie. Ése es el problema. La Concertación administró exitosamente el régimen de Pinochet, sin cambiarlo. Ni siquiera la Bachelet fue más radical: no hizo ningún cambio de fondo. ¿Qué hizo con los pobres? Les tiró bonos. ¿Y qué son los bonos? ¡Limosna!

-Es llamativo que la primera ley que mandó el presidente Piñera al Congreso haya sido el bono marzo…

-Y ahora, como gran cosa, alarga el posnatal… ¡Son medidas populistas de parche!

 

Los mineros de Copiapó

-Estas últimas semanas han estado tomadas por el caso de los 33 mineros atrapados en Copiapó. Usted ha estudiado la minería chilena desde el mundo del trabajo. ¿Ve antecedentes históricos en este caso?

– En Chile, la minería la desarrollaron los pobres: los buscones, pirquineros. Chile se convirtió en una potencia minera sobre la base de una tecnología pirquinera que era baratísima. La fase extractiva de la minería estuvo en manos de los pobres; el tratamiento lo hacían los capitalistas, como Edwards y todos esos campeones, que tenían fundiciones; y el transporte lo hacían los ingleses. Y los grandes explotados fueron los pirquineros… ¡los reventaron! Ellos asumían el costo del aumento del transporte y de las ganancias de los intermediarios. Esta explotación hacia abajo llevó a que se redujera la seguridad en las minas: pasó en el carbón y también en el cobre y el oro. ¿Esto que pasa hoy en la mina San José? ¡Historia del siglo XIX!

-¿Y por qué se ha producido esta atención enorme de parte de la gente y esta dedicación tan intensa de parte del gobierno?

-Bueno, está la solidaridad que siempre han tenido las clases populares de manera horizontal. Eso es normal, no me extraña. De parte del gobierno, responde al populismo, propio tanto de los gobiernos de la Concertación como de éste, más exacerbado en este caso. Porque en estricto rigor éste es el gobierno de los empresarios, pero no puede ser sólo el gobierno de los empresarios: tiene que mostrar una cara populista.Piñera no puede gobernar exitosamente con lógica neoliberal, porque el modelo tocó techo. Para mantenerse en el gobierno tiene que ser populista, no tiene otra, porque la mayoría de Chile está con este "malestar interior". Y como no hay izquierda, el voto popular se puso mutante…

-¿Con ese voto ganó Piñera? ¿No era voto de derecha, entonces?

-No, pues. Ese voto mutante crece y crece, porque son todos neoliberales.

-Usted dice que no hay izquierda, ¿qué pasó con ellos?

-El PS, el PPD y la DC son de hecho neoliberales. Incluso en el discurso: no recuerdan para nada su pasado socialistón. Ni se acuerdan de los mapuches, de los pingüinos ni de los subcontratados. El Partido Comunista luchó para estar en el Parlamento. Y ahora lo logró: está ahí. Entró a la misma lógica del Estado pinochetista, igual que la Concertación. ¡Y ahora están planeando hasta un candidato único el 2014! No hay ninguna alternativa…

-¿Y Marco Enríquez-Ominami?

-Lo escuché mucho en la campaña y me pareció un tipo que no tenía claras sus ideas, que tenía una confusión total. Lo que pasa es que es joven, hijo de Miguel Enríquez, un poco patudo, un poco farandulero… de todo un poco. Encarnó la expectativa del voto mutante, porque la política se expresa a través de la imagen: la imagen de simpatía de la Bachelet, la imagen del cambio de este otro… él era la imagen de la juventud, de la gente nueva, pero ME-O en sí no tiene peso: no sabe dónde está parado.

Qué piensan los cabros

-¿Tiene algo de esperanza para Chile?

-Para tener esperanza hay que partir de sus bases históricas. En los años 60, las esperanzas que uno tenía las agarraba de las teorías, de las ideologías, del Che Guevara, de la Unión Soviética, del Partido Comunista, del MIR, de Miguel Enríquez, de Juan XXIII… Hoy no estamos en condiciones de construir esperanza a partir de nada de eso. La única posibilidad es lo que veo entre mis propios alumnos: que los cabros se piensen a sí mismos sobre bases enteramente distintas y construyan sobre esas bases una expectativa de futuro que no pasa por tomarse el poder -este poder-, sino por construir sociedad, por construir cultura, por construir poder localmente. Ahí establecen bases de solidaridad, identidad, creatividad… rock de nuevo tipo, rap de nuevo tipo… todo de nuevo tipo.

-¿Y le ve viabilidad a un proyecto así?

-La pregunta es: ¿se le debe exigir a esta realidad nueva viabilidad?

-La sola pregunta es ilegítima, entonces…

-Sí, no tiene validez, porque no son proyectos que se planteen objetivos a largo plazo: son proyectos que buscan construir aquí y ahora. Si llegan a conquistar o a construir el Estado será por su expansión natural, no tienen apuro.

-Si entran en la lógica de los partidos tradicionales fracasarán, dice usted…

-No lo quieren simplemente: por eso hay 4 millones de cabros que no están inscritos. No están ni ahí con eso. Y si votan les da lo mismo, porque el voto no los identifica, no tiene importancia. El tipo de política que realizan es distinto: es política de red, de asamblea -como los pingüinos-, sin dirigentes, sólo con voceros. Y ahora en los colegios les prohíben las asambleas, así que ¿qué hacen los cabros? Sacan el celular, arman el blog y se comunican. No es la cultura de la toma ni de la revolución, ni siquiera la utopía: es puro pragmatismo.

REVISTA QUE PASA

Written by Eduardo Aquevedo

3 septiembre, 2010 at 20:14

E. Hobsbawm: las mutaciones incesantes de un mundo sin sosiego

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Entrevista al historiador Eric Hobsbawm

Las mutaciones incesantes de un mundo sin sosiego

New Left Review/Clarín

klee101 En la mirada de Eric Hobsbawm. El gran historiador inglés, autor de clásicos ineludibles sobre el siglo XX, examina la crisis actual y los vertiginosos cambios de las últimas décadas en la política global, y retrata el horizonte por venir. Una entrevista especial de la New Left Review, reproducida en castellano por el diario argentino Clarín.

Es probablemente el mayor historiador vivo. Su mirada es universal, como lo muestran sus libros La era de la revolución y La era del capitalismo. Esta entrevista constituye su más reciente ejercicio de una visión global sobre los problemas y las tendencias del mundo moderno.

Su obra Historia del siglo XX concluye en 1991 con una visión sobre el colapso de la esperanza de una Edad de Oro para el mundo. ¿Cuáles son los principales cambios que registra desde entonces en la historia mundial?

Veo cinco grandes cambios. Primero, el desplazamiento del centro económico del mundo del Atlántico norte al sur y al este de Asia. Este proceso comenzó en los años 70 y 80 en Japón, pero el auge de China desde los 90 ha marcado la diferencia. El segundo es, desde luego, la crisis mundial del capitalismo, que nosotros predijimos siempre pero que tardó mucho tiempo en llegar. Tercero, el clamoroso fracaso de la tentativa de Estados Unidos de mantener en solitario una hegemonía mundial después de 2001, un fracaso que se manifestó con mucha claridad. Cuarto, cuando escribí Historia del siglo XX no se había producido la aparición como entidad política de un nuevo bloque de países en desarrollo, los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Y quinto, la erosión y el debilitamiento sistemático de la autoridad de los Estados: de los Estados nacionales dentro de sus territorios y, en muchas partes del mundo, de cualquier clase de autoridad estatal efectiva. Acaso fuera previsible pero se aceleró hasta un punto inesperado.

¿Qué más le ha sorprendido?

Nunca dejo de sorprenderme ante la absoluta locura del proyecto neoconservador, que no sólo pretendía que el futuro era Estados Unidos, sino que incluso creyó haber formulado una estrategia y una táctica para alcanzar ese objetivo. Hasta donde alcanzo a ver, no tuvieron una estrategia coherente.

¿Puede prever alguna recomposición política de lo que fue la clase obrera?

No en la forma tradicional. Marx estaba sin duda en lo cierto al predecir la formación de grandes partidos de clase en una determinada etapa de la industrialización. Pero estos partidos, si tenían éxito, no funcionaban como partidos exclusivos de la clase obrera: si querían extenderse más allá de una clase reducida, lo hacían como partidos populares, estructurados alrededor de una organización inventada por y para los objetivos de la clase obrera. Incluso así, había límites para la conciencia de clase. En Gran Bretaña el Partido Laborista nunca obtuvo más del 50 por ciento de los votos. Lo mismo sucede en Italia, donde el PCI era todavía más un partido popular. En Francia, la izquierda se basaba en una clase obrera débil pero políticamente fortalecida por la gran tradición revolucionaria, de la que se las arregló para convertirse en imprescindible sucesora, lo cual les proporcionó a ella y a la izquierda mucha más influencia. El declive de la clase obrera manual parece algo definitivo. Hay o habrá mucha gente que quede realizando trabajo manual, pero no puede seguir siendo el principal fundamento de esperanza: carece del potencial organizativo de la vieja clase obrera y no tiene potencial político.

Ha habido otros tres importantes desarrollos negativos. El primero es, desde luego, la xenofobia, que para la mayoría de la clase obrera es, como dijo el alemán August Bebel, el "socialismo de los tontos": salvaguardar mi trabajo contra gente que compite conmigo. Cuanto más débil es el movimiento obrero, más atractiva es la xenofobia. En segundo lugar, gran parte del trabajo y del trabajo manual que la administración pública británica solía llamar "categorías menores y de manipulación", no es permanente sino temporario; por ejemplo, estudiantes o emigrantes trabajando en catering. Eso hace que no sea fácil considerarlo como potencial organizable. La única forma fácilmente organizable de esa clase de trabajo es la que está empleada por autoridades públicas, razón por la cual estas autoridades son vulnerables. El tercero y el más importante de estos cambios es la creciente ruptura producida por un nuevo criterio de clase, en concreto, aprobar exámenes en colegios y universidades como un billete de acceso para el empleo. Esto puedes llamarlo meritocracia pero está institucionalizada y mediatizada por los sistemas educativos. Lo que ha hecho es desviar la conciencia de clase desde la oposición a los empleadores a la oposición a juniors de una u otra clase, intelectuales, élites liberales o aventureros. Estados Unidos es un típico ejemplo, pero, si miras a la prensa británica, verás que no está ausente en el Reino Unido. El hecho de que, cada vez más, obtener un doctorado o al menos ser un posgraduado también te da una oportunidad mejor para conseguir millones complica la situación.

¿Puede haber nuevos agentes?

Ya no en términos de una sola clase pero entonces, desde mi punto de vista, nunca lo pudo ser. Hay una política de coaliciones progresista, incluso de alianzas permanentes como las de, por ejemplo, la clase media que lee The Guardian y los intelectuales, la gente con niveles educativos altos, que en todo el mundo tiende a estar más a la izquierda que los otros, y la masa de pobres e ignorantes. Ambos grupos son esenciales pero quizá sean más difíciles de unificar que antes. Los pobres pueden identificarse con multimillonarios, como en Estados Unidos, diciendo "si tuviera suerte podría convertirme en una estrella pop". Pero no puede decir "si tuviera suerte ganaría el premio Nobel". Esto es un problema para coordinar las políticas de personas que objetivamente podrían estar en el mismo bando.

¿En qué se diferencia la crisis actual de la de 1929?

La Gran Depresión no empezó con los bancos; no colapsaron hasta dos años después. Por el contrario, el mercado de valores desencadenó una crisis de la producción con un desempleo mucho más elevado y un declive productivo mayor del que se había conocido nunca. La actual depresión tuvo una incubación mayor que la de 1929, que llegó casi de la nada. Desde muy temprano debía haber estado claro que el fundamentalismo neoliberal producía una enorme inestabilidad en el funcionamiento del capitalismo. Hasta 2008 parecía afectar sólo a áreas marginales: América Latina en los años 90 hasta la siguiente década, el sudeste asiático y Rusia. En los países más importantes, todo lo que significaba eran colapsos ocasionales del mercado de valores de los que se recuperaban con bastante rapidez. Me pareció que la verdadera señal de que algo malo estaba pasando debería haber sido el colapso de Long-Term Capital Management (LTCM) en 1998, que demostraba lo incorrecto que era todo el modelo de crecimiento, pero no se consideró así.

Paradójicamente, llevó a un cierto número de hombres de negocios y de periodistas a redescubrir a Karl Marx, como alguien que había escrito algo de interés sobre una economía moderna y globalizada; no tenía nada que ver con la antigua izquierda: la economía mundial en 1929 no era tan global como la actual. Esto tuvo alguna consecuencia; por ejemplo, hubiera sido mucho más fácil para la gente que perdió su trabajo regresar a sus pueblos. En 1929, en gran parte del mundo fuera de Europa y América del Norte, los sectores globales de la economía eran áreas que en gran medida no afectaron a lo que las rodeaba. La existencia de la URSS no tuvo efectos prácticos sobre la Gran Depresión pero sí un enorme efecto ideológico: había una alternativa. Desde los 90 asistimos al auge de China y las economías emergentes, que realmente ha tenido un efecto práctico sobre la actual depresión, pues ha ayudado a mantener una estabilidad mucho mayor de la economía mundial de la que hubiera alcanzado de otro modo. De hecho, incluso en los días en que el neoliberalismo afirmaba que la economía prosperaba de modo exuberante, el crecimiento real se estaba produciendo en su mayoría en estas economías recién desarrolladas, en especial China. Estoy seguro de que si China no hubiera estado ahí, la crisis de 2008 habría sido mucho más grave. Por esas razones, vamos a salir de ella con más rapidez, aunque algunos países seguirán en crisis durante bastante tiempo.

¿Qué pasa con las consecuencias políticas?

La depresión de 1929 condujo a un giro abrumador a la derecha, con la gran excepción de América del Norte, incluido México, y de los países escandinavos. En Francia, el Frente Popular de 1935 solo tuvo el 0,5 por ciento más de votos que en 1932, así que su victoria marcó un cambio en la composición de las alianzas políticas en vez de algo más profundo. En España, a pesar de la situación cuasirrevolucionaria o potencialmente revolucionaria, el efecto inmediato fue también un movimiento hacia la derecha, y desde luego ése fue el efecto a largo plazo. En la mayoría de los otros Estados, en especial en el centro y este de Europa, la política se movió claramente hacia la derecha. El efecto de la actual crisis no está tan definido. Uno puede imaginarse que los principales cambios o giros en la política no se producirán en Estados Unidos u occidente, sino casi seguro en China.

¿Cree que China continuará resistiendo la recesión?

No hay ninguna razón especial para pensar que de repente dejará de crecer. El gobierno chino se ha llevado un buen susto con la depresión, porque ésta obligó a una enorme cantidad de empresas a detener temporalmente su actividad. Pero el país todavía está en las primeras etapas del desarrollo económico y hay muchísimo espacio para la expansión. No quiero especular sobre el futuro, pero podemos imaginarnos a China dentro de veinte o treinta años siendo a escala mundial mucho más importante que hoy, por lo menos económica y políticamente, no necesariamente en términos militares. Desde luego, tiene problemas enormes y siempre hay gente que se pregunta si el país puede mantenerse unido, pero yo creo que tanto la realidad del país como las razones ideológicas continúan militando poderosamente para que la gente desee que China permanezca unida.

Pasado un año, ¿cómo valora la administración Obama?

La gente estaba tan encantada de que hubiera ganado alguien con su perfil, y en medio de la crisis, que muchos pensaron que estaba destinado a ser un gran reformista, a la altura de que hizo el presidente Franklin Roosevelt. Pero no lo estaba. Empezó mal. Si comparamos los primeros cien días de Roosevelt con los de Obama, lo que destaca es la predisposición de Roosevelt a apoyarse en consejeros no oficiales para intentar algo nuevo, comparado con la insistencia de Obama en permanecer en el mismo centro. Desperdició la ocasión. Su verdadera oportunidad estuvo en los tres primeros meses, cuando el otro bando estaba desmoralizado y no podía reagruparse en el Congreso. No la aprovechó. Podemos desearle suerte pero las perspectivas no son alentadoras.

Si observamos el escenario internacional más caliente, ¿cree que la solución de los dos Estados, como se imagina actualmente, es un proyecto creíble para Palestina?

Personalmente, dudo de que lo sea por el momento. Cualquiera que sea la solución, no va a suceder nada hasta que Estados Unidos decida cambiar totalmente su manera de pensar y presione a los israelíes. Y no parece que eso vaya a suceder.

¿Cree que hay alguna parte del mundo donde todavía sea posible recrear proyectos positivos, progresistas?

En América Latina la política y el discurso público general todavía se desarrollan en los términos liberal-socialistas-comunistas de la vieja Ilustración. Esos son sitios donde encuentras militaristas que hablan como socialistas, o un fenómeno como Lula, basado en un movimiento obrero, o a Evo Morales. Adónde conduce eso es otra cuestión, pero todavía se puede hablar el viejo lenguaje y todavía están disponibles las viejas formas de la política. No estoy completamente seguro sobre América Central, aunque hay indicios de un pequeño resurgir en México de la tradición de la Revolución; tampoco estoy muy seguro de que vaya a llegar lejos, ya que México ha sido integrado a la economía de Estados Unidos. América Latina se benefició de la ausencia de nacionalismos etnolingüísticas y divisiones religiosas; eso hizo mucho más fácil mantener el viejo discurso. Siempre me sorprendió que, hasta hace bien poco, no hubiera signos de políticas étnicas.

Han aparecido movimientos indígenas de México y Perú, pero no a una escala parecida a la que se produjo en Europa, Asia o África. Es posible que en India, gracias a la fuerza institucional de la tradición laica de Nehru, los proyectos progresistas puedan revivir. Pero no parecen calar entre las masas, excepto en algunas zonas donde los comunistas tienen o han tenido un apoyo masivo, como Bengala y Kerala, y acaso entre algunos grupos como los nasalitas o los maoístas en Nepal. Aparte de eso, la herencia del viejo movimiento obrero, de los movimientos socialistas y comunistas, sigue siendo muy fuerte en Europa. Los partidos fundados mientras Friedrich Engels vivía aún son, casi en toda Europa, potenciales partidos de gobierno o los principales partidos de la oposición. Imagino que en algún momento la herencia del comunismo puede surgir en formas que no podemos predecir, por ejemplo en los Balcanes e incluso en partes de Rusia. No sé lo que sucederá en China pero sin duda ellos están pensando en términos diferentes, no maoístas o marxistas modificados.

Siempre ha sido crítico con el nacionalismo como fuerza política, advirtiendo a la izquierda que no lo pintara de rojo. Pero también ha reaccionado contra las violaciones de la soberanía nacional en nombre de las intervenciones humanitarias. ¿Qué tipos de internacionalismo son deseables y viables hoy día?

En primer lugar, el humanitarismo, el imperialismo de los derechos humanos, no tiene nada que ver con el internacionalismo. O bien es una muestra de un imperialismo revivido que encuentra una adecuada excusa, sincera incluso, para la violación de la soberanía nacional, o bien, más peligrosamente, es una reafirmación de la creencia en la superioridad permanente del área que dominó el planeta desde el siglo XVI hasta el XX. Después de todo, los valores que occidente pretende imponer son específicamente regionales, no necesariamente universales. Si fueran universales tendrían que ser reformulados en términos diferentes. No estamos aquí ante algo que sea en sí mismo nacional o internacional. Sin embargo, el nacionalismo sí entra en él porque el orden internacional basado en Estados-nación ha sido en el pasado, para bien o para mal, una de las mejores salvaguardas contra la entrada de extranjeros en los países. Sin duda, una vez abolido, el camino está abierto para la guerra agresiva y expansionista.

El internacionalismo, que es la alternativa al nacionalismo, es un asunto engañoso. Es tanto un eslogan político sin contenido, como sucedió a efectos prácticos en el movimiento obrero internacional, donde no significaba nada específico, como una manera de asegurar la uniformidad de organizaciones poderosas y centralizadas, fuera la iglesia católica romana o el Komintern. El internacionalismo significa que, como católico, creías en los mismos dogmas y tomabas parte en las mismas prácticas sin importar quién fueras o dónde estuvieras; lo mismo sucedía con los partidos comunistas. Esto no es realmente lo que nosotros entendíamos por "internacionalismo". El Estado-nación era y sigue siendo el marco de todas las decisiones políticas, interiores y exteriores. Hasta hace muy poco, las actividades de los movimientos obreros (de hecho, todas las actividades políticas) se llevaban a cabo dentro del marco de un Estado. Incluso en la UE, la política se enmarca en términos nacionales. Es decir, no hay un poder supranacional que actúe, sólo una coalición de Estados. Es posible que el fundamentalismo misionero islámico sea aquí una excepción, que se extiende por encima de los Estados, pero hasta ahora todavía no se ha demostrado. Los anteriores intentos de crear super-Estados panárabes, como entre Egipto y Siria, se derrumbaron por la persistencia de las fronteras de los Estados existentes.

¿Cree entonces que hay obstáculos intrínsecos para cualquier intento de sobrepasar las fronteras del Estado-nación?

Tanto económicamente como en la mayoría de los otros aspectos, incluso culturalmente, la revolución de las comunicaciones creó un mundo genuinamente internacional donde hay poderes de decisión que funcionan de manera transnacional, actividades que son transnacionales y, desde luego, movimientos de ideas, comunicaciones y gente que son transnacionales mucho más fácilmente que nunca. Incluso las culturas lingüísticas se complementan ahora con idiomas de comunicación internacional. Pero en la política no hay señales de esto y ésa es la contradicción básica de hoy. Una de las razones por las que no ha sucedido es que en el siglo XX la política fue democratizada hasta un punto muy elevado con la implicación de las masas. Para éstas, el Estado es esencial para las operaciones diarias. Los intentos de romper el Estado internamente mediante la descentralización existen desde hace treinta o cuarenta años, y algunos de ellos con éxito; en Alemania la descentralización ha sido un éxito en algunos aspectos y, en Italia, la regionalización ha sido muy beneficiosa.

Pero el intento de establecer Estados supranacionales fracasa. La Unión Europea es el ejemplo más evidente. Hasta cierto punto estaba lastrada por la idea de sus fundadores, quienes apostaban a crear un super-Estado análogo a un Estado nacional, cuando yo creo que ésa no era una posibilidad y sigue sin serlo. La UE es una reacción específica dentro de Europa. Hubo señales de un Estado supranacional en Oriente Próximo pero la UE es el único que parece haber llegado a alguna parte. No creo que haya posibilidades para una gran federación en América del Sur. El problema sin resolver continúa siendo esta contradicción: por una parte, hay prácticas y entidades transnacionales que están en curso de vaciar el Estado quizá hasta el punto de que colapse. Pero si eso sucede -lo que no es una perspectiva inmediata, por lo menos en los Estados desarrollados-, ¿quién se hará cargo entonces de las funciones redistributivas y de otras análogas, de las que hasta ahora sólo se ha hecho cargo el Estado? Este es uno de los problemas básicos de cualquier clase de política popular hoy en día.

Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.

Fuente: http://www.clarin.com/suplementos/zona/2010/05/23/z-02198934.htm

Gabriel Salazar: “Hemos retrocedido permanentemente”. Entrevista…

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por Pamela Gutiérrez (Chile)

lunes, 18 de enero de 2010

klee9 El Premio Nacional de Historia 2006 pasa revista a Chile con miras al bicentenario. Afirma que claramente hay rasgos de nuestro país que se implantaron desde la Independencia en 1810, como el centralismo y la rígida separación social, y que hoy hay menos participación ciudadana que la que había en el siglo pasado. Gabriel Salazar es especialista en mirar a Chile desde los personajes que influyen desde la base, no de la elite. Aunque también ha mirado a algunos integrantes de la aristocracia chilena como los Edwards. Acá analiza para La Nación Domingo los siglos que han marcado a Chile con miras al bicentenario.

-¿Cuáles son los rasgos que hemos mantenido los chilenos desde 1810 hasta este siglo?
-Hay tres rasgos que se han mantenido hasta hoy. El primero es que Santiago haya tenido ya por esa época un centro comercial alrededor de la Plaza de Armas, que al mismo tiempo era el barrio donde vivía el patriciado, la elite comercial, y todo el resto de la ciudad constituida por ranchos, salvo al oriente, donde estaba el cerro Santa Lucía. Por eso la gente de clase alta escapó hacia arriba. Lo otro es la diferenciación entre una elite que se considera más perteneciente a Europa, en ese tiempo a España, y no chilenizada. Por eso ven a los indígenas y a los mestizos como un pueblo distinto, como si fueran colonizadores. Por lo tanto, a los indígenas se los mira como un enemigo interno, se les aplica la ley antiterrorista y eso proviene del período colonial. Lo tercero es el centralismo político, que reproduce el centralismo imperial desde España absolutista y un gobernador radicado en Santiago.

-¿Cuál es el rasgo que caracterizaba a la sociedad chilena en 1810, 1910 y ahora 2010?
-Hay que verlo por siglo. El siglo XIX es un siglo largo, ya que se inicia en 1800 y termina en 1930. Desde 1910 se produce una crisis muy profunda en que el Estado portaliano empieza a declinar por corrupción política, y esa crisis se arrastró por 20 años porque el Ejército defendió ese Estado por mucho tiempo y, en la práctica, la crisis fue superada parcialmente a partir de 1938 con el Frente Popular. El siglo XX, en cambio, es un siglo corto, porque parte en 1930 y finaliza en 1973. En el ’30 se inicia con la crisis económica y en el ’38 con la crisis política. Lo similar entre el siglo XIX y el XX es que la Constitución de 1925 fue una copia feliz de la de 1833, donde Arturo Alessandri logró imponer un Estado completamente distinto al que querían los actores sociales de esa época. El único cambio es que se separan la Iglesia y Estado.

-¿Qué consecuencias tuvo para el Estado su divorcio con la Iglesia?
-El Estado del siglo XIX nunca se preocupó del desarrollo social y económico. Todo lo que tenía que ver con educación, pobreza, salud, incluso el empleo, eran responsabilidad de la Iglesia o del municipio. La Iglesia hizo las veces de ministerio social desde el siglo XIX hasta 1930, sobre la base de la caridad. Pero hacia 1914 la Iglesia se dio cuenta de que la caridad no podía resolver el problema social y por eso se produce la separación. Pero el Estado tenía un problema serio, dado que la Constitución de 1933 no decía nada sobre las políticas sociales ni de desarrollo económico, tampoco la de 1925, por eso la solución del desarrollo social, económico e industrialización, tuvieron que hacerlo los radicales después de 1938, a través de resquicios legales.

-¿Por qué marca el fin del siglo XX en 1973 y no, por ejemplo, en 1989, con el reinicio de la democracia?
-El ’73 puso fin a ese Estado que, siendo liberal, intentó desarrollar la economía y la industria y resolver el problema social, lo que se llamó el Estado populista o Estado nacional desarrollista, que amparó las políticas de desarrollo de los radicales, la DC y la UP. Desde el ’73, achicaron el Estado y lo dejaron convertido en un Estado liberal muy parecido a como lo concibió el equipo de Diego Portales en el siglo XIX. Entonces, el siglo XXI chileno está operando con los mismos parámetros del siglo XIX, históricamente hablando.

-Chile en estos dos siglos ha sufrido varias revueltas políticas que lo han marcado. A su juicio, ¿cuál ha sido la de mayor impacto?
-Las tres veces en que la ciudadanía o los actores sociales han querido construir un Estado de acuerdo a un proyecto que ellos han concebido, han sido reprimidos violentamente o engañados y traicionados por los militares, en primer lugar, y luego los políticos. Eso ocurrió entre 1829, cuando Diego Portales y los militares dieron un golpe de Estado y reprimieron a los que estaban proponiendo el Estado ciudadano e impusieron el Estado de 1833. Frente a esa imposición, la ciudadanía se rebeló al menos en 21 oportunidades. Sigue con la sociedad de la igualdad, la guerra civil de 1851, la de 1891, las matanzas que comienzan el siglo XX en Valparaíso en 1903; Santiago, 1905; Antofagasta, 1910. A partir de 1925 se le impone de nuevo a la ciudadanía un Estado que no quería a través de un golpe civil, por así decirlo, una traición brutal de Arturo Alessandri. La ciudadanía se rebeló, no para cambiar el Estado como lo hizo en el siglo XIX, sino para exigir a los políticos desarrollo en el país y resolver el problema social. Son movilizaciones de masas, peticionistas y protestantes en las calles. El tercer quiebre fue en 1973, donde de nuevo nos impusieron un Estado que no queríamos. En el 1829 y el ’73 fueron golpes sangrientos y por eso la ciudadanía quedó con una gran prudencia.

-¿Prudencia? ¿No es más bien miedo?
-No es miedo, sino prudencia, de decir “bueno, voy a respetar la ley, no me gusta, pero si no llega de nuevo el golpe militar”. Eso pasó en el siglo XIX y está pasando ahora. Eso explica por qué las encuestas muestran desde el 2005 que la gente no tiene confiabilidad ni credibilidad en el aparato político que nos rige. Hay un descontento enorme que está larvado, metido para adentro, y no ha aflorado por dos razones: como hoy no hay izquierda parlamentaria y el PC está dentro del modelo de Pinochet aunque haya elegido a tres diputados, la gente no canaliza en esa dirección su descontento. La izquierda transó con el modelo, el PS está metido hasta los huesos en el modelo neoliberal. La otra razón es más sutil y es que la ciudadanía no se siente pobre. No es que no haya pobreza, sino que está disfrazada con el endeudamiento.

-En democracia, ¿cuáles han sido los mayores progresos y qué cosas están pendientes?
-En términos generales, hemos retrocedido permanentemente. Los políticos van a decir que estamos más democráticos que nunca, pero no es así. Hasta 1830, con el golpe de Estado de Portales, en los pueblos se autogobernaban a través de asambleas o cabildos que se efectuaban en la plaza, que era el lugar donde la comunidad se reunía para tomar decisiones de-mo-crá-ticamente, donde todos participaban: hombres, mujeres y niños, proletarios, hacendados, comerciantes, artesanos, campesinos suburbanos. Los únicos que no participaban en esas asambleas eran los que no pertenecían a la ciudad o a la villa, es decir, los mestizos, los indígenas, los huachos. Eso era el bajo pueblo. La democracia de los pueblos era avanzadísima y mucho más perfecta que la de hoy día, y fue aplastada por el régimen portaliano. Eso fue un retroceso enorme y aparece todo el control del Estado, las elecciones y la clase política, que reemplaza el pueblo. Eso fue durante todo el siglo XIX.

-¿Y la democracia en el siglo XX?
-En el siglo XX, después de las traiciones de Alessandri y de Ibáñez, después de 1930, las grandes necesidades de Chile, como desarrollo industrial e igualdad social, los políticos tenían que implantarlas con resquicios legales, por lo tanto, el Estado resuelve y la ciudadanía le entrega el derecho a petición. Por lo tanto, el Estado resuelve todo y, en la calle, la ciudadanía pide y eso la transforma en masa, pedigüeña, peticionista y mendicante, que puede saltar y gritar sus necesidades, pero no deja de ser masa. Los políticos van a decir: “Es que había elecciones”. Cierto, un hombre, un voto, pero ya no hay democracia participativa. Por eso, a mi modo de ver hay un retroceso. El electoralismo no es democracia participativa y por eso la gente no sabe participar en política. Sabe pedir, sabe gritar, pero cuando hay que proponer, cero.

-¿Podría dar un ejemplo de eso?
-Fue el gran problema de los pingüinos. Entendieron que tenían que volver a las asambleas y recobraron la democracia participativa. Designaron voceros y no directivos que se apernaran, pero quedaron cortos en la propuesta, porque en Chile perdimos la costumbre de elaborar propuestas. Hoy lo que tenemos es una democracia electorera, por eso es que la gente ya no le cree al sistema electoral y dos millones de cabros no se inscriben.
Domingo 17 de enero de 2010

*Fuente: LND Entrevistas

Alfredo Jocelyn-Holt: “Chile no está a la altura de sus ideales”…

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Por Rodrigo Alvarado / La Nación Domingo

Alfredo Jocelyn-Holt:“Chile no está a la altura de sus ideales”

Hace unos meses se reeditó su libro “La independencia de Chile: transición, modernización y mito”, el último sobre un período histórico que, según el académico, explica casi todo el desarrollo del Chile republicano. Aquí exige una comparación entre los ideales liberales que establecimos como autogobierno y su continuidad histórica autoritaria.

El reloj empieza a correr hacia atrás. A un año del bicentenario la cuenta regresiva anuncia mega celebraciones desde La Moneda y menudencias en los medios sobre el mejor lugar para comer empanadas.

El ambiente se llena de “chilenidad”. En la carrera electoral se le enrostra una antigua entrevista a Marco Enríquez-Ominami donde dice que preferiría ser italiano a chileno y responde que es chileno por convicción porque otros, como Piñera y sus amigos de la dictadura, no le permitieron serlo por derecho. Y el candidato de la derecha hace un “18 chico” el mismo 11 de septiembre, que nos pertenece a todos e invita a olvidarlo, aunque ambas fechas mucho tienen que ver.

Entre todo ese barullo, el abogado e historiador Alfredo Jocelyn-Holt accede a regañadientes a dar una entrevista. Dice que no le interesa ser parte de este ceremonial, porque eso no es hacerse cargo de la historia.

“Siempre aparece el tema de la identidad y es adolescente preguntarse ‘to be not to be’ cuando este país, contando 300 años bajo la égida europea, tiene 500 años”.

Pero el profesor de Historia Institucional de Chile en la Universidad de Chile y declarado derechista liberal, reeditó hace unos meses “La independencia de Chile: transición, modernización y mito” (Editorial Debolsillo), su tesis doctoral de Historia en Oxford escrita en 1992 y que se convirtió -desde “Ideas and politics of Chilean independence” (1967) del inglés Simon Collier- en el único libro de magnitud sobre el período que hoy celebramos.

Un camino iniciado por escrito con la Primera Junta de Gobierno y continuado por la dictadura de O’Higgins, que a tientas y sin dejar las armas, configuraron los primeros pasos de la República que, según el historiador, se acaba en 1973: “Allende terminó siendo, si no el último republicano, uno de los mejores exponentes del ideario liberal reformista que se venía barajando hace 160 años”, anota en su nuevo prólogo, mientras los F-16 de la FACh surcan los cielos preparando la Parada Militar que celebra la gesta épica inicial, pero cuyo significado parece estar mucho más enraizado con el devenir de Chile.

-Partamos por lo que celebramos, en tu libro aseguras que la independencia es un quiebre político, no económico-social.

-El tema político es fundamental. El grupo dirigente tenía enorme poder antes de 1810 y lo va a seguir teniendo e incluso lo va a acrecentar hasta llegar a principios del siglo XX, a una República oligárquica bastante extraordinaria, en ningún caso reaccionaria. Nunca hubo en Chile una derecha reaccionaria hasta la dictadura militar y eso permitió que no hubiera revolución en Chile por 150 años. Los sectores tradicionales asumen el lenguaje revolucionario del republicanismo y le quitan la carga revolucionaria aunque mantienen sus postulados. Eso sin perjuicio que Allende va a llegar a La Moneda con ese mismo ideario y en ese contexto va a producir efectos de orden revolucionario de hecho. Hay una continuidad que uno puede datarla desde este primer momento y se puede hablar de casi toda la historia del Chile republicano a partir de ahí.

-¿Aprobamos?

-Doscientos años atrás este país decidió salir de una estructura imperial y autogobernarse. Asumió la soberanía popular; elecciones periódicas, igualdad ante la ley, separación de poderes, Constitución escrita, etc. A la luz de los hechos mi impresión, sin ser demasiado duro, es que no estamos a la altura de nuestros propios ideales. Si los principios fundamentales republicanos son la justicia, la igualdad y la fraternidad, hagamos el test y veamos si Chile pasa o no lo pasa. Dependemos de bloques económicos mundiales -estamos en la órbita de EEUU-, hay individuos más iguales que otros, tenemos una segregación social extraordinaria y un retraso socioeconómico que no se compadece con los ideales establecidos. Desde el 1980 y bajo signos muy distintos, tenemos gente que cree que no se puede cambiar la Constitución. Hay señores que se mueren y sus últimas palabras para la posteridad son que no se cambie ni una coma. Y lo santifican a menos de 24 horas de que lo entierren. Eso le parecería delirante a Manuel de Salas, Andrés Bello, Francisco Bilbao y hasta a Juan Egaña, que era bastante conservador.

-¿Cuál es la pregunta esencial de estos 200 años?

-¿Este país es más propenso al republicanismo en clave autoritaria o liberal? Esa es la pregunta dura a la luz de la historia y a veinte años del supuesto fin de la dictadura. El período de la independencia tira hacia una posible solución de orden revolucionaria, liberal, militar, autoritaria, en todas sus combinaciones. Eso queda abierto, porque la independencia es una oferta de cómo gobernarnos, modernizarnos y estar a la altura de los principios fundamentales. Éste es un país muy militar y eso se remonta a la independencia.

ADÓNDE VAMOS

-Haciendo ficción, ¿podríamos haber tenido un republicanismo dentro de una mancomunidad con centro en España?

-Perfectamente posible. Además el republicanismo con las monarquías no son incompatibles. Eso se barajó en Francia y España a principios del siglo XIX y hoy tenemos en España una monarquía constitucional. El Río de la Plata y Chile podrían ser equivalentes a Australia o Canadá. Me queda claro que el continente americano tiene que ser pensado en funciones imperiales, creo que Carlos V tenía toda la razón. La pregunta es qué imperio queremos y hay buenas razones para preferir un imperio español a un norteamericano. Los 300 años de dominio en Chile fueron muy laxos y eso es bueno, nos incorporó a la cultura europea y hablamos este prodigioso idioma.

-Ya que no lo tuvimos, ¿para dónde vamos?

-No vaticino nada. Creo en las instituciones republicanas, que tienen un gran sentido con características utópicas y crecederas. Tenemos que ser consecuentes con esos ideales. Independiente de cuán autoritarias sean las constituciones presidencialistas, la tendencia siempre apunta hacia un régimen parlamentario. Lo único que puedo predecir son focos de conflictos que pueden ser muy costosos. Los historiadores proporcionamos esos criterios, lo aconsejable es mirar la historia no porque se repita, sino porque podemos encontrarnos con sorpresas que se podrían haber evitado.

-¿El golpe de Estado podría haberse evitado? Hemos estado hablando todo el rato de lo autoritario y militarizado que es este país.

-Eduardo Frei Montalva, que era presidente del Senado, pensaba que en 90 días llamarían a elecciones. Lo mismo Patricio Aylwin, un golpista que creyó lo mismo y se equivocó. Que este país recurra a Aylwin para presidir el gobierno me parece una insensatez mayúscula desde el punto de vista histórico. Habríamos tenido una transición distinta.

MALAS NOTICIAS

-Cerremos la transición. ¿Bastaría con una nueva Constitución?

-Una Constitución que abriera las garantías individuales de las personas nos movería hacia una sociedad más compleja que se reconocería como tal. Entonces, tomaríamos en cuenta las reivindicaciones de pueblos originarios, la postergación de la mujer y de grupos minoritarios económicos, sociales y sexuales. No podemos tener la Constitución pétrea que no ha sido reformada en su elemento básico, un fuerte autoritarismo con deficiencia en la separación de los poderes del Estado. Debe ser cambiada y lo piden personas que son moderadas. Hay que tener cuidado, porque eso significa que quieren anticiparse a que la solución venga en un conflicto mayor donde van a tener la palabra los sectores más ultra. El único de los actuales candidatos que ha manifestado que no debe haber ningún cambio es Sebastián Piñera. Y en el escenario de que llegue a La Moneda, la demanda por un cambio constitucional, con uno de los hombres más ricos del mundo y con una Constitución que le da enormes poderes al Presidente, créeme que va a existir.

-Podría existir también una radicalización de las demandas.

-La agudización de las contradicciones es posible, y entonces tendría que recurrir a un autoritarismo fuerte que la Constitución permite. No estoy por radicalizar nada y a Piñera lo veo muy pinochetista, infinitamente más que Lavín.

-¿Cómo ves el camino de Chile entre sus pares latinoamericanos?

-Siempre hay que estar atento, no existe profilaxis para evitar contagio de influencias, así como en los sesenta no estuvimos libres de la influencia estadounidense ni del castrismo. Hay que estar atento al chavismo, al peronismo y al populismo reivindicatorio de Evo Morales. No estamos exentos de conflictos limítrofes. Chile es un país complicado e infinitamente más pobre que antes, porque hay progreso pero no hay un reparto equitativo que nos permita tener un colchón. Hay una mala distribución, segregación, centralismo, conflictos sociales, un aumento del aparato de seguridad, chicos con bombas en las mochilas, y el conflicto mapuche que, a esta altura del juego, es militar. Carabineros no es una fuerza militar común, es paramilitar desde su creación, entonces hay una fuerza paramilitar en la Araucanía. Todas son variables de posibles conflictos. Ojo, que en el Ministerio del Interior hacen estos análisis, pero a puertas cerradas. Yo creo que hay que abrirlos, tomar conciencia y no aceptar tutelas de Interior, de militares o expertos. Son temas que nos corresponden a todos.

-¿A qué momento histórico se parece el actual?

-No quiero ser dramático ni apocalíptico. A veces se producen ciertas regresiones. Desde los últimos años del gobierno de Lagos veo un autoritarismo fuerte, que tiene cierta analogía con escenarios de 86-87, con la diferencia enorme de no estar en dictadura, pero sí en su proyección. También creo que había más pluralismo comunicacional en ese tiempo que ahora. Los mensajeros de las malas noticias siempre suenan fuerte, pero ese es mi diagnóstico.

Written by Eduardo Aquevedo

20 septiembre, 2009 at 22:59

Entrevista a Immanuel Wallerstein, sociólogo…

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por Iñigo Errejón y Pablo Iglesias

(DIAGONAL- Madrid). Jueves 19 de febrero de 2009. Número 96

wallerstein2 Immanuel Wallerstein es la principal figura del análisis de sistemas-mundo, quizá la perspectiva teórica de inspiración marxista más influyente en las ciencias sociales desde los ‘70. Estuvo en Madrid y Barcelona invitado por la Universidad Nómada. Tras participar, de la mano de la Asociación Universitaria Contrapoder, en un acto en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense que contó con la asistencia de más de 600 personas entre estudiantes y profesores, tuvo unos minutos para responder a las preguntas de este periódico.

DIAGONAL: Nos interesa particularmente tu visión sobre las esperanzas que debamos albergar hacia el mandato de Obama, y en qué medida su victoria puede ser interpretada en relación a la crisis de hegemonía norteamericana y a la percepción generalizada de esa crisis.

IMMANUEL WALLERSTEIN: Es positivo que Obama haya llegado a la presidencia de Estados Unidos, pero no va a significar en modo alguno un cambio sustancial. Actuará de forma más inteligente que su predecesor, lo cual tampoco es difícil. La administración Bush, con su militarismo derechista, ha precipitado el declive de la hegemonía norteamericana en el sistema interestatal. Frente a eso, Obama puede comprender la situación y avanzar hacia un mundo bipolar, pero en ningún caso podría rehacer América en el sentido de reinstaurar la hegemonía de EE UU, que ya no volverá. Por otra parte, ante la comprensión de los profundos problemas que afronta la sociedad norteamericana, Obama emerge como símbolo ilusionante para la gran mayoría del país, incluso con una altísima popularidad en otros países. Obama aglutina a un electorado muy amplio, que va desde la izquierda (salvo algunos grupos minoritarios) hasta el centro-derecha, y no podrá responder a las expectativas de todos, ni oponerse frontalmente a los retos sistémicos que desbordan en todo caso su capacidad de acción. Se trata de un hombre joven, inteligente y bien formado. Además es afroamericano, lo cual constituye un símbolo que no puede olvidarse, de extrema importancia. Todo esto es positivo, pero no es suficiente. Hay que ser realistas al respecto, y contextualizar las posibilidades de cambio realmente existentes. Obama es el mejor presidente que Estados Unidos podría tener en estos momentos, pero no deja de ser el presidente de Estados Unidos, una potencia hegemónica en declive en un sistema-mundo en crisis estructural.

D.: ¿En qué medida las turbulencias sistémicas que vivimos pueden producir una mutación del capitalismo? ¿Marcan éstas, por el contrario, un límite definitivo del capitalismo como sistema histórico?

I.W.: Para leer correctamente la etapa histórica en la que nos encontramos, tenemos que distinguir entre las dinámicas de continuidad y las de ruptura, entre lo normal y lo excepcional. Lo normal es el colapso del modelo especulativo que hemos vivido, que se corresponde con una Fase B en los ciclos de Kondratieff que describen las dinámicas de largo plazo en la acumulación capitalista. Lo excepcional es la transición que desde hace 30 años venimos viviendo, desde el sistema-mundo capitalista hacia otra formación sociohistórica. A mi juicio podemos estar seguros de que en 30 años no viviremos en el sistema-mundo capitalista. En ese sentido, con la crisis coyuntural del capitalismo, converge una crisis estructural, un declive histórico del sistema- mundo. En eso se distingue esta fase de recesión económica mundial de otras anteriores: el nuevo sistema social que salga de esta crisis será sustancialmente diferente. Si evolucionará en un sentido democrático e igualitario o reaccionario y violento es una cuestión política y por tanto abierta: depende del resultado del conflicto entre lo que llamo “el espíritu de Davos” y “el espíritu de Porto Alegre”. En otras palabras, de la inteligencia y el éxito político de los movimientos antisistémicos.

D.: Dada la importancia que han tenido las llamadas “externalidades”, las apropiaciones privadas no pagadas de bienes comunes tales como los recursos naturales y ecológicos, ¿cómo valoras el intento de Obama y de su administración de abrir un nuevo proceso de expansión a través de un “capitalismo verde”?

I.W.: Obama tiene como virtud su inteligente apreciación del problema ecológico. Lo que pueda hacer al respecto, sin embargo, está condicionado por los nombramientos que ha hecho y por sus escasas posibilidades de cooperación con otros países en este sentido, dentro de un marco general de pragmatismo. Sea como sea, el problema es enorme y escapa a las hipotéticas políticas medioambientales de un gobierno, incluso del estadounidense. Es necesario un cambio de modelo productivo y, más allá, civilizatorio. Debemos vivir de otra forma, aprovechar la transición hacia otro sistema para optar por algo diferente. La ciudadanía estadounidense, como la española, suele percibir las amenazas actuales casi en exclusiva como reducción de su nivel de vida, mientras que corremos el riesgo global, en los países ricos tanto como en los pobres, de vivir en un mundo ecológicamente destruido, que haga peligrar la supervivencia colectiva.

D.: ¿Puede abrir el declive de la hegemonía norteamericana un espacio para la emergencia de la UE como primera potencia mundial?

I.W.: Europa tiene cierta autonomía política, pero atraviesa un período muy complejo por tendencias muy diferentes que se están dando en su interior. La crisis financiera está poniendo todavía más difícil el proceso de construcción europea (imprescindible para que pueda competir como potencia mundial). El colapso económico que se está haciendo visible en Grecia, Italia, España, Islandia, etc., está generando tendencias proteccionistas muy serias. Veremos si Europa puede afrontar las circunstancias actuales. El proceso de construcción de la UE se ha complicado con su expansión a los países del Este y ahora está pagando el precio.

D.: ¿De qué manera puede impactar la crisis en las experiencias de giro a la izquierda en Latinoamérica?

I.W.: Lo más positivo de la presidencia de Bush fue constituir el mejor estímulo para la integración latinoamericana. No es casual que en estos años hayan surgido presidentes más o menos de izquierdas en 11 ó 12 países de la región. Es sencillamente impresionante. El hecho de que EE UU esté tan enfangado en Oriente Medio, hace que carezca de la capacidad militar, política y económica para interferir en la política latinoamericana. Actualmente, América Latina ejerce un papel político autónomo y éste es un hecho irreversible. Esta claro que la política de Chávez no es la de Bachelet, ni tampoco la de Lula, pero, sea como sea, América Latina es una fuerza geopolítica independiente en la que Brasil es, sin duda, el primus inter pares, como demuestran los éxitos en su política exterior. Ejemplo de ello ha sido su papel, crucial, en las reuniones de Unasur, del Grupo de Río, etc., que constituyen una verdadera declaración de independencia. Por desgracia, el papel exterior, que juzgo positivo, no ha ido acompañado de una política interna más de izquierdas.

D.: Los trabajadores migrantes se están convirtiendo en el chivo expiatorio de los comportamientos políticos más reaccionarios. ¿Cómo enfocas este problema?

I.W.: La inmigración, que prefiero llamar migración, no sería un problema en un mundo relativamente igualitario, pues la mayor parte de la gente prefiere vivir donde ha nacido o, en todo caso, donde tiene vínculos culturales de pertenencia. Quienes migran lo hacen para mejorar su situación económica y política, y los empresarios se benefician de ese caudal de mano de obra comparativamente más barata que la de los países receptores. El problema de las migraciones no puede ser resuelto dentro de este sistema, ni en los marcos estatales o con actuaciones policiales, pues es provocado por la inmensa polarización económica, social y política en el mundo. Hasta que no desaparezca ésta, no tendremos soluciones definitivas al problema de las migraciones.

D.: ¿Cuáles son los signos más esperanzadores en clave de emancipación y cuáles los peores indicadores de posibles involuciones reaccionarias o de mayor violencia sistémica?

I.W.: La situación más positiva proviene de América Latina. Por contra, donde encuentro más peligros en el plano geopolítico es en Pakistán. Obama se está equivocando con su política hacia este país. El Gobierno pakistaní, siguiendo las presiones de EE UU, puede provocar una situación peligrosa. No hay que olvidar que Pakistán es un país con armamento nuclear en tensión permanente. La política de Obama no está bien pensada para Pakistan. Obama quiere mostrarse fuerte y duro. Para mí es un error. Habrá que estar atentos a la evolución de los acontecimientos en los próximos meses.

Nacionalismos e izquierdas

D.: Frantz Fanon, que fue uno de tus referentes teóricos, reivindicó el poder del nacionalismo como vía de liberación en los países del Tercer Mundo. ¿Puede ser el nacionalismo un mecanismo de emancipación en los países ricos?

I.W.: Todos los nacionalismos son lo mismo. Cuando son reivindicaciones contra el poder, no importa qué poder, son progresistas. Sin embargo, en el momento en que conquistan el Estado, los nacionalistas se hacen de derechas. Es algo normal, ocurre en todas partes. Por eso no hay nacionalismos buenos y nacionalismos malos. Los nacionalismos que luchan para obtener derechos pueden implicar avances positivos, pero en el momento en que obtienen esos derechos pierden su fuerza transformadora, en España, en EE UU y en cualquier lugar del mundo. Eso es de lo que Fanon se dio cuenta y por eso defendió el panafricanismo como continuación de las luchas de liberación nacional.

Breves notas biográficas

El neoyorquino Immanuel Wallerstein (1930) es autor de El moderno sistema-mundo, obra en tres volúmenes que aporta un modelo interpretativo basado tanto en el marxismo como en las teorías acerca de la economía mundial de Fernand Braudel. El tercer punto ideológico en el que se basa la teoría del sistema-mundo es la Teoría de la Dependencia que establece la división duradera del mundo en núcleo, semi-periferia y periferia. Wallerstein rechaza la idea convencional de ‘Tercer mundo’ ya que, a su juicio, el intercambio económico crea una red compleja de relaciones. Cada mes publica sus Comentarios sobre la actualidad del mundo globalizado. Ex Presidente de la Asociación Internacional de Sociología (ISA).

www.ddooss.org

Chile: anatomía del desarrollo político y social…, Entrevista a T. Moulian

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Por Rodrigo Alvarado E. / La Nación Domingo

El sociólogo repasa la política del Siglo XX

MOULIAN1

Postulado al Premio Nacional de Ciencias Sociales, el imprescindible autor de “Chile actual: Anatomía de un mito” lanzó el libro “Contradicciones del desarrollo político chileno: 1920-1990”, donde analiza el desempeño de la izquierda en esos 70 años. Enemigo de las revoluciones violentas, reivindica al Frente Popular y el papel de la ciudadanía en los cambios sociales.

"Voy a contestar cada una de las objeciones pero en otro libro. Las críticas se agradecen porque permiten que uno siga pensando, pese a que te den ganas de pegarles un combo. Así que en mi próximo libro volveré a invitarlos".

Risas y aplausos se fundieron en el epílogo del lanzamiento del libro "Contradicciones del desarrollo político chileno: 1920-1990" (LOM Ediciones-Editorial Arcis), que Tomás Moulian presentó el miércoles en la Biblioteca Nacional.

Como pocas veces ocurre en este tipo de protocolos, el intelectual tuvo a dos de tres quisquillosos académicos -el historiador Alfredo Jocelyn-Holt y el sociólogo Carlos Ruiz Encina- reparando en las falencias y los sesgos políticos de algunos de sus ensayos sobre el despliegue de las izquierdas nacionales.

Mal que mal, el tema en juego es el motor de los grandes cambios del siglo XX y que a pesar del fracaso de su aplicación, desvió el curso de la historia.

Moulian, autor de títulos fundamentales para entender nuestra sociedad -como "Chile actual: Anatomía de un mito" (LOM, 1997), que está dentro de los 100 libros del bicentenario, y "El consumo me consume" (LOM, 1999)- miraba el techo, reía o fruncía el ceño.

Nada de ironías ni molestia. El sociólogo de la UC y de la Universidad Católica de Louvain (Bélgica) es un declarado marxista reformista, pero sobre todo un pensador que en la praxis defiende tanto la ideologización de la sociedad como la tolerancia y el pluralismo.

Y tanto para Jocelyn-Holt y Ruiz -así lo hicieron notar- como para el grueso del mundo de la reflexión, es uno de los intelectuales más respetables y queridos, estatus que se condice con su postulación al Premio Nacional de Ciencias Sociales 2009, impulsada por Arcis, LOM y la Flacso.

"Es un halago, pero no me hago muchas ilusiones", dice este elefante blanco que en 2005 desbordó a la manada crítica como precandidato presidencial del bloque de izquierda Juntos Podemos, pero que volvió a su redil del pensamiento para iluminar y remover las conciencias.

LENTO PERO SEGURO

"Contradicciones del desarrollo político chileno: 1920-1990" agrupa una serie de ensayos publicados durante diferentes períodos, donde Moulian interpreta la historia de la izquierda chilena en función de la necesidad de negociar de forma realista las reformas sociales y donde el camino del gradualismo y coalicionismo del Frente Popular aparece con ventaja frente el aceleramiento de los procesos al interior de la Unidad Popular, para lograr una democratización profunda.

"Siempre he sido un reformista confeso, jamás me he abanderizado con posiciones cercanas a la vía armada ni al ‘avanzar sin transar’, citando a Altamirano. Creo en el gradualismo porque Chile es un país que ha tenido la capacidad de realizar reformas", advierte el autor, "no todas abren grandes batallas como en los ’60, con un reformismo que aborda tardíamente la repartición de la tenencia de la tierra, la ayuda a los pequeños campesinos y su sindicalización, pues llegan cuando la obsesión por la revolución estaba ya sobre la conciencia de clase de la izquierda, que quería que cantáramos la Internacional y llegar rápido al socialismo. La historia de Chile demuestra que apurarse mucho da lugar a tragedias. El legado de Allende es descubrir que hacerlo de a poco es el camino".

-Pese a los quiebres sociales se nota su confianza en las instituciones políticas.

-Es la sociedad chilena la que tiene el mito de la institucionalidad política y el mito de que cuando es sólida, la estabilidad es más fácil. La historia de Chile no demuestra eso, pero sí que los partidos políticos eran las instituciones más sólidas y hasta 1973 no se orientaban a cortar las posibilidades de la democracia representativa. La izquierda nunca planteó la revolución como la toma del poder y el cierre del Congreso, pero la derecha sí apoyó una dictadura que destruyó las instituciones políticas.

CRISIS Y MARXISMO

-En el segundo capítulo aborda el desarrollo del marxismo en Chile desde sus dos dimensiones: teoría y método. ¿Cómo habría que rescatarla en estos tiempos de crisis económica?

-El marxismo introduce un marco analítico válido para estudiar las sociedades capitalistas de occidente, sin embargo, no creó una teoría de la revolución que permita predecir cuál es el momento y las condiciones para que se produzca. Pero nos enseña algo que se nos olvida: la historia avanza por la lucha de clases, porque sujetos políticos distintos al capitalismo luchan por defender sus posiciones. En Europa el socialismo cayó, pero en China y Cuba sigue. Hay que preguntarse por qué y buscar que el socialismo del siglo XX sea mejor, porque aún donde existe, sus ilusiones liberadoras no se han cumplido.

-Volvemos al sueño de Salvador Allende.

-Claro, un socialismo por los votos, que avanza gradualmente y no destruye el aspecto pluralista de la sociedad, porque eso conduce a la opresión y la derrota. Lo vemos en Honduras, en que la amenaza de un Presidente de izquierda genera un golpe de Estado. Hay que ver qué pasa con las opciones del regreso de instituciones del Estado de Bienestar, qué pasa con Evo Morales, que ha logrado estabilidad y ha descubierto que la democratización es un camino difícil que requiere recorrerlo paso a paso. O con Hugo Chávez, que calcula constantemente la correlación de fuerzas para implantar sus medidas, aunque a veces hace cosas censurables, como limitar el acceso de los opositores a los medios de comunicación y a participar de forma igualitaria en la lucha ideológica.

LÍDER A LARGO PLAZO

-¿Quiénes son esos líderes con base social en Chile?

-Por primera vez en muchos años, tenemos la aparición de un liderazgo con un programa donde se avizoran posibilidades de cambio. Ese líder es Marco Enríquez-Ominami ¿Qué va a pasar con él? Es prematuro decirlo, pero creo que tiene una política a largo plazo y no debe confundirse con los 14 puntos que marca. El sistema se reajustará y Enríquez-Ominami podría, en el mejor de los casos, ser el candidato del Juntos Podemos. Sacaría más votos que sus antecesores, aunque no ganaría las elecciones.

-¿Estará de acuerdo la izquierda?

-Es difícil, pero el Juntos Podemos se va a preguntar qué pasa con su candidato y aquí aparece uno diferente, con puntos y opciones neoliberales pero también más progresistas que el resto. Si toma las últimas, sobre todo en dirección a las asambleas constituyentes, donde los ciudadanos pueden ser más activos que ahora, puede atraer a los sectores comunistas que no han encontrado por el momento un candidato que aparezca en las encuestas como una opción que tenga resultados significativos.

-¿No nos hemos acostumbrado acaso a que en las presidenciales no haya nada en juego más que la elección de un gerente?

-La posibilidad de que triunfe la derecha se ve más fuerte que en otras elecciones, aunque Eduardo Frei ha recuperado terreno. Un triunfo de Piñera es diferente de uno de la Concertación: va a tener que gobernar con la UDI y los viejos tercios del pinochetismo y va a tener que buscar en otra parte su apoyo -quizás con la Democracia Cristiana-, lo que generaría situaciones interesantes.

-Un eventual triunfo de Piñera obligaría a redefinirse a una oposición de izquierda.

-Podría generar condiciones de reunificación de las opciones unitarias, del regreso de las tres fuerzas que existieron entre 1932 y 1973. Esto requiere enormes esfuerzos del Juntos Podemos para arrastrar al Partido Socialista a posiciones de alianza con el Partido Comunista, que no debe tener un programa muy rupturista, sino tomar en cuenta los cambios en la sociedad actual. El PC debe volver a su realismo práctico.

CONSUMIDORES UNIDOS

-Usted instaló la crítica al consumo dentro de la sociedad como ningún otro intelectual. ¿Han madurado los consumidores desde que publicó "El consumo me consume"?

-El sistema neoliberal genera condiciones para que el ciudadano se convierta en un consumidor excesivo y le proporciona artefactos y estrategias para realizar estos deseos de consumo. Sin embargo, estas sociedades deberían suscitar consumidores que tomen conciencia de organizarse para enfrentar a las empresas y que las judicialicen en determinados momentos. Algunos lo han logrado a través de ligas de consumidores y algunos municipios, pero ha sido excepcional. Ha habido poca organización de consumidores.

-También plantea extenderlo a organización en materias jurídicas e incluso en la televisión pública.

-En Chile hay una televisión pública legal pero no existe como una que le dé la palabra al consumidor de entretención o información. Se les da esos roles a políticos profesionales que actúan por intereses de poder. Necesitamos una sociedad más reflexiva, hay que incentivar la discusión y no limitarse a ser consumidores consentidos que ganan y gastan su dinero.

-Digamos que el mal ejemplo viene desde la política.

-La izquierda debe tener programas de democratización acelerada de la institucionalidad. Hoy no es la nacionalización de los medios de producción el tema sino una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones.

-Movimientos como la "revolución pingüina" son un síntoma de eso.

-Sí. Aparecieron nuevos actores, pero recordemos que en los peores momentos del período de Allende también aparecieron nuevos actores: los transportistas. Lo interesante es que los estudiantes fueron capaces de reponer movilizaciones masivas, pero más lo es que volvieron al silencio. Deberían volver a aparecer porque se necesita una reforma profunda de la educación y sería bueno que en Chile aparecieran constantemente movimientos de demanda. Cuando los movimientos son escuchados es difícil que explote la situación social, porque se dan señales y obliga a las elites políticas a generar gobernabilidad. Lo peor es el silencio, ése que de repente se rompe con cañonazos.