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R. Gumucio describe en “La deuda” la transformación social y económica de Chile…

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  • Intento crear intimidad en un país que cambió de rostro: Rafael Gumucio
  • Con La deuda me quedé como el tipo que va a una orgía y grita muy fuerte, señala
  • El autor se ocupa de temas como la corrupción, las marcadas diferencias sociales y el tejemaneje político

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Ericka Montaño Garfias

Periódico La Jornada
Martes 16 de marzo de 2010, p. 5

Con la novela La deuda quedé como el tipo que va a una orgía y grita muy fuerte, dice el escritor chileno Rafael Gumucio, quien se ocupa en este libro de temas como la corrupción, las marcadas clases sociales que aún señalan a los chilenos o el tejemaneje político.

Al respecto, en Chile todavía no estamos preparados para leer sobre estos temas, expresa en entrevista.

“La recepción crítica de esta obra y amigos me dicen: ‘este libro está bien, la novela está bien escrita, bien hecha… pero no’. ¿Qué es ese pero no?, les pregunto y me responden que es muy íntima y dolorosa y es por esto: la política chilena de los pasados seis meses está llena de mis personajes, de mi novela, de los diálogos de mi novela, y es impresionante ver eso.

Es algo que todavía está en desarrollo; hay una transformación social, económica, que tiene repercusiones personales íntimas que vivimos. Quizá me apuré demasiado en denunciarla y quedé como el tipo que va a una orgía y grita muy fuerte.

En contraste con lo que pueda pensarse, La deuda (Mondadori) no es una novela microchilena, local. El tema sí suena para los habitantes de Chile, porque la ficción tiene como base la historia real de un contador que estafó a personajes de la vida pública de ese país. Sin embargo, sus temas atañen a cualquier país de cualquier lugar del mundo.

Extrañamente, ese libro ha tenido más éxito, más lectores y más simpatías entre los que no son chilenos y no conocen el contexto en el que sucedió, explica Gumucio (Santiago de Chile, 1970).

Claro, yo quería hacer una novela que reflejara un poco una época, un momento, y que hubiera una reacción a lo que sucede en el país, pero creo que funciona como una metáfora para otros lugares y quería que eso se reflejara de manera muy cercana. Mi impresión es que no es microchilena; de hecho la han entendido mejor los que no son chilenos.

Obsesión por la lucha de clases

Otro tema que Rafael Gumucio toca y el lector capta desde las primeras páginas es esa lucha de clases, que “es mi obsesión en este libro. Los que había escrito antes están totalmente desnudos de este tema social o de la lucha de clases; advertí lo importante que es para nosotros y cómo en Chile muchos diálogos están determinados por esa variante socioeconómica, por este resentimiento y esta humillación.

Sentí que hablar del Chile de hoy o de siempre, sin hablar de ese tema, era de alguna forma equivocarse. Le atribuí en la novela la importancia que tiene en la realidad, y reflejar así esta manera subterránea, compleja que el conflicto de clases ha ido adquiriendo en países como Chile.

Otra intención, añade el escritor, fue romper con la literatura que se hace ahora en esa nación sudamericana, en la que en estos momentos “hay muchos temas distintos, entre ellos la recuperación de la memoria afectiva y personal; hay una gran soledad, un gran desarraigo en todos estos libros. Existe un intento de crear intimidad en un país que ha cambiado totalmente de rostro, pero las formas de escribirlo son muy diferentes. Mi novela no se parece en nada a lo que te estoy diciendo.

“Quise romper un poco con todo eso. Ya había escrito ese tipo de novela, de carácter íntimo, familiar, autobiográfica, que reflejaba la vida política y social del país, pero a través de la óptica de un niño, un adolescente o un energúmeno: eso es lo que yo escribía.

“Con La deuda quise romper con eso y presentar una visión más amplia. Es divertida, contradictoria y con una trama que atrapa, pero también te hace pensar que hay un poco más allá de lo que parece.”

Written by Eduardo Aquevedo

16 marzo, 2010 at 19:09

Si ME-O pierde en diciembre, optará por Frei. Entrevista a madre de Marco-Ominami…

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"Marco no tiene nada que negociar"

Por: Ana María Sanhueza

Manuela Gumucio es la madre del candidato y una de las personas más cercanas a él. Está convencida de que "tiene que ser hoy día presidente. Estamos ad portas de algo como lo de Obama". En todo caso, sin drama dice que si ME-O pierde en diciembre, ella optará por Frei. Y que los votos de su hijo no son transables.

Fotografía: Nicolás Abalo

La periodista Manuela Gumucio es considerada una de las personas más cercanas a Marco Enríquez-Ominami, tanto que fue una de las primeras en enterarse que su hijo quería ser candidato. Fue en febrero de este año cuando por mail continuaron una de las tantas conversaciones familiares sobre política. Su hijo ya no quería seguir siendo diputado y barajaba si presentarse a senador. Su madre, en cambio, por esos días opinaba que debía volver al cine. Hasta que abrió su correo electrónico y lo leyó: Marco quería ser Presidente de la República.

Pese a que proviene de una familia política -su padre, Rafael Agustín Gumucio, fue fundador de la Falange Nacional y su pareja desde 1975 es Carlos Ominami-, para ella las cosas no eran tan fáciles como para Marco: "Le dije que ser presidente es una cosa que se piensa toda la vida, y que para serlo hay que quererlo profundamente". Rápido, le llegó una respuesta: "¡Pero si yo quiero profundamente!". Manuela mostró de inmediato la frase a una amiga: "Mira lo que quiere este patudo", comentó  sonriendo.

Desde ese episodio, su único hijo -cuyo padre es el mirista Miguel Enríquez-  hoy marca 19 %  según la última encuesta CEP. "Es el único candidato que crece y los otros pierden", dice su madre.

-¿En qué estaba usted políticamente antes de que ME-O fuera candidato? ¿por quién pensaba votar?

-Iba a votar por Arrate en primera vuelta y en segunda por Frei.

-Si iba a votar por Arrate ¿entonces hace tiempo que no se siente parte de la Concertación?

-Me siento parte de la Concertación, pero no de aquella parte autoritaria ni de la Concertación que quiere echar tierra a los verdaderos problemas que hemos tenido. No quiero votar más por la Concertación para que después, por razones equis, terminemos haciendo la política de la derecha. No quiero votar más por un programa para que terminemos en otro.

-Mucha gente teme votar por su hijo en vez de Frei, pues eso podría significar que salga Piñera.

-Eso me parece absurdo. Las encuestas, incluida la CEP reciente, y el sentido de la calle que uno escucha, dicen que hay muchas más posibilidades de ganarle a Piñera con Marco que con Frei. Echarle la culpa a Marco de una eventual derrota de Frei en segunda vuelta, si esto se diera así, sería de una mala fe enorme. Yo creo que Marco está sumando a la causa progresista nuevos adeptos y revitalizando el debate político.

-¿Qué pasará si Marco pierde? ¿será un suicidio político? 

-No. No tengo idea qué pasará, pero desde mi punto de vista, Marco ya ganó. Estoy convencida de que tiene que ser presidente ahora. No comparto estos argumentos, que parecen buena onda, de que este niño quede para la próxima. Tiene que ser hoy día presidente. Sería muy frustrante que eso no ocurriera. Estamos ad portas de algo como lo de Obama. Es ahora que la gente tiene ganas de participar y dar el paso adelante hacia nuevas formas de gobernar.

-Ok, pero si pierde…

-No pasará nada. Marco tiene que estar superorgulloso de sus capacidades. Ha demostrado que se puede tener un discurso como el suyo y que el mundo no se cae a pedazos.

-¿Marco puede ser el sepulturero de la Concertación?

-Yo creo que la Concertación es la que se ha sepultado a sí misma. Y el máximo error que podría haber jugado Marco -y que es difícil de afirmar científicamente- es ser un agente revelador y haber puesto en evidencia cosas que todo el mundo percibía. Porque la Concertación estaba haciendo una cuestión de honor el no reconocer ningún error. Vamos a ver nacer otra gran mayoría en Chile.

-Si ME-O no pasa a segunda vuelta ¿debe entregar sus votos a la Concertación?

-Marco no tiene nada que negociar, no es dueño de ningún voto. Del suyo, a lo mejor, pero ni siquiera de mi voto. Lo que Marco decida sobre qué hará en la segunda vuelta es su tema, no es el mío. Me siento tan libre de votar por él en la primera vuelta como de hacer lo que quiera en la segunda.

-¿Cómo votará usted en la segunda vuelta?

-Si Frei va a la segunda vuelta, voy a votar por él, obvio.

-¿Qué cree que debe hacer la Concertación si ME-O pasa a segunda vuelta?

-Estoy convencida de que esos criterios tan agresivos de Camilo Escalona y esa indiferencia de Frei -que no se quiere pronunciar sobre esa posibilidad- no representan el sentimiento de la Concertación. Yo creo que no son más de cuatro los picados. Sinceramente, creo que en la Concertación -porque la conozco y ahí están mis amigos- están absolutamente abiertos a estar con Marco. Los que se mantendrán en actitud de resentimiento, son muy pocos.

-¿Qué opina de Frei como candidato?

-No tengo opinión.

-¿Le molesta como candidato?

-No, le encuentro muy buenas cosas.

-¿Qué piensa del gobierno anterior de Frei?

-No tengo idea, no tengo recuerdos particulares, salvo el tema de Pinochet, que me cargó. Encontré indignante que lo trajeran a Chile. Además, Pinochet se burló de ellos. Asqueroso. Me pareció pésimo. Pero él y la Martita siempre me han caído bien. Me han gustado todos los presidentes de la Concertación. No tengo nada contra ellos.

Los MEO-Piñeristas

 

-¿Qué le parece que un 29% de los votos de Marco se vayan a Piñera, según reveló la encuesta CEP?

-Me parece pésimo, pero no tengo mucha confianza en ese dato. Es una pena, qué quieres que te diga. Pero lo importante es el resultado que sacó, porque lo de Marco es impresionante. En poco tiempo ha tenido un mejoramiento en todos sus atributos. Es muy positivo que el 40% piense que es el más apto para resistir a las presiones.

-¿Le molesta que tenga tanta llegada en la derecha?

-Es que no creo que sea de la derecha… Marco concita la posibilidad de que sectores que han sido tradicionalmente de derecha estén de acuerdo en ciertos aspectos que son más bien patrimonio de la izquierda, porque sus propuestas tienen un fuerte componente de izquierda: van por el mejoramiento sustancial de la educación pública y tienen que ver con una reforma tributaria.

-Pero su hijo tiene en su equipo a Paul Fontaine, que es de derecha,  ¿qué le parece?

-Marco lo dijo muy bien en el debate: si Paul Fontaine siendo de derecha tiene una visión crítica, como la tiene, sobre ciertos comportamientos empresariales poco productivos, bienvenido sea. Ahora, si tiene intereses en las eléctricas, obviamente que su punto de vista sobre ese tema se escuchará, pero no será concluyente.

-¿Es estratégico tener a alguien así en el comando?

-No se trata de estrategia sino que de hacerse cargo que el mundo empresarial es clave para el desarrollo y se necesitan expertos en materias económicas de todos los mundos. Con todo esto, Marco me ha dado una lección. Yo vengo de una historia tan traumática como lo fue el golpe de Estado, que me cuesta confiar en gente de derecha, y encuentro fantástico que por fin las nuevas generaciones se relacionen sin ese karma.

-¿Hasta ahora sus relaciones sociales eran sólo con la izquierda?

-Sí. Pero tengo unas pocas amigas que son de derecha. Tú comprenderás que mi mundo social antes del golpe era más bien cargado a la derecha porque estuve en las Ursulinas y mis amigas del barrio eran del Villa María, muchas dueñas de fundos. Lo pasé fantástico con ellas, las adoro y me da mucha pena no haber envejecido con ellas. Y eso fue producto del golpe.

-Hay quienes critican a ME-O por ser un híbrido: con él están Fontaine, Max Marambio, Rodrigo Danús…

-Me latean los lugares comunes con estas personas que siempre sacan a relucir… Tengo tanta seguridad en el pensamiento de Marco, que no tengo ningún miedo. Con Marco llevamos una larga conversación de 36 años y sé lo que él piensa, pero él me ha dado una lección y me hace bajar todas compuertas y darme cuenta de que somos de otra generación. Eso me alegra muchísimo, porque tenía que llegar el día en que esto pasara. La gente que está con Marco sabe cómo piensa y respeta esta apertura de no seguir castigando a los hijos de todas las personas que fueron responsables del golpe. El senador Larraín, UDI, tiene un hijo cineasta superlibre, nada que ver con la idea de lo que nosotros llamábamos el momio. Tengo total seguridad sobre Marco y sus profundas convicciones de izquierda.

-¿Esta campaña ha tenido costos personales, como pérdida de amistades?

-Las pérdidas de amistades no han sido por esta campaña, se han ido produciendo desde hace un tiempo. Ha sido muy triste para mí el alejamiento que hemos tenido por diversos conflictos políticos, como con los Lagos, los Núñez y otra gente que nosotros queremos mucho y con la que empezamos a vernos menos. Pero la decisión de Marco no significó nuevas pérdidas. Al contrario, ha sumado a una nueva generación que veo en el comando, muy inteligente y capaz. El otro día conversaba con el jefe de campaña de Marco y me decía: "Tenemos muchas cosas que no funcionan muy bien, pero parece que al lado de los otros, estamos mejor". Le contesté: No me cuesta creerte porque todos los comandos son un horror en general. Yo conocí de cerca el de Lagos y había miles de conflictos.

-¿Por qué?

-Lagos decidió no nombrar jefe de comando. Entonces era una rotativa y todos se echaban la culpa de todo. Era espantoso. Entonces, esta nueva generación que está en el comando de Marco a mí me permite descansar contenta.

¿Hijo jubila a padre y madre?

Manuela Gumucio

-¿La candidatura de su hijo jubila a su generación?

-Sí, puede verse así, pero también lo podemos ver como una posibilidad de liderazgo de un joven que trabajará sin problemas con otras generaciones, porque Marco ha sido siempre amigo de gente mayor, tiene pocos amigos de su edad. Una de las cosas más sorprendentes de él, y que yo envidio porque soy mucho más tímida socialmente, es que se relaciona con todo el mundo y no tiene ningún prejuicio. Sin ir más lejos, se había hecho bien amigo de Jorge Arrate que estaba bastante fascinado con Marco, hasta que le surgió como competencia…

-¿Y la candidatura de Marco no jubila a Carlos Ominami, quien finalmente nunca fue candidato a la presidencia?

-La irrupción de Marco como candidato a La Moneda efectivamente puso a Carlos en la segunda fila. Viene de demasiado cerca la opinión, pero objetivamente Carlos es uno de los políticos más interesantes que hay, por su trayectoria. Carlos también podría haber pensado ser candidato a la presidencia y todavía puede serlo, pero Marco surgió ahora y Carlos fue muy rápido y generoso al reconocer toda la potencia y el talento de Marco.

-¿Cómo se vivió esto al interior de la familia? Leí que Marco usualmente empujaba a Ominami para que él asumiera un liderazgo. "Si tú no tomas la candidatura,  yo la tomo", le decía.

-Marco ha sido bastante crítico del exceso de disciplina partidista de Carlos. Siempre he pensado que la decisión de Marco de ser candidato a la presidencia es en una pequeña parte también una reacción a nuestra actitud, demasiado ordenada, un poco desesperanzada frente a la posibilidad de cambio en el conglomerado.

-¿Es cierto que apenas supo que sería candidato, usted fue la primera en decirle que se bajara para no dañar a la Concertación?

-Yo creo que él en eso exagera, dice que lo desperté de una siesta y le dije "tenís que bajarte"…Capaz que lo haya hecho, no me acuerdo, son cosas que yo puedo hacer…pero tengo que aceptar que me pareció demasiado herético, pero a poco andar su gesta me conquistó.

“Soy un poco dura con Marco"

 

-En el libro El Díscolo, de Patricio Navia, ME-O dice que usted, cuándo él era niño, le decía que era tonto, que no tenía ningún talento…

-Te juro que eso sí que no es cierto. Me vive dejando mal, así es que ya no alego. Esa será su visión de las cosas, muy respetable, pero no tan exacta. Es cierto que yo siempre digo cosas atroces de Marco, porque me da vergüenza que se note lo que lo  quiero y admiro. Siempre hemos sido súper apegados, fui una madre  privilegiada porque no conocí nana alguna.

-¿Entonces a qué se refiere ME-O?

-Lo que yo debo haber dicho es que Marco era un niño muy normal. Carlos contó una vez que sus primos, Rafita (Rafael Gumucio) e Ignacio, habían sido educados en forma súper intelectual, mientras que Marco era lo más común que podía haber y lo encontraban raro. Él jugaba con unos monitos y era el típico niño común y corriente, mientras que Rafita y su hermano habían sido educados con las técnicas modernas. Mi cuñada Isabel Araya, que es la mujer más adorable del mundo, a veces dejaba que sus guaguas le tiraran la comida por la cabeza para que se expresaran… Entonces, tú llegabas a su casa y ella estaba con la cabeza llena de papas. Lo que yo trataba de decir era que Marco no era nada especial. Trataba de que fuera común y corriente. Soy un poco dura con Marco. En Francia lo llevé a una psicopedagoga porque venía un momento de exigencia mayor escolar.

-¿Lo llevó a la psicopedagoga antes de que tuviera problemas?

-¡Exacto! Y la psicopedagoga me dijo: "Este niño tiene niveles de exigencia espantosos". Quizás hice eso porque quería que fuera buen alumno, no como yo que era un desastre. Odio los colegios, y siempre le propuse a Marco que no fuera al colegio. Le decía: "Si te da lata ir hoy, no vayas". Y él siempre quiso ir, porque ahí estaban sus amigos. Él no cargaba los traumas míos. El pobre Marco vivió en una gran exigencia intelectual, que no venía de mí, que soy alguien muy ignorante, pero mi mamá, que era muy divertida, odiaba la tontera. Y eso marcó a Marco y a Rafita. 

Familia desclasada

 

-Marco siempre echa mano a sus apellidos, a su familia…

-Eso lo ha dicho Arrate: "Yo no tengo ningún nombre atrás". Pero Marco tiene toda la razón, porque viene de una familia de la que puede sentirse orgulloso. La herencia de Marco es una cantidad de gente que lo único que hizo fue enfrentarse contra la elite, contra su propia clase y correr riesgos. Eso viene desde mis abuelos -Manuel Rivas Vicuña y Rafael Luis Gumucio Vergara-. Es una familia, como dijo muy bien Jocelyn-Holt, que a pesar de pertenecer a la elite optó por los más pobres. No te voy a aburrir, pero mis dos abuelos fueron críticos de los grandes hacendados, del tratamiento de los inquilinos y de las desigualdades de todo orden. Miguel (Enríquez), a pesar de que venía de una familia acomodada, también hizo una opción clarísima. Mi papá (Rafael Agustín Gumucio) también lo hizo.

"La irrupción de Marco como candidato a La Moneda efectivamente puso a Carlos (Ominami) en la segunda fila. Carlos también podría haber pensado ser candidato a la presidencia y todavía puede serlo, pero Marco surgió ahora y Carlos fue muy rápido y generoso al reconocer toda su potencia y talento".

Si Marco llega a ser presidente, llega a la presidencia una trayectoria particular de lucha en Chile, con un estilo muy importante. Con esa consecuencia extrema y que les valió persecución y castigo, porque mis dos abuelos fueron desterrados por Ibáñez, tal como mis padres y nosotros mismos.

-Usted estudió  en las Ursulinas ¿cómo se sentía allí?

-Bien. No tengo nada de cuica, pero si quieren me declaro cuica. Me encanta poder pasearme entre todas las clases con la libertad que lo hago. No tengo problema. Me acuerdo que una vez un amigo socialista me dijo que "a pesar de todo tu militantismo de izquierda, eres una cuica y serás siempre una cuica". Le noté una cuestión superagresiva, como diciéndome: "En el fondo, tus orígenes no se borran". Lo encontré tan inútil como reflexión.

-Ha dicho que su familia era desclasada, ¿usted también?

-Sí, un poco. Marco no tiene nada que ver con ese tema de clases, muy chileno. El es un típico personaje de clase media. Sin ni un resabio aristocratizante. Yo tengo más, a través de mi mamá y mis tías. De chica, mis padres eran tan rupturistas y avanzados que me sentía muy ajena al mundo de mis compañeras y esto no me hacía feliz. A los niños les gustan los padres convencionales. Más grande comprendí el valor de su rebeldía.

QUE PASA.CL

Written by Eduardo Aquevedo

16 noviembre, 2009 at 14:37

El cisma que remece a la izquierda liguriana…

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Progresismo VIP dividido entre Frei y Enríquez-Ominami

El cisma que remece a la izquierda liguriana

La cofradía que estuvo con Lagos y celebró a Bachelet hoy no sabe si ser responsable y votar por el oficialismo o seguir al candidato descolgado. Algunos ya dan su opinión sin tapujos y otros todavía se debaten en la indecisión. Conozca los cruces e intereses detrás del "conflicto vital" de aquellos que conocieron de cerca a MEO y que, por lo mismo, dicen que no votarán por él.

Por Felipe Saleh

Desde que el Mapu quebró a la DC a fines de los ’60 que la centro-izquierda, por usar una etiqueta al azar, no tenía una amenaza proveniente de su misma cantera. No vale la pena alarmarse si los apellidos o las trenzas entre estos dos episodios se repiten, pero  cuarenta años después de la fractura en la falange, el nieto de Rafael Agustín Gumucio, uno de los fundadores de ese grupo, está generando una fisura en lo que ahora se llama "progresismo".

La ofensiva de "Ratoncito"

Queda poco más de un mes para la primera vuelta, y si antes lo de Marco Enríquez-Ominami era una pataleta que sus padres no pudieron contener, ahora aparece como una amenaza en serio para un forma de vida que podría extinguirse después de 20 años. En ese contexto es normal que las facciones empiecen a reaccionar de manera más frontal.

"No es mi candidato y me cae mal. Es un mono con corbata. Todo el mundo lo ensalza, pero antes de ser candidato era un patán. Cada vez que salía en la tele presentando sus películas malas, muchos se burlaban", dijo el dibujante Rodrigo Salinas al responder una entrevista de LUN sobre  su cómic "Marco Neoprén", basado en Enríquez- Ominami y "Marco", el melodrama animado de los ’80.

Claro que Salinas, no menciona que detrás de sus comentarios están también sus lazos afectivos con la Concertación. Es probable que el "Ratoncito" del Club de La Comedia no haga otra cosa que interpretar la molestia de su círculo más cercano. Formado entre otros por su pareja María Teresa Viera-Gallo, hija del ministro y la directora del Conace, María Teresa Chadwick, concertacionista de cepa, que alguna vez estuvo en la "disidencia", como ex Mapu, pero hoy es una activa participante del grupo "Comando de  mujeres por Frei".

Su sobrino Patricio Fernández Chadwick, director espiritual y fundador de The Clinic conoció a Enríquez-Ominami en 1999 durante las primarias entre Ricardo Lagos y Andrés Zaldívar. La época en que se creó la revista. En ese entonces, los dos eran díscolos. Fernández más. Convertido gracias a las feroces portadas de los comienzos del pasquín, en el irreverente de una familia cruzada por gente influyente. Desde Sebastián Piñera pasando por Andrés Chadwick y Viera-Gallo, hasta los Chadwick Pascal una rama emparentada con Salvador Allende. 

Ahora los papeles han variado un poco. Mientras Enríquez-Ominami embiste muchas veces ciegamente contra todo lo que huela a Concertación, Fernández comparte con los próceres de la coalición. Al menos así ocurrió cuando el año pasado  presentó el libro de Ernesto Ottone y Sergio Muñoz Después de la Quimera, junto a Enrique Correa; y en el lanzamiento  de El futuro comienza hoy, escrito por el ex presidente Ricardo Lagos.

Por el momento, el fundador de The Clinic se declara "indeciso", como escribió en una columna publicada el 3 de septiembre: "Mal que mal, Marco es uno de los nuestros, más allá de los matices, las desconfianzas y las diferencias (..) si muchos de los que respetaba se soltaban las trenzas y partían por ese lado, se me volvería muy difícil contenerme".

Marco, "más de lo mismo"

Entre los simpatizantes de la revista y los referentes alrededor del Bar Liguria está la encarnación del dilema que tiene al progresismo con la cabeza a dos manos. Rafael Gumucio, amigo de Fernández, está con su primo Marco, igual que Pablo Dittborn, presidente de la sociedad que maneja The Clinic. El grupo del "meísmo" al interior de la misma cofradía  lo completan Mauricio Fredes,  hijo de la asesora presidencial  María Angélica Alvarez, y dueño de la Vinoteca.  Junto a él, Marcelo Cicali, dueño del Liguria y amigo de Álvaro Henríquez.

El único del grupo que hasta el momento dejó clara su posición sobre el candidato descolgado fue Álvaro Díaz. Ex jefe de Rodrigo Salinas en la productora Aplaplac, con quién trabajaron en  la gestación de "31 Minutos", y amigo de Gumucio, desde los tiempos de Plan Z, Díaz afirma que no tiene nada personal contra Enríquez-Ominami. Pero dejó clara su opinión en una columna publicada en The Clinic esta semana. Allí dijo que "sus principales atributos son la labia y los apellidos. Marco es ideal para salir a comer, ser el panelista ocurrente en programas de televisión y encontrárselo en las vacaciones".

El periodista está conciente de que su columna puede sacar ronchas. "Para mí los candidatos eran Lagos, Insulza o Velasco, como no está ninguno de los tres, estoy con Frei porque creo que lo han hecho bien. Marco no representa el cambio que promete, es más de lo mismo y el llanterío contra la Concertación no me lo compro, porque si él ganara gobernaría con los mismos, hay mucha gente que me cae bien como Pato Navia que está con él y los respeto", explica.

Navia, el escudero

El cientista político, que hace un par de semanas presentó El Díscolo, libro de conversaciones con el candidato independiente, tiene una clara visión sobre el juicio contra su amigo, que tiene la facción "progre". "No creo que MEO sea un candidato perfecto. Sus debilidades son evidentes. Pero las debilidades de todos los candidatos también son evidentes.  Yo conozco mucho mejor las debilidades de Pato Fernández que las de Cristián Edwards. Pero no me atrevería a decir que Fernández está menos preparado que Edwards. Algo así me pasó con la columna de Álvaro Díaz. Sentí que juzgaba severamente a MEO porque lo conocía. Pero ese mismo criterio aplicado a Frei dejaría mal parado al candidato de la Concertación".

¿La opinión de Álvaro Díaz puede ser interpretada como una defensa a la Concertación y el gobierno, cliente de su productora Aplaplac a través del Ministerio de Transportes y la campaña de Transantiago con los títeres de 31 Minutos? Díaz lo descarta en todos los tonos. "No tiene nada que ver, el ministerio es un cliente más y no creo que me hayan elegido por ser el sobrino del ministro, cosa que no es efectiva, sino porque nuestra propuesta es buena", dice.

El Mostrador.cl

Written by Eduardo Aquevedo

7 noviembre, 2009 at 14:32

MAPU, Historia: Gobierno UP y quiebres 1971-1973… (Cuarta Parte)

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AMBROSIO1 por Cristina Moyano, Dra. en Historia

Capitulo 4:

Gobierno y quiebres 1971-1973. MAPU: el partido “que nació a caballo”

La formación de la izquierda cristiana y la primera fractura del MAPU: la oportunidad para definir la identidad marxista.

Ampliamente cubierto por El Mercurio, el conflicto desatado en la mitad de 1971 mostraba, según el periódico, las tensiones insalvables e irreconciliables, en el largo plazo, de la compleja convivencia entre marxismo y cristianismo.

La idea de que el marxismo y el cristianismo podían convivir de manera armónica y potenciarse mutuamente se termina abruptamente con la creación de la IC y la salida de los parlamentarios del MAPU, principales líderes en los primeros meses de actuación del partido, cuestión que será sobredimensionada por la prensa de derecha. Sin embargo, cabe mencionar que la formación de la Izquierda Cristiana no se debe a dichos parlamentarios, sino que a un conflicto que cruza a la DC y el sector tercerista que decide quebrar con dicho partido ante el fracaso de reformar por dentro la colectividad de la flecha roja y avanzar en un proceso de profundización de las reformas sociales y económicas prometidas bajo el lema de la “Revolución en Libertad”.

El conflicto por la definición ideológica al interior del MAPU comienza a hacerse más agudo en el mes de agosto de 1971, días previos a la inscripción formal de la colectividad en el registro electoral. Dada la importancia que tenía el hecho de convertir al MAPU en un partido, con todas las de la ley, las pugnas internas se hicieron cada vez más visibles. La nueva colectividad debía tener una ideología clara y definida y en ese ámbito parece que la opción de Rodrigo Ambrosio, Secretario General por esos años, de definirse como partido marxista, excluía la posibilidad de mantener el ideal cristiano.

Así lo expresaba una carta enviada por Jerez, Gumucio, Silva Solar y Chonchol a Ambrosio el 25 de mayo de 1971, en donde conminan al Secretario General a “abordar y resolver seriamente el problema de su ideología”. En dicha carta los viejos fundadores del MAPU enfatizaban que “para algunos, entre los que nos encontramos, somos una fuerza dentro de la izquierda, destinada fundamentalmente a ser cauce para aquellos que siendo de formación o tradición cristiana, se sienten comprometidos en un frente político y con un programa común para la fuerzas populares, fundamentalmente de formación marxista, para impulsar juntos el cambio revolucionario de la sociedad y construir en Chile una sociedad socialista… para otros, por ejemplo para muchos jóvenes del MAPU y para usted mismo, compañero Ambrosio, somos un partido leninista. Con ello deja atrás lo planteado en el principal documento teórico del movimiento que al formarse el MAPU señaló que éste hacía suyos “los valores revolucionarios que el cristianismo como fuerza cultural incorporó al mundo”.[1]

Se planteaba en esta carta que el MAPU se encontraba perdiendo la fuerza potencial, que los viejos fundadores creían tenía la nueva colectividad de izquierda. Ese elemento de identidad y que según ellos ampliaba las bases de la UP al incluir el elemento cristiano al ideario popular y revolucionario, que en nuestro país estaba articulado básicamente en torno a los partidos que se habían declarado marxistas, se abandonaba para constituirse en un partido más de la izquierda ya existente. Según los mismos parlamentarios “respetamos plenamente al cristiano que milita en un partido marxista. Nos parece una opción legítima. Pero creemos que la incorporación masiva de los sectores populares cristianos a la lucha por la construcción socialista requiere de un cauce político que les sea más accesible, y eso es a nuestro juicio, una izquierda de inspiración cristiana… que tome su puesto en la tarea de transformación revolucionaria de la sociedad junto a los comunistas, socialistas, radicales y toda la izquierda.”[2]

Sin embargo, la misiva junto con enfatizar que la opción por el marxismo leninismo dejaría fuera a un importante contingente de personas cuya identidad popular no estaba afianzada en esa ideología, también dejaba ver, entrelíneas, que la definición teórico-ideológica estaba cruzada por un conflicto generacional. Los parlamentarios señalan que son los más jóvenes los que mayoritariamente abogaron por esta definición ideológica y entre ellos se encontraba Ambrosio y la gran cantidad de militantes que provenientes de la tradición cristiana necesitaban definirse como marxistas, quebrando sus lazos con el pasado, construyendo una nueva identidad.

Finalmente la apuesta de los jóvenes no estará en aportar a la izquierda una ideología distinta, sino que una forma de poner en práctica esa ideología, una nueva forma de hacer política, que requería precisamente de cortes y rupturas con aquellos sectores tradicionales y que en el MAPU representaban los más viejos, aquellos para quienes el peso de la cultura política adquirida en la Democracia Cristiana no podía ser arrancada de raíz.

De esta forma la constitución de la Izquierda Cristiana, aún cuando se propusiera básicamente herir a la Democracia Cristiana, terminaría también hiriendo al MAPU, toda vez que la base militante y el ideario eran bastante comunes. Es por eso que los intentos públicos de Ambrosio se encuentran abocados a construir una imagen del MAPU como partido tolerante donde todos tienen espacio para hacer política, tratando con ello de mantener esa duplicidad que le daba la importancia política a la colectividad. Ambrosio señalaba que en el MAPU tenían un espacio de participación todos los que quisieren adherir a su propuesta, ya que esta colectividad era “pluripartidista no sólo como actitud, sino que como una forma de vivir y actuar”[3].

Mientras Ambrosio intentaba mantener esta imagen del MAPU para evitar que otros militantes salieran de la colectividad, la Izquierda Cristiana en sus declaraciones públicas enfatizaba la imposibilidad de que convivieran en la misma colectividad marxistas y cristianos. Las palabras de Luis Maira, líder fundador de la IC, eran bastante claras cuando argumentaba que “no polemizará con el MAPU, por cuanto los diferencia la matriz ideológica, los primeros son cristianos y los segundo de inspiración marxista”[4]. Con ello Maira zanjaba la discusión al afirmar que los cristianos revolucionarios están en la IC, los marxistas en las otras colectividades.

Para la prensa de ese entonces, el conflicto desatado con la formación de la IC viene a poner en juego la base de apoyo a la Unidad Popular. Para el Mercurio por ejemplo, la formación de esta nueva colectividad no aumenta el apoyo al gobierno de Allende, sino que divide el ya existente. Según este periódico la IC permite simplemente que los cristianos del MAPU formen su propia colectividad, dejando de convivir con los marxistas. Eran los mismos, no aumentaron, solo se dividieron, era la conclusión del periódico.

Al mismo tiempo, El Mercurio señalaba que el MAPU “al perder su identidad inicial cristiana, socialista y revolucionaria deja(ba) de ser atractiva, para convertirse en un partido leninista más que no le aporta(ba) pluralismo a la U.P[5]. Resaltaba también el periódico, para fundamentar esta idea, las palabras con que Narciso Irureta, militante de la DC analizaba el conflicto, esgrimiendo que la formación de la IC y la aparente crisis que generaría en la DC era simplemente una “estrategia para tapar la crisis de la UP”[6].

De esta forma tanto el periódico El Mercurio como la Tercera, enfatizaron la creación de la Izquierda Cristiana como un conflicto que si bien se inicia en la DC, termina afectando también al MAPU y las bases de apoyo de la Unidad Popular. Dicho enfoque, sin embargo, quedaba matizado con la forma en que se cubrió el nacimiento de la nueva colectividad política por los periódicos El Siglo y El Clarín. En estos últimos periódicos, el conflicto parecía solo rozar al MAPU, planteandose como clave el problema del debilitamiento estructural de las fuerzas demócrata –cristianas, causado por un descontento militante ante el comportamiento de las cúpulas partidarias, bastante alejado de las promesas de cambio social y de construcción de una sociedad comunitaria, que hicieron atractivo a dicho partido formado hacia fines de los años 50.

Dentro de este conflicto político, el 12 de agosto de 1971 el MAPU se inscribió como partido formal ante el registro electoral. Avalan su inscripción 34.000 firmas, de las cuales ya habían renunciado el 6 de agosto, los líderes más visibles en los primeros meses de existencia del Movimiento de Acción Popular Unitaria. No estarían en el “MAPU partido” ni Chonchol, ni Jerez, ni Gumucio, ni Silva Solar.

Sólo dos días después de la inscripción de la colectividad, Ambrosio aceptó la renuncia de los antiguos militantes y en una declaración pública afirmó que “la declaración de los renunciados envolvía una paradoja, porque mientras por un lado se integraban a un nuevo cauce revolucionario, desvalorizaban al mismo tiempo la multiplicidad de caminos que tienen los cristianos para trabajar por la revolución[7]. En forma similar, en una carta de la comisión política del MAPU hecha pública el 17 de agosto del año 1971 se argumentaba que el MAPU aceptaba la renuncia de dichos militantes, pero sin comprender la estrechez de visión de los parlamentarios, que no les permitía entender la posibilidad de que un cristiano milite en un partido sin ideología cristiana y de izquierda[8].

La “estrechez de visión” que los miembros de la comisión política del MAPU destacaron como argumento a la renuncia de estos militantes ex rebeldes de la DC, estaba referida también a otro elemento que sobresaltaron en la misma carta, referida a la profunda crítica sobre la forma tradicional de entender y practicar la política, tal como estos lo habían hecho en su partido originario. Los jóvenes del MAPU enfatizaron así, que el problema no era sólo ideológico-doctrinario, sino que contraponía dos formas de pensar y actuar la política, antagónicas tanto en el sentido ideológico así como en el sentido generacional.

La prensa de la época destacó esos elementos y contrapuso de manera más evidente la aparente incongruencia entre marxismo y cristianismo. De hecho una tira cómica que aparece en el Mercurio muestra al MAPU como un partido atropellador e intolerante, tratando con ello de estigmatizar un dogmatismo exacerbado del marxismo, que no se condice con los postulados expresos en los documentos políticos de la colectividad, donde ellos argumentaban que el marxismo era simplemente una herramienta de análisis de la realidad social y no un dogma incuestionable. En la tira cómica, aparece el sacerdote jesuita Gonzalo Arroyo, destacado militante del MAPU, pescando con un anzuelo dos peces que tienen escritos en sus vientres marxistas y cristianos, bajo los pies del sacerdote aparece escrito: ¡ Se desbordó el arroyo!.

De esta forma, la primera ruptura del MAPU comenzó a configurar de manera más expresa elementos de su propia cultura política. La intensidad puesta en la definición doctrinal inicial era interesante porque llevaba a la colectividad a expresar de manera pública cuál sería su manera de relacionarse con el marxismo. Aquí aparece, por lo tanto, un elemento que será importante no sólo en esos momentos, sino que más tarde dentro del proceso de renovación socialista. El MAPU entenderá el marxismo como un instrumento de análisis de la realidad social, sin dejar de lado otros elementos que permitieran adentrarse en una comprensión más profunda de lo social. Lo importante para ellos era generar una nueva forma de ver la política, donde el análisis coyuntural y estructural de la realidad chilena se volviera clave para definir la acción de los militantes. El estudio y por lo tanto una construcción más “profesional” de la política fueron elementos que van configurando la novedosa cultura política del MAPU.

Junto a lo anterior, otro elemento que va demostrando este quiebre, era una forma de militancia política que va poniendo en jaque la diversidad dentro del partido. Si bien Ambrosio en forma permanente tratará de postular que un elemento importante que aporta el MAPU a la izquierda es la posibilidad de que coexistan y convivan dentro del partido distintos actores y distintas posturas sobre lo que se entiende por socialismo y marxismo; en la práctica la militancia cotidiana, tan mezclada con el compromiso personal, la ética y la moral del militante, va imposibilitando que permanezcan en la colectividad grupos demasiado diversos. De allí que la historia de este período fundacional tenga dos quiebres importantes en un corto período de tiempo: el que acabamos de relatar y el que se irá produciendo hacia el año 1972 y que terminará por quebrar públicamente al MAPU en marzo de 1973. Esto quedará graficado de manera metafórica en un dicho atribuido a Ambrosio y recordado en la prensa por Oscar Garretón, a raíz del quiebre del año 1973: “El partido nació a caballo… de allí que no temamos a los corcoveos”[9], haciendo referencia a las turbulencias en las cuales nació y se desarrolló el MAPU en sus cortos años de existencia.

El MAPU y “la colaboración crítica” con el gobierno de la Unidad Popular.

Tal como expresamos en el capítulo anterior, el MAPU nació como colectividad para posibilitar la unión de la izquierda con miras a la elecciones de 1970. Así, una vez que Allende triunfó, el MAPU debió articular un nuevo discurso que justificara su existencia en la arena política, cuando ya se había alcanzado el objetivo fundacional.

La participación en el gobierno de la Unidad Popular conllevó al MAPU a una definición doctrinal importante que fundamentó el primer quiebre antes relatado. En forma paralela, puso a los jóvenes militantes a diseñar una estrategia de participación en el recién formado gobierno, participación que podemos definir de “colaboración crítica”.

Dicha colaboración crítica se caracterizará por el aporte de importantes cuadros técnicos en la administración del Estado. Es en esa esfera donde comenzarán a aparecer en la prensa los nombres de los militantes que hasta nuestros días son asociados al MAPU. Importantes cuadros del MAPU fueron las figuras de Oscar Guillermo Garretón[10] en la subsecretaría de Economía, quien más tarde será reemplazado por Fernando Flores[11]; José Antonio Viera Gallo[12] en la subsecretaría de Justicia, otras figuras en la CORFO como el mismo Flores o Francisco Gonzalez[13]; interventores de empresas pasadas al área de propiedad social[14], o dentro de la misma área económica y financiera, personas como Jaime Estévez, por ejemplo.

De esta forma el MAPU entregó a la gestión administrativa del gobierno de Salvador Allende importantes cuadros técnicos[15] compuestos por militantes jóvenes, con preparación universitaria y que a temprana edad se encontraban ejerciendo importantes cargos en la administración del Estado[16]. Sin embargo, esta participación en la administración no estuvo exenta de críticas a la gestión del gobierno. Así mientras algunos cuadros participaban de la construcción de la sociedad socialista desde el Estado, también coexistieron en el MAPU cuadros militantes[17] que articularon duras críticas a dicho proceso, referidas tanto a la rapidez como a la profundidad de las transformaciones.

Junto a este cuestionamiento coexiste otro referido al lugar desde es necesario construir el poder para llegar a la sociedad socialista. Un grupo importante de militantes del MAPU básicamente agrupados en el Regional de Concepción, Valparaíso y el Regional Sur de Santiago comenzaron a adherir a la propuesta de que era necesario “crear poder popular” y que por lo tanto, la participación en el Estado era una cuestión menor, razón por lo cual el partido debería concentrarse en el trabajo con las masas y desde las masas.

De esta forma parte importante de la crítica que un sector del MAPU hizo al gobierno de Allende, se realizó desde el lugar que cada militante ocupa en la sociedad. En otras palabras, el MAPU durante ese período reúne en su critica elementos visibles de la práctica política – administrativa, generadas a raíz de lo que sus propios militantes realizan. Esto es importante, por cuanto la crítica del MAPU no es solo doctrinaria, sino que también práctica, derivada de su propia participación y experiencia, cuestión que lo diferenciaba del MIR, por ejemplo.

Los cuadros técnicos de MAPU que ocuparon puestos estratégicos, fueron generando una particular forma de entender el proceso de construcción del socialismo. Su aporte crítico o de colaboración se hizo desde la perspectiva profesional administrativa donde actuaban, haciéndose cada vez más partidarios de fortalecer el poder del Estado, desde donde entendían debía dirigirse el proyecto de construcción de una sociedad socialista. De allí que el MAPU apareciera como un actor importante en el proceso económico, tanto en el sector industrial – empresarial como en el sector agrícola, ya que fue a través de su acción en la subsecretaría de economía, en la CORFO o en INDAP desde donde hablaron sus cuadros a la prensa de la época. Es por eso que una primera forma de aparición del MAPU en la prensa tuviera un corte asociado al trabajo programático, profesional y administrativo; es decir, sus actuaciones públicas estaban en estricta relación con su actuación en el gobierno.

De la acción gubernamental por lo tanto, el MAPU aprovechó los espacios para comunicar su propia idea de socialismo y de nación chilena, quedando claro que la opción del proyecto socialista debía partir de una acción práctica que evidenciara un real conocimiento de nuestra sociedad. Este elemento era válido tanto para quienes eran más partidarios de fortalecer el movimiento popular, como para quienes eran más cercanos a la idea de fortalecer el poder del Estado y potenciar el proyecto de la UP dentro del marco institucional.

Entre 1970 y fines de 1971, el MAPU planteó la línea de colaboración crítica hacia el gobierno de la UP, cuestión que en la práctica se tradujo en una militancia ordenada y disciplinada de apoyo a la gestión gubernamental con sus cuadros técnicos, dirigiendo sus principales críticas a la Democracia Cristiana, al imperialismo y a la oligarquía patronal chilena. Estos últimos focos de ataque fueron recurrentes en casi todos los partidos de la U.P, aunque el conflicto con la DC fuera más patente en el MAPU, en su afán permanente por diferenciarse de su partido original. Las tensiones internas entre los dos grandes grupos que hemos destacado, sólo asomaron en la prensa y no lograron constituir un elemento distintivo de la colectividad.

En ese período y bajo la conducción de Rodrigo Ambrosio, el MAPU se dedicó en conjunto con las labores administrativas y ejecutivas, a crecer como colectividad. Para esta última tarea, situó como elementos centrales de su trabajo el frente de masas, donde la colectividad tuvo importante participación sindical (CUT)[18], así como en las Federaciones Universitarias de Estudiantes, donde el MAPU logró bastante presencia, y en el sector campesino cuyas bases populares fueron efectivamente la gran base social de apoyo al partido junto a los estudiantes y algunos dirigentes del movimiento de pobladores. El sector campesino de apoyo del MAPU, se le debe al trabajo proveniente de la Democracia Cristiana, con figuras importantes como Jacques Chonchol y que continuaron militantes destacados como Jaime Gazmuri, por ejemplo. Las conexiones de la DC en el sector campesino a través de la creación de INDAP y la CORA en el contexto de la Reforma Agraria del gobierno de Frei Montalva, fueron generando condiciones positivas para que una vez producido el quiebre, el MAPU mantuviera dichas conexiones, que de modo general era un espacio poco visitado por la izquierda tradicional.

El trabajo de base y de proselitismo que se realizó en el contexto de la Reforma Agraria, por figuras del aparato DC del departamento campesino y que más tarde migraron de manera masiva al MAPU, posibilitó a esta colectividad heredar un espacio de influencia nuevo y que se encontraba tradicionalmente en disputa por el centro político y la derecha.

Las influencias del MAPU en otros sectores sociales, como el movimiento obrero más clásico (industrial o minero, por ejemplo) fueron más reducidas. Se puede inferir por tanto, que su capacidad de disputa de los viejos nichos fue bastante escasa, ya que el MAPU no concitó mayor atractivo para los viejos dirigentes sociales que se sentían mucho más identificados con los postulados y los estilos políticos de comunistas y socialistas.

Sin embargo, donde el MAPU logró importantes apoyos fue en aquellos sectores sociales y económicos más nuevos y que emergieron en el proceso de modernización iniciado con los radicales. La ampliación importante del sector servicios en la economía proporcionó un nicho no explorado por los partidos tradicionales, compuesto por personas jóvenes, sin militancia previa reconocida, con algunos grados mayores de preparación educacional, para quienes el MAPU aparecía como una fuerza novedosa y atractiva.

De allí que una de las labores importantes de esta colectividad, junto al trabajo tradicional en el frente de masas, se concentró en buscar “los mejores” cuadros técnicos, para ocupar lugares del aparato gubernamental y aumentar en conjunto, su dotación parlamentaria. Esto último se debía realizar con suma urgencia, por cuanto si bien el MAPU nació como colectividad teniendo cinco parlamentarios, al momento de la fundación de la I.C se quedó sin ninguno. De esta forma, el registro de la prensa nacional va mostrando cómo esta colectividad que si bien era un grupo “minúsculo” o diminuto como lo definía el Mercurio[19], fue haciéndose cada vez más importante en la gestión gubernamental, así como en lugares visibles del movimiento estudiantil, de trabajadores y campesinos.

La concentración en estos dos frentes de trabajo permite graficar su concepción del poder y la política. De acuerdo con la prensa, el MAPU concentró su trabajo partidario en aumentar sus bases sociales de apoyo así como en aumentar sus cargos en el Estado. De allí que los MAPUS aparecieran en la prensa de la época enfatizando el objetivo de ayudar a construir un puente entre el movimiento social y el político, de manera que el primero pudiera efectivamente convertirse en un actor con capacidad autónoma de participación en la construcción de la sociedad socialista. Sin embargo, los grados de preparación que el MAPU privilegiaba para participar de la administración, terminaban generando una exclusión efectiva de todo aquel militante que no pudiera colaborar técnicamente en dichas tareas. Por ello, que la configuración pública de esta colectividad esté concentrada en figuras provenientes del ámbito profesional universitario y no existen militantes conocidos (o al menos recordados por la prensa) que pertenecieran a otros ámbitos de la vida social o económica de nuestro país.

Esto último se hizo más visible en el período de la dirección de Ambrosio, quién terminó por sistematizar esta conexión entre lo social y lo político, en su teoría de los “dos filos”. En dicha “teoría” se esbozaba que era necesario que los MAPUS estuvieran presentes tanto en el aparato del Estado como en los movimientos sociales, porque el partido debía ser entendido como el vehículo que permitiera conectar estos dos espacios, que según su crítica a los partidos tradicionales, permanecían desconectados. De allí que mientras se pretendía crecer en la esfera social, participando en la CUT o ganando federaciones de estudiantes (secundarias y universitarias), también se abocaran a decidir racionalmente en qué ámbitos del Estado les parecía adecuado participar para seguir creciendo orgánicamente y ganando influencia en las bases sociales. Sólo en este sentido, el MAPU suponía se podía construir hegemónicamente un proyecto socialista. Sin ambos frentes ocupados y conectados, la disociación entre lo político y lo social se mantendría.

Para muchos esta teoría y este espíritu que nutrió la forma de participación del MAPU en la UP, era una simple forma de ocultar “artificiosamente” una intensa vocación de poder de quienes participaban en dicho movimiento. Críticos del MAPU veían en esos años, que esta colectividad era usada como trampolín social y económico para hombres y mujeres que aspiraban a participar de las labores del Estado y tener un trabajo estable y remunerado[20].

Sin embargo, esta crítica no era una prerrogativa exclusiva de los partidos opositores a la UP, sino que también generó conflictos al interior del MAPU. El 18 de diciembre de 1971, se realizaba en Santiago el 4° pleno de la Directiva Nacional del MAPU, cuyo objetivo central era “realizar un balance realista, crítico y autocrítico del primer año de gobierno; diseñar las grandes tareas de gobierno y del partido para el año 1972 y hacer una revisión autocrítica del funcionamiento del MAPU, su desarrollo en las masas y su funcionamiento en el gobierno”.

En la recurrente y permanente autocrítica que realiza el MAPU de su actuación[21], se van delineando claramente dos corrientes internas que comenzarán a tensionar la militancia interna. Por un lado, la corriente partidaria de acentuar el trabajo en las masas y en los movimientos sociales y que proponía una proletarización del partido y de sus militantes, criticando la preocupación dirigencial de nutrir con cuadros técnicos al aparato de gobierno. Dicho sector planteaba como tarea urgente la necesidad de articular los Comités de Unidad Popular, concebidos como “el mejor vehículo de comunicación entre el gobierno y las masas”[22], evitando la desmovilización que según ellos se estaba generando con la excesiva burocratización en la que había caído el gobierno de la UP. Ante ello, este sector era también partidario de unirse con el MIR y con el PS para aumentar la movilización y tensionar la estructura oficial (régimen político constitucional), permitiendo así acelerar el proceso de transición hacia el socialismo, configurando además lo que más tarde se conocería con el nombre del Polo Revolucionario.

Por otro lado, se delineaba el sector partidario de mantener puestos importantes en el aparato del Estado y en el Parlamento, por cuanto entendían que no sólo era importante contar con apoyo de masas sino que también contar con las herramientas que el poder institucional establecía como válidas para realizar las transformaciones hacia el socialismo. Aunque ambas corrientes terminaban en el mismo objetivo, las tensiones y las críticas que ambos sectores comenzaban a hacerse se volvieron cada vez más fuertes.

Sin embargo, las resoluciones del 4° Pleno del MAPU estipulaban que las tareas para el año 1972 serían las siguientes: “lucha antiimperialista, expropiación de todos los monopolios, acelerar la Reforma Agraria, ganar la batalla de la producción, ganar a los medianos y pequeños empresarios, organizar el abastecimiento, incorporar a las masas a las instancias de poder, recuperar la iniciativa en el terreno ideológico, preparar la batalla por el Parlamento y mejorar los métodos de dirección en la UP y el gobierno”[23]. Estas tareas trataban de unir ambas posturas dentro de la colectividad, estableciéndose bajo la dirección de Ambrosio que no había una incongruencia en ellas, y que el MAPU debía dirigir sus acciones tanto a la esfera social como a la esfera estatal y administrativa. Para Ambrosio tensionar ambas acciones, terminaría disolviendo la potencialidad del MAPU dentro de la UP y por lo tanto, haciendo a este partido inoperante y prescindible dentro de coalición de gobierno.

Mientras el MAPU se concentraba en estas labores de construcción de una identidad ideológica, el resto de la Unidad Popular, sobre todo el PC y un sector del Partido Socialista (sector moderado, liderado por Clodomiro Almeyda), encabezados por la figura del Presidente Salvador Allende, veían que el MAPU gastaba demasiado tiempo en discusiones fútiles, por cuanto su potencialidad como colectividad había sido zanjada en el momento de su creación.

Según la carta que Allende le envío a Rodrigo Ambrosio, disculpándose por no estar presente en la clausura del 4° Pleno, el Presidente enfatizaba que la incorporación del MAPU a la UP era una muestra “de pluralismo ideológico y verdadera democracia, cristianos, laicos y marxistas hemos volcado en un programa de gobierno, cuyas primera etapas ya hemos cumplido y seguiremos cumpliendo inflexiblemente. Así estamos haciendo la Historia.” Continúa más adelante Allende, diciendo que “tenemos que demostrarle a estos chilenos que están equivocados y que aquellos que son cristianos se convenzan que nadie que considere al cristianismo como eje central de su existencia puede ser adversario nuestro. No hay nada de lo que el gobierno popular construya que no pueda contar con la adhesión y participación de los discípulos del carpintero. Aún por sobre los errores que podamos cometer, porque es ese también uno de los riesgos de la revolución chilena, que no se sujeta a ningún modelo extraño a nuestra nacionalidad. Para un auténtico cristiano tales riesgos no deben constituir una valla, sino un estímulo para una sociedad sin explotadores ni explotados.”[24]

Allende termina dicha carta, diciéndole a Ambrosio que el MAPU ha ocupado, en el sentido antes descrito, un lugar de vanguardia, como incentivo para zanjar la discusión que se volvía cada vez más visible dentro de la colectividad y se decidieran de manera definitiva por una colaboración “inrrestricta” (y no crítica) al gobierno, dada la tenaz oposición que tenía en su contra.

De esta forma, mientras Ambrosio y sus correligionarios gastaban horas tratando de construir una identidad y un estilo político propio, Allende les reforzaba la imagen cristiana. El gran aporte del MAPU, según el sector de la izquierda que el Presidente representaba, estaba puesto en la integración de un sector social e ideológico que antes escapaba a la izquierda tradicional. Sin embargo, el cristianismo no era para el MAPU carta de nada, ni señal de identidad y menos de una cultura política en particular. A los hijos de Ambrosio esto ya les parecía un “karma”, que les recordaba permanentemente el pecado original y se esforzaron en construir un tipo de partido distinto en la izquierda, donde elementos no asociados al cristianismo les permitieran mostrar una identidad también distinta a su origen demócrata cristiano. Sin embargo, en ese esfuerzo se entienden los dos quiebres. El primero antes relatado y el segundo, que se gesta en la decisión definitoria sobre el MAPU, su carácter y objetivo político en la lucha por el poder y el socialismo.

Los signos públicos, que auguraron el segundo y gran quiebre del MAPU, se comienzan a visibilizar en los primeros días del año 1972 y se agudizan de manera profunda después del paro de Octubre del mismo año, mismo período en el que se realiza el II Congreso de la colectividad. La primera luz la daría la renuncia al partido hecha por entonces Intendente de Ñuble, Alejandro Bell. En su carta de renuncia este militante aduce como motivo de su accionar la disconformidad “en lo que se refiere a la relación entre el partido y el aparato de gobierno[25]. Bell, manifiesta que el Partido ha abandonado su quehacer social y que la actual directiva sólo está preocupada de la burocracia administrativa, ante lo cual aduce que el colectivo en el que milita ha perdido su norte y su sentido.

Otros de los puntos que hicieron pública la tensión al interior de la colectividad fue la discusión de la propuesta del MAPU de crear un “Partido Federado” que permitiera enfrentar de mejor forma las elecciones de mayo de 1973. Dicho partido pretendía concentrar las fuerzas de la UP, en un gran organismo disciplinado que permitiera por un lado contener las fuerzas que tendían a la dispersión y por otro lado, articular un discurso hegemónico y coherente que le diera una base de apoyo más sólida al gobierno de la UP. Sin embargo, si bien esta propuesta estaba liderada por la Dirección oficial del MAPU, existían algunos militantes del sector más radical que advertían que esta era una preocupación menor, ya que la gran tarea era hegemonizar el movimiento social, labor que permitiera constituir bases poderosas para oponerse con fuerza a la acción sediciosa de la oposición.

Las tensiones de este período estuvieron contenidas por la figura de Ambrosio, que constituía un liderazgo indiscutido dentro de la colectividad. Su gran preparación intelectual era reconocida por todos los sectores políticos, cuestión que generaba un respeto y admiración que permitía unificar cualquier disidencia en torno a su figura. Nadie dentro de la colectividad parecía querer ir en su contra[26]. Sin embargo, un suceso fortuito posibilitó que se dieran las condiciones para que las tensiones dentro del MAPU generaran el quiebre inminente.

El 19 de mayo de 1972, Rodrigo Ambrosio muere en un accidente de tránsito en Panamericana Norte, cuando el vehículo donde viajaba trató se sobrepasar a un camión que transportaba cemento. Le acompañaban ese día el más tarde electo vicepresidente de la CUT Eduardo Rojas.

La muerte de Ambrosio genera un descalabro interno, no hay un liderazgo claro que asuma su conducción. De manera interina, ocupará la Secretaría General del Partido el hombre de confianza de Ambrosio, Jaime Gazmuri. Sin embargo, las posiciones de éste último más distanciadas de los sectores radicales de la colectividad, condujeron a acelerar el conflicto, ante lo cuál el 24 de junio de 1972, el MAPU convoca al 5° Pleno, que presenta como objetivo examinar la situación política interna de la colectividad y del país.

Dicho Pleno tiene también como objetivo encubierto, parar la serie de renuncias masivas que a contar de mayo del año 72 se estaban produciendo en el partido, que enfatizaban que dicha colectividad “no había cumplido las aspiraciones de los trabajadores[27]. Según el periodico El Siglo, estos militantes habían migrado hacia el MIR[28]. Se comienza articular de forma cada vez más clara una vinculación fraccional entre un sector del MAPU y el MIR, así como con el sector del PS dirigido por Carlos Altamirano. El polo revolucionario que nunca se constituye de manera oficial, comenzaba a funcionar en la práctica desde mediados del año 72.

Bajo la conducción de Gazmuri, el MAPU va delineando sus posturas políticas y en las resoluciones del pleno antes mencionado, queda de manifiesto el gran apoyo que tenían las posturas más críticas al gobierno de la UP. Según las conclusiones plenarias, el MAPU enfatiza que el gobierno debe apresurar la constitución del área social de la economía, “la cuál deberá ser organizada como centro de dirección de la economía en conjunto, con plena participación de las masas en la política de distribución”[29].

En agosto de ese mismo año, Gazmuri debe enviar una carta al Presidente Allende donde se plantea “la existencia de serios problemas en la dirección de la UP especialmente en lo que se refiere a la movilización y participación de las masas”[30]. Así mientras Gazmuri es presionado por un sector del MAPU a plantear posturas cada vez más críticas al gobierno, por otra parte, el sector operativo interno manejado por los cercanos a dicho Secretario General eliminan del partido a los grupos más radicales. El quiebre por lo tanto se hacía inminente.

El violento quiebre: Se delinea una cultura política.

El 25 de mayo de 1972 Gazmuri es confirmado como cabeza del MAPU en su cargo de Secretario General y el 29 de ese mismo mes esta colectividad llamaba a acentuar el proceso revolucionario chileno. Sin embargo, cinco días antes de esta declaración “4 interventores del MAPU renuncian a sus cargos por no hacerse efectiva la participación de los trabajadores en la administración de esas empresas… Raimundo Baeza (uno de los interventores) argumentó que la UP no se había pronunciado sobre el traspaso de esas empresas al área social y dijo que la dirección del MAPU les había obligado a perseguir a los trabajadores adictos al Frente de Trabajadores Revolucionarios”[31].

Se va configurando así, a través de los escritos de prensa, un partido que aparecía divido en la práctica. Mientras por un lado la dirección aparecía liderando una crítica formal pero responsable al gobierno, los líderes intermedios y otros más visibles actuaban en otros frentes más radicales y para algunos de ellos, la colectividad ya no tenía razón de existir. Es necesario recalcar aquí que esta imagen de un partido fracturado, inorgánico y poco disciplinado era resaltada por la prensa de oposición a la UP. Así mientras el Mercurio y La Tercera enfatizaban las tensiones, El Siglo y El Clarín trataban al sector disidente a la dirección como grupúsculo que sufre de infatilismo político[32] y que sólo entorpece la conducción gubernamental.

Lo que queda claro a pesar de estas diferencias es que el conflicto al interior del MAPU adquirirá ribetes cada vez más violentos, caracterizando un estilo de hacer política donde la intransigencia y el desprecio por la colectividad y su orgánica van delineando un nuevo estilo político.

En la segunda mitad del año 1972 el MAPU continúa actuando en el frente social y en el gobierno. Así el 13 de julio de 1972, gana la segunda vicepresidencia de la CUT con Eduardo Rojas[33] y el 27 de julio manifiesta su acuerdo con la constitución de una Asamblea Popular en Concepción, cuestión que desata la ira del Presidente y del Partido Comunista.

El 4 de agosto del mismo año la dirección del MAPU es obligada, por el Presidente Allende a retractarse del apoyo a dicha Asamblea. Es así como una nueva declaración de la dirección consignó el “rechazo de las acciones espontaneístas y el intento de implantar el paralelismo en los poderes públicos[34]. José Antonio Viera Gallo, subsecretario de Justicia y militante del MAPU, acusa a los partidarios de dicha Asamblea de sufrir de infantilismo político, declarando que el MAPU no está por respaldar iniciativas que debiliten los poderes del Estado legítimamente consagrados por la Constitución[35].

Se va configurando así un estilo confrontacional de hacer política, donde la estructura partidaria parece más un espacio de ubicación y reconocimiento para el resto de los conglomerados políticos, que un espacio de actuación para los mismos miembros. La facilidad para que las posturas divergentes lleguen a la prensa y sean destacadas por ella, no manifiesta sólo el interés de la oposición por resaltar los conflictos, sino que la debilidad de la estructura orgánica del MAPU y los grandes márgenes de libertad dados para que cada militantes apareciera como voz valida del colectivo. También puede dar cuenta de las redes y contactos que los militantes utilizaban para hacer públicas sus divergencias. Así el partido parecía significar bastante poco cuando la disputa por el poder se hacía inminente.

Ante esta situación la colectividad podía fracturarse, tomar otro nombre o integrarse a otro colectivo, por cuanto eran sus militantes con sus particulares experiencias de vida los que hacían al partido, configurando un estilo personalista de hacer política, donde si bien se aceptaba al partido como institución legítima para alcanzar el poder político, también se demostraba que en la práctica podían existir otras formas igualmente válidas. Todo dependería del momento histórico y sus características.

El 2 de diciembre de 1972 se inició el II Congreso Nacional del MAPU que culminó el 7 del mismo mes. Dicho Congreso se realiza después de ocurrido el paro de Octubre, que deja a Allende y sus partidarios muy debilitados frente a la oposición. Desde sus inicios las voces que auguraban la división se hacían más fuertes. En este pleno el MAPU asume una identidad marxista leninista, renegando de cualquier otra influencia en la composición de su ideología. Se reniega por tanto del cristianismo o de la forma en que Ambrosio entendía el marxismo, es decir, esta filosofía pasaba de ser una herramienta válida para el análisis social a convertirse en un dogma.

Hacia el día 6 de ese mes, y en pleno desarrollo del Congreso las críticas a la directiva de Jaime Gazmuri eran cada vez más violentas. Dicho dirigente ya no podía jugar el rol conductor y ante ello se elige una nueva directiva que estaría compuesta por Oscar Guillermo Garretón como Secretario General, y como subsecretarios Eduardo Aquevedo (líder de la fracción más radical del MAPU) y Juan Enrique Vega (más cercano a las posturas de Gazmuri). Con dicha directiva a la cabeza, el MAPU da a conocer que en “el pleno general se aprobó la estrategia política en orden a aumentar la base proletaria de la UP y del propio MAPU, convirtiéndolo en un partido revolucionario”.

Con lo anterior se desliza la crítica interna tanto a la conducción del gobierno así como a la dirección de Ambrosio y Gazmuri, quienes no habían logrado aumentar considerablemente las bases del MAPU en los sectores proletarios del país. De hecho, los grandes apoyos provenían de estudiantes secundarios y universitarios, profesionales jóvenes, técnicos, campesinos y trabajadores del sector servicios y obreros de áreas de la industria más “moderna” (ej. Area metalúrgica). Sin embargo, en el mundo poblacional y en los obreros de la industria más clásica el MAPU tenía poca influencia real. Su estilo político no les era atractivo.

De esta forma con Garretón a la cabeza, el MAPU va articulando una línea de crítica pública al gobierno que va perdiendo la idea de colaboración manifestada en los inicios de la UP. Por ejemplo el 28 de enero de 1973, el MAPU plantea abiertamente una postura contraria a la propuesta del comunista Orlando Millas sobre el área de propiedad social y la posibilidad de coadministrar las empresas. Según la colectividad de la bandera verde “la creación y desarrollo multiplicado de organismos de base tales como las JAP y los Comandos Comunales, es decir, del control y poder revolucionarios de las masas, es el fundamento y la condición de la nueva política. Pues bien, el impulso de esta política por parte de la UP y del gobierno ha sido hasta hoy demasiado débil, casi inexistente”[36].

Sin embargo, pese a que esta era la declaración oficial de la colectividad, el 4 de febrero del mismo año aparecía Jaime Estévez apoyando la tesis comunista, avalada por Fernando Flores (como subsecretario de Economía, en reemplazo de O. Garretón quien era candidato a diputado por la zona de Concepción). Según Estévez “la única solución es el control del pueblo y del gobierno sobre la producción y la distribución[37]. Así nuevamente las opiniones de la directiva de turno eran desafiadas y desautorizadas por las voces disidentes.

La pugna anterior se da en el marco de la campaña electoral del año 73, que en marzo debía renovar el parlamento. De manera, los militantes del MAPU tuvieron que participar en una campaña electoral divididos de facto a partir de diciembre del año 72. Los resultados de dicha elección son bastante magros para la colectividad, obteniendo un 2,79%[38] de la votación, que correspondían a 101.987 votos. Ninguno de sus candidatos por la zona de Santiago, Carmen Gloria Aguayo (candidata a Senadora), José Antonio Viera Gallo (candidato a diputado por el primer distrito – Santiago) y José Miguel Inzulza (candidato a diputado por el tercer distrito – Santiago) resultaron electos.

Es más, si comparamos electoralmente el porcentaje de votación que había obtenido la DC en la elección de 1969, correspondiente a un 30,98% de la votación nacional, con el resultado obtenido por la misma colectividad en el año 1973, correspondiente a un 28,32 %; podemos decir que la DC sólo había disminuido un 2,66%, es decir, muy similar a los resultados de la cifra electoral obtenida por el MAPU cuatro años después. En la práctica, si sólo consideramos los resultados electorales, el MAPU era en 1973 lo mismo que pareció ser en el momento de su fundación: el grupo rebelde escindido de la DC. Sin embargo, dicha interpretación puede prestarse a errores, por cuanto el MAPU efectivamente había concitado nuevas adhesiones distintas del grupo original. ¿Dónde estaban esos votos entonces? Pareciera, que muchos miembros del MAPU votaron ya divididamente, manifestando la clara tensión entre las fuerzas más radicales y rupturistas de la UP y aquellas más gradualistas y cercanas al Presidente Allende.

En marzo de ese mismo año, Allende desesperadamente hace un llamado de atención a la dirección enfatizando que “El MAPU habla como si estuviera fuera de la UP”[39]. Con ello pretendía enderezar las torcidas filas, pero no lo consigue.

La mecha ya estaba encendida, solo cabía esperar el tiempo que demorara en tocar el explosivo para estallar definitivamente. Ese tiempo se acortó, ya que el 2 de marzo del año 1973, el Mercurio filtra un documento en donde militantes del MAPU afirman que el gobierno de Allende sólo tiene recursos económicos para mantenerse a flote hasta fines de abril. Este informe lapidario sobre el manejo económico, desató la ira del gobierno quien desconoció la validez del mismo. Se le calificó de falso y de errado. Los autores del documento del conflicto fueron Eduardo Aquevedo, Rodrigo González, Enrique Olivares, Kalki Glauser y Carlos Montes.

Mientras las críticas del grupo partidario de la tesis moderada, que a estas alturas funcionaba como aliado de las posturas del Partido Comunista, se volvían contra el Secretario General y su incapacidad de mantener la disciplina interna así como a la irresponsabilidad de los autores del documento, el Mercurio resaltaba la capacidad analítica de los cuadros del MAPU a quienes se les atribuía la autoría del mismo.

Según este periódico “en primer término hay que reconocer que el menos significativo numéricamente de los movimientos agrupados en la UP, es el que da muestras de abarcar con mayor conciencia la incapacidad con que actúan los organismos de la actual administración y de precisar las causas de su inefectividad. Esto podría explicarse por actuar en el seno del MAPU elementos capaces de tomar en sus manos los instrumentos de la teoría marxista y aplicarlos a la realidad política con mucha más conciencia revolucionara que las directivas de los partidos que aparecen como propietarios del programa socialista”[40].

Más allá de lo que expresa El Mercurio de los jóvenes autores del documento, que considerado en el contexto de fuerte oposición que este periódico realizaba al gobierno de Allende puede ser leído como un intento de enardecer los ánimos de la coalición gobernante, también es posible detectar la “valoración” que hace el mismo diario sobre los militantes del MAPU. En otras palabras, si le extraemos la intención política coyuntural al escrito periodístico, es posible encontrar una mirada importante desde la derecha hacia los militantes del MAPU.

Así, cuando el periódico enfatiza la idea de que en dicha colectividad es posible encontrar “elementos capaces de tomar en sus manos los instrumentos de la teoría marxista y aplicarlos a la realidad política”, da cuenta de la percepción que existía sobre los cuadros altamente preparados del MAPU. De esta forma, si bien El Mercurio afirma que este partido es el “menos significativamente numérico”, era a su vez y dada, sus condiciones profesionales, y por qué no decirlo también (aunque no lo exprese abiertamente el periódico), de clase, la colectividad más “certeramente” crítica de la UP. Esto permitiría esbozar que para la opinión de Derecha que representa el Mercurio, el MAPU aparecía como un partido altamente intelectualizado y crítico, dado el grado de preparación académica y profesional que tenía la mayoría (sobre todo la dirigente) de sus militantes. Lo anterior quedaría expresado, cuando el periódico afirma que esta colectividad es vista así en comparación con “las directivas de los otros partidos que aparecen como propietarios del programa revolucionario”.

De allí por lo tanto que para el sector de derecha que representa la opinión de El Mercurio, los MAPUS fueran visibilizados, identificados como un grupo o partido distinto de los que tradicionalmente habían existido en la izquierda. Uno de los elementos que los hacía aparecer atractivo para la época, era el alto grado de preparación con que contaban sus cuadros dirigentes. Jóvenes profesionales que ponían al servicio de la política y la conquista del poder, sus formaciones intelectuales y académicas. Representaban por lo tanto la combinación justa de idealismo revolucionario con el tecnócrata profesional que aporta desde su práctica.

Ante el lapidario documento que vaticinaba el fracaso de la política económica de la Unidad Popular, el gobierno exigió tomar sanciones contra los autores del mismo. Ante ello, la directiva encabezada por Garretón se negó aduciendo la libertad de expresión interna así como al carácter del documento. Según el Secretario General lo que había que juzgar era el por qué se había filtrado un documento que no tenía para nada un carácter público, y por ende, sus autores no habían cometido ninguna falta.

Sin embargo, el sector encabezado por Gazmuri, presionado por el Partido Comunista y Allende, pedían la cabeza de los autores. Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, el día 7 de marzo del año 1973 el MAPU se divide. La división de esta colectividad cobra ribetes de excesiva violencia, que no sólo debe ser entendida en el contexto de polarización social que se vivía seis meses antes del golpe, sino que también debido a la forma y el estilo propio de la colectividad al momento de resolver conflictos.

En un acto que fue calificado por el Secretario General O. Garretón como un intento de autogolpe, Jaime Gazmuri y Fernando Flores, que mantenían el control de la Secretaria de Asuntos Especiales del MAPU [41](SAE) expulsaron a quince miembros de la colectividad entre los que se encontraban los miembros de la directiva E. Aquevedo y el mismo Garretón, entre otros[42]

Jaime Gazmuri se autonomina Secretario General subrogante, conformando una nueva directiva en conjunto con Fernando Flores, José Miguel Inzulza, José Antonio Viera Gallo, y Carmen Gloria Aguayo. Dicha directiva acusa a los expulsados de “realizar labores obstruccionistas debido a su carácter pequeño burgués” y califica la escritura y filtración del documento como “no sólo un atentado contra la disciplina del partido, sino además el hecho político más grave creado por grupos divisionistas desde que el partido fue formado por Ambrosio[43].

De esta forma, la división quedaba manifiesta con la constitución de dos directivas que se autoarrogaban tanto el nombre de la colectividad como la herencia de Rodrigo Ambrosio. En represalia a la expulsión hecha por la directiva de Gazmuri, el 9 de marzo Oscar Guillermo Garretón expulsa al sector conducido por Flores y Gazmuri, declarándolos fuera del partido y enfatizando que el MAPU es “un partido que nació a caballo, de allí que no temamos a los corcoveos”[44].

Así mientras el sector que decía mantenerse fiel al gobierno y a la vía institucional, dirigido por Gazmuri, afirmaba que “era necesario eliminar a los ultraizquierdistas del MAPU[45] y lanzaba proclamas varias por medio de la prensa, el grupo de Garretón buscaba apoyo en las otras colectividades de la izquierda para que reconocieran su dirección como la única legítima. El 15 de marzo tanto el Partido Socialista como el MIR afirman que el verdadero MAPU es el que conduce O. Garretón[46].

Así los registros de prensa que cubren el período desde la división hasta el día que el registro electoral dictamina que el único MAPU que existe legalmente es el que se quedó con la mayor parte de la directiva, es decir, el grupo encabezado por Garretón[47], van dando cuenta de la violencia que adquiere el conflicto entre los camaradas militantes.

El día 19 de mayo, fecha en que esta colectividad celebraba su fundación y conmemoraba la muerte de Ambrosio, se realizaron dos actos paralelos del MAPU. Dichos actos intentan apropiarse de la figura de Ambrosio como símbolo de identidad, de manera de dar continuidad con su pasado inicial. De allí que la figura de este personaje, reconocido como el fundador de la colectividad, fuera tan peleada por ambos bandos. Quién se apropiara de él pretendía erigirse como el grupo legítimo ante el resto de las colectividades políticas, así como ante el resto de los militantes disidentes.

Sin embargo, los grupos disidentes no sólo se pelearon la figura de Ambrosio, sino que la prensa de la época registró también violentos incidentes entre los militantes que se disputaban los bienes materiales de la colectividad, como los autos y las sedes del partido. El conflicto tomó ribetes de suma seriedad cuando detuvieron a dos individuos por homicidio frustrado en San Fernando[48], en una espiral de violencia, golpizas callejeras, intentos de incendio y acusaciones públicas varias.

Otra acusación que cayó sobre los militantes del MAPU, y que fue hecha por opositores a la UP, tuvo relación con el usufructo del estanco de autos, para la compra de dichas especies que tenían como destino la campaña electoral de marzo de ese mismo año. Sin embargo, a los autos se les suma la adquisición de camiones y de artículos de línea blanca, que poco tenían que ver con la campaña misma. Las acusaciones de corrupción recayeron sobre Gazmuri, quién terminó reconociendo el hecho. Sin embargo, el episodio fue rápidamente empañado por la espiral confrontacional que hacia fines de junio de 1973, auguraba la antesala del golpe de Estado.

Paralelamente a los conflictos internos que terminaron con el quiebre público de la colectividad, la tensión expresaba también un conflicto que cruzaba a toda la U.P. La existencia práctica del famoso polo revolucionario, compuesto por el MAPU, el MIR y el PS (dirigido por Altamirano), también se hizo pública con la famosa acusación por intento de sedición a la Armada. Dicha acusación recayó sobre Garretón (Secretario General del MAPU y diputado por la zona de Concepción) y sobre Carlos Altamirano en ese entonces senador y Secretario General del Partido Socialista, a quienes se les atribuye un ejercicio de inteligencia para tratar de configurar un grupo dentro de la marinería que estuviera dispuesto a realizar una especie de autogolpe interno, para desbancar cualquier intento de golpe al gobierno de Allende, así como de generar un compromiso directo de esta rama con el proyecto revolucionario más radical.

Paralelamente a lo anterior el 8 de agosto del año 73, El Mercurio publica “MAPU DE VALPARAISO CONTRA LAS FFAA”. Según el registro de prensa,”diez estudiantes universitarios y obreros, pertenecientes al MIR y al MAPU, fueron detenidos luego de ser sorprendidos repartiendo propaganda subversiva para las FFAA en los blocks de Carabineros”[49]. De esta forma al intento de infiltrar la Armada, se le acusa también a la colectividad de intervenir en Carabineros.

Estas acusaciones generarán la petición de desafuero parlamentario de Garretón y Altamirano el primero de septiembre de 1973, cuestión que es formalizada por la Corte Suprema el 3 de septiembre del mismo año. Según El Mercurio el desafuero es pertinente para investigar las numerosas “menciones en diversas declaraciones como “autores intelectuales” del intento de sublevación en la Armada por varios de los detenidos”[50].

La resolución definitiva quedó en suspenso… ocho días después acaeció el golpe de Estado y en la práctica tanto los cercanos a la conducción de Allende, como los sectores del “polo revolucionario” fueron los culpables de la crisis “social, política, económica y moral” por la que pasaba nuestro país, según los dichos de la Junta Militar que asumió el poder ese día 11 de septiembre. La historia final del MAPU quedaba trunca.

De esta forma, seis meses después de la división del MAPU, que condujo a sus militantes a un enfrentamiento interno desgarrador, acaeció el golpe de Estado del 11 de septiembre. Poco tiempo habían tenido ambas fracciones, la que mantuvo el nombre legítimo de MAPU y el grupo de Gazmuri y Flores que tomó el nombre de MAPU – Obrero y Campesino (MAPU-OC), para rearmarse como colectividad. Las disputas, la violencia interna, la ruptura de amistades y de vínculos internos, sumados al clima político nacional, terminó destruyendo la colectividad que había nacido en el año 1969 y que se había planteado como objetivo ser el puente conector para que los partidos de izquierda se unieran en una sola fuerza. De su objetivo inicial y fundador: “la unidad”, quedaban en septiembre de 1973 dos fracciones que simbolizaban una cultura política particular: la de los jóvenes de los años 60.

Los jóvenes militantes que aspiraban a la unidad de las fuerzas de izquierda terminaron fracturando su propia colectividad. El fuerte compromiso y la radicalidad de una cultura política que hizo de la militancia el aspecto más significativo de sus vidas, estructuró un tipo de militante donde la experiencia compartida y el poder terminaron siendo los elementos identitarios más fuertes.

Cuando el partido se fractura, ya no quedan más que los recuerdos y los símbolos. Cuando la violencia del golpe recae sobre los partidos políticos y la sociedad entera, no queda más que la lucha de resistencia atomizada. Sin embargo, para militantes que entendían que la política se podía hacer fuera del partido o de la institucionalidad partidaria, la desaparición del colectivo por la fuerza de los hechos represivos no era un golpe tan desastrosamente duro. La identidad MAPU podía permanecer en cada uno de sus militantes quienes eran en suma el partido, más allá de la estructura oficial que los cobijaba.

¿Cómo lo lograron? Creemos que aquí es necesario abordar las historias de vida y los relatos que cada uno de sus militantes puedan hacer de ese pasado fundacional y para ello ahondaremos en las memorias que de este momento histórico tienen algunos militantes políticos.


[1] La Tercera 7/08/1971.

[2] El Siglo, 7/08/1971.

[3] La Tercera 19/08/1971.

[4] La Tercera 19/08/1971.

[5] El Mercurio 5/8/1971.

[6] El Mercurio 15/08/1971.

[7] El Mercurio 14/08/1971.

[8] El Mercurio 17/08/1971.

[9] La Tercera. 9/03/1973.

[10] Ex gerente general de IANSA, y ex gerente del METRO y de Teléfonica, después del retorno a la democracia en Chile. Actual militante del Partido Socialista de Chile.

[11] También formó parte de los cuadros dirigenciales de la CORFO y actualmente es Senador de la República por la Región de Tarapacá.

[12] Actual Senador de la República, militante del Partido Socialista

[13] Ex director del INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas) y candidato a senador por La Serena, durante la UP.

[14] Es el caso de Juan Francisco Sanchez interventor de la fábrica Textil Yarur.

[15] Al respecto cuenta Ismael Llona en sus memorias: “Al gobierno van los buenos cuadros técnicos-políticos como Fernando Flores, el Dr. Juan Carlos Concha, Carlos Bau, José Antonio Viera-Gallo, Oscar Guillermo Garretón, Rodrigo Egaña, Eugenio Ruiz Tagle. También Nelson Avila, intendente de Aconcagua hace más de treinta años. Santiago Bell, Pancho Gonzalez, el Coco Echenique. Pepe Olavaria los coordina, desde el partido.

En la dirección del partido quedan los mejores “para la dirección de la revolución”: Ambrosio, Gazmuri, Correa, el chico Avila, políticos-técnicos, y sus acompañantes en la copol, la comisión política: Eduardo Rojas, Alejandro Bell, Pancho Geisse, Maria Antonieta Saa, Cesáreo Flores, Luchín Toro, Vicente Sota, Fránex Vera, Jorge Setz y el MC que serviría como MC y en agitprop.

Los compañeros de la Cono, comisión nacional de organización, el negro Santander, el chico Riveros, el gordo Perelló, que sufrió un ataque al corazón, y Pete el Negro, que se les murió de un ataque al corazón.” En Los Santos están marchando. Ediciones Off The Record, Santiago, 2006. Pág. 68-69.

[16] Por ejemplo Oscar Guillermo Garretón tenía 27 años al momento de asumir como Subsecretario.

[17] Es importante resaltar que las voces criticas también provenían de esos cuadros que participaban de la administración.

[18] Obtuvo la 2ª vicepresidencia en 1972 y ya la tenía desde 1970.

[19] El Mercurio 17/2/1972

[20] El Mercurio, 15 de agosto de 1971.

[21] Nos sorprende que en los pocos años de existencia de dicha colectividad, se hayan realizado 5 plenos y 2 Congresos orgánicos e ideológicos, que mantenían al MAPU en una actividad partidaria interna bastante intensa.

[22] La Tercera, 9 de Enero de 1971.

[23] El Mercurio, 19 de diciembre de 1971.

[24] Carta publicada en el Siglo, 20 de diciembre de 1971.

[25] El Mercurio, 21 de Enero de 1972.

[26] Ismael Llona recuerda en sus memorias sobre la figura de Ambrosio: ““El joven Lenin, que ya se había autodesignado, fue el designado. Su figura agradable, con cuidados bigotes debray, jockey escocés, pálido, manta gruesa y clara de mediano propietario agrícola; un discurso autodictado y leído en el aire o en el viento, atrayente por lo racional y lo verdadero: su pasión por la política como arte de dirigir para dirigir en el bien de los que estaban mal; su carácter aparentemente duro en el bien de los que estaban mal; su carácter aparentemente duro y aparentemente afable; su decisión de ordenar nacer, como diría Pablito, se impusieron entre sus pares.

Entre 1967 y 1970 trabajó sin descanso para construir partido, partido revolucionario; construir alianzas; construir ideas; construir programa; construir estrategias y tácticas.

Leía mucho pero tenía también quien le leyera y le formateara las fichas correspondientes; en Concepción, Eduardo Aquevedo; en Santiago, Tomás Moulián.

Escribía y para ello se apoyaba en Kalky Glausser. Corregía y corregía” “Con Ambrosio, el Mediocampista entendió que el cambio revolucionario en el que había soñado desde adolescente sólo se podía hacer desde el poder – que era bastante más que el gobierno – y que el poder había que conquistarlo – con el gobierno y desde el gobierno- con una revolución”. Llona, Ismael. Op. Cit. P. 64 y 65.

[27] El Mercurio, 24 de mayo de 1972.

[28] El Siglo, 25 de mayo de 1972. “Dirigentes del MAPU se pasaron al MIR: Seis dirigentes del MAPU, entre ellos el interventor de la industria SUMAR, Jaime Gre (sic) Zegers, fueron expulsados por la dirección nacional de esa colectividad. El informe emitido por ese organismo señala que la Comisión Nacional de Control y Cuadros de Infiltración y actividades fraccionales de dicho partido, los expulsó por oportunismo político, traición al partido, a la clase obrera y al pueblo”

[29] El Mercurio, 24 de junio de 1972.

[30] El Mercurio, 14 de agosto de 1972.

[31] La Tercera, 24 de mayo de 1972.

[32] El Siglo marzo de 1973.

[33] Este militante acompañaba a Ambrosio en el auto el día del accidente y pertenecía al sector más cercano a Jaime Gazmuri.

[34] Palabras de Jaime Suarez quien reemplaza como ministro del Interior al Socialista Hernan del Canto. EL siglo, 4 de agosto de 1972.

[35] La Tercera, 2 de agosto de 1972.

[36] El Mercurio 28 de enero de 1973.

[37] El Mercurio, 2 de abril de 1973.

[38] Base de Datos Políticos de las Américas. Universidad de Georgetown. http://www.georgetown.edu/pdba/spanish.html.

[39] La Tercera, 31 de marzo de 1973.

[40] El Mercurio, 2 de marzo de 1973.

[41] Dirigida en esos años por Gabriel Gaspar, actual Subsecretario de Guerra.

[42] Otros expulsados fueron Rodrigo Gonzalez, René Plaza, Gonzalo Ojeda, René Roman, Kalki Glauser, Francisco Ureta, Rodrigo Rivas, Fernando Robles, Luis Magallón, Alejandro Bahamondes, Carlos Pulgar, Leopoldo Vega, Alfonso Néspolo y Carlos Lagos. La Tercera, 8 de marzo de 1973.

[43] La Tercera, 8 de marzo de 1973.

[44] La Tecera, 9 de marzo de 1973.

[45] Palabras de Mario Montanari, en La Tercera 10 de marzo de 1973.

[46] La Tercera, 15 de marzo de 1973.

[47] Dictamen que tiene como fecha 2 de junio de 1973. Esto nutrió uno de los gritos de batalla del MAPU, y que se siguió usando en los años de dictadura: “EL MAPU es un solo y está con GARRETON”.

[48] El Mercurio 18 de mayo de 1973.

[49] El Mercurio, 1 de septiembre de 1973.

[50] El Mercurio, 3 de septiembre de 1973.

Chile: “El Mapu o la seducción del poder y la juventud”, un comentario (desde la derecha) de C. Barros

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AMBROSIO2 Opus y Mapus

Leí el libro MAPU o la seducción del poder y la juventud, de Cristina Moyano (ediciones Universidad Alberto Hurtado), que será lanzado el próximo 19 de mayo. El texto me trae a la memoria una época intensa. Y una teoría muy personal: así como el Opus Dei les ofreció a los empresarios y católicos conservadores la posibilidad de ser ricos sin sentir culpa y los acogió espiritualmente, el MAPU funcionó como un continente para los jóvenes que podían ser, sin contradicciones, de izquierda, clase alta y cristianos.

Por  César Barros, Qué Pasa

MAPU o la seducción del poder y la juventud -de Cristina Moyano, ediciones Universidad Alberto Hurtado-, nos trae a la memoria cómo se formó, destruyó y luego resurgió de las cenizas dicho partido para modernizar a la izquierda chilena.

El capítulo clave es el tercero. Aconsejo leerlo primero y después seguir con los otros. Es interesante recordar a través de la lectura del libro aquellos detalles que a uno se le han ido esfumando de esa época tan intensa: entre fines de los años 60 y comienzos de los 80.

Yo los viví como estudiante de la UC, y desde la acera del frente de la del MAPU, desde el entonces recién nacido Movimiento Gremial.

Lo primero que se me viene a la cabeza con el MAPU es el discurso de Jacques Chonchol, al emigrar de la DC, culpando al entonces gobierno de Frei Montalva de "inventar una sequía para detener la reforma agraria…". Efectivamente, en 1968 se produjo en la zona central de Chile la sequía más grave de la historia reciente del país (en Santiago llovieron no más de 5 mm en el año). Y Frei, que atisbaba cómo la sociedad se crispaba por la reforma agraria, parecía tener pocas ganas de seguirla profundizando, se acercaban las elecciones del 70 y tanto Allende como Tomic se disputaban quién era el más izquierdista.

Entre los "emigrados" de la vieja DC, aparte de los fundadores -Chonchol, Jerez, Gumucio y otros- estaban nuestros viejos conocidos de la "toma" de la Católica el año anterior: Miguel Ángel Solar, Juan Gabriel Valdés, Marcela Serrano, Rodrigo Egaña y tantos otros. Eran la mejor cepa de la JDC de la época. Se anticiparon con la toma incluso a Daniel Cohn-Bendit en París. La impresión general era que los que se habían quedado en la DC eran mamones. Se rumoreaba incluso que la admisión al MAPU era by appointment only. Todo muy selectivo.

La FEUC pasó de inmediato a manos del MAPU y con ello la DC perdió su ascendiente. En la elección siguiente, la Federación quedó -por fin- en manos del Movimiento Gremial encabezado por Ernesto Illanes. Fue una pugna dura, pero no violenta. Tanto así que, por ejemplo, Hernán Larraín -sucesor de Illanes en la FEUC- pololeaba con Marcela Serrano, presidenta -MAPU- del centro de alumnos de Arte. Mientras, la DC-UC era liderada por ahora viejos conocidos de la Alianza: Pedro Pablo Díaz, su presidente; José Piñera, candidato DC a la FEUC 70; Sebastián Piñera -menos activo-; y Pablo Piñera, fiel a sus raíces hasta hoy.

Al principio de los tiempos, los mapucistas eran civilizados: no buenos para los combos y lanzar sillas como los del MIR. Tampoco eran lanas: más bien eran caballeritos. Mal que mal venían -a lo menos los de la Católica- de los mejores colegios y de las mejores familias de Chile. Había algunos inteligentísimos como Luis Badilla (¿qué será de él?), capaz de encachársele al propio Jaime Guzmán en los memorables foros de la casa central de la UC. A Jaime sólo lo vi aflojar en foros con Badilla y con Luciano Cruz del MIR.

Adios a las culpas

Pero vamos a lo más central. Les explico mi teoría de opus y mapus.

El Opus Dei abrió una posibilidad para que los empresarios pudieran serlo sin sentir culpa por ser ricos y pasaran raudos las puertas del cielo (antes, se decía que era más fácil que un camello pasara por el ojo de una aguja… La Obra achicó el camello o agrandó la aguja, no sé cuál, pero a fin de cuentas se lograba el objetivo). Seguro que las intenciones de Monseñor Escrivá de Balaguer no fueron precisamente ésas, pero parte influyente de la sociedad encontró en ellos las respuestas que necesitaban: no a la teología de la liberación, no a la píldora, no a la culpabilidad por la riqueza: si hacemos las cosas bien hechas, nos esforzamos lo suficiente y seguimos ciertos cursos de acción, podemos dejar atrás las molestas encíclicas sociales, a los curas socialistas y a los jesuitas del Padre Hurtado.

En el otro extremo está el MAPU -el fundacional, cristiano- como nueva y válida expresión para católicos "modernos" que sin renunciar al catolicismo, ni a los sacramentos, pudieron ser parte de la izquierda militante. Porque la izquierda pre-MAPU iba desde los miristas -que por violentos eran condenables en esa era temprana por los cristianos de izquierda-, los socialistas -ateos e irreligiosos, aparte de moralmente "desordenados"- hasta los comunistas -que hasta ese entonces eran "intrínsecamente perversos".

Socialmente para los jóvenes de clase acomodada los miristas eran pares sociales pero inaceptables por sus actos (asaltaban bancos y todo), los socialistas y comunistas, de raigambre proletaria, no tenían profundidad filosófica y contaban con una historia poco amable para con las clases acomodadas. Por eso, el MAPU daba todas las facilidades del caso: un ambiente de pares, de origen común por su educación escolar y universitaria. Familias DC y de ex conservadores. Católicos militantes que tenían hasta su propia y respetable teología: la de la liberación. Análisis social de un marxismo moderno a la Gramsci, Althusser o Marcuse. El paradigma de París en vez del cubano o del ya desprestigiado comunismo moscovita (ese mismo año, las tropas rusas invadieron Praga y arruinaron el experimento social checo).

En resumidas cuentas, en los inicios fundacionales del MAPU se podía ser caballero, profesional y además de izquierda, igual que en Francia y en Alemania (España vivía aún el oscurantismo franquista y EE.UU. y los ingleses nunca han sido izquierdistas en el verdadero sentido de la palabra). Ya los comunistas no los tildarían de beatos en la FECh y los lazos con los ex conservadores de la DC (apoyada por el imperialismo yanqui de la época) se cortaban drásticamente.

Seguro que, al igual que San Josemaría en su caso, los fundadores no quisieron eso: tenían pensamientos mucho más revolucionarios de redención del pueblo, cambio social impaciente y socialismo radicalizado. Pero de verdad, al final de los días resultó ser -y ahora lo palpamos cuando les ha tocado actuar de veras en el poder- un espacio para que profesionales de elite se hicieran parte del gran movimiento socialista chileno que en ese entonces ganaba adeptos a saltos cuánticos y derrotaba a la derecha en Vietnam, Europa y América Latina.

Capital humano para la UP

En los años 60 sólo el 5% de los jóvenes chilenos llegaba a la universidad. Así,  la entrada del MAPU a la UP significó una inyección a la vena en términos de capital humano para radicales en proceso de senilidad y para partidos obreros como el PS y el PC que no contaban con profesionales universitarios en sus filas.

Salvador Allende no tuvo más opción que reclutarlos en masa en los ministerios, subsecretarías y, luego, en las empresas expropiadas, lo cual les sirvió para aprender las cosas que no se debían hacer desde un gobierno. Lamentablemente, la polarización y locura de aquellos años los llevó "hacia la extrema izquierda", dejando de lado su modernismo y su espacio natural en la política. Eso condujo a su división y luego -en la práctica- a la desaparición como partido político. Vale la pena recorrer en el libro esta época, la más amarga de su historia.

Sus relaciones sociales los libraron -salvo casos excepcionales- del destino fatal que tuvieron los cuadros del MIR, el PC y el PS. Como no apoyaron la vía armada durante la dictadura (mal que mal, seguían siendo católicos que aborrecían la violencia), pudieron construir -en alianza con la DC- una cara amable y creíble para una oposición que alcanzó un final pacífico y exitoso, imposible de imaginar si hubiese sido comandada por la dupla PS- PC.

Menos mal que estuvieron

Por su educación e inteligencia, le dieron a la Concertación naciente los mejores ministros, también los mejores y más preparados de sus parlamentarios. Es una verdadera pena que José Miguel Insulza no haya estado en la carrera presidencial: era la "coronación" de la generación MAPU.

Desde la derecha vemos con desesperanza la "toma" de la Concertación por parte del PS, ex miristas y viejos funcionarios de la DC. Porque después de los desencuentros evidentes de los 60 hay que reconocer que en términos de políticas públicas son los ex MAPU nuestros contendores más cercanos. Y los viejos tercios de la DC y del PS, los más lejanos.

El MAPU, por todas las razones equivocadas de aquellos años locos de fines de los 60, le hizo un favor a Chile al salirse de la vieja DC. Eso los validó ante una izquierda cavernaria. Y en el retorno a la democracia, ante una derecha incrédula y un empresariado escéptico.

Y a ellos les debemos una transición que -a pesar de las críticas de la ultraizquierda- es ejemplar y exitosa. Sin el MAPU -o más bien sin mapucistas- habríamos tenido un país muy diferente: más violento, menos pacífico y más retrasado.

Chile: el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria), hace 40 años…

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DR1 Movimiento de Acción Popular Unitaria, a 40 años de su fundación…

De Wikipedia, la enciclopedia libre

MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria), partido político de izquierda chileno que se formó de la escisión de un sector rebelde de la Democracia Cristiana. Una razon que desencadenó la división fue la Junta Nacional de la DC, mayo 1969, cuyo voto político no satisfizo a dicho sector, formando el 19 de mayo de 1969 el MAPU. La formación del sector rebelde y de otros nucleos críticos dentro de la DC tiene su origen ya desde los inicios del gobierno de Frei, cuya orientación pro-norteamericana provocó creciente descontento en la juventud DC en especial.

En este grupo se encontraban, principalmente jóvenes militantes democratacristianos, Rodrigo Ambrosio, Rafael Agustín Gumucio, Oscar Guillermo Garretón, Eduardo Rojas, Alberto Jerez, Julio Silva Solar, Vicente Sota, Carlos Montes, Jacques Chonchol, José Miguel Insulza, Eduardo Aquevedo, Jaime Estévez, Tomás Moulian, Gonzalo Ojeda, Samuel Bello, Juan Ruz y Enrique Correa, entre otros.

Ingresa a la Unidad Popular en 1970. Participó directamente en el gobierno de Salvador Allende encabezado por Rodrigo Ambrosio, quien fallece en un accidente en mayo de 1972. Durante 1971 Allende y otros sectores presionaron a la dirección del MAPU para no definirse como marxistas, al punto que para el 26 de Julio de ese año una delegación del MAPU encabezada por Jaime Gazmuri y Eduardo Aquevedo es invitada a Cuba, donde tiene lugar una conversación de varias horas, en el Hotel Habana Libre, con el Comandante Fidel Castro. Junto con Eduardo Aquevedo y Jaime Gazmuri estuvo presente también Juan Enrique Vega, entonces Embajador de Chile en Cuba. En un ambiente muy positivo y coloquial, Fidel Castro intentó convencer a dichos dirigentes del Mapu de no adoptar una definición marxista, sino cristiana de izquierda, con el argumento de que ya el marxismo estaba representado por varios partidos en Chile, pero no asi el cristianismo revolucionario o de izquierda (no obstante la existencia de la Izquierda Cristiana, considerada muy débil aún). Esta propuesta del máximo dirigente cubano fue rechazada por los dirigentes del Mapu, especialmente por Eduardo Aquevedo, cuya posición crítica frente al modelo soviético era conocida.

En Octubre del año siguiente (1972) se realiza el Segundo Congreso del MAPU, donde triunfa ampliamente el sector encabezado por Eduardo Aquevedo y Kalki Glauser, sector representativo de una línea marxista independiente de los bloques internacionales y muy crítico de la URSS. Esto le valió fuertes cuestionamientos del PC y de sectores del PS. En este Congreso de elige a O. Guillermo Garretón, a propuesta de Eduardo Aquevedo, y éste último quedó de Primer Subsecretario General. Al final del gobierno de Allende (marzo de 1973) el Mapu se divide en 2 corrientes: el MAPU propiamente tal, que se declaró marxista-leninista y más radicalizado liderado por Óscar Guillermo Garretón y Eduardo Aquevedo y el MAPU Obrero Campesino (MAPU OC o MOC), de tendencias más moderado y afines al Partido Comunista, liderado por Jaime Gazmuri y Enrique Correa. Ambos sectores siguen participando de la UP y en las elecciones parlamentarias de 1973, hasta el golpe de septiembre de 1973.

Con el gobierno de Augusto Pinochet, el Mapu es proscrito al igual que todos los partidos de la UP y hay una persecución de los militantes de este partido. Entre 1975 y 1976, la UP aún es el punto central de la política de sus partidos. Son años de remezones partidarios que van reacomodando paulatinamente las fuerzas en el interior de cada organización. Por ejemplo, a Europa llega, desde el interior, Eugenio Tironi, entonces miembro del grupo de dirección interior del Mapu que ha sucedido a O. Garretón luego de su asilo en la embajada de Colombia, y que encabeza Carlos Montes e integran, entre otros, Carlos Ortúzar, Guillermo Del Valle, Víctor Barrueto y Fernando Echeverría. Tironi lleva la misión de expulsar del partido a una mal denominada “fracción” izquierdista encabezada por Eduardo Aquevedo (Primer Subsecretario del MAPU) y Gonzalo Ojeda, que representaban a la mayoría de los militantes del MAPU en el exilio y a sectores importantes de la militancia del interior, cuya política supuestamente dificultaba los esfuerzos de reconstrucción de la UP porque planteaban la conformación de un frente amplio opositor que agrupara la izquierda chilena desde la UP hasta el MIR. Es el comienzo de un importante viraje del Mapu.

Desde el interior, y a raíz de una fuerte autocrítica de su participación en el gobierno de Allende, los nuevos dirigentes que asumen en la clandestinidad, tales como Carlos Montes (Cristián), Víctor Jeame Barrueto (Tito), Guillermo del Valle (Zuñiga), Rodrigo González (Javier), Guillermo Ossandón (Pizarro), Ricardo Brodsky (Mica), y Jaime Manuschevich (Ismael). En 1980, al no lograrse la unidad de los socialistas y al existir fuertes indicios que el PC se propone iniciar la lucha armada, optan por participar junto a otros sectores moderados del socialismo chileno, tales como Ricardo Lagos Escobar o Ricardo Núñez, en la renovación del ideario socialista chileno, influyendo de manera significativa en la conformación de la Convergencia Socialista y posteriormente del Bloque Socialista, lo que facilitó el entendimiento con el centro político y la creación de un vasto movimiento social democrático antidictatorial.

Dentro del MAPU, un grupo minoritario, encabezado por Guillermo Ossandón, se opuso a esta orientación y se marginaron de la nueva política, conformando un grupo que fue llamado MAPU Lautaro, que realizaron acciones violentas en contra de la dictadura militar, por lo que son considerados terroristas. Este sector de habia formado en Cuba, siguiendo orientaciones de G. Garretón desde inicios de los 80. Con el retorno a la democracia, este grupo siguió realizando acciones violentas, hasta ser desarticulado por los servicios de investigaciones.

En 1985, en el llamado Congreso de Unidad, realizado en forma clandestina en Punta de Tralca, los sectores encabezados por Garretón y Gazmuri, se reunifican, y asume como nuevo Secretario General Víctor Barrueto.

En 1988, la mayor parte de sus militantes contribuyen a la formación del Partido por la Democracia (PPD), y luego un sector importante ingresa al Partido Socialista de Chile. La militancia y cuadros del MAPU en realidad se distribuyen por partes casi iguales entre ambos Partidos (PPD y PS). Hasta la actualidad, 2008, la presencia del ex MAPU sigue vigente en la política y en el debate chileno, a través de diversos dirigentes en instancias de gobierno, del parlamento y en el mundo académico.


http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_de_Acci%C3%B3n_Popular_Unitaria

El MAPU bajo la lupa a 40 años de su fundación…

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AMBROSIO2La historiadora Cristina Moyano escribe libro sobre el Mapu

Aunque el movimiento original desapareció en términos históricos en 1989, sus fundadores siguen bajo la atenta mirada de partidarios y detractores. Y pasan de artífices de la transición a "demonios" concertacionistas, negociadores y lobbistas que abandonaron sus banderas para "venderse" a las bondades de un mercado que antaño criticaban.

NELLY YÁÑEZ y GUSTAVO VILLAVICENCIO

Sólo cinco turbulentos años alcanzó a existir el MAPU antes del 11 de septiembre de 1973. No obstante, este "partido mito" de la transición -que sucumbe en términos históricos en 1989 y que ficha a figuras como José Miguel Insulza, Eugenio Tironi, José Antonio Viera-Gallo y Enrique Correa- se niega a desaparecer y emerge hasta hoy en cada paso político de sus fundadores.

Su historia no es fácil. Parte con una cruda división de la DC, cuando la mayoría de la juventud, molesta con el gobierno de Eduardo Frei Montalva y apoyada por algunos parlamentarios como Jacques Chonchol, Rafael Agustín Gumucio, Julio Silva Solar y Alberto Jerez, opta por salirse del partido en 1969.

¿Su objetivo? Renovar la izquierda -a la que le aporta militancia cristiana- e impedir un gobierno de derecha en la presidencial del 70.

El naciente movimiento -conformado por cuadros profesionales y de élite- alcanza, sin base electoral, a conquistar puestos claves en el gobierno de la Unidad Popular. Pero sufre serios reveses. En 1971 migran todos sus parlamentarios a la recién formada Izquierda Cristiana; el 19 de mayo de 1972 su ideólogo, Rodrigo Ambrosio, muere trágicamente en un accidente automovilístico; en marzo de 1973 el movimiento se divide tras una pugna interna feroz, en la que hasta se disputan hasta la marca MAPU, y en septiembre pasan a la clandestinidad.

A 40 años de su fundación, la historiadora Cristina Moyano escarba en las entrañas de este movimiento en el libro MAPU o la seducción del poder y la juventud, que lanzará el 19 de mayo, para entender la influencia que hasta hoy tienen sus fundadores, cuyos movimientos políticos continúan bajo la atenta mirada de partidarios y detractores.

Pasan -según la autora- de artífices de la transición a "demonios de la Concertación", pues los ven como "los negociadores y los lobbistas, los que abandonaron sus banderas para ‘venderse’ a las bondades de un mercado que antaño criticaban".

Hoy su poder aparece menguado, aunque rebrotó con la llegada de Viera-Gallo a La Moneda y con las opciones presidenciales de Insulza para el 2014.

La ambiciosa campaña de inscripción:

"Seremos 100 mil"

La inscripción del partido fue una tarea ardua. La ley establecía 10 mil firmas y la directiva, pecando de optimista, lanzó la campaña "El pueblo inscribe al Mapu" y "Seremos 100 mil".

El libro sostiene que la cifra resultó inalcanzable y que la barrera autoimpuesta debió rebajarse a 40 mil, y luego a 20 mil. Al final, el 12 de agosto de 1971, el Mapu se inscribió con 34 mil firmas, cifra bastante lejana a sus expectativas originales.

Dos duras divisiones

El Mapu -el mismo partido que había provocado el primer quiebre en la DC- sufre una convulsión similar en agosto de 1971. Los ex rebeldes del falangismo -incómodos con la doctrina marxista- optan por migrar hacia la Izquierda Cristiana y dejan al movimiento sin parlamentarios.

El golpe más fuerte, sin embargo, viene el 7 de marzo de 1973, cuando las diferencias internas frente al poder y al gobierno de la UP se hacen insalvables y se quiebra el Mapu.

La historiadora Cristina Moyano menciona que la mecha la enciende un documento que aseguraba que el gobierno de Allende sólo tenía recursos económicos para mantenerse hasta fines de abril, elaborado por los militantes de ese partido Eduardo Aquevedo, Rodrigo González, Enrique Olivares, Kalky Glausser y Carlos Montes.

El gobierno de Salvador Allende exige sanciones y Garretón se niega aduciendo libertad de expresión

Jaime Gazmuri se autonomina secretario general subrogante, conformando una nueva directiva en conjunto con Fernando Flores, José Miguel Insulza, José Antonio Viera-Gallo y Carmen Gloria Aguayo. Y Garretón hace lo propio. El 15 de marzo, tanto el Partido Socialista como el MIR afirman que el verdadero Mapu es el que conduce Garretón, por lo que el grupo Gazmuri pasa a llamarse Mapu Obrero Campesino.

De ahí en adelante los grupos disidentes no sólo se pelean la figura de Ambrosio, sino que hasta se registran incidentes entre militantes.

Durante la clandestinidad y el exilio se convierten en bisagras para el diálogo entre la izquierda y la Democracia Cristiana, contactos claves para el origen de la Concertación y para el proceso de transición a la democracia.

Ex esposa de Belisario Velasco fue afectada:

Los costos del compromiso total que exigía el partido

Tiempo completo exigía el partido. Era la casa y el hogar. Una de las afectadas fue María de la Luz Silva, en ese tiempo esposa del DC Belisario Velasco y con cuatro hijos.

El testimonio que entrega en el libro es el siguiente: "Me separé el 72, en mayo, poco después de un gran problema que fue la discusión previa al Congreso, donde se dio la orden de concentrarse en el partido. Había que ir a unas reuniones, y en ellas se comenzó a trabajar además la idea de prepararse ante un posible enfrentamiento armado. Había alertas y, en esa época hubo una primera alerta, y yo me tuve que dirigir al lugar correspondiente. Entonces llegué más tarde a mi casa, y cuando iba de vuelta para la casa me chocaron los tiras y terminé llegando como a las dos de la mañana. Y claro, no me creyeron que venía de la reunión política, y era verdad, porque en eso estábamos y más encima con el auto chocado. Entonces tuvimos una discusión muy fuerte, en un ambiente que ya estaba muy conflictivo, porque en ese tiempo el marido mío estaba a cargo de Radio Balmaceda y él estaba en contra de Tohá y del gobierno, y nos habíamos pasado el verano entero peleando. Entonces, después de ese episodio, como él no se fue de la casa, me fui yo".

Allende los instala en complejos puestos

Apenas roto el cascarón, el Mapu determina su estructura. Los "viejos" quedan en la dirección: Jacques Chonchol, como secretario nacional, seguido de Rafael Agustín Gumucio, Alberto Jerez, Julio Silva Solar y Vicente Sota.

Y toma dos decisiones: que no será partido y que privilegiará el programa por sobre el candidato. Tanto, que autodefine su identidad diciendo que "pretendemos ser un movimiento de cuadros, y no un movimiento de masas. No pretendemos andar robándoles gente a los demás, sino dedicarnos a crear conciencia revolucionaria".

No obstante, a poco andar, debe hacer ajustes. En septiembre de 1969 designa como precandidato a Chonchol, para no quedar fuera de las negociaciones, al que baja en enero del 70 en pro de la unidad.

Tras el triunfo de Salvador Allende, el Mapu coloca a sus profesionales a disposición, y se visibiliza en dos áreas: la reforma agraria, donde Chonchol, como ministro de Agricultura, toma el papel principal, y el área de la constitución de la propiedad social con Garretón en la subsecretaría de Economía y José Antonio Viera-Gallo en la de Justicia.

"En otras palabras -sentencia Moyano-, el Mapu se hizo perceptible en dos de los proyectos más ambiciosos y más criticados por la derecha chilena, por el impacto que tuvieron en la problemática de la propiedad privada".

El Mercurio.com