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Chile: movilización estudiantil y represión general…

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Un día de furia en Santiago de Chile

BBC, Rodrigo Bustamante

Viernes, 5 de agosto de 2011

Una de las jornadas más violentas desde el retorno a la democracia en 1990 es la que se vivió este jueves en Santiago de Chile, donde dos manifestaciones de los estudiantes que piden mejoras en el sistema educacional, que no estaban autorizadas, fueron impedidas con un gran despliegue policial.

Manifestaciones de estudiantes en Chile

El gobierno de Sebastián Piñera no autorizó las manifestaciones por considerar que se altera el orden público.

La Plaza Italia es el sector céntrico donde los chilenos se reúnen para festejar los grandes hitos deportivos o políticos y los estudiantes secundarios, universitarios y profesores definieron ese punto para iniciar dos marchas por la Alameda rumbo al palacio de La Moneda.

Sin embargo, el gobierno de Sebastián Piñera no autorizó estas manifestaciones por considerar que se alteraba el orden público al ocupar la principal avenida de Santiago, además de explicar que el permiso no fue oficialmente solicitado.

Y para algunos, esa actitud oficial habría fomentado la participación de un grupo estudiantil que lleva 83 días movilizado, y que decidió expresarse de todas formas tratando de reunirse en las inmediaciones de la Plaza Italia.

Un gran operativo policial los fue dispersando desde antes que intentaran empezar a marchar, generándose incidentes que se extendieron durante toda el día, y se intensificaron al caer la noche.

clicLea: El malestar de los chilenos

"Error gubernamental"

La decisión de cercar algunos sectores de Santiago con un fuerte contingente policial, que llevó a la dirigenta universitaria Camila Vallejo a hablar de una ciudad en "estado de sitio", fue considerada como una estrategia equivocada por el psicólogo social Sergio González.

"Es un error del gobierno, que ha apelado al principio de autoridad y a no permitir la manifestación de los ciudadanos, pero eso significa un retroceso porque al final la imagen internacional y nacional del control o el principio de la autoridad queda totalmente en cuestión", le dijo González a BBC Mundo.

Manifestaciones de estudiantes en Chile

La actividad en el centro de Santiago permaneció prácticamente detenida durante los enfrentamientos matutinos.

Similar fue la visión del politólogo de la Universidad Central Marco Moreno, quien cree que se cometió "un error estratégico" con la prohibicion ya que tensó las cosas con los estudiantes que debian responder a la propuesta de 21 puntos que les entregó el Ministerio de Educación días atrás y precipitó los acontecimientos.

Los estudiantes secundarios y superiores oficializaron su rechazo al ofrecimiento gubernamental argumentando que no hubo respuesta a los cambios profundos que piden, como una reforma del sistema educacional y prohibir que universidades privadas lucren con su labor.

Pero además pusieron un plazo de seis días para obtener una nueva propuesta que "se haga cargo del fervor social", lo que marca un punto importante según Sergio González.

"Es el mundo al revés porque los estudiantes han llamado a la reflexión al gobierno y le han dado seis días como plazo para poder cambiar su opinión, lo que significa que el Estado se ve cuestionado", sostuvo.

La figura del presidente

La decisión de prohibir la realización de las marchas llegó el mismo día en que se daba a conocer la encuesta semestral del Centro de Estudios Públicos (CEP) -la más importante del país- que arrojó que el presidente Sebastián Piñera obtuvo un 26% de aprobación y un 53% de rechazo.

Manifestaciones de estudiantes en Chile

La jornada de enfrentamientos hizo que los datos de popularidad de Piñera pasaran casi desapercibidos.

Se trata del peor nivel de aprobación de un mandatario desde 1990, resultado que según el analista Marco Moreno responde en cierta parte a que "hay una idea instalada de que el gobierno no está enfrentando de manera adecuada el conflicto estudiantil".

"Hay un desacierto serio en términos de la manera en que se enfrentan los problemas, y esa es la sensación que se ha ido instalando entre los ciudadanos", declaró a BBC Mundo, para aventurar una explicación a la determinación de sacar a la policía a las calles e impedir las manifestaciones.

"El gobierno necesita reforzar el grupo más duro de adhesión, que son los sectores de derecha que están muy disconformes con la manera en que se están manejando las acciones, por lo tanto tenía que dar muestras de que tenía el control de la situación y de allí la mano dura que hemos visto hoy día con los estudiantes", sostuvo.

Una de las últimas cifras entregadas por la policía habla de 552 detenidos a nivel nacional, tras una jornada que en la capital chilena se caracterizó por el levantamiento de barricadas en diversos sectores y por el uso intensivo de gases lacrimógenos por parte de los carabineros.

La actividad en el centro de Santiago se vio prácticamente detenida durante gran parte del día, y el ministro portavoz de La Moneda, Andrés Chadwick, enfatizó que lo que pasó el jueves "es culpa de quienes quieren quebrantar el orden público y quieren quebrantar las normas que rigen para todos los chilenos y chilenas".

Chile: por qué Piñera está fracasando…?

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17 de Junio de 2011

El complejo escenario de la derecha post Termas de Cauquenes

Por qué Piñera no da el ancho en la conducción política

El diagnóstico está claro hace rato: el gobierno y especialmente el Presidente tienen un importante déficit político. Pero después del revival de los Coroneles en el Consejo de la UDI el sábado pasado, el asunto pasó a castaño oscuro. Aquí un descarnado análisis de la falta de timing del Mandatario, de su gran preocupación por la gestión y los números y de su escasa sensibilidad para generar confianzas. Pero sobre todo -como resienten en la derecha-, de la incapacidad de anteponer el proyecto colectivo al éxito individual.

por Yael Schnitzer, El Mostrador

“Otros mandatarios hubieran recibido al partido en La Moneda, porque son ellos los que van al Presidente no a la inversa. Al ir al cónclave de la UDI se sobreexpuso innecesariamente y eso debilita la figura de la autoridad presidencial”, asegura Claudio Fuentes, analista político de la Universidad Diego Portales. Varios analistas concuerdan en que la decisión de Piñera de asistir al cónclave de la UDI, el fin de semana pasado, fue un error. El escenario le era adverso, porque la crisis política del oficialismo seguía en el aire.

El hecho de que Pablo Longueira se tomara la UDI y surgiera como líder indiscutible de ella –tras su discurso en el cónclave – cuestiona el mando de Piñera. “Hay símbolos de la autoridad presidencial que no puedes romper y uno de ellos es la relación con los partidos. Es el Presidente quien tiene que decidir con quién habla y el protocolo apunta a los presidentes de los partidos. En eso ha fallado el gobierno”, asegura Fuentes.

La torpeza política del Presidente tiene que ver con su personalidad y con que no le da importancia a la tradición republicana, es decir, no sigue los protocolos establecidos para moverse en el mundo político. Esto quedó expuesto en el caso de Punta de Choros, donde muchos chilenos decían “no a la termoeléctrica” y él con una llamada logró lo que la gente quería. El problema es que no supo anticipar el rechazo transversal a su iniciativa, porque “rompe con la institucionalidad y no toma en cuenta los canales existentes para tomar estas decisiones”, asegura Fuentes.

La carencia de timing político del Presidente también quedó expuesta tras el almuerzo que sostuvo en La Moneda con los principales líderes de la Concertación. “Está en el hecho de tener un doble discurso, donde por un lado pide unidad nacional y por el otro mantiene una guerrilla constante con la oposición”, explica Fuentes. El analista califica este hecho como una “estrategia política muy negativa” y  agrega que “invitarlos a almorzar y salir de la reunión criticándolos, le resta credibilidad y autoridad al Presidente, que son precisamente sus flancos más débiles”.

El amateur de la política

“Piñera es un winner, imbatible en los números, pero en historia y política es un amateur. Es como el nuevo rico de la política”, asegura un destacado analista político. Es que el estilo “Piñera” está dejando más que un sello en La Moneda y prácticamente se ha convertido en el talón de Aquiles, del primer gobierno de derecha después de 20 años.

El Presidente se mueve solo en sus decisiones y “no va a aceptar la lógica de cogobierno, a diferencia de la Concertación”, asegura por otro lado Guzmán. Es un factor clave para entender los desencuentros entre Piñera y la UDI, porque él aspiraba a conquistar la Presidencia de la República, mientras que la UDI a conquistar el poder. Esa asimetría en la valoración de lo político, es la clave para medir las distancias conceptuales entre la UDI y La Moneda.

Los problemas de la Alianza y del propio gobierno  han quedado expuestos en la incapacidad de anticiparse a las crisis políticas, tal como ocurrió con el caso de la ex Intendenta Van Rysselberghe, las protestas ciudadanas por el gas en Magallanes y las manifestaciones de rechazo a HidroAysén. Por otro lado, han existido problemas en el área legislativa al no informar o integrar al debate a la UDI antes de presentar los proyectos y finalmente, en la coordinación entre los ministros frente a temas clave como el post natal.

“Piñera gestiona… pero le falta hacer política. Anticiparse a las crisis, socializar los proyectos dentro de la Alianza antes de lanzarlos y coordinar a los ministros. Esas son las debilidades políticas de este gobierno”, asegura Eugenio Guzmán, analista político de la Universidad del Desarrollo. En Piñera prima el empresario por sobre el político y pese a que “hay un esfuerzo por vender el sello empresarial, es un modelo de administración que falló y tiene que ver con que no invitó a la fiesta a quienes pagan la cuenta (UDI)”, asegura un analista.

The Piñera way

“Piñera lidera el clan de una familia a la que no pertenece”, asegura otro destacado analista político. Es que el origen ideológico del Presidente no está en la derecha, él proviene de una familia vinculada a la DC, votó por el No y “es más bien liberal”. Este analista asegura que “buena parte del problema de relación con su sector está ahí, por ser un transplantado, un extranjero que miran con recelo”.

En el actual gobierno hay un problema de relaciones humanas, que tiene que ver con un ADN de derecha que no se refleja en el Presidente y que su sector resiente. Pero ese no es el único aspecto de Piñera que complica la gestión. Su esencia empresarial-bursátil ha determinado la arquitectura del gobierno. “Él decidió contratar gerentes más que políticos y de algún modo los parlamentarios se sintieron desplazados. La UDI, y en menor escala RN, tiene el síndrome de ser invitado: Piñera es el anfitrión y es difícil para ellos exigir un menú distinto o cambiar las reglas del protocolo”, como asegura Guzmán.

Es que Piñera siente que no le debe nada a nadie. Es un self made man, no sólo en su carrera empresarial sino que también en la política. “El modelo de gobierno está marcado por el personalismo y por establecer relaciones bilaterales con sólo algunos articuladores. Es una lógica gerencial, del estilo del sector privado… pero que no funciona en el sector público”, explica Marco Moreno, analista político de la Universidad Central. Quien agrega que “al Presidente no le gusta compartir las decisiones. Él siente que le hizo un favor a la Alianza al llegar al poder y cree que le deben el respaldo por eso”.

Esto se refleja en las designaciones ministeriales, donde nombra inicialmente a un “gabinete a su estilo y forma de ser, gerentes que sólo le responden a él”, como asegura un analista. Incluso, cuando finalmente hace el gran gesto de incorporar a dos elementos políticos –Allamand y Matthei – lo hace en carteras complicadas y deja fuera a Longueira, su rival histórico. Para este analista, Piñera se seguirá resistiendo a nombrar a su enemigo, “porque sería una renuncia a su modelo de gobierno y a su propia personalidad. No quiere gente que le haga sombra”.

La obsesión del Presidente

“Piñera nunca ha trabajado para nadie, no tiene una ideología profunda y no trabaja para la derecha. Él no gobierna para instalar a su sector en el poder, a él le interesa estar en los libros de historia como el primer Presidente de derecha después de 20 años”, explica un analista. El Presidente se mueve solo en sus decisiones y “no va a aceptar la lógica de cogobierno, a diferencia de la Concertación”, asegura por otro lado Guzmán.

Es un factor clave para entender los desencuentros entre Piñera y la UDI, porque él aspiraba a conquistar la Presidencia de la República, mientras que la UDI a conquistar el poder. Esa asimetría en la valoración de lo político, es la clave para medir las distancias conceptuales entre la UDI y La Moneda.

No sólo es un jugador solitario, sino que es un competidor en todo momento y necesita medirse constantemente con el resto. Eso está en el ADN de Piñera y es legado de su formación familiar, donde siempre lo motivaron a ser el mejor, el número uno. Hoy lleva este aspecto al extremo y algunos lo califican hasta de “enfermizo”. Un analista dice que “sólo esto explica su obsesión con Bachelet y la Concertación, con los que se compara  continuamente para poder medir sus logros”.

El Presidente siempre busca más y “se obsesiona con las cosas que no puede alcanzar”, asegura un analista. Primero se esforzó por ser un gran empresario, cuando se consolidó se empeñó en el poder político y a pesar de que no le fue fácil, logró llegar a La Moneda. “Es una persona que nunca está satisfecha y ahora busca lo que le ha sido esquivo: el respeto, el cariño y la empatía. Se ha obsesionado en parecerse a Bachelet y eso está lejos de su potencial”, explica este analista.

El factor “Piñera” en la crisis política que vive el oficialismo es clave. No sólo ha determinado la forma en que se relaciona el gobierno con la Alianza, sino que también la de los propios ministros entre sí. El Presidente genera anticuerpos dentro de la UDI y en la Concertación cae mal y más aún, por las continuas comparaciones entre su gobierno y los 20 años del otro. Piñera es “como el escorpión cuya personalidad no cambia. La derecha está resignada, pero tarde o temprano va a explotar. Hoy es el AVC, pero mañana será otra cosa”.

Francia: el devastador efecto (político) del escándalo Strauss-Kahn…

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 Por Eduardo Febbro

Desde París


Entre la indecencia de algunos juicios precipitados, la tesis de un complot y la sensación de que un bloque de hielo se cayó sobre la cabeza de los socialistas, las reacciones a que dieron lugar el arresto y la inculpación de Dominique Strauss-Kahn abarcan todo el abanico que va de la incredulidad hasta la desesperanza. El director gerente del FMI era la carta ganadora del PS para las elecciones presidenciales de 2012. Desde hace ya mucho tiempo, sondeo tras sondeo, Strauss-Kahn figura como el candidato a quien ningún adversario de la derecha podía derrotar, menos aún el actual presidente, Nicolas Sarkozy.

Las encuestas de opinión publicadas un día antes del escándalo de Nueva York lo ubicaban no sólo como el candidato preferido de los socialistas sino también de los franceses. Pero su detención deja huérfanos al partido y los electores. El plazo para la presentación de las candidaturas se vence dentro de un mes y es poco probable que en un lapso tan corto un caso tan escabroso pueda resolverse favorablemente.

La agresión sexual contra una mucama del hotel Sofitel de Nueva York completa un cuadro negro para el socialismo francés con la figura de Dominique Strauss-Kahn en el centro. Unas fotos publicadas hace unos días donde se veía al jefe del FMI en un lujoso Porsche de 100.000 euros empezaron a empañar la imagen del candidato virtual a quien se le reprochó su elevado nivel de vida: un departamento en París –Place de Vosges– de varios millones de euros, mansiones en Marruecos, es decir, posesiones y estilo de vida muy alejados de un socialista. Su detención en Estados Unidos abre el juego dentro del PS al tiempo que despeja el terreno de la derecha, en lo concreto el camino hacia la reelección de Sarkozy. El gobierno francés mantuvo ayer un perfil bajo. En un breve comunicado, el Ejecutivo llamó a que se respetara “el proceso judicial” y puso por delante el derecho “a la presunción de inocencia”. Menos prudente, la jefa de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, estimó que Dominique Strauss-Kahn estaba “desacreditado para siempre”. Un diputado del partido de Sarkozy, la UMP, Bernard Debré, se despachó con un “ha humillado al FMI y también a Francia”. En cambio, Henri de Raincourt, ministro de Cooperación, fue uno de los primeros en evocar la posibilidad de que Dominique Strauss-Kahn hubiese caído “en una trampa”.

Pero todo se desplaza hoy al PS francés. Su actual primera secretaria, Martine Aubry, no ocultó que el escándalo era como un terremoto pero llamó a todos a permanecer “unidos y responsables”. La ex candidata del PS a las elecciones de 2007, Ségolène Royal, declaró que todas las acusaciones “estaban por verificarse”. El rival más serio de Strauss-Kahn en la interna socialista, François Hollande, también pidió “retención”. La mayoría de los amigos o aliados de Strauss-Kahn argumentaban que los cargos contra el director gerente del FMI no coinciden con el hombre que ellos conocen. Sin embargo, el caso vino a romper en mil pedazos la estrategia presidencial del PS. De alguna manera, la sombra del escándalo envuelve a los socialistas, tanto a sus enemigos internos, es el caso de François Hollande, como a quienes estaban unidos por un pacto con él, en este punto concreto Martine Aubry. Jacques Attali, el ex consejero del difunto presidente socialista François Mitterrand, evocó abiertamente la existencia de un “complot” contra Strauss-Kahn pero también una realidad: “Strauss-Kahn no podrá estar presente en las primarias socialistas”.

La probable desaparición de Dominique Strauss-Kahn de la trayectoria presidencial abre una caja de Pandora dentro del PS. Su favoritismo en los sondeos había terminado por federar a un movimiento que no gana una elección presidencial desde 1995. Pero si el rey de los sondeos queda afuera, las ambiciones personales volverán al primer plano. Hay por lo menos media docena de candidatos para la candidatura y uno que, después de Strauss-Kahn, viene ganando adeptos semana tras semana. Se trata del ex primer secretario del PS, François Hollande. Con primaria complicada o sin ella, la ecuación de la victoria socialista se tornó enredada. Habrá que hacer una campaña interna primero y luego frente a un país con el espectro del escándalo Strauss-Kahn detrás de cada puerta. El descrédito global restará puntos a quien defienda las ideas de la rosa. La derecha, hoy prudente, no dudará en abrir el placard de los recuerdos escondidos.

Página/12

Poder, dinero y muchas mujeres

El director del FMI, el mayor rival de Sarkozy, sufría críticas por su comportamiento sexual y sus hábitos de millonario

A. JIMÉNEZ BARCA – París – 16/05/2011

El dirigente socialista con más posibilidades de derrotar a Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales de 2012, Dominique Strauss-Kahn (DSK), arrastraba desde hacía varios años dos puntos débiles y peligrosos: una vida sentimental explosiva producto de su fama de mujeriego y un tren de vida de millonario de catálogo poco acorde con el de un líder que aspira a reunir a su alrededor a la izquierda francesa.

Dominique Strauss-Kahn

Dominique Strauss-Kahn

El mismo Sarkozy le recordó a DSK la primera de sus debilidades cuando se disponía a dejar París en dirección a Washington a fin de hacerse con las riendas del Fondo Monetario Internacional (FMI). La escena se cuenta en el libro Les secrets d’un présidentiable, publicado el año pasado y escrito por una ex colaboradora de Strauss-Kahn que firma como Cassandra. En septiembre de 2007, en El Elíseo, el presidente de la República le advirtió: “Ten cuidado: ahí en EE UU no se bromea. Evita coger el ascensor tú solo con una becaria, ya sabes a lo que me refiero. Francia no puede permitirse un escándalo”.

Un año después del consejo, en octubre de 2008, saltaba el escándalo: la prensa estadounidense se hacía eco de una relación sentimental entre Strauss-Kahn y una economista húngara empleada del FMI que acusaba a su superior de haber abusado de su cargo para aprovecharse de ella. “No puede trabajar con mujeres a sus órdenes”, aseguraba entonces la economista por carta. DSK sufrió una investigación por parte del FMI de la que salió exculpado aunque noqueado. Días después pedía disculpas por esa “aventura de una noche” y su mujer le perdonaba públicamente en las páginas de su blog.

Ahora, años después de ese episodio, tras gestionar con brillantez el FMI en los periodos turbulentos de la crisis planetaria, haberlo hecho crecer en influencia y haberse forjado, de paso, una estatura política internacional capaz de hacer sombra (mucha sombra) a ese mismo Sarkozy que le dio una recomendación algo maligna el día de la despedida, Dominique Strauss-Kahn se encuentra de nuevo en la cuerda floja por un escándalo sexual, eso sí, de otra naturaleza y, de confirmarse la acusación, muchísimo más grave que el de la economista húngara. Siempre ha soportado cierta fama de obseso sexual, desde sus tiempos de ministro. “Es un seductor, le gustan las mujeres, pero no es un violador. No es alguien que esté frustrado”, replicaba ayer Michel Taubmann, autor de una biografía de Strauss-Kahn, titulada La verdadera novela de DSK, publicada la semana pasada y, visto lo visto, ya antigua.

DSK, de 62 años, apasionado de la tecnología y del ajedrez, políglota y diletante, de espaldas anchas y de porte cuadrado, nació en Neully-sur-Seine, en el seno de una familia de origen judío. Su currículum asombra: es diplomado en Comercio, Ciencias Políticas, Derecho y profesor de Economía. Fue diputado con 37 años y ministro de Industria y Comercio con 42, en 1991, con Pierre Beregovoy. En 1997, Lionel Jospin, su mentor en el Partido Socialista francés (PS), le confió el puesto clave de ministro de Economía y Finanzas, desde donde peleó contra el déficit público —un problema endémico en Francia—, privatizó varias empresas claves, como Air France y France Télécom y batalló por la entrada de Francia en el euro. Siempre se ha confesado socialdemócrata, seguidor a cierta distancia del intervencionismo económico de Keynes.

Se ha casado tres veces: su actual esposa, Anne Sinclair, es una famosa periodista de televisión, antigua estrella de TF1, y nieta heredera de la inmensa fortuna del conocido marchante de arte neoyorquino Paul Rosenberg.

En 2007 aspiró a ser el líder del socialismo francés. Pero perdió en las primarias de entonces frente a Ségolène Royal. Ahora cabalgaba en todos los sondeos aunque en las últimas semanas se habían hecho públicas ciertas informaciones sobre su tren de vida de millonario que debilitaban su imagen: paseos por París en el Porche Panamera de 100.000 euros de un amigo, trajes de modistos exclusivos de 30.000 euros, cocinas de 100.000 incrustadas en palacetes del siglo XIX en Marraquech…

El mismo Sarkozy, al que se le han criticado siempre sus maneras de nuevo rico, se había reído también de este segundo punto débil de su enemigo más poderoso: en una conversación con diputados de su grupo comentó: “A su lado, yo soy un monje trapense”.

El País.com

Written by Eduardo Aquevedo

16 mayo, 2011 at 20:46

Francia: prevén repunte de la izquierda y alta abstención…

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Los sondeos marcan dos tendencias para el domingo: la supremacía de las listas de izquierda frente al oficialista UMP y la existencia de una mayoría abstencionista. El debate se contaminó con temas como la inmigración.

Por Eduardo Febbro

Desde París

El desencanto y su consecuencia inmediata, la abstención, amenazan la primera vuelta de las elecciones regionales que se celebran el próximo domingo en Francia. Los sondeos de opinión marcan dos tendencias fuertes: la supremacía de las listas de izquierda frente al partido presidencial UMP y la existencia de una mayoría abstencionista que podría convertir estas elecciones en las menos votadas del último cuarto de siglo. Las encuestas coinciden en apuntar el ascenso del Partido Socialista en las intenciones de voto. El PS podría obtener 31 por ciento de los sufragios frente al 27 por ciento de la UMP. En tercer lugar vienen las listas de Europa Ecología, movimiento encabezado por el ex líder de Mayo del ’68 Daniel Cohn-Bendit, 14 por ciento; la extrema derecha del Frente Nacional, 9 por ciento; el Frente de Izquierda, 6 por ciento, y el partido centrista Modem, 5 por ciento.

En términos globales, las listas de izquierda obtendrían 48 por ciento, mientras que la derecha se quedaría con 32 por ciento del electorado. El contexto muestra que pese a su desunión, su falta de línea clara y sus innumerables tropezones, la izquierda socialista no ha perdido el apoyo de su electorado regional. Sin embargo, en términos de lectura de la calidad de la democracia, lo más inquietante son los altos índices de abstención que se prevén, el desinterés de los electores por las plataformas políticas, la alucinante distancia entre los políticos y las necesidades de la población y la contaminación del debate electoral con los temas ligados a la identidad nacional, las discriminaciones y los inmigrados. Este último capítulo ha sido notablemente fructuoso en groserías de todo tipo en contra de los extranjeros. Sus protagonistas salieron de todos los sectores del arco político francés y con ello rompieron la hegemonía que la ultraderecha francesa mantenía no sólo sobre el tema, sino también con el tono vulgar y agresivo. Un miembro de la mayoría gubernamental habló de “invasión”, un ministro en ejercicio evocó que el problema era cuando había “demasiados” –gente de origen árabe– y un dirigente socialista declaró que no votaría por el ex primer ministro socialista Laurent Fabius, de origen judío, porque éste no tenía “una jeta demasiado católica”.

A este ramito de cortesías también le caben las ya abusivas vulgaridades de la extrema derecha y sus afiches electorales que hacen de los extranjeros una suerte de plaga invasora. Eso sí, todo esto sin que jamás un juez u otra autoridad se pregunte sobre los límites que ya es hora de trazar en un Estado que hizo de los derechos humanos un eje de la construcción de su identidad. En la región de la Costa Azul, Jean-Marie Le Pen tuvo que acudir ante la Justicia luego de una querella presentada por la Liga contra el Racismo debido a un sucio afiche electoral que mostraba a una mujer con velo, un mapa de Francia cubierto con la bandera de Argelia lleno de misiles y el eslogan “No al islamismo”.

La iniciativa de Eric Besson, ministro de Inmigración e Identidad Nacional, contribuyó en mucho a crear un remolino que fue arrastrando todo a su paso. Besson lanzó hace unos meses un debate sobre la “identidad nacional” mediante una consulta que consistía en responder a la pregunta “¿Qué es ser francés?”. Esa idea respondía a una estrategia electoral cara a las elecciones regionales, pero suscitó tantos debates y excesos que el primer ministro francés, François Fillon, tuvo que dejar a un costado esta propuesta para contrarrestar los efectos nefastos que estaba acarreando para la mayoría.

La crisis internacional, sus consecuencias sobre el tejido social y el desempleo, así como la incapacidad del sistema político para aliviar su impacto terminaron cerrando a los electores en el desencanto. En enero pasado, un estudio del Centro de Investigaciones Políticas de la Universidad de Ciencias Políticas (Cevipof) constató que el 67 por ciento de los franceses no tenía confianza ni en la izquierda ni en la derecha para resolver los problemas del país. Brice Teinturier, miembro de la encuestadora TNT-Sofrés, explicó al diario Le Monde que “la abstención tiene una razón mayor: la supuesta impotencia de los políticos para resolver los problemas de la sociedad francesa, en especial el desempleo”. Los medios de comunicación no son ajenos a esta distancia: privilegiaron los temas colaterales, los antagonismos de conventillo, redujeron la pertinencia de los debates en una suerte de concurso sobre quién era el más ligero, el más superficial, el más espectacular y vacío. Señoritas de llamativa belleza y jóvenes de corbatas luminosas entrevistan con la misma regla de la ignorancia a un candidato o a un cantante de moda.

El abismo entre electores y gobernantes podría llevar a la abstención a superar la barrera del 50 por ciento. En las precedentes elecciones regionales de 2004, la abstención alcanzó el 39,2 por ciento de los electores. Luego, en las presidenciales de 2007, la densa confrontación izquierda-derecha entre el actual presidente, Nicolas Sarkozy, y la candidata socialista, Ségolène Royal, movilizó al electorado. Tres años después, la abulia, el desaliento y la incomprensión están edificando un muro entre el electorado y las urnas.

Página/12

Written by Eduardo Aquevedo

9 marzo, 2010 at 22:42

Frei vs. Piñera: sus posibilidades y límites electorales…

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4 de Enero de 2010

¡Es la política estúpido!

CHILE-FREI-PIÑERA1

MARTA LAGOS

Directora de la Corporación Latinobarómetro y de la consultora Mori-Chile.
http://www.latinobarometro.org

El 5 de octubre de 1988 Chile votó en un plebiscito derrotando con el NO a Pinochet. 3.119.110 chilenos votaron por el SI y 3.967.569 lo hicieron por el NO. De un total de 7.4 millones votan 7.2 millones con una participación electoral de 98%. Desde entonces,  en 20 años, entre 1989 y 2009 el padrón electoral crece en solo 849.273 nuevos inscritos (8.285.186 en 2009 y 7.435.913 en 1988) y la participación electoral  decrece sólo a 89% de ese padrón en el mismo período.

En apariencias es una participación extraordinaria. La realidad es otra.  En primer lugar aumenta la cantidad de personas que no votan válidamente. Aumenta de 577.679 en la elección de Patricio Aylwin a  1.172.746 en la primera vuelta de diciembre del 2009  los que votan válidamente (suma de nulos blancos y los que no votaron y están registrados).  Mientras el 91% de las personas que tienen derecho a voto son las mismas, lo que  cambia entre 1988 y 2009 en el comportamiento electoral de las elecciones presidenciales es la cantidad de gente que no vota válidamente, que se multiplica por más de dos veces.

No se puede hacer el análisis por unidad de voto, porque los datos no están disponibles, salvo a nivel agregado, como resultados.  Es importante señalar que la base de datos de los inscritos son privadas, no están disponibles al público pues el servicio electoral  chileno lo vende como “producto”. Lo mismo sucede con las bases de datos de las elecciones. No hay bases de datos para poder hacer análisis. No es de extrañar que la ciencia política sobre las elecciones no tenga en Chile ningún desarrollo, casi sin literatura y sin análisis científicos de las elecciones, ya que los datos hay que comprarlos. Chile vive de la política hecha con seudo ciencia por los diarios. Los “analistas” han reemplazado a los científicos. Chile ha privatizado el análisis de la política con estas medidas. Los que tienen los datos son los que se los “consiguen”, y los que tienen acceso por el Estado. No está disponible la estadística de cuántas veces el servicio ha “vendido” las bases.  Eso crea una tremenda desigualdad para el desarrollo de la ciencia sobre las elecciones.

Todas las otras diferencias de votantes son pequeñas a lo largo de estos 20 años. Desde 1988, en total hay sólo 221.000 votantes de diferencia entre la elección en que han votado más chilenos (1993) y en las que han votado menos (1989) y con sólo 357.339 votos entre el Presidente elegido con más votos (E. Frei1993) y menos votos ( R. Lagos 2000). Las dos elecciones mas competitivas en que  más gente ha votado válidamente son: el plebiscito y la segunda vuelta entre Lagos y Lavín,  con  más de 7 millones.

Piñera puede ganar la Presidencia con los mismos votos y menos que los que obtuvo Lavín en Enero del año 2000. En ese escenario Chile no necesita correrse a la derecha para tener un presidente de derecha, o dicho de otra manera, no necesita “conquistar” votos de la Concertación para ganar.

La elección Lagos Lavín del año 2000 marca el comportamiento electoral, confirmando la teoría política que señala que es la competencia la que lleva a las personas a votar. En esa elección votan 92 mil personas más que en el plebiscito de 1988 que ha sido llamada la “revolución participatoria”.  En efecto, el año 2000 votan 7.178.727 chilenos válidamente,  241, 208 votantes más que en la primera vuelta entre Piñera y Frei en Diciembre del 2009.

Podríamos entonces decir que esta primera vuelta del 2009 NO fue vista como  una elección competitiva para los chilenos, ya que produce  la menor cantidad de votos válidos desde 1988.

¿Qué nos dice esto de la consolidación de la democracia y la evolución de la política? ¿Cómo se llama esto? Qué duda cabe que hay tensión en el electorado. El 92% de los electores deciden por el resto de la misma manera que siempre. Es un sistema político estático, donde no se incorpora la opinión de nuevos votantes. Los electores mantienen una estabilidad artificial respecto de las preferencias reales del total de electores, que no hace sino reforzar la crisis de representación.

La elección (exceptuando la actual) que ha concitado menos votantes a las urnas es la segunda vuelta de Michelle Bachelet en Enero del año 2006. En esa ocasión votó válidamente el 85% del padrón electoral, con 1.261.484 que no emitieron su voto válidamente. Esta primera vuelta de 2009  vota incluso menos gente, tanto válidamente como en total,  que en la segunda vuelta de Michelle Bachelet  (21.894 personas  menos). Esto  resulta contradictorio con la gran mayoría de los analistas y  medios que manifestaban que era una elección muy  competitiva por la irrupción de ME-O.

Sin embargo las encuestas CERC y MORI le daban desde 2008 una imagen de triunfo a Piñera que era muy mayoritaria, teniendo más de 20 puntos de diferencia con el siguiente contendor. Una imagen de triunfo de esa magnitud no es compatible con una elección muy competitiva.

También al mirar las segundas vueltas, la tendencia de la evolución del voto es negativa. La primera vez que dos candidatos pasan a segunda vuelta en Chile fue en 1999,  Lagos obtiene el 48% de los votos.  La segunda vez  en 2005 con Michelle Bachelet, que obtiene un 46% de los votos. Esta es la tercera vez que hay segunda vuelta, con Sebastián Piñera  que obtiene 44% de los votos. Cada vez se necesita  menor votación para pasar a segunda vuelta. O bien, en este caso, hubo un desincentivo a votar, ya que la candidatura de ME-O hizo casi cierta la posibilidad de una segunda vuelta.

Tenemos entonces un padrón electoral que no crece, con el 92% que es la misma gente de 1989, donde crecientemente menos personas inscritas votan válidamente. Lo que más cambia entre elección y elección es la cantidad de personas que van a votar. Mientras los analistas y los medios, así como las conclusiones sobre la evolución del voto centran su atención en los que no están inscritos, el comportamiento de los inscritos muestra la misma tendencia sugiriendo que el problema no es la inscripción, sino más bien los incentivos de un electorado decepcionado con el valor de su voto, y las opciones que se brindan.

En este contexto, el escenario de segunda vuelta es probablemente el menos competitivo desde 1989, lo que  haría de la elección presidencial 2010 aquella donde habrían votado menos chilenos válidamente. Es decir el ganador necesita menos votos para ganar.

LA PRIMERA VUELTA DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DEL 13 DE DICIEMBRE 2009

La primera vuelta es muy fácil de analizar. Se trata de una elección atípica con un padrón envejecido, estático, no competitiva. El electorado mantiene durante todo el año la imagen de triunfo de un candidato, sin que nadie le compita. La inserción de un tercer candidato ( mas allá de los dos candidatos de las dos coaliciones Alianza y Concertación) fuera de programa, introduce un elemento de desmedro de ambas coaliciones que se habían partido el electorado por mitades desde 1988. El “tercer” candidato Marco Enríquez-Ominami, hijo de la oligarquía de izquierda, no es otra cosa que la consecuencia de la ley electoral binominal que opaca el rol de los partidos, congela la competencia ideológica hace explotar el sistema de partidos, principalmente la coalición de gobierno. Este no solo le quita votos a la Concertación, absorbiendo una gran parte del electorado de izquierda, sino que le quita votos a la derecha.

Marco Enríquez-Ominami muestra que las opciones que entrega el sistema de partidos políticos en Chile, no son las que quiere la gente, esta es una elección en que los partidos políticos, más que los candidatos, están puestos en cuestión. Son, sin embargo, los candidatos los que aparentemente sufren las consecuencias. La candidatura de Marco Enríquez-Ominami más que partir a la coalición de gobierno, lo que hace es ponerle fecha de término al sistema de partidos que ha liderado el período más próspero y estable del Chile contemporáneo.

El triunfo de la derecha en la primera vuelta, no indica que Chile se haya corrido a la “derecha” como han implicado muchos análisis de prensa. Votaron apenas 3.000.000 de chilenos por la derecha en esta primera vuelta, menos que por el SI en 1988. Más que un triunfo electoral, este ha sido un triunfo político de la derecha, al saber “partir” a sus opositores.

ESCENARIOS DE SEGUNDA VUELTA

Los escenarios de segunda vuelta son esencialmente dos, uno en el cual la elección es vista por los electores como competitiva y otros en que no lo es.

Primer Escenario: una elección competitiva. Supongamos que la elección se pueda transformar en una elección competitiva, por medio de una estrategia de campaña que así lo intente. ¿Cuál sería la causa necesaria para producir competencia?

En ese escenario votarían más personas que en la primera vuelta. Supongamos que votaran cerca del promedio de las votaciones desde 1989 que son 7.249.722, y por tanto en la segunda vuelta Piñera necesitaría 3.624.861 votos, es decir 568,335 adicionales a los obtenidos en la primera vuelta para obtener el 50%. Sería la mayor cantidad de votos que ningún candidato de derecha haya sacado jamás desde 1988. En ese caso Chile se habría corrido “a la derecha”.

Segundo Escenario: una elección no competitiva. Lo más probable es que no cambie la calidad de la competencia, es decir la capacidad de la campaña de movilizar a los electores para que acudan a las urnas el 17 de Enero y que voten válidamente es limitada.

La candidatura de ME-O no tuvo un efecto movilizador, sino simplemente hizo disminuir la cantidad de votos de los candidatos del establishment oficialista de las dos coaliciones, castigando mayoritariamente al candidato de la coalición de gobierno. Esto no es menor, porque implica que la protesta de ME-O es una protesta de ciudadanos interesados en política. ME-O no logra aumentar el padrón electoral con nuevos registros. La imagen de triunfo de Piñera se ve reforzada por los resultados de primera vuelta. No hay incentivo ni efecto movilizador.

En esta circunstancia se hace mucho más fácil la tarea de Piñera. Si votara la misma cantidad de gente que en la primera vuelta,  Piñera necesita 412.234 votos, no los 568 mil señalados más arriba.

Ahora bien, si votara menos gente , como sucedió entre la primera y la segunda vuelta del 2005/2006 donde votaron 44.933 personas menos, disminuye en 22.000 votos los que Piñera necesita para ganar, necesitando sólo 390.000 más.  Así sucesivamente, cualquiera consideración adicional que haga disminuir el cálculo del total de votos, hace disminuir el número de votos que la derecha necesita para ganar, o bien aumentar el porcentaje con que ganaría.

Este escenario es el más probable: seguramente disminuirá más el numero de votos necesarios para que gane Piñera, por el aumento de votos nulos y blancos, si ME-O continúa con el mensaje de que Frei no representa el futuro, pero “dejando” en libertad de acción a sus electores. Una elección no competitiva donde los electores tienen mayoritariamente la imagen de triunfo del candidato de derecha, con un electorado desencantado con la política.

Piñera puede ganar la Presidencia con los mismos votos y menos que los que obtuvo Lavín en Enero del año 2000. En ese escenario Chile no necesita correrse a la derecha para tener un presidente de derecha, o dicho de otra manera, no necesita “conquistar” votos de la Concertación para ganar.

La alternancia en el poder no se produce en un momento de competencia política, sino más bien por el contrario, en un momento de mayor desencanto y crisis de representación.

Los no inscritos:  la excesiva atención dada a los chilenos que no se inscriben no permiten ver el bosque de la problemática de la movilización electoral. En total hay 12.000.000 de chilenos que tienen mas de 18 años. Si Chile elige Presidente con meros 3,4 o 3,5 millones de votos, habremos evolucionamos en 20 años, desde un Presidente elegido con la mitad real del país como fue Patricio Aylwin a un Presidente elegido con un tercio del país. ¿Alguien puede creer que ello es producto sólo del sistema de registro y del voto voluntario u obligatorio?

¿Chile se corre a la derecha?: en la escala izquierda de 0 a 10 donde 0 es la izquierda y 10 es la derecha, el electorado chileno ha evolucionado de un 4.9 en 1995 a 5.2 en el 2003  y un 4.7 en el 2009 según datos de Latinobarómetro. El electorado chileno no se ha corrido a la derecha, sino más bien a la izquierda según estos datos. ¿Por qué entonces elegir un presidente de derecha?

Si Sebastián Piñera es elegido, al igual que los numerosos gobernantes de izquierda en América Latina, será elegido con votos de centro, o será elegido con una mayoría entre pocos electores, que hace disminuir la cantidad de votos que necesita para ganar.

El perfil del electorado MEO: Marco Enríquez-Ominami el candidato “extramuros” de la Concertación, le quita voto a ambas coaliciones, obteniendo 1.4 millones de votos. El perfil del elector de ME-O es híbrido, no es completamente ideológico, aunque es más izquierda que derecha, y socio demográficamente es un electorado más post materialista y más autoexpresivo que el promedio del país.

Sus votantes son más partidarios de una sociedad abierta, como la que describe Popper, directa, sin eufemismos como lo es el candidato, educado en una sociedad del primer mundo, donde  la cultura no admite las hipocresías de la nuestra. En la cultura del candidato, y sus electores,  como en Francia, no se vive detrás de la máscara de Octavio Paz en que vive la población de nuestra sociedad. Nosotros nos escondemos detrás de las apariencias, y “ellos creen en la perfección, mientras nosotros creemos en la redención” , dice Octavio Paz. No es la derecha ni la izquierda lo que define su electorado.

Las declaraciones de Carlos Ominami y Marco Enríquez-Ominami después de la elección confirman esa como la característica valórica central de su mensaje. Aquí no hay nada que transar, negociar, sino sólo avanzar con las creencias de cada cual asumiendo el costo de sus consecuencia. Así es la competencia en una sociedad abierta. Este electorado no responde a un líder, sino más bien a un grado de libertad, es un electorado politizado, con mas interés en la política, más movilizado que el resto, capaz de cambiar su intención de voto respecto de su comportamiento pasado. Son personas que se atreven contra la corriente. Esa es quizá su característica más significativa, porque esas personas no se conforman con lo establecido, sino con lo que satisface sus aspiraciones. Son ciudadanos críticos, más educados que el promedio de la población, y más bien urbanos. Como describe el estudio Mundial de Valores, Chile ha aumentado sus niveles de autoexpresión, mucho más que cambiar su cultura, cada cual ha aumentado su autonomía de acción.

Mientras las costumbres cambian poco, la acción individual cambia mucho. El voto es la acción individual más potente de una persona. Esta elección ha mostrado con creces la potencia de la autoexpresión, de esos ciudadanos críticos que demandan lo que no se les ofrece. ¿Cuál es la política que ellos demandan? ¿Demandan política? ¿Es posible con ello formar un partido, o más bien su manifestación lleva a la reforma de los partidos existentes? Todas interrogantes que se plantean. Dicho de otra manera, la única forma de agrupar a esas personas es con la bandera de una sociedad abierta.

ES LA POLÍTICA ESTÚPIDO

En ésta segunda vuelta ¡“es la política estúpido”. Fue Bill Clinton en su primera campaña presidencial quien dijo ¡“es la economía estúpido”!, implicando que era la economía donde se jugaba la elección. En este caso es la política. La capacidad de polarizar, movilizar y “prender” al electorado desencantado. El problema es que para hacer aquello se requiere salirse de lo establecido y sorprender a un electorado inmune a las palabras. No son “políticas públicas”, ni “medidas”, lo que ese electorado busca, sino más bien hechos que  desmientan el comportamiento pasado.

Es la política (estúpido) la que decidirá esta segunda vuelta. Los electores que votaron contra el “Zeitgeist”, lo establecido, quieren una sociedad abierta.

Aunque Sebastian Piñera gane la elección recibe un país de ciudadanos críticos con un sistema de partidos en cuidados intensivos, con la mayor parte del electorado en la centro izquierda. Su gobernabilidad depende de su capacidad de hacer de esta una elección competitiva y de ganar electoralmente con la mayor cantidad de votos que haya obtenido un gobernante de derecha jamás en la historia de Chile. Así como no conocemos a la nueva derecha post Pinochet, tampoco conocemos la capacidad de una oposición que nunca ha sido oposición en democracia.

Si por otra parte Sebastián Piñera no gana la elección ( mal que mal, es una elección y lo esencial es que no se conocen los resultados hasta después de realizado) será porque la sociedad abierta que está en la lista de demandas, vale menos que el temor a la derecha.

Written by Eduardo Aquevedo

4 enero, 2010 at 19:50

P. Navia y C. Huneeus: debate sobre encuestas y presidenciales en Chile…

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17 de Diciembre de 2009

La predicción del CERC y la transparencia metodológica

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Patricio Navia
Director del Magíster en Opinión Pública, UDP
http://www.referente.cl
 

En su columna publicada ayer en El Mostrador, “La predicción electoral del CERC”, Carlos Huneeus incurre en varios errores metodológicos y empíricos. Además, usa cifras equivocadas para atribuirse una capacidad de predicción superior. Un análisis más honesto de los datos muestra que otras encuestas tuvieron la misma capacidad de predicción que CERC, usando métodos estadísticos más rigurosos y más transparentes. La “predicción” de CERC -cuyo informe ni siquiera publicó los resultados de la pregunta sobre intención de voto- no fue más acertada que los resultados de otras encuestas.

Probablemente sin tener la intención de inducir al engaño, Huneeus presenta un cuadro que compara la predicción del CERC con resultados de encuestas realizadas varias semanas y meses antes de la elección. La predicción de CERC excluye votos nulos, blancos y abstencionistas. La votación por los 4 candidatos suma 100%. Ya que las otras encuestas sí reportan nulos, blancos, abstencionistas e indecisos, los votos válidos suman menos de 100. En el caso de la CEP de octubre, suman 86%. Pero, en la elección, los porcentajes se calculan excluyendo nulos, blancos y abstencionistas. Los resultados que muestro en la tabla inferior normalizan los resultados de esas encuestas al 100% para hacerlas comparables a la predicción de Huneeus.

La predicción del CERC no tiene mejores resultados que la encuesta CEP -realizada dos meses antes- cuya metodología es más transparente.  No hay necesidad de usar la “fórmula del éxito” de la que habla Huneeus. Basta con eliminar los votos indecisos, blancos, nulos y abstencionistas y se llega al mismo resultado. No se necesita ser “ingeniero de la Universidad de Chile y con un Doctorado en Economía de una universidad de los EE.UU.” (y además hijo del propio Huneeus) para saber que el día de la elección sólo se contabilizan votos válidamente emitidos para calcular los porcentajes. Con esto no digo que Huneeus no tenga una fórmula secreta. Solo digo que con un pequeño ajuste aritmético se llega al mismo resultado a partir de la encuesta CEP de octubre (o incluso usando la encuesta UDP de septiembre o la de El Mercurio de diciembre).

Por otro lado, sólo aquellas encuestas que se realizan sobre una muestra probabilística pueden calcular estadísticamente el margen de error. Como correctamente señala Huneeus, las muestras por cuotas se pueden realizar de forma mucho más rápida. Uno puede hacer una encuesta pocos días antes de la elección, como lo hizo Huneeus. Pero lo que se gana en tiempo se pierde en rigurosidad metodológica. La gente ciertamente puede aprovechar el conocimiento que entregan encuestas de muestras por cuotas, pero debe estar consciente de sus limitaciones y potenciales problemas. Lo mismo con las encuestas telefónicas. Tienen fortalezas, pero también debilidades. La clave está en ser lo suficientemente transparente para reconocer fortalezas y subrayar las debilidades de tal forma que la opinión pública decida qué tanto peso darle a cada encuesta.

Huneeus tiene todo el derecho de entrar al campo minado de la predicción electoral. Pero debe entender que, al hacerlo, abandona la esfera de las ciencias sociales y se adentra en el más peligroso mundo de la opinión pública, la política y las estrategias de campaña.

Lo que el CERC equivocadamente señala como ganancia a partir de una predicción que usa una “fórmula secreta” es sustancialmente inferior a lo que se pierde por falta de transparencia y por poca rendición de cuentas. Al no hacer pública ni la metodología, ni el cuestionario, ni la base de datos -ni por cierto el financiamiento de la encuesta-, el CERC se pone en la vereda equivocada ante una sociedad civil que demanda más transparencia.

Finalmente, la tarea de un encuestador no es predecir resultados electorales. Su tarea es producir encuestas que tengan rigurosidad metodológica y empírica, que se sustenten sobre sólidos fundamentos teóricos, que sigan protocolos establecidos (por ejemplo, evitando preguntas sesgadas, como las que hizo CERC) y que puedan ser sometidas a la implacable evaluación de sus pares en la profesión y al escrutinio de la opinión pública. Las “predicciones” a partir de fórmulas secretas corresponden más al terreno de los adivinos, futurólogos y “pundits” -usualmente traducido como opinólogo- que al de la disciplina de la opinión pública en las ciencias sociales. Siendo alguien que regularmente cruza desde la vereda de la ciencia social a aquella de la deliberación pública, me parece especialmente importante transparentar cuándo estamos haciendo ciencias sociales y cuándo estamos haciendo otras cosas.

Huneeus tiene todo el derecho de entrar al campo minado de la predicción electoral. Pero debe entender que, al hacerlo, abandona la esfera de las ciencias sociales y se adentra en el más peligroso mundo de la opinión pública, la política y las estrategias de campaña.

NAVIA-ELECCIONES 20091

Los resultados de las encuestas están normalizados de forma que excluyan votos nulos, blancos, indecisos y abstencionistas. El % bajo la suma de votos indica la cantidad de encuestados que contestó válidamente la pregunta sobre intención de voto. En el caso de CERC, ese dato no fue publicado.

Borrando con el codo lo escrito ayer

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Carlos Huneeus
Director del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC).
http://www.cerc.cl/

 

Un profesor universitario que escribe regularmente en la prensa debe ser coherente con sus escritos académicos, sin contradecirse, reaccionando a las luces y sombras de la coyuntura o a sus antipatías personales. Y cuando escribe prolíficamente, debe ser aún más cuidadoso.

Patricio Navia, “director del magister en opinión pública” de la Universidad Diego Portales (UDP) arremete nuevamente contra el CERC, desconociendo nuestra capacidad de predicción del resultado de la elección presidencial del 13 de Diciembre, que expliqué a los lectores de El Mostrador en una columna anterior . Los lectores juzgarán por si mismo la calidad del desempeño del CERC.

Afirma que el CERC no fue el único que predijo el resultado, pues también lo habría hecho el Centro de Estudios Públicos (CEP), con una encuesta hecha en octubre. Sin embargo, no se entiende por qué defiende las encuestas del CEP y no hace lo mismo con la encuesta realizada por su Universidad, la Diego Portales (UDP), cuyos resultados, filtrados antes a los medios, entregó él mismo en una conferencia de prensa, anunciando con bombos y platillos que Sebastián Piñera tenía un 30% en Septiembre, cuando se hizo el trabajo de campo.

Navia hace manipulación estadística con los resultados del CEP, sacando los no sabe/no responde. Se transforma en general después de la batalla. El encuestador debe hacer predicciones antes y no  después de las elecciones.

Semejante ejercicio cae en el ámbito de la ciencia ficción y se podría aplicar a la historia, por ejemplo, analizando el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 sacando el bombardeo de La Moneda.

Esta afirmación es aún más pintoresca, porque quiere decir que dos meses antes de las elecciones estaba definido el resultado de los comicios, por lo cual se infiere que la campaña electoral no sirvió para nada, así como tampoco tuvo efectos  electorales la franja y el debate televisivo.  Sería interesante que Navia desarrollara estas ideas –incluyendo la manipulación estadística antes indicada- en un artículo que enviara a alguna revista académica en los EE.UU.

Navia quema vestiduras por  la supuesta falta de “transparencia” del CERC, pero no tiene similar postura antes otras encuestas, que dieron resultados que se encontraban bastante alejados de la realidad y que no se atrevieron a hacerlas hasta el final.

Hay diversas metodologías para estudiar la opinión pública;  Navia piensa lo contrario, cree poseer la verdad sobre ello y la quiere imponer. La considera la mejor porque permite “calcular el margen de error”. Yo considero que la metodología empleada por el CERC es la adecuada y los resultados lo confirman. Puede discrepar de mi, pero no necesita descalificarme. La tolerancia y el pluralismo deben imperar en el trabajo académico y en los artículos de prensa.

Navia quema vestiduras por  la supuesta falta de “transparencia” del CERC, pero no tiene similar postura antes otras encuestas, que dieron resultados que se encontraban bastante alejados de la realidad y que no se atrevieron a hacerlas hasta el final. En verdad, hace una defensa corporativa de esas encuestas, algunas de las cuales pueden ser calificadas de truchas.

En su obsesión por desacreditar al CERC, Navia recurre a un pésimo argumento, pues escribe que “la tarea  de un encuestador no es predecir resultados electorales”. Ahora borra con el codo lo que antes escribió con la mano. En efecto, en su capítulo sobre las encuestas en Chile, en un libro editado por John G. Geer (“Public Opinion and Polling around the word”, 2004) sostuvo exactamente lo contrario: “La confiabilidad de la industria de las encuestas está definida por cuán certera es la predicción electoral”.

Esta posición la reiteró en una entrevista a un diario de la capital un año más tarde: “Sería útil que los medios saquen información sobre qué predijeron esas empresas (de encuestas) en las elecciones anteriores y qué tan bien les fue. Es obligación moral de los medios verificar si son tan creíbles o no” (“Patricio Navia: Es deber moral de los medios decir que algunas encuestas no son creíbles”, LUN, 18.6.2005).

Ahora cambia de opinión, sosteniendo una tesis diametralmente distinta: la tarea del encuestador  “es producir encuestas que tengan rigurosidad metodológica y empírica, que se sustenten sobre sólidos fundamentos teóricos”. ¿Cómo se mide cada una de estas condiciones? ¿Quién y cómo determina el cumplimiento de tales condiciones? ¿Qué significa “sólidos argumentos teóricos”?  Navia nos lleva a un campo vago, lleno de subjetividades, en que la definición de su calidad la hace un tercero (Patricio Navia), que tiene la capacidad para arreglar los resultados después de los comicios.  Similar argumento en otra disciplina significaría que el deber del médico no es sanar al enfermo, sino que actuar con “sólidos argumentos teóricos”.

El cientista social puede y debe predecir, como lo hacen los colegas de otras disciplinas y ello se consigue, por supuesto, con encuestas que tengan “rigurosidad metodológica y empírica (y) se sustenten sobre sólidos fundamentos teóricos”. Así son las encuestas del CERC. El estudio de la opinión pública es un campo de la ciencia política y la sociología política, que requiere años de estudio y el trabajo de muchas personas. Cuando se trabaja con rigor y se aprende de la práctica, especialmente de los errores, es posible predecir. Es lo que hemos hecho en el CERC.

Reitero lo que escribí en mi columna: el hábito no hace al monje. Las cinco encuestas hechas por la UDP en cinco años son apenas la quinta parte del trabajo del CERC en el mismo período y están muy lejos de los 134 estudios que hemos realizado en 24 años. Hemos monitoreado la opinión pública desde 1985, en pleno régimen militar, durante la transición y la consolidación de la democracia, para conocer sus cambios y continuidades, reuniendo información sobre múltiples temas, como la confianza en las instituciones y en las élites, los apoyos a la democracia, la memoria del Golpe de Estado de 1973 y el régimen militar, las bases sociales de los partidos, los liderazgos, la evaluación del sistema económico, las principales preocupaciones ciudadanas, etc., formando un banco de datos único en Chile. El CERC, como otros centros privados de investigación, demostró que era posible estudiar la opinión pública bajo un régimen militar, objetivo cuestionado por académicos de universidades de los EE.UU., que sostuvieron que ello sólo se podía hacer en democracia.

No puedo ni quiero impedir que el profesor y columnista tenga sesgos contra el CERC y mi persona desde hace años. Su actitud va más allá del legítimo y necesario ámbito del debate de ideas. Puede seguir desconociendo mi trabajo de un cuarto de siglo, ignorar los libros sobre la opinión pública chilena, los artículos académicos o mis logros científicos. Puede también continuar arremetiendo en mi contra a través de los medios de comunicación. Pero eso no lo convierte en experto en opinión pública.

Pobres estudiantes que aspiran postular al “magíster en opinión pública” de la Universidad Diego Portales (UDP), dirigido por un profesor que sólo valora lo propio y aquello hecho por quienes piensan como él.

Chile: la izquierda y las elecciones. Un poco de historia reciente…

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Alexis Meza, Universidad Arcis

CHILE-ELECCIONES-frei_enriquez_ominami Las elecciones presidenciales de este domingo, son sin duda las de más incierto resultado en todo el ciclo postdictatorial chileno. Por primera vez en 20 años, la coalición gobernante no llega como favorita y un potencial triunfo de la derecha no parece descabellado.

Lo anterior, obliga al desarrollo de una perspectiva de análisis que dé cuenta de la citada coyuntura. No sirven de mucho, los análisis tradicionales de comportamiento electoral, cuando se está frente a un hecho político nuevo. Esta elección es distinta. Ese es el punto de partida.

Chile desde 1990 ha estado co-gobernado por la Concertación y la derecha. Basta mirar la composición del Congreso, los directorios de empresas públicas, el Banco Central, TVN y la distribución de publicidad estatal en los medios de alta circulación. Todo se cuotea, en función de los equilibrios macropolíticos y macroeconómicos, los que por cierto, dan la espalda a los intereses de las mayorías. Este duopolio ha dado muestras de solidez e impermeabilidad, promoviendo una visión de Estado que enorgullece a las elites y los poderes fácticos. Esto es, un modelo económico que no se toca y una democracia limitada y excluyente que criminaliza la protesta social y la movilización ciudadana.

Sin embargo, hoy este esquema de gobernabilidad presenta severos requiebres y fisuras. Ha abierto flancos que permiten leer la posibilidad de construir nuevas realidades políticas.

La Concertación da claras muestras de debilitamiento y agonía. Antes quien se iba de la Concertación, estaba condenado a transformarse en cadáver político. Así repetían con soberbia los líderes del oficialismo. Tampoco el contar con un candidato único los llevó a alinearse y ordenarse tras ese liderazgo (como antaño ocurría), subsistiendo las disputas públicas y soterradas, por cuotas de influencia, en torno a un difuso constructo programático y al rol de los partidos. No se logró construir un relato épico que movilizara al llamado ‘pueblo concertacionista’. Si en las 2 últimas elecciones presidenciales, con dificultades lograron derrotar a la derecha, fue porque presentaron alguna novedad (“el primer socialista tras Allende” o “la primera mujer en llegar a La Moneda”). ¿Qué puede ofrecer hoy Frei?

Esta grieta que se expresa en el descontento de las bases concertacionistas y en general de la población, afortunadamente no ha sido capitalizada por la derecha. El candidato-empresario Sebastián Piñera, no logra superar el techo histórico de la votación derechista.

En este contexto, por primera vez en 20 años, una alternativa distinta al duopolio se abre paso con posibilidades de triunfo. La Concertación ha visto desgajarse por la izquierda a parlamentarios, ex ministros y líderes históricos. También evidencia la fuga de muchos militantes de base. Ellos sumados a miles de dirigentes de base social, intelectuales, trabajadores, agentes de la cultura, mujeres, jóvenes, militantes de organizaciones de izquierda y progresistas, han levantado la candidatura de Marco Enríquez – Ominami.

ME-O, ha mostrado una férrea sintonía con las esperanzas de cambio de la sociedad chilena. Sus niveles de adhesión superan todas las previsiones iniciales (aún las más optimistas). Con un discurso libre de dogmas de cualquier especie, crítico, libertario y con vocación transformadora, se ha instalado a pulso (basta recordar su campaña de recolección de firmas) en la escena presidencial, extendiendo más allá de las fronteras clásicas de los ‘convencidos’ las muestras de apoyo. Hoy aparece como el único capaz de derrotar a Piñera en segunda vuelta.

Parar a la derecha es una tarea que empieza hoy. Las demás candidaturas no tienen ninguna posibilidad de lograrlo. Esto porque se mueven entre el continuismo, la consigna y el testimonio. No han comprendido que Chile ya cambió.

El ex Presidente Frei nunca ha tenido una vocación transformadora ni progresista. En su gobierno se trajo de vuelta al dictador desde Londres, se apeló a razones de Estado para no encarar el lío de los pinocheques, se desarrolló una ofensiva privatizadora, se persiguió la protesta social, siendo célebres los asesinatos de los estudiantes Daniel Menco y Claudia López, jamás recibió a la AFDD y promovió mesas de diálogo y estrategias pro-olvido con los militares. Pensar que ahora esto será distinto, es una nueva muestra de ingenuidad, de quienes siguen operando en los códigos del ‘mal menor’.

En tanto la candidatura de Jorge Arrate, de manera bienintencionada, trató de ser el puente entre el electorado de izquierda y los descontentos de la Concertación. Lo mismo buscaron por su parte Alejandro Navarro y ME-O. Los 3 intentos, son un síntoma de la descomposición del establishment político de la postdictadura. Sin embargo, solo ME-O logró transformar esa voluntad disruptora en capital electoral real y no mero testimonio.

La candidatura de Arrate lamentablemente quedó anclada al testimonio. Entró a la batalla presidencial sin ninguna expectativa de triunfo. Su base de apoyo (el Juntos Podemos), quedó atrapado en un diseño político fraguado hace 4 años, cuando en la 2da vuelta entre Bachelet y Piñera, el PC acordó apoyar a la candidata del PS, a cambio de reformar el sistema electoral y terminar con su exclusión del Congreso. Esta estrategia política es legítima y coherente, sin embargo ha dejado atrapado al Juntos Podemos ante el cambio de escenario político electoral.

El pacto parlamentario viene a coronar la voluntad política contra la exclusión que ha encabezado la Presidenta Bachelet, pero es a su vez, la camisa de fuerza que obliga al PC a mirar como espectador esta primera vuelta y apoyar a Frei en la segunda (de resultar exitoso el pacto). Habría que preguntarse por qué ahora después de tantos años, la Concertación se abre a dicho acuerdo. ¿Será otro síntoma de su desesperación?

En síntesis, este pacto que (enhorabuena) podría terminar con la exclusión del PC del Congreso, es a su vez la razón del por qué no ha sido posible (hasta ahora) sumar esfuerzos desde la izquierda (PC y Juntos Podemos incluido), para derrotar al duopolio Concertación – Alianza.

La Concertación cree que podrá una vez más (haciendo gala de su histórica soberbia), alinear tras de si a la votación de izquierda, bajo el clásico chantaje de que es mejor tener a Frei, que ser gobernados por la derecha. Lamentablemente, cuando juntos la Concertación y la derecha alzaron sus manos en La Moneda, para celebrar el acuerdo en torno a la LGE (dando un portazo a la ‘revolución pingüina’), demostraron estar mimetizados. Juntos han construido un sistema político excluyente y antidemocrático.

Por ello creo firmemente que la única posibilidad de derrotar a la derecha y apostar por la construcción de un nuevo orden político social es superando el ciclo concertacionista y votando por ME-O. Es la oportunidad para que la izquierda chilena se acople a la voluntad de cambio que miles de chilenos están hoy expresando. Es el minuto para dejar de lado los debates a puertas cerradas, intelectualizados y consignatarios, que han mantenido a la izquierda en la marginalidad, sin incidencia en la realidad política nacional. Es la hora para ponerse al día, con la dinámica transformadora que recorre América Latina.

Hasta aquí las cúpulas de la izquierda tradicional (no lo digo peyorativamente), miran despectivamente a ME-O. Resaltan que es apoyado por un par de liberales de derecha. Insisten con la perorata (mil y una veces aclarada) de la privatización de CODELCO. Le exigen definiciones más taxativas que las ya declaradas. Creo que tras ello se esconde un temor al cambio. Un miedo a lo nuevo. Un hálito conservador (también hay conservadores de izquierda). Es una manera eufemística de rechazar a quien si ha sido capaz de transformarse en alternativa política al duopolio, y no ser mera comparsa de una fiesta (que sin ME-O) tendría un final ya escrito. Lo ven como una amenaza a su hegemonía del concepto ‘ser de izquierda’. Esa discusión, tiene poco sentido en este minuto.

Prefiero las contradicciones de lo nuevo ante las certezas de la marginalidad política de los ‘convencidos’. Opto por las complejidades de las construcciones pluralistas y libertarias, que rechazan los dogmas de cualquier color, sabor y olor.

Eso es lo que ha convocado a miles de independientes, humanistas, ecologistas, miristas, surdos, militantes del MAS, descolgados de la Concertación, en pro de la construcción de una Nueva Mayoría Ciudadana. Esto es lo que se juega el domingo.

Votar por Frei es votar por el continuismo del duopolio. El representa la cúpula de la Concertación que resistió a las caras nuevas promovidas inicialmente por Bachelet, y que obligó a ‘traer de vuelta’ a los Viera Gallo y los Pérez Yoma. El mismo Frei que hoy se cuelga de la popularidad de la mandataria, dijo que Chile no estaba preparado para ser gobernado por una mujer. Que paradoja.

Chile no puede seguir eligiendo entre ‘dos derechas’, como dijera años atrás el diputado Sergio Aguiló.

Votar por Arrate es cerrar el paso a la vocación transformadora que encarna la candidatura de ME-O. En un escenario electoral tan estrecho para determinar quien enfrentará a Piñera es 2da vuelta, votar por Arrate es perder el voto. Ese ‘gustito’ en la soledad de la urna, puede costar 4 años de gobierno derechista. Echo de menos mayor generosidad de la candidatura arratista (como si la tuvo Navarro), para reconocer que en este minuto, es la candidatura de ME-O la mejor posicionada para defender los intereses de la izquierda progresista.

La izquierda chilena, heterogénea, polifónica, debe definir entre seguir siendo comparsa de un sistema político donde su incidencia es nula, o apostar por la construcción de un nuevo ciclo político, en el que se instalen las banderas más radicales de su historia.

Alexis Meza S., Historiador, Universidad Arcis