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Muerte de Osama Bin Laden: una ejecución (o asesinato) contra la ley internacional…

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TANTO LA TORTURA PARA SUSTRAER DATOS COMO LA EJECUCION DE OSAMA

El director de la CIA, Leon Panetta, reconoció que se usaron técnicas de interrogatorio como el submarino (asfixia) para obtener las pistas que condujeron a Bin Laden. Los expertos criticaron que no se capturara y juzgara al jefe terrorista.

Los métodos “submarino” y “privación de sueño” no se acabaron con Bush. La información que la CIA consiguió para ubicar a Bin Laden la obtuvo aplicando técnicas de tortura como el “submarino” (simulación de asfixia) a detenidos en cárceles secretas. El director de esa agencia de inteligencia, Leon Panetta –quien en febrero de 2009 decía que el submarino “es un error”–, por estas horas reconoció que sus hombres procedieron con tales “técnicas coercitivas” de interrogatorio para dar con el archienemigo de Estados Unidos.

El funcionario de la administración Obama dijo a la cadena de noticias NBC que las pistas que llevaron al refugio de Osama provinieron de “muchas fuentes de información”. Entre ellas, “técnicas de interrogación coercitivas que fueron empleadas contra algunos detenidos”, dijo Panetta.

Otros funcionarios, en lugar de justificar la tortura, insistieron en que los indicios para dar con Bin Laden fueron acumulándose con el tiempo y no en interrogatorios violentos a un detenido en particular. “No obtuvimos información específica en un momento particular que nos habría conducido a Abbottabad, son informaciones adquiridas con el correr de los años”, aseguró a la CNN John Brennan, principal consejero para la lucha antiterrorista en la Casa Blanca.

Sin embargo, desde el anuncio de la muerte del jefe terrorista en la madrugada del lunes, el propio gobierno norteamericano presentó los interrogatorios de dos detenidos “de gran importancia” como los elementos centrales de la operación. El mensajero a través del cual se llegó a Bin Laden habría sido un protegido del cerebro del 11 de septiembre, Jaled Sheij Mohamed, y un asistente de confianza de Abu Faraj al Libi, el número tres de Al Qaida capturado en 2005.

Michael Hayden, el ex director de la CIA bajo la presidencia Bush, estimó que la administración Obama utilizó informaciones obtenidas de ciertos detenidos de “gran importancia”, durante interrogatorios realizados en cárceles secretas de la CIA.

La administración de Bush hijo fue fuertemente criticada por el trato que les dio a prisioneros que daban con esa categoría, algunos de los cuales fueron torturados. Cuando Obama llegó a la Casa Blanca dijo que prohibía la tortura y clausuró las cárceles secretas de la CIA. Sin embargo, no pudo cumplir con la promesa de cerrar Guantánamo.

El director de la CIA, Panetta, también dijo que la orden del mandatario Obama exigía matar al líder de Al Qaida. “Eso estaba claro. Pero lo estaba como parte de las reglas de las operación, que si él ofrecía ser capturado entonces tendríamos la oportunidad de hacerlo.” Washington reveló que el jefe de la red terrorista estaba desarmado cuando fue muerto por las tropas especiales, pero insinuó que no pudo capturarlo vivo porque él y otros de su entorno, que sí estaban armados, se resistieron.

En este marco, juristas internacionales y ex gobernantes señalaron que Estados Unidos cometió una clara violación de la ley internacional con su “ejecución” sin juicio previo de Bin Laden, a pesar de que para el Premio Nobel de la Paz su país hizo “justicia”.

El ex jefe de gobierno de la Alemania Occidental Helmut Schmidt dijo a la televisión de su país que la operación fue “claramente una violación de la ley internacional”. También se mostró crítico el prestigioso abogado australiano de causas de derechos humanos, Geoffrey Robertson, quien estuvo a cargo de la investigación de la ONU de la guerra entre Hamas e Israel de 2009. “Eso no es justicia. Es una perversión del término. La justicia significa llevar a alguien ante la Corte, hallarlo culpable en base a evidencias y sentenciarlo”, dijo Robertson al canal de TV de la cadena pública Australian Broadcasting Corp.

El especialista en derecho internacional holandés Gert-Jan Knoops afirmó que Bin Laden debería haber sido detenido y extraditado a Estados Unidos. “Los estadounidenses dicen que están en guerra con el terrorismo y que pueden eliminar a sus oponentes en el campo de batalla”, dijo Knoops a medios locales. “Pero en un sentido estrictamente formal, este argumento no se sostiene”, agregó el experto.

La muerte de Bin Laden

Los soldados que mataron a Bin Laden apenas encontraron resistencia

Los 20 efectivos SEAL solo recibieron fuego al principio de la operación. La nueva versión asegura que Bin Laden tenía armas a su alcance

EL PAÍS 05/05/2011

La información sobre el ataque del grupo de élite militar estadounidense que acabó con la muerte de Osama Bin Laden evoluciona día tras día a medida que distintas fuentes van aportando nuevos detalles. Si el primer día se dio cuenta de un fiero tiroteo entre los secuaces del líder terrorista y los soldados SEAL estadounidenses, al siguiente ya se dijo que Bin Laden no iba armado y hoy, según publica el diario The New York Times, se trató de una operación en la que la abrumadora superioridad de los soldados de élite americanos no dio ninguna opción a los guardaespaldas de Bin Laden, del que se mantiene que estaba desarmado en el momento de su muerte, pero con el matiz de que tenía a mano un rifle de asalto.

 Según los nuevos detalles que hoy difunde The New York Times, citando a fuentes de la Administración, el asalto, aunque sangriento y caótico, como demuestran las tres imágenes de los tres muertos, fue “extremadamente inclinada hacia un lado”, con una fuerza de más de 20 miembros del SEAL que despacharon rápidamente al puñado de hombres que protegían al terrorista más buscado del mundo. Según estas fuentes, los soldados americanos solo recibieron fuego enemigo al principio del asalto, cuando el mensajero de Bin Laden, Abu Ahmed Al Kuwaiti, abrió fuego desde detrás de la puerta de la casa de invitados adyacente a la casa principal, en la que se encontraba Bin Laden. Después de que los comandos abatiesen a Al Kuwaiti y a una mujer en la casa de invitados, no volvieron a ser disparados.

Ya en el segundo piso, los soldados encontraron a Bin Laden y le dispararon. Si en la primera versión se dijo que el líder de Al Qaeda “estuvo implicado en el tiroteo”, ya ayer se supo que estaba desarmado, aunque el portavoz de la Casa Blanca, Jim Carney, destacó que el hecho de que Bin Laden estuviera desarmado no modifica la calificación de que ofreció resistencia, ya que “existen otros modos de resistencia que el de esgrimir un arma”. En la última versión, pese a que se mantiene que estaba desarmado, se asegura que tenía a su alcance un rifle de asalto AK-47 y una pistola Makarov. Por ello los soldados le mataron.

Tras alcanzar la casa principal, vieron al hermano del correo de Bin Laden, y creyeron que estaba preparando un arma, así que le abatieron. Después, a medida que subían al piso superior, mataron al hermano de Bin Laden, Khalid, que arremetió contra los soldados. Al llegar al piso de arriba, entraron en una habitación y vieron a Bin Laden, que tenía al alcance de la mano un AK-47 y una pistola Makarov. Le dispararon y le mataron, además de herir a una mujer que se encontraba con él.

Ahí acabaron los disparos. Ahora, los soldados inspeccionaron la casa y encontraron mucha información y tuvieron tiempo de hacerse con ella: unas 100 memorias portátiles, DVDs, y discos informáticos así como 10 discos duros y cinco ordenadores. También había montones de documentos en papel.

El martes, un día después de la muerte del terrorista, Carney dio voz al relato del Pentágono, que hablaba de que los comandos se vieron “envueltos en un tiroteo a lo largo de toda la operación”. En una intervención en la cadena pública PBS, Leon Panetta, director de la CIA,. Sostuvo el martes que “hubo algunos tiroteos mientras nuestros chicos estaban en camino hacia el primer piso del complejo”. La última versión sostiene que sólo en el primer piso de la casa hubo tiros, y no muchos.

Según las fuentes consultadas por The new York Times, el relato del asalto ha ido cambiando porque se ha tenido tiempo de analizar los informes del equipo SEAL que realizó el ataque. Añaden que, dado que los comandos especiales fueron disparados apenas pusieron un pie en tierra desde los helicópteros, dieron por hecho que todos los habitantes de la casa estaban armados. “Estaban en un entorno hostil y amenazante en todo momento”, ha declarado un funcionario sin identificar.

La muerte de Bin Laden
Obama convirtió en mártir a Bin Laden
Robert Fisk, La Jornada
Bin Laden recibió su merecido –el que a hierro mata tiende a morir de la misma forma–, pero ¿de veras recibió la justicia de la que habló el presidente Obama? Muchos árabes –y este tema lo recogió la prensa árabe, que habló de muerte pero no de ejecución– pensaban que debió ser capturado, llevado ante la corte internacional de La Haya y juzgado por sus crímenes.

Por supuesto, siempre habrá en Medio Oriente, y en especial en Afganistán y Pakistán, quienes crean que fue un valeroso mártir ignominiosamente asesinado por el brazo ejecutor del sionismo. Grupos islámicos en Líbano, Hamas en Gaza y muchos ulemas en el sureste de Asia ya se pronunciaron en ese sentido.

En realidad, sobra decirlo, era alguien que pertenecía al pasado. Sus promesas de derrocar a los tiranos árabes pro estadunidenses o no islámicos fueron cumplidas por los pueblos de Egipto y Túnez –y tal vez pronto por los libios y sirios–, no por Al Qaeda y su temible violencia.

El verdadero problema es que Occidente, con su constante prédica al mundo árabe de que la legalidad y la no violencia son la ruta hacia delante en Medio Oriente, ha dado una lección diferente a los pueblos de la región: que ejecutar a nuestros contrarios es perfectamente aceptable.

Se podría decir que, luego de segar miles de vidas inocentes en forma tan sanguinaria, Bin Laden podía esperar ser abatido, desarmado, en una presunta casa de seguridad. Los musulmanes concluirán que los estadunidenses adoptaron los mismos métodos de los israelíes contra sus enemigos palestinos. Asesinato selectivo, le llaman a disparar misiles o dejar caer bombas sobre sus contrarios, a menudo dando muerte a inocentes y culpables por igual, tal como hacen los estadunidenses en sus ataques de drones contra Al Qaeda y el talibán en Waziristán.

Pese al deseo de Washington de prevenir la creación de una capilla –lo cual condujo directamente al sepelio secreto de Bin Laden en el mar Arábigo–, como salafista y saudita, Bin Laden habría deseado tener una tumba anónima.

Él y sus partidarios creen que poner lápidas con el nombre en las tumbas es idolatría; de ahí el deseo saudita de enterrar a sus muertos sin marcar el lugar y más bien destruir las capillas antiguas que crear nuevas.

Pero al final, morir cuando estaba desarmado lo ha convertido en un mártir mucho más grande que si hubiera perecido en la balacera que en un principio Obama aseguró sin razón que había causado su deceso. De todos modos, el hombre que consideraba la creación de Al Qaeda como su logro personal vivió lo suficiente para darse cuenta de que había fracasado en todos sus objetivos.

Y yo, que lo conocí y tuve con él largas conversaciones, ahora me pregunto a veces si en realidad quería seguir viviendo.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

I. Wallerstein: Elecciones en Brasil y Estados Unidos…

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Elecciones en Brasil y Estados Unidos: resultados opuestos

Immanuel Wallerstein

imageEl 31 de octubre, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva obtuvo una arrasadora victoria en las elecciones brasileñas. El 2 de noviembre, el presidente Barack Obama fue derrotado contundentemente en las elecciones estadunidenses. Lo curioso es que ninguno de ellos contendió en estas elecciones. En Brasil, Lula ya había cumplido sus dos periodos, el máximo permitido, y brindó su respaldo a Dilma Rousseff como su sucesora. En Estados Unidos, las elecciones de 2010 fueron comicios legislativos de mitad del periodo, no una elección presidencial.

Hay algunas similitudes sorprendentes entre los dos hombres y ambas situaciones políticas. Lula fue electo en 2002 como candidato de la esperanza y el cambio. Obama fue electo presidente en Estados Unidos en 2008 como candidato de la esperanza y el cambio.

Ambos hombres eran de fuera en términos de los procesos políticos tradicionales de sus países. Lula fue el primer presidente de extracción obrera y de poca educación formal. Obama fue el primer presidente afroestadunidense de su país.

En su campaña, ambos convocaron un respaldo popular de gran escala. En el caso de Lula, ésta no era su primera vez, sino su cuarto intento de llegar a la presidencia. Había sido líder sindical y dirigente de un partido obrero, el Partido dos Trabalhadores (PT). Obama había sido organizador comunitario y un senador con un récord de votos muy de la izquierda (liberal) en la legislatura. Ambos recibieron el apoyo de militantes de los movimientos sociales y le gustaron particularmente a los jóvenes votantes. Ambos enfatizaron las malas acciones de los previos presidentes de su país: Fernando Henrique Cardoso en el caso de Brasil y George W. Bush en el caso de Estados Unidos –y en ambos casos su elección fue vista como un repudio de las políticas del presidente previo.

En ninguno de los casos el presidente recién electo tenía un camino claro en la legislatura. En el caso brasileño, el sistema electoral condujo a una legislatura con múltiples partidos y el PT no tenía más de una cuarta parte de los escaños. En el caso estadunidense, las reglas del Senado permitían al partido de oposición bloquear o forzar concesiones importantes en cualquier legislación que el presidente de Estados Unidos quisiera promulgar. Ambos hombres sintieron que debían hacer compromisos políticos.

En ambos casos, el principal temor del presidente recién electo era que la ya muy difícil situación económica de sus países se volviera un desastre. Lula temía una inflación galopante y la estampida de inversionistas. Obama le tuvo miedo al colapso de los bancos y al desempleo rampante. El modo en que cada uno respondió a estos miedos fue recurrir a un enfoque económico relativamente conservador (neoliberal) y a la designación de gente relativamente conservadora en los puestos económicos clave de su administración.

Este enfoque neoliberal casi de inmediato desconcertó a gran parte de su base electoral. En cada caso, los dos hombres intentaron tranquilizar a sus simpatizantes situados más a la izquierda insistiendo en que este enfoque neoliberal era esencial pero transitorio y que, eventualmente, verían realizadas sus esperanzas de cambios más fundamentales.

Esto fue tomado con escepticismo creciente y disenso público por parte de estos simpatizantes, y en particular los principales intelectuales de izquierda y los dirigentes de los movimientos sociales. En el caso brasileño, algunos de ellos renunciaron públicamente al PT y dirigieron su respaldo a partidos más pequeños de izquierda. La respuesta de Lula y Obama fue señalar variados tipos de programas que ellos habían puesto en operación con el fin de mejorar el grueso de los segmentos más pobres de la población, como es el caso de la campaña contra el hambre en Brasil y la nueva legislación de salud en el caso de Estados Unidos. Los escépticos señalaron en cada caso los beneficios importantes que le habían traído a los segmentos más ricos de sus países.

Sin embargo, cuando las reales elecciones se llevaron a cabo, muchos de los escépticos de la izquierda regresaron al redil. En Brasil, un grupo de muy prominentes intelectuales de izquierda divulgaron una petición pública en favor de votar por Dilma Rousseff sobre la base de que su oponente le acarrearía desastres a Brasil. Una posición semejante fue asumida por el más importante movimiento social, el Movimiento dos Trabalhadores Sem Terra, que fuera abandonado malamente por Lula y que sin embargo pensó que las cosas estarían peor si Rousseff no era electa.

En el caso estadunidense, algunos intelectuales que habían apoyado la candidatura de Ralph Nader mediante un tercer partido en 2000, porque sintieron que no había diferencias significativa entre Al Gore y George W. Bush, públicamente renunciaron a esta postura y argumentaron por apoyar a los demócratas en las elecciones legislativas. Y así lo hicieron los dirigentes de los movimientos sociales –entre los afroestadunidenses, los latinos, los gays– pese a su desencanto público con el limitado cumplimiento de las promesas de Obama.

Todo esto parece notablemente semejante, y no obstante el resultado no pudo ser más diferente. Rousseff ganó con buen margen en Brasil y Obama, en sus propias palabras, recibió una paliza. ¿Por qué? No podría ser más claro. Hubo una enorme diferencia en las dos situaciones. La situación económica de Brasil ha mejorado marcadamente en los últimos años, y la situación económica estadunidense empeora marcadamente. No pudo haber demostración más clara de la tesis de Carville: Es la economía, estúpidos.

No fue el centrismo de Obama lo que explica por qué los votantes se tornaron contra él. Lula ha sido en cada pedacito un centrista en su política. No fue la falta de carisma de Obama. Parecía muy carismático en 2008. Lula fue popular porque las cosas parecían ir bien. Y Obama fue impopular porque las cosas parecían ir mal. No es que uno se haya vendido y el otro no. No fue cuestión de sus verdaderas convicciones políticas. Algunas veces la situación estructural general avasalla las capacidades de los políticos talentosos para hacer algo al respecto.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

Written by Eduardo Aquevedo

20 noviembre, 2010 at 14:27

P. Krugman: clima de cambio en EE.UU…

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crisis2008PAUL KRUGMAN 01/03/2009

Las elecciones tienen sus consecuencias. El nuevo presupuesto del presidente Obama constituye una enorme ruptura, no sólo con las políticas de los últimos ocho años, sino también con las tendencias políticas de los últimos 30 años. Si es capaz de conseguir que el Congreso apruebe algo similar al plan que anunció el jueves, hará que Estados Unidos tome un rumbo completamente nuevo.

Entre otras cosas, el presupuesto supondrá un enorme alivio para los demócratas, que empezaban a sentir una cierta depresión pospartidista. Puede que el estímulo económico que el Congreso ha aprobado haya sido demasiado débil y se haya centrado demasiado en los recortes de impuestos. La negativa del Gobierno a ponerse serio con los bancos puede resultar tremendamente decepcionante. Pero los temores de que Obama sacrificase las prioridades progresistas en sus planes presupuestarios y se contentase con matar el tiempo haciendo arreglos en el sistema de impuestos han quedado ahora desterrados.

Porque este presupuesto destina 634.000 millones de dólares a reformar la sanidad durante la próxima década. Eso no es suficiente para pagar la asistencia sanitaria universal, pero es un comienzo impresionante. Y Obama prevé pagar la reforma sanitaria no sólo subiéndoles los impuestos a los más ricos, sino también deteniendo la progresiva privatización de la atención sanitaria a los jubilados, eliminando los pagos excesivos a las compañías de seguros.

En otro frente, también resulta alentador ver que el presupuesto prevé 645.000 millones de dólares en ingresos procedentes de la venta de derechos de emisiones. Tras años de negativas y retrasos por parte de sus predecesores, la Administración de Obama está dando muestras de que está dispuesta a enfrentarse al cambio climático.

Y estas nuevas prioridades quedan reflejadas en un documento cuya claridad y plausibilidad resultan casi increíbles para quienes nos hemos acostumbrado a leer los presupuestos de la era de Bush, que insultaban nuestra inteligencia en cada una de sus páginas. Éste es un plan presupuestario en el que podemos creer.

Muchos se preguntarán si Obama puede realmente conseguir la reducción del déficit que promete. ¿Realmente puede reducir los números rojos desde los 1,75 billones de dólares de este año hasta menos de un tercio de esa cantidad en 2013? Sí, sí que puede.

Ahora mismo, el déficit es enorme debido a factores pasajeros (al menos, esperemos que lo sean): una severa recesión está haciendo que disminuyan los ingresos y hay que destinar grandes cantidades tanto al estímulo fiscal como a los rescates financieros.

Pero una vez que la crisis pase, si es que pasa, el panorama presupuestario debería mejorar muchísimo. Tengan en cuenta que desde 2005 hasta 2007, es decir, durante los tres años anteriores a la crisis, el déficit federal anual registró una media de tan sólo 243.000 millones de dólares. Ahora bien, durante esos años, los ingresos estaban inflados, hasta cierto punto, por la burbuja inmobiliaria. Pero también es cierto que estábamos gastando más de 100.000 millones de dólares al año en Irak.

Así que si Obama nos saca de Irak (sin hundirnos en un lodazal afgano igual de caro) y se las arregla para idear una recuperación económica sólida -dos condiciones complicadas, sin duda- y consigue que el déficit descienda hasta 500.000 millones de euros para 2013, no debería ser difícil en absoluto.

Pero ¿no se inflará el déficit por culpa de los intereses originados por el gran aumento de la deuda durante los próximos años? No tanto como se podría pensar. Los tipos de interés de la deuda pública a largo plazo no llegan al 4%, por lo que incluso un billón de dólares de deuda adicional suponen un incremento de menos de 40.000 millones al año a los déficits futuros. Y el coste de esos intereses queda íntegramente reflejado en los documentos del presupuesto.

De modo que tenemos buenas prioridades y proyectos plausibles. ¿Qué es lo que no va a gustar de este presupuesto? Fundamentalmente, que las perspectivas a largo plazo siguen siendo preocupantes.

Según las previsiones presupuestarias de la Administración de Obama, la relación entre deuda federal y PIB, un índice muy usado para medir la situación financiera del Gobierno, subirá vertiginosamente durante los próximos años y luego se estabilizará más o menos. Pero esta estabilidad se logrará con una relación entre deuda y PIB de alrededor del 60%. Eso no sería una deuda excesivamente alta según baremos internacionales, pero sería la deuda más alta que ha tenido Estados Unidos desde los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial. Y nos dejaría con una capacidad de maniobra considerablemente reducida si se presentase otra crisis.

Además, el presupuesto de Obama sólo nos habla de los próximos 10 años. Eso es un avance respecto a los presupuestos de la era Bush, que sólo hacían previsiones para cinco años. Pero los problemas fiscales realmente graves de Estados Unidos acechan más allá de ese horizonte: antes o después, vamos a tener que luchar a brazo partido con las fuerzas que hacen que suba el gasto a largo plazo (sobre todo, el coste de la atención sanitaria, que no cesa de subir).

E incluso si la fundamental reforma de la asistencia sanitaria mantiene los gastos bajo control, yo al menos veo difícil que el Gobierno federal pueda cumplir sus obligaciones a largo plazo sin algunas subidas de impuestos a la clase media. Digan lo que digan los políticos ahora, en nuestro futuro probablemente haya un impuesto sobre el valor añadido.

Pero no culpo a Obama por dejar algunas preguntas importantes sin responder en este presupuesto. En mitad de una crisis tan grave, la cantidad de previsiones a largo plazo que puede manejar el sistema político es limitada; probablemente él ha contado con todas las que puede, por ahora. Y este presupuesto tiene muy, pero que muy buena pinta. .

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel en 2008. Traducción de News Clips. © 2009 New York Times Service

El Pais.com

Chávez y el proceso venezolano: un análisis crítico, por E. Lander

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chavez2Conversación con el politólogo Edgardo Lander, después de diez años de “Revolución Bolivariana”
El proceso bolivariano y las tensiones de un proyecto alternativo
 
Contretemps

 

Politólogo de la Universidad Central de Venezuela e investigador en el Departamento de Estudios Latinoamericanos de la Escuela de Sociología, Edgardo Lander es un pensador crítico del neoliberalismo en América Latina. Entre sus publicaciones podemos mencionar: Neoliberalismo, sociedad civil y democracia. Ensayos sobre América Latina y Venezuela, 1995 y La colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas (compilador), 2000. Es también conocido por sus análisis y textos sin concesión, pero siempre constructivos desde la izquierda, sobre el proceso bolivariano. Cuando aún no se había anunciado el llamado a referéndum acerca de la propuesta de enmienda constitucional para establecer la posibilidad de reelección del Presidente Chávez, conversamos con él sobre el proceso bolivariano después de diez años de “Revolución Bolivariana”. Esta entrevista significa también para nosotros tomar el tiempo para reflexionar e intentar hacer un primer balance de la experiencia venezolana, proceso colectivo de vital importancia en el actual panorama político de América Latina.

Edgardo, tú trabajaste mucho el tema del proceso bolivariano, proponiendo explicaciones problematizadas y contextualizadas interesantes, críticas y al mismo tiempo constructivas desde el punto de vista de la izquierda radical. En un texto definiste el bolivarianismo no como una doctrina, sino más bien como un espacio popular donde se definen valores nacionales venezolanos. ¿Hoy día, después de 10 años de gobierno Chávez, sigues pensado lo mismo o modificaste tu percepción? En mismo orden de ideas: ¿Es el proceso bolivariano un proyecto alternativo al capitalismo neoliberal?

Creo que lo primero que habría que decir es que como proyecto político, ideológico, estratégico, como proyecto de otra sociedad, el bolivarianismo es un proyecto en cambio permanente, uno no podría decir que el bolivarianismo “es”, así como si fuese una de cosa, una doctrina fija, o un cuerpo de conceptos, de visiones de sociedad anclados en una visión bien definida. Ha habido desplazamientos muy significativos a lo largo de los últimos diez años, a pesar de que se siga hablando de la “Revolución Bolivariana” y se siga hablando de “bolivarianismo”. En los tiempos iniciales, cuando se formuló el proyecto, el presidente Chávez comenzó a plantear lo que entendía como “Revolución Bolivariana”. Más que un proyecto de país y una idea que diese respuesta a cómo iba a ser la economía, el sistema político, etc., eran unos enunciados de carácter valorativo general que tenían que ver con ideas de libertad, equidad, solidaridad, autonomía y antiimperialismo. Dos categorías eran de particular importancia: la noción de pueblo, pensado como lo popular, y la noción de soberanía. Se constituye así la idea medular en todo el discurso político bolivariano: el pueblo soberano. Fue muy insistente en el discurso de Chávez antes de las elecciones del año 1998 la idea de que había necesidad de una vía alterna al modelo liberal, la democracia liberal que había fracasado, pero igualmente una visión crítica de la experiencia del socialismo del siglo XX. Se planteaba la necesidad de una opción enraizada fundamentalmente en la historia y las culturas latinoamericanas. “Latinoamericana” no es en realidad una conceptualización adecuada. En esos años cuando se hablaba de la “tercera vía”, con sus connotaciones muy fuertes a lo Tony Blair o Anthony Guiddens, en realidad la referencia tenía otro sentido. Se presentaba como otra opción histórica, enraizada en las tradiciones de América Latina, en la compleja raíz cultural de lo indio, de lo africano y lo europeo del proceso de constitución de estas sociedades. Esa visión más que un proyecto de país, era una crítica a lo que había sido la experiencia internacional del socialismo real, como de la experiencia de lo que había sido la democracia liberal, llamada “puntofijista”, en Venezuela desde el año 1959 en adelante i . Si se revisa el proceso del debate constituyente del año 1999 y lo que termina apareciendo en la Constitución, entendido como documento fundacional del nuevo orden político de la V República, hay varias cosas que vale la pena destacar para entender qué modelo de sociedad se está proponiendo.

En primer lugar, a pesar de la oposición radical que se construye en el discurso entre democracia representativa y democracia participativa, en el texto constitucional democracia participativa no aparece como una alternativa opuesta a la democracia representativa, sino como complemento que haría posible la radicalización y la profundización de la democracia. Es por ello que las instancias básicas de la institucionalidad democrático-liberal, en particular la separación de poderes y la existencia de instancias de carácter representativo como la Asamblea Nacional y los Consejos Municipales se conservan. Pero esto está acompañado de todo un ámbito de ampliación de los terrenos de la democracia en términos de la participación: referendos revocatorios, referendos para proponer y/o revocar leyes, mecanismos democráticos de contraloría de la gestión pública, modalidades participativas en el terreno de la producción, el área de la economía social, etc. Desde el punto de vista del modelo económico y de los debates clásicos estado/mercado, izquierda/derecha, capitalismo/socialismo, lo que aparece en ese texto constitucional es básicamente una reafirmación de un modelo socialdemócrata: el Estado de bienestar social, una economía en la cual el Estado tiene una fuerte participación como propietario y como regulador. La riqueza fundamental del país está en el petróleo. Por ello se establece en forma categórica la propiedad y el control del Estado sobre los hidrocarburos. Pero igualmente sobre otros sectores básicos de la economía: electricidad, servicios públicos, industrias básicas. Esta perspectiva representaba por un lado una cierta continuidad respecto al modelo socialdemócrata anterior. Pero al mismo tiempo estaba absolutamente a contracorriente de lo que ocurría en el resto de América Latina. En ese momento de plena hegemonía del Consenso de Washington y de las políticas neoliberales de ajuste estructural, se estaban llevando a cabo procesos sistemáticos de privatización y desmantelamiento del Estado social en la mayor parte de los países del continente. Con una orientación muy divergente, en la Constitución venezolana se establece expresamente el derecho a una educación universal gratuita, un sistema nacional de salud, un régimen de seguridad social público. De esta manera no sólo se preservan, sino que se profundiza la garantía de derechos sociales y económicos fundamentales. En un contexto global de hegemonía del imaginario neoliberal, esta Constitución apunta en la dirección de reorientaciones políticas radicales. Lo que no aparece inicialmente en el proyecto bolivariano es el llamado “Socialismo del siglo XXI”, concepto que va apareciendo en discusiones posteriores. La sociedad que define la Constitución Bolivariana del año 1999 está todavía al interior de los límites de una sociedad capitalista, y, en cierta medida, dentro de los límites del orden liberal. Pero esto se formula tanto con orientaciones que apuntan en dirección de hacer realidad las promesas nunca cumplidas de la socialdemocracia, como con una profundización de las prácticas de la democracia

A partir del año 2002 con el golpe de abril y después el lock-out en PDVSA ( Petróleos de Venezuela SA) en diciembre y enero del 2003, se radicaliza el proceso gracias a la movilización ejemplar del movimiento popular, que derrota los planes de la oposición, de la oligarquía y de Washington. Poco a poco, aparece la figura discursiva del “Socialismo del siglo XXI”. A partir de allí, el reto bolivariano se afirma con fuerza como un proceso contrahegemónico, nacionalista y antiimperialista. Según mi entender, gracias a esta lucha popular y la derrota de los planes de des-estabilización contra el gobierno Chávez, se hace un salto adelante en términos de radicalidad política. Esta segunda etapa del proceso se prologa hasta hoy, con altibajos y fuertes contradicciones. Según tu análisis, ¿en qué coyuntura estaría hoy este proceso que se radicalizó a partir del 2002?

Nos encontramos hoy en un momento diferente, el discurso ha cambiado, los objetivos han cambiado. La definición de etapas siempre presenta dificultades. ¿Cuándo empieza una y cuando termina otra? Pero hay que reconocer que estamos en una fase diferente del proceso de cambio en Venezuela. Las confrontaciones entre gobierno y oposición y los extraordinarios niveles de movilización y organización popular que hicieron posible tanto la reversión del golpe de Estado como la derrota del paro petrolero-empresarial, condujeron a una especie de nuevo pacto implícito entre gobierno y sectores populares y a una radicalización del proceso político. Se dio igualmente una redefinición bastante profunda de las relaciones entre gobierno y empresariado. Durante los primeros años del gobierno de Chávez, en forma simultánea a un discurso políticamente muy radical, antiimperialista, inclusive con un contenido de clase, se busca promover la industria nacional mediante créditos muy baratos a los empresarios y políticas proteccionistas. En realidad se trataba de dos orientaciones incompatibles. Los empresarios, a la vez que se benefician de las medidas económicas, están atentos al discurso político. Desde los primeros años hubo una fuga de capitales muy fuerte. Los empresarios venezolanos no estaban dispuestos a invertir en el proyecto bolivariano. En los momentos críticos del golpe de Estado de abril de 2002 y después durante el paro petrolero-empresarial (2002-2003), sectores prominentes del empresariado hicieron todos los esfuerzos posibles por derrocar el gobierno. En ese período se produjo una ruptura al parecer definitiva entre el gobierno bolivariano y la mayor parte del empresariado. Este vio al gobierno como una amenaza a sus intereses. Por su parte, el gobierno asumió que el proyecto de transformación que se proponía llevar a cabo difícilmente podía contar con significativas alianzas empresariales.

El contexto internacional ha cambiado, en particular el contexto sudamericano. De una condición de aislamiento total en un entorno de gobiernos conservadores y neoliberales, se ha pasado a un continente en el cual la mayoría de los gobiernos son considerados como “progresistas” o de izquierda. En Ecuador, pero sobre todo en Bolivia, están en confrontación visiones radicalmente distintas de la sociedad que se quiere. Es en el contexto de este nuevo campo de fuerzas tanto internas como regionales que comenzó a plantearse en términos ya reiterados la idea del “Socialismo del siglo XXI”. Ese proceso condujo a la propuesta de Reforma Constitucional del año 2007, que planteaba una ruptura bastante clara en relación a la Constitución del año 1999 y avanzaba ideas en relación a lo que podría ser una sociedad “socialista”.

Antes de abordar la derrota del referendo del 2 de diciembre 2007, creo que es interesante insistir sobre esta tensión constante que se ve en el proceso bolivariano entre lo que podríamos llamar el neodesarrollalismo del gobierno, esta mezcla de capitalismo de Estado y privado (llamado en Bolivia “capitalismo ando-amazónico” por el vice-presidente García Linera) y paralelamente la voluntad de ciertos sectores políticos (dentro y fuera del “chavismo”) y movimientos sociales de radicalizar, desde la base, la participación organizada, las formas de poder popular, los consejos comunales, las experiencias de cogestión y inclusive de control obrero, planteando así concretamente la necesidad de una alternativa socialista. Parece que esta disyuntiva sigue siendo una contradicción clave para entender la Venezuela actual. Podemos recordar que el 11 de junio pasado, hubo un encuentro con sectores empresarios y banqueros donde el Presidente Chávez volvió a plantear esta vieja idea del “reimpulso productivo” en alianza con los empresarios “nacionales”, lo que aparece en clara contradicción con los anuncios de meses anteriores, en particular con la nacionalización de SIDOR ii y la auto calificación de “gobierno obrerista”. Al final: ¿cuál es la política económica del bolivarianismo?¿Cómo ves tú lo que yo analizaría como una contradicción fundamental en la economía política del chavismo?

Efectivamente, se trata de una contradicción permanente y no resuelta. Pero hay que entenderla igualmente como la inevitable ausencia de un guión sobre la construcción de una sociedad alternativa a comienzos del siglo XXI. Si nosotros estuviésemos en un momento histórico anterior, digamos hace varias décadas, en tiempos del socialismo real del siglo XX, la idea de socialismo estaría pensada expresamente en términos de la propiedad estatal de los medios de producción. Podría en ese contexto pensarse que la solución inmediata a los problemas de la producción pasaban por un control estatal creciente y la socialización de los medios de producción desde arriba, en forma centralizada. Pero eso obviamente no está planteado actualmente en ninguna parte del mundo. Tan es así que el debate cubano actual es cómo reincorporar algunas dimensiones de asignación de recursos en términos de precios, de mercado, dada la ineficacia y falta de incentivos al trabajo, incluso la corrupción, de la economía estatizada cubana con sus severos costos económicos, políticos y sociales. En el socialismo del Siglo XXI no está presente la idea de que el Estado va a controlar todo, aunque eso esté en el imaginario de alguna gente muy ortodoxa.

Pero eso también tiene que ver también con el hecho de que el proceso bolivariano sigue siendo desde el punto de vista ideológico extraordinariamente heterogéneo. Hay mucha gente en el gobierno, o cercana al gobierno, que está haciendo negocios, que participan en procesos de acumulación privada ilícita sobre la base de los recursos del Estado. Esta boliburguesía realiza este tipo de prácticas abiertamente y lo hace acompañado de un discurso revolucionario sobre “el Socialismo del siglo XXI” No se trata sólo de acusaciones de la oposición, se trata de un severo problema de gestión pública para el cual el gobierno no ha podido, o ha carecido de la voluntad política para darle una respuesta. Por otra parte, más allá de esta indefinición político-ideológica y de saber cómo construir esta alternativa al capitalismo, existen graves carencias y discontinuidades en la gestión pública. Con cierta reiteración, cuando una determinada política pública, como por ejemplo en torno a la vivienda, no produce los resultados esperados, se nombra un nuevo equipo responsable. Este nuevo equipo llega, remplaza al personal anterior y, en ocasiones hace borrón y cuenta nueva, y comienza una nueva política pública sin realizar un balance de la anterior y sin continuidad en los programas en marcha.

Después de la derrota del referendo del 2007, hablaste de una “encrucijada crítica”, es decir que esta derrota podría haber sido una oportunidad para hacer un balance y reelaborar, democratizar, reflexionar de manera colectiva sobre el proceso, o al contrario, reforzar tendencias más verticalistas, burocráticas o autosuficientes del Estado rentista venezolano. Ahora que tenemos más distancia: ¿Cuál es el balance?

Yo creo que esa disyuntiva sigue sin resolverse. Todavía no es posible decir cuál es la respuesta que el proceso ha dado a esta encrucijada. La mayor apertura del debate político que se ha dado entre las fuerzas políticas y sociales heterogéneas identificadas de alguna manera con el chavismo en estos diez años fue precisamente en el momento inmediatamente después del referendo de 2007. En esas semanas se produjo una amplia reflexión crítica, sobre todo dentro de las organizaciones populares, donde yo diría que por primera vez todo estaba en discusión, inclusive el liderazgo de Chávez, las relaciones con su entorno, las exigencias de autonomía de las organizaciones sociales, la corrupción, la ineficiencia de la gestión estatal, el sectarismo y el autoritarismo. Todos estos asuntos dejaron de ser motivo de conversaciones privadas para sacarse a la discusión pública. Considero que ese fue un periodo muy fructífero que ofrecía muchas posibilidades. Lo que ocurre es que siempre aparece una nueva coyuntura política, en este caso las elecciones, que una vez más presionan hacia la reducción del ámbito del debate crítico, a fortalecer la unidad del chavismo, o como se decía clásicamente “no darle armas al enemigo”. Yo percibo que ese amplio debate democrático se ha cerrado mucho en el año 2008.

Y ahora que podemos evaluar los primeros meses de creación y construcción del PSUV: ¿Cuál es tu análisis sobre este nuevo partido? ¿Será realmente una instancia política del pueblo para apoyar los avances del proceso y al mismo tiempo construir una herramienta democrática independiente en la lucha anticapitalista, por el “socialismo del siglo XXI”? ¿Esta tensión entre el llamado a “cerrar las filas” que ahoga también el debate colectivo y la necesidad de discutir de todo en la base parece que también aparece dentro de este partido? Pues tengo entendido que las elecciones en el PSUV no se hicieron realmente desde la base hacia arriba, es decir con un proceso de constitución realmente abierto…

Yo diría que semi-abierto, tanto para el proceso de constitución de los cuerpos directivos del PSUV, como en el proceso de las elecciones primarias para los candidatos de las elecciones regionales de noviembre del 2008. Hubo tanto manipulación y control desde arriba, como expresión genuina de la voluntad de la gente. En cada lugar fue diferente, pero de todas maneras se pudo constatar con fuerza la expresión de las bases. Por ejemplo, fue notorio que en la elección de la directiva se expreso una clara preferencia de la militancia por los dirigentes civiles sobre los militares. En las elecciones primarias para seleccionar los candidatos del PSUV para gobernadores o gobernadoras y alcaldes o alcaldesas es significativo que Aristóbulo Iztúriz obtuviese el 95% de los votos para ser candidato a la Alcaldía Metropolitana, lo que lo coloca como el segundo hombre más popular del chavismo iii . Una de las cosas que esta en juego en Venezuela respecto a la democracia es obviamente el papel de los militares: la cultura militar es una cultura vertical de la obediencia, no democrática ni deliberativa. Otro ejemplo: la gestión del alcalde Henry Falcón en Barquisimeto ha sido considerada como positiva por la población de dicha ciudad. Fue electo en las primarias del PSUV a pesar que lo acusaban de no ser suficientemente revolucionario y que había otro candidato que contaba con el apoyo de Chávez y de la estructura partidista. En algunos casos la diferencia entre el candidato que ganó y el que perdió fue reducida, y de acuerdo a las normas previamente establecidas, esto le daba a la dirección del partido la opción de escoger entre los dos primeros. La selección de quien llegó en segundo lugar fue motivo de descontento en algunas zonas del país. El PSUV es un campo de tensión: ni representa el ejercicio pleno de la democracia desde la base, ni es un espacio que pueda controlarse completamente desde arriba.

¿Y cómo vislumbras el actual contexto político, después de la derrota electoral de 2007 y de la campaña para las elecciones de gobernaciones y alcaldías de noviembre 2008?

Para darte un antecedente y una respuesta, yo creo que el año 2007 fue un año catastrófico desde el punto de vista del proyecto de cambio en Venezuela. Fue catastrófico porque creo que hubo por parte de Chávez y de la dirección política del proceso una evaluación muy equivocada de lo que significó el triunfo electoral de Chávez en el año 2006. Se interpretó el triunfo electoral del año 2006 como que si sesenta y tanto por ciento de la población venezolana estaba dándole carta blanca y estaba expresa y concientemente optando por el socialismo. En esto es necesario considerar las múltiples imprecisiones con las cuales se presentaba dicha propuesta. En Venezuela amplios sectores de la población asocian el “socialismo” directamente con la experiencia cubana. Por las razones que sea, entre ellas la imagen que transmiten los medios corporativos, la visión que la mayoría de la población tiene de Cuba está asociada a asuntos como la escasez y la falta de libertad. En el año 2007, estaban pendientes en la agenda política del chavismo dos asuntos muy importantes. Estaba planteado el proceso de constitución de los Consejos Comunales y la creación del PSUV. Por la forma en que se elaboró e impulsó, la reforma constitucional terminó por subordinar todo lo demás, incluso la gestión pública, a las exigencias coyunturales de la agenda electoral del referéndum. Una expresión muy notoria de esto fue la experiencia de módulos de Barrio Adentro abandonados, el incremento de la inseguridad, la escasez de leche, de huevos, y demás productos alimentarios básicos. Con su subordinación a los intereses electorales partidistas se obstaculizó la posibilidad de constituir a los Consejos Comunales como organizaciones sociales plurales. Todo esto contribuyó a niveles importantes de malestar. El referéndum se dio en este contexto, en esas condiciones de desgaste. La reforma constitucional contó con la aprobación de tres millones menos de votantes que los que sufragaron por Chávez en la elecciones presidenciales del año anterior. Fue la primera derrota político-electoral de este gobierno. Por otra parte, la construcción del partido también estuvo afectada por la prioridad dada a la movilización en torno al referéndum. En lugar de crearse en un momento no electoral, el proceso de creación del partido se hace en un contexto en el cual cada decisión está directamente pensada en términos de quién va a ser candidato a qué. Para la oposición venezolana la derrota de la propuesta de reforma constitucional constituye un hito muy importante. Tiene la oportunidad de aprender de los severos errores de los años anteriores, aislar a los sectores golpistas de la derecha más radical e intentar avanzar hacia un frente unitario, no sólo para las elecciones regionales de este año, sino también para las elecciones parlamentarias del año 2010 y las presidenciales del 2012. En este sentido, logró presentar candidatos unitarios únicos de la oposición para la mayoría de los cargos en disputa en las elecciones regionales de noviembre del 2008…

Ahora si analizamos los resultados de los comicios de noviembre que el propio mandatario Hugo Chávez presentó como “las más importantes de la historia de Venezuela” durante un discurso antes del verano pasado: ¿Cuál es el balance de esta elección en la cual participaron nada menos de 17.300 candidatos en más de 330 municipios y 21 Estados? ¿Cómo el PSUV salió de esta contienda y cuales son las perspectivas tanto para la izquierda como para la oposición?

Los resultados electorales del 23 de noviembre pueden ser considerados como un revés electoral para el gobierno de Chávez, a pesar de que logró la victoria en 17 gobernaciones, en la gran mayoría de las alcaldías en todo el país y obtuvo una ventaja de más de un millón de votos sobre la oposición a nivel nacional. El gobierno perdió en la Alcaldía Metropolitana de Caracas y en Maracaibo, así como en cinco estados, entre ellos los tres de mayor población del país, Zulia, Carabobo y Miranda. Agregándole a esto la derrota en el estado Táchira, las áreas más pobladas de la compleja y tensa frontera con Colombia pasan a manos la oposición. Se dibuja un nuevo mapa político-territorial en el país. La oposición domina en los estados más poblados mientras que el chavismo prevalece en el resto del territorio nacional. Se estima que aproximadamente 44% de la población tendrá gobernadores o alcaldes de oposición.

Este avance importante, pero no decisivo de la oposición, está siendo interpretado por los dos lados como una victoria propia. El gobierno reivindica que la mayor parte del territorio nacional sigue siendo chavista, mientras que la oposición reivindica su triunfo en los estados de mayor concentración de población. En el contexto post-electoral, la pugna pasa al terreno de las interpretaciones confrontadas de lo ocurrido. ¿Quién ganó y qué consecuencias tienen estos resultados para el futuro del país, para el proyecto de cambio encabezado por Chávez? ¿Significan estos resultados electorales una confirmación del respaldo al proceso de cambio, a la profundización de las reformas dirigidas a construir el socialismo del siglo XXI y para un nuevo intento de reforma constitucional para eliminar las restricciones a la reelección presidencial? ¿O por el contrario se define una nueva correlación de fuerzas a nivel nacional que abre la posibilidad de una victoria de la oposición en las elecciones del a o 2012? La respuesta a estas interrogantes no se puede deducir de las cifras electorales, dependerá de la capacidad política que desarrollen gobierno y oposición a partir de esta coyuntura. A la luz de estos resultados, pasa a ser de medular importancia la disposición del gobierno y del PSUV para llevara cabo una amplia reflexión crítica y autocrítica sobre las causas que condujeron a estos resultados. Nuevamente la población ha expresado su descontento con la gestión pública de alcaldes y gobernadores chavistas. Sin excepción alguna, todos los alcaldes, metropolitanos y municipales que han gobernado la ciudad de Caracas durante estos 10 a os han tenido gestiones que han sido evaluadas por la población como extraordinariamente deficientes. Por muchos de ellos se había votado por lealtad a Chávez, a pesar de tener sobre ellos una opinión muy desfavorable. Los problemas de la inseguridad, el tráfico, la basura, la iluminación, la ausencia de espacios públicos de encuentro y distracción, etc., etc., lejos de haberse corregido, se encuentran, en Caracas, en condiciones aún peores que hace una década. No es posible avanzar en la dirección de un proceso de transformación profunda de la sociedad si simultáneamente no se tiene la capacidad de gestión pública requerida para mejorar las condiciones de la vida cotidiana de la población. Parece que se asumiese que como se está en la tarea estratégica de “hacer la Revolución”, no fuese necesario ocuparse de algo tan secundario como la basura.

El año 2009 será un año particularmente crítico para la consolidación del proceso de transformación que vive Venezuela. Las voluminosas reservas internacionales probablemente permitirán al gobierno proteger a la economía venezolana de los impactos más negativos de la crisis económica y financiera global. Sin embargo, si, como parece, la crisis global se hace más profunda y se prolonga en el tiempo, a partir del a o 2010 la baja de los precios del petróleo con seguridad tendría un muy profundo impacto sobre el ingreso fiscal y el gasto público, motor de la expansión económica que se ha dado en el país durante los últimos 20 trimestres. Las elecciones de la Asamblea Nacional de ese a o se realizarían en condiciones muy poco favorables para el gobierno. Por ello, ó los severos problemas existentes de ineficiencia de la gestión pública, la corrupción, la inseguridad, etc., se abordan durante este próximo a o con decisión, y con ello, se responde a las expectativas que los sectores populares tienen en relación a su gobierno, o los partidos y las fuerzas de la oposición -aunque no sean capaces de presentar opciones de futuro atractivas- podrían aparecer para muchos, por lo menos, como mejores gestores de lo cotidiano. La oposición hará todo lo posible por construir esta imagen en sus nuevos ámbitos de gobierno regional de aquí al a o 2012.

Para concluir, dentro de los aspectos más positivos y adelantadores del proceso bolivariano están las experiencias de participación popular (como los consejos comunales) y también la impresionante politización de vastos sectores populares, que hasta el momento habían sido sistemáticamente marginados por el sistema político y económico dominante. ¿Cuáles son los aspectos que habría que reforzar par desarrollar y potenciar estas formas de autoorganización democrática y colectiva, de “poder popular”? ¿Cuál sería la estrategia en Venezuela para construir un proyecto contrahegemónico viable, una alternativa real al capitalismo neoliberal? En fin, ¿como forjar lo que llamaste “un mundo de democracia sin fin” y que nosotros podríamos llamar “socialismo del siglo XXI”?

El reto central es imaginar una sociedad diferente, ¿cómo podría ser una sociedad post- capitalista? Es este un reto que tiene que ver tanto con las particularidades de Venezuela, como con el cambio de época a nivel mundial. Yo creo que hay quizás dos ejes de tensión principal para pensar en un proyecto democrático alternativo para Venezuela. Un primer tema, es el tema de los límites del planeta, sobre todo pensado desde un país petrolero como Venezuela. Es evidente que la construcción de un proyecto de sociedad alternativa al orden destructor del capitalismo necesariamente tiene que representar un patrón civilizatorio alternativo desde el punto de vista de la producción, del imaginario de lo que es riqueza y buena vida, de los patrones de consumo depredadores que son hoy hegemónicos. Esa dimensión no puede ser para después, para una fase posterior del proceso de cambio. Es un asunto urgente que tiene que ver con la continuidad o no de la vida en el planeta Tierra. Estoy convencido de que si no se encuentran respuestas desde el anti-capitalismo, si no hay respuestas alternativas democráticas a la crisis ambiental planetaria, terminarán por imponerse respuestas profundamente autoritarias en una sociedad de creciente apartheid global. Los grandes muros de contención y la represión sistemática de los desplazados económicos son sólo el inicio de este proceso. Desde el punto de vista de la lucha de los movimientos campesinos e indígenas de América Latina y en muchas regiones del resto del mundo, el tema de la democracia y el de la vida, no son cosas separadas, son de modo integral parte de la propia cosmovisión y de la propia práctica. Pero los gobiernos siguen pensando (y lo que es peor, actuando) en términos de crecimiento, de progreso, de “producto interno bruto”, de “ingreso per cápita” como criterios de éxito. En Venezuela no le hemos dado respuesta a estos urgentes retos. La dependencia de la economía venezolana de la renta petrolera, lejos de disminuir, se acentúa.

Por otra parte, este modelo rentista de desarrollo genera un alto nivel de estatismo, centralización y verticalismo. Otra dimensión esencial para pensar en un proyecto anticapitalista democrático es el referido a la relación entre autonomía y estatismo. Esta tensión tiene una presencia medular en la historia de la Venezuela petrolera. A nombre de la sociedad, el Estado venezolano ejerce el control de las principales riquezas del país, pero carece de la capacidad de gestión que sería necesaria para que, efectivamente, dichos recursos respondan a las necesidades del conjunto de la sociedad, en particular de los sectores sociales tradicionalmente excluidos. En Venezuela, la relación entre Estado y organizaciones sociales, entre Estado y partido, tiende a ser una relación muy vertical. La autonomía de las organizaciones sociales tiende a ser vista por el gobierno como una amenaza. Y eso lo vemos en todas partes. En el movimiento sindical identificado con el proceso de cambio hay una tensión muy fuerte entre tendencias que priorizan el apoyo, a veces incondicional, a las políticas gubernamentales, y tendencias que buscan la construcción de organizaciones autónomas. Si las organizaciones sindicales se convierten en apéndices del Estado, toda la riqueza de la experiencia histórica del movimiento obrero se pierde. Ocurre lo mismo con los Consejos Comunales. Ha habido y continúa existiendo una tensión muy fuerte entre, por un lado, la concepción de los Consejos Comunales como la organización popular de base, expresión del conjunto plural de los sectores de la sociedad, participando y decidiendo a nivel local sobre sus propios asuntos y, por el otro, concebir al Consejo Comunal como “rojo, rojito”, como el encuentro de base de los chavistas. Se supone que los Consejos Comunales son el ámbito privilegiado de la democracia participativa. Sí eso son sometidos a una lógica partidista sectaria, y se someten en forma instrumental a las necesidades que va definiendo para gobierno y/o el partido coyuntura política, gran cantidad de la población se siente excluida de ante mano y los Consejos Comunales pierden su potencial como núcleos básicos de la democracia participativa.

Venezuela es un país que tiene una tradición de organización social autónoma limitada. Antes del año 1958 éramos una sociedad con muy poca experiencia democrática aún en términos liberales. Después de 1958, el control político partidista de la sociedad fue muy fuerte. Los partidos dominantes, Acción Democrática (AD) y COPEI, fueron instrumentos de la distribución de los recursos del Estado y por esa vía tendían a controlar y someter la mayor parte de las organizaciones y asociaciones de la sociedad venezolana. Controlaban todo, desde la elección de un centro de estudiantes en un liceo hasta la directiva de una asociación cultual. Permeaban al conjunto de la sociedad. En los años del gobierno bolivariano, se ha impulsado un acelerado proceso de ampliación y fortalecimiento de las organizaciones sociales de base, producto de políticas públicas orientadas a este objetivo. Es el caso, por ejemplo, de las políticas sociales en el ámbito de la educación, salud o de la producción. Están concebidas en términos de su contribución a la construcción del tejido social, la ciudadanía, la organización comunitaria. En esta dirección, el modelo de salud comunitaria conocido como “Barrio Adentro” es paradigmático. El establecimiento del módulo de salud en la comunidad y la presencia de médicos en éste carece por completo de sentido sin la existencia de una comunidad organizada en Comités de Salud que le den sustento a su actividad. La otra cara del impulso organizativo de estas iniciativas públicas reside en la dificultad para avanzar en la construcción de modalidades organizativas y tejidos sociales autónomos que no sean permanentemente dependientes del Estado y sus recursos.

Para concluir, la capacidad de preservar o construir autonomía desde un proyecto popular alternativo depende de muchos factores, pero sobre todo de la presencia de organizaciones de base pre-existentes, con experiencia de lucha y de participación colectiva. Depende también de las orientaciones políticas que tengan los propios funcionarios del gobierno: si ven las políticas públicas en términos instrumentales, clientelares, o por el contrario como un instrumento de promoción de la organización social popular autónoma. La experiencia en ese sentido en estos años ha sido muy diversa, pero la tensión en relación al control vertical y a la autonomía, es quizás, del punto de vista de la democracia radical, uno de los ejes modulares para mirar lo que está pasando en Venezuela y pensar la construcción de “un mundo de democracia sin fin”.

http://contretemps.eu

Franck Gaudichaud es miembro del equipo editorial de Rebelion.org. Ver: http://www.rebelion.org/autores.php?tipo=5&id=59&inicio=0

i El Pacto de Punto Fijo fue un acuerdo firmado en 1958 entre dos partidos políticos: Acción Democrática (AD) y COPEI, pocos meses después del derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez. Este pacto permitió la alternancia en el poder de estos dos partidos durante 40 años, en base a la exclusión del PC venezolano y de la izquierda radical y también gracias al clientelismo y la corrupción generalizadas.

ii Siderúrgica del Orinoco o Sidor es un inmenso complejo siderúrgico situado en el Estado de Bolívar. En manos de una multinacional italo-argentina (Techint), su nacionalización es el producto de un largo conflicto laboral y de 3 meses de movilización de los obreros. Chávez decidió nacionalizarla en contra de la opinión de su ministro del trabajo de entonces. Ver: Ricardo Galíndez, SIDOR, la clase obrera tumba un ministro y alcanza una nacionalización .

iii Considerado como uno de los representantes del ala izquierda del chavismo, Aristóbulo Iztúriz fue alcalde de Caracas en 1994 y ministro de la educación del gobierno Chávez. Perdió la elección municipal en noviembre 2008 por la alcaldía mayor de Caracas.

¿Debacle financiera, crisis sistémica ? Respuestas ilusorias y respuestas necesarias, por S. Amin

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crisisss1Samir Amin, economista Egipcio

Informe introductivo – Foro Mundial de las Alternativas – Caracas, Octubre 2008

La crisis financiera era inevitable.

No nos cogió desprevenidos la explosión brutal de la actual crisis que además había yo evocado hace unos meses cuando los economistas convencionales se esmeraban en minimizar sus consecuencias, particularmente en Europa. Para entender su génesis, conviene abandonar la definición corriente del capitalismo que se suele definir, hoy día, como “neo-liberal globalizado”. Esta calificación es engañosa y oculta lo esencial.

El sistema capitalista actual es dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son grupos que actúan en la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc. Su característica principal es su financiarización. Con eso conviene comprender que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de provechos ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras. Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los bancos sino por los grupos “financiarizados”. Más aún, estos oligopolios no producen provechos, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio mediante inversiones financieras.

Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital. Luego no estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele decir, sino de un capitalismo de oligopolios financiarizados. Sin embargo, la huida hacia delante en las inversiones financieras no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. Eso no resultaba sostenible. De allí la llamada “burbuja financiera” que traduce la lógica del sistema de inversiones financieras.

El volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial, sólo es de unos 44 trillones de dólares. Un gigantesco múltiple. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La dimensión financiera de ese sistema de los oligopolios finaciarizados era – ya lo dije – el talón de Aquiles del conjunto capitalista. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.

Detrás de la crisis financiera, la crisis sistémica del capitalismo aviejado.

Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una crisis de la economía real, esto es una estagnación relativa de la producción y lo que ella va a acarrear : regresión de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur. En adelante debemos hablar de depresión y ya no de recesión.

Y detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo de la economía real tal y como lo venimos conociendo así como el del consumo que le va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y el del planeta.

La dimensión mayor de esta crisis sistémica concierne el acceso a los recursos naturales del planeta que se han vuelto muchísimo más escasos que hace medio siglo. El conflicto Norte/Sur constituye por lo tanto el eje central de las luchas y conflictos por venir.

El sistema de producción y de consumo/despilfarro existente hace imposible el acceso a los recursos naturales del globo para la mayoría de los habitantes del planeta, para los pueblos de los países del Sur. Antaño, un país emergente podía retener su parte de esos recursos sin amenazar los privilegios de los países riscos. Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países opulentos – el 15% de la población del planeta – acapara para su propio consumo y despilfarro el 85 % de los recursos del globo y no puede consentir que unos recién llegados accedan a estos recursos ya que provocarían graves penurias que pondrían en peligro los niveles de vida de los ricos.

Si los Estados unidos se han fijado como objetivo el control militar del planeta es porque saben que sin ese control no pueden cerciorarse del acceso exclusive a esos recursos. Como bien se sabe, China, la India y el Sur en su conjunto también necesitan esos recursos para su desarrollo. Para los Estados Unidos se trata imperativamente de limitar ese acceso y, en último recurso, sólo existe un medio : la guerra.

Por otra parte, para ahorrar las fuentes de energía de origen fósil, los Estados Unidos, Europa y otras naciones desarrollan proyectos de producción de agro-carburantes en gran escala, en detrimento de la producción de víveres cuyos precios en alza los azotan.

Las respuestas ilusorias de los poderes vigentes.

Los poderes vigentes, al servicio de los oligopolios financieros, no tienen otro proyecto sino el de volver a poner de pie este mismo sistema. Esas intervenciones de los Estados ¿ qué son sino las que les manda la misma oligarquía ? Sin embargo no es imposible el éxito de esta puesta de pie si las infusiones de medios financieros resultan suficientes y si las reacciones de las víctimas – las clases populares y las naciones del Sur – no dejan de ser limitadas. Pero en este caso el sistema sólo retrocede para mejor saltar y una nueva debacle financiera, aún más tremenda, será ineludible ya que las “adaptaciones” previstas para la gestión de los mercados financieros y monetarios resultan ampliamente insuficientes puesto que no ponen en tela de juicio el poder de los oligopolios.

Por otra parte, resultan divertidísimas estas respuestas a la crisis financiera mediante la inyección de fondos públicos astronómicos para restablecer la seguridad de los mercados financieros : privatizados ya los provechos, en cuanto resultan amenazadas las inversiones financieras se socializan las pérdidas. ¡ Cara: gano yo, cruz: tú pierdes !

Las condiciones de una respuesta positiva a los desafíos.

No basta con decir que las intervenciones de los Estados pueden modificar las reglas del juego, atenuar las derivas. También es necesario definir sus lógicas y sus impactos sociales. Desde luego, en teoría, se podría volver a fórmulas de asociación de los sectores públicos y privados, fórmulas de economía mixta como ocurrió durante los “treinta años gloriosos” (los años 1945/1975) en Europa y durante la era de Bandung, en Asia y en África, cuando el capitalismo de Estado dominaba ampliamente, acompañado por políticas sociales fuertes. Pero este tipo de intervención del Estado no está a la orden del día. Y ¿ están las fuerzas sociales progresistas en medida de imponer una transformación de esta amplitud ? Todavía no, opino yo.

La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de los oligopolios, el cual es inconcebible sin, finalmente, su nacionalización democrática progresiva. ¿ Fin del capitalismo ? No lo creo. Creo en cambio que son posibles unas nuevas configuraciones de las relaciones de fuerzas sociales que impongan al capital a ajustarse, él, a las reivindicaciones de las clases populares y de los pueblos. A condición que las luchas sociales todavía fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, consigan cristalizarse en una alternativa política coherente. Con esta perspectiva, resulta posible el comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo. Los avances en esta dirección, claro está, siempre serán desiguales de un país a otro y de una fase de su despliegue a otra.

Las dimensiones de la alternativa deseable y posible son múltiples y conciernen todos los aspectos de la vida económica, social, política. Evocaré a continuación las grandes líneas de esta respuesta necesaria.

1) – La reinvención por los trabajadores de organizaciones apropiadas que hagan posible la construcción de su unidad con el fin de trascender su dispersión asociada a las formas de explotación vigente (paro laboral, precariedad, informalidad)

2) – La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica de la democracia asociada al progreso social y al respeto de la soberanía de los pueblos y no disociada de éstos.

3) – Liberarse del virus liberal fundado en el mito del individuo que ya pasó a ser tema histórico. Los rechazos frecuentes de los modos de vida asociados al capitalismo (múltiples enajenaciones, consumerismo y destrucción del planeta) señalan la posibilidad de esta emancipación.

4) – Liberarse del atlantismo y del militarismo que le está asociado, ambos destinados a hacer aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre la base del apartheid a escala mundial.

En los países del Norte el desafío implica que la opinión general no se deje encerrar en un consenso de defensa de sus privilegios con respeto a los pueblos del Sur. El internacionalismo necesario pasa por el antiimperialismo, no por el humanitarismo.

En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales lleva consigo el hacer recaer el peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización de sus reservas de cambio, baja de los precios de las materias primas exportadas y alza de los precios de los productos importados). La crisis ofrece la ocasión del renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático autocentrado, que someta las relaciones con el Norte a sus exigencias, esto es la desconexión. Lo cual implica:

a) El dominio nacional de los mercados monetarios y financieros

b) El dominio de las tecnologías modernas en adelante posible,

c) La recuperación del uso de los recursos naturales,

d) La derrota de la gestión mundializada dominada por los oligopolios (la OMC) y la del control militar del planeta por los Estados Unidos y sus aliados,

e) Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo en el sistema y de los mitos pasadistas.

f) La cuestión agraria, en efecto, está en el centro de las opciones por venir en los países del tercer mundo. Un desarrollo digno de así llamarse exige una estrategia política agrícola fundada sobre la garantía del acceso a la tierra para todos los campesinos (la mitad de la humanidad). En contrapunto, las fórmulas preconizadas por los poderes dominantes – acelerar la privatización de la tierra agrícola y transformar la tierra agrícola en mercancía – llevan consigo el éxodo rural masivo que bien venimos conociendo. Como el desarrollo industrial de los países concernidos no puede absorber a esta mano de obra surabundante, ésta se amasa en las barriadas o se deja tentar por las aventuras trágicas de una huida en balsa por el Atlántico. Existe una relación directa entre la supresión de la garantía del acceso a la tierra y el acrecentamiento de las presiones migratorias.

g) La integración regional, al favorecer el surgimiento de nuevos polos de desarrollo, ¿ puede constituir una forma de resistencia y de alternativa ? La regionalización es necesaria, tal vez no para gigantes como China y la India o incluso para Brasil, pero seguramente sí para otras muchas regiones, en Asia del sur-este, en África o en América Latina. Este continente está un poco en avance en este dominio. Venezuela, oportunamente, ha tomado la iniciativa de crear el Alba (Alternativa bolivariana para América Latina y el Caribe) y el Banco del Sur (Bancosur), incluso antes de la crisis. Pero el Alba – un proyecto de integración económica y política – todavía no ha recibido la adhesión de Brasil ni la de Argentina. En cambio, el Bancosur, supuesto promover otra forma de desarrollo, asocia igualmente a estos dos países pese a que, hasta hoy, sigan teniendo una concepción convencional del papel que ha de desempeñar un banco.

Avances en esas direcciones, al Norte así como al Sur, bases del internacionalismo de los trabajadores y de los pueblos, constituyen las únicas garantías de la reconstrucción de un mundo mejor, multipolar y democrático, única alternativa a la barbarie del capitalismo alicaído.

Más que nunca la lucha por el socialismo del siglo 21 está a la orden del día.

Traducido por Manuel Colinas para Investig’Action – http://www.michelcollon.info

http://www.redescristianas.net

Lo que hay detrás de la crisis de Gaza: la estrategia de Israel. Entrevista a Gilbert Achcar…

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ISRAEL-PALESTINAOOO5 Daniel Finn entrevistó el pasado 10 de enero para la revista electrónica irlandesa Irish Left Review a nuestro amigo y colaborador, el analista libanés Gilbert Achcar, quien tuvo la gentileza de enviarnos el texto para su traducción castellana y reproducción en SinPermiso.

¿Cuáles cree que son los principales objetivos de la estrategia israelita al atacar actualmente a la franja de Gaza?

Se trata en realidad de una cuestión muy complicada, ya que entraña diferentes niveles. Vista panorámicamente, esta estrategia forma parte de la lucha en curso entre Israel, por una parte, y Hamas y Hezbolá, por la otra; una lucha que alcanzó su punto culminante en 2006, cuando Israel llevó a cabo simultáneamente dos guerras, una contra Gaza y otra – de gran envergadura – contra el Líbano. Esas guerras estaban ligadas a la estrategia general de la administración Bush en su confrontación con Irán. En efecto, la concepción dominante en Washington es que Hamás y Hezbolá son instrumentos del estado iraní y que, por lo mismo, forman parte de un arco de fuerzas que deberían aplastarse, si se quiere estabilizar la hegemonía estadounidense y la seguridad israelí. Lo que está actualmente en curso es, así pues, una nueva etapa de una guerra que se está librando desde hace varios años.

Enfocando con un poco más de detalle, resulta evidente que esta campaña ha sido lanzada precisamente en este momento, a partir del 27 de diciembre, por consideraciones políticas a más corto plazo. Por un lado, la administración Bush se va. Según todas las señales dadas por el equipo Obama, el gobierno israelí no tiene ningún motivo para temer un cambio mayor en la política de Estados Unidos en el Oriente Medio. Pero existe, sin embargo, la perspectiva, prometida por Obama a lo largo de la campaña electoral, de que la nueva administración empiece a dialogar con Irán. En este caso, el apoyo estadounidense a una posición dura en la confrontación con Irán podría diluirse. Teniendo esto en cuenta, una de las razones por las que la campaña ha sido lanzada en este momento preciso es, justamente, la de ahorrar a la nueva administración la necesidad de tener que afrontar de entrada una crisis mayor en Oriente Medio. El equipo Obama se ha sentido, pues, aliviado de que esto se haga todavía bajo Bush.

El problema –un fenómeno ahora recurrente en las agresiones israelíes— es que la operación ha durado mucho más tiempo del previsto: pasó la época de la “Guerra de los Seis Días”. Idealmente, el gobierno israelí –hace algunos meses muchos comentaristas evocaban esta posibilidad— habría querido atacar directamente a Irán antes de la marcha de la administración Bush. Pero ha sido imposible debido a una serie de razones relacionadas con los grandes problemas a los que se enfrentaba la propia administración Bush. En efecto, aparte de la debilidad política general de un presidente desacreditado al final de su mandato, está la crisis económica: cualquier confrontación militar con Irán sería en este momento perjudicial para los intereses de la economía mundial. [Esta entrevista se realizó poco antes de la revelación por el New York Times del rechazo de la administración Bush a una petición reciente de luz verde por parte de Israel para proceder a ataques contra las instalaciones nucleares iraníes; N.E.] En lugar de los ataques contra Irán que habría deseado como primera opción, Israel está atacando a  un Hamás al que considera agente de Irán.

Hay, finalmente, una consideración resultante de un enfoque todavía más de detalle: las elecciones. Como sabe, deben celebrarse muy pronto nuevas elecciones en Israel. Ahora bien, los partidos representados en el gobierno de coalición –el partido Kadima de Olmert y de Livni, y el partido laborista de Ehud Barak— se enfrentan a una fuerte competencia por parte del Likud, la extrema derecha del movimiento sionista dominante en Israel. En cierto modo, este ataque contra Gaza es una forma de invalidar la apuesta en la que a buen seguro Netanyahou habría basado su campaña electoral.

Si se tienen en cuenta todos estos aspectos, se ve que ha habido una sobredeterminación, es decir, un proteico abanico de razones para que esta operación haya sido lanzada justo en este momento. Todo el resto, los cohetes lanzados por Hamás, etc., no son más que pretextos, lo mismo que el rapto de dos soldados por Hezbolá en julio 2006 no fue más que un pretexto utilizado por Israel para lanzar una agresión premeditada de gran envergadura.

La última confrontación entre Israel y Hamás y Hezbolá en 2006 terminó con un gran revés para el Estado israelí, lo que suscitó todo tipo de recriminaciones entre las élites políticas y militares. ¿Piensa Ud. que Israel tiene ahora alguna posibilidad realista de revertir ese fracaso y obtener una victoria, o cree Ud. que va camino de un nuevo fracaso?

Esta es precisamente la razón de que la situación actual resulte extremadamente peligrosa y preocupante. Este ataque empezó el 27 de diciembre, lo que significa que los combates llevan ya casi dos semanas de duración. El balance de muertos en cifras absolutas es ya más fuerte que el del Líbano después de dos semanas de bombardeos intensivos. Si se toman cifras relativas, sabiendo que la población libanesa es casi tres veces más numerosa que la de Gaza, hay muchas, muchas más. Lo que es muy preocupante y peligroso en la situación actual es que, precisamente debido al fracaso precedente en el Líbano en el verano de 2006, Israel no puede permitirse otro fracaso del mismo tipo. Y ello tanto por razones estratégicas, como por motivos oportunistas o de corto plazo, cálculos políticos de bajo nivel.

Por una parte, el estado israelí corre el peligro de perder gran parte de su sedicente credibilidad militar si se enfrenta a un nuevo fracaso, tanto más teniendo en cuenta que el enemigo con el que se enfrenta esta vez –Hamas, en Gaza— es ciertamente mucho más débil de lo que lo era Hezbolá en el Líbano.  En efecto, Hezbolá es más fuerte en la comunidad chiíta libanesa  que Hamás en Gaza, donde existe una rivalidad feroz entre Hamás y la Autoridad Palestina/Fatah, sin contar otros grupos rivales que se disputan el mismo público. Además, ciertamente Hezbolá disponía, por razones evidentes, de muchas más armas que Hamás en Gaza, una angosta franja de territorio rodeado por todas partes y estrechamente vigilado. En Gaza los palestinos pueden hacer entrar clandestinamente algunas armas ligeras, pero no armas pesadas, mientras que en Líbano Hezbolá pudo acumular un arsenal importante, tanto más fácilmente, cuanto que gozaba del apoyo de Siria.

Por lo tanto, si Israel sufre un segundo fracaso, y además contra un Hamás harto más débil que Hezbolá, sería un gran desastre, peor que el de 2006. Hay también, en segundo lugar, los pequeños cálculos de política electoral. Si la coalición en el poder en Israel saliera de esta guerra con un nuevo fracaso, los partidos que la componen no tendrían ni siquiera necesidad de presentarse a las elecciones. Netanyahu los aplastaría completamente, y ellos lo saben. Así pues, la coalición en el poder no puede permitirse un fracaso por estas dos razones combinadas; eso es lo que hace la situación tan preocupante. Podrían verse afectados por el síndrome del animal herido, volviéndose todavía más feroces de lo que lo han sido hasta ahora. El nivel de las atrocidades israelíes aumenta de guerra en guerra. La guerra de los 33 días en 2006 fue ya la agresión más brutal de una larga historia de guerras israelíes, la más desapoderada utilización de la fuerza por parte de Israel, con bombardeos masivos de regiones enteras del Líbano, de regiones civiles.

El pretexto invocado, entonces como ahora, es que los combatientes se esconden entre la población. Se trata de un argumento perfectamente hipócrita: ¿qué esperan que hagan? ¿Qué se agrupen en un terreno baldío con pancartas que digan: “bombardeadnos aquí”? Es grotesco. La realidad es que Israel trata de aplastar a partidos políticos de masa. Ciertamente, éstos están armados, pero están obligados a estarlo puesto que están amenazaos permanentemente. Se trata de movimientos populares armados. La mayor parte de sus miembros armados no son combatientes profesionales que viven en casernas. Si se tienen en cuenta todos estos aspectos del problema, vemos que las preocupaciones crecientes expresadas por los agentes humanitarios internacionales se basan en razones extremadamente serias.

Mucha gente tiene actualmente la impresión de que la población de Gaza está realmente en peligro de exterminio. No se trata de las exageraciones habituales, sino de una evaluación sobria teniendo en cuenta el nivel de violencia y de brutalidad, día tras día, con cada vez un mayor número de supuestos accidentes, en el transcurso de los cuales se apunta a concentraciones de civiles, lo que trae consigo masacres masivas. Para Israel, la única forma de evitar un fracaso pasará por reforzar su ofensiva terrestre en las zonas de fuerte densidad de población. De suerte que lo peor se hace así perfectamente posible: eso significaría miles y miles de muertos, sin contar los mutilados y heridos. Es una perspectiva terrible. 

Si Hamás quiere ser considerado vencedor, aunque sea solo parcialmente, al final de esta última confrontación con Israel, ¿qué debe hacer? ¿Es suficiente su supervivencia? ¿Basta con mantenerse en pie?

¿Quiere decir si Hamás lograra  efectivamente salir de la guerra con la cabeza alta? Lo cierto es que, debido a las condiciones geográficas, Hamás tiene ya una proporción de muertos en sus filas más elevada que Hezbolá en 2006. Ya el primer día en que empezaron los bombardeos israelíes, se cebaron en los edificios de las fuerzas de seguridad de Hamás y el número de muertos fue inmediatamente muy elevado. Pero si Hamás consigue salir de este ataque habiendo más o menos conservado su mando y su infraestructura; si no hace concesiones mayores –o, mejor dicho, ninguna concesión mayor que no sea recíproca, como: “Nosotros dejamos de lanzar cohetes, pero vosotros nos garantizáis que vosotros, israelitas, dejáis de dispararnos, de imponernos un embargo y de estrangularnos”—, entonces se tratará de un fracaso israelita y será considerado como una victoria política de Hamás, análoga a la obtenida por Hezbolá en 2006.

Pero en el momento en que estamos hablando esto no es más que una hipótesis, puesto que no podemos prever cómo van a evolucionar las cosas. Lo que está claro es que a escala regional, si no a escala mundial, este ataque israelí ha incrementado enormemente la popularidad de Hamás. Pero no puede decirse que vaya a ocurrir lo mismo entre los palestinos de Gaza, precisamente debido a la rivalidad entre Hamás y el Fatah. Hay división de opiniones aquí. Por supuesto, los partidarios de Fatah dirán: “Hamás nos ha puesto en esta terrible situación, sufrimos por su culpa; por supuesto, Israel es el primer culpable, pero….”- este mismo “pero” que encontramos en las declaraciones de ciertos regímenes árabes. Es especialmente lo que ha expresado desde el principio el gobierno egipcio, que está claramente en colusión con esta agresión israelita. Es también lo que se ha oído, de todos lados, por parte de los aliados árabes de los Estados Unidos. Es la misma retórica que se oyó en 2006 cuando se culpaba a Hezbolá de la agresión israelí contra el Líbano.Todavía no se sabe cuál será la salida política final para Hamás. Creo que todavía es demasiado pronto para hacer una evaluación de qué es lo que pasará a largo plazo, o aun a medio plazo. De momento, como ya he dicho, la única certeza es la creciente popularidad de Hamás a nivel regional. Por supuesto, es el resultado casi automático cada vez que Israel designa un objetivo árabe y empieza a golpearlo. El objetivo se vuelve automáticamente popular debido al odio hacia Israel y sus agresiones permanentes en la región: cualquier víctima de Israel y, sobretodo, cualquier fuerza de resistencia a Israel, tienen la seguridad de hacerse populares en la región.

Se ha hablado, en el transcurso de la pasada semana, de un cierto descontento entre la joven generación de Fatah. Ha habido noticias de que Marwan Barghouti habría enviado mensajes desde su celda en prisión expresando críticas respecto a las declaraciones hechas por Mahmoud Abbas. ¿Piensa Ud. que esto tiene alguna posibilidad de concretarse y de minar a la actual dirección de Fatah? ¿Piensa Ud. que hay alguna posibilidad de que la dirección de Fatah cambie de orientación?

Barghouti es, en cierto modo, una carta de reserva de Fatah. Mahmoud Abbas ha quemado ya de sobras sus propias cartas. Ya no tiene credibilidad y aparece como un personaje servil, un peón secundario en este juego regional. No es popular ni siquiera dentro de Fatah. Está claro, por tanto, que Fatah tendrá necesidad —inmediatamente, o a no tardar— de otra personalidad dirigente, y Barghouti sería una solución de recambio. Pero como está en prisión [israelí], su suerte depende en gran medida de Israel y, por supuesto, de Washington.  En cuanto a saber cuál sería la conducta de Barghouti si se le liberara de la prisión, es muy difícil. El problema principal es saber qué tipo de relación establecería con los Estados Unidos y su peón palestino número uno, Muhammad Dahlan. Dahlan y Barghouti formaban una alianza electoral cuando las elecciones de enero 2006. ¿Proseguirían esta colaboración y constituirían una especie de equipo dominante soldado en el Fatah post-Abbas, o estarían en competencia? Está por ver.

Ha dicho Ud. que el régimen egipcio, señaladamente, y, en cierta medida, los demás regímenes árabes pro-estadounidenses son considerados como cómplices de Israel. Si la escalada continuara, si como Ud. lo ha descrito, Israel se comportara como un animal herido y utilizara métodos cada vez más brutales contra los palestinos de Gaza ¿cómo conseguiría el gobierno egipcio contener la cólera –que ya parece considerable— en el seno de su propio pueblo?

No es que se considere a esos regímenes cómplices de Israel, es que realmente lo son. La prensa incluso publicó que habían sido informados del ataque contra Gaza antes de que se desencadenara. El día en que empezó el ataque, el periódico árabe, publicado en Londres, Al-Quds al-Arabi, reprodujo un artículo de su corresponsal en Cisjordania que informaba de que la ministra de asuntos exteriores israelí, Tzipi Livni, con ocasión de su visita a El Cairo efectuada el día anterior, había informado a las autoridades egipcias de que Israel iba a lanzar una operación contra Hamás. El General Suleiman, jefe de los servicios de espionaje egipcios, le pidió expresamente que Israel apuntase a los combatientes de Hamás procurando no tocar a los civiles. El mismo día de la aparición del artículo, el ataque había empezado y los primeros objetivos apuntados fueron los edificios de la policía en Gaza. Se trataba, pues, en apariencia, de un ataque que no tocaba a los civiles y específicamente dirigido contra las fuerzas armadas. Lo que prueba sin lugar a dudas que el régimen egipcio había sido bien informado de lo que iba a pasar. Ni siquiera previno a Hamás, que fue cogido por sorpresa cuando comenzó el ataque, lo que explica el saldo inicial, muy fuerte, de muertes en las filas de sus fuerzas armadas.

El gobierno egipcio y los demás regímenes árabes aliados a Estados Unidos desearían grandemente ver debilitado a Hamás. No están a favor de una eliminación de Hamás –si es que ello fuera posible—, porque saben que eso tendría un coste humano enorme y traumático. Lo que desearían es un Hamás a tal punto debilitado, que no tuviera otra opción que la de cortar sus relaciones con Irán, lo que le obligaría a depender de ellos para sobrevivir: eso es lo que desearían los árabes aliados de los Estados Unidos. Quieren un Hamás prisionero y esperan que sea Israel quien se encargue de acorralarlo. Así, una vez Israel hubiera propinado una lección a Hamás, Egipto, y luego saudíes y jordanos, podrían decirles: “No tenéis otra elección que cooperar con nosotros; o bien entráis en el juego con nuestras condiciones, cortando todos vuestros lazos con Irán y Siria, o tendréis que enfrentaros solos a Israel, con la posibilidad de que os aplaste”.

Pero si la operación israelí fracasara, estos regímenes cambiarían de chaqueta inmediatamente, por puro oportunismo, y empezarían a culpar a Israel, multiplicando unas declaraciones de reprobación que, de todos modos, no van muy lejos. El régimen egipcio podría inflar la importancia de su desacuerdo con Israel sobre la cuestión de las tropas internacionales del lado egipcio de la frontera con Gaza, que Israel pide que El Cairo rechace. Asuntos de este tipo se exagerarían fuera de toda proporción, de manera que El Cairo y sus aliados árabes pudieran hacer ver que se enfrentan a Israel. Sus habituales discursos hipócritas explican que ellos lo hacen de forma responsable, porque conocen la potencia militar israelí y se preocupan del bienestar de sus poblaciones, no como estos locos de Hamás, y así sucesivamente.

Hezbolá ha organizado algunas manifestaciones muy importantes en Líbano en solidaridad con Hamás y con los habitantes de Gaza. Su apoyo ¿se quedará a nivel político, o hay alguna posibilidad, como ha sugerido alguien, en términos bastante alarmistas, de que Hezbolá pueda abrir un segundo frente contra Israel en la frontera Norte?

No creo en absoluto en una posibilidad de este tipo. Parece que los tres cohetes disparados desde el Líbano hacia el norte de Israel proceden de uno de los pequeños grupos palestinos ligados a Damasco. Hezbolá ha recjazado inmediatamente cualquier responsabilidad, y la coalición gubernamental libanesa en la que está representado Hezbolá ha condenado unánimemente esos disparos de cohetes. De hecho, en este estadio hay ciertamente enormes manifestaciones de solidaridad política, pero, por otra parte,  Hezbolá ha aprendido la lección de 2006. Recuerde que, después de la guerra de los 33 días en 2006, el secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, declaró en una entrevista que si hubiera sabido que Israel reaccionaría como lo hizo al secuestro de sus dos soldados el 12 de julio, Hezbolá no lo habría organizado. Lo que quería decir, habida cuenta de los sentimientos humanos, es: “No les habría proporcionado este pretexto, si hubiera sabido que destruirían mi país y matarían a 1.500 personas de mi pueblo”.

Al mismo tiempo, sabemos que para Israel el secuestro no fue más que un pretexto: si no se hubiera secuestrado a ningún soldado, Israel habría encontrado cualquier pretexto –o lo habría fabricado de la nada– para hacer lo que intentó hacer por aquel entonces. Hezbolá ha aceptado la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Esta resolución preveía el despliegue en el sur del Líbano no solamente del ejército libanés, sino también de una fuerza internacional, la FINUL –lo cual no interesaba a Hezbolá, puesto que esta fuerza está formada en gran parte por tropas de la OTAN y por lo tanto constituye una amenaza para ellos—.  Sin embargo, Hezbolá ha tenido que aceptarlo, porque la alternativa habría sido la continuación de esa guerra horrible, y había límites humanos infranqueables. Por lo tanto, no puede permitirse aparecer como totalmente irresponsable tomando la iniciativa de abrir un segundo frente – sobretodo sin luz verde ni por parte de Damasco ni por parte de Teherán—.

Por otra parte ¿cómo puede esperarse que los libaneses abran un segundo frente, cuando los propios palestinos de Cisjordania, incluido Hamás, no lo hacen? Hamás no ha disparado cohetes desde Cisjordania. Lo que demuestra, dicho sea de paso, hasta qué punto Hamás ha cometido un grave error al decidir hacerse solo con todo el poder en Gaza, provocando así la separación de los dos territorios palestinos. No quiero decir que no hubieran debido prevenir el golpe que Dahlan estaba montando contra ellos con el apoyo de Estados Unidos y de Israel,  pero no deberían haber eliminado completamente a Fatah de las instituciones de la autoridad Palestina, tal como han hecho.  Precisamente, cuando más necesaria es, estratégicamente hablando, la organización de la lucha a escala de toda la región, es cuando la propia escena palestina se fragmenta en dos. Lamentable.

Estos sucesos ponen también en evidencia todo el problema de la selección estratégica de las armas. La resistencia de Hamás es heroica, cierto; pero no se pueden comparar las condiciones en Líbano con las existentes en Palestina. Durante los años de la ocupación israelí del Líbano, Hezbolá libró una guerra de usura, concentrando principalmente su acción en las zonas libanesas contra las fuerzas de ocupación. En abril de 1996 incluso firmó un acuerdo con el ocupante, con la intermediación de los Estados Unidos, estipulando que: “Los grupos armados en Líbano no efectuarán ataques a Israel por medio de cohetes Katyusha u otras armas. Israel y quienes cooperan con él no utilizarán ninguna arma contra civiles u objetivos civiles en Líbano.  Además, las dos partes se comprometen a garantizar que bajo ninguna circunstancia los civiles serán objeto de un ataque y que las zonas habitadas por civiles, las regiones industriales y las instalaciones eléctricas no serán utilizadas como base de lanzamiento de ataques”.  La naturaleza geográfica del terreno en el Líbano y la presencia de fuerzas israelíes en las zonas libanesas habitadas hacían posible una estrategia de resistencia popular, lo que permitió asegurar la victoria cuando Israel tuvo que evacuar el sur del Líbano en el 2000 de una forma que se parecía mucho a una debacle.

Es totalmente distinto de Gaza, en donde las tropas israelíes se habían retirado del interior de la Franja y la rodeaban. Desde el punto de vista estratégico, no tiene mucho sentido enfrentarse militarmente con ellas lanzando cohetes hacia las zonas habitadas en el sur de Israel. El hecho es que, desde el punto de vista de los Territorios Ocupados palestinos, si se hace un balance de la lucha de los palestinos contra el Estado de Israel desde 1967, está muy claro que esta lucha ha alcanzado su máxima eficacia en 1988 con la “revolución de las piedras”, la primera Intifada, sin armas de fuego, sin atentados suicidas, sin cohetes, nada de esto; solamente, movilización masiva. Esa movilización fue lo más terrible para Israel: puso a los israelíes en grandes dificultades políticas.

Hay que sacar lecciones de ello. Las diferentes fuerzas de la región no tienen suficientemente en cuenta las cuestiones estratégicas. Hay actualmente en la lucha palestina mucho maximalismo de inspiración religiosa, de la misma forma que había anteriormente un maximalismo de inspiración nacionalista. Lo que falta, por el contrario, es una evaluación realista de las condiciones, a fin de elaborar una estrategia. No una estrategia de capitulación en nombre del “realismo”, por supuesto, como la de la OLP –quiero decir la autoridad palestina, Arafat y ahora Mahmoud Abbas—. Sino una estrategia de resistencia y de liberación, de resistencia popular, para imponer a Israel un objetivo estratégico posible en las condiciones existentes. Y lo que todavía es imaginable en las condiciones objetivas actuales es conseguir que Israel se retire de los territorios ocupados en 1967, con la posibilidad para estos territorios de organizar su propio gobierno democrático, de gozar por lo menos de una soberanía política, lo que no ocurre actualmente, como se puede comprobar recordando la reacción de Israel y sus sostenes occidentales a la victoria electoral de Hamás.

Más allá de este objetivo inmediato, la única estrategia razonable a largo plazo debe incluir un cambio profundo de la propia sociedad israelí. No puede ser elaborada como una estrategia totalmente exterior a la sociedad israelí, como lo han sido las estrategias de la OLP, ayer, y de Hamás, hoy. No se puede vencer militarmente a Israel desde el exterior. No es posible a nivel de las armas convencionales, ya que Israel es mucho más potente a este nivel que el conjunto de los estados árabes de su entorno (por no mencionar que éstos no están en absoluto dispuestos a enfrentarse a Israel, y no hablo solamente de Egipto y de Jordania, sino también de Siria). Una “guerra popular” por la liberación del conjunto de la Palestina histórica no tiene sentido, puesto que los israelíes constituyen una amplia mayoría en los territorios de antes de 1967. No es como si se tratara de un ejército de ocupación, como el de Estados Unidos en Vietnam, o en Afganistán o en Irak, o como el de Israel en Líbano. Por descontado, todo el mundo sabe que Israel es una potencia militar desde finales de  los años 60. Cualquier proyecto que se base en una destrucción desde el exterior del Estado israelí es, pues, irracional, mírese como se mire.

Así pues, incluso dejando aparte las exigencias del internacionalismo, es decir, el tipo de victoria sobre el Estado sionista que sería deseable, no existe, en cualquier caso, una estrategia razonable para vencerlo sin tomar en consideración la necesidad de un importante cambio en la propia sociedad israelí. Hace falta de forma imperativa que una gran parte de la sociedad israelí se oponga activamente a las políticas belicosas del gobierno israelí y luche para un arreglo pacífico, duradero, fundado en la justicia, la autodeterminación y el fin de todas las discriminaciones. Es una condición esencial, decisiva, y es la razón de que la Intifada de 1988 haya sido tan importante: suscitó una crisis real, profunda, en el interior mismo de la sociedad israelí.

Por el contrario, lo que vemos actualmente es un alto grado de cohesión y de unanimidad entre los israelíes a propósito de esta agresión, que es la más feroz y brutal de su historia. Y eso es de muy mal augurio. En estas condiciones, aun si se produjeran fracasos para Israel como el de 2006, el resultado favorecería la ruptura de sectores importantes de la población israelí con la política llevada a cabo por su gobierno (y todavía menos con el sionismo) y una resuelta oposición a la guerra, como ocurrió con amplios sectores de la población alemana durante la Primera Guerra mundial o con la población estadounidense durante la guerra de Vietnam. El resultado sería, más bien, ulteriores deslizamientos hacia la derecha. Por eso el cuadro de conjunto en la región resulta tan sombrío. Ya va dicho: si esta ofensiva resulta en un fracaso – yo lo deseo—, se puede anticipar la llegada al poder de Netanyahu, que es todavía peor que los dirigentes actuales. Es muy difícil saber a dónde llevará todo esto. 

Parece, en efecto, que es un período muy peligroso para los palestinos; tal vez el momento más peligroso desde 1967. En Israel, en los medios de comunicación y en los medios del establishment, se especula con una transferencia de la Franja de Gaza a las autoridades egipcias, y de las zonas pobladas de Cisjordania, a Jordania. Si un plan de este tipo se llevara a la práctica, sería ciertamente fatal para las aspiraciones nacionales palestinas durante muchos años. ¿Qué medidas deberían tomar, en su opinión, las fuerzas en el interior de la sociedad palestina para mejorar las perspectivas del movimiento nacional?

No veo yo las cosas según Ud. las describe. Por lo pronto, la propia monarquía jordana tendría más bien miedo si tuviera enfrentarse hoy a recobrar el control sobre la Cisjordania. Cuando eso fue una perspectiva real, ya tuvo en cuenta el militarismo creciente de los palestinos; por eso los planes concebidos en su día por el anterior rey Hussein eran de tipo federal, y contemplaban, muy especialmente, otorgar a Cisjordania, o a Jordania y  a Gaza, una forma de autogobierno. Pero el problema actual es que la monarquía jordana no puede contar con gente como Mahmoud Abbas para dominar a la población palestina. Saben que se enfrentan a una población muy radicalizada y que una nueva agrupación, una nueva fusión entre los palestinos de Cisjordania y los de Jordania, donde ya constituyen una mayoría de la población, sería harto peligrosa para la monarquía jordana. Éste es el problema.

Una nueva fusión de Cisjordania con Jordania tendría ciertamente interés para los palestinos, puesto que el susodicho Estado independiente en Cisjordania y en Gaza no tiene sentido. En este punto estoy totalmente de acuerdo con quienes critican la solución de los dos Estados: un, digamos, Estado independiente no tiene sentido en Cisjordania, si tiene que ser prisionero entre Israel y Jordania, entre una espada y una pared. El pueblo palestino tiene necesidad, para respirar, de la salida constituida por Jordania, sin hablar de las continuidades humanas y familiares que existen entre las dos orillas del Jordán. Hay una continuidad histórica natural de la comunidad humana que vive en las dos orillas de este río, y para que esta comunidad pueda ejercer su autodeterminación hace falta otro tipo de gobierno en Jordania, un gobierno que sea realmente democrático, lejos de la actual situación, en la que una mayoría de la población se halla oprimida por un régimen que fomenta las divisiones étnicas de naturaleza tribal.

Por eso no creo que el gobierno jordano esté entusiasmado con la perspectiva de una nueva unión de las dos orillas; mucho menos que la busque activamente. ¿Por qué el rey Hussein rompió oficialmente las relaciones entre su reino y Cisjordania en 1988? Sencillamente, porque la Intifada estaba en su momento culminante y se dio cuenta de que esta Cisjordania en la que la monarquía había reinado desde el acuerdo que su padre concluyó con los sionistas en 1948 – la Cisjordania en la que la monarquía había podido reinar más o menos sin grandes dificultades hasta 1967— se había vuelto ingobernable debido a la Intifada. Se había convertido en una patata caliente, demasiado difícil de manipular. Por eso rompió oficialmente las relaciones y abdicó de cualquier pretensión sobre Cisjordania.

¿Cree que la escena política palestina va a continuar en manos de Hamás y de Fatah en un futuro previsible, o piensa que ciertas fuerzas que actualmente son marginales tienen oportunidades de ocupar más espacio?

Actualmente, no veo tal perspectiva. Quiero decir que, por el momento, no existen competidores reales a los dos principales actores que son el Fatah y Hamás. Las demás fuerzas, en particular la izquierda palestina, han perdido crédito en estos años pasados, después de haber desperdiciado muchas ocasiones. No es, pues, de esperar que resurjan subitáneamente, como pro milagro, a menos que apareciera una nueva fuerza de la que, hasta ahora, no hemos oído hablar; y aun en este último caso, siempre le haría falta cierto tiempo para madurar. Lo que se darán, a partir de la situación actual, son nuevas evoluciones en el interior de las dos fuerzas en que se polariza la sociedad palestina, una lucha entre distintas fracciones en el seno del  Fatah y de Hamás. Ni una ni otra son fuerzas monolíticas, puesto que son grandes y tienen una afiliación de masas.  Por lo tanto, es más probable que se produzcan cambios en su interior que la inopinada aparición de nuevas fuerzas externas.

Dicho esto, deseo vivamente que surja una tercera fuerza, un movimiento progresista sostenido en la tradición de izquierda que existe entre los palestinos, una tradición para nada despreciable, ni siquiera en Gaza, aunque no es lo suficientemente robusta como para hacer contrapeso al Fatah o a Hamás. Desearía vivamente que surgiera una fuerza de izquierda y que se convirtiera en un actor importante en la escena palestina. Pero, para serle franco, por el momento, dejando de lado la esperanza o el deseo, no es esa una perspectiva realista, no veo las condiciones para eso.

Gilbert Achcar ha vivido en Líbano durante muchos años antes de instalarse en Francia, luego en Alemania y en el Reino Unido, donde actualmente es profesor en la Escuela de estudios orientales y africanos (SOAS) de la Universidad de Londres. Es autor y coautor de varias obras, entre las cuales El choque de las barbaries (2002), El Oriente incandescente (2003), La guerra de los 33 días (con Michel Warschawski, 2007) y, con Noam Chomsky, El polvorín del Medio Oriente (2007). Su próximo libro, Los Árabes y la Shoah, aparecerá en otoño 2009.

Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Garriga Tarrés

J. Stiglitz y M. Yunus: entrevistas a sobre la crisis internacional…

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crisis002 Entrevista a Joseph Stiglitz y Muhammad Yunus
por Nathan Gardels y Hasnain Kazim

Letras Libres Nov-08

Dos Premios Nobel, uno de economía y otro de la paz, se suman al coro de voces que intenta entender las causas de la crisis financiera y sus posibles salidas. Ambos repiten como un mantra: regulación, regulación

La caída de Wall Street. Entrevista con Joseph Stiglitz

Barack Obama ha dicho que el desplome de Wall Street es la crisis financiera más grave desde la Gran Depresión. John McCain dice que la economía está en riesgo, pero que sus cimientos son sólidos. ¿Quién tiene la razón?

Obama está mucho más cerca de dar en el blanco. Sí, en Estados Unidos hay gente talentosa, grandes universidades y un buen sector de alta tecnología. Pero los mercados financieros han jugado un papel muy importante y representan un 30 por ciento de las utilidades corporativas de los últimos años. Quienes manejan los mercados financieros han cosechado estas utilidades bajo el argumento de que estaban ayudando a administrar el riesgo y a asignar el capital de manera eficiente, razón por la cual, según ellos, “merecían” esos altos rendimientos. Pero hoy se ha demostrado que eso no era cierto. Lo han hecho todo mal. Y ahora las cosas se han vuelto en su contra y el resto de la economía lo pagará conforme los engranes del comercio se ralenticen debido a la crisis crediticia. Ninguna economía moderna puede funcionar bien sin un sector financiero vigoroso. Así que el diagnóstico de Obama, según el cual nuestro sector financiero está en condiciones alarmantes, es correcto. Y si dicho sector está en condiciones alarmantes, eso significa que nuestra economía está en condiciones alarmantes.

Incluso si no nos concentramos en el caos financiero, sino en el nivel doméstico, veremos que la deuda nacional y federal es un problema importante. Nos estamos ahogando. Si reparamos en la desigualdad –la más acentuada desde la Gran Depresión – veremos que ahí hay un problema importante. Si reparamos en el estancamiento de los salarios, veremos que ahí hay un gran problema. La mayor parte del crecimiento económico de los últimos cinco años descansó sobre la burbuja hipotecaria que hoy ha estallado. Y los frutos de ese crecimiento no han sido distribuidos con la debida amplitud. En pocas palabras, los cimientos no son sólidos.

¿Cuál debería ser la política que responda al desplome de Wall Street?

Claramente, necesitamos no sólo una nueva regulación sino un rediseño del sistema regulatorio. Durante su reinado como presidente de la Reserva Federal –el periodo durante el cual creció esta burbuja hipotecaria y financiera– Alan Greenspan tuvo muchos instrumentos a su disposición para atajar el problema, pero fracasó. Después de todo, Ronald Reagan lo designó por su postura antirregulatoria. El anterior presidente, Paul Volcker, conocido por mantener la inflación bajo control, fue despedido porque la administración Reagan no lo consideraba un desregulador adecuado. Estados Unidos padece entonces las consecuencias de elegir como regulador en jefe de la economía a alguien que no creía en la regulación.

Así, para corregir el problema necesitamos en primer lugar líderes políticos y legisladores que crean en la regulación. Y además de eso, necesitamos construir un nuevo sistema capaz de lidiar con la expansión de los instrumentos financieros y económicos más allá de los tradicionales bancos. Necesitamos, por ejemplo, regular los incentivos. Los bonos deben pagarse según el desempeño multianual y no cada año, ya que esto fomenta la especulación. La opción de compra de acciones alienta la contabilidad deshonesta y es preciso ponerle un freno. En pocas palabras, hemos fabricado incentivos al mal comportamiento en el sistema, y lo que hemos obtenido es ese mal comportamiento.

También nos hacen falta “topes”. Históricamente, toda crisis financiera ha estado asociada con la expansión demasiado rápida de determinado tipo de activos, desde tulipanes hasta hipotecas. Si restringimos este fenómeno, podremos impedir que las burbujas se salgan de control. El mundo no desaparecería si las hipotecas crecieran a un 10 por ciento anual en lugar de un 25 por ciento anual. Conocemos tan bien el modelo que debemos ser capaces de hacer algo para moderarlo. Pero sobre todo, de la misma manera en que tenemos una comisión de seguridad para los bienes de consumo, necesitamos una comisión de seguridad para los productos financieros. Los hombres de finanzas inventaron productos que no estaban diseñados para administrar el riesgo sino para crearlo.

Por supuesto, creo firmemente en una mayor transparencia. Ahora bien, en términos de los estándares regulatorios, los productos financieros deben ser transparentes en un sentido técnico. Dichos productos eran tan complejos que nadie podía entenderlos. Si cada disposición de los contratos se hubiera hecho pública, no habría añadido ninguna información sobre el riesgo que le resultara útil a cualquier mortal. Tener demasiada información equivale a no tener ninguna. En este sentido, quienes llaman a una mayor apertura como solución al problema no entienden la información. Si compras un producto, quieres saber cuál es el riesgo, así de simple. Esa es la cuestión.

Los tenedores de los títulos hipotecarios detrás del colapso están en todo el mundo, en bancos o en fondos soberanos en China, Japón, Europa y el Golfo. ¿Qué impacto tendrá esta crisis sobre ellos?

Eso es cierto. Las pérdidas que sufrieron las instituciones financieras europeas por las hipotecas de alto riesgo fueron mayores a las registradas en Estados Unidos. A decir verdad, el hecho de que Estados Unidos diversificara los títulos hipotecarios entre tenedores alrededor del mundo –gracias a la globalización de los mercados– suavizó el impacto en el país. Si no hubiéramos repartido el riesgo alrededor del mundo, la caída en Estados Unidos habría sido mucho peor. Ahora, como resultado de esta crisis, se empieza a entender la asimetría informativa de la globalización. En Europa, por ejemplo, no quedaba muy claro que las hipotecas estadounidenses son hipotecas sin aval: si el valor de la propiedad se vuelve menor al valor de la hipoteca, uno puede devolver la llave al banco y retirarse. En Europa, la propiedad es una garantía, y el prestatario está obligado a pagar el monto que recibió sin que importe nada más. Este es uno de los peligros de la globalización: el conocimiento aún es local porque uno sabe mucho más sobre la propia sociedad que sobre otras.

Entonces, ¿cuál es, en última instancia, el impacto del desplome de Wall Street sobre la globalización orientada al mercado?

La agenda de la globalización ha estado estrechamente ligada a los fundamentalistas del mercado, es decir, a la ideología del libre comercio y de la liberalización financiera. En esta crisis hemos visto cómo la mayor parte de las instituciones de mercado en la economía más orientada al mercado fracasaron y corrieron a pedir ayuda al gobierno. Todo el mundo dirá ahora que este es el fin del fundamentalismo de mercado. En este sentido, el desplome de Wall Street es para el fundamentalismo de mercado lo que la caída del Muro de Berlín fue para el comunismo: le dice al mundo que esta forma de organización económica resultó no ser sustentable. A fin de cuentas, dicen todos, el modelo no funcionó. Este momento es un indicador de que los alegatos por la liberalización del mercado financiero eran falsos. ~

– Nathan Gardels © New Perspectives Quarterly

 

El capitalismo se ha convertido en un casino

Entrevista con Muhammad Yunus

Durante años usted ha abogado por una mayor conciencia social en nuestra forma de hacer negocios y ha denunciado lo dañina que resulta la estrechez de miras cuando sólo se busca la maximización de ganancias. Ahora el sistema financiero entero se está tambaleando.

Me entristece el curso actual de los acontecimientos. Es algo que sin duda no me hace feliz. La crisis ha lastimado a mucha gente y súbitamente ha vuelto inestable al mundo entero. En estos momentos deberíamos concentrarnos en garantizar que una crisis financiera de esta índole no vuelva a repetirse.

¿Qué debe hacerse?

Hay enormes agujeros en el sistema financiero que se deben tapiar. Está claro que ahora el mercado no puede resolver estos problemas por sí mismo, así que la gente tiene que acudir a los gobiernos para pedir ayuda de emergencia. Esto no es una buena señal, pues muestra que la confianza en los mercados se ha desvanecido. Desafortunadamente, por el momento no existe otra alternativa más que la intervención y el apoyo de los gobiernos. Hoy día ese es el método empleado para combatir la crisis, un método que se echó a andar con los 700 billones de dólares del paquete de rescate aprobado en Estados Unidos.

¿Cuál es exactamente el problema con esta estrategia?

El punto es que debemos regresar tan pronto sea posible a los mecanismos de mercado que puedan paliar la crisis y resolver los problemas. Las soluciones deben provenir del mercado y no de los gobiernos.

Pero usted mismo ha dicho que el mercado es incapaz de resolver los problemas.

En eso precisamente es en lo que debemos trabajar. Durante un largo tiempo, las prioridades principales han sido la maximización de ganancias y el crecimiento rápido, pero este enfoque nos ha conducido a la actual situación. Cada día debemos escudriñar para ver si existe crecimiento potencialmente dañino en algún lugar. Si descubrimos que lo hay, entonces debemos reaccionar de inmediato. Si algo crece anormalmente rápido, entonces debemos detenerlo. ¿Por qué no invierten todas las compañías en un fondo que compre los títulos que se han vuelto demasiado riesgosos? Ya puedo imaginar un modelo de negocios para un programa de tal naturaleza.

Por una parte, usted dice que el mercado debe resolver el problema por sí mismo pero, por otra, critica el crecimiento demasiado acelerado. Al parecer, usted cree que el capitalismo orientado hacia el lucro ha fracasado.

En absoluto. El capitalismo, con todos sus mecanismos de mercado, debe sobrevivir, no me cabe duda. Lo que condeno es que hoy sólo exista un incentivo para hacer negocios, y que este sea la maximización de ganancias. El incentivo del bienestar social debe ser incluido. Se precisan muchas más compañías cuyo objetivo principal no sea tener los rendimientos más altos, sino proporcionar el mayor beneficio a la humanidad.

¿Y usted piensa que esos dos incentivos se excluyen mutuamente? El banco que usted fundó, el Grameen Bank, que lo llevó a recibir el Premio Nobel de la Paz en 2006, ayuda a la gente y tiene rendimientos saludables.

El Grameen Bank es una compañía orientada al bienestar social que, además, tiene utilidades, pero no se concentra en maximizar sus ganancias. No me interesa convertir todas las compañías lucrativas en empresas socialmente responsables. Se trata de dos categorías diferentes, y siempre habrá negocios cuyo objetivo principal sea ganar tanto dinero como sea posible. Pero ganar tanto dinero como sea posible sólo puede ser el medio para un fin, y no un fin en sí mismo. Uno debe invertir el dinero en algo significativo, y yo defendería que ha de ser en algo que mejore la calidad de vida de toda la gente.

Pero, ¿qué tiene que ver la crisis financiera con un aumento en el número de compañías socialmente responsables?

Si hubiera más compañías socialmente responsables, la gente tendría más oportunidades para forjar sus vidas. Los mercados estarían más equilibrados que hoy.

Usted está hablando de salvar al mundo a través del altruismo…

Hay muchos filántropos en este mundo, gente que ayuda a la gente dándole casa, educación, etcétera. Pero esa es una vía de un solo sentido. El dinero se gasta y nunca regresa. Si uno invirtiera ese dinero en una compañía socialmente responsable, el dinero se mantendría en la economía y resultaría mucho más eficaz, ya que se utilizaría según los criterios del mercado generando así cierto nivel de retorno de la inversión.

¿Quién cree que sea culpable del actual desplome financiero?

El mercado mismo, por la falta de una regulación adecuada. El capitalismo de hoy se ha vuelto un casino. Los mercados financieros están impulsados por la avaricia. La especulación ha alcanzado proporciones catastróficas. Todo esto debe terminar.

La actual crisis financiera comenzó como una crisis crediticia: los propietarios de viviendas en Estados Unidos ya no podían pagar sus hipotecas. En el Grameen Bank, que proporciona micropréstamos, el índice de pago es cercano al cien por ciento. ¿Usted cree que su banco podría ser un modelo para todo el sistema financiero mundial?

La diferencia fundamental es que nuestro negocio está muy vinculado a la economía real. Cuando otorgamos un préstamo por 200 dólares, ese dinero se utilizará para comprar una vaca en algún lugar. Si prestamos 100 dólares, alguien comprará unos pollos. En otras palabras, el dinero va a parar en algo con un valor concreto. Las finanzas y la economía real deben estar vinculadas. En Estados Unidos, el sistema financiero se ha separado por completo de la economía real. Ahí se construyeron castillos en el aire y, de pronto, la gente se dio cuenta de que esos castillos sencillamente no existían. Ese fue el punto en que se desplomó el sistema financiero.

¿Y es momento de que los gobiernos intervengan en la economía de mercado y refuercen la regulación?

Debe haber regulación, pero no se debe permitir que los gobiernos conduzcan el mercado. Se ha hecho evidente que la “mano invisible” de Adam Smith, que supuestamente resuelve todos los problemas del mercado, no existe. Esa “mano” ha desaparecido en los últimos días. Lo que estamos viviendo es un dramático fracaso de los mercados. ~

– Hasnain Kazim © Der Spiegel

Traducción de Marianela Santoveña

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