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Pierre Bourdieu: Educación y cultura…

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Se ofrece en este artículo una breve semblanza de la evolución de la carrera profesional P. Bourdieu, sus ideas y obras, centrándose especialmente en las referidas a Sociología de la Educación, en las que ha destacado con su teoría sobre la relación entre educación y clases sociales. Concretamente su teoría de la reproducción; su teoría de las clases sociales en un espacio social, con distintos tipos de capital, su volumen, estructura y trayectoria de clase; el papel de la cultura dominante, las diferentes estrategias de reconversión de las diferentes fracciones de clase, la superproducción y devaluación de los títulos escolares. También las luchas de poder en el campo universitario, su sociología de los gustos. Y muchas otras ideas y temas que aquí no pueden tratarse en orden a la brevedad.

Carlos Sánchez-Redondo Morcillo.
Profesor de la Escuela Universitaria de Magisterio de Toledo. UCLM.

En enero de este año 2002 moría a los 71 años de edad Pierre Bourdieu, seguramente el sociólogo actual más importante de Francia y uno de los más importantes del mundo, que ha ejercido notables influencias en otros autores. En él se han unido las figuras de profesor, de investigador, de teórico y, cómo no, de incansable escritor de sus ideas e investigaciones. Dentro del campo de la Sociología ha dedicado una parte de sus esfuerzos a la educación, por lo que es considerado, junto a otras cosas, como sociólogo de la educación, y muy importante. Este es el campo que nos interesa y al que dedicaremos mayor atención aquí.

Había nacido en 1930 en Denguin, tierras de Bearn, en Francia, en un hogar humilde. Tras cursar estudios en la Escuela Normal Superior, en los que destacó, y en la Facultad de Letras, ejerció a los 24 años como profesor de Filosofía en el Liceo de Moulins durante tres años, para después ejercer como profesor ayudante en la Facultad de Letras de Argel otros dos años, hasta 1960. Esta estancia en Argelia le sirvió para escribir acerca de ese país sus primeras obras en los primeros años 60, como veremos después en su bibliografía. En 1960 pasó a enseñar durante dos años en La Sorbone de París y a investigar en el Centre de Sociologie Européenne, que en aquel entonces estaba dirigido por Raymond Aron, en L’École Pratique de Hauts Études de París. Este centro será fundamental en la obra de Bourdieu, como veremos.

A partir de entonces comenzó a ocupar cargos directivos en diferentes centros y a dedicarse a la Sociología de la Educación, como veremos en la bibliografía. En 1962 fue nombrado Vicedecano de Ordenación Académica de la Facultad de Letras de Lille, pasando dos años después a ser el Director de Estudios de L’École Pratique antedicha (Escuela Práctica de Altos Estudios), institución en la que fundó en 1967 el Centre de Sociologie de l’Éducation et de la Culture.

Al año siguiente, 1968, sustituyó a Raymond Aron en la dirección de estudios del Centro de Sociología Europea, cargo que ha seguido ocupando, lo que le ofrecería grandes posibilidades profesionales, especialmente por la disponibilidad de muchas investigaciones realizadas no sólo por él mismo, sino por otros colaboradores de ese centro (entre ellos, Passeron y Chamboredon), por las posibilidades de difusión, y por el renombre de la institución, al que él mismo ha contribuido.

Durante esta década de los 60, especialmente 1964-65, escribió sus primeras obras de sociología de la educación, sobre la relación y comunicación pedagógica, y especialmente acerca de los estudiantes, su cultura y sus estudios. En 1968 una obra muy conocida sobre el oficio de sociólogo. También escribió sobre el arte, la fotografía y los museos, obras menos conocidas entre nosotros.

Los años 70 son cruciales en su obra sobre educación y en darse a conocer a través de las traducciones de sus primeras obras. Aquellos primeros estudios sobre los estudiantes culminarían en 1970 con la publicación, junto a su colaborador del Centro de Sociología Europea Jean Claude Passeron como coautor, de su famosísima obra La reproducción, traducida al español en 1977. En ella plasma su famosa teoría sobre el sistema de enseñanza, que para muchos es tan parecida a la teoría de la reproducción marxista, que es difícil distinguir ambas; si bien considero la de Bourdieu más completa, puesto que considera que el papel del sistema educativo es reproducir no sólo la estructura económica y social, sino también la cultura, e incluso autorreproducir la propia institución escolar.

Fue uno de los autores que se reunieron en Gran Bretaña junto con Michael Young, Basil Bernstein y otros para discutir sobre sus ideas acerca de la educación y dar un nuevo enfoque a la sociología, lo que daría origen al famoso libro compilado por Young (Knowledge and Control, 1971), que a su vez daría nombre a lo que se ha dado en llamar la Nueva Sociología de la Educación, dentro de la cual suele clasificarse a Bourdieu, aunque este asunto de su clasificación es difícil, como más adelante veremos.

En 1975 fundó y dirigió la prestigiosa revista Actes de la Récherche en Sciencies Sociales. Y en 1979 sale su obra La distintion, Critique sociale du jugement, que para mí es su mejor obra, por la multitud de ideas, de aspectos teóricos, de investigaciones empíricas de que echa mano; no sólo considero que aquí muestra sus dotes de sociólogo, sino de psicólogo social, cuando muestra las actitudes y actuaciones características de las diversas clases sociales. Pero dejaremos para más adelante los comentarios sobre esta obra.

Ya en los años 80 es un autor famoso, no sólo en Francia, sino en el mundo occidental al menos, pues sus ideas son conocidas gracias a las traducciones; en estos años (como no podía ser menos) continuará escribiendo. En 1981 empezará a trabajar como asesor sindicalista, por un lado, y como profesor de Sociología en el Colegio de Francia, por otro lado (curiosamente, su discurso inaugural sorprendió a los asistentes al tratar sobre una crítica a los discursos inaugurales). En 1985 el presidente de la República Francesa, François Miterrand, le encarga un estudio sobre el sistema educativo y las previsiones para el futuro, que daría origen a otro libro en el que participan varios autores (ver bibliografía). En 1988 es profesor visitante en la Universidad de Chicago; y al año siguiente funda otra revista, Liber, Revue Européenne des Livres.

Entre sus escritos de esta década destacaría algunas obras de sociología, aunque no de la educación, pero obras muy conocidas, como Le sens pratique, Questions de Sociologie, Leçon sur la leçon, Ce que parler veut dire, Homo academicus y Coses dites.

En 1993 colabora en la creación del Parlamento de los Escritores, de Estrasburgo. Ese mismo año recibe la Medalla de Oro del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, por su obra, considerada como la mayor contribución de un autor francés a la sociología actual. En cuanto a sus escritos de los 90, destacar en 1992 una obra sobre antropología reflexiva (hizo también una contribución con un artículo a un libro, Antropología de la Educación, que ya había editado años antes como Sociología de la Educación, lo que, en mi opinión, es criticable) y otra sobre las reglas del arte en el campo literario; al año siguiente otra obra bastante conocida, La misère du monde; sobre la televisión; una sociología de los usos sociales de las ciencias; y sobre la dominación masculina (ver bibliografía).

Como vemos, Bourdieu ha tocado varios campos de la sociología, especialmente a destacar sobre esta misma ciencia, sobre distintos campos artísticos y sobre educación. Su extensa obra es reconocida en muchos países, entre ellos España, y ha merecido con creces la medalla de oro otorgada en su país en 1993. Su nombre solía aparecer muy a menudo en la prensa francesa, especialmente cuando criticaba la economía de libre mercado, la invasión neoliberal o las restricciones a la inmigración.

Su gran preocupación fue el poder social, pues consideraba que la sociedad es un campo de feroz competencia por la posición social, por la consecución de los distintos capitales de que habla su teoría de las clases sociales; es una especie de lucha de clases por el poder en una sociedad en la que existen diferencias entre grupos y clases sociales. Y en todo esto la cultura y la educación tienen un papel importante para la reproducción de esas diferencias.

En fin, Bourdieu nos ha dejado muchas ideas y conceptos bastante originales y polémicos. A nosotros lo que más nos interesan son sus ideas sobre educación, en las que centraremos nuestros comentarios.

Algunas ideas sobre educación.

Aunque aquí comentaré algunas otras obras de Bourdieu, yo destacaría por un lado las ideas contenidas en su obra La reproducción, y, por otro lado, y sobre todo, en La distinción, si bien ésta última no sólo contiene ideas sobre educación, sino muchas otras, que veremos más adelante.

1. En Los estudiantes y la cultura, un librito fácil de leer, tanto por su poca extensión como por su lenguaje fácil (al lado de otros libros posteriores suyos), comienza a elaborar sus ideas sobre la controversia igualdad-desigualdad en educación. En contra de la teoría funcionalista de la igualdad de oportunidades educativas, y en la línea del funcionalismo crítico de Coleman, Jencks o Boudon, que pusieron sobre el tapete otros factores (aparte de los individuales de la capacidad y del esfuerzo) sociales y familiares de rendimiento escolar, Bourdieu entiende que existe desigualdad, pues el éxito escolar se distribuye según la clase social de que provengan los estudiantes, en gran parte debido al diferente bagaje cultural (de clase social) de cada uno y su relación con la cultura dominante (la de la clase alta). Son los primeros pasos para elaborar posteriormente su teoría de la reproducción

“La ceguera ante las desigualdades sociales obliga y autoriza a explicar todas las desigualdades, especialmente en materia de éxito escolar, como desigualdades naturales, desigualdades de dotes. Semejante actitud está implícita en la lógica de un sistema que, por reposar en un postulado de igualdad formal de todos los alumnos –postulado que es condición previa de su funcionamiento- está incapacitado para reconocer otras desigualdades que las que provienen de las dotes individuales. Tanto en la enseñanza propiamente dicha cuanto en la selección de los que se muestran aptos, el profesor no reconoce más que alumnos iguales en derechos y en deberes” (Bourdieu y Passeron, 1973, 101). Es lógico pensar que los hijos de clase social alta estén en ventaja en el sistema escolar, porque ellos ya están inmersos desde su entrada en él en la cultura dominante; mientras que los hijos de clases dominadas sufren en la escuela una aculturación a una cultura distinta a la suya propia, lo cual les exige un esfuerzo de adaptación y asimilación.”La cultura de la élite está tan cerca de la cultura de la Escuela que el alumno que procede de un medio pequeño-burgués (y a fortiori si procede de un medio campesino u obrero) no puede adquirirla sino a base de un esfuerzo continuado, mientras que a un alumno de clase culta…le vienen dados por su posición social. De modo que para unos, el aprendizaje de la cultura de la élite es una verdadera conquista que se paga a un precio muy alto, mientras que, para otros, constituye una herencia que comporta, al mismo tiempo, la facilidad y las tentaciones de la facilidad (Bourdieu y Passeron, 1973, 51).

“Los estudiantes de clases cultas son los mejor (o los menos mal) preparados para adaptarse a un sistema de exigencias difusas e implícitas, porque poseen, implícitamente, los medios de satisfacerlas…

Hay una evidente afinidad entre la cultura escolar y la cultura de la clase alta” (Bourdieu y Passeron, 1973, 109).

2. Sobre La reproducción, he de decir que al leerlo me produjo una sensación de pesadez, al ver tantos párrafos tan parecidos repetidos varias veces para ir desarrollando sus ideas; lo que hace necesario concentrar mucho la atención para ver las diferencias entre un párrafo y otro y entender las ideas. Y esto a pesar de que él muestre unos gráficos (págs. 42-43) para ayudar al lector a entender cómo se organiza el conjunto de proposiciones que presenta, representando las relaciones lógicas y las correspondencias entre las proposiciones del mismo grado (de una proposición de primer nivel –1,2,3,4, en la que una lleva a la siguiente- se derivan proposiciones de segundo nivel –1.1, 1.2, 2.4, 2.5, etc. que se interrelacionan- y de las cuales se derivan otras proposiciones de tercer nivel –1.1.1, 1.1.2, 3.2.5, 3.2.6, etc. que se interrelacionan-. Para a continuación ir desplegando el conjunto de tales proposiciones en forma de párrafos.

Sin embargo, las ideas conten idas en esta obra son importantísimas, ya que en ellas elabora su teoría, por la que ha sido conocido el autor. Por otro lado, en este libro comienza a verse el lenguaje del autor, con párrafos relativamente largos, frases largas y lenguaje muy específico y poco habitual para neófitos.

Por supuesto, en este punto Bourdieu se muestra contrario a las teorías que entienden que la escuela enseña “la cultura de la sociedad”; por el contrario, lo que enseña es la cultura de un grupo o clase social determinado que ocupa una posición de poder en la estructura social; lo que se reproduce a través de cualquier acción pedagógica es una arbitrariedad cultural.

“Estas teorías que, tal como puede observarse en Durkheim, se limitan a extrapolar a las sociedades divididas en clases la representación de la cultura y de la transmisión cultural más extendida entre los etnólogos, se funda en el postulado tácito de que las diferentes AP (acciones pedagógicas) que se ejercen en una formación social colaboran armoniosamente a la reproducción de un capital cultural concebido como una propiedad indivisa de toda la ‘sociedad’. En realidad, por el hecho de que corresponden a los intereses materiales y simbólicos de grupos o clases distintamente situados en las relaciones de fuerza, estas AP tienden siempre a reproducir la estructura de la distribución del capital cultural entre esos grupos o clases, contribuyendo con ello a la reproducción de la estructura social: en efecto, las leyes del mercado donde se forma el valor económico o simbólico, o sea, el valor como capital cultural, de las arbitrariedades culturales reproducidas por las diferentes AP (individuos educados), constituyen uno de los mecanismos, más o menos determinantes según el tipo de formación social, por los que se halla asegurada la reproducción social, definida como reproducción de la estructura de las relaciones de fuerza entre las clases” (Bourdieu y Passeron, 1977, 51).

Considera, por tanto, no sólo la reproducción socio-económica de la sociedad capitalista, en el sentido marxista, sino la reproducción cultural y la autorreproducción de la institución escolar.”…es necesario producir, por los propios medios de la institución, las condiciones institucionales cuya existencia y persistencia (autorreproducción de la institución) son necesarias tanto para el ejercicio de su función propia de inculcación, como para la realización de su función de reproducción de una arbitrariedad cultural de la que no es el productor (reproducción cultural), y cuya reproducción contribuye a la reproducción de las relaciones entre los grupos o las clases (reproducción social)” (Bourdieu y Passeron, 1977, 95). La escuela, por tanto, cumple una función cultural al inculcar, transmitir y conservar la cultura (por supuesto, la cultura dominante); rutiniza la cultura escolar, codificando, homogeneizando y sistematizando el mensaje escolar y a quien lo transmite. Otra función social, al reproducir la estructura social y sus relaciones de clase. Y una función ideológica, al enmascarar esa función social bajo la apariencia de ser autónoma, independiente y neutral; y cuanto mejor aparente esto la escuela, mejor realiza esas funciones.

Y todo ello se realiza en última instancia, de la mano del agente (seguramente inconsciente) que es el profesor, del cual el sistema escolar se asegura de que ponga todos sus recursos y celo al servicio de su función (de inculcación), al concederle la delegación de la autoridad institucional de la escuela en su autoridad pedagógica.

“El profesor debe estar dotado por la institución de los atributos simbólicos de la autoridad ligada al cargo…La libertad que el sistema de enseñanza deja al profesor es la mejor forma de obtener de él que sirva al sistema…que sirva a la perpetuación de las relaciones establecidas entre las clases””(Bourdieu y Passeron, 1977, 180-181).

El profesor ejerce sus funciones mediante sus acciones pedagógicas, como vimos en la cita anterior (1977, 51). Pero éstas están controladas por y sometidas a las clases dominantes, puesto que a través de ellas se enseña una arbitrariedad cultural; por ello, son instrumentos de dominación y de reproducción. Así, poder y cultura se alían para reproducirse. Al ser acciones pedagógicas impuestas, toda acción pedagógica se convierte en violencia simbólica.

Lo que se produce en el individuo cuando interioriza los principios de esa arbitrariedad cultural, son habitus, prácticas habituales intelectuales, morales y laborales, que perpetúan el poder social. Los primeros hábitos que adquirimos son los familiares y los de clase social; sobre éstos primeros hábitos sirven de base a cualquier otro adquirido posteriormente. En este sentido, la escuela selecciona y legitima un sistema de hábitos y prácticas sociales impuesto por una determinada clase; presenta unos valores y normas culturales de clase como si fueran universales. Estas cuestiones veremos más adelante que son muy desarrolladas en La distinción.

Finalmente, un aspecto concreto del capital cultural a tener en cuenta en su relación con el rendimiento escolar es el lenguaje utilizado por los estudiantes. Bourdieu trata aquí muy someramente lo que Bernstein desarrollará ampliamente en su teoría de los códigos lingüísticos. Nos dice que los profesores siempre tienen en cuenta el lenguaje que utilizan sus alumnos; que el lenguaje utilizado en la universidad está más o menos alejado del que es familiar ( el lenguaje materno) a los estudiantes provenientes de distintas clases sociales, por lo que su rendimiento está influido por su mayor o menor dominio del código de la lengua universitaria. Por tanto, el capital lingüístico de un individuo tiene mayor o menor valor en el mercado escolar según la distancia entre el dominio simbólico que exige la escuela y el dominio práctico del lenguaje que el estudiante debe a su primera educación de clase. En definitiva, que el lenguaje escolar es una de las mediaciones más ocultas por las que se establece una relación entre el origen social y el éxito escolar.

En definitiva, aparecen ya conceptos originales como “autoridad pedagógica impuesta”, “violencia simbólica”, “arbitrariedad cultural”, “capital cultural”, “legitimidad” o “control simbólico”, que se han difundido mucho en Sociología de la Educación.

3. En cuanto a La distinción. Una crítica social del gusto, he de decir que, por lo voluminoso, lo denso, y el lenguaje tan complejo que utiliza, es la obra de Bourdieu que más me costó leer y entender; y fue de la mano de Julio Carabaña en un curso de Doctorado. Esos párrafos tan largos, esas frases interminables a veces (de una página completa), tan difíciles de leer, tan cargadas de ideas que necesitan varias relecturas para poder entenderlas, tan necesitadas de reflexión; esas tablas estadísticas (algunas con fallos) y gráficos tan recargados. ¡Cuánto tiempo necesité para entenderlo! Pero cuando lo conseguí llegué a la conclusión de que es para mí, con mucho, la mejor obra de Bourdieu de las que yo he leído. Y así también han pensado muchos otros, puesto que la Asociación Internacional de Sociología incluyó esta obra entre las diez más importantes de Sociología del siglo XX.

En ella reitera muchas de las ideas expuestas en sus anteriores libros sobre educación y sobre clases sociales, y va más allá de ellas continuando con sus teorías. No sólo se trata de una sociología de la educación y de las clases sociales, sino, como dije anteriormente, de psicología social de las clases; no es, pues, solamente un libro sobre sociología de los gustos.

El libro se basa en muchos datos de encuestas (a pesar de los reparos que Bourdieu dice de ellas) realizadas por el Centro de Sociología Europea. La idea básica es que las clases altas siempre intentan distinguirse de las demás en sus gustos, prácticas y usos culturales; en definitiva, por su habitus de clase; mientras que las clases bajas siempre intentan imitar a las altas. Éstas últimas poseen el gusto puro, que es un don natural, y la cultura y la estética legítimas, la nobleza cultural; mientras que las clases bajas poseen el gusto bárbaro, la estética popular, no constituye su habitus, no es un don natural, si acaso es una naturalidad cultivada, es pura imitación que se nota artificial y por la cual las clases altas les consideran advenedizos, y, por ello, despreciados. Existe, pues, una relación entre la clase social y los gustos, prácticas y usos culturales.

Yo distinguiría dos grandes aspectos del libro: uno dedicado a los gustos, usos y prácticas culturales, y otro más concreto, referido a las prácticas de las diferentes fracciones de clase respecto al sistema escolar.

Sobre lo que en general puede decirse “los gustos” (que da subtítulo al libro) dedica gran parte de esta obra, exponiéndonos gustos y costumbres de las diferentes fracciones de clase sobre muchas artes, deportes, medios de comunicación e incluso ideas políticas. De todo ello nos pone numerosos ejemplos, basándose en investigaciones empíricas hechas en Francia, relativos a los diferentes deportes, tipo de música, de teatro, periódicos, comida y bebida, mobiliario y objetos del hogar, ideas políticas, etc., que gustan de practicar, consumir y disfrutar a unos y otros. Los ejemplos son traspasables a España y a cualquier otro país. Esta parte del libro resulta muy del gusto de la mayoría de los lectores, que pueden sentirse identificados con los usos y costumbres de una u otra clase social.

Veamos un párrafo al respecto (que ocupa completo más de una página):

“La aversión por los estilos de vida diferentes es, sin lugar a dudas, una de las barreras más fuertes entre las clases: ahí está la homogamia para testificarlo. Y lo más intolerable para los que se creen poseedores del gusto legítimo es, por encima de todo, la sacrílega reunión de aquellos gustos que el buen gusto ordena separar…no existe ninguna lucha relacionada con el arte que no tenga también por apuesta la imposición de un arte de vivir, es decir, la transmutación de una manera arbitraria de vivir en la manera legítima de existir que arroja a la arbitrariedad cualquiera otra manera de vivir” (Bourdieu, 1989, 54).

Por otro lado, aquí nos presenta una exposición detallada de su teoría del espacio social, su sistema de clases sociales (superiores o altas, medias y populares), o mejor dicho, de fracciones de clase (pequeña burguesía, nueva pequeña burguesía, alta burguesía, élite, fracciones dominantes, etc.) , utilizando para ello un gráfico a doble página en el que se disponen distintas profesiones, e incluso posición jerárquica dentro de una misma profesión, teniendo en cuenta tres dimensiones: volumen de capital, estructura de capital y trayectoria; es decir, cuánto tiene, de qué tipos de capital tiene, y el auge o decaimiento de la profesión en la sociedad y el consiguiente ejercicio de la misma de una generación a otra (envejecimiento o rejuvenecimiento, feminización o masculinización de la profesión).

Pongamos un ejemplo muy cercano, puesto que se refiere a la profesión que ejercemos. La profesión de profesor se divide en varias, según el nivel en que se enseña, con diferencias en cuanto al nivel escolar exigido, el nivel cultural, el status social que se otorga y el nivel económico que se paga; de modo que no ocupan la misma posición en el espacio social un maestro de Primaria que un profesor de Secundaria que un profesor universitario; irán ocupando posiciones cada vez más elevadas respectivamente.

En cuanto al “capital”, en La distinción expone los distintos tipos de que ya había hablado en obras anteriores; son los capitales cultural, económico, social y escolar. Los tres primeros pueden ser heredados, pues de padres a hijos puede traspasarse no sólo el capital económico, sino la cultura familiar desde el nacimiento, que es cultura de clase social, y también las relaciones e influencias sociales. Pero el capital escolar es el único que no puede heredarse; los padres no pueden pasar a sus hijos sus títulos escolares (aunque pueden influir, con diferentes estrategias, en que consigan unos u otros). Aún así, existe una relación entre capital escolar y conocimientos y prácticas culturales.

Lo más novedoso para mí, y para las teorías de las clases sociales de muchos autores, es la referencia al capital social, que pasa desapercibido para muchos.

Veamos el siguiente párrafo al respecto:

“Los poseedores de un fuerte capital escolar que han heredado un fuerte capital cultural y tienen a la vez los títulos y los cuarteles de nobleza cultural, la seguridad que de la pertenencia legítima y la naturalidad que asegura la familiaridad, se contraponen no sólo a los que se encuentran desprovistos de capital escolar y del capital cultural heredado…, sino también, por una parte, a aquellos que, con un capital cultural heredado equivalente, han obtenido un capital escolar inferior…, y por otra parte, a aquellos que, dotados de un capital escolar semejante, no disponían, en su origen, de un capital cultural tan importante y que mantienen con la cultura, que deben más a la escuela y menos a su familia, una relación menos familiar, más escolar” (Bourdieu, 1989, 80).

Lo interesante es lo que nos dice Bourdieu sobre lo que ocurría ya en esa época (años 70) en Francia, y que ahora ocurre y está a la vista de todo el mundo (no porque lo dijera él): la superproducción y consiguiente devaluación de títulos escolares. Puesto que la escuela otorga títulos, pero también status social, en principio todas las fracciones de clase utilizan la escuela para mantener o aumentar su posición social y su patrimonio; pero cada una lo hace con diferentes estrategias de reconversión. Así, por ejemplo, la nueva clase media invierte en cultura para mejorar su status, e intenta una orientación profesional de los estudios, marginando los tradicionales estudios humanísticos; la élite cultural intenta conservar su capital cultural y legitimarlo con títulos académicos para no perder su status y mantener su posición de privilegio, orientándose hacia estudios humanísticos, a los que defiende; la fracción de clase alta con buen volumen de capital económico intenta reconvertir parte del mismo en capital cultural, intentan relacionar los estudios universitarios con el mundo de los negocios; aunque quienes han obtenido gran capital económico sin tener ningún capital escolar ni cultural suelen orientar a sus hijos a “seguir el negocio” sin estudiar y a invertir en economía. “De hecho, las fracciones más ricas en capital cultural se inclinan a invertir preferentemente en la educación de sus hijos al mismo tiempo que en las prácticas culturales apropiadas para mantener y acrecentar su particularidad específica; las fracciones más ricas en capital económico relegan las inversiones culturales y educativas en beneficio de las inversiones económicas, mucho más, sin embargo, los patronos industriales y comerciales que la nueva burguesía de los cuadros del sector privado, que manifiesta la misma preocupación por la inversión racional en el terreno económico como en el de la educación” (Bourdieu, 1989, 118).

Sobre este aspecto, veamos lo que escribe Bourdieu sobre el caso concreto de los maestros, que tienden a invertir en capital escolar principalmente: “…aquellos que deben lo esencial de su capital cultural a la Escuela, como los maestros y los profesores originarios de las clases populares y medias, se muestran particularmente sumisos a la definición escolar de la legitimidad y tienden a proporcionar sus inversiones, de manera muy estricta, al valor que la Escuela reconoce en los diferentes dominios” (Bourdieu, 1989, 86).

En definitiva, cada clase social tiene su “ethos” característico, cuyos valores determinan sus actitudes hacia la cultura y hacia la educación; este ethos es decisivo en el ingreso y permanencia en el sistema educativo, ya que determina los estudios del individuo antes de comenzarlos. Pero, al final, prácticamente todas las fracciones de clase orientan a sus hijos hacia los estudios, invierten en capital escolar para conseguir capital económico, cultural y social. Lo cual nos recuerda aquella teoría funcionalista de la igualdad de oportunidades educativas y de la educación como inversión.

A este fenómeno se añade el que unas fracciones de clase están mejor informadas que otras sobre las salidas profesionales de cada carrera, su rentabilidad económica (el sueldo que se gana ejerciendo esa profesión) y el status social que otorga. En este caso, las fracciones de clase alta están mejor informadas, y orientan a sus hijos hacia las carreras más rentables, aunque sean más caras, largas y difíciles de estudiar; mientras que las fracciones de clase baja no suelen tener esa información, y orientan a sus hijos simplemente hacia estudios universitarios (lo cual ya es una gran ventaja sobre los padres, que apenas tienen estudios), dando por supuesto que obtendrán una buena profesión con la que ganarán buen dinero y posición social. De aquí que las distintas fracciones de clase orientan a sus hijos hacia diferentes estudios. Esto es lo que otros autores han denominado “carreras de élite y carreras de aluvión”. Así, quienes más rentabilidad obtienen del sistema escolar son las clases altas.

“Entre las informaciones constitutivas del capital cultural heredado, una de las que más valor tienen es el conocimiento práctico o intelectual de las fluctuaciones del mercado de las titulaciones académicas, el sentido de la inversión que permite obtener el mejor rendimiento del capital cultural heredado en el mercado laboral o del capital escolar en el mercado laboral, sabiendo, por ejemplo, abandonar a tiempo las vías o carreras devaluadas para orientarse hacia vías o carreras de porvenir, en lugar de aferrarse a los valores escolares que procuraban los más altos beneficios en un estado anterior del mercado” (Bourdieu, 1989, 140).

De todos modos, la consecuencia de que todos estudien es la superproducción de títulos escolares: salen más titulados de los que la sociedad necesita en su mercado laboral. Es el desajuste de que hablaron los funcionalistas, y es también lo que otros autores han denominado “la universidad, fábrica de parados”. Tal superproducción ocasiona una devaluación de los títulos en el mercado laboral, de modo que un titulado tiene cada vez más difícil conseguir el puesto de trabajo correspondiente a este título; cada promoción lo tiene más difícil que la anterior; si en los años 60 un titulado universitario tenía relativamente fácil (nunca lo ha sido) conseguir ese trabajo, en la actualidad es mucho más difícil. Aunque existen diferencias entre unas carreras y otras, pues mientras unas tienen fácil salida profesional por el equilibrio entre oferta y demanda laboral, otras carreras, superpobladas y con pocas salidas profesionales, sufren tal devaluación mucho más.

Pero no acaba aquí el círculo vicioso de las consecuencias, puesto que, porque los títulos valen cada vez menos, los estudiantes que luchan contra esto (especialmente de carreras de aluvión) intentan conseguir aún más títulos y diplomas, embarcándose en más estudios (un segundo título universitario, una segunda especialidad, doctorados, masters, cursos, cursillos, etc.) para superar a los demás en la consecución del puesto de trabajo. Pero es que lo mismo han pensado y hecho otros muchos estudiantes, con lo que la competencia continúa. Entonces continúa la devaluación de títulos y diplomas.

“La entrada en la carrera y en la competencia por la titulación académica de fracciones que hasta entonces han utilizado poco la escuela, ha tenido como efecto obligar a las fracciones de clase cuya reproducción estaba asegurada principal o exclusivamente por la escuela, a intensificar sus inversiones para mantener la particularidad relativa de sus titulaciones y, correlativamente, su posición en la estructura de las clases, llegando a ser así la titulación académica y el sistema escolar que la otorga una de las apuestas privilegiadas de una competencia entre las clases que engendra un aumento general y continuo de la demanda de educación y una inflación de las titulaciones académicas” (Bourdieu, 1989, 130). En nuestro entorno actual (no en contexto en que escribe Bourdieu esta obra) tenemos un ejemplo cercano en los diplomados de Magisterio, obligados a adquirir más títulos y diplomas para conseguir méritos para el concurso-oposición o para pedir interinidad, lo que hace que muchos sigan una segunda especialidad, continúen en una licenciatura, y sigan todo tipo de cursillos.

Pero quizá lo peor de todo esto sea el desengaño general de los estudiantes hacia el sistema escolar, como consecuencia de todo esto. Bourdieu nos ofrece aquí un argumento que puede explicar en parte el actual desinterés por estudiar (en el sentido literal de esta palabra) y, por extensión, la rebeldía hacia cualquier institución social:

“La descualificación estructural que afecta al conjunto de los miembros de esta generación, destinados a obtener de sus titulaciones menos de lo que hubiera obtenido de ellas la generación precedente, se encuentra en la base de una especie de desilusión colectiva que lleva a esta generación engañada y desengañada a hacer extensiva a todas las instituciones la rebeldía unida al resentimiento que le inspira el sistema escolar. Esta especie de carácter anti-institucional…conduce, en última instancia, a una especie de denuncia de unos supuestos tácitamente asumidos en el orden social, a una suspensión práctica de la adhesión a las metas que éste propone, a los valores que profesa, y al rechazo de las inversiones, que constituye la condición sine qua non para su funcionamiento” (Bourdieu, 1989, 145). Pero, en definitiva, a pesar de las diferentes estrategias de reconversión entre las distintas fracciones de clase, todas tienden a utilizar la escuela como sistema de reproducción, y cada vez más.

En fin, son tantas y tantas cosas las que nos dice Bourdieu en esta magnífica obra, que no podemos analizar aquí todas ellas. Nos hemos limitado a las que más interesan en el mundo de la educación. En esta obra cualquier persona, perteneciente a cualquiera de las fracciones de cualquier clase social, puede sentirse identificado con algunas de las ideas que expone sobre sus gustos, usos, prácticas y estrategias educativas. Al menos, eso es lo que me ha pasado a mí; como en los siguientes párrafos:

“El pequeño-burgués realiza los sacrificios más importantes, si no los más patentes, en el orden de la sociabilidad y de las satisfacciones correlativas. Seguro de que no debe su posición más que a su propio mérito…La preocupación por concentrar los esfuerzos y reducir los costes conduce a romper los lazos, incluso los familiares, que constituyen un obstáculo para la ascensión individual” (Bourdieu, 1989, 341).

“Toda la existencia del pequeño-burgués ascendente es anticipación de un porvenir que no podrá vivir, en la mayoría de los casos, más que por procuración, por mediación de sus hijos, sobre los que ‘hace recaer –como suele decirse- sus ambiciones’…Puesto que está condenado a estrategias que necesitan varias generaciones, que se imponen siempre que el plazo de acceso al bien codiciado excede los límites de una vida humana, el pequeño-burgués es el hombre del placer y del presente diferidos, que se tomará más tarde ‘cuando tenga tiempo’, ‘cuando haya terminado de pagar’, ‘cuando se hayan terminado los estudios’, ‘cuando los hijos crezcan’, o ‘cuando se jubile’. Es decir, con la mayor frecuencia, cuando sea demasiado tarde, cuando, habiendo entregado a crédito su vida, ya no habrá tiempo para recuperar sus fondos y será necesario, como suele decirse, ‘rebajar sus pretensiones’ o mejor, ‘desistir de ellas’. No existe reparación para un presente perdido. Sobre todo cuando acaba de manifestarse …la desproporción entre las satisfacciones y los sacrificios” (Bourdieu, 1989, 357).

4. Para terminar con este punto, en Homo academicus trata un tema que hasta entonces había sido soslayado por la sociología, y en particular la de la educación; el mundo del profesorado universitario, que el sociólogo, que está dentro de él, debe intentar objetivar. Bourdieu considera la Universidad (al menos la francesa, a la que se refiere en concreto su estudio) como un campo de enfrentamiento entre varios poderes, relativos a las diferentes trayectorias sociales y académicas y a las producciones de cada uno; constituye un espacio de posiciones y de “especies” del profesor universitario. En este espacio se plasma la estructura de la distribución de diferentes especies de poder.

Ese poder se manifiesta de diversas maneras: en los conflictos y luchas entre Facultades, entre unas ciencias y otras, entre unas y otras disciplinas; en la acaparamiento de más o menos horarios de clases, recursos económicos y personales; en la reproducción del cuerpo de profesores universitarios, en la endogamia del cuerpo, en la separación de los adversarios. El mundo universitario es, en definitiva, un campo de luchas de poder entre individuos que ocupan distintas posiciones en el espacio no sólo académico, sino también social, ya que el tener más o menos poder en la universidad no se debe sólo a la valía y prestigio como profesor o investigador, sino también a las relaciones sociales de poder del individuo en cuestión, que a su vez se deben, en parte, a aquella posición académica.

Los profesores universitarios son, al fin y al cabo, personas que toman una postura intelectual determinada, pero también una postura social y política; y esto ocurre siempre, tanto en períodos de equilibrio como de crisis.

A partir de este estudio, otros autores han escrito sobre las luchas de poder en el mundo del profesorado universitario

A la vista de todo esto, ¿cómo clasificar a Bourdieu?

Es difícil encajar las ideas de Bourdieu en un enfoque sociológico concreto, tanto por las muchas ideas que expresa a lo largo de sus muchos escritos, como por la misma evolución de ellas.

Por un lado, tiene algo de funcionalista, especialmente en su corriente crítica, al resaltar las desigualdades sociales en educación debidas a factores de clase social. Por su propio lenguaje, y por conceptos e ideas sobre la legitimidad, ideología, cultura dominante, reproducción, bien podría ser considerado marxista. Por su centralidad en la cultura de clase y en la dominación puede ser considerado como weberiano. Por sus relaciones con Young, Bernstein y otros, y su participación en el libro que dió origen a la Nueva Sociología de la Educación, y por sus ideas sobre el poder y control en la transmisión del conocimiento escolar, puede ser encuadrado dentro de ésta. Y así podríamos seguir.

Entonces, ¿dónde encuadrarle? Veamos lo que él mismo nos dice en Cosas dichas. Concretamente recibe influencias de Marx, Durkheim y Weber, de los que escribe que “representan puntos de referencia que estructuran nuestro espacio teórico y nuestra percepción de este espacio” (Bourdieu, 1988, 40). Y etiqueta su propio trabajo de “estructuralismo constructivista” o “constructivismo estructuralista”, entendiendo estructuralismo o estructuralista en el sentido de que en el mundo social existen estructuras objetivas independientes de la conciencia y de la voluntad de los agentes, que son capaces de orientar o de coaccionar sus prácticas o representaciones; y por constructivismo o constructivista quiere decir que hay una génesis social de una parte de los esquemas de percepción, de pensamiento y de acción, que constituyen el habitus, y de otra parte, existen estructuras, particularmente campos o grupos, de las clases sociales (Bourdieu, 1988, 127).

Todo ello hace difícilmente clasificable a este autor; aunque, como él mismo opina,

“…la respuesta a la cuestión de saber si un autor es marxista, durkheimiano o weberiano no aporta casi ninguna información sobre este (cualquier) autor…Uno de los obstáculos para el progreso de la investigación es este funcionamiento clasificatorio del pensamiento académico, y político, que a menudo prescribe la invención intelectual impidiendo la superación de las falsas antinomias y las falsas divisiones. La lógica de la etiqueta clasificatoria es exactamente la del racismo, que estigmatiza al encerrar en una esencia negativa. En todo caso, constituye, a mi modo de ver, el principal obstáculo para lo que me parece ser la justa relación con los textos y con los pensadores del pasado…

(tengo con los autores) “…relaciones muy pragmáticas: recurro a ellos como a compañeros en el sentido de la tradición artesanal…a quienes se puede pedir una ayuda momentánea en las situaciones difíciles…Se toma la riqueza allí donde se la encuentra…La función de la cultura es designar a los autores en quienes se tienen posibilidades de encontrar ayuda…Es posible servirse de ella (la cultura) como de una caja de herramientas, más o menos inagotable (Bourdieu, 1988, 38-39).

Párrafo éste que encuentro muy interesante, con el que estoy de acuerdo, pues considero no siempre positivo el afán de clasificar a un autor dentro de una corriente teórica, y más cuando un autor polifacético es difícilmente clasificable. Este afán deriva, sin duda, del mundo académico, que exige, en bien de la mejor docencia, poner en cuadros todo aquello que pueda ser encuadrado, se supone que para un mejor recuerdo y comprensión de quienes están aprendiendo. Pero, ¿por qué empeñarse siempre en ello?

Valoración final de Bourdieu.

Indudablemente, como dijimos al principio, Bourdieu es considerado hoy como uno de los sociólogos actuales más importantes; su obra ha trascendido no sólo su país, sino incluso Europa, y en España tiene fervientes seguidores. Ha escrito muchos artículos y libros sobre temas muy variados de la sociología, especialmente centrándose en ésta misma como ciencia y en el trabajo de sociólogo, en diversas manifestaciones artísticas y en la educación. Si bien, considero que su obra no sólo es sociología, sino a veces psicología social de clases o de grupos sociales, filosofía social y de la educación, e incluso (aunque yo no estoy muy convencido de ello) inicios en la antropología. Debido a esta amplitud literaria del autor aquí sólo nos hemos centrado en algunas de sus obras, especialmente relacionadas con la educación.

Hemos visto como, tanto a la vista de sus obras como de sus propias confesiones ha sido influido por varios autores, entre los que destacan Marx, Durkheim y Weber; si bien, yo destacaría las influencias del primero y del último, visibles tanto en sus ideas como en su lenguaje. Pero esto no acota la clasificación del autor dentro de una corriente teórica, pues se ha dicho de él que es, aparte de marxista o weberiano, estructuralista, de la Nueva Sociología de la Educación británica (aunque él no sea británico, pero colaboró en su fundación). Pero para mí como para el propio Bourdieu, ¿por qué empeñarse en clasificar a un autor? ¡Estúdiense sus ideas!

Autor que ha gustado de exhibir en muchas de sus obras unas ideas y un lenguaje que creen polémica, un lenguaje incluso cáustico a veces, enrevesado parece que a propósito; lo que hace la lectura de algunas obras algo difícil. Ha elaborado conceptos originales e ideas que han tenido influencia sobre otros autores.

En el terreno de la Sociología de la Educación, Bourdieu ha destacado por llamar la atención, en la línea del funcionalismo crítico, sobre los factores sociales y familiares de la trayectoria escolar de estudiantes de diferentes clases sociales, sobre el papel de la escuela en la reproducción cultural, y de ahí la social y económica, la función de los profesores, de los exámenes, el lenguaje escolar, sobre las luchas de poder en la universidad, sobre las distintas estrategias de reconversión de diferentes clases sociales respecto del sistema escolar, sobre la sobreproducción y devaluación de los títulos escolares en el mercado laboral, y un largo etcétera, por no hacer una lista interminable.

De él (y de su colaborador Passeron) escribió Lerena (¿por qué tengo la impresión de que Bourdieu y Lerena se parecen en muchas cosas?), que sólo pudo leer algunas de sus obras, hasta las de los años 80, debido a su temprana muerte:

“…el desarrollo más significativo de la Sociología de la Educación…un brillante esfuerzo de formalizar una teoría que antes y después de esta obra es objeto de múltiples investigaciones…Esta orientación representa, en mi criterio, el punto más alto de la actual sociología de la educación, tanto por su valor teórico como por su rigor empírico…representa la mejor tradición sociológica –Durkheim, Weber y Marx- al servicio de la nueva sociología…Bourdieu trata de incorporar el mundo de la educación y de la cultura a la reflexión sociológica en profundidad, de tal modo que la consideración de ese mundo se constituya en uno de los ejes centrales de la sociología a secas” (Lerena, 1985, 213-214).

Pero ¿es que todo en él es bueno?, ¿no puede criticársele nada? ¡Claro que sí! Se le ha criticado la excesiva abstracción de su sistema teórico; su relativismo cultural, pues junto a la cultura dominante existen otras, como la popular y entre ambas se dan contradicciones; el olvido de las resistencias y problemas que encuentra la transmisión de la cultura burguesa a los hijos de las clases populares; el que los dominados pueden aprovechar la experiencia de la escuela, controlada por las clases altas, para reforzar sus posiciones de lucha social. Se ha dicho de él que su obra parece un “funcionalismo de lo peor” o un “hiperfuncionalismo del revés”.

También se le ha criticado los conceptos de violencia simbólica y de acción pedagógica impuesta, crítica a la que me sumo: Todo en la vida del ser humano consiste en socialización de unos a otros, especialmente –como dijo Durkhjeim- de los adultos hacia los niños y jóvenes, intentando eliminar la parte animal que tenemos y haciéndonos sociales. Así se nos enseñan muchas actitudes, conductas y conocimientos. ¿Es una imposición?, ¿se ejerce una violencia sobre el socializado o sobre el estudiante cuando se le enseña? Entonces habría que decir que se le violenta o impone cuando se le enseña a comer con cuchara y tenedor, a asearse, a hacer sus necesidades en determinado sitio y momento, a leer y escribir, y así un largo etcétera. Pero es que esta es la forma de transmitir unas cosas a otros.

Algunos dicen de él que fue un hipócrita por criticar el sistema escolar y la vida intelectual y universitaria de Francia (quizá por haber sido en un principio rechazado por los círculos intelectuales de París), cuando él mismo, de origen social humilde, fue formado en ese sistema y ha sido uno de los intelectuales universitarios con más éxito.

Por mi parte, yo le criticaría también el haber editado un artículo que había catalogado como sociología de la educación, como antropología de la educación años después.

Sea como sea, el magnífico y polémico Bourdieu ha muerto. Esperamos que su obra continúe fomentando el interés por la sociología y por la educación en asuntos tan discutidos como los que él ha tratado, y sea estudiado y continuado por otros autores. Descanse en paz.

Bibliografía de Bourdieu (sólo libros).

Sociologie de l’Algérie. Presses Universitaires de France (P.U.F.), Paris, 1961.

Travail et travailleurs en algérie. Mouton, Paris-La Haye, 1963.

Le deracinement. La crise de l’agriculture traditionelle en Algérie. Minuit, Paris, 1964.

Les héritiers. Les étudiants et la culture. Minuit, Paris, 1964.

Los estudiantes y la cultura. Labor, Buenos Aires, 1973.

Rapport pédagogique et communication. Mouton, Paris, 1965.

Un art moyen. Essai sur les usages sociaux de la photographie. Minuit, Paris, 1966.

L’amour de l’art. Les musées d’art et leur public. Minuit, Paris, 1966.

Le metier de sociologue. Mouton-Bordads, Paris, 1968.

El oficio de sociólogo. Siglo XXI, Madrid, 1976.

La reproduction. Eléments pour une théorie du système d’enseignement. Minuit, Paris, 1970.

La reproducción .Elementos para una teoría de la enseñanza. Laia, Barcelona, 1977.

Mitosociología. Fontanella, Barcelona, 1975.

Esquisse d’une théorie de la pratique, precedé de tríos études e’ethnologie kabyle. Droz, Génève, 1972.

Algérie 60. Structures économiques et structures temporelles. Minuit, Paris, 1977.

La distintion. Critique sociale du jugement. Minuit, paris, 1979.

La distinción. Taurus, Madrid, 1089.

Le sens pratique. Minuit, Paris, 1980.

El sentido práctico. Taurus, Madrid, 1990.

Questions de sociologie. Minuit, Paris, 1980.

Travaux et projects. Centre de Sociologie Européenne, Paris, 1980.

Leçon sur la leçon. Minuit, Paris, 1982.

Ce que parler veut dire. L’économie des échanges linguistiques. Fayard, Paris, 1982.

Campo de poder y campo intelectual. Folios, Buenos Aires, 1983.

Homo academicus. Minuit, Paris, 1984.

Coses dites. Minuit, Paris, 1987.

Cosas dichas. Gedisa, Barcelona, 1988.

La noblesse d’État. Grandes écoles et esprit de corps. Minuit, Paris, 1989.

Réponses. Pour une anthropologie reflexive .Du Seuil, Paris, 1992.

Les regles de l’art. Génèsse et structure du champ litéraire. Seuil, Paris, 1992.

La misère du monde. Seuil, paris, 1993.

Libre-échange. Seuil, Paris, 1994.

Raisons pratiques. Sur la théorie de l’action. Seuil, Paris, 1994.

Sur la televisión. Liber-Raisons d’Agir, Paris, 1996.

Méditations pascaliennes. Seuil, paris, 1997.

Les usages sociaux de les sciences. Pour une sociologie clinique du champ scientifique. INRA, Paris, 1997.

Conte-feux: Propos pour servir à la resístanse contre l’invasion néoliberale. Liber-Raisons d’Agir, Paris, 1998.

La domination masculine. Seuil, Paris, 1998.

Referencias bibliográficas.

ALONSO HINOJAL, I. (1980): Educación y sociedad. Las sociologías de la educación. C.I.S., Madrid.

FORQUIN, J.C. (1985): “·El enfoque sociológico del éxito y el fracaso escolares: Desigualdades de éxito escolar y origen social”. Educación y Sociedad, nº 3, pp. 203-205.

LERENA, C. (1985): Materiales de sociología de la educación y de la cultura. Zero, Madrid.

YOUNG, M.F.D. (1971): Knowledge and Control. New Directions for the Sociology of Education. Collier-McMillan, London.

Océano indico: principal campo de batalla por la dominación mundial?

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Entrevista a Mohamed Hassan, especialista en geopolítica del mundo árabe

image Gregoire Lalieu y Michel Collon

michelcollon.info

¿Se decide la suerte del mundo en el océano Índico? Cubierta por el arco del Islam (que va desde Somalia hasta Indonesia, pasando por los países del Golfo y Asia Central), la región se ha convertido en el nuevo centro estratégico del planeta. Este nuevo capítulo de nuestra serie “Comprender al mundo musulmán” nos convoca a un crucero. Mohamed Hassan nos explica de qué manera el desarrollo económico de China trastoca las relaciones de fuerza mundiales y saca a los países del Sur de su dependencia de Occidente. Nos desvela también las estrategias planteadas por los EEUU con el objeto de mantener su liderazgo. Y por qué el imperio usamericano está llamado a extinguirse. Finalmente predice el fin de la globalización. Resta saber si este hold-up planetario terminará sin problemas o si los atacantes liquidarán a los rehenes en la aventura.

Desde Madagascar hasta Tailandia pasando por Somalia, Pakistán o Birmania, la cuenca del océano Índico se halla particularmente agitada ¿Cómo explicar estas tensiones?

La relación de fuerzas a escala mundial se halla en pleno desorden. Y la región del océano Índico se halla en el corazón de esa tempestad política.

¿De qué región estamos hablando?

De la que va desde la costa oriental de África hasta el sur de Asia. Incluye un lago (el mar Caspio) y tres ríos: el mar del Golfo, el mar Rojo y el mar Mediterráneo.

¿Por qué es tan importante esta región? Primero porque el 60% de la población del mundo se concentra en Asia y se halla conectada al océano Índico. Solo la China y la India representan el 40% de la población mundial. Además la emergencia económica de estas dos potencias hacen del océano Índico una zona particularmente estratégica. Hoy en día el 70% del petróleo mundial pasa por este océano. Un porcentaje que tiende a crecer en función de las crecientes necesidades de ambos países. Por otra parte, el 90% del comercio mundial se realiza en barcos contenedores y el océano Índico acoge por sí solo la mitad de ese tráfico.

Como ha señalado el periodista usamericano Robert D. Kaplan, consejero inmediato de Obama y del Pentágono, el océano Índico va a convertirse en el estratégico centro mundial de gravedad del siglo 21. No solamente constituye un pasaje vital para el comercio y los recursos energéticos entre Oriente Próximo y y el este de Asia, sino que se halla ubicado también en el eje económico que se desarrolla entre China, por una parte, y África y América Latina por la otra.

¿El desarrollo de estas nuevas relaciones comerciales implica que el Sur está por liberarse de su dependencia de Occidente?

En efecto, algunas cifras producen vértigo: el comercio entre China y África se ha multiplicado por veinte desde 1997. Con América Latina por catorce en menos de diez años. India y Brasil colaboran cada vez más estrechamente con el continente negro. Bajo el impulso del desarrollo chino. Las inversiones Sur-Sur han aumentado rápidamente. Luego de haber sido saqueada por siglos, África emerge de su letargo.

¿Por qué tantos países de África y de América Latina se vuelven hacia China?

Desde hace siglos Occidente cometió un verdadero pillaje de los recursos naturales del Sur, impidiendo el desarrollo de esos países, especialmente a través de una deuda odiosa. Pero China propone mejores precios para las materias primas e invierte en los países del Sur desarrollando infraestructuras, programas sociales o proyectos de energía no contaminante. Ha suprimido los impuestos a la importación a numerosos productos africanos, favoreciendo enormemente la producción y el comercio de ese continente. También ha anulado la deuda de los países africanos más pobres. Además, contrariamente a lo que hacen las potencias occidentales, China no pretende inmiscuirse en la política interior de sus socios económicos. Con motivo de una conferencia ministerial sino-africana, el primer ministro chino Jiabao resumía así la política de su país: "Nuestra colaboración económica y nuestro comercio se apoyan en las ventajas recíprocas (…) Nunca impusimos condiciones políticas a África y no lo haremos tampoco en el futuro”. ¡Qué diferencia con las potencias occidentales, que no han parado de hacer y deshacer los gobiernos africanos! El Sur tiene sed de independencia: aliarse a la China es una verdadera oportunidad para calmar esa sed.

Por otra parte, los países occidentales están pasando por una grave crisis económica, que tiene cierta repercusión en China pero no le impide seguir creciendo. En tales condiciones es normal que los países africanos y latinos se vuelvan hacia el socio económico más sólido. Como lo destacaba el Financial Times en otro momento, Brasil habría sido afectado por la crisis de los EEUU. Pero en 2009 su economía continuó creciendo y no es casualidad que China se haya convertido en su principal socio económico.

Este eje Sur-Sur define la hegemonía occidental. ¿Dejarán los EEUU y Europa que China invada sus territorios?

El desarrollo de este eje Sur-Sur presenta globalmente dos amenazas importantes para los intereses de las potencias imperialistas y especialmente para los EEUU. En primer término, retira de la zona de influencia occidental países ricos en materias primas. E inmediatamente después le permite a la China disponer de todos los recursos necesarios para continuar con su deslumbrante desarrollo. En pleno ascenso, Pekín está ya atrapando a la primera potencia económica, los EEUU. Según Albert Keidel, antiguo economista del Banco Mundial y miembro del Consejo Atlántico, China podría pasar al frente en 2035. Hoy en día Washington trata de contener la emergencia china para mantener su liderazgo. Y el control del océano Índico se halla en el centro de esta estrategia. La lucha contra la piratería somalí no es más que un pretexto para que las fuerzas de la OTAN tomen posiciones en el océano Índico y las potencias occidentales mantengan su control de esta cuenca. Japón también ha emprendido la construcción de una base militar en Yibuti para combatir la piratería.

Tan pronto se habla de piratas y como de terroristas islámicos. ¿Se trata de una amenaza real o de un pretexto?

Yo no digo que no haya amenaza. Sino que simplemente las potencias occidentales la instrumentalizan para ponerla al servicio de sus intereses estratégicos en la región. ¿Cómo se desarrolló la piratería en Somalia? Hace veinte años que ese país no tiene gobierno. Algunas compañías europeas han aprovechado para ir a pescar en sus costas y otras para volcar desechos tóxicos. En tales condiciones los pescadores somalíes se vieron impedidos de trabajar y se lanzaron a la piratería para sobrevivir. Pero luego el fenómeno fue tomando otras dimensiones. Pero si se quiere resolver el problema de la piratería es necesario atacarlo en sus raíces y restablecer un orden político legítimo en Somalía.

Orden que los EEUU no han querido hasta ahora…

Sí, y su insensata política podría acarrear males mucho mayores todavía. En efecto, es necesario saber que Somalia es el centro histórico del Islam en África del Este. En otra época la influencia de los jefes religiosos somalíes era muy importante. Habían llevado el Islam suní hasta Mozambique. Luego, cuando durante el siglo XVIII los chiitas omaníes extendieron su influencia al África Oriental, influyeron enormemente en la cultura de la región pero no lograron convertir a la población al chiismo.

Hoy en día existe la posibilidad de que se desarrolle un movimiento islámico a causa de los errores cometidos por los EEUU en el Cuerno de Africa. Y si los dirigentes de ese movimiento utilizaran esta historia común para reunir a sus miembros en toda África Oriental y defender a Somalia como centro histórico del islam africano, entonces la amenaza se volvería muy seria para los EEUU.

El océano Índico se halla coronado por el “arco del Islam”, que se extiende desde África Oriental hasta Indonesia, pasando por los países del Golfo y de Asia Central ¿Cómo es posible que ese océano, cuna de potencias musulmanas, haya acabado bajo el dominio de las potencias occidentales?

Antes de la apertura del canal de Suez en 1869, cuatro grandes potencias dominaban la región: el imperio turco-otomano, el de los persas (actual Irán), el de los mongoles (imperio musulmán que se desarrolló en la India) y China. A través del océano Índico, el comercio había puesto en contacto a las poblaciones musulmanas con los otros pueblos de la región y permitido al Islam extenderse hasta China y África Oriental.

Fue así como se formó el arco del Islam y el océano Índico fue dominado en gran parte por las potencias musulmanas.

Pero un gran acontecimiento, ocurrido en la India, va a cimentar la dominación europea en la región: la revuelta de los cipayos de 1857. Los cipayos eran soldados indios al servicio de las compañías inglesas. Las injusticias que cometían sus empleadores los condujeron a una rebelión que muy rápidamente desembocó en un gran movimiento popular. Fue una evolución muy violenta, los cipayos masacraron a amuchos ingleses pero finalmente estos lograron reprimir el movimiento. En Gran Bretaña una gran campaña propagandística denunció la barbarie de los cipayos. Karl Marx analizó el acontecimiento y sacó otras conclusiones: “Sus métodos son bárbaros pero debemos preguntarnos qué los llevó a ejercer tanta brutalidad: los colonos británicos establecidos en la India”.

Hoy en día vivimos algo similar con los atentados del 11 de setiembre. Toda la opinión pública occidental está dirigida a indignarse ante los métodos bárbaros de los terroristas islámicos. Pero no se hace preguntas sobre cuáles fueron los factores que dieron origen a esta forma de terrorismo: eso nos conduciría a la política de los EEUU en el Oriente Próximo durante estos últimos cincuenta años. La represión de la rebelión de los cipayos tuvo dos consecuencias importantes: en primer término, la colonia india hasta ese momento administrada por compañías privadas, pasó oficialmente a ser administrada por el gobierno británico. Inmediatamente después Gran Bretaña depuso al último líder musulmán indio, el emperador mogol Muhammad Bahadur Shah, y lo desterró a Birmania, donde terminó sus días.

Once años después de la rebelión de los cipayos se abre el canal de Suez, que permite vincular el Mediterráneo con el océano Índico. ¿Un verdadero golpe de mano para el dominio europeo en ese océano?

Exacto. Se acelera entonces la colonización europea en la cuenca del océano Índico, Francia se apodera de Yibuti, Gran Bretaña de Egipto y luego de Bahrein con el objeto de proteger a la India de la invasión rusa. Después de muchas convulsiones entre los imperialismo de fines del siglo XIX (unificación de Alemania e Italia, reparto de África entre las potencias europeas), el imperio del sultanato de Omán era la última potencia árabe activa en el océano Índico. Para voltearlo los europeos montaron una campaña propagandística diciendo que los omaníes explotaban a los africanos como esclavos. Con el pretexto de combatir la esclavitud, Europa movilizó a sus tropas hacia el océano Índico y venció al sultanato de Omán. De este modo el dominio occidental sobre el océano Índico fue absoluto.

Pero hoy en día ese dominio está puesto en tela de juicio por las potencias emergentes de Asia y el océano Índico podría converitrse en el teatro de la competencia sino–usamericana. Con los EEUU declinando y la China en espectacular ascenso, ¿cómo podría Washington bloquear a su principal competidor?

El Pentágono está bien plantado en la región: una enorme base militar en Okinawa (Japón), un acuerdo con Filipinas con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, excelentes relaciones con el ejército indonesio, que fue adiestrado por Washington para masacrar a un millón de comunistas e instaurar una dictadura militar en los años 60…

Además, los EEUU pueden contar con su base militar de Diego García. Esta isla coralina ubicada en el corazón del océano Índico haría soñar a más de un turista con sus playas de arena blanca y sus palmeras.

Sin embargo, la historia de esta isla tiene menos glamour: en 1965, Diego García y el resto del archipiélago de Chagos fueron integrados al territorio británico del océano Índico; en 1971 todos los habitantes de Diego García fueron deportados a los EEUU y se construyó allí una base militar. Y es desde ese lugar estratégico desde donde Washington realizó ciertas operaciones en el marco dela guerra fría, las guerras de Iraq y Afganistán. Hoy en día, aunque los tribunales británicos les hayan dado la razón, a los habitantes de Diego García el gobierno británico les impide regresar.

Los EEUU tienen por lo tanto una buena implantación militar en la región. Por su parte, China tiene dos talones de Aquiles: los estrechos de Ormuz y de Malaca. El primero (entre Omán e Irán) constituye la única entrada al golfo Pérsico y tiene solo 26 kilómetros en su parte más estrecha. Alrededor del 20% del petróleo importado por China pasa por allí. El otro punto débil, el estrecho de Malaca (entre Malasia y la isla indonesia de Sumatra), muy concurrido y peligroso, es el principal paso para las mercaderías que vienen por el Índico destinadas a China. Alrededor del 80% de las importaciones chinas de petróleo pasan por este estrecho. Los EEUU están muy bien instalados en la zona y podrían bloquear el estrecho de Malaca si estallara un conflicto con China. Lo cual sería una catástrofe para Pekín.

¿Eso explica por qué China busca diversificar sus fuentes de energía?

De hecho. Frente a este serio problema China ha desarrollado varias estrategias. La primera ha sido aprovisionarse en Asia Central. Un gasoducto vincula actualmente Turkmenistán con la provincia china de Xinjiang; desde ahora y hasta 2015 deberá proveerle 40 mil millones de metros cúbicos por año, o sea la mitad del consumo chino actual. Otro gasoducto vincula también a la China con Kasajstán, llevándole petróleo del mar Caspio.

Tambien en el sur de Asia, Pekín ha firmado acuerdos con Bangladesh para la provisión de gas y de petróleo. Recientemente ha anunciado la construcción de un oleoducto y un gasoducto que le proveerán 22 millones de toneladas de petróleo y 12 mil millones de metros cúbicos de gas por año desde Myanmar (Birmania).

La tercera estrategia china, llamada “collar de perlas” consiste en construir puertos en países amigos a lo largo de la costa norte del océano Índico. Objetivo: disponer de un tráfico marítimo autónomo en la región. En esta estrategia se inscribe la construcción del puerto de aguas profundas de Gwadar, en Pakistán. Una clase de puerto especialmente adaptado al tráfico de barcos contenedores; y China piensa construir otros, especialmente en África. Es necesario aclarar que algunos barcos contenedores que llevan mercaderías desde América Latina hacia China son demasiado grandes para llegar al océano Pacífico a través del canal de Panamá. De modo que navegan por el Atlántico y luego por el Índico antes de llegar a China. Por ese itinerario no deben atravesar Europa y llegar al Índico por el canal de Suez. En el marco Sur-Sur esos barcos contenedores podrían transitar por África uniendo a América Latina con Asia.

Esto generaría importantes consecuencias para África, mientras que la actividad de los grandes puertos europeos como Marsella o Amberes declinaría. Conectar África con el mercado asiático gracias al océano Índico le procuraría grandes ganancias al continente negro. Cuando Nelson Mandela era presidente de Sudáfrica deseaba ver concretarse este proyecto, pero los EEUU y Europa se opusieron. Hoy en día China está en condiciones de tomar la delantera . Este eje Sur-Sur se está materializando: los países del tercer mundo escapan a las divisiones establecidas entre ellos y cooperan cada vez más. ¡El mundo se halla en plena transformación!

¿Cómo es que China se ha convertido en tan poco tiempo en una gran potencia?

Hasta fines del siglo XIX China ya era una gran potencia. Vendía mercadería de buena calidad y disponía de más divisas extranjeras, oro y plata, que las potencias europeas. Pero el país no se hallaba realmente abierto al comercio internacional. Existían solo algunos expendedores en la costa, para disgusto de Gran Bretaña. Esta última, en plena revolución industrial, quería introducir una gran cantidad de productos en el conjunto de China.

De modo que cuando el virrey Lin Zexu ordenó en 1838 la destrucción de los paquetes de opio que Gran Bretaña importaba ilegalmente en territorio chino, los británicos encontraron un buen pretexto para la guerra. Lord Melbourne envió una expedición a Cantón. Esa fue la primera guerra del opio, que terminó cuatro años más tarde. Una vez vencidos, los chinos fueron obligados a abrir ampliamente su país al comercio internacional. Pero las potencias imperialistas deseaban penetrar aún más en el interior de China con el objeto de inundarlo con más mercaderías. Y exigían la legalización de la venta de opio a pesar de los estragos que producía en la población. Porque ese lucrativo negocio les permitía cobrar en lingotes de plata y tener una ventajosa balanza comercial. Ante el rechazo chino, Gran Bretaña y Francia desencadenaron la “segunda guerra del opio” (1856-1860) Puesta de rodillas, China se transformó entonces en una semicolonia de las potencias occidentales. Finalmente la venta de opio fue legalizada y Gran Bretaña y Francia obtuvieron grandes beneficios.

De todo eso no se habla nunca en Europa, donde parece que se conoce bastante mal la historia de China…

En otras partes también. Es importante saber que esas guerras imperialistas y la destrucción causada por las potencias coloniales provocaron la muerte de cientos de millones de chinos. Algunos fueron llevados como esclavos a las minas del Perú en tan terribles condiciones laborales que se produjeron muchos suicidios colectivos. Otros fueron explotados en la construcción de los ferrocarriles de los EEUU. Gran cantidad de niños fueron secuestrados y empleados en la perforación de los primeros pozos de petróleo de la Shell en Brunei cuando todavía no existían las tecnologías de perforación mecanizadas. Fue un período terrible. Ningún pueblo sufrió tanto. Hubo que esperar hasta 1949 para que con la revolución de Mao China se convierta en un estado independiente y próspero.

Algunos atribuyen ese formidable progreso chino a Deng Xiaoping: cuando, tomando distancia del maoísmo y abriendo China a los capitales extranjeros, permitió del desarrollo del país…

¡Eso es olvidar que ya con Mao la China exhibía un contínuo crecimiento, aunque oscilante entre un siete y un diez por ciento! Ciertamente, Mao cometió errores durante la revolución cultural. Pero de todos modos sacó de la extrema pobreza a un país de más de mil millones de habitantes. Y permitió a China convertirse en un estado independiente luego de un siglo de opresión. De modo que es falso atribuir el desarrollo de China únicamente a la política aperturista de Deng Xiaoping. Partiendo de la nada, el país no ha cesado de desarrollarse a partir de 1949. Y esa tarea no ha terminado.

Es evidente que la actual apertura hacia el capitalismo despierta muchas preguntas sobre el futuro de China.. Existirán sin duda contradicciones entre las diferentes fuerzas sociales ante el fortalecimiento de la burguesía local. China podría convertirse en un país absolutamente capitalista, pero dominado por el imperialismo. En ambos casos los EEUU tratarán de impedir que ese país se convierta en una gran potencia dándose el lujo de mantenerse al frente.

Justamente algunos afirman que ella misma se ha convertido en un estado imperialista, exportando capitales por todo el planeta, y prospectando todo el Sur para su aprovisionamiento de materias primas.

Existe una confusión, en el seno mismo de la izquierda, sobre la definición de imperialismo planteado por Lenin (que es sin duda quién mejor estudió el fenómeno). Algunos solo tienen en cuenta un elemento de esta definición: la exportación de capitales a países extranjeros. Sin duda es un factor esencial. En efecto, gracias a la exportación de capitales, las potencias capitalistas se enriquecen más rápidamenhte y terminan por dominar las economías de los países menos desarrollados. Pero en el marco del imperialismo esta dominación económica es inseparable de una dominación política que transforme al país en una semicolonia.

Dicho de otra manera, si usted es un imperialista, debe crear en el país al que exporta capitales su propia marioneta: un gobierno que sirva a sus intereses. También puede entrenar al ejército de su semicolonia para que dé golpes militares cuando la marioneta deje de obedecerle. Eso es lo que pasó recientemente en Honduras, donde el presidente Manuel Zelaya fue destituido por un ejército cuyos oficiales habían sido formados en academias militares usamericanas. También puede infiltrarse en el aparato político con organizaciones como la CIA para contar con colaboradores internos. En síntesis, el imperialismo se apoya en una doble dominación: económica y política. Ninguna va sin la otra.

Eso es lo que marca la diferencia con China. No se entromete en los asuntos políticos de los países con los que comercia. Y su exportación de capitales no se orienta a ahogar y dominar la economía de sus países socios. De modo que la China no solo no es una potencia imperialista sino que permite a los países víctimas del imperialismo liberarse trastocando las relaciones de dominio establecidas por Occidente.

¿Los EEUU pueden detener aún a sus competidores chinos?

De acuerdo, el Pentágono está bien implantado en la región, pero una confrontación militar directa con China parece improbable: Washington parece estar siempre empecinado con Oriente Próximo, de acuerdo con numerosos analistas, no estaría en condiciones de encarar un conflicto con Pekín.

En efecto, bombardear o invadir la China no es una opción imaginable. Los EEUU deben elaborar otras estrategias. La primera consiste en apoyarse en sus estados vasallos de África para controlar el continente e impedir que China acceda a las materias primas. Esta estrategia no es nueva, fue puesta a punto después de la segunda guerra mundial para contener el desarrollo de Japón.

¿Y cuáles son actualmente esos estados vasallos?

En el norte de África, Egipto. En el este, Etiopía. En el oeste, Nigeria, y para el centro y sur del continente los EEUU contaban con Sudáfrica, pero esta estrategia ha fracasado. Como hemos visto los EEUU no logran impedir que los estados africanos comercien con China y han perdido mucha influencia en el continente. Lo atestigua el golpe sufrido por el Pentágono cuando buscó en vano un país donde establecer la sede de su comando regional Africom. Todos los estados del continente rechazaron albergar esa base. El ministro sudafricano de defensa explicó que ese rechazo era “una decisión africana colectiva” y la misma Zambia le había retrucado al secretario de Estado usamericano: “¿Le gustaría a usted tener un elefante en su sala de estar?”. ¡Actualmente la sede de ese comando regional para África tiene sede en… Stuttgart! Es una vergüenza para Washington. Otra estrategia de los EEUU para controlar el océano Índico sería azuzar a la India contra China exacerbando las tensiones entre los dos países. Esta táctica ya fue utilizada en los años 80 con Irán e Iraq. Los EEUU armaban a los dos contrincantes a la vez y Henri Kissinger declaró: "Déjenlos que se maten entre ellos”. Aplicar esta teoría con la India y China permitiría matar dos pájaros de un tiro, debilitando a las dos grandes potencias emergentes de Asia. Por otra parte los EEUU ya habían utilizado en los años 60 esta táctica en un conflicto entre China y la India. Pero la India perdió, y no creo que actualmente sus gobernantes cometieran el mismo error de hacer la guerra con un vecino para servir a los intereses de una potencia extranjera. Existen muchas contradicciones entre Pekín y Nueva Delhi, pero no demasiado importantes. Estas dos naciones emergentes del tercer mundo no deberían embarcarse en esta clase de conflictos típicamente imperialistas.

Ningún resultado entonces para los EEUU en la India o en África. Pero en Asia del Este tienen muchos aliados. ¿No contarán con ellos para contener a China?

También allí ha fracasado Washington a causa de su codicia. El sureste asiático sufrió una terrible crisis económica en 1997, provocada por un grave “error” de los EEUU. Todo empezó con la devaluación de la moneda tailandesa, que había sido atacada por los especuladores. Por ese golpe las Bolsas enloquecieron y muchas empresas quebraron. Tailandia esperaba recibir ayuda de los EEUU, de los que era fiel aliada. Pero la Casa Blanca ni se inmutó. Y rechazó también la idea de crear un Fondo Monetario Asiático para ayudar a los países más afectados. En realidad las multinacionales de los EEUU aprovecharon la crisis asiática para eliminar a sus competidores asiáticos, cuyo crecimiento les inquietaba.

Finalmente fue China la que salvó a la región de la catástrofe decidiendo no devaluar su moneda. Una moneda débil favorece las exportaciones y si el yuan se hubiera devaluado las exportaciones chinas hubieran acabado con las deterioradas economías de sus vecinos. De manera que manteniendo el valor de su moneda China permitió a los países de la región reactivar sus exportaciones y recuperarse. Al mismo tiempo la mayor parte de los gobiernos asiáticos acrecentaron su rencor hacia Washington por el papel que desempeñó en la crisis. El primer ministro de Malasia declaró: “La colaboración de China y su alto sentido de la responsabilidad han salvado a la región de una situación mucho más catastrófica”. Desde entonces las relaciones económicas entre China y sus vecinos no han dejado de desarrollarse. En 2007 Pekín se convirtió en el primer socio comercial de Japón, uno de los aliados más estratégicos de los EEUU en Asia.

Además, China no tiene pretensiones hegemónicas en la región. Los EEUU creían que los países del océano Índico estarían aterrados por el poderío chino y buscarían la protección usamericana. Pero China estableció con sus vecinos relaciones basadas en el principio de la igualdad. Desde ese punto de vista los EEUU han perdido también la batalla de Asia del Este.

Entonces ¿los EEUU no tienen ningún modo de impedir la competencia china?

Parece que no. Para desarrollarse, China tiene una necesidad vital de contar con recursos energéticos. Los EEUU tratan de controlar esos recursos para impedir que lleguen a China. Era uno de los objetivos básicos de las guerras de Afganistán y de Iraq, pero ambas se han vuelto un fiasco. Los EEUU han destruido esos países con el objeto de poner allí gobiernos que les fueran dóciles, pero no lo han logrado. ¡La frutilla del postre: los nuevos gobiernos iraquí y afgano comercian con China! Pekín no tiene necesidad de gastar miles de millones de dólares en una guerra ilegal para apropiarse del oro negro iraquí: las compañías chinas han ganado reglamentariamente allí las licitaciones de concesiones petroleras.

Se ve entonces que las estrategias del imperialismo usamericano son un fracaso total. Pero aún le queda una opción a los EEUU: mantener el caos para evitar que China pueda usufructuar la estabilidad de los países estratégicos. Ello implica continuar las guerras en Iraq y en Afganistán y extenderlas a otros países como Irán, Somalia o Yemen. Esta visión de corto plazo podría volverse catastrófica, porque embarcaría a más pueblos contra los EEUU, la OTAN y Occidente. Los que quieren continuar con la vía militar harían bien en estudiar la historia de los EEUU de los últimos sesenta años. Washington no ha ganado ninguna guerra salvo la de la minúscula isla de Grenada (1983).

¿Cómo se inició esta declinación del Imperio Usamericano?

De la Segunda Guerra Mundial los EEUU habían salido muy bien parados, pues entraron muy tarde en el conflicto luego de haber financiado (muy lucrativamente) a los dos campos: aliados y nazis. Finalmente Washington decidió acudir en ayuda de los aliados. Cuando terminó el conflicto Gran Bretaña estaba minada por las deudas, la potencia alemana destruida y la Unión Soviética había pagado un pesado tributo (más de 20 millones de muertos) para vencer al ejército nazi. Por el contrario, los EEUU, que no había hecho prácticamente ningún sacrificio, aparecieron como grandes vencedores: tenían un vasto territorio, una industria que trabajaba a pleno rendimiento, grandes posibilidades agrícolas y con sus competidores europeos de rodillas. He ahí cómo los EEUU se convirtieron en una potencia mundial.

Pero inmediatamente después se gastaron todo el premio que habían ganado durante la Segunda Guerra Mundial por combatir al comunismo. La economía usamericana se militarizó y comenzaron a encadenarse las guerras, de Corea a Iraq, pasando por Vietnam, por no citar otras. Hoy en día por cada dólar gastado del presupuesto usamericano, sesenta centavos van al ejército. ¡Un desastre! Las grandes industrias del país han sido destruidas, las escuelas y los hospitales públicos se encuentran en un estado deplorable.

Cinco años después del paso del huracán Katrina, los habitantes de Nueva Orleans viven todavía en campamentos. Se puede comparar esta situación con la del Líbano: los que perdieron sus casas a causa de los bombardeos israelíes en el 2006 encontraron un techo gracias al Hizbulá. Lo que le llevó a decir a un mulá que vive en los EEUU que era mejor ser libanés que vivir en los EEUU, ya que en el país de los cedros al menos un consigue tener un techo sobre su cabeza.

Este proceso de militarización ha sumergido en el endeudamiento a los EEUU. Pero hoy en día su principal acreedor es… ¡China! El destino de estos dos grandes competidores parece estar curiosa e íntimamente relacionado.

¡Sí, la economía es cosa de locos! En efecto, China exporta muchos productos a los EEUU, lo que le genera muchas divisas. La acumulación de divisas le permite a China mantener un cambio estable entre el yuan y el billete verde, favoreciendo las exportaciones. Pero esa misma acumulación de dólares hace igualmente que Pekín compre bonos del tesoro usamericano que financian la deuda estadounidense. Financiando a los Estados Unidos puede decirse que ¡China financia la guerra contra el terrorismo! El Pentágono conduce esta guerra con el objeto de controlar mejor los recursos energéticos del mundo e intentar contener la emergencia china. Se trata de una situación paradójica. Pero esa campaña de los EEUU está fracasando y su economía está al borde de la quiebra.

Les queda una opción: reducir sus gastos militares y utilizar su presupuesto en el relanzamiento económico. Pero el imperialismo está dominado por la lógica de las ganancias inmediatas y la competencia sin frenos: de golpe continuará su carrera hasta morir. El historiador Paul Kennedy ha estudiado la historia de los grandes imperios: cuando la economía de una gran potencia pierde velocidad, pero sus gastos militares aumentan, esa potencia está destinada a desaparecer.

¿Estamos entonces ante el fin del imperio americano?

¿Quién puede asegurarlo? La historia está hecha de zig zags y yo no tengo la bola de cristal para predecir el futuro. Pero todo lleva a creer que la hegemonía de los EEUU toca a su fin. No habrá más superpotencia mundial y los EEUU se convertirán en una importante potencia regional. Vamos a asistir a la vuelta del proteccionismo y por lo tanto al final de la globalización. Emergerán bloques económicos y entre esos bloques el de Asia será el más fuerte. Hoy en día los millonarios están cada vez menos del lado de los blancos y occidentales. Están en Asia, en donde se encuentran las riquezas y la capacidad de producción.

¿Qué pasará con Europa?

Europa mantiene vínculos muy fuertes con los EEUU. Especialmente a través de la OTAN, una invención de los EEUU al terminar la Segunda Guerra mundial con el objeto de controlar al viejo continente. Sin embargo, creo que existen en Europa dos tipos de dirigentes: los pro EEUU y los verdaderos europeos. Los primeros dependen de Washington. Los segundos privilegian los intereses propios de Europa y se alian con Rusia. Con la crisis económica y la declinación de los EEUU, el interés lógico de Europa será volverse hacia Asia.

En su célebre libro El gran tablero mundial, el politólogo usamericano Zbigniew Brzezinski dudaba que apareciese una alianza entre Europa y Asia, diciendo que esta unión no se produciría nunca debido a las diferencias culturales.

Después de la Segunda Guerra mundial los EEUU dominaban la escena económica, especialmente la europea, y le exportaron su cultura y sus formas de vida. La economía genera en efecto vínculos culturales, pero la cultura no crea vínculos sino cuando se tiene el estómago lleno. La cultura no se come. De modo que cuando el estómago está vacío, la cultura queda detrás de la economía.

Por eso hoy en día, cuando el mundo capitalista está en crisis, Europa debe privilegiar sus intereses económicos antes que los culturales que la unen a los EEUU. Sería lógico entonces que mire hacia Asia. Además porque los lazos culturales entre Europa y los EEUU los forjó Hollywwod. Puede decirse que los lazos culturales son históricamente más fuertes entre, por ejemplo, Italia y Libia o entre España y Marruecos.

Cuando Henry Kissinger dejaba que los iraníes y los iraquíes se mataran entre sí, decía que la hegemonía de los EEUU era indispensable para mantener la paz y propagar la democracia en el mundo. Numerosos especialistas como Brzezinski pensaban lo mismo. ¿No se corre el riesgo de que el fin del “Imperio” usamericano provoque conflictos aun mayores?

La democracia de la que ellos hablan es la de los países imperialistas occidentales, que no representan más que el 12% de la población mundial. Además, no se puede decir que la hegemonía de los EEUU haya generado paz y estabilidad en el mundo. ¡Por el contrario! Para mantenerse como única superpotencia mundial, han provocado guerras y fomentado conflictos en los cuatro rumbos cardinales del planeta.

Hoy en día muchos europeos, que condenan los excesos de los EEUU, no quisieran ver caer al “Imperio americano”. Ya hace más de sesenta años que Washington domina militarmente al viejo continente, con el pretexto de velar por su seguridad. A muchos europeos les espanta la idea de renunciar a esa “protección” y tener que asumir su propia seguridad.

Tener un ejército europeo exigiría invertir una gran parte del presupuesto europeo. Pero como no se trata de un sector productivo, esa masiva financiación podría provocar una nueva crisis. Además, si se invierte en un ejército ¿quién va a combatir? En el caso de una guerra Europa estaría expuesta a serios problemas demográficos.

Según creo esta situación permite comprender la manifiesta voluntad de algunos dirigentes europeos de acercarse a Rusia. Esa es la única alianza, pacífica y próspera que puede encarar Europa. Pero eso también supone dejar que Rusia se transforme en una gran potencia para que los europeos puedan aplicar allí sus tecnologías. Ahora bien, los EEUU se han opuesto siempre a la integración de Rusia con Europa. Si de todos modos se produce, producirá un efecto que obligará a Washington a dejar el viejo continente.

Los ocho años del gobierno de Bush, su política bélica, sus gastos militares y sus grandes fracasos han acelerado la caída de los EEUU. ¿Piensa usted que Obama podrá cambiar algo?

Su elección es histórica. Los afroamericanos sufrieron mucho en el pasado. Aunque contribuyeron enormemente al desarrollo de los EEUU, no se reconocieron sus derechos políticos. Durante la guerra civil estadounidense los afroamericanos eran víctimas de la esclavitud en el Sur. La burguesía del Norte les ofreció la libertad a cambio de que combatieran de su lado. Los esclavos aceptaron y eso permitió que ganara el Norte. Entre 1860 y 1880 los EEUU conocieron un período próspero, sin racismo, calificado como de reconstrucción por el célebre líder afroamericano William Edward Burghardt. Pero muy pronto la élite de los EEUU se asustó viendo que la gente de color, los trabajadores y los ciudadanos comunes se unían: las propiedades de la minoría burguesa se sentían amenazadas por la solidaridad de las clases populares. Volvió por lo tanto la segregación, teniendo por objetivo quebrar la unidad de las clases populares y enfrentar a los ciudadanos comunes entre sí con el objeto de que la élite se hallara preservada de toda rebelión.

De modo que en este marco la llegada de un hombre negro a la Casa Blanca es muy importante. Pero aunque Barack Obama sea un presidente progresista por su color, eso no es suficiente: el carácter reaccionario del imperialismo se rehace, se ve cada vez más. De modo que no creo que Barack Obama pueda cambiar ni en los meses ni en los años por venir.

El imperialismo no se puede cambiar o adaptar. Es preciso derribarlo.

¿Y cual es el lugar del mundo musulmán en este gran enfrentamiento entre China y los EEUU? ¿Tiene algún papel verdaderamente importante?

Muy importante como lo dijimos al principio, los EEUU han demonizado el “peligro islámico” en toda una serie de países que bordean el océano Indico: Somalía, países del Golfo, Asia Central, Pakistán, Indonesia… El objetivo de los EEUU vinculado al de las transnacionales es controlar el petróleo y los recursos energéticos, así como los pasos estratégicos de la región. Pero en Oriente Próximo y en el conjunto del mundo musulmán se ha desarrollado una corriente antiimperialista que resiste la dominación de los EEUU.

Se trata de un factor muy positivo. Todos los pueblos del mundo tienen interés en establecer relaciones basadas en principios de igualdad y de poner rápidamente fin a la hegemonía occidental, que ha generado tantas agresiones y tantos crímenes. En el pasado, toda clase de personalidades y corrientes políticas trataron de arrojar al mundo musulmán en brazos de los EEUU y su gran alianza anticomunista. Pero en realidad el interés de los pueblos del “arco del Islam”, el interés de los musulmanes, se encuentra en otro lado. Si cada uno comprende y apoya el papel positivo de China en el reequilibrio de las fuerzas mundiales, entonces resulta posible el establecimiento de una gran alianza de todos los países que quieren desarrollarse de manera autónoma en interés de sus pueblos, es decir, sacudiéndose el pillaje y la injerencia de potencias imperialistas. Cada uno debería informar a su alrededor y hacer tomar conciencia de que estos importantes cambios son positivos. Poner fin a la hegemonía de las potencias imperiales abrirá grandes perspectivas a la liberación de los pueblos.

Fuente: http://www.michelcollon.info/Ocean-Indien-ici-se-joue-la-grande.html?lang=fr

Written by Eduardo Aquevedo

18 septiembre, 2010 at 19:01

Poder, cultura e intelectuales. Conversación entre P. Bourdieu y H. Haacke…

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Publicado en ACCION PARALELA N’ 4

Pierre Bordieu: Usted se ha referido a los intelectuales que, para huir del desencanto frente al hundimiento de los regímenes digamos socialistas (y ésta es una hipótesis optimista: hay también una ambición de poder que busca ejercer por otros medios la influencia que no se puede ejercer por las solas armas intelectuales), se han pasado a la gestión. Desde los años 60, ciertos intelectuales -sobre todo sociólogos y economistas influidos por el modelo americano- han exaltado la figura del experto responsable o del tecnócrata gestor contra la imagen hasta entonces dominante -particularmente con Sartre- del intelectual crítico. Sorprendentemente, es sin duda la llegada al poder de los socialistas la que le otorga a esta figura su baza decisiva. El poder socialista ha suscitado sus pequeños intelectuales de corte que, de coloquio en comisión, han ocupado el primer plano de la escena, ocultando -si es que no combatiendo- el trabajo de aquellos que han continuado resistiendo en sus búsquedas en todos los órdenes.

Hans Haacke: Puede que haya ahí un conflicto irresoluble. Ningún organismo, y seguramente ni siquiera una sociedad compleja como la nuestra, puede existir sin un dispositivo gestor. No dudo en absoluto que ganamos con la presencia de intelectuales en los órganos de gestión. Pero también tengo clao que el objetivo de la gestión es sobre todo asegurar el funcionamiento antes que la reflexión o la crítica. Son responsabilidades contradictorias. Conozco, porque lo he observado personalmente, el cambio radical -seguramente inevitable- que sufren los personajes del mundo del arte cuando se pasan de la crítica a la gestión de las instituciones o la organización de exposiciones.

Pierre Bordieu: Mediante la puesta en rebajas, si es que no la demolición, del intelectual crítico, lo que está en juego es la neutralización de todo contrapoder. Estamos de más todos los que tenemos la pretensión de oponernos, individual o colectivamente, a los imperativos sagrados de la gestión. Es algo insoportable. Y ahí reencontramos otra antinomia, o cuando menos una contradicción muy difícil de superar. Las actividades de investigación, tanto en el dominio del arte como en el de la ciencia, necesitan del Estado para existir. En la medida en que, grosso modo, el valor de las obras es proporcionalmente inverso a lo extendido de su mercado, las empresas culturales no pueden existir y subsistir sino gracias a los fondos públicos. Las radios y las televisiones culturales, los museos, todas las instituciones que ofrecen «high culture», conocimientos nuevos, no existen sino por los fondos públicos, como excepciones a la ley del mercado hechas posibles por la acción del Estado, el único capaz de asegurar la existencia de una cultura sin mercado. No se puede abandonar la producción cultural a la suerte del mercado o a la graciosa complacencia de un mecenas.

Hans Haacke: A título de anécdota: en el Museo Busch-Reisinger de la Universidad de Harvard, un museo que se especializa en arte alemán, hay hoy por hoy un «curator Daimler-Benz». Es un conservador que ocupa un puesto pagado por Mercedes. Simplemente, es impensable que ese museo llegue un día a presentar mi trabajo.

Pierre Bordieu: Por definición, el estado es el único que puede representar la paradoja del «corredor libre» -tan querida por los economistas neoclásicos-: una solución no lógica, que no la hay, pero sí sociológica. Sólo el estado está en condiciones de decir -con alguna posibilidad de ser escuchado y obedecido-: cojas o no cojas el autobús, vayas o no vayas al hospital, seas negro o blanco, cristiano o musulmán, debes pagar para que haya autobuses, escuelas, hospitales abiertos a negros y blancos, cristianos y musulmanes. El liberalismo radical es evidentemente la muerte de la producción cultural libre, porque la censura se ejerce a través del dinero. Si por ejemplo yo tuviera que encontrar esponsors para financiar mi investigación, mal iría. Un poco como usted, si tuviera que buscarse la ayuda con Mercedes o Cartier. Evidentemente estos ejemplos son un poco burdos, pero creo que son importantes porque es en los casos límite donde pueden verse con claridad los enjuagues, los compromisos.

Hans Haacke: En los Estados Unidos hay una tradición muy distinta, toda vez que todas las instituciones culturales son privadas y dependen de la generosidad de los patronos y, más recientemente, de los esponsors. Lo que resulta escalofriante es que en Europa se comienza a aplicar el modelo americano. Las instituciones que se han liberado de su servidumbre al príncipe y la iglesia se colocan más y más cada vez bajo el control de las empresas privadas. Esas empresas están obligadas a tener en cuenta los intereses de su accionariado, es su razón de ser. La privatización de hecho de las instituciones culturales tiene entonces un coste terrible. En la práctica, la res-publica, lo público, desaparece. Incluso aunque los esponsors sólo financien una parte del programa, en la práctica lo condicionan por entero.

Philip M. de Montebello, experto en estos temas, ha llegado a admitir que «es una forma inherente de censura, insidiosa y oculta»1. Es difícil restablecer la situación una vez que el estado ha abdicado y las instituciones se convierten en dependientes, en el sentido más fuerte, de sus esponsors. Mientras que, a fin de cuentas y a nivel de presupuesto nacional, os contribuyentes continúan pagando la factura, las instituciones, cada una en su sector, no ven más que la reducción resultante. Cada vez más, se acostumbran a imponer limitaciones de contenido a sus programas. La gestión lo impone. De hecho, el patrón de Cartier nos ha advertido implícitamente que el entusiasmo de los esponsors no está garantizado eternamente. En una entrevista declaraba: «La cultura está de moda. Estupendo. Mientras eso ocurra hay que aprovecharse»2. Es ingenuo pensar que el Estado va a retomar su responsabilidad en materia de cultura cuando los Cartier del mundo ya no se interesen en ella.

Pierre Bordieu: De hecho es ahí donde volvemos a encontrar la antinomia. Hay un cierto número de condiciones de existencia de una cultura crítica que no pueden ser aseguradas sino por el estado. En breve: debemos esperar -e incluso exigir- del Estado instrumentos de libertad frente a los poderes económicos, pero también frente a los políticos: es decir, frente al estado mismo. En cuanto el Estado se pone a pensar y actuar desde la lógica del rendimiento y la rentabilidad, -en materia de hospitales, escuelas, radios, televisiones, museos o laboratorios-, entonces todas las más altas conquistas de la humanidad se ven amenazadas: todo aquello que se refiere al orden de lo universal, del interés general, del que el Estado, quiéralo o no, es el garante oficial.

Por eso es necesario que los artistas, los escritores e intelectuales, que tienen a su cargo algunos de los más singulares hallazgos de la humanidad, aprendan a servirse, contra el Estado, de la libertad que el propio Estado asegura. Es preciso que trabajen, sin escrúpulo ni mala conciencia, para impulsar el crecimiento del compromiso del estado y a la vez a mantenerse vigilantes frente a la propia empresa del Estado. Por ejemplo, y si nos referimos a la ayuda del Estado a la creación cultural, hay que luchar a la vez por el aumento de dicha ayuda a las empresas culturales no comerciales y por el aumento del control social sobre el empleo de dicha ayuda. Por el aumento de la ayuda, contra la tendencia más y más asentada a medir el valor de los productos culturales en función de lo extenso de su público, y a condenar pura y simplemente, como hace la televisión, las obras sin público. Y por el aumento del control ejercido sobre dicha ayuda porque si el éxito comercial no garantiza el valor científico o artístico la falta de tal éxito tampoco, y no cabe excluir por principio. Por ejemplo, entre los libros difíciles de publicar sin subvención puede haberlos que no merezcan ser publicados.

De manera más general, me parece obligado esforzarse en evitar que el mecenazgo de estado, que obedece a una lógica muy parecida a la del mecenazgo privado, pueda permitir a los detentadores del poder oficial construirse una clientela -como hemos visto ha ocurrido recientemente con las compras a pintores y anticipos sobre la taquilla para el mundo del cine- o incluso una verdadera corte de «escritores», «artistas» e «investigadores». Sólo reforzando a la vez la ayuda del estado y los controles sobre el empleo de dicha ayuda -y en particular sobre las derivas privadas de los fondos públicos- conseguiremos escapar en la práctica a la alternativa de «estatalismo» o «liberalismo» en la que los ideólogos del nuevo liberalismo intentan atraparnos.

Hans Haacke: Sí: es seguramente ahí donde reside nuestra responsabilidad.

Pierre Bordieu: Desgraciadamente, los ciudadanos y los intelectuales no están preparados para ejercer esa libertad frente al Estado, sin duda porque esperan demasiado a título personal: carreras, condecoraciones, la ridícula clase de cosas por las que tienen Estado y son tenidos por él. Y luego está la ley -que podemos llamar ley Jdanov- que hace que cuanto más débil y poco reconocido sea un productor cultural según las leyes específicas de su propio universo y entorno, tanto más tenga necesidad de la intervención de poderes exteriores, tanto más esté dispuesto a apelar a esos poderes (sea la Iglesia, el partido, el dinero o el Estado, según lo momentos y lugares) para imponerse en su propio campo. Robert Dranton ha hecho una contribución importante al pensamiento realmente crítico recordándonos que buena parte de los revolucionarios franceses eran descendientes de la bohemia de los escritores y los intelectuales fracasados3. Marat era un intelectual malvado que envió a la guillotina a más de un buen intelectual. El mecenazgo de Estado corre siempre el riesgo de favorecer a los mediocres, siempre más dóciles. En 1848 había un gobierno de izquierda, el hermano de Louis Blanc era el ministro de Cultura, y era un pintor pompier el que se encargaba de hacer el retrato de la República…

Y sabemos bien que, más globalmente, el progresismo en materia de política no va necesariamente aparejado con ningún radicalismo estético -y ello por razones sociológicas más que evidentes. Un pensamiento verdaderamente crítico debe comenzar con una crítica de los fundamentos económicos y sociales del propio pensamiento crítico. Es muy frecuente que, como Vd. mismo ha recalcado en todo momento, un pensamiento verdaderamente crítico deba realmente oponerse también a aquellos que administran justificaciones críticas de pensamientos y prácticas realmente conservadoras, o que no se adhieren a las posiciones críticas sino porque no dan la talla (falta de competencia, en realidad) para ocupar las posiciones normalmente asociadas al conservadurismo.

Hans Haacke: No hay duda de que los fondos públicos siempre pueden ser usados para sostener a los pompiers o alimentar un arte oficial. Si hablamos del encargo público -un sector extremadamente expuesto a las presiones políticas- hay en efecto muchos ejemplos espantosos. Pero si comparamos esos encargos públicos y las compras privadas, veremos que la situación no mejora, sino que va a peor. Lo que cuenta es, siempre, la inteligencia y la independencia de los responsables. Las obras de la exposición de «Arte degenerado» de los nazis venían todas exclusivamente de colecciones públicas. Eso quiere decir que pese a la oposición del emperador y las autoridades que, desde 1918 y como él, no entendían nada de arte, los directores de los museos alemanes habían adquirido un buen número de importantes obras de la vanguardia de aquel tiempo. Otro ejemplo: la comparación entre las adquisiciones de arte contemporáneo del MoMA de Nueva York, institución privada que depende en primer lugar de las donaciones, y las del Centro Pompidou demuestra que los funcionarios franceses han podido ser más audaces y han reunido con fondos públicos una colección más importante en el sector más «arriesgado», desde el punto de vista del mercado, la moral o la ideología.

Pierre Bordieu: Un sistema público concede más margen de libertad; pero en todo caso esa libertad hay que saber utilizarla…

Los filósofos adoran plantear la cuestión de la libertad del filósofo profesor-funcionario. De hecho, es muy importante que existan profesores de filosofía sostenidos por el Estado. Pero a condición de que ellos sepan utilizar verdaderamente esa libertad ligada al hecho de que son titulares de una posición garantizada por el Estado, y que incluye la libertad de, eventualmente, pronunciarse contra el Estado, contra el pensamiento del Estado. Pero esas opiniones en realidad no le debilitan, o no menos que lo alimentan … Y los poderes estatales hábiles saben muy bien cómo pueden manipular a los artistas, invitarlos a los partis del Elíseo, etc. Dicho lo cual, sigue siendo cierto que siempre que haya un curator arriesgado, él puede elegir con riesgo. Mientras que si está financiado por empresas privadas entonces no puede.

Hans Haacke: Puede que por ejemplo falte más coraje al nuevo conservador de las galerías de contemporáneo del Centro Pompidou -que tiene menos que sus colegas de antaño. Antes de su designación, fue conservador de la Foundación Cartier …

Pierre Bordieu: ¿Y cuál es el estatuto del curator en Graz? ¿Es funcionario estatal?

Hans Haacke: La situación en Graz es un poco compleja. Cada otoño desde el 68 se organiza un fesival cultural, el Otoño Estirio. Está financiado por el ayuntamiento de Graz, la provincia Estiria y el gobierno austríaco de Viena.

Pierre Bordieu: O sea, que es una manifestación ocasional. No tiene una estructura permanente.

Hans Haacke: Werner Fenz, el curator encargado de organizar la sección de artes plásticas del festival en el que yo participé, es el conservador de la Neue Galerie, el pequeño museo de arte contemporáneo de la ciudad de Graz.

Pierre Bordieu: Parece muy audaz …

Hans Haacke: Lo es. Y afortunadamente, no está solo. Para el veinte aniversario del festival, los organizadores han decidido conmemorar otro aniversario, el de la «Anschluss», la anexión de Austria por Hitler en 1938. Dieciséis artistas han sido invitados a crear obras destinadas a ser instaladas temporalmente en lugares públicos que jugaron un papel importante en el régimen nazi. Werner Fenz ha explicado su programa con una claridad admirable: «Puntos de referencia -que es el título de la exposición- intenta incitar a los artistas a tratar con la historia, la política y lo social, para así reivindicar un espacio intelectual hoy por hoy abandonado a la indiferencia cotidiana, en una regresión progresiva, desconsiderada y manipulada». Mi propuesta fue disimular una estatua de la Virgen en el centro del pueblo, como hicieron los nazis en el 38, bajo un obelisco cuajado de insignias hitlerianas y añadir un balance de los muertos asesinados por los nazis en la provincia Estiria.

Cuando lo propuse pensaba que ese proyecto iba a ser imposible de realizar. Pero no quería participar en la exposición sino con él. Los funcionarios podían haber dicho que mi proyecto resultaba demasiado caro. O podían haberlo rechazado aludiendo a razones de seguridad, en una región que todavía cuenta con demasiados simpatizantes nazis. También podían haber invocado el respeto a la virgen, como hizo un periódico local cuando mi memorial a los muertos del nazismo recibió una bomba incendiaria. Pero, y pese a todos esos posibles argumentos, el proyecto se realizó. El ayuntamiento, dirigido por los socialistas, y la provincia -gobernada por conservadores-, colaboraron. Y como esperaba, el memorial jugó un papel de catalizador de la conciencia histórica entre las gentes de Graz. Creemos que la censura y la autocensura están por todas partes -y es verdad, existe. Pero si probamos sus límites, podemos encontrarnos de cuando en cuando que hay agujeros en el muro, que podemos perforar. Puede ocurrir que las cosas puedan hacerse, pese a que las imaginemos imposibles.

Pierre Bordieu: Los universos sociales se han vuelto muy complicados: son el resultado de combinaciones de juegos muy complejos y separados. Y nadie puede controlarlos. Puede ocurrir, por la concurrencia de un ministerio contra otro, de una oficina contra otra, en un mismo universo, o entre distintos universos… todo puede ocurrir. Depende muy frecuentemente de una sola persona, pero si sabe sacar partido del «juego» que comportan siempre las estructuras.

Hans Haacke: O es una persona o es una constelación anómala de circunstancias, como la que conocí en Berlín tras la caída del muro y la reunificación. Si no se intenta, nunca ocurre. Y si se consigue, ello constituye un precedente en el que podemos apoyarnos para ir más allá.

Pierre Bordieu: Para retomar de nuevo lo que decíamos a propósito del «clima» intelectual, podemos proponer que, teniendo en cuenta que se tiene tendencia a renunciar a emprender una actuación determinada en función de sus pocas posibilidades de éxito, el clima que tiende a desacreditar a los intelectuales críticos, que tiende a rebajar la estimación de posibilidades de hacer las cosas y triunfar en ellas, contribuye a favorecer una forma de autocensura; o peor, un sentimiento de desmoralización y desmovilización. Es por eso que actuaciones como las suyas tienen, en los tiempos que corren, mucho valor. Tienen, como diría Max Weber, el valor de «profecías ejemplares».

Hans Haacke: En la obra de Graz, como en la de Berlín o Königsplatz de Munich no aporto realmente informaciones nuevas. Pero sí en otras, como la que se refiere a los vínculos entre Philip Morris y el senador Helms, que contienen una parte de información hasta ese momento desconocida, y que en consecuencia producen un efecto de revelación. A partir de mis investigaciones sobre las maniobras de fabricación de cigarrillos, que hizo saber a todo el mundo que «el desarrollo de la empresa pasa por el arte», me encontré con una pequeña bomba informativa: el espónsor de la Declaración de Derechos no sólo subvencionaba las campañas electorales de Helms, como yo suponía, sino que también los cowboys de Philip Morris habían donado 200,000 dólares para abrir un museo en su honor, destinado a difundir los «valores americanos» que él representaba. Incorporé esa noticia dentro de un collage facsímil de otro de Picasso que había formado parte de la exposición Braque-Picasso que Phiplip Morris esponsorizó en el MoMA, reemplazando los fragmentos de periódicos originales por extractos de la prensa actual. El New York Times y otros periódicos hicieron amplios informes de mi descubrimiento y recogieron también las embarazosas declaraciones de los portavoces de la empresa. En protesta contra la ayuda prestada por Philip Morris al enemigo del arte y los gays, muchos artistas se retiraron de eventos esponsorizados por Philip Morris. Hubo ecos de ese boicot hasta en Berlín. Finalmente, el espónsor de Helms dedició donar dinero para la lucha contra el sida, y hacerlo público.

Pierre Bordieu: Demostró que un hombre prácticamente solo puede producir efectos inmensos rompiendo la baraja, transgrediendo la ley y exponiéndola al escándalo, el instrumento de acción simbólica por excelencia. O por lo menos, que no es preciso optar entre la acción colectiva, la manifestación en masa o el refugio en un partido, y la apatía individual, la renuncia y la resignación.

Hans Haacke: Lo que nos ayudó, seguramente, fue que Jesse Helms tenía muy pocos amigos en la prensa neoyorkina. Y también que esa revelación coincidió con el gran debate en los Estados Unidos sobre los riesgos de fumar. Incluso el ministerio de sanidad acusó a Philip Morris de ser un «mercader de muerte». La impertinencia que cometió al presentarse como aval de los Derechos Humanos, se volvió en su contra.

Una política de la forma.

Pierre Bordieu: En el punto en que nos encontramos, me parece que convendría reflexionar sobre el hecho de que el proceso de autonomización del mundo artístico -con respecto a mecenas, academias, al Estado…- ha venido acompañado de una renuncia a determinadas funciones, en particular políticas. Y que uno de los efectos que su trabajo produce es el de reintroducir esa función. Dicho de otra forma: la libertad que los artistas han ido conquistando a lo largo de la historia, y que se limita a las formas, usted la extiende tambien a la función. Lo que lleva al problema de la percepción de sus obras: los hay que se interesan en la forma y son incapaces de percibir su función crítica, los hay que se interesan en la función crítica y no perciben la forma, mientras que en realidad la necesidad estética de la obra se refiere al hecho de que se dicen ciertas cosas, pero en la forma precisa, necesaria y subversiva, en que son dichas.

Hans Haacke: Creo que el público de lo que llamamos arte raramente es homogéneo. Siempre hay una tensión entre los que se interesan sobre todo en aquello que es contado y aquellos que privilegian la manera. Ni los unos ni los otros pueden apreciar la obra de arte en todo su valor. Las «formas» hablan y el contenido se inscribe en las formas. El conjunto está inevitablemente impregnado de significaciones ideológicas. Y no es distinto en el caso de mi trabajo. Los hay que se interesan por el tema y la información…

Pierre Bordieu: El mensaje.

Hans Haacke: …implícita o explícita. Puede que se sientan reforzados en sus opiniones cuando se dan cuenta que no son los únicos en pensar así. Nos place encontrar cualquier cosa que nos ayude a articular nuestras ideas difusas y darles una forma más nítida. Así que predicar la conversión -como se suele decir- no es del todo una pérdida de tiempo. Buena parte de la publicidad y todos los candidatos a una elección lo hacen, y no les falta razón. Frente a los simpatizantes hay gente en desacuerdo, entre ellos los que intentan eliminar mi obra -hay muchos ejemplos espectaculares. Las tentativas de censura demuestran, cuando menos, que los censores piensan que la exposición de mis obras puede traer consecuencias. Entre esos dos extremos, hay un público curioso, pero sin una opinión fija. Y entre ellos mi obra encuentra gente dispuesta a reexaminar sus posiciones. Correspoden, grosso modo, con ese público flotante que los expertos en marketing o relaciones públicas consideran el encargado de aumentar el mercado de un producto o de una opinión. Es también en ese sector «flou» donde se sitúa buena parte de la prensa. Aunque evidentemente se trata de un esquema muy general.

En el grupo de los que se interesan prioritariamente por eso que hemos venido llamando «forma» -y cada vez que empleo esta dicotomía, para mí tramposa, me siento mal-, hay un grupo importante de estetas que piensan que toda referencia política contamina el arte, introduciendo aquello que Clement Greenberg llamaba ingredientes «extra-artísticos». Para estos estetas, esto es periodismo, o peor: propaganda, comparable a la propaganda estalinista o a la de los nazis. Ignoran, entre otras cosas, que mi trabajo está muy lejos de ser apreciado por el poder. En el origen de su argumento está la hipótesis de que los objetos que constituyen la historia de arte han sido producidos en un vacío social, y consecuentemente no revelan nada sobre el entorno de su nacimiento. La verdad es en cambio que los artistas son muy conscientes de las determinaciones sociopolíticas de su tiempo. Muy frecuentemente, ellos producen sus obras para servir a objetivos muy específicos. La situación en Occidente se ha vuelto muy compleja desde el siglo XIX, con la desaparición de los encargos eclesiales y la realeza.

Pero ya el arte de la burguesía de los países bajos en el XVII demostró que continuaba siendo una manifestación de ideas, actitudes y los valores del clima social colectivo y de los personajes específicos de su tiempo. Y nada ha cambiado en eso. Las obras de arte -y quiéranlo o no los artistas- son siempre expresiones ideológicas: incluso si no están hechas para clientes identificables en un momento dado. En tanto marcas de poder y capital simbólico -espero que la utilización de sus términos sea correcta- esas obras cumplen un papel político. Muchos de los movimientos del arte de este siglo -pienso en fracciones importantes de los constructivistas, dadaistas y del surrealismo- tenían objetivos explícitamente políticos. Me parece que una insistencia específica sobre la «forma» o el «mensaje» supondría una especie de separatismo. Tanto una como otro son altamente políticas. Por lo que se refiere a la función de propaganda de todo arte, me gustaría añadir que la significación y el impacto de un objeto nunca está fijado a perpetuidad.

Depende siempre del contexto en el que se analiza. Afortunadamente, la mayoría de la gente no se conforma con la presunta pureza del arte. Es evidente que en el mundillo del arte se interesan muy particularmente por las cualidades específicamente visuales de mi trabajo: se preguntan cómo ellas se inscriben en la historia del arte y si desarrollo formas nuevas, procedimientos nuevos. Se es más hábil para descifrar las formas en tanto que significantes, y hay una apreciación mlara de las técnicas. De modo que las gentes que son capaces de identificar las alusiones políticas, los simpatizantes de mi mundillo, gustan de encontrar las referencias a la historia del arte, inaccesibles a los profanos. Creo que una de las razones por las que mi trabajo es reconocido por un público tan diverso es que ya dos fracciones que yo he distinguido tan groseramente -evidentemente, la cosa es más compleja- tienen pese a todo la certeza de que las «formas» expresan un «mensaje»; y que el «mensaje» no se transmitiría sino a través de una «forma» adecuada. La integración de ambos elementos es lo que cuenta.

Pierre Bordieu: ¿Quiere Vd. decir que, incluso cuando privilegian uno de los dos aspectos, intuyen confusamente la presencia del otro?

Hans Haacke: Sí, eso creo.

Pierre Bordieu: ¿Y que perciben que sus obras son doblemente necesarias: desde el punto de vista del mensaje y desde el de la forma, y de la relación entre ambos?

Hans Haacke: Lo que también cumple un papel importante es el contexto. El contexto en el que el público se encuentra con mi obra. Hay una diferencia entre encontrarlo en lugares públicos, como en Graz, Munich o Berlín, y encontrarlo en museos o, incluso para audiencias más especializadas, en las galerías de arte. Las dos últimas categorías de audiencia consideran sin duda mi obra como arte, aunque discutan su calidad artística -como hace Hilton Kramer. En cambio, los peatones que se lo encuentran en la calle lo miran de otra manera.

A menudo yo trabajo deliberadamente para un contexto específico. Así que el entorno social y político del lugar de exposición cumple un papel, tanto o más que la propia arquitectura del espacio. Las circunstancias simbólicas del contexto son muy frecuentemente mi material esencial. Un trabajo realizado específicamente para un lugar dado, por tanto, no puede ser desplazado y mostrado igualmente en cualquier otro. Por lo mismo, la significación de los elementos físicos dependen a menudo de su contexto. Que no es necesariamente estable. Por ejemplo, la estrella de neón de Mercedes girando sobre un gran edificio que nos encontramos entrando en París por el Norte en tren no significa lo mismo que esa misma estrella en lo alto del Europa Center de Berlín (sobre todo, depués de la caída del Muro), o esa misma estrella colocada por mí en uno de los miradores de las fortificaciones del mismo muro.

Pierre Bordieu: Ese es uno de los tópicos que la autonomización del arte ha roto: el efecto museo arranca la obra de cualquier contexto, reclamando la mirada «pura». Es también ese reencuentro con el contexto lo que su obra restablece. Lo que Vd. dice tiene en cuenta la circunstancia en que se dice. El buen lenguaje es el que cumple a un propósito y lo alcanza eficazmente. Es eso lo que hace del ejemplo de Graz un caso extraordinario, justamente el tratamiento que el público da a la obra; es un poco como si Vd. hubiera provocado a las gentes a quemar la obra. ¿Había Vd. previsto algo así?

Hans Haacke: No desde luego la bomba incendiaria. Pero habíamos tomado precauciones, por supuesto. Había guardianes durante la noche. Sea cual sea el carácter de una escultura contemporánea, tenemos suficiente experiencia como para saber que por el mero hecho de estar en el espacio público invita al vandalismo.

Por lo que se refiere al trabajo para un contexto dado, me gustaría añadir que, como ocurre con múltiples otras cuestiones que atañen a la teoría y sociología del arte, tiene un precedente en la obra de Duchamp. Cuando presentó su «Fuente» en la exposición de los Independientes anónimamente, la planteó deliberadamente para un contexto específico. Lo sabía bien, porque era miembro de esa sociedad neoyorquina y podía imaginarse las reacciones de sus colegas. Y jugó con ellas…

Pierre Bordieu: Sí, pero paradójicamente hacía un poco lo contrario de lo que Vd. hace. Se servía del museo como contexto descontextualizador, si se puede decir. Es decir: tomamos un urinario y, por el hecho de colocarlo en e museo, alteramos su naturaleza en tanto el museo va a operar sobre él el efecto que produce sobre todos los objetos expuestos. Ya no es un tríptico o un crucifijo ante el que se va a orar, sino una obra de arte que vamos a contemplar.

Hans Haacke: Hoy por hoy es una reliquia, pero en 1917 fue un escándalo. Para empezar, Duchamp logró desenmascarar los criterios de sus colegas, que pedían que ese objeto fuera excluido del universo artístico. Cuando su amigo Arensberg lo compró, los criterios cambiaron. De golpe, ese urinario fue contemplado como diferente a todos los otros cientos de urinarios que podían comprarse -seguramenente más baratos- en cualquier tienda de sanitarios de Nueva York. Pero su significación había cambiado. De esa forma Duchamp había desvelado para la historia las reglas del juego, el poder simbólico del contexto…

Pierre Bordieu: Pero Vd. minimiza la novedad de lo que Vd. hace en comparación a aquello. Por supuesto que participa de la misma lógica. Pero usted reintroduce un contexto que ya no es únicamente el museo, sino la Villa de Graz, sus habitantes, los nazis, …

Hans Haacke: Creo que la mayoría de los que pasean por Graz se relacionan con mi trabajo no tanto como arte, sino como manifestación política. De tal forma que su incendio también tuvo que ser contemplado como una acción política. Sólo en el contexto del mundillo cultural se interpretó también como un atentado contra el arte. Si un artista sale de su medio, como yo hice en Graz -y no fuí el único- entonces implica simultáneamente varias esferas sociales diferentes. Las categorías de clasificación a las que estamos acostumbrados saltan por los aires.

Me parece que la «guetización» del arte es un fenómeno reciente. Hubo tentativas de salir por parte de Tatlin, Heartfield y otros. Rodchenko concebía la propaganda como fusión del arte y la acción social. Pero esas tentativas pasaron ya a formar parte de la historia del arte. Los museos, las galerías y las colecciones privadas acuerdan los valores simbólicos -y por supuesto también económicos- de ciertos objetos, y les ofrecen un espacio protegido importante e incluso una tribuna. Pero después de todo este tiempo, queda un cierto malestar.

Me pregunto si ese sentimiento no tiene su origen en una cierta comprensión romántica de la situación del arte, y en un malentendido profundo a propósito del papel que cumple ese gueto separado de lo artístico en la práctica contemporánea -y pienso si no hay una contradicción entre los términos «gueto» y «tribuna» que he utilizado. ¿Qué interés tendrían las empresas en esponsorizar un enclave cerrado? ¿Por qué el senador Helms y los neoconservadores se afanan tanto en lo que ocurre por aquí? ¿Y cómo se explica que el puesto de director del Beaubourg o del Whitney de NY no sean concebidos como meros puestos administrativos, que podrían ser cubiertos por cualquier antiguo alumno de la escuela de arte o la Academia del Louvre y sus equivalentes en los Estados Unidos?

Pierre Bordieu: ¿Puede extenderse sobre estas alusiones?

Hans Haacke: Hay un debate sobre la dirección de los museos que va más allá de lo que se dice cuando se les acusa de ser sucursales de los marchantes de NY u otros lugares. Quienes hablan del contexto en que las obras son creadas suelen ser acusados de marxistas, etiqueta altamente estigmatizante. La práctica más habitual consiste en descontextualizar los objetos, como si se tratara de presentar colecciones de mariposas exóticas. Esa forma de concebir los museos elude toda consideración del campo social del que provienen las obras -y aunque los creadores aludan a él. Sin duda es una práctica políticamente prudente. Pero conlleva la neutralización del arte.

Las instituciones artísticas, un poco como las escuelas, son lugares de formación. Influyen en nuestra forma de vernos a nosotros mismos y de considerar las relaciones sociales. Y como en otras sucursales de la industria de la conciencia, nuestros valores se negocian en ella de modo sutil. Si se quiere, es un campode batalla en que se enfrentan distintas concepciones ideológicas de lo social. El mundo del arte, contrariamente a lo que se cree, no es un mundo aparte. Lo que en él sucede expresa la sociedad global y sus repercusiones. En tanto las relaciones no son mecánicas y la complejidad de los frentes no permite una identificación inequívoca, no es fácil demostrar esa interdependencia arte-sociedad. Funciona menos en los detalles que a nivel del clima social. Pero como ya la metáfora metereológica sugiere, lo que ocurre en las geografías particulares no puede olvidarse. El concepto de clima es débil, pero estoy seguro de que es así, de un modo casi imperceptible, como se deciden las direcciones globales que adopta nuestra sociedad.

Pierre Bordieu: Dicho lo cual se entiende que, según las formas del arte, el corte, la separación entre arte y sociedad, sea mayor o menor. De hecho hay formas artísticas que instituyen ese corte, que viven de él.

Hans Haacke: Pero incluso ésas tienen una influencia sobre eso que hemos llamado el clima…

Pierre Bordieu: Al menos negativamente. No haciendo lo que podrían hacer…

Hans Haacke: A comienzos de los años 80, una docena de años más tarde de la revolución cultural de los 60, hubo un resurgir de la pintura neo-expresionista. La llegada de esa moda, acompañada del retorno de la pintura tradicional al primer plano de la escena artística, señaló al mismo tiempo el declive de un período rico de experimentación, análisis y compromiso social. Siguiendo la moda, la Documenta de 1982 postuló, grosso modo, la restauración del mundo mítico, del individuo contra lo social, del artista semi-dios que plantea su desafío al mundo, del Rambo. Eso se correspondió con la llegada en los Estados Unidos de Reagan a la Casa Blanca y poco después de Kohl a la cancillería alemana.

Margaret Thatcher ya estaba desmantelando el estado del bienestar en beneficio de la libre empresa, mientras su amigo americano se preparaba para defenderse del Imperio del Mal en la Guerra de las Galaxias. Charles Saatchi, el patron del emporio publicista que hacía las campañas de Maggie compró masivamente la nueva pintura, contribuyendo así a elevar su cotización. Por supuesto que el trabajo «no chic» continuó haciéndose subterráneamente, en la oscuridad, y hubo jóvenes que se implicaron en nuevas tentativas críticas que no serían reconocidas hasta mucho más tarde. Sería injusto acusar a los artistas o al entorno que hizo fortuna en esas circunstancias de, conscientemente, haber apoyado la política de los conservadores en el poder. Pero por lo menos a nivel de clima, creo que hubo una colaboración4 de mutuo beneficio.

Notas
Este texto recoge dos epígrafes de una larga conversación entre Haacke y Bordieu publicada originalmente en Libre-echange, Seuil, Paris, 1994.
1 «A word from our sponsor», Newsweek, 25 Nov 85, p. 98. (HH).
2 Alaijn-Dominique Perrin, «Le mécénat français: la fin dun préjugé» interview de Sandra d’Aboville,Galeries Magazine, num. 15, Paris, Oct-nov, 1986, p. 74 (HH).
3 Robert Dranton, Bohème littéraire et Revolution. Le monde des livres au xviii siecle, Gallimard-Seuil, 1983.
4 Diez años más tarde, Jan Hoet, el director de la Documenta de 1992, excluyó formalmente toda obra con alusiones políticas explícitas. En cambio, optó por lo que llamaba el misterio, lo infamiliar… (HH).

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Foucault, filósofo inolvidable

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La publicación por primera vez en castellano de una obra temprana y otra tardía del pensador francés dicen que Kant estuvo siempre en el centro de sus preocupaciones. Hoy en la Argentina sería como un faro. Y haría algunas advertencias sobre la "lucha ideológica". El filósofo Tomás Abraham comenta su obra en las páginas siguientes.

Por: Santiago Bardotti

MICHEL FOUCAULT, la estatua que sonríe. Un filósofo complejo y a la vez vital y contemporáneo.

Olvidar a Foucault" como quería Baudrillard, "imaginar a Foucault" tal como hizo Maurice Blanchot, "extrañar a Foucault" como les pasa a quienes no sólo admiran su obra sino que piensan que su palabra sería hoy un faro en tiempos de aguas tan revueltas son distintas maneras de lidiar con su ausencia. No es hora de hacer un balance cuando su palabra, a veinticinco años de su muerte, aún nos habla. Su palabra está viva; prueba de ello es el constante interés que producen las sucesivas reediciones de sus obras como la aparición aquí y allá de innumerables artículos, entrevistas, prefacios. Para seguir escuchando su voz acaban de editarse por primera vez en castellano dos obras suyas: sus lecciones del Collège de France correspondientes al curso 1982-1983, El Gobierno de Sí y de los otros (FCE), y lo que fue parte de su tesis complementaria de doctorado.

Pocos años antes de morir y luego de haberla anunciado repetidas veces, en 1798 Kant publica la Antropología en sentido pragmático. Su traducción al francés, acompañada de una larga introducción, constituyó la tesis complementaria de Foucault para la obtención del doctorado. La tesis principal había sido su impresionante "Historia de la locura en la época clásica" que para nuestra actual sorpresa pasó desatendida en su hora. 

Tenemos en estas dos publicaciones por un lado, un Foucault que quizás todavía no ha llegado a serlo del todo, y por otro, un Foucault que de alguna manera se sitúa fuera de su obra y la mira desde cierta distancia. En ambos casos, para sorpresa de muchos, de manera evidente para otros, la referencia central no es Nietzsche sino Kant.

Desde enero del año 1971 hasta 1984, año de su muerte, fue posible escuchar a Michel Foucault en el Collège de France. El nombre de su cátedra era "Historia de los sistemas de pensamiento" y fue creada el 30 de noviembre de 1969 por la asamblea general de profesores del Collège de France, en reemplazo de la cátedra de "Historia del pensamiento filosófico" que hasta su muerte ocupó Jean Hyppolite, quien fuera su maestro. La lección inaugural fue la hoy celebre conferencia "El orden del discurso".

La enseñanza en el Collège de France, una de las instituciones más veneradas y representativas de Francia, obedece a reglas particulares. Los profe­sores tienen la obligación de dictar 26 horas de cátedra por año, cada año deben exponer una investigación original, lo cual les exige una renovación constante del con­tenido presentado. La asistencia a los cursos y seminarios es completamente libre; no requiere inscripción ni título alguno. El profesor tampoco los entrega, se dice que los profesores no tienen alumnos sino oyentes. La primera misión del Collège de France es la enseñanza, no de conocimientos asentados, sino de conocimiento que se está adquiriendo. Tal como escribió Merleau-Ponty: "Desde su fundación, lo que el Collège de France se encarga de impartir a sus auditores no son verdades adquiridas, sino la idea de una investigación libre". Así Michel Foucault abordaba su cátedra, como un investigador: exploraciones para un libro futuro, desciframiento de campos de problematización que solían formularse más bien como una invitación lanzada a eventuales inves­tigadores.

Se cuenta que Foucault subyuga a su auditorio. En aquella mítica lección inaugural, entre muchos curiosos escuchan atentos su amigo y mentor George Dumézil, Claude Lévi-Strauss, Fernand Braudel, Francois Jacob, Gilles Deleuze… Didier Eribon, el biógrafo casi oficial, pone puntos suspensivos con un recato orgulloso, como si fuera una exageración, como si no fuera posible tantas mentes brillantes bajo un mismo techo.

¿Cómo no sentir nostalgia de todo ello? ¿Cómo no haber deseado estar allí y haber sido testigo de todo lo que sucedió? La presencia memorable, las palabras certeras e iluminadas, la ebullición del acontecimiento histórico. Filosofía en tiempo real. Foucault mismo no sabía a dónde llegaría, solía decir que sus libros eran experiencias. De una experiencia uno sale transformado: "Si yo supiera antes de comenzar a escribir qué voy a escribir jamás comenzaría la tarea". El pensamiento como desafío.

Veinticinco años después de su muerte, nos llegan estas dos publicaciones. Una obra que comienza a construirse por un lado, las reflexiones de un hombre maduro y que se sigue cuestionando su labor, por el otro. El temprano estudio sobre Kant tiene toda la aridez que podía esperarse; podemos abrirnos paso en él gracias al estudio preliminar de Edgardo Castro, autor del Vocabulario de Michel Foucault (que será reeditado próximamente por la UNQ y Prometeo), y advertir así con claridad su importancia para lo que estaba por venir, la presencia visible de Nietzsche y la invisible de Heidegger. Foucault vislumbra ya una problemática que estaría en el centro de su obra y que él reveló en toda su complejidad: "La tensión que atraviesa todo el proyecto antropológico, esto es, la alternativa que debe enfrentar todo conocimiento acerca del hombre: ser un conocimiento empírico del hombre o un saber articulado en torno a la definición de su esencia". Con Edgardo Castro podríamos parafrasear entonces el prefacio de Las palabras y las cosas célebremente inspirado en "El idioma analítico de John Wilkins" de Jorge Luis Borges y a partir de ahora decir "esta obra nació de un texto de Kant". Michel Foucault, ese kantiano eminente.

Por su parte, el curso en el Collège de France continúa la publicación ya realizada en el año 2002 de La her­menéutica del sujeto (Fondo de Cultura Económica) correspondiente al ciclo anterior 1981-1982. El inicio de este curso de 1983 ya circulaba con el título "¿Qué es la Ilustración?" que a esta altura opera como una doble referencia, al artículo original de Kant que lleva ese nombre y fue publicado en septiembre de 1784 en la revista Berlinische Monatsschrift y a la lectura de Foucault mismo. Allí Foucault concluye que Kant fue el fundador de las dos grandes tradiciones críticas entre las cuales se repartió la filosofía moderna. Por una parte, Kant fundó esa tradición de la filosofía crítica que plantea la cuestión de las condiciones en que es posible un conocimiento verdadero. De algún modo, con su insistencia en las condiciones de posibilidad de un conocimiento o un discurso, en una lectura a vuelo de pájaro, Foucault mismo podría ser relacionado con esta tradición, pero no: "Dentro de la misma filosofía moderna y contemporánea hay otro tipo de cuestión, otro modo de interrogación crítica… Esta otra tradición crítica no plantea la cuestión de las condiciones en que es posible un conoci­miento verdadero; es una tradición que pregunta: ¿Qué es la actualidad? ¿Cuál es el campo actual de nuestras experiencias? ¿Cuál es el campo actual de las experiencias posibles? No se trata de una analítica de la verdad, se trataría de lo que podríamos llamar una ontología del presente, una ontología de la actuali­dad, una ontología de la modernidad, una ontología de nosotros mismos."

Un repaso de sus temas fundamentales revela la vigencia de su pensamiento. Como Borges, Foucault tiene sus tigres, espejos y laberintos: Locura, Castigo, Clínica, Poder, Gobierno, Muerte y Sexualidad. Pero lo que es más vigente aún es un modo de argumentación; la interrogación continua, el desafió de pensar, el rechazo de la haraganería.

Didier Eribon señala también los problemas de la recepción de la obra; un Foucault francés excesivamente apolítico para el gusto de sus críticos contra un Foucault norteamericano siempre en los extremos, ya sea el filósofo de la transgresión o el fogonero de la escuela del resentimiento como lo ha llamado Harold Bloom. ¿Qué hay del Foucault argentino? ¿Acaso hay otro filósofo más leído por aquí? Al menos es el más comprado porque no falta en una biblioteca que se precie de tal. Se puede fantasear con un Foucault analizando la Argentina. ¿Qué diría de nosotros? ¿Qué diría de nosotros un marciano? En una entrevista televisiva decía con humor que el escritor ideal de Las palabras y las cosas hubiera sido un marciano. ¿Qué diría Foucault de nuestra sociedad tan psicoanalizada y a la vez tan medicalizada? ¿Qué diría de una sociedad que oscila hacia uno y otro polo como si fueran respuestas muy distintas a un mismo interrogante? ¿Qué diría de una sociedad paralizada desde hace décadas que vive de su pasado, sea para condenarlo como abyecto o entronizarlo como edad de oro y donde todos los días de a cientos, de a miles, miles de miles, se tira en divanes a ensoñarse con una vida mejor que nunca llega?

Tal vez Foucault diría, al menos, que lo han tomado demasiado literalmente. Cuando una y otra vez le preguntaban acerca de la muerte del hombre y del autor – sus dos grandes crímenes – contestaba: guárdense las lágrimas. Foucault no era un teórico en el sentido tradicional, no tenía una teoría, una visión del mundo para sí y para los otros que hubiera que imitar, que se pudiera repetir como una fórmula. No tenía por ejemplo una teoría sobre la sexualidad; solamente (¡solamente!) había puesto en cuestión la supuesta naturalidad de teorías sobre la sexualidad que circulan como sí nada, cuestionaba el que vivamos en ellas sin saberlo, que las respiremos como el aire. Una y otra vez decía también: ¡Lean mis libros! Sus análisis en Historia de la locura y Vigilar y castigar se detienen antes de la constitución de la psiquiatría tal como es hoy en día, se detienen antes del nacimiento de la prisión tal como hoy la vemos. Pero se los vio como desacreditación en masa de ambas instituciones, se ideologizó libros sumamente complejos. En una famosa y extensa entrevista publicada en una revista italiana realizada en 1978 advierte sobre el placer de muchos intelectuales por la "lucha ideológica". Decía: "Las discusiones sobre temas políticos son parasitadas por el modelo de la guerra: se identifica aquel con ideas diferentes como un enemigo de clase contra el cual habría que batirse hasta la victoria. El gran tema de la ‘lucha ideológica’ me hace sonreír un poco, siendo que los lazos teóricos de unos y otros, cuando se los mira históricamente, son más vale confusos y fluctuantes y no tienen la nitidez de una frontera fuera de la cual se podría acechar al enemigo… Seguir la ruta de la guerra conduce directamente a la opresión, ella misma es peligrosa".

En esa misma entrevista señala que no hay textos menores; las entrevistas, los prólogos, las clases son espacios para problematizar su obra. La actualidad de los temas de las clases aquí publicadas habla por sí sola, el problema central de la palabra verdadera, del decir veraz cuando se dice, tomo la palabra, la relación de ella, y de la filosofía, con el poder y la política. Todo, con Platón, en especial una audaz relectura de su carta VII como centro de la cuestión. Tenemos entonces a un Foucault algo desconocido, lector atento de Platón y Kant. Un lector que no reniega de las metodologías heredadas (Foucault no olvida que Nietzsche era filólogo) pero que siempre es interpelado por el presente. En un artículo de análisis del curso, Frédéric Gros nos señala "Una de las dimensiones más sorprendentes del curso obedece quizás a la manera cómo Foucault afirma en él, con mucha claridad y serenidad, su relación con la filosofía como palabra de verdad, libre y valerosa". Michel Foucault y el valor de la palabra empeñada.

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"Toda religión oprime a la mujer", entrevista a Nawal Al Saadawi

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MUJER1 Esta entrevista fue conducida por Kamala Orozco y Florence Cassam Chenai

Con 76 años, la energía y vitalidad de Nawal Al Saadawi es contagiosa. Así lo ha demostrado en el Congreso Mundo de Mujeres que concluyó ayer en Madrid. Los ojos de esta luchadora egipcia por la libertad y la igualdad transmiten una inagotable curiosidad. Dejó la psiquiatría para dedicarse de lleno a la literatura. Autora de La cara oculta de Eva (1970), Mujeres y sexo (1972) o Mujer en punto cero (1973) fue cesada de su puesto de directora de Sanidad Pública y la revista que editaba, clausurada. Siguió escribiendo y hablando en público de la situación de la mujer árabe y de los derechos humanos. En 1981 fue encarcelada. Desde allí siguió escribiendo como pudo ya que le quitaron papel y lápiz. Tras salir de prisión, en 1983, fundó la Asociación Solidaria de Mujeres Árabes para “quitar el velo de las mentes” de las mujeres árabes.

Pregunta. ¿Cuáles son los problemas de las mujeres en el mundo árabe en la actualidad?

Respuesta. La desigualdad. No habrá igualdad si no hay igualdad entre los países y las clases. El 60% de la población egipcia vive debajo del umbral de la pobreza. La mayoría son mujeres, solteras, madres con hijos, que trabajan para dar de comer a su familia.

Además, las mujeres tienen que enfrentarse también al renacimiento de los fundamentalismos religiosos; ya sean islámicos, cristianos o judíos. En cualquier caso la mujer resulta oprimida. Las mujeres siempre están oprimidas por las religiones. Sufren problemas económicos, políticos, religiosos, problemas para casarse o problemas vinculados al velo.

P. ¿El velo es una imposición?

R. Sí. Hay un paso atrás hacia el velo y la circuncisión fomentado por parte de todos los fundamentalistas religiosos. Muchas mujeres en Egipto han tenido una ablación. No tiene nada que ver con una religión particular. Los fundamentalistas cristianos también imponen la ablación de las niñas.

P. Se dice que suelen ser las mujeres las que preservan como tradición la mutilación genital.

R. Es cierto. Son las mujeres las que practican la ablación. Son las esclavas de los esclavos. El hombre también es un esclavo. Sin embargo, la esposa aparece como la esclava del marido.

P. El sociólogo francés Alain Touraine afirma que la mujer tendrá un papel predominante en la sociedad de los próximos 500 años. ¿Cree que será así?

R. ¡Espero que no sean mujeres como Condoleezza Rice! O Margaret Thatcher, Hillary Clinton, Madeleine Albright, Angela Merkel, Golda Meier… Son mujeres de derechas, que creen en el patriarcalismo. Mujeres opresoras que oprimen a otras mujeres. ¿Qué tipo de mujeres liderarán la sociedad? ¡No es suficiente ser mujer! Hay que defender la justicia.

Espero que la sociedad dentro de 500 años esté dirigida por progresistas en general, hombres y mujeres.

P. Usted se presentó a las elecciones presidenciales en Egipto…

R. Fue un acto simbólico. Utilicé mi programa electoral para conseguir más visibilidad. Cuando la policía me impidió asistir a mi reunión electoral pude decir que dejaba la campaña y denunciar que no existía un verdadero sistema democrático. La política global está relacionada con el feminismo. No hay separación entre la dominación sufrida por las mujeres y la dominación que impera en el mundo. No se puede separar los asuntos de género de los demás temas.

P. ¿Cómo ve el mundo en la actualidad?

R. No hay justicia. El poder que domina el mundo es el militar, el económico, el de los hombres, las religiones. Se está usando a Dios para oprimir a la gente, a las mujeres y a los pobres. Vivimos en la selva y tenemos que luchar en contra de ello.

El País, 9 de julio de 2008

Bombay: claves de la masacre… Ejército indio pone fin a terror, con 195 víctimas …

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  • Bombay: claves de la masacre…

  • Bombay: el fin pero no el final

  • El Ejército indio pone fin a tres días de terror

 

Bombay: claves de la masacre

Editorial

Los ataques terroristas perpetrados hace dos días en Bombay, y atribuidos por el gobierno indio a militantes procedentes del vecino Pakistán, son sin duda un hecho bárbaro que ha causado más de un centenar de muertos y más de 300 heridos entre civiles inocentes y que, sea cual fuere la causa política, religiosa o nacional a la que se afilien los agresores, ha generado el justificado repudio mundial.

Más allá de la condena es preciso, sin embargo, analizar los contextos en los que tuvo lugar el cruento ataque. Es necesario recordar que las fuentes de la actividad terrorista en India se ubican, principalmente, en los conflictos étnicos, religiosos y territoriales que dejó sembrados el colonialismo inglés en la frontera indo-paquistaní: el de Cachemira, poblada en su mayoría por musulmanes, y el del Punjab, cuya población, en la que predomina la etnia sij, se encuentra dividida de manera artificial entre ambos países.

Esa herencia nefasta no sólo ha provocado cuatro guerras entre India y Pakistán y una peligrosa carrera armamentista –en el contexto de la cual ambos países desarrollaron armas atómicas–: ha sido, además, el telón de fondo de los asesinatos de Mahatma Gandhi y de Indira Gandhi, y se ha traducido en una enconada violencia cíclica en el país. El antecedente más próximo es el de julio de 2006, cuando los trenes suburbanos de la propia Bombay fueron atacados con bombas, lo que dejó unos 190 muertos.

Desde otro punto de vista, resulta significativo que la carnicería perpetrada en Bombay ocurra tras siete años de lo que el gobierno de Estados Unidos aún denomina “guerra contra el terrorismo internacional”, empeño cuyo signo verdadero es el pillaje neocolonial y que, en materia de seguridad, no se ha traducido en un resultado apreciable.

Cierto, los grupos que recurren al terrorismo en India no necesariamente están vinculados con los sectores del fundamentalismo islámico que organizaron los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, pero no deja de ser paradójico que una operación terrorista en gran escala sacuda al mundo justo en los días finales de la presidencia de George W. Bush, quien se presentó como el gran cruzado contra el terrorismo en el mundo, y que en esa caracterización ordenó la invasión, la devastación y la ocupación de dos países –Afganistán e Irak–, atropelló los derechos humanos en Estados Unidos y en el extranjero, erigió centros de tortura y redes de desaparición forzada de personas, y alentó, de esa forma, una severa regresión de los avances civilizatorios en todo el mundo.

A despecho de todo eso, el fenómeno que se pretendía combatir sigue vivo y presente, en Irak, en Afganistán, en India y en muchos otras naciones, con o sin tropas invasoras estadunidenses, y es claro que no podrá ser resuelto a punta de bombardeos.

 

Bombay: el fin pero no el final

Soutik Biswas
BBC, Bombay

Comandos en uno de los jardines

Este sábado no fueron turistas los que se pasearon por los jardines del hotel.

En el patio delantero del hotel Taj Mahal Palace, las ambulancias esperaban su turno para llevar a los muertos a la morgue, horas después de que el sitio de 60 horas finalizara, en la mañana del sábado.

ÚLTIMAS NOTICIAS

Las autoridades indias advierten que el saldo de muertos podría aumentar, ahora que retiran los cuerpos de los hoteles.  Al menos 195 personas perdieron la vida. En India ya empezaron los funerales de algunas de las víctimas. La mayoría de los muertos fueron indios. Al menos 15 miembros de las fuerzas de seguridad india perdieron la vida.

Entre los extranjeros muertos había israelíes, chinos, australianos, tailandeses, alemanes, japoneses, británicos, franceses, estadounidenses, italianos, canadienses, singapurenses y mauricianos.

Cajas de guantes quirúrgicos de látex se apilaban en una esquina y el personal sanitario entraban con baldes y botellas de desinfectante. Los comandos indios seguían revisando cada habitación en busca de sobrevivientes, cadáveres o municiones, pues hasta terminar no podían declarar que el lugar era seguro. Y afuera, los empleados del Taj Mahal corrían de un lado a otro con lo que parecían listas de huéspedes, tratando de averiguar quiénes no habían sido encontrados aún.

No se sabe todavía cuántos huéspedes estaban en el hotel de 565 habitaciones, una de las más famosos de Bombay, cuando los atacantes irrumpieron el miércoles por la noche.

Daños adentro del hotel

Mucho se arruinó.

Tampoco se sabe aún cuántos perdieron la vida en los restaurantes y el lobby, que estaban llenos cuando el ataque empezó.

“Hay mucha gente muerta adentro. Es un desastre”, susurró un socorrista. “La operación aún no termina; seguimos muy perturbados”.

 

“Inimaginable”

Los comandos indios iniciaron un nuevo asalto en el hotel en la madrugada del sábado. Nuevamente se vieron llamas salir de algunas partes del hotel, así como disparos intermitentes.

Algunas horas más tarde, el jefe de la policía de la ciudad declaró que el sitio había llegado a su fin y que los últimos tres hombres armados habían sido dados de baja.

Llamas saliendo de una ventana del hotel.

Parte del hotel volvió a arder durante la operación de la mañana. El jefe de los comandos, JK Dutt, le pidió a los huéspedes que estaban en sus habitaciones que abrieran las cortinas, para poderlos ver desde afuera.  Yo vi sólo a un hombre, con el uniforme del hotel, saliendo, cojeando, con al ayuda de otros dos.

Un poco más tarde, se escucharon dos explosiones controladas desde adentro del hotel y la policía explicó que estaban destruyendo municiones que encontraron. Al mediodía, otra explosión, más fuerte.  El bombero que entró a apagar las llamas tomó una fotografía con su celular de uno de los atacantes muertos. Al salir dijo que el olor adentro era “inimaginable”.

El gigante silencioso

Esto no terminará hasta que inspeccionemos hasta el último rincón y saquemos a todos los huéspedes, vivos o muertos

Empleado del Taj Mahal Palace

El hotel, uno de los más grandiosos de India, está ahora en silencio, tras tres noches de disparos y explosiones constantes de los atacantes y los comandos.

Parte de la majestuosa ala antigua del hotel fue destruida. Una capa de hollín oscuro cubre las paredes de ladrillo marrón y piedra. Hasta las ventanas de una sección del segundo piso están carbonizadas.

Nadie sabe cuánto de la elaborada decoración del hotel -cielo rasos de alabastro, tapices de seda tejidos a mano, una colección de arte excepcional- sobrevivió.

Interior hotel antes de los ataques.

Pasará algún tiempo antes de que el hotel recupere su grandiosidad.

“Pasará algún tiempo antes de que podamos aceptar la pérdida”, dijo un empleado.

“Esto no terminará hasta que inspeccionemos hasta el último rincón y saquemos a todos los huéspedes, vivos o muertos”.

El sitio del hotel Taj Mahal puede haber terminado, pero el conteo de los muertos y el cálculo de las pérdidas materiales apenas empieza.

Podrían pasar varios meses, hasta un año, antes de que el hotel más famoso de Bombay vuelva a la vida.

 

El Ejército indio pone fin a tres días de terror

 

Las autoridades señalan que un comando de élite mata a los tres últimos terroristas atrincherados en el interior del hotel Taj Mahal.-  Las víctimas ascienden a 195

ELPAÍS.com / AGENCIAS – Madrid / Bombay – 29/11/2008

Las tropas de élite del Ejército indio están registrando, habitación por habitación, el lujoso hotel Taj Mahal de Bombay, en busca de más terroristas que puedan permanecer escondidos, tres días después de los ataques terroristas coordinados que han dejado casi dos centenares de muertos.

Las fuerzas especiales han abatido a tiros esta madrugada (hora española) a los tres últimos terroristas que se encontraban atrincherados en el Taj. Los atentados realizados con explosivos, tiroteos y secuestro de rehenes en el Taj Mahal y el hotel Trident/Oberoi, además de un centro judío, han dejado 195 muertos y otros 295 heridos, según cifras oficiales. Entre los muertos hay 22 extranjeros, ninguno de ellos español.

Una vez controlada la situación, han comenzado las investigaciones, internas y externas, acerca de éstos, uno de los peores ataques que se han registrado en India. El presidente paquistaní, Asif Ali Zardari, ha afirmado hoy que actuará “rápidamente” si existen evidencias de la participación de grupos o individuos de su país en los atentados de Bombai.

Asimismo, el gobierno de Londres investiga la existencia de una “conexión británica” a través de un equipo de la policía antiterrorista que fue enviado al día siguiente de los ataques. Los expertos certificarán las versiones según las cuales varios de los hombres que sembraron el terror en esa ciudad son ciudadanos de Reino Unido nacidos en Pakistán, o incluso nacidos en Reino Unido pero de ascendencia paquistaní.

Fuentes diplomáticas indias han dicho a la BBC que no hay evidencias de una “conexión británica” en la matanza, pero Londres colaborará en las indagaciones.

Días de Terror

“El Taj está controlado”, ha asegurado el jefe de policía Hasan Gafoor en declaraciones emitidas por la televisión india. En el asalto final ha fallecido un soldado. Ahora las fuerzas de seguridad lideradas por Jyoti Krishna Dutt, se encuentran revisando las instalaciones del hotel habitación por habitación.

Los empresarios españoles Alvaro Rengifo y Alejandro de la Joya han llegado esta mañana a Madrid tras el “horror” vivido por ambos en el hotel Trident, del que fueron rescatados este viernes. “Estoy muy bien, estoy con toda mi familia”, ha explicado desde su domicilio Rengifo. Este empresario y el consejero delegado de Ferrovial-Agromán, Alejandro de la Joya, han aterrizado en la base aérea de Torrejón de Ardoz en un avión privado fletado expresamente para su repatriación.

Mientras el hotel Trident (antiguo Oberoi) ha quedado este viernes “completamente bajo control” y “libre de terroristas”, así como el centro judío Nariman House, por la noche (sobre las 23.30 hora peninsular española) se han registrado unas cinco explosiones en el Taj. Esta madrugada, el Ejército ha comenzado un intenso tiroteo con los islamistas atrincherados en el establecimiento y las imágenes de televisión mostraban un incendio declarado en la planta baja.

En el cruento episodio han fallecido, según las autoridades, 18 extranjeros. Entre ellos un ciudadano británico, cuatro australianos, un italiano y un japonés. Además, el Gobierno de Estados Unidos ha confirmado la muerte de cinco ciudadanos estadounidenses.

Entre los heridos hay un matrimonio español, formado por Rafael Deaux y María Rosa Romero. Ambos continúan hospitalizados con pronóstico leve y su salud no corre peligro. Se prevé que permanezcan en la ciudad aún unos días.

Asalto al centro judío

Este viernes, un comando de élite asaltó el centro judío Nariman House, donde murieron cinco rehenes y dos secuestradores. Cientos de personas fueron testigos de los esfuerzos del Ejército por controlar la situación mediante una dura batalla en la que se registraron tiroteos y el lanzamiento de granadas.

La operación finalizó sobre las 14.00 hora española peninsular. Según J. K. Dutt, director general de la Guardia Nacional de Seguridad, sus hombres volaron un muro exterior del centro e irrumpieron en él, “neutralizando” a dos terroristas. Sin embargo, no pudieron evitar la muerte de cinco rehenes israelíes, entre ellos un rabino y su esposa, residentes en Brooklyn (Nueva York). El hijo de la pareja ha sido salvado por la niñera y se encuentra a salvo, informa Georgina Higueras.

Los autores

Este sábado se han conocido más detalles sobre los terroristas. Algunos de los islamistas atacantes visitaron Bombay meses antes y han vivido allí durante todo este tiempo fingiendo ser estudiantes, recoge el Times of India. El grupo habría visitado en varias ocasiones los dos hoteles asaltados. Los terroristas procederían la mayoría de Pakistán, pero durante estas visitas de reconocimiento se habrían hecho pasar por malasios. A pesar de que la pista paquistaní cobra fuerza, el primer ministro, Yusaf Raza Gilani, ha señalado que “Pakistán no tiene nada que ver con esto”.

El primer ministro indio, Manmonah Singh, en una comparecencia ante la nación, condenó los ataques y manifestó que su Gobierno tomará “las medidas necesarias para defender la seguridad” de los ciudadanos. Además, señaló a terroristas llegados de fuera del país como responsables de la matanza.

En un principio, la autoría de los atentados se atribuyó a la organización islamista Deccan Muyahidiny, que había reivindicado las acciones. Sin embargo, tres de los terroristas detenidos en el transcurso de la contraofensiva del ejército indio han confesado ser miembros de la célula rebelde con base en Pakistán, Lashkar-e-Taiba (Ejército de los Puros), según el diario Hindu. Lashkar-e-Taiba, uno de los grupos de milicianos islamistas más influyentes en Asia, había negado este jueves su implicación en los atentados.

P. Bourdieu: preguntas a los verdaderos amos del mundo…

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Sería un poco ridículo para mí tratar de exponer el estado del mundo mediático a individuos que lo conocen mejor que yo. A personas que se hallan entre las más poderosas del mundo, con ese poder que no es sólo el del dinero sino el que el dinero puede dar sobre los espíritus.

Ese poder simbólico que en la mayoría de las sociedades era propio del poder político o económico y hoy está en las manos de las mismas personas, aquellas que detienen el control de los grandes grupos de comunicación, es decir, del conjunto de los instrumentos de difusión de los bienes culturales. Me encantaría someter a estas personas tan influyentes a un interrogatorio similar al que Sócrates planteaba a los poderosos de su tiempo.

No estoy en condiciones de hacerlo, pero de todos modos quisiera arrojar algunas preguntas -que a estas personas seguramente ni se les ocurren, en especial porque no tienen tiempo- que remiten todas a una sola: Amos del mundo, ¿acaso ustedes dominan su dominio? O para decirlo más sencillamente, ¿saben qué es lo que están haciendo y todas las consecuencias que ello acarrea? Preguntas a las cuales Platón respondía con una fórmula célebre que sin duda también se aplica aquí: “Nadie es malvado voluntariamente”.

Nos dicen que la convergencia tecnológica y económica de lo audiovisual, las telecomunicaciones y la informática y la confusión de las redes hacen que las protecciones jurídicas se vuelvan completamente inoperantes e inútiles; nos aseguran que la profusión tecnológica ligada a la multiplicación de los canales temáticos responderá a la demanda potencial de los consumidores más diversos y que gracias esta explosión of media choices todas las demandas recibirán una oferta adecuada; en suma, que todos los gustos conseguirán satisfacerse. Afirman que la competencia, en especial cuando está asociada al progreso tecnológico, es sinónimo de “creación”. Podría ilustrar cada una de mis aserciones con decenas de referencias y citas que me harían caer en la redundancia. (…)

Sin embargo, también nos dicen que la competencia de los nuevos ingresantes, mucho más poderosos -que provienen de las telecomunicaciones y la informática- es tan fuerte que al ámbito audiovisual le cuesta cada vez más resistir; que las cifras de derechos, en especial en materia de deportes, son cada vez más elevadas; que todo lo que producen y hacen circular los nuevos grupos de comunicación tecnológica integrados económicamente -desde publicidades de televisión hasta libros, películas o juegos televisivos- debe recibir el mismo trato que cualquier otra mercancía; y que este producto industrial estándar tiene que obedecer por lo tanto a la ley común, la del beneficio, fuera de toda excepción cultural sancionada por limitaciones reglamentarias, como el precio único en los libros o las restricciones de difusión. Nos dicen finalmente que la ley del beneficio, es decir, la ley del mercado, es claramente democrática, pues otorga el triunfo al producto plebiscitado por la mayoría.

Deberíamos confrontar cada una de estas “ideas” no con otras ideas -correríamos el riesgo de pasar por ideólogos perdidos en las nubes- sino con hechos: a la idea de la diferenciación y diversificación extraordinaria de la oferta podríamos oponerle la extraordinaria uniformización de los programas de televisión; las múltiples redes de comunicación tienden cada vez más a difundir -a menudo a la misma hora- el mismo género de productos, juegos, soap operas, música comercial, melodramas sentimentales del tipo telenovela, series policíacas que da igual que sean francesas, como Navarro, o alemanas, como Derrick, y tantos otros productos surgidos de la búsqueda de beneficios máximos con costos mínimos; o, en un ámbito muy diferente, la homogeneización creciente de los periódicos y, sobre todo, de las revistas semanales.

Otro ejemplo. A las “ideas” de competencia y diversificación podríamos oponerle la concentración extraordinaria de los grupos de comunicación. La suma de las actividades de producción, explotación y difusión desencadena abusos de posición dominante que favorecen a las películas de la misma empresa: Gaumont, Pathé y UGC proyectan el 80% de las películas de exclusividad presentes en el mercado parisino; habría que mencionar también la proliferación de cines multiplex que incurren en una competencia desdeal con las pequeñas salas independientes, condenadas a menudo a cerrar sus puertas.

Pero lo esencial es que las preocupaciones comerciales y en particular la búsqueda del beneficio máximo a corto plazo se imponen más y más en el conjunto de las producciones culturales. De esta manera, en la edición de libros -ámbito que he estudiado de cerca- las estrategias de los editores se limitan a orientarse inequívocamente hacia el éxito: cuando las editoriales están integradas por grupos multimedias deben extraer tasas de beneficio muy elevadas.
Es momento de empezar a plantear preguntas. Hablé de producciones culturales. ¿Acaso se puede seguir hablando hoy, y se podrá seguir haciéndolo mañana, de producciones culturales y de cultura? A quienes construyen el nuevo mundo de la comunicación y son construidos por él les gusta evocar el problema de la velocidad, los flujos de información y las transacciones que se vuelven cada vez más rápidas; en parte tienen razón cuando piensan en la circulación de la información y en la rotación de los productos. Dicho esto, la lógica de la velocidad y del beneficio que se reúnen en la búsqueda del beneficio máximo a corto plazo -el rating para la televisión, el número de lectores para los libros y diarios y la cantidad de espectadores para las películas- me parecen difícilmente compatibles con la idea de cultura. Como decía Ernst Gombrich, el gran historiador del arte, cuando las “condiciones ecológicas del arte” se destruyen, éste y la cultura no tardan en morir.

A modo de prueba, podría contentarme con mencionar lo que resultó del cine italiano, que fue uno de los mejores del mundo y que sobrevive sólo gracias a un puñado de cineastas, o del cine alemán o del de Europa del Este. O la crisis que conoce en todas parte el cine de autor por la falta, entre otras cosas, de circuitos de difusión. Y ni hablemos de la censura que los distribuidores pueden imponer a ciertas películas como la de Pierre Carles, que no por casualidad versaba acerca de la censura en los medios. O incluso el destino de una radio cultural como France Culture, uno de los pocos lugares de libertad frente a la presión del mercado y del marketing editorial, que hoy está entregada a la liquidación en nombre de la modernidad, el rating y las connivencias mediáticas.

Pero únicamente podemos comprender realmente lo que significa la reducción de la cultura al estado de producto comercial si recordamos cómo se constituyeron los universos de producción de las obras que consideramos universales en el terreno de las artes plásticas, la literatura o el cine. Todas las obras expuestas en los museos, todas esas obras de la literatura que se convirtieron en clásicos, todas esas películas conservadas en las cinematecas y en los museos del cine son el producto de universos sociales que se conformaron de a poco, liberándose de las leyes del mundo ordinario y en particular de la lógica del beneficio. Pensemos en el siguiente ejemplo: el pintor del quattrocento tuvo que luchar contra los apoderados para que su obra dejara de ser tratada como un simple producto y evaluada en función de la superficie pintada y de los colores empleados; debió pelear para obtener el derecho de firmar, es decir, el derecho de ser tratado como un autor; debió combatir por la singularidad, la unicidad, la calidad y gracias a la colaboración de los críticos, biógrafos y profesores de historia del arte se impuso como artista, como “creador”.

Pero todo esto es lo que se encuentra hoy amenazado por la reducción de la obra a un mero producto o mercancía. Las luchas actuales de los cineastas por el final cut y contra la pretensión del productor de retener el derecho final sobre la obra son el equivalente exacto de los esfuerzos del pintor del quattrocento. Fueron necesarios casi cinco siglos para que los pintores obtuvieran el derecho de escoger los colores empleados, la manera de emplearlos, y luego el derecho de elegir el tema, en especial haciéndolo desaparecer, con el arte abstraco, para gran escándalo del apoderado burgués. Asimismo, para tener un cine de autor hace falta todo un universo social, pequeñas salas y cinematecas que proyecten películas clásicas y que sean visitadas por los estudiantes, cineclubs dirigidos por profesores de filosofía formados por la frecuentación de dichas salas, críticos bien preparados que escriban en los Cahiers du cinéma (Revista de cine), cineastas que hayan aprendido su oficio viendo películas que reseñaban en esos Cahiers, en fin, todo un medio social en el cual un cierto tipo de cine sea reconocido como valioso.

Estos universos sociales están bajo amenaza por la irrupción del cine comercial y el dominio de los grandes difusores, con los cuales deben contar los productores -salvo cuando éstos también trabajan de difusores-: son la culminación de una larga evolución y hoy se hallan en un proceso de involución. Presenciamos una regresión de la obra al producto, del autor al ingeniero o al técnico que utiliza los famosos efectos especiales o acude a grandes estrellas, recursos extremadamente costosos, para manipular o satisfacer las pulsiones primarias del espectador, pulsiones a menudo anticipadas gracias a las investigaciones de otros técnicos: los especialistas en marketing. Y sin embargo sabemos todo el tiempo que hace falta para crear creadores, es decir, espacios sociales de productores y receptores en el interior de los cuales aquellos puedan aparecer, desarrollarse y tener éxito.

Reintroducir el reino del comercio y de lo “comercial” en universos que muy lentamente se habían construido contra él es poner en peligro las obras más altas de la humanidad, el arte, la literatura e incluso la ciencia. No creo que alguien realmente pueda desear eso. Por tal razón al comienzo recordaba la célebre fórmula platónica: “Nadie es malvado voluntariamente”. Si las fuerzas de la tecnología aliadas con las fuerzas de la economía, la ley del beneficio y de la competencia amenazan la cultura, ¿qué podemos hacer para contrarrestarlas? ¿Qué podemos hacer para fotalecer las chances de aquellos que sólo pueden existir en los plazos largos, aquellos que, como los pintores impresionistas de otro tiempo, trabajan para un mercado póstumo? Me refiero a los que se esfuerzan para que sobrevenga un nuevo espacio, en oposición a quienes se someten a las exigencias del mercado actual y reciben beneficios inmediatos, materiales, económicos o simbólicos (premios, condecoraciones o renombre académico).

La elección no es entre la “globalización”, es decir, la sumisión a las leyes del comercio y en consecuencia al reino de lo “comercial” -que siempre se distingue de lo que casi universalmente se entiende por cultura- y la defensa de las culturas nacionales o tal o cual forma de nacionalismo o localismo cultural. Los productos kitsch de la “globalización” comercial, la película de entretenimiento con efectos especiales o incluso la world fiction cuyos autores pueden ser italianos o ingleses, se contrapone a los productos de la internacional literaria, artística y cinematográfica cuyo centro está en todas partes y en ninguna, aun si por mucho tiempo se halló en París, Londres o Nueva York, sedes de una tradición nacional de internacionalismo artístico. Así como Joyce, Faulkner, Kafka, Beckett o Gombrowicz, productos puros de Irlanda, Estados Unidos, Checoslovaquia o Polonia florecieron en París, muchos cineastas contemporáneos como Kaurismaki, Manuel de Olivera, Satyajit Ray, Kieslowski, Woody Allen, Kiarostami -y tantos otros- deben sus logros a esa internacional literaria, artística y cinematográfica situada en París. Sin duda porque allí, por razones estrictamente históricas, ese microcosmos de productores, críticos y receptores informados que resulta tan vital se constituyó hace mucho tiempo y pudo sobrevivir hasta hoy.

Insisto: lleva muchos siglos crear productores que trabajen para mercados póstumos. Colocar por un lado una “globalización” supuestamente vinculada al poderío económico-comercial, al progreso y la modernidad y por otro un nacionalismo atado a formas arcaicas de conservación de la soberanía no ayuda a comprender el problema. En realidad presenciamos una lucha entre una potencia comercial que pretende expandir universalmente los intereses particulares del comercio y de sus amos y una resistencia cultural basada en la defensa de las obras universales producidas por la internacional desnacionalizada de los creadores.

Quisiera terminar con una anécdota histórica también ligada a la cuestión de la velocidad y que en mi opinión señala bastante bien las relaciones que un arte liberado de las presiones del comercio podría mantener con los poderes temporales. Se cuenta que Miguel Angel empleaba tan pocas formas protocolares en su vínculo con el Papa Julio II, su apoderado, que éste se veía obligado a sentarse muy rápido para impedir que Miguel Angel se sentara antes que él. En cierto sentido, podría decir que aquí he intentado perpetuar, muy modestamente, pero con total fidelidad, la tradición inaugurada por Miguel Angel: distanciarse de los poderes y muy especialmente de esas nuevas fuerzas que se apoyan en el dinero y en los medios.

Texto publicado en Le Monde (14 de octubre de 1999) y en Libération (13 de octubre de 1999).