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Peligros de la "intervención humanitaria" en Libia

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Revuelta en Magreb y medio oriente
Robert Fisk
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Rebeldes llevan en camión al centro de Bengasi el cadáver de un combatiente simpatizante del gobierno de Muammar KadafiFoto Ap
 

Conque vamos a tomar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles libios, ¿cierto? Lástima que no se nos haya ocurrido hace 42 años. O 41 años. O… bueno, ustedes saben el resto. Y no nos dejemos engañar sobre lo que en realidad significa la resolución del Consejo de Seguridad. Una vez más, será el cambio de régimen. Y así como en Irak –para usar una de las únicas frases memorables de Tom Friedman en ese tiempo–, cuando el último dictador se vaya, ¿quién sabe qué clase de murciélagos saldrán de la caja?

Y luego de Túnez y de Egipto, tenía que ser Libia, ¿verdad? Los árabes de África del norte demandan libertad, democracia, no más opresión. Sí, eso es lo que tienen en común. Pero otra cosa que esas naciones tienen en común es que fuimos nosotros, los occidentales, quienes alimentamos a sus dictaduras década tras década. Los franceses acurrucaron a Ben Alí, los estadunidenses apapacharon a Mubarak y los italianos arroparon a Kadafi hasta que nuestro glorioso líder fue a resucitarlo de entre los muertos políticos.

¿Sería por eso, me pregunto, que no habíamos sabido de lord Blair de Isfaján en fechas recientes? Sin duda debería haber estado allí, aplaudiendo con júbilo ante una nueva intervención humanitaria. Tal vez sólo está tomando un descanso entre episodios. O tal vez, como los dragones en La reina de las hadas, de Spenser, está vomitando en silencio panfletos católicos con todo el entusiasmo de un Kadafi en pleno impulso.

Abramos el telón apenas un poco y observemos la oscuridad que hay detrás. Sí, Kadafi es un orate absoluto, un lunático del nivel de Ajmadineyad de Irán o Lieberman de Israel, quien una vez, por cierto, se puso a fanfarronear con que Mubarak podía irse al infierno, pero se puso a temblar de miedo cuando Mubarak fue en verdad lanzado en esa dirección. Y existe un elemento racista en todo esto.

Medio Oriente parece producir estos personajes… en oposición a Europa, que en los 100 años pasados sólo ha producido a Berlusconi, Mussolini, Stalin y el chaparrito aquel que era cabo en la infantería de reserva del 16 regimiento bávaro y que de plano perdió el seso cuando resultó electo canciller en 1933… pero ahora estamos volviendo a limpiar Medio Oriente y podemos olvidar nuestro propio pasado colonial en este recinto de arena. Y por qué no, cuando Kadafi dice a la gente de Bengasi: “iremos zenga, zenga (callejón por callejón), casa por casa, cuarto por cuarto”. Sin duda es una intervención humanitaria que de veras, de veritas es una buena idea. Después de todo, no habrá tropas en tierra.

Desde luego, si esta revolución fuese suprimida con violencia en, digamos, Mauritania, no creo que exigiéramos zonas de exclusión aérea. Ni en Costa de Marfil, pensándolo bien. Ni en ningún otro lugar de África que no tuviera depósitos de petróleo, gas o minerales o careciera de importancia en nuestra protección de Israel, la cual es la verdadera razón de que Egipto nos importe tanto.

Enumeremos algunas cosas que podrían resultar mal; demos una mirada de soslayo a esos murciélagos que aún anidan en el reluciente y húmedo interior de su caja. Supongamos que Kadafi se aferra en Trípoli y que británicos, franceses y estadunidenses destruyen sus aviones, vuelan sus aeropuertos, asaltan sus baterías de vehículos blindadas y misiles y él sencillamente no desaparece. El jueves observé cómo, poco antes de la votación en la ONU, el Pentágono comenzaba a ilustrar a los periodistas sobre los peligros de toda la operación, precisando que podría llevar días instalar una zona de exclusión aérea.

Luego está la truculencia y villanía de Kadafi mismo. Las vimos este viernes, cuando su ministro del Exterior anunció el cese del fuego y el fin de todas las operaciones militares, sabiendo perfectamente, por supuesto, que una fuerza de la OTAN decidida al cambio de régimen no lo aceptaría y que eso permitiría a Kadafi presentarse como un líder árabe amante de la paz que es víctima de la agresión de Occidente: Omar Mujtar vive de nuevo.

¿Y qué tal si sencillamente no llegamos a tiempo, si los tanques de Kadafi siguen avanzando? Entonces enviamos mercenarios a ayudar a los rebeldes. ¿Nos instalamos temporalmente en Bengasi, con consejeros, ONG y la acostumbrada palabrería diplomática? Nótese cómo, en este momento crítico, no hablamos ya de las tribus de Libia, ese curtido pueblo guerrero que invocamos con entusiasmo hace un par de semanas. Ahora hablamos de la necesidad de proteger al pueblo de Libia, ya sin registrar a los Senoussi, el grupo más poderoso de familias tribales de Bengasi, cuyos hombres han librado gran parte de los combates. El rey Idris, derrocado por Kadafi en 1969, era Senoussi. La bandera rebelde roja, blanca y verde –la vieja bandera de la Libia prerrevolucionaria– es de hecho la bandera de Idris, una bandera Senoussi.

Ahora supongamos que los insurrectos llegan a Trípoli (el punto clave de todo el ejercicio, ¿no es así?): ¿serán bienvenidos allí? Sí, hubo protestas en la capital, pero muchos de esos valientes manifestantes venían de Bengasi. ¿Qué harán los partidarios de Kadafi? ¿Se disgregarán? ¿Se darán cuenta de pronto de que siempre sí odiaban a Kadafi y se unirán a la revolución? ¿O continuarán la guerra civil?

¿Y si los rebeldes entran a Trípoli y deciden que Kadafi y su demente hijo Saif al-Islam deben recibir su merecido, junto con sus matones? ¿Vamos a cerrar los ojos a las matanzas de represalia, a los ahorcamientos públicos, a tratos como los que los criminales de Kadafi han infligido durante tantos años? Me pregunto. Libia no es Egipto. Una vez más, Kadafi es un chiflado y, dado su extraño desempeño con su Libro Verde en el balcón de su casa bombardeada, es probable que de cuando en cuando también monte en cólera.

También está el peligro de que las cosas salgan mal de nuestro lado: las bombas que caen sobre civiles, los aviones de la OTAN que pueden ser derribados o estrellarse en territorio de Kadafi, la súbita sospecha entre los rebeldes/el pueblo libio/los manifestantes por la democracia de que la ayuda de Occidente tiene, después de todo, propósitos ulteriores. Y luego hay una aburrida regla universal en todo esto: en el segundo en que se emplean las armas contra otro gobierno, por mucha razón que se tenga, las cosas empiezan a desencadenarse. Después de todo, los mismos rebeldes que la mañana del jueves expresaban su furia ante la indiferencia de París ondeaban banderas francesas la noche de ese día en Bengasi. ¡Viva Estados Unidos! Hasta que…

Conozco los viejos argumentos. Por mala que haya sido nuestra conducta en el pasado, ¿qué debemos hacer ahora? Es un poco tarde para preguntar eso. Amábamos a Kadafi cuando llegó al poder en 1969 y luego, cuando mostró ser un orate, lo odiamos; después lo volvimos a amar –hablo de cuando lord Blair le estrechó las manos– y ahora lo odiamos de nuevo. ¿Acaso Arafat no tuvo un similar historial de altibajos para los israelíes y los estadunidenses? Primero era un superterrorista que anhelaba destruir a Israel, luego un superestadista que estrechó las manos de Yitzhak Rabin, y luego de nuevo se volvió un superterrorista cuando se dio cuenta de que había sido engañado sobre el futuro de Palestina.

Algo que podemos hacer es ubicar a los Kadafi y Saddam del porvenir que alimentamos hoy, los futuros dementes sádicos de la cámara de torturas que cultivan a sus jóvenes vampiros con nuestra ayuda económica. En Uzbekistán, por ejemplo. Y en Turkmenistán, Tayikistán, Chechenia y otros por el estilo. Hombres con los que tenemos que tratar, que nos venderán petróleo, nos comprarán armas y mantendrán a raya a los terroristas musulmanes.

Todo es tan conocido que fastidia. Y ahora estamos de nuevo en ello, dando puñetazos en el escritorio en unidad espiritual. No tenemos muchas opciones, a menos que queramos ver otro Srebrenica, ¿verdad? Pero un momento: ¿acaso aquello no ocurrió mucho después de que impusimos nuestra zona de exclusión aérea en Bosnia?

© The Independent

La Jornada, México

Traducción: Jorge Anaya

Libia en el gran juego geo-estratégico…

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En camino a la nueva partición de África

Manlio Dinucci, Il Manifesto/Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

KAND7

No sólo familias que temen por sus vidas e inmigrantes pobres de otros países norteafricanos huyen de Libia. Hay decenas de miles de “refugiados” que son repatriados por sus gobiernos en barcos y aviones: sobre todo son ingenieros y ejecutivos de grandes compañías petroleras. No sólo de ENI, que realiza cerca de un 15% de sus ventas desde Libia, sino otras multinacionales europeas, en particular: BP, Royal Dutch Shell, Total, BASF, Statoil, Repsol. Cientos de empleados de Gazprom también se vieron obligados a abandonar Libia y más de 30.000 trabajadores chinos de la compañía petrolera y de la construcción. Una imagen simbólica de cómo la economía libia está interconectada con la economía global, dominada por las multinacionales.

Gracias a sus ricas reservas de petróleo y gas natural, Libia tiene una balanza comercial positiva de 27.000 millones de dólares al año y un ingreso per cápita medianamente elevado de 12.000 dólares, seis veces mayor que el de Egipto. A pesar de fuertes diferencias en los ingresos bajos y altos, el nivel de vida promedio de la población de Libia (sólo 6,5 millones de habitantes en comparación con los casi 85 millones de Egipto) es por lo tanto mayor que el de Egipto y otros países norteafricanos. Lo muestra el hecho de que casi un millón y medio de inmigrantes, sobre todo del norte de África, trabajan en Libia. Cerca de un 85% de las exportaciones libias de energía van a Europa: Italia tiene el primer lugar con un 37%, seguida por Alemania, Francia y China. Italia también ocupa el primer lugar en importaciones de Libia, seguida por China, Turquía y Alemania.

Este marco ahora revienta como resultado de lo que se puede caracterizar no como una revuelta de masas empobrecidas, como las rebeliones en Egipto y Túnez, sino como una verdadera guerra civil, debida a una división del grupo gobernante. Quienquiera que diese el primer paso ha explotado el descontento contra el clan de Gadafi, que prevalece sobre todo entre las poblaciones de Cirenaica y los jóvenes en las ciudades, en un momento en el cual todo el norte de África ha tomado el camino de la rebelión. A diferencia de Egipto y Túnez, sin embargo, el levantamiento libio se planificó y organizó con anterioridad.

Las reacciones en la arena internacional también son simbólicas. Pekín ha dicho que está extremadamente preocupado por los sucesos de Libia y llamó a “un rápido retorno a la estabilidad y la normalidad”. El motivo es obvio: el comercio chino-libio ha crecido considerablemente (cerca de un 30% sólo en 2010), pero ahora China puede ver que toda la estructura de las relaciones económicas con Libia, de donde importa cantidades crecientes de petróleo, se ha puesto en juego. Moscú se encuentra en una posición semejante.

Diametralmente opuesta es la señal de Washington: el presidente Barack Obama, que cuando se vio enfrentado a la crisis egipcia minimizó la represión desencadenada por Mubarak y llamó a una “transición ordenada y pacífica”, ha condenado rotundamente al gobierno libio y anunció que EE.UU. prepara “toda la gama de opciones que tenemos a nuestra disposición para responder a esta crisis, incluidas ‘acciones que ponemos emprender solos y otras que podemos coordinar con nuestros aliados a través de instituciones multilaterales’.” El mensaje es evidente: existe la posibilidad de una intervención militar de EE.UU. y la OTAN en Libia, oficialmente para detener el derramamiento de sangre. Las verdaderas razones son obvias: Si se derroca a Gadafi EE.UU. podría derribar todo el marco de las relaciones económicas con Libia y abrir el camino a las multinacionales basadas en EE.UU., que hasta ahora están casi totalmente excluidas de la explotación de reservas de energía en Libia. Por lo tanto, EE.UU. podría controlar el grifo de las fuentes de energía de las que depende en gran parte Europa y que también provee a China.

Estos son las apuestas en el gran juego de la división de los recursos africanos, por los que tiene lugar una creciente confrontación, en especial entre China y EE.UU. La creciente potencia asiática, con la presencia en África de cerca de 5 millones de gerentes, técnicos y trabajadores, construye industrias e infraestructuras a cambio de petróleo y otras materias primas. EE.UU., que no puede competir en ese terreno, puede utilizar su influencia sobre las fuerzas armadas de los países africanos importantes, que entrena mediante el Comando África (AFRICOM), su principal instrumento para la penetración del continente. La OTAN también entra ahora en el juego, ya que está a punto de concluir un tratado de cooperación militar con la Unión Africana que incluye a 53 países.

La central de la cooperación de la Unión Africana con la OTAN ya se está construyendo en Addis Abeba: una estructura moderna, financiada con 27 millones de euros de Alemania, bautizada: “Construyendo paz y seguridad”.

Il Manifesto, 25 de febrero de 2011

Traducido del italiano por John Catalinotto

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=23413

Rebelion.org

Written by Eduardo Aquevedo

1 marzo, 2011 at 11:36

Khadafi pierde el control de varias ciudades…

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BENGHAZI, TOBRUK Y OTRAS LOCALIDADES DEL ESTE DE LIBIA ESTAN EN PODER DE LOS MANIFESTANTES

Parte de las fuerzas del ejército abandonaron su obediencia al régimen y se plegaron a los reclamos de la gente en las calles desde el 15 de febrero. Los militares leales combatían por retener el oeste del país.

Los reclamos del pueblo libio corren como ríos por las calles del país. En el noveno día de protestas, la fuerza de las manifestaciones en algunas ciudades fue tal, que arrasó con todo vestigio del legendario régimen de Muammar Khadafi. Los manifestantes que reclaman el fin del gobierno tomaron el control de Tobruk, la principal ciudad de la frontera con Egipto, al este libio. Con ese territorio, el gobierno perdió el control de por lo menos cuatro localidades del este –incluyendo Benghazi– en las que un denominador común tomó protagonismo: el Ejército en funciones abandonó su obediencia al “líder y hermano guía de la revolución libia”, como se autodenomina Khadafi, y se declaró a favor de las revueltas. Ayer, además, otros dos funcionarios abandonaron sus puestos. Uno de los principales asistentes del hijo menor de Khadafi y el ministro de Justicia renunciaron “como condena a la violencia con la que el gobierno respondió al pueblo”. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, condenó el accionar del oficialismo libio y advirtió sobre la aplicación de posibles sanciones (ver recuadro).

El régimen de Khadafi, en el poder desde hace 42 años, se enfrenta a un movimiento de contestación sin precedentes desde el 15 de febrero. Su respuesta a los reclamos del pueblo, una represión extremadamente violenta que contó con ataques de patotas paramilitares y bombardeos aéreos, dejó un tendal de 300 muertos, según las propias autoridades. Para la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), las víctimas ascienden a 640, luego de contabilizar que al menos 275 personas perdieron la vida en la capital, Trípoli, y 230 en Ben-ghazi. El recuento no incluye posibles víctimas en Tobruk, donde también hubo protestas. La cadena árabe de noticias Al Jazeera se animó con la cifra de mil muertos. Sin embargo, las cifras son difíciles de confirmar debido a las interrupciones de las conexiones telefónicas y de Internet y a la limitación a los periodistas internacionales para entrar en el país.

Según reportaron medios de comunicación extranjeros, en Benghazi, la segunda ciudad del país, miles de personas festejaban en las calles la toma del poder en la ciudad. Corresponsales árabes aseguraron que en Tobruk no hay presencia de fuerzas de seguridad pública. “Estamos del lado del pueblo. En el pasado apoyamos a Khadafi, pero la situación cambió. El es un tirano”, remarcó a la cadena de noticias el comandante de las fuerzas armadas en esa ciudad, general Suleimán Mahmoud. En tanto, cronistas de la agencia de noticias británica Reuters aseguraron que Musaid, otra ciudad importante del este libio, también está bajo control de los manifestantes. Pero también la ciudad Misurata, el oeste del país, estaría en manos opositoras, según informó Al Jazeera.

Un día después de que llamara a sus seguidores a combatir a los manifestantes y amenazara con el uso letal de la fuerza contra sus críticos, el primer ministro libio continúa perdiendo apoyo de funcionarios de su gobierno y miembros de las fuerzas armadas. A los soldados y generales que se plegaron a las protestas en Benghazi y Tobruk se sumaron las unidades militares de otras ciudades, como Al Jabal al Akhdar y Derna, que prometieron proteger al pueblo.

“Expreso mi más profundo desprecio a la violencia de Khadafi”, anunció en su comunicado de renuncia Youssef Sawanhi, uno de los principales asesores del hijo menor de Khadafi, Saif al Islam. También dimitió el ahora ex ministro de Justicia Mustapha Abdeljalil, “en protesta al excesivo uso de la violencia contra los manifestantes”. Según fuentes anónimas, el primer ministro se habría atrincherado junto con cuatro brigadas de las fuerzas de seguridad en la base militar Bab al Asisiya, en Trípoli, cuyas calles estaban desiertas. Cabe recordar que la ciudad capital es el último bastión pro Khadafi que pudo observarse hasta la tarde de ayer en el país.

En tanto, en una entrevista concedida al periódico inglés Financial Times, el hijo mayor de Khadafi aseguró: “Mi padre seguirá jugando un rol esencial en Libia, aunque es cierto que es necesaria sangre nueva”. Además, aseguró que su hermano está trabajando en una nueva Constitución. “Pronto habrá novedades”, añadió.

Mientras aumentan las condenas internacionales a la represión violenta de las protestas, también lo hacen las cifras de libios y libias que huyen de su país en busca de refugio. El ministro del Exterior italiano, Franco Frattini, advirtió que hasta 300 mil libios podrían estar a punto de huir a Europa. Asimismo, miles de libios huyeron hacia las fronteras de los países vecinos de Egipto y Túnez, ante la situación convulsa que vive el país árabe. Según los datos de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), cerca de cinco mil personas huyeron a la frontera tunecina y 15 mil a la egipcia. Por su parte, la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) indicó que recibió “señales positivas” de ambos países de que mantendrán las fronteras abiertas para recibir a las personas que abandonan Libia.

Kadafi, el terrorista de Estado…
Alencontre.org
Las manifestaciones contra el poder dictatorial de Mouammar Kadafi comenzaron el 14 de febrero. La represión masiva y brutal se puso en marcha a raíz de las amplias movilizaciones, impulsadas bajo el lema “Día de cólera” el 17 de febrero. 

Desde entonces, la movilización se desarrolló en distintas ciudades. Pero la represión tomó el perfil de una verdadera masacre. Así pues, Ali al-Essawi, embajador de Libia en la India, que dimitió de su puesto, indicó a la cadena Al-Jazira, (martes 22 de febrero), que se habían utilizado algunos aviones de combate para tirar contra la población civil. Este embajador no dudó en utilizar el término de “masacres” y pedir que la ONU bloqueara el espacio aéreo de Libia con el fin de “proteger a la población”. Hay que señalar que el embajador de Libia en Australia cortó los vínculos con el poder de Kadafi, lo mismo sucede para los embajadores en la India, Bangladesh, Malasia, Indonesia, así como de los representantes de las embajadas libias ante la Unión Europea y la Liga Árabe.

En Benghazi, segunda ciudad del país, las fuerzas anti-régimen parecen haber tomado el control de la ciudad, en particular a raíz de la deserción de unidades militares que se unieron a los manifestantes. La violencia de la represión y el tipo de armas utilizada resultan de las declaraciones del Dr. Ahmed a la cadena Al-Jazira. Este último indica que “cuerpos se encontraban en tres o cuatro partes. A veces, solamente una pierna, a veces solamente una mano. ” En esta sola ciudad, el número de personas asesinadas se eleva, según este médico, a más de 300. Este martes, durante la mañana, ninguna persona herida se condujo al hospital. Este mismo médico, en el mismo sentido que otras fuentes, destaca la falta completa de medicamentos y material sanitario. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Egipto, la pista del aeropuerto de Benghazi se destruyó, lo que impide la llegada de todo avión. Soldados, que volvían a su cuartel, encontraron el cuerpo de otros soldados, asesinados, porque se habían negado a tirar contra civiles. La represión parece haber tomado formas aún más violentas en la capital, Trípoli. En los barrios de Tajoura y Fachloum, hombres armados y paracaídas lanzados por helicópteros, disparaban contra los manifestantes. Ante el pánico desatado, las mezquitas reclamaban ayuda por los altavoces.

Mouammar Kadhafi dispone desde hace tiempo de un aparato represivo potente y de milicias vinculadas al Comité Revolucionario. Estas estructuras son la base efectiva de su poder, que parecen más sólidas en Trípoli y sus alrededores. La represión brutal del poder impulsó la renuncia del embajador de Libia en la ONU, Ibrahim Dabbashi, quien afirmó que el régimen de Kadhafi “había iniciado un genocidio contra el pueblo libio”. Dabbashi y sus colegas reclamaron que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya inicie una investigación inmediata contra Kadafi, sus hijos y su clan, por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Será interesante conocer la posición del presidente Hugo Chávez sobre este levantamiento popular en Libia y las matanzas de Estado que están ocurriendo. ¿Qué dirá el presidente de Venezuela y lider del PSUV (el partido de Estado de la “revolución bolivariana”) que, en octubre de 2010, firmaba cuatro convenios y cinco memorándums de acuerdo con Kadafi?

Sobre todo teniendo en cuenta que en un discurso televisado – ciertamente grabado antes y pasado al final de la tarde de hoy, 22 de febrero, donde Kadafi aparece delante de la entrada del edificio oficial bombardeado por Estados Unidos en 1986 – el dictador declara: “Soy un combatiente, un revolucionario beduino, yo no me voy a ir con esta situación. Moriré como un mártir” (…) “Ni siquiera he comenzado a dar órdenes de usar balas; si necesitamos emplear la fuerza, la usaremos”. Ha llamado a sus partidarios a defender su régimen y a luchar contra “las ratas” que siembran los disturbios. “La lucha se llevará a cabo calle por calle hasta que el suelo libio sea liberado. Los que queréis a Kadafi, formad comités populares y atad a estos jóvenes en casa”. Les pide a sus simpatizantes llevar un brazalete verde para reconocerse.

Es decir, Kadafi declara abrir una nueva fase de la guerra contra todos los que se oponen a su poder. Se asume el terrorismo de Estado.

El aterrizaje de dos aviones de combate a Malta, Miraje F1, controlados por oficiales que se negaron bombardear a los manifestantes, abrió el tema: ¿de qué armamento dispone Kadafi? En efecto, Trípoli había comprado en los años setenta una cuarentena de Miraje F1 a Francia. Debido al embargo internacional que pesaba sobre Libia, estos aviones les fueron vendidos por algunas empresas francesas privadas. Es gracias a la venta del petróleo que el poder libio pudo, a partir del final del embargo internacional en 1999, renovar el armamento adquirido anteriormente en la URSS y en los países occidentales. Así pues, ucranianos y rusos modernizaron una escuadrilla de Sukhoï-24 y los helicópteros que se habían comprado en masa en los años setenta y 1980. El lunes 21 de febrero de 2011, fueron helicópteros de transporte Chinnok los que se vieron sobre Trípoli. Estos helicópteros fueron construidos por la empresa norteamericana Boeing y armados y mantenidos por la empresa italiana Agusta Westland. En 2006, para guardar las fronteras y consolidar su acuerdo con Italia con el fin de impedir la salida de “refugiados” africanos (trabajadores), Kadafi había comprado helicópteros Agusta 109.

Desde el 2007, se celebraba cada dos años en Trípoli una exposición de armamento – el LAVEX (Libyan Aviación Conferencia and Exposición) – donde los negociantes de armas esperaban colocar su material gracias a 45.000 millones de dólares de ingresos petrolíferos de Libia (aunque estos últimos bajaron con motivo de la crisis de 2008-2009). Así pues, Dassault esperaba colocar su Rafale (la Sra. Alliot-Marie está en Brasil para intentar venderlo al gobierno de ese país); Sukhoï su benjamín, el Sukhoï-35; el europeo EADS su Typhoon. El próximo LAVEX estaba previsto para septiembre de 2011. Algunas dificultades se le presentarán a todos estos fabricantes; no debido a las masacres contra la población libia, sino por la gran probabilidad de que Kadafi no pueda seguir haciendo sus compras.

La naturaleza militar, policial y tribal del régimen Kadhafi no deja lugar a dudas sobre sus vínculos con los poderes económicos mencionados; esos vínculos son reveladores del papel económico jugado por las grandes potencias, desde hace mucho tiempo, para alimentar el aparato de seguridad (represivo) del régimen libio. Por otra parte, es significativo que la agencia calificadora “Standard & Poor” haya pasado la nota de Libia de A para BBB +. Como forma de alertar a los acreedores y esperen el regreso de la “calma de los cementerios”.

La solidaridad con el pueblo libio ya se manifiesta en Túnez, cientos de jóvenes manifestaron a este ante la embajada de Libia en Túnez. Este ejemplo puede encontrar un eco, tanto en distintos países del mundo árabe como en Europa.

Traducción de Ernesto Herrera

Fuente: http://www.alencontre.org/

Written by Eduardo Aquevedo

24 febrero, 2011 at 4:51

Rebelión en el mundo Arabe: el poder de la brutalidad… y sus límites

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Robert Fisk
La Jornada

Luego de tres semanas de observar a la más poblada de las naciones árabes arrojar del poder a un anciano ridículo, caigo en la cuenta de un hecho extraño. Hemos estado informando al mundo de que la infección de la revolución de Túnez se propagó a Egipto, y de que en Yemen, Bahrein y Argelia han surgido protestas democráticas casi idénticas, pero hemos pasado por alto la contaminación más destacada de todas: que la policía de seguridad del Estado, puntal del poder de los autócratas árabes, recurre en Saná, Bahrein y Argel a las mismas tácticas desesperadas de salvajismo que los dictadores de Túnez y Egipto intentaron en vano contra sus ciudadanos en pie de lucha.

Así como los millones de manifestantes no violentos en El Cairo aprendieron de Al Jazeera y de sus pares en Túnez –hasta en esos mensajes de correo electrónico en que los tunecinos aconsejaban a los egipcios partir limones a la mitad y comerlos para evitar los efectos del gas lacrimógeno–, así también los esbirros de seguridad del Estado en Egipto, que presumiblemente veían los mismos programas, ejercieron precisamente la misma brutalidad que sus colegas en Túnez. Increíble, si se pone uno a pensar en ello.

Los policías de El Cairo vieron a los tunecinos apalear a los opositores hasta dejarlos como masas sanguinolentas y –pasando del todo por alto que eso precipitó la caída de Ben Alí– copiaron fielmente la táctica.

Habiendo tenido el placer de estar junto a estos guerreros del Estado en las calles de El Cairo, puedo atestiguar sus tácticas por experiencia personal. Primero, la policía uniformada confrontó a los manifestantes. Luego abrió filas para permitir que los baltagi –ex policías, drogadictos y ex presidiarios– corrieran al frente y golpearan a los manifestantes con palos, cachiporras y barretas de hierro. Luego los criminales se replegaron hacia las filas de la policía mientras los uniformados bañaban a los manifestantes con miles de latas de gas lacrimógeno (de nuevo, hechas en Estados Unidos). Al final, según observé con considerable satisfacción, los manifestantes sencillamente avasallaron a los hombres del Estado y sus mafiosos.

Pero, ¿qué ocurre cuando sintonizo Al Jazeera para ver hacia dónde debemos viajar ahora? En las calles de Yemen hay policías de seguridad del Estado cargando con cachiporras a las multitudes de manifestantes en Saná y luego abriendo filas para permitir que esbirros sin uniforme ataquen con garrotes, cachiporras, barras de hierro y pistolas. Y en el momento en que estos criminales se repliegan, la policía yemení baña de gas lacrimógeno a las multitudes. Luego las imágenes son de Bahrein, donde –no necesito decirlo, ¿o sí?– los policías aporrean a hombres y mujeres y arrojan miles de cargas de gas lacrimógeno con tal promiscuidad que los propios uniformados acaban vomitando en el pavimento. Extraño, ¿no?

Pero no, sospecho que no. Durante años, los servicios secretos de estos países han imitado a sus iguales por una sencilla razón: porque sus capos de inteligencia han estado pasándose tips durante años. También para torturar. Los egipcios aprendieron a usar electricidad con mucha mayor fuerza en sus prisiones del desierto luego de una amistosa visita de los muchachos de la estación de policía de Chateauneuf, en Argel (que se especializan en bombear agua en el cuerpo de los hombres hasta literalmente hacerlos estallar en pedazos). Cuando estuve en Argel, el pasado diciembre, el jefe de seguridad del Estado tunecino llegó en visita fraternal. Fue como cuando los argelinos visitaron Siria en 1994 para averiguar cómo Hafez Assad enfrentó el levantamiento musulmán de 1982 en Hama. Simple: masacrar a la gente, volar la ciudad, dejar a la intemperie los cuerpos de culpables e inocentes por igual para que los sobrevivientes los vieran. Y eso mismo hizo le pouvoir después tanto con los desalmados islamistas armados como con su propio pueblo.

Fue algo infernal, esa universidad abierta de la tortura, una constante ronda de conferencias y recuentos de primera mano de interrogatorios hechos por sádicos del mundo árabe, con el constante apoyo del Pentágono y sus escandalosos manuales de cooperación estratégica, para no mencionar el entusiasmo de Israel.

Pero había una falla vital en esas lecciones. Si alguna vez –sólo una vez– la gente perdiera el miedo y se levantara para aplastar a sus opresores, el mismo sistema de dolor y horror se volvería su enemigo, y su ferocidad sería precisamente la razón de su derrumbe. Eso es lo que ocurrió en Túnez. Y en Egipto.

Es una lección instructiva. Bahrein, Argelia y Yemen aplican políticas de brutalidad idénticas a las que les fallaron a Ben Alí y Mubarak. No es ése el único extraño paralelismo entre el derrocamiento de los dos titanes. Mubarak en verdad creía la noche del jueves que el pueblo sufriría otros cinco meses de su dictadura. Ben Alí al parecer creía lo mismo.

Lo que esto demuestra es que los dictadores de Medio Oriente son infinitamente más estúpidos, desalmados, vanidosos, arrogantes y ridículos de lo que sus propios pueblos creían. Gengis Kan y lord Blair de Isfaján fundidos en uno.

Traducción: Jorge Anaya

© The Independent

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/02/16/index.php?section=opinion&article=034a1mun

rCR

Written by Eduardo Aquevedo

21 febrero, 2011 at 13:14

La izquierda mundial y las elecciones iraníes

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Immanuel Wallerstein

IRAN-ELEC Las recientes elecciones en Irán, y los subsecuentes desafíos a su legitimidad, han sido un asunto de enorme conflicto interno en Irán y un debate que parece interminable en el resto del mundo –un debate que amenaza con permanecer por algún tiempo todavía. Una de sus más fascinantes consecuencias es que en esta discusión de escala mundial ha habido una enorme división entre personas que se consideran parte de la izquierda del mundo. Varían en sus puntos de vista –desde ser gente que respalda incondicionalmente el análisis que Ahmadinejad/Jamenei hacen de la situación, a ser oponentes virtualmente incondicionales, con múltiples posiciones intermedias. Esto puede reflejar tanto el estado de la izquierda mundial como la situación en Irán.

¿Qué ha ocurrido en Irán? Hubo una elección. Al parecer hubo una gran afluencia de votantes. El gobierno anunció una victoria arrasadora del presidente en el cargo, Mahmud Ahmadinejad. Los simpatizantes de los otros tres candidatos han hecho la acusación de que las cifras son fraudulentas. Las dos principales bases de estas acusaciones fueron la rapidez y naturaleza cerrada del proceso de conteo y la implausibilidad de algunos resultados de votaciones si se desglosan según las diferentes áreas del país. La autoridad última de Irán, el ayatola Ali Jamenei, aseguró en términos sin ambigüedades que los resultados de las votaciones eran esencialmente correctos y que, como tal, la elección era enteramente legítima. Él ha insistido en que todos reconozcan la validez de los resultados y que dejen de cuestionarlos.

Inmediatamente después de las elecciones grandes números de personas salieron a las calles a protestar los resultados reportados y llamaron a un recuento o a nuevas elecciones. Conforme acumularon vapor estas protestas, Ahmadinejdad/Jamenei respondieron con medidas represivas más y más severas. Las Guardias Revolucionarias y la llamada Basiji (una especie de milicia popular) utilizaron considerable fuerza para sacar a los manifestantes de las calles, mataron a algunos y arrestaron a números significativos en el proceso.

Todavía ahora, las figuras principales de la oposición, el candidato presidencial Mirhosein Musavi y sus dos simpatizantes clave, los ex presidentes Akbar Hashemi Rafsanjani y Mohammad Jatami, continúan arguyendo que las elecciones no produjeron un resultadolegítimo. En esto cuentan con el respaldo de los otros dos candidatos en la carrera presidencial, que recibieron menos votos.

¿Qué es lo que quieren estas importantes figuras? Todas alegan ser fieles seguidores de la revolución de 1978-1979 y estar dedicados a la preservación de la república iraní existente. En resumen, no están llamando a un cambio de régimen. Por el contrario, insisten en que son más fieles adherentes del espíritu original de la revolución iraní que el grupo que actualmente está en el poder.

¿Cómo ha interpretado esto la izquierda mundial? La presente situación en Irán no es para nada única. Después de todo, ha habido protestas populares masivas en muchos países de todo el mundo en un momento u otro por mucho tiempo. Así, la izquierda mundial tiene interminables analogías con las cuales comparar la situación iraní. Para empezar, está la revolución iraní de 1978-1979. Pero también está Tienanmen en China, en 1989, las revoluciones de 1968 en incontables países, las llamadas revoluciones de colores, de cosecha reciente en los ex países comunistas, un gran número de acontecimientos en diferentes países latinoamericanos y las huelgas generales en Francia en 1995. Uno podría remontarse a las revoluciones rusa y francesa si así lo deseara.

Con toda seguridad, la izquierda mundial –cualquier cosa que esto sea– no tiene una visión unificada de estas protestas populares. De hecho, uno podría decir que uno de los principales problemas con la izquierda mundial contemporánea es su incoherencia colectiva al encarar la panoplia y notable variedad concreta de tales protestas populares.

La razón de esta incoherencia colectiva es triple. Primero, hay una larga historia de desilusiones con los resultados de dichas protestas populares, especialmente en los últimos 50 años. Segundo, hoy hay una debilidad organizativa objetiva de los movimientos políticos de la izquierda tradicional en la mayoría de los países. (Las principales voces de la izquierda mundial de hoy tienden a ser, en su mayor parte, primordialmente intelectuales con posturas independientes o activistas localizados en muy pequeñas organizaciones.) Tercero, está el hecho de que los llamados análisis de izquierda difieren fundamentalmente en lo que piensan que se debería mirar cuando se analiza las situaciones concretas.

Algunos miran primordialmente las relaciones interestatales. ¿Cuál sería la consecuencia, geopolítica, de que un gobierno particular fuera remplazado por una serie diferente de líderes o, más aun, de que un régimen cambiara hacia uno de diferente tipo? En el caso de Irán en el momento actual, todos saben que está en fuerte conflicto con Estados Unidos (y en menor grado con Europa occidental), sobre todo pero no exclusivamente en lo relacionado con asuntos nucleares. El presidente Ahmadinejad está identificado con una fuerte posición iraní vis-à-visEstados Unidos. Tanto él como Jamenei han argumentado en repetidas ocasiones que Estados Unidos y Gran Bretaña están tras las protestas populares con el fin de que Ahmadinejad sea retirado del cargo en favor de alguien más maleable desde el punto de vista estadunidense. Hugo Chávez ha ofrecido su total respaldo a Ahmadinejad primordialmente con estos argumentos. Ésta es una forma plausible pero limitada de analizar una situación. Después de todo, pocos izquierdistas apoyarían el actual régimen de Myanmar, que recientemente suprimió brutalmente las manifestaciones de monjes budistas con el argumento de que el gobierno estadunidense anhela ver un cambio de régimen en Myanmar.

O uno podría mirar, más bien, las divisiones de clase al interior de Irán. Algunos autoidentificados miembros de la izquierda mundial argumentan que los simpatizantes de Musavi son en gran medida personas de la clase media o acaudaladas, mientras que Ahmadinejad extrae sus simpatizantes de los estratos populares. Por tanto, dicen, un izquierdista debería respaldar a Ahmadinejad. Algunos otros izquierdistas analizan la situación de modo diferente, argumentando que esto es meramente una lucha entre dos variedades de grupos privilegiados, y que el respaldo de Ahmadinejad en las zonas más pobres de Teherán es en gran medida el resultado de un populismo desde arriba (y peor aún, de un pan y circo al estilo Berlusconi). Otros más apuntan a realidades étnicas entre los estratos más pobres, argumentando que las áreas rurales donde no se habla farsi o que no son chiítas quedan fuera de la distribución populista, están oprimidos y son hostiles a Ahmadinejad, quien representa meramente, dicen, al grupo étnico dominante.

Además, muchos izquierdistas son fundamentalmente anticlericales. Se rehúsan a reconocer la legitimidad de cualquier régimen que se base en el papel central del clero. Nos recuerdan que el actual régimen iraní eliminó sistemáticamente todos los partidos de izquierda no islámicos, incluso aquellos partidos que apoyaron el derrocamiento del cha. Tudeh, el partido comunista iraní, ha condenado los resultados de las elecciones y respalda las demandas de Musavi pese a sus reservas hacia éste.

Hay dos cosas que decir acerca de los levantamientos populares dondequiera que ocurran. La primera es que nunca es fácil para la gente el salir a las calles a exigirle al gobierno que cambie sus políticas. Todos los gobiernos están listos a usar la fuerza contra tales demandas, unos con mayor rapidez que otros. Así que cuando la gente sale a las calles, nunca es sólo porque los de fuera los manipulan. Cuando la CIA arregló el golpe en Irán en 1953, no lo hizo induciendo a que los iraníes salieran a las calles. Lo hizo trabajando tras bambalinas con los oficiales militares. Uno debería respetar la autonomía política de los grupos que, de hecho, se arriesgan a salir a las calles. Es muy fácil culpar a los agitadores externos.

La segunda cosa que hay que decir acerca de los levantamientos populares es que siempre e inevitablemente son una coalición de muchos elementos. Algunos de los manifestantes son aquéllos con agravios específicos inmediatos. Otros buscan cambiar el personal dentro del gobierno pero no el régimen como tal. Y unos quieren cambiar, es decir derrocar, el régimen. Las manifestaciones populares casi nunca lo forma un grupo de personas consistente ideológicamente. Lo normal es que los levantamientos sucedan solamente cuando existen tales coaliciones. Pero esto siempre significa que el resultado poslevantamiento es inherentemente incierto. Así que la izquierda mundial debe ser cuidadosa al ofrecer su respaldo político y moral a los levantamientos populares.

Vivimos en tiempos muy caóticos. No es imposible una estrategia coherente de la izquierda mundial. Pero no será fácil. Y todavía no se logra. Las consecuencias para el mundo de la lucha al interior de Irán no son claras como el cristal. La izquierda mundial no debe ser muda, pero debería ser prudente.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein/Sociólogo

La Jornada.mx

Funcionarios cubanos limitan libertad de expresión de los ‘blogueros’: cuba amplía libertades democráticas básicas, o las reduce?

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El Gobierno cubano obstaculiza el acceso a la Red en los hoteles

MAURICIO VICENT – La Habana – 09/05/2009

BLOGUERA--YOANISANCHEZ Las dificultades y prohibiciones para acceder a Internet en Cuba siguen incrementándose, denunciaron ayer blogueros cubanos críticos con el Gobierno. Según Reinaldo Escobar, administrador de un blog contestatario y esposo de la conocida bloguera Yoani Sánchez, una "resolución ministerial" que ya ha empezado a aplicarse en hoteles de La Habana impide vender tarjetas de conexión a Internet a clientes cubanos en los establecimientos turísticos. Una empleada del centro de negocios del hotel Meliá Cohíba confirmó que en dicha instalación ya se aplica una instrucción "que limita el servicio de Internet a los clientes extranjeros".

ver M. Castells: "El Poder tiene temor de internet"

      Según Escobar, hace pocos días le fue negado el servicio de conexión inalámbrica de Internet en el Cohíba, e incluso la persona que le atendió le enseñó la ordenanza. "Era una resolución conjunta del Ministerio de Turismo y del de Informática y Telecomunicaciones; tenía dos o tres folios y decía en uno de sus puntos que el servicio de Internet era sólo para extranjeros", asegura Escobar. El periodista cubano dijo que en el hotel Nacional de La Habana también aplican la medida.

      El uso de Internet está muy limitado en Cuba. Los cubanos no pueden contratar una cuenta particular, a no ser que sean autorizados especialmente por las autoridades, que dicen priorizar el "uso social" de Internet y achacan las restricciones al embargo comercial de EE UU y a las limitaciones económicas. La población puede abrir cuentas de correo electrónico en oficinas de correos, pero no tienen acceso a la Red. De ahí que se recurra a los hoteles que ofrecen Internet a los extranjeros.

      La información es confusa. La práctica totalidad de los hoteles de la capital seguía atendiendo ayer a clientes cubanos y casi ninguno de los empleados decía saber nada de ningún nuevo reglamento, excepto el Cohíba. Incluso hoteles como el Meliá Habana y Tryp Habana Libre, ambos bajo gestión de la cadena mallorquina, daban servicio de Internet con normalidad, eso sí, a precios prohibitivos -cuatro euros por media hora y ocho por hora, cuando el salario promedio mensual en Cuba es de 408 pesos mensuales, menos de 15 euros al cambio-.

      Fuentes de la cadena Meliá explicaron que en el caso del Cohíba ha empezado a aplicarse un "nuevo contrato" con la empresa de telecomunicaciones Etecsa, que es la que da servicio de Internet, y que sí contempla la limitación de brindar servicio de conexión de Internet a los cubanos, a no ser que sean residentes en el extranjero. "El hotel no es servidor de Internet, ese servicio lo da Etecsa [empresa mixta cubano-italiana], y ella establece sus normas", dijo la fuente. La misma señaló que ni el Meliá Habana ni el Habana Libre tenían un contrato similar. El hotel Nacional está limitando el uso de Internet a todos los huéspedes del hotel. El disidente Óscar Espinosa dijo ayer a EL PAÍS que, según sus noticias, en la mayoría de los hoteles los cubanos tenían acceso a Internet, pero expresó que el problema es otro. "Las restricciones al uso de Internet son muchas, y existe la posibilidad de que el Gobierno trate de limitar su uso aún más, en un intento por controlar la información en momentos de grave crisis económica".

      El País.com

      M. Castells: "El Poder tiene miedo de Internet"…

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      Manuel Castells, Sociólogo

      Si alguien ha estudiado las interioridades de la sociedad de la información es el sociólogo Manuel Castells (Hellín, 1942). Su trilogía La era de la información: economía, sociedad y cultura ha sido traducida a 23 idiomas. Es uno de los primeros cerebros rescatados: volvió a España, a dirigir la investigación de la Universitat Oberta de Catalunya, en 2001, después de haber investigado e impartido clases durante 24 años en la Universidad de California, en Berkeley. Una de sus investigaciones más reciente es el Proyecto Internet Cataluña, en el que durante seis años ha analizado, mediante 15.000 entrevistas personales y 40.000 a través de la Red, los cambios que Internet introduce en la cultura y la organización social, y acaba de publicar, con Marina Subirats, Mujeres y hombres, ¿un amor imposible? (Alianza Editorial), donde aborda las consecuencias de estos cambios.

      Pregunta. Esta investigación muestra que Internet no favorece el aislamiento, como muchos creen, sino que las personas que más chatean son las más sociables.

      Respuesta. Sí. Para nosotros no es ninguna sorpresa. La sorpresa es que ese resultado haya sido una sorpresa. Hay por lo menos 15 estudios importantes en el mundo que dan ese mismo resultado.

      P. ¿Por qué cree que la idea contraria se ha extendido con éxito?

      R. Los medios de comunicación tienen mucho que ver. Todos sabemos que las malas noticias son más noticia. Usted utiliza Internet, y sus hijos, también; pero resulta más interesante creer que está lleno de terroristas, de pornografía… Pensar que es un factor de alienación resulta más interesante que decir: Internet es la extensión de su vida. Si usted es sociable, será más sociable; si no lo es, Internet le ayudará un poquito, pero no mucho. Los medios son en cierto modo la expresión de lo que piensa la sociedad: la cuestión es por qué la sociedad piensa eso.

      P. ¿Por miedo a lo nuevo?

      R. Exacto. Pero miedo, ¿de quién? De la vieja sociedad a la nueva, de los padres a sus hijos, de las personas que tienen el poder anclado en un mundo tecnológica, social y culturalmente antiguo, respecto de lo que se les viene encima, que no entienden ni controlan y que perciben como un peligro, y en el fondo lo es. Porque Internet es un instrumento de libertad y de autonomía, cuando el poder siempre ha estado basado en el control de las personas, mediante el de información y comunicación. Pero esto se acaba. Porque Internet no se puede controlar.

      P. Vivimos en una sociedad en la que la gestión de la visibilidad en la esfera pública mediática, como la define John J. Thompson, se ha convertido en la principal preocupación de cualquier institución, empresa u organismo. Pero el control de la imagen pública requiere medios que sean controlables, y si Internet no lo es…

      R. No lo es, y eso explica por qué los poderes tienen miedo de Internet. Yo he estado en no sé cuántas comisiones asesoras de gobiernos e instituciones internacionales en los últimos 15 años, y la primera pregunta que los gobiernos hacen siempre es: ¿cómo podemos controlar Internet? La respuesta es siempre la misma: no se puede. Puede haber vigilancia, pero no control.

      P. Si Internet es tan determinante de la vida social y económica, ¿su acceso puede ser el principal factor de exclusión?

      R. No, el más importante seguirá siendo el acceso al trabajo y a la carrera profesional, y antes el nivel educativo, porque, sin educación, la tecnología no sirve para nada. En España, la llamada brecha digital es por cuestión de edad. Los datos están muy claros: entre los mayores de 55 años, sólo el 9% son usuarios de Internet, pero entre los menores de 25 años, son el 90%.

      P. ¿Es, pues, sólo una cuestión de tiempo?

      R. Cuando mi generación haya desaparecido, no habrá brecha digital en el acceso. Ahora bien, en la sociedad de Internet, lo complicado no es saber navegar, sino saber dónde ir, dónde buscar lo que se quiere encontrar y qué hacer con lo que se encuentra. Y esto requiere educación. En realidad, Internet amplifica la más vieja brecha social de la historia, que es el nivel de educación. Que un 55% de los adultos no haya completado en España la educación secundaria, ésa es la verdadera brecha digital.

      P. En esta sociedad que tiende a ser tan líquida, en expresión de Zygmunt Bauman, en que todo cambia constantemente, y que cada vez está más globalizada, ¿puede aumentar la sensación de inseguridad, de que el mundo se mueve bajo nuestros pies?

      R. Hay una nueva sociedad que yo he intentado definir teóricamente con el concepto de sociedad-red, y que no está muy lejos de la que define Bauman. Yo creo que, más que líquida, es una sociedad en que todo está articulado de forma transversal y hay menos control de las instituciones tradicionales.

      P. ¿En qué sentido?

      R. Se extiende la idea de que las instituciones centrales de la sociedad, el Estado y la familia tradicional, ya no funcionan. Entonces se nos mueve todo el suelo a la vez. Primero, la gente piensa que sus gobiernos no la representan y no son fiables. Empezamos, pues, mal. Segundo, piensan que el mercado les va bien a los que ganan y mal a los que pierden. Como la mayoría pierde, hay una desconfianza hacia lo que la lógica pura y dura del mercado le pueda proporcionar a la gente. Tercero, estamos globalizados; esto quiere decir que nuestro dinero está en algún flujo global que no controlamos, que la población se ve sometida a unas presiones migratorias muy fuertes, de modo que cada vez es más difícil encerrar a la gente en una cultura o en unas fronteras nacionales.

      P. ¿Qué papel desempeña Internet en este proceso?

      R. Por un lado, al permitirnos acceder a toda la información, aumenta la incertidumbre, pero al mismo tiempo es un instrumento clave para la autonomía de las personas, y esto es algo que hemos demostrado por primera vez en nuestra investigación. Cuanto más autónoma es una persona, más utiliza Internet. En nuestro trabajo hemos definido seis dimensiones de autonomía, y hemos comprobado que cuando una persona tiene un fuerte proyecto de autonomía, en cualquiera de esas dimensiones, utiliza Internet con mucha más frecuencia e intensidad. Y el uso de Internet refuerza a la vez su autonomía. Pero, claro, cuanto más controla una persona su vida, menos se fía de las instituciones.

      P. Y mayor puede ser su frustración por la distancia que hay entre las posibilidades teóricas de participación y las que ejercen en la práctica, que se limitan a votar cada cuatro años, ¿no cree?

      R. Sí, hay un desfase enorme entre la capacidad tecnológica y la cultura política. Muchos municipios han puesto puntos Wi-Fi de acceso, pero si al mismo tiempo no son capaces de articular un sistema de participación, sirven para que la gente organice mejor sus propias redes, pero no para participar en la vida pública. El problema es que el sistema político no está abierto a la participación, al diálogo constante con los ciudadanos, a la cultura de la autonomía, y, por tanto, estas tecnologías lo que hacen es distanciar todavía más la política de la ciudadanía.

      Breve CV de Manuel Castells (tomado de sitio de J.J. Brunner)

      Nacido en España en 1942.

      Profesor de investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) en Barcelona. Es también Catedrático Emérito de sociología y Catedrático Emérito de planificación urbana y regional de la University of California, Berkeley, donde impartió clases durante 24 años. Catedrático Titular de la Cátedra Wallis Annenberg de Tecnología de Comunicación y Sociedad en la University of Southern California en Los Angeles. Profesor Visitante Distinguido de Tecnología y Sociedad, titular de la Cátedra Marvin y Joanne Grossman en el Massachussets Institute of Technology y Profesor Visitante Distinguido de Estudios de Internet en la Oxford University.

      Anteriormente, fue Profesor de Sociología de la École des Hautes Études en Sciencies Sociales (1967-1979), Catedrático y Director del Instituto de Sociología de Nuevas Tecnologías de la Universidad Autónoma de Madrid (1988-1993), Profesor de Investigación en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Barcelona (1997) y Catedrático de Sociología y de Planificación Urbana y Regional en la University of California, Berkeley (1979-2003).

      Ha sido Profesor Visitante en 15 universidades alrededor del mundo y conferenciante invitado en centenares de instituciones académicas y profesionales en 43 países. Es autor de 19 libros entre los cuales la trilogía "La era de la información: cultura, economía y sociedad" publicada en 23 idiomas. También es coautor y editor de 22 libros. Ha recibido, entre otras distinciones, la Guggenheim Fellowship, el premio C. Wright Mills de la Sociedad Americana para el Estudio de los Problemas Sociales; el premio Robert and Helen Lynd Award de la Asociación Americana de Sociología; el premio Ithiel Sola Pool de la Asociación Americana de Ciencias Políticas; la medalla Narcís Monturiol de Catalunya; la Orden Gabriela Mistral de Chile, la Orden de Santiago del Presidente de Portugal y la Creu de Sant Jordi de Catalunya. Es doctor honoris causa por 12 universidades. Así mismo, es profesor honorario y ha recibido medallas de honor de diferentes universidades. Es miembro de la Academia Europea, de la Academia Británica y Académico Numerario de la Real Academia Española de Ciencias Económicas y Financieras.

      Entre otros nombramientos distinguidos, ha sido asesor en Tecnología de la Información y en Sociedad Civil Global del Secretario General de Naciones Unidas. En 2005 fue designado por la Comisión Europea miembro fundador del Consejo Científico del Consejo Europeo de Investigación.

      http://www.elpais.com/articulo/reportajes/poder/tiene/miedo/Internet/elpeputec/20080106elpdmgrep_5/Tes