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I. Wallerstein: una política de izquierdas para una época de transición

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Por Immanuel Wallerstein, Sociólogo

 

La versión que presentamos aquí, autorizada y supervisada por el autor, es traducción del original que ha editado en inglés el Fernand Braudel Center: (http://www.fbc.binghamton.edu/iwleftpol2.htm).
Traducido por Ignacio Reyes García.

 

En 1999, di una conferencia sobre la actual política de izquierda en el Caucus for a New Political Science (2), en la que resumí la situación actual de la izquierda mundial de la siguiente forma:

1) Tras 500 años de existencia, el sistema capitalista mundial está, por primera vez, en una verdadera crisis sistémica, y nos encontramos en una época de transición.

2) La salida a esta situación es intrínsecamente indeterminada, pero, no obstante, por primera vez en 500 años existe una verdadera perspectiva de cambio fundamental, que puede ser progresivo, pero no necesariamente.

3) En esta coyuntura, el principal problema para la izquierda mundial es que la estrategia para la transformación del mundo, desarrollada en el siglo XIX, está hecha trizas, y, por consiguiente, se actúa con inseguridad y debilidad en el marco de un generalizado estado de depresión.

Tomaré estas tres afirmaciones como supuestos que no puedo argumentar aquí, aunque ya lo he hecho de forma extensa en otro lugar (3), y me centraré en sus implicaciones para una estrategia de izquierdas durante los próximos 10-20 años. La primera implicación es que no hemos sido derrotados globalmente. El derrumbe de la Unión Soviética no fue un desastre para la izquierda mundial. Ni siquiera estoy seguro de que pueda considerarse un revés.

No sólo nos liberó de forma colectiva del respetuoso temor hacia la estrategia y la retórica leninistas, obsoletas, sino que también impuso una enorme carga sobre el centro liberal mundial, que perdió el apoyo estructural que, de hecho, recibió de los movimientos leninistas, que habían controlado el radicalismo popular durante mucho tiempo por medio de sus garantizados ”brillantes mañanas” a alcanzar por la vía de un presente desarrollo leninista(4).

Ni siquiera creo que la ofensiva global del neoliberalismo y la llamada globalización hayan estrangulado nuestras posibilidades. Por un lado, se trata de una exagerada propaganda que no sobrevivirá a la deflación que se aproxima. Por otro, engendrarán, han engendrado, su contratoxina. Además, estructuralmente hablando, en la actualidad el capitalismo mundial no goza de una ”nueva economía”, sino que está en mal estado.

Déjenme resumir mi posición sin argumentarla, por cuestiones de tiempo y espacio(5). Además de las dificultades políticas causadas por el derrumbamiento del leninismo y el final de la Guerra Fría, el capital se mueve hacia tres asíntotas estructurales que obstaculizan irremediablemente su capacidad de acumulación:

1) la desruralización del mundo, que pone fin a su capacidad de control sobre el crecimiento de la proporción entre los salarios y valor total mundial creado;

2) los límites ecológicos de la contaminación y del uso de recursos no renovables, que limita la capacidad del capital para reducir los costes de los inputs por medio de su externalización continuada;

3) el proceso de democratización que se extiende por todo el mundo, evidenciado por las presiones populares siempre al alza en cuanto a gastos en salud, educación e ingresos garantizados a lo largo de toda la vida, lo que ha creado una constante presión impositiva ascendente en tanto que porcentaje del valor mundial creado.

Ciertamente, el capital intenta reducir estas presiones estructurales en todo momento. En eso ha consistido la ofensiva neoliberal de los últimos veinte años. Pero la curva a largo plazo actúa como un trinquete ascendente. Aunque regularmente consiguen reducir esas presiones, la disminución es siempre inferor al incremento provocado por el siguiente impulso ascendente. Para luchar contra esto, predican la denominada TINA (There is no alternative, o, en castellano, no hay alternativa), tratando de reducir la voluntad de poner en marcha una contrapolítica. Esto tampoco es nada nuevo. Gareth Stedman Jones, intentando explicar la relativa estabilidad política a finales del siglo XIX en Gran Bretaña, lo atribuyó a la ”manifiesta inevitabilidad del capitalismo” y a su ”manifiesta invulnerabilidad”(6). La I Guerra Mundial echó por tierra tales sentimientos, al menos por un largo tiempo. Ahora están siendo resucitados, o, al menos, la derecha lo está intentando.

Si estamos buscando una estrategia de izquierda para el siglo XXI, primero debemos recordar cuál ha sido esa estrategia. La estrategia de la izquierda desarrollada durante la segunda mitad del siglo XIX y vigente hasta que fue más o menos rechazada en el último tercio del siglo XX (simbólicamente, podríamos hablar del período 1848-1968), fue, evidentemente, la denominada estrategia en dos etapas: primero, obtener el poder estatal; después, transformar el mundo. Deben hacerse tres observaciones sobre esta estrategia:

– probablemente, era la única posible por aquel entonces, puesto que los movimientos con cualquier otra clase de estrategia podrían ser simplemente aplastados por el uso del poder estatal;

– fue adoptada por todos los principales movimientos, tanto las dos ramas del movimiento socialista mundial, socialdemócratas y comunistas, como los movimientos de liberación nacional;

– la estrategia fracasó porque tuvo éxito. Los tres tipos de movimientos llegaron al poder en casi todos los lugares durante el período 1945-1970, y ninguno de ellos fue capaz de cambiar el mundo, lo cual condujo a la profunda desilusión actual ante esta estrategia, y provocó, como resultado sociosicológico, un fuerte antiestatalismo (7).

Desde 1968, diversos movimientos, viejos y nuevos, han puesto a prueba muchas estrategias alternativas, y además tuvo lugar un saludable cambio en las relaciones entre los movimientos antisistémicos, disminuyendo considerablemente las mortíferas denuncias mutuas y las feroces luchas de antaño, evolución positiva que hemos subestimado. Quisiera ahora sugerir algunas posibles líneas a lo largo de las cuales podríamos desarrollar la idea de una estrategia alternativa.

(1) Extender el espíritu de Porto Alegre. ¿Cuál es ese espíritu? Lo definiría como la convergencia no jerárquica de la familia mundial de los movimientos antisistémicos para ejercer presión en favor de: (a) la claridad intelectual, (b) acciones militantes basadas en la movilización popular que puedan ser vistas de forma inmediata como útiles para las vidas de las personas, (c) las tentativas de proponer, a más largo plazo, cambios más fundamentales.

Son tres elementos cruciales del espíritu de Porto Alegre. Se trata de una estructura difusa, más o menos similar a lo que Jesse Jackson denomino ”la alianza del arco iris”. Es una estructura que, sobre bases no meramente simbólicas, ha agrupado a escala mundial a movimientos del Sur y del Norte. Se trata de una estructura militante, tanto intelectual (no pretende alcanzar un consenso global con el espíritu de Davos) como políticamente (en el sentido que los movimientos de 1968 eran militantes). Naturalmente, tendremos que ver si un movimiento mundial difusamente estructurado puede mantenerse unido en algún sentido significativo y por qué medios puede desarrollar sus tácticas de lucha. Pero su propia flexibidad hace más difícil su liquidación y alienta la neutralidad vacilante de fuerzas centristas.

(2) Utilizar tácticas electorales defensivas. Si el mundo de la izquierda se implica en tácticas militantes extraparlamentarias y difusamente estructuradas, se plantea inmediatamente la cuestión de nuestra actitud hacia los procesos electorales. Pensar que son cruciales o que son irrelevantes lleva a tener que elegir entre Scylla y Charybdis. Las victorias electorales no transformarán el mundo, pero no pueden ser despreciadas. Son un mecanismo esencial para proteger las necesidades inmediatas de las poblaciones del mundo contra las agresiones en busca de ganancias. Hay que tratar de obtenerlas para minimizar el daño que puede ser infligido por la derecha a través del control de los gobiernos de todo el mundo.

Sin embargo, esto hace de las tácticas electorales un asunto totalmente pragmático. Una vez que dejamos de pensar en la obtención del poder como una forma de transformar el mundo, dichas tácticas se convierten en un asunto relacionado con el ”mal menor”, y la decisión de cuál es el menor de los males tiene que ser tomada caso a caso y momento a momento. Depende, en parte, de cuál es el sistema electoral. Un sistema mayoritario, ”el que gana se lleva todo”, debe ser abordado de forma diferente a uno con dos vueltas o proporcional. Pero la regla general que nos guíe tiene que ser la ”izquierda plural”, lema actual en Francia y que en América Latina se ha denominado frente amplio. En la izquierda mundial existen muchas y diferentes tradiciones de partido e incluso de ”subpartido”. La mayoría de estas tradiciones son reliquias de otra época, pero mucha gente todavía sigue votando de forma acorde con ellas. Dado que las elecciones son un asunto pragmático, es crucial crear alianzas que respeten dichas tradiciones, aspirando a obtener el 51% de los votos. ¡Pero no bailemos en las calles cuando ganemos! La victoria electoral es simplemente una táctica defensiva.

(3) Promocionar incesantemente la democratización. La demanda más popular en los Estados de todo el mundo es ”más”. Más educación, más salud, más garantías de contar con ingresos asegurados durante toda la vida. Esto no solamente es popular: es también inmediatamente útil en las vidas de la gente. Y reduce los márgenes para la acumulación incesante del capital. Estas demandas deben ser expuestas a viva voz, continuamente y en todas partes. Nunca será excesivo hacerlo.

Claro está que la ampliación de todas estas funciones del ”estado del bienestar” siempre plantea problemas respecto a la eficiencia del gasto, a la corrupción, a la creación de burocracias demasiado poderosas e irresponsables. Son problemas que debemos estar dispuestos a abordar, pero nuca debemos cejar en la reivindicación básica del más, mucho más.

Los movimientos populares no deberían ahorrar estas demandas a los gobiernos de centroizquierda que ellos han elegido. Aunque estos gobiernos nos resulten más ”amistosos” que un gobierno claramente de derechas, eso no significa que debamos arrojar los guantes de pelea. Al presionar a los gobiernos ”amigos”, se empuja también hacia el centroizquierda a fuerzas derechistas de la oposición. Sin presión, los gobiernos de centroizquierda se deslizan hacia posiciones de centroderecha. Aunque ocasionalmente puedan existir circunstancias especiales que aconsejen obviar estos truismos, la regla general en lo que a democratización se refiere es más, mucho más.

4) Forzar a que el centro liberal cumpla con sus preferencias teóricas. Es decir, forcemos el ritmo del liberalismo. Rara vez el centro liberal quiere aquello que proclama o practica lo que predica. Tomemos algún tema evidente, como, por ejemplo, la libertad. El centro liberal solía denunciar con regularidad a la URSS, porque no permitía la libre emigración. Pero, por supuesto, la otra cara de la libre emigración es la libre inmigración. No es muy útil poder salir de un país a menos que se pueda ir a alguna otra parte. Debemos presionar para conseguir fronteras abiertas.

El centro liberal reivindica regularmente mayor apertura comercial y mayor libertad empresarial, manteniendo al gobierno alejado de la toma de decisiones empresariales. La otra cara de esto es que los empresarios que fracasan en el mercado no deberían ser salvados. Cogen los beneficios cuando tienen éxito; así que deben acarrear con las pérdidas cuando fracasan. Se dice a menudo que salvar a las compañías es salvar empleos. Pero hay maneras mucho más baratas de salvar empleos, como pagar el subsidio de paro, promover la formación y el reciclaje o, incluso, fomentar nuevas oportunidades de empleo, opciones que no implican cargar con las deudas del empresario fracasado.

El centro liberal insiste regularmente en que el monopolio es algo malo. Pero la otra otra cara de esto sería la abolición o fuerte limitación del sistema de patentes, y la no implicación del gobierno en la protección de industrias frente a la competencia extranjera. ¿Esto dañaría a las clases trabajadores en las zonas nucleares del sistema? No necesariamente, si el dinero y la energía se invierten en intentar conseguir una mayor convergencia mundial de los niveles salariales.

Los detalles de la propuesta son complejos y hay que discutirlos. La cuestión, sin embargo, radica en no permitir que el centro liberal mantenga su retórica, y coseche los beneficios de ello, sin pagar los costes de sus propuestas. Además, el verdadero modo político de neutralizar la opinión centrista es hacer referencia a sus ideales, no a sus intereses. Hacer demandas basadas en su retórica es una manera de apelar a los ideales de los elementos centristas, en vez de hacerlo a sus intereses.

Finalmente, debemos tener siempre en cuenta que un buen aprovechamiento de las ventajas de la democratización no está al alcance, o lo está en menor grado, de los estratos más pobres, debido a las dificultades que tienen a la hora de sortear los obtáculos burocráticos. Recupero la propuesta formulada, hace unos 30 años, por Cloward y Piven: hay que ”reventar los escalafones”, es decir, movilizarse en las comunidades más pobres de modo que éstas puedan hacer pleno uso de sus derechos legales(8).

5) Hacer del antirracismo la medida definitoria de la democracia. La democracia se define por tratar a toda la gente de una misma manera, en términos de poder, de distribución y de oportunidades para la realización personal. El racismo es el modo primario de distinguir entre aquellos que tienen derechos (o más derechos) y aquellos que no tienen derechos o tienen menos. El racismo define a los grupos y ofrece simultáneamente una justificación torticera para la práctica. El racismo no es una cuestión secundaria, ni a escala nacional ni a escala mundial. Es el modo por el cual la promesa de criterios universales formulada por el centro liberal es minada sistemática, deliberada, y constantemente.

El racismo está generalizado a través del actual sistema-mundo. No hay rincón del planeta en el que no esté como una característica central de la política local, nacional y mundial. En su discurso a la Asamblea Nacional Mejicana (29/3/2001), la comandante Esther del EZLN dijo:

Los blancos (ladinos) y la gente rica se burlan de nosotras, mujeres indígenas, por nuestra forma de vestir, por nuestra forma de hablar, por nuestro idioma, por nuestra forma de rezar y curar, y por nuestro color, que es el color de la tierra que nosotras trabajamos(9).

Continuó su intervención en favor de la ley que garantizaría la autonomía de los pueblos indígenas, diciendo:

Cuando los derechos y la cultura de los pueblos indígenas sean reconocidos… la ley comenzará a acercar su hora y la hora de los pueblos indígenas… Y si hoy somos mujeres indígenas, mañana seremos los otros, hombres y mujeres que son asesinados, perseguidos o encarcelados debido a su diferencia.

6) Avanzar hacia la desmercantilización. La peor del sistema capitalista no es la propiedad privada, que es simplemente un medio, sino la mercantilización, que es el elemento esencial en la acumulación de capital. Hoy, el sistema-mundo capitalista no está plenamente mercantilizado, aunque hay esfuerzos para conseguirlo. Pero de hecho podríamos movernos en otra dirección. En vez de transformar universidades y hospitales (tanto si son propiedad estatal o de titularidad privada) en instituciones lucrativas, deberíamos estar pensando en cómo podemos transformar las fábricas de acero en instituciones no lucrativas, es decir, estructuras autosostenidas que no pagan dividendos a nadie. Este es el rostro de un futuro más esperanzador que, de hecho, podría comenzar ahora.

7) Recordar siempre que estamos viviendo una época de transición del actual sistema-mundo a algo diferente. Esto significa varias cosas. No deberíamos dejarnos arrastrar por la retórica de la globalización o por las peroratas derrotistas basadas en la TINA. No sólo existen alternativas, sino que la única alternativa realmente inexistente es la continuación de nuestras actuales estructuras.

Durante 20, 30 o 50 años habrá una lucha inmensa en torno a cuál será el sistema sucesor, y su resultado es intrínsecamente indeterminado. La historia no está a favor de ninguna parte. Depende de lo que lo hacemos, lo que ofrece una gran oportunidad para la acción creativa. Durante la vida normal de un sistema histórico, incluso los grandes esfuerzos transformadores (también llamados ”revoluciones”) tienen limitadas consecuencias, ya que el sistema genera grandes presiones para recuperar su equilibrio. Pero en el ambiente caótico de una transición estructural, las fluctuaciones llegan a ser salvajes y pequeños impulsos pueden tener grandes consecuencias favoreciendo una u otra rama de una bifurcación. Este es el momento en el que la acción puede resultar especialmente operativa.

El problema principal no es la organización, por importante que sea. El problema clave es la lucidez. Las fuerzas que desean cambiar el sistema a fin de que nada cambie, para que surja un sistema diferente pero igualmente o aún más jerárquico y polarizador, tienen dinero, energía e inteligencia a su disposición. Vestirán los falsos cambios con ropas atractivas. Solamente un cuidadoso análisis nos librará de caer en sus muchas trampas.

Utilizarán lemas con los que no podamos discrepar, como los derechos humanos. Pero les darán un contenido que mezcle algunos elementos altamente deseables con otros muchos que perpetúen la ”misión civilizadora” de los poderosos y privilegiados sobre los ”no civilizados”. Debemos diseccionar cuidadosamente sus propuesatas y desenmascarar sus faroles. Si un procedimiento judicial internacional contra el genocidio es deseable, entonces debe aplicarse a todo el mundo, no únicamente al débil. Si las armas nucleares o la guerra biológica son peligrosas, incluso bárbaras, entonces ningún poseedor de tales armas es digno de confianza.

En la incertidumbre inherente al mundo, en sus momentos de transformación histórica, la única estrategia plausible para la izquierda mundial es la búsqueda militante e inteligente de su objetivo básico: la consecución de un mundo relativamente democrático, relativamente igualitario. Tal mundo es posible. No es seguro que llegue a ser realidad. Pero no es imposible.

NOTAS.

1. Conferencia en la Socialist Scholars Conference, New York City, 13 de abril de 2001.

2. Fue publicado como: ”A Left Politics for the 21st Century? o, Theory and Praxis Once Again”, en New Political Science, XXII, 2 de junio de 2000, pág. 143-159.

3. Además del anterior artículo en New Political Science, vea Utopística, o las opciones históricas del siglo XXI (Mexico: Siglo XXI de Mexico, 1998).

4. Discuto esto detalladamente en Después del liberalismo (Siglo XXI, UNAM, México, 1996)

5. Ver, para la cuestión expuesta, ”¿Globalización o era de transición? Una visión a largo plazo de la trayectoria del sistema-mundo”, en Casa de las Américas, nº 219, abril-junio 2000, pp. 14-25, y en Revista de la Universidad de San Carlos de Guatemala, año 1, nº 8, abril-junio 2000, pp. 10-14.

6. Languages of Class, Cambridge: Cambridge Univ. Press, 1982, pág. 74.

7. Ver este análisis con mayor detalle en Giovanni Arrighi, Terence K. Hopkins y Immanuel Wallerstein, Movimientos antisistémicos, Madrid, ed. Akal.

8. Frances Fox Piven & Richard A. Cloward concluyen su libro sobre bienestar público así: ”en ausencia de reformas económicas fundamentales, creemos que reventar los escalafones es la reforma verdaderamente relevante, que debería ser defendida y ampliada. Incluso ahora, no reciben ningun ayuda cientos y miles de familias empobrecidas con derecho a los servicios de asistencia” Regulating the Poor: The Functions of Public Welfare, Nueva York, Pantheon, 1971, pág. 348 (versión original en cursiva).

9. http://www.ezln.org/marcha/20010320.htm

©Immanuel Wallerstein 2001

La batalla Venezuela

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Ignacio Ramonet

Le Monde Diplomatique

klee101 En la pugna por la supremacía ideológica en América Latina, dos confrontaciones decisivas se desarrollarán las próximas semanas: elecciones legislativas en Venezuela, el 26 de septiembre; votación presidencial en Brasil, el 3 de octubre. Si en este país-gigante no ganase la izquierda democrática, el péndulo político se inclinaría mayoritariamente, a escala continental, hacia las derechas que ya gobiernan en Chile, Colombia, Costa Rica, Honduras, México, Panamá y Perú. Pero esa eventualidad resulta poco probable; es inverosímil que José Serra, del Partido Social Demócrata Brasileño (PMDB, centro-derecha) consiga imponerse a Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), apoyada por el muy popular Luiz Inácio Lula da Silva, Presidente saliente que, de no haberlo impedido la Constitución, hubiese sido fácilmente reelegido para un tercer mandato.

En consecuencia, las fuerzas conservadoras internacionales concentran todos sus ataques sobre el otro frente, Venezuela, para intentar debilitar al Presidente Hugo Chávez y la revolución bolivariana. Lo que aquí está en juego es la elección de los 165 diputados de la Asamblea Nacional (no hay Senado). Con una particularidad: los legisladores salientes son chavistas en su casi totalidad, pues la oposición, en los precedentes comicios de 2005, boicoteó el escrutinio. Esta vez no lo hará; un sinfín de partidos y de organizaciones dispares (1), aglutinados por el rencor antichavista, se presentan bajo el estandarte común de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) contra el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) (2) del Presidente Chávez.

Inevitablemente, el gobierno bolivariano contará con menos diputados en la nueva Asamblea. ¿En qué proporción? ¿Podrá seguir llevando a cabo su programa de grandes reformas? ¿Tendrá la oposición la facultad de ponerle freno a la revolución?

Tales son los desafíos. El 60% de los escaños se reparten de modo nominal, y el 40% restante de modo proporcional. La lista que obtenga más del 50 por ciento de los votos recibirá el 75 por ciento de los escaños reservados al escrutinio proporcional. Esto último es importante pues la Constitución prevé que las leyes orgánicas deben ser votadas por los dos tercios de los diputados, y las leyes que habilitan al Presidente a legislar por decreto, por las tres quintas partes de los legisladores. En otras palabras: le bastaría a la oposición con obtener 56 escaños (sobre 165) para impedir la adopción de leyes orgánicas, y 67 escaños para imposibilitar la aprobación de leyes habilitantes. Cuando, hasta ahora, las principales reformas han podido realizarse gracias precisamente a leyes habilitantes.

De ahí que la batalla Venezuela movilice tantas energías y que las campañas internacionales de difamación contra el Presidente Hugo Chávez rezumen malignidad. En estos últimos meses, las embestidas han venido alternándose. Se insistió primero sobre los problemas de abastecimiento de agua y de cortes de electricidad (hoy resueltos) achacándolos al Gobierno, sin mencionar apenas su causa climática: la sequía del siglo que afectó al país. Se persistió después, repitiendo hasta la saciedad las imputaciones sin pruebas del ex Presidente de Colombia Álvaro Uribe sobre una supuesta "Venezuela santuario de terroristas". Denuncias abandonadas hoy por el nuevo Presidente colombiano Juan Manuel Santos tras su encuentro con Hugo Chávez en Santa Marta el pasado 10 de agosto en el que éste, una vez más, reiteró que las guerrillas deben abandonar la lucha armada: "El mundo de hoy no es el de los años 1960. No hay condiciones en Colombia para que puedan tomar el poder. En cambio, se han convertido en la principal excusa para el imperio: penetrar Colombia a fondo y desde ahí agredir a Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Cuba" (3).

Contra toda evidencia, los medios de odio siguen sosteniendo que, en Venezuela, las libertades políticas se hallan cercenadas y que una supuesta censura impide la libertad de expresión. Omiten señalar que el 80% de las emisoras de radio y de los canales de televisión pertenecen al sector privado, mientras que sólo el 9% de ellos son públicos (4). O que, desde 1999, se han realizado quince elecciones democráticas nunca cuestionadas por ningún organismo supervisor internacional. Como lo realza el periodista José Vicente Rangel: "Cada venezolano puede afiliarse a cualquiera de los miles de partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales o asociaciones, y luego movilizarse por todo el territorio nacional para debatir sus ideas y puntos de vista sin limitación alguna" (5).

Desde la llegada de Hugo Chávez a la Presidencia, la inversión social se ha quintuplicado respecto a la realizada entre 1988 y 1998; decisión clave para que Venezuela haya alcanzado casi todas las Metas del Milenio fijadas por la ONU para 2015 (6). La pobreza bajó de un 49,4% en 1999 a un 30,2% en 2006, y la indigencia pasó del 21,7% al 7,2% (7).

Estos esperanzadores resultados, ¿merecen realmente tanto odio?

Notas:
(1) Acción Democrática (social-demócrata), Alianza Bravo Pueblo (derecha), Copei (demócrata cristiano), Fuerza Liberal (ultraliberal), La Causa R (ex comunistas), MAS (Movimiento al socialismo), Movimiento Republicano (neoliberal), PPT (Patria para todos), Podemos (Por la democracia social), Primero Justicia (ultraliberal) y Un Nuevo Tiempo (social-liberal).
(2) Creado en 2007, agrupa a la mayoría de las fuerzas políticas que apoyan la revolución bolivariana (Movimiento Quinta República, Movimiento Electoral del Pueblo, Movimiento Independiente Ganamos Todos, Liga Socialista, Unidad Popular Venezolana, etc.). El Partido Comunista de Venezuela (PCV) no se integró en el PSUV pero lo respalda y es su aliado en estas elecciones.
(3) Clarín , Buenos Aires, 25 de julio de 2010.
(4) También callan que, en Honduras, por ejemplo, en los seis primeros meses de este año, han sido ya asesinados nueve periodistas.
(5) http://www.abn.info.ve/node/12781
(6) http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/2009/ chavez_10/newsid_7837000/7837964.stm
(7) http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?45387

EE.UU: el nuevo conservadurismo radical…

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NAZISMO2 El movimiento conservador en desarrollo en los últimos meses en Estados Unidos rompe los moldes del republicanismo tradicional y evoca el carácter racista, nacionalista y fanático del fascismo

ANTONIO CAÑO – Washington – 12/02/2010

Si alguien cree que el tándem Bush-Cheney es la versión más extrema del conservadurismo norteamericano, es posible que pronto compruebe que está en un error. El movimiento conservador en desarrollo en los últimos meses en Estados Unidos, alimentado por el rencor de una clase media empobrecida y por la ambición de una nueva clase política post-partidista, rompe los moldes del republicanismo tradicional y evoca el carácter racista, nacionalista y fanático del fascismo. Por ahora, sólo le falta el ingrediente de la violencia.

La última señal de alarma ha sido la reciente reunión de los Tea Party en Nashville (Tennessee) y el discurso de su líder más visible, Sarah Palin, que llevó el populismo hasta el grado de elogiar la ignorancia como muestra de autenticidad y de destacar como la mayor cualidad política de Scott Brown, el recientemente elegido senador por Massachusetts, el hecho de ser "simplemente un hombre con una camioneta".

Palin es aclamada por sus seguidores por la sencillez de su expediente académico, una simple graduación de periodismo por la modesta Universidad de Wyoming, frente a los títulos de Ivy League que acumula Barack Obama en Columbia y Harvard. El propio Brown ganó adeptos por la virilidad abiertamente exhibida en la revista Cosmopolitan, frente al refinamiento pudoroso de los políticos tradicionales.

La nación de los Tea Party se presenta, en efecto, convencida de haber puesto en marcha una revolución contra la oligarquía de Washington, similar a la que en el siglo XVIII expulsó a los colonialistas británicos. De repente, los republicanos con más pedigrí están en peligro ante esta oleada. El gobernador de Florida, Charlie Crist, un moderado que el año pasado gozaba de un 70% de popularidad, se ve hoy superado en las encuestas por un desconocido joven ultra religioso llamado Marco Rubio. Hasta John McCain, el indiscutible virrey de Arizona, está hoy seriamente amenazado por J. D. Hayworth, un charlatán de una radio local que, en definición de The New York Times, "cada día ataca, y no siempre por este orden, la inmigración ilegal, la pérdida de patriotismo en el país y todo lo que hace Obama".

Todas las mañanas surge entre las filas del Tea Party algún desconocido que en media hora de la demagogia más radical gana diez puntos en las encuestas. "El movimiento está madurando", afirma Judson Phillips, uno de los fundadores de este fenómeno, "las manifestaciones estaban bien para el año pasado, este año hay que cambiar las cosas, este año tenemos que ganar".

¿Ganar qué? ¿Para conducir al país hacia donde? Algunos conservadores moderados y cultos, como Peggy Noonan o David Brooks, aseguran que no hay nada que temer, que estos son grupos enraizados en las tradiciones libertarias de Estados Unidos y que su contribución servirá para dinamizar la vida política del país.

Es posible. Ciertamente, la hostilidad que este movimiento manifiesta hacia Obama no se aleja mucho de la que izquierda exhibió contra Bush -hay que recordar las menciones a su adicción al alcohol o su supuesta indigencia intelectual- y tiene cabida perfectamente, por tanto, en el juego de la democracia. Además, se trata aún de un movimiento muy incipiente. Una encuesta publicada hoy muestra que un 34% de los norteamericanos no ha oído hablar de los Tea Party y que sólo el 18% los apoya.

Pero, desde la óptica europea, ese 18% es mucho y lo que defienden suena peligrosamente excéntrico. Uno de los oradores en Nashville sostuvo con convicción que "está mejor documentado el nacimiento de Cristo que el de Obama". "Es africano", gritó una mujer entre la audiencia. Detrás de esta campaña que le niega a Obama su ciudadanía norteamericana se esconde el rechazo a su legitimidad como presidente.

Nadie habla en EE UU del ingrediente racista de esa campaña. Para los que apoyan a Obama puede parecer ventajista acudir al grito de ¡racismo! cada vez que se le critica. Sus enemigos, por supuesto, no reconocen ese pecado, por mucho que en la reunión de Nashville se escuchara sólo una voz negra, obviamente exhibida para ocultar el carácter puramente blanco del movimiento.

Este nuevo conservadurismo recoge mucha de la frustración del hombre blanco acumulada desde la liberación femenina, los derechos civiles, de todas las leyes para la igualdad que le han ido restando poder al sector de la sociedad eternamente dominante. Ese hombre blanco que tampoco se ha visto favorecido por los buenos contactos, las amistades útiles, el dinero fácil, y que ha ido engrosando durante las últimas décadas una clase media, que fue orgullo de la nación en los años cincuenta, pero que ha sido despiadadamente maltratada por la última revolución tecnológica y la reciente crisis económica.

Esa clase media blanca herida dispara contra lo que tiene más cerca: los inmigrantes, las minorías raciales, los dirigentes políticos. Intenta reducir la competencia, que considera injusta, y pretende que Estados Unidos sea sólo para los verdaderos americanos. Busca la salvación en nuevas doctrinas, y atiende la voz maternal de Palin y los alaridos patriotas de los locutores radiofónicos. Glenn Beck o Rush Limbaugh se convierten, así, en los Walter Cronkite de los nuevos tiempos.

Los conservadores norteamericanos no creen que haya ningún peligro. Confían ciegamente en la fuerza integradora de esta democracia y en su indestructible capacidad de contener cualquier amenaza. Pero desde una óptica europea, esa combinación de demagogia, racismo, nacionalismo y xenofobia, enarbolada por una clase media herida y agitada, es una receta muy conocida y todavía temida. Es verdad que el nuevo movimiento conservador norteamericano hace gala de su defensa de la libertad y no parece aún compatible con un Gobierno que no garantizase el respeto al individuo. Pero el aroma de Nashville siembra dudas, trae malas sensaciones, asusta.

EL PAIS.COM

Written by Eduardo Aquevedo

12 febrero, 2010 at 21:15

El posneoliberalismo y sus bifurcaciones…

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Ana Esther Ceceña, en Rebelión

crisis2008 El fin del neoliberalismo

El neoliberalismo tocó fin definitivamente con la crisis estallada en 2008. No hay vuelta atrás. El mercado, por sí mismo, es autodestructivo. Necesita soportes y contenedores. La sociedad capitalista, arbitrada por el mercado, o bien se depreda, o bien se distiende. No tiene perspectivas de largo plazo.

Después de 30 años de neoliberalismo ocurrieron las dos cosas. La voracidad del mercado llevó a límites extremos la apropiación de la naturaleza y la desposesión de los seres humanos. Los territorios fueron desertificados y las poblaciones expulsadas. Los pueblos se levantaron y la catástrofe ecológica, con un altísimo grado de irreversibilidad, comenzó a manifestarse de manera violenta.

Los pueblos se rebelaron contra el avance del capitalismo bloqueando los caminos que lo llevaban a una mayor apropiación. Levantamientos armados cerraron el paso a las selvas; levantamientos civiles impiden la edificación de represas, la minería intensiva, la construcción de carreteras de uso pesado, la privatización de petróleo y gas y la monopolización del agua. El mercado, solo, no podía vencer a quienes ya estaban fuera de su alcance porque habían sido expulsados y desde ahí, desde el no-mercado, luchaban por la vida humana y natural, por los elementos esenciales, por otra relación con la naturaleza, por detener el saqueo.

El fin del neoliberalismo inicia cuando la medida de la desposesión toca la furia de los pueblos y los obliga a irrumpir en la escena.

Los cambios de fase

La sociedad capitalista contemporánea ha alcanzado un grado de complejidad que la vuelve altamente inestable. De la misma manera que ocurre con los sistemas biológicos (Prigogine, 2006), los sistemas sociales complejos tienen una capacidad infinita y en gran medida impredescible de reacción frente a los estímulos o cambios. El abigarramiento con el que se edificó esta sociedad, producto de la subsunción pero no eliminación de sociedades diferentes, con otras cosmovisiones, costumbres e historias, multiplica los comportamientos sociales y las percepciones y prácticas políticas a lo largo y ancho del mundo y abre con ello un espectro inmenso de sentidos de realidad y posibilidades de organización social.

La potencia cohesionadora del capitalismo ha permitido establecer diferentes momentos de lo que los físicos llaman equilibrio, en los que, a pesar de las profundas contradicciones de este sistema y del enorme abigarramiento que conlleva, disminuyen las tendencias disipadoras. No obstante, su duración es limitada. En el paso del equilibrio a la disipación aparecen constantemente las oportunidades de bifurcación que obligan al capitalismo a encontrar los elementos cohesionadores oportunos para construir un nuevo equilibrio o, en otras palabras, para restablecer las condiciones de valorización del capital. Pero siempre está presente el riesgo de ruptura, que apunta hacia posibles dislocamientos epistemológicos y sistémicos.

Los equilibrios internos del sistema, entendidos como patrones de acumulación en una terminología más económica, son modalidades de articulación social sustentadas en torno a un eje dinamizador u ordenador. Un eje de racionalidad complejo que, de acuerdo con las circunstancias, adopta diferentes figuras: en la fase fordista era claramente la cadena de montaje para la producción en gran escala y el estado en su carácter de organizador social; en el neoliberalismo el mercado; y en el posneoliberalismo es simultáneamente el estado como disciplinador del territorio global, es decir, bajo el comando de su vertiente militar, y las empresas como medio de expresión directa del sistema de poder, subvirtiendo los límites del derecho liberal construido en etapas anteriores del capitalismo.

Los posneoliberalismos y las bifurcaciones

La incertidumbre acerca del futuro lleva a caracterizarlo más como negación de una etapa que está siendo rebasada. Si la modalidad capitalista que emana de la crisis de los años setenta, que significó una profunda transformación del modo de producir y de organizar la producción y el mercado, fue denominada por muchos estudiosos como posfordista; hoy ocurre lo mismo con el tránsito del neoliberalismo a algo diferente, que si bien ya se perfila, todavía deja un amplio margen a la imprevisión.

Posfordismo se enuncia desde la perspectiva de los cambios en el proceso de trabajo y en la modalidad de actuación social del estado; neoliberalismo desde la perspectiva del mercado y del relativo abandono de la función socializadora del estado. En cualquiera de los dos casos no tiene nombre propio, o es un pos, y en ese sentido un campo completamente indefinido, o es un neo, que delimita aunque sin mucha creatividad, que hoy están dando paso a otro pos, mucho más sofisticado, que reúne las dos cualidades: pos-neo-liberalismo. Se trata de una categoría con poca vida propia en el sentido heurístico, aunque a la vez polisémica. Su virtud, quizá, es dejar abiertas todas las posibilidades de alternativa al neoliberalismo –desde elneofascismo hasta la bifurcación civilizatoria–, pero son inciertas e insuficientes su fuerza y cualidades explicativas.

En estas circunstancias, para avanzar en la precisión o modificación del concepto es indispensable detenerse en una caracterización de escenarios, entendiendo que el espectro de posibilidades incluye alternativas de reforzamiento del capitalismo –aunque sea un capitalismo con más dificultades de legitimidad–; de construcción de vías de salida del capitalismo a partir de las propias instituciones capitalistas; y de modos colectivos de concebir y llevar a la práctica organizaciones sociales no-capitalistas. Trabajar todos los niveles de abstracción y de realidad en los que este término ocupa el espacio de una alternativa carente de apelativo propio, o el de alternativas diversas en situación de coexistencia sin hegemonismos, lo que impide que alguna otorgue un contenido específico al proceso superador del neoliberalismo.

El posneoliberalismo del capital

Aun antes del estallido de la crisis actual, ya eran evidentes los límites infranqueables a los que había llegado el neoliberalismo. La bonanza de los años dorados del libre mercado permitió expandir el capitalismo hasta alcanzar, en todos sentidos, la escala planetaria; garantizó enormes ganancias y el fortalecimiento de los grandes capitales, quitó casi todos los diques a la apropiación privada; flexibilizó, precarizó y abarató los mercados de trabajo; y colocó a la naturaleza en situación de indefensión. Pero después de su momento innovador, que impuso nuevos ritmos no sólo a la producción y las comunicaciones sino también a las luchas sociales, empezaron a aparecer sus límites de posibilidad.

Dentro de éstos, es importante destacar por lo menos tres, referidos a las contradicciones inmanentes a la producción capitalista y su expresión específica en este momento de su desarrollo y a las contradicciones correspondientes al proceso de apropiación y a las relaciones sociales que va construyendo:

1. El éxito del neoliberalismo en extender los márgenes de expropiación, lo llevó a corroer los consensos sociales construidos por el llamado estado del bienestar, pero también a acortar los mercados. La baja general en los salarios, o incluso en el costo de reproducción de la fuerza de trabajo en un sentido más amplio, fue expulsándola paulatinamente del consumo más sofisticado que había alcanzado durante el fordismo. La respuesta capitalista consistió en reincorporar al mercado a esta población, cada vez más abundante, a través de la producción de bienes precarios en gran escala. No obstante, esta reincorporación no logra compensar ni de lejos el aumento en las capacidades de producción generadas con las tecnologías actuales, ni retribuir las ganancias esperadas. El grado de apropiación y concentración, el desarrollo tecnológico, la mundialización tanto de la producción como de la comercialización, es decir, el entramado de poder objetivado construido por el capital no se corresponde con las dimensiones y características de los entramados sociales. Es un poder que empieza a tener problemas serios de interlocución.

2. Estas enormes capacidades de transformación de la naturaleza en mercancía, en objeto útil para el capital, y la capacidad acumulada de gestión económica, fortalecida con los cambios de normas de uso del territorio y de concepción de las soberanías, llevaron a una carrera desatada por apropiarse todos los elementos orgánicos e inorgánicos del planeta. Conocer las selvas, doblegarlas, monopolizarlas, aislarlas, separarlas en sus componentes más simples y regresarlas al mundo convertidas en algún tipo de mercancía fue –es– uno de los caminos de afianzamiento de la supremacía económica; la ocupación de territorios para convertirlos en materia de valorización. Paradójicamente, el capitalismo de libre mercado promovió profundos cercamientos y amplias exclusiones. Pero con un peligro: Objetivar la vida es destruirla.

Con la introducción de tecnologías de secuenciación industrial, con el conocimiento detallado de genomas complejos con vistas a su manipulación, con los métodos de nanoexploración y transformación, con la manipulación climática y muchos otros de los desarrollos tecnológicos que se han conocido en los últimos 30 años, se traspasó el umbral de la mayor catástrofe ecológica registrada en el planeta. Esta lucha del capitalismo por dominar a la naturaleza e incluso intentar sustituirla artificialmente, ha terminado por eliminar ya un enorme número de especies, por provocar desequilibrios ecológicos y climáticos mayores y por poner a la propia humanidad, y con ella al capitalismo, en riesgo de extinción.

Pero quizá los límites más evidentes en este sentido se manifiestan en las crisis de escasez de los elementos fundamentales que sostienen el proceso productivo y de generación de valor como el petróleo; o de los que sostienen la producción de la vida, como el agua, en gran medida dilapidada por el mal uso al que ha sido sometida por el propio proceso capitalista. La paradoja, nuevamente, es que para evitar o compensar la escasez, se diseñan estrategias que refuerzan la catástrofe como la transformación de bosques en plantíos de soja o maíz transgénicos para producir biocombustibles, mucho menos rendidores y tan contaminantes y predatorios como el petróleo.

El capitalismo ha demostrado tener una especial habilidad para saltar obstáculos y encontrar nuevos caminos, sin embargo, los niveles de devastación alcanzados y la lógica con que avanza hacia el futuro permiten saber que las soluciones se dirigen hacia un callejón sin salida en el que incluso se van reduciendo las condiciones de valorización del capital.

3. Aunque el neoliberalismo ha sido caracterizado como momento de preponderancia del capital financiero, y eso llevó a hablar de un capitalismo desterritorializado, en verdad el neoliberalismo se caracterizó por una disputa encarnizada por la redefinición del uso y la posesión de los territorios, que ha llevado a redescubrir sociedades ocultas en los refugios de selvas, bosques, desiertos o glaciares que la modernidad no se había interesado en penetrar. La puesta en valor de estos territorios ha provocado una ofensiva de expulsión, desplazamiento o recolonización de estos pueblos, que, evidentemente, se han levantado en contra.

Esto, junto con las protestas y revueltas originadas por las políticas de ajuste estructural o de privatización de recursos, derechos y servicios promovidas por el neoliberalismo, ha marcado la escena política desde los años noventa del siglo pasado. Las condiciones de impunidad en que se generaron los primeros acuerdos de libre comercio, las primeras desregulaciones, los despojos de tierras y tantas otras medidas impulsadas desde la crisis y reorganización capitalista de los años setenta-ochenta, cambiaron a partir de los levantamientos de la década de los noventa en que se produce una inflexión de la dinámica social que empieza a detener las riendas sueltas del neoliberalismo.

No bastaba con darle todas las libertades al mercado. El mercado funge como disciplinador o cohesionador en tanto mantiene la capacidad desarticuladora y mientras las fuerzas sociales se reorganizan en correspondencia con las nuevas formas y contenidos del proceso de dominación. Tampoco podía ser una alternativa de largo plazo, en la medida que la voracidad del mercado lleva a destruir las condiciones de reproducción de la sociedad.

El propio sistema se vio obligado a trascender el neoliberalismo trasladando su eje ordenador desde la libertad individual (y la propiedad privada) promovida por el mercado hacia el control social y territorial, como medio de restablecer su posibilidad de futuro. La divisa ideológica del “libre mercado” fue sustituida por la “seguridad nacional” y una nueva fase capitalista empezó a abrirse paso con caracaterísticas como las siguientes:

1. Si el neoliberalismo coloca al mercado en situación de usar el planeta para los fines del mantenimiento de la hegemonía capitalista, en este caso comandada por Estados Unidos, en esta nueva fase, que se abre junto con la entrada del milenio, la misión queda a cargo de los mandos militares que emprenden un proceso de reordenamiento interno, organizativo y conceptual, y uno de reordenamiento planetario.

El cambio de situación del anteriormente llamado mundo socialista ya había exigido un cambio de visión geopolítica, que se corresponde con un nuevo diseño estratégico de penetración y control de los territorios, recursos y dinámicas sociales de la región centroasiática. El enorme peso de esta región para definir la supremacía económica interna del sistema impidió, desde el inicio, que ésta fuera dejada solamente en las manos de un mercado que, en las circunstancias confusas y desordenadas que siguieron al derrumbe de la Unión Soviética y del Muro de Berlín, podía hacer buenos negocios pero no condiciones de reordenar la región de acuerdo con los criterios de la hegemonía capitalista estadounidense. En esta región se empieza a perfilar lo que después se convertiría en política global: el comando militarizado del proceso de producción, reproducción y espacialización del capitalismo de los albores del siglo XXI.

2. Esta militarización atiende tanto a la potencial amenaza de otras coaliciones hegemónicas que dentro del capitalismo disputen el liderazgo estadounidense como al riesgo sistémico por cuestionamientos y construcción de alternativas de organización social no capitalistas. Sus propósitos son el mantenimiento de las jerarquías del poder, el aseguramiento de las condiciones que sustentan la hegemonía y la contrainsurgencia. Supone mantener una situación de guerra latente muy cercana a los estados de excepción y una persecución permanente de la disidencia.

Estos rasgos nos llevarían a pensar rápidamente en una vuelta del fascismo, si no fuera porque se combinan con otros que lo contradicen y que estarían indicando las pistas para su caracterización más allá de los “neos” y los “pos”.

Las guerras, y la política militar en general, han dejado de ser un asunto público. No solamente porque muchas de las guerras contemporáneas se han enfocado hacia lo que se llama “estados fallidos”, y en ese sentido no son entre “estados” sino de un estado contra la sociedad de otra nación, sino porque aunque sea un estado el que las emprende lo hace a través de una estructura externa que una vez contratada se rige por sus propias reglas y no responde a los criterios de la administración pública.

El outsourcing, que se ha vuelto recurrente en el capitalismo de nuestros días, tiene implicaciones muy profundas en el caso que nos ocupa. No se trata simplemente de privatizar una parte de las actividades del estado sino de romper el sentido mismo del estado. La cesión del ejercicio de la violencia de estado a particulares coloca la justicia en manos privadas y anula el estado de derecho. Ni siquiera es un estado de excepción. Se ha vaciado de autoridad y al romper el monopolio de la violencia la ha instalado en la sociedad.

En el fascismo había un estado fuerte capaz de organizar a la sociedad y de construir consensos. El estado centralizaba y disciplinaba. Hoy apelar al derecho y a las normas establecidas colectivamente ha empezado a ser un disparate y la instancia encargada de asegurar su cumplimiento las viola de cara a la sociedad. Ver, si no, los ejemplos de Guantánamo o de la ocupación de Irak.

Con la reciente crisis las instituciones capitalistas más importantes se han desfondado. El FMI y el Banco Mundial son repudiados hasta por sus constructores. Estamos entrando a un capitalismo sin derecho, a un capitalismo sin normas colectivas, a un capitalismo con un estado abiertamente faccioso. Al capitalismo mercenario.

El posneoliberalismo nacional alternativo

Otra vertiente de superación del neoliberalismo es la que protagonizan hoy varios estados latinoamericanos que se proclaman socialistas o en transición al socialismo y que han empezado a contravenir, e incluso revertir, la política neoliberal impuesta por el FMI y el Banco Mundial. Todas estas experiencias que iniciaron disputando electoralmente la presidencia, aunque distintas entre sí, comparten y construyen en colaboración algunos caminos para distanciarse de la ortodoxia dominante. Bolivia, Ecuador y Venezuela, de diferentes maneras y con ritmos propios, impulsan políticas de recuperación de soberanía y de poder participativo, que se ha plasmado en las nuevas Constituciones elaboradas por sus sociedades1.

La disputa con el FMI y el Banco Mundial ha determinado un alejamiento relativo de sus políticas y de las propias instituciones, al tiempo que se inicia la creación de una institucionalidad distinta, todavía muy incipiente, a través de instancias como el ALBA, el Banco del Sur, Petrocaribe y otras que, sin embargo, no marcan una pauta anticapitalista en sí mismas sino que apuntan, por el momento, a constituir un espacio de mayor independencia con respecto a la economía mundial, que haga propicia la construcción del socialismo. Considerando que, aun sin tener certeza de los resultados, se trata en estos casos por lo menos de un escenario posneoliberal diferente y confrontado con el que desarrollan las potencias dominantes, es conveniente destacar algunos de sus desafíos y paradojas.

1. Para avanzar en procesos de recuperación de soberanía, indispensable en términos de su relación con los grandes poderes mundiales –ya sea que vengan tras facetas estatales o empresariales–, y para emprender proyectos sociales de gran escala bajo una concepción socialista, requieren un fortalecimiento del estado y de su rectoría. Lo paradójico es que este estado es una institución creada por el propio capitalismo para asegurar la propiedad privada y el control social.

2. Los procesos de nacionalización emprendidos o los límites impuestos al capital transnacional, pasándolo de dueño a prestador de servicios, o a accionista minoritario, marca una diferencia sustancial en la capacidad para disponer de los recursos estratégicos de cada nación. La soberanía, en estos casos, es detentada y ejercida por el estado, pero eso todavía no transforma la concepción del modo de uso de estos recursos, al grado de que se estimulan proyectos de minería intensiva, aunque bajo otras normas de propiedad. Para un “cambio de modelo” esto no es suficiente, es un primer paso de continuidad incierta, si bien representa una reivindicación popular histórica.

3. El reforzamiento del interés nacional frente a los poderes globales o transnacionales va acompañado de una centralización estatal que no resulta fácilmente compatible con la plurinacionalidad postulada por las naciones o pueblos originarios, ni con la idea de una democracia participativa que acerque las instancias de deliberación y resolución a los niveles comunitarios.

4. Las Constituyentes han esbozado las líneas de construcción de una nueva sociedad. En Bolivia y Ecuador se propone cambiar los objetivos del “desarrollo” por los del “buen vivir”2, marcando una diferencia fundamental entre la carrera hacia delante del desarrollo con la marcha horizontal e incluso circular del buen vivir, que llamaría a recordar la metáfora zapatista de caminar al paso del más lento. La dislocación epistemológica que implica trasladarse al terreno del buen vivir coloca el proceso ya en el camino de una bifurcación societal y, por tanto, la discusión ya no es neoliberalismo o posneoliberalismo sino eso otro que ya no es capitalista y que recoge las experiencias milenarias de los pueblos pero también la crítica radical al capitalismo. Los apelativos son variados: socialismo comunitario, socialismo del siglo XXI, socialismo en el siglo XXI, o ni siquiera socialismo, sólo buen vivir, autonomía comunitaria u horizontes emancipatorios.

Ahora bien, la construcción de ese otro, que genéricamente podemos llamar el buen vivir, tiene que salirse del capitalismo pero a la vez tiene que transformar al capitalismo, con el riesgo, siempre presente, de quedar atrapado en el intento porque, entre otras razones, esta búsqueda se emprende desde la institucionalidad del estado (todavía capitalista), con toda la carga histórica y política que conlleva.

El posneoliberalismo de los pueblos

Otro proceso de salida del neoliberalismo es el que han emprendido los pueblos que no se han inclinado por la lucha electoral, fundamentalmente porque han decidido de entrada distanciarse de la institucionalidad dominante. En este proceso, con variantes, se han involucrado muchos de los pueblos indios de América, aunque no sólo, y su rechazo a la institucionalidad se sustenta en la combinación de las bifurcaciones con respecto a la dominación colonial que hablan de rebeliones larvadas a lo largo de más de 500 años, con las correspondientes a la dominación capitalista. Las naciones constituidas en el momento de la independencia de España y Portugal en realidad reprodujeron las relaciones de colonialidad interna y por ello no son reconocidas como espacios recuperables.

La resistencia y las rebeliones se levantan a veces admitiendo la nación, más no el estado, como espacio transitorio de resistencia, y a veces saltando esta instancia para lanzarse a una lucha anticapitalista-anticolonial y por la construcción-reconstrucción de formas de organización social simplemente distintas.

Desde esta perspectiva el proceso se realiza en los espacios comunitarios, transformando las redes cotidianas y creando condiciones de autodeterminación y autosustentación, siempre pensadas de manera abierta, en interlocución y en intercambio solidario con otras experiencias similares.

Recuperar y recrear formas de vida propias, humanas, de respeto con todos los otros seres vivos y con el entorno, con una politicidad libre y sin hegemonismos. Democracias descentradas. Este es el otro camino de salida del neoliberalismo, que sería muy empobrecedor llamar posneoliberalismo porque, incluso, es difícil de ubicar dentro del mismo campo semántico. Y todos sabemos que la semántica es también política y que también ahí es preciso subvertir los sentidos para que correspondan a los nuevos aires emancipatorios.

Lo que viene después del neoliberalismo es una abanico abierto con múltiples posibilidades. No estrechemos el horizonte cercándolo con términos que reducen su complejidad y empequeñecen sus capacidades creativas y emancipatorias. El mundo está lleno de muchos mundos con infinitas rutas de bifurcación. A los pueblos en lucha toca ir marcando los caminos.

Bibliografía

    Acosta, Alberto 2008 “La compleja tarea de construir democráticamente una sociedad democrática” en Tendencia N° 8 (Quito).

    Prigogine, Ilya 2006 (1988) El nacimiento del tiempo (Argentina: Tusquets).

    Constitución de la República del Ecuador 2008.

Asamblea Constituyente de Bolivia 2007 Nueva Constitución Política del Estado (documento oficial)

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa de la autora, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

América Latina: el rearme de la derecha neoliberal…

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/ La Nación Domingo Por Hugo Guzmán R.

El grupo comparte estrategias para “recuperar” los gobiernos en Chile, Argentina, Brasil y Uruguay y mantenerlo en Colombia y México. El triángulo Uribe, Calderón, Piñera busca armas.

El rearme de la derecha en la región

La derecha chilena está hondamente comprometida con los planes conservadores en América Latina, particularmente destinados a salir al paso del “proyecto bolivariano” impulsado por gobiernos de la región, instalar la tesis de la necesidad de “la alternancia” para promover cambios en palacios presidenciales y crear redes de coordinación a nivel hemisférico.

Los partidos Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN) están sumados a la estrategia de la derecha regional para “recuperar” las presidencias en Chile, Brasil, Argentina y Uruguay y “mantenerlas” en México y Colombia. Eso permitiría cambiar la actual correlación de fuerzas en el continente.

Dirigentes de ambas colectividades estuvieron a mediados de septiembre en Río de Janeiro. Allí participaron activamente en la elaboración y firma del documento que creó el Frente Democrático Latinoamericano (FDL), armado para confrontar a los gobiernos progresistas, de izquierda y socialistas de América Latina. Los personeros escogieron el 11 de septiembre como fecha para suscribir el plan.

A la semana siguiente, los líderes del sector, encabezados por su candidato presidencial, Sebastián Piñera, tuvieron encuentros privados y doctrinarios con José María Aznar, figura del conservador Partido Popular de España, donde se fijaron pautas de contenidos en las estrategias internacionales, que incluyeron relevar comunicacional y electoralmente el tema de la alternancia en los gobiernos como parte de “la agenda de libertad” que promueve el español con la ayuda de sus aliados latinoamericanos.

El periplo de Aznar formó parte de los acercamientos y “coordinaciones” de las derechas. No en vano incluyó reuniones con el Presidente colombiano, Álvaro Uribe, su ministro de Defensa, Gabriel Silva, y el ex jefe del área, Juan Manuel Santos, con quienes Piñera y senadores de RN se habían juntado exactamente hace un año, aprovechando la ocasión para montar una operación de inteligencia militar y policial extraterritorial hacia Chile, conocida como el caso correos, que supuestamente demostraría vínculos de chilenos con la guerrilla colombiana.

En un salón de la Universidad Católica, Aznar expuso ante decenas de militantes y simpatizantes de RN y la UDI. Dictó dos claves políticas: luchar por la alternancia y cuestionar alianzas políticas del centro político con la izquierda. Luego, el español salió junto a Piñera hacia Buenos Aires, donde se juntaron con otro socio, Mauricio Macri, jefe del gobierno de la ciudad y líder de la derecha, para hablar de la alternancia, la libertad democrática y la lucha contra “el autoritarismo”. Todo coordinado doctrinariamente desde la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), presidida por Aznar. Algo parecido a eventos como el “Encuentro Internacional Libertad y Democracia: el desafío latinoamericano”, que convocó a personeros conservadores de la región en Caracas, bajo el alero de un símil de la FAES, el Centro de Divulgación del Conocimiento para la Libertad ligado a grupos de la derecha de Estados Unidos.

“Fortalecer la acción”

En Río de Janeiro, los UDI Jovino Novoa y Juan Antonio Coloma y el RN Bruno Baranda fueron parte del cónclave derechista destinado a “fortalecer la acción” de los partidos y avanzar en el “intercambio de información” entre ellos. Estuvieron junto a personeros de colectividades como el ultraderechista Arena de El Salvador, Unión Pro de Argentina (ligado a Macri), ADN de Bolivia, Proyecto Venezolano y varias organizaciones liberal-cristianas y conservadoras del hemisferio que forman filas en la UPLA.

El eje fue la conformación del Frente Democrático Latinoamericano “con el fin de construir una alternativa libre y democrática a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA)”. En concreto, levantar una trinchera frente a los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Paraguay, entre otros.

En tácita referencia a las administraciones de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Raúl Castro y unos cuantos más, los partidos de la derecha continental alertaron sobre amenazas a la democracia “por la acción de fuerzas políticas que desde el poder han manipulado la legalidad y con métodos aparentemente democráticos, han consagrado formas de gobiernos autoritarios”. Los dirigentes conservadores fueron más allá y advirtieron sobre la urgencia de coordinarse y prepararse a actuar ante “una coalición de gobiernos intervencionista, desestabilizadora y antidemocrática”.

En reuniones privadas, hubo duros epítetos contra José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), por su papel “tibio” frente a Venezuela y Cuba y el rol de “presión contra el gobierno interino de Honduras”. Públicamente, las colectividades de derecha manifestaron que “la OEA se ha mostrado incapaz de dar solución a este grave problema”, en referencia a las medidas de “gobiernos autoritarios”.

Se trazaron algunos planes que incluyen “solidarizar” con las organizaciones de derecha en Venezuela, Ecuador y Bolivia, tener voz común frente al ALBA y promover en sus campañas electorales y comunicacionales cuestionamientos a las posiciones progresistas y de izquierda que se instalen en otros países.

El triángulo

Otro objetivo estratégico del sector conservador en el continente es provocar cambios en la correlación de fuerzas regional. En ello aparece como vital -y posible- que se instalen presidentes de derecha en Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, junto con preservar a Álvaro Uribe en Colombia y Felipe Calderón en México. Incluye una meta de corto plazo: dibujar un triángulo conservador encima del mapa latinoamericano en cuyos vértices estén los nombres de Uribe, Calderón y Sebastián Piñera. La idea central -compartida por el mismo Aznar- es que con esos tres países bajo el mando liberal derechista, se podría producir un primer cambio de escenario que pudiera contrarrestar a los “gobiernos bolivarianos” e iniciar una ofensiva de posicionamiento en el hemisferio ante la preeminencia de administraciones progresistas y de izquierda.

El lazo uribista-piñerista está fuertemente amarrado, lo mismo que la dupla Uribe-Calderón. Pero falta hacer lo mismo entre el mandatario mexicano y Piñera, algo en lo que estaría ayudando el presidente colombiano. Un paso considerado clave es que el candidato de RN y la UDI viaje en los próximos dos meses a México y sea recibido por Felipe Calderón en la residencia oficial de Los Pinos, sellando un pacto tácito.

La piedra en el camino es el Partido Acción Nacional (PAN), que tiene un vínculo formal con la Democracia Cristiana -en sus consejos generales han estado chilenos de esa colectividad- y hay resistencias a aparecer como parte de la derecha más dura de la región. Sin embargo, segmentos panistas están entusiasmados con la idea de generar el triángulo como trinchera gravitante ante Chávez, Morales y Correa. En todo caso, personeros chilenos han expresado a aliados externos -a partir de la seguridad de que ganarán la elección- de que si no se produce este año el acercamiento a Calderón y el PAN, esto se materializará cuando Piñera -supuestamente- esté en la presidencia. //LND

Socios externos

La UPLA es el espacio privilegiado de la UDI y RN para sus relaciones y trabajos internacionales. Además, es la llave hacia la International Democrat Union (IDU), que agrupa a los poderosos partidos conservadores y de derecha a nivel mundial, como el Partido Popular español, el Partido Republicano estadounidense y el Partido Conservador inglés. Algunas de las figuras de la IDU son viejos amigos de personeros de la derecha chilena: Margaret Thatcher, George W. Bush, Jacques Chirac y Helmut Kohl.

Disputa Matrimonial

Hace tiempo que la derecha quiere arrebatar socios a la Democracia Cristiana y a otras colectividades de centro, disputa en que se han enfrascado personeros de la región, de Estados Unidos y Europa. Las colectividades chilenas no están exentas. En el caso de España, es dura la pelea por la mayor cercanía con el Partido Popular, organización en que hay dirigentes proclives a priorizar por la DC pero otros, como Aznar, simpatizan más con RN y la UDI.

Algo parecido ocurre con el Partido Acción Nacional en México, cuyo corte cristiano y tradicional lo ha tenido empalizando con la DC e incluso con la Concertación. Pero hace un par de años se les apareció en escena Piñera y dirigentes de la derecha chilena.

A pesar de que en el Partido Republicano y sus centros de estudio están puestas las fichas de asociación de la Alianza, se sabe de constantes gestiones por fortalecer lazos con el Partido Demócrata, aunque sea con algunos segmentos.

También hay roces -a veces solapados, otras abiertos- en cuanto a la relación con la CDU de Alemania, partido que tiene fuerte vínculo con la DC, pero en el que han aparecido atisbos de cercanías con la derecha.

América Latina: la derecha contraataca…

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Immanuel Wallerstein, La Jornada

america-latina001 La presidencia de George W. Bush fue el momento de mayor arrasamiento electoral por parte de los partidos de centro-izquierda en América Latina en los últimos dos siglos. La presidencia de Barack Obama corre el riesgo de ser el momento de la venganza de la derecha en América Latina.

La razón bien puede ser la misma: la combinación de la decadencia del poderío estadunidense con la continuada centralidad de Estados Unidos en la política mundial. Al mismo tiempo, Washington es incapaz de imponerse por sí mismo y todo mundo espera que entre al terreno de juego en el bando de ellos.

¿Qué fue lo que ocurrió en Honduras? Hace mucho que este país es uno de los pilares más seguros de las oligarquías latinoamericanas: tiene una clase dominante arrogante y sin arrepentimiento, guarda vínculos cercanos con Estados Unidos y es el sitio de una importante base militar estadunidense.

En las últimas elecciones, Manuel (Mel) Zelaya fue electo presidente. Siendo un producto de las clases dominantes, se esperaba que continuara jugando el juego en la forma en que los presidentes hondureños lo han jugado siempre. En cambio, inclinó sus políticas hacia la izquierda. Emprendió programas internos que en verdad hicieron algo por la vasta mayoría de la población: se construyeron escuelas en áreas rurales remotas, se aumentó el salario mínimo, se abrieron clínicas de salud. Comenzó su periodo apoyando el tratado de libre comercio con Estados Unidos, pero dos años después se unió al ALBA, la organización de Estados que creó el presidente Hugo Chávez. El resultado fue que Honduras obtuvo petróleo barato procedente de Venezuela.

Luego propuso la celebración de un referendo para saber si la población pensaba que era buena idea revisar la Constitución. La oligarquía gritó que éste era un intento de Zelaya para cambiar las leyes y hacer posible que él accediera a un segundo periodo. Dado que se preveía que la consulta ocurriera el día en que su sucesor fuera electo, ésta es claramente una razón inventada.

¿Por qué entonces escenificó el ejército un golpe de estado con el respaldo de la Suprema Corte, el Congreso hondureño y la jerarquía católica? Dos factores confluyen aquí: su visión de Zelaya y su percepción de Estados Unidos. En los años treinta, la derecha estadunidense atacó a Franklin Roosevelt como traidor a su clase. Para la oligarquía hondureña, eso significa que Zelaya, un traidor a su clase, es alguien que debería ser castigado como ejemplo para otros.

¿Y qué pasa con Estados Unidos? Cuando ocurrió el golpe, algunos comentaristas de la izquierda vociferante en la blogósfera le llamaron el golpe de estado de Obama. Esto no atina al punto de lo que ocurrió. Ni Zelaya ni sus simpatizantes en la calle, ni tampoco Chávez o Fidel Castro, tienen esa visión tan simplista. Todos ellos notan la diferencia entre Obama y la derecha estadunidense (líderes políticos o figuras militares).

Parece claro que la última cosa que el gobierno de Obama quería era este golpe de estado. Ha sido un intento por forzarle la mano. Sin duda esto recibió aliento de figuras clave de la derecha estadunidense como Otto Reich (el cubano-estadunidense y ex consejero de Bush) y el International Republican Institute.

Desde que ocurrió el golpe de estado en Honduras, Obama, constreñido entre dos posturas fuertes, no hace sino ganar tiempo haciendo guiños a unos y a otros sin asumir una actitud clara.

Seamos testigos de algunas de sus aseveraciones más desorbitadas. El ministro de Relaciones Exteriores del gobierno golpista, Enrique Ortez, dijo que Obama era un negrito que no sabe nada de nada. Hay alguna controversia de qué tan peyorativo es el término negrito en castellano. En cualquier caso el embajador estadunidense protestó tajantemente ante el insulto. Ortez se disculpó por su desafortunada expresión, y se le cambió a otro puesto en el gobierno. Ortez concedió una entrevista a la televisión hondureña diciendo: No tengo prejuicios raciales, me gusta el negrito del batey que está presidiendo Estados Unidos.

Sin duda, la derecha estadunidense es más cortés pero no menos denunciatoria de Obama. El senador republicano Jim DeMint, la diputada republicana cubano-estadunidense Ileana Ros-Lehtinen, y el abogado conservador Manuel A. Estrada, todos han insistido en que el golpe estuvo justificado porque no fue un golpe de Estado, sino justamente una defensa de la Constitución hondureña. Y la blogger derechista Jennifer Rubin, publicó un texto el 13 de julio titulado: Obama está mal, mal, mal respecto a Honduras. Su equivalente hondureño, Ramón Villeda, publicó una carta abierta al presidente estadunidense el 11 de julio, donde decía que: No es la primera vez que Washington se equivoca y abandona, en momentos críticos, a un aliado y amigo.

La derecha hondureña hace su juego buscando ganar tiempo, hasta que el periodo de Zelaya termine. Si logran su objetivo, habrán ganado. Y la derecha guatemalteca, la salvadoreña y la nicaragüense observan por los costados, y ya les pican las ganas de comenzar sus propios golpes de estado contra sus gobiernos que no son ya de derecha.

Es posible que la derecha gane las elecciones este año y el año entrante en Argentina y Brasil, tal vez en Uruguay y Chile. Tres analistas importantes del Cono Sur han publicado sus explicaciones. Atilio Borón habla de la futilidad del golpe. El sociólogo brasileño Emir Sader dice que América Latina enfrenta una encrucijada: La profundización del antineoliberalismo o la restauración conservadora. El periodista uruguayo Raúl Zibechi titula su análisis La irresistible decadencia del progresismo.

Zibechi piensa que las débiles políticas de Lula, Vázquez, Kirchner y Bachelet (Brasil, Uruguay, Argentina y Chile) han fortalecido a la derecha (que avizora adoptando un estilo Berlusconi) y dividieron a la izquierda.

Pienso que hay una explicación más directa y simple. La izquierda llegó al poder en América Latina debido a la distracción estadunidense y a los buenos tiempos económicos. Ahora enfrenta una distracción continuada, pero los tiempos económicos son malos y comienzan a culparla porque está en el poder, aunque hay poco que puedan hacer los gobiernos de centro-izquierda respecto a la economía-mundo.

¿Puede Estados Unidos hacer algo acerca de este golpe de Estado? Por supuesto. Primero, Obama puede oficialmente etiquetar el golpe como un golpe de Estado. Esto podría disparar una ley estadunidense que le cortara toda la asistencia de Estados Unidos a Honduras. Puede cercenar las continuadas relaciones del Pentágono con los militares hondureños. Puede retirar al embajador estadunidense. Puede decir que no hay nada qué negociar en vez de insistir en la mediación entre el gobierno legítimo y los líderes golpistas.

¿Por qué no hace todo eso? Es muy simple, también. Tiene al menos otros cuatro super puntos pendientes en su agenda: la confirmación de Sonia Sotomayor en la Suprema Corte; un desbarajuste continuado en Medio Oriente; su necesidad de pasar la legislación de salud este año (si no es en agosto, en diciembre); y de repente una presión enorme por abrir las investigaciones de los actos ilegales del gobierno de Bush. Lo siento, pero Honduras tiene el quinto lugar en la lista.

Así que Barack Obama no asume una actitud clara. Y nadie quedará contento. Zelaya puede ser restaurado en el cargo, pero tal vez sólo tres meses a partir de ahora. Demasiado tarde. Pónganle atención a Guatemala.

Traducción: Ramón Vera Herrera

Berlusconi, Presidente conservador de Italia denunciado por prostitutas TOP…

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La fiscalía afirma que las ‘velinas’ entraban sin control a casa de Berlusconi

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La investigación se extiende a cinco fiestas y 30 chicas.- Los diarios publican fotos tomadas en un baño del palacio Grazioli

MIGUEL MORA | Roma 22/06/2009

Tras escuchar los testimonios de cuatro velinas que asistieron a fiestas de Silvio Berlusconi a cambio de dinero, los fiscales de Bari han llegado a la conclusión de que las prostitutas y modelos tenían "acceso incontrolado" a las residencias del primer ministro tanto en Roma (palacio Grazioli) como en Cerdeña (Villa Certosa).

Las primeras pruebas empiezan a exhibirse hoy en los diarios italianos, que publican las fotos de dos mujeres vestidas de negro (Barbara Montereale y Lucia Rossini) tomadas en un baño de palacio Grazioli el 4 de noviembre, la noche del triunfo electoral de Obama en Estados Unidos.

La prostituta de lujo Patrizia D’Addario y las modelos Montereale y Rossini han declarado que para abrir las puertas de la casa romana de Berlusconi al coche donde llegaban las tres chicas bastó una llamada de móvil del empresario Gianpaolo Tarantini, el hombre que las reclutó.

D’Addario hizo grabaciones de audio y vídeo, y Montereale y Rossini tomaron fotos dentro de la casa de Berlusconi, que según la ley es asimilable a una residencia de Estado. Barbara cuenta que tampoco había ningún control en Villa Certosa, donde según afirma "había chicas extranjeras no reclutadas por Tarantini".

BERLUSCONI--002FOTOS La investigación por inducción a la prostitución de la fiscalía de Bari, que solo afectaría al primer ministro como "usuario final" (en palabras de su abogado Niccolò Ghedini), se ha extendido a cinco fiestas distintas, en Roma y Cerdeña.

Hasta 30 mujeres

Según los magistrados, Tarantini, de 34 años, y principal imputado en la investigación, trasladó a numerosas mujeres de pago para agasajar a Berlusconi. Las filtraciones hablan de chicas alistadas en Milán, Padua, Bolonia, Lecce y Barletta (Puglia). La Guardia di Finanza, que se ocupa de los interrogatorios, maneja al menos 30 nombres de mujeres. Todas serán oídas en los próximos días, dice La Repubblica.

Una segunda reclutadora, asegura el Corriere della Sera, está siendo indagada junto a Tarantini. Se trata de Terri De Nicolò, natural de Bari, de 40 años, residente en Milán.

Barbara Montereale, la modelo que ha declarado que Berlusconi le dio 10.000 euros después de pasar por Certosa, cuenta hoy que en una fiesta celebrada a mediados de enero en la residencia sarda del primer ministro había un grupo de chicas del Este de Europa disfrazadas de papa Noel. "Tenían una gran confianza con el presidente, y de hecho todas le llamaban ‘Papi’. Estaban envidiosas las unas de las otras, en competición unas con otras. Competían por estar más cerca de él. Me dijeron que llevaban allí muchos días. Eran las mismas chicas filmadas en un vídeo que vi en aquella ocasión, grabado durante las fiestas. Ahí estaban disfrazadas de papá Noel".

Los investigadores están peinando también los ambientes de la prostitución de Bari en los que se mueve Tarantini. Bajo la lupa de la fiscalía está el papel de la transexual Manila Gorio, amiga íntima de Patrizia D’Addario y presentadora de un reality show en una televisión local en el que ha participado Montereale.

El último filón de la investigación es el de la cocaína. Hay un indagado por posesión de estupefacientes, llamado Alessandro Mannarini, y la fiscalía maneja la hipótesis de un tráfico Bari-Civitavecchia-Olbia. Las escuchas telefónicas, afirma La Repubblica, indican que algunos participantes en las fiestas sardas de Berlusconi y varios colaboradores de Tarantini hacían uso habitual del polvo blanco.

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