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P. Krugman: en Europa, la Gran Depresión fue mala, pero esta es peor…

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Por: Paul Krugman | 16 de febrero de 2012

Algo que todo el mundo dice siempre es que, aunque esta Depresión Menor puede ser mala, no es nada comparada con la Gran Depresión.

Pero se trata en parte de una opinión propia de Estados Unidos: nosotros tuvimos una Gran Depresión muy mala y esta vez nos ha ido mejor que a muchos otros países. Como señala Jonathan Portes, el director del Instituto Nacional de Investigación Económica y Social (NIESR, por sus siglas en inglés), en su blog Not the Treasury view (No es la opinión del Tesoro), la depresión actual en Reino Unido es ahora más larga y más profunda que la depresión en la década de 1930 (un gráfico publicado en notthetreasuryview.blogspot.com el 25 de enero muestra lo realmente por debajo que está el producto interior bruto respecto a su máximo anterior en distintas recesiones británicas).

Creo que cuando empecé a criticar el esfuerzo del Gobierno de Cameron por fomentar la austeridad, algunos periódicos de tendencia conservadora exigieron que me callara.Pero mi primera crítica de la austeridad está resistiendo bastante bien, a mi parecer.Nuevas consideraciones sobre la observación de que la duración de la actual depresión británica ya es superior a la de la depresión de la década de 1930. ¿Es Gran Bretaña la única?No, no lo es. El NIESR ha elaborado una progresión mensual del PIB de Reino Unido, que permite el uso de datos en tiempo real para la comparación. No puedo repetir eso, pero puedo usar los datos históricos de Maddison de la Universidad de Groningen en Holanda y los datos del Fondo Monetario Internacional – incluidas las previsiones para 2012 y 2013 – para hacer algunas comparaciones. Cuando lo hacemos en el caso de Gran Bretaña, como se observa en el gráfico de la izquierda, el “peor que” llama enseguida la atención (uso datos anuales; el año cero es 1929 o 2007, y el PIB real se expresa como un porcentaje del máximo pre-crisis en cada caso). Italia se encuentra a la derecha.

Francia y Alemania tienen mejores resultados que a principios de la década de 1930, pero por aquel entonces, Francia y Alemania sufrieron unas políticas deflacionistas terribles a principios de la década de 1930 (fue la deflación de Brüning, y no la inflación de Weimar, la que llevó al poder a quien ya saben ustedes). Cuando dos de las cuatro grandes economías europeas tienen peores resultados que en la Gran Depresión, al menos en lo que se refiere al PIB, y son tres de cinco si cuentan a España, ¿no creen que los defensores de la austeridad deberían plantearse que, posiblemente, van por mal camino?

© 2012 New York Times.

Traducción de News Clips.

 

La austeridad, arraigada en la política, empeora la tragedia griega

Por: Paul Krugman | 02 de febrero de 2012

Varios manifestantes griegos queman una bandera de la UE en Atenas / Foto: France Press

 

The Washington Post publicaba no hace mucho una desgarradora historia sobre el sufrimiento que se está infligiendo a los griegos de a pie. Adiós a la doctrina de la austeridad expansionista.

Sin embargo, hay algo que no me cuadra. En el artículo, publicado el 10 enero y titulado “En Grecia, temores a que la austeridad esté matando la economía“, se debaten las razones por las que se está imponiendo una austeridad tan cruel. “Las potencias europeas, lideradas por Alemania, conservadora en temas fiscales, han estado insistiendo en que Grecia corrija años de mala gestión aprobando rápidamente oleadas de recortes y otras reformas económicas de calado para recuperar la confianza de los inversores y garantizar la integridad del euro. Sostienen que reducir rápidamente el déficit es el preludio esencial  para un futuro sostenible y el consiguiente dolor social es necesario para meterles en la cabeza a los políticos y a la sociedad griegos que esos excesos no deben repetirse jamás”.

La mayor parte de eso es correcto, pero no lo de recuperar la confianza de los inversores o, en todo caso, esa no es la cuestión en estos días. Porque está bastante claro que a estas alturas la confianza del inversor es irrecuperable. Los costes de financiación griegos no van a bajar a  niveles asequibles hasta dentro de  mucho tiempo.

De modo que ahora la austeridad no está impulsada por el mercado, sino que es política, la prenda que las entidades crediticias oficiales están exigiendo por mantener el goteo de efectivo. Y la verdad es que en buena parte se trata de un castigo; ya hemos visto una demostración bastante impresionante de que los grandes recortes presupuestarios en una economía deprimida apenas reducen el déficit, porque hunden la economía y con ella la recaudación fiscal.

Verdaderamente no veo cómo puede continuar esto. Pero, dirán ustedes, la alternativa es la suspensión de pagos y un abandono del euro. Bueno, es una hipótesis terrible, pero ¿cómo puede ser peor que lo que está pasando ahora?

Comerciar con alienígenas

The New York Times publicaba un artículo el 9 de enero sobre la fe de Alemania en la austeridad como la respuesta a la depresión: “España, Italia y Grecia están recortando el gasto público porque no tienen otra alternativa. Pero Alemania sigue estando suficientemente sana y podría hacer un favor a sus socios comerciales en apuros y centrarse más en fomentar la demanda y menos en reducir la deuda”, escribía el periodista Jack Ewing. “Podría, pero casi con toda certeza no lo hará. Incluso si los legisladores alemanes no hubieran convertido el equilibrio presupuestario en una obligación constitucional hace dos años, el consenso tácito entre los responsables políticos y los economistas es que la austeridad y el crecimiento no son enemigos. Son camaradas”.

Es una triste lectura para cualquiera que espere que Europa pueda arreglárselas; es especialmente irritante que los alemanes sigan estando tan comprometidos con la fe en la austeridad expansionista, pese a la exhaustiva desautorización empírica que ha experimentado la idea a lo largo del último año y medio.

Pero los alemanes creen que su propia experiencia demuestra que la austeridad funciona: atravesaron tiempos difíciles hace una década, pero se apretaron el cinturón, y al final todo fue bien.

Aunque no sirva de nada, vale la pena señalar que la experiencia de Alemania solo puede generalizarse a otros países si encontramos, y rápido, algunos alienígenas en el espacio con quien comerciar.

¿Por qué? Porque la clave para los asuntos económicos alemanes esta última década ha sido un cambio verdaderamente radical desde un déficit por cuenta corriente a un superávit. Ahora bien, otros países de Europa podrían emular el pasado de Alemania si la propia Alemania estuviera dispuesta a permitir que se esfume su actual superávit por cuenta corriente. Pero, lógicamente, no lo está. De modo que lo que piden los alemanes es que todo el mundo alcance un superávit por cuenta corriente, igual que ellos, algo que solo será posible si podemos encontrar a alguien o algo que compre nuestras exportaciones.

Sigue siendo increíble comprobar con qué poca sabiduría se gobierna el mundo.

Traducción de News Clips.

EL PAIS.COM

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J. Stiglitz: la economía mundial y los peligros de 2012…

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JOSEPH E. STIGLITZ 22/01/2012

 

El año 2011 será recordado como la época en que muchos estadounidenses que siempre habían sido optimistas comenzaron a renunciar a la esperanza. El presidente John F. Kennedy dijo una vez que la marea alta eleva todos los botes. Pero ahora, con la marea baja, los estadounidenses no solo comienzan a ver que quienes tienen mástiles más altos han sido elevados mucho más, sino que muchos de los botes más pequeños han sido destrozados por el agua.

El compromiso pragmático con el crecimiento de Asia destaca frente a las equivocadas políticas occidentales, mezcla de ideología e intereses creados

En ese breve momento en que la marea creciente estaba, efectivamente, subiendo, millones de personas creyeron que tenían buenas probabilidades de cumplir su “sueño americano”. Ahora también esos sueños están retirándose. En 2011, los ahorros de quienes habían perdido sus empleos en 2008 o 2009 ya se habían gastado. El seguro de desempleo se había terminado. Los titulares que anunciaban nuevas contrataciones -aún insuficientes para incorporar a quienes habitualmente se suman a la fuerza laboral- significaban poco para cincuentones con pocas ilusiones de volver a tener un empleo.

De hecho, las personas de mediana edad que pensaron que estarían desempleadas por unos pocos meses se han dado cuenta a esta altura de que, en realidad, fueron jubiladas a la fuerza. Los jóvenes graduados universitarios con decenas de miles de dólares de deuda en créditos educativos no podían encontrar ningún empleo. La gente se mudó a las casas de sus amigos y los parientes se han convertido en sin techo. Las casas compradas durante la burbuja inmobiliaria aún están en el mercado, o han sido vendidas con pérdidas. Más de siete millones de familias estadounidenses han perdido sus hogares.

El oscuro punto vulnerable de la burbuja financiera de las décadas anteriores también ha quedado completamente expuesto en Europa. Los titubeos por Grecia y la devoción de los Gobiernos nacionales por la austeridad comenzaron a implicar una pesada carga el año pasado. Italia se contagió. El desempleo español, que se había mantenido cerca del 20% desde el comienzo de la recesión, trepó aún más. Lo impensable -el fin del euro- comenzó a verse como una posibilidad real.

Este año parece encaminado a ser aún peor. Es posible, por supuesto, que Estados Unidos solucione sus problemas políticos y adopte finalmente las medidas de estímulo que necesita para reducir el desempleo al 6% o al 7% (el nivel previo a la crisis del 4% o el 5% es demasiado pedir). Pero esto es tan poco probable como que Europa se dé cuenta de que la austeridad por sí misma no resolverá sus problemas. Por el contrario, la austeridad solo exacerbará la desaceleración económica. Sin crecimiento, la crisis de la deuda -y la crisis del euro- solo empeorará. Y la larga crisis que comenzó con el colapso de la burbuja inmobiliaria en 2007 y la recesión que la siguió continuarán.

Además, es posible que los países con los mercados emergentes más importantes, que capearon exitosamente las tormentas de 2008 y 2009, no sobrelleven tan bien los problemas que se perciben en el horizonte. El crecimiento brasileño ya se ha detenido, y eso genera ansiedad entre sus vecinos latinoamericanos.

Mientras tanto, los problemas de largo plazo -incluidos el cambio climático y otras amenazas ambientales, y la creciente desigualdad en la mayoría de los países del mundo- continúan allí. Algunos, incluso, han empeorado. Por ejemplo, el alto desempleo ha deprimido los salarios y aumentado la pobreza.

La buena noticia es que solucionar estos problemas de largo plazo ayudaría a resolver los de corto plazo. Una mayor inversión para adaptar la economía al calentamiento global ayudaría a estimular la actividad económica, el crecimiento y la creación de empleo. Impuestos más progresivos, que redistribuyan desde los ingresos altos hacia los medios y bajos, simultáneamente, reducirían la desigualdad y aumentarían el empleo al impulsar la demanda total. Los impuestos más elevados a los ricos podrían generar ingresos para financiar la necesaria inversión pública, y proporcionar cierta protección social para quienes menos tienen, incluidos los desempleados.

Incluso, sin ampliar el déficit fiscal, esos aumentos de “presupuesto equilibrado” en los impuestos y el gasto reducirían el desempleo y aumentarían el producto. Lo que preocupa, sin embargo, es que la política y la ideología en ambos lados del Atlántico, pero especialmente en Estados Unidos, no permitirá que nada de esto ocurra. La fijación en el déficit inducirá recortes en el gasto social, empeorando la desigualdad. De igual manera, la persistente atracción hacia la economía de oferta, a pesar de toda la evidencia en su contra (especialmente en periodos de alto desempleo), evitará que se aumenten los impuestos a quienes más tienen.

Incluso, antes de la crisis hubo un reordenamiento del poder económico -de hecho, una corrección de una anomalía con 200 años de historia, en la que la participación asiática del PIB global cayó desde cerca del 50% hasta, en cierto punto, menos del 10%-. El compromiso pragmático con el crecimiento que se percibe actualmente en Asia y en otros mercados emergentes destaca frente a las equivocadas políticas occidentales, que, impulsadas por una combinación de ideología e intereses creados, parecen casi reflejar un compromiso para evitar el crecimiento.

Como resultado, la reestructuración económica global probablemente se acelere. Y casi inevitablemente dará lugar a tensiones políticas. Con todos los problemas que enfrenta la economía global, seremos afortunados si estas presiones no comienzan a manifestarse dentro de los próximos 12 meses.

Joseph E. Stiglitz es catedrático en la Universidad de Columbia, premio Nobel de Economía y autor de Freefall: free markets and the sinking of the global economy [Caída libre: el libre mercado y el hundimiento de la economía mundial]. © Project Syndicate, 2012. Traducido al español por Leopoldo Gurman.

Cinco preguntas sobre la crisis. Entrevista a los economistas Fumagalli y Marazzi…

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Entrevista a los economistas Fumagalli y Marazzi
UniNomade

Traducción Susana Merino
                                                                                                                                                               

La profundización de la crisis, con sus devastadoras consecuencias sociales, continúa desplazando consolidados paradigmas interpretativos. De los que se derivan no solo la bancarrota de la ciencia económica “mainstream”, sino también inéditos desafíos para cuantos han continuado practicando de manera original durante estos años la crítica de la economía política. En suma, cada vez se ve más claramente, la relación existente entre la categoría económica y la categoría política. Para iniciar la discusión en el seno del sitio UniNomade hemos planteado cinco preguntas a Andrea Fumagalli, Christian Marazzi y Carlo Vercellone. Incluimos a continuación las respuestas de Andrea y Christian en forma de diálogo. Carlo ha desarrollado algunas reflexiones sobre la totalidad de los temas propuestos: se pueden leer como conclusiones.

 

¿Piensan verdaderamente ustedes que no tienen un líder latente, alguien que sugiera cómo operar? Esto al margen de toda teoría del complot, sino simplemente dentro del análisis de cada mecanismo de decisión, que prevé momentos de unificación consciente y no simplemente de concentración espontánea.

Andrea Fumagalli: Las grandes empresas financieras se comportan de una manera que podríamos definir como de oligopolio colusorio. Su objetivo es generar plusvalía. En esta fase las mayores plusvalías son extraíbles del cambio de los derivados CDS, sobre todo de aquellos relacionados con el riesgo de default privado o público. La naturaleza colusoria del oligopolio financiero se halla garantizada por la intermediación llevada a cabo por las empresas de rating. A partir de la crisis de las subprimes (a fines de 2007) se ha asistido a un ulterior proceso de concentración de los mercados financieros. He aquí algunos datos: Si el PIB del mundo entero en 2010 ha sido de 74 mil billones de dólares, las finanzas lo superan: el mercado mundial de obligaciones vale 95 mil billones de dólares. Las bolsas de todo el mundo 50 mil billones, los derivados 466 mil billones. En su conjunto los mercados mueven una riqueza ocho veces mayor que la producida en términos reales: industria, agricultura, servicios. Todo eso es evidente, pero lo que se olvida a menudo es que ese proceso, además de desviar el centro de la valorización y de la acumulación capitalista de la producción material e inmaterial y de la explotación del trabajo manual y del conocimiento, ha dado origen a una nueva “acumulación originaria” caracterizada por un elevado nivel de concentración.

En lo que se refiere al sector bancario, los datos de la Reserva Federal informan que entre 1980 y 2005 se han producido cerca de 11.500 fusiones, con un promedio de 440 por año. Reduciendo por lo tanto la cantidad de bancos a menos de 7.500. En 2011, cinco SIM (Sociedades de Intermediación Inmobiliaria y divisiones bancarias: J.P Morgan, Bank of America, Citybank, Goldman Sachs, Hsbc Usa) y cinco bancos (Deutsche Bank, Ubs, Credit Suisse, Citycorp-Merrill Linch, Bnp-Parisbas) han asumido el control de más del 90% de los títulos derivados. En el mercado accionario, las estrategias de fusión y de adquisición han reducido ampliamente la cantidad de sociedades cotizantes. Hoy en día las 10 primeras sociedades con mayor capitalización bursátil, equivalente al 0,12% de las 7800 sociedades registradas, detentan el 41% del valor total, el 47% de los beneficios y el 55% de las plusvalías registradas. En estos procesos de concentración, el papel principal es desempeñado por los inversores institucionales (término que designa a los operadores financieros – desde el SIM a los bancos, a las aseguradoras –que manejan por cuenta de terceros las inversiones financieras: son aquellos que en los años 30 Keynes definía como “especuladores profesionales”).

Hoy en día, siempre según los datos de la Reserva federal, los inversores institucionales manejan títulos por un valor nominal equivalente a los 39 billones, el 88,4% del total con un aumento 20 veces mayor con relación a hace 20 años. Además esta cifra se ha incrementado en el último año gracias a la difusión de los títulos de deuda soberana. No creo que haya alguien que aconseje seguir las estrategias de los administradores de las grandes sociedades financieras, menos aún algún “político” Como explicaré más adelante el poder economico-político se encuentra en sus manos y pueden ejercerlo sin que sea necesario que alguien se lo sugiera. El aliciente, como siempre en el capitalismo se halla en la ganancia y la riqueza, al margen de cualquier comportamiento “sopra le righe”. El problema no es la sed de ganancias de los mercados financieros, sino más bien de los que funcionan como sus vasallos y súbditos.

Christian Marazzi: ¡Vaya si existe el “liderazgo latente”! Como bien ha sintetizado Andrea Fumagalli y Carlo Vercellone, el liderazgo de los mercados reside en la fenomenal concentración del capital industrial-financiero que se ha venido creando en los últimos años sobre la falsía del “stop-and-go” de la financiarización. Bancos de inversión, empresas multinacionales, hedge funds, fondos institucionales y fondos de pensión constituyen su corazón: son ellos los que “crean el mercado”, que orientan las fases especulativas “normalizando” lo que Keynes llamaba las “convenciones” como la convención latinoamericana, la internetiana, la de las subprimes y luego la de las deudas soberanas. El ataque al euro lo decidió en febrero de 2010 en Nueva York un grupo de fondos especulativos, tanto como para dar un ejemplo reciente. Luciano Gallino, en su libro Finanzcapitalismo, ha cuantificado además, si no yerro, en 10 millones “los hombres que cuentan en el mundo”. Desde el punto de vista de la pirámide del poder, los lobbies que cuentan, porque ellos además de los altos niveles del G20, del FMI, de la UE y del BCE, actúan en el interior de los Estados nación, articulando a escala local los lineamientos guía del capitalismo financiero. Lo que a mí me parece sin embargo más importante es lo siguiente: el “liderazgo latente” existe pero no siempre.

El poder financiero, crea ciertamente el “mooddel mercado”, define por así decirlo la marcha normal de la fase de acumulación, la fase central de la curva de Gauss durante la cual los inversores se mueven miméticamente, gregariamente, según el principio (precisamente) de las convenciones históricamente determinadas. Pero en las fases de pánico en la cola de la curva gaussiana, cuando aparecen los cisnes negros de Taleb, el liderazgo entra precisamente en crisis, se convulsiona con lo imprevisto y lo imprevisible. Los cisnes negros no son precisamente las crisis financieras, implícitas y cíclicas en la teoría de la inestabilidad financiera de Minski. Son más bien los eventos sociales y políticos que escapan a cualquier modelización político-financiera.

Cuando se instala el pánico, también el liderazgo queda desplazado. Un aspecto que al menos para mí, no existe aun con suficiente claridad teórica, es el origen de las convenciones. Por ejemplo, yo no creo en la espontaneidad de la formación de las convenciones de los teóricos de la “finanza autoreferencial” en especial de André Orléan, que está entre los que mejor han explicado el funcionamiento de los mercados financieros. Creo que las convenciones son convenientemente determinadas, teniendo en cuenta toda una serie de factores estratégicos (además, obviamente, de las oportunidades de ganancia), entre los cuales los desequilibrios macroeconómicos y geopolíticos, las configuraciones monetarias (las diferencias, por ejemplo, entre el FED y el BCE no son bagatelas, así como el hecho de que existen países con superávit y países con déficit), etc.

Muchos analistas políticos piensan que los mercados han arruinado en los estados su capacidad de centralización y que por lo tanto la acción de los estados no es simplemente un acción soberana sino una acción soberana supradeterminada por un cúmulo de intereses financieros. La fase de refinanciamiento de los bancos por parte de los Estados que siguió al 2008 terminaría con una ulterior sujeción de los poderes soberanos a los intereses de los mercados. ¿Cómo funciona todo ello en la crisis actual?

A.F.: El hecho de que la crisis de las subprimes no haya conducido al colapso a los mercados financieros se ha debido al hecho de que se ha pasado del endeudamiento privado (causa de la crisis del 2007) al público (causa de la crisis actual), que se ha sumado a la privada. Los datos sobre la deuda pública bruta y sus componentes (en relación solo a Europa se debe actualizar) muestran que en el bienio 2008/2009 la deuda nacional bruta (pública y privada) ha aumentado en dos años desde un 382% del PBI a un 443% (+ de 8% anual) contra un aumento del 5% anual en el período 1995-2007. El endeudamiento privado ha aumentado un promedio del 8% anual mientras que el público casi un 14% anual, después de haber caído en la década precedente.

Con relación al sector privado el endeudamiento mayor está en Irlanda, Holanda, Dinamarca y Gran Bretaña. La situación del endeudamiento público es inversa: los países con menor endeudamiento privado (Italia, Grecia y Bélgica) son los que tienen mayor endeudamiento público. Puesto que el endeudamiento público es inferior, como parte del PBI, al privado es posible que Grecia, Italia y Bélgica puedan soportar mejor el riesgo de default que no lo podrían Gran Bretaña o Dinamarca (y por lo tanto resultarían más apetecibles, como gallinas capaces de poner huevos de oro, sin el riesgo de ser estranguladas). Cabe recordar también que Gran Bretaña y Dinamarca a diferencia de Grecia e Italia gozan del derecho de señorío. Un caso particular es Irlanda que tiene una elevadísima deuda privada y que ha visto casi cuadriplicada la relación deuda/PBI en el bienio 2008/2009.

Partiendo de esta situación, las políticas impuestas a nivel europeo han estado dirigidas a lograr dos objetivos: a) crear liquidez a fondo perdido para el sistema financiero donde evitar el efecto dominó de las quiebras privadas y b) una vez provista la liquidez gracias al endeudamiento público, impedir que dicho endeudamiento supere cierto umbral crítico, definido por las expectativas de la oligarquía financiera. La especulación no ha golpeado a los países con mayor riesgo de quiebra, como por ejemplo los EE.UU. (que han visto su propia relación deuda/PBI pasar del 60% en 2007 al 105% a fines del 2011, ante una elevada deuda privada y también una elevada deuda externa), Gran Bretaña y Dinamarca, aquellos que no pueden gozar del derecho de señorío y que son estratégicamente menos relevantes dentro del paradigma tecnológico y de valorización dominante en el ámbito del actual bio-capitalismo cognitivo. El panorama descrito refuerza la dependencia de los estados de la lógica financiera manejada por la oligarquía financiera. No es una novedad.

Desde 1994 las instituciones político-monetarias (Estados, Bancos centrales) han comprendido que la existencia de una convención financiera es mucho más poderosa que cualquier otra estrategia política que no sea cómplice. En esa época, 1994, fue la sublevación de Chiapas la que abrió el camino al retiro de los fondos de inversión de México (considerados no totalmente seguros) hacia los mercados financieros de Asia oriental (Tailandia, in primis). A pesar del esfuerzo conjunto de la Reserva Federal y del Banco Mundial no fue posible evitar la devaluación dl peso mexicano y la postergación de la firma del NAFTA (1º de enero de 1994). Se comprendió por primera vez que la política financiera privada es más poderosa que la política monetaria pública (aún la de EE.UU.) Desde entonces las decisiones sobre políticas monetarias dependen de la dinámica de las convenciones financieras. Se ha perdido en consecuencia la autonomía de los bancos centrales, en momentos en que dicha autonomía estaba siendo parte de la teoría del pensamiento neoliberal. Eso ha conducido a la autonomía “política” de los Bancos centrales de las naciones en declinación, reforzando de este modo la dependencia de los mercados financieros. Nace la gobernanza financiera.

Lo nuevo hoy en día es que esa gobernanza está en condiciones de elegir directamente los líderes políticos a ubicar en el gobierno. La gobernanza financiera se ha convertido en dictadura. Los expertos en ciencia política y jurídica,deberían decir tal vez algo al respecto.

CM: ¿Cómo funciona la soberanía supradeterminada? Puede decirse simplemente, con el chantaje. Es un hecho que la crisis del sistema bancario-financiero ha sido administrada por los Estados con inyecciones de enormes cantidades de liquidez y con la recuperación por parte de los bancos centrales de una buena cantidad de títulos tóxicos, que ahora tienen en su seno y que todos nosotros debemos “validar” con los impuestos fiscales sobre los réditos. Entretanto, para liberarse de las injerencias políticas, los bancos beneficiarios de la ayuda pública han devuelto gran parte del dinero recibido en el momento de la crisis. Y ahora están en posición de dictar leyes, de este modo su poder además ha aumentado, tanto que las medidas de intervención del BCE están sistemáticamente dirigidas a sostener el sistema bancario (a expensas de los países miembros de la UE) igual que la política del “quantitative easing” de la Reserva Federal y del Banco de Inglaterra.

Sin embargo, parece que estas medidas de creación de liquidez no parecen funcionar, tanto es así que se habla, con referencia a Europa especialmente, de la gran “trampa de la liquidez” a una situación en la que la inyección de liquidez no genera recuperación a causa de la desconfianza de los emprendedores y de los consumidores (y también a causa de las altas tasas de interés pretendidas por sus bancos comerciales) En suma la crisis no ha resuelto para nada los problemas que originaron la crisis. Nada se ha hecho desde el punto de vista de la re-reglamentación del sistema bancario (porque el lobby bancario mundial ha logrado volver vana toda veleidad en tal sentido), en consecuencia los desequilibrios fundamentales que desembocaron en la crisis continúan socavando impertérritos. La soberanía comisaria, por así decirlo es la expresión de una situación en la que tan enorme es el poder financiero que las medidas de reactivación de la economía resultan impotentes. En esa comisaría la apresada es la crisis.

En la última fase muchos comentaristas sostienen que algunos gobiernos, entre ellos el italiano y el español, corren el riesgo de ser golpeados en el terreno de las negociaciones sobre la deuda, mucho más eficazmente que precedentemente y por lo tanto de la introducción de una dimensión política otra que irrelevante en la gestión de la crisis.  ¿Piensan que estamos frente a una tendencia que puede incluir con éxito a los gobiernos europeos una vez eliminada Inglaterra del mazo? ¿ Logra el euro mantener unida a la Unión europea o debemos pensar en una Europa que se mantiene como un edificio gótico, remodelando un orden variado y variable?

AF:a comienzos de diciembre el CEO del Deutsche Bank, Ackermann, declaró que su institución aumentaría la adquisición de Btp italianos pasando de mil millones a 2,3 mil millones. Recuerdo que el Deutsche Bank había inducido expectativas negativas con relación a los Btp italianos a principios del 2011, vendiendo 7 de los 8 mil millones que tenía en su cartera y desencadenando la crisis italiana. La declaración de Ackerman ha sido la señal de que se podía alentar la presión especulativa sobre Italia. Esto sucedió luego de la asunción de Monti. Una situación análoga (pero de mayor envergadura) se produjo en España, en donde las elecciones políticas con la neta victoria del centro derecha (que deberá ahora demostrar que es tan confiable que no necesita ningún comisariato como sí sucedió con Berlusconi en Italia).

Por otra parte ha sido importante la decisión de Draghi de proporcionar préstamos ilimitados al sistema bancario, con el objeto de favorecer la capitalización de los bancos. Todavía no ha disminuido la inestabilidad y en cuanto se refiere a Italia, el spread es todavía alto, pero creo que por diferentes razones desde los tiempos de Berlusconi: en primer lugar porque se acercan tiempos de recesión a una velocidad mayor que la prevista no solo en Europa sino en el planeta: en segundo lugar, porque habrá que ver cuáles serán las reformas que se hagan en el mercado laboral y está planteado el negocio de la privatización de la sanidad (las pensiones ya han sido modificadas) Recuerdo (bastamente) que cuanto más libertad para los despidos, más privatización de la salud y de los servicios públicos más aumenta el papel de los mercados financieros como aseguradores sociales privados y más se amplían los mercados financieros.

Personalmente no creo – a diferencia con Christian – que el euro implosionará por dos motivos: 1) no creo que le convenga a Alemania a menos que la situación política internacional cambie repentinamente (está por verse que sucede con Irán: los EE.UU. ¿se retiran de Bagdad para estar disponibles para ir a Irán? O ¿pedirán la intervención conjunta europea, después de haberla probado en Libia, pero esta vez apoyada tal vez en el eje franco-alemán? 2)Tampoco le conviene a los grandes mercados financieros porque mientras exista un doble nivel de gobernanza – monetario y fiscal – fiesta de bodas!.

CM.: Lo que no me parece en absoluto es que Italia y España estén atravesando un período de fortalecimiento del poder de negociación de la deuda. De modo que el patético eje Monti-Sarkozy me parece fatigoso. La situación de la deuda está empeorando y la reivindicación de los eurobonos o de la Tasa Tobin no tienen ninguna chance de éxito. Estoy convencido de que será precisamente Italia ( y España) la que hará saltar a Eurolandia como resultado final del “sindrome griego” o sea de la espiral recesión-aumento de la deuda – recorte de los gastos públicos-recesión-nueva austeridad. Ya hemos entrado en la recesión y estamos cerca de la depresión. 

Los EE.UU. no han querido jamás a la Europa política y mucho menos al euro. A veces me pasa por la mente que un viejo reflejo unilateralista haya actuado en el interior de los llamados mercados financieros en el ataque al euro. ¿Es imaginable, mutatis mutandi, un revival imperialista, organizado alrededor de la defensa de la hegemonía del dólar en el desorden global? 

AF: no, no creo. Los únicos que tendrían interés en la implosión del euro serían los EE.UU. para sancionar no solo en forma política, sino también económico-financiera la relación bilateral con China: una especie de “imperio” bipolar. Pero los EE.UU. no disponen de la fuerza militar ni de la fuerza política, ni de fuerza económica para sostener políticas imperialistas. También ellos son súcubos de la gobernanza financiera global. Los fondos chinos aumentaron en los últimos meses como proporción de los intercambios totales. Habrá que monitorear las elecciones financieras chinas. Hasta ahora los fondos financieros chinos están manejados por las 10 hermanas del mercado financiero, pero ¿hasta cuándo? He leído en el FT de hace unos días que la China está por legalizar la venta de títulos financieros en descubierto autorizando la especulación puramente financiera

¿Con qué provecho? ¿Para comenzar a participar del Gotha de los mercados financieros y para tratar de controlarlo? Si así fuere el liderazgo del dólar corre serios riesgos…

CM.:no excluyo, sino al contrario, que en la fase inicial de la crisis del euro no haya estado la patita de los EE.UU. a través de los grandes bancos de inversión y de los hedge funds. Demoler el euro era funcional en efecto al objetivo de poner en la sombra el problema usamericano del enorme déficit-deuda pública, como también el comercial. Por lo tanto demoler el euro significaba eliminar un potencial competidor y favorecer la continuidad del flujo de capitales para permitir la financiación de la deuda estadounidense a tasas muy bajas. La estrategia obtuvo un éxito superior a las expectativas y ahora los EE.UU. están preocupados por las consecuencias económicas y financieras de la crisis de Eurolandia, que podrían provocar una fuerte desestabilización del sistema bancario estadounidense y también por las consecuencias políticas, porque la grieta en el euro podría volver a Alemania y a parte de Europa independiente de los EE.UU. fortaleciendo el eje estratégico con Rusia y China. Un revival imperialista alrededor de la hegemonía del dólar no parece posible, aunque de todos modos el dólar se está fortaleciendo como consecuencia de la crisis de Eurolandia (fuga de capitales del Euro, justo hacia el dólar).

Puesta en evidencia la hegemonía del capital financiero como forma de producción en la actual crisis financiera ¿juega de algún modo (y cómo) la relación entre finanzas y producción industrial, con referencia, por ejemplo a Alemania y a China?

AF:Esta pregunta requeriría tiempo…. La relación entre finanzas y producción real no está referida a la producción industrial sino más bien a la producción inmaterial. El punto nodal luego del desplome de Breton Woods está en la definición de la unidad de medida del valor de la producción inmaterial, es decir del intelecto en general. Por el momento eso es inestable, definido por la valorización financiera, pero esa medida es precisamente – estructuralmente- muy inestable para poder ser considerada “fija”. Aquí entran en juego las excedencias de las multitudes de vida y de trabajo. Como los zapatistas en 1994 pusieron en crisis al NAFTA, así hoy potencialmente – los movimientos desde la primavera árabe hasta los “ocupa xxx” pueden incidir en la definición de esa medida, que no es otra cosa que la medida de la vida puesta en valor, lo inconmensurable que trata de convertirse en “mensurable”.

CM: si Alemania no se somete al diktat de las finanzas internacionales es debido y especialmente a que el poder industrial no ha sido aún sofocado por las finanzas. En Alemania es la industria la que manda- en China pasa lo mismo al menos por ahora: China ha tenido la inteligencia de autoexcluirse de las finanzas globales. Ciertamente no hay libertad para el movimiento de capitales, un extranjero no puede invertir en la bolsa de Shanghai, ni tampoco un chino puede invertir en las plazas europeas o usamericanas. De modo que las relaciones de China con el resto del mundo son económicas, comerciales y políticas, mientras que las financieras son manejadas directamente por el gobierno de Pekin. El paradigma del libre mercado (financiero) no ha llegado aún allí.

Carlo Vercellone: Sus preguntas tocan algunos puntos cruciales. La primera y la última , configuran particularmente un verdadero programa de investigación que requeriría al menos un seminario ad hoc. Tratar de darle por escrito una respuesta un poco estructurada requeriría un poco más de tiempo para reflexionar y para reunir material empírico. Por lo tanto me limitaré por el momento a tratar de proporcionarle en crudo y de manera muy sintética algunas pistas para reflexionar partiendo, de la cuestión relativa a la organización de los mercados como hilo conductor.

El término mercados financieros, que parece referirse a una lógica anónima conformada por una miríada de sujetos sin coordinación entre sí, es a mi parecer equivocado o al menos fuertemente inexacto. La organización de los llamados mercados financieros, uno de cuyos componentes centrales son las grandes multinacionales que operan en la esfera de la producción (frente a toda presunta dicotomía entre esfera financiera y esfera productiva) se halla en efecto fuertemente concentrada en lo referente a las estructuras propietarias, que sobre todo lo son las estructuras de control. Sobre este tema, un reciente e innovador artículo de tres investigadores (Vitali, Glatfelder y Battiston) del Instituto federal de Tecnología de Zurich “Le réseau de contrôle global des grandes entreprises” (The Network of Global Corporate control”) ha permitido poner en evidencia la extrema centralización del poder del capital a escala global. Según esta investigación “las multinacionales (transnational corporations o TNCs) forman una estructura de nudo mariposa gigante y gran parte del control se halla derivado hacia un tejido núcleo cerrado de instituciones financieras. Ese núcleo o corazón puede ser considerado como una “super-entidad-económica” cuya existencia genera nuevas e importantes preguntas tanto para los investigadores como para los órganos que elaboran políticas (policy makers)”.

Más específicamente, sobre una base de alrededor de 43.060 empresas multinacionales (IM) se estima que 147 IM poseen a través de un complejo nodo de relaciones propietarias, el 40% del valor económico y financiero delas mencionadas 43.060 IM. Se comprueba además que en el interior de este conglomerado de 147 IM se puede identificar el eje central del capitalismo global conformado por 50 super entidades esencialmente (alrededor del 64%) por grandes instituciones financieras usamericanas y británicas. Es de destacar la escasa representación de los grandes grupos de la zona euro (cerca del 20%) aunque Francia con la AXA (se encuentra en 4ª posición entre las 50 top) y Alemania Con el Deutsche Bank (en décimo segunda posición) se encuentran por así decirlo en el corazón del corazón. Otro aspecto importante. de este grupo de los 50 top solo forma parte por el momento una sola gran IM china del sector de la petroquímica (ubicada en la última posición) , aunque este dato subvalua ciertamente la forma como China, como sabemos, está construyendo su propio poder financiero a través de diferentes vías políticas que las de la pura y simple integración al capital global. Comprobamos que otros datos confirman esta extrema concentración del poder económico y financiero del capital, como por ejemplo el hecho que dos tercios de los famosos CDS están en mano de menos de diez actores.

Teniendo en cuenta esto datos, es posible tratar de desarrollar alguna rápida hipótesis en respuesta a sus preguntas. 1) El poder del capital está al mismo tiempo centralizado y articulado a una escala global que se apoya en una red financiera estrechamente interconectada. En este contexto una restringida cantidad de grandes grupos financieros y de IM toma las principales decisiones relacionadas con la especulación sobre las deudas soberanas, sobre las materias primas, la vivienda, la reestructuración y la localización de las grandes empresas productivas, la orientación de las políticas económicas. Se podría hablar de una organización de tipo oligopólico (pero siempre solidario y siempre dispuesta a constituirse en capital colectivo en los momentos clave) del que parten los impulsos estratégicos iniciales, que encuentra su relevo en la lógica mimética de los mercados e inmediatamente convalidado (en la mayoría de los casos) por los otros operadores financieros dando lugar a un proceso de autovalidación de las “anticipaciones”. En este sentido me parece posible conciliar y articular la hipótesis de un liderazgo latente con la clásica descripción de la impronta keynesiana de la “sicología de los mercados” fundada en comportamientos miméticos. 2) Esta extremada interconexión vuelve aún fuertemente sensible y vulnerable al riesgo sistémico y a la lógica del endeudamiento del que se nutre la acumulación del capital, al corazón mismo del capital financiero. 3) Los estados aparecen cada vez más como simples relevos de los intereses del capital financiero globalizado. Todavía según mi opinión, esta subordinación depende no solo de los factores económicos objetivos sino de la mutación antropológica de la clase política y tecnocrática que conduce los estados y de las principales instituciones de política económica y monetaria que los ha convertido en verdaderos y propios funcionarios de la renta del capital. Esta situación es tanto más cierta en Europa en donde por razones históricas que se remontan en gran parte a la específica dinámica de la lucha de clases que la atravesó durante la crisis del fordismo, se ha asistido a una verdadera y propia constitunacionalización del poder de la renta particularmente encarnada en el estatudo de la llamada independencia del BCE. 4) El resultado es que en la zona euro los estados se encuentran privados de la existencia de un prestatario de última instancia y dependen de los mercados para su financiamiento.

De este modo ha podido instalarse el gobierno de la renta a través de la deuda soberana, un gobierno ya explícito que dicta las políticas económicas de austeridad y de expropiación de las instituciones del Welfare. Todavía y aún en este caso ( como en el de la crisis de las subprime), la deuda de instrumento esencial de la acumulación de capital corre el riesgo de transformarse en su límite principal. Un problema central desde este punto de vista es que en razón de la misma ausencia de este papel clásico de garante del banco central los títulos de la deuda pública pierden su carácter de seguros refugios y se convierten en cierto sentido en títulos como los demás, cuyo “valor de mercado” se desvaloriza según los balances de los bancos y de las instituciones financieras.

La lógica predatoria y especulativa del capital financiero globalizado y el pánico de los mercados se pueden reforzar mutuamente en una situación que yo creo sin salida, salvo que se produzca una inversión radical de sentido en la política del BCE. Algo que me parece altamente improbable, como lo muestran las últimas medidas del BCE, que una vez más ha inundado de liquidez sin contrapartida al sistema bancario, rechazando al mismo tiempo monetizar en el mercado primario las necesidades financieras de los estados. En este escenario, la recesión que inevitablemente provocarán las políticas de austeridad, reabriendo la espiral del déficit y agravando la relación deuda/PBI, darán razón a las efímeras ilusiones suscitadas por el gobierno de Monti, así como también las del español.

Fuente:  http://uninomade.org/cinque-domande-sulla-crisi/

Rebelion.org

P. Krugman: Depresión y democracia…

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PAUL KRUGMAN 18/12/2011

Ha llegado la hora de empezar a llamar a la actual situación por su nombre: depresión. Es verdad que no es una réplica exacta de la Gran Depresión, pero esto no sirve de mucho consuelo. El paro, tanto en Estados Unidos como en Europa, sigue siendo desastrosamente alto. Los dirigentes y las instituciones están cada vez más desprestigiados. Y los valores democráticos están sitiados.

Las exigencias de una austeridad cada vez más radical han provocado una irritación inmensa

En cuanto a esto último, no estoy siendo alarmista. Tanto en el frente político como en el económico, es importante no caer en la trampa del "no tan malo como". No se puede considerar aceptable el paro elevado simplemente porque no haya alcanzado las cotas de 1933; las tendencias políticas no son buena señal y no deben tolerarse por el mero hecho de que no haya ningún Hitler a la vista.

Hablemos, en concreto, de lo que está pasando en Europa (no porque todo vaya bien en Estados Unidos, sino porque no todo el mundo comprende la gravedad de los acontecimientos políticos europeos).

Lo primero de todo, la crisis del euro está destruyendo el sueño europeo. La moneda común, que se suponía que debía unir a los países, ha generado, en cambio, un ambiente de amarga acritud.

Concretamente, las exigencias de una austeridad cada vez más radical, sin ningún plan de fomento del crecimiento que las contrarreste, han causado un daño doble. Han fracasado como política económica, al agravar el problema del paro sin restaurar la confianza; una recesión a escala europea parece ahora probable, incluso si se contiene la amenaza inminente de la crisis financiera. Y han provocado una irritación inmensa, con muchos europeos furiosos por lo que consideran, justa o injustamente (o en realidad, un poco ambas cosas), un despliegue de poder alemán sin miramientos.

Nadie que conozca la historia de Europa puede contemplar este resurgimiento de la hostilidad sin sentir un escalofrío. Con todo, puede que estén pasando cosas peores. Los populistas de derechas están en auge, desde Austria, donde el Partido de la Libertad (cuyo líder tenía conexiones con los neonazis) está a la par en las encuestas con los partidos tradicionales, hasta Finlandia, donde el partido antiinmigración Verdaderos Finlandeses tuvo un éxito electoral considerable el pasado abril. Y estos son países ricos cuyas economías han aguantado bastante bien. Los problemas parecen todavía más amenazadores en países más pobres de Europa Central y del Este.

El mes pasado, el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) certificaba una caída en picado de la ayuda pública a la democracia en los países de la "nueva UE", aquellos que se unieron a la Unión Europea tras la caída del muro de Berlín. No es de extrañar que la pérdida de fe en la democracia haya sido mayor en los países que han sufrido las recesiones económicas más graves.

Y en al menos un país, Hungría, las instituciones democráticas se están debilitando mientras hablamos.

Uno de los principales partidos de Hungría, Jobbik, es una pesadilla sacada de los años treinta: es antigitanos, antisemita y hasta tenía una rama paramilitar. Pero la amenaza inminente proviene de Fidesz, el partido de centro-derecha que gobierna el país.

Fidesz consiguió una abrumadora mayoría parlamentaria el año pasado, en parte, al menos, por dos razones; Hungría no está en el euro, pero se ha visto gravemente perjudicada por la adquisición de préstamos a gran escala en divisas extranjeras y también, seamos francos, por culpa de la mala gestión y la corrupción de los partidos liberales de izquierdas que estaban entonces en el Gobierno. Ahora, Fidesz, que forzó la aprobación de una nueva Constitución la primavera pasada con la oposición del resto de partidos, parece decidido a aferrarse permanentemente al poder.

Los detalles son complejos. Kim Lane Scheppele, que es la directora del programa sobre Derecho y Asuntos Públicos de Princeton -y que ha estado siguiendo de cerca los acontecimientos en Hungría-, me dice que Fidesz está aprovechando medidas solapadas para suprimir la oposición. Hay una propuesta de ley electoral que establece unos distritos injustamente divididos, diseñados para hacer que sea casi imposible que otros partidos formen Gobierno; la independencia judicial se ha puesto en peligro y los tribunales están abarrotados de simpatizantes del partido; los medios de comunicación estatales se han convertido en órganos del partido y hay una campaña contra los medios independientes, y una enmienda constitucional penalizaría en la práctica al principal partido de la izquierda.

En conjunto, todo esto equivale a la reinstauración del Gobierno autoritario bajo un finísimo barniz de democracia, en el corazón de Europa. Y es una muestra de lo que podría pasar de manera mucho más generalizada si esta depresión continúa.

No está claro lo que se puede hacer respecto al giro hacia el autoritarismo de Hungría. El Departamento de Estado de Estados Unidos, dicho sea en su favor, ha estado prestando mucha atención al asunto, pero este es esencialmente un asunto europeo. La Unión Europea ha perdido la oportunidad de evitar que el partido se aferrase al poder en un primer momento (en parte porque la nueva Constitución fue aprobada a la fuerza mientras Hungría ocupaba la presidencia rotatoria de la Unión). Ahora será mucho más difícil deshacer lo hecho. Pero es mejor que los dirigentes de Europa lo intenten, o se arriesgan a perder todo aquello que defienden.

Y también tienen que replantearse sus políticas económicas fallidas. Si no lo hacen, la democracia experimentará nuevos retrocesos (y la ruptura del euro podría ser la menor de sus preocupaciones).

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008. © 2011 New York Times Service Traducción de News Clips.

Depresión y democracia · ELPAÍS.com.

Recuperación y destrucción del neoliberalismo…

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Alejandro Nadal
 
 

La maquinaria institucional e ideológica heredada de 30 años de neoliberalismo no está ahí por nada: sus objetivos son el retroceso político y mantener vivos los viejos dogmas. Esto se logra imponiendo una narrativa dominante sobre los orígenes y naturaleza de la crisis que impida pensar en caminos alternativos.

La historia que cuenta el neoliberalismo sobre su propia crisis comienza con el estallido de la burbuja en el sector inmobiliario y la diseminación de sus efectos por todo el sector financiero gracias a la bursatilización de activos tóxicos. Después viene el rescate y la recuperación. Pero esta historia es absurda porque no hay recuperación a la vista.

Lo notable es que esta narrativa termina con el principio de la pesadilla. Su culminación es el ¡retorno al neoliberalismo! Eso es absurdo: si algo sabemos es que el neoliberalismo ya no va a poder funcionar jamás. Un vistazo a la historia de las principales economías capitalistas durante los últimos tres decenios permite comprobarlo.

En los años 70 termina el periodo glorioso de acumulación rápida de capital y crecimiento del ingreso personal de los trabajadores. Ese lapso (1945-1975) se caracterizó por altas tasas de crecimiento, fuertes incrementos en productividad y fuerte inversión en capacidad productiva.

En los años 70 la tasa de ganancia se estancó y declinó durante varios años. No importa qué medida prefieran los lectores, y más allá de las polémicas sobre el significado de este movimiento en la tasa de ganancia, lo cierto es que se puede documentar sin dificultad esta declinación en la tasa de ganancia. Y a partir de ese hecho, todo cambió: para enfrentar esta caída en la rentabilidad el capital desencadenó una ofensiva de largo aliento en contra del trabajo.

El resultado de esta acometida fue el estancamiento de los salarios. El crecimiento en productividad que pudo mantenerse (y hasta acelerarse durante algunos periodos) no tuvo su contraparte en un incremento de los salarios. En la distribución de la renta, las ganancias se beneficiaron y el asalariado se llevó la peor parte. Esa redistribución mejoró las condiciones de rentabilidad en los años 1988-2002, con sus diferencias entre países y sectores.

El estancamiento en la rentabilidad durante los 70 también provocó una búsqueda de espacios de inversión financiera que pudiera darle la vuelta a ese mal necesario (como decía Marx) que es el circuito productivo. La expansión del sector financiero fue la consecuencia directa y los centros de poder a nivel nacional y supranacional se afanaron en eliminar las barreras a la circulación del capital financiero.

Uno de los rasgos más interesantes de la reproducción capitalista en los últimos decenios consiste en que mientras los salarios se estancaron, el nivel de consumo se mantuvo más o menos constante. ¿Cómo fue eso posible? La explicación se encuentra en la caída en la tasa de ahorro y en el crédito. Es decir, las familias aumentaron la parte de su ingreso que se destina al consumo y, por otra parte, incurrieron en un sobre endeudamiento crónico. El sector financiero ya las estaba esperando.

La desregulación y las innovaciones financieras hicieron bien su trabajo. La capitalización de títulos financieros, acciones y activos inmobiliarios, alimentó la ilusión de un aumento de riqueza virtual que pudo respaldar durante unos años el nivel de consumo de las clases medias. En Estados Unidos hasta tenemos el fenómeno de un segmento de la clase trabajadora que tuvo ingresos derivados de la rentabilidad del mercado accionario. Pero el sobre endeudamiento fue el mecanismo más importante para mantener el nivel de demanda agregada que necesita todo sistema capitalista.

En ese periodo (1980-2000) la inversión productiva mantenía tasas de crecimiento raquíticas. Es decir, la recuperación de la rentabilidad derivada de la ofensiva anti-laboral no se acompañó de un incremento en la capacidad productiva o en la introducción de una nueva plataforma tecnológica capaz de sostener una nueva fase de expansión. De las varias interpretaciones, la más cercana a la realidad se relaciona con un agotamiento de las oportunidades de inversión asociadas con altas tasas de beneficios.

Esto es lo que cierra el circuito de acumulación neoliberal en los espacios nacionales. En el plano internacional, la famosa globalización permitió poner a competir entre sí a la fuerza de trabajo de todo el mundo. Y eso se acompañó del desmantelamiento de una parte de la capacidad industrial estadunidense al transferir las multinacionales líneas completas de producción hacia China. El proceso culminó con la consagración de Estados Unidos como consumidor en última instancia a escala mundial.

En la actualidad no existen instancias internacionales capaces de marcar un nuevo derrotero. La guerra social al interior y entre espacios nacionales, así como los desequilibrios internacionales son la señal más clara: la única recuperación posible pasa por la destrucción del neoliberalismo.

http://nadal.com.mx

J. Stiglitz: “El ajuste lleva al estancamiento”…

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REPORTAJE A JOSEPH STIGLITZ, PREMIO NOBEL DE ECONOMIA Y DISIDENTE DE LAS TEORIAS IMPERANTES

Enemigo de la ortodoxia, presentó sus ideas en un encuentro mundial de galardonados en Alemania. Defendió las políticas de estímulo fiscal, dijo que el desempleo es el principal problema y elogió lo que hizo Argentina después del default.

 Por Tomás Lukin

Desde Lindau

El economista Joseph Stiglitz fue la estrella y la oveja negra de la Conferencia de premios Nobel en la isla de Lindau, al sur de Alemania, que terminó ayer. El profesor de la Universidad de Columbia forma parte de un reducido grupo entre los 17 galardonados que participaron del encuentro, los que no reclaman públicamente medidas de austeridad sino mayores estímulos fiscales para enfrentar la crisis y reducir el desempleo.

Mientras que los jóvenes economistas y periodistas lo rodean en cada oportunidad, sus pares lo miran con recelo. Las declaraciones que hace sobre el fracaso y la incapacidad de las ideas económicas dominantes para comprender y ofrecer una respuesta a la crisis chocan con la visión que poseen otros Nobel. Estos especialistas consideran que el marco teórico no tuvo ninguna responsabilidad, posición que comparten muchos de los 373 economistas de todo el mundo que forman parte del evento y desestiman las críticas de Stiglitz.

Luego de varios intentos interrumpidos a pocos instantes de comenzar, el ganador del premio en 2001 concedió una entrevista a Página/12 durante una caminata desde el centro de conferencias hasta la ópera de la isla, donde debía participar de una reunión a puertas cerradas. A lo largo del recorrido, el economista destacó el desempeño de los “países emergentes” y señaló que Argentina debe profundizar la industrialización, ya que “los commodities no alcanzan para el desarrollo”, así como fortalecer el mercado interno. Antes de terminar el reportaje preguntó: “Parece que va a ser elegida de nuevo, ¿no?”, en referencia a Cristina Fernández de Kirchner. Y luego adelantó que “todavía no está confirmado, pero me parece que voy a volver a la Argentina en diciembre”.

–¿Por qué considera errados los planes de ajuste fiscal?

–Esas políticas llevan al estancamiento, se necesitan más planes de estímulo fiscal para recuperar el crecimiento y alcanzar menores niveles de desempleo en Estados Unidos y Europa. La política monetaria hoy no es efectiva. Los primeros paquetes de estímulo fiscal en 2008 funcionaron bien, si no la desocupación hubiera sido mucho mayor. Al mismo tiempo, esa expansión generó importantes déficit presupuestarios. La mejor forma para enfrentar esos déficit es con mayor gasto, la austeridad va en la dirección contraria. Es una visión equivocada, es la misma receta que aplicó el FMI en la Argentina. Sabemos lo que pasa: la economía se desacelera, luego entra en recesión y finalmente termina con una depresión. Sin crecimiento no es posible salir de la crisis. Cuanto más se demore el resultado político mayores serán la inestabilidad y los costos.

–Los argumentos contra los estímulos fiscales sostienen que esas medidas profundizarán todavía más los déficit.

–El problema no son los déficit presupuestarios, ni siquiera la recesión, el problema es el déficit de empleo que hay. Hoy en Estados Unidos tenemos 14 millones de desocupados, pero en realidad son 25 millones las personas que no pueden conseguir un empleo de tiempo completo. Esta situación sólo va a empeorar con los planes de austeridad. La mejor forma para enfrentar la crisis es crear puestos de trabajo. La teoría económica tradicional fracasó. Hay un principio muy simple llamado “multiplicador presupuestario”: si uno recauda impuestos y gasta dinero en forma balanceada de forma tal que no crezca el déficit, la economía crecerá. En el mediano plazo, esa política tiende a reducir el déficit y asegura la sustentabilidad de la economía porque el PIB crecerá y la deuda y el déficit serán más pequeños en términos relativos. Si uno diseña bien el multiplicador, el estímulo fiscal puede ser muy grande. En ese sentido, en Estados Unidos se pueden cobrar impuestos al uno por ciento más rico que concentra el 25 por ciento del ingreso, y gastar el dinero en inversiones que aseguren mayor crecimiento. Esa dinámica es un forma de resolver este dilema.

–¿La crisis estructural en Europa desencadenará la desintegración de la unión monetaria?

–Va a ser necesario más dinero para que funcione el euro, así como también va a ser necesario más dinero para que deje de hacerlo. De una forma u otra, Alemania va a perder mucho dinero. Hay vida después del default y de abandonar un sistema de tipo de cambio fijo. En la Argentina, el fin de la paridad cambiaria y el default tuvieron un alto costo. Luego de un período de caída, Argentina comenzó a crecer muy rápido, incluso en ausencia de lo que mucha gente considera las “mejores” prácticas económicas, con buenas políticas pero no perfectas. Yo creo que es muy difícil volver a unir un huevo revuelto, me parece que el euro es una muy buena iniciativa. Por eso, no creo que sea necesario que ningún país abandone el euro. Como le dije antes, es necesario impulsar planes de estímulo. Para eso se puede inyectar más recursos al Fondo de Estabilidad Financiera Europeo para hacer frente a los problemas de la región. También, es posible emitir eurobonos.

–¿La profundización de la crisis en Estados Unidos y Europa golpeará sobre los países en desarrollo?

–En 2010, el crecimiento global fue bueno. Hasta ahora, a los países emergentes les ha ido muy bien, ésa es una gran noticia. Muchos se recuperaron con fuerza, como China y Brasil. Pero si se profundiza la recesión en Estados Unidos y Europa, las economías emergentes van a tener dificultades. Creo que van a poder enfrentar una caída en las exportaciones, pero es necesario que fortalezcan la demanda interna. Si bien una disminución del crecimiento chino presionaría a la baja los precios de las commodities y eso golpearía a la Argentina, considero que China va a poder sortear la crisis y mantener así los niveles de demanda de esos productos.

–¿El buen desempeño de las economías como Argentina responde solamente a las exportaciones de bienes primarios y los elevados precios internacionales?

–No, esa situación va a beneficiar a América latina y otros países dependientes de las exportaciones de commodities. Pero esas exportaciones no son suficientes para garantizar el crecimiento sostenido y la reducción del desempleo, los países de la región como Argentina tienen que diversificar sus estructuras productivas, invertir en sectores de alta tecnología. Es un proceso que demora tiempo. Los países como Argentina, Brasil y China desplegaron muy buenas políticas macroeconómicas. Comprendieron la importancia de un estímulo keynesiano bien diseñado para apuntalar la economía y garantizar que el desempleo no se dispare. Hay un conjunto de aspectos que permiten que los países emergentes no se vean directamente afectados por la crisis. Por ejemplo, las regulaciones bancarias en muchos países son mucho mejores, de mejor calidad, que las de Estados Unidos y Europa. En algunos casos eso se debió a que los países ya habían atravesado grandes crisis. Argentina hizo muy bien las cosas en los últimos años para garantizar un fuerte crecimiento a tasas muy altas y controlar la inflación.

–¿La inflación es un problema para las economías emergentes?

–Argentina enfrenta, como muchos países emergentes, el desafío de controlar la inflación en un mundo en recesión. Es un tiempo muy difícil para llevar adelante esa tarea porque se experimentan shocks negativos de demanda y shocks inflacionarios externos. No hay una forma sencilla para atravesar ambos desafíos. El foco excesivo de los bancos centrales en controlar la inflación es un error, pero también es un error ignorar el fenómeno. La estabilidad financiera, el crecimiento y el empleo también tienen que formar parte de sus objetivos. La baja inflación no asegura el crecimiento sostenido. En Europa, la preocupación del Banco Central por los aumentos de precios es uno de los factores que debilita la economía. Por su parte Brasil logró crecer, pero su enfoque excesivo en la inflación ha dado como resultado tasas de interés muy elevadas, entre las más altas del mundo.

–¿Qué quiere decir cuando afirma que la teoría económica tradicional fracasó?

–Los modelos utilizados por los bancos centrales, economistas, los banqueros, crearon un marco de política que estuvo en el epicentro de la crisis. Decían que no era necesaria la regulación, que los mercados eran eficientes por su cuenta o que la baja inflación era suficiente para garantizar un sendero de crecimiento. La macroeconomía no se autorregula y no conduce al pleno empleo. El problema no es la simplificación a la que recurren los modelos, el asunto es que estos modelos dicen que la crisis no podía suceder. Si los modelos no contemplan a los bancos entonces no existe el crédito. ¿Cómo es posible pensar en estrategias para impulsarlo? En materia laboral, la teoría señalaba que uno de los problemas eran las rigideces en el mercado de trabajo. Pero los países donde hoy se profundiza el problema del desempleo son aquellos que más desregularon ese mercado. En cambio, donde no se aplicaron esas políticas el desempleo es menor. Uno de los principales problemas en nuestra sociedad es la creciente desigualdad, esa situación disminuye la demanda agregada y la brecha que se generó fue cubierta por una burbuja bancaria de consumo artificial que impulsó la inestabilidad. La agenda de la economía ignoró esto y pensaba que alcanzaba con aumentos de productividad. Los modelos dominantes tradicionales no se hacían las preguntas adecuadas.

tlukin@pagina12.com.ar

Pagina/12

Written by Eduardo Aquevedo

28 agosto, 2011 at 10:17

Economía mundial: la segunda gran contracción…

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KENNETH ROGOFF 07/08/2011

 

Por qué todos siguen refiriéndose a la reciente crisis financiera como la “gran recesión”? El término, después de todo, se fundamenta en un peligroso diagnóstico erróneo de los problemas que afrontan Estados Unidos y otros países, que conduce a malos pronósticos y a malas políticas.

La frase “gran recesión” crea la impresión de que la economía está siguiendo los patrones de una recesión típica, solo que de manera más severa -algo así como un resfriado muy fuerte-. Es por eso por lo que a lo largo de esta crisis, los expertos y analistas que han intentado hacer analogías con anteriores recesiones de posguerra de Estados Unidos han errado tanto. Es más, demasiados responsables políticos se han apoyado en la creencia de que al fin y al cabo esta es solo una recesión profunda que puede ser doblegada mediante una generosa ración de herramientas convencionales de política, ya sea política fiscal o de rescates masivos.

Pero el verdadero problema es que la economía mundial está gravemente sobreapalancada y no existe ninguna salida rápida sin un esquema para transferir riqueza de los acreedores a los deudores, ya sea a través de cesaciones de pago, represión financiera o inflación.

Un término más preciso, aunque menos tranquilizador, para la crisis actual es la “segunda gran contracción”. Carmen Reinhart y yo propusimos este apelativo en nuestro libro This time is different, publicado en 2009, fundamentándonos en nuestro diagnóstico de la crisis, que indica que esta es una crisis financiera profunda típica, no una recesión profunda típica. La primera “gran contracción”, por supuesto, fue la Gran Depresión, tal como subrayan Anna Schwarz y el fallecido Milton Friedman. La contracción afecta no solo a la producción y al empleo, tal como ocurre en una recesión normal, sino también a la deuda y crédito, y al desapalancamiento que típicamente tarda muchos años en consumarse.

¿Por qué discutir sobre semántica? Bueno, imagine que tiene neumonía, pero cree que es solo un resfriado fuerte. Usted, sencillamente, podría no tomar el medicamento correcto, y ciertamente esperaría que su vida vuelva a la normalidad más rápido de lo que realísticamente es posible.

En una recesión convencional, la reanudación del crecimiento implica un razonablemente brioso retorno a la normalidad. La economía no sólo recupera el terreno perdido, pero en el transcurso de un año, típicamente, logra alcanzar y regresar a su tendencia de largo plazo al alza.

Las secuelas de una crisis financiera profunda típica son algo completamente diferente. Como Reinhart y yo hemos demostrado, típicamente, una economía tarda más de cuatro años solo en alcanzar el mismo nivel de ingresos per capita que había logrado en su pico precrisis. Hasta el momento, a lo largo de una amplia gama de variables macroeconómicas, incluyendo producción, empleo, deuda, precios de vivienda e incluso capital, nuestros puntos de referencia cuantitativos basados en las anteriores crisis financieras profundas posteriores a la II Guerra Mundial han demostrado ser mucho más precisos que la convencional lógica de recesión.

Muchos comentaristas han argumentado que el estímulo fiscal ha fracasado en gran medida no porque fue mal guiado, sino porque no fue lo suficientemente grande como para combatir una “gran recesión”. Pero en una “gran contracción”, el problema número uno es la excesiva deuda. Si los Gobiernos que mantienen calificaciones crediticias sólidas optan por gastar sus escasos recursos eficazmente, el enfoque más eficaz consiste en catalizar las renegociaciones y reducciones de la deuda.

Por ejemplo, los Gobiernos podrían facilitar la rebaja de las hipotecas a cambio de una participación en cualquier apreciación futura en los precios de vivienda. Un enfoque similar puede aplicarse a los países. Por ejemplo, los votantes de los países ricos en Europa quizá podrían ser persuadidos a involucrarse en un rescate mucho más grande de Grecia (uno que sea, en los hechos, lo suficientemente grande como para funcionar), a cambio de pagos más altos en 10 a 15 años si el crecimiento griego es mayor.

¿Existe alguna alternativa a años de vaivenes políticos e indecisión?

En mi artículo de diciembre de 2008 sostuve que la única forma práctica de acortar el próximo periodo de doloroso desapalancamiento y crecimiento lento sería la aceleración sostenida de una inflación moderada, por ejemplo, 4% a 6% durante varios años. Por supuesto, la inflación es una transferencia injusta y arbitraria de ingresos de los ahorradores a los deudores. Pero, al fin y al cabo, esta transferencia es el enfoque más directo para una recuperación más rápida. A la larga, dicha transferencia se llevará a cabo de una u otra manera; de todos modos, esto es lo que Europa está aprendiendo de manera dolorosa.

Algunos observadores consideran cualquier insinuación de inflación, incluso de inflación modestamente elevada, como una forma de herejía. Sin embargo, las grandes contracciones, a diferencia de las recesiones, son acontecimientos muy poco frecuentes, que ocurren quizá una vez cada 70 u 80 años. Estos son periodos en los que los bancos centrales necesitan gastar parte de la credibilidad que acumulan en tiempos normales.

La gran prisa por saltar al tren de la Gran Recesión ocurrió porque la mayoría de los analistas y diseñadores de políticas simplemente tenían en mente el marco analítico equivocado. Desafortunadamente, está demasiado claro cuán equivocados estaban.

Reconocer que hemos estado utilizando el marco analítico equivocado es el primer paso para encontrar una solución. La historia sugiere que frecuentemente se cambia de nombre a las recesiones cuando el humo se disipa. Quizá en la actualidad el humo se disipe un poco más rápido si desechamos la etiqueta de “gran recesión” de manera inmediata y la reemplazamos con algo más apropiado, como por ejemplo “gran contracción”. Es demasiado tarde para enmendar los malos pronósticos y políticas equivocadas que han marcado las secuelas de la crisis financiera, pero no es demasiado tarde para actuar de mejor manera.

Kenneth Rogoff es profesor de Economía de la Universidad de Harvard y execonomista jefe de l Fondo Monetario Internacional.

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