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I. Wallerstein: una política de izquierdas para una época de transición

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Por Immanuel Wallerstein, Sociólogo

 

La versión que presentamos aquí, autorizada y supervisada por el autor, es traducción del original que ha editado en inglés el Fernand Braudel Center: (http://www.fbc.binghamton.edu/iwleftpol2.htm).
Traducido por Ignacio Reyes García.

 

En 1999, di una conferencia sobre la actual política de izquierda en el Caucus for a New Political Science (2), en la que resumí la situación actual de la izquierda mundial de la siguiente forma:

1) Tras 500 años de existencia, el sistema capitalista mundial está, por primera vez, en una verdadera crisis sistémica, y nos encontramos en una época de transición.

2) La salida a esta situación es intrínsecamente indeterminada, pero, no obstante, por primera vez en 500 años existe una verdadera perspectiva de cambio fundamental, que puede ser progresivo, pero no necesariamente.

3) En esta coyuntura, el principal problema para la izquierda mundial es que la estrategia para la transformación del mundo, desarrollada en el siglo XIX, está hecha trizas, y, por consiguiente, se actúa con inseguridad y debilidad en el marco de un generalizado estado de depresión.

Tomaré estas tres afirmaciones como supuestos que no puedo argumentar aquí, aunque ya lo he hecho de forma extensa en otro lugar (3), y me centraré en sus implicaciones para una estrategia de izquierdas durante los próximos 10-20 años. La primera implicación es que no hemos sido derrotados globalmente. El derrumbe de la Unión Soviética no fue un desastre para la izquierda mundial. Ni siquiera estoy seguro de que pueda considerarse un revés.

No sólo nos liberó de forma colectiva del respetuoso temor hacia la estrategia y la retórica leninistas, obsoletas, sino que también impuso una enorme carga sobre el centro liberal mundial, que perdió el apoyo estructural que, de hecho, recibió de los movimientos leninistas, que habían controlado el radicalismo popular durante mucho tiempo por medio de sus garantizados ”brillantes mañanas” a alcanzar por la vía de un presente desarrollo leninista(4).

Ni siquiera creo que la ofensiva global del neoliberalismo y la llamada globalización hayan estrangulado nuestras posibilidades. Por un lado, se trata de una exagerada propaganda que no sobrevivirá a la deflación que se aproxima. Por otro, engendrarán, han engendrado, su contratoxina. Además, estructuralmente hablando, en la actualidad el capitalismo mundial no goza de una ”nueva economía”, sino que está en mal estado.

Déjenme resumir mi posición sin argumentarla, por cuestiones de tiempo y espacio(5). Además de las dificultades políticas causadas por el derrumbamiento del leninismo y el final de la Guerra Fría, el capital se mueve hacia tres asíntotas estructurales que obstaculizan irremediablemente su capacidad de acumulación:

1) la desruralización del mundo, que pone fin a su capacidad de control sobre el crecimiento de la proporción entre los salarios y valor total mundial creado;

2) los límites ecológicos de la contaminación y del uso de recursos no renovables, que limita la capacidad del capital para reducir los costes de los inputs por medio de su externalización continuada;

3) el proceso de democratización que se extiende por todo el mundo, evidenciado por las presiones populares siempre al alza en cuanto a gastos en salud, educación e ingresos garantizados a lo largo de toda la vida, lo que ha creado una constante presión impositiva ascendente en tanto que porcentaje del valor mundial creado.

Ciertamente, el capital intenta reducir estas presiones estructurales en todo momento. En eso ha consistido la ofensiva neoliberal de los últimos veinte años. Pero la curva a largo plazo actúa como un trinquete ascendente. Aunque regularmente consiguen reducir esas presiones, la disminución es siempre inferor al incremento provocado por el siguiente impulso ascendente. Para luchar contra esto, predican la denominada TINA (There is no alternative, o, en castellano, no hay alternativa), tratando de reducir la voluntad de poner en marcha una contrapolítica. Esto tampoco es nada nuevo. Gareth Stedman Jones, intentando explicar la relativa estabilidad política a finales del siglo XIX en Gran Bretaña, lo atribuyó a la ”manifiesta inevitabilidad del capitalismo” y a su ”manifiesta invulnerabilidad”(6). La I Guerra Mundial echó por tierra tales sentimientos, al menos por un largo tiempo. Ahora están siendo resucitados, o, al menos, la derecha lo está intentando.

Si estamos buscando una estrategia de izquierda para el siglo XXI, primero debemos recordar cuál ha sido esa estrategia. La estrategia de la izquierda desarrollada durante la segunda mitad del siglo XIX y vigente hasta que fue más o menos rechazada en el último tercio del siglo XX (simbólicamente, podríamos hablar del período 1848-1968), fue, evidentemente, la denominada estrategia en dos etapas: primero, obtener el poder estatal; después, transformar el mundo. Deben hacerse tres observaciones sobre esta estrategia:

– probablemente, era la única posible por aquel entonces, puesto que los movimientos con cualquier otra clase de estrategia podrían ser simplemente aplastados por el uso del poder estatal;

– fue adoptada por todos los principales movimientos, tanto las dos ramas del movimiento socialista mundial, socialdemócratas y comunistas, como los movimientos de liberación nacional;

– la estrategia fracasó porque tuvo éxito. Los tres tipos de movimientos llegaron al poder en casi todos los lugares durante el período 1945-1970, y ninguno de ellos fue capaz de cambiar el mundo, lo cual condujo a la profunda desilusión actual ante esta estrategia, y provocó, como resultado sociosicológico, un fuerte antiestatalismo (7).

Desde 1968, diversos movimientos, viejos y nuevos, han puesto a prueba muchas estrategias alternativas, y además tuvo lugar un saludable cambio en las relaciones entre los movimientos antisistémicos, disminuyendo considerablemente las mortíferas denuncias mutuas y las feroces luchas de antaño, evolución positiva que hemos subestimado. Quisiera ahora sugerir algunas posibles líneas a lo largo de las cuales podríamos desarrollar la idea de una estrategia alternativa.

(1) Extender el espíritu de Porto Alegre. ¿Cuál es ese espíritu? Lo definiría como la convergencia no jerárquica de la familia mundial de los movimientos antisistémicos para ejercer presión en favor de: (a) la claridad intelectual, (b) acciones militantes basadas en la movilización popular que puedan ser vistas de forma inmediata como útiles para las vidas de las personas, (c) las tentativas de proponer, a más largo plazo, cambios más fundamentales.

Son tres elementos cruciales del espíritu de Porto Alegre. Se trata de una estructura difusa, más o menos similar a lo que Jesse Jackson denomino ”la alianza del arco iris”. Es una estructura que, sobre bases no meramente simbólicas, ha agrupado a escala mundial a movimientos del Sur y del Norte. Se trata de una estructura militante, tanto intelectual (no pretende alcanzar un consenso global con el espíritu de Davos) como políticamente (en el sentido que los movimientos de 1968 eran militantes). Naturalmente, tendremos que ver si un movimiento mundial difusamente estructurado puede mantenerse unido en algún sentido significativo y por qué medios puede desarrollar sus tácticas de lucha. Pero su propia flexibidad hace más difícil su liquidación y alienta la neutralidad vacilante de fuerzas centristas.

(2) Utilizar tácticas electorales defensivas. Si el mundo de la izquierda se implica en tácticas militantes extraparlamentarias y difusamente estructuradas, se plantea inmediatamente la cuestión de nuestra actitud hacia los procesos electorales. Pensar que son cruciales o que son irrelevantes lleva a tener que elegir entre Scylla y Charybdis. Las victorias electorales no transformarán el mundo, pero no pueden ser despreciadas. Son un mecanismo esencial para proteger las necesidades inmediatas de las poblaciones del mundo contra las agresiones en busca de ganancias. Hay que tratar de obtenerlas para minimizar el daño que puede ser infligido por la derecha a través del control de los gobiernos de todo el mundo.

Sin embargo, esto hace de las tácticas electorales un asunto totalmente pragmático. Una vez que dejamos de pensar en la obtención del poder como una forma de transformar el mundo, dichas tácticas se convierten en un asunto relacionado con el ”mal menor”, y la decisión de cuál es el menor de los males tiene que ser tomada caso a caso y momento a momento. Depende, en parte, de cuál es el sistema electoral. Un sistema mayoritario, ”el que gana se lleva todo”, debe ser abordado de forma diferente a uno con dos vueltas o proporcional. Pero la regla general que nos guíe tiene que ser la ”izquierda plural”, lema actual en Francia y que en América Latina se ha denominado frente amplio. En la izquierda mundial existen muchas y diferentes tradiciones de partido e incluso de ”subpartido”. La mayoría de estas tradiciones son reliquias de otra época, pero mucha gente todavía sigue votando de forma acorde con ellas. Dado que las elecciones son un asunto pragmático, es crucial crear alianzas que respeten dichas tradiciones, aspirando a obtener el 51% de los votos. ¡Pero no bailemos en las calles cuando ganemos! La victoria electoral es simplemente una táctica defensiva.

(3) Promocionar incesantemente la democratización. La demanda más popular en los Estados de todo el mundo es ”más”. Más educación, más salud, más garantías de contar con ingresos asegurados durante toda la vida. Esto no solamente es popular: es también inmediatamente útil en las vidas de la gente. Y reduce los márgenes para la acumulación incesante del capital. Estas demandas deben ser expuestas a viva voz, continuamente y en todas partes. Nunca será excesivo hacerlo.

Claro está que la ampliación de todas estas funciones del ”estado del bienestar” siempre plantea problemas respecto a la eficiencia del gasto, a la corrupción, a la creación de burocracias demasiado poderosas e irresponsables. Son problemas que debemos estar dispuestos a abordar, pero nuca debemos cejar en la reivindicación básica del más, mucho más.

Los movimientos populares no deberían ahorrar estas demandas a los gobiernos de centroizquierda que ellos han elegido. Aunque estos gobiernos nos resulten más ”amistosos” que un gobierno claramente de derechas, eso no significa que debamos arrojar los guantes de pelea. Al presionar a los gobiernos ”amigos”, se empuja también hacia el centroizquierda a fuerzas derechistas de la oposición. Sin presión, los gobiernos de centroizquierda se deslizan hacia posiciones de centroderecha. Aunque ocasionalmente puedan existir circunstancias especiales que aconsejen obviar estos truismos, la regla general en lo que a democratización se refiere es más, mucho más.

4) Forzar a que el centro liberal cumpla con sus preferencias teóricas. Es decir, forcemos el ritmo del liberalismo. Rara vez el centro liberal quiere aquello que proclama o practica lo que predica. Tomemos algún tema evidente, como, por ejemplo, la libertad. El centro liberal solía denunciar con regularidad a la URSS, porque no permitía la libre emigración. Pero, por supuesto, la otra cara de la libre emigración es la libre inmigración. No es muy útil poder salir de un país a menos que se pueda ir a alguna otra parte. Debemos presionar para conseguir fronteras abiertas.

El centro liberal reivindica regularmente mayor apertura comercial y mayor libertad empresarial, manteniendo al gobierno alejado de la toma de decisiones empresariales. La otra cara de esto es que los empresarios que fracasan en el mercado no deberían ser salvados. Cogen los beneficios cuando tienen éxito; así que deben acarrear con las pérdidas cuando fracasan. Se dice a menudo que salvar a las compañías es salvar empleos. Pero hay maneras mucho más baratas de salvar empleos, como pagar el subsidio de paro, promover la formación y el reciclaje o, incluso, fomentar nuevas oportunidades de empleo, opciones que no implican cargar con las deudas del empresario fracasado.

El centro liberal insiste regularmente en que el monopolio es algo malo. Pero la otra otra cara de esto sería la abolición o fuerte limitación del sistema de patentes, y la no implicación del gobierno en la protección de industrias frente a la competencia extranjera. ¿Esto dañaría a las clases trabajadores en las zonas nucleares del sistema? No necesariamente, si el dinero y la energía se invierten en intentar conseguir una mayor convergencia mundial de los niveles salariales.

Los detalles de la propuesta son complejos y hay que discutirlos. La cuestión, sin embargo, radica en no permitir que el centro liberal mantenga su retórica, y coseche los beneficios de ello, sin pagar los costes de sus propuestas. Además, el verdadero modo político de neutralizar la opinión centrista es hacer referencia a sus ideales, no a sus intereses. Hacer demandas basadas en su retórica es una manera de apelar a los ideales de los elementos centristas, en vez de hacerlo a sus intereses.

Finalmente, debemos tener siempre en cuenta que un buen aprovechamiento de las ventajas de la democratización no está al alcance, o lo está en menor grado, de los estratos más pobres, debido a las dificultades que tienen a la hora de sortear los obtáculos burocráticos. Recupero la propuesta formulada, hace unos 30 años, por Cloward y Piven: hay que ”reventar los escalafones”, es decir, movilizarse en las comunidades más pobres de modo que éstas puedan hacer pleno uso de sus derechos legales(8).

5) Hacer del antirracismo la medida definitoria de la democracia. La democracia se define por tratar a toda la gente de una misma manera, en términos de poder, de distribución y de oportunidades para la realización personal. El racismo es el modo primario de distinguir entre aquellos que tienen derechos (o más derechos) y aquellos que no tienen derechos o tienen menos. El racismo define a los grupos y ofrece simultáneamente una justificación torticera para la práctica. El racismo no es una cuestión secundaria, ni a escala nacional ni a escala mundial. Es el modo por el cual la promesa de criterios universales formulada por el centro liberal es minada sistemática, deliberada, y constantemente.

El racismo está generalizado a través del actual sistema-mundo. No hay rincón del planeta en el que no esté como una característica central de la política local, nacional y mundial. En su discurso a la Asamblea Nacional Mejicana (29/3/2001), la comandante Esther del EZLN dijo:

Los blancos (ladinos) y la gente rica se burlan de nosotras, mujeres indígenas, por nuestra forma de vestir, por nuestra forma de hablar, por nuestro idioma, por nuestra forma de rezar y curar, y por nuestro color, que es el color de la tierra que nosotras trabajamos(9).

Continuó su intervención en favor de la ley que garantizaría la autonomía de los pueblos indígenas, diciendo:

Cuando los derechos y la cultura de los pueblos indígenas sean reconocidos… la ley comenzará a acercar su hora y la hora de los pueblos indígenas… Y si hoy somos mujeres indígenas, mañana seremos los otros, hombres y mujeres que son asesinados, perseguidos o encarcelados debido a su diferencia.

6) Avanzar hacia la desmercantilización. La peor del sistema capitalista no es la propiedad privada, que es simplemente un medio, sino la mercantilización, que es el elemento esencial en la acumulación de capital. Hoy, el sistema-mundo capitalista no está plenamente mercantilizado, aunque hay esfuerzos para conseguirlo. Pero de hecho podríamos movernos en otra dirección. En vez de transformar universidades y hospitales (tanto si son propiedad estatal o de titularidad privada) en instituciones lucrativas, deberíamos estar pensando en cómo podemos transformar las fábricas de acero en instituciones no lucrativas, es decir, estructuras autosostenidas que no pagan dividendos a nadie. Este es el rostro de un futuro más esperanzador que, de hecho, podría comenzar ahora.

7) Recordar siempre que estamos viviendo una época de transición del actual sistema-mundo a algo diferente. Esto significa varias cosas. No deberíamos dejarnos arrastrar por la retórica de la globalización o por las peroratas derrotistas basadas en la TINA. No sólo existen alternativas, sino que la única alternativa realmente inexistente es la continuación de nuestras actuales estructuras.

Durante 20, 30 o 50 años habrá una lucha inmensa en torno a cuál será el sistema sucesor, y su resultado es intrínsecamente indeterminado. La historia no está a favor de ninguna parte. Depende de lo que lo hacemos, lo que ofrece una gran oportunidad para la acción creativa. Durante la vida normal de un sistema histórico, incluso los grandes esfuerzos transformadores (también llamados ”revoluciones”) tienen limitadas consecuencias, ya que el sistema genera grandes presiones para recuperar su equilibrio. Pero en el ambiente caótico de una transición estructural, las fluctuaciones llegan a ser salvajes y pequeños impulsos pueden tener grandes consecuencias favoreciendo una u otra rama de una bifurcación. Este es el momento en el que la acción puede resultar especialmente operativa.

El problema principal no es la organización, por importante que sea. El problema clave es la lucidez. Las fuerzas que desean cambiar el sistema a fin de que nada cambie, para que surja un sistema diferente pero igualmente o aún más jerárquico y polarizador, tienen dinero, energía e inteligencia a su disposición. Vestirán los falsos cambios con ropas atractivas. Solamente un cuidadoso análisis nos librará de caer en sus muchas trampas.

Utilizarán lemas con los que no podamos discrepar, como los derechos humanos. Pero les darán un contenido que mezcle algunos elementos altamente deseables con otros muchos que perpetúen la ”misión civilizadora” de los poderosos y privilegiados sobre los ”no civilizados”. Debemos diseccionar cuidadosamente sus propuesatas y desenmascarar sus faroles. Si un procedimiento judicial internacional contra el genocidio es deseable, entonces debe aplicarse a todo el mundo, no únicamente al débil. Si las armas nucleares o la guerra biológica son peligrosas, incluso bárbaras, entonces ningún poseedor de tales armas es digno de confianza.

En la incertidumbre inherente al mundo, en sus momentos de transformación histórica, la única estrategia plausible para la izquierda mundial es la búsqueda militante e inteligente de su objetivo básico: la consecución de un mundo relativamente democrático, relativamente igualitario. Tal mundo es posible. No es seguro que llegue a ser realidad. Pero no es imposible.

NOTAS.

1. Conferencia en la Socialist Scholars Conference, New York City, 13 de abril de 2001.

2. Fue publicado como: ”A Left Politics for the 21st Century? o, Theory and Praxis Once Again”, en New Political Science, XXII, 2 de junio de 2000, pág. 143-159.

3. Además del anterior artículo en New Political Science, vea Utopística, o las opciones históricas del siglo XXI (Mexico: Siglo XXI de Mexico, 1998).

4. Discuto esto detalladamente en Después del liberalismo (Siglo XXI, UNAM, México, 1996)

5. Ver, para la cuestión expuesta, ”¿Globalización o era de transición? Una visión a largo plazo de la trayectoria del sistema-mundo”, en Casa de las Américas, nº 219, abril-junio 2000, pp. 14-25, y en Revista de la Universidad de San Carlos de Guatemala, año 1, nº 8, abril-junio 2000, pp. 10-14.

6. Languages of Class, Cambridge: Cambridge Univ. Press, 1982, pág. 74.

7. Ver este análisis con mayor detalle en Giovanni Arrighi, Terence K. Hopkins y Immanuel Wallerstein, Movimientos antisistémicos, Madrid, ed. Akal.

8. Frances Fox Piven & Richard A. Cloward concluyen su libro sobre bienestar público así: ”en ausencia de reformas económicas fundamentales, creemos que reventar los escalafones es la reforma verdaderamente relevante, que debería ser defendida y ampliada. Incluso ahora, no reciben ningun ayuda cientos y miles de familias empobrecidas con derecho a los servicios de asistencia” Regulating the Poor: The Functions of Public Welfare, Nueva York, Pantheon, 1971, pág. 348 (versión original en cursiva).

9. http://www.ezln.org/marcha/20010320.htm

©Immanuel Wallerstein 2001

Las nuevas clases medias dominantes de Latinoamérica, por J. Petras

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Las nuevas clases medias dominantes de Latinoamérica: Estabilización, crecimiento y desigualdad

James Petras, Rebelión

Traducción de Carlos Valladares

america-latina001Las presentes relaciones de América Latina con los Estados Unidos a la vez que su actual configuración política y económica se pueden entender mejor en el contexto de los cambios a gran escala de los últimos veinte años y de la relativa estabilidad de los cinco últimos.

Vamos a proceder destacando esquemáticamente las características más importantes que han llevado al desarrollo y a la crisis de los regímenes y las políticas neoliberales, y al surgimiento de los diversos regímenes “post neoliberales” del momento actual. Analizaremos la naturaleza y la actuación de los “regímenes post neoliberales” para ver sus puntos fuertes y sus debilidades en el contexto de las condiciones del mercado mundial, al mismo tiempo que las contradicciones políticas y sociales que están surgiendo y sus alternativas.

El poder imperial estadounidense y el ascenso y caida de los regímenes neoliberales

El poder imperial y la influencia de los Estados Unidos alcanzaron su esplendor entre 1976 y 1999. Tanto regímenes militares como civiles respaldaron las políticas regionales e internacionales de los Estados Unidos durante ese periodo y adoptaron doctrinas de “libre mercado”. Los dirigentes neoliberales desnacionalizaron y privatizaron todos los sectores económicos estratégicos, desregularon los sistemas bancario y financiero y se sometieron a los dictados del FMI y del Banco Mundial. Casi un billón de dólares 1 en beneficios, incluyendo los intereses y los pagos principales, provenientes de rentas y de fondos ilegales se transfirieron a los bancos y las corporaciones estadounidenses y europeas.

A finales de la década de los 90 el descontento popular se desbordó generalizándose las protestas callejeras y las huelgas promovidas por los sindicatos del sector público y, sobre todo, las movilizaciones en zonas rurales. Con la llegada de la crisis económica y el crash financiero del año 2000 se produjeron grandes convulsiones por todo el continente.

Crisis y levantamientos sociales 2000-2005

Entre el 2000 y el 2005 se sucedieron levantamientos populares de gran magnitud, que desbancaron a casi una docena de presidentes neoliberales, y varios procesos electorales que llevaron al poder a líderes supuestamente de centro-izquierda. En Argentina entre 2001 y 2002 tres presidentes fueron derrocados por los movimientos populares, mientras los bancos cerraban, los ahorros de la clase media fueron congelados, el desempleo aumento con una rapidez vertiginosa de hasta casi el 30 % y los niveles de pobreza traspasaron el 40 %, algo inaudito en un país archiconocido por su trigo y su carne de vacuno. En Ecuador los levantamientos populares de 2000 y 2005 supusieron el fin de los corruptos presidentes neoliberales y la elección del presidente Correa de la centro izquierdista Alianza PAIS.

En Bolivia las revueltas de los jornaleros y los campesinos indios derrocaron a dos presidentes, estrechos aliados de Washington (2003, 2005), y llevaron a la elección de un parlamentario de centro izquierda, campesino cocalero y líder indígena, Evo Morales, en 2005.

En Venezuela el presidente Chavez fue derrocado por un brevísimo periodo por una junta empresarial y militar respaldada por los Estados Unidos y restaurado en su puesto en 48 horas por la movilización popular y de parte del ejército en Abril de 2002.

En otros contextos, presidentes supuestamente de centro-izquierda fueron elegidos en Uruguay en 2005 y 2010, en Paraguay en 2008, en Chile en 2005 y en Brasil en 2002 y 2006.

Habiendo perdido a sus dóciles clientes como consecuencia de crisis profundas y con su principio ideológico propulsor (el neo-liberalismo de libre mercado) totalmente desacreditado y rechazado de forma masiva, el dominio de EE.UU. se deterioró severamente, pero no se extinguió del todo.

En México, el PAN, con respaldo estadounidense, bloqueó cualquier posibilidad de transición hacia un modelo postneoliberal en 2000, y más tarde robó las elecciones de 2006, perpetuando y profundizando la desintegración de México que vive una situación de guerra entre bandas de narcotraficantes aliados con diversas facciones del estado.

Las crisis, las revueltas y el ascenso de los regímenes postneoliberales fueron en esencia un pacto histórico entre las fracasadas y desacreditadas élites neoliberales de los años 90 y los movimientos sociales radicales en ascenso de los primeros años del nuevo milenio. El imperialismo estadounidense, involucrado en dos guerras en Oriente Medio y el sur de Asia, atrapado en una guerra global contra militantes islamistas dirigida por cargos políticos sionistas situados en altas instancias en el gobierno de Washington, fue incapaz de intervenir y cambiar la tendencia favorable al “centro-izquierda”. La política de Washington en la década entre 2000 y 2010 ha sido fundamentalmente “mirar atrás” a la “era de oro del saqueo”, los 90, y ha siso totalmente incapaz de hacer frente a los decisivos cambios de poder dentro de América Latina, los cambios del mercado mundial y el ocaso de la anteriormente hegemónica ideología neoliberal.

El ascenso del postneoliberalismo

Los regímenes postneoliberales, en la medida en que comparten elementos comunes, tienen las siguientes características:

  1. Son producto de movimientos populares que rechazan la ideología neoliberal y a sus élites.

  1. Su ascenso al poder es el resultado de crisis económicas y sociales profundas que afectaron a sectores de la élites empresariales, a la clase media y trabajadora, a los jornaleros sin tierra, a los campesinos y pequeños propietarios, y a las despojadas comunidades indígenas.

  2. Los regímenes postneoliberales han impulsado políticas económicas de estímulo estatal pero sin la expropiación de los bancos ni de las compañías nacionales o foráneas, y sin procesos de renacionalización de las firmas privadas, salvo en el caso de empresas en bancarrota.

  3. El postneoliberalismo (PNL) ha mantenido las desigualdades de clase del neoliberalismo pero introduciendo programas contra la pobreza, subsidios de desempleo, ayudas para las pequeñas y medianas empresas, e inversiones generadoras de empleo.

  4. Se ha obligado a las corporaciones multinacionales a pagar más impuestos en concepto de regalías, se han subido los impuestos a la exportación de productos agro-industriales pero no se ha hecho ningún esfuerzo en redistribuir la tierra y los ingresos.

  5. Empresas mixtas y sociedades comanditarias entre empresas públicas y privadas han sido la norma, poniéndose el acento en establecer alianzas con multinacionales extranjeras, especialmente en el sector de la minería y la energía.

  6. Las instituciones políticas han desplazado a los movimientos populares y los regímenes postneoliberales y se las han apañado para promocionar con éxito procesos de concertación a tres bandas entre el estado, las empresas y los movimientos populares en lo que puede darse por llamar “política corporativista” basada en “pactos sociales” con autoridad para regular los salarios pero no los beneficios.

  7. Estos regímenes han implementado estrategias desarrollistas basadas en la expansión y la diversificación de las exportaciones, en el establecimiento de severas políticas fiscales de cariz monetarista y en el incremento de los ingresos.

En resumen, los regímenes postneoliberales, las nuevas regulaciones, el estado de bienestar, y las medidas de gestión de la crisis se han diseñado en primer lugar para desradicalizar a los movimientos populares, para impulsar la recuperación económica y para apuntalar la estabilidad social y política. La retórica antineoliberal ha tenido como objetivo “normalizar” el crecimiento capitalista y crear un equilibrio sociopolítico entre los trabajadores/campesinos insurgentes, que formaron su base original, y los inversores nacionales y extranjeros que han sido los motores de su crecimiento.

Comportamiento de los regímenes postneoliberales: Estabilidad y crecimiento.

En los últimos cinco años de regímenes neoliberales, no han habido ni revoluciones ni golpes de estado, con la excepción de la toma del poder, con respaldo estadounidense, por parte de los militares en Honduras. 2 Los movimientos sociales se han apaciguado. Como consecuencia de la subida de los salarios, el crecimiento del empleo y el crecimiento económico, ha disminuido el grado de movilización social. El ejército se ha visto recompensado, dejados atrás los castigos por los crímenes contra los derechos humanos del pasado, mimado e incorporado al nuevo modelo "desarrollista" de crecimiento y se ha mostrado poco interesado por volver al antiguo modelo neoliberal liderado por los Estados Unidos. Entre 2004 y 2008 los regímenes postneoliberales han disfrutado de un grado excepcional de crecimiento, de precios muy altos, de la incorporación de capitales a gran escala, de la expansión de nuevos mercados en Asia y de niveles razonables de inversión tanto pública como privada. El resultado ha sido una balanza comercial y fiscal relativamente equilibrada, altos niveles de reservas de divisas y la posibilidad de acceso a los mercados de capital (excepto en el caso de Argentina).

Los regímenes postneoliberales han diversificado sus mercados externos pero no sus productos de exportación, aumentando su dependencia energética y de productos agrícolas y minerales, pero beneficiándose de precios altos.

Al contrario de lo que la experiencia histórica podría invitar a pensar, la crisis económica mundial de 2008-2010 no ha golpeado tan duramente a América Latina como a los Estados Unidos, en parte debido a los controles impuestos después de la crisis neoliberal de 2000-2001 y por sus lazos económicos con Asia, lo cual es decir China, y se ha continuado creciendo un 9% en 2009 y un 11% en 2010. La cuestión principal es si este crecimiento sostenido, y la estabilidad relativa que trae consigo, es producto de las políticas internas y de lo ajustes estructurales o es el resultado de las condiciones favorables del mercado mundial – con precios altos y fuerte aumento de la demanda.

Los “regímenes postneoliberales” varían en su composición política, en sus orígenes sociales y en el grado y el tipo de intervención estatal que promueven. Lo que tienen en común es : (1) su rechazo al capital desregulado, particularmente a las inversiones especulativas; (2) el rechazo a tratados de libre comercio no recíprocos del tipo del ALCA; (3) el aumento de impuestos a los industrias exportadoras agro-minerales; (4) una fuerte tendencia corporativista, es decir, la incorporación de los líderes de los movimientos y de las organizaciones populares al aparato del estado; (5) el apoyo a la formación de organizaciones regionales que excluyen a Estados Unidos como UNASUR; (6) y la tendencia a diversificar sus estrategias comerciales y de inversión. Sobre todo los regímenes postneoliberales han abrazado una ideología y una práctica “desarrollista” que persigue la maximización de las inversiones y el crecimiento económico en detrimento de cualquier tipo de política redistributiva o de cambios fundamentales en el sistema de propiedad. Dicho de otra manera, el cambio del libre mercado neoliberal por el desarrollismo postneoliberal está basado en su mayor parte en alianzas con las élites, tanto nacionales como extranjeras, del sector agro-mineral y manufacturero en vez de con grupos bancarios y financieros.

Los nuevos regímenes desarrollistas nacieron de la mano, principalmente, de políticos populistas y socialdemócratas que obtuvieron el respaldo popular como consecuencia de su rechazo a una variante del capitalismo (el “neoliberalismo”) pero no al capitalismo per se. La ambigüedad ideológica del “antineoliberalismo” permitió a los líderes desarrollistas presentarse como parte de la insurgencia popular e identificarse con las revueltas del periodo 2000-2005 sin comprometerse con ningún programa anticapitalista o con medidas específicas como una reforma agraria integral o la renacionalización de los sectores económicos estratégicos privatizados por las anteriores élites neoliberales.

La excepción es la Venezuela del presidente Chávez que comenzó una reforma agraria y renacionalizó el petróleo y varios sectores económicos estratégicos más.

El reto clave para los regímenes desarrollistas ha sido dar el giro desde una posición social y política radical de apoyo a los movimientos que los alzaron al poder hasta la consecución de una sólida base electoral que apoyara unas políticas que esencialmente favorecen a los grandes inversores nacionales y extranjeros, aunque realicen inversiones a largo plazo.

Ideología, mercados, cooptación

Los regímenes postneoliberales desconcertaron a sus seguidores con una variedad de fórmulas políticas, relacionadas con las particularidades de su origen social y con las características distintivas de sus organizaciones.

Por ejemplo, Evo Morales, ha hecho públicos alardes de su “identidad indígena” aunque por otro lado haya perseguido con ardor acuerdos y firmas de lucrativos contratos de explotación con importantes corporaciones multinacionales del sector minero y energético de la India, Europa, Brasil, Estados Unidos, Canadá y China que totalizan una suma de hasta un centenar de compañías. La estrategia desarrollista de Morales, desde el principio, garantizó seguridad a las cien mayores corporaciones empresariales agrícolas, dueñas de más del 80% de las tierras más fértiles, mientras que invirtieran e incrementaran la producción y las exportaciones. El principal propagandista de Morales, el vice-presidente García Linera, ha proporcionado la cobertura ideológica al mover el foco de atención de los movimientos populares desde una lucha por la transformación socioeconómica a la realización de una “revolución cultural y política”. García Linera proporcionó la retórica sobre la importancia de la “identidad étnica”, en detrimento de la política de clase, que ha servido de elemento de distracción sobre la colaboración del régimen con la oligarquía empresarial, nacional y foranea, del sector minero-extractivo. La “revolución” fue esencialmente la toma del poder por parte del estrato inferior de la clase media mestiza en ascenso, constituido por tecnócratas y dirigentes de los movimientos sociales cooptados, que han promovido la inversión privada y el control social.

Para consumo del “turismo” de izquierdas internacional, (Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica) Morales y García Linera han organizado una conferencia internacional sobre la ”Madre Tierra” ( Pachamama). A su vuelta han difundido un luminoso relato sobre el liderazgo de Morales en su lucha contra el “calentamiento de la tierra”, en la ignorancia más completa de las intenciones del régimen de atraer enormes inversiones de capital del sector minero-extractivo y de la estrategia desarrollista en el sector de la agro-industria basada en la dependencia de productos químicos.

En el caso de Brasil, Lula jugó la carta de sus orígenes sociales, la del hijo de una familia inmigrante pobre del nordeste de Brasil, la de su época de activista sindical, la de su afinidad a las causas populares y la de su condición de líder del Partido de los Trabajadores. Sus propagandistas minimizaron el hecho de que no había pisado una factoría en los 20 años anteriores a su elección. Lo más relevante del régimen de Lula no es su pasado sino sus vínculos actuales con grandes empresas capitalistas del sector de la agro-industria y la extracción mineral, su apoyo a las inversiones que tengan como objetivo prioritario el crecimiento y sus severas políticas monetaristas para satisfacer a la élite financiera internacional. Sus “políticas contra la pobreza” han consistido en las típicas medidas clientelares del gusto de los sectores conservadores: donación de alimentos para los pobres, pero no redistribución de la tierra; subsidios de mera subsistencia para los pobres, pero no creación de empleo industrial. El gasto social anual del régimen de Lula en sanidad, educación y medidas contra la pobreza es inferior a los 100.000 millones de dolares que se pagan como interés a los bancos extranjeros. Los decretos de Lula sobre la disminución de empleados públicos y los recortes de las pensiones públicas han garantizado un superavit presupuestario y han atraido masivamente a las inversiones de capital foráneo. La independencia en política exterior de Lula ha venido como consecuencia de su ideología “desarrollista” y no de ningún tipo de sentimiento “anti-imperialista”. Para Lula el crecimiento económico requería desembarazarse de los restrictivos tratados comerciales con Estados Unidos y firmar nuevos acuerdos comerciales y de inversión con China, India, Irán, Venezuela, Angola etc.

Argentina, Uruguay, Chile, Ecuador y Paraguay han reforzado sus estrategias económicas de fomento de la exportación de productos agrícolas y minerales y han abierto la puerta a los inversores extranjeros, especialmente en los “sectores productivos”. Su enemigo no es el capitalismo, es el “capital especulativo”. El problema social es cómo aplicar impuestos sobre los beneficios para sufragar los programas de reducción de la pobreza que son la base del mantenimiento de su apoyo electoral.

La clave de la estabilidad social ha estado en cooptar a los dirigentes sindicales y campesinos y en pacificar a sus seguidores con aumentos salariales mínimos y graduales a cambio de su apoyo a la firma de contratos multimillonarios de inversión con las corporaciones multinacionales. Los regímenes PNL han utilizado la ideología antineoliberal y se han beneficiado de las condiciones favorables del mercado mundial. Esto ha llevado a un relativa estabilidad política y al crecimiento económico de los últimos cinco años. La cuestión es si esto es una situación que se pueda mantener en el tiempo o es una mera “situación coyuntural”.

El futuro del capitalismo desarrollista en América Latina

Los últimos cinco años, los regímenes desarrollistas han sido capaces de travestir su colaboración con el gran capital con ataques retóricos al neoliberalismo y han obtenido una clientela electoral sobre la base del establecimiento de programas contra la pobreza a corto plazo.

Están apareciendo señales significativas de que el “progresismo” está empezando a perder su atractivo entre amplios sectores de la clase trabajadora, del campesinado y de la población india ante la evidencia de la ausencia de cambios estructurales sustantivos.

En Bolivia las prolongadas huelgas en el sector público y en la industria en contra del raquítico incremento de los salarios del 5% decidido arbitrariamente por el régimen de Morales son un claro indicador de que la mística del “presidente indígena” que dicta el destino de los excedentes presupuestarios y firma lucrativos contratos con corporaciones empresariales extranjeras del sector de la extracción minera está empezando a agotarse.

En Paraguay más de 15.000 campesinos se manifestaron en las calles de Asunción contra el presidente Lugo en protesta por la parálisis y la impotencia del presidente respecto a la reforma agraria y por su uso de la policía y de la represión militar para expulsar a los campesinos sin tierra de los grandes latifundios.

En Brasil los trabajadores del sector público que se han movilizado para conseguir una subida salarial superior al 5% dictado por Lula, sobre todo a la luz de los 280.000 millones de dolares en reservas y los más de 100.000 millones de dolares del pago de los intereses de la deuda, están viendo sus salarios reducidos.

Tanto Lula como Lugo y Morales han lanzado virulentos ataques verbales contra las organizaciones independientes que demandan una más justa distribución de los beneficios. Lugo ha militarizado el campo en busca de …”diez movimientos guerrilleros”. Evo Morales y García Linera han acusado a los trabajadores en huelga de las fábricas de ser “agentes de la embajada de Estados Unidos” y a los profesores que se manifiestan de ser “instrumentos del troskismo”. Correa ha acusado al movimiento indígena de “delincuentes” por oponerse a la privatización de facto del acceso al agua.

Dicho de otra manera, las primeras grietas y contradicciones en el modelo desarrollista han provocado un ataque virulento por parte de los regímenes PNL. Es lícito sospechar que la violenta respuesta del régimen ante demandas económicas reformistas es producto del miedo a que la lucha de los movimientos de clase independientes se convierta en un futuro cercano en un ataque político directo al modelo desarrollista.

Aunque el modelo desarrollista parece sólido y las condiciones del mercado mundial son actualmente favorables, estos regímenes dependen de un frágil balance de poder. Los regímenes PNL necesitan de una gran cantidad de insumos de capital que requieren de tasas de beneficio altas lo cual depende a su vez de la capacidad de controlar los costos laborales, de obtener superavits presupuestarios y de establecer rigurosas políticas monetarias. Los sindicatos y la clase obrera, en la medida en que presenten una agenda de reivindicaciones que exija mayor gasto social y una mayor participación en los beneficios a través de huelgas y de la acción directa, pueden debilitar el marco de colaboración de clase que da estabilidad al régimen. Un recrudecimiento de la represión podría conducir a una mayor alienación y al desencanto entre los sectores de la clase obrera y de los movimientos indígenas y campesinos, llevando a divisiones y a la expulsión del poder de los dirigentes sindicales previamente cooptados, y al resurgimiento de movimientos independientes de indígenas y campesinos.

El problema fundamental en algunos países es la fragmentación de los movimientos. Por ejemplo, en Mexico, se celebraron marchas que reunieron a un millón de personas, con López Obrador al frente, que protestaban contra el fraude electoral, precedidas años atrás por masivas manifestaciones de más de 250.000 personas convocadas por los zapatistas que exigían leyes favorables a los indios, continuadas por movilizaciones de decenas de millares de profesores y sectores afines en Oaxaca demandando el cese de un gobernador corrupto, y más recientemente un cuarto de millón de trabajadores convocados por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) salieron a la calle para protestar por el despido de 43.000 compañeros. Por separado cada movimiento ha sido finalmente derrotado. Unidos podrían haber paralizado el país y ganado.

Una de las consecuencias desafortunadas de la reciente debilidad de los movimientos sociales radicales y del rechazo a sus propuestas a favor de cambios estructurales es el crecimiento de poderosas narco-bandas basadas en el reclutamiento de jóvenes tanto del campo como de la ciudad. Ante la carencia de tierras producto de la acumulación de los agro-negocios, la libre importación de productos alimenticios que ha arruinado a los pequeños agricultores y la emigración del campo a la ciudad sin empleo industrial, las bandas de narcotraficantes ofrecen una salida de la pobreza por la vía de la “acción armada directa”, respaldada por funcionarios corruptos y con la cooperación de los bancos que lavan sus fondos. En México, en América Central y en los estados andinos, la lucha armada de las bandas de narcotraficantes, compuestas en su mayor parte por jóvenes, por una participación en los beneficios del mercado de la cocaina ha reemplazado a la lucha de clase por la tierra y por el empleo.

Alternativas al Postneoliberalismo (PLN)

El primer paso en la construcción de una alternativa requiere una comprensión y una ruptura con el régimen PNL. Debe abandonarse esa vacua terminología sobre regímenes “progresistas” o de “centro-izquierda” y es esencial el identificarlos como regímenes capitalistas desarrollistas, constitutivamente dependientes de élites dirigentes de los sectores agro-industriales y minero-extractivos integrados en el mercado mundial.

En segundo lugar, para construir una alternativa a los regímenes PNL no se debe tomar como punto de partida el periodo 2000-2005, una época de movimientos populares radicales y de revueltas de clase. Ni tampoco los años 90 en el que los regímenes “neoliberales” sin oposición permitieron el saqueo al por mayor y sin restricciones por parte de los grandes bancos y las corporaciones multinacionales.

En la actualidad los enfrentamientos nacionales y de clase tienen lugar en el contexto de un régimen desarrollista de clase media, que utiliza el estado para promover el crecimiento económico y usa a los movimientos sociales y a los sindicatos como mecanismos para controlar y limitar las demandas populares dentro del marco fijado por las alianzas entre el estado y el capital.

La clave de la fase actual está en recrear movimientos sociales independientes y sindicatos de clase autónomos que puedan enfrentarse con éxito a las políticas de contención salarial impuestas por el régimen desarrollista para atraer inversores extranjeros y prestamos.

Los dirigentes de la izquierda deben tener presente que los regímenes desarrollistas son ricos en divisas , tienen superavit presupuestarios y que sus estrategias de desarrollo están produciendo un crecimiento razonable . Dicho de otro modo, la izquierda debe ser consciente de que el capitalismo latinoamericano, globalmente hablando, no está en crisis , y que el régimen y los dueños del capital deben pagar en forma de sustanciales subidas salariales y con un aumento del gasto social . Los recursos financieros disponibles, los ingresos económicos del estado y los beneficios públicos y privados de los sectores agro-industriales, de los sectores minero-extractivos, del sector bancario y de las élites comerciales y manufactureras pueden permitir el aumento de los salarios y de las prestaciones sociales entre un 10% y un 20% anual.

Los trabajadores y los campesinos ven cada vez más claro que no son ellos los beneficiarios de los éxitos económicos, del crecimiento y de la estabilidad celebrados por los dirigentes de los regímenes desarrollistas. La izquierda debe animar, organizar y capitalizar las crecientes expectativas de las masas por conseguir un nivel de vida más elevado en vista de la subida record de los precios. Demasiado a menudo, la izquierda ha sucumbido recientemente ante la puesta en escena de la autodenominada “nueva izquierda” y su retórica “antineoliberal” aunque la presencia de capital multinacional (CMN) no haya dejado de aumentar. La nueva alianza “estado-CMN” está excluyendo a la clase trabajadora de los beneficios y los ingresos públicos que, por el contrario, se están distribuyendo entre una nueva clase media profesional en ascenso y la tecnocracia, por un lado, y entre los inversores extranjeros, por el otro.

La clase media emergente ha usado su pasado izquierdista y sus conexiones sociales con los movimientos populares para tomar el poder; Está consolidando dicho poder por medio del control del estado y financiando a los dirigentes de los movimientos populares. Para legitimarse, los regímenes de la nueva clase media están organizando encuentros y conferencias izquierdistas, ecologistas e indigenistas. Esta nueva clase media dirigente se está enriqueciendo con un aumento de su participación en los ingresos provenientes del capital agro-industrial y minero-extractivo por medio de sociedades comanditarias, aumento de impuestos y participación en los beneficios.

El estado desarrollista está concentrando la “nueva riqueza” en los estrechos límites de la parte media y alta de la burocracia estatal que se ha convertido de hecho en la nueva burguesía. La esencia burguesa de este régimen se encuentra en la profunda y creciente desigualdad en lo que se refiere a la estructura de propiedad y la cuantía de los salarios, en las transferencias unilaterales de los ingresos del estado a los acreedores bancarios y en las subvenciones y los créditos a las empresas exportadoras agro-minerales, mientras que las ayudas sociales a los pobres siguen siendo minúsculas y el nivel de los salarios mínimos son realmente mezquinos.

La lucha hoy en día es contra los explotadores capitalistas y no contra los “especuladores”; es contra los desarrollistas postneoliberales que controlan el estado para beneficio propio y no contra los promotores inmobiliarios neoliberales pro-libre mercado ni contra los estafadores financieros.

La debilidad estratégica de los dirigentes de la nueva clase media del estado desarrollista está en que no son propietarios – su poder deriva del control político del estado y de los movimientos populares. Eso significa que la lucha económica por salarios más altos y más gasto social se convierte de manera inmediata en una amenaza política a la legitimidad de los nuevos dirigentes. Como consecuencia de ello cualquier exigencia de los campesinos o de la clase trabajadora provoca un ataque desproporcionado, llegándose incluso a la difamación de luchas populares por la obtenención de beneficios económicos con extravagantes acusaciones como la de ser "contrarrevolucionarios".

Dado el apoyo oportunista de los “turistas” de izquierdas de Norte América y Europa a estos regímenes desarrollistas (aunque repriman huelgas y denuncien las luchas de los trabajadores, de los campesinos y de los indios en pos de mejoras económicas), la izquierda consecuente debe adoptar una postura de apoyo solidario a las luchas económicas de los nacientes sindicatos autónomos y de los movimientos étnicos de base social. El resurgimiento de los movimientos populares revolucionarios comienza por rechazar la complicidad con los gobernantes de la nueva clase media que está liderando esta nueva fase de expansión capitalista basada en la alianza entre el estado y el sector privado.

NOTAS DEL TRADUCTOR

1 En el texto original dice trillón. Siendo el autor estadounidense suponemos que se refiere a lo que en España y los países de habla castellana de América Latina denominan billón es decir 1 X 10 12 o 1.000.000.000.000.

2 El texto fue escrito antes del intento de golpe de estado en Ecuador.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Chile: un gabinete “de clase mundial” para un país desigual…

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ALONSO BARROS, Abogado y Antropólogo. Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo Universidad Católica del Norte. http://www.ucn.cl

CHILE-PIÑERAO0I1 Las estadísticas del Panorama Social de América Latina, elaborado por la CEPAL en el año 2009, permiten remontar la extrema desigualdad en Chile a la sociedad de castas colonial. Ésta se aprecia en los prejuicios racializados y de clase que caracterizan la historia mental chilena, remontada magistralmente por Óscar Contardo en su “Siúticos”, como una de morenos acomplejados con aspiraciones sociales rubias.

El gabinete de Piñera corresponde a esta cromatografía social que por desgracia estratifica también el resto de América Latina: mientras más moreno, más pobre. Cabe precisar que en Chile, semejantes prejuicios excluyentes se basan más en criterios de apellido que de tono de piel (hay morenos millonarios, lo que no equivale a decir movilidad social).

Siendo Chile un país mestizo, es notable que estemos en presencia del gabinete con mayor número de apellidos europeos recientes, en la Historia de Chile -y si me apuran un poco, el más rubio (algunas oxigenadas): Hinzpeter, Kast, von Baer, Schmidt, Fontaine, Larroulet, Parot, Ravinet, Solminihac, Golborne, Rainieri. Sin duda que esto refleja la excelente capacidad de integración de nuestro país… cuando se trata de personas de origen europeo o blancas. Es evidente que Piñera no tomó en cuenta los criterios de representatividad y diversidad al nombrarlos, salvo, tal vez, en el caso de von Baer, claramente vinculada  a círculos regionales anti-mapuches.

La composición del gabinete encarna, ingenuamente, las discriminaciones de edad, de género, raciales o de clase que atentan históricamente contra la democracia propietaria en el país, y que tanto dividen a los chilenos en cuanto a sus oportunidades educativas, laborales y de ingresos. Uno de los problemas de nuestro país dice relación, precisamente, con el sentido de superioridad de casta que muchos de sus líderes consideran como “natural” cuando no lo atribuyen a una suerte de programa social divino como el que se imparte en la Universidad Católica de Chile (la mayor formadora del gabinete).

Un gabinete como el nombrado por Piñera no es incluyente ni diverso. Sus miembros no han conocido en carne propia lo que es la marginación, la exclusión, la cesantía, la injusticia, el miedo a quedar en la calle -con hambre y enfermo-, la censura, el racismo, la tortura, la humillación de tener que recibir un sueldo menor por tener piel morena o apellido mapuche, o aymara, o simplemente a no tener voz alguna en nuestro mundo político cruzado de intereses venales. Y eso condiciona a sus miembros, como para no entender -peor, para negar interesadamente- la discriminación y el abuso de poder sistemático cuando se trata, por ejemplo, de acceder a un medio ambiente libre de contaminación, o a las riquezas derivadas de la explotación de recursos naturales, por nombrar solo un par de área críticas.

Visto así, el nuevo gabinete es parte del problema, no de la solución: su accionar ahondará las diferencias de clase y raza hacia una nueva espiral de violencia civil y esto será producto de la ceguera prepotente de los que están demasiado acostumbrados a mandar, sin escuchar.

No trato aquí de revivir las odiosidades de clase en clave marxista, o de prejuzgar y denostar a personas por sus fenotipos y pigmentos; todo lo contrario, quisiera que en Chile no hubiera “rotos”, “flaites”, “indios”, “cholos” o “cuicos” como en las bocas despreciativas de demasiada gente, sino que ciudadanos satisfechos con su representación política. Si se trata de enfrentar los verdaderos problemas que dividen a los chilenos, resulta penoso constatar que existiendo gente tan productiva, capaz e inteligente en Chile y sus regiones, sólo se haya encontrado a gente ABC1 para tomar las riendas del Estado. Un gabinete de clase mundial.

EL MOSTRADOR.CL

Written by Eduardo Aquevedo

17 febrero, 2010 at 16:52

Globalización imperial y movimientos sociales en Latinoamérica

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James Petras y Henry Veltmeyer

america-latina001 Rebelión

Traducido para Rebelión por Andrés Prado

Introducción

El crecimiento sin obstáculos del capitalismo euroestadounidense después de la caída del comunismo soviético y europeo, la conversión de China e Indochina al capitalismo de Estado y el auge de dictaduras militares de libre mercado en Latinoamérica, respaldadas por EE.UU., dan un nuevo ímpetu a la construcción occidental imperial llamada “globalización”.

El proceso de globalización fue el resultado de condiciones ‘externas’ e ‘internas’ y coaliciones de clase incrustadas en la estructura social tanto de los países imperiales como de los países ‘recipientes’ u objetivos. La expansión del capital no fue ni un proceso lineal o de expansión (acumulación) continuada ni uno de colaboración sostenida de los países objetivos. Las crisis en los centros imperiales y las transformaciones de los regímenes en los países colaboradores afectaron al flujo de capital, al comercio, a las normas y a las regulaciones.

Una de las consecuencias no pretendidas de la ascensión de las clases dominantes globales fue el surgimiento de movimientos sociales a gran escala y tumultuosos, especialmente en Latinoamérica, que retaron a los gobernantes, ideología e instituciones que mantenían el imperio global.

Las relaciones entre globalización imperial y movimientos sociales son complejas, cambiantes y están sujetas a reveses y avances. Este estudio, con atención a Latinoamérica, plantea diversas hipótesis al explorar la relación entre globalización y movimiento social durante un período de treinta y cinco años: desde el comienzo de la doctrina del libre mercado que es la fuerza motora de la globalización (1975) hasta hoy (2010). Este arco temporal nos proveé del tiempo suficiente para observar las operaciones a largo plazo del capital global y las trayectorias históricas de los movimientos sociales. Tomando Latinoamérica en su conjunto como una sola entidad, ampliamos nuestro campo de acción y minimizamos la posibilidad de desarrollos idiosincráticos específicos para un solo país.

Nuestra investigación se guía por un número específico de hipótesis que serán testadas a través de un análisis histórico de las tendencias económicas globales y la trayectoria de los movimientos sociales. Empezaremos haciendo un breve repaso de las dinámicas de la globalización y el crecimiento de los movimientos sociales en Latinoamérica para entonces especificar nuestras hipótesis clave acerca de las relaciones entre globalización y movimientos sociales.

Globalización: Clase, Estado y Economía

El comienzo de una nueva y dinámica fase de expansión de capital imperial, que llamaremos globalización, debe mucho al resultado político favorable de la lucha a escala mundial entre el capital y la clase obrera. La derrota y retirada de la clase obrera en Occidente, particularmente en EE.UU. e Inglaterra, y la autodestrucción de los regímenes comunistas del este pusieron los cimientos para una agresiva cruzada global contra regímenes y movimientos de izquierda en el tercer mundo, especialmente en Latinoamérica. El retroceso de los movimientos obreros fue particularmente vicioso y triunfal en Latinoamérica, donde la mayor parte del continente experimentó la instauración de dictaduras militares que desmantelaron las restricciones nacionales a los flujos de capital y los aranceles.

Dentro de este nuevo marco global de artífices de la construcción imperial y regímenes autoritarios colaboracionistas, hay varios factores que intensificaron la expansión global económica.

(1) La innovación tecnológica, especialmente las tecnologías de la información, aceleró los flujos de capital y mercancías.

(2) La acumulación a gran escala de capital en los Estados imperiales, una bajada relativa en los porcentajes de los beneficios y el creciente rol del capital financiero espolearon las inversiones en ultramar, la especulación y las liquidaciones de empresas privatizadas.

(3) La competición intensificada entre EE.UU., la Unión Europea y Asia, llevó a las MNC (Corporaciones Multinacionales en sus siglas en inglés) a buscar ventajas asegurando bancos y recursos; cuotas de mercado dentro de Latinoamérica.

(4) El surgimiento de dictaduras derechistas pro occidentales proveyó condiciones socioeconómicas excepcionalmente favorables para liquidaciones y adquisiciones de empresas y recursos locales, extraordinarios dividendos en especulación financiera y oposición mínima de reprimidos sindicatos y partidos nacionalistas y de izquierda.

Como consecuencia de estos cambios estructurales, se pusieron en práctica doctrinas de libre mercado y políticas neoliberales con el resultado de acuerdos de libre comercio bilaterales (NAFTA- Tratado de Libre Comercio de América del Norte en sus siglas en inglés-) y desregulación de las economías. El crecimiento de la actividad especulativa enraizó y prosperó al mismo tiempo que las redes de garantía social fueron desmanteladas.

Después de más de dos décadas de desarrollo altamente polarizado y crecimiento mediocre, las economías neoliberales se estancaron y entraron en crisis: los precios de las mercancías (commodities) cayeron, las burbujas financieras estallaron, estafas bancarias a gran escala empobrecieron a los ahorradores de la clase media, inversionistas fueron defraudados… llevando a un colapso económico virtual y a un desempleo masivo. En los primeros años del nuevo milenio, Latinoamérica se enfrentó a una crisis sistémica en la cual los regímenes neoliberales fueron depuestos, los movimientos sociales crecieron y las bancarrotas económicas se multiplicaron. Se elegieron partidos y coaliciones de centro izquierda que tendieron a implantar medidas de mejora que aliviaron el impacto de la crisis. Se aprobaron paquetes de estímulo para reavivar las economías. El auge de los precios agrícolas y minerales en el mercado mundial facilitó la recuperación económica, que duró hasta el comienzo de la recesión económica de 2008.

Movimientos Sociales

Brotando del polarizado crecimiento, de la intensificada explotación del trabajo y del desplazamiento de campesinos y granjeros, todo ello endémico de las políticas de libre mercado, el descontento social se extiende en las zonas rurales, especialmente entre los trabajadores rurales sin tierra, los campesinos y las comunidades indígenas. Emergió una nueva generación de líderes militantes con capacidad para conectar el malestar local con políticas estructurales nacionales e internacionales. Los movimientos de masas se establecieron en los primeros años de la década de los noventa y lanzaron una serie de campañas masivas y movilizaciones que se extendieron a las ciudades e hicieron involucrarse a la creciente masa de trabajadores urbanos desempleados, funcionarios, y empresarios y profesionales de clase media empobrecidos y cada vez menos reciclables.

Las crisis precipitaron revueltas a gran escala, comandadas por los nuevos movimientos sociales, que demandaban cambios sistémicos pero se apaciguaban ante la elección de regímenes de centro izquierda. La primera década del siglo XXI ha sido testigo del ascenso y declive de la actividad de movimientos que eventualmente se asentaban en cambiantes nichos del nuevo orden presidido por los regímenes de centro izquierda.

Hipótesis Clave

La expansión de la ‘globalización’ o el desarrollo del modelo imperialista centralizado fueron acompañados del crecimiento de los movimientos sociales de masas. Esto plantea la cuestión fundamental de la relación entre los dos procesos. Presentamos varias hipótesis para explorar esta relación.

(1) Cuanto mayores sean las desregularizaciones de la economía, mayores serán la aceleración de la globalización y el impulso para el crecimiento de los movimientos sociales.

(2) Las crisis y el colapso de la globalización desregularizada lleva a un mayor protagonismo y una mayor radicalización de los movimientos sociales hasta incluir levantamientos sociales que deponen regímenes en curso.

(3) Cuanto mayores son la regulación y el control del proceso de globalización por parte del régimen, menor es el impacto de las crisis, más moderadas las actividades de los movimientos sociales y menos probable una rebelión popular.

(4) Cuanto más débil sea la red de seguridad social en tiempos de crisis, mayores serán los movimientos sociales y más radicales sus demandas. Por el contrario, cuanto más fuerte sea la red de seguridad social en tiempos de crisis menor será el crecimiento de movimientos sociales y más reformistas sus demandas.

(5) La depreciación mundial de las mercancías (commodities) tiene más posibilidades de crear como subproducto movimientos sociales radicales que los períodos de precios boyantes.

Combinando nuestras cuatro principales variables en una sóla hipótesis sobre la relación de la globalización y los movimientos sociales, llegamos a las dos proposiciones siguientes:

Las condiciones óptimas para los movimientos sociales radicales de masas aparecen cuando una economía sufre una alta desregularización, en tiempos de crisis financieras y recesión productiva, cuando los precios de las mercancías (commodities) están a la baja y en un contexto débil de garantías sociales.

Por el contrario, los movimientos sociales radicales de masas tienen menor posibilidad de surgir bajo una economía altamente regulada, con una fuerte red de seguridad social y en un contexto mundial de precios de mercancías (commodities) al alza y economía boyante.

Poniendo a prueba la hipótesis: Latinoamérica 1980-2010

Entre 1980 y 1990, Latinoamérica experimentó un período de creciemiento moderado y precios estables en el mundo para sus mercancías (commodities). Éste fue un período de desmantelamiento mayor de las regulaciones estatales sobre la economía y de un debilitamiento de las redes de seguridad social. Y aún así no se produjeron levantamientos sociales importantes ni se crearon movimientos sociales de masas, excepto en Chile entre 1985 y 1986, que terminaron con el pacto político, respaldado por EE.UU., entre los pinochetistas y los partidos de la socialdemocracia cristiana y su subsecuente ascenso al gobierno en 1990.

Durante la primera mitad de la década de los noventa los precios de las mercancías (commodities) descendieron hasta mínimos históricos, la red de seguridad social continuaba deteriorándose; los beneficios del capital se multiplicaron en una orgía de privatizaciones y adquisiciones extranjeras mientras el crecimiento general se estancaba. Crecieron los movimientos sociales, la movilización de masas, extendiéndose del campo a las ciudades aunque se dieron pocas rebeliones populares.

En el período entre el final de la década de los noventa y los primeros años del 2000 (aproximadamente 1999-2003) se experimentó una gran crisis socio-económica y política, incluyendo crisis económicas y financieras en Argentina, Bolivia, Brasil, Venezuela, Ecuador, Perú y Uruguay. Después de más de veinte años de políticas de libre mercado acompañando al proceso de globalización, la red de seguridad social estaba hecha jirones. Los precios de las mercancías (commodities) se mantenían bajos y la desregularización financiera agudizaba la vulnerabilidad de las economías ante la recesión en EE.UU.

Entre 2000 y 2005 los regímenes neoliberales se depusieron o cambiaron en Argentina (tres regímenes en dos semanas- 2001-2002), Bolivia (2003, 2005), Ecuador (2000, 2005), Perú, Uruguay, Brasil, Venezuela (el régimen golpista duró cuarenta y ocho horas- 2002). Los movimientos sociales crecieron precipitadamente en toda la región y sus demanadas se radicalizaron, demandas que incluían cambios estructurales fundamentales. El Movimiento de los Campesinos sin Tierra en Brasil (MST) lideró los movimientos de ocupación masiva de tierras en el país. Levantamientos obreros, campesinos e indígenas expulsaron en Bolivia a dos gobiernos elegidos en curso. En Ecuador, coaliciones de movimientos indígenas y urbanos derrocaron un gobierno neoliberal en curso en 2000 y un movimiento ampliamente basado en ciudadanos de las urbes expulsó a un régimen neoliberal corrupto en 2005. En Argentina, una rebelión popular liderada por organizaciones vecinales de trabajadores de clase media, desempleados y empobrecidos, expulsó a presidentes neoliberales y dominó la política de 2001 a 2003. En Venezuela, una movilización popular masiva, con aliados militares, expulsó a la junta empresarial-militar de abril de 2002, respaldada por EE.UU., y restableció en el poder al Presidente Chávez.

El período entre 2003 y 2008 fue testigo de una subida pronunciada de los precios de las mercancías (commodities) hasta niveles récord. El auge de los regímenes de centro izquierda estuvo acompañado de controles sobre el capital, la restauración parcial de la red de seguridad social, una recuperación económica rápida y un crecimiento relativamente alto. Los movimientos sociales dejaron de crecer, sus demandas se centraron en reformas inmediatas, las movilizaciones fueron menos frecuentes y algunos de sus líderes clave fueron designados cargos en la administración.

En el período entre 2008 y 2010 se produjo un pronunciado descenso del crecimiento que reflejaba el impacto de la recesión mundial y la bajada de los precios de las mercancías (commodities). Mientras la mayoría de los países entraba en recesión, el sistema financiero no experimentó un colapso comparable al del período anterior (2000-2002), en parte debido a los controles sobre el capital que tenían lugar desde la primera parte de la década. Mientras crecía el desempleo y los niveles de pobreza se incrementaban, la mejora de la red social minimizó el impacto de la recesión. Los movimientos sociales aumentaron su actividad y experimentaron un crecimiento medio pero con pocos, si es que alguno, retos al poder estatal, al menos durante los primeros dos años de duración de estas crisis en transcurso.

Conclusión

Nuestro repaso histórico demuestra que factores como la implantación de cambios neoliberales y la profundización en la globalización no llevan por sí solos al crecimiento de movimientos sociales masivos y radicales: así lo atestigua el período de 1980 a 1990. Ni tampoco el bajo precio de las mercancías (commodities), una débil red de seguridad social o unos ingresos estatales en declive provocan levantamientos populares y la creación de movimientos sociales radicales de masas. De la misma forma, una crisis económica, como la recesión de 2008 a 2010, no ha llevado a un resurgir de los movimientos sociales de masas radicales o de las rebeliones populares.

Sólo cuando una combinación de factores internos, como una débil red de seguridad social y una economía desregulada, y una crisis externa, como una recesión global, y unos precios de mercancías (commodities) mundiales a la baja, tenemos condiciones posibles para el crecimiento de movimientos sociales de masas radicales y dinámicos.

Los escritores que se centran o empiezan desde una perspectiva de ‘sistema mundial’ o cualquier otra de carácter ‘globalista’ cuando intentan estudiar el auge de los movimientos sociales como una función de las ‘operaciones’ de mercado fracasan a la hora de tener en consideración las luchas políticas y sociales internas y las políticas sociales estatales resultantes como factores determinantes.

Deberíamos resaltar que las rebeliones de los movimeintos sociales no ocurren de repente porque todas las contingencias tengan lugar. Los levantamientos sociales a finales de los años noventa y la primera mitad de los años del nuevo milenio tuvieron una década de gestación: organizándose, acumulando fuerzas sociales, creando alianzas con disidentes de las instituciones  -como miembros radicales de la iglesia- y desarrollando líderes y cuadros de mando. Las crisis económicas, como mucho, fueron el evento “disparador” del severo descrédito de la clase dominante, minada la imperante ideología de la ‘globalización’, que permitió a los movimientos dar un salto cualitativo de la protesta a la rebelión política y el cambio de régimen.

Finalmente, aunque no es esencial para este estudio, deberíamos indicar que mientras los movimientos sociales en su climax fueron capaces de derrocar regímenes neoliberales, no fueron capaces de conseguir poder político y revolucionar la sociedad: sus levantamientos permitieron a políticos de centro izquierda llegar al poder. Irónicamente, una vez en el poder, aprobaron suficientes reformas económicas y sociales como para mantener a distancia la vuelta a la radicalización de los movimientos cuando la crisis económica mundial golpeara de nuevo al final de la primera década de este siglo.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa de los autores, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

La píldora del día después, Piñera y el integrismo conservador chileno…

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Por Verónica Muñoz Lathrop / La Nación Domingo

Una salida de libreto que le podría costar su candidatura

chile-pildora2 La píldora en el zapato de Piñera

En la UDI están indignados. No les gusta que Piñera haya entrado al debate de temas valóricos, cuando le han dicho hasta el cansancio que debe centrarse en “los problemas de la gente”, como hizo Lavín. Longueira ya lo pauteó por la prensa y Kast le adivirtió que “todos los días” evalúan el apoyo a su candidatura. Piñera está asustado. El proyecto entra esta semana al Congreso y amenaza con moverle el piso.

El anuncio de que esta semana se enviará al Parlamento una iniciativa legal para establecer el derecho a los métodos anticonceptivos de emergencia y la obligación del Estado de facilitar su acceso, y la rápida respuesta del candidato presidencial de la Alianza, Sebastián Piñera, a favor de la distribución de la píldora del día después dejaron al descubierto la brecha que divide al abanderado y a buena parte de la coalición que lo sustenta. Se espera que el proyecto ingrese este martes con suma urgencia, y Piñera aún no logra ordenar su casa.

Al mostrar una disposición favorable a liberar el fármaco, el presidenciable de la derecha apostó por atraer votos liberales, pero se agenció un menudo problema. Su intervención causó sorpresa, inquietud y hasta molestia en la UDI, y también entre algunos parlamentarios RN.

Luego de un prolongado silencio, tras su salida del comando de Piñera, el senador Pablo Longueira volvió a la primera plana para encabezar la oposición interna al presidenciable. En entrevista a La Segunda, este viernes, lo reprendió como a un mal alumno. "Lo que siempre he sostenido, y me da la impresión que también lo sostiene toda la gente que ha estado trabajando con él, es que hay que construir un mensaje en aquellos temas que importan: pobreza, empleo, delincuencia, etc.", dijo. A su juicio, lo que hizo Piñera fue sumarse a la estrategia del gobierno, dañando seriamente sus posibilidades de ser elegido. Incluso habló de "error estratégico".

"Le dije a Piñera que la UDI le regaló una carta de navegación de temas ciudadanos que hicimos en el congreso programático, que también se ha desaprovechado. Si hace bien las cosas, es el próximo Presidente. Pero si no construye un mensaje, pone en riesgo su triunfo", advirtió Longueira, al tiempo que se quejó porque sus recomendaciones no han sido tomadas en cuenta por el candidato.

Pero Longueira no está solo en esta cruzada. Al emblemático "coronel" de la UDI, en esto lo secunda la carta generacional del gremialismo, José Antonio Kast, que protagonizó este año una ardua pelea por la presidencia partidaria.

"Me sorprendí de las declaraciones de mi candidato presidencial. En este tema discrepamos y no creo que lleguemos a acuerdo", dijo a LND el diputado Kast, agregando que a Piñera le "faltó consultar con los parlamentarios, interiorizarse más de lo que decía el fallo del TC, de lo que interpretó la Contraloría y no hacerle el juego al gobierno". Kast advirtió que votará en contra "a todo evento" cualquier iniciativa para distribuir la píldora de emergencia.

Consultado ayer por Terra sobre el apoyo al candidato, Kast deslizó que "la política es una actividad súper dinámica y hay que analizar todos los días las situaciones".

En el gremialismo el panorama no se ve auspicioso y aunque la directiva del partido ha tratado de "bajarle el perfil" a la discusión en torno a la píldora -señalando que se trata de un tema que cada uno debe votar de acuerdo a sus convicciones-, persiste la idea de que si el abanderado presidencial aliancista sigue metiéndose en "temas valóricos", terminará por "comprarse problemas gratuitos".

En la línea dura también está el diputado Gonzalo Arenas quien aseguró a LND que no ha cambiado la postura que lo llevó a firmar el recurso ante el TC y adelanta que votará "en contra de cualquier proyecto que pueda legalizar la entrega de la píldora del día después, y si se aprueba, voy a recurrir nuevamente al TC", sea o no el que redacte su propio candidato.

"Sebastián Piñera se equivoca. En temas tan importantes como éste uno habría esperado una conversación más de fondo con todos los que forman la Alianza por Chile para tener una postura como corresponde. Esa discusión no se dio y creo que reaccionamos mal", recalca.

Alejandro García-Huidobro, también diputado gremialista, admite que puede haber discrepancias en estos temas, pero afirma que quienes decidirán finalmente serán los parlamentarios y no el abanderado. "Sebastián Piñera tiene una posición distinta a la que tengo yo, y a la que tiene la mayoría de los parlamentarios de la Alianza, y en ese sentido tengo que respetar su decisión. Pero aquí los que votamos sobre un proyecto de ley que a mi entender es inconstitucional somos los parlamentarios", dijo a LND.

García-Huidobro incluso fue más allá. "Tendremos que conversar los temas cuando sea elegido Presidente de la República y, en ese momento podrá mandar algún proyecto como éste pero en ese caso haríamos exactamente lo mismo que en cualquier otro gobierno: rechazarlo". En la misma dirección están también María Angélica Cristi y Claudio Alvarado.

Pero no sólo en la UDI se reflexiona así. El diputado RN Rosauro Martínez señaló que se trata de una materia "que ya está zanjada por el TC y no entiendo qué argumentos podrían haber cambiado", aunque se mostró cauto mientras no conozca en detalle el proyecto de ley que el Ejecutivo enviará al Congreso. Martínez no ve contradicción entre la postura de su candidato presidencial y la de los parlamentarios de la Alianza "porque en temas valóricos cada uno puede tener una posición".

En tanto, el abogado Jorge Reyes, que representa a sectores ultraconservadores agrupados en la red Pro-Vida y que patrocinó el recurso ante el TC el año pasado, acusa una suerte de "populismo que abarca a todos los candidatos presidenciales" en esta materia.

Desde la Concertación

"Piñera no está en condiciones de sostener sus dichos. Este es el tercer caso en que dice una cosa y sus parlamentarios hacen otra", señala el vocero de la Concertación y presidente del PS, Camilo Escalona, mientras se pregunta sobre la capacidad de gobernabilidad que puede dar al país un candidato que enfrenta estas condiciones.

El problema de fondo, aseguran en el conglomerado oficialista, es la "contradicción vital" que caracteriza al empresario y que se evidencia en la falta de apoyo que ha recibido ya anteriormente de parte de los parlamentarios de la Alianza en otras materias como el cambio al sistema binominal, el voto a los chilenos en el exterior y, ahora, la píldora del día después.

El viernes, el gobierno informó los pormenores del proyecto a representantes de los comandos de Eduardo Frei -quien pidió que se mantenga la suma urgencia- y de Sebastián Piñera. Por el Grupo Tantauco concurrió María Luisa Brahms, quien aprovechó la instancia para presentarle al ministro secretario general de la Presidencia, José Antonio Viera-Gallo, los detalles de un proyecto alternativo de acceso al fármaco de emergencia que el equipo progrático del inversionista de Lan prepara contra reloj. A la salida de la cita, Brahms dijo que el ministro formuló "algunos reparos".

El documento que elabora el Ejecutivo considera la facultad tanto de consultorios como de hospitales de la Red de Salud Pública para entregar el fármaco y la obligatoriedad del Estado de entregar información y orientación sobre los métodos de regulación de fertilidad.

Respecto de su tramitación, el texto no contemplaría más de cuatro artículos con el fin de lograr una rápida discusión y aprobación en el Parlamento. En tanto, la ministra del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), Laura Albornoz, hizo un llamado a los parlamentarios, en especial de la Alianza, a aprobar la norma. Falta ver cómo resolverá Piñera este problema.

LOS 36 REQUIRENTES ANTE EL TC

Claudio Alvarado Andrade
Gonzalo Arenas Hödar
Ramón Barros Montero
Eugenio Bauer Jouanne
Sergio Bobadilla Muñoz
Alberto Cardemil Herrera
Sergio Correa de la Cerda
María Angélica Cristi Marfil
Francisco Chahuán Chahuán
Roberto Delmastro Naso
Andrés Egaña Respaldiza
Enrique Estay Peñaloza
Marcelo Forni Lobos
Pablo Galilea Carrillo
René Manuel García García
Alejandro García-Huidobro Sanfuentes
Javier Hernández Hernández
Amelia Herrera Silva
José Antonio Kast Rist
Juan Lobos Krause
Rosauro Martínez Labbé
Juan Masferrer Pellizzari
Patricio Melero Abaroa
Cristián Monckeberg Bruner
Nicolás Monckeberg Díaz
Iván Norambuena Farías
Carlos Recondo Lavanderos
Roberto Sepúlveda Hermosilla
Marisol Turres Figueroa
Jorge Ulloa Aguillón
Gonzalo Uriarte Herrera
Ignacio Urrutia Bonilla
Alfonso Vargas Lyng
Germán Verdugo Soto
Gastón Von Mühlenbrock Zamora
Felipe Ward Edwards

DERECHISTAS

No sólo su intervención en el tema de la píldora del día después molestó a Longueira. El senador gremialista aprovechó su entrevista en La Segunda para corregir otras salidas de libreto del abanderado opositor y le pidió mayor empeño en concentrar su mensaje. 

"Por ejemplo, no seguir con esos planteamientos derechistas de eliminar la Segegob. Eso deja feliz a los pocos que saben lo que es la vocería y se enfrasca en una pelea, pero al 50 por ciento que necesitamos para ganar le da lo mismo. ¡No sé a quién se le ocurrió eso!… Es la mejor demostración de que están poniendo temas que no le importan a nadie y que, desde el punto de vista electoral, son estériles", dijo Longueira.

CAMINO ACCIDENTADO

La píldora del día después ha sido materia de polémica en el país desde el primer año de gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, cuando decidió impulsar su libre distribución. Mientras una proporción mayoritaria de la población sigue estando a favor del medicamento, el acceso a éste ha pasado por todo tipo de obstáculos.

En enero de 2007, el Tribunal Constitucional consideró que la norma de fertilidad dictada por el gobierno para establecer la libre disponibilidad de la píldora debió hacerse mediante un decreto firmado por la Presidenta de la República, y no por la vía de una resolución exenta. Algunas semanas más tarde, la Mandataria firma un decreto supremo que debía permitir la entrega del anticonceptivo de emergencia a todas las mujeres a partir de los 14 años.

En medio de una campaña alentada por la posición contraria de la jerarquía eclesiástica y los medios de comunicación afines al sector más conservador, el sacerdote jesuita Felipe Berríos alertó en ese momento sobre la existencia de “ciertos talibanes, ciertos fanáticos dentro de la Iglesia Católica” que en esta materia “rasgan vestiduras”, causando sorpresa entre los católicos.

Meses después y mientras se presentan todo tipo de recursos ante los tribunales, se empieza a hablar de desabastecimiento, de presiones a las farmacias para que no vendan el Postinor-2 y al menos tres cadenas son multadas por no tenerla disponible. En paralelo las encuestas mostraban que el 59% de las personas daría la pastilla a su hija para evitar un embarazo.

Así se llegó a abril de 2008 cuando el Tribunal Constitucional, en medio de una ola de protestas de diversos sectores de la ciudadanía, acogió el requerimiento de 36 parlamentarios de la UDI y RN que solicitaron prohibir el reparto de la píldora y otros métodos anticonceptivos, entre ellos el dispositivo intrauterino conocido como la “T” de cobre que usan miles de mujeres desde hace 40 años en Chile. El TC declaró inconstitucional la entrega del fármaco en el sistema público de salud, pero no se refirió a su comercialización en farmacias, y así se llegó a la insólita situación de que tienen acceso a la pastilla las mujeres que tienen dinero para pagarlo y se dejó al margen a las que carecen de recursos, sistema vigente hasta el día de hoy.

PROCLAMACIÓN POSTERGADA

Tal como está el cronograma, Piñera debiera ser ratificado como candidato presidencial de la UDI en su consejo general, que inicialmente estaba programado para junio. Mañana termina el mes y el megaencuentro partidario aún no tiene fecha.

En la UDI advierten que en cuando llegue la ocasión, evaluarán si el inversionista de Lan ha usado las cartas de navegación que le proporcionaron en la UDI. Dos serán las preguntas clave: ¿Recogió las propuestas programáticas del partido? ¿Está haciendo campaña en terreno de cara a la gente? De estas respuestas dependerá su ratificación.

“En el consejo directivo ampliado hicimos dos solicitudes: una, que se sentaran los hitos programáticos de la campaña, que se hizo y, lo otro, es que echábamos de menos las actividades”, recordó Kast.

Factor relevante será también la confección de la lista parlamentaria, que hasta ahora ha estado bastante accidentada por la dura competencia que está ofreciendo Joaquín Lavín a Francisco Chahuán en la senaduría de la Quinta Costa y el impasse en el distrito 21 (Providencia, Ñuñoa) que terminó con la bajada del RN Nicolás Monckeberg para dejarle la vía libre al UDI Rodrigo Álvarez.

En la UDI estiman que la proclamación final de Piñera podría ocurrir en agosto, pero el tema nuevamente está condicionado porque RN haga lo mismo con anterioridad. “Nunca (antes del consejo nacional) de RN, porque él es militante de Renovación Nacional y lo obvio es que primero lo proclame Renovación y acto seguido nosotros”, explica Kast.

La Píldora y el poder conservador en Chile, E. Aquevedo

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La lucha por la pastilla se reanuda y divide ahora más que en 2008 a las fuerzas de derecha y DC, por los urgentes intereses electorales de Piñera y de Frei

chile-pildora Al poner fuera de la ley la pastilla anticonceptiva en 2008, el Tribunal Constitucional (TC) puso en evidencia lo que ya se ha dicho muchísimas veces: Chile no solo es aún extremadamente conservador en el plano político y socio-económico, a juzgar por el modelo de desarrollo administrado por la Concertación que concentra riquezas, que impone desigualdad social y precariza el trabajo; al mismo tiempo — como correlato decisivo de ello -– Chile es también uno de los más conservadores de A. Latina en el plano valórico y cultural en general.

Poner la pastilla del día después al alcance de los sectores medios y populares del país ha sido, en efecto, una de las batallas sanitarias y valóricas más difíciles libradas por el gobierno contra la derecha más conservadora del país, sostenida en especial por el catolicismo integrista. Ello contrasta abruptamente con la situación de la mayoría de los países de la región.

Esto es sin duda mirado con extrema simpatía por el Vaticano, quien desde hace varias décadas promueve y construye esa hegemonía conservadora en las clases dominantes locales, apoyando sin ambages a sus organizaciones de "vanguardia" en la formación ideológica de la élite dirigente del país, tales como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y otros núcleos afines… En este aspecto se sabe que la Jerarquía de la Iglesia Católica chilena ha realizado una activa campaña contra “la pastilla del día después”, y se ha denunciado al Opus Dei de seguir presionando a empresas farmacéuticas para impedir su fabricación y distribución. Numerosos estudios dan cuenta, en fin, de la creciente influencia del conservadurismo católico en las fuerzas políticas de centro-derecha del país (incluidos segmentos de la DC), en el poder judicial, en la educación primaria, secundaria y universitaria, en los medios de comunicación, en el empresariado y en las fuerzas armadas obviamente… ¿debe extrañar entonces que el TC haya decidido lo que decidió?

El Tribunal Constitucional (TC) es una herencia de la dictadura de Pinochet, con una composición mayoritariamente católica integrista, y es parte del amplio dispositivo ("enclaves autoritarios") construido para preservar tanto la institucionalidad impuesta en ese período como el modelo económico y los "valores" que le sirven de sustrato. Acotemos que uno de los componentes más influyentes del sector dominante del TC es el cuestionado Raúl Bertelsen, ex Rector de La Universidad de los Andes, la que se ha convertido en la institución estrella del Opus Dei en el sistema educacional chileno. Ello habla claro de la importancia de este personaje.

El Poder Judicial en su conjunto, cuyo rol en el episodio de la pastilla ha sido decisivo, sigue dominado por un núcleo fuertemente conservador y es parte también de ese dispositivo. Todo ello, en todo caso, expresa una relación de fuerzas a escala nacional que no se mide sólo por el número de jueces o componentes de dichas instituciones comprometidos con esa orientación, sino principalmente por el peso enorme de los ya conocidos "poderes fácticos" (empresariado, poder militar, grupos religiosos, medios de comunicación predominantes, etc.) sobre la organización formal del Estado, incluidos los Gobiernos de turno, y de sus orientaciones estratégicas.

Pero en esta ocasión la situación parece diferente a la del año anterior, en la medida que la coyuntura y la relación de fuerzas ha cambiado por la irrupción en extremo competitiva de la batalla presidencial. Frei, desde luego, no puede dar la espalda a la Presidente Bachelet, principal sostenedora de esta iniciativa y reforzada por el gran apoyo ciudadano que ahora concita. Frei seguramente aglutinara a la gran mayoría de la DC en favor de la defensa de la pastilla para desbloquear su distribución nacional con alguna iniciativa legislativa. Piñera, igualmente, presionado por una fuerte mayoría social y política que defiende la distribución de la pastilla, deberá movilizar todas sus redes de sustento político para dar también apoyo a píldora, para no enajenarse el apoyo femenino en la contienda electoral. Es decir, en este momento la situación parece más favorable que en el 2008, en que el factor político-electoral juega un rol que en ese instante no estaba presente. Los “poderes fácticos” pueden ahora quedar relegados a un segundo plano y por consiguiente no lograr sus objetivos. Veremos que ocurre en las semanas que vienen.

(este texto es una versión actualizada de una nota publicada ya en 2008)

P. Bourdieu: el poder y los medios de comunicación. Entrevista.

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Pierre Bourdieu se ha convertido en el pensador francés más influyente de este fin de milenio desde que en 1995 apostó claramente por el compromiso de unir teoría y práctica.

La Maison des sciences de L´homme, en el 54 de Boulevard Raspail, Paris, es uno de los grandes laboratorios humanísticos de la vieja Europa. En un pequeño despacho de la cuarta planta me encuentro con el intelectual europeo más citado internacionalmente. Es un joven de casi setenta años que ha entregado su vida a investigar lo oculto que mueve cualquier realidad y que detesta el cinismo y el nihilismo de los predicadores posmodernos que copan los medios de comunicación. La solidez de sus estudios lo han situado en la cumbre de la sociología mundial.

Es profesor en el Collège de France y director de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Dirige la revista Actes de la recherche en sciences sociales , y hace tres años fundó una editorial de agitación: Liber-Raisons d´Agir . Herramientas de pocas páginas que aproximan las últimas investigaciones sociales y culturales a los militantes de los nuevos movimientos contestatarios. Y es que en 1995, durante las huelgas que conmovieron Francia, Pierre Bourdieu no se quedó en el Olimpo de los posmodernos sino que bajo a la arena del activismo político y, como el mismo sostiene, se sitúo a la izquierda de la izquierda para dar argumentos a quienes se resisten contra la mundialización neoliberal.

Su labor como investigador se inició en Argelia a finales de los años 50, con trabajos etnográficos sobre la Kabilia. Poco después estudió la soltería en el Bearn, un pedazo de Pirineo junto al País Vasco francés, donde nació en 1930. La pugna entre lo objetivo y lo subjetivo en el territorio de la creación artística y el intento de unificar las ciencias humanas le motivaron a escribir obras tan reveladoras como "Esbozo de una teoría de la práctica" (1972) y "El sentido práctico". Pero fue "La distinción. Criterios y bases sociológicas del gusto” (1979), el libro que lo consagró como uno de los sociólogos más importantes, que ha sabido dar la vuelta a Marx y a Weber para descifrar cómo funcionan las estructuras simbólicas de dominación ocultas en nuestra tradición cultural.

Para superar el error de Marx de suponer la existencia de clases sociales constituidas en la realidad inventó conceptos tan esenciales como Espacio social y Espacio simbólico, que son algo así como las suma de los diferentes espacios o campos en conflicto, los ruedos, donde se libran las luchas de poder. Capital económico y capital cultural pugnan en cualquier microcosmos o campo para obtener la legitimidad o el canon, el poder, como sucede en los campos artístico, literario o científico, entre otros, que son instituciones históricamente constituidas y dotadas de un conjunto de normas de juego. Su noción de hábitus también es capital, pues mediante la escuela, la tradición, lo oído, escuchado y sentido, el ser humano de un determinado medio social configura un esquema de comportamiento que es lo que le empuja a actuar, opinar y comportarse de una determinada manera dentro del campo, o campos en los que se mueva. En Bourdieu todo es relacional. Y aunque estemos dominados, a causa de ese complejo juego de relaciones en los diferentes microcosmos, él da útiles de resistencia con los que tomar conciencia para vencer cualquier pretedeterminación.

La obra de Bourdieu es impresionante y abarca infinidad de campos. Ha estudiado temas tan diversos como el universo bereber, los museos, los gustos, las escuela, la gestación del Estado moderno, la clase dirigente, la creación artística y literaria, la representación política, la alta función pública, la casa privada, el sufrimiento social, los medios de comunicación. En su último libro, "La Dominatión masculine", muestra cómo la relaciones entre los sexos están eternizadas y desvela los mecanismos estructurales que permiten dominar a las mujeres. Este último libro ha resultado tan polémico y fundamental como los tres anteriores: "Sobre la televisión" (1996), "Meditaciones pascalianas" (1997) y "Contrafuegos" (1998).

En su dilatada carrera como antropólogo, etnólogo y sociólogo ha aportado varios instrumentos para avanzar en la comprensión de los mecanismos ocultos que mueven nuestra sociedad. Para desarticular ideas preconcebidas, como por ejemplo la existencia de clases sociales, ha introducido en el vocabulario de la sociología la noción de espacio social y de campo de poder.

¿Puede explicarlo un poco?

La noción de espacio social resuelve, a mi parecer, el problema de la existencia o no de las clases sociales que divide desde los inicios a los sociólogos. Se puede negar su existencia sin negar lo esencial, que son las diferencias sociales que existen en la sociedad a causa de la distribución desigual de bienes y capitales, lo que genera antagonismos individuales y, a veces, enfrentamientos colectivos. La noción de espacio social permite, matemática o lógicamente, situar las diferencias. Pero al mismo tiempo se abandona la idea de que existen grupos sociales constituidos contra otros grupos, como sostuvo Marx. Las clases sociales sólo existen en estado virtual, y la sociología no ha de construir clases, sino espacios sociales, en primer lugar para romper con la tendencia de pensar el mundo social de una forma sustancialista, que es la del sentido común y el racismo. Las actividades o las preferencias propias de los individuos o grupos de una sociedad determinada en un momento dado, para nada están inscritas de una vez y para siempre en una especie de esencia biológica o cultural.

¿Y cómo estructura el espacio social?

En una sociedad donde hay probabilidad de casarse, de hacer deporte juntos, de hablar el mismo lenguaje, de tener los mismos gustos y el mismo tipo de amigos, tales posibilidades, en la realidad, son muy desiguales según la posición que uno ocupe en función del capital económico y el capital cultural. Puedo citar como ejemplo un estudio en el que demuestro que el espacio social está estructurado a grosomodo en dos dimensiones, y de hecho en tres. Si usted construye la imagen del espacio social y corta un círculo al azar, las personas que estén en él, tendrán muchas más cosas en común que los que están fuera. Por ejemplo, se ha hecho un estudio de endogamia entre matrimonios de un mismo nivel, y cuanto más se afina más aumentan los niveles de endogamia. La endogamia entre los alumnos de la Escuela Normal Superior es extraordinario.

La noción de espacio social da cuenta de todo lo que quieren decir los que hablan de clases sociales, sin caer en el error de creer que las clases existen en la realidad. En tiempos de guerra, por ejemplo, se puede asociar en nombre del patriotismo a los obreros y los patronos. Pero en tiempos normales, uno irá a beber pernaud y el otro whisky. Uno irá a jugar a la petanca y el otro al bridge. Tengo estudios sobre la patronal francesa donde los juegos de sociedad, el bridge por un lado y el golf y el tenis por otro, son instrumentos escondidos de selección social, porque están muy desigualmente distribuidas en un momento dado, y también entre generaciones. Hay una tercera dimensión invisible que es la antigüedad en la posición. Uno tendrá posibilidades de casarse con la hija del jefe y otro no. Este espacio de tres dimensiones es algo muy potente, me da miedo, y me pregunto: ¿Es posible que todo esté tan fuertemente determinado?

¿Y la noción campo de poder?

Es una noción en fase experimental. Necesitaba resolver dificultades y la he concebido atendiendo a muchos estudios sobre el poder, que es una noción complicada porque es un sistema de relaciones. Al estudiar lo que se llama clase dirigente, nos preguntamos qué tienen en común un juez de la corte suprema y un empresario de IBM, o éste último con un gran abogado. Hay que abandonar la visión de grupo unificado, coherente, para decir que hay una especie de campo, un espacio de relación independiente, relativamente autónomo con respecto al espacio social en su conjunto, y en el cual unas personas detentan una especie de capital particular y luchan con otras que detentan otras especies de capitales para dar más fuerza al suyo.

En el siglo XIX, hubo en Francia una lucha entre los artistas y los burgueses. Fueron luchas un tanto rituales. Muchos artistas eran hijos de burgueses en ruptura con la burguesía; Cézanne, hijo de banqueros. Manet, hijo de un alto funcionario. En esta lucha lo que estaba en juego era la dominación sobre el mundo social y al mismo tiempo sobre los instrumentos legítimos de dominación. Cuando Baudelaire ataca al burgués ataca las bases del poder burgués. Dice, los burgueses son filisteos, beocios, incultos, no tienen el buen capital, que es el capital cultural, literario… Y el burgués responde: esas personas son bohemios, maleducados, sucios, irresponsables, inadaptados, locos. Por lo tanto, hay una lucha entre estilos de vida, incluso entre maneras de ser hombre, que es al mismo tiempo una lucha por el poder.

¿Y qué sucede con los diferentes campos intelectuales en relación al poder al final del siglo XX?

Si llego a decir que la única manera de ser un hombre es tener mucho dinero, como sucede hoy, todos los demás quedan descalificados. Actualmente, en esta lucha dentro del campo de poder, los intelectuales han perdido, porque incluso son los banqueros, o casi, los que dicen quiénes son los intelectuales. El campo de poder es como un ruedo, un lugar de lucha relativamente independiente, porque las luchas que suceden en este espacio son diferentes de las grandes luchas sociales. A menudo se han descrito como lucha de clases y revoluciones enfrentamientos internos en el campo de poder, a las que se han unido los desposeidos.

Lo que yo llamo campo intelectual o campo artístico es un subcampo en el interior del campo de poder. Y los intelectuales ocupan una posición temporalmente dominada, económicamente dominada dentro de éste. Y es una de las razones por las cuales están estructuralmente asociados, a menudo, con los dominados. Están entre los dos grupos. Un poco como las mujeres de la clase dominante. No es casual que en los salones fueran ellas las que permanecían junto a los artistas.

¿Cómo se legitiman los prestigios en los diferentes campos de la cultura y quién los autoriza ?

En todos los campos existe una lucha por definir quién decide quién forma parte del campo y quién no. Quién es escritor y quién no. En un campo intelectual o artístico, la gente dirá que Manet, por ejemplo, hizo una revolución artística que desplazó a sus maestros, que vendían los cuadros de Couture o de los grandes pintores pompiers más caros que los de Tiziano. Entre 1860 y 1890 hubo una revolución: cuadros que valían millones se desvalorizaron. Manet no sólo negó a las personas que dominaban el campo artístico, sino también el principio en el nombre del cual dominaban. Joyce hizo una revolución artística análoga que cambió el principio según el cual entramos en el juego y ganamos. En cada campo, en la poesía por ejemplo, hay un desafío escondido: el derecho a jugar o el fuera de juego. Y una vez que el juego está en marcha, cuáles son las bazas que cada uno tiene.

¿Usted publicó, Contra la Televisión, en el que desvela cómo el actual neoliberalismo coacciona la autonomía de los diversos campos intelectuales?

He tenido muchísimas discusiones sobre el neoliberalismo, sobre este cambio, esta crisis de civilización a la que estamos asistiendo. Todas las revoluciones artísticas del siglo XIX tenían el fin de imponer valores no económicos: el arte contra el dinero ..

Pienso que en muchos campos, en literatura y otros, lo que ahora contemplamos es la revancha del dinero contra el arte. La autonomía, la independencia que los universos artísticos habían conquistado gracias a combates terribles, incluso con personas que murieron para que un libro invendible fuera publicable, para que no hubiera ninguna correlación entre el éxito comercial de un libro y su valor artístico, todo esto está amenazado; lo que hoy impera son los valores comerciales. Autores o creadores, que no son necesariamente los mejores desde el punto de valor en términos del medio, pueden aliarse con las personas que están fuera. Uno de los factores de esta pérdida en todos los campos es la televisión. Hoy, ser es ser visto en la televisión y caer simpático a los periodistas. Los libros que tienen éxito son los de la televisión. Esta temible alianza hace que los defensores de los valores específicos, del arte por el arte por decirlo pronto, estén cada vez más amenazados. En el campo de la justicia, los periodistas utilizan el poder que tienen sobre el gran público para intervenir en los procesos de manera emocional. Exclaman cosas como: Han matado a una niña pequeña, ¡hay que matar al asesino!, y así juzgan a los culpables con sus propias leyes. Con los científicos sucede lo mismo. La ciencia cuesta cara, y para conseguir créditos los científicos tienen que pasar por los medios de comunicación.

¿Quiere esto decir que la producción de los diferentes campos culturales está mediatizada por los medios de comunicación?

Cualquier campo científico o cultural es un microcosmos dentro del macrocosmos. Cada campo es una pequeña República en la que están los dominados y los dominadores, y también las relaciones de poder, aunque no todos los poderes son del mismo tipo. El poder que ejerce un gran matemático sobre un pequeño matemático no es igual que el que ejerce un patrón sobre un obrero.Los matemáticos son los más autónomos, nadie entiende lo que hacen, incluso los periodistas no se meten. Son como los poetas de vanguardia, que están al margen de todo y por esa razón pueden permanecer puros, pero a costa de quedar fuera de juego. Por su parte, todas las personas que están entre estos dos ámbitos, como los sociólogos o los economistas, se encuentran particularmente amenazados e intentan construir su campo con sus propias leyes. Pero como de lo que hablan es del dominio público, todo el mundo juzga: los obispos, la gran prensa, el público en general. Este fenómeno es un poco inquietante desde el punto de vista del futuro de las disciplinas artísticas, literarias, jurídicas, filosóficas.

Los nuevos filósofos, por ejemplo, son personas que no tienen un buen nivel profesional, no están al corriente de las discusiones actuales. Estoy seguro de que usted conoce a Bernard Henri-Lévy, y es muy probable que no conozca a Jacques Bouveresse, que es un gran maestro del oficio. El primero va a la televisión y el otro no, o cuando va, el público se pregunta: ¿de qué está hablando?. La televisión ha cambiado las relaciones de fuerzas internas en los espacios de producción. La filosofía es un ejemplo muy bueno. Puede ser muy técnica, y también una práctica de cualquiera que no sea filósofo profesional, de una persona de letras que usa la filosofía como herramienta profesional pero que no aprobaría un examen elemental en la universidad, aunque la use para convencer al público, que sólo tiene nociones vagas de filosofía. Y cuando algún intelectual de nivel le dice a la gente que esto no es filosofía, muchos se sienten ofendidos y exclaman: ¡Claro que sí, yo lo leo y encuentro que está muy bien!. Es tan naif como esto. Ortega y Gasset ya decía cosas como que la pintura moderna ha cortado el contacto con la realidad. Y hoy, los medios o los artistas mediocres utilizan esté tipo de especulaciones para combatir a los buenos artistas.

¿Qué puede hacer el periodista comprometido?

El periodista puede hacer mucho, y si a veces soy crítico es porque pienso que tiene una enorme responsabilidad. Es unos de los personajes sociales más poderosos, aunque individualmente sea vulnerable. La prensa es un poder considerable que se cree crítico, una de las mitologías de la profesión porque la mayoría de periodistas son más bien conservadores. Además no tienen tiempo de leer libros. Cumplen muy poco el papel de descubridores, salvo algunas excepciones. En todo lo relativo al arte, el periodista medio, es decir influyente, de Le Monde des Livres por ejemplo, es una instancia de consagración de cosas mediocres, o de personas no mediocres pero consagradas desde hace cincuenta años.

¿Es posible un periodismo de investigación, un periodismo responsable que sortee la corrupción estructural que existe en el campo del periodismo.?

El periodista que descubre, que investiga complots o bien que hace investigaciones peligrosas sobre el terreno, es un mito. Algunos personas lo hacen, y cada vez más son mujeres. Como están dominadas, son ellas las que investigan las situaciones difíciles. El periodista del establishment, el periodista de Le Monde, de The Guardian, del New York Times, del País, es una persona que contribuye al mantenimiento del orden simbólico y de la visión dominante del mundo.

En el campo de los periodistas están por un lado los establecidos, y por otro los críticos marginados que luchan contra los que dominan en su espacio social. En Francia todavía quedan unos cuantos, sobre todo en Le Monde Diplomatique, Charlie Hebdo, Le Canard Enchaîné. Aunque cada vez hay menos. En mi juventud, si me hubieran dicho que el redactor jefe del Nouvel Observateur se iba a convertir en redactor jefe de Le Figaro me hubiera caído de espaldas. Y que ese mismo podía convertirse en director del Figaro Madame, es ya alucinante. Cosas así ocurren constantemente. Existe una homogeneización, y las condiciones económicas atenúan los efectos de lucha que hay en el campo.

A los minoritarios de Le Monde Diplomatique se les acusa de iluminados, a los del Charlie Hebdo de sesentayochistas trasnochados, cuando su página económica es mucho más seria que la de Le Monde. Habría que crear periódicos, pero para ello se necesita un dinero que no tenemos. Conozco periodistas valientes, inteligentes que no tienen trabajo, o a los que se les paga para que no escriban. ¿Quiere esto decir que se trata de la coacción económica? No, no es tan simple, es la presión económica que se ejerce a través de la lógica propia de los campos humanísticos. Estos campos tiene sus propias leyes, sus competencias, sus confrontaciones. Y los periodistas tienen también los suyos en relación a los diferentes campos culturales. Ese juego, bajo presión, es cada vez más potente y modifica los otros juegos, y no sólo por la presión de la publicidad y de los grandes medios. Si por ejemplo, la economía coaccionara directamente el mundo jurídico todo el mundo protestaría. En el periodismo, como la presión de la economía pasa por mecanismos más sutiles el público la digiere mejor.

¿Los periodistas más jóvenes o más conscientes pueden abrir brecha a esta colosal censura?

En Francia, uno de los dramas es el de las diversas posiciones entre los periodistas precarios, con contratos de duración determinada. En general jóvenes que dicen: tengo un montón de ideas. Actualmente estoy preparando un número en Actes de la Recherche que incluye una investigación sobre el periodismo. En él muestro que se están haciendo cosas muy originales. Programas para niños, documentales de televisión, encuestas de investigación, reportajes. Todo esto está realizado por free lances que se pasan el día buscando temas, cómo venderlos y a quién. Pero estos esfuerzos están totalmente controlados, porque los recién licenciados no inventan con toda libertad sino en función de la idea de lo que va a gustar a las cadenas, incluidas las culturales, que excluyen infinidad de asuntos. Lo que estos free-lances proponen ya ha pasado por el filtro de la autocensura. Saben que no merece la pena cansarse proponiendo un tema sobre la corrupción de Jacques Chirac. Mi profesión me lleva a estudiar fondos de corrupción estructurales, es decir corrupciones en las cuales nadie es el sujeto, sino que se producen por la lógica del sistema. Es la estructura misma la que hace que eso sea así. Estamos inducidos a no decir, ni siquiera a pensar en decir. Existe una censura invisible. En este sentido podría haber alianzas formidables entre investigadores y periodistas.

¿Cree posibles estas alianzas?

En ellas estoy desde hace tiempo. Si por ejemplo tengo un proyecto de artículo sobre el sistema escolar pero no estoy al corriente de lo último que ha dicho el Ministro, o hay ciertos hechos que no puedo comprobar haciendo las verificaciones necesarias porque necesitaría unos años que no tengo, sería muy bueno que me pudiera partir el trabajo con un periodista. Juntos podríamos hacer cosas formidables, aunque para que estas alianzas pudieran prosperar tendrían que existir directores de periódico que las aceptaran. Respecto del periodismo mantengo enormes esperanzas.

¿Cómo se podría conjugar éxito comercial con calidad?

Es un problema difícil. Mallarmé, un poeta muy esotérico, ya se planteaba cómo producir cosas conforme a la lógica del microcosmos cultural lo más poéticas, literarias, científicas y artísticas posibles. Uno de los grandes obstáculos son las personas que están en contacto con el público pero que han perdido el contacto con la verdadera literatura o la verdadera poesía. Estas personas dificultan el esfuerzo para ofrecer al público lo mejor del microcosmos.

Sin embargo, hoy se producen más libros y estudios que en ninguna otra época, algunos de extraordinaria calidad.

Un poeta del siglo XIX afirmaba que hay gente que produce para el mercado y otros que crean su propio mercado. Si tomamos el ejemplo de la sociología cuanto mejor van las cosas más hay que saber para convertirse en sociólogo. En todos estos universos existe lo que los economistas llaman el derecho de admisión, que equivale a lo que cada uno tiene que pagar para ser miembro del mundillo. Cuando la ciencia avanza, el precio del derecho de admisión sube. Para ser filósofo verdadero, hay que tener hoy una gran amplitud cultural porque hay que conocer a la vez a los pragmatistas estadounidenses, a los filósofos vieneses, a tal o cual escuela. Las obras de este microcosmos que eleva el derecho de entrada son cada vez más completas, más conformes a la realidad, más bellas. Y al público no le llegan. Para reconocerlas existe el sistema escolar que transmite los instrumentos de comprensión pero lo hace con retraso y con grandes deficiencias. Estas obras son cada vez más universales e independientes y sin embargo no somos capaces de crear las condiciones de acceso. Hay gente que tiene el monopolio de lo universal y uno de los temas permanentes de mi obra consiste precisamente en decir que estas obras que aspiran a la universalidad estas monopolizadas por algunos, tanto en la producción como en su consumo. Así pues, una de mis consignas sería: universalicemos las condiciones de acceso a lo universal.

¿Qué problemáticas plantean los intelectuales que viven por y para los medios de comunicación de masas?

Escuchando a los filósofos mediáticos parece que ya no hace falta leer a Kant, ni a Hegel, ni a Heidegger. Estos pseudofilósofos se dirigen al público diciendo: Yo les voy a contar cosas que responderán a los problemas que usted se plantea en la vida. Y hablan por la radio sobre la diferencia entre democracia y totalitarismo, y citan a los filósofos más fáciles como Hanna Arendt. O nos hacen creer que, como la historia y la filosofía ya las tenemos, no merece la pena perder el tiempo leyendo a Bourdel o Duby o E.P. Thompson. Personalmente no tengo nada en contra de ellos. Pero políticamente, porque estamos hablando de política literaria y científica, estas personas contribuyen, como se ve en las publicaciones, a aniquilar progresivamente las condiciones de producción de obras de vanguardia. Si usted no vende cada año cinco mil ejemplares, usted no existe. Hace diez años, Les Editions de Minuit , publicaron a Beckett, vendieron trescientos ejemplares y no les preocupó. Ahora se ha elevado el nivel de exigencia en materia comercial y hay cosas que uno no logra publicar. En el terreno de las Ciencias Sociales hay jóvenes investigadores que hacen lo mejor que se hace actualmente en la materia. Si los que les apoyamos dejáramos de existir no podrían volver a publicar.

Usted ha creado utiles para combatir estas situaciones con gran éxito, ¿conoce otras contribuciones?

Puedo citar a Pierre Carles, un joven director de cine que hizo una película de mucho éxito sobre la televisión. Bueno, pues tuvo que hacer una colecta para poder montarla y pasarla en los cines de arte y ensayo. Conozco a grupos de jóvenes artistas que hacen cooperativas para controlar los medios de difusión. Y en mi terreno, hemos fundado la pequeña editorial Raisons d´Agir por razones de censura puesto que eran libros que nadie quería publicar, o porque los periodistas no les harían ninguna reseña, o porque eran libros con mucho riesgo comercial. En esta editorial publique mi libro sobre la televisión, y vendimos doscientos mil ejemplares. El problema del público es que no se le ofrecen productos así. Mi combate principal, y lo llevo también al terreno político, es dentro de los universos intelectuales. La lucha no se da en Chiapas, sino en las redacciones de los medios de comunicación. Parece ridículo decirlo, pero hay mucha lucha de intereses en la filosofía, en el mundo editorial, en la universidad… Desgraciadamente, los intelectuales tienen también costumbres que provienen de su pasado político comunista, socialista, etc. Y tienen una definición un poco limitada de la política porque la convierten en sinónimo de lo que hacen los partidos. Y hay desafíos políticos todos los días, como el sistema escolar, algo de vital importancia que no es objeto del debate que merece. Parece más interesante ocuparse de Timor Oriental. Aranguren era alguien que comprendía esto y libraba luchas intelectuales de cercanía que eran al mismo tiempo luchas políticas.

O sea, se puede luchar contra el pulpo mediático.

Hay un pequeño grupo que se llama Attac, formado por gente de Le Monde Diplomatique. Nosotros estamos unidos a ellos. Nos constituimos para luchar contra la ley de circulación de capitales, que en Francia se llama AMI. Es una medida jurídica que desposee a los Estados de cualquier poder de intervención contra las intrusiones económicas.

¿Cómo construir la Europa de los movimientos sociales frente a la de los banqueros?

Hace varios días que me digo: tienes que escribir algo sobre ello. Pero estaba muy desanimado con todo lo que está ocurriendo en Yugoslavia. Ayer por la mañana, por fin empecé a trabajar pero por la noche estaba otra vez desalentado porque las fuerzas conservadoras son enormes. Los socialdemócratas que han tomado el poder en la casi totalidad de los países europeos son a veces más conservadores que los gobiernos a los que han sustituido. Lo que hoy se plantea el movimiento social es el hecho de que los países más avanzados socialmente, para mantener la competitividad, reduzcan las prestaciones sociales. Para contrarrestar este efecto, la única solución sería que los gobiernos socialistas que hoy gobiernan en los paises más poderosos se plantearan regular la competencia. Habría que instituir una instancia política de control de la banca europea y toda una serie de medidas. Pero nadie piensa en ello. En Maastricht, en lugar de decir qué podemos hacer para limitar los efectos perversos de la competencia interna en Europa, se tomaron medidas destinadas a satisfacer los mercados financieros que prohiben y despojan a los Estados nacionales de la posibilidad de hacer cualquier política social.

Con estos presupuestos, a los gobiernos no les queda ningún margen. Y colectivamente sí habría margen porque Europa es lo suficientemente fuerte como para ser autónoma respecto al mercado. La Europa social sólo son palabras y en cambio habría montones de medidas precisas: salario mínimo garantizado, programas a largo plazo de inversión en materia de ecología, de investigación científica, transportes…, que incluso generarían mano de obra y reforzarían la sinergia positiva. También estoy desencantado porque hay fuerzas, pero todo lo que es transnacional es muy difícil. Los sindicatos son muy nacionales y sus dirigentes no hablan idiomas. Es preciso que en cada unión sindical haya un responsable que conozca Francia, otro que conozca Gran Bretaña, otro que conozca Italia, de manera que cuando se discuta un problema inglés los de los otros paises sepan de que va. A pesar de todo, dentro de unos días haremos en Estrasburgo una reunión con escritores como Günter Grass y sindicalistas para tratar de discutir juntos de manera transnacional. Es un largo proceso que hay que hacer. La CGT, por ejemplo, era un sindicato muy francés que ahora se está planteando lo internacional. Pero la construcción de un verdadero sindicato europeo (Y aún más internacional) es cosa muy difícil. Tal sindicato corre peligro de ser siempre muy frágil, estando amenazado por fuerzas económicas muy poderosas y capaces de introducir contradicciones entre los intereses nacionales.