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Profundizando el “apartheid” educativo chileno, por Mario Waissbluth

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Apr. 26 , 2012

 

 

Los anuncios presidenciales de reforma tributaria no trajeron mayores novedades respecto a lo preanunciado en la semana.  Vamos primero al monto total: entre US$ 700 y US$ 1000 millones anuales adicionales de recaudación. Suena harto… pero es poco. En suma, aumenta la carga tributaria total de Chile desde aproximadamente el 20.0% al 20.3% del PIB. Como referencia, la carga tributaria total de Uruguay es 23%, la de USA es 27%, Canadá 32%, y la de Noruega mejor ni se la cuento no sea cosa que le dé un soponcio.

Se dijo que esta inyección de recursos  es la que resolverá los problemas de la educación. En la Fundación Educación 2020 hemos hecho bastantes esfuerzos por calcular en detalle el costo total de la reforma educativa. Hemos sumado la necesaria ampliación de cobertura y calidad en jardines infantiles (no mencionados hasta hoy), pre-Kinder y Kinder (sí mencionados), más las mejores remuneraciones asociadas a la carrera docente, retiros dignos para los profesores, la resolución de los problemas de la educación pública eliminando los aportes que muchos municipios deben hacer a la educación, la imprescindible disminución del porcentaje de horas lectivas de los profesores, y los todavía insuficientes recursos de la subvención preferencial (aun con los anuncios ya realizados).

Este ejercicio nos arroja una suma que en el mediano plazo asciende a US$3 a 4 mil millones de dólares por año según algunos criterios diferentes de cálculo. Esto NO incluye, repito, NO incluye los recursos necesarios y ya anunciados para la educación superior.

Pero lo que es verdaderamente ofensivo, en realidad intolerable, es el anuncio de deducciones del impuesto a la renta para pagar gastos privados en educación. Se ha repetido hasta la saciedad que esto beneficiará a 1.5 millones de contribuyentes “de la clase media” y esto es, simplemente, falso.

Veamos las cifras. Según datos de la operación renta 2011 del Servicio de Impuestos Internos, el número total de contribuyentes es 8.2 millones. De ellos, 6.6 millones tienen un ingreso tributario promedio inferior a $157 mil mensuales y no pagan impuesto. Otro millón tiene una renta tributaria promedio de $730.000 mensuales, y paga en promedio $11 mil mensuales de impuesto, aunque en realidad de este millón la mitad paga aproximadamente $5 mil mensuales.

Los verdaderos beneficiados por esta medida serán el remanente, es decir 542 mil contribuyentes, los más ricos de Chile, cuyo ingreso tributario va desde $1.4 millones  – que pagan $62 mil mensuales de impuesto –  hasta 21 mil contribuyentes que tienen un ingreso promedio de  $9.5 millones mensuales– y que posiblemente eluden otro tanto – que tributan $2.7 millones  por mes. Según la última CASEN, el 85% de los contribuyentes que pagan impuesto a la renta pertenece a los 3 deciles más ricos y por lo tanto el beneficio será mayoritariamente para ellos. ¿Es esa la “clase media”? Todos en Chile se creen de “clase media”, e ignoran que la verdadera “clase media” de este desigual país, que por lo general no lee la prensa ni twittea, tiene un ingreso per capita de alrededor de $300 mil pesos. Esperaremos entonces ansiosos la “letra chica” de esta regresiva medida.

Peor aún, y poco conocido para la mayoría, ya existe un perverso incentivo tributario en esta materia. Copiaré aquí textualmente los interesantes consejos que da una reciente edición de Economía y Negocios de El Mercurio, llamada “Sepa cómo aprovechar los beneficios de las Cajas de Compensación”. Reza así:  “Un gran atractivo de este sistema es que desde el punto de vista tributario, este tipo de convenios ofrece beneficios tanto para las empresas como para los trabajadores…Pese a que este beneficio es transversal, toma mayor relevancia en personas con rentas más altas, donde el impuesto a la renta tiene mayor impacto… En educación esta alternativa también se vuelve bastante interesante, pues el afiliado puede reembolsar hasta $695.412 al año, por cada hijo que está cursando estudios escolares o superiores. En el caso de que el beneficio esté pactado en un convenio o contrato colectivo, el límite para hijos en la enseñanza universitaria o técnico superior se puede incrementar a $2.549.844″ ¿Habrá estado consciente de este asunto el Presidente cuando elaboró este “paquetito”?

La cosa se pone aún peor. En lo que a Chile le ha ido claramente mal —lo que explica en parte la crisis estudiantil de hoy— es en la segregación social del sistema educativo, expresada por el Índice de Duncan que publica la OECD cuando realiza la prueba PISA. Este índice (parecido al de Gini) no mide la dispersión de los resultados educativos, sino la segregación social entre las escuelas. Así, por ejemplo, en Noruega, el país que obtuvo los mejores resultados en el Índice de Duncan, prácticamente en cada escuela hay una muestra representativa de alumnos según la distribución de ingresos del país. En cambio, en los países con los peores Índices de Duncan del MUNDO, que son precisamente Chile y Perú, hay escuelas en las que sólo estudian hijos de muy ricos, otras en que estudian hijos de ricos, otras en las que sólo estudian hijos de clase media alta, otras para la clase media baja, y otras más en las que sólo estudian hijos de pobres: un verdadero apartheid educativo.

Las escuelas públicas, a las que generalmente asisten los alumnos más pobres, son mucho menos segregadas que las privadas sin fines de lucro. Las más segregadas socialmente son aquellas con fines de lucro y copago de los padres, las que muestran distribuciones de ingreso inter-escuela similares a las de Haití.

Por otro lado, hay claros incentivos “de mercado” para segregar alumnos y dejar a los de menor nivel socioeconómico, educativo y cultural —y a los más problemáticos o desaventajados— en las escuelas municipales, gratuitas y que no seleccionan. Tan solo anteayer visité dos escuelas rurales públicas de Melipilla con excelentes resultados del SIMCE, y las maestras – dignas de que se les erija una estatua – se quejaban de que las escuelas particulares de la región expulsan sistemáticamente a sus peores alumnos al llegar a 7º Básico, de modo que no se les “afee” el resultado del SIMCE de 8º Básico, y que les toca a ellas recibirlos y recuperarlos…. obviamente disminuyendo su propio SIMCE de 8º Básico.

En suma, el “modelito chileno”, que contempla la posibilidad de los padres de enviar a sus hijos a escuelas que exigen un cobro adicional de acuerdo con su estrato económico (mecanismo insólitamente consolidado por un gobierno de centro-izquierda y un Ministro de Educación que fue posteriormente candidato de la izquierda extraparlamentaria), ha profundizado la segregación social. Obviamente, ésta tiene muchas raíces históricas, barriales y culturales. La pregunta es si el sistema educativo las profundiza o las disminuye. Claramente, las profundiza.

Esta reforma tributaria las profundiza aun más, generando no sólo nefastos resultados educativos, sino que separando aun más a las ya separadas y mutuamente desconfiadas clases sociales de Chile. Con esta medida el Presidente Piñera está profundizando el apartheid educativo.

Bolivia: ¿Por qué ganó Evo Morales (con un 63%)…?

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Por Atilio A. Boron

BOLIVIA0004 Una semana atrás celebrábamos el triunfo de Pepe Mujica en Uruguay. Hoy tenemos renovadas –y también más profundas– razones para festejar la notable victoria de Evo Morales. Tal como lo señalara el analista político boliviano Hugo Moldiz Mercado, el rotundo veredicto de las urnas marca al menos tres hitos importantísimos en la historia de Bolivia: (a) es el primer presidente democráticamente reelecto en dos términos sucesivos; (b) es el primero, además, en mejorar el porcentaje de votos con que fue electo la primera vez (53,7 por ciento), y (c) es el primero en obtener una abrumadora representación en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Además, cuando salgan los escrutinios definitivos –no disponibles al momento de escribir estas líneas– tal vez haya concretado la obtención de los dos tercios en el Senado, lo que le permitiría nombrar autoridades judiciales y aplicar la nueva Constitución sin oposición.

Todo esto convierte a Evo Morales, desde el punto de vista institucional, en el presidente más poderoso en la convulsionada historia de Bolivia. Obviamente, esto no le va a impedir al Departamento de Estado reiterar sus conocidas críticas acerca de la “defectuosa calidad institucional” de la democracia boliviana, el “populismo” de Evo y la necesidad de mejorar el funcionamiento político del país para garantizar la voluntad popular, como por ejemplo se hace en Colombia, donde unos 70 parlamentarios del uribismo han sido investigados por la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía por sus supuestos vínculos con los paramilitares, y 30 de ellos enviados a la cárcel con sentencia firme por ese motivo.

El desempeño electoral del líder boliviano es impresionante: triunfo arrollador en la convocatoria de la Asamblea Constituyente, julio del 2006, que sentaría las bases institucionales del futuro Estado Plurinacional; otra aplastante victoria en agosto del 2008 (67 por ciento) en el Referendo Revocatorio forzado por el Senado, controlado por la oposición, con el abierto propósito de derrocarlo; en enero de 2009 el 62 por ciento de los votantes aprobó la nueva Constitución Política del Estado. ¿Qué hay detrás de esta impresionante máquina de ganar elecciones, indestructible pese al desgaste de cuatro años de gestión, los obstáculos interpuestos por la Corte Nacional Electoral, la hostilidad de Estados Unidos, campañas de desabastecimiento, intentonas de golpes de Estado, amenazas separatistas y planes de magnicidio?

Lo que hay es un gobierno que ha cumplido con sus promesas electorales y que, por eso mismo, desarrolló una activa política social: Bono Juancito Pinto, que llega a más de un millón de niños; Renta Dignidad, un programa universal para todos los bolivianos mayores de 60 años que carezcan de otra fuente de ingresos; Bono Juana Azurduy, para las mujeres embarazadas; que erradicó el analfabetismo aplicando la metodología cubana del programa Yo Sí Puedo, que permitió alfabetizar a más de un millón y medio de personas, por lo que el 20 de diciembre de 2008 la Unesco (no los partidarios de Evo) declaró a ese país territorio libre de analfabetismo. El solidario internacionalismo de Cuba y Venezuela también permitió la construcción de numerosos hospitales y centros médicos, a la vez que miles de personas recuperaron la vista gracias a la Operación Milagro.

Importantes avances se registraron también en materia de reforma agraria, la recuperación de las riquezas básicas (hidrocarburos) y el manejo de la macroeconomía, lo que le ha permitido a Bolivia, por primera vez en la historia, contar con importantes reservas estimadas en 10.000 millones de dólares y una situación de bonanza fiscal que, unida a la colaboración de Venezuela en el marco del ALBA, le permitió a Morales realizar numerosas obras de infraestructura en los municipios y financiar su ambiciosa agenda social. Por supuesto, quedan muchas asignaturas pendientes. Pero todo lo anterior sumado a la permanente preocupación de Evo por concientizar, movilizar, organizar a su base social –haciendo a un lado los desprestigiados aparatos burocráticos que, al igual que en la Argentina, no movilizan a nadie– hizo posible su rotundo triunfo. Convendría tomar nota de esta lección.

* Politólogo.

 

Caló en la clase media

Los barrios del centro de La Paz, como Miraflores, Sopocachi y Obrajes, se han volcado masivamente al gobierno del Movimiento Al Socialismo. El oficialismo consolidó ese voto.

Por Oscar Guisoni

Desde La Paz

En la ciudad de La Paz la diferencia entre ser rico y ser pobre se mide también en grados centígrados. En la acomodada Zona Sur, donde se encuentran los barrios de la clase media alta y la no tan media, no sólo hay autos más elegantes y chalets, spas y grandes tiendas de ropa importada, sino que además hace entre 5 y 7 grados más que en el centro de la ciudad, o en las laderas, donde se apiñan los pobres. En comparación con la vecina ciudad de El Alto, auténtico bastión indígena donde el apoyo a Evo es apabullante, el termómetro amplía su diferencia hasta los 10 o 12 grados de media durante la mayor parte del año. El clima es una de las pocas cosas que el primer gobierno de Evo no pudo cambiar en estos cuatro últimos años.

Tantos cambios, como no podía ser de otro modo, generan resistencias en algunos. “Los indios se han vuelto arrogantes”, se quejan las señoras elegantes del sur, que lamentan la desaparición de “las caseritas”, el nombre entre despectivo y paternalista con el que se dirigían, y aun se dirigen, en los mercados a las mujeres indias que pasan largas horas vendiendo a la intemperie en sus puestos en los que se puede encontrar desde frutas y verduras a películas pirateadas, refrescos, periódicos y alfajores argentinos con la fecha de vencimiento ya muy superada.

“‘¿Qué hace usted con los indios?’, es la crítica que me han hecho desde que decidí aceptar la candidatura” contaba ayer a Página/12 antes de votar la candidata a senadora del MAS por el departamento de La Paz y ex defensora del Pueblo, Ana María Romero del Campero. “El racismo es una reacción lógica a la pérdida de poder”, afirma el filósofo y catedrático de la Universidad paceña Luis Tapia.

En una ciudad como La Paz, donde la burocracia estatal es más importante que la economía privada, todo el mundo en la Zona Sur estaba acostumbrado a que ante cualquier problema recurrían a sus amigos en el poder y éstos se lo resolvían en un abrir y cerrar de ojos. Ahora eso se ha acabado. Los ministerios, el Parlamento y el Palacio Quemado, sede del gobierno, están ocupados por gente que nunca antes había formado parte del Estado y eso causa un gran estrés en el sur de la ciudad.

La política redistributiva expresada en los bonos a sectores históricamente olvidados y el intento de crear un incipiente “Estado de Bienestar” pero sin abandonar el capitalismo es contestado con virulencia por una aristocracia política que gobernó bajo el signo del más puro liberalismo durante el último cuarto de siglo, cerrando ojos y oídos a la extrema pobreza que iba dejando a su paso la aplicación de los planes económicos dictados por los organismos internacionales y la embajada norteamericana.

La clase media paceña, esa que más que media parece baja si se la compara con la de las grandes capitales europeas, y que puebla los barrios del centro de la ciudad, Miraflores, Sopocachi, Obrajes, se ha volcado masivamente con el gobierno. El MAS, para disgusto de los movimientos sociales que son su base electoral dura, ofreció muchas candidaturas a representantes de la clase media para ganarse su favor y, a juzgar por los resultados, logró consolidar la alianza que tanto necesitaba para ganar estas elecciones.

Ese movimiento hacia el centro político le terminó granjeando algunas reacciones de racismo de signo inverso entre los indígenas del campo, aymaras o quechuas de pura cepa, que se quejan del supuesto “entorno blancoide” que rodea al presidente, protestan porque Evo no ha puesto en práctica las leyes que ellos esperaban para apoyar la economía comunitaria y anticapitalista que practican. Sin embargo, estos críticos lo han votado a Evo porque “¡los neoliberales no pueden volver, joven!”. “Este es un presidente digno”, afirman después de haberlo criticado. “Mire usted cómo le ha plantado cara a los Estados Unidos. Nunca antes que él un presidente había mandado a callar al embajador americano como lo hizo el Evo.”

Los contundentes resultados de ayer dejarán probablemente sumidas en el espanto a las señoras de la Zona Sur, contentos a los que viven en las humildes laderas paceñas, eufóricos a los habitantes de El Alto, la ciudad de donde surgió, en octubre de 2003, la revuelta que acabó con el gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada. Ninguno de ellos sabe a ciencia cierta hacia dónde irá Evo con tanta cantidad de votos. Aunque todos perciben que el país en el que viven poco tiene que ver con el que existía antes de 2005, cuando Evo ganó sus primeras elecciones. El clima, no hay ninguna duda, ha cambiado. Aunque los pobres sigan viviendo en las alturas frías y los ricos en el cálido sur.

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Encuesta CEP: debilidades y fortalezas de Frei, Piñera y Marco-Ominami…

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Patricio Navia

CHILE-FREI-PIÑERA-MEOEl electorado chileno es bastante diverso y plural. No es lo mismo hablarle a un hombre de clase media joven que a una mujer de clase media baja de la tercera edad. El electorado es lo suficientemente diverso como para obligar a los candidatos a aterrizar sus sueños y propuestas a las realidades concretas de la cotidianidad de esta variopinta nación que es Chile.  La encuesta del CEP, cuya base de datos está públicamente disponible, permite algunas conclusiones más profundas que los ya comentados titulares: Piñera 37, Frei 27 y Enríquez 18 en el total; 37-28-17 entre los inscritos.

Aprobación a Bachelet

Piñera concentra la votación de los que desaprueban el desempeño de Bachelet. Frei gana entre los que aprueban y Enríquez obtiene más votos también entre los que aprueban. Pero Piñera logra la mitad de sus votos entre los que aprueban a Bachelet. La aprobación presidencial trasciende las fronteras ideológicas.

Eje izquierda-derecha

Aunque la identificación con partidos y coaliciones es débil, la mayoría de los chilenos se posiciona cómodamente en una escala política de 1 a 10  en el eje izquierda-derecha. La mayoría se ubica en posiciones moderadas (entre 4 y 6). Si Piñera gana entre los votantes que se identifican hacia la derecha en el plano ideológico, Frei y Enríquez compiten voto a voto entre los que se ubican a la izquierda. Pero entre aquellos ubicados en el centro de la escala, Frei y Piñera aparecen empatados y Enríquez consigue su mejor votación.  Los votantes moderados decidirán hacia dónde se cargará la balanza en enero.

Lucha de clases

Si sólo votara la elite, Piñera gana en primera vuelta, y Frei terminaría tercero. Frei es más competitivo entre los sectores de menos ingresos, especialmente en mujeres de clase baja y media baja. Si Frei no penetra en la clase media, difícilmente podrá volver a La Moneda. Marco Enríquez-Ominami tiene problemas de género más que de clase. Le va mejor entre los hombres de clase baja que entre hombres de más ingresos. Pero su mejor votación está en las mujeres de clase alta y clase media. Si logra ampliar su apoyo en hombres de clase media y mujeres de clase media baja, será un candidato muy competitivo.

Hombres-mujeres

Piñera le lleva 15 puntos de ventaja a Frei entre los hombres, pero sólo tres puntos entre mujeres. A Enríquez le va algo mejor entre las mujeres también. Piñera necesitará atraer más votos de mujeres, en especial en segunda vuelta y entre las mujeres de menos ingresos. Si quieren llegar a La Moneda, Enríquez y Frei deben mejorar su votación entre hombres, especialmente Enríquez.

Las edades

Piñera arrasa entre hombres jóvenes y adultos. Pero entre todos los adultos mayores y mujeres adultas, Frei es muy competitivo. Enríquez es mucho más popular entre los jóvenes, pero inmensamente impopular entre los hombres de la tercera edad. Si Piñera no mejora su votación entre la gente mayor, tendrá problemas para llegar a La Moneda. En términos de edad, Frei y Enríquez se comportan de forma opuesta. Donde uno es fuerte, el otro es débil. Compiten con Piñera en distintos grupos etáreos, pero ambos deben aprender las fortalezas del otro para aspirar a ser un rival poderoso a Piñera.

Cuestión estratégica

Los candidatos deben tomar una difícil decisión. O se centran en fortalecer sus grupos de apoyo que les son más afines -mujeres para Frei, hombres para Piñera y jóvenes para Enríquez- o salen a disputar votos a terreno enemigo. En 2005, Bachelet optó por centrarse en fortalecer su voto más duro, el de mujeres, anticipando que Lavín-que le competía en ese sector-terminaría en tercer lugar y que ella podría cosechar parte de ese apoyo. Si Piñera cree que Frei será su contendor en enero, debería buscar el voto más joven a Enríquez. Si cree que Enríquez dará la sorpresa, deberá tender puentes al voto del adulto mayor.

BLOG LA TERCERA

La nueva clase media chilena: algunos rasgos socio-económicos…

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klee97

Con mayor poder adquisitivo, más años de educación y menos complejos que antaño, el grupo cuyos ingresos familiares fluctúan entre $800 mil y $2,7 millones es consumista, aspiracional, marquero, pero también informado y con los pies en la tierra. Así lo revelan dos estudios que Mall Plaza encargó a Adimark y Lado Humano.

Por  Constanza Hola Chamy

 

La neo clase media

En la serie de televisión “Los ’80” sus protagonistas eran el estereotipo de la familia de clase media de la época. Un padre no profesional, endeudándose para la educación de sus hijos, una madre que sale a trabajar por la necesidad familiar y una casa donde lo importante era lograr que fuera propia y tener para vivir en ella.

Si en 20 años más algún canal de televisión quisiera replicar la experiencia y hacer “Los 2000”, tendrían que cambiar en 180 grados el concepto. No sólo el padre ya sería profesional, sino que de seguro también la madre, quien trabajaría a la par con su marido para aportar en la casa y permitirse ciertos gustos. Ambos tendrían hijos que pensarían en ir a la universidad y la casa en la que vivirían sería también propia.

Ese es, a grandes rasgos, el perfil de la nueva clase media. Aquella que surgió como resultado de una serie de procesos sociales y económicos y que hoy tiene a los grandes grupos del retail de cabeza tratando de encontrar la fórmula para satisfacerlos.

Mall Plaza -ligado al grupo Falabella- se dio cuenta de la necesidad de crear nuevos espacios y reinventar los ya existentes. Dentro de ese marco, mandó a hacer dos estudios para conocer más a ese público que concentra un enorme poder de consumo: sus ingresos por hogar fluctúan en promedio entre los $800 mil y los $2,7 millones.

Uno de los estudios -realizado por Adimark- buscaba medir el gasto y posicionamiento de las marcas,  y el otro – a cargo de Lado Humano- entró a las casas de familias de La Florida, Peñalolén, Puente Alto, San Joaquín y Macul para saber cómo viven y qué prioridades tienen hoy. Estos grupos familiares son los principales consumidores del Mall Plaza Vespucio, el centro comercial que más vende en Chile.

El grueso de la muestra fue el estrato C2, cuyo ingreso mensual por hogar promedia $1,2 millón.

Gozadores

El descenso de la natalidad ha hecho que, en promedio, existan dos hijos por mujer, lo cual ha estrechado el núcleo familiar y permitido a las familias gastar más.
Por otro lado, el crecimiento sostenido del ingreso per cápita -de US$ 5 mil en 1990 a US$ 13 mil en 2006, según datos del INE y la Cepal- y el aumento del nivel educacional han creado un nuevo tipo de consumidor de clase media, más educado y exigente, con mayor disponibilidad para gastar en productos no básicos  que considere importantes, aunque no necesarios. “Su búsqueda no está en el lujo, sino en el disfrute”, señala Verónica Aguayo, socia de Lado Humano.

En este sentido, los nuevos representantes del estrato medio valoran mucho más el tiempo libre que sus pares de antaño, porque es el único bien que no pueden comprar ni renovar.

Pero el gran cambio cultural lo generó la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral. Hoy el 74% de las mujeres chilenas con 13 años o más de educación está trabajando.

El nuevo poder de las mujeres

El hombre proveedor es cosa del pasado en algunos hogares de la clase media. Porque salvo contadas excepciones, ese tipo de padre está quedando rezagado a los extremos: familias de ingresos suficientes como para que sólo uno mantenga la casa, sus comodidades y sus lujos o familias de los estratos más bajos, donde la mujer debe cuidar a los niños y no puede salir a trabajar.

En el amplio espectro del medio, la regla es que la mujer trabaje. No sólo por obligación, sino también por gusto y desarrollo personal. El hecho de tener una remuneración le permite comprar más allá de lo estrictamente necesario y si antes debía pedir permiso para gastar, hoy es ella quien decide cómo, cuándo y qué compra.

Según el Departamento de Estudios de Mall Plaza, el mayor grupo de consumo en Chile es la mujer, quien toma cerca del 70% de las decisiones de compra de la familia. Un dato no menor, si se considera que en Estados Unidos la cifra es de 80%.

Y es que en Chile logró introducirse dentro de la mente femenina el concepto de que el shopping es una terapia. Según información de Adimark, para las mujeres el acto de comprar es una entretención, pero también un descanso que las desconecta de la contingencia y les levanta el ánimo.

Fue así como surgió el concepto de Aires en el mall Plaza Vespucio. “Es un resort del retail”, asegura Soledad Carvallo, subgerente comercial de Aires. La ejecutiva aclara que no es una nominación que se les haya antojado a ellos, sino a la oficina de arquitectos a cargo del proyecto, TVS-Design, la conocida oficina internacional de arquitectura para centros comerciales.

El espacio -para el cual Mall Plaza desembolsó alrededor de US$ 20 millones- ya está en marcha blanca y será inaugurado completamente durante el primer trimestre de 2009.

$800.000 anuales en casa y decoración

El sueño de la casa propia hoy es casi un hecho que se da por descontado en los estratos medios. Tras la bonanza económica y la alta accesibilidad a hipotecarios, varias familias de este segmento han optado por comprarse casa en barrios como La Florida o Peñalolén, donde pueden estar más cómodos y con más espacio antes que cambiarse y arrendar en el barrio alto.

Por eso su problema es diferenciar su casa de las demás del condominio, de tal forma que adquiera identidad. Y gastan en ello: $800.000 anuales por concepto de hogar y decoración, desde obras menores, a la compra de mobiliario, menaje y objetos.

A diferencia del fenómeno de vestuario, la gran mayoría de los consumidores no identifican marcas de decoración y hogar, pero tienen claro lo que andan buscando.

Aun así, el cliente es un consumidor cada vez más informado. El concepto de comprarse el piloto o llevarse el living completo como está diseñado en una tienda por departamento es cosa del pasado. Hoy la decoración es precisamente el sello de identidad de la casa y eso no se transa.

Por ejemplo, se da el fenómeno de los “singletones”, solteros que viven solos o en pareja, no interesados en casarse o tener niños al corto plazo y que están bastante al día con las tendencias en decoración que aprenden de internet o de revistas especializadas.

A eso se suma que para las mujeres de estratos medios el look del hogar es fundamental.

$300.000 mensuales de mall al mes

Si en los ’80 las libretas de ahorro eran el pasaporte para cumplir los sueños de las familias medias, hoy las solicitudes de crédito hacen lo suyo, tanto para la casa propia, el auto, las vacaciones, la piscina y todo aquello que permita tener un buen pasar. Si antes el presupuesto se regía por la previsión, ahora lo importante es vivir bien hoy.

En ese sentido, el acceso a crédito les ha abierto la posibilidad de tener lo que desean cuando lo desean en cómodas cuotas mensuales. Técnicamente no hay nada -o muy pocas cosas- imposible, a diferencia de la realidad de sus padres o abuelos.

No tienen límites, más que los cupos que obtengan. Sin embargo, “es un segmento socioeconómico con los pies bastante en la tierra”, asegura Aguayo. Sus compras tienen que ver, una vez más, con el vivir bien y el disfrutar de las cosas. A diferencia de sus padres y abuelos también, no se conforman y siempre están mirando un paso más allá, mientras el presupuesto aguante.

Y si el consumo es Dios, el templo es el mall. Según datos de Adimark, una mujer de este segmento va en promedio una vez a la semana al mall. En cada visita gasta entre $20.000 y $70.000, es decir, puede llegar a gastar hasta $300.000 mensuales por “concepto de mall”.

Los intransables: jeans, ropa interior, zapatillas y zapatos

A pesar de que para la clase media los productos de marca son relevantes en todos los segmentos de vestuario, existen cuatro categorías donde la marca se considera intransable, según Adimark: jeans, ropa interior, zapatillas y zapatos.

Según los estudios, dentro de las marcas más potentes para cada uno de los segmentos -las cuales las personas consultadas esperaban encontrar- fueron Ellus, Levi´s, Foster y Americanino en jeans; Calvin Klein, Coty´s y Triumph en ropa interior; Nike y Adidas en zapatillas, y Gacel y Pollini en zapatos.

Y para comprarse un producto de marca están dispuestos a desembolsar cantidades importantes: entre $40 mil y $70 mil en unas zapatillas, mientras una parka podría llegar a costarles hasta $150.000 sin mayores problemas.

Marqueros y dispuestos a desembolsar

No es que no les importe la marca, como a sus pares ochenteros. Tampoco es que necesiten que la etiqueta les quede colgando y mientras más grande, mejor. Pero la clase media del Bicentenario compra “productos de marca, esencialmente por su asociación a calidad y durabilidad”, señala el estudio de Adimark y Mall Plaza.
El estrato C2 pareciera ser más “marquero” que el propio ABC1, el segmento con más ingresos, según datos del estudio Chilescopio 2008, de Collect y Visión Humana. Un 54% de los encuestados C2 estuvieron de acuerdo con la afirmación: “Tengo marcas favoritas de productos que no cambio por nada”, mientras la misma afirmación logró adherencia en un 50% del ABC1. Y ante el comentario: “Estoy dispuesto a pagar más por marcas más exclusivas”, ambos estratos empataron con un 48% de acuerdo.

Revista Que Pasa.

Obama: prioridades políticas y sociales, por P. Krugman

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krugman2PAUL KRUGMAN 09/11/2008

El martes, 4 de noviembre de 2008, es una fecha que vivirá en la fama (lo opuesto a la infamia) para siempre. Si a quien lee estas líneas la elección de nuestro primer presidente afroamericano no le emocionó, si no le llenó los ojos de lágrimas y le hizo sentirse orgulloso de su país, es que le pasa algo.

Ahora bien, ¿marcará también esta elección un punto de inflexión en la política propiamente dicha? ¿Puede Barack Obama emprender verdaderamente una nueva era de políticas progresistas? Sí, puede.

En estos momentos, muchos comentaristas recomiendan a Obama que tenga cuidado. Algunos usan argumentos políticos: EE UU, dicen, sigue siendo un país conservador, y los votantes castigarán a los demócratas si se inclinan hacia la izquierda. Otros dicen que la crisis financiera y económica no deja margen de maniobra para actuar, por ejemplo, en la reforma de los seguros médicos. Confiemos en que Obama tenga suficiente sentido común para ignorar esos consejos.

Por lo que respecta al argumento político, cualquiera que dude que hemos vivido un gran realineamiento político no tiene más que ver lo que ha sucedido en el Congreso. Tras las elecciones de 2004, hubo muchos que declararon que habíamos entrado en una era prolongada, quizá permanente, de dominio republicano. Desde entonces, los demócratas han obtenido dos victorias consecutivas y han ganado al menos 12 escaños en el Senado y más de 50 en la Cámara de Representantes. Ahora disponen de unas mayorías en las dos cámaras más amplias de las que tuvo el Partido Republicano en ningún momento de sus 12 años de reinado.

Hay que tener en cuenta, además, que la elección presidencial de este año era un claro referéndum sobre filosofías políticas, y venció la filosofía progresista.

Tal vez la mejor forma de subrayar la importancia de este dato es comparar esta campaña con la de hace cuatro años. En 2004, el presidente Bush ocultó su verdadera agenda. Se presentó, para decirlo claro, como el defensor de la nación contra terroristas unidos en matrimonios homosexuales, y dejó atónitos a sus propios partidarios cuando, poco después de vencer, anunció que su primera prioridad iba a ser la privatización de la Seguridad Social. Aquello no era por lo que la gente había pensado que votaba, y el plan de privatización pasó rápidamente de ser una empresa gigantesca a convertirse en una farsa.

Este año, en cambio, Obama presentó un programa que incluía el seguro médico garantizado y los recortes fiscales para la clase media, pagados con unos impuestos más altos para los ricos. John McCain dijo que su rival era un socialista y un “redistribuidor”, pero EE UU votó por él. Eso sí que es tener un mandato.

¿Y qué ocurre con el argumento de que la crisis económica va a impedir poner en marcha un programa progresista?

No cabe duda de que la lucha contra la crisis costará mucho dinero. Rescatar el sistema financiero exigirá seguramente grandes sumas de dinero, además de los fondos ya desembolsados. Y también necesitamos con urgencia un programa de aumento del gasto público para fomentar la producción y el empleo. ¿Es posible que el déficit del presupuesto federal ascienda a un billón de dólares el año que viene? Sí.

Pero los manuales clásicos de economía nos dicen que está bien, que es apropiado incurrir en déficits temporales ante una economía deprimida. Y uno o dos años en números rojos, si bien contribuirían modestamente a los futuros gastos financieros federales, no deberían ser un obstáculo para un plan de salud que, por muy rápidamente que se convirtiera en ley, seguramente no entraría en vigor hasta 2011.

Aparte de eso, la propia respuesta a la crisis económica es, en sí, una oportunidad de impulsar un programa progresista. No obstante, Obama no debe imitar la costumbre del de Bush de convertir cualquier cosa en un argumento a favor de sus políticas preferidas. (¿Recesión? La economía necesita ayuda; ¡vamos a bajar los impuestos a los ricos! ¿Recuperación? Los recortes fiscales para los ricos funcionan; ¡vamos a aplicar unos cuantos más!).

Pero sí sería justo que la nueva Administración deje claro que la ideología conservadora, con su convicción de que la codicia siempre es buena, ha ayudado a crear esta crisis. Lo que dijo Franklin Delano Roosevelt en su segunda toma de posesión -“siempre hemos sabido que el interés egoísta e irresponsable era malo desde el punto de vista moral; ahora sabemos que es malo desde el punto de vista económico”- no ha sido nunca tan cierto como hoy.

Y hoy parece ser uno de esos momentos en los que también es verdad que, por el contrario, lo que es bueno desde el punto de vista moral es bueno desde el punto de vista económico. Ayudar a los más necesitados, aumentando las prestaciones de salud y desempleo, es lo que se debe hacer desde una perspectiva ética; es una forma mucho más eficaz de estímulo económico que rebajar el impuesto sobre las plusvalías. Ofrecer ayuda a gobiernos locales en situación difícil para que puedan mantener los servicios públicos esenciales es importante para quienes dependen de dichos servicios, pero es también una forma de evitar pérdidas de puestos de trabajo e impedir que la economía caiga en una depresión aún más profunda. Es decir, abordar un programa de prioridades progresista -llamémoslo un nuevo New Deal- no es sólo posible desde el punto de vista económico, es exactamente lo que necesita la economía.

Lo importante es que Barack Obama no debe escuchar a quienes tratan de asustarlo para que sea un presidente inactivo. Ha recibido un mandato político; tiene de su parte el sentido común económico. Podríamos decir que lo único a lo que debe tener miedo es al propio miedo.

Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton. © New York Times Service, 2008. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

El País.com

Clase Media en Chile: sociología y subjetivismo…

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El estrato alto cree ser más pobre de lo que es en la práctica: Vivir en una burbuja


Por el nivel de ingresos que le asignan a la clase media, algunos chilenos creen vivir en España o Portugal. El 60% del grupo más rico de Chile se considera de clase media. Y estima que el sueldo de este último grupo es superior al millón de pesos mensuales, casi 3 veces más que la realidad.

ALEJANDRO SÁEZ ROJAS, El Mercurio.cl

Desubicados. Así se puede considerar a un porcentaje importante de los chilenos cuando se les pide situarse en la escala de ingresos del país. El Presidente Patricio Aylwin, recordó el director social del Hogar de Cristo, Benito Baranda, se consideró a sí mismo de clase media: “cuando por ingresos y estudios pertenecía a la clase alta. Aunque su visión es la que comparten muchos otros chilenos”, dice Baranda. Más ubicado ha sido el Presidente Lagos, quien estimó que él y sus ministros son parte de la minoría que explica las diferencias sociales existentes en Chile. El Primer Mandatario gana $5.400.000 brutos al mes.

Al economista de la Universidad de Chile Javier Núñez le llamó la atención que muchos de sus conocidos se consideraran de clase media, aunque en la práctica por su salario se situaban en el 10% más rico de la población e incluso en el 5% o más.Animado por la idea de que la gente estaba perdida respecto de cuál era su posición relativa en la escala de ingresos, decidió consultar lo mismo a un grupo más amplio de gente. En realidad, agregó tres preguntas a la encuesta de empleo que confecciona el Departamento de Economía de la U, interrogantes que se formularon a 3.000 individuos.Y lo que era una percepción entre su grupo cercano se transformó en una conclusión sólida: el 62,4% de aquellos que pertenecían -según la encuesta Casen- al 5% más rico de la población se autoclasificó como parte del estrato de ingresos medios.

El 30,4% de ese mismo grupo estimó que era de ingresos “medio-altos” y hubo hasta un perdido 5,4% que consideró que sus rentas lo ubicaban en el segmento “medio-bajo”. Y estos resultados se repitieron entre el 1% más rico de la población encuestada: el 30,8% dijo que pertenecía al ingreso “medio-alto” y el 46,2% dijo estar en un nivel de ingresos medios. Sólo el 23% de este grupo se clasificó como de ingresos altos.Para el experto, la evidencia muestra que hay un grupo importante de chilenos que está “anclado” a su realidad más inmediata. Que a partir de lo que ven todos los días, se imaginan cuál es su posición de ingresos relativos y que en la práctica consideran que hay mucha más gente rica sobre ellos de lo que en verdad arrojan las cifras.”Inflación” de sueldosNúñez buscó confirmar los resultados tratando de limpiar del fenómeno el pudor.

Esto es que, por vergüenza, un porcentaje de los encuestados se diga más pobre de lo que en verdad es. Por eso, también les preguntó ¿cuánto cree que son los ingresos mensuales en Chile del grupo bajo, del medio y del alto? En definitiva, cuánto creen que ganan los otros. El porcentaje de la población que está entre el 10 y el 5% más rico dijo, en promedio, que el ingreso mensual del estrato medio se situaba en 1.100.000; es decir, casi 3 veces más que el ingreso promedio efectivo que existe en Chile y que bordea los $400.000 mensuales. Incluso, el 1% más rico del país estima en promedio que el ingreso de un hogar de clase media bordea el 1.700.000.”Si se toman estos resultados, hay un grupo de la población chilena que cree estar viviendo en un país como España o Portugal y no en Chile”, acota Núñez. Para el experto, esta sobreestimación de lo que ganan los otros es un argumento adicional para considerar que se vive en una fantasía, en un verdadero mundo de Bilz y Pap.

El académico quiso ir más allá. Trató de analizar cómo se autoclasifican grupos pertenecientes a “élites” que participen en la toma de decisiones en el sector público o que ostenten puestos relevantes en el sector privado, como por ejemplo profesionales: el 10% de las personas de ingresos más altos, todos los graduados universitarios, e incluso gente que trabaja en el sector público perteneciente al 10% de mayores ingresos se perciben a sí mismos como del “grupo medio” de ingresos. En una escala de uno a cinco, se catalogaron todos con valores cercanos al 3 (ver infografía). Y todos estos miembros de la élite sobrestimaron cuánto es lo que gana una familia de ingresos en Chile.

Los más ubicados fueron, por suerte dice Núñez, quienes trabajan en el sector público. Estos últimos creen que el ingreso de una familia media en Chile es de 945.000, más del doble de lo que es en la realidad.A Benito Baranda, del Hogar de Cristo, las conclusiones del estudio de Núñez no lo sorprenden: “Revelan la poca conciencia que tenemos las personas de clase alta de que somos parte del 10% más rico de la población”, advierte.Rodrigo Castro, investigador del Instituto Libertad y Desarrollo, explica que no existe una definición precisa de lo que es la clase media y “en general la mayor parte de la población de Chile se tiende a autopercibir como de clase media, incluso profesionales que pertenecen al 20% más rico de la población”.Adimark ha estimado que este estrato podría alcanzar al 73% de la población nacional, con ingresos que van desde los $250.000 a $1.200.000 mensuales.

Para el cientista político Patricio Navia, el que la mayor parte de la población se considere de clase media tiene elementos positivos. “En la medida en que seamos un país que valore y respete a ese grupo, tendremos más opciones para promover la igualdad de oportunidades”.Pero para Navia hay otros aspectos que son “tremendamente” negativos: “Cuando la gente de más altos ingresos cree que ellos son del estrato medio, entonces sienten que el Estado debería ayudarlos a ellos también, en circunstancias de que ellos están entre los grupos de más altos ingresos, los que constituyen la base impositiva de un sistema que promueva la redistribución”.”Es difícil hablar de redistribución de verdad, con mejoras en la calidad de educación y el acceso de los más pobres si los sectores acomodados tienen expectativas de que el Gobierno los tiene que ayudar a ellos, porque son, a su propio modo de ver, clase media”, dice Navia. “En múltiples ocasiones tenemos gente que dice que ellos son de clase media, pero siempre fueron a colegios privados o sus papás eran embajadores”, alega Navia: “Pienso en Sebastián Piñera o en el Senador José Antonio Viera-Gallo, que hace poco los escuché decir que eran de clase media, ¡pero sus papás fueron embajadores! Los embajadores no son de clase media, esos sueldos no son de clase media”, remarca Navia. El sociólogo Cristóbal Marín, de la Universidad Diego Portales, cree que en general los grupos altos y medios altos tienen una percepción distorsionada y muy poca información respecto de los ingresos reales del resto de la población.

Esto podría incidir en una menor sensibilidad y disposición hacia políticas redistributivas.”Las evidencias muestran que hay una percepción de bienestar general muy alta entre esos grupos, especialmente de expectativas futuras y en relación con el pasado de sus padres. Estos grupos además son testigos de un consumo y acceso a educación superior nuevo por parte de los grupos de menores ingresos. Todo ello contribuye a una cierta sobrestimación del poder adquisitivo y bienestar de los grupos de menores ingresos”, dice Marín, y que es precisamente lo que muestra el estudio de Núñez.El investigador del instituto Libertad y Desarrollo Rodrigo Castro cree que todos los estratos sociales han cambiado la visión que tienen de ellos mismos. En parte, por el enorme acceso a bienes que han tenido todos los grupos. Eso habla de que el bienestar de la población, en general, ha mejorado y eso tiende a incidir en las percepciones de las demás personas.Ese mayor bienestar tal vez alimente la burbuja en la que viven algunas personas.

Written by Eduardo Aquevedo

1 octubre, 2008 at 1:50

Clase media en Chile y America Latina, según estudio de la CEPAL

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Unos 340 millones de personas forman lo que se puede definir como la clase media de América Latina, cuyos ingresos en promedio crecieron 27% desde 2000, según un informe preparado para la Cepal. En ingresos absolutos, Chile tiene la segunda posición tras México y en términos de poder adquisitivo mantiene el mismo lugar, pero tras Argentina.

La Tercera.cl

“La clase media tiene el gusto de los ricos y el sueldo de los pobres”, dice una consultora en Argentina, mientras que un abogado en Colombia llama a este segmento la “presa del sándwich”, dada su eterna pretensión de mayor bienestar y su temor a ser pobre. Tal aprensión, sin embargo, pasó a un segundo lugar en Latinoamérica en los últimos años y en cambio creció una sensación de boom en las principales economías de la región, que puso en el foco a los dos tercios de los 548 millones de habitantes que forman la clase media.

Desde la creciente incursión de grupos chilenos como Falabella, Ripley y Cencosud en la región, hasta las recomendaciones de los grandes bancos de inversión para comprar acciones de LAN, GOL, banca, retail, salud, construcción, telecomunicaciones, etc. están asociadas al poder de este bloque. El fenómeno está instalado. El mismo Banco Mundial se propone entenderlo bien, publicando un libro sobre este asunto, que contendrá una caracterización del segmento a cargo de Andrés Solimano, por largo tiempo parte del staff senior del BM y hoy economista de la Cepal.

Entre las varias definiciones que existen de clase media, Solimano prefiere aquella que aúna a las personas cuyo ingreso las ubica entre los deciles tercero y noveno de la distribución. De ese modo, los dos primeros deciles vendrían a definir la pobreza, en tanto que el décimo representa al 10% más próspero de la población. De acuerdo con esta estructura, hay en América Latina 340 millones de personas con una renta per cápita de US$ 3.800 en promedio, o unos 75 millones de hogares con una renta total anual de hasta US$ 20.000.

Solimano dice que desde 2000 esta estructura no ha variado significativamente. Es decir, en la región esta clase media representa entre 50% y 60% el ingreso. Dada esta distribución y el crecimiento de las economías latinas, entre ese año y 2006 el valor de la renta media de este segmento se incrementó en 27%, lo mismo que la renta de los dos deciles más pobres y menos que el 31% del décimo más rico de la población.

La definición de clase media que usa Solimano es relativa al nivel de ingreso de cada país. Así, hay segmentos en la región necesariamente más prósperos que otros. El mexicano y chileno son los de mayor ingreso por persona –más de US$ 6.000-, el cual casi duplica el promedio regional de US$ 3.800. Mientras que medido según el poder adquisitivo de esos recursos -según la paridad de poder de compra- Chile mantiene su segundo lugar, pero es Argentina quien sube a la primera posición.

La ventaja relativa de la clase media chilena frente a la del resto de la región se incrementa al considerar sólo la clase media alta (deciles siete a nueve). Al medirla así, la de Chile es la más próspera de Latinoamérica, con una renta per cápita de casi US$ 10.000, sobre México. Por eso Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, asegura que “en Chile no hay clase media propiamente tal”, sino sólo una clase media alta a gran distancia de una clase media muy baja, que acaba de emerger desde la pobreza. Los niveles locales, en todo caso, superan los promedios que exhibe el grueso de los países de la región, donde la renta de la clase media de Bolivia y Paraguay es inferior a aquella de los deciles pobres de Chile.

Patrones diferentes

Así, mientras en Latinoamérica los hogares chilenos lideran el gasto en vestimenta y calzado y los argentinos en comunicaciones, en los países andinos como Perú y Ecuador los énfasis siguen dados por alimentación y transporte, según un estudio de la Cepal sobre el consumo en la región. En Perú, no obstante, en los últimos cuatro años los grupos de ingreso alto y medio han protagonizado una explosión de consumo: la tenencia de cocinas a gas llega a 88% de los hogares, desde 77%; la de celulares se triplicó prácticamente a 59% desde 21%, y la de computadores casi se duplicó a 24% desde 13%.

Un universo diverso

Los datos para América Latina hablan también de un segmento bastante empobrecido respecto del mismo grupo en los países desarrollados. La definición de clase media habla de un rango de ingreso de entre US$ 4.000 y US$ 17.000 anuales. Estados Unidos, cuya clase media controla el 64% del ingreso del país, exhibe una renta per cápita de US$ 40.000.

Una característica de la clase media regional es que pese al buen estado de las economías, las personas a menudo sienten que la plata les falta: “La clase media tiene el gusto de los ricos y el sueldo de los pobres”, repite Nuria Susmel, de la Fundación Fiel, en Buenos Aires. Según la consultora argentina CCR, pese a que una definición más amplia que sólo ingreso indica que el 50% de los transandinos son de clase media, un 91% de ellos se siente parte de este grupo.

El comentario de Susmel no puede ser más cierto en Perú: sólo el nivel A más rico dice tener dinero de sobra para cubrir el costo de su nivel anhelado de vida. La escasez en ese contexto
es común en los grupos B, C, D y E, donde dicen que el presupuesto del hogar debiera ser 17%, 24%, 29% y 33% para cumplir ese anhelo, según Ipsos- Apoyo. La clase media en ese país reúne a parte del segmento A y a todos los hogares B y C.

En Brasil la historia es similar. Un análisis de LatinPanel muestra que los hogares crecientemente se endeudan, siendo el fenómeno particularmente notorio en la clase media o C. Estos gastan 8% más de lo que ganan. La media del país es de 3%. De ahí el auge de la industria de servicios financieros, donde incluso el comercio de barrio puede hacer adelantos de efectivo. Ahí el 53% de las compras de vestuario y el 51% de aquellas de electrodomésticos se realiza a crédito.

En América Latina las ciudades son los polos de desarrollo y el nicho de la clase media. Es el caso de los países nuevos a ojos chilenos: en Colombia las zonas de alto desarrollo industrial son Medellín, Bogotá y Bucaramanga y las destacadas en lo comercial son Barranquilla, Medellín, Bogotá. En Perú es en Lima y Arequipa, más Chiclayo, Huancayo y Trujillo, aquellas donde más se nota el avance de la clase C (media-media).

Written by Eduardo Aquevedo

29 mayo, 2008 at 21:48