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Ranking (2011, QS WUR) de 300 mejores Universidades del mundo: Cambridge supera a Harvard…

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Ranking internacional / Figuran sólo tres países latinoamericanos

Cambridge Lidera una lista de 300 establecimientos; UNAM, U. de Sao Paulo, U. de Campiñas, U. Católica y U.de Chile y UBA, las mejores de América Latina

Por Cynthia Palacios  | LA NACION

 
La universidad británica es la mejor, según la valoración de QS. Foto: Archivo

La Universidad de Cambridge, en Inglaterra, retuvo el primer lugar entre las 300 mejores casas de altos estudios del mundo y aventajó por escaso margen a Harvard, de Estados Unidos, según la mayor encuesta de ese tipo realizada a estudiantes, académicos y empleadores. En el sondeo sólo figuran establecimientos de tres países latinoamericanos, y la Universidad de Buenos Aires (UBA) se situó en el puesto 270.

La octava edición del QS World University Ranking ubicó en tercer lugar al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), que desplazó así a Yale y a Oxford, que culminaron cuarta y quinta, respectivamente.

La encuesta, en la que participaron 33.000 académicos de todo el mundo y 16.000 empleadores graduados, evalúa a más de 700 universidades de todo el mundo a partir de seis indicadores: la reputación académica, la efectividad para los egresados a la hora de conseguir empleo, citas por facultad en investigaciones y publicaciones, la capacidad de los estudiantes, la cantidad de estudiantes extranjeros y la facultad internacional de esa universidad.

Hay 38 países en los primeros 300 lugares. Las universidades de los Estados Unidos ocupan 13 de las primeras 20 posiciones y 70 de las primeras 300. En cuanto a las universidades de América latina, las primeras que aparecen son la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad de San Pablo, Brasil, que comparten el puesto 169. En el puesto 235 figura la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp) de Brasil; en el 250, la Universidad Católica de Chile; en el 262, la Universidad de Chile, y en el puesto 270 se sitúa la UBA, la última latinoamericana que figura en las 300. En el ranking anterior la UBA se encontraba en el puesto 326, y en 2009 se situaba en el 298. Dos años antes estaba en el 264.

El rector de la UBA, Rubén Hallú, comentó no obstante a LA NACION que algunos criterios de evaluación son muy aplicables en algunos lugares y no son adecuados para otros países. "¿Cuál es la universidad en la Argentina? -se preguntó-. La que sirve a la sociedad y a la Argentina. Si sirve en el mundo, mejor."

"La única que suele figurar es la UBA y es esperable, pero no quisiera que esto signifique desmerecer al resto de las universidades argentinas", destacó Hallú. Autocrítico, agregó: "Tuvimos bastantes crisis en los últimos años y poco a poco empezó a ordenarse todo. En este ambiente de tranquilidad, los alumnos estudian más y se reciben más. Se está retomando un ritmo normal".

Un dato para destacar es que hasta el puesto 16 todas las casas de altos estudios que aparecen pertenecen a los Estados Unidos o al Reino Unido. Recién en el 17º lugar figura la McGill University, de Canadá, y en el 18» puesto la Swiss Federal Institute of Technology, de Suiza, la primera universidad europea no británica en el ranking.

En cuanto a las universidades asiáticas, la de Hong Kong, en el puesto 22, y la de Tokio, en el 25, son las dos mejores ubicadas.

Un dato importante que arroja el estudio es que el financiamiento gubernamental y privado para investigación orientada a la tecnología está erosionando el predominio de las universidades más generales y tradicionales.

La antigüedad promedio de las principales 100 instituciones ha disminuido en siete años desde el 2010, lo que refleja el surgimiento de instituciones especializadas más nuevas, particularmente en Asia.

"La brecha entre Cambridge y Harvard es muy pequeña, pero la relación estudiante/facultad superior de Cambridge ayudó a la definición final. La atención personalizada es uno de los atractivos clave del sistema de tutoría Oxbridge", destacó el responsable de investigación en QS, Ben Sowter.

QS también es la única que considera las opiniones de empleadores graduados como indicador clave para la excelencia y reputación de las universidades.

La facilidad de los graduados para obtener empleos es una misión esencial de las universidades de clase mundial y QS rankings incluye la opinión informada de reclutadores globales. El QS World University se realiza desde 2004 y forma parte de una serie de investigaciones en distintas áreas en todo el mundo.

"Ya que en general a los estudiantes se les está cobrando más que nunca antes por su educación, QS publica por primera vez una comparación de los aranceles para cursos en las universidades del ranking", explicó el director gerente de QS, Nunzio Quacquarelli.

Los resultados 2011 se publican junto con precios de matrículas internacionales comparados en la página http://www.topuniversities.com/.

RANKING

Cambridge

Harvard

MIT

Yale

Oxford

Imperial College

College London

Chicago

Pennsylvania

10º Columbia

169º UNAM y San Pablo

235º Estatal de Campinas

250º Universidad Católica

262º Universidad de Chile

270º UBA .

Ranking (2010, THE-QS) mejores Universidades del mundo

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En este ranking, Cambridge desplaza a la Universidad de Harvard

Ver Ranking (2010) completo de Mejores Universidades del Mundo…

El listado del 2010 fue divulgado por el QS World University Rankings.

La Universidad de Cambridge desplazó del primer lugar a la reconocida Universidad de Harvard, que en los últimos cinco años había estado liderando la medición. En los primeros 145 lugares no figura ninguna universidad en la que se hable español.

Cambridge es una de las universidades más antiguas del mundo y una de las más grandes del Reino Unido. Por su parte Harvard fue fundada en 1.636, siendo la institución más antigua de los Estados Unidos. Hoy tiene mas de 18.000 estudiantes, cuenta con más de 14.000 empleados, entre los cuales hay 2.000 profesores.

El listado del 2010 fue divulgado por el QS World University Rankings, indica que en el Reino Unido y los Estados Unidos están los cinco mejores centros académicos del mundo. En el listado de 200 puestos no figura ninguna de América Latina.

El tercer lugar es para Universidad de Yale, en los Estados Unidos. El cuarto es para University College London, del Reino Unido y el quinto fue para el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT ) en los Estados Unidos.

Hasta el puesto 18 aparece el Instituto Federal Suizo de Tecnología, la cual subió dos puestos en comparación con la medición del 2010. La Universidad McGill de Canadá quedó en el puesto 19, seguida de la Universidad Nacional Australiana.

Hasta el puesto 23 aparece un centro de Asia, se trata de la Universidad de Hong Kong, le siguen en el ranking 2010, la Universidad de Tokio y la Universidad de Kyoto en Japón.

En el puesto 30 de 200, figura la Universidad Nacional de Singapur y hasta el 33 aparece una de Francia, École Normale Supérieure de Paris.

La Universidad de Georgetown en la que dictará clases desde hoy el expresidente Álvaro Uribe Vélez, en medio de protestas estudiantiles, pasó del puesto 129 en el 2009 al 155 en el 2010.

De Alemania hay 12 centros educativos, 8 de Australia, 1 de Austria, 4 de Bélgica, 10 de Canadá, 6 de China, 5 de Corea del Sur, 3 de Dinamarca, 2 de España, 53 de Estados Unidos, 1 de Finlandia, 5 de Francia, 5 de Hong Kong, 1 de India, 3 de Irlanda, 3 de Israel, 2 de Italia, 10 de Japón, 2 de Noruega, 3 de Nueva Zelanda, 12 de Países Bajos, 30 del Reino Unido, 1 de Rusia, 2 de Singapur, 1 de Sudáfrica, 5 de Suecia, 7 de Suiza, 1 de Tailandia y 2 de Taiwan.

La mejor universidad del mundo se destaca en el primer lugar por sus programas en ciencias exactas y naturales.

Harvard sigue a la cabeza en los programas de medicina y de ciencias sociales.

Los programas de arte y humanidades los está liderando la Universidad de Oxford del Reino Unido.

En las áreas de tecnología e ingeniería las tres mejores del mundo, son para centros académicos en los Estados Unidos, como el Instituto de Tecnología de Massachussets, la Universidad de Stanford y la Universidad de California, Berkeley. En el séptimo lugar en estos programas fue para la Universidad de Tokio.

Para esta medición de 2010 se presentaron más de 2.500 instituciones, para escoger las del listado final se tuvo en cuenta su nivel de investigación, sus métodos de enseñanza, la reputación local e internacional no sólo del claustro universitario sino de los egresados de sus programas, el número de estudiantes y profesores extranjeros con los que cuenta, entre otros factores.

Aquí el listado de los 20 primeros lugares.

1. Universidad de Cambridge – Reino Unido
2. Universidad de Harvard – Estados Unidos
3. Universidad de Yale- Estados Unidos
4. University College London – Reino Unido
5. Instituto de Tecnología de Massachusetts – Estados Unidos
6. Universidad de Oxford – Reino Unido
7. Imperial College de Londres – Reino Unido
8. Universidad de Chicago – Estados Unidos
9. Instituto de Tecnología de California – Estados Unidos
10. Universidad de Princeton – Estados Unidos
11. Universidad de Columbia – Estados Unidos
12.Universidad de Pennsylvania – Estados Unidos
13. Universidad de Stanford – Estados Unidos
14. Duke University – Estados Unidos
15. Universidad de Michigan – Estados Unidos
16. Universidad de Cornell – Estados Unidos
17. Johns Hopkins University – Estados Unidos
18. Instituto Federal Suizo de Tecnología – Suiza
19. Universidad McGill – Canadá
20. Universidad Nacional Australiana – Australia

 

Por qué Cambrigde es mejor que Harvard

Andrea Carranza – Publicado: 09.09.2010

Por qué Cambrigde es mejor que Harvard 

Ranking mundial de las universidades

Bogotá.  La Universidad superó a Harvard University como la mejor del mundo, según la lista creada por el consejo académico QS, la entidad que se encarga de evaluar la calidad de los centros de educación superior.

En la séptima edición del listado de las 500 mejores universidades del mundo, el ranking está dividido por criterios, así como por áreas temáticas.

Cambridge, fundada en 1209, relegó a Harvard, la más antigua institución privada de educación superior en Estados Unidos, que llevaba siete años consecutivos liderando la lista.

Esta es la primera vez que una universidad no estadounidense encabeza la lista, votada por más de 15.000 académicos del mundo.

Harvard, que toma su nombre de su primer benefactor, John Harvard, un clérigo inglés graduado de Cambridge, fue la más popular entre los 5.000 empresarios encuestados de todo el mundo. Otros de los criterios que evalúa el QS World University Ranking es la calidad en investigación de las universidades, el cual estuvo encabezado por University of Cambridge.

Para Danny Byrne, escritor de QS, la caída de Harvard en la razón de estudiantes por facultad, puede ser atribuible a las repercuciones de la recesión mundial en los sistemas universitarios. "Aunque Harvard no depende de la financiación del Gobierno como la mayoría de las universidades del Reino Unido, no significa que ésta sea inmune a la recesión, su dotación se redujo en un estimado de siete billones de dólares el año pasado. Harvard congeló parcialmente la contratación del personal académico a principios de 2009", explica Byrne.

Un reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) muestra que Gran Bretaña se encuentra por debajo de competidores en inversión pública a la educación superior. El sector enfrenta recortes de más de un billón de libras esterlinas para finales de 2013. La participación del gasto público en la educación superior británica es 0,7 por ciento del PIB, por debajo del promedio del Ocde de uno por ciento, ubicando a Gran Bretaña detrás de Estados Unidos, Canadá, Suecia, Polonia y Eslovenia, según explica el periódico británico The Guardian.

Cambridge fue la primera en el ranking de ciencias naturales, y fue la única universidad en estar presente en los primeros puestos de las cinco áreas temáticas. El Ministro de Negocios del Reino Unido, Vince Cable, anunció el recorte del presupuesto para la ciencia, de 6.000 millones de libras anuales, para que este dinero público se dirija únicamente a equipos de investigación de mayor calidad.

http://www.larepublica.com.co/

VER RANKING (2010) COMPLETO DE MEJORES UNIVERSIDADES DEL MUNDO  (QS)

Written by Eduardo Aquevedo

10 septiembre, 2010 at 17:47

Universidades públicas y privadas en Chile, E. Aquevedo

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HARVARD2

No sólo hay concepciones diferentes acerca de la noción de Universidad Pública, sino también bastante confusión. Desde luego, en sus orígenes las universidades no nacieron de la iniciativa del estado o del poder político vigente. Sus antecedentes más lejanos en occidente son sin duda la Academia de Platón (año 287 a. C) y el Liceo de Aristóteles, que nacen de la actividad y empeño de estudiantes e intelectuales excepcionales como los indicados, y que no reciben ni atención ni apoyo del poder sino cuando su prestigio está ya establecido. En China surgen las primeras instituciones de formación superior durante el período Yu, entre 2257 a. C y 2208 a. C., pero con apoyo imperial.

Las primeras universidades que responden al espíritu moderno sólo nacen a partir del siglo XII, particularmente desde la fundación de la universidad de Bolonia (año 1119), y luego las universidades de París (1150), de Oxford (1167), de Cambridge (1209), la de Salamanca (1220), entre otras, las que independientemente de su origen que será más bien privado, son amparadas y vigiladas muy de cerca por la “santa” Iglesia Católica o por los poderes imperiales de turno.

Posteriormente, cuando el poder se seculariza, las universidades ganan espacios de autonomía y de libertad, apoyadas en mayor o menor medida por el poder civil, si bien muchas siguen dependiendo y subordinándose a la Iglesia. Queremos decir que si bien varias de ellas nacen con una “vocación pública”, no nacen como consecuencia de la acción deliberada del estado, y por consiguiente no tienen nada de estatales. Su carácter “público” se construyó principalmente a partir de lo específico de su actividad, esto es, la enseñanza y la creación de conocimiento, que fueron tradicionalmente considerados como un “bien público”. El sólo financiamiento era en ese sentido secundario, con tal de que aquellas funciones siguieran constituyendo lo esencial de su existencia y actividad. Podían depender económicamente de la Iglesia, del poder político existente o de mecenas o comerciantes, pero ello no afectaba en lo medular su rol público, especialmente desde que la Iglesia pierde crecientemente influencia y capacidad de control sobre el saber.

El comienzo de la convergencia entre el interés público y el financiamiento estatal…

Lo público tiende a confundirse con lo estatal sólo a partir del siglo XIX, cuando los estados nacionales se afirman y descubren que la educación superior es decisiva para la construcción del propio estado, mediante la formación del personal dirigente del aparato público y de la nación, para la formación de mano de obra calificada, así como, en general, para la gestión del nuevo y complejo sistema capitalista. A partir de ello la Universidad, y la educación pública en general, pasan a ser “preocupación preferente del Estado”, especialmente de aquellos estados controlados por clases dominantes de mayor capacidad emprendedora y con vocación expansionista, colonialista o imperialista. De ahí que las principales universidades modernas se constituyan en Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Alemania y algunos otros países centrales que dependen más imperativamente, para cumplir ese rol, de la formación de clases dirigentes “ilustradas” y de cuadros medios cada vez más calificados. Para esta función la Universidad es difícilmente sustituible. Por ello, progresivamente, el Estado le otorga recursos económicos permanentes y abundantes, hasta el punto de institucionalizar la figura de “Universidad estatal”, convirtiéndose para muchos en adelante como sinónimo de universidad pública.

Este proceso acontece, desde luego, en permanente tensión entre el poder político-económico y la función pública, libre y autónoma que la Universidad venía conquistando durante siglos. Lo “público” de la tarea universitaria se ve en efecto respaldado por el nuevo “mecenazgo” estatal institucionalizado, porque así la universidad expande su actividad científica (investigación y creación de conocimientos) y de transmisión de saberes y competencias de alto nivel, pudiendo también desplegar más abiertamente actividades de extensión y proyección cultural, intelectual y artística dentro de la sociedad. La existencia de sistemas democráticos representativos y de derecho regulados y estables favorece este proceso. Sin embargo, nunca el poder dejó de buscar el mayor grado posible de control o subordinación de la actividad universitaria, sea en forma solapada e indirecta, mediante el manejo de los recursos económicos o de intervenciones políticas diversas, o abiertamente en las sociedades gobernadas por regímenes autoritarios o dictatoriales (la experiencia de las universidades chilenas bajo Pinochet es perfectamente ilustrativa), sea en América Latina, o en diversos países Asiáticos o Africanos o Árabes, o de los regímenes del “campo socialista” en su momento.

Universidades públicas estatales y privadas…

En fin, queremos insistir en que esta convergencia entre la función pública de las universidades y la modalidad estatal que ellas puedan asumir desde el siglo XIX no autoriza ni histórica ni teóricamente a sostener que sean la misma cosa. Muchas universidades públicas y estatales han sido y son de excelencia, como lo evidencia la Universidad de Berkeley (número 22 en el ranking mundial THE de 2007, y reconocida como la universidad pública número uno en los EEUU y en el mundo), o las diversas universidades estatales de Europa (especialmente de Finlandia, Holanda, Alemania o Francia) que figuran entre las 100 mejores del mundo (Francia tiene 2 universidades públicas-estatales entre las 28 primeras de ese ranking). En América Latina, la mejor ubicada en diversos rankings internacionales es la UNAM, principal universidad pública-estatal mexicana.

Pero igualmente, desde luego, se encontraran numerosas universidades privadas con una función o vocación pública manifiesta y de larga data, como Harvard, Oxford, Cambridge, Yale, Princeton, situadas entre las 10 primeras de dicho ranking. Estas son evidentemente muy meritocráticas y elitistas, no obstante que el Estado entrega importantes subvenciones a la mayoría de ellas para, entre otras cosas, financiar becas para estudiantes secundarios altamente calificados provenientes del sector educacional público-estatal de bajos ingresos. Pero ellas son también públicas, en el sentido de que todas son “universidades de investigación” (claramente humboltianas en este sentido), disponen seguramente de los postgrados de mayor calificación internacional y su función no es la búsqueda de lucro. Para ser más claro aún, acotemos que en Chile hay Universidades cuyo carácter o vocación pública no se discute, como la Universidad de Concepción, la Universidad Católica, la Técnica Santa María y la Austral de Valdivia. Sin embargo ellas son privadas, sin fines de lucro y, por lo mismo, con matrículas en general equivalentes en valor a las universidades estatales.

La Universidad privada como “negocio”, o como reproductora de la clase dominante

Muy diferente es el caso de aquellas Universidades privadas cuya función esencial es generar lucro o utilidades para sus propietarios o sostenedores, donde la función pública no se manifiesta en ningún sentido concreto o esencial, es decir, donde sólo hay docencia asumida casi exclusivamente por académicos a honorarios, donde no hay ni se promueve la investigación científica, donde no existen postgrados de calidad (doctorados en especial), ni organizan su actividad académica en función de las necesidades de la sociedad. Se trata en estos casos de camufladas “escuelas de negocios”, con altísimos aranceles para el estándar nacional. Estas constituyen un buen 80% del mercado universitario chileno, formado por aproximadamente 60 instituciones universitarias, de las cuales menos de la mitad cumple con estándares de calidad y varias de ellas han logrado acreditarse mediante recursos o intervenciones ilegítimas. Esta es sin duda la típica “universidad de mercado”, donde quizás el ejemplo paradigmático es la U. de las Américas.

Pero existe otro modelo de universidad privada, donde la finalidad no es principalmente el negocio o el lucro, pero tampoco el servicio público en sentido estricto, sino mucho más precisamente reproducir y formar las elites dirigentes del mañana, de las próximas décadas, desde una perspectiva explícitamente conservadora, con altos niveles de calidad y exigencias, y cuantiosos recursos para destinar a docencia, infraestructura e incluso a investigación. Estas instituciones son la “obra” central de organizaciones católicas integristas y de poder como el Opus Dei o Los Legionarios de Cristo, o la expresión de poderosos grupos económicos. Algunas de las más representativas de este tipo de instituciones privadas son la Universidad de los Andes, la Universidad del Desarrollo, la Universidad Finis Terra o la Adolfo Ibañez.

Lo que define una Universidad de vocación pública

En suma, lo que a nuestro entender constituye lo esencial del carácter público de una universidad son elementos como, a) el compromiso explícito y prioritario con la necesidades del desarrollo social y nacional de un país; b) en lo ideológico, el sustento de un proyecto académico basado en ese compromiso social, en valores o principios como la libertad de pensamiento y académica de estudiantes y docentes, el consiguiente pluralismo ideológico, el carácter laico o no confesional, la defensa estricta de los derechos humanos fundamentales, la defensa de la autonomía e independencia académica frente al poder de turno; c) como elementos más precisos y también cruciales de dicho proyecto académico, la prioridad creciente y constante asignada a la calidad de la docencia, a la investigación científica ligada centralmente a las necesidades socio-económicas, culturales y políticas del país, a publicaciones de calidad y a la extensión universitaria referida a los grandes temas que interesan a la sociedad; y en fin, d) la ausencia, directa o indirecta, de lucro o retorno de excedentes a “propietarios” de la institución.

Una verdadera Universidad pública, sobre la base de los principios mencionados, debe dar una prioridad central a la investigación científica, y simultáneamente al desarrollo de postgrados de alto nivel, especialmente de doctorados. Esto último, investigación y postgrados, son en lo académico los elementos distintivos de una Universidad compleja de carácter público (es decir, una Universidad que vincula estrechamente docencia e investigación, muy cercana en consecuencia al modelo humboltiano), a través de lo cual se verifica el compromiso permanente con los intereses y necesidades sociales y nacionales.

Una universidad que no responda adecuadamente a estos elementos esenciales, no puede calificarse de “pública”, por estatal que ella sea, o por importante que sea su tamaño o su poder económico. En el caso chileno, parece evidente que, aparte de las universidades privadas con vocación o carácter público tradicionales ya mencionadas (UDEC y Austral), han emergido nuevas universidades privadas de carácter o vocación pública durante los últimos 18 años aproximadamente, tales como, principalmente, la universidad Arcis, Alberto Hurtado, Silva Henríquez, Bolivariana y UAHC. Pueden haber algunas diferencias entre ellas, como la condición de acreditadas o no, pero el proyecto que las anima es en lo fundamental correspondiente al perfil que hemos resumido anteriormente.

El estado asume su rol de defensa del interés público, o continúa sometido al mercado

Ahora bien, un Estado realmente democrático, comprometido más con el progreso social que con el mercado y el gran empresariado nacional (o extranjero), no puede sino apoyar el desarrollo y actividades de las universidades públicas, sean ellas estatales o privadas, verificando que ellas efectivamente no lucran camufladamente con esta actividad y asumen en la práctica el carácter público que ellas proclaman. Por lo demás ese ha sido el criterio aplicado hasta el presente a las universidades tradicionales no estatales, como la Universidad Austral y la Universidad de Concepción otorgándoles derecho a disponer de recursos públicos en virtud de su vocación no mercantil.

Sobre esta base, lo normal es que un Estado como el mencionado, como primera tarea obligatoria y propia de su función, garantice de manera expedita la gratuidad de los estudios a todos los alumnos con requisitos suficientes para cursar estudios universitarios, o al menos a los de familias que se sitúan por debajo del primer quintil de más altos recursos de la población. La segunda obligación de un estado democrático y comprometido con la educación nacional, es incrementar, considerablemente, en el caso chileno, los recursos para investigación (I+D), destinando en una primera etapa al menos un 1% del PIB, sin discriminar en perjuicio de las ciencias sociales y humanas. Y, en segundo lugar en este mismo sentido, debiera establecerse un importante fondo concursable permanente para proyectos de desarrollo de los postgrados y de la infraestructura de las instituciones públicas acreditadas.

Todo ello debiera ser “el piso” mínimo de un cambio positivo de rumbo del Estado, que ya por décadas mantiene una posición privatizadora y mercantilizadora en materia educacional, favoreciendo de hecho el lucro y no la función pública (esto es, los intereses mayoritarios de la sociedad y el desarrollo sustentable del país). Aquellos recursos, por consiguiente, deben estar reservados para todas las instituciones públicas, sean estatales o no, o sean tradicionales o nuevas.

El reto de Oxford, Timothy Garton Ash

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Las universidades europeas necesitan imitar lo mejor del modelo de EE UU para jugar en la ‘superliga’

El País, España

Oxford acaba de anunciar la mayor campaña de obtención de fondos lanzada por una universidad europea; mientras tanto, Europa y el resto del mundo necesitan imitar lo mejor -pero no lo peor- del modelo estadounidense.

Paso mi vida académica dividido entre dos universidades, Oxford y Stanford. En 2006, Stanford anunció una campaña con el "reto" de recaudar 4.300 millones de dólares (unos 2.700 millones de euros). Esta semana, Oxford ha lanzado una campaña (campaign.ox.ac.uk) para recaudar 1.250 millones de libras (1.570 millones de euros), la mayor jamás lanzada por una universidad europea.

Detrás del intento de Oxford de jugar en la superliga de la financiación de las universidades al estilo norteamericano se encuentra una cuestión más amplia: ¿tendrá Europa, la cuna de la universidad moderna, unas universidades de investigación de categoría mundial de aquí a 10 años? Y esa pregunta forma parte de un enigma mayor: ¿cómo puede resistir Europa en un mundo cada vez menos europeo? Por ahora, Europa está representada en la lista de las 10 mejores universidades del mundo que elabora el Times Higher Education Supplement por cuatro instituciones, todas británicas: la Universidad de Oxford, la de Cambridge, el Imperial College de Londres y el University College de Londres. En la lista rival que elabora la Universidad Jiao Tong de Shanghai, sólo Oxford y Cambridge están entre las 10 primeras. Las otras ocho son estadounidenses, pero China tiene intención de incluir pronto una de las suyas.

Oxford dice que el contexto de su campaña es "un mundo de financiación estatal incierta y competencia mundial creciente". Veo esa competencia feroz por los mejores profesores y los mejores estudiantes cada semana, tanto si estoy en Oxford como si estoy en Stanford. Éste es un mercado tan globalizado como los de los ordenadores, el petróleo y los servicios financieros. Oxford aguanta, pero a duras penas. Para los jóvenes profesores más brillantes del mundo, los patios cuadrados de piedra, las cenas civilizadas en los colleges y una tradición intelectual de incomparable riqueza pueden compensar sólo hasta cierto punto unos sueldos más bajos, unos precios de la vivienda más altos y unos horarios de trabajo más cargados que, por ejemplo, en Stanford.

El dinero no es, en absoluto, el único factor en este mercado globalizado de la enseñanza superior, pero desde luego ayuda. La financiación pública de la educación superior en Gran Bretaña ha aumentado con el nuevo laborismo después de que sufriera un declive espantoso con Margaret Thatcher, pero no puede solucionar todos los problemas de un sector universitario mucho más extendido, significa ataduras burocráticas y políticas y seguramente saldrá mal parada en las restricciones actuales del gasto público. En cualquier caso, la independencia financiera y la intelectual van de la mano, como advierte el folleto de campaña de Oxford en un apartado sucintamente titulado "Libertad".

Los derrotistas ven la dotación de 35.000 millones de dólares con que cuenta Harvard y dicen que "es imposible que lleguemos a eso". Pero Harvard es un caso aparte. Stanford tiene justo por encima de 17.000 millones de dólares y Princeton casi 15.000 millones. Si se suman las dotaciones de los colleges de Oxford, la universidad y sus fondos y fundaciones, y se capitalizan las transferencias anuales medias de las rentables ediciones de Oxford University Press, podemos alcanzar una cifra de unos 11.000 millones de dólares, según los tipos de cambio actuales. Y ese cálculo ignora el hecho de que los títulos de las tierras que figuran en algunas dotaciones de Oxford están valorados en precios de los siglos XV o XVI (una anomalía surrealista y digna de un clásico de esta universidad, Alicia en el país de las maravillas). Si a eso se añade una campaña que tenga éxito y consiga otros 2.500 millones de dólares, estaremos cerca de Princeton.

Ahora bien, las dotaciones, junto con la financiación pública y privada de la investigación y las colaboraciones y derivaciones comerciales, no son más que parte de la historia. Las mejores universidades de EE UU disponen además de más ingresos procedentes de las matrículas. Aunque Oxford puede resultar caro para los alumnos de fuera de la UE, sus tarifas para los británicos tienen un tope que fija el Gobierno, como las de las demás universidades británicas, en un máximo ligeramente superior a 3.000 libras anuales (3.800 euros), que es ya el triple de la cifra anterior a 2006 y una cantidad más elevada que en la mayoría de los países de Europa continental. Incluso contando con las aportaciones de fondos especiales del Gobierno que ayudan a sostener su sistema único de tutorías y colleges, Oxford calcula que subvencionar el coste de educar a un estudiante británico le supone un gasto de unas 7.000 u 8.000 libras al año. Si Oxford adoptara verdaderamente un modelo de financiación estadounidense, tendría que cuadruplicar (por lo menos) sus matrículas y, si quisiera mantener unos criterios de admisión independientes del nivel económico, tendría que ofrecer unas becas muy generosas para ayudar a los alumnos de familias más pobres.

Es posible que ésa sea -quizá debería ser- la dirección que emprenda Oxford durante los próximos 10 años, pero no será un proceso rápido, completo ni carente de discusiones y negociaciones complejas, porque Oxford está en Europa, no en Norteamérica. Sus profesores y estudiantes no sólo trabajan en un contexto político europeo que es, al mismo tiempo, liberal y socialdemócrata en sentido amplio; son parte de él y comparten muchos de sus valores. Reconocen que el mero hecho de empezar a avanzar en la dirección de Stanford, por así decir, plantea difíciles problemas de acceso, igualdad y justicia social.

Es imposible empezar a hablar de todos esos problemas, pero veamos una muestra del caso británico. El importe máximo de 3.000 libras (más inflación) de las matrículas y el sistema de préstamos a estudiantes que lo acompaña van a ser sometidos a una revisión del Gobierno que comenzará el año próximo pero quizá no ofrezca resultados hasta después de las próximas elecciones (ni los laboristas ni los conservadores quieren que esto se convierta en una patata caliente en época electoral). El Gobierno asocia la cuestión de las matrículas y los préstamos a la mejora del acceso a la universidad para los estudiantes de escuelas públicas -frente a los que proceden de las privadas- y ambientes menos favorecidos. Oxford aplica un criterio escrupulosamente meritocrático a la admisión (mucho más que algunas de las principales universidades estadounidenses, que ofrecen un acceso privilegiado a los alumnos más mediocres de antiguos alumnos generosos; de ahí que George W. Bush fuera a Yale), pero muchos de esos estudiantes no solicitan la entrada en Oxford debido a la falta de conocimiento, profesores que les descorazonan y la imagen de la universidad -difícil de eliminar- como lugar de privilegios, oropeles y champán. Si, aunque mezclemos nuestras metáforas como no debería hacerlo ningún alumno, esta patata caliente acaba en el campo del líder conservador David Cameron -en el caso de que éste se convierta en el 26º primer ministro educado en Oxford-, será doblemente explosiva.

Sin embargo, más allá de la política de imagen, nos encontramos ante unos dilemas políticos reales. Si se eliminan los topes de las matrículas, ¿aumentaría el Gobierno los préstamos a estudiantes en la proporción correspondiente? Eso significaría más deuda para los licenciados y más gasto público. ¿O se encargaría el Gobierno de pagar directamente la factura, con dinero que tendría que quitar de los hospitales, las escuelas públicas y el gasto social? ¿O pediría a las universidades que compensen ellas mismas la diferencia? Si Oxford tiene éxito con su campaña, seguramente podría financiar la diferencia con esa dotación aumentada y conceder becas a los menos acomodados, como hacen Harvard y Stanford. Pero Oxford y Cambridge son las dos únicas grandes universidades de Europa que tienen la más remota posibilidad de pensar en algo así.

Las dotaciones del Imperial College y el University College de Londres están muy por debajo, y mucho más aún las de otras universidades británicas importantes. Por tanto, si se eliminan los topes y esas universidades cobran unas matrículas más elevadas -cosa que sus magníficos resultados académicos justificarían, desde luego, incluso en un mercado muy competitivo-, ¿quién pagaría la diferencia a sus alumnos más pobres? ¿O acaso esas universidades ajenas a Oxbridge pero también de élite se convertirían en escuelas privadas para estudiantes acomodados y (cada vez más) extranjeros?

No sé las respuestas. No he planteado ni la mitad de las preguntas. Pero sí sé que éste es el debate que debemos mantener durante los próximos años, no sólo en Gran Bretaña sino en toda Europa. La pregunta fundamental -podemos llamarla la pregunta de Oxford- en la que se basan todas las demás es ésta: ¿podemos tener en Europa justicia social en la enseñanza superior y al mismo tiempo unas universidades investigadoras de primera categoría? ¿O hay que elegir? –

http://www.timothygartonash.com. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

Top 500 (2008, THE) mejores Universidades del mundo.

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Se ha publicado la Clasificación Mundial de Universidades del 2008, del THE.

Por: QS

Un récord en el número de instituciones encuestadas muestra la relevancia que ha ganado la principal clasificación de universidades a nivel mundial.

La nueva edición del Times Higher Education-QS World University Rankings 2008 pone en evidencia el hecho de que éstas clasificaciones son cada vez más aceptadas por las instituciones de educación superior alrededor del mundo, así como por empresas que buscan contratar egresados de las mejores universidades a nivel mundial.

La clasificación del 2008 contó una participación global sin precedentes por parte académicos y empresarios. En ésta ocasión se encuestaron 6,354 académicos (5,101 en el 2007) y 2,339 empresarios (1,482 en el 2007), contribuyendo así a la influencia e imagen que gozan las más importantes universidades.

En su quinto año, la clasificación fue compilada por la empresa QS Quacquarelli Symonds y sus resultados fueron publicados en su versión impresa el 9 de octubre del 2008 en el periódico inglés Times Higher Education y en Internet el 10 de octobre en http://www.topuniversities.com.

La reciente edición del THE-QS World University Rankings refleja la prominencia de universidades especializadas en tecnología, gracias a instituciones como Caltech, MIT, ETH Zurich y la Hong Kong University of Science and Technology, la cuáles subieron de lugar en relación al 2007. La creciente demanda de empleados con mayor grado de preparación en materia tecnológica, ha ayudado a que dichas universidades ganen una mayor importancia en la clasificación mundial.

Otros puntos que sobresalen de la clasificación del 2008, son:

* El Top 10 sigue siendo dominado por Estados Unidos y el Reino Unido: la universidad de Harvard permanece en el tope, con Yale ganándole terreno a Cambridge para tomarle el segundo lugar. Oxford bajó al cuarto lugar mientras que Princeton sale del Top 10 y es sustituida por la Universidad de Columbia, la única nueva entrante entre las diez primeras.

* Las 50 mejores universidades representan ésta vez 13 países, uno más que en el 2007. Las nuevas integrantes del Top 50 son: la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong, la Universidad de Copenhagen, el Trinity College de Dublin, la Ecole Polytechnique Fédérale de Lausana y la Universidad Nacional de Seúl.

* Un vistazo al Top 100 muestra que el número de universidades asiáticas permaneció en 13 por segundo año consecutivo. En tanto que el número de universidades europeas aumentó de uno (36 actualmente, 35 en el 2007) a expensas de las norteamericanas (42 actualmente y 43 en el 2007). Entre las nuevas integrantes del Top 100 se encuentran: la Universidad de Washington en San Luis, las universidades de Geneva, Aarhus, Lund, Minnesota, Virginia, California y Santa Bárbara. Así como la Universidad Hebrea de Jerusalén y la KAIST (Korea Advanced Institute of Science & Technology).

Pasando al Top 200, 33 países se ven representados (cinco más que los 28 en el 2007). Entre las 200 mejores se encuentran tres representantes hispanas. Una nueva integrante: la Universidad de Buenos Aires, la cual subió desde el lugar 264 que ocupó en el 2007; y dos que permanecen: la UNAM (Universidad Autónoma de México) y la Universidad de Barcelona. Sin embargo cabe destacar que ambas mejoraron su posición con respecto al 2007 (del 192 al 150 y del 194 al 186, respectivamente).

Ann Mroz, editora del Times Higher Education, expresó que para la más reciente clasificación “se utilizó una cantidad de información sin precedente que permitió comparar las mejores universidades y los sistemas de educación alrededor del mundo. El resultado permite a los gobiernos del mundo evaluar la efectividad de su oferta en educación superior y sirven de soporte a las universidades durante su proceso de planificación.”

Nunzio Quacquarelli, Director General de QS y co-editor del Top Universities Guide agregó que “en sólo cinco años, el THE-QS World University Rankings, se ha convertido en la referencia por excelencia para comparar universidades en diferentes países gracias a su reconocida certitud y profundidad. La clasificación de universidades permite a los estudiantes, padres, académicos, empleadores y periodistas, obtener un análisis sobre la educación universitaria a nivel mundial, ya sea para elegir un centro de estudios o para colaboración inter-institucional.”

Quacquarelli expresó que “la clasificación final es discutible y QS siempre ha recomendado que se utilicen con cautela, entendiendo que ella no puede reflejar todos los aspectos de excelencia universitaria. Los criterios sobre los cuales hemos clasificado las universidades reflejan nuestra misión de identificar las mejores universidades en temas de investigación, posibilidad de empleo para egresados, perfil internacional y calidad de la enseñanza. Reconocemos que cada persona es diferente, por lo que recomendamos que cada quien tome la información que hemos compilado sobre más de 1,000 universidades y cree su clasificación personalizada.”

VER RANKING COMPLETO haciendo clic en    Times Higher Education-QS World University Rankings 2008