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Gabriel García Márquez (1927-2014): genio de la literatura universal…

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WINSTON MANRIQUE SABOGAL Madrid 17 ABR 2014

 

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Bajo un aguacero extraviado, el 6 de marzo de 1927, nació Gabriel José García Márquez. Hoy, jueves 17 de abril de 2014, a la edad de 87 años, ha muerto en México DF el periodista colombiano y uno de los más grandes escritores de la literatura universal. Autor de obras clásicas como Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca y Crónica de una muerte anunciada,fue el creador de un territorio eterno y maravilloso llamado Macondo.

Nació en la caribeña Aracataca, un poblado colombiano, un domingo novelable a partir del cual el niño viviría una infancia a la que volvió muchas veces. Entró a la literatura en 1947 con su cuento La tercera resignación; la gloria le llegó en 1967 con Cien años de soledad, y su confirmación en 1982 con el Nobel de Literatura. Ahora, el ahijado más prodigioso de Melquiades se ha ido, para quedarse entre nosotros un hombre que creó una nueva forma de narrar; un escritor que con un universo y un lenguaje propios corrió los linderos de la literatura; un periodista que amaba su profesión pero odiaba las preguntas; una persona que adoraba los silencios, y con un encanto que cautivó a intelectuales y políticos, y hechizó a millones de lectores en todo el mundo.

Condolencia de Mario Vargas Llosa

Nada más conocerse la noticia de la muerte de Gabriel García Márquez, el premio Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa hizo esta declaración de condolencia a EL PAÍS:
“Ha muerto un gran escritor cuyas obras dieron gran difusión y prestigio a la literatura en lengua española en todos los países del mundo. Sus novelas sobrevivirán e irán ganando lectores por doquier. Envío mis condolencias a toda su familia”.

Gabriel no iba a ser su nombre. Debió llamarse Olegario. Acababan de sonar las campanas dominicales de la misa de nueve de la mañana cuando los gritos de la tía Francisca se abrieron paso, entre el aguacero, por el corredor de las begonias: “¡Varón! ¡Varón! ¡Ron, que se ahoga!”. Y nuevos alaridos enmarañaron la casa. Una vez liberado del cordón umbilical enredado en el cuello, las mujeres corrieron a bautizar al niño con agua bendita. Lo primero que se les vino a la cabeza fue ponerle Gabriel, por el padre, y José, por ser el patrono de Aracataca. Nadie se acordó del santoral. De lo contrario, se habría llamado Olegario García Márquez.

Aquel domingo 6 de marzo de 1927, Aracataca celebró la llegada del primogénito de Luisa Santiaga y Gabriel Eligio. Fue el mayor de 11 hermanos, siete varones y cuatro mujeres. En realidad, para los cataqueros había nacido el nieto de Tranquilina Iguarán Cotes y el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, los abuelos maternos con quienes se crió hasta los diez años en una tierra de platanales bajo soles inmisericordes y vivencias fabulosas. Era un pelaíto en una casa-reino de mujeres, acorralado por el rosario de creencias de ultratumba de la abuela y los recuerdos de guerras del abuelo, el único hombre junto a él. ¡Ah! y un diccionario en el salón por el que entra y sale del mundo.

Diez años que le sirvieron para dar un gran fulgor a lo real maravilloso, al realismo mágico. Los cuentos fueron para él ese primer amor que nunca se olvida, el cine los amores desencontrados y las novelas el amor pleno y correspondido.De todos ellos, creía que la historia que no embolatará su nombre en el olvido es la de sus padres recreada en El amor en los tiempos del cólera.

Son las vísperas de su vida.

Donde todo empieza… Amor y amores deseados, esquivos y de toda estirpe en sus escritos.

García Márquez, que será conocido por sus amigos como Gabo, vive un segundo tiempo cuando a los 16 años, en 1944, sus padres lo envían a estudiar a la fría, helada, Zipaquirá, cerca de Bogotá. Descubre sus primeros escritores tutelares, Kafka, Woolf y Faulkner.

El zumbido de la literatura y el periodismo lo rondan.

Allí, en el frío del altiplano andino, lo sorprende el cambio de destino del país y el suyo. Estudia Derecho, cuando el 9 de abril de 1948 es asesinado el candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán. Un suceso conocido como El bogotazo. Fue el antepenúltimo germen de un rosario de conflictos políticos y sociales, conocido como La violencia que habrán de germinar en sus obras.

Después de El bogotazo volvió a sus tierras costeñas con una mala noticia para sus padres: deja la carrera de Derecho. A cambio empieza en el periodismo. Primero en el periódico El Universal, de Cartagena, entre otras cosas como crítico de cine bajo el seudónimo de Séptimus; luego en El Heraldo, de Barranquilla, hasta volver a Bogotá, en 1954, a El Espectador, el diario que en 1947 había publicado, un domingo, su primer cuento.

Además de crónicas y reportajes escribía para las páginas editoriales y la sección Día a Día, en la que se daba cuenta de los hechos más significativos de aquella Colombia donde la violencia corría en tropel. En 1955 escribe la serie sobre un suceso que terminará llamándose Relato de un náufrago.

Ryszard Kapuscinski aseguró que, aunque lo admiraba por sus novelas, consideraba que “la grandeza estriba en sus reportajes. Sus novelas provienen de sus textos periodísticos. Es un clásico del reportaje con dimensiones panorámicas que trata de mostrar y describir los grandes campos de la vida o los acontecimientos. Su gran mérito consiste en demostrar que el gran reportaje es también gran literatura”.

Libros inolvidables

García Márquez ha vendido más de 40 millones de ejemplares en más de 30 idiomas.
Novelas: La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1957), La mala hora (1961), Cien años de soledad (1967), El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los tiempos del cólera (1985), El general en su laberinto (1989), Del amor y otros demonios (1994), Memorias de mis putas tristes (2004).
Grandes reportajes: Relato de un náufrago (1970), Noticia de un secuestro (1996), Obra periodística completa (1999). Primer tomo de sus memorias, Vivir para contarla (2002).
Cuentos: Ojos de perro azul (1955), Los funerales de la Mamá grande (1962), La irresistible y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972), Doce cuentos peregrinos (1992).
Mientras trabaja como periodista escribe cuentos y no se desprende de una novela en marcha que lleva a todos lados, titulada La casa.

Ese mismo año aparece su primera novela, La hojarasca. Después viaja a Europa como corresponsal del diario bogotano y recorre el continente, e incluso los países de la “cortina de hierro”. En 1958 vuelve y se casa con Mercedes Barcha. Hasta que se instala en México DF, en 1961, donde hace vida con sus amigos, las parejas Álvaro Mutis-Carmen Miracle y Jomí García Ascot-María Luisa Elío (dos españoles exiliados de la guerra). Un día Mutis le da dos libros y le dice: “Léase esa vaina para que aprenda cómo se escribe”. Eran Pedro Páramo y El llano en llamas, de Juan Rulfo. Ese año publica El coronel no tiene quién le escriba.

—“¿Fue tu abuela la que te permitió descubrir que ibas a ser escritor?”, le preguntó en los años setenta su amigo y colega Plinio Apuleyo Mendoza.

—“No, fue Kafka, que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando yo leí a los 17 años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor. Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: ‘Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa”.

La escritura no le da para comer y trabaja en cine y publicidad. Llega 1965. Pronto terminarán cuatro años de sequía literaria. El embrión es La casa. Páginas que no terminan de coger forma. Hasta que un día, mientras viaja en un Opel blanco con su esposa Mercedes y sus dos hijos de vacaciones a Acapulco, ve clara la manera en que debe escribirla: sucedería en un pueblo remoto, y descubre el tono: el de su abuela que contaba cosas prodigiosas con cara de palo, y la llenaría de historias: las contadas por su abuelo en la Guerra de los Mil Días de Colombia. Y el comienzo de la novela: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Ha sido el soplo divino de Kafka, Faulkner, Sherezada, Rulfo, Verne, Woolf, Hemingway, Homero… y sus abuelos Tranquilina y Nicolás.

Da media vuelta y regresa en el Opel blanco a su casa de San Ángel Inn, en México DF.

Una vez llega, coge sus ahorros, 5.000 dólares, y se los entrega a su esposa para el mantenimiento del hogar mientras se dedica a escribir. La Cueva de la Mafia es la habitación de su casa donde esa primavera se exilia con la enciclopedia británica, libros de toda índole, papel y una máquina Olivetti. Vive y disfruta ese rapto de inspiración al escribir hasta las ocho y media de la noche al ritmo de los Preludios de Debussy y Qué noche la de aquel día de los Beatles.

En otoño el dinero se acaba y las deudas acechan. García Márquez coge, entonces, el Opel y sube al Monte de Piedad a empeñarlo. Es una nueva tranquilidad para seguir escribiendo, aumentada por las visitas de sus amigos que les llevan mercaditos.

Al llegar el invierno de 1965-1966 pone un punto y aparte, y llora, llora como ni siquiera en sus novelas está escrito. Tenía 39 años Gabriel García Márquez cuando, esa mañana de 1966, salió de La Cueva de la Mafia, atravesó la casa y se derrumbó en lágrimas sobre la cama matrimonial como un niño huérfano. Su esposa, al verlo tan desamparado, supo de qué se trataba: el coronel Aureliano Buendía acababa de morir. Era el personaje inspirado en su abuelo Nicolás.

Muere orinando mientras trata de encontrar el recuerdo de un circo, después de una vida en la que se salvó de un pelotón de fusilamiento, participó en 32 guerras, tuvo 17 hijos con 17 mujeres y terminó sus días haciendo pescaditos de oro.

Un duelo perpetuo para el escritor que, el 5 de junio de 1967, ve recompensado al saber que esa historia comandada por el coronel, bajo el título de Cien años de soledad, inicia su universal parranda literaria en la editorial Sudamericana, de Francisco Porrúa, en Buenos Aires. Todos quieren conocer la saga de los Buendía.

La novela impulsa la universalización del boom de la literatura latinoamericana. “Verdaderamente fue a partir del triunfo escandalosamente sin precedentes de Cien años de soledad”, afirmaría José Donoso en Historia personal del boom.

En medio de la algarabía, García Márquez se va a vivir a Barcelona donde afianza su amistad con autores como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar. El éxito es rotundo y trasciende a otros idiomas. Luego empieza a escribir El otoño del patriarca (1975) como un ejercicio para quitarse de encima la sombra de su obra maestra. Para entonces ya es muy activo con la causa cubana y está más presente en Colombia. En 1981 publica Crónica de una muerte anunciada.

La noticia del Nobel lo sorprende en México en 1982. En la frontera del amanecer del 10 de octubre el teléfono lo despierta. Con 55 años se convierte en uno de los escritores más jóvenes en recibir el máximo galardón de la literatura. En diciembre rompe con la tradición al recibir el premio vestido con un liquiliqui, una manera de rendir homenaje a su tierra costeña y compartirlo con su abuelo Nicolás que usaba trajes así en el ejército. Una ausencia que acompañó al escritor desde los 10 años, cuando este murió, y convirtió en incompletas todas sus alegrías futuras, por el hecho de que el abuelo no las sabía, escribe Dasso Saldívar en la biografía Viaje a la semilla.

Tres años después culmina la historia de sus padres: El amor en los tiempos del cólera. Siguen El general en su laberinto (1989) y Del amor y otros demonios (1994).

Hace realidad uno de sus sueños, en Cartagena de Indias: la creación de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y se une a otros proyectos informativos. Son los años de su vuelta al periodismo. Al principio de todo.

En 1999 le detectan un cáncer linfático. Todo ello mientras termina de escribir sus memorias, Vivir para contarla, a las que cuando puso punto final se topó con la muerte de su madre, Luisa Santiaga Márquez Iguarán. Un domingo lo trajo ella al mundo; y un domingo lo dejó ella. Fue la noche del 9 de junio de 2002. Dos años más tarde escribe su última creación: Memoria de mis putas tristes.

Sus recuerdos empiezan su peregrinación.

Hasta que se han ido del todo al encuentro de los Buendía.

Y de no haber sido escritor, lo que realmente hubiera querido ser Gabriel García Márquez también tiene que ver con el amor, presente en todas sus obras. Lo supo hace muchos en Zúrich cuando una tormenta de nieve tolstiana lo llevó a refugiarse en un bar. Su hermano Eligio recordaría cómo él se lo contó:

—“Todo estaba en penumbra, un hombre tocaba piano en la sombra, y los pocos clientes que había eran parejas de enamorados. Esa tarde supe que si no fuera escritor, hubiera querido ser el hombre que tocaba el piano sin que nadie le viera la cara, solo para que los enamorados se quisieran más”.

Entre realidades, deseos, sueños, alegrías, agradecimientos, imaginaciones y, sobre todo, por el paraíso irrepetible de su lectura, Gabriel García Márquez está ahora en el mismo lugar donde él llevó a Esteban en su inolvidable cuento El ahogado más hermoso del mundo, después de que a la gente del pueblo “se le abrieran las primeras grietas de lágrimas en el corazón”… Porque una vez comprobado que había muerto “no tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás”… El rumor del mar trae la voz del capitán de aquel barco, que en 14 idiomas, dice señalando al mundo, por encima del promontorio de rosas amarillas en el horizonte del Caribe: “Miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas; allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia donde girar los girasoles; sí, allá, es el pueblo” de Gabriel García Márquez.

EL PAIS.COM

Estados Unidos: el espía global…

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Juan Manuel Karg, Telesur

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En los últimos días, el ex agente Edward Snowden filtró nuevos documentos referidos al estudio que la NSA -Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos- realizó sobre un total de 122 jefes de Estado de todo el mundo. El documento, fechado en mayo de 2009, pertenece al año en el cual Obama asumió sus funciones como presidente del país del norte. ¿A qué países investigó la NSA, de acuerdo al informe? La investigación de EEUU ¿fue implementada sólo a países no alineados con Washington o también alcanzó a sus aliados?

A fines de 2013, el diario norteamericano The New York Times divulgó información desclasificada donde se daba cuenta que, durante el año 2007, Estados Unidos incrementó notablemente su política de vigilancia e investigación sobre las actividades realizadas por un grupo de países no alineados con Washington: Venezuela, China, Rusia, Corea del Norte, Irán e Irak, entre otros. La novedad de los recientes datos, difundidos esta semana por el diario alemán Der Spiegel en base a nuevas revelaciones de Snowden, es que Washington también investigó a jefes de Estado de América Latina que sí estaban abiertamente alineados con sus políticas, como Álvaro Uribe -ex presidente colombiano- y Alan García -ex presidente peruano-, ambos “firmantes” de Tratados de Libre Comercio tras la derrota del ALCA en Mar del Plata 2005.

Además se divulgaron nuevos datos de la vigilancia de EEUU sobre Alemania: el nombre de la canciller alemana Angela Merkel aparece con 300 entradas, ingresando al “top ten” de la “Base de datos para el conocimiento de objetivos”, tal como fue caratulado el reciente informe sobre las actividades de estos 122 presidentes. Hay que recordar que, en octubre pasado, el propio Der Spiegel había informado que el teléfono de Merkel había sido “pinchado” durante años por la NSA, hecho que desató un escándalo internacional e hizo que Obama anunciara una serie de modificaciones -menores y parciales- a la recopilación de datos telefónicos por parte de los Estados Unidos.

¿Han sido casos aislados las investigaciones de la NSA sobre los presidentes de Venezuela (2007), Colombia y Perú (2009)? No. Como vimos, en América Latina se desplegó una política que no hacía -ni hace- distinciones ideológicas o económicas, en el “catch all” -atrapatodo- de espionaje del Departamento de Estado. Esto también fue demostrado por la cadena brasileña O´ Globo cuando, en septiembre de 2013, reveló que la NSA había investigado a la presidenta Dilma Rousseff e incluso al actual presidente mexicano Peña Nieto -quien, al momento de ser espiado, aún estaba en campaña presidencial-. Dicho esto, sí hay que aclarar que, entre los casos más investigados, se destaca el de Venezuela, siempre presente en las constantes y sucesivas revelaciones. Esto ha sido así al punto de que The New York Times llegó a revelar que, en 2007, el entonces presidente norteamericano George W. Bush se veía a sí mismo “compitiendo por el liderazgo en Latinoamérica con el líder venezolano” Hugo Chávez -siendo este el mandatario más investigado en ese entonces-.

Para concluir, algunas conclusiones y otras preguntas. Las recientes revelaciones demuestran una indisimulable voracidad de Washington en lo referido a saber los movimientos precisos de cada país y, sobre todo, el comportamiento de cada jefe de Estado (para adelantar negociaciones y/o conflictos, y actuar en consecuencia). Sin embargo, se sabe, tras cada revelación hay cientos de datos que no se conocen sobre estas propias investigaciones, por lo cual podría surgir el siguiente interrogante: si Washington ha investigado hasta a sus “hombres de confianza”, como Uribe y García, ¿hasta dónde llegará la vigilancia referida a los procesos políticos posneoliberales en nuestro continente, y en especial a aquellos proyectos que se han planteado una ruptura más radical del orden preexistente?. Por último, ¿qué sucederá en los ámbitos de la diplomacia internacional tras estas nuevas revelaciones, que manchan aún más a EEUU en su política de espía global? ¿El país gobernado por Obama tendrá que dar nuevas explicaciones sobre su política de vigilancia internacional, cuestionada ya por un amplio espectro de gobiernos de todo el mundo? Lo que sabemos, hasta el momento, es que las revelaciones de Snowden parecen lejos de haber terminado, sumando nuevos escándalos día a día.

Juan Manuel Karg. Licenciado en Ciencia Política UBA. Investigador del Centro Cultural de la Cooperación – Buenos Aires

@jmkarg

Fuente: http://www.telesurtv.net/articulos/2014/04/04/estados-unidos-el-espia-global-4076.html

Written by Eduardo Aquevedo

5 abril, 2014 at 20:40

Rodrigo Ambrosio, la coyuntura de 1970 y la lucha política… Entrevista.

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Rodrigo Ambrosio, Secretario General del MAPU, 1970

AMBROSIO1 – ¿Qué significado exacto da el MAPU a lo ocurrido el 4 de septiembre?

–"Ese día las clases sociales que pugnaban por el poder hicieron una medición muy precisa de sus fuerzas. Aparece a primera vista una gran alianza del pueblo encabezada por la clase obrera que presenta grados de unidad, de poder y movilización nunca vistos antes. Por otro lado, aparece la burguesía dividida desde el punto de vista de sus alianzas y de sus programas políticos. Un sector tradicional, diríamos arcaico, buscando, en tomo a un programa claramente conservador y autoritario, la alianza con la pequeña burguesía y las capas medias más moderadas; y una fracción burguesa más audaz, ligada a inversiones económicas que exigen por sí mismas mayor dinamismo, que se planteó la alianza, en tomo a un programa populista, con los sectores más atrasados del pueblo, particularmente rurales y suburbanos.

"Esa medición de fuerzas está indicando en primer lugar que hay en este momento histórico una coyuntura excepcional para emprender la lucha decisiva por el poder, puesto que la clase obrera alcanzó una fuerza formidable, y por otro lado la burguesía muestra un grado de grave deterioro y contradicción".

-¿Esto quiere decir que los trabajadores no han conquistado todavía el poder?

–"No. No creemos que la llegada del pueblo a La Moneda signifique la conquista del poder por los trabajadores. Creemos sí que el gobierno es una muy buena posición para luchar por el poder. Por eso estuvimos interesados en ganar la elección y luego en obligar a la reacción a reconocer esa victoria. Pero para nosotros La Moneda no es poder".

-La Unidad Popular afirma que implantará las condiciones para empezar la construcción del socialismo. Un documento oficial del Partido Socialista señala que por la forma particular en que se llegó al gobierno hay que conquistar el poder DESDE las estructuras capitalistas, a diferencia de otras experiencias donde los trabajadores tomaron el poder al tiempo que destruían esas estructuras, ¿qué piensa el MAPU al respecto?

–"Es evidente que la forma institucional del acceso al gobierno está predeterminando la forma específica que en el caso chileno va a asumir la destrucción del Estado burgués y la construcción de un nuevo Estado de clase, de un Estado popular. Eso no significa que la destrucción del Estado burgués se haga superflua o que pueda hacerse sin enfrentamiento. La lucha de las clases por el poder se expresa finalmente en el enfrentamiento irreductible entre dos poderes. Ese fenómeno fundamental del enfrentamiento de dos poderes de clase, un poder institucionalizado, legitimado por la tradición y por la superestructura del país, pero decadente, y un poder nuevo, emergente, sin instituciones adecuadas todavía, pero que en el caso chileno podrá aprovechar también en su beneficio muchas tradiciones jurídicas y muchas formalidades institucionales, ese enfrentamiento se repite aquí como en todos los procesos revolucionarios del mundo. Chile no es, pues, una excepción. La destrucción del Estado burgués sigue siendo un requisito".

-¿Ustedes están de acuerdo con la cita de Engels referente al tránsito pacífico al socialismo, hecha por el Presidente Allende en el Estadio Nacional?

–"Estamos absolutamente de acuerdo con ese discurso, pero esa cita preferiríamos hacerla una vez que Chile sea socialista. No queremos facilitarnos el camino y dar a las masas la impresión de que no habrá aquí necesidad de enfrentamientos muy largos y muy duros. Mientras rio salgamos victoriosos de esos choques creemos que es prematuro decir que la anticipación de Engels se cumplió".

-¿Entonces, qué camino va a seguir ese "poder emergente" para llegar a tener el dominio total de la situación?

–"Yo diría que el nuevo poder tiene dos filos. Uno son las masas en pie de combate y otro es el control institucional que dentro del Estado esas masas ya han conquistado. Ahora bien, es de la utilización plena, dialéctica, fecunda de esos dos filos que podrá irse logrando el aniquilamiento definitivo del poder burgués. Sería una ilusión típica de todos los intentos reformistas, pensar que el Presidente de la República, o los parlamentarios, o los partidos de la Unidad Popular, instalados en algunas posiciones del aparato estatal, aislados de las masas, puedan ganar esa batalla. Sin las masas los gobiernos populares se transforman en gobiernos populistas, demagógicos, conciliadores.. .".

-¿Qué es la "democracia representativa" chilena para el MAPU: la expresión máxima de la DEMOCRACIA y la libertad o un régimen político ideada por el capitalismo en beneficio propio, que necesariamente refleja la división de clases, como piensan algunos?

–"No hay democracia en abstracto. El régimen democrático chileno expresa en lo fundamental una forma de dominación de la burguesía. En lo fundamental. Creo, sin embargo, que un análisis marxista de la superestructura de la sociedad chilena debe ir más lejos. Yo creo que por ausencia de ese análisis en buena medida, muchos grupos revolucionarios han tenido en estos años un malentendido permanente respecto de la lucha política por el poder, y concretamente una negligencia dogmática hacia las formas electorales del enfrentamiento de clases.

"Evidentemente son los jurisconsultos de la burguesía, sus parlamentarios, sus ideólogos los que han conformado este sistema tan elaborado, aparentemente universal, en que cada chileno tendría mil y un derechos. Pero no se puede ignorar que en este país hay una vieja clase obrera que tiene casi cien años. La fuerza política de la clase obrera y de otros sectores del pueblo ha sido un factor que la burguesía no ha podido dejar de considerar. El sistema democrático hoy día vigente no es el resultado puro de la voluntad de dominación de una clase, ejercida en el vacío, es el producto de una lucha de clases. La clase obrera, gracias a su combatividad, a su poder creciente ha ido abriéndose paso, por así decirlo a codazos y patadas, como un ariete, abriéndose nuevas posibilidades de combate. Es eso, a juicio del MAPU, lo que hacía posible entender la lucha electoral como una manifestación de la lucha de clases".

-¿El MAPU está conforme con el pacto de las "Garantías Constitucionales"? La derecha lo presentó al país, casi diríamos como un salvoconducto para que Salvador Allende llegara a La Moneda. ¿En este caso la UP hipotecó algo, dejó algo en el camino hacia La Moneda?

–"Impulsamos y apoyamos esa negociación. Creemos que la UP no hipotecó nada. Ahora que se ha visto lo que esas garantías han ayudado a legitimar el Gobierno Popular, a desvanecer prejuicios en las capas medias, a aislar a los sediciosos, a dar la imagen sólida ante los gobiernos extranjeros, en un momento que era fácil cuestionarlo y atravesarse en su camino, yo creo que son pocos los que todavía dudan de su necesidad. Si el PDC no existiera habría que haberlo inventado. ¿Cree usted que Lenin –el Lenin que firmó la paz de Brest-livtosk– habría dudado en firmar semejantes garantías?".

-¿Cuál es el ritmo que desea el MAPU para la aplicación del programa popular, especialmente en las nacionalizaciones y reforma agraria?

–"Nosotros pensamos que hay hoy día una coyuntura favorable para echar ‘ a andar una estatización de la banca privada y los seguros, una nacionalización de la gran minería del cobre, del salitre, del hierro y de algunos monopolios industriales, una masificación creciente de la reforma agraria. ¿Por qué? Porque el enemigo está con la guardia baja, desarmado, a la defensiva, y hay que aprovechar esta posibilidad. Sin embargo, no creemos que este proceso deba ser decidido a priori en términos de ritmos, de velocidades. Esta no es una carrera de regularidad. Aquí lo que interesa es analizar cada coyuntura concreta. Este proceso no llegará más rápido al socialismo por querer ir más rápido hacia él. El camino más corto del socialismo pasa por la conquista del poder, y la conquista del poder pasa por la ampliación de la base de sustentación del Gobierno Popular, y esta ampliación pasa por la aplicación de las medidas democráticas del Programa, que permiten cohesionar las fuerzas de apoyo e incluso atraer hacia esas fuerzas más y más capas sociales. Esas medidas puede que no sean tan espectaculares; no son ni significan socialismo. Nosotros creemos, sin embargo, que realizándolas estamos haciendo socialismo también, en la medida que levantamos con ellas el poder de clase capaz de construirlo".

-¿A juicio del MAPU, ¿cómo debe combatirse el peso innegable que mantiene la ideología capitalista a través de la prensa y la educación privada?

–"Nosotros pensamos que en el terreno de la prensa, de la educación, de la propaganda, en general de la ideología, lo que corresponde es una implacable lucha ideológica. Creemos que esta es una de las particularidades interesantes de lo que algunos llaman "vía chilena". Aquí la oposición de las clases dominantes en declinación seguirá teniendo derechos, seguirá disponiendo del instrumental con que antes intentó, sin contrapeso, la domesticación de las conciencias. Pero al mismo tiempo las nuevas clases emergentes, sus diversas y particulares expresiones políticas, organizaciones de masas, sindicales y otras dispondrán también de un inmenso desarrollo material de posibilidades de creación ideológica, de discusión, de enfrentamiento con las ideologías tradicionales. No se trata de extirpar por decreto la ideología de la burguesía. Nos interesa que siga viviendo porque en esa medida nos obliga a un esfuerzo de persuasión, de educación, de convencimiento, a una lucha ideológica efectiva, creadora, que apele a todos los recursos de la inteligencia del pueblo, de su intelectualidad. Eso, a nuestro juicio, da a la larga la base para una conciencia popular, para una conciencia de clase".

–Además de la ideología, está el poder económico del capitalismo, ¿qué hará el Gobierno Popular con ese poder?

–"Creemos que es un principio elemental dividir al enemigo y utilizar con él tácticas diversas. Se trata, pues, de expropiar sin contemplaciones el poder económico de los enemigos principales, la propiedad de los monopolios; pero se trata también de dar garantías reales, efectivas, sólidas como gobierno, no sólo de seguridad sino de progreso, a la mediana y pequeña burguesía. No tememos que la burguesía pueda recuperarse, que pueda dar vuelta la tortilla, porque en la medida en que el Estado sea definitivamente del pueblo y en la medida en que se haya constituido un área económica dominante controlada por ese Estado, los panaderos, los comerciantes, los dueños de garage, los tenderos, los pequeños agricultores no podrán volver la historia atrás. Creemos que aquellos grupos revolucionarios, directa o indirectamente vinculados a las proposiciones clásicas del trotskismo, en definitiva lo que hacen es lanzar al proletariado solo al combate, al proletariado con algunas capas semi-proletarias contra toda la burguesía en bloque. Creemos que es una política errada, que regala aliados al enemigo y que en ese sentido redobla su fuerza, hace más difícil, por no decir imposible, la conquista y la consolidación del poder y por tanto el socialismo".

-¿Bastan los cambios en la economía para abrir las puertas al socialismo o se necesita una nueva cultura como señalan otros regímenes revolucionarios?

–"El socialismo no es solamente una organización diferente de la economía. Creemos que el socialismo es una realidad social total. Es decir, una economía donde ya no hay explotación, una democracia auténtica para los trabajadores y una nueva cultura que exprese los nuevos valores de las masas liberadas. Sin propiedad socialista no hay ni verdadera cultura nueva, ni verdadera democracia auténtica de trabajadores. Pero la mera organización económica socialista por sí misma no asegura la construcción de una verdadera sociedad socialista. "Apreciamos la revolución cultural china en este sentido. La apreciamos a pesar de todas las particularidades que sea difícil comprender desde aquí; apreciamos el esfuerzo que significa como intento sistemático, como intento político por construir los nuevos valores de la sociedad socialista.

Creemos que en Chile tendremos que estar atentos para iniciar desde un comienzo un trabajo de gran intensidad en este campo. Y el MAPU se prepara para hacer allí su contribución".

–Hay muchos que refiriéndose a la "nueva cultura" han señalado que es la cuna del hombre nuevo..

–"Evidentemente. Yo creo que las masas en esta experiencia particular de lucha y creación de estos años irán definiendo un nuevo modelo cultural del hombre, nuevas pautas de conducta, de moral, de convivencia, y que se abrirá paso a desarrollos inéditos, verdaderamente insólitos, en el arte, en la ciencia, en la moral. Tan acostumbrados estamos a que el arte, la moral y la ciencia sean el oficio profesional, privilegiado de una élite, que yo creo que nadie dejará de estar permanentemente asombrado el día en que las masas comiencen a tener, de manera quizá no tan intelectualizada, de manera práctica, capacidad para hacer su arte, su moral, su ciencia, su cultura".

–Los cubanos tienen un aliado, a mí juicio formidable en su empeño por construir el hombre nuevo: en ese país el dinero no tiene ningún valor, ningún sentido.

–"Nosotros creemos que la moral nueva colocará, evidentemente, el dinero, como mediador fetichizado de relaciones humanas, en su verdadero lugar. Creemos que las relaciones entre los hombres tendrán que tener un cauce cada vez más directo, donde muchos fetiches tendrán que ir siendo botados por la borda.

"Ahora, nosotros creemos también que no se trata aquí de pensar que esa vieja ley del marxismo, de la correspondencia entre superestructura y la base material, sea una ley que pueda echarse al bolsillo por pura voluntad revolucionaria. Creemos que este es un proceso que requiere tiempo, que requiere de cierto contexto objetivo".

-¿El riesgo de un enfrentamiento sangriento puede detener la aplicación del Programa?

–"La aplicación del Programa de la Unidad Popular requiere de un análisis constante de la correlación de fuerzas. Habrá que ir viendo, con mucha firmeza, con mucha intransigencia en lo estratégico, pero también con mucha flexibilidad en lo táctico, cuál es el momento oportuno para cada medida. Aquí no se trata de echarle para adelante no más, no se trata de arriesgar tontamente todo lo ganado, no se trata de exponernos a una derrota decisiva. Tenemos que golpear cuando el golpe pueda ser mortal, cuando el enemigo principal esté debilitado, aislado, a la defensiva; y para eso hay que atraer, o al menos neutralizar, a los enemigos secundarios".

-¿Cómo serán las Fuerzas Armadas en este gobierno?

–"No vemos posibilidades de construcción del socialismo en Chile sin una fuerza armada profundamente identificada con el pueblo, con el Estado Popular. Pensamos que nuestras FF.AA., por sus tradiciones constitucionalistas, por su pensamiento progresista y moderno, constituyen un magnífico respaldo en el inicio de ese camino.

"Las Fuerzas Armadas, como muchas instituciones de este país, nacidas en la vieja sociedad, irán cruzando este proceso con una responsabilidad exacerbada, con mucha avidez y perspicacia, haciendo suyas muchas experiencias nuevas. En 20 años más, la Iglesia, por ejemplo, estoy seguro que habrá extirpado sus reminiscencias clasistas, los residuos ideológicos que la hicieron un peón de las clases dominantes. Algo similar sucederá con muchas instituciones políticas del Estado, que irán adquiriendo nuevos contenidos, haciéndose más dóciles, más fieles a la voluntad del pueblo.

"Así vemos a las Fuerzas Armadas. El gobierno popular respetará el carácter y tradiciones de las Fuerzas Atufadas, pero éstas no vivirán aparte. Sus propios mandos buscan desde hace años definir nuevas tareas, junto a la tarea principal de la defensa nacional. Esta etapa que el pueblo de Chile comienza a vivir ofrece enormes posibilidades para que nuestras Fuerzas Armadas se liguen, de manera más estrecha que nunca, a grandes tareas patrióticas, de acrecentamiento concreto de nuestra soberanía, de progreso económico y social de nuestro pueblo. En ese sentido, estamos seguros que sin que medie ninguna intervención extraña, sin que se rompa la continuidad fundamental de las Fuerzas Armadas, al cabo de este proceso, al igual que Chile entero, ellas no serán las mismas".

-¿En los funerales de Schneider, el pueblo enterró un "héroe" propio o un "héroe" de la institucionalidad burguesa?

-"Este crimen abominable en la persona del más alto representante de las Fuerzas Armadas de las que la burguesía siempre se creyó "patrón", muestra que la burguesía es capaz de quemar lo que ayer adoró. El pueblo enterró una víctima de la burguesía. Los héroes sólo existen después de muertos. Responden a la necesidad de crearnos símbolos. Schneider ha pasado a ser el símbolo de la inseparable unidad que debe haber entre el pueblo y las Fuerzas Armadas y del respeto de éstas a los derechos democráticos de aquél".

-¿Qué papel, qué camino debe tomar la lucha de masas de ahora en adelante?

-"La lucha de masas sigue teniendo ahora más vigencia que nunca. Combatimos en los frentes de masas y en la Unidad Popular todas las tendencias en el sentido de que ahora las masas descansen, de que las masas se sientan ya en el poder, de que las masas deleguen en sus parlamentarios, en sus ministros, en las directivas de los partidos, o en el Presidente Allende. Las masas deben seguir luchando, sus organizaciones deben defender celosamente su autonomía del gobierno y de los partidos, deben levantar nuevas plataformas de lucha, deben revisar sus reivindicaciones del pasado con la perspectiva de un gobierno popular, deben combatir por ellas con intransigencia.

"Creemos que las reivindicaciones económicas tradicionales pasan, en el momento de la fase decisiva de la lucha por el poder, a colocarse en un contexto más amplio, donde las tareas principales son políticas y donde las masas son capaces de entenderlo así".

-¿La llegada de la UP al gobierno, significa la desaparición del MIR en el panorama político chileno?

-"Yo creo que por lo menos por un largo período, el MIR verá estancadas sus posibilidades de crecimiento. Que a la larga desaparezca o no, es un problema secundario. Lo importante es saber cómo todos los que allí militan, los que allí han visto un cauce para entregar su aporte a la revolución chilena, serán incorporados a este proceso. La incorporación como organización, pasa por una autocrítica leninista, por una autocrítica muy severa ante las masas. En todo caso, fuera de este proceso, cualquier grupo está destinado a convertirse en pequeña secta, sin ninguna eficacia política, y a la larga a desaparecer.

"El MIR no es en sí un enemigo del pueblo. Lo que sí atenta contra el pueblo es el ultra izquierdismo, y en la medida que el MIR o militantes del MIR se coloquen en posiciones correctas, en que se superen desviaciones del pasado, nosotros creemos que sería una política de estúpido sectarismo impedir que esos compañeros materialicen su aporte".

Punto Final N° 118, 24 de noviembre de 1970

Pascal Allende: "No he cambiado: soy mirista, marxista y sigo creyendo en el socialismo"

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Por: Ana María Sanhueza

Pascal Allende es el "tío Andrés" para Marco Enríquez. El fundador del MIR, íntimo de Fidel y admirador de Chávez, integra el comando estratégico del candidato. Para él, ME-O es la encarnación de un nuevo socialismo: "Lo que hoy vivimos en Chile, es el inicio de un proceso de crisis política y de cambio cultural como lo fue, en cierto sentido, el de los años 60". Dice que Arrate se quedó en el pasado y cuenta cómo es su relación con los MEO-piñeristas.

Para Marco Enríquez-Ominami, Andrés Pascal Allende -uno de los fundadores del MIR, amigo de Fidel Castro, formado por el Che Guevara para trabajar en el campo cubano, sobrino de Salvador Allende y admirador de Hugo Chávez-, es "el tío Andrés". Su cercanía viene desde que el actual secretario general de la Universidad Arcis lo visitaba en París, poco después de que su padre, Miguel Enríquez, muriera acribillado en 1974.

El diputado tenía cuatro años cuando lo vio por primera vez. Lo que más le llamó la atención de Pascal Allende era que solía estar rodeado de tres o cuatro hombres que oficiaban de guardaespaldas. La razón, en ese entonces, no era tan simple de explicar a un niño: el tío que acababa de conocer, sucesor de su padre en el MIR, andaba clandestino. Era uno de los hombres más buscados por la DINA.

Poco más de tres décadas después, Andrés Pascal Allende (65) es miembro del comité estratégico del candidato presidencial Marco Enríquez-Ominami (36), donde el ex revolucionario ha colaborado con gente de izquierda y también de derecha, como el empresario Paul Fontaine -socio de Rodrigo Danús- y Jorge González, quien hace un par de meses estaba en los grupos Tantauco de Sebastián Piñera. "Participar en el comando de ME-O ha sido una experiencia importante para mí", dice hoy sentado en un sofá adornado por un cojín que tiene bordada la imagen de Simón Bolívar.

Bolívar no es el único personaje que decora su departamento en Ñuñoa, donde vive con su joven esposa cubana. Sobre una de sus varias bibliotecas, además de una pequeña estatua, también hay una fotografía de Fidel Castro (Pascal ha vivido gran parte de su vida en Cuba), además de decenas de libros que, mirados al azar, son los siguientes: "Che, el camino del fuego", "Marxismo abierto", "Biografía de Camilo Torres Restrepo", "La utopía desarmada", "Crisis y renovación de las izquierdas", "Obras completas de Simón Bolívar", "Breve historia de la Revolución Mexicana", "II Congreso del Partido Comunista de Cuba", además de "Fidel y la religión", entre muchos más.

-¿Sigue siendo marxista?

-Sí. No he cambiado: soy revolucionario, mirista, marxista y sigo creyendo en el socialismo. Es más, hoy me siento más leninista por la capacidad que tuvo Lenin de interpretar la realidad específica de su país. Es decir, en el sentido no de copiar las fórmulas que hubo en la Revolución Bolchevique o la Revolución Cubana, porque estamos en otra época. Ya no vivimos el capitalismo industrial, sino uno posindustrial, con una sociedad que ha tenido cambios tecnológicos profundos y en que las relaciones de dominación no se expresan como hace 20 o 40 años. Eso te obliga a cambiar el disco duro.

-¿Cambió su disco duro con Marco o ya venía en ese proceso?

-Fue desde que llegué a Chile -hace siete años- y tuve la experiencia de lograr nada con la izquierda. Participé en varios colectivos  y la sensación que me dejó, es que levantábamos identidades y principios sin hacer una lectura real de lo que ocurría, sin saber cómo pensaba la mayoría de los jóvenes, que no piensan necesariamente entre izquierda y derecha. También, en el ámbito académico, vi que muchos intelectuales, gente que quiero mucho, siguen anclados a los mismos conceptos y miradas del pasado, sin una capacidad mínima de interlocución con esos jóvenes que tienen otra forma de ver las cosas. Pero que sí tienen sentimientos sociales y están descontentos con esta democracia.

-¿Pero ser parte de la elite acaso no le facilita las cosas a ME-O? -Desde luego que sí. Fidel Castro era hijo de un dueño de fundo; Lenin, hijo de un burócrata del gobierno zarista. Correa, en Ecuador, tampoco es un hijo del pueblo… Estos procesos comienzan justamente por una crisis en la elite.

-Y si es de izquierda, ¿por qué no está con Arrate?

-Inicialmente lo apoyé, porque es una excelente persona. Aunque en el pasado tuvimos diferencias políticas importantes, Arrate fue el padre de la renovación socialista. Además, yo nunca fui parte de la Concertación y él fue ministro. Estuve con él cuando tomó la valiente decisión de salirse del Partido Socialista. Eso me creó expectativas. Pero luego, le planteé que creía que esta candidatura iba a ser manejada por el Partido Comunista, y que no había una organización que pudiera hacerle el peso dentro del Juntos Podemos.

-¿Quién es hoy la izquierda: Arrate o ME-0?

-Somos todos. Pero ya pasó eso de que la izquierda está en la marginalidad. Y hoy muchos de la izquierda se han limitado a una política testimonial, que yo no le quito valor, porque sirve, sobre todo para recuperar la memoria histórica. Pero eso no es hacer política. Hacer política es intervenir dentro de la lucha social y generar nuevas bases de poder desde la sociedad. Arrate se ha sumado a la izquierda testimonial y conservadora que levanta programas sin ninguna base ni apoyo social real y que está aprisionada en una votación muy pequeña. Pero ahora, con Marco, por primera vez la izquierda logra superar sus márgenes y atraer a vastos sectores. A estas alturas, a más del 20% de las simpatías de voto en la población.

-Es crítico de la Concertación, y ME-O es hijo de la Concertación.¿No es una contradicción?

-Marco es hijo y fue parte de la Concertación. Pero también es hijo de otras historias, como las que tienen que ver con Miguel Enríquez y de su valoración de una época que no vivió, pero sí toda su familia y sus tíos, que aunque no seamos carnales, somos sus tíos. Marco me dice tío y lo conozco desde niño. Él es de una generación distinta a la nuestra, con otra forma de ver la realidad. Tiene una lectura más amplia de lo que sucede, mientras que otra parte de la izquierda -y lamentablemente Arrate es parte de ella- se queda con una lectura tradicional. Su discurso se ha quedado atado en el pasado. No hay categorías nuevas que den cuenta de una realidad. Tengo una muy buena impresión de él como persona, pero van a perder su voto por darse el gustito de decir "yo voto por Arrate". Con eso no están ayudando a la emergencia de una nueva fuerza. Votar por Arrate es perder el voto.

El heredero de Allende

-Criticó a Arrate por haberse renovado, ¿no están ahora invertidos los papeles y hoy el renovado es usted al estar con ME-O?

-No, no, no. Por el contrario: yo no estoy renovado, estoy tratando de ser lo más consecuente con mi pensamiento marxista. Porque una lectura marxista de la realidad da cuenta de los procesos históricos, de las situaciones y periodos de la lucha de clases y lo que hoy vivimos en Chile es el inicio de un proceso de crisis política y de cambio cultural tal como lo fue, en cierto sentido, el de los años 60.

-¿Qué hará si ME-O no pasa a segunda vuelta?

-Va a pasar, estoy seguro. Mira, si Marco hoy tiene 21% o 22% y Arrate el 7 %, súmalos y pasarían a la segunda vuelta. Además, Frei no tiene ninguna posibilidad de ganarle a Piñera. Según la CEP, Marco Enríquez está prácticamente en un empate técnico con Piñera. Se me revuelve el estómago de votar por Frei. Estoy en ésa.

-Pero la CEP dijo que ME-O no tiene cómo pasar a segunda vuelta.

-Quién sabe. La CEP no es Dios. La candidatura de Marco ya es un hecho histórico. Ha ido creciendo a un ritmo acelerado y no es para nada imposible. Estoy convencido de que Marco pasará a segunda vuelta. ¿Entonces por qué no, si Marco es la principal fuerza del cambio de una mayoría de izquierda más transversal? Hoy Lula es transversal, Evo es transversal y el mismo Chávez ¿no comenzó así?

-¿Chávez es transversal?

-Chávez lleva a cabo procesos bastante profundos. Y su gobierno no surge con las banderas del socialismo, sino que ha sido la radicalización del proceso la que lo ha llevado a plantear eso. Hoy, la fuerza del antineoliberalismo, le guste o no a Arrate y a la izquierda, se expresa en un movimiento que encabeza ME-O. La construcción de una sociedad socialista es un horizonte lejano, por lo menos para mí y para muchos de los que participamos con ME-O, pero entendemos que es producto de la generación de una nueva mayoría y de un proceso de cambio de la sociedad chilena. Además, los socialismos tampoco se dan igual que antes.

-¿Qué candidato es el heredero de Allende?

-Sin duda, Marco es el heredero de Miguel y de Allende. No creo que Allende hubiese estado, como Arrate, haciendo la renovación socialista ni fundando la Concertación. Allende era de izquierda y democrático. Creía que era posible una revolución democrática y murió por eso.

-¿Y Allende se habría sentado con la derecha en un mismo comando?

-Claro que sí. Una de las figuras que Allende tenía en su campaña era Gregorio Amunátegui, un liberal de derecha. Además, él también tenía relación con empresarios y figuras que no eran de izquierda y que lo apoyaron en su campaña.

-¿No hay algo emocional de su parte al votar por Marco?

-¡Pero si la emoción es parte de la política! El gran apoyo que tiene Marco es por ser transparente, una persona capaz de decir "sí, me equivoco". Marco, al igual que su padre, es un tipo capaz de jugársela. Dime ¿qué diputado ha tirado por la borda su diputación y la Concertación y se la juega por entero en lo que está haciendo?

-¿Pero ser parte de la elite no le facilita las cosas a ME-O?

-Desde luego que sí. Fidel Castro era hijo de un dueño de fundo; Lenin, hijo de un burócrata del gobierno zarista. Correa, en Ecuador, tampoco es un hijo del pueblo. Existen también los Lula y los Evo Morales, pero son más bien las excepciones. Estos procesos comienzan justamente por una crisis en la elite. Y evidentemente que una persona que está formada en una elite -tampoco entre los más ricos, pero sí en una clase media acomodada- se forma con una seguridad de lo que es capaz de hacer. Miguel era igual.

-¿A usted le pasó lo mismo?

-En parte, puede ser que sí. Pero no es una cosa consciente. De chico, cuando iba a veranear estaban Frei, Neruda y Allende. Los veía conversar, los escuchaba en las esquinas… ¿Qué necesidad tuve yo de niño, si mi padre me dio todo? Claro que eso te forma, entonces no es casual: Bernardo O’Higgins no era un muerto de hambre, Carrera menos; Manuel Rodríguez, a pesar de que era de clase media, tampoco. O sea, todos los procesos revolucionarios y de cambio comienzan con una ruptura desde dentro de la elite. Y eso Lenin lo decía: "Cuando se genera una situación revolucionaria es cuando los de abajo no quieren seguir viviendo igual, y los de arriba no pueden seguir viviendo igual".

La derecha de ME-O

-¿Qué es ser transversal en el mundo de ME-O?

-Primero, me costó comprenderlo. Soy sobrino de Salvador Allende, hijo de Laura Allende; a los 16 años me fui a Cuba a trabajar al campo; después volví a Chile, estuve en el Partido Socialista, luego creamos el MIR; estuve en la lucha contra la dictadura, gran parte del tiempo en la clandestinidad y luego volví a Cuba. O sea, soy una persona que los genes los tiene de izquierda. Pero hay dos miradas sobre la transversalidad: una cultural y social y otra política. Y no hay que confundir las dos cosas. La mayor parte de los jóvenes y adultos jóvenes no piensan en términos de izquierda y derecha, y esto es un fenómeno socialmente transversal.

-Hace cinco o 10 años ¿se habría embarcado en un proyecto común con alguien de derecha, como hoy le ocurre en el comando de ME-O?

-A pesar de haber estado en la clandestinidad, de haber sido perseguido por la dictadura, de haberme enfrentado con las armas para defender la democracia, tengo amigos que son de derecha, los que estuvieron conmigo en el colegio. Estudié en el Saint George, en la Católica y luego me titulé en la Chile y en la vida he recuperado muchos de esos amigos. Algunos son de RN, aunque con los UDI me cuesta un poquito más… Pero tengo amigos liberales, personas que quiero mucho y con las que discuto de política ¿por qué no?

-¿Cree que aún hay prejuicios sobre usted?

-Desde luego que debe haber prejuicios hacia mí desde la derecha, que me debe ver como a un terrorista, un tipo ultrarradical y algunos deben hablar de "este extremista come-guaguas". También puede haberlos en algunos comunistas, porque también tengo amigos allí. Pero son caricaturas que al final de la vida te resbalan.

-¿Cómo ha sido su experiencia en el comando?

-Ha sido una experiencia importante para mí. Allí, el 90%  es de sensibilidad de izquierda. También hay muchos independientes y gente como Paul Fontaine y Jorge González. Paul está en el grupo económico y he estado en múltiples reuniones con él. Tenemos diferencias y las hemos discutido. En el comando me siento como en mi casa.

-Usted nunca ha estado de acuerdo con privatizar una parte de Codelco.

-Paul partió con la idea de privatizar. Y ha reconocido que cometió un error. La mirada de Marco sobre el tema de Codelco es que tiene que existir un control ciudadano sobre las empresas públicas. Eso es parte del nuevo socialismo. Cuando Marco habla de privatizar el 5%, pensaba que los trabajadores fueran codueños, para que hubiera un poder fiscalizador. Eso se discutió en los grupos de programas y la opinión mayoritaria es que no hay que privatizar. Marco lo dijo en su reciente visita a Chuquicamata.

-En una entrevista con Qué Pasa, Fontaine se refirió a Marambio, Ominami y a usted. Dijo: "ellos eran de un marxismo leninismo violento" y que el medio que usaron "era equivocado".

-Y eso yo lo critico profundamente y lo hemos discutido. Paul Fontaine es una persona muy conversable y simpática. Es un liberal, pero no tiene una aproximación tipo militar de derecha. Yo me siento muy bien en el comando. Por ejemplo, he aprendido a querer a Jorge González. Pero la realidad del comité estratégico es que el 99% de sus miembros son de izquierda y progresistas.

-Y si son tan de izquierda ¿cómo explica que el 29% de los votantes de ME-O está dispuesto a apoyar a Piñera?, ¿lo complica ese respaldo?

-No me complica para nada. Primero, porque no es gente de partido. Muchos de ellos están aburridos de la Concertación y votarán por Piñera por eso. Y otros quién sabe qué ven en Piñera: tal vez un tipo exitoso, anda a saber tú. Pero no hay que confundir la transversalidad social con la política de partidos. Ésa es una lectura fundamental. Lo de hoy es un fenómeno nuevo. Y hay que abrir los ojos, porque si no, nos quedamos como viejos mirando al pasado.

Fidel y Chávez

-De los dos candidatos de la izquierda, ME-O y Arrate, ¿Fidel Castro a quién miraría con mejores ojos?

-No se lo he preguntado a Fidel, no lo veo desde hace tiempo. Pero hay una cosa que tiene Fidel y en eso lo respeto y admiro: es una persona que escucha. He tenido largas reuniones con él, acá en Chile y en Cuba. Es un estadista. Pero él y Cuba han vivido un bloqueo de más de 50 años y han sido empujados a una posición que obligatoriamente tiene que ser más cerrada. Pero eso está empezando a cambiar en América Latina. Marco ha salido del país, ¿y dónde va? A hablar con Lula, con Cristina Fernández, con Correa, conoce a Evo. Hoy la realidad es que hay una exclusión social. No es casual que Marco no vaya a  Estados Unidos y sí vaya a estos países.

No soy vocero de Marco, hablo por mí, pero creo que Marco respeta lo que está ocurriendo en Venezuela, le guste o no. Pero su identidad mayor es con Rafael Correa: es un líder joven que rompe esquemas y genera una revolución ciudadana, con sensibilidad hacia el problema indígena.

-También ha tenido deferencias hacia Hugo Chávez.

-Sí, es respetuoso de Hugo. No soy vocero de Marco, hablo por mí, pero creo que Marco respeta lo que está ocurriendo en Venezuela, le guste o no. Pero su identidad mayor es con Rafael Correa: es un líder joven que rompe esquemas y genera una revolución ciudadana, con sensibilidad hacia el problema indígena.

-¿Piensa que el gobierno de Chávez es democrático?

-Soy un admirador de Chávez. Él ha ido produciendo un cambio democrático muy importante. Lo he acompañado en sus giras y sabe comunicarse con su pueblo. El fervor que despierta entre los más pobres es extraordinario. Tengo una magnífica opinión de Chávez.

-¿Y qué le parece el gobierno de Cuba? ¿Lo ve anticuado?

-Cuba vive una situación muy difícil. Y yo tengo gran respeto y cariño por Fidel, es una persona extraordinaria. Hay una historia que lo muestra muy bien: en 1978, para poder entrar a Chile clandestino, me preparé en Cuba. La noche antes de venirme, Fidel me llamó y estuvimos hasta las cuatro de la mañana conversando en su oficina. Estaba muy preocupado de cómo lo iba a hacer para venir. Cuando me despedí e iba a tomar el ascensor, Fidel me alcanzó y me dijo: "Pascal, anda tranquilo, que tu familia acá estará segura, tus hijos estarán cuidados. Despreocúpate". Estando clandestino en Chile, mi hijo Pablito, de cuatro años, se murió en Cuba de una meningitis  fulminante, en 24 horas.

-¿Cómo se enteró?

-Por un sistema de comunicación radial. Para mí fue terrible…Cuando regresé a Cuba, dos años después, me llevaron a una casa de seguridad. De repente llegó Fidel y me preguntó de Chile y de la lucha. De pronto, me dice: "Pascal. Siento que te he fallado". "No comandante, han sido muy generosos, nos han ayudado en nuestra lucha contra la dictadura", le respondí. Pero él insistió: "No me refiero a eso, ¿te recuerdas que cuando te fuiste te dije que estuvieras tranquilo y que tu familia estaría segura? Tu hijo murió y siento que te hemos fallado. No fue responsabilidad de nadie, pero siento que te he fallado". Dime ¿qué jefe de Estado tiene una reacción así?

QUE PASA.CL

N. Chomsky: la cuestionada y vigente supremacía estadunidense en América Latina…

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Noam Chomsky

La Jornada

CHOMSKY5 Estados Unidos fue fundado como un imperio infante en las palabras de George Washington. La conquista del territorio nacional fue una gran aventura imperial. Desde los primeros días, el control del hemisferio fue una meta vital.

América Latina ha conservado su primacía en la planeación global de Estados Unidos. Si Estados Unidos no puede controlar a América Latina, no puede esperar lograr un orden exitoso en otros lugares del mundo, declaró el Consejo Nacional de Seguridad del presidente Richard M. Nixon en 1971, cuando Washington estaba considerando el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende en Chile.

Recientemente el problema del hemisferio se ha intensificado. América del Sur se ha movido hacia la integración, un prerrequisito para la independencia; ha ampliado sus vínculos internacionales y ha empezado a enfrentar sus desórdenes internos, entre los cuales destaca el tradicional dominio de la minoría europeizada pudiente sobre un océano de miseria y sufrimiento.

El problema se agudizó hace un año en Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, donde, en 2005, la mayoría indígena eligió a un presidente de sus propias filas, Evo Morales.

En agosto de 2008, después de la victoria de Morales en un referendo, la oposición integrada por elites respaldadas por Estados Unidos se tornó violenta, desembocando en la matanza de unos 30 partidarios del gobierno.

En respuesta, la recién formada Unión de Repúblicas Sudamericanas (Unasur) convocó a una reunión cimera. Los participantes –todos los países de América del Sur– declararon su pleno y firme apoyo al gobierno constitucional del presidente Evo Morales, cuyo mandato fue ratificado por una gran mayoría.

Por primera vez en la historia de América del Sur, los países de nuestra región han decidido cómo resolver nuestros problemas, sin la presencia de Estados Unidos, observó Morales.

Otra manifestación: el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha prometido poner fin al uso por parte de Estados Unidos de la base militar de Manta, la última instalación de ese tipo de Estados Unidos en América del Sur.

En julio, Estados Unidos y Colombia firmaron un acuerdo secreto para permitir a Estados Unidos la utilización de siete bases militares en Colombia.

El propósito oficial es contrarrestar el narcotráfico y el terrorismo, pero altos oficiales militares y funcionarios civiles de Colombia familiarizados con las negociaciones revelaron a la Associated Press que la idea es hacer de Colombia un centro para las operaciones del Pentágono.

El acuerdo proporciona a Colombia un acceso privilegiado a abastecimiento militar de Estados Unidos, según informes. Colombia ya es actualmente el mayor recipiente de ayuda militar estadunidense (aparte de Israel-Egipto, una categoría separada).

Colombia ha tenido de lejos el peor historial de derechos humanos en el hemisferio desde las guerras centroamericanas de los años 80. La correlación entre la ayuda de Estados Unidos y las violaciones a los derechos humanos ha sido notada desde hace tiempo por académicos.

La Ap citó también un documento de abril 2009 del Comando de Movilidad Aérea de Estados Unidos, en el que se propone que la base Palanquero en Colombia podría convertirse enlocación de seguridad cooperativa.

Desde Palanquero, “casi la mitad del continente puede ser cubierta por un (trasporte aéreo) C-17 sin recargar combustible”, señala el documento. Esto podría formar parte de una estrategia global en ruta que ayude a lograr la estrategia y contribuya a encaminar la movilidad a África.

El 28 de agosto, la Unasur se reunió en Bariloche, Argentina, para analizar la cuestión de las bases militares en Colombia.

Después de un debate intenso, la declaración final subrayó que Sudamérica debe mantenerse como una tierra de paz y que fuerzas militares extranjeras no deben amenazar la soberanía e integridad de ninguna nación de la región. E instruyó al Consejo de Defensa Sudamericano que investigue el documento del Comando Aéreo de Movilidad.

El propósito oficial de las bases no escapó a las críticas. Morales dijo haber sido testigo que soldados de Estados Unidos que acompañan a tropas bolivianas dispararon contra miembros del sindicato de cultivadores de coca.

Así que ahora somos narcoterroristas, continuó. Cuando no pudieron seguir llamándonos comunistas, nos llamaron subversivos, y después traficantes, y terroristas desde los ataques del 11 de septiembre. Advirtió que la historia de América Latina se repite.

La responsabilidad final de la violencia en América Latina yace con los consumidores de drogas ilegales en Estados Unidos, dijo Evo Morales. Si la Unasur enviara tropas a Estados Unidos para controlar el consumo, ¿lo aceptarían? Imposible.

El hecho de que la justificación de Estados Unidos por sus programas antidrogas en el extranjero sea considerada siquiera digna de debate es una ilustración más de la profundidad de la mentalidad imperial.

El pasado febrero, la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y democracia emitió su análisis sobre la guerra contra las drogas de Estados Unidos en las décadas pasadas.

La comisión, encabezada por los ex presidentes latinoamericanos Fernando Cardoso (Brasil), Ernesto Zedillo (México) y César Gaviria (Colombia) llegó a la conclusión de que la guerra contra las drogas había sido un fracaso total y exhortó a un cambio radical de política, alejada de medidas de fuerza en lo interno y en el exterior, y hacia medidas mucho menos costosas y más eficaces de prevención y tratamiento.

El informe de la comisión, como estudios previos y los antecedentes históricos, careció de un impacto detectable. Esta falta de respuesta refuerza la conclusión natural de que la guerra contra las drogas, como la guerra contra la criminalidad y la guerra contra el terrorismo se libran por razones ajenas a las metas anunciadas, que son reveladas por las consecuencias.

Durante el decenio pasado, Estados Unidos ha incrementado la ayuda militar y el adiestramiento de oficiales latinoamericanos en tácticas de infantería ligera para combatir el populismo radical, un concepto que, en el contexto latinoamericano, envía escalofríos a la espalda.

El adiestramiento militar está siendo desplazado del Departamento de Estado al Pentágono, eliminando previsiones de derechos humanos y democracia antes bajo supervisión congresional, siempre débiles pero al menos un disuasivo para los peores abusos.

La Cuarta Flota de Estados Unidos, desbandada en 1950, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión de Colombia a Ecuador, con responsabilidad para el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas que la rodean.

Sus operaciones diversas incluyen el combate al tráfico ilícito, cooperación de seguridad en el teatro, interacción de militares a militares y adiestramiento bilateral y multinacional, detalla el anuncio oficial.

La militarización de América del Sur se alinea con designios mucho más amplios. En Irak, la información es virtualmente nula acerca de las bases militares de Estados Unidos allí, así que debe suponerse que permanecen para proyección de fuerza. El costo de la inmensa ciudad-en-una-ciudad que es la embajada en Bagdad se elevará a mil 800 millones de dólares al año, de mil 500 millones que se habían estimado.

El gobierno de Obama también está construyendo megaembajadas en Pakistán y Afganistán.

Estados Unidos y el Reino Unido están exigiendo que la base militar de Diego García sea exenta de de la zona libre de armas nucleares de Africa, como lo están las bases de Estados Unidos en zonas similares en el Pacífico.

En pocas palabras, las acciones de un mundo de paz no caen en el cambio en el que puedes creer, para pedir

prestado el eslogan de campaña de Obama.

http://www.jornada.unam.mx

MAPU, Historia: Gobierno UP y quiebres 1971-1973… (Cuarta Parte)

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AMBROSIO1 por Cristina Moyano, Dra. en Historia

Capitulo 4:

Gobierno y quiebres 1971-1973. MAPU: el partido “que nació a caballo”

La formación de la izquierda cristiana y la primera fractura del MAPU: la oportunidad para definir la identidad marxista.

Ampliamente cubierto por El Mercurio, el conflicto desatado en la mitad de 1971 mostraba, según el periódico, las tensiones insalvables e irreconciliables, en el largo plazo, de la compleja convivencia entre marxismo y cristianismo.

La idea de que el marxismo y el cristianismo podían convivir de manera armónica y potenciarse mutuamente se termina abruptamente con la creación de la IC y la salida de los parlamentarios del MAPU, principales líderes en los primeros meses de actuación del partido, cuestión que será sobredimensionada por la prensa de derecha. Sin embargo, cabe mencionar que la formación de la Izquierda Cristiana no se debe a dichos parlamentarios, sino que a un conflicto que cruza a la DC y el sector tercerista que decide quebrar con dicho partido ante el fracaso de reformar por dentro la colectividad de la flecha roja y avanzar en un proceso de profundización de las reformas sociales y económicas prometidas bajo el lema de la “Revolución en Libertad”.

El conflicto por la definición ideológica al interior del MAPU comienza a hacerse más agudo en el mes de agosto de 1971, días previos a la inscripción formal de la colectividad en el registro electoral. Dada la importancia que tenía el hecho de convertir al MAPU en un partido, con todas las de la ley, las pugnas internas se hicieron cada vez más visibles. La nueva colectividad debía tener una ideología clara y definida y en ese ámbito parece que la opción de Rodrigo Ambrosio, Secretario General por esos años, de definirse como partido marxista, excluía la posibilidad de mantener el ideal cristiano.

Así lo expresaba una carta enviada por Jerez, Gumucio, Silva Solar y Chonchol a Ambrosio el 25 de mayo de 1971, en donde conminan al Secretario General a “abordar y resolver seriamente el problema de su ideología”. En dicha carta los viejos fundadores del MAPU enfatizaban que “para algunos, entre los que nos encontramos, somos una fuerza dentro de la izquierda, destinada fundamentalmente a ser cauce para aquellos que siendo de formación o tradición cristiana, se sienten comprometidos en un frente político y con un programa común para la fuerzas populares, fundamentalmente de formación marxista, para impulsar juntos el cambio revolucionario de la sociedad y construir en Chile una sociedad socialista… para otros, por ejemplo para muchos jóvenes del MAPU y para usted mismo, compañero Ambrosio, somos un partido leninista. Con ello deja atrás lo planteado en el principal documento teórico del movimiento que al formarse el MAPU señaló que éste hacía suyos “los valores revolucionarios que el cristianismo como fuerza cultural incorporó al mundo”.[1]

Se planteaba en esta carta que el MAPU se encontraba perdiendo la fuerza potencial, que los viejos fundadores creían tenía la nueva colectividad de izquierda. Ese elemento de identidad y que según ellos ampliaba las bases de la UP al incluir el elemento cristiano al ideario popular y revolucionario, que en nuestro país estaba articulado básicamente en torno a los partidos que se habían declarado marxistas, se abandonaba para constituirse en un partido más de la izquierda ya existente. Según los mismos parlamentarios “respetamos plenamente al cristiano que milita en un partido marxista. Nos parece una opción legítima. Pero creemos que la incorporación masiva de los sectores populares cristianos a la lucha por la construcción socialista requiere de un cauce político que les sea más accesible, y eso es a nuestro juicio, una izquierda de inspiración cristiana… que tome su puesto en la tarea de transformación revolucionaria de la sociedad junto a los comunistas, socialistas, radicales y toda la izquierda.”[2]

Sin embargo, la misiva junto con enfatizar que la opción por el marxismo leninismo dejaría fuera a un importante contingente de personas cuya identidad popular no estaba afianzada en esa ideología, también dejaba ver, entrelíneas, que la definición teórico-ideológica estaba cruzada por un conflicto generacional. Los parlamentarios señalan que son los más jóvenes los que mayoritariamente abogaron por esta definición ideológica y entre ellos se encontraba Ambrosio y la gran cantidad de militantes que provenientes de la tradición cristiana necesitaban definirse como marxistas, quebrando sus lazos con el pasado, construyendo una nueva identidad.

Finalmente la apuesta de los jóvenes no estará en aportar a la izquierda una ideología distinta, sino que una forma de poner en práctica esa ideología, una nueva forma de hacer política, que requería precisamente de cortes y rupturas con aquellos sectores tradicionales y que en el MAPU representaban los más viejos, aquellos para quienes el peso de la cultura política adquirida en la Democracia Cristiana no podía ser arrancada de raíz.

De esta forma la constitución de la Izquierda Cristiana, aún cuando se propusiera básicamente herir a la Democracia Cristiana, terminaría también hiriendo al MAPU, toda vez que la base militante y el ideario eran bastante comunes. Es por eso que los intentos públicos de Ambrosio se encuentran abocados a construir una imagen del MAPU como partido tolerante donde todos tienen espacio para hacer política, tratando con ello de mantener esa duplicidad que le daba la importancia política a la colectividad. Ambrosio señalaba que en el MAPU tenían un espacio de participación todos los que quisieren adherir a su propuesta, ya que esta colectividad era “pluripartidista no sólo como actitud, sino que como una forma de vivir y actuar”[3].

Mientras Ambrosio intentaba mantener esta imagen del MAPU para evitar que otros militantes salieran de la colectividad, la Izquierda Cristiana en sus declaraciones públicas enfatizaba la imposibilidad de que convivieran en la misma colectividad marxistas y cristianos. Las palabras de Luis Maira, líder fundador de la IC, eran bastante claras cuando argumentaba que “no polemizará con el MAPU, por cuanto los diferencia la matriz ideológica, los primeros son cristianos y los segundo de inspiración marxista”[4]. Con ello Maira zanjaba la discusión al afirmar que los cristianos revolucionarios están en la IC, los marxistas en las otras colectividades.

Para la prensa de ese entonces, el conflicto desatado con la formación de la IC viene a poner en juego la base de apoyo a la Unidad Popular. Para el Mercurio por ejemplo, la formación de esta nueva colectividad no aumenta el apoyo al gobierno de Allende, sino que divide el ya existente. Según este periódico la IC permite simplemente que los cristianos del MAPU formen su propia colectividad, dejando de convivir con los marxistas. Eran los mismos, no aumentaron, solo se dividieron, era la conclusión del periódico.

Al mismo tiempo, El Mercurio señalaba que el MAPU “al perder su identidad inicial cristiana, socialista y revolucionaria deja(ba) de ser atractiva, para convertirse en un partido leninista más que no le aporta(ba) pluralismo a la U.P[5]. Resaltaba también el periódico, para fundamentar esta idea, las palabras con que Narciso Irureta, militante de la DC analizaba el conflicto, esgrimiendo que la formación de la IC y la aparente crisis que generaría en la DC era simplemente una “estrategia para tapar la crisis de la UP”[6].

De esta forma tanto el periódico El Mercurio como la Tercera, enfatizaron la creación de la Izquierda Cristiana como un conflicto que si bien se inicia en la DC, termina afectando también al MAPU y las bases de apoyo de la Unidad Popular. Dicho enfoque, sin embargo, quedaba matizado con la forma en que se cubrió el nacimiento de la nueva colectividad política por los periódicos El Siglo y El Clarín. En estos últimos periódicos, el conflicto parecía solo rozar al MAPU, planteandose como clave el problema del debilitamiento estructural de las fuerzas demócrata –cristianas, causado por un descontento militante ante el comportamiento de las cúpulas partidarias, bastante alejado de las promesas de cambio social y de construcción de una sociedad comunitaria, que hicieron atractivo a dicho partido formado hacia fines de los años 50.

Dentro de este conflicto político, el 12 de agosto de 1971 el MAPU se inscribió como partido formal ante el registro electoral. Avalan su inscripción 34.000 firmas, de las cuales ya habían renunciado el 6 de agosto, los líderes más visibles en los primeros meses de existencia del Movimiento de Acción Popular Unitaria. No estarían en el “MAPU partido” ni Chonchol, ni Jerez, ni Gumucio, ni Silva Solar.

Sólo dos días después de la inscripción de la colectividad, Ambrosio aceptó la renuncia de los antiguos militantes y en una declaración pública afirmó que “la declaración de los renunciados envolvía una paradoja, porque mientras por un lado se integraban a un nuevo cauce revolucionario, desvalorizaban al mismo tiempo la multiplicidad de caminos que tienen los cristianos para trabajar por la revolución[7]. En forma similar, en una carta de la comisión política del MAPU hecha pública el 17 de agosto del año 1971 se argumentaba que el MAPU aceptaba la renuncia de dichos militantes, pero sin comprender la estrechez de visión de los parlamentarios, que no les permitía entender la posibilidad de que un cristiano milite en un partido sin ideología cristiana y de izquierda[8].

La “estrechez de visión” que los miembros de la comisión política del MAPU destacaron como argumento a la renuncia de estos militantes ex rebeldes de la DC, estaba referida también a otro elemento que sobresaltaron en la misma carta, referida a la profunda crítica sobre la forma tradicional de entender y practicar la política, tal como estos lo habían hecho en su partido originario. Los jóvenes del MAPU enfatizaron así, que el problema no era sólo ideológico-doctrinario, sino que contraponía dos formas de pensar y actuar la política, antagónicas tanto en el sentido ideológico así como en el sentido generacional.

La prensa de la época destacó esos elementos y contrapuso de manera más evidente la aparente incongruencia entre marxismo y cristianismo. De hecho una tira cómica que aparece en el Mercurio muestra al MAPU como un partido atropellador e intolerante, tratando con ello de estigmatizar un dogmatismo exacerbado del marxismo, que no se condice con los postulados expresos en los documentos políticos de la colectividad, donde ellos argumentaban que el marxismo era simplemente una herramienta de análisis de la realidad social y no un dogma incuestionable. En la tira cómica, aparece el sacerdote jesuita Gonzalo Arroyo, destacado militante del MAPU, pescando con un anzuelo dos peces que tienen escritos en sus vientres marxistas y cristianos, bajo los pies del sacerdote aparece escrito: ¡ Se desbordó el arroyo!.

De esta forma, la primera ruptura del MAPU comenzó a configurar de manera más expresa elementos de su propia cultura política. La intensidad puesta en la definición doctrinal inicial era interesante porque llevaba a la colectividad a expresar de manera pública cuál sería su manera de relacionarse con el marxismo. Aquí aparece, por lo tanto, un elemento que será importante no sólo en esos momentos, sino que más tarde dentro del proceso de renovación socialista. El MAPU entenderá el marxismo como un instrumento de análisis de la realidad social, sin dejar de lado otros elementos que permitieran adentrarse en una comprensión más profunda de lo social. Lo importante para ellos era generar una nueva forma de ver la política, donde el análisis coyuntural y estructural de la realidad chilena se volviera clave para definir la acción de los militantes. El estudio y por lo tanto una construcción más “profesional” de la política fueron elementos que van configurando la novedosa cultura política del MAPU.

Junto a lo anterior, otro elemento que va demostrando este quiebre, era una forma de militancia política que va poniendo en jaque la diversidad dentro del partido. Si bien Ambrosio en forma permanente tratará de postular que un elemento importante que aporta el MAPU a la izquierda es la posibilidad de que coexistan y convivan dentro del partido distintos actores y distintas posturas sobre lo que se entiende por socialismo y marxismo; en la práctica la militancia cotidiana, tan mezclada con el compromiso personal, la ética y la moral del militante, va imposibilitando que permanezcan en la colectividad grupos demasiado diversos. De allí que la historia de este período fundacional tenga dos quiebres importantes en un corto período de tiempo: el que acabamos de relatar y el que se irá produciendo hacia el año 1972 y que terminará por quebrar públicamente al MAPU en marzo de 1973. Esto quedará graficado de manera metafórica en un dicho atribuido a Ambrosio y recordado en la prensa por Oscar Garretón, a raíz del quiebre del año 1973: “El partido nació a caballo… de allí que no temamos a los corcoveos”[9], haciendo referencia a las turbulencias en las cuales nació y se desarrolló el MAPU en sus cortos años de existencia.

El MAPU y “la colaboración crítica” con el gobierno de la Unidad Popular.

Tal como expresamos en el capítulo anterior, el MAPU nació como colectividad para posibilitar la unión de la izquierda con miras a la elecciones de 1970. Así, una vez que Allende triunfó, el MAPU debió articular un nuevo discurso que justificara su existencia en la arena política, cuando ya se había alcanzado el objetivo fundacional.

La participación en el gobierno de la Unidad Popular conllevó al MAPU a una definición doctrinal importante que fundamentó el primer quiebre antes relatado. En forma paralela, puso a los jóvenes militantes a diseñar una estrategia de participación en el recién formado gobierno, participación que podemos definir de “colaboración crítica”.

Dicha colaboración crítica se caracterizará por el aporte de importantes cuadros técnicos en la administración del Estado. Es en esa esfera donde comenzarán a aparecer en la prensa los nombres de los militantes que hasta nuestros días son asociados al MAPU. Importantes cuadros del MAPU fueron las figuras de Oscar Guillermo Garretón[10] en la subsecretaría de Economía, quien más tarde será reemplazado por Fernando Flores[11]; José Antonio Viera Gallo[12] en la subsecretaría de Justicia, otras figuras en la CORFO como el mismo Flores o Francisco Gonzalez[13]; interventores de empresas pasadas al área de propiedad social[14], o dentro de la misma área económica y financiera, personas como Jaime Estévez, por ejemplo.

De esta forma el MAPU entregó a la gestión administrativa del gobierno de Salvador Allende importantes cuadros técnicos[15] compuestos por militantes jóvenes, con preparación universitaria y que a temprana edad se encontraban ejerciendo importantes cargos en la administración del Estado[16]. Sin embargo, esta participación en la administración no estuvo exenta de críticas a la gestión del gobierno. Así mientras algunos cuadros participaban de la construcción de la sociedad socialista desde el Estado, también coexistieron en el MAPU cuadros militantes[17] que articularon duras críticas a dicho proceso, referidas tanto a la rapidez como a la profundidad de las transformaciones.

Junto a este cuestionamiento coexiste otro referido al lugar desde es necesario construir el poder para llegar a la sociedad socialista. Un grupo importante de militantes del MAPU básicamente agrupados en el Regional de Concepción, Valparaíso y el Regional Sur de Santiago comenzaron a adherir a la propuesta de que era necesario “crear poder popular” y que por lo tanto, la participación en el Estado era una cuestión menor, razón por lo cual el partido debería concentrarse en el trabajo con las masas y desde las masas.

De esta forma parte importante de la crítica que un sector del MAPU hizo al gobierno de Allende, se realizó desde el lugar que cada militante ocupa en la sociedad. En otras palabras, el MAPU durante ese período reúne en su critica elementos visibles de la práctica política – administrativa, generadas a raíz de lo que sus propios militantes realizan. Esto es importante, por cuanto la crítica del MAPU no es solo doctrinaria, sino que también práctica, derivada de su propia participación y experiencia, cuestión que lo diferenciaba del MIR, por ejemplo.

Los cuadros técnicos de MAPU que ocuparon puestos estratégicos, fueron generando una particular forma de entender el proceso de construcción del socialismo. Su aporte crítico o de colaboración se hizo desde la perspectiva profesional administrativa donde actuaban, haciéndose cada vez más partidarios de fortalecer el poder del Estado, desde donde entendían debía dirigirse el proyecto de construcción de una sociedad socialista. De allí que el MAPU apareciera como un actor importante en el proceso económico, tanto en el sector industrial – empresarial como en el sector agrícola, ya que fue a través de su acción en la subsecretaría de economía, en la CORFO o en INDAP desde donde hablaron sus cuadros a la prensa de la época. Es por eso que una primera forma de aparición del MAPU en la prensa tuviera un corte asociado al trabajo programático, profesional y administrativo; es decir, sus actuaciones públicas estaban en estricta relación con su actuación en el gobierno.

De la acción gubernamental por lo tanto, el MAPU aprovechó los espacios para comunicar su propia idea de socialismo y de nación chilena, quedando claro que la opción del proyecto socialista debía partir de una acción práctica que evidenciara un real conocimiento de nuestra sociedad. Este elemento era válido tanto para quienes eran más partidarios de fortalecer el movimiento popular, como para quienes eran más cercanos a la idea de fortalecer el poder del Estado y potenciar el proyecto de la UP dentro del marco institucional.

Entre 1970 y fines de 1971, el MAPU planteó la línea de colaboración crítica hacia el gobierno de la UP, cuestión que en la práctica se tradujo en una militancia ordenada y disciplinada de apoyo a la gestión gubernamental con sus cuadros técnicos, dirigiendo sus principales críticas a la Democracia Cristiana, al imperialismo y a la oligarquía patronal chilena. Estos últimos focos de ataque fueron recurrentes en casi todos los partidos de la U.P, aunque el conflicto con la DC fuera más patente en el MAPU, en su afán permanente por diferenciarse de su partido original. Las tensiones internas entre los dos grandes grupos que hemos destacado, sólo asomaron en la prensa y no lograron constituir un elemento distintivo de la colectividad.

En ese período y bajo la conducción de Rodrigo Ambrosio, el MAPU se dedicó en conjunto con las labores administrativas y ejecutivas, a crecer como colectividad. Para esta última tarea, situó como elementos centrales de su trabajo el frente de masas, donde la colectividad tuvo importante participación sindical (CUT)[18], así como en las Federaciones Universitarias de Estudiantes, donde el MAPU logró bastante presencia, y en el sector campesino cuyas bases populares fueron efectivamente la gran base social de apoyo al partido junto a los estudiantes y algunos dirigentes del movimiento de pobladores. El sector campesino de apoyo del MAPU, se le debe al trabajo proveniente de la Democracia Cristiana, con figuras importantes como Jacques Chonchol y que continuaron militantes destacados como Jaime Gazmuri, por ejemplo. Las conexiones de la DC en el sector campesino a través de la creación de INDAP y la CORA en el contexto de la Reforma Agraria del gobierno de Frei Montalva, fueron generando condiciones positivas para que una vez producido el quiebre, el MAPU mantuviera dichas conexiones, que de modo general era un espacio poco visitado por la izquierda tradicional.

El trabajo de base y de proselitismo que se realizó en el contexto de la Reforma Agraria, por figuras del aparato DC del departamento campesino y que más tarde migraron de manera masiva al MAPU, posibilitó a esta colectividad heredar un espacio de influencia nuevo y que se encontraba tradicionalmente en disputa por el centro político y la derecha.

Las influencias del MAPU en otros sectores sociales, como el movimiento obrero más clásico (industrial o minero, por ejemplo) fueron más reducidas. Se puede inferir por tanto, que su capacidad de disputa de los viejos nichos fue bastante escasa, ya que el MAPU no concitó mayor atractivo para los viejos dirigentes sociales que se sentían mucho más identificados con los postulados y los estilos políticos de comunistas y socialistas.

Sin embargo, donde el MAPU logró importantes apoyos fue en aquellos sectores sociales y económicos más nuevos y que emergieron en el proceso de modernización iniciado con los radicales. La ampliación importante del sector servicios en la economía proporcionó un nicho no explorado por los partidos tradicionales, compuesto por personas jóvenes, sin militancia previa reconocida, con algunos grados mayores de preparación educacional, para quienes el MAPU aparecía como una fuerza novedosa y atractiva.

De allí que una de las labores importantes de esta colectividad, junto al trabajo tradicional en el frente de masas, se concentró en buscar “los mejores” cuadros técnicos, para ocupar lugares del aparato gubernamental y aumentar en conjunto, su dotación parlamentaria. Esto último se debía realizar con suma urgencia, por cuanto si bien el MAPU nació como colectividad teniendo cinco parlamentarios, al momento de la fundación de la I.C se quedó sin ninguno. De esta forma, el registro de la prensa nacional va mostrando cómo esta colectividad que si bien era un grupo “minúsculo” o diminuto como lo definía el Mercurio[19], fue haciéndose cada vez más importante en la gestión gubernamental, así como en lugares visibles del movimiento estudiantil, de trabajadores y campesinos.

La concentración en estos dos frentes de trabajo permite graficar su concepción del poder y la política. De acuerdo con la prensa, el MAPU concentró su trabajo partidario en aumentar sus bases sociales de apoyo así como en aumentar sus cargos en el Estado. De allí que los MAPUS aparecieran en la prensa de la época enfatizando el objetivo de ayudar a construir un puente entre el movimiento social y el político, de manera que el primero pudiera efectivamente convertirse en un actor con capacidad autónoma de participación en la construcción de la sociedad socialista. Sin embargo, los grados de preparación que el MAPU privilegiaba para participar de la administración, terminaban generando una exclusión efectiva de todo aquel militante que no pudiera colaborar técnicamente en dichas tareas. Por ello, que la configuración pública de esta colectividad esté concentrada en figuras provenientes del ámbito profesional universitario y no existen militantes conocidos (o al menos recordados por la prensa) que pertenecieran a otros ámbitos de la vida social o económica de nuestro país.

Esto último se hizo más visible en el período de la dirección de Ambrosio, quién terminó por sistematizar esta conexión entre lo social y lo político, en su teoría de los “dos filos”. En dicha “teoría” se esbozaba que era necesario que los MAPUS estuvieran presentes tanto en el aparato del Estado como en los movimientos sociales, porque el partido debía ser entendido como el vehículo que permitiera conectar estos dos espacios, que según su crítica a los partidos tradicionales, permanecían desconectados. De allí que mientras se pretendía crecer en la esfera social, participando en la CUT o ganando federaciones de estudiantes (secundarias y universitarias), también se abocaran a decidir racionalmente en qué ámbitos del Estado les parecía adecuado participar para seguir creciendo orgánicamente y ganando influencia en las bases sociales. Sólo en este sentido, el MAPU suponía se podía construir hegemónicamente un proyecto socialista. Sin ambos frentes ocupados y conectados, la disociación entre lo político y lo social se mantendría.

Para muchos esta teoría y este espíritu que nutrió la forma de participación del MAPU en la UP, era una simple forma de ocultar “artificiosamente” una intensa vocación de poder de quienes participaban en dicho movimiento. Críticos del MAPU veían en esos años, que esta colectividad era usada como trampolín social y económico para hombres y mujeres que aspiraban a participar de las labores del Estado y tener un trabajo estable y remunerado[20].

Sin embargo, esta crítica no era una prerrogativa exclusiva de los partidos opositores a la UP, sino que también generó conflictos al interior del MAPU. El 18 de diciembre de 1971, se realizaba en Santiago el 4° pleno de la Directiva Nacional del MAPU, cuyo objetivo central era “realizar un balance realista, crítico y autocrítico del primer año de gobierno; diseñar las grandes tareas de gobierno y del partido para el año 1972 y hacer una revisión autocrítica del funcionamiento del MAPU, su desarrollo en las masas y su funcionamiento en el gobierno”.

En la recurrente y permanente autocrítica que realiza el MAPU de su actuación[21], se van delineando claramente dos corrientes internas que comenzarán a tensionar la militancia interna. Por un lado, la corriente partidaria de acentuar el trabajo en las masas y en los movimientos sociales y que proponía una proletarización del partido y de sus militantes, criticando la preocupación dirigencial de nutrir con cuadros técnicos al aparato de gobierno. Dicho sector planteaba como tarea urgente la necesidad de articular los Comités de Unidad Popular, concebidos como “el mejor vehículo de comunicación entre el gobierno y las masas”[22], evitando la desmovilización que según ellos se estaba generando con la excesiva burocratización en la que había caído el gobierno de la UP. Ante ello, este sector era también partidario de unirse con el MIR y con el PS para aumentar la movilización y tensionar la estructura oficial (régimen político constitucional), permitiendo así acelerar el proceso de transición hacia el socialismo, configurando además lo que más tarde se conocería con el nombre del Polo Revolucionario.

Por otro lado, se delineaba el sector partidario de mantener puestos importantes en el aparato del Estado y en el Parlamento, por cuanto entendían que no sólo era importante contar con apoyo de masas sino que también contar con las herramientas que el poder institucional establecía como válidas para realizar las transformaciones hacia el socialismo. Aunque ambas corrientes terminaban en el mismo objetivo, las tensiones y las críticas que ambos sectores comenzaban a hacerse se volvieron cada vez más fuertes.

Sin embargo, las resoluciones del 4° Pleno del MAPU estipulaban que las tareas para el año 1972 serían las siguientes: “lucha antiimperialista, expropiación de todos los monopolios, acelerar la Reforma Agraria, ganar la batalla de la producción, ganar a los medianos y pequeños empresarios, organizar el abastecimiento, incorporar a las masas a las instancias de poder, recuperar la iniciativa en el terreno ideológico, preparar la batalla por el Parlamento y mejorar los métodos de dirección en la UP y el gobierno”[23]. Estas tareas trataban de unir ambas posturas dentro de la colectividad, estableciéndose bajo la dirección de Ambrosio que no había una incongruencia en ellas, y que el MAPU debía dirigir sus acciones tanto a la esfera social como a la esfera estatal y administrativa. Para Ambrosio tensionar ambas acciones, terminaría disolviendo la potencialidad del MAPU dentro de la UP y por lo tanto, haciendo a este partido inoperante y prescindible dentro de coalición de gobierno.

Mientras el MAPU se concentraba en estas labores de construcción de una identidad ideológica, el resto de la Unidad Popular, sobre todo el PC y un sector del Partido Socialista (sector moderado, liderado por Clodomiro Almeyda), encabezados por la figura del Presidente Salvador Allende, veían que el MAPU gastaba demasiado tiempo en discusiones fútiles, por cuanto su potencialidad como colectividad había sido zanjada en el momento de su creación.

Según la carta que Allende le envío a Rodrigo Ambrosio, disculpándose por no estar presente en la clausura del 4° Pleno, el Presidente enfatizaba que la incorporación del MAPU a la UP era una muestra “de pluralismo ideológico y verdadera democracia, cristianos, laicos y marxistas hemos volcado en un programa de gobierno, cuyas primera etapas ya hemos cumplido y seguiremos cumpliendo inflexiblemente. Así estamos haciendo la Historia.” Continúa más adelante Allende, diciendo que “tenemos que demostrarle a estos chilenos que están equivocados y que aquellos que son cristianos se convenzan que nadie que considere al cristianismo como eje central de su existencia puede ser adversario nuestro. No hay nada de lo que el gobierno popular construya que no pueda contar con la adhesión y participación de los discípulos del carpintero. Aún por sobre los errores que podamos cometer, porque es ese también uno de los riesgos de la revolución chilena, que no se sujeta a ningún modelo extraño a nuestra nacionalidad. Para un auténtico cristiano tales riesgos no deben constituir una valla, sino un estímulo para una sociedad sin explotadores ni explotados.”[24]

Allende termina dicha carta, diciéndole a Ambrosio que el MAPU ha ocupado, en el sentido antes descrito, un lugar de vanguardia, como incentivo para zanjar la discusión que se volvía cada vez más visible dentro de la colectividad y se decidieran de manera definitiva por una colaboración “inrrestricta” (y no crítica) al gobierno, dada la tenaz oposición que tenía en su contra.

De esta forma, mientras Ambrosio y sus correligionarios gastaban horas tratando de construir una identidad y un estilo político propio, Allende les reforzaba la imagen cristiana. El gran aporte del MAPU, según el sector de la izquierda que el Presidente representaba, estaba puesto en la integración de un sector social e ideológico que antes escapaba a la izquierda tradicional. Sin embargo, el cristianismo no era para el MAPU carta de nada, ni señal de identidad y menos de una cultura política en particular. A los hijos de Ambrosio esto ya les parecía un “karma”, que les recordaba permanentemente el pecado original y se esforzaron en construir un tipo de partido distinto en la izquierda, donde elementos no asociados al cristianismo les permitieran mostrar una identidad también distinta a su origen demócrata cristiano. Sin embargo, en ese esfuerzo se entienden los dos quiebres. El primero antes relatado y el segundo, que se gesta en la decisión definitoria sobre el MAPU, su carácter y objetivo político en la lucha por el poder y el socialismo.

Los signos públicos, que auguraron el segundo y gran quiebre del MAPU, se comienzan a visibilizar en los primeros días del año 1972 y se agudizan de manera profunda después del paro de Octubre del mismo año, mismo período en el que se realiza el II Congreso de la colectividad. La primera luz la daría la renuncia al partido hecha por entonces Intendente de Ñuble, Alejandro Bell. En su carta de renuncia este militante aduce como motivo de su accionar la disconformidad “en lo que se refiere a la relación entre el partido y el aparato de gobierno[25]. Bell, manifiesta que el Partido ha abandonado su quehacer social y que la actual directiva sólo está preocupada de la burocracia administrativa, ante lo cual aduce que el colectivo en el que milita ha perdido su norte y su sentido.

Otros de los puntos que hicieron pública la tensión al interior de la colectividad fue la discusión de la propuesta del MAPU de crear un “Partido Federado” que permitiera enfrentar de mejor forma las elecciones de mayo de 1973. Dicho partido pretendía concentrar las fuerzas de la UP, en un gran organismo disciplinado que permitiera por un lado contener las fuerzas que tendían a la dispersión y por otro lado, articular un discurso hegemónico y coherente que le diera una base de apoyo más sólida al gobierno de la UP. Sin embargo, si bien esta propuesta estaba liderada por la Dirección oficial del MAPU, existían algunos militantes del sector más radical que advertían que esta era una preocupación menor, ya que la gran tarea era hegemonizar el movimiento social, labor que permitiera constituir bases poderosas para oponerse con fuerza a la acción sediciosa de la oposición.

Las tensiones de este período estuvieron contenidas por la figura de Ambrosio, que constituía un liderazgo indiscutido dentro de la colectividad. Su gran preparación intelectual era reconocida por todos los sectores políticos, cuestión que generaba un respeto y admiración que permitía unificar cualquier disidencia en torno a su figura. Nadie dentro de la colectividad parecía querer ir en su contra[26]. Sin embargo, un suceso fortuito posibilitó que se dieran las condiciones para que las tensiones dentro del MAPU generaran el quiebre inminente.

El 19 de mayo de 1972, Rodrigo Ambrosio muere en un accidente de tránsito en Panamericana Norte, cuando el vehículo donde viajaba trató se sobrepasar a un camión que transportaba cemento. Le acompañaban ese día el más tarde electo vicepresidente de la CUT Eduardo Rojas.

La muerte de Ambrosio genera un descalabro interno, no hay un liderazgo claro que asuma su conducción. De manera interina, ocupará la Secretaría General del Partido el hombre de confianza de Ambrosio, Jaime Gazmuri. Sin embargo, las posiciones de éste último más distanciadas de los sectores radicales de la colectividad, condujeron a acelerar el conflicto, ante lo cuál el 24 de junio de 1972, el MAPU convoca al 5° Pleno, que presenta como objetivo examinar la situación política interna de la colectividad y del país.

Dicho Pleno tiene también como objetivo encubierto, parar la serie de renuncias masivas que a contar de mayo del año 72 se estaban produciendo en el partido, que enfatizaban que dicha colectividad “no había cumplido las aspiraciones de los trabajadores[27]. Según el periodico El Siglo, estos militantes habían migrado hacia el MIR[28]. Se comienza articular de forma cada vez más clara una vinculación fraccional entre un sector del MAPU y el MIR, así como con el sector del PS dirigido por Carlos Altamirano. El polo revolucionario que nunca se constituye de manera oficial, comenzaba a funcionar en la práctica desde mediados del año 72.

Bajo la conducción de Gazmuri, el MAPU va delineando sus posturas políticas y en las resoluciones del pleno antes mencionado, queda de manifiesto el gran apoyo que tenían las posturas más críticas al gobierno de la UP. Según las conclusiones plenarias, el MAPU enfatiza que el gobierno debe apresurar la constitución del área social de la economía, “la cuál deberá ser organizada como centro de dirección de la economía en conjunto, con plena participación de las masas en la política de distribución”[29].

En agosto de ese mismo año, Gazmuri debe enviar una carta al Presidente Allende donde se plantea “la existencia de serios problemas en la dirección de la UP especialmente en lo que se refiere a la movilización y participación de las masas”[30]. Así mientras Gazmuri es presionado por un sector del MAPU a plantear posturas cada vez más críticas al gobierno, por otra parte, el sector operativo interno manejado por los cercanos a dicho Secretario General eliminan del partido a los grupos más radicales. El quiebre por lo tanto se hacía inminente.

El violento quiebre: Se delinea una cultura política.

El 25 de mayo de 1972 Gazmuri es confirmado como cabeza del MAPU en su cargo de Secretario General y el 29 de ese mismo mes esta colectividad llamaba a acentuar el proceso revolucionario chileno. Sin embargo, cinco días antes de esta declaración “4 interventores del MAPU renuncian a sus cargos por no hacerse efectiva la participación de los trabajadores en la administración de esas empresas… Raimundo Baeza (uno de los interventores) argumentó que la UP no se había pronunciado sobre el traspaso de esas empresas al área social y dijo que la dirección del MAPU les había obligado a perseguir a los trabajadores adictos al Frente de Trabajadores Revolucionarios”[31].

Se va configurando así, a través de los escritos de prensa, un partido que aparecía divido en la práctica. Mientras por un lado la dirección aparecía liderando una crítica formal pero responsable al gobierno, los líderes intermedios y otros más visibles actuaban en otros frentes más radicales y para algunos de ellos, la colectividad ya no tenía razón de existir. Es necesario recalcar aquí que esta imagen de un partido fracturado, inorgánico y poco disciplinado era resaltada por la prensa de oposición a la UP. Así mientras el Mercurio y La Tercera enfatizaban las tensiones, El Siglo y El Clarín trataban al sector disidente a la dirección como grupúsculo que sufre de infatilismo político[32] y que sólo entorpece la conducción gubernamental.

Lo que queda claro a pesar de estas diferencias es que el conflicto al interior del MAPU adquirirá ribetes cada vez más violentos, caracterizando un estilo de hacer política donde la intransigencia y el desprecio por la colectividad y su orgánica van delineando un nuevo estilo político.

En la segunda mitad del año 1972 el MAPU continúa actuando en el frente social y en el gobierno. Así el 13 de julio de 1972, gana la segunda vicepresidencia de la CUT con Eduardo Rojas[33] y el 27 de julio manifiesta su acuerdo con la constitución de una Asamblea Popular en Concepción, cuestión que desata la ira del Presidente y del Partido Comunista.

El 4 de agosto del mismo año la dirección del MAPU es obligada, por el Presidente Allende a retractarse del apoyo a dicha Asamblea. Es así como una nueva declaración de la dirección consignó el “rechazo de las acciones espontaneístas y el intento de implantar el paralelismo en los poderes públicos[34]. José Antonio Viera Gallo, subsecretario de Justicia y militante del MAPU, acusa a los partidarios de dicha Asamblea de sufrir de infantilismo político, declarando que el MAPU no está por respaldar iniciativas que debiliten los poderes del Estado legítimamente consagrados por la Constitución[35].

Se va configurando así un estilo confrontacional de hacer política, donde la estructura partidaria parece más un espacio de ubicación y reconocimiento para el resto de los conglomerados políticos, que un espacio de actuación para los mismos miembros. La facilidad para que las posturas divergentes lleguen a la prensa y sean destacadas por ella, no manifiesta sólo el interés de la oposición por resaltar los conflictos, sino que la debilidad de la estructura orgánica del MAPU y los grandes márgenes de libertad dados para que cada militantes apareciera como voz valida del colectivo. También puede dar cuenta de las redes y contactos que los militantes utilizaban para hacer públicas sus divergencias. Así el partido parecía significar bastante poco cuando la disputa por el poder se hacía inminente.

Ante esta situación la colectividad podía fracturarse, tomar otro nombre o integrarse a otro colectivo, por cuanto eran sus militantes con sus particulares experiencias de vida los que hacían al partido, configurando un estilo personalista de hacer política, donde si bien se aceptaba al partido como institución legítima para alcanzar el poder político, también se demostraba que en la práctica podían existir otras formas igualmente válidas. Todo dependería del momento histórico y sus características.

El 2 de diciembre de 1972 se inició el II Congreso Nacional del MAPU que culminó el 7 del mismo mes. Dicho Congreso se realiza después de ocurrido el paro de Octubre, que deja a Allende y sus partidarios muy debilitados frente a la oposición. Desde sus inicios las voces que auguraban la división se hacían más fuertes. En este pleno el MAPU asume una identidad marxista leninista, renegando de cualquier otra influencia en la composición de su ideología. Se reniega por tanto del cristianismo o de la forma en que Ambrosio entendía el marxismo, es decir, esta filosofía pasaba de ser una herramienta válida para el análisis social a convertirse en un dogma.

Hacia el día 6 de ese mes, y en pleno desarrollo del Congreso las críticas a la directiva de Jaime Gazmuri eran cada vez más violentas. Dicho dirigente ya no podía jugar el rol conductor y ante ello se elige una nueva directiva que estaría compuesta por Oscar Guillermo Garretón como Secretario General, y como subsecretarios Eduardo Aquevedo (líder de la fracción más radical del MAPU) y Juan Enrique Vega (más cercano a las posturas de Gazmuri). Con dicha directiva a la cabeza, el MAPU da a conocer que en “el pleno general se aprobó la estrategia política en orden a aumentar la base proletaria de la UP y del propio MAPU, convirtiéndolo en un partido revolucionario”.

Con lo anterior se desliza la crítica interna tanto a la conducción del gobierno así como a la dirección de Ambrosio y Gazmuri, quienes no habían logrado aumentar considerablemente las bases del MAPU en los sectores proletarios del país. De hecho, los grandes apoyos provenían de estudiantes secundarios y universitarios, profesionales jóvenes, técnicos, campesinos y trabajadores del sector servicios y obreros de áreas de la industria más “moderna” (ej. Area metalúrgica). Sin embargo, en el mundo poblacional y en los obreros de la industria más clásica el MAPU tenía poca influencia real. Su estilo político no les era atractivo.

De esta forma con Garretón a la cabeza, el MAPU va articulando una línea de crítica pública al gobierno que va perdiendo la idea de colaboración manifestada en los inicios de la UP. Por ejemplo el 28 de enero de 1973, el MAPU plantea abiertamente una postura contraria a la propuesta del comunista Orlando Millas sobre el área de propiedad social y la posibilidad de coadministrar las empresas. Según la colectividad de la bandera verde “la creación y desarrollo multiplicado de organismos de base tales como las JAP y los Comandos Comunales, es decir, del control y poder revolucionarios de las masas, es el fundamento y la condición de la nueva política. Pues bien, el impulso de esta política por parte de la UP y del gobierno ha sido hasta hoy demasiado débil, casi inexistente”[36].

Sin embargo, pese a que esta era la declaración oficial de la colectividad, el 4 de febrero del mismo año aparecía Jaime Estévez apoyando la tesis comunista, avalada por Fernando Flores (como subsecretario de Economía, en reemplazo de O. Garretón quien era candidato a diputado por la zona de Concepción). Según Estévez “la única solución es el control del pueblo y del gobierno sobre la producción y la distribución[37]. Así nuevamente las opiniones de la directiva de turno eran desafiadas y desautorizadas por las voces disidentes.

La pugna anterior se da en el marco de la campaña electoral del año 73, que en marzo debía renovar el parlamento. De manera, los militantes del MAPU tuvieron que participar en una campaña electoral divididos de facto a partir de diciembre del año 72. Los resultados de dicha elección son bastante magros para la colectividad, obteniendo un 2,79%[38] de la votación, que correspondían a 101.987 votos. Ninguno de sus candidatos por la zona de Santiago, Carmen Gloria Aguayo (candidata a Senadora), José Antonio Viera Gallo (candidato a diputado por el primer distrito – Santiago) y José Miguel Inzulza (candidato a diputado por el tercer distrito – Santiago) resultaron electos.

Es más, si comparamos electoralmente el porcentaje de votación que había obtenido la DC en la elección de 1969, correspondiente a un 30,98% de la votación nacional, con el resultado obtenido por la misma colectividad en el año 1973, correspondiente a un 28,32 %; podemos decir que la DC sólo había disminuido un 2,66%, es decir, muy similar a los resultados de la cifra electoral obtenida por el MAPU cuatro años después. En la práctica, si sólo consideramos los resultados electorales, el MAPU era en 1973 lo mismo que pareció ser en el momento de su fundación: el grupo rebelde escindido de la DC. Sin embargo, dicha interpretación puede prestarse a errores, por cuanto el MAPU efectivamente había concitado nuevas adhesiones distintas del grupo original. ¿Dónde estaban esos votos entonces? Pareciera, que muchos miembros del MAPU votaron ya divididamente, manifestando la clara tensión entre las fuerzas más radicales y rupturistas de la UP y aquellas más gradualistas y cercanas al Presidente Allende.

En marzo de ese mismo año, Allende desesperadamente hace un llamado de atención a la dirección enfatizando que “El MAPU habla como si estuviera fuera de la UP”[39]. Con ello pretendía enderezar las torcidas filas, pero no lo consigue.

La mecha ya estaba encendida, solo cabía esperar el tiempo que demorara en tocar el explosivo para estallar definitivamente. Ese tiempo se acortó, ya que el 2 de marzo del año 1973, el Mercurio filtra un documento en donde militantes del MAPU afirman que el gobierno de Allende sólo tiene recursos económicos para mantenerse a flote hasta fines de abril. Este informe lapidario sobre el manejo económico, desató la ira del gobierno quien desconoció la validez del mismo. Se le calificó de falso y de errado. Los autores del documento del conflicto fueron Eduardo Aquevedo, Rodrigo González, Enrique Olivares, Kalki Glauser y Carlos Montes.

Mientras las críticas del grupo partidario de la tesis moderada, que a estas alturas funcionaba como aliado de las posturas del Partido Comunista, se volvían contra el Secretario General y su incapacidad de mantener la disciplina interna así como a la irresponsabilidad de los autores del documento, el Mercurio resaltaba la capacidad analítica de los cuadros del MAPU a quienes se les atribuía la autoría del mismo.

Según este periódico “en primer término hay que reconocer que el menos significativo numéricamente de los movimientos agrupados en la UP, es el que da muestras de abarcar con mayor conciencia la incapacidad con que actúan los organismos de la actual administración y de precisar las causas de su inefectividad. Esto podría explicarse por actuar en el seno del MAPU elementos capaces de tomar en sus manos los instrumentos de la teoría marxista y aplicarlos a la realidad política con mucha más conciencia revolucionara que las directivas de los partidos que aparecen como propietarios del programa socialista”[40].

Más allá de lo que expresa El Mercurio de los jóvenes autores del documento, que considerado en el contexto de fuerte oposición que este periódico realizaba al gobierno de Allende puede ser leído como un intento de enardecer los ánimos de la coalición gobernante, también es posible detectar la “valoración” que hace el mismo diario sobre los militantes del MAPU. En otras palabras, si le extraemos la intención política coyuntural al escrito periodístico, es posible encontrar una mirada importante desde la derecha hacia los militantes del MAPU.

Así, cuando el periódico enfatiza la idea de que en dicha colectividad es posible encontrar “elementos capaces de tomar en sus manos los instrumentos de la teoría marxista y aplicarlos a la realidad política”, da cuenta de la percepción que existía sobre los cuadros altamente preparados del MAPU. De esta forma, si bien El Mercurio afirma que este partido es el “menos significativamente numérico”, era a su vez y dada, sus condiciones profesionales, y por qué no decirlo también (aunque no lo exprese abiertamente el periódico), de clase, la colectividad más “certeramente” crítica de la UP. Esto permitiría esbozar que para la opinión de Derecha que representa el Mercurio, el MAPU aparecía como un partido altamente intelectualizado y crítico, dado el grado de preparación académica y profesional que tenía la mayoría (sobre todo la dirigente) de sus militantes. Lo anterior quedaría expresado, cuando el periódico afirma que esta colectividad es vista así en comparación con “las directivas de los otros partidos que aparecen como propietarios del programa revolucionario”.

De allí por lo tanto que para el sector de derecha que representa la opinión de El Mercurio, los MAPUS fueran visibilizados, identificados como un grupo o partido distinto de los que tradicionalmente habían existido en la izquierda. Uno de los elementos que los hacía aparecer atractivo para la época, era el alto grado de preparación con que contaban sus cuadros dirigentes. Jóvenes profesionales que ponían al servicio de la política y la conquista del poder, sus formaciones intelectuales y académicas. Representaban por lo tanto la combinación justa de idealismo revolucionario con el tecnócrata profesional que aporta desde su práctica.

Ante el lapidario documento que vaticinaba el fracaso de la política económica de la Unidad Popular, el gobierno exigió tomar sanciones contra los autores del mismo. Ante ello, la directiva encabezada por Garretón se negó aduciendo la libertad de expresión interna así como al carácter del documento. Según el Secretario General lo que había que juzgar era el por qué se había filtrado un documento que no tenía para nada un carácter público, y por ende, sus autores no habían cometido ninguna falta.

Sin embargo, el sector encabezado por Gazmuri, presionado por el Partido Comunista y Allende, pedían la cabeza de los autores. Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, el día 7 de marzo del año 1973 el MAPU se divide. La división de esta colectividad cobra ribetes de excesiva violencia, que no sólo debe ser entendida en el contexto de polarización social que se vivía seis meses antes del golpe, sino que también debido a la forma y el estilo propio de la colectividad al momento de resolver conflictos.

En un acto que fue calificado por el Secretario General O. Garretón como un intento de autogolpe, Jaime Gazmuri y Fernando Flores, que mantenían el control de la Secretaria de Asuntos Especiales del MAPU [41](SAE) expulsaron a quince miembros de la colectividad entre los que se encontraban los miembros de la directiva E. Aquevedo y el mismo Garretón, entre otros[42]

Jaime Gazmuri se autonomina Secretario General subrogante, conformando una nueva directiva en conjunto con Fernando Flores, José Miguel Inzulza, José Antonio Viera Gallo, y Carmen Gloria Aguayo. Dicha directiva acusa a los expulsados de “realizar labores obstruccionistas debido a su carácter pequeño burgués” y califica la escritura y filtración del documento como “no sólo un atentado contra la disciplina del partido, sino además el hecho político más grave creado por grupos divisionistas desde que el partido fue formado por Ambrosio[43].

De esta forma, la división quedaba manifiesta con la constitución de dos directivas que se autoarrogaban tanto el nombre de la colectividad como la herencia de Rodrigo Ambrosio. En represalia a la expulsión hecha por la directiva de Gazmuri, el 9 de marzo Oscar Guillermo Garretón expulsa al sector conducido por Flores y Gazmuri, declarándolos fuera del partido y enfatizando que el MAPU es “un partido que nació a caballo, de allí que no temamos a los corcoveos”[44].

Así mientras el sector que decía mantenerse fiel al gobierno y a la vía institucional, dirigido por Gazmuri, afirmaba que “era necesario eliminar a los ultraizquierdistas del MAPU[45] y lanzaba proclamas varias por medio de la prensa, el grupo de Garretón buscaba apoyo en las otras colectividades de la izquierda para que reconocieran su dirección como la única legítima. El 15 de marzo tanto el Partido Socialista como el MIR afirman que el verdadero MAPU es el que conduce O. Garretón[46].

Así los registros de prensa que cubren el período desde la división hasta el día que el registro electoral dictamina que el único MAPU que existe legalmente es el que se quedó con la mayor parte de la directiva, es decir, el grupo encabezado por Garretón[47], van dando cuenta de la violencia que adquiere el conflicto entre los camaradas militantes.

El día 19 de mayo, fecha en que esta colectividad celebraba su fundación y conmemoraba la muerte de Ambrosio, se realizaron dos actos paralelos del MAPU. Dichos actos intentan apropiarse de la figura de Ambrosio como símbolo de identidad, de manera de dar continuidad con su pasado inicial. De allí que la figura de este personaje, reconocido como el fundador de la colectividad, fuera tan peleada por ambos bandos. Quién se apropiara de él pretendía erigirse como el grupo legítimo ante el resto de las colectividades políticas, así como ante el resto de los militantes disidentes.

Sin embargo, los grupos disidentes no sólo se pelearon la figura de Ambrosio, sino que la prensa de la época registró también violentos incidentes entre los militantes que se disputaban los bienes materiales de la colectividad, como los autos y las sedes del partido. El conflicto tomó ribetes de suma seriedad cuando detuvieron a dos individuos por homicidio frustrado en San Fernando[48], en una espiral de violencia, golpizas callejeras, intentos de incendio y acusaciones públicas varias.

Otra acusación que cayó sobre los militantes del MAPU, y que fue hecha por opositores a la UP, tuvo relación con el usufructo del estanco de autos, para la compra de dichas especies que tenían como destino la campaña electoral de marzo de ese mismo año. Sin embargo, a los autos se les suma la adquisición de camiones y de artículos de línea blanca, que poco tenían que ver con la campaña misma. Las acusaciones de corrupción recayeron sobre Gazmuri, quién terminó reconociendo el hecho. Sin embargo, el episodio fue rápidamente empañado por la espiral confrontacional que hacia fines de junio de 1973, auguraba la antesala del golpe de Estado.

Paralelamente a los conflictos internos que terminaron con el quiebre público de la colectividad, la tensión expresaba también un conflicto que cruzaba a toda la U.P. La existencia práctica del famoso polo revolucionario, compuesto por el MAPU, el MIR y el PS (dirigido por Altamirano), también se hizo pública con la famosa acusación por intento de sedición a la Armada. Dicha acusación recayó sobre Garretón (Secretario General del MAPU y diputado por la zona de Concepción) y sobre Carlos Altamirano en ese entonces senador y Secretario General del Partido Socialista, a quienes se les atribuye un ejercicio de inteligencia para tratar de configurar un grupo dentro de la marinería que estuviera dispuesto a realizar una especie de autogolpe interno, para desbancar cualquier intento de golpe al gobierno de Allende, así como de generar un compromiso directo de esta rama con el proyecto revolucionario más radical.

Paralelamente a lo anterior el 8 de agosto del año 73, El Mercurio publica “MAPU DE VALPARAISO CONTRA LAS FFAA”. Según el registro de prensa,”diez estudiantes universitarios y obreros, pertenecientes al MIR y al MAPU, fueron detenidos luego de ser sorprendidos repartiendo propaganda subversiva para las FFAA en los blocks de Carabineros”[49]. De esta forma al intento de infiltrar la Armada, se le acusa también a la colectividad de intervenir en Carabineros.

Estas acusaciones generarán la petición de desafuero parlamentario de Garretón y Altamirano el primero de septiembre de 1973, cuestión que es formalizada por la Corte Suprema el 3 de septiembre del mismo año. Según El Mercurio el desafuero es pertinente para investigar las numerosas “menciones en diversas declaraciones como “autores intelectuales” del intento de sublevación en la Armada por varios de los detenidos”[50].

La resolución definitiva quedó en suspenso… ocho días después acaeció el golpe de Estado y en la práctica tanto los cercanos a la conducción de Allende, como los sectores del “polo revolucionario” fueron los culpables de la crisis “social, política, económica y moral” por la que pasaba nuestro país, según los dichos de la Junta Militar que asumió el poder ese día 11 de septiembre. La historia final del MAPU quedaba trunca.

De esta forma, seis meses después de la división del MAPU, que condujo a sus militantes a un enfrentamiento interno desgarrador, acaeció el golpe de Estado del 11 de septiembre. Poco tiempo habían tenido ambas fracciones, la que mantuvo el nombre legítimo de MAPU y el grupo de Gazmuri y Flores que tomó el nombre de MAPU – Obrero y Campesino (MAPU-OC), para rearmarse como colectividad. Las disputas, la violencia interna, la ruptura de amistades y de vínculos internos, sumados al clima político nacional, terminó destruyendo la colectividad que había nacido en el año 1969 y que se había planteado como objetivo ser el puente conector para que los partidos de izquierda se unieran en una sola fuerza. De su objetivo inicial y fundador: “la unidad”, quedaban en septiembre de 1973 dos fracciones que simbolizaban una cultura política particular: la de los jóvenes de los años 60.

Los jóvenes militantes que aspiraban a la unidad de las fuerzas de izquierda terminaron fracturando su propia colectividad. El fuerte compromiso y la radicalidad de una cultura política que hizo de la militancia el aspecto más significativo de sus vidas, estructuró un tipo de militante donde la experiencia compartida y el poder terminaron siendo los elementos identitarios más fuertes.

Cuando el partido se fractura, ya no quedan más que los recuerdos y los símbolos. Cuando la violencia del golpe recae sobre los partidos políticos y la sociedad entera, no queda más que la lucha de resistencia atomizada. Sin embargo, para militantes que entendían que la política se podía hacer fuera del partido o de la institucionalidad partidaria, la desaparición del colectivo por la fuerza de los hechos represivos no era un golpe tan desastrosamente duro. La identidad MAPU podía permanecer en cada uno de sus militantes quienes eran en suma el partido, más allá de la estructura oficial que los cobijaba.

¿Cómo lo lograron? Creemos que aquí es necesario abordar las historias de vida y los relatos que cada uno de sus militantes puedan hacer de ese pasado fundacional y para ello ahondaremos en las memorias que de este momento histórico tienen algunos militantes políticos.



[1] La Tercera 7/08/1971.

[2] El Siglo, 7/08/1971.

[3] La Tercera 19/08/1971.

[4] La Tercera 19/08/1971.

[5] El Mercurio 5/8/1971.

[6] El Mercurio 15/08/1971.

[7] El Mercurio 14/08/1971.

[8] El Mercurio 17/08/1971.

[9] La Tercera. 9/03/1973.

[10] Ex gerente general de IANSA, y ex gerente del METRO y de Teléfonica, después del retorno a la democracia en Chile. Actual militante del Partido Socialista de Chile.

[11] También formó parte de los cuadros dirigenciales de la CORFO y actualmente es Senador de la República por la Región de Tarapacá.

[12] Actual Senador de la República, militante del Partido Socialista

[13] Ex director del INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas) y candidato a senador por La Serena, durante la UP.

[14] Es el caso de Juan Francisco Sanchez interventor de la fábrica Textil Yarur.

[15] Al respecto cuenta Ismael Llona en sus memorias: “Al gobierno van los buenos cuadros técnicos-políticos como Fernando Flores, el Dr. Juan Carlos Concha, Carlos Bau, José Antonio Viera-Gallo, Oscar Guillermo Garretón, Rodrigo Egaña, Eugenio Ruiz Tagle. También Nelson Avila, intendente de Aconcagua hace más de treinta años. Santiago Bell, Pancho Gonzalez, el Coco Echenique. Pepe Olavaria los coordina, desde el partido.

En la dirección del partido quedan los mejores “para la dirección de la revolución”: Ambrosio, Gazmuri, Correa, el chico Avila, políticos-técnicos, y sus acompañantes en la copol, la comisión política: Eduardo Rojas, Alejandro Bell, Pancho Geisse, Maria Antonieta Saa, Cesáreo Flores, Luchín Toro, Vicente Sota, Fránex Vera, Jorge Setz y el MC que serviría como MC y en agitprop.

Los compañeros de la Cono, comisión nacional de organización, el negro Santander, el chico Riveros, el gordo Perelló, que sufrió un ataque al corazón, y Pete el Negro, que se les murió de un ataque al corazón.” En Los Santos están marchando. Ediciones Off The Record, Santiago, 2006. Pág. 68-69.

[16] Por ejemplo Oscar Guillermo Garretón tenía 27 años al momento de asumir como Subsecretario.

[17] Es importante resaltar que las voces criticas también provenían de esos cuadros que participaban de la administración.

[18] Obtuvo la 2ª vicepresidencia en 1972 y ya la tenía desde 1970.

[19] El Mercurio 17/2/1972

[20] El Mercurio, 15 de agosto de 1971.

[21] Nos sorprende que en los pocos años de existencia de dicha colectividad, se hayan realizado 5 plenos y 2 Congresos orgánicos e ideológicos, que mantenían al MAPU en una actividad partidaria interna bastante intensa.

[22] La Tercera, 9 de Enero de 1971.

[23] El Mercurio, 19 de diciembre de 1971.

[24] Carta publicada en el Siglo, 20 de diciembre de 1971.

[25] El Mercurio, 21 de Enero de 1972.

[26] Ismael Llona recuerda en sus memorias sobre la figura de Ambrosio: ““El joven Lenin, que ya se había autodesignado, fue el designado. Su figura agradable, con cuidados bigotes debray, jockey escocés, pálido, manta gruesa y clara de mediano propietario agrícola; un discurso autodictado y leído en el aire o en el viento, atrayente por lo racional y lo verdadero: su pasión por la política como arte de dirigir para dirigir en el bien de los que estaban mal; su carácter aparentemente duro en el bien de los que estaban mal; su carácter aparentemente duro y aparentemente afable; su decisión de ordenar nacer, como diría Pablito, se impusieron entre sus pares.

Entre 1967 y 1970 trabajó sin descanso para construir partido, partido revolucionario; construir alianzas; construir ideas; construir programa; construir estrategias y tácticas.

Leía mucho pero tenía también quien le leyera y le formateara las fichas correspondientes; en Concepción, Eduardo Aquevedo; en Santiago, Tomás Moulián.

Escribía y para ello se apoyaba en Kalky Glausser. Corregía y corregía” “Con Ambrosio, el Mediocampista entendió que el cambio revolucionario en el que había soñado desde adolescente sólo se podía hacer desde el poder – que era bastante más que el gobierno – y que el poder había que conquistarlo – con el gobierno y desde el gobierno- con una revolución”. Llona, Ismael. Op. Cit. P. 64 y 65.

[27] El Mercurio, 24 de mayo de 1972.

[28] El Siglo, 25 de mayo de 1972. “Dirigentes del MAPU se pasaron al MIR: Seis dirigentes del MAPU, entre ellos el interventor de la industria SUMAR, Jaime Gre (sic) Zegers, fueron expulsados por la dirección nacional de esa colectividad. El informe emitido por ese organismo señala que la Comisión Nacional de Control y Cuadros de Infiltración y actividades fraccionales de dicho partido, los expulsó por oportunismo político, traición al partido, a la clase obrera y al pueblo”

[29] El Mercurio, 24 de junio de 1972.

[30] El Mercurio, 14 de agosto de 1972.

[31] La Tercera, 24 de mayo de 1972.

[32] El Siglo marzo de 1973.

[33] Este militante acompañaba a Ambrosio en el auto el día del accidente y pertenecía al sector más cercano a Jaime Gazmuri.

[34] Palabras de Jaime Suarez quien reemplaza como ministro del Interior al Socialista Hernan del Canto. EL siglo, 4 de agosto de 1972.

[35] La Tercera, 2 de agosto de 1972.

[36] El Mercurio 28 de enero de 1973.

[37] El Mercurio, 2 de abril de 1973.

[38] Base de Datos Políticos de las Américas. Universidad de Georgetown. http://www.georgetown.edu/pdba/spanish.html.

[39] La Tercera, 31 de marzo de 1973.

[40] El Mercurio, 2 de marzo de 1973.

[41] Dirigida en esos años por Gabriel Gaspar, actual Subsecretario de Guerra.

[42] Otros expulsados fueron Rodrigo Gonzalez, René Plaza, Gonzalo Ojeda, René Roman, Kalki Glauser, Francisco Ureta, Rodrigo Rivas, Fernando Robles, Luis Magallón, Alejandro Bahamondes, Carlos Pulgar, Leopoldo Vega, Alfonso Néspolo y Carlos Lagos. La Tercera, 8 de marzo de 1973.

[43] La Tercera, 8 de marzo de 1973.

[44] La Tecera, 9 de marzo de 1973.

[45] Palabras de Mario Montanari, en La Tercera 10 de marzo de 1973.

[46] La Tercera, 15 de marzo de 1973.

[47] Dictamen que tiene como fecha 2 de junio de 1973. Esto nutrió uno de los gritos de batalla del MAPU, y que se siguió usando en los años de dictadura: “EL MAPU es un solo y está con GARRETON”.

[48] El Mercurio 18 de mayo de 1973.

[49] El Mercurio, 1 de septiembre de 1973.

[50] El Mercurio, 3 de septiembre de 1973.

Chile: El MAPU, La seducción del poder y la juventud (Tercera Parte)

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klee6 Cristina Moyano

Capitulo 3

Desde el movimiento al partido, 1969 -1971. Los registros de prensa y el relato coyuntural

Introducción.

El proceso de formación del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) en el año 1969, no puede ser entendido fuera del conflicto que comienza a vivenciar el Partido Demócrata Cristiano a partir de 1967. La coyuntura electoral en ciernes, así como el surgimiento de posturas cada vez más críticas y radicales dentro de la colectividad, que abogaban por llevar a un cabal cumplimiento las propuestas del programa de la Revolución en Libertad, comienzan a ser cada vez más notorias en esta segunda mitad del gobierno de Frei Montalva.

La radicalidad de un grupo de militantes DC, conocidos como los “rebeldes” va haciendo cabeza del descontento y de las ansias de avanzar más rápidamente a una sociedad socialista y ya no sólo comunitaria. La jerga revolucionaria y los conceptos analíticos del marxismo son adoptados por los líderes de esta corriente, mayoritariamente en la Juventud Demócrata Cristiana, que se van distanciando cada vez más del gobierno y empiezan a hacerle una dura oposición dentro del mismo partido.

Los líderes que, a la luz de la prensa, encabezan dicha corriente son el emblemático senador fundador de la Falange, Rafael Agustín Gumucio, Jacques Chonchol[62] ex vicepresidente de INDAP y los entonces diputados Alberto Jerez (más tarde senador) y Julio Silva Solar. Son ellos quienes aparecen como los líderes indiscutidos de este movimiento contestatario dentro del PDC y que más tarde se quiebra para formar el MAPU, según los registros de la prensa de la época.

De esta forma, los siguientes dos capítulos de esta investigación se encuentran exclusivamente construidos con los registros de la política coyuntural que los periódicos seleccionados[63] iban publicando día a día. De esta forma se tratará de reconstruir la historia de la fundación del MAPU sólo con las noticias políticas y comentarios editoriales donde dicha colectividad tenga mención. Esta opción tiene como fundamento contraponer este tipo de registros con los registros que más tarde nos proporcionará las memorias de los militantes entrevistados. Creo que a través de esta combinación de fuentes, la historia de un partido político en particular puede dar nuevas pistas sobre nuestra historia política reciente en general ya que permite adentrarnos en formas de significar el pasado y de construir subjetividades, que de otra forma serían inalcanzables o imposibles de ser constatadas.

Dado lo anterior es que es posible constatar que junto a estas cabezas visibles (en la prensa) se encuentran otros personajes con importancia más real, ya que son los que aparecen en las memorias de todos los militantes, en la constitución plena del Movimiento y que son los Jóvenes Demócratas Cristianos. Estos eran liderados por Rodrigo Ambrosio, Juan Enrique Vega y Enrique Correa, quienes encabezan la resistencia y crítica al gobierno de Frei, desde la juventud de dicha colectividad política. Tan importante será su actuación en la formación del nuevo partido, que al momento del quiebre provocado en la DC en el año 1969, este partido se quedó prácticamente sin juventud política, y esta se constituyó en pleno en la primera base de apoyo del recién formado Movimiento de Acción Popular Unitaria.

Dichos jóvenes significarán un elemento generacional muy potente en el MAPU y aportarán no sólo la radicalidad de sus años, sino que por sobre todo, serán quienes abrazarán con mayor fuerza el marxismo como vertiente de identificación analítica y programática, renegando del peso que tenía en ellos el provenir de una posición reformista y donde el cristianismo tenía importancia fundamental[64]. Estos jóvenes constituirán el aparato orgánico del partido y de a poco comenzarán a imprimirle un sello propio a sus propuestas políticas, así como a las prácticas que los identificarán y diferenciarán de las otras colectividades de izquierda. Se esboza aquí un conflicto generacional en ciernes, que en el primer año de vida del MAPU queda cubierto u opacado por la necesidad de fijar las bases programáticas de la Unidad Popular y la decisión de nominar al abanderado de dicha coalición.

Los primeros registros de prensa, entonces, nos muestran como cabezas visibles a los ex rebeldes de la DC. Serán “los viejos” quienes asumirán la vocería del MAPU y por lo mismo, durante todo el primer año, la identidad MAPU y su nominación siempre tendrá que cargar con el peso de ser nombrados como “los rebeldes de la DC”, existiendo por lo tanto una vinculación permanente con el pasado originario de la coyuntura, del que poco a poco querrán irse desligando.

Sin embargo, ya a contar del segundo año (1970) el conflicto generacional y también doctrinario[65], se hará más visible para en definitiva explotar en 1971 cuando se forme la Izquierda Cristiana. En dicha coyuntura histórica, los “viejos” rebeldes de la DC se van a la recién formada colectividad, quedando a la cabeza del MAPU quienes efectivamente tenían el control del partido: los jóvenes provenientes de la JDC liderados por Rodrigo Ambrosio.

A pesar de lo anterior, los jóvenes MAPU ya habían conseguido durante el año 1971 convertirse en partido político propiamente tal, desafiando las primeras apuestas de los viejos rebeldes quienes no aspiraban a lo anterior y encontraban que aquello solo contribuiría a complicar más el esquema de las fuerzas de izquierda. Con la constitución del MAPU como partido y la fijación de una propuesta política que abrazaba el marxismo leninismo como base, los jóvenes terminaron por tomarse completamente la colectividad y avanzar en una propuesta más novedosa, con todas las particularidades de lo que nosotros entenderemos como cultura política.

Sin embargo, los escritos de prensa apenas dibujan los conflictos anteriores. Estos sólo se hicieron visibles luego de contrastar el material periodístico con las memorias orales de sus ex militantes. A pesar de lo anterior, creemos que será fundamental analizar a la luz de las primeras fuentes como fue vista la fundación del MAPU en la coyuntura política de 1969. Para lograr este objetivo, sin el cual nuestra investigación histórica quedaría trunca, es que nos abocamos a la revisión de la prensa de esos años.

Metodológicamente se cubrirá todo el período que se extiende desde 1969 hasta 1973, analizando a la luz de los periódicos de izquierda: El Clarín y el Siglo, cómo fue vista por dicho sector la formación de la nueva colectividad. En forma paralela, se trabajaron los periódicos El Mercurio y La Tercera para contrastar desde la óptica de la derecha la significación que se realizó del MAPU. Ambas visiones políticamente encontradas nos ayudarán a dar una imagen de cómo fue abordado y significado en la coyuntura histórica analizada: el quiebre de la DC, la propuesta del MAPU y la participación del mismo en el gobierno de la UP. Analizados estos tres tópicos fundamentales, se irán cruzando las variables del conflicto que explican la formación de la Izquierda Cristiana y las nuevas prácticas culturales y programáticas que dicha agrupación política aportará a la izquierda y al gobierno de Salvador Allende.

El Conflicto al interior de la DC y la formación del MAPU.

El Partido Demócrata Cristiano se fundó como tal en 1957 y sus grupos originarios provenían de la Falange Nacional. Sus miembros iniciales estaban constituidos primordialmente por profesionales jóvenes universitarios, que encantados con el cristianismo social de la Iglesia, la teoría de la marginalidad y el pensamiento tecnocrático de la Cepal, formaron esta nueva colectividad que representaba los intereses de los sectores medios ilustrados comprometidos con una mayor justicia social y el logro de un desarrollo económico estable en el tiempo. Sus líderes más connotados eran Eduardo Frei Montalva, Bernardo Leighton, Rafael Agustín Gumucio, y Radomiro Tomic.

La Democracia Cristiana fue entendida además como una colectividad nueva, con nuevos aires y más moderna, que hacía eco de la crítica que los partidos tradicionales no habían dado cabida a los intereses de estos sectores sociales, frente a los cuales se montó además una dura crítica de anquilosamiento y de prácticas anticuadas[66].

La organización interna de la Democracia Cristiana quedó sancionada en los estatutos internos aprobados en noviembre de 1963, poco tiempo antes de que Frei asumiera como nuevo Presidente de Chile. Los dos organismos básicos que constituían al partido eran:

  1. los organismos políticos, donde se encontraban todos los grupos comunitarios y de base.
  2. las organizaciones especializadas, compuestas por 4 comités o departamentos: orden y administración, acción política, asesoría política y asesoría técnica. De estos comités, el más importante por su labor en la movilización de masas y obtención de clientela electoral lo constituyó el de acción política, que a su vez estaba compuesto por los departamentos sindical, campesino, pobladores y juvenil

Los departamentos, dada su clara orientación electoralista y de movilización, se convirtieron rápidamente en grupos de poder dentro del partido, sobre todo si a esto le sumamos, que los nuevos grupos integrantes de la colectividad tenían sólo ese espacio para ascender políticamente, dado que la dirección del PDC se encontraba anquilosada en la misma generación fundadora de la Falange en los años 40.

Por lo anterior, uno de los departamentos que más importancia adquirió durante los años 60 fue el juvenil. En dicho espacio los jóvenes que se integraban al PDC motivados por esta idea de la nueva colectividad y la nueva representación, así como la posibilidad de ascenso dentro de la elite política chilena, organizaron una estructura que funcionaba casi paralela al partido. La orgánica de la JDC “reproducía en su interior todo el esquema organizativo del partido y estaba controlado y mayoritariamente compuesto por estudiantes universitarios”[67]. Esto generó que la Juventud del Partido tuviera representación nacional y estuviera casi ausente de la política a nivel local, puesto que expresaba sus opiniones preferentemente en términos de los problemas políticos nacionales. Los jóvenes se convertirían en una fracción de presión dentro de la DC y en actores de peso dentro de la coyuntura del quiebre en 1969.

Junto al aparato orgánico de la DC, es necesario esbozar las principales tendencias o fracciones internas que cruzaron al partido durante el gobierno de Frei y que comenzaron a enfrentarse de manera más abierta y radicalmente opuestas desde 1967 en adelante. Estas fracciones fueron:

  1. los oficialistas, también conocidos como los hombres de Frei y que fueron los más comprometidos con el éxito del gobierno y su programa reformista.
  2. los rebeldes, es decir, los más críticos al gobierno de Frei y que abogaban por una radicalización y profundización del programa de reformas, que transformara la actual sociedad ya no sólo en una comunitaria sino que en una sociedad socialista. Ellos eran partidarios además de llegar a un acuerdo con la izquierda para lograr estos aspectos programáticos y vencer a los grupos de intereses económicos “monopolistas e imperialistas”[68].
  3. los terceristas, quienes asumieron un rol de crítica al gobierno más moderado que los rebeldes y se plantearon como mediadores entre las fracciones anteriormente mencionadas, y que apostaban a transformar al partido desde dentro. En otras palabras ellos pretendían izquierdizar a la Democracia Cristiana en su conjunto.

El enfrentamiento fraccional no quedó supeditado a la vida interna del partido, sino que se hizo público, sobre todo a través de los parlamentarios rebeldes y terceristas que ocuparon los escaños legislativos para hacerle las críticas al gobierno. Paralelamente, la JDC se abocó a construir redes de apoyo y de poder que le valieron convertirse en la principal fuente opositora al gobierno dentro del mismo partido.

Los problemas al interior del partido de gobierno se hicieron visibles después de las elecciones municipales de 1967. La DC que había prometido gobernar 30 años, sufría un gran revés en dichas elecciones, bajando su apoyo electoral. Esto motivó profundos análisis dentro del partido que pusieron de manifiesto el problema central que dividía a las fracciones internas: “el conflicto entre la justicia social y el desarrollo económico”[69]. Quienes hegemonizaron por un momento la discusión, rebeldes y terceristas, plantearon la necesidad de lograr una alianza política con aquellas otras “fuerzas políticas” que estuvieran dispuestas a acelerar los cambios que el país necesitaba, toda vez que se entendió esta pérdida de apoyo como crítica a las expectativas generadas y no cumplidas del gobierno de Frei.

El 16 de julio de 1967 un nuevo Consejo Nacional, dominado por terceristas y rebeldes, pone como presidente del partido al líder rebelde Rafael Agustín Gumucio[70]. Durante su presidencia, el senador Gumucio asumió la tarea de potenciar dentro del partido aquellas fuerzas que estaban por profundizar los cambios estructurales que Frei había prometido y que los distintos grupos de poder económico se habían propuesto obstaculizar. Para ello la línea central de su acción directiva quedó planteada en el documento “proposiciones para la acción política en el período 1967-1970 de una vía no capitalista de desarrollo”.

En dicha propuesta, la nueva dirección del PDC plantea la posibilidad de realizar una alianza con la izquierda, como única forma de terminar con el poderío de los grupos económicos, generando las transformaciones legales que impedían el avance más rápido hacia la sociedad comunitaria.

El 6 de enero de 1968, una nueva Junta Nacional debía analizar la propuesta de la directiva y decidir los pasos a seguir. El gobierno de Frei y el propio Presidente sienten que el partido está siendo poco leal con sus logros y llama a la fidelidad dentro de los márgenes que la acción del gobierno puede y debe ejecutar. Ante esto el Presidente llama a rechazar la propuesta de la dirección y su opción gana por 237 votos contra 235 de los rebeldes y terceristas, ante lo cual asume una nueva directiva, dominada por la fuerzas oficialistas y liderada por Jaime Castillo Velasco. Con esta estrategia, Frei trataba de mitigar la fuerza que las críticas dentro del propio partido hacían más difícil su gobierno.

Sin embargo, la nueva coyuntura electoral parlamentaria que se avecinaba en marzo de 1969, favoreció la mantención y proliferación de los discursos críticos al gobierno de Frei, sobre todo como estrategia electoral de quienes sentían que un acercamiento a la administración gubernamental podía generarles pérdidas importantes en el electorado. Así el 3 de agosto de 1968, es elegida una nueva Directiva cuya misión consistía en conducir al PDC en la campaña electoral. La cabeza directiva es asumida por Renán Fuentealba, quien fue elegido por unanimidad.

Bajo la dirección de Fuentealba, no solo se debatió el tema más próximo de la campaña parlamentaria, sino que también comenzaba a esbozarse la campaña presidencial de 1970. Ante ello, el impedimento constitucional de la reelección, volvía el escenario favorable a aquellos partidarios de desmarcarse de la acción administrativa de Frei y propulsar un programa político más “revolucionario” y en donde la justicia social jugara un rol preponderante.

Es así como el 1º de mayo de 1969, una nueva junta nacional debía votar la propuesta de la directiva de Fuentealba, que como programa presidencial levantó “la vía no capitalista de desarrollo” y planteó la idea de una alianza con la izquierda para enfrentar la elección de 1970. Los puntos que según esta directiva debía discutir la nueva Junta Nacional eran los siguientes:

“ 1) Postergación del Congreso Nacional del Partido, proposición que se hace sobre la base de un compromiso tácito de los distintos sectores del partido.

2) Reforma de los Estatutos, con dos fines esenciales: a) dar al partido una estructura moderna, dinámica y eficaz; b) fortalecer las autoridades del Partido y dictar normas disciplinarias, entregando el conocimiento de las relacionadas con el cumplimiento de los deberes políticos que tienen los militantes, a la directiva nacional y al Consejo Nacional según los casos.

3) Bases programáticas para una segunda etapa: a) participación popular real, efectiva en la conducción del país a través de todos los órganos del Estado, interviniendo en su dirección, en sus deliberaciones y acuerdos y en la ejecución de éstos. El actual gobierno ha sido el de la organización popular; el próximo debe ser el de la participación popular.

b) Derecho para los trabajadores. El desarrollo que nosotros queremos es el siguiente:

1. se trata de un Derecho que no tenga como precio una cada vez mayor dependencia del imperialismo.

2. se trata de un derecho que beneficie directa y exclusivamente a la mayoría de los trabajadores, que corrija las desigualdades en la distribución del ingreso, la riqueza, las oportunidades, utilizando los recursos nacionales en la producción de bienes o servicios que satisfacen las necesidades más urgentes del pueblo.

3. Se trata de un derecho que no se hace a base de sacrificar los bajos niveles de vida de los trabajadores a través de la compresión o congelación de sus niveles actuales de consumo, sino de la compresión de los consumos de los sectores oligárquicos”[71]

Como se desprende de lo anterior, los puntos de discusión estaban cruzados por una aguda crítica al gobierno y su actuación en torno a los temas salariales y partidarios. La mesa dirigida por Fuentealba aspiraba a profundizar los cambios en la sociedad en conjunto con una nueva autonomía al Partido como estructura, para que su accionar en el escenario electoral le permitiera no cargar con los problemas y críticas que se le hacían al gobierno de Frei Montalva.

El resultado fue lapidario, el frente oficialista abortó dicha propuesta y postuló la idea del camino propio, sin resolver por cierto la problemática mayor del programa político de fondo[72]. El fracaso de la propuesta, llevó a la renuncia de la directiva a la mesa y la renuncia al Partido de los líderes rebeldes, que sintieron que ya nada tenían que hacer en esta colectividad. La formación del MAPU estaba ad portas de concretarse, sobre todo con los acontecimientos desatados dentro de la Juventud y la coyuntura generada por la matanza de Pampa Irigoin[73].

El año 1969 y los primeros meses del conflicto. De la coyuntura electoral a la formación del Movimiento de Acción Popular Unitaria.

El año 1969 es un año que marcado por la coyuntura electoral, se agudiza también el conflicto al interior de la Democracia Cristiana. Las críticas al gobierno y la tensión creciente de los grupos o fracciones que constituyen el PDC se van volviendo cada vez más visibles e irreconciliables, dada la fuerte necesidad de diferenciarse o distanciarse de las decisiones gubernamentales, como una estrategia de obtener dividendos políticos.

La elección parlamentaria del año 69 se vivirá dentro de la DC como una elección decisiva para medir las posibilidades de triunfo en el campo presidencial para el año siguiente. Estos elementos no deben dejarse de lado en el análisis, porque si bien existen conflictos ideológicos y criticas programáticas a la administración de Frei Montalva que constituyen la identidad de los grupos dentro del partido, también es cierto que la mayor intolerancia y posterior ruptura se vive en el ambiente electoral, donde se hace propicio el enfrentamiento para construir el apoyo político que le granjee los beneficios a los distintos candidatos. Por lo menos esto será parte de la estrategia de los terceristas y los rebeldes, que estiman que sólo con un discurso radicalizado y más cercano a la izquierda podrán obtener las cuotas de poder respectivas.

De esta forma la coyuntura electoral obliga a definirse teórica y programáticamente. La prensa nos demuestra que durante esos años no sólo bastaba con ofrecer las clásicas medidas populistas de mayor bienestar al electorado o a las masas, sino que era necesario también que estas medidas se enmarcaran en proyectos ideológicos más poderosos que le dieran coherencia a las medidas y continuidad en el tiempo. De allí que dentro de la DC la discusión sobre la “vía no capitalista de desarrollo” se convirtiera en algo vital dentro del contexto electoral y que las posiciones particulares dentro del partido tuvieran que definirse también en términos programáticos.

“Democracia Cristiana es algo que deriva de una filosofía propia, filosofía tan vieja como nuestra civilización, pero absolutamente reconocible en las distintas gamas ideológicas. Rechaza con igual energía el predominio del individuo sobre la sociedad, que es el caso del capitalismo burgués, como el predominio de la sociedad sobre el individuo, que es el caso del comunismo. Pretende hacer justicia distributiva sin menoscabo de la libertad de cada cual, así como pretende defender la dignidad del ser humano sin perjuicio de su bienestar económico.

… La D.C pretende reemplazar a un Estado grande y poderoso por comunidades pequeñas y solidarias entre sí. La D.C para defender a los débiles, pretende que nadie sea fuerte y no existiendo propiedad individual o estatal, sino propiedad comunitaria, todos cuidarán de lo de todos y cada cual estará resguardado en su derecho porque desaparecerán los derechos privilegiados y el hombre, a la luz de su propia razón y de un orden desligado de imperfecciones, no requerirá de fuerzas represivas para solucionar sus problemas”[74].

A pesar de lo anterior, existían personeros de la DC más cercanos al oficialismo que estaban por mejorar la administración sin darle tanto énfasis al debate teórico que encontraban estéril.

El PDC de Antofagasta timoneado por Benito Pérez Zujovic, hermano mayor del ministro del Interior, y hombre que no se anda con chicas para definir las corrientes internas de su partido en el Norte: – Acá hay algunos intelectuales, porque eso son: intelectuales (y lo dice con tono despectivo) que se preocupan de esas cosas. La mayoría de nosotros no, y yo entre estos últimos.

-¿los ideólogos? Bueno, son los que generalmente menos trabajan, son los más jóvenes en general, los que no ponen los pies en el suelo”[75]

De esta forma se va delineando el debate dentro de la Democracia Cristiana, donde a pesar de lo expresado por Pérez Zujovic, el tema de las fracciones y las definiciones teórico-ideológicas cubre la mayor parte de los escritos de prensa, dando cuenta de lo importante que parecía esta materia en el conflicto electoral existente. Por ejemplo, el periódico La Tercera a inicios de 1969, afirma que “las aguas internas del PDC se encuentran demasiado turbias, a pesar de la campaña parlamentaria, las posiciones se hacen cada vez más divergentes. Mientras los oficialistas o moderados quieren seguir siendo una alternativa entre el capitalismo y el comunismo, los rebeldes y terceristas opinan que deben abrirse las compuertas hacia un entendimiento con la izquierda marxista”[76].

El periódico El Clarín por su parte, en marzo del año 69, dedica parte de su análisis político a dar cuenta de las distintas fracciones del PDC, enfatizando las diferencias ideológicas que sustentan los grupos. Así afirma que “en 1966 el movimiento tercerista surgió en el PDC como un hito de conducta doctrinaria. Lo procreó un grupo de intelectuales de ese partido que estimaba que no todo estaba perdido en cuanto a los esfuerzos por llevar al gobierno más a la izquierda cada vez. Se alimentaron de esperanzas ante la estrategia de poder esgrimida por el grupo rebelde que nació deshaciendo esa posibilidad como tarea inmediata. Los rebeldes exigían una aceleración máxima en la Revolución en Libertad y maduraron trabajando en las bases, por lo tanto se robustecieron. Los terceristas se quedaron en el grupo de amigos hermanados por inquietudes comunes. Solo reaccionaban ante hechos provocados por otros grupos y cuando alguno de sus talentos era cuestionado o puesto en apuros”[77].

Sin embargo, a pesar de estas diferencias entre ambos grupos, la idea común de llevar hacia la izquierda las posturas demócratas cristianas, los había tendido a unir en la acción partidaria. Podemos decir que se vislumbraba en la prensa la posibilidad de que en el año 1969, se formara una especie de Frente de Izquierda Cristiana, dentro del mismo partido, que propugnara por acelerar los cambios, sin romper con la colectividad. Así lo afirma El Clarín cuando especifica que “después del requies cat in pacem de esta noche, en todo caso, los ya casi “ex terceristas” se integraran al gran grupo de izquierda cristiana. Hablamos de la mayoría de ellos… Los rebeldes por su parte, recibirán este brillante grupo, haciendo necesariamente algunas concesiones. Al parecer, ya hay acuerdo. Para hablar de frente, digamos, que “la izquierda cristiana” (como probablemente se denomine a la corriente) agudizará su vigilancia revolucionaria, poniéndole la bayoneta en el pecho a los grupos juveniles rupturistas. En casi todos los planteamientos doctrinarios hay coincidencia hasta con los rupturistas, pero éstos últimos están en otra táctica, en aquella que aconseja dividir el partido en último caso. La nueva izquierda cristiana hará notar que eso no corresponde ni siquiera en último caso”[78].

Los grupos rupturistas estaban concentrados mayoritariamente en la JDC, de allí que la relación de éstos con el partido se hiciera básicamente al amparo del grupo rebelde encabezado por Gumucio, Jerez y Silva Solar. Este grupo no esgrimía, como ya expresamos la necesidad imperante de romper con el partido. De hecho, Rafael Agustín Gumucio era uno de los líderes fundadores de la DC y su poder se daba en el contexto de esta colectividad. Sin embargo, las relaciones del grupo rebelde con los rupturistas, van a tensar cada vez más la posibilidad de que terceristas y rebeldes lleguen a un acuerdo antes de la Junta que se celebraría en mayo de ese año y que debía definir las posturas ideológicas y programáticas que llevaría la DC en la próxima elección presidencial.

“Posiblemente a tres bandos se de la Junta Nacional del PDC que debe efectuarse los días 1, 2 y 3 de mayo próximo. Por una parte, el “oficialismo” jugaría sus cartas en el sentido de buscar un camino propio para el PDC, elaborando un programa presidencial para 1970, eligiendo a un abanderado de sus filas y facultando a éste para que inicie los contactos necesarios a fin de facilitar un apoyo al abanderado DC de otros sectores políticos. Por su parte, el sector rebelde propicia al igual que “terceristas” una definición del partido hacia la izquierda buscando contactos con las fuerzas del FRAP, radicalizando el partido y su esquema de transformaciones para el país. Rebeldes y terceristas han efectuado numerosas conversaciones para presentar un rostro unido a la Junta Nacional, pero el llamado sector tercerista no acepta que dentro de la unidad de ambos grupos figuren los elementos juveniles llamados “rupturistas”, que al fin y al cabo ganaron la Junta Nacional de la JDC”[79].

La tensión por la presencia de los grupos rupturistas, amparados por el grupo rebelde del partido, se agudizará y finalmente los terceristas no llegarán a acuerdo con los rebeldes. Los terceristas incluso conversarán con los oficialistas y el sector denominado “unitario”, dejando fuera de cualquier acuerdo a los rebeldes sobre todo en los aspectos relativos a la determinación del nombre del candidato a la presidencia[80].

Sin embargo, si bien esto pasa al nivel del partido, la dinámica de la JDC es un tanto distinta. Podemos enfatizar que aquí el conflicto es más ideológico y menos pragmático, más de fondo y menos electoral que el que se vivía en el nivel adulto de la colectividad. De allí la radicalidad de las mismas críticas y los enfrentamientos de los grupos adultos con el sector juvenil. Estos últimos, con cierta lógica de poder en su actuar, se dan cuenta de que el contexto electoral existente los beneficia, porque obliga a los miembros adultos a tomar posiciones sobre los temas más profundos del debate, medir fuerzas y disputar los nichos de poder político existentes. Finalmente el conflicto se resuelve a través de la ruptura, la salida más viable y más beneficiosa para el sector juvenil, aunque no así para el sector adulto[81].

Presenciamos así dos formas de hacer la política, donde el corte generacional es la variable más importante. Por un lado los miembros del partido, que si bien estaban preocupados por la definición doctrinaria, su forma de hacer política fue siempre más tradicional, y buscando cauces dentro del partido, en contraposición con los jóvenes que rápidamente buscaron la ruptura. De allí que los rebeldes juveniles fueran tildados como “rupturistas”.

Los rebeldes de la Democracia Cristiana del sector adulto eran vistos como aquellos que: “quiere otro ritmo revolucionario, el que busca nuevas estructuras y se desespera un buen poco cuando el gobierno de su Partido aparece haciendo concesiones a los enemigos irreconciliables de cualquier proceso de cambios verdaderos: la Derecha política y económica[82]

En cambio el sector juvenil, constituido por los rebeldes – rupturistas, eran vistos como:

“una especie de marxistas-leninistas-cristianos, pero no mucho, que propician, dicho en términos claros, que la gente izquierdista de la DC se embarque en un viaje con comunistas y socialistas”[83]. Incluso, para los diarios que representan la opinión de la Derecha chilena, La Tercera y el Mercurio, estos grupos eran abiertamente marxistas.

Estas dos configuraciones identitarias se pondrán de manifiesto en el conflicto inmediato suscitado por los sucesos ocurridos en Pampa Irigoin en marzo de 1969. La matanza ocurrida producto de la toma de terrenos en la zona de Puerto Montt, fue rápidamente condenada por los jóvenes, quienes con mucha fuerza criticaron y pidieron la salida del Ministro del Interior Edmundo Pérez Zujovic. La intransigencia de la misiva hecha pública por la directiva de la JDC que encabezaba Enrique Correa, generó un arduo debate dentro del partido y medidas disciplinarias suspensivas para los miembros de la Juventud que apoyaron la carta. Sólo unos días después de las fuertes declaraciones de los jóvenes, los adultos del grupo rebelde se suman a las críticas, sin embargo su adición fue siempre bajo la lógica de mantenerse dentro del partido y por ende, menos intransigente que la carta de los jóvenes.

Esta carta revela dos tipos de elementos que serán también visualizados por actores DC de la época. La coyuntura de Pampa Irigoin será vista casi como una excusa para quebrar el partido y llevarse por parte de la JDC una orgánica que hacía tiempo funcionaba de manera bastante autónoma y por otro lado demuestra, que los adultos de la colectividad salieron por la emergencia de la coyuntura y los cauces propios que rodearon el conflicto, a sumarse a un proyecto progresista que rápidamente se les escapó de la manos y fue hegemonizado por los más jóvenes.

La carta que generó la salida de parte importante de la JDC y por la cual fueron pasados al tribunal de disciplina toda su directiva, enrostraba una dura crítica al gobierno de Frei en su gestión en general y no sólo hacía referencia a los sucesos de Pampa Irigoin, demostrando que el quiebre no era solo coyuntural sino que estructural y profundo. Ellos afirmaban que “este nuevo acto represivo del gobierno no es sino la consecuencia de una política cada vez más alejada y contraria a los intereses populares, que necesita para imponerse de una cuota cada vez mayor de autoritarismo. Esto no es otra cosa que la demostración de la incapacidad que el gobierno ha tenido en la tarea de unir al pueblo para destruir el poder antipopular de la derecha económica; la creciente vacilación y debilidad gobiernista lo obliga a ser cada vez más obsecuente con los poderosos y cada vez más duro con el pueblo. Ante una derecha triunfante, el gobierno no parece querer competirle apoyo y clientelas”[84] .

Por su parte la carta de repudio que el sector adulto rebelde envía al gobierno tiene un carácter menos radical y apela a la búsqueda de unidad. Dicha misiva se envía un día después de la carta de los jóvenes, también como una forma de apoyo a las duras medidas disciplinarias a las que fueron sometidos los miembros de la directiva juvenil, después de la publicación de la misma. Los líderes rebeldes firmantes de la carta: Rafael Gumucio, Alberto Jerez, Julio Silva, Vicente Sota y Jacques Chonchol, señalaban: “Los dolorosos sucesos de Puerto Montt que lamentamos profundamente ocurran en un gobierno D.C, son de aquellos que no permiten guardar un silencio que podría aparecer como un acto de tácita aceptación. No se puede limitar lo sucedido a sólo un problema de autoridad. Menos aún, justificarla calificando como actitud sediciosa la legítima protesta popular provocada por la difícil situación habitacional que, aún cuando no es de responsabilidad del actual gobierno, corresponde a una angustiosa realidad.

Las declaraciones de la JDC, de la FECH y de la UFUCH, son serias y enjuician con extraordinaria valentía los hechos ocurridos”[85].

En la misiva de los jóvenes, éstos comparan el gobierno de Frei con la dictadura de Onganía en Argentina y exigen la rápida salida de Pérez Zujovic del gabinete. El enfrentamiento de poderes al interior de la DC y la intransigencia de los términos utilizados van marcando un camino de ruptura que ya no puede ser consensuado: “No es este el camino; el PDC ofreció una salida al gobierno: destruir con el apoyo del pueblo el circuito básico del poder capitalista, liderando de este modo el movimiento popular, en lugar de reprimirlo con grupos móviles y balas. El gobierno no aceptó y optó por el camino antipopular de ser guardián de un”capitalismo eficiente”. Los guardianes que los capitalistas prefieren en toda hora son los gorilas; se trata para ganar su preciada confianza, de demostrar que éste es un gobierno tan eficaz para defender el orden como lo es el de Onganía u otros. Símbolo y personificación de esta derechización creciente demostrada en estas nuevas muertes que el pueblo sufre es el Ministro del Interior, Edmundo Pérez. La JDC exige su inmediata salida, porque de nada valen las explicaciones y excusas que acostumbra dar al partido, si fuera de él, actúa de un modo diametralmente opuesto”[86].

Para el caso de los adultos, quienes buscan resolver el conflicto dentro del partido, la colectividad sigue siendo el lugar adecuado y que pone los marcos para resolver el conflicto. A diferencia de los jóvenes que han deslegitimado abiertamente esa opción, los adultos rebeldes afirmaban que “Coincidimos con lo expresado por el presidente del PDC en el Consejo Plenario de Cartagena, que el partido debe ser solidario con todo lo bueno y lo malo de la acción del gobierno, pero creemos que él, como cualquier militante DC, debe entender esa solidaridad limitada a las políticas que se deciden en el seno del partido. La represión popular siempre ha sido condenada por el PDC y por lo tanto no cabe solidaridad alguna con la política representada por los actos que deploramos, ni con sus responsables directos.

Insistentemente y dentro del marco de la disciplina y del diálogo interno, hemos luchado por acentuar en forma clara el espíritu revolucionario que debe presidir los actos del gobierno DC. Ahora, más que nunca, frente a la prepotencia de la Derecha que aprovecha los luctuosos procesos de Puerto Montt para llevar agua a su molino, reafirmamos nuestra convicción que por sobre los sectarismos partidistas se hace indispensable unificar a todas las fuerzas políticas y sociales que están dispuestas a impedir el regreso de la oligarquía al poder y a instaurar un gobierno popular en Chile.

La desgraciada repetición de hechos como éste que el país enfrenta hoy y perjudican gravemente el destino popular del partido, nos han obligado a hacer pública expresión de nuestro pensamiento”[87].

De esta forma, los sucesos de Pampa Irigoin, denotan dos lógicas políticas distintas, que se pondrán de manifiesto de manera más clara en los meses que siguen a la matanza de pobladores y la fundación del MAPU en mayo de 1969. Es decir, entre marzo y mayo de 1969, adultos rebeldes y jóvenes rupturistas van caminando al encuentro disidente fuera de la colectividad, pero por vías y lógicas de actuar diferentes.

Para los adultos rebeldes y algunos terceristas la propuesta de la formación de una Unidad Popular, que buscara acuerdos con la izquierda marxista, era un elemento central que debía discutirse en la Junta Nacional de mayo de 1969. El programa sobre el cual debía buscarse el nombre del candidato y las alianzas, estaban planteadas en el famoso documento de la “vía no capitalista de desarrollo”, que según los diarios La Tercera y el Mercurio, no era otra cosa que una vía socialista a secas. Así lo demostrarían los dichos del diputado Alberto Jaramillo quien anunció, a raíz de la pérdida de la Junta Nacional por parte del grupo rebelde, que “no estoy de acuerdo con los resultados de la Junta Nacional. El partido ha demostrado que prefiere seguir por la vía capitalista. En cambio nosotros pensamos que la vía socialista es la única solución para desarrollar el país. No un socialismo marxista, sino un socialismo democrático”[88].

De esta forma, los miembros del grupo rebelde del partido, buscaron ganar la Junta Nacional y persistir en el apoyo a la mesa dirigida por Renán Fuentealba. Por su parte, los jóvenes realizaron toda una campaña política dirigida a ganar la Junta de la JDC, pero con una aspiración aparentemente distinta a la que tenía el grupo adulto. Los jóvenes apostaban a ganar la Juventud, logrando una hegemonía visible, de manera que al quebrar el partido la ruptura fuera más aguda.

Los discursos utilizados por los jóvenes para ganar la Junta de la JDC, que se realizó antes de la adulta y producto de la suspensión de la directiva que encabezaba Enrique Correa, fueron de abierta crítica al gobierno. A éste se le acusaba de haber abandonado los principios libertarios y comunitarios que sustentaban la Revolución en Libertad y de trabajar para el capitalismo y el imperialismo yanqui, así como para la oligarquía nacional. Así lo destaca El Mercurio donde se da cuenta que “La Junta se inició con la cuenta del presidente suspendido de su cargo hace algunas semanas, Enrique Correa, quien pudo presentarla sólo, a través de un miembro del Consejo ya que el Tribunal de disciplina que los suspendió por 2 años de sus derechos de militante no le permitió actuar oficialmente en la Junta… El informe político de Correa consta de 20 carillas y es en el fondo una lista de acusaciones a la línea gubernamental. Culpa a esta y a la corriente oficialista de haber llevado al partido a la ambigüedad, a la derechización y a la entrega al capitalismo… Por primera vez, dijo Correa, que aludía a una situación que no había tocado antes por no rebajar el nivel del debate. Este nuevo elemento de crítica que aporta el joven rebelde “es que el poder, cuando no es ejercido colectivamente por el pueblo en un sentido revolucionario y socialista, corrompe, es biombo de los oportunistas, de los que quieren convertir a la política en la mejor profesión del mundo… El dilema para Correa es claro: revolución socialista o regresión derechista”[89].

El triunfo de los rebeldes rupturistas en la Junta de la JDC fue abrumante y categórico y según El Clarín “los oficialistas y hombres del gobierno pueden sufrir peligroso infarto. La lista encabezada por Juan Enrique Vega obtuvo 154 votos, contra la lista de los oficialistas que encabezaba Luis Capiolo. Los terceristas dieron chupe de guata con 24 votos y llevaban como abanderado al ex presidente de la UFUCH, José Miguel Inzulza”[90]. Al igual que lo destacara el periódico El Mercurio, este periódico de corte izquierda-populista, afirma que “la victoria de los rebeldes se basó en las duras críticas que se hizo al gobierno y en especial al Ministro del Interior, Edmundo Pérez Zujovic, por sus inclinaciones antipopulares y derechistas”[91].

La fuerza del triunfo que los rebeldes – rupturistas obtuvieron en la Junta, hizo que el enfrentamiento con el Partido fuera cada vez más frontal e ideologizado, generando un clima de tensión tan abrumante que no tuviera otra salida que la división del partido. De hecho, las consignas utilizadas por los jóvenes hablaban cada vez más de socialismo y revolución, dejando de lado cualquier duda sobre la ambigüedad de sus postulados. Cuestión que no era tan evidente en el sector adulto, donde el tema del cristianismo era más preponderante que el marxismo. Los jóvenes de la DC se comenzaban a apropiar del imaginario de la izquierda marxista, y con estos postulados iniciarían el camino de ruptura, que debía desarrollarse en una coyuntura particular: los resultados de la Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano a realizarse en mayo. Mientras tanto, estos jóvenes gritaban después del Triunfo de Juan Enrique Vega en la JDC, las palabras que inmortalizaron al Che Guevara: “Patria o Muerte ¡Venceremos!”[92].

La postura programática que los consejeros juveniles llevarían a la Junta Nacional adulta apostaba a la creación de un Frente Revolucionario, que condujera a la Unidad Popular y a la revolución[93]. Dicho Frente Revolucionario debía estar conformado por la DC y los sectores de la izquierda tradicional chilena, como única estrategia de derrotar a Alessandri en las elecciones y de conducir al país hacia cambios radicales que tuvieran como horizonte final, la construcción de una sociedad socialista, y ya no tan solo comunitaria[94].

Estos aspectos, referidos a los discursos “revolucionarios” y “abiertamente marxistas” son destacados mayoritariamente por la prensa de derecha, donde el conflicto juvenil aparece mejor tratado que en los periódicos de izquierda que hemos revisado. Para El Clarín por ejemplo, el conflicto juvenil es menor, los actores desaparecen ante el conflicto adulto y lo que resaltaba este diario, hacía más bien referencia a un cristianismo radicalizado que a un socialismo abiertamente marxista, como lo declaraban los otros periódicos que cubrieron el conflicto. Lo anterior puede entenderse como estrategia comunicacional – política en un enfrentamiento electoral ampliamente polarizado, que lleva a los demócratas cristianos a definirse con una postura identificable y donde el “comunitarismo” aparecía como ambiguo y poco atractivo.

Los Jóvenes DC que triunfaron en la Junta, comienzan a reunirse y a planificar sus posturas y actuaciones para la Junta Nacional a realizarse en mayo. Cada vez quedaba más claro que si las posturas de rebeldes- rupturistas no eran acogidas o no triunfaban en la Junta, el Partido Demócrata Cristiano se quebraría. Sin embargo, la interrogante que se hacían los medios de comunicación, era sobre la magnitud del quiebre.

Las dudas comienzan a despejarse una vez realizada la Junta Nacional los días 2 y 3 de mayo de 1969. En dicho evento ganaron las posturas oficialistas y la tesis del camino propio por un escaso margen de 18 votos. Ante el triunfo de estas posturas, la mesa dirigida por Renán Fuentealba renuncia y asume la nueva directiva encabezada por Jaime Castillo Velasco, quien pertenecía a las posturas triunfadoras. Según El Clarín “El PDC se puso ropita usada después de la Junta que, durante dos días, mantuvo al mundo político del país en suspenso. El nuevo presidente de la colectividad resultó Jaime Castillo, Ministro de Justicia, ideólogo de la soledad del partido para conservar la pureza. ¿Qué cosa nueva puede ofrecer el PDC con Castillo a la cabeza? Nada de consideración, a juzgar por el voto político aprobado por una estrechísima mayoría. El triunfo del oficialismo en la Junta Nacional del PDC se logró apenas por 18 votos, entre más de 400 delegados que votaron. Este hecho, significó la renuncia de la mesa de Fuentealba y Bernardo Leighton, el alejamiento del todos los consejeros de libre elección de las corrientes rebeldes y terceristas”[95].

La tesis del camino propio, triunfadora en la Junta en manos del oficialismo, rechazaba de pleno la postura rebelde rupturista de la Juventud referida a la tesis del “Frente Revolucionario”. Según este mismo periódico “Los más damnificados con el voto aprobado por la Junta Nacional del Partido fueron los cabros de la Juventud, que propiciaron con enorme entusiasmo el Frente Revolucionario. Durante años elaboraron la teoría y la propusieron como tesis fundamentada en el Congreso de la JDC. Con el Frente Revolucionario ganaron Juan Enrique Vega y sus boys de la Directiva Juvenil. Sin embargo, el voto victorioso señala expresamente que la tesis del Frente Revolucionario “es rechazada por la Junta Nacional del PDC como incompatible con la existencia del partido y con su posición política. En otras palabras, “lo prohibieron”.[96]

Ante esta nueva coyuntura, los jóvenes rupturistas debían decidir qué hacer en la DC. Estaba cada vez más claro que dentro de esta colectividad sus posturas no tenían respaldo, así como tampoco podían contribuir desde éste a la propuesta de la Unidad Popular para derrotar a las fuerzas políticas de la derecha que representaba Alessandri. Definido un marco de actuación cada vez más estrecho y que daba como única opción la salida y el alejamiento del partido, los jóvenes perdedores en la Junta Nacional debían resolver el mejor momento o coyuntura política para que su salida fuera lo más impactante posible. Los jóvenes tenían claro que esto solo sucedería si lograban que dentro del partido renunciaran militantes de la talla de Gumucio, de manera que la sangría fuera transversal y no sólo generacional.

Así lo declara La Tercera cuando analizando los resultados de la Junta se pregunta “¿Qué ocurrirá en el seno de la DC? Es difícil predecirlo. Los propios líderes rebeldes y terceristas como Rafael Agustín Gumucio, Alberto Jerez, Juan Enrique Vega y otros, prefirieron no opinar dado que el momento era difícil y los ánimos estaban tensos. Muchos piensan que un sector del PDC, especialmente la Juventud abandonará las filas del partido de Gobierno. Esto se sabrá en los próximos días. En todo caso grupos oficialistas predijeron que solo una pequeña parte de la juventud, del llamado grupo “rupturista” y probablemente uno o dos parlamentarios abandonarían el partido, pero el resto de los militantes se mantendrían disciplinadamente en la colectividad. En gran medida todo dependerá de la resolución que adopte el senador R. A Gumucio. Si Gumucio se va se irá con él la Juventud. No podría decirse en modo alguno, que la Junta Nacional de la DC no dejó heridos, los dejó y en todos los niveles”[97].

Los efectos que traería esta Junta en la esfera política no dejaron indiferente a nadie. Así mientras los socialistas hacían un llamado a los jóvenes de la DC para que se salieran del Partido del cual formaban parte, [98] el Partido Nacional hacía el siguiente análisis: “Para nosotros habría sido más conveniente el triunfo del sector marxista, porque así se habría definido con mayor claridad la verdadera situación política de Chile. Dijo (Jarpa) respecto de la posibilidad de que un grupo de la Juventud y de sectores rebeldes del PDC se retiraran de la DC, que “como casi todos los rebeldes tienen puestos públicos y fiscales van a ser muy pocos los que quieran perder esas granjerías y opten por irse”[99].

Sin embargo, el momento llegó el 6 de mayo de 1969, cuando Rafael Agustín Gumucio, militante ejemplar dada su connotada trayectoria en la colectividad desde su fundación, presentó su renuncia ante la mesa del PDC. La renuncia del senador rebelde, generó en los días subsiguientes una seguidilla de renuncias que hicieron que la ruptura fuera eminentemente significativa en la DC y los análisis de la derecha profundamente equivocados.

En su carta de renuncia el Senador Gumucio afirma que su decisión es una opción personal, y que no pretende arrastrar con ella a nadie más dentro de su partido. Su carta demuestra que no aspiraba a la ruptura, y que ésta se generó producto de las condiciones internas que vivía el proceso político demócrata cristiano. Según el senador “Esto me ha llevado al convencimiento que en nuestro partido se han consolidado fuerzas que ya nada tienen en común con lo que yo pienso. El acuerdo de la Junta revela una indiferencia realmente alarmante ante la seria chance de la Derecha de retornar al gobierno, y junto a eso un rechazo muy profundo a buscar condiciones que pudieran aproximarnos a la izquierda. El ideal que siempre nos unió fue la lucha contra la injusticia de las estructuras capitalistas, la lucha por cambiar esta sociedad de un modo verdadero, profundo. Los principios cristianos han inspirado nuestra acción. Pero yo veo que ahora las cosas son distintas. Las corrientes más avanzadas del pensamiento cristiano no son recogidas por nosotros y de hecho más que un instrumento del cambio revolucionario de la sociedad somos un instrumento del status social, una fuerza administradora del sistema, garantizadora del orden establecido. No son pocos los esfuerzos que hemos hecho por rectificar desde dentro esta situación. Hoy creo honradamente que tal rectificación es imposible al menos por largo tiempo. La influencia del poder se ha hecho incontrarrestable dentro del Partido para imponer criterios. No pretendo arrastrar a nadie con mi actitud; no pretendo convocar una división en el PDC, y aún más, respeto el criterio de los camaradas que creen que hay posibilidades de impedir la derechización creciente del Partido permaneciendo dentro de él. Sólo pretendo resolver mi caso individual”[100]

De esta forma, según Gumucio “mi renuncia es un problema de conciencia personal. No quiero, por lo tanto, arrastrar a sectores de la Juventud del Partido para que adopten igual postura. En una oportunidad dije que haría mal quedándome en el partido si yo no compartía su línea política”[101].

Sin embargo, pese a que la postura de Gumucio no buscaba la ruptura del PDC, ésta igual llegó. Entre los días 7 y 14 de mayo, renuncian en conjunto el recién electo senador Alberto Jerez, los diputados Vicente Sota y Julio Silva, el departamento campesino de la DC[102], el departamento sindical con el vicepresidente de la CUT, Sergio Sanchez[103]a la cabeza, el ex vicepresidente del INDAP y líder del sector tercerista Jacques Chonchol y la Juventud casi completa[104].

Los días que siguen al 14 de mayo cuando se registra la salida de la JDC del PDC hasta la fundación del MAPU, el 19 de mayo, los periódicos realizan una serie de conjeturas sobre las acciones que los rebeldes y escindidos del partido de gobierno harán como próxima movida política.

Según constata El Mercurio, “los sectores rupturistas encabezados por Gumucio, el ex vicepresidente de INDAP, Jacques Chonchol; el senador electo Alberto Jerez y el diputado Vicente Sota, unirán su destino a un movimiento cuyas bases serán sentadas en plazo de 15 días. Tendrá un carácter que escape a los márgenes de los partidos tradicionales, no basado en la acción parlamentaria, sino en la actividad con campesinos, obreros y juventud, y abierto a las colectividades marxistas para la conformación de la Unidad Popular”[105].

Estos mismos disidentes agregan que “nos organizaremos para seguir luchando por aquello que ha tenido un carácter más permanente en nuestra acción: retomar el legado moral de la Falange, unirnos a la lucha del pueblo por la justicia, por la democracia, por la revolución, por la nueva sociedad comunitaria y socialista”[106].

Estaba en discusión sin embargo, la estructura que debía tomar este nuevo movimiento político. Las posturas que afirmaban que esto debía ser un movimiento que apostara por la unidad de la izquierda, triunfaron en un primer momento. Sin embargo, ya en 1970 la postura de convertir el movimiento en partido tenía la hegemonía. El control del nuevo aparato estaría en manos de los sectores liderados por Ambrosio. En este sentido podemos decir que el periódico que hizo el análisis más certero sobre el MAPU fue El Mercurio al enfatizar que “el nuevo movimiento formado por los rebeldes, es de corto tiempo y está destinado a convertirse en Partido[107].

La formación del MAPU.

La mañana del 19 de mayo de 1969 traía una noticia política que se venía fraguando hacía ya varios días. Los periódicos que hemos trabajado constatan este hecho ocurrido el 18 de mayo con los siguientes titulares: “Rebeldes del PDC formaron el MAPU”[108], “Movimiento político formaron militantes que abandonaron PDC”[109] y “Ex militantes del PDC forman nuevo partido”[110].

De esta forma, mientras El Clarín resalta los primeros días de formación de la nueva colectividad el elemento rebelde demócrata cristiano como principal característica identitaria del MAPU, El Mercurio y la Tercera destacarán el elemento marxista que existe dentro de la nueva colectividad y que se aglutina con el cristianismo avanzado para darle al MAPU una nueva fuerza dentro de la izquierda chilena[111].

Las primeras reacciones de la prensa política al cubrir la formación del MAPU fue analizar el objetivo de su constitución como colectividad política y los alcances de su actuación en el marco de la política chilena y los actores tradicionales. Para El Mercurio, tal como lo señala la tira cómica el perejil, el MAPU era una especie de tumor maligno que se le extirpó a la DC, tumor maligno que por lo demás había ayudado a generar el Partido Comunista[112], dentro de su estrategia de corroer a la Democracia Cristiana.

Para El Clarín en cambio, el MAPU será asociado durante todo su primer año de vida al movimiento rebelde de los Demócratas Cristianos, sin atribuirle a la nueva colectividad ninguna otra característica que la que ya tenía este grupo desde su formación en la Democracia Cristiana. Incluso Eugenio Lira Massi enfatiza, luego de mofarse del nombre MAPU, que la nueva colectividad solo puede ofrecer la doctrina del cristianismo en la sociedad moderna y que ese sería y debería ser el gran aporte de estos actores al engrandecimiento de la izquierda chilena. Dice Lira Massi que “quienes formaron este movimiento tienen una sola cosa que vender y es la doctrina demócrata cristiana. Son demócratas cristianos. Desean aplicar en nuestros días la doctrina de Cristo y dos milenios avalan la calidad de la mercadería. Cristo sigue siendo más importante que Chonchol, Juan Enrique Vega o Enrique Correa, para no mencionar a los ya nombrados. La gracia que tienen quienes se marginaron del PDC es que se fueron porque pensaron que la directiva de su partido no estaba cumpliendo con el ideal que inspira esa colectividad. Son ellos entonces los depositarios del ideal cristiano de una sociedad moderna. Ellos son los “rebeldes”. Los que se rebelaron cuando se quiso llevar al partido junto al dinero y lejos del pueblo. Martín Lutero nunca negó a Cristo. ¿Por qué los rebeldes lo esconden?. Ellos quieren la reforma. Instalen entonces su capilla. Póngale “Partido Rebelde Demócrata Cristiano” y llegarán solitos miles y miles de feligreses. Pero si le ponen MAPU no les va llegar nadie. Les costará mucho más que un año enseñar a la gente que eso significa “Movimiento de Acción Popular Unitaria” y otro año más para que el pueblo entienda lo que eso quiere decir en el terreno político. Y para entonces habría pasado el 70”[113].

En forma conjunta el mismo comentarista político critica que si el MAPU no asume su carácter identitario rebelde y demócrata cristiano, sólo conseguirá entrar al final en cualquier negociación con el FRAP, sin lograr ser tomado demasiado en cuenta. Así como también crítica que el nuevo nombre y esa falsa identidad se deba al influjo de los ideólogos que están muy presentes en la nueva colectividad. Enfatiza que ·”está bueno que los ideólogos se dejen de ser tan inteligentes todo el tiempo y se convenzan que las siglas ya están desprestigiadas y sirven solo de factor de perturbación para los escolares, de ironía para los adultos y de clave para los iniciados. ¿Qué importa un MAPU más o un MAPU menos? Pero los rebeldes DC son otra cosa. Y significan más que cuatro letras”[114].

De esta manera, el nacimiento del MAPU será registrado como parte de un conflicto interno la DC, para más tarde ir adquiriendo vuelo propio cuando se desate la campaña presidencial de 1970. Sin embargo, la opinión de Eugenio Lira Massi estaba dando cuenta de lo que a un sector de la izquierda chilena interesaba destacar: la llegada de cristianos a ese mundo tradicionalmente hegemonizado por los dos partidos marxistas existentes. La tensión entre cristianismo y socialismo estaba solo asomada en la prensa, pero poco a poco se volverá un elemento trascendental en la definición ideológica de la naciente colectividad.

El MAPU nace un 18 de mayo de 1969, constituido por 550 miembros que se reunieron en el local de los trabajadores de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado (ETCE). La mayoría de ellos provenía de los expulsados o renunciados del Partido Demócrata Cristiano, liderados públicamente por los parlamentarios rebeldes de la DC más el ex vicepresidente de INDAP Jacques Chonchol, que pertenecía al sector tercerista. La gran base de apoyo a la nueva colectividad la constituía la mayoría de la Juventud renunciada de la DC, por lo que el elemento juvenil será muy importante en el MAPU, aún cuando todavía su figuración pública y mediática no sea tan visible, en los primeros meses.

Sin embargo, a pesar de la invisibilidad mediática de los jóvenes, estos aportarán la identidad ideológica marxista que rápidamente va tomando el MAPU. Estos apuestan además a que su fracasada propuesta del Frente Revolucionario sea tomada como bandera de lucha por los otros partidos de la izquierda chilena. Al respecto decía Rodrigo Ambrosio, en un texto expuesto en la primera reunión masiva del MAPU después de su constitución, realizada el 27 de mayo en el teatro La Comedia, que “los partidos de izquierda en Chile deberían sufrir una decantación similar a la que ocurre en la DC chilena: los que están con la revolución para este lado; los otros y los tibios, que se queden donde están.”[115].

En paralelo a la definición de la identidad de la nueva colectividad política, surge el debate mediático acerca de cómo se organizarán los nuevos actores. Ser movimiento o partido aparece como una primera disyuntiva rápidamente despejada por los líderes. El MAPU como su nombre lo dice será un movimiento y su principal objetivo de existencia era ayudar a crear conciencia unitaria en la izquierda chilena, para avanzar de manera real y revolucionaria a la construcción de una sociedad socialista. De allí que las primeras declaraciones de su Secretario General sean desmentir que el MAPU es o será un nuevo partido político.

Al respecto titula El Clarín “El MAPU apenas dijo “agú” y ya le están inventando chuecuras”. Continúa con “Está bien que el MAPU de los ex rebeldes demócratas cristianos tenga un nombre poco agarrador, pero no hay derecho a que le anden inventando propósitos e ideas que nunca han tenido. Desde la reunión que tuvieron el domingo les andan colgando que ahora están reuniendo 10.000 firmas para inscribir al movimiento como nuevo partido político. “¡Nunca ha sido ese nuestro objetivo!” dijo a Clarín Jacques Chonchol. Secretario General del MAPU, para luego subrayar: “creemos que eso sólo contribuiría a aumentar la confusión dentro de la fuerzas populares”. El objetivo del movimiento (“que tiene fines políticos, pero que no está destinado a ser un partido político más”) fue señalado por Chonchol como “destinado a crear conciencia en las bases sociales del país: obreros, campesinos, asalariados, empleados, juventud, estudiantes, intelectuales, en toda la gente- y también en los partidos que se dicen y son populares de la necesidad de unirse para impedir el regreso de la Derecha al poder y la posibilidad de echar las bases para un proceso efectivamente revolucionario en nuestro país”[116].

De esta forma, tal como lo expresan los medios periodísticos[117], el MAPU tenía una abierta vocación movimientista de cuadros y no de masas. Su aspiración era unir a la izquierda en las cúpulas partidarias y en las bases sociales. Objetivo muy ambicioso y que demostraba cierto aire de superioridad, que se autoentregaron los líderes del movimiento, para creer que con su actuación romperían con las lógicas tradicionales de la izquierda chilena[118]. Gazmuri planteaba al respecto, “creemos estar en los 5.000 militantes. No buscamos ser una elite, pero pensamos que representamos lo mejor en poder social. Tenemos sectores bien importantes del estudiantado y del campesinado”[119].

Así, sin ser de una identidad de izquierda tradicional en su nacimiento, los recién nacidos llegan a dar lecciones a la izquierda, a definir lo que deben hacer para derrotar a Alessandri. Esto será un elemento fundamental en la forma que tendrá de desenvolverse el MAPU dentro del contexto de la campaña electoral del año 70 y durante los años que participan del gobierno de Allende. De allí que uno de los elementos más importantes a destacar durante los primeros días y meses de funcionamiento del MAPU sea lograr la unidad de la izquierda para la elección de 1970, vista como única arma para derrotar a Alessandri.

La nueva organización, pese a no ser un partido político como lo enfatizan sus líderes, funcionará en la práctica como partido. Rápidamente se aprontaron a elegir un Secretario General, Jacques Chonchol; un Subsecretario General, Jaime Gazmuri; y una Dirección Nacional constituida por 25 miembros donde destacaron los ex rebeldes Alberto Jerez, Rafael Agustín Gumucio, Julio Silva Solar y Vicente Sota[120]. En forma conjunta a la elección de esta directiva, el MAPU se aprestó a funcionar en un local establecido, para así evitar cualquier problema de conexión más formal con los otros partidos de izquierda. El local elegido comenzó a funcionar en Mac Iver 555 y en sus inicios y dada la precariedad económica de la nueva colectividad, será bastante pobre en su infraestructura[121].

En forma paralela a la estructura orgánica del nuevo movimiento, el MAPU se asigna como prioritario el trabajo en cuatro frentes, donde decide intervenir para lograr la tan mentada unidad de la izquierda chilena. Dichos frentes son el campesinado, los trabajadores, los estudiantes y los artistas, profesionales y técnicos. Se abarca con ellos a las fuerzas sociales trabajadoras, cruzando las barreras definitorias de una clase social en particular. El MAPU será representante de los trabajadores, sea cual sea la rama de actividad en la que se desempeñen, ampliando de esta forma la representación de la izquierda, incorporando a estudiantes, empleados, profesionales, intelectuales y artistas, que no siempre eran convocados por el discurso clasista de la izquierda tradicional chilena.

Una vez definidos los frentes de actuación, el MAPU se aboca la construcción de la unidad popular. Sin embargo, un elemento importante a destacar es que el MAPU enfatiza que la unidad de la izquierda debe hacerse en torno a un programa y no en torno a un candidato, cambiando la lógica electoralista que traía consigo la izquierda tradicional, según la crítica que la nueva colectividad realiza. De allí que para el MAPU sea más importante un programa revolucionario y novedoso, que la definición del nombre del candidato que tenía enfrascada a la izquierda en un punto de no retorno para la constitución de la UP.

Así el MAPU autodefine su identidad de actuación inicial como un movimiento “que desea crear conciencia en los partidos políticos de izquierda de que si no superan sus diferencias, que son lógicas porque somos pluralistas, no podremos jamás cambiar las estructuras, caeremos en el populismo y nos seguiremos engañando todos. Con Unidad Popular conquistaremos el poder”. Asi, “pretendemos ser un movimiento de cuadros y no un movimiento de masas. No pretendemos andar robándoles gente a los demás, sino dedicarnos a crear conciencia revolucionaria[122]. Esta conciencia revolucionaria se realizaría por medio del trabajo con los trabajadores en los cuatro frentes antes definidos, revelando a éstos “las contradicciones de clase que son producto del sistema capitalista y del reformismo populista que lo sostiene a través de la agudización de las luchas sociales”[123].

La actuación del MAPU por lo tanto debería concentrarse, según sus objetivos iniciales, en lograr la Unidad Popular “por arriba”, es decir, a través de acuerdos con las directivas de las distintas colectividades de izquierda, así como “por abajo” a través de discusiones y concientización de las bases sociales de apoyo. Solo en esta mutua nutrición entre estructura partidaria y bases electorales y de apoyo, se lograría la tan mentada Unidad Popular.

Un elemento importante que debía definirse previamente a la discusión del programa de la Unidad Popular, consistía en la clarificación de la situación de la sociedad chilena y su estado de desarrollo. Esto era considerado sustancial para el MAPU, porque sobre ese diagnóstico preliminar se podría llegar a un acuerdo de transformación más radical y más revolucionario. Por ello, los primeros manifiestos de la naciente colectividad estaban dirigidos a dar a conocer la visión mapucista de la historia nacional. De esta forma en el Informe Político del MAPU del 2/08/1969 se destacaba lo siguiente: “ – Chile es hoy una sociedad dominada por una estructura social y cultural de tipo capitalista y burgués, que se ha demostrado incapaz a través de múltiples experiencias conducidas por diversos hombres, bajo distintos signos, de resolver los problemas fundamentales del pueblo. Explotado y colonizado mentalmente por el imperialismo, ha logrado alcanzar un nivel de desarrollo que solo es capaz de sustentar un alto nivel de vida para la oligarquía y un adecuado nivel de vida para sectores mínimos de la clase media, condenando a la inmensa mayoría del pueblo y de la clase media a la frustración permanente que proviene de la contradicción entre las aspiraciones crecientes que promueve el capitalismo de consumo y su incapacidad para satisfacerlas en un régimen neocolonial subdesarrollado”[124].

De esta forma y previo diagnóstico según el MAPU, el programa que debía estructurar la Unidad Popular, debería estar constituido en torno a siete puntos “1) no acelerar las aspiraciones al consumo de todos los grupos sociales[125]; 2) recuperación total de las riquezas mineras en poder de empresas extranjeras; 3) profundizar la Reforma Agraria en toda su extensión; 4) participación activa de los trabajadores organizados en la conducción del Estado; 5) nacionalización de la Banca y de los grandes centros económicos; 6) acelerar el programa de industrialización; y 7) establecer las bases de una nueva educación”[126].

Definidos así los puntos, el MAPU consideraba básico para lograr la Unidad Popular la nueva colectividad realizara un amplio despliegue territorial para ir trabajando en los frentes antes descritos, así como una serie de reuniones con las directivas de los partidos de izquierda (P. Socialista y P. Comunista) y con el Partido Radical, de manera de buscar la base partidaria sobre la cual debía constituirse la nueva Unidad Popular. Según el MAPU, una vez realizada esta discusión programática, el nombre del candidato vendría solo y sería por lo demás, secundario.

Sin embargo, el MAPU sentía que la izquierda estaba enfrascada en una discusión poco asertiva y que se quedaba en la lógica electoralista. La nueva colectividad abogaba por una ruptura de los marcos tradicionales sobre los cuales la izquierda había realizado sus alianzas, entendiendo que “sin Unidad Popular efectiva, los obstáculos son demasiado grandes, los enemigos externos e internos demasiado poderosos, las fuerzas del mantenimiento del status quo, demasiado significativas, para que la revolución pueda ser realizada. Hay muchos ejemplos en América Latina, de gobiernos que contaron incluso con el apoyo mayoritario del pueblo y que terminaron con un populismo de compromiso con la oligarquía interna y con el imperialismo, para pensar que sin Unidad Popular profunda, consciente y organizada se pueda hacer efectiva una revolución anticapitalista y comenzar a construir el socialismo”[127]. Por ello la Unidad Popular debía ser por sobre todo programática y ello será el principal aporte del MAPU en este contexto histórico.

La actuación del MAPU en el contexto de la Campaña Electoral de 1970: La definición del programa y del candidato.

Como habíamos mencionado anteriormente, la gran preocupación del MAPU desde su fundación y hasta la determinación del candidato que debía conducir la Unidad Popular, estaba constituida por la determinación de un programa político revolucionario, que condujera a Chile a una sociedad socialista. En ese contexto, el MAPU como colectividad estará abocado a la construcción política de un lenguaje y de un ideario programático que le diera consistencia a la propuesta de izquierda, avanzando en una línea más profesional de la política y entendiendo que había que dejar atrás las prácticas populistas que habían caracterizado a la izquierda, según su opinión, hasta esa fecha.

La gran cantidad de intelectuales y profesionales que constituyeron al MAPU desde sus inicios, le dio una potencialidad única a este movimiento político, por cuanto contó con numerosos y bien formados cuadros que potenciaron ideológicamente la campaña del año 70. Ya no bastaban las viejas consignas, ni los mismos símbolos. El MAPU creía que había que cambiar la forma de hacer la política en todos sus planos, como paso inicial para transformar radicalmente la sociedad. En ese sentido el MAPU creía, mesiánicamente, que su misión era en particular transformar la política chilena y conducir a Chile a la sociedad socialista. Para ello, el Movimiento de Acción Popular Unitaria había nacido, para forjar la unidad, para ser la punta de lanza de una transformación mayor, en suma, para ser la vanguardia de la izquierda chilena.

Bajo esos objetivos que se dio el MAPU desde su nacimiento, se entiende la particular preocupación del MAPU por el programa político que debía aglutinar a la Unidad Popular, y de allí también el fuerte desprecio mostrado hacia el “hombre” o “nombre” en particular que debía conducir el gobierno de la UP, porque según Jacques Chonchol “Unidad Popular significa unidad consciente de todos los sectores sociales del pueblo conducidos por sus vanguardias políticas, que superen sus diferencias ideológicas y sus contradicciones más aparentes que reales que los dividen, que se establezca en torno a programas de acción común orientados a la efectiva sustitución del capitalismo y sin la cual pensamos que hablar de revolución es un engaño consciente o inconsciente. Esta es nuestra tarea principal del futuro”[128]. Y en ese contexto, “nos interesa darle forma primero a la plataforma y al programa y no somos partidarios, ahora de nominar a alguien de nuestras filas como candidato”[129].

Sin embargo, a pesar de que el MAPU intentaba conducir a los otros partidos que conformarían la UP en esta dirección de discusión ideológica y política, los partidos de la izquierda tradicional, especialmente el Partido Comunista y el Partido Socialista eran promotores primero de nominar el candidato y posteriormente construir el programa. Esta fórmula favorecía particularmente al Partido Socialista que apostaba por cuarta vez a la candidatura de Salvador Allende.

Desde mayo de 1969 hasta enero de 1970, fecha en que es nominado Allende como candidato, el MAPU trabaja arduamente por darle coherencia a la construcción de un programa sólido de gobierno. Este programa, que será la base de la propuesta final de la UP, será denominado por el MAPU como “Acta del Pueblo” y contiene los puntos básicos que fueron mencionados anteriormente, es decir; la construcción de un Estado socialista con participación activa de los trabajadores, nacionalización de las riquezas naturales de nuestro país y que están en manos extranjeras, aceleración del proceso de industrialización y de reforma agraria, estatización de las empresas y la banca, así como una reforma educacional, base articuladora de una nueva construcción valórica que le diera legitimidad y sustento a las transformaciones que iniciaría el nuevo gobierno[130].

Sin embargo, pese a que el MAPU es categórico en enfatizar que su estrategia política y en definitiva su razón de ser es la construcción de un proyecto de Unidad Popular, los acontecimientos van tomando el rumbo contrario, y a poco andar el MAPU debe entrar en la disputa del nombramiento del candidato, como única forma de no quedarse fuera de la discusión que enfrascaba a la UP.

De esta manera hacia mediados de septiembre de 1969 el MAPU designa como precandidato presidencial a Jacques Chonchol[131].En el acto de proclamación del candidato mapucista, este enfatizó que “todos nosotros fuimos partidarios de que la unidad de las fuerzas políticas y sociales que representan al pueblo, debía construirse, primero, en torno a una visión común, basada en un análisis profundo y objetivo del momento que vive el país y en un acuerdo en cuanto a los planteamientos que era necesario hacerle para superar en definitiva el atraso y la opresión que derivan de su estructura capitalista y comenzar a construir una verdadera sociedad de trabajadores. Qué solo después de logrado lo anterior, debía buscarse a quienes eran las personas que podían encabezar ese movimiento y elegir entre ellas aquella que fuera la más adecuada. Pero las cosas se dieron de otro modo y los distintos partidos populares han ido proclamando, con legítimo derecho, a sus abanderados. Esto nos ha conducido, con el fin de acelerar el proceso de clarificación y apresurar la unidad, a elegir también uno de entre nosotros para representarnos y ustedes me han hecho el honor de designarme a mí…”[132]

De esta forma, el MAPU con Chonchol como su precandidato sucumbe a la lógica electoral de las otras colectividades. Sin embargo, seguirá luchando por la construcción del programa socialista por el cual abogaba desde sus inicios.

La figura de Chonchol, que podría haber sido entendida por el MAPU como una nominación forzada ante los hechos consumados, fue generando en la prensa una particular valoración. De ser el ex vicepresidente de INDAP, expulsado de la DC y de su cargo y posterior secretario general del MAPU, Chonchol comienza a aparecer ante la prensa como un candidato particularmente atractivo y con potencialidades de disputarle el triunfo a Alessandri.

Así lo destacaba El Clarín en sus páginas, cuando retrataba a Chonchol como un candidato poco tradicional, joven, inteligente, de estilo directo y muy bien preparado. Según este periódico “de los cinco postulantes de la izquierda (Neruda y Tarud para empezar no tienen na´ que ver (sic)), la mejor carta podría ser Jacques Chonchol, que representa algo nuevo y tiene el aporte de la juventud. Con Chonchol la izquierda demostraría que no es la misma de hace treinta años, que levanta los mismos gastados líderes[133] y eslogans.[134].

Bajo esta mirada del Clarín, el MAPU completo aparece como una colectividad novedosa, más moderna, más adecuada a los requerimientos del país. Sus apuestas revolucionarias se volvían coherentes al ser planteadas por estos grupos de jóvenes profesionales, intelectuales, que muy preparados venían a hacer la revolución, previa unidad de la izquierda chilena, a la que aspiraban conducir como vanguardia.

Estos elementos también aparecen como novedosos y por lo demás peligrosos, a los ojos de la prensa de derecha de nuestro país. Según La Tercera, por ejemplo, el MAPU se había convertido ya hacia octubre de 1969 en la entidad más revolucionaria de la fuerzas constitutivas de la Unidad Popular, ya que según la periodista de ese medio comunicacional, María Eugenia Oyarzún, “Para Chonchol y su partido el futuro gobierno debe ser socialista en lo económico; un Estado de trabajadores es su concepción política y un gobierno expropiador en toda o casi toda la industria privada en que incluso los medios de expresión, como la prensa, la radio y la televisión estén en manos de los trabajadores. Poco se libra al ánimo expropiatorio del MAPU”[135].

La opinión anterior es compartida por El Mercurio, para quién las propuestas programática del MAPU eran bastante preocupantes, sobre todo su apuesta por la creación de una Asamblea Popular, que reemplazaría al Congreso Nacional e incluso al poder judicial, terminando como enfatiza el periódico, con la democrática tradición de la división de los poderes del Estado[136].

Los aspectos anteriores hacen aparecer al MAPU como la fuerza más de izquierda dentro del espectro de la Unidad Popular, y por lo tanto, su peligrosidad se volcaba además en que dicha colectividad aspiraba a conducir el aspecto programático del nuevo gobierno. Dado lo anterior, los periódicos de derecha enfatizaron las discrepancias entre el MAPU y el Partido Comunista, dado que según estos últimos no buscaban la construcción de un Estado Socialista inmediato, sino que sólo una transición hacia dicho ideal.

Otro de los aspectos que estos periódicos destacaron fue la fuerza que puso el MAPU en la idea de que fueran las bases sociales las que decidieran el nombre del candidato y no mediante un acuerdo político superestructural, como lo había sido hasta la época. Según el MAPU sólo así se podría asegurar que el nuevo gobierno fuese revolucionario de verdad y no como sucedió con la campaña de Allende en 1964 donde se buscó atenuar el discurso revolucionario[137].

Sin embargo, pese a todas las visiones anteriores, tanto de la prensa de izquierda como de derecha, la lógica política tradicional se impone. Y ante el estancamiento y el punto de no retorno de las conversaciones entre las distintas colectividades, el MAPU decide bajar a su candidato Jacques Chonchol en un gesto político que pretendía demostrar la coherencia de sus postulados ideológicos y programáticos en pos de lograr el objetivo número uno que los convocó como colectividad: lograr la unidad de las fuerzas populares[138].

De esta forma desde el retiro de Chonchol a comienzos de enero de 1970 hasta la nominación definitiva de Allende el 23 de enero de 1970, el MAPU comienza a tener un papel de menor importancia. Al bajar a su candidato, si bien presionó a las demás colectividades para que hicieran el mismo gesto político unidad, y ese objetivo se logra, el MAPU también restringió su capacidad efectiva de presionar políticamente, dado el incierto apoyo electoral con el que contaría. En forma paralela, la elección de Allende no agradaba del todo al MAPU, dado que era caracterizado por dicha colectividad como un hombre político tradicional y “pasado de moda”, que representaba precisamente todo aquello de la izquierda tradicional que el MAPU se proponía cambiar.

Sin embargo, y muy disciplinadamente el MAPU, apoyó al candidato electo, desplegando un gran trabajo territorial en los meses que siguen a la nominación y hasta la elección el 4 de septiembre de 1970. La participación del MAPU se concentra prioritariamente en el sector campesino y en el sector estudiantil, donde la colectividad había ganado notorias fuerzas[139]. Sin embargo, la cobertura periodística en la campaña cubre poco al MAPU, debido principalmente a los escasos actos a los que convoca como anfitrión. La mayoría de las acciones de campaña son realizadas por el Partido Comunista y el Partido Socialista, a los cuales los líderes del MAPU apoyan con su oratoria, pero con muy pocas bases sociales de apoyo real.

Lo anterior se explica además porque el MAPU, en sus primeros meses no aspira a convertirse, a lo menos públicamente, en un partido de masas. Como dijeron con anterioridad, ellos no aspiraban robarle gente a nadie. Sin embargo, la fuerza de la política chilena y su propia lógica de funcionamiento pronto generará la disyuntiva de cómo sobrevivirá el MAPU ante el triunfo de la UP con Allende a la cabeza. ¿Qué papel le queda al MAPU una vez cumplido el objetivo de la lograr la unidad de las fuerzas populares?

Una respuesta posible y que fue significativa en el largo plazo[140], era la propuesta del MAPU de formar una Federación Socialista, donde el MAPU y el PS se fundieran para evitar la proliferación de pequeños partidos de izquierda y formar una gran colectividad que tuviera coincidencia programática visible, en torno a la idea de realizar una revolución socialista de carácter nacional, sin copiar modelos extranjeros[141]. Esta idea no tendrá eco en esos momentos, pues el PS era un partido fuerte y además tenía al abanderado presidencial en sus filas.

La otra respuesta posible y la que finalmente se concretó, era convertir al MAPU en un partido político, que pudiera competir por los espacios de poder y transformar desde el sistema las prácticas políticas que aspiraba a modernizar, para hacer de Chile una verdadera sociedad socialista.

NOTAS:

[62] Que para ser más exactos pertenece al grupo de los terceristas.

[63] EL Mercurio, La Tercera, El Clarín y El Siglo.

[64] Un papel fundamental en este proceso lo jugará el liderazgo de Rodrigo Ambrosio.

[65] A la diferencia generacional había que sumarle el acercamiento o distanciamiento respecto de la utilización del marxismo como categoría de análisis de la realidad social. Los “viejos fundadores” creyeron que la particularidad del MAPU en la izquierda era precisamente el aporte del cristianismo, mientras que los más jóvenes querían sacarse ese “estigma” y pretendían convertirse en el tercer partido marxista de la izquierda chilena.

[66] Dicha crítica se hacía sobre todo al partido Radical y a los sectores políticos de la Derecha, como el Partido Liberal por ejemplo, que no lograban representar ni en sus discursos ni en sus prácticas a estos nuevos sectores de la clase media más ilustrada y profesional.

[67] Jocelevsky, Ricardo. “La Democracia Cristiana y el gobierno de Eduardo Frei (1964-1970). U. A Metropolitana. Unidad Xochimilco. México, 1987. P. 286.

[68] Uno de los paradigmas ideológicos que cruzaba a toda la Democracia Cristiana hacia 1964 era la frase “ni capitalista ni socialista, sociedad comunitaria”. Sin embargo, los lideres rebeldes a poco andar el gobierno de Frei comenzaron a acuñar la idea de una sociedad basada en el “socialismo comunitario”, cuestión que será consignada en la propuesta de la “vía no capitalista de desarrollo” que encabeza la línea rebelde que gana la mesa de la directiva DC en el año 1967, con Gumucio a la cabeza.

[69] Jocelevsky, R. Ibíd. P. 299.

[70] Importante me parece señalar que un mes antes de esta elección había sido elegido como Presidente de la JDC el líder rebelde juvenil Rodrigo Ambrosio.

[71] El Clarín. 3/05/1969.

[72] El líder de esta postura fue Patricio Aylwin, entonces Senador de la República.

[73] “En términos de alianzas políticas, las contradicciones entre justicia social y desarrollo económico significaba optar por una alianza con los partidos de la izquierda o bien por una con los grupos de poder económico. El problema de los demócratas cristianos es que parecía imposible para ellos ocupar una posición hegemónica en cualquiera de los 2 tipos de alianza”. Jocelevsky, R. Ibíd. P. 306.

[74] El Clarín. Opinión política de “Picotón”. 15/01/1969.

[75] El Clarín. 21/01/1969.

[76] La Tercera 1/01/1969.

[77] El Clarín 25/03/1969.

[78] El Clarín. Op. Cit.

[79] La Tercera. 23/04/01969.

[80] El Clarín. 25/03/1969.

[81] Esto permite entender por qué los militantes más antiguos casi desaparecen de la memoria de los militantes más jóvenes.

[82] El Clarín 12/02/1969. Perfil electoral de Alberto Jerez candidato a senador por la zona de Concepción.

[83] El Clarín.28/03/1969.

[84] El Clarín, 11/03/1969.

[85] El Clarín, 12/03/1969.

[86] El Clarín, 11/03/1969.

[87] El Clarín. 12/03/1969.

[88] La Tercera. 7/05/1969.

[89] El Mercurio. 20/04/1969.

[90] El Clarín, 21/04/1969.

[91] El Clarín, 21/04/1969.

[92] El Clarín 21/04/1969

[93] El Clarín, 21/04/1969.

[94] La Tercera. 22/04/01969. “Según Juan Enrique Vega, presidente de la JDC, el triunfo se logró debido al planteamiento de la siguiente tesis: En lo ideológico: que el PDC debe definirse por el “socialismo” a secas, en lo político afirmando que el PDC debe ubicarse en la “izquierda”, en lo estratégico planteando la necesidad de la lucha por una unidad popular de nuevo tipo en Chile”.

[95] El Clarín. 5/05/1969.

[96] El Clarín. 5/05/1969.

[97] La Tercera, 5/05/1969.

[98] El Clarín. 5/05/1969.

[99] El Mercurio. 6/05/1969. Las declaraciones son de Sergio Onofre Jarpa.

[100] El Clarín. 7/05/1969.

[101] El Clarín 6/05/1969.

[102] A este departamento pertenecía Jaime Gazmuri.

[103] Sobre la renuncia de Sánchez al PDC, la tira cómica “el perejil” ironiza el 17/5/1969: “Pa´mi que renunció porque la flecha roja… no era tan roja… ni tenía la forma de hoz ni martillo”, haciendo alusión al acercamiento y casi identificación del sector rebelde con los lineamientos de la izquierda tradicional, en especial, el Partido Comunista.

[104] El Clarín declaraba el 14 de mayo de 1969: “El PDC se quedó sin su juventud, como don Fulgencio: … “nos han cambiado el partido. Este no es el partido al que entramos”, explican los cabros a Castillo. La carta está concebida en términos durísimos, la crítica no está adornada y hasta le hacen un llamado de conciencia a Castillo para que medite sobre la composición que ahora tiene el partido al cual él tanto le defendió la pureza. Vega informó que junto a ellos se salen 16 provincias, como departamentos juveniles completos y en las otras renunciaron grupos importantes. Es decir, que ahora el PDC no tiene juventud”.

[105] El Mercurio.10/05/1969.

[106] El Mercurio op. Cit.

[107] El Mercurio 18/05/1969.

[108] El Clarín 19/05/1969.

[109] El Mercurio 19/05/1969

[110] La Tercera 19/05/1969.

[111] La Tercera 30/05/1969. Titular “Marxistas y cristianos están fabricando nueva izquierda”. Continúa “la condiciones están dadas para que surja una “nueva izquierda”, en el país, a juicio del personero del MAPU, que participó en una reunión con comunistas y socialistas. Sobre la reunión que se realizó en la sede del P.S dijeron los informantes, que en ella hubo un análisis sobre las posibilidades de la unidad popular y que se notó gran coincidencia en los planteamientos de las tres colectividades, en el sentido de hacer la unidad partiendo desde las bases. Manifestó el vocero, que a su juicio el resultado más importante es que las condiciones están dadas pata que surja una nueva izquierda, con participación de cristianos, marxistas e independientes”.

[112] El Mercurio. Referencia del comic el perejil el 6/61969 y la referencia a la influencia del PC 22/06/1969.

[113] El Clarín. 20/05/1969.

[114] El Clarín 20/05/1969.

[115] El Clarín 28/05/1969.

[116] El Clarín 20/05/1969.

[117] Este elemento también es cubierto por El Mercurio y La Tercera.

[118] Esta reflexión se ha repetido en muchos militantes mapucistas a lo largo de la historia de dicho partido, siendo un elemento constitutivo de la cultura política del mismo. En ese sentido se entienden por ejemplo las ansias de constituir un partido federado, en la época de Ambrosio, y más tarde, en la época de la transición, la conformación de la Concertación.

[119] El Clarín 27/07/1969.

[120] El Mercurio. 4/08/1969.

[121] El Clarín 14/06/1969 y 25/07/1969.

[122] El Clarín 27/07/1969.

[123] El Mercurio 5/08/1969.

[124] El Clarín 2/08/1969.

[125] Criticas a medidas reformistas y populistas que no aspiran a un cambio radical del sistema capitalista.

[126] El Mercurio 5/08/1969.

[127] El Clarín 2/08/1969.

[128] El Clarín 3/08/1969.

[129] El Clarín 20/08/1969.

[130] El Clarín 30/09/1969.

[131] El Clarín, La Tercera y el Mercurio. 22/09/1969

[132] El Clarín. 28/09/1969.

[133] Critica a la nominación de Allende por parte del Partido Socialista.

[134] El Clarín 10/10/1969.

[135] La Tercera 5/10/1969.

[136] El Mercurio. 10710/1969.

[137] La Tercera 22/08/1969.

[138] El Clarín 1/1/1970.

[139] Desde el momento fundacional hasta la elección el MAPU había ganado varias elecciones de federaciones de estudiantes, en alianza con las otras colectividades de izquierda. Un ejemplo importante lo constituye el triunfo del Centro de Estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Chile, con Manuel Riesco a la cabeza.

[140] Enfatizo el largo plazo, porque aquí está la primera idea que más tarde retomará el MAPU durante el proceso conocido como Renovación Socialista, que de una renovación ideológica pos golpe de Estado dará paso a la constitución de la idea de un bloque histórico que pasará a llamarse hacia los años 80 como Convergencia Socialista. No hay que olvidar que el MAPU se une al Partido Socialista en 1989, durante los inicios del proceso de transición a la democracia en nuestro país.

[141] La Tercera 22/08/1969