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J. M. Insulza: dudas que matan. Epílogo…, E. Aquevedo

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Insulza-OEA

La reciente carta de Insulza al PS es sorprendente, así como su conducta política en general. Poner condiciones imposibles es lo mismo que renunciar a la competencia. Insulza es sin embargo un político avezado, uno de los de mayor experiencia en la política chilena de las últimas dos décadas. Además es inteligente y astuto. El sabe por consiguiente muy bien que los escenarios políticos en los cuales hay que operar no son estáticos ni dependen solo de factores externos. Tales escenarios o relaciones de fuerzas dependen de la acción de múltiples actores, incluida por supuesto la acción o intervención de sí mismo, en la medida que se trate de un actor significativo. Y pues, Insulza es un actor político de esa categoría.

(Ver Carta de Insulza…)

¿Qué sentido tiene entonces que pretenda ser candidato presidencial, si hace depender su opción prácticamente sólo de los demás actores, y él mismo se limita a un mínimo de intervenciones que por si mismas no pueden modificar el escenario en su favor?  Incluso no es, o no era, principalmente asunto de presencia física en el país, hasta un cierto límite, dado su cargo en la OEA. Porque, por ejemplo, su posicionamiento dependía también y, quizás, decisivamente, de sus propuestas, del proyecto político que él pudiera representar y que lo diferenciara claramente de los demás, tanto de Lagos como de Frei (y desde luego de Piñera). Y también dependía de su capacidad para prever, anticiparse o desbaratar maniobras previsibles de los adversarios.

Insulza ha renunciado, quizás definitivamente, a ocupar el único espacio que lo habría hecho crecer en el campo político concertacionista y fuera de él, esto es, el espacio de una centro-izquierda coherente y sólida, a la altura de la nueva realidad internacional generada por la crisis económica en curso. Ya el camisón de fuerza ideológico neoliberal se ha roto, y los espacios para políticas progresistas son más amplios gracias y a pesar de la crisis. Insulza está renunciando a esa posibilidad, en circunstancias que ni Lagos ni Frei pueden asumir esa postura de manera creíble.  Sus respectivos gobiernos estuvieron excesivamente marcados por compromisos estratégicos con el gran empresariado nacional y transnacional y con el modelo neoliberal aún vigente en el país. Insulza también se implicó, pero de manera sólo subalterna: él era sólo ministro, y no el jefe máximo del gobierno.

El sólo hecho de haberse decidido y actuado en esa toma de posición, bajo la modalidad de una propuesta o proyecto de discusión general, lo habría posicionado de manera mucho mas sólida, tanto en el PS como en el PPD. Habría llenado un espacio político-programático aún desesperadamente desierto en la Concertación, donde todo parece reducirse a cuestiones de poder, incluidas maniobras y operaciones de desestabilización, destinadas a construir campos de fuerzas funcionales a una determinada opción. Lagos, en un libro reciente, hizo propuestas pero sin decir nada nuevo, porque en realidad tampoco necesita hacerlo. Su liderazgo socialdemócrata de derecha y notoriamente tecnocrático, o social-liberal,  está en efecto ya suficientemente establecido. Y, en los tiempos que corren,  es obviamente del gusto de la derecha económica del país y de los segmentos más neoliberalizados de la concertación. Su problema no era pues el perfilamiento programático, sino resolver una ecuación táctica inicialmente problemática referida al escenario de posicionamiento de su candidatura, lo que implicaba necesariamente “sacar de la cancha” al candidato Insulza. Sólo ello permite hacer del espacio PPD-PS su plataforma de sustento.

No es por casualidad, por otro lado,  que haya sido el PPD el partido que se ha “jugado” más por él, proclamándolo como su abanderado (Ver Declaración del PPD proclamando a R. Lagos…), partido que como se sabe posee la impronta libremercadista y tecnocrática más sólida dentro del bloque de gobierno. Ello pone en evidencia una nueva alianza transaversal entre el núcleo hegemónico de PPD (Girardi-Auth) y el laguismo en sentido amplio, representado también por segmentos del PS. Alianza, al parecer, de una fuerte voluntad hegemónica, que al parecer no excluye operaciones mas o menos conspirativas (como se ha denunciado en medios socialistas), con la finalidad de modificar drasticamente el campo de fuerzas en su favor.

Frei no se diferencia mucho de esa orientación e intereses, aunque quizás tenga márgenes de maniobra más importantes que Lagos para propiciar ciertas orientaciones progresistas. Frei se permite por ejemplo postular la estatización del transporte en Santiago, lo que no corresponde precisamente a una lógica de mercado. Pero ese margen relativamente mayor parece explicarse  sobre todo porque Frei dispone de una conexión más limitada que Lagos con el gran empresariado. El favorito de éste es Lagos, más que Frei, e incluso más que Piñera (así lo confiesan varios connotados empresarios, en todo caso). Considerado el contexto internacional actual, Piñera, dada su ostentosa adhesión al libre mercado y al juego financiero, puede en efecto resultar más “anacrónico” que Lagos frente al decisivo actor empresarial.

Insulza podía en efecto asumir creíblemente un proyecto de centro-izquierda, tanto porque sus vínculos estratégicos con ese gran empresariado son notoriamente más débiles que los precandidatos señalados, como porque ideológicamente parece situarse en una posición más progresista dentro del espectro político nacional.  Sin embargo, no lo ha hecho o ya no lo hizo. ¿Como esperaba entonces posicionarse y ganar espacios en dicho escenario, sin intervenciones de fuerte impacto como la indicada?  Un político como él no podría imaginar que una candidatura presidencial se le daría “en bandeja”.  El sabe que en política las cosas no funcionan así.

Entonces, ¿donde está la lógica o sentido de su conducta política? ¿Hubo un error grave de diseño en su estrategia político-electoral original? ¿O será que en el fondo no estaba realmente dispuesto a “jugársela”, dudando más allá del limite sobre la validez de su propia opción, lo que explicaría en alguna medida su conducta “hamletiana”? ¿O, más gravemente, su acción fue inhibida o bloqueada por maniobras aún poco conocidas (tales como, por ejemplo, desestabiizar a Escalona en el PS) promovidas por la alianza Laguista-Girardista, denunciada recientemente por Cortés Terzi, y que Insulza no supo prever o no quiso enfrentar politicamente? (Ver texto de Cortés Terzi en este Blog)

Lo que se lamenta en definitiva es que, si termina por abandonar o “bajarse” como muchos lo sospechan, no se ve en el horizonte quien podría asumir la representación de una real alternativa de centro-izquierda con posibilidades de éxito en la contienda presidencial frente al “neoconservador” Piñera…

EPILOGO…

El 5 de enero del 2008 Insulza “tiró lo guantes” de precandidato, sin realmente haberselos nunca puestos del todo. Los datos disponibles al final indican que si bien en esta historia han influido factores “externos” como la gestión de Auth en el PPD “boicoteando” en alguna medida la candidatura de Insulza y apoyando a Frei, o la ambiguedad de Lagos y su “indiferencia” posterior, asi como la evolución de las encuestas en un sentido más favorable a Frei que a Insulza, etc., podría decirse más precisamente que todo ello no es causa sino consecuencia del propio actuar de Insulza como precandidato. Es indudable que él no intervino adecuadamente en el contexto político nacional para modificar la cofiguración de fuerzas en su favor. De manera sorprendente actuó como quien espera que “los astros” o agentes externos ordenen las circunstancias en beneficio de su objetivo presidencial.

O bien se trata de un complejo problema psicológico personal de dudas e indefiniciones disfuncionales en política, o bien de un diseño político-estratégico de campaña profundamente erróneo. Los resultados estan a la vista, con consecuencias negativas para la propia concertación, para proyectos de centro-izquierda, para alternativas de cambio significativos en el modelo neoliberal dominante y, en fin, para las perpectivas de la izquierda. La hegemonía DC establecida ahora en la Concertación a través de la candidatura Frei implica, en efecto, un retroceso político y cultural en el espectro político chileno. La perspectiva laica de centro-izquierda es desplazada por un eje más claramente social-liberal, centrista, más cercana de intereses empresariales que de los de las clases medias y fuerzas populares. Ya veremos como se expresa esta tendencia en el programa de gobierno que se explicitara en los meses que siguen…

Laguismo y Girardismo: la alianza “colonizadora”/tecnocrática contra Insulza…

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lagos-girardi_colonizadoresAntonio Cortés Terzi, Centro Avance

José Miguel Insulza fue la primera víctima de este nuevo pacto y del nuevo estilo político que entraña y que tuvo su primer ejercicio experimental en la imposición de las dos listas a concejales. “Nuevo” por lo impudoroso, por su opción preferente por la factualidad, por su indiferencia por las estructuras políticas y por su predisposición a imponer. Dada esa predisposición y la afición de sus liderazgos por los coloquios mundiales,  podrían ser reconocidos como los “colonizadores”.

Salvo que ocurriera algo muy sorprendente y extraordinario, lo evidente hoy es que José Miguel Insulza dejó de ser pre-candidato presidencial. Hecho político que no se agota en sí mismo, que no tiene una causal explicativa única y simple y que pudiera repercutir en ámbitos muy precisos de los escenarios políticos y electorales venideros. Y todo ello producto del proceso y formas que revistió tal desenlace.

Más de alguien ha responsabilizado al propio ex-ministro de lo sucedido. Y, probablemente, algo de culpa tiene. Pero lo sustantivo no está en sus supuestas indefiniciones. Si así fuera, el hecho tendría pocos alcances mayores. Sin embargo, los tiene. Básicamente, porque su retiro no resultó de conflictos, pugnas o competencias medianamente diáfanas (o escudriñables) y “normales” en política, -considerando, incluso, como “normal”, la rudeza de la política-. La renuncia –todavía implícita- a su pre-candidatura estuvo precedida de un conjunto de maniobras y operaciones “irregulares”, poco éticas, anti-estéticas y hasta poco “viriles” y que, por lo mismo, eran imposibles de contrarrestar sin prestarse para movimientos igualmente sórdidos.

El tipo de política que se dejó caer contra José Miguel Insulza –y de paso contra una clara mayoría del PS- es una de las cuestiones que va a seguir penando en el socialismo y en la Concertación. De partida porque en el socialismo hay sentimientos de humillación frente a lo ocurrido y, lo que es peor, hay irritación y encono contra los “conspiradores” y sus próceres instigadores. El tiempo podrá mitigar las emotividades, pero sólo mitigarlas. Y las revanchas son siempre más eficientes cuando las emociones se han enfriado.

La primera secuela concreta y tangible de ese tipo de política es que, ahora sí, el PS se dividió de facto y con amenazas de que se genere una doble institucionalidad: la del partido y la del “laguismo”.

Este nuevo tipo de política, por otra parte, responde a un nuevo sistema de alianzas en gestación al seno de la Concertación y que reúne al girardismo del PPD, al socialismo laguista y al laguismo puro.

Lo que los junta “doctrinariamente” son, resumidamente, cuatro aspectos que, si bien comparten, cada grupo los conjuga con énfasis distintos.

a) Coinciden en la subvaloración o menosprecio por los ancestros culturales de los dos partidos ejes de la Concertación, el PS y el PDC, pues culpabilizan a tales ancestros de las dificultades renovadoras de la Concertación. Ello les impele a acciones hasta inescrupulosas tras el afán de arrebatarles la hegemonía que ejercen sobre el mundo concertacionista.

b) Todos ellos están convencidos de la inexorable marcha hacia la obsolescencia de la DC. Algunos esperan, contemplativamente, su extinción o reducción a espacios muy menores, mientras que otros creen necesario colaborar a la realización de ese sino.

c) Comparten también la idea de que la requerida renovación política y generacional del progresismo pasa por dos cosas: de un lado, por el predominio y figuración de los agentes de sus elites y, segundo, consecuencialmente, por el definitivo desplazamiento de las dirigencias educadas y culturizadas en los marcos de las culturas políticas históricas.

El aspecto anterior es de suma importancia porque sus traducciones, entre otras, son: i) la autoasignación de estos grupos de una función ya no renovadora sino refundacional del progresismo moderno, y ii) la incubación de una voluntad proclive a romper la Concertación si ese recambio se obstaculiza o prolonga demasiado a causa de la pervivencia de la Concertación.

d) La ambición refundacional está inmersa en una concepción tecnocrática, modal y mediática de la política (de ahí se nutren también sus aversiones contra el PS y el PDC). La conexión con Lagos y el laguismo la establecen a partir de esa ambición y concepción. Para estos grupos Lagos es algo así como el paradigma del líder moderno universal y el laguismo sería algo así como el soporte tecnocrático inicial de la refundación progresista.

Ahora bien, José Miguel Insulza fue la primera víctima de este nuevo pacto y sobre todo del nuevo estilo político que entraña y que tuvo su primer ejercicio experimental en la imposición de las dos listas a concejales. “Nuevo” por lo impudoroso, por su opción preferente por la factualidad, por su indiferencia por las estructuras políticas y, muy en particular, por su predisposición a imponer. Dada esa predisposición y dada la afición de sus liderazgos por lo coloquios mundiales, bien podrían ser reconocidos como los “colonizadores”.

Nacida esta alianza como una suerte de “Estado Asociado” a la Concertación, ¿qué harán los socialistas ahora que, gracias a ella, no tienen candidato?