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¿Facebook es Matrix o Matrix es Facebook? Principal red social en cuestión…

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José Steinsleger
La Jornada

Reyna, hermoso nombre (¿seudónimo?) de un@ lectora, me dijo: vive usted en los 60. Lo tomé como cumplido y recordé las palabras de Paul Nizan al empezar Adén Arabia, estimulante librito de viajes: Yo tenía veinte años. No permitiré que nadie diga que es la edad más hermosa de la vida (1932).

Creo que la generación del 60 tuvo el coraje de escapar de la caverna de Platón. Julio Cortázar cavilaba entonces sobre las miserias del hic et nunc, y “…el sentimiento del absurdo por el que nos definimos y definimos el mundo”.

En La vuelta al día en 80 mundos, Cortázar nos presentó a Jules Laforgue (poeta y amigo del comunero Arthur Rimbaud), quien para ordenar la agenda mostró un recurso sencillo: “…¿para qué la vaporosa metafísica cuando tenemos a mano la física palpable?”.

Algunos intuimos que el otro Julio (Verne) había sido algo más que un autor de ciencia-ficción. Ubiquémonos. Es correcto asociar los 60 (y parte de los 70) con lo antiguo y pasado, mas no sería conveniente igualar las tres vertientes revolucionarias de la época: la real (Cuba), la ideal (París 1968), y la virtual que, sigilosamente, empezó a programar el mundo de nuestros días.

La vuelta al día… apareció en sincronía con el grupo de investigadores estadunidenses que se enfrascaron (sin proponérselo) en la tarea que progresivamente confundió ciencia y tecnología, hardware y software, desarrollo y crecimiento, sexualidad y sexo, redes y telarañas, etcétera (Network Working Group, NWG, 1968).

Seguramente, aquellos muchachos tan pragmáticos se habían formado en las 13 virtudes de Benjamín Franklin. Y a ellos, más el generoso apoyo del Pentágono, la belicista corporación Rand, y la teoría de redes del polaco Paul Baran (fallecido en marzo pasado), debemos los primeros protocolos que permitieron interactuar a las computadoras: el interface message processor, o interfaz.

La primera red fue un sistema de intercomunicación militar (Arpanet, 1967), y se conectó en 1969. Luego, en 1971, Ray Tomlinson inventó el correo y el arroba (@), y un año después se realizó la primera presentación pública en Washington. En 1983, con la creación de los protocolos TCP/IP, nació Internet: la red de redes.

No sigo con la historia de una tecnología, porque el asunto de marras es un programa: Facebook. Ahora bien: ¿programa para qué? Mark Zuckerberg sostiene que su creación trata de ayudar a la gente a compartir información con sus amigos. Sin embargo, a inicios de mayo pasado, en el programa de televisión Russia Today, el experto en redes y enredos Julian Assange, director de Wikileaks, dijo que Facebook es la máquina de espionaje más terrible del mundo, jamás inventada.

Con ánimo sesentista (quiero decir: no neutral), creo que Mark Zuckerberg (26 años) es uno más de los geniecillos empecinados en convencernos de que la sociedad puede cambiar a través de la tecnología. Y Assange (41), una suerte de hijo pródigo de aquellos que (ideológicamente correctos), buscaban el cambio social con buenos sentimientos libertarios.

No cabe sino agradecer a Julian los servicios prestados para saber de lo sabido y no difundido. En cambio, me resulta difícil desligar el programa de Facebook de películas de ciencia ficción como las de la trilogía Matrix (1999-2003). ¿La recordamos? En la dimensión Matrix, la vida de casi todos los seres humanos ha sido esclavizada por las máquinas y las inteligencias artificiales, y viven en estado de simulación social en un mundo ilusorio.

Las películas de Zuckerberg acaban de empezar. ¿Cuántas versiones habrá en cartelera? En 2008 y 2009, con millares de espectadores (¿usuarios?), vimos Un millón de voces contra las FARC, Mil personas que odian a Hugo Chávez, La misteriosa eliminación del perfil de la televisión del partido de los comunistas italianos y El nuevo banco de datos de los terroristas internacionales.

En 2010 fue estrenada Facebook borra la página sueca de Wikileaks (con 30 mil usuarios), y la película de siempre reciclada desde hace más de medio siglo: el portal de Cubadebate cerrado por la denuncia de YouTube sobre derechos de autor (un video sobre el terrorista de la CIA Luis Posada Carriles), y la campaña Por el levantamiento popular en Cuba.

Frente a las manifestaciones del pueblo egipcio, el instituto sionista Albert Einstein (con sede en Washington), remitió a los usuarios de Facebook y Twitter instrucciones del Departamento de Estado y la CIA (cómo vestirse, por dónde circular, qué gritar: ¡La policía y el pueblo contra la injusticia! ¡Viva Egipto!

El 15 de mayo último, a petición del gobierno de Israel y con motivo de otro aniversario de la Nakba (exterminio), Zuckerberg borró las cuentas de medio millón de usuarios que en Facebook defendían la causa palestina.

Como imagino que Reyna debe andar por los veinte y pico, anhelo, de todo corazón, que en 2050 no se vea en la situación de explicarle a los nietos, por qué buena parte de su generación consintió en regresar, sumisa y amigablemente, a la cueva del venerable filósofo conservador.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/07/13/opinion/023a2pol

Written by Eduardo Aquevedo

20 julio, 2011 at 18:38

¿Cuantos podrán soportar el acelerado ritmo de desarrollo tecnológico, aparte de los niños?

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Los estresados de la tecnología

La conexión permanente que permiten ahora los teléfonos móviles no sólo está cambiando la vida social de los usuarios: también la laboral, ya que cada vez se dedica más tiempo a las obligaciones por fuera del horario de trabajo. Y ya se habla de “tecnoestrés”.

 Por Sonia Santoro

Este verano Victoria Rosas decidió no chequear sus e-mails a la vuelta de las vacaciones. Le quedaban unos días libres antes de volver a trabajar y no quería encontrarse con indicaciones, comentarios, noticias laborales que le hicieran adelantar aunque sea mentalmente su regreso. “Hacés muy bien”, le dijeron algunas amigas. Una de ellas usa un teléfono móvil inteligente desde hace años y lo adora, pero le recomienda no comprarlo por la necesidad compulsiva que le genera de ver mensajes y responderlos rápidamente. Otra dice que se olvidó su celular en casa y tuvo todo el día la sensación de que algo malo ocurriría.

Esta sensación de estar perdiéndose algo si no se está on line las 24 horas no es un fenómeno personal. Nadie puede negar que las nuevas tecnologías de comunicación, concentradas cada vez más en los teléfonos móviles, tienen numerosísimas ventajas. Sin embargo, muchas personas se sienten angustiadas o presionadas por la falta o el exceso de mensajes y pueden sentir una especie de abstinencia si no tienen su aparato móvil encendido. ¿De qué se trata todo esto?

Elena Gallardi, docente de 34 años, tiene un móvil “inteligente” (smartphone) desde hace dos años y medio “para evitar encender la computadora cada vez que tenía que chequear un e-mail. Además mis jefes están en otro país, hay un cambio de horario y no quería encender la compu a las diez de la noche, entonces el blackberry fue la mejor opción”. Desde entonces dice que responde “todo más rápido, no voy caminando y pensando ‘no respondí el e-mail, no debo olvidarme’. Me llegan y los respondo. Además me siento más cerca de mis colegas, es como enviarnos mensajes a los celulares con gente que está en Japón, Estados Unidos”. Sin embargo, agrega, “no voy a negar que no me puedo desprender de este aparatito mágico”. El aparatito se enciende cuando ella abre los ojos, incluso los fines de semana, y también en las vacaciones. “No puedo tener a mi blackberry apagado, no lo soporto”, dice.

“A veces mi jefe me escribe un domingo a las 12 de la noche diciéndome que llega a la Argentina en cuatro días y me envía el listado de reuniones que quiere tener, entonces puedo responderle rápido y no debo esperar a reconectarme y ver todo esto el lunes por la mañana.” ¿Cómo vive eso? “Por un lado mal, porque no te gusta recibir estas infos un domingo, ya te inquietan y es entrar en temas laborales, pero por otro lado puedo resolverlo más rápido; me interrumpe mi descanso pero lo resuelvo a tiempo”, dice desde su aparatito.

Ambigüedad o contradicción de sensaciones es justamente lo que generan estas nuevas tecnologías cada vez más disponibles. El año 2010 fue uno de los mejores en venta de aparatos móviles en el país. La tendencia fue al aumento de la venta de smartphone, que llegó al millón y medio de celulares. Cada vez se le pide más al celular: Internet, redes sociales, gps… También Argentina está en un tercer puesto en conexiones a Internet detrás de Brasil y México, con 12,8 millones de usuarios.

El apuro que estresa

En 2008, en España ya advertían estos problemas. Algunas empresas observaban que con teléfonos multifunción los empleados se sacaban los e-mails de encima durante el fin de semana para empezar el lunes libres de pendientes, pero como todos hacían lo mismo lo que pasaba es que el tráfico aumentaba y en días donde se suponía debían descansar.

¿Quién no lo hizo? “Todos hacemos eso. No sé si estamos trabajando más, sino más rápidamente. Probablemente se incrementa la productividad, por acelerar los tiempos de trabajo. Esto no es negativo. Antes, el domingo abría el buzón para adelantar las cartas. Esto lo haces más rápido y te facilita muchas cosas. Hay trámites que podés hacer virtualmente. Los tiempos se aceleran y hay que adaptarse”, opina Susana Finquelievich, investigadora del Conicet, directora del Programa de Investigaciones sobre la Sociedad de la Información, IIGG-FSOC-UBA.

Como fuere, se trabaja con mayores urgencias que hace apenas un par de años. ¿Quién gana más? “La cantidad de correos electrónicos que debemos atender diariamente, muy lejos de disminuir, cada año aumenta dramáticamente y constituye un creciente dolor de cabeza. Además, la neuralgia está inseparablemente acompañada de los riesgos y consecuencias del spam, los virus y los ataques informáticos. El inmensurable volumen de correos basura e ilegales se ha convertido en una grave situación mundial, comparable con la contaminación ambiental, el tráfico automotor, el manejo de la basura en las ciudades o el recalentamiento global”, dice el venezolano Juan Carlos Jiménez en su libro El e-mail en el Trab@jo. Manual de Supervivencia. Soluciones y Consejos.

“El estrés generado por el volumen de e-mails y los riesgos de seguridad asociados con este medio son parte también de un fenómeno mayor de sobrecarga informativa y comunicacional, con importantes consecuencias negativas en la productividad de los equipos de trabajo”, agrega.

Desde el punto de vista de la salud, hay otras consecuencias. Ya se habla de tecnoestrés para nombrar esto que les pasa a los usuarios mientras se adaptan. Eso corre para los adultos, porque quienes nacieron con estas tecnologías no se imaginan el mundo de otra manera.

“Se llama tecnoestrés al estado psicológico negativo relacionado con el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Los continuos cambios producidos a este nivel superan en muchas ocasiones las posibilidades adaptativas de quienes las utilizan”, definen en la Fundación de Investigación de Ciencias Cognitivas Aplicadas (Iccap), que trabaja en estas cuestiones.

Apnea del e-mail

Victoria Rosas recibe constantes interrupciones mientras escribe. Llamadas por teléfono, mensajes de texto, e-mails que avisan su descarga. Cada vez una duda repiquetea en su cabeza casi a la velocidad de sus dedos en el teclado: “¿Contesto ahora o no contesto?”

Algunos expertos hablan de la “apnea del e-mail” para nombrar lo que ocurre con nuestra mente cada vez que abrimos el correo.

Lo que está también en cuestión es la noción cada vez más extendida de que hacer muchas cosas al mismo tiempo –contestar el correo mientras se habla por teléfono o twitear mientras se escucha una conferencia– es mejor y más productivo.

Héctor Nieto, de la Cátedra Libre Salud y Seguridad en el Trabajo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), lo enmarca dentro de las cuestiones de salud laboral. “Hoy las personas tienen una nueva carga, una mayor carga, que es muy difícil de medir. La densidad, la intensidad de la tarea aumentó mucho.”

¿Qué consecuencias trae esto para la salud? “Esta modalidad de trabajo desvirtúa la vida familiar, te pone a disposición continua del ámbito laboral, pero no hay una manera de cuantificar estos daños aunque claramente tiene consecuencias psicosociales”, explica María José Iñíguez, socióloga de la misma cátedra. “Es necesario hacer hincapié en la sobrecarga de trabajo como mecanismo estresor, la prolongación de la jornada de trabajo, el aumento de la presión, además de la fatiga, actúan como estresores”, apunta Nieto.

¿Y entonces qué hacemos? No podemos plantarnos como los ludistas a romper celulares en señal de protesta. En 1800 recién aparecían las primeras máquinas y ellos creían que eran las enemigas de sus puestos de trabajo. Pero a 200 años del movimiento, algo hemos aprendido sobre el avance y las mejoras que la tecnología ofrece.

Sin embargo, sí podemos remitirnos a Alfredo Palacios. “Si uno trabaja más de ocho horas tiene problemas sociales”, decía en 1920. “La tecnología es nueva y los problemas son antiguos”, recuerda Nieto.

¡Y entonces qué hacemos!

Elena Gallardi cuenta: “Yo me impuse unas normas con mi blackberry: no leo noticias, no lo uso para escuchar música, no uso el facebook. Sólo e-mails, mensajes a celulares y si estoy de vacaciones, el chat… como para controlar un poco más el uso”.

En Deloitte de Londres, por ejemplo, luego de hacer una prueba durante cuatro miércoles sin enviarse mensajes internos, tomaron conciencia de la situación y adoptaron algunas normas de comportamiento. Una medida: antes de mandar mensajes múltiples, aparece un cartel en tu correo que pregunta si realmente querés hacerlo para no generar tráfico extra.

Juan Manuel Bulacio, de Iccap, dice que “la empresa tiene que tener en cuenta el factor humano por encima del tecnológico y a éste como un importante apoyo para aquél. Por eso deben estar en claro el sentido y el beneficio de las nuevas aplicaciones”.

Siempre hay posibilidad de negociar o de apagar el teléfono, podrán decir algunos. ¿Siempre? Nieto e Iñíguez son tajantes: “¿Pero cómo vamos a discutir con nuestro empleador las condiciones individualmente? Las organizaciones son hoy las que ponen las pautas.”

Hay empresas que ofrecen ambientes confortables o cursos de yoga y derivados para manejar el estrés. Sobre este punto opinan: “Resulta que termina siendo un problema del empleado cuando en realidad es del empleador, que no modifica las condiciones de trabajo para que vos no estés sometido a estrés”. En la misma línea, Michel Gollac, un especialista francés que vino a dictar un seminario sobre Subjetividad y Trabajo a Buenos Aires hace unos años, dijo: “Los directivos se concentran en aquello que pueden hacer fácilmente, como crear un ambiente agradable. Pero eso, al igual que la gestión del estrés, tiene una efectividad limitada”.

Para Nieto no hay soluciones individuales: “Decirle a un trabajador ‘a usted le hace mal leer los correos mientras come o mientras le da la mamadera a su hijo’ es cargar al trabajador de algo que él ya sabe que le hace mal. Hay que pensarlo más como una cuestión social”. “Desde el punto de vista médico -–concluye–, hay que admitir que el estrés mata y que es el motor de muchas patologías y que esto produce estrés.”

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El desastre nuclear que podría destruir Japón… y el mundo

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Sobre el peligro de un terremoto asesino en el archipiélago japonés
Hirose Takashi
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Las centrales de energía nuclear del Japón envejecen a toda velocidad, al igual que sucede con lo cibernético, manteniéndoselas en funcionamiento mediante la sustitución continua de sus piezas. Y ahora que Japón ha entrado en un período de actividad sísmica y que en cualquier momento podría sobrevenir un accidente grave, la gente vive en estado de constante ansiedad.

Los sismólogos y los geólogos están de acuerdo en que, tras cincuenta años de inactividad sísmica, a partir del terremoto de Hanshin-Awaji de 1995 (terremoto que se produjo al sur de la Prefectura de Hyogo), el país ha entrado en un período de actividad sísmica. En 2004, el terremoto Chuetsu golpeó la Prefectura de Niigata, ocasionando daños en el pueblo de Yamakoshi. Tres años después, en 2007, un terremoto que se produjo en el fondo del mar cerca de la costa de Chuetsu dañó gravemente los reactores nucleares de Kashiwazaki-Kariwa. En 2008, tuvo lugar otro terremoto en las Prefecturas de Iwate y Miyagi, haciendo que toda una montaña despareciera por completo. Después, el terremoto de la Bahía de Suruga puso en estado de emergencia la planta nuclear de Hamaoka. Y ahora, el 11 de marzo pasado, sufrimos el terremoto que se produjo en el fondo del mar cerca de la costa noreste. Y se teme que el período de actividad sísmica continúe durante décadas. Desde la perspectiva de la sismología, un espacio de diez o quince años no es más que un momento en el tiempo.

Debido a que la Placa del Pacífico, la mayor de las placas que envuelven la tierra, está en movimiento, predije que habrían fuertes terremotos por todo el mundo.

Como me temía, tras el terremoto de la bahía de Suruga de agosto de 2009, que se produjo en forma de triple choque, le siguieron en septiembre y octubre los terremotos de Samoa, Sumatra y Vanuatu, de magnitudes de ente 7,6 y 8,2. Eso significa de tres a once veces la fuerza del terremoto de la Prefectura del Sur de Hyogo.

Todos estos seísmos se produjeron alrededor de la Placa del Pacífico como centro, y cada uno de ellos tuvo lugar en los límites de esa placa o de una placa bajo su influencia. Después, al año siguiente, en enero de 2010, sobrevino el terremoto de Haití, en el límite de la Placa del Caribe, impulsado por las Placas del Pacífico y Cocos; a continuación, en febrero, se produjo el inmenso terremoto marino de magnitud 8,8 cerca de las costas de Chile. Estuve rezando para que estas series de terremotos a escala mundial se acabaran, pero el movimiento de la Placa del Pacífico no daba muestras de detenerse y así llegamos al terremoto del pasado 11 de marzo en el noreste de Japón y a la posterior fusión del reactor nuclear de Fukushima.

Hay grandes fallas sísmicas capaces de producir terremotos de magnitud 7 u 8 cercanas a cada una de las plantas nucleares de Japón, incluida la planta de reprocesamiento de Rokkasho. Es imposible imaginar que una planta nuclear no resulte dañada con un terremoto de magnitud 8.

Un caso representativo en sí mismo es la Planta de Reprocesamiento de Rokkasho, donde quedó claro que la falla existente bajo el mar cercano se extiende también hacia el interior de la tierra. La planta de Rokkasho, donde se recogen los deshechos nucleares (cenizas muertas) de todas las plantas nucleares de Japón, está ubicada en una zona terrestre bajo la que se encuentran las Placas del Pacífico y la Placa de América del Norte. Es decir, que la placa que más peligros presenta para la planta de Rokkasho está precisamente ahora en movimiento en las profundidades de Japón.

La planta de Rokkasho se construyó en sus orígenes con un factor muy bajo de resistencia a los terremotos, 375 gal [*]. Actualmente, ese factor de resistencia se ha aumentado a sólo 450 gal, a pesar del hecho de que los recientes terremotos en Japón, que han registrado más de 2.000 gal, se han ido sucediendo uno tras otro. Peor aún, la Península de Shimokita es una formación geológica extremadamente frágil que estaba en el fondo del mar en fechas tan recientes como cuando apareció el mar en el período Jomon (Transgresión Flandriense) hace 5.000 años; si allí llegara a producirse un terremoto, quedaría completamente destruida.

La Planta de Reprocesamiento de Rokkasho es donde se recoge el combustible nuclear consumido en todas las plantas nucleares de Japón, que después se vuelve a procesar para separar el plutonio, el uranio y los residuos líquidos restantes altamente radioactivos. En resumen, es la fábrica más peligrosa del mundo.

En la planta de Rokkasho hay ahora almacenados 240 metros cúbicos de residuos líquidos radioactivos. Un fallo en el tratamiento de tales residuos podría provocar una catástrofe nuclear que superaría a la fusión de un reactor nuclear. Esos residuos líquidos generan continuamente calor, por lo que deben ser constantemente enfriados. Pero si un terremoto llegara a dañar las tuberías de refrigeración o se cortara la electricidad, el líquido empezaría a hervir. Según un análisis elaborado por la industria nuclear alemana, una explosión en estas instalaciones afectaría a las personas que se encontraran en un radio de cien kilómetros a partir la planta con una radiación entre 10 a 100 veces superior al nivel letal, lo que indefectiblemente significa muerte instantánea.

El 7 de abril, sólo un mes después del terremoto del 11 de marzo del noreste de Japón, se produjo una réplica de gran magnitud. La electricidad se cortó en la Planta de Reprocesamiento de Rokkasho. Los generadores de emergencia consiguieron apenas enfriar la piscina que contiene el combustible nuclear y los residuos líquidos radioactivos, lo que significa que Japón estuvo al borde de la destrucción. Pero los medios de comunicación japoneses, como es habitual y prácticamente en su totalidad, decidieron hacer mutis por el foro.

Nota de la traductora:

[*] El gal, o galileo, es una unidad que se utiliza para medir los picos de aceleración terrestre durante los terremotos. A diferencia de las escalas que miden la intensidad general de un terremoto, mide el movimiento terrestre en lugares concretos.

(Douglas Lummis tradujo este artículo del japonés al inglés. Lummis es científico político, vive en Okinawa y es autor de “Radical Democracy”. Se puede contactar con él en: ideaspeddler@gmail.com)

Hirose Takashi ha escrito muchos libros, la mayoría sobre la industria de la energía nuclear y el complejo militar-industrial. Posiblemente, su libro más famoso sea “Nuclear Power Plants”, en el que lleva la lógica de los promotores de la energía nuclear a una conclusión racional: “Si estáis tan convencidos de que las centrales nucleares son seguras, ¿por qué no las construís en el centro de la ciudad en vez de a cientos de kilómetros perdiendo así la mitad de la electricidad en los cables?

Fuente: http://www.counterpunch.org/takashi04252011.html

Written by Eduardo Aquevedo

28 abril, 2011 at 17:43

Japón elevará la alerta nuclear de Fukushima al nivel de Chernóbil…

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El portavoz Yukio Edano confirma que en breve el Gobierno aumentará al máximo nivel la gravedad de la situación en la central.- Se amplía la zona de exclusión por la emergencia nuclear a 40 kilómetros alrededor de la planta

RAFAEL MÉNDEZ / AGENCIAS | Tokio (Enviado Especial) 12/04/2011

Japón ha tardado un mes en admitir la realidad del accidente de Fukushima. Esta madruagada, el Gobierno de Tokio ha admitido que el desastre merece un siete en la escala de sucesos nucleares (en la escala internacional del 0 al 7 de accidentes nucleares INES, por sus siglas en inglés) debido a los altos niveles de radiación detectados tras las fugas de la central, lo que le sitúa a la altura de Chernóbil. El portavoz Yukio Edano ha afirmado en su habitual rueda de prensa que el Gobierno va a anunciar en breve esta medida, que ya habían adelantado fuentes gubernamentales a la agencia Kyodo.

Fukushima no es un "accidente sin impacto significativo", como declaró durante semanas; tampoco es un "accidente con riesgo fuera del emplazamiento", como mantuvo durante un mes. Fukushima es "un accidente grave", un nivel siete.

Según informa en su página digital la televisión pública NHK, la Comisión de Seguridad Nuclear de Japón ha optado por tomar esta decisión tras tener en cuenta los amplios efectos de los escapes radiactivos en la salud de los habitantes y en el medioambiente de la zona afectada, el nordeste de Japón. El mismo medio asegura que las autoridades tienen previsto hacer pública esta decisión en una rueda de prensa a lo largo del martes. Los expertos internacionales insistía en que el accidente debía ser calificado de nivel 6 en la escala internacional INES (que va de 0 a 7), un mes después, Japón aún mantenía el nivel 5, similar al accidente de Harrisburg (Estados Unidos, 1979) en el que apenas hubo escape.

El organismo de control japonés ha dicho además que sus cálculos preliminares señalan que la cantidad de exposición externa a la radiación de Fukushima ha alcanzado el límite anual de un milisievert en zonas situadas a más de 60 kilómetros al noroeste de la planta y a unos 40 kilómetros en dirección suroeste. En el radio de 20 kilómetros de zona de exclusión, ampliado ayer por el Gobierno, la cantidad de radiación varía de uno a 100 milisieverts por hora, mientras que en la zona comprendida entre los 20 y los 30 kilómetros de la central, la cantidad se reduce a niveles inferiores a 50 milisieverts.

La Comisión de Seguridad Nuclear de Japón ha realizado estas estimaciones sobre la extensión de la radiación con el Sistema de Predicción de Información sobre Dosis en Emergencias Medioambientales.

Ampliación de la zona de exclusión

La central nuclear de Fukushima retrocedió ayer durante 49 minutos al punto de partida, a la crítica situación que vivió tras el tsunami justo un mes antes. Un terremoto de magnitud 6,6 en la escala de Richter a 68 kilómetros de Fukushima dejó a la planta sin suministro eléctrico y sin refrigeración entre las 17.16 y las 18.05 (hora local japonesa). La pérdida de energía externa tras el tsunami del 11 de marzo dejó a cuatro de los seis reactores de la central en tan mal estado que, tras treinta días de trabajo, Japón no logra controlarlos ni aventura cuándo podrá llevarlos a una parada fría, a lo que se suma el anuncio de que ahora Fukushima se ha convertido en el peor desastre nuclear de la historia junto con Chernóbil. El Gobierno japonés admitió ayer que tendrá que ampliar la zona de evacuación incluso a pueblos situados a 40 kilómetros debido a los altos niveles de radiactividad, pero lo hará sin prisa, a lo largo de un mes. Quizá ahora tras las recomendaciones de la Comisión de Seguridad Nuclear de Japón este plazo se acelere.

Que en Iitate, un pueblo de 7.000 habitantes a 40 kilómetros al noroeste de la nuclear, hay altos niveles de contaminación no es ninguna sorpresa. El 25 de marzo, dos semanas después del tsunami, los partes del Gobierno japonés ya detectaban una contaminación por cesio-137 en el suelo de 163.000 bequerelios por kilo (500 veces más de lo permitido en la UE). El cesio-137 tarda unos 300 años en desaparecer.

La organización ecologista Greenpeace y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) alertaron de que Iitate superaba los niveles de contaminación a partir de los cuales era recomendable la evacuación. El aviso del OIEA se produjo el 29 de marzo, pero el Gobierno japonés ha ido a remolque. Primero fijó un área de exclusión de 20 kilómetros, después recomendó que, voluntariamente, se fueran los habitantes a menos de 30 kilómetros y ayer, su incansable portavoz, Yukio Edano, anunció que ampliaría el perímetro para evacuar tres pueblos más (Iitate, Katsurao, Namie) y zonas de las localidades de Minami Soma y de Kawamata.

"No hay razón para evacuar inmediatamente", declaró Edano y añadió que les mueve el temor a los efectos de la radiación a medio plazo. Además, el Ejecutivo anunció que se pondrá serio con los residentes que, ignorando la recomendación, siguen en la zona de exclusión. Desde el 13 de marzo, las autoridades japonesas han medido la radiación a 131.604 personas. De ellas, 102 presentaron contaminación en la ropa, pero ninguna contaminación corporal por encima de los límites. En Iitate y Kawamata se han realizado mediciones en 946 niños para estudiar la acumulación de yodo radiactivo en su glándula tiroides, sin que se hayan detectado niveles superiores a los fijados por Japón, según el Consejo de Seguridad Nuclear. "Nos parece bien esta decisión, pero deberían haberla tomado antes", explicó por teléfono Greg McNevin, del equipo de Greenpeace en Japón. No es la primera vez que la realidad obliga a corregir las optimistas previsiones del Gobierno de Tokio.

La organización afirma que la gente que aún vive alrededor de Fukushima podría recibir una dosis de radiación de cinco milisievert al año, "que fue el umbral de evacuación en Chernóbil". Las mediciones muestran que la dispersión de las partículas radiactivas no es uniforme. Aunque los vientos dominantes van hacia el Pacífico, hay una lengua de contaminación hacia el noroeste, que es la que engloba a Iitate.

Información confusa

La eléctrica dueña de Fukushima, Tokyo Electric Power (Tepco), anunció ayer que ha dejado de tirar al mar agua radiactiva, después de un vertido de 10.400 toneladas a lo largo de una semana cuyo efecto sobre el medio ambiente es imprevisible. En principio estaba previsto arrojar al océano 11.500 toneladas, el equivalente a 4,6 piscinas olímpicas, aunque solo una parte, 9.000 toneladas del líquido radiactivo han acabado en el medio natural por ahora. Se trata de una etapa crucial en la lucha de los equipos de emergencia para estabilizar los reactores y detener las emisiones de radiación.

La prueba de la fragilidad de los trabajos para refrigerar la central se vio ayer con la réplica de la tarde, de magnitud 6,6 (aunque inicialmente fue calificado de 7,1), que generó una alerta de tsunami que no llegó a producirse. Dos personas murieron en las prefecturas de Fukushima e Irabaki. El seísmo obligó a evacuar a los trabajadores de la central y Fukushima quedó de nuevo sin refrigeración -tan solo con la ayuda del agua lanzada desde coches de bomberos-, la peor situación para una nuclear. La refrigeración es esencial para enfriar el combustible del reactor y de las piscinas y evitar así la fusión del núcleo. Esta madrugada se ha registrado un nuevo seísmo de magnitud 6,3 en la provincia de Chiba, según informó la agencia metereológica nipona, una intensidad que no activó la alerta de tsunami pero que hizo temblar los edificios de Tokio.

Según Tepco, cuando retomó la inyección de agua dulce los cuatro reactores más afectados seguían estables. El problema es que casi nadie sabe a ciencia cierta eso qué significa, porque los datos de la central son escasos. El Congresista demócrata Edward J. Markey mostró la semana pasada en Washington un correo electrónico que le había enviado la Agencia Nuclear de EE UU (NRC) según el cual temía que el núcleo del reactor dos estuviese fundido y hubiera salido de la vasija. Ese panorama es peor que el que presentan las autoridades japonesas, aunque la NRC matizó después que no tenía claro si eso había ocurrido. La situación refleja la incertidumbre en la que aún se mueven los expertos.

Ingenieros de todo el mundo escudriñan los datos que Japón hace públicos para intentar aventurar cuál puede ser la situación en el interior de los reactores. La NRC tiene expertos en Japón desde el primer día y la Embajada estadounidense en Tokio recomienda a sus ciudadanos que se mantengan a 80 kilómetros de la central (para enojo del Gobierno japonés) y les ha repartido pastillas de yoduro potásico. El yoduro potásico a altas dosis satura el tiroides e impide la absorción de yodo radiactivo.

China y Corea del Sur han criticado la gestión de la crisis atómica por parte del país vecino, hasta el punto de que Seúl le ha llamado incompetente. Dentro de Japón, las críticas han sido también fuertes, aunque tamizadas por el afán de no crear tensión adicional, en medio de los esfuerzos de rescate y reconstrucción del terremoto y el tsunami.

Un mes después del seísmo, el país guardó ayer un minuto de silencio a la hora exacta en la que ocurrió (7.46, hora española). Y con motivo de este aniversario, Masataka Shimizu, presidente de la compañía gestora de la central nuclear, Tepco, se desplazó a la zona de la catástrofe para pedir perdón a todos los afectados por la situación. Sin embargo, según Kyodo, el gobernador de la provincia, Yuhei Sato, se negó a recibirle. El recuento de víctimas sigue subiendo con cada nuevo balance que ofrecen las autoridades: el recuento de víctimas mortales ya supera las 13.000 personas, mientras que los desaparecidos son casi 14.000. Desde el 11 de marzo, dos réplicas han superado el siete en la escala de Richter. Una de esas grandes réplicas, de 7.1, dejó el pasado jueves con problemas de alimentación eléctrica a las nucleares de Higashidori y Onagawa y en la planta de enriquecimiento de uranio de Rokkasho, aunque según el OIEA ya han recuperado la normalidad.

El Pais.com

Clasifican el desastre en la central de Fukushima al mismo nivel de Chernobyl

Las autoridades japonesas modificaron su evaluación de la gravedad de la emergencia en la planta nuclear de Fukushima Daiichi, poniéndola al mismo nivel del desastre ocurrido en Chernobyl en 1986.

Un corresponsal de la BBC en Japón informa que no hay nada que indique un reciente deterioro de la situación en Fukushima, que sufrió las consecuencias del terremoto y tsunami del mes pasado. Por el contrario, señala, la decisión de cambiar la clasificación refleja la severidad inicial de la crisis.

Un funcionario de la Comisión de Seguridad Nuclear de Japón anunció en un aviso televisado que el nivel de clasificación de la crisis en la planta de Fukushima estaba siendo elevado, añadiendo que se trataba de una evaluación preliminar sujeta a confirmación por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

El nivel siete representa "un accidente mayor" de "consecuencias más amplias" que el nivel anterior, señalan los funcionarios.

"Hemos elevado el nivel de severidad a siete ya que el impacto de la fuga de radiación ha sido difundido ampliamente en el agua, los vegetales, el agua de la llave y el océano", indicó Minoru Oogoda, funcionario del gobierno japonés.

10% de Chernobyl

Entre tanto, un empleado de la empresa operadora de la planta, Tepco, expresó que las fugas de radiación todavía no se han detenido por completo.

No obstante, un vocero de la agencia de seguridad nuclear dijo que las fugas eran todavía pequeñas comparadas a las que ocurrieron en Chernobyl.

"En términos del volumen de material radiactivo emitido, nuestros estimativos muestran que es aproximadamente 10% de lo que fue emitido en Chernobyl", puntualizó.

Hasta el martes, el nivel de severidad de la crisis japonesa había sido clasificado como de cinco, el mismo que el asignado al accidente de la planta de Three Mile Island en Estados Unidos en 1979.

Los sistemas de refrigeración en la planta de Fukushima Daiichi resultaron averiados en el sismo y tsunami del mes pasado.

Funcionarios han advertido que pasarán varios meses antes de que la situación en la central nuclear esté controlada por completo.

El conteo oficial de víctimas del sismo está en 13.130, mientras que 13.718 siguen desaparecidos y más de 150.000 personas perdieron sus hogares.

ANÁLISIS

La periodista de la BBC en Tokyo Rachel Harvey, explicó que "elevar el nivel a siete es un salto preocupante". Sin embargo, dijo que los funcionarios japoneses explicaron que el cambio no se debe a ningún nuevo deterioro en la planta.

Al contrario, una evaluación completa de todos los datos disponibles sugiere que Fukushima debe considerarse un desastre del nivel más elevado según los estándares acordados internacionalmente.

Nada sugiere que la decisión esté relacionada con las recientes réplicas del terremoto. Llega un día después de que el gobierno anunciara una ampliación de la zona de exclusión en torno a la planta.

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Written by Eduardo Aquevedo

11 abril, 2011 at 19:56

Publicado en CRISIS, TECNOLOGIA

Tras Fukushima, el futuro está en las energías renovables…

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 BBC – Sábado, 9 de abril de 2011

Planta nuclear de Fukushima

Las averías en la planta de Fukushima obligaron a evacuar las zonas aledañas.

El accidente en la planta nuclear de Fukushima, en Japón, provocado por el terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo, ha puesto nuevamente sobre el tapete uno de los temas más importantes vinculados con la energía nuclear: la seguridad.

Es sabido que las consecuencias de una accidente nuclear catastrófico pueden ser graves, pero también se sabe que la frecuencia con la que ocurren esta clase de eventos es baja.

La industria y los reguladores de este sector han llegado a esta conclusión tomando en cuenta las probabilidades de que se produzca un incidente en un año de operaciones.

En el caso de los primeros cuatro reactores de Fukushima, la Agencia de Seguridad Industrial y Nuclear de Japón estimó en 2002 que la posibilidad de accidentes en el núcleo era de 1 en 100.000 o menos por año para cada reactor y que la probabilidad de incidentes que dañaran la vasija de contención era de 1 en 1.000.000 o menos por año, también para cada reactor.

Sin embargo, dado que han pasado unas pocas décadas -y no milenios- entre los accidentes de Fukushima, Chernobyl y Three Mile Island -la isla del estado de Pensilvania en Estados Unidos-, sobre los que también se pensaba que no estaba en riesgo el núcleo del reactor, resulta evidente que los operadores nucleares y/o los reguladores están desestimando los riesgos asociados a la tecnología nuclear.

"Resulta evidente que los operadores nucleares y/o los reguladores están desestimando los riesgos asociados a la tecnología nuclear"

En la cumbre sobre clima celebrada en Cancún, México, en diciembre de 2010 se dijo: "El cambio climático es uno de los desafíos más grandes de nuestro tiempo y todas las partes comparten una visión que implica trabajar de forma conjunta en el largo plazo".

Para cumplir con los objetivos de Naciones Unidas, las emisiones deberán reducirse en un 80% para 2050. Esto requiere una disminución drástica de las emanaciones de dióxido de carbono (CO2) por parte del sector energético.

Al mismo tiempo, los pronósticos anticipan un rápido incremento de la demanda de energía, impulsado fundamentalmente por el crecimiento económico de Asia, en particular China e India. La Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que la demanda global aumentará en un 47% para 2035.

Eficiencia energética

Quienes están a favor de la alternativa nuclear creen que ésta debería jugar un rol cada vez más importante en el sector energético de alta eficiencia, que tiene como meta no emitir CO2.

Sin embargo, la energía nuclear no es actualmente una tecnología global. Sólo 30 países la utilizan -entre ellos Argentina, Brasil y México- y seis -Estados Unidos, Francia, Japón, Alemania, Rusia y Corea del Sur- generan cerca de tres cuartas partes de la electricidad del mundo que proviene de reactores nucleares.

Niña con mascarilla

La contaminación radiactiva ha obligado a repensar el uso de la energía nuclear.

La contribución total de las plantas nucleares a la producción global de energía que se comercializa es de aproximadamente el 6%. En comparación, el aporte del carbón es del 25% y el del gas natural es del 23%.

Para que la energía nuclear cumpla un papel importante en suplir la demanda energética en el futuro, es necesario incrementar su uso. Esto aumentará significativamente las dificultades que ya existen en torno de la seguridad y del manejo de los desechos radiactivos y dará lugar, además, a una nueva serie de temores sobre la proliferación de materiales nucleares.

Dada la dimensión y la urgencia del problema, es crucial que se de prioridad a las tecnologías de bajo costo que hayan dado prueba de su eficiencia y sean de interés para todo el mundo.

Por esta razón, la prioridad debe ser la eficiencia energética, que no sólo apunta a combatir el cambio climático sino también a disminuir las dificultades en materia de seguridad y, además, genera beneficios económicos comprobados.

Cuestión de costos

En segundo lugar está la energía renovable que, para sorpresa de muchos, ha pasado a formar parte en los últimos años de los recursos energéticos más utilizados.

"La implementación de energías renovables a gran escala no sólo es posible técnicamente y tiene ventajas para el medio ambiente, como lo han demostrado numerosos casos, sino que además produce beneficios económicos"

Por ejemplo, en la Unión Europea las instalaciones de energía renovable son las que han permitido, en gran medida, aumentar la capacidad energética en 2008 y en 2009.

De hecho, en Alemania generan más electricidad que la propia energía nuclear.

La implementación de energías renovables a gran escala no sólo es posible técnicamente y tiene ventajas para el medio ambiente, como lo han demostrado numerosos casos, sino que además produce beneficios económicos al reducir la dependencia a las fluctuaciones en el precio de los combustibles fósiles.

Mientras que el costo de la energía nuclear ha ido en aumento, el de las energías renovables ha disminuido y en muchas ocasiones es, incluso, la opción más barata.

Impacto

Después del accidente de Fukushima, la mayoría de los analistas creen que las complicaciones y los gastos de una planta nuclear aumentarán aún más.

Se espera, en particular, que se ponga mayor énfasis en proteger las centrales de amenazas ambientales como inundaciones, tormentas y sequías, que en teoría serán más frecuentes como resultado del cambio climático.

Planta de Fukushima

La central de Fukushima sólo produce el 3% de la energía que utiliza Japón.

Por otra parte, como en Fukushima los problemas fueron trasladándose de un reactor a otro y de los reactores a las piletas de almacenamiento, habrá que cambiar el diseño de las instalaciones y esto afectará -sin duda- el costo de las futuras plantas.

Varios estudios han demostrado que las fuentes renovables junto con la eficiencia energética bastan para suplir todas las necesidades de energía del planeta y que, en consecuencia, no es necesario recurrir a la opción nuclear.

El desastre de Fukushima ha puesto de manifiesto el impacto ambiental, social y económico que la energía nuclear puede tener en condiciones extremas.

Mientras Japón sigue tratando de lidiar con las consecuencias del terremoto y del tsunami del mes pasado, gran parte de los esfuerzos se han visto desviados hacia los intentos de contener la crisis en una planta que sólo produce el 3% de la energía del país.

Antony Froggatt es investigador principal del Programa de Energía, Medio Ambiente y Gestión de Recursos del centro de estudios Chatham House, en Londres.

BBC Mundo

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Written by Eduardo Aquevedo

9 abril, 2011 at 7:55

El Apocalipsis japonés explicado a Occidente

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Le Monde diplomatique
Traducido para Rebelión por Caty R.

Inmediatamente después de la tragedia que golpeó Japón, los medios de comunicación occidentales se maravillaban ante las multitudes de Tokio que caminaban en orden la noche del seísmo sin manifestaciones de desesperación y siempre conteniendo las lágrimas. Se habla de estoicismo, de dignidad, de fatalismo, de tabú… Esa actitud se ha atribuido a la formación («todos los estudiantes japoneses aprenden lo que hay que hacer en caso de terremoto»), a la costumbre («en Japón las furias de la naturaleza forman parte de la vida») y a veces a la manipulación («los medios ocultan lo más horrible»). También se ha hablado mucho de una supuesta mezcla de Zen y cultura pop, dibujos y mangas, «cultura de lo efímero» y «cultura del desastre» (1). Se han llegado a recitar en la televisión –sobre la tumba de barro donde yacen enterradas veinte mil víctimas- los antiquísimos haikus para explicar a los telespectadores «por qué no lloran los japoneses» (2). Como reacción a esa avalancha mediática, otros han denunciado el viejo fantasma orientalista de una diferencia inventada, e incluso las reminiscencias del «japonismo» del gusto de los ultranacionalistas nipones que quieren demostrar, a golpe de anécdotas y generalizaciones abusivas, que los japoneses constituyen un pueblo cultural y genéticamente homogéneo cuya «esencia» no se parece a ninguna otra… (3).

Sin embargo no podemos negar que las naciones están dotadas de una «esencia», y comprobamos que muchas de ellas se reconocen simbólicamente en una gran narrativa fundadora. Los estadounidenses en la conquista del Oeste y los franceses en la toma de la Bastilla. Los japoneses poseen un escenario recurrente: el de un cataclismo seguido de un renacimiento. En el mito original, la colérica diosa del sol Amaterasu, antepasada de la familia imperial, sumerge el mundo en las tinieblas antes de devolverle la luz. En una época más cercana, Japón conoció la larga paz del período Edo (1603-1868) que sucedió a dos siglos de anarquía sangrienta; la modernización nació de la terrible irrupción, en 1853, de las cañoneras occidentales en los puertos de un archipiélago cerrado al mundo desde hacía más de dos siglos; y el holocausto de Hiroshima fue el preludio del «milagro japonés» que convirtió al país en la segunda potencia económica del mundo.

La impregnación de esta trama histórica en las mentalidades se refuerza por la continua sucesión de catástrofes naturales que afectan al archipiélago: el regreso anual de tifones y deslizamientos de tierras, erupciones volcánicas, terremotos y tsunamis. Desde hace un siglo Japón ha sufrido 119 terremotos de magnitud superior a 6, de ellos 65 mortíferos, especialmente en Tokio (140.000 muertos, 1923), en el Sanriku (3.064 muertos, 1930), en Fukui (3.800 muertos, 1948) y en Kobé (6.437 muertos, 1995). La población, acorralada en la franja costera de un archipiélago accidentado, nunca ha tenido otra opción que la de volver a construir en el mismo sitio. Siempre lo ha conseguido. El archipiélago posee una experiencia sin igual en materia de cataclismos, pero ignora el fin del mundo que el cristianismo promete a la humanidad. El budismo no amenaza a sus fieles y el sintoísmo se centra totalmente en el ciclo de la vida. Frente al Apocalipsis cristiano, en el que el ser humano no puede hacer nada y sólo promete la resurrección de los creyentes en otro mundo, el Apocalipsis made in Japan lleva el germen de un futuro que devuelve a las personas a su renacimiento.

Esto es cierto incluso con respecto a Hiroshima, y contribuye a explicar por qué se ha desarrollado en Japón la energía nuclear sin encontrar la oposición feroz que sería de esperar en un país que sufrió el fuego atómico. El holocausto nuclear, aunque fue horrible, cerró un ciclo de hábitos guerreros y totalitarismo opresivo para alumbrar un Japón nuevo, pacifista, democrático y próspero. La actitud de los japoneses frente al átomo refleja esta ambigüedad fundamental. Todos los pequeños baby bombers nipones han aprendido que el fuego nuclear fue un horror, pero todos se apasionan por Tetsuwan Atomu (Átomo poderoso), alias Astroboy (4), el pequeño y valiente robot creado en 1952 por el «dios del manga» Tezuka Osamu. Astroboy, que fue a la escuela con los niños de su generación y defendía el bien, la democracia y la igualdad entre las razas en las cuatro esquinas del mundo, tenía un corazón atómico… La ley sobre el desarrollo de la energía nuclear se votó tres años después de su nacimiento y el primer reactor se puso en marcha, a menos de 150 kilómetros de Tokio, en 1965 mientras la versión animada de Astroboy batía todos los récords de audiencia en la cadena pública NHK.

Desde la guerra, los cataclismos son una fuente de inspiración inagotable para la cultura nipona. Los mangas, el cine y los juegos de vídeo han familiarizado a los japoneses con las imágenes post-apocalípticas de maremotos gigantescos, ciudades arrasadas, chatarra de vehículos esparcida en paisajes devastados y refinerías en llamas. Pero en medio siglo el género ha vivido una evolución radical. En los años 70, el joven superviviente de Hiroshima (Hadashi no Gen), a quien su madre hizo jurar la tarde del bombardeo atómico que lucharía por un mundo mejor, supera la prueba con un optimismo increíble y un sentido muy claro de su deber; al final avanza con entusiasmo hacia el futuro. Un decenio después, los héroes de Akira vagan entre las ruinas de Neo-Tokio persiguiendo objetivos personales insignificantes en relación con el cataclismo que destruyó la megalópolis, y al final el mundo no se reconstruye. La heroína de Nausicaa (cuya versión manga de Hayao Miyazaky es mucho más compleja y negra que la película) decide que la humanidad que ha transformado el planeta en un infierno contaminado no merece recuperar su dominio. A la vuelta del siglo XXI, en El arma definitiva o Dragon Head, ya nadie sabe por qué el mundo se hunde, la locura reina por todas partes y una muerte solitaria espera a los adolescentes perdidos en ese desastre (5). Si el tema post-apocalíptico ha podido evolucionar de esta forma en menos de cincuenta años, se puede preguntar legítimamente por eso que existe en esa «aguda conciencia de la precariedad (…) entre el sueño y la realidad» (6), que ya inspiraba a los poetas de la época de Heian (794-1185), y si es legítimo invocarlos para explicar la actitud de los japoneses de 2011…

Esa evolución también refleja la crisis profunda del impulso nacional en un país que envejece, socavado por veinte años de depresión económica, traumatizado por las reformas neoliberales implantadas desde principios de siglo y paralizado por un sistema político sin aliento. Como el 11 de septiembre transformó a Estados Unidos, el 11 de marzo transformará a Japón. ¿El cataclismo será un electrochoque y la reconstrucción se convertirá en el objetivo nacional del que carecen en la actualidad los japoneses? ¿El hecho de haber rozado el Apocalipsis los llevará a reconsiderar un modo de desarrollo donde un único accidente puede transformar una de sus megalópolis en un desierto envenenado? Estas cuestiones dirigen en la actualidad todo el futuro de Japón.

Notas:

(1) «Japon, la culture du désastre», Le Monde, 16 de marzo de 2011.

(2) Por ejemplo, en la emisión «Un autre midi» (Canal+), 19 de marzo de 2011.

(3) Por ejemplo Philippe Pelletier, geógrafo y especialista en Japón, en la emisión «Débats» de France 24, el 15 de marzo de 2011.

(4) Astroboy. Aparecido en Shônen de 1952 a 1968.

(5) Keiji Nakazawa, Hiroshima, 1973-1985; Katsuhiro Ôtomo, Akira, 1982-1990; Hayao Miyazaki, Nausicaa del Valle del viento, 1982-1994; Shin Takahashi, El Arma definitiva, 2000-2001; Dragon head, Minetaro Mochizuki, 1994-1999.

(6) «Ces Japonais à l’héroïsme poignant», Le Monde, 18 de marzo de 2011

Jean-Marie Bouissou es director de investigación en Sciencies Po, especialista en Japón contemporáneo. Su última obra es: Manga. Histoire et univers de la bande dessinée japonaise, Philippe Picquier, Arles, 2010.

Fuente: http://www.monde-diplomatique.fr/2011/04/BOUISSOU/20356

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Written by Eduardo Aquevedo

6 abril, 2011 at 17:54

Publicado en CRISIS, TECNOLOGIA

Fukushima marca una “Edad de Hielo nuclear”…

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Asia Times Online
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

La era del renacimiento nuclear se acabó. El shock de Fukushima marca el comienzo de la “Edad de Hielo nuclear”.

La actual crisis nuclear en la planta nuclear Fukushima Daiichi de Japón después de un terremoto y un tsunami está causando revuelo en la política energética de casi todos los países que utilizan energía nuclear. Las repercusiones de Fukushima se sienten con fuerza dentro y fuera del país, tal como las réplicas siguen sintiéndose en el norte de Japón, incluido Tokio.

Hay 432 plantas nucleares que operan en 30 países en todo el globo y 66 reactores en construcción. El primer ministro Naoto Kan dijo el jueves pasado que revisará desde los cimientos el plan del gobierno de construir por lo menos 14 reactores nucleares más hasta 2030, mientras Japón se apresura a superar su peor crisis nuclear.

En EE.UU., la posición pro nuclear del presidente Barack Obama es objeto de escrutinio. Sus planes de seguir adelante con más plantas nucleares en en país se enfrentan a una oposición cada vez mayor.

EE.UU. tiene 104 reactores nucleares comerciales, la mayor cantidad del mundo. De estos, 23 se construyeron con un diseño idéntico al de los reactores nucleares estropeados de Fukushima. Todos utilizan el “sistema de contención Mark I”, diseñado por General Electric hace décadas.

ABC News y New York Times, entre otros medios, informaron el mes pasado de que los expertos habían criticado desde hace tiempo la capacidad de ese sistema de contención de resistir a los problemas que resultan de lo que expertos nucleares llaman un “apagón de estación”, en el que la pérdida total del sistema eléctrico inhabilita el sistema de refrigeración del reactor. Esta perspectiva del “apagón de estación” tuvo lugar por desgracia cuando un gran tsunami destruyó todos los sistemas eléctricos de emergencia en la planta de Fukushima.

En Alemania, el shock de Fukushima obligó a la canciller Angela Merkel a cambiar su posición pro nucleares. Suspendió los planes del gobierno de alargar la vida de las 17 plantas nucleares de la nación hasta que se complete una exhaustiva investigación de tres meses de duración de la seguridad de los reactores. También ordenó el cierre de las siete plantas que iniciaron sus operaciones antes de 1980.

El presidente francés Nicolas Sarkozy también se enfrenta al asunto. Francia tiene 59 reactores nucleares, cinco más que Japón. Debido al apoyo del sector público y privado, la energía nuclear abastece actualmente casi un 80% del suministro de energía eléctrica. Es la mayor dependencia del mundo de la energía nuclear que sobrepasa el 29% de Japón, el 20% de EE.UU. y el 18% del Reino Unido. Para Francia, los reactores nucleares, el combustible y los servicios constituyen una exportación importante.

Por eso Sarkozy y Areva NC, el gigante francés de la energía nuclear, aumentan su ayuda para enfriar los reactores de Fukushima y para encontrar una solución para el agua contaminada que se filtra de la instalación nuclear averiada. Aparte de un punto humanitario, se trata de control de daños para los negocios franceses.

Sarkozy y el primer ministro japonés, Naoto Kan, dijeron el jueves pasado que la próxima reunión del Grupo de Ocho de los países industrializados el 26 y 27 de marzo considerará el tema de la seguridad nuclear global y discutirá la necesidad de un estándar de seguridad global para plantas nucleares.

El shock de Fukushima también causa interferencia extranjera en asuntos internos. El presidente griego, Karolos Papoulias, instó el pasado mes a la vecina Turquía a que reconsidere sus planes de construir sus primeras estaciones de energía nuclear.

En Corea del Sur, el debate se ha concentrado en un “acuerdo de cooperación nuclear” con EE.UU., que debe expirar en 2014, que prohíbe que Corea del Sur posea instalaciones de reprocesamiento de combustible nuclear usado. Corea del Sur tiene actualmente 20 reactores nucleares y la energía nuclear produce cerca de un 40% de la electricidad del país.

El mayor problema de Seúl es que a sus plantas de energía nuclear se les acaba el espacio para almacenar combustible nuclear usado. Se dice que Corea del Sur probablemente establecerá instalaciones provisionales de almacenamiento, pero el asunto volverá convertirse en un tema importante a medida que se aproxime el fin del acuerdo. 

Y la lista suma y sigue. Exportadores de plantas de energía nuclear como EE.UU., Francia, Canadá, Rusia, Japón y Corea del Sur se ven ante una contracorriente importante.

El “renacimiento nuclear disminuirá”, dijo el viernes a Asia Times Online Tetsuya Endo, ex gobernador del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). “Si ocurre algún accidente nuclear en cualquier parte del mundo, se convierte en un accidente de todo el globo”.

Amplia revisión del ciclo de combustible nuclear de Japón

Japón vive una gran ironía de la historia. El único país del mundo que ha sufrido a causa de bombas atómicas se enfrenta ahora a un desastre nuclear causado por la naturaleza. La situación en la planta nuclear sigue siendo precaria, mientras los ingenieros de la planta, miembros de las Fuerzas de Autodefensa (SDF), los bomberos y la policía continúan sus desesperados esfuerzos por enfriar los reactores sobrecalentados y el combustible usado.

Incluso si el país logra controlar la planta, emocionalmente el público recelará para siempre de la energía nuclear.

El pueblo japonés ya se mostraba extremadamente susceptible con respecto a todo lo nuclear por ser el único país en la historia humana que fue atacado con armas nucleares. Las generaciones mayores especialmente tienen una “alergia nuclear” después del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki. Sus recuerdos de las bombas atómicas siguen vivos.

A pesar de este resentimiento hacia la tecnología nuclear, Japón se vio obligado a expandir la generación de energía nuclear después de los dos shocks del petróleo de los años setenta, que sacaron a la luz la fuerte dependencia que tenía Japón de Medio Oriente para recursos energéticos.

El petróleo suministraba en 1970 cerca de un 60% de toda la electricidad de la nación, pero ahora sólo provee cerca de un 10%. Japón importa casi el 99% de su petróleo. Aunque Japón quiso reducir su dependencia del petróleo de Medio Oriente después de los shocks del petróleo, todavía importa cerca de un 90% del petróleo de Medio Oriente.

La planta de Fukushima se dejará sin servicio activo y es probable que ningún gobierno local o comunidad acepte la construcción de una nueva planta de energía nuclear en su zona.

El accidente de Fukushima será un fuerte revés para el ciclo de combustible nuclear de Japón, dijo Endo. El ciclo de energía nuclear comienza con la extracción de uranio y termina con la eliminación de los desechos nucleares. Con el reprocesamiento del combustible usado, las etapas forman un verdadero ciclo. Japón ha implementado este programa desde 1956, según Endo.

Sin embargo, la nación no ha logrado ubicar un lugar para la segunda planta de reprocesamiento nuclear después de la Planta de Reprocesamiento Rokkasho de la prefectura Aomori, que logró escapar indemne del terremoto del 11 de marzo.

Takashi Hirose, un conocido escritor japonés sobre problemas nucleares, ha señalado que hay cerca de 3.000 toneladas de combustible nuclear radioactivo usado almacenados en Rokkasho que podrían sobrecalentarse y comenzar a arder si fallan los sistemas de refrigeración. Esa cantidad podría propagar contaminación nuclear o “cenizas de muerte” a todo el mundo, dijo.

Kosuke Takahashi es un periodista japonés residente en Tokio. Su Twitter es @TakahashiKosuke.

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Japan/MD05Dh01.html

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Written by Eduardo Aquevedo

5 abril, 2011 at 21:00