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Educación en el mundo (2012): nuevos datos (TIMSS) evidencian nuevamente precariedades de Chile y A. Latina…

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Un estudio del grupo Pearson, considerando varias pruebas internacionales relevantes, situa la calidad de los sistemas educativos a escala internacional. Finlandia, Corea, China, Singapur, ademas de algunos países de la OCDE mantienen y consolidan su liderazgo. España, por debajo del promedio de la UE y de la OCDE. América Latina, peor aún, muestra un enorme rezago. Los datos indican que la calidad de los sistemas educacionales no sólo dependen de la magnitud del gasto público o privado, o incluso de la indispensable intervención del Estado, sino de una cierta cultura nacional en materia educacional. Esto queda en evidencia brutal tanto observando las experiencias más exitosas como las más precarias.

Los resultados del último TIMSS (equivalente a las pruebas PISA), que se pública en la segunda parte de este dossier, reflejan muy claramente estas tendencias, especialmente en el caso de Chile y demás países latinoamericanos incluídos.

 

España, a la cola en el panorama educativo internacional en un nuevo informe

ABC

Una vez más, otro estudio internacional pone a España en el peor lugar en el panorama educativo internacional. Se trata de un trabajo publicado por el grupo Pearson, una compañía puntera en contenidos educativos. El informe se llama The Learning Curve (La curva de aprendizaje), y ha sido elaborado «para identificar los factores clave que impulsan la mejora de los resultados educativos». Según John Fallon, consejero delegado de Pearson, «tenemos que abrir la caja negra de los datos educativos y comprender lo que verdaderamente impulsa los resultados del aprendizaje, con el fin de ayudar a los profesores y a los responsables de políticas educativas a basar su trabajo en datos reales».

El trabajo ha sido realizado por The Economist Intelligence Unit y utiliza datos de las evaluaciones internacionales OCDE-PISA, TIMSS y PIRLS, así como datos sobre alfabetización y tasas de graduación escolares y universitarias. Finlandia y Corea del Sur encabezan la lista según el nuevo índice. Hong Kong, Japón y Singapur, que siempre logran resultados altos, les siguen de cerca. De los cuarenta países con datos suficientes para su inclusión, las economías emergentes de México, Brasil e Indonesia son las que ocupan los puestos inferiores de la tabla.

Finlandia y Corea del Sur emergen como las claras «superpotencias educativas». Según el estudio, «en algunos aspectos es difícil imaginar dos sistemas más dispares. Con frecuencia se define al surcoreano como un marco rígido basado en exámenes en el que los estudiantes deben dedicar un tiempo extraordinario al trabajo; mientras que el finlandés es mucho más relajado y flexible». Sin embargo, un análisis más detallado muestra que «ambos países cuentan con un profesorado de alta calidad, valoran la responsabilidad y tienen una misión moral que sustenta los esfuerzos educativos».

Los países líderes de la categoría de habilidades cognitivas, que comprende las pruebas internacionales (PISA, TIMSS y PIRLS) de Matemáticas, Lectura y Ciencias que los estudiantes realizan en 4.º de Primaria y 2.º de la ESO, no son una sorpresa. Los cinco primeros –Finlandia, Singapur, Hong Kong, Corea del Sur y Japón– obtienen una puntuación muy por encima de la media.

En la categoría de logros educativos, que se basa en índices de alfabetización y tasas de graduación, la clasificación es diferente. Aquí, Corea del Sur va a la cabeza, seguida del Reino Unido y después Finlandia, Polonia e Irlanda.

Otros resultados importantes:

-Los ingresos importan, pero la cultura más. «Aunque no hay duda de que la inversión en educación proporciona beneficios, a la hora de conseguir resultados educativos superiores, el enfoque cultural y las perspectivas profesionales tienen la misma importancia que los ingresos, si no más».

-Los buenos profesores son esenciales y han de ser respetados. «No hay nada que sustituya a un buen profesor. Su impacto va más allá de los resultados educativos y se puede vincular a factores sociales positivos, como la disminución de la tasa de embarazosadolescentes y mayor preocupación por el ahorro para la jubilación. La formación de mejores profesionales de la enseñanza depende de más factores que una buena remuneración. Los países con los mejores resultados atraen a los mejores talentos, se preocupan por la formación continua del profesorado y también le permiten mayor libertad.

Fallon afirma: «La educación impulsa el éxito a nivel individual y nacional. Sin embargo, en lo que respecta a mejorar la educación, con demasiada frecuencia aquellos que tienen el poder de cambiar las cosas trabajan en la oscuridad. The Learning Curve trata de arrojar luz sobre la comprensión de lo que verdaderamente funciona y las razones de que esto sea así».

Michael Barber, asesor jefe para educación de Pearson, afirma: «The Learning Curve permitirá un análisis mucho más sofisticado de lo que funciona en materia de educación. Muestra que no hay recetas mágicas. Para mejorar, es necesaria una atención coherente y a largo plazo centrada en el sistema educativo».

Tabla general de clasificación de los países

PAÍS PUNTUACIÓN PUESTO

FINLANDIA 1,26 1

COREA DEL SUR 1,23 2

HONG KONG-CHINA 0,90 3

JAPÓN 0,89 4

SINGAPUR 0,84 5

REINO UNIDO 0,60 6

PAÍSES BAJOS 0,59 7

NUEVA ZELANDA 0,56 8

SUIZA 0,55 9

CANADÁ 0,54 10

IRLANDA 0,53 11

DINAMARCA 0,50 12

AUSTRALIA 0,46 13

POLONIA 0,43 14

ALEMANIA 0,41 15

BÉLGICA 0,35 16

ESTADOS UNIDOS 0,35 17

HUNGRÍA 0,33 18

ESLOVAQUIA 0,32 19

RUSIA 0,26 20

SUECIA 0,24 21

REPÚBLICA CHECA 0,20 22

AUSTRIA 0,15 23

ITALIA 0,14 24

FRANCIA 0,13 25

NORUEGA 0,11 26

PORTUGAL 0,01 27

ESPAÑA -0,08 28

ISRAEL -0,15 29

BULGARIA -0,23 30

GRECIA -0,31 31

RUMANÍA -0,60 32

CHILE -0,66 33

TURQUÍA -1,24 34

ARGENTINA -1,41 35

COLOMBIA -1,46 36

TAILANDIA -1,46 37

MÉXICO -1,60 38

BRASIL -1,65 39

INDONESIA -2,03 40

 

PRUEBA TIMSS DE CIENCIAS Y MATEMATICAS: quienes son los mejores y los peores?  Chile, América Latina, OCDE y el mundo

Las pruebas TIMSS de Ciencias y Matemáticas reflejaron el destacado avance que tuvo Chile entre 2003 y 2011, sin embargo, reflejó que el país aún sigue por debajo del promedio, establecido en 500.

En la prueba de matemáticas, Chile obtuvo unpromedio de 416, siendo superado por Túnez (425), República de Macedonia (426) y Tailandia (427). El país, en tanto, se sitúa por sobre Irán (415), Qatar (410) y Bahréin (409).

Los países que lideran la prueba de matemáticas son Corea (613), Singapur (611) y China (609).

En CienciasChile logró 461 puntos que no le alcanzaron para superar a Emiratos Arabes (465), Rumania (465) e Irán (474).

Sin embargo, este puntaje permitió al país superar a Bahréin (452), Tailandia (451) y Jordania (449).

En Ciencias lideran Singapur (590), China (564) y Corea (560) nuevamente lideran.

La prueba se realiza cada cuatro años en 53 países a estudiantes de cuarto y octavo básico y en la última medición los alumnos chilenos mostraron un gran avance en la prueba de Ciencias de octavo básico, subiendo 49 puntos respecto a su participación en 2003.

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Written by Eduardo Aquevedo

13 diciembre, 2012 at 1:07

N. Chomsky: China y el nuevo orden mundial…

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China y el nuevo orden mundial (I y II)

Noam Chomsky, Público

China_saca_pecho En medio de todas las supuestas amenazas a la superpotencia mundial reinante, un rival está emergiendo en silencio y con fuerza: China. Y Estados Unidos está analizando de cerca las intenciones de ese país.

El 13 de agosto, un estudio del Pentágono planteaba la preocupación de que China estuviera expandiendo sus fuerzas militares de manera que “pudiera neutralizar la capacidad de los buques de guerra estadounidenses de operar en aguas internacionales”, da cuenta Thom Shanker en The New York Times.

Washington ha hecho sonar la voz de alarma de que “la falta de transparencia de China sobre el crecimiento, las capacidades y las intenciones de sus militares inyecta inestabilidad a una región vital del globo”.

Estados Unidos, por el contrario, es bastante transparente sobre sus intenciones de operar libremente a lo largo y ancho de la “región vital del globo” que rodea China (y donde sea).

EEUU publicita su vasta capacidad para hacerlo: con un presupuesto militar en crecimiento que casi alcanza al del conjunto del resto del mundo, cientos de bases militares por todo el planeta, y un indiscutible liderazgo en la tecnología de destrucción y dominación.

La falta de entendimiento de las reglas de urbanidad internacionales por parte de China quedó reflejada en su objeción al plan de que el portaaviones nuclear USS George Washington participara en las maniobras militares de EEUU y Corea del Sur cerca de las costas chinas en julio, alegando que este tendría la capacidad de hacer diana en Pekín.

En cambio Occidente entiende que dichas operaciones se llevaron a cabo para defender la estabilidad y su propia seguridad.

El término estabilidad tiene un significado técnico en el discurso de las relaciones internacionales: la dominación por parte de EEUU. Así, ninguna ceja se arquea cuando James Chace, ex editor de Foreign Affairs, explicaba que, a fin de conseguir “estabilidad” en Chile en 1973, fue necesario “desestabilizar” el país, derrocando al Gobierno legítimo del presidente Salvador Allende e instaurando la dictadura del general Augusto Pinochet, que procedió a asesinar y torturar sin miramientos y estableció una red de terror que ayudó a instalar regímenes similares en otros lugares, con el apoyo de EEUU, por el interés de la estabilidad y la seguridad.

Es fácil reconocer que la seguridad estadounidense requiere un control absoluto. El historiador John Lewis Gaddis, de la Universidad de Yale, dio a esta premisa una impronta académica en Surprise, Security and the American Experience, donde investiga las raíces de la doctrina de la guerra preventiva del presidente George W. Bush. El principio operativo es que la expansión es “el camino a la seguridad”, una doctrina que Gaddis rastrea con admiración dos siglos hacia atrás, hasta el presidente John Quincy.

Adams, autor intelectual del Destino manifiesto.

En relación con la advertencia de Bush de que los estadounidense “deben estar listos para acciones preventivas cuando sea necesario luchar por nuestra libertad y defender nuestras vidas”, Gaddis observa que el entonces presidente “se estaba haciendo eco de una vieja tradición, en vez de establecer una nueva” al reiterar principios que varios presidentes ya habían defendido y que desde Adams a Woodrow Wilson “habrían entendido muy bien”.

Lo mismo ocurre con los sucesores de Wilson hasta el presente. La doctrina de Bill Clinton era que EEUU estaba autorizado a utilizar la fuerza militar para asegurar “el acceso desinhibido a mercados clave, suministros energéticos y recursos estratégicos”, sin siquiera la necesidad de inventar pretextos del tipo de los de Bush hijo.

Según el secretario de Defensa de Clinton, William Cohen, EEUU debe consecuentemente mantener una enorme avanzadilla de fuerzas militares “desplegadas” en Europa y Asia “con el fin de moldear la opinión de la gente sobre nosotros”, y “para forjar acontecimientos que afectarán nuestra subsistencia y nuestra seguridad”. Esta receta para la guerra permanente –observa el historiador militar Andrew Bacevich– es una nueva doctrina estratégica, que fue amplificada más tarde por Bush Jr. y por Barack Obama.

Como todo capo de la Mafia sabe, incluso la pérdida más sutil de control puede desembocar en el desmoronamiento del sistema de dominación cuando otros se animan a seguir un camino similar.

Este principio central de poder se formula como la teoría dominó en el lenguaje de los estrategas políticos. Se traduce en la práctica en el reconocimiento de que el “virus” del exitoso desarrollo independiente puede “contagiarse” en cualquier otro lugar y, de esta manera, debe ser destruido mientras las víctimas potenciales de la plaga son inoculadas, normalmente a manos de brutales dictaduras.

Según el estudio del Pentágono, el presupuesto militar de China se expandió a unos 150.000 millones de dólares, cerca de “la quinta parte de lo que el Pentágono se ha gastado para operar y llevar a cabo las guerras de Iraq y Afganistán” en ese año, lo cual es sólo un fragmento del total del presupuesto militar estadounidense, por supuesto.

Las preocupaciones de Estados Unidos son comprensibles si uno toma en cuenta la virtual e indiscutida suposición de que EEUU debe mantener un “poder incuestionable” sobre la mayoría del resto de países, con “una supremacía militar y económica”, mientras asegura la “limitación de cualquier ejercicio de soberanía” por parte de los Estados que pueda interferir con sus designios globales.

Estos fueron los principios establecidos por los planificadores de alto nivel y expertos de política exterior durante la Segunda Guerra Mundial, cuando desarrollaron el marco para el mundo de la posguerra, el cual fue ampliamente ejecutado.

EEUU debía mantener esta dominación en una “Gran Área”, que debía incluir, como mínimo, el hemisferio occidental, el lejano Oriente y el antiguo Imperio Británico, incluyendo cruciales recursos energéticos de Oriente Próximo.

Mientras Rusia comenzaba a pulverizar a los ejércitos nazis tras Stalingrado, las metas de la “Gran Área” se extendieron lo máximo posible por Eurasia. Siempre se ha entendido que Europa pudiera escoger seguir una causa alternativa, quizás la visión gaullista de una Europa desde el Atlántico hasta los Urales. La Organización del Tratado del Atlántico Norte nació en parte para contrarrestar esta amenaza y este asunto permanece muy vivo hoy en día en momentos en que la OTAN se expande hacia una fuerza de intervención de Estados Unidos, responsable del control de “infraestructuras cruciales” del sistema global del que depende Occidente.

Desde que se convirtiera en la potencia mundial dominante durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha buscado mantener un sistema global de control. Pero ese proyecto no es fácil de mantener. El sistema se erosiona visiblemente, con implicaciones significativas para el futuro. China es un jugador potencial muy influyente y desafiante.

Noam Chomsky, distribuido por The New York Times Syndicate.

Fuente: http://blogs.publico.es/noam-chomsky/30/china-y-el-nuevo-orden-mundial-i/

China y el nuevo orden mundial (II)

Noam Chomsky

De todas las amenazas al orden mundial, la más consistente es la democracia, a menos que esté bajo un control imperial, y más generalmente, la afirmación de independencia. Estos temores han guiado al poder imperial a lo largo de la historia.

En América del Sur, el tradicional patio trasero de Washington, los sujetos son cada vez más desobedientes. Sus pasos hacia la independencia avanzaron adicionalmente con la integración de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, que abarca a todos los estados en el hemisferio aparte de Estados Unidos y Canadá.

Por primera vez desde las conquistas española y portuguesa hace 500 años, Sudamérica está avanzando hacia la integración, un prerrequisito para la independencia. También está empezando a resolver el escándalo de un continente dotado de ricos recursos pero dominado por diminutas islas de elites acaudaladas en un mar de miseria.

Además, las relaciones Sur-Sur se están desarrollando, con China desempeñando un papel destacado tanto como consumidor de materias primas e inversionista. Su influencia está creciendo rápidamente y ha superado a la de EU en países ricos en recursos.

Más significativos aún son los cambios en la arena de Oriente Medio. Hace 60 años, el influyente planificador A. A. Berle aconsejó que controlar los incomparables recursos energéticos rendiría un control sustancial del mundo.

A su vez, la pérdida de control amenazaría el proyecto de dominio global. Para los años 70, los productores importantes habían nacionalizado sus reservas de hidrocarburos, pero Occidente retenía una influencia sustancial. En 1979, Irán se perdió con el derrocamiento de la dictadura del sha, que había sido impuesta por un golpe militar de EU y el Reino Unido en 1953 para garantizar que este trofeo permaneciera en las manos adecuadas. Ahora, sin embargo, el control se está escapando incluso de los clientes tradicionales de EU.

Las mayores reservas de crudo están en Arabia Saudita, una dependencia estadunidense desde que EU desplazó a Gran Bretaña en una miniguerra librada durante la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos sigue siendo por mucho el inversor mayor en Arabia Saudita y es su mayor socio comercial, y Arabia Saudita ayuda a apoyar la economía de EU mediante sus inversiones.

No obstante, más de la mitad de las exportaciones petroleras sauditas ahora van a Asia, y sus planes de crecimiento apuntan a Oriente. Lo mismo puede resultar cierto de Irak, el país con las segundas reservas más importantes, si puede reconstruirse después de las asesinas sanciones de EU y el Reino Unido y de la invasión. Y la política de EU está impulsando a Irán, el tercer productor mundial, en la misma dirección.

China es actualmente el segundo mayor importador de crudo de Medio Oriente y el mayor exportador a la región, remplazando a Estados Unidos. Las relaciones comerciales están creciendo aceleradamente, duplicándose en los pasados cinco años.

Las implicaciones para el orden mundial son significativas, como lo es el ascenso de la Organización de Cooperación de Shanghai, que incluye a buena parte de Asia, pero que ha rechazado a Estados Unidos –“potencialmente un nuevo cártel energético que involucra a productores y consumidores”, comenta el economista Stephen King, autor de Perdiendo control: Las amenazas emergentes a la prosperidad occidental.

En los círculos occidentales de creación de políticas y entre los comentaristas políticos, 2010 es llamado el año de Irán. La amenaza iraní es considerada el mayor peligro para el orden mundial y el enfoque primario a la política exterior de EU, con Europa un poco atrás, siguiendo cortésmente, como de costumbre. Oficialmente se reconoce que la amenaza no es militar: más bien, es la amenaza de independencia.

Para mantener la estabilidad, Washington ha impuesto severas sanciones a Irán, pero fuera de Europa, pocos están prestando atención. Los países no alineados –la mayor parte del mundo– se han opuesto vigorosamente a la política de Estados Unidos hacia Irán desde hace años.

Las cercanas Turquía y Pakistán están construyendo nuevos oleoductos hacia Irán, y el comercio está aumentando. La opinión pública árabe está tan encolerizada por las políticas occidentales que la mayoría incluso aprueba el desarrollo iraní de un arma nuclear.

El conflicto beneficia a China. Los inversores y comerciantes de China ahora están llenando un vacío en Irán a medida que los inversores de muchas otras naciones, particularmente de Europa, se retiran, informa Clayton Jones en The Christian Science Monitor. En particular, China está expandiendo su papel dominante en las industrias energéticas iraníes.

Washington está reaccionando con un toque de desesperación. En agosto, el Departamento de Estado advirtió que si China quiere hacer negocios en todo el mundo también tendrá que proteger su propia reputación, y si alguien adquiere la reputación de país dispuesto a evadir y esquivar las responsabilidades internacionales, eso tendrá un impacto a largo plazo… Sus responsabilidades internacionales son claras –o sea, seguir las órdenes de Washington.

Es poco probable que los líderes chinos se sientan impresionados por tales declaraciones, que son el lenguaje de una potencia imperial tratando desesperadamente de aferrarse a una autoridad que ya no posee. Una amenaza mucho mayor que Irán a su dominio internacional es una China que se rehúsa a obedecer sus órdenes –y que, de hecho, como potencia mayor y en crecimiento, las descarta con desprecio.

(El nuevo libro de Noam Chomsky, recientemente publicado, es Hopes and Prospects. Chomsky es profesor emérito de Lingüística y Filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, en Cambridge, Mass.)

La Jornada.com

Written by Eduardo Aquevedo

16 octubre, 2010 at 16:08

TOP 500 (2009, Sh.) mejores Universidades del mundo…

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TOP (2009, Sh.) 500 MEJORES UNIVERSIDADES DEL MUNDO, según ranking de la Universidad Jiao Tong, Shanghai, 2009

Harvard, Stanford y Berkeley, las mejores universidades del mundo

Así lo afirma la nueva edición del ranking universitario publicado por la Universidad Shanghai Jiao Tong, en el que la primera europea en aparecer es la Universidad de Cambridge. Para ver una institución española hay que bajar al puesto 170, que ocupa la Universitat de Barcelona. (VER TEXTO MÁS ABAJO…)

Haga CLIC aquí abajo para acceder al Ranking completo:

TOP (2009, Sh.) mejores Universidades del mundo (Ranking Shanghai, 2009)

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UNIVERSIDAD DE HARVARD, N°1 en Ranking 2009 de Shanghai Jiao Tong University

UNIVERSIDADES ESPAÑOLAS Y EUROPEAS EN ESTE RANKING

Las universidades españolas otra vez mal situadas en un ranking realizado en China Un año más, la Universidad de Jiao Tong de Shangai (China) ha elaborado su ranking mundial de universidades en el que las instituciones españolas no salen demasiado bien paradas. Tan sólo nueve de nuestras universidades han logrado colocarse entre las 500 mejores del mundo, superadas por instituciones de toda Europa y de Estados Unidos. Norteamérica lidera abrumadoramente esta clasificación.

Al igual que ocurriera el pasado año, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Barcelona ocupan, de las universidades españolas, los dos primeros puestos en el Academic Ranking of World Universities, que anualmente elabora el Instituto de Educación Superior de la Universidad Jiao Tong de Shangai (China). En este ranking aparecen las 500 mejores instituciones universitarias de todo el mundo, a partir de un informe donde se evalúa la actividad académica e investigadora según un conjunto de indicadores, tales como el número de Premios Nobel conseguidos por cada institución, investigadores más citados, artículos publicados en las revistas Nature y Science, publicaciones científicas según el Science Index y el Social Science Citation, además de la actividad académica de cada facultad.

La Autónoma de Madrid se sitúa entre los puestos 150 y 200, al igual que la Universidad de Barcelona, aunque el informe no especifica los puestos exactos. Más alejadas en la clasificación, incluidas dentro de las 500 mejores del mundo, se encuentran la Complutense de Madrid, entre los puestos 200 y 300; Universidad de Valencia (entre el 300 y 400); Autónoma de Barcelona; Universidad de Granada; Politécnica de Valencia; Universidad de Sevilla y la Universidad de Zaragoza, entre los puestos 400 y 500.

Ya el pasado año fueron nueve universidades españolas las que aparecieron en este peculiar ranking, igualmente lideradas por la Autónoma de Madrid y la Universidad de Barcelona. También figuraban en la lista de 2004 la Universidad Complutense, la Universidad de Valencia, la Autónoma de Barcelona, Granada, Santiago de Compostela, Sevilla y Zaragoza.

Como no podía ser menos, las mejores universidades del mundo siguen siendo en este caso las anglosajonas, ya que el primer y segundo puesto han recaído en las universidades de Harvard (EEUU) y Cambridge (Reino Unido). Asimismo, un total de 19 universidades norteamericanas figuran en la lista de las 25 mejores del mundo, con un predominio abrumador sobre el Reino Unido que cuenta con 3 instituciones en esta reducida élite (Cambridge, Oxford e Imperial Coll London). Entre las universidades americanas destaca la presencia en los primeros puestos de instituciones como Stanford, Universidad de California-Berkeley, Instituto Tecnológico de Massachussets, Instituto Tecnológico de California o universidades tan prestigiosas como Columbia y Princeton. Por su parte, las Universidades de Tokio (Japón), en el puesto 20 y Toronto (Canadá), en el puesto 24, son las únicas no estadounidenses o inglesas entre las 25 primeras.

En la clasificación que se refiere exclusivamente al conjunto de Europa, la Autónoma de Madrid y la Universidad de Barcelona se han situado entre los puestos 57 y 79, mientras que la Complutense de Madrid es la última de las españolas que ocupa un puesto entre las 100 mejores de Europa, situado en este caso entre el 80 y el 123.

El ranking europeo tiene también predominio británico al estar claramente liderado por el Reino Unido, que ocupa los cuatro primeros lugares: Cambridge, Oxford, Imperial Coll London y Coll London University. De hecho, entre las 25 mejores universidades europeas hay 10 pertenecientes al Reino Unido, entre las que también destacan instituciones como las Universidades de Eimburgo, Manchester, Bristol, Sheffield o Nottingham.

Otros países europeos destacados en cuanto a número de universidades situadas entre los 25 primeros puestos, son Alemania (Universidad de Munich, Tecnológico de Munich y Universidad de Heidelberg); Suiza (Instituto Tecnológico de Zurich y Universidad de Zurich); Holanda (Universidades de Utrecht y Leiden); Suecia (Karolinska Inst. Stockholm y Universidad de Uppsala); Francia (Universidad de París 06 y París 11); Dinamarca (Universidad de Copenhagen); Rusia (Universidad Estatal de Moscú); Noruega (Universidad de Oslo) y Finlandia (Universidad de Helsinki).

http://sebastianurbina.blogspot.com

La Universidad Hebrea está entre las 64 mejores del mundo

2/11/2009

Itongadol/AJN.- De acuerdo a un ranking anual realizado por el Instituto de Educación Superior en la Universidad de Shanghai’s Jiao Tong, la Universidad Hebrea se encuentra en el lugar 64 de las mejores universidades del mundo, y ascendió un lugar a comparación del ranking del año pasado.

La Universidad Hebrea de Jerusalem fue incluida en el ranking de los cien mejores institutos de educación superior del mundo.

La tradicional casa de altos estudios es la única de Israel que figuró entre las cien universidades de la prestigiosa lista de 500 institutos de educación superior, que está liderada por Harvard, seguida por Stanford y por la Universidad de California en Berkeley.

La Universidad de Shanghai Jiao Tong evalúa cada años, más de dos mil universidades del mundo y clasifica a las 500 mejores en un ranking, que está basado en una escala combinada de criterio académico que incluye premios ganados por los alumnos y el equipo que allí trabaja, artículos publicados en ediciones científicas, y la cantidad de investigadores renombrados.

Este ranking alcanzó  un respeto y reconocimiento internacional ya que es considerado uno de los más objetivos.

De acuerdo a la clasificación de disciplinas académicas, la Universidad Hebrea está en el puesto 25 en Ciencias de la Computación, y entre las 75 mejores en las categorías de matemáticas, economía y administración de empresas, mientras que se encuentra en el top 100 en el área de Química.

Por otra parte, la Universidad de Tel Aviv y el Instituto de Tecnología de Israel fueron incluidos en el grupo de las 150 mejores universidades y el Instituto Weizmann de Ciencia en el top 200, según informó Ynetnews.

El presidente de la Universidad Hebrea, Menahem Ben-Sasson, expresó su orgullo por el reconocimiento: “Estoy contento de que la Universidad Hebrea continúe entre las 100 mejores del mundo, tanto en disciplinas específicas como en generales”. Además agregó que su aspiración era que pueda llegar a figurar entre las 50 mejores del mundo.  

AF-GB

Harvard, Stanford y Berkeley, las mejores universidades del mundo

Así lo afirma la nueva edición del ranking universitario publicado por la Universidad Shanghai Jiao Tong, en el que la primera europea en aparecer es la Universidad de Cambridge. Para ver una institución española hay que bajar al puesto 170, que ocupa la Universitat de Barcelona.

En un ranking dominado con autoridad por las instituciones estadounidenses, las universidades españolas que aparecen en el Top 500 son la ya citada Universitat de Barcelona; la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y la Universitat de València, que aparecen en el tramo 203-304; la Universitat Autònoma de Barcelona y la Universitat Politècnica de València (tramo 305-401); la Universidad de Granada, la Universidad de Sevilla y la Universidad de Zaragoza (tramo 402-508).

En la misma clasificación del año pasado, la UB aparecía en el mismo tramo en el que lo hace este año, y era también la primera española. La Universitat de Valéncia, por su parte, escala algunos puestos hasta conseguir aparecer entre las 300 mejores. La Autónoma de Barcelona también consigue subir un tramo, hasta situarse entre las 400 primeras. El resto mantiene posiciones similares.

En términos globales, la clasificación de este año recoge en los diez primeros puestos a las mismas universidades que la edición anterior: Harvard -que continúa liderando el ranking-, Stanford -que sube un puesto-, California en Berkeley -que también sube un puesto-, Cambridge -que el año pasado era segunda, aparece este año en cuarto lugar-, Massachusetts Institute of Technology (MIT), California Institute of Technology, Columbia, Princeton, Chicago y Oxford.

news.doceos.com

Tsinghua asciende al puesto 49 entre las mejores universidades del mundo 2009

El pasado 7 de octubre se publicó el ránking anual de las mejores universidades del mundo en su versión de 2009, una selección organizada por la revista británica The Higher Education.

Las universidades de Estados Unidos y Reino Unido ocupan los puestos en cabeza; tres universidades de Hong Kong se sitúan entre los primeros 50. La pekinesa Universidad Tsinghua es la única institución de la China continental entre los primeros 50.

El ránking de las mejores universidades del mundo 2009, considerando distintos índices como el rendimiento académico, la revisión de los patrones, internacionalización de los profesores y estudiantes, proporción entre profesores y estudiantes, citación de tesis, etc., es una de las informaciones pertinentes más autorizadas del mundo.

En la lista de 2009, la Universidad de Harvard (EE.UU.) mantiene el primer puesto por sexto año consecutivo. La británica Universidad de Cambridge reemplazó a la también norteamericanaYale para conseguir la segunda posición. Entre las primeras 10 mejores universidades del mundo hay 6 estadounidenses y 4 británicas.

En cuanto a Asia, la Universidad de Tokio (Japón) ocupa el 22º puesto, lo más alto entre las universidades asiáticas. Deben destacarse también las tres universidades de Hong Kong que se sitúan entre los primeros 50 mejores: la Universidad de Hong Kong (24), la Universidad de Ciencias y Tecnología de Hong Kong (35), y la Universidad China de Hong Kong (46º).

La Universidad de Tsinghua, con sede en Beijing, ascendió al 49º puesto en la lista de este año, desde el 56º en la lista de 2008.

Harvey, Brenner y Arrighi: crisis y capitalismo en la teoría crítica actual…

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En torno a los aportes de David Harvey, Robert Brenner y Giovanni Arrighi…

CRISIS003 Pablo Míguez

Revista Herramienta / IAR Noticias

Este trabajo propone presentar las diferentes concepciones del Estado capitalista que subyacen en algunas caracterizaciones recientes sobre la crisis capitalista. David Harvey, Robert Brenner, Giovanni Arrighi, se mueven en torno a ámbitos multidisciplinarios, desarrollando sus aportes entre la economía, la historia, la filosofía política, las relaciones internacionales y la geografía, siendo la formación de origen un aspecto que deja huellas en sus trabajos. La historia en el caso de Brenner y Arrighi, la geografía en Harvey son los puntos de partida iniciales de sus reflexiones, que luego son enriquecidas por la sensibilidad y el manejo amplio de las ciencias sociales que cada uno de ellos posee.

…Siga leyendo, haciendo click en el título…

Para abordar las posiciones de Harvey y Arrighi corresponde introducir brevemente la descripción que hace Brenner de la situación del capitalismo mundial a fines del siglo XX. Hace 10 años Brenner se ocupó del tema de la crisis en el debate que se conoció como el nuevo debate Brenner, surgido a partir de la publicación en 1998 de La Economía de la Turbulencia Global, saludado en la New Left Review como todo un acontecimiento intelectual.

Nuestro interés por el debate no sólo reside en el indudable aporte de Brenner a la caracterización de la crisis sino al hecho de que sobre este trabajo se apoyan para reafirmar sus posiciones numerosos pensadores actuales, como Harvey y Arrighi. Repongamos algunos de los principales argumentos de estos autores.

La crisis actual del capitalismo mundial según Brenner

El trabajo de Brenner no pretende abordar directamente la cuestión del Imperialismo. Como mencionamos, sus estudios se centran en la evolución del capitalismo mundial y su crisis. Sin embargo, como señalamos, su diagnóstico es recuperado por autores que se apoyan en su trabajo para teorizar acerca de la continuidad del imperialismo como eje fundamental para entender y analizar el capitalismo actual. Resumiendo en extremo el argumento central de Brenner, puede decirse que como resultado del desarrollo desigual en la economía mundial los países rezagados intentan alcanzar a los líderes del proceso de la acumulación de capital a escala global. Así es como frente al liderazgo de Estados Unidos, desde los años cincuenta Alemania y Japón procuraron darle alcance y en ese camino dieron lugar a un desarrollo que condicionó la economía mundial, generando una crisis de sobreproducción que se mantiene en la actualidad, de la cual es muy difícil salir.

En el análisis de Brenner recién a partir de 1965 Japón y Alemania habrían estado en condiciones de disputar el liderazgo económico mundial a Estados Unidos en un número cada vez mayor de industrias clave y de penetrar en los mercados dominados por éste. Las políticas gubernamentales, sobre todo la gestión de la moneda, de los salarios y del tipo de cambio que cada país pudo llevar adelante fueron fundamentales en este proceso, con la diferencia de que en el caso de la economía líder ello condicionaba también la salud de todo el sistema monetario internacional[1].Para Brenner, en el período posterior a 1973 las acciones de los gobiernos no se limitaban a la mera regulación de los procesos sino que fueron activos protagonistas de los mismos, sobre todo a través de los manejos de los tipos de cambio entre las principales economías mediante sucesivos acuerdos (Acuerdos de Plaza en 1985 y los acuerdos de Plaza inversos diez años después) [2].

Los argumentos de Brenner lo llevan a sostener una teoría de la crisis del capitalismo por sobrecapacidad y sobreproducción a escala del sistema en su conjunto, resultante de la interacción entre las economías de rápido crecimiento. Esto implica una tendencia inevitable a la creación de un exceso de capacidad en un gran número de industrias con relación a la tasa de ganancia existente, lo que obliga a dejar de usar medios de producción y bajar los precios de los productos, reduciendo la rentabilidad. La existencia de importantes inversiones ya realizadas impediría el fácil traslado a otras ramas o industrias. Dadas estas restricciones, las empresas buscan acelerar el ritmo de la “innovación”. Esta conducta, además de darse en una etapa de caída de las ganancias y no en su ascenso, agrava el problema de la sobreproducción.

La recuperación de la economía estadounidense a partir de1993 le permite a Brenner subrayar sus dudas sobre la mejora en la rentabilidad a escala mundial y la disminución de la sobrecapacidad. De hecho, la creciente competencia de las exportaciones asiáticas, sobre todo con la devaluación China de 1994, ya permitían sospechar de la viabilidad a largo plazo de la recuperación estadounidense. Las sucesivas crisis financieras que se suceden (México en 1995, Asia en 1998, aunque también Rusia, Brasil en 1999 y Argentina en 2001) dan muestras de la inestabilidad de la economía global y paradójicamente, se refuerza la posición estadounidense. Estados Unidos absorbe los recursos líquidos de todo el mundo, aspirando los capitales vía el mercado de valores de Wall Street y suspendiendo momentáneamente los problemas de una balanza comercial insosteniblemente deficitaria. La Reserva Federal tampoco colaboró demasiado, según Brenner, sino que agudizó los problemas. A pesar de las declaraciones en contrario de Greenspan, la política monetaria de la FED actuó de hecho fomentando las cotizaciones y la lógica bursátil comenzó a adoptar una dinámica propia y a engendrar una burbuja especulativa cuyo estallido se haría sentir en algún momento. Brenner coincidía en esto con las advertencias de muchos economistas que señalaban que la Mundialización financiera originada a finales de los años setenta estaba conduciendo a un predominio del capital financiero en desmedro del capital industrial y que escapaban, o dejaban en buena medida impotentes, a las regulaciones estatales[3]. Pero en el plano que le interesa a Brenner, que es el sector industrial, estos desarrollos no hacían sino fomentar el crédito y acelerar el proceso de sobrecapacidad, dando lugar a un enorme exceso de capital productivo y a una fuerte caída de la rentabilidad. La burbuja bursátil sólo parecía posponer los efectos de la crisis, que ha estallado diez años después. Estos argumentos lo llevaron a detenerse en la expansión bursátil de la economía estadounidense, analizada en 2000 en The Boom and the Bubble.

La recuperación de la rentabilidad en los años noventa se debió sobre todo al ataque a los trabajadores, mediante destrucción de empleos y reducción de salarios acompañados de fuertes aumentos de la productividad. La expansión bursátil se dio sobre todo a partir de la inflación de activos inmobiliarios, lo que dio lugar a una burbuja inmobiliaria entre 2002 y 2005 que estalló en 2007 y cuyas consecuencias se están haciendo sentir en Estados Unidos y en el mundo[4]. La gran crisis hipotecaria en Gran Bretaña y España y la crisis del sistema financiero global en 2008 dan cierto crédito a estos análisis de Brenner.

El planteo de Arrighi y la concepción del Imperialismo de la escuela del Sistema Mundial

Arrighi analiza la situación actual en diálogo con Brenner, mostrando las fortalezas del análisis pero señalando también algunas insuficiencias importantes que tienen consecuencias en su caracterización de la etapa actual del capitalismo. Sus últimos trabajos, El largo siglo XX, Caos en orden en el sistema mundo moderno y Adam Smith en Pekín comparten las líneas de análisis braudelianas y del Sistema Mundo, donde las relaciones entre capital y trabajo se estudian a lo largo de ciclos de larga duración y considerando, además de la relación capital-trabajo, las relaciones norte-sur. Se trata de una tradición historiográfica iniciada por Fernand Braudel y continuada por Immanuel Wallerstein.

Si bien no alude directamente al tema del Imperialismo ni da en su esquema un lugar especialmente relevante al Estado su aporte es fundamental porque con el dialogan Harvey y Brenner. El autor analiza la evolución reciente del capitalismo haciendo analogías con los auges y declives de las potencias imperialistas incluso desde antes del capitalismo, donde la posición hegemónica en el sistema mundo habría sido ocupada sucesivamente por las ciudades genovesas en el siglo XIV, Holanda en el siglo XVI, Gran Bretaña en los siglos XVIII y XIX, Estados Unidos en el siglo XX y en el futuro, sugiere el autor, presumiblemente otra potencia (Arrighi especuló con Japón en su momento y ahora hace lo propio con China).

Las diferencias con Brenner las plantea recientemente en “La economía social y política de la turbulencia global”. Como buen historiador, Arrighi describe minuciosamente los períodos recientes de la economía mundial en función de una periodización que, en líneas generales, coincide con la de Brenner, esto es, una larga expansión en los años cincuenta y sesenta, seguida por un estancamiento en los años setenta hasta un tercer momento de recuperación de la economía estadounidense a partir de 1993, etapa que de todos modos no termina de resolver los problemas del largo declive de la economía-mundo iniciado en los años setenta.

En realidad, para Arrighi, la situación actual es análoga a la de otros momentos de la historia del capitalismo donde se asistía una expansión financiera centrada en la principal economía de la época, esto es, la “financiarización de la acumulación de capital”:

Desde este punto de vista podemos detectar similitudes no sólo entre la depresión de 1973-1896 y el largo declive de 1973-1993 sino también entre la belle époque eduardiana y el resurgimiento económico y la gran euforia estadounidense a finales de la década de 1990. [Luego adelanta que:] “Lo que ha venido sucediendo hasta ahora es que el desarrollo desigual, en el sentido que le da Brenner, tiende a generar una larga expansión seguido por un largo período de competencia intensificada, rentabilidad reducida y estancamiento relativo, al que sigue un repunte de la rentabilidad basado en un expansión financiera centrada en la principal economía de la época”[5]

Arrighi señala que el trabajo de Brenner pone excesivo énfasis en los conflictos horizontales entre capitales más que en los conflictos verticales entre capital y trabajo. A fines del siglo XX supuestamente una de las causas de aumento de las inversiones británicas en el extranjero habría sido el aumento de los salarios reales en la metrópoli. Más que por aumentos de salarios nominales esto era el resultado de las guerras de precios que reducían abruptamente los salarios reales. Este aspecto habría sido dejado de lado por Brenner. Por otro lado, señala Arrighi, como ello no supuso una relocalización de las industrias -porque en ultramar las inversiones no se destinaban a esto sino a la construcción de infraestructuras- terminó reforzando la posición de los trabajadores en los centros.

Para Arrighi, desde comienzos del siglo XX y hasta 1945 las guerras entre potencias imperialistas desplazaron a las guerras de precios entre capitalistas. Al decir de Arrighi: “La competencia capitalista se fue politizando cada vez mas”[6]. La resistencia, las luchas y la organización política de la clase obrera aumentaban su influencia sobre el conflicto intercapitalista en mayor medida que en la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, su influencia en el período de auge posterior a los años cincuenta merece especial atención, aunque Brenner no les adjudique demasiada incidencia en la crisis de rentabilidad post 1973. El aumento de la participación de los salarios no sólo tuvo peso en la relación capital-trabajo sino también en la posterior articulación del conflicto entre capitales. La existencia de la estanflación de los años setenta sería entonces una demostración de la imposibilidad para las potencias capitalistas de resolver el conflicto mediante la solución recesiva propia del mecanismo automático del patrón oro, que hacía pagar la crisis a los trabajadores con caída de salarios reales.

Para Arrighi, la importancia del conflicto capital trabajo es más notoria en el declive post setenta que en el anterior período crítico. La relocalización industrial que devino en aumento de la inversión extranjera directa en los años setenta en países periféricos es la muestra de la fortaleza del movimiento obrero en los centros de acumulación capitalista. Menor resistencia al trabajo fabril y salarios mas bajos predisponían al capital a iniciar la fuga a regiones menos problemáticas y eludir la presión laboral sobre la rentabilidad. La fortaleza del movimiento obrero hacía inviable la solución deflacionaria, lo que obligó, según el historiador, a la vía inflacionaria de gestión de la crisis. Sin embargo, a pesar de estas consideraciones de Arrighi, también para él la competencia intercapitalista sigue siendo en última instancia mas determinante que la relación capital-trabajo, aunque ciertamente en menor medida que para Brenner.

Por otro lado, señala Arrighi, Brenner propone un análisis de la economía mundo tomando la economía internacional como punto de referencia teórico, pero luego se ocupa preferentemente de las tres mayores economías nacionales, Estados Unidos, Japón y Alemania.

Las referencias a China o la Unión Europea son absolutamente menores, e inexistentes en el caso de otras regiones como América Latina. Mas aún, en estos tres países su énfasis esta puesto casi exclusivamente en el sector industrial, cuya importancia para analizar el capitalismo nadie discutiría pero que ciertamente viene reduciendo su participación en el valor agregado desde el comienzo del largo declive. En defensa de Brenner hay que decir que en realidad para él esto es un síntoma de la crisis: el auge del capital financiero y de los servicios y la caída de la industria no merecen un análisis detallado sino que son indicadores de la crisis de rentabilidad.

Para Arrighi a esta crisis de rentabilidad debe añadirse la crisis de hegemonía política estadounidense a nivel mundial, que Brenner habría pasado por alto, derivada de la guerra de Vietnam. Esta última afectó seriamente la balanza de pagos de Estados Unidos y precipitó la crisis del dólar de 1971, afectando el sistema monetario internacional a partir del abandono de los regímenes cambiarios fijos propios del sistema de Bretton Woods por los tipos de cambio flexibles. A diferencia de Estados Unidos en la actualidad, en su momento Gran Bretaña pudo resolver la crisis de manera no inflacionaria haciendo uso de su condición política hegemónica a nivel mundial (la posibilidad de externalizar los costos del ajuste interno de Gran Bretaña mediante el patrón oro debe estudiarse en relación con la política colonial hacia la India). Vietnam impidió que Estados Unidos hiciera eso mismo y por lo tanto inició una “fuga hacia adelante” con la expansión crediticia característica del largo declive.

Esta estrategia expansiva dio cierto aire a Estados Unidos pero no logró detener el largo declive de la economía mundial ni la caída de la rentabilidad. Más que inversiones adicionales en capital fijo, tal como sostiene Brenner, el destino de los flujos de capital se oriento a las inversiones financieras. Para Arrighi esto les permitió al capital estadounidense apoderarse incluso de las empresas que sí seguían invirtiendo en capital fijo y materias primas a precio de saldo, mostrando una trayectoria análoga a la del capital británico un siglo antes. Las analogías no terminan aquí: la estrategia de “financiarización” también habría sido adoptada por los Países Bajos en el siglo XVI y habría constituido el preludio de su reemplazo por Gran Bretaña como potencia hegemónica de la economía mundo. La creciente deuda estadounidense le ha permitido no obstante vivir durante más de veinte años una belle epoque comparable a la británica de principios del siglo XX, de modo que cabe esperar que Estados Unidos corra con la misma suerte y sea reemplazado por otra potencia, presumiblemente China[7].

La financiarización le permitió arrastrar a la URSS al abismo mediante la carrera de armamentos y mantener a raya al Tercer Mundo mediante el endeudamiento. La caída de la industria en Estados Unidos y en los países centrales tuvo efectos sobre los trabajadores de esas industrias pero no repercutió en la salud de una economía que se reorientó para aprovechar la oleada financiera. Pasó de ser un factor propio de una crisis de hegemonía a convertirse en fuerza impulsora de la prosperidad de los ochenta y noventa.

En suma, según Arrighi, Brenner parece tener en cuenta los aspectos “Económicos” y “nacionales” de países fundamentales de la economía Mundo y deja de lado los aspectos “políticos” y “sistémicos” que caracterizan a la economía mundo. El desarrollo desigual es un elemento central pero no el más importante: “Así pues, el desarrollo desigual bajo la hegemonía estadounidense lejos de ser un proceso espontáneo derivado de las iniciativas procedentes de la acumulación capitalita “desde abajo”- como había sucedido en el siglo XIX bajo la hegemonía británica- fue un proceso alentado consciente y activamente “desde arriba” por el Estado Bélico- asistencial globalizador patrocinado por Estados Unidos”[8]. Mientras Brenner hace hincapié sobre todo en la crisis de rentabilidad para Arrighi deberíamos atender la crisis de hegemonía combinada con la estrategia inflacionaria de gestión de la crisis. Lo que Arrighi no nota es que el lugar que da a la sucesión de potencias hegemónicas no le exime de tratar la cuestión del Estado capitalista, sobre el cual no se explaya lo suficiente.

La idea de sucesivos períodos históricos de larga duración donde los estados hegemónicos mantiene una estrategia consciente y coherente implica asumir que el imperialismo, en los términos definido por Lenin, nació con el propio capitalismo. Como señala Alberto Bonnet, es difícil suponer que la situación holandesa pueda ser análoga a la estadounidense de finales del siglo XX[9]. Sin embargo, Arrighi señala una diferencia importante con las transiciones hegemónicas precedentes y radica en el hecho de que la competencia interempresarial no parece tender a transformarse, como en las transiciones pasadas señaladas por el autor, en una contienda interestatal. Estados Unidos, con su poderío militar, es por primera vez en la historia un imperio universal y puede pasar de una hegemonía dominante a una dominación explotadora. La guerra es una guerra entre grandes poderes y hoy no se puede hablar de otro gran poder que no sea el estadounidense. El imperialismo surge de la confrontación entre estos grandes poderes y este no parece ser el caso.

En toda la caracterización de Arrighi sobre el imperialismo se hace muy poca referencia al papel del Estado en la acumulación, lo que en parte es coherente con la escuela de la Economía Mundo de Braudel – Wallerstein. El capitalismo tuvo desde sus orígenes un carácter global y los estados nación no merecen atención especial. En una entrevista reciente señala que no hay una tendencia a la guerra entre los grandes poderes porque el único gran poder es Estados Unidos y que esto puede favorecer a China de la misma manera que a principios del siglo XX la disputa entre Gran Bretaña y Alemania favoreció a los primeros[10].

David Harvey: la lógica espacial de acumulación y el “nuevo imperialismo”

David Harvey se acerca al planteo del tema a partir de los debates ocasionados por la publicación en el año 2000 de Empire. Lo hace desde una formación marxista inclinada a la geografía económica, específicamente a la dimensión espacial de la acumulación de capital[11]. En líneas generales Harvey acepta “las pruebas ofrecidas por Brenner, quien ve un problema crónico de sobreacumulación extendido a la totalidad del capitalismo desde la década de los setenta[12]” pero le incorpora algunos desarrollos propios que hacen muy interesante su análisis sobre el presente del capitalismo actual, caracterizado por el como un momento propicio para el despliegue de la “acumulación por desposesión”. Lo que Harvey incorpora al diagnóstico de Brenner es el destino tiene el capital excedente de fomentar circuitos secundarios y aun terciarios de circulación para evitar o como resultado de la sobreacumulación en los circuitos principales de producción y consumo.

Se propone estudiar cómo funcionan en el espacio y en el tiempo los procesos moleculares de acumulación de capital para responder al planteo de Arrighi sobre la adecuación de la fijeza del poder territorial a la dinámica fluida del capital:

La lógica capitalista del imperialismo (a diferencia de la territorial) debe entenderse, afirmo, en el contexto de la búsqueda de “soluciones espacio-temporales” al problema del exceso de capital ( y es, repito, en el exceso de capital más que en el de fuerza de trabajo donde debe concentrarse la atención analítica).

En estos procesos moleculares de acumulación la importancia del Estado es para Harvey fundamental, porque “ha sido desde hace mucho tiempo y continúa siendo el agente fundamental de la dinámica capitalista global.”[13] Esto es una diferencia importante con el planteo de Arrighi.

Al analizar el papel del estado en la acumulación del capital Harvey observa lo que el Estado “hace” más que su naturaleza capitalista, es decir, lo que el Estado “es”. Para Harvey los procesos moleculares dan lugar al surgimiento de “economías regionales”, que dan coherencia a la producción, la distribución, el intercambio y el consumo. El estado captura estas dinámicas regionales y con ello facilita los flujos de capital y trabajo:

Durante el siglo XIX, por ejemplo, los Estados construían carreteras y sistemas de comunicaciones ante todo con finalidades administrativas, de control militar y de protección del conjunto del territorio. Pero una vez construidas, esas infraestructuras proporcionaron vías que facilitaron el flujo de mercancía, trabajo y capital.[14] El Estado, entonces, se encarga de generar entornos atractivos para la inversión de capital. Cuando los capitales excedentes generados en economías regionales subestatales no encuentran empleo rentable dentro del país, el Estado debe recurrir a las prácticas imperialistas en el sistema interestatal. Los flujos moleculares, sobre todo del capital financiero, deben ser orientados en su beneficio tanto interna como externamente[15]

El estado opera en la dimensión espacial, pero las soluciones a la acumulación requieren el estudio de la teoría de la crisis y de las soluciones espacio-temporales de la misma. Harvey pone en el mismo nivel la teoría del estado y la teoría de la crisis, ambas responden a lógicas diferentes, a la lógica de lo político y de lo económico por separado. Siguiendo a Brenner, Harvey sostiene que el capitalismo tiende a generar crisis de sobreacumulación de manera crónica, esto es, excedentes de capital (mercancías, capital monetario, capacidad ociosa) o de fuerza e trabajo (desempleo). Pero Harvey agrega a esta tesis de Brenner desarrollos propios. Tales excedentes pueden alejarse del circuito primario de la producción y el consumo y ser potencialmente absorbidos por el “circuito secundario” de capital fijo o bien hacia el “circuito terciario” (gastos sociales, salud, educación, gastos de investigación y desarrollo), es decir, inversiones de larga duración que permitan obtener rentabilidad a futuro. En suma, la sobreacumulación da lugar al desarrollo de circuitos secundarios y terciarios de la acumulación que alivian el problema en el circuito primario para volver a formar parte de él en un futuro más o menos cercano.

Algo fundamental, que según Harvey suele ser ignorado, es que la sobreacumulación en los circuitos secundarios y terciaros es la que suele generar crisis generales en el capitalismo, de las cuales las crisis financieras e inmobiliarios constituyen los casos paradigmáticos. Las burbujas de la propiedad inmobiliaria estuvieron en el centro de las crisis financieras de Nueva York en 1973-75, de Japón en 1990 y de Tailandia en 1997.

En el fondo el problema de la sobreacumulación se alivia sólo en el corto plazo, porque de no poder realizarse las mercancías se recurre al sistema de crédito, lo que vuelve mas vulnerable a las economías en crisis. Es inevitable la devaluación y los beneficios para los acreedores. Este proceso tiene dos posibles salidas. Una es la absorción episódica de excedentes: las soluciones espacio-temporales se renuevan una y otra vez, dando sensación de estabilidad global a pesar de las crisis regionales periódicas. La otra es la exacerbación de la competencia internacional con múltiples centros dinámicos de acumulación enfrentados para resolver sus problemas de sobreacumulación.

Con este esquema, Harvey hace una reinterpretación del imperialismo clásico de finales del siglo XIX: para no absorber los problemas de la sobreacumulación mediante reformas sociales internas y concesiones al movimiento obrero se emprendían políticas imperialistas en busca de soluciones espacio-temporales[16]. En la actualidad estos mecanismos son necesarios para mantener la reproducción ampliada de capital y contrarrestar la tendencia a la sobreacumulación, pero si esto falla es necesario garantizar la acumulación por otros medios. De eso se trata la “acumulación por desposesión”.La geografía histórica del capitalismo ha sido configurada por ambos procesos “la reproducción ampliada” y la “acumulación por desposesión”. En la última etapa la segunda prevalece como forma dominante sobre la primera. Y lo que es muy importante, da lugar a luchas diferentes en ambos planos. Los mecanismos que Marx había caracterizado como propios de la etapa de “acumulación originaria” continuaron proliferando durante el desarrollo del capitalismo. Como el crédito y el capital financiero a comienzos del siglo XX, en la actualidad los mecanismos de la acumulación por desposesión consisten en la privatización de la tierra y la expulsión forzad de los campesinos, la mercantilización de la naturaleza (tierra, agua, aire), la supresión de formas alternativas de producción (indígenas, por ejemplo), la privatización del agua, de la educación, etc.; lo que constituye “una reedición a escala gigantesca del cercado de tierras comunales en la Europa de los siglos XV y XVI.”[17].

Todos estos despliegues habilitan a hablar de un “nuevo imperialismo” y la “acumulación por desposesión” como los mecanismos centrales del capitalismo actual para resolver su crisis, si analizamos la situación “desde la perspectiva de larga duración” y desde un “materialismo histórico- geográfico”[18] que da lugar a un “desarrollo geográfico desigual”[19].

A pesar de la buena recepción que tiene en Harvey el trabajo de Brenner el historiador británico le cuestiona numerosos aspectos de su caracterización del Nuevo Imperialismo. Veamos algunas de las críticas mas destacadas. En primer lugar Brenner niega que existan dos lógicas diferenciadas o en contraste, esto es, la lógica capitalista y la lógica territorial, sino mas bien una de ellas, la lógica del capital, puesto que la acumulación de control sobre el territorio no es un fin en sí mismo y no se contradice con los intereses del capital. En ese sentido, Brenner señala que los requerimientos del capital en general pueden no ser compatibles con la existencia de un “sistema de múltiples estados” -cuyo origen histórico se encuentra en los múltiples sistemas feudales – pero no porque exista un conflicto entre el interés estatal y el interés del capital sino mas bien porque los estados defienden los intereses de su propio capital nacional, lo que los explica la rivalidad entre los estados capitalistas propia del imperialismo clásico. [20]. En este punto Brenner señala que Harvey, en parte por seguir a Anna Harendt con su idea de caracterizar el Imperialismo a partir de una nunca finalizada acumulación seguida de un siempre expansivo poder estatal, no distingue la diferencia entre el imperialismo clásico del período 1884-1945 y el período 1945-2000. En este segundo período más que a una rivalidad o conflictos intercapitalistas asistimos a un liderazgo estadounidense que no privilegio la expansión territorial y que fomentó la recuperación del capital europeo y japonés, ciertamente en el marco de la Guerra Fría con la Unión Soviética. Brenner sugiere una especie de asociación kautskiana entre las grandes economías que, no obstante, no fue manejada exitosamente, por lo cual asistimos a la crisis de sobreacumulación que esta mostrando sus efectos.

Algunas consideraciones sobre la crisis y las finanzas

En relación a la crisis, Brenner también discute la idea de sobreacumulación de Harvey por considerarla cercana a la teoría del profit squezzy que el primero tanto se ha ocupado de criticar y por considerarla el resultado de un análisis mas propio de la situación de Estados Unidos que de la economía mundial. La crisis disparada en 2008, según Brenner, responde a la sobreproducción del sector manufacturero industrial que muestra la economía mundial desde la década de los setenta.[21]. Ella esta en la base de las sucesivas expansiones bursátiles que estallaron en los 80, los 90, en la crisis de las empresas “punto com” de 2001 y ahora en la crisis del sector inmobiliario de 2008. En una economía que atraviesa un largo declive, los estados debieron emitir deuda, de formas cada vez más barrocas para mantener la demanda ante la caída de las tasa de crecimiento:

En definitiva, la cuestión es que, desde 2000, en EEUU y en todo el mundo capitalista avanzado, hemos sido testigos del crecimiento más débil de la economía real desde el final de la II Guerra Mundial en paralelo con la mayor expansión de la economía financiera o virtual de toda la historia de EEUU. No hace falta ser marxista para darse cuenta de que esto no puede durar.

En parte por estos motivos, a pesar del interés que Harvey muestra por las finanzas, Brenner no comparte que se las vincule con los mecanismos de acumulación por desposesión cuando es un desarrollo propio de la acumulación de capital. Mas aún, la noción misma de “acumulación por desposesión” le parece desacertada porque agrupa una larga lista de mecanismos que no se diferencian de manera sustantiva de la propia competencia capitalista. Según Brenner, la acumulación por desposesión, en caso de ser operativa, debería describir un proceso de creación de las precondicones sociopolíticas par la expansión de la reproducción del capital que debe distinguirse de la acumulación en sí misma.

Como se ha mencionado, el papel de las finanzas internacionales en la nueva fase del capitalismo esta abundantemente trabajada por Harvey. La caída del régimen de Bretton Woods y la crisis del petróleo de 1973 dieron paso a la incursión de los organismos financieros internacionales como instrumentos fundamentales para restaurar el poder de clase. Par Harvey la crisis fiscal del estado se expresaba en la bancarrota del la cuidad de Nueva York y allanó el camino para la prácticas neoliberales basadas en la austeridad monetaria, luego de años de extrema liquidez nacional e internacional. Los economistas monetaristas del FMI impulsaban las políticas de ajuste estructural en los países endeudados. Estas medidas se convirtieron en los años noventa en políticas globales con el “consenso de Washington”.La caracterización del neoliberalismo como “destrucción creativa”, célebre expresión acuñada por Schumpeter , refiere a los resultados derivados de los mecanismos de acumulación por desposesión: “Si el principal efecto del neoliberalismo ha sido redistributivo en lugar de generativo, había que encontrar modos de transferir activos y canalizar la riqueza y los ingresos sea de la masa de la población a las clases altas o de países vulnerables a los más ricos”[22]. Estos procesos son los mencionados mecanismos de acumulación por desposesión. A éstos Harvey propone agregar las rentas de los derechos de propiedad intelectual, la privatización de la seguridad social y otros derechos del período socialdemócrata[23].

Recientemente, Harvey recupera la idea del economista Gerard Dumenil, que ha analizado profundamente el papel de las finanzas internacionales, de definir el “neoliberalismo” como un proyecto de los sectores dominantes, de las clases altas de los países centrales para recomponer su posición dominante luego de los retrocesos registrados en el período socialdemócrata de los años sesenta y setenta[24]. Sin embargo, a diferencia del economista francés, el geógrafo pone el origen del proceso en la crisis del 73 y no en el giro monetarista de la política económica estadounidense de 1979[25]. La magnitud de la crisis financiera en curso obliga a tomar seriamente los análisis de los autores mencionados así como la demostrar la manera en que la crisis expresa las contradicciones a las que el capitalismo nos conduce aceleradamente.

Para Harvey el capital está permanentemente en expansión. Una vez que se agota los potenciales beneficios huye en búsqueda de nuevas oportunidades de rentabilidad. La acumulación propia de la etapa actual y sus mecanismos son muy variados y requieren necesariamente la existencia de algún “exterior”, ya sea preexistente (formaciones sociales no capitalistas, tierras vacías, nuevas fuentes de materias primas o sectores sociales aún no proletarizados como la educación) o creado a tal efecto[26]. La dinámica “interior-exterior” plantea una diferencia con el planteo de Toni Negri en Imperio, donde el filósofo italiano señala que ya no existe un “exterior” al capitalismo dado que el Imperio ya ocupa todo el espacio global. Para Negri el capitalismo ya penetró todos los espacios, no quedarían espacios no capitalistas. La diferencia entre Norte y Sur, de la escuela mundo, o países centrales y países periféricos, de las teorías de la dependencia, oculta la influencia recíproca que distribuye las desigualdades entre ambos según múltiples líneas de fractura. En suma, entre estos conceptos no hay diferencias de naturaleza sino de grado[27]. La diferencia parece estar en que Negri considera que las relaciones capitalistas incumben actualmente a todos los países del mundo y para Harvey no son las relaciones sociales sino las condiciones de rentabilidad de los capitales las determinantes de la expansión, y por lo tanto se requieren oportunidades nuevas de acumulación en espacios aún donde ya existen relaciones sociales capitalistas. El imperialismo actual utiliza a los gobiernos para privatizar, para brindar nuevas oportunidades a la acumulación en sectores donde antes no era posible[28].

A modo de conclusión

David Harvey, Robert Brenner y Giovanni Arrighi, son excelentes conocedores de su tiempo y de las disciplinas que intentan interpretarlo. Por su formación historiográfica y sus argumentaciones abundan en hechos, procesos históricos y sociales y todos cuestionan el orden establecido por el capital. Todos ellos se ocupan de la evolución del capitalismo y de los principales estados capitalistas Harvey también señala explícitamene la necesidad de tener una teoría marxista del Estado capitalista, sin embargo al igual que estos autores muestra poco interés por el debate existente desde los años setenta y que aún permanece abierto[29].En su libro de finales de los años noventa La condición de la postmodernidad, mostraba afinidad en este punto con el trabajo de los regulacionistas franceses. Estos últimos tampoco reconocen suficientemente que si bien los estados pueden generar lazos específicos con capitales nacionales persiguen sus propios intereses y no suelen discriminar en función de la nacionalidad de los capitales para retenerlos dentro de sus fronteras.[30]

Y del mismo modo, Harvey va demasiado lejos al adjudicar al capital una lógica y una coherencia excesiva, cercana a cierto economicismo[31]del que Brenner y Arrighi tampoco están exentos. En su teoría de la crisis, al insistir en la competencia entre capitales como factor explicativo Brenner desplaza antagonismo entre capital y trabajo como argumento fudamental [32]. Harvey en cambio se ocupa de las resistencias al nuevo orden imperial. Según él, las alternativas al neoliberalismo han generado variadas formas de lucha social y política en todo el mundo, muchas veces difíciles de conectar. Harvey apela a la lucha de clase para caracterizar esta situación pero…

Tampoco significa necesariamente (si alguna vez debiera haberlo hecho) que podamos apelar a alguna simple concepción del proletariado como el agente primordial (para no decir exclusivo) de la transformación histórica. No existe un campo proletario de fantasía utópica marxiana a la que podamos apelar. Señalar la necesidad e inevitabilidad de la lucha de clases no es decir que la forma en la que la clase está constituida es determinada o incluso determinable anticipadamente. Los movimientos de clase se hacen a sí mismos, aunque no bajo condiciones de su propia elección. Y el análisis muestra que esas condiciones están actualmente bifurcadas en movimientos alrededor de la reproducción expandida- en la que la explotación del trabajo salariado y las condiciones que define el trabajo social son temas centrales- y los movimientos alrededor de la acumulación por desposeimiento- en los que todo desde las formas hasta las depredaciones producidas por las formas contemporánea del capital financiero constituye el centro de la resistencia. El encuentro del vínculo orgánico entre esas diferentes corrientes de clase es una tarea teórica y práctica urgente.[33]

Harvey reniega en esta cuestión de las apreciaciones de Negri en Imperio sobre todo por la estrategia de organización política de los trabajadores que se deriva de ella, pero no por las apreciaciones teóricas del autor[34].

La lucha contra el neoliberalismo para Harvey debe entonces articular a los movimientos alrededor de la acumulación ampliada y los movimientos alrededor de la acumulación por desposesión – esto es, el movimiento obrero y los movimientos sociales-, sin una jerarquía establecida de antemano. Mientras para Harvey los nuevos movimientos sociales son una respuesta al neoliberalismo, se oponen a la “acumulación por desposesión”, entendida como privatización y mercantilización (y la política posmoderna es una respuesta a las exigencias de libertad de los movimientos estudiantiles del 1968, una libertad “en la esfera del consumo” [35]) para Negri son la expresión de la multitud, dentro del imperio y contra el imperio[36], resultado de las transformaciones del proceso productivo donde la clase obrera industrial como tal no detenta ningún privilegio político sobre otros tipos de trabajadores, ni tampoco sobre precarios o desocupados, trabajadores agrícolas, trabajo reproductivo femenino o migrantes[37].

En suma, y por todo lo expuesto, a pesar de las evidentes diferencias entre los pensadores y las escuelas, la teoría de la crisis, la teoría del Estado capitalista y la teoría del Imperialismo – ya sea el imperialismo clásico, el Nuevo o el Imperio- siguen proporcionando elementos para dar cuenta y cuestionar a la vez a un capitalismo fuera de control y a la vez debilitado a cuya crisis asistimos de manera recurrente.

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(*) El autor es Licenciado en Economía (UBA) y en Ciencia Política (UBA). Doctorando en Ciencias Sociales (UBA-CONICET)
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– Harvey, David (2004):”Los nuevos rostros del imperialismo” entrevista en Herramienta Nº 26, Buenos Aires, Julio de 2004.
– Harvey, David (2007): “El neoliberalismo como destrucción creativa.” Disponible en http//:www.rebelion.org 8/4/2008, con fuente en The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science 2007.
– Holloway, Jhon (2001) "El capital se muevve" en Cuadernos del Sur Nº31, Abril de 2001
– Negri, Antonio y Hardt, Michael (2002): IImperio., Paidós, Buenos Aires.
– Negri, Antonio y Hardt, Michael (2006): MMultitud., Debate, Buenos Aires.
Notas
[1] Brenner, R. (1998): “The economics of global turbulence, New Left Review nº 229, may-june 1998. Traducción en Cuadernos del Sur nº 31, Abril de 2001.
[2] Brenner, R. (2003): “Después el Boom. Un diagnóstico sobre la economía mundial” en Cuadernos del Sur nº 35, mayo de 2003. Arrighi señala que Brenner se concentra demasiado en las acciones de los gobiernos y omite la acción de las empresas en este período.
[3] Véase los trabajos de Francois Chesnais, Gerard Dumenil y Dominique Levy, y Michel Husson.
[4] Brenner R. (2008): “Una crisis devastadora”. Against the Current Nº 132, enero-febrero 2008-02-06.
[5] Arrighi, G. (2007): “La economía social y política de la turbulencia global.” Revista Globalización, Buenos Aires, Julio de 2007.
[6] Ibíd.
[7] Arrighi, G. (2007): op. cit.
[8] I Arrighi, G. (2007): op. cit .
[9] Bonnet, A. (2002): “La globalización y las crisis latinoamericanas”, Universidad de Quilmes, Argentina.
[10] Entrevista a Giovanni Arrighi en Revista Herramienta Nº 38, Buenos Aires, Junio de 2008.
[11] El trabajo teórico de Harvey comienza en los años cincuenta y sesenta con el estudio de la transformación de la infraestructura urbana en Baltimore, lo que le despertó el interés por la relación entre el uso capitalista del espacio urbano derivado del desarrollo inmobiliario y la acumulación de capital. El boom de las viviendas en áreas suburbanas de las grandes ciudades en Estados Unidos y el despoblamiento relativo de los centros urbanos modelaron la forma de entender la acumulación capitalista y su diagnóstico sobre la situación actual. Entrevista a David Harvey en Revista Herramienta Nº 26, Buenos Aires, Julio de 2004.
[12] Harvey, D. (2003): El nuevo imperialismo, Akal, Madrid, p.92.
[13] Ibíd., p .83.
[14] Ibíd., p. 91.
[15] Ibíd., p. 92.
[16] Harvey, D. (2003): op cit, p. 105.
[17] Ibíd.,p. 118.
[18] Harvey, D. (2003): op cit ., p 21.
[19] Harvey señala en una entrevista en 2004 que existen muchos tipos de imperialismo, cuyas formas cambian según las épocas y los países. El desplegado por Estados Unidos era diferente al típico colonialismo europeo, y estaba basado en un control indirecto mediante e estados clientes u hombres fuertes apoyados militarmente Pero desde los años setenta este imperialismo se comenzó a ejercitar a través de las instituciones financieras internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Después del 11-S el imperialismo financiero se transformó en un imperialismo de tipo militar, con intervenciones directas en el territorio como en Irak En cambio el Imperialismo europeo prefiere medios económicos y políticos Entrevista a David Harvey en Revista Herramienta Nº 26, Buenos Aires, Julio de 2004
[20] Brenner, Robert (2006): “What Is, and What is Not, Imperialism?” Historical Materialism Nº 14:4, pp. 79-105., pp 83-85.
[21] “Las fases alcistas históricas de los mercados financieros en los 80, 90 y 2000 –con sus transferencias sin precedentes de ingresos y activos hacia el uno por ciento más rico de la población— han distraído la atención del progresivo debilitamiento real a largo plazo de las economías capitalistas avanzadas. Todos los indicadores económicos de EEUU, Europa occidental y Japón –crecimiento, inversión, empleo, salarios— han ido deteriorándose desde 1973, década tras década, y ciclo económico tras ciclo económico.” Brenner Robert (2008): “Una crisis devastadora”. Against the Current Nº 132, enero-febrero 2008-02-06.
[22] Harvey, David (2007): op cit.
[23] En relación a la dinámica económica reciente, Harvey subraya que a partir de las crisis financieras de finales de los años noventa se impusieron devaluaciones regionales localizadas para que el capital excedente se apodere de los capitales devaluados a precios de saldo y aporte nueva vida a la acumulación, como habría sido el caso del Sudeste de Asia y Rusia. Desataca el trabajo de Peter Gowan donde se señala que Estados Unidos desde 1973 se nutre de las crisis financieras de los demás países porque la fuga se dirige al centro financiero de Wall Street, proyectando hacia el exterior su poder financiero; Una de las funciones principales de la intervención estatal y de las instituciones internacionales consiste en organizar las devaluaciones de forma que permitan la acumulación por desposesión sin provocar el colapso general; esa es la finalidad de los programas de ajuste estructural administrados por el FMI.
[24] Duménil, G. y Levy. D. (2004): “El imperialismo en la era neoliberal” en Cuadernos del Sur Nº 37, Mayo de 2004.
[25] Harvey, David (2007): “El neoliberalismo como destrucción creativa.” http://www.rebelion.org 8/4/2008, con fuente en The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science 2007.
[26] Harvey, D. (2003): op cit p. 114.
[27] Negri, A. y Hardt, M. (2002): op cit, p. 295.
[28] Entrevista a David Harvey en Revista Herramienta Nº 26, Buenos Aires, Julio de 2004.
[29] Nos referimos al debate que involucra a autores pertenecientes a tradiciones mrxistas diversas como Ralph Miliband, Nicos Poulantzas, Joachim Hirsch, John Holloway, Werner Bonefeld, Antonio Negri y Bob Jessop, entre muchos otros.
[30] Holloway, Jhon (2001) "El capital se mueve" en Cuadernos del Sur Nº31, Abril de 2001, p.65.
[31] Entrevista a David Harvey en Revista Herramienta Nº 26, Buenos Aires, Julio de 2004.
[32] Bonnet, Alberto (2001) "Competencia, lucha de clases y crisis " en Cuadernos del Sur Nº31, Abril de 2001, p.95
[33] Harvey, David (2007):op cit.
[34] Entrevista a David Harvey en Herramienta nº 26, Buenos Aires, Julio de 2004.
[35] Entrevista a David Harvey en Herramienta nº 26, Buenos Aires, Julio de 2004.
[36] Negri, A. y Hardt, M. (2002): op cit, p.66.
[37] Negri, A. y Hardt, M. (2006): op cit,. 135. Fuente:http://www.herramienta.com.ar/herramienta-web-2/el-estado-capitalista-la-crisis-y-el-nuevo-imperialismo.

La sustancia de la crisis económica actual…

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por Ricardo Antunes

Antunes, Ricardo. Profesor titular de Sociología en el Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas (IFCH) de la Universidad de Campinas, Brasil (Unicamp). Hizo su maestría en Ciencia Política en el IFCH de la Unicamp (1980), se doctoró en Sociología en la Universidad de San Pablo (1986) y es docente libre en Sociología del Trabajo por el IFCH de la Unicamp (1994). Trabajó un año como investigador visitante en la Universidad de Sussex, Inglaterra (1997-98). Ha dictado numerosos cursos, seminarios y conferencias en universidades de América Latina y Europa y participado en congresos de su especialidad. Es autor de Adeus ao trabalho?, editado en español (¿Adiós al trabajo?, Buenos Aires, Herramienta, 2ª edición, 2003); A rebeldía do trabalho, O novo sindicalismo no Brasil, Classe operária, sindicatos e partido no Brasil, O que é sindicalismo? y Crise e poder, entre otros libros. Actualmente, coordina las colecciones Mundo del Trabajo de Boitempo Editorial y Trabajo y Emancipación de Editora Expressão Popular. Colabora regularmente en revistas y diarios de Brasil y otros países. Participa activamente en las revistas Margem esquerda (Brasil), Latin American Perspectives (Estados Unidos), Herramienta (Argentina), Proteo (Italia), Asian Journal of Latin Americana Studies (Corea) y Trayectorias (México), así como en otras publicaciones de distintos países.


I

Mucho se ha escrito sobre la crisis. Crisis de las subprime, crisis especulativa, crisis bancaria, crisis financiera, crisis global, réplica de las crisis de 1929, etc. Florece una fenomenología de la crisis, donde lo que ayer se dijo se vuelve hoy obsoleto. Los grandes periódicos, empezando por The Economist, hablan de “crisis de confianza” y la máxima se expande. La crisis se resume a un acto volitivo. ¡Fiducia! diría los latinos. He ahí la clave analítica.

Los gobiernos de los países en crisis, en los Estados Unidos, Europa y otras partes del mundo, parecen redescubrir el estatismo todo privatizado como el recetario para eliminar la crisis de “desconfianza”. El remedio neokeynesiano, sepultado en las últimas cuatro décadas, considerado uno de los principales males de las crisis anteriores, resurge como salvación para el verdadero camino de la servidumbre, o sea, la sujeción de la humanidad a los designios de la lógica destructiva del capitalismo y en particular de su polo hegemónico financiero.

Pero, más allá de esa fenomenología de la crisis, podríamos recordar a varios autores críticos, dentro de la izquierda, que intentaron ir más allá de las apariencias y develar los fundamentos estructurales y sistémicos del derretimiento y licuación del sistema del capital.

Robert Kurz, por ejemplo, ha venido alertando desde principios de 1990, que la crisis que llevó a la bancarrota a los países del llamado "socialismo real" (con la URSS al frente), no sin antes haber devastado el “Tercer Mundo”, era expresión de una crisis del modo de producción de mercancías que después migraría en dirección al corazón del sistema capitalista.

François Chesnais apuntó las complejas conexiones existentes entre producción, financierización (“la forma más fetichizada de la acumulación”) y mundialización del capital, enfatizando que la esfera financiera se nutre de la riqueza generada por la inversión y de la explotación de la fuerza de trabajo dotada de múltiples cualificaciones y amplitud global. Y es parte de esa riqueza, canalizada para la esfera financiera, que infla el flácido capital ficticio.

Pero fue István Mészáros quien, desde el final de los años de 1960 viene sistemáticamente develando la crisis que entonces comenzaba a asolar al sistema global del capital: alertaba que las rebeliones de 1968, así como la caída de la tasa de ganancia y el inicio de la monumental reestructuración productiva del capital, que se manifestaba en 1973, ya eran ambas expresiones del cambio substantivo que se diseñaba, tanto en el sistema capitalista, cuando en el propio sistema global del capital.[1]

Indicaba que el sistema de capital (y en particular el capitalismo), tras experimentar la era de los ciclos, se adentraba en una nueva fase, inédita, de crisis estructural, marcada por un continuum depresivo que haría que aquella fase cíclica anterior se volviera historia. Aunque pudiera haber alternancia en su epicentro, la crisis se muestra longeva y duradera, sistémica y estructural.

Y más, demostraba la falencia de los dos más osados sistemas estatales de control y regulación del capital experimentados en el siglo XX. El primero, de talle keynesiano, que estuvo en vigor especialmente en las sociedades capitalistas marcadas por el welfare state. El segundo, de “tipo soviético” (vigente, según Mészáros, en la URSS y en las demás “sociedades post-capitalistas”) que, aunque fuera resultado de una revolución social que buscó destruir el capital, fue por él absorbido. En ambos casos el ente político regulador fuera desregulado, al final de un largo periodo por el propio sistema de metabolismo social del capital.[2] Proceso similar parece ocurrir en China de nuestros días, laboratorio excepcional para la reflexión crítica.

II

El libro A Crise Estrutural do Capital, [3] de István Mészáros, que presento al lector, es la condensación de un conjunto de artículos y entrevistas que presentan las principales tesis y formulaciones de la analítica de István Mészáros, escritos a lo largo de más de tres décadas y que son ahora publicados en un único volumen, condensando algunas de sus formulaciones más fuertes, en un momento decisivo de este siglo XXI, donde todo lo que parecía sólido se desvanece, encontrándose el capitalismo en fuerte proceso de licuación. La sumatoria de recursos, que se contabilizan en billones de dólares que fenecieron en los últimos meses, es por sí sólo contundente. La crisis del sistema financiero global, la retracción de la producción industrial, agrícola y de servicios, también son demasiado evidentes. Desde 1929 que el capitalismo no presenciaba un proceso crítico tan profundo, aflorando incluso en el propio discurso de los detentores del capital, sus gestores y principales gendarmes políticos. Así, István Mészáros ha sido, en las últimas décadas, uno de los críticos más densos, profundos, calificados y radicales. De esta manera, este pequeño libro es una muestra de esa contundencia y fuerza, que se encuentra presente en el enorme y poderoso conjunto de su obra.

Si pudiéramos, en pocas páginas, condensar algunas de las principales tesis que configuran la actual crisis estructural del capital comenzaríamos diciendo que Mészáros hace una crítica desbastadora a los engranajes que caracterizan su sistema socio-metabólico.

Su aguda investigación, indagando profundamente a lo largo de todo el siglo XX, lo lleva a constatar que el sistema de capital, por no tener límites para su expansión, termina por convertirse en una procesualidad incontrolable y profundamente destructiva. Conformada por lo que denomina, en la línea de Marx, como mediaciones de segundo orden –cuando todo pasa a ser controlado por la lógica de la valorización del capital, sin que se tome en cuenta los imperativos humano-societarios vitales– la producción y el consumo superfluos terminan generando la corrosión del trabajo, con la consecuente precarización del trabajo y el desempleo estructural, además de impulsar una destrucción de la naturaleza a escala global jamás vista anteriormente.

Expansionista en la búsqueda creciente y desmedida de plusvalor, destructivo en su procesualidad pautada por lo descartable y la superfluidad, el sistema de capital se vuelve, en el límite, incontrolable. Todo esto, aquí resumido de manera breve, hace con que, después de un largo período dominado por los ciclos, el sistema de capital venga asumiendo, siempre según la formulación de István Mészáros, la forma de una crisis endémica, acumulativa, crónica y permanente, lo que replantea, como imperativo global de nuestros días, dado el espectro de destrucción global, la búsqueda de una alternativa societaria apuntando a la construcción de un nuevo modo de producción y de un nuevo modo de vida cabal y frontalmente contrario a la lógica destructiva del capital hoy dominante.

Al contrario, por tanto, de los ciclos de expansión que conforman el capitalismo a lo largo de su historia, alternando períodos de expansión y crisis, nos encontramos, desde fines de los años de 1960 e inicios de 1970, sumergidos en lo que István Mészáros denomina como depressed continuum que exhibe las características de una crisis estructural.

Su análisis ya anticipaba que, al interior de los países capitalistas centrales, los mecanismos de “administración de las crisis” serían cada vez más recurrentes –y también cada vez más insuficientes– una vez que la disyunción radical entre producción para las necesidades sociales y auto-reproducción del capital cambiaba la tónica del capitalismo contemporáneo de nuestros días, generando consecuencias devastadoras para la humanidad

Dada la nueva forma de ser de la crisis, ingresamos entonces en una nueva fase, sin intervalos cíclicos entre expansión y recesión, pero presenciando la eclosión de precipitaciones cada vez más frecuentes y continuas. Tratándose, por tanto, de una crisis en la propia realización del valor, la lógica destructiva que se acentúa en nuestros días permitió a Mészáros desarrollar otra tesis, central en su análisis, de que el sistema de capital no puede más desarrollarse sin recurrir a la tasa de utilización decreciente del valor de uso de las mercancías como mecanismo que le es intrínseco. Esto porque el capital no considera valor de uso (que remite a la esfera de las necesidades) y valor de cambio (esfera de la valorización del valor) como separados, sino al contrario, subordinando radicalmente el primero al segundo.

Lo que significa, agrega el autor, que una mercancía puede variar de un extremo a otro, es decir, desde tener su valor de uso realizado inmediatamente o, en el otro extremo, jamás ser utilizada, sin dejar de tener, para el capital, su utilidad esencial. Y, en la medida en que la tendencia decreciente del valor de uso reduce drásticamente el tiempo de vida útil de las mercancías –condición sine qua non del funcionamiento de proceso de valorización en su ciclo reproductivo– ella se convierte en uno de los principales mecanismos a través del cual el capital viene realizando su proceso de acumulación por la vía de la destrucción del tiempo de vida útil de las mercancías y de la subordinación de su valor del uso a los imperativos del valor de cambio.

Al profundizar la disyunción entre la producción orientada genuinamente para el atendimiento de las necesidades humanas y aquellas dominantes orientadas para la auto-reproducción del capital, se intensifican las consecuencias destructivas, de las cuales dos anteriormente referidas ponen en riesgo el presente y el futuro de la humanidad: la precarización estructural del trabajo y la destrucción de la naturaleza. La conclusión de Mészáros es fuerte: aunque el 90% del material y de los recursos de trabajo necesarios para la producción y distribución de una dada mercancía comercializada – un producto cosmético, por ejemplo –fuese directamente para el basurero y sólo 10% efectivamente destinados al preparado del producto, buscando los beneficios reales o imaginarios del consumidor, las prácticas obviamente devastadoras aquí envueltas serían plenamente justificadas, desde que estuvieran sintonizadas con los criterios ‘eficiencia’, ‘racionalidad’ y ‘economía’ capitalistas, en virtud de la rentabilidad comprobada de la mercancía en cuestión. Y agrega: ¿qué será de la humanidad cuando menos del 5% de la población mundial (EUA) consuman 25% del total de los recursos energéticos disponibles? Y, ¿si el 95% restante viniera a adoptar el mismo padrón de consumo? La tragedia china actual, con su destrucción ambiental, es emblemática.

Esto acentúa otra contradicción vital en la que el mundo se sumergió en este inicio de siglo: si las tasas de desempleo continúan ampliándose, aumentan explosivamente los niveles de degradación y barbarie social oriunda del desempleo. Si, al contrario, el mundo productivo retomara los niveles de crecimiento anteriores, aumentando la producción y su modo de vida fundado en la superfluidad y en el desperdicio, tendremos la intensificación aún mayor de la destrucción de la naturaleza, ampliando la lógica destructiva hoy dominante.

Sin embargo el cuadro de crisis estructural y sistémica tiene otro componente vital, dado por la corrosión del trabajo. Después de la intensificación del cuadro crítico en EUA y demás países capitalistas centrales, estamos presenciando profundas repercusiones en el mundo del trabajo a escala global. En el medio del huracán de la crisis que ahora alcanza el corazón del sistema capitalista, vemos la erosión del trabajo relativamente contratado y reglamentado, heredero de la era taylorista y fordista, que fue dominante en el siglo XX –resultado de una secular lucha obrera por los derechos sociales– que está siendo substituido por las diversas formas de “empreendedorismo”, “cooperativismo”, “trabajo voluntario”, “trabajo atípico”, formas que oscilan entre la superexplotación del trabajo y la propia autoexplotación del trabajo, siempre caminando en dirección a una precarización estructural de la fuerza de trabajo a escala global. Esto, sin hablar de la explosión del desempleo que alcanza enormes contingentes de trabajadores, sean hombres y mujeres, fijos o precarizados, formales o informales, nativos o inmigrantes, siendo que estos últimos son los primeros en ser fuertemente penalizados.[4]

La OIT, con datos que son bastante moderados, en un reciente informe, proyectó 50 millones de desempleados a lo largo del 2009. Bastaría que una de las grandes automotrices de los EUA cerrase sus puertas y tendríamos millones de nuevos desempleados. En Europa, los periódicos, diariamente, listan millares de nuevos trabajadores sin empleo.

El mismo informe de la OIT agrega aún que cerca de 1,5 mil millones de trabajadores son afectados por la fuerte erosión salarial y la ampliación del desempleo en ese mismo período (Informe mundial sobre salarios, febrero de 2009). Pero se sabe que la contabilización mundial del empleo no capta en profundidad el desempleo oculto, frecuentemente enmascarado en las estadísticas oficiales. Y, como advirtió, Mészáros innumerables veces, si incluimos los datos reales del desempleo en China e India, estos números se multiplicarían en muchas veces.

Es importante destacar que, en China, 26 millones de ex trabajadores rurales que estaban trabajando en las industrias de las ciudades perdieron sus empleos en los últimos meses del 2008 y los primeros meses del 2009 y no encuentran trabajo disponible en el campo, desencadenando una nueva ola de revueltas obreras en dicho país. En América Latina, la OIT agrega que, debido a la crisis “hasta 2,4 millones de personas podrán entrar en las filas del desempleo regional en el 2009”, sumándose a los casi 16 millones hoy desempleados (Panorama Laboral para América Latina y el Caribe, enero del 2009).

En EUA, Inglaterra e Japón los índices de desempleo en los inicios del 2009 son los mayores de las últimas décadas. Es por eso que los empresarios presionan, en todas partes del mundo, para aumentar la flexibilidad en la legislación laboral, con la falacia de que así preservan los empleos. En EUA, Inglaterra, España y Argentina, para dar algunos ejemplos, esa flexibilización fue intensa y el desempleo solo ha venido aumentando.

De manera que, diferenciándose totalmente de los análisis que circunscriben la crisis al universo de los bancos, a la “crisis del sistema financiero”, a la “crisis de créditos”, para István Mészáros, la “inmensa expansión especulativa del aventurerismo financiero –sobre todo en las últimas tres o cuatro décadas– es naturalmente inseparable de la profundización de la crisis de las ramas productivas y de la industria así como de las resultantes perturbaciones que surgen con la absoluta letárgica acumulación de capital (en verdad, acumulación fracasada) en el campo productivo de la actividad económica. Ahora, inevitablemente, también en el dominio de la producción industrial la crisis se está poniendo mucho peor. Naturalmente, la consecuencia necesaria de la crisis siempre profundizándose en las ramas productivas de la ‘economía real’ (…) es el crecimiento del desempleo por todas partes en una escala asustadora, asociado a la miseria humana. Esperar una solución feliz para esos problemas surgida de las operaciones de rescate del Estado capitalista sería una gran ilusión”.

Y agrega: “(…) las recientes tentativas de contener los síntomas de la crisis que se intensifican por la nacionalización –camuflada de forma cínica– de grandezas astronómicas de la bancarrota capitalista, por medio de los recursos del Estado aún a ser inventados, solo cumplen el papel de subrayar las determinaciones causales antagónicas profundamente enraizadas de la destructividad del sistema capitalista. Pues lo que está fundamentalmente en curso hoy no es apenas una crisis financiera maciza, sino el potencial de autodestrucción de la humanidad en el actual momento del desarrollo histórico, tanto militarmente como por medio de la destrucción en curso de la naturaleza”.

Si el neokeynesianismo de estado todo privatizado es la respuesta encontrada por el capital para su crisis estructural, las respuestas de las fuerzas sociales del trabajo deben ser radicales. Contra la falacia de la “alternativa” neokeynesiana que siempre encuentra acogida en varios sectores de la “izquierda” que actúan en el universo del Orden –“alternativas” condenadas al fracaso, como demostró Mészáros analizando el siglo XX, pues se inscriben en la línea de menor resistencia del capital– el desafío ya estaba indicado en su artículo “Política Radical y Transición hacia el Socialismo” (escrito en 1982 y publicado en Brasil por la primera vez en 1983, y que consta en este libro). Allí estaba presente tanto la distinción crucial entre la crisis de tipo estructural y sistémica y las crisis cíclicas coyunturales del pasado, así como la necesidad de una política radical, al contrario de las alternativas (neo)keynesianas y a las cuales el capital recurre en sus momentos de crisis.

Vale recordar aquí la reciente Nota de los Editores de Monthly Review que así se refiere a la decisiva contribución de István Mészáros: “¿Cómo la izquierda irá a reaccionar frente a la crisis económica y a las tentativas de socializar las pérdidas sobre la población como un todo? Al depararnos con una depresión y crisis financiera, ¿debemos aceptar que las cargas recaigan sobre nuestros hombros, a través de la implantación de estrategias ligeramente más benignas para salvar el sistema?”

Y agrega la Nota: “En septiembre [de 2008] algunos sectores progresistas en Estados Unidos argumentaron que era necesario apoyar el plan de “Socorro a los Ricos” de Paulson, para que no hubiera una depresión. Tres meses más tarde tenemos billones en fondos gubernamentales entregados a las personas más ricas del planeta y a la depresión. El punto crucial, a nuestro modo de ver, fe capturado por István Mészáros, en su Más allá del Capital, donde él explicó que ‘la política radical sólo puede acelerar su propia renuncia (…) consintiendo en definir su propio objeto en términos de blancos económicos determinados, los cuales, de hecho, son necesariamente dictados por la estructura socioeconómica establecida en crisis’” (Monthly Review, “Notes from the Editors”, vol. 60, No. 10, março de 2009, p.64).

Una vez que las manifestaciones inmediatas de la crisis son económicas, dice Mészáros aún en el artículo premonitorio de 1982,

“de la inflación al desempleo y de la bancarrota de empresas industriales y comerciales locales a la guerra comercial en general y al colapso potencial del sistema financiero internacional, la presión que emana de la referida base social inevitablemente tiende a definir la tarea inmediata en términos de encontrar respuestas económicas urgentes al nivel de las manifestaciones de la crisis, mientras son dejadas intactas sus causas sociales.” Y añadía: “(…) ‘apretar los cinturones’ y ‘aceptar los sacrificios necesarios’ para ‘crear empleos reales’, ‘inyectar nuevos fondos de inversión’, ‘aumentar la productividad y la competitividad’ etc., impone premisas sociales del orden establecido (en nombre de imperativos puramente económicos) sobre la iniciativa política socialista (…) dentro del marco de las viejas premisas sociales y determinaciones estructurales, terminando, de ese modo, (…) por ayudar a la revitalización del capital.”

Es por eso que para Mészáros, cualquier intento de superar este sistema de metabolismo social que siga la línea de menor resistencia del capital, que se restrinja a la esfera institucional y parlamentaria está condenado a la derrota. En contrapartida, solamente una política radical y extraparlamentaria reorientando radicalmente la estructura económica, podrá ser capaz de destruir el sistema de dominio social del capital y su lógica destructiva.

Crear un modo de producción y de vida profundamente distinto del actual es, por tanto, un desafío vital lanzado por Mészáros. La construcción de un modo de vida dotado de sentido replantea, en este inicio del siglo XXI, la imperiosa necesidad de construcción de un nuevo sistema de metabolismo social, de un nuevo modo de producción basado en actividad auto-determinada, en la acción de los individuos libremente asociados (Marx) y en valores más allá del capital. La actividad basada en el tiempo disponible para producir valores de uso socialmente útiles y necesarios, contraria a la producción basada en el tiempo excedente para la producción exclusiva de valores de cambio para la reproducción del capital se vuelve vital.

Durante la vigencia del capitalismo (y también del capital), el valor de uso de los bienes socialmente necesarios se subordinó a su valor de cambio, que pasó a comandar la lógica del sistema de producción. Las funciones productivas y reproductivas básicas fueron radicalmente separadas entre aquellos que producen (los trabajadores) y aquellos que controlan (los capitalistas y sus gestores). Habiendo sido el primer modo de producción a crear una lógica que no toma en cuenta prioritariamente las reales necesidades societarias, el capital instauró, según la rica indicación de Mészáros, un sistema orientado para su auto-valorización, independiente de las reales necesidades auto-reproductivas de la humanidad.

En contrapartida, una nueva forma de sociedad solamente será dotada de sentido y efectivamente emancipada cuando sus funciones vitales, controladoras de su sistema de metabolismo social fueran efectivamente ejercidas de manera autónoma por los productores libremente asociados y no por un cuerpo exterior extraño y controlador de estas funciones vitales.

El develamiento más profundo de los significados de la crisis actual, su sentido global, estructural y sistémico, su marca agudamente destructiva, ese es la principal contribución de este poderos (pequeño) libro de István Mészáros. Y debe ser leído por todos aquellos hombres y mujeres que, en las luchas sociales, en sus embates cotidianos, afrontan, de algún modo, el sistema de metabolismo social hoy dominante y esencialmente destructivo para la humanidad y la naturaleza. Su lectura ayudará a reflexionar, imaginar y pensar en una otra forma de sociabilidad auténticamente socialista, capaz de rescatar el sentido social de la producción y reproducción de la vida humana y, de esta manera, auxiliar en la creación de las condiciones críticas imprescindibles para el florecimiento de una nueva sociabilidad auténtica y emancipada, lo que sería un gran avance en este siglo XXI que acaba de comenzar. En el mejor espíritu de la incansable obra de István Mészáros en su ardorosa y apasionada defensa de la humanidad.


[1] Es decisivo resaltar que, para Mészáros, capital y capitalismo son fenómenos distintos. El sistema de capital, según el autor, antecede al capitalismo y tiene vigencia también en las sociedades post-capitalistas. El capitalismo es una de las formas posibles de la realización del capital, una de sus variantes históricas, presente en la fase caracterizada por la generalización de la subsunción real del trabajo al capital, que Marx denominaba como capitalismo pleno. Así como existía capital antes de la generalización del capitalismo (de que son ejemplos el capital mercantil, el capital usurario, etc.), las formas recientes de metabolismo socio-metabólico permiten constatar la continuidad del capital incluso después del capitalismo, a través de la constitución de aquello que Mészáros denomina como "sistema de capital post-capitalista", de lo que fueron ejemplos la URSS y demás países de Europa del Este. Estos países post-capitalistas no consiguieron romper con el sistema de metabolismo social del capital y la identificación conceptual entre capital y capitalismo hizo con que, según el autor, todas las experiencias revolucionarias vividas en este siglo se mostraran incapaces para superar el sistema de metabolismo social del capital (el complejo caracterizado por la división jerárquica del trabajo, que subordina sus funciones vitales al capital). Ver, sobre la experiencia soviética, especialmente el capítulo XVII, ítems 2/3/4 de Más Allá del Capital. Sobre las más importantes diferencias entre el capitalismo y el sistema soviético, ver especialmente la síntesis en las páginas 630/1.

[2] El sistema de metabolismo social del capital tiene su núcleo central formado por el trípode capital, trabajo asalariado y estado, tres dimensiones fundamentales y directamente interrelacionadas, lo que imposibilita la superación del capital sin la eliminación del conjunto de los tres elementos que comprenden este sistema. No es suficiente, por tanto, según Mészáros, eliminar uno o igual dos de los polos del sistema de metabolismo social del capital, sino que es imperioso eliminar sus tres pilares. Y esta tesis tiene una fuerza explicativa que contrasta con la totalidad de lo que se escribió hasta el presente, sobre el fin de la URSS y de los países del erróneamente llamado “bloque socialista”.

[3] Este libro, publicado in Brazil em maio de 2009 (Boitempo Editorial, São Paulo) nació de una correspondencia que István Mészáros y yo intercambiamos en enero del 2009, cuando le envié un artículo que recién publicaba sobre la crisis actual. Buscaba indicar, entonces, de manera brevísima, la fuerza, la densidad y la originalidad de su análisis crítico, frente al completo desconocimiento de los más distintos segmentos del capital –intelectuales, gestores, gobiernos- tras décadas de una apologética deprimente que predicaba la eternización del capital sin percibir que se encontraba a la víspera de su derretimiento y licuación. De ahí nació la idea de publicar, bajo la forma de un pequeño libro, un conjunto de sus artículos y entrevistas, desde sus primeros escritos hasta los más recientes, que de algún modo rescataran su análisis e indicaran una línea de continuidad decisiva para la comprensión de los elementos determinativos más esenciales de la crisis que dejó huérfanos y asombrados a los ideólogos del sistema y tantos otros que se habían conformado con la máxima del fin de la historia, que Mészáros llamó irónicamente como “fukuyamización seudohegeliana”.

[4] Recientemente, en una manifestación de trabajadores británicos, en febrero del 2009, había un cartel que decía las siguientes frases: “Put Brithsh Workers First”- Empleen primero a los trabajadores británicos. Esta manifestación era contraria a la contratación de trabajadores inmigrantes italianos y portugueses con salarios inferiores a los británicos. Si la lucha por la igualdad salarial es justa y antigua, la exclusión de trabajadores inmigrantes tiene un evidente sentido xenófobo. En Europa, Japón, EUA y en otras partes del mundo, manifestaciones semejantes se esparcen.

Revista Herramienta Nº 41

P. Krugman: la crisis no ha terminado…

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Misión no cumplida

PAUL KRUGMAN 04/10/2009

Krugman_visita_Barcelona Las acciones suben. Ben Bernanke dice que la recesión ha terminado. Y percibo una disposición cada vez mayor entre los mandamases a declarar la "misión cumplida" en cuanto a la lucha contra la crisis. No paro de oír que es hora de dejar de centrarnos en el estímulo económico para ocuparnos del déficit presupuestario.

Pues no, no es así. Y la complacencia que ahora se está adueñando de la visión de la situación de la economía es tan absurda como peligrosa.

Sí, la Reserva Federal y la Administración de Obama nos han "apartado del borde del precipicio" (el título de un nuevo informe de Christina Romer, que dirige el Consejo de Asesores Económicos). Sostiene de forma convincente que la política expansionista nos ha salvado de una posible repetición de la Gran Depresión.

Pero, aunque no tener otra depresión es bueno, todo indica que, a menos que el Gobierno haga mucho más de lo que actualmente está previsto para ayudar a la economía a recuperarse, el mercado laboral (un mercado en el que actualmente hay seis veces más personas buscando trabajo que puestos vacantes) seguirá en una situación terrible durante años.

De hecho, la previsión económica de la propia Administración (una previsión que tiene en cuenta los puestos de trabajo adicionales que el Gobierno dice que se crearán gracias a sus políticas) es que la tasa de paro, que estaba por debajo del 5% hace tan sólo dos años, será de media del 9,8% en 2010, del 8,6% en 2011 y del 7,7% en 2012.

Esto no debería considerarse una perspectiva aceptable. Por un lado, implica una enorme cantidad de sufrimiento durante los próximos años. Además, un paro que siga tan alto durante tanto tiempo hará que el futuro de Estados Unidos sea muy sombrío.

Cualquiera que piense que estamos haciendo lo suficiente para crear empleo debería leer un nuevo informe de John Irons, del Instituto de Política Económica, que describe la "cicatriz" que es probable que deje un paro alto y prolongado. Entre otras cosas, Irons señala que una prolongada tasa de paro de la magnitud que ahora se prevé conduciría a un enorme aumento de la pobreza infantil; y que hay pruebas innegables de que los niños que crecen en la pobreza tienen una probabilidad preocupante de arruinar su vida.

Este coste humano debería ser nuestra principal preocupación, pero las consecuencias en dólares y céntimos también son funestas. Las previsiones de la Oficina Presupuestaria del Congreso, por ejemplo, indican que durante el periodo de 2010 a 2013 (es decir, sin contar las pérdidas que ya hemos sufrido), la "brecha de producción", la diferencia entre lo que la economía podría haber producido y lo que realmente produce, será de más de dos billones de dólares. Eso son billones de dólares de potencial productivo tirados por la borda.

Pero esperen. La cosa se pone peor. Un nuevo informe del Fondo Monetario Internacional muestra que la clase de recesión que hemos tenido, una recesión causada por una crisis financiera, suele producir daños a largo plazo en las perspectivas de crecimiento de un país. "La trayectoria de la producción tiende a caer sustancial y persistentemente después de las crisis bancarias".

Sin embargo, el mismo informe indica que no se trata de algo inevitable: "Encontramos que una respuesta de política fiscal a corto plazo más enérgica" -y con esto se refieren a un aumento temporal del gasto público- "se asocia de forma significativa a unas pérdidas de producción menores a medio plazo".

Así que deberíamos estar haciendo mucho más de lo que hacemos para impulsar la recuperación económica, no sólo porque así se reduciría nuestro sufrimiento actual, sino también porque mejorarían nuestras perspectivas a largo plazo.

¿Pero podemos permitirnos hacer más: ofrecer más ayuda a los parados y los gobiernos estatales que se ven acorralados, gastar más en infraestructuras, ofrecer créditos fiscales a los empresarios que creen empleo? Sí, podemos.

Es una creencia generalizada que tratar de ayudar a la economía ahora genera beneficios a corto plazo a costa de pérdidas a largo plazo. Pero, como acabo de señalar, desde el punto de vista del país en su conjunto, las cosas no funcionan así en absoluto. La crisis está causando daños a largo plazo en nuestra economía y sociedad, y mitigar esa crisis nos conducirá a un futuro mejor.

Lo que es verdad es que gastar más en la recuperación y en reconstrucción empeoraría la situación fiscal del Gobierno. Pero, incluso en eso, la creencia generalizada exagera muchísimo las cosas. Los verdaderos costes fiscales de apoyar la economía son sorprendentemente pequeños.

Ya ven, gastar dinero ahora equivale a una economía más fuerte, tanto a corto como a largo plazo. Y una economía más fuerte equivale a más ingresos, lo que compensa una gran parte del coste inicial. Los cálculos, grosso modo, indican que la compensación no llega al 100%, de modo que el estímulo fiscal no sale del todo gratis. Pero cuesta mucho menos de lo que uno pensaría tras escuchar lo que se supone que es una discusión informada.

Miren, yo sé que más estímulo es una política difícil de vender. Pero es urgentemente necesario. La pregunta no debería ser si podemos permitirnos hacer más para impulsar la recuperación. Debería ser si podemos permitirnos no hacerlo. Y la respuesta es no.

Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.

Written by Eduardo Aquevedo

9 octubre, 2009 at 5:48

La prensa escrita se muere… apoyar Le Monde Diplomatique y la prensa alternativa…

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Ignacio Ramonet, Le Monde Diplomatique

DIARIOS-LE MONDE DIPL El siniestro es descomunal. Decenas de diarios están en quiebra. En Estados Unidos ya han cerrado no menos de ciento veinte. Y el tsunami golpea ahora a Europa. Ni siquiera se salvan los otrora "rotativos de referencia": El País en España, Le Monde en Francia, The Times y The Independent en el Reino Unido, Corriere della Sera y La Repubblica en Italia, etc. Todos ellos acumulan fuertes pérdidas económicas, derrumbe de la difusión y hundimiento de la publicidad (1).

El prestigioso New York Times tuvo que solicitar la ayuda del millonario mexicano Carlos Slim; la empresa editora de The Chicago Tribune y Los Angeles Times, así como la Hearst Corporation, dueña del San Francisco Chronicle, han caído en bancarrota; News Corp, el poderoso grupo multimedia de Rupert Murdoch que publica Wall Street Journal, ha presentado pérdidas anuales de 2.500 millones de euros…

Para recortar gastos, muchas publicaciones están reduciendo su número de páginas; el Washington Post cerró su prestigioso suplemento literario Bookworld; el Christian Science Monitor decidió suprimir su edición de papel y existir sólo en Internet; el Financial Times propone semanas de tres días a sus redactores y ha cercenado drásticamente su plantilla.

DIARIOS-ELPAIS1 Los despidos son masivos. Desde enero de 2008 se han suprimido 21.000 empleos en los periódicos estadounidenses. En España, "entre junio de 2008 y abril de 2009, 2.221 periodistas han perdido su puesto de trabajo" (2).

La prensa escrita diaria de pago se halla al borde del precipicio y busca desesperadamente fórmulas para sobrevivir. Algunos analistas estiman obsoleto ese modo de información. Michael Wolf, de Newser, vaticina que el 80% de los rotativos norteamericanos desaparecerán (3). Más pesimista, Rupert Murdoch pronostica que, en el próximo decenio, todos los diarios dejarán de existir…

¿Qué es lo que agrava tan letalmente la vieja delicuescencia de la prensa escrita cotidiana? Un factor coyuntural: la crisis económica global que provoca una mengua de la publicidad y una restricción del crédito. Y que, en el momento más inoportuno, ha venido a acrecentar los males estructurales del sector: mercantilización de la información, adicción a la publicidad, pérdida de credibilidad, bajón de suscriptores, competencia de la prensa gratuita, envejecimiento de los lectores…

En América Latina se añaden a esto las necesarias reformas democráticas emprendidas por algunos Gobiernos (Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela) contra los "latifundios mediáticos" de grupos privados en situación de monopolio. Lo cual desencadena, contra esos Gobiernos y sus Presidentes, una sarta de calumnias difundidas por los despechados medios de comunicación dominantes y sus cómplices habituales (en España: el diario El País, que de paso carga contra el Presidente José Luis Rodríguez Zapatero) (4).

La prensa diaria sigue practicando un modelo económico e industrial que no funciona. El recurso de construir grandes grupos multimedia internacionales, como se hizo en los años 1980 y 1990, ya no sirve frente a la proliferación de los nuevos modos de difusión de la información y del ocio, vía Internet o los teléfonos móviles (5).

Paradójicamente, nunca han tenido los diarios tanta audiencia como hoy. Con Internet, el número de lectores ha crecido de manera exponencial (6). Pero la articulación con la Red sigue siendo desdichada. Porque establece una injusticia al obligar al lector de kiosco, el que compra el diario, a subvencionar al lector de pantalla que lee gratuitamente la edición digital (más extensa y amena). Y porque la publicidad en la versión de la web no cunde, al ser mucho más barata que en la versión de papel (7). Pérdidas y ganancias no se equilibran.

Dando palos de ciego, los rotativos buscan desesperadamente fórmulas para afrontar el hipercambio, y sobrevivir. Siguiendo el ejemplo de iTunes, algunos piden micropagos a sus lectores para dejarles acceder en exclusiva a las informaciones on line (8). Rupert Murdoch decidió que, a partir de enero de 2010, exigirá pago por toda consulta del Wall Street Journal mediante cualquier tecnología, ya sean los teléfonos Blackberry o iPhone, Twitter o el lector electrónico Kindle. El buscador Google está pensando en una receta que le permita cobrar por toda lectura de cualquier diario digital, y revertir una fracción a la empresa editora.

¿Bastarán esos parches para salvar al enfermo terminal? Pocos lo creen (léase artículo de Serge Halimi "El combate de Le Monde diplomatique"). Porque a todo lo anterior se suma lo más preocupante: el desplome de la credibilidad. La obsesión actual de los diarios por la inmediatez les lleva a multiplicar los errores. La demagógica solicitud al "lector periodista" para que cuelgue en la web del periódico su blog, sus fotos o sus vídeos, incrementa el riesgo de difundir engaños. Y adoptar la defensa de la estrategia de la empresa como línea editorial (cosa que hacen hoy los diarios dominantes) conduce a imponer una lectura subjetiva, arbitraria y partidaria de la información.

Frente a los nuevos "pecados capitales" del periodismo, los ciudadanos se sienten vulnerados en sus derechos. Saben que disponer de información fiable y de calidad es más importante que nunca. Para ellos y para la democracia. Y se preguntan: ¿dónde buscar la verdad? Nuestros asiduos lectores conocen (una parte de) la respuesta: en la prensa realmente independiente y crítica; y, obviamente, en las páginas de Le Monde diplomatique en español.

Notas:
(1) Inés Hayes, "En quiebra los principales diarios del mundo", América XXI, Caracas, abril de 2009.
(2) Según la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, Madrid, 13 de abril de 2009.
(3) The Washington Post, 21 de abril de 2009.
(4) Sobre los ataques de El País contra Zapatero, léase Doreen Carvajal, "El País in Rare Break With Socialist Leader", The New York Times, 13 de septiembre de 2009. Versión en español: http://www.internautas.org/ html/5722.html
(5) Luis Hernández Navarro, "La crisis de la prensa escrita", La Jornada, México, 3 de marzo de 2009.
(6) Léase el informe: "Newspapers in Crisis": http://www.emarketer.com/Reports/All/Emarketer_2000552.aspx
(7) En 2008, la audiencia del New York Times en Internet fue diez veces superior a la de su edición impresa, pero sus ganancias por publicidad en la Red fueron diez veces inferiores a las de la edición de papel.
(8) Léase: Gordon Crovitz, "El futuro de los diarios en Internet", La Nación, Buenos Aires, 15 de agosto de 2009, y El País, Madrid, 11 de septiembre de 2009.

El combate de Le Monde diplomatique

por  Serge Halimi

Desde hace 20 años, Le Monde Diplomatique viene anunciando y analizando el ciclón económico que hoy devasta las salas de redacción y despuebla los kioscos. Como el análisis de las causas no previene contra los efectos, Le Monde Diplomatique siente también las consecuencias de la actual intemperie. Menos que otros diarios y de manera diferente: no están en juego ni su supervivencia ni su independencia, pero escasean los medios para su desarrollo. Es por eso que recurrimos a ustedes, nuestros lectores, para tomar parte en la batalla de ideas y transmitir a nuevos lectores nuestra manera de ver y contar el mundo.

Tras el sector textil, el de la siderurgia, del automóvil… es el turno de la prensa. Los obreros de los países del Norte pagaron muy caro la deslocalización de la producción hacia el Sur; con la migración de sus lectores a internet, le llegó ahora el turno a los periodistas de sufrir la desaparición de sus empleos. Podría deducirse que un modelo económico expulsa a otro, susurrar que las cosas cambian, pensar que así es la vida. Pero enseguida se nos habla de democracia, de libertad de mercado. Nos dicen que el automóvil es sólo una mercancía, que puede ser fabricado en otra parte, de otra manera, reemplazado por un modo de transporte diferente. En el fondo, nada grave, si se dejan de lado la pérdida de empleos y la pobreza que eso comporta.

Pero la prensa dispone de una importante ventaja en el debate público. Cuando juzga que su existencia está amenazada, hace sonar la alarma con más facilidad que un obrero cuya fábrica estuviese a punto de cerrar. Para sumar a todos a su bando le basta con pronunciar la fórmula ritual: “un diario que desaparece es una parte de democracia que muere”.

Sin embargo, en las condiciones actuales, el enunciado es absurdo, incluso grotesco. Basta con acercarse a un kiosco para constatar que decenas de títulos podrían dejar de existir sin que la democracia se resintiera. Ocurriría incluso que las fuerzas del orden ideológico, del statu quo, perderían en el caso algunos de sus bastiones. Por supuesto, esto no implica que las inquietudes de los periodistas afectados sean ilegítimas. Pero hay millones de personas en todo el mundo que para defender su empleo no necesitan inventarle otra virtud que la de procurarles un salario.

Hace años que la industria de la prensa está en decadencia. El periodismo padece desde hace mucho. ¿Acaso hace 20 años, cuando la mayoría de los diarios eran pura publicidad, una máquina de fabricar dinero, los contenidos redaccionales no eran ya fantasiosos al reflejar la realidad? Cuando en Estados Unidos los mastodontes New York Times, Washington Post, Gannett, Knight Ridder, Dow Jones, Times Mirror amasaban ganancias veinte veces superiores a las de la era Watergate, apogeo del “contrapoder”? (1); en la época en que gozaban de márgenes de ganancia anuales que alcanzaban el 35%, ¿acaso su periodismo se desplegaba entonces con audacia, creatividad, independencia?

Y en Francia ¿acaso la información crítica se destacaba verdaderamente cuando, con miles de millones en la mano, los grupos Lagardère y Bouygues se disputaban el control de TF1? ¿O cuando, rivalizando en vulgaridad, los canales privados se multiplicaban como los panes del Nuevo Testamento, ofreciendo salarios de marajá a un puñado de periodistas dóciles?

Ahora muchos directores de prensa hacen frente común ante la tormenta e imploran el socorro financiero de lo que en otras circunstancias llaman desdeñosamente la “mamma estatal”. Le Monde Diplomatique, que les desea buena suerte, no olvida la parte que les corresponde en su presente infortunio. Es por eso que para seguir defendiendo una concepción del periodismo diferente, recurrimos en primer lugar a nuestros lectores.

¿Qué “libertad de expresión”?

Si los tormentos de los medios de comunicación dejan indiferente a una vasta porción de la opinión pública, es en parte porque ésta entendió algo: poner por delante la “libertad de expresión” sirve a menudo como tapadera a los intereses de los propietarios de los medios de comunicación. “Hace ya varias décadas que los diarios importantes obstruyeron o sabotearon los esfuerzos destinados a mejorar nuestra situación social y política”, afirma Alexander Cockburn, cofundador del sitio alternativo CounterPunch.com (2). Las encuestas y reportajes diligenciados por la prensa, cada vez más escasos, permiten sobre todo preservar la ficción de un “periodismo de investigación” al tiempo que en otras páginas proliferan sucesos policiales, retratos, secciones de consumo, meteorología, deportes, favoritismos literarios, farándula. Sin olvidar el simple copiar-pegar de despachos de agencia que realizan asalariados en vías de rápida descalificación.

“Imaginen –propone el universitario estadounidense Robert Mc Chesney- que el gobierno dicta un decreto que exige una brutal reducción del espacio acordado a los asuntos internaciones en la prensa, impone el cierre de las oficinas de corresponsales locales o la fuerte reducción de sus efectivos y sus presupuestos. Imaginen que el Presidente ordena a los medios de comunicación concentrar su atención en las celebridades o tonterías más que en investigar los escándalos asociados al Poder Ejecutivo. En tal hipótesis, los profesores de periodismo hubieran iniciado huelgas de hambre, universidades enteras hubieran cerrado a causa de las protestas. Sin embargo, cuando son intereses privados casi monopólicos los que deciden más o menos lo mismo, no se producen reacciones notables” (3).

McChesney prolonga su ejercicio de ecología mental haciendo la siguiente pregunta: ya que siempre se trata de democracia, ¿cuándo fue con exactitud que decidimos colectivamente, -en qué ocasión, en qué importante elección- que un puñado de importantísimas empresas financiadas por la venta de publicidad y prioritariamente preocupadas por obtener el máximo beneficio, serían los principales artesanos de nuestra información?

En 1934 el dirigente radical francés Edouard Daladier fustigaba a las “200 familias” que “colocan en el poder a sus delegados” e “intervienen sobre la opinión pública, dado que controlan la prensa”. Tres cuartas partes de siglo después, menos de unas veinte dinastías ejercen una influencia comparable, pero a escala planetaria. El poder de esos nuevos feudos hereditarios –Murdoch, Bolloré, Bertelsmann, Lagardère, Slim, Bouygues, Berlusconi, Cisneros, Arnault (4)- a menudo excede el de los gobiernos. Si Le Monde Diplomatique hubiera dependido de uno de ellos, ¿hubiese cuestionado que Lagardère controlase la edición, o el destino que Arnault inflige a sus obreros, o las plantaciones de Bolloré en África?

Después de que Edouard de Rothschild hiciese irrupción en el capital del periódico Libération, su fundador y director, Serge July, declaró: “Edouard de Rothschild (…) aceptaba comprometerse financieramente, siempre que yo me comprometiera a abandonar no sólo mis funciones, sino también el diario. No tenía opción, acepté de inmediato” (5). Es bastante curioso que su sucesor, impuesto por el accionista, pretenda hoy día exhibirse como tribuno de la libertad de prensa…

El rol de internet

Se escucha decir con frecuencia que todo el mal actual vendría más bien del maldito, sarnoso Internet (6). Pero no fue la web la que diezmó el periodismo, ya que éste hacía mucho que vacilaba bajo el peso de las reestructuraciones, del marketing redaccional, del desprecio por las categorías populares, de la presión de multimillonarios y publicistas. No fue internet que sirvió de caja de resonancia a las patrañas de los ejércitos “aliados” en la guerra del Golfo de 1991, o a las de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) durante el conflicto de Kosovo en 1999. Tampoco se puede imputar a internet la incapacidad de los grandes medios de anticipar el derrumbe de las cajas de ahorro en Estados Unidos en 1989; de imaginar la debacle de los países emergentes ocho años más tarde y por último prevenir la explosión de la actual burbuja inmobiliaria, cuyo precio paga todo el mundo.

Por lo tanto, si verdaderamente hay que “salvar a la prensa”, sería mejor que el dinero público se reservara para los que cumplen una misión informativa confiable e independiente, no a los propaladores de chismes. El servicio del accionista y el comercio de “cerebros disponibles” encontrarán sus recursos en otra parte (7).

Dicho esto, tampoco nosotros escapamos al contexto de toda una información puesta patas arriba por una brutal recomposición. Tras un ininterrumpido crecimiento entre 1996 y 2003, la difusión de Le Monde Diplomatique en los kioscos de Francia experimentó un fuerte retroceso hasta el año pasado, aunque la cantidad de suscriptores siguió aumentando. En términos de ejemplares vendidos, un estancamiento real nos retrotrae a cifras de 1994, época en que el periódico creó filiales. No obstante, el panorama mejora sensiblemente si a ese total se agregan las 73 ediciones internacionales (la primera, en Italia, data de 1994, la edición chilena de 2000), los dos millones de ejemplares que se distribuyen y los cientos de miles de lectores en línea de nuestro sitio internet.

Pero audiencia e ingresos son cosas muy distintas. Las ventas en kioscos y las suscripciones representan de lejos nuestros dos principales pilares financieros (8). Los internautas contribuyen a aumentar la influencia del periódico, no a su existencia. Y aquellos internautas que nunca participan en nuestros ingresos operan a la manera de pasajeros clandestinos cuyo viaje pagan íntegramente los viajeros que compraron un boleto.

Para sobrevivir, también en la web muchos periódicos optaron por alinear su contenido con los supuestos gustos de sus lectores. “Prefieren los artículos cortos y las noticias que les conciernen directamente. En internet buscan más bien lo que les facilitará la vida. Los textos extensos relativos a la política exterior son menos valorados, ya que los internautas se contentan con sobrevolar los títulos. En Zero Hora, un diario brasileño que pertenece al grupo RBS, el departamento de difusión interrogó a 120 lectores acerca de lo que pensaban del periódico del día. En 13 horas el director Marcelino Reich recibió un informe: ‘En general, reclaman más suplementos culinarios e inmobiliarios y menos artículos sobre el Hezbollah y los terremotos’” (9).

Confesemos que Le Monde Diplomatique no es el periódico que buscan esos navegantes…

Pero este desinterés, que también afecta las posibilidades de nuestro periódico, no es ajeno al desaliento de los que observan que por ausencia de suficiente eco y de relevos políticos, el análisis y difusión de los principales dispositivos del orden social e institucional que condujo a la crisis tuvo escaso efecto. La lasitud del “¿para qué sirve?” reemplazó poco a poco al antiguo “¿qué es lo que propone?”. En nuestras páginas, las pistas y propuestas se sucedieron a lo largo de los años: abolición de la deuda del Tercer Mundo, reforma de las instituciones internacionales, tasa Tobin, nacionalización de los bancos, denuncia de los paraísos fiscales, proteccionismo europeo, “guillotina fiscal” para algunas rentas del capital, desarrollo de la economía solidaria y de la esfera no comercial, etc.

Evidentemente, la decadencia del altermundialismo nos afectó más duramente que a otros. Aunque la hegemonía intelectual del liberalismo fue cuestionada, su arcilla se endureció con rapidez. Ya que si la crítica no es suficiente, la propuesta tampoco: el orden social no es un texto que bastaría con “deconstruir” para que se recomponga por sí mismo; muchas ideas mellan el mundo real sin que los muros se derrumben. No obstante, a veces se espera de nosotros que los acontecimientos se plieguen a nuestras esperanzas comunes. Y en caso contrario, nos juzgan un tanto deprimentes…

De cualquier manera, cuando se trata del futuro de este periódico basamos nuestro optimismo en una certeza: la de contar con el apoyo de nuestros lectores. Por el momento no aumentaremos nuestras tarifas. Las mantendremos lo más bajas posible en los países pobres. Proseguiremos acompañando a las nuevas ediciones internacionales, ofreciéndoles que en sus comienzos paguen derechos limitados. Seguiremos estando a la cabeza de las tecnologías multimedia, sobre todo para interesar a las jóvenes generaciones y así asegurar la transmisión de los valores intelectuales y políticos de nuestro periódico. Persistiremos en encargar grandes reportajes y encuestas a periodistas especializados e investigadores, también a militantes, a propósito de los conflictos en curso, las crisis, las alternativas, las nuevas experiencias de todo tipo. Nuestro desarrollo depende en gran parte de que nos acompañe el apoyo financiero de nuestros lectores. La compra más regular del periódico en kioscos, nuevas suscripciones y oferta de suscripciones a potenciales lectores; adhesión a la Asociación de Amigos de Le Monde Diplomatique (en Francia, NdlR)… nuestros amigos pueden intervenir de muchas maneras.

Hace poco apareció un nuevo dispositivo (en Francia, NdlR), que permite deducir el 66% de impuestos por donaciones a nuestro periódico. De esta manera, tras haber ayudado a los bancos, el dinero público podrá finalmente servir, al menos en parte, para investigar sus trapacerías…

Comparadas a las de otras publicaciones, nuestras pérdidas pueden parecer modestas: 330.000 euros en 2007; 215.000 el año pasado. Pero ningún banquero ocioso y ardiendo en deseos de jugar al mecenas se ofrecerá para cubrirlas. Un periódico como el nuestro, cuyo director es electo con participación decisiva de la redacción, cuyo personal es accionista, cuyos lectores poseen también una parte del capital, que ofrece suscripciones de solidaridad a las bibliotecas y cárceles sin recursos (10), muy probablemente le parecería poco recomendable.

La cuestión es simple: ¿quién otro que los lectores seguirá financiando un periodismo de interés general abierto al mundo, que consagre dos páginas a los mineros de Zambia, a la marina china, a la sociedad letona?

Nuestro periódico no está exento de defectos, pero alienta a los autores que viajan, investigan, salen de su casa, escuchan, observan. Los periodistas que lo conciben nunca son invitados a los fastos políticos, no se “casan” con los lobbies farmacéuticos o el sector financiero, no son habitués de los grandes medios de comunicación. Por otra parte, los que destacan cada “nueva fórmula” de otro periódico y transforman sus “revistas de prensa” en refugio reservado a cinco o seis títulos, siempre los mismos, ocultan con cuidado Le Monde Diplomatique a pesar de su impacto mundial sin equivalente. En el fondo, es el precio de nuestra singularidad.

Pero contamos con muchos cómplices en otros lugares: la asociación de Amigos de Le Monde Diplomatique, cuya existencia conforta la independencia de la redacción y todos los meses organiza decenas de debates en torno a temas que nosotros desarrollamos; los kiosqueros que tratan que nuestro diario esté bien a la vista y a veces lo recomiendan; los profesores que se lo hacen conocer a sus alumnos; la prensa alternativa, que aprovecha nuestras informaciones y algunos de cuyos animadores pierden el tiempo en nuestras columnas; muchos curiosos, algunos periodistas francotiradores, los de mal carácter…

Y todos ustedes, sin quienes nada es posible.

1 Aparecida a partir de 1972 en el Washington Post, la revelación de las condiciones del robo del inmueble del Partido Demócrata (el Watergate) en la capital del país, provocó la demisión del presidente republicano Richard Nixon en agosto de 1974. Entre 1975 y 1989, The New York Times Co. vio pasar sus ganancias anuales de 13 millones a 266 millones de dólares. The Washington Post Co. pasó de 12 a 197 millones en el mismo período. Confróntese con Howard Kurtz, “Stop the Presses”, The Washington Post National Weekly Edition, 3-5-1993.
2 Alexander Cockburn, The Nation, Nueva York, 1-06-09.
3 Citado por Columbia Journalism Review, Nueva York, enero-febrero 2008.
4 En mayo de 2008 Bernard Arnault, segunda fortuna en Francia, PDG de LVMH y propietario del periódico económico Les Echos, nombró a su hijo Antoine miembro del “comité de independencia editorial” del grupo Les Echos. Antes, Antoine Arnault ocupaba el cargo de director de comunicaciones de Louis-Vuitton…
5 Serge July, Jean-François Kahn y Edwy Plenel, Faut-il croire les journalistes?, Ediciones Mordicus, París, 2009.
6 Es una frase de La Fontaine.
7 Desde octubre de 1984, Claude Julien proponía en Le Monde Diplomatique que las ayudas del Estado a la prensa, que en Francia representan el 10% del volumen de ventas del sector, se reservaran para sociedades sin fines lucrativos. Las que “no podrían tener como objetivo ganar dinero y distribuir dividendos”. Sus ganancias serían “transferidas a obras de utilidad pública. Los diarios que optasen por dicho estatus no tendrían pues oportunidad de excitar la codicia de los especuladores”.
8 En 2008 las ediciones internacionales pagaron a Le Monde diplomatique 350.000 euros de derechos de autor, es decir alrededor del 3% de su volumen de ventas.
9 “More media, less news”, The Economist, Londres, 26-08-06.
10 Véase http://www.monde-diplomatique.fr/abo/solidaires

*Director de Le Monde diplomatique.

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Un reacomodo brutal
La batalla de y por los medios de comunicación
por  Serge Halimi

El vertiginoso proceso de transformaciones tecnológicas, de recomposición de capital, de hábitos del público, que afecta a los medios de comunicación en todo el mundo repercute sobre todo en la prensa escrita. Pero también existe una parte de responsabilidad de los propios medios de comunicación.

Imaginemos que el mundo ya no estuviera regido por el primado de la mercancía y de su precio.

El periodista no tendría entonces ninguna razón importante para insistir en que sus artículos continúen siendo impresos sobre papel, transportados después en camiones hacia las distribuidoras o encaminados por correo a los suscriptores. Gracias a internet, tendría incluso la ventaja de poder difundir su información, sus análisis, a los lectores del mundo entero; llevarlo a cabo instantáneamente, a menor costo, y a ello agregarle, llegado el caso, sonido, imagen, referencias.

Pero, por una parte, contentarse con eso dejaría de lado una reflexión sobre la manera de leer, de analizar, de retener, que es diferente sobre una pantalla que sobre un papel.

Por otra parte, y esencialmente, mientras el paraíso de la gratuidad no se extienda a la sociedad entera no se podrá considerar despreciable el modelo económico actual, puesto en peligro por las nuevas tecnologías: la mayor parte de las ganancias, que antes se repartían diversas empresas, son acaparadas ahora por un motor de búsqueda, por una empresa privada que cotiza en Bolsa, en una posición casi monopólica (2). Bonachón, Google muestra el trabajo de otros y cobra la parte del león de los ingresos que ese trabajo genera…

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