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I. Wallerstein: Libia y la (confusión de la) izquierda mundial…

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Revuelta en Magreb y medio oriente
 
Immanuel Wallerstein
Hay tanta hipocresía y tantos confusos análisis acerca de lo que está ocurriendo en Libia que apenas sabe uno por donde comenzar. El aspecto más pasado por alto en la situación es la profunda división de la izquierda mundial. Varios estados latinoamericanos de izquierda, siendo el más notable Venezuela, mantienen un apoyo pleno al coronel Kadafi. Pero los voceros de la izquierda mundial en Medio Oriente, Asia, África, Europa, y Norteamérica, decididamente no están de acuerdo.
 

El análisis de Hugo Chávez parece enfocarse primordialmente, en realidad en exclusiva, en el hecho de que Estados Unidos y Europa occidental hayan estado profiriendo amenazas y condenas al régimen de Kadafi. El coronel, Chávez y algunos otros insisten en que el mundo occidental pretende invadir Libia y robarse su petróleo. Todo ese análisis para nada ubica lo que ha estado ocurriendo y deja mal el juicio de Chávez –y de hecho su reputación con el resto de la izquierda mundial.

Primero que nada, durante los últimos 10 años y hasta hace algunas semanas, Kadafi no obtuvo sino buena prensa en el mundo occidental. Intentó probar por todos los medios posibles que no era un gobernante que respaldara al terrorismo y que su único deseo era integrarse plenamente a la corriente principal geopolítica y económica en el mundo. Libia y el mundo occidental han estado logrando un arreglo tras otro, todos con ganancias. Es difícil para mí ver a Kadafi como un héroe del movimiento mundial antimperialista, por lo menos en los últimos 10 años.

El segundo punto en que falla el análisis de Hugo Chávez es que en Libia no va a haber ningún involucramiento militar significativo del mundo occidental. Los pronunciamientos públicos han sido mera alharaca, diseñada para impresionar a la opinión local. No va a haber ninguna resolución del Consejo de Seguridad porque Rusia y China no van a aceptarla. No va a haber ninguna resolución de la OTAN porque Alemania y otros no aceptarán. Aun la postura militante de Sarkozy contra Kadafi se topa con resistencia dentro de Francia.

Y sobre todo, en Estados Unidos la oposición a una acción militar proviene del público, pero lo más importante es que proviene de los militares. El secretario de defensa, Robert Gates, y el presidente del Estado Mayor Conjunto, el almirante Mullen, han expresado de modo muy público su oposición a instituir una zona de vuelo restringido. De hecho, el secretario Gates fue más allá. El 25 de febrero se dirigió a los cadetes de West Point: En mi opinión, deberían examinarle la cabeza a cualquier futuro secretario de Defensa que vuelva a aconsejarle al presidente el envío de un gran ejército terrestre estadunidense a Asia, Medio Oriente o África.

Para subrayar este punto de vista de los militares, el general retirado Wesley Clark, anterior comandante de las fuerzas de la OTAN, escribió un editorial para el Washington Post el 11 de marzo, con el título Libia no califica para una acción militar estadunidense. Así que, pese al llamado de los halcones a que haya un involucramiento de Estados Unidos, el presidente Obama resistirá.

El punto entonces no es si va a ocurrir o no la intervención militar occidental. El punto son las consecuencias que tiene el intento de Kadafi de suprimir del modo más brutal posible toda la oposición de la segunda revuelta árabe. Libia está en un momento de confusión debido a los triunfantes levantamientos en Túnez y Egipto. Y si hay alguna conspiración, es esa entre Kadafi y Occidente para bajarle el ritmo, o aun suprimir, a la revuelta árabe. En la medida en que Kadafi logre hacerlo, estará enviando un mensaje a todos los otros déspotas amenazados de la región: el camino a seguir es la represión dura y no el otorgamiento de concesiones.

Esto es lo que ve la izquierda en el resto del mundo, aunque algunos gobiernos de izquierda en América Latina no lo vean. Como apunta Samir Amin en su análisis sobre el levantamiento egipcio, hay cuatro distintos componentes entre quienes protestan –los jóvenes, la izquierda radical, los demócratas de clase media y los islamitas. La izquierda radical está compuesta por los partidos de izquierda suprimidos y por los movimientos sindicalistas revitalizados. No hay duda de que hay una izquierda radical mucho más pequeña en Libia, y un ejército mucho más débil (a causa de la política deliberada de Kadafi). El resultado, por tanto, es muy incierto.

Reunidos los dirigentes de la Liga Árabe pueden condenar públicamente a Kadafi, pero muchos, tal vez la mayoría, pueden aplaudirlo en privado –y copiarlo.

Podría ser útil finalizar con dos piezas de testimonio procedentes de la izquierda mundial. Helena Sheeham, una activista marxista irlandesa, bien conocida en África por su trabajo de solidaridad con los movimientos más radicales, fue invitada por el régimen de Kadafi a dar un conferencia en la universidad y llegó cuando estallaba la revuelta. Las conferencias en la universidad se cancelaron y a fin de cuentas sus anfitriones simplemente la abandonaron, por lo que tuvo que buscar salir por sus propios medios. Escribió una bitácora diaria en la cual, el último día, el 8 de marzo, escribió: Cualquier ambivalencia acerca de ese régimen se fue, se fue, se fue. Es brutal, corrupto, engañoso, demencial.

Podemos ver también la declaración de Cosatu (Congress of South African Trade-Unions), la principal federación de sindicatos en Sudáfrica y vocera de la izquierda. Tras analizar los logros sociales del régimen libio, dijo: Sin embargo, Cosatu no acepta que estos logros sean de modo alguno una excusa para masacrar a aquellos que protestan contra la opresora dictadura del coronel Kadafi y reafirma su respaldo por la democracia y los derechos humanos en Libia y en todo el continente.

Mantengamos un ojo en el balón. La lucha clave en el mundo justo ahora es la segunda revuelta árabe. Será difícil obtener un resultado realmente radical en esta lucha. Kadafi es el principal obstáculo para la izquierda árabe, y para la izquierda mundial. Tal vez deberíamos recordar la máxima de Simone de Beauvoir: Querer ser libre implica querer que otros sean libres.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

La Jornada, México

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¿Por qué perdieron las izquierdas en Suecia?

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La relevancia para España y América Latina

Vicenç Navarro, Sistema Digital

Las políticas públicas de la socialdemocracia sueca durante la mayoría del periodo post II Guerra Mundial en el que gobernó, bien sólo, bien en alianza con el Partido Comunista, el Partido Verde, y también el Partido Agrícola (el partido de los agricultores), se caracterizaron por la expansión de los derechos sociales y laborales, basados en la universalización de tales derechos. Es decir, el objetivo de tales políticas era garantizar que todos los ciudadanos y residentes en Suecia tuvieran tales derechos. Ello requería unos elevados ingresos al estado que se conseguían a base de tener una carga fiscal elevada, un elevado porcentaje de la población trabajando y pagando impuestos, y una elevada progresividad en su fiscalidad.

Para conseguir un incremento en el número de personas que pagaran impuestos, la socialdemocracia sueca estimuló y facilitó la integración de la mujer al mercado de trabajo a través de un amplio desarrollo de los servicios de ayuda a las familias (como escuelas de infancia y servicios domiciliarios a las personas con dependencia) que facilitaran tal integración. Al revés de lo que ocurre en los países del Sur de Europa (donde las derechas son fuertes y las izquierdas débiles), Suecia palió la escasez de mano de obra a base de facilitar la integración de la mujer al mercado de trabajo en lugar de resolver tal escasez mediante la inmigración. Suecia, durante el periodo socialdemócrata, tuvo unas políticas de inmigración muy restrictivas. Y durante muchos años los inmigrantes procedían de Finlandia, un país próximo en su cultura a la sueca (donde, además, parte de aquel país, Finlandia, también se habla sueco). El multiculturalismo no fue alentado en Suecia. Resultado de una elevada protección social y una afinidad cultural del inmigrante no hubo problemas con la inmigración en aquel país

Tres cambios han ocurrido desde entonces. Uno, fueron las políticas del gobierno conservador-liberal que convirtieron algunos programas universales en programas asistenciales, cuyo criterio de acceso a tales derechos estaba basado en los niveles de renta de los ciudadanos. Muchos de estos servicios pasaban a estar disponibles sólo a los más pobres, con lo cual los inmigrantes pasaron a tener preferencia en el acceso a tales beneficios sobre los nativos

Esta política, fue acompañada con una apertura de las fronteras y un cambio substancial en el carácter cultural y étnico de la inmigración, pasando a ser una inmigración multicultural. Algunos, como los musulmanes, eran portadores de culturas muy distintas a la cultura sueca. Y el tercer cambio fue el aumento del desempleo y la inseguridad, resultado de la crisis mundial

El resultado de estos tres cambios era predecible. Sectores de la clase trabajadora se sintieron amenazados por los inmigrantes con los cuales competían por puestos de trabajo, vivienda social, servicios sociales y frecuentemente perdían derechos adquiridos como consecuencia de las políticas estatales que dejaron de ser universales para ser asistenciales. Y, como consecuencia, sólo los más pobres se beneficiaron de ello. Y éstos eran los inmigrantes. De ahí el surgimiento del movimiento anti-inmigrante de clase obrera, hecho que capitalizó un partido ultraderechista (llamado el Partido Demócrata Sueco) cuyo único punto en su programa era el de reducir la inmigración, incluso a base de expulsarla del país. Tal partido ultraderechista fundado en 1988, había sido totalmente marginal por su identificación con el nazismo y su estilo militar, con cabezas rapadas incluidas. En 2001, cambiaron y abandonaron toda la parafernalia nazi, uniformes militares y discurso nazi, centrándose en presentar una cara amable para los suecos y de gran hostilidad hacia los inmigrantes, criticando el criterio asistencial que beneficia primordialmente a los inmigrantes, y ridiculizando el multiculturalismo que habían promocionado los partidos de izquierda como mecanismo de tolerancia necesaria para mantener a las clases populares unidas. Cuando los cambios citados anteriormente ocurrieron, se sembró el caldo de cultivo para que este mensaje fuera exitoso electoralmente. Y así ganaron suficientes votos para tener representación parlamentaria. Muchos de estos votos procedían anteriormente de votantes del partido socialdemócrata y otros partidos de izquierda.

RELEVANCIA PARA ESPAÑA

España tiene una situación explosiva en sus manos, debido a la confluencia de varios factores. Uno, es el bajo desarrollo de programas universales en una situación de escasa protección social. España continúa estando a la cola del gasto público social por habitante en la UE-15. Gran número de programas sociales, como vivienda social, ayuda escolar y otros, son programas asistenciales para las personas con mayores dificultades, que suelen ser los inmigrantes

La otra confluencia es que la falta de mano de obra se ha llenado a base de la inmigración en lugar de facilitar la integración de la mujer al mercado de trabajo. Esta inmigración ha contribuido a la bajada del nivel salarial, pues los inmigrantes, por su condición de inmigrantes, han aceptado salarios más bajos

Y la tercera novedad es el cambio del lugar de origen, con un aumento sustancial del número de inmigrantes de países musulmanes y del Norte de África. La confluencia de estos factores, junto con el enorme crecimiento de la inmigración ha sido una situación que puede llegar a ser explosiva en este momento de crisis. De ahí que la derecha española, y muy en concreto, el Partido Popular esté movilizando a la clase obrera con un mensaje antiinmigrante, xenófobo, que alcanza incluso dimensiones violentas. El mensaje de la sra. Camacho, dirigente del PP en Cataluña, presentado en un videojuego, mostraba a tal candidata eliminando físicamente a los inmigrantes. El hecho de que no haya aparecido un partido ultraderechista xenófobo con representación parlamentaria en España se debe a que tal voto lo canaliza el PP. La experiencia en Europa muestra que los partidos de ultraderecha aparecen cuando los partidos de derecha de tradición democrática, no favorecen la promoción de posturas ultraderechistas. Tal como he señalado en otros textos, la derecha española, no es homologable a la derecha europea, pues tiene una cultura, heredada del régimen dictatorial anterior, que incluye elementos claramente antidemocráticos y xenófobos.

¿QUÉ DEBERÍA HACERSE?

La respuesta preventiva de esta explosión pasa por toda una serie de intervenciones, incluida la universalización de los derechos sociales y laborales, eliminando su carácter asistencial. Ello implica un aumento considerable del gasto público social, que requeriría reformas fiscales progresivas, corrigiendo la gran regresividad del sistema fiscal español. Otra medida es la regulación de la inmigración, reduciendo la dependencia de la inmigración para resolver la escasez de recursos humanos, y facilitar, en su lugar, la integración de la mujer al mercado de trabajo. La actitud de las fuerzas de izquierda suecas frente a la inmigración es “sí al inmigrante, no a la inmigración”. Hay que defender que toda persona que vive y trabaja en el país tenga los mismos derechos, pues, en caso contrario, el mundo empresarial utilizará la discriminación como manera de dividir a la clase trabajadora. El mundo empresarial es el que siempre ha facilitado la inmigración y sobretodo la ilegal pues permite una explotación de clase. Por otra parte, la escasez de recursos humanos, no puede resolverse automáticamente a base de facilitar la inmigración. Tal facilidad puede reproducir una baja productividad, con escasa inversión que aumente tal productividad. Es enormemente importante favorecer la integración de inmigrantes repartiendo los costes sociales de tal integración entre todas las clases sociales del país. Y la tercera intervención es impedir los bajos salarios. El clásico argumento de que “es bueno que haya inmigrantes porque hacen los trabajos que los españoles no desean” ignora que no debería haber trabajos que los españoles no desearan. El pensamiento de la postura que sostiene tal frase es profundamente negativo, pues perpetúa la existencia de sectores de baja productividad y salarios bajos. No es aconsejable, desde el punto de vista de eficiencia económica, permitir que los empresarios (sean públicos o privados) paguen salarios bajos. Ello perpetúa sectores de baja productividad y salarios bajos. Y el caso de España es un ejemplo de ello.

I. Wallerstein: una política de izquierdas para una época de transición

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Por Immanuel Wallerstein, Sociólogo

 

La versión que presentamos aquí, autorizada y supervisada por el autor, es traducción del original que ha editado en inglés el Fernand Braudel Center: (http://www.fbc.binghamton.edu/iwleftpol2.htm).
Traducido por Ignacio Reyes García.

 

En 1999, di una conferencia sobre la actual política de izquierda en el Caucus for a New Political Science (2), en la que resumí la situación actual de la izquierda mundial de la siguiente forma:

1) Tras 500 años de existencia, el sistema capitalista mundial está, por primera vez, en una verdadera crisis sistémica, y nos encontramos en una época de transición.

2) La salida a esta situación es intrínsecamente indeterminada, pero, no obstante, por primera vez en 500 años existe una verdadera perspectiva de cambio fundamental, que puede ser progresivo, pero no necesariamente.

3) En esta coyuntura, el principal problema para la izquierda mundial es que la estrategia para la transformación del mundo, desarrollada en el siglo XIX, está hecha trizas, y, por consiguiente, se actúa con inseguridad y debilidad en el marco de un generalizado estado de depresión.

Tomaré estas tres afirmaciones como supuestos que no puedo argumentar aquí, aunque ya lo he hecho de forma extensa en otro lugar (3), y me centraré en sus implicaciones para una estrategia de izquierdas durante los próximos 10-20 años. La primera implicación es que no hemos sido derrotados globalmente. El derrumbe de la Unión Soviética no fue un desastre para la izquierda mundial. Ni siquiera estoy seguro de que pueda considerarse un revés.

No sólo nos liberó de forma colectiva del respetuoso temor hacia la estrategia y la retórica leninistas, obsoletas, sino que también impuso una enorme carga sobre el centro liberal mundial, que perdió el apoyo estructural que, de hecho, recibió de los movimientos leninistas, que habían controlado el radicalismo popular durante mucho tiempo por medio de sus garantizados ”brillantes mañanas” a alcanzar por la vía de un presente desarrollo leninista(4).

Ni siquiera creo que la ofensiva global del neoliberalismo y la llamada globalización hayan estrangulado nuestras posibilidades. Por un lado, se trata de una exagerada propaganda que no sobrevivirá a la deflación que se aproxima. Por otro, engendrarán, han engendrado, su contratoxina. Además, estructuralmente hablando, en la actualidad el capitalismo mundial no goza de una ”nueva economía”, sino que está en mal estado.

Déjenme resumir mi posición sin argumentarla, por cuestiones de tiempo y espacio(5). Además de las dificultades políticas causadas por el derrumbamiento del leninismo y el final de la Guerra Fría, el capital se mueve hacia tres asíntotas estructurales que obstaculizan irremediablemente su capacidad de acumulación:

1) la desruralización del mundo, que pone fin a su capacidad de control sobre el crecimiento de la proporción entre los salarios y valor total mundial creado;

2) los límites ecológicos de la contaminación y del uso de recursos no renovables, que limita la capacidad del capital para reducir los costes de los inputs por medio de su externalización continuada;

3) el proceso de democratización que se extiende por todo el mundo, evidenciado por las presiones populares siempre al alza en cuanto a gastos en salud, educación e ingresos garantizados a lo largo de toda la vida, lo que ha creado una constante presión impositiva ascendente en tanto que porcentaje del valor mundial creado.

Ciertamente, el capital intenta reducir estas presiones estructurales en todo momento. En eso ha consistido la ofensiva neoliberal de los últimos veinte años. Pero la curva a largo plazo actúa como un trinquete ascendente. Aunque regularmente consiguen reducir esas presiones, la disminución es siempre inferor al incremento provocado por el siguiente impulso ascendente. Para luchar contra esto, predican la denominada TINA (There is no alternative, o, en castellano, no hay alternativa), tratando de reducir la voluntad de poner en marcha una contrapolítica. Esto tampoco es nada nuevo. Gareth Stedman Jones, intentando explicar la relativa estabilidad política a finales del siglo XIX en Gran Bretaña, lo atribuyó a la ”manifiesta inevitabilidad del capitalismo” y a su ”manifiesta invulnerabilidad”(6). La I Guerra Mundial echó por tierra tales sentimientos, al menos por un largo tiempo. Ahora están siendo resucitados, o, al menos, la derecha lo está intentando.

Si estamos buscando una estrategia de izquierda para el siglo XXI, primero debemos recordar cuál ha sido esa estrategia. La estrategia de la izquierda desarrollada durante la segunda mitad del siglo XIX y vigente hasta que fue más o menos rechazada en el último tercio del siglo XX (simbólicamente, podríamos hablar del período 1848-1968), fue, evidentemente, la denominada estrategia en dos etapas: primero, obtener el poder estatal; después, transformar el mundo. Deben hacerse tres observaciones sobre esta estrategia:

– probablemente, era la única posible por aquel entonces, puesto que los movimientos con cualquier otra clase de estrategia podrían ser simplemente aplastados por el uso del poder estatal;

– fue adoptada por todos los principales movimientos, tanto las dos ramas del movimiento socialista mundial, socialdemócratas y comunistas, como los movimientos de liberación nacional;

– la estrategia fracasó porque tuvo éxito. Los tres tipos de movimientos llegaron al poder en casi todos los lugares durante el período 1945-1970, y ninguno de ellos fue capaz de cambiar el mundo, lo cual condujo a la profunda desilusión actual ante esta estrategia, y provocó, como resultado sociosicológico, un fuerte antiestatalismo (7).

Desde 1968, diversos movimientos, viejos y nuevos, han puesto a prueba muchas estrategias alternativas, y además tuvo lugar un saludable cambio en las relaciones entre los movimientos antisistémicos, disminuyendo considerablemente las mortíferas denuncias mutuas y las feroces luchas de antaño, evolución positiva que hemos subestimado. Quisiera ahora sugerir algunas posibles líneas a lo largo de las cuales podríamos desarrollar la idea de una estrategia alternativa.

(1) Extender el espíritu de Porto Alegre. ¿Cuál es ese espíritu? Lo definiría como la convergencia no jerárquica de la familia mundial de los movimientos antisistémicos para ejercer presión en favor de: (a) la claridad intelectual, (b) acciones militantes basadas en la movilización popular que puedan ser vistas de forma inmediata como útiles para las vidas de las personas, (c) las tentativas de proponer, a más largo plazo, cambios más fundamentales.

Son tres elementos cruciales del espíritu de Porto Alegre. Se trata de una estructura difusa, más o menos similar a lo que Jesse Jackson denomino ”la alianza del arco iris”. Es una estructura que, sobre bases no meramente simbólicas, ha agrupado a escala mundial a movimientos del Sur y del Norte. Se trata de una estructura militante, tanto intelectual (no pretende alcanzar un consenso global con el espíritu de Davos) como políticamente (en el sentido que los movimientos de 1968 eran militantes). Naturalmente, tendremos que ver si un movimiento mundial difusamente estructurado puede mantenerse unido en algún sentido significativo y por qué medios puede desarrollar sus tácticas de lucha. Pero su propia flexibidad hace más difícil su liquidación y alienta la neutralidad vacilante de fuerzas centristas.

(2) Utilizar tácticas electorales defensivas. Si el mundo de la izquierda se implica en tácticas militantes extraparlamentarias y difusamente estructuradas, se plantea inmediatamente la cuestión de nuestra actitud hacia los procesos electorales. Pensar que son cruciales o que son irrelevantes lleva a tener que elegir entre Scylla y Charybdis. Las victorias electorales no transformarán el mundo, pero no pueden ser despreciadas. Son un mecanismo esencial para proteger las necesidades inmediatas de las poblaciones del mundo contra las agresiones en busca de ganancias. Hay que tratar de obtenerlas para minimizar el daño que puede ser infligido por la derecha a través del control de los gobiernos de todo el mundo.

Sin embargo, esto hace de las tácticas electorales un asunto totalmente pragmático. Una vez que dejamos de pensar en la obtención del poder como una forma de transformar el mundo, dichas tácticas se convierten en un asunto relacionado con el ”mal menor”, y la decisión de cuál es el menor de los males tiene que ser tomada caso a caso y momento a momento. Depende, en parte, de cuál es el sistema electoral. Un sistema mayoritario, ”el que gana se lleva todo”, debe ser abordado de forma diferente a uno con dos vueltas o proporcional. Pero la regla general que nos guíe tiene que ser la ”izquierda plural”, lema actual en Francia y que en América Latina se ha denominado frente amplio. En la izquierda mundial existen muchas y diferentes tradiciones de partido e incluso de ”subpartido”. La mayoría de estas tradiciones son reliquias de otra época, pero mucha gente todavía sigue votando de forma acorde con ellas. Dado que las elecciones son un asunto pragmático, es crucial crear alianzas que respeten dichas tradiciones, aspirando a obtener el 51% de los votos. ¡Pero no bailemos en las calles cuando ganemos! La victoria electoral es simplemente una táctica defensiva.

(3) Promocionar incesantemente la democratización. La demanda más popular en los Estados de todo el mundo es ”más”. Más educación, más salud, más garantías de contar con ingresos asegurados durante toda la vida. Esto no solamente es popular: es también inmediatamente útil en las vidas de la gente. Y reduce los márgenes para la acumulación incesante del capital. Estas demandas deben ser expuestas a viva voz, continuamente y en todas partes. Nunca será excesivo hacerlo.

Claro está que la ampliación de todas estas funciones del ”estado del bienestar” siempre plantea problemas respecto a la eficiencia del gasto, a la corrupción, a la creación de burocracias demasiado poderosas e irresponsables. Son problemas que debemos estar dispuestos a abordar, pero nuca debemos cejar en la reivindicación básica del más, mucho más.

Los movimientos populares no deberían ahorrar estas demandas a los gobiernos de centroizquierda que ellos han elegido. Aunque estos gobiernos nos resulten más ”amistosos” que un gobierno claramente de derechas, eso no significa que debamos arrojar los guantes de pelea. Al presionar a los gobiernos ”amigos”, se empuja también hacia el centroizquierda a fuerzas derechistas de la oposición. Sin presión, los gobiernos de centroizquierda se deslizan hacia posiciones de centroderecha. Aunque ocasionalmente puedan existir circunstancias especiales que aconsejen obviar estos truismos, la regla general en lo que a democratización se refiere es más, mucho más.

4) Forzar a que el centro liberal cumpla con sus preferencias teóricas. Es decir, forcemos el ritmo del liberalismo. Rara vez el centro liberal quiere aquello que proclama o practica lo que predica. Tomemos algún tema evidente, como, por ejemplo, la libertad. El centro liberal solía denunciar con regularidad a la URSS, porque no permitía la libre emigración. Pero, por supuesto, la otra cara de la libre emigración es la libre inmigración. No es muy útil poder salir de un país a menos que se pueda ir a alguna otra parte. Debemos presionar para conseguir fronteras abiertas.

El centro liberal reivindica regularmente mayor apertura comercial y mayor libertad empresarial, manteniendo al gobierno alejado de la toma de decisiones empresariales. La otra cara de esto es que los empresarios que fracasan en el mercado no deberían ser salvados. Cogen los beneficios cuando tienen éxito; así que deben acarrear con las pérdidas cuando fracasan. Se dice a menudo que salvar a las compañías es salvar empleos. Pero hay maneras mucho más baratas de salvar empleos, como pagar el subsidio de paro, promover la formación y el reciclaje o, incluso, fomentar nuevas oportunidades de empleo, opciones que no implican cargar con las deudas del empresario fracasado.

El centro liberal insiste regularmente en que el monopolio es algo malo. Pero la otra otra cara de esto sería la abolición o fuerte limitación del sistema de patentes, y la no implicación del gobierno en la protección de industrias frente a la competencia extranjera. ¿Esto dañaría a las clases trabajadores en las zonas nucleares del sistema? No necesariamente, si el dinero y la energía se invierten en intentar conseguir una mayor convergencia mundial de los niveles salariales.

Los detalles de la propuesta son complejos y hay que discutirlos. La cuestión, sin embargo, radica en no permitir que el centro liberal mantenga su retórica, y coseche los beneficios de ello, sin pagar los costes de sus propuestas. Además, el verdadero modo político de neutralizar la opinión centrista es hacer referencia a sus ideales, no a sus intereses. Hacer demandas basadas en su retórica es una manera de apelar a los ideales de los elementos centristas, en vez de hacerlo a sus intereses.

Finalmente, debemos tener siempre en cuenta que un buen aprovechamiento de las ventajas de la democratización no está al alcance, o lo está en menor grado, de los estratos más pobres, debido a las dificultades que tienen a la hora de sortear los obtáculos burocráticos. Recupero la propuesta formulada, hace unos 30 años, por Cloward y Piven: hay que ”reventar los escalafones”, es decir, movilizarse en las comunidades más pobres de modo que éstas puedan hacer pleno uso de sus derechos legales(8).

5) Hacer del antirracismo la medida definitoria de la democracia. La democracia se define por tratar a toda la gente de una misma manera, en términos de poder, de distribución y de oportunidades para la realización personal. El racismo es el modo primario de distinguir entre aquellos que tienen derechos (o más derechos) y aquellos que no tienen derechos o tienen menos. El racismo define a los grupos y ofrece simultáneamente una justificación torticera para la práctica. El racismo no es una cuestión secundaria, ni a escala nacional ni a escala mundial. Es el modo por el cual la promesa de criterios universales formulada por el centro liberal es minada sistemática, deliberada, y constantemente.

El racismo está generalizado a través del actual sistema-mundo. No hay rincón del planeta en el que no esté como una característica central de la política local, nacional y mundial. En su discurso a la Asamblea Nacional Mejicana (29/3/2001), la comandante Esther del EZLN dijo:

Los blancos (ladinos) y la gente rica se burlan de nosotras, mujeres indígenas, por nuestra forma de vestir, por nuestra forma de hablar, por nuestro idioma, por nuestra forma de rezar y curar, y por nuestro color, que es el color de la tierra que nosotras trabajamos(9).

Continuó su intervención en favor de la ley que garantizaría la autonomía de los pueblos indígenas, diciendo:

Cuando los derechos y la cultura de los pueblos indígenas sean reconocidos… la ley comenzará a acercar su hora y la hora de los pueblos indígenas… Y si hoy somos mujeres indígenas, mañana seremos los otros, hombres y mujeres que son asesinados, perseguidos o encarcelados debido a su diferencia.

6) Avanzar hacia la desmercantilización. La peor del sistema capitalista no es la propiedad privada, que es simplemente un medio, sino la mercantilización, que es el elemento esencial en la acumulación de capital. Hoy, el sistema-mundo capitalista no está plenamente mercantilizado, aunque hay esfuerzos para conseguirlo. Pero de hecho podríamos movernos en otra dirección. En vez de transformar universidades y hospitales (tanto si son propiedad estatal o de titularidad privada) en instituciones lucrativas, deberíamos estar pensando en cómo podemos transformar las fábricas de acero en instituciones no lucrativas, es decir, estructuras autosostenidas que no pagan dividendos a nadie. Este es el rostro de un futuro más esperanzador que, de hecho, podría comenzar ahora.

7) Recordar siempre que estamos viviendo una época de transición del actual sistema-mundo a algo diferente. Esto significa varias cosas. No deberíamos dejarnos arrastrar por la retórica de la globalización o por las peroratas derrotistas basadas en la TINA. No sólo existen alternativas, sino que la única alternativa realmente inexistente es la continuación de nuestras actuales estructuras.

Durante 20, 30 o 50 años habrá una lucha inmensa en torno a cuál será el sistema sucesor, y su resultado es intrínsecamente indeterminado. La historia no está a favor de ninguna parte. Depende de lo que lo hacemos, lo que ofrece una gran oportunidad para la acción creativa. Durante la vida normal de un sistema histórico, incluso los grandes esfuerzos transformadores (también llamados ”revoluciones”) tienen limitadas consecuencias, ya que el sistema genera grandes presiones para recuperar su equilibrio. Pero en el ambiente caótico de una transición estructural, las fluctuaciones llegan a ser salvajes y pequeños impulsos pueden tener grandes consecuencias favoreciendo una u otra rama de una bifurcación. Este es el momento en el que la acción puede resultar especialmente operativa.

El problema principal no es la organización, por importante que sea. El problema clave es la lucidez. Las fuerzas que desean cambiar el sistema a fin de que nada cambie, para que surja un sistema diferente pero igualmente o aún más jerárquico y polarizador, tienen dinero, energía e inteligencia a su disposición. Vestirán los falsos cambios con ropas atractivas. Solamente un cuidadoso análisis nos librará de caer en sus muchas trampas.

Utilizarán lemas con los que no podamos discrepar, como los derechos humanos. Pero les darán un contenido que mezcle algunos elementos altamente deseables con otros muchos que perpetúen la ”misión civilizadora” de los poderosos y privilegiados sobre los ”no civilizados”. Debemos diseccionar cuidadosamente sus propuesatas y desenmascarar sus faroles. Si un procedimiento judicial internacional contra el genocidio es deseable, entonces debe aplicarse a todo el mundo, no únicamente al débil. Si las armas nucleares o la guerra biológica son peligrosas, incluso bárbaras, entonces ningún poseedor de tales armas es digno de confianza.

En la incertidumbre inherente al mundo, en sus momentos de transformación histórica, la única estrategia plausible para la izquierda mundial es la búsqueda militante e inteligente de su objetivo básico: la consecución de un mundo relativamente democrático, relativamente igualitario. Tal mundo es posible. No es seguro que llegue a ser realidad. Pero no es imposible.

NOTAS.

1. Conferencia en la Socialist Scholars Conference, New York City, 13 de abril de 2001.

2. Fue publicado como: ”A Left Politics for the 21st Century? o, Theory and Praxis Once Again”, en New Political Science, XXII, 2 de junio de 2000, pág. 143-159.

3. Además del anterior artículo en New Political Science, vea Utopística, o las opciones históricas del siglo XXI (Mexico: Siglo XXI de Mexico, 1998).

4. Discuto esto detalladamente en Después del liberalismo (Siglo XXI, UNAM, México, 1996)

5. Ver, para la cuestión expuesta, ”¿Globalización o era de transición? Una visión a largo plazo de la trayectoria del sistema-mundo”, en Casa de las Américas, nº 219, abril-junio 2000, pp. 14-25, y en Revista de la Universidad de San Carlos de Guatemala, año 1, nº 8, abril-junio 2000, pp. 10-14.

6. Languages of Class, Cambridge: Cambridge Univ. Press, 1982, pág. 74.

7. Ver este análisis con mayor detalle en Giovanni Arrighi, Terence K. Hopkins y Immanuel Wallerstein, Movimientos antisistémicos, Madrid, ed. Akal.

8. Frances Fox Piven & Richard A. Cloward concluyen su libro sobre bienestar público así: ”en ausencia de reformas económicas fundamentales, creemos que reventar los escalafones es la reforma verdaderamente relevante, que debería ser defendida y ampliada. Incluso ahora, no reciben ningun ayuda cientos y miles de familias empobrecidas con derecho a los servicios de asistencia” Regulating the Poor: The Functions of Public Welfare, Nueva York, Pantheon, 1971, pág. 348 (versión original en cursiva).

9. http://www.ezln.org/marcha/20010320.htm

©Immanuel Wallerstein 2001

Noam Chomsky en París…

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Vilma Fuentes

CHOMSKY5 Con motivo de la visita a Francia de Noam Chomsky, invitado a dar una corta serie de conferencias, se rindió homenaje al más grande pensador actual, según se anunció. Visita notable, cuando se sabe que no venía desde hace un cuarto de siglo.

Es interesante preguntarse qué puede significar rendir homenaje, escuchar. O no escuchar. El maestro de la lingüística generativa fue recibido en el Colegio de Francia y en universidades donde expuso los principios de su especialidad. Se le esperaba también en el terreno político.

Sus análisis, concernientes al curso del mundo contemporáneo, los cuales desarrolla en un estilo que le es propio, tanto más radicales cuando ofrece el rostro más sonriente al exponerlos, eran deseados con el raro temor que suscita el iconoclasta, el pensador capaz de las más atrevidas audacias.

Una extraña sensación de apodera del auditorio cuando quien habla, siempre sonriente, se expresa con el travieso placer de perturbar a quienes lo escuchan y de echar al suelo sus idées reçues (ideas recibidas). Chomsky es estadunidense, no hay duda alguna, luego, no cesa de denunciar las exacciones de su país, Estados Unidos.

Chomsky es judío, es un hecho, luego, no tiene palabras bastante severas para calificar las decisiones estratégicas, políticas y militares del Estado de Israel.

Quien habla así, no se hace sólo amigos. Pero no parece que tal sea la principal inquietud de Chomsky. Sabe desde hace buen tiempo que una parte de la intelligentsia francesa y parisiense no lo quiere. Él tampoco. Podría recuperar la canción de Serge Gainsbourg: “Je t’aime. Moi, non plus” (Yo te amo. Yo, tampoco). Ser querido, recibir honores, no tiene importancia. Lo que importa es no mentir. Al menos cuando se pretende ser intelectual, investigador, filósofo o pensador. La cuestión no es sólo moral: está directamente ligada a la preocupación de conservarse fiel al rigor de los métodos racionales y científicos. Un crimen es un crimen, y no deja de ser un crimen lo haya cometido un extranjero o un natural del propio país.

Cuando habla de esta manera, Chomsky perturba. El sacrosanto principio del patriotismo nacional, según el cual se prohíbe condenar al país natal, la patria, como debe abstenerse de criticar a la madre, es un principio que parece obsoleto. Paradójicamente, vivimos una época en que los furores nacionalistas renacen, más fanáticos unos que otros, dispuestos al combate en todo el mundo.

Este sabio lingüista, quien habla a sus 80 años como hablaba a los 10, edad de su primer texto en contra de las tropas de Franco en España, ¿no seguiría siendo un soñador, un utopista retardado? A veces debe pensarlo él mismo. Sonriente: qué importa si sueño en un mundo donde se mata; mi oficio no es alentar a los asesinos, sino señalar el crimen que cometen.

Un incidente revelador del clima de libertad en Francia se produjo hace algunos años cuando Chomsky aceptó firmar una petición que reclamaba el derecho de expresión de un cierto Faurisson, conocido por sus escritos revisionistas sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial.

Chomsky no compartía para nada el punto de vista ni las ideas de Faurisson, pero no veía la utilidad de prohibirle expresarlas y llevarlo ante la justicia.

No pueden imponerse límites a la libertad de expresión. Las peores imbecilidades pueden ser dichas sin deber castigarlas. Es el mejor medio de olvidarlas pronto. Es, sobre todo, el acto de confianza acordado al poder de la razón, sin el cual ninguna sociedad racional puede pretender sobrevivir.

Chomsky recordó al respecto el Siglo de las Luces –y a Voltaire, quien no dudó en afirmar que estaría dispuesto a arriesgar su vida para permitir a alguien expresar ideas que le repugnaban. Y, de paso, esta defensa de la libertad de expresión permitió a Chomsky dar una lección a las buenas conciencias de la intelligentsia parisiense y mostrarles que se hallaba más próximo del espíritu de Voltaire que ellos.

vilmafuentes22@gmail.com

La Jornada.mx

Written by Eduardo Aquevedo

14 junio, 2010 at 23:12

Bolivia: Morales habría conseguido la victoria en la mayoría de las regiones…

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LA PAZ (Reuters/EP)

BOLIVIA0003 El Movimiento al Socialismo (MAS), el partido encabezado por el presidente boliviano, Evo Morales, se habría hecho con la victoria en las elecciones regionales celebradas este domingo en Bolivia, según sondeos a pie de urna emitidos por dos cadenas privadas de televisión locales.

   El canal ATB pronostica en su sondeo que el MAS habría conseguido la victoria en seis de los nueve departamentos del país, incluidos La Paz y Cochabamba. Por su parte, según la proyección de otra cadena, la PAT, la formación de Morales habría ganado en cinco de los nueve departamentos.

   Estos dos sondeos ofrecen resultados diferentes para el departamento de Santa Cruz (este), bastión de la oposición derechista contraria a Morales. Según ATB, el resultado habría sido ajustado y sería necesaria una segunda vuelta.

   La PAT, sin embargo, da la mayoría absoluta al opositor al actual gobernador, Rubén Costas, que de este modo podría seguir al frente del Gobierno del departamento un segundo mandato.

Bolivia: según sondeos, se mantendría el mismo mapa político

 

Se desarrollaron hoy elecciones para gobernadores y alcaldes; los resultados confirmarían al partido oficialista como principal fuerza política; la oposición no habría perdido ninguna de las regiones en pugna

Domingo 4 de abril de 2010 | 23:06 (actualizado a las 23:21)

La elección celebrada hoy en Bolivia , en donde se ponía en disputa gobernaciones departamentales y municipales habría confirmado al partido oficialista MAS como la principal fuerza política de ese país, aunque la oposición tampoco habría perdido ninguno de sus bastiones.

Los resultados en boca de urna de los canales privados confirman que el oficialismo mantiene como su bastión político a la región andina y que la oposición se mantiene firme en la oriental, donde el presidente Evo Morales había tomado fuerza en la elección de diciembre, que ganó con el 64 por ciento.

En el nuevo mapa político del país, los resultados de las elecciones municipales confirman como segunda fuerza política opositora al Movimiento sin Miedo (MSM), del alcalde de La Paz, Juan del Granado, hasta diciembre aliado del gobierno.

Según los resultados de los canales privados, el Movimiento al Socialismo (MAS) ganó los gobiernos departamentales de La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí.

La oposición triunfó en Santa Cruz, Beni y Tarija según las encuestas televisivas de boca de urna, que coinciden en un empate virtual en Pando y Chuquisaca.

El canal estatal, sin embargo, dio el triunfo a los candidatos oficialistas a las gobernaciones de La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba, Chuquisaca, Tarija y Pando.

Los cómputos oficiales se conocerán recién a fin de mes, debido a la complejidad de la elección, informó el presidente de la Corte Electoral, Antonio Costas.

En la elección de hoy fueron elegidos los gobernadores de nueve departamentos y 267 miembros de sus respectivas asambleas departamentales. De ese total, 23 son indígenas que fueron elegidos según usos y costumbres de sus naciones.

En forma simultánea, se votó por primera vez en listas separadas para elegir a 337 alcaldes y 1.887 miembros de los concejos municipales.

Agencias ANSA, EFE, REUTERS, AP, AFP

La Paz, 04 de abril. Los datos preliminares que varias cadenas televisivas empezaron a emitir desde las 18:00 Hrs. demuestran que la elección departamental y municipal se definirá voto a voto, existe poca coincidencia en los resultados a excepción de los departamentos de La Paz, Potosí, Oruro, Cochabamba y Chuquisaca donde es casi confirmada la victoria del MAS en la elección de gobernador.

En el caso de Santa Cruz, según lo que señala la red ATB a boca de urna, Rubén Costas (Verdes) tiene un 49,2% seguido de Jerjes Justiniano (MAS) con el 35,2%. En este caso si habría segunda vuelta. Sin embargo la Red Uno señala (también a boca de urna) que no habría segunda vuelta pues Costas ganaría con el 56% ante un 33% del MAS.

En Tarija, los datos que brinda ATB ponen a Carlos Cabrera del MAS con un 47,3% y a Mario Cossío con un 44,7%, mientras que los resultados muestran en la Red Uno que Cossío ganaría con un 52% seguido de Cabrera con el 44%.

En el caso del Beni, la cosa está al parecer con una tendencia más clara a favorecer finalmente a Ernesto Suárez, que en la red ATB habría conseguido un 40,6% de votos, seguido de Jessica Jordan del MAS con un 35,4%. En la Red Uno la diferencia es más amplia Suárez con un 48% y Jordán 35%.

En el caso de Pando, las lluvias impidieron inicialmente la llegada de los datos.

A nuestros gentiles lectores, informamos que la entrada se irá renovando constantemente por lo que les solicitamos ir actualizando la página cada media hora.

Written by Eduardo Aquevedo

4 abril, 2010 at 19:33

Francia: la izquierda unida gana ampliamente las elecciones regionales…

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ELECCIONES REGIONALES EN FRANCIA

La izquierda se hace con el control de casi todas las regiones francesas

VictoriaSevera derrota del partido de Nicolas Sarkozy en las elecciones de este domingo a dos años de las presidenciales

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA – París – 22/03/2010

La izquierda francesa, que acudía ayer unida y envuelta en una ola de optimismo a la segunda vuelta de las elecciones regionales, confirmó el triunfo apuntado en la primera ronda y se alza con una victoria indiscutida. Todas las regiones de la Francia metropolitana, excepto Alsacia, tendrán un presidente de izquierda. El Partido Socialista francés (PS), Europa Ecología y el Frente de Izquierda consiguen en torno al 54% de los votos y el centro-derecha de Sarkozy, el 36%, según el ministro del Interior, Brice Hortefeux. El Frente Nacional, la formación de extrema derecha de Jean-Marie Le Pen que parecía moribunda hace meses, reafirma también su recuperación alcanzando un sorprendente 10% de los sufragios, teniendo en cuenta que sólo presentaba candidaturas en 12 regiones, donde, de hecho, ha rozado, de media, el 17%. La abstención fue alta, el 48,12%, aunque menor que en la primera vuelta (53,6%).

    Media hora después de que se cerraran las urnas, el primer ministro, François Fillon compareció para certificar "la decepción" de su grupo político. "No hemos sabido convencer. Asumo mi parte de responsabilidad y así se lo diré al presidente de la República mañana [por hoy]". Después, el cariacontecido primer ministro francés, que participó mucho en la campaña para tratar de animar a un electorado poco motivado y que no piensa dimitir por ahora, recordó la virulencia de la crisis económica mundial en un intento de justificar el descontento de los franceses con el Gobierno.

    Poco después habló la primera secretaria del Partido Socialista, Martine Aubry. Satisfecha, pero no exultante ni triunfalista. Hizo pública la victoria de la izquierda y añadió: "Los franceses han rechazado la política injusta de Sarkozy, que ha hecho regalos fiscales a los que más tienen, que ha protegido a los bancos y a los banqueros, pero que está poniendo en peligro la sanidad y la educación públicas". Después concluyó: "Hemos de consolidar esta izquierda solidaria que se ha reencontrado con los franceses".

    Mirando a las presidenciales

    Ésta es la última elección antes de las presidenciales de 2012, en las que Sarkozy se jugará el cargo. La izquierda, de este modo, se coloca en una posición aceptable para el asalto al Elíseo dentro de dos años. No será fácil. Ya en 2004 ganó las elecciones regionales con claridad (consiguió 20 de las 22 regiones) y luego perdió las presidenciales en 2007, al derrotar a Nicolas Sarkozy a Ségolène Royal. Daniel Cohn-Bendit, eurodiputado, líder del Mayo del 68 y dirigente de Europa Ecología, lo recordó ayer y añadió que la izquierda francesa debe ya empezar a trabajar en un proyecto victorioso de cara a esa crucial cita electoral.

    Para eso, primeramente, el Partido Socialista francés (PS) deberá elegir un líder en un proceso de primarias que se antoja tormentoso. Tras la victoria de ayer Martine Aubry ha mostrado que le sobra legitimidad para presentarse como candidata. También su oponente en el último congreso socialista, Ségolène Royal, ex candidata presidencial y reelegida ayer presidenta de la región de Poitou-Charentes con un resultado apabullante: 61,1% de los votos contra 38,9% del centro-derecha. De este modo, Royal también se postula para convertirse, antes de 2012, en la líder de la izquierda. Ayer no olvidó leer los resultados en clave nacional y aseguró que se deben traducir como una clara derrota de Sarkozy.

    En la región de Languedoc-Rousillon, el presidente Georges Frêche, expulsado del PS en 2008 por declaraciones racistas, ha sido reelegido con más del 53% de los votos.

    La cabeza de lista del Frente Nacional en Nord-Pas-de-Calais, Marine Le Pen, hija del presidente del partido ultraderechista, Jean-Marie Le Pen, y, casi con toda seguridad, su heredera a la cabeza de la formación cuando éste, de 81 años, se jubile en 2011, aparecía sonriente dispuesta a dar su versión sobre lo ocurrido: "Hemos obtenido una victoria incontestable. Hemos mejorado los resultados de la primera vuelta, lo que no nos ocurría desde hacía tiempo".

    Ahora, falta saber qué hará Sarkozy, que hoy se reúne con su plana mayor en el Palacio del Elíseo para estudiar los resultados, con una derrota tan clara encima de la mesa. Pronto se verá si se traduce en un cambio de Gobierno o de estrategia. Por lo pronto, ya se adivinan enemigos: Dominique de Villepin, rival de Sarkozy en el centro-derecha, actualmente en China, dará el jueves una rueda de prensa para dar a conocer, previsiblemente, su propia formación política.

    EL PAIS.COM

    Written by Eduardo Aquevedo

    23 marzo, 2010 at 3:31

    Antiguo dilema para la izquierda: el caso Brasil y el PT…

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    Immanuel Wallerstein

    La Jornada

    america-latina001 Con ocasión de celebrar el trigésimo aniversario de la creación del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, el principal periódico independiente de izquierda, Brasil de Fato, publicó entrevistas con cuatro de los principales intelectuales de izquierda. Los cuatro fueron activos alguna vez en el PT, de hecho se cuentan entre sus fundadores. Tres de ellos se retiraron del PT –el historiador Mauro Lasi se unió al Partido Comunista Brasileño, el sociólogo Francisco de Oliveira se unió al Partido Socialismo y Libertad y el historiador Rudá Ricci se hizo izquierdista independiente. El cuarto, el historiador Valter Poner, permanece en el PT y es una de las figuras principales de su facción de izquierda.

    Expresaron cuatro análisis, sorprendentemente diferentes, de lo que Ricci llama el antiguo dilema de la izquierda brasileña: como ser popular y de izquierda. Pero por supuesto ése ha sido el dilema de la izquierda en todo el mundo, y sigue siéndolo hasta ahora.

    Brasil es un lugar interesante para analizar este dilema y cómo se expresa. Es un país con una larga y activa tradición política, y hoy goza mucho de una situación multipartidista. Es también una nación cuya situación política ha mejorado mucho en años recientes, particularmente en los últimos 10 años. Y Brasil es un país que ha estado afirmando mucho liderazgo político en América Latina. Así que la pregunta se vuelve ¿cómo medimos la popularidad de un partido y cómo evaluamos sus credenciales de izquierda?

    El periodista de Brasil de Fato abrió sus entrevistas apuntando que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva es una figura carismática, que es el mandatario más popular desde la "redemocratización" del país y que a lo largo de su historia el PT ha incrementado su apoyo entre los estratos más pobres de la población. Para que el partido se volviera más popular, aseveró, tuvo que hacer concesiones al pragmatismo.

    ¿Cómo reaccionaron los cuatro intelectuales a esta premisa? Para Ricci, el "lulismo" se ha vuelto más importante que el partido, lo que invierte el concepto original del PT. El PT seamericanizó dice él. Hoy es simplemente una maquinaria electoral. La izquierda encuentra difícil ser popular debido a su lastre teórico de origen europeo. La cultura popular, dice, escompleja y conservadora, y Lula dialoga con su cultura popular. El PT es estatista y desarrollista, y como tal conservador y pragmático. Así que el problema es retornar a la idea original de una utopía de izquierda democrática sin tornarse elitista.

    Para Lasi, el PT se volvió uno de los dos principales partidos de Brasil, de centroizquierda con un programa pequeñoburgués. El precio que pagó por el tamaño de su respaldo fue el abandono de los principios y las metas políticas que estaban presentes en su origen. El lulismo o el populismo es un modo de hacer que las masas accedan a las políticas que no fueron hechas en su interés.

    Para Oliveira, el PT que comenzó con una base de trabajadores, de teología de la liberación y de movimientos de democratización, se ha vuelto simplemente parte de la jalea general del sistema partidista brasileño. Una perspectiva socialista no se basa en los pobres sino en un análisis de clase. Y en cuanto al programa del partido, la estatización, está 100 años atrasado, es parte de la dolencia infantil del estatismo. Es un programa para fortalecer las industrias brasileñas y no tiene nada que ver con la izquierda o el socialismo.

    Poner ve la situación muy diferente. Concuerda con que al principio el gobierno de Lula era social-liberal en su orientación. Pero después de 2005, se hizo hacia la izquierda. Sí, dice él, el partido es desarrollista. Pero hay dos variedades de desarrollistas, los conservadores y los demócrata-populares. Con la crisis del capitalismo, el socialismo está de vuelta al debate.

    Lo sorprendente acerca de los tres análisis críticos es el miedo al populismo. Lo que sorprende de los análisis es la ausencia de cualquier discusión de geopolítica.

    Justo unos días después del artículo de Brasil de Fato, Fidel Castro publicó una de sus Reflexiones periódicas en La Jornada, en la ciudad de México. Lula acababa de estar de visita con Castro. Éste dijo que conocía a Lula hace 30 años, es decir, desde la creación del PT. Dada la historia de Cuba y las dificultades de más de 50 años, Castro dijo que lo que tiene para nosotros una enorme trascendencia era la reciente reunión en Cancún donde se había decidido la creación de una Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe que incluía a Cuba y excluía a Estados Unidos y Canadá. Esta reunión fue en gran medida un logro de Lula.

    Castro subrayó entonces la importancia y el simbolismo de esta última visita de Lula antes de que deje de ser presidente de Brasil. Recordó que en la década de 1980 tuvo un emotivo encuentro con él, su esposa y sus hijos en su sencilla morada y alabó de Lula “su placer de luchar… con intachable modestia”. Aquí no hay crítica alguna al lulismo.

    Todo lo que los intelectuales brasileños de izquierda critican, Castro lo alaba –el desarrollo tecnológico de Brasil, el crecimiento del PIB, convertirse en una de las 10 principales economías del mundo. Aun en la cuestión de la producción de etanol, a la que Castro dice que se opone, no culpó a Lula. "Comprendo perfectamente que Brasil no tiene otra alternativa, frente a la competencia desleal y los subsidios de Estados Unidos y Europa, que incrementar la producción de etanol".

    Castro termina con esta nota: "Una cosa es indiscutible: el obrero metalúrgico se ha convertido actualmente en un estadista destacado y prestigioso cuya voz se escucha con respeto en todas las reuniones internacionales".

    ¿Cómo pudieron los intelectuales brasileños de izquierda y Castro llegar a retratos tan diferentes de Lula? Está claro que estaban mirando dos cosas por completo diferentes. Los intelectuales brasileños de izquierda miraban primordialmente la vida interna de Brasil y expresaron su pena por el hecho de que Lula fuera, a lo sumo, un pragmático de centroizquierda. Castro miraba principalmente a Brasil en su papel geopolítico, que él ve que socava a su enemigo primordial, el imperialismo de Estados Unidos.

    ¿Cuál es entonces la prioridad para los intelectuales de izquierda? Ésta no es meramente una cuestión brasileña. Es una cuestión que debe preguntarse casi en todas partes, tomando en cuenta el curso de la historia y el estatus geopolítico del país en cuestión.

    Traducción: Ramón Vera Herrera

    © Immanuel Wallerstein.

    Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/03/21/index.php?section=opinion&article=026a1mun

    Written by Eduardo Aquevedo

    23 marzo, 2010 at 2:19