CIENCIAS SOCIALES HOY – Weblog

Actualidad sobre política, sociología, economia, cultura…

Archive for the ‘ISRAEL’ Category

La pregunta que nadie contesta sobre el 11-S de EEUU…

leave a comment »

10 años del 11-S

TORRES11S

Robert Fisk

Por sus libros los conoceréis. Hablo de los volúmenes, las bibliotecas –no los pasillos llenos de literatura– que los crímenes internacionales de lesa humanidad del 11 de septiembre de 2001 han inspirado. Muchos rebosan de seudopatriotismo y autoelogio, otros están atascados de la irremediable mitología que culpa a la CIA y el Mossad, algunos (por desgracia procedentes del mundo musulmán) se refieren a los asesinos como los muchachos, pero casi todos evitan lo único que cualquier policía busca después de un crimen callejero: el motivo.

¿Por qué es así, me pregunto, luego de 10 años de guerra, cientos de miles de muertes inocentes, mentiras, hipocresía, traición y sádicas torturas de los estadunidenses (nuestros amigos del MI5 sólo escucharon, entendieron, tal vez miraron, pero claro que nada de andar tocando) y los talibanes? ¿Hemos logrado silenciarnos y silenciar al mundo con nuestros miedos? ¿Todavía no somos capaces de decir tres oraciones: los 19 asesinos afirmaban ser musulmanes, vinieron de un lugar llamado Medio Oriente, pasa algo allá?

Los editores estadunidenses rompieron hostilidades en 2001 con enormes volúmenes de fotografías de homenaje a los caídos. Los títulos hablaban por sí mismos: Sobre terreno sagrado, Para que otros puedan vivir, Fuertes de corazón, Lo que vimos, La frontera final, Furia por Dios, La sombra de las espadas… Al ver estos títulos apilados en los puestos de periódicos de todo el país, ¿quién podría dudar que Estados Unidos se lanzaría al combate?

Y mucho antes de la invasión de 2003 a Irak, llegó otro montón de tomos para justificar la guerra después de la guerra. El más prominente fue La tormenta amenazante, del ex agente de la CIA Kenneth Pollack (¿verdad que todos recordamos La tormenta en formación, de Winston Churchill?), el cual, sobra decirlo, comparaba la batalla contra Saddam Hussein con la crisis que enfrentaron Gran Bretaña y Francia en 1938.

Había dos temas en ese trabajo de Pollack –uno de los mayores expertos mundiales sobre Irak, decía el anuncio publicitario a los lectores, uno de los cuales, Fareed Zakaria, lo llamó uno de los libros más importantes que han aparecido en años sobre la política exterior estadunidense–: el primero era un recuento detallado de las armas de destrucción masiva de Saddam, ninguna de las cuales, como todos sabemos, existió en realidad. El otro tema era la oportunidad de romper el vínculo entre la cuestión iraquí y el conflicto árabe-israelí.

Según ese texto, los palestinos, privados del apoyo del poderoso Irak, se verían más debilitados en su lucha contra la ocupación israelí. Pollack se refería a la despiadada campaña terrorista palestina sin ninguna crítica a Tel Aviv. Hablaba de ataques terroristas semanales, seguidos de respuestas israelíes (sic), versión típica israelí de los hechos. La parcialidad estadunidense hacia Israel no era más que una creencia árabe. Bueno, por lo menos el egregio Pollack había logrado dilucidar, aunque fuera de modo tan desaseado, que el conflicto palestino-israelí tuvo algo que ver en el 11-S, aun si Saddam no.

En los años posteriores, por supuesto, nos han inundado de literatura sobre el trauma posterior al 11-S, desde el elocuente La torre elevada, de Lawrence Wright, hasta The scholars for 9/11 Truth (Académicos por la verdad sobre el 11-S), cuyos partidarios nos han dicho que los restos de un avión afuera del Pentágono fueron dejados caer por un Hércules C-130, que los jets que dieron en las Torres Gemelas fueron guiados a control remoto, que el United 93 fue derribado por un misil estadunidense, etc. Dado el sigiloso, sesgado y en ocasiones deshonesto recuento presentado por la Casa Blanca –para no mencionar los engaños iniciales de la comisión oficial sobre el 11-S–, no me sorprende que millones de estadunidenses crean algo de eso, ya no digamos la mayor mentira del gobierno: que Saddam Hussein estuvo detrás de los ataques. Leon Panetta, el recién nombrado autócrata de la CIA, repitió la misma mentira en Bagdad, todavía este año.

También ha habido películas. Vuelo 93 recreaba lo que podría (o no) haber ocurrido a bordo del avión que cayó en un bosque de Filadelfia. Otra contó una historia muy romántica, que por cierto las autoridades de Nueva York extrañamente impidieron casi por completo que se filmara en las calles de la ciudad. Y ahora nos invaden los programas especiales de la televisión, todos los cuales han aceptado la mentira de que el 11-S en verdad cambió al mundo –la repetición de esa peligrosa noción por Bush y Blair permitió a sus esbirros cometer criminales invasiones y torturas–, sin preguntarse por un momento por qué la prensa y la televisión secundaron la idea.

Hasta ahora, ninguno de estos programas ha mencionado la palabra Israel, y el programa de Brian Lapping del jueves por la noche en ITV mencionó una vez Irak, sin explicar hasta qué grado el 11 de septiembre de 2001 dio el pretexto para ese crimen de guerra perpetrado en 2003. ¿Cuántos murieron el 11-S? Casi tres mil. ¿Cuántos en la guerra de Irak? A nadie le importa.

La publicación del informe oficial sobre el 11-S –fue en 2004, pero lean la nueva edición 2011– es digna de estudio, aunque sea sólo por las realidades que sí presenta, aunque sus frases iniciales parezcan más de una novela que de una investigación gubernamental: “Martes… amaneció templado y casi sin nubes en el este de Estados Unidos… Para quienes se dirigían al aeropuerto, las condiciones del tiempo no podían ser mejores para un viaje seguro y placentero. Entre los pasajeros estaba Mohamed Atta…” ¿Serían los redactores, me pregunto, graduados que hacían su servicio social en la revista Time?

Me siento atraído ahora hacia Anthony Summers y Robbyn Swan, cuyo The Eleventh Day (El undécimo día) confronta lo que Occidente se negó a encarar en los años posteriores al 11-S. “Toda la evidencia… indica que Palestina fue el factor que unió a los conspiradores en todos los niveles”, escriben. Uno de los organizadores del ataque creía que haría a Estados Unidos concentrarse en las atrocidades que Washington comete por apoyar a Israel. Palestina, afirman los autores, “fue sin duda el principal agravio político… que impulsó a los jóvenes árabes (que habían vivido) en Hamburgo”. La motivación de los ataques fue esquivada incluso por el informe oficial de los hechos, sostienen. Los comisionados estuvieron en desacuerdo sobre esta cuestión –eufemismo por problema– y sus dos oficiales de mayor rango, Thomas Kean y Lee Hamilton, explicaron más tarde: “Era un terreno delicado… los comisionados que sostenían que Al Qaeda estuvo motivada por una ideología religiosa –y no por la oposición a las políticas estadunidenses– rehusaron hacer referencia al conflicto palestino-israelí… En su opinión, mencionar el apoyo a Israel como causa de fondo de la oposición de Al Qaeda a Estados Unidos indicaría que Washington debería revaluar esa política”. Allí tienen ustedes.

¿Qué ocurrió, entonces? Los comisionados, afirman Summers y Swan, se resolvieron por una redacción vaga que daba la vuelta al asunto. Hay una insinuación en el informe oficial, pero es apenas una nota de pie de página que, desde luego, pocos leyeron. En otras palabras, aún no nos dicen la verdad sobre el crimen que, según quieren que creamos, cambió el mundo para siempre. Vaya, después de ver a Obama ponerse de rodillas ante Netanyahu en mayo pasado, en realidad no me sorprende.

Cuando el primer ministro israelí logra que hasta el Congreso estadunidense se humille ante él, es claro que al pueblo de Estados Unidos no le dirán la respuesta a la pregunta más importante y delicada sobre el 11-S: ¿por qué?

© The Independent/La Jornada

Traducción: Jorge Anaya

Written by Eduardo Aquevedo

8 septiembre, 2011 at 5:14

En el mundo árabe, una perspectiva real de libertad…

leave a comment »

The Independent
En los días finales del imperio otomano, diplomáticos de Washington –cónsules en Beirut, Jerusalén, El Cairo y otras ciudades–, organizaciones no gubernamentales de toda la región y miles de misioneros estadunidenses suplicaron al Departamento de Estado la creación de un Estado árabe moderno que se extendiera desde las costas de Marruecos hasta las fronteras de Mesopotamia y Persia. Creían que eso llevaría a gran parte del mundo musulmán a la órbita democrática de Europa y Occidente.

Desde luego, el acuerdo Sykes-Picot, que ya había dado forma en secreto a Medio Oriente, un agónico Woodrow Wilson y el repliegue de Estados Unidos hacia el aislacionismo echaron por tierra tan fantasiosas esperanzas. Además, ¿quién sabe si algunos árabes habrían preferido la civilización de Roma y, poco más de una década después, de Madrid y Berlín a las supuestamente decadentes democracias de otros lugares de Europa? Al final, la Segunda Guerra Mundial dañó a Túnez, Libia, Egipto y Líbano y dejó al resto comparativamente ileso. Pero éste es el momento de recordar los hubieras de la historia, porque hoy es posible vislumbrar un mundo futuro en el que pudiéramos viajar de Marruecos a la frontera Irán-Irak sin una visa en nuestro pasaporte. Que los árabes puedan llegar a eso con rapidez es, desde luego, otra cuestión.

Lo que no está en duda es la extraordinaria tempestad que atraviesa la región, la espectacular ruptura del mundo árabe que la mayoría de nosotros y la mayoría de los árabes hemos conocido a lo largo de nuestra vida. De las mohosas y corruptas dictaduras –el cáncer de Medio Oriente– está surgiendo un pueblo renacido. No sin derramamiento de sangre, y no sin mucha violencia tanto delante como detrás. Pero ahora por fin los árabes pueden esperar marchar hacia las cumbres resplandecientes. Todos los amigos árabes que tengo me han dicho exactamente lo mismo en las semanas pasadas: Nunca creí llegar a ver esto en mi vida.

Hemos observado cómo esos terremotos abrieron grietas y cómo las grietas se convirtieron en fisuras. De Túnez a Egipto, Libia y Yemen –cuya libertad está quizás a sólo 48 horas–, a Marruecos y Bahrein, y sí, tal vez incluso hasta Siria, los jóvenes valerosos han dicho al mundo que quieren libertad. Y de seguro obtendrán esa libertad en las próximas semanas y meses. Son palabras jubilosas, pero deben escribirse con la mayor precaución.

Pese a toda la confianza de David Cameron, no estoy tan seguro de que la operación en Libia vaya a tener un final feliz. De hecho, no estoy seguro de saber cómo va a terminar, aunque el vano y prepotente ataque de Estados Unidos al cuartel de Kadafi –casi idéntico al que escenificó en 1986 y que costó la vida a la hija adoptiva del coronel– demostró fuera de toda duda que la intención de Obama es liquidar al régimen. No tengo la certeza, tampoco, de que vaya a ser fácil crear una democracia en Bahrein, en especial cuando Arabia Saudita –el cáliz intocable, casi tan sagrado como Israel frente a las críticas– sigue enviando su soldadesca a cruzar el puente fronterizo.

He notado, desde luego, las prédicas de autores como Robert Skidelsky, quien cree que la fantasiosa liberación de Irak por Bush y Blair –cuyo resultado es que Teherán tiene el control efectivo del país– condujo a los levantamientos callejeros de hoy. “Pero la combinación de libertad y orden de las democracias occidentales… es producto de una larga historia que no se puede reproducir en breve plazo –ha dicho–. La mayoría de los pueblos no occidentales dependen de las virtudes personales del líder, no de los límites institucionales a su poder, para hacer tolerables sus vidas.” Entiendo el mensaje: no se puede confiar la democracia a los árabes: no están preparados para ella como lo estamos nosotros los occidentales y –ejem– los israelíes, claro. Es un poco como que Israel diga –como de hecho lo dice– que es la única democracia de Medio Oriente, y luego, para asegurarse de seguir siéndolo, ruegue a los estadunidenses dejar a Mubarak en el poder. Que fue exactamente lo que ocurrió en enero.

Israel es un caso que vale la pena examinar. Por lo regular capaces de considerable previsión, su gobierno, sus diplomáticos y sus partidarios extranjeros se han mostrado remisos y torpes en su respuesta a los sucesos que sacuden al mundo árabe. En vez de dar la bienvenida a un nuevo y democrático Egipto, hacen hoscas advertencias acerca de su volatilidad. Al parecer, para el gobierno de Israel la caída de dictadores a los que muchas veces ha comparado con Hitler es aún peor que su preservación. Podemos ver dónde radica el problema: un Mubarak siempre obedecerá las órdenes de Israel (vía Washington); un nuevo presidente no estará bajo esa presión. A los electores egipcios no les gusta el sitio de Gaza y están indignados por el despojo de tierra árabe para colonias israelíes en Cisjordania. Por cuantiosos que sean los sobornos de Washington, ningún presidente egipcio electo va a poder tolerar durante mucho tiempo ese estado de cosas.

Hablando de sobornos, el más cuantioso de todos fue entregado la semana pasada –en pagarés, claro está– por el monarca saudita, quien está desembolsando 150 mil millones de dólares por todo su reino feliz con la esperanza de evadir la ira del pueblo. Quién sabe, puede que le funcione por un tiempo. Pero, como siempre he dicho, observen a Arabia Saudita. Y no le quiten los ojos de encima.

En cambio, la epopeya que podemos darnos el lujo de olvidar es la guerra al terror. Apenas si ha salido algún gruñido de la tienda de Osama durante meses. ¿No resulta extraño? Lo único que he oído de Al Qaeda con respecto a Egipto fue un llamado a deponer a Mubarak… una semana después de que había sido derrocado por el poder popular. La carta más reciente del hombre de la caverna instaba a los pueblos heroicos del mundo árabe a recordar que sus revoluciones tienen raíces islámicas, lo cual debe de haberles caído de sorpresa a los habitantes de Egipto, Túnez, Libia, Yemen, Barhein y demás, porque todos ellos exigían democracia y libertad. Y allí está, en cierto modo, la respuesta a Skidelsky. ¿Acaso cree que todos ellos mienten? Y de ser así, ¿por qué?

Como dije, queda mucha sangre por correr. Y muchas manos entrometidas que querrán convertir las nuevas democracias en proyectos de dictaduras. Pero por una vez –sólo una vez–, los árabes pueden mirar las cumbres resplandecientes.

© The Independent

REBELION.ORG

Traducción para La Jornada: Jorge Anaya

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

24 marzo, 2011 at 5:15

Carta abierta de Roger Waters, fundador de Pink Floyd, sobre racismo israeli contra palestinos…

with 2 comments

Roger Waters · · · · ·
13/03/11


En 1980, una canción que escribí, Another Brick in the Wall Part 2, fue prohibida por el gobierno de África del Sur porque era usada por los niños negros sudafricanos para reivindicar su derecho a una educación igual. Ese gobierno del apartheid impuso un bloqueo cultural, por así decir, sobre algunas canciones, incluida la mía.

Veinticinco años más tarde, en 2005, niños palestinos que participaban de un festival en la Cisjordania usaron la canción para protestar contra el muro del apartheid israelí. Ellos y ellas cantaban: “¡No necesitamos la ocupación! ¡No necesitamos el muro racista!”  En ese tiempo, yo no había visto con mis propios ojos aquello sobre lo que ellos estaban cantando.

Un año más tarde, en 2006, fui contratado para actuar en Tel Aviv.

Palestinos del movimiento de boicot académico y cultural a Israel me exhortaron a reconsiderarlo. Yo ya me había manifestado contra el muro, pero no creía que un boicot cultural fuese una vía correcta. Los palestinos defensores del boicot me pidieron que visitase el territorio palestino ocupado para ver el muro con mis ojos antes de tomar una decisión. Yo acepté.

Bajo la protección de las Naciones Unidas visité Jerusalén y Belén. Nada podía haberme preparado para aquello que vi ese día. El muro es un edificio repulsivo. Está custodiado por jóvenes soldados israelíes que me trataron, observador casual de otro mundo, con una agresión llena de desprecio. Si así fue conmigo, un extranjero, imaginen lo que debe ser con los palestinos, con los subproletarios, con los portadores de autorizaciones. Supe entonces que mi conciencia no me permitiría apartarme de ese muro, del destino de los palestinos que conocí, personas cuyas vidas son aplastadas diariamente de mil y una maneras por la ocupación de Israel. En solidaridad, y de alguna forma por impotencia, escribí en el muro, aquel día: “No necesitamos del control de las ideas”.

Considerando en ese momento que mi presencia en un escenario de Tel Aviv iba a legitimar involuntariamente la opresión que yo acababa de presenciar, cancelé mi concierto en un estadio de fútbol en Tel Aviv y lo cambié para Neve-Shalom, una comunidad agrícola dedicada a criar pollitos y también, admirablemente a la cooperación entre personas de creencias diferentes, donde musulmanes, cristianos y judíos viven y trabajan lada a lado en armonía.

Contra todas las expectativas, este acto se transformó en el mayor evento musical de la corta historia de Israel. Para asistir, unos 60 mil fans lucharon contra los embotellamientos del tránsito. Fue extraordinariamente conmovedor para mí y para la banda y, al finalizar el concierto, obligado a exhortar a los jóvenes presentes a exigir a su gobierno para alcanzar la paz con sus vecinos y para que respete los derechos civiles de los palestinos que viven en Israel.

Desgraciadamente, en los años que siguieron, el gobierno israelí no realizó ninguna tentativa de implementar una legislación que garantizara a los árabes israelíes derechos civiles iguales a los que tienen los judíos israelíes, y el muro creció inexorablemente, anexando cada vez más la franja occidental.

Aprendí en ese día de 2006, en Belén, algo de lo que significa vivir bajo la ocupación, encarcelado tras un muro. Significa que un agricultor palestino tiene que ver cómo se arrancan olivares centenarios. Significa que un estudiante palestino no puede ir a la escuela porque el paso de control está cerrado. Significa que una mujer puede dar a luz en un auto, porque el soldado no la dejará pasar hasta el hospital que está a diez minutos de ese lugar.  Significa que un artista palestino no puede viajar al extranjero para exhibir su trabajo o para mostrar un film en un festival internacional.

Para la población de Gaza, encerrada en una prisión

Tags: , , , , , , , , ,

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

14 marzo, 2011 at 17:22

Publicado en CULTURA, ISRAEL, PALESTINA

Khadafi y la derecha en Israel…

leave a comment »

Por Robert Fisk *

A Beirut. Tormentas, abundantes lluvias. Mares que barren el pequeño puerto cerca de mi casa. Una reunión con un amigo cercano de un hijo de Khadafi. “Quiere una batalla, habibi, quiere una batalla. Quiere ser un gran héroe de los guerrilleros, el gran hombre que lucha contra los estadounidenses. Quiere ser el héroe libio que se enfrenta a los colonialistas. Cameron, Obama, ellos lo harán por él. Ellos le darán el título de héroe. Harán lo que él quiera.”

Hay mucho humo de cigarro en la habitación. Demasiado. De manera que al campo de refugiados en Mar Elias. Un hombre que escapó de las masacres de Sabra y Shatila en 1982, ahora canoso, de mi edad, mueve la cabeza ante la situación difícil de su gente en Libia. “¿Sabe que tenemos a 30.000 ahí, Robert? Khadafi los echó hace más de 10 años. La mayoría de ellos son de Gaza. Fueron ahí y los egipcios no los dejaban cruzar y los israelíes no los dejaban ir a sus casas, de manera que regresaron y ahora se quedan en Libia y esperan lo mejor de este tipo.”

Pobres palestinos. Debí saber que algo estaba pasando en Jerusalén el año pasado cuando un periodista israelí me preguntó sobre la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (Unrwa, por sus siglas en inglés), la agencia que se ha ocupado de los refugiados palestinos durante 60 años. “Estoy seguro –me anunció– de que tiene alguna conexión con el terrorismo, que juegan un rol para mantener vivo al terrorismo. ¿Qué están haciendo realmente en el Líbano?” En aquel momento pensé que esto era un poco extraño. Si hay una institución de la ONU que hace bien su trabajo es la Unrwa, ocupándose de alimentos, educación, salud y otras necesidades de millones de palestinos que perdieron –o cuyos padres o abuelos perdieron– sus hogares en 1948 y 1949 en lo que ahora es Israel.

Una visita a la suciedad de los campos en Sabra y Shatila en Beirut, o a Ein el-Helweh en Sidon, es suficiente para demostrarle a cualquiera que en medio de este pantano de miseria y desesperanza Unrwa es la única pobre cosa compasiva, mal financiada, con poco personal. Y sin embargo ahora toda la organización está siendo elegida por la derecha de Israel y sus (autoproclamados) partidarios como proveedores de oscuridad, “delegitimizadores”, una red de apoyo para los palestinos que debe ser destruida a no ser que los más pobres de los pobres –incluyendo aquellos en la miseria de Gaza– se hagan adictos a sus servicios sociales. Unrwa –me parece difícil creer que esto sea una cita real de un investigador en una importante universidad de Estados Unidos, pero lo es– ha “creado un terreno reproductor del terrorismo internacional”.

Supongo que podemos tanto llorar como reír, pero esto es un cruel –de verdad sanguinario– artículo que apareció en la revista norteamericana Commentary hace unas semanas, escrito por un tal Michael Bernstam, un tipo de la Hoover Institution de Stanford. Lo señalo no porque sea atípico, sino porque representa una creciente e implacable tendencia en el pensamiento de la derecha israelí, el tipo de brutalidad autoengañosa que se supone nos convencerá de que el destino de los más pobres de los pobres palestinos es la destrucción de sus campamentos. En su artículo, Bernstam realmente afirma que “durante 60 años Unrwa le ha estado pagando a cuatro generaciones de palestinos para que permanezcan refugiados, reproduzcan refugiados y vivan en campos de refugiados”, donde está “en efecto, financiando un autodestructivo ciclo palestino de violencia, recíproco derramamiento de sangre y una guerra perpetua contra Israel”. ¿Captan la idea? La ONU es la fuente de todo terror.

Hubo un tiempo en que este tipo de tontería habría sido ignorado, pero ahora es parte de una creciente narrativa peligrosa en la que la caridad es convertida en maldad, en la que una institución que provee ayuda a quizás el 95 por ciento de casi cinco millones de refugiados se convirtió en blanco. Como Unrwa en Gaza pareció convertirse en blanco en el baño de sangre de 2008-9, este asunto es de temer.

Pero un momento. La nota sigue. “El mandato de Unrwa creó un estado supranacional de bienestar en el que simplemente poniendo a la mayoría de los palestinos en el fondo de desempleo internacional eliminó los incentivos para el trabajo y la inversión y creó un terreno propicio para el terrorismo internacional. Es este plazo indefinido del estatus del refugiado el que pone el pan en la mesa en la casa que no paga alquiler, junto con una sarta de servicios que tampoco paga.” Esto les permite a los palestinos –ya verán– una “guerra de refugiados permanente como está alimentada por la particular afirmación del ‘derecho a volver’, el argumento de que se les debería dar a los palestinos un título de la tierra que ellos ocuparon antes de la independencia de Israel”.

Reparen en la palabra “ocupada”. Lejos de ser propietarios de la tierra, ellos ¡la “ocupaban”! Tenían un “particular” reclamo de “derecho a volver”. Y vean lo que viene ahora. “El reclamo del derecho a volver de los palestinos está dirigido a una diáspora histórica étnica de los descendientes de los refugiados perennes para repoblar otra nación-estado, Israel. Este no es el derecho de volver a un país: esto es el derecho de volver de un país, una reconquista después de una guerra perdida, un reclamo del derecho a retomar.”

Y asi sigue y sigue. Unrwa debería ser abolida, lo que “marcaría el fin del apoyo del cuerpo al aplazamiento de la agonía de palestina. Israel obviamente no es apropiado como un país de reasentamiento porque la integración ahí no es factible. En lugar de perpetuar el callejón sin salida que representa para los palestinos el estado de bienestar internacional, terminar con el reinado horroroso de seis décadas de Unrwa crearía instantáneamente las condiciones para comenzar en Medio Oriente un proceso de paz honesto, coherente y viable”.

Ahí está. Bernstam debería conocer a Khadafi. Tienen mucho en común. Total desprecio por los palestinos. Total abuso de gente que ha perdido su futuro y su vida. Total abuso para cualquiera salvo su propia tribu. ¿No fue Khadafi quien inventó la palabra “israeltino”?

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

12 marzo, 2011 at 11:45

Insurrección e intervención militar en Libia…

with one comment

¿Intento de golpe de estado en Libia de EEUU y la OTAN? (Parte I)
Global Research
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Estados Unidos y la OTAN están apoyando una insurrección armada en el Este de Libia, tratando de justificar su intervención como “intervención humanitaria”.

Este no es un movimiento de protesta no violento como en Egipto y en Túnez. Las condiciones en Libia son completamente diferentes. La insurgencia armada en el Este de Libia está directamente apoyada por potencias extranjeras. La insurrección en Bengasi enarboló inmediatamente la bandera roja, negra y verde con la media luna y la estrella: la bandera de la monarquía del Rey Idris, que simbolizaba el dominio de los antiguos poderes coloniales. (Véase Manlio Dinucci: Libya-When historial memory is erased”, Global Research, 28 febrero 2011).

Las fuerzas especiales y los asesores de la OTAN están ya sobre el terreno. La operación se planeó para hacerla coincidir con el movimiento de protesta en los países árabes vecinos, haciéndosele creer a la opinión pública que el movimiento de protesta se había extendido de forma espontánea a Libia desde Túnez y Egipto. 

La administración de Obama, en consultas con sus aliados, está propiciando una rebelión armada, es decir, un intento de golpe de estado:

“La administración Obama está preparada para ofrecer “cualquier tipo de ayuda” a los libios que tratan de derrocar a Moammar Gadafi. Estamos tendiendo la mano a muchos libios que están intentando organizarse en el este, y cuando la revolución se extienda hacia el oeste, también allí”, dijo la Secretaria de Estado Hillary Clinton el 27 de febrero. “Creo que es demasiado pronto para poder decir cómo se va a desarrollar la situación, pero vamos a estar preparados para ofrecer cualquier tipo de ayuda que cualquiera pueda necesitar de Estados Unidos”. Se están llevando a cabo esfuerzos para formar un gobierno provisional en la parte oriental del país, donde empezó la rebelión a mediados del pasado mes.

EEUU amenaza con adoptar más medidas contra el gobierno de Gadafi, pero no dijo cuáles eran ni cuándo iban a anunciarse, según Clinton.

“EEUU debería reconocer al gobierno provisional que se está ya tratando de instaurar” [McCain].

Lieberman se despachó en términos similares, instando a proporcionar “apoyo tangible, una zona de exclusión aérea, reconocimiento del gobierno revolucionario y prestar apoyo a los ciudadanos con ayuda humanitaria, aunque yo les proporcionaría armas”.

(“Clinton: US Ready to aid to Libyan opposition”, Associated Press, 27 febrero 2011, énfasis añadido).

La planeada invasion

EEUU y la OTAN están ahora considerando una invasión militar de sus fuerzas bajo un “mandato humanitario”.

“EEUU está enviando fuerzas navales y aéreas a la región en preparación de todas las opciones posibles en el enfrentamiento con Libia”, anunció el 1 de marzo el portavoz del Pentágono, Coronel Dave Lapan del cuerpo de marines. Dijo después que “fue el Presidente Obama el que pidió al ejército que se preparase para esas opciones ‘porque la situación en Libia iba a peor’” (Manlio Dinucci, “Operation Libya: The Pentagon is “Repositioning” its Naval and Air Forces…”, Global Research, 3 marzo de 2011, énfasis añadido)

El objeto real de la “Operación Libia” no es establecer la democracia sino tomar posesión de las reservas de petróleo de Libia, desestabilizar la National Oil Corporation (NOC) y, finalmente, privatizar la industria petrolera del país, es decir, transferir el control y propiedad de la riqueza petrolera de Libia a manos extranjeras. La National Oil Corporation se sitúa en el puesto 25 entre las 100 compañías petroleras más importantes del mundo. (The Energy Intelligence ranks NOC 25 among the world’s Top 100 companies”, Libyaonline.com.)

Libia está entre las mayores economías petroleras del mundo, con aproximadamente el 3,5% de las reservas globales de petróleo, más de dos veces las de EEUU (para más detalles, véase en breve la parte II de este artículo, que se llamará: “Operación Libia” y la batalla por el petróleo).

La planificada invasión de Libia, que está ya en marcha, forma parte de la más amplia “Batalla por el Petróleo”. Cerca del 80% de las reservas de petróleo de Libia se localizan en la meseta del Golfo de Sirte, al este de Libia. (Véase mapa al final)

Los supuestos estratégicos tras la “Operación Libia” son reminiscencia de las anteriores empresas militares de EEUU y la OTAN en Yugoslavia e Iraq.

En Yugoslavia, las fuerzas de EEUU y la OTAN desencadenaron una guerra civil. El objetivo era crear divisiones étnicas y políticas que finalmente llevaron al desmembramiento de todo un país. Ese objetivo se consiguió mediante la financiación y entrenamiento secretos de ejércitos paramilitares armados, primero en Bosnia (Ejército Musulmán Bosnio, 1991-95) y seguidamente en Kosovo (Ejército de Liberación de Kosovo -KLA, por sus siglas en inglés-, 1998-99). Tanto en Kosovo como en Bosnia, la desinformación llevada a cabo por los medios (incluyendo mentiras e invenciones) se utilizaron para apoyar las proclamas de EEUU y la UE de que el gobierno de Belgrado había cometido atrocidades, justificando así una intervención militar en función de razones humanitarias.

Irónicamente, la “Operación Yugoslavia” está ahora en labios de los políticos estadounidenses: el Senador Lieberman ha “comparado la situación en Libia con los acontecimientos en los Balcanes en la década de 1990, cuando dijo que EEUU ‘había intervenido para detener un genocidio contra los bosnios’. Y lo primero que hicimos fue proporcionarles armas para que se defendieran. Esto es lo que creo que deberíamos hacer en Libia”. (“Clinton: US Ready to aid to Libyan opposition”, Associated Press, 27 febrero 2011, énfasis añadido).

Esta opción está en marcha ya. La invasión de Libia ha dado comienzo.

“Cientos de asesores militares estadounidenses, británicos y franceses están ya en Cirenaica, la provincia separatista oriental de Libia… Los asesores, incluyendo oficiales de inteligencia, llegaron desde barcos de guerra y buques con misiles hasta las ciudades costeras de Bengasi y Tobruk” (DEBKAfile, “US military advisers in Cyrenaica”, 25 febrero 2011).

Las fuerzas especiales de EEUU y los aliados están sobre el terreno en el este de Libia, proporcionando apoyo secreto a los rebeldes. Esto se reconoció tras arrestarse a comandos de Fuerzas Especiales SAS británicas en la región de Bengasi. Estaban actuando como asesores militares de las fuerzas de oposición:

“Ocho comandos de las fuerzas especiales británicas, en misión secreta e intentando poner en contacto a diplomáticos británicos con los principales opositores al Coronel Gadafi en Libia, acabaron humillados tras ser detenidos por fuerzas rebeldes al este de Libia”, informaba hoy el Sunday Times.

“Los hombres, armados pero con ropas civilesl, afirmaron que estaban allí para examinar las necesidades de la oposición y ofrecer ayuda” (“Top UK comandos captures by rebel forces in Libya: Report”, Indian Express, 6 marzo 2011, énfasis añadido).

Las fuerzas de los SAS fueron arrestadas cuando escoltan a una “misión diplomática” británica que había entrado ilegalmente en el país (sin duda alguna desde un buque de guerra británico) para mantener conversaciones con los dirigentes de la rebelión. El Foreign Office británico admitió “haber enviado al este de Libia a un pequeño equipo para iniciar contactos con la oposición que apoya a los rebeldes”. (“UK diplomatic team leaves Libya”, World – CBC News, 6 marzo 2011).

Para colmo de ironías, las informaciones no sólo confirman la intervención militar occidental (incluyendo varios cientos de fuerzas especiales), sino que reconocen que la rebelión se opone firmemente a la presencia ilegal de tropas extranjeras sobre suelo libio:

“La intervención de las SAS indignó a los dirigentes de la oposición libia que ordenaron que se encerrara a los soldados en una base militar. Los opositores a Gadafi temen que éste pueda utilizar cualquier prueba de interferencias militares occidentales para reunir apoyos patrióticos hacia su régimen.” (Reuters, 6 marzo 2011).

El “diplomático” británico capturado con siete soldados de las fuerzas especiales era un miembro de la inteligencia británica, un agente del MI6 en “misión secreta” (The Sun, 7 marzo 2011).

Los comunicados de la OTAN han confirmado que estaban suministrando armas a las fuerzas de la oposición. Hay indicios, aunque no pruebas claras hasta ahora, de que se entregaron armas a los insurgentes antes de la embestida de los rebeldes. Es más que probable que también hubiera sobre el terreno asesores de inteligencia y del ejército de EEUU y la OTAN previamente a que los insurgentes dieran comienzo a su ofensiva. Esa fue la pauta aplicada en Kosovo: fuerzas especiales apoyando y entrenando al Ejército de Liberación de Kosovo en los meses anteriores a la campaña de bombardeos de 1999 y la invasión de Yugoslavia.

“La gran ofensiva lanzada por las fuerzas favorables de Gadafi [4 marzo] para arrancar el control de las ciudades y centros petroleros más importantes de Libia de manos rebeldes tuvo como consecuencia la recuperación de la ciudad clave de Zawiya y la mayoría de las ciudades petroleras por todo el Golfo de Sirte. En Washington y Londres, todo el parloteo acerca de una intervención militar al lado de la oposición libia se acalló al comprender que la inteligencia de campo a ambos lados del conflicto libio era demasiado superficial como para que pudiera servir de base para tomar decisiones.” (Debkafile, “Qaddafi pushes rebels back. Obama names Libya intel panel”, 5 marzo 2011, énfasis añadido).

El movimiento de oposición está firmemente dividido en cuanto a la cuestión de una intervención extranjera.

La división se da entre los movimientos de base, por un lado, y los “dirigentes” de la insurrección armada apoyados por EEUU, por otro, que están a favor de la intervención militar extranjera alegando “razones humanitarias”.

La mayor parte de la población libia, tanto los seguidores como los opositores al régimen, se opone firmemente a cualquier forma de intervención exterior.

Desinformación mediática

Los medios no están mencionando los amplios objetivos estratégicos que subyacen en la propuesta invasión. Tras una campaña mediática engañosa, donde se han estado fabricando literalmente las noticias sin informar sobre lo que realmente sucedía sobre el terreno, un gran sector de la opinión pública mundial ha otorgado su firme apoyo a la intervención extranjera por razones humanitarias.

La invasión está sobre la mesa de planes del Pentágono. Se está elaborando para llevarla a cabo sin tener en cuenta las demandas del pueblo de Libia, incluidos los opositores al régimen, que han expresado claramente su aversión ante una intervención militar extranjera en derogación de la soberanía de la nación.

Despliegue de fuerzas navales y aéreas

Si esta intervención militar se perpetrara, acarrearía una guerra a gran escala, un ataque relámpago, que implicaría bombardear objetivos militares y también civiles.

A este respecto, el General James Mattis, Comandante del Mando Central de EEUU (USCENTCOM), ha dado a entender que el establecimiento de una “zona de exclusión aérea” implicaría de facto una campaña de bombardeo a gran escala contra, entre otros objetivos, el sistema defensivo aéreo libio:

“Sería una operación militar, no bastaría con decirle a la gente que no volasen aviones. ‘Habría que anular toda la capacidad de defensa aérea para establecer esa zona de exclusión aérea, pensar otra cosa es hacerse falsas ilusiones’.  (U.S. general warns no-fly zone could lead to all-out war in Libya, Mail Online, 5 marzo 2011, énfasis agregado).

A lo largo de la línea costera libia se ha desplegado un potencial naval masivo estadounidense y aliado.

El Pentágono está trasladando sus buques de guerra hacia el Mediterráneo. El portaaviones USS Enterprise pasó por el Canal de Suez pocos días después de la insurrección (http://www.enterprise.navy.mil)

También están desplegados por el Mediterráneo buques de guerra anfibios estadounidenses: el USS Ponce y el USS Kearsarge.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

 

Se ha enviado a 400 marines estadounidenses a la isla griega de Creta “antes de su despliegue en buques de guerra hacia Libia” (“Operation Libya”: US Marines on Crete for Lybian deployment, Times of Malta, 3 marzo 2011).

Mientras tanto, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Canadá e Italia se preparan para desplegar navíos de guerra a lo largo de la costa libia.

Alemania ha desplegado tres buques de guerra pretextando que van a ayudar en la evacuación de los refugiados que se encuentran en la frontera entre Túnez y Libia. “Francia ha decidido enviar el Mistral, su buque-transporte de helicópteros, que, según su Ministerio de Defensa, contribuirá a evacuar a miles de egipcios”(Towards the Coasts of Libya: US, French and British Warships Enter the Mediterranean”, Agenzia Giornalistica Italia, 3 marzo 2011). Canadá ha enviado (2 de marzo) la Fragata Naval HMCS Charlottetown.

Mientras tanto, la 17ª Fuerza Aérea estadounidense, denominada Fuerza Aérea EEUU para África, con sede en la Base de la Fuerza Aérea de Ramstein, Alemania, está ayudando en la evacuación de refugiados. Las instalaciones aéreas de EEUU y la OTAN en Gran Bretaña, Italia, Francia y Oriente Medio están a la espera.Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

(Continuará en Parte II: La “Operación Libia” y la Batalla por el Petróleo)

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=23548

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

9 marzo, 2011 at 5:37

Publicado en EE.UU, ISRAEL, LIBIA

El gran terremoto del mundo árabe…

leave a comment »

LA SORPRESA DE UNA REVOLUCION QUE NO FUE ISLAMISTA

Serán todos musulmanes, pero no llevan la bandera del Islam, sino la de la democracia, del voto y los derechos civiles. El peligro es la “tutela” militar y el enorme poder de los sauditas, enemigos de todo esto.

Por Robert Fisk *

MIRO8El terremoto en Medio Oriente de las últimas cinco semanas ha sido la experiencia más tumultuosa, terrible y aturdidora en la historia de la región desde la caída del Imperio Otomano. Por una vez, “shock y turbación” eran la descripción correcta. Los dóciles, supinos, impenitentemente serviles árabes dibujados por el orientalismo se transformaron en los luchadores por la libertad y la dignidad que nosotros, los occidentales, siempre presumimos que era nuestro único rol en el mundo. Uno después de otro, nuestros sátrapas están cayendo y la gente a la que le pagamos para que los controlara está haciendo su propia historia; nuestro derecho a meternos en sus vidas (que por supuesto continuaremos ejerciendo) disminuyó para siempre.

Las placas tectónicas siguen moviéndose, con resultados trágicos y hasta de humor negro. Son incontables los potentados árabes que siempre afirmaron que querían la democracia en Medio Oriente. El rey Bashar de Siria va a mejorar los salarios de los empleados públicos. El rey Bouteflika de Algeria de pronto abandonó el estado de emergencia del país. El rey Hamad de Bahrein abrió las puertas de sus prisiones. El rey Bashir de Sudán no se presentará como candidato a presidente otra vez. El rey Abdulla de Jordania está estudiando la idea de una monarquía constitucional. Y los Al Qaida están, bueno, más bien silenciosos.

Quién hubiera creído que el viejo en la cueva de pronto saldría, encandilado y enceguecido por la luz del sol de la libertad en lugar de la oscuridad maniquea a la que se han acostumbrado sus ojos. Hubo muchos mártires en el mundo musulmán, pero no hay una bandera islamista a la vista. Los hombres y mujeres jóvenes que están llevando a su fin este tormento de dictadores eran en su mayoría musulmanes, pero el espíritu humano era más grande que el deseo de morir. Son creyentes, sí, pero llegaron aquí primero, derrocando a Mubarak mientras los secuaces de Bin Laden todavía piden su derrocamiento en videos anticuados.

Pero ahora una advertencia. No se terminó. Estamos experimentando hoy esa sensación cálida, apenas húmeda, de antes de que comiencen los truenos y los relámpagos. La última película de terror de Khadafi todavía tiene que terminar, aun con esta terrible mezcla de farsa y sangre a la que estamos acostumbrados en Medio Oriente. Y su inminente caída pone la vil adulación de nuestros propios potentados en una perspectiva aún más afilada. Berlusconi –quien en muchos aspectos ya es una burla fantasmagórica de Khadafi mismo– y Sarkozy y Lord Blair de Isfahan están tomando un aspecto aún más venido a menos que lo que creíamos. Escribí en un momento que Blair y Straw habían olvidado el factor “sorpresa”, la realidad de que esta extraña luminaria libia está absolutamente loco y sin duda haría otro acto terrible para avergonzar a nuestros amos.

Todos le están diciendo a Egipto que siga el “modelo turco”, que parece involucrar un agradable cóctel de democracia e Islam cuidadosamente controlado. Pero si esto es verdad, el ejército de Egipto mantendrá un ojo no deseado y no democrático sobre su pueblo en las décadas por venir. Como abogado, Ali Ezzatyar señaló: “Los líderes militares de Egipto han hablado de amenazas a la ‘forma de vida egipcia’… en una no tan sutil referencia a las amenazas de la Hermandad Musulmana. Esto se puede ver como una página sacada de un libro de estrategia turco”. El ejército turco resultó un hacedor de reyes cuatro veces en la historia turca moderna. ¿Y quién si no el ejército egipcio, hacedor de Nasser, constructor de Sadat, se libró del general Mubarak cuando el juego terminó?

Y la democracia, la real sin restricciones, imperfecta pero brillante versión que nosotros en Occidente hemos cultivado tan tierna y correctamente, no va a crecer feliz en el mundo árabe con el pernicioso trato de Israel a los palestinos ni con su robo de tierras en Cisjordania. Ya no es más “la única democracia en Medio Oriente”, como Israel sostenía desesperadamente –en compañía de Arabia Saudita, por Dios–, y decía que era necesario mantener la tiranía de Mubarak. Presionó el botón de los Hermanos Musulmanes en Wa- shington y fortificó el habitual temor al lobby israelí para hacer descarrilar a Obama y a la Clinton nuevamente. Enfrentados con manifestantes pro democracia en las tierras de la opresión, volvieron a apoyar a los opresores hasta que fue demasiado tarde.

Sin embargo, en Bahrein tuve una experiencia deprimente. El rey Hamad y el príncipe heredero Salman anduvieron haciendo reverencias a su población, setenta por ciento chiíta, abriendo las puertas de las prisiones, prometiendo reformas constitucionales. De manera que le pregunté a un funcionario del gobierno en Manama si esto era realmente posible. ¿Por qué no tener un primer ministro elegido en lugar de un miembro de la familia real, los Khalifa? Chasqueó su lengua. “Imposible”, dijo. “El CCG nunca podría permitir esto.” Donde dice CCG –el Consejo de Cooperación del Golfo– léase Arabia Saudita. Y aquí, me temo, nuestra historia se oscurece.

Le prestamos muy poca atención a esa banda autocrática de príncipes ladrones; creemos que son arcaicos, iletrados en política moderna, ricos (sí, “más allá de los sueños de Creso”, etc.) y nos reímos cuando el rey Abdulá ofreció hacerse cargo de las deudas del régimen de Mubarak con Washington y nos reímos cuando el viejo rey les promete 36 mil millones a sus ciudadanos para que mantengan la boca cerrada. Pero éste no es un asunto de risa. La revuelta árabe que finalmente sacó a los otomanos del mundo árabe comenzó en los desiertos de Arabia, con los jefes tribales confiando en Lawrence, McMahon y el resto de nuestra banda. Y de Arabia vino el wahabismo, una poción profunda –con espuma blanca encima de lo negro– cuya espantosa simplicidad atraía a cada posible islamista y a suicidas en el mundo sunnita musulmán.

Los sauditas acogieron a Osama bin Laden y a Al Qaida y al talibán. No mencionemos que ellos proveyeron la mayoría de los atacantes suicidas del 11 de septiembre. Y los sauditas ahora creerán que son los únicos musulmanes todavía en armas contra un mundo que se ilumina. Tengo la infeliz sospecha de que el destino de esta festividad en la historia de Medio Oriente que se está desarrollando antes nosotros será decidida en el reino del petróleo, los lugares sagrados y la corrupción. Estén alertas.

Pero una nota más alegre. Estoy buscando las citas más memorables de la revolución árabe. Tuvimos “Vuelva señor presidente, estábamos haciendo un chiste” de un manifestante anti Mubarak. Y hemos tenido el discurso estilo Goebbels de Saif el Islam el Khadafi: “Olvídense del petróleo. Olvídense del gas, habrá una guerra civil”. Mi propia cita favorita, egoísta y personal llegó cuando mi viejo amigo Tom Friedman de The New York Times se reunió conmigo para un de- sayuno en El Cairo con su habitual sonrisa. “Fisky –dijo–, un egipcio se me acercó ayer en la plaza Tahrir y me preguntó ¡si yo era Robert Fisk!” Eso es lo que yo llamo revolución.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

Written by Eduardo Aquevedo

26 febrero, 2011 at 4:36

Rebelión en el mundo Arabe: el poder de la brutalidad… y sus límites

with 2 comments

Robert Fisk
La Jornada

Luego de tres semanas de observar a la más poblada de las naciones árabes arrojar del poder a un anciano ridículo, caigo en la cuenta de un hecho extraño. Hemos estado informando al mundo de que la infección de la revolución de Túnez se propagó a Egipto, y de que en Yemen, Bahrein y Argelia han surgido protestas democráticas casi idénticas, pero hemos pasado por alto la contaminación más destacada de todas: que la policía de seguridad del Estado, puntal del poder de los autócratas árabes, recurre en Saná, Bahrein y Argel a las mismas tácticas desesperadas de salvajismo que los dictadores de Túnez y Egipto intentaron en vano contra sus ciudadanos en pie de lucha.

Así como los millones de manifestantes no violentos en El Cairo aprendieron de Al Jazeera y de sus pares en Túnez –hasta en esos mensajes de correo electrónico en que los tunecinos aconsejaban a los egipcios partir limones a la mitad y comerlos para evitar los efectos del gas lacrimógeno–, así también los esbirros de seguridad del Estado en Egipto, que presumiblemente veían los mismos programas, ejercieron precisamente la misma brutalidad que sus colegas en Túnez. Increíble, si se pone uno a pensar en ello.

Los policías de El Cairo vieron a los tunecinos apalear a los opositores hasta dejarlos como masas sanguinolentas y –pasando del todo por alto que eso precipitó la caída de Ben Alí– copiaron fielmente la táctica.

Habiendo tenido el placer de estar junto a estos guerreros del Estado en las calles de El Cairo, puedo atestiguar sus tácticas por experiencia personal. Primero, la policía uniformada confrontó a los manifestantes. Luego abrió filas para permitir que los baltagi –ex policías, drogadictos y ex presidiarios– corrieran al frente y golpearan a los manifestantes con palos, cachiporras y barretas de hierro. Luego los criminales se replegaron hacia las filas de la policía mientras los uniformados bañaban a los manifestantes con miles de latas de gas lacrimógeno (de nuevo, hechas en Estados Unidos). Al final, según observé con considerable satisfacción, los manifestantes sencillamente avasallaron a los hombres del Estado y sus mafiosos.

Pero, ¿qué ocurre cuando sintonizo Al Jazeera para ver hacia dónde debemos viajar ahora? En las calles de Yemen hay policías de seguridad del Estado cargando con cachiporras a las multitudes de manifestantes en Saná y luego abriendo filas para permitir que esbirros sin uniforme ataquen con garrotes, cachiporras, barras de hierro y pistolas. Y en el momento en que estos criminales se repliegan, la policía yemení baña de gas lacrimógeno a las multitudes. Luego las imágenes son de Bahrein, donde –no necesito decirlo, ¿o sí?– los policías aporrean a hombres y mujeres y arrojan miles de cargas de gas lacrimógeno con tal promiscuidad que los propios uniformados acaban vomitando en el pavimento. Extraño, ¿no?

Pero no, sospecho que no. Durante años, los servicios secretos de estos países han imitado a sus iguales por una sencilla razón: porque sus capos de inteligencia han estado pasándose tips durante años. También para torturar. Los egipcios aprendieron a usar electricidad con mucha mayor fuerza en sus prisiones del desierto luego de una amistosa visita de los muchachos de la estación de policía de Chateauneuf, en Argel (que se especializan en bombear agua en el cuerpo de los hombres hasta literalmente hacerlos estallar en pedazos). Cuando estuve en Argel, el pasado diciembre, el jefe de seguridad del Estado tunecino llegó en visita fraternal. Fue como cuando los argelinos visitaron Siria en 1994 para averiguar cómo Hafez Assad enfrentó el levantamiento musulmán de 1982 en Hama. Simple: masacrar a la gente, volar la ciudad, dejar a la intemperie los cuerpos de culpables e inocentes por igual para que los sobrevivientes los vieran. Y eso mismo hizo le pouvoir después tanto con los desalmados islamistas armados como con su propio pueblo.

Fue algo infernal, esa universidad abierta de la tortura, una constante ronda de conferencias y recuentos de primera mano de interrogatorios hechos por sádicos del mundo árabe, con el constante apoyo del Pentágono y sus escandalosos manuales de cooperación estratégica, para no mencionar el entusiasmo de Israel.

Pero había una falla vital en esas lecciones. Si alguna vez –sólo una vez– la gente perdiera el miedo y se levantara para aplastar a sus opresores, el mismo sistema de dolor y horror se volvería su enemigo, y su ferocidad sería precisamente la razón de su derrumbe. Eso es lo que ocurrió en Túnez. Y en Egipto.

Es una lección instructiva. Bahrein, Argelia y Yemen aplican políticas de brutalidad idénticas a las que les fallaron a Ben Alí y Mubarak. No es ése el único extraño paralelismo entre el derrocamiento de los dos titanes. Mubarak en verdad creía la noche del jueves que el pueblo sufriría otros cinco meses de su dictadura. Ben Alí al parecer creía lo mismo.

Lo que esto demuestra es que los dictadores de Medio Oriente son infinitamente más estúpidos, desalmados, vanidosos, arrogantes y ridículos de lo que sus propios pueblos creían. Gengis Kan y lord Blair de Isfaján fundidos en uno.

Traducción: Jorge Anaya

© The Independent

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/02/16/index.php?section=opinion&article=034a1mun

rCR

Written by Eduardo Aquevedo

21 febrero, 2011 at 13:14