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El genocidio de Ruanda de 1994 (1.000.000 de asesinatos), por Hernán Zin…

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Serie de 6 artículos sobre el genocidio de Ruanda, 1994

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Veinte años del genocidio de Ruanda: un trabajo eficiente (1)

24 marzo 2014

El 7 de abril se cumple el vigésimo aniversario del genocidio de Ruanda. Aquí algunas impresiones, reflexiones, datos y testimonios que he recogido a lo largo de los últimos días en el país de las mil colinas junto a Jon Sistiaga para un documental que emitirá próximamente Canal Plus.

Se suele sostener que el Holocausto resultó un éxito gracias a los medios tecnológicos con los que contaron los nazis para agrupar, controlar y asesinar a judíos y gitanos. Sin embargo, los hutus de Ruanda, que no tuvieron más que pistolas, granadas y machetes, resultaron mucho más eficientes en su particular genocidio contra los tutsis y los hutus moderados.

La diferencia fue que mientras los alemanes dejaron en unas pocas manos la ejecución de la llamada “solución final”, en Ruanda desde jóvenes hasta ancianos salieron a la calle a matar. Maestros asesinaron a alumnos; médicos a enfermos. Fue, en este sentido, un genocidio popular.

La ola de muerte que se desató el 7 de abril de 1994 en este pequeño país tuvo un ritmo vertiginoso. Hagamos cuentas. Un millón de personas asesinadas en cien días. Esto equivale a 10.000 muertes al día. 416 por hora. 25 al minuto.

Pero hay dos factores importantes que señalan una eficiencia destructiva superior aún: la mayoría de los muertos tuvieron lugar durante las tres primeras semanas; los asesinos interhamwe se tomaban el genocidio como un trabajo de ocho horas diaria, no más. De hecho, esa era la consigna que daba el gobierno a través de Radio Mil Colinas: salir a matar era un trabajo.

 

Veinte años del genocidio de Ruanda: el silencio de EEUU (2)
25 marzo 2014

La batalla de Mogadiscio, recreada por la película “Black Hawk Derribado” de Ridley Scott, tuvo lugar los días 3 y 4 de octubre de 1993. Enfrentó a fuerzas especiales de EEUU con los hombres del señor de la guerra Mohamed Farrah Aidid. Terminó con la vida de 18 soldados de EEUU y la de más de mil somalíes. Y significó la salida de las tropas estadounidenses de Somalia. Sería la última vez que este país formaría parte directamente de una misión de paz de la ONU.

Para el presidente Bill Clinton aquello supuso una gran derrota. Sobre todo frente a la opinión pública. La foto del soldado Cleveland arrastrado por una multitud de somalíes por la calles de Mogadiscio enfureció al estadounidense medio, que no entendía qué hacían fuerzas de su país en una misión para alimentar a los hambrientos de un lugar de África del que nunca había escuchado hablar.

Años más tarde, periodistas como Peter Bergen rebelaron que Osama Bin Laden no solo financió a los hombres de Mohamed Farrah Aidid sino que envió a sus propios comandos a luchar contra los norteamericanos en Somalia. Esto hace de la Batalla de Mogadiscio, el primer enfrentamiento entre Occidente y Al Qaeda. Un avance de lo que sería la tónica en la primera década del siglo XXI.

Por eso, cuando seis meses más tarde comenzó el Genocidio en Ruanda, la administración Clinton hizo todo lo posible por evitar tener que volver a mandar nuevamente soldados a África. La primera estrategia que siguió fue negar el Genocidio, pues como suscriptor de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio – que firmó en 1981 – tenía la obligación de intervenir para impedir y castigar los actos tendientes a destruir una nación, etnia, raza o grupo religioso.

Madeleine Albright, en aquel entonces embajadora de EEUU para la ONU, hizo todo lo posible por minimizar lo que sucedía en Ruanda.

Pidió reducir el número de cascos azules de la ONU. Retrasó varias reuniones del Consejo de Seguridad. Cada día de demora, sumaba otros once mil muertos. Muy curioso siendo ella misma una refugiada checa de padres que escaparon del nazismo. Su equipo hablaba a la prensa de un “un posible acto de de genocidio”, pero nunca de un genocidio en sí, estrategia ridícula que causaba asombro y estupor entre los periodistas y diplomáticos.

Finalmente, ocho países africanos decidieron intervenir para frenar el Genocidio. Solo pidieron a EEUU apoyo aéreo para transportar las tropas. Bill Clinton accedió pero fue Francia quien intervino a través de la llamada Operación Turquesa, que sirvió más para proteger a sus aliados hutus que para salvar vidas tutsis.

 

Veinte años del genocidio de Ruanda: la complicidad de Francia (3)

26 marzo 2014

Sobre las conciencias de Madeleine Albright y Bill Clinton permanece el no haber actuado a tiempo para frenar el Genocidio de Ruanda. Y sobre las de algunos políticos franceses como el fallecido François Mitterrand, Alan Juppé y Dominique de Villepin, una responsabilidad aún mayor: haber colaborado directamente con los extremistas hutus que terminarían con la vida de casi un millón de tutsis y hutus moderados.

Una de las prioridades en política exterior francesa es mantener la influencia en sus antiguos dominios africanos. Si bien Ruanda es una antigua colonia belga, Francia vio en ella la posibilidad de incrementar su poder en un continente inmensamente rico en recursos en recursos naturales, de expandir la llamada francofonía. Para ello, su estrategia fue apoyar a la mayoría hutu, pues veía en los rebeldes tutsis, surgidos en Uganda, a representantes del África anglohablante, británica.

François Mitterrand mantuvo una estrecha relación personal con el presidente Juvénal Habyarimana, perteneciente a la etnia hutu. No le importaba que llevara casi treinta años en el poder, que no hubiese libertad política ni de expresión, que las matanzas contra tutsis se volvieran a reavivar en los años noventa, el gobierno francés enviaba regularmente armamento y militar personal a Ruanda. El hijo de Mitterrand, Jean Christophe, también mantenía una gran amistad con Habyarimana. No en vano se dedicaba al comercio de armas.

Cuando surge en Uganda la guerrilla tutsi del Frente Patriótico Ruandés (FPR) e invade el norte del país para tratar de deponer al dictador, son comandos franceses los que luchan contra estos rebeldes. De no haber sido por la intervención militar gala, el gobierno del presidente Habyarimana habría caído rápidamente en 1991.

Operación Turquesa

Llega el año 1994, el asesinato de Habyarimana es la excusa perfecta para lanzar el genocidio que los ultras hutus llevaban años gestando en los medios de comunicación y a través de los grupos paramilitares conocidos como interahamwe. El ritmo de asesinatos en masa resulta escalofriante, sin embargo, Francia sigue apoyando a los hutus que han tomado el poder tras la muerte de Habyarimana. El dialogo entre París y Kigale es fluido. El gobierno francés vende a su prensa que las matanzas son espontáneas, muestras de ira por el asesinato del presidente hutu, y que suceden en ambas direcciones.

Es recién en el tercer mes del genocidio cuando el Gobierno francés, presionado por la opinión pública, toma la decisión de lanzar una “campaña humanitaria” para salvar a los tutsis. Con el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU organiza la Operación Turquesa, que fue en realidad la creación de un corredor que permitió la huida de millones de hutus a la vecina Zaire, incluidos los responsables del genocidio. Del otro lado de la frontera, armó a los ahora rebeldes hutus. En la propia Francia dio asilo a muchos altos cargos del régimen genocida.

Algunos soldados franceses expresaron públicamente su estupefacción al descubrir que habían sido usados para salvar a los genocidas y no a sus víctimas (de hecho, durante la operación Turquesa, decenas de miles de tutsis siguieron siendo aniquilados). El ex presidente Valéry Giscard d’Estaing acusó a las fuerzas armadas francesas de “proteger a los que han llevado a cabo las masacres”.

En 2006, un juez francés acusó al actual presidente ruandés Paul Kagame de haber orquestado el asesinato de Habyarimana, cuyo avión, un Falcon 50 jet regalo del primer ministro Jacques Chirac, se estrelló cerca del aeropuerto de Kigali. Investigaciones posteriores apuntan a que fueron hutus extremistas, deseosos de desatar el genocidio, quienes dispararon contra el avión del presidente.

La respuesta de Ruanda, que rompió relaciones diplomáticas con Francia llegó dos años más tarde en un informe de 500 páginas. Esta investigación, basada en 150 entrevistas, sostenía la vinculación de 33 altos cargos y políticos franceses con el Genocidio. Un curioso cambio de tornas si tenemos en cuenta que casi siempre son los gobiernos de Europa y EEUU, o las ONG de estos países, las que acusan de violaciones de derechos humanos.

Me envían desde la Embajada de Francia en España la siguiente información:
“En un artículo con fecha de 26 de marzo publicado en un blog de 20minutos.es, se ha acusado a Francia de complicidad en el genocidio ruandés. Esta alegación es gravísima e infundada.
Cuando empezó el genocidio ruandés el 7 de abril de 1994, fue Francia la primera en recurrir al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y fue Francia quien recibió el mandato de desplegar una operación humanitaria. Ésta permitió que se evacuaran a miles de personas supervivientes y que miles de personas desplazadas pudieran recibir auxilios y cuidados. Ya en noviembre de 1994, Francia apoyó la creación del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, con quien colabora estrechamente desde el comienzo de sus actividades.
En Francia ha habido un debate sobre nuestra responsabilidad en la tragedia ruandesa y todos los protagonistas franceses y varias personalidades internacionales han comparecido ante una comisión parlamentaria multipartidaria que, además, ha tenido acceso a los archivos sin ninguna restricción. Dicha comisión concluyó, en 1998, que en ningún momento se podía sostener la acusación de responsabilidad de Francia en la comisión del genocidio, si bien se podía lamentar no haberse dado cuenta de que el genocidio ya se estaba preparando en los meses previos.
El informe exhaustivo de esta comisión es de dominio público. Hay que recordar que, desde 1993, llevábamos un acuerdo de paz entre los hutus y los tutsis en el marco de la ONU, y que fue el fracaso de dicho acuerdo el que desencadenó el genocidio.
Existe una discusión legítima sobre la acción de la comunidad internacional antes y durante el genocidio. Francia asume la parte que le corresponde, y además desde hace bastante tiempo, para comprender las innegables insuficiencias de la reacción internacional con respecto al drama ruandés. Los mecanismos jurídicos y políticos resultaron claramente ineficaces para anticipar y prevenir el genocidio. Esta constatación obliga a la comunidad internacional a revisar sus instrumentos, y es la razón por la cual Francia apoya activamente el principio de la responsabilidad de proteger, en virtud del cual las poblaciones deben ser preservadas de todo genocidio, de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad.
La libertad de prensa y la libertad de expresión son unos derechos fundamentales, que Francia defiende con fuerza y que van unidos con el afán de una información justa y del respeto del otro. Es en nombre de esos principios que quería responder, poniendo a disposición de los lectores todos los elementos de una discusión en profundidad sobre la cuestión trágica del genocidio ruandés.
Jérôme Bonnafont, Embajador de Francia en España.”

 

Veinte años del genocidio de Ruanda: la indiferencia de la ONU (4)
31 marzo 2014

Estados Unidos nunca pidió perdón por haber negado durante semanas el Genocidio. Francia tampoco ha hecho acto de contrición alguno por haber armado, entrenado y apoyado militarmente a los radicales hutus que llevarían a cabo el exterminio tutsi (fanáticos que ya habían perpetrado la matanza de decenas de miles de tutsis en 1991 y que, tras el genocidio, una vez exilados en la República Democrática del Congo, provocarían una guerra que costaría la vida a cinco millones de personas).

Paradójicamente, quien sí pidió perdón en numerosas ocasiones fue el hombre que desde la propia Ruanda alertó a la comunidad internacional sobre lo que iba suceder. Supongo que esa es la diferencia entre tomar decisiones desde un despacho o estar en el terreno, a pie de calle, mirando a los ojos a la gente, como lo estaba el Mayor General Roméo Dallaire, comandante de la misión de la ONU en Ruanda.

Crónica de un genocidio anunciado

El 11 de enero de 1994, casi tres meses antes del comienzo del Genocidio, Dallaire envió un fax urgente a la ONU en el que describía con asombrosa precisión lo que iba a suceder:

. Los radicales hutus planean asesinar a soldados belgas de la ONU para provocar la salida de Bélgica del país.

. Los interharamwe se están agrupando en grupos de 40 hombres dispersos por Kigale, tras haber sido entrenados por el ejército de Ruanda.

. Los registros que la ONU ha hecho de los tutsis en Kigale podrían ser usados para su exterminio. Los grupos armados se dicen capaces de matar a mil tutsis en apenas 20 minutos.

Esta información Dallaire la recibió de un antiguo miembro de la seguridad del presidente de Ruanda, al que le habían encargado entrenar a los interharamwe. Este hombre, que pedía a la ONU protección para sí mismo y su familia, respaldaba la lucha contra los rebeldes tutsis del RPF pero no la matanza indiscriminada de civiles.

Dallaire, en su fax a la ONU, no solo informa sobre lo que va a suceder sino que traza un plan de acción para evitarlo. Lo primero que solicita es intervenir los depósitos de armas en Kigale. Según el tratado de Paz de Arusha, firmado entre los rebeldes tutsis y el gobierno Hutu de Ruanda en 1993, la capital debía estar libre de armas.

Sin embargo, como sostiene Philip Gourevitch en su magnífico libro We Wish To Inform You that Tomorrow We Will Be Killed With Our Families, los aviones franceses cargados de armamentos ligero no dejaban de llegar a la capital. Los machetes llegaban desde China.

Sin respuesta de NY

Kofi Annan, futuro Secretario General de la ONU, estaba al frente de las misiones de paz de la organización. Iqbal Riza, su mano derecha, respondió esa misma noche al fax de Dallaire, en el que se sería uno de los mayores fallos en la historia de la ONU.

Le decía que no podía incautar las armas, según el mandato de la misión en Ruanda, conocida por el acrónimo UNAMIR. Su obligación era informar al presidente del país de esa actividades y pedirle que actuase.

Tiempo más tarde, Riza se justificaría diciendo que a su despacho en Nueva York llegaban todos los días faxes con noticias alarmantes. Y que aquella información que podría haber salvado la vida de un millón de personas, había naufragado entre las llamadas de teléfono, las visitas, las reuniones, el hilo musical y la distancia.

Dallaire envió el mismo fax a las embajadas de EEUU, Francia y Bélgica, por lo que otros tantos funcionarios y políticos en estos países también fueron informados de lo que iba a suceder.

 

Veinte años del genocidio de Ruanda: Kangura, la revista del odio (5)
01 abril 2014

Hassan Ngeze fue el equivalente ruandés de aquel perverso propagandista alemán, Julius Streicher, que dirigió Der Stürmer, el periódico que funcionó como epicentro de la difusión de la ideología nazi en los años previos a la segunda guerra mundial. Julius Streicher terminó siendo juzgado y ejecutado. Ngeze cumple cadena perpetua en una prisión de Ruanda.

Musulmán de origen hutu, Ngeze ejerció un rol fundamental en la propaganda victimista y racista que llevaría a decenas de miles de ruandeses a levantar los machetes contra sus vecinos tutsis. Lo hizo a través de su revista, llamada Kangura, que estaba financiada por elementos radicales del partido del presidente Juvénal Habyarimana.

El ideologo

Por supuesto que, en un país como Ruanda, que en aquel momento tenía un alto índice de analfabetismo, Radio Télévision Libre des Mille Collines (RTLM) resultaba mucho más eficiente a la hora de llegar a la población en general (os recomiendo el trabajo de Allan Thomson sobre la prensa en aquellos días).

Sin embargo, la perversa habilidad de Ngeze radicaba en que las consignas que lanzaba en la revista Kangura se convertían rápidamente en el credo de los extremistas hutus.

Los diez mandamientos hutu

De todas las macabras invenciones de Ngeze, que dirigía Kangura, los llamados “Diez mandamientos hutu” fueron los más populares. Se leían en las radios, en los mítines, en las iglesias.

. El primer mandamiento hablaba de las mujeres tutsis, que si bien eran las más guapas y deseadas, trabajaban para su propio grupo étnico, por tanto, el hutu que se casa con una tutsi es un traidor.

. Las mujeres hutus deben vigilar a sus maridos, hermanos e hijos para que no se dejen seducir por las tutsis.

. Los tutsis son siempre deshonestos en los negocios. Un buen hutu no realiza transacciones con ellos.

. El octavo mandamiento es el más sintético y terrible de todos: “Los hutus deben dejar de tener piedad de los tutsis”.

El número en el que se publicaron los Diez Mandamientos Hutu traía una gran foto del presidente francés Francois Mitterand en la que se leía “El amigo que te ayuda cuando lo necesitas, es un gran amigo”.

Portadas que vislumbran el genocidio

Desde que apareciera en 1990, los distintos números de la revista Kangura – cuyo nombre quiere decir “despertadlos” – fueron anunciando lo que iba a ser el Genocidio.

. La portada de noviembre de 1991 se preguntaba “¿Qué armas usaremos para vencer a las cucarachas para siempre?”. Junto a esta frase aparecía un machete.

. El número de enero de 1994 anunciaba que el presidente Juvénal Habyarimana iba a ser asesinado en marzo.

. En ese mismo ejemplar pedía en tono amenazante a la misión de la ONU en Ruanda, UNAMIR, que reconsiderada los riesgos a los que se exponía.

Si bien sus principales víctimas eran los tutsis – a los que acusaba de venir de Etiopía, de tener planes secretos para aniquilar a los tutsis – la publicación de Ngeze también azuzaba a los hutus moderados. Sostenía que el presidente Habyarimana no era lo suficientemente duro con los tutsis.

Esta estrategia de cuestionar al gobierno le valió a Ngeze una breve temporada en prisión. Lo curioso es que Amnistía Internacional abogó por la liberación del editor de Kangura, al que calificó de crítico del sistema, cuando en realidad fue uno de los hombres que lo modeló ideológicamente hasta el genocidio.

 

Veinte años del genocidio de Ruanda: sin noticias de la prensa extranjera (6)
02 abril 2014

Hasta ahora hemos repasado la sucesión de errores, connivencias, dilaciones e ineptitudes, desde EEUU pasando por Francia y la ONU, que permitieron el genocidio de Ruanda. A esta lista podríamos sumar una circunstancia que no se suele mencionar: la ausencia casi absoluta de periodistas extranjeros.

No sería desacertado suponer que, de haber mostrado las cadenas internacionales y los periódicos imágenes de las matanzas, los radicales hutus no hubiesen actuado con tanta impunidad y el mundo no habría tardado tanto en reaccionar. Sin embargo, la prensa no llegó a tiempo y en esa época no existían teléfonos con cámaras de fotos e Internet estaba en sus albores, por lo que casi no hay imágenes del genocidio.

La mayor matanza de personas de las últimas décadas apenas tiene elementos gráficos que den testimonio de su horror. Carece de una imagen distintiva como sí la tuvieron Plaza Tiananmen, la ofensiva del Tet, la hambruna de Etiopía o el fracaso de Estados Unidos en Somalia.

Salvar a los extranjeros

En el momento en que es derribado el avión del presidente Juvénal Habyarimana, que provocó que en cuestión de pocas horas los radicales hutus anegaran la capital de barreras en las calles para exterminar a los tutsis, solo había dos periodistas en toda Ruanda: Katrina van der Schoot, reportera freelance para radio Bélgica, y Lindsay Hilsum, que trabajaba para UNICEF pero colaboraba con la BBC, The Guardian y The Observer.

Días más tarde llegaron cronistas de grandes medios, más que para hablar de la violencia, para cubrir la salida masiva de extranjeros. Uno de ellos fue Mark Doyle, reportero de la BBC con base en Nairobi. Uno de los escasos reporteros que pasó en Ruanda la mayor parte del genocidio. Entró primero al país por el norte, junto a las tropas rebeldes de Paul Kagame, pero luego, al descubrir que no podía seguir avanzando hacia Kigale, se trasladó a Entebbe, Uganda.

En este aeropuerto consiguió que un avión del Programa Mundial de Alimentos que iba a repatriar extranjeros lo llevara junto a otros periodistas a la capital de Ruanda. Según cuenta el propio Doyle, Romeo Dallaire, el general al mando de las fuerzas de la ONU, no se mostró muy contento al verlos llegar. Muchos periodistas se quedaron en el aeropuerto, que el 9 de abril había sido tomado por comandos franceses para garantizar la repatriación. Desde allí acompañaban a las tropas extranjeras en las incursiones para rescatar a sus nacionales.

Comprender la situación

Las imágenes de aquellas incursiones son desgarradoras, pues los tutsis suplicaban por sus vidas, pero solo los blancos eran sacados de allí. Lo terrible es que el día 10 de abril había más de 1.500 soldados de EEUU, Francia y Bélgica en Kigale, pero solo para rescatar a los extranjeros. De haber recibido las órdenes correctas, podrían haber cambiado el curso de los acontecimientos con facilidad.

Periódicos como The New York Times o el Washington Post publicaron crónicas diarias en aquellos momentos, pero lo hicieron en las páginas interiores, y muchas veces con fotos antiguas o sin contexto que reforzaron el mito de un enfrentamiento tribal. Las noticias de África estaban centradas en las históricas elecciones de Sudáfrica, que llevarían a Nelson Mandela al poder.

Una vez que los extranjeros – curas, diplomáticos, cooperantes – fueron repatriados, la mayoría de los reporteros se fueron con ellos. La historia en Ruanda, al menos desde lo que creían que sus públicos querían saber sobre aquel conflicto en un país perdido en el corazón de África, había terminado.

Mark Doyle permaneció. La lectura de sus crónicas muestra cómo empieza a comprender gradualmente la situación. Va dejando de hablar de la guerra para centrarse en el asesinato masivo de civiles hasta que el día 29 de abril se anima a usar la palabra clave, genocidio, en parte gracias al amparo de un informe de Oxfam.

Uno de los problemas que sufrió Doyle en su trabajo fue que la redacción en Londres seguía anclada en la teoría de que eran matanzas surgidas del caos y perpetradas de igual manera por ambos bandos. Quizás se deba a los clichés sobre África, pero les costaba aceptar que aquello fuera un exterminio metódico y organizado de seres humanos.

Un cámara escondido

Otro reportero de excepción que estuvo durante el genocidio fue el cámara freelance Nick Hughes, que terminaría por testificar como testigo en la Corte Penal Internacional para Ruanda. Las imágenes que Hughes grabó el día 18 de abril se convirtieron en el documento por antonomasia sobre el genocidio.

Las grabó escondido en lo alto de una escuela francesa en Kigale. Para no ser descubierto enfocó la cámara a través del tubo de un lanzagranadas que le dejó un soldado belga.

En las imágenes se ve a una mujer al costado de una carretera polvorienta, rodeada de cadáveres. Aturdida, levanta los brazos y suplica uniendo las manos. Pasan varios minutos. Los asesinos interhamwe van y vienen con sus machetes. Parecen no verla. Hasta que un par de ellos se detienen, la asestan varios golpes mortales, y siguen caminando de forma casual.

El personaje del periodista que interpreta Joaquim Phoenix en “Hotel Ruanda” se basa en Hughes. De hecho, hay un momento en el que Phoenix realiza una grabación similar. Hughes volvió a Ruanda en 2008 para la grabación del documental “Iseta, detrás del puesto de control”, en el que se encuentra con la familia de la mujer cuyo asesinato grabó en 1994.

Todos a Zaire

Cuando Francia lanza la Operación Turquesa, es entonces que los periodistas llegan en masa. Se instalan servicios satelitales para que las cadenas internacionales puedan transmitir en directo. La paradoja es que en ese momento la noticia ya no es el genocidio sino el hacinamiento de los refugiados hutus en la vecina Zaire, donde mueren por millares a causa del cólera.

La diferencia fue que mientras los alemanes dejaron en unas pocas manos la ejecución de la llamada “solución final”, en Ruanda desde jóvenes hasta ancianos salieron a la calle a matar. Maestros asesinaron a alumnos; médicos a enfermos. Fue, en este sentido, un genocidio popular.

La ola de muerte que se desató el 7 de abril de 1994 en este pequeño país tuvo un ritmo vertiginoso. Hagamos cuentas. Un millón de personas asesinadas en cien días. Esto equivale a 10.000 muertes al día. 416 por hora. 25 al minuto.

Pero hay dos factores importantes que señalan una eficiencia destructiva superior aún: la mayoría de los muertos tuvieron lugar durante las tres primeras semanas; los asesinos interhamwe se tomaban el genocidio como un trabajo de ocho horas diaria, no más. De hecho, esa era la consigna que daba el gobierno a través de Radio Mil Colinas: salir a matar era un trabajo.

 

* Esta serie de veinte artículos sobre los veinte años del Genocidio de Ruanda forma parte de “Matando perros”, mi próximo libro. Se basa en al menos un centenar de entrevistas realizadas en más de 15 viajes a Ruanda y a la vecina República Democrática del Congo a lo largo de los últimos cinco años; así como en los libros escritos por Philip Gourevitch, Linda Poltman, Jean Hatzfeld, Lieve Joris, Linda Melvern, Andrew Wallis, Samantha Power, Daniel Kroslak, Roméo Dallaire; y en numerosos informes de la ONU, de organizaciones de Derechos Humanos y gobiernos (Hernan Zin)

(SEGUIREMOS PUBLICANDO ESTA SERIE DE INTERESANTES ARTICULOS EN LA MEDIDA QUE ESTEN DISPONIBLES)

http://blogs.20minutos.es/enguerra/

Batacazo francés, por Rossana Rossanda…

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30/03/14

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El Frente Nacional de Le Pen no sólo se ha convertido –allí donde se presenta – en el primer partido sino que ha enviado al Partido Socialista, en cabeza en las presidenciales de hace dos años, al tercer lugar. ¿Reflexionarán las cabezas de la UE sobre la evidencia de que la Europa monetaria y rigorista devuelve a la vida a la extrema derecha por vez primera desde el final de la II Guerra Mundial?

Esperemos que el solemne porrazo de los socialistas en las elecciones municipales en Francia borre las insulsas sonrisas de las facciones de Renzi y de Barroso, a las que hasta ahora no había rozado la duda de que la política de austeridad seguida por la Comisión favoreciese a las derechas. Y no a las derechas, para entendernos, a lo Monti, sino a las extremas y fascistizantes. Inútil reconocer que así es, y sin fingimientos, el húngaro Viktor Orban, al que ha correspondido durante seis meses la presidencia europea, y lo son también las fuerzas que por todas partes se imponen a los residuos bipolaristas entre una izquierda y una derecha “democráticas”. La última, clamorosa, Francia, donde el domingo [23 de marzo] se votó en 36.000 municipios y el Frente Nacional de Le Pen, antisemita, xenófobo y antieuropeo, no sólo se ha convertido – allí dondese presentaba – en el primer partido sino que ha enviado al Partido Socialista, en cabeza en las presidenciales de hace dos años, no al segundo sino al tercer puesto, mientras el Partido Comunista y el Frente de Izquierda se deslizan con frecuencia hasta el cuarto.

Era de prever, cuando el desempleo y el precariado afectan cuatro millones de franceses, algo no muy diferente de Italia. De un par de años a esta parte, – casi a diario – se deslocaliza y cierra una empresa francesa grande o mediana y el gobierno Hollande, que había ganado comprometiéndose a luchar contra las finanzas, no ha estado en disposición de defender el empleo ni, en general, las empresas, ni siquiera cuando se cerraban o deslocalizaban declarando, sin embargo, pingúes ganancias; los trabajadores salían de los talleres decididos a luchar, encontraban la solidaridad del alcalde si, como era frecuente, la empresa golpeada era también la más importante de muchos pueblos de mediana urbanización. El resultado habitual era que al cabo de tres semanas había que contentarse con negociar los llamados “planos sociales”, otros, y por lo general lejanos, empleos o indemnizaciones, con las condolencias de las centrales sindicales y de los ministerios interesados. A tres días de las elecciones municipales, la semana pasada cerró la Redoute, la más antigua y conocida empresa de confección, que cubría por si sola un enorme porcentaje del consumo de clase media, llevando a la ruina a ciudades industriales enteras, erosionando la capacidad adquisitiva de las masas obreras y pequeño burguesas.

¿Todo visible y previsible? Sí, salvo para un gobierno socialista, semejante a nuestro PD, a quien los tratados imponen no intervenir para no perturbar la libre concurrencia y que esperaba arreglárselas con empresas militares costosas y difíciles en el antiguo imperio colonial francés, en Mali y luego en África Central. Mientras tanto, el presidente y el ministro de Exteriores, Fabius, jaleaban recurrir a la mano dura contra Putin en Crimea; como si el conocido nacionalismo del Hexágono pudiese hacer olvidar las condiciones de creciente empobrecimiento.

Ayer noche, ante los resultados, todo el equipo socialista caía de las nubes mientras Marine Le Pen se regodeaba en el triunfo de la ola azul que llevaba su nombre. Satisfecha también la UMP de Sarkozy, segura de que el gobierno habría invocado la unidad nacional antifascista, legitimando el voto a la derecha republicana, como ya sucedió en el momento de la caída de Jospin en las presidenciales de los años 90. ¿Reflexionará la Comisión europea? ¿Reflexionarán las cabezas de la UE ante la evidencia de de que la Europa monetaria y rigorista devuelve a la vida a la extrema derecha por vez primera desde el final de la II Guerra Mundial? ¿Y que el Frente Nacional se convierte en el primer partido popular en Francia? ¿Reflexionarán los muchos que en Italia observan benévolamente a Renzi y el juego de trileros que consiste en meter (casi) en la nómina de un tramo de rentas bajas lo que recorta en servicios públicos y en impuestos locales?

El PD sigue, de hecho, el mismo camino de Hollande, y su débil izquierda interna no parece en disposición de hacerle cambiar en la derrota. ¿Y qué decir de la CGIL [confederación sindical] de Susanna Camusso que arma jaleo después de haber votado poco antes un acuerdo sobre relaciones industriales excesivo hasta para nuestro maltrecho vecino? ¿Y de la FIOM [sindicato del metal] de Landini que, aislada, confía, también ella, en el Matteo nacional?

En suma, no queda más que desear que el duro porrazo francés, del que difícilmente pueden recuperarse en la segunda vuelta, funcione como rigurosa lección contra los excesos de estulticia de los últimos veinte años de Europa.

Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

Traducción para http://www.sinpermiso.info: Lucas Antón

I. Ramonet: Elecciones en Francia…

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Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique

 

La elección presidencial es, en Francia, “la madre de todas las votaciones” y el punto incandescente del debate político. Tiene lugar cada cinco años. Es un sufragio universal directo a dos vueltas. En principio, cualquier ciudadano francés se puede presentar a la primera vuelta, que tiene lugar esta vez el 22 de abril. Aunque debe cumplir una serie de requisitos. Entre ellos, contar con el apoyo de 500 cargos electos de al menos 30 departamentos (provincias) distintos (1). Si ningún candidato obtiene mayoría absoluta (más del 50% de los votos), se impone una segunda vuelta dos semanas después. Desde la instauración de la Quinta República en 1958, siempre ha habido una segunda vuelta. A ella acceden tan sólo los dos candidados que encabezan el primer turno. O sea, habrá que esperar hasta el próximo 6 de mayo para conocer el resultado. Entre tanto, toda la vida política gira en torno a ese acontecimiento central.

Por el momento, nadie tiene la partida ganada, aunque –según todas las encuestas– la final parece que se jugará entre dos candidatos: el presidente conservador saliente Nicolas Sarkozy, y el líder socialista, François Hollande. Pero quedan todavía varias semanas de campaña en las que muchas cosas pueden ocurrir (2). Y además, un tercio de los electores no ha decidido aún por quién votará…

Los debates se desarrollan en un contexto marcado por dos fenómenos principales: 1) la mayor crisis eco­nómica y social que Francia ha conocido en los últimos decenios (3); 2) una creciente desconfianza hacia el ­funcionamiento de la democracia ­representativa.

La Constitución sólo autoriza dos mandatos consecutivos. El presidente Sarkozy se declaró oficialmente el 15 de febrero pasado candidato a su propia sucesión. Desde entonces la poderosa maquinaria de su partido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), se ha puesto briosamente en marcha. Y ha conseguido que ­todos los demás candidatos de la derecha (excepto el soberanista Nicolas ­Dupont-Aignan) se retiren de la ­contienda para dejarle como único representante de la corriente conservadora (4). La batalla sin embargo no será fácil. Todas las encuestas lo dan por derrotado en la segunda vuelta frente al candidato socialdemócrata François Hollande.

Sarkozy se ha vuelto muy impopular. En el extranjero, muchas personas no lo conciben porque únicamente perciben su imagen de líder internacional enérgico dirigiendo, junto con Angela Merkel, las Cumbres europeas o las del G-20. Además, en 2011, asumió también una postura de jefe militar y consiguió ganar dos guerras, en Costa de Marfil y en Libia. Por otra parte, en el aspecto del “glamour”, su matrimonio con la célebre ex modelo Carla Bruni, con quien acaba de tener una niña, contribuye a hacer de él un actor permanente de la prensa del corazón. De ahí la perplejidad de la opinión pública extranjera ante su eventual derrota electoral.

Pero hay que tener en cuenta, en primer lugar, un principio político casi universal: no se ganan unas elecciones gracias a un buen balance de política exterior, por excelente que sea. El ejemplo histórico más conocido es el de Winston Churchill, el “viejo león” británico vencedor de la Segunda Guerra Mundial y derrotado en las elecciones de 1945… O el de Richard Nixon, el presidente estadounidense que puso fin a la guerra de Vietnam y reconoció a China popular, pero se vio obligado a dimitir para no ser destituido… Hay que añadir que otra ley parece haberse establecido en Europa estos últimos años en el contexto de la crisis: ningún gobierno saliente ha sido reelegido.

En segundo lugar, está el balance de su mandato, que es execrable. Además de los numerosos escándalos en los que se ha visto envuelto, Sarkozy ha sido el “presidente de los ricos” a quienes ha hecho regalos fiscales inauditos, mientras sacrificaba a las clases medias y desmantelaba el Estado del bienestar. Esa actitud ha alimentado las críticas de los ciudadanos que, poco a poco, se han visto engullidos por las dificultades: pérdida de empleo, reducción del ­número de funcionarios, retraso de la edad de jubilación, aumento del coste de la vida… No cumplió sus promesas. Y la decepción de los franceses se amplificó.

Sarkozy cometió también garrafales errores de comunicación. La noche misma de su elección en 2007 se exhibió en un célebre restaurante parisino de los Campos Elíseos festejándolo sin complejos en compañía de un puñado de multimillonarios. Aquella interminable juerga en el Fouquet’s quedó como el símbolo de la vulgaridad y la ostentación de su mandato. Los franceses no lo han olvidado y muchos de sus propios electores modestos jamás se lo perdonaron.

Con su hiperactivismo, su voluntad de estar presente en todas partes y de decidirlo todo, Sarkozy ha olvidado una regla fundamental de la Quinta República: el Presidente –que posee más poder que cualquier otro jefe de Ejecutivo de las grandes democracias mundiales– debe saber guardar las distancias. Dosificar con prudencia sus intervenciones públicas. Ser el señor de la penumbra. No quemarse por exceso de sobreexposición. Y es lo que le ha pasado. Su hipervisibilidad desgastó pronto su autoridad, y lo ha convertido en su propia caricatura, la de un dirigente permanentemente acalorado, impetuoso, excitado…

Ni una sola encuesta, hasta ahora, lo da como vencedor de ­estas elecciones. Pero Sarkozy es un guerrero dispuesto a todo. Y también, a veces, un golfo sin escrú­pulos, capaz de actuar como un auténtico aventurero. De tal modo que, desde que se lanzó a la cam­paña el mes pasado, con un descaro monumental no ha dudado en ­presentarse –él, que ha sido el “presidente de los ricos”– como “el candidato del pueblo” esgrimiendo argumentos próximos a la xenofobia para robarle votos a la extrema derecha. No sin eficacia electoral. Y en las intenciones de voto, inmediatamente ganó varios puntos hasta conseguir situarse por encima del candidato socialista…

Éste, François Hollande, es por el momento, el claro favorito de los sondeos. Todos, sin excepción, lo dan vencedor el 6 de mayo próximo. Poco conocido en el extranjero, Hollande es considerado por sus propios electores como un burócrata por haber sido durante más de once años (1997-2008) Primer secretario del Partido socialista (5). Contrariamente a su ex compañera Ségolène Royal, nunca fue ministro. Y su nombramiento como candidato de los socialistas no resultó evidente. Sólo fue designado después de unas durísimas elecciones primarias en el seno de su partido (a las que, por razones harto conocidas (6), Dominique Strauss-Kahn, el preferido de los electores socialistas, no pudo competir).

François Hollande es un social-liberal de centro, conocido por sus habilidades de negociador y su dificultad para tomar decisiones. Se le reprocha ser demasiado blando y mantener en permanencia la confusión. Su programa económico no se distingue netamente, en el fondo, del de los conservadores. Después de haber afirmado en un discurso electoral que “el enemigo principal” eran las finanzas, se apresuró a ir a Londres a tranquilizar a los mercados recordándoles que nadie había privatizado más y liberalizado más que los socialistas franceses (7). En lo que respecta al euro, a la deuda soberana o a los déficits presupuestarios, Hollande –que afirma ahora querer renegociar el Pacto fiscal (8)– está en la misma línea que otros dirigentes socialdemócratas, ­como Yorgos Papandreu (Grecia), ­José Sócrates (Portugal) y José Luis Rodríguez Zapatero (España), quienes, después de haber abjurado de sus principios y aceptado las horcas caudinas de Bruselas, fueron electoralmente expulsados del poder.

La flacidez política de François Hollande aparece aún más flagrante cuando se le compara con el candidato del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon. Con el 14% de las intenciones de voto, éste está resultando la gran revelación de estas elecciones. Sus mítines son los que reúnen al mayor número de personas, y sus discursos, verdaderos modelos de educación popular, los que levantan el mayor entusiasmo. El domingo 18 de marzo, aniversario de la revolución de la Comuna de París, consiguió movilizar a unas 120.000 personas en la plaza de la Bastilla, cosa jamás vista en los últimos cincuenta años. Todo ello debería favorecer cierto giro a la izquierda de los socialistas y de François Hollande. Aunque las diferencias de líneas son abismales.

El programa de Jean-Luc Mélenchon, resumido en un librito titulado L’Humain d’abord! (9) (¡Primero lo humano!) del que ya se han vendido centenares de miles de ejemplares, propone, entre otras medidas: repartir la riqueza y abolir la inseguridad social; arrebatarle el poder a los bancos y a los mercados financieros; una planificación ecológica; convocar una Asamblea Constituyente para una nueva República; liberarse del Tratado de Lisboa y construir otra Europa; iniciar la desmundialización…

El entusiasmo popular que está levantando Jean-Luc Mélenchon da una nueva esperanza a las clases trabajadoras, a los militantes veteranos y a la multitud de los jóvenes indignados. Es también una respuesta a una democracia en crisis donde muchos ciudadanos ya no creen en la política ni en el ritual de las elecciones.

Mientras se desinfla la extrema derecha y fracasa la tentativa de revivirla mediante el experimento de Marine Le Pen, estas elecciones presidenciales francesas podrían demostrar que, en una Europa desorientada y en crisis, sigue viva la esperanza de construir un mundo mejor.

Notas:

(1) Esta exigencia se reveló insuperable para por lo menos dos pretendientes importantes: Dominique de Villepin, gaulista, ex primer ministro, y Corinne Lepage, ecologista, ex ministra, excluidos de la competición.#

(2) Por ejemplo, el asesinato de tres militares en el sur de Francia y la odiosa matanza de niños judíos en Toulouse el 19 de marzo pasado, cometidos por un joven yihadista relacionado con Al Qaeda, impactaron con fuerza en la campaña, dándole naturalmente un protagonismo particular al presidente saliente Nicolas Sarkozy.

(3) Tasa de desempleo: 9,8%. Desempleo de los jóvenes de menos de 25 años: 24%. Número total de desempleados: 4,5 millones.

(4) En favor de Sarkozy, se retiraron de la competición: Christine Boutin (Partido cristiano-demócrata), Hervé Morin (Nuevo Centro) y Frédéric Nihous (Caza, Pesca, Naturaleza y Tradiciones). Por idéntico motivo, el centrista Jean-Louis Borloo no presentó su candidatura. Y la eliminación de Dominique de Villepin y de Corinne Lepage tendrá también como consecuencia que la mayoría de sus electores apoyarán al presidente saliente.

(5) En las encuestas, los dos tercios de los votantes de Hollande declaran que lo hacen por “rechazo a Sarkozy”; únicamente un tercio dice que se adhiere a las ideas de Hollande.

(6) Léase, Ignacio Ramonet, “Una izquierda descarriada”, Le Monde diplomatique en español, junio de 2011.

(7) The Guardian, Londres, 14 de febrero de 2012.

(8) Léase, Ignacio Ramonet, “Nuevos protectorados”, Le Monde diplomatique en español, marzo de 2012.

(9) http://www.lhumaindabord2012.fr

Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=e50f8d39-0ffc-41e7-9b6d-e64185587269

Written by Eduardo Aquevedo

9 abril, 2012 at 18:11

Causas del accidente del Air France AF 447: lo que revelan las cajas negras…

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Las cajas negras del AF447 apuntan a que se estrelló por un error humano

Las grabaciones permiten reconstruir qué pasó en los últimos instantes del vuelo de Air France Río-París en el que murieron 228 personas en 2009

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA – Deauville – 28/05/2011

A las dos de la madrugada, el comandante del vuelo de Air France 447 se fue a dormir. Al mando del Airbus se quedaron, tal y como estipula la ley, los dos copilotos. Era el 1 de junio de 2009 y la aeronave sobrevolaba una zona del océano Atlántico situada a 400 kilómetros al norte de la ciudad brasileña de Recife. Quince minutos después, los dos copilotos, el comandante, toda la tripulación y todos los pasajeros, 228 personas en total, habían muerto, el avión yacía en el fondo del océano y el accidente se convertía en un misterio. Un informe publicado ayer por la Oficina de Investigaciones y Análisis (BEA por sus siglas en francés) permite reconstruir lo que ocurrió en esos 15 minutos fatales gracias a la recuperación casi milagrosa de las dos cajas negras del avión.

A las dos y seis de la madrugada, uno de los copilotos informó a la tripulación de que iban a atravesar una zona de turbulencias. Y añadió: "Esto se va a mover un poco más de lo que se mueve ahora. Te avisaré cuando se calme". Después cambió el rumbo del avión, girando un poco a la izquierda a fin de sortear una montaña de nubes.

Cuatro minutos más tarde todo se aceleró: el piloto automático que gobernaba hasta ese momento el avión se desactivó de golpe, debido a que recibió datos contradictorios de velocidad procedentes de las sondas acopladas a la cabeza del avión. Probablemente, según llevan apuntando expertos franceses desde hace dos años, una de estas sondas (o las dos) Pitot, del tamaño de una pistola, se helaron por los efectos del granizo, la temperatura glacial y la altura.

Sea como fuere, el avión sufrió una momentánea pérdida de sustentación en el aire y sonó la alarma. El copiloto tomó los mandos, y efectuó una maniobra encaminada a ganar altura, elevando el morro del aparato. En principio, a juzgar por los datos registrados, da la impresión de que consiguió gobernar el Airbus. Con todo, llamó repetidamente al comandante a fin de que se levantara y se reuniera con ellos en la cabina.

A las dos horas, 10 minutos y 51 segundos, el avión vuelve a perder sustentación en el aire. Esta vez será definitiva e insuperable: en trayectoria descendente, perdiendo altura irremediablemente, tardará tres minutos y 30 segundos en estamparse contra el mar con el morro ligeramente levantado. Pero antes, en esos interminables tres minutos y medio en los que el Airbus cayó desde los 10.000 kilómetros de altura en que se encontraba, pasaron aún algunas cosas que las cajas negras han registrado en su memoria. Los dos copilotos trataron de levantar el morro del avión de nuevo, cosa que varios expertos consultados por Le Monde o Le Figaro calificaron ayer de error, ya que el ángulo de ataque del avión, esto es, el grado de elevación del morro, dejó a la aeronave con menos estabilidad y condenada a desplomarse sin remedio.

La BEA aseguró ayer que se ha limitado a constatar simplemente los hechos que se desprenden de las grabaciones de las dos cajas negras, sin explicarlos ni buscar causas o culpables. El hecho mismo de haber recuperado estos datos no deja de ser casi milagroso: las dos cajas negras han permanecido casi dos años en el fondo del océano, a casi 10.000 metros de profundidad, en una planicie abisal sin luz ni vida. Tras localizarlas y repescarlas después de 24 meses de búsqueda, los técnicos de la BEA dudaron sobre si lograrían recuperar también los datos que encerraban: una de las cajas atesoraba los referentes técnicos (la velocidad, la trayectoria, el ángulo de ataque, etcétera); la otra, aún más preciada, las voces mismas de los pilotos en la cabina, su conversación en el último momento y los ruidos de las alarmas del avión. La BEA, tras hacer público este informe neutro, ha prometido entregar a la prensa un segundo estudio más elaborado a finales de julio.

Por ahora se sabe que el comandante acudió a la llamada de sus dos subalternos y entró en la cabina. Cuando lo hizo, el avión ya llevaba casi un minuto descendiendo, trazando un arco fatal. No tuvo tiempo de tomar los mandos: el control último del avión estuvo siempre en manos de los dos copilotos. Uno de ellos, refiriéndose a los datos del panel que tenía enfrente, llegó a decir, en medio de la caída: "Ya no sirven ninguna de las indicaciones". Menos de un minuto antes de que el avión se estampara contra el océano, el comandante del Airbus se dirigió a uno de los copilotos con una frase definitiva: "¡Venga, tú tienes los mandos!". A las dos horas, 14 minutos y 28 segundos, las cajas negras del avión AF447 procedente de Río y con destino París dejaban de grabar.

El Pais.com

Written by Eduardo Aquevedo

28 mayo, 2011 at 15:25

Francia: el devastador efecto (político) del escándalo Strauss-Kahn…

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 Por Eduardo Febbro

Desde París


Entre la indecencia de algunos juicios precipitados, la tesis de un complot y la sensación de que un bloque de hielo se cayó sobre la cabeza de los socialistas, las reacciones a que dieron lugar el arresto y la inculpación de Dominique Strauss-Kahn abarcan todo el abanico que va de la incredulidad hasta la desesperanza. El director gerente del FMI era la carta ganadora del PS para las elecciones presidenciales de 2012. Desde hace ya mucho tiempo, sondeo tras sondeo, Strauss-Kahn figura como el candidato a quien ningún adversario de la derecha podía derrotar, menos aún el actual presidente, Nicolas Sarkozy.

Las encuestas de opinión publicadas un día antes del escándalo de Nueva York lo ubicaban no sólo como el candidato preferido de los socialistas sino también de los franceses. Pero su detención deja huérfanos al partido y los electores. El plazo para la presentación de las candidaturas se vence dentro de un mes y es poco probable que en un lapso tan corto un caso tan escabroso pueda resolverse favorablemente.

La agresión sexual contra una mucama del hotel Sofitel de Nueva York completa un cuadro negro para el socialismo francés con la figura de Dominique Strauss-Kahn en el centro. Unas fotos publicadas hace unos días donde se veía al jefe del FMI en un lujoso Porsche de 100.000 euros empezaron a empañar la imagen del candidato virtual a quien se le reprochó su elevado nivel de vida: un departamento en París –Place de Vosges– de varios millones de euros, mansiones en Marruecos, es decir, posesiones y estilo de vida muy alejados de un socialista. Su detención en Estados Unidos abre el juego dentro del PS al tiempo que despeja el terreno de la derecha, en lo concreto el camino hacia la reelección de Sarkozy. El gobierno francés mantuvo ayer un perfil bajo. En un breve comunicado, el Ejecutivo llamó a que se respetara “el proceso judicial” y puso por delante el derecho “a la presunción de inocencia”. Menos prudente, la jefa de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, estimó que Dominique Strauss-Kahn estaba “desacreditado para siempre”. Un diputado del partido de Sarkozy, la UMP, Bernard Debré, se despachó con un “ha humillado al FMI y también a Francia”. En cambio, Henri de Raincourt, ministro de Cooperación, fue uno de los primeros en evocar la posibilidad de que Dominique Strauss-Kahn hubiese caído “en una trampa”.

Pero todo se desplaza hoy al PS francés. Su actual primera secretaria, Martine Aubry, no ocultó que el escándalo era como un terremoto pero llamó a todos a permanecer “unidos y responsables”. La ex candidata del PS a las elecciones de 2007, Ségolène Royal, declaró que todas las acusaciones “estaban por verificarse”. El rival más serio de Strauss-Kahn en la interna socialista, François Hollande, también pidió “retención”. La mayoría de los amigos o aliados de Strauss-Kahn argumentaban que los cargos contra el director gerente del FMI no coinciden con el hombre que ellos conocen. Sin embargo, el caso vino a romper en mil pedazos la estrategia presidencial del PS. De alguna manera, la sombra del escándalo envuelve a los socialistas, tanto a sus enemigos internos, es el caso de François Hollande, como a quienes estaban unidos por un pacto con él, en este punto concreto Martine Aubry. Jacques Attali, el ex consejero del difunto presidente socialista François Mitterrand, evocó abiertamente la existencia de un “complot” contra Strauss-Kahn pero también una realidad: “Strauss-Kahn no podrá estar presente en las primarias socialistas”.

La probable desaparición de Dominique Strauss-Kahn de la trayectoria presidencial abre una caja de Pandora dentro del PS. Su favoritismo en los sondeos había terminado por federar a un movimiento que no gana una elección presidencial desde 1995. Pero si el rey de los sondeos queda afuera, las ambiciones personales volverán al primer plano. Hay por lo menos media docena de candidatos para la candidatura y uno que, después de Strauss-Kahn, viene ganando adeptos semana tras semana. Se trata del ex primer secretario del PS, François Hollande. Con primaria complicada o sin ella, la ecuación de la victoria socialista se tornó enredada. Habrá que hacer una campaña interna primero y luego frente a un país con el espectro del escándalo Strauss-Kahn detrás de cada puerta. El descrédito global restará puntos a quien defienda las ideas de la rosa. La derecha, hoy prudente, no dudará en abrir el placard de los recuerdos escondidos.

Página/12

Poder, dinero y muchas mujeres

El director del FMI, el mayor rival de Sarkozy, sufría críticas por su comportamiento sexual y sus hábitos de millonario

A. JIMÉNEZ BARCA – París – 16/05/2011

El dirigente socialista con más posibilidades de derrotar a Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales de 2012, Dominique Strauss-Kahn (DSK), arrastraba desde hacía varios años dos puntos débiles y peligrosos: una vida sentimental explosiva producto de su fama de mujeriego y un tren de vida de millonario de catálogo poco acorde con el de un líder que aspira a reunir a su alrededor a la izquierda francesa.

Dominique Strauss-Kahn

Dominique Strauss-Kahn

El mismo Sarkozy le recordó a DSK la primera de sus debilidades cuando se disponía a dejar París en dirección a Washington a fin de hacerse con las riendas del Fondo Monetario Internacional (FMI). La escena se cuenta en el libro Les secrets d’un présidentiable, publicado el año pasado y escrito por una ex colaboradora de Strauss-Kahn que firma como Cassandra. En septiembre de 2007, en El Elíseo, el presidente de la República le advirtió: “Ten cuidado: ahí en EE UU no se bromea. Evita coger el ascensor tú solo con una becaria, ya sabes a lo que me refiero. Francia no puede permitirse un escándalo”.

Un año después del consejo, en octubre de 2008, saltaba el escándalo: la prensa estadounidense se hacía eco de una relación sentimental entre Strauss-Kahn y una economista húngara empleada del FMI que acusaba a su superior de haber abusado de su cargo para aprovecharse de ella. “No puede trabajar con mujeres a sus órdenes”, aseguraba entonces la economista por carta. DSK sufrió una investigación por parte del FMI de la que salió exculpado aunque noqueado. Días después pedía disculpas por esa “aventura de una noche” y su mujer le perdonaba públicamente en las páginas de su blog.

Ahora, años después de ese episodio, tras gestionar con brillantez el FMI en los periodos turbulentos de la crisis planetaria, haberlo hecho crecer en influencia y haberse forjado, de paso, una estatura política internacional capaz de hacer sombra (mucha sombra) a ese mismo Sarkozy que le dio una recomendación algo maligna el día de la despedida, Dominique Strauss-Kahn se encuentra de nuevo en la cuerda floja por un escándalo sexual, eso sí, de otra naturaleza y, de confirmarse la acusación, muchísimo más grave que el de la economista húngara. Siempre ha soportado cierta fama de obseso sexual, desde sus tiempos de ministro. “Es un seductor, le gustan las mujeres, pero no es un violador. No es alguien que esté frustrado”, replicaba ayer Michel Taubmann, autor de una biografía de Strauss-Kahn, titulada La verdadera novela de DSK, publicada la semana pasada y, visto lo visto, ya antigua.

DSK, de 62 años, apasionado de la tecnología y del ajedrez, políglota y diletante, de espaldas anchas y de porte cuadrado, nació en Neully-sur-Seine, en el seno de una familia de origen judío. Su currículum asombra: es diplomado en Comercio, Ciencias Políticas, Derecho y profesor de Economía. Fue diputado con 37 años y ministro de Industria y Comercio con 42, en 1991, con Pierre Beregovoy. En 1997, Lionel Jospin, su mentor en el Partido Socialista francés (PS), le confió el puesto clave de ministro de Economía y Finanzas, desde donde peleó contra el déficit público —un problema endémico en Francia—, privatizó varias empresas claves, como Air France y France Télécom y batalló por la entrada de Francia en el euro. Siempre se ha confesado socialdemócrata, seguidor a cierta distancia del intervencionismo económico de Keynes.

Se ha casado tres veces: su actual esposa, Anne Sinclair, es una famosa periodista de televisión, antigua estrella de TF1, y nieta heredera de la inmensa fortuna del conocido marchante de arte neoyorquino Paul Rosenberg.

En 2007 aspiró a ser el líder del socialismo francés. Pero perdió en las primarias de entonces frente a Ségolène Royal. Ahora cabalgaba en todos los sondeos aunque en las últimas semanas se habían hecho públicas ciertas informaciones sobre su tren de vida de millonario que debilitaban su imagen: paseos por París en el Porche Panamera de 100.000 euros de un amigo, trajes de modistos exclusivos de 30.000 euros, cocinas de 100.000 incrustadas en palacetes del siglo XIX en Marraquech…

El mismo Sarkozy, al que se le han criticado siempre sus maneras de nuevo rico, se había reído también de este segundo punto débil de su enemigo más poderoso: en una conversación con diputados de su grupo comentó: “A su lado, yo soy un monje trapense”.

El País.com

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16 mayo, 2011 at 20:46

Cómo se mueve el lobby nuclear en Chile…

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Los actores y movidas de la cuestionada energía

Cuando esta industria pasa por su peor momento, tras el desastre radioactivo en Japón, en nuestro país siguen existiendo actores políticos y empresas extranjeras decididas a instalar en Chile la opción atómica. El gobierno de Piñera firma hoy un tratado de cooperación en energía nuclear con EE.UU.

El lobby nuclear se hace en las embajadas, los ministerios, el parlamento y con importantes empresarios chilenos. “Los actores principales son las empresas, Areva (Francia) y Westinghause (EE.UU.), son las que tienen que actuar e imagino que lo están haciendo. Así tiene que ser y nosotros lo alentamos, por que también lo hacemos”, afirma Anatole Gubin, representante de Intermash, empresa nuclear rusa que intenta instalarse en Chile.

El lobby nuclear aterrizó en nuestro país hace más de siete años y los primeros en llegar fueron los rusos. El primer acto consistió en un viaje a Moscú con el entonces alcalde de Santiago, Joaquín Lavín. El ejercicio se repitió el 2007 donde fueron invitados tres senadores: Ricardo Núñez (PS), Jaime Orpis (UDI) y Baldo Prokurica (RN).

Anatole Gubin lideró estos viajes y considera que fueron un éxito. “Hay varios parlamentarios que tenían una opinión negativa de la energía nuclear y cuando tuvieron contacto con nosotros, les expusimos la situación, viajaron a ver cómo funcionan los reactores y cambiaron su opinión”, afirma.

Los fieles seguidores de la energía nuclear

El mundo entero está debatiendo sobre el uso de la energía nuclear, tras el desastre atómico en Japón producto del terremoto y tsunami. En Chile, el gobierno ha mantenido su intención de continuar avanzando hacia este tipo de energía y firmará hoy, un tratado de cooperación de energía nuclear con Estados Unidos. Por otro lado, los parlamentarios que históricamente han apoyado la energía nuclear, no han cambiado mucho su postura.

El senador Baldo Prokurica, hoy no descarta la energía nuclear. “Yo creo que Chile no debe tomar decisiones en caliente y sobre una situación que todavía no ha terminado. Debe sacar todas las conclusiones sobre Japón, antes de embarcarse o no en la energía nuclear”. Por otro lado, el ex senador Carlos Ominami, considera que “Chile debería considerar a la energía nuclear en su matriz energética”, al mismo tiempo cree que el país está perdiendo oportunidades al mantener la indecisión.

Los principales países nucleares que han puesto sus ojos en Chile son Rusia (Intermash), Francia (Areva) y EE.UU. (Westinghause y General Electric). Nuestro país tiene tratados de cooperación en energía nuclear con todos y para los principales actores esto no es un problema, por lo menos no en esta etapa. “Cualquier tratado con otros países, para nosotros es bienvenido. Por que hay una cooperación amplia a nivel mundial, entre los especialistas nucleares, y eso está por encima de las rivalidades. Es una elite”, afirma Gubin. Eso si, la competencia llegará, si Chile decide adoptar la energía atómica.

Jaime Salas, director ejecutivo de la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN), explica que los tratados internacionales tienen dos objetivos, “el primero es estar capacitados y actualizados, para el desarrollo de nuestras actividades normales y el segundo, es tener los conocimientos que requeriremos, en caso de que en un futuro se realice una discusión de energía nuclear de potencia y como somos el organismo técnico, deberíamos ser capaces de asesorar de forma muy robusta a la sociedad y al gobierno”.

Pero tras el tratado con Francia –firmado el año pasado – no ha sucedido nada. Chile conoce las ofertas de capacitación que posee y Salas explica, que probablemente se inicien actividades en marzo del próximo año. A la vez, asegura que la mayoría de los chilenos se “capacitan en EE.UU., Reino Unido, España y Francia”.

Las embajadas: puertas de ingreso a los lobbistas nucleares

La comisión franco-chilena que lidera Guillermo Luksic y donde participa el grupo Suez, tiene como objetivo avanzar en el desarrollo de energías alternativas, como la nuclear. La idea surgió en julio del año pasado, durante una cena en la casa de la embajadora de Francia en Chile, Maryse Bossière y donde asistió el canciller Alfredo Moreno, el ex ministro de energía Ricardo Raineri, Guillermo Luksic y Jorge Clavería, el representante del grupo Suez en Chile.

Conocido fue el intenso lobby nuclear, que realizó el ex embajador de EE.UU. en Chile, Paul Simons. Él tuvo reuniones con los gerentes generales de Endesa y Enersis, Rafael Mateo e Ignacio Antoñanzas; el gerente general de Colbún, Bernardo Larraín Matte y el titular de AES, Felipe Cerón, entre otros. Al nuevo embajador, Alejandro Wolff, tampoco le ha ido mal. Será él quien firmará el tratado de cooperación en energía nuclear con Chile.

Pero la embajadora francesa no ha sido la única. Conocido fue el intenso lobby nuclear, que realizó el ex embajador de EE.UU. en Chile, Paul Simons. Él tuvo reuniones con los gerentes generales de Endesa y Enersis, Rafael Mateo e Ignacio Antoñanzas; el gerente general de Colbún, Bernardo Larraín Matte y el titular de AES, Felipe Cerón, entre otros. Al nuevo embajador, Alejandro Wolff, tampoco le ha ido mal. Será él quien firmará el tratado de cooperación en energía nuclear con Chile.

Los rusos tienen a un representante, Anatole Gubin quien lidera la Corporación Nuclear Eléctrica de Chile. Pero la embajada no queda fuera y en los diversos viajes que se han hecho a Moscú, junto a parlamentarios chilenos, el respaldo del gobierno ruso ha sido potente. Aunque tras la negativa del gobierno a tomar una decisión, sumado a lo ocurrido en Japón, Intermash está reconsiderando su estadía en nuestro país.

El complicado escenario para la industria nuclear

Cuando el gobierno de Piñera reafirma su postura de no decidir sobre la implementación de la energía nuclear, las principales empresas atómicas pasan por su peor momento, tras el desastre nuclear en Japón.
La cotización de Areva, empresa francesa líder en energía nuclear, ha perdido un 19% en los últimos tres días y Electricité de France (EDF) un 10%. La alemana RWE tuvo una caída de 9,41% y la estadounidense General Electric, ha caído un 6,5% desde el día 11.

Estados Unidos es el país que tiene más reactores nucleares, alrededor de 100, pero tiene la desventaja de que hace más de 30 años no construye nuevas centrales atómicas. Francia es considerada uno de los países más avanzados en este tipo de energía, porque casi el 80% de su electricidad es nuclear. Rusia por su lado, afirma manejar centrales más pequeñas –de 400 MW en vez de 1.000 MW – que serían más adecuadas para nuestro país, por que no colapsarían el sistema eléctrico, asegura Gubin.

Ni Michelle Bachellet ni Sebastián Piñera quisieron ser recordados, como el presidente que dio luz verde a la energía nuclear. Si el miedo y rechazo a este tipo de energía, surgió con el accidente nuclear en Three Mile Island (1979, EE.UU.) y el de Chernobyl (1986, Rusia), hoy Fukushima (2011, Japón) va a marcar la ruta durante un largo periodo.

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18 marzo, 2011 at 8:04

Publicado en CHILE, EE.UU, FRANCIA, TERREMOTO

París: el silencio de los intelectuales…

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Thomas Wieder · · · · ·

Obnubilados por el islamismo, incapaces de pensar una democracia árabe, o simplemente ignorantes, los intelectuales se muestran discretos respecto a las actuales revueltas. Aplaudir, desde luego. Alegrarse, evidentemente. Pero evitar entusiasmarse. Y sobre todo, ser prudentes. Frente a la contestación que ruge en el mundo árabe-musulmán, los intelectuales franceses parecen debatirse entre estos dos mandatos contradictorios. Tan dispuestos habitualmente a enardecerse cuando un pueblo se levanta contra la tiranía, hete aquí que se muestran asombrosamente discretos. "Este silencio ensordecedor no es habitual”, reconoce el sociólogo Rémy Rieffel, autor de un estudio consagrado a los Intellectuels sous la Ve République (Hachette, 1995). Dicho esto, se explica por el hecho de que muchos de nuestros intelectuales se sienten incómodos".

Incomodidad, pues. Esto es lo que habría vuelto a nuestros sabios tan poco elocuentes. Para el filósofo Régis Debray, la explicación salta a la vista: "¿Qué va a esperar usted de gente que pasa sus vacaciones en su riad [1] de Marrakech o en palacios de Túnez o Egipto?" A este argumento, el perdonavidas de Pouvoir intellectuel en France (Ramsay, 1979) añade un segundo: "Están paralizados por el pavor que le tienen al islamismo y no saben qué pensar de movimientos populares que, tarde o temprano, corren el riesgo de volverse contra Israel".

A menudo en desacuerdo con Régis Debray, sobre todo respecto a la cuestión israelí-palestina, Alain Finkielkraut coincide en este punto. "Digo “admiración", pero digo también "vigilancia", pues lo que hoy sabemos es ante todo que no se sabe qué sesgo va a tomar". El filósofo se cuida, sin embargo, de distinguir entre el caso tunecino y el egipcio: "En Túnez, viendo el papel de las mujeres y la moderación de los manifestantes, todo hace pensar que es un verdadero movimiento democrático el que ha echado a Ben Alí del poder. En Egipto es más complicado: cuando se ven los ataques de los que son víctimas los coptos, cuando se sabe que el país vive desde hace años en un estado de recalentamiento antiisraelí y antisemita, cuando se leen lemas del tipo "Mubarak sionista", y cuando se sabe que Irán se alegra de lo que pasa, no digo que lo peor sea seguro sino solo que hay cómo para estar inquietos, y que hace falta evitar todo juicio definitivo".

Desterrar los "lemas simples" es también lo que predica Bernard-Henri Lévy. Pero para el filósofo, (miembro del consejo de vigilancia de Le Monde), este indispensable examen de la complejidad de la situación" no debería ser un freno para el compromiso, al contrario. "Tenemos dos deberes", explica el director de la revista La Règle du jeu. "El primero consiste en ayudar a los demócratas a llegar hasta el final de su apuesta política, y esto alentándoles a adoptar algunos compromisos claros: por la libertad de expresión, por ejemplo; por el respeto al pluralismo; y asimismo, pues también eso es democracia, por el respeto del tratado de paz egipcio-israelí de 1979. El segundo es desear la extensión de los movimientos democráticos al conjunto del mundo musulmán".  

Una legítima "timidez" vinculada, tal como lo resume el historiador Jean Lacouture, a una forma de "incertidumbre en cuanto al giro que van a tomar los acontecimiento" y al "miedo a ver triunfar a los integristas": esto por lo que respecta a la explicación positiva, la que honra por lo menos, adornándolos con la virtud de la prudencia, a los intelectuales de hoy. Pero merecen apuntarse otras explicaciones, menos halagadoras.

Unas remiten a la "obcecación" de la que algunos se han hecho culpables frente a los regímenes hoy abucheados. Es la tesis de Olivier Mongin. "Repitiendo "más vale Ben Ali que Bin Laden", y "mejor Mubarak que los Hermanos Musulmanes", muchos se han enzarzado en una contradicción: los mismos que defendían los derechos del hombre en la Europa del Este apoyaban a los dictadores del mundo árabe con el pretexto de que eran bastiones contra el islamismo. Para los intelectuales toda la dificultad reside en concebir la inscripción de valores democráticos en culturas políticas diferenciadas", explica el director de la revista Esprit.

En el fondo de este moralismo de geometría variable, Daniel Lindenberg identifica lo que no duda en calificar de "prejuicio racista". Autor de un ensayo consagrado a la deriva "neoconservadora" de una parte de la inteligentsia (Le Rappel à l’ordre, Seuil, 2002), este especialista de historia de las ideas no se anda por las ramas: "Hace falta decir, ay, lo que es: muchos intelectuales piensan en su fuero interno que los pueblos árabes son retrasados congénitos para los que no sirve más que la política del palo". 

Heredado del periodo colonial, este prejuicio se vio reforzado tras el 11 de septiembre "Muchos luchan por salir de la secuencia abierta en 2001 y marcada por el credo neoconservador que considera al Islam abono del terrorismo", explica Daniel Lindenberg. “Obsesionados por el miedo a la sharia, les ha pillado desprevenidos, como si no estuvieran equipados con el programa que les permitiera comprender que lo que pasa, sobre todo en Túnez, es sencillamente una "primavera de los pueblos"”. 

Este estado de "confusión mental" lo percibe igualmente André Glucksmann. Para el filósofo, la sorpresa "que experimentan, como él, muchos intelectuales no se refiere sólo al hecho de que "todas las revoluciones, por naturaleza, pillan a la gente desprevenida". Descansa, de un modo más fundamental, en la "la idea de que ese soplo de libertad parecía imposible en lo que se ha dado en llamar "el mundo árabe"”.

Para André Glucksmann, no obstante, los acontecimientos actuales deben sobre todo llevarnos a "desembarazarnos a definitivamente de dos grandes teorías en boga con posterioridad a la caída del muro de Berlin”. La primera, el llamado "fin de la historia", teorizada en 1989 por el politólogo norteamericano Francis Fukuyama, pretende que "la modernización económica produce democratización". La segunda, el denominado "choque de civilizaciones", defendida en 1996 por el politólogo norteamericano Samuel Huntington, tiende a hacer del mundo islámico un bloque monolítico hostil por naturaleza a los valores occidentales. "Lo que pasa hoy en Egipto recuerda, por un lado, que un régimen que se desarrolla económicamente no se democratiza necesariamente y, por otro, que los árabes no están condenados por nacimiento o cultura al despotismo", explica André Glucksmann.

¿Intelectuales prisioneros de esquemas de pensamiento que los hacen poco aptos para pensar la novedad? Para Henry Laurens, titular de la cátedra de Historia Contemporánea del mundo árabe en el Collège de France, el problema es de hecho anterior a la caída del muro de Berlín. “Si los intelectuales mediáticos no tienen gran cosa que decir, es porque la mayor parte de ellos continúa razonando con categorías propias de la Guerra Fría. Analizan el totalitarismo islamista como analizaban el totalitarismo soviético".

Subrayando que “muchos, como Raymond Aron, han sabido pensar la democracia liberal, pero han sido incapaces de pensar el Tercer Mundo”, el historiador advierte sin embargo que la "discreción de los intelectuales llamados generalistas" no debe hacer olvidar el "reforzamiento de los expertos", también conocidos como investigadores especializados. "El mundo árabe" explica, "es un sector bien encuadrado por la investigación francesa. Pero es verdad que los especialistas "académicos", siendo como son ultracompetentes en su terreno, se muestran reticentes a tomar posición sobre áreas geográficas que no conocen al dedillo. Se trata de gente que se expresa de forma generalmente matizada y que es, por tanto, menos audible que los "grandes" intelectuales, prestos a lanzar ucases a cada momento". Una forma de decir que son también las mutaciones mismas de la escena intelectual, y no solamente su loable circunspección o sus culpables anteojeras ligadas a la apuesta del momento, las que incitan a los maîtres à penser a mostrarse tan discretos.

NOTA T.:  [1] Un riad es una casa o palacio tradicional de varios pisos con un patio en su interior, situada en la medina. En ciudades como Marrakech, muchos de ellos han sido rehabilitados y reacondicionados como restaurantes, hoteles o lujosas viviendas particulares, frecuentemente por europeos.   

Thomas Wieder, joven periodista del diario vespertino parisino Le Monde, es también profesor agregado en la École normale supérieure de Cachan y autor de Les Sorcières de Hollywood.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

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Written by Eduardo Aquevedo

7 marzo, 2011 at 16:01

Publicado en CULTURA, FRANCIA, INTELECTUALES