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Ecuador: “En el país todos los cuadros de inteligencia trabajaban para la CIA”. Entrevista a R. Correa

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  • Hay grupos con vinculación política a los que no les interesa la democracia, sino mantener sus conductas represivas, afirma
  • No podemos claudicar ante balas asesinas; sería traicionar a los que murieron el día de la intentona golpista, señala

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El presidente Rafael Correa habla con el pueblo ecuatoriano tras la conspiración en su contra, el 30 de septiembre pasadoFoto Reuters

Blanche Petrich, Periódico La Jornada
Lunes 25 de octubre de 2010, p. 2

Quito, 24 de octubre. El presidente Rafael Correa llega con un poco de atraso a su oficina en el Palacio de Carondelet, donde ha citado a La Jornada, porque antes ha ido a visitar en el hospital infantil a un niño de 11 años que el 30 de septiembre, entre el caos y la violencia desatada, recibió un disparo de bala expansiva en la pierna. El chico sufrió dos paros cardiacos pero por fin, casi al mes de los sucesos, se restablece satisfactoriamente.

Durante la entrevista Correa se expresa a ratos con una franqueza poco común en jefes de Estado: Estamos ciegos, en ceros, en materia de inteligencia para la seguridad interna. Indignado con los sectores que participaron en la conspiración, incluidas las organizaciones indígenas que ahora hacen política en alianza con la oposición de derecha. Cauteloso antes de avalar la lealtad de las fuerza armadas a su gobierno: se portaron muy profesionales. No todos, pero en general. Ahí también hay infiltración.

Basta con ponerle el tema de las horas de peligro que vivió el 30 de septiembre sobre la mesa para que reviva con vehemencia y evidente tensión los tres o cuatro momentos en los que sintió que podía morir, sobre todo durante el tiempo que estuvo retenido en el Hospital de la Policía: “Hubo un momento en el que lo único que hice fue rezar un padrenuestro y acostarme en el piso de la habitación. Más que miedo sentía indignación por la traición de esa gente. Y tristeza. Si me tocaba morir dejaba este proceso a medias, dejaba a mi familia, mis hijos.

En una sociedad civilizada, con gente como los golpistas no se conversa: se aplica la ley. Desencantado: Yo me siento como un perdedor; todos perdimos. Y retado: No vamos a claudicar, vamos a radicalizar este proceso. Es una deuda con la ciudadanía heroica que salió a la calle a defender la democracia.

Pero lo que de verdad lo enoja es la estrategia de sectores conservadores, repetida por medios de peso como CNN y The Washington Post, de negar que lo de hace un mes fue un complot: “Niegan el intento de asesinato del presidente, niegan que estuve secuestrado, dicen que esto es un show. ¿Quién se puede tragar esa piedra de molino? Ahí están las pruebas, ahí están los muertos, ¡por Dios!”

Es un dolor personal. Y se le nota. Alguien cercano al presidente nos contaría que en las primeras horas del conflicto, cuando se presentó al regimiento Quito para atender la protesta de los policías y se vio acosado y gaseado por éstos, uno de los sublevados llevaba un bate y le lanzó un golpe que iba directo a su rodilla lesionada, que lo tiene ya desde hace meses entrando y saliendo del quirófano, usando muletas y hasta silla de ruedas. Un escolta se interpuso. Le fracturaron el tobillo.

Más tarde otro guardia, uno de sus más cercanos, se quitó el chaleco antibalas para colocárselo al presidente. Le tocó una bala en la espalda y se teme que quede parapléjico. Finalmente, otro más, joven del Grupo de Operaciones Especiales, cayó abatido en el momento del rescate cuando cubría con su cuerpo la ventanilla de la camioneta sin blindaje en la que sacaban al presidente en medio de un intenso tiroteo.

Después de Zelaya, el siguiente soy yo

–Después del golpe a Manuel Zelaya, en Honduras (28 de junio 2009), usted declaró: yo soy el que sigue. ¿Qué señales veía usted entonces?

–Desde el primer día de mi gobierno vivimos una conspiración permanente, como todos los gobiernos del cambio en América Latina. Qué casualidad que somos nosotros –2002 Venezuela, 2008 Bolivia, 2009 Honduras, 2010 Ecuador– los que hemos sufrido intentos de golpe. La posibilidad de que esto sea casualidad es nula. ¿Por qué? Porque estamos cambiando las cosas.

–Sorprende la forma en que usted reconoce que las estructuras de inteligencia han sido penetradas por la CIA.

–Es que es así. Cuando yo llego al gobierno, sinceramente, por mi origen académico, ese tema ni siquiera era una prioridad. Fue mi gran error. ¿Qué es lo que me devuelve a la realidad? El primero de marzo de 2008, cuando tuvimos evidencia de que las instancias de seguridad del Estado ecuatoriano conocieron con anticipación del ataque colombiano a Angostura y no nos informaron. Le avisaron a la embajada de Estados Unidos.

“Ahí nos damos cuenta de que esas unidades recibían presupuesto de EU. Se forma una comisión que se pone a investigar y entre sus recomendaciones está desmantelarlas. Tenemos evidencias de que su jefe, el coronel Mario Pazmiño, era empleado de la CIA.

Cuando lo despido y decidimos que somos nosotros los que vamos a nombrar a la directiva de la unidad, la embajada de Estados Unidos decide llevarse el equipo que había dado. Pero los directores no sólo les dan los equipos, sus camionetas, las computadoras, sino ¡la información de las computadoras! Imagínese el servilismo de esta gente.

–¿Qué tan grande fue el boquete que se le hizo a la seguridad interna?

–Quedamos en cero. Todos los cuadros de inteligencia trabajaban para la CIA. Hemos tenido que buscar cuadros alternativos, algo que no se forma de la noche a la mañana. Recién en 2009 logramos aprobar la ley del sistema nacional de inteligencia.

–¿Esta debilidad es lo que se manifestó el 30 de septiembre?

–Por supuesto. Hubo traición en ciertos sectores de inteligencia de la policía.

–¿Y de las fuerzas armadas?

–También. El partido Sociedad Patriótica estuvo involucrado. Su origen es militar. Hay núcleos duros que, según consta en el informe de la Comisión de la Verdad, atentaron contra los derechos humanos y se sienten identificados con estos partidos.

–¿A esta hora usted puede confiar en la lealtad de las fuerzas armadas?

–Bueno, se portaron profesionalmente. No todos. Y en general tienen un agradecimiento con este gobierno, ya que les hemos duplicado el salario, los hemos equipado. Cuando llegamos los encontramos en un estado de indefensión. Sólo 7 mil, de 42 mil policías, tenían armas. Los dotamos con patrullas, municiones, equipos de telecomunicaciones. Lo mismo en la Fuerza Aérea. Al principio no teníamos prácticamente nada, ni helicópteros. Ahora tenemos ya 14 Super Tucanos.

Pero hay grupos duros con vinculaciones políticas a quienes no les interesa ni la Fuerza Aérea ni la democracia, sino mantener sus privilegios y sus conductas represivas.

–¿Que mecanismos tiene la ciudadanía para defenderse de conspiraciones de este tipo?

–En esto Hugo Chávez y Evo Morales nos llevan ventaja. Chávez viene de una formación militar, conoce de esto y ha transformado el inmenso capital político que tiene en estructuras organizadas. Evo viene de los movimientos sociales, de una larga lucha, y tiene el apoyo de todas esas bases. En Ecuador el proyecto de Alianza PAIS es una reacción de la ciudadanía ante tanto desastre, tanto saqueo. Y sinceramente no soy experto en cuestiones militares o policiacas. El desafío de la revolución ciudadana es transformar el apoyo popular que tenemos en estructuras movilizadas como la mejor manera de disuadir estas intentonas.

Desencuentros

–Usted viene de la academia, pero de la mano de un movimiento popular. Ecuador en los 90 fue pionero en la participación del movimiento indígena. ¿Ésa ya no es la base de su gobierno?

–Tenemos el apoyo de muchos movimientos sociales, pero cuidado: se ha manoseado mucho el nombre de movimiento social. Ahora cualquier cosa es movimiento social, cuando muchos de sus dirigentes son en realidad políticos fracasados que perdieron en las elecciones y hacen política desde sus estructuras para imponer su agenda.

“Hay un movimiento social e indígena que está con el status quo, con la derecha. Hay que separar la miel de la cizaña. Tiene razón en que el despertar del movimiento indígena de Ecuador en los 90 fue el movimiento social más importante de América Latina. Y nosotros estamos con ellos.

Pero se ha distorsionado mucho esa pureza inicial. Ese movimiento hizo un partido político, Pachakutik. Su directiva está tomada por ciertos líderes que votan con la derecha, y el 30 de septiembre pedían la renuncia del presidente. Es una pena enorme. La CONAIE y Pachakutik han perdido totalmente la brújula.

–El primer pronunciamiento de la CONAIE fue de rechazo al golpe.

–Después se desdijeron. Los asambleístas de Pachakutik estuvieron y están con los golpistas. Tibán hace unos días usó expresiones muy groseras. Dijo que si el presidente hubiera muerto no era por valiente, sino por cojudo. Su hermano, dicho sea de paso, es policía y está preso.

–¿Descarta usted un rencuentro con estos sectores?

–No. Yo estoy abierto. Pero ojo: movimiento indígena como proceso histórico de emancipación, ahí estamos totalmente de acuerdo. Nuestro gobierno es de los indígenas. En las elecciones pasadas donde sacamos mayor votación fue en la provincia de Embaburo, con mayor población indígena del país. Con los dirigentes de la CONAIE, con su miopía, con las barbaridades que han dicho –me han llamado genocida, xenófobo, etnocida–, con ellos va a ser muy difícil.

Obama, de confianza

–Habla de la penetración de la CIA, pero no del gobierno estadunidense. ¿Cual fue su papel en este episodio?

–Como gobierno, yo creo que Estados Unidos aquí no intervino. No excluimos la participación de ciertos sectores que actúan incluso contra el presidente Barack Obama. De ellos no tengo ninguna prueba, pero no excluyo que hayan intervenido de algún modo. Lo que sí excluyo, por la confianza que les tengo, es a Hillary Clinton y al presidente Obama.

–¿Dice que es de confianza su relación con Obama?

–Él me llamó un par de veces después del 30, muy cortés, preocupado por lo que se decía en ciertas publicaciones. Me aseguró que no tuvo nada que ver. Le respondí que no tenía que darme explicaciones. Es buena persona, pero no ha podido cambiar la inercia de gran parte del aparato político de Estados Unidos.

–La versión de que el 30 de septiembre no hubo un intento golpista ha encontrado mucho eco. La duda ha calado. ¿Qué se pretende negando las evidencias?

–La ignorancia de la derecha y de ciertos medios de comunicación es tal, que ni siquiera conocen que una de las categorías básicas de sociología política latinoamericana es que cualquier levantamiento de fuerza pública ya se considera un golpe de Estado. Lo que hubo fue una agenda política que se puso en marcha desde el momento en que yo llego al Regimiento Quito y cercan la caravana presidencial. Ahí estaba el lugarteniente del coronel Lucio Gutiérrez (ex presidente golpista y derrocado a la vez, fundador del partido opositor Sociedad Patriótica), Fidel Araujo, con chaleco antibalas dirigiendo la operación. (Araujo fue detenido sin derecho a fianza el 5 de octubre). En sus declaraciones ha dicho que estaba ahí porque había ido a visitar a su mamacita que estaba cerca.

–¿Por qué esta estrategia?

–Porque nos tratan de desacreditar. Niegan el intento de asesinato, que estuve secuestrado. Ahí están las pruebas, ahí están los muertos, los registros de las telecomunicaciones de las radiopatrullas con la orden maten a Correa. ¿En una protesta policial por mejoras salariales tratas de tomarte las antenas de televisión, la televisora oficial, cierras el aeropuerto? Creo que con estas mentiras están cayendo en ridículo. En buena hora.

De La hoguera bárbara y la cercanía de la muerte

–Estos días, a propósito del plan B, el del magnicidio, hay quienes han recordado el libro La hoguera bárbara, sobre el brutal asesinato, hace un siglo, de Eloy Alfaro.

–El relato de Alfredo Pareja sobre cómo arrastraron hasta la muerte a nuestro líder liberal. No, no me voy a comparar con Eloy Alfaro, el único que ha hecho una verdadera revolución en este país y que para nosotros es una inspiración. Pero esto que pasó el 30 sí tuvo mucho de bárbaro. Vengo de visitar a un niño que a tres cuadras de aquí fue herido ese día. Estos desalmados le dieron 17 balazos a una ambulancia, hirieron al conductor y al asistente y en esa balacera una bala le atraviesa la pierna al menor.

–¿Qué pasó por su cabeza, pensó que de verdad podía morir?

–Sí, claro, no en uno, sino en varios momentos. Ahora sé que cuando a mí me llevaban al hospital, entre los gases y los sublevados que me golpeaban, el director del Hospital de la Policía (César Carrión) mandó poner candados para que no pudiéramos entrar. La seguridad mía tuvo que rastrear el área, penetró por otro lado, quitaron los candados y abrieron. Luego declaró a CNN que yo no estuve secuestrado, sino que estuve perfectamente atendido.

“¿Cual es la verdad? Que cuando nos llevan a emergencias no nos dejan salir, tuvimos que refugiarnos en el tercer piso con la poca seguridad que tenía en ese momento y cerramos la puerta. La quisieron tumbar. Siempre estuvimos acorralados, hasta que llegó una unidad de elite a darnos resguardo.

Hubo tres o cuatro momentos en que sí sentí la muerte muy cerca. Uno, cuando golpeaban la puerta del tercer piso estos salvajes para buscarnos. No nos venían a saludar, ¿verdad? Y después…

Correa se detiene unos segundos, da un gran suspiro. Es notorio que está reviviendo momentos de gran intensidad. Se repone instantáneamente y sigue:

“Después viene mi seguridad y me dice que interceptó comunicaciones con la orden de matarme, que ya vienen, están subiendo francotiradores. Se oía la balacera. Yo lo único que hice fue rezar un padrenuestro y acostarme en el piso de la habitación.

“Otro momento fue durante el rescate. Balas por todos lados. Llegaron a rescatarme en una silla de ruedas, tengo 25 puntos en la rodilla de la última operación. No se podía salir por la puerta principal. Tuvieron que esconderme unos 10 minutos en un cuartito de limpieza, oscuro. Dieron la orden de salir por atrás y ahí también nos balearon. Con todo mi equipo sentíamos la muerte muy cerca, pero hubo mucha serenidad.

–Perdón por la pregunta, pero ¿qué sintió?

–Más que miedo, una indignación enorme por la traición. Y tristeza. Si me tocaba morir dejaba este proceso a medias, dejaba a mi familia, mis hijos. (sacude la cabeza casi imperceptiblemente.)

Hubo cinco muertes y decenas de heridos entre mi gente. Es un verdadero milagro que esté vivo, porque ¡cómo nos dieron bala!

–Políticamente, ¿cómo se siente ahora? ¿Cuales son las perspectivas de su proyecto?

–Dicen que el 30 de septiembre hubo una victoria porque aumentó nuestro índice de popularidad. Pero yo me siento un perdedor. Renunciaría a esos puntos de popularidad si pudiera volver a la vida a estos jóvenes que murieron ese aciago día. Tengo a mi escolta en un hospital en Estados Unidos. Dios quiera que no quede parapléjico. Todos perdimos.

–¿Es hora de cambiar, de frenar la revolución o, por el contrario, de radicalizar algunas medidas?

–Por supuesto, radicalizar. ¿Cambiar qué, por qué? Si tenemos más apoyo que nunca. No podemos claudicar ante balas asesinas. Sería traicionar a los que murieron ese día, a esa ciudadanía heroica que salió desarmada a defender la democracia. Reconciliar con criminales es imposible, eso sería permitir la impunidad. Vamos a continuar. Aún más: radicalizaremos la revolución.

Written by Eduardo Aquevedo

25 octubre, 2010 at 20:48

¿Qué pasó en Ecuador?

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CORREA EXPLICO EL INTENTO DE GOLPE Y LLAMO A MOVILIZARSE

“Me tendieron una emboscada”

 

image El presidente de Ecuador retomó su actividad normal ayer y habló en su habitual programa. Explicó que hubo un plan para derrocarlo que, al fallar, se transformó en uno para asesinarlo. Planes políticos y justicia.

Como todos los sábados, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, hizo su informe de gestión por radio. El de ayer fue especialmente dramático, porque denunció que la sublevación del jueves tenía un “Plan B” que consistía en asesinarlo. Lo que ocurrió, dijo Correa, “fue parte de un plan de desestabilización democrática que contemplaba un magnicidio”. Correa estuvo muy activo ayer y desde otros niveles del gobierno y del partido oficialista se llamó a la movilización para evitar que se repitiera el intento de golpe. Tres coroneles fueron formalmente acusados por intento de homicidio.

El programa de radio y televisión de Correa se emitió esta vez desde el palacio presidencial, y no desde los estudios nacionales, y comenzó con un minuto de silencio por los muertos y heridos del jueves. El presidente claramente usó su espacio para dar una explicación de los eventos y fue claro: hubo un intento de golpe que, al fallar, degeneró en un simple intento de asesinato en su contra. Esto contradice tajantemente la versión de que se trató de un reclamo salarial y de derogación de una ley de servicio público que se fue de cauce.

Correa explicó que fue en realidad una emboscada para dar un golpe y que a su salida del hospital, en un auto blindado, resultó el auto con cuatro impactos de bala porque “lo balearon”. El presidente agregó que en el intenso tiroteo de las fuerzas leales contra los golpistas hubo cuatro muertos, mientras que un quinto está en estado de muerte cerebral y un sexto quedó parapléjico.

Por la mañana, el presidente había asistido al funeral de Juan Pablo Bolaños, el estudiante de economía muerto en la movilización civil de apoyo durante su secuestro, y también visitó a los heridos.

En la Casa de Gobierno, Correo admitió que “es seguramente la semana más triste de todo mi gobierno y una de las más tristes de toda mi vida”. Ante ministros e invitados dijo que “estoy destrozado, se podría decir que fue una gran victoria política para el gobierno porque fracasaron los planes desestabilizadores y el pueblo salió a las calles, pero se perdieron vidas, hay decenas de heridos, ecuatorianos contra ecuatorianos… ¿Cómo pudo pasar? ¿Qué pasaba por la mente de estos desquiciados?”.

Con enojo, el presidente reiteró que “aquí no puede haber perdón ni olvido, jamás impunidad”. Al contrario, prometió que “se investigará a esos pocos malos elementos de la policía manipulados por dirigentes cercanos al ex presidente Lucio Gutiérrez”, un coronel en retiro del Ejército y ex presidente derrocado en 2005.

Al final del mensaje televisivo, Correa comenzó a movilizar a sus partidarios. “Todas las organizaciones sociales y políticas tienen que estar listas y preparadas para enfrentar estos procesos contrarrevolucionarios: todo el mundo al frente a defender al presidente y este proyecto de cambio”, dijo. “El cambio de este país es irreversible.”

En la misma tónica, Manuel Quijo, dirigente del oficialismo, llamó a fortalecer los Comités de la Revolución Ciudadana para “vigilar el proceso democrático”. Quijo, que coordina uno de los Comités, dijo que estos grupos “jugarán un papel más protagónico en la defensa de las autoridades legítimamente electas”. Los Comités fueron creados hace un año en imitación de los Comités de Defensa Revolucionarios de Cuba. Correa los inauguró al lado de Raúl Castro. El ministro de Relaciones Exteriores Ricardo Patiño siguió la misma línea, diciendo que “no se puede permitir que se repita la sublevación policial que puso en riesgo la democracia”. Patiño llamó a las bases del movimiento oficial Alianza País a organizarse más para enfrentar “procesos contra la revolución” y dijo que el peligro de un golpe “sigue latente”.

Correa, sin embargo, puso un límite y llamó a no atacar a la policía, diciendo que “hay que confiar” y que la amplia mayoría de los 42.000 miembros de la fuerza “no participaron”.

Mientras Estados Unidos contestaba oblicuamente las acusaciones de haber apoyado el golpe (ver aparte), el canciller venezolano las reiteraba con mucha dureza. Nicolás Maduro dijo que “siempre se dijo que (el golpe de) Honduras abría las puertas al gorilismo del continente, porque dejaba la jaula abierta para que los sectores de ultraderecha, alentados sin lugar a dudas por el Pentágono y la CIA, tomaran nuevamente el camino de intentar someter a nuestro continente por la fuerza”.

“Ya vimos en Bolivia el intento de golpe contra el presidente Evo Morales, que buscó generar una guerra civil en 2008, y que también fue derrotado con el apoyo de la Unasur, que permitió estabilizar y fortalecer la democracia boliviana”, señaló el canciller. “La reacción de nuestros pueblos ha sido unánime en toda América latina y la reacción de este gobierno (ecuatoriano) ha sido realmente excepcional. No-sotros le hemos ratificado todo el respaldo y apoyo para garantizar la estabilidad democrática.”

Tres coroneles de la policía ecuatoriana fueron liberados bajo caución ayer, después de un día de arresto. Edwin Echeverría, Julio Cueva y Jorge Rivadeneira, que tenían cargos de dirección policial en la provincia de Pichincha, son investigados por “atentado contra la seguridad del Estado y tentativa de asesinato”. Los policías negaron su responsabilidad y aceptaron tener que presentarse regularmente ante la Justicia a cambio de prisión domiciliaria.

¿Qué pasó en Ecuador?

Por Atilio A. Boron

Hubo una tentativa de golpe de Estado. No fue, como dijeron varios medios en América latina, una “crisis institucional”, como si lo ocurrido hubiera sido un conflicto de jurisdicciones entre el Ejecutivo y el Legislativo, sino una abierta insurrección de una rama del primero, la Policía Nacional, cuyos efectivos constituyen un pequeño ejército de 40.000 hombres, en contra del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas del Ecuador, que no es otro que su presidente legítimamente electo. Tampoco fue lo que dijo Arturo Valenzuela, subsecretario de Estado de Asuntos Interamericanos, “un acto de indisciplina policial”. ¿Caracterizaría de ese modo lo ocurrido si el equivalente de la Policía Nacional del Ecuador en EE.UU. hubiera vapuleado y agredido físicamente a Barack Obama, lesionándolo, lo hubiera secuestrado y mantenido en reclusión durante 12 horas en un hospital policial hasta que un comando especial del Ejército lo liberara luego de un intenso tiroteo? Seguramente que no, pero como se trata de un mandatario latinoamericano lo que allá suena como intolerable aberración aquí aparece como una travesura de escolares.

En general los oligopolios mediáticos ofrecieron una versión distorsionada de lo ocurrido, evitando cuidadosamente hablar de tentativa de golpe. Se referían a una “sublevación policial” lo cual, a todas luces, convierte los acontecimientos en una anécdota relativamente insignificante. Es un viejo ardid de la derecha, siempre interesada en restar importancia a las tropelías que cometen sus partidarios y a magnificar los errores o problemas de sus adversarios. Por eso viene bien recordar las palabras pronunciadas este viernes, en horas de la mañana, por el presidente Rafael Correa cuando caracterizó lo ocurrido como “conspiración” para perpetrar un “golpe de Estado”.

Conspiración porque hubo otros actores que manifestaron su apoyo al golpe en gestación: ¿no fueron acaso efectivos de la Fuerza Aérea Ecuatoriana –y no de la Policía Nacional– los que paralizaron el aeropuerto de Quito y el pequeño aeródromo utilizado para vuelos provinciales? ¿Y no hubo grupos políticos que salieron a apoyar a los golpistas en calles y plazas? ¿No fue el propio abogado del ex presidente Lucio Gutiérrez uno de los energúmenos que trató de entrar por la fuerza a las instalaciones de la Televisión Nacional? ¿No dijo acaso el alcalde de Guayaquil, gran rival del presidente Correa, Jaime Nebot, que se trataba de un conflicto de poderes entre un personaje autoritario y despótico y un sector de la policía, equivocado en su metodología pero a quien le asistía la razón en sus reclamos? Esta falsa equidistancia entre las partes en conflicto era una indirecta confesión de su complacencia ante los acontecimientos en curso y de su íntimo deseo de librarse de su inexpugnable enemigo político. Ni hablar de la lamentable involución del movimiento “indígena” Pachakutik, que en medio de la crisis hizo pública su convocatoria al “movimiento indígena, movimientos sociales, organizaciones políticas democráticas, a constituir un solo frente nacional para exigir la salida del presidente Correa”. ¡Sorpresas te da la vida!, decía Pedro Navaja. Pero no hay tal sorpresa cuando uno toma nota de los generosos aportes que la Usaid y el National Endowment for Democracy han venido haciendo en los últimos años para “empoderar” a la ciudadanía ecuatoriana a través de sus partidos y movimientos sociales.

Conclusión: no fue un pequeño grupo aislado dentro de la policía que intentó dar el golpe sino un conjunto de actores sociales y políticos al servicio de la oligarquía local y el imperialismo, que jamás le va a perdonar a Correa haber ordenado el desalojo de la base que Estados Unidos tenía en Manta, la auditoría de la deuda externa del Ecuador y su incorporación al ALBA, entre muchas otras causas. Incidentalmente, la policía ecuatoriana hace ya muchos años que, como otras de la región, viene siendo instruida y adiestrada por su contraparte estadounidense. ¿Habrán incluido alguna clase de educación cívica, o sobre la necesaria subordinación de las fuerzas armadas y policiales al poder civil? No parece. Más bien, actualiza la necesidad de poner fin, sin más dilaciones, a la “cooperación” entre las fuerzas de seguridad de la mayoría de los países latinoamericanos y las de Estados Unidos. Ya se sabe qué es lo que enseñan en esos cursos.

¿Por qué fracasó el golpe?

Básicamente por tres razones: por la rápida y efectiva movilización de amplios sectores de la población ecuatoriana que, pese al peligro que existía, salió a ocupar calles y plazas para manifestar su apoyo al presidente Correa. Ocurrió lo que siempre debe ocurrir en casos como estos: la defensa del orden constitucional es efectiva en la medida en que es asumida directamente por el pueblo, actuando como protagonista y no como simple espectador de las luchas políticas de su tiempo. Sin esa presencia del pueblo en calles y plazas, cosa que había advertido Maquiavelo hace quinientos años, no hay república que resista los embates de los personeros del viejo orden. El entramado institucional por sí solo es incapaz de garantizar la estabilidad del régimen democrático. Las fuerzas de la derecha son demasiado poderosas y dominan ese entramado desde hace siglos. Sólo la presencia activa, militante, del pueblo en las calles puede desbaratar los planes golpistas.

En segundo lugar, porque la movilización popular fue acompañada por una rápida y contundente solidaridad internacional que se comenzó a efectivizar no bien se tuvieron las primeras noticias del golpe y que, entre otras cosas, precipitó la muy oportuna convocatoria a una reunión urgente y extraordinaria de la Unasur en Buenos Aires. El claro respaldo obtenido por Correa de los gobiernos sudamericanos y de varios europeos surtió efecto porque puso en evidencia que el futuro de los golpistas, en caso de que sus planes finalmente culminaran exitosamente, sería el ostracismo y el aislamiento político, económico e internacional. Se demostró, una vez más, que la Unasur funciona y es eficaz, y la crisis pudo resolverse, como la de Bolivia en 2008, sin la intervención de intereses ajenos a América del Sur.

Tercero, por la valentía demostrada por el presidente Correa, que no dio el brazo a torcer y resistió a pie firme el acoso y la reclusión pese a que era más que evidente que su vida corría peligro: cuando se retiraba del hospital, su automóvil fue baleado con claras intenciones de poner fin a su vida. Correa demostró poseer el valor que se requiere para acometer con perspectivas de éxito las grandes empresas políticas. Si hubiese flaqueado, si se hubiera acobardado, o dejado entrever una voluntad de someterse al designio de sus captores otro habría sido el resultado.

La combinación de estos tres factores terminó por producir el aislamiento de los sediciosos, debilitando su fuerza y facilitando la operación de rescate efectuada por el ejército ecuatoriano.

¿Puede volver a ocurrir?

Sí, porque los fundamentos del golpismo tienen profundas raíces en las sociedades latinoamericanas y en la política exterior de Estados Unidos hacia esta parte del mundo. Si se repasa la historia reciente de nuestros países se comprueba que las tentativas golpistas tuvieron lugar en Venezuela (2002), Bolivia (2008), Honduras (2009) y Ecuador (2010), es decir, en cuatro países caracterizados por ser el hogar de significativos procesos de transformación económica y social, y por estar integrados a la ALBA. Ningún gobierno de derecha fue perturbado por el golpismo, cuyo signo político oligárquico e imperialista es inocultable. Por eso el campeón mundial de la violación a los derechos humanos –Alvaro Uribe, con sus miles de desaparecidos, sus fosas comunes, sus “falsos positivos”– jamás tuvo que preocuparse por insurrecciones militares en los ocho años de su mandato. Y es poco probable que los otros gobiernos de derecha que hay en la región vayan a ser víctimas de una tentativa golpista en los próximos años.

De las cuatro que hubo desde 2002 tres fracasaron y sólo la perpetrada en Honduras en contra de Mel Zelaya fue exitosa. El dato significativo es que su ejecución fue sorpresiva, en el medio de la noche, lo cual impidió que la noticia fuese conocida hasta la mañana siguiente y el pueblo tuviera tiempo de salir a ganar calles y plazas. Cuando lo hizo ya era tarde porque Zelaya había sido desterrado. Además, en este caso la respuesta internacional fue lenta y tibia, careciendo de la necesaria rapidez y contundencia que se puso de manifiesto en el caso ecuatoriano. Lección a extraer: la rapidez de la reacción democrática y popular es esencial para desactivar la secuencia de acciones y procesos del golpismo, que rara vez es otra cosa que un entrelazamiento de iniciativas que, a falta de obstáculos, se refuerzan recíprocamente. Si la respuesta popular no surge de inmediato el proceso se retroalimenta, y cuando se lo quiere parar ya es demasiado tarde. Y lo mismo cabe decir de la solidaridad internacional, que para ser efectiva tiene que ser inmediata e intransigente en su defensa del orden político imperante. Afortunadamente estas condiciones se dieron en el caso ecuatoriano, y por eso la tentativa golpista fracasó. Pero no hay que hacerse ilusiones: la oligarquía y el imperialismo volverán a intentar, tal vez por otras vías, derribar a los gobiernos que no se doblegan ante sus intereses.

* PLED/Centro Cultural de la Cooperación.

Pagina/12

Written by Eduardo Aquevedo

3 octubre, 2010 at 22:43

Mundial de futbol: Chile, “la belleza suramericana”…

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Bielsa ha armado un equipo valiente y goleador en el que destacan Suazo y Alexis Sánchez

CAYETANO ROS 05/12/2009

image Ausente de los dos últimos Mundiales, Chile se ganó fama de inconsistente hasta que el presidente de la federación, Harold Mayne-Nicholls, decidió contratar a un seleccionador extranjero. Marcelo Bielsa (Rosario, Argentina; 1955), recibido de uñas en agosto de 2007, es hoy una celebridad en Chile tras acabar con las indisciplinas y las dudas. Chile sabe a qué juega: siempre al ataque, sin importarle el escenario ni el rival. “Para mí, todos los partidos son iguales. Hay que dominar y protagonizar todo lo que se pueda. La única manera que entiendo el fútbol es la de la presión constante, el juego en el campo rival y el dominio de la pelota”, proclama.

Al tratarse de un equipo espectacular, con 32 goles en 18 partidos en la fase clasificatoria, tan sólo uno menos que Brasil, algunos la bautizaron como la España suramericana. Pero es otra cosa: mucho más vertical que la selección de Vicente del Bosque, sin tanto toque en la medular. “En el fútbol no existe circunstancia alguna para que un jugador esté parado en la cancha”, avisa Bielsa, que apuesta por un esquema diferente, un 3-3-1-3, con una arriesgada defensa de tres, muy adelantada, que ha recibido 22 tantos en la clasificación, 11 más que Brasil. Lo pudo comprobar España el 19 de noviembre de 2008 en El Madrigal en un partido amistoso que ganó (3-0) no sin haber pasado un mal trago en una primera parte vertiginosa. En sus siete enfrentamientos, España (seis victorias y un empate) no ha perdido nunca.

Con 10 goles, Humberto Suazo, punta del Monterrey mexicano, de 28 años, ha sido el máximo goleador del grupo suramericano. Lo acompañan en el ataque Alexis Sánchez (21 años, Udinese) por la derecha y Mark González (CSKA de Moscú, ex del Betis) por la izquierda. Mati Fernández, en el Sporting de Lisboa tras su fracaso en el Villarreal, actúa de enganche en disputa por el puesto con Valdivia, ex del Rayo. El portero Bravo, de la Real Sociedad, es un capitán respetado.

Pero Chile es sobre todo un equipo de autor. La mano de Bielsa se ve por todas partes: cada jugador ha aumentado su rendimiento. Tras el naufragio al frente de Argentina en Corea y Japón 2002, adonde llegó con 2.000 vídeos de los rivales, ésta es una revancha para un técnico que recibe una lluvia de elogios de los jugadores. Pese a ganar los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, El Loco encontró insoportable la presión de entrenar a su propio país. Entonces anunció que sólo le gustaría dirigir en dos partes del mundo: Suiza y Chile, “dos países moderados”. “En Argentina, soy una expresión potenciada. No es que sea un argentino moderado. Todo lo contrario, soy muy exagerado. Para mí, el fútbol lo es todo y ésa es una vida que no se puede vivir eternamente. Por eso me gustaría moderarla”, dijo. “Tengo un profundo amor por el juego, por la esquina, por el baldío, por la pelota. Y desprecio todo lo añadido”, añadió. En un Mundial, no hay moderación posible, pero, al menos, Bielsa dirige como quería a Chile y se medirá a la apacible Suiza.

Las claves

– Sólo fue superada por Brasil en la fase de clasificación suramericana.

– Humberto Suazo fue su máximo goleador, 10 tantos

– En su último enfrentamiento perdió 3-0 con España en un amistoso.

Chile: el rival que no quería Del Bosque

Chile, dirigida por Bielsa, ha sido una de las revelaciones del grupo de clasificación suramericano, donde logró la segunda plaza

EFE – Santiago de Chile (Chile) – 04/12/2009

La selección de Chile, dirigida por el argentino Marcelo Bielsa, jugará en Sudáfrica su octava Copa del Mundo, a la que se clasificó con una campaña histórica en las eliminatorias sudamericanas, en la que estableció varias marcas, inéditas hasta ahora. La ”Roja” de Marcelo Bielsa sumó 33 puntos en la serie eliminatoria y la terminó en el segundo lugar, superada sólo por Brasil y, por diferencia de gol, arriba de Paraguay, que fue tercero con las mismas unidades, además de sumar cinco de ventaja sobre Argentina, el cuarto clasificado.

En su anterior experiencia mundialista, en Francia”98, Chile, dirigido entonces por Nelson Acosta, ganó la última plaza sudamericana sólo por tener una mejor diferencia de gol que Perú. Salvo en pasajes transitorios en el inicio de la carrera a Sudáfrica, la ”Roja” se mantuvo siempre en la zona de clasificados y no se movió más de ahí desde la octava jornada, cuando goleó a Colombia por 4-0 en Santiago. Chile aseguró además su clasificación en la penúltima jornada de la serie, con otra goleada sobre Colombia, esta vez a domicilio (2-4) en Medellín, el pasado 10 de octubre.

Esa goleada fue la culminación de otra marca histórica establecida por la selección de Marcelo Bielsa: sumó dieciséis puntos en terreno ajeno, casi la mitad del total obtenido, con triunfos a domicilio sobre Bolivia (0-2), Venezuela (2-3), Perú (1-3), Paraguay (0-2, y Colombia (2-4). Además, empató como visitante ante Uruguay (2-2), en una jornada memorable el 18 de noviembre de 2007, en la que remontó dos goles en contra con el ya veterano Marcelo Salas, que se consolidó así como el goleador histórico de la selección de Chile (37). De los 32 goles anotados en total, Chile consiguió 18 como visitante y vio adicionalmente coronarse al delantero Humberto Suazo como el máximo goleador de las eliminatorias, con diez goles.

Chile recibió 22 goles en las eliminatorias, catorce de ellos como visitante y su guardameta titular, Claudio Bravo, jugador del Real Sociedad española, fue el único de los 46 que en total convocó Marcelo Bielsa durante el proceso que jugó íntegros los dieciocho partidos de la serie. El goleador Humberto Suazo también fue convocado en los dieciocho partidos, pero en algunos fue sustituido, de modo que sumó menos minutos que Bravo. El equilibrio entre las líneas de la selección de Bielsa también se refleja en los goles anotados, ya que dieciocho correspondieron a delanteros, siete a centrocampistas y siete a defensas.

En el inicio de las eliminatorias, en octubre de 2007, Chile estaba en el puesto 47 del ránking de la FIFA y actualmente está en en el casillero 17, mientras analistas de diversos continentes consideran que se trata de un equipo del cual habrá que cuidarse en el Mundial.

Suiza, Chile y Honduras, rivales de España

La selección de Del Bosque, encuadrada en el grupo H, debutará el 16 de junio ante Suiza y jugará también contra Honduras y Chile, una de las más temidas.- En octavos se prevé un cruce complicado: Costa de Marfil, Brasil o Portugal

ELPAÍS.com 04/12/2009

El Centro de Convenciones de Ciudad del Cabo fue el escenario en el que dio comienzo el sorteo de los grupos del Mundial. El presidente de la FIFA, Joseph Blatter hizo acto de presencia acompañadode de la presentadora, Carol Manana, y el ex presidente Nelson Mandela. Después de unas palabras de bienvenida, aparece la Copa del Mundo bajo los focos, la que alzará el campeón del mundo el 11 de julio. La nota de glamour la puso Charlize Theron, que fue la encargada de presentar el sorteo. Un breve repaso de la historia de los Mundiales y la presentación de la mascota del Mundial, el león Zakumi, amenizaron los momentos previos al sorteo.

España ha quedado encuadrada en el grupo H con las selecciones de Suiza , con la que debutará el 16 de junio en Durban, Honduras y Chile , sin duda, la que será el rival más complicado de la primera fase. La selección jugará, además de en Durban, en Johanesburgo y en Pretoria.

Si el grupo que le ha tocado a España no presenta una especial dificultad para acceder a octavos de final, la selección sí que ha salido perjudicada en cuanto al cruce en esa fase, que será con el grupo G. En él, Brasil, Portugal y Costa de Marfil lucharán por lograr las dos plazas que dan acceso a los octavos. La cuarta en discordia, Corea del Norte, a penas tiene posibilidades.

La anfitriona, Suráfrica, es cabeza de serie en el grupo A con México, Uruguay y Francia. El grupo B estará formado por Argentina, Nigeria, Corea del Sur y Grecia, mientras que la Inglaterra de Capello ha tenido suerte y se verá las caras con Estados Unidos, Argelia y Eslovenia. El grupo D será el formado por Alemania, Australia, Serbia y Ghana y el grupo E, por Holanda, Dinamarca, Japón y Camerún. La actual campeona del mundo, Italia, defenderá su trono en el grupo F contra Paraguay, Nueva Zelanda y Eslovaquia.

Así lo vivimos en directo

18:51: Después de una actuacion musical va a dar comienzo el sorteo. Se explica, a través del secretario general de la FIFA, Jerome Valck, cómo será el sorteo. Lo que ya se sabe, de momento, es que Suráfrica será la número 1 del grupo A, como país anfitrión y organizador.

19:04: Suráfrica, al grupo A, como ya había explicado anteriormente. La Argentina de Maradona estará en el grupo B como cabeza de serie. Inglaterra es la tercera en salir, será en el grupo C. Alemania, al grupo D, y Holanda, que entró como cabeza de grupo en lugar de Francia, al grupo E. Italia jugarán en Ciudad del Cabo, en el grupo F. El grupo G es para Brasil y España, última bola en salir, estará situada en el grupo H. Jugará en Durban, en Johanesburgo y en Pretoria sus 3 partidos de la primera fase, ahora falta saber contra qué rivales.

19:07: México es el rival de Suráfrica en el partido inaugural el viernes 11 de junio. Korea del Sur está encuadrada en el grupo B de Argentina. Estados Unidos será el primer rival de la Inglaterra de Capello. Australia estará en el grupo D con Alemania y será el primer partido del grupo. Japón, al grupo E, donde es cabeza de serie Holanda. Nueva Zelanda ha quedado encuadrada en el grupo de la actual campeona del mundo, Italia. Korea del Norte será el rival de Brasil.

19:13: España se ha librado de Estados Unidos y México y jugará contra Honduras el lunes 21 de junio en el que será su segundo partido del Mundial.

19:15: Nigeria es el tercer equipo del grupo B. España se libra de Costa de Marfil, que se va al grupo de Inglaterra y Estados Unidos, pero lo pasan al grupo G, de Brasil. Argelia será la que se enfrentará a ingleses y americanos. La Uruguay de Forlán, la última en acceder al Mundial, jugará en el grupo A. Ghana queda encuadrada en el grupo D. Camerún se va al grupo E de Holanda y Japón, contra que debutará. Paraguay al grupo de Italia.

19:19: Mala suerte para España, que jugará contra Chile, el rival que no quería Del Bosque, el último partido del grupo en Pretoria.

19:20: El cruce de octavos de España será con el grupo de Brasil y Costa de Marfil.

19:21: Francia estará en el grupo A. Grecia estará en el grupo B de Argentina. Eslovenia es el rival europeo de Inglaterra en el grupo C. Con Alemania, en el grupo D, queda encuadrada la Serbia de Radomir Antic. Dinamarca, una de las rivales fuertes del bombo, se va al grupo E. Eslovaquia se va al grupo F con Italia. Brasil se enfrentará contra Portugal.

19:25: España se ha librado de Portugal y se enfrentará en su primer partido del Mundial contra Suiza, uno de los rivales que, en principio, eran más débiles del bombo 4. El miércoles 16 en Durban será el debut de España en el Mundial.

19:27: Suiza, Honduras y Chile serán los rivales de España en el Mundial de Suráfrica. El cruce de octavos será contra el grupo de Brasil, Costa de Marfil, Portugal y Korea del Norte.

EL PAIS.COM

Written by Eduardo Aquevedo

5 diciembre, 2009 at 1:33

El retorno de la derecha latinoamericana…

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Por Immanuel Wallerstein

america-latina001 Algo extraño está ocurriendo en América latina. Las fuerzas de derecha en la región están emplazadas de tal modo que pueden desempeñarse mejor durante la presidencia de Barack Obama que durante los ocho años de George W. Bush. Este encabezaba un régimen de extrema derecha que no tenía ninguna simpatía por las fuerzas populares en América latina. Por el contrario, Obama encabeza un régimen centrista que intenta replicar la “política del buen vecino” que proclamara Franklin Roosevelt como forma de anunciar el fin de la intervención militar directa de Estados Unidos en América latina.

Durante la presidencia de Bush, el único intento serio de golpe de Estado con respaldo de Estados Unidos ocurrió en 2002 contra Hugo Chávez en Venezuela y tal asonada falló. Fue seguida de una serie de elecciones por toda América latina y el Caribe, donde los candidatos de centroizquierda ganaron en casi todos los casos. La culminación fue una reunión en 2008 en Brasil –a la que Estados Unidos no fue invitado y donde el presidente de Cuba, Raúl Castro, recibió trato de héroe virtual—.

Desde que Obama asumió la presidencia, se ha logrado perpetrar un golpe de Estado: en Honduras. Pese a la condena que expresó el mandatario, la política estadounidense ha sido ambigua y los líderes del golpe ganaron su apuesta de mantenerse en el poder hasta las próximas elecciones para presidente. Hace apenas muy poco, en Paraguay, el presidente católico de izquierda Fernando Lugo pudo evitar un golpe militar. Pero su vicepresidente, Federico Franco, de derecha, está maniobrando para obtener de un Parlamento nacional hostil a Lugo un golpe de Estado que asume la forma de un enjuiciamiento. Y los dientes militares se afilan en una serie de otros países.

Para entender esta aparente anomalía debemos mirar la política interna de Estados Unidos, y cómo afecta a su política exterior. El Partido Demócrata es la misma coalición amplia que siempre ha sido, pero el Partido Republicano se ha desplazado más a la derecha. Esto significa que los republicanos tienen una base menor. Lo lógico sería que esto significara bastantes problemas electorales. Pero, como lo estamos viendo, esto no funciona exactamente de ese modo.

Las fuerzas de la extrema derecha que dominan el Partido Republicano están muy motivadas y son bastante agresivas. Buscan purgar a todos y cada uno de los políticos republicanos a quienes consideren demasiado “moderados” e intentan forzar a los republicanos en el Congreso a una actitud negativa uniforme hacia todas y cada una de las cosas que proponga el Partido Demócrata y en particular el presidente Obama. Los arreglos políticos de compromiso ya no son vistos como políticamente deseables. Por el contrario. A los republicanos se los presiona para marchar al ritmo de un solo tamborilero.

Entretanto, el Partido Demócrata opera como siempre ha operado. Su amplia coalición va de la izquierda a una cierta derecha del centro. Los demócratas en el Congreso invierten casi toda su energía política en negociar unos con otros. Esto implica que es muy difícil aprobar legislaciones significativas, como lo vemos actualmente con el intento de reformar las estructuras de salud estadounidenses.

Entonces, ¿qué significa esto para América latina (y de hecho para otras partes del mundo)? Obama tiene una base diversa y una agenda ambigua. Su postura pública se bambolea entre una firme posición centrista y unos moderados gestos de centroizquierda. Esto vuelve su posición política esencialmente débil. Obama desilusiona a los votantes de izquierda y la realidad de una depresión mundial hace que algunos de sus votantes centristas se aparten de él por miedo a una deuda nacional creciente.

Para Obama, al igual que para Bush, América latina no está en la cúspide de las prioridades. Está muy preocupado por las elecciones de 2010 y 2012. Y esto no es algo insensato. Lo que la derecha latinoamericana hace es sacarles ventaja a las dificultades políticas internas de Obama para forzarle la mano. Se percatan de que no cuenta con la energía política disponible para atajarlos. Además, la situación económica mundial tiende a redundar en contra de los regímenes en el cargo. Y en la América latina de hoy son los partidos de centroizquierda los que están en el cargo. Si Obama lograra triunfos políticos importantes en los próximos dos años, esto mellaría, de hecho, el retorno de la derecha latinoamericana. ¿Pero logrará tales triunfos?

Traducción: Ramón Vera Herrera.

Página/12

Honduras, EE.UU y A. Latina: escenarios…

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Escenarios

Por Santiago O’Donnell

AMER02 La crisis de Honduras sigue sin resolverse, pero con la campaña electoral en marcha ya se vislumbran algunos posibles escenarios. Desde la perspectiva de Washington, la solución multilateral que ellos preferían fue intentada y fracasó cuando se cayó el llamado Acuerdo de San José-Tegucigalpa.

Por supuesto que Estados Unidos no fue ajeno a ese proceso multilateral desde el mismo momento en que impulsó como negociador a Oscar Arias, cosa que los demás países de la región aceptaron. Y más allá de si apoyó, consintió, o no hizo suficiente cuando el avión que llevaba al exilio al presidente legítimo hizo escala en la base de Palmerola, a la hora de negociar el gobierno de Obama aceptó que la vuelta de Zelaya al poder era una condición imprescindible para llegar a un acuerdo, y entendió que el dictador Micheletti sólo aceptaría dicha solución bajo presión de la comunidad internacional. Entonces canceló las visas de los golpistas, expulsó a sus diplomáticos, congeló su crédito internacional, y los denunció en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Y quizá algo más. Este cronista no lo pudo confirmar, pero una fuente diplomática europea le deslizó que el regreso de Zelaya a su país también se produjo a través de la base de Palmerola. La ruta del regreso es tema tabú entre los zelayistas, y en todo caso el gobierno de Estados Unidos fue el primero en darle la bienvenida y llevarle comida cuando Zelaya se refugió en la embajada brasileña de Tegucigalpa. Makes sense.

Pero según contó una fuente cercana al gobierno de Obama, cuando el acuerdo se cayó hace dos semanas los zelayistas y los gobiernos latinoamericanos le dijeron a Estados Unidos que resolviera el problema. Entonces Shannon viajó a Tegucigalpa y negoció un acuerdo, que decía que el Congreso debe decidir la restitución de Zelaya, “en el espíritu del acuerdo de San José de Costa Rica”. O sea, el Congreso debe resolver, pero con la idea de que Zelaya debe ser restituido.

Claro que en términos legales “espíritu” es una palabra difícil de sopesar. Cuando Zelaya no fue restituido por el Congreso dentro de los plazos que se conversaron en la negociación, con toda razón se dio por engañado y dio por terminado el acuerdo. Pero el miércoles pasado Ian Kelly, vocero del Departamento de Estado, dijo que el acuerdo sigue vigente porque no establecía plazos para la restitución de Zelaya. Y anteayer el dictador anunció que para facilitar la transición piensa “alejarse del poder” mientras se celebran las elecciones, el próximo domingo. El mandato del futuro presidente empezaría a fines de enero.

Desde la perspectiva de Washington, las cosas están encaminadas. El escenario ideal es convencer a Zelaya de que reasuma aunque sea en el último día de su mandato para legitimar al próximo gobierno. Calculan que la dictadura no tendría problema en que asumiera Zelaya pocas horas o algunos días antes de que termine su mandato constitucional, y que todavía podrían negociar algunas cosas con Zelaya, para que cambie de idea. Desde que se cayó el acuerdo, Zelaya viene diciendo que la elecciones del 29 de noviembre serán un fraude y una farsa y que no será funcional a las maniobras para legitimarlas.

“¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que haya elecciones razonablemente libres, aunque Zelaya no las apoye, y que se elija un nuevo gobierno? Claro que no es la solución ideal, pero las demás opciones son peores”, argumenta una fuente estadounidense.

Entonces, desde la perspectiva de Washington, a Zelaya ahora le queda la opción de aceptar un regreso simbólico para legitimar las elecciones, o exponer al próximo gobierno de Honduras a cuatro años más de aislamiento diplomático, porque la Organización de Estados Americanos (OEA) ya ha dicho que sin restitución de Zelaya no reconocerá al ganador de los comicios.

El primero sería el escenario ideal para los estadounidenses; el segundo sería un escenario alternativo pero igualmente aceptable. El aislamiento de Honduras sería sólo parcial. Para empezar, la Unión Europea dice que recién se pronunciará al respecto después de las elecciones. La mayoría de los países de la región y el propio organismo mantendrían su posición de no reconocer las elecciones del 29 de noviembre. Pero en la OEA evalúan que Panamá, Colombia, Canadá y quizá Perú acompañarían a Estados Unidos en el reconocimiento del nuevo gobierno.

Siempre tan prácticos estos norteamericanos. Típica solución de su manual de “nation building”, ese que está lleno de promesas, pero que ya cuenta con demasiados fracasos, siendo el último el vergonzoso acto eleccionario en Afganistán el 20 de agosto. No existe el almuerzo gratis. En América latina costó demasiada sangre entender que los pueblos no toleran líderes proscriptos, ni aguantan la pesada herencia de un golpe impune.

Lamentablemente, a la hora de elegir muchas ex colonias siguen comportándose como colonias, casi por inercia, sobre todo a la hora de repartir culpas. Los verdaderos dueños de las llaves para destrabar el conflicto son los políticos hondureños. Si los principales candidatos se bajaran de estas elecciones ilegítimas, forzarían la restitución de Zelaya y desbaratarían la estrategia estadounidense de mantener el statu quo.

Ese escenario haría posible una verdadera refundación de Honduras. El punto de partida sería una discusión sobre la principal herramienta de control de los sectores conservadores y proestadounidenses que forzaron la salida de Zelaya.

Esa herramienta de dominación es la Constitución hondureña. Fue sancionada en 1982, en plena guerra de contrainsurgencia, cuando ese país era la plataforma de lanzamiento de las operaciones militares y de inteligencia del gobierno de Ronald Reagan para desestabilizar al gobierno sandinista y combatir la guerrilla en El Salvador y Guatemala.

Una Constitución tan rígida que hasta prohíbe cualquier intento por reformarla, y a la vez tan perfectible que ni siquiera contempla un proceso de juicio político para un presidente acusado de violarla. Podría decirse que esa es la contradicción que dio origen a la crisis política hondureña. Los errores de cálculo de Zelaya y sobre todo la ambición de poder de la derecha golpista local e internacional hicieron el resto.

La crisis encuentra a la región en un estado de ebullición, sin grandes dramas pero con varios escenarios potencialmente explosivos. La pelea entre Perú y Chile por un caso de espionaje, las tensiones crecientes en la frontera entre Colombia y Venezuela, la amenaza golpista que jaquea al presidente paraguayo, el enfrentamiento entre gobierno y empresarios en Guatemala son nubes que se acumulan en el horizonte. Nubes que parecen augurar un cambio de época.

Antes, bajo la tutela de Washington, muchos de estos conflictos ya estarían resueltos o encaminados hacia un desenlace previsible. Los escenarios que hoy se pueden vislumbrar para Honduras y la región no serán alentadores, pero tampoco son tan catastróficos como cuando todo se solucionaba con el garrote de los Marines y la chequera del FMI.

Las huellas que va dejando el repliegue estadounidense –repliegue táctico, estratégico, temporario, permanente, cínico, sincero, oportunista, inevitable: el tiempo dirá– son huellas que conducen a un escenario denso, fragmentado, fluido e imprevisible.

Un escenario sin divas ni finales cantados, que invita a la construcción colectiva. O sea, a la emergencia de nuevos liderazgos, a la creación y afinación de instrumentos regionales, a la convergencia económica, política y cultural, al pago de deudas internas.

Nuevos actores, nuevo guión, un público que se renueva. El escenario cambió. No del todo, pero cambió bastante. Y bastante costó cambiarlo como para pensar que sólo cambió el decorado.

sodonnell@pagina12.com.ar

América Latina y el período histórico actual, por E. Sader

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América Latina y el período histórico actual (I)

31 Octubre 2009

Emir Sader (Clacso, Alas)

ALAS5 La crisis hegemónica se prolongará por un buen tiempo en el continente, entre el viejo mundo ya superado, pero que insiste en sobrevivir, y un nuevo mundo que está luchando para nacer –el de los gobiernos post neoliberales. Las próximas elecciones –en particular en Brasil, Bolivia, Uruguay y Argentina– definirán si estos gobiernos constituyen un paréntesis en la larga serie de gobiernos conservadores o si se consolidarán en la profundización y construcción de alternativas.

1. El período histórico actual fue inaugurado por la confluencia de tres virajes, todos de carácter regresivo:

  • El paso de un mundo bipolar a un mundo unipolar bajo la hegemonía imperial de América del Norte.
  • El paso de un ciclo de expansión del capitalismo a un largo ciclo recesivo.
  • El paso de la hegemonía de un modelo regulador (keynesiano, de bienestar social, o como se quiera llamar) a un modelo neoliberal, desregulador, de libre mercado.

El triunfo del bloque occidental bajo la dirección norteamericana llevó, después de muchas décadas, a un mundo unipolar, con una indiscutible hegemonía de una superpotencia y la derrota y desaparición de la otra gran potencia, algo que nunca antes había experimentado el mundo.

Toda la función de freno y control sobre la expansión imperial de los EE.UU. dejó de existir. Fueron entonces posibles las guerras de las últimas dos décadas –algunas llamadas “guerras humanitarias”, que violaron flagrantemente la soberanía de los países, lo que no ocurría desde el final de la Primera Guerra Mundial.

El surgimiento de un mundo unipolar permitió el dominio militar y económico del bloque occidental y, en particular, de los EE.UU. Pudieron así ampliar la economía de mercado en áreas insospechadas, como China, Rusia y Europa del Este.

La unipolaridad permitió incorporar a la Unión Europea y a la OTAN a países que antes eran miembros del Pacto de Varsovia. Se configura un sistema mundial único, en el plano económico, político y militar bajo dirección norteamericana. Un único imperio mundial, aun con las contradicciones y conflictos internos, reina en el mundo. Las guerras se suceden desde el bloque dominante en contra de las áreas de resistencia a su dominación como Yugoslavia, Irak, Afganistán.

El paso del ciclo largo de expansión –el de mayor desarrollo capitalista, lo que Eric Hobsbawm ha caracterizado como la “edad de oro” del sistema– hacia el ciclo largo recesivo trajo importantes consecuencias. Aquel ciclo significó la convergencia de los tres vectores fundamentales de la economía mundial –los EE.UU. (con Alemania y Japón creciendo a medida que los EE.UU., fenómeno único), las economías socialistas y la periferia (como México, Argentina y Brasil). Durante esa convergencia se alcanzó la mayor tasa de crecimiento de la economía mundial. También fue el período de consolidación de la hegemonía económica norteamericana y del bloque occidental.

La transición a la recesión luego del ciclo de expansión, no solo significó la disminución en las tasas de crecimiento, sino también la sustitución del tema central del período anterior –el crecimiento económico– por la estabilización. Se pasó de una fórmula desarrollista a una conservadora. Al mismo tiempo se introdujo el concepto de la “ingobernabilidad” como temática central. Esto expresaría la contradicción entre las condiciones de producción y las demandas de la economía, reflejado en el ciclo largo recesivo y como expresión de los derechos negados a lo largo de las décadas de expansión económica.

Este conflicto (entre las condiciones de producción y las demandas de la economía) fue también responsable de la aparición de las crisis inflacionarias, especialmente en la periferia. Fue en esta coyuntura en que el FMI emergió con préstamos a cambio de onerosas cartas de intenciones, que imponían duros ajustes fiscales y preparaban el camino para minimizar el papel del Estado y aplicar las políticas neoliberales.

El tercer factor –la hegemonía de los modelos neoliberales, con un alcance mundial que ningún otro modelo había conseguido– tuvo que ver con esa transición de ciclo.

Los programas neoliberales consolidaron una nueva relación de fuerzas a escala mundial, lo que reforzaba el camino hacia el fin de la bipolaridad. Con la globalización y sus programas de desregulación, de liberalización económica, de privatizaciones, de precarización de las relaciones de trabajo, y la conformación del Estado mínimo, se alteraba radicalmente el equilibrio de poder entre los países del centro y la periferia, y entre clases sociales dentro de cada país.

Se intensificó la concentración económica y de poder en favor de la globalización de competencias en detrimento de los países periféricos. Algunos de ellos, con el poder estatal victimado por el acelerado proceso de liberalización económica, sufrieron crisis de carácter neoliberal, como fueron los casos de México, Rusia, los países del sudeste de Asia, Brasil y Argentina en particular.

Con las políticas neoliberales que precarizaron las relaciones de trabajo, aumentaron el desempleo y fragmentaron la unidad de los trabajadores, también cambió radicalmente la correlación interna entre las clases en cada país en favor de las elites gobernantes.

2. La confluencia de todos estos factores que cambian el período, significaba una alteración de grandes proporciones en la correlación de fuerzas en todo el mundo, con sus especificidades en cada región y cada país. Es preciso detallar más algunas de sus consecuencias.

La hegemonía de EE.UU. como única superpotencia convirtió a ese país en el centro del poder político mundial, que tiene intereses en todas partes del planeta y tiene políticas para todos los temas y lugares. La superioridad militar de Estados Unidos se tornó inconmensurable. La victoria en la guerra fría significó también el triunfo ideológico que validó la interpretación del mundo que impuso el campo vencedor.

Para el campo socialista, la confrontación central de nuestro tiempo se daba entre el socialismo y el capitalismo. Para el campo imperialista, se daría entre el totalitarismo y la democracia. Había sido derrotado el totalitarismo nazista y fascista; también había sido derrotado el totalitarismo comunista; ahora se buscaría derrotar el totalitarismo islámico y el terrorismo.

Con el triunfo del campo occidental se opacaron las alternativas y las propuestas anticapitalistas en el horizonte histórico contemporáneo. Cuba entró en su “período especial” antes del final del campo socialista y de la Unión Soviética, tratando de evitar retrocesos. China optó por la vía de una economía de mercado.

La democracia liberal llegó a sintetizar la democracia. El concepto de economía capitalista se disolvió en el marco de una supuesta economía internacional o economía de mercado. Fue una victoria para una visión del mundo y de un modo de vida específico: “el modo de vida norteamericano”, convertida en el elemento de más fuerza en la hegemonía planetaria de EE.UU. Prácticamente ningún rincón del mundo pudo quedar inmune a esa influencia, incluido China y los países periféricos de las grandes metrópolis.

Si este triunfo ideológico es el elemento de mayor fuerza, la esfera económica está entre sus puntos más débiles. La desregulación económica promovida por el neoliberalismo propició la rápida y generalizada hegemonía del capital financiero en su carácter más especulativo, y como resultado de ello la financiarización de las economías.

Este proceso suele marcar las etapas finales de los modelos hegemónicos, que conducen a las fases de la hegemonía del capital financiero, los tiempos característicos de estancamiento, como el actual ciclo largo de recesión económica.

Una hegemonía que es difícil de revertir una vez que se han debilitado los incentivos para la inversión productiva, lo que define un horizonte de inestabilidad económica, de estancamiento y de bajos niveles de crecimiento.

La actual crisis, que afecta profunda y ampliamente la economía de EE.UU. y de ahí se extendió al resto del mundo, nació precisamente de estas debilidades –la hegemonía del capital financiero– y luego se manifiesta como la recesión económica abierta. Una crisis que produce una larga y profunda recesión en la economía de EE.UU. y los países del capitalismo central, sin tener la capacidad de revertir su raíz: la financiarización de la economía.

Al mismo tiempo, a pesar de haberse transformado en la única superpotencia, con fuerte predominio del plano militar, los EE.UU. no pueden resolver dos guerras al mismo tiempo, las de Irak y Afganistán.

Pero, a pesar de las debilidades que presenta, ninguna otra potencia o grupo de potencias puede rivalizar con los EE.UU. Del mismo modo, a pesar de su agotamiento, el modelo neoliberal, puesto que no constituye simplemente una política de un gobierno que puede cambiarse de un momento a otro, sino un modelo hegemónico, que incluye determinados valores, ideología, cultura, y tiene profundas y extensas raíces económicas, tampoco puede ser remplazado por ahora, cuando aún no se divisa otro modelo que pueda sucederle.

Por lo tanto, hemos llegado al agotamiento del modelo neoliberal, y entrado en un período de relativa debilidad de la capacidad hegemónica de EE.UU., sin que las alternativas tengan todavía el poder suficiente para imponerse. Ello se debe a que, en el momento en que el capitalismo revela con más claridad sus límites y muestra sus entrañas, los llamados “factores subjetivos” para la construcción de alternativas también han sufrido grandes retrocesos.

Se instaura así una crisis hegemónica, en la que lo viejo no se resigna a morir y lo nuevo tiene dificultades para nacer y sustituirlo. ¿Cómo lo viejo busca sobrevivir? Sobre la base de dos ejes: las políticas internacionales de libre comercio, con las instituciones que las multiplican, como el FMI, el Banco Mundial, la OMC. Y dentro de cada país, con la ideología del consumo, del shopping-center, del mercado.

El fortalecimiento de “lo viejo” tiene en su contra la hegemonía del capital financiero en su carácter más especulativo, que no solo bloquea la posibilidad de reanudar un nuevo ciclo de expansión de la economía, sino que fomenta la inestabilidad, precisamente con la libérrima circulación de los capitales financieros. Pero, al mismo tiempo, no surge un modelo alternativo al modelo neoliberal.

La construcción de alternativas choca así con una estructura económica, comercial y financiera global, que reproduce el libre comercio y favorece a las políticas neoliberales, como ideologías consolidadas que se manifiestan en las formas de comportamiento y de búsqueda y acceso a los bienes de consumo en la vida cotidiana de las personas.

Puede predecirse que estaremos en un período más o menos largo de inestabilidad y turbulencias tanto políticas cómo económicas, hasta que se forjen las condiciones para la hegemonía de un modelo post neoliberal y de una hegemonía política global alternativa a la de los Estados Unidos.

Traducido para Cubadebate por Renato Recio
Tomado de Carta Maior

América Latina y el período histórico actual (II y final)

1 Noviembre 2009

Emir Sader

La crisis hegemónica se prolongará por un buen tiempo en el continente, entre el viejo mundo ya superado, pero que insiste en sobrevivir, y un nuevo mundo que está luchando para subsistir –el de los gobiernos post neoliberales. Las próximas elecciones, en particular en Brasil, Bolivia, Uruguay y Argentina, definirán si estos gobiernos constituyen un paréntesis en la larga serie de gobiernos conservadores o si se consolidarán en la profundización y construcción de alternativas.

3. América Latina sufrió directamente la transición al nuevo período histórico. Prácticamente todos sus países fueron víctimas de la crisis de la deuda, y entraron en el círculo vicioso de la crisis fiscal, los préstamos y cartas de intención con el FMI, el debilitamiento del Estado y de las políticas sociales, la hegemonía del capital financiero, la contracción del desarrollo económico, sustituido por el tema de la estabilidad monetaria y los ajustes fiscales.

Afectada centralmente por esas transformaciones, América Latina pasó a ser el continente privilegiado de los experimentos neoliberales.

Las dictaduras militares en algunos de esos países, entre los que se encuentran aquellos que hasta entonces presentaban mayor fuerza en el campo popular, como Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, habían logrado quebrar la capacidad de resistencia de los movimientos populares. Esto allanó el camino para la hegemonía de las políticas neoliberales.

Estas políticas se fueron imponiendo desde el Chile de Pinochet a la Bolivia del MNR, pasando por la adhesión de fuerzas nacionalistas como en México y Argentina, hasta los partidos socialdemócratas, como los casos de Venezuela, Chile, Brasil, hasta generalizarse en casi todo el espectro político.

La década de 1990 fue la del predominio generalizado de los gobiernos neoliberales, algunos por un largo plazo, como el PRI en México; Carlos Ménem, en Argentina; Fernando Henrique Cardoso, en Brasil; Alberto Fujimori, en Perú; Pinochet y la Concertación (PS-DC), en Chile. En otros países el neoliberalismo se entrecortó por la acción de los movimientos populares que expulsaron del poder a varios presidentes, como en Bolivia y Ecuador, o que fracasaron como en Venezuela (con AD y COPEI).

Paralelamente foram se dando crises nas principais economias da região: México 1994, Brasil 1999, Argentina 2001-2002. Até que começaram a surgir governos eleitos pelo voto de rejeição do neoliberalismo, começando com a eleição de Hugo Chavez em 1998, seguida pelas de Lula em 2002, de Tabaré Vazquez em 2003, pela de Nestor Kirchmer em 2003, de Evo Morales em 2005, de Rafael Correa em 2006, de Mauricio Funes em 2009.Paralelamente estaban ocurriendo crisis en las principales economías de la región –México 1994, Brasil 1999, Argentina 2001-2002– hasta que comenzaron a surgir los gobiernos electos por el voto de rechazo a la situación creada por el neoliberalismo, empezando con la elección de Hugo Chávez en 1998, seguido por Lula en 2002, Tabaré Vázquez en 2003, Néstor Kirchner en 2003, Evo Morales en 2005, Rafael Correa en 2006, y Mauricio Funes en 2009.

Se produjo un cambio claro hacia la izquierda en la votación en los diferentes países que fueron celebrando sus elecciones, lo que revelaba cómo el continente había sufrido las consecuencias de los gobiernos neoliberales. Nunca antes en la región, o en otras partes del mundo, ha habido tantos gobiernos progresistas al mismo tiempo.

Lo que unifica a estos gobiernos, además de la votación con la que se derrotó a los gobiernos neoliberales de Carlos Ménem, Carlos Andrés Pérez, de la FHC, Lacalle, Sánchez de Losada, Lucio Gutiérrez, son dos rasgos comunes: la opción por los procesos de integración regional en lugar de libre comercio y la prioridad de las políticas sociales.

Son dos los puntos de mayor debilidad de los gobiernos neoliberales, cuya lógica de apertura económica favorecía las políticas de libre comercio y los llamados Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos, al mismo tiempo que concedían la prioridad a la estabilidad fiscal y monetaria sobre las políticas sociales.

Las políticas sociales son las que conceden legitimidad a los gobiernos emergentes, los cuales han tenido que enfrentar como norma la fuerte oposición de los monopolios privados de los medios, pero que, sin embargo, hasta ahora han sido reelegidos por el voto de los sectores populares, los más pobres de nuestras sociedades.

Estos gobiernos tienen diferencias entre sí aunque se asemejen y unifiquen por la prioridad que dan a los procesos de integración regional y a las políticas sociales. En ese marco común se diferencian porque Venezuela, Bolivia y Ecuador avanzan más claramente hacia la construcción de modelos alternativos al neoliberalismo.

Ya en la estrategia que los llevó al gobierno, combinaron los levantamientos populares con la salida electoral, pero después se propusieron refundar el Estado, apuntando hacia una nueva estrategia de la izquierda latinoamericana: ni el camino tradicional de reformas, ni la lucha armada, sino la combinación de ambos en una nueva síntesis.

En el otro campo están los países que favorecen a los tratados de libre comercio, como México, Chile, Perú, Colombia, Costa Rica. El primero en tomar ese camino, “el padre”, fue México, al firmar un TLC con Estados Unidos y Canadá, con claro privilegio para los Estados Unidos. Ahora el país latinoamericano tiene más del 90 % de su comercio exterior con el poderoso vecino.

La crisis económica actual permite medir el significado de las dos formas distintas de integración en el mercado internacional. México, por ejemplo, país vitrina por haber sido el primero –y, originalmente, iba a ser el camino que los EE.UU. señalaban a todos los países del continente–  tuvo la peor regresión económica de todas las economías del continente, con una caída del PIB cercana al 10 % en el primer semestre de este año. Paga así un precio muy alto por haber sido “privilegiado” en el comercio con EE.UU., el epicentro de la crisis mundial, que sufre una recesión profunda y prolongada, con todas sus consecuencias negativas para México.

Mientras, un país como Brasil, cuya economía es más o menos similar a la de México, podría salir más o menos rápidamente de la crisis por haber diversificado su comercio internacional, a tal punto que el principal socio comercial del país ya no es EE.UU. sino China. Al mismo tiempo, Brasil ha intensificado el comercio intrarregional, más resueltamente con la Argentina y Venezuela, mejorado con todos los países participantes en los procesos de integración regional, pero principalmente Brasil amplió considerablemente el mercado para el consumo popular. Este fue el principal responsable por la superación rápida de la crisis. Por primera vez durante el transcurso de una crisis, las políticas de redistribución del ingreso y extensión de los derechos sociales se mantienen, incluso en el momento mismo de la recesión.

Después de una fase de expansión relativamente rápida de los gobiernos progresistas del continente, la derecha ha recuperado su capacidad de iniciativa y busca reconquistar gobiernos para poner en marcha una restauración conservadora. Desde el intento de golpe en Venezuela en 2002, pasando por la ofensiva contra los gobiernos de Brasil, Bolivia y Argentina, la derecha trata de utilizar su poder económico y mediático al servicio de la reconstrucción de su poder político, derrotado por los gobiernos progresistas.

Podemos prever que la crisis hegemónica durará por un buen tiempo en el continente. Se trata de la lucha entre el viejo mundo que insiste en subsistir con sus programas neoliberales y el nuevo mundo de gobiernos post neoliberales que enfrenta dificultades parar sobrevivir.

Las próximas elecciones –en particular las de Brasil, Bolivia, Uruguay y Argentina– definirán si lo que hay es solo un paréntesis en la larga serie de gobiernos conservadores, o si se han consolidado y profundizado los procesos de construcción de alternativas post neoliberales, en los cuales América Latina es un escenario privilegiado.

Traducido para Cubadebate por Renato Recio
Tomado de Carta Maior

Crisis económica y la crítica al desarrollo extractivista…

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Eduardo Gudynas

E. Gudynas es analista de información en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social) y D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).

AMERICADELSUR La crisis económica iniciada en Estados Unidos ha alcanzado a Latinoamérica y se expresa tanto en el plano financiero como en el productivo. En los últimos meses se repiten noticias similares en casi todas las capitales. Las exportaciones comienzan a caer por la reducción de las compras en los países industrializados, simultáneamente con un descenso del precio de los principales productos exportados por América Latina. El crédito disponible es escaso y las capacidades de maniobra de los gobiernos se estrechan.

Un examen de esta situación indica que esta debacle global también representa una crisis del modelo extractivista de desarrollo. No es sólo una cuestión del acceso al crédito internacional o los problemas para colocar exportaciones, sino que se tambalean los mecanismos esenciales que sostenían un desarrollo enfocado en extraer recursos naturales y venderlos a los mercados globales.

Muchos gobiernos, desde Néstor Kirchner de Argentina a Alan García en Perú, disfrutaron en el pasado de un excelente escenario económico, con un alto crecimiento económico sustentado por sus elevadas exportaciones. Pero en realidad ese cambio se debía en buena medida a factores externos (alta demanda internacional y elevados precios), y estos gobiernos no aprovecharon esa coyuntura para generar un estilo de desarrollo propio y autónomo. Casi todos los países apostaron por profundizar todavía más la estrategia económica extractivista, donde las estrellas fueron el agronegocio, el petróleo y gas natural, y metales como aluminio o hierro a medio procesar. Incluso Brasil, que se presenta a sí mismo como una economía industrializada, mantiene un perfil exportador donde casi la mitad de los productos que vende son materias primas.

Un buen ejemplo es la situación de la producción de soja, el principal producto de exportación de países como Brasil, Argentina y Paraguay. Su precio había alcanzado picos en el orden de los US$ 600/ton, para caer a casi la mitad, y con proyecciones para los próximos meses de US$ 300/ton. También ha caído el precio del maíz, trigo y otros productos agroalimentarios, mientras que el mercado de biocombustibles se ha contraído.

Las implicaciones sociales y ambientales de este tipo de caídas son muy claros. Por ejemplo, siguiendo en el caso de la agropecuaria, seguramente se endentecerá la agricultura intensiva en capital (como por ejemplo el recambio de tractores o cosechadoras, uso intensivo de agroquímicos, etc.). La salida para este problema es apostar a las formas de producción allí donde los costos son menores (especialmente el valor de la tierra), y hasta donde lo permita la red de infraestructura actualmente existente. Consecuentemente se podrían esperar avances de la frontera agropecuaria sobre áreas silvestres en la Amazonia central (por ejemplo en Rondonia y Acre y otros estados del “arco de deforestación amazónica” en Brasil), pero también en las zonas adyacentes de Perú (carretera Interoceánica Sur), en el oriente de Bolivia, oriente de Paraguay, y norte de Argentina. La crisis generaré un mayor impacto ambiental. Paralelamente, la agricultura familiar y campesina será muy golpeada.

El comercio internacional agropecuario se encamina a mayores complicaciones. El sistema de apoyos cambiará, y por ejemplo la crisis económica hace que en la Unión Europea los sistemas de apoyo basados en el pago de subsidios se vuelvan cada vez más dificultoso, y se juegue con la idea de imponer trabas arancelarias clásicas. Entretanto, a los agricultores de EE.UU. también se les hace cada vez más difícil acceder al crédito. Finalmente, no es un tema menor que en China (un de los principales destinos de nuestras exportaciones) el Comité Central del Partido Comunista resolvió el pasado octubre permitir la compra o alquiler de tierras, tanto con personas, cooperativas o incluso empresas. Esto tendrá enormes efectos en el medio rural chino, y habrá que ver si en 2009 este nuevo capitalismo rural permite mejorar la producción (con la cual caerán las importaciones desde América Latina).

Entretanto, también se observa un desplome en el precio de los hidrocarburos con lo cual en 2009 se complica la situación en Venezuela, Bolivia, Ecuador (y en parte Perú y Brasil). Como se reducen las exportaciones y ha caído el precio, los ingresos de esos países se verán muy recortados. Además, a lo largo de 2009 seguramente se enlentecerá la exploración, prospección y explotación de los nuevos yacimientos (especialmente en Perú y Ecuador). Bolivia mantiene estancada su producción de hidrocarburos, incluso por debajo de sus propias metas, y ahora enfrenta el problema de una reducción de la demanda desde Brasil. Asimismo, las enormes inversiones que necesitará la explotación de los yacimientos oceánicos de Brasil también quedarán en suspenso. Un claro ejemplo de este nuevo escenario es que la empresa noruega que construye las plataformas petroleras marinas (Sevan Marine), prácticamente ha suspendido su montaje debido a la falta de crédito, poniendo en suspenso todos los encargos de Petrobrás.

Finalmente, los precios de los minerales también se han desplomado. Esto afecta a casi todos los países andinos (y una vez más, en parte a Brasil y Argentina). Por ejemplo el cobre ha regresado al precio observado a fines de 2005. Las consecuencias ya se están observando, y se profundizarán en 2009: nuevos proyectos de inversión suspendidos, la pequeña minería andina muy afectada (como ya sucede en Perú), acentuando los problemas de pobreza y con peores performances ambientales.

Tanto en el caso de los hidrocarburos como los minerales, hay ejemplos históricos donde la caída de los precios internacionales desembocó en un intento de compensación por medio de un aumento mayúsculo en los volúmenes extraídos. Las consecuencias sociales y ambientales de ese camino han sido muy negativas.

A medida que avanzan los problemas económicos en América Latina, aumenta la competencia por las exportaciones y la atracción de capitales internacionales. Consecuentemente los gobiernos recrudecerán sus resistencias a elevar las exigencias y la fiscalización ambiental, en tanto es concebida como una traba a las inversiones. Hay varios ejemplos en marcha: en Brasil se intenta reducir las exigencias de protección en la Amazonia, mientras que en Argentina la presidenta Cristina Fernández de Kirchner acaba de vetar una ley que impediría la minería en los glaciares de los Andes.

Los gobiernos, y muchos académicos, no parecen tomar conciencia que estamos frente a una crisis del modelo extractivista. Esa idea del desarrollo como crecimiento económico alimentado por las exportaciones de bienes primarios encuentra ahora límites externos, los que se suman a sus límites internos, expresados por conflictos sociales locales y sus impactos ambientales. De todas maneras se insiste en el mismo camino, y no son pocos los gobiernos donde sus planes para superar la crisis se basan en apoyar y subsidiar esos sectores. Un ejemplo notable son los sucesivos paquetes de créditos para las exportaciones agroindustriales en Brasil, y otro es la reciente aprobación de la Ley Minera en Ecuador, la que alienta la producción transnacionalizada, y vuelve a apostar a la idea del extractivismo exportador como motor del desarrollo.

Esta cuestión se convierte en uno de los temas urgentes para 2009: la estrategia extractivista, basada en explotar la Naturaleza para exportar materias primas hacia mercados globales, es insostenible en los planos económicos, sociales y ambientales. Por lo tanto, los gobiernos y también los movimientos sociales, deben comprender que sigue siendo necesario generar estilos de desarrollo estructurados de otra manera, y en lugar de exportar materias primeras pasar a utilizarlos en cadenas productivas propias, compartidas, donde se genere empleo genuino y se pueda reducir el impacto social y ambiental.

Publicado por ALAI (Agencia Latino Americana de Información), el 14 de enero de 2009. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 129 el 14 de enero de 2009. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.