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Lecciones de China: treinta años de reformas y de crecimiento económico…

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Lecciones de China: reflexiones tentativas sobre los treinta años de reformas económicas.

Autor(es): Chun, Lin

Chun, Lin. Enseña política comparada en la Escuela de Economía de Londres y en la Universidad de Nueva York. Es autora de The British New Left (Edimburg University Press, 1993) y de The Transformation of Chinese Socialism (Duke University Press, 2006), editora de China I, II y III (Ashgate, 2000), y coeditora de la antología de clásicos feministas traducidos del chino, Women: The Longest Revolution (Beijing, Social Science Publisher, 1997).


Contradicciones de la reforma

China comenzó a reformar su economía política socialista de estado después de la muerte de Mao Zedong en 1976. El pragmático programa de reformas de mercado de Deng Xiaoping fue legitimado formalmente en la histórica sesión plenaria del Partido Comunista de 1978 para reemplazar la ingeniería social maoísta utópica. Treinta años después, China es hoy la segunda mayor economía del mundo, la tercera mayor en comercio y, con enormes reservas de divisas extranjeras (1,4 billones de dólares o el 40 % del producto interno bruto en 2007) y enorme exceso de capital, el tercer mayor exportador de capitales. Además, China es también el segundo mayor consumidor de petróleo y es responsable por alrededor del 20 % del consumo de los recursos minerales de la tierra, produciendo el 15 % de las emisiones mundiales en el proceso.

En el contexto más amplio del desarrollo chino y de los desarrollos nacionales en general, están produciéndose cambios mayores en la política, la economía, las relaciones internacionales y la geopolítica mundiales desde el final de la guerra fría, en particular desde el colapso del bloque soviético y las transiciones poscomunistas por un lado, y la marcha progresiva transnacional de la liberalización, la desregulación y la privatización, por otro. Estos cambios han alterado profundamente los parámetros de la modernización en China con respecto a aquellos con los cuales estaban comprometidos los reformadores imperiales de la segunda mitad del siglo XIX y mucho más los revolucionarios republicanos y comunistas del siglo XX. Además, mientras más profundamente un país es integrado a los mercados mundiales, más fuertes son la dependencia y las restricciones que encuentra en sus opciones políticas y estratégicas.

La trayectoria de las reformas ha atravesado hasta ahora en China dos etapas distintas y está entrando en una tercera, cuya naturaleza todavía está por definirse. La primera, comenzada en 1977, estuvo inspirada por las rupturas en el pensamiento nacional iniciadas por el partido, expresadas en consignas tales como “reforma y apertura”, “economía socialista de mercado” y “construir un socialismo altamente civilizado, altamente democrático”. La idea principal era entonces que China “hiciera uso” de los mecanismos de mercado y de las avanzadas capacidades de gestión y tecnología del mundo capitalista para sus propios propósitos socialistas. En efecto, la primera década de la reforma contempló algunos magníficos logros: desde “liberar la mente” (un movimiento autocrítico dentro del partido comunista) hasta la descentralización política y económica, incluyendo esfuerzos para limitar los periodos de desempeño de los cuadros dirigentes y separar al partido del gobierno, la administración y la gerencia empresarial; y desde el alivio de la pobreza hasta la promoción de las empresas colectivas municipales y aldeanas (TVE, siglas de su nombre en inglés) a fin de proveer de empleo, ingresos y prosperidad a las comunidades locales. Uno de los rasgos indisputables fue la marcada mejora en el nivel general de vida para la amplia mayoría de la población china: 400 millones de personas fueron sacadas de la pobreza, y el dinamismo de los negocios se expandió a través de las áreas urbanas y rurales de China. Un comprometido programa anti-pobreza, financiado por el estado central con amplia participación desde abajo, ejemplificó los primeros métodos chinos del desarrollo.

Después de los disturbios de la protesta de Tiananmen de 1989 (contra el deterioro de los servicios públicos y de la seguridad social y el aumento de la corrupción de los funcionarios) y su violento final, el siguiente paso de China quedó en claro sin lugar a dudas en 1992, cuando se relajaron las sanciones internacionales y Deng recorrió el sur para impulsar las zonas económicas especiales anunciando que “el desarrollo es la regla de hierro”. Una trágica ironía de la historia: en vez de refrenar los problemas iniciales que causaron los movimientos de estudiantes y ciudadanos de 1989, resultó que estos movimientos allanaron el camino para cambios más radicales en la década de 1990, bajo las fuerzas combinadas del ajuste del mercado y la violencia estatal. Recién en 2002, en que los dirigentes de la “cuarta generación” asumieron el poder de manos de Jiang Zemin (quien como secretario general del partido impulsó lejos la línea de Deng), ciertos errores serios del desarrollismo comenzaron a ser adjudicados al nivel político, si bien sólo tímida e ineficazmente. La necesitada reorientación que pudiera devolver a China a su senda reformista de integración selectiva al mundo en la prosecución de una economía socialista de mercado y democrática dependería de las correspondientes determinación política y presiones populares organizadas. Ya que es completamente posible que una transformación esencialmente capitalista sea irreversible, en tanto que ha confundido e institucionalizado muchos y poderosos intereses creados, tales como la alianza de la elite -funcionarios, grandes empresarios y académicos/medios de comunicación- formada en la temeraria segunda fase de acuerdo con un “capitalismo burocrático”. El acceso de China a la OMC en 2001 también le impuso al país un “auto-fortalecimiento” artificial que resiste los cambios.

Estas “reformas” radicales significaron realmente una transformación revolucionaria en el carácter del estado en China, en su estructura económica y relaciones sociales. La privatización generalizada, en particular, fue sobre todo la encarnación de la corrupción. Aunque eufemísticamente llamada “reestructuración”, fue aplicada por los gobiernos locales con una explícita luz verde desde arriba. Involucrando a gerentes y otros elementos internos tanto como adquisiciones y fusiones externas, transfirió a menudo la propiedad sin una adecuada evaluación/monitoreo o consulta de la opinión de los trabajadores afectados. La estrategia original era “mantener a las grandes y dejar irse a las pequeñas”, pero pronto cambió en un apresurado y defectuoso proceso de privatización también de las empresas rentables de magnitud grande y mediana. Las normas y regulaciones relevantes tales como la consulta obligatoria a los empleados fueron ignoradas. Como tal, no sólo la privatización, de una manera general, fracasó en lograr sus objetivos proclamados de eficiencia, productividad y mejoramiento tecnológico, sino que también resultó en un extendido desmantelamiento del patrimonio público y un gran desequilibrio macroeconómico.

La porción del PBI chino producido por el estado se había reducido a menos del 20 % para junio de 2007. Más del 80 % de las compañías chinas registradas en el país eran privadas o semi-privadas a través de una variedad de sistemas de tenencia de acciones en la mayor parte de los cuales los accionistas ordinarios no tienen voz en las decisiones sobre inversiones y dividendos. El sector colectivo urbano también disminuyó en más de dos tercios. Las industrias cooperativas rurales también han sido reestructuradas por compradores privados. El sector sobreviviente bajo control del estado, altamente capitalizado y centralmente controlado, está ahora en gran medida confinado a las empresas estratégicas en las industrias monopólicas (petróleo y refinerías, metalurgia, electricidad, telecomunicaciones y militares) con las barreras de entrada bajadas.

Entretanto, la privatización llevó a una drástica reducción del tamaño de las empresas, con cerca de 50 millones de trabajadores expulsados de sus empleos entre 1997 y 2002. Muchos puestos de trabajo creados en el sector privado permitieron escandalosas condiciones de trabajo, como en el caso de los talleres explotadores de obreros, manejados a bajo costo violando las leyes laborales y ambientales. Al menos 20 millones de personas viven ahora en las ciudades chinas bajo el nivel de la pobreza, más de medio siglo después de que la revolución comunista eliminara por primera vez la pobreza urbana. Más allá de las preocupaciones de la economía moral concernientes a la subsistencia y la seguridad, es aún más importante la herida a la dignidad de los trabajadores, y en consecuencia a la legitimidad del régimen: la difícil condición de los trabajadores causa una crisis fundamental de identidad a la República Popular, auto-percibida después de la revolución como un estado de obreros y campesinos, lo cual, de forma inercial, todavía legitimiza altamente la intensidad y la extensión de la “resistencia legal”. Toda violencia estatal local utilizada para aplastar las protestas sólo profundiza esa crisis.

A la vez, millones de granjeros han sido expulsados de la tierra en las condiciones de decadencia rural posteriores a las TVE, así como cada vez hay más incidentes de usurpación de tierras por empresarios privados usualmente apoyados por los funcionarios locales. Gracias a todo esto surgió la mayor “población flotante” (entre los 150 y los 200 millones) que el mundo haya visto jamás. La mano de obra migrante estaba menos protegida aún, atrapada a menudo en formas de exclusión social y privaciones físicas. Accidentes industriales, enfermedades relacionadas con las actividades laborales, polución del aire, la tierra y las aguas, todo había empeorado. La tasa de mortalidad en las minas privadas y privatizadas de China llegó a ser la mayor del mundo. La nueva ley del trabajo está lejos de ser adecuada, incluso para el criterio de las multinacionales capitalistas (por ejemplo, de acuerdo a Nike, que opera en China, el régimen existente de protección de los trabajadores allí, “a pesar de haber sido mejorado por la implementación este año de una nueva ley de contrato de trabajo, sigue por debajo de los estándares establecidos por la OIT, Financial Times, 9 de marzo de 2008). Y con todo, estas estipulaciones moderadas han sido ferozmente resistidas tanto por el capital interno como por el extranjero. Durante su debate público en 2006, el proyecto de ley fue rechazado por el lobby corporativo (Nike fue una excepción), el cual amenazó con retirar sus inversiones y trasladarse a otra parte en búsqueda de trabajadores más baratos y menos exigentes. En consecuencia, la Asamblea Nacional Popular hizo notables concesiones en la versión final antes de sancionarla para que tomara validez en enero de 2008.

Incorporadas a las leyes laborales hay provisiones legales de género, específicas para las mujeres, incluida una activa Federación de Mujeres de China. Sin embargo, en un mercado de trabajo pobremente regulado y marcado por la búsqueda de ganancias, una gran fracción de la mano de obra femenina sufre triple discriminación y desventajas por ser a la vez pobres, mujeres y de origen campesino – el sesgo a favor de los sectores urbanos permanece fuerte, basado en la cultura material e institucionalmente en el registro o sistema de pasaporte interno. A pesar de que sobrevive cierto grado de “feminismo estatal”, acompañado por regulaciones y políticas a favor de las mujeres, para los patrones, en tanto que actúan en el mercado, sólo llega a ser “racional” contratar a las mujeres al último y despedirlas primero, excepto en aquellos rubros (por ejemplo textil e indumentaria) donde las mujeres jóvenes en particular pueden ser más eficientes pero peor remuneradas (violando la ley). Además, las mujeres trabajadoras migrantes usualmente se separan de sus maridos y familias, dejando atrás a sus hijos para, en el mejor de los casos, ser cuidados por sus abuelos. Raras veces están organizadas, incluso en los sindicatos oficiales, y en general son descuidadas por las federaciones de mujeres. En todas partes, las mujeres también pierden terreno frente a revividas relaciones patriarcales en algunos hogares y comunidades rurales después de la disolución de las comunas, frente a la comercialización de la femineidad en formas físicas o culturales que incluyen la prostitución, y frente a una edad oficial de jubilación diferenciada entre varones (60) y mujeres (55) para los empleados públicos. Todo esto contrasta agudamente con el otrora extendido compromiso de China en lograr la equidad de género junto con la dignidad y los derechos de los trabajadores. Como un ejemplo, en términos de participación política formal, también se redujo el número de mujeres diputadas en los congresos populares nacional, provinciales y de los condados, hasta llevar a China del puesto mundial 12° en 1994 al 48° en 2006.

No sólo los trabajadores, sino también millones de propietarios de pequeños emprendimientos han sido esquivados por el boom, del cual los mayores beneficiarios son más bien los especuladores transnacionales y quienes detentan el poder local, que abusan de los cargos públicos en provecho propio. Estos dos grupos están conectados entre sí, alimentando una clase particular de intermediarios conocidos históricamente en chino como maiban o compradores. Por una parte, la manufactura para exportar alienta una competencia brutal, especialmente entre pequeños productores, a través de la despiadada reducción de costos, salarios y consumo. Por la otra, las políticas favorables a los capitales extranjeros refuerzan un ambiente desfavorable en el que las pequeñas empresas se encuentran agobiadas entre bancos estatales que no las apoyan y competidores extranjeros que cuentan con muchos más recursos. Entretanto, ciertos éxitos importantes de las primeras reformas han sido anulados por el retroceso de un buen régimen público que había logrado cubrir las necesidades básicas cuando China era muchas veces más pobre. Como las políticas sociales han perdido su prioridad en el programa nacional, considerables segmentos de aquellos que al principio habían sido sacados de la pobreza han vuelto a caer en la miseria. El alarmante grado de polarización y desigualdad ha forzado finalmente al gobierno a buscar remedios – en alrededor de 0,45 por algunos años consecutivos, el coeficiente de Gini para China ha sido muy superior a los de la mayoría de los países, incluidos los países en desarrollo tales como la India (con un 0,33), junto con líneas de clase, género, sectoriales, regionales, etc.

El balance de las reformas post-maoístas es un embrollo de contradicciones, mostrando por una parte las condiciones materiales de la existencia mejoradas en general junto a una creciente clase media urbana, y por otro lado los problemas y dificultades antes señalados. Han surgido dos Chinas. Hasta ahora, el patrón de crecimiento de China no ha superado sus rasgos de bajos salarios, baja tecnología y baja productividad con el costo de alta inversión, alto consumo de energía y alta polución, y un alta tasa de explotación y dependencia del comercio exterior. Por lo tanto, la economía china ha llegado a ser cada vez más vulnerable a potenciales shocks endógenos y exógenos, desde descontento social o colapsos financieros hasta desastres naturales y crisis ecológicas. Por ejemplo, la recesión que está cobrando mucha importancia en los EEUU ya ha golpeado las exportaciones y las perspectivas de exportar de China; y los dólares depreciados han costado una abrupta devaluación en las reservas chinas de divisas extranjeras.

Reemplazando una cultura política de equidad y solidaridad, el ascenso del fetichismo de la mercancía está acompañado por un sentido de alienación profundo e invasivo en una sociedad atrapada en la codicia desnuda, dura competencia, consumismo histérico y una amplia mercantilización de los valores humanos. Los movimientos religiosos se extienden como respuesta a la decadencia social entre una población tradicionalmente atea. El desarrollismo sin sentido mezclado con prejuicios chauvinistas trajo tensiones y conflictos étnicos en las regiones de las minorías nacionales. Estas contradicciones y confusiones hacen que la gente se pregunte si el fin no ha sido absorbido por los medios, y si lo que es esencial y precioso para la humanidad no está siendo destruido por las ciegas fuerzas del mercado. La popularidad de los así llamados “clásicos rojos”, desde los textos hasta la literatura, de las canciones hasta los trabajos artísticos, es sólo un signo de la búsqueda del alma nacional. La movilización a través de Internet en búsqueda de información crítica y debates políticos es otro. La insustentabilidad del sendero chino desde los años 1990 es reconocida comúnmente en el país, ejerciendo mucha presión sobre el gobierno para buscar un cambio de rumbo hacia una tercera fase de la reforma que sea distinguible de la segunda.

Explicando el crecimiento y desarrollo

La economía china es alrededor de ocho veces mayor de lo que era en 1978, después de un continuo crecimiento anual de alrededor de 8-10 % desde la década de los años 1980. Esto es atribuible en gran medida al aumento cuantitativo en mano de obra, materias primas e inversiones de capital, sin mejoras significativas en innovaciones organizativas y tecnológicas y en productividad. No obstante, esta amplia y rápida acumulación de riqueza en términos reales (descontando las enormes burbujas en los mercados de los bienes inmobiliarios y de acciones) no tiene precedentes en la historia contemporánea china ni tampoco en el registro mundial, dado el tamaño del país y su relativa escasez de recursos naturales. Sin embargo, el así llamado “milagro chino” todavía tiene que ser explicado apropiadamente, ya que diferentes explicaciones suponen diferentes implicancias políticas.

Basta aquí identificar una línea divisoria en el debate entre las descripciones “mundialistas” dominantes que abrazan las doctrinas neoliberales, por un lado, y sus críticos “localistas” que se centran en los factores internos, por el otro. Para los primeros, las inversiones y el comercio exterior, las privatizaciones y otros elementos del “consenso de Washington” son lo que explica el éxito económico chino, resaltando la mano de obra barata como su ventaja competitiva principal. Hay ciertamente alguna verdad en esta argumentación. La integración de China en la OMC, por ejemplo, ha incrementado rápidamente el volumen del comercio exterior del país. Pero también es cierto que la dependencia del comercio exterior deprime el mercado interno y el poder de compra, y amenaza la seguridad económica nacional en un juego que se rige por las reglas de las naciones ricas, desde sus subsidios agrícolas hasta sus leyes y tarifas anti-dumping. Es de notar también que el así llamado “comercio exterior” incluye una contribución significativa de las multinacionales que operan en China, las cuales se apoderan de la mayor porción de las ganancias a través de relaciones comerciales típicamente desiguales. En cuanto al mito de que la economía de mercado requiere una total privatización, está demostrado ampliamente en los debates y experiencias chinos, así como en Rusia y en muchos otros sitios, que es falso en teoría y desastroso en realidades.

Rechazando las explicaciones globalistas, para la oposición “localista” no fue la “mano de obra barata” – y en China se están acabando todas ventajas relacionadas con este tema; el mercado laboral se deprimió aún antes de los recientes avances legales a favor de los trabajadores y del viraje macroeconómico hacia la inflación – sino un conjunto de otros factores claves que explican el desarrollo económico del país. Ellos incluyen las inversiones en infraestructura física y capital humano en los años de Mao, que explican una fuerza de trabajo educada, saludable y disciplinada en general. La abundancia de mano de obra calificada es una ventaja destacada que China tiene por sobre la mayoría de los otros países en desarrollo. A pesar de los retrocesos antes indicados, China sigue adelante en casi todos los índices de los informes sobre desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Además, fundamentos como la propiedad pública de la tierra, el control público sobre las industrias estratégicas, la fuerte capacidad organizativa y políticas del estado, la participación social organizada, la ideología de justicia social y redistributiva y de equidad de género y étnica, y un buen régimen público de educación y tratamiento médico universales con énfasis en la inmunización masiva y la medicina preventiva, destacan importantes continuidades, reales o deseables, entre los logros anteriores y los posteriores a las reformas. Juntos, estos factores contribuyen a un súper modelo de estado socialista desarrollista que explica mejor los principales éxitos de la reforma.

Igualmente, el debilitamiento o la eliminación de estos factores explican las fallas de la segunda fase de la reforma que fue parte de la característica ola neoliberal de la globalización. Los globalistas ni siquiera reconocen la polarización de clase, la desigualdad del desarrollo o la corrupción como problemas y males sociales que amenazan al crecimiento económico. Para ellos, estos son precios necesarios a pagar por la transición al mercado, o resultados tolerables de esa transición incompleta. La superstición acerca de un mercado libre “total” impregna todo el pensamiento económico chino. Pero “mano de obra barata” no es un concepto inocente. Más bien significa subordinación del trabajo al capital, y la clara desventaja de la posición de los trabajadores. Peor aún, cuando la mano de obra barata es pintada como una “ventaja”, hasta los talleres explotadores ilegales pueden ser legitimados; de aquí proviene la mancillada etiqueta de “made in China”.

Lecciones de la trayectoria de la reforma china

El argumento “localista”, si bien básicamente firme y más convincente, debería estimular nuestra búsqueda de lecciones a extraer de las dos fases de la reforma china: cómo un proyecto popularmente aceptado de reforma del socialismo estatista degeneró en una transformación capitalista revolucionaria o, de hecho, en una contrarrevolución, en el contexto de la repudiada y socavada revolución china del siglo XX. La versión china de la “revolución de color” fue llevada a cabo sin ningún alboroto electoral. Las consecuencias esperadas e inesperadas de esta transformación a tal escala y velocidad son sorprendentes. Las lecciones a extraer de esto podrían ser instructivas para que los reformistas más reflexivos en China conduzcan o reconduzcan una tercera fase (todavía abierta) del curso de la reforma, y pueden también contener implicancias más amplias para otros países.

De manera muy tentativa, antes que nada, todo emprendimiento social de tal magnitud debe examinar constantemente sus principios fundantes y evaluar su progreso respecto a los objetivos vitales que se ha planteado. La política de “sin discusiones” de Deng, de desestimar la ideología, pudo haber servido al propósito de ganar un consenso temporal y superficial, reduciendo así los costos de las negociaciones, pero en el largo plazo, la ideología de la no ideología erosionó la reforma misma permitiendo su descarrilamiento. Aún si se puede cruzar el río “tanteando las piedras”, como dice el famoso dicho chino, perder de vista la otra orilla del río anularía instantáneamente el motivo del cruce, y podría terminar en el ahogamiento. Simplemente, no puede negarse la centralidad de la política, dado que en última instancia se trata de una disputa perpetua sobre qué y por qué producir, y quiénes deben quedarse con el excedente. Tal contienda necesita la verificar los objetivos mediante evaluaciones políticas y debates legislativos, en el gobierno central y los locales, entre investigadores y asesores, y en la sociedad en su conjunto. Insistir en la lucha ideológica es así también un argumento para la democracia política y deliberativa.

Un ejemplo a mano es la lectura “marxista” de una historia lineal en la que el capitalismo sería una etapa ineludible, y en la que China debe ingresar para proseguir un desarrollo capitalista interrumpido por la revolución comunista. Esta lectura se convirtió en un dogma intelectual en China, sin ser revisada de manera crítica por los teóricos institucionalmente influyentes en los círculos políticos. Otro ejemplo más positivo es el debate acerca de la primera ley china sobre la propiedad. Debido a las discusiones extensas y prolongadas, el resultado fue en 2007 la protección equiparada de las propiedades pública y privada. La oposición a la privatización radical hizo oír al menos su voz en el sentido de que el control público debía ser preservado por sobre las prioridades de inversión y los dividendos de las empresas estatales, y que la decisiones más importantes debían ser debatidas en los congresos populares a los niveles nacional y locales, incluyendo a los expertos y a la consultas públicas. Las reformas legales en todas las áreas han generado además una amplia participación. Entre muchos ejemplos negativos, se encuentra la transición al mercado experimentada por el sistema médico chino, el que se volvió imposible de solventar para la mayoría de la población, y que fue debidamente declarado como un “completo fracaso” por la comisión investigadora del desarrollo del Consejo de Estado. Actualmente se están llevando a cabo nuevos esfuerzos para reparar los daños y reestablecer la cobertura universal de la atención médica básica. Pero si se hubieran examinado apropiadamente las reformas iniciales a la luz de la opinión popular, podría haberse evitado el fracaso que sacrificó a una generación. La lección, en otras palabras, es que los gobiernos y las políticas deben responder ante el pueblo a través de instituciones democráticamente investidas, y que un poder determinado con suficiente capacidad política sólo puede ser legitimado a través de estas instituciones. El argumento subyacente tras la primera lección versa entonces sobre la claridad y legitimidad de los objetivos nacionales logrados a través de la lucha política y de la deliberación democrática.

La segunda lección es que los logros iniciales de la revolución china deben ser defendidos. Esa revolución cambió la vieja estructura social y las relaciones de clase, etnia y género procurando la justicia social, la igualdad étnica y la liberación femenina. La reforma agraria (que fue más restringida en las áreas de minorías), por ejemplo, fue decisiva para la construcción económica subsiguiente en China. La prosperidad de las TVE a lo largo de la década de los años 1980 no habría sido posible sin esta condición fundamental de la tierra pública. De manera inversa, el abandono de la agricultura colectiva, y luego también del llamado doble nivel (hogares individuales y colectivos), fue una causa básica de las crisis rurales de mediados de los años 1990. El compromiso del estado post-revolucionario con la satisfacción de las necesidades básicas, como otro ejemplo, sostuvo un nivel de inversiones relativamente alto en la infraestructura física y humana de China, como la escolaridad gratuita y los servicios médicos elementales (aunque amplios), gratuitos o baratos. Esto constituyó un sistema de mantenimiento del bienestar social por parte del estado, que distinguió a China de otros países en desarrollo menos exitosos. Aún hoy, la privatización todavía no puede ser legitimada verbalmente, debido a restricciones ideológicas -aunque decrecientes- y a la resistencia popular. Esta resistencia, irónicamente armada por el lenguaje oficialmente sancionado del socialismo, es lo que mantiene con vida a las crecientes presiones sobre el gobierno y la búsqueda de alternativas. Precisamente, debido a la experiencia china con una revolución épica, el compromiso social con la igualdad y la justicia sigue muy arraigado, deslegitimando así las ideas y prácticas neoliberales. El giro “pro-pueblo” desde 2003 en las políticas y objetivos políticos incluye la eliminación de impuestos agrícolas, la revitalización del campo, la restauración del programa de educación obligatoria de nueve años, la reconstrucción de la seguridad social tanto para las áreas urbanas como para las rurales, más protección al trabajo, mejores regulaciones en la conservación ambiental, más eficiencia en el consumo de energía, etc. Estos movimientos, largo tiempo postergados, sólo son la respuesta a una agravada crisis de legitimidad del régimen desde 1989.

Esto de ningún modo es una vuelta al maoísmo, cuyas fallas, desde las desigualdades sectoriales y los privilegios burocráticos hasta la limitación de las libertades personales, están fuera de discusión. Lo que está más bien en juego es la naturaleza de un estado históricamente determinado, en el caso chino, por una de las mayores revoluciones sociales del mundo contemporáneo. Por una parte, aún si es aparentemente necesaria en China la sindicalización independiente, una cuestión más fundamental seguiría siendo qué lugar ocupa el estado. Por otro lado, tomando la noción weberiana del estado moderno como una autoridad pública nacional, la necesidad de la conducción y organización a cargo del estado en el desarrollo tardío es una noción de sentido común en las corrientes principales de la literatura, desde la modernización hasta la economía del desarrollo. Categóricamente diferente del modelo de estado predatorio, la capacidad del estado desarrollista de “gobernar el mercado” e invertir en capital humano habrían creado una suerte de “autonomía imbricada” que aísla las funciones estatales de los intereses específicos, tanto locales como extranjeros. La segunda lección versa entonces sobre la defensa de los compromisos y promesas de la revolución, en primer lugar la concesión de poder a un pueblo liberado, y el bien común.

La siguiente lección señala el carácter negativo del desarrollismo, o “Pebeísmo”, es decir, el aumento numérico del PBI como la máxima prioridad nacional. Ciertamente, a pesar de las opciones terminológicas (construcción, modernización, promoción de las fuerzas productivas, etc.) o las prioridades políticas (autonomía versus apertura), el desarrollo ha sido central en la concepción china de la economía política desde 1949, si no antes. En efecto, el imperativo del crecimiento en diversas situaciones históricas y consideraciones gubernamentales ha sido tan grande que constituiría la única explicación racional para movimientos tan aparentemente irracionales como el Gran Salto Adelante a finales de los años cincuenta, o la fiebre globalizadora desde los años noventa. Aún durante el auge maoísta de “la política al mando”, la clase política estaba profundamente convencida de que la supervivencia de la Nueva China dependía de su éxito económico. Pero recién cuando el crecimiento fue declarado como “la única dura verdad”, a ser perseguida a todo costo, el desarrollismo simple y llano prevaleció con consecuencias sociales y ambientales devastadoras. La protesta tibetana de marzo y abril de 2008 sólo representó uno de los frentes de reacciones violentas, aunque fue el más visible a escala mundial. La comercialización irreflexiva, combinada con la ingerencia de empresas chinas que contradecían los principios constitucionales de autonomía regional y sensibilidad étnica y cultural, son al menos parcialmente responsables del violento resentimiento local.

La cuestión no es tanto si el desarrollo económico en los países y regiones en desarrollo es justificable, sino qué clase de desarrollo – si beneficia a pocos o a muchos, si amplía la libertad o la alienación, o si sacrifica el tejido social orgánico y el medio ambiente en el proceso. Las desigualdades globales y los efectos de la falta de poder económico son obvios, pero un mal no puede ser corregido por otro. O sea, la justificación fundamental para que la gente pobre ejercite sus derechos socioeconómicos puede en realidad ser socavada por la locura desarrollista. El desarrollo humano justamente no puede ser lo mismo que la expansión económica medida por la tasa de crecimiento y los valores del mercado. Y el PBI no es ni siquiera un indicador económico confiable, dado el posible volumen de las burbujas, las transacciones especulativas y la contabilidad repetitiva en su estimación.

En estas circunstancias, dada en especial la vulnerabilidad de las economías nacionales a lo largo del planeta en un mercado financiero global altamente volátil, y dada la debilidad institucional en la infraestructura regulatoria de China, el equilibrio macroeconómico buscado ha sido perturbado seriamente por flujos de capital especulativo de corto plazo sobre sus mercados monetario, bursátil, de futuros, inmobiliario y de seguros. En vez de hacer inversiones altamente riesgosas en el exterior, las cuales ya han fracasado en un par de casos con enormes pérdidas, una alternativa forzosa, como señala un grupo de economistas críticos del desarrollismo, sería hacer uso del exceso de capital internamente, para controlar la inflación, recapitalizar los bancos, revitalizar las empresas estatales, aumentar los gastos en bienestar social, y ampliar la capacidad gubernamental de manejar las crisis. Esto aumentaría a su vez el ingreso bruto de los hogares para fortalecer la demanda tanto como para contener el exceso de capacidad productiva y la dependencia tecnológica, que, en un círculo vicioso, deprime tanto el valor del trabajo como de los bienes chinos.

Sólo a través del rechazo de las versiones convencionales del desarrollismo, capitalistas y socialistas, podemos diseñar un nuevo curso de desarrollo, que premie a los productores directos y las necesidades y conocimiento locales, y que promueva el aumento de poder y la capacidad de construir desde abajo. Existen prácticas alternativas, en China como en todas partes, para estimular los pequeños negocios junto con ciertas formas tradicionales de producción, consumo y bienestar social cooperativo, en un momento en que las normas del paradigma de la modernización, del desarrollo, desde la industrialización a la urbanización, se vuelven imposibles de sostener en términos sociales y ambientales. El paquete verde[1] del PBI de China (actualmente en discusión) descontaría el costo ambiental de la tasa de crecimiento y dispondría de nuevos objetivos para la evaluación del rendimiento oficial. La tercera lección de la reforma es así un argumento contra el desarrollismo guiado por el PBI. En última instancia, lo decisivo no es la suma cuantitativa de riqueza, al margen de su representación estadística distorsionada, sino su distribución. Hambre o pobreza, como han documentado rigurosamente y demostrado E. A. Wrigley, Amartya Sen, Jean Dreze y otros, no pueden reducirse en la actualidad a una cuestión de escasez de oferta.

La última de las cuestiones que constituyen lecciones a aprender de la experiencia reformista china versa sobre la importancia de mantener la autonomía o la subjetividad nacionales al interactuar con las fuerzas mundiales, conocida como globalización “tímida” o selectiva, de manera de beneficiarse de la integración económica y los intercambios culturales, al tiempo que se contienen los riesgos financieros y otros riesgos de mercado. Por ejemplo, la apertura amplia a la inversión extranjera, el apoyo estatal y los subsidios al capital extranjero en China, empobrecieron al mercado interno y al empresariado local a través de tasas impositivas diferenciales. Aún más, el capital internacional ha participado de manera agresiva en la privatización en China -entre 2003 y 2006, el gasto externo en la adquisición de empresas chinas creció 12 veces en relación con el total de inversión extranjera directa (IED) del país-. Esta IED fue asignada así, principalmente, para canalizar fusiones y adquisiciones de empresas estatales por parte de capitales extranjeros, comprando además en el camino participaciones en los bancos estatales. Este distanciamiento respecto a la reforma original estaba, desde luego, en sintonía con la hegemonía ejercida por la ideología neoliberal, que completó un giro paradigmático en China desde la autonomía a la dependencia extranjera.

Condicionada en particular por las intrusivas normas de la OMC, China se encuentra sufriendo las excesivas concesiones otorgadas ávidamente por sus negociadores para el acceso a esta organización, incluyendo un temerario plan de liberalización para abrir de manera sostenida su cuenta de capital y el sistema bancario a la “homogeneización” del mercado global de aquí a pocos años. Las condiciones comerciales bajo la OMC han llevado además a la quiebra a un buen número de productores chinos de algodón y porotos de soja, y a exportadores en el rubro textil. Al costo de explotar despiadadamente sus recursos y fuerza de trabajo, y empeorar sus ya exhaustos y contaminados recursos naturales y medio ambiente, China ha estado produciendo cantidades masivas de commodities[2], ampliamente subvaluadas, para el consumo extranjero. La tajada más grande de las ganancias de la industria exportadora china es llevada afuera, dejando a los trabajadores locales con magros salarios, y a los empresarios compitiendo brutalmente entre sí. Las viejas cuestiones subrayadas en las teorías de la dependencia y del intercambio desigual respecto al neocolonialismo y la retención de excedentes, han resurgido con toda vitalidad en el sitio menos pensado.

Es de destacar además que la globalización tal como la conocemos no implica de manera automática transferencias tecnológicas desde los países desarrollados a los países en desarrollo. Lo que le permitió a China conseguir algunas tecnologías notablemente avanzadas en las primeras décadas de la República Popular, a pesar de constituir un país de bajos ingresos, fue la estrategia estatal del esfuerzo por lograr alta tecnología, que concentró recursos financieros e intelectuales en sus instituciones investigadoras de elite, donde dedicados científicos e ingenieros dedicados pudieron realizar tareas ambiciosas y creativas. Tras años de apertura, la brecha tecnológica entre China y el mundo se amplía cada vez más; aún cuando las economías desarrolladas exportan sus actividades de I+D hacia China, esta práctica no ha ayudado a la adquisición y control chinos sobre las tecnologías avanzadas. En muchos casos de adquisición por parte del capital extranjero, la presión sobre las empresas estatales fue tan grande que dejó a estas sin posibilidad de demandar mejoras y transferencias tecnológicas a cambio de la entrada de los nuevos socios. China está, por ende, perdiendo su (limitada) tecnología de punta y sus sectores de altos dividendos, aún cuando la economía parece estar subiendo lentamente en la cadena de valor. Esto no implica descartar todo beneficio proveniente del mercado y el comercio internacionales. De hecho, la política de puertas abiertas fue una ruptura vital en la historia de la R. P. China, y la reforma del sistema y de la relación con el mundo constituyó un progreso positiva para el pueblo chino: después de todo, el socialismo, si tiene aún algún sentido, no puede ser confinado a un solo país. La verdadera lección aquí es cómo no reemplazar la autarquía por la indefensión, o la autonomía por la dependencia. La globalización debe emprenderse en función del interés nacional; no a la inversa.

Reorientación e innovación

Aún hoy resuena aquello que ilustra el manifiesto comunista: el capitalismo subordina el campo a la ciudad, el oriente al occidente, y revoluciona constantemente las industrias y polariza al planeta. Si existe alguna posibilidad de liberarse de esta ley, esto debe comenzar a partir de las alternativas locales. Se ha hablado del “Consenso de Beijing” (y del “Consenso de Nueva Delhi”, etc.), pero tal modelo está aún pendiente de definición y clarificación. Una cuestión básica a destacar acerca de China es que ya es tiempo de reelaborar el concepto de “competitividad” económica. Sólo a través de la detección y construcción de ventajas genuinas, no falsas (por ejemplo la explotación de mano de obra barata), China y otros países en desarrollo (en alianza mutua, como han venido intentando desde Bandung y últimamente en Cancún y Doha) podrán cambiar las reglas de juego en una causa común de desarrollo, como de mayor libertad. De aquí que la única respuesta sea la solidaridad internacional, antes que una carrera global hacia abajo.

Dadas sus tradiciones revolucionarias y socialistas, dada la requerida determinación política y apoyo institucional, China podría estar lista finalmente para forjar una visión alternativa de una economía basada en lo doméstico, dirigida por las necesidades, energéticamente eficiente, con baja utilización de carbón, y ecológica y socialmente no perjudicial, superior a los modelos privados de sobreproducción y sobre-consumo. No obstante, la ironía es que el socialismo es un lenguaje protestatario en la sociedad china actual, empleado de manera mucho más sugestiva por la oposición que por el gobierno. Sin embargo el capitalismo, en constante proceso de destrucción creativa, no puede resolver los problemas fundamentales de China ni del mundo, como está históricamente probado. Para terminar con una nota optimista, existen fuerzas sociales emergentes en China -trabajadores, mujeres, críticos sociales e intelectuales independientes, jóvenes idealistas- para presionar por una tercera fase de reformas que, aprendiendo del pasado, pueda en efecto llevar a China por un camino hacia la reconciliación entre el socialismo y el mercado.


Este ensayo lo hemos recibido por gentileza de la Escuela de Historia y el Programa de Estudios Contemporáneos Coreanos y del Noreste de Asia, de la FFyH de la UNC. Esta escuela está preparando un libro sobre los “Treinta Años de la Reforma en la R. P. China”, en el que está previsto publicar dos artículos de Lin Chun.

Traducido por Jorge Santarrosa con la colaboracion de Gustavo Santillan. Corrección final por Francisco T. Sobrino.

[1] (Green Package): conjunto articulado de propuestas legislativas o gubernamentales orientadas a cumplir objetivos ambientales, contabilizando sus costos y gestionándolos (N. del trad.).

[2] En este caso entendemos commodities como materias primas y mercancías a la vez (n. del trad.)

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Mészáros: la crisis económica es más profunda de lo que se cree… Entrevista

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entrevista a István Mészáros, por Judith Orr y Patrick Ward

Socialist Review, enero 2009.

crisis002 Mészáros, István. (Budapest, Hungría, 1930) Doctor en Filosofía. Fue alumno de Lukács antes de que el régimen estalinista húngaro desatara sobre éste una violenta polémica que causó su retiro. Mészáros, no obstante, continuó reconociéndose como su discípulo aun durante la época más difícil de la dictadura. Es uno de los más importantes intelectuales marxistas en la actualidad. Reside en Inglaterra, es profesor emérito en la Universidad de Sussex donde actualmente vive. Es autor de Más allá del capital (Beyond Capital, Merlin Press, Londres, 1995. Vadell, Caracas 2001. Boitempo, San Pablo, 2002) y El siglo XXI ¿socialismo o barbarie? (Buenos Aires, Ediciones Herramienta, 2003). Entre sus otros libros publicados se destacan Marx’s Theory of Alienation(1970), The Work of Sartre: Search for Freedom (1979), Philosophy, Ideology and Social Science (1986), The Power of Ideology (1989). Premio Libertador, Venezuela, 2009. Integrante del Consejo asesor de Revista Herramienta

P- La clase dominante siempre se sorprende ante las nuevas crisis económicas y habla de ellas como aberraciones. ¿Por qué cree que son inherentes al capitalismo?

R- Recientemente he oído a Edmund Phelps, que obtuvo en el 2006 el Premio Nobel de Economía. Phelps es una especie de neo-keynesiano. Por supuesto, glorificaba al capitalismo y presentaba los problemas actuales como si no fuesen más que un pequeño ataque de hipo, asegurando que «todo lo que tenemos que hacer es traer de nuevo las ideas keynesianas y la regulación.» 

John Maynard Keynes creía que el capitalismo era ideal, pero quería regulación. Phelps se dedicó a salirse por la tangente con la grotesca idea de que el sistema es como un compositor de música. Puede que tenga algunos días en los que no produzca tan bien, pero si miras a toda su vida, ¡es tan maravillosa! Piénsese en Mozart: puede que algún día se levantase con el pie izquierdo. Así que el capitalismo está en problemas: los días malos de Mozart. Si alguien se cree eso, entonces es que debería hacerse examinar por un psiquiatra. Pero en lugar de hacerse examinar, le otorgan un premio. 

Si nuestros adversarios presentan este nivel teórico -que han demostrado tener a lo largo de un período de más de 50 años, por lo que no se trata de ningún accidente de un economista premiado- podríamos decir: «alegrémonos, éste el bajísimo nivel de nuestros adversarios.» Pero este tipo de concepción nos llevaría al desastre que experimentamos cada día. Nos hemos hundido en una deuda astronómica. Los pasivos reales en este país deben de contarse por billones.      

La verdadera cuestión, empero, es que han estado practicando el despilfarre financiero como resultado de una crisis estructural del sistema productivo. No es ningún accidente que el dinero haya estado fluyendo de una manera tan aventurista hacia el sector financiero. La acumulación de capital no podría funcionar correctamente en el campo de la economía productiva. 

De lo que estamos hablando ahora no es otra cosa que de la crisis estructural del sistema. Se extiende por todas partes, e incluso invade nuestra relación con la naturaleza, socavando las condiciones fundamentales para la supervivencia humana. Por ejemplo, de vez en cuando anuncian algunos objetivos para reducir la polución. Incluso tenemos un ministro de energía y del cambio climático, que no es más que un ministerio de puro humo, porque nada se ha hecho salvo anunciar ese objetivo. Pero ni siquiera se acercan nunca al objetivo, y no digamos ya alcanzarlo. Ésta es una parte integrante de la crisis estructural del sistema y sólo soluciones estructurales pueden sacarnos de esta terrible situación.   

P- Ha descrito a los Estados Unidos como un país que está llevando a cabo un imperialismo de tarjeta de crédito (credit card imperialism). ¿Qué quiere decir exactamente con ello?  

R- Cito al antiguo senador estadounidense George McGovern cuando habló sobre la Guerra de Vietnam. Dijo que los Estados Unidos se habían conducido en la Guerra de Vietnam como si lo hubieran hecho con una tarjeta de crédito. El reciente préstamo de los EE.UU. se está agriando ahora mismo. Este tipo de economía sólo puede funcionar hasta que el resto de mundo pueda soportar la deuda. 

Los Estados Unidos están en una posición excepcional, porque ha sido el país dominante desde los acuerdos de Bretton Woods. Pensar que una solución neo-keynesiana y un nuevo Bretton Woods resolverían los problemas actuales es una fantasía neo-keynesiana. El dominio estadounidense que Bretton Woods formalizó inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial era económicamente realista. La economía estadounidense estaba en una posición mucho más poderosa que cualquier otra economía en el mundo. Estableció todas las instituciones económicas internacionales vitales sobre el fundamento del privilegio estadounidense. El privilegio del dólar, el privilegio disfrutado a través del Fondo Monetario Internacional, las organizaciones de comercio, el Banco Mundial, etc., todo estaba bajo el dominio estadounidense, y así permanece hoy todavía.     

Todo esto no puede desearse que deje de existir sin más. No puede fantasearse sobre reformar y regular un poco aquí y allá. Imaginar que Barack Obama va a abandonar la posición dominante de la que disfrutan los Estados Unidos de esta manera -respaldado por el dominio militar- es un error. 

P- Karl Marx denominó a la clase dominante una «banda de hermanos enfrentados.» ¿Cree que la clase dominante internacional trabajará unida para encontrar una solución? 

R- En el pasado el imperialismo implicaba a varios actores dominantes que afirmaban sus intereses, incluso al precio de dos espantosas guerras mundiales en el siglo XX. Las guerras parciales, no importa lo espantosas que sean, no puede compararse con el realineamiento económico y de poder que podría producirse como consecuencia de una nueva guerra mundial. 

Pero imaginar una nueva guerra mundial es imposible. Por supuesto, aún hay algunos lunáticos en el campo militar que no negarían esa posibilidad. Pero significaría la destrucción total de la humanidad.  

Tenemos que pensar las implicaciones de todo esto para el sistema capitalista. Fue una ley fundamental del sistema que si una fuerza no puede asegurarse por la dominación económica, entonces recurría a la guerra. 

El imperialismo mundial hegemónico ha sido conseguido y ha obrado con demostrado éxito desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Pero es éste tipo de sistema permanente? ¿Es concebible que en el futuro no despierten contradicciones en su seno? 

Hay también algunas pistas procedentes de China de que este tipo de dominación económica no puede durar indefinidamente. China no va a ser capaz de seguir financiándolo. Las implicaciones y las consecuencias para China son realmente significativas. Deng Xiaoping comentó una vez que el color del gato -si era capitalista o socialista- no importaba mientras éste cazase ratones. ¿Pero qué es lo que ocurre cuando en vez de un simpático cazador de roedoras terminas con la horrorsa plaga de ratas que supone un desempleo masivo? Esto es lo que está apareciendo ahora mismo en China.  

Estas cosas son inherentes a las contradicciones y antagonismos del sistema capitalista. En consecuencia, debemos pensar en resolverlas de una manera radicalmente diferente, y la única manera es una transformación genuinamente socialista del sistema.  

P- ¿No existe la posibilidad de que alguna parte de la economía mundial se desacople como resultado de esta situación? 

R- ¡Imposible! La globalización es una condición necesaria del desarrollo humano. Siempre, desde que la expansión del sistema capitalista fue claramente visible, Marx teorizó sobre este punto. Martin Wolf, del Financial Times , se ha quejado de que hay muy pocos, e insignificantes, estados que causen problemas. Ha argumentado que lo que se necesitaba era una «integración jurisdiccional», en otras palabras, una integración imperialista total: un concepto de fantasía. Ésta es una expresión de las contradicciones insolubles y los antagonismos de la globalización capitalista. La globalización es una necesidad, pero la forma que es viable, factible y sostenible es la globalización socialista sobre la base de los principios socialistas de una igualdad fundamental. 

Aunque no es concebible ninguna segregación de la historia mundial, eso no significa que en cada fase, en cada parte del mundo, haya uniformidad. Se están desarrollando muchas cosas en Latinoamérica en comparación con Europa, por no mencionar lo que he comentado antes en China, en el lejano oriente y en Japón, que está sumido en los mayores de los problemas. 

Piénsese por un momento en el pasado reciente. ¿Cuántos milagros tuvimos en el período de posguerra? ¿El milagro alemán, el milagro brasileño, el milagro japonés, el milagro de los cinco pequeños triges? Qué divertido resulta ver cómo todos estos milagros se han convertido en las realidades más espantosamente prosaicas. El común denominador de todas estas realidades es un endeudamiento desastroso y el fraude.  

El director de un hedge fund está presuntamente implicado en una estafa de 50 mil millones de dólares. General Motors y los demás están pidiendo solamente al gobierno estadounidense 14 mil millones de dólares. ¡Qué modestos! Deberían concederles 100 mil millones. Si un capitalista de un fondo de inversión libre puede organizar un fraude de presuntamente 50 mil millones de dólares, debería ser él quien hiciese viables todas esas inversiones.     

Un sistema que trabaja en esta podedumbre moral no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir, porque es incontrolable. Incluso muchos están admitiendo que no conocen realmente cómo funciona. La solución no es desesperarse por él, sino controlarlo en interés de la responsabilidad social y la transformación radical de la sociedad.  

P- El impulso, inherente en el capitalismo, es el de exprimir a los trabajadores lo máximo posible, y eso es claramente lo que los gobiernos están intentando hacer en el Reino Unido y los EE.UU.

R- La única cosa que pueden hacer es defensar los recortes en los salarios de los trabajadores. La principal razón por la que el Senado rechazó aprobar incluso la inyección de 14 mil millones de dólares a las tres grandes compañías automovilísticas es que no podían obtener un acuerdo en la reducción drástica de los salarios de los trabajadores. Piénsese en el efecto de ello y del tipo de obligaciones que tienen esos trabajadores, por ejemplo, devolver unas cuantiosas hipotecas. Pedirles simplemente que reduzcan su sueldo a la mitad sólo generará otros problemas en la economía: de nuevo otra contradicción.  

El capital y las contradicciones son inseparables. Tenemos que ir más allá de las manifestaciones superficiales de estas contradicciones e ir a las raíces. Se consigue manipularlas aquí y allí, pero siempre retornan con ánimo de venganza. Las contradicciones no pueden esconderse bajo la alfombra indefinidamente, porque la alfombra está convirtiéndose ahora en una montaña.  

P- Usted estudió con Georg Lukács, un marxista que regresa al período de la revolución rusa y aun atrás todavía. 

R- Trabajé con Lukács durante siete años antes de que abandonase Hungría en 1956 y continuamos siendo muy buenos amigos hasta que murió, en 1971. Siempre le veíamos los tres pies al gato -por eso quería estudiar con él. Cuando empecé a trabajar con él estaba siendo atacado muy duramente y abiertamente en público. Yo no podía aguantar aquello y le defendí, lo que me llevó a toda suerte de complicaciones. Justo cuando abandonaba Hungría fui designado sucesor suyo en la universidad para enseñar estética. La razón por la que abandoné el país fue precisamente porque estaba convencido de que lo que estaba sucediendo era una variedad de problemas muy importantes que aquel sistema no podría resolver.   

He intentado formular y examinar estos problemas en mis libros desde entonces, particularmente en La teoría de alienación de Marx (1) y en Más allá del capital. Lukács acostumbraba a decir, correctamente, que sin estrategia no puede tenerse una táctica. Sin un punto de vista estratégico de estos problemas no pueden obtenerse soluciones para el día a día. Así que intenté analizar estos problemas consistentemente, porque no podían ser simplemente tratados al nivel de un artículo que haga referencia a lo que está ocurriendo ahora, aunque exista una gran tentación de hacer precisamente eso. Tenía que hacerse, en cambio, desde una perspectiva histórica. He estado publicando desde que mi primer ensayo serio fue publicado en un periódico literario en Hungría en 1950 y he estado trabajando duramente tanto como he podido desde entonces. Por modesta que pueda ser, hacemos nuestra contribución al cambio. Eso es lo que he intentado hacer toda mi vida.   

P- ¿Cuáles cree que son las posibilidades para el cambio en este momento? 

R- Los socialistas son los últimos a la hora de minimizar las dificultades de la solución. Los apologistas del capital, ya sean neo-keynesianos o de otro tipo, pueden producir todo tipo de soluciones simplistas. No creo que podamos considerar la crisis actual simplemente de la misma manera en que lo hicimos en el pasado. La crisis actual es profunda. El gobernador adjunto del Banco de Inglaterra ha admitido que es la mayor crisis económica en la historia de la humanidad. Yo solamente añadiría que no es únicamente la mayor crisis económica de toda la historia de la humanidad, sino la mayor crisis de la historia en todos los sentidos. Las crisis económicas no pueden separarse del resto del sistema.  

La fraudulencia y el dominio del capital, así como la explotación de la clase trabajadora, no puede durar para siempre. Los productores no pueden ser mantenidos constantemente y en todo momento bajo control. Marx argumentó que los capitalistas son, sencillamente, las personificaciones del capital. No son agentes libres: están ejecutando los imperativos de este sistema. Así que el problema de la humanidad no es simplemente barrer a un grupo de capitalistas en particular. Poner a un tipo de personificación del capital en el lugar de otro sólo llevará al mismo desastres ante o después de que hayamos terminado con la restauración del capitalismo.  

Los problemas a los que se enfrenta la sociedad no proceden simplemente de los últimos años. Antes o después estos pueden ser resueltos o no, como los economistas ganadores del premio Nobel pueden fantasear, en el marco del sistema. La única solución posible es encontrar la reproducción social sobre la base del control de los productores. Ésa ha sido siempre la idea del socialismo.  

Hemos alcanzado los límites históricos de la capacidad del capital para controlar la sociedad. Y no me refiero exclusivamente a los bancos y a las empresas constructoras, incluso aunque no pueden controlar ya a éstas, sino al resto. Cuando las cosas van mal nadie es responsable. De vez en cuando los políticos declaran: “acepto toda la responsabilidad”, y ¿qué es lo que ocurre? Son glorificados. La única alternativa viable es la de la clase trabajadora, que es la que produce todo lo necesario para nuestra vida. ¿Por qué no debería controlar lo que produce? Siempre enfatizo en todos los libros que expresarlo no es algo relativamente fácil, pero hemos de encontrar la dimensión positiva en hacerlo.

(1) István Mészáros ganó el Deutscher Prize por su libro La teoría de la alienación de Marx [puede descargarse en marxists.org].

Luces y sombras en la Venezuela bolivariana

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Éric Toussaint

Rebelión

chavezbalcongana12.jpg.548.229.thumb La situación política, social y económica en Venezuela sufre una gran transformación desde el fracaso de la reforma constitucional de diciembre de 2007, que constituyó una advertencia para el gobierno de Hugo Chávez (1)

El domingo 15 de febrero de 2009, el 54,36 % de los ciudadanos dijeron «sí» a la enmienda constitucional que autoriza a los mandatarios políticos a presentarse a sucesivas consultas electorales de manera ilimitada. Hasta ese momento, la Constitución limitaba a dos los mandatos consecutivos: era necesaria una interrupción del mandato antes de poder presentarse de nuevo (2) Chávez podrá presentarse en el 2013, al término de su segundo mandato en curso, y ser de nuevo candidato a presidente. Si es elegido otra vez, su mandato terminará en el año 2019. Por ello, los militantes chavistas discuten actualmente la naturaleza de todos los cambios que pueden ser efectuados de aquí a dicho año.

Evidentemente, muchas cosas pueden suceder durante todos esos años, entre las que hay que tener en cuenta las iniciativas y maniobras tanto de Washington como de sus aliados.

Nacionalizaciones y control obrero

En abril de 2008, como consecuencia de una huelga de casi dos meses de 15.000 obreros de la siderúrgica SIDOR (Siderurgia del Orinoco), que pertenecía al grupo argentino Techint, Hugo Chávez anunció la nacionalización de la empresa. Los obreros luchaban por la conversión de 9.000 subcontratos a contratos indefinidos. Visto el rechazo patronal, la nacionalización constituía la mejor vía para permitir al Estado garantizar la reivindicación de los trabajadores, que apreciaron esta decisión como una gran victoria. SIDOR había sido creada como empresa pública durante la década de 1960 —era la concreción de un proyecto concebido en 1953 bajo la dictadura de Marcos Pérez Jiménez—. SIDOR fue privatizada y vendida al capital extranjero en 1997, durante la presidencia de Rafael Caldera, por el ministro de Planificación Teodoro Petkoff (antiguo líder de la izquierda convertido al neoliberalismo en los años noventa y actualmente una de las principales figuras de la oposición antichavista). La renacionalización efectuada en abril de 2008 es particularmente importante, ya que esta empresa, moderna y con buenos resultados, constituye una herramienta de producción que el gran capital argentino, y en particular Techint, desean conservar.

Otro elemento importante a tener en cuenta, es que el gobierno chavista del estado donde se encuentra SIDOR, había ordenado al comienzo de la huelga a las fuerzas del orden la represión de los huelguistas. Así mismo, el ministerio de Trabajo no hacía nada para sostener las reivindicaciones de los trabajadores. En consecuencia, la decisión de Hugo Chávez de nacionalizar la empresa y de revocar al ministro fue vista como un giro a favor de los trabajadores. Tanto más cuando, en el mismo período, Chávez anunció un aumento del salario mínimo interprofesional y el de los funcionarios públicos, así como la nacionalización del sector del cemento, que hasta ese momento estaba en manos de tres transnacionales (Lafarge de Francia, Holcim de Suiza y Cemex de México).

En los meses siguientes y en el curso del año 2009, el gobierno procedió a otras nacionalizaciones en el sector de la industria alimentaria (3) (lo que afectó tanto al capital nacional —Lácteos Los Andes— como al transnacional —la cerealera Cargill—). El gobierno justificó estas nacionalizaciones por la necesidad de mejorar la provisión de alimentos a la población. Finalmente, el Banco de Venezuela, uno de los principales bancos privados, perteneciente al Banco de Santander, uno de los dos principales grupos bancarios españoles, pasó también al control del Estado.

Todas estas nacionalizaciones, como las precedentes (los sectores de la electricidad, las telecomunicaciones, los campos petrolíferos del Orinoco, etc.), fueron objeto de una indemnización más bien generosa a sus propietarios privados: Venezuela utiliza una parte de la renta petrolera para retomar el control de ciertos sectores estratégicos de la economía. El recurso a la indemnización tiene el objetivo de evitar condenas por no respetar los tratados bilaterales sobre inversiones firmados por Venezuela. El derecho internacional permite, en efecto, a los Estados proceder a nacionalizaciones si indemnizan en forma adecuada a los propietarios. Venezuela podría tomar un camino más radical, retirando su firma de los tratados bilaterales sobre inversiones, retirándose del CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones: el tribunal del Banco Mundial en materia de inversiones) y poner a resguardo la liquidez y otros tipos de haberes que Venezuela dispone en el exterior, para evitar embargos. Evidentemente, optar por ese camino implicaría aumentar todavía más la hostilidad de las autoridades de los países más industrializados y de las grandes transnacionales presentes en el país (todas las principales transnacionales petroleras están presentes en Venezuela y también General Motors, Mitsubishi, Daimler-Chrysler, etc.).

El camino, bastante prudente, que tomó el gobierno venezolano no impidió que una empresa como ExxonMobil intentara en el 2008 el embargo de 12.000 millones de dólares que pertenecían a PDVSA por tribunales británicos y holandeses. Y esto justifica el pedido de que Venezuela se una a otros países del Sur con el fin de repudiar los tratados bilaterales de inversiones que incluyen cláusulas perjudiciales para los intereses de la nación, que se retire del CIADI y de la OMC y constituya un órgano multilateral del Sur para solucionar conflictos, o sea, en otros términos, crear un CIADI del Sur alternativo al CIADI del Banco Mundial, que está al servicio de los intereses de las grandes transnacionales.

En julio de 2009, Rafael Ramírez, ministro del petróleo, que hasta ese momento había sido muy prudente con respecto al CIADI, comenzó a alzar el tono de su discurso y denunció el unilateralismo de los mecanismos de la resolución de conflictos dominados por los países del Norte.

La profundización de las nacionalizaciones relanzó en el año 2009 el debate sobre el control obrero. Efectivamente, las organizaciones sindicales de izquierda y los colectivos de trabajadores exigen la puesta en marcha de los mecanismos de control por los trabajadores de los órganos de gestión de las empresas nacionalizadas. Los sindicatos quieren que los objetivos perseguidos por las nacionalizaciones sean realmente respetados; quieren también evitar la mala gestión, el despilfarro, las malversaciones, la corrupción, el abuso de los bienes sociales, en particular accediendo a los libros de cuenta, consiguiendo la transparencia en la estrategia comercial e industrial de las empresas y la presentación regular de los balances de gestión. Las organizaciones obreras sienten, con toda justicia, desconfianza con respecto a una gran parte de los ejecutivos privados de la empresa, que conservaron sus cargos después de las nacionalizaciones, pero también en relación con los nuevos ejecutivos, quienes, en ciertos casos, privilegian sus intereses personales frente a los de la colectividad. El control obrero aumentaría también la confianza de los propios trabajadores y de sus organizaciones al permitir la intervención colectiva para asegurar un contenido socialista a la gestión y a las relaciones de trabajo en las empresas, tanto de las nacionalizadas como de las que están todavía en manos del capital privado.

Por otra parte, asistimos a ocupaciones de empresas privadas por los trabajadores, que exigen su nacionalización. Inevitablemente, será necesario reavivar el debate sobre el control obrero en el sector de la producción petrolera. Esta reivindicación se había expandido durante el lock-out petrolero (diciembre de 2002-enero de 2003), cuando los trabajadores que luchaban por relanzar la producción convocaron un Congreso del sector. Pero luego el presidente Chávez descartó la perspectiva del control obrero en ese sector por considerarlo estratégico, cuando, al contrario, esto sería una razón suplementaria para organizarlo en esas empresas. Pasa lo mismo en el sector de la producción y de la distribución eléctrica, que también fue nacionalizado. Los trabajadores de este sector profundizaron la lucha por el control obrero en el mes de septiembre de 2009. El suministro eléctrico en el país se encuentra en una situación muy difícil, pues más del 50 % de la producción (4) se «pierde» o es desviada (robada) en la distribución. Las pérdidas se deben principalmente a la decrepitud de las instalaciones, debido a que, antes de su nacionalización por el gobierno de Chávez, algunas empresas como Electricidad de Caracas (propiedad de la multinacional estadounidense AES) fueron víctimas de una falta generalizada de inversiones y de renovación de las instalaciones. Por otra parte, grandes empresas industriales privadas consumidoras de grandes cantidades de energía son responsables de un desvío de electricidad, que despilfarran y que no la pagan. Están también las conexiones piratas en los barrios residenciales y también en los hogares populares que no siendo grandes consumidores sólo ocasionan pérdidas limitadas. Los trabajadores de este sector son los que se encuentran en mejor situación para resolver los problemas de la distribución de electricidad, luchar contra el despilfarro y la mala gestión de los directivos a fin de evitar los cortes de electricidad. Esto es lo que argumentan los dirigentes sindicales que exigen la implantación del control obrero.

Ángel Navas, presidente de la Federación de Trabajadores del Sector Eléctrico (FETRAELEC), declaró a la prensa local, con ocasión de una manifestación de 3.000 trabajadores del sector, en Caracas el 25 de septiembre de 2009: «Los trabajadores somos los que estamos dando la cara a las comunidades. Sabemos cómo podemos resolver esta crisis… hay que modificar las estructuras burocráticas y cambiar las estructuras de administración capitalista por una estructura con visión socialista. Tenemos que cambiar las relaciones de producción y eliminar toda esa burocracia que está matando a la empresa.» (5) Aymar Plaza, trabajadora del sector eléctrico, agrega: «Cuando nuestro presidente dice que tenemos que darle poder al pueblo, nosotros, los trabajadores, somos el pueblo. Nosotros tenemos que tener el control de la empresa y ser parte de la transformación de esta política capitalista hacia una política socialista.»

Esta batalla por el control obrero sobre la gestión de las empresas es absolutamente fundamental. Su solución es decisiva para la profundización del proceso en curso en Venezuela.(6) Durante el primer semestre de 2009, Hugo Chávez declaró, con ocasión de una reunión pública con los dirigentes obreros, que era favorable a la adopción de una ley sobre la elección de los dirigentes de las empresas nacionalizadas. (7)

Un encuentro de intelectuales revolucionarios que ha hecho mucho ruido

A comienzos del mes de junio de 2009, el Centro Internacional Miranda (CIM), institución oficial creada por la presidencia de Venezuela y financiada por el ministerio de Educación Superior, organizó unas jornadas de reflexión que causaron mucho ruido en el país. (8) Una treintena de los más importantes intelectuales de izquierda venezolanos debatieron sobre los avances y los bloqueos del proceso revolucionario en curso. He aquí unos extractos de la síntesis publicada por el CIM que muestran la profundidad de los debates realizados en estas jornadas, tituladas «Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos de apertura». (9)

«Una de las discusiones centrales del debate giró en torno a lo que es el PSUV, dando así origen a una serie de interrogantes: ¿En qué se diferencia el PSUV de los partidos políticos tradicionales o de viejo cuño? ¿Los partidos siguen teniendo sentido o no lo tienen en una sociedad compleja? En el caso de que el partido sea la solución ¿debe tener una dirección única o una dirección colegiada? ¿Es conveniente que una persona pueda tomar decisiones al margen de las bases o contra la voluntad de las mismas? ¿Qué futuro tiene un partido donde las bases raramente tienen la oportunidad de expresarse? ¿Deben las bases elegir a los miembros de la dirección o se trata de una decisión no participada en aras de otras razones? ¿No debilita al propio partido que la dirección sea elegida al margen de las bases? ¿Cómo participan las bases en la elaboración de las grandes líneas programáticas, de las directrices del gobierno y del contenido del socialismo del siglo XXI? ¿No es un problema para el partido que algunos de los funcionarios que están al frente de áreas fundamentales del gobierno sean al mismo tiempo dirigentes del partido? ¿No conduce a la ineficiencia la acumulación de responsabilidades? ¿Y no es repetir un problema del socialismo del siglo XX el confundir el partido con el Estado? ¿Nació el PSUV cupularmente, de arriba hacia abajo, más como una necesidad política entendida como tal desde el gobierno que como una necesidad sentida como tal por las bases?»

«Otro elemento relevante reiterado es la necesidad de que el instrumento cuente con una dirección colectiva. Que se articule efectivamente con los movimientos sociales de base (no que los utilice en tareas electorales o como correa de transmisión del gobierno), que derrote el mal del clientelismo partidista y que instituya las bases de un verdadero partido revolucionario, reconociendo la libertad de crítica y profundice la democracia dentro del partido; estos son elementos que formaron parte central de la discusión.»

El nuevo Estado revolucionario

«Si el Estado ha sido el instrumento que utilizó el neoliberalismo para imponer sus propuestas ¿Tiene que ser también el instrumento para liberarnos del neoliberalismo? […] ¿Este Estado puede conducirnos rumbo al socialismo o por el contrario es un freno para ello? ¿Se trata de debilitar el Estado actual o de fortalecerlo? ¿Se trata de inventar un nuevo Estado que puede llamarse comunal o socialista? ¿Cuáles son los rasgos del Estado comunal?»

El papel de los medios de comunicación

«Otra de las grandes discusiones tuvo que ver con los medios de comunicación, los ajenos y los propios. El debate se centró en qué hacemos con nuestros medios, cuando pese a disponerse de seis televisoras públicas, en total no se alcanza, se dijo, el 8 % de la audiencia. ¿A qué se deber este evidente fracaso? ¿Están malbaratando acaso esos recursos públicos quienes no consiguen incrementar los índices de audiencia? […] Aun siendo evidente el gran crecimiento de los medios comunitarios y alternativos durante el proceso revolucionario, la solución aún no se ha articulado. […] ¿No es hora, igualmente, de que CONATEL (10) haga cumplir las leyes de telecomunicaciones? ¿A qué se espera para frenar el abuso de los medios de comunicación privados? […]»

El carácter de la Revolución

«Otro gran rasgo del debate tuvo que ver con el signo de esta Revolución. Se planteó que en esta Revolución se sumaban varias revoluciones: la estudiantil, la campesina, la obrera, la socialista, la de mujeres, la militar y la popular. […] Es importante abrir un debate fuerte, aún pendiente, con estudiantes, con intelectuales, con trabajadores, con campesinos. Hay que volver a sentar en un dialogo permanente a todos estos sectores. Otro aspecto pendiente no menor es la definición del socialismo del siglo XXI. No obstante, por un lado es una ventaja no definirlo, porque implica que no estamos repitiendo modelos; por otro lado muestra una falta de concreción que quizás lo deja demasiado abierto. El socialismo del siglo XXI, se defendió, tiene que ser del siglo XXI pero también tiene que ser socialismo. No puede fracasar en el elemento emancipador. […]”

La participación popular

«Otro de los elementos que parece caracterizar al socialismo del siglo XXI es la idea de la participación, que ha aparecido como un elemento central en lo que ha sido este proceso. Se planteó si los consejos comunales (véase el recuadro «Los consejos comunales») aunque son el ejemplo por excelencia de participación, no estarían respondiendo a una lógica muy poco participativa. Esto se explicaría porque o bien no funcionan o bien responden directamente al poder ejecutivo. Además está presente el problema de que corren el riesgo de ser cooptados por el partido, lo que de alguna manera genera problemas entre la lógica institucional del partido y la lógica social de los consejos comunales. […] Existe un profundo riesgo de que la lógica institucional limite a la lógica social, que ha tardado 30 años en construirse en este país, y que fue la que hizo posible la revolución y la que la defendió el 13 de abril (11)

«El último elemento apuntó a los modos y formas en que se debe articular la critica. Incluso entre los intelectuales comprometidos con el proceso, la crítica ha perdido parte del espacio que le corresponde, especialmente entre aquellos con alguna responsabilidad institucional. No es difícil encontrar en los medios del proceso comportamientos del socialismo del siglo XX, en los que se acusa de “contrarrevolucionario” o de “agente de la CIA” a cualquier persona, incluidas personas con una incuestionable semblanza revolucionaria, que formula críticas en voz alta. Esto debilita fuertemente al proceso, pues el gobierno deja de recibir insumos para su ajuste.»

«Esta pregunta se repitió con frecuencia: ¿Es posible que avance una revolución que no hace de la crítica el principal de sus motores? Se planteó que con esta reunión de los intelectuales afectos al proceso, la revolución se revisaba, a la vez que se fortalecía. Los asistentes se felicitaron por el hecho de que el Ejecutivo pusiera a disposición de la intelectualidad del proceso un ámbito para la crítica que en diez años no había tenido lugar. Igualmente insistieron en que con este evento quedaba demostrado que no es cierto el discurso del miedo a las críticas. Es igualmente falsa la denuncia de la oposición de que no hay libertad de expresión en Venezuela. Esta revolución es capaz de reinventarse constantemente gracias a los espacios de libertad existentes. […]»

«Los intelectuales —concepto que fue ampliamente criticado por los presentes como elitista— militan con el compromiso de que es necesario aunar teoría y práctica, no olvidando que la praxis hace a la teoría útil.»

Estas jornadas fueron transmitidas íntegramente por una cadena pública (TVES) en directo y retransmitidas después en diferido durante unos diez días. Algunos sectores del gobierno, y no de los menos importantes, criticaron con dureza tanto la iniciativa del CIM como los resultados de las jornadas. Entre ellos, en particular, Rafael Ramírez, ministro del petróleo, y Nicolás Maduro, ministro de relaciones exteriores, ambos altos responsables del PSUV. VEA, uno de los diarios chavistas, publicó varios artículos críticos con la iniciativa del CIM, afirmando que: «Fabrican encuentros de intelectuales cuyos pronunciamientos son confusos, dejan traslucir su resquemor por el liderazgo de Chávez, que ellos denominan “hiperliderazgo” o “cesarismo progresista”; sin duda, son chavistas sin Chávez, pero avergonzados de salir a la luz del día, de saltar definitivamente la talanquera.» (Publicado el 6 de junio de 2009 con la firma colectiva «Grano de maíz»)

Después de diez días de polémica en la prensa, tanto chavista como opositora, Hugo Chávez en su programa de televisión «Aló presidente» del 14 de junio, parecía dar la razón a quienes critican al Centro Internacional Miranda. Esto no hizo más que aumentar el interés del público en el evento: diferentes dirigentes sindicales obreros así como el Partido Comunista de Venezuela y el Patria Para Todos (partidos que apoyan al gobierno pero rechazan integrarse en el PSUV) salieron en defensa del CIM, afirmando que el aporte crítico de los intelectuales revolucionarios constituye una fuerza, un evento positivo. Por un momento se temió que el CIM fuera relegado o incluso cerrado pero, por el momento, esto no ocurrió. Lo que refleja una vez más complejidad de la evolución en curso en Venezuela, y que su gobierno no puede ser considerado totalitario.

Los consejos comunales

La ley titulada «Ley de los consejos comunales» LCC (12) fue sancionada sin un verdadero debate el 7 de abril de 2006. En su artículo 3 precisa: «La organización, funcionamiento y acción de los consejos comunales se rige conforme a los principios de corresponsabilidad, cooperación, solidaridad, transparencia, […] honestidad, eficacia, eficiencia, responsabilidad social, control social, equidad, justicia e igualdad social y de género.»

La asamblea de ciudadanos y ciudadanas, «la máxima instancia de decisión del consejo comunal» (art. 6), está integrada por los habitantes de la comunidad mayores de 15 años (Consejos comunales, Expresión del poder popular). El propio consejo comunal delimita su territorio y sus miembros son ad honorem (art. 12). Los diferentes ámbitos de intervención están definidos de la siguiente manera: «salud, educación, tierra urbana o rural, vivienda y hábitat, protección e igualdad social, economía popular, cultura, seguridad integral, medios de comunicación e información, recreación y deportes, alimentación, mesa técnica de agua, mesa técnica de energía y gas, servicios, y cualquier otro que considere la comunidad de acuerdo a sus necesidades.» (art. 9)

La institución de los consejos comunales en el 2006, bajo el impulso del presidente Hugo Chávez, está fuertemente marcada por la voluntad de instaurar la participación en la concepción y la realización de la política local. El gobierno puso grandes esperanzas en estos consejos, que concibe como «unidades territoriales de base de la participación popular y de autogobierno». El poder atribuido a los consejos comunales no es despreciable, puesto que da derecho a una «comunidad» a proponer y ejecutar proyectos que pueden, desde el primer año, llegar a los 30 millones de bolívares. Según las palabras del presidente, esta «explosión revolucionaria del poder popular» debe constituir la base realista y duradera de un nuevo tipo de Estado, de «un socialismo del siglo XXI».

Juan Leonel M. (FONDEMI, Fondo de desarrollo microfinanciero), evocando, en junio de 2007, los 15.000 Consejos ya formados, no oculta que las relaciones con las municipalidades son delicadas: «De hecho, los alcaldes, en fin, muchos de ellos, se oponen a este nuevo modo de elección y de organización de las comunidades. Ven a los consejos comunales como una organización que compite con su municipio. Pero actualmente la idea es que el poder constituido, que son los alcaldes, debe avanzar tomados de la mano, con el poder constituyente que son los consejos comunales. El Estado está en vías de llevar a cabo una revolución dentro del sistema estatal. El poder constituyente del pueblo debe ser el motor de este cambio. Los consejos comunales son la piedra angular del autogobierno comunal, donde el pueblo ejerce directamente el poder.» (Fragmentos de: Anne Florence Lopuzé, «Les conseils communaux au Venezuela: un outil d’émancipation politique?» in Olivier Compagnon, Julien Rebotier et Sandrine Revet (sous la direction de), Le Venezuela au-delà du mythe. Chavez, la démocratie, le changement social, Editions de l’Atelier/Editions Ouvrières, París, 2009.

La ley del 2006 sobre los consejos comunales está en vías de modificación, y es probable que próximamente sea reemplazada por una nueva ley, cuya elaboración está en curso. Para saber más sobre esta experiencia, recomendamos leer los trabajos de Martha Harnecker, residente en Venezuela, que ha dedicado estos últimos años a la experiencia de los consejos comunales. (13)

El PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) en vísperas de un congreso

El partido, fundado por Chávez en el año 2006, dio la impresión de que había abortado con el referéndum constitucional del 2007, dado que el número de venezolanos que votaron «Sí» era inferior al número de inscriptos oficialmente en el partido (14). Pero este juicio fue parcialmente desmentido en los meses siguientes, pues las reuniones en la base se multiplicaron, lo que llevó a la designación de candidatos a las elecciones municipales y los cargos de gobernador de los 23 estados que constituyen Venezuela. Aquí también el proceso es contradictorio, pues si bien la base ha tenido una participación dinámica, y ha designado los candidatos a las elecciones, lo cierto es que cuando, en otro registro, se trataba de la composición de la dirección del partido, la base no pudo elegir la totalidad de los dirigentes y fue Chávez quien puso en los cargos principales del partido (los 8 vicepresidentes del PSUV) a los ministros de su gobierno, lo cual creó una confusión perniciosa entre el Estado, el gobierno y el partido. Sobre esta cuestión crecen las críticas en el seno del PSUV sobre el hecho de que la animación y la dirección del partido, en el más alto nivel, sean responsabilidad de los ministros, que ya están recargados por su trabajo gubernamental. Además, su posición de ministros otorga a estos dirigentes el poder de influenciar desproporcionadamente las decisiones que toma el partido. Así mismo, pueden influir con más facilidad que otros sobre una fracción de los miembros del partido cuando son llamados a votar. Martha Harnecker expresa así una crítica que comparte un número importante de militantes: «Una de las cosas que a nosotros nos extraña y a los extranjeros supongo que les chocará muchísimo, especialmente en Europa, es que el Estado sea el instrumento con el cual se construye el partido. Eso es algo absolutamente contradictorio con nuestra visión de partido (15)

Gonzalo Gómez, militante del PSUV y cofundador de Aporrea, se inquieta: «Carecemos de estatutos, porque no se aprobaron, y el partido anda a capricho de las correlaciones de fuerzas eventuales, porque no hay reglas, las reglas aparecen en el transcurso del juego mismo. Eso debe ser cambiado garantizando la democratización plena de la organización y, por otro lado, está la relación con el Estado, con el poder popular y los movimientos sociales.» En lo concerniente a la relación entre el partido y el poder popular, al que llama también el «actor constituyente», agrega: «El partido puede aspirar a proponer y orientar, desde el acompañamiento a los movimientos sociales en la construcción del poder popular, pero no puede someter al poder popular: someter a ese actor constituyente por lo constituido.» (16)

El próximo congreso del PSUV (inicialmente convocado para el 10 de octubre de 2009 y luego postergado hasta fines de noviembre de 2009) plantea numerosos interrogantes. Los 7.253.691 militantes inscriptos en el PSUV son convocados a reunirse en estructuras de base, denominadas «patrullas», compuestas cada una por entre 20 y 30 miembros. Para que sea válida, cada reunión de una patrulla debe contar con la asistencia de más de la mitad de sus miembros. Cierto número de militantes expresan su inquietud: se preguntan cómo se puede organizar democráticamente un congreso que debe tratar tanto un programa como los estatutos y el balance de tres años de existencia, sin olvidar las perspectivas.

Las paradojas de la economía venezolana: el sector capitalista se desarrolla con más rapidez que el sector público y controla aún muy ampliamente la economía, a pesar de las nacionalizaciones

El peso del sector privado (ampliamente dominado por el sector capitalista) (17) en el producto interior de Venezuela pasó del 64,7 % en 1998 (en vísperas de la elección de Chávez como presidente) al 70,9 % en el tercer trimestre del 2008. (18)Aunque el gobierno ha nacionalizado un número significativo de empresas de gran tamaño en los sectores de la electricidad, de las telecomunicaciones, de la siderurgia, de la agroalimentación, del cemento y de la banca, el sector capitalista tuvo un crecimiento mayor que el público, lo cual explica que su peso relativo en el PIB haya aumentado (véase más arriba), mientras que el del sector público bajaba (del 34,8 % en 1998 al 29,1 % en el 2008). (19)

Esto se explica, en particular, por el tipo de utilización de la renta petrolera. Una aplastante mayoría de los recursos del Estado venezolano provienen de la exportación de petróleo. El gobierno emplea masivamente estos recursos para mejorar las condiciones de vida de la mayoría pobre de la población (así como de otros sectores de ingresos medios) en los ámbitos de la salud (con resultados impresionantes), de la educación (idem), de la provisión de productos básicos a precios comprimidos a través de los canales de distribución y de comercialización Mercal(20) y Pdval (21) (alimentos y otros bienes de primera necesidad para las familias), de la construcción de viviendas, de la construcción de infraestructuras y de medios de comunicación colectiva (metro, tren), del aumento de los salarios en la función pública, del aumento del número de becas y rentas sociales, sin olvidar los gastos en los sectores de la cultura y los deportes, y la distribución de subvenciones importantes a las cooperativas y los consejos comunales.

El resultado es indiscutiblemente positivo: la proporción de venezolanos que viven por debajo del umbral de la pobreza se ha reducido a la mitad entre el 2003 y el 2008, pasando del 62,1 % al 31,5 % de la población. En cuanto a las personas en situación de pobreza extrema, la proporción se redujo dos tercios, pasando del 29 % en el 2003 al 9,1 % en el 2008 (22) El analfabetismo tuvo una fuerte disminución, el nivel de formación aumentó, el acceso a la atención sanitaria gratuita tuvo un alto aumento, el consumo de masa aumentó…

Pero el sector capitalista se beneficia también largamente de estos gastos gubernamentales, pues es quien domina, de lejos, la banca, el comercio y la industria alimentaria. El dinero suplementario que llega al pueblo proveniente de los gastos gubernamentales acaba concentrándose en los bolsillos de los capitalistas, pues es en los bancos capitalistas donde los particulares (y también las cooperativas, los consejos comunales, las municipalidades y otros numerosos entes públicos) depositan su dinero. Son bancos capitalistas los que emiten la moneda de crédito al consumo bajo la forma de tarjetas de crédito y que mantienen una parte creciente del consumo (cobrando unas elevadas tasas de interés). Son las empresas capitalistas de la industria alimentaria las que producen o comercializan la mayor parte de los productos alimentarios consumidos por las masas. Son las empresas capitalistas importadoras las que hacen llegar del exterior —a un tipo de cambio oficial muy favorable— los variadísimos productos importados que consumen los venezolanos (por otra parte, estas firmas organizan un comercio import-export fraudulento masivo entre Venezuela y Colombia que hace perder ingresos al Estado aumentando los beneficios capitalistas). Son las cadenas privadas de grandes superficies que aún dominan el comercio, aun si Mercal y Pdval tienen un papel no despreciable en la distribución de productos de base. Cuando el Estado nacionaliza empresas privadas pertenecientes al capital nacional, es a capitalistas locales a los que paga indemnizaciones de recompra.(22)

En síntesis, el sector capitalista sigue absorbiendo la mayor parte de los gastos que hace el Estado a favor de la población pobre o de ingresos medios.

Según un estudio de Mark Weisbrot y Luis Sandoval (23)cuyo contenido es, por otra parte, muy favorable al gobierno de Chávez, el sector financiero privado ha tenido un crecimiento del 37,9 % en el 2004, del 34,6 % en el 2005 y del 39,2 % en el 2006, mientras que el sector público (todos los sectores juntos) no creció más que el 12,5 % en el 2004, el 4,1 % en el 2005 y el 2,9 % en el 2006.

Como ha escrito Víctor Álvarez: «En el anterior período gubernamental del presidente Chávez (2000-2006), la mayoría de los incentivos financieros, fiscales, cambiarios, compras públicas, asistencia técnica, etc. fueron dirigidos al aparato productivo existente, conformado fundamentalmente por empresas mercantiles, las cuales reproducen el modo de producción capitalista que, paradójicamente, es el que se quiere superar y trascender.»

Estamos muy lejos de las afirmaciones de la prensa dominante, que ve en la gestión de Hugo Chávez una estatización galopante de la economía venezolana.

Un problema adicional, antes mencionado, se debe a una política de sobrevaloración de la moneda venezolana con respecto al dólar. Esto requiere una explicación. Desde el año 2003, las empresas que quieren importar mercaderías y servicios deben comprar los dólares a una administración del Estado llamada CADIVI. Esta medida, tomada para luchar contra la fuga de capitales, es útil. El problema es que el tipo de cambio entre el bolívar y el dólar sobrevalora el primero. En efecto, esto agrava un comportamiento perverso: para un capitalista que dispone de una suma importante de bolívares, es más rentable cambiarlos por dólares, que compra al Estado a bajo precio, y comprar bienes en Estados Unidos o en otra parte, que producirlos en el país. Por lo tanto, la política del bolívar sobrevaluado inhibe la inversión productiva y favorece la actividad comercial volcada a la importación frenética de mercancías (24) ny su venta en las grandes redes privadas de distribución. De hecho, esta importación masiva está subvencionada por el Estado, dado que éste vende al sector privado a bajo precio unos dólares acumulados gracias a la exportación de petróleo. Así mismo, habría que analizar el papel de esta política del bolívar sobrevaluado y del alto nivel de importaciones sobre la tasa de inflación, particularmente alta en estos últimos años. Una inflación que se come los aumentos salariales dispuestos por el gobierno.

Un ejemplo de la naturaleza viciosa de esta política cambiaria y de los regalos que el gobierno hace a los bancos privados. El Estado venezolano compró títulos de la deuda emitidos por Argentina en 2004-2005. El problema es que vendió una parte de estos títulos, denominados en dólares, a los bancos privados. Éstos los pagaron en bolívares al tipo de cambio oficial sobrevaluado. ¿Qué hicieron con ellos algunos (o muchos) compradores? Los vendieron en Estados Unidos o en otra parte en dólares. Esto les permitió eludir el control sobre los movimientos de salida de capitales que ejerce el Estado venezolano. Es decir, oficialmente no exportaron capitales, no hicieron más que sacar del país títulos de la deuda argentina. Otras maniobras astutas de los bancos han podido brindarles jugosos beneficios, sería largo de detallar.

En conclusión, aunque el Estado trata de poner en marcha una política de desarrollo endógeno (esto es, volcado a la satisfacción de la demanda interna mediante la producción cada vez mayor dentro del país), la manera de operar la redistribución de la renta petrolera tiende a reforzar el sector capitalista y su comportamiento importador.

En su intervención en el encuentro de intelectuales organizado por el CIM, el escritor y jurista Luis Britto resumió así la situación: «Vivimos en una sociedad dual y yo digo en una fábula que hice que cuando uno intenta hacer un sistema mixto con gallinas y con zorros en un mismo gallinero, a la semana sólo quedarán zorros y además se comerán al granjero.» (25)

Algunas pistas para avanzar hacia una transición al socialismo del siglo XXI en Venezuela (26)

Una de las soluciones que se pueden poner en marcha a fin de que el Estado pueda recuperar (en lugar del actual sistema bancario privado) una parte sustancial de lo que distribuye (o destina) consiste en transferir al sector público (nacionalizar) la mayor parte o la totalidad del sector bancario capitalista venezolano (27) Recuperando de este modo una parte de lo que distribuye (a partir de la renta petrolera), podrá reinvertirla en la economía en forma de gastos sociales o de inversiones productivas, a fin de crear un círculo virtuoso de acumulación y de desarrollo de un sector público de la economía, así como de otras formas de propiedad que se ha de apoyar y reforzar (pequeña propiedad privada, propiedad cooperativa, formas tradicionales de propiedad de las comunidades indígenas, etc.)

Una segunda medida podría consistir en la estatización del comercio exterior, a fin de evitar que una gran parte de los beneficios del mismo sea desviada hacia la acumulación capitalista o hacia el exterior vía la fuga de capitales. Habría que establecer así mismo una serie de estímulos de diferentes tipos (impuestos, subvenciones, prioridades en las compras del Estado, etc.) a favor del sector no capitalista de la economía (naturalmente, incluida la pequeña propiedad privada). (28)

Pero lo que es absolutamente esencial es establecer unos mecanismos para evitar dos grandes escollos: 1) El monopolio de las decisiones por la burocracia del Estado, y 2) la emergencia de una nueva burguesía desde las entrañas del chavismo, lo que ya se denomina popularmente la «boliburguesía» (de burguesía bolivariana, la parte de los dirigentes chavistas que se benefician de sus funciones acumulando un capital). (29) Entre estos mecanismos citemos: fijación de un límite al abanico de salarios (por ejemplo, entre 1 y 6) reduciendo los más altos y aumentando el mínimo, así como los salarios medios; la obligación de los mandatarios y altos funcionarios de presentar una declaración anual de los ingresos globales (salarios, remuneraciones y otros ingresos) y del patrimonio (pues la acumulación de capital por los burócratas pasa a menudo por cobros bajo mano que aparecen en el patrimonio); la obligación de los ciudadanos de declarar las diferentes cuentas bancarias que tengan en el país y en el exterior (levantamiento del secreto bancario); un fuerte aumento de la progresividad del impuesto sobre los ingresos.

Un remedio indispensable, y ciertamente el más eficaz, es la aplicación de una política de control obrero y de control ciudadano de la contabilidad y la gestión de las empresas y de las instituciones públicas. Esto permite imponer la transparencia de la gestión (a fin de evitar los desvíos, el derroche, e empleo de los recursos de las empresas e instituciones en proyectos que no se justifiquen desde un punto de vista social, ambiental, etc.) mediante una política de auditoría integral, en la cual deben participar activamente los trabajadores y los usuarios de los servicios. Esto implica también la dotación de los organismos de control, y de las personas que forman parte de éstos, de la formación necesaria para pasar del control a la autogestión de las empresas (manteniendo siempre un control externo). Toda esta batalla por el control obrero, por el control ciudadano (control de usuario), por la autogestión forma parte de la construcción de órganos de poder popular. Habría que encontrar la forma adecuada para que el desarrollo de estos órganos no se limite a una visión fragmentada, lo cual plantea el problema de la construcción de una federación nacional de órganos de control y de poder popular.

Por otra parte, es también vital mejorar la formación de los gestores de las empresas públicas. Pues las nacionalizaciones requieren la creación de una reserva de reclutamiento de cuadros de alto nivel técnico y de una sólida formación política y social, que también tengan una formación ética. En efecto, para acelerar el ritmo de las nacionalizaciones, es necesario crear al mismo tiempo una reserva de cuadros y desarrollar, como se ha dicho más arriba, una política de control obrero y ciudadano. En caso contrario, se corre el riesgo de crear empresas públicas ineficaces, cuando no corruptas.

Algunas observaciones suplementarias concernientes a Venezuela

Reducir la dependencia de los hidrocarburos y de Estados Unidos

Uno de los desafíos a los que se enfrentaron varios gobiernos anteriores, así como el de Hugo Chávez, es la diversificación del aparato productivo a fin de salir de una extrema dependencia de los hidrocarburos (demás está decir que esto vale para la mayoría de los grandes exportadores de petróleo). Es por esto por lo que, en los años 60, se creó una empresa como SIDOR. Más tarde, en el curso de los años 80 y 90, los gobiernos neoliberales (30) privatizaron muchas empresas públicas, como SIDOR, y recurrieron a las inversiones extranjeras para diversificar la economía. Fue un fracaso.

En estos últimos años, el gobierno de Hugo Chávez trató a su manera de diversificar el aparato productivo con las siguientes medidas:

1. Desarrollo y refuerzo de un polo siderúrgico y metalúrgico aplicando una política de sustitución de importaciones (por ejemplo, Venezuela producirá los tubos necesarios para sus oleoductos, que hasta ahora son importados; con ayuda de China, ampliará la red y fabricará material rodante);

2. Apoyo a la producción agrícola local para acercarse tanto como se pueda a una situación de soberanía alimentaria, cuando cerca del 90 % de los alimentos consumidos en el país son importados (herencia de décadas de empleo de los recursos petroleros para importar todo lo que Venezuela necesitaba);

3. Desarrollo de la industria petroquímica;

4. Mejora de la producción y de la distribución de electricidad, obtenida en su mayor parte a partir de la energía hidráulica (felizmente, no a partir del petróleo). En este aspecto, al contrario de las intenciones oficiales, hay que evitar lanzarse a la producción de electricidad por centrales nucleares;

5. Nacionalización de la industria cementera a fin de desarrollar la política de construcción de viviendas.

En cuanto a la voluntad de reducir la dependencia del petróleo, Venezuela trata también de disminuir la parte de sus exportaciones destinadas a Estados Unidos, (31) su principal comprador de hidrocarburos, intentando reforzar las ventas a China (según fuentes gubernamentales, se espera que este país compre tanto como Estados Unidos de aquí al 2014, una meta que parece difícil alcanzar).

Política agraria

Se ha llevado a cabo una reforma agraria, (32)las cooperativas y las pequeñas explotaciones agrícolas reciben importantes subvenciones, pero se parte de una situación muy difícil. El peso de la agricultura en el PIB es muy débil (33) y, aparte de excepciones muy importantes (como, por ejemplo, las regiones de grandes huertas de los Andes), (34) Venezuela es uno de los países en los que el campesinado está considerablemente debilitado debido a la aplicación durante décadas del modelo importador.

¿Cómo reconstituir un campesinado que asegure la soberanía alimentaria de una población que llegará a los 30 millones en los próximos años? Hay que reconocer que es muy difícil resolver el problema. Para ello, es necesario que el Estado ponga en marcha una amplia batería de medidas de estímulo, entre las cuales: una mejora sustancial de la calidad de los servicios públicos en zonas rurales para reducir el éxodo rural; el aporte de una ayuda a diferentes niveles a la agricultura familiar y otras formas tradicionales de producción agrícola, sin ejercer una presión exagerada a favor de las cooperativas (35) el desarrollo de una red pública para la comercialización de los productos de los campesinos, que asegure la estabilidad de la salida y precios suficientemente altos para estimularlos y ponerlos fuera del alcance de las garras de las redes privadas, que imponen su precio a los productores, y asegurarles unos márgenes de beneficio mucho más altos. (36)

Michael Lebowitz ha hecho unas propuesta concernientes a la política agrícola en Venezuela que se tendría que poner en práctica para mejorar la situación: «Teniendo en cuenta el contrabando existente debido a un bolívar sobrevaluado y el desvío de mercancía vía mercado negro, no es apropiado subsidiar a través del suministro gratis de insumos, tales como medios de producción o subsidios monetarios directos, a la producción agrícola (excepto en la caso de que se establezcan nuevas instalaciones productivas). ¿Por qué? Porque dadas las circunstancias, no hay ningún control que asegure que los productos se dirijan al lugar apropiado —sobre todo con la falta de mecanismos de seguimiento y vigilancia que involucran costos de transacción muy importantes.

»Por lo tanto, para asegurar que los subsidios resulten en un verdadero incremento de alimentos en el mercado nacional y a precios apropiados, la mejor forma de subsidio es a través de una agencia del Estado que compre los productos a un precio determinado. Esta agencia estatal puede otorgar un precio a los productores que estimule la producción y luego puede hacer que estos artículos sean vendidos a la población en general través de la red de Mercal a precios más bajos que lo que pagó a los productores.» (37)

Política del gobierno venezolano en materia de endeudamiento

El peso de la deuda pública con respecto al PIB ha bajado en el curso de los últimos años, pero hay que señalar que el gobierno de Hugo Chávez sigue sin ordenar la realización de una auditoria integral de la deuda pública a pesar de que se comprometió a hacerlo en varias ocasiones. (38) Una parte de la deuda, que Venezuela sigue pagando, fue heredada del régimen anterior (la IV República) y está muy tachada de fraude. Pero no es necesario atenerse a las deudas contraídas por los gobiernos anteriores a la V República, instituida en 1999. En efecto, es muy importante para el gobierno que demuestre a la ciudadanía que está dispuesto a auditar su propia política de endeudamiento.

Además, no se puede dejar interrogarse sobre la oportunidad de contraer nuevas deudas en un momento en el que el precio del barril de petróleo era elevado y en el que no faltaba liquidez. Sin embargo, PDVSA se endeudó por un monto de 12.000 millones de dólares en el 2006 emitiendo títulos en los mercados financieros internacionales. ¿Cómo justificar esta medida que no fue discutida en la Asamblea nacional? Con un precio del barril en baja desde julio de 2008 (aun si su nivel actual —entre 50 y 70 dólares el barril en el verano del 2009— pone a Venezuela fuera de peligro inmediato), los desembolsos que debe efectuar PDVSA ¿no recargan su presupuesto? ¿No reducen exageradamente su liquidez? ¿Por qué endeudarse y transferir intereses a los mercados financieros privados internacionales (o nacionales), si se dispone de suficiente liquidez para no tener que recurrir al empréstito? Lamentablemente, estas preguntas siguen sin respuesta.

Hay que destacar que Hugo Chávez pone el acento en el desarrollo endógeno del país, que define como «autocentrado, basado en los recursos propios y consubstancial del retorno con fuerza a la escala nacional». Reducir el endeudamiento exterior de PDVSA tendría que constituir una aplicación de esta definición tan interesante.

La defensa de Venezuela frente al peligro de agresión exterior y a la amenaza de los paramilitares colombianos en territorio venezolano

Ante la agresividad de Estados Unidos y de Colombia (las fuerzas armadas colombianas son muy superiores a la venezolanas y es público y notorio que paramilitares colombianos ya están presentes en territorio venezolano, por ejemplo, en el estado de Tachira, al suroeste del país) la población es cada vez más consciente de la necesidad de prepararse para afrontar posibles ataques.

Hay que recordar que, para hacer frente al putsch del 11 de abril de 2002, el pueblo no disponía de armas. Fueron centenares de miles de personas desarmadas las que rodearon los cuarteles, el palacio presidencial, las radios y la TV cómplices del golpe. Muchos militantes no quieren que esta situación se repita, tanto más cuando los enemigos del proceso han aprendido la lección del fracaso del golpe.

El general Alberto Müller Rojas, miembro de la dirección del PSUV, dice en un editorial de A la Izquierda, revista del partido, que hay que imaginar «una agresión armada [...] en la cual nuestro pueblo tendría que enfrentar fuerzas no sólo cuantitativamente mayores, sino cualitativamente superiores. Y habría un agravante. Las hostilidades contarían con el apoyo de factores de poder internos…». Más adelante agrega: «Y la respuesta de nuestra organización no puede ser otra que la promoción de un debate sobre el problema en el marco de las organizaciones populares.» (39). Por su parte, Stalin Pérez Borge, dirigente de Marea Socialista y responsable sindical, escribe: «… la única respuesta es el pueblo en armas. Es necesario que nosotros, los trabajadores, nos incorporemos de inmediato a la Milicia Bolivariana para formar lo más pronto posible los batallones obreros.» (40)

Traducido por Raúl Quiroz
Notas

(1) El «no» en el referéndum constitucional promovido por Chávez el 2 de diciembre de 2007 recogió el 51 % de los votos contra el 49 % del «sí». Fue el único fracaso «electoral» de Chávez entre 1998 y 2009. Véase Eric Toussaint, «Transformar el fracaso del 2 de diciembre de 2007 en una potente palanca para impulsar el proceso en curso en la Venezuela de Hugo Chávez», http://www.cadtm.org/Transformar-el-fracaso-del-2-de
(2) Hay que destacar que en Francia no había, hasta julio de 2008, límite para el número de mandatos consecutivos; actualmente este límite es de dos mandatos consecutivos. En España no existe ninguna limitación.
(3) http://voixdusud.blogspot.com/2009/03/lindustrie-alimentaire-dans-la.html
(4) De todos modos, hay que destacar un elemento estructural muy positivo en Venezuela: la electricidad proviene en su casi totalidad de la energía hidráulica. El uso de combustibles fósiles es absolutamente marginal y no hay ninguna central nuclear.
(5) Véase un video muy interesante de la manifestación, con entrevistas a varios dirigentes sindicales en el sitio de Marea Socialista: http://mareasocialista.com/trabajadores-372.html
(6) Para saber más sobre las iniciativas o las tomas de posición en materia de control obrero en Venezuela, léase, en especial, los números 19, 20 y 21 de la revista Marea Socialista, julio-agosto de 2009, que presenta la situación en SIDOR, Corpoelec, Cadafe, las cementeras, Cafeaca, Alcasa, Carbonorca, etc. http://mareasocialista.com/
(7) Este ha sido, en particular, el caso el 21 de mayo de 2009, durante una reunión de Hugo Chávez con los 400 delegados de la industria del acero y del aluminio realizada en el estado de Guayana. Otra reunión para concretar los compromisos asumidos en el curso de esta importante asamblea tuvo lugar el 21 de agosto en el marco del «Plan Guayana socialista 2019». Véase Marea Socialista, nº 22, p. 3.
(8) Todas las intervenciones, que en total llenan más de 300 páginas, son accesibles en español en el sitio www.aporrea.org y han sido publicadas en el número cero de la revista La Comuna, con fecha julio-agosto-septiembre de 2009. Hay que señalar que el sitio www.aporrea.org, creado justo después del fracaso del golpe de Estado de abril del 2002 por un grupo militante en torno a Gonzalo Gómez (por otra parte, fundador del CADTM Venezuela), desempeña un papel muy importante en el plano de la información y de los debates sobre el proceso en curso. Supera el millón de visitas mensuales. Así mismo, varias intervenciones pueden verse en el sitio www.cadtm.org y en www.rebelión.org
(9) Véase la síntesis completa en http://www.cadtm.org/Venezuela-premiere-synthese-de-la
(10) Comisión nacional de telecomunicaciones, instancia independiente de regulación.
(11) Fecha del retorno de Chávez al poder (después del golpe de Estado del 11 de abril de 2002) tras la movilización masiva y espontánea de la población.
(12) http://www.tecnoiuris.com/venezuela/gaceta-oficial/administrativo/ley-de-los-consejos-comunales.html
(13) Véase Martha Harnecker, «De los consejos comunales a las comunas», http://www.rebelion.org/docs/83276.pdf . Este estudio, de 61 páginas, contiene une bibliografía de los 21 trabajos de Harnecker sobre el tema de la participación popular. Véase también, de la misma autora, «Las Comunas, sus problemas y cómo enfrentarlos».
(14) Oficialmente, seis millones de venezolanos estaban afiliados al PSUV en el momento del referéndum del 2 de diciembre de 2007. Pero el «Sí» obtuvo sólo un poco más de cuatro millones de votos, algunos de los cuales evidentemente no provenían de militantes del PSUV, puesto que el PCV (Partido Comunista de Venezuela) y el PPT (Patria Para Todos) también llamaban a votar «Sí». Por lo menos, dos millones de afiliados del PSUV no votaron «Sí». En la fase de lanzamiento del partido, se fijó a los ministerios unas cuotas de inscripciones de nuevos miembros que debían lograr, lo que ha viciado el proceso y abultado el número de partidarios sin que ello correspondiera a la cantidad real de venezolanos que pensaban adherirse al partido.
(15) Intervención de Martha Harnecker en el encuentro «Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos de apertura», organizado por el CIM, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=88031
(16) Intervención de Gonzalo Gómez en dicho encuentro http://www.aporrea.org/actualidad/n136570.html
(17) La parte de la economía social en el seno del sector privado es muy débil:, por ejemplo, del 0,5 % del producto interior bruto en 1998 pasó al 1,6 % a fines del 2008. Sobre un total de 11.692.071 personas activas a finales del 2008, sólo 201.773 trabajaban en las cooperativas de la economía social. Es decir, apenas el 1,7 %.
(18) Véase Víctor Álvarez, «La transformación del modelo productivo venezolano: balance de diez años de gobierno», Revista La Comuna n° 0, pp. 37 à 55. Víctor Álvarez fue ministro de Industrias de base del gobierno de Chávez, de enero de 2006 a agosto de 2007.
(19) Hay que añadir un matiz importante: hasta el 2002, aunque pública, PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.) había evolucionado hacia una gestión favorable al sector privado. Por lo demás, una gran parte de sus ingresos se declaraban y pagaban impuestos en Estados Unidos. Las medidas tomadas por el gobierno de Chávez a partir del 2002 permitieron recuperar la gestión de la empresa por el Estado, lo que se tradujo en un fuerte aumento de ingresos, que se destinaron a continuación a las políticas sociales.
(20) La Misión Mercal (MERCado de ALimentos) es uno de los programas sociales incentivados por el gobierno venezolano. Creada oficialmente el 24 de abril de 2003, la Misión Mercal está destinada al sector alimentario, dependiente del Ministerio de la Alimentación. El programa consiste en construir y dotar almacenes y supermercados con alimentos y otros productos de primera necesidad a bajos precios para que sean accesibles a la población más necesitada. Los alimentos están subvencionados y llegan a los estantes sin intermediarios, de manera que los precios ofrecidos suelen tener un descuento de entre el 30 y el 45 por ciento de los observados en las otras cadenas de distribución. http://es.wikipedia.org/wiki/Misi%C3%B3n_Mercal
(21) Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval), creada en enero de 2008 http://www.abn.info.ve/go_news5.php?articulo=117377
(22) Citado por Víctor Álvarez.
(23) Véase Mark Weisbrot y Luis Sandoval, La Economía venezolana en tiempos de Chávez, Center for Economic and Policy Research, Washington, 2007, www.cepr.net
(24) Una anécdota personal: me quedé estupefacto al ver, a finales de noviembre de 2006, en los barrios de clase media de Caracas, puntos de venta de miles de árboles de navidad importados de Canadá. Los comercios también vendían, en gran cantidad, sistemas para esparcir nieve química sobre los pinos. Hay que tener en cuenta que para esas fechas la temperatura media en Caracas es de más de 20 grados. El bolívar sobrevaluado hace absolutamente rentable la importación masiva de los pinos provenientes del gran Norte. Es verdad que Hugo Chávez critica este modelo de importación sistemática, tanto más, —dice—, cuanto que esto corresponde a unos hábitos culturales (por ejemplo, el papá Noel) también importados y adoptados en detrimento de las tradiciones locales.
(25) Véase http://www.cadtm.org/IMG/article_PDF/article_a4492.pdf y Martha Harnecker, «Selección de las opiniones más destacadas de los intelectuales reunidos en el CIM», http://www.rebelion.org/noticia.php?id=88131, que presenta extractos de diferentes intervenciones realizadas en el curso del encuentro de intelectuales organizado par el CIM a principios de junio de 2009.
(26) Las recomendaciones que siguen son válidas también para Ecuador y Bolivia (cuya evolución reciente se analizará más adelante), aunque la situación en Venezuela es más favorable, desde muchos puntos de vista, para su aplicación.
(27) Ha tomado una primera medida en ese sentido en el 2009 al nacionalizar el Banco de Venezuela.
(28) En este sentido, véanse las propuestas de Víctor Álvarez en la parte final del documento antes citado.
(28) Roberto López, profesor en la universidad de Zulia, critica un proceso «en el cual sectores empresariales privados, que no son necesariamente los que están tratando de derrocar al gobierno, sino los sectores empresariales privados aliados a la burocracia bolivariana, que se han hecho multimillonarios en este período. Habría que hacer un análisis de los grupos empresariales y de la relación con los haberes económicos de muchos dirigentes y próceres del proceso. Pareciera que hay una nueva burguesía bolivariana asociada a sectores empresariales. Por ejemplo, un hecho que conozco casi directamente es el de las empresas contratistas que acaban de ser nacionalizadas, expropiadas en la Costa Oriental del Lago, donde prácticamente en todas esas empresas estaban empresarios que habían participado en el golpe, en el paro petrolero y todos estaban asociados con dirigentes del PSUV, con dirigentes de la revolución, con diputados, gobernadores bolivarianos, etc.» Véase:  http://www.aporrea.org/actualidad/n136767.html
(30) Entre ellos, la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, cuando se aplicó en 1989 un plan de ajuste estructural impuesto por el FMI, que provocó la enorme sublevación popular del 27 de febrero de 1989, que fue sangrientamente reprimida. Pérez era por entonces vicepresidente de la Internacional Socialista.
(31) Según el Instituto Nacional de Estadísticas, en 1999 las exportaciones a Estados Unidos representaban el 47,36 % del total y las importaciones provenientes de este país representaban el 40,61 % del total. En el 2007, los porcentajes respectivos pasaron al 52,4% y al 25,8 %.
(32) Se recuperó 2.675.732 hectáreas pertenecientes a los grandes propietarios rurales (latifundistas) y se concedió a los campesinos títulos de propiedad agraria y títulos de adjudicación por un total de 1.862.247 hectáreas a finales del 2008.
(33) El sector agrícola representa apenas el 4,39 % del PIB, mientras que en Colombia llega al 12,1 % del PIB. La media en Latinoamérica es del 6,22 % del PIB.
(34) Véase Alexandra Angelaume y Jean Christian Talet, «Mutation maraîchère et accompagnement institutionnel dans les Andes vénézuéliennes (1950-2007) in Olivier Compagnon, Julien Rebotier y Sandrine Revet (bajo la dirección de), Le Venezuela au-delà du mythe. Chavez, la démocratie, le changement social, Editions de l’Atelier/Editions Ouvrières, París, 2009, segunda parte, cap. 4.
(35) En efecto, el balance de la creación de muy numerosas cooperativas agrícolas (y otras) es particularmente moderada en Venezuela (como había sido el caso en una serie de países que dieron prioridad a las cooperativas con respecto a la explotación individual familiar).
(36) Como se ha visto, no son más que los pequeños productores europeos de leche los que se han enfrentado a este tipo de problema, que ha provocado movimientos de lucha en Francia, Bélgica y Alemania en 2008 y 2009.
(37) Michael Lebowitz, «De los subsidios agrícolas a la soberanía alimentaria», 2 de febrero de 2008,
(38) Hugo Chávez anunció el lanzamiento de una auditoría de la deuda con ocasión de un encuentro con un centenar de delegados de los movimientos sociales del mundo entero, en enero del 2006, al final de la 6ª edición del Foro Social Mundial, realizada de manera descentralizada en Caracas, Bamako y Karachi. El autor estuvo presente en dicha reunión, que por otra parte fue íntegramente transmitida en directo por la televisión pública. También se comprometió a finales del año 2008 en el marco de una reunión del ALBA.
(39) A la Izquierda, nº 19.
(40) Marea Socialista, nº 21, 28 de julio de 2009

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Nobel de economía 2009: premio a la “nueva economía institucional”…

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El Nobel de Economía premia a Elinor Ostrom, la primera mujer en lograrlo

Williamson comparte el galardón por analizar cómo funcionan las organizaciones

A. BOLAÑOS - Madrid

Nobel_economia2009 Nacido en Estados Unidos y hombre. Desde que se instituyó el Nobel de Economía, en 1969, sólo 20 de los 60 premiados se habían saltado la primera condición. Y ha habido que esperar 40 años para que el galardón recayera en una mujer. La Real Academia de Ciencias de Suecia anunció ayer la concesión del premio a Elinor Ostrom, de 76 años, que comparte el galardón con Oliver Williamson, de 77 años. A ambos se les reconoce por sus investigaciones sobre cómo se decide en las organizaciones sociales, aunque desde campos bien distintos. Y, eso sí, ambos son estadounidenses.

La edición de 2009 completa así un elenco de premiados llamativo. A la sorpresa de la concesión del Nobel de la Paz al presidente de EE UU, Barack Obama, se suma que hay cinco mujeres entre los galardonados, lo que también ocurre por primera vez.

Ni Ostrom ni Williamson estaban este año en las quinielas. En el caso del profesor de la Universidad de Berkeley (California), también había cuentas pendientes. En 1991, el Nobel de Economía reconoció el trabajo de Ronald Coase, por formular la teoría de los costes de transacción y su importancia en la creación de grandes compañías. Pero muchos expertos atribuyen a Williamson el desarrollo de la teoría y su aplicación al funcionamiento interno de las empresas.

"Hay que tomar este premio como un reconocimiento a la economía de las instituciones", dejó escrito ayer en su blog Paul Krugman, ganador del Nobel de Economía en 2008, en un intento de conciliar las investigaciones de los dos galardonados. Pero el propio Krugman, como otros reputados economistas, reconocía no estar familiarizado con los estudios de Ostrom.

El trabajo de la profesora de la Universidad de Indiana es mucho más conocido en el ámbito de la ciencia política y el medio ambiente. Su obra se ha centrado en estudiar la gestión de la propiedad común, lo que la conecta de forma casi inmediata con la candente cuestión del uso de los recursos naturales. Ante la corriente de pensamiento imperante que descalificaba la gestión comunal de bancos de pesca, bosques o reservas de agua, Ostrom opone un ingente trabajo de campo que demuestra que la privatización o la gestión pública no son siempre las mejores alternativas.

La investigadora estadounidense ha estudiado decenas de casos en los que comunidades locales, cuando se han organizado en instituciones con reglas claras, tienen una autoridad colectiva legitimada y mecanismos de castigo para los que se salten las normas, logran una gestión eficaz y sostenible de esos recursos. Y que esas experiencias perviven durante décadas. "Hemos visto que los gestores externos muchas veces no disponen de la información sobre los recursos que tienen los usuarios directos, ojalá esto refuerce el sentido de capacidad y poder en los ciudadanos", dijo ayer Ostrom tras conocer la concesión del Nobel. "Estoy sorprendida por el premio y muy honrada", añadió.

El trabajo de Williamson se ha desarrollado en un ámbito muy diferente: la organización empresarial. Williamson ha analizado por qué las relaciones económicas con costes de transacción muy complejos son más fáciles de gestionar dentro de una empresa que en el mercado. Y también cómo influye las relaciones jerárquicas dentro de las grandes compañías en la resolución de conflictos. Sus estudios ayudan a definir cuándo la organización empresarial se hace tan compleja e ineficaz que aconseja externalizar ciertas actividades.

Otro ganador del Nobel de Economía, Robert Solow (premiado en 1987), citó la crisis financiera cuando la agencia Bloomberg le pidió que explicara con un ejemplo alguna aplicación práctica de la obra de Williamson: "Su trabajo puede y debe servir para cuestionar cómo funcionaban los grandes bancos de inversión y cómo ese funcionamiento llevó a lo que, en retrospectiva, resultó ser un comportamiento muy estúpido y arriesgado".

La conexión valenciana

Elinor Ostrom y Oliver Williamson compartirán el Premio Nobel de Economía de 2009 y, por tanto, su dotación económica (10 millones de coronas suecas, casi un millón de euros). Sus estudios también parten del mismo origen, el análisis del funcionamiento de las organizaciones, para luego desembocar en áreas de investigación muy diferentes. Sus currículos desvelan otro punto en común: Valencia.

En su exhaustiva investigación sobre comunidades locales exitosas en la gestión de recursos naturales escasos, Ostrom resalta el ejemplo del Tribunal de las Aguas de Valencia, un jurado formado por regantes de ocho acequias que resuelve cada semana los conflictos sobre el uso de agua desde hace cientos de años. Y Williamson fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Valencia en 2004.

Otra coincidencia. Las principales obras de Ostrom (El gobierno de los bienes comunes) y Williamson (Las instituciones económicas del capitalismo) han sido publicadas en español por la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica.

EL PAIS.COM

ELINOR OLSTROM GANO EL PREMIO EN ECONOMIA, JUNTO A OLIVER WILLIAMSON

El Nobel le llegó a una mujer

Por primera vez en la historia una mujer recibirá el galardón de la Academia Sueca en Economía. Es una estadounidense que investigó sobre las fallas del mercado. Lo comparte con otro economista de ese origen que avanzó en el mismo campo.

El Nobel de Economía fue para dos investigadores estadounidenses, entre ellos una mujer, la primera en la historia en recibir el premio. Se trata de Elinor Olstrom y Oliver Williamson, quienes obtuvieron el galardón por sus trabajos en el análisis de las fallas e imperfecciones del mercado. “Ambos investigaron cómo otras fuerzas, más allá del mercado, pueden aportarnos una cooperación organizada”, afirmó Mats Persson, miembro del comité sueco que otorga el premio. La elección de los ganadores refleja el cambio de aire a partir de la crisis internacional, que puso en cuestión el pensamiento económico dominante de las últimas dos décadas. Olstrom se destaca en el campo de la Nueva Economía Institucional. Sus estudios se basan en la acción colectiva, la evolución de las instituciones y su supervivencia a largo plazo. Williamson es un teórico del nuevo institucionalismo y autor del concepto de “mecanismos de gobierno”, para referirse a sistemas de control del riesgo asociado a cualquier transacción.

“Estoy conmocionada”, confesó Olstrom luego de enterarse de que la Real Academia Sueca de Ciencias la había distinguido con el Nobel en Economía, junto a su colega Williamson. La ganadora aseguró que los resultados de sus estudios pueden ser utilizados hoy en la lucha contra los problemas medioambientales. En sus trabajos plantea que ante situaciones de abuso dominante de los recursos humanos, “hay que llegar a soluciones alternativas a las planteadas por los teóricos del Estado o de la privatización”. “Estas no son las únicas vías para resolver los problemas que enfrentan quienes se apropian de recursos de uso común”, según sus conclusiones.

La economista propone un juego donde es posible establecer contratos vinculantes entre todos los participantes. Como regla se obliga a “cumplir de manera infalible” con los acuerdos iniciales y con estrategias de cooperación formadas por ellos mismos. Los resultados de sus modelos permitieron inferir acerca de la necesidad de contar con una estructura institucional, y sostiene que “el interés propio de los que negociaron el contrato los conducirá a supervisarse mutuamente y a reportar las infracciones observadas, de modo que se hace cumplir el contrato”. La Real Academia sueca consideró que sus trabajos demostraron “cómo organizaciones de usuarios pueden gestionar con éxito la propiedad pública”.

Olstrom es politóloga y economista. Nació en 1933, se doctoró en ciencia política en UCLA en 1965 y desde 1966 es profesora en la Universidad de Indiana. Fue la primera en poner el acento en la gestión de recursos comunes que “no pertenecen a nadie y que deben ser administrados colectivamente, como el agua, los bosques, las reservas de ganadería o el pescado”, señaló Martine Antona, economista del Centro de Cooperación Internacional de Investigación Agronómica para el Desarrollo (Cirad).

Por su parte, Williamson, nacido en 1932, está doctorado por la Carnegie Mellon University en 1963, y actualmente es profesor de Economía y leyes en la Universidad de California en Berkeley. Sus campos principales de investigación son la economía de las instituciones, la estrategia de las organizaciones, la burocracia, la política y los costos de transacción. “Sus trabajos pueden servir de estructura para la resolución de conflictos”, subrayó la Real Academia.

En sus investigaciones, Williamson constató que las transacciones que se desarrollan en el mercado pueden generar importantes costos vinculados sobre todo a los desacuerdos y conflictos que surgen. De acuerdo con su teoría de los “costos de transacción”, una empresa puede salir beneficiada a nivel financiero dando preferencia a las alianzas a largo plazo, que pueden permitir resolver discrepancias a través del contrato, y abandonando las operaciones a corto plazo efectuadas en mercados con múltiples actores. Su trabajo no parte de la idea de que los mercados son perfectos y se autorregulan, por el contrario, parte de sus fallas. “Se puede pensar que sus conclusiones son una reacción a los problemas que surgieron en los mercados financieras debido a la crisis económica mundial actual”, dijo Landi Gabel, investigador del Instituto Internacional Insead de Fontainebleau y antiguo alumno de Williamson.

Los dos economistas recibirán 10 millones de coronas suecas, equivalente a 1,4 millón de dólares. El premio fue dominado ampliamente por los estadounidenses desde su creación. El año pasado fue otorgado al también estadounidense Paul Krugman.

Página/12

Premio por escudriñar las instituciones del mercado.

Williamson y Ostrom, Nobel de Economía por explicar cómo funcionan las empresas y las comunas.

Premio por escudriñar las instituciones del mercado

Premio por escudriñar las instituciones del mercado. La estadounidense Elinor Ostrom. – BLOOMBERG

C. G. A. – Madrid – 13/10/2009

Las pequeñas sociedades que se autogestionan y las empresas son realidades económicas con funcionamiento interno propio, y el estudio de las mismas ha valido el premio Nobel de economía a los dos ganadores de este año: Elinor Ostrom (la primera mujer que lo logra) y Oliver Williamson, ambos estadounidenses.

La elección de la Real Academia Sueca de las Ciencias es relativamente sorprendente, porque las apuestas por los ganadores estaban 21 a 1 en el caso de Williamson y 51 1a 1 en el caso de Ostrom. Ha optado por dos investigadores que se alejan de los temas financieros y bursátiles. Williamson, profesor de la Universidad de California en Berkeley, está considerado uno de los fundadores de la economía organizacional, el estudio de cómo las instituciones se crean y se desarrollan, y su impacto en el crecimiento económico.

Su trabajo sugiere que es mejor regular las grandes compañías que intentar dividirlas en varias o controlar su tamaño. El Nobel de 1987 Robert Solow, profesor emérito de MIT, declaró ayer a Bloomberg que "se puede y se debe interpretar el trabajo de Williamson como una manera de abordar la pregunta de cómo trabajan los grandes bancos de inversión y cómo eso ha llevado a lo que retrospectivamente suena muy estúpido y arriesgado", señaló Solow.

Transacciones complejas

Williamson se propuso aclarar por qué algunas transacciones ocurren en las empresas y no en los mercados, y concluyó que las organizaciones jerárquicas emergen cuando las transacciones son complejas y las partes son interdependientes. Según la Academia, encontró que las grandes corporaciones existen, en primer lugar, porque son eficaces y benefician a dueños, trabajadores, proveedores y consumidores, pero que pueden abusar de su poder y deben ser reguladas.

El ganador del Nobel, de 77 años, trabajó en el departamento de competencia de la justicia estadounidense en 1966 y 1967, y ha descrito sus análisis como una mezcla de los extremos de la ciencia social y la teoría económica abstracta.

Su trabajo ha influido desde la fórmula de la desregulación de la electricidad en California hasta la gestión de personal en empresas tecnológicas. También ha ayudado a las empresas a determinar cuándo conviene externalizar una tarea.

La profesora de la Universidad de Indiana Elinor Ostrom, especializada en medioambiente, ha mostrado que en ocasiones los grupos informales de personas pueden manejar recursos naturales como bosques y lagos mejor que el Gobierno y las empresas. Analizando propiedades comunales de bancos pesqueros, pastos y aguas, por ejemplo, Ostrom concluyó que los resultados son con frecuencia mejores de lo que predicen las teorías estándares y que los usuarios desarrollan mecanismos sofisticados y para tomar decisiones y reforzar las reglas al tratar conflictos de intereses.

A cambio, las reglas impuestas desde el exterior tienen menos legitimidad y hay mayor probabilidad de que sean violadas. Para que funcione el autogobierno la participación activa de los miembros del grupo es esencial.

La doctora en políticas, de 76 años, declaró ayer tras conocer el premio que se considera una "economista política", y que su trabajo debería animar a los ciudadanos a darse cuenta de que tienen capacidad y poder más allá de las burocracias que les gobiernan.

Sobre el calentamiento global, explicó que aunque es importante un acuerdo internacional, "podemos dar pasos a nivel familiar y comunitario". Ostrom presidió la Asociación Americana de Ciencia Política en 1996 y 1997.

Primera mujer que lo gana en 41 años de historia

Estados Unidos es un año más la cuna de los ganadores del Nobel de economía. La gran novedad es que se lo ha llevado una mujer, ex aequo con un hombre, algo que no había ocurrido desde que el Banco de Suecia instauró el premio, en 1969. Ya son 66 los galardonados del único de los seis premios que se entregan que no está incluido en el testamento de Alfred Nobel.

De los doce premiados este año por la Real Academia de las Ciencias de Suecia, cinco son mujeres: las estadounidenses Elizabeth Blackburn y Carol Greider (junto con Jack W. Szostak, premios de Medicina), por sus estudios sobre el envejecimiento de las células y su relación con el cáncer; la israelí Ada E. Yonath (Nobel de Química con Venkatraman Ramakrishnan y Thomas A. Steitz), por mostrar el aspecto y funcionamiento de los ribosomas; la escritora german-alemana Hertha Müller, y Elinor Ostrom. Desde 1901 se ha galardonado a 801 personas, de las cuales 40 pertenecen al sexo femenino.

Con el anuncio de ayer se cierran los premios Nobel de este año, que se entregarán el 10 de diciembre en sendas ceremonias en Estocolmo y Oslo (el de la Paz). Cada premio está dotado con 980.000 euros.

http://www.cincodias.com

Premio Nobel: Cuando la Economía es algo más

por Juan Ignacio Sanz

La Real Academia Sueca de las Ciencias hacía público en el día de ayer el nombre de los galardonados con el Premio Nobel de Economía del año 2009. Un Premio Nobel que, a diferencia de los restantes, fue instaurado por el Banco Central de Suecia en memoria de Alfred Nobel como prueba del reconocimiento perpetuo por el Banco a su figura y aportación.

Motivo bastante para tener servida la polémica a la hora de conocer el resultado de la decisión.

Este año, en contra de las previsiones y expectativas creadas a su alrededor, el galardón recaía en dos personalidades norteamericanas: la politóloga Elinor Ostrom, de la Universidad de Indiana, y el economista Oliver E. Williamson, de la de Berkeley. Dos personalidades de diferente formación y procedencia académica, la una vinculada al campo de la ciencia política y el otro al de la economía, a pesar de lo cual ambos comparten un mismo denominador en común, como es el reconocimiento de la importancia de la organización económica (economic governance) en las distintas instituciones, mercado, empresas y gobierno político, a través de las cuales tiene lugar la organización de las relaciones sociales entre los hombres.

Efectivamente, ambos participan de un mismo objetivo, como es el de la comprensión de las organizaciones sociales a partir del análisis de las realidades económicas a las que se enfrenta cada una de aquellas formas de organización. Y aunque lo hacen, como hemos dicho, desde dos ópticas bien distintas en origen, los dos mantienen conclusiones también complementarias a su vez.

Distintas, ciertamente, son las visiones de los dos. Por un lado, Williamson aborda la importancia que el grado de dependencia de los agentes entre sí desempeña ante una determinada transacción, considerando que a mayor complejidad y especificidad de los activos negociados, mayor tendencia habrá a su ejecución dentro del perímetro de una organización empresarial, por ser la que mejor resuelve los conflictos que se pueden ocasionar; mientras que la menor dependencia de los sujetos contribuye a su ejecución en el ámbito de un mercado más competitivo y ajeno a la institución empresarial.

Organización centenaria
Por su parte, la profesora Ostrom analiza distintas formas de gestión colectiva de recursos (Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Actions (1990), incluidas las desarrolladas a través de algunas formas de organización social de antigüedad centenaria que existen en el Levante español, y cuyos criterios de gestión demostraron ser muchos más eficientes que los propios de una gestión absolutamente privada o, alternativamente, centralizada en una autoridad estatal, lo bastante lejana como para desconocer las preocupaciones y necesidades de una concreta organización social.

Y complementarias, ciertamente, lo son también las preocupaciones de los dos, circunstancia que justifica la concesión conjunta del galardón. Así, Williamson se preocupa de la regulación de las transacciones económicas ajenas al mercado, encuadrables en un perímetro empresarial y carente muchas veces de regulación detallada, ya sea normativa o contractual; es decir, se preocupa de la empresa como mecanismo de resolución de conflictos. Y, a su vez, a Ostrom le obsesiona el problema de la coerción de las reglas aplicables a determinadas formas de auto organización que nada tienen que envidiar a otras formas públicas o privadas de gestión.

Con todo ello, los profesores Ostrom y Williamson conectan y contribuyen al reconocimiento de otro ilustre economista, Ronald Coase, que también fue galardonado con el Nobel de Economía en el año 1991 por sus trabajos sobre los factores determinantes del tamaño de la organización empresarial y, muy especialmente, su teoría de los costes de transacción, que culminarían en lo que hoy conocemos como Análisis Económico del Derecho.

En definitiva, un Nobel de Economía que pone sus conclusiones, en unión del Derecho, la Política y la Sociología, al servicio de una mejor comprensión y explicación de la organización social. Algo que no siempre es fácil de conjugar.

www.expansion.com

NOBEL-ECONOMÍA

Oliver Williamson, referente de la nueva economía institucional

Washington, 12 oct (EFE).- El estadounidense Oliver E. Williamson, referente de la nueva economía institucional, fue reconocido hoy con el Premio Nobel de Economía por su teoría sobre el papel de las empresas como estructuras para la resolución de conflictos y su exhaustivo análisis de las transacciones económicas.

Williamson, profesor emérito en la Universidad de California en Berkeley, ha argumentado que las organizaciones jerárquicas, como las empresas, representan estructuras de gobierno alternativo, que difieren en sus enfoques para la solución de los conflictos.

El galardonado, de 77 años, se propuso explicar por qué algunas transacciones ocurren dentro de las empresas y no en los mercados y concluyó que las organizaciones jerárquicas emergen cuando las transacciones son complejas o no estándares y cuando las partes son interdependientes.

El marco general establecido por Williamson ha demostrado que puede aplicarse para analizar todo tipo de contratos incompletos, desde los realizados entre miembros de un hogar a los contratos financieros entre empresarios e inversores.

Nacido en 1932, en Superior (Wisconsin), se licenció en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en 1955 y se doctoró en Economía en 1963 en la Universidad Carnegie Mellon.

Sus principales campos de investigación son la economía de las instituciones, la estrategia de las organizaciones, la burocracia, la política y los costes de transacción.

En 1960 realizó un Máster en Negocios en la Universidad de Stanford y durante su carrera ha sido un prolífico autor económico en el ámbito de los costos de las transacciones y las disciplinas afines.

Entre sus libros se encuentran: "Markets and Hierarchies: Analysis and Antitrust Implications", (1975); "The Economic Institutions of Capitalism", (1985); "The Nature of the Firm: Origins, Evolution, and Development" (1991) escrito con Sidney Winter; y "The Mechanisms of Governance",(1996).

Según la revista Forbes, el libro "The Economic Institutions of Capitalism" que escribió en 1975, fue un texto de referencia para el movimiento de la "nueva economía institucional" que cuestionó la idea de que las empresas sean sólo "máquinas" de producción de beneficios.

Williamson acuñó el concepto "mecanismos de gobierno" para referirse a los sistemas de control del riesgo asociado a cualquier transacción.

Desde 1997 es miembro de la Academia Estadounidense de Ciencia Política y Social y desde 1994 de la Academia Nacional de Ciencias. Además, forma parte de la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, desde 1983, y de la sociedad de Econometría, desde 1977.

En 1957 se casó con Dolores Celeni y tiene cinco hijos, Scott, Tamara, Karen, Oliver y Dean.

Williamson comparte el premio con la también estadounidense Elinor Ostrom, que se ha convertido en la primera mujer en ganar el Premio Nobel de Economía, desde que se creó esta categoría en 1968.

La academia ha considerado que las teorías de ambos autores se complementan en el ámbito del análisis del gobierno económico y los límites de las empresas.

El año pasado, el ganador fue el estadounidense Paul Krugman, creador de nuevas teorías que integraron el comercio internacional y la geografía económica, además de prestigioso articulista y opositor a las políticas del ex presidente de EEUU George W. Bush.

El Premio Nobel de Ciencias Económicas fue creado en 1968 por el Banco Central de Suecia, que financia el premio, en memoria de Alfred Nobel.

La Real Academia Sueca de las Ciencias se encarga de entregar el premio que desde 1901 ha otorgado los Premios Nobel a las personas o instituciones que hayan realizado logros destacables en las áreas de Física, Química, Medicina, Literatura y la Paz.

www.finanzas.com

“No se debe volver al neoliberalismo”, A. Bhaduri…

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ENTREVISTA AL ECONOMISTA HETERODOXO DE ORIGEN INDIO AMIT BHADURI

Bhaduri es un crítico de las reformas estructurales y las asimetrías generadas por la globalización. Su preocupación está puesta en la importancia del mercado doméstico y el rol central del Estado para alcanzar el pleno empleo.

Por Tomás Lukin

CRISIS004 “El neoliberalismo es una visión del mundo fracasada”, sentenció Amit Bhaduri, uno de los economistas heterodoxos más reconocidos del mundo. El especialista en crecimiento nació en la India y estudió en la Universidad de Cambridge. Bhaduri es un crítico de las políticas neoliberales de reformas estructurales y las asimetrías generadas por la globalización. Su preocupación está puesta en la importancia del mercado doméstico y el rol central del Estado para alcanzar el pleno empleo: “El crecimiento debe estar guiado por la demanda doméstica con suficiente espacio para que la acción pública logre y mantenga una tasa de empleo elevada”, explica. Bhaduri, que ahora se encuentra en Buenos Aires invitado por el Cefid-ar para dar una serie de conferencias, conversó con Página/12.

–Desde el establishment financiero internacional se asegura que la crisis ya terminó y que las economías avanzadas están volviendo a crecer, pero el desempleo sigue en ascenso a escala global. ¿Cómo se explica?

–Eso se debe a la forma en la que se crea el crecimiento. Se tiene que pensar en una estrategia donde el crecimiento sea una consecuencia del empleo y no al revés. El foco del Estado tiene que estar puesto en la creación de puestos de trabajo para los más pobres. En los últimos años, ningún gobierno de ningún país llevó adelante este tipo de medidas. En países como China, India, Brasil y Argentina, el crecimiento tiene que estar guiado por la expansión del mercado doméstico. Se tienen que encarar políticas distributivas más profundas y hay que crear riqueza desde el fondo de la pirámide y en forma descentralizada. Es indispensable que el Estado asegure un elevado nivel de empleo.

–¿Cómo se logra ese crecimiento del mercado doméstico?

–Existen dos formas que desarrollamos con Stephen Marglin. La forma capitalista y regresiva de impulsar el mercado doméstico es permitiendo que el crecimiento esté guiado por una expansión en las ganancias y la inversión. En la otra forma, cooperativa y progresiva, el crecimiento está tirado por aumentos en los salarios reales de los trabajadores y mejoras en la distribución del ingreso que debe ser acompañado por incrementos en la productividad. Ambos modelos impulsan el crecimiento, pero la primera depende más del mercado externo. En cambio, en el impulsado por salarios se tiene más control sobre las decisiones de política sin necesidad de preocuparse por si la inversión extranjera entra o sale, o crear un clima de inversión propicio para atraer a las grandes corporaciones multinacionales.

–Precisamente en Argentina existe una fuerte presión para que el Gobierno vuelva al mercado de crédito internacional y normalice sus relaciones con el Fondo Monetario Internacional.

–Esa suele ser la posición de los economistas neoliberales. Ellos tienen que decir esas cosas, pero la suya es una visión del mundo fracasada. Sus teorías sobre la eficiencia de los mercados financiero son las que nos llevaron a la crisis, no hay que seguir escuchándolos. Ninguna de sus propuestas funciona a menos que haya pleno empleo. Antes de pensar en aplicar las políticas neoliberales, hay que ser keynesianos. No se debe regresar a las viejas reformas liberalizadoras del mercado de trabajo y el financiero. En India sucede algo parecido, aunque no al extremo de Argentina en 1991-1992.

–¿Cuál es el rol de los medios de comunicación en el proceso de globalización?

–Los medios se han encargado de difundir y moldear una especie de cultura popular en política económica, una “cultura adoradora del mercado”. Los medios presionan para que los gobiernos se comporten de acuerdo con las políticas económicas aceptadas y para que no se impulsen políticas de pleno empleo. En ese marco los gobiernos muchas veces prefieren no ir contra la corriente, olvidarse de la búsqueda del pleno empleo, y terminan adoptando la filosofía del mercado. Los gobiernos tienen la obligación de mostrar resultados, en cambio el mercado es como un dictador que puede continuar prometiendo sin cumplir.

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P. Krugman: la crisis no ha terminado…

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Misión no cumplida

PAUL KRUGMAN 04/10/2009

Krugman_visita_Barcelona Las acciones suben. Ben Bernanke dice que la recesión ha terminado. Y percibo una disposición cada vez mayor entre los mandamases a declarar la "misión cumplida" en cuanto a la lucha contra la crisis. No paro de oír que es hora de dejar de centrarnos en el estímulo económico para ocuparnos del déficit presupuestario.

Pues no, no es así. Y la complacencia que ahora se está adueñando de la visión de la situación de la economía es tan absurda como peligrosa.

Sí, la Reserva Federal y la Administración de Obama nos han "apartado del borde del precipicio" (el título de un nuevo informe de Christina Romer, que dirige el Consejo de Asesores Económicos). Sostiene de forma convincente que la política expansionista nos ha salvado de una posible repetición de la Gran Depresión.

Pero, aunque no tener otra depresión es bueno, todo indica que, a menos que el Gobierno haga mucho más de lo que actualmente está previsto para ayudar a la economía a recuperarse, el mercado laboral (un mercado en el que actualmente hay seis veces más personas buscando trabajo que puestos vacantes) seguirá en una situación terrible durante años.

De hecho, la previsión económica de la propia Administración (una previsión que tiene en cuenta los puestos de trabajo adicionales que el Gobierno dice que se crearán gracias a sus políticas) es que la tasa de paro, que estaba por debajo del 5% hace tan sólo dos años, será de media del 9,8% en 2010, del 8,6% en 2011 y del 7,7% en 2012.

Esto no debería considerarse una perspectiva aceptable. Por un lado, implica una enorme cantidad de sufrimiento durante los próximos años. Además, un paro que siga tan alto durante tanto tiempo hará que el futuro de Estados Unidos sea muy sombrío.

Cualquiera que piense que estamos haciendo lo suficiente para crear empleo debería leer un nuevo informe de John Irons, del Instituto de Política Económica, que describe la "cicatriz" que es probable que deje un paro alto y prolongado. Entre otras cosas, Irons señala que una prolongada tasa de paro de la magnitud que ahora se prevé conduciría a un enorme aumento de la pobreza infantil; y que hay pruebas innegables de que los niños que crecen en la pobreza tienen una probabilidad preocupante de arruinar su vida.

Este coste humano debería ser nuestra principal preocupación, pero las consecuencias en dólares y céntimos también son funestas. Las previsiones de la Oficina Presupuestaria del Congreso, por ejemplo, indican que durante el periodo de 2010 a 2013 (es decir, sin contar las pérdidas que ya hemos sufrido), la "brecha de producción", la diferencia entre lo que la economía podría haber producido y lo que realmente produce, será de más de dos billones de dólares. Eso son billones de dólares de potencial productivo tirados por la borda.

Pero esperen. La cosa se pone peor. Un nuevo informe del Fondo Monetario Internacional muestra que la clase de recesión que hemos tenido, una recesión causada por una crisis financiera, suele producir daños a largo plazo en las perspectivas de crecimiento de un país. "La trayectoria de la producción tiende a caer sustancial y persistentemente después de las crisis bancarias".

Sin embargo, el mismo informe indica que no se trata de algo inevitable: "Encontramos que una respuesta de política fiscal a corto plazo más enérgica" -y con esto se refieren a un aumento temporal del gasto público- "se asocia de forma significativa a unas pérdidas de producción menores a medio plazo".

Así que deberíamos estar haciendo mucho más de lo que hacemos para impulsar la recuperación económica, no sólo porque así se reduciría nuestro sufrimiento actual, sino también porque mejorarían nuestras perspectivas a largo plazo.

¿Pero podemos permitirnos hacer más: ofrecer más ayuda a los parados y los gobiernos estatales que se ven acorralados, gastar más en infraestructuras, ofrecer créditos fiscales a los empresarios que creen empleo? Sí, podemos.

Es una creencia generalizada que tratar de ayudar a la economía ahora genera beneficios a corto plazo a costa de pérdidas a largo plazo. Pero, como acabo de señalar, desde el punto de vista del país en su conjunto, las cosas no funcionan así en absoluto. La crisis está causando daños a largo plazo en nuestra economía y sociedad, y mitigar esa crisis nos conducirá a un futuro mejor.

Lo que es verdad es que gastar más en la recuperación y en reconstrucción empeoraría la situación fiscal del Gobierno. Pero, incluso en eso, la creencia generalizada exagera muchísimo las cosas. Los verdaderos costes fiscales de apoyar la economía son sorprendentemente pequeños.

Ya ven, gastar dinero ahora equivale a una economía más fuerte, tanto a corto como a largo plazo. Y una economía más fuerte equivale a más ingresos, lo que compensa una gran parte del coste inicial. Los cálculos, grosso modo, indican que la compensación no llega al 100%, de modo que el estímulo fiscal no sale del todo gratis. Pero cuesta mucho menos de lo que uno pensaría tras escuchar lo que se supone que es una discusión informada.

Miren, yo sé que más estímulo es una política difícil de vender. Pero es urgentemente necesario. La pregunta no debería ser si podemos permitirnos hacer más para impulsar la recuperación. Debería ser si podemos permitirnos no hacerlo. Y la respuesta es no.

Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.

Written by Eduardo Aquevedo

9 octubre, 2009 at 5:48

Krugman: capital financiero e ideología librecambista… (2 textos)

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  • Reforma o ruina (27/09/2009)

  • Memorias de la Administración Carter, o cómo se entró en la edad obscura de la ciencia económica

krugman1 PAUL KRUGMAN 27/09/2009

En el nefasto periodo que siguió a la quiebra de Lehman, parecía inconcebible que los banqueros volvieran a las andadas al cabo de pocos meses y reanudaran las prácticas que estuvieron a punto de hundir el sistema financiero. Uno pensaría que, como mínimo, mostrarían algo de moderación por miedo a provocar una reacción violenta.

Pero ahora que nos hemos alejado unos cuantos pasos del borde del abismo -gracias, no lo olvidemos, a enormes paquetes de ayuda financiados por el contribuyente- el sector financiero está volviendo rápidamente a la rutina. Aunque el resto del país sigue sufriendo como consecuencia del aumento del desempleo y las durísimas privaciones, las nóminas en Wall Street están volviendo a los niveles anteriores a la crisis. Y el sector está haciendo alarde de su garra política para bloquear hasta las más mínimas reformas.

La buena noticia es que a las autoridades del Gobierno de Obama y a la Reserva Federal parece estar acabándoseles la paciencia con el egoísmo del sector. La mala noticia es que no está claro si el presidente Barack Obama está preparado, ni siquiera ahora, para enfrentarse a los banqueros.

Al César lo que es del César: me puse muy contento cuando Lawrence Summers, el economista de más rango de la Administración de Obama, la emprendió con la campaña que ha puesto en marcha la Cámara de Comercio estadounidense, en colaboración con los cabilderos del sector financiero, contra la propuesta de crear un organismo para proteger a los consumidores frente a los abusos de las entidades financieras, como préstamos cuyas condiciones no entienden. Los anuncios de la Cámara, declaraba Summers, son "el equivalente financiero-regulador de los anuncios sobre el panel de la muerte que se están haciendo sobre la reforma sanitaria".

Pero el proteger a los consumidores frente a los abusos financieros debería ser sólo el principio de la reforma. Si de verdad queremos impedir que Wall Street cree otra burbuja, seguida de otra recesión, necesitamos cambiar los incentivos del sector, lo que, en concreto, significa cambiar la forma en que se paga a los banqueros.

¿Qué tiene de malo el sistema de remuneración del sector financiero? En pocas palabras, a los ejecutivos de la banca se les recompensa generosamente si consiguen grandes beneficios a corto plazo, pero no se les castiga de forma acorde si más tarde provocan pérdidas mayores. Esto incita a asumir riesgos excesivos: algunos de los hombres que más responsabilidad han tenido en esta crisis han acabado haciéndose inmensamente ricos gracias a las primas que obtuvieron en los años de vacas gordas, aunque las estrategias de alto riesgo que reportaron esas primas acabaran diezmando a sus empresas, y de paso derribaran gran parte del sistema financiero.

La Reserva Federal, ya espabilada después del aletargamiento de la era de Greenspan, entiende el problema y se propone hacer algo para zanjarlo. Según los últimos informes, la Reserva está barajando la posibilidad de imponer nuevas normas salariales a las entidades financieras, y exigir que los bancos "recuperen" las primas cuando sufran pérdidas y que en lugar de vincular la paga al rendimiento a corto plazo, la vinculen al largo plazo. La Reserva alega que tiene autoridad para hacerlo como parte de su cometido general de controlar la solidez de los bancos.

Pero el sector -apoyado por prácticamente todos los republicanos y algún que otro demócrata- se opondrá categóricamente. Y aunque la Administración respaldará alguna clase de reforma del sistema de remuneración, no está claro si apoyará sin reservas los esfuerzos de la Reserva.

Obama me asustó la semana pasada, cuando, en una entrevista con Bloomberg News, puso en tela de juicio los argumentos para limitar los sueldos en el sector financiero. "¿Por qué razón?", preguntaba, "¿tenemos que poner un tope a la remuneración de los banqueros de Wall Street pero no a los empresarios de Silicon Valley o a los jugadores de fútbol?".

Es un comentario chocante y no sólo porque la Liga Nacional de Fútbol imponga, en efecto, topes salariales. Las empresas tecnológicas no dejan colgado el sistema operativo del mundo entero cuando quiebran; los centrocampistas que hacen demasiados pases arriesgados no tienen que ser rescatados con ayudas de cientos de miles de millones de dólares. La banca es un caso especial y, sin duda, el presidente es lo suficientemente listo como para saberlo. Lo único que se me ocurre es que éste fuera otro ejemplo de algo que ya hemos visto antes: la visceral aversión que siente Obama hacia todo lo que se asemeje a la retórica populista. Y es algo que tiene que superar.

No es sólo que adoptar una postura populista frente a los banqueros sea una buena política, que lo es: a la Administración le ha perjudicado más de lo que parece percatarse de que está regalando a Wall Street el dinero duramente ganado por los contribuyentes, y debería agradecer la oportunidad de retratar al Partido Republicano como el partido de las primas obscenas.

Y lo que es igual de importante, el populismo en este caso es buena economía. Se puede razonar que reformar el sistema de remuneración de los banqueros es lo mejor que puede hacerse para evitar que se produzca otra crisis financiera al cabo de pocos años. Es hora de que el presidente caiga en la cuenta de que, a veces, el populismo, sobre todo el que cabrea a los banqueros, es precisamente lo que la economía necesita.

Paul Krugman es profesor de Economía de la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008. Traducción de News Clips. © 2009 New York Times News Service

Memorias de la Administración Carter, o cómo se entró en la edad obscura de la ciencia económica

Paul Krugman

krugman.blogs.nytimes.com

Una de las novelas de John Updike se titulaba Memorias de la Administración Ford. Huelga decir que no versaba sobre Gerald Ford; iba de sexo, porque Updike recordaba los años de Ford como la era dorada de enredos amorosos extramaritales. Análogamente, este post no se refiera a Jimmy Carter, sino sobre teoría macroeconómica. (Lo siento.)

Fue a finales de los setenta cuando la teoría macroeconómica experimentó su gran proceso de división. Es un período grabado en la memoria de quienes éramos entonces jóvenes economistas en busca de un sendero propio. Sin embargo, no he visto nunca una explicación clara de lo que pasó en aquellos momentos. He aquí, pues, un esbozo de explicación que espero ver completada algún día por algún historiador serio de las ideas.

Tal como yo lo recuerdo, todo empezó con el volumen de Phelps: Microeconomic Foundations of Employment and Inflation Theory. El asunto que esa colección de ensayos trataba de resolver está lindamente resumido aquí. Keynes (y, para lo que aquí interesa, Milton Friedman) sostenían que un descenso de la demanda agregada debido, pongamos por caso, a una caída en la oferta de dinero traería consigo una caída del empleo y de la producción; y la experiencia demostró que llevaban razón. Sin embargo, la teoría microeconómica estándar implica que la producción tendría que responder sólo a cambios en los precios relativos, no a cambios en el nivel general de precios, lo que, a su vez, implica que el dinero debería ser “neutral”: un 20% de caída en la oferta de dinero debería traer consigo un 20% de caída en el nivel general de precios, pero no alteraciones en el volumen de producción o en el empleo.

Phelps y otros se proponían explicar en términos de información imperfecta por qué la economía tiene una apariencia tan keynesiana: los trabajadores y las empresas responden a los cambios en el nivel de precios como si se tratara de un cambio en los precios relativos, porque, al comienzo, no pueden percatarse de la diferencia. Con el tiempo, no obstante, se percatan de su error, de modo, por ejemplo, que un incremento de la tasa de inflación comenzará por reducir el desempleo, pero no con una base sostenida, porque, al final, la inflación se reflejará en las expectativas de los agentes. Así pues, la nueva teoría predecía la aparición de estanflación, una predicción que se vio oportunamente confirmada.

Mas ¿de dónde vienen las expectativas? Robert Lucas procedió al maridaje de los modelos phelpianos con las expectativas racionales, la teoría según de la cual los agentes económicas se sirven de todo tipo de información disponible para hacer predicciones. Y eso llevó a una asombrosa conclusión: las políticas que la gente puede anticipar no tienen el menor efecto sobre el nivel de empleo. Sólo cuentan los cambios por sorpresa en, digamos, el nivel de oferta monetaria, lo que significa que no puedes servirte de políticas monetarias o de políticas fiscales para estabilizar la economía.

La teoría de Lucas tomó al asalto a los recintos de la profesión económica. No porque aportara la menor prueba sólida, sino por su astuta audacia, porque se servía de unos lindos razonamientos matemáticos, porque permitía a los macroeconomistas abandonarse al teórico neoclásico que todos llevaban dentro.

Pero ya a finales de los setenta resultaba claro que las expectativas o anticipaciones racionales no funcionaban a escala macro. ¿Por qué? Porque la gente tiene demasiada información.

Piénsese en el asunto del desempleo que antes mencioné. Lo que ocurre aquí es que una contracción en la oferta monetaria puede generar una recesión, ¡pero sólo mientras la gente no se percate de que hay una recesión! Ya ven ustedes, si la gente sabe que hay una recesión, sabe también que los precios bajos que se le ofrecen reflejan una demanda general baja, no una demanda específicamente baja para sus productos.

En los modelos del tipo de los de Lucas, se parte del supuesto de que la gente observa los precios a los que se enfrenta y es capaz de distinguir óptimamente la “señal” del “ruido”. Los modelos se desploman, sin embargo, así que permites que las gentes tengan acceso a cualquier tipo de información (observando, pongamos por caso, los tipos de interés, o leyendo periódicos). Y la realidad, huelga decirlo, es que las recesiones persisten hasta mucho después de que todo el mundo sepa que hay una recesión, es decir, hasta mucho después de que se haya desvanecido la confusión exigida por los modelos lucasianos.

Recuerdo un seminario, celebrado, creo, en 1980, en el que Robert Barro presentaba un modelo de ciclos económicos basado en las expectativas racionales. Alguien le preguntó cómo podía reconciliar ese modelo con la grave recesión que estaba en curso mientras él hablaba. “No me interesa el último residual”, replicó Barro.

Pero hacia 1980 o 1981 era ya bastante claro para todo el mundo que el proyecto de Lucas –el intento de explicar el comportamiento manifiestamente keynesiano de la economía en puros términos de información imperfecta— había fracasado. ¿Qué harían los teóricos de la macroeconomía?

Pues se dividieron. Una facción, en efecto, dijo: “Vale; no podemos explicar lo que creemos ver en términos de maximización total. Pues supondremos la maximización tiene ciertos límites: costes del cambio de precios, racionalidad limitada, o cualquier cosa por el estilo”. Esa facción terminó por ser conocida como Nuevo keynesianismo, teoría económica de agua salada. (1)

La otra facción, en efecto, dijo: “Vale: no podemos explicar lo que creemos ver en términos de maximización toral. Pues será porque interpretamos mal los datos: cosas como los cambios en la oferta monetaria no pueden traer consigo recesiones, porque la teoría dice que eso es imposible”. Esa facción terminó por ser conocida como la escuela de los ciclos económicos reales, teoría económica de agua dulce. (2)

Pero la cosa es así: llegados a este punto, la escuela de agua dulce no se acuerda ya de nada de esto, en buena medida porque purgaron de sus centros a todo lo que oliera a keynesiano y aun a monetarista. Todo lo que saben del keynesianismo es que fue “refutado", y que nada que proceda de él (ni siquiera los modelos neokeynesianos con expectativas racionales, un enfoque que, como dice, Greg Mankiw, “ofrece un esquema conceptual para la intervención pública en la economía, por ejemplo, una política monetaria o fiscal anticíclica”) merece siquiera ser escuchado.

Y así se ha llegado adonde se ha llegado.

Notas:

(1) En referencia a la ciencia económica cultivada en las instituciones académicas ubicadas en el Este y en el Oeste de los EEUU, es decir, en las costas atlántica y pacífica (Harvard, Berkely, Princenton, Stanford, etc.).

(2) En referencia a la ciencia económica cultivada en las instituciones académicas ubicadas en el centro de los EEUU, en áreas de grandes lagos (Chicago, Rochester, Minessota, etc.).
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008.
Traducción para http://www.sinpermiso.info: Ricardo Timón
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2785

Patada a la escalera: La verdadera historia del libre comercio, por HJ. Chang

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por Ha-Joon Chang.

Facultad de Ciencias Económicas y Ciencias Políticas Universidad de Cambridge

crisis2008 1. Introducción

Un aspecto central del discurso neoliberal sobre la mundialización o «globalización» es la afirmación de que el libre comercio, más que la libre circulación del capital y el trabajo, es la clave de la prosperidad general. Incluso muchos autores que no son entusiastas respecto de todos los aspectos de la mundialización —desde el economista teórico del libre comercio Jagdish Bhagwati que aboga por controles de capital, hasta algunas organizaciones no gubernamentales que acusan a los países desarrollados de no abrir sus mercados agrícolas— parecen estar de acuerdo en que el libre comercio es el elemento más benigno —o, al menos, el menos problemático— del progreso hacia una economía mundializada.

Parte de la convicción de la conveniencia del libre comercio de los partidarios de la mundialización proviene de la creencia de que la teoría económica ha establecido irrefutablemente la superioridad del libre comercio. O, bueno… casi, ya que hay algunos modelos formales que muestran que el libre comercio puede no ser lo mejor (pero incluso los que han ideado esos modelos, como Paul Krugman, argüirán que la liberalización del comercio es la mejor política porque es casi seguro que las políticas comerciales intervencionistas sufrirán abusos por parte de los políticos). Sin embargo, incluso más poderosa es su creencia de que la historia está de su parte, por decirlo de alguna manera. Al fin y al cabo, preguntan los partidarios del libre comercio, ¿no fue mediante el libre comercio como todos los países desarrollados se hicieron ricos? ¿Qué estarán pensando los países en desarrollo —se preguntan— que rechazan adoptar esa receta probada y demostrada para el desarrollo económico?

Un examen más atento de la historia del capitalismo revela sin embargo una historia muy distinta (Chang, 2002). Como mostrará este trabajo, cuando eran países en desarrollo, prácticamente ninguno de los países hoy desarrollados practicaba el libre comercio (ni una política industrial de liberalización como contrapartida doméstica) sino que promovía sus industrias nacionales mediante aranceles, tasas aduaneras, subsidios y otras medidas. La mayor brecha entre la historia «real» y la historia «imaginaria» de la política comercial es la que se refiere a Gran Bretaña y EE. UU., que son considerados países que alcanzaron la cima de la jerarquía económica mundial adoptando políticas de libre comercio cuando otros países bregaban aún con políticas mercantilistas obsoletas. Como veremos con cierto detalle en este trabajo, en sus estadios iniciales de desarrollo esos dos países fueron de hecho los pioneros y, a menudo, los más ardientes practicantes de medidas comerciales intervencionistas y políticas industriales.

En este trabajo se desmitifica el libre comercio desde una perspectiva histórica y se muestra la urgente necesidad de un replanteamiento global de ciertas ideas clave de la «sabiduría convencional» en el debate sobre las políticas comerciales y, más en general, sobre la mundialización.

2. Lo que falta en la «historia oficial del capitalismo»

La «historia oficial del capitalismo», de la que parte el debate actual sobre la política comercial, el desarrollo económico y la mundialización, es algo así como lo siguiente.

Desde el siglo XVIII Gran Bretaña demostró la superioridad de la política de libre comercio derrotando a la Francia intervencionista, su principal competidor en aquel momento, y estableciéndose como máxima potencia económica mundial.

Especialmente una vez que hubo abandonado el deplorable proteccionismo agrícola (las leyes cerealeras) y otros restos de las viejas medidas mercantilistas de proteccionismo en 1864, fue capaz de asumir la función de arquitecto y figura hegemónica de un nuevo orden económico mundial «liberal». Este orden mundial liberal o liberalizado, que hacia 1870 alcanzó un notable grado de perfección, estaba basado en las políticas industriales de laissez faire en el interior, en la supresión de barreras al flujo internacional de bienes, capital y trabajo, y en la estabilidad macroeconómica, tanto nacional como internacional, garantizada por el patrón oro y el principio del equilibrio presupuestario. A todo ello siguió una época de prosperidad sin precedentes.

Lamentablemente, según esta versión de la historia, las cosas comenzaron a torcerse con la primera guerra mundial. En respuesta a la inestabilidad subsiguiente del sistema económico y político mundial los países comenzaron otra vez a levantar barreras al comercio. En 1930 también los EE. UU. abandonaron el libre comercio y establecieron barreras comerciales como el infame Arancel Smoot-Hawley, que el famoso teórico del libre comercio Jagdish Bhagwati llamó «el acto más visible y llamativo de locura anticomercial» (Bhagwati, 1985, p. 22, nota 10). El sistema mundial de libre comercio acabó finalmente en 1932, cuando Gran Bretaña, hasta entonces campeona del libre cambio, sucumbió a la tentación y reintrodujo los aranceles. La contracción y la inestabilidad de la economía mundial resultantes y luego la segunda guerra mundial destruyeron los últimos restos del primer orden liberal mundial.

Después de la segunda guerra mundial, sigue la historia, hubo algunos progresos significativos en la liberalización del comercio mediante las primeras conversaciones del GATT (General Agreement on Trade and Tariffs, Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio). Desgraciadamente, sin embargo, los enfoques dirigistas de la gestión económica dominaron en las esferas de decisión política hasta la década de los años setenta en el mundo desarrollado y hasta comienzos de los ochenta en el mundo en desarrollo (y en el mundo comunista hasta su colapso en 1989).

Afortunadamente, se nos dice, las políticas intervencionistas han sido en gran medida abandonadas a lo ancho y largo del mundo desde los años ochenta con el ascenso del neoliberalismo, que hace hincapié en las virtudes de un gobierno reducido, las políticas de no intervención y la apertura internacional. Especialmente en el mundo en desarrollo a finales de los años setenta el crecimiento económico había empezado a flaquear en la mayor parte de los países excepto Asia oriental y el Sudeste asiático, que ya estaban siguiendo políticas «buenas» (de libre mercado y libre comercio). Este fallo de crecimiento que a menudo se manifestó en las crisis económicas de comienzos de los años ochenta expuso las limitaciones del intervencionismo y el proteccionismo de viejo cuño. La consecuencia ha sido que la mayor parte de los países en desarrollo se embarquen en reformas de sus políticas en sentido neoliberal.

Combinadas con el establecimiento de nuevas instituciones de gobernación y regulación representadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC), estos cambios de políticas a nivel nacional han creado un nuevo orden económico mundial solo comparable en su prosperidad (al menos potencial) a la previa «edad de oro» del liberalismo (1870-1914). Renato Ruggiero, el primer Director General de la OMC, arguye así que gracias a este nuevo orden económico mundial existe ahora «el potencial para erradicar la pobreza mundial en las fases iniciales del próximo siglo [XXI], una noción utópica incluso hace pocas décadas, pero una posibilidad que hoy es real» (Ruggiero 1998, p. 131).

Como veremos más adelante, esta historia describe un cuadro que en lo fundamental desorienta, aunque no por ello sea menos poderoso. Y hay que aceptar que tiene cierto sentido decir que el final del siglo XIX puede describirse como una era de laissez faire.

Ciertamente hubo un periodo a finales del siglo XIX que, aunque corto, se caracterizo por el predominio de regímenes comerciales liberalizados en grandes sectores de la economía mundial. Entre 1860 y 1880 muchos países europeos redujeron sus aranceles sustancialmente. Al mismo tiempo, la mayor parte del resto del mundo tuvo que practicar el libre comercio a la fuerza por el colonialismo y los tratados en condiciones de desigualdad en el caso de unos pocos países formalmente independientes, como los países latinoamericanos, China, Tailandia (la antigua Siam), Irán (Persia), Turquía (el Imperio Otomano de entonces) e, incluso, el Japón hasta 1911. Por supuesto, la excepción era EE. UU., país que mantenía tarifas muy altas incluso durante esta época. Sin embargo, dado que EE. UU. era entonces solo una pequeña parte de la economía mundial, tiene cierto fundamento decir que esa fue la época más cercana al libre comercio que se ha alcanzado en toda la historia.

Más importante es, sin embargo, que antes de la primera guerra mundial el alcance de la intervención de los estados era bastante limitado si se compara con estándares modernos. Los estados tenían capacidades presupuestarias limitadas por la inexistencia de impuestos sobre la renta en la mayor parte de los países y el dominio de la doctrina del equilibrio presupuestario.3 También tenían una capacidad limitada para aplicar políticas monetarias, por carecer muchos de ellos de banco central y por la vigencia del patrón oro que limitaba en gran medida el margen de los gobiernos para aplicar políticas.4 También era limitado su control de recursos de inversión, ya que los Estados era propietarios o reguladores de escasas instituciones financieras o empresas industriales. Una consecuencia quizás paradójica de todas esas limitaciones es que la protección arancelaria era en el siglo XIX mucho más importante como instrumento de política que en nuestra era.

A pesar de estas limitaciones, como veremos, prácticamente todos los países que hoy son países desarrollados —o países hoy desarrollados (a partir de aquí PHD)— aplicaron activamente políticas comerciales intervencionistas e industriales dirigidas a promover —y no solo «proteger», hay que dejarlo claro— las industrias nacientes durante el periodo de despegue.5

3. Historia de las políticas comerciales e industriales de los países hoy desarrollados

3.1. Gran Bretaña

Siendo Gran Bretaña la cuna de las modernas doctrinas de laissez faire y el único país que puede proclamar haber practicado el libre comercio absoluto al menos en un momento de la historia, muy a menudo se considera que su desarrollo tuvo lugar sin intervención estatal significativa. En realidad, la verdad es muy distinta.

Cuando Gran Bretaña entró en su etapa posfeudal (siglos XIII y XIV), su economía estaba relativamente atrasada, basada en exportaciones de lana en bruto y, en menor medida, tejidos de lana de poco valor añadido, a los Países Bajos, entonces más avanzados (Ramsay, 1982, p. 59; Davies, 1999, p. 348). Se considera que Eduardo III (1312-1377) fue el primer rey que tomó medidas deliberadas para desarrollar las manufacturas locales de tejidos de lana. Solo vestía ropas hechas en Inglaterra para dar ejemplo, trajo tejedores de Flandes, centralizó el comercio de la lana y prohibió las importaciones de tejidos de lana (Davies, 1999, p. 349; Davis, 1966, p. 281).6

La dinastía de los Tudor dió mayor ímpetu a esas políticas. El famoso comerciante y político Daniel Defoe, autor de la novela Robinson Crusoe, describe estas políticas en su obra ahora casi olvidada, A Plan of the English Commerce («Un comercial de Inglaterra», 1728). Defoe describe con cierto detalle cómo los monarcas de la dinastía Tudor, sobre todo Enrique VII (1485-1509), transformaron Inglaterra de un país exportador de lana bruta a un formidable fabricante mundial de productos laneros (Defoe 1728, pp. 81-101). Según Defoe, en 1489 Enrique VII puso en marcha medidas para promover las manufacturas laneras, enviando misiones reales para determinar localizaciones apropiadas para las manufacturas de lana, trayendo trabajadores calificados de los Países Bajos, aumentando los aranceles a las exportaciones de lana bruta y prohibiendo incluso temporalmente la exportación de lana bruta (más detalles en Ramsay, 1982).

Por razones obvias es difícil establecer la importancia exacta de estas medidas de promoción de las industrias incipientes. Sin embargo, sin estas medidas hubiera sido difícil para Gran Bretaña tener su éxito inicial en la industrialización, sin el cual su revolución industrial hubiera sido prácticamente imposible.

Sin embargo, el hecho más importante en el desarrollo industrial de Inglaterra fue la reforma introducida en 1721 por Robert Walpole, Primer Ministro durante el reinado de Jorge I (1660-1727). Antes de esta fecha las políticas del gobierno británico estaban en general dirigidas a lograr posibilidades de comercio y generar recursos fiscales para el gobierno. Incluso la promoción de las manufacturas laneras estaba en parte motivada por consideraciones de recaudación fiscal. Por el contrario, las políticas introducidas a partir de 1721 estaban deliberadamente dirigidas a promover las industrias manufactureras. Al presentar la nueva ley mediante el discurso real ante el Parlamento, Walpole declaró que «es evidente que nada contribuye tanto a la promoción del bienestar público como la exportación de productos manufacturados y la importación de materias primas extranjeras» (citado en List, 1885, p. 40).

La legislación de 1721 y los cambios de políticas que se implementaron más tarde incluyeron las siguientes medidas (detalles en Brisco, 1907, pp. 131-3, p. 148-55, pp. 169-71; McCusker, 1996, p. 358; Davis, 1966, pp. 313-4). En primer lugar, se redujeron los aranceles sobre las materias primas usadas en las manufacturas e incluso fueron eliminados del todo. En segundo lugar, se aumentaron las devoluciones de impuestos aduaneros a las materias primas importadas para fabricar manufacturas exportadas. En tercer lugar, se abolieron los impuestos a la exportación de la mayor parte de las manufacturas. En cuarto lugar, se elevaron los aranceles a las importaciones de productos extranjeros manufacturados. En quinto lugar, se ampliaron los subsidios a la exportación (llamados entonces bounties, o sea «primas» u «obsequios») a más productos, como los tejidos de seda y la pólvora, y se aumentaron los subsidios a la exportación de velas de navegación y azúcar refinado.

En sexto lugar, se introdujeron regulaciones para controlar la calidad de los productos manufacturados, especialmente los textiles, para que los fabricantes faltos de escrúpulos no dañaran la reputación de los productos británicos en los mercados extranjeros. Lo que es muy interesante es que estas políticas y los principios que las inspiraban eran misteriosamente similares a las aplicadas por países como Japón, Corea y Taiwán en la posguerra (véase más adelante).

A pesar de que su ventaja tecnológica sobre otros países continuaba aumentando, Gran Bretaña siguió sus políticas de promoción industrial hasta mediados del siglo XIX. Las tarifas británicas sobre los productos manufacturados seguían siendo muy altas incluso en la década 1820-1830, dos generaciones después del comienzo de la Revolución Industrial inglesa.

Sin embargo, hacia el final de las guerras napoleónicas, en 1815, los fabricantes cada vez tenían más confianza en el mercado y la presión para liberalizar el comercio aumentó. Hubo un recorte sustancial de tarifas en 1833, pero el cambio sustancial tuvo lugar en 1846, cuando se derogaron las leyes cerealeras y se abolieron los aranceles sobre muchos productos manufacturados (Bairoch, 1993, pp. 20-1).

La derogación de las leyes cerealeras suele verse hoy como la victoria final de la doctrina económica liberal clásica sobre el necio mercantilismo. No hay que subestimar el papel de la teoría económica en este cambio de política, pero probablemente es mejor entenderlo como un acto de «imperialismo librecambista» (free trade imperialism, el término es de Gallagher y Robinson, 1953), dirigido a «bloquear el proceso de industrialización en el continente aumentando el mercado para los productos agrícolas y las materias primas» (Kindleberger, 1978, p. 196). De hecho, así era como lo veían muchos líderes de la campaña para derogar las leyes cerealeras, por el ejemplo el político Robert Cobden, y John Bowring, de la Cámara de Comercio (Kindleberger, 1975, Reinert 1998).7 La visión de Cobden queda claramente expuesta en este pasaje: Seguro que el sistema fabril no se hubiera desarrollado en América y Alemania. Seguro que no habría florecido tampoco, como lo ha hecho, en esos estados y en Francia, Bélgica y Suiza, sin el acicate del botín que la comida cara del artesano británico ha ofrecido al trabajador alimentado barato de las manufacturas de esos países (The Political Writings of Richard Cobden, 1868, William Ridgeway, Londres, vol. 1, p. 150; citado en Reinert, 1998, p. 292).

Aunque la derogación de las leyes cerealeras pudo tener un valor simbólico, la abolición de la mayor parte de los aranceles tuvo lugar a partir de 1860. Sin embargo, la era del libre comercio no duró mucho. Terminó cuando Gran Bretaña reconoció finalmente que había perdido su predominio manufacturero y reintrodujo los aranceles a gran escala en 1932 (Bairoch, 1993, pp. 27-28).

Así, contrariamente a lo que suele creerse, el predominio tecnológico británico que permitió pasar al libre comercio fue conseguido «bajo la protección de aranceles duraderos y sustanciales» (Bairoch, 1993, p. 46). Y, por esa razón, Friedrich List, el economista alemán del siglo XXI al que a menudo se presenta como padre de la moderna teoría de la «industria incipiente» (erróneamente, véase la sección 3.2 más adelante), escribió lo siguiente.

Una vez que se ha alcanzado la cima de la gloria, es una argucia muy común darle una patada a la escalera por la que se ha subido, privando así a otros de la posibilidad de subir detrás. Aquí está el secreto de la doctrina cosmopolítica de Adam Smith y de las tendencias cosmopolíticas de su gran contemporáneo William Pitt, así como de todos sus sucesores en las administraciones del gobierno británico.

Para cualquier nación que, por medio de aranceles proteccionistas y restricciones a la navegación, haya elevado su poder industrial y su capacidad de transporte marítimo hasta tal grado de desarrollo que ninguna otra nación pueda sostener una libre competencia con ella, nada será más sabio que eliminar esa escalera por la que subió a las alturas y predicar a otras naciones los beneficios del libre comercio, declarando en tono penitente que siempre estuvo equivocada vagando en la senda de la perdición, mientras que ahora, por primera vez, ha descubierto la senda de la verdad (List, 1885, pp. 295-6, cursivas añadidas, HJC).

3.2. Estados Unidos

Hemos visto que Gran Bretaña fue el primer país que usó con éxito una estrategia proteccionista de la industria naciente. Sin embargo, el más ardiente practicante de esta política fue Estados Unidos, país al que el eminente historiador económico Paul Bairoch llamó «el país madre y el bastión del proteccionismo moderno» (Bairoch, 1993, p. 30). Es interesante que esto sea raramente reconocido en las publicaciones modernas, sobre todo las que proceden de EE. UU.8 Sin embargo, la importancia de la protección de la industria incipiente en EE. UU. es indudable.

Desde los primeros días de la colonización la protección de la industria fue un tema controvertido en el territorio de lo que luego serían los EE. UU. De entrada, Gran Bretaña no quería industrializar las colonias y puso en marcha políticas a tal efecto (como prohibir las manufacturas de alto valor añadido). En el momento de la independencia los intereses agrarios del sur se oponían a cualquier proteccionismo, mientras que los intereses de las manufacturas del norte, representados entre otros por Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro de los EE. UU. (1789-95), estaban a favor del proteccionismo.

Fue de hecho Alexander Hamilton en su Reports of the Secretary of the Treasury on the Subject of Manufactures («Informes del Secretario del Tesoro sobre el Asunto de las Manufacturas», 1791), y no el economista alemán Friedrich List, como a menudo se piensa, quien presentó sistemáticamente por primera vez la defensa de la industria naciente (Corden, 1974, cap. 8; Reinert, 1996). De hecho, List comenzó siendo un librecambista partidario de la libre comercio y solo se convirtió a la defensa de la industria incipiente tras su exilio en EE. UU. (1825-1830) (Henderson, 1983, Reinert, 1998). Muchos intelectuales y políticos estadounidenses de la época de crecimiento económico acelerado de los EE. UU. entendieron claramente que la teoría del libre comercio promovida por los economistas clásicos británicos no era apropiada para su país. De hecho, los estadounidenses estaban protegiendo su industria contra los consejos de grandes economistas como Adam Smith y Jean Baptiste Say.9

En sus Reports , Hamilton afirmó que la competencia foránea y «la fuerza de la costumbre» harían que en los EE. UU no se iniciarían nuevas industrias que pronto podrían ser internacionalmente competitivas («industrias nacientes»),10 a menos el gobierno garantizara las potenciales pérdidas iniciales (Dorfman y Tugwell, 1960, pp. 31-2; Conkin, 1980, pp. 176-7). Esa ayuda, decía Hamilton, podría ser en forma de tasas a la importación o, en raros casos, prohibición de las importaciones (Dorfman y Tugwell, 1960, p. 32). Hamilton también pensaba que los aranceles sobre materias primas debían ser generalmente bajos (p. 32). El argumento es muy semejante al de Walpole (que se presentó en la sección 3.1), lo que no pasó desapercibido para los contemporáneos, especialmente los enemigos políticos de Hamilton en América (Elkins y McKitrick, 1993, p. 19).11

Inicialmente EE. UU. no tenía un sistema arancelario federal, pero cuando el congreso adquirió el poder para imponer impuestos, pasó una ley liberal de derecho de aduana (1789) que impuso un arancel del 5% sobre todas las importaciones, con ciertas excepciones (Garraty y Carnes, 2000, pp. 139-40, p. 153; Bairoch, 1993, p. 33).

Y a pesar de los Reports de Hamilton, entre 1792 y la guerra con Gran Bretaña en 1812, el nivel arancelario promedio siguió alrededor del 12,5%, aunque durante la guerra todos los aranceles se doblaron para suplir fondos para los gastos gubernamentales aumentados por la guerra (p. 210).

Hubo un cambio significativo de política en 1816, cuando se introdujo una nueva ley para mantener el nivel de los aranceles en cifras similares a las de tiempos bélicos, con especial protección para los productos de las manufacturas algodoneras, laneras y metalúrgicas (Garraty y Carnes, 2000, p. 210; Cochran y Miller, 1942, pp. 15-6). Entre 1816 y el final de la segunda guerra mundial, el nivel de los aranceles estadounidenses para importaciones de productos manufacturados era uno de los más altos del mundo. Dado que el país disfrutaba de un grado excepcionalmente elevado de protección «natural» por los altos costes de transporte, al menos hasta la década 1870-1880, puede decirse que las industrias estadounidenses fueron las más protegidas del mundo hasta 1945.

Incluso el Arancel Smoot-Hawley de 1930, que Bhagwati pinta en el pasaje citado como una ruptura radical con una posición histórica de libre comercio, solo aumentó marginalmente (si acaso) el grado de proteccionismo de la economía estadounidense. Como muestran los datos, el arancel promedio resultante de esa ley fue 48%, cifra que está en el intervalo de aranceles promedios aplicados por EE. UU. desde la Guerra Civil, aunque sea en la región superior de dicho intervalo.

Solo en relación con el breve interludio «liberal» de 1913-1929 puede interpretarse la tarifa de 1930 como un fortalecimiento del proteccionismo que, de todas formas, tampoco fue exagerado (de un 37% en 1925 a un 48% en 1931).

En este contexto es importante hacer notar que en la Guerra Civil Americana los aranceles fueron tan importantes, si no más, que la esclavitud. De los dos problemas clave que dividían al Norte y al Sur, el Sur tenía mucho más que perder en el frente arancelario que en el frente esclavista. Abraham Lincoln era un proteccionista famoso curtido en política bajo el carismático político Henry Clay, del Whig Party, que favorecía un sistema basado en el desarrollo de las infraestructuras y el proteccionismo, el llamado «sistema americano» (así denominado para indicar que el libre comercio era «británico», por ser favorable a Gran Bretaña) (Luthin, 1944, pp. 610-1; Frayssé, 1986, pp. 99-100). Además, Lincoln pensaba que los negros eran racialmente inferiores y consideraba que la emancipación de los esclavos era una propuesta idealista que no tenía ninguna posibilidad de ser puesta en práctica de inmediato (Garraty y Carnes, 2000, pp. 391-2; Foner, 1998, p. 92). Se dice que la emancipación de los esclavos de 1862 fue simplemente una jugada estratégica de Lincoln para ganar la guerra, sin que partiera de ninguna convicción moral (Garraty y Carnes, 2000, p. 405).12 EE. UU. liberalizó su comercio y comenzó a ser campeón de la causa del libre comercio tras la segunda guerra mundial (aunque no tan inequívocamente como lo había hecho Gran Bretaña a mediados del siglo XIX), cuando su supremacía industrial era indisputable, probando una vez más que List tenía razón en su metáfora de la «patada a la escalera».13 La cita siguiente, de Ulysses Grant, héroe de la Guerra Civil y presidente de EE. UU. de 1868 a 1876, muestra claramente que los estadounidenses no se hacían ilusiones sobre la patada a la escalera del lado británico y del suyo propio: Durante siglos Inglaterra confió en medidas de protección, las llevó al extremo y obtuvo resultados satisfactorios. No cabe duda de que a ese sistema debe su fortaleza actual. Tras dos siglos, Inglaterra ha encontrado conveniente adoptar el libre comercio porque la protección ya no tiene nada que ofrecer.

Muy bien, caballeros, mi conocimiento de nuestro país me lleva a pensar que en un par de siglos, cuando América haya obtenido todo lo posible de la protección, adoptará el libre comercio.14

Aunque pueda haber sido importante, la protección arancelaria no fue la única política aplicada por el gobierno estadounidense para promover el desarrollo económico del país durante su fase de despegue. Desde la década de 1830, si no antes, se promovió una extensa red de investigación agrícola cediendo tierra propiedad del gobierno a escuelas de agronomía y estableciendo institutos de investigación gubernamentales (Kozul-Wright, 1995, p. 100). En la segunda mitad del siglo XIX aumentaron las inversiones públicas en educación –en 1840 menos de la mitad del total de la inversión en educación era inversión pública, pero este porcentaje había aumentado casi a 80%— y se elevó el porcentaje de alfabetización a 94% en 1900 (p. 101, nota 37). También se impulsó el desarrollo de la infraestructura de transporte, especialmente mediante la cesión de tierra y la concesión de subsidios a las compañías de ferrocarriles (pp. 101-2).

Es también importante señalar que el papel del gobierno federal estadounidense en el desarrollo industrial ha sido significativo incluso en la posguerra, gracias al gran volumen de las adquisiciones en defensa y del gasto en investigación y desarrollo (I + D), que tiene enormes efectos de difusión (Shapiro y Taylor, 1990, p. 866; Owen, 1966, cap. 9; Mowery y Rosenberg, 1993).15 La participación del gobierno federal en el gasto total de I + D que era solo 16% en 1930 (Owen, 1966, pp. 149-50), se mantuvo en una proporción de entre la mitad y dos tercios en los años de la posguerra (Mowery y Rosenberg, 1993,). También hay que señalar el papel crítico de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, National Institutes of Health, una institución del gobierno estadounidense) en el apoyo a la I +D de la industria farmacéutica y biotecnológica. Según fuentes de la misma asociación de la industria farmacéutica estadounidense (http://www.phrma.org/publications), solo 43% de la I +D farmacéutica es financiada por la misma industria, mientras que un 29% es financiado por los NIH.

3.3. Alemania

Hoy suele considerarse a Alemania como cuna de las medidas proteccionistas de la industria naciente, tanto en lo que hace a las teorías proteccionistas como en lo referente a las políticas mismas de protección. Sin embargo, desde el punto de vista histórico, la protección arancelaria tuvo realmente un papel mucho menor en el desarrollo económico de Alemania que en el del Reino Unido o los EE. UU.

La protección arancelaria para la industria en Prusia antes de la unión aduanera alemana de 1834, bajo liderazgo prusiano (Zollverein), y las medidas proteccionistas otorgadas posteriormente a la industria alemana en general fueron en general moderadas (Blackbourn, 1997, p. 117). En 1879, el Canciller de Alemania, Otto von Bismarck, introdujo un gran aumento de aranceles para fundamentar la alianza política entre los junkers (terratenientes) y los empresarios de la industria pesada, lo que se conoció entonces como «el matrimonio del hierro y el centeno». Sin embargo, incluso tras estas medidas la protección sustancial se otorgó tan solo a las industrias pesadas clave, especialmente la industria siderúrgica, y las medidas de protección a la industria permanecieron en general en niveles bajos (Blackbourn, 1997, p. 320). El nivel de protección de las manufacturas alemanas era uno de los menores entre países comparables a lo largo del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX.

La protección arancelaria relativamente escasa no significa sin embargo que el Estado alemán adoptara una actitud de laissez faire en lo que hace al desarrollo económico. Especialmente bajo Federico Guillermo I (1713-1740) y Federico el Grande (1740-1786), el Estado prusiano puso en marcha diversas medidas para promover nuevas industrias —especialmente textiles (lino sobre todo), metales, armamentos, porcelana, seda y azúcar refinado —mediante la concesión de derechos de monopolio, protección comercial, subsidios a la exportación, inversiones de capital y captación de trabajadores calificados en el exterior (Trebilcock, 1981, pp. 136-52).

Desde comienzos del siglo XIX, el estado prusiano también invirtió grandes cantidades en infraestructura, siendo el ejemplo más famoso la financiación gubernamental de la construcción de carreteras en el Ruhr (Milward y Saul, 1979, p. 417). También puso en marcha una reforma educativa que no solo creó nuevas escuelas y universidades, sino que reorientó la enseñanza desde la teología hacia la ciencia y la tecnología —en una época en la que estas ni siquiera se enseñaban en Oxford y Cambridge (Kindleberger, 1978, p. 191).16 La intervención del gobierno prusiano tuvo algunos efectos que frenaron el crecimiento, por ejemplo la oposición al desarrollo de la banca (Kindleberger, 1978, pp. 199-200). Sin embargo, globalmente, hay que estar de acuerdo con Milward y Saul (1979), que afirman que «para los países exitosos en el proceso de industrialización la actitud tomada por los gobiernos alemanes de comienzos del siglo XIX parecía mucho más cercana a la realidad económica que el modelo idealizado y a menudo simplificado de lo que había pasado en Gran Bretaña o Francia que les presentaban los economistas» (p. 418).

Tras la década 1840-1850, el desarrollo del sector privado conllevó una menor intrusión del Estado alemán en el desarrollo industrial (Trebilcock, 1981, p. 77). Sin embargo, esto no supuso una retirada del Estado, sino una transición de un papel directivo a un papel de orientación. Durante el Segundo Reich (1870 – 1914), hubo una erosión ulterior de la capacidad estatal y de su participación en el desarrollo industrial, aunque el Estado todavía jugaba un papel importante mediante su política de aranceles y de asociaciones de fabricantes (Tilly, 1996).

3.4. Francia

Igual que en caso alemán, también hay un mito duradero en lo que se refiere a la política económica francesa. Es la idea, propagada sobre todo por la opinión liberal británica, de que Francia ha sido siempre una economía con dirección estatalizada, una especia de antítesis del laissez faire británico. Esta caracterización puede ser válida para el periodo prerrevolucionario y la posguerra tras 1945, pero no para el resto de la historia del país.

La política económica francesa en el periodo prerrevolucionario, a menudo conocida como colbertismo —por Juan-Bautista Colbert (1619-1683), famoso ministro de finanzas bajo Luis XIV—, fue ciertamente intervencionista en grado sumo.

Así, por ejemplo, en el siglo XVIII el Estado francés intentó reclutar trabajadores calificados en Gran Bretaña y promovió el espionaje industrial.17

Sin embargo, la Revolución cambió drásticamente ese curso. Milward y Saul (1979) explican que la Revolución trajo consigo un cambio muy marcado en la política económica del gobierno francés, porque «la destrucción del absolutismo parecía conectada en las mentes de los revolucionarios con la introducción de un sistema más liberal» (p. 284). Especialmente tras la caída de Napoleón, el régimen de políticas de laissez faire quedó firmemente establecido y se mantuvo hasta la segunda guerra mundial.

Por ejemplo, contra la idea convencional que enfrenta la Gran Bretaña librecambista contra la Francia proteccionista durante el siglo XIX, Nye (1991) examina detalladamente los datos y concluye que «el régimen comercial de Francia era más liberal que el de Gran Bretaña a lo largo de la mayor parte del siglo XIX, incluso en el periodo 1840- 1860» (p. 25) [que son los años en los que suele situarse el inicio del libre comercio completo en Gran Bretaña]. Si se cuantifican el proteccionismo mediante la recaudación de aduanas expresada como porcentaje del valor neto de las importaciones (una medida estándar de proteccionismo usada sobre todo por historiadores), Francia fue siempre menos proteccionista que Gran Bretaña entre 1821 y 1875, especialmente hasta comienzo de la década de 1860.

Es interesante observar que la excepción parcial en este siglo y medio de «liberalismo» fue la Francia de Napoleón III (1848-1870), única época de dinamismo económico francés durante este periodo (Trebilcock, 1981, p. 184). Bajo Napoleón III, el Estado francés apoyó activamente el desarrollo de las infraestructuras y estableció diversas instituciones de investigación y desarrollo (Bury, 1964, cap. 4). También modernizó el sector financiero del país permitiendo la responsabilidad limitada para las inversiones en este sector y actuando como supervisor de las grandes instituciones financieras modernas (Cameron, 1953).

En el frente de la política comercial, Napoleón III firmó en 1860 el famoso tratado comercial anglofrancés Cobden-Chevalier, que fue el clarín del periodo de liberalismo comercial en el continente (1860-79) (más detalles en Kindleberger, 1975).

Sin embargo, el grado de proteccionismo en Francia era ya bastante bajo cuando se firmó el tratado (era realmente menor que en la Gran Bretaña de esos años) y, por lo tanto, el nivel de protección resultante era relativamente pequeño.

El tratado se dejó caducar en 1892 y muchos aranceles, especialmente los de los productos manufacturados, se incrementaron. Sin embargo, esto tuvo muy escasos efectos positivos de la clase que veremos en políticas de tipo similar en países como la Suecia de ese entonces (véase la sección 3.5 más adelante), porque tras ese aumento de aranceles no había una estrategia coherente de fortalecimiento industrial.18

Especialmente durante la III República, la actitud del gobierno francés hacia la política económica era casi tan laissez faire como la del gobierno británico, entonces campeón de libre comercio (Kuisel, 1981, pp. 12-3). Solamente después de la segunda guerra mundial la elite francesa se entusiasmó en la reorganización de su maquinaria estatal para tratar el problema del atraso industrial (relativo) del país. Durante ese periodo, especialmente hasta finales de los años sesenta, el Estado francés utilizó la planificación orientativa, las empresas publicas y lo que hoy se denomina no muy apropiadamente política industrial «estilo Este de Asia» para alcanzar a los demás países avanzados. El resultado fue que Francia asistió a una transformación estructural muy exitosa de su economía y finalmente sobrepasó a Gran Bretaña (véase Shonfield, 1965, y Hall, 1986).

3.5. Suecia

Suecia no entró a su modernidad con un régimen de libre comercio. Tras las guerras napoleónicas el gobierno sueco puso en vigor una ley arancelaria intensamente proteccionista (1816) y prohibió las importaciones y las exportaciones de algunos artículos (Gustavson, 1986, p. 15). Sin embargo, hacia 1830 los aranceles fueron reducidos progresivamente (p. 65) y en 1857 se implantó un régimen arancelario muy reducido (Bohlin, 1999, p. 155).

Sin embargo, esta fase de libre comercio no duró mucho. Hacia 1880 Suecia comenzó a usar tarifas para proteger su sector agrícola contra la competencia americana. Después de 1892 también proporcionó protección arancelaria y subsidios al sector industrial, especialmente al sector emergente de la ingeniería (Chang y Kozul-Wright, 1994, p. 869; Bohlin, 1999, p. 156). A pesar de este desplazamiento al proteccionismo, o quizás debido a él, la economía sueca funcionó muy bien en las décadas siguientes. Según cálculos de Baumol et al. (1990), Suecia fue, después de Finlandia, la segunda economía en cuanto a rapidez del crecimiento (en términos de PIB por hora de trabajo) entre las 16 naciones industriales principales entre 1890 y 1900 y la de crecimiento más rápido entre 1900 y 1913 (p. 88, cuadro 5.1).19

La protección arancelaria y los subsidios no fueron todo lo que Suecia utilizó para promover el desarrollo industrial. Más interesante es que a finales del siglo XIX, Suecia desarrolló una tradición de cooperación estrecha entre las iniciativas públicas y privadas que apenas encuentra paralelo en otros países de esa época, incluida Alemania con su larga tradición de empresas y actividades conjuntas entre los sectores público y privado. Esta tradición surgió a partir de la participación del Estado en planes agrícolas de irrigación y drenaje (Samuelsson, 1968, pp. 71-6) y se aplicó luego al desarrollo de los ferrocarriles en los años 1850-1959, el telégrafo y teléfono en 1880-1889, y la energía hidroeléctrica en la última década del siglo XIX (Chang y Kozul-Wright, 1994, pp. 869-70; Bohlin, 1999, pp. 153-5). La colaboración entre los sectores público y privado también se dio en industrias clave como la siderurgia (Gustavson, 1986, pp. 71-2; Chang y Kozul-Wright, 1994, p. 870). Es interesante que todo esto asemeja los esquemas de colaboración entre el sector público y el sector privado por los que las economías del Este de Asia llegaron a ser famosas (Evans, 1995, es un trabajo clásico sobre este tema).

El Estado sueco hizo grandes esfuerzos para facilitar la adquisición de tecnología extranjera avanzada, incluso espionaje industrial patrocinado por el Estado.

Sin embargo, más notable era su énfasis en acumular lo que la literatura moderna llama «capacidades tecnológicas» (Fransman y King, 1984, y Lall, 1992, son trabajos pioneros sobre este tema). El Gobierno sueco proporcionó becas y ayudas de estadía en el extranjero para estudios e investigación, invirtió en educación, ayudó al establecimiento de institutos de investigación tecnológica y dio financiación directa a la investigación industrial (Chang y Kozul-Wright, 1994, p. 870). La política económica sueca experimentó un cambio significativo desde la victoria electoral del Partido Socialista (que ha estado fuera del gobierno menos de 10 años desde entonces) en 1932 y la firma del «pacto histórico» entre la central sindical y la asociación patronal en 1936 (el acuerdo de Saltsjöbaden) (Korpi, 1983). Desde el principio, las políticas que emergieron tras el pacto de 1936 se centraron en la construcción de un sistema en el que las empresas financiarían un estado del bienestar generoso e invertirían intensamente a cambio de moderación salarial por parte de los sindicatos.

Después de la segunda guerra mundial se usó el potencial de este régimen para promover la renovación industrial. En los años cincuenta y sesenta la central sindical Landsorganisationen i Sverige (LO) adoptó el denominado plan Rehn-Meidner (LO, 1963, describe esa estrategia detalladamente), que introdujo la política llamada de salario solidario, dirigida explícitamente a igualar los salarios en las distintas industrias para el mismo tipo de trabajadores. Se esperaba que esta política generaría presión sobre los capitalistas de los sectores de bajo salario para que aumentaran su capital total o redujeran puestos de trabajo, permitiendo que los capitalistas en el sector de salarios elevados mantuvieran los beneficios adicionales y se expandieran más rápidamente. Esto se complementó con las llamadas políticas activas de mercado laboral, que proporcionaron formación y ayudas para la relocalización de los trabajadores desplazados en este proceso de renovación industrial. Hoy pocos discuten que esta estrategia contribuyó a una exitosa renovación de la industria sueca en las primeras décadas de la posguerra (Edquist y Lundvall, 1993, p. 274).

3.6. Países Bajos

Como es sabido, gracias a sus regulaciones «mercantilistas» agresivas de la navegación, la pesca, y el comercio internacional establecidas desde el siglo XVI, los Países Bajos eran la potencia marítima y comercial dominante en el mundo del siglo XVII, el llamado «siglo de oro» holandés. Sin embargo, el país sufrió un declive marcado en el siglo XVIII, el llamado «periodo Periwig», con la derrota de 1780 en la cuarta guerra angloholandesa que marcó simbólicamente el fin de la supremacía internacional neerlandesa (Boxer, 1965, cap. 10).

El país parece haberse sumido en una parálisis política entre finales del siglo XVII y comienzos del siglo XX. La única excepción fue el esfuerzo del rey Guillermo I (1815-1840), que estableció muchas agencias que proporcionaron financiamiento industrial subvencionado (Kossmann, 1978, pp. 136-8; van Zanden, 1996, pp. 84-5).

Este rey también apoyó mucho el desarrollo de la moderna industria textil algodonera, especialmente en la región de Twente (Henderson, 1972, pp. 198-200).

Sin embargo, a partir de mediados del siglo XIX el país se convirtió a un régimen de liberalismo comercial que duró hasta la segunda guerra mundial. A excepción de Gran Bretaña a finales del siglo XIX y Japón antes de la restauración de la autonomía arancelaria, los Países Bajos seguían siendo la economía menos protegida entre los PHD. En 1869 Holanda también derogó la ley de patentes (primero introducida en 1817), inspirada por el movimiento antipatentes que se extendió por toda Europa en ese entonces y que condenó las patentes como simplemente una forma de monopolio (Schiff, 1971, Machlup y Penrose, 1950). A pesar de las presiones internacionales, el país rechazó reintroducir la ley de patentes hasta 1912.

En general, durante este período del liberalismo comercial extremo, la economía holandesa tuvo un dinamismo escaso y un nivel de industrialización no muy destacado. Según estimaciones de una autoridad en la materia como Maddison (1995), incluso tras un siglo de decadencia relativa Holanda era por su renta en 1820 el segundo país más rico del mundo, a continuación del Reino Unido (en dólares de 1990, $1756 contra $1561). Sin embargo, un siglo después (1913) ya había sido alcanzado al menos por Australia, Nueva Zelanda, EE.UU., Canadá, Suiza y Bélgica y, casi, también por Alemania.

En gran parte por esta razón al final de la segunda guerra mundial se consideró la introducción de políticas más intervencionistas (van Zanden, 1999, pp. 182-4) y especialmente hasta 1963 se pusieron en marcha políticas comerciales e industriales más activas. Se dieron ayudas financieras para dos grandes empresas (una siderúrgica, otra dedicada a la producción de soda) y se aprobaron subsidios para industrializar sectores atrasados, se estímulo la educación técnica, se promovió el desarrollo de la industria del aluminio a través del subvenciones y se desarrollaron las infraestructuras clave.

3.7. Suiza

Suiza fue uno de los países europeos en los que primero comenzó la industrialización, casi dos decenios antes que en Gran Bretaña (Biucchi, 1973, p. 628). Suiza era un líder tecnológico mundial por el número de industrias importantes (Milward y Saul, 1979, pp. 454-55), especialmente en el sector textil algodonero que se consideraba mucho más avanzado tecnológicamente que el de Gran Bretaña (Biucchi, 1973, p. 629).

Dada esta desventaja tecnológica muy pequeña (o nula) con el país líder, la protección de la industria naciente no era muy necesaria para Suiza. También, dado el reducido tamaño del país, la protección habría sido más costosa que para los países más grandes. Por otra parte, la estructura política altamente descentralizada y la pequeñez del país dejaban poco espacio para la protección centralizada de la industria naciente (Biucchi, 1973, p. 455).

Sin embargo, la política de laissez faire comercial de Suiza no significó necesariamente que su gobierno no aplicara ninguna estrategia en sus políticas. Su negativa a implantar una ley de patentes hasta 1907, a pesar de la intensa presión internacional, es un ejemplo en ese sentido. Se arguye que esta política contraria a las patentes contribuyó al desarrollo del país, permitiendo especialmente el «hurto» de ideas alemanas en las industrias química y farmacéutica y estimulando las inversiones directas extranjeras en el sector alimentario (Schiff, 1971; Chang, 2001).

3.8. El Japón y los nuevos países industrializados del Este de Asia

Poco después de la apertura forzosa a los americanos en 1853, el orden político feudal de Japón se derrumbó y un régimen modernizador fue establecido después de la llamada restauración Meiji, en 1868. El papel del Estado ha sido desde entonces crucial en el desarrollo del país. Hasta 1911 Japón no podía usar protecciones arancelarias debido a los «tratados desiguales» que prohibían establecer aranceles aduaneros por encima del 5%. El Estado japonés tuvo así que utilizar otros medios para estimular la industrialización. Para empezar estableció «fábricas modelo» (o «plantas piloto») propiedad del gobierno en cierto número de industrias, particularmente en la construcción naval, la explotación minera, el sector textil y la industria militar (Smith, 1955; Allen, 1981). La mayor parte de estas empresas fueron privatizadas hacia la década de 1870, pero el Estado continuó subvencionando las empresas privatizadas, notablemente las del sector naval (McPherson, 1987, p. 31, pp. 34-5). Posteriormente estableció la primera fundición siderúrgica moderna y desarrolló los ferrocarriles y el telégrafo (McPherson, 1987, p. 31; Smith, 1955, pp. 44-5).

Cuando los tratados desiguales dejaron de estar en vigor en 1911, el Estado japonés comenzó a introducir toda una gama de las reformas arancelarias destinadas a proteger las industrias nacientes, abaratando las materias primas importadas y controlando las importaciones de productos de consumo de lujo (McPherson, 1987, p. 32). Durante los años veinte, bajo intensa influencia alemana (Johnson, 1982, pp. 105- 6), el Japón comenzó a estimular la «racionalización» de las industrias clave, dando el visto bueno a los consorcios industriales y animando las fusiones, destinadas a limitar «el derroche de la competencia», mediante las economías de escala, la estandarización y la introducción de la gestión empresarial científica (McPherson, 1987, pp. 32-3).

Estos políticas se intensificaron en los años treinta (Johnson, 1982, pp. 105-115).

A pesar de todos estos esfuerzos de desarrollo, durante la primera mitad del siglo XX, considerando todos los aspectos pertinentes Japón no era de ninguna manera la estrella económica en la que se convirtió tras la segunda guerra mundial.

Según Maddison (1989), entre 1900 y 1950 la tasa de crecimiento de la renta per cápita del Japón fue solamente un 1% anual. Esto es algo menos del promedio de 1,3% anual en los 16 PHD más grandes estudiados por este autor, aunque hay que hacer constar que en parte este desempeño mediocre se debe al derrumbamiento desastroso de la producción en los aos inmediatos a la derrota en la segunda guerra mundial.20

Tras esa época y el comienzo de los años setenta, el ritmo de crecimiento del Japón no tiene parangón. Según datos de Maddison (1989, p. 35, tabla 3.2), entre 1950 y 1973, el PIB per cápita de Japón creció a un vertiginoso 8%, más del doble del 3,8% promedio de los 16 PHD antes mencionados (el promedio también incluye al Japón). Los países que siguieron a Japón en cuanto a tasas de crecimiento son Alemania, Austria (ambas con un 4.9%) e Italia (4.8%). Ni siquiera se acercaron a los ritmos de crecimiento japoneses los países en desarrollo del «milagro» del Este de Asia como Taiwán (6,2%) o Corea (5,2%), a pesar del efecto más grande de «convergencia» que podría esperarse, dado su mayor atraso.

En los éxitos económicos del Japón y de otros países del Este de Asia (excepto Hong-Kong), las políticas comerciales e industriales intervencionistas desempeñaron un papel crucial.21 Son notables las semejanzas entre las políticas de estos países y las usadas por los otros PHD antes de ellos, en concreto, sobre todo, la Gran Bretaña del siglo XVIII y los EE.UU. del siglo XIX. Sin embargo, es también importante observar que las políticas aplicadas durante la posguerra en los países del Este de Asia (y también en algunos otros PHD, por ejemplo Francia) eran mucho más complejas y calibradas que sus equivalentes históricos.

Estos países utilizaron subsidios a la exportación más sustanciales y mejor diseñados (tanto directos como indirectos) y gravámenes a la exportación mucho más ligeros que en las experiencias históricas anteriores (Luedde-Neurath, 1986; Amsden, 1989). Las reducciones de aranceles para las importaciones de materias primas y maquinaria para las industrias de exportación fueron utilizadas mucho más sistemáticamente que, por ejemplo, en la Gran Bretaña del siglo XVIII (Lueede- Neurath, 1986).

La coordinación de las inversiones complementarias, que en el pasado se había hecho casi siempre de forma fundamentalmente casual, fue sistematizada mediante la planeación orientativa y los programas estatales de inversión (Chang, 1993 y 1994).

Las regulaciones de la entrada y de la salida de empresas, de las inversiones y de la política de precios para «gestionar la competencia» eran mucho más conscientes de los peligros de abuso monopolístico y más sensibles a su impacto en el funcionamiento de los mercados de exportación que sus contrapartidas históricas, es decir, las políticas de asociaciones de fabricantes de fines del siglo XIX y principios del XX (Amsden y Singh, 1994; Chang, en prensa).

Los estados del Este de Asia también integraron las políticas de capital humano y de aprendizaje en su política industrial mucho más firmemente que sus precursores, mediante la planificación de la fuerza de trabajo (You y Chang, 1993).

Las regulaciones de las licencias de tecnología y de la inversión extranjera directa eran mucho más sofisticadas y generales que en las experiencias históricas anteriores (Chang, 1998). Los subsidios a la educación, a la formación profesional y a la I +D (y la provisión pública de estas actividades) fueron también mucho más sistemáticos y extensos que en sus contrapartidas históricas (Lall y Teubal, 1998).22

3.9. Resumen

Del examen de la historia de los países hoy desarrollados surge el cuadro siguiente.

En primer lugar, casi todos los PHD utilizaron alguna forma de promoción de la industria naciente cuando estaban en fases iniciales de desarrollo. El Reino Unido y EE.UU., los países supuestamente cuna de la política de libre comercio —no Alemania o el Japón que suelen considerarse como ejemplos de activismo estatal— fueron los que usaron protecciones arancelarias de la forma más agresiva.

Por supuesto que los datos de niveles de aranceles y tasas de aduana no proporcionan el cuadro completo de las políticas de promoción industrial. Durante las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX, mientras que mantenía aranceles medios relativamente bajos, Alemania protegió con tarifas fuertes las industrias estratégicas del hierro y el acero. De forma semejante, Suecia proporcionó protección específica para la siderurgia y las industrias de la ingeniería, mientras que mantenía tarifas generalmente bajas. Alemania, Suecia y Japón utilizaron activamente para promover sus industrias medidas no arancelarias tales como «fábricas modelo» propiedad del gobierno, financiamiento estatal de empresas de alto riesgo, ayudas para I+D y desarrollo de instituciones para promover la cooperación entre los sectores público y privado.

Las excepciones a este patrón histórico son Suiza y los Países Bajos. Sin embargo, éstos eran los países que estaban ya en la frontera del desarrollo tecnológico en el siglo XVIII y no necesitaban mucha protección. También hay que señalar que Holanda había desplegado una gama impresionante de medidas intervencionistas hasta el siglo XVII para asentar su supremacía marítima y comercial. Además, Suiza no tuvo una ley de patentes hasta 1907, lo que contradice el énfasis que la ortodoxia actual pone en la protección de los derechos de propiedad intelectual. Más interesante es que Holanda suprimió en 1869 su ley de patentes de 1817, basándose en que las patentes eran monopolios políticos contrarios a los principios del mercado libre —idea que hoy parecen eludir la mayoría de los economistas predicadores del libre comercio— y no estableció de nuevo una ley de patentes hasta 1912.

Aunque las protecciones arancelarias eran en muchos países un componente dominante de esta estrategia, no siempre eran la única medida proteccionista ya que a menudo iban acompañadas de otras medidas como subsidios a la exportación, reducciones arancelarias para los insumos usados en los productos para la exportación, asignación de derechos de monopolio, asociaciones de fabricantes, créditos dirigidos, planeamiento de la inversión y de la fuerza de trabajo, ayudas de I+D y creación de instituciones para facilitar la cooperación entre los sectores público y privado. Suele pensarse que estas políticas fueron inventadas por el Japón y otros países del Este de Asia después de la segunda guerra mundial, o al menos por Alemania a finales del siglo XIX, pero muchas de ellas tienen un largo pedigrí.

Finalmente, a pesar de compartir los mismos principios básicos, el grado de diversidad entre el peso relativo de los componentes de las políticas de los PHD es muy considerable, lo que sugiere que no hay un modelo de «talla única» para el desarrollo industrial.

4. Comparación con los países en desarrollo de hoy

Los pocos economistas neoliberales que saben de los antecedentes de proteccionismo en los PHD intentan evitar la conclusión obvia —que el proteccionismo puede ser muy útil para el desarrollo económico— arguyendo que cierta protección arancelaria (mínima) puede ser necesaria, pero que la mayor parte de los países en desarrollo tiene hoy barreras arancelarias mucho más altas que la mayoría de los PHD en el pasado.

Por ejemplo, Little et al. (1970) dicen que «aparte de Rusia, EE. UU., España y Portugal, no parece que los aranceles en los primeros 25 años del siglo XX, cuando eran ciertamente más altos en casi todos los países que en el siglo XIX, brindaran por lo general un grado de protección mucho mayor que la promoción para la industria

que (…) hoy sería quizás justificable para los países en desarrollo» (pp.163-4) [y que, según estos autores, sería como mucho 20% incluso para los países más pobres y prácticamente cero para los países en desarrollo más avanzados]. De forma similar, el Banco Mundial (1991) afirma que «aunque los países industrializados se beneficiaron de una protección natural mayor antes de que los costes de transporte declinaran, los aranceles promedio para doce países industrializados23 fueron del 11% al 32% entre 1820 y 1980 (…) Esto contrasta con el nivel medio de aranceles sobre los productos manufacturados en los países en desarrollo que es actualmente 34%» (p. 97, recuadro 5.2).

Esto suena bastante razonable, pero realmente es muy engañoso en un aspecto importante. El problema es que la brecha de productividad actual entre los países desarrollados y los países en desarrollo es mucho mayor que la que existió entre los PHD más desarrollados y los PHD menos desarrollados en épocas anteriores. A lo largo del siglo XIX la renta per cápita en paridades de poder adquisitivo (PPA) de los PHD más ricos (digamos los Países Bajos y el Reino Unido) era entre dos y cuatro veces mayor que la de los PHD más pobres (por ejemplo, Japón y Finlandia). Hoy, la renta per cápita en PPA de los países mas desarrollados (por ejemplo, Suiza, Japón, EE.UU.) es 50 o 60 veces mayor que la de los países menos desarrollados (Etiopía, Malawi, Tanzania). Los países en desarrollo de nivel medio como Nicaragua (2060 dólares), la India (2230) y Zimbabwe (2690) tienen que afrontar enormes diferencias con los PHD cuya productividad es entre 10 y 15 veces mayor. Incluso países en desarrollo bastante avanzados, como el Brasil (6840) o Colombia (5580), tienen una productividad casi cinco veces menor que los países industrializados hegemónicos. Esto significa que los países en desarrollo de hoy necesitan aranceles mucho más altos que los usados por los PHD en épocas anteriores, si quieren proporcionar un grado de protección real a sus industrias similar al que tuvieron las industrias de los PHD en el pasado.Por ejemplo, cuando los EE. UU. acordaron una protección media arancelaria del 40% a sus industrias a fines del siglo XIX, su renta per capita en PPA era ya cerca de 3/4 la de Gran Bretaña. Y esto ocurría cuando la «protección natural» brindada por la lejanía, especialmente importante en el caso de EE.UU, era considerablemente más alta que hoy. Comparado con esto, el nivel arancelario ponderado según volumen de comercio que solía aplicar la India poco antes del acuerdo de la OMC, 71%, a pesar de tener una renta per capita en términos de PPA de una quinceava parte de la renta de EE.UU, hace de la India un campeón del libre comercio. Tras el acuerdo de la OMC la India redujo sus aranceles ponderados según volumen de comercio al 32%, nivel por debajo del cual nunca bajaron los aranceles medios estadounidenses entre el final de la guerra civil en 1865 y la segunda guerra mundial.

Un ejemplo menos extremo es el de Dinamarca que en 1875 tenía unos aranceles medios de 15% a 20%, con una renta equivalente a poco menos de un 60% la de Gran Bretaña. Después del acuerdo de la OMC, el Brasil redujo sus aranceles medios ponderados según volumen de comercio del 41% al 27%, nivel que no está lejos del danés, aunque la renta per cápita brasileña en PPA es apenas 20% la de EE.UU.

En esta perspectiva, dada la brecha de productividad, incluso los niveles relativamente altos de protección que habían existido en los países en desarrollo hasta los años ochenta parecen moderados comparados con los estándares históricos de los PHD. Con los niveles sustancialmente más bajos que existen hoy tras dos décadas de liberalización comercial extensa en estos países podrían incluso afirmarse que los países en desarrollo de hoy son realmente mucho menos proteccionistas que los PHD en épocas anteriores.

5. Lecciones para el presente

El cuadro histórico es bastante claro. Cuando los PHD estaban en la fase de crecimiento acelerado usaron políticas comerciales e industriales intervencionistas para promover sus industrias nacientes y alcanzar las economías de primera línea. Las formas concretas que adoptaron estas políticas y el énfasis que cada una ponía en unos u otros aspectos fueron diferentes de unos países a otros, pero no se puede negar que los PHD utilizaron activamente ese tipo de políticas. Y, en términos relativos (es decir, considerando la brecha de productividad con los países más avanzados), muchos de ellos realmente protegieron sus industrias mucho más que los países en desarrollo actualmente.

Si es así, la ortodoxia actual que aboga por el libre comercio y las políticas industriales de laissez faire estaría en desacuerdo con la experiencia histórica y los países desarrollados que propagan tal visión parecen estar de hecho dando «la patada a la escalera» que ellos utilizaron para llegar a la posición privilegiada que ahora ocupan.

La única posibilidad de que los países desarrollados contradigan la acusación de la «patada a la escalera» sería argüir que las políticas comerciales e industriales activistas que utilizaron en el pasado fueron beneficiosas para su desarrollo económico pero ya no lo son porque «los tiempos han cambiado». No parece que haya muchas razones para pensar que este sea el caso pero, por otra parte, la debilidad del crecimiento de los países en desarrollo en los últimos veinte años hace que esta línea de razonamiento sea indefendible. Los números concretos dependen de los datos que se utilicen pero, en líneas generales, la renta per cápita de los países en desarrollo creció aproximadamente un 3% anual entre 1960 y 1980, y solo 1,5% entre 1980 y el año 2000. Además, este 1,5% quedaría reducido al 1% si excluimos del promedio a India y China, que no han seguido las políticas de libre comercio y las políticas industriales recomendadas por los países desarrollados

Si el lector es un economista neoliberal, ha de hacer frente a una paradoja.

Cuando los países en desarrollo utilizaron políticas comerciales e industriales «malas» durante los años 1960-1980, crecieron mucho más rápido que cuando utilizaron políticas «buenas» (o al menos «mejores») durante las dos décadas siguientes. La solución obvia a esta paradoja es aceptar que las políticas supuestamente «buenas» no son realmente buenas para los países en desarrollo, mientras que las políticas «malas» son realmente buenas para ellos. Esto resulta confirmado además por el hecho de que esas políticas «malas» sean también las que los PHD aplicaron cuando eran países en desarrollo.

En vista de todo lo anterior, lo único que se puede concluir es que en su recomendación de políticas supuestamente «buenas», los PHD están dándole en efecto una patada a la escalera por la que subieron hasta arriba, poniendo así la escalera fuera del alcance de los países en desarrollo. Puede aceptarse que esta «patada a la escalera» se haga con buenas intenciones (aunque con mala información).

Quizás hay políticos e intelectuales de los PHD que recomiendan el liberalismo comercial creyendo sinceramente que sus propios países se desarrollaron mediante políticas de libre comercio y laissez-faire, y que desean que los países en desarrollo se benefician de las mismas políticas. Sin embargo, eso no es menos dañino para los países en desarrollo. De hecho, puede ser más peligroso que la «patada a la escalera» basada en el puro interés nacional, pues quien defiende una idea por jactancia puede ser más obstinado incluso que quien la defiende por propio interés.

Sean cuales sean las intenciones que haya tras la «patada a la escalera», el hecho es que estas políticas supuestamente adecuadas no han podido generar durante las dos décadas pasadas el prometido dinamismo de crecimiento en los países en desarrollo. De hecho, en muchos países en desarrollo el crecimiento simplemente se ha derrumbado.

Entonces, ¿qué hacer? Dar un plan detallado de acción está fuera del alcance de este artículo, pero sí se puede apuntar lo siguiente.

Para empezar, la experiencia histórica del desarrollo de los países desarrollados debe difundirse más extensamente. No se trata solo de escribir «la historia verdadera», sino de permitir que los países en desarrollo opten con conocimiento de causa. No es mi intención dar la idea de que cada país en desarrollo debe adoptar una estrategia activa de la promoción de la industria naciente como Gran Bretaña en el siglo XVIII, EE.UU en el XIX o Corea en el XX. Algunos países pueden beneficiarse siguiendo el modelo suizo o el modelo de Hong-Kong. Sin embargo, esa opción estratégica debe hacerse sabiendo que casi todos los países exitosos utilizaron históricamente la estrategia opuesta para hacerse ricos.

Además, las condiciones de política comercial y económica que exigen el FMI y el Banco Mundial para brindar asistencia financiera deben cambiar radicalmente.

Esas condiciones deben basarse en el reconocimiento de que muchas de las políticas que se consideran malas de hecho no lo son y que no puede haber una política «idónea» que todos deben utilizar. Por otra parte, las reglas de la OMC y otros acuerdos comerciales multilaterales deben reescribirse de manera tal que permitan un uso más activo de medidas de promoción de la industria naciente (por ejemplo, aranceles y subsidios)

Si los países en desarrollo pueden adoptar políticas (e instituciones) más apropiadas a su etapa de desarrollo y a las condiciones a las que han de hacer frente podrán crecer más rápidamente, como hicieron de hecho durante los años sesenta y setenta. A largo plazo, eso no solo beneficiaría a los países en desarrollo, sino también a los países desarrollados, pues aumentarían las oportunidades de comercio y de inversión disponibles para los países desarrollados en los países en desarrollo. La tragedia de nuestro tiempo es que los países desarrollados no son capaces de darse cuenta de esto.


NOTAS

Trabajo presentado en la conferencia sobre “Globalisation and the Myth of Free Trade” («La mundialización y el mito del libre comercio») celebrada en la New School University de Nueva York, el 18 de abril del 2003. Traducción al castellano de José A. Tapia.

2 Este artículo está en gran medida basado en el libro Kicking Away the Ladder – Development Strategy in Historical Perspective («Patada a la escalera: La estrategia de desarrollo en perspectiva histórica», Anthem Press, 2002). Agradezco el apoyo recibido para la investigación de la Fundación Coreana para la Investigación, a través de su programa BK21 del Departamento de Economía de la Universidad de Corea, donde fui profesor visitante durante la preparación del primer borrador de este trabajo.

3 Gran Bretaña fue el primer país que introdujo un impuesto permanente sobre la renta, en 1842. Dinamarca lo implantó en 1903. En EE. UU. la ley del impuesto sobre la renta de 1894 fue derogada por inconstitucional por el Tribunal Supremo y hasta 1919 no se llevó a cabo la 16a Enmienda Constitucional que permitió la introducción de impuesto sobre la renta. En Bélgica el impuesto sobre la renta fue introducido en 1919. En Portugal se implantó el impuesto sobre la renta en 1922, fue abolido en 1928 y luego reimplantado en 1933. Suecia, pese a su fama de altas tasas impositivas, solo introdujo el impuesto sobre la renta en 1932 ( cf. Chang, 2002, p. 101, para más detalles).

4 El Riksbank de Suecia fue nominalmente el primer banco central del mundo (establecido en 1688), pero hasta mediados del siglo XIX no pudo funcionar propiamente como banco emisor por carecer entre otras cosas de monopolio sobre la emisión de papel-moneda, capacidad que adquirió solamente en 1904. El primer banco central «real» fue el Banco de Inglaterra, establecido en 1694. Hacia finales del siglo XIX los bancos centrales de Francia (1848), Bélgica (1851), España (1874) y Portugal (1891) se hicieron con el monopolio de emisión de papel-moneda, que solo alcanzaron en el siglo XX los bancos centrales de Alemania (1905), Suiza (1907) e Italia (1926). El Banco Nacional de Suiza solo se formó en 1907 por fusión de cuatro bancos emisores. El Sistema de la Reserva Federal de EE. UU. se formó en 1913 y en 1915 solo 30% de los bancos (con 50% de todos los activos bancarios) estaban integrados en el sistema. En 1929 todavía 65% de todos los bancos estadounidenses estaban fuera del sistema de la Reserva Federal, aunque solo les correspondía 20% del total de activos bancarios (cf. Chang, 2002, pp. 94-97 para más detalles).

5 Además, una vez alcanzada la frontera de desarrollo, los PHD usaron toda una gama de medidas y estrategias para distanciarse de los competidores existentes y potenciales. Entre otras medidas se reguló la transferencia de tecnología a los potenciales competidores (controlando la emigración de trabajadores calificados y las exportaciones de maquinaria) y se obligó a los países menos desarrollados a abrir sus mercados mediante tratados desiguales y mediante la colonización. Sin embargo, las economías en fase de despegue que no eran colonias (formales o informales) no aceptaron estas restricciones cruzadas de brazos, sino que para contrarrestarlas pusieron en marcha todo tipo de medidas «legales» e «ilegales», como espionaje industrial, captación «ilegal» de trabajadores y contrabando de maquinaria (Chang, 2002, pp. 51-9, para más detalles).

6 También se dice que George Washington insistió en vestir ropas americanas de peor calidad que las británicas en su ceremonia de toma de posesión. Ambos episodios recuerdan las políticas usadas por el Japón y Corea durante la posguerra para controlar el «consumo de lujo», especialmente de bienes importados (cf. Chang, 1997).

7 En 1840, Bowring aconsejó a los estados miembros del Zollverein alemán que cultivaran trigo y lo vendieran para comprar manufacturas británicas (Landes, 1998, p. 521).

8 A menudo se reconoce la existencia de aranceles elevados, que se presentan como si fueran de poca importancia. Por ejemplo, en lo que solía ser hasta recientemente la obra general de revisión de la historia económica estadounidense, North (1965) menciona los aranceles solamente una vez, y solo para desecharlos como factor sin interés alguno para explicar el desarrollo industrial estadounidense. North, sin preocuparse de presentar el caso y citando tan solo una fuente secundaria totalmente sesgada (el estudio clásico de F. Taussig, 1892), sostiene que «aunque los aranceles se hicieron cada vez más proteccionistas en los años que siguieron a la Guerra Civil , es dudoso que tuvieran mucha influencia en el desarrollo de las manufacturas» (p. 694).

9 En La riqueza de las naciones, Adam Smith escribió: «Si los americanos bloquearan la importación de productos manufacturados europeos, bien por combinación o por alguna otra clase de violencia, y así dieran un monopolio para que sus propias gentes pudieran manufacturar esos bienes, habrían de invertir una considerable parte de su capital en este uso y en vez de acelerar retardarían así el incremento ulterior del valor de su producto anual,obstruyendo el progreso de su país hacia la riqueza y grandeza verdaderas» (Smith, 1973 [1776], pp. 347-8).

10 Según Bairoch (1993, p. 17) fue Hamilton quien inventó el término infant industry [que traducimos aquí como «industria naciente» o «incipiente». N. del t. ].

11 Según Elkins y McKitrick (1993), «una vez que el progreso hamiltoniano se materializó [...] en una deuda considerable financiada, un banco nacional poderoso, manufacturas nacionales subsidiadas y, finalmente, incluso un ejército bien dispuesto, el paralelismo con Walpole se hizo demasiado evidente para que fuera posible ignorarlo. Frente a estas medidas y frente a todo lo que estas medidas parecían implicar se alzó “la persuasión jeffersoniana”» (p. 19).

12 Respondiendo a un editorial de un periódico que urgía la emancipación inmediata de los esclavos, Lincoln escribió: «Si pudiera salvar la Unión sin liberar ni un solo esclavo, lo haría, y si pudiera salvarla liberando a todos los esclavos, también lo haría, y si pudiera hacerlo liberando a algunos esclavos y dejando a otros en la esclavitud, lo haría también» (Garraty y Carnes, 2000, p. 405).

13 Sin embargo, EE. UU. nunca practicó el libre comercio en la misma medida que Gran Bretaña lo hizo en su periodo librecambista (1860 a 1932). Nunca hubo un régimen de aranceles cero como el del Reino Unido y las medidas proteccionistas «ocultas» de EE. UU. eran mucho más agresivas. Estas incluían, entre otras, restricciones voluntarias a la exportación, cuotas para textiles y ropa (en el Acuerdo Multifibras), protección y subsidios para la agricultura (compárese con la derogación de las leyes cerealeras en Gran Bretaña) y sanciones comerciales unilaterales (especialmente mediante el uso de impuestos antidumping).

14 Agradezco a Duncan Green haberme mostrado esta cita.

15 Shapiro y Taylor (1990) resumen todo esto muy bién: «En lo militar y en lo comercial, ni Boeing sería Boeing, ni IBM sería IBM sin los contratos y el apoyo a la investigación civil del Pentágono» (p. 866).

16 Es interesante que esa reorientacion de la enseñanza fue similar a la que tuvo lugar en Corea durante los años sesenta (más detalles en You y Chang, 1993).

17 Sin embargo, este tiro salió por la culata e hizo que los británicos prohibieran la emigración de trabajdores calificados, especialmente cuando se intentaron reclutar trabajadores calificados para trabajos en el extranjero en 1719 (véanse más detalles en Chang, 2001).

18 El nuevo régimen arancelario iba más bien en contra de ese fortalecimiento. Su impulsor, el político Jules Méline, era contrario a la industrialización a gran escala, ya que pensaba que Francia debía seguir siendo un país de campesinos independientes y pequeños talleres (Kuisel, 1981, p. 18).

19 Los 16 países —en orden alfabético— son Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, EE. UU., Finlandia, Francia, Italia, Japón, Países Bajos, Noruega, Reino Unido, Suecia y Suiza,

20 Los 16 países son Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, EE. UU., Finlandia, Francia, Italia, Japón, Países Bajos, Noruega, Reino Unido, Suecia y Suiza.

21 Hay muchas publicaciones sobre este tema. Véanse Johnson (1984) y Chang (1993) para la primera fase del debate. Akyuz et al. (1998) y Chang (en prensa, 2003) recogen el debate más actual.

22 Con la reciente crisis en Corea y la recesión prolongada en el Japón ha comenzado a oírse mucho que las políticas comerciales e industriales activistas se han probado equivocadas. Este artículo no es el lugar apropiado para esa discusión, pero sí pueden hacerse algunas precisiones (para una crítica de esta visión, véase Chang, 2000, y Chang, en prensa). En primer lugar, pensemos o no que los apuros recientes del Japón y Corea son debidos a las políticas activistas en materia industrial, tecnológica y comercial, no podemos negar que estas políticas estuvieron tras el «milagro económico» de estos países. En segundo lugar, Taiwán, a pesar de utilizar también políticas activistas industriales, tecnológicas y comerciales, no experimentó ninguna crisis financiera o macroeconómica. En tercer lugar, todos los observadores informados de la economía japonesa, sea cual sea su visión general, están de acuerdo en que la recesión actual del país no se puede atribuir a la política industrial del gobierno y tiene más que ver con factores como un exceso estructural de ahorro, la liberalización financiera inoportuna (que llevó la economía a una burbuja) y la mala gestión macroeconómica. En cuarto lugar, en el caso de Corea, la política industrial fue en gran medida eliminada a mediados de los años noventa, cuando comenzó la acumulación de deuda que condujo a la crisis reciente, así que no se le puede echar la culpa de la crisis. De hecho, puede argüirse que quizás el declive de la política industrial contribuyó a la gestación de la crisis haciendo más fáciles las «inversiones duplicadas» (Chang et al., 1998).

23 Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, EE. UU., Francia, Holanda, Italia, el Reino Unido, Suecia y Suiza,


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J. Stiglitz: Fetichismo del PIB…

with one comment

Joseph E. Stiglitz

El Espectador

josept stiglitz Esforzarse por reavivar la economía mundial, al mismo tiempo que se responde a la crisis climática global, ha planteado un interrogante complejo: ¿las estadísticas nos están dando las "señales" correctas sobre qué hacer? En nuestro mundo orientado hacia el desempeño, las cuestiones de medición han cobrado mayor relevancia: lo que medimos afecta lo que hacemos.

Si tomamos malas decisiones, lo que intentamos hacer (digamos, aumentar el PIB) en realidad puede contribuir a empeorar los niveles de vida. También podemos enfrentarnos a falsas opciones y ver compensaciones entre producción y protección ambiental que no existen. Por el contrario, una mejor medición del desempeño económico podría demostrar que las medidas tomadas para mejorar el medio ambiente son buenas para la economía.

Hace dieciocho meses, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, creó una Comisión Internacional para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social, debido a su insatisfacción -y la de muchos otros- con el estado actual de la información estadística sobre la economía y la sociedad. El 14 de septiembre, la Comisión dará a conocer su tan esperado informe.

El gran interrogante es si el PIB ofrece una buena medición de los niveles de vida. En muchos casos, las estadísticas del PIB parecen sugerir que a la economía le está yendo mucho mejor que las propias percepciones de la mayoría de los ciudadanos. Es más, el foco en el PIB crea conflictos: a los líderes políticos se les dice que lo maximicen, pero los ciudadanos también exigen que se preste atención a mejorar la seguridad, a reducir la contaminación del aire, del agua y el ruido, y demás -lo cual podría reducir el crecimiento del PIB.

El hecho de que el PIB pueda ser una medición deficiente del bienestar, o incluso de la actividad del mercado, obviamente es algo que se reconoce desde hace tiempo. Pero los cambios en la sociedad y la economía pueden haber agudizado los problemas, al mismo tiempo que los avances en la economía y las técnicas estadísticas pueden haber ofrecido oportunidades para mejorar nuestras mediciones.

Por ejemplo, si bien se supone que el PIB mide el valor de la producción de bienes y servicios, en un sector clave -el gobierno- normalmente no tenemos manera de hacerlo, de modo que solemos medir la producción simplemente por las inversiones. Si el gobierno gasta más -incluso de manera ineficiente- la producción aumenta. En los últimos 60 años, el porcentaje de la producción del gobierno en el PIB aumentó del 21,4% al 38,6% en Estados Unidos; del 27,6% al 52,7% en Francia; del 34,2% al 47,6% en el Reino Unido; y del 30,4% al 44% en Alemania. De manera que lo que era un problema relativamente menor se ha convertido en un problema importante.

De la misma manera, las mejoras de calidad -digamos, mejores autos en lugar de más autos- representan gran parte del aumento del PIB hoy en día. Pero evaluar las mejoras de calidad resulta difícil. La atención médica ejemplifica este problema: gran parte de la medicina se ofrece públicamente, y muchos de los avances son en calidad.

Los mismos problemas de hacer comparaciones en el tiempo se aplican a las comparaciones entre países. Estados Unidos gasta más en atención sanitaria que cualquier otro país (tanto per cápita como en porcentaje de los ingresos), pero obtiene peores resultados. Parte de la diferencia entre el PIB per cápita en Estados Unidos y algunos países europeos puede ser, en consecuencia, el resultado de la manera en que medimos las cosas.

Otro cambio pronunciado en la mayoría de las sociedades es un incremento de la desigualdad. Esto significa que existe una creciente disparidad entre el ingreso promedio (medio) y el ingreso mediano (el de la persona "típica", cuyo ingreso se ubica en el medio de la distribución de todos los ingresos). Si unos pocos banqueros se vuelven mucho más ricos, el ingreso promedio puede subir, a pesar de que los ingresos de la mayoría de la gente estén decayendo. De manera que las estadísticas sobre el PIB per cápita tal vez no reflejen lo que les sucede a la mayoría de los ciudadanos.

Utilizamos precios de mercado para valuar los bienes y servicios. Pero ahora, incluso los que tienen mucha fe en los mercados, cuestionan la dependencia de los precios de mercado, ya que están en contra de las valuaciones por ajuste al mercado. Las ganancias previas a la crisis de los bancos -una tercera parte de todas las ganancias corporativas- parecen haber sido un espejismo.

Entender esto arroja una nueva luz no sólo sobre nuestras mediciones del desempeño, sino también sobre las inferencias que hacemos. Antes de la crisis, cuando el crecimiento de Estados Unidos (utilizando mediciones estándar del PIB) parecía mucho más sólido que el de Europa, muchos europeos sostenían que Europa debía adoptar el capitalismo al estilo estadounidense. Por supuesto, todo aquel que hubiera querido podría haber visto un creciente endeudamiento de los hogares estadounidenses, lo que habría permitido corregir la falsa impresión de éxito ofrecida por la estadística del PIB.

Los recientes avances metodológicos nos han permitido evaluar mejor qué contribuye a la sensación de bienestar de los ciudadanos y reunir los datos necesarios para hacer ese tipo de evaluaciones de manera regular. Estos estudios, por caso, verifican y cuantifican lo que debería ser obvio: la pérdida de un empleo tiene un mayor impacto de lo que representa la pérdida del ingreso. También demuestran la importancia de la conectividad social.

Toda buena medición de lo bien que nos está yendo también debe tener en cuenta la sustentabilidad. De la misma manera que una empresa necesita medir la depreciación de su capital, también nuestras cuentas nacionales deben reflejar la sobreexplotación de los recursos naturales y la degradación de nuestro medio ambiente.

Los marcos estadísticos están destinados a resumir lo que está sucediendo en nuestra sociedad compleja en unos pocos números fácilmente interpretables. Debería haber sido obvio que no se podía reducir todo a un único número, el PIB. El informe de la Comisión para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social, esperamos, conducirá a un mejor entendimiento de los usos, y abusos, de esa estadística.

El informe también debería servir de guía para crear un conjunto más amplio de indicadores que capturen de manera más precisa tanto el bienestar como la sustentabilidad, a la vez que debería dar impulso para mejorar la capacidad del PIB y las estadísticas relacionadas a la hora de evaluar el desempeño de la economía y la sociedad. Estas reformas nos ayudarán a dirigir nuestros esfuerzos (y recursos) de maneras que conduzcan al mejoramiento de ambos.

Fuente: http://www.elespectador.com/columna161000-fetichismo-del-pib

El autor es profesor universitario en la Universidad de Columbia y ganador del Premio Nobel de Economía en 2001, se desempeñó como presidente de la Comisión para la Medición del Desarrollo Económico y el Progreso Social.

Written by Eduardo Aquevedo

20 septiembre, 2009 at 10:52

A un año de la crisis financiera: el ‘error Lehman’…

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El mundo aún sufre las consecuencias de la caída del gigante de Wall Street, el Banco de inversión Lehman Brothers

CLAUDI PÉREZ 13/09/2009

crisis002 Mediados de septiembre de 2008. Nueva York está casi otoñal. Es el momento idóneo para darse un garbeo por Central Park, pero en esa ciudad que vendió su alma a los especuladores la acción suele suceder unas calles más abajo: esta vez, en una lujosa oficina del piso 31 de la sede del poderoso banco de inversión Lehman Brothers, en el número 745 de la Séptima Avenida. Su presidente ejecutivo, Richard Fuld, está pensando lo impensable. Pide a un experto en quiebras que prepare los papeles necesarios por si el banco se hunde. "La Administración no te va a dejar caer", replica el incrédulo abogado. "Sería como si el Gobierno mismo quebrara. Como si Roma vendiera el Vaticano a los japoneses para convertirlo en un hotel y contratara al Papa como botones", bromea. Apenas unas horas después, sucede lo inimaginable: Lehman cae. Y cientos de empleados del banco empiezan a vaciar el edificio.

No había en el mundo banqueros más arrogantes y despiadados que los de Lehman Brothers. Por eso, la potencia visual de esas imágenes, la cola de jóvenes ejecutivos cabizbajos llevándose sus pertenencias en cajas de cartón, puede ser el equivalente en esta crisis a las fotos en blanco y negro de la Gran Depresión del siglo pasado.

Los jugosos diálogos entre Fuld y su abogado despuntan en los primeros planos de Los últimos días de Lehman Brothers, un drama producido por la BBC que se ha emitido esta semana en la cadena pública británica. Pero el auténtico drama empieza el 15 de septiembre de 2008. La crisis financiera deviene tras ese día en la mayor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Se esfuman los ahorros de los miles de incautos que confiaron en las promesas de un mundo en el que la innovación financiera y la autorregulación de los mercados acabarían con las crisis, que son algo tan viejo como el capitalismo. A partir de esa sorprendente bancarrota, millones de personas empiezan a perder su empleo por todo el planeta en una película con un metraje interminable: un año después, apenas se vislumbra el final de la historia.

Las crisis no suceden de repente. El Muro de Berlín no cayó de un día para otro. Tampoco Lehman, cuya quiebra es precisamente algo así como la caída del muro para una determinada forma de entender el capitalismo. Todo lo que hay detrás de ese 15 de septiembre es la prehistoria. Es verdad que apenas tres años antes no sucedía nada fuera de lo común -al menos, en apariencia-, excepto la incapacidad de un grupo de familias norteamericanas para pagar sus créditos inmobiliarios. Sin embargo, a lo largo de 2007, las hipotecas basura, concedidas a gente con un mal historial crediticio que dejó de pagar cuando pinchó la burbuja inmobiliaria en EE UU, empiezan a llevarse por delante al sistema financiero. El sector lleva años engordando demasiado, con unos niveles de riesgo y de endeudamiento insostenibles. Pese a los intentos de los bancos centrales por actuar como cortafuegos, la globalización extiende el virus con rapidez. "Salió a la superficie un sistema bancario en la sombra, creado por los propios bancos para saltarse las normas, que arrasaba todo lo que tocaba", describe Jordi Galí, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra.

Las innovaciones financieras que la banca vendía como la panacea han resultado ser armas de destrucción masiva. "Los ejecutivos hicieron apuestas enormemente arriesgadas, operaron en el límite y más allá del límite de las reglas, e incluso ahora siguen poco dispuestos a reconocerlo, pero consiguieron lo nunca visto: que ni los propios banqueros confiaran en la banca", asegura Charles Wyplosz, catedrático de Economía Internacional del Graduate Institute de Ginebra. En efecto, ya antes de caer Lehman nadie se fía de nadie: ni siquiera los bancos de sí mismos. La confianza empieza a esfumarse y en la primavera de 2008 se hunde Bear Stearns. En verano, las gigantescas hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae. Pero en el último momento siempre sale al rescate el Estado: la Administración de George W. Bush encuentra un comprador para Bear Stearns a cambio de cubrir las pérdidas. Y el presidente, apóstol del mercado libre, se ve obligado a nacionalizar Freddie y Fannie.

Tras un fusible, siempre salta otro, y en septiembre del año pasado Lehman tiene todos los números para ser la próxima víctima. Es el siguiente de la lista. Y basta con que los mercados crean que algo va a suceder para que suceda: los economistas llaman a eso la paradoja de la profecía autocumplida. Un ex alto ejecutivo de Lehman que prefiere guardar el anonimato relata esos momentos de incertidumbre: "La operativa de banca de inversión pura y dura era impecable: Lehman era la crème de la crème. Pero a finales de 2007 Fuld comete un error de bulto: piensa que la crisis no va a ir a más y empieza a endeudarse con ayuda de los productos estructurados en el maltrecho sector inmobiliario americano, cuya burbuja no ha hecho más que empezar a deshincharse. Ése será el principio del fin". Aun así, ni Fuld ni nadie en Wall Street piensa que Washington vaya a permitir una quiebra de ese calibre. Segundo y definitivo error: el guión dará entonces un giro inesperado.

Durante el fin de semana del viernes 12 al domingo 14 de septiembre, cuenta el economista francés Jacques Attali en su último libro, los grandes banqueros de Wall Street discuten con el secretario del Tesoro, Hank Paulson, y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, un plan para confinar los activos tóxicos de Lehman creando unbanco malo, para ubicar el resto en un buen banco que comprarán Barclays y

Bank of America. Todos están convencidos de que Paulson y Bernanke se harán cargo de las pérdidas, como han hecho en casos parecidos hasta ese momento. Pero eso no ocurre y la Administración de Bush rechaza cualquier tipo de intervención. Decide dar una lección, castigar a los malos y lanzar un aviso: el Estado no va a salir siempre al rescate.

Para muchos expertos se trata del mayor error de política económica en más de medio siglo. Para algunos -cada vez más-, quizá no es para tanto.

Durante la presente crisis hay una constante, y es que aun cuando las autoridades creen estar preparándose para el peor escenario, la realidad lo supera. Eso es exactamente lo que acaba sucediendo con Lehman: la quiebra desata el pánico en los mercados de financiación a corto plazo. Los bancos, que no sabían exactamente lo que Lehman les debía y no les devolvería, dejan de prestar (y de prestarse) dinero. Dejan de aceptar incluso papel comercial de las empresas y el huracán financiero se convierte en una fenomenal recesión, con los empresarios ahogados por la falta de liquidez. Las cosas se les van de las manos y Paulson y Bernanke se ven obligados a salir al rescate de la gigantesca aseguradora AIG sólo unas horas después de permitir la quiebra de Lehman. La tormenta no cesa y el sistema entero se sitúa a un paso del abismo.

Pero entonces Paulson y Bernanke consiguen meter el suficiente miedo en el cuerpo a los políticos como para que el Congreso apruebe contrarreloj un plan de medio billón de euros que permite salvar a Goldman Sachs y Morgan Stanley, la aristocracia de la banca de inversión. "Es el final de EE UU como superpotencia", afirma el ministro de Finanzas alemán, Peer Steinbrück. Sólo unas horas después tiene que tragarse esas palabras: también Alemania, Reino Unido y el resto de gobiernos se ven obligados a lanzar salvavidas a un sector financiero en ruinas, y poco más tarde empiezan los multimillonarios planes de estímulo que evitan una segunda Gran Depresión.

"Es increíble que sólo seis meses después de la quiebra de Bear Stearns la Administración no tuviera un plan de contingencia y no alcanzara a ver que dejar caer Lehman Brothers provocaría una debacle que dejó una factura multimillonaria y todo el sistema al borde del colapso", critica Luigi Zingales, de la Universidad de Chicago. "Esa falta de previsión es un desastre. Peor aún fueron los bandazos posteriores: con la nacionalización de AIG nadie entendía nada, a quién se salvaba y a quién no. Eso creó una incertidumbre fenomenal: lo peor que puede pasar en tiempos de zozobra es que las autoridades pierdan credibilidad", añade.

Pero Zingales cree que el error Lehman tiene otras aristas. El pánico que provocó permitió aprobar ambiciosos planes anticrisis en todo el mundo sin que los defensores del libre mercado apenas chistaran: la patronal española llegó a pedir un paréntesis en la economía de mercado. Y ayudó a poner en marcha notables cambios regulatorios con una idea fuerza: "El mercado no puede funcionar correctamente sin la mano visible del Estado, sin unas reglas del juego claras. De otra manera, los capitalistas serían capaces de cargarse el capitalismo", afirma Zingales, miembro del comité que examina los cambios normativos en EE UU.

"Si no hubiera caído Lehman, hubiera sido cualquier otra entidad", defiende Zingales. "La lección que debemos aprender de esta crisis es que el Estado no puede garantizar todas las instituciones. No hay razones para defender a ultranza la política deldemasiado grande para caer si a cambio no hay una regulación férrea para ese tipo de entidades que pueden borrar el sistema de la faz de la tierra".

Varias fuentes consultadas comparten esa visión: dejar caer Lehman fue un error tremendo, nadie calculó las consecuencias de la espiral que desató. Pero a la vez fue el catalizador que hizo sonar todas las alarmas, que aceleró la aprobación de los paquetes de estímulo. Que evitó una debacle aún peor, en definitiva. Y que ha abierto debates que se disparan en todas las direcciones: el sector financiero no volverá a ser el mismo; el capitalismo y la correlación de ideologías que lo conforman, tampoco.

La crisis llegó y se agravó debido a una regulación poco estricta que permitió que algunas firmas llegaran a ser tan grandes o tan interconectadas que el sistema no era capaz de permitir su caída. Y eso daba manos libres a sus gestores para tomar todo tipo de riesgos a sabiendas de que el Estado difícilmente permitiría una quiebra. Sólo EE UU atravesó esa línea roja con Lehman, con consecuencias devastadoras, y eso pone todas las miradas en el peligro que supone ese gigantismo bancario. "Esas instituciones no sólo son demasiado grandes para fracasar, sino demasiado grandes para ser administradas", ha sentenciado el Nobel Joseph Stiglitz.

Desde Bruselas, Daniel Gros, director del Centro de Estudios de Política Europea, comparte a grandes rasgos ese punto de vista. "Primera lección de la caída de Lehman: claramente, nunca más. ¿Pero nunca más qué? Me temo que supervisores y bancos centrales ahora piensan ‘nunca más una bancarrota de un gran banco’. Y eso es lo contrario de lo que necesitamos si no se acompaña de un empujón en la regulación".

Lejos de ser un error, el consenso empieza a virar entre los economistas hacia el hecho de que dejar caer a Lehman acabó siendo, inesperadamente, algo positivo. Es evidente que Bernanke y Paulson -el primero lo ha reconocido abiertamente- no planearon esa vía, cuyos costes han sido colosales. Pero las consecuencias de ese nefasto fin de semana no sólo aceleraron una crisis financiera que de todas formas era inevitable, sino que también permitieron una rápida respuesta global coordinada que evitó la Gran Depresión, un agujero negro en las finanzas y quién sabe si una crisis social de enorme calado.

"La crisis de Lehman tiene algo de darwinismo -la destrucción creativa necesaria para que el sistema mejore, o al menos no muera- y de metáfora de los graves abusos de la última década. Es un símbolo de la temeridad de los banqueros. Y también un gran caso de castigo de los culpables: la gente que ha conducido a ciegas un autobús escolar y ha tenido un accidente nunca debería volver a ponerse delante de un autobús, y es posible que eso suceda con muchos de los involucrados en este caso", asegura el economista belga Paul De Grauwe.

De Grauwe reparte también estopa entre las autoridades económicas estadounidenses: "No tenían que haber dejado que eso sucediera, porque los costes han sido brutales. Si querían un castigo ejemplar, deberían saber que es perfectamente posible rescatar un banco y asegurarse de que esa actuación no genera riesgo moral [un efecto perverso sobre otros bancos, que empiezan a creer que pueden arriesgarse y cometer excesos porque en última instancia el Estado los salvará]. Basta con enviar a los ejecutivos a la cárcel, o con imponer sanciones muy duras, o con enviar a los accionistas a casa con las manos vacías por haber permitido eso para que el riesgo moral desaparezca".

No sólo la BBC ha intentado indagar en los días previos a la bancarrota de Lehman. Michael Moore acaba de estrenar en Venecia el documental Capitalismo: una historia de amor. En EE UU se han editado ya varios libros y entrevistas con los protagonistas de la trama. Hay un poco de todo: justificaciones, teorías conspirativas -Lehman es uno de los grandes bancos de inversión judíos; Paulson procedía de Goldman Sachs, un banco rival que sí recibió ayuda- e incluso algún que otro mea culpa con la boca pequeña. Paulson y Bernanke siguen negando la mayor: aseguran que dejar caer Lehman no fue un error y que las reglas del juego les ataban de pies y manos en la búsqueda de soluciones.

Pero los hechos desacreditan esa tesis. Seis meses antes del caso Lehman, las autoridades económicas estadounidenses cubrieron las posibles pérdidas de Bear Stearns para que JP Morgan tragara con ese sapo, y unos días después nacionalizaron AIG con un crédito extraordinario que se aprobó en un abrir y cerrar de ojos.

Charles Morris, autor de El gran crac del crédito -y uno de los que defienden que fue un acierto que Lehman quebrara-, asegura desde Nueva York que esa crisis deja grandes lecturas: "Lo más importante es que los banqueros no pueden seguir insistiendo en que ellos realmente sabían lo que estaban haciendo. Todo lo demás es consecuencia de eso: hay que limitar el poder de los bancos aunque los banqueros insistan en que no se puede poner coto a la innovación. Porque se ha llamado innovación a prácticas que eran verdaderas salvajadas, o auténticas idioteces".

Ahora que la situación se va normalizando, a Wall Street le entra de repente cierta amnesia respecto a lo ocurrido. "En los casos de Lehman y AIG se demuestra que la acción de las autoridades está limitada por nubes de incertidumbre en la regulación. Los bancos quieren impedir que el nuevo Ejecutivo imponga claridad en la nueva normativa, quieren aguar la reforma y dejar las cosas como están. Pero hay que limitar los movimientos de esas instituciones demasiado grandes para caer, y hay que dar poderes a la Administración para meter mano en cuanto empiecen a ver cosas raras", apunta Morris.

Wyplosz dispara en la misma diana: "Estados Unidos, Suiza y el Reino Unido han planteado propuestas interesantes para la nueva regulación bancaria. Pero esos proyectos deben pasar por los parlamentos respectivos: mi apuesta es que al final se verán claramente aguadas. Si estoy en lo cierto, el mundo pos-Lehman será muy peligroso".

La intrahistoria de la caída de Lehman es también una feroz lucha de egos, un tratado de bajas pasiones; un folletín peliculero, en suma. En las infinitas entrevistas, en los reportajes y en los libros que describen los últimos días del banco, su presidente, Richard Fuld, aparece retratado como un tipo arrogante, estúpido, codicioso, temerario y con algunas lindezas más. "El carácter es el destino", escribió John Cheever hace casi 30 años.

Darwin y los samaritanos

Los ideólogos del capitalismo salvaje -de capa caída últimamente- han querido ver en el darwinismo y la selección de los más aptos una coartada científica para justificar abusos. La teoría darwinista vuelve a estar encima del tapete, pese a que suena a simple excusa para justificar la avaricia y los años de excesos.

"Dejando caer a Lehman, EE UU pensaba que podía reintroducir la disciplina darwinista en el funcionamiento de los mercados financieros. Desgraciadamente, Lehman era demasiado grande para caer sin efectos devastadores, por lo que el Gobierno Bush tuvo que dar marcha atrás y volver a rescatar bancos para evitar una debacle aún mayor. Y adiós al darwinismo", reflexiona Chang Ha-Joon, profesor surcoreano en Cambridge y autor de¿Qué fue del buen samaritano?

Lejos quedan los días en los que los bancos eran pequeños y aburridos y podían quebrar igual que un restaurante o una fábrica de zapatos. Lo curioso es que la crisis no está acabando con los riesgos del demasiado grande para caer. Al contrario: "A pesar de todo, los grandes bancos supervivientes son aún más gigantescos porque se han quedado con los despojos de los caídos", critica Chang.

Para el académico surcoreano, el caso Lehman demuestra que el darwinismo social del siglo XIX, en el que muchos economistas aún creen, "simplemente no funciona". "Los gobiernos no pueden comprometerse de forma creíble a dejar quebrar a los bancos. Como eso es así y no hay vuelta de hoja, si hay que socializar las pérdidas, al menos las autoridades deben tenerlos estrictamente regulados para evitar rescates millonarios. Desgraciadamente, los bancos disponen de esa protección sin las correspondientes obligaciones".

Con todo lo que ha caído, sigue habiendo expertos que defienden que la vuelta de tuerca a la regulación no sirve de nada. "Es inevitable una nueva crisis financiera derivada de la especulación. Está en la naturaleza humana", defendía esta semana el ex oráculo Alan Greenspan, uno de los mitos caídos de esta crisis, que dirigió durante dos décadas la política monetaria estadounidense.

Sebastian Edwards, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), le da respuesta: "Hay varias lecciones que seguro que se van a aprender de esta crisis. Pero sobre todo hay que aprender que la arrogancia de los banqueros de inversión y todos aquellos que creen que las finanzas se mueven por principios y leyes exactas, como la física, puede llevar a excesos extremadamente costosos".

¿Qué es ser progresista?

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¿Cuál es la línea que divide a heterodoxos y ortodoxos? ¿Cómo calificar a un economista enrolado en el primer grupo, pero que al mismo tiempo pide acordar con el Fondo y ajustar tarifas? Los especialistas consultados dan su visión sobre el tema.

Producción: Tomás Lukin

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Luchar contra la desigualdad

crisiseconomica

Por Daniel Kostzer *

Si en los años ’60-’70 se interrogaba a alguien acerca de qué era ser progresista en lo económico, no quedaban dudas: promover la propiedad social de los medios de producción, sea ésta mediante la utilización de figuras como las cooperativas o por parte del Estado. Cualquier intento de consolidación de la propiedad privada en este sentido era visto como retardatario de un proceso histórico casi lineal. Se podía debatir el papel de las empresas públicas, de los impuestos, de las empresas mixtas, pero quedaba claro dónde y hacia dónde marchaba el progresismo.

A la feroz represión de las dictaduras de todo el continente de esos años se suman las crecientes fisuras que mostraba el socialismo realmente existente en el Este, como cuestionadores de la viabilidad del modelo que se defendía desde el progresismo. La caída del Muro de Berlín termina ese proceso con la aparición del denominado discurso único, o el modelo neoliberal, o el Consenso de Washington, como expresiones de los tiempos que se venían: los tiempos de los mercados, los tiempos del precio correcto, sin intromisiones.

Dentro de ese marco, la defensa de la intervención estatal, de las regulaciones a los monopolios y de los sistemas de protección social parecían la trinchera de la resistencia a un modelo que parecía imparable. Cuestionar las recetas únicas del FMI y del BM, verdaderos decálogos del sistema, se convertían en eje de la misma.

La crisis en nuestro país, pero en especial la global que se empezó a desencadenar a fines del 2007, dio la razón a aquellos que mostraban que las restricciones al modelo de apertura y desregulación estaban en la naturaleza misma del sistema capitalista y aparecieron las recetas para superarla evitando una destrucción mayor del mismo.

Dentro de este contexto histórico, ¿qué constituiría un pensamiento progresista? Obviamente no la regulación del sistema financiero, que es promovida por todos, así como la asistencia directa a las entidades y firmas en peligro de quiebra, o inclusive la nacionalización (estatización) de las mismas para evitar el daño que tamañas caídas provocarían. Estos puntos son casi consensos globales.

Esto abre la puerta para cualquier tipo de inversión-intervención pública, orientada a sostener los niveles de actividad económica a costa de transferencias desde el sector público a esos segmentos de la economía global.

Los paquetes de estímulo no son vistos como distorsivos de los mercados y la intervención del Estado con subsidios de desempleo, compensaciones a las personas y empresas para mantener el empleo ya no son rigideces que afectan la eficiencia productiva.

Políticas de contención social, que protejan a los más vulnerables en este proceso tampoco, son discurso exclusivo de los más progresistas, hasta los sectores más concentrados de la economía defienden políticas más o menos masivas o universales para evitar que la debacle continúe.

¿Se robaron las banderas? En algunos casos sí, como suele suceder cada vez que hay una crisis profunda y la gente debe concurrir en ayuda del capital. Socializan las pérdidas y privatizan las ganancias, como se dice habitualmente.

Hoy ser progresista, en mi humilde opinión, pasa por apuntar y fortalecer cambios profundos y estructurales en lo que representa la principal limitación a un modelo de crecimiento sostenido y es la exclusión social y la inequidad entre personas, clases, regiones, etc. No se puede pensar en un futuro conjunto como país si, aunque se reduzca la pobreza, no se reduce la desigualdad que mata las expectativas, en particular de los más jóvenes, si no se reconstruye la ilusión de una construcción social que provea ciudadanía.

Progresismo es garantizar como derecho ciudadano el acceso al mercado de trabajo a todos los que quieran hacerlo. No por la moralina de “enseñar a pescar”, sino por su carácter estructurador de la sociedad. En definitiva el mercado de trabajo, en casi todas las sociedades, es la polea de transmisión que vincula la estructura y la coyuntura económica, el patrón de crecimiento, la inserción internacional, con el bienestar de los hogares, definiendo los niveles de equidad y de pobreza de las sociedades. Instituciones que garanticen el derecho de trabajar son imprescindibles.

Progresismo es reducir la diferencia que existe entre los más ricos y los más pobres incorporando a todos a un proyecto de país inclusivo donde los intereses de todas las partes sean compatibilizados. Progresismo es que la gestión del Estado no ignore a nadie, conceda derechos y no favores pero, fundamentalmente, consigne ciudadanía a través de la potenciación de la autogestión de la población en aras del desarrollo humano en sus múltiples dimensiones.

Estos objetivos pueden requerir medidas del más variado tenor. Muchas de ellas aparentemente neutras o desteñidas de color ideológico, pero sin lugar a dudas se pueden evaluar y medir poniendo al desarrollo humano en su sentido más amplio, en el centro de las decisiones políticas, sociales y económicas.

* Docente FCE-UBA.


 

Rechazar el discurso mercadista

Por Ricardo Aronskind *

En otras latitudes, los progresistas deberían estar ocupándose en construir una sociedad más equitativa sobre las bases productivas creadas por el desarrollo capitalista. Pero, ¿qué ocurre cuando el sistema de mercado no ha creado bases productivas que permitan garantizar una vida digna e ingresos decorosos para todos los habitantes? En el caso argentino, ser progresista obliga a encarar tanto los temas distributivos como los de la producción.

El centro conceptual que nos permite integrar ambas dimensiones es que son las personas la fuerza productiva decisiva, no las cosas; potenciar el bienestar humano es al mismo tiempo generar mayores capacidades de progreso material y social. Ser progresista es también rechazar el discurso mercadista, que supedita el destino de pueblos y naciones a los caprichos de las multinacionales y al azar de los casinos financieros globalizados. Ser progresista es luchar para que el comando de la economía vuelva a estar en manos de la población, o sea, acercarnos a una forma profunda de realizar la democracia.

No se puede ser progresista sin retomar el impulso transformador perdido en las últimas décadas, cuestionando la idea instalada de que mejoras sustanciales en la vida de la población podrán verse –quizás– en las próximas décadas.

Para traducir estas líneas en propuestas concretas, en el terreno de la producción, en Argentina, deberíamos minimizar las posibilidades de ganar dinero fácil mediante el acceso a prebendas, regulaciones o subsidios públicos. Nos referimos al rentismo parasitario que ha asolado el país desde los tiempos de Martínez de Hoz.

Al contrario, deberíamos darle impulso a toda la capacidad de creación e innovación que se desperdicia debido a la ausencia de un empresariado dinámico o de adecuado apoyo estatal. Ejemplos reales: la profesora de Neuquén que desarrolló junto con sus alumnos un alimento balanceado a base de vegetales de la zona, el joven de Morón que desarrolló un programa informático útil y baratísimo, el mecánico de Tandil que inventó un tipo novedoso de cosechadora de papas, el diseñador industrial emigrado que crea elegantes objetos de cocina para una empresa italiana… Talentos que no encontraron eco en nuestra estructura productiva y que podrían generar miles de puestos de trabajo interesantes y calificados.

Este cambio en el sistema de premios y castigos permitiría mejorar el perfil productivo y la capacidad de retener riqueza en el interior de nuestra economía.

En el terreno de la distribución también hay mejoras concretas al alcance de la mano. En el Plan Fénix (UBA) se ha realizado un estudio que indica que con el 0,9 por ciento del PBI se podría eliminar la indigencia y avanzar en reducir la pobreza. Cálculos adicionales permiten estimar que con poco más del 2 por ciento estaríamos en condiciones de garantizar que toda la población esté arriba de la línea de pobreza. Son relativamente pocos recursos, para un logro gigantesco. Recursos menores que la evasión impositiva actual.

Un Plan de Reconstrucción Social, para modificar la situación de más de un millón de niños y jóvenes que no trabajan ni estudian, sacándolos del pozo económico-social-cultural en el que se encuentran, implicaría la movilización de miles de profesionales calificados de los que disponemos. ¿Cuánto vale, en términos del futuro de nuestra sociedad, invertir en esto?

Vivienda: ¿Por qué resignarse a convivir indefinidamente con las viviendas precarias y todos los males que conllevan? ¿Por qué no establecer un programa de reemplazarlas por viviendas decentes en cuatro años aprovechando el saber acumulado en las universidades públicas y en diversas entidades que han construido viviendas dignas y de bajo costo?

Es indudable que el liderazgo para encarar estas soluciones debe asumirlo el sector público. Estamos hablando de un instrumento que hoy no tenemos: un Estado inteligente, autónomo, capaz de intervenir eficazmente. Un Estado dotado de recursos para impulsar el desarrollo y proveer de un horizonte macroeconómico previsible al país. No hay magia: la forma de contar con un Estado eficiente es fortalecer las estructuras y capacidades públicas para analizar, planificar, evaluar y aprender. Y hacer cumplir la ley.

Ese Estado sí podrá lograr ciertas metas centrales: garantizar el control nacional de los recursos estratégicos, provocar una sinergia entre las políticas públicas y el sistema científico y tecnológico, impulsar una economía diversificada que recupere el talento local, cerrar las oportunidades de ganar rentas a costa del bolsillo de la población, cobrar impuestos como corresponde y destinarlos a cerrar la brecha social y tecnológica.

Si el progresismo evita la trampa de asumirse como el rostro humano del neoliberalismo, tendrá por delante una agenda repleta de estimulantes desafíos y contará con un discurso desde el cual volver a entusiasmar a quienes debería destinar su mensaje.

* Economista UNGS-UBA.

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Krugman: ¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas?

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PAUL KRUGMAN 13/09/2009

KRUGMAN33 I. CONFUNDIENDO LA BELLEZA CON LA VERDAD

Es difícil creerlo ahora, pero no hace tanto tiempo los economistas se felicitaban mutuamente por el éxito de su especialidad. Estos éxitos -o al menos así lo creían ellos- eran tanto teóricos como prácticos y conducían a la profesión a su edad dorada.

En el aspecto teórico, creían que habían resuelto sus disputas internas. Así, en un trabajo titulado The State of Macro (es decir, de la macroeconomía, el estudio de cuestiones panorámicas como lo son las recesiones), Olivier Blanchard, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), actualmente economista jefe del Fondo Monetario Internacional, declaraba que había habido "una amplia convergencia de puntos de vista".

Y en el mundo real, los economistas creían que tenían las cosas bajo control: "El problema central de la prevención de la depresión está resuelto", declaraba Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, en su discurso inaugural como presidente de la American Economic Association en 2003. En 2004, Ben Bernanke, un antiguo profesor en Princeton que ahora preside la Reserva Federal, celebraba la Gran Moderación del comportamiento económico comparado con las dos décadas precedentes, y que atribuía en parte al mejorado desempeño de la política económica.

El año pasado, todo esto se vino abajo.

En el despertar de la crisis, las líneas de falla de la profesión de economista han bostezado con más amplitud que nunca. Lucas dice que los planes de estímulo de la Administración de Obama son "economía de baratija" y su colega de Chicago John Cochrane dice que están basados en desacreditados "cuentos de hadas". Como respuesta, Brad DeLong, de la Universidad de California en Berkeley, escribe sobre el "derrumbe intelectual" de la Escuela de Chicago, y yo mismo he escrito que estos comentarios de los economistas de Chicago son el producto de una Edad Oscura de la macroeconomía, donde el conocimiento tan arduamente conseguido ha quedado olvidado.

¿Qué le ha sucedido a la profesión de economista? ¿Y adónde va a partir de ahora?

II. DE SMITH A KEYNES Y VUELTA ATRÁS

El nacimiento de la economía como disciplina se atribuye habitualmente a Adam Smith, quien publicó La Riqueza de las Naciones en 1776. Durante los siguientes 160 años se desarrolló un extenso cuerpo de economía teórica, cuyo mensaje central era: confía en el mercado. Ésta era la presunción básica de la economía neoclásica (llamada así al haber sido elaborada por los teóricos de finales del siglo XIX sobre conceptos de sus predecesores clásicos).

Esta fe, sin embargo, quedó hecha pedazos por la Gran Depresión. Con el tiempo, la mayoría de los economistas sustentó las consideraciones de John Maynard Keynes tanto acerca de la explicación de lo que había pasado como de la solución de futuras depresiones.

A pesar de lo que usted haya podido oír, Keynes no quería que el gobierno dirigiera la economía. En su obra capital, Teoría general del empleo, el interés y el dinero, escrita en 1936, él mismo describió su análisis como "moderadamente conservador en sus repercusiones". Quería organizar el capitalismo, no reemplazarlo. Pero cuestionó la noción de que las economías de libre mercado puedan funcionar sin un vigilante. Y apeló a la activa intervención del gobierno -imprimiendo más moneda y, si fuera necesario, con un fuerte gasto en obras públicas- para combatir el desempleo durante las depresiones.

La historia de la economía a lo largo del último medio siglo es, en gran medida, la historia de una retirada del keynesianismo y de un retorno al neoclasicismo. El renacer neoclásico fue guiado inicialmente por Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, quien afirmó ya en 1953 que la economía neoclásica sirve adecuadamente como descripción del modo en que la economía funciona realmente, al ser "extremadamente fructífera y merecedora de plena confianza". Pero ¿qué hay de las depresiones?

El contraataque de Friedman contra Keynes comenzó con la doctrina conocida como monetarismo. Los monetaristas, en principio, no discrepaban de la idea de que una economía de mercado necesite una deliberada estabilización. Los monetaristas afirmaban, sin embargo, que una intervención gubernamental muy limitada y restringida -a saber, instruir a los bancos centrales a mantener el flujo del dinero, la suma del efectivo circulante y los depósitos bancarios creciendo a ritmo estable- es todo lo que se requería para prevenir depresiones.

Friedman empleó un argumento convincente contra cualquier esfuerzo deliberado del gobierno por reducir el desempleo por debajo de su nivel natural (actualmente calculado en torno al 4,8% en Estados Unidos): las políticas excesivamente expansionistas, predijo, llevarían a una combinación de inflación y alto desempleo; una predicción que fue confirmada por la estanflación de los años setenta, la cual impulsó en gran medida la credibilidad del movimiento antikeynesiano. A la postre, sin embargo, la posición de Friedman vino a resultar relativamente moderada comparada con la de sus sucesores.

Por su parte, ciertos macroeconomistas consideraban que las recesiones eran algo bueno que formaba parte del ajuste al cambio de una economía. E incluso quienes no eran partidarios de llegar tan lejos argüían que cualquier intento de enfrentarse a una depresión económica provocaría más mal que bien.

Muchos macroeconomistas llegaron a autoproclamarse como neokeynesianos, ya que seguían creyendo en el papel activo del gobierno. Aun así, la mayoría aceptaba la noción de que inversores y consumidores son racionales y que los mercados por lo general lo hacen bien.

Por supuesto que unos pocos economistas no aceptaban la asunción del comportamiento racional, cuestionaban la creencia de que los mercados financieros merecen confianza y hacían ver la larga historia de crisis financieras que tuvieron devastadoras consecuencias económicas. Pero eran incapaces de hacer muchos progresos frente a una complacencia que, vista retrospectivamente, era tan omnipresente como insensata.

III. FINANZAS DE CASINO

En los años treinta, los mercados financieros, por razones obvias, no suscitaron mucho respeto. Keynes consideró que era una mala idea la de dejar a semejantes mercados, en los que los especuladores pasaban su tiempo tratando de pisarse la cola el uno al otro, que dictaran decisiones importantes de negocios: "Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es muy probable que el trabajo resulte mal hecho".

Hacia 1970 más o menos, sin embargo, la discusión sobre la irracionalidad del inversor, sobre las burbujas, sobre la especulación destructiva, había desaparecido virtualmente del discurso académico. El terreno estaba dominado por la hipótesis del mercado eficiente, promulgada por Eugene Fama, de la Universidad de Chicago, la cual sostiene que los mercados financieros valoran los activos en su preciso valor intrínseco si se da toda la información públicamente disponible.

Y por los años ochenta, hubo economistas financieros, en particular Michael Jensen, de la Harvard Business School, que defendían que, dado que los mercados financieros siempre aciertan con los precios, lo mejor que pueden hacer los jefes de las empresas, no sólo en su provecho sino en beneficio de la economía, es maximizar los precios de sus acciones. En otras palabras, los economistas financieros creían que debemos poner el desarrollo del capital de la nación en manos de lo que Keynes había llamado un "casino".

El modelo teórico desplegado por los economistas financieros al asumir que cada inversor equilibra racionalmente riesgo y recompensa -el llamado Capital Asset Pricing Model, o CAPM (pronúnciese cap-em)- es maravillosamente elegante. Y si uno acepta sus premisas también es algo sumamente útil. Este CAPM no sólo te dice cómo debes elegir tu cartera de inversiones, sino, lo que es incluso más importante desde el punto de vista de la industria financiera, te dice cómo poner precio a los derivados financieros. La elegancia y aparente utilidad de la nueva teoría produjo una sucesión de premios Nobel para sus creadores, y muchos profesores de escuelas de negocios se convirtieron en ingenieros espaciales de Wall Street, ganando salarios de Wall Street.

Para ser justos, los teóricos de las finanzas produjeron gran cantidad de pruebas estadísticas, lo que en un principio pareció de gran ayuda. Pero esta documentación era de un formato extrañamente limitado. Los economistas financieros rara vez hacían la pregunta aparentemente obvia (aunque no de fácil contestación) de si los precios de los activos tenían sentido habida cuenta de fundamentos del mundo real, tales como los ingresos. En lugar de ello, sólo preguntaban si los precios de los activos tenían sentido habida cuenta de los precios de otros activos.

Pero los teóricos de las finanzas continuaron creyendo que sus modelos eran esencialmente correctos, y así lo hizo también mucha gente que tomaba decisiones en el mundo real. No fue el menos importante de ellos Alan Greenspan, quien era entonces el presidente de la Reserva Federal y que durante mucho tiempo respaldó la desregulación fiscal, cuyo rechazo a los avisos de poner freno a los créditos subprime o de enfrentarse a la creciente burbuja inmobiliaria descansaban en buena parte en la creencia de que la economía financiera moderna lo tenía todo bajo control.

En octubre del pasado año, sin embargo, Greenspan admitió encontrarse en un estado de "conmocionada incredulidad", debido a que "todo el edificio intelectual" se había "derrumbado".

IV. NADIE PODÍA HABERLO PREDICHO…

En los recientes y atribulados debates sobre economía se ha generalizado una frase clave: "Nadie podía haberlo predicho…". Es lo que uno dice con relación a desastres que podían haber sido predichos, debieran haber sido predichos y que realmente fueron predichos por unos pocos economistas que fueron tomados a broma por tomarse tal molestia.

Tomemos, por ejemplo, el precipitado auge y caída de los precios de la vivienda. Algunos economistas, en particular Robert Shiller, identificaron la burbuja y avisaron de sus dolorosas consecuencias si llegaba a reventar. Pero, aún en 2004, Alan Greenspan descartó hablar de burbuja inmobiliaria: "Una grave distorsión nacional de precios", declaró, era "muy improbable". El incremento en el precio de la vivienda, dijo Ben Bernanke en 2005, "en gran medida es el reflejo de unos fuertes fundamentos económicos".

¿Cómo no se dieron cuenta de la burbuja? Para ser justo, los tipos de interés eran inusualmente bajos, lo que posiblemente explica parte del alza de precios. Puede ser que Greenspan y Bernanke también quisieran celebrar el éxito de la Reserva Federal en sacar a la economía de la recesión de 2001; conceder que buena parte de tal éxito se basara en la creación de una monstruosa burbuja debiera haber puesto algo de sordina a esos festejos.

Pero había algo que estaba sucediendo: una creencia general de que las burbujas sencillamente no tienen lugar. Lo que llama la atención, cuando uno vuelve a leer las garantías de Greenspan, es que no estaban basadas en la evidencia, sino que estaban basadas en el aserto apriorístico de que simplemente no puede haber una burbuja en el sector inmobiliario.

Y los teóricos de las finanzas eran todavía más inflexibles en este punto. En una entrevista realizada en 2007, Eugene Fama, padre de la hipótesis del mercado eficiente, declaró que "la palabra burbuja me saca de quicio" y continuó explicando por qué podemos fiarnos del mercado inmobiliario: "Los mercados inmobiliarios son menos líquidos, pero la gente es muy cuidadosa cuando compra casas. Se trata normalmente de la mayor inversión que van a hacer, de manera que estudian el asunto con cuidado y comparan precios".

De hecho, los compradores de casas comparan concienzudamente el precio de su compra potencial con los precios de otras casas. Pero eso no dice nada sobre si el precio en general de las casas está justificado.

En pocas palabras, la fe en los mercados financieros eficientes cegó a muchos, si no a la mayoría, de los economistas ante la aparición de la mayor burbuja financiera de la historia. Y la teoría del mercado eficiente también desempeñó un significante papel en inflar esa burbuja hasta ese primer puesto.

Ahora que ha quedado al descubierto la verdadera peligrosidad de los activos supuestamente seguros, las familias de Estados Unidos han visto evaporarse su dinero por valor de 13 billones de dólares. Se han perdido más de 6 millones de puestos de trabajo y el índice de desempleo alcanza su más alto nivel desde 1940. Así que ¿qué orientación tiene que ofrecer la economía moderna ante el presente aprieto? ¿Y deberíamos fiarnos de ella?

V. LA PELEA POR EL ESTÍMULO

Durante una recesión normal, la Reserva Federal responde comprando Letras del Tesoro -deuda pública a corto plazo- de los bancos. Esto hace bajar los tipos de interés de la deuda pública; los inversores, al buscar un tipo de rendimiento más alto, se mueven hacia otros activos, haciendo que bajen también otros tipos de interés; y normalmente esos bajos tipos de interés finalmente conducen a la recuperación económica. La Reserva Federal abordó la recesión que comenzó en 1990 bajando los tipos de interés a corto plazo del 9% al 3%. Abordó la recesión que comenzó en 2001 bajando los tipos de interés del 6,5% al 1%. E intentó abordar la actual recesión bajando los tipos de interés del 5,25% al 0%.

Pero resultó que el cero no es lo suficientemente bajo como para acabar con esta recesión. Y la Reserva Federal no puede poner los tipos a menos de cero, ya que con tipos próximos al cero los inversores sencillamente prefieren acaparar efectivo en lugar de prestarlo. De tal modo que a finales de 2008, con los tipos de interés básicamente en lo que los macroeconomistas llaman zero lower bound, o límite inferior cero, como quiera que la recesión continuaba ahondándose, la política monetaria convencional había perdido toda su fuerza de tracción.

¿Y ahora qué? Ésta es la segunda vez que Estados Unidos se ha tenido que enfrentar al límite inferior cero, habiendo sido la Gran Depresión la ocasión precedente. Y fue precisamente la observación de que hay un límite inferior a los tipos de interés lo que llevó a Keynes a abogar por un mayor gasto público: cuando la política monetaria es infructuosa y el sector privado no puede ser persuadido para que gaste más, el sector público tiene que ocupar su lugar en el sostenimiento de la economía. El estímulo fiscal es la respuesta keynesiana al tipo de situación económica depresiva en la que estamos inmersos.

Tal pensamiento keynesiano subyace en las políticas económicas de la Administración de Obama. John Cochrane, de la Universidad de Chicago, indignado ante la idea de que el gasto gubernamental pudiera mitigar la última recesión, declaró: "Eso no forma parte de lo que todos hemos enseñado a los estudiantes graduados desde los años sesenta. Ésas (las ideas keynesianas) son cuentos de hadas que han demostrado ser falsas. Es muy reconfortante en los momentos de tensión volver a los cuentos de hadas que escuchamos de niños, pero eso no los hace menos falsos".

Pero como ha señalado Brad DeLong, la actual postura académica viene también siendo de generalizado rechazo a las ideas de Milton Friedman. Friedman creía que la política de la Reserva Federal, más que para cambios en el gasto público, debía ser utilizada para estabilizar la economía, pero nunca afirmó que un aumento del gasto público no puede, en cualesquiera circunstancias, aumentar el empleo. De hecho, al volver a leer el sumario de las ideas de Friedman de 1970, Un marco teórico del análisis monetario, lo que llama la atención es lo keynesiano que parece.

Y ciertamente Friedman nunca se creyó la idea de que el paro masivo represente una voluntaria reducción del esfuerzo de trabajo o la idea de que las recesiones en realidad sean buenas para la economía. Sin embargo, Casey Mulligan, también de Chicago, sugiere que el desempleo es tan elevado porque muchos trabajadores están optando por no aceptar trabajos.

Ha sugerido, en particular, que los trabajadores están prefiriendo seguir desempleados porque ello mejora sus probabilidades de recibir ayudas a sus deudas hipotecarias. Y Cochrane declara que el alto desempleo en realidad es bueno: "Debiéramos tener una recesión. La gente que pasa su vida machacando clavos en Nevada necesita algo distinto que hacer".

Personalmente, pienso que eso es una locura. ¿Por qué debería el desempleo masivo en todo el país hacer que los carpinteros se fueran de Nevada? ¿Puede alguien alegar seriamente que hemos perdido 6,7 millones de puestos de trabajo porque hay pocos estadounidenses que quieran trabajar? Claro que si empiezas por asumir que la gente es perfectamente racional y los mercados perfectamente eficientes, tienes que llegar a la conclusión de que el desempleo es voluntario y la recesión es deseable.

VI. DEFECTOS Y FRICCIONES

La economía, como disciplina, se ha visto en dificultades debido a que los economistas fueron seducidos por la visión de un sistema de mercado perfecto y sin fricciones. Si la profesión ha de redimirse a sí misma tendrá que reconciliarse con una visión menos seductora, la de una economía de mercado que tiene unas cuantas virtudes pero que está también saturada de defectos y de fricciones.

Existe ya un modelo bastante bien desarrollado del tipo de economía que tengo en mente: la escuela de pensamiento conocida como finanzas conductuales. Quienes practican este planteamiento ponen el énfasis en dos cosas. Primero, en el mundo real hay muchos inversores que tienen un escaso parecido con los fríos calculadores de la teoría del mercado eficiente: casi todos están demasiado sometidos al comportamiento de la manada, a ataques de entusiasmo irracional y de pánicos injustificados. Segundo, incluso aquellos que tratan de basar sus decisiones en el frío cálculo se encuentran con que a menudo no pueden, que los problemas de confianza, de credibilidad y de garantías limitadas les fuerzan a ir con la manada.

Entretanto ¿qué ocurre con la macroeconomía? Los acontecimientos recientes han refutado de manera decisiva la idea de que las recesiones son una óptima respuesta a las fluctuaciones en los índices del progreso tecnológico; un punto de vista más o menos keynesiano es la única alternativa plausible. Pero los modelos del neokeynesianismo estándar no dejan espacio para una crisis como la que estamos padeciendo, ya que esos modelos generalmente aceptaron el punto de vista del sector financiero sobre el mercado eficiente.

Una línea de trabajo, encabezada por nada menos que Ben Bernanke en colaboración con Marc Gertler, de la Universidad de Nueva York, ha puesto el acento en el modo en el que la carencia de garantías suficientes puede dificultar la capacidad de los negocios para recabar fondos y forjar oportunidades de inversión. Una línea de trabajo similar, en gran parte establecida por mi colega de Princeton Nobuhiro Kiyotaki y por John Moore, de la London School of Economics, sostenía que los precios de activos tales como las propiedades inmobiliarias pueden sufrir desplomes de los que salen fortalecidos pero que, a cambio, deprimen a la economía en su conjunto. Pero hasta ahora el impacto de las finanzas disfuncionales no ha llegado ni siquiera al núcleo de la economía keynesiana. Claramente, eso tiene que cambiar.

VII. RECUPERANDO A KEYNES

Así que esto es lo que pienso que tienen que hacer los economistas. Primero, tienen que enfrentarse a la incómoda realidad de que los mercados financieros distan mucho de la perfección, de que están sometidos a falsas ilusiones extraordinarias y a las locuras de mucha gente. Segundo, tienen que admitir que la economía keynesiana sigue siendo el mejor armazón que tenemos para dar sentido a las recesiones y las depresiones. Tercero, tienen que hacer todo lo posible para incorporar las realidades de las finanzas a la macroeconomía.

Al replantearse sus propios fundamentos, la imagen que emerge ante la profesión puede que no sea tan clara; seguramente no será nítida, pero podemos esperar que tenga al menos la virtud de ser parcialmente acertada.

Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de Juan Ramón Azaola.

Written by Eduardo Aquevedo

13 septiembre, 2009 at 1:59

Más ganancias, menos cultura*, por P. Bourdieu

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Pierre Bourdieu

BOURDIEU2 ¿Es posible todavía, y será posible por mucho tiempo, hablar de producciones culturales y de cultura? A los que hacen el nuevo mundo de la comunicación, y que son hechos por él, les gusta referirse al problema de la velocidad, los flujos de información y las transacciones que se vuelven cada vez más rápidos, y sin duda tienen razón en parte cuando piensan en la circulación de la información y la rotación de los productos. Dicho esto, la lógica de la velocidad y la del lucro que se reúnen en la búsqueda de la máxima ganancia en el corto plazo (con el rating en el caso de la televisión, el éxito de venta en el del libro -y, muy evidentemente, el diario-, el número de entradas vendidas en el de la película) me parecen incompatibles con la idea de cultura.

Cuando, como decía Ernst Gombrich, se destruyen las condiciones ecológicas del arte, el arte y la cultura no tardan en morir. Como prueba, podría limitarme a mencionar lo ocurrido con el cine italiano, que fue uno de los mejores del mundo y que sólo sobrevivía a través de un pequeño puñado de cineastas, o con el cine alemán, o con el cine de Europa oriental. O la crisis que sufrió en todas partes el cine de autor, por falta de circuitos de difusión. Sin hablar de la censura que pueden imponer los distribuidores a determinados filmes -el más conocido es el de Pierre Carles-. O también el destino de alguna cadena radiocultural, hoy en liquidación en nombre de la modernidad, el rating y las connivencias mediáticas.

¿Arte o mercancía? Pero no se puede comprender realmente lo que significa la reducción de la cultura al estado de producto comercial si no se recuerda cómo se constituyeron los universos de producción de las obras que consideramos como universales en el campo de las artes plásticas, la literatura o el cine. Todas las obras que se exponen en los museos, todos las películas que se conservan en las cinematecas, son producto de universos sociales que se constituyeron poco a poco independizándose de las leyes del mundo ordinario y, en particular, de la lógica de la ganancia.Para que lo entiendan mejor, he aquí un ejemplo: el pintor del Quattrocento -se sabe por la lectura de los contratos- debía luchar contra quienes le encargaban obras para que éstas dejaran de ser tratadas como un simple producto, valuado según la superficie pintada y al precio de los colores empleados; debió luchar para obtener el derecho a la firma, es decir el derecho a ser tratado como autor, y también por eso que, desde fecha bastante reciente, se llaman derechos de autor (Beethoven todavía luchaba por este derecho); debió luchar por la rareza, la unicidad, la calidad; debió luchar, con la colaboración de los críticos, los biógrafos, los profesores de historia del arte, etcétera, para imponerse como artista, como creador.

Es todo esto lo que está amenazado hoy a través de la reducción de la obra a un producto y una mercancía. Las luchas actuales de los cineastas por el final cut y contra la pretensión del productor de tener el derecho final sobre la obra, son el equivalente exacto de las luchas del pintor del Quattrocento. Los pintores necesitaron casi cinco siglos para conseguir el derecho de elegir los colores empleados, la manera de emplearlos y finalmente el derecho a elegir el tema, especialmente al hacerlo desaparecer con el arte abstracto, para gran escándalo del burgués que encargaba la obra. Del mismo modo, para tener un cine de autor se requiere un universo social, pequeñas salas y cinematecas que proyecten los clásicos y frecuentadas por los estudiantes, cineclubes animados por profesores de filosofía, cinéfilos formados en la frecuentación de dichas salas, críticos sagaces que escriban en los Cahiers du cinéma, cineastas que hayan aprendido su oficio viendo películas de las cuales pudieran hablar en estos Cahiers; en pocas palabras, todo un medio social en el cual determinado cine tiene valor, es reconocido.Son estos universos sociales los que hoy están amenazados por la irrupción del cine comercial y la dominación de los grandes difusores, con los cuales deben contar los productores, excepto cuando ellos mismos son difusores: resultado de una larga evolución, hoy han entrado en un proceso de involución.

En ellos se produce un retroceso: de la obra al producto, del autor al ingeniero o al técnico que utiliza recursos técnicos, los famosos efectos especiales, y estrellas, ambos sumamente costosos, para manipular o satisfacer las pulsiones primarias del espectador (a menudo anticipadas gracias a las investigaciones de otros técnicos, los especialistas en marketing).Reintroducir el reino de lo comercial en universos que se han constituido, poco a poco, contra él, es poner en peligro las obras más nobles de la humanidad, el arte, la literatura e incluso la ciencia.No creo que alguien pueda querer esto realmente. Recuerdo la célebre fórmula platónica: Nadie es malvado voluntariamente. Si es cierto que las fuerzas de la tecnología aliadas con las fuerzas de la economía, la ley del lucro y la competencia, ponen en peligro la cultura, ¿qué hacer para contrarrestar ese movimiento? ¿Qué se puede hacer para favorecer las oportunidades de aquellos que sólo pueden existir en el largo plazo, aquellos que, como los pintores impresionistas de antaño, trabajan para un mercado póstumo?

Buscar la máxima ganancia inmediata no es necesariamente obedecer a la lógica del interés bien entendido, cuando se trata de libros, películas o pinturas: identificar la búsqueda de la máxima ganancia con la búsqueda del máximo público es exponerse a perder el público actual sin conquistar otro, a perder el público relativamente restringido de gente que lee mucho, frecuenta mucho los museos, los teatros y los cines, sin ganar a cambio nuevos lectores o espectadores ocasionales. Una inversión rentable. Si se sabe que, al menos en todos los países desarrollados, la duración de la escolarización sigue creciendo, así como el nivel de instrucción medio, como crecen también todas las prácticas estrechamente relacionadas con el nivel de instrucción (frecuentación de los museos y los teatros, lectura, etcétera), se puede pensar que una política de inversión económica en los productores y los productos llamados de calidad, al menos en el corto plazo, podría ser rentable, incluso económicamente (siempre que se cuente con los servicios de un sistema educativo eficaz).

De este modo, la elección no es entre la mundialización -es decir la sumisión a las leyes del comercio y, por lo tanto, al reino de lo comercial, que siempre es lo contrario de lo que se entiende universalmente por cultura- y la defensa de las culturas nacionales o de tal o cual forma de nacionalismo o localismo cultural.Los productos kitsch de la mundialización comercial, el jean o la Coca-Cola, la soap opera o el filme comercial espectacular y con efectos especiales, o incluso la world fiction, cuyos autores pueden ser italianos o ingleses, se oponen en todos los sentidos a los productos de la internacional literaria, artística y cinematográfica, cuyo centro está en todas partes y en ninguna, aun cuando haya estado durante mucho tiempo y quizá todavía esté en París, sede de una tradición nacional de internacionalismo artístico, al mismo tiempo que en Londres y Nueva York.

Así como Joyce, Faulkner, Kafka, Beckett y Gombrowicz, productos puros de Irlanda, Estados Unidos, Checoslovaquia y Polonia fueron hechos en París, igual número de cineastas contemporáneos como Kaurismaki, Manuel de Oliveira, Satyajit Ray, Kieslowski, Woody Allen, Kiarostami y tantos otros no existirían como existen sin esta internacional literaria, artística y cinematográfica cuya sede social está ubicada en París. Sin duda porque es allí donde, por razones estrictamente históricas, se constituyó hace mucho y ha logrado sobrevivir el microcosmos de productores, críticos y receptores sagaces necesario para su supervivencia.Repito, hacen falta muchos siglos para producir productores que produzcan para mercados póstumos.

Es plantear mal los problemas oponer, como a menudo se hace, una mundialización y un mundialismo que supuestamente están del lado del poder económico y comercial, y también del progreso y la modernidad, a un nacionalismo apegado a formas arcaicas de conservación de la soberanía. En realidad, se trata de una lucha entre un poder comercial que intenta extender a todo el universo los intereses particulares del comercio y de los que lo dominan y una resistencia cultural, basada en la defensa de las obras universales producidas por la internacional desnacionalizada de los creadores.

Quiero terminar con una anécdota histórica que también tiene que ver con la velocidad y que expresa correctamente lo que debían ser, en mi opinión, las relaciones que podría tener un arte liberado de las presiones del comercio con los poderes temporales. Se cuenta que Miguel Angel mantenía tan poco las formas protocolares en sus relaciones con el papa Julio II, quien le encargaba sus obras, que éste se veía obligado a sentarse muy rápidamente para evitar que Miguel Angel se sentara antes que él. En un sentido, se podría decir que intenté perpetuar aquí, muy modestamente, pero de manera fiel, la tradición, inaugurada por Miguel Angel, de distancia con respecto a los poderes y muy especialmente a estos nuevos poderes que son las fuerzas conjugadas del dinero y los medios.

*Copyright Clarín y Le Monde, 1999. Traducción de Elisa Carnelli

Economía mundial: la gran transformación desde los años ochenta hasta la crisis actual…

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La gran transformación desde los años ochenta hasta la crisis actual, tanto en el Sur como en el Norte

por Éric Toussaint

crisis2008 Después de la segunda guerra mundial, en el Norte las décadas de los cincuenta y sesenta estuvieron marcadas por un fuerte crecimiento económico (años llamados los «Treinta gloriosos») que permitió a los trabajadores conquistar, por la lucha, importantes avances sociales, como un aumento neto del nivel de vida, la consolidación del sistema de seguridad social, mejora de los servicios públicos, en especial la educación y la sanidad, etc. El Estado procedió también a efectuar numerosas nacionalizaciones, lo que reforzó su poder de intervención económica. Las poblaciones se beneficiaron mucho, más que antes, de la riqueza creada en el nivel nacional, mientras aumentaba la parte correspondiente a los salarios en la renta del país.

Al mismo tiempo, en el Sur, mientras los países latinoamericanos se encontraban en una fase de rápida industrialización, se proclamaba —al menos oficialmente— la independencia de la mayor parte de los países africanos y asiáticos. Algunos de ellos trataron de conseguir una autonomía política y económica real (unos, como la India, Indonesia y Egipto, respetando el sistema capitalista, mientras otros, como China, Vietnam y Cuba, rompiendo con éste), pero la gran mayoría de los nuevos países independientes estaban, y siguen estando, sometidos a la autoridad de una gran potencia, a menudo la antigua metrópoli.

La deuda es uno de los factores más poderosos de este sometimiento, pues en el momento en que la administración y el ejército de los países colonizadores abandonaban físicamente el país que conquistaba su independencia, los gobiernos de los nuevos Estados eran incitados a endeudarse masivamente. Los acreedores aparentaban ignorar la malversación —aunque incluso la alentaban—que las clases dirigentes locales hacían de los fondos recibidos. Los países del Sur, cada vez más endeudados, debían aumentar continuamente su producción para la exportación, y obtener así las divisas necesarias para el reembolso de la deuda. Actuando de este modo, comenzó entre ellos una competencia para poner en el mercado bienes primarios (algodón, café, cacao, bananas, azúcar, cacahuete y otras oleaginosas, minerales…) que la economía de los países del Norte necesitaba. Esta superproducción sería dramática para la evolución del precio de estos bienes, tanto más cuando los países del Norte sufrieron, a partir de 1973, la primer gran recesión después de la segunda guerra mundial.

Los años ochenta del siglo pasado estuvieron marcados por un cambio en las relaciones de fuerza, tanto entre los países industrializados y los de la Periferia como entre los capitalistas y los asalariados. Fue el resultado de la combinación de varios factores:

1.- La decisión de Paul Volcker, actual consejero económico de Barack Obama, por la que aumentó brutalmente el tipo de interés a partir de fines del año 1979, cuando era director de la Reserva Federal de Estados Unidos.

2.- El «contragolpe petrolero» de 1981 que puso fin a una política de precios elevados de los bienes primarios favorable a los países exportadores de la Periferia. (Todos los precios de las materias primas y de los productos del agro sufrieron una continuada tendencia a la baja desde 1981 hasta comienzos del año 2000.)

3.- La ofensiva general de los gobiernos de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan contra los asalariados, en el marco de la crisis económica generalizada entre 1980 y 1982. Las relaciones de fuerza se deterioraron ostensiblemente, tanto para los países de la Periferia como para los asalariados.

México (seguido más tarde por otros países de Latinoamérica) al sentirse acorralado por tener que desembolsar el servicio de la deuda con unos ingresos fiscales menguantes, paró momentáneamente el pago de su deuda en agosto de 1982 |1|: era la «crisis de la deuda», que afectaría a todos los países del Sur con el paso de los años. El nudo corredizo se cerraba sobre el cuello de los pueblos del Tercer Mundo. A continuación, el stock de la deuda exterior pública de los PED aumentó rápidamente.

Se produjeron transferencias masivas de fondos desde los países de la Periferia hacia los países más industrializados, principalmente por medio de los pagos de la deuda externa. A mediados de la década de los ochenta, la transferencia neta sobre la deuda pasó de positiva a negativa, ya que los gobiernos de los países en desarrollo (PED) debieron desembolsar, cada año, una cantidad mayor que la que recibían como nuevos préstamos de parte de los acreedores, sin conseguir, sin embargo, acabar con la deuda. Por el contrario, el stock de la deuda continuó creciendo.

Este fenómeno para el conjunto de los PED se muestra en los gráficos siguientes (gráficos 1 y 2).

Gráfico 1. Evolución de las transferencias netas sobre la deuda externa pública de los PED.

La deuda externa pública incluye la deuda externa pública a largo plazo y los créditos del FMI. La transferencia neta sobre la deuda es la diferencia entre los préstamos concedidos y las sumas desembolsadas durante un año determinado. Una diferencia positiva significa que la suma prestada y que ingresó al país fue superior a la suma total de los pagos de ese año. Si la diferencia es negativa, la suma desembolsada fue mayor que el total recibido en forma de préstamos durante ese año. El gráfico muestra que entre 1985 y 2008, excepto los años 1993 y 1998, la transferencia neta fue negativa: una vez hechas las cuentas, los gobiernos de los PED reembolsaron mucho más de lo que recibieron en nuevos préstamos y sin embargo no lograron disminuir su deuda por el contrario…(véase más abajo).

Varios planes Marshall fueron enviados al Norte
Por lo tanto, los PED transfirieron hacia sus acreedores el equivalente a cerca de 8 planes Marshall.

El aumento de la deuda pública y de las sumas a devolver afecta también a los países más industrializados, lo que en el Norte significa una transferencia masiva de los ingresos de los asalariados en beneficio de los capitalistas. En efecto, los gobiernos reembolsan las deudas contraídas con los bancos privados y otros inversores institucionales (compañías de seguros, fondos de pensiones, mutual funds) con una parte cada vez más importante de los impuestos, que, principalmente, son pagados por los asalariados. Desde los años ochenta hasta la actualidad, los gobiernos neoliberales o socioliberales van reduciendo constantemente los impuestos pagados por los capitalistas —lo que produce el aumento de la parte de los impuestos provenientes de los trabajadores— en el total de ingresos fiscales que se destinan al pago de la deuda.

En los países más industrializados (pero también es cierto para los países del Sur), la patronal multiplica las agresiones contra los asalariados con el fin de aumentar substancialmente sus beneficios, y con el apoyo de los gobiernos consigue alcanzar su objetivo. Y eso lo muestra muy bien el gráfico siguiente. La tasa de beneficio, que había sufrido una tendencia a la baja en el curso de los años 1960 y 1970, comienza a aumentar de nuevo, de forma estable, a partir de 1981-1982.

*La tasa de beneficio de Europa está compuesto por la tasa media de beneficio de Alemania, Francia y el Reino Unido.
** La tasa de beneficio se ha calculado como el cociente entre el excedente neto de explotación nacional y el stock de capital neto del país. Fuente: Elaborado por Nacho Álvarez y Bibiana Medialdea a partir de datos de AMECO (Annual Macroeconomic Data Base, Comisión Europea)

Por otro lado, la parte de los salarios en el producto interior bruto también sufrió una caída acentuada a partir de 1981-1982 (la tendencia a la baja, que había comenzado en Europa con la gran recesión de 1974-1975, se profundizó a partir de 1981). En forma inversa, la parte de los ingresos que embolsa el capital aumenta.

Si se suma Japón y algunos otros países industrializados a Estados Unidos y la Unión Europea, se obtiene, aproximadamente, el mismo tipo de evolución. La proporción de la masa salarial en el PIB comienza a bajar a partir de 1974-1975. El descenso se acentúa francamente a partir de 1982.

Como muestra la curva de Sáez (gráfico 5), la parte del ingreso nacional de Estados Unidos que corresponde al 10 % más rico de población creció de manera impresionante. El crecimiento es particularmente fuerte a partir del comienzo de los años ochenta. Mientras que el 10 % más rico acaparaba el 35 % del ingreso nacional en 1982, su parte aumenta en forma espectacular y alcanza el 50 % 25 años más tarde, reproduciéndose así la situación que precedió al crash de la Bolsa de Wall Street de 1929.

La gran transformación de los años ochenta se manifiesta también por la distancia creciente que separa la tasa de beneficio (que aumenta) de la tasa de acumulación (que baja). Expresado de forma simple: desde 1980, una porción creciente de los beneficios no se invierte en la producción sino que es absorbida por los capitalistas o es desviada hacia la esfera financiera de acuerdo con un comportamiento rentista.

Otra evolución completa la gran transformación: en Estados Unidos: mientras que la parte de los salarios disminuye en la composición del producto interior, el consumo privado aumenta fuertemente a partir de 1981-1982. Y eso significa dos cosas:

1.- Los asalariados financian en forma creciente su consumo a través de créditos. El 20 % más pobre de la población fue el que más aumentó su endeudamiento (un 90 % entre 2000 y 2007), constituyendo el eslabón débil del proceso y el público natural de las subprime.

2.- Los capitalistas consumen cada vez más y utilizan una parte creciente de sus beneficios en sus gastos suntuarios. Pero también se endeudan. En efecto, si se tiene en cuenta la masa del crédito, el 20 % más rico contribuyó a la mitad de la progresión de la deuda de las familias registrada entre 2000 y 2007. Los ricos se endeudaron para especular en la Bolsa o en otros sectores, como el inmobiliario, puesto que los precios estaban en alza.

En Estados Unidos (gráfico 7 A) el consumo creció fuertemente mientras que la masa salarial disminuía. En el seno de la Unión Europea (gráfico 7 B), la parte del salario bajó de manera importante mientras que el consumo se mantuvo. La diferencia entre Estados Unidos y la Unión Europea en cuanto a la evolución del consumo se debe a que, exceptuando el Reino Unido, España e Irlanda, el endeudamiento de las familias se mantiene netamente inferior al de Estados Unidos (aunque progresa lentamente). Es decir, el crédito ha financiado el consumo en menor proporción.

El gráfico 8 muestra que en Estados Unidos son los bancos, las compañías de seguros y los demás inversores institucionales los que tuvieron un fuerte crecimiento de rentabilidad, mientras que la tasa de beneficio del sector industrial progresó mucho menos.


*La tasa de beneficio de las sociedades no financieras se ha calculado como el cociente entre sus beneficios y el stock neto de capital fijo de dichas sociedades. La tasa de beneficio de las sociedades financieras se ha calculado de forma análoga.
Fuente: Elaborado por Nacho Álvarez y Bibiana Medialdea a partir de US Department of Commerce, BEA, National Economic Accounts.

En resumen, la gran transformación que comenzó en los años ochenta, continuación de la ofensiva lanzada por el capital contra el trabajo, suponía un crecimiento económico cuyos resultados estaban repartidos de manera cada vez más desigual. El crecimiento estaba apoyado en una acumulación de deudas en el marco de una financiarización creciente de la economía. Más tarde o más temprano, este modelo de acumulación debía entrar en crisis cuando el eslabón más débil de la cadena cediera (el mercado de las subprime). Y eso sucedió a mediados del 2007.

Lejos de ser un accidente económico o la consecuencia de las fechorías de algunos, |2| se trata de la continuación natural de la lógica que prevalece en el sistema capitalista. Además, como dice Michel Husson: «Los mercados financieros no son un parásito en un cuerpo sano. Se alimentan del beneficio no invertido pero, con el tiempo, adquieren un grado de autonomía que refuerza este mecanismo. Los capitales libres circulan a la búsqueda de una rentabilidad máxima (la famosa norma del 15%) y logran, al menos temporalmente, obtenerla en ciertos segmentos. Los propios bancos captan una parte creciente de los beneficios. Esta competencia por un rendimiento mayor eleva la norma de rentabilidad y rarifica un poco más los lugares de inversión juzgados rentables, desprendiendo así nuevos capitales libres que a su vez partirán a la búsqueda de una rentabilidad financiera aún mayor. Este círculo vicioso se basa, una vez más, en un reparto de las rentas desfavorable a los trabajadores y al reconocimiento de sus necesidades sociales.» |3|

Para entender la crisis que estalló en 2007, conviene no detenerse en su detonador. La cascada de quiebras financieras, a pesar de ser la parte visible, no constituye la causa fundamental de la crisis.

Hace 150 años, Karl Marx previno sobre una interpretación superficial de las crisis capitalistas: «Los años 1843-1845 fueron los de la prosperidad industrial y comercial, consecuencias necesarias de la depresión casi permanente de la industria en el período de 1837-1842. Como siempre, la prosperidad trajo muy rápidamente la especulación. Ésta surge regularmente en los períodos donde la superproducción llega a su límite, y le ofrece algunas salidas momentáneas. Pero al mismo tiempo urge la irrupción de la crisis y aumenta su violencia. La crisis misma estalla en primer lugar allí donde la especulación se expandió y sólo más tarde llega a la producción. El observador superficial no ve la causa de la crisis en la superproducción. La desorganización consecutiva de la producción no aparece como el resultado necesario de su propia exuberancia anterior sino como una simple reacción de la especulación que se desinfla.» |4|

La conclusión se impone: esta crisis tiene sus raíces en el sistema capitalista como tal, y no simplemente en su fase neoliberal.

Entonces, ¿cómo podemos salir de ella? Hay muchas salidas capitalistas a la crisis, ya que este sistema no se hundirá por sí solo. La que ahora buscan los gobiernos actuales implica una profundización de la ofensiva del capital contra el trabajo: austeridad o reducción de los salarios, aumento de la explotación de los trabajadores y de los pequeños productores, utilización de una porción mayor de los ingresos fiscales para el salvamento de los capitalistas y para el reembolso de una deuda pública que se ha disparado desde el 2007-2008. Paralelamente a esta ofensiva en curso se va adoptando algunos mecanismos suaves de reglamentación de los mercados financieros y se ha efectuado una estatización de algunas empresas financieras (principalmente en Estados Unidos y en el Reino Unido).

Unas movilizaciones populares masivas podrían conducir a un cambio en la política gubernamental, más o menos comparable al iniciado por Franklin D. Roosevelt, el New Deal, a partir de 1933, casi cuatro años después del crash de Wall Street, y seguido por diferentes gobiernos de Europa occidental, como Gran Bretaña y Francia. |5| ¿Pasará lo mismo esta vez? No hay ninguna garantía. Todo dependerá del rigor de las resistencias de aquellas y aquellos que son víctimas de la crisis. Es la lucha de clases, esa realidad que el pensamiento único quiere hacer desaparecer, la que decidirá la salida.

Por su parte, los pueblos de los PED están también directamente confrontados a un retorno con toda la fuerza de la ofensiva del capital contra el trabajo. En efecto, los años 2004-2007 habían significado en numerosas regiones, especialmente en los países emergentes, una ligera mejora en las condiciones de vida, debido principalmente a un nivel elevado del precio de los productos primarios (incluido el petróleo), que generaba ingresos importantes para los países exportadores. En el caso de China, la causa fue el aumento permanente de las exportaciones de productos manufacturados hacia los mercados internacionales. Mediante movilizaciones, los trabajadores chinos y rusos consiguieron aumentos salariales. Los gobiernos de países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argelia, Argentina, Brasil y la India habían aumentado algunos gastos sociales.

La crisis alimentaria del primer semestre del 2008, seguida de las recaídas de las crisis financieras y económicas modificó totalmente la situación, incluso si todos los países no se ven afectados de la misma manera. Una nueva crisis de la deuda está en gestación. En el conjunto de los países perjudicados serán determinantes las luchas populares. Porque es necesario poner por delante una solución anticapitalista a esta crisis, sin esperar la salida que los capitalistas y los gobiernos a su servicio quieren imponer, y luchar sin demora para conseguirlo.

Traducido por Griselda Pinero y Raul Quiroz

Notas

|1| Ver Eric Toussaint, Banco mundial, el golpe de estado permanente, El Viejo Topo, Barcelona, Enero 2007; Editorial Abya-Yala, Quito, Julio 2007; CIM, Caracas, Agosto 2007; Observatorio DESC, La Paz, Noviembre 2007, capitulo 14, « La crisis de la deuda mexicana y el banco mundial».

|2| Barack Obama declaró en la cumbre del G8 en Italia, en julio de 2009: «las acciones irresponsables de algunos generaron una recesión que barrió el planeta» (véase Le Monde del 11 de julio de 2009). Como si el sistema capitalista y la desreglamentación financiera decidida por el gobierno de Estados Unidos y por otros del G7 no fueran responsables del desastre actual.

|3| «El capitalismo tóxico», Viento Sur nº 101, noviembre de 2008, http://hussonet.free.fr/toxicape.pdf

|4| «Crise, prospérité et révolution», Marx – Engels, Revue de mai à octobre de 1850 en Marx-Engels, La crise, 10-18, 1978, p. 94.

|5| Véase Eric Toussaint, «Una mirada al retrovisor para comprender el presente» (3/6) «El eclipse liberal de los años treinta a los setenta del siglo xx, 24 de junio de 2009. http://www.cadtm.org/spip.php?article4504 y (5/6)) «Révolution keynésienne et contre-révolution néo-libérale», 11 de junio de 2009, http://www.cadtm.org//spip.php?article4446

La crisis está empezando (contra el discurso oficial)…

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Michel Husson, en CRISISSS1Regards

Traducción de Alberto Nadal para VIENTO SUR

Era previsible: el menor temblor de la coyuntura iba a ser interpretado como la señal del comienzo del fin de la crisis. Un trimestre de crecimiento no negativo ha bastado para que los traders y los bonus vuelvan con ardor. Se intenta tranquilizar como se pueda. Así, el instituto patronal francés Rexeco subraya que “el ajuste a la baja de los efectivos en la fase recesiva actual ha sido más débil que el observado en precedentes fases recesivas”.

Suponer que la recesión pueda ser borrada por una mini-recuperación, es no ver más allá de la punta de la nariz. Que el ajuste sobre el empleo haya sido (relativamente) moderado tenida en cuenta la amplitud del choque, es posible. Pero la contrapartida es un retroceso brutal de la productividad que Rexecode cifra en el 2,2%. Esto quiere decir que los resultados de las empresas se degradan otro tanto, así como las finanzas públicas por la parte del paro parcial que toman a su cargo. ¿Quién puede creer que las empresas no van a intentar restablecer sus ganancias, bloqueando los salarios, o ajustando sus plantillas? Todos los dispositivos, como el paro parcial que juega un papel considerable en Alemania, tienen una duración de utilización limitada. Y, cuando se agoten, los despidos directos tomarán el relevo. El gobierno francés lo sabe bien, y ha presentado más bien un perfil bajo a propósito del “retroceso” reciente del paro adquirido a golpe de “estadística creativa”, y que no impedirá su aumento ulterior (bajo reserva de nuevos tratamientos “estadísticos”).

La hipótesis de una recuperación significativa es poco probable debido precisamente a los ajustes frente a la crisis. En los Estados Unidos, la tasa de ahorro de las familias ha aumentado sensiblemente, lo que quiere decir que el sobreconsumo basado en el sobreendeudamiento no podrá ya volver a encontrar su papel de motor del crecimiento. China se reactiva también, pero la demanda interna juega un papel más importante que las exportaciones, lo que implica también menores importaciones y por tanto mercados menos dinámicos para los Estados Unidos o Europa. Japón está catatónico, el Reino Unido casi en quiebra y Alemania no cuenta más que con las exportaciones, contribuyendo así a deprimir el crecimiento en toda Europa. Un sector motor como el automóvil va a averiarse una vez que los planes “renove” y similares sean suprimidos. Y las empresas no están en absoluto incitadas a invertir más allá de un mantenimiento de las capacidades de producción en algunos sectores. No hablemos del “ladrillo”.

Los próximos meses verán pues ponerse en marcha un nuevo bucle recesivo alimentado por dos mecanismos que no actúan aún. En primer lugar, la demanda salarial va a acabar por estancarse debido a la bajada del empleo y el bloqueo de los salarios. A la vez, las medidas destinadas a reabsorber los déficits presupuestarios van a anular progresivamente el efecto de arrastre de los gastos públicos y sociales sobre la actividad económica.

Sería pues erróneo dejarse impresionar por el sentimiento general de alivio: “¡bueno, finalmente no era tan grave!” Tenemos, al contrario, ante nosotros varios años de crecimiento deprimido y de medidas de austeridad destinadas a enjugar los planes de relanzamiento. Tras los discursos tranquilizadores, se juega en realidad una comedia siniestra: lo que ocurre hoy, es la reconstitución discreta de las ganancias y de las rentas, de la que el asunto de los bonus es un pequeño símbolo. Y muy malos golpes se preparan contra la Seguridad Social y las jubilaciones.

Todo esto es, después de todo, comprensible: los intereses sociales dominantes no tienen más que un único objetivo: restablecer el funcionamiento del capitalismo anterior al estallido de la crisis. Es lógico pero al mismo tiempo absurdo. Lógico, porque no existe alternativa: de la última gran recesión (la de 1974-75) el capitalismo pudo salir al precio del gran giro neoliberal de comienzos de los años 1980. Pero no hay en el fondo más que dos formas de funcionar para el capitalismo: “a lo Keynes”, como durante los “Treinta Gloriosos”, o “a lo liberal”. Como las presiones sociales son insuficientes para volver a la primera fórmula, no queda otra salida que ir aún más lejos en la vía neoliberal. Pero es absurdo: esta vía está taponada de forma duradera porque sus condiciones de viabilidad han sido destruidas por la crisis financiera. Tal es la contradicción mayor del período que se abre.

Publicado en Regards, septiembre 2009, y en la web de Michel Husson (http://hussonet.free.fr/).

Mafias farmacéuticas…

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Ignacio Ramonet, Le Monde Diplomatique

GRIPEPORCINA Muy pocos medios de comunicación lo han comentado. La opinión pública no ha sido alertada. Y sin embargo, las preocupantes conclusiones del Informe final (1), publicado por la Comisión Europea el pasado 8 de julio,  sobre los abusos en materia de competencia en el sector farmacéutico merecen ser conocidas por los ciudadanos y ampliamente difundidas.

¿Qué dice ese informe? En síntesis: que, en el comercio de los medicamentos, la competencia no está funcionando, y que los grandes grupos farmacéuticos recurren a toda suerte de juegos sucios para impedir la llegada al mercado de medicinas más eficaces y sobre todo para descalificar los medicamentos genéricos mucho más baratos. Consecuencia: el retraso del acceso del consumidor a los genéricos se traduce en importantes pérdidas financieras no sólo para los propios pacientes sino para la Seguridad Social a cargo del Estado (o sea de los contribuyentes). Esto, además, ofrece argumentos a los defensores de la privatización de los Sistemas Públicos de Salud, acusados de ser fosos de déficits en el presupuesto de los Estados.

Los genéricos son medicamentos idénticos, en cuanto a principios activos, dosificación, forma farmacéutica, seguridad y eficacia, a los medicamentos originales producidos en exclusividad por los grandes monopolios farmacéuticos. El periodo de exclusividad, que se inicia desde el momento en que el producto es puesto a la venta, vence a los diez años; pero la protección de la patente del fármaco original dura veinte años.  Entonces es cuando otros fabricantes tienen derecho a producir los genéricos que cuestan un 40% más baratos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la mayoría de los Gobiernos recomiendan el uso de genéricos porque, por su menor coste, favorecen el acceso equitativo a la salud de las poblaciones expuestas a enfermedades evitables (2).

El objetivo de las grandes marcas farmacéuticas consiste, por consiguiente, en retrasar por todos los medios posibles la fecha de vencimiento del periodo de protección de la patente; y se las arreglan para patentar añadidos superfluos del producto (un polimorfo, una forma cristalina, etc.) y extender así, artificialmente, la duración de su control del medicamento. El mercado mundial de los medicamentos representa unos 700.000 millones de euros (3); y una docena de empresas gigantes, entre ellas las llamadas " Big Pharma " -Bayer, GlaxoSmithKline (GSK), Merck, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi-Aventis-, controlan la mitad de ese mercado. Sus beneficios son superiores a los obtenidos por los poderosos grupos del complejo militar-industrial. Por cada euro invertido en la fabricación de un medicamento de marca, los monopolios ganan mil en el mercado (4). Y tres de esas firmas, GSK, Novartis y Sanofi, se disponen a ganar miles de millones de euros más en los próximos meses gracias a las ventas masivas de la vacuna contra el virus A(H1N1) de la nueva gripe (5).

Esas gigantescas masas de dinero otorgan a las " Big Pharma " una potencia financiera absolutamente colosal. Que usan en particular para arruinar, mediante múltiples juicios millonarios ante los tribunales, a los modestos fabricantes de genéricos. Sus innumerables lobbies hostigan también permanentemente a la Oficina Europea de Patentes (OEP), cuya sede se halla en Múnich, para retrasar la concesión de autorizaciones de entrada en el mercado a los genéricos. Asimismo lanzan campañas engañosas sobre estos fármacos bioequivalentes y asustan a los pacientes. El resultado es que, según el reciente Informe publicado por la Comisión Europea, los ciudadanos han tenido que esperar, por término medio, siete meses más de lo normal para acceder a los genéricos, lo cual se ha traducido en los últimos cinco años en un sobregasto innecesario de cerca de 3.000 millones de euros para los consumidores y en un 20% de aumento para los Sistemas Públicos de Salud.

La ofensiva de los monopolios farmacéutico-industriales no tiene fronteras. También estarían implicados en el reciente golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras, país que importa todas sus medicinas, producidas fundamentalmente por las " Big Pharma ". Desde que Honduras ingresó en el ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de América), en agosto de 2008, Manuel Zelaya negociaba un acuerdo comercial con La Habana para importar genéricos cubanos, con el propósito de reducir los gastos de funcionamiento de los hospitales públicos hondureños. Además, en la Cumbre del 24 de junio pasado, los Presidentes del ALBA se comprometieron a "revisar la doctrina sobre la propiedad industrial", o sea, la intangibilidad de las patentes en materia de medicamentos. Estos dos proyectos, que amenazaban directamente sus intereses, impulsaron a los grupos farmacéuticos transnacionales a apoyar con fuerza el movimiento golpista que derrocaría a Zelaya el 28 de junio último (6).

Asimismo, Barack Obama, deseoso de reformar el sistema de salud de Estados Unidos que deja sin cobertura médica a 47 millones de ciudadanos, está afrontando las iras del complejo farmacéutico-industrial. Aquí, las sumas en juego son gigantescas (los gastos de salud representan el equivalente del 18% del PIB) y las controla un vigoroso lobby de intereses privados que reúne, además de las " Big Pharma ", a las grandes compañías de seguros y a todo el sector de las clínicas y de los hospitales privados. Ninguno de estos actores quiere perder sus opulentos privilegios. Por eso, apoyándose en los grandes medios de comunicación más conservadores y en el Partido Republicano, están gastando decenas de millones de dólares en campañas de desinformación y de calumnias contra la necesaria reforma del sistema de salud.

Es una batalla crucial. Y sería dramático que las mafias farmacéuticas la ganasen. Porque redoblarían entonces los esfuerzos para atacar, en Europa y en el resto del mundo, el despliegue de los medicamentos genéricos y la esperanza de unos sistemas de salud menos costosos y más solidarios.

Notas:
(1) http://ec.europa.eu/comm/competition/sectors/ pharmaceuticals/inquiry/index.html
(2) El 90% de los gastos de la gran industria farmacéutica para el desarrollo de nuevos fármacos está destinado a enfermedades que sólo padece el 10% de la población mundial.
(3) Intercontinental Marketing Services (IMS) Health, 19 de marzo de 2009.
(4) Carlos Machado, "La mafia farmacéutica. Peor el remedio que la enfermedad", 5 de marzo de 2007 (www.ecoportal.net/content/view/full/67184).
(5) Léase, Ignacio Ramonet, "Los culpables de la gripe porcina", Le Monde diplomatique en español , junio de 2009.
(6) Observatorio Social Centroamericano, 29 de junio de 2009.

XXVII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), Argentina, 2009. Convocatoria.

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XXVII CONGRESO ALAS
“Latinoamérica interrogada. Depredación de Recursos Naturales, Democracia Participativa, Escenarios Productivos y Construcción de Conocimiento”
31 de agosto al 4 de Septiembre de 2009
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires
Convocatoria
Latinoamérica interrogada
 
PROGRAMA COMPLETO XXVII CONGRESO ALAS, ARGENTINA…
 
PORTAL OFICIAL DE ALAS PARA EL XXVII CONGRESO…
 
 

Puesta en marcha

Latinoamérica se ha configurado como designación de un espacio social, y este recorte territorial y poblacional ha cobrado históricamente distintos significados, pasando de la negatividad de lo impuesto a una identidad que le fuera propia, autónoma, en medio de un juego de seculares enajenaciones, entre conflictos arrasadores y luchas por disputar un horizonte impuesto, aherrojado. Empeño liberador que se renueva con vigor en estos inicios del siglo XXI, pese a las dominaciones sucesivas y a las destemplanzas de las décadas neoliberales precedentes, cuyas vestiduras ocultan, como disfraces, los gritos de la resistencia. Y una y otra vez emerge la necesidad del auto-descubrimiento social: la desnudez de la mano tendida hacia lo alto, rememorando la monumental escultura erigida en San Pablo, territorio flujo latinoamericano incrustado como un gran río que fluye desde la palma hasta los confines del brazo que se hunde o emerge, según se vea, desde la tierra, abertura a la interrogación. Geografía tatuada como metáfora en esa segunda A de ALAS.

Alas, la Asociación Latinoamericana de Sociología, no ha cesado durante más de medio siglo (1950-2007) de colocar en debate crítico la realidad social latinoamericana, estableciendo así un lenguaje propio que la distingue. La hora indica que podremos continuar en esta tarea, recurriendo a nuevos significados con un atributo redoblado: intensificar el debate crítico y colectivo a partir de interrogar e interrogarnos en esta hora latinoamericana. La Sociología y las Ciencias Sociales aún no han abandonado en buena medida las certezas pedagógicas, luego de tan largos caminos recorridos es quizás el momento de renovar esfuerzos por producir las interrogaciones que permitan contribuir con los cambios necesarios que exigen hoy radicalmente la inclusión y la justicia social latinoamericana y caribeña.

El XXVII Congreso ALAS 2009 en Buenos Aires se constituye así en una gran oportunidad de encuentro para la Sociología y las Ciencias Sociales. Estamos decididos a construir a partir de este objetivo un motivo para consolidar el movimiento intelectual latinoamericano en Ciencias Sociales y tomar el Congreso como motivo para fortalecer la participación multitudinaria y diversa. Así la invitación queda fijada como un desafío común de responsabilidades trascendentes, alejando si fuera posible esta simulación de las certezas de lo preconcebido, renovando la base material del encuentro dialógico, como infraestructura necesaria para la interrogación científica, académica, social, cultural. Nos atrevemos a afirmar que sin esta materialidad resultará quizás muy difícil alejarse de los espectros de la clarividencia iluminista, a la hora de recuperar el pensamiento crítico y colectivo latinoamericano.

En este escenario con continuidades y rupturas frente al neoliberalismo en la Región Latinoamericana y del Caribe se presenta el desafío de la contribución de las Ciencias Sociales a colocar en debate en el XXVII Congreso ALAS en cuatro ejes temáticos claves:

1. Depredación recursos naturales y conflicto ecológico
2. Ciudadanía y democracia participativa
3. Nuevos escenarios productivos en América Latina
4. Construcción de conocimiento

Para todo tipo de información sobre participación en el Congreso, ver Portal Oficial de ALAS: XXVII CONGRESO ALAS 2009, ARGENTINA (haz clic aqui)

 

Fontaine, asesor económico de Enriquez-Ominami, con Piñera en la segunda vuelta?

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Por Daniel Gómez Yianatos / La Nación

Paul Fontaine, encargado económico del comando de Enríquez-Ominami

"Si Marco no pasa, me inclinaría por Piñera"

CHILEOMINAMI-MARC Aunque una segunda vuelta presidencial sin el diputado díscolo es un tema tabú en el comando, Fontaine anticipa, a título personal, que votaría por el abanderado de la Alianza, porque, entre otras cosas, “él también quiere una sociedad más justa”. Además aclara que nunca ha pensando en renunciar a su cargo y que la postura de vender el 5% de Codelco a privados sigue vigente.

Paul Fontaine nunca ha comulgado con ideologías. En su etapa universitaria permaneció indiferente a la discusión política. No se sentía representado por ningún bando. Sólo se preocupó de estudiar. Como era imposible desligarse de la influencia de su padre, uno de los primeros Chicago Boys y mentor de varias generaciones gremialistas, varias veces fue tentado por la UDI. Ninguna oferta lo sacó de su faceta empresarial. Se definió como apolítico para atajar nuevas propuestas. Marco Enríquez-Ominami (MEO) fue el único capaz de entusiasmarlo. Ya como cerebro económico del comando presidencial del diputado díscolo, Fontaine ha tenido que someterse a una exposición mediática que incluso ha sacado a flote su pololeo escolar con Cecilia Bolocco.

-¿Cómo conoció a MEO?

-En un cumpleaños de Carola Julio (esposa de su socio Rodrigo Danús). Marco fue con Karen Doggenweiler. Me di cuenta de que teníamos bastantes cosas en común. Simpatizamos intelectualmente. Visualizamos una sociedad en que el mercado es importante para crear riquezas y dar trabajo, en medio de un Estado que hace más fuerte a algunos sectores.

-¿Tenía algún tipo de prejuicio?

-Pensé que era un socialista más tradicional. Le dije: "Mira Marco, ustedes que son socialistas, parte de la Concertación, no veo para nada que estén dedicados a los más necesitados del país". Me respondió que tenía toda la razón. Nos hicimos amigos. Incluso fuimos juntos con las señoras a Buenos Aires. El año pasado, Marco me dijo que estaba pensando en postular a la Presidencia.

-¿Le creyó?

-No. Le dije que era algo interesante. Nunca pensé que iba a llegar tan lejos. En febrero se decidió todo y lo apoyé. Marco me pidió que le ayudara a elaborar un plan económico para el gobierno sobre la base de todos estos principios básicos que habíamos conversado. Así partió mi involucramiento con Marco. Si uno está en el servicio público o en política, tiene que ser por convicciones personales profundas.

-¿Qué dijo su papá?

-Mi papá tiene sus prejuicios, que no son ni prejuicios, porque el socialismo chileno en verdad fue bastante atroz en el pasado. En mi opinión, el gobierno de Allende destruyó la economía y fue perjudicial para los pobres. Fue un desastre el gobierno de Allende. Fidel Castro no le ha hecho muy bien a la población cubana. El socialismo ha caído en todas partes del mundo. Mi papá tiene un prejuicio contra el socialismo que está bien fundamentado. Sí le cuesta más captar que Marco es un socialista moderno, totalmente distinto. Marco cree en la justicia social, en la distribución del ingreso y en la igualdad de oportunidades. Es lo mismo que cree mi papá.

-¿Leyó el plan económico?

-Lo ha mirado y se ha dado cuenta de que es razonable.

-¿Cuando llegó al comando sintió que lo miraron con recelo?

-No, me sentí bien cómodo. Tengo una excelente relación con Carlos Ominami y Max Marambio, al igual que con la alta dirección del comando.

-¿No fue raro al comienzo?

-Hubo mucho prejuicio de algunos, como Pascal Allende, por temas de privatizaciones que no son tales, como la venta parcial de algunas empresas.

-¿La propuesta de vender el 5% de Codelco quedó congelada?

-Seguimos con la misma postura de siempre. Marco fue muy valiente en propiciar este tema, pero siempre dijo que esperaríamos la ley de gobiernos corporativos. Dependiendo de cómo saliera, veríamos opciones para vender un 5% a privados. Mi postura, que mantengo a rajatabla, es que la ley de gobiernos corporativos de Codelco será un desastre. Será un cuoteo político, donde van a meter a dos directores independientes de derecha. No sé qué sabrán ellos de Codelco. Ese 5% permitiría tener privados sentados en la mesa del directorio, habría juntas y la Superintendencia de Valores y Seguros estaría encima. Generaría un cambio muy importante en la manera de pensar a la empresa. Mi objetivo y el de Marco es que las empresas estatales aporten a la gente. Qué le importa a la gente que no tiene qué comer ni cómo educarse, que haya una empresa estatal que otorga pitutos a la gente del gobierno. Queremos que estas empresas renten para el bien del país y que sus utilidades permitan superar la pobreza.

-¿Por qué, si el diagnóstico está claro, el tema pasó a segundo plano?

-Marco lo dijo en una conferencia conmigo, también en el Instituto Libertad y Desarrollo y en la Universidad de Chile. Lo mismo que estoy diciendo. Hay que ver la ley de gobiernos corporativos que saldrá en septiembre.

-Hay un desbalance. Usted promueve esta idea y el senador Ominami no la comparte…

-La postura de Marco es la que he dicho. Si la ley logra la eficiencia que se busca, el camino está anunciado.

-¿No costará convencer a los escépticos con el cobre en alza?

-Mejor, porque vale más.

-Pero también está entrando más plata y muchos pensarán que no es necesario abrir la propiedad.

-No, porque los costos son enormes.

-¿Cuántos problemas le generó la idea de privatizar Codelco? El episodio coincidió con la llegada de Luis Eduardo Escobar y el martes, en un encuentro de Sofofa, él representará a MEO

-Fui invitado, pero tendré que ausentarme del país por unos días.

-¿Comparten responsabilidades?

-Por supuesto. En este caso, tengo una limitación de agenda y el martes tengo un viaje impostergable.

-¿Ha pensado abandonar el comando?

-Si surgieran ideas en las que no creyera y pensara que podríamos llegar a un programa que perjudique a Chile, me voy. Pero eso no está pasando.

-¿Y pasó en algún momento por los guiños que ha hecho MEO para cautivar a la izquierda más dura?

-No, porque el programa no ha cambiado.

-¿Y las diferencias que ha tenido adentro no lo han hecho dudar si esta aventura política vale la pena?

-Soy muy pragmático y estoy trabajando por Chile. Es un aporte para el país incluso si Marco no gana, porque nos están oyendo los otros candidatos.

-El gobierno quiere ingresar este semestre el proyecto de negociación colectiva al Congreso. Usted ha declarado que no está de acuerdo con las restricciones al reemplazo de los trabajadores en huelga, ¿cuál es hoy su posición?

-Una comisión especial del comando está abordando el tema. Existe un consenso en cuanto a que estamos a favor de la libertad para pactar diálogo, especialmente guiado por un sindicato. También estamos a favor de la sindicalización automática. La postura en la definición de reemplazos en huelga no está lista en un 100%. En su oportunidad, planteé mi postura, pero se está analizando.

-Planteó su postura y quedó la impresión de que fue reconvenido por el senador Ominami y Marambio

-No. Ellos dijeron que en los temas aún no zanjados, como era este caso, no era bueno estar dando opiniones personales anticipadas. Lo comparto.

-¿Cuál es su impresión de los movimientos sindicales hoy en Chile?

-Los sindicatos son fundamentales. Ayudan al diálogo. También permiten frenar ciertos abusos contra los empleados. Estamos a favor de la filiación automática. Es importante que los sindicatos sean buenos sindicatos y que los trabajadores que son dirigentes trabajen y hagan su pega.

-¿Qué conclusión sacó del debate por el salario mínimo?

-Es delicado. Afecta a pocas personas, en teoría al 7% de la población. Subirlo en forma desmedida cuando hay una crisis puede aumentar el desempleo. Es fundamental en este año no subirlo mucho. La propuesta del ministro Velasco de subir 2,5% me pareció correcta. Cuando la economía se recupere, me parece correcto subir el salario más allá de la inflación, quizás 2% o 3% anual. La ley salió con un 3,5%.

-¿Cómo evalúa a Velasco?

-Nadie es perfecto, pero saca buena nota.

-Ahora ha enfrentado a los bancos por la lentitud en el traspaso de la rebaja de tasa a los créditos

-Hay una falla de algunas instituciones bancarias. Falta competitividad. Hay dos bancos muy grandes, como Santander y el Chile. El BCI también es grande y el cuarto es estatal. No se comportan de una manera oligopólica, pero la banca está muy concentrada.

-En caso que MEO ganara, ¿cómo compatibilizaría sus consultorías, entre ellas al mismo Banco de Chile, con sus responsabilidades?

-Si gana y me ofrece un puesto en el gobierno, tendría que dejar mis actividades particulares por cuatro años.

-Es un cambio drástico…

-Ya he tenido un costo importante. No tanto porque no pueda hacer las consultorías, sino porque no tengo tiempo. Me estoy dedicando a esto ad honorem. Me ha significado tener que dejar a todos los clientes nuevos de lado. Les he dicho que tengo la consultora cerrada hasta marzo, si es que no ganamos.

-¿Y qué dijo su socio?

-Él tendría que seguir con la consultora y yo seguiría como pasivo, sin sueldo ni nada. Me saldría por cuatro años.

-¿Por qué se ha marginado Danús del comando? ¿Pesa mucho su pasado pinochetista?

-Danús tuvo un aporte inicial, pero no participó formalmente. Sí es una persona cercana a Marco y él lo oye.

-Usted nunca se casó con ninguna posición política, en cambio Danús tuvo un pasado fuerte, al menos en su etapa universitaria. ¿No es raro este nivel de compatibilidad con MEO?

-Se lo tienes que preguntar a Danús.

-Pero usted conoce bien a los dos

-Ahora los veo bien, pero nunca me he metido en sus pasados. Hoy veo que son compatibles. Qué cambió en Danús, no lo sé. No soy sicólogo ni puedo hablar por terceros.

-¿Por quién votará en caso que MEO no pase a segunda vuelta?

-Tenemos la esperanza que Marco pase. Las indecisiones de Frei, la falta de coraje que ha demostrado en algunos temas, han llegado al electorado. La gente busca un líder con carácter, condiciones y fundamentos. En mi caso particular, si se diera la desgracia que Marco no pasara a segunda vuelta, me inclinaría claramente por Piñera. Esperaría que hiciera algunas enmiendas en su programa económico, pero veo que su programa y la forma en que visualiza Chile son significativamente mejor que los de Frei.

-¿Y si no mejora su programa?

-Es que Frei no tiene propuestas. Sólo más Estado. Personalmente, me gusta más Piñera, a pesar de que pienso que debería subir el impuesto a las empresas. Espero que lo hagamos nosotros, pero, si no pasamos, encuentro muy relevante que Piñera haga esos temas. No sé si lo hará. No tengo nada que ver ahí.

-¿Si no lo hace, igual votaría por Piñera?

-Sí. Me gustaría discutir con él en algún momento y explicar nuestra postura. En el fondo, siento que él también quiere una sociedad más justa y hoy no es equitativo que una persona que gana más pague menos impuestos. Tampoco es lógico que las hidroeléctricas ganen tanta plata sin retribuir nada al país.

-¿Se habla de este eventual escenario al interior del comando?

-El tema no se habla. Hablo a título personal.

-¿Es tabú la segunda vuelta sin MEO?

-Sí. Todos dicen que Marco pasa. No entran en otra posibilidad, por lo cual no tengo idea de la opinión de los demás. //LND

“El sistema tributario chileno es extremadamente injusto”

-¿Existe el escenario para un alza de impuestos?

-Pretendemos que las grandes empresas paguen más y las pymes paguen menos. En promedio, la carga tributaria de las empresas se mantendría. Redistribuiríamos y lograríamos más desarrollo para la pymes, que dan más empleo y crecimiento. Las grandes, que están invirtiendo mucho en el exterior, sí pagan afuera 30% de impuesto, incluso 35% en Argentina y Perú. Las grandes tendrían que adaptarse a un rango internacional.

-¿Y el cobro de royalty?

-El royalty minero es un tributo que pagan mayoritariamente las empresas extranjeras. Queremos ponerlo en un nivel internacional para que dejen algo al país. El royalty que proponemos en hidroelectricidad busca compensar una gran injusticia. Los precios de la energía han subido mucho. Eso iría al financiamiento de la educación y al gasto público en general. Pero no estamos subiendo la carga tributaria normal en algo que podría afectar negativamente a la actividad económica.

-¿Por qué el tema tributario, siempre importante, se ha hecho esta vez tan decisivo en la contienda electoral?

-Es una de las cosas más importantes en las cuales un candidato puede incidir en el corto plazo. El sistema tributario es injusto. Hay un gran porcentaje de la población que no paga impuesto. Luego la clase media, hasta la media alta, sube rápidamente a una tasa de 40% en impuestos de renta. La gente que más gana en Chile, paga a través de sus empresas y ahorra hasta pagar sólo 17%. Pocas veces se ha visto en el mundo: la parte que está bien paga menos.

 

Polémica en comando de Marco Enríquez Ominami por apoyo a Piñera

Diputado tuvo que precisar que “quien decide en esta candidatura hacia dónde se avanza, es el candidato”. Dentro de su equipo hay antiguos miembros de la Concertación y de la izquierda que descartan cualquier respaldo a la derecha.

"Quienes hoy día están preocupados de la segunda vuelta se equivocan". Así, breve y tajante, el abanderado presidencial independiente, Marco Enríquez-Ominami, criticó ayer -sin mencionarlo explícitamente- al encargado económico de su comando, Paul Fontaine, quien aseguró en entrevista a La Nación Domingo que en caso de balotaje "se inclinaría" por el aspirante de la derecha a La Moneda, Sebastián Piñera.

El freno de Enríquez-Ominami a la postura del cerebro económico de su candidatura tuvo que ver también con que se estaría rompiendo un pacto tácito en su comando de evitar especulaciones y posicionamientos frente a la posibilidad de segunda vuelta.

Porque se sabe que dentro del equipo de Enríquez-Ominami podrían producirse otras expresiones de respaldo implícito o explícito a Piñera en segunda vuelta. Esto en función de que segmentos de la derecha están respaldando al diputado en primera vuelta.

"Yo no soy aspirante a un arzobispado ni a un regimiento. Todas las opiniones son eso, pero quien decide en esta candidatura al final del día hacia dónde se avanza, es el candidato, y este candidato les repite que vamos a pasar a segunda vuelta", enfatizó Enríquez-Ominami en reacción a las declaraciones de Fontaine.

Indicó: "Bien por los que están preocupados de la segunda vuelta, pero más bien todavía los que estamos preocupados de ganar la primera elección de todas, que es el 13 de diciembre".

De tal manera que el diputado independiente quiso insistir en que su preocupación central hoy, es la elección el 13 de diciembre.

Molestias en el equipo

En el comando de Enríquez-Ominami hay antiguos militantes de la Concertación, del MIR y de otros colectivos de izquierda, entre quienes no había mucha alegría por los dichos de su compañero de comando, Paul Fontaine, porque está claro que nunca se plegarían a respaldar a Piñera.

Incluso la afirmación del economista liberal contrasta con las afirmaciones y guiños salidos de los comandos de Jorge Arrate, Alejandro Navarro y Adolfo Zaldívar en el sentido de que, llegado el balotaje, jamás apoyarían a la derecha.

Algo que compartirían miembros del equipo del diputado independiente.

También ayer había comentarios en el sentido de que lo dicho por Paul Fontaine a LND, va en la línea de las acusaciones de que entre las candidaturas de Enríquez-Ominami y Piñera existiría una colusión, entre otras cosas, para afectar a Eduardo Frei.

Como sea, todo apunta a que se generó una nueva molestia y polémica al interior del comando del abanderado presidencial por declaraciones de uno de sus integrantes.

De allí que el propio Enríquez-Ominami haya recalcado ayer que "los más de 60 mil chilenos y chilenas que fueron a una notaría para la candidatura no de la bandera del progresismo sino la candidatura progresista de Chile", dejando en claro que en dicho nicho están jugadas todas sus fichas para marcar diferencia con el ex senador de Renovación Nacional (RN). LN

P. Krugman: quizás se evitará una gran depresión, pero la situación “sigue terrible”…

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EVITAR LO PEOR

PAUL KRUGMAN 16/08/2009

krugman1 Parece que, después de todo, no vamos a tener una segunda Gran Depresión. ¿Qué nos ha salvado? La respuesta básicamente es el Gran Gobierno. Dejemos una cosa clara: la situación económica sigue siendo terrible, y de hecho, peor de lo que prácticamente cualquiera habría creído posible no hace mucho. La nación ha perdido 6,7 millones de puestos de trabajo desde que empezó la recesión. Si tenemos en cuenta la necesidad de encontrar trabajo de una población en edad de trabajar cada vez más numerosa, probablemente tengamos unos nueve millones de empleos menos de los que deberíamos tener.

Y el mercado laboral todavía no se ha recuperado; ese ligero bajón de la tasa de paro registrada el mes pasado probablemente era una casualidad estadística. Todavía no hemos alcanzado el punto en el que las cosas estén mejorando de hecho; por ahora, todo lo que tenemos que celebrar son indicios de que las cosas empeoran más lentamente.

Sin embargo, a pesar de todo eso, el último chaparrón de informes económicos da a entender que la economía se ha alejado varios pasos del borde del precipicio. Hace unos meses, la posibilidad de caer en el abismo parecía muy real. En algunos aspectos, el pánico financiero de finales de 2008 fue tan severo como el pánico financiero de principios de la década de 1930 y, durante un tiempo, los indicadores económicos clave -comercio mundial, producción industrial mundial y hasta los precios de las acciones- han estado cayendo igual de rápido o más que en 1929 y 1930. Pero en los años treinta, las líneas de tendencia eran siempre a la baja. Esta vez, el desplome parece estar terminando al cabo de sólo un año terrible.

Entonces ¿qué es lo que nos ha salvado de una repetición completa de la Gran Depresión? La respuesta, casi con toda seguridad, reside en la muy diferente función que ha desempeñado el Gobierno. El aspecto más importante del papel del Gobierno en esta crisis probablemente no sea lo que ha hecho, sino lo que no ha hecho: a diferencia del sector privado, el Gobierno federal no ha recortado el gasto a medida que se reducían sus ingresos (los Gobiernos estatales y locales son una historia diferente). La recaudación fiscal ha sido mucho más baja, pero los cheques de la Seguridad Social siguen saliendo; Medicare sigue cubriendo las facturas de hospital; los empleados federales, desde los jueces hasta los guardas forestales, pasando por los soldados, siguen cobrando su sueldo.

Todo esto ha contribuido a sostener la economía en su momento de necesidad, de una forma que no se vio en los años treinta, cuando el gasto federal representaba un porcentaje mucho más bajo del PIB. Y sí, esto significa que los déficits presupuestarios -que son una mala cosa en tiempos normales- son de hecho algo bueno en estos momentos.

Además de tener este efecto estabilizador automático, el Gobierno ha intervenido para rescatar al sector financiero. Se podría sostener (y yo lo haría) que las ayudas de emergencia a las empresas financieras se podrían y se deberían haber manejado mejor, que los contribuyentes han pagado demasiado y recibido demasiado poco. Pero es posible estar descontento, e incluso enfadado, con la forma en que han funcionado las ayudas de emergencia y al mismo tiempo reconocer que sin estas ayudas las cosas habrían ido mucho peor.

El tema es que esta vez, a diferencia de lo que pasó en la década de los treinta, el Gobierno no se ha quedado cruzado de brazos mientras gran parte del sector financiero se venía abajo. Y ésa es otra de las razones por las que no estamos viviendo una Segunda Gran Depresión.

Por último, y aunque probablemente sea menos importante, pero ni mucho menos baladí, han estado los esfuerzos deliberados del Gobierno por reanimar la economía. Desde el principio, sostuve que la Ley de Recuperación y Reinversión Estadounidense, también conocida como el plan de estímulo de Obama, se quedaba demasiado corta. No obstante, hay cálculos razonables que dan a entender que en estos momentos están trabajando un millón más de estadounidenses de los que estarían empleados sin ese plan -una cifra que crecerá con el tiempo- y que el estímulo ha desempeñado un papel importante a la hora de frenar la caída en picado de la economía.

En resumen, por tanto, el Gobierno ha desempeñado una función estabilizadora crucial en esta crisis económica. Ronald Reagan estaba equivocado: a veces el sector privado es el problema, y el Gobierno es la solución. ¿Y no se alegran de que ahora mismo el Gobierno esté dirigido por gente que no odia el Gobierno?

No sabemos cuáles habrían sido las medidas económicas de la Administración con McCain y Palin al frente. Sin embargo, sí sabemos lo que han estado diciendo los republicanos en la oposición, y se reduce a exigir que el Gobierno deje de impedir una posible depresión.

Y no me refiero sólo a la oposición al estímulo. Los republicanos más destacados también quieren deshacerse de los estabilizadores automáticos. Allá por marzo, John Boehner, el líder de la minoría en la Cámara de Representantes, declaró que puesto que las familias lo están pasando mal, "es hora de que el Gobierno se apriete el cinturón y demuestre a los ciudadanos estadounidenses que ‘lo capta". Afortunadamente, ha ignorado su consejo.

Sigo estando muy preocupado por la economía. Sigue habiendo, me temo, una posibilidad considerable de que el desempleo siga siendo elevado durante mucho tiempo. Pero al parecer hemos evitado lo peor: la catástrofe total ya no parece probable. Y el Gran Gobierno, dirigido por gente que entiende sus virtudes, es la razón.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía 2008. © 2009 New York Times News Service.Traducción de News Clips./ EL PAIS.COM

Chile: la porfiada inequidad del sistema tributario…

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La porfiada inequidad del sistema tributario chilenoEn nuestra actual contienda presidencial pareciera que el tema tributario, y con mayor razón una reforma tributaria, fuera un invitado de piedra al que hay que ignorar. El pensamiento conservador argumenta que dado que el precio del cobre empieza a recuperarse y la crisis global estaría viendo la luz al final del túnel, no hay que preocuparse de los impuestos, pues podremos seguir gozando de las rentas cupríferas sin tocar el sistema tributario.

Por Alexis Guardia B.*

En las grandes contiendas electorales que se dan en los sistemas democráticos es normal y sano que el tema tributario forme parte de la agenda de discusión política. En general los programas de gobierno que disputan la adhesión mayoritaria del electorado conllevan aumentos de gasto público que es necesario saber como se van a financiar o bien implican reducción de gasto o de impuestos de los que es importante conocer sus destinatarios.

En ambos casos no es menos relevante dar cuenta como estas proposiciones  afectan el nivel de actividad económica y la distribución del ingreso. La discusión del tema tributario tiene la virtud,  no obstante sus complejidades técnicas, de hacer confluir la economía y la política pues el sistema tributario puede ser modificado democráticamente por el Ejecutivo y el Parlamento. Por lo tanto en este campo no hay derechos adquiridos ni privilegios cuando el sistema depende de la voluntad ciudadana.

Ahora bien, en nuestra actual contienda presidencial pareciera que el tema tributario, y con mayor razón una reforma tributaria, fuera un invitado de piedra al que hay que ignorar. El pensamiento conservador argumenta que dado que el precio del cobre empieza a recuperarse y la crisis global estaría viendo la luz al final del túnel, no hay que preocuparse de los impuestos, pues podremos seguir gozando de las rentas cupríferas sin tocar el sistema tributario.

Si viviéramos en un país escandinavo, europeo o en los Estados Unidos podríamos pensar que en la actual situación y en lo inmediato el tema impositivo no es relevante, pero tengamos claro que el sistema tributario en esos países no está asentado en la volatilidad del precio de una materia prima y la equidad de dicho sistema es muy superior al nuestro. Tampoco la situación recesiva que vive nuestra economía es razón para ignorar el tema tributario aduciendo que ello puede afectar las decisiones de inversión. La verdad es que nadie hace una reforma tributaria que signifique menor crecimiento y menor inversión.

El problema de fondo es que el sistema impositivo heredado del régimen militar se caracteriza por su inequidad, es decir por los beneficios exagerados que ella contiene particularmente para las personas con mayor capacidad económica. La Concertación ha ido modificando parcialmente esta situación por la vía de: aumentar el impuesto a las utilidades de las empresas en 1990 y 2002, alcanzando actualmente a un 17%, mientras hace veinte años era de solo 10%; reducir la tasa marginal máxima de los impuestos personales primero en 1995 y después en 2002, llevándola desde el 50% existente en 1990  al 40% actual , todo ello para "desahogar a la clase media"; reducción de los aranceles a las importaciones de 20% al 6%; el 2005 se elimina la franquicia tributaria conocida como 57bis promulgada en los años 80 y que permitía a los accionista rebajar en 20% su base imponible por el valor de las acciones de primera emisión en su poder (beneficio al 1% más rico de los chilenos); nuevas normativas y mejoría en cantidad y calidad del personal de impuestos internos, para evitar la evasión y elusión el 2001 y que significaron el 2004 recaudar más de 900 millones de dólares por reducción de la evasión.

Sin embargo, los cambios logrados en los últimos veinte años  no permitieron volver a los niveles de carga tributaria de principios de los ochenta, cercanos al 20% (2006 fue 18%). La estructura tributaria se ha concentrado en los impuestos al consumo de naturaleza regresiva,  priorizando la eficiencia en la recaudación por sobre los aspecto de equidad. Y el sistema tributario sigue caracterizado por su inequidad, y principalmente  por la elusión y franquicias que en la práctica son una de las principales fuentes de la inequidad. Respecto a esta última el Servicio de Impuestos Internos (SII) publica anualmente un informe de lo que ellos llaman "Gasto Tributario", es decir la pérdida de recaudación asociada a las principales franquicias y tratamientos especiales en el IVA y el impuesto a la renta. De acuerdo al SII estas franquicias se estimaron para el año 2008 en 4,6% del PIB, es decir 7.800 millones de dólares.

El  70% de estas franquicias están en principio destinadas a estimular el ahorro y la inversión por la vía de postergar la tributación de las utilidades reinvertidas con lo cual el contribuyente tiene un crédito estatal a 0% de tasa de interés. Paradojalmente el ahorro privado se  ha ido reduciendo sistemáticamente. como porcentaje del PIB de un 6% el 2003 a un 3,3% el 2007. Franquicias también se dan en la depreciación acelerada, y las rentas destinadas a fondos de pensiones; otras franquicias de este paquete benefician la actividad  inmobiliaria vía exención del pago  del IVA, la actividad de la educación y la salud, transporte, seguros y otros. Según estudio del SII del 2005 se constata una concentración de estas franquicias en el quintil de mayores ingresos.

En este sentido estas preferencias son claramente regresivas sin que se manifieste un crecimiento del ahorro. Una de las franquicias  más regresivas es la de salud y educación, cuyos establecimientos al estar exentos de pago de IVA se les permite ofrecer servicios a precios más bajos a los sectores de más altos ingresos del país quienes son los que compran educación y salud.

Podemos concluir que en materia tributaria la Concertación no ha concluido su tarea de corregir la inequidad y aumentar la recaudación tributaria, el tema de las franquicias es uno de los ejemplos pues al parecer desde el punto de vista social muchas de ellas no se justifican.

*Alexis Guardia B. es economista.

Krugman pide un segundo plan de estímulo para evitar una crisis a la japonesa…

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El premio Nobel de Economía en 2008 cree que la situación es muy similar a la vivida por el país asiático durante la década perdida y pero no cree que se trate de una segunda Gran Depresión

Krugman_visita_Barcelona Mal pero no tanto. Ese es el diagnóstico que el Premio Nobel de Economía en 2008, Paul Krugman, ha realizado sobre la actual crisis financiera global y su desarrollo en un futuro próximo en una entrevista concedida a la cadena de televisión CNBC. "En estos momentos el mundo en general se asemeja al Japón de principios de los 90. No es una catástrofe, aunque no sabemos cómo se desarrollará. De hecho, el desplome globalmente ha sido mucho peor que cualquiera ocurrido en Japón durante la ‘década perdida’", señala Krugman en esta entrevista.

Hay que entender que al inyectar dinero en el sistema, en su mayor parte se queda ahí. Es bastante sencillo retirarlo si la inflación comienza a ser una amenaza

La solución de Krugman pasa por un segundo plan de estímulo que considera "fundamental" para lograr una recuperación sostenible. La mejor parte del análisis viene después, cuando Krugman asegura. "Realmente deberíamos contar con un segundo estímulo (…) La buena noticia es que ya no parece que estemos ante la segunda Gran Depresión, como pareció durante algunos meses", apunta Krugman.

Sin miedo a la inflación

Por otro lado, el Nobel de Economía rechaza los temores "excesivos" a que estos planes de estímulo puedan representar una amenaza desde el punto de vista de la inflación, uno de los miedos más extendidos entre analistas, políticos y responsables de los bancos centrales.

En su opinión, no hay signos de inflación en el horizonte. "Hay que entender que al inyectar dinero en el sistema, en su mayor parte se queda ahí. Es bastante sencillo retirarlo si la inflación comienza a ser una amenaza", dice Krugman.

Nacido en 1953, Paul Krugman fue galardonado con el premio Nobel de Economía 2008 por "sus análisis de las pautas comerciales y de la geografía de la actividad económica". Asimismo, Krugman fue premiado en 2004 con el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Actualmente, Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton, y colabora con el periódico The New York Times. Además, sus columnas se publican en Negocios, el suplemento económico de EL PAÍS.

ELPAÍS.com / EUROPA PRESS - Madrid – 10/08/2009

El gran miedo a la inflación

PAUL KRUGMAN 07/06/2009

De repente parece que todos hablan de la inflación. Opiniones muy severas advierten de que la hiperinflación está a la vuelta de la esquina. Y puede que los mercados se estén dejando llevar por esta alarma: los tipos de interés de los bonos del Estado a largo plazo están subiendo, y el temor a la futura inflación es una de las posibles razones de esa subida.

¿Pero tiene sentido este gran miedo a la inflación? Básicamente no, aunque con una advertencia a la que llegaré más tarde. Y sospecho que este miedo tiene que ver, al menos en parte, con la política, no con la economía.

Vayamos al grano. Es importante que nos demos cuenta de que no hay asomo de presiones inflacionarias en la economía ahora mismo. Los precios al consumo están más bajos que hace un año y las subidas salariales se han estancado debido al alto desempleo. El peligro claro y actual es la deflación, no la inflación.

Entonces, si los precios no suben, ¿a qué se debe esta preocupación por la inflación? Algunos afirman que la Reserva Federal está acuñando montones de dinero, lo cual tiene por fuerza que ser inflacionario, mientras que otros dicen que el déficit presupuestario acabará obligando al Gobierno estadounidense a reducir su deuda mediante la inflación.

Lo primero es sencillamente falso. Lo segundo podría ser correcto, pero no es así.

Sí es cierto que la Reserva Federal últimamente ha estado tomando medidas sin precedentes. Más concretamente, ha estado comprando muchísima deuda, tanto pública como del sector privado, y financiando estas compras atribuyendo a los bancos reservas adicionales. Y en tiempos normales, esto sería muy inflacionario: los bancos, nadando en reservas, aumentarían los préstamos, lo cual elevaría la demanda, lo que a su vez haría que subieran los precios.

Pero los tiempos que corren no son normales. Los bancos no están prestando sus reservas extra. No las están dando trámite y, de hecho, están devolviendo el dinero con rapidez a la Reserva Federal. De modo que, a fin de cuentas, la Reserva no está acuñando realmente dinero.

Aun así, ¿esas medidas no acabarán siendo inflacionarias, antes o después? No. El Banco de Japón, enfrentado a dificultades económicas no muy distintas de las que nosotros afrontamos hoy, compró deuda a grandísima escala entre 1997 y 2003. ¿Y qué pasó con los precios al consumo? Que bajaron.

En el fondo, buena parte del actual debate sobre la inflación nos recuerda lo ocurrido en los primeros años de la Gran Depresión, cuando muchos personajes influyentes prevenían sobre la inflación aunque los precios estuvieran cayendo. Como escribía el economista británico Ralph Hawtrey, "se manifestaban temores fantasiosos a la inflación. Era como gritar ‘fuego’ durante el diluvio universal". Y añadía: "Cuando la depresión y el desempleo amainan es cuando la inflación se vuelve peligrosa".

¿Corremos el riesgo de que suba la inflación cuando la economía se recupere? Eso afirman quienes contemplan proyecciones de que la deuda federal superará el cien por cien del PIB, y dicen que Estados Unidos tendrá finalmente que reducir su deuda recurriendo a la inflación: es decir, subir los precios para que se reduzca el valor real de la deuda.

Cosas así han ocurrido en el pasado. Por ejemplo, Francia redujo mediante la inflación buena parte de la deuda en la que había incurrido durante la I Guerra Mundial.

Pero faltan ejemplos más actuales. En las últimas dos décadas, Bélgica, Canadá y, por supuesto, Japón han experimentado episodios en los que la deuda superaba el cien por cien del PIB. Y Estados Unidos salió de la II Guerra Mundial con una deuda superior al 120% del PIB. En ninguno de estos casos recurrieron los Gobiernos a la inflación para resolver sus problemas.

Entonces, ¿hay razones para pensar que se acerca la inflación? Algunos economistas son partidarios de mantener una política deliberada de inflación moderada, como método para fomentar el préstamo y reducir la carga del endeudamiento privado. Yo estoy de acuerdo con estos argumentos, y expuse un razonamiento similar para Japón en la década de 1990. Pero la defensa de la inflación nunca prosperó entre los políticos japoneses de aquel entonces, y no hay señales de que esté arraigando entre los políticos estadounidenses de hoy.

Todo esto plantea la siguiente pregunta: si la inflación no es un riesgo real, ¿por qué todas esas afirmaciones de que sí lo es?

Bien, como ya se habrán dado cuenta, a veces los economistas disienten. Y las grandes disensiones son especialmente probables en tiempos extraños como éstos que corren, en los que muchas de las normas habituales ya no son válidas.

Pero es difícil que a uno no le dé la impresión de que el actual alarmismo respecto a la inflación es en parte político, y que procede en gran medida de economistas que no tenían problema con el déficit causado por las rebajas de impuestos, pero que de repente se convirtieron en cascarrabias fiscales cuando el Gobierno empezó a gastar dinero para sacar la economía a flote. Y su objetivo parece ser el de presionar al Gobierno de Obama para que abandone los planes de recuperación.

Huelga decir que el presidente no debería dejar que le intimiden. La economía sigue teniendo grandes problemas y necesita una ayuda continua.

Sí, tenemos un problema presupuestario a largo plazo, y tenemos que empezar a sentar las bases de una solución a largo plazo. Pero en lo referente a la inflación, lo único que debemos temer es al propio miedo a la inflación. -

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.

Fracaso y continuidad del experimento neoliberal?

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Revancha en el laboratorio

Alejandro Nadal, La Jornada

CRISISSS1 El ensayo neoliberal ha concluido. Todo salió mal. No generó crecimiento, y cuando lo hubo fue sobre bases artificiales. Los desequilibrios macroeconómicos crecieron y resultaron insostenibles. Las remuneraciones salariales se estancaron, lo que condujo al endeudamiento. La desigualdad y pobreza aumentaron. El sector financiero se expandió por la deficiente rentabilidad en el sector real y la crisis no se hizo esperar.

Pero dentro de todo esto una minoría se benefició. Esa elite planea no sólo continuar el experimento, sino ampliarlo. Los primeros signos se encuentran inscritos en la arquitectura y prioridades de los programas de rescate y de estímulo para frenar la recesión. Otra señal clara ya se despliega en los laboratorios de la academia.

Vamos por partes. Una lección clave de la crisis se relaciona con la teoría económica. Ahora debe quedar claro para todos que la escuela de pensamiento económico dominante, la teoría económica neoclásica, está en bancarrota. Su principal exponente, el modelo de equilibrio general, es una entelequia para la que esta crisis no debería estar sucediendo. La sofisticación matemática de la teoría de equilibrio general (TEG) sólo es comparable con la superficialidad de sus seguidores. La TEG es el artefacto ideológico más importante del neoliberalismo (y quizás del capitalismo).

Los fracasos de ésta son múltiples. Su principal objetivo era demostrar que las fuerzas del mercado, si son dejadas en libertad, conducen a una posición de equilibrio (oferta y demanda iguales en todos los mercados). Durante años, la TEG trató de probar (a través de un modelo matemático) que la formación de precios de equilibrio es intrínseca al libre funcionamiento de los mercados.

Pero no pudo lograr su objetivo. A finales de los años 50 se alcanzaron algunos resultados que se pensó podían ser la base de una demostración general. La ilusión duró poco: en 1960, Herbert Scarf demostró con su célebre contraejemplo que no había fundamentos para apoyar esa conjetura. En 1974, los teoremas de Sonnenschein-Mantel-Debreu mostraron definitivamente que se había llegado a un callejón sin salida: la TEG nunca podría demostrar la convergencia al equilibrio. ¡Vaya resultado! Pero hay una ironía extraordinaria: en los años que siguieron, la bancarrota científica de la teoría que justificaba el credo del libre mercado coincidiría con el triunfo ideológico del neoliberalismo. Eso tiene mucho que ver con lo que sucedió en las universidades.

La teoría de equilibrio general tiene otros defectos importantes. Por sorprendente que le parezca a los lectores, esta teoría no tolera la introducción de la moneda. Sí, leyó usted bien, la teoría más sofisticada de la que se reclaman los tecnócratas aduladores del libre mercado es no monetaria y su modelo matemático es el de una economía de trueque. La paradoja es más fuerte: resulta que el modelo utilizado para justificar la apertura financiera es un modelo teórico en el que no tiene cabida la moneda. Esto es un escándalo.

La concepción idílica del libre mercado también es la base de la teoría macroeconómica contemporánea. En efecto, la nueva macroeconomía clásica (en su versión monetarista o de expectativas racionales) descansa en una fe inquebrantable en la estabilidad de los mercados. Para esta teoría, si existe flexibilidad de precios y salarios, no habrá desempleo. No importa que no se tenga la menor prueba de que el libre mercado conduce al equilibrio. No importa que muchos estudios demuestren que la flexibilidad de precios es precisamente lo que conduce a la volatilidad e inestabilidad de los mercados.

Los economistas neoclásicos, en su modalidad micro o macroeconómica, tienen una pesada responsabilidad en lo que ha sucedido en la economía mundial. Sus modelos vacíos están detrás de la divergencia entre productividad y salarios, de la desigualdad y del endeudamiento, de la idea absurda de la tasa natural de desempleo y de la especulación como leitmotiv de la vida financiera.

No será fácil cambiar las prioridades de la política económica para acceder a un modelo de desarrollo comprometido con el bienestar y la sustentabilidad ambiental. Esta crisis debería contribuir a reformular trayectorias de investigación y planes de estudio en las universidades con nuevas prioridades sobre crecimiento, salarios y remuneraciones, cartelización y corporaciones, la experiencia monetaria y el sector financiero, y, desde luego, la intersección con la base de recursos naturales.

Pero es precisamente en el laboratorio de la academia donde el establishment buscará que todo siga igual, como si la crisis no existiera. La TEG seguirá siendo objeto de enseñanza (pero sin sus deficiencias), al igual que la nueva macroeconomía clásica. Como si nada. El fuerte compromiso ideológico de los economistas neoclásicos y la flojera crónica para abrir nuevas vías de investigación harán difícil el camino. El revanchismo neoliberal en la academia buscará consolidar la stasis. Para las ciencias sociales, esto conlleva un peligro mortal. Y eso no es metáfora.

Chile: necesidad de cambiar la carga tributaria para desarrollar red de protección social…

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Pablo Ruíz-Tagle, del Comité Ejecutivo de Océanos Azules

“Es muy difícil continuar la red de protección social sin cambiar la carga tributaria”

“Es muy difícil continuar la red de protección social sin cambiar la carga tributaria”El reputado jurista y académico, miembro del equipo programático de Frei,  se pronuncia aquí a favor de revisar los mecanismos de elusión así como de pensar en tributos familiares más que individuales, para garantizar de manera justa los derechos a la Salud, la Educación y la Seguridad Social. También habla de un reequilibrio del desmesurado poder que Hacienda exhibe a la hora de discutir la asignación de los recursos fiscales.

Por Mirko Macari

En una modesta oficina en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, este abogado que comparte estudio jurídico con el presidente de RN, habla de la República con brillo en los ojos. El ideal republicano es su sueño y por eso entró a esta instancia con nombre de libro de marketing que es el equipo programático de Eduardo Frei, los Océanos Azules. "Tuvimos un proyecto muy ambicioso que fue hacer un programa de gobierno participativo, una experiencia semejante hubo con el programa de gobierno de Michelle Bachelet, pero ahí, cuando se vieron apurados, se encerraron y finalmente lo terminó haciendo un grupo muy pequeño. Nosotros creíamos que esto iba a ser muy difícil, pues pensábamos que a la gente no le interesaban tanto las ideas políticas -la política tiene una mala fama-, pero nos hemos llevado la sorpresa que la gente está hambrienta por la discusión política, por el debate", dice Ruíz-Tagle mientras lo observa mudo un busto de Gabriela Mistral.

Coautor del libro "La República en Chile, teoría y práctica del constitucionalismo republicano", junto a Renato Cristi, ambos académicos se abocaron a revisar la Historia de Chile bajo el prisma de sus cartas fundamentales y así calificaron cinco periodos, el último de los cuales es el que nos rige hasta hoy, bajo una Constitución del 80′ modificada pero aún muy firme en sus pilares. A esta la bautizaron como "neo presidencialista" en lo político y "neoliberal" en lo económico.

Hoy, bajo la costra del día a día de la política, con acusaciones que van y vienen entre los comandos, amenazas altisonantes, disputas por cupos parlamentarios y escaramuzas varias, se juegan también ciertas definiciones doctrinarias. En el oficialismo un gallito emblemático y clarificador para dilucidar a dónde caminará el barco, será la Reforma Tributaria. Y otro, justamente, el de la propia reforma constitucional, cuyo calibre y magnitud marcará de contenidos y símbolos el Bicentenario de Chile.

A punto de lanzar un nuevo libro, "Ciudadanos en democracia, fundamentos del sistema político chileno", escrito junto  la historiadora Sofía Correa, Ruíz-Tagle analiza con El Mostrador el fondo de las propuestas que en estas materias tomará el candidato de la Concertación dentro de Agosto. "Hemos estado reuniéndonos por tres meses, todas las semanas, y hemos llegado a un acuerdo sólido sobre unas bases de propuestas en base a 20 mesas de trabajo, donde hay representantes de todos los partidos. Esta semana estamos cerrando ese proceso para entregar el informe al candidato, con la propuesta  de bases programáticas que va a ser la base del programa de gobierno participativo. En materia constitucional ha habido una mesa con cerca de 30 profesores, a cargo de Paula Ahumada y Francisco Soto".

-¿Habrá reforma constitucional o asamblea constituyente derechamente?

-Nos hemos juntado con la gente que plantea la Asamblea Constituyente, pero esa idea no la planteamos ahora. Queremos hacer una reforma institucional.

-¿Están creyendo en una reforma desde el sistema?

-Así es, con el sistema.

-¿Es una cirugía mayor?

-Absolutamente. Es la propuesta para una Constitución del Bicentenario.

-Usted caracterizó cinco periodos constitucionales en la Historia de Chile, y al de la Constitución del 80′ lo denominó el del "neo presidencialismo y neoliberalismo".

-Sí, porque el poder del Presidente está por sobre el de todos los otros órganos de una manera exacerbada; y neoliberal por su concepto de  los derechos, que enfatiza los aspectos de libertad negativa, es decir la no interferencia del Estado. Por eso la idea de la protección social de la presidenta Bachelet es tan importante, pues afecta el núcleo de esta concepción neoliberal, al establecer la idea de la red vinculada a los derechos a Educación, Salud y Seguridad Social.

-¿Cómo debería denominarse al periodo que nacería de esta reforma constitucional profunda?  

-Sería la república equilibrada y de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos.

Punto neurálgico: la elusión

-Ya que mencionó la red de protección social, ¿qué habría que reformar de la actual Constitución para consolidar ese concepto? ¿El cerrojo del derecho de propiedad, por ejemplo?

-El derecho de propiedad en nuestra constitución está exacerbado. Si uno lee otras constituciones, jamás se va a encontrar tantas disposiciones al respecto. Es necesario mirar el derecho de propiedad, pero lo que hay que hacer es que la letra de la Constitución valga, la idea de que el Estado pueda establecer limitaciones al uso y al goce de la propiedad cuando haya interés público, se reconozca de una manera más amplia por la jurisprudencia.

-No es la manera de entenderla que tienen los sectores más liberales de la Concertación. Hablo de la tecnocracia que ha ocupado los puestos clave del aparato económico y ahí está lo que ocurrió con el Transantiago.   

-Hay todo un debate sobre qué es ser liberal. A nosotros nos acusan de estatistas, pero no lo somos. Creemos en un balance Estado-mercado, pero sobre todo somos republicanos, en el sentido de que debe primar el interés público sobre el privado, y si para eso el Estado debe regular e intervenir el mercado, no tenemos problema. Porque el Estado actúa en nombre de la libertad, de la igualdad y de los intereses comunes.

-Se ha discutido sobre la reforma tributaria, que sería clave para la profundización de estos derechos sociales a nivel masivo.

-En toda la sociedad se ha tomado conciencia de la importancia de la red de protección social y ese ha sido el gran aporte de Bachelet a nuestra democracia. Pero la pregunta es cómo se puede estabilizar financieramente e institucionalizar jurídicamente esta red de protección para que no dependa arbitrariamente del gobierno de turno.

-Es que no depende del gobierno de turno, depende de la cantidad de plata que haya en la caja fiscal producto del mayor o menor precio del cobre.

-Por eso, cómo podemos reconocer esto que se llama la ciudadanía social, que no es sólo la ciudadanía política para votar. Que para que a una persona que se cae en la calle la recoja una ambulancia, aunque no tenga recursos. Este es el modelo europeo

Y para poder financiarlo no es necesario subir los impuestos e igualarlos con los niveles europeos, pero si hay que equilibrar la carga tributaria. Y lo que hay que hacer es estudiar la elusión, que son los mecanismos legales a través de los cuales se pagan menos impuestos. Estos no son justos, pues sólo los pueden costear los que tienen más plata para pagar abogados y contadores.

-¿No hay profundización de la red de protección social sin reforma tributaria?

-Yo creo que es muy difícil -siendo honestos, porque nosotros apoyamos a un candidato serio y responsable-, tener una red de protección social y un Estado cool, si es que no hay un esfuerzo de equilibrio de la carga tributaria que implique recaudar más recursos y hacerla más justa. Si no, la percepción es que este sistema beneficia a unos pocos no más.

-¿Y esto tiene algún resorte a nivel constitucional?

-Por supuesto, porque la Constitución establece que los tributos deben ser equilibrados y justos, no se le puede cargar a un grupo de chilenos que sostengan el sistema, y eso es lo que ha pasado hasta ahora.

Por ejemplo, hay que ver la posibilidad de ver un tributo familiar, de acuerdo a la realidad de cada hogar y que no sea sólo de manera individual.

La parte jurídica de la red de protección social implica protegerla por vía administrativa y judicial en su efectividad.

Todo el poder de Hacienda

-¿En qué sentido ha sido funcional a este periodo neoliberal en lo Constitucional, la figura de un ministro de Hacienda todopoderoso?

-Eso es muy antiguo, y tiene algo positivo: el orden de las cuentas fiscales. Pero tiene un costo, que es que existe una autoridad que decide todo el destino de los recursos públicos sin debate.

Por eso, en la propuesta que hizo el senador Frei en la Comisión de Régimen Político, se incluye un ministerio coordinador de las políticas sociales que sirva de contraparte de Hacienda, con técnicos que puedan discutir los programas sociales haciéndole el peso a los técnicos de Hacienda. Y además se propone flexibilizar las atribuciones del Congreso y del Presidente. Y una de las cosas que se plantea es reforzar la asistencia técnica legislativa.

-Este contrapeso parece urgente en la medida que la calidad de reclutamiento de los partidos políticos va a la baja, mientras Hacienda está dotada de los mejores técnicos del aparato.

-Nunca se ha pensado que los legisladores sean especialistas, ya lo dijo Sócrates: lo importante es que tengan sentido de justicia. Lo esencial es que  tengan una correcta asesoría, y no sólo se queden con la información que viene de Hacienda.

-Justamente de esa relación asimétrica viene el poder sin contrapesos que tiene Hacienda hoy en día.

-Así es, y en eso se está avanzando. Por eso es importante que haya flexibilidad y equilibrio.

EL MOSTRADOR.CL

Sobre el “caso” Piñera: las verdades del expediente de la quiebra del Banco de Talca…

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Exclusivo: todas las verdades del expediente de la quiebra del Banco de Talca

Exclusivo: todas las verdades del expediente de la quiebra del Banco de Talca

Los ex dueños de la quebrada entidad financiera, Alberto Danioni y Miguel Calaf, aseguran en sus declaraciones judiciales que Sebastián Piñera les "sugirió" crear empresas de papel "para mejorar la imagen del banco, con el objeto de traspasar a éstas, las deudas incobrables para que fueran castigadas, esto es extinguidas por la superioridad del banco". Los hombres de negocios van dejando claro que no tuvieron injerencia en la conformación de los estados de resultado y que fue la gerencia general, dirigida por Piñera, quien se encargó de todo, hasta que la justicia descubrió la comisión de delitos.

Por Jorge Molina Sanhueza

La temperatura de la pelea política ha subido de tono entre el candidato de la derecha Sebastián Piñera y el de la Concertación Eduardo Frei Ruiz Tagle, y entre los rostros de sus respectivos comandos.

El primero acusa al segundo de un "montaje", luego que la ex ministra de Justicia de la dictadura, Mónica Madariaga, aseguró que intervino ante el Poder Judicial para evitar el procesamiento de "Tatán" por la quiebra del Banco de Talca en 1982, tras lo cual la Corte Suprema acogió un recurso de amparo que evitó que fuera detenido y encausado por el entonces juez Luis Correa Bulo, quien confirmó las presiones del Régimen Militar. Ya en democracia, Correa Bulo, siendo ministro de la Corte Suprema, fue destituido por sus pares por estar  involucrado en varios hechos reñidos con  la ética de un juez. Cabe consignar que su hijo, Luis Correa Bluas, es asesor jurídico del timonel del PS, Camilo Escalona.

Piñera se ha defendido señalando que nunca estuvo prófugo  y nunca huyó de la acción de la justicia cuando Correa Bulo ordenó aprehenderlo, pese a que su mujer señaló entonces a los policías que lo buscaban, que "abandonó el domicilio… y ni siquiera se despidió de mí".

El Mostrador publica en exclusiva el expediente tramitado por el magistrado en formato PDF, para que los lectores se formen su propia opinión, contrastándo lo contenido en el con lo dicho públicamente por los diversos actores.

En la causa declaran Miguel Calaf y Alberto Danioni, controladores del 65% del Banco de Talca, y más de 80 empresas del Grupo Calaf-Danioni, muchas de las cuales estaban altamente endeudadas, y excediendo los montos permitidos entonces por la ley.

En la primera declaración de Calaf, prestada ante el juez el 13 de julio de 1982, asegura que su hombre de confianza, Eduardo Barbé, quien ejercía el rol de coordinador entre el Banco de Talca y las empresas relacionadas, le indicó que el propio Piñera  "había insinuado que formara empresas de papel para mejorar la imagen del banco, con el objeto de traspasar a éstas, las deudas incobrables para que fueran castigadas, esto es extinguidas por la superioridad del banco".

Danioni confirma la versión, en una indagatoria prestada el mismo día: "Debo reconocer que por sugerencia del gerente del Banco de Talca, Sebastián Piñera, Eduardo Barbé gestionó la creación de cuatro empresas agrícolas para traspasar a ellas las deudas incobrables".

Según Danioni, los estados de situación del banco los preparó el propio Piñera, señalando que nunca tuvo injerencia en ellos. De hecho, en el expediente se señala que la creación de las empresas de papel aparece con las firmas de Piñera y Emiliano Figueroa, quien fungía como gerente de empresas contratado por el propio Piñera, según reconoce el actual candidato en su declaración del 23 de julio de 1982.

Los testimonios van profundizando la responsabilidad de Piñera en la creación de las sociedades de papel "para salvar la imagen exterior del banco", entre otros hechos hasta ahora desconocidos para la opinión pública.

Lea la causa llevada por el juez Correa Bulo:

(1) Lea la declaración del Alberto Danioni de 13 de julio de 1982.

(2) Lea la declaración de Miguel Calaf del 13 de julio de 1982.

(3) Lea la declaración de Miguel Calaf del 13 de julio de 1982.

(4) Lea la orden de investigar de la policía del 12 de julio de 1982.

(5) Lea la declaración de Sebastián Piñera del 13 de agosto de 1982.

(6) Lea la declaración de Sebastián Piñera del 16 de agosto de 1982.

(7) Lea la declaración de Sebastián Piñera del 20 de agosto de 1982.

(8) Lea el auto de procesamiento dictado por el juez Correa Bulo el 27 de agosto de 1982.

(9) Lea el careo entre Claudio Figueroa y Piñera del 17 de agosto de 1982.

(10) Lea el careo entre Piñera y Emiliano Figueroa del 24 de agosto de 1982

(11) Lea el Careo entre Piñera y Patricio Roa del 20 de agosto de 1982.

(12) Lea el careo entre Piñera y Eduardo Barbé del 17 de agosto de 1982.

(13) Lea la declaración de Carlos Moraga Naranjo del 23 de agosto 1982.

(14) Lea la declaración de Emiliano Figueroa del 23 de agosto 1982.

(15) Lea el careo entre Piñera y Danioni del 17 de agosto de 1982.

(16) Lea la declaración de Orlando Roa del 16 de julio de 1982.

(17) Lea la declaración de Washington Volmer del 23 de agosto de 1982.

(18) Lea la orden de detención contra Piñera

EL MOSTRADOR.CL

Chile: Piñera, candidato de la derecha y multi-millonario al amparo de la dictadura de Pinochet…

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pinera1En medio de la crisis bancaria de inicios de 1980, el ahora candidato presidencial de la Alianza fue declarado reo por fraude e infracciones a la Ley General de Bancos. Se mantuvo prófugo de la justicia por 24 días y sólo un recurso de amparo lo salvó de ir a la cárcel. Dos de sus socios y grandes amigos de entonces no corrieron igual suerte y pagaron con tres años de prisión su participación en los primeros negocios del ahora multimillonario inversionista.

El 28 de agosto de 1982 está marcado en el calendario personal de Sebastián Piñera como el peor día de su vida. Uno que ha querido olvidar y dejar enterrado en el pasado, pero que no lo ha abandonado en sus pesadillas. Ese día, el entonces ministro Luis Correa Bulo declaró reo al ahora aspirante al sillón presidencial y ordenó su arresto por fraude en contra del Banco de Talca e infracciones a la Ley General de Bancos. En el mismo dictamen amplió los cargos contra Miguel Calaf y Alberto Danioni, a esa fecha socios de Piñera y controladores del Banco de Talca, quienes ya se encontraban recluidos en el Anexo Cárcel Capuchinos.

Piñera salvó de ser detenido porque, advertido de la decisión judicial, optó por huir del largo brazo de la justicia y se mantuvo oculto durante 24 días, tiempo que demoraron sus abogados en tramitar un recurso de amparo a su favor que le garantizó su libertad. Sólo entonces, volvió y se presentó a tribunales. De ello dio cuenta su esposa al responder los requerimientos de los detectives que concurrieron a su casa para arrestarlo.

A fojas 533 del proceso, la Policía de Investigaciones informa al Segundo Juzgado del Crimen: "Se entrevistó a doña María Cecilia Morel Montes, chilena nacida el 14.01.54, quien manifestó: ‘Efectivamente el 28 de agosto mi esposo tomó conocimiento de su orden de detención por lo que abandonó este domicilio sin rumbo conocido, ya que incluso de ello me enteré por otras personas, pues ni siquiera se despidió de mí, ni tampoco me dio explicaciones de su determinación. No sé en qué lugar se encuentra, pero sí sé que con sus abogados tratan de dar solución a su situación. El 29 de agosto me enteré por la prensa sobre la causa que estila mi marido".

FOTO_06 W:250 H:161 18 kbLa historia que dio origen a esa orden de detención había comenzado casi un año antes, cuando el 2 de noviembre de 1981, el Banco de Talca fue intervenido por la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF), nombrándose un administrador provisional. A esa fecha, se encontraba en cesación de pagos, con obligaciones vencidas a favor del Banco Central, a octubre de 1981, por alrededor de 38 millones de dólares. Piñera había sido gerente general de este banco entre marzo de 1979 y septiembre de 1980, un lapso comprendido en el período en que la justicia acreditó varios ilícitos cometidos por la administración de la institución financiera.

La causa judicial se originó a partir de una querella presentada por el liquidador del banco, Eugenio Silva Risopatrón, quien actuó en representación de la SBIF, en contra de los socios controladores y quienes resultaran responsables. Fue el Segundo Juzgado del Crimen el que emitió el 20 mayo de 1982 una orden de investigar, que dio inicio a la causa rol Nº 99.971-6, en la cual fue encargado reo el ahora inversionista de Lan.

Los abogados querellantes fueron Ricardo Rivadeneira que posteriormente fue el primer presidente de RN y Carlos Lira, en representación de los liquidadores del Banco de Talca, y Patricio González, por el Consejo de Defensa del Estado (CDE). El proceso perseguía delitos e infracciones a la Ley General de Bancos, a la ley orgánica de la SBIF (Arts. 26 y 26 bis de la primera y Arts. 19 bis de la segunda) y al Código Penal, por apropiación indebida y estafa.

En el caso particular de Sebastián Piñera, en su orden de arresto se imputaron, entre otros, los delitos de fraude contra el Banco de Talca.

A Sebastián Piñera se le enjuició como autor de infracciones a la Ley General de Bancos (ver recuadro) y cómplice en dos cargos de fraude cometido en contra del Banco de Talca y sus accionistas minoritarios.

Los hechos

Según los querellantes, el capital y las reservas del Banco de Talca alcanzaban al momento de su intervención a los 40 millones de dólares. La investigación judicial determinó que los créditos irrecuperables otorgados por la institución financiera sumaban 250 millones de dólares.

FOTO_07 W:200 H:253 14 kbEn su cartera de créditos, el Banco de Talca tenía más de 200 millones de dólares prestados a empresas relacionadas, es decir cinco veces su capital y reservas, cuando la ley permitía un límite máximo de sólo el 25% del mismo.

Pero había más. Las sociedades relacionadas no necesariamente tenían existencia legal y, según la investigación judicial, los controladores y ejecutivos del banco le otorgaron créditos a estas sociedades fantasmas sin ningún tipo de garantía. Según reconocieron los propios involucrados, estos créditos a empresas relacionadas estaban destinados a comprar con ese dinero acciones del propio banco. Ese era el modelo de capitalización que había ideado Piñera y sus socios desde las oficinas de Infinco, la sociedad de profesionales que constituyeron para asesorar al Banco de Talca en marzo de 1978 (ver artículorelacionado).

Según informó la prensa de la época, el grupo llegó a constituir 150 empresas sólo con la finalidad de operar de esta manera. Pero tampoco fue todo. El Banco utilizó además mañosamente los beneficios que el Banco Central otorgaba en la época a los exportadores. Fingió una serie de exportaciones, a través de empresas chilenas de papel a compañías panameñas, también de papel, según consta en el proceso en un informe del auditor Iván Goic.

Cuando Investigaciones fue a detener a Piñera en su domicilio, sus socios Miguel Calaf y Alberto Danioni ya estaban presos desde hace más de un mes. En los meses anteriores, al menos 10 ejecutivos del banco y empleados del grupo habían prestado declaración para aclarar los hechos.

Uno de ellos, que actuó como apoderado de la Compañía Inmobiliaria e Inversiones Río Claro S.A. una de las empresas relacionadas, que obtuvo un crédito de 11,7 millones de dólares del Banco de Talca , declaró que tramitó el préstamo "a petición del gerente general de esa época, Sebastián Piñera, cumpliendo con un programa de capitalización fijado por el equipo ejecutivo del banco, a fin de completar un monto de capital suficiente para el desenvolvimiento normal de la entidad".

Río Claro no sólo estaba relacionada a los socios controladores del Banco de Talca del cual Piñera ya era accionista , sino también estaba relacionada directamente al entonces gerente general del banco. En efecto, un día antes de que el Banco de Talca otorgara el crédito a Río Claro, Piñera se asoció con Inversiones Sevilla una de las constituyentes de Río Claro para crear una tercera empresa: Indac. Inversiones Sevilla poseía a la fecha el 5% de las acciones del banco.

Calaf y Danioni declararon que ambos se encontraban fuera del país cuando al momento de ser cursado el cuestionado crédito y que la operación fue realizada por Sebastián Piñera.

Entre los antecedentes que el juez consideró para dictar la orden de detención contra Piñera, también estaba su propio testimonio entregado el 28 de julio de 1982 y que consta a fojas 407, 408 y 409 del expediente.

"Los créditos otorgados por el Banco de Talca eran una de las muchas fuentes de recursos de que disponían estas empresas, siendo posible que algunos de ellos hayan sido usados para propósitos distintos a la solicitud de crédito (…). Por lo anterior, no estoy en conocimiento que el crédito de 11 millones y fracción a la empresa Río Claro haya sido prestado a terceros para comprar acciones del banco, ni tampoco recuerdo esta operación en particular, la cual se produjo días antes de mi alejamiento del banco".

Río Claro es sólo una de las empresas relacionadas que recibieron créditos del Banco de Talca. La investigación judicial también se centró en la constitución de otras sociedades creadas especialmente para triangular recursos que permitieran capitalizar a la institución financiera, especialmente cuatro cuya constitución fue encargada por el propio Piñera, según declaró Patricio Roa, uno de los constituyentes que era, a esa fecha, empleado del grupo Calaf-Danioni.

"En el mes de junio (de 1980), no recuerdo bien qué fecha, el gerente general del Banco de Talca de esa época, Sebastián Piñera, me solicitó que fuera el representante legal de cuatro empresas que se estaban formando por necesidad del banco, y cuyos propietarios serían otras empresas del grupo Calaf-Danioni. Por considerar que era una muestra de confianza tanto de los dueños, como de la gerencia general, acepté el cargo ofrecido, las que se denominaron Los Montes, Tamarugal, Laguna Verde y Forestal Los Lirios".

Alberto Danioni respaldó esos dichos: "Estas cuatro sociedades agrícolas fueron ordenadas constituir por el señor Sebastián Piñera, gerente general del banco, con el objeto de que se hicieran cargo de las deudas vencidas o por vencer del señor Alejandro Zampighi y que resultaban inconvenientes para el banco mantenerlas así vencidas, obteniendo así un mayor plazo para su cancelación".

En este caso, el propio Sebastián Piñera reconoció en su declaración judicial haber autorizado los créditos, claro que sin aceptar responsabilidades ilícitas. "Reconozco haber estado en conocimiento de que estas empresas eran de reciente formación y que no eran sujetos de crédito solvente porque tenían escaso o nulo capital", señaló.

Recurso de amparo

Piñera salvó de la cárcel mediante un recurso de amparo que sus abogados tramitaron durante el período en que permaneció prófugo ante la Corte de Apelaciones de Santiago bajo el rol 22954, presentado el 3 de septiembre de 1982. El expediente hoy se encuentra extraviado. Sin embargo es posible reconstruir los hechos recurriendo a recortes de prensa de la época.

El 8 de septiembre, la Séptima Sala de la Corte de Apelaciones rechazó el recurso de amparo, por dos votos contra uno. En contra votaron los ministros Osvaldo Faúndez y Servando Jordán; a favor, votó Enrique Zurita. En los pasillo de tribunales, la decisión de Zurita no sorprendió: nunca suscribió un fallo en contra de imputados en delitos económicos.

El voto mayoritario estableció: "Que el mérito de los autos que se tienen a la vista, resulta que el mandamiento de prisión para los querellantes Sebastián Piñera Echenique, Emiliano Figueroa Sandoval y Carlos Massad Abud, ha sido expedido en caso previsto por la ley y con méritos de antecedentes que lo justifican y de conformidad, también, con lo dispuesto en el artículo 306 del Código de Procedimiento Penal".

Cuentan que fue notoria en esos días la presencia del obispo Bernardino Piñera Carvallo tío de Sebastián en el máximo tribunal, que tendría que pronunciarse sobre la apelación.

El 20 de septiembre de 1982, finalmente, la sala de la Corte Suprema constituida por los ministros Retamal, Ulloa, Letelier y por los abogados integrantes Enrique Urrutia y Enrique Munita acogió el recurso de amparo que dejó a Piñera fuera de las rejas.

El fallo estableció que "en el estado actual de la investigación no aparece establecido que los hechos que se imputan a los amparados tengan características delictuales, ni está ahora probado que ellos han obtenido provecho o el banco haya sufrido perjuicios resultantes de la actuación financiera de los recurrentes.

En tanto, Calaf y Danioni, que no recurrieron al amparo, pasaron varios meses detenidos en Capuchinos y finalmente fueron condenados a tres años de cárcel, sentencia ratificada en todas las instancias, incluidas la Corte Suprema y casaciones. Entre los delitos que se les logró probar, estaba el préstamo por más de 11 millones de dólares a Río Claro.
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Accionistas: En ese entonces, Carlos Massad, presidente del directoriro;Alberto Danioni, Vicepresiedente ejecutivo y Sebastián Piñera , Gerente General del Banco de Talca.
FOTO_02 W:200 H:210 20 kbBANCO DE TALCA

El Banco de Talca fue creado en 1884 y autorizado por D.S. N 05 del 27 de octubre de 1889, como una institución provincial. Desde entonces y hasta 1970, de acuerdo a registros oficiales de la SIBF, sufrió 23 modificaciones legales, permaneciendo siempre en manos privadas. Fue estatizado en 1971, quedando en poder de Corfo el 89,6% de las acciones. En 1972, bajo administración de la Corfo, adquirió los activos de la agencia que mantenía en Santiago el First Nacional City Bank, pues éste era el antecesor del Citibank, banco que inició operaciones con tarjetas en EEUU en 1965, emitiendo su primer plástico en 1967.

En noviembre de 1975, mediante una licitación pública, Corfo vendió el Banco de Talca, en una primera instancia, a 542 personas naturales y jurídicas de la Región del Maule, según la nómina de quienes suscribieron la "Proposición de Compra del 89,5% del Capital del Banco de Talca Formulada por los más Amplios Sectores de la VII Región", todos representados por el abogado Jorge Ovalle Quiroz.

Sin embargo, según consta en documentación de la SBIF y en las respectivas memorias institucionales, desde 1975 a 1977 hubo diversas resciliaciones de los contratos de compraventa y, por lo tanto, algunas de las acciones vendidas a estos oferentes volvieron a propiedad de Corfo para ser vendidas con posterioridad.

En esta licitación, el Grupo Calaf-Danioni, encabezado por Miguel Esteban Calaf Rocoso y su familia, dueños de Calaf S.A.C.I , adquirió más o menos el 26% de las acciones del Banco de Talca.

Posteriormente, el Grupo Calaf-Danioni recibió de Corfo otro paquete accionario a título de indemnización, originados en la presunción de que la familia Calaf habría sido propietaria de un paquete accionario del Banco de Talca antes de la estatización de 1971. El grupo Calaf-Danioni consiguió el control del Banco de Talca en los siguientes cinco años, llegando a adquirir en 1979 el 65% de su propiedad.

El 10 de abril de 1982, el Banco de Talca fue liquidado por la Superintendencia y comprado por el Banco Central de España. Su continuador legal fue primeramente Centrobanco, de propiedad del Banco Central de España; después, Banco Hispanoamaericano, Santiago, y Bansander Santiago, respectivamente.

INFRACCIONES A LA LEY GENERAL DE BANCOS

A Piñera se le imputó la calidad de autor de dos infracciones a la Ley General de Bancos.

A saber, el artículo 26 de la Ley General de Bancos, sanciona a los directores y gerentes de bancos y garantes de una institución financiera, que entre otras conductas incurran en la genérica de simular la situación de la entidad. Teniendo en consideración la obligación que tienen los bancos de entregar, por lo menos cuatro veces al año, estados sobre la situación de sus negocios, los que deben ser publicados en la prensa, se comprende que la forma más común de incurrir en este delito, consistirá en entregar y publicar estados de situación en los que se disimula la verdadera situación de la empresa.

Y el artículo 26 bis de la Ley General de Bancos, que sanciona a los directores, gerentes, funcionarios, empleados o auditores externos de instituciones financieras que, con el fin de dificultar, desviar o eludir la fiscalización que corresponde ejercitar a la Superintendencia, alteren o desfiguren datos o antecedentes en los balances, libros, estados, cuentas, correspondencia u otro documento cualquiera, o que oculten o destruyan estos elementos, o bien, proporcionen, suscriban o presenten esos elementos de juicio alterados o desfigurados.

EL GRUPO CALAF-DANIONI

El crecimiento del grupo controlador Calaf-Danioni fue explosivo. Utilizó un expediente común en esos años. Es decir, obtuvo créditos del banco para comprar acciones del propio banco (y capitalizarlo) y para financiar sus propias empresas.

En el dictamen de los auditores, Price Waterhouse, para el balance del año 1977, se indicaba que aproximadamente un 6% de sus colocaciones correspondía a clientes cuya situación financiera no les permitía amortizar sus obligaciones en la forma originalmente pactada. La SBIF solicitó entonces “profesionalizar” la planta ejecutiva del Banco, de modo que ésta presentara un proyecto de capitalización que contara con la aprobación del ente fiscalizador.

En ese contexto es que el grupo controlador tomó contacto con Carlos Massad y en marzo de 1978 formalizó la contratación de la recientemente creada sociedad consultora Infinco para hacer frente a ese desafío. Entre los socios constituyentes aparece Sebastián Piñera, en lo que fue su primera participación comercial en Chile (ver nota secundaria). Infinco se encargó entonces de elaborar el plan que exigía la SBIF.

En marzo de 1979, una vez aprobado el plan, Sebastián Piñera –junto a Massad y Krebb– ingresó formalmente a la planta del banco, en su caso, como gerente general. Entre sus primeras medidas, dispuso un aumento de capital mediante la emisión de 600.000 acciones de pago por un valor nominal de

$250 cada una.

Piñera ejerció la gerencia general del banco hasta fines de septiembre de 1980. Durante todo ese período fue el interlocutor del banco con la Superintendencia, manejó el plan de capitalización y fue responsable del otorgamiento de todos los créditos que superaron el millón de dólares.

Durante su desempeño como gerente general de Banco de Talca, es decir entre 1979 y 1980, Sebastián Piñera se asoció con Calaf y Danioni en algunas empresas que configuraban el universo de empresas (más de 80) del Grupo Calaf-Danioni. Entre ellas, la Sociedad Administradora de Créditos Bancard (ver próximo recuadro).

BANCARD

Lejos de lo que cuenta la leyenda, Sebastián Piñera no fue el fundador de Bancard, sino sólo uno de sus socios minoritarios a partir de su relación con el Banco de Talca, en 1980. Pero la empresa se había empezado a gestar mucho antes.

Según registros de la Superintendencia de Valores y Seguros, la Sociedad Administradora de Tarjetas de Crédito Bancard S.A. fue autorizada, mediante decreto 540, para operar este tipo de medio de pago en Chile, en octubre de 1978. El extracto de la constitución y los estatutos aprobados para su funcionamiento fueron publicados en el “Diario Oficial” el 5 de enero de 1979. Posteriormente, por acuerdo del comité ejecutivo del Banco Central, se implementaron normas que regirían el funcionamiento de las tarjetas de crédito en Chile. Esto permitió el inicio de actividades por parte de Bancard S.A. y del sistema en nuestro país.

Según declaraciones judiciales del abogado Sergio Castro Olivares, a nombre de su representado Miguel Calaf, fue el Banco de Talca el más fuerte impulsor y realizador de la idea, financiando los gastos de puesta en marcha y suscribiendo un 10% del capital inicial de esta sociedad, máximo permitido por la Ley General de Bancos, siendo el resto del capital suscrito por parte de personas vinculadas al banco citado (entre ellas, Sebastián Piñera). Posteriormente le fue ofrecido y vendido un 3% de las acciones al Banco de Concepción y un 30% a personeros vinculados a esa institución.

Según consta en el proceso, tres avaluaciones disponibles a la época situaban el valor de Bancard S.A. al 31/10/1981 entre seis y 13 millones de dólares de entonces.

LA NACION.CL

P. Krugman: Goldman Sachs y el peligroso imperio de Wall Street (y del capital financiero)…

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La alegría de Goldman Sachs

PAUL KRUGMAN 19/07/2009

La economía de EE UU sigue en situación precaria, con uno de cada seis trabajadores en paro o subempleado. Aun así, Goldman Sachs acaba de anunciar beneficios trimestrales históricos, y se prepara para repartir enormes primas, comparables a las que pagaba antes de la crisis. ¿Qué nos dice este contraste?

Primero, que Goldman es muy buena en lo que hace. Desgraciadamente lo que hace es malo para Estados Unidos. Segundo, demuestra que los malos hábitos de Wall Street (sobre todo, el sistema de compensación que contribuyó a generar la crisis financiera) no han desaparecido. Tercero, demuestra que, al rescatar el sistema financiero sin reformarlo, Washington no ha hecho nada para protegernos de una nueva crisis y, además, ha hecho que sea más probable que se vuelva a producir.

Empecemos por hablar de la forma en que Goldman gana dinero.

Durante la generación anterior (desde la liberalización de la banca de los años de Reagan), la economía estadounidense ha estado financiarizada. La importancia del negocio de mover el dinero, de rebanar, trocear y reenvasar activos financieros, ha subido vertiginosamente en comparación con la de la producción real de cosas útiles. Eso que se ha dado en llamar oficialmente sector de "seguros, contratos de mercancías e inversiones" ha crecido muy deprisa, desde sólo un 0,3% del PIB a finales de los años setenta hasta el 1,7% en 2007.

Dicho crecimiento sería estupendo si ese carácter financiero realmente cumpliese sus promesas (si las empresas financieras ganasen dinero dirigiendo el capital hacia sus usos más productivos y desarrollando formas innovadoras de repartir y reducir los riesgos). Pero, ¿puede alguien, en este momento, afirmar eso sin inmutarse? Las empresas financieras, como sabemos ahora, han dirigido enormes cantidades de capital hacia la construcción de casas invendibles y de centros comerciales vacíos. Han hecho aumentar el riesgo en vez de reducirlo y lo han concentrado en vez de repartirlo. En la práctica, el sector ha estado vendiendo peligrosos medicamentos patentados a consumidores crédulos.

El papel de Goldman en ese cambio de EE UU ha sido similar al de otros actores, salvo por una cosa: Goldman no cayó en su propio lazo. Otros bancos invirtieron muchísimo dinero en la misma basura tóxica que vendían a los ciudadanos de a pie. Es bien sabido que Goldman ganó un montón de dinero vendiendo seguros respaldados por hipotecas de alto riesgo y luego otro montón más vendiendo en descubierto seguros respaldados por hipotecas, justo antes de que su valor se hundiese. Todo esto era perfectamente legal, pero el resultado neto fue que Goldman obtuvo beneficios tomándonos al resto por bobos.

Y los de Wall Street tienen todos los incentivos necesarios para seguir jugando al mismo juego. Las enormes primas que Goldman pronto repartirá ponen de manifiesto que las empresas de altos vuelos del sector financiero siguen funcionando según el sistema de que si sale cara ellas ganan y si sale cruz otros pierden. Si usted es un banquero que genera grandes beneficios a corto plazo, se le recompensa magníficamente (y no tiene que devolver el dinero aun en el caso de que esos beneficios resulten ser un espejismo). Por tanto, no tiene usted más que buenos motivos para empujar a los inversores a asumir riesgos que no comprenden. Y los acontecimientos del año pasado han pervertido todavía más esos incentivos, al hacer que los contribuyentes, además de los inversores, carguen con el mochuelo si las cosas se tuercen.

No voy a tratar de analizar las afirmaciones contradictorias sobre el beneficio directo que Goldman ha obtenido gracias a los últimos rescates financieros y sobre todo la asunción por parte del Gobierno del pasivo de AIG. Lo que está claro es que Wall Street en general, con Goldman sin duda incluida, se ha visto enormemente beneficiada por la red de seguridad financiera ofrecida por el Gobierno (una garantía de que rescatará a los principales actores financieros si las cosas salen mal).

Se podría argumentar que dichos rescates son necesarios si queremos evitar que se repita la Gran Depresión. De hecho, estoy de acuerdo. Pero la consecuencia es que el pasivo del sistema financiero está ahora respaldado por una garantía implícita del Gobierno.

Pero la última vez que se produjo una ampliación comparable de la red de seguridad financiera, la creación del seguro federal de depósitos en los años treinta, fue acompañada de una regulación mucho más estricta, para garantizar que los bancos no abusaban de sus privilegios. Esta vez, las nuevas normativas están todavía en fase de borrador (y el grupo de presión financiero ya está oponiéndose a las más elementales garantías para los consumidores).

Si estas presiones logran su objetivo, tendremos todos los ingredientes para un desastre financiero aún mayor dentro de unos cuantos años. La próxima crisis podría parecerse al desastre de las cajas de ahorros de la década de los ochenta (cuando los bancos no regulados apostaron con el dinero de los contribuyentes o, en algunos casos, lo robaron), salvo en que en esta ocasión abarcaría a todo el sector financiero en su conjunto.

La conclusión es que el asombroso trimestre de Goldman es una buena noticia para Goldman y la gente que trabaja allí. Es una buena noticia para las superestrellas financieras en general, cuyas nóminas están ascendiendo rápidamente hasta las alturas anteriores a la crisis. Pero es una mala noticia para casi todos los demás.

Traducción de News Clips.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008.(c) 2009 New York Times News Service. /El País.com

El golpe silencioso: cómo Wall Street capturó al gobierno de Estados Unidos

 

Con este título, el ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Simon Johnson, explica el rol de esta industria en la Casa Blanca y el Departamento del Tesoro, y su responsabilidad en el inicio de la crisis financiera.

por Mauricio Rodríguez – 19/07/2009

Hace un siglo, el gran pánico que Wall Street sufrió en 1907 fue causado por banqueros y solucionada por banqueros, con John Pierpont Morgan, dueño del banco homónimo jugando un rol clave. Ciento dos años después, la historia se repite: las grandes instituciones financieras son culpables y remediadores de la crisis, dice Simon Johnson, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), con JP.Morgan, otra vez, en todos los frentes y como gran beneficiado.

Johnson es autor de un influyente artículo aparecido en la edición de mayo de la revista The Atlantic, de Boston: The Quiet Coup, o El Golpe Silencioso: cómo la banca ocupó el gobierno de EEUU. En el ensayo, este académico de la escuela de administración Sloan del MIT se refiere a los "oligarcas" de Wall Street como los causantes de la crisis financiera, mientras -dice- la falta de un cedazo en el gobierno de EEUU a la industria financiera ha terminado transformando a la principal potencia económica del mundo en una república bananera. Aquí un extracto del artículo en que explica su postura este economista, muy bien conceptuado a nivel internacional, y que está dando que hablar.

CONVIERTIENDOSE EN UNA REPUBLICA BANANERA

"En su profundidad y naturaleza repentina, la crisis financiera y económica en EEUU es choqueantemente parecida a momentos que hemos visto sólo en mercados emergentes:#Corea del Sur (1997), Malasia (1998), Rusia y Argentina (una y otra vez). Pero hay una similitud mayor y más preocupante: los intereses de la élite empresarial-financiera en el caso de EEUU- jugaron un rol central en la generación de la crisis, haciendo cada vez apuestas más grandes, con el respaldo implícito del gobierno, hasta el colapso inevitable. Más alarmantemente, ahora está  usando su influencia para impedir el tipo de reformas necesarias para retirar a la economía de su caída en picada. El gobierno parece desvalido, o no dispuesto, a actuar en su contra".

EL CORREDOR DE WALL STREET-WASHINGTON

"La industria financiera americana ha ganado poder político amasando un sistema de creencias. En la última década la actitud ha sido ‘lo que es bueno para Wall Street es bueno para el país’. Un canal de influencia es el flujo de personas entre Wall Street y Washington. Robert Rubin, que fue copresidente de Goldman Sachs, sirvió en Washington como secretario del Tesoro de Clinton, y luego se convirtió en presidente del comité ejecutivo de Citigroup. Henry Paulson, CEO de Goldman Sachs, fue secretario del Tesoro en el mandato de George W. Bush (…) Alan Greenspan, tras dejar la Reserva Federal, se hizo consultor de Pimco, quizás el actor más grande del mercado mundial de bonos.

"Estas conexiones personales se han multiplicado muchas veces en los niveles más bajos [de la administración] en las últimas tres presidencias.

"Con la confluencia de financiamiento de campañas, conexiones personales e ideología, un río de políticas desregulatorias ha fluido en la última década: la insistencia en el flujo libre del capital a través de las fronteras; revocación de regulaciones de la era de la Depresión que separaban la banca comercial de la de inversiones; una prohibición parlamentaria a regular el mercado de los credit default swaps; grandes aumentos al endeudamiento permitido de los bancos; mano blanda (¿debiera decir invisible?) de la Securities and Exchange Commission en la aplicación de las normativas; acuerdo internacional para permitir a los bancos medir su propio riesgo…".

INDUSTRIA Y CRISIS FINANCIERA

"Los bancos comerciales y de inversión más grandes fueron los grandes beneficiados de las burbujas mellizas del sector inmobiliario y del mercado bursátil, con sus utilidades cada vez más alimentadas por un volumen creciente de transacciones basadas en activos físicos relativamente pequeños.

"[Cuando la crisis comenzó] las élites financieras continuaron asumiendo que su posición como niños prodigio de la economía estaba segura, a pesar del caos que habían causado… La respuesta [a la crisis] se describe como una ‘política por acuerdo’: cuando una institución financiera se mete en problemas, el Tesoro y la Fed realizan la ingeniería de un rescate durante el fin de semana, y anuncian el lunes que todo está bien. En marzo de 2008, Bear Stearns fue vendido a JP Morgan Chase en lo que a muchos pareció un regalo a JP Morgan (Jamie Dimon, el CEO del banco, es miembro del directorio del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, el cual arregló el acuerdo junto con el Tesoro)".

DOS CAMINOS

"El desafío que EEUU enfrenta es territorio familiar para la gente del FMI. Si uno escondiera el nombre del país y sólo exhibiera los números, no hay duda de que el FMI diría que hay que nacionalizar los bancos en problemas y separarlos en unidades más pequeñas si es necesario… Pero esto es insuficiente: el segundo problema que enfrenta EEUU es el poder de la oligarquía. El consejo del FMI en este frente sería, otra vez, destruir la oligarquía".

"Nuestro futuro podría ser uno en que el tumulto continuo alimenta el saqueo del sistema financiero, mientras hablamos más y más acerca de cómo exactamente nuestros oligarcas se convirtieron en bandidos y sobre cómo la economía simplemente parece no poder ponerse en forma".

La Tercera.com

Chile: A brillar, Michelle…(Bachelet)…

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Una mirada desde Argentina…

Por Santiago O’Donnell, Página/12

BACHELETO001 Brilla Santiago de Chile bajo el tenue sol de invierno que se filtra entre los picos nevados, con autopistas y túneles de estreno y grandes shoppings a full a pesar de la gripe y la crisis mundial. Brilla por las veredas limpias de sus barrios de clase media y por el boom de construcción de viviendas de bajo costo en los caseríos que rodean la ciudad. Y aunque aparecen problemas nuevos y persisten problemas viejos, como en todos lados, brilla por sobre todo la presidenta chilena, Michelle Bachelet, cuya figura alcanza índices de aprobación que rondan el ochenta por ciento.

Bien distinta era la situación hace dos años, cuando el país enfrentaba una crisis social por la fallida implementación de un nuevo sistema de transporte y la popularidad de la presidenta andaba por el piso. Su gobierno venía de soportar protestas estudiantiles y huelgas mineras y se había ganado el mote de tecnocrático, incapaz de cumplir con la agenda social de deudas pendientes que el segundo gobierno socialista y cuarto de la Concertación había prometido pagar.

Desde entonces, Bachelet renovó su gabinete, conservando piezas clave como el entonces cuestionado, ahora popularísimo, ministro de Hacienda Andrés Velasco. Después llamó a un diálogo político, tejió alianzas extrapartidarias y encaró con eficiencia algunos asuntos espinosos que aguardaban resolución. Por ejemplo la reforma del sistema previsional. La nueva ley pensionó a millones de desocupados y amas de casa que habían quedado afuera del sistema pinochetista de jubilaciones privadas por no haber hecho aportes.

También sucedió la crisis mundial. Durante sus dos primeros años de gobierno, con el precio del cobre por las nubes, Bachelet había amasado grandes superávit, en el orden de los 20 a 30 mil millones de dólares. Velazco insistía en que había que ahorrar para los tiempos de las vacas flacas. Los adversarios se burlaban. Los gurúes de la city decían que el gobierno tenía miedo a gastar, que el dólar se desplomaba, que los exportadores quedaban fuera de mercado. Se hablaba de la enfermedad Noruega.

Velasco es un economista, profesor de Harvard, que dice tener el corazón en el centroizquierda pero maneja argumentos que dejan traslucir su formación liberal. En Chile dirigía un think tank, Expansiva, pero antes de la campaña del 2005 pasaba la mayor parte de su tiempo en Estados Unidos. Llegó para unirse a los equipos técnicos de la campaña y terminó como jefe de campaña. Al principio fue muy resistido porque no tenía vínculos políticos. Pero Bachelet lo respaldó siempre y terminaron formando una sólida sociedad. Después de las elecciones, Velasco armó equipos de gobierno y fue el principal hombre de consulta de la presidenta en temas vinculados a la gestión, no así en los políticos. El chiste en la calle era que Bachelet decía que quería gastar más en planes sociales, pero que su ministro de Hacienda no la dejaba.

Cuando la crisis finalmente llegó, el gobierno de Bachelet no dudó en abrir el grifo del gasto estatal. El fenomenal superávit se convirtió en un déficit de cuatro mil millones en el presente ejercicio. El dinero no se usó para salvar bancos y multinacionales, sino para reactivar la economía y proteger a los sectores más desamparados. Creció el gasto de obra pública, sobre todo en el sector de salud, donde se duplicó la infraestructura hospitalaria y se produjo una importante transferencia hacia distintos grupos carenciados, en la forma de subsidios habitacionales, subsidios alimentarios, subsidios energéticos y subsidios de 200 dólares por hijo que se depositan directamente en las cuentas corrientes de cuatro millones de madres pobres. “Es que andan repartiendo subsidios de trece millones de pesos para que cualquiera pueda construirse su casita”, graficó un changarín en el aeropuerto de Santiago cuando se le preguntó por la popularidad de la presidenta.

Aunque los neocons chilenos ahora dicen que esta “grasa” que se inyectó a la economía dilatará la reactivación, ya ni discuten su política económica, lo cual parece lógico, ya que es el principal sostén de la altísima popularidad de la presidenta.

Con su lugar en la historia chilena prácticamente asegurado, el desafío de Bachelet es trasladar su capital político al candidato de la Concertación en las presidenciales de diciembre, Eduardo Frei, para darle continuidad a su proyecto político.

No es fácil, porque ni siquiera logra trasladárselo a su gobierno. La administración de Bachelet recibe puntajes altos en economía y en política exterior, donde la actitud firme pero conciliatoria ante Perú y Bolivia, la falta de conflictos serios con Argentina y la alianza con Brasil y Estados Unidos tiene consenso entre la población. Pero en otras áreas del gobierno, como educación, donde se aprobó una reforma que no satisfizo a nadie, el gobierno sale aplazado. El analista político chileno Patricio Navia habla de “cariñocracia” para explicar el fenómeno.

Hasta ahora el candidato de la Alianza derecha-centroderecha, Sebastián Piñera, lidera las encuestas con una intención de voto estable de cerca del 35 por ciento, seguido por Frei, cuyo apoyo oscila entre en 25 y 30 por ciento con una leve tendencia alcista, seguido por el candidato independiente Carlos Enríquez Ominami, que parece haber encontrado un techo en el umbral del 20 por ciento.

Las matemáticas arrojan un ajustado triunfo de la Concertación en segunda vuelta, pero esto recién comienza y el todavía incierto impacto del factor Enríquez Ominami podría alterar los pronósticos.

El candidato independiente es el emergente de la creciente insatisfacción de los jóvenes chilenos con el sistema político de su país, excluyente y anquilosado, que aborta cualquier intento de renovación.

Según el analista Christian Austin, de la Fundación Síntesis, el 95 por ciento de los jóvenes de 20 años no vota en las elecciones y el porcentaje de participación crece gradualmente hasta alcanzar el 50 por ciento recién a los 37 años.

Este creciente segmento de autoexcluidos se referencia en Enríquez Ominami, uno de los diez o 15 dirigentes que intentó sin éxito participar en las primarias de la Concertación. En el caso de Enríquez Ominami, quedó al margen por una decisión burocrática del comité ejecutivo del Partido Socialista, que maneja con mano firme desde hace años el veterano dirigente Camilo Escalona. El comité eligió a dedo como candidato socialista a Frei, a pesar de que Frei es demócrata cristiano. Otro precandidato de la Concertación fue volteado en una “pre-primaria” regional y así Frei llegó a la primaria como candidato único, para satisfacción del establishment partidario.

Con propuestas innovadoras, como legalizar el consumo de marihuana o la compra privada de una pequeña participación en la empresa estatal que explota el cobre para transparentar su gestión, Enríquez Ominami trajo aire fresco a la campaña y la expectativa de un profundo replanteo en la dirigencia de la Concertación, que seguramente se dará después de las elecciones. Hijo natural de un legendario guerrillero, hijo adoptivo de un muy respetado senador socialista, esposo de una conocidísima conductora de televisión, dueño de una productora fashion de cine y video, el candidato independiente tiene el currículum necesario para atraer el voto antisistema.

Son los jóvenes que se cansaron de las roscas, las corruptelas y las caras de siempre que van carcomiendo de a poco la base de apoyo de la Concertación. Pero que no están dispuestos a cambiarse de bando justo ahora que el discurso de la derecha hace agua. Menos que menos, votar por un candidato que ha perdido gran parte del lustre con el que irrumpió en la política chilena hace apenas cinco años para desafiar a Bachelet.

Es que Piñera tiene el problema de no poder desprenderse de los dinosaurios de la UDI, la pata más derechista de su alianza política, porque esos dinosaurios constituyen su base más activa, numerosa y leal. Pero esos mismos protopinochetistas actúan de piantavotos en los sectores moderados que Piñera necesita seducir.

La imagen de Piñera tampoco ayuda. Se trata de un empresario exitoso, sí, amigo de Macri, una especie de Berlusconi chileno, pero tiene perfil de financista y fama de especulador. Sus múltiples negocios lo muestran no como un constructor de empresas a quien la burguesía puede admirar, sino como un oportunista con buena nariz para la ganancia fácil, a quien no le importa demasiado lo que deja atrás.

Encima, no encuentra el mensaje. Hasta ahora se ha limitado a criticar la anterior presidencia de Frei (1994-2000), haciendo eje en asuntos de bajo vuelo, como el indulto que el entonces presidente le concedió a un narco que ya había cumplido la mitad de su pena y estaba en condiciones de salir en libertad condicional y desde entonces se ha comportado como un ciudadano ejemplar. O la compra fraudulenta de una flota de aviones Mirage, aunque no ha surgido evidencia alguna que implique directamente al ex presidente. Piñera también tiró, en el peor momento, la propuesta de privatizar un tercio del cobre chileno. Encima tuvo que aclararle a una periodista que no es cierto que él no tenga corazón y que quiere mucho a su mujer y sus hijos.

Mientras tanto, Frei recorre las regiones con Bachelet pidiendo “más Estado”, y en los debates explica que ahora podrá hacer mucho más con la agenda social que lo que pudo hacer en su primer gobierno, a cuatro años de la salida de Pinochet, porque los gobiernos socialistas de Ricardo Lagos y Bachelet le abrieron el camino. “En los próximos meses me imagino que el gobierno va a poner toda la carne al asador, va a dar un empujón enorme para transferirle la popularidad de Bachelet a Frei,” predice Austin.

No va a ser fácil.

Frei viene con un défict de origen por el proceso tan poco participativo que culminó con su candidatura. Carga con los errores y las deudas pendientes de su gobierno y sufre el desgaste de 16 años de Concertación. Con sólo verlo, siempre de traje y engominado, queda claro que no despierta pasiones. Pero una estrella ilumina el camino. Chile brilla de esperanza.

PAGINA/12

sodonnell@pagina12.com.ar

La campaña electoral de Obama: un análisis estratégico…

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Franklin "Chuck" Spinney

OBAMAAA01 La estrategia de "maternidad y desencaje" o M&M (por las siglas de Motherhood and Mismatch) fue inventada por un estratega militar norteamericano, el coronel John R. Boyd. El objetivo básico de una estrategia M&M es construir apoyos a tu causa y atraer a ella a los indiferentes o no comprometidos por la vía de perfilar una posición "maternal" –es decir, una posición verdaderamente inobjetable, como la mítica "maternidad, tarta de manzana y estilo americano de vida"—, para luego invitar a tu enemigo a atacarla repetidamente de forma tal, que él mismo se haga trizas en los niveles mental y, aún más decisivo, moral del conflicto.

Lo que inevitablemente seguirá es la autodestrucción del enemigo, si consigues inducirle a atacar tu posición de maternidad de forma tal, que quede al descubierto el desencaje existente entre los tres polos de su triángulo moral, definidos por: 1) lo que tu enemigo dice ser; 2) lo que realmente es, conforme a sus acciones; y 3) el mundo con el que él tiene que lidiar. Conscientemente o no, yo creo que Obama tiene un sentido intuitivo de la concepción estratégico-moral inherente en la estrategia M&M, lo que le ha permitido deshacerse de McCain y desbaratar la campaña de éste, arrastrándolo al abismo del colapso mental y moral. Que Obama lograra hacer lo propio con Hilary Clinton, tal vez sugiere que no se trata de una casualidad.

La clave para llevar a cabo con éxito una estrategia M&M pasa por construir, primero, una posición de maternidad y, luego, convertirla en una fortaleza moral. Esto es más fácil de decir que de hacer, porque implica ser capaz de definir tu causa de una manera no trivial en términos evidentes y positivos, para luego modelar el ambiente y definirte a ti mismo de un modo tal, que siempre salga reforzada la posición de maternidad. El señor Obama se definió al comienzo a sí mismo como un unificador y un agente del cambio para un país dividido en el que una clara mayoría de la población creía que su nación se hallaba en un camino equivocado de futuro. ¿Quién podría objetar algo a esa definición? Es obvio que se trata de una nave vacía, pero es pura maternidad, y funciona como un ensalmo, si puedes manipular a tu enemigo para que juegue según tus reglas.

Astutamente, Obama se sirvió de una retórica apasionada, soliviantante, capaz de comunicar energía a las manifestaciones de masas, a fin de afianzar en la consciencia pública la autodefinición inicial y de construir entusiasmo y dar impulso, para luego, bajo presión, exhibir sangre fría y una cuidadosamente elaborada oratoria destinada a reforzar esa posición de maternidad con su autodefinición. Algunas veces lo hizo subliminalmente, como en su discurso ante el Sindicato del Cobre, que llevó al historiador Gary Wills a comparar ese discurso con el de Lincoln ante el mismo sindicato. Otras veces fue más directo, como en el meditado discurso de Filadelfia, que convirtió el caso [del reverendo] Wright en una reflexión de más amplios horizontes sobre el impacto del racismo tanto en los blancos como en los negros.

Obama dio los toques finales a su autodefinición en los debates, y la remató con una publicidad comercial televisiva brillantemente producida. Pero al tiempo que apelaba, subliminalmente, a Lincoln y se refería, directamente, a los [lincolnianos] "ángeles buenos" que llevamos todos dentro, Obama también invitaba a McCain a atacarle, a menudo sutilmente, con el equivalente político de la táctica pugilística de esperar al enemigo [como famosamente hacía el boxeador Mohamed Alí; T.] en las cuerdas del cuadrilátero para, atolondrado, golpearlo mejor. No se cansó de mencionar los votos de McCain en el Senado a favor de Bush, y se rió de las contradicciones implícitas en las posiciones de McCain. De vez en cuando, los golpes de Obama fueron descarados; por ejemplo, cuando desafió públicamente a McCain a hablar de la conexión de Obama con [el supuesto exterrorista Bill] Ayers antes del tercer debate. McCain entró furiosamente al trapo, y al hacerlo, se desacreditó a sí propio ante millones de telespectadores.

Un aspecto clave de los golpes tácticos de Obama es que nunca estuvieron revestidos de odio y casi nunca fueron personales, a menos que estuvieran legitimados por el toma y daca de los ataques personales que le dirigía McCain, que buscaba culparle por asociación recordando antiguas relaciones personales suyas. En cambio, los golpes tácticos de Obama se centraron normalmente en contradicciones implícitas en las acciones y en los discursos de campaña de McCain, golpes que, siendo McCain por naturaleza un hombre beligerante, tomaba como ataques personales. Retrospectivamente, resulta claro ahora que las acciones de Obama nunca se desviaron de su imagen, construida desde su posición de maternidad, de ser un unificador que, tan serena como competentemente, busca cambiar el status quo. Reforzó esa definición con un comportamiento disciplinado y siempre congruente con los tres polos de su propio triángulo moral, incluso cuando los inevitables acontecimientos exógenos hacían inopinadamente su aparición en el mundo con que tenía que lidiar, cosa, ésta última, que resultó especialmente clara durante el pánico financiero, del que Obama tomó distancia, manteniendo la sangre fría.

El contraste entre la estrategia M&M de Obama y el comportamiento de McCain resultó asombroso. Obama, un recién llegado virtualmente fuera de todo circuito, se sirvió de una oratoria inflamada, aunque vagarosa, para modelar el ambiente popular de un modo que reforzara su propia autodefinición. En cambio, McCain, como Hilary antes que él, no podía dejar de verse como una criatura del status quo de Washington, una magnitud conocida. Y, como antes Hilary, McCain optó por hacerse eco de la llamada de Obama al cambio. Cayó, pues, en la misma trampa, y vino a aceptar la definición de maternidad de Obama: unidad y cambio. Era una trampa, porque la definición de maternidad de McCain, como la de Hilary, carecía de lógica en su mismo núcleo. La argumentación de McCain, implícitamente, exigía de los votantes que se tragaran el siguiente galimatías: "Yo soy una experta criatura del status quo en un país en el que la mayoría de ustedes lo cree peligrosamente dividido y transitando por un camino de futuro equivocado, pero mi experiencia (¿cómo forjador del status quo?) me convierte en un candidato mejor calificado para conseguir el objetivo de la maternidad (¿que el recién llegado ha tenido la temeridad de establecer?)".

Tomar prestada del enemigo la posición de la maternidad no es el mejor modo de fijar tu propia estrategia M&M.

Resulta claro ahora que McCain no tenía la intención de desarrollar una estrategia M&M, aun si se plegó al juego de Obama. Veamos, si no, el triángulo estratégico de McCain en el contexto de su punto de partida, fundamentalmente débil. Recuérdese que un triángulo es una abstracción de conveniencia; la realidad, ni que decir tiene, es más compleja; las categorías se solapan y las distinciones más nítidas a menudo caen en zonas de penumbra en el mundo real. Sin embargo, creo que aplicar esta abstracción puede resultar una herramienta analíticamente útil para aclarar nuestra afirmación de que la estrategia M&M que tan vigorosa se mostró en el caso de Obama, resultó bien destructiva en el caso de McCain:

(1) Lo que McCain dice ser: siendo McCain como es una criatura del establishment, tiene menos margen de maniobra que Obama para definirse a sí mismo. Eligió engrandecer el mito que había venido repetidamente forjando sobre sí mismo, definiéndose como un hombre de honor, con una sabiduría nacida de la experiencia, como un hombre independiente y sin ataduras, y como un superpatriota, cuyo valor moral más básico era poner el país por delante de cualquier interés personal, sea cualquiera el coste. En realidad, "El país, lo primero", fue el parachoques emblemático de su campaña.

(2) Lo que McCain es realmente: Las acciones de McCain, que definen lo que realmente es, resultaron una y otra vez contradictorias con su autodefinición, y de modo crecientemente palmario. Llamo la atención sobre lo siguiente: a) al librarse negativamente a ataques personales, crecientemente rayanos en lo maccarthyesco, en su oratoria de inculpación por asociación, McCain, y especialmente su pareja de campaña, Sarah Palin, trataron de destruir el carácter de Obama por la vía de atacar sus motivaciones, su patriotismo, sin privarse siquiera de referencias oblicuas a su "otreidad" (código para la raza). Lo que consiguió con eso McCain fue decirle al mundo a gritos que él mismo era otro perro de presa Roviano [por Karl Rove, el "cerebro" de las campañas de Bush; T.], que era más de lo mismo, y no el cambio que pretendía representar. Además, mientras que McCain violó su propia pretensión de ser un agente del cambio, sus desapoderados ataques no sólo dejaron intacta e incuestionada la definición de maternidad de Obama, sino que probablemente la reforzaron. b) Al sembrar división en el país, enfrentando regiones contra regiones, pueblos contra ciudades, norteamericanos genuinos contra norteamericanos no genuinos, y aun estimulando actitudes populacheras violentas en las mentes de sus partidarios, McCain y, especialmente, Sarah Palin entraron en contradicción con la autodefinición de McCain como hombre que ponía a su país por delante del interés propio. c) Al nombrar a Sarah Pailin como compañera de campaña, eligió a una persona manifiestamente incapaz de llegar a ser presidente en caso de muerte de McCain en el cargo. Tal decisión no sólo reforzó la violación de su autodefinición como hombre que ponía el país por delante de sí propio, sino que entró en contradicción con su pretensión de ser un hombre independiente que va por libre, porque la opción de Palin era, obviamente, un guiño a las bases más derechistas del Partido Republicano. Y para empeorar todavía más las cosas, la opción de Palin entraba en contradicción con su autodefinición como hombre de sabiduría a prueba de presiones y forjada en el fuego de la experiencia, porque a pesar de haber podido elegir compañero de campaña entre marzo y agosto, tomó esa importante decisión guiado por una corazonada impulsiva de último minuto, apostando a cierraojos sin tomar en cuenta las probabilidades matemáticas asociadas al resultado.

(3) Veamos ahora el mundo con el que tenía que lidiar McCain: tenía que estar a la altura de las maniobras estratégicas de Obama, así como de los acontecimientos exógenos que siempre interfieren de tanto en tanto, siendo el más importante de los ocurridos el desplome financiero. Según se observó antes, McCain, como antes Hilary Clinton, cayó en la trampa de Obama al definir la maternidad en los términos de Obama. Las consecuencias estratégicas fueron de hondo calado: para ganar, McCain, como antes Hilary, tenía dos opciones: o bien podía apuntar alto, jugando el juego de Obama en los términos de Obama, en la esperanza de batir intelectualmente a un Obama manifiestamente inteligente, o acaso esperando que Obama perdiera la serenidad y se destruyera a sí propio atacando a McCain de una forma contradictoria con las tres patas del triángulo estratégico de Obama; o bien… McCain podía ir por la vía de los golpes bajos, violando a propósito los términos de su propio triángulo estratégico en la esperanza de que lograría destruir a Obama con un ataque personal brutal antes de que las consecuencias de la violación le pasaran a él mismo factura.

La primera opción resultaba poco halagüeña para McCain, porque Obama había venido cuidándose de reforzar con meticulosidad las tres patas de su propio triángulo estratégico durante por lo menos año y medio, y su épica batalla con Hilary Clinton le había obligado a fortificar sus defensas contra cualquier tentación autodestructiva. No hay la menor prueba de que McCain llegara a entender siquiera la naturaleza de la opción estratégica a la que le había obligado Obama. Se percatara o no de ello, McCain eligió la segunda opción estratégica, la cual, por decirlo en términos militares, terminó siendo la antítesis del consejo de Sun Tzu, según el cual hay que concentrar siempre las propias fuerzas en el punto débil del enemigo. McCain, como Hilary, se avilantó a debilitar su propio triángulo estratégico con un revoltillo de asaltos tácticos dispersos que no hicieron otra cosa que robustecer directamente la posición de Obama. En efecto, lo que en la campaña de McCain pasaba por "estrategia" no era sino el alocado lanzamiento a Obama de cualquier cosa que a mano se encontrara, en la esperanza de que algún golpe afortunado resultara definitivo.

Pero un revoltillo de empujones y ataques a la desesperada no es una estrategia en ningún sentido serio de la palabra; es, a lo sumo, un conjunto de tácticas inconexas y dispersas. Y si el enemigo es astuto en el desarrollo de un juego M&M, esas maniobras son la mejor receta para la autoinmolación. Cuando se hizo evidente la futilidad de cada asalto, McCain cambió de táctica en lo que pasó a ser un batiburrillo de intentos, cada vez más desesperados, de encontrar algo que funcionara: Ayers, Joe el fontanero, Obama socialista, Obama redistribuidor de la riqueza, vuelta a Joe el fontanero, etc.; la impresión resultante era la de una inútil búsqueda de alguna combinación, de cualquier combinación, de puñetazos afortunados que dieran en el blanco y tumbaran al contrario.

La irreflexiva desesperación de McCain cobró un destacado perfil cuando el efecto exógeno del desplome financiero hizo intrusión en la campaña y McCain se dejó tentar para perpetrar un truco de altos vuelos que pronto terminó en una embarazosa debacle. McCain comenzó por proponer públicamente un gran trato para postergar el tercer debate, "por mor del país"; luego sembró confusión yendo a Washington para construir un consenso bipartidista, pero, estando en Washington, no hizo nada por encarar el problema o armar un consenso. Luego invirtió la marcha, diciendo que las cosas estaban ya lo bastante encaradas, de modo que sí, podría participar en el debate. Demasiado para su pretensión de poseer una sabiduría nacida de la dura experiencia. Mientras un McCain agresivo zascandileaba en el borde mismo del abismo, Obama se mantuvo sereno.

Aunque podría citar muchos otros ejemplos, creo que está claro ya que la decisión de McCain de emular a Hilary y tomar la vía de los golpes bajo encajó como anillo al dedo en la estrategia M&M de Obama: McCain gastó su energía en hacer trizas su propio triángulo moral. No es, pues, sorprendente que su juego mental degenerara en confusión y desorden, y lo que es todavía más importante, que se destruyera moralmente a sí propio. Y al hacerlo, fue McCain quien más contribuyó a demostrar que no era apto como presidente: como la mayoría de los pilotos de combate –el coronel Boyd fue una asombrosa excepción—, McCain no pudo o no quiso pensar más allá de la táctica. A pesar de la valentía personal que pudo haber demostrado en sus años como oficial naval, la ineptitud en el juego estratégico evidenciada en su duelo con el astuto Obama probó que es un hombre moral y mentalmente incapaz para ser un comandante en jefe exitoso.

Obama, por otra parte, volvió a probar que es un maestro de los juegos de estrategia, y ser un dirigente eficaz –presidente de la nación, o comandante en jefe— no tiene sino que ver con la estrategia.

Dicho en los términos del Diseño Moral para la Gran Estrategia –la estrategia M&M del Coronel Boyd—: McCain se esforzó por beneficiarse de la violación de códigos y normas de conducta que se jactaba de observar estrictamente y que los demás esperaban que observase estrictamente, y al hacerlo, se destruyó a sí mismo en el nivel mental de la lucha corrompiendo su propio proceso de toma de decisiones. En lo que hace al nivel moral de la contienda, McCain se deshonró a sí mismo dejando que su ambición destruyera la misma identidad que tan tenazmente había venido construyendo desde comienzos de los 80. Sólo en su último discurso, ya como derrotado, trató de recobrar esa identidad.

Queda, sin embargo, una cuestión de más calado: ¿pretende realmente Obama honrar su doble promesa de unidad y cambio? Ninguno de sus principales adversarios en la carrera presidencial tuvo el sentido estratégico y la capacidad para obligar a Obama a declarar cómo pretende colmar los elevados sueños y las grandes esperanzas que logró suscitar con su estrategia M&M. Un primer indicador de sus intenciones reales será el nombramiento de sus secretarios del Tesoro y de Defensa. Si elige entre los aparatchiki demócratas o exclintonitas que magnificaron los problemas existentes que luego Bush aún empeoró, la presidencia de Obama no será sino un paso más en el despeñadero que comenzó con el estilo de toma de decisiones con cañones y mantequilla en la guerra de Vietnam.

Franklin "Chuck" Spinney es un antiguo analista militar del Pentágono que se hizo famoso en los 80 por lo que llegó a llamarse el Informe Spinney, en donde se criticaba la búsqueda implacable, por parte del Pentágono, de complejos y costosos sistemas armamentísticos sin atender a consideraciones presupuestarias. A pesar de los intentos de sus superiores por enterrar el controvertido informe, logró exponerlo ante una sesión de la Comisión Presupuestaria de Defensa del Senado de los EEUU y convertirlo en portada del Time Magazine en marzo de 1983. Cuando Chuck Spinney se retiró del Pentágono tras 33 años de servicio, la entrevista que con ocasión de su retiro le hizo Bill Moyers logró el premio Emmy al mejor programa informativo de 2003. Actualmente, vive a bordo de un barco velero en el Mediterráneo.

Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo Timón

Sin Permiso.info

Eric Hobsbawn: " Después del siglo XX: un mundo en transición"…

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ERIC-HOBSBAWN1 Un muy destacado científico ha expresado la opinión de que la raza humana sólo tiene un cincuenta por ciento de posibilidades de sobrevivir al siglo XXI. Ésta es en cierto sentido una afirmación extrema; pero muy pocos disentiríamos de la idea de que nuestra especie y nuestro globo enfrentan ahora peligros sin precedentes para la presente centuria, aunque sólo sea por el extraordinario impacto que la tecnología y la economía humanas ejercen sobre el medio ambiente. A este ensayo mío no le conciernen tales escenarios apocalípticos: supondré que si la humanidad sobrevivió al siglo XX, igualmente lo hará en el siglo XXI.

El mundo de principios del siglo XXI se caracteriza por tres sucesos principales:

  • Las enormes fuerzas que aceleran la velocidad de nuestra capacidad de producción y que, al hacerlo, cambian la faz del mundo. Esto es así y así continuará.
  • Un proceso de globalización acelerado por la revolución en el transporte y las comunicaciones, nos indica que: a) sus efectos mayores corresponden directa o indirectamente a la globalización económica; aunque b) se presenta en todos los campos excepto en los del poder político y la cultura, en la medida en que dependen del idioma.
  • El reciente pero rápido cambio en la distribución de la riqueza, el poder y la cultura, de un patrón establecido que duró de 1750 a 1970 a uno todavía indeterminado.

I

ISRAEL-PALESTINAOOO5 El incremento en nuestra capacidad para producir –y para consumir– difícilmente requiere de comprobación alguna. Sin embargo, deseo hacer tres observaciones. La primera concierne a la explotación de recursos cuyo abastecimiento es naturalmente limitado. Esto incluye no sólo las fuentes de energía fósil de las cuales la industria ha dependido desde el siglo XIX –carbón, petróleo, gas– sino de los más antiguos fundadores de nuestra civilización, a saber: agricultura, pesca y bosques. Estas limitaciones naturales o son absolutas dada la magnitud de las reservas geológicas y de tierras cultivables, o relativas cuando la demanda excede la capacidad de estos recursos para su propia renovación, como la excesiva explotación pesquera y de bosques.

Cerca del final del siglo XX el mundo no se había aproximado aún al límite absoluto de las fuentes de energía, ni a un incremento sustancial en la productividad agrícola y las extensiones cultivables, aunque el ritmo de incorporación de nuevas tierras aflojó durante la segunda mitad del siglo. Los rendimientos por hectárea de trigo, arroz y maíz subieron a más del doble entre 1960 y 1990. Sin embargo, los bosques fueron seriamente amenazados. La deforestación en pequeña escala ha sido un antiguo problema y ha dejado marca permanente en algunas regiones, notablemente el Mediterráneo. La sobreexplotación pesquera empezó a alcanzar su punto crítico en el Atlántico norte alrededor de los últimos treinta años del siglo XX y se extendió a todo el globo debido a la preferencia por algunas especies. Esto, hasta cierto punto, se ha compensado con la acuicultura, que en la actualidad produce alrededor del 36 por ciento del pescado y marisco que consumimos –cerca de la mitad de las importaciones de pescado de los Estados Unidos. Aunque la acuicultura todavía se encuentra en etapa inicial, el esfuerzo podría terminar en la mayor innovación en la producción de alimentos desde que se inventó la agricultura. Esta vastedad de alimentos alcanzada, que permite alimentar a más de seis mil millones de personas mucho mejor que a los dos mil millones de principios del siglo XX, se logró a través de los métodos tradicionales, además de las tecnologías mecánica y química; de modo que no tiene sentido argumentar que la humanidad no puede ser alimentada sin manipulación genética.

El agotamiento de los recursos no renovables o limitados ciertamente planteará serios problemas al siglo XXI, particularmente si la crisis medioambiental no se encara seriamente.

Mi segunda observación se ocupa del impacto que la revolución tecnológica ha tenido sobre la producción y la mano de obra. En la segunda mitad del siglo XX, por primera vez en la historia la producción dejó de ser de mano de obra intensiva para volverse de capital intensivo y, progresivamente, de información intensiva. Las consecuencias han sido dramáticas. La agricultura sigue siendo el principal deponente de mano de obra. En Japón la población agrícola se redujo del 52,4 por ciento después de la Segunda Guerra Mundial al 5 por ciento en el presente. Lo mismo en Corea del Sur y Taiwán. Aun en China la población agrícola ha disminuido del 85 por ciento en 1950, al 50 por ciento hoy en día. No hay necesidad de comprobar la sangría de campesinos en América Latina desde 1960, pues es evidente. Para decirlo pronto, salvo la India y algunas zonas del África subsahariana, no quedan países campesinos en el mundo. La dramática caída de la población rural se ha compensado con un alto crecimiento de las zonas urbanas que, en el mundo en desarrollo, han dado origen a ciudades gigantes.

En el pasado, este caudal de mano de obra redundante y no calificada era absorbido por la industria –en la minería, la construcción, el transporte, las manufacturas, etc. Esta situación aún prevalece en China, pero en el resto del mundo, incluyendo a los países en desarrollo, la industria ha venido deshaciéndose aceleradamente de la mano de obra. Este descenso en la industria no es sólo debido a la transferencia de la producción de regiones de altos costos a otras de bajos, sino que también va implícita la substitución de tecnologías cuyos costos declinan por mano de obra calificada cuyos costos son inelásticos y al alza con el propio desarrollo económico. Desde 1980, los sindicatos de la industria automotriz en los Estados Unidos han perdido la mitad de sus miembros. Igualmente Brasil empleaba un tercio menos de trabajadores aun cuando produce casi el doble de vehículos automotores en 1995 que en 1980. El incremento en el sector de los servicios junto al crecimiento económico no ofrecen una alternativa viable para dar salida a la mano de obra redundante tanto industrial como agrícola, generalmente de baja escolaridad y con poca capacidad de adaptación. Sin embargo, hasta ahora, el empleo a las mujeres ha resultado relativamente beneficiado, al menos en los países desarrollados.

La mayor parte de la mano de obra redundante la absorbe la economía informal que, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), comprende el 47 por ciento del empleo no agrícola en el Medio Oriente y Norte de África; 51 por ciento en América Latina; 71 por ciento en Asia y 72 por ciento en el África Subsahariana. El problema se observa muy agudo en los países más pobres y en aquellos otros devastados por la transición económica, como la ex URSS y los Balcanes. Mientras se ha argumentado a favor de la flexibilidad y efectividad de la economía informal sobre todo en el caso latinoamericano, la verdad es que ésta es siempre bastante menos significativa en los países desarrollados (alrededor de diez por ciento en Estados Unidos). En cambio, el contraste entre un rápido crecimiento económico y la incapacidad para generar suficientes empleos es particularmente impactante en la India , cuyo crecimiento se cimienta en capital e información intensivos pero con un 83 por ciento de la fuerza laboral en el sector informal. El gobierno de Manmohan Singh se ha visto en la necesidad de garantizar un mínimo de días de trabajo a la población rural más pobre.

Mi tercera observación es obvia, y es que el enorme incremento en la capacidad humana para producir depende mayormente de los conocimientos y la información. Esto es, en un gran número de gente con altos estudios y no necesariamente sólo en el campo profesional de la investigación y el desarrollo. Aquí, la riqueza acumulada y el capital intelectual de la era de la industrialización occidental continúa dándoles a los países del norte enormes ventajas sobre los países en desarrollo. Aunque el número de asiáticos laureados con Premios Nobel de Ciencia va en aumento desde 1980, sigue siendo pequeño. Los recursos intelectuales en el resto del mundo en desarrollo siguen a la espera de un mejor aprovechamiento. Además, los jóvenes investigadores del mundo en desarrollo pueden trabajar en los centros de investigación del Norte, reforzando así su predominancia.

Sin embargo, el siglo XXI está siendo testigo de la rápida transferencia de actividades innovadoras, base del progreso moderno, antes monopolizadas por las regiones del Atlántico norte. Esto es muy reciente. El primer laboratorio extranjero para investigación y desarrollo se estableció en China en 1993 (por Motorola); pero en pocos años setecientas empresas transnacionales han hecho lo mismo, mayormente en el sur y el este de Asia, una región especializada en diseño de semiconductores. Y aquí, una vez más, las disparidades regionales parecen aumentar, ya que el progreso depende también de que los gobiernos sean efectivos, se cuente con infraestructura adecuada y, sobre todo, con población educada por encima de los niveles básicos. No hay duda de que en países como la India y, en menor grado, Brasil, la baja escolaridad de la mayoría de la población es un obstáculo; sin embargo, esto se ha compensado por el relativo buen aprovechamiento del escaso número de los altamente educados. Los avances en este aspecto, en el mundo en desarrollo, todavía enfrentan un largo camino. El crecimiento de algunas regiones y el rezago de otras es muy evidente, así como el aumento en las disparidades. Según la revista R&D , en la lista de países más atractivos para invertir, están –en ese orden– China, Estados Unidos, India, Japón, el Reino Unido y Rusia. De América Latina, Brasil ocupó el lugar diecinueve (debajo de Austria), y México el ventitrés.

II

Y paso a la globalización, esto es, el desarrollo mundial como una sola unidad, cuyas transacciones y comunicación están libres de trabas locales y de otra índole.

Esto, en principio, no es nada nuevo. Teóricos como Wallerstein registran un “Sistema Mundial” desde la circunnavegación del globo durante el siglo XVI. Desde entonces se han ido registrando otros varios e importantes avances, principalmente en los campos económico y de las comunicaciones. Dejaré fuera de las comparaciones la fase del proceso previa a 1914. Esa economía nunca abordó seriamente asuntos de producción y distribución de bienes materiales aun cuando sí creó un libre flujo global en las transacciones financieras –aunque en menor escala que las actuales. Fueron tiempos de migraciones de mano de obra casi totalmente irrestrictas por los gobiernos, y en este sentido, una globalización más avanzada que la presente. Y mientras que las comunicaciones sufrieron cambios benéficos y sustanciales en los sistemas postales, telegráficos y organismos de coordinación internacional a mediados del siglo XIX, el número de personas involucradas en transacciones internacionales fue escaso. De hecho, la globalización de la producción ha sido posible gracias al revolucionario avance en las comunicaciones, que virtualmente han abolido las limitaciones en cuanto a lugar, distancia y tiempo se refiere y al no menos dramático adelanto en la transportación de mercancías desde los años sesenta –carga aérea y contenedores–, aun cuando la innovación tecnológica fue menor que en las comunicaciones humanas.

Aquí, tres puntos son relevantes.

El primero es la peculiar naturaleza de este proceso a partir de los años setenta, concretamente el triunfo sin precedente de un capitalismo que descansa en la libre movilidad global de todos los factores de la producción y la de los gobiernos atentos a no interferir en la distribución de los recursos dispuesta por el mercado. Ésta no es la única versión del concepto de globalización. En las décadas anteriores a 1914, su progreso corrió paralelo rivalizando con las políticas proteccionistas, moderadas en la mayoría de los países industrializados y extremas en los Estados Unidos. Durante las décadas doradas posteriores a 1945 esta práctica de sustitución de importaciones corrió paralela a las políticas, no tan infructuosas, del mundo no comunista. No queda claro que los programas neoliberales extremos aseguren un máximo de crecimiento económico, asumiendo que fuese deseable. El más rápido crecimiento del Producto Interno Bruto per cápita observado en el “mundo capitalista avanzado” no se dio en el “orden liberal” de 1870 a 1913, ni tampoco en el “orden neoliberal” de 1973 a 1998, sino solamente en los “años dorados” de 1950-1973. El crecimiento económico de los inicios del siglo XXI ha descansado primordialmente en un dinamismo que Maddison llama “las quince economías asiáticas resurgentes”, cuyo crecimiento ha sido asombroso. Pero no fue el neoliberalismo el que presidió la extraordinaria revolución industrial de Corea del Sur, Taiwán, China y, aun, la India a principios de los años noventa. A la inversa, la situación de 168 economías, fuera de estos dínamos, mostró un rápido deterioro en el último cuarto del siglo XX y fue una catástrofe para la ex URSS, los Balcanes y algunas regiones africanas.

Algunos aspectos de esta globalización neoliberal tienen relevancia directa sobre la situación mundial general a principios de este siglo XXI. Primero, es patente el incremento en la desigualdad económica y social tanto entre países como al interior de ellos. Esta desigualdad eventualmente podría disminuir, pues las economías asiáticas más dinámicas podrían alcanzar a los viejos países capitalistas desarrollados; pero en el caso de la India y China, con sus miles de millones de habitantes, hace que la brecha sea tan grande y que el paso al que pudieran alcanzar el mismo PIB per cápita de los Estados Unidos sea tan lento como un caracol. Lo que es más, la rapidez con que crece la brecha entre países ricos y pobres reduce el significado práctico de estos avances.

Sería inapropiado usar a los 52 multimillonarios de Rusia como índice comparativo del estándar de vida en ese país. Éstos representan otra más de las consecuencias de la globalización neoliberal, cuya novedad es que pequeños grupos de ricos globales son tan adinerados que sus recursos podrían ser de la magnitud del ingreso nacional de países como Eslovaquia, Eslovenia, Kenya o, en el caso de los muy ricos, del orden del PIB de Nigeria, Ucrania y Vietnam. Este tipo de crecimiento ha generado en la India un mercado de clase media tipo occidental contado por decenas –algunos aseguran que cientos– de millones; sólo hay que subrayar que, hacia 2005, en este país el 43 por ciento de la población vivía con menos de un dólar al día. Fuertes y crecientes desigualdades en la riqueza, el poder y las oportunidades para tener una vida mejor no son la receta para la estabilidad política.

La segunda característica de la globalización, respaldada por las políticas socialmente ciegas del Fondo Monetario Internacional, ha sido el agudo crecimiento en la inestabilidad económica y en las fluctuaciones económicas. Los viejos países industriales han estado resguardados, comparativamente, de las depresiones cíclicas, excepto por los bruscos virajes a corto plazo del mercado bursátil; sin embargo, el impacto ha sido dramático en grandes partes del mundo y, notablemente, en América Latina, el sudeste asiático y la ex Unión Soviética. Sólo tenemos que recordar las crisis de principios de 1980 en Brasil y, a fines de los noventa, las de Indonesia, Malasia, Tailandia y Corea del Sur y, sin olvidar, la de Argentina a principios del año 2000. Sólo recordemos los cambios políticos que siguieron a estas crisis en varios países. Las economías volátiles no son receta para la estabilidad política.

La tercera característica de la globalización neoliberal es que, al sustituir un conjunto de economías nacionales por una economía global, se reduce severamente la capacidad de los gobiernos para influir en las actividades económicas de su territorio y se daña su capacidad recaudatoria. Esta situación se agudizó mayormente al aceptar todos la lógica del neoliberalismo. Desde la terminación de las economías de planeación centralizada, todos los países, incluyendo a los más grandes, están en mayor o menor grado a merced del “mercado”. Esto no implica que hayan perdido todo peso específico en la economía. Todos los gobiernos centrales y locales, por la naturaleza de sus actividades, son los principales empleadores de la fuerza laboral. Es más, así han retenido su mayor valor histórico: el monopolio de la ley y el poder político. Y esto significa que ya no funcionan como actores económicos en el teatro mundial, ni siquiera como dramaturgos aunque sí como escenógrafos. Pues los actores de hoy, las grandes corporaciones transnacionales, se ven en la necesidad de acudir a ellos pues también son los propietarios de los teatros nacionales que requieren para sus operaciones. La globalización neoliberal ha debilitado seriamente a los Estados nacionales como los conductores del poder y artífices de la política.

Políticamente, el aspecto más serio de este debilitamiento es el de que priva a los gobiernos, sobre todo a los de las economías desarrolladas del Norte y Occidente, de sus ambiciosos y generosos planes sobre seguridad social, mismos que ya desde los tiempos de Bismarck habían sido reconocidos por los gobernantes como la mejor herramienta para la estabilidad social y política, esto es, el Estado benefactor. En vez de esto, el mercado global fundamentalista ofrece un proyecto de prosperidad para todos –o casi todos– a través de los beneficios de un crecimiento económico interminable. Aun en los países como el Reino Unido donde el programa neoliberal ha proveído a la gente de una genuina y bien distribuida riqueza, no han disminuido las demandas de los ciudadanos por más empleos, garantías para sus ingresos básicos, seguro social, salud y pensiones. Sólo la capacidad o voluntad de los gobiernos para proveer lo anterior ha posibilitado el cumplimiento de esas ambiciones.

Esto me trae a la segunda y más amplia de las propuestas sobre globalización y es que ésta, en mayor o menor grado, es universal pero se queda corta ante un problema humano mucho mayor: la política. Históricamente han existido y existen mecanismos económicos en el mundo, pero ninguno dirigido a la creación de un gobierno mundial. Las Naciones Unidas y otros organismos prevalecen por la conveniencia y el permiso que los propios países les otorgan. Los Estados nacionales son las únicas autoridades en el mundo y sobre el mundo para ejercer el poder de la ley y el monopolio de la violencia. De hecho, en el transcurso del siglo XX se dio fin a la era de los viejos y nuevos imperios y, durante la Guerra Fría , se estabilizaron las fronteras de los Estados nacionales, revertiéndose la vieja tendencia hacia la concentración del poder político debido a la expansión imperial y por el surgimiento de Estados nacionales ampliados. Por implicación, esto resultó antiglobalizador. Hoy en día, hay cuatro veces más naciones técnicamente soberanas que hace cien años.

Desde luego, en cierto sentido esta multiplicación de Estados nacionales ha favorecido la globalización económica pues muchas de las pequeñas y enanas unidades políticas dependen totalmente de la economía global porque poseen recursos indispensables –petróleo, destinos turísticos, territorios base para la evasión fiscal, empresas transnacionales. Así pues, algunos países se han beneficiado desproporcionadamente con la globalización. De los quince Estados nacionales con el PIB más alto per cápita en el 2004, doce tienen una población que va de los cien mil a los diez millones de habitantes. La mayoría sin un poder o peso significativos. No obstante, aun los Estados pequeños y aquellas etnias aspirantes a formar el suyo propio, son rocas que rompen el oleaje de la globalización. Ha habido intentos ocasionales de contrarrestar la fragmentación política del mundo, principalmente a través de áreas regionales de libre comercio como el Mercosur, pero sólo la Unión Europea ha logrado ir más allá de lo meramente económico, pero aun sin que se vean indicios claros de avance hacia una federación, ni siquiera a Estados confederados, como estaba en la mente de sus fundadores. La UE , pues, permanece como un hecho irrepetible y producto de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

Y abundando: los Estados nacionales son lugares políticos y la política tiene una considerable fuerza internacional en una época en que todos los países, democráticos o no, y aún las teocracias, tienen que tomar en cuenta el sentir de sus ciudadanos. Esa ha sido una fuerza suficiente para ponerle un freno a la globalización neoliberal. El ideal de una sociedad global de libre mercado supone la irrestricta distribución de recursos y resultados en base a criterios de mercado. Por razones políticas, los gobiernos no pueden correr el riesgo de dejar en manos del mercado la distribución del producto nacional. Otra, la globalización requiere de un solo lenguaje –una versión globalizada del inglés pero, como lo demuestra la historia reciente en Europa y el sur de Asia, los países pagan las consecuencias si fallan al tomar en cuenta los idiomas dentro de sus territorios. Un mundo neoliberal requiere moverse libremente en la transacción de todos los factores de la producción. Sólo que no existe el libre movimiento internacional de la mano de obra, a pesar del hecho de encontrarse una enorme brecha entre los niveles de salarios de los países pobres y los ricos; millones de pobres en el mundo quieren migrar a las economías desarrolladas. ¿Y por qué no hay libertad migratoria? Porque no existe gobierno alguno en las economías desarrolladas que se atreva a pasar por alto la resistencia masiva de sus ciudadanos hacia la irrestricta inmigración, tanto en el plano económico como en el cultural. No defiendo esta situación, sólo señalo su enorme fuerza.

La política, a través de la acción del Estado, proporciona así el necesario contrapeso a la globalización económica. Sin embargo, difícilmente hoy encontramos gobiernos que rechacen las desventajas de la globalización o que pudieran suspenderla en sus territorios, si quisieran. Claramente no todos los países son iguales. Ciertamente, la proliferación de países pequeños y virtualmente débiles da gran prominencia y peso global a un puñado de países o uniones fuertes que dominan hoy en día el mundo: China e India, los Estados Unidos, la Unión Europea , Rusia, Japón y Brasil, quienes tienen alrededor de la mitad de la población mundial y casi las tres cuartas partes del PIB. La globalización económica opera a través de empresas transnacionales sin poder militar ni político, pero que funcionan en un marco determinado por sus propios países de origen, sus políticas, alianzas y rivalidades.

No obstante, los progresos y la voluntad de globalización continuarán aun si –lo que no es imposible– el ritmo para lograr el libre intercambio mundial aflojase en las próximas décadas. Esto me trae a mi tercera proposición: la creación de una economía mundial como una sola y total unidad interconectada y sin obstáculos aún está en la infancia. Así, si tomamos los bienes de exportación como si fuesen el PIB de los 56 países económicamente significativos del mundo, este alcanzó su primer punto máximo alrededor de 1913 con cerca del nueve por ciento de los PIBs conjuntos, pero entre este año y 1990, sólo hubo un crecimiento del 13,5 por ciento; ni siquiera se duplicó. El Instituto Federal Suizo de Tecnología, en Zurich, ha establecido un índice de globalización. En este índice los diez países más económicamente globalizados del mundo sólo incluyen una economía avanzada, la del Reino Unido (como el número 10). De las economías mayormente desarrolladas, Francia clasifica en el puesto 16; los Estados Unidos en el 39 un poco adelante de Alemania y Noruega; Japón ocupa el puesto 67; Turquía clasifica en 52; China en 55; Brasil, 60; Rusia, 76 y la India ocupa el lugar 105. La clasificación en globalización social se distribuye más uniformemente entre las economías occidentales. Con excepción de la mayor parte de América Latina, la globalización social (si se prefiere cultural) refleja un mayor avance que la económica.

Esto indica que el mundo continúa abierto a los choques y tensiones de la globalización. Consideremos que, mientras los pasados treinta años nos han traído las más grandes migraciones masivas, sólo el 3 por ciento de la población mundial vive fuera de su país de origen. ¿Qué tan lejos nos llevarán los todavía modestos avances de la globalización? Júzguenlo ustedes.

III

Si hemos de juzgar los cambios en la riqueza, el poder y la cultura en el equilibrio global, debemos, por tanto, definir lo que se entiende por equilibrio mundial, o mejor, por desequilibrio –como prevaleció el planeta en el período de 1750 a 1970. Con una sola excepción –la población– hubo un gran predominio de la región del Atlántico norte, al principio confinada a las partes más relevantes de Europa pero que en el transcurso del siglo XX se inclinó hacia las antiguas colonizaciones de emigrantes europeos a Norteamérica, específicamente los Estados Unidos. Europa y las regiones colonizadas por emigrantes europeos nunca fueron más que una minoría de la población global, digamos el veinte por ciento en 1750, y tal vez el treinta o 35 por ciento hacia 1913.

Desde entonces, ha caído hasta llegar alrededor del quince por ciento.

En cualquier otro sentido, el predominio del Atlántico norte fue absoluto. Cualesquiera que hubiesen sido las circunstancias, la economía mundial se transformó gracias a las tecnologías y al sistema capitalista occidentales. Pero aquí debe hacerse una distinción entre el original predominio europeo y la más reciente fase norteamericana. En el siglo XIX la dinámica global venía del capitalismo europeo pues los Estados Unidos eran mayormente una economía independiente: hasta el siglo XX su impacto sobre América Latina, por ejemplo, era menor comparado con el de Gran Bretaña. Los territorios del mundo estaban ocupados y divididos entre los poderes europeos occidentales del Atlántico Norte y el Imperio ruso. En términos militares la situación no era del todo desequilibrada, pero ninguna potencia que no contase con los recursos técnicos y de organización occidentales podría haberse enfrentado a otra que sí los tuviese. En lo que se refiere al campo intelectual, excepto el religioso, las ideas que cambiaron la política y la cultura en el mundo llegaron de Europa. Modernización significaba occidentalización. La ciencia y la tecnología, aunque internacionales, se originaban en Europa y sus filiales y estaban virtualmente monopolizadas por los países de la región. Igualmente por lo que hacía a la literatura, comunicación impresa, libros y periódicos.

En términos de poder económico, la globalización reforzó la situación original del norte industrializado y su desarrollo capitalista, el cual también multiplicó la distancia entre la riqueza per cápita de estos países con los del resto del mundo, dando a sus habitantes un elevado nivel de vida, seguridad social y, en general, mejores oportunidades de vida. En términos de lo que podría llamarse “capital intelectual”, el monopolio sobre la ciencia y la tecnología se mantuvo, aunque el centro de gravedad de estos campos se movió de Europa a los Estados Unidos después de concluida la Segunda Guerra Mundial. En el campo de las ideas y hasta la Revolución Iraní de 1979, las ideologías de origen europeo/norteamericano nacidas de las Revoluciones Estadounidense, Francesa y Rusa así como las de los Estados nacionales independientes y aun las del fascismo, fueron ideas casi universales e inspiraron tanto a los propios gobiernos como a los que quisieron deponerlos.

Esta fue la situación que empezó rápidamente a cambiar hacia finales del siglo XX, afectando desigualmente a diferentes partes del mundo. Las regiones importantes en el mundo del siglo XXI son hoy muy distintas en sus estructuras demográficas. En el año 2006 se estimaba que, en países con poblaciones enormes, los niños menores de quince años de edad constituían entre el treinta y el cincuenta por ciento de la población. Para ser más preciso, son cuatro las regiones de jóvenes actualmente: América Latina y el Caribe, al norte del Cono Sur; la subsahariana de África; la importante región musulmana de Oriente Medio y el Norte de África; y el sur y sudeste asiático. Es preciso distinguir claramente entre el subcontinente Indio y sudeste asiático. Dejo fuera los archipiélagos del Pacífico por no ser de gran importancia cuantitativa. Tres regiones desarrolladas o en rápido desarrollo representan a la población en proceso de envejecimiento en el mundo. Europa en el más amplio sentido, incluyendo Rusia y los otros países ex comunistas (no los musulmanes de Asia central) y Norteamérica y Australasia, todas éstas son regiones originalmente colonizadas o pobladas por blancos europeos. Existen, desde luego, diferencias significativas entre Norteamérica, la Unión Europea , los países que integraban la URSS y la Europa del este y el lejano oriente asiático: China, Corea del Sur, Japón, Hong Kong, Taiwán y Singapur.

Para efectos de este trabajo, no me interesa ahora discutir los problemas globales de la transición demográfica que, esperamos, logre estabilizarse en una población mundial de más de seis mil millones.

Es evidente que la humanidad del siglo XXI contendrá una proporción mucho menor de blancos europeos o sus descendientes, una menor proporción de asiáticos del este y una mucho más alta proporción de latinoamericanos, de subsaharianos de África, de musulmanes mediorientales y asiáticos del sur y sureste. Esto tiene una relevancia inmediata sobre la distribución de la pobreza en el globo, que claramente se concentra en las regiones de rápido crecimiento demográfico, a excepción del sureste asiático, donde el desarrollo económico ha reducido la expansión poblacional; y desde luego también, los antiguos países soviéticos. De otra parte, mientras no existan implicaciones inmediatas en la distribución de la riqueza y el poder económico, esto es irrelevante. Así, de las unidades políticas más importantes y que son centros de poder económico, sólo dos –India y Brasil– están presentes en las regiones de crecimiento demográfico; cuatro, los Estados Unidos, la Unión Europea , Rusia y China están en los regiones de estancamiento o disminución poblacional. El África subsahariana, el Medio Oriente musulmán y el sureste asiático están fuera de consideración.

La globalización y el desarrollo económico han afectado a los países de manera asimétrica. De hecho, hoy tenemos un “mundo en desarrollo” dividido en tres partes: los países de desarrollo rápido; los países cuya función principal es la de abastecer materias primas y combustibles fósiles y los países con poco interés en la economía globalizada. En el presente, el este asiático es el más exitoso ejemplo de los primeros, los de rápido desarrollo; los países del antiguo bloque soviético y la mayoría de los musulmanes de Medio Oriente pertenecen a la segunda categoría y la mayoría de los subsaharianos de África, a la tercera.

El cambio más importante que se da a partir de 1970 es la transferencia del centro de gravedad de la economía mundial, de Norteamérica y la Unión Europea hacia el Oriente extendiéndose por el sur y sureste asiáticos. A menudo se olvida que el ascenso hacia la prominencia global de la economía japonesa también ocurrió a finales del siglo XX, así pues, al término de 1968 la producción industrial de Japón alcanzaba no más de cuatro por ciento de la mundial total, por debajo de la del Reino Unido. Desde luego, es verdad que el equilibrio del poder mundial de los negocios continúa, en gran medida, en manos de los viejos países industriales. Sin embargo, la tendencia es clara por el destacado y sorprendente papel de los asiáticos.

Qué tan lejos llegarán los cambios en el equilibrio del poder económico no está claro todavía. Norteamérica y la Unión Europea , los más importantes contribuyentes al PIB mundial, perderán terreno –Estados Unidos tal vez más que la ue. Por su parte, los países del Mar de China avanzarán, pero todavía les falta mucho. A la India , todavía no se le puede juzgar, pero hay que considerarla como claro y futuro jugador importante. A América Latina, con su cercanía al ocho por ciento del PIB mundial, no se le ven trazas de algo importante; los resultados de décadas pasadas han sido más bien decepcionantes y sus prospecciones dependerán del progreso que obtengan los países del Mercosur y México mientras no sean absorbidos aún más por la economía estadounidense. El mundo musulmán del Oriente Medio, con todo y los ingresos por el petróleo y gas, contribuye poco a los cambios y –a excepción de Turquía e Irán– sus prospecciones dependen mucho de la venta de energéticos. Por su parte, los sucesores de los países comunistas, que ahora contribuyen con alrededor del cinco por ciento del PIB posiblemente mejoren algo sus resultados cuando se recuperen de los infaustos sucesos de los noventa. Además de las materias primas y el petróleo, el poder económico de la Rusia desindustrializada tiene hoy un poco más en don- de apoyarse que en los tiempos de la era soviética con todo y la poderosa industria de armamentos y la gente con elevada educación. Por otro lado, a la cada día más empobrecida África subsahariana se le ven escasas esperanzas de poder lograr desempeñar un mejor papel.

De todas las regiones, sólo una, América del Norte, se encuentra bajo el predominio de una sola economía nacional: los Estados Unidos. Cuando las reliquias de la Guerra Fría incluyendo a Rusia asumieron que el camino se despejaba, el futuro lógico lo encontraron en combinarse con Europa. En el este y sudeste asiáticos, China puede aspirar a la hegemonía económica que por breve tiempo disfrutó Japón, pero Japón permanecerá como un jugador principal, sin tampoco olvidarnos de la India. Este nuevo y dinámico centro global, por consiguiente, será el campo en la interacción de estos tres gigantes. Ni la región musulmana del Medio Oriente, ni África, potencialmente poseen fuerza hegemónica en los campos económico y político; pero en América del Sur el solo tamaño y potencial de la economía brasileña le asigna a ésta un papel central, todavía más si la economía mexicana se permite seguir atada al sistema de los Estados Unidos.

Esto no significa que estas economías hegemónicas nacionales o regionales estén en conflicto con la ya en buena parte interdependiente economía global, que les otorga a todos beneficios reales o potenciales. Y sí significa que la globalización no puede –como el neoliberalismo lo supone– ser como el fluir suave de un líquido. Existen tres agregados principales, políticos y sociales, en el líquido. Primero, el siglo XXI tiene poco que ofrecer al rico mundo del norte, excepto la erosión, tal vez la pérdida, de su vieja hegemonía que fue también la base de su poder y del extraordinariamente elevado estándar de vida en su gente. Inevitablemente este mundo del norte se resistirá a los cambios, aunque sólo los Estados Unidos –con sus aspiraciones de supremacía de mano fuerte– pueden verse tentados a complementar su resistencia con medios militares. Segundo, la ausencia de autoridades globales efectivas y de un sistema de poder internacional, han creado una situación de gran inestabilidad política y social, turbulencias y gobiernos impotentes en muchas partes del mundo, efectos que durarán todavía algún tiempo. Tercero, las tensiones y desigualdades originadas por una globalización incontrolada, están generando una significativa resistencia popular que limita el campo de acción de los gobiernos neoliberales y de regímenes democráticos. Desde luego, se generarán movimientos de disidencia y rebelión populares.

Nos encontramos en el presente ante una fase de transición, de una economía mundial dominada por el Norte a una de nuevo esquema, probablemente de orientación asiática. Hasta que estas nuevas pautas queden establecidas, es probable que pasemos por algunas décadas de violencia, turbulencias económicas, sociales y políticas, como ha ocurrido en el pasado en similares periodos de transición. No es imposible que esto nos lleve a guerras entre países, sin embargo serán menos probables que en el siglo pasado. Quizá podamos esperar una relativa estabilidad global en algunas décadas, como las posteriores a 1945. Ciertamente la humanidad no se acercará a la solución de la crisis medioambiental del mundo, crisis que la propia actividad humana continuará fortaleciendo. ¿Cuál es la participación de Latinoamérica en esta prospección global? Ésta es una cuestión que ustedes como expertos pueden encarar mucho mejor que yo, que no lo soy.

" Después del siglo XX: un mundo en transición"
por Eric Hobsbawn.

publicado en Letras Libres, julio de 2008

Crisis económica: llega la deflación por sobreendeudamiento…

with one comment

Michael Hudson

Las informaciones económicas de los medios de comunicación entrenados en poner al mal tiempo buena cara recogen con su sesgo positivo habitual las estadísticas de deflación por sobreendeudamiento dadas a conocer el pasado viernes [26 de junio]. Los NIPA (Commerce Department’s National Income and Product Accounts) de mayo muestran que los “ahorros” estadounidenses están absorbiendo ahora el 6,9% del ingreso.

crisis2008 Pongo la palabra “ahorros” entre comillas, porque este 6,9% no es lo que el grueso de la gente cree que son ahorros. No es dinero guardado en el banco para situaciones de emergencia, como perder el puesto de trabajo, algo que les ocurre a diario ahora a miles de personas. La estadística significa que el 6,9% del ingreso nacional está ahora inexorablemente destinado a satisfacer deudas: la mayor tasa de ahorro de los últimos 15 años, que contrasta vivamente con la tasa negativa de ahorro –que eso es lo que significaba vivir a crédito— de hace unos pocos años.(1) Esos ahorros son sólo “dinero en el banco” en el sentido de que son pagos realizados por los consumidores a sus bancos y a sus compañías de tarjetas de crédito.

El ingreso que se destina a satisfacer deudas no está disponible para ser gastado en bienes y servicios. Contribuye a encoger la economía, agravando la depresión. Así pues, ¿a qué tanta alegría con las buenas noticias del “ahorro”?

Desde luego que es buena cosa para los consumidores quitarse de encima las deudas. Pero los medios de comunicación están dando a este desvío del ingreso un tratamiento como si fuera un indicio de confianza en que la recesión está tocando a su fin y el plan de “estímulos” de Obama, funcionando. El Wall Street Journal informa de que los afiliados a la Seguridad Social que se benefician de los pagos directos del gobierno “parecen incapaces de gastar el dinero recibido”, mientras que en The New York Times se observa que “mucha gente guarda el dinero, en vez de gastarlo”. Es como si la gente pudiera permitirse un mayor ahorro.

La verdad es que el grueso de los consumidores no tienen otra opción que la de satisfacer sus deudas. Incapaces de seguir endeudándose a medida que los bancos cortan las líneas de crédito, no tienen otra “opción” que la de pagar su hipoteca y las facturas de su tarjeta de crédito cada mes, o perder sus hogares y ver drásticamente recortado su margen de maniobra con las tarjetas de crédito, con unas penalizaciones en forma de tasas de interés rayanas en el 20%. Para evitar semejante destino, las familias se están echando al consumo de alimentos más baratos y menos nutritivos, comiendo menos o acudiendo a restaurantes de comida rápida, y recortando o suprimiendo el gasto de las vacaciones. De modo que parece contradictorio aplaudir esos “ahorros” (es decir, la devolución de dinero adeudado) estadísticamente registrados como si se tratara de un indicio de que la economía puede salir de la depresión en los próximos meses. Acercándose el desempleo a una tasa del 10% y con anuncios de despidos una semana tras otra, ¿no está asumiendo riesgos demasiado altos la administración Obama al decirles a sus electores que el plan de estímulos está funcionando? ¿Qué pensará la gente este próximo invierno, cuando los mercados sigan encogiéndose? ¿Qué espesor tiene la película de Teflon de Obama?

Entre los desechos de la burbuja de Greenspan

Hace sólo dos años los consumidores compraban tantos bienes a crédito, que la tasa nacional de ahorro era cero. La financiación del presupuesto público estadounidense mediante el reciclaje, por parte de bancos centrales extranjeros, de los dólares del déficit de la balanza de pagos lo que produjo realmente fue una tasa negativa de ahorro del menos 2 por ciento. Mientras duró esa burbuja, los ahorros del 10% más rico de la población encontraron su contrapartida en la deuda en que incurrió el 90% de la población con menos ingresos. En efecto, los ricos prestaban sus ingresos excedentes a una economía más y más endeudada.

Hoy, los propietarios de vivienda no pueden ya seguir refinanciando sus hipotecas para compensar unos salarios más y más reducidos por la vía de tomar prestado con el colateral de unos precios inmobiliarios que no dejaban de crecer. Ha llegado la hora de devolver el dinero tomado a préstamo, de satisfacer unas deudas bancarias, cuyo volumen se ha hinchado al punto de incluir acrecidos cargos por intereses y penalizaciones. El préstamo bancario solicitado ahora choca con la presente limitación de la actividad bancaria a pasar el rastrillo por la amortización y los intereses sobre las hipotecas existentes, las tarjetas de crédito y los préstamos personales.

Muchas familias sólo consiguen mantenerse financieramente a flote por la vía de tirar de sus ahorros personales y recortar sus gastos a fin de evitar la bancarrota. Ese desvío del ingreso hacia la satisfacción de las deudas contraídas explica por qué el volumen de las ventas al detalle, de las ventas de automóviles y otras cifras de estadísticas comerciales se están desplomando casi en picado, mientras que las tasas de desempleo se disparan a niveles de dos dígitos. La capacidad del grueso de la gente para gastar a los ritmos de antes ha tocado techo. Un mismo ingreso no puede usarse para dos propósitos distintos. No puede usarse para satisfacer deudas y, al mismo tiempo, para gastarlo en bienes y servicios. Una de dos. Así que cada vez más superficies y centros comerciales cierran cada mes. Y a diferencia de los propietarios de vivienda, los inversores en propiedad inmobiliaria absentista tienen pocas posibilidades de deshacerse de la propiedad y escapar a una situación de quiebra técnica dimanante de la caída del valor de sus activos (cuando lo que se debe a los acreedores es más de lo que vale la propiedad hipotecada).

Más de dos tercios de la población estadounidense son propietarios de vivienda, y los economistas especializados en bienes raíces estiman que cerca de una cuarta parte de los hogares norteamericanos se hallan ahora en situación de quiebra técnica, en la medida en que los precios de mercado de los activos inmobiliarios caen por debajo de las hipotecas asociadas a esos activos. Esa es la situación en que se encontraron Citigroup y AIG el año pasado, como muchas otras instituciones de Wall Street. Pero, mientras que el gobierno resolvió absorber las pérdidas de esas instituciones “para lograr que la economía volviera a ponerse en marcha” (o lo hicieran, cuando menos, los mayores contribuyentes a las campañas electorales de los congresistas), quienes tienen deudas personales distan por mucho de hallarse en posiciones tan  ventajosas. El papel que se les ha asignado es el de ayudar a reflotar los bancos satisfaciendo las deudas que con esos bancos contrajeron a fin de mantener unos niveles adquisitivos que los menguantes o estancados salarios no eran ya capaces de mantener. 

Por su parte, los bancos están endureciendo las limitaciones al uso de las tarjetas de crédito, incrementando los intereses y los cargos y penalizaciones. (Yo no veo muchas posibilidades de que el Congreso apruebe la creación –promovida por Obama a modo de compensación por su reciente programa de rescates bancarios— de una Agencia de Productos Financieros de los Consumidores.) El problema es que las tasas de morosidad están creciendo rápidamente. Y eso ha llevado a muchos bancos a cerrar tratos con sus clientes más endeudados, a fin de cuadrar cuentas hasta por la mitad del monto nominal de la deuda (buena parte del cual, huelga decirlo, había crecido como consecuencia de cargos y penalizaciones). Los bancos compiten ahora, no para ganar clientes, sino para librarse de ellos. El plan consiste en ofrecer descuentos lo suficientemente poco atractivos como para hacer que los peores riesgos pasen a bancos rivales y que éstos carguen con la morosidad cuando, finalmente, abandonen la lucha para mantenerse en niveles de solvencia. 

Los billones de dólares con que la administración Obama ha obsequiado a Wall Street habrían bastado para sufragar buena parte de las hipotecas que ahora se hallan en situación morosa, unas hipotecas que rebasan con mucho la capacidad de pago de muchos deudores. El gobierno habría podido aprobar una ley que limpiara esas deudas, financiando la medida con la reintroducción de una fiscalidad progresiva que restaurara los impuestos sobre las ganancias de capital con tipos marginales iguales a los que gravan los ingresos ganados (salarios y beneficios empresariales) y sellando los resquicios fiscales que, en la práctica, liberan de impuestos al sector de las finanzas, las aseguradoras y los bienes raíces [FIRE, por sus siglas en inglés]. En cambio, lo que ha hecho el gobierno es eximir prácticamente de impuestos a Wall Street y trocar bonos del Tesoro por billones de dólares de hipotecas basura y deuda tóxica. Las perspectivas de un crecimiento económico “real” son sacrificadas en el altar de los gastos financieros.

Los bancos y las compañías de tarjetas de crédito se preparan para el encogimiento económico. Después de todo, fue anticipándose a eso que, a partir de 1998, presionaron tanto para conseguir lo que finalmente consiguieron en 2005 con unas leyes de quiebra tan favorables a los acreedores y tan crueles para los deudores que convertían a la quiebra personal en un verdadero infierno económico y jurídico.

Así pues, y para evitar ese destino, lo que está haciendo la gente es desviar dinero, pero no para ponerlo en cuentas de ahorro. Lo depositan, efectivamente, en los bancos, pero en forma de pago de deudas. Para los contables que repasan balances los ahorros representan un incremento de valor neto. En otros tiempos, eso era el resultado de una formación de fondos líquidos. Pero el dinero que se ahorra ahora no está disponible para el gasto. Sirve sólo para reducir la carga de la deuda soportada por los individuos. A diferencia de Citigroup, [la aseguradora] AIG y otras instituciones de Wall Street, esos individuos no ven desaparecer sus deudas de los libros contables. El gobierno no es lo bastante amigable como para comprarles unas inversiones que han perdido la mitad de su valor en un año. Tales rescates se reservan para los acreedores y para los gestores de dinero, no para los deudores.

La historia que deberían estar contando los medios de comunicación es ésta: cómo la actual economía posburbuja ha vuelto del revés la noción de ahorro.

No es esto lo que la gente esperaba hace medio siglo. Los economistas escribían entonces sobre los aumentos de productividad que generaría la tecnología, sobre las condiciones casi utópicas en que viviría la gente en el año 2000. Es preciso reescribir los libros de texto.

La eversión de la teoría económica keynesiana

La mayoría de personas y de empresas salieron de la II Guerra Mundial, en 1945, prácticamente libres de deuda y sometidas a un régimen fiscal progresivo. Los economistas anticipaban –en realidad, temían— que unos ingresos crecientes llevarían a unas tasas de ahorro más elevadas. El punto de vista más influyente fue el de John Maynard Keynes. Enfrentado a los problemas planteados por la Gran Depresión, Keynes advirtió en 1936, en su Teoría general del empleo, el interés y el dinero, de que la gente ahorraría relativamente más a medida que crecieran sus ingresos. De lo que se seguiría un descenso del gasto en bienes de consumo y la consiguiente ralentización del crecimiento de los mercados, y por ende, de la inversión y del empleo.

Desde esa perspectiva, la propensión al ahorro a partir salarios y beneficios desviaría el flujo circular de pagos entre productores y consumidores. El principal nubarrón divisable en el horizonte, según temían los keynesianos, era que la gente llegara a tal grado de prosperidad, que no gastara su dinero. Su receta para evitar tal subconsumo era que las economías se movieran en la dirección de un mayor ocio y de una distribución más equitativa del ingreso,

Las actuales dinámicas del ahorro –y de la grávida deuda en que se invierten los ahorros— son harto distintas –y harto peores— que las esperadas por Keynes. El grueso de los ahorros financieros se destina al préstamo, no a la formación de capital tangible y a la industria. El grueso de la nueva inversión en bienes y estructuras de capital tangible procede de ingresos empresariales retenidos, no de ahorros que pasen por intermediarios financieros. En tales circunstancias, mayores tasas de ahorro reflejan mayor endeudamiento. Por eso la tasa de ahorro ha llegado a caer al nivel cero. Una proporción creciente del ahorro tiene ahora su contrapartida en el endeudamiento de otras personas; no se usa para financiar nuevas inversiones directas.

Cada nueva recuperación de ciclo económico desde la II Guerra Mundial ha venido acompañada por una tasa de endeudamiento más elevada. Lo cierto es que el ahorro interfiere en el consumo, pero no como resultado de mayores ingresos y de una mayor prosperidad general.  Una tasa creciente de ahorro refleja meramente el grado en que una economía subviene a sus gastos de endeudamiento. Es “ahorro” en forma de satisfacción de la deuda en una economía en proceso de encogimiento. El resultado es una distopía financiera, no la utopía tecnológica que parecía al alcance de la mano en 1945, hace sesenta y cinco años. En vez de una economía del ocio amiga del consumidor, lo que tenemos es servidumbre por deudas.

Para hacerse una idea de lo realmente opresiva que es la carga de la deuda, basta con observar que la actual tasa de ahorro de un 6,9% ni siquiera refleja el 16% de la economía que según el informe de la NIPA gira en torno al pago de intereses para sostener esa deuda, o las cargas penalizadoras que ahora reportan tanto como los intereses a las compañías de tarjetas de crédito (o los billones de dólares de los rescates gubernamentales destinados a mantener a flote este insostenible sistema). Cómo una economía puede aspirar a competir en los mercados globales de producción industrial con tamaño gasto financiero gravitando sobre el coste de la vida y cómo pueden hacerse negocios así, es asunto para tratado aparte.

NOTA: (1) Jack Healy, “As Incomes Rebound, Saving Hits Highest Rate in 15 Years,” The New York Times, 27 de junio de 2009.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

Traducción para http://www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2691

Mercados de trabajo en América Latina, por E. Aquevedo

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REESTRUCTURACIÓN, FLEXIBILIDAD Y SEGMENTACIÓN DE LOS MERCADOS DE TRABAJO EN AMERICA LATINA, por Eduardo Aquevedo S.

Texto publicado en la revista Papeles de Población, Revista Indexada (ISI), México, Nº 26.


TRABAJO1

La finalidad de este texto es abordar, de manera sintética, los nuevos procesos socio-económicos que se están registrando en América Latina durante las últimas décadas, y particularmente el referido a las relaciones entre los fenómenos de flexibilización y sus efectos en los mercados de trabajo y procesos democráticos en varios países de la región. Una atención especial se presta a los procesos de precarización de la fuerza de trabajo en una gran cantidad de países del sur del continente, con la extensión del trabajo temporal, con y sin contrato, y a la subsiguiente reducción de los costos salariales en los diferentes sectores de la economía.

I.- Elementos de contexto: un periodo de transición

El sistema económico mundial vive un período de profundas mutaciones y reestructuraciones desde hace por lo menos un par de décadas, cuyos impactos sobre la estructura y dinámica de los mercados de trabajo en América Latina, así como, por lo demás, en muchas otras regiones del mundo, es tan sólo una de sus manifestaciones visibles. Sus impactos son también profundos en otros ámbitos, tales como los modelos de desarrollo en general, las estructuras de clase, las relaciones internacionales y de poder, las prácticas culturales, etc., al punto de configurar en los hechos una situación de transición hacia una nueva etapa del desarrollo capitalista cuyas configuraciones particulares son sin duda difíciles aún de prever. Por ello constituyen, en consecuencia, un tema absolutamente abierto. Las tendencias principales que contextualizan el fenómeno que nos acupa en este texto son varias, de las cuales destacaremos a continuación las cuatro siguientes:

A] La revolución científico-tecnológicas (RCT) en curso.

Esta RCT está basada prioritariamente en la micro-electrónica y en las tecnologías de la información (informática, telecomunicaciones, etc.). En torno a estas nuevas matrices tecno-científicas se articulan actividades de investigación, descubrimientos y aplicaciones cada vez más amplias y decisivas en diversos dominios (nuevos materiales, biotecnologías, nuevas fuentes energéticas, etc.). Este fenómeno, empujado y catalizado principalmente por procesos económicos crecientemente exigentes y complejos a partir de la segunda guerra, retroactuó a la vez sobre dicha dinámica económica, incorporando nuevos vectores o fuentes de productividad y otorgándole niveles aún más altos de complejidad. Lo que interesa destacar aquí es que este proceso consolida la (relativamente) nueva simbiosis entre economía, ciencia y técnica, que comienza a plasmar en determinadas áreas o territorios (periféricos y centrales) una dinámica de crecimiento – concentrador, excluyente y desigual – pero, en todo caso, extremadamente importante y virtualmente ilimitada de las fuerzas productivas con decisivos impactos a escala mundial. Ahora bien, en virtud de esta RCT, no sólo la ciencia y la tecnología en general, sino que específicamente el conocimiento y la información se transforman en factores decisivos de los procesos productivos, tanto en los países centrales como en los países semi-periféricos de mayor dinamismo (Corea del Sur y Taiwan, por ejemplo), en la medida que incorporan dichas nuevas tecnologías en sus actividades productivas. Acotemos sólo que este inmenso proceso, traducido también en un fuerte imperio de la tecnociencia, tiene igualmente consecuencias ambiguas, contradictorias y ambivalentes en los diferentes niveles del sistema mundial, con predominio probable de aquellas de signo negativo.

B] La centralidad de la regulación mercantil.

El desarrollo histórico del capitalismo se caracteriza por una constante extensión de la actividad mercantil, así como de la salarización. Sin embargo, nunca este proceso de mercantilización avanzó con tanta rapidez y profundidad como durante las últimas décadas. El hombre, la sociedad y el propio planeta tienden pues a subordinarse rápidamente a la lógica mercantil, al punto que no pocos pretenden que las relaciones de mercado son «inherentes a la naturaleza humana». Como lo indica Polanyi [1983], la sociedad se transforma progresivamente en un simple «auxiliar del mercado».

En consecuencia, el mercado – principalmente en la región occidental del planeta – no sólo se convierte a grandes zancadas en el único regulador de la economía, sino también en el regulador central de la sociedad. Constituido así en «la fuente y matriz del sistema», el mercado reduce inexorablemente las relaciones humanas, ambientales y sociales a relaciones estrictamente económicas o monetarias. La jerarquía entre los componentes de la dinámica social sufre pues profundos trastrocamientos. Las actividades económico-mercantiles tienden a la vez a autonomizarse de los demás componentes (políticos, religiosos, culturales, etc.), y a subordinarlos. Y al interior del espacio económico, el sector industrial pierde terreno en beneficio del sector servicios, y las actividades directamente productivas son dominadas por las de tipo monetario-financiero. En este sentido, la fuerte hegemonía de las políticas monetaristas o librecambistas de inspiración neoliberalen zonas dominantes del planeta, por un lado se explica por su gran coherencia e identificación con esta tendencia mercantilista de fondo, profunda, que se retroalimenta a través de múltiples vectores, que marca la realidad contemporánea de las últimas décadas, y, por el otro, no hacen sino propagarla y profundizarla.

C] La mundialización (o globalización) económica y social.

En efecto, no sólo los mercados, sino también el capital, la producción, la gestión, la fuerza de trabajo, la información y la tecnología se organizan en flujos que atraviesan las fronteras nacionales. Si bien la actividad productiva (medida en volúmenes de producción e intercambio) de las empresas de los países centrales continúa orientada, en lo fundamental, hacia sus respectivos mercados internos, es indiscutible que la mundialización o globalización de los procesos productivos aparece ya como el parámetro director. No obstante los volúmenes preponderantes de intercambio asumidos en el marco de los Estado-Nación y el peso creciente de los procesos de integración regional, lo concreto, en efecto, es que las economías nacionales son cada vez menos unidades pertinentes de contabilidad económica (M.Castells [1991; 1998]). La competencia y las estrategias económicas, tanto de las grandes como de las pequeñas y medianas empresas, tienden a definirse y a decidirse en un espacio regional, mundial o global.

La globalización aparece entonces como una resultante esencial, al mismo tiempo que la forma o modalidad concreta asumida por el proceso de mercantilización indicado antes. La mercancía y su intercambio – auténtico y complejo fenómeno socio-económico de autorregulación y auto-organización –, traspasa pues las fronteras, horada ideologías, echa abajo muros, modifica conciencias y comportamientos, estimula e incorpora el progreso técnico, hace crecer simultáneamente la riqueza y la pobreza, integra minorías y excluye mayorías, unifica (y a veces también divide) países, regiones y territorios y, por último, después de no pocos rodeos y tergiversaciones, tiende a imponer su ley al planeta entero, en cada una de sus dimensiones. En lo inmediato, en todo caso, parece evidente que este fenómeno no reversible es sustentado principalmente por las grandes firmas multinacionales y responde preferentemente a sus intereses.

D] Un nuevo “orden” económico internacional.

Pero ese proceso de mundialización o globalización del mundo moderno y de sus estructuras económicas en particular se acompaña simultáneamente de otra tendencia, referida más específicamente a su contenido. Ella tiene que ver con la configuración de un nuevo orden económico mundial. Aproximadamente veinte años de crisis, de integración masiva del progreso técnico en los procesos productivos, de reestructuración y modernización, de cambios notables en la división internacional del trabajo y de mundialización de los procesos productivos, etc., han hecho posible en efecto la emergencia progresiva de un sistema u « orden » económico internacional profundamente transfigurado, caracterizado esencialmente por tres sub-tendencias, que por razones de espacio nos limitaremos sólo a enunciar: a) cuasi estagnación persistente o lento crecimiento de la economía global y, simultáneamente, creación de condiciones de una nueva dinámica de crecimiento centrada en determinadas áreas o territorios del planeta, apoyado en el uso intensivo de las nuevas tecnologías (ello no se identifica pero se vincula a la denominada “nueva economía” (cf. R. Dornbusch, 2000; A. Gorz, 1999); b) aumento considerable de la brecha entre países y poblaciones pobres y ricas a nivel mundial (Cf. PNUD, 1999; L. Thurow, 1996); y c) una configuración abiertamente piramidal, polarizada y jerarquizada de la estructura de la economía-mundo, que tiende hacia desequilibrios crecientes.

II.- Reestructuración internacional y flexibilización

Los elementos anteriores, entonces, permiten situar en un contexto más amplio fenómenos como los procesos de reestructuración y de flexibilización registrados en el último periodo. Desde los años 70, en efecto, con el agotamiento del crecimiento y de los modelos de desarrollo de postguerra, es evidente que las más poderosas instituciones financieras y económicas internacionales debieron abocarse a enfrentar la crisis y a promover o incitar (con mayor o menor coordinación y sin que ello exprese necesariamente una “confabulación”) la edificación de un nuevo orden económico internacional, que difiere considerablemente del precedente.

A las rigideces y altos costos operativos del régimen fordista en el centro, y de una taylorización heterogénea, tradicional e ineficiente en los países periféricos, se comenzó de hecho a propiciar patrones de acumulación y modos de regulación flexibles, transformándose así la flexibilización de los sistemas productivos y de los mercados de trabajo en un verdadero paradigma a escala internacional. No hay misterio en el hecho de que el FMI, el Banco Mundial, la OCDE, además de los gobiernos de los principales países desarrollados, transformaron esta opción en una auténtica ortodoxia desde, a lo menos, comienzos de los años 80 en adelante (el denominado Consenso de Washington data de inicios de los años 80), y en un instrumento clave para superar la crisis estructural iniciada o evidenciada en la década anterior.

En todo caso, puede sostenerse que, más allá de ciertos dogmatismos y de utilizaciones abusivas de la flexibilización en desmedro de la fuerza de trabajo, esta orientación tenía y tiene fundamentos serios. Parece difícil objetar en el plano teórico, en efecto, una orientación que cuestione y busque superar las evidentes rigideces y anacronismos del fordismo y del taylorismo, y que promueva cambios en favor de una mayor flexibilidad de los procesos productivos y de las relaciones sociales (D. Laborgne y A. Lipietz, 1992).

El problema es que este gran viraje internacional, esta gran mutación, carece totalmente de inocencia o neutralidad y, por el contrario, tiene objetivos económicos y sociales bastante precisos: contribuir, por una lado, a una importante reducción de los costos de producción del sistema, de manera de acrecentar los márgenes de ganancia y eventualmente fortalecer o relanzar la acumulación de capital en un espacio internacional crecientemente internacionalizado o/y globalizado; y, por el otro, que este esfuerzo recaiga principalmente sobre la fuerza de trabajo, obligándolo por diversas vías a ceder una parte del excedente que ésta había logrado llegar a controlar, a través del incremento de los salarios directos e indirectos, hasta comienzos de los años 80. De hecho, como es sabido, se han registrado importantes transferencias de excedentes desde el trabajo hacia el capital a escala internacional, y ello se manifiesta visiblemente en los deterioros persistentes de la distribución del ingreso constatados año a año por organismos como el PNUD y la CEPAL, entre otros.

La flexibilidad, entonces, ha hecho ya progresos importantes en el Norte y en el Sur, y se ha transformado de hecho en un soporte y en una orientación decisivos de las políticas económicas durante la última década. En América Latina es una práctica que se implementa desde hace ya más de dos décadas, siendo Chile uno de los países que ha hecho el recorrido más largo y quizás más exitoso por esta vía. Pero en la última década, según lo señalan la OIT y la CEPAL, ella se implanta, aunque no sin dificultades y resistencias, en la mayoría de los países latinoamericanos, y especialmente en México, Argentina, Colombia, Perú, El Salvador, Brasil, Ecuador y Panamá, mediante modificaciones de mayor o menor profundidad de sus respectivas legislaciones laborales.

III.- Hacia mercados de trabajo fuertemente segmentados

Por de pronto digamos que esta nueva orientación, muy propia y característica de la denominada “nueva economía” en gestación a escala internacional, ha producido modificaciones profundas en los mercados de trabajo de cada país, haciéndolos cada vez más duales o segmentados. Hay evidencias cada vez más sólidas en el sentido de que se avanza en el sur (así como también en el norte) de nuestro continente hacia mercados caracterizados, de un lado, por un núcleo progresivamente declinante de trabajadores de mayor calificación y productividad, con contratos más estables o indefinidos, con coberturas sociales más amplias, con condiciones de trabajo más dignas y, desde luego, con salarios en promedio más altos; y, del otro, por un sector o segmento de trabajadores de menor calificación y productividad, con contratos a tiempo parcial, temporales, o incluso sin contrato, y con salarios en general notoriamente más bajos.

Según datos aportados por la CEPAL y la OIT, este segundo sector del mercado de trabajo representa todavía una porción minoritaria de la fuerza de trabajo global, esto es, no más del 30%. Sin embargo, mientras el sector estable o protegido tiende a estagnar o retroceder, el sector precarizado crece rapidamente, especialmente durante la última década. Porque, en verdad, de eso se trata: del nacimiento y desarrollo de un segmento de trabajadores crecientemente precarizados, tanto en sus relaciones contractuales con el empleador, cada vez más frecuentemente un empresario subcontratista, como en lo que se refiere a las condiciones de trabajo y a sus niveles de salario.

En estudios recientes y convergentes de especialistas de la OIT y de la CEPAL se constata que el grado de precarización resultante del crecimiento de los trabajadores temporales, con o sin contrato, ha aumentado en todas las ramas de actividad y en todos los países, con excepción de los servicios personales en Argentina. En dichos estudios se observa que este proceso ha sido relativamente más pronunciado en la actividad comercial y en los servicios. El menor aumento relativo de la precarización se observa en la industria (excepto en argentina, donde aumentó casi 4,5 puntos por ciento), y en la construcción, que ya registraba desde antes un alto grado de precariedad. Se constata además que la precarización en Perú ha sido más alta, incrementándose en un 30% en la industria y en un 41% en los servicios. Ahora bien, estos datos referidos en particular a los trabajadores temporales, también es válido para otras categorías, como los empleados a plazo fijo.

III.- Subcontratación, trabajo temporal y reformas laborales

La extensión creciente del empleo temporal tiene como contrapartida, en América Latina así como en otras latitudes, la afirmación del empresario subcontratista como figura central, esto es, como intermediario privilegiado e indispensable entre el trabajador temporero o a plazo fijo y la gran empresa. El subcontratista es parte entonces de este nuevo triángulo mediante el cual la gran empresa externaliza una parte importante de sus costos, reduciendo en particular los gastos salariales, y también externaliza una considerable parte de los riesgos vinculados, por ejemplo, a la resistencia social o sindical. En este sentido el empresario contratista no sólo es necesario al reforzamiento del potencial de acumulación de la gran empresa, sino que también debe ser considerado como elemento consubstancial de las estrategias de flexibilización implementadas en nuestra región.

Una característica central de estas nuevas evoluciones en las sociedades latinoamericanas, como consecuencia de los mencionados procesos de flexibilización de las relaciones laborales, es, pues, el crecimiento del trabajo por tiempo determinado, y particularmente del trabajo temporal. Esta es, sin duda, la coordenada principal que determina y explica los procesos de precarización del empleo (Cf. A. Sotelo, 1999).

En las líneas que siguen, entonces, haremos una referencia especial a algunas de las tendencias principales que caracterizan a este segmento de creciente importancia de los mercados laborales de América Latina, para luego subrayar algunas conclusiones al menos provisorias.

Cabe recordar que entre las décadas del 70 y del 90 se han registrado profundas reformas a la legislación laboral vigente sobre las modalidades de contratación en la mayor parte de los países de la región. A diferencia de la legislación anterior, de carácter más proteccionista, que priorizaba ampliamente el contrato de duración indefinida y en donde los contratos temporales eran más bien una excepción, en las nuevas legislaciones ambas formas de contrato son, en el mejor de los casos, puestas en el mismo lugar, sin preferencia formal por uno u otro. Ahora bien, esta reforma en materia de contratación implica al menos dos orientaciones básicas. Por un lado, se amplían significativamente las situaciones en las que se justifica recurrir a la contratación temporal, así como la extensión de la duración de los mismos. Y por el otro, se otorga explícitamente una mayor facilidad legal para recurrir a la subcontratación de trabajadores, sea a través de empresas privadas de colocaciones o incluso, en algunos casos, de cooperativas.

De acuerdo a estudios concordantes, los resultados que se pretenden alcanzar con dichas reformas son esencialmente cuatro (Cf. V. Tokman/ D. Martínez, 1999). Primero, posibilitar que el empleador ajuste con mayor flexibilidad y menor costo el tamaño de la plantilla de trabajadores a los requerimientos variables de la demanda, permitiendo así reducir los costos laborales, como se dijo ya antes. Segundo, permitir reducir el costo de contratación, en la medida que el salario pagado al trabajador a tiempo determinado sea inferior al de un trabajador permanente, como en realidad ocurre en la mayoría de los casos. El resultado debiera significar una reducción en el costo laboral promedio, y si la productividad es constante o creciente, ello se traduciría en una mayor competitividad de la empresa. Tercero, el menor costo relativo de contratación de trabajadores temporales debería generar un aumento de la demanda por este tipo de trabajadores; Cuarto, en fin, como resultado de lo anterior, de manera general debería aumentar la elasticidad ingreso-empleo asalariado; esto es, el crecimiento generaría una mayor creación de puestos de trabajo asalariado.

Digamos, por de pronto, que este resultado tiende también a verificarse, creando una masa creciente de “ocupados pobres”, es decir, de empleados con muy bajos ingresos. Hoy, en efecto, la categoría de pobreza se refiere a una subcategoría de ocupados o empleados, a diferencia del pasado en que la pobreza era estrictamente sinónimo de desempleo.

IV.- Tendencias principales

Observando ahora más detenidamente los resultados ya logrados y no sólo esperados, me permitiré destacar tres hechos o tendencias principales, que, en lo esencial y sin entrar en mayores detalles en honor al tiempo, se ajustan bastante bien a las expectativas cifradas en las mencionadas reformas.

Un primer logro importante, como ya se adelantó, es el aumento del número de asalariados con contrato temporal. En efecto, la información disponible pone en evidencia que la proporción de asalariados privados urbanos con contratos temporales ha aumentado, especialmente en Perú y Chile. En Perú, los asalariados temporales en la industria, la construcción y los servicios se incrementó del 29,4% en 1989 al 55,3% dentro del total de asalariados con contrato en dichas ramas en 1997. En Chile, dicha proporción en las mismas tres ramas aumentó del 11,3% al 17,4 en 1997, aumentando muy probablemente tal proporción en los años siguientes. En Argentina (Gran Buenos Aires) ellos representaban en 1990 el 3,2% del total de asalariados con contrato en la industria y servicios, y en 1996 el 4,1%. En Colombia, esta categoría de trabajadores en la construcción, la industria y los servicios pasan del 11,2% en 1989, al 12% en 1996. Si a los trabajadores temporales con contrato se agregan los asalariados sin contrato, en total los aumentos de la categoría de trabajadores sin protección e inestables, es decir, precarios, aumenta en 12% en Argentina, en 6,5% en Chile y en alrededor de 23% en Perú. Más aún, según las fuentes indicadas, si se consideran los trabajadores simplemente sin contrato (en negro) y los trabajadores temporales también sin contrato, en conjunto estas dos subcategorías representan alrededor del 45% del empleo total en estos 4 países, siendo más importantes los trabajadores sin contrato, los que constituyen en promedio 2/3 del total. Es decir, estamos en presencia de una situación de precarización del empleo de gran magnitud.

Un segundo logro importante de dichas reformas, es, en efecto, un importante aumento de la proporción de trabajadores urbanos sin contrato de trabajo. Por ejemplo, en la industria y servicios, la proporción de asalariados privados urbanos sin contrato en Argentina pasó de un 21,9% del total de la fuerza de trabajo privada en 1990, a un 33% en 1996, situación que explica el 149,4% del aumento del empleo; en Chile, los asalariados sin contrato en la industria, los servicios y la construcción crecieron del 14,1% del total de la fuerza de trabajo asalariada privada en esos sectores en 1994, al 15,6% en 1996, y representan o explican el 51% de los nuevos puestos de trabajo generados; en Perú, en los mismos sectores, dicho sector de la fuerza de trabajo aumentó del 29,9% en 1989, al 41,1% en 1997, y contribuyó con el 62,5% del aumento del empleo; en Colombia, en fin, al contrario de las situaciones precedentes, los trabajadores sin contrato en los mismos sectores ya señalados disminuyeron del 37,5% del total de los asalariados privados en 1989, al 31% en 1996. En este país, el 95% del aumento del empleo fue con contrato. Los datos disponibles parecen mostrar que esta anomalía se debe, en suma, a una simple sustitución de asalariados sin contrato por trabajadores con contrato temporal, especialmente en las microempresas.

Una tercer logro importante de dichas reformas ha sido una indiscutible reducción de los costos salariales, vía aumento, en particular, del asalariado temporal y de los trabajadores sin contrato. Si se considera solamente los casos de Argentina, Colombia, Chile y Perú, se constata por ejemplo que el costo de contratar a un asalariado temporal equivale entre el 57% y 66% del contrato de un trabajador permanente. En función de las respectivas legislaciones de cada país, hay diferencias significativas entre uno y otro. En Argentina, el costo se reduce sólo en un 13%. En Colombia, en un 34%. En Chile, en un 41%. Y en Perú, en un 35%. Podemos acotar que para el caso de Chile esta reducción de los costos salariales data de fines de la década del 70, en cambio en los otros tres países la situación es más reciente.

Esta situación, que en sí es ya bastante desmedrada, es, sin embargo, como veremos luego, bastante más positiva que la de los trabajadores sin contrato, que representan una porción también importante de la fuerza de trabajo en estos mismos países. En efecto, mientras en Argentina el salario de esta categoría de trabajadores representaba en 1996 el 94% del salario del trabajador temporal y el 58% del permanente, en Chile representa el 91% y el 53% respectivamente, en Colombia el 94% y el 62%, y en Perú es equivalente al del asalariado temporal.

De manera general, puede afirmarse entonces que el costo laboral es decreciente según si el trabajador sea contratado por tiempo indeterminado, o por un periodo de tiempo determinado o bien no posea contrato alguno, lo que configura en grueso los dos segmentos señalados al comienzo de los nuevos mercados de trabajo en América Latina. En promedio, para los cuatro países que nos sirven de referencia, el trabajador con contrato temporal representa un costo 34% inferior al contratado por período indeterminado. A la vez, el trabajador sin contrato represente en promedio una disminución del costo laboral de entre el 15% y el 30% en relación con el trabajador temporal.

V.- Trabajo, democracia y gobernabilidad en América Latina

No dejan de tener razón quienes sostienen (F. Fukuyama [1992]) que la democracia liberal y la economía de mercado no han cesado de extenderse durante los últimos cien años, hasta ocupar hoy – sobre todo después del derrumbe de las dictaduras de tipo soviético –, una posición hegemónica a escala internacional. Pero junto a tal proceso de extensión de la democracia liberal – y del consiguiente retroceso de las modalidades extremas o clásicas de totalitarismo – puede constatarse igualmente que ésta tiende simultáneamente a asumir un carácter eminentemente formaly crecientemente restringido.

Estas tendencias parecen derivarse de dos factores vinculados a los procesos globales señalados en una sección anterior. El primero de ellos es su fuerte inter-relación con la economía de mercado, y en definitiva su subordinación cada vez más neta a la lógica de esta última. Es decir, la lógica del mercado opera en el sentido de asegurar el establecimiento de democracias restringidas, autolimitadas, incapaces de poner en cuestión el poder dirigente de los verdaderos sujetos históricos modernos: los grandes empresarios, y paticularmente la gran empresa transnacional. Las democracias liberales deben ser pues coherentes, en primer lugar, con la propia economía de mercado dominante y con sus principales expresiones de clase.

En los países centrales y periféricos, la preponderancia del mercado y la intervención creciente del dinero y de las grandes empresas en la política ha tenido en las últimas décadas al menos dos expresiones básicas: aumento o generalización de los casos de corrupción del personal político (Francia, España, Italia, Japón, en particular, entre los países industrializados), y, lo que nos parece todavía más decisivo en este sentido, un control cada vez más importante de los medios de comunicación por parte de los grandes grupos financieros (N. Chomsky [1992]). El segundo factor que parece explicar el carácter restringido o el debilitamiento de la vida democrática está referido a los procesos de tecnocratización de las actividades sociales ya indicados, así como a la emergencia y desarrollo de poderosos grupos o sectores tecno-burocráticos, tanto en el mundo industrializado como periférico o semi-periférico. La esfera política, en efecto, al crecer en complejidad y «tecnicidad», escapa progresivamente al control de los ciudadanos en beneficio de «expertos», «especialistas» o tecno-burócratas (E. Morin,1993).

Señalemos, por otro lado, que la restricción de la democracia es precisamenete el punto de vista adoptado por la Comisión Trilateral en 1975, en el Informe redactado por M. Crozier, S. P. Huntington y J. Watanudi, y prefaseado por el propio Z. Brzezinski, en el cual se problematiza, tal vez por primera vez de manera tan explícita, la «gobernabilidad de las democracias», se subrayan sus dañinos «excesos», y se destaca la necesidad de una efectiva “moderación” en su ejercicio (Cf. N. Chomsky, 1992). Se dice allí, en efecto, que “Las democracias occidentales son ingobernables. Se multiplican los factores de desestabilización. En economía, las palabras clave son ahora las de redespliegue, austeridad…. Cuanto más democrático es un sistema, más expuesto está a amenazas intrínsecas”. Los responsables principales de este estado de cosas son designados: los intelectuales contestatarios, los sindicatos y los medios de comunicación social independientes. De donde se desprende un conjunto de iniciativas promovidas por instituciones y gobiernos comprometidos con ese punto de vista que van en el sentido de la profunda reestructuración del capitalismo ya aludida, una de cuyas finalidades centrales es restablecer “el orden” en este ámbito. Lo decisivo en este aspecto es que, a partir de ahí, la gobernabilidad pasó a adquirir una relevancia mayor que la propia democracia: ésta deberá en adelante subordinarse a la primera.

Este contexto “duro” (reestructuración del capitalismo) ha tenido un impacto duradero y profundo, como ya se ha indicado, en la evolución del empleo y de las relaciones laborales a escala internacional, y notoriamente en nuestro continente. Ahora bien, esta evolución particular plantea también, suplementariamente, problemas a la gobernabilidad de los regímenes semi-democráticos vigentes en América Latina (Cf. D. Salinas, 1999). En este caso se trata más precisamente de límites sociales o socio-económicos al ejercicio de la democracia y a la gobernabilidad de esta última, precisamente como consecuencia de la implementación de las medidas desreglamentadoras o desreguladoras orientadas en la dirección señalada.

La precariedad y fragmentación social inducida por los nuevos modelos de desarrollo y las estrategias de flexibilización vigentes, en efecto, generan no sólo una activa u ofensiva exclusión social y política de amplios sectores de la población, sino que, al mismo tiempo, al atomizar y fragmentar a tales segmentos del mundo asalariado, los induce u obliga a la marginalización de las estructuras sindicales, a prácticas forzadamente individuales vía diversos modos de chantaje económico, al mismo tiempo que los desmoviliza y despolitiza y, en definitiva, los despoja de referentes ideológicos o culturales elementales (la tradición de organización y movilización sindical es una de ellas). Por esta vía, o bien se les arroja fuera de los márgenes de la participación política real, o bien se les coopta políticamente para prácticas conservadoras con discursos falsamente pragmáticos o a veces neopopulistas (Fujimori es un buen ejemplo de este último tipo de alternativa conservadora).

De ahí a la deslegitimación social de la política, de los partidos, a las pérdidas de sentido de las prácticas sociales colectivas, a la generación de determinadas formas de anomia social, etc., no hay más que un paso. En tal sentido, no sólo la democracia pierde sustancia y contenido real, sino que su propia “gobernabilidad” resulta también más problemática. Al minarse durablemente los canales y mecanismos esenciales de expresión de intereses y de negociación entre grupos o sectores sociales, se abre paso, en efecto, a prácticas anárquicas colectivas o individuales, a formas en consecuencia desreguladas de protesta o de intervención social, o en definitiva a formas inéditas y eventualmente más brutales de manifestación del descontento social (drogadicción, extensión de diversas o nuevas formas de delincuencia, boicot anónimo, corrupción generalizada, etc.). En fin, en este contexto, la priorización de la gobernabilidad por sobre el reforzamiento o perfeccionamiento de la democracia puede conducir a resultados saludables, aunque evidentemente paradójicos e indeseables para determinados sectores, como es el caso reciente de Venezuela. Es decir, para importantes organismos internacionales preocupados antes que nada por la “gobernabilidad”, el “remedio” puede resultar más peligroso que la “enfermedad”.

VI.- Algunas conclusiones provisorias

En América Latina se asiste en consecuencia a una rápida transformación de los mercados de trabajo, en el sentido ya indicado de una creciente segmentación y precarización, lo que ha permitido al empresariado reducir costos, incrementar sus niveles de rentabilidad y, en algunos casos, también aumentar las tasas de acumulación, como en el caso de Chile. Las estrategias de flexibilización aplicadas en América Latina, de tipo más defensivas que ofensivas o dinámicas, parecen pues exitosas en tal sentido, esto es, en lo que se refiere al fortalecimiento relativo de la competitividad de las economías de la región, en el cuadro sobre todo de la promoción de exportaciones de tipo primario. Estas orientaciones, por otro lado, tienen un impacto notoriamente negativo en el ámbito de la política, al debilitar las formas y mecanismos de participación democrática, no obstante que en el mediano plazo favorezcan, salvo algunas significativas excepciones, ciertos grados o modalidades de gobernabilidad. El fraccionamiento de los actores sociales populares (incluidos amplios sectores de clases medias), en efecto, deterioran las formas tradicionales de oposición o disenso político y, como consecuencia, recíprocamente, el espacio para la dominación o hegemonía conservadora o neoconservadora se amplía. De ahí, entre otras razones, la gran fuerza actual de las políticas neoliberales.

El problema que se plantea es, en esencia, que tal estrategia general aplicada en nuestro continente parece útil sólo para formas de crecimiento económico poco exigentes en empleos calificados, que no impliquen una creciente y sólida productividad y una fuerte motivación de la fuerza de trabajo. Es decir, es útil para la reproducción de modelos de desarrollo de tipo periférico y con dinamismos sólo de corto o mediano plazo. Por consiguiente, cuando los pueblos y gobiernos, en la medida en que ello ocurra, se decidan por estrategias de crecimiento de mayor sustentabilidad social y ambiental, así como de mayor endogeneidad estructural y productiva, los mercados de trabajo deberán sufrir nuevas e importantes modificaciones, en un sentido probablemente inverso al que se constata en la década reciente. Con ello ganará también, probablemente, la práctica de la democracia y la preocupación por la “gobernabilidad” perderá bastante de sentido. Apostemos, al menos, a que las prioridades entre ambas podrá invertirse.

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VIAL JOAQUIN [Compilador], (1992). ¿Adonde va América Latina?, Ed. CIEPLAN.

WALLERSTEIN, IMMANUEL (1996), Después del liberalismo, Ed. Siglo XXI

WALLERSTEIN, IMMANUEL (1997), “Un système s’écroule aujourd’hui sous nos yeux”, in Revista Alternatives Economiques, Hors-Série N°33, Francia.

<!–[if !supportFootnotes]–>

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Este trabajo forma parte de los resultados preliminares de la Investigación financiada por el Fondecyt (Proyecto N° 1990383) sobre “Trabajo temporero, flexibilidad laboral y productividad en la empresa subcontratista de la VIII Región. Un estudio sobre los rezagos en la modernización socio-económica de la actividad forestal”.

Al respecto, cfr. M. Castells, 1991; 1998; B. Coriat, 1990.

A este respecto, cfr. en particular M. Castells, 1998; M. Beaud, 1994; K. Kosik, 1993, 1994)

Cf. J. Robin [1992], M.Castells [1991], [1992]; J. Lojkine [1992]; G.Lafay, C.Herzog [1989]; A. Toffler [1990]; B. Coriat [1990].

<!–[if !supportFootnotes]–>[5]<!–[endif]–> K. Kosik [1994] ubica los comienzos de este « entrecruzamiento » estratégico entre economía, ciencia y técnica en las primeras décadas de este siglo. Pero es indudable que ese proceso se consolida e intensifica a partir de la segunda guerra y del auge fordista. El mismo Kosik [1994:36] describe este proceso en los términos siguientes: «Tres ámbitos de la realidad humana, que tradicionalmente existen de un modo independiente (la economía, la técnica y la ciencia), se entrecruzan en una formación simbiótica que, junto con la masificación, se convierte en el fenómeno determinante de la época moderna. Este entrecruzamiento se realiza como un crecimiento ilimitado, como la superación de todos los límites, como una inmensa intensificación y un inmenso incremento».

Al respecto, cf. en particular M. Castells [1991]. Para un examen crítico del rol de la ciencia y de la técnica en tanto que fuerza productiva, cf. en especial B. Coriat [1976].

Al respecto, cf. en particular E. Morin [1990], [1991], [1993]; M. G. de la Huerta [1990]; H. Marcuse [1990]; J. Habermas [1973], [1985]. Se recordará que, después de M. Weber, la Escuela de Frankfurt y su Teoría Crítica han estado en la vanguardia del tratamiento de la técnica como problemática esencial.

Para un mayor desarrollo, cf. M.Beaud [1994]. Sobre la importancia de la finanza en el ámbito internacional, cf. en particular G. Lafay y C.Herzog [1989].

El “modelo chileno” es en este sentido más caricatural que paradigmático: la diferencia es en efecto considerable entre la aplicación de las orientaciones neoliberales en este país y, por ejemplo, en cualquier país europeo.

Cf. C.A. Michalet [1985]; S. Amin [1991], [1992].

Ver al respecto E. Morin [1993].

Sobre el particular, cf. L. Thurow (1996).

Cf., en particular, M. Aglietta (1997).

Respecto a las características de este NOEI , cf. en particular, E. Aquevedo (1999); J.C. Rufin [1991; D. Laborgne y A. Lipietz [1992, 1992b].

Véase sobre este particular, especialmente, D. Laborgne et A. Lipietz, 1992; J.-C. Ruffin, 1991; J. P. Durand, 1993. En un trabajo anterior hemos sugeridos, por nuestra parte, algunas ideas al respecto. Cfr. E. Aquevedo, 1998.

Sobre este particular, cf. R. Frenkel y otros (1992).

A este respecto, cf. en particular J. Rifkin (1996); CEPAL (

La información y en buena medida los análisis de esta sección se apoyan decididamente en V. Tokman y D. Martínez (1999); CEPAL (1999-2000), y CEPAL (2000).

Sobre este particular, cf. especialmente V. Tokman y D. Martínez (1999).

F. Fukuyama [1992: 72] subraya en efecto que « el crecimiento de la democracia liberal y del liberalismo económico que lo acompaña ha sido el fenómeno macropolítico más notable de los cien últimos años ». Para un examen crítico del trabajo de Fukuyama, cf. C. Castoriadis y otros [1992].

El propio F. Fukuyama [1992: 68-69] reconoce utilizar una definición « estrictamente formal » de la democracia cuando él determina cuales son los países democráticos, asumiendo igualmente que « la democracia formal sola no garantiza siempre una participación y derechos iguales. Los procedimientos democráticos pueden ser manipulados por las élites y no reflejan siempre con exactitud la voluntad o los verdaderos intereses del pueblo ».

Como es sabido, la Comisión Trilateral nace por iniciativa de David Rokefeller en julio de 1973 (Cf. A. Mattelard, 2000).

Cf. A. Mattelard (2000).

Cuanto pagan a sus académicos las Universidades Chilenas?

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Mientras un rector puede ganar hasta $ 12 millones mensuales, entre los académicos la dispersión de sueldos es abismante. Algunos datos relevantes: los mejor pagados son los decanos, las remuneraciones más altas están siempre en las escuelas de Economía e Ingeniería, y en los profesores part time los pagos pueden llegar hasta la simbólica cifra de $ 1.000 por hora de clases. Así funciona el particular mercado de los salarios universitarios en Chile.

universidad0003En la lucha por el talento, las universidades no se dan tregua. Durante los últimos años, la fuerte arremetida de las instituciones privadas para enrolar mentes brillantes y preparadas a sus cuerpos académicos está empujando al alza las remuneraciones de los profesores. De hecho, según el rector de una de las entidades particulares más grandes del país, estas organizaciones ofrecen sueldos que pueden llegar a ser hasta 30% más altos que en las tradicionales.

Pero el mapa de los sueldos de profesores universitarios es más complejo que eso. Porque, más allá de ese incremento producto de la competencia, aún persisten diferencias abismales entre carreras y universidades. No existen, además, referentes precisos para establecer las rentas y, en la gran mayoría de los casos, los sueldos no son fijos y se descomponen en diferentes asignaciones extra. Los doctorados, por ejemplo, son mejor pagados que los magíster y también reciben un salario más alto quienes desempeñan cargos administrativos además de sus obligaciones académicas. La exclusividad se paga y quienes investigan también reciben premio. Incluso, existen asignaciones por desempeño y los mejor evaluados reciben un bono extra en su remuneración.

Rectores y decanos

Son, por lejos, los mejor pagados dentro del ámbito universitario. Su trayectoria y la responsabilidad de ser la cara visible de la institución los ubica en lo más alto del escalafón de sueldos del sistema universitario chileno. Se trata de un mercado acotado. En Chile hay 60 rectores, de los cuales 25 integran el Consejo de Rectores de las Universidades tradicionales y 35 corresponden a casas de estudio con capitales privados. Estos funcionarios reciben sueldos que pueden llegar incluso hasta los $ 10 millones mensuales. Aunque todo, claro, depende de la universidad.

Según un ex rector de una universidad tradicional, las privadas de mayor tamaño -aquellas que tienen sobre 3.000 estudiantes- pagan las rentas más altas: sobre $ 12 millones, aunque el rector de una prestigiosa universidad privada dice que los salarios no pasan de los $ 10 millones al mes. Entre otros, Andrés Benítez, Ernesto Silva Bafalluy, Orlando Poblete, Carlos Peña -rectores de la Adolfo Ibáñez, Del Desarrollo, De Los Andes y Diego Portales, respectivamente- se ubicarían en este rango.

Las instituciones académicas de menor tamaño -aquellas que tienen menos de 1.500 alumnos, como la Universidad Arcis, Pedro de Valdivia y La República- pueden llegar a pagar entre $ 5 millones y $ 6 millones a sus rectores. En el caso de los establecimientos tradicionales, como la Universidad de Chile, el salario de su rector, Víctor Pérez, se ubicaría alrededor de los $ 7 millones.

Un escalón más abajo de los rectores están los decanos. Para posicionarse en el competitivo mercado del conocimiento, las universidades tienden a privilegiar a personajes reconocidos por el mercado para que dirijan sus facultades. Es el caso de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Diego Portales, cuyo decano es el destacado arquitecto chileno Mathias Klotz, mientras que en la Facultad de Ciencias de la Salud, el decanato está a cargo del doctor Fernando Mönckeberg, Premio Nacional de Ciencias en 1998. También sucedió con el actual gerente general de D&S, Enrique Ostalé, que ocupó el cargo de decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez entre fines de 2001 y mediados de 2005. Según explica el rector de una universidad privada, a profesionales de este tipo que deben "levantarse del mercado" se les considera decanos A, y sus sueldos se ubican levemente por debajo de lo que ganarían como ejecutivos de empresas.

Por otro lado, están los decanos de perfil académico, que en el caso de las ingenierías o Economía reciben sueldos entre $ 7 y $ 8 millones en las universidades más grandes. En este rango se ubicarían, por ejemplo, Felipe Morandé -decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile- o Alfonso Gómez y Leonidas Montes, decanos de la Escuela de Negocios y de Gobierno de la Adolfo Ibáñez, respectivamente.

Una universidad de menor tamaño como la Alberto Hurtado paga cerca de $2,5 millones al decano de Economía y Negocios, el ex ministro de Economía Jorge Rodríguez Grossi.

Los decanos de las carreras de Derecho se ubican más hacia el centro de la escala, con sueldos que pueden ir desde los $ 2 millones hasta los $ 6 millones. Mientras que los decanos de las carreras del área humanidades reciben una renta promedio de $ 2,5 millones.

Rentas altas

Si de carreras se trata, las ingenierías y Economía llevan la delantera en cuanto a sueldos de sus profesores. Incluso en algunos casos, un profesor de prestigio, con doctorado y publicaciones a su haber puede llegar a percibir una renta superior a la de un decano.

Pero los salarios de los profesores no son fijos. Dependen de las asignaciones que vayan sumando, ya sea por investigación, cargos administrativos o desempeño. En el caso de la Universidad del Desarrollo, por ejemplo, las Facultades de Economía y Negocios e Ingeniería premian a los profesores que hacen publicaciones ISI, categoría que se les da a revistas especializadas en ciencia económica. De hecho, se les entrega un bono de $ 1 millón por 12 meses que se suma al sueldo base, que va desde $ 1,5 millón hasta $ 4,5 millones. En la Universidad Diego Portales, en cambio, se les entrega $ 2 millones a los académicos que logran publicar un ISI, además de la renta básica que se ubica entre $ 1,2 millón y $ 1,7 millón.

Diferente es la realidad en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, que asegura un ingreso básico de $ 2 millones durante el primer año al académico con doctorado que recién se integra a la escuela. Luego de ese tiempo, cuando el profesor ya tiene la posibilidad de generar recursos a través de proyectos de investigación y nuevas responsabilidades, el monto se reduce a $ 1,5 millón. Los premios por investigación van desde $ 3,6 millones al año para el docente que gana un proyecto Fondecyt, lo que se suma a los $ 3,6 millones que el mismo fondo entrega para el investigador principal. Y en el caso de las publicaciones ISI, los montos dependen del tipo de revista en que aparezca la investigación: Trimestre Económico de México, por ejemplo, no tiene asociado un premio monetario, por su bajo impacto en el ámbito global; mientras que por una publicación en una de las top, como American Economic Review, se entrega una suma cercana a los US$ 10 mil.

En la Universidad Católica también existe un mecanismo de incentivo a la investigación y se paga un monto mensual adicional al sueldo base a los profesores que publican en revistas ISI. Para esto, la universidad tiene una escala propia donde rankea a las revistas de mayor impacto. En la Universidad Adolfo Ibáñez y en la De Los Andes, en tanto, no existe un sistema de incentivos para realizar investigaciones. Por esa misma razón, allí los salarios base son más altos: pueden ir desde $ 2,5 millones a $ 5 millones.

Las consultorías

Según explica un rector de una importante casa de estudios privada, el modelo ideal para que un profesor pueda optar a un muy buen sueldo es combinar la docencia con la investigación y las consultorías privadas. De hecho, en el ambiente académico es apreciado que los docentes dediquen parte de su tiempo a estas actividades.

"Es bien visto que se hagan consultorías para organismos internacionales y empresas. En la medida que uno cumpla con las obligaciones, si eres bien evaluado, asistes a las reuniones y haces bien tus clases y publicas, puedes hacer eso", explica un profesor investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Incluso agrega: "No es raro que un incentivo adicional sea un acuerdo entre los académicos y el director de carrera para que algún día a la semana el profesor pueda dedicar su tiempo a actividades extra".

Las consultorías son una fuente de recursos importante para los académicos, especialmente en Ingeniería y Economía. Por un paper encargado por el Banco Central, un académico puede recibir entre $ 5 millones y $ 8 millones. Mientras que las asesorías encargadas por organismos internacionales y empresas privadas pueden pagar desde $ 5 millones hasta $ 20 millones, independiente de si demora un mes o tres.

En todo caso, en algunas universidades se cobra un peaje a los profesores por estos estudios, dinero que se suma a los recursos de la facultad o departamento. Este mecanismo es utilizado tanto por la Facultad de Ingeniería como la de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, que cobran entre 10% y 30% del dinero que recibe el profesor por este ítem, lo mismo que la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Católica. Y la Universidad del Desarrollo piensa implementarlo en el corto plazo para adecuarse a los estándares de las universidades tradicionales.

Arquitectura, Medicina y Derecho

Un poco más abajo en sueldos a sus profesores se encuentran las carreras de Arquitectura, Medicina y Derecho. En esta última, las remuneraciones de los académicos full time se ubican entre $ 1,3 millón hasta $ 4 millones, dependiendo de la especialidad y experiencia profesional. Una de las universidades que mejor pagan en esta carrera es la de Los Andes, con salarios que parten en los $ 2 millones. La mayoría de los profesores no tienen jornada completa y reparten su tiempo con la actividad profesional.

Lo mismo pasa en Medicina en la Católica, donde trabajan 650 profesores, de los cuales cerca de 400 tienen jornada completa. Estos académicos reparten su tiempo entre las aulas y la atención en los centros médicos asociados a la universidad. Por eso, si bien los sueldos promedio van desde los $ 700 mil a los $ 2,5 millones, en el caso de Medicina éstos se ubican entre $ 450 y $ 1 millón. Porque a esta renta se le agregan los honorarios médicos que recibe cada profesional.
No pasa lo mismo en la Universidad del Desarrollo, donde la mayoría de los profesores son part time y comparten la docencia con sus actividades en la Clínica Alemana, con la cual están asociados. En este caso, los doctores reciben sueldos de hasta $ 20 mil por hora.

En el caso de las escuelas de Arquitectura, los sueldos en la Universidad de Chile se ubican desde $ 1,4 millón hasta 1,7 millón.

Las humanidades, artes y las pedagogías son reconocidas en el mercado como las carreras peor pagadas. Los sueldos para los profesores jornada completa pueden ubicarse entre $ 500 mil y $ 2 millones. Aunque al igual que en las ciencias económicas, en algunas universidades existen asignaciones que se suman al ingreso base. Las asignaciones se dan específicamente para las investigaciones Scielo, categoría que se le da a un conjunto de revistas de carácter científico y que incluye ciencias de la salud, sociales y humanidades. La Universidad Diego Portales, por ejemplo, entrega un premio de $500 mil a los investigadores que publiquen en alguna de éstas.

Part time desde $ 1.000

Una autoridad de una universidad privada comenta que, en general, las instituciones ahorran sueldos mediante la contratación de profesores part time; es decir, aquellos que reparten su tiempo entre su actividad profesional y las aulas. La hora se paga más barata que a un profesor de jornada completa.

Pero entre los académicos por hora hay de todo. Existen en prácticamente todas las carreras y los sueldos tienen una dispersión altísima. Así, mientras en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile algunos profesores pueden llegar a ganar la simbólica suma de $ 1.000 por hora, las carreras de Ingeniería y Economía llegan a pagar hasta $ 60 mil.

Medicina en la Universidad de los Andes paga entre $ 6.000 y $ 7.000 la hora, mientras que la misma carrera en la Universidad del Desarrollo trata de acercarse al valor de la hora médica: $ 20 mil.

En las escuelas de Derecho, los salarios part time van desde $ 150 mil a $ 300 mil al mes por una cátedra en el caso de la Universidad Católica, mientras que en la De Los Andes parte en los $ 300 mil. En la Adolfo Ibáñez, en tanto, puede llegar hasta los $ 400 mil.

Esta última es reconocida en el mercado como la universidad que paga los mejores salarios a los profesores por hora. Su rango parte en $ 20 mil y llega hasta $50 mil, dependiendo de varias condiciones. Se le paga más, por ejemplo, a un profesor que tiene exclusividad con la universidad y, si tiene más de una cátedra, el monto sigue aumentando. Así, por ejemplo, un profesor que imparte dos cátedras en la Escuela de Negocios en forma exclusiva puede ganar hasta $ 1 millón al mes.

La Universidad Diego Portales, por su parte, tiene definido un rango único para estos profesores, el que es el mismo para todas las carreras y va desde un mínimo de $ 203.347 hasta $ 279.625 bruto mensual.

Los "rostros" de las aulas

Parte de la carrera por el prestigio entre las universidades depende también de las "estrellas" que logren reclutar. Son muchos los profesionales exitosos que reparten su tiempo entre sus actividades personales y la docencia. Éstos reconocen que hacer clases los mantiene actualizados y en contacto con las nuevas generaciones. "Permite mantenerse vigente y eso el mercado lo percibe", dice un prestigioso abogado de la plaza.

Un profesional reconoce que la práctica docente es casi ad honórem, y que los sueldos son bajos en relación con el tiempo que se destina. Por ejemplo, un abogado explica que en preparar una clase de 3 horas para un programa de postgrado puede gastar 15. Y lo que le pagan son sólo $ 300 mil mensuales.

Lo bajo de los sueldos incluso da para anécdotas. Un alto ejecutivo de un importante banco nacional tiene acumulada hace casi dos años su paga en una universidad privada por los cursos que ha impartido y que no ha ido a cobrar.

Es posible encontrar figuras en prácticamente todas las disciplinas, pero los ejecutivos de renombre en el mercado y los abogados de prestigio se ven principalmente en los programas de MBA y magíster. Así, en el MBA de la Universidad del Desarrollo destacan nombre como los directores de empresas Carlos Cáceres y Jaime Bauzá, y ejecutivos como el gerente general de retail de Falabella, Agustín Solari, quienes recibirían un salario entre $ 20 mil y $ 60 mil la hora. Por un programa semestral de 64 horas se les podría llegar a pagar $ 4 millones por el curso.

En el ESE de la Universidad de los Andes ocurre algo parecido. Ahí hacen clases personajes de la talla de Felipe Joannon, gerente de desarrollo de negocios del holding Quiñenco del Grupo Luksic, y el abogado del estudio Philippi, Juan Francisco Gutiérrez. Los sueldos allí para los profesores part time se ubican en torno a las 6 UF por sesión.

Hasta el contralor general de la República, Ramiro Mendoza, realiza una cátedra de Derecho Administrativo en la Universidad Católica, por la cual recibe cerca de $ 300 mil al mes. En Medicina de esta casa de estudios también hay estrellas, como el doctor David Mayerson, profesor de Obstetricia y Ginecología. En la mayoría de los casos, sin embargo, los salarios para estos profesores son casi ad honórem. Así lo manda el particular mercado de los salarios de las universidades chilenas.

Por Antonieta De la Fuente, Qué Pasa.

China enseña al mundo a capear una crisis…

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JIM O’NEILL 14/06/2009

Llamadme loco, pero esta crisis es buena para China. También es buena para el papel y las responsabilidades de China ante el mundo.

CHINA1 Recientemente hemos revisado al alza nuestras previsiones sobre el Producto Interior Bruto de China en 2009 y 2010: ahora esperamos entre un 8,3% y un 10,9%, respectivamente, frente a un 6% y un 9% anteriormente.

¿Por qué ese optimismo? Obviamente, el aumento exponencial de las exportaciones -el pilar del modelo de crecimiento de China hasta 2008- no era sostenible. A finales de 2007, las exportaciones chinas a Estados Unidos llegaron a suponer cerca del 12% del PIB total. Por consiguiente, las exportaciones sufrirían terriblemente en el caso de que algo malo ocurriera con la demanda en Estados Unidos y existía el riesgo de una virulenta reacción proteccionista.

Esto nos llevó a algunos de nosotros a pronosticar hace algunos años el final del tipo de cambio fijo dólar-yuan del 8,28 y su sustitución progresiva por un tipo de cambio más flexible y sólido.

Trasladándonos hasta el momento actual, cuando la crisis se intensificó tras la quiebra de Lehman, el comercio mundial se resintió de forma rápida y generalizada, y no cabía duda de que el crecimiento chino iba a sufrir. También estaba razonablemente claro que las autoridades chinas iban a reaccionar rápidamente y a tomar medidas, al igual que hicieron en respuesta a la crisis asiática en 1997. Y justo eso es lo que han hecho.

De estas medidas cabe destacar tres cuyos resultados están empezando a dar fruto, de ahí la revisión al alza de nuestras previsiones.

En primer lugar, las autoridades anunciaron en noviembre un ingente programa de expansión fiscal enfocado hacia las inversiones en infraestructuras. Aunque mi sector ha debatido desde entonces sobre su tamaño real, con ello se está perdiendo lo esencial del asunto. La declaración de intenciones estaba clara y, curiosamente, el mercado tomó nota y se ha recuperado con fuerza desde entonces.

En segundo lugar, y a la larga quizá el aspecto más importante para la economía mundial, el Gobierno anunció planes para poner en marcha una cobertura médica integral para la todavía inmensa población rural del país. Se espera que las bases de este sistema estén completamente implantadas para el 90% de la población rural antes de 2011. Esto podría terminar con la excesiva tasa de ahorro chino y permitir un consumo mucho más fuerte.

En tercer lugar, un elemento crucial en la mejora de nuestras previsiones: las autoridades, guiadas por el Banco del Pueblo de China, se embarcaron a tiempo en una cruzada para acabar con el endurecimiento de las condiciones de financiación que había caracterizado los dos años anteriores. Según nuestro índice sobre las condiciones financieras en China, éstas se han suavizado en unos muy considerables 520 puntos básicos desde el pasado octubre.

Estas tres medidas han sentado las bases para la aceleración de la demanda interna en China para lo que queda de 2009 y 2010, justo lo que China -pero sobre todo el mundo- necesitaba.

La siguiente fase del desarrollo en China ha comenzado y es muy probable que continúe durante años. Fue en parte en previsión de que esto ocurriera por lo que señalamos que invertir en acciones chinas de la máxima calificación era una de nuestras principales apuestas para 2009. Aunque el punto de entrada es ahora menos atractivo, ya que han subido un 50% desde el anuncio del plan de estímulo de noviembre, a medida que se vayan acumulando pruebas del aumento de la demanda, muchos inversores se sentirán de nuevo atraídos, con razón, por China.

La C de las economías BRIC (Brasil, Rusia, India y China) ha sido siempre la más importante de las cuatro, y los acontecimientos de los últimos cinco meses continúan justificando nuestro optimismo a largo plazo.

Resulta divertido pensar que el pasado año mucha gente sugería que los BRIC eran agua pasada. Tonterías, todavía están viviendo su infancia. De hecho, los pronósticos a largo plazo actualizados que publicamos el verano pasado, que sugerían que China podría sobrepasar a Estados Unidos en 2027 y que el conjunto de los BRIC superaría al G-7 en 2027, me siguen pareciendo apuestas razonables.

En algún punto en los próximos meses, cuando el crecimiento del PIB chino vuelva a situarse holgadamente por encima del 8%, los políticos dejarán que las condiciones financieras se endurezcan ligeramente otra vez, puede que empezando por los tipos de cambio.

En los próximos dos años, China tiene muchas posibilidades de superar a Japón y convertirse en la segunda mayor economía del mundo. Algunos dicen que China envejecerá antes de volverse rica, pero lo que es seguro es que está creciendo y enriqueciéndose. A lo mejor, uno o dos de sus envejecidos socios del G-20 quieren analizar más de cerca la política económica china para ver cómo se hace.

Jim O’Neill es economista jefe de Goldman Sachs.

 

El Banco Mundial prevé un mayor crecimiento en China

Pekín imita a EE UU y promueve el lema ‘compre chino’

A. G. - Madrid – 19/06/2009

Todavía es demasiado pronto para anticipar una recuperación sostenida porque pesan riesgos a la baja sobre el sector exterior, la inversión y el consumo. Pero si alguien puede hablar hoy con propiedad de brotes verdes es, sin duda, China.

El Banco Mundial ha elevado la previsión de crecimiento para este año del gigante asiático desde el 6,5% previsto en marzo al 7,2%. Un nivel "respetable", a juicio del organismo multilateral, aunque bastante por debajo de lo previsto por el Gobierno de Pekín, que lo sitúa en el 8%. Lo que sí refleja es que la tendencia sin duda es al alza, después del aumento del 6,1% del PIB registrado entre enero y marzo. Para 2010, el Banco Mundial prevé que el PIB crecerá el 7,7%.

El buen comportamiento de la economía china a pesar de la recesión mundial se explica por la eficacia de los 4 billones de yuanes (unos 530.000 millones de euros) que ha gastado el Gobierno en su plan de estímulo, aprobado en noviembre pasado.

Gracias a eso, y a una política monetaria expansiva, la inversión en infraestructuras ha crecido en los cinco primeros meses del año un 39%, el incremento del crédito bancario equivale al 5% del PIB y las ventas de coches suben a un ritmo del 14%.

"Sin embargo, existen límites respecto a cuánto y hasta cuándo puede el crecimiento de China divergir del crecimiento mundial basándose en gasto inducido por el Gobierno", advierte Ardo Hansson, economista jefe para China del Banco Mundial. Y es que la inversión que no depende de proyectos públicos va muy rezagada, las exportaciones caen en volumen un 20% anual y la incertidumbre económica está llevando a los hogares chinos a ahorrar más y a consumir menos.

Justo lo contrario de lo que China necesita para cambiar su patrón de crecimiento. "En los próximos 10 años las exportaciones van a crecer significativamente menos que en los últimos 10", advierte el Banco en su informe trimestral sobre China. Eso supone que el PIB crecerá dos puntos menos de lo previsto en la próxima década, un cambio "significativo, aunque no dramático", dice el informe, pero que exige medidas inmediatas.

Con ese objetivo el Gobierno de Pekín ha emitido un decreto para que los proyectos financiados por el plan de estímulo utilicen sólo productos y servicios generados en el país. Es la versión china del "compre americano" que intentó imponer Estados Unidos en su plan de estímulo y que, entonces como ahora, ha recibido las críticas de la comunidad internacional.

No sólo por las evidentes barreras proteccionistas que esa medida introduce en el comercio mundial, sino por las esperanzas que el resto del mundo tiene puestas en el consumo de la población china para salvarle de su propia crisis.

EL PAIS.COM

¿Por que socialdemócratas y laboristas pierden las elecciones?

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Gordon el desafortunado

PAUL KRUGMAN 14/06/2009

krugman1 Qué habría pasado si las papeletas a medio perforar y el Tribunal Supremo no le hubiesen negado a Al Gore la Casa Blanca en el año 2000? Sin duda, muchas cosas habrían sido distintas durante los ocho años siguientes.

Pero una cosa probablemente habría sido igual: habría habido una enorme burbuja inmobiliaria, y una crisis financiera al pincharse la burbuja. Y si los demócratas hubiesen estado en el poder al llegar las malas noticias, habrían cargado con las culpas, aunque las cosas seguramente hubiesen salido igual de mal o peor con un Gobierno republicano.

Ahora ya conocen ustedes los fundamentos de la actual situación política en el Reino Unido.

Durante gran parte de los últimos 30 años, la política y las normativas en Londres y Washington se han movido a la par. Nosotros tuvimos a Reagan; ellos, a Thatcher. Nosotros tuvimos la Ley Garn-St. Germain de 1982, que desmanteló la regulación bancaria de la era del new deal; ellos tuvieron el Big Bang de 1986, que liberalizó el sector financiero londinense. Ambos países experimentaron una explosión de la deuda familiar y vieron cómo sus sistemas financieros se volvían cada vez más inseguros.

En ambos países, los conservadores que impulsaron la liberalización perdieron el poder en los años noventa. En cada caso, sin embargo, los nuevos dirigentes se encapricharon con las finanzas innovadoras tanto como sus predecesores. Robert Rubin, en sus años como secretario del Tesoro, y Gordon Brown, en sus años como ministro de Hacienda, predicaron el mismo evangelio.

Pero mientras que el movimiento conservador estadounidense -mejor organizado y mucho más implacable que su homólogo británico- se las arregló para volver a abrirse camino hasta el poder a principios de esta década, en el Reino Unido el Partido Laborista siguió gobernando durante los años de la burbuja. Brown terminó por convertirse en primer ministro. Y por eso el desastre de Bush en EE UU es equivalente al desastre de Brown en Reino Unido.

¿Realmente se merecen Brown y su partido que se les culpe de la crisis británica? Sí y no. Brown defendió el dogma de que el mercado sabe lo que hace, que menos regulación es más. En 2005 instaba a "confiar en la empresa responsable, el empleado dedicado y el consumidor culto", e insistía en que la regulación debería tener "no sólo una ligera influencia, sino una influencia restringida". Esas palabras bien podría haberlas dicho Alan Greenspan.

No cabe duda de que este entusiasmo por la liberalización puso al Reino Unido al borde del precipicio. Fíjense en el ejemplo opuesto de Canadá, un país anglohablante en su mayoría, tan expuesto a la influencia cultural estadounidense como el Reino Unido, pero en el que nunca arraigó la liberalización financiera al estilo Reagan/Thatcher. Como era de esperar, los bancos canadienses han sido un pilar de estabilidad en medio de la crisis.

Pero la cuestión es la siguiente: aunque puede que Brown y su partido merezcan ser castigados, sus rivales políticos no merecen ser recompensados.

A fin de cuentas, ¿acaso un Gobierno conservador habría sido menos esclavo del fundamentalismo de libre mercado, o habría estado más dispuesto a refrenar las finanzas desbocadas, durante la pasada década? Desde luego que no.

Y la respuesta de Brown a la crisis -un estallido de actividad para compensar su anterior pasividad- tiene sentido, mientras que la de sus oponentes no lo tiene.

El Gobierno de Brown ha actuado de forma decidida para sacar a flote a los bancos con problemas. Esto posiblemente pasará una cara factura a los contribuyentes en el futuro, pero la situación financiera se ha estabilizado. Brown ha respaldado al Banco de Inglaterra, el cual, al igual que la Reserva Federal, ha tomado medidas poco convencionales para desbloquear el crédito. Y se ha mostrado dispuesto a incurrir en un gran déficit presupuestario ahora, a pesar de estar programando subidas de impuestos significativas para el futuro.

Todo esto parece estar dando resultado. Los principales indicadores se han vuelto (ligeramente) positivos, lo que indica que el Reino Unido, cuya competitividad se ha beneficiado de la devaluación de la libra, iniciará la recuperación económica mucho antes que el resto de Europa.

Mientras tanto, David Cameron, el líder conservador, ha tenido poco que ofrecer aparte de izar la bandera roja del pánico fiscal y exigir que el Gobierno británico se apriete el cinturón de inmediato.

Es cierto que muchos analistas han dado la voz de alarma sobre el panorama fiscal del Reino Unido, y un organismo de calificación de riesgo ha advertido de que el país podría perder su nota de triple A (aunque los demás no están de acuerdo). Pero los mercados no parecen excesivamente preocupados: el tipo de interés de la deuda británica a largo plazo es sólo ligeramente más alto que el de la deuda alemana, que no es lo que se esperaría de un país condenado a la bancarrota. Aun así, si hoy se celebrasen elecciones, Brown y su partido sufrirían una estrepitosa derrota. Estaban en el poder cuando ocurrió el desastre, y la pelota (o, en este caso, un enorme balón) está en el tejado del número 10 de Downing Street.

Es una perspectiva que da que pensar. Si yo formase parte del equipo económico de Obama -un equipo cuyos miembros más destacados estaban tan entusiasmados con las maravillas de las finanzas modernas como sus homólogos británicos-, estaría mirando hacia el otro lado del Atlántico y murmurando: "Así estaría yo si no hubiese sido por la vergüenza de Gore contra Bush".

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.

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Gripe porcina AH1NI: la OMS declara estado de pandemia…

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Primera pandemia de gripe en 40 años

La organización considera que la propagación del H1N1 ya es imparable y mundial.- El aumento del nivel de alerta obedece a la extensión del virus y no a una mayor gravedad

GRIPE-0O1 EMILIO DE BENITO - Madrid – 11/06/2009

Los virus no entienden de protocolos ni de miedos ante la opinión pública, y al final el H1N1 que causa la llamada nueva gripe se ha impuesto. Con una extensión casi mundial (ya se ha identificado en al menos 29 países europeos, los 3 norteamericanos, 6 de Oriente Próximo, 11 del este asiático, 2 de Oceanía, 16 en América Central y el Caribe y 6 de América del Sur), la epidemia de nueva gripe es ya, oficialmente, una pandemia. Falta África: de momento, sólo hay ocho casos confirmados en Egipto, pero fuentes de la OMS admiten que hay sospechosos en otros seis países, desde Eritrea a Sudáfrica pasando por Namibia, Cabo Verde, República Democrática del Congo y Gambia.

Fue la propia directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, la encargada de hacer el anuncio del aumento del nivel de alerta. "El virus se transmite fácilmente entre personas y entre países. Por eso he decidido elevar el nivel de alerta", dijo Chan. La decisión se ha tomado después de avisar a los países con más casos, España incluida, y de una reunión preparatoria con periodistas. El objetivo de ésta era dejar claro que el aumento de la fase de alerta responde a cuestiones de extensión del virus y de su facilidad de transmisión, no porque haya empeorado el diagnóstico.

Claro que, acto seguido, los expertos advierten de que esta situación puede cambiar. Es lo que hacen siempre todos los virus de la gripe, incluidos los que causan los brotes de cada invierno (la llamada gripe estacional). Y nadie es capaz de prever hacia dónde lo va a hacer este virus. Las posibilidades van desde que siga causando una enfermedad leve hasta que vuelva a frenar su ritmo de expansión o que adquiera características del H5N1 (el virus que causa la gripe aviar) y se vuelva mucho más mortal.

De momento, los últimos datos son que en el mundo hay confirmados casi 29.000 casos (este número incluye todos los diagnósticos desde que a finales de abril se detectó al enfermedad, por lo que la mayoría están ya fuera de peligro, aunque también se registran los 144 fallecidos). Esta cifra es sólo la de los enfermos más graves o los que han ido a un servicio médico donde se han molestado en hacerle los análisis correspondientes. Por eso lo más seguro es que, en verdad, la cifra de infectados, incluidos los que han pasado una enfermedad tan leve que no han ido al médico o los que se han infectado pero ni se han enterado, sea muy superior. En EE UU los Centros de Control de Enfermedades (el organismo científico de referencia) calcula que por cada diagnóstico hay otros 3.000 afectados que quedan sin registrar. Esta proporción es conservadora (es un país puntero donde las alertas saltaron desde el principio), por lo que aventurar que ya ha habido 90 millones de infectados no parece una exageración.

Ésta es la primera pandemia de gripe que se declara en 40 años. La anterior empezó en Hong Kong en 1967, y se saldó con medio millón de muertos. Los expertos creen que la nueva gripe seguirá este modelo y no el de la epidemia más famosa, la de la gripe española de 1918, a la que se atribuyen entre 25 millones y 50 millones de fallecimientos. La causa no es sólo la genética del virus, sino el tremendo cambio de las circunstancias sanitarias. Entonces el mundo acababa de salir de la I Guerra Mundial, y, sobre todo, no existían los antibióticos. Ahora las circunstancias son distintas. En este aspecto, a mejor.

Aunque el cambio también tiene sus inconvenientes. "Pandemia quiere decir una enfermedad que se propaga rápidamente", recordó Chan. Eso hace medio siglo quería decir que tardaba de seis a nueve meses en cruzar el planeta, porque la mayoría del transporte se hacía en barco o en tren. Ahora, con el auge de la navegación aérea, bastan 24 horas para que un virus dé la vuelta al mundo, explicó la directora de la OMS.

El cambio de la categoría del nivel de alerta tiene distintas lecturas dependiendo del país. De manera general es un anuncio para que no se gasten esfuerzos en intentar detener el virus (se supone que ya está en todas partes). Ahora el trabajo debe ser, sobre todo, atender a los afectados. "Hacer análisis y diagnósticos consume tiempo y dinero", advirtió Chan, quien cree que, por eso, los países deberán dejar de centrarse en este aspecto, porque se corre el riesgo de que, por dar una cifra más detalle, se pierdan fondos que deberían usarse en el tratamiento de los enfermos, que debe ser la próxima prioridad.GRIPE6

Los protocolos de la OMS (y el plan español de preparación ante una pandemia hecho siguiendo las directrices internacionales) estipulan la posibilidad de pedir a los enfermos que se aíslen -"voluntariamente", recalca el documento español- en sus casas o en centros sanitarios, que se cierren centros escolares u otros lugares de grandes aglomeraciones. En cambio considera inútil restringir los viajes (no tiene sentido impedir la llegada de algo que ya está dentro) o, en este caso, el comercio de carne de cerdo (que el material genético del virus se corresponda con el de la gripe porcina no quiere decir que estos animales transmitan la enfermedad).

Como ha dicho varias veces el asesor de Chan -y portavoz habitual del a OMS en el caso de la nueva gripe- Keiji Fukuda, "no hay un modelo de pandemia, sino varios". Porque aparte del número de casos, habrá que tener en cuenta la existencia de grupos de población más vulnerables y la capacidad de los sistemas de salud para atenderlos. Por ejemplo, este virus parece que afecta más de lo normal a personas jóvenes (ahí están los casos de los colegios de Madrid o del cuartel de Hoyo de Manzanares), lo que es una ventaja porque es gente más fuerte y con menos enfermedades subyacentes que puedan dar complicaciones. Por otro lado, si se confirman los casos africanos el patógeno tendría a su alcance a grupos de población especialmente delicados, como los inmunodeprimidos porque tienen el VIH, lo que puede hacer que, aunque el virus no se vuelva más peligroso en sí mismo, sus efectos sean mucho más devastadores. En este sentido, Chan recordó que hoy día el 85% de las enfermedades crónicas (citó la diabetes, la obesidad, las cardiovasculares, respiratorias y el asma como factores de riesgo) se da en "países de ingresos medios y bajos". Esto es una causa más de preocupación de la OMS. "Hasta ahora los casos de gripe se han dado en países con sistemas de salud relativamente buenos", dijo Chan. Algo que no se da en la mayoría de los del sur, sobre todo de África.

En el hemisferio Norte, lo peor no se espera hasta el próximo invierno. Salvo que el virus haya adquirido una nueva -y no descubierta- propiedad, las radiaciones ultravioleta del verano deben desactivarlo en gran parte. Además, desde 2003 los países han acumulado antigripales. Y tienen otra ventaja: para cuando llegue la próxima temporada de gripe, en otoño, ya habrá vacunas listas. Esto no va a suceder con los países del sur, porque, por más prisa que tengan los humanos, el proceso de fabricar una nueva inmunización tiene unos pasos que no se pueden acelerar.

La expasión global de la gripe afecta a 74 países. Esta mundialización de la enfermedad es lo que lleva a la OMS a elevar la alerta. Según el último balance de este organismo, los casos de infectados por el virus H1N1 ascienden ya a 27.737. Tras la aparición del brote, a finales de abril, se han producido 141 fallecidos.

Estados Unidos supera los 13.000 casos, México se acerca a los 6.000, Canadá tiene registrados más de 2.000 y Australia ya ha superado el millar. España se encuentra entre los 8 países con más casos de nueva gripe, con casi 300. Japón, Reino Unido y Chile son los otros países con más número de afectados.

"El virus se sigue extendiendo por el mundo, y la actividad del mismo se está incrementando en distintos países. Estamos cada vez más cerca de una situación pandémica, pero la OMS está trabajando duro para preparar a los países, a la gente", según el director general adjunto, Keiji Fukuda.

"Queremos que se entienda muy bien que si declaramos la fase 6 de pandemia, eso significa que el virus se extiende y que hay contagios estables en comunidades en países de distintas regiones", ha señalado Fukuda, quien ha aclarado que "eso no significa que el virus se haya hecho más grave, que la enfermedad sea más severa o que haya aumentado la tasa de mortalidad".

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P. Krugman: el gran miedo a la inflación…

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PAUL KRUGMAN 07/06/2009

Krugman_visita_Barcelona De repente parece que todos hablan de la inflación. Opiniones muy severas advierten de que la hiperinflación está a la vuelta de la esquina. Y puede que los mercados se estén dejando llevar por esta alarma: los tipos de interés de los bonos del Estado a largo plazo están subiendo, y el temor a la futura inflación es una de las posibles razones de esa subida.

¿Pero tiene sentido este gran miedo a la inflación? Básicamente no, aunque con una advertencia a la que llegaré más tarde. Y sospecho que este miedo tiene que ver, al menos en parte, con la política, no con la economía.

Vayamos al grano. Es importante que nos demos cuenta de que no hay asomo de presiones inflacionarias en la economía ahora mismo. Los precios al consumo están más bajos que hace un año y las subidas salariales se han estancado debido al alto desempleo. El peligro claro y actual es la deflación, no la inflación.

Entonces, si los precios no suben, ¿a qué se debe esta preocupación por la inflación? Algunos afirman que la Reserva Federal está acuñando montones de dinero, lo cual tiene por fuerza que ser inflacionario, mientras que otros dicen que el déficit presupuestario acabará obligando al Gobierno estadounidense a reducir su deuda mediante la inflación.

Lo primero es sencillamente falso. Lo segundo podría ser correcto, pero no es así.

Sí es cierto que la Reserva Federal últimamente ha estado tomando medidas sin precedentes. Más concretamente, ha estado comprando muchísima deuda, tanto pública como del sector privado, y financiando estas compras atribuyendo a los bancos reservas adicionales. Y en tiempos normales, esto sería muy inflacionario: los bancos, nadando en reservas, aumentarían los préstamos, lo cual elevaría la demanda, lo que a su vez haría que subieran los precios.

Pero los tiempos que corren no son normales. Los bancos no están prestando sus reservas extra. No las están dando trámite y, de hecho, están devolviendo el dinero con rapidez a la Reserva Federal. De modo que, a fin de cuentas, la Reserva no está acuñando realmente dinero.

Aun así, ¿esas medidas no acabarán siendo inflacionarias, antes o después? No. El Banco de Japón, enfrentado a dificultades económicas no muy distintas de las que nosotros afrontamos hoy, compró deuda a grandísima escala entre 1997 y 2003. ¿Y qué pasó con los precios al consumo? Que bajaron.

En el fondo, buena parte del actual debate sobre la inflación nos recuerda lo ocurrido en los primeros años de la Gran Depresión, cuando muchos personajes influyentes prevenían sobre la inflación aunque los precios estuvieran cayendo. Como escribía el economista británico Ralph Hawtrey, "se manifestaban temores fantasiosos a la inflación. Era como gritar ‘fuego’ durante el diluvio universal". Y añadía: "Cuando la depresión y el desempleo amainan es cuando la inflación se vuelve peligrosa".

¿Corremos el riesgo de que suba la inflación cuando la economía se recupere? Eso afirman quienes contemplan proyecciones de que la deuda federal superará el cien por cien del PIB, y dicen que Estados Unidos tendrá finalmente que reducir su deuda recurriendo a la inflación: es decir, subir los precios para que se reduzca el valor real de la deuda.

Cosas así han ocurrido en el pasado. Por ejemplo, Francia redujo mediante la inflación buena parte de la deuda en la que había incurrido durante la I Guerra Mundial.

Pero faltan ejemplos más actuales. En las últimas dos décadas, Bélgica, Canadá y, por supuesto, Japón han experimentado episodios en los que la deuda superaba el cien por cien del PIB. Y Estados Unidos salió de la II Guerra Mundial con una deuda superior al 120% del PIB. En ninguno de estos casos recurrieron los Gobiernos a la inflación para resolver sus problemas.

Entonces, ¿hay razones para pensar que se acerca la inflación? Algunos economistas son partidarios de mantener una política deliberada de inflación moderada, como método para fomentar el préstamo y reducir la carga del endeudamiento privado. Yo estoy de acuerdo con estos argumentos, y expuse un razonamiento similar para Japón en la década de 1990. Pero la defensa de la inflación nunca prosperó entre los políticos japoneses de aquel entonces, y no hay señales de que esté arraigando entre los políticos estadounidenses de hoy.

Todo esto plantea la siguiente pregunta: si la inflación no es un riesgo real, ¿por qué todas esas afirmaciones de que sí lo es?

Bien, como ya se habrán dado cuenta, a veces los economistas disienten. Y las grandes disensiones son especialmente probables en tiempos extraños como éstos que corren, en los que muchas de las normas habituales ya no son válidas.

Pero es difícil que a uno no le dé la impresión de que el actual alarmismo respecto a la inflación es en parte político, y que procede en gran medida de economistas que no tenían problema con el déficit causado por las rebajas de impuestos, pero que de repente se convirtieron en cascarrabias fiscales cuando el Gobierno empezó a gastar dinero para sacar la economía a flote. Y su objetivo parece ser el de presionar al Gobierno de Obama para que abandone los planes de recuperación.

Huelga decir que el presidente no debería dejar que le intimiden. La economía sigue teniendo grandes problemas y necesita una ayuda continua.

Sí, tenemos un problema presupuestario a largo plazo, y tenemos que empezar a sentar las bases de una solución a largo plazo. Pero en lo referente a la inflación, lo único que debemos temer es al propio miedo a la inflación. -

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.

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Alain Ruquié: “Hay una tendencia de los chilenos a insistir sobre su excepcionalidad”…

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Domingo 7 de junio de 2009

Por Giglia Vaccani / La Nación Domingo

GAUGUIN1 Alain Ruquié, cientista político francés, en su paso por Santiago

El catedrático experto en América Latina nos tiene cariño. No sólo destaca cómo el país ha sorteado la crisis económica gastando más, sino también la forma en que nos hemos transformado en los niños buenos de la escuela y cómo pasamos de protagonistas a espectadores en las tensas relaciones de Perú y Bolivia.

Alain Ruquié, prestigioso politólogo francés, acaba de retornar a Europa tras pasar una intensa semana en Chile, donde dictó en la Universidad Diego Portales una de sus afamadas cátedras sobre América Latina. Fue tiempo suficiente para sacarnos su radiografía: "El tema del chileno hoy es la alternancia", dispara sin perder la ocasión de recomendar a la derecha que, si quiere ganar las elecciones de diciembre, debe hacer por fin un contrapunto con el modelo económico de la Concertación. Directo como es, aquí hace un recorrido desde el corazón de los chilenos hacia el resto del continente:

¿Qué temas percibió que están más a flor de piel de los chilenos?

Democracia y alternancia son los temas del día de los chilenos. Otro tema es la crisis económica y la forma en que la han encarado: con políticas públicas contracíclicas y el uso de reservas.

En ese ámbito, ¿aprobamos?

Hay que decir que no todos los países se pueden permitir ese lujo de tener reservas para políticas de inyección y reactivación de la economía a través del consumo. Eso es interesante en el modelo chileno.

¿Y cómo nos ve dentro del continente?

Hay una tendencia de los chilenos a insistir sobre su excepcionalidad. Algo que existe, como en todos los países en distintos ámbitos, pero lo cierto es que los chilenos se destacan en la forma que manejaron la economía, con prudencia. Eso los hace aparecer como los niños buenos de la escuela y es fuente de admiración en Europa y el resto del mundo. En cuanto a reducción de la pobreza, también fue ejemplar el trabajo, todo el mundo lo reconoce. Pero los que critican a Chile dicen que su apertura, ortodoxia económica y prudencia en los gastos ha permitido reducir la pobreza, pero no ha reducido la desigualdad y no ha promovido una unidad social ascendente, tal como se podía esperar de un país como éste. Y, desde el punto de vista político, basta con mirar los argumentos de la oposición, la derecha chilena, que no tiene nada que criticar al modelo económico actual. Yo estuve hace poco en Caracas, en una reunión de cuño liberal donde fue la polémica con Mario Vargas Llosa, y fue muy interesante. Había chilenos de derecha que contraponían el modelo venezolano al chileno siendo de oposición en Chile, es decir, elogiaban el modelo de la Concertación. Entonces uno se preguntaba dónde está el otro modelo.

¿Acaso existe otro modelo?

Es que no hay otro modelo. En Chile hay un consenso y es difícil idear un modelo nuevo cuando se logró uno con calidad.

¿Por dónde pasa la alternativa del poder entonces?

Si yo estuviera en el lugar de la oposición chilena, me preguntaría qué programa nuevo puedo presentar a los electores. Yo veo eso como parte de la excepción chilena, porque casi en todos los países la oposición tiene otro modelo.

¿Afectará eso a nuestro candidato de la oposición, Sebastián Piñera?

Eso es lo que sentí al hablar con gente aquí, al hojear los diarios. Es muy difícil encontrar un modelo alternativo. Los grandes equilibrios están dados.

Salgamos de Chile. ¿Cómo nos estamos portando con nuestros vecinos? ¿Hay tensión?

Es lo de siempre. Nunca pasa de la tensión, lo que es bueno. Pero nunca se saldrá mientras no se entienda que el tema con Bolivia es triangular. Si fuese bilateral sería más fácil de solucionar.

Se refiere a la demanda de Perú ante La Haya.

Es un tema desgraciado, porque la aproximación de Chile y Bolivia es bastante grande desde que llegó Evo Morales. Hay una voluntad de mejorar la situación, pero en este momento todo está más tenso entre Perú y Bolivia. Mientras Chile se queda como espectador. Es muy curioso.

¿Es partidario de mar para el desarrollo de Bolivia?

Obvio que Bolivia necesita una salida al mar. Cuando los países no tienen salida al mar, tienen mayores dificultades.

Acaba de pasar por Venezuela, ¿qué le parece que Hugo Chávez se resistiera a debatir con Vargas Llosa?

Lo importante no es que Chávez no haya aceptado el desafío con Vargas Llosa, lo importante es que ese encuentro liberal y antichavista se haya registrado en Caracas. El año pasado hubo problemas con la prensa. Yo estuve ahora, en abril, y pasa esto. Pero déjeme decirle que se reunió en Caracas la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), los propietarios de los grandes diarios, especialmente de Estados Unidos, lo que significa que hay un espacio de libertad y que Chávez permite hacer eso. Venezuela es un Estado democrático a pesar de esas peculiaridades. No se ven las cosas que demuestran que Chávez tiene un régimen pluralista y abierto. Caracas es una ciudad de un consumismo extraordinario, no es una ciudad socialista. Es una ciudad donde a la gente le gustan los buenos restaurantes, el buen vino chileno o francés. Creo que la imagen está bastante distorsionada. A Chávez hay que juzgarlo por lo que hace, no por lo que dice.

¿Habrá cambios en Cuba tras la resolución de la OEA?

La decisión de la OEA es un apoyo para Barack Obama, para permitirle superar la resistencia tanto de los republicanos como de muchos demócratas para levantar el embargo. Ese embargo existe hace 48 años y ¿qué implicancias ha tenido? Que Fidel Castro se quedó como territorio amenazado por el imperialismo y que cerró todas las puertas dejando una ciudad sitiada. La resolución de la OEA no es tan importante como el levantamiento del embargo. Estoy seguro que eso Obama lo sabe. //LND

El Plan de Bilderberg para 2009: promover “nuevo orden económico mundial”…

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Rehacer la economía política global

Andrew G. Marshall

Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

USA5 Entre el 14 y el 17 de mayo, la elite global se reunió en secreto en Grecia para la conferencia anual de Bilderberg, en medio de una difusa y limitada atención de los medios. Cerca de 130 de los personajes más poderosos del mundo se juntaron para discutir los temas urgentes de la actualidad, y elaborar un camino para el próximo año. El tópico principal de discusión en la reunión de este año fue la crisis financiera global, lo que no sorprende, ya que la lista de participantes en la conferencia incluía a muchos de los principales arquitectos de la crisis, así como a los abocados a “resolverla”.

El orden del día: La reestructuración de la economía política global

Antes de que comenzara la reunión, el periodista investigativo de Bilderberg, Daniel Estulin, informó sobre el ítem principal del orden del día, que le fue revelado por sus fuentes en el interior. Aunque esos informes no pueden ser verificados, sus fuentes, junto con los del veterano rastreador de Bilderberg, Jim Tucker, han demostrado su sorprendente exactitud en el pasado. Al parecer, el principal tópico de discusión en la reunión de este año fue encarar la crisis económicos, en términos de emprender: “O una prolongada, angustiosa depresión que condene al mundo a décadas de estancamiento, decadencia y pobreza… o una depresión intensa pero más breve que prepare el camino para un nuevo orden económico mundial sostenible, con menos soberanía pero más eficiencia.” Otros puntos en el orden del día incluyeron un plan para “seguir engañando a millones de ahorristas e inversionistas que creen en el alboroto sobre el supuesto cambio positivo en la economía. Están a punto de ser preparados para masivas pérdidas y un tremendo dolor financiero en los meses por venir,” y “Habrá un empuje final para la promulgación del Tratado de Lisboa, que depende de que los irlandeses voten SI por el acuerdo en septiembre u octubre.” [1] lo que daría a la Unión Europea masivos poderes sobre sus naciones miembro, convirtiéndola esencialmente en un gobierno regional supranacional, en el que cada país sería relegado más bien a un estatus provincial.

Poco después del inicio de las reuniones, Jim Tucker, el rastreador de Bilderberg, informó que sus fuentes internas revelaron que el grupo tiene en su orden del día: “el plan para un departamento global de salud, un tesoro global y una depresión acortada en lugar de una desaceleración económica más prolongada.” Tucker informó que el Ministro de Exteriores sueco y ex primer ministro, Carl Bildt: “Hizo un discurso en el que propugnó que se convirtiera a la Organización Mundial de la Salud en un departamento mundial de salud, y que se convirtiera el FMI en un departamento mundial del tesoro, ambos por cierto bajo los auspicios de Naciones Unidas.” Además, Tucker informó que: “El Secretario del Tesoro Geithner y Carl Bildt recomendaron especialmente una recesión más breve no una recesión de 10 años… en parte porque una recesión de 10 años dañaría a los propios industrialistas de Bilderberg, que por más que quisieran tener un departamento global del trabajo y un departamento global del tesoro, preferirían ganar dinero y una recesión tan larga les costaría mucho dinero en lo industrial porque nadie compraría sus juguetes… y la tendencia sigue siendo que sea corta.” [2]

Después del fin de las reuniones, Daniel Estulin informó que: “Una de las preocupaciones primordiales de Bilderberg según Estulin es que su celo de reformar el mundo organizando el caos a fin de implementar su agenda a largo plazo podría llevar a que la situación se saliera de control y podría terminar por conducir a una situación en la cual Bilderberg y la elite global en general fueran arrollados por los eventos y terminaran por perder su control sobre el planeta.”[3]

El 21 de mayo, la Agencia Internacional de Noticias de Macedonia informó que: “Un nuevo informe del Kremlin sobre el tenebroso Grupo Bilderberg, que realizó la semana pasada su reunión anual en Grecia, señala que la elite financiera, política y corporativa de Occidente emergió de su cónclave después de llegar a un acuerdo de que hay que destruir ‘totalmente’ el dólar a fin de continuar su impulso hacia un Nuevo Orden Mundial dominado por las potencias occidentales.” Además, el mismo informe del Kremlin aparentemente señala que: “la mayoría de la elite más acaudalada de Occidente, congregada en una reunión secreta sin precedentes en Nueva York convocada y dirigida por” David Rockefeller, “para urdir la defunción el dólar de EE.UU.” [4]

La reunión secreta de los billonarios

La reunión a la que se referían era una reunión secreta en la cual: “Una docena de los más ricos del mundo se reunieron en un encuentro privado por invitación de Bill Gates y Warren Buffett para hablar de la donación de dinero,” realizada en la Universidad Rockefeller, que incluía a destacados filántropos como Gates, Buffett, el alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, George Soros, Eli Broad, Oprah Winfrey, David Rockefeller Sr. y Ted Turner. Un participante declaró que: “No fue secreta,” pero que: “se quería que fuera una reunión entre amigos y colegas. Fue algo que la gente ha estado discutiendo desde hace mucho tiempo. Bill y Warren esperaban realizar ocasionalmente semejantes reuniones. Enviaron una invitación y la gente participó.” El editor de Chronicle of Philanthropy, Stacy Palmer dijo: “Considerando lo serios que son estos tiempos económicos, no creo que sea sorprendente que estos filántropos se hayan juntado,” y que: “No se juntan normalmente e intercambian consejos.” Los tres anfitriones de la reunión fueron Buffet, Gates y David Rockefeller. [5] [Vea: Apéndice 2: Conexiones de Bilderberg con la Reunión de Billonarios.]

En la reunión “los participantes se negaron tenazmente a revelar el contenido de la discusión. Algunos citaron un acuerdo de mantener la confidencialidad de la reunión. Portavoces del señor Buffet, el señor Bloomberg, el señor Gates, el señor Rockefeller, el señor Soros y la señora Winfrey se negaron concienzudamente a comentar, aunque algunos confirmaron su participación.” [6] Hay informes que indican que: “Discutieron cómo encarar la depresión global y expandir sus actividades caritativas en la desaceleración económica.” [7]

El periódico británico The Times informó que esos “destacados billonarios se reunieron en secreto para considerar cómo su riqueza podría ser utilizada para reducir el crecimiento de la población del mundo,” y que “discutieron la unión de sus fuerzas para superar obstáculos políticos y religiosos al cambio.” Es interesante que: “La reunión informal de la tarde fue tan discreta que dijeron a algunos de los asistentes de los billonarios que estaban en ‘reuniones informativas de seguridad’.” Además: “Cada uno de los billonarios tuvo 15 minutos para presentar sus causas favoritas. Durante la cena discutieron cómo podrían ponerse de acuerdo en una ‘causa general’ que pueda regir sus intereses,” y lo que se decidió fue que “todos estuvieron de acuerdo en que el exceso de población es una prioridad.” Finalmente, “emergió un consenso de que respaldarían una estrategia en la cual el crecimiento de la población sería abordado como amenaza potencialmente desastrosa para el entorno, la sociedad y la industria,” y que: “Tienen que mantenerse independientes de agencias gubernamentales incapaces de prevenir el desastre que todos consideramos inminente.” Un invitado en la reunión dijo que: “Querían hablar de rico a rico sin preocuparse de que algo que dijeran terminara en los periódicos, presentándolos como un gobierno alternativo del mundo.” [8]

El informe filtrado

Se informa que el periodista investigativo de Bilderberg, Daniel Estulin, recibió de sus fuentes internas un resumen de 73 páginas de la reunión del Grupo Bilderberg, que reveló que hubo algunos serios desacuerdos entre los participantes. “Los partidarios de la línea dura favorecen una caída dramática y una depresión severa y corta, pero hay quienes piensan que las cosas han ido demasiado lejos y que las consecuencias del cataclismo económico global no pueden ser calculadas con exactitud si se escoge el modelo de Henry Kissinger. Entre ellos está Richard Holbrooke. Lo que no se sabe por el momento es si el punto de vista de Holbrooke es de hecho el de Obama.” El punto de vista de consenso fue que la recesión empeorará, y que la recuperación será “relativamente lenta y prolongada,” y que hay que buscar esos términos en la prensa durante las próximas semanas y meses.

Estulin informó: “que algunos importantes banqueros europeos que enfrentan el espectro de su propia mortalidad financiera están extremadamente preocupados, y dicen que ese acto en la cuerda floja es “insostenible” y que el presupuesto y los déficits comerciales de EE.UU. podrían llevar a la defunción del dólar.” Un miembro de Bilderberg dijo que: “los propios bancos no conocen la respuesta a cuándo [se tocará fondo].” Todos parecían estar de acuerdo en “que el nivel de capital necesitado por los bancos estadounidenses podría ser considerablemente superior a lo que el gobierno de EE.UU. sugirió a través de sus recientes pruebas de estrés.” Además “alguien del FMI señaló que su propio estudio de recesiones históricas sugiere que EE.UU. se encuentra sólo a un tercio del camino en la actual; por ello las economías que esperan recuperarse con la resurgencia de la demanda de EE.UU. se verán ante una larga espera.” Un participante declaró que: “Las pérdidas en la bolsa en 2008 fueron peores que las de 1929,” y que “la próxima fase de la disminución de la economía será también peor que en los años treinta, sobre todo porque la economía de EE.UU. soporta unos 20 billones de dólares de deuda excesiva. Hasta que se elimine esa deuda, la idea de un boom saludable es un espejismo.” [9]

Según Jim Tucker, Bilderberg trabaja para convocar a una cumbre en Israel del 8 al 11 de junio, en la cual “los principales expertos en regulación del mundo” podrán “encarar la actual situación económica en un foro.” Respecto a las propuestas presentadas por Carl Bildt de crear un departamento mundial del tesoro y un departamento mundial de salud bajo Naciones Unidas, se dice que el FMI se convertirá en el Tesoro Mundial, mientras que la Organización Mundial de la Salud se convertirá en el departamento mundial de salud. Bildt también reafirmó el uso del “cambio climático” como un desafío crucial para continuar con los objetivos de Bilderberg, refiriéndose a la crisis económica como “crisis de una generación mientras que el calentamiento global es un desafío milenario.” Bildt también propugnó la expansión del NAFTA a todo el hemisferio occidental para crear una Unión Americana, utilizando la UE como “modelo de integración.”

Según las informaciones, el FMI envió un informe a Bilderberg propugnando que se convierta en un Departamento Mundial del Tesoro, y el “Secretario del Tesoro de EE.UU., Timothy Geithner, apoyó con entusiasmo el plan de un Departamento Mundial del Tesoro, aunque no recibió ninguna garantía de que él ser convertiría en su líder.” Geithner dijo además: “Nuestra esperanza es que podamos trabajar con Europa en un marco global, una infraestructura global que tenga una supervisión global adecuada.” [10]

¿Entra en acción el plan de acción de Bilderberg?

Reorganización de la Reserva Federal

Después de la reunión de Bilderberg hubo varios anuncios interesantes hechos por importantes participantes, específicamente respecto a la reorganización de la Reserva Federal. El 21 de mayo, se informó que se cree que el Secretario del Tesoro de EE.UU., Timothy Geithner “se está orientando fuertemente a que se dé a la Reserva Federal un rol central en la futura regulación,” y “se entiende que la Reserva Federal se hará cargo de parte del trabajo actualmente realizado por la Comisión de Valores y Cambio de EE.UU, [SEC] [11]

El miércoles 20 de mayo, Geithner habló ante al Comité Bancario del Senado, y declaró que: “existen importantes indicaciones de que nuestro sistema financiero se comienza a curar.” Respecto a la regulación del sistema financiero, Geithner declaró que: “tenemos que asegurar que las reglas internacionales de regulación financiera sean consistentes con los altos estándares que implementaremos en EE.UU.” [12]

El Secretario del Tesoro de EE.UU. Timothy Geithner, el ex presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, Bloomberg, informaron que: “el gobierno podría pedir que la Comisión de Valores de EE.UU. (SEC) pierda algunos de sus poderes en el marco de una reorganización regulatoria,” y que: “La propuesta, que todavía está siendo redactada, probablemente dará a la Reserva Federal más autoridad para supervisar a firmas financieras consideradas demasiado grandes para fracasar. La Reserva podría heredar algunas funciones de la SEC, y otras irán a otras agencias.” Es interesante que “la presidenta de la SEC, Mary Schapiro, haya estado generalmente ausente de negociaciones dentro del gobierno sobre la revisión regulatoria, y ha expresado frustración por no haber sido consultada.”

Se informó que “el Secretario del Tesoro Timothy Geithner proponía discutir propuestas para el cambio de regulaciones financieras anoche en una cena con el Director del Consejo Nacional Económico, Lawrence Summers [quien también estuvo presente en Bilderberg], el ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker [también presente en Bilderberg], el ex presidente de la SEC Arthur Levitt y Elizabeth Warren, la profesora de derecho de la Universidad de Harvard quien encabeza el grupo de control del Congreso para el Programa de Alivio de Activos con Problemas.” [13] La Reserva Federal es un banco central de propiedad privada, de propiedad de sus accionistas, que consisten de los principales bancos que componen cada banco regional de Reserva (los mayores de los cuales son JP Morgan Chase y el Banco de la Reserva Federal de Nueva York). Este plan daría esencialmente a un banco de propiedad privada, que tiene autoridad gubernamental, la capacidad de regular a los bancos que son sus dueños. Es como hacer que un coronel guarde al general que lo manda directamente. Es como hablar de que el zorro proteja el gallinero. Es literalmente otorgar la propiedad del regulador financiero a los bancos que son regulados.

Como informó Market Watch, una publicación en línea del Wall Street Journal: “La Reserva Federal, creada hace casi 100 años como secuela de un pánico financiero, podría ser transformada en una agencia diferente mientras el gobierno de Obama reinventa el modo cómo el gobierno interactúa con el sistema financiero.” Refiriéndose a la aparición de Geithner en el Senado, se informó que: “Geithner también fue interrogado sobre las cómodas relaciones que existen entre los grandes bancos y los bancos regionales de la Reserva Federal. Antes de que Geithner se sumara al gobierno, fue presidente de la Reserva Federal de Nueva York, una extraña institución público-privada que en realidad es de propiedad de, y dirigida por, los bancos.” Como respuesta: “Geithner insistió en que los bancos privados no tienen ni voz ni voto en las políticas de la Reserva Federal de Nueva York, pero reconoció que los bancos tienen participación en la contratación del presidente, que decide la política. El presidente de la Reserva Federal de Nueva York, Stephen Friedman, fue obligado a renunciar este mes ya que se percibieron conflictos de interés debidos a sus grandes posesiones en Goldman Sachs.”[14]

El FMI como Tesoro Global

La agenda de Bilderberg de crear un tesoro global ya se había iniciado antes de la reunión en Grecia, con decisiones tomadas durante la cumbre financiera del G20 en abril. Aunque el G20 pareció colocarlo más en el contexto de ser transformado en un banco central global, aunque es posible que el FMI pueda cumplir con ambos roles.

Después de la reunión del G20 a comienzos de abril, se informó que: “El mundo está a un paso más cerca de una moneda global, respaldada por un banco central global, que dirija la política monetaria para toda la humanidad,” mientras el Comunicado publicado por los dirigentes del G20 declaró que: “Hemos acordado apoyar una asignación general de DEG (Derechos especiales de giro) que inyectarán 250.000 millones de dólares a la economía del mundo y aumentarán la liquidez global,” y que: “los DEG son Derechos Especiales de Giro, una moneda sintética de papel emitida por el Fondo Monetario Internacional que ha estado inactiva durante medio siglo.” Esencialmente, “están poniendo en juego una moneda mundial de facto. Está fuera del control de cualquier organismo soberano.” [15] [Vea Apéndice 2: Creando un Banco Central del Mundo]

Después de la reunión de Bilderberg, “el presidente Obama ha solicitado al Congreso que autorice 100.000 millones de dólares en préstamos al Fondo Monetario Internacional (FMI) para ayudar a crear un fondo global de rescate de 100.000 millones de dólares,” que daría al FMI la prerrogativa esencial de un tesoro global, suministrando rescates a países necesitados en todo el mundo. Además, “la ley permitiría al FMI que pidiera prestado hasta 100.000 millones de dólares a EE.UU. y el aumento de la contribución fiscal de EE.UU. al FMI en 8.000 millones de dólares.” Entrando en detalles sobre el programa, se informó que: “los dirigentes mundiales comenzaron con la iniciativa de rescate global, llamada Nuevo Acuerdo de Préstamos (NAB, por sus siglas en inglés), en la cumbre del G20 a principios de abril. El presidente aceptó entonces que pondría los fondos adicionales a disposición.” Obama escribió que el Secretario del Tesoro Geithner concluyó que el tamaño del NAB es deplorablemente inadecuado para encarar el tipo de severa crisis económica y financiera que experimentamos, y estoy de acuerdo con él.” [16]

Con la decisión del G20 de aumentar el uso de los Derechos Especiales de Giro (DGE) del FMI, que forman una moneda mundial de facto, se informó recientemente que “África Sub-Sahara recibirá cerca de 10.000 millones del FMI en DGE para ayudar a que sus economías capeen la crisis financiera global,” y que: “Como parte de un acuerdo de 1,1 billones de dólares para combatir la recesión económica acordado en la cumbre del G20 de abril, el FMI emitirá DGE por un valor de 250.000 millones de dólares, que pueden ser utilizados para reforzar las reservas de divisas extranjeras.” [17]

Informes recientes también han indicado que el papel del FMI en la emisión de los DGE va mano a mano con la discusión de Bilderberg sobre el posible colapso del dólar de EE.UU., y que: “La transformación del estándar dólar en un sistema basado en DGE sería una ruptura importante con una política que ha durado más de 60 años.” Se informó que: “Hay dos maneras de reducir el papel del dólar en el sistema monetario internacional. Una posibilidad es una erosión gradual, determinada por el mercado, del dólar como divisa de reserva a favor del euro. Pero, aunque el rol internacional del euro – especialmente su uso en mercados financieros – ha aumentado desde su creación, es difícil imaginar que sobrepase al dólar como divisa de reserva dominante en el futuro previsible.” Sin embargo: “ya que es poco probable que la hegemonía del dólar sea seriamente debilitada por fuerzas del mercado, por lo menos a corto y mediano plazo, la única manera de producir una reducción importante de su papel como divisa de reserva es mediante un acuerdo internacional.” Es donde entran en juego los DGE, como “una manera de convertir relativamente rápido los DGE en la principal divisa de reserva sería crear y asignar una cantidad masiva de nuevos DGE a los miembros del FMI.” [18] Es interesante que sea exactamente lo que sucede actualmente entre África y el FMI.

El ex gerente general del FMI, Jacques de Larosière, declaró recientemente que la actual crisis financiera, “en vista de su alcance, presenta una oportunidad única para mejorar instituciones, y ya existe el peligro de que se pueda perder esa oportunidad si los diferentes protagonistas no se pueden poner de acuerdo en cambios para cuando se reanude el crecimiento económico.” Ahora es asesor de BNP Paribas, una corporación muy representada en las reuniones de Bilderberg, y fue jefe del Tesoro de Francia, cuando Valéry Giscard d’Estaing era presidente de ese país, otro participante regular en el Grupo Bilderberg. [19]

The Guardian cubre Bilderberg

El periódico británico, The Guardian, fue la única publicación de los medios noticiosos dominantes que aseguró una cobertura continua de la reunión de Bilderberg durante el fin de semana. Sus primeros artículos fueron satíricos y ligeramente burlones, refiriéndose a la reunión como “Un largo fin de semana en un hotel de lujo, donde la elite mundial se junta para darse las manos, brindar, ajustar en detalle su agenda global y reñir por quién obtiene las mejores tumbonas. Supongo que Henry Kissinger trae las suyas, las envía por helicóptero y las protege durante las veinticuatro horas un equipo especial de la CIA.” [20] Sin embargo, durante el fin de semana, sus informes mostraron un cambio de tono. Informó el sábado que, “sé cuando me siguen. Lo sé porque acabo de hablar con el policía de civil al que sorprendí mientras me seguía,” y fue arrestado dos veces durante el primer día de las reuniones por intentar tomar fotos mientras las limusinas entraban al hotel.” [21]

Después informó que no estaba seguro de lo que estaban discutiendo dentro del hotel, pero que tiene “una idea de que hay algo podrido en el Estado de Grecia,” y después agregó: “En tres días he sido convertido en un sospechoso, un buscapleitos, indeseable, inquieto, cansado y un poco atemorizado.” Y luego siguió escribiendo que “Bilderberg es control. Tiene que ver con “¿qué haremos ahora?” Ya dirigimos montones de cosas, ¿y si dirigiéramos algunas más? ¿Qué les parece si facilitamos la dirección de cosas? Más eficiencia. La eficiencia es buena. Sería mucho más fácil con un solo banco, una sola moneda, un solo mercado, un solo gobierno. ¿Qué les parece un solo ejército? Sería bastante chévere. Entonces no tendríamos guerra. Este cóctel de camarones es BUENO. ¿Qué les parece una sola manera de pensar? ¿Y un Internet controlado?,” y luego: “y luego “¿Y si no fuera así?”

Aclara un punto muy astuto, rebatiendo el argumento frecuentemente postulado de que Bilderberg es simplemente un foro en el que la gente puede hablar libremente, escribiendo: “Y si no fuera así, estoy tan increíblemente cansado de que sean los pocos los que demuestran poder. Me lo mostraron en mi propia cara durante tres días, y por eso se me sube por la nariz como una avispa. No me importa si el Grupo Bilderberg tiene planes para salvar el mundo o para ponerlo en una licuadora y tomarse el jugo. No creo que sea una manera de hacer política.,” y el autor, Charlie Skelton, declaró elocuentemente: “Si hubieran estado tratando de curar el cáncer podrían haberlo hecho a plena luz.” Además explicó que: “Bilderberg tiene que ver con posiciones de control. Llegué a medio kilómetro, y de repente llego a ser uno de los controlados. Me siguen, me vigilan, me registran, me detienen, me vuelven a detener. Me pone en esa posición el “poder” que estaba ahí cerca.” [22]

El domingo 17 de mayo, Skelton informó que cuando preguntó al jefe de policía por qué lo estaban siguiendo, el jefe respondió con la pregunta: “¿Por qué está aquí?” a lo cual Skelton replicó que estaba allí para cubrir la conferencia, después de lo cual el jefe dijo: ““Bueno, ¡ese es el motivo! ¡Por eso! ¡Se acabó!” [23] ¿Son seguidos y acechados por policías los periodistas cuando cubren el Foro Económico Mundial? No. ¿Por qué, entonces, pasa con Bilderberg si después de todo sólo se trata de una conferencia para discutir ideas libremente?

El lunes después de la conferencia, Skelton escribió que: “No soy el único que ha sido llevado a la custodia policial por atreverse a estar a medio kilómetro de las puertas del hotel. Los pocos periodistas que fueron a Vouliagmeni este año, fueron todos acosados y fastidiados y sintieron el lado pesado de un walkie-talkie griego. Muchos han sido arrestados. Bernie, de American Free Press, y Gerhard el documentalista (suena como personaje de “Dragones y Calabozos”) alquilaron un bote de una dársena para yates cercana para tratar de tomar fotos desde el mar. Los detuvieron a 4 kilómetros del resort. Por la armada griega.” Como dijo el propio Skelton: “Mis informes de la conferencia de 2009, si significan algo, no representan nada con más precisión que la ausencia de una información exhaustiva de los medios dominantes.” [24]

El informe final de Skelton sobre Bilderberg, del 19 de mayo, mostró hasta dónde llegó en sus diversos días de información sobre la reunión. De escribir en broma sobre la reunión, a descubrir que lo seguía la fuerza de la Seguridad Estatal griega. Skelton meditó: “¿Quién es el paranoico? ¿Yo, oculto bajo escaleras, mirando la acera detrás de mí en los escaparates, quedándome a la intemperie para mayor seguridad? ¿O Bilderberg, con sus dos F-16, helicópteros dando vueltas, ametralladoras, comandos de la armada y una política de detener y acosar repetidamente a un puñado de periodistas? ¿Quién está más loco? ¿Yo o el barón Mandelson? ¿Yo o Paul Volker, el jefe del consejo asesor económico de Obama? ¿Yo, o el presidente de Coca-Cola?”

Skelton señaló que: “La publicidad es como sal pura para la babosa gigante de Bilderberg. De modo que el próximo sugiero que lleguemos unos pocos más. Si la prensa dominante se niega a proveer una cobertura adecuada a ese masivo evento anual, ciudadanos interesados tendrán que hacerlo: medios populares.”

Sorprendentemente, Skelton hizo el pronunciamiento de que lo que aprendió después de la conferencia de Bilderberg, fue que: “debemos luchar, luchar, luchar, ahora – ahora mismo, desde este segundo, con cada centímetro cúbico de nuestras almas – para impedir que impongan tarjetas de identidad,” ya que “Todo tiene que ver con el poder de exigir, la obligación de mostrar, la justificación de la propia existencia, el poder del que exige sobre la supervivencia de aquel al que se le exige.” Declaró que “Esto lo he aprendido de los cacheos al azar, de las detenciones, de presiones de pistoleros de seguridad enfurecidos y de abusos en recepciones policiales sin número que he tenido que sufrir gracias a Bilderberg. He pasado la semana viviendo una pesadilla. He lanzado un ínfimo vistazo a un mundo de controles al azar y de poderes ilimitados de la policía. Y me estremeció. Me dejó, literalmente, magullado.” Cáusticamente, explica que, “la tarjeta de identidad te convierte de ciudadano libre en sospechoso.” [25]

Quién estuvo presente

Realeza:

Entre los miembros del Grupo Bilderberg hay varios monarcas europeos. En la reunión de este año estuvo presente la Reina Beatriz de Holanda, que casualmente es la mayor accionista de Royal Dutch Shell, una de las mayores corporaciones del mundo. La acompañó uno de sus tres hijos, el príncipe Constantijn, quien también asistió a la reunión. El príncipe Constantijn ha trabajado con el Comisionado Europeo holandés para la UE, y ha sido consultor de política estratégica para Booz Allen & Hamilton en Londres, una importante firma de estrategia y tecnología con experticia en análisis económico y de negocios, análisis de inteligencia y operaciones y tecnología de la información, entre muchas otras cosas. El príncipe Constantijn también fue investigador de política para RAND Corporation en Europa. RAND fue fundada inicialmente como un think-tank de política global que fue formado para ofrecer investigación y análisis a las fuerzas armadas de EE.UU., sin embargo, ahora trabaja con gobiernos, fundaciones, organizaciones internacionales y organizaciones comerciales. [26] También presentes por parte de la realeza europea estaba el príncipe Philippe de Bélgica, y la reina Sofía de España.

Banqueros privados:

Como de costumbre la lista de participantes también estuvo repleta de nombres que representan a los mayores bancos del mundo. Entre ellos, David Rockefeller, ex director ejecutivo y presidente de Chase Manhattan, ahora JP Morgan Chase, del que fue, hasta hace poco, presidente del Consejo Asesor Internacional; y todavía es presidente honorario del Consejo de Relaciones Internacionales, presidente del Consejo de la Sociedad de las Américas y del Consejo de las América, presidente honorario de la Comisión Trilateral, – que fundó junto con Zbigniew Brzezinski – también miembro fundador del Grupo Bilderberg, destacado filántropo y actual patriarca de una de las dinastías bancarias más ricas y poderosas del mundo.

Estuvo presente Josef Ackermann, banquero suizo, director ejecutivo de Deutsche Bank, y director no-ejecutivo de Royal Dutch Shell; presidente adjunto of Siemens AG, la mayor corporación de ingeniería de Europa; también es miembro del Consejo Asesor Internacional del Grupo de Servicios Financiero Zurich; presidente del Consejo del Instituto Internacional de Finanzas, la única asociación global de instituciones financieras del mundo; y vicepresidente del Consejo Fundador del Foro Económico Mundial. [27]

Roger Altman también estuvo presente en la reunión de Bilderberg: banquero de inversiones, inversionista privado en la bolsa y ex Secretario del Tesoro Adjunto en el gobierno de Clinton. Otros banqueros en la reunión de este año incluyen a Ana Patricia Botin, presidenta del banco español Banco Español de Crédito, que antes trabajó con JP Morgan; Frederic Oudea, director ejecutivo y recién nombrado presidente del consejo del banco francés Societe Generale; Tommaso Padoa-Schioppa, banquero y economista italiano, anteriormente ministro de economía y finanzas de Italia; Jacob Wallenberg, presidente de Investor AB; Marcus Wallenberg, director ejecutivo de Investor AB; y George David, director ejecutivo de United Technologies Corporation, quien también es miembro del consejo de Citigroup, miembro de Business Council, de Business Roundtable, y vicepresidente del Instituto Peterson de Economía Internacional. [Para más sobre el Instituto Peterson vea Apéndice 1]

Los banqueros canadienses incluyen a W. Edmund Clark, presidente y director ejecutivo de TD Bank Financial Group, asimismo miembro del consejo de directores del C.D. Howe Institute, un destacado think-tank canadiense; Frank McKenna, vicepresidente del TD Bank Financial Group, ex embajador canadiense en EE.UU., ex premier de Nuevo Brunswick; e Indira Samarasekera, presidenta de la Universidad de Alberta, quien también está en el consejo de Scotiabank, uno de los mayores bancos de Canadá.

Funcionarios de bancos centrales

Desde luego, entre los miembros notables del Grupo Bilderberg, se encuentran los principales funcionarios de bancos centrales del mundo. Entre los miembros de este año están el gobernador del Banco Nacional de Grecia, el gobernador del Banco de Italia, el presidente del Banco Europeo de Inversiones, James Wolfensohn, ex presidente del Banco Mundial, y Nout Wellink, en el consejo del Banco de Pagos Internacionales (BIS). [28] Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo también estuvo presente. [29] No hay indicación de que haya estado presente el gobernador de la Reserva Federal, Ben Bernanke, lo que sería algo extraño, considerando que el gobernador de la Reserva Federal siempre está presente en las reuniones de Bilderberg, junto con el presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, William C. Dudley. Me he puesto en contacto con la Reserva Federal de Nueva York para saber si Dudley visitó Grecia o fue a alguna reunión en Grecia entre el 14 y el 17 de mayo, o si algún otro alto representante de la Reserva de Nueva York fue en su lugar. Todavía no he recibido ninguna respuesta.

El gobierno de Obama en Bilderberg

El gobierno de Obama estuvo fuertemente representado en la reunión de Bilderberg de este año. Entre los participantes estuvieron Keith B. Alexander, teniente general del ejército de EE.UU. y director de la Agencia Nacional Seguridad, la masiva agencia de espionaje de EE.UU.; Timothy Geithner, secretario del Tesoro de EE.UU. y ex presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York; Richard Holbrooke, enviado especial del gobierno de Obama para Afganistán y Pakistán; el general James Jones, Consejero Nacional de Seguridad de EE.UU.; Henry Kissinger, enviado especial de Obama a Rusia, antiguo miembro de Bilderberg y ex secretario de estado y consejero nacional de seguridad; David Petraeus, comandante de CENTCOM (Comando Central de EE.UU. en Oriente Próximo), Lawrence Summers, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, ex secretario del tesoro en el gobierno de Clinton, ex presidente de la Universidad Harvard, ex economista jefe del Banco Mundial; Paul Volcker, ex gobernador del Sistema de la Reserva Federal y presidente del Consejo Asesor de Recuperación Económico de Obama: Robert Zoellick, ex presidente de Goldman Sachs y actual presidente del Banco Mundial; [30] y el secretario adjunto de estado James Steinberg. [31]

Otros notables

Entre muchos otros presentes en la reunión se cuentan el vizconde Étienne Davignon, ex vicepresidente de la Comisión Europea, y presidente honorario del Grupo Bilderberg; Francisco Pinto Balsemão, ex primer ministro de Portugal; Franco Bernabè, director ejecutivo de Telecom Italia y vicepresidente de Rothschild Europe; Carl Bildt, ex primer ministro de Suecia; Kenneth Clarke, secretario empresarial de la oposición en el Reino Unido; Richard Dearlove, ex jefe de los Servicios Secretos de Inteligencia de Gran Bretaña (M16);

Donald Graham, director ejecutivo de Washington Post Company; Jaap De Hoop Scheffer, secretario general de la OTAN; John Kerr, miembro de la Cámara de los Lores británica y presidente adjunto de Royal Dutch Shell; Jessica Matthews, presidenta del Carnegie Endowment for International Peace; Richard Perle del Instituto Estadounidense de la Empresa; Romano Prodi, ex primer ministro italiano; J. Robert S. Prichard, director ejecutivo de Torstar Corporation y presidente emérito de la Universidad de Toronto; Peter Sutherland, ex director general del GATT, primer director general de la OMC y actualmente presidente de

British Petroleum (BP) y Goldman Sachs International así como miembro del consejo del Royal Bank of Scotland, presidente de la Comisión Trilateral, vicepresidente de la Mesa Redonda Europea de Industriales, y antiguo miembro de Bilderberg; Peter Thiel, del consejo de directores de Facebook; Jeroen van der Veer, director ejecutivo de Royal Dutch Shell; Martin Wolf, editor asociado y comentarista jefe de economía del periódico Financial Times; y Fareed Zakaria, periodista estadounidense y miembro del consejo del Consejo de Relaciones Exteriores. [32] También existen algunos informes de que la reunión de este año incluiría al presidente de Google Eric Schmidt, así como al editor del Wall Street Journal, Paul Gigot.[33] Ambos asistieron a la reunión del año pasado.[34]

Conclusión

Evidentemente, es prerrogativa de la reunión de Bilderberg de este año explotar lo más posible la crisis financiera global para alcanzar objetivos por los que se han estado esforzando durante tantos años. Incluirían la creación de un Departamento Global del Tesoro, probablemente junto con o incorporado en las mismas instituciones como un Banco Central Global, que parecen estar ambos en el proceso de ser incorporados al FMI.

Naturalmente, las reuniones de Bilderberg sirven los intereses de la gente y de las organizaciones representadas. Debido a la gran cantidad de representantes del gobierno de Obama que estuvieron presentes, es probable que las políticas de EE.UU. relacionadas con la crisis financiera hayan emergido de, y sirvan los intereses del, Grupo Bilderberg. En vista de la fuerte representación del establishment de la política exterior de Obama en la reunión de Bilderberg, parece sorprendente que no se haya recibido más información sobre la política exterior de EE.UU. de la reunión de este año, lo que tal vez tenga que ver con Pakistán y Afganistán.

Sin embargo, EE.UU. decidió recientemente despedir al general que supervisó la guerra afgana, que fue reemplazado por “el teniente general Stanley McChrystal, antiguo Boina Verde quien recientemente comandó las fuerzas secretas de operaciones especiales de las fuerzas armadas en Iraq.”[35] De 2003 a 2008, “dirigió el Comando Especial Conjunto de Operaciones Especiales del Pentágono (JSOC), que supervisa las fuerzas más confidenciales de las fuerzas armadas, incluyendo la Fuerza Delta del ejército,” a quien el periodista investigativo galardonado con el Premio Pulitzer señaló como jefe del “ala de asesinatos ejecutivos” del vicepresidente Cheney.” [36]

Por lo tanto, en vista de estos recientes cambios, así como del alto grado de representación del establishment de política exterior de Obama en Bilderberg de este año, es muy posible que haya habido algunas decisiones sobre, o por lo menos discusión de, la escalada de la guerra afgana y su expansión a Pakistán. Sin embargo, no es sorprendente que el tema principal en la agenda haya sido la crisis financiera global. Sin duda alguna, el próximo año será interesante, y seguramente la elite espera convertirlo en un año productivo.

APÉNDICE 1: Conexiones de Bilderberg con la reunión de los billonarios

Peter G. Peterson, uno de los invitados que asistió a la reunión secreta de los billonarios, fue ex Secretario de Comercio de EE.UU. en el gobierno de Nixon, presidente y director ejecutivo de Lehman Brothers, Kuhn, Loeb Inc., de 1977 a 1984, cofundador de la destacada firma de administración de valores privados e inversiones, el Grupo Blackstone, del cual es actualmente presidente sénior, y en 1985, llegó a ser presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, del que se hizo cargo cuando David Rockefeller renunció de esa posición. Fundó el Instituto Peterson de Economía Internacional y fue presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York de 2000 a 2004. El Instituto Peterson de Economía Internacional es un importante think-tank económico mundial, que se propone “informar y conformar el debate público,” cuyos “estudios han ayudado a proveer el fundamento intelectual para muchas de las principales iniciativas financieras internacionales de las últimas dos décadas: la reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI), la adopción de estándares de banca internacionales, sistemas de cambio de divisar en el G-7 y en las economías de mercados emergentes, políticas hacia el dólar, el euro, y otras divisas importantes, y reacciones a las crisis de la deuda y de las divisas (incluyendo la actual crisis de 2008 y 2009)” También “ha hecho importantes contribuciones a decisiones clave de política comercial internacional” como ser el desarrollo de la Organización Mundial de Comercio, el NAFTA, APEC y el regionalismo de Asia Oriental. [37]

Tiene una lista destacada de nombres en su consejo de directores. Peter G. Peterson es presidente del consejo; George David, presidente de United Technologies es vicepresidente, así como miembro del consejo de Citigroup, y fue invitado en la reunión de Bilderberg de este año; Chen Yuan, gobernador del Banco de Desarrollo de China y ex gobernador adjunto del Banco Popular de China (banco central de China): Jessica Einhorn, decana de la Escuela Paul H. Nitze de Estudios Internacionales Avanzada (SAIS) de la Universidad

Johns Hopkins de Washington, ex miembro visitante del Fondo Monetario Internacional (FMI), ex gerente general del Banco Mundial, y actualmente miembro del consejo de Time Warner y del Consejo de Relaciones Exteriores; Stanley Fischer, gobernador del Banco Central de Israel, ex vicepresidente del Banco Mundial, ex gerente general del FMI, ex vicepresidente de Citigroup, y también participante regular en reuniones de Bilderberg; Carla A. Hills, ex representante comercial de EE.UU., y fue la principal negociador del NAFTA, está en los Consejos Consultivos de American International Group, Coca-Cola Company, Gilead Sciences, J.P. Morgan Chase, miembro del Comité Ejecutivo de la Comisión Trilateral, co-presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y jugó una parte crucial en el documento del CRE “Construyendo una comunidad norteamericana,” que busca remodelar Norteamérica siguiendo las líneas de la Unión Europa, y también ha sido una prominente miembro de Bilderberg; David Rockefeller también está en el consejo del Instituto Peterson, así como Lynn Forester de Rothschild; Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, que está en todas las reuniones de Bilderberg; Paul A. Volcker, ex gobernador del Sistema de la Reserva Federal, participante regular en las reuniones de Bilderberg, y actual presidente del Consejo Asesor de la Recuperación Económica de Obama.

Los directores honorarios del Instituto Peterson incluyen a los participantes en Bilderberg Alan Greenspan, ex presidente del consejo de gobernadores del Sistema de la Reserva Federal, un arquitecto esencial de la actual crisis; Frank E. Loy, ex subsecretario de estado para asuntos globales, y está en los consejos de Defensa del Entorno, del Centro Pew para el Cambio Climático Global, Recursos para el Futuro, y Servicios de Populación Internacional, George P. Shultz, ex secretario de Estado en el gobierno de Reagan, presidente y director del Bechtel Group y ex secretario del Tesoro. [38]

APÉNDICE 2: Creando un Banco Central del Mundo

Jeffrey Garten, subsecretario de comercio para comercio internacional en el gobierno de Clinton, ex decano de la Escuela de Administración de Yale, sirvió anteriormente en el Consejo de la Casa Blanca sobre Política Económica Internacional en el gobierno de Nixon y con el personal de planificación política de los secretarios de Estado Henry Kissinger y Cyrus Vance de los gobiernos de Ford y Carter. También fue gerente general de Lehman Brothers y del Blackstone Group, es también miembro del Consejo de Relaciones Exteriores. Ya en 1998, Garten escribió un artículo para el New York Times en el cual propugnó la creación de un banco central global. [39]

En medio de la actual crisis financiera, Garten escribió un artículo para Financial Times en el cual propugnó “el establecimiento de una Autoridad Monetaria Global para supervisar mercados sin fronteras,” actuando como un banco central global. [40] A fines de octubre, Garten escribió un artículo para Newsweek en el cual dijo que “dirigentes del mundo debieran comenzar a construir el fundamento para el establecimiento de un banco central global.” [41]

Tres días después de la publicación del artículo de Garten en Newsweek, se informó que: “El Fondo Monetario Internacional podría carecer pronto de dinero para rescatar una lista en constante aumento de países que se derrumban en Europa Oriental, Latinoamérica, África, y partes de Asia, provocando preocupaciones de que tendrá que recurrir a los contribuyentes en países occidentales para conseguir una infusión de capital o recurrir a la opción nuclear de imprimir su propio dinero.” Además: “la opción nuclear es imprimir dinero emitiendo Derechos Especiales de Giro, actuando en efecto como si fuera el banco central mundial.” [42]

[Para una visión detallada de las acciones para crear un banco central global, divisas regionales, una divisa de reserva global y un organismo de gobierno mundial vea: Andrew G. Marshall, The Financial New World Order: Towards a Global Currency and World Government: Global Research, 6 de abril de2009]

NOTAS AL FINAL

[1] CFP, Annual Elite Conclave, 58th Bilderberg Meeting to be held in Greece, May 14-17. Canadian Free Press: May 5, 2009:

http://canadafreepress.com/index.php/article/10854

[2] Paul Joseph Watson, Bilderberg Wants Global Department Of Health, Global Treasury. Prison Planet: May 16, 2009:

http://www.infowars.com/bilderberg-wants-global-department-of-health-global-treasury/

[3] Paul Joseph Watson, Bilderberg Fears Losing Control In Chaos-Plagued World. Prison Planet: May 18, 2009:

http://www.prisonplanet.com/bilderberg-fears-losing-control-in-chaos-plagued-world.html

[4] Sorcha Faal, Bilderberg Group orders destruction of US Dollar? MINA: May 21, 2009:

http://macedoniaonline.eu/content/view/6807/53/

[5] Kristi Heim, What really happened at the billionaires’ private confab. The Seattle Times: May 20, 2009:

http://seattletimes.nwsource.com/html/thebusinessofgiving/2009244202_what_really_happened_at_the_bi.html

[6] A. G. Sulzberger, The Rich Get … Together (Shhh, It Was a Secret). The New York Times: May 20, 2009:

http://cityroom.blogs.nytimes.com/2009/05/20/the-rich-get-together-shhh-it-was-a-secret/

[7] Chosun, American Billionaires Gather to Discuss Slump. The Chosun Ilbo: May 22, 2009:

http://english.chosun.com/site/data/html_dir/2009/05/22/2009052200772.html

[8] John Harlow, Billionaire club in bid to curb overpopulation. The Sunday Times: May 24, 2009:

http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/us_and_americas/article6350303.ece

[9] Comunicado de Prensa, Investigative Author, Daniel Estulin Exposes Bilderberg Group Plans. PRWeb: May 22, 2009:

http://www.prweb.com/releases/Bilderberg_Group_Meeting/Daniel_Estulin/prweb2453144.htm

[10] James P. Tucker Jr., BILDERBERG AGENDA EXPOSED. American Free Press: June 1, 2009:

http://www.americanfreepress.net/html/bilderberg_2009_179.html

[11] James Quinn, Tim Geithner to reform US financial regulation. The Telegraph: May 21, 2009:

http://www.telegraph.co.uk/finance/newsbysector/banksandfinance/5359527/Tim-Geithner-to-reform-US-financial-regulation.html

[12] Greg Menges, U. S. Secretary of the Treasury Timothy F. Geithner speech before the Senate Banking Committee. Examiner: May 20, 2009:

http://www.examiner.com/x-8184-Boston-Investing-Examiner~y2009m5d20-U-S-Secretary-of-the-Treasury-Timothy-F-Geithner-speech-before-the-Senate-Banking-Committee

[13] Robert Schmidt and Jesse Westbrook, U.S. May Strip SEC of Powers in Regulatory Overhaul. Bloomberg: May 20: 2009:

http://www.bloomberg.com/apps/news?pid=20601087&sid=a18ctNv3FDcw

[14] Rex Nutting, Fed could be completely retooled, Geithner says. Market Watch: May 20, 2009:

http://www.marketwatch.com/story/fed-could-be-completely-retooled-geithner-says

[15] Ambrose Evans-Pritchard, The G20 moves the world a step closer to a global currency. The Telegraph: April 3, 2009:

http://www.telegraph.co.uk/finance/comment/ambroseevans_pritchard/5096524/The-G20-moves-the-world-a-step-closer-to-a-global-currency.html

[16] Marie Magleby, Obama Wants U.S. to Loan $100 Billion to Global Bailout Fund. CNS News: May 20, 2009: http://www.cnsnews.com/public/content/article.aspx?RsrcID=48329

[17] Joe Bavier, Sub-Saharan Africa to receive $10 bln in SDRs-IMF. Reuters: May 25, 2009:

http://www.reuters.com/article/latestCrisis/idUSLP336909

[18] Onno Wijnholds, The Dollar’s Last Days? International Business Times: May 18, 2009:

http://www.ibtimes.com/articles/20090518/dollar-rsquolast-days.htm

[19] MATTHEW SALTMARSH, Former I.M.F. Chief Sees Opportunity in Crisis. The New York Times: May 22, 2009:

http://www.nytimes.com/2009/05/23/business/global/23spot.html?ref=global

[20] Charlie Skelton, Our man at Bilderberg: in pursuit of the world’s most powerful cabal. The Guardian: May 13, 2009:

http://www.guardian.co.uk/world/2009/may/13/in-search-of-bilderberg

[21] Charlie Skelton, Our man at Bilderberg: They’re watching and following me, I tell you. The Guardian: May 15, 2009:

http://www.guardian.co.uk/world/2009/may/15/bilderberg-charlie-skelton-dispatch

[22] Charlie Skelton, Our man at Bilderberg: I’m ready to lose control, but they’re not. The Guardian: May 15, 2009:

http://www.guardian.co.uk/world/2009/may/15/bilderberg-charlie-skelton-dispatch1

[23] Charlie Skelton, Our man at Bilderberg: ‘You are not allowed to take pictures of policemen!’ The Guardian: May 17, 2009:

http://www.guardian.co.uk/world/2009/may/17/charlie-skelton-bilderberg

[24] Charlie Skelton, Our man at Bilderberg: Fear my pen. The Guardian: May 18, 2009:

http://www.guardian.co.uk/world/2009/may/18/bilderberg-charlie-skelton-dispatch

[25] Charlie Skelton, Our man at Bilderberg: Let’s salt the slug in 2010. The Guardian: May 19, 2009:

http://www.guardian.co.uk/news/blog/2009/may/19/bilderberg-skelton-greece

[26] Dutch Royal House, Work and official duties. Prince Constantijn:

http://www.koninklijkhuis.nl/english/content.jsp?objectid=18215

[27] Deutsche Bank, Management Board. Our Company:

http://www.db.com/en/content/company/management_board.htm

[28] InfoWars, Bilderberg 2009 Attendee List (revised). May 18, 2009:

http://www.infowars.com/bilderberg-2009-attendee-list/

[29] Demetris Nellas, Greek nationalists protest Bilderberg Club meeting. AP: May 14, 2009:

http://www.google.com/hostednews/ap/article/ALeqM5jep_nbEq1srzJHFQ8fRGNQO3P38QD987H3200

[30] InfoWars, Bilderberg 2009 Attendee List (revised). May 18, 2009:

http://www.infowars.com/bilderberg-2009-attendee-list/

[31] MRT, Top US official arrives in Greece. Macedonian Radio and Television: May 15, 2009:

http://www.mrt.com.mk/en/index.php?option=com_content&task=view&id=6112&Itemid=28

[32] InfoWars, Bilderberg 2009 Attendee List (revised). May 18, 2009:

http://www.infowars.com/bilderberg-2009-attendee-list/

[33] WND, Google joins Bilderberg cabal. World Net Daily: May 17, 2009:

http://worldnetdaily.com/index.php?fa=PAGE.view&pageId=98469

[34] Adam Abrams, Are the people who ‘really run the world’ meeting this weekend? Haaretz: May 14, 2009:

http://www.haaretz.com/hasen/spages/1085589.html

[35] YOCHI J. DREAZEN and PETER SPIEGEL, U.S. Fires Afghan War Chief. The Wall Street Journal: May 12, 2009: http://online.wsj.com/article/SB124206036635107351.html

[36] M.J. Stephey, Stan McChrystal: The New U.S. Commander in Afghanistan. Time Magazine: May 12, 2009: http://www.time.com/time/politics/article/0,8599,1897542,00.html

[37] PIIE, About the Institute. Peterson Institute for International Economics:

http://www.petersoninstitute.org/institute/aboutiie.cfm

[38] PIIE, Board of Directors. Peterson Institute for International Economics:

http://www.petersoninstitute.org/institute/board.cfm#52

[39] Jeffrey E. Garten, Needed: A Fed for the World. The New York Times: September 23, 1998:

http://www.nytimes.com/1998/09/23/opinion/needed-a-fed-for-the-world.html

[40] Jeffrey Garten, Global authority can fill financial vacuum. The Financial Times: September 25, 2008:

http://www.ft.com/cms/s/7caf543e-8b13-11dd-b634-0000779fd18c,Authorised=false.html?_i_location=http%3A%2F%2Fwww.ft.com%2Fcms%2Fs%2F0%2F7caf543e-8b13-11dd-b634-0000779fd18c.html&_i_referer=http%3A%2F%2Fwilliamnotes.wordpress.com%2F2008%2F09%2F30%2Fgarten-on-a-global-monetary-authority%2F

[41] Jeffrey Garten, We Need a Bank Of the World. Newsweek: October 25, 2009: http://www.newsweek.com/id/165772

[42] Ambrose Evans-Pritchard, IMF may need to "print money" as crisis spreads. The Telegraph: October 28, 2009:

http://www.telegraph.co.uk/finance/comment/ambroseevans_pritchard/3269669/IMF-may-need-to-print-money-as-crisis-spreads.html

Andrew G. Marshall es un investigador del Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG). Actualmente estudia Economía Política e Historia en la Universidad Simon Fraser.

REBELION.ORG

Chile: flexibilidad laboral y desigualdad, una pareja inseparable…

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Por Nelson Soza Montiel / La Nación Domingo

Estudio devela que brecha salarial es mayor en el sector privado

El economista Domingo Claps comparó la evolución de los salarios por deciles en el sector público y en el privado entre 1990 y 2005. La investigación destruye el mito sobre que los salarios más bajos permiten crear más empleo.

klee7 Entre la nutrida mitología de los economistas (neo) liberales figuran dos que han sido aceptadas y replicadas sin mayor discusión entre el empresariado chileno y de muchos otros países.

Una de ellas es que salarios altos fomentan el desempleo, lo cual por defecto implica que si se quiere combatir la desocupación se debe estar dispuesto a tolerar remuneraciones bajas.

Dando como cierta la existencia de este trade-off (jerga económica para denominar esta suerte de "toma y daca"), lo siguiente es afirmar que cualquiera intervención en el "libre" juego de la oferta y demanda laboral (por ejemplo, fijar el salario mínimo o mantener una sólida normativa laboral) genera desempleo.

Una consecuencia "natural" de este razonamiento ha sido empujar la flexibilidad del mercado laboral todo cuanto permitan las condiciones sociopolíticas de los países.

Sólo eliminando toda rigidez salarial se obtendría una mayor empleabilidad para los trabajadores más precarios.

Entre los economistas liberales y la mayoría de los empresarios es también un dogma de fe la existencia de una relación de causalidad entre la tasa de desocupación y la dispersión salarial.

Así, mientras mayor sea la dispersión o brecha salarial, mayor sería también el nivel de empleo de los trabajadores menos calificados.

¿Se cumplen en la práctica todos esos supuestos? Una investigación del economista Domingo Claps publicada en septiembre de 2007 los desmenuza uno por uno y concluye que todos y cada uno no sólo no tienen asidero, sino que generan el efecto exactamente opuesto.

Claps utilizó la encuesta suplementaria de ingresos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), cruzando datos de los deciles (división de la población en grupos de 10 puntos porcentuales cada uno, correspondiendo el decil uno al 10% más pobre y el décimo al 10% de mayores ingresos), con las cifras de empleo y desempleo.

Analizó lo ocurrido entre trabajadores públicos y privados a lo largo de un período de 15 años: entre 1990 y 2005.

MEJOR EN EL SECTOR PÚBLICO

Los resultados quizás no sean sorprendentes. Más bien reafirman lo que es vox pópuli. Quizás por ello es que sus conclusiones no hayan podido romper el cerco de los informes considerados "políticamente incorrectos". Veamos:

Los asalariados del sector público disfrutan de niveles salariales promedio superiores a los del sector privado en todos y cada uno de los deciles de ingresos.

Pero hay también una menor disparidad entre los asalariados públicos que entre los privados. Aunque entre los trabajadores públicos la brecha ha tendido a disminuir entre los nueve primeros deciles, llama poderosamente la atención la enorme distancia existente el decil nueve y el 10% más rico: es más del doble e incluso ha aumentado en los últimos 15 años.

La mayor dispersión de los salarios no ha venido acompañada de una mayor empleabilidad de los trabajadores menos calificados entre 1990-2005.

La capacidad de hallar un trabajo medida según deciles de salarios ha disminuido nítidamente entre los trabajadores menos calificados. Por ejemplo, la tasa de desocupación del 10% de menores salarios fue 12,1% en 1990 y más que se triplicó (39,5%) hacia 2005.

En igual período, la tasa de ocupación de este decil descendió desde 35% en 1990 a menos de la mitad (15,5%) en 2005. En contraposición, el 10% de mayores ingresos siempre tiene tasas de desocupación muy bajas (1,3% en 1990 y 1,3% en 2005), y sus niveles de empleo son los más elevados de todos los grupos de ingreso (61,6% del salario total en 2000 y casi 71% quince años más tarde).

Una situación exactamente opuesta ocurre al hacer la comparación con la tasa de desempleo del 10% más rico de los trabajadores. A medida que crece la brecha salarial, disminuye la desocupación de este grupo.

La dispersión salarial ha tenido su correlato en un creciente desnivel del empleo entre calificados y no calificados. A medida que se deteriora la brecha salarial entre los deciles de ingreso, crece la tasa de desocupación del 10% más pobre (los trabajadores menos calificados), y una situación exactamente inversa ocurre con su nivel de empleo.

El coeficiente de Gini (el indicador más utilizado para medir el nivel de concentración del ingreso) revela un claro aumento de la desigualdad entre los trabajadores públicos y privados entre 1990 y 2005. Aunque también una mejor distribución relativa de ellos entre los primeros.

Así, el 10% de mayores ingresos siempre se lleva una proporción sustancialmente menor de los salarios en el sector público que en el privado. Y a partir del cuarto decil (lo que podríamos definir como ingresos medios) tienen una mucho mayor participación en el total de ingresos que sus contrapartes del sector privado.

¿Por qué hay mayor diferenciación salarial y también más desigual distribución de los salarios en el sector privado que en el público? Domingo Claps aporta una explicación: hay una institucionalidad laboral que permite que la participación en sueldos y salarios del 10% de mayor ingreso esté a considerable distancia de los demás deciles.

En el caso del sector público, pese a no tener sindicatos formales, sus gremios tienen un mayor poder negociador.

Otro tanto sucede con la relación entre empleabilidad y flexibilidad salarial. Aunque no es concluyente para todos sus miembros, la evidencia de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) apunta a que las instituciones juegan un rol más relevante que el usualmente reconocido en el funcionamiento del mercado laboral.

Aunque los datos de su trabajo llegan sólo hasta 2005, Claps sostiene que todas éstas son "tendencias estructurales, la situación no ha cambiado mucho: no ha habido políticas muy claras que pudieran contrarrestar este panorama".

Concuerda con ello Cristián Paiva, coordinador de la Fundación Instituto de Estudios Laborales (FIEL): "La brecha salarial entre los trabajadores privados y públicos ha aumentado porque ha habido una tendencia a que éstos obtengan un mayor nivel de reajustes. Eso es una clara demostración del mayor poder negociador de sus organizaciones y reafirma también la necesidad de mejorar la normativa de negociación colectiva. Mientras tanto, la crisis seguramente aumentará la tendencia a la mayor dispersión salarial".

Dato no menor éste, el del aumento de la inequidad salarial. Doblemente relevante si los países de la OCDE club al cual Chile pretende ingresar navegan en dirección exactamente opuesta a lo que se predica y practica acá.

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Evo Morales, sobre Chile-Perú: "Tengo información de que el gobierno peruano sabe que va a perder en La Haya"…

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El Presidente de Bolivia lanza sus más duras críticas contra Alan García, a quien acusa de obstaculizar la búsqueda de un acuerdo entre Chile y Bolivia por el tema marítimo; señala que prefiere que las negociaciones con Santiago entren en compás de espera para no ser contaminadas por la campaña electoral.

 

EVO1 por C.Bofill, desde La Paz – 31/05/2009 – 08:31

A las 5.45 de la mañana del miércoles 28, el movimiento en el Palacio Quemado es intenso: funcionarios entran y salen, mientras afuera, en la Plaza Murillo, aún no amanece. Pero todos aseguran que es un día como otro cualquiera desde que, en enero de 2006, Evo Morales se convirtió en el primer presidente boliviano aimara y el único en décadas que ha derrotado en forma sistemática y con mayoría sólida a sus adversarios en las urnas. Sus audiencias, incluidas reuniones de gabinete, acostumbran partir a las 5.00 de la mañana y extenderse hasta casi la medianoche.

"Duermo unas tres o cuatro horas", se jacta Morales, quien representa menos de sus 49 años y en más de una hora de entrevista jamás alza la voz, ni cuando usa palabras duras para expresar su molestia. Durante la conversación -en el amplio Salón Dorado, ubicado en el tercer piso de palacio- llama la atención la facilidad con que pasa de un estilo conciliador a uno frontal.

No hay ningún rastro del líder de la radicalizada izquierda bolivariana cuando se trata de abordar el tema del mar con Chile. Repite una y otra vez que está dispuesto a hacer gala de todo el pragmatismo que sea necesario para llevar a buen puerto las negociaciones bilaterales, que han avanzado silenciosamente durante los últimos años. Da la impresión de que mide todas y cada una de sus palabras, al punto de pasar de largo las preguntas cuyas respuestas podrían ser interpretadas como indiscretas. Se refugia en el hermetismo, por ejemplo, al ser indagado sobre las gestiones que habría realizado en La Paz, como emisario personal de la Presidenta Michelle Bachelet, Ernesto Ottone.

Pero basta mencionar al Presidente de Perú, Alan García, para que Morales adopte su lado más duro, que según sus opositores políticos es su rostro más habitual. Las fuertes rivalidades con su colega peruano -a estas alturas no sólo ideológicas, sino personales- vienen desde antes de que Lima demandara a Santiago en La Haya por el límite marítimo. Tras esa iniciativa, sin embargo, la pugna ha llegado a alturas insospechadas. Hay unanimidad en que las relaciones Perú-Bolivia están en su peor momento histórico.

Como queda claro en la siguiente entrevista, Morales acusa al mandatario peruano de haberse convertido en un gran obstáculo para lograr lo que han buscado todos los líderes bolivianos desde hace más de un siglo: un acuerdo con Chile en el tema marítimo. Al escucharlo, es inevitable concluir que su objetivo  va más allá de haber hecho historia  sólo como el primer indígena que logró llegar al Palacio Quemado.

Usted ha dicho que su gobierno ha construido confianzas con Chile y que está listo para entrar en una segunda etapa del tema marítimo. Pero la Presidenta Bachelet está en la recta final de su mandato. ¿Lo considera factible en este momento?

Lamentablemente, es verdad que entramos en un período electoral en ambos países y que vamos a tener que esperar que concluyan esos procesos para seguir avanzando, para entrar a la etapa de debatir y negociar fórmulas sobre el mar. Hacerlo durante las campañas lo convertiría en un tema electoral. Creo que eso no caería bien en Chile y en Bolivia no lo voy a hacer. No he usado ese tema en la política interna ni lo voy a hacer.

En Chile las encuestas indican que el candidato favorito es Sebastián Piñera, de la oposición. ¿Cómo ve la posibilidad de negociar con él? ¿Lo conoce?

Quiero ser muy respetuoso de los temas internos de Chile. No conozco al candidato que usted menciona y no voy a opinar sobre él ni sobre los demás. Quien gane en Chile tendrá todo nuestro respeto. No quiero crearle ningún problema al gobierno chileno ni a ningún candidato ni a los partidos que van a competir. Por eso no queremos que el tema del mar sea parte del debate electoral chileno. Lo que sí voy a pedir es mantener las relaciones de confianza con el gobierno que venga, sea cual sea. Hemos dado pasos importantes y me gustaría mucho seguir avanzando.

¿Cuáles han sido esos pasos importantes?

Por primera vez en la historia de Bolivia tenemos una relación de confianza que posibilitó llegar a una agenda de 13 puntos que incluyó conversaciones sobre el tema marítimo, el punto 6. Eso significa que existe conciencia en el gobierno chileno que hay un problema todavía no resuelto, el del mar.

¿Cuándo tomó la decisión de dialogar con Chile y dejar el tema fuera de la política interna boliviana?

Cuando decidimos invitar al Presidente Ricardo Lagos a mi toma de posesión, en enero de 2006, algunos hermanos dirigentes protestaron. Yo les expliqué que se tenía que terminar esto de que se molestaran porque venía el Presidente de Chile. Como saben, a Lagos lo invité a mi casa y ahí partimos con la línea de confianza, lo que llamo la diplomacia de los pueblos. Sin confianza no se puede construir nada.

Todo indica que usted va a ser reelecto el 6 de diciembre. ¿En qué consiste lo que usted llama la segunda etapa del proceso de conversaciones con Chile?

Desarrollar las negociaciones por el tema del mar.

¿Ve posible un enclave sin soberanía, como el que se planteó en las llamadas negociaciones de gas por mar, del 2001?

La aspiración del pueblo boliviano es con soberanía. Pero eso será parte del debate y ya le dije que no es conveniente debatir por ahora. Además, las negociaciones no deben ser públicas ni por la prensa. Hay tantos comentarios. Algunos querían que fuera un corredor por la frontera entre Perú y Chile, pero ahí viene el Presidente Alan García y pone la demanda en La Haya.

Hay un gran contraste entre su actitud dialogante con Chile y las tensas relaciones con Perú durante su gobierno, que atraviesan tal vez la peor etapa de la historia. ¿A qué lo atribuye?

Mi problema no es con Perú, es con su gobierno, con su presidente. Tengo excelentes relaciones con los movimientos populares y sociales del Perú, con los campesinos, algunos partidos de izquierda, con Ollanta Humala. Los problemas nacen cuando se vive una permanente agresión de parte del gobierno del presidente del Perú. ¿Y cómo se expresa esa agresión, hablando de Chile, Perú y Bolivia? Es en esta demanda del Presidente Alan García ante La Haya. Yo tengo información -proveniente desde las mismas estructuras del Estado peruano- que (para García) no puede ser que el corredor (de Bolivia) sea por la frontera entre Perú y Chile.

¿Considera que la demanda es para bloquear la aspiración boliviana?

Por supuesto, por supuesto. Si existiera un problema entre Perú y Chile sobre los límites, la forma de resolverlo sería el diálogo. Pero para  perjudicar a Bolivia hacen una demanda, para que Bolivia no tenga salida al mar. En el fondo es eso y también tengo la información de que el gobierno peruano sabe que la demanda la va a perder. Lo saben ellos: hicieron la demanda para perjudicar a Bolivia.

Usted atribuye la responsabilidad exclusivamente a Alan García, pero la demanda tiene el apoyo de todos los partidos peruanos.

En cualquier país puede pasar eso, es normal que todas las fuerzas apoyen iniciativas así, como aquí el tema del mar. Lo mismo pasaría en Argentina con las Malvinas. No es un problema con Bolivia directamente, sino que con Chile, peroAlan García sabe cómo va tejiendo esto, como forma de perjudicar, engañando a su mismo pueblo. Ese es un primer tema, pero no el único.

¿Qué otro tema hay? El segundo es que, como la imagen de Alan García estaba tan desgastada, plantea esto para levantarse políticamente, para usarlo internamente. Esto nunca se lo dicen, pero yo se lo digo: la demanda en La Haya es para mejorar su imagen y para perjudicar a Bolivia.

¿La iniciativa no responde más bien a una política tradicional de Lima de impedir una salida al mar de Bolivia por ex territorios peruanos, como ocurrió con las negociaciones de Charaña (1978) y con el proyecto de gas por mar (2001)? Usted mismo ha dado a entender que cada vez que Chile y Bolivia se han aproximado a algún acuerdo, Lima ha puesto obstáculos.

No tengo tantos detalles de lo sucedido años atrás, pero creo que eran episodios diferentes. En el caso de Charaña era un dictador boliviano y uno chileno que se juntaron para tratar de confundir a sus países. Pero terminemos el tema de García. Quiero que se sepa que la demanda tiene como objetivo perjudicar a Chile y Bolivia en sus negociaciones. Además, ¿si su objetivo es defender el territorio peruano, por qué no presentó la demanda en su primer gobierno?

Los primeros movimientos para el reclamo marítimo fueron en ese primer período.Pero la demanda la presentó ahora. Nosotros planteamos la agenda de 13 puntos el primer año de nuestra gestión. También tenemos otro tema con García: los asilos que les ha dado en Perú a los ex ministros de Gonzalo Sánchez de Lozada. Ellos están acusados en Bolivia de crímenes de lesa humanidad y no se les puede conceder asilo ni refugio. Y Alan García sabe eso. Es una abierta provocación. Tal vez quiere vengarse de nuestras diferencias ideológicas y políticas.

Hablando de diferencias y afinidades ideológicas, ¿qué opina de Ollanta Humala, con quien usted tiene buenas relaciones? El tiene una posición muy agresiva contra Chile; ha dicho que le gustaría entrar a Arica en un tanque.

(Piensa unos segundos). Son posiciones orientadas ante su pueblo y de carácter político partidario.

¿No cree que esas posturas perjudican los diálogos entre los países?

Por supuesto que perjudican, pero no conozco eso.

¿Ha hablado con Fidel Castro después que él se reunió con la Presidenta Bachelet y divulgó un polémico texto afirmando que habían conversado sobre la demanda marítima boliviana?

No he podido viajar a La Habana a verlo, por motivos de trabajo. Tampoco hemos hablado del tema en las conversaciones telefónicas que hemos sostenido.

¿A qué atribuye la actitud de Castro, quien dejó en una posición muy incómoda a la Mandataria chilena?

Creo que él simplemente expresó un sentimiento internacional, como lo han hecho tantos países. Lo veo como un saludo al hecho de que estamos sentando las bases para negociaciones futuras. Pero quiero decir que, al margen de ese sentimiento internacional, prefiero relaciones de confianza a nivel bilateral entre Chile y Bolivia y no como antes, cuando se intentaba apelar a la comunidad internacional. Lo que yo quiero es resolver juntos el problema y no buscar mediadores, veedores o garantes.

También llama la atención su actitud conciliadora con Chile cuando se la compara con el nivel de conflictividad que hay en Bolivia. Da la impresión de que su estilo de gobierno es más bien confrontacional.

Primero, quiero decir que nuestros resultados electorales demuestran que somos un gobierno con un sólido respaldo. En cuatro años de gobierno hemos ganado elecciones dos veces con más del 50% y otras dos con más del 60%. Y digo esto frente a algunos comentarios de prensa que he escuchado desde Chile que sostienen que este es un gobierno inestable y por lo tanto se requeriría más estabilidad democrática para negociar. Pero esa no es la realidad. Lo que sí hay son grupos muy minoritarios que tratan de confundir al mundo entero -y a los chilenos- diciendo que no somos un gobierno democrático estable. Y no soy confrontacional. Son grupos pequeños que cometen actos de violencia, que no aceptan esta revolución democrática.

¿UN TERCER MANDATO?

En las últimas semanas, su gobierno ha impulsado un decreto que permite confiscar los bienes de sospechosos de actividades separatistas.

Hay gente que ha planificado matarme o dividir Bolivia. Yo no estoy haciendo una revolución con fusiles al hombro. El decreto supremo de confiscación de bienes es para proteger la unidad del país.

Pero existe el temor de que eso sea usado arbitrariamente para intimidar a la oposición.

Le repito: yo no voy a permitir que grupos financien la división de Bolivia.

¿No considera legítimo tener dudas sobre la forma en que usted ejerce el poder, pese a haber sido electo mayoritariamente, dado que sus grandes aliados son Fidel Castro y Hugo Chávez, quienes no se caracterizan por respetar a la oposición?

No veo por qué mezclar el tema del decreto confiscatorio con Cuba y Venezuela. Si vamos a hablar de eso, el tema es que algunos son imperialistas y otros son antiimperialistas. Quienes cuestionan a Fidel y a Hugo son pro-yanquis.

Usted aceptó limitar su reelección a una sola vez y, si es electo en diciembre, gobernará hasta el 2014. ¿No podría cambiar de opinión y buscar otra reelección al estilo Chávez o Uribe?

Fui flexible por la unidad de Bolivia.

¿No considera más sano para la democracia que los presidentes no se eternicen en el poder y gobiernen sólo uno o dos períodos?

Yo tengo proyectos de mediano y largo plazo para el país. Se requiere tiempo para implantar ciertas políticas. Lamentablemente, en Bolivia no ha habido continuidad en las políticas. A veces la gente me pide que me quede 20 años.

¿Entonces no descarta un tercer mandato?

Yo quiero irme a mi casa. Lo que le digo es que la gente me pide que me quede para ayudarla. Son miles, millones los que piensan así. Es el sentimiento de la gente.

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