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Conversación inédita entre Chávez y Fidel tras golpe de abril en 2002. Transcripción completa

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El líder cubano Fidel Castro divulgó este viernes una conversación que sostuvo en 2002 con el entonces presidente venezolano Hugo Chávez tras el golpe de Estado que lo apartó 72 horas del poder, en la que le propuso hacer una película sobre ese episodio. ”Hay que hacer una película de eso”, le dijo Castro a Chávez en una extensa charla telefónica el 14 de abril de 2002, después de que el mandatario venezolano retomara el poder, cuya transcripción fue publicada este viernes en CUba, en un folleto de ocho páginas.

En la conversación Castro calificó de “impresionantes” las imágenes del regreso de Chávez al palacio de Miraflores en Caracas, donde lo aguardaba una multitud. ”Unas imágenes impresionantes, las caras de la gente, la alegría, ¡algo nunca visto, Chávez! Es como para hacer cuadros, pinturas (…). Hay que hacer una película de eso”, le dijo Castro al líder venezolano, fallecido el 5 de marzo de 2013.

Asimismo, le propuso “investigar qué idea tenían” los golpistas, a los que calificó como “fascistas” e “hijos de puta”, así como lo que planeaban hacer con Chávez. ”Sí, ya yo mandé a investigar eso”, le respondió Chávez, quien también prometió a Castro hacer “todo lo que pueda para no darte otro susto y otra tristeza”.

Chávez, quien convirtió a Venezuela en el principal aliado de Cuba, relató en detalle los momentos de amargura y confusión que vivió las 72 horas en que estuvo aislado bajo el golpe que, según dijo, pudo haber desatado “una guerra civil” y la alegría que sintió al saber que había fracasado. ”¡Qué día, Fidel! Estoy que… ¡es una cosa increíble, increíble! Yo todavía estoy procesando cosas”, dijo Chávez.

“Oye, parece que una mano divina te lleva a ti”, le dijo Castro, a lo que Chávez respondió: “Bueno, el pueblo, chico, Dios y el pueblo”.
Castro, de 87 años y alejado del poder desde 2006, escribió una introducción al folleto, en la que rinde tributo a Chávez, pero no se refiere a la crisis actual en Venezuela.

CONVERSACIÓN TELEFÓNICA SOSTENIDA POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ CON EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, HUGO CHÁVEZ FRÍAS. 14/04/2002 – 07:01 h

PDTE. CHÁVEZ.-…Heroína María, Fidel. (al parecer yo lo había llamado a él héroe un segundo antes)

FIDEL CASTRO.- ¡Ah, esa es la campeona, caramba! ¡Qué historia! ¡Qué historia!

PDTE. CHÁVEZ.- (Se ríe) ¡Esto no tiene nombre, Fidel!

FIDEL CASTRO.- Yo ahora estaba meditando, no me podía dormir. Me iba a dormir y no me podía dormir, cuando me suena un timbrecito ahí, y ya… ¡Qué cosa!

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Qué día, Fidel! Estoy que… ¡es una cosa increíble, increíble! Yo todavía estoy procesando cosas. Y los muchachos… Porque yo estaba aislado; me llevaron, cuando salí de aquí, esa madrugada, como dos horas después que hablamos. Pues, entonces, por fin, como lo hablamos, yo dije: “No, yo no voy a renunciar. Voy preso, pues.” Entonces, me voy, voluntariamente. Hablé con los muchachos, que son —como tú sabes— unos guerreros, y les dije: “No se pongan a cometer locuras. Bueno, vamos a prisión y esto no ha terminado.” Porque no tenía yo ya cartas que jugar. Otras unidades leales, pero estaban lejos, ¿ve? Las que estaban sólidas, sobre todo la Brigada de Pa­racaidistas en Maracay. Baduel me llamó.

FIDEL CASTRO.- No, y no podían moverla, Hugo, porque se arma una batalla, ni siquiera una guerra civil.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, sí, exactamente. Yo le dije…

FIDEL CASTRO.- Yo he oído decir que ya querían venir y tú les dijiste que no.

PDTE. CHÁVEZ.- No, yo le dije: “Mantén tu posición.” Y me llamaron unos muchachos de Maracaibo, allá en Occidente, de Tanques, y me dijo Alcalá: “Aquí está mi batallón de tanques listo en columnas, y todos mis oficiales y tropas. ¡Patria o Muerte! Me voy a tomar Maracaibo.” Le dije: “No. Mantén tu posición. Me basta que mantengas la posición moral, de combate, pero mantén tu posición física también. Eso sí, artillado y listo, por si acaso te ataca la fuerza aérea, o alguna cosa.”

Y eso se fue multiplicando a nivel de los Comandantes de los Batallones de Tanques, de Infantería, un Batallón de Selva por allá en la selva. Empezaron a decir que no reconocían al supuesto gobierno este nuevo, ilegítimo. Y Baduel se convirtió en el eje, y otros generales leales se fueron para allá. Muchos de los muchachos míos que se quedaron sueltos por ahí, se concentraron en Maracay.

Yo estaba haciendo un plan después que hablé contigo. La única alternativa que me quedaba era irme a Maracay. Pero tú sabes que esas son como casi dos horas por tierra. Y entonces, bueno, no teníamos la seguridad de que pudiéramos llegar allá.

FIDEL CASTRO.- Era imposible, era imposible.

PDTE. CHÁVEZ.- No, no. Nos hubieran parado en la carretera, y a lo mejor se arma una batalla ahí, ¡quién sabe qué hubiera pasado! Así que, por eso, decidí entregarme.

Me llevaron a cinco sitios. Me movieron de un lado para otro. Me presionaron para que firmara la renuncia. Yo dije: “No, yo no renuncio. Yo soy preso. Soy preso, y listo. Y enjuícienme.”

Me llevaron a medianoche por allá, a un apostadero naval, y resulta que a las dos horas ya tenía ganados a casi todos los sargentos, porque son comandos de estos, paracaidistas y todo, ¿no?

FIDEL CASTRO.- Eso fue aquel día, eso fue el viernes.

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Eh?

FIDEL CASTRO.- ¿El viernes?

PDTE. CHÁVEZ.- No, eso fue antier, el jueves por la noche.

FIDEL CASTRO.- El jueves. ¡Ah, eso fue…!

Pero tú estabas en Palacio.

PDTE. CHÁVEZ.- No, eso fue el viernes, perdón.

FIDEL CASTRO.- Sí, a las 03:50 fue que tú saliste, del viernes, antes del amanecer.

PDTE. CHÁVEZ.- Correcto.

Entonces, ahí me movieron por tres lugares ese mismo día. Y por fin decidieron —como ya la gente se estaba agolpando… Yo estaba por allá en el Regimiento de Policía Militar, preso, y la celda donde yo estaba queda como a un kilómetro de la salida del Fuerte Tiuna, y ya se oían los gritos de la gente. Porque la gente sabía que yo estaba ahí, ¿no? Yo llamé de allí, hablé con María, hablé con María Isabel y con la familia: “Díganles que estoy aquí en Fuerte Tiuna.” Y la gente empezó a irse para allá, a aglomerarse. Pero miles de personas, a gritar consignas, sin miedo…

FIDEL CASTRO.- ¿A qué hora del viernes?

PDTE. CHÁVEZ.- Eso fue ya en la tarde del viernes.

FIDEL CASTRO.- Claro. ¿Y cómo pudiste hablar con María y con el Ministro de Educación y de Trabajo?

PDTE. CHÁVEZ.- Los militares… Un militar me prestó un teléfono celular.

FIDEL CASTRO.- ¿En dónde? ¿En ese momento? ¿Allí en el Fuerte Tiuna?

PDTE. CHÁVEZ.- En el Fuerte Tiuna me prestaron un teléfono y empecé a hacer algunas llamadas: a mis hijos, a María Isabel… Y les pedí que hablaran con el mundo; que yo no había renunciado. Ahí fue cuando María te llama…

FIDEL CASTRO.- A las 10 y dos minutos me llama María. El viernes.

PDTE. CHÁVEZ.- En la noche.

FIDEL CASTRO.- No, por la mañana.

PDTE. CHÁVEZ.- iAh!

FIDEL CASTRO.- A las 10 y dos minutos me llama. Y es cuando yo le propongo que si ella estaba dispuesta a hablar ella misma. Dice: “Sí, ¡qué no haría yo por mi padre!”

Entonces le preparé inmediatamente para que hablara con Randy el periodista, y a las 12:40 lo disparamos al aire. Cuando lo disparamos al aire, se lo entregamos a las agencias y también a la CNN. Entonces la CNN empezó a darlo y cada media hora sacaba la noticia.

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Y cuánto tiempo habló María?

FIDEL CASTRO.- Bueno, puede ser que ella habló… Fueron seis minutos. Hizo una historia muy bien, en seis minutos.

PDTE. CHÁVEZ.- iAh, no, pero esa es la heroína!

FIDEL CASTRO.- No, no, pero sí. Pero fue fenomenal, porque esta gente…

PDTE. CHÁVEZ.- No, eso fue muy, muy importante.

FIDEL CASTRO.- Entonces ya Felipe fue como a las 4 de la tarde, en que estaba asediada la Embajada nuestra. Pero allí ha sido… La querían asaltar. Hubo un momento… Bueno, la orden tenía que ser, primero, disparos… Tenían que defenderse, porque los mataban a todos, y había 5 mujeres y un niño, y 17 compañeros allí. Fue muy tensa…

PDTE. CHÁVEZ.- Dicen que les quitaron hasta la luz y el agua.

FIDEL CASTRO.- Fue muy tensa. Les quitaron la luz, les quitaron el agua, no se podían mover, y hasta, bueno, estuvieron a punto de asaltarla. Ese fue el momento más crítico. Habría perturbado eso terriblemente. Porque de abrir una balacera…

PDTE. CHÁVEZ.- Germán estaba ahí, ¿no?

FIDEL CASTRO.- Germán se portó… ¡Y toda la gente se portó… pero como unos héroes de verdad! Allí. Porque estaban cercados. Una multitud. Romaní y toda la gusanera aquella. ¡Si tú ves qué discurso pronunciaba! Porque a aquellos los transmitían. Las cadenas esas transmitían todo.

PDTE. CHÁVEZ.- Claro, lo transmi-tían todo.

FIDEL CASTRO.- Y se pasaron todo el día calumniando y calumniando, y hablando de la renuncia, la renuncia y la renuncia.

Entonces, ellos edificaron todo su andamiaje sobre la base de la renuncia. Ahí fue donde se embarcaron p’al diablo.

PDTE. CHÁVEZ.- (Se ríe) Sí, porque empezaron a difundir un texto que yo no quise firmar, cuando me reuní allá en el Fuerte Tiuna con los generales traidores estos, que estaban comprados por la oligarquía de acá y otros sectores más.

Entonces, bueno, me llevaron. Cuando empieza la gente a aglomerarse en Fuerte Tiuna, ya en la tarde…

FIDEL CASTRO.- ¿A qué hora hubo unos disparos allí? Porque hubo unos disparos. Ya anocheciendo, o de noche ya.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí. Hubo unos disparos. Parece que fue al aire.

FIDEL CASTRO.- Sí, porque la gente estaba acumulándose y estaba bajando de las lomas.

PDTE. CHÁVEZ.- Anjá.

FIDEL CASTRO.- Sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, ahí me llevan, en helicóptero, ya de noche, ha­cia un apostadero naval que queda co­mo a hora y media de Caracas en helicóptero.

Yo no sabía para dónde me llevaban. Entonces, bueno, me monté en el helicóptero, y me llevan a un apostadero naval, donde estaba un grupo de comandos de la Marina.

FIDEL CASTRO.- Sí, Riuma…

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Eh?

FIDEL CASTRO.- Tiene un nombre… Yo lo vi ayer por la mañana, porque un amigo, una gente de ustedes se lo dice a la AFP. Me refiero al viernes, ¿no? No, al sábado por la mañana. Se lo dice a la AFP, que a ti te han llevado para un lugar, y da el nombre allí; dice: a 100 km de Caracas, en dirección a Miranda más o menos. Y da el nombre del lugar donde estás.

PDTE. CHÁVEZ.- Turiamo.

FIDEL CASTRO.- Turiamo, exactamente. De eso yo me entero cuando termino un acto por la mañana, en que metimos duro, ¿no? Entonces, ya yo iba saliendo del acto, y me informan que ha salido un cable que indica el lugar donde tú estás. Allá.

Entonces, llamé allá. Tus padres habían oído a María. Por la noche, por la CNN, vieron todo. Entonces, tu mamá manda un recado. Nos llama, quiere hablar conmigo, porque quiere hacer una declaración ella también.

Entonces, yo la llamé primero a la Gobernación, pero me dejaron tres teléfonos y estaban en la residencia, allí donde estuvimos comiendo el pescado aquel.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí. (Se ríe)

FIDEL CASTRO.- Entonces, estaba ella con muy buen ánimo. Pero allí me doy cuenta —porque hablé también con tu padre, y le pregunté cómo estaban las cosas. La relación con la jefatura militar estaba muy bien; se había reunido. Y entonces allí, el de Sabaneta también, muy activo. Ya ellos habían hecho contacto allá también con la gente de los paracaidistas, y tenían el control allí de la situación, y se organizó muy bien.

Entonces, ya empiezan las primeras noticias.

Yo, cuando terminé de hablar con ellos ya, llamé a María —era alrededor de las 10, 10 y tanto—, a ver qué noticias tenía, y yo le doy la información de que te habían llevado para esa base.

PDTE. CHÁVEZ.- Correcto. Ahí estuve esa noche. Ahí, bueno, descansé un rato; hablé con los muchachos, los comandos… Porque ellos son muchachos de comandos paracaidistas, aunque son de la Marina, y entonces resulta que me los voy ganando, me los voy ganando, van cogiendo confianza. Y en la mañana resulta que uno me propone salir de ahí, es decir, tomar la base esa y rescatarme, y salir de ahí hacia Maracay por tierra —porque el helicóptero no lo teníamos cerca, estaba en el apostadero, donde sí ellos lo tenían bajo control. Entonces, a mí me pusieron en una bahía con una unidad de comandos de unos 100 hombres; pero ellos me dijeron —un grupo de oficiales y sargentos—, me dijeron: “Mire, mi Comandante, estamos dispuestos a irnos de aquí con usted. Detenemos aquí a algunos oficiales que no están con nosotros, y nos vamos a Maracay, porque está mi general Baduel haciéndose fuerte allá, la gente en la calle, en Caracas la gente está en la calle. Así que, vámonos de aquí.”

Bueno, estaban haciendo el plan ya, y al rato llegan…

FIDEL CASTRO.- ¿Y por dónde hubieran llegado a Maracay ustedes?

PDTE. CHÁVEZ.- Por carretera, porque esa zona queda cerca de Maracay, queda como a dos horas de Maracay por tierra.

FIDEL CASTRO.- Pero, ¿Maracay está al este o al oeste de Caracas?

PDTE. CHÁVEZ.- Maracay está al suroeste de Caracas, y forma —con el lugar donde yo estaba— como un triángulo casi que equilátero entre…

FIDEL CASTRO.- Sí. Pero entonces la base esa, ¿está en la zona de Miranda, o al oeste de Maiquetía?

PDTE. CHÁVEZ.- No, al oeste de Maiquetía, en el estado de Carabobo, yendo hacia…

CMDTE. EN JEFE.- ¿La base esa?

PDTE. CHÁVEZ.- Turiamo, sí.

FIDEL CASTRO.- Claro, ahora entiendo, ahora entiendo.

PDTE. CHÁVEZ.- Y es del estado de Aragua, Turiamo está en Aragua, cuya capital es Maracay. Ellos cometieron un error allí, porque me llevaron al estado de Aragua.

FIDEL CASTRO.- Te llevaron cerca de donde estaban los paracaidistas.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Cerca! No se dieron cuenta de eso. Entonces yo ahí me sentía más sólido, y los muchachos listos.

Ahora, ¿qué pasa? En Maracay no sólo fue Baduel. Otro general que estaba conmigo aquí en el Palacio, García Mon­to­ya, resulta que él fue el que también me recomendó entregarme. Me dice: “No, usted tiene que preservar la vida. No­sotros nos encargamos aquí de la resistencia. Así que entréguese, pida garantías, y bueno, nosotros pendientes de exigir que le respeten la vida”.

Por una parte me estaban sacando a mí preso, y por la otra él se fue a Maracay, porque él es muy amigo de Baduel, y allá él, que es General de División, organiza el Comando de la Resistencia y la Dignidad. Y empieza ese comando, y los muchachitos míos de aquí, los jovencitos que tú conoces, se fueron para allá también, para Maracay, que queda como a hora y media de Caracas. Se fueron, se les escaparon a los jefes aquí, a los que asumieron.

Aquí tenían un plan ya. Unos se quedaron en el sótano escondidos.

FIDEL CASTRO.- Creo que Martínez estaba por allí también, ¿no?

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, Martínez estaba. Todos estaban allí. Martínez…

FIDEL CASTRO.- Yo hablé con el general ese que tú dices.

PDTE. CHÁVEZ.- ¿García Montoya?

FIDEL CASTRO.- Sí, yo hablé primero con Baduel —porque todo eso me comunicó María. Me comunicó primero con el que estaba de Jefe de Comando, el que estaba de Comandante de la Fuerza Armada, Lucas.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah, Lucas, Lucas! ¿Hablaste con él?

FIDEL CASTRO.- Sí. Ella me comunica con él.

Era el período en que tú estabas en Orchila, ya a esa hora.

Eso fue por la tarde, a primera hora de la tarde más o menos. Yo le comuniqué.

Entonces, después María me dice que Baduel quiere hablar también, y me dio los teléfonos. Era muy difícil se cortó dos veces la comunicación— con Lucas, y entonces, a través de María, pude… Ella me dijo que Baduel quería hablar conmigo. Entonces, hablé con Baduel un rato, y estábamos en la enorme preocupación de dónde tú estabas y de presionarlos no fuera a ser que en la desesperación hicieran cualquier cosa, ¿tú entiendes?

Entonces, él me pone con ese general, este que estaba allí.

PDTE. CHÁVEZ.- García Montoya.

FIDEL CASTRO.- Montoya. Y entonces él pide también que ellos querían hacer una declaración pública.

Entonces, hablando conmigo ahí, yo le puse para grabarle la conversación, y le dije que la hiciera: ¡pam! Y entonces hizo un discurso dirigido a la opinión pública mundial y todo.

Inmediatamente la pasamos a la televisión y se la entregamos también a todas las estaciones aquí, un discurso que él hizo.

¡Figúrate!, tú no sabías lo que estaba pasando por acá, ¿no?

PDTE. CHÁVEZ.- No, yo no sabía nada de eso.

Claro, yo intuía la reacción popular y militar, pero me preocupaba, porque eso pudiera haber generado hasta una guerra civil. Pero resulta que…

FIDEL CASTRO.- No, Baduel y el otro tenían una posición muy clara —yo se la elogié—; estaban indecisos de si salir o no. Y entonces, yo decía: no, no conviene que haya combate. Les di mi opinión, pero ya ellos tenían pensado precisamente eso.

Entonces, sí yo hablé…

PDTE. CHÁVEZ.- Creo que dieron un ultimátum a esta gente de aquí de Caracas para que yo apareciera, si no, iban a venir sobre Caracas los paracaidistas.

FIDEL CASTRO.- Sí, pero el problema es que lo que hizo el general y lo que hizo Baduel —los dos— fue la táctica de no moverse, y apelaron a todas las unidades. Entonces, hablaron en ese mensaje que hicieron, que nosotros transmitimos a todas partes.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, eso se convirtió… Ellos convirtieron el Comando de los Paracaidistas en el Comando de la Resistencia. Entonces, fueron llamando a las unidades, a generales, a comandantes, y me dicen que tenían un cuadro en la pared. Y entonces, uno de los muchachos, de los míos acá, de los tenientes, tomando notas, y el general llamando y llamando: “Miren, ustedes con quién están, defínanse.” Entonces: “No, que estamos indecisos.” Entonces empezaban a hablarles, a decirles, y se fueron ganando poco a poco a toda la oficialidad otra vez, explicándoles que yo no había renunciado, que eso era una gran mentira, que esa era una traición, que estaban entregándole el país otra vez a FEDECÁMARAS, a los empresarios, a los Adecos, a los Copeianos —por­­que esos hicieron una fiesta aquí ayer.

FIDEL CASTRO.- Sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Vinieron aquí al Palacio e hicieron unas fiestas.

FIDEL CASTRO.- Sí, sí, si los pescaron ahí. (Riéndose) Los pescaron ahí adentro a los ministros.

PDTE. CHÁVEZ.- Aquí tienen a unos presos, pero al fulano presidente este, y a todo el…

El negro Churio… ¿Te acuerdas de Churio?

FIDEL CASTRO.- Sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Churio, el Mayor, ese muchacho es el jefe de los comandos míos. Ellos estaban en el sótano, y entonces… ¡Menos mal que no lo hicieron! Porque ellos, cuando estaban juramentando al supuesto presidente este, querían tomarlos de rehenes, hacer una toma de rehenes allí en el salón grande.

FIDEL CASTRO.- (Se ríe)

PDTE. CHÁVEZ.- Es que aquí es para escribir un libro, Fidel.

FIDEL CASTRO.- No, no, se puede hacer un libro.

PDTE. CHÁVEZ.- Un libro para la historia, mira, porque… Tú que tienes muchos más años que yo en esto; yo no recuerdo un ejemplo parecido…

FIDEL CASTRO.- No, no hay nada parecido, no hay nada, nada, nada parecido.

PDTE. CHÁVEZ.- Yo no quería creerlo.

Mira, Fidel, yo anoche estaba allá, estaba por allá con los muchachos de la bahía de Turiamo —porque allá hace mucho calor—, y entonces les dije: “Bueno, déjenme salir un rato para allá, yo no me voy a escaparme de aquí.” Y me puse a hablar con ellos.

¡Ah!, esa es otra cosa que me sirvió mucho, Fidel: hablar con los soldados, oírles sus quejas, los sargentos. Entonces, se quejan mucho de los jefes que han tenido en estos años con mi gobierno; que los han olvidado, ¡coño!, que ellos tienen problemas económicos, tienen allá las instalaciones muy viejas, les faltan recursos para el entrenamiento, para el mantenimiento de las armas. Entonces, me empezaban a contar todas esas cosas, ¿no? Y eso es una lección. Yo no puedo olvidarme de esos muchachos y contar sólo con los altos mandos y lo que a uno le dicen. Hay que meterse hasta abajo, y oírlos a ellos, sus problemas. Fue una noche muy bonita, que yo incluso les dije: “Miren, si a mí llegan a condenarme y a degradarme, les voy a pedir a los que me condenen y me degraden que me pongan de soldado raso a servir aquí en esta unidad; me quedo con ustedes aquí de soldado raso —porque yo lo estaba disfrutando mucho—, yo lo que soy es un soldado en verdad como tú” —un tipo que anda por ahí.

Vienen estos muchachos, y entonces ellos me hicieron un café allá, y me dejaron solo; se fueron allá y se pusieron un poco más lejos. Me quedé yo pensativo ahí, y me puse a mirar al cielo, y entonces yo digo: “No, yo estoy seguro de que esa siembra de tantos años en el pueblo, esas organizaciones populares que hemos estado empujando, organizando, impulsando —los Círculos Bolivarianos; los partidos, el MBR, el PPT, el MAS, el PCV, toda esa gente—, esa gente no se puede quedar quieta, porque si esa gen­te no hace nada, ¡coño!, es que no merecen esta vaina, no merecen una revolución todavía.

FIDEL CASTRO.- Sí, pero estaban engañados, confundidos p’al diablo, des­concertados con la campaña que hicieron.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, sí. Claro. Y además, a mí me cortaron la señal del canal del Estado, y unos traidores militares entonces tomaron el canal mío allá en la estación, y yo no tenía cómo comunicarme con el pueblo.

FIDEL CASTRO.- No, te dejaron incomunicado.

PDTE. CHÁVEZ.- Eso me indica que yo debo instalar en el Palacio un equipo de transmisión de una planta aquí mismo, aquí mismo en el Palacio. Son cosas de las que ahora yo estoy sacando conclusiones, voy a…

Claro, estoy aquí todavía —como te dije— estupefacto, que todavía estoy evaluando esta cosa, este huracán y este contrahuracán así. Fue todo tan rápido, que yo no creía creer. Todavía estoy aquí…

FIDEL CASTRO.- Es que ya, ayer viernes, desde por la mañana, era un río de gente para allá, hacia Palacio. Y rodearon el Fuerte Tiuna también. Había más de 100 mil gente.

PDTE. CHÁVEZ.- Todo, todo eso. Hicieron cadenas humanas y trancaron las carreteras en casi todo el país. Trancaron las carreteras. Pero sin violencia. Esta noche fue que se desataron unos saqueos aquí en Caracas, pero ya…

FIDEL CASTRO.- ¿Fue mucho o no? Porque todo el mundo estaba hablando… Quiero decir, la misma gente tuya, por la televisión, estaban hablando y hablando contra eso. Y después tú ha­blaste, que fue muy bueno el discurso tuyo, ¡excelente!

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Tú lo oíste?

FIDEL CASTRO.- Sí, ¡cómo no!

PDTE. CHÁVEZ.- Ahí estuve…

FIDEL CASTRO.- Estabas tú ecuánime, bien, reflexivo. Me pareció excelente. A todos los que estábamos ahí. Estuviste hablando una hora aproximadamente.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, más o menos. Correcto.

Entonces, luego que terminé esa cadena, salí al balcón del pueblo. Estaba la gente concentrada afuera, y no se querían ir hasta que yo no saliera, pues.

FIDEL CASTRO.- ¡Ah!, ¿lograste saludar?

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Claro!, yo salí al balcón del pueblo, después de la alocución, y ahí estuve con ellos.

FIDEL CASTRO.- ¡Ah!, pues yo creía que se había acabado todo, y en­tonces…

PDTE. CHÁVEZ.- No, no. Yo salí al balcón. Lo que pasa es que…

FIDEL CASTRO.- ¿Y eso salió por televisión también?

PDTE. CHÁVEZ.- No estoy seguro, Fidel. A lo mejor sí. No estoy seguro. Vi unas cámaras allá abajo, pero no sé si estaban transmitiendo. Fue muy rápido en verdad, fue muy rápido. Yo me pasé ahí unos minutos, porque…

FIDEL CASTRO.- No, si esa gente llevaban ahí… ¡desde por la mañana estaba esa gente ahí!

PDTE. CHÁVEZ.- Todo el día. Yo les hacía señas de que se fueran a dormir, y no…

FIDEL CASTRO.- Oye, pero cercaron el Fuerte Tiuna ese, ¡una multitud enorme!

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, allí fue un cura, un cura que vino por ahí ahora, que es cura militar. Me dijo que había como unas 50 mil personas trancando, que no podían salir los militares del Fuerte Tiuna.

Entonces ahí es cuando comienzan —fí­­jate en la cosa—, es cuando llega un helicóptero allá a Turiamo. Ya los muchachos estaban preparando la operación, pero yo tenía dudas, ¿no?, porque yo les dije: — “Pero aquí no hay un teléfono por allí, que yo pueda hablar con Baduel?”. —”No, allí no hay señal de teléfono— me dijeron.

—”Entonces así no podemos salir ahí, sin una planificación con él, es difícil, porque puede haber un encuentro en el camino, y entonces se arma una batalla y un combate”.

Pero estábamos pensándolo. Yo estaba pensándolo en serio, porque está más cerca de Maracay —Y yo como conozco tanto Maracay y los paracaidistas, yo conozco… y ellos también, pues.

FIDEL CASTRO.- Ahora, esos dos, Montoya y Baduel, actuaron con mucha inteligencia. Fueron inteligentes. Mucha inteligencia política.

PDTE. CHÁVEZ.- Ellos son muy inteligentes, de los más brillantes amigos, y hombres de aplomo, de inteligencia… Y ahora, bueno, han despuntado como líderes militares y políticos también, con esa acción, porque ellos convirtieron a Maracay en la segunda… Pero tú sabes que esa es la principal plaza del país, porque, además el General de la base aérea donde están los aviones de combate F-16, todos, tomó la base y se puso leal a la Revolución.

FIDEL CASTRO.- Sí, ya tenían aviación, lo tenían todo ya, tanques, aviones, y la infantería.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah!, y los tanques de Valencia, donde está el General Rangel, que fue aquí jefe de la Casa Militar, y yo los visité hace apenas como 10 días, estuve con ellos allá.

Mira, pero me contaban ahorita los muchachos —¡una cosa impresionante, Fidel!—…

(Se dirige a su hijo: “Hugo, consígueme…”

Aquí está Huguito, te manda saludos, pronto va para allá.

FIDEL CASTRO.- Sí, sí, ya hablé con él.

PDTE. CHÁVEZ.- Va a estudiar. Hablaste con él ya.

FIDEL CASTRO.- Sí, sí le pregunté cuándo venía.

PDTE. CHÁVEZ.- Parece que va a ser ingeniero.

FIDEL CASTRO.- (Se ríe) Yo hablé con él y con Rosa.

PDTE. CHÁVEZ.- Mira, aquí está Rosita, te manda un beso. Y Hugo dice que el plan sigue en pie. Así me dijo.

FIDEL CASTRO.- Sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Él hace muchos planes, lo que pasa es que casi ninguno funciona. (Se ríen)

FIDEL CASTRO.- Pero parecía embullado. Con este último parecía embullado.

PDTE. CHÁVEZ.- Este parece que sí va a funcionar.

Entonces, fíjate… Pero es que han pasado detalles de los muchachos aquí…

FIDEL CASTRO.- ¡Cuéntame! Yo estoy desesperado por que tú me cuentes. ¡Cuéntame!

PDTE. CHÁVEZ.- Pero es que son cuentos para escribir no sé cuántos libros.

Mira, me dijo uno de los muchachos ahorita, que ellos fueron a la Academia Militar, ¿no? Ellos andaban moviéndose por ahí. Los cadetes… Resulta que yo hace como dos semanas fui a darle una conferencia al Quinto Año, el último año ya para graduarse de Subtenientes, ¿no? Y, bueno, yo con ellos hablo mucho y les cuento cosas; bueno, a esos muchachitos uno los va formando. Y llegaron allá, y los cadetes estaban tomando la Escuela Militar, chico, y el Alférez Mayor tenía la llave de todos los parques y dijo: “No entrego nada.”

FIDEL CASTRO.- No tenían armas. (Se ríe) Estaban sin armas.

PDTE. CHÁVEZ.- No, las tenían en el parque, pero él tenía todas las llaves, listo por si acaso había que sacar.

Entonces, toman la Escuela Militar, toman el edificio del Comando del Ejército, y aquellos generales entonces —me imagino— dando carreras, no encontraban dónde meterse. ¡Los muchachos buscándolos, chico! Todos están presos. Los pusieron presos los militares subalternos, ¡a todos esos traidores! ¡Una lección de honor, chico, que a mí me…!

FIDEL CASTRO.- ¿Cuándo fue eso?

PDTE. CHÁVEZ.- Eso fue hoy, después del mediodía.

FIDEL CASTRO.- ¡Ah!, hoy al mediodía. ¡Ah, sí!

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, y se llevaron allá —allá lo tienen— al fulano presidente de transición, preso allá en el Fuerte Tiuna. ¡Los muchachos! Junto con ese poco de generales.

FIDEL CASTRO.- ¿Y esa escuela está cerca del Fuerte Tiuna?

PDTE. CHÁVEZ.- Está dentro de la Escuela. Allá adonde fuimos el día de la toma de posesión, allá en el patio grande aquel. Esa es la Escuela Militar. Ahí tienen presos ahí al lado, cerca de ahí, en el Fuerte, al fulano presidente este y sus ministros.

FIDEL CASTRO.- A Mussolini, un Mussolini. (Se ríen) Porque cuando ha­bló —yo lo vi cuando tomó posesión—, se parecía a Mussolini.

PDTE. CHÁVEZ.- Lanzaron un decreto eliminando la Asamblea, eliminando el Ministerio de Justicia, eliminando los…

FIDEL CASTRO.- ¡Oye, pero, qué barbaridad! Ellos ayudaron, ¿sabes? Ellos ayudaron también, porque hicieron unos disparates del cará.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, no, ellos pusieron la cómica. Y además, teniéndome a mí preso sin renunciar. ¡Imagínate tú! Rompiendo con todo. ¿Cuál democracia? Decían que por rescatar la democracia. De esa manera, ¿quién les va a creer? Hasta los Estados Unidos tuvieron que rectificar hoy. Hoy en la tarde emitieron un comunicado rectificando la vaina.

Pero, fíjate, para terminar de contarte. Me llegan a buscar a Turiamo, un helicóptero. “Mire —me dijo un Al­mirante—, mire, Presidente…” Cuando me dijo “Presidente”, yo dije: ¡Ay, papaíto!”

—”Mire, Presidente, que me mandaron a custodiarlo, y además, que vayamos a la Orchila, para que esté…” —la Orchila es al norte, tú has ido a la Orchila; te la pasabas allá…

FIDEL CASTRO.- Sí, yo he ido ahí. ¿A cuántos kilómetros está?

PDTE. CHÁVEZ.- De Turiamo está…

FIDEL CASTRO.- No, de la costa, de la costa.

PDTE. CHÁVEZ.- Está como a 100 kilómetros.

Entonces, yo le digo: “Pero, bueno, Almirante, ¿para qué me viene usted a buscar aquí? Ya yo estoy aquí acostumbrándome con estos soldados aquí, estoy preso aquí, no se preocupe por mí.”

—”No, que allá está mejor, para que esté en la casa presidencial”.

Le dije: “No, chico, no me hace falta, yo me siento bien aquí.”

—”No, pero, mire, es que quieren hablar con usted”.

Yo, tanteando, porque eso era signo de debilidad, pues. Pero yo tanteándolo, ¿no?, a ver hasta dónde.

Entonces, yo le digo: “Pero, ¿qué quieren hablar conmigo? Si ya, cuando teníamos que hablar, no quisieron hablar, les hice una serie de condiciones, propuestas.”

—”No, no, pero es que ya ellos quieren… ahora sí, porque ya la cosa está más clara, quieren que usted se vaya para Cuba”.

Entonces yo le digo: “Mira…”

FIDEL CASTRO.- Sí, no quisieron aceptarlo aquella noche, ¿eh?

PDTE. CHÁVEZ.- Anjá, eso le dije yo: Le digo: “Mira, yo, incomunicado como estoy, no sé nada de lo que está pasando, tengo un poco de compañeros presos” —porque ya yo sabía que sacaron al Ministro del Interior, a Rodríguez Chacín, lo sacaron esposado de su casa, al gobernador Blanco de la Cruz lo sacaron de la Gobernación, al diputado Tareck, se lo llevaron siendo diputado, preso y todo—; entonces yo le digo: “Mira, no hay condiciones para que yo tome una decisión. Yo no puedo salir del país, de ninguna manera, dejando gente mía presa. Yo no tengo comunicación con nadie…”

FIDEL CASTRO.- ¿Y a qué hora fue eso?

PDTE. CHÁVEZ.- Eso fue hoy, o sea, ayer sábado, ya como a las 2 de la tarde.

FIDEL CASTRO.- Sigue.

PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, de todos modos yo le dije: “Mira, yo puedo ir, pero llama allá y dile a quien te mandó —un Almirante que había sido nombrado Ministro de Defensa, que está preso ahorita—, dile al Almirante que yo voy sin condiciones. Yo no…”

—”No, porque quieren que usted fir­me la renuncia, y al firmarla usted, lo mandamos para Cuba”.

Le dije: “No, yo así no puedo firmar renuncia ni puedo salir del país, pero entiendo que allá tenemos un teléfono y podemos comunicarnos, así que me interesa que vayamos allá para tener alguna información. Y diles que se muevan ellos para allá, y allá conversamos, para ver qué es lo que ellos plantean.”

Y así lo hicimos.

Entonces, otro detalle bonito: cuando yo estoy vistiéndome ya, entra un soldado, chico, un cabo, entra al cuartico donde yo estaba. Y yo lo veo y me dice: “Mire, mi Comandante, yo soy el cabo Rodríguez, yo soy de Sabaneta.” Un muchacho de Sabaneta que estaba por ahí, de allá de mi pueblo. Y le digo: “Muchacho, ¿y qué haces tú aquí?”

—”Yo soy de la familia Rodríguez, pariente de su tío Antonio Chávez” —que él era Rodríguez también—.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Carajo! ¿Y qué haces tú aquí, muchacho?

Yo tenía años que no lo veía, y él llegó ahí escondido, porque él no tenía permiso para entrar a mi celda, ¿no? Aprovechó que yo pedí café, y se metió con el que llevó el café, el cocinero.

Entonces, me dice: “Mire, mi Comandante, ¿usted renunció?”

Yo le dije: “No, ni voy a renunciar” —le dije—.

Entonces, se para firme y saluda, y me dice: “Entonces, ¡usted es mi Presidente! ¡No vaya a renunciar! —me dice—, que lo vamos a sacar a usted de esa vaina.”

Entonces, yo le digo: “Bueno, okey, me quedan dos minutos aquí. Te voy a pedir un favor.”

—”Lo que usted me diga.”

—”Te voy a hacer un papel, una nota, para que tú…

(Se dirige a otra persona: “Buenas, Pedro, saludos. Saluda a tus viejos, Pe­dro. Okey.”)

Estoy aquí con Pedro, el novio de mi hija Rosa.

(De nuevo se dirige a Pedro: “Vaya, vaya a descansar, Pedro.”)

FIDEL CASTRO.- ¡Ah, sí, sí! (Se ríe)

PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, él se llevó a los muchachos y los dejó por ahí…

FIDEL CASTRO.- Sí, estaban allá en su casa.

PDTE. CHÁVEZ.- Estaban por allá protegidos.

FIDEL CASTRO.- El jueves por la noche, y después se fueron para allá para donde está Reyes.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, estaban allá.

Entonces, el muchacho… Yo escribo rápidamente allí, y él me dijo: “Mire, yo no puedo estar aquí un minuto más. Escriba lo que va a escribir, y me deja el papelito en el basurero —en una cesta de papeles, una papelera—, meta el papelito allá abajo, que yo lo busco.” (El Comandante se ríe).

¡Fíjate la faena!

Entonces, yo escribo un comunicado a mano, corto: “Al pueblo venezolano y a quien pueda interesar.”

FIDEL CASTRO.- Sí, ese salió por la televisión.

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, chico, entonces yo dejo…

FIDEL CASTRO.- Que no he renunciado, y para siempre…

PDTE. CHÁVEZ.- “No he renunciado, ¡para siempre!”

Y firmé la página.

Entonces, yo dejo esa vaina en la papelera, y llegan a buscarme, agarro mis cosas, y me voy. Y, bueno, yo no supe más de ese papel. Yo dije: “Bueno, ese muchacho, ojalá que pueda hacer algo, pero ahí no hay ni fax…” Eso es una zona inhóspita, chico; eso es un comando allá de Marina, lejos, de comandos que entrenan y se tiran en paracaídas. Ahí no hay ni teléfono, ni llega la televisión ni hay fax ni eso. Unos galpones ahí —tú sabes—, de esas unidades de combate que están por ahí metidas en la montaña; una montaña, una bahía montañosa.

Resulta que, cuando yo llego aquí, ¡eso recorrió el mundo, chico! Ese papel, el muchacho lo agarró, yo no sé cómo hizo para salir de aquella montaña, y dos horas después estaba mandando fax a diestra y siniestra (Se ríen), como una ametralladora. Y aquí todo el mundo carga ese fax en la mano como… Ahí lo cargan, y tuve que firmar no sé cuántos ahí. Además de que tiene la firma, le metí otra firma a la gente que pidió le firmara.

FIDEL CASTRO.- ¡Qué cosa!

PDTE. CHÁVEZ.- Y ese fax, me dicen que recorrió el mundo.

Pero, fíjate tú qué capacidad de respuesta, ¡vale!

FIDEL CASTRO.- Sí, sí.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Una cosa impresionante!

Ahora, llego a la Orchila, Fidel, un vuelo en helicóptero como de una hora, y al rato llega la Comisión.

FIDEL CASTRO.- ¿Quiénes fueron allí? ¿Quiénes fueron?

PDTE. CHÁVEZ.- El Cardenal de la Iglesia Católica, uno, que fue uno de los firmantes del decreto napoleónico-mussoliniano ese ridículo que firmaron. Ellos pretendían que con ese decreto írrito iban a borrar de plano una lucha de años, sobre todo la Constituyente, y querían eliminar las 48 leyes habilitantes de un solo plumazo, y que la República no se llamara más Bolivariana, y que no le vendieran más petróleo a Cuba.

FIDEL CASTRO.- Eso tiene su historia a contar.

PDTE. CHÁVEZ.- Una vaina… ¡Eso es para la historia, chico!

Esta oligarquía insensata, imbécil e ignorante, no se da cuenta. Ellos se creen su propia mentira, de tanto repetirla, y terminan despreciando la realidad.

Entonces, vienen…

FIDEL CASTRO.- ¿Y quién más fue con el Obispo?

PDTE. CHÁVEZ.- Llegó el Cardenal este; un general, pero que es un Fiscal militar, que no tiene ninguna autoridad ni mando…

FIDEL CASTRO.- ¿Del Fuerte Tiuna?

PDTE. CHÁVEZ.- Del Ejército, sí, del Fuerte Tiuna.

Y un coronel, que es uno de los que impulsó esta conspiración, que es abogado, enviado, porque es muy amigo de los generales, compañero de ellos.

Bueno, nos sentamos a conversar, pues. Llevaban la renuncia lista.

FIDEL CASTRO.- ¿Y qué propusieron?

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, que yo firmara la renuncia —imagínate— con fecha atrasada, con un membrete y como un decreto presidencial.

Bueno, “en el día de hoy…”

FIDEL CASTRO.- Aunque ya ni eso los salvaba ya. Ellos estaban derrotados a esa hora ya.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, no, ya estaban haciendo un esfuerzo supremo. Pero me estaban montando una trampa para sacarme del país. Porque me dijeron: “No, ahí está el avión listo. Y, bueno, te vas a Cuba, pues.”

Yo les dije: “No, yo así no puedo, sin información fidedigna de lo que está pasando en el país, yo ni voy a firmar la renuncia —no tengo previsto renunciar—, y mucho menos voy a salir del país. Búsquenme un teléfono para hablar con el Presidente Castro, para coordinar con la familia. ¿Cómo ustedes creen que yo voy a salir del país y dejar a mis hijos, mi mujer, por ahí regados, mis compañeros en prisión?”

—”No, no, que ya los soltamos a todos, no hay ningún preso.”

—”Yo quiero hablar con ellos, yo quiero hablar con Diosdado, quiero hablar por teléfono con Bernal, quiero hablar con Rodríguez Chacín. Sólo si ustedes me permiten un teléfono para hablar con ellos, que me digan, me den información fidedigna, yo pudiera pensar en alguna actividad. Mientras tanto, no me muevo de aquí. Y si me van a dejar preso, me llevan otra vez a Turiamo. Yo no quiero estar preso en esta casa lujosa. No, me llevan a mi prisión…”

FIDEL CASTRO.- Pero ellos tenían un avión ahí, creo que tenían un avión ya.

PDTE. CHÁVEZ.- Allí ya tenían un avión, Fidel.

Incluso, yo mandé a investigar lo siguiente, porque José Vicente me dijo ahorita que había un avión norteamericano en la Orchila.

FIDEL CASTRO.- Creo que hasta hablaron, tuvieron que hablar con Shapiro ahí. Investiga bien hasta donde puedas, porque había hasta la idea de llevarte a Estados Unidos. Corrió ese rumor también.

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, y entonces, allá en la pista, yo vi el avión, de siglas… Claro, un avión privado, pero de siglas norteamericanas.

FIDEL CASTRO.- Era norteamericano.

PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, fíjate todo lo que estaban planeando ahí, ¡quién sabe si hasta llevarme a Estados Unidos, o quién sabe a dónde!

FIDEL CASTRO.- Ese rumor corrió con fuerza. El rumor. Y a nosotros no llegó nada, nada. Y lo que me pidieron de allí de Palacio —que ya estaba tomado— es que hiciéramos una declaración allí. Hicimos una declaración de inmediato y la divulgamos, de que eso era una mentira más, y que si te llevaban por la fuerza a Cuba, en el avión más rápido que tuviera nuestra línea aérea regresarías de inmediato a Caracas, que te estaba esperando el pueblo. (Se ríen) Hicimos esa declaración.

PDTE. CHÁVEZ.- Pues yo, sin saber nada de eso, les dije algo parecido: “Miren, si ustedes me llevan a Cuba y me están mintiendo, y yo allá me entero entonces de que sí hay gente presa, o de que el pueblo está en las calles, y que la…” Porque entonces me estaban engañando: “No, no, la situación militar está totalmente controlada.”

Les digo: “¿Seguro?”

FIDEL CASTRO.- ¿Controlada por ellos, decían?

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, decían ellos para engañarme.

Entonces, les pregunté: “¿Y qué pasa con el General Baduel?”

—”No, no, no, ya él aceptó, él está en su cuartel tranquilo.”

FIDEL CASTRO.- ¡Qué hijos de puta son!

PDTE. CHÁVEZ.- Sí. “No estoy tan seguro, ponme un teléfono para yo ha­blar con Baduel. Sólo después que me ex­pliquen, yo pudiera considerar.”

Y entonces, ganando tiempo, les hice otro texto…

FIDEL CASTRO.- Eso es discutiendo con la Comisión.

PDTE. CHÁVEZ.- Discutiendo con la Comisión.

Entonces, les dije: “Miren, no, yo no voy a firmar nada.”

Entonces después estaban nerviosos, porque parece que Baduel amenazó con irse con unos comandos de paracaidistas en helicópteros que tenía allá, a la Orchila, a rescatarme, si yo no aparecía.

FIDEL CASTRO.- Tenía un plan ya, lo tenía.

PDTE. CHÁVEZ.- Ah, sí.

FIDEL CASTRO.- Tenía el plan de tomar aquello, sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, me dijo el Almirante…

Desplegaron posiciones de combate allá en la Orchila. Había un grupo pequeño, en verdad, pero, bueno, son comandos también, muchachos muy bien entrenados.

Entonces, el Almirante se me acerca y me dice: “Mire, no vaya a firmar nada. Lo más seguro es que venga Baduel a rescatarlo. Si él viene, aquí no va a haber resistencia, aquí nos iremos con él, y parece que vamos a Miraflores” —me dijo el Almirante, el que estaba conmigo desde Turiamo.

FIDEL CASTRO.- Sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, entonces, aquella gente… La situación cambió totalmente. Me ponen a José Vicente por teléfono —ahí sí apareció el teléfono—, llaman a José Vicente y, bueno, entonces, ¡lo increíble! Yo no quería creer: “¿Dónde estás tú, José Vicente?”

—”No, aquí en el Ministerio de la Defensa, que ya lo rescatamos. (Se ríen)

FIDEL CASTRO.- Es la primera noticia que tú tienes de toda la situación.

PDTE. CHÁVEZ.- Es la primera noticia que yo tengo, la de José Vicente. Lo demás eran puras informaciones, contrainformaciones, muchas dudas. No, ¡coño!, pero yo decía: “No puede ser que tan rápido hayan retomado…” Bueno, y le pregunto: “¿Y dónde está el supuesto presidente?”

Me dice: “No, está preso, aquí lo tenemos preso, y un poco de generales presos.” (El Comandante se ríe)

—”Pero, ¿es que acaso hubo muertos, hubo batalla?”

—”No, no, ni un tiro, chico, ni un tiro. Una reacción fulminante del pueblo, de la juventud militar, y esta gente corrió como gaticos a esconderse. Los agarramos y ahí están presos la mayoría.”

FIDEL CASTRO.- Y ellos… ¿Con qué pretexto lograste que te dejaran hablar con Rangel?

PDTE. CHÁVEZ.- No, porque ya a esas alturas… Ya la Comisión que fue a buscarme cambió totalmente de actitud, y se sentaron allá calladitos los tres, y el Almirante es el que me informa, el Almirante que me estaba cuidando, que me trajo… Él es el Jefe de la Aviación Militar de la Marina. Me llamó aparte y me dijo: “Mire, Presidente, no vaya a firmar nada, no caiga en la trampa. Parece que usted va para Miraflores otra vez esta noche.”

Entonces el hombre empezó a pasarme información, pues, que él estaba obteniendo de su comando. Así que entonces yo me puse fuerte otra vez y empecé a hablar como Presidente, y ellos de una vez: Presidente p’acá, Presidente p’allá.

FIDEL CASTRO.- ¿Y cuándo te dieron el teléfono?

PDTE. CHÁVEZ.- Ese teléfono me lo dieron como a la medianoche más o menos, cuando hablé con José Vicente, y después hablé con el Gobernador Blanco de la Cruz, y me pasaron a otro Gobernador: “¡No, jodas, aquí está el pueblo en la calle!” Blanco de la Cruz retomó la Gobernación, él estaba enconchado; se declaró en resistencia en el Táchira y llamó al pueblo a la calle. Y aquel pueblo en la calle… acordonaron la Gobernación de donde lo habían sacado a él a empujones, la Policía, la parte de la Policía que se pasó, entonces, bueno, me dijo… (cambio de cara)

…Caracas.

Bueno, al ratico nos vinimos. Hablé también con Baduel, hablé con García Montoya, hablé con otros generales que estaban con Rangel allí, y entonces, bueno, llegaron cuatro o cinco helicópteros. Los de Baduel llegaron, llegaron los de Baduel llenos de paracaidistas de allá de Maracay.

FIDEL CASTRO.- ¡No me digas! (Se ríe)

PDTE. CHÁVEZ.- Y los Carajos. Los Carajos tienen un lema ahora, que es “Lealtad hasta la muerte”.

¡No, jodas, chico! Entonces, se unieron los comandos de la Marina, los comandos de la Fuerza Aérea, los comandos de los Paracaidistas, y nos vinimos en el vuelo triunfal de retorno, y aterrizamos aquí en Miraflores, donde estaba aquel pueblo en la calle…

FIDEL CASTRO.- ¿Tú no pasaste por Maracay?

PDTE. CHÁVEZ.- No, pero salgo mañana para allá.

FIDEL CASTRO.- ¿Vinieron directo de Orchila para…?

PDTE. CHÁVEZ.- Yo tenía que llegar a Palacio, porque tú sabes que es el símbolo del poder.

FIDEL CASTRO.- Sí, sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Y había mucha gente.

FIDEL CASTRO.- No, pero por una noticia que le dieron a Germán, desde allí de Palacio… Porque hubo mucha confusión, incluso en un momento se dijo que tú estabas herido, y hasta la teoría de que te habían ido a rescatar y habías sido herido. También se habló mucho —eso sí— de que tu habías sido golpeado. Se regó mucho, sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Había mucho temor, porque también… No, que le desprendieron el hígado, que no sé qué cosa…

FIDEL CASTRO.- ¡Eso también! Que el golpe era en el hígado. Pero tu propia gente por allí estaba con todas esas confusiones. Esas bolas se regaron. Y María se puso terriblemente afectada por el mediodía por la noticia esa.

PDTE. CHÁVEZ.- Pero, ¿tú sabes? Ahora me estoy enterando de que esas noticias eran echadas a rodar por los muchachos míos, que estaban haciendo entonces por teléfono una campaña psicológica, ¿no?, para que la gente, bueno, como que se enardeciera más, ¿no? Que está herido, que lo golpearon, y entonces: “¡Qué aparezca, qué aparezca, qué aparezca!” Entonces, aquella presión del pueblo: “¡Qué aparezca, qué aparezca Chávez!” No sé qué más.

Y, bueno, eso hace que cambien las cosas.

Bueno, llegué aquí y aquí estoy.

FIDEL CASTRO.- Sí, esa parte la vi yo por la televisión, cuando tú llegaste. Y unas imágenes impresionantes, las caras de la gente, la alegría, ¡algo nunca visto, Chávez! Es como para hacer cuadros, pinturas, cuando allí las cámaras sacaban a la gente detrás de una reja. ¡Unas fotos impresionantes! Hay que hacer una película de eso, algo, porque es…

Bueno, ¿y cuándo regresaron la Comisión de los tres?

PDTE. CHÁVEZ.- No, esos vinieron junto conmigo.

FIDEL CASTRO.- ¡Ah, vinieron contigo!

Es increíble lo que tú cuentas, ¡es increíble!

Ahora, tienes que investigar qué idea tenían. Pon a alguien que averigüe para dónde te querían llevar. Hay un momento en que hablaron de Santo Domingo, pero ahí había algo en eso, en lo del avión.

PDTE. CHÁVEZ.- No, ahí había algo extraño, sin duda, porque entonces, es una vaina muy extraña…

FIDEL CASTRO.- Porque con Cuba no habló nadie, que yo sepa, ni pidió permiso para ningún avión. Tienes que averiguar. Pon a alguien que te investigue qué plan tenían, para dónde te querían llevar.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí. Ya yo mandé a investigar eso, pero mañana voy a seguirlo para tener claro eso, a ver hasta dónde es cierto el plan de llevarme a los Estados Unidos.

FIDEL CASTRO.- Sí, porque eso es degradante. Hay una perfidia en el engaño que te hicieron, ¡del carajo!

PDTE. CHÁVEZ.- Sí.

FIDEL CASTRO.- ¡Fue tremendo!

PDTE. CHÁVEZ.- Utilizando al Cardenal, tú sabes: “No, que yo soy el que va a garantizar la cosa, y que se cumpla…”

FIDEL CASTRO.- ¡No me digas!

PDTE. CHÁVEZ.- Le digo: “Tengo razones para dudar de usted también, si yo lo vi a usted ayer firmando el acta esa de Mussolini. ¡Qué vergüenza —le dije— para la Iglesia, Monseñor, usted, que aparenta que habla de democracia, firmando un decreto eliminando Con­greso, Asamblea, Gobernadores, Poder Judicial, Fiscal…”

Por cierto, que unas declaraciones que dio el Fiscal Isaías Rodríguez fueron…

FIDEL CASTRO.- Fueron decisivas. Pero como a las cinco de la tarde, las cuatro… Antes, antes, alrededor de las tres.

PDTE. CHÁVEZ.- Fue un rayo de luz.

FIDEL CASTRO.- Sí, sí, ese hombre fue valiente, oye, y utilizó una argumentación excelente, p’al diablo. Y muy sereno.

PDTE. CHÁVEZ.- Valiente.

FIDEL CASTRO.- ¡Ah!, pero no lo dejaron terminar. Lo engañó seguramente la televisión, porque empezó a hablar pero no lo dejaron terminar tampoco, ni a Lara lo dejaron terminar.

PDTE. CHÁVEZ.- Pero dijo lo que tenía que decir ahí en el momentico. Él dijo: “¿Dónde está la renuncia del Presidente? Yo quiero verla firmada. Y si acaso existiera…

FIDEL CASTRO.- Tiene que ser el otro. Y la renuncia tiene que ser ante la Cámara —dijo él—. Argumentos muy sólidos.

PDTE. CHÁVEZ.- Anjá. Entonces, el Vicepresidente es el que tiene que asumir la Presidencia. Pero yo quiero ver la renuncia del Presidente. Me parece que él no ha renunciado.

¡Oiga, aquello dio la vuelta al mundo! Eso fue el primer día. Eso fue un rayo de luz.

FIDEL CASTRO.- Sí, eso fue el viernes, alrededor de…

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, yo me voy a Maracay. Voy a Maracay mañana. No vamos a hacer Aló Presidente, porque aquí se perdieron hasta los equipos. Esta gente llegan robando. Se llevaron las cámaras, se llevaron unos equipos, saquearon esto aquí, la parte de telecomunicaciones. Se robaron un poco de cables, saquearon aquí…

¿Cómo sería? En un día saquearon aquí cosas…

FIDEL CASTRO.- ¿Qué pasaría si están un mes ahí? (Se ríen)

PDTE. CHÁVEZ.- Acaban con todo esto. En un día se perdieron equipos.

Entonces, vamos a hacer allá, en el comando de los Paracaidistas, donde está Baduel, una rueda de prensa. Estoy invitando a toda la prensa, porque hoy no quise responder preguntas por el tiempo, y porque tenía que salir a hablarle al pueblo al balcón. Entonces les dije que mañana, al mediodía, allá en el comando de Paracaidistas, porque ahora eso se convierte en un símbolo de la contra… Yo le llamo a esto la contra-contrarrevolución.

FIDEL CASTRO.- ¡Y de la lealtad y de la audacia, de la inteligencia, de todo ahí!

Ellos estaban perdidos desde que una sola unidad se levantara, porque no tenían fuerzas, porque no hubieran obedecido para atacar a sus compañeros allí. Ellos engañaron… Yo me di cuenta desde el momento en que estaba una unidad, y más una unidad como esa, que no tenían fuerza ya para reprimirla. Estaban perdidos ya desde ese momento.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, es lo que llaman el país virtual. Ellos creían que de esa manera, con una campaña mediática y de manera virtual, iban a desconocer a un país real, combativo —que tú sabes cómo está este pueblo…

FIDEL CASTRO.- Sí. Y que los soldados iban a combatir entre sí para defender al tipejo ridículo ese que habían puesto ahí en la Presidencia.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí.

FIDEL CASTRO.- Creían que iban a morir los soldados e iban a atacar a sus compañeros para esa cosa.

PDTE. CHÁVEZ.- Pero fue una cosa, Fidel, bueno, para hacer historia. Ya yo te mandaré…

FIDEL CASTRO.- Hay que reunir todos los datos.

Nosotros vamos a reunir todo lo que tenemos, y reúne tú por allá lo que tú tengas.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, y ahora eso, bueno, hay que leerlo con atención, y darle un impulso nuevo al proceso revolucionario.

Tú sabes que yo decía… el día que salí, por supuesto muy triste, ¿no? ¡Carajo! Allá encerrado solo.

FIDEL CASTRO.- Oye, la amargura que nosotros teníamos aquí no era menor que la tuya allá. ¡Era terrible la amargura!

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Sabes qué? Yo como… a lo mejor, si al final —yo decía: “Bueno, si tengo que salir al final de Venezuela, pues, me tengo que ir a Cuba. No hay…”

FIDEL CASTRO.- Yo pensaba —co­mo te hablaba— que esto sería para más tarde, ¿sabes?

PDTE. CHÁVEZ.- Sí.

FIDEL CASTRO.- No podía pensar en una cosa tan fulminante.

PDTE. CHÁVEZ.- No, yo también.

FIDEL CASTRO.- Yo dije: “Tienes que preservarte, y tienes que preservar hasta esa gente que son los más leales.”

PDTE. CHÁVEZ.- Claro, si yo pensaba también que, bueno, a lo mejor unos meses, a finales de año… uno tenía tiempo de organizar —tú sabes— una reacción de los patriotas. Pero esta gente…

Yo les dije hoy: “¡Coño!, pero no me dieron tiempo ni de descansar un día encerrado en una celda. Me sacaron muy rápido.” (Se ríe) ¡Qué cosa tan impresionante, vale!

Vamos a recoger evidencias y cosas, imágenes…

FIDEL CASTRO.- Yo voy a reunir todo, todo, todo. Porque hice amigos allí, bueno, con toda esa gente a los que…

PDTE. CHÁVEZ.- Claro que tenemos ahora que estar mucho más pendientes… La Inteligencia nuestra, por ejemplo, es muy mala, vale, ¡muy mala! Y los altos mandos militares se portaron muy mal, ¡muy mal! Me taparon cosas. Yo di unas órdenes ahí que, o no se cumplieron, o se cumplieron a medias, o como ellos más o menos las evaluaban. Los tenían presionados estos fascistas. Y entonces, bueno, la tendencia esa era a no tomar decisiones.

FIDEL CASTRO.- Te pusieron a la defensiva. Más con el truco de poner militares. Todo fue muy bien pensado por parte de ellos, poner a los militares a hacer declaraciones, a hacer declaraciones. Y fíjate que a favor tuyo, de ustedes, que ni uno solo de esos fue preso.

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Quién?

FIDEL CASTRO.- De los que hicieron declaraciones. Algo que está a favor de ustedes como argumento es que ninguno de aquellos que hicieron declaraciones, que eran actos subversivos, conspirativos, ninguno de ellos fue preso. Es decir, a diferencia de lo que ellos hicieron en las 48 horas o menos, en 24 horas, la paciencia que han tenido ustedes, como argumento, como prueba de la diferencia que hay entre la humanidad y la generosidad de la Revolución Boliva­riana y lo que los fascistas hicieron en 24 horas.

PDTE. CHÁVEZ.- Así es.

FIDEL CASTRO.- ¡Es increíble! Disolvieron el Poder Judicial, el Par­la­mento, se apoderaron de todos los go­biernos, de casi todas las alcaldías.

PDTE. CHÁVEZ.- Yo dije: “¡Pobrecito este hombre! Si a mí me cuesta tanto gobernar, con tantos problemas, teniendo nada más que el Poder Ejecutivo, ¿cómo se hará este pobre hombre echándose encima todos esos poderes?” Pero, en verdad, ellos fueron muy torpes, ¡torpes! Ansias de poder…

FIDEL CASTRO.- Y se habrían fajado entre ellos inmediatamente. A los tres días estaban fajados entre sí todos ellos.

PDTE. CHÁVEZ.- No, ya estaban, ya estaban fajados unos contra otros, Generales… Que si el cargo… Entonces, unos que aspiraban a ser jefes y no los pusieron, se pusieron bravos y se fueron, no vinieron al acto. La gente de la CTV tampoco vino, porque quería ser este señor Ortega no sé si Vicepresidente o algo así, y no quisieron. Entonces, empezaron ellos a pelear y a desmoronarse muy rápido.

Pero de verdad que es una jornada para la historia, ¡vale!

FIDEL CASTRO.- No, ¡inolvidable! Mira, yo he vivido…

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Increíble, inolvidable! Una cosa que hay que ahora darle el tratamiento que se debe, y sobre todo, proyectar ese caso al mundo para que se vea… Porque se ha demostrado, Fidel… Lo que te decía: que yo anoche, el día que salí, el día que salí —un poco triste, por supuesto—, allá en la celda decía: “¡coño!, parece que es verdad que una revolución pacífica es casi imposible, ¿no?, porque ¡cuántos esfuerzos!” Estaba en ese tipo de reflexiones, como dudando, ¿no?, dudando. Y dije: “Bueno, pero yo estoy seguro de que ese pueblo no se va a quedar así, ni esos militares jóvenes, sobre todo.” ¡Pero reaccionaron de inmediato! Yo saliendo preso, y ya ellos estaban conspirando contra lo que quedó por aquí. (Se ríe)

Se metieron en el Palacio y se escondieron por allí en pasillos, en sótanos, hicieron grupos, se comunicaban entre ellos con los cuarteles. Y, bueno, aquello reventó y tomó cuerpo en todo el país.

FIDEL CASTRO.- ¡Como hormiguitas trabajaron ellos! Se movieron por todas partes.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Y con un coraje! Bueno, pensaron hacer, incluso… Me dijo uno de los muchachos de la Marina que está aquí conmigo: “Mire, estábamos haciendo un plan, cuatro de nosotros por ahí, para agarrar al viejo este, a Mussolini, y llevárselo para allá para Catia, la zona populosa donde hay como tres millones de personas, las zonas más pobres, y entonces decir: “bueno, vamos a cambiarlo. Hasta que no nos traigan a Chávez no soltamos a este viejito de aquí.”

Gracias a Dios que no hizo falta eso, ¿no? Y todo terminó como ya tú sabes. Lo que pasa es que ahora hay que comenzar a reestructurar muchas cosas, a revisar muchas cosas, ¿no? Correctivos.

FIDEL CASTRO.- Muy bien, pues. ¡Me alegro, caramba, que pases un día…! Me alegro que hayas suspendido también eso, porque pienso que tú debías descansar, ¿no? Yo no sé cómo te la ibas a arreglar, pero por suerte se llevaron los equipos esos. (Se ríe)

PDTE. CHÁVEZ.- No, pero voy a ir a Maracay. Tengo que ir allá, y después voy a visitar algunas guarniciones que se mantuvieron leales, algunos pueblos.

FIDEL CASTRO.- Oye, tú no sabes qué conmoción produjo eso aquí en el pueblo. Es cuando yo he podido ver hasta qué grado te quiere la gente aquí. ¡Una verdadera conmoción!

PDTE. CHÁVEZ.- Me imagino la tristeza que sentirían.

FIDEL CASTRO.- Oye, ¡tú no sabes! Yo pocas veces en mi vida he estado tan amargado como al otro día. Yo quería… Tú sabes que yo siempre he sido optimista y todo, y seguimos en la pelea, porque apenas me levanté al poco rato, me llamó al otro día… Yo estoy durmiendo dos o tres horas, y ese día me acosté también como a las seis; a las nueve me despierto y me pongo a hacer cosas, y a las 10 y dos minutos me llamó María. Así fue.

PDTE. CHÁVEZ.- No, incluso, ¿sabes qué? Yo estaba pensando: “¡Cónchale!, si yo tengo que llegar a Cuba, con qué cara llego yo allá.”

FIDEL CASTRO.- Sí, sí.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Oye!

FIDEL CASTRO.- Bueno, tú sabes que tú llegabas y un avión a toda velocidad iba para allá. (Chávez se ríe) Claro, en el avión, pero fueron… Hay que investigar bien por qué hicieron toda esa porquería. Porque para mandarte a ti… Sí, por qué hicieron esa porquería, porque hay que pensar cosas peores, intenciones peores.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, yo estoy seguro. Había unas intenciones oscuras, porque yo estoy seguro de que para Cuba no me iban a llevar, estoy seguro. Lo que pasa es que el plan no les dio tiempo, porque fue tan rápido el plan de reacción patriótica, bolivariana… Y yo fui ganando tiempo, ganando tiempo, el documento, que sí, que no, que búsquenme el teléfono. Ganando tiempo, porque yo los veía a ellos en condiciones de debilidad, ¿tú sabes? Por los ojos, ¿no?, en los ojos, se consultaban cosas. Y apurados, estaban muy apurados porque yo firmara un documento. Y yo dándoles larga, dándoles larga, hasta que el Almirante me di­ce: “No vaya a firmar nada, que por ahí como que viene Baduel al rescate.” Y entonces, ahí me dieron a mí, pues, los aires de la victoria.

Pero, claro, esto no es victoria. Yo pienso que esto más bien es una lección, una lección, porque hay que ajustar cosas, hay que tomar unas decisiones que no se han tomado y que…

FIDEL CASTRO.- ¿Y dónde está el General que estaba allí en el Fuerte, el que estaba de Jefe del Ejército?

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah!, ese está preso allá en el Fuerte.

FIDEL CASTRO.- Él debe saber el plan.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Claro!

FIDEL CASTRO.- Hay que tratar de que se franqueen. Y el otro… Los que te visitaron allá deben saberlo también.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí. Ahora yo mañana, pues, comienzo a enterarme, a buscar más detalles y a tomar decisiones.

FIDEL CASTRO.- Okey.

PDTE. CHÁVEZ.- Bien, hermano.

FIDEL CASTRO.- ¿Y tú crees que te puedas dormir ahora, con la excitación que has vivido hoy?

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Oye! Tengo que dormir un rato. Pero es una excitación maravillosa, como que embriaga.

FIDEL CASTRO.- Sí, sí. ¡Es increíble!

PDTE. CHÁVEZ.- Es una cosa como un… Ando embriagado, bueno, de amor de ese pueblo, pero sobre todo, Fidel, este es un mensaje de compromiso, es un compromiso con ese pueblo que salió a la calle, sin armas ni nada. Claro, apoyados por los patriotas militares…

FIDEL CASTRO.- Pero ellos empezaron por la mañana, desde temprano iba un río para allá de gente, y rodearon el Fuerte. Porque ya había mucha gente.

Bueno, ¡un millón de felicidades! ¡Te lo mereces!

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, hermano, ¡qué gusto haberte oído!

FIDEL CASTRO.- Oye, parece que una mano divina te lleva a ti.

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, el pueblo, chico. Dios y el pueblo y, ¿cómo es que tú dices?, ¡Ave María Purísima! (El Co­mandante se ríe) ¡Ave María Purísima, cómo pasó esto!

FIDEL CASTRO.- ¡Tremendo!

PDTE. CHÁVEZ.- Pero ahora tenemos que fortalecernos.

Saludos te mandan Rosita y Hugo, que está aquí, ya se durmió la nieta. Estamos todos aquí.

FIDEL CASTRO.- ¡Qué bien! ¡Qué sean muy felices!

PDTE. CHÁVEZ.- Dale un saludo a Felipe y a todos.

FIDEL CASTRO.- Ellos han estado todos, todos, todos, en esto.

PDTE. CHÁVEZ.- No, yo me imagino qué sufrimiento. Te prometo…

Ahorita me llamó Khadafi por ahí, muy alegre también.

Te prometo que haré todo lo que pueda para no darte otro susto y otra tristeza.

FIDEL CASTRO.- ¡Bien! Junto con la tristeza hemos tenido el privilegio de ser testigos de la cosa más extraordinaria que podía imaginarse.

PDTE. CHÁVEZ.- Bien. Y yo de vivirla.

Espero verte pronto, ¿eh?

FIDEL CASTRO.- Sí. Tenemos que vernos. ¡Bien!

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, Fidel.

FIDEL CASTRO.- Para hablar de todo este tema. Es lo más importante, es lo que nos interesa.

PDTE. CHÁVEZ.- Así es.

FIDEL CASTRO.- Okey

PDTE. CHÁVEZ.- Recibe un abrazo, hermano, un abrazo.

FIDEL CASTRO.- Un abrazo.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Hasta la victoria siempre!

FIDEL CASTRO.- ¡Hasta la victoria siempre!

PDTE. CHÁVEZ.- Un abrazo, hermano.

Bolívar cumplió. Más de cien años después, reencarnado en Chávez, fue fiel al compromiso de volver cuando despierta, esta vez más que nunca, la conciencia del pueblo venezolano.

Por mi parte, no deseaba ocupar un milímetro de las páginas del Granma. Por ello solicité se publicara un tabloide para acompañar al Órgano Oficial de nuestro Partido.

Fidel Castro Ruz

Marzo 27 2014

4 y 40 p.m.

Fuente:
http://albaciudad.org/wp/index.php/2014/03/conozca-la-inedita-conversacion-que-fidel-castro-sostuvo-con-el-comandante-hugo-chavez-tras-golpe-de-abril-en-2002/

 

Written by Eduardo Aquevedo

31 marzo, 2014 at 22:24

Cuba: Polémica entre Pablo Milanés y Silvio Rodríguez se endurece (II)

with 36 comments

  • La controversia política entre ambos compositores cubanos subió de tono en Internet
  • No perdonaré la doble traición de Silvio Rodríguez: Milanés
  • No escandaliza el contenido de sus opiniones, sino la forma, dijo el autor de Ojalá
  • Su dicho, mentiroso, como por los que me pedía perdón desde hace 20 años, reviró su compatriota

Foto

En sus inicios, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez (en una imagen tomada de Internet) integraron el grupo de Experimentación Sonora del Instituto de Cine, hasta que su música se abrió paso y lograron gran popularidad

Afp

Periódico La Jornada
Viernes 9 de septiembre de 2011, p. a10

La Habana, 8 de septiembre. Una controversia política entre los cantautores Silvio Rodríguez y Pablo Milanés alcanzó altas temperaturas en el espacio digital, mostrando desavenencias acumuladas en 20 años por los dos fundadores de la Nueva Trova Cubana.

No perdonaré la doble traición que acaba de efectuar públicamente Silvio Rodríguez a quien una vez fue su hermano, dice Milánes en un correo electrónico a un amigo, autorizado a difundirlo, y que Silvio Rodríguez publica en su blog Segunda Cita (http://segundacita.blogspot.com/).

Milanés, quien se encuentra de gira por Estados Unidos, realizó declaraciones críticas al gobierno cubano y publicó una carta abierta a un periodista cubano radicado en Miami, en la que reafirma esos conceptos.

También fustigó a intelectuales –entre ellos a Silvio Rodríguez– que firmaron una carta en 2003, en la cual apoyaban el arresto de 75 disidentes en La Habana y el fusilamiento de tres secuestradores armados de una embarcación, que pretendían emigrar.

Interrogado por un lector en su blog, Rodríguez dijo coincidir con esos conceptos, pero desaprobó la forma burda y desamorada de expresarlos, así como haberlo hecho en Miami, meca del anticastrismo.

Lo que escandaliza a algunos no es el contenido de sus críticas, sino la forma, que además de burda parece desamorada, sin el más mínimo compromiso afectivo, dijo.

Otra cosa que duele es que haya manifestado esas críticas en Miami, a unos días de un conciertos que, por más propaganda que hacían, no se llenaba, añadió.

Pablo Milanés respondió diciendo que la afirmación de Rodríguez está “llena de mentiras y tergiversaciones.

Ésta es una más de las diatribas incontroladas de Silvio frente a mí, llena de mentiras y tergiversaciones, como cuando me venía pidiendo perdón por todas ellas, desde hace más de 20 años, y yo no lo perdono, dijo.

Es posible que una vez más llore, se arrepienta y pida el perdón que jamás le voy a conceder; más aún cuando ha tenido el impudor de hacer público su viejo rencor (no sé de qué categoría, que lo analicen los sicólogos) y que ha llegado a comprometer mi dignidad y mi militancia revolucionaria. No deseo involucrarme en un debate reducido sólo a los usuarios de estas nuevas tecnologías, que al final son la mínima expresión de la información en Cuba, insistió Milanés en la misiva.

Ambos músicos se conocieron en 1967, cuando sus canciones eran rechazadas por el sector oficialista de la cultura, y tuvieron el apoyo de Haydée Santamaría, heroína de la Revolución y directora de Casa de las Américas.

Luego integraron el grupo de Experimentación Sonora del Instituto de Cine, hasta que su música se abrió paso y lograron gran popularidad. La colaboración de ambos terminó a finales de los años 80, y se abstuvieron de mencionar en público sus diferencias.

Aunque los dos trovadores han pedido que sus opiniones encontradas sean reflejadas por la prensa cubana, hasta ahora la disputa es ignorada y sólo está al tanto una minoría de cubanos con acceso a Internet.

Perdoné a los verdugos

Milanés recordó cuando estuvo internado en la década de 1960 en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de reclusión de homosexuales, religiosos y disidentes políticos, los cuales el ex presidente Fidel Castro ha reconocido como un error.

Si ayer perdoné a los verdugos que indiscriminadamente me lanzaron con 23 años a los campos de concentración y a 48 mil compañeros más de desgracia (…), porque no quiero que esta revolución sea como las otras que han devorado a sus hijos. Así mismo, no perdonaré la doble traición que acaba de efectuar públicamente Silvio, dijo.

“No me he callado, he hablado con valentía, ante la cobardía de los demás, solamente para tener el país que he soñado, que me hicieron soñar y que se está perdiendo gracias a la falsedad y al extremismo de los que se llaman ‘verdaderos revolucionarios’”, enfatizó Pablo.

Silvio Rodríguez, de 64 años, y Pablo Milánes, de 68, son los principales exponentes de la nueva trova cubana. Muy populares en toda América Latina, son autores de antológicas canciones que tienen gran vigencia en la región, como Ojalá, Yolanda, Para vivir y Unicornio, entre otras.

 

A solicitud del trovador Silvio Rodríguez La Jiribilla reproduce dos mensajes de Pablo Milanés publicados en el blog Segunda Cita.

Respuestas de Pablo Milanés

martes, septiembre 6, 2011, 9:29 pm

Me escribió este amigo diciéndome que Pablo le había enviado estas respuestas. Yo las reproduzco como entrada oficial de mi blog. Me gustaría que Cubadebate y otros medios también las publicaran, como hicieron con los intercambios de comentarios anteriores.
Silvio Rodríguez

1

Juan Pin, esto es lo que pienso de todo lo que he venido leyendo. Si te parece lo publicas.

Un abrazo. Pablo

Juan Pin, hermano, esta es una más de las diatribas incontroladas de Silvio frente a mí, llena de mentiras y tergiversaciones, como cuando me venía pidiendo perdón por todas ellas, desde hace más de veinte años, y yo no lo perdono. Es posible que una vez más llore, se arrepienta y pida el perdón que jamás le voy a conceder; más aún cuando ha tenido el impudor de hacer público su viejo rencor (no sé de qué categoría, que lo analicen los psicólogos) y que ha llegado a comprometer mi dignidad y mi militancia revolucionaria. No deseo involucrarme en un debate reducido sólo a los usuarios de estas nuevas tecnologías, que al final son la mínima expresión de la información en Cuba.

Un abrazo, tu hermano,
Pablo


2

Juan Pin, si te he escrito estos dos correos es porque sé que tienes el conocimiento y la disposición suficiente para entender lo que quiero manifestar, así como dar a conocer, si es que lo deseas, estos dos documentos que resumen lo que siento y pienso, sin entrar en más polémicas.

Juan Pin, si ayer perdoné a los verdugos que indiscriminadamente me lanzaron con 23 años a los campos de concentración y a 48 000 compañeros más de desgracia, perdoné, te repito, porque no quiero que esta revolución sea como las otras que han devorado a sus hijos. Así mismo, no perdonaré la doble traición que acaba de efectuar públicamente Silvio Rodríguez a quien una vez fue su hermano.

Hace años que lucho porque nuestra revolución brote con nuevos frutos y nuevos conceptos que no nos anquilosen en el mismo fracaso que otras revoluciones anteriores. Por eso, no me he callado, he hablado con valentía, ante la cobardía de los demás, solamente para tener el país que he soñado, que me hicieron soñar y que se está perdiendo gracias a la falsedad y al extremismo de los que se llaman "verdaderos revolucionarios". Estoy absolutamente seguro de que el tiempo me dará la razón y en mi país, en mi casa, en mi barrio, esperaré como mismo he sido, a que este sueño se cumpla.

Tu hermano,
Pablo

Cerrar filas con tu país amenazado

Silvio Rodríguez • La Habana

En su blog Segunda Cita, Silvio Rodríguez responde a Mauricio, otro internauta con interrogantes en torno a las más recientes declaraciones de Pablo Milanés, así como a las posiciones de principios expresadas por Silvio. Compartimos el intercambio:
Mauricio escribe:
Silvio, he seguido o intentado seguir tu obra y la de Pablo de cerca. He crecido con ella y admiro muchas de las posturas de ambos, pero si algo me molesta es ver como se tergiversa la información (y eso no solo sucede en la prensa internacional Silvio, en Cuba donde el estado tiene control de los medios también se dan esas prácticas, uds no están exentos de ello).
Los invitaría a que viesen y sobretodo escucharan las entrevistas que Pablo ha dado en EU. En varias de ellas ha reafirmado que aunque la gente espera que se refugie en una embajada, él se muere en Cuba. Y respecto a su postura política él se sigue considerando un revolucionario (uno que no sigue tus mandamientos de lo que debe ser un revolucionario). Las revoluciones Silvio implican que exista una revolución de ideas. No es un dogma, ni sus antiguos dirigentes son dioses. Nunca alcanzaré a comprender porque la autocrítica es tan incómoda en Cuba, porque el practicarla lleva consigo la etiqueta de traidor. Me parece mucho más grave no darse cuenta de las cosas y no alzar la voz cuando las cosas se hacen bien o se hacen mal (en los últimos 8 años he leído ambas posturas de la boca de Pablo, pero para eso hay que tener memoria y no solo actuar con las vísceras).
Aquí no es ser "pablistas" o "silvistas", seamos serios. Ni tampoco Silvio que saque un argumento tan bajo como que la venta de boletos era baja y por eso Pablo dijo lo que dijo. Lo que él ha dicho (estemos o no de acuerdo) él lo ha dicho desde años atrás. Para mí así no es el arte. Mi admiración por tu música sería la misma hayas o no hayas llenado cada sitio donde te presentas, o si la última vez que te vi en vivo, el Carnegie Hall estuviese lleno o no. Así como tampoco me importa si Pablo llena el United Palace de NY este viernes. En la historia (y seguro estoy de que lo sabes) muchos eventos culturales que fueron parteaguas ocurrieron frente a unos cuantos.
En fin, solo quería externarte mi punto de vista no sin antes mandarte un cordial saludo.
Con respeto y aprecio
Mauricio

Silvio responde…

Mauricio:

Bajo es decirle cobarde a Cintio Vitier, a Alicia Alonso, a Leo Bouwer, a Chucho Valdés y a los muchos artistas e intelectuales cubanos que viendo que en Miami se decía “Ahora Irak, después Cuba”, cerraron filas con su país amenazado.

Bajo es pintarse inmaculado ante los que te desprecian y convertirse en chota de tus compañeros de toda la vida.

Bajo es llegar a Miami y para solucionar un problema empresarial armar un show mediático contra tu país y venderle el alma al diablo.

Bajo y cobarde es no mencionar en el cubil de los que pagan atentados contra Cuba la inmoralidad del juicio amañado a nuestros Cinco Héroes.

Bajo es santificar a unas señoras que hasta ayer decían que no eran políticas, que sólo eran familiares de sus seres queridos presos y que ahora, después de verlos libres, siguen recibiendo dinero de connotados terroristas y yendo a la embajada yanqui a buscar recursos e instrucciones.

Bajo y sucio es apoyar lo mismo que apoya el asesino Posada Carriles.

Bajo es insultar, restregándole una militancia, a uno de los pocos que se juega la vida y la historia en Miami, rodeado de criminales locos por acabar con cualquiera que les huela a comunista.

Bajo y falto de respeto con el pueblo cubano de Miami es automutilar la obra que te hizo trascender, con el pretexto de no herir sensibilidades. ¿Sensibilidad de quién? Porque esos medios que han pedido bombardeos a Cuba no merecen respeto.

Porque conozco al pueblo cubano, niego rotundamente que esos medios mafiosos miamenses representen la sensibilidad de los cubanos que viven allí. Concederles semejante honor es una genuflexión difícilmente conciliable con la dignidad del que realmente respeta a su pueblo.

Written by Eduardo Aquevedo

10 septiembre, 2011 at 6:09

Pablo Milanés y Silvio Rodríguez: debate sobre diferencias de fondo y forma respecto a la revolución cubana…

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Que Cada Cual Asuma lo que Le Toca, por Silvio Rodríguez

Pablo y yo hace algo más de 20 años que no nos vemos. Tampoco nos hemos hablado ni por teléfono. O sea que el Pablo que conozco tiene casi un cuarto de siglo de retraso.

 
Silvio Rodriguez | cubadebate | Hoy a las 15:41 |
 
www.kaosenlared.net/noticia/que-cada-cual-asuma-que-toca

 

En su blog  Segunda Cita, Silvio Rodríguez responde a Manuel R, estudiante puertorriqueño en Nueva York, responde varias preguntas que le han hecho  sobre las más recientes declaraciones de Pablo Milanés. Compartimos el intercambio:

Manuel R. dice…

Silvio,
te voy a ser bien sincero. No entiendo bien tu postura, ni la de muchos revolucionarios que considero honestos y maduros ante la carta de Pablo. He escuchado tantas opiniones, tantas críticas, tanto cinismo, unos le dan la pinta buena y otros la pinta mala.

A mí me parece honesta y eso lo admiro, personalmente tengo diferencias en cuanto a la forma de la carta aunque no en cuanto al contenido. Creo que precisamente esta es la disyuntiva mas interesante de las declaraciones de Pablo: Forma vs. Contenido.

Te pregunto: ¿Cuál es tu opinión sobre el contenido de la carta? ¿Cuál es tu opinión sobre su forma?

¿Crees tú que el espíritu revolucionario de Pablo viene por la misma línea del espíritu evolucionario de “Sea Señora”? ¿Sí, no, por qué?

Silvio responde…

Manuel R:

Pablo y yo hace algo más de 20 años que no nos vemos. Tampoco nos hemos hablado ni por teléfono. O sea que el Pablo que conozco tiene casi un cuarto de siglo de retraso. Aún sin estar cerca, en este tiempo sin relacionarnos directamente, ambos hemos mantenido una actitud respetuosa respecto al otro. Nos conocimos en 1967 y dejamos de vernos y de hacer proyectos juntos a fines de los 80s. Mientras duró, nuestra amistad rebasó lo que pudiera ser una simple colaboración. Fuimos testigos de muchos eventos personales de ambos. Y también colectivos. Vimos nacer a nuestros primeros hijos, fraguarse y deshacerse amores, proyectos, sueños de diferente linaje. Hay zonas del Pablo actual que son nuevas para mi y hay otras que me son muy conocidas. Y para resumirte mi postura, o para que aprendas a verla como es, sin confusiones, te la voy a identificar: Mi postura es la que mantengo cada día; lo que hago y lo que digo, el testimonio cotidiano de un hombre que, más por intuición que por sabiduría, nunca se ha creído infalible. Asimismo no me siento capaz de juzgar, menos públicamente, a un viejo amigo; pero de lo que sí estoy seguro, Manuel R., es de que Pablo está convencido de estar a la altura de lo que cree de sí mismo.

Esto me da oportunidad de decir que muchos ataques a Pablo no los he puesto aquí en el blog. Siempre han existido los “Pablistas” y los “Silvistas”. Por mi parte nunca -jamás- he permitido que en mi presencia nadie hable mal de Pablo. Cuando me botaron del ICR en 1968, también fue por defenderle. Y por pincipios -míos- lo sigo haciendo, aún cuando Pablo me incluya a mi entre los “despreciables” que seguimos defendiendo la Revolución, y los que firmamos la carta que él entendió a su manera (y todos los que la firmamos entendimos de otra, o sea un momento en el que había que cerrar filas con la defensa de Cuba). Como dice un amigo mío: “Hay un viejo proverbio latino que dice  Quod escripsi, escripsi. Lo que está escrito está escrito y no se puede borrar.” Que cada cual asuma lo que le toca, y allá el que se arrepienta de la gloria que ha vivido por lo que quiera aparentar.

Coincido con Pablo en muchos de sus juicios críticos sobre la realidad cubana. Me parece que algunos de esos puntos los he tocado en conferencias de prensa en Cuba. Lo que escandaliza a algunos no es el contenido de sus críticas sino la forma, que además de burda parece desamorada, sin el más mínimo compromiso afectivo. Otra cosa que duele es que haya manifestado esas críticas en Miami, a unos días de un concierto que, por más propaganda que hacían, no se llenaba. Y para colmo que las hiciera a medios que tildan de héroes a terroristas que han derribado aviones civiles, medios cuyos dueños han pagado actos de violencia contra Cuba.

Es importante que los que vivimos en esta sociedad imperfecta -y eso quiere decir con cosas malas pero también con cosas buenas- sigamos criticando, sigamos mejorándonos. Y que este ejemplo triste no les sirva de pretexto a los extremistas para cerrarse a cal y canto. Ese es un daño interno que nos hacen actitudes como esta. Pero en las Revoluciones, si son verdaderas (como creo que es la cubana), nadie es imprescindible, al menos para siempre. Cada baja nos enseña a llenar la ausencia con lo que tengamos, y a aspirar a ser tan buenos como lo que nos falta.

No en balde escribí, hace unos 30 años:

Salgo y pregunto por un viejo amigo
de aquellos tiempos duramente humanos,
pero nos lo ha podrido el enemigo,
degollaron su alma en nuestras manos.

Absurdo suponer que el paraíso
es sólo la igualdad, las buenas leyes.
El sueño se hace a mano y sin permiso,
arando el porvenir con viejos bueyes.

Vaya forma de saber
que aún quiere llover
sobre mojado.

http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/09/05/que-cada-cual-asuma-lo-que-le-toca/

Carta Abierta a Edmundo García de Un Verdadero Revolucionario de Medio Siglo

Pablo Milanés /Kaosenlared. net

Espero que Kaos, publicacion libre y alternativa de izquierda, que previamente publicó los desatinos alocados de tal inmundicia sepa respetar mis derechos de responder revolucionariamente como ciudadano del mundo y de la Cuba que merece una mejor realidad y destino. De paso y para los que aun no se han percatado por sus intereses o analfabetismo intelectual y politico cuando no y tambien por lo miserable y despreciable que han sido y siguen siendo aupando todo lo peor de un sistema que pudiera haber sido ejemplo y faro del mundo entero, pues para esos tambien, esos miles de Cuba y del mundo que aun no entienden que payasos dictadores y criminales como los de Libia, Egipto, Siria, Tunez y algunos otros lugares tienen sus dias contados si es que ya aun no los han desalojado de sus poderes y prebendas, sus propios pueblos hastiados, pues para esos tambien es esta carta de respuesta que me permite este ejemplar de la citada fauna, Edmundo, que Inmundicia.
Edmundo:

Hace años estás intentando hacerme una entrevista sin éxito, hasta el punto de resultar insoportablemente insistente porque además, para colmo, en tu petición posteriormente iban tus entrevistas adjuntas, esas entrevistas que no tuve más remedio que clasificar como “correo no deseado”, para al fin librarme de ellas.

En esa primera ocasión en que nos encontramos, ibas oportunamente mal acompañado y no tuve más remedio que pensar para mis adentros “Dios los cría…”. No obstante te explicaré por qué nunca hubiera hecho una entrevista contigo: vi en ti, con mi intuición natural para esas cosas, las nueve señales del hijo de puta que son, no sé si sabes, clasificaciones que hizo Don Camilo José Cela, en su novela “Mazurca para dos muertos” y que ha llegado a ser, en la historia, famosa por su visión extraordinaria de lo que es un ser execrable a primera vista. Voy a mostrarte esas nueve señales que son:

1. Pelo ralo
2. Baja estatura y canijo
3. Cara pálida
4. Barba por parroquia
5. Manos blandas, húmedas y frías
6. Mirar huido
7. Voz atiplada
8. Pijo flácido y doméstico
9. Avaricia

Con esta referencia sobra decirte por qué nunca he confiado en ti.

Edmundo, tienes una forma de hacer periodismo que no es tal; seleccionas a tus víctimas (a tus entrevistados), no los indagas, los cuestionas, los destrozas con una autoridad que no sé cuál ser poderoso te ha otorgado y terminas triunfante ante una persona apabullada por el terror de tus palabras que recuerdan un viejo estilo autoritario, ridículo y obsoleto. Esa es a mi juicio la esencia de tu programa.

Cuando leí tu panfleto mi primera reacción fue ver a una niña en la pubertad, asombrada y ruborizada ante su primera menstruación, miedosa de cometer pecado ante una manifestación natural de su desconocido organismo. Esa fue la primera impresión, pero la segunda, fue más solemne y peligrosa: me di cuenta de que no solamente eras todo lo que yo había pensado, sino más aún, estabas ingresando en ese grupo selecto de la ultraderecha miamense que no admite reconciliaciones, críticas y que cuyo único neolítico gesto es romper discos con aplanadoras. Tú, al igual que ellos, no quieres amor, quieres odio, tú al igual que ellos, no quieres reconciliación, quieres rencores y desunión, tú en suma, no quieres al pueblo cubano, ni de allá ni de acá. Edmundo, tú no quieres a nadie y no me hubiera extrañado verte en esa “enorme” turba gritando “Abajo, abajo”, donde sin duda alguna hubieras sido bien recibido.

Has insinuado que la prensa de Miami y España se aprovecha y utiliza mis palabras en vez de beneficiarme de ese espacio para arremeter contra el imperialismo. Edmundo, estás equivocado, soy yo el que me sirvo de esos periódicos para que difundan las entrevistas que en Cuba me están negadas y que sueño con que aparezcan en el Granma y las lea todo el pueblo y que un sólo periodista, uno sólo de los tantos miles que hay en la isla, tenga lo que hay que tener para dar a conocer lo que tantos años llevo expresando; es más, como un punto de partida planteo que tu panfleto y esta carta se publiquen en el Granma y que el pueblo las lea, piense, sepa discernir por si mismo, y de una vez, dónde está la verdad y vayamos por el camino de las libertades individuales que tenemos que rescatar y que tú con tu actitud estás negando.

A mi regreso a La Habana y en concordancia con el párrafo anterior, le digo por este medio a la intelectualidad cubana, a los artistas, a los músicos y a los altos cargos del Estado, que no me susurren más al oído: “estoy de acuerdo contigo pero… imagínate!”. Yo no estoy arrepentido de incinerarme sólo en mi actitud, pero es triste y vergonzoso que haya un silencio cómplice tan funesto como tu manifestación, Edmundo. Estas dos conductas, una en Miami y otra en La Habana, increíblemente al final convergen en su propia contradicción.

Sobre la intelectualidad miamense que comentas que me ha apoyado en sus artículos, te diré que no tengo absolutamente ningún miedo ni prejuicio en recibir una frase amable y receptiva. No soy su compañero de viaje, pero Edmundo, me gusta sumar mientras que a ti te gusta dividir porque de eso vives, para eso estás en esta ciudad.

También te has atrevido a decir que he mal influenciado a artistas del talento y el prestigio de Serrat, Sabina, Víctor Manuel y Ana Belén. No hay duda de que en este terreno también eres un ignorante, debías de saber que Juan Manuel Serrat es uno de los hombres más admirados por su entereza, caballerosidad y su limpieza durante toda su vida, y su posición ante el franquismo arriesgando su carrera y su vida, lo llevó hasta la cima de la dignidad. Que Joaquín Sabina, que a los 23 años se exilió a Inglaterra en su oposición a Franco y a su propio padre, es uno de los artistas más sinceros y honestos que conozco (esto lo sabe bien Fidel) independientemente de su talento. Que Víctor Manuel y Ana, antes de nacer tú, y andar por esos rumbos inciertos, que todos conocemos, para llegar a ser el extremista que eres hoy, pertenecían al Partido Comunista de España, en la época de Franco, y eso, Edmundo, les pudo costar la vida. Esas personas que tú no has respetado, tienen talento propio, criterios propios y no se dejan influenciar por nadie, al contrario porque son ciertamente su talento y sus principios los que han influenciado a medio mundo.

Edmundo, mis 53 años de militancia revolucionaria me otorgan el derecho, que muy pocos ejercen en Cuba, de manifestarme con la libertad que requieran mis principios y esa libertad implica que no tengo ningún compromiso a muerte con los dirigentes cubanos, a los que he admirado y respetado, pero no son Dioses, ni yo soy fanático, y cuando siento que puedo hacer un reproche y decir no, lo digo, sin miedo y sin reservas. Cuando veo que unas señoras vestidas de blanco protestan en la calle y son maltratadas por hombres y mujeres, no puedo por menos que avergonzarme e indignarme y, de algún modo, aunque no estemos de acuerdo  absolutamente, solidarizarme con ellas en su dolor; porque lo más vil y lo más cobarde puede ser que una horda de supuestos revolucionarios ataque despiadadamente a estas mujeres. No hay ningún código que defienda eso en el mundo, es más, la violencia de género se queda corta al ver esas salvajes manifestaciones. Estos dos conceptos que te he expresado, pero tú no has entendido – no hay duda de que estás en tu época de infantilismo revolucionario -, no implica que esté en desacuerdo con Fidel y tampoco implica que esté de acuerdo con las Damas de blanco. Pero tú vas al blanco o al negro, (más al negro que al blanco) y no tienes matices y los años irremediablemente te van a hacer aprender lo que es un verdadero revolucionario o inexorablemente vas a ingresar en ese mundo en el que he visto a tantos como tú, vagando, perdido en la nada.

Edmundo, ayer creo que sufriste un revés que no te apliqué yo precisamente, sino los varios miles de personas que asistieron a un recital, carísimo para su bolsillo en crisis, demostrando que es posible el amor, que si anteayer decían “No” y ayer decían “Tal vez”, hoy dijeron “Sí”, un sí contundente, más fuerte que tus sucias y ofensivas palabras.

Edmundo, te invito a que cojas tus maletas y regreses a tu país y allí tengas el valor de denunciar todo lo malo que veas, porque Edmundo, te advierto, esa lucha sí es dura y no te calles como esos miles periodistas de allá, cómplices lamentables del silencio.

En muchas ocasiones he dicho que me sentaré en el portal de mi casa para ver pasar el “cadáver” de mis enemigos, ahí te espero.

Solamente te exijo una cosa: saca mi nombre definitivamente de tu boca irrespetuosa y falsa, son demasiados los méritos que me ha otorgado el pueblo para que un desalmado como tú los manche con sus sucias palabras.

Pablo Milanés
Miami, 29 de agosto de 2011

Pablo Milanés critica graves tendencias en Cuba en carta abierta…

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El cantante cubano criticó el maltrato que sufren las Damas de Blanco en Cuba, la autocensura en la prensa y el silencio de los intelectuales en la isla.

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Afp
Publicado: 30/08/2011 13:46

Miami. El cantante cubano Pablo Milanés, revolucionario por convicción, criticó el maltrato que sufren las Damas de Blanco en Cuba, la autocensura en la prensa y el silencio de los intelectuales en la isla, en una dura carta abierta a un periodista castrista en Miami, publicada este martes.

El cantautor, que se encuentra de gira por Estados Unidos, dirigió su carta al periodista Edmundo García, una personalidad de la radio en Miami gracias a su programa La Noche se Mueve, donde ataca al exilio de Miami y defiende a la revolución cubana.

García cuestionó la semana pasada en un artículo el comportamiento de Milanés en algunas entrevistas a medios internacionales en Estados Unidos, donde se dijo crítico del sistema, pero revolucionario y hombre de izquierdas.

"Mis 53 años de militancia revolucionaria me otorgan el derecho, que muy pocos ejercen en Cuba, de manifestarme con la libertad que requieran mis principios y esa libertad implica que no tengo ningún compromiso a muerte con los dirigentes cubanos, a los que he admirado y respetado, pero no son Dioses, ni yo soy fanático, y cuando siento que puedo hacer un reproche y decir no, lo digo, sin miedo y sin reservas", se defendió Milanés en una carta fechada en Miami.

"Cuando veo que unas señoras vestidas de blanco protestan en la calle y son maltratadas por hombres y mujeres, no puedo por menos que avergonzarme e indignarme y, de algún modo, aunque no estemos de acuerdo absolutamente, solidarizarme con ellas en su dolor", señaló Milanés sobre las Damas de Blanco, el grupo de mujeres que piden desde 2003 la libertad de los presos políticos.

"Porque lo más vil y lo más cobarde puede ser que una horda de supuestos revolucionarios ataque despiadadamente a estas mujeres. No hay ningún código que defienda eso en el mundo, es más, la violencia de género se queda corta al ver esas salvajes manifestaciones", agregó.

El cantante defendió sus entrevistas a la prensa en Estados Unidos y apuntó: "Soy yo el que me sirvo de esos periódicos para que difundan las entrevistas que en Cuba me están negadas y que sueño con que aparezcan en el Granma y las lea todo el pueblo y que un sólo periodista, uno sólo de los tantos miles que hay en la isla, tenga lo que hay que tener para dar a conocer lo que tantos años llevo expresando".

El trovador fue ovacionado al presentarse el sábado por primera vez en Miami, capital del exilio cubano, ante una audiencia de entre 2 mil 500 y 3 mil personas -muchos de ellos cubanos- en un auditorio preparado para 5 mil butacas.

Pablo Milanés también lanzó sus dardos contra la intelectualidad de su país.

A su regreso a La Habana, "le digo por este medio a la intelectualidad cubana, a los artistas, a los músicos y a los altos cargos del Estado, que no me susurren más al oído: ‘Estoy de acuerdo contigo, pero ¡imagínate!’." "Yo no estoy arrepentido de incinerarme solo en mi actitud, pero es triste y vergonzoso que haya un silencio cómplice tan funesto como tu manifestación, Edmundo. Estas dos conductas, una en Miami y otra en La Habana, increíblemente al final convergen en su propia contradicción".

Para concluir la dura crítica contra el periodista y los extremistas, el trovador remató: "Tú vas al blanco o al negro, (más al negro que al blanco) y no tienes matices y los años irremediablemente te van a hacer aprender lo que es un verdadero revolucionario o inexorablemente vas a ingresar en ese mundo en el que he visto a tantos como tú, vagando, perdido en la nada".

LA JORNADA.MX

Written by Eduardo Aquevedo

31 agosto, 2011 at 19:15

Cuba y el reto cubano: más allá de la economía, la economía… (dos textos)

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  • Más allá de la economía, la economía
  • Socialismo en el Siglo XXI

Aurelio Alonso, Sociólogo cubano, en La Ventana

CUBA-CASTRO-RAULFIDEL Sigue pendiente un debate en torno a la interpretación histórica de la adopción del rumbo socialista en Cuba después de la victoria revolucionaria de 1959. Tal vez siga pendiente por muchos años, pero más importante incluso que encontrar de una vez respuesta es que no se cierre el debate. No tengo la intención de extenderme en este problema, para lo cual están mejor dotados los historiadores. Pero creo que allí descubriríamos algunas de las claves que pueden explicar los rasgos del curso ulterior seguido por el proceso cubano de socialización. Y, en consecuencia, algunos de nuestros dilemas del presente.

El Programa del Moncada quedó adjetivado con el calificativo de «programa mínimo» a partir la celeridad de la concentración de la propiedad estatal en que desembocó la generalización del proceso expropiador, y la asimilación de un estadocentrismo sin fronteras en la gestión económica entre 1960 y 1963. En aquel momento se volvió inevitable, para el imaginario político, identificar socialismo con propiedad estatal sobre los medios de producción. Volver la vista desprejuiciadamente al Programa del Moncada quizá pudiera mostrarnos que aquel programa no era en realidad tan «mínimo». Que fue rebasado entonces por una impronta forzada por la confrontación con que la política del imperio, desde el corte de la cuota azucarera y del suministro de petróleo, comenzó a desbordar claramente el ámbito del discurso, y obligó a Cuba a imponer su soberanía, como nación, con acciones de resistencia que se correspondieran con la intensidad de las medidas represivas de que era objeto.

«Nacionalizar», convertir en propiedad de la nación, que equivalía a decir del Estado, se hacía la única variable plausible en términos de la propiedad sobre los medios de producción, en tanto se volvió el signo de resistencia. Fidel siempre previó que Washington no se cruzaría de brazos ante el desplante de soberanía que le llegaba desde un Estado que creyó políticamente insignificante y manejable. Muchas veces he pensado, sin embargo, que difícilmente haya podido prever que un plan sostenido y complejo de asfixia sine die, tan erosionante como el que se fue formando en aquella escalada de medidas (y que los cubanos tenemos motivos para negarnos a llamar de otra manera que «bloqueo»), sería la respuesta del imperio.

Pido disculpas si reitero consideraciones que todo el mundo conoce, pero es muy difícil aventurar lecturas que creemos nuevas, o al menos distintas, si no se parte de otras bien conocidas. Lo que quiero subrayar ahora es que probablemente la intensidad de la confrontación llevó al proyecto cubano a una radicalidad diferente de la que contenía su enunciado inicial. Digo «diferente» y no «mayor», pues el hecho es que la transformación que proclamaba el proyecto revolucionario fue, también desde el Moncada, una transformación radical. Pero la postura radical se puede adoptar en tonos distintos y de maneras diversas, lo cual implica la posibilidad de plantearse patrones diferentes de radicalidad en los procesos de socialización de la economía. Para decirlo con pocas palabras, pienso que la idea de que más estatal quiere decir más socialista y más radical, no deja de ser también dogmática y equivocada.

En suma, que valdría la pena volver la vista al Programa del Moncada, no como un texto preliminar u omiso, con intención o sin ella, en cuanto a la definición socialista. Lo ha argumentado así con seriedad el politólogo Pedro Campos en un artículo titulado «El Programa del Moncada era socialista y está inconcluso»[1], donde descarta verlo como una propuesta superada, en sentido hegeliano. Lo verdaderamente importante de esta perspectiva es que nos sugiere el desacuerdo con su reducción a un programa mínimo, para retomarlo como punto de partida e inspiración no solo del despegue socialista cubano que tuvo lugar en sentido histórico, sino también de correcciones sustantivas que requiere nuestro tiempo.

En los cincuenta años vividos, el proyecto cubano, definido socialista por su orientación y por la estructura de la propiedad, ha atravesado etapas que se distinguen con claridad ante una mirada retrospectiva, y admite muchas periodizaciones. Hace rato que la experiencia cubana no puede ser analizada solo desde las presiones del hecho presente, sino que exige una mirada que hurgue de manera polémica en los entresijos de la perspectiva histórica. Mesa Lago registra hasta hoy, por ejemplo, nueve cambios de dirección en la política económica cubana[2]. Omar Everleny toma como punto de partida la distinción de cinco etapas[3]. No quiero atenerme aquí a una periodización más minuciosa que la que necesito, y recuerdo de paso que las periodizaciones son, como las tipologías, convenciones del proceso cognoscitivo.

Prefiero dividir ahora el proceso cubano de transformación socioeconómica en tres grandes etapas, y diría que la primera estuvo signada por la convicción de que se podría armar un proyecto socialista autóctono y lograr una inserción independiente en el sistema mundial, al margen de las tensiones impuestas desde Washington. El intento fracasó por la confluencia de diversos factores, entre los cuales el bloqueo jugó, como puede suponerse, un papel decisivo. Etapa inicial marcada por la confrontación, dentro y fuera del régimen; por la diversidad de variables en juego; por los primeros logros en justicia social; por la esperanza de que la promesa de otro mundo posible de que nos sentíamos portadores germinaría más temprano en otros entornos periféricos; y, por supuesto, por los errores de inexperiencia y los primeros reveses económicos a escala nacional, que hicieron insostenible la propuesta.

El socialismo cubano no hizo eclosión, sin embargo: ni sufrió desplazamientos de liderazgo político, ni renuncia al nivel de resistencia alcanzado; la economía preservó la estructura estatal generalizada, se mantuvo la orientación socialista radical y, en consecuencia, las prioridades hacia las realizaciones de justicia social y equidad con el énfasis en la búsqueda de respuesta a las necesidades de la salud y la educación. Estas se volvieron emblemáticas desde la alfabetización en 1961, verdadera proeza y monumento del cambio cultural, y la adopción de la medicina como derecho del pueblo desde 1965.

El cambio que sobrevino en los 70 sería, en medida principal, el requerido por la opción de articular el proyecto cubano al sistema soviético, con un obligado expediente de identidad que no dejaba espacio a los disensos en el diseño: se aceptaba un solo socialismo, el que Moscú había bautizado como «real». Se creó a partir de entonces un nuevo patrón de dependencia económica exterior. Aquel acoplamiento al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) proporcionó crecimiento económico sostenido durante casi dos décadas y un nivel de satisfacción muy equitativo de las necesidades de la población, aunque esta prueba de estabilidad tampoco sirviera para mitigar los rigores de la hostilidad norteamericana. La coartada para juzgar a Cuba como un Estado alineado al enemigo dentro de un mundo bipolar, ante un imaginario formado en la abominación del comunismo, se consolidaba.

No me detengo en la discusión de nada de esto, pues solo lo aludo para recordar aquí que lo que siguió a la desintegración del socialismo soviético —objeto de las páginas que siguen— abarca para los cubanos las dos décadas de la historia más reciente: es decir, que de este medio siglo Cuba ha vivido veinte años —casi un cuarto de siglo— en las coordenadas creadas a partir del derrumbe soviético y el fin del bipolarismo en el mapa mundial.

Considero este ultimo dato, el dato del tiempo, como fundamental: el tiempo histórico no es un conteo de años, es existencia transcurrida, que responde por todo el paisaje económico, político, social, cultural que se despliega hoy ante nuestra mirada. Que conforma además el punto de partida obligado tanto para búsquedas de soluciones a los problemas concretos, como para el trazado de caminos.

El dramático reto de volver a empezar

Fidel Castro bautizó como «período especial de tiempo de paz» lo que previó que se produciría en el proyecto socialista cubano de desintegrarse el sistema soviético. Pensaba en la economía y el nuevo efecto de desconexión internacional, y pensaba en la integridad de la nación, y también en el impacto sobre las condiciones de vida del pueblo. No hay país inviable, escuché argumentar a Abel Pose polemizando con Manuel A. Garretón en un en un coloquio hace casi diez años[4]. Pero la pregunta que quedaba a flote era: ¿hay sistema inviable?, ¿podría afirmarse después de 1991 que el socialismo se había probado inviable? Y si acordamos que la inviabilidad no expresa una magnitud sistémica, sino que se debe al fracaso de un experimento histórico, comienza el dilema de encontrar el camino del socialismo viable.

Fidel escogió un término logístico, el de «período especial», que no dejara duda acerca de la profundidad de la crisis que se avecinaba para Cuba después del derrumbe. Aún no había sucedido la catástrofe cuando acuñó la frase, pero si un líder socialista la veía posible era él, que desde los años 60 compartía una prevención que el Che Guevara no dudó en vaticinar de manera más explícita. No creo necesario citar al respecto, pues todo el pensamiento económico apunta críticamente a la búsqueda de una alternativa.

Lo que aconteció a partir de 1990 puede ser caracterizado como la crisis económica más aguda afrontada por el proyecto socialista aplicado en Cuba. Las crisis económicas atravesadas por el socialismo cubano no se corresponden exactamente con las crisis mundiales, de carácter capitalista, cuyo epicentro en el sistema financiero en los Estados Unidos, como eje del capitalismo mundial, las hace irradiar irremediablemente hacia el resto del Planeta. Ha sucedido incluso, como he escuchado recordar a Juan Triana, que la economía cubana ni siquiera sintió la crisis de 1974-1975, vinculada a boom de los precios del petróleo, porque la inserción soviética nos aseguraba el crudo en abundancia. Pero no hay que hacerse ilusiones a partir de circunstancias excepcionales, como esta. Esas crisis también nos llegan.

Lo cierto es que la generación de nuestras crisis y las del sistema capitalista no son explicables exactamente por las mismas causas, aunque las segundas no dejen de afectar la economía local de una u otra forma y con intensidad variable. El estremecimiento y desplome económico que sufrió el sistema cubano en los 90 fue el más agudo dentro de los países que dependían del mundo que se vino abajo, aunque, a diferencia de Europa del Este, en la Isla no removió la estructura de poder. Sin embargo, los inevitables efectos sociales —que me atrevería a centrar principalmente en la desvalorización del salario, la depauperación de las condiciones de vida y la ruptura de los patrones de igualdad— fueron sumamente severos, y acentuaron las condiciones de austeridad para la población.

Indicadores sustantivos de pobreza, como el declive brusco en los de nutrición, se hicieron intensos en los cuatro años que siguieron al derrumbe, a tono con la caída del PIB y el desvanecimiento del poder adquisitivo de la economía del país. No me toca aquí exponer el contorno de la crisis cubana que se inició a principios de los noventa, sino subrayar como, de una superación con equidad de la pobreza, en la cual se había comenzado a avanzar en las décadas precedentes, la sociedad cubana se vio sumida en una repauperización bastante generalizada.

Fue gracias a los estudios en que tuve oportunidad de participar desde finales de los noventa que percibí las diferencias y la relación entre los conceptos de pobreza y desamparo[5]; diferencias indispensables como instrumental para comprender la gravedad de la realidad cubana y a la vez los méritos y la prioridad de las políticas sociales. Lo consigno como referencia igualmente válida para el diseño de respuesta en otros escenarios del mundo periférico.

Con esta distinción entre desamparo y pobreza me refiero al significado de la existencia de una institucionalidad, tanto política como civil, que asocie explícita o implícitamente dispositivos que garanticen protección a la subsistencia, y en general a la vulnerabilidad comunitaria, sin permitir que esta quede sujeta al entramado mercantil, o a dinámicas económicas centradas en la acumulación, aun cuando se manifiesten ajenas al mercado. Dicho sea de otro modo, que impidan que el desamparo domine la situación social, convirtiendo la anomalía en regla. No hay que olvidar que vivimos en un mundo con la mitad de la población en la pobreza y que no ha sido capaz de dar solución a la desnutrición (hambre) de ochocientos millones, a pesar de haber rebasado la capacidad productiva para hacerlo.

Ante la sacudida que siguió al derrumbe socialista en Cuba, se adoptaron reformas que introdujeron elementos de mercado temprano en los 90 (con frecuencia se citan como las reformas del 93[6], aunque las medidas que flexibilizaban el sistema comenzaron en realidad al final de los 80, y siguieron generándose hasta el 94 o el 95), coyunturales unas, y otras que tocaban estructuras. Este proceso reformador no mostró ser parte de un plan articulado, cada reforma se mostraba más bien orientada a mitigar un problema concreto, y se asumió además con muchas reticencias, o con la evidente aspiración política de revertirlas, aun si sirvieron para contener la caída brutal de la economía hacia mediados de la década.

Hubo desde entonces señales de reanimación. No obstante, no sería posible hablar en rigor de una recuperación económica hasta que se iniciaron cambios en el escenario latinoamericano que propiciarían para Cuba una nueva perspectiva de integración. Aquellas reformas, que pararon la caída, no eran suficientes para aportar una reanimación económica sostenida, en tanto contribuyeron a provocar, sin embargo, una ruptura del patrón de igualdad que había mantenido al mínimo las diferencias de ingresos familiares en las décadas anteriores.

En los 80 la proporción de lo percibido por el decil de más altos ingresos superaba en sólo 4.5 veces lo percibido por el de menores ingresos[7]; con la explosión del ingreso extrasalarial y la entrada de remesas se estima que esa proporción se desbalanceó de manera apreciable[8]. De modo que las distorsiones que vemos hoy en el escenario socioeconómico cubano resumen los efectos combinados, a veces caotizantes, de la desconexión y el derrumbe de la economía, de una parte, y de otra de las medidas aplicadas para contener la caída. Sin pasar por alto los viejos efectos combinados de las limitaciones impuestas por el bloqueo y las generadas por estrategias frustradas o erráticas: los viejos efectos dan un escenario a los nuevos, y se mantienen los unos y los otros determinando contornos. Ahora, además, habrá que contabilizar los efectos, directos e indirectos, de la nueva crisis mundial que acaba de desencadenarse en el sistema financiero y que ya vemos transferirse a la economía real.

El debate sobre una transición cubana

Otra vez en Cuba nos hemos visto obligados a repensar nuestra transición socialista. La tuvimos que repensar a principios de los setenta cuando se demostró que el alcance del poderío estadounidense estaba en condiciones de arruinar económicamente a un vecino tan frágil con sólo privarlo de escenario de inserción. Fue entonces que la dirigencia política optó por adscribir el proceso al bloque soviético. Esa decisión aseguró, como señalé al principio, un crecimiento económico decoroso y los recursos para costear los patrones de justicia social y equidad, aun en condiciones sociales de austeridad, pero no pudo propiciar la construcción de una estructura productiva sostenible. Tampoco fue un simple giro de bienestar realizado sin traumas y sin costos dentro del entramado complejo de la espiritualidad.

El tercer momento de la transición cubana va a tener otro carácter: se nos planteaba ahora como una disyuntiva. O una durísima, difícil ruta de preservación y cambios en el proyecto socialista, en un contexto mundial de dependencia neoliberal, de mercadocracia generalizada, sin escenarios de inserción alternativos; o, por el contrario, renunciar a la propuesta socialista e iniciar la transición inversa, en las coordenadas de la que se desencadenó en el Este, marcada por la economía de la privatización y el mercado, la política del pluripartidismo electoral asociado a las presiones del capital, y la ideología del individualismo, de la exaltación de la competencia y la desigualdad y la insensibilización hacia la pobreza: en una palabra, optar por la ley de la selva, la cual se asoma ya en Cuba.

Se asoma tras los conductos de la economía informal, pero tuvo su germen en un patrón individualista fertilizado en la etapa precedente por el espejismo del socialismo de mercado: el insaciable deseo de «tener más». Ese que, para sorpresa y admiración de la izquierda que se renueva, la sabiduría andina rechaza al oponerle el principio de «bien vivir».

El dilema se definía desde los mismos años 90 entre la transición de un socialismo fracasado hacia un socialismo viable, o la transición hacia un capitalismo que amablemente se nos aconsejaba realizable con «rostro humano». Se sabe que en Cuba prevaleció claramente la primera opción, pero que no se piense que no hubo motivación hacia el «rostro humano» del capital, ni que se trate de una idea pasada de moda del todo en el país. Ni en los 90 ni ahora. Porque con el socialismo viable sucede lo que con la democracia participativa: carece de referente concreto; de modo que todos o casi todos lo queremos pero no sabemos cómo será ni por dónde entrarle, aunque nos cansemos de asegurar lo contrario.

Hasta ahora tenemos más claridad en lo que le ha faltado al experimento socialista que en las propuestas idóneas para rehacerlo. Incluso el concepto de «transición», como una tarea en la agenda cubana, es rechazado por el lenguaje político oficial, y constituye uno de los temas más polémicos en Cuba[9]. No se trataría de rescatar con retoques el socialismo que tuvimos. Y que, en realidad, tenemos o creemos tener aún. Pero también pienso que, en cualquier caso, el futuro con «rostro humano» solo se podrá hacer socialista, porque la lógica del capital va a terminar siempre por tragarse cualquier empeño sostenido de justicia social, de amparo frente a la pobreza, de fórmula global equitativa, de esfuerzo por embridar el mercado, y hasta de soberanía económica.

No veo motivo para asumirlo como un rechazo intuitivo del experimento socialista conocido, lo cual llevaría a perder muchas cosas, sino de contabilizar con rigor las deficiencias probadas del modelo. Hablo ahora de deformaciones propias del modelo, no de las deficiencias que las coyunturas nos han impuesto sobre las del modelo, y que completan la amalgama generadora del caos actual. Clasificaría estas deformaciones en tres conjuntos.

En primer lugar, las económicas, estructurales, centradas en la confusión de socialización con estatización, la falta de ingenio, y de confianza, para la experimentación de formas diversificadas de socialización de la propiedad; la reticencia a buscar un patrón de eficiencia socialista que asegure la complementación de justicia y desarrollo, puesto que un proyecto de justicia social sólo será sostenible, y podrá reproducirse de manera ampliada, a partir de que cuente también con un soporte económico seguro; la demolición indiscriminada de todas las estructuras del capitalismo antes de tener con que reemplazarlas; la confusión de la necesidad de revertir el sometimiento al mercado con la ilusión de que el mercado se podía abolir por un acto de voluntad política.

«Una sociedad capitalista no lo es porque todas las relaciones económicas y sociales sean capitalistas, sino porque estas determinan el funcionamiento de todas las otras relaciones económicas y sociales existentes en la sociedad. Inversamente, una sociedad socialista no es socialista porque todas las relaciones sociales y económicas sean socialistas, sino porque estas determinan el funcionamiento de todas las otras relaciones existentes en la sociedad»[10]. De hecho, intentarlo de otro modo sería un absurdo, en el cual el socialismo, cuando ha sido creado, como hasta hoy, sin mecanismos económicos de corrección, es susceptible a sufrir la ilusión de que puede moldear la economía a voluntad. De tal modo, crea él mismo las deformaciones que obstruyen su viabilidad.

En el plano político, el modelo socialista generalizado en el siglo XX ha sido predominantemente autocrático, incapaz de articular íntegramente la institucionalidad que asegure el ejercicio de un verdadero poder popular: una democracia efectivamente participativa. El derrumbe soviético demostró que el socialismo no podrá existir sin democracia, si asumimos que democracia significa poder «del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», como afirmó Abraham Lincoln.

La salvedad radica en que se hace necesario definir previamente el demos. En la república griega aludía una minoría esclavista, en la sociedad moderna capitalista se estratifica por el poder que aseguran las ganancias. Para que el demos devenga el pueblo, poco y mal puede hacerse si no se frena el poder del capital. Democracia no significa pluripartidismo electoral (se vuelve un negocio más) ni tampoco partidocracia movilizadora (que distorsiona el sentido del «partido vanguardia»). Coincido con Boaventura de Sousa Santos cuando afirma, en el texto citado, que «socialismo es democracia sin fin»[11]. Creo que es necesario que el partido que se proyecte portador del programa de la sociedad de justicia y equidad, si pretende legitimar su papel en «formar la república», como lo veía José Martí en su ideal del partido revolucionario, también debe vivir, en sistemas como el nuestro, una transición que lo consolide más como vanguardia, como potencia moral que preserve de los valores esenciales, y menos como poder institucional directo.

Un tercer plano estaría dado por los factores subjetivos, sobre lo cual existe en la Historia un arsenal de enunciados de valores irrealizados desde la antigüedad (desde el decálogo de la Ley mosaica, por ejemplo) y no sólo como propósitos incumplidos de los socialismos y de todas las sociedades existentes hasta nuestros días. Una sociedad en la cual la salida de las condiciones de pobreza se siga viendo hoy como la sumatoria de las soluciones familiares o individuales nunca saldrá por completo de la pobreza porque no saldrá de la enajenación. Sería siempre una sociedad centrada en la reproducción del individualismo. En la sociedad cubana el sentido de la solidaridad se ha logrado retener como un valor esencial, y es en este plano en el que se pudo distanciar del deterioro ético que se filtró en el bloque del Este. Sin embargo, no me atrevería a asegurar que se ha universalizado y se hace evidente que también dentro de la sociedad cubana, la crisis de paradigma sufrida a partir del derrumbe y las complejidades de los 90 han distorsionado sensiblemente valores que se creían con mayor grado de consolidación.

Me he detenido en esta formulación genérica para expresar donde veo los grandes desafíos que tenemos por delante los cubanos en el siglo XXI, al mantener y fortalecer la opción por el socialismo. Distinguía, al abordarlos, el modelo de la coyuntura, donde los problemas se traducen en una sociedad en la cual predomina una dislocación entre ingresos y poder adquisitivo, la economía informal se ha superpuesto a la formal, el salario del empleado de limpieza de un hospital puede ser superior al de los especialistas mejor pagados, y de no pagarse esos sueldos nadie haría la limpieza en los hospitales. Más allá de las reformas salariales se requiere llegar a las causas mismas del problema, que radican en el modelo.

Tampoco quisiera pasar por alto los significados que podríamos extraer de comparaciones entre el peso de lo modélico y el de lo coyuntural. Los altibajos de la inserción económica internacional se explican por respuestas coyunturales y, sin embargo, pueden mostrarse muy relevantes, decisivos. Cuando son de signo positivo, con el riesgo de que la clase política tienda a descuidar incluso los requerimientos de transformación del paradigma, espejismo en el cual se incurre con frecuencia. Y cuando son negativas, como es el caso del bloqueo económico de los Estados Unidos en la referencia puntual del sistema cubano, se hacen tan lesivos como para volverse objetivamente centrales en la provocación de situaciones críticas sostenidas que desvirtúan la totalidad del entorno nacional.

Lo que nos dice el IDH

Como es sabido, las insuficiencias propias del indicador de «pobreza de ingresos», motivó hace años la búsqueda de otro que englobara aspectos que quedaban fuera de consideración y, aunque sigue siendo el más funcional para comparaciones cuantitativas, se creó, y se adoptó de manera complementaria, el «índice de desarrollo humano» (IDH). En 1990 el IDH colocaba a Cuba en el lugar 39 dentro de un total de 130 países. La posición de Cuba en este índice se deterioró en los años sucesivos, según caían en el país los indicadores económicos y se deprimían las condiciones de vida de los cubanos. Su comportamiento más crítico lo tuvo en el año 1994, en que nos colocó en la posición 89 entre 173 países. Este indicador mostró, a lo largo de los noventa, el deterioro de la situación en que había quedado la población cubana, aunque hacia 1999 también comenzó a dar cuenta de una tendencia progresiva de recuperación.

El más reciente Informe de Desarrollo Humano del PNUD[12] muestra una recuperación importante de este índice en 2005, en que Cuba queda en el lugar 51. El índice de desarrollo humano de ese año, 0.838, es inferior al mostrado en 1990, que fue 0.877, y colocaba a Cuba en el sexto lugar en el conjunto de la América Latina y el Caribe. En este último Informe…, como en los anteriores, también se constata que la clasificación de Cuba como país de desarrollo humano alto se debe a los indicadores de calidad de vida, en tanto los económicos progresan muy lentamente.

Un posicionamiento realizado exclusivamente a partir de los ingresos (PIB per capita) movería bruscamente a la Isla al lugar 94 en los cálculos del año 2005. Esta paradoja muestra nuestras fuerzas y nuestra debilidad: la capacidad del sistema cubano de retener niveles de amparo a la ciudadanía que serían inimaginables, en una situación de crisis, dentro de una economía de mercado, por una parte; y la insuficiencia de la economía cubana para hacer sostenible el sistema, cuando es evidente que los logros en el terreno de la justicia social y la equidad tienen que descansar sobre un carril de desarrollo productivo no sujeto a la lógica de la ganancia sino a la del crecimiento del bien común de la sociedad.

Hasta aquí la estadística. Paso ahora a otros comentarios. El primero es que las cifras muestran: 1) que a pesar de la caída económica y del régimen de castigo desde los centros de poder imperialista, acrecentado a lo largo de los 90 y hasta los años finales de esta década, la economía cubana muestra capacidad de revitalizarse cuando vuelve a encontrar escenarios de inserción, sin hacer concesiones al imperativo neoliberal, ni a ningún compromiso que pueda traducirse en lazos de dependencia; 2) que el punto débil visible del sistema cubano termina siempre en el comportamiento de la economía, en el cual nunca se ha pasado de medidas aisladas, de mayor o menor alcance, que no aparecen articuladas a un cambio estructural orientado a introducir un nuevo patrón de eficiencia. Las urgencias del corto plazo interfieren con la materialización de cualquier proyección estratégica.

La recuperación económica de comienzo de la década presente, que tuvo su manifestación más elevada en el crecimiento del PIB del 12.5% en 2006, quedó todavía corta de cara a la mayoría de los indicadores de 1989. Además, el crecimiento volvió a desacelerarse con rapidez, cayendo a 7.3% en 2007 y 4.3% en 2008. Para 2009 se ha ajustado la cifra propuesta al 2.5%, aunque rigurosos estudios econométricos consideran esta como una variante óptima y menos probable que una cifra próxima al 1%. Y aun peor, si no encuentran solución los problemas que traban el sistema de pagos (al parecer el de mayor incidencia inmediata), no se descarta un comportamiento en el rojo, de alrededor de –0.5%[13]. Por primera vez bajo cero en dieciséis años.

De manera que, como a principios de los noventa, terminamos la primera década del siglo XXI con una caída significativa. Lo cual no hace más que ratificar, a mi juicio, que incluso cuando miramos más allá de la economía, descubrimos que el reto más inmediato y definitorio del socialismo cubano se localiza otra vez en la economía.

La economía cubana —cargada de malformaciones— está urgida de cirugía. Pero de cirugía socialista. Igualmente si es bajo el bloqueo sostenido, como si este quedara aligerado por motivaciones humanitarias, o si fuese progresivamente desmontado. Frente a cualquier variable la economía socialista cubana no tiene otra opción que encontrar una armazón eficiente. Rediseñada sobre una noción de desarrollo distinta: desde las fuerzas que el país ha creado (en primer lugar con el capital profesional, que sigue subutilizado), con el peso de sus carencias, y sobre las incertidumbres de cada coyuntura. En primer lugar para garantizar subsistencia a nuestra población y recuperación al medio natural del cual nos nutrimos: algo que no se ha logrado plenamente en los cincuenta años transcurridos.

No puede Cuba aspirar a convertirse en otra Suiza (ilusiones sin base que he escuchado a veces) y de hecho, ni siquiera me parece sano soñar con que exista otra Suiza. Las estadísticas económicas tienen más de un significado. Del lado negativo, los altos índices de comportamiento económico también suelen ser indicativos de altos niveles de consumo, contaminación de la atmósfera, y depredación del ambiente en más de un sentido. Se ha dicho que si la norma de consumo de combustible norteamericana se universalizara el agotamiento de las fuentes se haría casi inmediato. No podrá haber autos para todos en el mundo.

Mathis Wrackernagel, investigador del Global Footprint Network de California, calculó, para noventa y tres países, la cantidad de planetas Tierra que serían necesarios en el caso de generalizarse el nivel de consumo de cada uno de ellos. Los países europeos occidentales están en la media de tres planetas, y los orientales de dos. En tanto los Estados Unidos necesitarían cinco planetas. Los países de la América Latina estarían sobre la media de un planeta, y los de África bastante por debajo. En esta correlación la línea del desarrollo sustentable estaría en un índice de desarrollo humano de 0.8, y el nivel de la huella ecológica en 1 planeta. Cuba parece ser, al momento, uno de los países que más claramente se acerca a esta correspondencia[14].

No lo digo como insinuación de complacencia. En definitiva, son estadísticas, solo estadísticas. La complacencia es hija del conformismo y contra el conformismo se rebela el imperativo de redimensionar la economía con reformas que alcancen las estructuras donde quiera que la búsqueda de una eficiencia socialista lo reclame. Se rebela también la necesidad de restaurar un régimen laboral y de participación efectiva que incentive el trabajo. Se rebela la necesidad de posibilitar mejor vida sin más gasto. Se rebela la urgencia de dar un carácter más orgánico al rescate y la protección del ambiente. Se rebela la tarea inaplazable de hacer nacer al fin la democracia.

Y, sin embargo, este dato nos dice, a mi juicio, al margen de consideraciones ideológicas, que el escenario más idóneo para los proyectos de transformación sustentable se encuentra ahora en la América Latina, donde se ha iniciado —solo se ha iniciado— una significativa modificación del mapa político. Y que Cuba presenta, de algún modo, una posición de punta, por ser el país portador experimentado de un paradigma antisistémico de referencia con validez periférica continental.

Es obvio que la realidad presente muestra una compleja panoplia de necesidades de cambio en la transición cubana. Pero es así precisamente porque la opción es la del camino socialista. La otra transición hubiera sido más sencilla, al ponerlo todo en manos del mercado. Y también terrible, porque la lógica del capital no perdona: consolida desigualdades, agudiza y extiende la pobreza, empeña soberanías, compromete futuros. Habríamos perdido en Cuba medio siglo de sacrificios.

Es la transición socialista la que requiere a cada paso la inteligencia del cambio, la evaluación de cada resultado, combinar la mirada puesta en el horizonte con la del día a día, la del gran panorama con la de la calle. También confrontar críticamente nuestros disensos. Y permitir que el pueblo asuma cada vez más un protagonismo en lo que se construye. Que algún día las masas se pongan en condiciones de participar cada vez más —como diría Ernesto Che Guevara— en la decisión de qué parte de los ingresos de la sociedad va al consumo y qué parte a la acumulación[15].

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Notas:

 Sociólogo y ensayista cubano.

1.- Véase http://www.kaosenlared.net/noticia/programa-moncada-era-socialista-esta-inconcluso, 3 de febrero de 2009.

2.- Véase «Estoy disponible para servir a mi Patria», entrevista de Carmelo Mesa Lago concedida a Roberto Veiga para Espacio Laical, no. 61, marzo de 2009, La Habana.

3.- Véase Omar Everleny Pérez Villanueva, «La estrategia económica cubana: medio siglo de socialismo», ponencia presentada en el Seminario sobre Economía Cubana y Gerencia Empresarial, 27-29 de mayo de 2009, La Habana.

4.- Coloquio internacional celebrado en La Habana en febrero de 2000, convocado por la Oficina Regional para América Latina de la UNESCO, bajo el título «Repensar a América Latina».

5.- Véase Aurelio Alonso, «Estrategias de amparo frente a las dinámicas de empobrecimiento», ponencia al XXVII Congreso de LASA, Montreal, 2007.

6.- Véase Aurelio Alonso, «Las reformas cubanas y la introducción de la lógica de mercado en el sistema económico: apuntes sobre los efectos sociales», Alternatives Sud, vol. 1, no. 2, 1994, Paris.

7.- CIEM-PNUD: Investigación sobre derechos humanos y equidad en Cuba, editorial Caguayo, S.A., La Habana, 2000.

8.- Estimados oficiales aluden recientemente a una correlación 7-1 pero varios estudios por muestreo indican que el desbalance puede haber alcanzado una proporción superior a 15-1. Vease Mayra Espina Prieto: Efectos sociales del reajuste económico: igualdad, desigualdad, procesos de complejización de la sociedad cubana, ponencia presentada en el Congreso de Latin American Studies Association (LASA), Dallas, marzo de 2003.

9.- La revista Temas dedicó su número 50-51, de abril-septiembre 2007, al tema de las transiciones. En el mismo el debate cubano ocupa un espacio relevante, a través de una encuesta aplicada por Rafael Hernández y Daybel Panellas, bajo el título «Sobre la transición socialista en Cuba: un simposio», a trece «personas que se distinguen en el campo de las ideas y el conocimiento, en la práctica social y política, pertenecientes a diferentes profesiones y generaciones».

10.- Boaventura de Sousa Santos, «¿Por qué Cuba se ha vuelto un problema difícil para la izquierda?», en la lista Other News de Roberto Savio en IPS, 6 abril de 2009.

11.- Ibidem.

12.- Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008. La lucha contra el cambio climático: Solidaridad frente a un mundo dividido, publicado por el PNUD, México, 2007.

13.- Véase Pavel Vidal, «El PIB cubano en 2009 y la crisis global», en IPS – Economic Press Service, 09/ 15 de mayo de 2009.

14.- Véase Carlos Fernández Liria, «Un siglo de pereza y de comunismo», en Casa de las Américas, no. 254. enero-marzo de 2009, año XLVIII, La Habana.

15.- Ernesto Che Guevara: Apuntes críticos a la Economía Política, pag. 147, Ocean Sur, La Habana, 2006.

Socialismo en el siglo XXI

Enviado el Miércoles, 16 de Septiembre del 2009 (15:33:46)

Nuestra América

Intervención de Aurelio Alonso en el VIII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios: “Debemos realizar una especie de auditoría perenne sobre el curso que nuestras decisiones provoquen en la sociedad, para no tener que volver a percatarnos de que salimos hacia el socialismo y llegamos a otro lugar”

por Aurelio Alonso

Me voy a concentrar en cuatro puntos. El primero se refiere a la razón del planteo. No podemos pasar por alto que el uso de la preposición “en” o “de” se empieza a convertir en un dilema con carga definitoria, o al menos distintiva de posturas. Creo que se puede perder tiempo y energías tratando de delimitar si el subrayado sustantivo debe destacar, con “en”, la continuidad del socialismo, previsto que no es válido reducir “el socialismo” al experimento fallido del siglo XX. O si lo que merece subrayarse, si se escoge “de”, es la convicción, desde un proceso de superación crítica de los errores, anomalías y desatinos, de que no se trata de repetir con más cuidado el camino andado, sino de enfrentarlo con una carga de apertura en la cual prevalezca la creatividad.

Sinceramente, en mi caso personal me he habituado al “de”, porque me pareció, desde un inicio, que el primer fantasma a despejar entre los que no hemos claudicado del ideal socialista, es el de los lastres que nos presionan desde el proyecto fallido. Con lo cual tampoco creo profesar menosprecio alguno hacia el proyecto fallido; al contrario, me parece indispensable que la crítica recupere todo lo de positivo que vimos y vivimos en él, que ha sido mucho.

A pesar de que se han escrito millones de páginas, no creo que la crítica del experimento socialista del siglo XXI haya sido agotada. En realidad, la necesidad de repensarlo es tal, que nunca va a ser agotada. Incluida una evaluación ponderada del liderazgo de Stalin, que tampoco puede hacerse en blanco y negro. Me ahorro el conteo de barbaridades y la insistencia acerca de su responsabilidad en la deformación y el fracaso socialista soviético. Pero recordemos la conducción de la resistencia a la agresión mundial del nazismo y la conversión de la desolación en ofensiva, y recordemos también que en los momentos más críticos de la contienda, no detuvo la construcción del metro de Moscú, lo cual da cuenta de un profundo compromiso con la consumación de su proyecto socioeconómico. Del suyo, en el cual creía.

Pero ningún reconocimiento parcial sería suficiente para no entender que el modelo nacido de la victoriosa revolución bolchevique se mostró, a la larga, incapaz de sostenerse, y esas incapacidades tienen que ser totalmente erradicadas en la construcción de un modelo viable. Estamos obligados, como ninguna otra generación lo estuvo, a asumir la historia sin maniqueísmo.

Concluyo el punto expresando que para mí es más importante el enfoque efectivo detrás del enunciado que la precisión semántica de la preposición que escojamos. No lo convirtamos en un debate típico del medioevo. Por eso, trato de evitar que esto devenga para mí un tema polémico. En definitiva, del siglo XXI estamos llegando solo al final de la primera década y quedan noventa años para que los experimentos socialistas en que nos empeñemos muestren su viabilidad o no. Para no repetir los viejos errores y para corregir los nuevos que cometamos. Es decir, si es que no perecemos antes de hambre o de sed, o cocinados por el calentamiento global, o de cualquier otra catástrofe que se vincule a la destrucción desenfrenada del ambiente humano en la cual estamos atrapados.

El segundo punto se refiere a los dilemas de hoy. Cuando hablamos de dilemas no es posible eludir que la historia nos los impone siempre a través una solución de continuidad y ruptura que, en la práctica, solo puede ser afrontada de manera concreta y diferenciada. Y las soluciones de los dilemas siempre tienen que salir de las generaciones que los viven (mejor decir, que los vivimos). Ninguna referencia precedente, por sensata que sea, nos puede dar respuesta a los que tenemos que resolver hoy. Nos ayudarán a pensarlos, pero la solución la tenemos que elaborar ante la realidad que vivimos, los mismos que la vivimos.

El dilema principal, planteado en el nivel más alto de abstracción, sería el que nos cuestiona hacia dónde nos dirigimos. Vuelve a expresarse, en el plano sistémico, en la disyuntiva entre capitalismo o socialismo. Quienes consideren exhausto el proyecto socialista, lo asumen como un dilema entre capitalismo con “rostro humano” y cualquier otra opción. Su desventaja es que los referentes históricos capitalistas a los cuales se podría atribuir “rostro humano” son muy discutibles y, en todo caso, poco generalizables el modelo sueco, por ejemplo), para no decir irrepetibles.

Una visión más realista nos lleva a replantear hoy este dilema central en términos de “socialismo o barbarie”, como lo hizo Rosa Luxemburgo a comienzos del siglo XX, y lo vuelve a hacer hoy Istvan Mészáros, ahora ante un nivel de agravamiento en las relaciones socioeconómicas y políticas a escala mundial, que puede extremarlo a “socialismo o devastación”.

“Barbarie —afirma Mézáros— si es que tenemos suerte, en el sentido de que el exterminio de la humanidad sería el resultado final del destructivo curso del desarrollo del capital”.

De manera que el futuro de la humanidad tendrá que enrumbarse progresivamente a través de un proceso de socialización (contradictorio, a menudo convulso, con giros inesperados, con avances y retrocesos, con confrontaciones violentas, con la exigencia constante de reciclajes que preserven la lucidez de liderazgo, en tanto profundizan la democracia), o no habrá futuro, del todo, para la humanidad. La tragedia consiste en que el tiempo histórico para que la humanidad se percate de la urgencia del cambio radical, y oriente sus pasos en la búsqueda efectiva de solución, se reduce también radicalmente.

No me gusta ser apocalíptico; ni siquiera me quiero sentir, en el fondo, pesimista. En una ocasión oí decir a Boaventura de Sousa Santos, después de describir la tétrica situación de la realidad contemporánea, que él se consideraba un optimista, aunque un optimista trágico.

Un tercer punto al cual me he sentido motivado se vincula a la reflexión en torno a los paradigmas. Este es un problema que presenta, a mi juicio, dos perspectivas metodológicas: una es la necesidad de definir qué contenidos se nos presentan, por su naturaleza misma, paradigmáticos para nuestra proyección; la otra sería cómo aproximarnos críticamente, revisar, constatar concreciones parciales, controlar y rectificar nuestros planteos paradigmáticos. Una especie de auditoría perenne sobre el curso real que nuestras decisiones provoquen en la sociedad. Para no tener que volver a percatarnos de que salimos hacia el socialismo y llegamos a otro lugar.

En términos de paradigmas, hoy podemos afirmar que la salvación de la humanidad descansa en la construcción o reconstrucción soberana de sociedades que se sostengan en proyectos de justicia y equidad, con propuestas de desarrollo económico orientadas a sostener dichos proyectos, a la par que reproducen el producto social; que se orienten en la práctica a la eliminación de la explotación del trabajo que el capitalismo convirtió en mercancía; con esquemas de participación en el sistema de decisiones, desde la comunidad hasta el Estado central, capaces de imponer una institucionalidad democrática sin precedentes (“el socialismo es democracia sin fin” ha dicho de Sousa Santos con razón).

Y lo más importante, debido a la inminencia del peligro de sucumbir, que cambie radicalmente la actitud del hombre hacia la naturaleza, en el sentido de preservación, restauración, comunicación y asimilación, en unidad con el medio ambiente, del cual hace parte. Y el cambio de la conciencia humana, que si miramos hacia los sacrificios solidarios parece que ha sido mucho, pero si miramos a la expansión de conductas individualistas lesivas al bienestar común, deja mucho que desear. El ideal del hombre nuevo es también un componente paradigmático universal, pero no me canso de repetir que no podremos hablar del hombre nuevo hasta que no se haga salir de la cabeza humana el deseo del automóvil.

Dicho sea rápidamente y sin ser todo lo acucioso que merece el punto, para mí estos resultan enunciados paradigmáticos perfectamente generalizables. No diría yo que para caracterizar el socialismo del siglo XXI, sino para esbozar el horizonte de su construcción. Y si pensamos en ellos de manera despejada, sin querer encontrar coartadas para complacencias, veremos que es poco, a veces demasiado poco, lo que podríamos contabilizar ya como realización en los esfuerzos en que hasta ahora nos hemos empeñado.

En qué medida se asemejan o divergen entre una y otra realidad nacional la correlación de clases sociales y cómo hacerle frente en la responsabilidad práctica de construcción social. Cómo se definiría, en términos de diseño, la institucionalidad política y jurídica que responda a los intereses del pueblo. Cuáles serían, aquí y allá, las proporciones idóneas de la propiedad sobre los medios económicos desde el sector estatal hasta el privado.

Estos son, junto a otros, temas dilemáticos puntuales, que requerirán de concreciones distintas en las respuestas que implementemos. No confundir los paradigmas con las decisiones coyunturales, los méritos del corto plazo con los del largo, la movilización con la participación, lo necesario de la espontaneidad y el ingenio creativo con rechazo del liderazgo (ni al revés). Estos y otros serán siempre (o al menos por uno o dos siglos, con buen tiempo) desafíos para lograr la irreversibilidad socialista.

Si el socialismo que construyamos no se hace definible como democracia, no será socialismo; pero si no se vuelve por naturaleza irreversible tampoco será socialismo. Corro el riesgo de ser acusado de veleidades dogmáticas. Acepto el riesgo. Pero no he abandonado la idea de la irreversibilidad. Aunque de ningún modo crea que la hemos conseguido al votar su inclusión en el texto constitucional: votamos la aspiración, pero solo el curso de la historia podrá decir si el socialismo que construimos resultará irreversible o si también cederá ante las presiones del mercado. Y, sobre todo, ante la inmensa deformación hegemónica que el dominio de los medios masivos de información ha impuesto al pensamiento. Vuelvo a recordar el deseo del automóvil como síndrome erosionante de nuestro tiempo. Creo, sin embargo, que la irreversibilidad, cuando tengamos modo de comprobar que ha sido lograda, será definitoria.

No puedo terminar sin detenerme un instante en el mapa latinoamericano de hoy. Tan sólo un instante —no hay tiempo para más ahora— para recordar que no estamos debatiendo en un plano estrictamente teórico. Estos temas han sido puestos al día por las exigencias, los desafíos y las esperanzas que nos plantea el cambio que las masas han impuesto en el escenario latinoamericano. Para recordar que frente al avance devastador del modelo neoliberal se ha impuesto una ola de resistencia y transformaciones que ha cambiado el mapa político, social y económico de la América Latina.

El cambio latinoamericano que se inició con la revolución bolivariana en Venezuela, y que se ha generado una onda expansiva, convierte al continente el laboratorio sociopolítico y económico por excelencia del mundo periférico hacia la transformación del ordenamiento mundial y hacia la subsistencia del planeta. Hacia el rescate de los paradigmas y la asunción de la posibilidad —difícil y escabrosa pero real— de que el dilema “socialismo o devastación” no se resuelva por la vía de la tragedia. Por supuesto que este punto merece más precisiones, pero sería imposible ahora ir más lejos.

La Habana, 5 de septiembre de 2009

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Intervención de Aurelio Alonso en la mesa Socialismo en el siglo XXI que sesionó en el VIII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios, realizado en La Habana del 2 al 5 de septiembre de 2009

La fortuna y el poder que Max Marambio construyó a expensas de Cuba?, por Ciper

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Por Cristóbal Peña, CIPER | 3 de Noviembre de 2010

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Tres semanas después de emitir una orden de captura internacional contra Max Marambio, Cuba hizo lo propio con su hermano Marcel, quien administra los negocios familiares. Los acusa de rebeldía ante una investigación por cohecho, falsificación y estafa que afecta a las empresas de alimentos y turismo que el mayor de los Marambio tiene en sociedad con el Estado cubano.

La arremetida judicial significó el abrupto fin de una relación con el régimen cubano en la que se mezclan política y negocios. El que fuera favorito de Fidel Castro acrecentó su fortuna gracias a un privilegiado contrato con Cubana de Aviación: además de vender paquetes turísticos le proveía desde revistas para pasajeros a uniformes y alojamiento para su personal. Ahí además está el origen de los negocios inmobiliarios de Marambio, que en sus inicios en Chile tuvo de socio al ex empresario armamentista Carlos Cardoen.

A comienzos de los noventa, cuando todavía guardaba un bajo perfil, Max Marambio fue encomendado por el gobierno de Cuba para vender la antigua embajada de ese país en Chile. Se trató de una gestión comercial silenciosa cargada de simbolismo. Fue en esa casona de calle Los Estanques, cercana a la esquina de Pedro de Valdivia con Pocuro, donde el jefe del grupo de seguridad del Presidente Salvador Allende se alió a los cubanos para ofrecer resistencia armada en los días posteriores al golpe de Estado. Pronto los dueños de casa se fueron a su país y él quedó solo, a cargo de una legación fantasma y un arsenal de guerra que logró hacer llegar a sus compañeros del MIR antes de partir al exilio.

En Las armas de ayer, su libro autobiográfico, Marambio cuenta esa historia y describe la antigua embajada como “una mansión de espléndida arquitectura inglesa, construida a principios del siglo pasado”. Pero nada dice acerca de que casi veinte años después de esos sucesos fue comisionado a venderla y que los compradores resultaron ser los vecinos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En el Conservador de Bienes Raíces de Santiago se consigna que el traspaso de la propiedad de calle Los Estanques fue concretado el 28 de abril de 1992 por $ 849.600.000, que al día de hoy se traducen en cuatro millones de dólares.

altNo se refiere a eso como tampoco a que la otra persona involucrada en la operación fue su socio de entonces y ex empresario armamentista Carlos Cardoen, quien actuó por medio de Inmobiliaria Santa Cruz, de su propiedad. Según dirá años más tarde en una entrevista con La Tercera el ex viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Alcibíades Hidalgo, por esa venta los dos chilenos “obtuvieron una buena comisión”.

El episodio puede ser anecdótico. Un capítulo menor reducido a polvo: la casa fue demolida y el enorme predio anexado al templo mormón. Pero esa operación ilustra la confianza que Fidel Castro depositaba en él, su hijo pródigo, ejemplo de empresario comprometido con la revolución, que precisamente en esos días echaba a andar fuertes inversiones que de una u otra forma se vinculaban a la isla.

De esta época data la alianza con Cardoen para abrir su primera empresa inmobiliaria, una productora audiovisual y una planta de alimentos llamada Río Zaza, que derivará en su mayor fuente de ingresos y, a la larga, en un profundo dolor de cabeza: esa empresa fue intervenida por el Estado cubano y su suerte se debate hoy en la Corte Internacional de Comercio con sede en París.

Hay que sumar además una empresa gráfica y una cadena de negocios turísticos llamada Sol y Son. Con esta última no sólo gozó de un privilegiado trato para llevar turistas de todo el mundo a la isla, algo que había comenzado a hacer desde fines de los setenta como empleado de la estatal Cimex. Prueba de la confianza que depositaban en él, también comenzó a prestar todo tipo de servicios a Cubana de Aviación. Desde alojamiento para su personal a revistas para sus pasajeros. Todo pasaba por el empresario chileno.

No es que antes no tuviera nada, muy por el contrario: el fin de la Guerra Fría lo sorprendió con vigorosos negocios en marcha que en su mayoría dependían de la isla. Pero es a comienzos de los noventa que Max Marambio desplegó las principales inversiones que consolidarán su poder financiero. Un poder que hoy está amenazado por el propio Estado cubano, que dictó una orden de captura internacional por negarse a comparecer en una investigación que se le sigue por actos de corrupción.

PRODUCTOR DE CINE

A su regreso a Chile, el mismo día del cambio de mando que puso fin a la dictadura militar, no se identificaba como empresario. Tampoco como oficial de Tropas Especiales del Ministerio del Interior de Cuba. Joel Max Marambio Rodríguez (Santa Cruz, 1947) prefería que lo conocieran como productor de cine. Y no sólo a su regreso. Antes y después exhibirá esa profesión con orgullo y glamour, al punto que todavía en 1994, cuando sus días de productor de cine habían terminado, se presentaba así ante un notario de Santiago para inscribir una importante sociedad comercial con que reorganizaría sus negocios en su retorno definitivo a Chile.

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En esa profesión le debe mucho a Gabriel García Márquez. Y también a Fidel Castro. Fue por medio de Fidel que conoció a García Márquez en La Habana, y por medio de este último que llegó a producir Amores difíciles, una serie de seis películas financiadas por Televisión Española y cuyo guión fue escrito por el Nobel colombiano.

Era 1988 y Marambio inauguraba su cartel de productor cinematográfico, lo que significó el estreno de International Network Group, ING, productora y a la vez consorcio a través del cual reunió sus principales negocios.

La contribución de Max Marambio al cine siguió con la serie televisiva Nazca (1990), del español Benito Rabal, sobre un grupo de investigadores aventureros que recorren Latinoamérica; y la producción de Me alquilo para soñar (1992), dirigida por el brasileño Ruy Guerra y basada en una historia de García Márquez. En ambas Marambio figura en los créditos como productor ejecutivo.

A decir de un chileno que conoció de cerca esta faceta, no se trató de un negocio deslumbrante. No al menos al nivel de los otros. Más bien era una afición cultivada al amparo de la Fundación Para el Nuevo Cine Latinoamericano, de su amigo García Márquez, que abría puertas y otorgaba prestigio. Una ocupación glamorosa que se complementaba a la perfección con su anterior trabajo de buscador de tesoros hundidos en el mar que desarrolló en la entidad cubana Carisub S.A., que ayudó a fundar, y que, a decir del mismo testimonio, al menos en la primera etapa “sirvió para allegar recursos a Cuba”.

La producción de películas será entonces un lunar en el consorcio de negocios de Marambio. Porque en ING, el naciente holding de empresas, lo que realmente generaba recursos sustanciosos tenía relación con las actividades que había comenzado a explorar a fines de la década anterior al amparo de la Inteligencia cubana. Algo que nada tiene que ver con la industria del cine pero que califica para una superproducción.

LA MISIÓN

Las armas de ayer, el libro autobiográfico de Max Marambio, termina al momento en que su autor aterriza en Cuba a mediados de los setenta. Justo cuando comienza lo que no se puede ni conviene contar.

Se sabe que los privilegios de los que gozaba el chileno en la isla surgieron a partir de ese viaje que emprendió a Cuba en 1966 en compañía de su padre, el ex diputado socialista Joel Marambio. Entonces Fidel Castro apadrina al muchacho, lo alista en Tropas Especiales y a principios de los setenta lo tiene de vuelta en Chile para dirigir el Grupo de Amigos del Presidente, GAP, a cargo de la seguridad de Salvador Allende.

altLa confianza se pone a prueba cuando defiende a tiros la embajada de Cuba en Chile y termina de consolidarse una vez que se establece en la isla: allá se casa con la hija de un influyente funcionario y participa de misiones internacionales junto a Tony de la Guardia, uno de los oficiales favoritos del régimen, que terminará fusilado en su país tras ser condenado por narcotráfico. Una de esas misiones tiene que ver con la puesta en marcha de la Corporación Cimex.

A Guatón, como lo conocen en la isla, le correspondió abrir una industria turística de la nada, por medio de empresas de fachada que operaban en Panamá bajo el alero de Cimex.

–Fue un trabajo magnífico de abrir Cuba al mundo. De llevar a los primeros turistas. Me acuerdo que vendía el Copacabana, el Capri y otros hoteles que se estaban cayendo a pedazos. No había nada, pero en esa época él también se ocupó de importar las cosas básicas para los hoteles y tuvo que ver con las tiendas para turistas –recuerda una de las personas que tomó parte de esta operación.

Trabajó con gente de su entera confianza, partiendo por su hermano Marcel, socio y brazo derecho, que desde esta semana también está sujeto a una orden de búsqueda y captura por parte del Estado cubano. Marcel ha administrado desde un comienzo los negocios de su hermano. Especialmente los vinculados al turismo.

Sus hombres en Panamá eran el chileno Vicente Tato Coll y el hermano del jefe de la policía de Managua, Charles Romero. En la agencia de Madrid tenía a los padres de Valentina Venegas, su pareja durante la Unidad Popular, fallecida en un accidente automovilístico. A Patricia Espejo, la actual directora del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, en Caracas. Y a su gran amiga Miria Contreras, la Payita, secretaria de Allende, en París y luego en Miami.

Todo quedaba en familia. Tanto así que aparte de su amigo Tony De la Guardia, a la cabeza de Cimex figuraba José Luis Padrón, integrante del alto mando del Ministerio del Interior y jefe del Instituto del Turismo, con quien eran íntimos amigos y concuñados: ambos estaban casados con dos de las bellas hijas de Antonio Núñez Jiménez, ex presidente de la Academia de Ciencias y viceministro de Cultura, entre otros altos cargos en los que lo designó su amigo Fidel Castro.

EL INVENTO DE GUATÓN

Más que empresa comercial, se trataba de una operación de Inteligencia: el despliegue de una red de agencias turísticas servía no sólo para vender pasajes con estadía sino también –y principalmente– para mover divisas y, de paso, importar bienes que escaseaban en Cuba.

–Él trae una visión nueva de cómo hacer negocios en Cuba –dice el escritor cubano Norberto Fuentes al teléfono desde Coral Gables, Florida, donde vive su exilio–. Esas empresas paralelas son un invento de Guatón que le quedó muy bien porque funcionó y están funcionando aún. Básicamente son empresas con patente de corso para comerciar y ante cuyos métodos el gobierno cierra los ojos.

Un ex mirista recuerda que Marambio llegó a importar una partida no menor de autos de segunda mano. También containers completos con motores y repuestos provenientes de Europa y cuyo destino real estaba falseado. Parte de estas partidas de piezas mecánicas pudo servir para el taller de ensamblado de automóviles que en esa época ensayó Marambio a base de carrocerías de boogies.

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Los autos eran su debilidad. Aún lo son. Especialmente los deportivos y de carrera. Testigos recuerdan que en esos años en La Habana tenía dos y que no se caracterizaba por guardar las apariencias. Esto último pudo haber significado su perdición a comienzo de los ochenta.

Algunos testigos afirman que la salida de Marambio de Cimex se originó en la venta irregular de un automóvil. No pocos sostienen que lo anterior no fue más que la superficie de algo más severo: el hallazgo de comisiones irregulares y cuentas y tarjetas de crédito secretas. El hecho es que su salida de Cimex fue abrupta y nada elegante.

–Max comete errores de apreciación –dice el escritor Norberto Fuentes-. La casa de Tony (De la Guardia) por dentro podía ser un palacio, llena de lujos y electrodomésticos, pero por fuera era muy sencilla, incluso descuidada. Pero Guatón en cambio no cuidaba las formas y se sentía un intocable. Eso lo perdió. Él salió de Cimex defenestrado y casi preso por un caso de corrupción.

Entonces, de acuerdo con el autor de Dulces guerreros cubanos, Max Marambio pasa de liderar la Corporación Cimex a un puesto como supervisor mecánico de la flotilla de patrulleros Lada y Volgas de la Seguridad del Estado.

EL HERMANO MENOR

El origen de toda fortuna suele tener un capítulo episódico que lo ennoblece. En este caso, ese capítulo parte a mediados de los ochenta con 60 mil huevos de gansos traídos desde Hungría vía Cubana de Aviación que se multiplican y derivan en un formidable negocio. Formidable porque inaugura un modelo de empresa mixta en el que “ellos se quedaban con la carne y yo con los plumones” –según detallará su mismo gestor una década después–, y porque además significó su primer emprendimiento personal que derivó en una fortuna.

Esa es la historia oficial. Porque de acuerdo con diversos testimonios, lo de los gansos no pasa de ser un asunto menor frente a un poder económico que hacia fines de los ochenta no es despreciable. Menor pero significativo: el capital habría sido facilitado por Fidel Castro, que a través de ese gesto puso fin al castigo por el capítulo Cimex.

El hecho es que a partir de entonces, al tiempo que prepara su entrada en la industria cinematográfica, el empresario chileno delega en su hermano Marcel los múltiples negocios vinculados con Cubana de Aviación y que no son otra cosa que una extensión de lo que hacía en Cimex.

alt–Es Marcel quien se hace cargo de Havanatur y lo hace muy bien –dice un ex militante del MIR que conoció de cerca ese proceso–-. Era el que llevaba el negocio del turismo y sigue haciéndolo hasta hoy. Con Max es incondicional, a toda prueba, un poco como ocurre con Fidel y Raúl. Jamás lo contradice.

El Polilla, como llaman sus íntimos a Marcel, siguió un camino a la sombra de su hermano mayor. Militó en el MIR y salió al exilio casi a la par que Max. Una vez en Cuba, mientras uno era asignado a misiones como oficial de Tropas Especiales, el otro se especializaba en administración y finanzas. Hoy Marcel Marambio es requerido en la isla por los mismos motivos que su hermano mayor: sospechas de cohecho, falsificación y estafa en la administración de los negocios que los chilenos han mantenido con el Estado cubano.

–Marcel es el hombre que negocia para Max, el de los números, el administrador –dice un empresario que ha hecho tratos comerciales con Marcel y que lo califica de “un duro negociador”.

Pero es más que eso: su nombre figura en la mayoría de las sociedades constituidas por su hermano. También participan la esposa de Marcel, Patricia Guerra Valenzuela, antigua militante del MIR, y la madre de los Marambio: la profesora Eudomira Mercedes Rodríguez.

VENTAJOSOS CONTRATOS

Fue Marcel quien trazó por encargo de su hermano la red de agencias turísticas Sol y Son por varios países del mundo. Una red que al igual que Río Zaza hoy está intervenida y sujeta a la investigación de la justicia cubana. Se trata de un modelo mixto en que Cubana de Aviación participa con el 50 por ciento de la propiedad y que en su mejor época llegó a tener presencia en más de 15 países. Un negocio que no se limita a la venta de paquetes turísticos.

De acuerdo con varias fuentes consultadas por CIPER, ya desde fines de los ochenta la empresa de los Marambio proveía de folletos, revistas y todo tipo de material gráfico y publicitario para la línea aérea. Además el empresario chileno estaba a cargo de mantenciones de menor complejidad a los aviones y proveían de uniformes y alojamiento para el personal de Cubana de Aviación en los diferentes destinos.

Para esto último Marambio se encargó de comprar propiedades en los principales destinos a los que volaba la línea aérea y que luego eran arrendadas a los cubanos.

Varios de los contratos con la aerolínea cubana fueron celebrados bajo la administración del general Rogelio Acevedo González, quien durante más de veinte años presidió el Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba, del cual depende Cubana de Aviación. Acevedo era muy cercano a Raúl Castro y uno de los últimos héroes de la revolución que no había sido defenestrado. Sin embargo, su hora llegó en marzo de este año.

La destitución de Acevedo –ocurrida en el contexto de las investigaciones a las empresas de Marambio– coincidió con la detención de su esposa, Ofelia Liptak, directora comercial de Alimentos Río Zaza, y de Lucy Leal, contadora y encargada de Sol y Son en la isla. Además cayeron los máximos representantes de Cubana de Aviación en España y Canadá, dos de los países donde Sol y Son aún tiene una fuerte representación.

Los contratos con Cubana de Aviación permitieron financiar inversiones inmobiliarias del holding ING en diferentes países. Especialmente en España, donde el empresario chileno llegó a vivir a partir de la segunda mitad de los ochenta.

A raíz de una investigación tributaria practicada a su persona a comienzos de la década pasada por la Inspección General del Ministerio de Hacienda de España, se determinó que, además de diversas propiedades en exclusivos barrios de Madrid, Max Marambio poseía una residencia de 29 habitaciones dobles que ha servido para alojar al personal de la línea aérea. Un modelo que se replicó en otros países y que permitió echar a andar las primeras inversiones inmobiliarias en Santiago.

Esto último no habría sido posible sin el empujón inicial de Fidel Castro. Pero tampoco de no mediar la ayuda de Carlos Cardoen, el empresario armamentista, que no hizo otra cosa que devolver una mano.

PIN PON

En 1990, cuando siete profesionales de su empresa de armamentos permanecían retenidos en Irak, en vísperas de la Guerra del Golfo, Carlos Cardoen le pidió a Max Marambio que hablara con Fidel Castro para que a la vez intercediera ante Saddam Hussein. No podía haber mejor camino. Marambio tenía línea directa con Fidel y Fidel con Saddam. Tanto es así que las gestiones resultaron exitosas y a ellas le siguieron los negocios.

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El primero que montaron en conjunto es de una inocencia que no se corresponde con el pasado de sus gestores. La reedición de Pin Pon, el clásico programa infantil de televisión protagonizado por el actor Jorge Guerra, fue una idea de Marambio que se llevó a cabo en la productora Ámbar Films que por entonces tenían Cardoen y la Editorial Misión, representada por el periodista Fernando Paulsen.

De hecho, fue Paulsen quien vinculó a los dos empresarios, en tiempos en que ambos levantaban vuelo propio, al margen de las dictaduras por medio de las cuales hicieron fortuna.

Era 1989 y Cardoen buscaba acercarse a Marambio con el fin de explorar posibilidad de negocios conjuntos en Cuba. Aunque ambos nacieron en Santa Cruz y prácticamente habían sido vecinos, habían perdido todo contacto. Más todavía después de que uno desarrolló una industria armamentista a instancias de Pinochet y el otro, por encargo de Castro, realizó operaciones secretas tendientes a exportar la revolución.

–Viajamos con Carlos hasta Ciudad de Panamá para reunirnos con Max –cuenta hoy Paulsen, que en ese entonces trabajaba en la fundación del primero y no conocía de manera directa al segundo. Sólo lo había tratado telefónicamente para el estreno en Chile de las películas que produjo para García Márquez–. La reunión debe haber durado seis horas, y cuando me estoy despidiendo, todavía en el aeropuerto, Max me pasa un guión de Pin Pon para que vea la posibilidad de producir ese programa en Chile.

El programa infantil volvió a la televisión chilena en 1991 con la producción de Ámbar Films. Dos años después, por medio de la misma productora, la Sociedad Marambio y Marambio Ltda., cuyo nombre de fantasía en Chile es ING, firmaba un contrato con TVN para la realización de Mea Culpa, que con el tiempo se convertía en el programa de mayor éxito de la televisión chilena.

En sus comienzos, de cualquier forma, los mayores intereses estaban fuera de pantalla.

FRUTAS Y CONCRETO

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En 1993, en medio de la crisis económica generada por la caída de la ex Unión Soviética, Marambio y Cardoen inauguraron una planta de pulpas y jugos que a contar de la otra década pasará a llamarse Río Zaza. Los chilenos eran dueños en partes iguales del 50% de la planta, además de participar de 12 mil hectáreas de plantaciones de cítricos con el mismo modelo. De acuerdo con un cercano a Marambio, el capital inicial con que partió este negocio no superó los US$ 2.5 millones. Una cifra ínfima si se considera que hasta su intervención facturaba cerca de US$ 100 millones.

No fue la única inversión que los dos empresarios chilenos desarrollaron en conjunto en esos años. Al tiempo que abrían la fábrica de alimentos, ponían los ojos en el negocio inmobiliario.

Por intermedio de Inversiones Nazca S.A., sociedad de origen panameño cuyo nombre rememora la penúltima película producida por el empresario, en septiembre de 1992 Max Marambio ingresó a la Constructora Tinguiririca Limitada. Era la misma sociedad que unos meses antes había constituido Carlos Cardoen con el empresario Manuel de Pablo Palomo. Unos meses atrás el negocio había arrancado con la venta de la embajada de Cuba en Chile.

Constructora Tinguiririca levantó dos edificios vecinos de 22 departamentos cada uno que se levantaron en calle Las Dalias, Providencia. Uno fue bautizado Carolina y el otro Isidora. Un guiño a las nietas de los empresarios Cardoen y De Pablo.

Fue en el penthouse de uno de esos dos edificios donde Marambio estableció su primera residencia una vez que llegó a vivir a Chile de manera definitiva. Además inscribió otros siete departamentos a nombre de Inversiones Nazca y en 1994 vendió uno de ellos a Cubana de Aviación. Otras dos propiedades ubicadas en Providencia fueron inscritas a nombre de Inversiones Nazca entre ese año y el siguiente.

El modelo de servicios al personal de la línea área cubano desplegado en España fue replicado en Chile. Y para ello, a contar de la segunda mitad de los noventa, Marambio contó con un nuevo edificio de siete pisos que construyó en José Pedro Alessandri 2832, comuna de Macul, por intermedio de su propia inmobiliaria: Macul Ltda. Tuvo un solo proyecto y en 2004 pasó a formar parte de Gran Mundo Desarrollos Inmobiliarios.

Esta última empresa, que recibirá capitales de origen panameño, construirá en Santiago tres edificios de grandes dimensiones en Providencia, Ñuñoa y San Miguel. Un cuarto proyecto de dos torres en el centro de Santiago se encuentra en estudio con el mismo modelo de negocios: capitales de sociedades formadas en Panamá cuyos verdaderos socios no suelen ser visibles.

El negocio inmobiliario afianzó el poder económico de Max Marambio en Chile. Un poder que para fines de los noventa lo tuvo como único socio de Río Zaza: Cardoen vendió su parte y de paso perdió a su contador de confianza, Enrique Bruce, quien desde entonces se hizo cargo en Cuba de la empresa de alimentos. El ex jefe del GAP y hombre de confianza de Fidel Castro ya podía instalarse definitivamente a Chile para supervisar desde acá la marcha de negocios que en su gran mayoría seguían dependiendo de la isla.

LOS ORIGENES

La primera sociedad comercial que Max Marambio registró en Chile por medio de su hermano Marcel se llamó El Grafo. Era 1988 y el empresario preparaba su regreso al país por medio de una asociación con una pequeña empresa gráfica. Fue el primer pie para instalar la productora y comenzar a producir el material gráfico demandado por Cubana de Aviación y otros organismos cubanos con los cuales los Marambio tenían contrato de exclusividad. A El Grafo le siguió un año después la sociedad Servint, que cumplió una función similar a la anterior.

–Desde Cuba demandaban libros, folletos y revistas. La productora movía un volumen de plata bastante interesante, y eso que seguían imprimiendo en España muchas cosas –cuenta una persona que conoció de cerca ese negocio, asegurando que los flujos de dinero entre Chile y Cuba pasaban por intermedio del Banco del Pacífico, perteneciente a Carlos Cardoen.

En El Grafo también se diseñaron las etiquetas de la empresa de alimentos que Marambio y Cardoen habían echado a andar en Cuba y que será conocida como Río Zaza. La empresa de alimentos se nutría de los insumos que pasaban por la Comercializadora Importadora y Exportadora Poniente Levante Limitada, POLE Ltda. De propiedad de los Marambio, la sociedad fue inscrita en 1990 y sigue activa hasta el día de hoy con volúmenes interesantes de ventas.

altDe acuerdo con la Dirección de Promoción de Exportaciones, de 2004 a 2009 POLE Ltda. ha exportado productos por más US$ 9 millones. Más de la mitad de esta cifra correspondió a lo reportado ese primer año.

POLE fue una de las dos empresas mencionadas en el exhorto con preguntas que la Fiscalía General de Cuba remitió a su par en Chile. La otra fue Comercializadora del Sur. En el exhorto se pide aclarar los procedimientos utilizados por el empresario chileno para trasladar bienes y dineros desde la isla. También se consulta por la relación que tenía con el ex ministro de la Industria Alimentaria de Cuba, Alejandro Roca Iglesias, quien se encuentra detenido en la isla hace ocho meses en el marco de la investigación contra los Marambio. Roca estuvo por 37 años en ese cargo y llegó a tener una estrecha amistad con el empresario chileno. Al punto que uno de sus hijos, Alexis Roca, es el gerente de Gran Mundo Desarrollos Inmobiliarios.

Según ha trascendido, porque la información oficial en Cuba sobre este caso es paupérrima, Marambio está bajo sospecha de falsificación de documentos, el pago de coimas a funcionarios públicos y la adulteración del precio de insumos, entre otras acusaciones.

–Los cargos apuntarían esencialmente a una sobrefacturación por 10 años que involucrarían desde el ministro de Alimentación hacia abajo. Son cargos graves, porque involucran sobornos y en Cuba eso significa inducir a la traición –sostiene un empresario chileno que comercia con Cuba.

Junto con desestimar las acusaciones, Max Marambio ha insistido con que se trata de una investigación de motivaciones políticas por su participación como generalísimo de la candidatura presidencial de Marco Enríquez-Ominami. Cualquiera sea el motivo, por esas cosas del destino el hasta hace poco protegido de Fidel Castro ha vuelto a tener algo en común con su ex socio Carlos Cardoen. Ninguno de los dos puede poner un pie fuera de Chile sin arriesgarse a ser detenidos.

Edificios, helicópteros y pinos

altDesde que se instaló definitivamente en Chile, a mediados de los noventa, Max Marambio ha diversificado sus negocios en el país. Sus principales intereses están vinculados al sector inmobiliario por medio de Gran Mundo Desarrollos Inmobiliarios y Nazareno. Esta última sociedad tiene en carpeta un proyecto por US$ 18 millones de dólares para la construcción de un ambicioso proyecto de dos torres de 36 pisos en calle Morandé, cuyo financiamiento tendrá aportes de dos sociedades de origen panameño.

Se trata del más ambicioso proyecto después del intento por hacerse de una línea aérea y construir un aeródromo en Buin junto al empresario Francisco Posada, con quien mantiene inversiones forestales por medio de la Sociedad Inversiones Hualañé. Las cerca de mil hectáreas de pino se encuentran en la Séptima Región.

Aunque no consiguió una flota de aviones ni un aeropuerto, Marambio al menos es dueño de un helipuerto en Las Condes y de la empresa Aeroservice, que posee dos helicópteros. Algo similar a lo que intentó hacer a comienzos de la década pasada en Cuba por medio de una empresa de taxis aéreos que tuvo corta vida.

El gusto por volar lo ha llevado a pilotear su propia nave, con la que aterriza en el helipuerto del edificio Marriot, donde tiene sus oficinas. La vida lo ligó indirectamente a la industria aeronáutica cuando la década pasada se casó con Esperanza Cueto, una de las integrantes del grupo controlador de la aerolínea LAN.

Marambio tuvo también una bullada incursión en el negocio de las universidades. A mediados de esta década, cuando la situación financiera de la Universidad Arcis volvía ser crítica, Marambio llegó a inyectarle recursos y se quedó, por medio de la Fundación Joel Marambio, con el 25% de la propiedad de la Inmobiliaria Libertad S.A., donde también participaban con el mismo porcentaje el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, ICAL, vinculada al Partido Comunista chileno. Sin embargo, a principios de 2009 el empresario vendió su parte y hoy sólo ocupa un puesto honorífico en la asamblea de la corporación de la universidad.

Written by Eduardo Aquevedo

5 noviembre, 2010 at 15:28

“Cuba vive un cansancio histórico”. Entrevista

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Leonardo Padura · · · · ·

Wilfredo Cancio Isla

05/09/10

Leonardo Padura no se ha permitido descansar este verano tras la espléndida acogida a El hombre que amaba a los perros, una novela que absorbió sus faenas creativas por cinco años.

Incansable y pertinaz, con una disciplina de trabajo a prueba de tentaciones, el escritor está avanzando ya en su próximo proyecto narrativo, mientras concluye dos guiones cortos para la película Siete días en La Habana que reunirá a directores internacionales e imparte un curso sobre estrategias literarias en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander, España.

Pero Padura sabe que la ola de El hombre que amaba los perros va a acompañarlo todavía por largo tiempo. Obra de indagación histórica y de contemporánea vitalidad a un tiempo, El hombre… toma como pretexto el asesinato de León Trotski a manos de Ramón Mercader para trazar una desgarradora parábola de las utopías y los totalitarismos del siglo XX, con amplias resonancias en la Cuba de hoy.

El libro –editado por Tusquets- no se ha publicado aún en Cuba, donde Padura vive, escribe y atesora una amplísima popularidad entre los lectores nacionales. Sin embargo, la edición española está circulando de mano en mano dentro de la isla y Padura confiesa satisfacción al recibir, día tras día, mensajes de seguidores que le agradecen haberlo escrito.

El escritor, de 55 años, estuvo recientemente de paso por Miami y aprovechó para cumplir un apretado itinerario afectivo. Padura conserva un sentido casi sacrosanto de la familia y los amigos, y su vocación de lealtad ha estado siempre por encima de las discordias políticas y los rituales ideológicos que suelen dividir el mapa cubano. Esta entrevista marca también un reencuentro aplazado por ocho años, con la voluntad de hablar de sus pasiones más entrañables: la literatura, el cine, la pelota, el barrio habanero de Mantilla…Y, por supuesto, Cuba

Una perversión histórica

El hombre que amaba a los perros es visto por la crítica como la historia destructiva de una utopía, la metáfora de la invención totalitaria del socialismo y la reconstrucción literaria de uno de los crímenes más reveladores del mundo moderno. ¿Te sientes cómodo con estas definiciones o tu novela es algo más que eso?

Es eso y otras cosas más. Es, sobre todo, una reflexión sobre cómo se pervirtió la utopía más importante del siglo XX, la utopía que los hombres están persiguiendo desde que existen como género humano, la utopía que se empezó a forjar en los siglos XVI y XVII por parte de filósofos y pensadores. La gran aspiración fue desde entonces una sociedad con plena libertad y un máximo de democracia. Esa fue la promesa del socialismo cuando triunfa en la Unión Soviética. Y la perversión de esa utopía es la esencia de mi novela. Está visto con un sentido histórico, pero también metafórico, porque el personaje cubano de la novela, Iván, que es el único de ficción, no es un personaje real. En Iván reuní muchas historias de vidas cubanas, muchas historias reales que a lo mejor no le ocurrieron todas a un individuo, pero les ocurrieron a muchos individuos, de ahí el carácter simbólico del personaje.

¿Tú crees que es posible refundar una utopía de cara al siglo XXI?

Por supuesto. Una de las razones por las que se pervirtió esa utopía del sueño igualitario de la humanidad fue el totalitarismo. A pesar de que la novela describe un cuadro tétrico de lo que ocurrió en la historia del siglo XX, es también un llamado a la necesidad del hombre de refundar una utopía. La sociedad moderna se ha organizado de una manera en la cual el individuo es cada vez menos importante. Refundar una utopía, como dice uno de los personajes de la novela, significa que no nos volvamos a engañar o no tratemos de engañar a los demás, y tratemos realmente de jugar limpio.

Una de las revelaciones de la novela está en la protección que recibió Ramón Mercader en Cuba…

Resulta revelador porque Mercader es un personaje que está en el centro de uno de los acontecimientos más trascendentes del siglo XX. El asesinato de Trotski fue prácticamente un magnicidio a pesar de que no tenía el poder político. Pero a la vez Mercader es un hombre del que no se conocía su historia, pues necesitaba ser un hombre sin historia. Es decir, toda la historia de Ramón Mercader fue creada para que hiciera lo que hizo y después para que no revelara lo que había hecho. Y la estancia de Mercader en Cuba constituye un episodio sin una especial significación histórica. El no quería vivir en la Unión Soviética y su mujer, la mexicana Rogelia Mendoza, a quien Mercader conoce mientras está preso en México, tampoco quería vivir allí.  No les permitieron casarse en la cárcel porque de lo contrario él hubiera podido quedarse a vivir en México y los mexicanos no lo querían en el país. De hecho, lo sacaron de México el mismo día que salió de la cárcel. Y ellos van a Cuba porque es el único lugar donde hallan un refugio cercano de alguna manera al mundo a que pertenecían: Mercader a España y Rogelia Mendoza a México.

Misterio bien guardado

¿Cómo logró disfrazarse la identidad de Mercader en Cuba?

Mercader vivió en Cuba de una manera totalmente incógnita para casi todos los cubanos. Conozco personas que visitaban su casa, que eran amigos de los hijos de Mercader –de Mercader no, ese hombre se llamaba en Cuba Jaime Ramón López-, que lo conocían como un republicano español y eran amigos de sus hijos Arturo y Laura, y nunca supieron que este hombre era Ramón Mercader. Solamente un círculo muy reducido de viejos militantes comunistas que habían conocido a la madre de Mercader tuvieron alguna relación con él. Fue un misterio altamente resguardado. Incluso hay una anécdota que es bien ilustrativa: los médicos que le diagnosticaron y trataron el cáncer supieron que este hombre era Mercader porque dio la casualidad que viajaron a Argentina al día siguiente de su muerte. Y cuando montaron en el avión de Aerolíneas Argentinas les dieron un periódico donde aparecía la foto del asesino de Trotski que había muerto en Cuba. En aquel momento supieron que el paciente que habían atendido no era Jaime Ramón López sino Ramón Mercader.

¿Te quedó algo sobre la vida de Mercader en Cuba que no hayas dicho en la novela?

Precisamente estoy bastante avanzado en un libro que es trabajo acumulativo, una especie de apostillas a la novela, donde cuento historias como la de los médicos de Mercader; la de los amigos de los hijos; la historia de la madre, Caridad, una catalana nacida en Cuba; la relación de Mercader con el cineasta Tomás Gutiérrez Alea… Es un libro de comentarios y testimonios que no me cabían en la novela, pero que son también muy interesantes para un lector interesado. Lo empecé a escribir casi terminada la novela, porque como sabes yo soy un trabajador compulsivo y no puedo levantarme y ponerme a mirar el techo o ponerme a leer una novela por el placer de leer una novela. Yo necesito trabajar siempre. Lo publicaré cuando pase el reflujo de la novela.

Tú has contado ampliamente la realidad cubana a través de tus novelas y cuentos, pero quiero saber cómo tú describirías la situación actual de la isla no como el escritor de ficción, sino desde la perspectiva del ciudadano común. ¿Cuál es el futuro con este presente agotado?

Hay un problema fundamental en Cuba del que yo hablo en mi novela La neblina del ayer (2005), y que se ha ido agudizando con los años: el cansancio histórico. Creo que Cuba es un país que vive un cansancio histórico. La gente está cansada de sentir o que se le diga que está viviendo un momento histórico y quiere vivir una normalidad. Esto ha generado además un desgaste moral bastante serio en la sociedad cubana. En un país donde la prostitución deja de ser un oficio reprobable y se convierte muchas veces en una salvación para la economía hogareña con el beneplácito y la admiración de la familia, hay algo que funciona mal, como funcionaba mal en el reino de Dinamarca en la época de Hamlet.

Un país donde la mayoría de las personas tiene que buscar alternativas de supervivencia en los márgenes o más allá de los márgenes de la legalidad y lo hacen con total desenfado, como una actividad absolutamente normal, es un problema serio. El propio gobierno –que es el empleador del 90 por ciento de los cubanos- ha reconocido que los salarios que les paga a sus asalariados son insuficientes para vivir, lo que es un reconocimiento a que las personas tienen que buscar alternativas de supervivencia. Y cuando alguien en Cuba, por ejemplo, espera poder resolver sus problemas con los 100 ó 200 dólares que les puede mandar un pariente desde Estados Unidos, México, España, o espera resolver los problemas haciendo un determinado negocio que está más allá de los márgenes de la legalidad, es una sociedad que tiene problemas. Y estos problemas tienen un costo social y moral que va a ser lo más difícil de poder superar en un futuro inmediato.

Dentro de ese panorama de extravíos, dónde se sitúa la juventud cubana. ¿qué piensan, que aspiraciones tienen, cómo enfrentan la realidad social la generación del futuro?

Un fenómeno entre los más graves para el futuro de Cuba es que una parte notable de los jóvenes del país están emigrando o piensan emigrar, y entre ellos hay un porciento alto de personas preparadas, que deberían asumir las responsabilidades de un futuro en lo social, en lo académico, en la vida económica del país. Al mismo tiempo, hay un sector de esa juventud muy despolitizado, que lo que quiere es vivir su vida, muy distintos de lo que fuimos nosotros hace 20 ó 30 años. Eso explica la existencia de tribus urbanas bastante numerosas como los emos, los freekies, los raperos, los reguetoneros, que ven la vida desde perspectivas bastante desafiantes y poco ortodoxas. En fin, es una generación mucho menos comprometida con la política, a pesar de que siempre la propaganda oficial afirma que la juventud sigue comprometida políticamente.

Obama, una ganancia enorme

¿Cómo evalúas estos dos primeros años de la presidencia de Barack Obama para Cuba?

Te digo que en esencia soy un admirador de Obama y pienso que es en general, una ganancia enorme con respecto a lo que significó la administración Bush. Con respecto a las relaciones con Cuba se esperaban cambios mucho más significativos. Todavía las relaciones no han llegado al punto donde estuvieron en la época del 90 durante el gobierno de Bill Clinton, cuando fluyó mucho más fácilmente el fenómeno de los intercambios académicos, deportivos, culturales. Pero algo se está moviendo al menos. Y una visión diferente, más abierta hacia la sociedad cubana, es fundamental en estos momentos. Cerrar espacios es, en definitiva, alimentar la política de plaza sitiada que se ha practicado en Cuba durante estos años. Confío en que la flexibilización de posiciones avance y se profundice.

Como millones de cubanos, tú también tienes familiares a ambos lados del estrecho de la Florida. ¿Qué importancia tú le atribuyes a la familia como un espacio de reconciliación nacional por encima de las reticencias de los gobiernos?

La familia ha sido esencial para la evolución de las relaciones bilaterales. La familia cubana ha resistido y ha impuesto sus valores en las épocas más difíciles. Hubo momentos de una tensión absoluta, eso lo sabe todo el mundo: si tu madre vivía en los Estados Unidos y tú vivías en Cuba, sólo por tener relaciones con ella quedabas al margen de la sociedad. Afortunadamente eso pasó hace ya mucho tiempo y la familia cubana demostró ser capaz de pasar por encima de todos los obstáculos que le impusieron las circunstancias del diferendo. Los nexos familiares entre ambas orillas son el pilar más firme para cualquier proceso futuro en la isla.

Sé que has estado rastreando pistas y personajes en Miami para tu próxima novela. ¿De qué se trata?

Decidí que en voy a recuperar el personaje de Mario Conde como hice anteriormente en La neblina del ayer, es decir, complejizando mucho más la historia. Estoy pensando ahora en un libro cuya tesis fundamental sea la libertad como condición humana, como necesidad humana, como concepto filosófico, como estado de vida… Una visión sobre la libertad muy amplia. La historia comienza en la época de 1640 en el estudio de Rembrandt en Amsterdam y termina en La Habana contemporánea. El personaje clave será un judío polaco que vivió durante tres décadas en Cuba, donde ocurre un suceso que desencadena la trama de la novela. Por ahí vamos.

Postdata: Semanas después de su regreso a La Habana, Padura conoció de la muerte de Olga Guillot en Miami, el pasado julio. Y quiso sumar a la entrevista sus palabras de tributo a la legendaria cantante cubana: “Olga Guillot es un monumento a la cubanía, a la resistencia, al amor a una música y, especialmente, a un género. Con ella se va una de las penúltimas, de las grandes, el color, el brillo, la voz de una época irrepetible, por la que (por gentes como ella, Bola, Benny, Celia…) siempre he tenido una nostalgia no vivida, pero muy real”.

Leonardo Padura es un celebrado novelista cubano, mundialmente reconocido. Su último libro, El hombre que amaba a los perros,, una novela sobre el asesinato de Trotsky hace ahora exactamente 70 años, se publicó el año pasado en España y va a publicarse en Cuba este año.

Café Fuerte, 18 agosto 2010

Written by Eduardo Aquevedo

6 septiembre, 2010 at 17:15