CIENCIAS SOCIALES HOY – Weblog

Actualidad sobre política, sociología, economia, cultura…

Archive for the ‘BRASIL’ Category

Brasil, los Estados Unidos y el Hemisferio Occidental, por José Luis Fiori …

leave a comment »

30/03/14

AMER02_thumb.jpg

“Las tierras situadas al Sur del Río Grande constituyen un mundo diferente al de Canadá y los Estados Unidos. Y es algo desafortunado que las partes de habla inglesa y latina del continente tengan que ser llamadas igualmente América, evocando similitudes entre ambas que de hecho no existen”. N. Spykman, America´s Strategy in World Politics. Harcourt, Brace and Company, New York, 1942, p: 46

 

Todo indica que los Estados Unidos serán el principal contrapunto de la política exterior brasileña dentro del Hemisferio Occidental durante el Siglo XXI.

Y casi nadie pone en duda, también, que los EE.UU. seguirán siendo, durante mucho tiempo, la principal potencia militar y una de las principales economías del mundo. Por lo tanto, es fundamental para comprender las configuraciones geopolíticas de la región y la estrategia que orienta la política hemisférica estadounidense en este inicio del Siglo.

Al norte del continente, el poder estadounidense era, es y será siendo incontrastable, lo que garantiza fronteras continentales totalmente seguras. Por otra parte, la asimetría de poder en América del Norte, es de tal magnitud que Canadá y México tienden a converger cada vez más, atraídos por la fuerza de gravedad del poder económico y militar de los Estados Unidos.

Esto no significa, sin embargo, que Canadá y México ocupen la misma posición con los EE.UU. y en el tablero de ajedrez geopolítico y económico regional, a pesar de que los tres países participen del “Tratado de Libre Comercio” (TLC), desde 1994. Canadá ocupa una posición única, como ex colonia y dominio del imperio británico, que después de su independencia y de la Segunda Guerra Mundial, se trasladó a la órbita de la influencia directa de los EE.UU., convirtiéndose en socio comercial, aliado estratégico y miembro del sistema de defensa y de inteligencia militar de los pueblos de “habla inglesa”, comandado por Estados Unidos e integrado por Inglaterra, Australia y Nueva Zelanda.

En este contexto, México ocupa sólo la posición de enclave militar de Estados Unidos, una especie de “pariente pobre”, de “habla latina” de las potencias anglosajonas.

Más que esto, México es hoy un país dividido y devastado por una verdadera guerra civil que escapa cada vez más al control de su gobierno central, incluso después del acuerdo de colaboración militar firmado con EE.UU., en 2010. Así mismo, con respecto al TLCAN (Tratado de Libre Comercio), la economía mexicana se benefició en algunos pocos sectores dominados por el capital estadounidense, como el automotriz y la electrónica, pero al mismo tiempo, en estos últimos veinte años, México fue el único de los grandes países latinoamericanos en que la pobreza creció, alcanzando hoy el 51,3 por ciento de su población. Hoy la economía mexicana es inseparable de la estadounidense y la política exterior del país tiene escasísimos grados de libertad, actuando casi siempre como punta de lanza de la política económica internacional de los EE.UU., como ocurre en el caso explícito de la “Alianza del Pacífico”.

Desde el punto de vista estrictamente geográfico, América del Norte incluye el istmo centro-americano, que Nicolás Spykman ubica al lado de los países caribeños y de Colombia y Venezuela, dentro de una misma zona de influencia estadounidense, “donde la supremacía de EE.UU. no puede ser cuestionada. Para todos los efectos se trata de un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a los Estados Unidos, lo que significa que quedarán siempre en una posición de absoluta dependencia de los Estados Unidos” (N. Spykman, p. 60).

Lo que explica las 15 bases militares de los EE.UU. existentes en América Central y en el Caribe. Fue una región central en la Segunda Guerra Fría de Ronald Reagan y será muy difícil que se altere la posición estadounidense en las próximas décadas, más allá de las “disidencias” cubana y venezolana.

Finalmente, la política exterior de EE.UU se diferencia claramente de los países situados al sur de Colombia y Venezuela, donde su principal objetivo estratégico fue siempre impedir que surgiese un polo alternativo de poder en el Cono sur del continente, capaz de cuestionar su hegemonía hemisférica. Con relación a estos países, los EE.UU siempre utilizaron el mismo lenguaje, con dos tónicas complementarias: los dos acuerdos militares bilaterales, y de las zonas de libre comercio.

Los acuerdos militares comenzaron a ser firmados al finalizar el Siglo XIX, y la primera propuesta de una zona panamericana de libre comercio fue presentada por el presidente Grover Cleveland, en 1887, un siglo antes del ALCA, propuesta en 1994 y rechazada en 2005 por los principales países sudamericanos. No existe una relación mecánica entre los hechos, pero llama la atención que poco después de este rechazo, los EE.UU hayan reactivado su IV Flota naval, con el objetivo de proteger sus intereses en el Atlántico Sur. Con este propósito vale recordar el diagnóstico y la propuesta de Nicholas Spykman (1893-1943). El teórico geopolítico que ejerció mayor influencia sobre la política exterior de los Estados Unidos en el siglo XX afirmó: “fuera de nuestra zona inmediata de supremacía estadounidense, los grandes Estados de América del Sur (Argentina, Brasil y Chile) pueden intentar contrabalancear nuestro poder a través de una acción común (…) y una amenaza a la hegemonía estadounidense en esta región del hemisferio (la región del ABC) tendrá que ser respondida a través de la guerra” (N. Spykman, p. 62 y 64). Estos son los términos de la ecuación, y la posición estadounidense fue siempre muy clara. Lo mismo no se puede decir de la política exterior brasileña.

 

José Luis Fiori , miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de política económica en la Universidad Federal de Río de Janeiro.Traducción para http://www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suáre

La tercera guerra fría en América Latina…

with one comment

Raúl Zibechi, La Jornada

america-latina001.jpg

 

El renacimiento de la guerra fría entre Estados Unidos y Rusia a raíz de la reincorporación de Crimea al país al que perteneció durante dos siglos es una buena ocasión para despojar las relaciones internacionales de ideologías y discursos que suelen encubrir las verdaderas intenciones de los contendientes.

La defensa del mundo libre que propagó Washington y la simétrica defensa del socialismo que utilizó Moscú suenan, ahora que ambas son potencias capitalistas y el ropaje democrático les queda demasiado ajustado y permite adivinar las intenciones detrás del discurso, como una lucha de carácter geopolítico por la influencia en el mundo.

Es la virtud que tienen las grandes crisis y los procesos de transición: muestran realidades que en los periodos de calma suelen solaparse detrás de argumentos de carácter ideológico, revestidos las más de las veces de apelaciones retóricas. La condena a muerte de 529 personas en Egipto y la violencia contra manifestantes, con saldo de cientos o miles de muertos, sin que ninguna potencia occidental haya elevado el tono, enseñan que los derechos humanos son desplazados por los intereses geopolíticos.

José Luis Fiori, profesor de economía política internacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro y coordinador del grupo de investigación El poder global y la geopolítica del capitalismo, recupera en una serie de artículos periodísticos el pensamiento de Nicholas Spykman (1893-1943), el teórico geopolítico que tuvo mayor influencia sobre la política exterior de Estados Unidos en el siglo XX.

Spykman consideraba que los países caribeños, incluyendo Colombia y Venezuela, formaban una zona de influencia donde la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada. Los consideraba un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Estados Unidos, lo que significa que quedarán siempre en una posición de absoluta dependencia ( Valor, 29/1/14).

En opinión de Fiori, esta percepción explica las 15 bases militares en América Central y el Caribe, región que jugó un papel decisivo durante la segunda guerra fría bajo la presidencia de Ronald Reagan. Considera que esta posición de dominación será muy difícil que se altere, “más allá de las ‘disidencias’ cubana y venezolana”.

Respecto a México, Fiori cree que ocupa sólo la posición de enclave militar de Estados Unidos y que es el único de los grandes países latinoamericanos donde creció la pobreza, que supera la mitad de la población.

OBAMA1.jpg

Spykman consideraba que en la región sudamericana, más allá de la zona inmediata de hegemonía estadunidense, destacaban los países del cono sur, la región ABC en su lenguaje (Argentina, Brasil y Chile), quienes pueden intentar contrabalancear nuestro poder a través de una acción común. En este caso, serían una amenaza a la hegemonía que tendrá que ser respondida a través de la guerra ( Valor, 29/1/14).

En suma, en el cono sur se trata de evitar el nacimiento de alianzas que puedan poner en cuestión el dominio estadunidense. Según Fiori, el éxito de la nueva alianza entre Brasil y Argentina será siempre considerado como una línea roja para los intereses de Estados Unidos (Outraspalavras.net, 27/3/14). Por eso, en este momento todos los gobiernos de América del Sur representarían una amenaza para los intereses norteamericanos, que debe ser contenida y derrotada, con la excepción de Colombia, Perú y Chile (Valor, 26/2/14).

Eso no quiere decir que todos los casos tengan igual prioridad, ni siquiera que deban tratarse del mismo modo. En el caso del terremoto en Haití, en enero de 2010, la reacción fue inmediata, brutal y militarizada, realizando un gran despliegue en el Caribe, ocupando zonas clave del país devastado, para impedir cualquier movimiento contrario en momentos de aguda confusión.

A diferencia de lo sucedido en otros periodos de la historia regional, cuando los lapsos de crecimiento económico exitosos de Argentina y Brasil fueron estimulados por potencias mundiales, Inglaterra en el primer caso, Estados Unidos en el segundo, ahora estaríamos ante una revolución en la historia del cono sur. Fiori sostiene que el proyecto de construcción de una zona de coprosperidad y de un bloque de poder sudamericano (como la Unasur o el Mercosur ampliado) apuntan en una dirección intolerable para Estados Unidos y de sus aliados en cada país.

Por eso sostiene que Estados Unidos será el principal contrapunto de la política exterior brasileña dentro del hemisferio occidental durante el siglo XXI. El problema es que la posición de Washington es clara, pero no sucede lo mismo con la mayor parte de los gobiernos progresistas de la región.

A mi modo de ver, el análisis de Fiori es impecable. Cabría agregar, empero, dos elementos centrales: el factor BRICS y la emergencia de una nueva burguesía ligada al modelo progresista.

La presencia de China es ya determinante en América del Sur, en particu­lar en el área comercial, mientras las inversiones asiáticas crecen progresivamente. También viene aumentando la presencia de Rusia, en particular en el área militar. Ambas influencias no pueden ser indiferentes y marcan prioridades. Venezuela es el país de la región donde se concentran la presencia económica china, la alianza militar con Rusia y lazos comerciales y políticos con Irán. Es mucho más de lo que hubieran tolerado Spykman y Henry Kissinger.

La segunda cuestión es mucho más compleja. La emergencia de nuevas burguesías en los países con gobiernos de izquierda y progresistas es un proceso dual, como lo muestran los casos brasileño y venezolano. Pueden ser un factor de poder favorable a un mundo multipolar y trabajar en contra del dominio estadunidense. Pero pueden enfrentarse, a la vez, a los procesos de empoderamiento popular que recortan su margen de acción. Llegado el caso, los nuevos burgueses están dispuestos a aliarse con sus pares para enfrentar juntos a los de abajo.

Written by Eduardo Aquevedo

5 abril, 2014 at 2:31

El nudo gordiano de la izquierda, por Emir Sader*

with one comment

MIRO7_thumb.jpg

En las economías de mercado, el Estado, para implementar políticas de redistribución del ingreso, como contrapeso de los mecanismos de concentración del mercado, depende de su política tributaria. A lo largo de las primeras décadas de la segunda posguerra, el Estado de bienestar social pudo desarrollarse –básicamente en Europa occidental– en base a un sistema tributario elevado para los padrones actuales. Pero los valores dominantes de derechos y justicia social guiaban las políticas recaudatorias y redistributivas.

En el período neoliberal, los valores dominantes han cambiado. Se impone la ideología liberal de mercado, según la cual cada uno deber buscar mejorar su vida disputando en el mercado en contra de los otros. Los recortes de los gastos públicos, con la teoría del Estado mínimo, han recaído sobre los derechos sociales, considerados gastos, con los cuales los sentimientos dominantes pasaron a no ser simpáticos.

El fin del Estado de bienestar social requirió la abolición de los valores de la solidaridad a favor de los del egoísmo. Cuando candidatos plantean que van a disminuir los impuestos, apelan a los peores sentimientos de las personas, a la insolidaridad social –hasta porque no especifican quiénes perderán derechos con ello, simplemente cuánto cada uno dejaría de pagar de impuestos– y suelen salir adelante en las encuestas.

Gobiernos que pretenden superar el neoliberalismo, reafirmando derechos que hayan sido eliminados, encuentran grandes dificultades de hacerlo con un Estado reducido a sus mínimas proporciones y con las recaudaciones de los Estados igualmente disminuidas. En el plan político se chocan con valores predominantes de hipersensibilidad en contra de cualquier tipo de elevación tributaria, así como con Congresos igualmente fragilizados respecto de campañas de los medios de comunicación en contra de cualquier suba de impuestos. Este es el obstáculo más grande para obtener más recursos para las políticas sociales.

Hay varias experiencias frustradas de gobiernos que, con excelentes intenciones, proponen reformas tributarias socialmente justas, en que los que ganan más pagan más y los que ganan menos, pagan menos, pero que se ven derrotados. Derrotados por Congresos bajo fuerte presión de los medios, que se hacen defensores de los ciudadanos supuestamente agredidos por embestidas del Estado insaciable que les quiere tomar lo que es suyo. La prensa convoca los peores sentimientos y valores egoístas, de insolidaridad social, para oponerse a las reformas tributarias, escondiendo que la gran mayoría dejará de pagar impuestos o pagará menos, mientras que los que pagarán más son los que ganan y tienen más y mucho más.

Sólo es posible para la izquierda superar ese obstáculo mediante una amplia, intensa y prolongada campaña ideológica previa, que demuestre la naturaleza socialmente justa de sus propuestas, para aislar a los sectores conservadores y preparar a la opinión pública para las reformas tributarias indispensables para extender las políticas sociales que nuestras sociedades –aun más en la era neoliberal– tanto necesitan.

*Emir Simão Sader, sociólogo brasileño, director del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. Master en filosofia política y doctor en Ciencia política. En sección opinión de Página/12, Argentina, 03.04.14

Obama y Brasil, o la irrelevancia del imperio

with one comment

Raúl Zibechi, La Jornada.mx
La inercia, la resistencia natural de la materia a los cambios, se está apoderando del pensamiento crítico. La descomposición sistémica en curso hace más notorias las limitaciones de nuestros análisis, que ya no pueden dar cuenta del conjunto de cambios acelerados que transcurren ante nuestros ojos. La reciente visita de Barack Obama a Brasil es buena muestra de la inoperancia de análisis que hace pocos años lucían actualizados y rigurosos.

Lo más que puede decirse de la gira del presidente de Estados Unidos por la región es que no se pareció en nada a una gira del principal representante del imperio. Sonrisas, visita de lugares exóticos y frases que pretendían ser profundas pero sonaron huecas. Turismo político-familiar, y poco más. Lo sucedido en Brasil, donde sufrió el desprecio de Lula que no se presentó al almuerzo oficial, al que fueron varios ex presidentes, fue lo más notorio pero no lo peor. La constante tensión, desde antes del viaje incluso, entre miembros de ambos gobiernos, fue la tónica de una visita que no debió haber hecho como le dijeron en su propio país.

En Brasilia se encontraron dos países que recorren caminos opuestos. Brasil crece, gana aliados y se proyecta al mundo. Estados Unidos está en crisis, cada día más aislado y en retirada en los espacios decisivos del globo. Brasil tiene una estrategia nacional, regional y global, y está recorriendo el camino trazado. Estados Unidos no tiene más estrategia que retrasar su declive usando la fuerza, pero no consigue siquiera un plan para Libia. Brasil ocupa los espacios que deja libres la retirada imperial en Sudamérica, y le preocupa cómo lidiar con la creciente presencia china y española.

En la medida que la inercia del pensamiento se resiste a considerar que efectivamente el imperio está en retirada, lo que no quiere decir que ya no juegue ningún papel, se puede hacer una lista de lo que consiguieron Brasil y Estados Unidos, entre 2000 y 2010, en Sudamérica. Pongamos en cada columna y comparemos.

Brasil consiguió descarrilar el ALCA, la principal propuesta de la administración de George W. Bush para la región, con el apoyo de Argentina y Venezuela. Construyó la unidad regional, la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), acelerada luego del ataque militar del primero de marzo de 2008 al campamento de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano. En paralelo, y para coordinar a las fuerzas armadas de los doce países de la Unasur, se creó el Consejo de Defensa Suramericano. Amplió el Mercosur. Siguió adelante con al construcción de la infraestructura de la región y su interconexión vial (IIRSA).

Además, frenó la subversión derechista, que podía desembocar en golpes de Estado, en Bolivia y Ecuador. Evitó la escalada de guerra entre Colombia y Ecuador-Venezuela. Construyó puentes con el gobierno de Juan Manuel Santos, sucesor de Álvaro Uribe, con el nombramiento de María Emma Mejía al frente de la secretaría general de Unasur (ex integrante del Polo Democrático Alternativo), a quien le seguirá el venezolano Alí Rodríguez. Este es un paso decisivo, que cierra un enfrentamiento que crispó la región y amenazó con desestabilizarla, como pretendía la Casa Blanca. Brasil consiguió desplazar a la OEA de los asuntos regionales.

Estados Unidos, por su parte, en estos 10 años reactivó la Cuarta Flota, estableció una serie de bases militares en Panamá y Colombia, que se suman a las que ya tenía, aunque perdió la base de Manta en Ecuador. Además consiguió firmar un TLC con Perú y tiene otro pendiente de aprobación con Colombia. Estados Unidos fue desplazada por China como principal aliado comercial y como inversionista más dinámico en la región.

¿Qué podía ofrecerle Obama a Brasil? Le interesaba el apoyo para convertirse en miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, pero el tema quedó fuera de discusión, luego del conflicto por la posición de Brasil ante Irán. La justa demanda brasileña de que se levanten las trabas a la importación de etanol, carne bovina, jugo de naranja, acero y algodón, tampoco fue atendida.

Es que en 10 años las relaciones bilaterales han cambiado, y mucho. La balanza comercial bilateral favorece desde 2009 a EU, por un margen de 7 mil millones de dólares. Con la crisis de 2008, las exportaciones hacia Estados Unidos se estancaron pero Brasil las suplió con creces con el vertiginoso ascenso del mercado chino.

En 2010 Brasil recibió 50 mil millones de dólares de inversión extranjera directa, siendo la principal la china que se focalizó en petróleo, acero y minería. La petrolera china Sinopec se hizo con el 40 por ciento de la subsidiaria local de Repsol y con el 40 por ciento del campo petrolífero Peregrino, por 7 y 3 mil millones de dólares respectivamente. China ha puesto un pie en la camada pre-sal, las mayores reservas de petróleo descubiertas en el mundo desde 2000.

Sergio Gabrielli, presidente de Petrobras, se despachó con un par de frases que describen la situación. Si el gobierno estadunidense quiere dar valor estratégico a sus importaciones de petróleo de Brasil, tiene que crear condiciones para valorizar la alianza estratégica. Ese es el desafío que tiene Estados Unidos. Pero en este momento no tiene cómo valorizar esas relaciones estratégicas, dijo Gabrielli cuando Obama aún no había salido de Chile (Valor, 22 de marzo).

Brasil es la nueva potencia petrolífera que puede convertirse en el cuarto producto mundial y Petrobras está realizando las mayores inversiones del mundo: 224 mil millones de dólares hasta 2014, algo que ninguna empresa petrolera del mundo puede hacer. Estados Unidos no puede subirse a ese tren, cuando teme que Japón no pueda seguirle comprando bonos del Tesoro y China deje de hacerlo. En tres semanas Dilma Rousseff vuela a China, su principal socio comercial, financiero y estratégico, donde participará además en una reunión del BRIC (Brasil, Rusia, India, China). Un viaje en serio, con socios mucho más prometedores, con los que se relaciona de igual a igual.

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

25 marzo, 2011 at 20:31

Publicado en BRASIL, EE.UU, OBAMA

Obama en Brasil: desilusión, malos modales, agenda previsible…

leave a comment »

DESILUSION EN BRASIL POR LA VISITA DE BARACK OBAMA

Malos modales, agenda previsible

La seguridad fue asfixiante, grosera, casi violenta. Lula ni se presentó al almuerzo con el norteamericano. La agenda comercial fue amplia pero previsible, apenas se mencionó al pasar la ambición brasileña de un asiento en la ONU y, para peor, Obama ordenó bombardear Libia desde la oficina de Dilma Rousseff.

 Por Eric Nepomuceno, PÁGINA/12

Desde Río de Janeiro

Faltaban once minutos para las nueve de la noche de ayer cuando los cielos límpidos y la luna muy llena que iluminaba tres de los barrios más exclusivos de Río –Jardín Botánico, Gavea y Leblon– fueron sacudidos por el fuerte estrépito de una insólita flotilla de helicópteros, todos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Los moradores supieron entonces que el gran visitante había llegado. Uno de los helicópteros, el mayor de la flotilla, traía a la primera familia norteamericana, es decir, Barack Obama, Michelle y sus dos hijas. Los demás servían de escolta.

Con dos horas de retraso, el mandatario norteamericano inició la segunda etapa de su viaje oficial a Brasil. Aparentemente, la más esperada por él: al fin y al cabo, Obama se quedará en Río casi el triple del tiempo que pasó en Brasilia, la capital. Su helicóptero aterrizó en la cancha del Flamengo, el más popular equipo brasileño de fútbol. No es que Obama haya deseado hacer un homenaje especial a la hinchada: es que su aparato es demasiado grande para los helipuertos de las vecindades.

De ahí al hotel que lo hospeda en Copacabana, a poco más de tres kilómetros de distancia, al que la primera familia se trasladó en una formidable comitiva de quince vehículos blindados protegidos por cien motociclistas de la policía y un número no determinado de coches con policías y agentes de seguridad. Teóricamente, todo bajo coordinación del ejército brasileño. En la práctica, todo determinado y ejecutado bajo las rígidas orientaciones del equipo de seguridad de la Casa Blanca.

Además de las dimensiones del aparato de seguridad, impresionó a todos en Brasil la prepotente truculencia con que se portan los agentes norteamericanos y la falta de diplomacia de los diplomáticos que integran el protocolo de la visita. Sergio Cabral, el muy parlanchín gobernador de Río, y Eduardo Paes, el alcalde de la ciudad, fueron sumariamente informados de que no podrán acompañar a Obama en su visita de la mañana de hoy al Cristo Redentor, la imagen pública más conocida de la ciudad en todo el mundo. Además, en la visita que enseguida el presidente más poderoso del planeta hará a la inmensa favela Ciudad de Dios, los dos –gobernador y alcalde– deberán mantenerse confinados en la sede de la asociación de moradores donde Obama, luego de recorrer algunas calles de la barriada miserable, dirigirá algunas palabras a una platea previamente seleccionada con lupa por los servicios norteamericanos. Habrá, eso sí, un almuerzo con Cabral y Paes, que, al fin y al cabo, son los anfitriones formales de la primera familia norteamericana. Pero tampoco pudieron invitar a los que pretendían, sin la previa aprobación del protocolo y del servicio de seguridad de la Casa Blanca. Por la tarde está previsto un discurso en el Teatro Municipal. Mañana a la mañana, la flotilla y su comitiva zarpan rumbo a Chile.

En Brasilia, otra muestra de grosería fue reservada a los ministros de Estado en el almuerzo que uno de ellos, el de Relaciones Exteriores, ofreció ayer al visitante. Los miembros del gobierno de Dilma Rousseff que fueron invitados por la presidente tuvieron que someterse a un humillante cacheo antes de entrar al salón donde 25 mesas esperaban a los 150 invitados, cuyos nombres igualmente fueron aprobados previamente por el protocolo de la Casa Blanca. Como respuesta, varios de ellos se negaron a saludar a Barack Obama y a su esposa Michelle. Y al menos uno, luego de saludar a Dilma Rousseff, prefirió volver a casa sin el insípido almuerzo ofrecido al norteamericano. Quien, a propósito, dispuso de un menú especial: vegetariano, Obama trajo con él un cocinero del equipo de la Casa Blanca. Michelle lo acompañó en la opción culinaria.

Más que las presencias, ha sido una ausencia la que más se destacó en el almuerzo de Itamaraty al visitante: de los cuatro ex presidentes invitados, solamente uno agradeció y pasó, sin explicar sus razones, de la invitación: Luiz Inácio Lula da Silva.

Además de muestras de prepotencia, de groserías y de actitudes poco delicadas, la visita oficial de Obama a Brasil quedó marcada por dos puntos específicos.

El primero de ellos no tiene nada que ver con el país visitado: la orden de atacar a Libia fue dada mientras Obama estaba en su reunión privada con Dilma Rousseff en el Palacio do Planalto, sede del gobierno brasileño. A cierta altura del encuentro, que duró poco más de 40 minutos, un asesor se acercó al presidente y le entregó un papelito. Obama pidió excusas a su anfitriona y allí mismo, por teléfono, dijo un alto y claro “procedan”. Minutos después, al otro lado del mapa, empezó el bombardeo de la flota naval norteamericana sobre Libia. A partir de ese momento, se hizo evidente la tensión de Obama, quien pasó el resto del día intercalando palabras con miembros del gobierno brasileño, discursos y declaraciones a la prensa con llamadas telefónicas a Wa-shington.

Pues ha sido en ese clima raro que los equipos de los dos gobiernos lograron firmar nada menos que diez acuerdos bilaterales, que la presidenta brasileña logró clavarle al visitante un par de delicados alfileres en su discurso de homenaje y que el presidente norteamericano logró lanzar algunos elogios significativos a Brasil en su propio discurso. Diciendo hablar “en nombre de la franqueza”, cuyo objetivo es el de “construir una relación de mayor profundidad”, Dilma Rousseff le espetó al visitante que “una relación comercial más justa y equilibrada exige que se rompan las barreras que se levantan contra nuestros productos”. Y para no dejar dudas, mencionó directamente al etanol, a la carne bovina, jugo de naranja (Brasil es el mayor productor y exportador mundial), algodón y acero. Se declaró heredera del gobierno de Lula (las relaciones personales entre el ex presidente y Obama terminaron muy mal), y pidió apoyo de Washington para “las reformas urgentes en organismos como el FMI y el Banco Mundial”. Luego mencionó a las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, en el cual Brasil pide un asiento permanente luego de la tan postergada reforma de la ONU.

En su discurso de respuesta, Obama elogió a Brasil y dijo que su gobierno pretende equiparar su trato destinado al país al que mantiene con India y China. Anunció que los Estados Unidos y Brasil son las “dos mayores democracias de este continente y también las mayores economías”, y resaltó que su país está interesado en ser “un gran cliente” del petróleo brasileño en el futuro.

Los diez acuerdos bilaterales firmados durante la visita de Obama a Brasilia establecen proyectos conjuntos en diversas áreas, como biocombustibles, educación y el uso del espacio sideral. Uno de los acuerdos prevé que se establezca una comisión destinada a negociar cuestiones comerciales y resolver divergencias entre los dos países. Resumiendo: nada especialmente relevante.

Poco antes de las diez de la noche de ayer, al hacer el primer balance informal de los resultados de la visita de Obama a Brasil, un asesor de la presidenta brasileña señaló que lo más positivo ha sido notar que entre el mandatario norteamericano y Dilma Rousseff se estableció de manera natural “una química muy favorable”. De mantenerse esa simpatía mutua, dijo ese asesor, seguramente será más fácil el diálogo de aquí en adelante, para que se recupere rápidamente el terreno perdido luego de las divergencias entre Lula y Obama.

Hubo una discreta pero palpable decepción, entre altos diplomáticos brasileños, por la fugaz y superficial mención que Obama hizo, en su discurso, a la aspiración de Brasil de ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. El mismo asesor de Dilma, en su balance informal de la visita, recordó, sin embargo, que el tema entró en la agenda a última hora, y por decisión de la Casa Blanca, ya que el Departamento de Estado, a cuya cabeza está Hillary Clinton, era francamente desfavorable a que hubiese mención alguna al planteo brasileño.

Libia también ha sido tema de la conversación privada entre Dilma y Obama. El norteamericano, segundos antes de ordenar el ataque delante de su colega brasileña, aclaró que existía “la firme posibilidad” de una acción militar. Dilma se limitó a comentar que antes se deberían examinar a fondo los costos y los beneficios concretos de tal acción. Luego de la llamada de Obama determinando “proceder”, no se volvió a tocar el tema. Como se recordará, Brasil, que ocupa la presidencia de turno en el Consejo de Seguridad de la ONU, del cuál es miembro rotativo, se abstuvo de votar la resolución que determinó los ataques lanzados por Estados Unidos, Inglaterra, Francia y España.

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , ,

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

20 marzo, 2011 at 12:00

Publicado en BRASIL, EE.UU, LULA, OBAMA

Ranking (2011, Times) de 200 mejores Universidades del mundo…

with 56 comments

Informe de The Times, de Londres / América Latina, relegada

Las universidades de la región, ausentes en un ranking mundial

La lista de las 200 mejores es encabezada por Harvard; dominio de EE.UU. y Gran Bretaña

 

VER:  Ranking (completo) de 200 mejores Universidades del mundo…

Sábado 12 de marzo de 2011

La Universidad de Harvard, de los Estados Unidos, encabeza el ranking de las mejores 200 casas de altos estudios del mundo dado a conocer por el diario británico The Times , en la que no figura ninguna universidad de América latina.

El relevamiento, en cuyos diez primeros lugares figuran siete universidades norteamericanas y tres británicas, fue realizado en 2010 por la firma Ipsos Media para el diario británico, a partir de una encuesta entre 13.388 académicos de 131 países.

Para realizar la evaluación, que se realiza desde hace una década, se tomaron en cuanto varios indicadores de desempeño, entre ellos la calidad de la enseñanza, la cantidad de citas que tienen los trabajos de investigación de cada entidad, innovación, cantidad de investigaciones, número de estudiantes por profesor, cantidad de estudiantes con doctorado y la mixtura internacional entre estudiantes y profesores.

Al referirse a América latina, el informe señala que, respecto de la educación superior, la región "no causa la misma sensación que sus equipos de fútbol", pero destaca que Brasil podría lograr "algunos éxitos de envergadura" en un futuro próximo.

Cuando señala las dificultades que enfrentan las universidades latinoamericanas para alcanzar un mejor nivel, el director del Centro de Educación Internacional del Boston College, Philip Altbach, puso el ejemplo de la Universidad de Buenos Aires como una de las instituciones públicas en la región que aspiran a ascender en la lista, pero citó los serios desafíos que debe superar. Entre ellos, menciona la pesada carga de "estructuras burocráticas y a veces politizadas" y plantillas de profesores a tiempo parcial, "que casi nunca pueden ser la base de una universidad que investiga". Añade que las universidades públicas latinoamericanas "están subfinanciadas y la mayoría, impedidas de establecer aranceles para los estudiantes".

Predominio anglosajón

El ranking, denominado Times Higher Education y dado a conocer por la agencia EFE, coloca a la Universidad de Harvard en primer lugar, seguida por el Instituto de Tecnología de California, el Massachusetts Institute of Technology (MIT), la Universidad de Stanford, la Princeton, todas ellas estadounidenses. El puesto seis lo ocupa Universidad de Cambridge y el siete, la Universidad de Oxford, ambas inglesas. El top ten termina de conformarse con Universidad de California (Berkeley), el Imperial College London y la Universidad de Yale.

Hay 72 instituciones norteamericanas en la lista, 29 británicas, 14 alemanas, diez holandesas y seis chinas. Entre las primeras treinta sólo aparecen, además de universidades de EE.UU. y Gran Bretaña, instituciones de Suiza, Canadá, Hong Kong, Japón y Corea del Sur.

El hecho de que ninguna universidad latinoamericana figurara entre las 200 mejores fue calificada de "tragedia continental" en Brasil por el columnista Fabio Campos, del diario O Povo .

El relevamiento menciona, sin embargo, instituciones de educación superior salientes en Brasil. Las dos universidades más importantes del estado de San Pablo (Universidad Campinas y la Universidad de San Pablo) son estatales; cuentan con profesores a tiempo completo, que tienen doctorados; poseen, además, investigaciones importantes en curso y fondos adecuados provistos por el estado. De hecho, ambas estuvieron muy cerca de ser incluidas en el ranking de las 200 mejores instituciones universitarias.

En el libro El desafío de establecer universidades de nivel mundial , Jamil Salmi, especialista del Banco Mundial, analizó las universdidades de América latina, explicó que la Universidad de San Pablo es una de las más selectas, tiene los mejores programas para graduados y cada año produce más Phds (doctores) graduados que cualquier universidad estadounidense. Sin embargo, la relación académica que mantiene con la comunidad internacional de investigaciones es escasa y sólo el 3% de sus graduados son extranjeros.

Otro factor positivo para la región, según Salmi, es el desarrollo de sistemas de préstamos estudiantiles en Brasil, Colombia y Chile. A pesar de este logro, Salmi señala los desafíos: baja inversión en educación superior; estructuras de gobierno universitario rígidas; escasez de programas de intercambio internacionales; cultura de campus monolingües y ausencia de visión de largo plazo para el desarrollo de la educación superior.

Por su parte, Andreas Schleicher, experto en educación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, afirmó que ha habido desarrollos recientes muy interesantes en la región.

RANKING

1. Harvard

2. Instituto de Tecnología de California

3. Massachusetts Institute of Technology (MIT)

4. Stanford

5. Princeton

6. Cambridge

7. Oxford

8. California, Berkeley

9. Imperial College

10. Yale

VER LISTA COMPLETA EN LINK SIGUIENTE:

VER: Ranking completo de 200 mejores Universidades del mundo

América latina no produce conocimiento"

La directora de la Maestría en Educación de la Universidad de San Andrés e investigadora del Conicet, Silvina Gvirtz, afirmó que "es verdad que América latina no está produciendo conocimiento".

Consultada por LA NACION sobre los resultados del informe de The Times , señaló: "Nosotros no tenemos profesores full time, entonces muchos se dedican a la enseñanza y pocos a la investigación. Se debe al vaciamiento sistemático de las universidades producido en la dictadura militar, que se solapó con la política de captación activa por parte de las academias del mundo desarrollado y se siente aún hoy. Además, la investigación no fue una prioridad en la vuelta a la democracia. Hoy hay muchas universidades que son sólo enseñaderos . Tener profesores full time es muy caro y la investigación no tiene repercusiones inmediatas. No requiere sólo políticas y financiamiento por parte del estado sino también una decisión por parte de las universidades, en su criterio de qué priorizar y en qué invertir sus recursos", detalló.

Por su parte, la Secretaria de Asuntos Académicos de la Universidad de Buenos Aires, Catalina Nosiglia, explicó a LA NACION que "este tipo de ránkings no evalúan cosas como la actividad de transferencia y extensión hacia la sociedad, actividades que nuestros estudiantes y docentes realizan mucho. Lo que nosotros producimos de conocimiento y es relevante para nuestras sociedades, no es relevante para ellos". "La UBA tiene muchos desafíos, relacionados con los casi 300 mil alumnos que estudian allí. Uno fundamental es la permanencia y egreso de los alumnos", afirmó Nosiglia. "Los problemas de una universidad de 4000 alumnos y donde ingresan estudiantes de elite, como la de San Pablo, son muy distintos a los que pueda tener la UBA, cuyo objetivo es que cada vez más gente pueda acceder a la universidad", sostuvo.

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

12 marzo, 2011 at 18:21

I. Wallerstein: Elecciones en Brasil y Estados Unidos…

leave a comment »

Elecciones en Brasil y Estados Unidos: resultados opuestos

Immanuel Wallerstein

imageEl 31 de octubre, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva obtuvo una arrasadora victoria en las elecciones brasileñas. El 2 de noviembre, el presidente Barack Obama fue derrotado contundentemente en las elecciones estadunidenses. Lo curioso es que ninguno de ellos contendió en estas elecciones. En Brasil, Lula ya había cumplido sus dos periodos, el máximo permitido, y brindó su respaldo a Dilma Rousseff como su sucesora. En Estados Unidos, las elecciones de 2010 fueron comicios legislativos de mitad del periodo, no una elección presidencial.

Hay algunas similitudes sorprendentes entre los dos hombres y ambas situaciones políticas. Lula fue electo en 2002 como candidato de la esperanza y el cambio. Obama fue electo presidente en Estados Unidos en 2008 como candidato de la esperanza y el cambio.

Ambos hombres eran de fuera en términos de los procesos políticos tradicionales de sus países. Lula fue el primer presidente de extracción obrera y de poca educación formal. Obama fue el primer presidente afroestadunidense de su país.

En su campaña, ambos convocaron un respaldo popular de gran escala. En el caso de Lula, ésta no era su primera vez, sino su cuarto intento de llegar a la presidencia. Había sido líder sindical y dirigente de un partido obrero, el Partido dos Trabalhadores (PT). Obama había sido organizador comunitario y un senador con un récord de votos muy de la izquierda (liberal) en la legislatura. Ambos recibieron el apoyo de militantes de los movimientos sociales y le gustaron particularmente a los jóvenes votantes. Ambos enfatizaron las malas acciones de los previos presidentes de su país: Fernando Henrique Cardoso en el caso de Brasil y George W. Bush en el caso de Estados Unidos –y en ambos casos su elección fue vista como un repudio de las políticas del presidente previo.

En ninguno de los casos el presidente recién electo tenía un camino claro en la legislatura. En el caso brasileño, el sistema electoral condujo a una legislatura con múltiples partidos y el PT no tenía más de una cuarta parte de los escaños. En el caso estadunidense, las reglas del Senado permitían al partido de oposición bloquear o forzar concesiones importantes en cualquier legislación que el presidente de Estados Unidos quisiera promulgar. Ambos hombres sintieron que debían hacer compromisos políticos.

En ambos casos, el principal temor del presidente recién electo era que la ya muy difícil situación económica de sus países se volviera un desastre. Lula temía una inflación galopante y la estampida de inversionistas. Obama le tuvo miedo al colapso de los bancos y al desempleo rampante. El modo en que cada uno respondió a estos miedos fue recurrir a un enfoque económico relativamente conservador (neoliberal) y a la designación de gente relativamente conservadora en los puestos económicos clave de su administración.

Este enfoque neoliberal casi de inmediato desconcertó a gran parte de su base electoral. En cada caso, los dos hombres intentaron tranquilizar a sus simpatizantes situados más a la izquierda insistiendo en que este enfoque neoliberal era esencial pero transitorio y que, eventualmente, verían realizadas sus esperanzas de cambios más fundamentales.

Esto fue tomado con escepticismo creciente y disenso público por parte de estos simpatizantes, y en particular los principales intelectuales de izquierda y los dirigentes de los movimientos sociales. En el caso brasileño, algunos de ellos renunciaron públicamente al PT y dirigieron su respaldo a partidos más pequeños de izquierda. La respuesta de Lula y Obama fue señalar variados tipos de programas que ellos habían puesto en operación con el fin de mejorar el grueso de los segmentos más pobres de la población, como es el caso de la campaña contra el hambre en Brasil y la nueva legislación de salud en el caso de Estados Unidos. Los escépticos señalaron en cada caso los beneficios importantes que le habían traído a los segmentos más ricos de sus países.

Sin embargo, cuando las reales elecciones se llevaron a cabo, muchos de los escépticos de la izquierda regresaron al redil. En Brasil, un grupo de muy prominentes intelectuales de izquierda divulgaron una petición pública en favor de votar por Dilma Rousseff sobre la base de que su oponente le acarrearía desastres a Brasil. Una posición semejante fue asumida por el más importante movimiento social, el Movimiento dos Trabalhadores Sem Terra, que fuera abandonado malamente por Lula y que sin embargo pensó que las cosas estarían peor si Rousseff no era electa.

En el caso estadunidense, algunos intelectuales que habían apoyado la candidatura de Ralph Nader mediante un tercer partido en 2000, porque sintieron que no había diferencias significativa entre Al Gore y George W. Bush, públicamente renunciaron a esta postura y argumentaron por apoyar a los demócratas en las elecciones legislativas. Y así lo hicieron los dirigentes de los movimientos sociales –entre los afroestadunidenses, los latinos, los gays– pese a su desencanto público con el limitado cumplimiento de las promesas de Obama.

Todo esto parece notablemente semejante, y no obstante el resultado no pudo ser más diferente. Rousseff ganó con buen margen en Brasil y Obama, en sus propias palabras, recibió una paliza. ¿Por qué? No podría ser más claro. Hubo una enorme diferencia en las dos situaciones. La situación económica de Brasil ha mejorado marcadamente en los últimos años, y la situación económica estadunidense empeora marcadamente. No pudo haber demostración más clara de la tesis de Carville: Es la economía, estúpidos.

No fue el centrismo de Obama lo que explica por qué los votantes se tornaron contra él. Lula ha sido en cada pedacito un centrista en su política. No fue la falta de carisma de Obama. Parecía muy carismático en 2008. Lula fue popular porque las cosas parecían ir bien. Y Obama fue impopular porque las cosas parecían ir mal. No es que uno se haya vendido y el otro no. No fue cuestión de sus verdaderas convicciones políticas. Algunas veces la situación estructural general avasalla las capacidades de los políticos talentosos para hacer algo al respecto.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

Written by Eduardo Aquevedo

20 noviembre, 2010 at 14:27