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Terremoto de Valparaíso (Chile) de 1906: una gran catastrofe…

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TERREMOTO VALPARAISO
16 DE AGOSTO DE 1906

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El gran terremoto del 16 de agosto de 1906 en la zona de Valparaíso, con intensidades de IX en la escala Mercalli y 8,3 de Richter afectó desde Papudo a la desembocadura del río Rapel. El tsunami generado fue relativamente menor, con alturas máximas de 1 metro. No hubo daños en Valparaíso o poblados costeros, pero se registró en Hawai, Japón, Estados Unidos e islas Marquesas donde hubo pequeños daños.

El terremoto que azotó Valparaíso en 1906 dejó prácticamente destruida toda la ciudad. En medio de esta catástrofe, se produjeron pillajes y saqueos, ante los cuales se ordenó fusilar a quien se encontrara realizando dichos actos.

El terremoto dejó un saldo de 3.000 muertos.

 

TERREMOTO DE 1906

(Cuerpo de Bomberos de Valparaíso)

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En los terremotos más intensos sufridos por Valparaíso: Activa y eficaz colaboración han prestado las Compañías y el Cuerpo entero durante estos terremotos, tanto extinguiendo los numerosos y violentos incendios que se producen, como auxiliando a sus víctimas. Así sucedió en el de 1906 cuando la ciudad quedó destruida por la serie de terremotos de la noche del 16 de agosto. Los voluntarios acudieron a sus cuarteles para sacar el material y dirigirse a los numerosos incendios en donde, mientras combatían al fuego, también removían escombros, socorrían víctimas y servían de policías para proteger las propiedades de los damnificados. Idénticas entereza y participación cumplieron las Compañías de Voluntarios en los fuertes terremotos, sucedidos en Valparaíso, los años 1965, 1971 y 1985 por lo que los actuales servidores de la ciudad, a través del Cuerpo de Bomberos, han reeditado los heroísmos de sus antepasados: Así, a comienzos, como a mediados y también a fines del presente siglo, la Institución de los “Caballeros del Fuego” ha entregado a la ciudad una amplia cuota de sacrificio como, además, de mártires que han dado su vida por los habitantes de este querido Puerto.

A continuación se citamos algunos documentos periodísticos de la época: La noche del 16 de agosto fue una noche de horror que privó a Chile de su puerto principal. Este importante centro comercial de la América del Sur, recibió un golpe tan recio, ha quedado en tal forma destruido que le serán necesarios muchos años e ingentes esfuerzos económicos para poder reconstituirse y recuperar su pasada esplendidez de señora del Pacífico austral. Iglesias, edificios públicos, palacios, monumentos, todo, todo ha caído al impulso incontenible del terremoto y contemplando la ciudad desde los cerros o desde los buques no se ven en pie más que unos cuantos edificios ruinosos y desplomados y un montón interminable de escombros desde el Puerto hasta Bellavista y el Barón.

Los vapores que se encontraban próximos al malecón sintieron golpes de abajo hacia arriba. El vapor “Turinguía” sufrió daños en las planchas de la pasarela de la sala de máquinas, las que fueron violentamente despedidas por los aires, haciendo agua el casco. Otro vapor dañado fue el “Varda” que estuvo a punto de partirse en dos. El vapor inglés “Iron” que había zarpado 30 minutos antes del terremoto sintió el impacto como si se hubiese estrellado contra una roca. En el muelle fue volcada una grúa de cincuenta toneladas. Los daños en el Almendral fueron totales.

Decenas de incendios se declararon de inmediato, especialmente en los cerros del puerto. Frente a la catástrofe, el Capitán Luis Gómez Carreño fue el encargado de la noble tarea de salvar a esa población de las consecuencias terribles de la desmoralización. Ninguno mejor que él podía tomar el mando de las fuerzas encargadas de salvar, al amparo de la ley marcial, del pillaje y de los horrores del saqueo a los habitantes de Valparaíso. Debió sin embargo el Capitán Gómez lamentar la muerte de varios de sus hombres que entregaron esa noche sus vidas en el cumplimiento del deber los que perecieron al tratar de prestar auxilio a los heridos que se encontraban atrapados bajo los escombros.

Zig-Zag, 16 de septiembre de 1906.

Valparaíso resurje pasmosamente en su actividad de entre los montones de ruinas en que lo convirtiera el cataclismo de agosto. Sus habitantes han cambiado de morada, se han acostumbrado rápidamente a las peripecias de una verdadera vida de campaña, pero en nigun momento han perdido el ánimo ni el buen humor para hacer frente a las adversidades del dia. Ha sido verdaderamente sorprendente la entereza con que todo ese pueblo ha presenciado su desgracia. En ningun momento el buen humor, el espíritu elegante de desprecio por el peligro se ha apartado de los corazones.

Ha reinado allí un ambiente de estoicismo completamente análogo al de San Francisco de California. Como en esa ciudad, el cataclismo ha precipitado los matrimonios. Sobre las ruinas, bajo las carpas, en el patio de los campamentos improvisados, los enlaces ya concertados se han celebrado rápidamente. Habia prisa por vivir, por satisfacer las grandes aspiraciones de una vida que bien podia verse cortada de un momento a otro por una nueva convulsión de la naturaleza. Hoteles y clubs se han instalado al aire libre en locales improvisados, las oficinas públicas se han instalado en galpones y toda la actividad diaria ha vuelto a concentrarse allí con toda la enerjia de una ciudad que se funda de nuevo y que renace a todo vapor.

Las reparticiones de víveres, muchas veces demasiado finos para los consumidores populares, como que provenian de grandes almacenes abiertos por la necesidad jeneral, ha dado lugar a muchas escenas pintorescas y a menudo cómicas. La vida al aire libre en las carpas no ha estado tampoco exenta de novedad y de incidencias amenas. Todo lo malo, todo lo inconveniente de la situacion, se ha ahogado en la salsa del buen humor y se ha hecho pasadero. Tal es a grandes rasgos lo que pasa en nuestro primer puerto y en nuestra ex-segunda ciudad.

Zig-Zag, 7 de octubre de 1906.

Aun cuando todos los diarios y revistas se han ocupado de ilustrar al público lector con sus numerosas fotografias y noticias sobre la horrible desgracia que hubimos de sufrir el triste y ya famoso dia 16 del mes de agosto, no consideramos inoficioso publicar en este número las vistas que ven nuestros lectores porque ellas demuestran, a la par que el estado ruinoso en que el fenómeno dejó a nuestro primer puerto, la gran actividad y carácter especial de sus habitantes.

Al día siguiente mismo de la cruel catástrofe se organizaron trabajos de demolición de edificios en mal estado, construccion de lijeras viviendas, establecimiento de pequeño comercio, etc., trabajos estos que se efectuaban en pleno aire libre, al estremo de que la gran metrópoli marítima sud-americana sólo parecia haber perdido sus bellos palacios, pero en ninguna caso la actividad o iniciativa de sus habitantes, que en aquellos largos dias supieron dar pruebas fehacientes de que la raza chilena es forzada por difícil que sea su situacion.

Las grandes casas comerciales atendian a sus clientes desde el dia 18 en ámplias carpas de lona sostenida por cuatro puntales, y a la aglomeracion de ellas en la parte final de la Avenida del Brasil, simulaba un verdadero campamento. En la plaza de la Victoria habia colocado un telon perpendicular dando frente al sol, y en su parte alta se veia en grandes caractéres un rótulo descomunal con la siguiente inscripcion: “Peluqueria del Terremoto”.

Detras del telon, una silla servia para asiento del cliente, que, junto con la lona, debia ir trasladándose de un punto a otro del “salon” para no recibir en pleno rostro los rayos solares. Pocos dias despues este mismo negocio ocupó una cómoda casucha construida “ad-hoc”. (La vista publicada en otro número de la Revista presenta a la Peluqueria del Terremoto en su segunda metamorfosis). Como es natural, ya ahora se ha hecho comun en Valparaiso establecer almacenes en locales semejantes, en plena plaza o parque, como lo están probando las vistas que se estampan en esta pájina.

“Por las noticias publicadas en los diarios, es del dominio público que las honras celebradas en Valparaíso el domingo pasado resultaron de todo punto espléndidas, realzadas todavia mas con la presencia de S.E. el Presidente de la Republica y algunos miemos del primer Gabinete de su administracion. La enorme concurrencia de jente que acudió desde temprano a colocarse en buen sitio para presenciar el acto simulaba una verdadera romeria que atravesaba a Valparaiso de parte a parte, hasta llegar a Playa Ancha, seccion elejida para verificar la ceremonia. A las 9 1/2 de la mañana comenzaron a llegar los cuerpos del ejército que debian concurrir a rendir los honores de ordenanza a S.E el Presidente.

En una de las avenidas que cruzan el Parque se habia erijido un hermoso altar, cuyo arreglo estuvo a cargo del señor cura del Espíritu Santo, don Cristóbal Villalobos; sobre la parte alta se habia colocado una preciosa imájen de la Virjen del Cármen, patrona del ejército y marina de Chile, rodeada de un trofeo de armas y banderas nacionales cubiertas de crespones. Frente al altar, un severo túmulo adornado con flores y guirnaldas, formaba un bello conjunto con el artístico arreglo del altar. En medio de éste y del túmulo se había colocado una elegante tribuna que, poco despues de llegada de S.E y tropas, ocupó el distinguido orador sagrado, Iltmo. obispo de San Cárlos de Ancud, señor don Ramon Anjel Jara. Frente al altar se habia reservado un sitio especial para S.E y Ministros. Las secciones restantes del Parque eran ocupadas por una inmensa muchedumbre. La ceremonia, que principió poco despues de las 10 de la mañana, se terminó mas o menos a las 11 3/4.”

Zig-Zag, 28 de octubre de 1906.

“En el fondo, la bahía cuyas mansas aguas acarician suavemente las vallas poderosas de que la encadenan y la impelen a guardar tranquilo sociego. Allí se ven las obras injentes que largo tiempo han sido acariciadas como un ensueño dorado, como ilusion que se aleja, como realidad imposible. Contemplando esta fantasía pictórica asistimos a la resurrección de un pueblo que se levanta lleno de soberano empuje, como al impulso de un soplo vivificante y misterioso; a un espectáculo que acaso podremos presenciar unos cinco años mas tarde. El artista ha sabido dar una interpretacion cabal a una aspiracion que en estos momentos es patrimonio de todos los que nos sentimos bajo la influencia de ese sentimiento indefinible que se ha dado en llamar orgullo patrio. Anonadarse ante la desgracia es degradarse ante la humanidad y dar señales de un decaimiento que estamos mui léjos de esperimentar.”

 

TERREMOTO DE VALPARAISO (16 de Agosto de 1906)
(www.angelfire.com)

Informe de la Dirección Meteorológica de la Armada de Chile

REPUBLICA DE CHILE – ARMADA NACIONAL

“Pronóstico sobre fenómenos atmosféricos:
La Sección de Meteorología de la Dirección del Territorio Marítimo ha pronosticado fenómenos atmosféricos y sísmicos para el día 16 del presente mes, basada en las siguientes observaciones:
-El día fijado habrá conjunción de Neptuno con la Luna y máximo de declinación norte de ésta.
-A causa de estas situaciones de los astros, la circunsferencia del círculo peligroso pasa por Valparaíso y el punto crítico formado con la del Sol cae sobre las inmediaciones del puerto.”

Cap. Arturo Middleton
Valparaíso, agosto 16 de 1906

Esta sorprendente carta predictora fue enviada a El Mercurio de Valparaíso sin causar impacto alguno sobre nadie. Diez días después tuvo lugar el terremoto más asolador que se recuerde en el puerto.

Todavía resonaban en la prensa los ecos de la catástrofe de San Francisco (EE.UU.) y de su incendio, ocurridos hacía cuatro meses. Los geólogos hablaban ya de la geosinclinal circumpacífica, pero la opinión del grueso público, formada en tres siglos y medio de fatalismo predestinado hizo, como antes y después, caso omiso de las que consideraba aventuradas predicciones.

Amaneció el día 6 despejado en Valparaíso, en corcondancia con el dominante viento sur, indicio de buen tiempo y con lo que el barómetro señalaba. Sin embargo, alrededor de las diez de la mañana comenzó una lluvia suave pero pertinaz, que no se interrumpiría por mucho tiempo.

Poco antes de las 8 de la noche, cuando los más de los porteños hacían sobremesa o estaban todavía cenando, se produjo la primera sacudida de la tierra que duró, según muchos testimonios, cuatro minutos!.

Otros hablaban de cuatro credos. Todo el mundo se lanzó, por cierto a la calle o trató de guarecerse bajo los dinteles que creían menos vulnerables. De éstos, no pocos fueron aplastados al desplomarse las fachadas, ante el espanto de los que se habían quedado, paralizados por el terror, en los interiores. Otros cayeron bajo el peso de cornisas, muros y balaustradas.

Un extraño fenómeno atmosférico anterior a los incendios enrojeció el cielo, si bien esa luz macabra no era suficiente para dominar las tinieblas causadas por la quebradura de faroles y lámparas eléctricas y de gas.

Siguieron al primer sacudimiento quince minutos de alaridos, búsqueda de sobrevivientes, paroxismo, hasta producirse el segundo, más breve – se habló de un minuto – pero mucho más fuerte, que completó la destrucción de barrios enteros: el Almendral, entre las calles Errázuriz e Independencia; el Estero de las Delicias y la Plaza Aníbal Pinto con sus aledaños, todos ellos levantados en tierra de relleno.

Las casas de los alrededores del puerto, más sólidas, resistieron mejor. En ellas se refugiaron unos, mientras otros lograban llegar a los barcos o improvisaban refugios en calles y plazas para protegerse de la lluvia tenue y pertinaz, que sólo cesó a medianoche, y de la helada subsiguiente, del terror a la propagación de los incendios que se habían iniciado por todos lados, incendios que la suave llovizna apenas sofocaba, y también de la guerra campal entre la fuerza pública y salteadores, muchos de los cuales fueron fusilados in situ.

La ciudad quedó totalmente aislada, de suerte que hubo que defenderse con sus propios recursos de la propagación de los incendios, de los insensatos que rompían las cañerías de agua más cercanas para abastecerse o simplemente para satisfacer la vesanía generada por el caos, además de la necesidad urgente de enterrar los cadáveres, calculados a posteriori en más de 3.000.

La magnitud asignada por la USGS para este terremoto fue 8,39 en escala Richter (en base a los antecedentes, ya que dicha escala no había sido inventada aún).

El terremoto sacudió también, con mayor o menor intensidad, Viña del Mar (110 víctimas), Quillota (49 fallecidos), Limache (donde un orfelinato con 110 niños y una monja fueron sepultados por los escombros), Quilpué (20 muertos)y otros pueblos y ciudades del Valle Central. En Santiago se produjeron alrededor de 140 víctimas, pero la gente se lanzó también a las calles y plazas. Muchos pernoctaron en los tranvías o en otros vehículos que consideraron menos vulnerables. La Moneda, el Teatro Municipal y el Congreso sufrieron serios daños, pero no hubo derrumbes fatales. Las ciudades más sureñas afectadas fueron Penco (donde el mar se salió 50 metros) y Concepción (se interrumpió el alumbrado eléctrico y se cayeron algunas torres, como en la iglesia de San Francisco).

Con la interrupción total de las comunicaciones, sólo se tuvo noticias de la catástrofe de Valparaíso en la tarde del día 7 por un telegrama de Quillota y en la mañana del 8 por un esforzado jinete. Tres días después llegaban a Valparaíso los ministros del Interior y de Guerra, y el 25 el Presidente Riesco y el electo Pedro Montt, luego de un viaje en tren, a pie y a caballo.

Lo positivo de este terremoto fue que, por primera vez, se realizó un estudio profundo sobre normas de construcción y se sentaron las bases del desarrollo de la sismología en Chile, con la contratación de expertos (como el conde Fernando de Montessus de Ballore, llamado por el gobierno) y la fundación del Instituto Sismológico de Chile, hoy dependiente de la Universidad de Chile.

 

CRONICA DE UN DESASTRE
(Crónicas del Domingo, Diario El Mercurio de Valparaiso, sin fecha)
(hacer clic para agrandar y clic para leer)

Recuerdos Porteños, Terremoto Valparaíso 1906

(www.midulcepatria.cl, 28 de Febrero de 2010, Joaquín Edwards Bello)
Cuatro meses después del de San Francisco, tuvo lugar el terremoto de Valparaíso, el día de San Joaquín, 6 de agosto de 1906. Hace hoy medio siglo. Muchas pueden ser las causas de los terremotos. El de Lisboa, en 1755, tuvo caracteres muy extraños. El simpático y erudito obispo Villarroel, durante el terremoto de Santiago en 13 de mayo de 1647, dijo que la tierra se movía por la soltura de las mujeres en materia de deshonestidades.

Nada es imposible. Cierta dama respetable asegura que los terremotos son indigestiones de la tierra con sus ruidos de tripas y sus salidas de gases.

Me perdí el espectáculo magnífico del terremoto de 1906 por estar en España, en el balneario de San Sebastián.

Recuerdo cuando en ese paisaje idílico, de veraneo, bajo los ventanales del Casino, pasaron los vendedores de diarios gritando: ¡El Pueblo Vasco, La Región y La Voz, con el terremoto de Valparaíso!

Fue un clarín llamando a la realidad triste y severa.

Las noticias eran espeluznantes y produjeron impresión en esa parte de España tan vinculada a Chile. Abundan los vizcaínos de apellidos corrientes aquí. Veraneaban entonces los chilenos Luis Bustos, Lopetegui, Fico Squire y un señor Ugarte, con su esposa y su hija, hermosa pelirroja en flirtcon el hijo del conde de Rodezno. Había conocido al señor Ugarte en Valparaíso, donde era dueño de la Agencia La Bola de Oro, en la calle de Victoria, lugar de mi primer empeño.

El terremoto destruyó parte de Valparaíso y las esperanzas de mi educación inglesa. Corté mis estudios y nos trasladamos a Chile. Llegamos al puerto en los últimos meses de 1906. Lo primero que hice fue ir a la calle del Teatro a ver si estaba en pie la casa en que nací. Estaba igual, y en el banco de la plaza vi al mismo gordo medio chiflado con colero.

La impresión de mi ciudad natal no fue tan penosa como pude esperar. La vitalidad de un puerto es sorprendente. Había diversiones, y los jóvenes lo echaban todo a la chacota, como de costumbre. Algunas personas mayores permanecían aterradas todavía y cuando hablaban del terremoto los ojos se les ponían espantados, como si vieran a Satanás. Fueron tres días de terror, no sólo a causa del terremoto, sino, asimismo, por la fiera humana que apareció entre las ruinas y las llamas. Famoso por su interpretación oral del terremoto fue el ilustre abogado don Antonio Varas. Tenía este caballero ojos oscuros, dramáticos. Además de eso, su voz era ondulante, modulada desde los tonos agudos hasta los hondos y cavernosos, como de ultratumba.

Inolvidable fue la vez que le oí representar el terremoto en el comedor de su casa, rodeado de su bellísima familia, en el comedor adornado con una copia del Rapto de las Sabinas por David. Otro convidado era el célebre ocultista don Tomás Ríos González. Después de oír el alegato vivo del terremoto quedé como petrificado. De otra parte, la ciudad se libraba de sus ruinas gracias a sus grandes hombres. Si en el terremoto de Lisboa se reveló el genio de Carvallo Melo, el de Valparaíso nos reveló el carácter de don Luis Gómez Carreño. Su mano salvó a la ciudad del terror. Otros salvadores fueron don Luis Felipe Puelma, don Alejo Barrios y el intendente Larraín Alcalde.

Detalles exactos del terremoto: A las 19.45 de la noche se oyó un ruido como de tren avanzando sobre la ciudad. Enseguida, vino la primera sacudida, vertical y circular, de cuarenta y cinco segundos. Siguió otro remezón de noventa segundos, y un tercero, de sesenta. Eso duró cuatro minutos. A las 20.06. siguió el segundo terremoto, de un minuto, y poco después otro más fuerte, de igual duración. El fin del mundo estaba en las conciencias. Se escuchaba el “Santo, Santo” por todas partes. Mujeres enloquecidas confesaban pecados a gritos, pero no todos. Siguió temblando durante la noche y al día siguiente. Se contaron 56 sacudidas en 24 horas.

Más detalles: El andaluz Ricardo Cano había llegado a Chile el 15 de agosto. Perdió todo y se quedó con amor entrañable a la tierra. Esa noche del 16 el actor Zapater ensayaba en el Teatro Odeón La tempestad para la galerna. Los presos admiradores del asesino Dubois hicieron esfuerzos para dejarlo escapar y por poco lo hubieran logrado.

Se contaban salidas cómicas del bandido. El juez le dijo:

-No me explico por qué el reloj del señor Lafontaine y el suyo tienen el mismo número.

-Yo tampoco me lo explico -respondió Dubois.

Jorge Montt prohibió al capitán Middleton que hiciera predicciones de terremotos. Es sabido que acertó en 1906.

La ciudad recobraba su fuerza física y su aspecto gringo. Llegó una troupe de luchadores: Pellegrini, Reiter de Valfort, Ceresert, Youssouf de Branama. Llamaba la atención en las calles. El joven heredero más rico de Valparaíso era don Armando Zannelli; dueño de un Fiat verde. Cenaba todas las noches en La Rosa con Ada Negri, artista italiana..

El holandés Kraus, ingeniero, propuso expropiar la parte destruida del Almendral y construir el puerto, mediante excavaciones. Si hubieran llevado a cabo el proyecto, tendría el encanto del Amsterdam chileno.

El chileno está transido en filosofías de temblores. Sus plantas se ponen en terreno incierto. Nada es durable ni definitivo. De pronto brama la tierra, y nos nivela de golpe en el hoyo. Lejos de ser fanfarrón, el chileno es apequenado, descuidado. Se rebaja. Prefiere lo menos erguido y ambicioso. Escoge por abajo. ¡Pero no le ofendan ni le miren a menos! Entonces, a su vez, ruge y tiembla. En general desprecia a los fanfarrones y presumidos.

http://chile-catastrofes-tragedias.blogspot.com/2010/06/terremoto-en-valparaiso.html

Written by Eduardo Aquevedo

6 abril, 2014 a 16:36

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