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P. Krugman: ¿se ha terminado el crecimiento? Desigualdad y guerra de clases…

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De las perspectivas para una prosperidad a largo plazo sabemos menos de lo que pensamos

30 DIC 2012 – 00:00 CET52
                                                                                                          Planta de Mercedes en Vance, Alabama. / Bernard Troncale (Cordon Press)

La mayor parte de los comentarios económicos que se leen en la prensa se centran en el corto plazo: los efectos del precipicio fiscal sobre la recuperación estadounidense, las tensiones a las que se ve sometido el euro y el último intento de Japón de salir de la deflación. Esta atención es comprensible, dado que una depresión mundial te puede arruinar todo un día. Pero nuestros apuros actuales se acabarán con el tiempo. ¿Qué sabemos de las perspectivas para una prosperidad a largo plazo?

La respuesta es: menos de lo que pensamos.

Las proyecciones a largo plazo realizadas por los organismos oficiales, como la Oficina Presupuestaria del Congreso, por lo general dan por sentado dos cosas importantes. Una es que el crecimiento económico a lo largo de las próximas décadas se parecerá al crecimiento a lo largo de las últimas décadas. En concreto, se prevé que la productividad —el principal impulsor del crecimiento— aumente a un ritmo no muy diferente del de su crecimiento medio desde la década de 1970. Por otro lado, sin embargo, estas proyecciones por lo general dan por sentado que la desigualdad de ingresos, que se disparó a lo largo de las tres últimas décadas, solo aumentará con moderación en el futuro.

No resulta difícil entender por qué los organismos dan esto por sentado. Teniendo en cuenta lo poco que sabemos sobre el crecimiento a largo plazo, dar por hecho simplemente que el futuro se parecerá al pasado es una suposición natural. Por otra parte, si la desigualdad de ingresos sigue aumentando vertiginosamente, estamos ante un futuro distópico en el que se producirá una guerra de clases, y no es algo que los organismos gubernamentales quieran plantearse.

Así y todo, es muy probable que esta opinión generalizada se equivoque en uno o en ambos aspectos.

          Si la desigualdad de ingresos sigue aumentando, se producirá en un futuro una guerra de clases

Recientemente, Robert Gordon, de la Northwestern University, provocó un revuelo al sostener que es probable que el crecimiento económico disminuya drásticamente y, de hecho, es muy posible que la época de crecimiento que se inició en el siglo XVIII esté tocando a su fin.

Gordon señala que el crecimiento económico a largo plazo no ha sido un proceso continuo: ha sido impulsado por varias “revoluciones industriales” específicas, cada una de las cuales estaba basada en un conjunto concreto de tecnologías. La primera revolución industrial, basada en gran medida en el motor de vapor, impulsó el crecimiento a finales del siglo XVIII y a principios del XIX. La segunda, que resultó posible, en gran parte, por la aplicación de la ciencia a tecnologías como la electrificación, la combustión interna y la ingeniería química, empezó en torno a 1870 e impulsó el crecimiento hasta la década de 1960. La tercera, centrada en torno a la tecnología de la información, define nuestra época actual.

Y, como señala Gordon correctamente, los beneficios, hasta ahora, de la tercera revolución industrial, aunque son reales, han sido mucho menos importantes que los de la segunda. La electrificación, por ejemplo, fue un invento mucho más importante que Internet.

Es una tesis interesante y un contrapeso útil frente a toda la sorprendente glorificación de la última tecnología. Y aunque no creo que tenga razón, la forma en la que probablemente se equivoca tiene implicaciones igual de destructivas para la opinión generalizada. El argumento en contra del tecnopesimismo de Gordon reside en gran parte en la suposición de que los grandes beneficios de la tecnología de la información, que solo acaban de empezar, provendrán del desarrollo de máquinas inteligentes.

Si siguen estas cosas, saben que el campo de la inteligencia artificial lleva décadas rindiendo por debajo de sus posibilidades, lo cual es frustrante, ya que a los ordenadores les resulta increíblemente difícil hacer cosas que a todos los seres humanos les parecen fáciles, como entender palabras normales y corrientes o reconocer objetos diferentes en una foto. Últimamente, sin embargo, parece que se han derribado las barreras y no porque hayamos aprendido a reproducir el entendimiento humano, sino porque los ordenadores pueden ofrecer hoy día resultados aparentemente inteligentes buscando mediante patrones en enormes bases de datos.

Es verdad que el reconocimiento del lenguaje todavía no es perfecto; según el programa, una persona que llamó indignada me dijo que estaba “totalmente equivocado”. Pero eso es mucho mejor de lo que estaba hace solo unos años, y ya se ha convertido en una herramienta tremendamente útil. El reconocimiento de objetos está un poco rezagado: sigue produciendo emoción el hecho de que una red de ordenadores alimentada con imágenes de YouTube aprendiese espontáneamente a identificar a los gatos. Pero no hay un gran trecho desde esto hasta un sinfín de aplicaciones económicamente importantes.

Por eso puede que las máquinas estén listas dentro de poco para realizar tareas que actualmente requieren una gran cantidad de trabajo humano. Esto se traducirá por un rápido aumento de la productividad y, por tanto, por un crecimiento económico general elevado.

Pero —y esta es la cuestión fundamental— ¿quién se beneficiará de ese crecimiento? Por desgracia, es muy fácil sostener el argumento de que la mayoría de los estadounidenses se quedarán atrás, porque las máquinas inteligentes acabarán devaluando la contribución de los trabajadores, incluidos los trabajadores cualificados cuyas habilidades se volverán superfluas repentinamente. La cuestión es que existen buenas razones para pensar que la opinión generalizada reflejada en las proyecciones presupuestarias a largo plazo —unas proyecciones que determinan todos los aspectos de la actual discusión política— es totalmente errónea.

¿Cuáles son, entonces, las consecuencias de esta visión alternativa para la política? Bueno, es un tema que tendré que abordar en una futura columna.

Paul Krugman, profesor de Princeton, es premio Nobel de Economía de 2008

© New York Times Service 2012

Traducción de News Clip

Written by Eduardo Aquevedo

31 diciembre, 2012 a 13:43

Una respuesta

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  1. En Realidad hay una nueva situacion compleja!

    La guerra de clases se ha rétomado con la lucha libre que nos impone el capital financiero Internacional, que ya se ha robado “la mano invisible del mercado”. Esto genera una situacion de dépendencia mundial que antes solamente afectaba a los paises en vias de desarrollo (PEVD ) donde la Razon de Estado era dependiente de una potencia extranjera.

    Hay una nueva dépéndencia global del capital financiero.tanto en los paises, dichos centrales,como en los paises en vias de desarrollo ( de los cuales mucho se estan desarrollando a toda velocidad ). En Europa, en Francia,la crisis es tan fuerte que las clases medias y las clases populares pierden su pertenecia économica y simbolica. Ya no se puede hablar de “Un Ejercito de Reserva Industrial” la situacion se transforma en marginalidad, violencia,discontinuidad, ruptura de los puntos de réferencia…Esto no puede continuar por que es la naturaleza misma del capitalismo que se pone en cuestion.La Social démocracia no tiene alternativa màs que respetar las réglas de un sistéma en vias de desaparicion.Ya no se reproduce la mercancia ni en simple ni en amplaido ( El Capital l T: 1 2 3 ) se pasa a la reproduccion del dinero en si con una perdida del remanente monetario. El Euro se ha desvaluado de 20% en 3 anos y se mantiene aun en forma artificail y perenne.con prestamos que se van a extingir de la BCE.

    El asunto no es cambiar de moneda es cambiar de sistéma! Es dificil, pesar en una alternativa puesto que las sociedades ideales pueden pasar rapidamente de Platon a Bacon! Sin embargo, la lucha por la libertad avanza. En todo el Mundo la esencia de la libertad es una realidad. Al mismo tiempo la juventud plantea su libertad espontanea ( que en Chile no quieren entender con discerniminto ). Toda clase en desaparicion es una clase en guera contra el sistéma! Este tema puede continuar de manera mas amplia, pero espero vuestras reacciones;

    Feliz ano nuevo a todos;
    Hasta la proxima amigos
    Alexandre Rivas
    Mario Rivas Espejo.

    Mario Rivas Espejo

    31 diciembre, 2012 at 15:58


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