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El renacer nuclear se apaga con Fukushima…

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Los Gobiernos revalúan su postura energética cuando ya habían asumido tesis a favor de lo atómico – Los reactores, seguros pero no invulnerables. ¿Y prescindibles?

FERRAN BALSELLS 16/03/2011

Siempre existió el riesgo nuclear: los reactores deben considerarse razonablemente seguros, ganan en seguridad a cada accidente que obliga a revaluar diseños y protocolos, se construyen y reforman para soportar cualquier contratiempo previsto pero nunca serán invulnerables. Y si el núcleo se calienta de forma descontrolada, la probabilidad de un accidente radiactivo suele ser elevada. Aunque para llegar a este extremo se requiera uno de los terremotos más poderosos que ha sacudido el planeta -el quinto más grave del que tienen constancia los sismólogos- seguido de un tsunami. O una secuencia de averías abonada por la cascada de errores mediante la que ingenieros de Three Mile Island causaron en 1979 una fusión parcial del núcleo en la planta estadounidense. Cúmulos inusuales de accidentes que solo cuajan cada 20 años, según la estadística de un sector que apenas supera el medio siglo de vida. Un riesgo mínimo que países, Gobiernos y ciudadanos parecían considerar asumido. ¿Hasta ahora?

El desastre en los reactores de Fukushima parece crucial para el futuro del sector, que presagiaba momentos dulces para lo atómico: un filón energético que proporciona importantes recursos para cuadrar la política energética de los Gobiernos; lucrativos negocios para las eléctricas y los países que controlan la tecnología nuclear; y teóricos beneficios para los ciudadanos con un estilo de vida sujeto a altos consumos de energía que, sin la obtenida de las nucleares, sería difícilmente sostenible. Ante este panorama lo nuclear deviene como un sector imprescindible que gana posiciones incluso en entornos antaño reticentes a perseverar en esta fuente energética.

El calendario de cierre de los reactores prometido por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero mutó hasta que, el mes pasado, el Gobierno español abrió la puerta a alargar la vida de las nucleares más allá de los 40 años para los que fueron diseñados. La canciller alemana, Angela Merkel, reformó el año pasado una ley para aplazar unos 12 años el cierre de varios reactores. 2011 debía iniciarse con buenos augurios para el lobby nuclear: el 59% de los ciudadanos de la UE opina que las plantas atómicas pueden funcionar de forma segura, según el Eurobarómetro que ayer publicó la Comisión Europea, con datos recogidos en otoño de 2009. La encuesta se efectuó cuando el tsunami todavía no había arramblado con la planta de Fukushima. Más que buenas noticias, el sector anotó el porcentaje como el dato a partir del cual medir las consecuencias de este golpe en la opinión pública.

"La industria nuclear quedará afectada por el accidente porque rompe la sensación de invulnerabilidad", señala el catedrático de Sociología de la Universidad de Santiago de Compostela Benjamín González, que lleva 15 años estudiando la evolución de la opinión pública sobre el riesgo nuclear. Para llegar a esta situación crítica ha hecho falta una catástrofe severa pero cabe considerar otras posibilidades, como hipotéticas amenazas terroristas, advierten los expertos. "Probablemente algunos Gobiernos sigan esta tendencia buscando desarrollar otras fuentes de energía", concluye González.

El impacto de ver explotar sucesivamente un complejo atómico ha provocado que Alemania descarte ya la prórroga de los reactores que el Gobierno de Angela Merkel defendió hasta la semana pasada. "[Fukushima] supone un punto de inflexión para el mundo", justificó este lunes la canciller. La misma corriente arrastra al grueso de Gobiernos del planeta: Suiza suspendió la construcción de tres reactores, la UE realizará pruebas para evaluar la seguridad de los reactores mientras EE UU estudia medidas similares. Las dudas se extienden ya sobre prácticamente la totalidad del parque nuclear mundial. ¿Un complejo atómico en llamas puede amenazar toda una industria que acariciaba el llamado renacer nuclear?

Depende. Ese renacer nuclear se basa en los 65 reactores en construcción que hay en el mundo; unos 50 se alojan en China y otros países en vías de desarrollo pero en el mundo occidental ha habido muchas más palabras que ladrillos. La mayoría de países plantea la prolongación de la vida de las centrales -Estados Unidos ha dado permiso a unas 40 plantas para operar hasta que cumplan 60 años-. Pero los planes para sustituir estas centrales por otras no se han concretado por varios factores, entre ellos el elevado coste de construcción de los reactores y las dudas sobre su viabilidad en el futuro. Construir un reactor nuclear cuesta entre 3.500 y 5.000 millones de euros, según datos de la patronal del sector. Representa cerca del 0,5% del PIB que registró España en 2010 y una cantidad similar a las subvenciones que este país concedió a las fuentes de energía renovables en todo el año. Los ingenieros suelen decir que este coste es asumible, pero algunos científicos cuestionan que las nucleares sean realmente más rentables que otras fuentes energéticas. "A la construcción debe añadirse la factura de los gastos en seguridad y mantenimiento", advierte Antonio Turiel, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), experto en energía. También debería sumarse el coste de gestionar durante varios siglos los residuos radiactivos que generan las plantas, problema para el que muchos países -entre ellos España- aún carecen de solución. El espectro de opiniones es amplio y revela que investigadores e ingenieros tampoco son inmunes a la subjetividad. "Las nucleares siguen siendo más baratas a largo plazo porque ofrecen un rendimiento anual casi ocho veces mayor que las renovables", subraya José María García Casasnovas, ingeniero industrial, miembro del Comité de Energía del Colegio de Ingenieros de Cataluña. "Preferimos no calibrar el coste de cada energía porque hay muchas maneras de contabilizarlo y cada cual puede obtener los resultados que más le plazcan", zanja Turiel. Por ello, sin la catástrofe actual, "el despegue de la industria tampoco estaba garantizado", señala. Aun así el sector atómico debe encajar además la crisis japonesa.

"En cualquier caso no es viable prescindir de la energía nuclear", señala el Foro Nuclear Español. Cierto: el mundo sufre de dependencia atómica. Los países que se abastecen de energía nuclear no pueden prescindir de los reactores precisamente porque han diseñado su aprovisionamiento energético contando con esta fuente. Proporciona el 20% del consumo energético de EE UU, porcentaje similar entre los países industrializados como España, Alemania, Reino Unido y Japón, que se dispara al 46% en el caso de Suecia y hasta el 78% en Francia. Desmantelar los reactores requeriría un replanteamiento global que afectaría el hábito de vida en todo el mundo. "A corto plazo, es inviable un mundo sin nucleares o una España sin energía atómica. No hay alternativa", señala Casasnovas. "Pero sí sería factible una planificación energética a más largo plazo que prescinda de esta fuente energética", asume. El problema sería el coste y el tiempo: "No se podría hacer en menos de 20 años y tampoco se ha planteado ningún estudio porque ahora mismo no existe tecnología para ello", lamenta.

Quedan alternativas a la energía nuclear y al petróleo, aunque la más razonable está descartada, pronostican los expertos. "Sería necesario disminuir el consumo energético mundial un 90%", calcula Turiel. Ello obligaría al mundo a cambiar sustancialmente el actual modo de vida, ocasionaría pérdidas billonarias a eléctricas, compañías del sector y otros tantos Gobiernos con intereses en la industria nuclear y energética como Francia y EE UU. "A la larga, será inevitable, queramos o no", avisa el investigador antes de recordar que las nucleares pueden sufrir problemas para abastecerse de uranio, el combustible que permite la fisión nuclear.

Se trata de otro aspecto en el que apenas hay consenso: los últimos estudios consideran que la carestía de uranio comenzará en 2040; el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) calcula que las reservas conocidas alcanzarán al menos para otros 80 años, mientras que Francisco Tarín, representante de España en la Agencia de Energía Nuclear europea, defiende públicamente que hablar de problemas de suministro nuclear es una posibilidad "falaz". Para ello esgrime el desarrollo de tecnologías para reutilizar uranio que por ahora no han logrado cumplir los requisitos de seguridad que se exigen a un reactor. Y que la demanda de este material incentivará a las empresas a buscarlo en otras zonas, lo que encarecería aún más la energía nuclear. "Hasta el punto de que costaría más extraer uranio que los beneficios de una nuclear. Dudo de que haya reactores para más de dos o tres décadas", advierte Turiel.

Las perspectivas coinciden en que las nucleares ya construidas, -las españolas alcanzarán antes de 2030 los 40 años para los que fueron diseñadas- tienen garantizado el uranio. Pero el asunto compromete la construcción de nuevas centrales. "La solución consiste en invertir en investigación e innovación de nuevas fuentes energéticas", dice Casasnovas. "Esta debería ser la principal preocupación, porque nadie puede garantizar que en 50 años haya recursos para mantener el actual consumo energético actual", avisa.

Lo viejo no termina de morir y lo nuevo, no acaba de nacer. "El desarrollo de otras fuentes está ahogado por la apuesta por el petróleo y la nuclear", señala el ingeniero. Tampoco resulta claro si el futuro estará en las renovables: en España pueden llegar a proporcionar más del 30% de la energía pero, por ahora, no disponen de potencial para alumbrar todo el país. "Lo siento, yo también tengo hijos", avisa Turiel. "Pero el futuro, con o sin nucleares, pinta complicado".

Las lecciones atómicas que Japón no aprendió

La falta de transparencia marcó hace cuatro años otra fuga radiactiva en la mayor central nuclear del mundo

FRANCISCO PEREGIL – Madrid – 16/03/2011

El 16 de julio de 2007 a las 10.13 un terremoto de magnitud 6.8 en la escala Richter dañó la central nuclear japonesa de Kashiwazaki-Kariwa, la mayor del mundo, con siete reactores. El primer día de la catástrofe, la Empresa de Electricidad de Tokio (Tepco), propietaria también de la central de Fukushima, minimizó los daños. Al día siguiente, sin embargo, admitió que quienes diseñaron la planta no previeron que podría afrontar un seísmo de esa magnitud. Y asumió que se habían vertido al mar cientos de litros de agua con 60.000 becquerelios (unidad de medición de la radiactividad). Un día después la empresa reconoció que la cifra ascendía a 1.300 litros con 90.000 becquerelios. Es cierto que aquella fuga fue muy pequeña comparada con la de Fukushima. Pero la información que aportó Tepco dejó mucho que desear. Los documentos del departamento de Estado revelados por Wikileaks informaban de que aunque el material vertido no suponía una amenaza para el medio ambiente el propio Gobierno japonés estaba muy molesto por la forma en que Tepco había gestionado el incidente.

Shinzo Abe, el entonces primer ministro japonés, declaró: "Los informes de Tepco llegaron tarde. Les he recordado duramente que los informes deben hacerse de forma rigurosa y a tiempo. Las plantas nucleares no pueden operar sin la confianza del ciudadano. La rapidez a la hora de informar y la transparencia en la información son necesarias para obtener esa confianza".

La central de Kashiwazaki-Kariwa se cerró temporalmente y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) se comprometió a ayudar en la investigación del accidente. El director del organismo nuclear de la ONU, Mohamed el Baradei, pidió a Tokio que informase con "transparencia total" y remarcó: "Es importante aprender la lección sobre un terremoto".

Sin embargo, la lección de la transparencia sigue pendiente. Japón no ha ofrecido aún información precisa sobre la radiación vertida desde la central de Fukushima, ni de su evolución o extensión prevista, informa Rafael Méndez. Tampoco ha explicado en qué situación se encuentran las piscinas de combustible gastado de las centrales afectadas. Supuestamente los reactores 4, 5 y 6 no tenían ningún problema porque estaban parados cuando el terremoto sacudió el país. Sin embargo, en la madrugada del martes, el Gobierno anunció de pronto durante una rueda de prensa que había un incendio en el reactor número 4, pero tampoco ha aportado detalles de cómo había sido posible.

El seísmo de 2007 sólo mató a 11 personas e hirió a un millar. La central detuvo su actividad durante casi dos años, hasta que en mayo de 2009 comenzó a funcionar uno de los siete reactores y meses después los demás. Pero el incidente dejó en el aire cierto sentido de la vulnerabilidad en las centrales. Dos semanas después del escape, varios expertos del OIEA examinaron durante tres días la planta y concluyeron que el material radiactivo fugado estaba por debajo de los límites autorizados, pero criticaba también a Tepco por retrasar la información sobre la fuga. Los funcionarios de la embajada hablaron con los responsables de la compañía eléctrica y estos se mostraron "encantados" de que la central hubiera superado un terremoto superior al que estaba diseñada para resistir.

El cierre de la central provocó que los 12 principales fabricantes de coches rebajasen su producción en unas 120.000 unidades, cifra tres veces superior a los daños ocasionados por el terremoto de Kobe en 1995. No obstante, las tres principales marcas, Toyota, Honda y Nissan, aseguraron que el cierre de la central no afectaría a sus exportaciones. Los diplomáticos estadounidenses advirtieron hace cuatro años: "Aunque la industria parece haber esquivado la bala esta vez, el terremoto ha revelado la inesperada vulnerabilidad de la cadena de suministro industrial".

Desde entonces, al Gobierno japonés le resultó más difícil encontrar pueblos dispuestos a albergar nuevas centrales. Como se informa en un cable de 2009, los sentimientos de "no en mi patio" se extendieron, y sólo los municipios que ya acogían otras plantas atómicas aceptaban la llegada de más reactores.

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Written by Eduardo Aquevedo

15 marzo, 2011 a 22:42

Publicado en CRISIS, TECNOLOGIA, TERREMOTO

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