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Holanda 2-1 Brasil: triunfo del mejor fútbol (el modelo de Bielsa)…

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El ‘dunguismo’ acaba con Brasil

Destruido el mecano defensivo, la incapacidad de su seleccionador despeña a la ‘canarinha’ ante una Holanda que no cautiva, pero sabe aprovechar los errores del adversario

JOSÉ SÁMANO – Puerto Elizabeth – 02/07/2010/El País.com

El héroe holandés

Hace 16 años, en el fútbol brasileño se incubó un virus. La canarinha llevaba sin ganar el Mundial desde México 1970 y Carlos Alberto Parreira, el seleccionador de entonces, decidió la mutación. Brasil se europeizó y salió triunfador en 1994, con Carlos Dunga, un futbolista recio, bronco y sin luces en los pies, como máximo exponente del trueque. La cepa se extendió y, con Dunga ya como técnico, Brasil se sintió inmune al fracaso. Hacia el trono por la vía industrial, sin concesiones al arte que había divinizado a Leónidas, Pelé, Garrincha, Jairzinho, Rivelinho… Incluso a Zico, Falção y Cerezo, que nunca fueron campeones del mundo, pero están grapados en la retina de todos los nostálgicos.

Ahora, este Brasil de brocha larga también fue repatriado antes de tiempo, como el equipo de 1982. A diferencia de aquel, de este apenas habrá eco. Si acaso se hablará del dunguismo, salvo que en Brasil se encuentre antídoto. Tampoco Holanda, su verdugo, cautiva como antes, pero el fútbol siempre ha estado en deuda con los naranjas. En Puerto Elizabeth se cobró parte de ella y ni siquiera necesitó una de sus grandes generaciones. En esta Holanda no hay cordón umbilical con los viveros del Ajax de Michels y Cruyff, ni con el de Van Gaal y Kluivert y aún menos con el del Milan de Van Basten y Gullit. A esta Holanda algo desteñida le bastaron dos jugadas algo azarosas para desterrar al pentacampeón, lo que retrata más a los de Dunga, que, con todo a favor, se contuvieron a la espera de cualquier ocurrencia propia. O, mejor, a la espera de que el rival no tuviera ninguna. Si el fútbol se deja en manos de los bingueros, todo es posible.

Resultó caricaturesco que Brasil se despeñara por dos graves errores defensivos, supuestamente el cum laude de Dunga. En el primero, tras un centro de Sneijder desde un costado, Julio César y Melo se estamparon y la coronilla de este pasará a la historia. En 97 partidos en los Mundiales nunca un brasileño se había autogoleado. Es lo que tiene tanta montonera en la defensa propia. El segundo también fue significativo. Robben lanzó un córner y hubo dos peinadas. La de Kuyt y la decisiva del más bajito sobre el césped, Sneijder, anclado en el área pequeña de Julio César. Es lo que tiene defenderse en un bosque con tanto defensa propio. Para colmo, Melo, uno de esos dunguistas que su técnico alinea con fórceps, se procuró otro titular en el anecdotario de la Copa. Desde ayer es el primer jugador en 80 años de torneo que se marca un gol y es expulsado.

Antes de que Holanda remara, Brasil tuvo el partido a su antojo. Un gol de Robinho, propiciado no solo por un buen pase del ubicuo Melo, sino también por la falta de aplicación de los centrales holandeses, le abrió las puertas de las semifinales. Prueba del disloque defensivo de la selección de Van Marwijk ?Ooijer se alistó a última hora por lesión de Mathijsen en el calentamiento? es que al cierre de Robinho por el callejón central llegó Robben. Holanda estaba gripada, con la peor versión de Van Persie, con Robben ofuscado con Robben y Sneijder fuera de plano. Pero a Brasil le gusta jugar con el candado, siempre con cinco escoltas ante Julio César. Como mínimo, si Maicon esprinta, con tres de los cuatro defensas y los matracas (Melo y Silva). En los mejores momentos de los brasileños, Kaká, primero, y Maicon, luego, estuvieron a punto del gol. Brasil no es corista. No hay acordeón: los de arriba se buscan la vida entre ellos para que no se destape Julio César.

Nada cambió en Holanda en el segundo acto, igual de poco fluida, salvo dos goles circunstanciales. Robben, a base de faltas que lo eran y otras que no, sacó de quicio a más de un brasileño. Dunga, doctorado en los juegos subterráneos, retiró a Bastos, marcador del extremo del Bayern y que ya tenía una tarjeta, pero sostuvo a su titán Melo, tan proclive a los cortocircuitos. A un gol del empate y con más de 20 minutos por delante, el jugador del Juventus pisoteó a Robben en el suelo. Lo vio Nishimura, el árbitro, y ante Brasil apareció un himalaya. Con la diana de Sneijder, Dunga bien podría haber retirado a uno de los dos medios defensivos. No lo hizo. Todo riesgo le paraliza. Expulsado Melo, pudo haber retirado a un defensa y acabar a pecho descubierto. No lo hizo. Al contrario, retiró a un goleador, Luis Fabiano. Derribado el mecano defensivo, no había otro manual y a Dunga siempre le costó improvisar en el campo y fuera de él. Con Brasil al borde del precipicio, tampoco agotó el tercer cambio. Ni siquiera ordenó a Lucio o Juan, sus poderosos centrales, que hicieran de arietes postizos. Brasil estaba paralizada por el dunguismo.

Huntelaar, torpe, muy torpe, incapaz de resolver dos jugadas de ariete parvulario, alargó la angustia de Holanda. Al final, más serpentinas para Sneijder y Robben, finalistas de la Liga de Campeones, a una estación de la última cita del Mundial. Y Kaká, de nuevo frustrado. Como Cristiano Ronaldo. El fútbol no es bursátil. Prevalecen otros valores. Algunos encuentran atajos de vuelta en el exilio. Otros, como Dunga, se empeñan en capar la escuela más artística que haya existido.

HOLANDA: Superman Sneijder

El medio de Holanda elimina a Brasil, descompensada por la infantil expulsión de Melo y un fallo clamoroso de Julio César

JORDI QUIXANO 02/07/2010/ El País.com

imageSneijder vale un imperio. Holanda, país exquisito en el mundo del fútbol porque siempre destacó por su juego atildado pero por su poca eficacia, se ha ganado el respeto en Sudáfrica. La selección ‘oranje’ doblegó a la ciclotímica Brasil con el toque, con la precisión en las mezclas y con un descaro que desacreditó a quienes le presuponían un tono competitivo irrelevante. Sneijder solventó los apuros con dos goles e iluminó a Holanda al tiempo que descabalgó a Brasil, selección que contempla como fracaso todo lo que no es laurearse en el torneo.

Arrebatadora, con combinaciones en las posiciones concluyentes, incluso con adornos de tacón, bicicletas y caños, Brasil se presentó al encuentro como un equipo sin fisuras. Aseado en defensa; demoledor en ataque. Holanda pareció por momentos un rival de papel mojado, empequeñecido por la voracidad y la circulación del cuero del adversario. Robinho era ese futbolista desequilibrante del Santos que enamoró al mundo; Kaká atendía con igual eficacia al juego por los pasillos interiores como las cabalgas de Maicon por la derecha; y Luis Fabiano afilaba el gol con unos desmarques estupendos, con unos arrastres que generaban espacios tan generosos como definitivos. Así, Felipe Melo recibió en su campo, avanzó unos metros y vio las diagonales del frente de ataque. Luis Fabiano a la banda para descuajaringar a los centrales y Robinho al centro para recibir el balón. De primeras, hábil para pillar en tierra de nadie al portero, engatilló el menudo brasileño para adelantar a Brasil. Parecía que había vuelto el ‘jogo bonito’. Fue una ilusión de 45 minutos, lo que tardó Sneijder en reactivarse.

Juega Holanda sin un delantero centro porque el técnico Van Marwijk entiende que su selección hace daño con las llegadas desde la segunda línea. No le importa carecer de un ariete que no fije a los centrales porque prefiere las embestidas de Robben, Kuyt, Van Persie y Sneijder. Y funciona de rechupete porque la ‘oranje’ ha descontado a todos los rivales (Dinamarca, Japón, Camerún, Eslovaquia y Brasil) con victorias. Ayer, una vez más, Sneijder, que este año ha ganado la Champions, la Serie A y la Coppa, presentó su candidatura para discutirle el Balón de Oro a Messi. Así, recortó en el vértice del área, cargo la pierna izquierda y soltó un centro envenenado que se enfilaba a la portería. Julio César, quizá el mejor portero del mundo, salió a por uvas porque midió mal el salto y chocó con Melo, que acarició con la cresta la pelota para meterla dentro de su portería. No sería la única pifia de Melo.

El centrocampista, máxima expresión de Dunga, calco del entrenador en sus tiempos mozos, es un futbolista que da más patadas que pases, que se dedica a destruir el juego antes que ejercer de arquitecto. Y pierde la cabeza con frecuencia. Se midió con Robben, perdió la partida tras endosarle dos patadas y, no contento, le clavó los tacos cuando la pelota ya no estaba en juego. Expulsión más que merecida y condenación para Brasil. Sobre todo porque Sneijder la había liado de nuevo. Robben lanzó un saque de esquina, Kuyt la peinó en el primer palo y Sneijder remató a gol de cabeza. Dos goles, una sentencia.

Sin más respuesta, Brasil se perdió en el campo dando tumbos, entradas a destiempo y provocando rifirrafes que solo le perjudicaban. La réplica la dio Holanda, que siguió con su juego de toque, con el ataque por bandera, como si dijera al mundo que es una selección de fútbol plástico, que todas las críticas a su resultadismo se desvanecían en los momentos claves y ante la selección favorita. Sneijder, mientras tanto, sonreía por el campo. Se creía Superman. Con razón.

"El fútbol que soñamos no existe"

Tostão se une a Cruyff en la crítica a la falta de fantasía del juego de Brasil

CAYETANO ROS – Puerto Elisabeth – 02/07/2010

image Los brasileños se debaten entre su amor por el espectáculo y su devoción por la victoria, como si una cosa estuviera reñida con la otra. Así lo creen después de la experiencia fallida de Alemania 2006, cuando Carlos Parreira juntó a Ronaldo, Adriano, Ronaldinho y Kaká, y Brasil cayó ante Francia en cuartos de final, víctima, según la torcida, de los excesos juerguistas de los tres primeros. Se impuso la ley del péndulo y el siguiente seleccionador, Carlos Dunga, fue el más austero de todos, tanto en las costumbres como en los planteamientos y en la elección de jugadores. Hasta el punto de que hoy se mide a Holanda y Johan Cruyff le envió una crítica muy ácida. "No pagaría una entrada por ver a Brasil", dijo en el Daily Mirror. "Muchos brasileños compartimos la teoría de Cruyff", abundó Tostão, uno de los cinco media puntas del mítico Brasil de México 70, junto a Pelé, Jairzinho, Gerson y Rivelino. "El fútbol de fantasía que soñamos no existe", sentenció.

Pero Dunga ni se inmutó cuando le pidieron que defendiera su ideario ante el ataque de Cruyff. "Él no paga porque le da las entradas la FIFA. Yo sí pagaría por ver cualquier partido del Mundial. Todas las opiniones son respetables", comentó. Y la de Cruyff remite a aquellos medios brasileños que le provocaron emociones fuertes. "Gerson, Tostão, Sócrates, Falcao, Zico… Ahora veo a Gilberto, Melo, Bastos y Baptista", dijo con menosprecio. "Puedo entender que se lleve a algunos de estos, pero hace falta un organizador y chicos más habilidosos. Es una vergüenza para el torneo. Los aficionados siempre esperan al jugador brasileño y su fantasía, pero ahora no existe".

¿No existe o Dunga no quiere verla? En casa se han quedado Ganso, Ronaldinho, Diego, Hernanes, Neymar y Pato, adorados por la torcida, resignada ante la criba del preparador. Tostão ofrece un repaso sobre cada uno de ellos: "Ronaldinho es tan brillante que, al 40%, es mejor que todos los demás. Merecería estar aun sin ser titular. Ganso es muy joven: solo lleva jugando bien hace unos meses; lo mismo que Neymar; Hernanes tiene altos y bajos y a Dunga solo le gustan jugadores regulares los 90 minutos, un pensamiento mediocre; y Pato no está bien".

Al seleccionador de Rio Grande do Sul, de 46 años, le avalan los éxitos en la Copa de América (2007) y la Copa Confederaciones (2009), además de la clasificación para Sudáfrica y un Mundial hasta ahora sencillo, con tres triunfos y un empate, ocho goles a favor y dos en contra. Sus números confirman la tesis de Cruyff y Tostão: la canarinha no brilla en ataque como solía. Ha quedado rezagada, a rueda de España, por ejemplo en la posesión del balón o en los remates a portería. Y entre los cinco pistoleros del torneo, Messi, Gyan (ambos con 23 tiros), Villa (19), Podolski (16) y Sneijder (15), no figura ningún brasileño. Robinho, con 10, está lejos. Eso sí, Kaká es el líder de las asistencias de gol, empatado con Thomas Müller, con tres cada uno.

"El fútbol cambió hace mucho", reflexiona Tostão. "Los brasileños juegan fuera y asimilaron otra forma de jugar. Ya no son diferentes. Cruyff tampoco debería pagar por ver a otras muchas selecciones. Por la única que pagaría yo es por España, que es el Brasil de otras épocas. Una final España-Brasil sería muy interesante: un choque de estilos".

A Dunga, ex jugador de poco talento y mucha brega, le gusta el doble pivote defensivo, Gilberto y Melo. La mejor canarinha, sin embargo, se vio en el 3-0 a Chile, en octavos de final, cuando, obligado por la lesión de Melo, Dunga aligeró la medular con un solo medio centro, dos interiores, un enganche, y dos puntas. Sancionado Ramires y recuperado Melo, Dunga volverá hoy al doble pivote con el que se estrelló ante Portugal (0-0). Cruyff y Tostão no piensan pagar para verlo.

Written by Eduardo Aquevedo

2 julio, 2010 a 12:52

2 comentarios

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  1. El seleccionado holandes mostro un futbol sucio ya uqe jugaron a buscar que brasil jugaran como ellos,pero ademas una critica para el arbitro es el no pitar todas las faltas cometidas.porque la seleccion de brasil es y sera mejor que holanda ya que lo dem ostro en su primer tiempo mostrando un futbol digno de imitar.

    william jair pinzon diaz

    2 julio, 2010 at 14:59

  2. Brasil fue superior a Holanda en general , pero los errores de Brasil no fueron culpa de Holanda,Brasil si hubiera llegado ala final fácilmente hubiera derrotado a España.

    Antony

    28 julio, 2010 at 21:03


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