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Paul Krugman: ¿tan difícil es entender que las políticas de austeridad agravan la crisis… ?

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Ahora y luego

Ver también: El fantasma del déficit fiscal rinde al G-20, Alejandro Nadal 

PAUL KRUGMAN 27/06/2010

KRUGMAN33 Gasten ahora que la economía sigue deprimida; ahorren luego, una vez que se haya recuperado. ¿Tan difícil resulta comprender esto?

Muy difícil, a juzgar por el actual estado del debate político. En todo el mundo, los políticos parecen decididos a hacer lo contrario. Están ansiosos por privarle de dinero a la economía cuando necesita ayuda, al tiempo que se resisten a abordar los problemas presupuestarios a largo plazo.

Pero a lo mejor una explicación clara de estos temas puede cambiar la forma de pensar de algunos. Así que hablemos de los déficits presupuestarios a largo y corto plazo. Me centraré en la situación de EE UU, pero otros países pueden aplicarse el cuento.

En estos momentos, como posiblemente habrán notado, el Gobierno de EE UU tiene un gran déficit presupuestario. Sin embargo, gran parte de este déficit es consecuencia de la actual crisis económica, que ha mermado los ingresos y ha requerido gastos extraordinarios para rescatar el sistema financiero. A medida que la crisis amaine, las cosas mejorarán. La Oficina Presupuestaria del Congreso, en su análisis de las propuestas presupuestarias del presidente Obama, prevé que esa recuperación económica hará que el déficit presupuestario anual pase de aproximadamente el 10% del PIB de este año a alrededor del 4% del PIB en 2014.

Por desgracia, eso no es suficiente. Incluso si los préstamos anuales del Gobierno se estabilizasen en el 4% del PIB, su deuda total seguiría creciendo más deprisa que sus ingresos. Es más, la Oficina Presupuestaria prevé que, tras tocar fondo en 2014, el déficit volverá a subir otra vez, en gran parte debido al aumento de los costes de la asistencia sanitaria.

De modo que EE UU tiene un problema presupuestario a largo plazo. Para hacer frente a este problema será necesario, ante todo, un esfuerzo real para mantener los costes sanitarios bajo control; sin eso, nada va a funcionar. También hará falta encontrar ingresos o recortes del gasto adicionales. Desde un punto de vista económico, esto no debería resultar difícil; en concreto, un pequeño impuesto sobre el valor añadido, del 5% por ejemplo, contribuiría en gran medida a tapar ese agujero, y los impuestos estadounidenses en conjunto seguirían estando entre los más bajos del mundo desarrollado.

Pero si al final tenemos que subir los impuestos y recortar el gasto, ¿no deberíamos empezar ya? No, no debemos.

Ahora mismo tenemos una economía enormemente deprimida, y esa economía deprimida está infligiendo daños a largo plazo. Cada año que transcurre con una tasa de paso extremadamente alta, aumenta la probabilidad de que muchos parados de larga duración nunca se reincorporen a la fuerza laboral y se conviertan permanentemente en ciudadanos de segunda categoría. Cada año que hay cinco veces más gente buscando trabajo que ofertas de empleo, a cientos de miles de estadounidenses que terminan sus estudios se les niega la posibilidad de iniciar sus vidas laborales. Y cada mes que pasa nos vamos acercando a una trampa deflacionista similar a la japonesa.

En momentos así, la tacañería no solo resulta cruel, sino que pone en peligro el futuro del país. Y ni siquiera es demasiado útil para reducir la carga de nuestra deuda futura, porque racanear con el gasto ahora amenaza la recuperación económica y, con ella, la esperanza de que aumenten los ingresos.

De modo que este no es buen momento para la austeridad fiscal. ¿Cómo sabremos cuándo ha llegado ese momento? La respuesta es que el déficit presupuestario debería convertirse en una prioridad siempre y cuando la Reserva Federal haya recuperado cierta capacidad de tirar de la economía, de manera que pueda compensar los efectos negativos de las subidas de impuestos y los recortes del gasto reduciendo los tipos de interés.

Actualmente, la Reserva no puede hacerlo porque los tipos de interés que puede controlar están cerca de cero y no pueden bajar más. Sin embargo, en última instancia, a medida que descienda el paro -probablemente cuando esté por debajo del 7% o menos-, la Reserva querrá subir los tipos para evitar una posible inflación. Y llegados a este punto podremos hacer un trato: el Gobierno empieza a recortar gastos y la Reserva Federal frena las subidas de los tipos, de modo que esos recortes no vuelvan a empujar a la economía a una crisis.

Pero el momento de hacer ese trato está todavía muy lejos (probablemente, dentro de dos años o más). Por tanto, lo responsable es gastar ahora y pensar en ahorrar más tarde.

Como he dicho, muchos políticos parecen decididos a hacer lo contrario. Muchos miembros del Congreso, en concreto, se oponen a ayudar a los parados de larga duración, por no hablar del Estado y los Gobiernos locales en apuros, basándose en que no podemos permitírnoslo. Al actuar así, están debilitando el gasto en un momento en que realmente lo necesitamos y poniendo en peligro la recuperación. Pero los esfuerzos por controlar los costes sanitarios fueron recibidos con gritos de "listas de la muerte".

Y algunos de los protestones por el déficit que más ruido hacen en el Congreso están haciendo todo lo que pueden por reducir los impuestos que paga el puñado de afortunados estadounidenses que van a heredar patrimonios multimillonarios. Esto no le servirá de nada a la economía ahora, pero reducirá los ingresos en miles de millones de dólares anualmente de manera permanente.

Pero algunos políticos deben ser sinceros en cuanto a lo de ser fiscalmente responsables. Y a ellos les digo: por favor, elijan bien el momento. Sí, tenemos que resolver nuestros problemas presupuestarios a largo plazo, pero no negándonos a ayudar a nuestra economía en un momento de necesidad.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel de Economía 2008. © 2010 New York Times News Service. Traducción de News Clips.

El fantasma del déficit fiscal rinde al G-20

Alejandro Nadal

El G-20 de Toronto pasará a la historia. No por la represión contra los manifestantes, eso ya es costumbre y nada nuevo. Será recordado por el compromiso de sus integrantes para convertir la crisis en una réplica de la gran depresión. El comunicado final del G-20 explícitamente le pone cifras a este pacto retrógrado: reducir en 50 por ciento los déficit fiscales para 2013. Una medida que en la fase actual de la crisis, con una demanda deprimida y altas tasas de desempleo, equivale a un suicidio colectivo.

Es la respuesta a la histeria del déficit fiscal que en Europa y en Estados Unidos comienza a desdibujar una muy frágil recuperación. Parlamentos y congresos de legisladores parecen conejos asustados en un corral que dice a la entrada equilibrio fiscal.

En Europa la austeridad fiscal domina, porque se le ve como la herramienta para rescatar no sólo al euro, sino a un proyecto macroeconómico fundado en la estupidez neoliberal. Ese salvamento pasa ahora por la destrucción de lo último que queda del pacto social del Estado de bienestar. Poco importa que con los desajustes en la UE y los altos niveles de desempleo, los recortes fiscales profundicen esta dolorosa recesión y hundan a Europa por muchos años.

En el Congreso de Estados Unidos hay dos corrientes. Los ingenuos piensan que el estímulo fiscal ya cumplió su misión y que es tiempo de devolverle la estafeta al sector privado para mantener el crecimiento. La corriente perversa sostiene que el paquete fracasó, que ya se agotaron sus efectos y que no hay que repetir esa receta. Con estas visiones es claro que la administración Obama no conseguirá otro paquete de estímulo, y la economía estadunidense regresará a la recesión en 2011, si no es que antes.

Un análisis más cuidadoso sobre los efectos del paquete de estímulo fiscal en Estados Unidos confirma esta conclusión. En febrero de 2009 el Congreso estadunidense aprobó el paquete de estímulo fiscal promovido por Obama, que incluyó reducciones fiscales por 288 mil millones de dólares (mmdd), un gasto en programas de educación, salud y beneficios por desempleo por otros 224 mmdd y préstamos y concesiones federales por 275 mmdd. Con sus 787 mmdd es el ejemplo más importante de política contracíclica en la historia fiscal de aquel país.

Cuando se aprobó el estímulo el PIB estadunidense se desplomaba en caída libre: el primer trimestre de 2009 cayó 6.4 por ciento. No hay duda que el paquete ayudó a revertir esa tendencia y para el tercer trimestre de 2009 se tenía un crecimiento positivo. Desgraciadamente el efecto sobre el empleo no fue tan importante y la tasa de desocupación se mantiene en alrededor de 10 por ciento.

Los efectos de este estímulo no han sido lo que quería la Casa Blanca, en parte por la naturaleza misma de la crisis y su entorno deflacionario. Los consumidores han usado la ayuda para descargar deudas, y en el contexto de gran capacidad ociosa existente las empresas no han invertido. Ahora que se está agotando el efecto del estímulo (para fines de este verano ya se habrá ejercido casi todo el paquete fiscal), el horizonte se oscurece. Si no hay otro impulso, la economía de Estados Unidos se hundirá en el estancamiento durante años.

Se insiste en reducir el déficit fiscal vía la eliminación del paquete de ayuda, por la creencia de que dicho déficit genera aumentos en la tasa de interés. Esa es la razón que esgrime Robert Samuelson (el no-economista del Washington Post). Pero ¿nadie le ha dicho que en Estados Unidos la tasa de interés ya es cero y que precisamente por eso la política monetaria no tiene tracción para impulsar a la economía?

Las otras razones caen por su propio peso. Se habla de que Estados Unidos ya llegó al tope en su capacidad de endeudamiento (la relación deuda pública PIB ya llegó al 90 por ciento). Pero la crisis no deja mucho espacio de maniobra y, por otro lado, los niveles de endeudamiento de una economía capitalista son un tema controvertido (en Japón la deuda pública es de 200 por ciento del PIB y no hay síntomas de inflación). Si como decía Keynes, el dinero es un vínculo entre el presente y el futuro, este endeudamiento es un préstamo que se hace la sociedad a sí misma.

En plena crisis, con desempleo galopante, lo increíble es que en Estados Unidos y Europa la batalla de la austeridad fiscal la están ganando los neoliberales. Por eso en Toronto todos en el G-20 olvidaron que la mejor manera de cerrar un déficit fiscal y enfrentar el endeudamiento es con altas tasas de crecimiento estable. Y eso es precisamente lo que no se va a lograr con la famosa austeridad.

El G-20 también será recordado por la sumisión de Obama a las ínfulas de una Alemania que ha podido imponer sus prioridades en Europa. La visión de austeridad fiscal de la señora Merkel era algo que Obama no tenía por qué comprar si hubiera tenido un poco más de claridad en sus convicciones. Pero bueno, ya estaba visto que en la Casa Blanca no hay convicciones que duren más allá de la hora del almuerzo.

http://nadal.com.mx

Una respuesta

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  1. Mas se de astrofisica que de macreconomia,y nada se de astrofisica. No obstante,el Dr.Krugman,ha usado un lenguaje llano y sencillo,que he podido captar lo esencial de este fenomeno financiero crucial que amenaza al orbe. Que sucede con llos asesores de la Casa blanca y el Congreso de los EE.UU?

    Luis Alberto Chandeck . A .

    31 octubre, 2010 at 0:45


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