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Lo que no se dice de la crisis internacional…

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Vicenç Navarro

CRISISSS1 La crisis que están viviendo algunos países mediterráneos –Grecia, Portugal y España– e Irlanda se está atribuyendo a su excesivo gasto público, que se supone ha creado un elevado déficit y una exuberante deuda pública, escollos que dificultan seriamente su recuperación económica. De ahí las recetas que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo (BCE) y el Consejo Europeo han estado imponiendo a aquellos países: hay que apretarse el cinturón y reducir el déficit y la deuda pública de una manera radical.

Es sorprendente que esta explicación haya alcanzado la dimensión de dogma, que se reproduce a base de fe (el omnipresente dogma liberal) y no a partir de una evidencia empírica. En realidad, ésta muestra lo profundamente errónea que es tal explicación de la crisis. Veamos los datos.

Todos estos países tienen los gastos públicos (incluyendo el gasto público social) más bajos de la UE-15, el grupo de países más ricos de la Unión Europea, al cual pertenecen. Mírese como se mire (bien gasto público como porcentaje del PIB; bien como gasto público per cápita; bien como porcentaje de la población adulta trabajando en el sector público), todos estos países están a la cola de la UE-15. Su sector público está subdesarrollado. Sus estados del bienestar, por ejemplo, están entre los menos desarrollados en la UE-15.

Una causa de esta pobreza del sector público es que, desde la Segunda Guerra Mundial, estos países han estado gobernados la mayoría del periodo por partidos profundamente conservadores, en Estados con escasa sensibilidad social. Todos ellos tienen unos sistemas de recaudación de impuestos escasamente progresivos, con carga fiscal menor que el promedio de la UE-15 y con un enorme fraude fiscal (que oscila entre un 20 y un 25% de su PIB). Son Estados que, además de tener escasa sensibilidad social, tienen escaso efecto redistributivo, por lo que son los que tienen mayores desigualdades de renta en la UE-15, desigualdades que se han acentuado a partir de políticas liberales llevadas a cabo por sus gobiernos. Como consecuencia, la capacidad adquisitiva de las clases populares se ha reducido notablemente, creando una economía basada en el crédito que, al colapsarse, ha provocado un enorme problema de escasez de demanda, causa de la recesión económica.

Es este tipo de Estado el que explica que, a pesar de que su deuda pública no sea descomunal (como erróneamente se presenta el caso de Grecia en los medios, cuya deuda es semejante al promedio de los países de la OCDE), surjan dudas de que tales Estados puedan llegar a pagar su deuda, consecuencia de su limitada capacidad recaudatoria. Su déficit se debe, no al aumento excesivo del gasto público, sino a la disminución de los ingresos al Estado, resultado de la disminución de la actividad económica y su probada ineficacia en conseguir un aumento de los ingresos al Estado, debido a la resistencia de los poderes económicos y financieros.

Por otra parte, la falta de crédito se debe al excesivo poder del capital financiero y su influencia en la Unión Europea y sus Estados miembros. Fue la banca la que, con sus comportamientos especulativos, fue creando burbujas que, al estallar, han generado los enormes problemas de falta de crédito. Y ahora están creando una nueva burbuja: la de la deuda pública. Su excesiva influencia sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (este último mero instrumento de la banca) explica las enormes ayudas a los banqueros y accionistas, que están generando enormes beneficios. Consiguen abundante dinero del BCE a bajísimos intereses (1%), con el que compran bonos públicos que les dan una rentabilidad de hasta un 7% y un 10%, ayudados por sus agencias de calificación (que tienen nula credibilidad, al haber definido a varios bancos como entidades con elevada salud financiera días antes de que colapsaran), que valoran negativamente los bonos públicos para conseguir mayores intereses. Añádase a ello los hedge funds, fondos de alto riesgo, que están especulando para que colapse el euro y que tienen su base en Europa, en el centro financiero de Londres, la City, llamada el “Wall Street Guantánamo”, porque su falta de supervisión pública es incluso menor (que ya es mucho decir) que la que se da en el centro financiero de EEUU.

Como bien ha dicho Joseph Stiglitz, con todos los fondos gastados para ayudar a los banqueros y accionistas se podrían haber creado bancos públicos que ya habrían resuelto los problemas de crédito que estamos experimentando (ver mi artículo “¿Por qué no banca pública?”, en www.vnavarro.org).

En realidad, es necesario y urgente que se reduzca el sobredimensionado sector financiero en el mundo, pues su excesivo desarrollo está dañando la economía real. Mientras la banca está pidiendo a las clases populares que se “aprieten el cinturón”, tales instituciones ni siquiera tienen cinturón. Dos años después de haber causado la crisis, todavía permanecen con la misma falta de control y regulación que causó la Gran Recesión.

El mayor problema hoy en la UE no es el elevado déficit o deuda (como dice la banca), sino el escaso crecimiento económico y el aumento del desempleo. Ello exige políticas de estímulo económico y crecimiento de empleo en toda la UE (y muy especialmente en los países citados en este artículo). No ha habido una crisis de las proporciones actuales en el siglo XX sin que haya habido un crecimiento notable del gasto público y de la deuda pública, que se ha ido amortizando a lo largo de los años a base de crecimiento económico. EEUU pagó su deuda, que le permitió salir de la Gran Depresión, en 30 años de crecimiento. El mayor obstáculo para que ello ocurra en la UE es el dominio del pensamiento liberal en el establishment político y mediático europeo, imponiendo políticas que serán ineficientes, además de innecesarias. Y todo para asegurar los beneficios de la banca. Así de claro.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/2013/lo-que-no-se-dice-de-la-crisis/

LA CRISIS ECONOMICA GLOBAL, LA GRAN DEPRESION DEL SIGLO XXI

Prefacio del libro

Michel Chossudovsky y Andrew Gavin Marsh

Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Lo que sigue es el prefacio del libro The Global Economic Crisis. The Great Depression of the XXI Century, de Michel Chossudovsky y Andrew Gavin Marshall , Montreal, Global Research, 2010, que se publicará a finales de mayo [1].

Cada uno de los autores de esta oportuna obra colectiva investiga bajo la dorada superficie para revelar una compleja red de engaño y distorsión mediática que sirve para ocultar el funcionamiento del sistema económico global y su impacto devastador en las vidas de las personas.

Con las contribuciones de Ellen Brown, Tom Burghardt, Michel Chossudovsky, Richard C. Cook, Shamus Cooke, John Bellamy Foster, Michael Hudson, Tanya Cariina Hsu, Fred Magdoff, Andrew Gavin Marshall, James Petras, Peter Phillips, Peter Dale Scott, Bill Van Auken, Claudia von Werlhof y Mike Whitney se examina detenidamente tanto las complejas causas como las devastadoras consecuencias de la crisis económica.

A pesar de la diversidad de puntos de vista y perspectivas presentados en este volumen, en última instancia todas las personas que han contribuido a él llegan a la misma conclusión: la humanidad se encuentra en la encrucijada de crisis económica y social más grave de la historia moderna.

Prefacio de La crisis económica global. La Gran Depresión del siglo XXI

En todas las principales regiones del mundo la recesión económica está profundamente arraigada lo que provoca un paro generalizado, el colapso de los programas de bienestar social y el empobrecimiento de millones de personas. La crisis económica va acompañada de un proceso de militarización a escala mundial, una “guerra sin fronteras” dirigida por Estados Unidos de América y sus aliados de la OTAN. El comportamiento de la “larga guerra” del Pentágono está íntimamente relacionado con la reestructuración de la economía global.

No nos encontramos ante una crisis o recesión económica definida en sentido limitado. La arquitectura financiera global sustenta unos objetivos estratégicos y de seguridad nacional. La agenda militar de Estados Unidos y la OTAN sirve a su vez para refrendar a una poderosa elite de los negocios que mina y eclipsa implacablemente las funciones del gobierno civil.

Este libro lleva al lector por los pasillos de la Reserva Federal y del Consejo de Relaciones Exteriores, detrás de las puertas cerradas del Banco de Pagos Internacionales, dentro de las lujosas salas de juntas de las corporaciones de Wall Street donde con un clic del ratón del ordenador se llevan a cabo rutinariamente transacciones financieras de amplio alcance desde las terminales de ordenadores conectados con los principales mercados de valores.

Cada uno de los autores de esta oportuna obra colectiva investiga bajo la dorada superficie para revelar una compleja red de engaño y distorsión mediática que sirve para ocultar el funcionamiento del sistema económico global y su impacto devastador en las vidas de las personas. Nuestro análisis se centra en el papel de poderosos actores económicos y políticos en un entorno labrado por la corrupción, la manipulación financiera y el fraude.

A pesar de la diversidad de puntos de vista y perspectivas presentados en este volumen, en última instancia todas las personas que han contribuido a él llegan a la misma conclusión: la humanidad está en la encrucijada de crisis económica y social más grave de la historia moderna.

El colapso de los mercados financieros en 2008-2009 fue el resultado del fraude institucionalizado y de la manipulación financiera. Los “rescates de bancos” se implementaron según las instrucciones de Wall Street, lo que llevó a la mayor transferencia de riqueza en dinero de la historia documentada mientras que simultáneamente se creaba un insuperable déficit público.

Con el deterioro a escala mundial del nivel de vida y la caída en picado del gasto de los consumidores, toda la estructura del comercio internacional de artículos está potencialmente en peligro. El sistema de pagos y de transacciones de dinero está en una situación caótica. Tras el colapso del empleo, se ha trastocado el pago de salarios, lo que a su vez desencadena una caída de los gastos en artículos de consumo y servicios necesarios. Este dramático descenso del poder adquisitivo repercute negativamente en el sistema productivo y provoca un sarta de despidos, cierres de fábricas y bancarrotas. Exacerbado por la congelación del crédito, el descenso de la demanda de los consumidores contribuye a la desmovilización de recursos humanos y materiales.

Este proceso de decadencia económica es acumulativo. Se ven afectadas todas las categorías de la fuerza de trabajo. Ya no se implementan los pagos de salarios, se trastoca el crédito y las inversiones de capital están paralizadas. Mientras tanto, en los países occidentales la “red de seguridad social” heredada del Estado de bienestar que protege a los parados durante un periodo de empeoramiento económico también está en peligro.

El mito de la recuperación económica

Aunque a menudo se reconoce la existencia de una “Gran Depresión” a escala de la de la década de 1930, está eclipsada por un férreo consenso: “La economía está en vías de recuperación”.

Al tiempo que se habla de una recuperación económica, los comentaristas de Wall Street han pasado por alto persistente e intencionadamente el hecho de que el colapso financiero no está compuesto simplemente de una burbuja (la burbuja inmobiliaria de viviendas) que ya ha estallado. De hecho, la crisis tiene muchas burbujas todas las cuales dejan pequeña la burbuja inmobiliaria de viviendas que estalló en 2008.

Aunque no hay un desacuerdo fundamental entre la corriente principal de analistas sobre la existencia de una recuperación económica, existe un acalorado debate acerca de cuándo ocurrirá, si en el próximo trimestre o en el tercer trimestre del año, etc. Ya a principios de 2010 se había predicho y confirmado la “recuperación” de la economía estadounidense por medio de un cuidadosamente trabajado aluvión de desiformación mediática.

Mientras tanto, la terriblemente difícil situación del creciente paro en Estados Unidos se ha camuflado escrupulosamente. Los economistas consideran la bancarrota como un fenómeno microeconómico.

Aunque los informes de los medios sobre bancarrotas revelan realidades a nivel local que afectan a una o más fábricas, no proporcionan un panorama global de lo que está ocurriendo a nivel nacional e internacional. Cuando se suman juntos todos estos cierres simultáneos en ciudades y poblaciones de todo el país emerge un panorama muy diferente: están cerrando sectores enteros de la economía nacional.

Se sigue engañando a la opinión pública con respecto a las causas y consecuencias de la crisis económica, por no mencionar las soluciones políticas. Se lleva a la gente a creer que la economía tiene su propia lógica que depende de la libre interacción de las fuerzas del mercado y que poderosos actores financieros, que tiran de los hilos en las salas de juntas de las corporaciones, no podrían bajo ninguna circunstancia haber influido intencionadamente en el curso de los acontecimientos económicos.

Se mantiene la incesante y fraudulenta apropiación de riqueza como parte integral del “sueño americano”, como un medio de propagar los beneficios de la riqueza económica. Como expresa Michael Hudson, se afianza el mito de que “sin riqueza en lo más alto no habría nada que goteara hacia abajo”. Esta lógica viciada del ciclo de los negocios hace imposible entender los orígenes estructurales e históricos de la crisis económica global.

Fraude financiero

La desinformación mediática sirve en gran parte a los intereses de un puñado de bancos globales y especuladores institucionales que utilizan su dominio de los mercados financieros y de mercancías para amasar vastas cantidades de riqueza en dinero. Las altas esferas del Estado están controladas por la clase dirigente corporativa, incluyendo a los especuladores. Mientras tanto, los “rescates de los bancos”, que se presentan al público como un requisito para la recuperación económica, han facilitado y legalizado un mayor proceso de apropiación de riqueza.

Se han adquirido vastas cantidades de riqueza en dinero por medio de la manipulación del mercado. A menudo denominado “desregulación”, el aparato financiero ha desarrollado instrumentos sofisticados de completa manipulación y engaño. Con información y conocimiento previo interno y utilizando los instrumentos del comercio especulativo los principales actores financieros tienen la capacidad para amañar a su favor los movimientos de mercado, de precipitar el colapso del competidor y de causar estragos en las economías de los países en desarrollo. Estas herramientas de la manipulación se han convertido en una parte integral de la arquitectura financiera, están insertadas en el sistema.

El fracaso de la economía dominante

La profesión económica, particularmente en las universidades, raramente aborda el verdadero “mundo real” en funcionamiento de los mercados. Constructos teóricos centrados en modelos matemáticos sirven para representar un mundo abstracto, de ficción, en el que los individuos son iguales. No hay distinción teórica entre trabajadores, consumidores o corporaciones, todos los cuales son considerados “operadores individuales”. En este mundo abstracto ningún individuo solo tiene el poder o la capacidad para influenciar el mercado, ni puede haber conflicto alguno entre trabajadores y capitalistas.

Al no analizar la interacción de poderosos actores económicos en la economía de la “vida real”, se pasan por alto los procesos de fraude del mercado, de manipulación y de fraude. Los programas de economía de las universidades no examinan ninguno de los siguientes temas: la concentración y centralización de la toma de decisiones económicas, el papel de las elites financieras, los thinks tanks económicos, las salas de juntas de las corporaciones. El constructo teórico es disfuncional; no se puede utilizar para proporcionar herramientas para comprender la crisis económica.

La ciencia económica es un constructo ideológico que sirve para justificar el Nuevo Orden Mundial. Un conjunto de postulados dogmáticos sirve para mantener el capitalismo de libre mercado negando la existencia de la desigualdad social y se niega la naturaleza movida por el beneficio del sistema. El papel de poderosos actores económicos y cómo estos actores son capaces de influenciar el funcionamiento de los mercados financieros y de mercancías no preocupa a los teóricos de la disciplina. Raramente se consideran los poderes de manipulación del mercado que sirven para apropiarse de vastas cantidades de riqueza en dinero. Y cuando se reconocen, se considera que pertenecen al reino de la sociología o de la ciencia política.

Esto significa que los analistas de la corriente dominante raramente analizan el marco político e institucional que hay detrás de este sistema económico global formado en el curso de los últimos treinta años. La consecuencia de ello es que, con algunas excepciones, la economía como disciplina no ha proporcionado el análisis que se requiere para comprender la crisis económica. De hecho, sus principales postulados de libre mercado niegan la existencia de una crisis. El centro de atención de la economía neoclásica es el equilibrio, desequilibrio y “corrección de mercado” o “ajuste” por medio de los mecanismos de mercado, como un medio de hacer volver a la economía “a la senda del crecimiento autosostenido”.

Pobreza y desigualdad social

La economía política global es un sistema que enriquece a unos pocos a expensas de la inmensa mayoría. La crisis económica global ha contribuido a aumentar las desigualdades sociales tanto dentro de los países como entre estos. Bajo el capitalismo global, la pobreza cada vez mayor no es el resultado de una escasez o de una falta de recursos humanos y materiales. La verdad es más bien lo contrario: la depresión económica está marcada por un proceso de desconexión entre recursos humanos y capital físico. Se destruyen las vidas de las personas. La crisis económica está muy arraigada.

Bastante deliberadamente se han reforzado las estructuras de desigualdad social lo que lleva no sólo a un proceso generalizado de empobrecimiento sino también a la desaparición de los grupos con ingresos medios y medios altos.

También está amenazado el consumo de la clase media en el que se basa este modelo de desarrollo capitalista difícil de controlar. Las bancarrotas han afectado a varios de los más activos sectores de la economía de consumo. Durante varios decenios las clases medias occidentales han estado sujetas al deterioro de su riqueza material. Aunque la clase media existe en teoría, es un clase construida y mantenida por la deuda de los hogares.

En vez de la clase media, la clase rica se está convirtiendo rápidamente en la clase consumidora lo que lleva a un incesante crecimiento de la economía de productos de lujo. Además, con el agotamiento de los mercados de la clase media para productos manufacturados se ha producido un cambio decisivo y central en la estructura de la riqueza económica. Con la desaparición de la economía civil, el desarrollo de la economía de guerra de Estados Unidos, apoyando un descomunal presupuesto de defensa de casi tres billones de dólares, ha alcanzado nuevas cotas. Mientras caen los mercados de valores y aumenta la recesión, las industrias de armas avanzadas, los contratistas militares y de seguridad nacional y las compañías de mercenarios con mucho futuro (entre otros) han experimentado un próspero y radiante crecimiento de sus diferentes actividades.

Guerra y crisis económica

La guerra está inextricablemente unida al empobrecimiento de las personas dentro del propio país y en todo el mundo. La militarización y la crisis económica está íntimamente unidas. Se ha sustituido la provisión de artículos y servicios para satisfacer las necesidades humanas básicas por una “máquina de matar” a la que mueve el beneficio en apoyo a la “Guerra global contra el terrorismo” de Estados Unidos. Se hace luchar a los pobres contra los pobres. Sin embargo, la guerra enriquece a la clase alta que controla la industria, el ejército, el petróleo y la banca. En una economía de guerra, la muerte es buena para los negocios, la pobreza es buena para la sociedad y el poder es bueno para la política. Las naciones occidentales, en particular Estados Unidos, gastan cientos de miles de millones de dólares al año para matar a personas inocentes en lejanas naciones empobrecidas, mientras que los propios ciudadanos sufren las disparidades de las líneas divisorias de pobreza, clase, género y raza.

A través del libre mercado se lleva a cabo una “guerra económica” declarada cuyo resultado es el paro, la pobreza y la enfermedad. Las vidas de las personas están en “caída libre” y se destruye su poder adquisitivo. En un sentido muy real, los últimos veinte años de economía de “mercado libre” han tenido consecuencias en las vidas de millones de personas a través de la pobreza y la indigencia social.

En vez de ocuparse de una inminente catástrofe social, los gobiernos occidentales, que sirven a los intereses de las elites económicas, han instalado un Estado policial del “Gran Hermano” encargado de enfrentarse a todas las formas de oposición y disidencia social, y de reprimirlas.

La crisis económica y social no ha llegado en modo alguno a su climax y países enteros, incluyendo Grecia e Islandia, están en peligro. No hay más que ver la escalada de la guerra en Asia Central y Oriente Medio, y las amenazas de Estados Unidos y la OTAN a China, Rusia e Irán para ser testigo de cómo la guerra y la economía están íntimamente unidas

Nuestro análisis en este libro

Las personas que han participado en este libro revelan las complejidades de la banca global y su insidiosa relación con el complejo industrial militar y los conglomerados de empresas petroleras. El libro presenta un enfoque interdisciplinario y multifacético, aunque también aborda el análisis de las dimensiones históricas e institucionales. Se ponen de relieve las complejas relaciones de la crisis económica con la guerra, del imperio con la pobreza mundial. Esta crisis tiene un verdadero alcance global y unas repercusiones en todas las naciones y en todas las sociedades.

En la primera parte se exponen las causas generales de la crisis económica global así como los fallos de la economía dominante. Michel Chossudovsky se centra en la historia de la desregulación y la especulación financiera. Tanya Cariina Hsu analiza el papel del Imperio Estadounidense y su relación con la crisis económica. John Bellamy Foster y Fred Magdoff emprenden una revisión completa de la economía política de la crisis explicando el papel central de la política monetaria. James Petras y Claudia von Werlhof proporcionan un resumen y una crítica detallados del neoliberalismo y se centran en las repercusiones económicas, políticas y sociales de las reformas de del “libre mercado”. Shamus Cooke examina el papel decisivo de la deuda, tanto pública como privada.

La segunda parte, que incluye capítulos de Michel Chossudovsky y Peter Phillips, analiza la creciente marea de pobreza y desigualdad social resultante de la Gran Depresión.

La tercera parte, con contribuciones de Michel Chossudovsky, Peter Dale Scott, Michael Hudson, Bill Van Auken, Tom Burghardt y Andrew Gavin Marshall, examinan las relaciones que hay entre crisis económica, Seguridad Nacional, la guerra dirigida por Estados Unidos y la OTAN y el gobierno mundial. Como afirma Peter Dale Scott, en este contexto la crisis económica crea condiciones sociales que favorecen la instauración de una ley marcial.

La cuarta parte se centra en el sistema monetario global, su evolución y su papel cambiante. Andrew Gavin Marshall examina la historia de los bancos centrales así como las diferentes iniciativas para crear sistemas monetarios regionales y globales. Ellen Brown se centra en la creación de un banco central global y de una moneda global por medio de un Banco de Pagos Internacionales (BIS, en sus siglas en ingles). Richard C. Cook examina el sistema monetario basado en la deuda como un sistema de control y proporciona un marco para democratizar el sistema monetario.

La quinta parte se centra el en funcionamiento del Sistema Bancario en la Sombra que desencadenó el colapso de los mercados financieros de 2008. Los capítulos escritos por Mike Whitney y Ellen Brown describen detalladamente cómo el "plan Ponzi" de Wall Street se utilizó para manipular el mercado y transferir miles de millones de dólares a los bolsillos de los banksters*.

Estamos en deuda con los autores por su investigación minuciosamente documentada, por su análisis incisivo y, lo que es más importante, por su firme compromiso con la verdad: Tom Burghardt, Ellen Brown, Richard C. Cook, Shamus Cooke, John Bellamy Foster, Michael Hudson, Tanya Cariina Hsu, Fred Magdoff, James Petras, Peter Phillips, Peter Dale Scott, Mike Whitney, Bill Van Auken y Claudia von Werlhof han proporcionado, con la mayor claridad, herramientas para comprender los complejos y diversos procesos económicos, sociales y políticos que están afectando a las vidas de millones de personas en todo el mundo.

Tenemos una deuda de gratitud con Maja Romano de Global Research Publishers, quien supervisó y coordinó incansablemente la edición y producción de este libro, incluyendo la creativa idea de la portada. Queremos agradecer a Andréa Joseph la cuidadosa edición del manuscrito y de los gráficos. También hacemos extensivo nuestro agradecimiento y consideración a Isabelle Goulet, Julie Lévesque y Drew McKevitt por su apoyo en la revisión y edición del manuscrito.

Michel Chossudovsky y Andrew Gavin Marshall, Montreal y Vancouver, mayo de 2010

*N. de la t.: Bankster es un expresivo neologismo formado sobre banquero (“banker”) y gángster.

[1] http://globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=18851

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=19025

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