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11 de septiembre en USA: cinturón de mentiras…

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TORRES11S Para olvidar las Torres Gemela

Alejandro Nadal

Hace cuatro días el presidente Obama aceptó la renuncia de Van Jones, asesor en materia ambiental y recuperación económica. Este funcionario no es hechura de la burocracia en Washington. Todo lo contrario: Jones ha sido un inteligente analista, organizador y activista independiente dedicado a combatir la discriminación y la injusticia en todas sus formas.

Era uno de los más respetados miembros del equipo en la Casa Blanca. ¿Por qué lo dejó ir Obama? Porque en alguna ocasión puso en tela de juicio la versión oficial sobre los atentados del 11 de septiembre. El establishment en Washington nunca se lo perdonó. Eso es inaceptable para los que aprobaron la narrativa oficial sin preguntas y votaron los poderes de guerra para Bush.

Lo cierto es que ya nadie quiere oír hablar de los tres edificios del World Trade Center (WTC 1, WTC 2 y WTC 7) y de su espectacular derrumbe. Aunque la administración Bush es la más infame y mentirosa en la historia de Estados Unidos, parece que es preferible creer su versión que tiene una ventaja propagandística crucial: la sencillez. En efecto, el relato es fácil: el impacto de los aviones y el incendio debilitaron los pisos afectados, por lo cual el segmento superior se desplomó y destruyó toda la sección inferior.

A-TORRES11Sólo que esa historieta tiene muchos problemas. Primero, el desplome de los tres edificios ocurrió a una velocidad de caída libre. Eso significa que el segmento superior no encontró resistencia al desplomarse. Pero si la parte inferior de la estructura no estaba dañada, debió frenar la caída. Aunque no se hubieran respetado las normas técnicas vigentes, la masa de concreto y la estructura de acero de los pisos inferiores habrían sido un obstáculo a la caída libre. Ni la velocidad ni la simetría del desplome hubieran sido lo que fueron.

Segundo: la pulverización de las torres queda sin explicación. Aun siguiendo la explicación oficial, el desplome habría dejado atrás una pila de pisos amontonados. En los escombros de los tres edificios, casi no hay evidencia de restos macroscópicos de las losas de concreto. ¿De dónde salió la energía para convertir en polvo medio millón de toneladas de concreto?

Tercero: aunque no fue impactado por los aviones, el WTC 7  fue el tercer edificio en derrumbarse ese día. Era una estructura de 47 pisos de altura y 90 metros de largo en la fachada principal. También se desplomó a velocidad de caída libre, a las 4:30 pm y también se pulverizó. ¿La versión oficial? Fue alcanzado por fragmentos del WTC 1, lo que incendió sus depósitos de combustible y provocó el derrumbe. Velocidad de caída libre, simetría perfecta y pulverización: temas sin respuesta. Es la primera vez en la historia que un edificio con estructura de acero se derrumba por un incendio.

Ya sé que todo esto es muy polémico. Pero es claro que la versión oficial sale mal parada de todas estas preguntas. Y las mencionadas aquí no son las únicas. Por ejemplo, la misma versión oficial admite que la temperatura en los pisos afectados nunca alcanzó el nivel necesario para fundir el acero. No obstante, varios focos de altas temperaturas duraron semanas entre los restos de las dos Torres Gemelas.

Varias investigaciones independientes han encontrado rastros de explosivos en muestras de polvo recogidas en Manhattan el 9/11. Esos rastros podrían provenir de explosivos como la llamada termita y la supertermita (véanse los estudios del físico Stephen Jones y otros en www.stj911.org y www.ae911truth.org).

Quizás a estas alturas el tema del WTC 9/11 es irrelevante. Paradójicamente es un tema que irrita a la izquierda estadunidense. Siente que es un tema estorboso y que distrae la atención del trabajo político prioritario. Por ejemplo, en su análisis sobre la decadencia de la izquierda en Estados Unidos, Alexander Cockburn dice que “el conspiracionismo del 9/11” ha invadido este movimiento, adormeciendo al público y alejándolo de sus filas. Eso es darle mucho crédito a los que cuestionan la versión oficial sobre el 9/11.

Hay que partir de bases distintas: la gente no es público y el análisis político no puede evadir temas porque parezcan un fastidio. En materia de liderazgo político, lo que importa es la certeza del análisis, no el récord en taquilla.

Ésta es la realidad: a pesar del fracaso de la guerra imperial en Afganistán, el clamor de venganza por los atentados del 9/11 es fuerte entre las clases más lastimadas por la crisis económica y financiera. En eso coinciden ciegamente con la élite en Washington, envuelta en despliegues patrioteros mientras aplica el rescate de Wall Street. ¿Dónde está la verdadera distracción? Es difícil comprender cómo puede desecharse el reclamo de un análisis riguroso sobre un acontecimiento que desató dos guerras regionales y mantiene su peligrosa resonancia en una de las zonas más volátiles del planeta. Sólo después de este análisis podremos olvidar las Torres Gemelas.

http://nadal.com.mx

UN CINTURON DE MENTIRAS

En tiempos de guerra la verdad es tan importante que debe estar protegida por un cinturón de mentiras, dijo Winston Churchill. Hoy esta frase se aplica con más precisión que nunca a la “guerra contra el terror” emprendida por Washington.

Los medios en Estados Unidos han seguido calificando los atentados del 9/11 como el peor crimen en la historia de ese país. Lo extraño es que nunca hubo una investigación criminal y los tres estudios del gobierno federal para “aclarar” lo acontecido se llevaron a cabo por instancias que no dependen del Poder Judicial: la Agencia Federal para Emergencias (FEMA), el Instituto Nacional de Tecnología y Normalización (NIST) y la Comisión Nacional para Investigar el 9/11 (CN911).

Ninguna de estas instituciones tenía atribuciones para realizar una investigación de índole criminal o penal. Así, de entrada, el rigor de la investigación forense fue reemplazado por un proceso que ya tenía el resultado, antes de comenzar a trabajar. Lo único que se necesitaba era describir los hechos para hacerlos aparecer como compatibles con las conclusiones prefabricadas.

En contraste, una parte de la comunidad científica en Estados Unidos ha seguido su propio camino, realizando investigaciones cada vez más rigurosas con un punto de partida distinto. Estas investigaciones confrontan la versión oficial con datos como la composición química de muestras de polvo y metal, experimentos sobre el comportamiento de los componentes estructurales, registros sismográficos, grabaciones sonoras, imágenes de los derrumbes y testimonios. Los resultados revelan que la versión oficial no sirve para explicar lo que sucedió ese día. Y cuando una teoría no sirve para explicar un evento, debe ser modificada o desechada.

¿Qué dicen los tres estudios oficiales? El estudio más deficiente es el de la Comisión Nacional para el 9/11, que ni menciona el colapso del WTC 7, una construcción de 47 pisos situada a cien metros de la torre norte. El WTC 7 no recibió el impacto de un avión, pero se colapsó (y se hizo polvo) a las 5:30 pm de ese fatídico día. En otros aspectos, la CN911 reenvía a los estudios del NIST y FEMA. Este último estudio adolece de muchos otros defectos. El más importante es afirmar que el núcleo de las torres gemelas era un cubo vacío en el que se localizaban los elevadores.

El estudio más detallado es el de NIST. Su tesis central es que los amarres de las lozas de concreto a las 47 columnas de acero de la estructura medular fallaron (en los pisos impactados) y al ceder precipitaron el desplome. Pero esta conjetura es contradicha por experimentos independientes. Lo más grave es que NIST sólo cubre los acontecimientos hasta “el punto en que las torres gemelas estaban listas para su colapso”. Toda la evidencia relacionada con la dinámica desplegada en el momento de los derrumbes (velocidad del desplome, composición de residuos y escombros, temperaturas) es ignorada por NIST. Esa es una laguna extraordinaria.

¿Qué dicen las investigaciones independientes? Primero, los componentes estructurales no pudieron fundirse o debilitarse por los impactos e incendios, porque las temperaturas alcanzadas en el siniestro nunca llegaron al rango necesario para fundir o debilitar la estructura de acero. Segundo, la velocidad de los derrumbes se aproxima al de una caída libre. Eso quiere decir que las miles de toneladas de acero y concreto por debajo de los pisos dañados no ofrecieron ninguna resistencia a los pisos de arriba, algo nunca observado fuera de eventos de demolición controlada.

Tercero, las imágenes de la torre sur (WTC 2) muestran un flujo de metal fundido, color amarillo y anaranjado, saliendo de una ventana en el piso ochenta. Algunos medios lo atribuyeron al “acero fundido” en el incendio. Pero el estudio de NIST reconoce que el incendio no pudo fundir la estructura de acero y atribuye el material incandescente al aluminio fundido del avión. Experimentos independientes revelan que el color del aluminio fundido es plateado, no amarillo o anaranjado como el de las imágenes. NIST acepta esa crítica y acepta que “debe haber otra explicación para ese metal fundido”.

Experimentos de científicos independientes, así como las imágenes de los edificios, apuntan hacia una hipótesis diferente: en el WTC se utilizó un explosivo llamado termita con base en polvo de aluminio y algún oxidante (si se añade azufre esta mezcla puede cortar acero como mantequilla en segundos). Esta hipótesis está apoyada por el análisis de muestras de concreto y de metales encontrados en departamentos cercanos a las torres gemelas. El uso de estos explosivos puede explicar la velocidad de caída de los edificios, el flujo de metal fundido (la termita tiene los colores de las imágenes del WTC 2), la pulverización del concreto y las altas temperaturas y presencia de material incandescente en los escombros durante tres semanas después del 9/11 (la termita contiene su propio oxidante). Sin duda, el empleo de termita es una hipótesis mucho más robusta que las conjeturas oficiales repetidas incansablemente por los medios, pero nunca verificadas con experimentos o análisis de muestras.

El indicio más claro de que la verdadera conspiración del 11 de septiembre está más cerca de la Casa Blanca y del Pentágono reside en la desaparición de las evidencias que debieron ser usadas en una investigación forense. En Estados Unidos es un delito federal manipular evidencia de la escena de un crimen. Pero en el caso del peor crimen en la historia de ese país casi toda la evidencia relevante fue retirada y destruida por las mismas autoridades.

Así llegamos a un hecho extraordinario e incontrovertible: nunca hubo una investigación forense en el caso del colapso del World Trade Center. Alguien está pudriéndose en sus mentiras.

Written by Eduardo Aquevedo

20 noviembre, 2009 a 3:36

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