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Un escándalo francés: el turismo sexual es cultura?

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UN MINISTRO DE SARKOZY, BAJO FUEGO POR CONTAR SUS AVENTURAS

El turismo sexual de un ministro sacude a Francia

Frederic_Mitterrand2 El titular de Cultura, sobrino de Mitterrand, protagoniza escándalo político-sexual

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA – París – 09/10/2009

Una amarga polémica ahoga a Frédéric Mitterrand, el ministro que personalizó la última recomposición del Gobierno de Nicolás Sarkozy en junio. El titular francés de Cultura, símbolo de la apertura de Sarkozy hacia la izquierda y sobrino del antiguo presidente François Mitterrand, se encuentra en el ojo del huracán, atacado desde un lado y desde el otro, debido a un libro parcialmente autobiográfico y lleno de confesiones, titulado La mala vida, publicado en 2005 y en el que describe, entre otras cosas, sus experiencias de turista sexual y sus visitas a prostíbulos de Bangkok en busca de chicos jóvenes.

"Cometí un error, pero no un crimen. Ni siquiera una falta. Tal vez una falta contra la idea de la dignidad humana. No pienso dimitir ni lo he pensado nunca. El presidente Nicolás Sarkozy y el primer ministro François Fillon me han mostrado su confianza", proclamó ayer el ministro de la Cultura.

La polémica, que creció ayer como una bola de nieve, declaración tras declaración, se originó el lunes, en un programa de televisión en el que varios políticos debatían sobre las medidas legales que se deben poner en marcha contra los violadores reincidentes. La vicepresidenta del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, arremetió contra Mitterrand por su encendida defensa a favor del cineasta acusado de violar a una menor, Roman Polanski. Después añadió que no le extrañaba la actitud del ministro de Cultura, dado lo que relata en un libro que se apresuró a citar y del que leyó algunos extractos escogidos.

En su capítulo más polémico del volumen, que vendió 180.000 ejemplares, el ministro, de 62 años, relata en primera persona su visita a un prostíbulo de Patpong, el barrio rojo de Bangkok, y su encuentro con un muchacho tailandés. Uno de los pasajes reza así: "He cogido la costumbre de pagar chicos […] Evidentemente, he leído lo que se ha escrito a propósito de esos chicos de Tailandia, he visto muchos reportajes […] sé lo que hay de inconsciencia cuando no de avaricia en la mayor parte de las familias, las montañas de dinero que esto genera cuando los muchachos no se quedan más que las migajas, los detalles sórdidos de todo este tráfico […] no dejo de pensar en eso, lo que no me impide volver. Todo ese ritual de feria de efebos, de mercado de esclavos, me excita enormemente".

Un día después, Mitterrand, preguntado por el comentario de Le Pen, aseguró, tranquilo: "Que la ultraderecha me arroje por el barro es un honor". Pero la bola de nieve acababa de empezar a rodar cuesta abajo.

El miércoles, el portavoz del Partido Socialista francés (PS), Benoit Hamon, tomó parte en el asunto y relanzó la polémica, convirtiéndola ya en una cuestión de Estado: "Cuando Francia se está comprometiendo con Tailandia para luchar contra esa lacra del turismo sexual, tenemos un ministro de Cultura que es un consumidor". Y añadió: "Ahora se trata de saber si el presidente de la República juzga este hecho grave como para que el ministro de Cultura deje de serlo o no. Yo lo juzgo grave".

Ayer varios políticos de izquierda se sumaron a la crítica de Hamon. El diputado y alcalde de Herví, Manuel Valls, consideró "insoportables" los párrafos citados y añadió: "Tiene que explicarse. ¿Se imaginan lo que hubiera dicho la derecha si ese ministro que confiesa haber hecho turismo sexual fuera un ministro de izquierdas en un Gobierno de izquierdas?".

Varios miembros del Gobierno salieron en defensa de Mitterrand, calificando la acusación de "nauseabunda" y aseguraron que el PS "está siguiendo el juego a la extrema derecha de Le Pen".

Como ocurre con frecuencia en Francia, políticos de uno y otro bando se colocaron a un lado u otro de la barrera. Por ejemplo, el alcalde de París, Bertrand Delanoë, socialista, defendió al ministro de Cultura, denunció la "ofensiva populista contra él" y pidió a todos que leyesen entero el libro. Y hubo diputados de la UMP, el partido de Sarkozy, como Jacques Mirad, que reclamaron a Mitterrand explicaciones.

Sarkozy conocía el libro-bomba. El hoy ministro de Cultura le alertó de su existencia antes de aceptar el cargo. En una entrevista concedida a Le Nouvel Observateur un mes después, en julio, el presidente de la República, juzgó el volumen "valiente y hecho con talento". Ayer, de todas maneras, Sarkozy guardó silencio sobre el asunto.

Con la burbuja de la polémica engordando a cada rato y empujado por ciertas presiones del Elíseo, el que habló fue el protagonista, que a las ocho de la tarde compareció en el telediario de mayor audiencia de Francia. "El libro es casi autobiográfico, y reconozco que tuve encuentros con jóvenes. Pero debo hacer dos precisiones. Una: no es una apología del turismo sexual, es una suerte de fascinación ante el infierno. Y dos: nunca he hecho daño a nadie", explicó Mitterrand en una tensa entrevista con la presentadora. A la pregunta de si sabía si los jóvenes eran menores o no el ministro no supo responder pero aseguró que no hay que confundir "la homosexualidad con la pedofilia".

EL PAIS.COM

TURISMO SEXUAL ES CULTURA

En un libro, Frédéric Mitterrand reconoce que siempre se sintió atraído por el turismo sexual y describe escenas alucinantes en Tailandia e Indonesia, esos lugares donde el sexo con jóvenes atractivos se vende al mejor postor.

Por Eduardo Febbro

Desde París

Frederic_Mitterrand1 El ministro de uno de los portafolios más emblemáticos de la identidad francesa, el de Cultura, atraviesa una tormentosa zona con dos sectores políticos dispares, los socialistas y la extrema derecha, que piden su renuncia a raíz de las confesiones que el ministro en cuestión, Frédéric Mitterrand, publicó en un libro autobiográfico en el que admite haber recurrido al “turismo sexual”. La obra, La mala vida, fue publicada hace unos años y ahora su contenido, por demás explícito, vuelve al presente de Frédéric Mitterrand tres meses después de haber asumido su cargo. En La mala vida, el sobrino del ex presidente socialista François Mitterrand habla de su infancia herida, de su homosexualidad, reconoce que siempre se sintió atraído por el turismo sexual y describe escenas alucinantes en Tailandia e Indonesia, esos lugares donde el sexo con jóvenes atractivos se vende al mejor postor.

“La profusión de muchachos jóvenes muy atractivos e inmediatamente disponibles me pone en un estado de deseo que no me hace falta frenar ni ocultar. El dinero, el sexo, estoy en el corazón de mi sistema, ese que funciona, al fin, porque sé que no me van a rechazar”, escribe Mitterrand antes de admitir que tiene el hábito de “pagar por jóvenes” y que todo “ese ritual de mercado de efebos, de mercado de la esclavitud, me excita enormemente”. Cuando el libro apareció en 2005 –se vendieron casi 200 mil ejemplares–, pocos objetaron su contenido comprometedor. El escándalo se destapó con la denuncia que hizo el lunes pasado la vicepresidenta del partido de extrema derecha Frente Nacional, Marine Le Pen, quien leyó extractos del libro ante las cámaras de televisión y pidió luego la renuncia del ministro. A los reclamos de la extrema derecha se sumaron el miércoles los socialistas por medio de su portavoz, Benoît Hamon, quien exigió también el alejamiento de la cartera de Cultura de Frédéric Mitterrand.

El escándalo es más embarazoso porque, primero, Francia es uno de los países líderes en la lucha contra el turismo sexual. En segundo lugar porque esta historia se mezcla con otra más reciente y de dudosa calificación. El ministro francés de Cultura fue uno de los primeros integrantes de esa jauría internacional de intelectuales y artistas bien pensantes que, bajo el pretexto de que el cineasta franco-polaco Roman Polanski era un artista, salieron en defensa del director inmediatamente después de que éste fue detenido en Suiza a pedido de la Justicia norteamericana, que reactivó un pedido de captura por un caso de relación sexual con una menor de 13 años que remontaba a los años ’70. La defensa a ultranza de Roman Polanski que hizo el ministro de Cultura –Mitterrand juzgó que su arresto era “absolutamente espantoso”– desató la primera polémica. La segunda la dispararon los afilados dientes de la extrema derecha y todo terminó formando un torbellino de indecencias e intenciones políticas evidentes.

Por un lado Suiza, que deja entrar a su territorio a cuanto corrupto, ladrón, dictador o traficante de armas con mandato de arresto internacional llega a la frontera, pero que termina usando a Polanski para lavar sus cuantiosas deudas con la moral internacional. Por el otro, un ministro de Cultura que se une a la coalición internacional de excitados en defensa de un cineasta acusado de pedofilia como si la genialidad como artista supusiera una inocencia innata. Luego está el oportunismo de la ultraderecha, que lee en la televisión pasajes de un libro que, en el momento de su publicación, nadie juzgó inmoral o escandaloso, a pesar de que describe sin rodeos el submundo del turismo sexual en Tailandia.

Anoche, el ministro de Cultura se explicó en la televisión. Frédéric Mitterrand aseguró que no iba a renunciar a su cargo y negó que su libro fuera “una apología del turismo sexual o de la pedofilia”. El titular de la cartera agregó que condenaba “absolutamente el turismo sexual, que es una vergüenza, y la pedofilia, que jamás he practicado”. Mitterrand aclaró que siempre estuvo con gente de su edad y admitió que había “cometido un error, sin dudas, un crimen no, una falta, ni siquiera”. El responsable de la cartera de Cultura terminó denunciando la confusión entre los géneros: “Sí, tuve relaciones con muchachos; pero no hay que confundir homosexualidad y pedofilia”, dijo. El Ejecutivo francés salió en defensa de Frédéric Mitterrand. Henri Guaino, consejero especial de Nicolas Sarkozy, estimó que la polémica desatada en torno del libro era “indigna”.

Página/12

Francia: escándalo por el libro de turismo sexual que escribió un ministro

Frederic Mitterrand, ministro de Cultura francés, lo publicó en 2005. Ahora la extrema derecha y el Partido Socialista lo acusan de promover esas prácticas y hasta la pedofilia. Y le piden a Sarkozy su cabeza.

PORTADA La tapa de libro. "Siempre estuve con gente de mi edad y que consintió", se defendió Mitterrand.

Frederic Mitterrand, ministro de Cultura de Nicolas Sarkozy, no imaginaba que cuatro años después de publicar un libro en el cual relata en primera persona experiencias de turismo sexual tendría que enfrentar semejante escándalo.

"No es una apología del turismo sexual ni de la pedofilia", ha dicho este intelectual de renombre, cineasta y escritor en defensa de su novela "La mauvaise vie" (La mala vida), publicada en 2005. Entonces, el propio Mitterrand, de 62 años, reconoció que había vivido experiencias de esa índole, y el libro, que fue un éxito de ventas, no provocó ninguna polémica comparable a la que estalló ahora.

Cuatro años después, Marine Le Pen, vicepresidenta del Frente Nacional (FN, extrema derecha) ha puesto contra las cuerdas a Mitterrand. "¿Qué se les puede decir a los delincuentes sexuales cuando Frederic Mitterrand todavía es ministro de Cultura?", lanzó la hija de Jean Marie Le Pen el lunes en un programa de televisión dedicado al reciente asesinato de una mujer por un delincuente sexual reincidente. A semejante pregunta, le siguió el escándalo.

En el libro "no hay apología del turismo sexual y de ninguna forma de pedofilia" sostuvo Mitterrand el jueves al hablar en el noticiero central del canal de televisión privado TF1. "Condeno absolutamente el turismo sexual que es una verg ü enza. Condeno la pedofilia en la que nunca participé de ninguna manera y todas las personas que me acusan de hechos de esa índole, deberían tener verg ü enza", sostuvo Mitterrand. Pero el asunto ya se volvió político.

Al ataque lanzado por la extrema derecha contra el sobrino del difunto presidente francés Francois Mitterrand, se sumó el Partido Socialista francés. "Es escandaloso que un hombre pueda justificar el turismo sexual amparándose en una novela", afirmó el portavoz socialista, Benoit Hamon.

"Ahora el asunto es saber si el señor Frederic Mitterrand debe renunciar o no", sostuvo el vocero del PS, en cuyas filas la entrada en el gobierno de derecha en junio pasado de un apellido tan significativo para la izquierda francesa dejó a más de uno boquiabierto.

Frederic Mitterrand, que por otra parte nunca ocultó su homosexualidad, negó haber pensado en renunciar al cargo y dijo haber hablado ya con el presidente francés Nicolas Sarkozy, quien "me confirmó su confianza".

"Nunca he hecho daño a nadie", afirmó Mitterrand. "Siempre estuve con gente de mi edad y que consintió" las relaciones, agregó. "La mauvaise vie’" fue una manera de contar una vida que se parece mucho a la mía pero también a la de mucha otra gente", aseguró.

Sin embargo, en el momento de la aparición del libro, Frederic Mitterrand admitió en una entrevista por televisión que había tenido experiencias de turismo sexual. "Me ha ocurrido a menudo y he hablado de ello", afirmaba por entonces. El ministro francés de Trabajo, Xavier Darcos, consideró que Mitterrand "debe responder de otra forma y no simplemente mediante la indignación" y Henri Guaino, influyente consejero de Sarkozy calificó de indigna" y "patética" la polémica generada por el FN.

"No hay que confundir la homosexualidad con la pedofilia", sentenció por televisión un emocionado Frederic Mitterrand tras asegurar que estaba ante las cámaras "defendiendo mi honor".

Gabriela Calotti, para AFP.

Written by Eduardo Aquevedo

9 octubre, 2009 a 23:27

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