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Radiografía a los números de Enríquez-Ominami…

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Radiografía a los números de Enríquez-OminamiMEO no tiene un electorado pluriclasista, como Frei y Piñera. Para crecer en su aspiración de derrotar a Frei tiene que abrirse a los estratos populares, en los cual los partidos de la Concertación y la UDI son fuertes. Es una tarea compleja. Desde el punto de vista partidario son claramente socialistas y personas sin identificación partidaria.

Por Carlos Huneeus*

El "fenómeno" Marco Enríquez-Ominami (MEO) no apareció en la encuesta CERC de Abril, pero si en la de Julio, demostrando que los cambios en la opinión pública no son rápidos, por más que cierta prensa lo haya apoyado con una energía sin precedentes en la historia de las elecciones en Chile, con decenas de artículos y reportajes al diputado y a los miembros de su familia.

La encuesta entrega una información muy útil para conocer su posición entre los chilenos y para tener una radiografía de su electorado.

En primer lugar, MEO es visto por los chilenos a la izquierda -tiene una puntuación media de 3,56 en la escala de 1 a 10-, bastante más a la izquierda que el electorado, que en Chile tiene una posición más bien de centro-derecha, 5,53. MEO es visto bastante más a la izquierda que Frei, que tiene una puntuación media de 4,48.

Esta posición constituye un ancla para él, que le impide desplazarse libremente al centro y hasta la derecha, como busca hacerlo con un jefe programático de derecha y promoviendo la privatización de Codelco, "gobernar con los mejores" y declararse "pinochetista" en el tema de la salida al mar para Bolivia.

En segundo lugar, MEO tiene un electorado acotado en términos socioeconómicos: mayoritariamente mujeres y personas de buen nivel económico. En el sector medio-alto, que son una minoría, empata con Frei, mientras que en los sectores medio bajos y bajos, especialmente populares, que son mayoritarios, tiene apenas un 7%.

MEO no tiene un electorado pluriclasista, como Frei y Piñera. Para crecer en su aspiración de derrotar a Frei tiene que abrirse a los estratos populares, en los cual los partidos de la Concertación y la UDI son fuertes. Es una tarea compleja.

En tercer lugar, los votantes de MEO desde el punto de vista partidario son claramente socialistas y personas sin identificación partidaria. Un 69% de los votantes socialistas lo mencionan como uno de "los cinco políticos con más futuro", superando ampliamente al senador Frei entre los votantes de su propio partido, 46%.

Los votantes socialistas se inclinan mayoritariamente por MEO en la pregunta cerrada con los seis candidatos presidenciales, 59%, mientras sólo 18% votan por Frei, 6% por Arrate y 4% por Navarro.

El peso de los socialistas en el electorado que hoy tiene MEO es muy importante, pues del total de sus votantes (15% en la pregunta de  seis candidatos) un 22% votará por un candidato parlamentario del PS en diciembre. Sólo el 5% de los votantes de MEO votarán por un candidato del PPD.

El peso de los votantes socialistas en la candidatura de MEO se confirma con la pregunta de recuerdo de voto: cómo votó en las elecciones parlamentarias del 11 de diciembre de 2005. Esta es una pregunta que tradicionalmente incluimos en las encuestas del CERC para complementar la información sobre las orientaciones políticas de los encuestados, especialmente los que no dicen cómo votarán.

Los resultados indican que 38% que dice haber votado por el PS en las anteriores elecciones legislativas votará por MEO como presidente, un 35% votará por Frei, un 11% votará por Piñera, 5% por Arrate y 4% por Navarro.

Cuando repetimos el ejercicio que hicimos con la pregunta de intención de voto parlamentario y analizamos la estructura del voto MEO por recuerdo de voto de partido, 21% dice haber votado por un candidato del PS, 10% votó por un candidato del PPD, 9% por uno del PDC, 20% no estaba inscrito. En consecuencia, la procedencia del voto MEO es claramente de votantes de la Concertación y particularmente del PS.

Quienes dijeron que la postulación de MEO no dañaba a la Concertación estaban equivocados: daña la postulación de Frei y también al PS, el partido de la presidenta Michelle Bachelet. Hay tres puntos menos de votantes socialistas en Diciembre que los que recuerdan haber apoyado a un candidato de este partido hace cuatro años.

Los votantes socialistas son los que menos fidelidad tienen hacia su partido: mientras el 67% de los votantes de RN en el 2005 votarán por el partido el 2009, el que tiene la mayor tasa de retención, sólo lo hará el 40% de los socialistas por la colectividad de Allende, Grove y Bachelet, por debajo de la UDI (45%), PDC (50%) y PPD (52%).

MEO ha ido más allá de los votantes de la Concertación, porque su principal electorado se encuentra entre los que no dicen por qué partido votarán en Diciembre (26%) y los que no apoyarán a ningún partido (18%). Se trata de votantes débilmente integrados al sistema político y, por ende, poseen una inclinación insegura hacia el candidato presidencial y que puede no darle el apoyo en Diciembre.

Aparte de estas limitaciones, MEO tiene otra enorme dificultad: apenas un 3% "cree que será presidente". Es decir, se le ve débil para ser un postulante que compita con fuerza para llegar a La Moneda. También un 3% respondió esta pregunta en las otras dos encuestas cara a cara hechas antes y que representan al conjunto de la población, la de Cep en Mayo y Mori, en Junio, demostrando que esta barrera es bastante poderosa.

Esta debilidad de MEO es compartida por sus votantes: sólo el 17% cree que será Presidente. La mayoría de sus votantes cree que el próximo presidente será Piñera (28%) o Frei (27%), habiendo un 28% que no responde.

En consecuencia, Meo enfrenta complejos desafíos para consolidar su electorado en torno al 15% y, más aún, si quiere expandirlo para derrotar a Frei y pasar a la segunda vuelta para enfrentar a Sebastián Piñera.

*Carlos Hunneus es director  del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC).

EL MOSTRADOR.CL

Sygmunt Bauman: modernidad “liquida”, cultura e incertidumbre en el nuevo capitalismo…

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entrevista a Sygmunt Bauman
por Héctor Pavón

Traducción de Joaquin Ibarburu. Clarín Ñ .18 julio 2009

SOCIOLOGIA11 El sociólogo que sacudió a las ciencias sociales con su concepto de "modernidad líquida" advierte, en una entrevista exclusiva, que hay un temible divorcio entre poder y política, socios hasta hoy inseparables en el estado-nación. En todo el mundo, dice, la población se divide en barrios cerrados, villas miseria y quienes luchan por ingresar o no caer en uno de esos guetos. Aún no llegamos al punto de no retorno, dice con un toque de optimismo.

How to spend it…. Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que "cualquiera" se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto "no tienen otra opción que ir a por uno mejor…" Esta cosmovisión le sirvió a Zygmunt Bauman para teorizar sobre cuestiones imprescindibles y así intentar comprender esta era. La idea de felicidad, el mundo que está resurgiendo después de la crisis, seguridad versus libertad, son algunas de sus preocupaciones actuales y que explica en sus recientes libros: Múltiples culturas, una sola humanidad (Katz editores) y El arte de la vida (Paidós). "No es posible ser realmente libre si no se tiene seguridad, y la verdadera seguridad implica a su vez la libertad", sostiene desde Inglaterra por escrito.

Bauman nació en Polonia pero se fue expulsado por el antisemitismo en los 50 y recaló en los 60 en Gran Bretaña. Hoy es profesor emérito de la Universidad de Leeds. Estudió las estratificaciones sociales y las relacionó con el desarrollo del movimiento obrero. Después analizó y criticó la modernidad y dio un diagnóstico pesimista de la sociedad. Ya en los 90 teorizó acerca de un modo diferente de enfocar el debate cuestionador sobre la modernidad. Ya no se trata de modernidad versus posmodernidad sino del pasaje de una modernidad "sólida" hacia otra "líquida". Al mismo tiempo y hasta el presente se ocupó de la convivencia de los "diferentes", los "residuos humanos" de la globalización: emigrantes, refugiados, parias, pobres todos. Sobre este mundo cruel y desigual versó este diálogo con Bauman.

Uno de sus nuevos libros se llama Múltiples culturas, una sola humanidad. ¿Hay en este concepto una visión "optimista" del mundo de hoy?

Ni optimista ni pesimista… Es sólo una evaluación sobria del desafío que enfrentamos en el umbral del siglo XXI. Ahora todos estamos interconectados y somos interdependientes. Lo que pasa en un lugar del globo tiene impacto en todos los demás, pero esa condición que compartimos se traduce y se reprocesa en miles de lenguas, de estilos culturales, de depósitos de memoria. No es probable que nuestra interdependencia redunde en una uniformidad cultural. Es por eso que el desafío que enfrentamos es que estamos todos, por así decirlo, en el mismo barco; tenemos un destino común y nuestra supervivencia depende de si cooperamos o luchamos entre nosotros. De todos modos, a veces diferimos mucho en algunos aspectos vitales. Tenemos que desarrollar, aprender y practicar el arte de vivir con diferencias, el arte de cooperar sin que los cooperadores pierdan su identidad, a beneficiarnos unos de otros no a pesar de, sino gracias a nuestras diferencias.

Es paradójico, pero mientras se exalta el libre tránsito de mercancías, se fortalecen y construyen fronteras y muros. ¿Cómo se sobrevive a esta tensión?

Eso sólo parece ser una paradoja. En realidad, esa contradicción era algo esperable en un planeta donde las potencias que determinan nuestra vida, condiciones y perspectivas son globales, pueden ignorar las fronteras y las leyes del estado, mientras que la mayor parte de los instrumentos políticos sigue siendo local y de una completa inadecuación para las enormes tareas a abordar. Fortificar las viejas fronteras y trazar otras nuevas, tratar de separarnos a "nosotros" de "ellos", son reacciones naturales, si bien desesperadas, a esa discrepancia. Si esas reacciones son tan eficaces como vehementes es otra cuestión. Las soberanías locales territoriales van a seguir desgastándose en este mundo en rápida globalización.

Hay escenas comunes en Ciudad de México, San Pablo, Buenos Aires: de un lado villas miseria; del otro, barrios cerrados. Pobres de un lado, ricos del otro. ¿Quiénes quedan en el medio?

¿Por qué se limita a las ciudades latinoamericanas? La misma tendencia prevalece en todos los continentes. Se trata de otro intento desesperado de separarse de la vida incierta, desigual, difícil y caótica de "afuera". Pero las vallas tienen dos lados. Dividen el espacio en un "adentro" y un "afuera", pero el "adentro" para la gente que vive de un lado del cerco es el "afuera" para los que están del otro lado. Cercarse en una "comunidad cerrada" no puede sino significar también excluir a todos los demás de los lugares dignos, agradables y seguros, y encerrarlos en sus barrios pobres. En las grandes ciudades, el espacio se divide en "comunidades cerradas" (guetos voluntarios) y "barrios miserables" (guetos involuntarios). El resto de la población lleva una incómoda existencia entre esos dos extremos, soñando con acceder a los guetos voluntarios y temiendo caer en los involuntarios.

¿Por qué se cree que el mundo de hoy padece una inseguridad sin precedentes? ¿En otras eras se vivía con mayor seguridad?

Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron ); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro "hasta nuevo aviso" y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la "liquidez" siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal… Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.

Esto nos llevaría a otra paradoja. ¿Cómo maneja la sociedad moderna la falta de seguridad que ella misma produce?

Por medio de todo tipo de estratagemas, en su mayor parte a través de sustitutos. Uno de los más habituales es el desplazamiento/trasplante del terror a la globalización inaccesible, caótica, descontrolada e impredecible a sus productos: inmigrantes, refugiados, personas que piden asilo. Otro instrumento es el que proporcionan las llamadas "comunidades cerradas" fortificadas contra extraños, merodeadores y mendigos, si bien son incapaces de detener o desviar las fuerzas que son responsables del debilitamiento de nuestra autoestima y actitud social, que amenazan con destruir. En líneas más generales: las estratagemas más extendidas se reducen a la sustitución de preocupaciones sobre la seguridad del cuerpo y la propiedad por preocupaciones sobre la seguridad individual y colectiva sustentada o negada en términos sociales.

¿Hay futuro? ¿Se puede pensarlo? ¿Existe en el imaginario de los jóvenes?

El filósofo británico John Gray destacó que "los gobiernos de los estados soberanos no saben de antemano cómo van a reaccionar los mercados (…) Los gobiernos nacionales en la década de 1990 vuelan a ciegas." Gray no estima que el futuro suponga una situación muy diferente. Al igual que en el pasado, podemos esperar "una sucesión de contingencias, catástrofes y pasos ocasionales por la paz y la civilización", todos ellos, permítame agregar, inesperados, imprevisibles y por lo general con víctimas y beneficiarios sin conciencia ni preparación. Hay muchos indicios de que, a diferencia de sus padres y abuelos, los jóvenes tienden a abandonar la concepción "cíclica" y "lineal" del tiempo y a volver a un modelo "puntillista": el tiempo se pulveriza en una serie desordenada de "momentos", cada uno de los cuales se vive solo, tiene un valor que puede desvanecerse con la llegada del momento siguiente y tiene poca relación con el pasado y con el futuro. Como la fluidez endémica de las condiciones tiene la mala costumbre de cambiar sin previo aviso, la atención tiende a concentrarse en aprovechar al máximo el momento actual en lugar de preocuparse por sus posibles consecuencias a largo plazo. Cada punto del tiempo, por más efímero que sea, puede resultar otro "big bang", pero no hay forma de saber qué punto con anticipación, de modo que, por las dudas, hay que explorar cada uno a fondo.

Es una época en la que los miedos tienen un papel destacado. ¿Cuáles son los principales temores que trae este presente?

Creo que las características más destacadas de los miedos contemporáneos son su naturaleza diseminada, la subdefinición y la subdeterminación, características que tienden a aparecer en los períodos de lo que puede llamarse un "interregno". Antonio Gramsci escribió en Cuadernos de la cárcel lo siguiente: "La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: en este interregno aparece una gran variedad de síntomas mórbidos". Gramsci dio al término "interregno" un significado que abarcó un espectro más amplio del orden social, político y legal, al tiempo que profundizaba en la situación sociocultural; o más bien, tomando la memorable definición de Lenin de la "situación revolucionaria" como la situación en la que los gobernantes ya no pueden gobernar mientras que los gobernados ya no quieren ser gobernados, separó la idea de "interregno" de su habitual asociación con el interludio de la trasmisión (acostumbrada) del poder hereditario o elegido, y lo asoció a las situaciones extraordinarias en las que el marco legal existente del orden social pierde fuerza y ya no puede mantenerse, mientras que un marco nuevo, a la medida de las nuevas condiciones que hicieron inútil el marco anterior, está aún en una etapa de creación, no se lo terminó de estructurar o no tiene la fuerza suficiente para que se lo instale. Propongo reconocer la situación planetaria actual como un caso de interregno.

De hecho, tal como postuló Gramsci, "lo viejo está muriendo". El viejo orden que hasta hace poco se basaba en un principio igualmente "trinitario" de territorio, estado y nación como clave de la distribución planetaria de soberanía, y en un poder que parecía vinculado para siempre a la política del estado-nación territorial como su único agente operativo, ahora está muriendo. La soberanía ya no está ligada a los elementos de las entidades y el principio trinitario; como máximo está vinculada a los mismos pero de forma laxa y en proporciones mucho más reducidas en dimensiones y contenidos. La presunta unión indisoluble de poder y política, por otro lado, está terminando con perspectivas de divorcio. La soberanía está sin ancla y en flotación libre. Los estados-nación se encuentran en situación de compartir la compañía conflictiva de aspirantes a, o presuntos sujetos soberanos siempre en pugna y competencia, con entidades que evaden con éxito la aplicación del hasta entonces principio trinitario obligatorio de asignación, y con demasiada frecuencia ignorando de manera explícita o socavando de forma furtiva sus objetos designados. Un número cada vez mayor de competidores por la soberanía ya excede, si no de forma individual sin duda de forma colectiva, el poder de un estado-nación medio (las compañías comerciales, industriales y financieras multinacionales ya constituyen, según Gray, "alrededor de la tercera parte de la producción mundial y los dos tercios del comercio mundial").

La "modernidad líquida", como un tiempo donde las relaciones sociales, económicas, discurren como un fluido que no puede conservar la forma adquirida en cada momento, ¿tiene fin?

Es difícil contestar esa pregunta, no sólo porque el futuro es impredecible, sino debido al "interregno" que mencioné antes, un lapso en el que virtualmente todo puede pasar pero nada puede hacerse con plena seguridad y certeza de éxito. En nuestros tiempos, la gran pregunta no es "¿qué hace falta hacer?", sino "¿quién puede hacerlo?" En la actualidad hay una creciente separación, que se acerca de forma alarmante al divorcio, entre poder y política, los dos socios aparentemente inseparables que durante los dos últimos siglos residieron –o creyeron y exigieron residir– en el estado nación territorial. Esa separación ya derivó en el desajuste entre las instituciones del poder y las de la política. El poder desapareció del nivel del estado nación y se instaló en el "espacio de flujos" libre de política, dejando a la política oculta como antes en la morada que se compartía y que ahora descendió al "espacio de lugares". El creciente volumen de poder que importa ya se hizo global. La política, sin embargo, siguió siendo tan local como antes. Por lo tanto, los poderes más relevantes permanecen fuera del alcance de las instituciones políticas existentes, mientras que el marco de maniobra de la política interna sigue reduciéndose. La situación planetaria enfrenta ahora el desafío de asambleas ad hoc de poderes discordantes que el control político no limita debido a que las instituciones políticas existentes tienen cada vez menos poder. Estas se ven, por lo tanto, obligadas a limitar de forma drástica sus ambiciones y a "transferir" o "tercerizar" la creciente cantidad de funciones que tradicionalmente se confiaba a los gobiernos nacionales a organizaciones no políticas. La reducción de la esfera política se autoalimenta, así como la pérdida de relevancia de los sucesivos segmentos de la política nacional redunda en el desgaste del interés de los ciudadanos por la política institucionalizada y en la extendida tendencia a reemplazarla con una política de "flotación libre", notable por su carácter expeditivo, pero también por su cortoplacismo, reducción a un único tema, fragilidad y resistencia a la institucionalización.

¿Cree que esta crisis global que estamos padeciendo puede generar un nuevo mundo, o al menos un poco diferente?

Hasta ahora, la reacción a la "crisis del crédito", si bien impresionante y hasta revolucionaria, es "más de lo mismo", con la vana esperanza de que las posibilidades vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa no estén aún del todo agotadas: un esfuerzo por recapitalizar a quienes prestan dinero y por hacer que sus deudores vuelvan a ser confiables para el crédito, de modo tal que el negocio de prestar y de tomar crédito, de seguir endeudándose, puedan volver a lo "habitual". El estado benefactor para los ricos volvió a los salones de exposición, para lo cual se lo sacó de las dependencias de servicio a las que se había relegado temporalmente sus oficinas para evitar comparaciones envidiosas.

Pero hay individuos que padecen las consecuencias de esta crisis de los que poco se habla. Los protagonistas visibles son los bancos, las empresas…

Lo que se olvida alegremente (y de forma estúpida) en esa ocasión es que la naturaleza del sufrimiento humano está determinada por la forma en que las personas viven. El dolor que en la actualidad se lamenta, al igual que todo mal social, tiene profundas raíces en la forma de vida que aprendimos, en nuestro hábito de buscar crédito para el consumo. Vivir del crédito es algo adictivo, más que casi o todas las drogas, y sin duda más adictivo que otros tranquilizantes que se ofrecen, y décadas de generoso suministro de una droga no pueden sino derivar en shock y conmoción cuando la provisión se detiene o disminuye. Ahora nos proponen la salida aparentemente fácil del shock que padecen tanto los drogadictos como los vendedores de drogas: la reanudación del suministro de drogas. Hasta ahora no hay muchos indicios de que nos estemos acercando a las raíces del problema. En el momento en que se lo detuvo ya al borde del precipicio mediante la inyección de "dinero de los contribuyentes", el banco TSB Lloyds empezó a presionar al Tesoro para que destinara parte del paquete de ahorro a los dividendos de los accionistas. A pesar de la indignación oficial, el banco procedió impasible a pagar bonificaciones cuyo monto obsceno llevó al desastre a los bancos y sus clientes. Por más impresionantes que sean las medidas que los gobiernos ya tomaron, planificaron o anunciaron, todas apuntan a "recapitalizar" los bancos y permitirles volver a la "actividad normal": en otras palabras, a la actividad que fue la principal responsable de la crisis actual. Si los deudores no pudieron pagar los intereses de la orgía de consumo que el banco inspiró y alentó, tal vez se los pueda inducir/obligar a hacerlo por medio de impuestos pagados al estado. Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad de consumo y crédito. La "vuelta a la normalidad" anuncia una vuelta a las vías malas y siempre peligrosas. De todo modos todavía no llegamos al punto en que no hay vuelta atrás; aún hay tiempo (poco) de reflexionar y cambiar de camino; todavía podemos convertir el shock y la conmoción en algo beneficioso para nosotros y para nuestros hijos.


Bauman

Poznan (Polonia), 1925. Sociólogo

Los análisis y conclusiones de Bauman sobre la globalización y sus consecuencias son referencias ineludibles para las ciencias sociales en muchos rincones del planeta como ocurre también en nuestro país. Recibió el Premio italiano Amalfi de sociología y ciencias sociales y el Theodor W. Adorno de la ciudad de Frankfurt. Es el creador del concepto de modernidad líquida en contraposición a la modernidad sólida. En esta última se mantenía la ilusión de que se iban a solucionar los problemas y que los iban a mantener inmutables. Al desaparecer la solidez, se impone la liquidez como metáfora de lo inasible y de lo que debe ser rectificado periódicamente. Escribió: Legisladores e intérpretes ; La sociedad sitiada ; Modernidad líquida ; Vidas desperdiciadas ; Vida líquida ; Etica posmoderna .

Chomsky en Venezuela: EE.UU. continúa intervención con pretexto del narcotráfico…

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Redacción, BBC Mundo

El ensayista y analista político estadounidense Noam Chomsky criticó este lunes el uso de bases militares colombianas por parte del ejército de Estados Unidos tras entrevistarse con el presidente venezolano, Hugo Chávez, en Caracas.

Chávez y Chomsky

En 2006 Chávez hizo que uno de los libros de Chomsky se convirtiera en un éxito de ventas.

"La justificación de EE.UU. para la instalación de bases militares en Colombia es la lucha contra el narcotráfico, sin embargo, esta justificación es poco seria", señaló el ensayista y agregó:

"Existe una actitud de intervención bajo el pretexto del narcotráfico".

El presidente Chávez recibió a Chomsky en el palacio de Miraflores donde le dio "la más calurosa bienvenida".

"Ya era hora que nos visitaras y que el pueblo venezolano te viera y oyera directamente", le dijo Chávez al profesor emérito de la Massachusetts Institute of Technology (MIT) a las puertas del palacio presidencial.

Por su parte, Chomsky agradeció a Chávez las palabras de bienvenida, y destacó lo "emocionante es ver como en Venezuela se está creando este otro mundo posible y ver al hombre que ha inspirado este cambio".

"Hablar de la paz y criticar a quienes están en contra de ella es fácil. Lo difícil es crear un mundo nuevo y diferente", manifestó el conocido intelectual de izquierdas.

"Muchos años más"

Tras reunirse con Chávez, Chomsky ofreció una conferencia en el Teatro Teresa Carreño de Caracas, en la que señaló que "Venezuela sola no puede tener una respuesta ante las bases", por lo que animó a las naciones latinoamericanas a que elaboren en la reunión de Unasur (el próximo 28 de agosto en Bariloche, Argentina) "una declaración fuerte oponiéndose a la militarización del continente y a la presencia estadounidense en las bases militares colombianas".

El escritor también acusó a EE.UU. "exacerbar las tensiones en los países latinoamericanos", según informa la agencia EFE.

"Anteriormente, ayudaba a golpes de Estado o intervenciones militares: esta capacidad ha disminuido, pero no ha desaparecido", señaló Chomsky.

Durante la entrevista en Miraflores, el presidente manifestó que "Chomsky es uno de los intelectuales que más ha abonado en la lucha contra la hegemonía imperial, de la elite que gobierna en los EE.UU.".

"Ojalá vivas muchos años más y sigas produciendo esas ideas maravillosas que son referencia para los que en este mundo luchamos contra la hegemonía imperial, contra el modelo capitalista, que es una verdadera amenaza para la sobrevivencia de la especie humana", le dijo el mandatario al ensayista.

Según la corresponsal de BBC Mundo en Venezuela, Yolanda Valery, el presidente venezolano también recordó cuando en 2006 recomendó a los asistentes a la Asamblea General de la ONU en Nueva York leer "Hegemonía o Supervivencia: El dominio mundial de los Estados Unidos" de Chomsky.

Pocos días después el libro se convirtió en un éxito de ventas en Estados Unidos.

"Una influencia positiva"

Antes de viajar a Venezuela, Noam Chomsky había declarardo en diversas ocasiones su simpatía hacia la figura del presidente Chávez.

Noam Chomsky

Chomsky criticó la decisión de Colombia de permitir que EE.UU. utilice algunas de sus bases militares.

En una entrevista concedida a BBC Mundo el pasado junio, Chomsky aseguró que considera que Chávez puede ser "una influencia positiva" para Latinoamérica.

clicLea: "Los cambios en Sudamérica son inspiradores"

"Muchos de los programas que ha iniciado me parecen bastante prometedores, como las misiones (programas sociales), los esfuerzos para reducir la pobreza", dijo entonces el intelectual estadounidense.

"Ha impulsado los esfuerzos de integración en Sudamérica, como el Banco del Sur, o Petrocaribe. Todas estas cosas son muy positivas", señaló.

"Creo que también hay grandes problemas en el país, como el alto nivel de crimen, enorme corrupción, elementos de caudillismo -la tradicional plaga latinoamericana- (…) Pero pienso que hay buenas señales de que puede ser una influencia positiva", dijo Chomsky en respuesta a las preguntas de varios de los lectores de BBC Mundo.

¿Hacia una nación mapuche en Chile?

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Veronica Smink

BBC Mundo, Cono Sur

El conflicto entre la comunidad mapuche de Chile y el gobierno de Michelle Bachelet, agravado por la muerte de un activista indígena hace dos semanas, ha dado nuevo impulso a un viejo anhelo de este pueblo originario: el de la creación de una nación independiente.

Sur de Chile

Un influyente líder mapuche se sumó a los reclamos de autonomía que ha mantenido históricamente una franja del movimiento indígena.

Aucán Huilcamán, vocero del Consejo de Todas las Tierras, propuso durante un programa televisivo dominical la creación de un “autogobierno” en el sur del país, como solución al conflicto generado por lo que considera una usurpación de terrenos ancestrales por parte de empresas forestales e hidroeléctricas.

“Del Bío Bío al sur puede haber un sitio posible donde se conviva en una armonía jurídica propia de un régimen autonómico”, planteó.

Sin embargo, muchos expertos cuestionan la capacidad del grupo autóctono más grande del país para organizarse políticamente.

“Hay problemas endógenos dentro de la cultura mapuche que les ha complicado los intentos de generar una organización que sea más o menos el espejo de lo que es el Estado”, dijo a BBC Mundo el sociólogo Miguel Urrutia, de la Universidad Católica de Chile.

Sin embargo Urrutia considera válido el reclamo autonómico de los indígenas, no sólo por su “peso histórico” sino también por el “peso demográfico” de la comunidad, que según datos extraoficiales representaría casi el 10% de la población chilena.

Primer partido mapuche

Uno de los que mejor conoce las dificultades para organizar políticamente al pueblo mapuche es Gustavo Quilaqueo, impulsor y presidente de la primera agrupación política de esa comunidad, el Partido Nacionalista Mapuche o Wallmapuwen.

En septiembre el partido comenzará a recolectar las cinco mil firmas que necesita para legalizarse.

En diálogo con BBC Mundo Quilaqueo admitió que su iniciativa sólo cuenta con el respaldo de la minoría de los mapuches, ya que estimó que cerca del 90% del pueblo tradicionalmente no ha acompañado las propuestas políticas que han surgido.

Otras dificultades que enumeró incluyen la “falta de espacio” que da a los nuevos movimientos políticos el Estado chileno, y la enorme diversidad del pueblo mapuche, que se divide entre el campo y la ciudad.

Más allá de aceptar que el proceso es largo y complicado, Quilaqueo no duda de que la vía política es la única que puede ofrecer una solución al conflicto entre el pueblo mapuche y las autoridades.

No obstante, para el líder político la respuesta no es el autogobierno, que considera una solución “reduccionista”.

“Nosotros creemos que los problemas de los mapuches se deben abordar en el contexto del Estado chileno”, afirmó.

Interlocutores

Mientras el pueblo mapuche continúa su desarrollo político, lo que han ido surgiendo son organizaciones sociales que actúan como interlocutoras de la comunidad.

La Alianza Territorial Mapuche, que agrupa a cerca de 60 comunidades, se ha convertido en las últimas semanas en uno de los principales referentes de esa sociedad.

Este lunes, la organización reclamó la presencia de la presidenta Bachelet en la región de la Arauncanía, donde se ha centrado el reclamo indígena.

La vocera del gobierno, Carolina Tohá, no confirmó ni descartó una posible visita de la mandataria.

Según Miguel Urrutia, grupos como la Alianza Territorial Mapuche, que están organizados según la tradición indígena, ofrecen una alternativa política para esta comunidad, y serán la vía a través de la cual se deberá buscar una solución al conflicto territorial.

La crisis y sus perspectivas: una visión marxista crítica…

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Entrevista con Alejandro Nadal, economista, profesor investigador del Centro de Estudios Económicos y colaborador de La Jornada

CRISIS-WS1 "La izquierda debería estar haciendo su tarea"

Salvador López Arnal, El Viejo Topo

Alejandro Nadal es economista doctorado en París. Profesor investigador del Centro de Estudios Económicos y de “El Colegio de México”, colabora semanalmente en el cotidiano mexicano de izquierda La Jornada. Los temas que cubre desde hace años abarcan un amplio arco: economía del cambio técnico, con intervenciones sobre tecnología industrial, nuclear (militar y civil), tecnología pesquera, agrícola; teoría económica pura (equilibrio general, Marx, Ricardo-Sraffa, etc) y teoría y práctica macroeconómica. Muchos de sus artículos han sido reproducidos en páginas electrónicas como www.rebelion.org o sin permiso.info. Además, Nadal es miembro del consejo editorial de Investigación Económica, una excelente revista de ciencias sociales dirigida por el economista mexicano Ignacio Perrotini. Nadal dirige actualmente un proyecto multinacional sobre política macroeconómica y medio ambiente en Argentina, Brasil, Ecuador, Costa Rica y México

¿De qué crisis hablamos cuando hablamos de la crisis? ¿De una abisal crisis financiera, de una enorme crisis político-cultural del neoliberalismo, de una usual crisis de sobreproducción, de una crisis del sistema de producción mercantil mundial sin bridas limitadoras, de una crisis del capitalismo como sistema civilizatorio?

Estamos hablando de un cambio de época. El capitalismo probablemente no se va a acabar con esta crisis, pero los esquemas de crecimiento basados en la expansión del sector financiero no pueden continuar siendo su plataforma de acumulación.

Usted ha escrito: “Después de la tormenta, cuando el polvo se asiente, veremos que la economía y el sistema financiero globales habrán sufrido transformaciones profundas. Y la secuela pavorosa de quiebras, desempleo y desigualdad marcará el adiós definitivo a la retórica feliz sobre las virtudes de la globalización”. ¿Está en contra, pues, de la globalización de la economía, piensa que esa es una de las principales causas que explican la situación?

La globalización neoliberal es una quimera y una máquina ideológica. Se le ha utilizado para justificar la idea de que el Estado no debe intervenir en la economía. La globalización es la palabra que utiliza el capital para hacer creer que la expansión de los mercados y la ley de la mercancía son fenómenos naturales. Lo que hoy llamamos “globalización” es el engendro del colapso del sistema de Bretton Woods y es un sistema económico internacional enfermo. La base de este sistema es la idea de que lo único que pueden hacer los Estados nacionales para promover el pleno empleo es fomentar las exportaciones y eso implica imponer a los demás países la carga del desempleo.

Se ha señalado en ocasiones no infrecuentes que la idea de que la crisis financiera que atraviesa Estados Unidos sea debida a una anomalía en un segmento del sistema de préstamos hipotecarios está equivocada, que los créditos hipotecarios irresponsables y de mala calidad no hubieran sido capaces de generar por sí mismos una crisis de estas dimensiones. ¿Por qué?

Es correcto afirmar que la crisis no sólo se generó en el mercado de hipotecas de segunda clase por dos razones. Primero, las hipotecas de segunda fueron objeto de un proceso de comercialización financiera muy amplia, a través de la bursatilización y de su proyección en lo mercados de derivados. Debido al fuerte apalancamiento en estas actividades, eso hace que el peso de las hipotecas sea mucho mayor al que hubieran tenido de permanecer en el mercado hipotecario. Además, la crisis se origina en un proceso de muy largo aliento de endeudamiento que se refleja no solo en las hipotecas, sino en tarjetas de crédito, préstamos para automóviles, para estudiantes, etc. El endeudamiento en Estados Unidos es lo que está detrás de la crisis.

Sin olvidar otras aristas, ¿estamos presenciando el estallido y desarrollo de la peor catástrofe financiera desde 1930? ¿La peor crisis financiera en siete décadas extendida por todo el planeta?

Afirmativo. Esta es la peor crisis financiera y económica desde la Gran Depresión. No sólo es la más profunda, también es una crisis global.

Paradójicamente usted ha apuntado también que los mecanismos supuestamente diseñados para reducir el riesgo de una crisis sistémica son precisamente los que hoy constituyen la peor amenaza para la integridad del sistema financiero, bancario y no bancario. ¿A qué mecanismos se estaba refiriendo?

La expansión del sector financiero estuvo asociada a la llamada innovación financiera, es decir, a la generación de instrumentos que no existían con anterioridad. Entre ellos destacan los vehículos de inversión estructurada (los SIVs) y las deudas garantizadas por activos (los CDOs). En teoría, estos productos financieros debían servir para canalizar el ahorro hacia empleos eficientes y, además, para diversificar el riesgo. En realidad, lo que hicieron fue difundir y amplificar el riesgo a escalas astronómicas. Otra forma de decirlo es que la expansión del sector financiero adjudicó la tarea de evaluar el riesgo financiero inherente a actividades de alto apalancamiento a instituciones (las corredurías y calificadoras) que no estaban preparadas para hacerlo. Por esta razón, el riesgo se difundió de manera más intensa de lo que había pasado en otras épocas.

También usted ha señalado que la destrucción de capital que trae aparejada la crisis apuntaba una lección importante, demostraba, son sus propias palabras, “que detrás de los amables rituales y sofisticados gadgets con los que disfrazamos la realidad social, yacen fuerzas destructivas que algún día terminarán con todo”. ¿Con todo, dice usted? ¿No exagera? Por lo demás, ¿a qué fuerzas hacía usted referencia?

La crisis que estamos observando no se reduce a la problemática financiera y económica. No estamos amenazados sólo por la deflación y el desempleo, o en el futuro cercano, por la hiperinflación. También estamos sufriendo una crisis ambiental de primera magnitud. Estamos igualmente amenazados por la deforestación, la erosión de suelos, la sobre-explotación de acuíferos, el cambio climático, y la extinción masiva de especies que hemos provocado.

¿Dónde está afectando y dónde golpeará más las crisis en su opinión?

La crisis está afectando a todo el mundo. Claro, los pobres de todo el mundo, esa mitad de la población que vive con menos de 2.5 dólares diarios, van a seguir en lo mismo, en la lucha por la supervivencia. Las clases medias van a ver su base patrimonial seriamente afectada.

Usted defiende que lejos de ser enviado a un segundo plano, el tema de la destrucción ambiental debería estar al frente de la discusión sobre la salida de la crisis. Sin embargo, las cosas no parecen apuntar en esa dirección. Lo que importa, se dice, es salir de la crisis, sea como sea, y, además, de forma rápida. Usted ha citado el Programa de Naciones Unidas sobre medio ambiente (PNUMA), que se dio a conocer en octubre de 2008, pero no parece que ese programa esté en el puesto de mando de las decisiones gubernamentales ni en las agendas no propagandísticas de las grandes corporaciones.

Además he citado esa iniciativa del PNUMA para criticarlo. Esa iniciativa (la “Green Economy Initiative”) está basada en una premisa falsa. Supone que lo único que tenemos que hacer es cambiar nuestra tecnología y las cosas se arreglarán casi como por magia. Hay que tener edificios inteligentes, automóviles eficientes en energía, hay que invertir en fuentes renovables de energía, etc. El sector privado encontrará en esto oportunidades rentables muy favorables. La iniciativa descansa en esta idea de que si arreglamos nuestra tecnología, todo mejorará.

Pero si bien es cierto que una mejor tecnología puede reducir el impacto ecológico (o la huella ecológica), también es cierto que esto no es suficiente. No basta con cambiar la tecnología. Se necesita cambiar las relaciones económicas que existen hoy en día en el seno de esta etapa en la acumulación capitalista. No basta con tener autos eficientes y una mejor infraestructura si no modificamos las pautas de distribución del ingreso que existen a nivel nacional e internacional. No podemos dejar sin cambio los patrones de flujos de inversión y de comercio mundial. Todo eso, y otras cosas que sería largo enumerar, son la razón por la que existe la terrible desigualdad social que observamos en el planeta. Es obvio que si no cambiamos este marco macroeconómico, no nos vamos a acercar a la sustentabilidad.

¿Qué horizontes vislumbra usted ante la actual situación? ¿Qué salidas son esperables, no me atrevo a decir deseables?

Los pueblos deberán descifrar con precisión los contornos de esta crisis y de este cambio de época. En función de ese análisis, deberán fijar el rumbo a seguir. Esta es una época peligrosa. Pero una cosa ya saben los pueblos. El capital reprime cuando se siente amenazado. Y utilizará la violencia para defenderse, como lo ha hecho en el pasado.

Por su parte, me parece que muchos economistas no tienen una idea clara de lo que viene (muchos usan esquemas teóricos según los cuales esta crisis ni siquiera debería estar sucediendo).

Los principales rasgos de las salidas deseables pueden describirse sin demasiada dificultad en un esquema reformista. Por el momento se puede pensar en un esquema de mayor democratización y control social sobre los procesos productivos y sobre los circuitos financieros. Esto debe acompañarse de una serie de esquemas redistributivos de ingreso y riqueza. Además, es importante regular la actividad productiva para evitar el deterioro ambiental que está amenazando la biosfera.

En esta época de crisis, dada la correlación de fuerzas existentes, ¿en qué puntos deberían poner énfasis la izquierda política? ¿En las nacionalizaciones? ¿En el control del sistema financiero? ¿En el desarrollo sostenible del sector industrial? ¿En una agricultura menos extensiva?

En todos esos renglones. Pero no hay que olvidar: lo fundamental está en la macroeconomía. Y la izquierda siempre parece tenerle miedo a la macroeconomía. El único renglón que se relaciona con la macroeconomía en esta pregunta es el del sector financiero. Por supuesto que ese sector es fundamental. También lo es la redefinición de la política monetaria y cambiaria, y de la política fiscal. También hay que apuntar en la dirección de reformas profundas en el sistema financiero internacional.

¿La izquierda, en su opinión, debería hablar de socialismo en estos momentos? Si fuera así, ¿a qué sistema económico social se estaría apuntando, cuáles serían sus ejes esenciales? Lo que se necesita, ha afirmado usted, es descartar el modelo neoliberal para proceder con un diseño nuevo que realmente coloque a la justicia, la responsabilidad social y la integridad ambiental en el centro de las prioridades. Explíquenos algo de ese modelo que usted defiende.

La izquierda debería estar haciendo su tarea, analizando lo que está pasando y preparando un proyecto político viable. Hoy mucha gente cita a Keynes y lo adereza con citas de Marx. Es cierto que Keynes es un autor relevante para nuestro tiempo. Pero no hay que olvidar que este autor no hizo una crítica completa de la teoría económica de su tiempo. Y por eso fue recuperado y distorsionado en los años sesenta y setenta. Esto también nos dice que si hay algo que debemos evitar es leer a Marx sin cuestionarlo. El proyecto analítico de Marx es un trabajo trunco que adolece de múltiples errores. A pesar de que sus intuiciones y buena parte de su trabajo son sumamente relevantes y valiosos, Marx no pudo llevar a buen término su proyecto científico. Desde el problema de la transformación de valores en precios de producción, hasta los problemas en los esquemas de reproducción, el discurso de Marx presenta graves dificultades analíticas. Los marxistas se han encargado de empobrecer el análisis de Marx al leerlo como si fuera una especie de texto religioso. Sería bueno que dejaran de recitarlo como catecismo.

¿Cree usted que el capitalismo carga en sus entrañas con la semilla de su propia destrucción? ¿Qué semilla benefactora es esa? ¿Estamos entrando, pues, en el postcapitalismo?

La dinámica de la historia es incontenible y ningún sistema económico dura para siempre. En esto Marx tiene razón. La especificidad histórica del capitalismo es al mismo tiempo la fórmula de su destrucción. Ahora bien, no creo que esta crisis sea terminal y constituya el anuncio de que estamos entrando en una época post-capitalista. Lo que sí puede ser es que la redefinición del papel del estado en la conducción de la vida económica podría permitir la transición a un régimen más democrático y menos inhumano. Esto no está garantizado y sólo será el resultado de un largo proceso de lucha política.

Desde un punto de vista teórico, de ciencia económica, si queremos decirlo así, ¿puede afirmarse que la crisis actual ha significado la bancarrota científica del paradigma neoliberal, de su, digamos, programa de investigación teórico-político?

No, la bancarrota científica del paradigma neoliberal se produce mucho antes de esta crisis y se ubica en el callejón sin salida de la teoría económica, lo que Marx llamaba el discurso del capital. La idea de que los mercados son un dispositivo social que conduce a un equilibrio y que ese equilibrio es una asignación óptima de recursos es absurda, pero es lo que animó a la teoría económica del capital durante doscientos cincuenta años. Desde hace mucho se sabe que esa teoría es un discurso vacío. Los economistas que hemos estado criticando el discurso dominante en las universidades (sobre todo de la teoría de equilibrio general) sabíamos desde hace años que esa teoría tiene carencias fundamentales.

Los economistas han estado tratando de construir una teoría que pudiera demostrar que los mercados conducen a posiciones de equilibrio desde 1776, año en que Smith publicó laRiqueza de las naciones. Y todos los intentos fracasaron. El más importante y “sofisticado” es la teoría de equilibrio general. Y con ese edificio teórico no sólo no se pudo demostrar que las fuerzas de la competencia en el mercado conducían al equilibrio, sino que al final se pudo demostrar (en 1974, para ser precisos) que para alcanzar ese resultado sería necesario introducir supuestos súper restrictivos en el modelo. Y eso ya es algo serio, porque ya se sabía que el modelo de equilibrio general tenía otros defectos serios (una figura centralizadora de información, no toleraban la introducción de la moneda, etc.). Entonces, la bancarrota científica del discurso y modelo neoclásico es mucho anterior a la crisis, pero se pudo imponer en el plano ideológico, impulsado por el poder político, los medios y una vida académica cada vez más sometida al establishment.

La crisis actual es la prueba de que el modelo neoliberal en el plano de la política económica tampoco es consistente. Esto también es algo que el análisis de las crisis financieras de la última década nos había revelado.

¿Observa país en donde se esté trabajando a favor de una salida de la crisis que a usted le parezca razonable y justa?

Es posible que algunos países estén buscando enfrentar este problema de manera eficiente y justa. No sé cuáles. Veo muchos países con paquetes de estímulos fiscales que simplemente buscan regresar al punto en que se encontraban las economías antes de la crisis. Y los rescates a bancos tampoco son el anuncio de una transición a algo mejor.

También usted ha señalado que el astronómico estímulo fiscal planeado por la administración Obama no sólo será desperdiciado, sino que será el detonador de una debacle económica sin paralelo dentro de unos pocos años. ¿Por qué? ¿Es contrario a ese programa de ayuda pública?

Lo único que está haciendo el programa de Obama es inyectarle más liquidez a una economía enferma. En el mejor de los casos, eso simplemente va a posponer la debacle de esa economía y de su moneda, el dólar.

Usted ha criticado en alguna ocasión los comportamientos de lo que ha llamado la “la burocracia sindical”. Así, en el caso de Chrysler que cerró 28 plantas en Estados Unidos, despidió a 48.000 obreros y otros 20.000 empleados también perdieron su empleo, los trabajadoras más jóvenes y militantes fueron los primeros en ser despedidos, mientras la burocracia sindical era recompensada.¿Teme que la situación pueda volver a repetirse? ¿Cómo podemos combatirla?

Sí, la situación puede volver a repetirse. El ajuste va a pasar primero por sacrificar puestos de trabajo y por flexibilizar todavía más el mercado laboral. La democratización de los puestos de trabajo es una forma de evitar que suceda esto. Pero es algo que debió producirse en el pasado. Hoy lo que queda es una gran movilización política, de escala masiva y permanente, que impida que el costo de la crisis le sea endosado a los trabajadores.

Se ha afirmado, usted mismo lo ha hecho, que la pérdida de poder adquisitivo del salario es parte importante de los orígenes de la crisis actual, porque esa pérdida tuvo que ser compensada con endeudamiento privado para mantener los niveles de demanda efectiva. Una generación no tuvo más remedio que endeudarse para mantener sus niveles de consumo. ¿Cómo salir del círculo entonces si los salarios, como parece ser el caso, no paran de descender en muchos lugres de mundo, y no sólo en países emergentes o en países orillados, sino también en los centros del Imperio?

Es necesario revertir los efectos de la globalización neoliberal. Keynes vio con claridad que no es posible tener una economía mundial que esté basada en que cada economía nacional aviente a sus vecinos (cercanos y lejanos) su problema de desempleo y de falta de demanda efectiva. Eso hace daño a todos los países. Tarde o temprano explota la crisis.

Para usted la siguiente explicación es un cuento conciso y claro pero superficial: la codicia y la desregulación financiera generaron una burbuja especulativa, y cuando cayeron los precios de los bienes raíces, la burbuja reventó. En este proceso, los consumidores se tiraron una tremenda borrachera de consumo y la codicia de los bancos estadounidenses llevó a otorgar hipotecas a personas que no eran sujetos de crédito. Los activos tóxicos contaminaron bancos, corporativos y fondos de inversión en todo el mundo, lo que congeló el crédito interbancario, colapsó la demanda y vino la recesión. ¿Qué añadiría usted para que el relato no sea superficial?

Habría que explicar por qué se tiene un sistema económico que para crecer tiene que descansar en burbujas especulativas. Este es un tema delicado y quizás no tenemos espacio para aclararlo en esta entrevista. Lo cierto es que en un plano reformista, podemos decir que Keynes advirtió muy bien sobre este peligro y su solución consiste en mantener una política macroeconómica activa que permita contrarrestar la deficiente demanda efectiva en los ciclos de las economías capitalistas. Pero en la medida en que se consideró que la política macroeconómica distorsionaba el buen funcionamiento del mercado, esa visión fue abandonada. Hoy la crisis vuelve a recordar al capital que su forma de vida es una amenaza para la sociedad y la biósfera del planeta.

Por lo demás, ¿por qué los mercados no corrigieron los desequilibrios?

Los mercados no son dispositivos que “corrigen” desequilibrios. Si un equilibrio puede ser “corregido” por las fuerzas del mercado, se dice que ese equilibrio es “estable”. Pero hoy lo que sabemos es que ni siquiera es viable razonar en términos de posiciones de equilibrio. El capitalismo vive en la inestabilidad, en el desequilibrio, en la crisis. Es su forma natural de operar. Y Marx tenía razón al señalar que eso implica un enorme desperdicio de recursos.

Parafraseando a Marx, usted ha señalado que los pueblos no pueden regresar a ser niños, a menos que caigan en el infantilismo. Hay niños mal educados y otros, los obedientes, que se convirtieron en adultos prematuramente. Quizá sean preferibles las preguntas de los niños mal educados. ¿Qué preguntas deberíamos hacer entonces si somos niños maleducados?

Los pueblos hacen sus propias preguntas. Pero una cosa sí es clara. Hay que cuestionarlo todo. Hay que ir a las causas últimas de los procesos históricos. Hay que cuestionar al propio Marx. Insisto, hay que dejar de leerlo como catecismo religioso, eso ha empobrecido el análisis marxista.