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Archive for agosto 14th, 2009

Chile: la porfiada inequidad del sistema tributario…

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La porfiada inequidad del sistema tributario chilenoEn nuestra actual contienda presidencial pareciera que el tema tributario, y con mayor razón una reforma tributaria, fuera un invitado de piedra al que hay que ignorar. El pensamiento conservador argumenta que dado que el precio del cobre empieza a recuperarse y la crisis global estaría viendo la luz al final del túnel, no hay que preocuparse de los impuestos, pues podremos seguir gozando de las rentas cupríferas sin tocar el sistema tributario.

Por Alexis Guardia B.*

En las grandes contiendas electorales que se dan en los sistemas democráticos es normal y sano que el tema tributario forme parte de la agenda de discusión política. En general los programas de gobierno que disputan la adhesión mayoritaria del electorado conllevan aumentos de gasto público que es necesario saber como se van a financiar o bien implican reducción de gasto o de impuestos de los que es importante conocer sus destinatarios.

En ambos casos no es menos relevante dar cuenta como estas proposiciones  afectan el nivel de actividad económica y la distribución del ingreso. La discusión del tema tributario tiene la virtud,  no obstante sus complejidades técnicas, de hacer confluir la economía y la política pues el sistema tributario puede ser modificado democráticamente por el Ejecutivo y el Parlamento. Por lo tanto en este campo no hay derechos adquiridos ni privilegios cuando el sistema depende de la voluntad ciudadana.

Ahora bien, en nuestra actual contienda presidencial pareciera que el tema tributario, y con mayor razón una reforma tributaria, fuera un invitado de piedra al que hay que ignorar. El pensamiento conservador argumenta que dado que el precio del cobre empieza a recuperarse y la crisis global estaría viendo la luz al final del túnel, no hay que preocuparse de los impuestos, pues podremos seguir gozando de las rentas cupríferas sin tocar el sistema tributario.

Si viviéramos en un país escandinavo, europeo o en los Estados Unidos podríamos pensar que en la actual situación y en lo inmediato el tema impositivo no es relevante, pero tengamos claro que el sistema tributario en esos países no está asentado en la volatilidad del precio de una materia prima y la equidad de dicho sistema es muy superior al nuestro. Tampoco la situación recesiva que vive nuestra economía es razón para ignorar el tema tributario aduciendo que ello puede afectar las decisiones de inversión. La verdad es que nadie hace una reforma tributaria que signifique menor crecimiento y menor inversión.

El problema de fondo es que el sistema impositivo heredado del régimen militar se caracteriza por su inequidad, es decir por los beneficios exagerados que ella contiene particularmente para las personas con mayor capacidad económica. La Concertación ha ido modificando parcialmente esta situación por la vía de: aumentar el impuesto a las utilidades de las empresas en 1990 y 2002, alcanzando actualmente a un 17%, mientras hace veinte años era de solo 10%; reducir la tasa marginal máxima de los impuestos personales primero en 1995 y después en 2002, llevándola desde el 50% existente en 1990  al 40% actual , todo ello para "desahogar a la clase media"; reducción de los aranceles a las importaciones de 20% al 6%; el 2005 se elimina la franquicia tributaria conocida como 57bis promulgada en los años 80 y que permitía a los accionista rebajar en 20% su base imponible por el valor de las acciones de primera emisión en su poder (beneficio al 1% más rico de los chilenos); nuevas normativas y mejoría en cantidad y calidad del personal de impuestos internos, para evitar la evasión y elusión el 2001 y que significaron el 2004 recaudar más de 900 millones de dólares por reducción de la evasión.

Sin embargo, los cambios logrados en los últimos veinte años  no permitieron volver a los niveles de carga tributaria de principios de los ochenta, cercanos al 20% (2006 fue 18%). La estructura tributaria se ha concentrado en los impuestos al consumo de naturaleza regresiva,  priorizando la eficiencia en la recaudación por sobre los aspecto de equidad. Y el sistema tributario sigue caracterizado por su inequidad, y principalmente  por la elusión y franquicias que en la práctica son una de las principales fuentes de la inequidad. Respecto a esta última el Servicio de Impuestos Internos (SII) publica anualmente un informe de lo que ellos llaman "Gasto Tributario", es decir la pérdida de recaudación asociada a las principales franquicias y tratamientos especiales en el IVA y el impuesto a la renta. De acuerdo al SII estas franquicias se estimaron para el año 2008 en 4,6% del PIB, es decir 7.800 millones de dólares.

El  70% de estas franquicias están en principio destinadas a estimular el ahorro y la inversión por la vía de postergar la tributación de las utilidades reinvertidas con lo cual el contribuyente tiene un crédito estatal a 0% de tasa de interés. Paradojalmente el ahorro privado se  ha ido reduciendo sistemáticamente. como porcentaje del PIB de un 6% el 2003 a un 3,3% el 2007. Franquicias también se dan en la depreciación acelerada, y las rentas destinadas a fondos de pensiones; otras franquicias de este paquete benefician la actividad  inmobiliaria vía exención del pago  del IVA, la actividad de la educación y la salud, transporte, seguros y otros. Según estudio del SII del 2005 se constata una concentración de estas franquicias en el quintil de mayores ingresos.

En este sentido estas preferencias son claramente regresivas sin que se manifieste un crecimiento del ahorro. Una de las franquicias  más regresivas es la de salud y educación, cuyos establecimientos al estar exentos de pago de IVA se les permite ofrecer servicios a precios más bajos a los sectores de más altos ingresos del país quienes son los que compran educación y salud.

Podemos concluir que en materia tributaria la Concertación no ha concluido su tarea de corregir la inequidad y aumentar la recaudación tributaria, el tema de las franquicias es uno de los ejemplos pues al parecer desde el punto de vista social muchas de ellas no se justifican.

*Alexis Guardia B. es economista.

En los orígenes de la decadencia (de la izquierda…)

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Rossana Rossanda · · · · ·

El diagnóstico del estado de la política en Italia es simple: la mitad de los ciudadanos se ha abstenido en las elecciones europeas,  en las segundas vueltas de las administrativas y en el referéndum aún mucho más. El escenario es semejante en toda Europa. Los socialistas han perdido en todas partes, el parlamento europeo es ampliamente de centro derecha. Las izquierdas radicales son más débiles de lo previsto y las italianas han desaparecido de escena. Italia carece de una socialdemocracia, debilitada por lo demás en otras partes. Por todas partes despunta o se refuerza una extrema derecha. La señal es la opuesta a la que proviene de los Estados Unidos,  en absoluto tenida en cuenta, en la práctica, en Europa.

En Italia Berlusconi no supera,  como esperaba, el 35%, y es menos fuerte que hace un año. La Liga alcanza el 10, son inseparables. Fini juega su propio juego. Si esto conduce a una crisis de gobierno, será desencadenada y gestionada desde la mayoría (y apoyada por el Vaticano a través de Casini). La minoría está dividida entre un A D en descenso, dividido y confundido, y una izquierda radical hecha añicos. Ni tan siquiera los Verdes parecen librarse de la crisis, a pesar de que Obama en los EE UU y muchos otros en Europa ven en la ecología una inversión necesaria y un valor-refugio. La opción bipartita que había sido común a Berlusconi y Veltroni se ha venido abajo.

1. Si estamos de acuerdo en lo que hace a este sintético resumen, queda por ver si se comparte el porqué de este resultado. En mi opinión, en lo que respecta a Italia habrá que buscarlo lejos, al tiempo en que transcurre mi generación, que por otro lado no es más que un breve momento histórico. De hecho, el desastre actual parece mayor en la medida en que la izquierda de la posguerra era más fuerte que en otras partes. Nunca fue mayoritaria, tal como observaba Norberto Bobbio, precisamente porque estaba representada, en un país surgido del crisol del los años veinte y treinta en Europa, por comunistas y socialistas y un fuerte sindicato que aplastaron entre ellos y la DC una interesante tercera fuerza (Justicia y Libertad1)

Esta forma adoptada por la izquierda, desde la resistencia a 1956, es bastante diferente a la de las otras de occidente. Los socialistas y los comunistas, libres de las disputas de los años treinta encubiertas por el fascismo, estaban entonces unidos y los comunistas parecían, salvo para la DC y para el “partido americano”, suficientemente desvinculados de la URSS (considerada esta por otra parte no como un peligro inminente). Así, después de 1956 y de la ruptura con el PS, el PCI supera gradualmente, en cantidad y cualidad de audiencia al hasta entonces más fuerte PCF, al hacer suya una ancha franja de opinión. Resulta difícil separar de esto la sólida cimentación del sentido común republicano, constitucional, antifascista; y todo ello, además, coloreado con un tono de concepción clasista (vivísima en la resistencia, incluso en Justicia y Libertad y más tarde en el catolicismo de Dossetti y de la corriente de Base de la DC)

2. El escenario cambia en los años sesenta–setenta, en correspondencia con la gran modernización del país en la composición social, productiva y cultural. El PS cambió de frente, en el PCI se abre un debate, el sindicato crece y cambia su estructura de base, un área de izquierda radical comienza a aparecer separada de los comunistas, que sin embargo crecen en peso.

El cortocircuito lo produce el movimiento de 1968. Contrariamente al resto de Europa esto acaece en presencia de un fuerte partido comunista que no lo ataca frontalmente, pero con cuya hegemonía termina. 1968 se prolonga  en Italia durante un decenio. Como en ninguna otra parte, modificó diversos parámetros de la cultura, produjo la densa politización de grupos extraparlamentarios distinta de la del partido comunista,  promovió un vasto asociacionismo que se vivía como contracultura y contrapoder. Es una segunda y tumultuosa modernización del país que se sitúa a la izquierda del PCI pero no reduce su fuerza en la opinión de las masas, todo lo contrario.

Los comunistas alcanzarán un tercio de los votos, el sindicato es fuerte, la intelectualidad está  politizada y es abundante como nunca. El “movimiento” critica al PCI y a la CGIL pero se inclina por la pertenencia al sindicato (el más cambiado) y el voto al PCI; las elecciones de 1975 le dan a la izquierda todas las grandes ciudades.

Esta tendencia no parece ser mellada por el Compromiso Histórico (1973)2 poco tenido en cuenta por la opinión. Es como si tan solo la abstención comunista de 1976 en relación con el gobierno de Andreotti hubiese revelado su verdadero sentido. Es en ese momento cuando se rompe toda esperanza de las minorías del movimiento, el propio movimiento se divide y una pequeña parte del mismo (no se necesitan muchos para disparar) se echa en serio a las armas (homicidio de Coco en Génova)

Sin embargo, el electorado sostendrá  siempre al PCI hasta la muerte de Berlinguer, el cual por otra parte, hace, en los últimos años, y aislado del grupo dirigente, un giro a la izquierda

3. Demasiado tarde. A nivel mundial 1968 no había sido pasado por alto a las clase dominantes que se valieron de él. El PCI no comprendió el sentido de la abolición del patrón oro, ni la crisis de la energía de 1954 y mucho menos los cambios estructurales  del capital y de las tecnologías en marcha y la recomposición de las estrategias que le siguieron (Trilateral)

No comprendió realmente las subjetividades que se agitaron en contra del mismo. No entendió ni siquiera, con la excepción de un pequeño sobresalto en lo concerniente a las mujeres, la revolución pasiva que se estaba desarrollando desde el principio entre las generaciones en las relaciones familiares y de autoridad. No comprendió la magnífica brecha que se abría al anticomunismo en el movimiento.

Del todo extraño le resulta el 1977 italiano, muy reactivo frente a los cambios en el trabajo pero equivocado en la previsión, del mismo modo que no había comprendido antes la formación del extremismo de la Brigadas Rojas y de Primera Línea, del cual no veía otra cosa que el peligro que constituían para su acreditación como fuerza de gobierno. Berlinguer  practica severamente el estado de excepción, siguiendo en esto a Moro, también él dubitativo y aislado en la DC

En los años ochenta sobrevino el salto tecnológico, especialmente en la información y en todo lo referente al movimiento de capitales y la financiarización, pero los comunistas leen solo en términos de política antisoviética la restauración de Thatcher y Reagan, menospreciando el estancamiento de la URSS de Breznev, no comprenden el intento de Andropov, titubean con respecto a Solidarnosc en Polonia como habían titubeado con respecto a Praga; el berlingueriano “final de la fuerza propulsora” de 1917 llega cuando la descomposición del PCUS está ya avanzada y ha habido una total carencia de relaciones con el disenso incluido el de izquierdas del este. Así hasta Gorbachov.

Con Craxi y después con la muerte de Berlinguer la crisis del PCI avanza mucho, si bien no en términos electorales, y comienza la de la CGIL. El fin de la primera república es sobre todo el fin de ambas fuerzas.

4. En los años ochenta el movimiento del 68, se agota por completo, abatido junto a las Brigadas Rojas, con las cuales, sin embargo no había tenido nada que ver, al ser el radicalismo e incluso el extremismo una cosa, y otra muy distinta tomar las armas.

Se forma y estructura, como algo nuevo, tan solo el filón del segundo feminismo. Con 1989 la crisis del PCI simplemente termina, la “inflexión” conduce a otro partido, en las ideas y organizativamente, y se hace sin una revuelta de base. Rifondazione nace como una vuelta al ayer y se debatirá sin tregua sobre cómo convertirse en una clave para el futuro; ni el Pci ni Rc hacen un balance histórico del comunismo y de su propia función en Italia. Lo que había sido la totalidad del área de la izquierda se encuentra a caballo, entre las desilusiones y la fibrilación, mientras socialistas y comunistas se precipitan en el vacío.

Bruscamente salta hecho pedazos lo que durante veinte años había parecido ser sentido común, el rechazo del “sistema”. Las izquierdas se reducen hasta ser pequeños grupos, algunas se depuran, no lograrán o quizá no querrán ya unificarse.

Desde entonces una perpetua discontinuidad produce explosiones de movimiento puntuales y casi siempre sin relación las unas con las otras. El sobresalto de aquel enorme movimiento por la paz y después el del sindicato en el Circo Máximo no darán lugar a una recuperación constante, incluso como consecuencia de la sensación de impotencia que se deriva de la nulidad de su resultado

5. El 89 ha sido completamente administrado por la recuperación del capital y en su forma pre keynesiana. La ideología de los Fukuyama y de los Huntington –derrota definitiva del socialismo y choque de civilizaciones— golpea a fondo a la izquierda histórica, que padece los hundimientos de los socialismos reales, no los afronta y se rinde; las socialdemocracias por todas partes y los ex comunistas en Italia practican con celo y arrepentimiento las políticas liberales

Pero también las culturas  difusas de las izquierdas radicales navegan a la deriva, agotadas. Muchas percepciones del 68 se cuecen en su propia salsa volcadas en el resentimiento hacia lo que el movimiento obrero, antaño venerado, no comprendió: sacrificó la persona a la colectividad, el individuo al partido, el conflicto de los sexos al “economicismo”, la tierra al desarrollo devastador. Menospreció la dimensión de lo sacro, de la etnia, de los ciclos. Glorificó la razón contra la emoción, el occidente contra la diversidad, el porvenir respecto del presente. El posmodernismo le ha echado una mano. Esta es la tendencia mayoritaria. Quedan, pero muy minoritarios, algunos movimientos. La transmigración hacia la ecología es la más fuerte

El hundimiento de la política en la corrupción y en la bajeza y la salida a superficie de Berlusconi no tiene freno. El área antiguamente comunista y socialista ni tan siquiera intenta una recomposición en dirección a la socialdemocracia. La despolitización sigue a la desilusión; se vive en el inmediato presente porque la memoria del pasado está prohibida y no se sabe qué cosa querer para el futuro. Incertidumbre, resentimiento, miedo. Proteccionismo de los todavía empleados ante una crisis que no comprenden. Nunca, parafraseando a Guicciardini, la gente italiana ha sido tan infeliz y tan mala.

6. Si “izquierda” tuvo un sentido en el siglo XlX y en el XX era libertad, igualdad, fraternidad, descendientes de la herencia de la revolución francesa. La primera, de la idea de democracia, la segunda de Marx, la tercera (con sentido distinto al que se le había dado en 1789) como solidaridad entre los seres humanos. Estas recorrerán entre tragedias todo el siglo XX. Su rechazo no significa que  haya aparecido una nueva descendencia. Significa el repliegue de la libertad en el individualismo y la reorientación de la necesidad de pertenencia hacia categorías metahistóricas (religiones, nacionalismos, etnias y otros presuntos orígenes). Significa negar la igualdad de derechos (y no solo ni tan siquiera según la interpretación que hace de esto  una parte del movimiento de las mujeres) y hacer del éxito del más fuerte el principio y motor de la sociedad. Significa  ahogar la fraternidad en el odio y en el miedo hacia el otro y hacia el diferente. Berlusconi y Bossi hubieran sido impensables en los años 60

Esta es hoy la mitad de la Italia que habla. La hegemonía ha pasado a la derecha. Su triunfo indica una revolución antropológica antes que política. La degeneración de la política es concausa y consecuencia de la misma. Al menos si política significa, no marxianamente sino arendtianamente, “preocuparse del mundo”. A partir de este tosco intento de boceto me gustaría discutir.

Rossana Rossanda es una escritora y analista política italiana, cofundadora del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Acaba de aparecer en España la versión castellana de sus muy recomendables memorias políticas: La  ragazza del secolo scorso [La muchacha del siglo pasado, Editorial Foca, Madrid, 2008].  Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

Traducción para www.sinpermiso.info: Joaquín Miras

La relación entre EE.UU. y América Latina : sigue el garrote…

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Ver más abajo: La gran traición, John Saxe-Fernández

América Latina: sigue el garrote

Ángel Guerra Cabrera

OBAMA1 La instalación de bases militares de Estados Unidos en Colombia es un paso complementario al restablecimiento de la IV Flota y demuestra la prevalencia de la opción militar en su trato con América Latina. Olvídense de la zanahoria. Si el golpe de Estado en Honduras –que sin el aliento de Washington no se habría sostenido 24 horas– no fuera suficiente amenaza para el orden constitucional y el progreso social en nuestra América, la instalación de esas bases militares en un área tan sensible estratégicamente hace de aquel un hecho mucho más grave y amenazante. Chávez no exagera un ápice cuando alerta sobre vientos de guerra en la región. Con las de Aruba y Curazao, serán nueve las instalaciones estadunidenses que cercan a Venezuela. Los golpistas de Honduras, mientras tanto, continúan ganando tiempo con la mediación de Arias, concebida para eso por la señora Clinton.

Lo anterior nos lleva a una evaluación preliminar de la política de Obama hacia América Latina a poco más de seis meses de su estreno como presidente de Estados Unidos. Sin poner necesariamente en duda su sinceridad cuando durante la Cumbre de las Américas habló de una nueva época en las relaciones de Washington con sus vecinos, lo sustantivo es en qué medida esa promesa se ha expresado en un cambio de política. Y puede constatarse que salvo en ciertos aspectos de forma, en el fondo la ejecutoria de esta administración hacia América Latina muestra más continuidad que ruptura respecto a la de George W. Bush.

america-latina001 He aquí algunas pinceladas. Han continuado la arremetida mediática y los planes desestabilizadores contra los gobiernos populares y progresistas de la región, con particular énfasis en Venezuela, Bolivia y Ecuador, pero también en Nicaragua, Argentina, Paraguay y Guatemala. No es sólo el presupuesto de guerra el que ha aumentado con Obama, también el dedicado a la defensa de la democraciaen América Latina, distribuido por fundaciones y ONG fachadas de la CIA e íntegramente consagrado a la subversión.

Aunque ha desechado la retórica gansteril y promovido un ambiente relativamente más distendido hacia Cuba, Obama mantiene intactos el bloqueo y la prohibición de viajar a los estadunidenses y sus funcionarios enarbolan a menudo la exigencia de un cambio del sistema político de la isla. Salvo para impedir la visita de sus esposas, Washington hace como que no existieran los cinco antiterroristas cubanos injustamente presos. Continúan en pie las duras condiciones impuestas en el tramo final de Bush a la venta de alimentos a la isla por una excepción al bloqueo y las multas a las empresas que realizan algún comercio con ella, incluso de equipos médicos.

Más allá de las vagas promesas de siempre, no hay ningún avance tampoco en el trato a los inmigrantes en Estados Unidos pese a la enorme importancia de este tema en la agenda política con América Latina. Continúa el fariseísmo de la potencia en lo concerniente al narcotráfico al eludir su cuota máxima de responsabilidad por constituir el primernarcomercado del mundo, de donde fluyen a raudales el dinero y las armas que alimentan el negocio y desangran a nuestros países, como acontece en México. De la misma manera, obvia otras raíces de este flagelo en la desigualdad, la pobreza y la falta de oportunidades para los jóvenes imperantes en las sociedades latinoamericanas, todas consecuencia de sus prácticas de saqueo y explotación, agravadas al extremo por las desastrosas políticas neoliberales. Y es que las llamadas guerras contra el narcotráfico y el terrorismo no son más que pretextos de Washington –como antes lo fue el comunismo– para redoblar el control militar y la represión de los pueblos de América Latina y el Caribe.

Insulta la inteligencia la explicación de Estados Unidos y Uribe de que van a combatir el narcotráfico y el terrorismo con las nuevas bases. No será, por cierto, el terrorismo del Plan Colombia. La sofisticada tecnología, las aeronaves de combate, portaviones y submarinos nucleares que se desplegarán en Colombia y sus aguas auguran nuevas violaciones a la soberanía territorial de sus vecinos, como ya ocurrió en Ecuador con el ataque al campamento del negociador de las FARC Raúl Reyes. Aquello fue un pequeño ensayo de la guerra a la que Washington empuja a su aliado colombiano contra los movimientos y gobiernos populares, que le garantice también el control de los recursos naturales de la región.

aguerra_123@yahoo.com.mx

La gran traición

John Saxe-Fernández

Quienes quieren implementar bases militares son traidores a sus pueblos, a Latinoamérica, a los países que luchan por su dignidad y soberanía. Con estas palabras, desestimadas por Barack Obama como mera retórica antiyanqui, Evo Morales, junto a sus homólogos de Venezuela y Uruguay, rechazó, tajante, la ampliación de las actividades militares del Departamento de Defensa (DdD) en Colombia: el gobierno de Álvaro Uribe ofreció a Washington dos bases navales, tres aéreas y tres terrestres que operan bajo un prototipo de invasión / ocupación militar y paramilitar desarrollado a lo largo de dos décadas. Formalizado en el Plan Colombia (PC) incluye operativos regionales por medio de eventuales guerras transfronterizas.

Obama está enterado del papel central del PC en la articulación de la política de recomposición hegemónica y de dominio de Estados Unidos, no sólo en el continente americano sino también en puntos claves de Eurasia. Sabe que el pronunciamiento de Evo Morales no es retórico, porque en criterio de la cúpula militar estadunidense, el PC representa un modelo óptimo para la proyección de poder militar en áreas donde se localizan puntos neurálgicos para el control y explotación de los recursos naturales vitales que van quedando sobre la corteza terrestre: petróleo, gas natural, minerales, agua, biodiversidad. No es casual que con el agotamiento de los hidrocarburos convencionales y de una vasta gama de minerales y metales esenciales y críticos para la economía estadunidense, se incorpore de manera integral tanto a América Latina como al Oriente Medio, África y Asia central y del sur en la brutal geoestrategia de terror oligárquico-imperial desarrollada por Estados Unidos y sus monopolios en Colombia.

Tampoco es fortuito que operativos similares al PC, la Iniciativa Mérida en México, Centroamérica y el Caribe y las guerras transfronterizas en Afganistán-Pakistán, se posicionen en primer nivel de la agenda diplomilitar de Obama. Agenda que bajo la doctrina de las fronteras flexibles de su antecesor en la Casa Blanca, se expresó el primero de marzo de 2008 en un conato de guerra transfronteriza por el atropello de la soberanía ecuatoriana en Sucumbíos, realizado por el Comando Sur en el marco del PC. Eso sucedió poco antes de la sesión inaugural, en Brasilia, de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), cuya raíz es la defensa de la soberanía territorial de los firmantes.

Un año después, esta vez antes de una junta del dispositivo de seguridad de Unasur, se desplegó un “regime change” en Honduras y otro dispositivo diplomilitar encabezado por el general Jones, asesor de seguridad de Obama, y el general Fraser, sucesor del almirante Stavridis en el Comando Sur. Fraser se reunió en privado con los militares sudamericanos para tratar el asunto de las bases –manoseando los equilibrios cívico-militares– que Estados Unidos acompañó con la gira de Uribe para atenuar el rechazo al uso de Colombia como cuña para las guerras transfronterizas en la región. Así Estados Unidos vetó que Unasur planteara el tema de las bases.

El uso de Colombia por Estados Unidos en nuestra región y en Eurasia, es pleno. Stavridis, recién nombrado por Obama jefe supremo de la OTAN en Afganistán, dice: En Sudamérica me concentré en operaciones de insurgencia en Colombia, reflejándose en mi papel como comandante en Afganistán, y reveló a CBS que “Estados Unidos estaba enviando a Afganistán comandos colombianos adiestrados por boinas verdes”. Agregó: entre más se parezca Afganistán a Colombia, mejor. (Rick Rozoff www.globalresearch.ca)

Los vínculos y la penetración presupuestal del DdD en Colombia son intensos. Según oficiales chilenos en 10 años pasó de 50 millones de dólares (1998) a 5 mil millones de dólares anuales. Y adosaron: “Colombia es más peligrosa que un portaviones con cazas F-16. Tiene acceso a tecnología satelital de Estados Unidos que le permite monitorear y supervisar operaciones en cualquier lugar en tiempo real. Ningún otro país de la región puede hacer eso”(Ibid).

http://jsaxef.blogspot.com

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