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EE.UU: la trampa del estímulo económico, por P. Krugman…

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PAUL KRUGMAN 26/07/2009

Ver también más abajo  “Una pronta recuperación: ¿ficción o realidad?”, por P. A. SAMUELSON

Krugman_visita_Barcelona En cuanto el Gobierno electo de Obama anunció su plan de estímulo económico (antes de la toma de posesión), algunos de nosotros empezamos a temer que el plan resultase insuficiente. Y también nos temíamos que podría ser difícil, desde el punto de vista político, volver a por otra ronda. Desgraciadamente, se ha visto que estos temores estaban justificados. Los malos datos del empleo de junio han dejado claro que el estímulo económico era, en efecto, demasiado pequeño. Pero también ha dañado la credibilidad de la gerencia económica del Gobierno. Ahora existe un riesgo real de que el presidente Barack Obama se vea pillado en una trampa político-económica.

      Hablaré sobre esa trampa y la forma de escapar de ella en un momento. Pero antes permítanme volver atrás y preguntar cómo deberían los ciudadanos responsables reaccionar antes las decepcionantes noticias económicas. ¿Deberíamos tener paciencia y darle al plan de Obama tiempo para que funcione? ¿Deberíamos exigir acciones más audaces y de más envergadura? ¿O deberíamos afirmar que el plan ha fracasado y pedir al Gobierno que lo abandone por completo? Antes de responder, tengan en cuenta lo que sucede en épocas normales.

      Cuando hay una recesión normal y corriente, la tarea de combatir esa recesión se le encomienda a la Reserva Federal. La Fed responde recortando los tipos de interés de manera gradual. Al bajar los tipos poco a poco, los va recortando hasta que la economía se recupera. De vez en cuando, se detiene para evaluar los resultados de su actuación; si la economía sigue siendo débil, continúan los recortes. Durante la última recesión, la Fed recortó repetidamente los tipos a medida que la depresión se hacía más profunda: 11 veces en 2001. Entonces, cuando hubo unos primeros indicios de recuperación, se detuvo, y dio a los recortes tiempo para que funcionasen. Pero cuando estuvo claro que la economía aún no crecía lo bastante deprisa como para crear empleo, siguió con los recortes.

      Por eso, normalmente, esperamos que los responsables políticos respondan a los datos de empleo negativos con una combinación de paciencia y resolución. Deben dar a las medidas tiempo para funcionar, pero también deben plantearse la posibilidad de intensificar dichas medidas. Y eso es lo que el Gobierno de Obama debería estar haciendo ahora mismo con su plan de estímulo fiscal.

      (Hay que recordar que el estímulo era necesario porque la Fed, tras haber recortado los tipos de interés hasta cero, se había quedado sin munición para luchar contra esta crisis). Es decir, los responsables políticos deben mantener la calma frente a los primeros resultados decepcionantes, y admitir que el plan necesitará algún tiempo para dar todos sus frutos. Pero también deben estar preparados para aumentar el estímulo ahora que está claro que la primera ronda no ha sido lo bastante generosa.

      Desgraciadamente, la estrategia de la política fiscal es muy distinta de la de la política monetaria. Durante los últimos 30 años, se nos ha dicho que el gasto gubernamental es malo, y la oposición conservadora al estímulo fiscal (que podría hacer que la gente tuviese una mejor opinión del Gobierno) ha sido agria e implacable, incluso frente a la peor crisis que ha habido desde la Gran Depresión. Es de suponer, por tanto, que los republicanos (y algunos demócratas) han considerado toda mala noticia una prueba del fracaso, más que un motivo para reforzar la política. De ahí el peligro de que el Gobierno de Obama se vea atrapado en una trampa político-económica en la que la propia debilidad de la economía mine la capacidad de la Administración para responder con eficacia.

      Como he dicho, me temía que esto sucedería. Pero eso es agua pasada. La pregunta es qué deben hacer ahora el presidente y su equipo económico. Es perfectamente lógico que el Gobierno defienda lo que ha hecho hasta ahora. Está muy bien que el vicepresidente Joe Biden recorra el país y subraye las muchas cosas buenas que el dinero del estímulo está haciendo. También es razonable que los economistas del Gobierno pidan paciencia y señalen, con buen criterio, que nunca se ha esperado que el estímulo fuese a dar todos sus frutos este verano, o incluso este año.

      Pero hay una diferencia entre defender lo que uno ha hecho hasta ahora y estar a la defensiva. Fue inquietante que Obama rectificase la afirmación de Biden de que el Gobierno "malinterpretó" la economía, diciendo que "no había nada que hubieran hecho de forma diferente". Había un tufillo al complejo de infalibilidad de Bush en esa observación, un indicio de que el actual Gobierno podría compartir con su predecesor algo de la incapacidad de éste para reconocer sus errores. Y ésa es una actitud que ni Obama ni el país se pueden permitir.

      Lo que Obama tiene que hacer es ser franco con los estadounidenses. Tiene que reconocer que puede que no haya hecho lo suficiente en el primer intento. Tiene que recordarle al país que está tratando de guiarlo a través de una fortísima tormenta económica, y que tal vez sea necesario reajustar algo el rumbo (incluyendo, muy posiblemente, otra ronda de estímulo). En resumen, tiene que hacer por la política económica lo que ya ha hecho por las relaciones raciales y la política exterior: hablar a los estadounidenses como a adultos. –

      Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía 2008. © 2009 New York Times News Service. Traducción de News Clips./El País.com

       

      Una pronta recuperación: ¿ficción o realidad?

      PAUL A. SAMUELSON 26/07/2009

      Hay un cuento de un muchacho que solía gritar "que viene el lobo" cuando en realidad no había un lobo. Al final, el chico gritó "que viene el lobo" cuando de hecho había un lobo feroz, pero nadie le hizo caso.

          Desde que empezó la crisis mundial en 2007, los expertos de Wall Street y el Gobierno han estado proclamando con alegre optimismo que se producirá una recuperación mundial significativa en la segunda mitad de 2009 o en el primer trimestre de 2010. Por consiguiente, como en épocas anteriores, nos dicen que sólo debemos temer al miedo.

          Pues bien, ya hemos entrado en la segunda mitad de 2009. Sí, y el desempleo sigue aumentando, al igual que las quiebras y las ejecuciones hipotecarias. A pesar de las admirables operaciones de rescate del equipo de Obama, el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo, se mantiene el círculo vicioso de consumidores e inversores demasiado asustados para gastar. El desempleo seguirá empeorando y la baja tasa de crecimiento del PIB persistirá.

          Es racional que un banco rescatado tenga miedo de conceder préstamos arriesgados. (En tiempos de recesión grave, casi todas las operaciones les parecen arriesgadas a los banqueros racionales). ¿Por qué no pueden los bancos centrales ortodoxos impedir que se aceleren las recesiones? Pronto los activos oficiales a plazo más corto experimentan rendimientos cercanos a cero, y con esos tipos todo el mundo se paraliza y se convierte en un acaparador.

          Los macroeconomistas que estudiaron en las décadas de 1970 y 1980 en las elitistas Harvard, Chicago, Princeton, Stanford y MIT tardaron en comprender lo obvio. ¡Viejos excéntricos de 94 años podían enseñarles más acerca de la "economía del desequilibrio"!

          Cuando unos cuantos advertimos, ya en la primavera de 2007, que una recuperación significativa podría retrasarse años, éramos sólo una minoría de lunáticos.

          Sí, Japón podía experimentar una década perdida, pero los ingenieros financieros académicos supuestamente habían creado para Occidente nuevas herramientas de medición del riesgo que permitían ampliarlo y controlarlo. Los listos no tendríamos décadas perdidas.

          Hermosa fábula. Sí, esas herramientas de ingeniería financiera, inventada por gente de instituciones como el MIT, Chicago y la Wharton School, podrían haber tenido una función útil. Pero si sustituimos la ficción por hechos, jamás conocerán a un consejero delegado que entendiera de verdad estas endemoniadas herramientas nuevas.

          En lugar de controlar el riesgo, las nuevas herramientas -permutas financieras, opciones de compra y de venta, paquetes titulizados de préstamos hipotecarios- en la forma de inversión financiera no reglamentada que se dio durante el mandato de Bush eliminaron de hecho toda transparencia y fomentaron un peligroso hiperendeudamiento. Resultado: un sistema financiero ultrafrágil, tendente a los desplomes y a las crisis mundiales que hemos visto en 2007-2009.

          El ingenioso secretario del Tesoro de Obama, Timothy Geithner, anuncia que las ayudas públicas ya están funcionando y que podemos prever una recuperación inminente, aunque necesitamos un poco de paciencia. Se equivoca. El rescate del necesario gasto sostenido en la economía real apenas ha comenzado. Sin eso, como descubrió el New Deal en la década de 1930, la recuperación es imposible.

          Sí, de no haber sido por las masivas ayudas de Geithner y Bernanke, a estas alturas podrían correr ríos de sangre por las calles estadounidenses. ¿Pero ha hablado algún miembro del maravilloso equipo económico de Obama día y noche sobre la necesidad de enviar dinero a la economía real para fomentar el gasto y el regasto sostenido? No.

          Paradójicamente, China, un país despótico con un solo partido, nos ganará a todos a la hora de lograr una recuperación macroeconómica significativa porque no para de acumular nuevo gasto deficitario.

          Cuando empecé de adolescente los estudios de posgrado en la Chicago Midway, en 1932, era la peor época de la depresión posterior a 1929. El presidente republicano Herbert Hoover y su multimillonario secretario del Tesoro, Andrew Mellon, con su agarrotado inactivismo, perdieron casi dos años tras el desplome de Wall Street en 1929, un retraso lo suficientemente grande como para provocar quiebras bancarias autogeneradas y un drástico aumento del desempleo.

          Los actuales especialistas en macroeconomía estaban poco preparados para evitar las catástrofes posteriores a 2006. Mientras parloteaban sobre transparencia y control de la inflación, no veían que Roma empezaba a arder. Sus libros de texto, ya fuesen de introducción o de macroeconomía avanzada, no hablaban de "trampas de liquidez" ni de "paradojas del ahorro", por las cuales el intento de los ciudadanos y de las empresas de ahorrar más sólo sirve para matar el gasto en la economía real, en lugar de aumentarlo.

          Lo que más cuenta es proporcionar fondos sostenidos a quienes estén dispuestos a gastarlos. Ahora, en el segundo semestre de 2009, es demasiado tarde para empezar a gastar en proyectos de infraestructuras de ejecución inmediata. Estados y municipios necesitan ayuda para cubrir sus necesidades presupuestarias y tardan tiempo en alcanzar un acuerdo legislativo sobre la manera de afrontar el déficit y de gastar los fondos de estímulo del Gobierno central. Los Estados con problemas gastarán todo lo que se les dé.

          Por tanto, olvidemos esas prometedoras afirmaciones de que de aquí a pocos meses se producirá una recuperación significativa.

          El difunto Charles Kindleberger, experto en manías y crisis financieras, reiteraba la insistencia del victoriano Walter Bagehot en que todo sistema capitalista necesita un "prestamista de último recurso". Si viviera hoy, el profesor Kindleberger insistiría en que también necesita un "gastador de último recurso": el Gobierno.

          Los congresistas republicanos no entienden estos principios básicos, como tampoco los entienden unos cuantos demócratas del Congreso. Los retrasos son crucialmente mortales ahora que la recesión empieza a autorreproducirse al estilo gallina-huevo-gallina.

          Sólo Obama tiene carisma y popularidad para insistir en el significativo gasto deficitario nuevo y sostenido que se necesita. Sí, gasto deficitario.

          Hizo falta la astucia y la elocuencia de Franklin Roosevelt para mover las cosas y mantener la recuperación del New Deal. El aborrecible dictador Adolf Hitler, empeñado en llevar a cabo una futura guerra de venganza, usó de manera similar el gasto deficitario para recuperar el pleno empleo en Alemania en 1939. Esperemos que las democracias del siglo XXI alcancen pronto los acuerdos necesarios para restaurar la cordura económica.

          Paul A. Samuelson es profesor emérito de Economía en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y premio Nobel de Economía en 1970. © 2009 Paul Samuelson. Distribuido por Tribune Media Services. Traducción de News Clips.

           

          Una respuesta

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          1. Jose., Toda la alaraca de brotes verdes,es mentirosa
            las bolsas se ”alegran”con los ajustes,mas paro,que
            paradoja,se achica la economia,y las bolsas crecen pobre la gente pobre,esto esplota.
            ¿El gasto publico crecio 41% los ingresoso vajarón 28%?. ¿Modificaron la legislación contable? dando facultades de valuación de activos en base a criterios
            propios dejando de ser delito incluir datos ficticios
            en los balances.Mentir para frenar las malas noticias.
            Si esto es cierto bamos a necesitar algo mas que mas
            gasto publico,una verdadera revolución cultural.
            Ya Einstein decia, que las grandes ciudades son insostenibles,que ‘repartir’ el trabajo seria necesario,Quizas la crisi que se profundizara obligue
            al sistema a cambiar para sobrevivir.Si continua esclullendo ….Es insostenible que el 80% de la humanidad,insitada al consumo continue ‘sosteniendo’ al otro 20%

            josé

            1 agosto, 2009 at 8:26


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