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P. Krugman: Goldman Sachs y el peligroso imperio de Wall Street (y del capital financiero)…

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La alegría de Goldman Sachs

PAUL KRUGMAN 19/07/2009

La economía de EE UU sigue en situación precaria, con uno de cada seis trabajadores en paro o subempleado. Aun así, Goldman Sachs acaba de anunciar beneficios trimestrales históricos, y se prepara para repartir enormes primas, comparables a las que pagaba antes de la crisis. ¿Qué nos dice este contraste?

Primero, que Goldman es muy buena en lo que hace. Desgraciadamente lo que hace es malo para Estados Unidos. Segundo, demuestra que los malos hábitos de Wall Street (sobre todo, el sistema de compensación que contribuyó a generar la crisis financiera) no han desaparecido. Tercero, demuestra que, al rescatar el sistema financiero sin reformarlo, Washington no ha hecho nada para protegernos de una nueva crisis y, además, ha hecho que sea más probable que se vuelva a producir.

Empecemos por hablar de la forma en que Goldman gana dinero.

Durante la generación anterior (desde la liberalización de la banca de los años de Reagan), la economía estadounidense ha estado financiarizada. La importancia del negocio de mover el dinero, de rebanar, trocear y reenvasar activos financieros, ha subido vertiginosamente en comparación con la de la producción real de cosas útiles. Eso que se ha dado en llamar oficialmente sector de "seguros, contratos de mercancías e inversiones" ha crecido muy deprisa, desde sólo un 0,3% del PIB a finales de los años setenta hasta el 1,7% en 2007.

Dicho crecimiento sería estupendo si ese carácter financiero realmente cumpliese sus promesas (si las empresas financieras ganasen dinero dirigiendo el capital hacia sus usos más productivos y desarrollando formas innovadoras de repartir y reducir los riesgos). Pero, ¿puede alguien, en este momento, afirmar eso sin inmutarse? Las empresas financieras, como sabemos ahora, han dirigido enormes cantidades de capital hacia la construcción de casas invendibles y de centros comerciales vacíos. Han hecho aumentar el riesgo en vez de reducirlo y lo han concentrado en vez de repartirlo. En la práctica, el sector ha estado vendiendo peligrosos medicamentos patentados a consumidores crédulos.

El papel de Goldman en ese cambio de EE UU ha sido similar al de otros actores, salvo por una cosa: Goldman no cayó en su propio lazo. Otros bancos invirtieron muchísimo dinero en la misma basura tóxica que vendían a los ciudadanos de a pie. Es bien sabido que Goldman ganó un montón de dinero vendiendo seguros respaldados por hipotecas de alto riesgo y luego otro montón más vendiendo en descubierto seguros respaldados por hipotecas, justo antes de que su valor se hundiese. Todo esto era perfectamente legal, pero el resultado neto fue que Goldman obtuvo beneficios tomándonos al resto por bobos.

Y los de Wall Street tienen todos los incentivos necesarios para seguir jugando al mismo juego. Las enormes primas que Goldman pronto repartirá ponen de manifiesto que las empresas de altos vuelos del sector financiero siguen funcionando según el sistema de que si sale cara ellas ganan y si sale cruz otros pierden. Si usted es un banquero que genera grandes beneficios a corto plazo, se le recompensa magníficamente (y no tiene que devolver el dinero aun en el caso de que esos beneficios resulten ser un espejismo). Por tanto, no tiene usted más que buenos motivos para empujar a los inversores a asumir riesgos que no comprenden. Y los acontecimientos del año pasado han pervertido todavía más esos incentivos, al hacer que los contribuyentes, además de los inversores, carguen con el mochuelo si las cosas se tuercen.

No voy a tratar de analizar las afirmaciones contradictorias sobre el beneficio directo que Goldman ha obtenido gracias a los últimos rescates financieros y sobre todo la asunción por parte del Gobierno del pasivo de AIG. Lo que está claro es que Wall Street en general, con Goldman sin duda incluida, se ha visto enormemente beneficiada por la red de seguridad financiera ofrecida por el Gobierno (una garantía de que rescatará a los principales actores financieros si las cosas salen mal).

Se podría argumentar que dichos rescates son necesarios si queremos evitar que se repita la Gran Depresión. De hecho, estoy de acuerdo. Pero la consecuencia es que el pasivo del sistema financiero está ahora respaldado por una garantía implícita del Gobierno.

Pero la última vez que se produjo una ampliación comparable de la red de seguridad financiera, la creación del seguro federal de depósitos en los años treinta, fue acompañada de una regulación mucho más estricta, para garantizar que los bancos no abusaban de sus privilegios. Esta vez, las nuevas normativas están todavía en fase de borrador (y el grupo de presión financiero ya está oponiéndose a las más elementales garantías para los consumidores).

Si estas presiones logran su objetivo, tendremos todos los ingredientes para un desastre financiero aún mayor dentro de unos cuantos años. La próxima crisis podría parecerse al desastre de las cajas de ahorros de la década de los ochenta (cuando los bancos no regulados apostaron con el dinero de los contribuyentes o, en algunos casos, lo robaron), salvo en que en esta ocasión abarcaría a todo el sector financiero en su conjunto.

La conclusión es que el asombroso trimestre de Goldman es una buena noticia para Goldman y la gente que trabaja allí. Es una buena noticia para las superestrellas financieras en general, cuyas nóminas están ascendiendo rápidamente hasta las alturas anteriores a la crisis. Pero es una mala noticia para casi todos los demás.

Traducción de News Clips.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008.(c) 2009 New York Times News Service. /El País.com

El golpe silencioso: cómo Wall Street capturó al gobierno de Estados Unidos

 

Con este título, el ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Simon Johnson, explica el rol de esta industria en la Casa Blanca y el Departamento del Tesoro, y su responsabilidad en el inicio de la crisis financiera.

por Mauricio Rodríguez – 19/07/2009

Hace un siglo, el gran pánico que Wall Street sufrió en 1907 fue causado por banqueros y solucionada por banqueros, con John Pierpont Morgan, dueño del banco homónimo jugando un rol clave. Ciento dos años después, la historia se repite: las grandes instituciones financieras son culpables y remediadores de la crisis, dice Simon Johnson, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), con JP.Morgan, otra vez, en todos los frentes y como gran beneficiado.

Johnson es autor de un influyente artículo aparecido en la edición de mayo de la revista The Atlantic, de Boston: The Quiet Coup, o El Golpe Silencioso: cómo la banca ocupó el gobierno de EEUU. En el ensayo, este académico de la escuela de administración Sloan del MIT se refiere a los "oligarcas" de Wall Street como los causantes de la crisis financiera, mientras -dice- la falta de un cedazo en el gobierno de EEUU a la industria financiera ha terminado transformando a la principal potencia económica del mundo en una república bananera. Aquí un extracto del artículo en que explica su postura este economista, muy bien conceptuado a nivel internacional, y que está dando que hablar.

CONVIERTIENDOSE EN UNA REPUBLICA BANANERA

"En su profundidad y naturaleza repentina, la crisis financiera y económica en EEUU es choqueantemente parecida a momentos que hemos visto sólo en mercados emergentes:#Corea del Sur (1997), Malasia (1998), Rusia y Argentina (una y otra vez). Pero hay una similitud mayor y más preocupante: los intereses de la élite empresarial-financiera en el caso de EEUU- jugaron un rol central en la generación de la crisis, haciendo cada vez apuestas más grandes, con el respaldo implícito del gobierno, hasta el colapso inevitable. Más alarmantemente, ahora está  usando su influencia para impedir el tipo de reformas necesarias para retirar a la economía de su caída en picada. El gobierno parece desvalido, o no dispuesto, a actuar en su contra".

EL CORREDOR DE WALL STREET-WASHINGTON

"La industria financiera americana ha ganado poder político amasando un sistema de creencias. En la última década la actitud ha sido ‘lo que es bueno para Wall Street es bueno para el país’. Un canal de influencia es el flujo de personas entre Wall Street y Washington. Robert Rubin, que fue copresidente de Goldman Sachs, sirvió en Washington como secretario del Tesoro de Clinton, y luego se convirtió en presidente del comité ejecutivo de Citigroup. Henry Paulson, CEO de Goldman Sachs, fue secretario del Tesoro en el mandato de George W. Bush (…) Alan Greenspan, tras dejar la Reserva Federal, se hizo consultor de Pimco, quizás el actor más grande del mercado mundial de bonos.

"Estas conexiones personales se han multiplicado muchas veces en los niveles más bajos [de la administración] en las últimas tres presidencias.

"Con la confluencia de financiamiento de campañas, conexiones personales e ideología, un río de políticas desregulatorias ha fluido en la última década: la insistencia en el flujo libre del capital a través de las fronteras; revocación de regulaciones de la era de la Depresión que separaban la banca comercial de la de inversiones; una prohibición parlamentaria a regular el mercado de los credit default swaps; grandes aumentos al endeudamiento permitido de los bancos; mano blanda (¿debiera decir invisible?) de la Securities and Exchange Commission en la aplicación de las normativas; acuerdo internacional para permitir a los bancos medir su propio riesgo…".

INDUSTRIA Y CRISIS FINANCIERA

"Los bancos comerciales y de inversión más grandes fueron los grandes beneficiados de las burbujas mellizas del sector inmobiliario y del mercado bursátil, con sus utilidades cada vez más alimentadas por un volumen creciente de transacciones basadas en activos físicos relativamente pequeños.

"[Cuando la crisis comenzó] las élites financieras continuaron asumiendo que su posición como niños prodigio de la economía estaba segura, a pesar del caos que habían causado… La respuesta [a la crisis] se describe como una ‘política por acuerdo’: cuando una institución financiera se mete en problemas, el Tesoro y la Fed realizan la ingeniería de un rescate durante el fin de semana, y anuncian el lunes que todo está bien. En marzo de 2008, Bear Stearns fue vendido a JP Morgan Chase en lo que a muchos pareció un regalo a JP Morgan (Jamie Dimon, el CEO del banco, es miembro del directorio del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, el cual arregló el acuerdo junto con el Tesoro)".

DOS CAMINOS

"El desafío que EEUU enfrenta es territorio familiar para la gente del FMI. Si uno escondiera el nombre del país y sólo exhibiera los números, no hay duda de que el FMI diría que hay que nacionalizar los bancos en problemas y separarlos en unidades más pequeñas si es necesario… Pero esto es insuficiente: el segundo problema que enfrenta EEUU es el poder de la oligarquía. El consejo del FMI en este frente sería, otra vez, destruir la oligarquía".

"Nuestro futuro podría ser uno en que el tumulto continuo alimenta el saqueo del sistema financiero, mientras hablamos más y más acerca de cómo exactamente nuestros oligarcas se convirtieron en bandidos y sobre cómo la economía simplemente parece no poder ponerse en forma".

La Tercera.com

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