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Honduras: golpistas atrincherados y lucha por restauración democrática continúa… gestión clave en Washington…

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  • Golpistas atrincherados
  • Zelaya regresa a Washington
  • Dispersa el ejército marcha de apoyo al presidente Zelaya; dos muertos

Mientras la barbarie represiva de los golpistas cobraba las primeras vidas de opositores en Tegucigalpa, el presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya, vio frustrado su intento de volver a su país y hubo de aterrizar en El Salvador, luego que las autoridades espurias hondureñas negaron a su avión permiso para aterrizar en el aeropuerto de Tocontín.

FotoTras la expulsión de Honduras de la Organización de Estados Americanos (OEA), las gestiones internacionales para restablecer el orden constitucional en la nación centroamericana parecen haber llegado a un punto muerto. El intento de Zelaya por volver a su país reflejó, por añadidura, malas decisiones políticas: el secretario general de la OEA y los tres mandatarios latinoamericanos que habrían de acompañar al presidente legal (Cristina Fernández, de Argentina; Rafael Correa, de Ecuador, y Fernando Lugo, de Paraguay) en realidad viajaban en otra aeronave, lo que facilitó al régimen cuartelario denegar la autorización de aterrizaje al avión del solitario Zelaya. Por añadidura, éste aceptó viajar en un aparato facilitado por el gobierno venezolano, lo que da argumentos –así sean falsos e improcedentes– a sus detractores hondureños en el sentido de que el presidente constitucional es un peón de Hugo Chávez.

Es posible que esos signos de descoordinación e impotencia de la comunidad internacional, y en especial de la latinoamericana, ante el golpe de Estado del pasado 29 de junio, hayan alentado la decisión de los gobernantes de facto de pasar a una nueva fase de la violencia policial y militar contra las expresiones de resistencia al cuartelazo. El hecho es que ayer, en las inmediaciones del aeropuerto de Tocontín, dos manifestantes, opositores al régimen espurio fueron asesinados a balazos y un número indeterminado resultaron lesionados.

En resumen, el régimen golpista no sólo está dispuesto a resistir el aislamiento internacional, sino que ha decidido cruzar, en el ámbito interno, la línea de la violencia represiva letal. Es claro que la apuesta de los gobernantes cuartelarios consiste en realizar, a finales de este año, unas elecciones que, de antemano, carecen de toda legitimidad y credibilidad, y que de ninguna manera significarían el restablecimiento de la normalidad democrática aplastada por la fuerza bruta.

Sin duda lo deseable sería que los sectores populares hondureños que rechazan a las autoridades impuestas lograran, por medio de movilizaciones nacionales masivas y pacíficas, imposibilitarles la permanencia en el poder. Desgraciadamente tal perspectiva parece poco probable, dado el abrumador desequilibrio de fuerzas –mediáticas, institucionales y no se diga militares– que obra en favor del régimen oligárquico instaurado manu militari.

En tales circunstancias, la acción de los organismos y gobiernos del hemisferio se enfrenta a una disyuntiva del todo indeseable: emprender un férreo embargo económico que pudiera disuadir a los golpistas de su idea de permanecer en el poder, pero que resultaría enormemente doloroso para la población hondureña, dos tercios de la cual viven en una situación de pobreza agravada por la actual crisis mundial; enviar una fuerza militar internacional que desaloje a las autoridades ilegítimas, lo cual resulta groseramente incongruente con los principios de no intervención y de resolución pacífica de los conflictos, o bien aceptar, a regañadientes, la persistencia de un gobierno surgido de una asonada militar, lo que sentaría un precedente nefasto para el conjunto de los débiles e incipientes regímenes democráticos en América Latina.

EDITORIAL DE LA JORNADA, MEXICO.

Zelaya regresa a Washington

Redacción, BBC Mundo

Tropas en el aeropuerto de Tegucigalpa

El aeropuerto de Tegucigalpa fue cerrado después de los incidentes del domingo.

El Departamento de Estado de EE.UU. confirmó que espera reunirse esta semana con el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, quien podría llegar a esa capital en las próximas horas.

El portavoz Ian Kelly señaló que aún esperan saber cuál es la agenda de Zelaya en Washington, aunque indicó que se producirá una reunión de "alto nivel".

En todo caso aún no se ha confirmado si el encuentro será con la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton.

El corresponsal de BBC Mundo en Washington, Carlos Chirinos, asegura que "altos funcionarios" del gobierno de Barack Obama han expresado la conveniencia de centrar en Washington la ofensiva diplomática encabezada por la Organización de Estados Americanos (OEA) que permita el regreso del depuesto presidente.

Nuestro corresponsal destaca que aunque la Casa Blanca reconoce a Zelaya como el presidente legítimo de Honduras, hasta ahora no ha organizado una entrevista con el presidente Obama en la Oficina Oval, el despacho presidencial.

Sin embargo, Chirinos aclara que esa distancia podría empezar a reducirse si Zelaya se entrevista en Washington con la Secretaria de Estado, Hillary Clinton.

En la Casa Blanca no ha habido reacción todavía a la sugerencia que hizo el presidente depuesto la víspera de que EE.UU. debería usar "todo su poder" para garantizar su regreso a Tegucigalpa.

¿Delegación de Micheletti?

Algunos medios locales en Tegucigalpa estuvieron informando este lunes que representantes del gobierno interino de Roberto Micheletti habrían viajado este lunes a Washington para iniciar un

diálogo con los países miembros de laOEA, después de que la nación centroamericana fuera suspendida del bloque regional.

Los miembros de la OEA adoptaron esta medida en la madrugada del domingo al entender que el gobierno interino encabezado por Roberto Micheletti ha violado la institucionalidad a través de un golpe de Estado.

Según informan medios locales, fuentes del gobierno de Micheletti confirmaron el viaje de la comisión de diálogo, aunque no dieron detalles sobre quienes la integran ni las actividades que llevarán a cabo en la capital de EE.UU.

La comisión habría viajado en avión privado desde el aeropuerto de Tegucigalpa, pese al cierre de 48 horas del aeródromo decretado después de los incidentes de este domingo protagonizados por seguidores del depuesto presidente Manuel Zelaya y las fuerzas de seguridad, que dejaron al menos dos muertos y una decena de heridos.

El domingo el propio Micheletti dijo que su gobierno está dispuesto a dialogar con representantes de la OEA, aunque no explicó los términos de la negociación. Sin embargo, su canciller señaló que el regreso de Zelaya "no es negociable".

Proteger la vida humana

Mientras, este lunes el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki- moon, dijo al ser preguntado sobre los incidentes en el aeropuerto de Tegucigalpa, que los hondureños "deben poder expresar su voluntad libremente, sin intimidación ni ser amenazados con el uso excesivo de la fuerza".

Ban señaló que es responsabilidad del gobierno interino hondureño "proteger la vida humana y la seguridad de todos sus ciudadanos".

Manuel Zelaya en El Salvador

Desde el Departamento de Estado de EE.UU. confirmaron que se entrevistarán con Zelaya.

El secretario general afirmó que "ningún cambio inconstitucional de gobierno es aceptable".

Por otro lado, en entrevista exclusiva con la BBC, el presidente de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, dijo estar preocupado por la posibilidad de que la crisis política en Honduras se torne más violenta.

El mandatario afirmó que "no se puede aceptar" que el gobierno interino de Honduras se valga de la violencia para reprimir a los simpatizantes del presidente depuesto Manuel Zelaya.

"Los golpistas tienen que entenderlo: no es posible que aceptemos más golpes en América Latina", dijo.

"Bajen sus rifles"

Este domingo, el gobierno interino hondureño negó autorización para aterrizar en el aeropuerto de Tegucigalpa al avión en el que viajaba de regreso Manuel Zelaya.

clic Lea: Honduras: Lula teme que violencia se dispare

Cientos de personas esperaban al depuesto mandatario en las inmediaciones del aeródromo. Enfrentamientos entre seguidores de Zelaya y las fuerzas de seguridad habrían causado al menos dos muertos y una decena de heridos.

Ante la imposibilidad de aterrizar, el depuesto presidente se dirigió a El Salvador, donde se reunió con los presidentes de Ecuador, Argentina y Paraguay, además del secretario general de la OEA y el presidente de la Asamblea General de la ONU.

"Yo llamo a las fuerzas armadas de Honduras a que bajen sus rifles", señaló Zelaya en rueda de prensa.

"En nombre de Dios soldados de la patria hondureña les pido, les suplico y les ordeno que no repriman más al pueblo hondureño".

 

Zelaya busca apoyo Washington para volver a Honduras

Photo

Por Enrique Andrés Pretel y Anahí Rama

TEGUCIGALPA (Reuters) – El derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya, buscará apoyo en Washington para intentar retornar al poder en su país, donde el domingo el Gobierno interino le prohibió aterrizar en medio de violentas protestas que dejaron al menos un muerto.

Zelaya, que el 28 de junio fue sacado de su casa a punta de rifle por militares y llevado a Costa Rica, se entrevistará el martes con la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, mientras el Gobierno interino trata de iniciar un diálogo con la OEA para exponer sus planteamientos.

En las calles de Tegucigalpa, unos dos mil manifestantes marcharon indignados después de que al menos una persona muriera en el aeropuerto el domingo cuando grupos de simpatizantes de Zelaya trataron de ingresar a la pista y militares que la custodiaban abrieron fuego.

No había detalles disponibles sobre el encuentro entre Zelaya y Clinton, que sería un gesto significativo de apoyo por parte del Gobierno de Barack Obama.

Washington ha dicho que el golpe de Estado "no fue legal", en contraste con las épocas de la Guerra Fría, cuando el país apoyó este tipo de acciones en Centroamérica.

"Nuestro objetivo continúa siendo la restauración de (…) el orden democrático en Honduras, renovamos nuestro llamado a todos los actores políticos en Honduras para hallar una solución pacífica a esta crisis", dijo el portavoz del Departamento de Estado, Ian Kelly.

Estados Unidos no suspendió aún la ayuda a Honduras y ha dicho que prefería esperar al desarrollo de los acontecimientos. El Departamento de Estado tiene programados 68.2 millones de dólares en ayuda para este año, frente a los 43.2 del año fiscal previo.

Pero el Gobierno interino encabezado por el ex jefe del Congreso, Roberto Micheletti, ha dicho que el retorno de Zelaya no es materia de discusión.

"Eso es innegociable", dijo el domingo el canciller interino, Enrique Ortez, reiterando una posición que deja la crisis política en la pequeña nación exportadora de café y textiles en un callejón sin salida.

Ortez dijo a una radio de Chile que dos personas habían muerto en la protesta, aunque la Cruz Roja, la morgue y el principal hospital de Tegucigalpa sólo registraba uno.

Los simpatizantes de Zelaya marcharon el lunes por la mañana con un maniquí cubierto por la bandera azul y blanca de Honduras gritando "¡Asesinos, asesinos!" a militares y policías que vigilaban los alrededores de la casa presidencial.

"Llamo a las Fuerzas Armadas de Honduras a que bajen sus rifles", dijo la noche del domingo el depuesto líder hondureño desde El Salvador, adonde regresó luego de que las autoridades provisionales le prohibieran aterrizar en el aeropuerto de Toncontín, en Tegucigalpa.

TENSIONES Y EL FACTOR CHAVEZ

Zelaya estuvo acompañado en El Salvador por los presidentes de Argentina, Cristina Fernández; de Ecuador, Rafael Correa; de Paraguay, Fernando Lugo, así como del presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Miguel D’Escoto y del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza.

"Lo que queremos es paz y que vuelva nuestro presidente", dijo durante la marcha Gerson Aranda, un estudiante de 25 años quien aseguró que no podía asistir a clases debido al toque de queda, que fue endurecido el domingo.

El golpe de Estado fue el punto culminante de días de tensión en el empobrecido país de casi 8 millones de habitantes, donde Zelaya intentaba realizar una consulta popular que abriría el camino a la reelección presidencial, a pesar de que había sido prohibida por un juez.

Zelaya irritó a grandes empresarios, líderes políticos incluso de su propio partido y a buena parte de la población con la consulta, en la que muchos veían la mano oculta de su aliado venezolano, Hugo Chávez.

El Gobierno interino insiste en que no se trató de un golpe, pero mientras tanto el país empieza a quedar aislado internacionalmente, después de que préstamos vitales quedaron suspendidos y la Organización de Estados Americanos (OEA) dejó a Honduras fuera del organismo en castigo por romper el sistema democrático.

El lunes, el embajador hondureño en Washington -designado por Zelaya pero que luego siguió con el nuevo Gobierno interino pese a que no es reconocido por Estados Unidos- dijo que se estaba integrando una misión para dialogar con la OEA sobre la crisis política en el país.

"Hay una expresión de voluntad política (de la OEA) de que a través de la apertura de un diálogo podamos avanzar para encontrar soluciones a esta situación", dijo el embajador, Roberto Flores, a la radioemisora local HRN.

El Gobierno de Chile, que ocupa la presidencia temporal de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), dijo el lunes que estaba haciendo contactos con mandatarios de la región para colaborar en la solución de la crisis, ahora que se veían algunos indicios de diálogo por parte del Gobierno de facto.

(Reporte adicional de Gustavo Palencia y Mica Rosenberg en Tegucigalpa, Arshad Mohammed en Washington y Conrado Hornos en Montevideo; Editado por Hernán García/Juana Casas)

Dispersa el ejército marcha de apoyo al presidente Zelaya; dos muertos

  • Un contingente vitorea a la policía mientras grita ¡asesinos! a los militares
  • El gobierno de facto adelanta el toque de queda
  • La televisión oficial difunde programas en contra de Chávez

Arturo Cano, Enviado

Tegucigalpa, 5 de julio. El anciano tiene las manos tintas de sangre, rabia en los ojos y cuatro dientes. Hace cinco minutos un muchachito cayó a su lado, herido de muerte. Yo lo levanté, yo lo levanté y está muerto, repite a todos Juan Angel Antúnez Antúnez, cuya ropa toda es una mancha de sangre. Y lo dice ahí, detrás de la malla ciclónica de la base de la fuerza aérea Hondureña, con los soldados que acaban de disparar a unos pasos: ¡Tengo 73 años, pero los güevos bien puestos!

Quince minutos antes de las cuatro de la tarde, hora anunciada para el arribo del presidente José Manuel Zelaya Rosales, varias decenas de miles de sus partidarios lo esperan, repartidos en todo el perímetro del aeropuerto internacional de Toncontín, concentrados sobre todo en las entradas.

Cae un jovencito

La policía nacional les ha permitido llegar hasta ahí. Una parte de los manifestantes se pega a la malla ciclónica y comienza a zarandearla. De pronto, un tiro. Y comienzan a volar latas de gas lacrimógeno que los zelayistas devuelven, acompañadas de piedras y botellas. Más tiros, primero espaciados y luego continuos, de fusiles M-16. La gente corre para alejarse de la valla, con excepción de jóvenes osados que se parapetan en la barda del mirador para seguir lanzando piedras a los soldados. Juan Ángel Antúnez está en un mirador donde, en días normales, los hondureños miran despegar y aterrizar las aeronaves. Ahí cae el jovencito a su lado, con un tiro en la cabeza. Varios testigos al lado del anciano dicen que francotiradores dispararon desde los edificios aledaños, especialmente de uno de oficinas de la fuerza aérea. Por eso le dieron el tiro por atrás, porque él estaba de frente a los soldados, dice un muchacho.

Apenas hace una hora, grupos de manifestantes refugiados en los restaurantes aledaños han visto al presidente de facto, Roberto Micheletti, decir en cadena nacional de radio y televisión que su gobierno ofrece al mundo un diálogo de buena fe, además de denunciar movimientos de tropas de Nicaragua hacia su país. “No quiero que se derrame una sola gota de sangre del pueblo hondureño… hay soldados en las calles para evitar esas confrontaciones.”

A los primeros tiros, en medio de la corretiza, algunos gritan: ¡Son salvas, son salvas, no corran! La gente trata de ocultarse detrás de los autos estacionados frente a un restaurante de comida rápida. Ahí comienzan a llegar los heridos, las ambulancias, los gritos de desesperación. Con un joven desvanecido a sus pies, una mujer clama con la mirada al cielo: Padre santísimo, ten misericordia de este pueblo que está en una lucha justa.

Andrés Pavón, defensor de los derechos humanos, trata de reanimar a un jovencito desmayado, cuando llega hasta él un hombre bañado en lágrimas: ¡Le pegaron un tiro, un tiro en la cabeza a un cipotillo que yo traía!

El hombre de las lágrimas y Pavón intercambian datos: el joven muerto era de Catacamas, en el departamento de Olancho, de donde es originario Zelaya, y tenía 17 años. Terror, lo que quieren es crear terror, dice Pavón.

Se habla de dos, tres muertos, aunque más tarde la Cruz Roja confirma un fallecido, el cipotillo, y una decena de heridos. Un oficial de la policía nacional, de apellido Mendoza, quien ha negociado con los manifestantes desde el sábado, confirma dos muertos y dos heridos y también que la policía no ha disparado, han sido los militares.

En el asfalto quedan la sangre y restos de masa encefálica, pero los jóvenes zelayistas no se van del lugar. Van de un lado a otro mostrando casquillos y mentando madres a los soldados que los miran a unos 20 metros de distancia.

José Antonio Reyes muestra el esqueleto calcinado de su motocicleta. Siete impactos de bala la hicieron arder. A su alrededor los jóvenes se reagrupan y comienzan un nuevo coro dirigido a los militares: ¡Asesinos, asesinos!

En medio de la confusión, de los gritos y el olor a gas lacrimógeno, un contingente de la policía se acerca desde el fondo de la calle. La gente se abre y comienzan los gritos: ¡La policía está con nosotros! ¡Vayan a poner orden! Por difícil que sea de creer, los policías son héroes para los zelayistas. Hay una lluvia de aplausos. Y más gritos: ¡Tenemos muertos, tenemos muertos! ¡La policía está con el pueblo! Es de suponerse a qué escenas se refería el Wall Strert Journal cuando calificó de extrañamente democrático el golpe de Estado hondureño.

Miles de personas marcharon por segundo día consecutivo al aeropuerto Toncontín de la capital hondureña para apoyar el regreso del presidente constitucional Manuel Zelaya, pero soldados dispersaron la concentración por la fuerza.

Hace menos de dos horas Roberto Micheletti había presumido: No hemos reprimido absolutamente a nadie. Y ha vuelto a congratularse de su gran logro con el toque de queda: Nos ha alegrado mucho que la violencia ha disminuido en las calles.

Después de la balacera, de los muertos y heridos, los medios del país son encadenados otra vez: sólo para repetir la rueda de prensa del presidente de facto y sus funcionarios, y también el mensaje del cardenal Andrés Rodríguez, quien pidió el sábado a su amigo José Manuel Zelaya no regresar a Honduras.

Repartidos en todo el perímetro del aeropuerto, muchos de los miles de manifestantes no se percatan del tiroteo. Se enteran por radio Bemba o Radio Globo, la única estación que transmite, cuando no la sacan del aire, la versión de los zelayistas.

Entonces, andar por la manifestación es escuchar por todos lados rezos y gritos de indignación, pero también de rabia: ¡Qué movimiento pacífico ni que mierda, así nos van a matar a todos!, se desgañita un hombre montado en una motocicleta.

La señal de cable, donde los hondureños pueden ver los canales internacionales que difunden información e imágenes que los locales ocultan, desaparece intermitentemente mientras dura el episodio del aeropuerto.

Lo que resulta imposible de ocultar es el avión que sobrevuela durante largos minutos, en círculos, el cielo de Tegucigalpa. En la aeronave, de matrícula venezolana, viaja el presidente Zelaya. Al ver el avión, los miles de simpatizantes del presidente que permanecen en las inmediaciones del aeropuerto estallan en júbilo. ¡Viene Mel, viva Mel!, gritan.

Para entonces, sin embargo, la pista de aterrizaje ha sido ocupada por camiones militares.

No volverá, pase lo que pase

He ordenado que no se le permita regresar, pase lo que pase. No podemos permitir esta temeridad, que muera un presidente de la república, que resulte herido un presidente de la república, que muera cualquier persona, había dicho, desde temprana hora, el canciller del gobierno de facto, Enrique Ortez.

Desde el aire y antes de llegar al espacio aéreo hondureño, José Manuel Zelaya habla con la cadena Telesur: Están impidiendo al aterrizaje, están amenazando con enviar aviones de la fuerza aérea.

El avión, donde también viaja el presidente de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, Miguel D’Escoto, se va rumbo a Managua. “Si tuviera un paracaídas…”, dice Zelaya antes de despedirse en la entrevista desde el aire.

Acto seguido, el gobierno de Micheletti encadena nuevamente radio y televisión, primero con imágenes bucólicas de Honduras, acompañadas de música garífuna. Luego, con la bandera de fondo, una voz grave informa que el gobierno ha decidido adelantar el toque de queda para las seis y media de la tarde. La cadena ocurre al filo de las seis, lo cual deja escasa media hora a los manifestantes para abandonar las inmediaciones del aeropuerto y encerrase en sus casas.

No nos vamos, el hombre tiene que regresar en las próximas 48 horas, dice uno de los dirigentes de la resistencia quien define a los zelayistas, como expertos en la toma de carreteras y afirma que no les dejan otra salida que intensificar sus acciones.

Las televisoras y las radios encadenadas repiten la rueda de prensa del gobierno de facto, y también la ofrecida ayer por los obispos hondureños, en apoyo a los golpistas.

Terminada la repetición, en el 8 de televisión, gubernamental, se da paso a un programa de una organización venezolana llamada Fuerza Solidaria, que no sólo destroza a Hugo Chávez, sino también a su oposición, a la que acusa de hacerle el juego electorero al presidente venezolano: “No ha habido ni habrá salida electoral mientras Chávez siga en el poder… ¡El comunismo jamás triunfará en Venezuela!”

Hacia las ocho de la noche, cuando la ciudad se vacía y la cadena CNN informa en vivo desde esta ciudad, su señal se esfuma nuevamente. Se da paso a una nueva cadena, esta vez a cargo de Héctor Iván Mejía, vocero de la policía nacional: dice que las manifestaciones de apoyo a Zelaya se volvieron agresivas y derivaron en un enfrentamiento con resultados no constatados. También hace un enérgico llamado, a nacionales y extranjeros, de abstenerse de promover el desorden. Finaliza el comisionado de policía: Dios bendiga a Honduras.

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