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Chile: El MAPU, La seducción del poder y la juventud (Tercera Parte)

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klee6 Cristina Moyano

Capitulo 3

Desde el movimiento al partido, 1969 -1971. Los registros de prensa y el relato coyuntural

Introducción.

El proceso de formación del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) en el año 1969, no puede ser entendido fuera del conflicto que comienza a vivenciar el Partido Demócrata Cristiano a partir de 1967. La coyuntura electoral en ciernes, así como el surgimiento de posturas cada vez más críticas y radicales dentro de la colectividad, que abogaban por llevar a un cabal cumplimiento las propuestas del programa de la Revolución en Libertad, comienzan a ser cada vez más notorias en esta segunda mitad del gobierno de Frei Montalva.

La radicalidad de un grupo de militantes DC, conocidos como los “rebeldes” va haciendo cabeza del descontento y de las ansias de avanzar más rápidamente a una sociedad socialista y ya no sólo comunitaria. La jerga revolucionaria y los conceptos analíticos del marxismo son adoptados por los líderes de esta corriente, mayoritariamente en la Juventud Demócrata Cristiana, que se van distanciando cada vez más del gobierno y empiezan a hacerle una dura oposición dentro del mismo partido.

Los líderes que, a la luz de la prensa, encabezan dicha corriente son el emblemático senador fundador de la Falange, Rafael Agustín Gumucio, Jacques Chonchol[62] ex vicepresidente de INDAP y los entonces diputados Alberto Jerez (más tarde senador) y Julio Silva Solar. Son ellos quienes aparecen como los líderes indiscutidos de este movimiento contestatario dentro del PDC y que más tarde se quiebra para formar el MAPU, según los registros de la prensa de la época.

De esta forma, los siguientes dos capítulos de esta investigación se encuentran exclusivamente construidos con los registros de la política coyuntural que los periódicos seleccionados[63] iban publicando día a día. De esta forma se tratará de reconstruir la historia de la fundación del MAPU sólo con las noticias políticas y comentarios editoriales donde dicha colectividad tenga mención. Esta opción tiene como fundamento contraponer este tipo de registros con los registros que más tarde nos proporcionará las memorias de los militantes entrevistados. Creo que a través de esta combinación de fuentes, la historia de un partido político en particular puede dar nuevas pistas sobre nuestra historia política reciente en general ya que permite adentrarnos en formas de significar el pasado y de construir subjetividades, que de otra forma serían inalcanzables o imposibles de ser constatadas.

Dado lo anterior es que es posible constatar que junto a estas cabezas visibles (en la prensa) se encuentran otros personajes con importancia más real, ya que son los que aparecen en las memorias de todos los militantes, en la constitución plena del Movimiento y que son los Jóvenes Demócratas Cristianos. Estos eran liderados por Rodrigo Ambrosio, Juan Enrique Vega y Enrique Correa, quienes encabezan la resistencia y crítica al gobierno de Frei, desde la juventud de dicha colectividad política. Tan importante será su actuación en la formación del nuevo partido, que al momento del quiebre provocado en la DC en el año 1969, este partido se quedó prácticamente sin juventud política, y esta se constituyó en pleno en la primera base de apoyo del recién formado Movimiento de Acción Popular Unitaria.

Dichos jóvenes significarán un elemento generacional muy potente en el MAPU y aportarán no sólo la radicalidad de sus años, sino que por sobre todo, serán quienes abrazarán con mayor fuerza el marxismo como vertiente de identificación analítica y programática, renegando del peso que tenía en ellos el provenir de una posición reformista y donde el cristianismo tenía importancia fundamental[64]. Estos jóvenes constituirán el aparato orgánico del partido y de a poco comenzarán a imprimirle un sello propio a sus propuestas políticas, así como a las prácticas que los identificarán y diferenciarán de las otras colectividades de izquierda. Se esboza aquí un conflicto generacional en ciernes, que en el primer año de vida del MAPU queda cubierto u opacado por la necesidad de fijar las bases programáticas de la Unidad Popular y la decisión de nominar al abanderado de dicha coalición.

Los primeros registros de prensa, entonces, nos muestran como cabezas visibles a los ex rebeldes de la DC. Serán “los viejos” quienes asumirán la vocería del MAPU y por lo mismo, durante todo el primer año, la identidad MAPU y su nominación siempre tendrá que cargar con el peso de ser nombrados como “los rebeldes de la DC”, existiendo por lo tanto una vinculación permanente con el pasado originario de la coyuntura, del que poco a poco querrán irse desligando.

Sin embargo, ya a contar del segundo año (1970) el conflicto generacional y también doctrinario[65], se hará más visible para en definitiva explotar en 1971 cuando se forme la Izquierda Cristiana. En dicha coyuntura histórica, los “viejos” rebeldes de la DC se van a la recién formada colectividad, quedando a la cabeza del MAPU quienes efectivamente tenían el control del partido: los jóvenes provenientes de la JDC liderados por Rodrigo Ambrosio.

A pesar de lo anterior, los jóvenes MAPU ya habían conseguido durante el año 1971 convertirse en partido político propiamente tal, desafiando las primeras apuestas de los viejos rebeldes quienes no aspiraban a lo anterior y encontraban que aquello solo contribuiría a complicar más el esquema de las fuerzas de izquierda. Con la constitución del MAPU como partido y la fijación de una propuesta política que abrazaba el marxismo leninismo como base, los jóvenes terminaron por tomarse completamente la colectividad y avanzar en una propuesta más novedosa, con todas las particularidades de lo que nosotros entenderemos como cultura política.

Sin embargo, los escritos de prensa apenas dibujan los conflictos anteriores. Estos sólo se hicieron visibles luego de contrastar el material periodístico con las memorias orales de sus ex militantes. A pesar de lo anterior, creemos que será fundamental analizar a la luz de las primeras fuentes como fue vista la fundación del MAPU en la coyuntura política de 1969. Para lograr este objetivo, sin el cual nuestra investigación histórica quedaría trunca, es que nos abocamos a la revisión de la prensa de esos años.

Metodológicamente se cubrirá todo el período que se extiende desde 1969 hasta 1973, analizando a la luz de los periódicos de izquierda: El Clarín y el Siglo, cómo fue vista por dicho sector la formación de la nueva colectividad. En forma paralela, se trabajaron los periódicos El Mercurio y La Tercera para contrastar desde la óptica de la derecha la significación que se realizó del MAPU. Ambas visiones políticamente encontradas nos ayudarán a dar una imagen de cómo fue abordado y significado en la coyuntura histórica analizada: el quiebre de la DC, la propuesta del MAPU y la participación del mismo en el gobierno de la UP. Analizados estos tres tópicos fundamentales, se irán cruzando las variables del conflicto que explican la formación de la Izquierda Cristiana y las nuevas prácticas culturales y programáticas que dicha agrupación política aportará a la izquierda y al gobierno de Salvador Allende.

El Conflicto al interior de la DC y la formación del MAPU.

El Partido Demócrata Cristiano se fundó como tal en 1957 y sus grupos originarios provenían de la Falange Nacional. Sus miembros iniciales estaban constituidos primordialmente por profesionales jóvenes universitarios, que encantados con el cristianismo social de la Iglesia, la teoría de la marginalidad y el pensamiento tecnocrático de la Cepal, formaron esta nueva colectividad que representaba los intereses de los sectores medios ilustrados comprometidos con una mayor justicia social y el logro de un desarrollo económico estable en el tiempo. Sus líderes más connotados eran Eduardo Frei Montalva, Bernardo Leighton, Rafael Agustín Gumucio, y Radomiro Tomic.

La Democracia Cristiana fue entendida además como una colectividad nueva, con nuevos aires y más moderna, que hacía eco de la crítica que los partidos tradicionales no habían dado cabida a los intereses de estos sectores sociales, frente a los cuales se montó además una dura crítica de anquilosamiento y de prácticas anticuadas[66].

La organización interna de la Democracia Cristiana quedó sancionada en los estatutos internos aprobados en noviembre de 1963, poco tiempo antes de que Frei asumiera como nuevo Presidente de Chile. Los dos organismos básicos que constituían al partido eran:

  1. los organismos políticos, donde se encontraban todos los grupos comunitarios y de base.
  2. las organizaciones especializadas, compuestas por 4 comités o departamentos: orden y administración, acción política, asesoría política y asesoría técnica. De estos comités, el más importante por su labor en la movilización de masas y obtención de clientela electoral lo constituyó el de acción política, que a su vez estaba compuesto por los departamentos sindical, campesino, pobladores y juvenil

Los departamentos, dada su clara orientación electoralista y de movilización, se convirtieron rápidamente en grupos de poder dentro del partido, sobre todo si a esto le sumamos, que los nuevos grupos integrantes de la colectividad tenían sólo ese espacio para ascender políticamente, dado que la dirección del PDC se encontraba anquilosada en la misma generación fundadora de la Falange en los años 40.

Por lo anterior, uno de los departamentos que más importancia adquirió durante los años 60 fue el juvenil. En dicho espacio los jóvenes que se integraban al PDC motivados por esta idea de la nueva colectividad y la nueva representación, así como la posibilidad de ascenso dentro de la elite política chilena, organizaron una estructura que funcionaba casi paralela al partido. La orgánica de la JDC “reproducía en su interior todo el esquema organizativo del partido y estaba controlado y mayoritariamente compuesto por estudiantes universitarios”[67]. Esto generó que la Juventud del Partido tuviera representación nacional y estuviera casi ausente de la política a nivel local, puesto que expresaba sus opiniones preferentemente en términos de los problemas políticos nacionales. Los jóvenes se convertirían en una fracción de presión dentro de la DC y en actores de peso dentro de la coyuntura del quiebre en 1969.

Junto al aparato orgánico de la DC, es necesario esbozar las principales tendencias o fracciones internas que cruzaron al partido durante el gobierno de Frei y que comenzaron a enfrentarse de manera más abierta y radicalmente opuestas desde 1967 en adelante. Estas fracciones fueron:

  1. los oficialistas, también conocidos como los hombres de Frei y que fueron los más comprometidos con el éxito del gobierno y su programa reformista.
  2. los rebeldes, es decir, los más críticos al gobierno de Frei y que abogaban por una radicalización y profundización del programa de reformas, que transformara la actual sociedad ya no sólo en una comunitaria sino que en una sociedad socialista. Ellos eran partidarios además de llegar a un acuerdo con la izquierda para lograr estos aspectos programáticos y vencer a los grupos de intereses económicos “monopolistas e imperialistas”[68].
  3. los terceristas, quienes asumieron un rol de crítica al gobierno más moderado que los rebeldes y se plantearon como mediadores entre las fracciones anteriormente mencionadas, y que apostaban a transformar al partido desde dentro. En otras palabras ellos pretendían izquierdizar a la Democracia Cristiana en su conjunto.

El enfrentamiento fraccional no quedó supeditado a la vida interna del partido, sino que se hizo público, sobre todo a través de los parlamentarios rebeldes y terceristas que ocuparon los escaños legislativos para hacerle las críticas al gobierno. Paralelamente, la JDC se abocó a construir redes de apoyo y de poder que le valieron convertirse en la principal fuente opositora al gobierno dentro del mismo partido.

Los problemas al interior del partido de gobierno se hicieron visibles después de las elecciones municipales de 1967. La DC que había prometido gobernar 30 años, sufría un gran revés en dichas elecciones, bajando su apoyo electoral. Esto motivó profundos análisis dentro del partido que pusieron de manifiesto el problema central que dividía a las fracciones internas: “el conflicto entre la justicia social y el desarrollo económico”[69]. Quienes hegemonizaron por un momento la discusión, rebeldes y terceristas, plantearon la necesidad de lograr una alianza política con aquellas otras “fuerzas políticas” que estuvieran dispuestas a acelerar los cambios que el país necesitaba, toda vez que se entendió esta pérdida de apoyo como crítica a las expectativas generadas y no cumplidas del gobierno de Frei.

El 16 de julio de 1967 un nuevo Consejo Nacional, dominado por terceristas y rebeldes, pone como presidente del partido al líder rebelde Rafael Agustín Gumucio[70]. Durante su presidencia, el senador Gumucio asumió la tarea de potenciar dentro del partido aquellas fuerzas que estaban por profundizar los cambios estructurales que Frei había prometido y que los distintos grupos de poder económico se habían propuesto obstaculizar. Para ello la línea central de su acción directiva quedó planteada en el documento “proposiciones para la acción política en el período 1967-1970 de una vía no capitalista de desarrollo”.

En dicha propuesta, la nueva dirección del PDC plantea la posibilidad de realizar una alianza con la izquierda, como única forma de terminar con el poderío de los grupos económicos, generando las transformaciones legales que impedían el avance más rápido hacia la sociedad comunitaria.

El 6 de enero de 1968, una nueva Junta Nacional debía analizar la propuesta de la directiva y decidir los pasos a seguir. El gobierno de Frei y el propio Presidente sienten que el partido está siendo poco leal con sus logros y llama a la fidelidad dentro de los márgenes que la acción del gobierno puede y debe ejecutar. Ante esto el Presidente llama a rechazar la propuesta de la dirección y su opción gana por 237 votos contra 235 de los rebeldes y terceristas, ante lo cual asume una nueva directiva, dominada por la fuerzas oficialistas y liderada por Jaime Castillo Velasco. Con esta estrategia, Frei trataba de mitigar la fuerza que las críticas dentro del propio partido hacían más difícil su gobierno.

Sin embargo, la nueva coyuntura electoral parlamentaria que se avecinaba en marzo de 1969, favoreció la mantención y proliferación de los discursos críticos al gobierno de Frei, sobre todo como estrategia electoral de quienes sentían que un acercamiento a la administración gubernamental podía generarles pérdidas importantes en el electorado. Así el 3 de agosto de 1968, es elegida una nueva Directiva cuya misión consistía en conducir al PDC en la campaña electoral. La cabeza directiva es asumida por Renán Fuentealba, quien fue elegido por unanimidad.

Bajo la dirección de Fuentealba, no solo se debatió el tema más próximo de la campaña parlamentaria, sino que también comenzaba a esbozarse la campaña presidencial de 1970. Ante ello, el impedimento constitucional de la reelección, volvía el escenario favorable a aquellos partidarios de desmarcarse de la acción administrativa de Frei y propulsar un programa político más “revolucionario” y en donde la justicia social jugara un rol preponderante.

Es así como el 1º de mayo de 1969, una nueva junta nacional debía votar la propuesta de la directiva de Fuentealba, que como programa presidencial levantó “la vía no capitalista de desarrollo” y planteó la idea de una alianza con la izquierda para enfrentar la elección de 1970. Los puntos que según esta directiva debía discutir la nueva Junta Nacional eran los siguientes:

“ 1) Postergación del Congreso Nacional del Partido, proposición que se hace sobre la base de un compromiso tácito de los distintos sectores del partido.

2) Reforma de los Estatutos, con dos fines esenciales: a) dar al partido una estructura moderna, dinámica y eficaz; b) fortalecer las autoridades del Partido y dictar normas disciplinarias, entregando el conocimiento de las relacionadas con el cumplimiento de los deberes políticos que tienen los militantes, a la directiva nacional y al Consejo Nacional según los casos.

3) Bases programáticas para una segunda etapa: a) participación popular real, efectiva en la conducción del país a través de todos los órganos del Estado, interviniendo en su dirección, en sus deliberaciones y acuerdos y en la ejecución de éstos. El actual gobierno ha sido el de la organización popular; el próximo debe ser el de la participación popular.

b) Derecho para los trabajadores. El desarrollo que nosotros queremos es el siguiente:

1. se trata de un Derecho que no tenga como precio una cada vez mayor dependencia del imperialismo.

2. se trata de un derecho que beneficie directa y exclusivamente a la mayoría de los trabajadores, que corrija las desigualdades en la distribución del ingreso, la riqueza, las oportunidades, utilizando los recursos nacionales en la producción de bienes o servicios que satisfacen las necesidades más urgentes del pueblo.

3. Se trata de un derecho que no se hace a base de sacrificar los bajos niveles de vida de los trabajadores a través de la compresión o congelación de sus niveles actuales de consumo, sino de la compresión de los consumos de los sectores oligárquicos”[71]

Como se desprende de lo anterior, los puntos de discusión estaban cruzados por una aguda crítica al gobierno y su actuación en torno a los temas salariales y partidarios. La mesa dirigida por Fuentealba aspiraba a profundizar los cambios en la sociedad en conjunto con una nueva autonomía al Partido como estructura, para que su accionar en el escenario electoral le permitiera no cargar con los problemas y críticas que se le hacían al gobierno de Frei Montalva.

El resultado fue lapidario, el frente oficialista abortó dicha propuesta y postuló la idea del camino propio, sin resolver por cierto la problemática mayor del programa político de fondo[72]. El fracaso de la propuesta, llevó a la renuncia de la directiva a la mesa y la renuncia al Partido de los líderes rebeldes, que sintieron que ya nada tenían que hacer en esta colectividad. La formación del MAPU estaba ad portas de concretarse, sobre todo con los acontecimientos desatados dentro de la Juventud y la coyuntura generada por la matanza de Pampa Irigoin[73].

El año 1969 y los primeros meses del conflicto. De la coyuntura electoral a la formación del Movimiento de Acción Popular Unitaria.

El año 1969 es un año que marcado por la coyuntura electoral, se agudiza también el conflicto al interior de la Democracia Cristiana. Las críticas al gobierno y la tensión creciente de los grupos o fracciones que constituyen el PDC se van volviendo cada vez más visibles e irreconciliables, dada la fuerte necesidad de diferenciarse o distanciarse de las decisiones gubernamentales, como una estrategia de obtener dividendos políticos.

La elección parlamentaria del año 69 se vivirá dentro de la DC como una elección decisiva para medir las posibilidades de triunfo en el campo presidencial para el año siguiente. Estos elementos no deben dejarse de lado en el análisis, porque si bien existen conflictos ideológicos y criticas programáticas a la administración de Frei Montalva que constituyen la identidad de los grupos dentro del partido, también es cierto que la mayor intolerancia y posterior ruptura se vive en el ambiente electoral, donde se hace propicio el enfrentamiento para construir el apoyo político que le granjee los beneficios a los distintos candidatos. Por lo menos esto será parte de la estrategia de los terceristas y los rebeldes, que estiman que sólo con un discurso radicalizado y más cercano a la izquierda podrán obtener las cuotas de poder respectivas.

De esta forma la coyuntura electoral obliga a definirse teórica y programáticamente. La prensa nos demuestra que durante esos años no sólo bastaba con ofrecer las clásicas medidas populistas de mayor bienestar al electorado o a las masas, sino que era necesario también que estas medidas se enmarcaran en proyectos ideológicos más poderosos que le dieran coherencia a las medidas y continuidad en el tiempo. De allí que dentro de la DC la discusión sobre la “vía no capitalista de desarrollo” se convirtiera en algo vital dentro del contexto electoral y que las posiciones particulares dentro del partido tuvieran que definirse también en términos programáticos.

“Democracia Cristiana es algo que deriva de una filosofía propia, filosofía tan vieja como nuestra civilización, pero absolutamente reconocible en las distintas gamas ideológicas. Rechaza con igual energía el predominio del individuo sobre la sociedad, que es el caso del capitalismo burgués, como el predominio de la sociedad sobre el individuo, que es el caso del comunismo. Pretende hacer justicia distributiva sin menoscabo de la libertad de cada cual, así como pretende defender la dignidad del ser humano sin perjuicio de su bienestar económico.

… La D.C pretende reemplazar a un Estado grande y poderoso por comunidades pequeñas y solidarias entre sí. La D.C para defender a los débiles, pretende que nadie sea fuerte y no existiendo propiedad individual o estatal, sino propiedad comunitaria, todos cuidarán de lo de todos y cada cual estará resguardado en su derecho porque desaparecerán los derechos privilegiados y el hombre, a la luz de su propia razón y de un orden desligado de imperfecciones, no requerirá de fuerzas represivas para solucionar sus problemas”[74].

A pesar de lo anterior, existían personeros de la DC más cercanos al oficialismo que estaban por mejorar la administración sin darle tanto énfasis al debate teórico que encontraban estéril.

El PDC de Antofagasta timoneado por Benito Pérez Zujovic, hermano mayor del ministro del Interior, y hombre que no se anda con chicas para definir las corrientes internas de su partido en el Norte: – Acá hay algunos intelectuales, porque eso son: intelectuales (y lo dice con tono despectivo) que se preocupan de esas cosas. La mayoría de nosotros no, y yo entre estos últimos.

-¿los ideólogos? Bueno, son los que generalmente menos trabajan, son los más jóvenes en general, los que no ponen los pies en el suelo”[75]

De esta forma se va delineando el debate dentro de la Democracia Cristiana, donde a pesar de lo expresado por Pérez Zujovic, el tema de las fracciones y las definiciones teórico-ideológicas cubre la mayor parte de los escritos de prensa, dando cuenta de lo importante que parecía esta materia en el conflicto electoral existente. Por ejemplo, el periódico La Tercera a inicios de 1969, afirma que “las aguas internas del PDC se encuentran demasiado turbias, a pesar de la campaña parlamentaria, las posiciones se hacen cada vez más divergentes. Mientras los oficialistas o moderados quieren seguir siendo una alternativa entre el capitalismo y el comunismo, los rebeldes y terceristas opinan que deben abrirse las compuertas hacia un entendimiento con la izquierda marxista”[76].

El periódico El Clarín por su parte, en marzo del año 69, dedica parte de su análisis político a dar cuenta de las distintas fracciones del PDC, enfatizando las diferencias ideológicas que sustentan los grupos. Así afirma que “en 1966 el movimiento tercerista surgió en el PDC como un hito de conducta doctrinaria. Lo procreó un grupo de intelectuales de ese partido que estimaba que no todo estaba perdido en cuanto a los esfuerzos por llevar al gobierno más a la izquierda cada vez. Se alimentaron de esperanzas ante la estrategia de poder esgrimida por el grupo rebelde que nació deshaciendo esa posibilidad como tarea inmediata. Los rebeldes exigían una aceleración máxima en la Revolución en Libertad y maduraron trabajando en las bases, por lo tanto se robustecieron. Los terceristas se quedaron en el grupo de amigos hermanados por inquietudes comunes. Solo reaccionaban ante hechos provocados por otros grupos y cuando alguno de sus talentos era cuestionado o puesto en apuros”[77].

Sin embargo, a pesar de estas diferencias entre ambos grupos, la idea común de llevar hacia la izquierda las posturas demócratas cristianas, los había tendido a unir en la acción partidaria. Podemos decir que se vislumbraba en la prensa la posibilidad de que en el año 1969, se formara una especie de Frente de Izquierda Cristiana, dentro del mismo partido, que propugnara por acelerar los cambios, sin romper con la colectividad. Así lo afirma El Clarín cuando especifica que “después del requies cat in pacem de esta noche, en todo caso, los ya casi “ex terceristas” se integraran al gran grupo de izquierda cristiana. Hablamos de la mayoría de ellos… Los rebeldes por su parte, recibirán este brillante grupo, haciendo necesariamente algunas concesiones. Al parecer, ya hay acuerdo. Para hablar de frente, digamos, que “la izquierda cristiana” (como probablemente se denomine a la corriente) agudizará su vigilancia revolucionaria, poniéndole la bayoneta en el pecho a los grupos juveniles rupturistas. En casi todos los planteamientos doctrinarios hay coincidencia hasta con los rupturistas, pero éstos últimos están en otra táctica, en aquella que aconseja dividir el partido en último caso. La nueva izquierda cristiana hará notar que eso no corresponde ni siquiera en último caso”[78].

Los grupos rupturistas estaban concentrados mayoritariamente en la JDC, de allí que la relación de éstos con el partido se hiciera básicamente al amparo del grupo rebelde encabezado por Gumucio, Jerez y Silva Solar. Este grupo no esgrimía, como ya expresamos la necesidad imperante de romper con el partido. De hecho, Rafael Agustín Gumucio era uno de los líderes fundadores de la DC y su poder se daba en el contexto de esta colectividad. Sin embargo, las relaciones del grupo rebelde con los rupturistas, van a tensar cada vez más la posibilidad de que terceristas y rebeldes lleguen a un acuerdo antes de la Junta que se celebraría en mayo de ese año y que debía definir las posturas ideológicas y programáticas que llevaría la DC en la próxima elección presidencial.

“Posiblemente a tres bandos se de la Junta Nacional del PDC que debe efectuarse los días 1, 2 y 3 de mayo próximo. Por una parte, el “oficialismo” jugaría sus cartas en el sentido de buscar un camino propio para el PDC, elaborando un programa presidencial para 1970, eligiendo a un abanderado de sus filas y facultando a éste para que inicie los contactos necesarios a fin de facilitar un apoyo al abanderado DC de otros sectores políticos. Por su parte, el sector rebelde propicia al igual que “terceristas” una definición del partido hacia la izquierda buscando contactos con las fuerzas del FRAP, radicalizando el partido y su esquema de transformaciones para el país. Rebeldes y terceristas han efectuado numerosas conversaciones para presentar un rostro unido a la Junta Nacional, pero el llamado sector tercerista no acepta que dentro de la unidad de ambos grupos figuren los elementos juveniles llamados “rupturistas”, que al fin y al cabo ganaron la Junta Nacional de la JDC”[79].

La tensión por la presencia de los grupos rupturistas, amparados por el grupo rebelde del partido, se agudizará y finalmente los terceristas no llegarán a acuerdo con los rebeldes. Los terceristas incluso conversarán con los oficialistas y el sector denominado “unitario”, dejando fuera de cualquier acuerdo a los rebeldes sobre todo en los aspectos relativos a la determinación del nombre del candidato a la presidencia[80].

Sin embargo, si bien esto pasa al nivel del partido, la dinámica de la JDC es un tanto distinta. Podemos enfatizar que aquí el conflicto es más ideológico y menos pragmático, más de fondo y menos electoral que el que se vivía en el nivel adulto de la colectividad. De allí la radicalidad de las mismas críticas y los enfrentamientos de los grupos adultos con el sector juvenil. Estos últimos, con cierta lógica de poder en su actuar, se dan cuenta de que el contexto electoral existente los beneficia, porque obliga a los miembros adultos a tomar posiciones sobre los temas más profundos del debate, medir fuerzas y disputar los nichos de poder político existentes. Finalmente el conflicto se resuelve a través de la ruptura, la salida más viable y más beneficiosa para el sector juvenil, aunque no así para el sector adulto[81].

Presenciamos así dos formas de hacer la política, donde el corte generacional es la variable más importante. Por un lado los miembros del partido, que si bien estaban preocupados por la definición doctrinaria, su forma de hacer política fue siempre más tradicional, y buscando cauces dentro del partido, en contraposición con los jóvenes que rápidamente buscaron la ruptura. De allí que los rebeldes juveniles fueran tildados como “rupturistas”.

Los rebeldes de la Democracia Cristiana del sector adulto eran vistos como aquellos que: “quiere otro ritmo revolucionario, el que busca nuevas estructuras y se desespera un buen poco cuando el gobierno de su Partido aparece haciendo concesiones a los enemigos irreconciliables de cualquier proceso de cambios verdaderos: la Derecha política y económica[82]

En cambio el sector juvenil, constituido por los rebeldes – rupturistas, eran vistos como:

“una especie de marxistas-leninistas-cristianos, pero no mucho, que propician, dicho en términos claros, que la gente izquierdista de la DC se embarque en un viaje con comunistas y socialistas”[83]. Incluso, para los diarios que representan la opinión de la Derecha chilena, La Tercera y el Mercurio, estos grupos eran abiertamente marxistas.

Estas dos configuraciones identitarias se pondrán de manifiesto en el conflicto inmediato suscitado por los sucesos ocurridos en Pampa Irigoin en marzo de 1969. La matanza ocurrida producto de la toma de terrenos en la zona de Puerto Montt, fue rápidamente condenada por los jóvenes, quienes con mucha fuerza criticaron y pidieron la salida del Ministro del Interior Edmundo Pérez Zujovic. La intransigencia de la misiva hecha pública por la directiva de la JDC que encabezaba Enrique Correa, generó un arduo debate dentro del partido y medidas disciplinarias suspensivas para los miembros de la Juventud que apoyaron la carta. Sólo unos días después de las fuertes declaraciones de los jóvenes, los adultos del grupo rebelde se suman a las críticas, sin embargo su adición fue siempre bajo la lógica de mantenerse dentro del partido y por ende, menos intransigente que la carta de los jóvenes.

Esta carta revela dos tipos de elementos que serán también visualizados por actores DC de la época. La coyuntura de Pampa Irigoin será vista casi como una excusa para quebrar el partido y llevarse por parte de la JDC una orgánica que hacía tiempo funcionaba de manera bastante autónoma y por otro lado demuestra, que los adultos de la colectividad salieron por la emergencia de la coyuntura y los cauces propios que rodearon el conflicto, a sumarse a un proyecto progresista que rápidamente se les escapó de la manos y fue hegemonizado por los más jóvenes.

La carta que generó la salida de parte importante de la JDC y por la cual fueron pasados al tribunal de disciplina toda su directiva, enrostraba una dura crítica al gobierno de Frei en su gestión en general y no sólo hacía referencia a los sucesos de Pampa Irigoin, demostrando que el quiebre no era solo coyuntural sino que estructural y profundo. Ellos afirmaban que “este nuevo acto represivo del gobierno no es sino la consecuencia de una política cada vez más alejada y contraria a los intereses populares, que necesita para imponerse de una cuota cada vez mayor de autoritarismo. Esto no es otra cosa que la demostración de la incapacidad que el gobierno ha tenido en la tarea de unir al pueblo para destruir el poder antipopular de la derecha económica; la creciente vacilación y debilidad gobiernista lo obliga a ser cada vez más obsecuente con los poderosos y cada vez más duro con el pueblo. Ante una derecha triunfante, el gobierno no parece querer competirle apoyo y clientelas”[84] .

Por su parte la carta de repudio que el sector adulto rebelde envía al gobierno tiene un carácter menos radical y apela a la búsqueda de unidad. Dicha misiva se envía un día después de la carta de los jóvenes, también como una forma de apoyo a las duras medidas disciplinarias a las que fueron sometidos los miembros de la directiva juvenil, después de la publicación de la misma. Los líderes rebeldes firmantes de la carta: Rafael Gumucio, Alberto Jerez, Julio Silva, Vicente Sota y Jacques Chonchol, señalaban: “Los dolorosos sucesos de Puerto Montt que lamentamos profundamente ocurran en un gobierno D.C, son de aquellos que no permiten guardar un silencio que podría aparecer como un acto de tácita aceptación. No se puede limitar lo sucedido a sólo un problema de autoridad. Menos aún, justificarla calificando como actitud sediciosa la legítima protesta popular provocada por la difícil situación habitacional que, aún cuando no es de responsabilidad del actual gobierno, corresponde a una angustiosa realidad.

Las declaraciones de la JDC, de la FECH y de la UFUCH, son serias y enjuician con extraordinaria valentía los hechos ocurridos”[85].

En la misiva de los jóvenes, éstos comparan el gobierno de Frei con la dictadura de Onganía en Argentina y exigen la rápida salida de Pérez Zujovic del gabinete. El enfrentamiento de poderes al interior de la DC y la intransigencia de los términos utilizados van marcando un camino de ruptura que ya no puede ser consensuado: “No es este el camino; el PDC ofreció una salida al gobierno: destruir con el apoyo del pueblo el circuito básico del poder capitalista, liderando de este modo el movimiento popular, en lugar de reprimirlo con grupos móviles y balas. El gobierno no aceptó y optó por el camino antipopular de ser guardián de un”capitalismo eficiente”. Los guardianes que los capitalistas prefieren en toda hora son los gorilas; se trata para ganar su preciada confianza, de demostrar que éste es un gobierno tan eficaz para defender el orden como lo es el de Onganía u otros. Símbolo y personificación de esta derechización creciente demostrada en estas nuevas muertes que el pueblo sufre es el Ministro del Interior, Edmundo Pérez. La JDC exige su inmediata salida, porque de nada valen las explicaciones y excusas que acostumbra dar al partido, si fuera de él, actúa de un modo diametralmente opuesto”[86].

Para el caso de los adultos, quienes buscan resolver el conflicto dentro del partido, la colectividad sigue siendo el lugar adecuado y que pone los marcos para resolver el conflicto. A diferencia de los jóvenes que han deslegitimado abiertamente esa opción, los adultos rebeldes afirmaban que “Coincidimos con lo expresado por el presidente del PDC en el Consejo Plenario de Cartagena, que el partido debe ser solidario con todo lo bueno y lo malo de la acción del gobierno, pero creemos que él, como cualquier militante DC, debe entender esa solidaridad limitada a las políticas que se deciden en el seno del partido. La represión popular siempre ha sido condenada por el PDC y por lo tanto no cabe solidaridad alguna con la política representada por los actos que deploramos, ni con sus responsables directos.

Insistentemente y dentro del marco de la disciplina y del diálogo interno, hemos luchado por acentuar en forma clara el espíritu revolucionario que debe presidir los actos del gobierno DC. Ahora, más que nunca, frente a la prepotencia de la Derecha que aprovecha los luctuosos procesos de Puerto Montt para llevar agua a su molino, reafirmamos nuestra convicción que por sobre los sectarismos partidistas se hace indispensable unificar a todas las fuerzas políticas y sociales que están dispuestas a impedir el regreso de la oligarquía al poder y a instaurar un gobierno popular en Chile.

La desgraciada repetición de hechos como éste que el país enfrenta hoy y perjudican gravemente el destino popular del partido, nos han obligado a hacer pública expresión de nuestro pensamiento”[87].

De esta forma, los sucesos de Pampa Irigoin, denotan dos lógicas políticas distintas, que se pondrán de manifiesto de manera más clara en los meses que siguen a la matanza de pobladores y la fundación del MAPU en mayo de 1969. Es decir, entre marzo y mayo de 1969, adultos rebeldes y jóvenes rupturistas van caminando al encuentro disidente fuera de la colectividad, pero por vías y lógicas de actuar diferentes.

Para los adultos rebeldes y algunos terceristas la propuesta de la formación de una Unidad Popular, que buscara acuerdos con la izquierda marxista, era un elemento central que debía discutirse en la Junta Nacional de mayo de 1969. El programa sobre el cual debía buscarse el nombre del candidato y las alianzas, estaban planteadas en el famoso documento de la “vía no capitalista de desarrollo”, que según los diarios La Tercera y el Mercurio, no era otra cosa que una vía socialista a secas. Así lo demostrarían los dichos del diputado Alberto Jaramillo quien anunció, a raíz de la pérdida de la Junta Nacional por parte del grupo rebelde, que “no estoy de acuerdo con los resultados de la Junta Nacional. El partido ha demostrado que prefiere seguir por la vía capitalista. En cambio nosotros pensamos que la vía socialista es la única solución para desarrollar el país. No un socialismo marxista, sino un socialismo democrático”[88].

De esta forma, los miembros del grupo rebelde del partido, buscaron ganar la Junta Nacional y persistir en el apoyo a la mesa dirigida por Renán Fuentealba. Por su parte, los jóvenes realizaron toda una campaña política dirigida a ganar la Junta de la JDC, pero con una aspiración aparentemente distinta a la que tenía el grupo adulto. Los jóvenes apostaban a ganar la Juventud, logrando una hegemonía visible, de manera que al quebrar el partido la ruptura fuera más aguda.

Los discursos utilizados por los jóvenes para ganar la Junta de la JDC, que se realizó antes de la adulta y producto de la suspensión de la directiva que encabezaba Enrique Correa, fueron de abierta crítica al gobierno. A éste se le acusaba de haber abandonado los principios libertarios y comunitarios que sustentaban la Revolución en Libertad y de trabajar para el capitalismo y el imperialismo yanqui, así como para la oligarquía nacional. Así lo destaca El Mercurio donde se da cuenta que “La Junta se inició con la cuenta del presidente suspendido de su cargo hace algunas semanas, Enrique Correa, quien pudo presentarla sólo, a través de un miembro del Consejo ya que el Tribunal de disciplina que los suspendió por 2 años de sus derechos de militante no le permitió actuar oficialmente en la Junta… El informe político de Correa consta de 20 carillas y es en el fondo una lista de acusaciones a la línea gubernamental. Culpa a esta y a la corriente oficialista de haber llevado al partido a la ambigüedad, a la derechización y a la entrega al capitalismo… Por primera vez, dijo Correa, que aludía a una situación que no había tocado antes por no rebajar el nivel del debate. Este nuevo elemento de crítica que aporta el joven rebelde “es que el poder, cuando no es ejercido colectivamente por el pueblo en un sentido revolucionario y socialista, corrompe, es biombo de los oportunistas, de los que quieren convertir a la política en la mejor profesión del mundo… El dilema para Correa es claro: revolución socialista o regresión derechista”[89].

El triunfo de los rebeldes rupturistas en la Junta de la JDC fue abrumante y categórico y según El Clarín “los oficialistas y hombres del gobierno pueden sufrir peligroso infarto. La lista encabezada por Juan Enrique Vega obtuvo 154 votos, contra la lista de los oficialistas que encabezaba Luis Capiolo. Los terceristas dieron chupe de guata con 24 votos y llevaban como abanderado al ex presidente de la UFUCH, José Miguel Inzulza”[90]. Al igual que lo destacara el periódico El Mercurio, este periódico de corte izquierda-populista, afirma que “la victoria de los rebeldes se basó en las duras críticas que se hizo al gobierno y en especial al Ministro del Interior, Edmundo Pérez Zujovic, por sus inclinaciones antipopulares y derechistas”[91].

La fuerza del triunfo que los rebeldes – rupturistas obtuvieron en la Junta, hizo que el enfrentamiento con el Partido fuera cada vez más frontal e ideologizado, generando un clima de tensión tan abrumante que no tuviera otra salida que la división del partido. De hecho, las consignas utilizadas por los jóvenes hablaban cada vez más de socialismo y revolución, dejando de lado cualquier duda sobre la ambigüedad de sus postulados. Cuestión que no era tan evidente en el sector adulto, donde el tema del cristianismo era más preponderante que el marxismo. Los jóvenes de la DC se comenzaban a apropiar del imaginario de la izquierda marxista, y con estos postulados iniciarían el camino de ruptura, que debía desarrollarse en una coyuntura particular: los resultados de la Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano a realizarse en mayo. Mientras tanto, estos jóvenes gritaban después del Triunfo de Juan Enrique Vega en la JDC, las palabras que inmortalizaron al Che Guevara: “Patria o Muerte ¡Venceremos!”[92].

La postura programática que los consejeros juveniles llevarían a la Junta Nacional adulta apostaba a la creación de un Frente Revolucionario, que condujera a la Unidad Popular y a la revolución[93]. Dicho Frente Revolucionario debía estar conformado por la DC y los sectores de la izquierda tradicional chilena, como única estrategia de derrotar a Alessandri en las elecciones y de conducir al país hacia cambios radicales que tuvieran como horizonte final, la construcción de una sociedad socialista, y ya no tan solo comunitaria[94].

Estos aspectos, referidos a los discursos “revolucionarios” y “abiertamente marxistas” son destacados mayoritariamente por la prensa de derecha, donde el conflicto juvenil aparece mejor tratado que en los periódicos de izquierda que hemos revisado. Para El Clarín por ejemplo, el conflicto juvenil es menor, los actores desaparecen ante el conflicto adulto y lo que resaltaba este diario, hacía más bien referencia a un cristianismo radicalizado que a un socialismo abiertamente marxista, como lo declaraban los otros periódicos que cubrieron el conflicto. Lo anterior puede entenderse como estrategia comunicacional – política en un enfrentamiento electoral ampliamente polarizado, que lleva a los demócratas cristianos a definirse con una postura identificable y donde el “comunitarismo” aparecía como ambiguo y poco atractivo.

Los Jóvenes DC que triunfaron en la Junta, comienzan a reunirse y a planificar sus posturas y actuaciones para la Junta Nacional a realizarse en mayo. Cada vez quedaba más claro que si las posturas de rebeldes- rupturistas no eran acogidas o no triunfaban en la Junta, el Partido Demócrata Cristiano se quebraría. Sin embargo, la interrogante que se hacían los medios de comunicación, era sobre la magnitud del quiebre.

Las dudas comienzan a despejarse una vez realizada la Junta Nacional los días 2 y 3 de mayo de 1969. En dicho evento ganaron las posturas oficialistas y la tesis del camino propio por un escaso margen de 18 votos. Ante el triunfo de estas posturas, la mesa dirigida por Renán Fuentealba renuncia y asume la nueva directiva encabezada por Jaime Castillo Velasco, quien pertenecía a las posturas triunfadoras. Según El Clarín “El PDC se puso ropita usada después de la Junta que, durante dos días, mantuvo al mundo político del país en suspenso. El nuevo presidente de la colectividad resultó Jaime Castillo, Ministro de Justicia, ideólogo de la soledad del partido para conservar la pureza. ¿Qué cosa nueva puede ofrecer el PDC con Castillo a la cabeza? Nada de consideración, a juzgar por el voto político aprobado por una estrechísima mayoría. El triunfo del oficialismo en la Junta Nacional del PDC se logró apenas por 18 votos, entre más de 400 delegados que votaron. Este hecho, significó la renuncia de la mesa de Fuentealba y Bernardo Leighton, el alejamiento del todos los consejeros de libre elección de las corrientes rebeldes y terceristas”[95].

La tesis del camino propio, triunfadora en la Junta en manos del oficialismo, rechazaba de pleno la postura rebelde rupturista de la Juventud referida a la tesis del “Frente Revolucionario”. Según este mismo periódico “Los más damnificados con el voto aprobado por la Junta Nacional del Partido fueron los cabros de la Juventud, que propiciaron con enorme entusiasmo el Frente Revolucionario. Durante años elaboraron la teoría y la propusieron como tesis fundamentada en el Congreso de la JDC. Con el Frente Revolucionario ganaron Juan Enrique Vega y sus boys de la Directiva Juvenil. Sin embargo, el voto victorioso señala expresamente que la tesis del Frente Revolucionario “es rechazada por la Junta Nacional del PDC como incompatible con la existencia del partido y con su posición política. En otras palabras, “lo prohibieron”.[96]

Ante esta nueva coyuntura, los jóvenes rupturistas debían decidir qué hacer en la DC. Estaba cada vez más claro que dentro de esta colectividad sus posturas no tenían respaldo, así como tampoco podían contribuir desde éste a la propuesta de la Unidad Popular para derrotar a las fuerzas políticas de la derecha que representaba Alessandri. Definido un marco de actuación cada vez más estrecho y que daba como única opción la salida y el alejamiento del partido, los jóvenes perdedores en la Junta Nacional debían resolver el mejor momento o coyuntura política para que su salida fuera lo más impactante posible. Los jóvenes tenían claro que esto solo sucedería si lograban que dentro del partido renunciaran militantes de la talla de Gumucio, de manera que la sangría fuera transversal y no sólo generacional.

Así lo declara La Tercera cuando analizando los resultados de la Junta se pregunta “¿Qué ocurrirá en el seno de la DC? Es difícil predecirlo. Los propios líderes rebeldes y terceristas como Rafael Agustín Gumucio, Alberto Jerez, Juan Enrique Vega y otros, prefirieron no opinar dado que el momento era difícil y los ánimos estaban tensos. Muchos piensan que un sector del PDC, especialmente la Juventud abandonará las filas del partido de Gobierno. Esto se sabrá en los próximos días. En todo caso grupos oficialistas predijeron que solo una pequeña parte de la juventud, del llamado grupo “rupturista” y probablemente uno o dos parlamentarios abandonarían el partido, pero el resto de los militantes se mantendrían disciplinadamente en la colectividad. En gran medida todo dependerá de la resolución que adopte el senador R. A Gumucio. Si Gumucio se va se irá con él la Juventud. No podría decirse en modo alguno, que la Junta Nacional de la DC no dejó heridos, los dejó y en todos los niveles”[97].

Los efectos que traería esta Junta en la esfera política no dejaron indiferente a nadie. Así mientras los socialistas hacían un llamado a los jóvenes de la DC para que se salieran del Partido del cual formaban parte, [98] el Partido Nacional hacía el siguiente análisis: “Para nosotros habría sido más conveniente el triunfo del sector marxista, porque así se habría definido con mayor claridad la verdadera situación política de Chile. Dijo (Jarpa) respecto de la posibilidad de que un grupo de la Juventud y de sectores rebeldes del PDC se retiraran de la DC, que “como casi todos los rebeldes tienen puestos públicos y fiscales van a ser muy pocos los que quieran perder esas granjerías y opten por irse”[99].

Sin embargo, el momento llegó el 6 de mayo de 1969, cuando Rafael Agustín Gumucio, militante ejemplar dada su connotada trayectoria en la colectividad desde su fundación, presentó su renuncia ante la mesa del PDC. La renuncia del senador rebelde, generó en los días subsiguientes una seguidilla de renuncias que hicieron que la ruptura fuera eminentemente significativa en la DC y los análisis de la derecha profundamente equivocados.

En su carta de renuncia el Senador Gumucio afirma que su decisión es una opción personal, y que no pretende arrastrar con ella a nadie más dentro de su partido. Su carta demuestra que no aspiraba a la ruptura, y que ésta se generó producto de las condiciones internas que vivía el proceso político demócrata cristiano. Según el senador “Esto me ha llevado al convencimiento que en nuestro partido se han consolidado fuerzas que ya nada tienen en común con lo que yo pienso. El acuerdo de la Junta revela una indiferencia realmente alarmante ante la seria chance de la Derecha de retornar al gobierno, y junto a eso un rechazo muy profundo a buscar condiciones que pudieran aproximarnos a la izquierda. El ideal que siempre nos unió fue la lucha contra la injusticia de las estructuras capitalistas, la lucha por cambiar esta sociedad de un modo verdadero, profundo. Los principios cristianos han inspirado nuestra acción. Pero yo veo que ahora las cosas son distintas. Las corrientes más avanzadas del pensamiento cristiano no son recogidas por nosotros y de hecho más que un instrumento del cambio revolucionario de la sociedad somos un instrumento del status social, una fuerza administradora del sistema, garantizadora del orden establecido. No son pocos los esfuerzos que hemos hecho por rectificar desde dentro esta situación. Hoy creo honradamente que tal rectificación es imposible al menos por largo tiempo. La influencia del poder se ha hecho incontrarrestable dentro del Partido para imponer criterios. No pretendo arrastrar a nadie con mi actitud; no pretendo convocar una división en el PDC, y aún más, respeto el criterio de los camaradas que creen que hay posibilidades de impedir la derechización creciente del Partido permaneciendo dentro de él. Sólo pretendo resolver mi caso individual”[100]

De esta forma, según Gumucio “mi renuncia es un problema de conciencia personal. No quiero, por lo tanto, arrastrar a sectores de la Juventud del Partido para que adopten igual postura. En una oportunidad dije que haría mal quedándome en el partido si yo no compartía su línea política”[101].

Sin embargo, pese a que la postura de Gumucio no buscaba la ruptura del PDC, ésta igual llegó. Entre los días 7 y 14 de mayo, renuncian en conjunto el recién electo senador Alberto Jerez, los diputados Vicente Sota y Julio Silva, el departamento campesino de la DC[102], el departamento sindical con el vicepresidente de la CUT, Sergio Sanchez[103]a la cabeza, el ex vicepresidente del INDAP y líder del sector tercerista Jacques Chonchol y la Juventud casi completa[104].

Los días que siguen al 14 de mayo cuando se registra la salida de la JDC del PDC hasta la fundación del MAPU, el 19 de mayo, los periódicos realizan una serie de conjeturas sobre las acciones que los rebeldes y escindidos del partido de gobierno harán como próxima movida política.

Según constata El Mercurio, “los sectores rupturistas encabezados por Gumucio, el ex vicepresidente de INDAP, Jacques Chonchol; el senador electo Alberto Jerez y el diputado Vicente Sota, unirán su destino a un movimiento cuyas bases serán sentadas en plazo de 15 días. Tendrá un carácter que escape a los márgenes de los partidos tradicionales, no basado en la acción parlamentaria, sino en la actividad con campesinos, obreros y juventud, y abierto a las colectividades marxistas para la conformación de la Unidad Popular”[105].

Estos mismos disidentes agregan que “nos organizaremos para seguir luchando por aquello que ha tenido un carácter más permanente en nuestra acción: retomar el legado moral de la Falange, unirnos a la lucha del pueblo por la justicia, por la democracia, por la revolución, por la nueva sociedad comunitaria y socialista”[106].

Estaba en discusión sin embargo, la estructura que debía tomar este nuevo movimiento político. Las posturas que afirmaban que esto debía ser un movimiento que apostara por la unidad de la izquierda, triunfaron en un primer momento. Sin embargo, ya en 1970 la postura de convertir el movimiento en partido tenía la hegemonía. El control del nuevo aparato estaría en manos de los sectores liderados por Ambrosio. En este sentido podemos decir que el periódico que hizo el análisis más certero sobre el MAPU fue El Mercurio al enfatizar que “el nuevo movimiento formado por los rebeldes, es de corto tiempo y está destinado a convertirse en Partido[107].

La formación del MAPU.

La mañana del 19 de mayo de 1969 traía una noticia política que se venía fraguando hacía ya varios días. Los periódicos que hemos trabajado constatan este hecho ocurrido el 18 de mayo con los siguientes titulares: “Rebeldes del PDC formaron el MAPU”[108], “Movimiento político formaron militantes que abandonaron PDC”[109] y “Ex militantes del PDC forman nuevo partido”[110].

De esta forma, mientras El Clarín resalta los primeros días de formación de la nueva colectividad el elemento rebelde demócrata cristiano como principal característica identitaria del MAPU, El Mercurio y la Tercera destacarán el elemento marxista que existe dentro de la nueva colectividad y que se aglutina con el cristianismo avanzado para darle al MAPU una nueva fuerza dentro de la izquierda chilena[111].

Las primeras reacciones de la prensa política al cubrir la formación del MAPU fue analizar el objetivo de su constitución como colectividad política y los alcances de su actuación en el marco de la política chilena y los actores tradicionales. Para El Mercurio, tal como lo señala la tira cómica el perejil, el MAPU era una especie de tumor maligno que se le extirpó a la DC, tumor maligno que por lo demás había ayudado a generar el Partido Comunista[112], dentro de su estrategia de corroer a la Democracia Cristiana.

Para El Clarín en cambio, el MAPU será asociado durante todo su primer año de vida al movimiento rebelde de los Demócratas Cristianos, sin atribuirle a la nueva colectividad ninguna otra característica que la que ya tenía este grupo desde su formación en la Democracia Cristiana. Incluso Eugenio Lira Massi enfatiza, luego de mofarse del nombre MAPU, que la nueva colectividad solo puede ofrecer la doctrina del cristianismo en la sociedad moderna y que ese sería y debería ser el gran aporte de estos actores al engrandecimiento de la izquierda chilena. Dice Lira Massi que “quienes formaron este movimiento tienen una sola cosa que vender y es la doctrina demócrata cristiana. Son demócratas cristianos. Desean aplicar en nuestros días la doctrina de Cristo y dos milenios avalan la calidad de la mercadería. Cristo sigue siendo más importante que Chonchol, Juan Enrique Vega o Enrique Correa, para no mencionar a los ya nombrados. La gracia que tienen quienes se marginaron del PDC es que se fueron porque pensaron que la directiva de su partido no estaba cumpliendo con el ideal que inspira esa colectividad. Son ellos entonces los depositarios del ideal cristiano de una sociedad moderna. Ellos son los “rebeldes”. Los que se rebelaron cuando se quiso llevar al partido junto al dinero y lejos del pueblo. Martín Lutero nunca negó a Cristo. ¿Por qué los rebeldes lo esconden?. Ellos quieren la reforma. Instalen entonces su capilla. Póngale “Partido Rebelde Demócrata Cristiano” y llegarán solitos miles y miles de feligreses. Pero si le ponen MAPU no les va llegar nadie. Les costará mucho más que un año enseñar a la gente que eso significa “Movimiento de Acción Popular Unitaria” y otro año más para que el pueblo entienda lo que eso quiere decir en el terreno político. Y para entonces habría pasado el 70”[113].

En forma conjunta el mismo comentarista político critica que si el MAPU no asume su carácter identitario rebelde y demócrata cristiano, sólo conseguirá entrar al final en cualquier negociación con el FRAP, sin lograr ser tomado demasiado en cuenta. Así como también crítica que el nuevo nombre y esa falsa identidad se deba al influjo de los ideólogos que están muy presentes en la nueva colectividad. Enfatiza que ·”está bueno que los ideólogos se dejen de ser tan inteligentes todo el tiempo y se convenzan que las siglas ya están desprestigiadas y sirven solo de factor de perturbación para los escolares, de ironía para los adultos y de clave para los iniciados. ¿Qué importa un MAPU más o un MAPU menos? Pero los rebeldes DC son otra cosa. Y significan más que cuatro letras”[114].

De esta manera, el nacimiento del MAPU será registrado como parte de un conflicto interno la DC, para más tarde ir adquiriendo vuelo propio cuando se desate la campaña presidencial de 1970. Sin embargo, la opinión de Eugenio Lira Massi estaba dando cuenta de lo que a un sector de la izquierda chilena interesaba destacar: la llegada de cristianos a ese mundo tradicionalmente hegemonizado por los dos partidos marxistas existentes. La tensión entre cristianismo y socialismo estaba solo asomada en la prensa, pero poco a poco se volverá un elemento trascendental en la definición ideológica de la naciente colectividad.

El MAPU nace un 18 de mayo de 1969, constituido por 550 miembros que se reunieron en el local de los trabajadores de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado (ETCE). La mayoría de ellos provenía de los expulsados o renunciados del Partido Demócrata Cristiano, liderados públicamente por los parlamentarios rebeldes de la DC más el ex vicepresidente de INDAP Jacques Chonchol, que pertenecía al sector tercerista. La gran base de apoyo a la nueva colectividad la constituía la mayoría de la Juventud renunciada de la DC, por lo que el elemento juvenil será muy importante en el MAPU, aún cuando todavía su figuración pública y mediática no sea tan visible, en los primeros meses.

Sin embargo, a pesar de la invisibilidad mediática de los jóvenes, estos aportarán la identidad ideológica marxista que rápidamente va tomando el MAPU. Estos apuestan además a que su fracasada propuesta del Frente Revolucionario sea tomada como bandera de lucha por los otros partidos de la izquierda chilena. Al respecto decía Rodrigo Ambrosio, en un texto expuesto en la primera reunión masiva del MAPU después de su constitución, realizada el 27 de mayo en el teatro La Comedia, que “los partidos de izquierda en Chile deberían sufrir una decantación similar a la que ocurre en la DC chilena: los que están con la revolución para este lado; los otros y los tibios, que se queden donde están.”[115].

En paralelo a la definición de la identidad de la nueva colectividad política, surge el debate mediático acerca de cómo se organizarán los nuevos actores. Ser movimiento o partido aparece como una primera disyuntiva rápidamente despejada por los líderes. El MAPU como su nombre lo dice será un movimiento y su principal objetivo de existencia era ayudar a crear conciencia unitaria en la izquierda chilena, para avanzar de manera real y revolucionaria a la construcción de una sociedad socialista. De allí que las primeras declaraciones de su Secretario General sean desmentir que el MAPU es o será un nuevo partido político.

Al respecto titula El Clarín “El MAPU apenas dijo “agú” y ya le están inventando chuecuras”. Continúa con “Está bien que el MAPU de los ex rebeldes demócratas cristianos tenga un nombre poco agarrador, pero no hay derecho a que le anden inventando propósitos e ideas que nunca han tenido. Desde la reunión que tuvieron el domingo les andan colgando que ahora están reuniendo 10.000 firmas para inscribir al movimiento como nuevo partido político. “¡Nunca ha sido ese nuestro objetivo!” dijo a Clarín Jacques Chonchol. Secretario General del MAPU, para luego subrayar: “creemos que eso sólo contribuiría a aumentar la confusión dentro de la fuerzas populares”. El objetivo del movimiento (“que tiene fines políticos, pero que no está destinado a ser un partido político más”) fue señalado por Chonchol como “destinado a crear conciencia en las bases sociales del país: obreros, campesinos, asalariados, empleados, juventud, estudiantes, intelectuales, en toda la gente- y también en los partidos que se dicen y son populares de la necesidad de unirse para impedir el regreso de la Derecha al poder y la posibilidad de echar las bases para un proceso efectivamente revolucionario en nuestro país”[116].

De esta forma, tal como lo expresan los medios periodísticos[117], el MAPU tenía una abierta vocación movimientista de cuadros y no de masas. Su aspiración era unir a la izquierda en las cúpulas partidarias y en las bases sociales. Objetivo muy ambicioso y que demostraba cierto aire de superioridad, que se autoentregaron los líderes del movimiento, para creer que con su actuación romperían con las lógicas tradicionales de la izquierda chilena[118]. Gazmuri planteaba al respecto, “creemos estar en los 5.000 militantes. No buscamos ser una elite, pero pensamos que representamos lo mejor en poder social. Tenemos sectores bien importantes del estudiantado y del campesinado”[119].

Así, sin ser de una identidad de izquierda tradicional en su nacimiento, los recién nacidos llegan a dar lecciones a la izquierda, a definir lo que deben hacer para derrotar a Alessandri. Esto será un elemento fundamental en la forma que tendrá de desenvolverse el MAPU dentro del contexto de la campaña electoral del año 70 y durante los años que participan del gobierno de Allende. De allí que uno de los elementos más importantes a destacar durante los primeros días y meses de funcionamiento del MAPU sea lograr la unidad de la izquierda para la elección de 1970, vista como única arma para derrotar a Alessandri.

La nueva organización, pese a no ser un partido político como lo enfatizan sus líderes, funcionará en la práctica como partido. Rápidamente se aprontaron a elegir un Secretario General, Jacques Chonchol; un Subsecretario General, Jaime Gazmuri; y una Dirección Nacional constituida por 25 miembros donde destacaron los ex rebeldes Alberto Jerez, Rafael Agustín Gumucio, Julio Silva Solar y Vicente Sota[120]. En forma conjunta a la elección de esta directiva, el MAPU se aprestó a funcionar en un local establecido, para así evitar cualquier problema de conexión más formal con los otros partidos de izquierda. El local elegido comenzó a funcionar en Mac Iver 555 y en sus inicios y dada la precariedad económica de la nueva colectividad, será bastante pobre en su infraestructura[121].

En forma paralela a la estructura orgánica del nuevo movimiento, el MAPU se asigna como prioritario el trabajo en cuatro frentes, donde decide intervenir para lograr la tan mentada unidad de la izquierda chilena. Dichos frentes son el campesinado, los trabajadores, los estudiantes y los artistas, profesionales y técnicos. Se abarca con ellos a las fuerzas sociales trabajadoras, cruzando las barreras definitorias de una clase social en particular. El MAPU será representante de los trabajadores, sea cual sea la rama de actividad en la que se desempeñen, ampliando de esta forma la representación de la izquierda, incorporando a estudiantes, empleados, profesionales, intelectuales y artistas, que no siempre eran convocados por el discurso clasista de la izquierda tradicional chilena.

Una vez definidos los frentes de actuación, el MAPU se aboca la construcción de la unidad popular. Sin embargo, un elemento importante a destacar es que el MAPU enfatiza que la unidad de la izquierda debe hacerse en torno a un programa y no en torno a un candidato, cambiando la lógica electoralista que traía consigo la izquierda tradicional, según la crítica que la nueva colectividad realiza. De allí que para el MAPU sea más importante un programa revolucionario y novedoso, que la definición del nombre del candidato que tenía enfrascada a la izquierda en un punto de no retorno para la constitución de la UP.

Así el MAPU autodefine su identidad de actuación inicial como un movimiento “que desea crear conciencia en los partidos políticos de izquierda de que si no superan sus diferencias, que son lógicas porque somos pluralistas, no podremos jamás cambiar las estructuras, caeremos en el populismo y nos seguiremos engañando todos. Con Unidad Popular conquistaremos el poder”. Asi, “pretendemos ser un movimiento de cuadros y no un movimiento de masas. No pretendemos andar robándoles gente a los demás, sino dedicarnos a crear conciencia revolucionaria[122]. Esta conciencia revolucionaria se realizaría por medio del trabajo con los trabajadores en los cuatro frentes antes definidos, revelando a éstos “las contradicciones de clase que son producto del sistema capitalista y del reformismo populista que lo sostiene a través de la agudización de las luchas sociales”[123].

La actuación del MAPU por lo tanto debería concentrarse, según sus objetivos iniciales, en lograr la Unidad Popular “por arriba”, es decir, a través de acuerdos con las directivas de las distintas colectividades de izquierda, así como “por abajo” a través de discusiones y concientización de las bases sociales de apoyo. Solo en esta mutua nutrición entre estructura partidaria y bases electorales y de apoyo, se lograría la tan mentada Unidad Popular.

Un elemento importante que debía definirse previamente a la discusión del programa de la Unidad Popular, consistía en la clarificación de la situación de la sociedad chilena y su estado de desarrollo. Esto era considerado sustancial para el MAPU, porque sobre ese diagnóstico preliminar se podría llegar a un acuerdo de transformación más radical y más revolucionario. Por ello, los primeros manifiestos de la naciente colectividad estaban dirigidos a dar a conocer la visión mapucista de la historia nacional. De esta forma en el Informe Político del MAPU del 2/08/1969 se destacaba lo siguiente: “ – Chile es hoy una sociedad dominada por una estructura social y cultural de tipo capitalista y burgués, que se ha demostrado incapaz a través de múltiples experiencias conducidas por diversos hombres, bajo distintos signos, de resolver los problemas fundamentales del pueblo. Explotado y colonizado mentalmente por el imperialismo, ha logrado alcanzar un nivel de desarrollo que solo es capaz de sustentar un alto nivel de vida para la oligarquía y un adecuado nivel de vida para sectores mínimos de la clase media, condenando a la inmensa mayoría del pueblo y de la clase media a la frustración permanente que proviene de la contradicción entre las aspiraciones crecientes que promueve el capitalismo de consumo y su incapacidad para satisfacerlas en un régimen neocolonial subdesarrollado”[124].

De esta forma y previo diagnóstico según el MAPU, el programa que debía estructurar la Unidad Popular, debería estar constituido en torno a siete puntos “1) no acelerar las aspiraciones al consumo de todos los grupos sociales[125]; 2) recuperación total de las riquezas mineras en poder de empresas extranjeras; 3) profundizar la Reforma Agraria en toda su extensión; 4) participación activa de los trabajadores organizados en la conducción del Estado; 5) nacionalización de la Banca y de los grandes centros económicos; 6) acelerar el programa de industrialización; y 7) establecer las bases de una nueva educación”[126].

Definidos así los puntos, el MAPU consideraba básico para lograr la Unidad Popular la nueva colectividad realizara un amplio despliegue territorial para ir trabajando en los frentes antes descritos, así como una serie de reuniones con las directivas de los partidos de izquierda (P. Socialista y P. Comunista) y con el Partido Radical, de manera de buscar la base partidaria sobre la cual debía constituirse la nueva Unidad Popular. Según el MAPU, una vez realizada esta discusión programática, el nombre del candidato vendría solo y sería por lo demás, secundario.

Sin embargo, el MAPU sentía que la izquierda estaba enfrascada en una discusión poco asertiva y que se quedaba en la lógica electoralista. La nueva colectividad abogaba por una ruptura de los marcos tradicionales sobre los cuales la izquierda había realizado sus alianzas, entendiendo que “sin Unidad Popular efectiva, los obstáculos son demasiado grandes, los enemigos externos e internos demasiado poderosos, las fuerzas del mantenimiento del status quo, demasiado significativas, para que la revolución pueda ser realizada. Hay muchos ejemplos en América Latina, de gobiernos que contaron incluso con el apoyo mayoritario del pueblo y que terminaron con un populismo de compromiso con la oligarquía interna y con el imperialismo, para pensar que sin Unidad Popular profunda, consciente y organizada se pueda hacer efectiva una revolución anticapitalista y comenzar a construir el socialismo”[127]. Por ello la Unidad Popular debía ser por sobre todo programática y ello será el principal aporte del MAPU en este contexto histórico.

La actuación del MAPU en el contexto de la Campaña Electoral de 1970: La definición del programa y del candidato.

Como habíamos mencionado anteriormente, la gran preocupación del MAPU desde su fundación y hasta la determinación del candidato que debía conducir la Unidad Popular, estaba constituida por la determinación de un programa político revolucionario, que condujera a Chile a una sociedad socialista. En ese contexto, el MAPU como colectividad estará abocado a la construcción política de un lenguaje y de un ideario programático que le diera consistencia a la propuesta de izquierda, avanzando en una línea más profesional de la política y entendiendo que había que dejar atrás las prácticas populistas que habían caracterizado a la izquierda, según su opinión, hasta esa fecha.

La gran cantidad de intelectuales y profesionales que constituyeron al MAPU desde sus inicios, le dio una potencialidad única a este movimiento político, por cuanto contó con numerosos y bien formados cuadros que potenciaron ideológicamente la campaña del año 70. Ya no bastaban las viejas consignas, ni los mismos símbolos. El MAPU creía que había que cambiar la forma de hacer la política en todos sus planos, como paso inicial para transformar radicalmente la sociedad. En ese sentido el MAPU creía, mesiánicamente, que su misión era en particular transformar la política chilena y conducir a Chile a la sociedad socialista. Para ello, el Movimiento de Acción Popular Unitaria había nacido, para forjar la unidad, para ser la punta de lanza de una transformación mayor, en suma, para ser la vanguardia de la izquierda chilena.

Bajo esos objetivos que se dio el MAPU desde su nacimiento, se entiende la particular preocupación del MAPU por el programa político que debía aglutinar a la Unidad Popular, y de allí también el fuerte desprecio mostrado hacia el “hombre” o “nombre” en particular que debía conducir el gobierno de la UP, porque según Jacques Chonchol “Unidad Popular significa unidad consciente de todos los sectores sociales del pueblo conducidos por sus vanguardias políticas, que superen sus diferencias ideológicas y sus contradicciones más aparentes que reales que los dividen, que se establezca en torno a programas de acción común orientados a la efectiva sustitución del capitalismo y sin la cual pensamos que hablar de revolución es un engaño consciente o inconsciente. Esta es nuestra tarea principal del futuro”[128]. Y en ese contexto, “nos interesa darle forma primero a la plataforma y al programa y no somos partidarios, ahora de nominar a alguien de nuestras filas como candidato”[129].

Sin embargo, a pesar de que el MAPU intentaba conducir a los otros partidos que conformarían la UP en esta dirección de discusión ideológica y política, los partidos de la izquierda tradicional, especialmente el Partido Comunista y el Partido Socialista eran promotores primero de nominar el candidato y posteriormente construir el programa. Esta fórmula favorecía particularmente al Partido Socialista que apostaba por cuarta vez a la candidatura de Salvador Allende.

Desde mayo de 1969 hasta enero de 1970, fecha en que es nominado Allende como candidato, el MAPU trabaja arduamente por darle coherencia a la construcción de un programa sólido de gobierno. Este programa, que será la base de la propuesta final de la UP, será denominado por el MAPU como “Acta del Pueblo” y contiene los puntos básicos que fueron mencionados anteriormente, es decir; la construcción de un Estado socialista con participación activa de los trabajadores, nacionalización de las riquezas naturales de nuestro país y que están en manos extranjeras, aceleración del proceso de industrialización y de reforma agraria, estatización de las empresas y la banca, así como una reforma educacional, base articuladora de una nueva construcción valórica que le diera legitimidad y sustento a las transformaciones que iniciaría el nuevo gobierno[130].

Sin embargo, pese a que el MAPU es categórico en enfatizar que su estrategia política y en definitiva su razón de ser es la construcción de un proyecto de Unidad Popular, los acontecimientos van tomando el rumbo contrario, y a poco andar el MAPU debe entrar en la disputa del nombramiento del candidato, como única forma de no quedarse fuera de la discusión que enfrascaba a la UP.

De esta manera hacia mediados de septiembre de 1969 el MAPU designa como precandidato presidencial a Jacques Chonchol[131].En el acto de proclamación del candidato mapucista, este enfatizó que “todos nosotros fuimos partidarios de que la unidad de las fuerzas políticas y sociales que representan al pueblo, debía construirse, primero, en torno a una visión común, basada en un análisis profundo y objetivo del momento que vive el país y en un acuerdo en cuanto a los planteamientos que era necesario hacerle para superar en definitiva el atraso y la opresión que derivan de su estructura capitalista y comenzar a construir una verdadera sociedad de trabajadores. Qué solo después de logrado lo anterior, debía buscarse a quienes eran las personas que podían encabezar ese movimiento y elegir entre ellas aquella que fuera la más adecuada. Pero las cosas se dieron de otro modo y los distintos partidos populares han ido proclamando, con legítimo derecho, a sus abanderados. Esto nos ha conducido, con el fin de acelerar el proceso de clarificación y apresurar la unidad, a elegir también uno de entre nosotros para representarnos y ustedes me han hecho el honor de designarme a mí…”[132]

De esta forma, el MAPU con Chonchol como su precandidato sucumbe a la lógica electoral de las otras colectividades. Sin embargo, seguirá luchando por la construcción del programa socialista por el cual abogaba desde sus inicios.

La figura de Chonchol, que podría haber sido entendida por el MAPU como una nominación forzada ante los hechos consumados, fue generando en la prensa una particular valoración. De ser el ex vicepresidente de INDAP, expulsado de la DC y de su cargo y posterior secretario general del MAPU, Chonchol comienza a aparecer ante la prensa como un candidato particularmente atractivo y con potencialidades de disputarle el triunfo a Alessandri.

Así lo destacaba El Clarín en sus páginas, cuando retrataba a Chonchol como un candidato poco tradicional, joven, inteligente, de estilo directo y muy bien preparado. Según este periódico “de los cinco postulantes de la izquierda (Neruda y Tarud para empezar no tienen na´ que ver (sic)), la mejor carta podría ser Jacques Chonchol, que representa algo nuevo y tiene el aporte de la juventud. Con Chonchol la izquierda demostraría que no es la misma de hace treinta años, que levanta los mismos gastados líderes[133] y eslogans.[134].

Bajo esta mirada del Clarín, el MAPU completo aparece como una colectividad novedosa, más moderna, más adecuada a los requerimientos del país. Sus apuestas revolucionarias se volvían coherentes al ser planteadas por estos grupos de jóvenes profesionales, intelectuales, que muy preparados venían a hacer la revolución, previa unidad de la izquierda chilena, a la que aspiraban conducir como vanguardia.

Estos elementos también aparecen como novedosos y por lo demás peligrosos, a los ojos de la prensa de derecha de nuestro país. Según La Tercera, por ejemplo, el MAPU se había convertido ya hacia octubre de 1969 en la entidad más revolucionaria de la fuerzas constitutivas de la Unidad Popular, ya que según la periodista de ese medio comunicacional, María Eugenia Oyarzún, “Para Chonchol y su partido el futuro gobierno debe ser socialista en lo económico; un Estado de trabajadores es su concepción política y un gobierno expropiador en toda o casi toda la industria privada en que incluso los medios de expresión, como la prensa, la radio y la televisión estén en manos de los trabajadores. Poco se libra al ánimo expropiatorio del MAPU”[135].

La opinión anterior es compartida por El Mercurio, para quién las propuestas programática del MAPU eran bastante preocupantes, sobre todo su apuesta por la creación de una Asamblea Popular, que reemplazaría al Congreso Nacional e incluso al poder judicial, terminando como enfatiza el periódico, con la democrática tradición de la división de los poderes del Estado[136].

Los aspectos anteriores hacen aparecer al MAPU como la fuerza más de izquierda dentro del espectro de la Unidad Popular, y por lo tanto, su peligrosidad se volcaba además en que dicha colectividad aspiraba a conducir el aspecto programático del nuevo gobierno. Dado lo anterior, los periódicos de derecha enfatizaron las discrepancias entre el MAPU y el Partido Comunista, dado que según estos últimos no buscaban la construcción de un Estado Socialista inmediato, sino que sólo una transición hacia dicho ideal.

Otro de los aspectos que estos periódicos destacaron fue la fuerza que puso el MAPU en la idea de que fueran las bases sociales las que decidieran el nombre del candidato y no mediante un acuerdo político superestructural, como lo había sido hasta la época. Según el MAPU sólo así se podría asegurar que el nuevo gobierno fuese revolucionario de verdad y no como sucedió con la campaña de Allende en 1964 donde se buscó atenuar el discurso revolucionario[137].

Sin embargo, pese a todas las visiones anteriores, tanto de la prensa de izquierda como de derecha, la lógica política tradicional se impone. Y ante el estancamiento y el punto de no retorno de las conversaciones entre las distintas colectividades, el MAPU decide bajar a su candidato Jacques Chonchol en un gesto político que pretendía demostrar la coherencia de sus postulados ideológicos y programáticos en pos de lograr el objetivo número uno que los convocó como colectividad: lograr la unidad de las fuerzas populares[138].

De esta forma desde el retiro de Chonchol a comienzos de enero de 1970 hasta la nominación definitiva de Allende el 23 de enero de 1970, el MAPU comienza a tener un papel de menor importancia. Al bajar a su candidato, si bien presionó a las demás colectividades para que hicieran el mismo gesto político unidad, y ese objetivo se logra, el MAPU también restringió su capacidad efectiva de presionar políticamente, dado el incierto apoyo electoral con el que contaría. En forma paralela, la elección de Allende no agradaba del todo al MAPU, dado que era caracterizado por dicha colectividad como un hombre político tradicional y “pasado de moda”, que representaba precisamente todo aquello de la izquierda tradicional que el MAPU se proponía cambiar.

Sin embargo, y muy disciplinadamente el MAPU, apoyó al candidato electo, desplegando un gran trabajo territorial en los meses que siguen a la nominación y hasta la elección el 4 de septiembre de 1970. La participación del MAPU se concentra prioritariamente en el sector campesino y en el sector estudiantil, donde la colectividad había ganado notorias fuerzas[139]. Sin embargo, la cobertura periodística en la campaña cubre poco al MAPU, debido principalmente a los escasos actos a los que convoca como anfitrión. La mayoría de las acciones de campaña son realizadas por el Partido Comunista y el Partido Socialista, a los cuales los líderes del MAPU apoyan con su oratoria, pero con muy pocas bases sociales de apoyo real.

Lo anterior se explica además porque el MAPU, en sus primeros meses no aspira a convertirse, a lo menos públicamente, en un partido de masas. Como dijeron con anterioridad, ellos no aspiraban robarle gente a nadie. Sin embargo, la fuerza de la política chilena y su propia lógica de funcionamiento pronto generará la disyuntiva de cómo sobrevivirá el MAPU ante el triunfo de la UP con Allende a la cabeza. ¿Qué papel le queda al MAPU una vez cumplido el objetivo de la lograr la unidad de las fuerzas populares?

Una respuesta posible y que fue significativa en el largo plazo[140], era la propuesta del MAPU de formar una Federación Socialista, donde el MAPU y el PS se fundieran para evitar la proliferación de pequeños partidos de izquierda y formar una gran colectividad que tuviera coincidencia programática visible, en torno a la idea de realizar una revolución socialista de carácter nacional, sin copiar modelos extranjeros[141]. Esta idea no tendrá eco en esos momentos, pues el PS era un partido fuerte y además tenía al abanderado presidencial en sus filas.

La otra respuesta posible y la que finalmente se concretó, era convertir al MAPU en un partido político, que pudiera competir por los espacios de poder y transformar desde el sistema las prácticas políticas que aspiraba a modernizar, para hacer de Chile una verdadera sociedad socialista.

NOTAS:

[62] Que para ser más exactos pertenece al grupo de los terceristas.

[63] EL Mercurio, La Tercera, El Clarín y El Siglo.

[64] Un papel fundamental en este proceso lo jugará el liderazgo de Rodrigo Ambrosio.

[65] A la diferencia generacional había que sumarle el acercamiento o distanciamiento respecto de la utilización del marxismo como categoría de análisis de la realidad social. Los “viejos fundadores” creyeron que la particularidad del MAPU en la izquierda era precisamente el aporte del cristianismo, mientras que los más jóvenes querían sacarse ese “estigma” y pretendían convertirse en el tercer partido marxista de la izquierda chilena.

[66] Dicha crítica se hacía sobre todo al partido Radical y a los sectores políticos de la Derecha, como el Partido Liberal por ejemplo, que no lograban representar ni en sus discursos ni en sus prácticas a estos nuevos sectores de la clase media más ilustrada y profesional.

[67] Jocelevsky, Ricardo. “La Democracia Cristiana y el gobierno de Eduardo Frei (1964-1970). U. A Metropolitana. Unidad Xochimilco. México, 1987. P. 286.

[68] Uno de los paradigmas ideológicos que cruzaba a toda la Democracia Cristiana hacia 1964 era la frase “ni capitalista ni socialista, sociedad comunitaria”. Sin embargo, los lideres rebeldes a poco andar el gobierno de Frei comenzaron a acuñar la idea de una sociedad basada en el “socialismo comunitario”, cuestión que será consignada en la propuesta de la “vía no capitalista de desarrollo” que encabeza la línea rebelde que gana la mesa de la directiva DC en el año 1967, con Gumucio a la cabeza.

[69] Jocelevsky, R. Ibíd. P. 299.

[70] Importante me parece señalar que un mes antes de esta elección había sido elegido como Presidente de la JDC el líder rebelde juvenil Rodrigo Ambrosio.

[71] El Clarín. 3/05/1969.

[72] El líder de esta postura fue Patricio Aylwin, entonces Senador de la República.

[73] “En términos de alianzas políticas, las contradicciones entre justicia social y desarrollo económico significaba optar por una alianza con los partidos de la izquierda o bien por una con los grupos de poder económico. El problema de los demócratas cristianos es que parecía imposible para ellos ocupar una posición hegemónica en cualquiera de los 2 tipos de alianza”. Jocelevsky, R. Ibíd. P. 306.

[74] El Clarín. Opinión política de “Picotón”. 15/01/1969.

[75] El Clarín. 21/01/1969.

[76] La Tercera 1/01/1969.

[77] El Clarín 25/03/1969.

[78] El Clarín. Op. Cit.

[79] La Tercera. 23/04/01969.

[80] El Clarín. 25/03/1969.

[81] Esto permite entender por qué los militantes más antiguos casi desaparecen de la memoria de los militantes más jóvenes.

[82] El Clarín 12/02/1969. Perfil electoral de Alberto Jerez candidato a senador por la zona de Concepción.

[83] El Clarín.28/03/1969.

[84] El Clarín, 11/03/1969.

[85] El Clarín, 12/03/1969.

[86] El Clarín, 11/03/1969.

[87] El Clarín. 12/03/1969.

[88] La Tercera. 7/05/1969.

[89] El Mercurio. 20/04/1969.

[90] El Clarín, 21/04/1969.

[91] El Clarín, 21/04/1969.

[92] El Clarín 21/04/1969

[93] El Clarín, 21/04/1969.

[94] La Tercera. 22/04/01969. “Según Juan Enrique Vega, presidente de la JDC, el triunfo se logró debido al planteamiento de la siguiente tesis: En lo ideológico: que el PDC debe definirse por el “socialismo” a secas, en lo político afirmando que el PDC debe ubicarse en la “izquierda”, en lo estratégico planteando la necesidad de la lucha por una unidad popular de nuevo tipo en Chile”.

[95] El Clarín. 5/05/1969.

[96] El Clarín. 5/05/1969.

[97] La Tercera, 5/05/1969.

[98] El Clarín. 5/05/1969.

[99] El Mercurio. 6/05/1969. Las declaraciones son de Sergio Onofre Jarpa.

[100] El Clarín. 7/05/1969.

[101] El Clarín 6/05/1969.

[102] A este departamento pertenecía Jaime Gazmuri.

[103] Sobre la renuncia de Sánchez al PDC, la tira cómica “el perejil” ironiza el 17/5/1969: “Pa´mi que renunció porque la flecha roja… no era tan roja… ni tenía la forma de hoz ni martillo”, haciendo alusión al acercamiento y casi identificación del sector rebelde con los lineamientos de la izquierda tradicional, en especial, el Partido Comunista.

[104] El Clarín declaraba el 14 de mayo de 1969: “El PDC se quedó sin su juventud, como don Fulgencio: … “nos han cambiado el partido. Este no es el partido al que entramos”, explican los cabros a Castillo. La carta está concebida en términos durísimos, la crítica no está adornada y hasta le hacen un llamado de conciencia a Castillo para que medite sobre la composición que ahora tiene el partido al cual él tanto le defendió la pureza. Vega informó que junto a ellos se salen 16 provincias, como departamentos juveniles completos y en las otras renunciaron grupos importantes. Es decir, que ahora el PDC no tiene juventud”.

[105] El Mercurio.10/05/1969.

[106] El Mercurio op. Cit.

[107] El Mercurio 18/05/1969.

[108] El Clarín 19/05/1969.

[109] El Mercurio 19/05/1969

[110] La Tercera 19/05/1969.

[111] La Tercera 30/05/1969. Titular “Marxistas y cristianos están fabricando nueva izquierda”. Continúa “la condiciones están dadas para que surja una “nueva izquierda”, en el país, a juicio del personero del MAPU, que participó en una reunión con comunistas y socialistas. Sobre la reunión que se realizó en la sede del P.S dijeron los informantes, que en ella hubo un análisis sobre las posibilidades de la unidad popular y que se notó gran coincidencia en los planteamientos de las tres colectividades, en el sentido de hacer la unidad partiendo desde las bases. Manifestó el vocero, que a su juicio el resultado más importante es que las condiciones están dadas pata que surja una nueva izquierda, con participación de cristianos, marxistas e independientes”.

[112] El Mercurio. Referencia del comic el perejil el 6/61969 y la referencia a la influencia del PC 22/06/1969.

[113] El Clarín. 20/05/1969.

[114] El Clarín 20/05/1969.

[115] El Clarín 28/05/1969.

[116] El Clarín 20/05/1969.

[117] Este elemento también es cubierto por El Mercurio y La Tercera.

[118] Esta reflexión se ha repetido en muchos militantes mapucistas a lo largo de la historia de dicho partido, siendo un elemento constitutivo de la cultura política del mismo. En ese sentido se entienden por ejemplo las ansias de constituir un partido federado, en la época de Ambrosio, y más tarde, en la época de la transición, la conformación de la Concertación.

[119] El Clarín 27/07/1969.

[120] El Mercurio. 4/08/1969.

[121] El Clarín 14/06/1969 y 25/07/1969.

[122] El Clarín 27/07/1969.

[123] El Mercurio 5/08/1969.

[124] El Clarín 2/08/1969.

[125] Criticas a medidas reformistas y populistas que no aspiran a un cambio radical del sistema capitalista.

[126] El Mercurio 5/08/1969.

[127] El Clarín 2/08/1969.

[128] El Clarín 3/08/1969.

[129] El Clarín 20/08/1969.

[130] El Clarín 30/09/1969.

[131] El Clarín, La Tercera y el Mercurio. 22/09/1969

[132] El Clarín. 28/09/1969.

[133] Critica a la nominación de Allende por parte del Partido Socialista.

[134] El Clarín 10/10/1969.

[135] La Tercera 5/10/1969.

[136] El Mercurio. 10710/1969.

[137] La Tercera 22/08/1969.

[138] El Clarín 1/1/1970.

[139] Desde el momento fundacional hasta la elección el MAPU había ganado varias elecciones de federaciones de estudiantes, en alianza con las otras colectividades de izquierda. Un ejemplo importante lo constituye el triunfo del Centro de Estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Chile, con Manuel Riesco a la cabeza.

[140] Enfatizo el largo plazo, porque aquí está la primera idea que más tarde retomará el MAPU durante el proceso conocido como Renovación Socialista, que de una renovación ideológica pos golpe de Estado dará paso a la constitución de la idea de un bloque histórico que pasará a llamarse hacia los años 80 como Convergencia Socialista. No hay que olvidar que el MAPU se une al Partido Socialista en 1989, durante los inicios del proceso de transición a la democracia en nuestro país.

[141] La Tercera 22/08/1969

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