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Archive for mayo 12th, 2009

Encuesta Cerc (Mayo, 2009): Aprobación de Michelle Bachelet llega a 60%…

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BACHELT002 Encuesta exhibe un fuerte incremento en el respaldo a la gestión del gobierno que sube nada menos que 11 puntos de diciembre a abril. Clave en este alza es la actuación del Ejecutivo frente a la crisis económica y ante la demanda de cambio de límites marítimos hecha por Perú.

Ver Encuesta CERC completa…

Buenos resultados arrojaron para el gobierno  la última encuesta del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (Cerc) informe que arroja un 60% de aprobación a la gestión del gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet.

De acuerdo al sondeo, el Ejecutivo subió 11 puntos en comparación con la encuesta anterior de diciembre de 2008. Este incremento fue considerado como “un aumento sin precedentes en los 20 años de la nueva democracia”.

Clave en esta alza son “las medidas del Gobierno que han producido un cambio en las percepciones subjetivas de los chilenos, mejorando el optimismo del futuro económico del país y personal, confirmando que el liderazgo político es fundamental para enfrentar con éxito una crisis económica”. De hecho, un 59% respalda las medidas que ha adoptado el gobierno para hacer frente a la crisis económica, lo que implica un alza de 18 puntos frente al sondeo de diciembre y sólo un 25% cree que ellas no han sido acertadas.

El punto resulta fundamental, ya que un 76% admite que la crisis económica los ha afectado y un 82% afirma que ha debido reducir sus gastos. No obstante, el pesimismo comienza su retirada pues un 62% comparte la frase “lo peor está por venir”, antes -en el sondeo de diciembre- era 7 puntos más alto.

Y otro aspecto que resaltó el director de Cerc, Carlos Huneeus, es la posición esgrimida por el Ejecutivo frente a la demanda de modificación de límites marítimos hecha por Perú. Un 59% respalda la actuación del gobierno en este ámbito, considerando que las autoridades se han desempeñado eficazmente en defensa de los intereses locales. Y justamente un 74% cree que el Tribunal de La Haya le dará la razón al ejecutivo.

Por esto no extraña que sólo un 28% de los consultados desapruebe la gestión realizada por el gobierno de Bachelet.

En cuanto a quienes se consideran como partidiarios del gobierno la cifra también sube y se empina a 44% lo que implica un alza de seis puntos en comparación con el sondeo anterior, mientras que los seguidores de la oposición se mantienen en 24%.

Farmacias, Codelco, presidentes amigos

En otro ámbito, un 61% cree que es muy frecuente que las farmacias se pongan de acuerdo para fijar sus precios.

Codelco se mantiene como la empresa que más contribuye al desarrollo económico nacional con 33% de las menciones.

Y el mandatario peruano, Alan García es visto como el menos amigo de país con 27% de las menciones: Por el contrario, el mandatario brasileño Luis Inacio Lula da Silva es quien acapara más respuestas como el más amigo del país (23%).

Ficha técnica

-Universo: Población mayor de 18 años de ambos sexos que habitan de la I a la XV Región, en sectores urbanos y rurales.

-Tamaño de la muestra: 1.200 casos, con entrevistas cara a cara.

-Fecha de aplicación: Entre el 13 y el 27 de abril.

-Error muestral: Si la muestras fuera probabilítisca tendría un error estimado de 3% para un nivel de confianza del 95%.

Lanacion.cl

Hannah Arendt, Martin Heidegger y Elfride…, por R. Rossanda

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Hannah, Elfride y Martin

Sin Permiso

¿Quién de nosotros, lectoras y lectores de Hannah Arendt, no ha experimentado una cierta antipatía hacia Elfride, la mujer de Martin Heidegger, nazi y antisemita, quien le impidió vivir abiertamente su pasión por la joven estudiante hebrea, él, tan reprobable como fascinante maestro, ella, tan hermosa e indefensa que bebía sus palabras? Y él, que la ase y la besa durante un paseo en el bosque, le envía inmediatamente después una carta de excusas, pero apasionada. A ésta le seguirán otras, a lo largo de una relación que duraría algunos años. Como todas las cartas de amor, con excepción de las de los poetas, y aún las de estos con reparos, las de Martin no valen gran cosa. Martin no lo es, si bien se deja llevar por las efusiones líricas y quizá hace algunos pinitos con los versos, mientras que las cartas de Ana son las propias de un corazón joven y de una mente joven en sus pasiones primeras.

Al ser ambos –según piensa ella- personas especiales, Hannah acepta convertirse en la amante secreta de una comedia burguesa, encontrarse en otro lugar, a escondidas, en alguna ciudad próxima a donde él ha de acudir para este o aquel seminario, tomando trenes diferentes, encontrándose en hoteles apartados. En Friburgo, entre tanto, él le sugiere que ella pase cada noche a las diez por delante de su casa y si ve que hay luz en una determinada ventana eso quiere decir que Martin puede escaparse durante una hora y ella no tiene más que esperarlo en un determinado banco público. Si está a oscuras, paciencia, se verán al día siguiente, o dos o tres después. Martin está casado y tiene dos hijos, no tiene la intención de arriesgarse, y Hannah no pretende otra cosa que ser amada, no es una mujer que pusiera nunca pretextos, y sabe que Elfride es, como todas las mujeres, necesaria, no genial, exigente, celosa.

En esta historia Hannah tiene toda nuestra simpatía, unida a una cierta compasión por la vileza del genio enamorado y a la convicción de que Elfride debía ser la típica bruja. Después de algunos años, sin embargo, Hannah se harta, rompe sin escenas y se marcha. Tendrá, primero con Gnther, y después con Blücher ,una vida conyugal libre, una casa para los amigos. Partirá en su momento hacia los Estados Unidos, seguirá de lejos el compromiso de Heidegger con el Partido nacional socialista, al que se afilia en 1933 junto con su mujer, y después su acceso al cargo de rector y el famoso discurso, y la prohibición de que los hebreos, entre ellos Husserl, que le había dado la cátedra, pudiesen entrar en la biblioteca. Después, su abandono del cargo, los nazis son demasiado ignorantes, – único vicio que él les reprocha- y su dedicación a pensar y a escribir, convencido de la superioridad de su misión. Para lo cual, Elfride ha construido una cabaña en la montaña, en mitad de los bosques, donde el filósofo encontrará el necesario recogimiento, junto a la comodidad de la que ella le provee.

También de las casas de la ciudad, primero una, después otra, más grande, después aquella otra para cuando sean viejos, se encarga Elfride, las diseña, las amuebla, las surte de todo, domésticos incluidos. Martín estudia , piensa, escribe, enseña y viaja, no se compromete ni se descompromete con el Partido nacional socialista, no tendrá jamás una palabra de condena por el exterminio de los hebreos, que achaca a la dominación de la técnica, convertida en algo decisivo para la vida y para la muerte, contra la amada naturaleza. En su larga correspondencia con Jaspers, Hannah lo juzga sin alegría, sabe que es un gran mentiroso, y aún peor que eso. Intrigante sin límites, cuanto sea preciso, en la academia. Después sobrevendrá la guerra, que pasa sobre la pareja Heidegger sin grandes males, salvo que sus dos hijos son hechos prisioneros en el frente ruso, pero regresarán en el 47 y en el 49. Entre tanto, en 1946, Heidegger es suspendido como docente. La suspensión durará tres años. En Nueva York , Hannah y su marido se lamentan de que su obra no sea conocida y en 1950, cuando a Hannah se le encomienda una tarea de investigación sobre el patrimonio cultural hebreo en Alemania, decide ir a encontrase con aquel su viejo amor de Friburgo, para estrecharle la mano. Le escribe: estoy aquí. Él le responde invitándola a cenar a su casa.

Han transcurrido tantos años y una guerra, son ahora dos vidas lejanas, Hannah acepta. No sabe que Martin ha creído conveniente informar a Elfride tan solo ahora de aquella historia que había tenido con ella, y se encuentra en la mesa de una señora muy enfadada que no les ahorra un sermón de reprimenda ni a ella ni a su marido. Ella baja la cabeza. Le ayudará a publicar sus obras en inglés y en los Estados Unidos, le enviará sus libros sin recibir de él una nota de acuse de recibo ni comentario alguno, pero entre ellos, no dejará nunca de haber una correspondencia cortés.

Cuando, fallecidos ambos, Mary Mac Carty, que fue amiga de Hannah y gestionó su herencia literaria, permite consultar la correspondencia harendtiana conservada en la Biblioteca del Congreso a una joven estudiosa, y ésta publica con cierta animosidad la correspondencia juvenil entre ambos, George Steiner ataca acerbamente a Arendt y a su marido, culpables, según él, de una sórdida aventura amorosa y para colmo entre dos hebreos y un nazi. Steiner es de los que no perdona a Hannah Arendt su Eichmann en Jerusalén .

Esta es la historia. Para mí, al revés que para Steiner, la figura de Hannah se engrandece con el gesto hacia el Heidegger caído en desgracia. Ella no reniega nunca de su pasión juvenil, de los horizontes que las lecciones de él le habían abierto, sabe que es un gran pensador moralmente nulo. No lo disculpa, lo ayuda. No es frecuente que se tenga la fuerza y la generosidad de Arendt , que son también su libertad: no se considera víctima, no sufrió, sino que eligió, puede seguir siendo amiga. Se nos puede ocurrir pensar qué tipo de pareja hubieran sido si él hubiese tenido algo de la rectitud de ella. Pero no la tenía. Y estaba Elfride.

Acaban de publicarse ahora en Alemania y en Francia las cartas que Martin escribiera a Elfride desde que la conoció hasta su muerte –una selección a cargo de la sobrina de ella, Gertrud, clara en su método y en su forma (Martin Heidegger, Mein liebes Seelchen!, 2005 Deutsche Verlags-Anstalt, Munich, 2008). No hay reproches, no hablan de política, no juzgan la guerra; son, por así decir, antisemitas normales –nazis ordinarios-. Pero en las cartas de él y en las pocas notas que las acompañan, Elfride aparece distinta de cómo habíamos pensado –el hermoso perfil pensativo, el velo blanco de esposa sobre sus cabellos, dulce y decorosa, aquélla sobre la cual toda la tribu hará pìña. Complicada. Fuerte. Sufrida.

Martin la había encontrado después de la guerra, que él no había pasado en las trincheras sino en un despacho. Elfride Petri es una joven protestante, él es católico, debía ser ordenado pero había dejado la teología por la filosofía. Eso era un problema para sus respectivas familias, por lo que al año siguiente se casan civilmente, por el rito católico y por el rito protestante, tres veces seguidas, para acallar la polémica por parte de sus parientes. Estamos aún en guerra y la vida es dura y difícil. En 1919 nace el primogénito, Joerg. Un año después, el segundo, Hermann.

Permanecerán juntos desde entonces hasta la muerte, Martin y la “almita mía querida”, que es como comienzan casi todas las cartas. En italiano [a diferencia del castellano], “alma” no tiene diminutivos (ni “almita”, ni “almilla”, ni “animucha”, y menos aún “almuca”; la “anímula” del emperador Adriano (1) no pasó a la lengua vulgar). Pero en alemán, sí, Seele tiene un diminutivo, seelchen, y se refiere a aquello que se tiene más adentro, aquello a lo que siempre se vuelve, la Heimat, el almo suelo donde arraigan las raíces, donde encontramos apoyo y sosiego, lo sagrado y lo esencial: un sentimiento muy germánico. Martin piensa en serio que Elfride es el indestructible fundamento interior sobre el cual puede apoyar su pensamiento que es lo único que importa , su misión en el mundo.

Lo había decidido tan firmemente que cuando sucede que ella le confiesa, declarándose “desgarrada”, que tiene una relación con un médico amigo de ambos, y del cual está embarazada, Martin despacha el asunto deprisa con un “naturalmente, yo lo había comprendido, me sorprendía que tú no me lo dijeses, pero no te sientas desgarrada, él no vale nada, no te preocupes por esto, no perdamos el tiempo hablando de ello”. Cuando ella pare en 1920 al hijo del otro, le desea que se restablezca rápidamente, pregunta cómo es el pequeñín y lo considerará siempre como otro hijo suyo. La paternidad biológica no le interesa (y no está equivocado) porque ha nacido dentro de ella a quien está ligado y que está a su vez ligada a él, más allá de las contingencias de este género. Será Elfride la que le diga a Hermann en un cumpleaños de adolescente que Martin no es su padre natural, imponiéndole que no se lo diga a nadie, cosa que él respetará hasta la muerte de sus padres. Es él quien se cuida actualmente de las obras de Heidegger.

No hay, o no han sido hechas públicas, o Martin las ha tirado, cartas de Elfride a él. ¿Pero cómo se habrá tomado ella aquélla su longanimidad de ideas, tan semejante a la indiferencia? Tanto más cuanto que se percatará pronto de que él miente tanto como vive, y le niega en redondo lo que ella percibe, es decir, que se echaba en los brazos de otras muchas mujeres, más o menos jóvenes y hermosas, pero inteligentes y admirativas de su genio, y más tarde, preferiblemente de rancio abolengo, princesas o condesas. Le confesará tan solo en 1950, al escribirle tras la visita de Arendt una carta en la cual la llama, y es la única vez, mi querida mujer, que en cuanto ha alcanzado a los pensamientos más elevados sobre la absolutidad del ser, aunque esté en casa incluso en correspondencia con ella, siente nacer un deseo irresistible, corpóreo, carnal por una de aquellas hermosuras. O bien, al contrario, habrán sido ellas mismas la fuente de su creatividad, indispensable, pero a condición de poder contar con aquel fundamento interno que es ella, Elfride. Por eso, no le había dicho nunca la verdad. Y después se sentirá aliviado, y continuará, impertérrito, hasta que un ataque lo abata junto a su última amante, y Elfride deberá ir a recogerlo. Ahora, anotará, estarán juntos hasta el fin de sus días

Entre las cartas de Martin, que ella confía para su publicación a la sobrina Gertrud, Elfride añade una nota al dorso de una de ellas: es la típica misiva que enviaba también a sus otras numerosas amantes. Quizá no las llamaba a todas “almita mía”, no las denominaba “mi santa”, pero, como anota Alain Badiou en la edición francesa, aquel diminutivo, aquel Seelchen, subraya como siempre la pequeñez del otro, en este caso de la preciosa otra, frente a la grandeza de su propio pensamiento. Que tiene como par tan solo el Wesen, el ser, el destino del pueblo alemán. Lo demás es por completo secundario, aun cuando él se sostenga sobre ello. Cuánto sea lo que Elfride haya compartido, cuánto sea lo que haya padecido, y cuál haya sido la fuerza de su indiferencia interior respecto de los golpes que le infligía aquel su inoxidable “muchacho”, no se puede llegar a saber.

Queda el interrogante sobre la posibilidad de una gran filosofía en una criatura como Martin Heidegger, tan desprovista de percepción sobre la alteridad. De las mujeres que amaba, de la compañera que había elegido para sí, y de la que tenía necesidad; imaginárselo con relación a los nazis, a la guerra y a los hebreos. Grandísimo pensador ciego como murciélago, es un bello oxímoron.

NOTA T.: (1) animula vagula blandula, hospes comesque corporis mei…

* Rossana Rossanda es una escritora y analista política italiana, cofundadora del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Acaba de aparecer en España la versión castellana de sus muy recomendables memorias políticas: La ragazza del secolo scorso [La muchacha del siglo pasado, Editorial Foca, Madrid, 2008].

in Rebelión.org

El capitalismo “desregulado” o “flexible” y las relaciones sociales. Entrevista a Richard Sennett.

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Entrevista a Richard Sennett, por C. del Olmo

En su último libro publicado en España, El respeto, habla usted abundantemente de su vida: del compromiso político de sus padres, de su infancia en un bloque de viviendas sociales en Chicago… ¿Contribuye de algún modo esa herencia a explicar la orientación o el enfoque de su trabajo teórico?

Mi padre y mi tío, que eran anarquistas, lucharon en la Guerra Civil española con el POUM, y su relación con España estuvo bastante circunscrita a Cataluña, y a Barcelona en particular. Cuando volvieron a Estados Unidos se encontraron con que allí a nadie le importaba la diferencia entre estalinistas, anarquistas y trotskistas y fueron catalogados, simplemente, como izquierdistas. De ahí parte la larga relación que tiene mi familia con España. Tras la muerte de Franco me quedé asombrado al ver que la mayor parte de los españoles de mi generación que conocía porque estaban exiliados en Nueva York, se convertían de pronto en alcaldes de ciudades como Barcelona. Uno de ellos, Narcís Serra, llegó a ser Ministro de Defensa. Me sorprendió mucho aquella brusca evolución. En cuanto a la relación de mi historia personal con mis libros, lo cierto es que si incluí en El respeto todo este material autobiográfico no fue para intentar explicar de dónde proceden mis teorías o, al menos, no fue exactamente por eso.

Pero, ya que estaba escribiendo sobre el respeto, esa relación tan básica para el buen funcionamiento de la sociedad, para el estado de bienestar y los pobres, pensé que sería más ilustrativo describirlo recurriendo a mi propia infancia que limitarme a teorizar. El respeto forma parte de una trilogía cuyo primer libro es La corrosión del carácter y que se completa con un ensayo que aparecerá próximamente en España: La cultura del nuevo capitalismo. Estos tres volúmenes forman una especie de ciclo en el que describo qué es el nuevo capitalismo centrando mi atención en el trabajo en el caso de La corrosión del carácter, en el estado de bienestar en El respeto y en la cultura en el que libro que está a punto de salir.

Resulta habitual que en los estudios sociales de los últimos años se mencione un cambio económico, político y social que habría tenido lugar entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta, un cambio que se ha conceptualizado de maneras muy diferentes: capitalismo tardío, sociedad posindustrial, paso a un sistema de producción posfordista o a un régimen de acumulación flexible… En La corrosión del carácter también usted aludía a esta transformación citando algunos fragmentos del clásico libro de Piore y Sabel The Second Industrial Divide. ¿Cree que se trata de un cambio de gran calado o de una modificación superficial?

En mi opinión, se trata de un cambio profundo y estructural: el capitalismo ha entrado en una nueva era, que no se puede describir únicamente en términos de globalización. Se ha producido una transformación profunda en las instituciones y también en las expectativas que tiene la gente acerca de la relación entre la economía política y la cultura. En esta trilogía de la que hablaba he intentado demostrar que no estamos presenciando simplemente un fenómeno pasajero. Y no creo que la izquierda haya comprendido aún el calado de esta mutación, como no ha comprendido las profundas modificaciones que la tecnología está introduciendo en el sistema capitalista ni en qué medida esta tecnología se emplea para incrementar las desigualdades y la dominación. Si no tenemos en cuenta esta transformación nos limitaremos a mirar hacia atrás y a pedir que las cosas no cambien, como esos estudiantes franceses que se están manifestando porque quieren una seguridad que ya no tienen. No creo que ése sea un buen método para combatir este tipo de cambio. Cuando emprendí esta investigación sobre el nuevo capitalismo que me ocupa desde hace prácticamente quince años, casi todo el mundo identificaba lo que estaba ocurriendo con una nueva fase del imperialismo americano. Sin embargo, ahora vemos que los mismos cambios están teniendo lugar en China, en la India… Sería demasiado simplista decir que ya hemos visto antes lo que está ocurriendo allí.

Se trata de dos países extremadamente pobres que, de pronto, han alcanzado una posición de poder muy importante y están presenciando cómo en su seno se genera una profunda contradicción entre los nuevos tipos de clase media y la gente que se está quedando rezagada. No cabe duda de que éste es un cambio estructural producido, digamos, por la economía y no el resultado intencionado de las maniobras de Estados Unidos. Son temas importantes sobre los que es preciso reflexionar.

En sus ensayos utiliza abundantemente estudios de caso, historias de vida y transcripciones de conversaciones. Además de manejarse estupendamente con el lenguaje, se aprecia claramente que tiene una especial sensibilidad para este tipo de relatos. No me ha sorprendido, pues, descubrir que también ha escrito usted tres novelas, que no están traducidas al castellano. ¿Qué le llevó a escribir narrativa?

A lo largo de mi formación como sociólogo aprendí a recabar y a utilizar historias de vida en mi investigación. Este método de estudio se basa en una teoría según la cual, para comprender el significado de los hechos políticos o económicos es preciso situarlos en un contexto temporal. Se trata de un enfoque que surge de la tradición etnográfica de la sociología británica, aunque también ha recibido influencias del psicoanálisis. Su objetivo es llegar a comprender la situación dentro de un marco narrativo amplio. En realidad, mi formación como sociólogo estuvo muy próxima a la antropología y dado que la mayor parte de mis investigaciones requerían entrevistas de hasta diez y doce horas, acabé desembocando en la narrativa de una manera muy natural.

Para mí, la literatura y la sociología no son cosas tan distintas. Por lo demás, si bien es cierto que no soy un novelista particularmente bueno, mis novelas fueron para mí una especie de extensión de mis estudios, una investigación diferente que también me servía para comprender el lugar de las cosas en el marco de períodos extensos de tiempo, lo cual resulta fundamental en unos momentos en los que el rasgo más relevante de la cultura del nuevo capitalismo es la ruptura del tiempo, su fragmentación en pequeñas porciones, de forma que, como explicaba en La corrosión del carácter, las experiencias resultan muy breves e inconexas. Este tipo de investigación etnológica, que produce un tipo de conocimiento muy específico, no tiene nada que ver con la escuela estadounidense, más orientada a los números y las estadísticas, pero tampoco con la francesa; es totalmente diferente. Aunque es cierto que la obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu, que fue buen amigo mío y que también tuvo una formación antropológica, se basa en narraciones de este tipo. Curiosamente, en los últimos años estoy teniendo en la universidad, en Londres, bastantes alumnos franceses; tal vez están cansados de tanta teoría…

Dice usted que sociología y literatura no son cosas tan distintas… Si no me equivoco, hace algún tiempo declaró que su intención era volver a convertir la sociología en un género literario, como lo fue en el siglo xix. ¿Qué opinión le merecen las pretensiones científicas de los sociólogos? Y, una vez que aceptamos la sociología como género literario, ¿a qué tipo de verdad cree que pueden aspirar sus conocimientos?

La primera parte de la respuesta es que no hay por qué pensar que ciencia y arte son excluyentes. Las cosas se puede hacer como las hago yo o de otro modo. En realidad, siento un enorme respeto por los investigadores que trabajan con estadísticas, aunque mi método sea distinto. El trabajo que yo llevo a cabo, y que desarrollan otros muchos estudiosos con los que comparto un enfoque similar, desemboca en un tipo de conocimiento diferente que en alemán se denomina Verstehen; es una labor de reconocimiento y empatía, aunque tal vez «empatía» no sea la palabra adecuada. En cualquier caso, es la capacidad de imaginar una vida diferente de la propia. Naturalmente, este método basado en el Verstehen no es algo que yo haya inventado, procede de una tradición muy respetable en la que destacan figuras como Dilthey o Nietzsche.

Los conceptos de «verdadero» y «falso» forman parte de un lenguaje propio de un mundo muy específico. En las investigaciones de este tipo, en cambio, no se trata tanto de producir verdades cuanto de conseguir un entendimiento, una comprensión que constituye también conocimiento objetivo, aunque de un tipo muy peculiar, que permite descubrir qué es lo que hace que otro ser humano sea diferente de uno mismo. Y para lograr que el lector experimente esas diferencias y comprenda ciertos aspectos concretos que están en el interior de otras personas, quien realiza el análisis debe trabajar mucho su escritura. Si yo quiero, por ejemplo, expresar qué hay de extraño en la vida de un señor que trabaja como programador informático, no puedo limitarme a explicarlo, tengo que convertirlo en una experiencia concreta que poder narrar. Si me limito a decir «estas personas son diferentes de ustedes», el lector no captará nada. Por eso le doy tanta importancia a la forma en la que escribo.

He leído que Tony Blair ha citado su libro El respeto en apoyo de su Labour’s Respect Action Plan, un paquete de medidas destinadas a solventar los problemas de convivencia ciudadana –una normativa parecida a la ordenanza cívica que tanta polémica ha desatado en Barcelona–. ¿Comparten usted y Blair el mismo concepto de respeto?

No, en absoluto. La cuestión de los problemas de convivencia que causan los excluidos y los marginales no tiene nada que ver con el tema sobre el que escribí en mi libro. Me sorprendió muchísimo enterarme de lo de Blair; supongo que la confusión se debe a la forma de leer que tienen los políticos. En realidad, mi libro habla precisamente sobre cómo los poderosos –y esto también vale para las instituciones– podrían tratar con más respeto a los que están por debajo de ellos, a los que están en sus manos.

En los últimos años parece como si el discurso acerca de la justicia social, tan común en los estudios urbanos, hubiera sido remplazado por un discurso, muy típico del Nuevo Laborismo, que habla de «sostenibilidad social» y en el que los objetivos de competitividad y cohesión social, antaño considerados contradictorios, aparecen como complementarios. ¿Cree que los gobiernos pueden realmente lograr esta meta conjunta?

No, cohesión y competitividad son conceptos que no pueden ir de la mano. Ése es el problema. En el capitalismo, al menos en su etapa actual, no puede haber conciliación entre las ganancias económicas y la cohesión social. Todo ese discurso del que hablas no es más que palabrería, es imposible producir simultáneamente más desigualdades económicas y más solidaridad. Esta cuestión cobra tintes dramáticos en países como China. Allí el capitalismo está en plena eclosión de una manera que los europeos no podemos ni imaginar. El Partido Comunista ha resultado ser un perfecto motor para llevar a cabo esta revolución capitalista.

Pero este desarrollo está separando drásticamente las zonas urbanas de las rurales, violando uno de los principios fundamentales del comunismo chino y provocando una terrible pérdida de cohesión y un conflicto dramático del que sólo se está beneficiando un tercio de la población, mientras las barreras que separan a este grupo de los dos tercios restantes se vuelven cada día más infranqueables. Últimamente están empezando a producirse revueltas en las zonas rurales y se está forjando todo un discurso sobre las desigualdades que el Partido Comunista Chino no está preparado para asumir. Este asunto constituye, por cierto, un buen ejemplo de las razones por las que debemos evitar dirigir la mirada únicamente a Estados Unidos, o hablar sólo del capitalismo anglosajón. Pero volviendo a tu pregunta, creo firmemente que no es realista afirmar que puede haber crecimiento económico y un incremento de la cohesión social al mismo tiempo. Tal vez fuera posible hace un siglo, pero ahora no.

Hace un par de años, Ray Pahl, uno de los padres de los estudios urbanos actuales, autor del clásico Whose city?, declaraba que los investigadores llevaban años culpando a la ciudad de ciertos aspectos de la vida social que tenían bastante más que ver con política fiscal, por ejemplo, y afirmaba que lo que deberían hacer era, precisamente, insistir en la relativa insignificancia de las pautas y procesos específicamente urbanos. ¿Está de acuerdo con esta opinión de Pahl?

Pahl es un buen amigo mío. En mi opinión, lo que quiere decir con estas palabras es que no se puede tomar un fenómeno como el capitalismo flexible, por ejemplo, y tratar de intervenir a pequeña escala, a escala urbana. Si no se cambian, por ejemplo, las normas que rigen las operaciones de los bancos, quien se limite a dirigir la mirada a la sucursal bancaria de su pueblo sólo conseguirá un impacto mínimo. De todas formas, la afirmación de Pahl es realmente rotunda… Yo creo que los cambios económicos y sociales que he estudiado han tenido un efecto claro de homogeneización en las ciudades. Hoy en día, lugares tan dispares como Londres, Nueva York, Madrid, Shanghai o incluso Bombay, resultan enormemente parecidos, lo cual no deja de asombrarme. La principal razón de esta homogeneización es que el entorno urbano es el territorio ideal para que pueda operar este nuevo capitalismo, por tanto, todas las personas y los servicios irrelevantes para esta dinámica económica son expulsados del centro de las ciudades, que queda reservado para turistas y burgueses, con el inevitable componente de exclusión social que ello conlleva.

En sus libros, especialmente en La corrosión del carácter, explica cómo la gente que se siente de un modo u otro amenazada por esta fragilización de las relaciones sociales que conllevan las nuevas condiciones flexibles del trabajo y la economía, tiende a desplazarse a posiciones políticas de derechas. ¿Qué es lo que motiva este giro político?

Me alegro de que hayas tocado este tema, porque es algo que tengo muy presente en estos últimos tiempos. Me intriga sobremanera saber por qué el primer impulso de la gente en momentos de cambio como el actual es desplazarse a posiciones de derechas. Para comprenderlo, hay que tener en cuenta que generalmente se trata de una derecha particular, tipo Vicente Fox, por ejemplo, o tipo Berlusconi, muy marcada por el individualismo, que viene a decir a la gente: «Tú también puedes alcanzar el éxito. El problema son esos pesados de la izquierda que se interponen en tu camino». Es un discurso que apela a una mentalidad de derechas individualista, desligada, en apariencia, de los intereses de los grandes grupos de poder. La única razón que se me ocurre para explicar este fenómeno es que el nuevo capitalismo pone el énfasis en la responsabilidad de cada persona frente a su propio destino, antes que en la responsabilidad colectiva, y este tipo de movimientos de derechas también refuerzan esa responsabilidad personal: le dicen a la gente que también ellos son importantes como individuos, que no son simplemente parte de la gran masa, aunque las circunstancias les hayan impedido demostrar de lo que son capaces.

En la India, por ejemplo, resulta muy interesante observar cómo las personas que más sufren los efectos de este nuevo capitalismo están siendo atraídas en gran medida por este tipo de ideología derechista que les dice: «Sí, vosotros también merecéis tener vuestra oportunidad». De modo que no es un fenómeno únicamente occidental. Y la cuestión es saber por qué los movimientos de izquierdas no conectan con estos sentimientos. Esta es la gran pregunta que la izquierda debe abordar porque, en estos momentos, lo único que parece transmitir a la gente es desesperanza. En el Reino Unido, por ejemplo, los movimientos organizados de izquierdas están totalmente anquilosados y en Francia, la izquierda se ha ganado la etiqueta de auténtico movimiento conservador, con sus reivindicaciones de estabilidad. Tal vez simplemente tengamos que esperar unos años para que la situación evolucione; al fin y al cabo, estas tendencias actuales sólo tienen diez o quince años de vida.

Puede que lo único que haga falta sea un cambio generacional para conectar mejor con la gente, que la solución radique simplemente en librarse de los líderes de mi generación que hay en los sindicatos y los partidos de izquierdas. No conozco bien la situación en España, pero no me cabe duda de que en países como Francia o el Reino Unido la vieja izquierda no tiene ninguna idea sobre qué hacer. Por ejemplo, me parece imprescindible reinventar los sindicatos de forma que apoyen a la gente que vive inmersa en esta economía flexible y va cambiando de un trabajo a otro; deberían reconvertirse en una especie de combinación de agrupación comunitaria y servicio de empleo, así podrían aportar a las personas algo de continuidad y estabilidad a pesar de las interrupciones y las rupturas que implica el nuevo capitalismo.

En cierta ocasión hablé sobre este tema en un congreso sindical en el Reino Unido, y me asombró oír las respuestas que me dieron: «No podemos hacer eso, perderíamos nuestra identidad. Somos un sindicato que sólo representa a los trabajadores de un ramo determinado, y si uno de ellos cambia de ramo, dejamos de representarlo. Además, lo que nos importa es preservar el salario de nuestros trabajadores, no buscarles empleo». Me parece una actitud absolutamente tradicional: sólo te protegen si ya tienes trabajo. Mi esperanza es que, a medida que se vaya muriendo la gente de mi generación puedan desarrollarse estos nuevos sindicatos que defiendo…

En El respeto utiliza su experiencia como violonchelista para explicar cómo una base de técnica, disciplina y «saber hacer» es necesaria para poder disfrutar de la libertad –en este caso, de un vibrato–. Imagino que es una metáfora válida para todos los ámbitos, desde la práctica artística hasta la vida cotidiana. ¿Cree que la disciplina es un valor en desuso que debiera ser rescatado?

Sí, estoy firmemente convencido. Ahora bien, cuando hablo de disciplina no me refiero al término en el mismo sentido que Foucault y sus seguidores, no es algo impuesto desde arriba. Para mí, la palabra «disciplina» es una especie de símbolo que representa la fuerza psicológica que ha de tener la gente para sobrevivir en este capitalismo tan lleno de injusticias. También me refiero a este concepto con la palabra «oficio» [craft], en el sentido de los oficios artesanos, algo que es necesario dominar. ¿Nunca has tenido la sensación de que tienes la capacidad de realizar una tarea determinada, y de que quieres hacerla bien aunque el sistema económico no te vaya a compensar por ello? Eso quiere decir que crees en ti misma, que te respetas, y eso te proporciona energía. En cambio, si te conviertes en una especie de criatura del momento, en alguien que aborda cualquier tarea aunque sólo tenga un conocimiento superficial de ella, estás perdida. De modo que esta idea de reconstrucción de uno mismo a través de una disciplina u oficio, es crucial. Porque este nuevo capitalismo resulta ser un sistema muy destructivo tanto en el plano social como en el psicológico, dañino de una forma en que no lo era el capitalismo clásico. Y si queremos soportarlo tenemos que empezar por construirnos una personalidad fuerte para enfrentarnos a él.

Vida urbana e identidad personal, Barcelona, Península, 1975
El declive del hombre público, Barcelona, Península, 1978
La autoridad, Madrid, Alianza, 1982
Carne y piedra: el cuerpo y la ciudad en la civilización occidental,
Madrid, Alianza, 1997
La corrosión del carácter: las consecuencias personales del trabajo
en el nuevo capitalismo, Barcelona, Anagrama, 2000
El respeto: sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad,
Barcelona, Anagrama, 2003
La cultura del nuevo capitalismo, Barcelona, Anagrama, en prensa.

MINERVA 02. Revista del Circulo Bellas Artes
Traducción Xohana Bastida Calvo
http://www.ddooss.org

Informe PISA 2006. Las claves del éxito del sistema educacional de Finlandia…

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Finlandia: educación pública, gratuita, y la mejor a nivel internacional

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En 2003 (y en 2006), Finlandia confirmó los resultados precedentes y alcanzó el envidiable número uno del planeta. Se trata de un gran país, poco poblado. Con la mitad de su territorio por encima del círculo polar ártico. De hecho, si Finlandia estuviese en América del Sur comenzaría a la altura de Coyhaique y terminaría en la Antártica. Su población, de poco más de cinco millones de habitantes, tiene el privilegio de vivir en una sociedad en la que es difícil percibir grandes diferencias sociales. Hoy, educadores del mundo entero acuden al país nórdico para conocer el sistema de enseñanza que hace de ellos los primeros de la clase. Y se entiende, porque los logros van mucho más allá de los resultados brutos en las materias analizadas: las diferencias entre niños y niñas son muy inferiores a lo constatado en otros países, incluso en matemáticas.

Las disparidades sociales no afectan el nivel alcanzado por los jóvenes estudiantes, cuya cuarta parte más modesta obtiene en matemáticas resultados muy por encima de la media de la OCDE, todos sectores sociales confundidos. Por otra parte, si se analizan las diferencias de nivel entre colegios, ellas son tan mínimas que Finlandia alcanza el segundo puesto detrás de Islandia. Como dicen ellos mismos, “aquí cada alumno cuenta”. A tal punto, que los que obtienen bajas notas en matemáticas son sólo el 6%, cifra ridícula comparada con la media de la OCDE que es superior al 21%.

Lydia Devos y Martine Meskel-Cresta, que estudiaron el sistema finlandés el año 2004, dicen que “al pensar en cada alumno el Estado piensa en la economía del país”.

Las autoras del estudio señalan, además, que “la igualdad es un principio muy importante. La educación debe ser garantizada a todos los ciudadanos sin consideración de sexo, lugar de residencia u origen geográfico, de edad, lengua o status económico”.

Toda la sociedad parece estar consciente de que la educación es la única posibilidad para el país de afrontar la dura competencia mundial y cada cual se empeña en favorecer la formación de niños y jóvenes. Padres, profesores y políticos, colaboran para obtener lo mejor de cada alumno: “los profesores se sitúan atrás del saber y del material que les permite transmitirlo y se toman el tiempo de observar al alumno…, no dan la impresión de estar suministrando una prestación…”. Curiosamente, los niños finlandeses inician su escolaridad obligatoria relativamente tarde: a los siete años. Para los menores de seis existen jardines infantiles administrados por el ministerio de asuntos sociales y de la salud. Allí “se aprende jugando, se aprende a aprender sin saber que se está aprendiendo”. No hay evaluación.

Por otra parte, desde 2001, Finlandia hizo posible que todos los niños de seis años se beneficien de una enseñanza preescolar gratuita. El año pasado, Esa Räty, director del liceo de Niinivaara de Joensuu, organizó una visita para dieciocho responsables de la educación de 14 países europeos. El programa incluyó establecimientos de todos los niveles: un jardín infantil, dos escuelas primarias, dos colegios, dos liceos, un liceo profesional, una universidad y un centro de formación para adultos. Paul Robert, Director del Colegio Nelson Mandela de Clarensac (Francia), fue uno de los visitantes. Recordando los debates que sacuden periódicamente al sistema escolar francés, Paul Robert subraya que ante la disyuntiva de privilegiar el saber o al alumno, los finlandeses se inclinaron definitivamente por este último: “Un profundo y fino análisis de las necesidades reales de cada alumno sirvió de base a un sistema elaborado en 30 años de reforma educacional. La idea que un alumno feliz -que se siente a sus anchas, libre de desarrollarse a su ritmo -, tendrá más facilidad para adquirir el saber fundamental, nada tiene de una utopía de pedagogo iluminado. Se trata simplemente de lo que guía la acción de todos: Estado, municipios, directores de establecimientos, profesores”. Cada alumno debe sentirse “como en casa”.

Locales limpios, amplios (65 m2 por clase), confortables para el reposo, corredores pintados de colores cálidos, decorados con los trabajos de los propios alumnos, constituyen el entorno de trabajo. Cada establecimiento tiene dimensiones modestas: 300 a 400 niños por colegio, 400 a 500 estudiantes por Liceo, crean una atmósfera de proximidad y le permiten al director conocer a cada uno de sus alumnos. Al aprendizaje gradual y mezclado con actividades artísticas, deportes, música y trabajos manuales, suceden los primeros años de la escuela básica, luego el colegio y después el Liceo.

Raramente hay más de 20 alumnos por clase, y en el Liceo los grupos de trabajo suelen reunir sólo 6 a 7 jóvenes. En la escuela básica y en el colegio el profesor recibe en su propia clase la ayuda de un asistente de educación que toma a su cargo grupos reducidos de alumnos que necesitan un apoyo especial. Los colegios y Liceos disponen además de consejeros de educación, uno por cada 200 alumnos, para guiarles en sus estudios y en la elección de sus preferencias educativas. Cada alumno, aun cuando no manifieste ningún problema particular, debe reunirse con su consejero al menos dos veces al año. Las clases magistrales no existen: por todos los sitios sólo se ven grupos de trabajo y actividades guiadas por profesores. Este último es un recurso entre otros: todas las salas están llenas de libros y disponen de retroproyector, su computador, su video proyector, su televisión y su lector de DVD. Para explicar el método empleado, Paul Robert cita a Hannu Naumanen, Director del colegio Pielisjoki: “No se puede forzar a los alumnos, hay que darles diferentes posibilidades de aprender, de adquirir competencias”.

Como se ve, estamos lejos de “la letra con sangre entra” o de la emulación agresiva entre compañeros. Cada alumno tiene una gran libertad -progresiva en el tiempo-, para organizar su propia malla curricular. Las materias opcionales están disponibles en el colegio a partir de los 13 años de edad. El total de cursos obligatorios y opcionales no puede ser superior a 30 por semana. Durante los tres años de Liceo cada joven debe seguir 75 cursos, cuarenta y cinco de los cuales son obligatorios y treinta opcionales. De este modo los alumnos construyen su propia autonomía y son responsables del contenido de su educación. Por su parte los profesores gozan de un gran prestigio social, no tanto en razón de su remuneración que está en la media de la OCDE, sino por la importancia que le asigna todo el país a la educación. Y porque existe consenso de que los profesores son “expertos” en su oficio. En las encuestas de motivación efectuadas entre los jóvenes aspirantes a ser profesores, a la pregunta ¿por qué ha elegido este oficio? la respuesta más frecuente es: “Porque amo los niños”. Este es el zócalo a partir del cual se llega a la enseñanza superior, universitaria o profesional, a la que los finlandeses le atribuyen una extrema importancia.

Cada joven tiene la garantía de llegar a ella si dispone de las condiciones, la voluntad y los talentos necesarios. En Finlandia no sobra nadie y se potencian todas las inteligencias disponibles, porque la principal materia prima del país, por no decir la única, es la gris, y eso le ha asegurado a Finlandia un lugar de privilegio en el mundo globalizado.

DATOS BASICOS SOBRE SISTEMA ESCOLAR DE FINLANDIA

Educación pública

La educación en Finlandia es pública. La educación privada prácticamente no existe (sólo el 1%). El Estado invierte en educación el 7% del PIB (Chile gasta un 7,5% de su PIB, 4,2% el Estado y 3,3% los hogares). Aun cuando la educación es gratuita existen becas para quienes lo requieren. Pero “a juicio de los finlandeses este nivel no es suficiente y el sistema está construido de modo que cada uno tenga la posibilidad de emprender estudios superiores o recibir una formación profesional”.

Enseñanza superior profesional

Los estudios superiores profesionales duran de 3,5 a 4 años y el diploma garantiza las calificaciones necesarias, tanto en el ámbito de los conocimientos como de las competencias, para alcanzar la más alta excelencia profesional. La enseñanza superior profesional es gratuita.

Enseñanza universitaria

La enseñanza universitaria entrega diplomas de primer, segundo y tercer ciclo, así como doctorados. El primer ciclo dura tres años, y el segundo dos más (cinco en total). La tarea fundamental de las universidades, reside en la investigación científica que debe servir de base a su propia enseñanza. Existen 20 establecimientos de tipo universitario: diez a vocación pluridisciplinaria, tres escuelas politécnicas, tres “grandes escuelas” de comercio y cuatro artísticas. Todos practican una rigurosa selección de sus alumnos. Las universidades son gratuitas.

(publicado en El Periodista)

Written by Eduardo Aquevedo

12 mayo, 2009 at 2:07

Publicado en Educación, ESTUDIANTES