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Archive for mayo 2nd, 2009

Vigencia de György Lukács, un pensador maldito

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Entrevista con Antonino Infranca

Néstor Kohan

Rebelión

Cinco décadas después de que Maurice Merleau-Ponty reinstalara en el seno de la intelectualidad occidental el formidable y, desde nuestro punto de vista, inigualado Historia y conciencia de clase [1923], la obra y el pensamiento de György Lukács [Hungría, 1885-1971] parece resurgir de las cenizas.
Pensadores tan diversos como Fredric Jameson, en Estados Unidos, Michael Löwy y Nicolas Tertulian, en Francia, Itsván Mészáros, en Inglaterra, Carlos Nelson Coutinho, Leandro Konder y Ricardo Antunes, en Brasil, y muchos otros intelectuales críticos del mundo encuentran inspiración en la obra de Lukács para continuar batallando contra el capitalismo contemporáneo y sus perversas lógicas culturales.
En Brasil, por ejemplo, durante la última década se han publicado dos volúmenes muy importantes, conteniendo aportaciones de varios pensadores actuales sobre su obra. Primero salió Lukács: Un Galileo del siglo XX (São Paulo, Boitempo, 1996) y luego Lukács y la actualidad del marxismo (São Paulo, Boitempo, 2002). En este último volumen se incluyen 34 cartas inéditas del filósofo de Hungría con los brasileños Coutinho y Konder.
En Argentina acaban de editarse varios textos de Lukács inéditos en castellano en un excelente y muy documentado volumen titulado Testamento político y otros escritos sobre política y filosofía. Buenos Aires, Ediciones Herramienta, 2003. El libro está compilado por Miguel Vedda (profesor de literatura alemana en la Universidad de Buenos Aires) y Antonino Infranca (filósofo italiano residente en Buenos Aires).

La siguiente entrevista a Infranca intenta indagar en la compleja relación de Lukács con el stalinismo y en el modo como el pensador húngaro, sin duda uno de los principales filósofos marxistas del siglo XX, junto con Antonio Gramsci, logró eludir el rígido corset que aquella corriente política impuso a la cultura marxista durante varias décadas en Europa Oriental. Arrojando nueva luz sobre aspectos biográficos y filosóficos desconocidos de Lukács, Infranca propone una nueva manera de abordar su obra. Su conclusión apunta a demostrar que Lukács no puede ser reducido al ocaso del stalinismo, lo cual explicaría su inesperado retorno a la arena filosófica contemporánea.
Antonino Infranca [Italia, 1957] se doctoró en filosofía en la Academia Húngara de Ciencias y logró internarse durante años en el Instituto Lukács de Budapest y en el archivo del notable pensador húngaro. Allí accedió a sus papeles personales y varios materiales inéditos. Una tarea hasta hace poco tiempo vedada para los estudiosos occidentales. Además de sus trabajos sobre el húngaro, Infranca ha publicado en Italia Giovanni Gentile e la cultura siciliana (Roma, 1990) Tecnecrate (Roma, 1998) y en la Argentina un análisis de la obra del filósofo y teólogo de la liberación Enrique Dussel: El otro occidente (Buenos Aires, ediciones Herramienta, 2000). También en Buenos Aires, Infranca es miembro de la Asociación Antonio Gramsci, sección local de la International Gramsci Society (IGS).

Néstor Kohan: ¿A qué se debe este renovado interés por la obra de Lukács?
Antonio Infranca: Su obra ha sido retomada por Jameson y otros marxistas norteamericanos. También tuvo un eco, aunque paradójico, en el Antiedipo de Deleuze y Guattari. De muy diversos modos todos ellos han retomado últimamente núcleos de la obra más famosa que Lukács produjo en su juventud: Historia y conciencia de clase. Pero yo pienso que si hoy hay que volver a Lukács tiene que ser más bien por su obra madura de los años ‘60, muchísimo menos conocida: La ontología del ser social. Un monumento del pensamiento que contiene miles de páginas. Esta última tiene más actualidad.

N.K.: ¿Por qué?
INFRANCA: Fundamentalmente por su estudio acerca de la “extrañación“. Esta teoría de Lukács da una posibilidad de cuestionar al capitalismo globalizado de nuestros días. Hoy muy pocos critican lo que hace el sistema actual en el campo de la ideología, la propaganda y la publicidad. Los críticos más ácidos de la globalización cuestionan las estructuras económicas (el desempleo, el hambre, etc.) pero no muchos critican los modos de integración globalizada.

N.K.: ¿Qué entendés vos por “modos de integración“?
INFRANCA: Que todos los seres humanos se están vistiendo de la misma manera, viven en la misma imposición urbanística, ven la misma TV y cine, la misma estructura de los shoppings y sus modos de consumo, la misma música y publicidad. Si alguien llega enmascarado y con los oídos tapados (sin escuchar el idioma) y se lo deja en la periferia de cualquier gran ciudad del mundo, no podría distinguir una de otra. La lectura de La ontología del ser social de Lukács hoy nos permitiría desarrollar, desde su análisis de los fundamentos del ser social del hombre, una crítica a todo aquello que va cancelando los fundamentos del individuo contemporáneo.

N.K.:¿Qué aportaría esa obra en torno al debate de la posmodernidad?
INFRANCA: La mayoría de los pensadores posmodernos se basan en Martín Heidegger. Bueno, en La ontología del ser social hay un largo capítulo específico dedicado a Heidegger, obviamente crítico. En toda la vida de Lukács la polémica con Heidegger siempre estuvo presente. Esa obsesión la tuvo ya desde los años ‘40 y ‘50, cuando arremete contra la Carta sobre el humanismo de Heidegger y lo vuelve a retomar en su obra última. Además, según sabemos por Lucien Goldmann (discípulo de Lukács), El ser y el tiempo, la gran obra de Heidegger, estuvo escrita contra Historia y conciencia de clase del filósofo húngaro. Un hecho que muchos admiradores actuales de Heidegger curiosamente “olvidan“ o directamente desconocen. En La ontología del ser social el Lukács maduro retoma la posta y contesta a El ser y el tiempo de Heidegger.

N.K.:¿Cuáles serían las principales razones de ese enfrentamiento clásico en la filosofía contemporánea?
INFRANCA: Según Lukács, Heidegger encubre con categorías abstractas la auténtica vida cotidiana. Heidegger impediría, desde este argumento, lo que Lukács promueve: el tomar conciencia de los problemas de la vida cotidiana. Por eso yo creo que la posmodernidad -por ejemplo la obra de mi compatriota Gianni Vattimo- debería ser criticada desde este particular ángulo. La posmodernidad aleja al ser humano de las preguntas fundamentales sobre el sentido del ser. De allí que Lukács promueva en términos filosóficos una autenticidad que paradójicamente Heidegger niega, a pesar de todo su conocido énfasis en la crítica del “mundo inauténtico“. Lukács acusa a Heidegger de ser el mayor promotor de la inautenticidad, un juicio que yo extendería desde este ángulo a todo el posmodernismo.

N.K.: Además de estudiar su obra publicada, vos trabajaste en el Archivo de Lukács en Budapest. ¿Qué contenía ese archivo?
INFRANCA: Yo trabajé allí entre 1984 y 1986. El archivo estaba en la casa de Lukács. Contenía su biblioteca, sus papeles personales, sus manuscritos editados e inéditos y su correspondencia, que es importante. Él, normalmente, contestaba todas las cartas. La mayoría de las cartas están inéditas. Además, el archivo publicó en 1998 una especie de diario de los libros que Lukács leía en el período de Heidelberg, el de su primera juventud. Su título es Apuntes de Heidelberg. Esto es una de las últimos cosas que han sido publicadas.

N.K.: Cuál fue la mayor ventaja de incursionar en el archivo?
INFRANCA: Fueron años muy interesantes para mí. Fui el único italiano en el campo de la filosofía que pudo hacer el doctorado en Hungría. Estar en el archivo me permitió leer sus apuntes sobre la ética, un trabajo inacabado, publicado póstumamente recién después que cayó el Muro de Berlín y también me permitió leer algunas cartas vinculadas con los intelectuales italianos. El volumen de cartas con los italianos era el más numeroso incluyendo su correspondencia con alemanes, a pesar de que Lukács escribía en alemán y tenía una formación alemana. Lo cual permitiría explicar el gran interés de la cultura italiana hacia Lukács. Pero sobre todo investigar in situ me permitió deshacerme de muchos prejuicios que existen en Occidente sobre su obra, que están basados casi siempre en la falta de información seria y rigurosa.

N.K.:¿El acceso al archivo era libre?
INFRANCA: No. Había dificultades para obtener los materiales. Cuando yo estuve en el archivo había en él -y sólo allí, pues el fenómeno no se repetía en aquel momento en el resto de Hungría- un clima de censura y de control. Eso me hizo perder mucho tiempo de investigación, al tener que esperar que me permitieran ver el material. Lukács seguía siendo un pensador maldito para el régimen político del Este y para el stalinismo.

N.K.:¿En tu opinión Lukács era un disidente?
INFRANCA: No era un disidente clásico. Pensaba en la posibilidad de reformar el sistema en un sentido democrático, una salida que evidentemente fue inviable.

N.K.: Sin embargo se lo asocia, por sus reiteradas “autocríticas“, muchas de ellas forzadas, con el stalinismo…
INFRANCA: Esa opinión proviene de Occidente. Pero estudiando a fondo su obra y biografía existen hechos incontrastables en la dirección exactamente opuesta. En primer lugar, sus libros jamás fueron publicados en ruso. Los stalinistas soviéticos nunca lo publicaron. Recién lo editaron en Rusia en 1989… En segundo lugar, los intelectuales occidentales que lo critican ni se imaginan lo que estaba pasando en el Este en aquel momento. Su posición no era stalinista, sino en todo caso posibilista. Además Lukács participó activamente en 1956 en la revolución antistalinista y por eso los soviéticos lo apresaron junto a Imre Nagy y los deportaron a Rumania donde él permaneció recluido varios meses. Incluso la policía stalinista también lo había apresado por sospechas en la propia URSS en 1941, cuando él estaba allí exiliado en los años del nazismo, oportunidad donde también apresan a su gran amigo Mijail Lifschitz, el especialista en estética. A Lukács le secuestraron entonces un libro suyo: Goethe y la dialéctica, que se perdió. Sólo un fragmento se publicó luego en italiano.

N.K.:¿Qué tipo de participación tuvo Lukács en la rebelión de 1956?
INFRANCA: Lukács fue ministro de cultura del derrocado gobierno de Nagy. Las vicisitudes de Lukács en su reclusión de aquel año las pude reconstruir cuando entrevisté a su compañero, también apresado por los soviéticos, Miklós Vásárhelyi. Él me contó el comportamiento valiente de Lukács y su rechazo de todos los intentos que los soviéticos le hicieron para cooptarlo y separarlo de los demás presos húngaros.

N.K.: En lo que respecta a esos años, ¿acaso su libro El asalto a la razón de 1953 no fue acusado de legitimar filosóficamente el stalinismo?
INFRANCA: Lo que no se sabe es que los materiales que conformaron ese libro él los escribió en 1933, pero entonces no los publicó. Recién lo hizo en 1953, después de la muerte de Stalin… porque no quería pasar por un sostenedor del stalinismo.

N.K.: ¿Tenés pruebas de eso?
INFRANCA: Sí, por supuesto. Aunque en Argentina no se conocen, el archivo Lukács publicó esos trabajos de preparación de El asalto a la razón. Además Lukács escribió El joven Hegel en 1938. No salió publicado porque iba a contramano de la línea stalinista oficial que condenaba a Hegel terminantemente, en toda la línea. Recién lo publicó en 1948 en Suiza, así como también El asalto a la razón fue publicado en Suiza, es decir, en el corazón de Occidente y no en los países del Este europeo. Por todo esto podríamos decir que en un sentido es cierto que él “convivió“ con el stalinismo, pero hay que ver también cómo y en qué condiciones históricas específicas, no siempre conocidas. En realidad existen muchos matices que hay que descifrar evitando juicios apresurados.

N.K.: ¿Vos pensarías que esa relación con el stalinismo motivó su crítica a las vanguardias estéticas como “decadentes“?
INFRANCA: La cuestión es más compleja. En ese punto, es innegable, Lukács se cruza con el stalinismo, pero su posición no tiene como causa al stalinismo. Lukács siempre rechazó a las vanguardias, ya desde su primera juventud cuando todavía no era comunista. El stalinismo entonces no existía y ni siquiera se había producido la revolución bolchevique de 1917. Por ejemplo, Lukács nunca se pronunció a favor del futurismo a pesar de que la ideología literaria de la revolución bolchevique era, en sus inicios, el futurismo. Su rechazo de las vanguardias tiene otro fundamento. Lo mismo vale para sus juicios críticos sobre Kafka, muchos de los cuales -según podemos apreciar en su correspondencia inédita de la madurez- él mismo llegó a juzgar como equivocados.

N.K.:¿Y su famosa polémica con Bertolt Brecht sobre el expresionismo?
INFRANCA: Lukács no rechazaba el antistalinismo de Brecht, sino que cuestionaba su teoría de un teatro vanguardista. Son dos fenómenos diversos. Él no le cuestionaba su intento de construir un teatro distinto al de la “edificación“ stalinista, al del culto a la personalidad. En eso estaba de acuerdo con Brecht y terminaron siendo muy amigos.

N.K.:¿Cómo se vivió en los circuitos filosóficos de Hungría la caída de 1989?
INFRANCA: Yo tuve la suerte de estar allí en ese momento. En junio de 1989 se hizo una manifestación por el entierro oficial del cuerpo de Imre Nagy, quien había sido el jefe del gobierno de 1956 cuando los soviéticos invadieron Hungría. En la filosofía hubo grandes debates porque volvieron a tener manifestaciones públicas ex discípulos de Lukács, como Mihály Vayda (el traductor húngaro de El ser y el tiempo de Heidegger) o Itsván Fehér (quien escribió la introducción a ese libro de Heidegger), Krisztoff Nyiri y otros disidentes. Aunque hay que aclarar que Hungría era distinta a la URSS o a Rumania. En Budapest, antes de 1989, los disidentes no eran ni detenidos ni proscriptos. Publicaban libros, tenían todos trabajos en editoriales y uno los podía encontrar y conversar con ellos en cualquier lado. Pero no les permitían tener cargos en la Universidad ni hacer una carrera académica. En ese contexto, muchos ex discípulos de Lukács giraron hacia la posmodernidad.

N.K.: ¿Bastante contradictorio, no es cierto?
INFRANCA: Sí, por supuesto, pero igual giraron al posmodernismo. Por ejemplo Agnes Heller está internándose ahora en lo que ella denomina “la ética posmoderna“. Vayda, con su crítica a la metafísica, sigue el mismo camino.

N.K.:¿Cuántos discípulos tuvo Lukács en Hungría?
INFRANCA: Básicamente hubo dos grupos de discípulos de Lukács que se conocieron como “la Escuela de Budapest“, hoy famosa. El primer grupo se formó cuando Lukács dictaba clases en la Universidad entre 1946 y 1949. En ese momento fue atacado por los stalinistas por ser “un filósofo medio burgués“ y fue obligado a dejar la Universidad. Después de ese ataque Lukács pasó de un día para otro de quinientos alumnos a cinco. El filósofo stalinista que lo atacó se llamaba Jozséf Revai (antes había sido su amigo). Revai fue alentado por Imre Lakatos, por entonces furioso stalinista, quien años después se fue a vivir a Occidente donde se convirtió en un célebre filósofo de la ciencia… Entre los cinco que se quedaron estaban: Agnes Heller (la más conocida en Occidente), István Hermann, Denés Zoltai -quien me contó personalmente todo esto- Marta Mészáros y por último István Fehér.

N.K.:¿Pero Agnes Heller no cortó amarras cuando se fue a vivir a Estados Unidos?
INFRANCA: Sí, es cierto, pero lo hizo mucho antes, pues alrededor de ella se había formado la segunda Escuela de Budapest de los “disidentes“, que agrupaba a Mihály Vayda, György Markus, István Fehér y Ferenc Fehér. Por eso hay prácticamente dos Escuelas de Budapest, un fenómeno no siempre conocido, según creo. La Escuela fue expulsada de las instituciones oficiales en 1977. Hasta cuando estuvo vivo, Lukács los protegió. Escribió una carta a su editor de occidente de la Ontología del ser social para defenderlos (aunque en realidad la escribió István Fehér y Lukács la rubricó…).

N.K.:¿Estos discípulos de Lukács querían reformar el régimen?
INFRANCA: Yo creo que no. Al contrario del último Lukács, quien escribió El hombre y la democracia [publicado en Buenos Aires, en 1989, por editorial Contrapunto], redactado entre agosto y noviembre de 1968 —después de la primavera de Praga— pensando en reformar el régimen político del Este y apuntando a construir un socialismo más humano, ellos no creían en esa posibilidad.

N.K.: ¿El hombre y la democracia se publicó en vida de Lukács?
INFRANCA: No. El lo escribió y lo envió al comité central del PC de Hungría como una provocación, para ver si ellos aprovechaban ese texto para abrir el debate y tomar distancia de la invasión rusa a Checoslovaquia. El partido lo dejó escondido. En 1985, cuando estaba Gorvachov en la URSS, una parte del partido húngaro lo publicó en alemán pero nunca lo vendieron en las librerías, pues lo vetaron los antigorvachovianos. El traductor de Lukács al italiano, Alberto Scarponi, me dio la tarea de llevar el libro a Italia, cosa que hice, y así se conoció en Occidente.

N.K.: Durante los últimos años, y a propósito de su aniversario, la obra de Goethe ha ocupado páginas y páginas en todos los periódicos del mundo, especialmente en los de Alemania reunificada. ¿Qué actualidad tienen, desde tu punto de vista, los análisis de Lukács sobre el Fausto?
INFRANCA: Goethe siempre lo obsesionó y la ciudad de Frankfort le obsequió a él un premio Goethe en 1970. Para explicar el papel de Margarita y Fausto, los personajes de la primera parte de esa famosa obra, Lukács adopta aquella idea de Marx según la cual se puede juzgar una sociedad estudiando la relación dentro de ella entre varones y mujeres. Según él, lo más grande de Goethe residía en el modo cómo a través del personaje Margarita el autor del Fausto explicaba la sociedad burguesa alemana de su época. Me parece que este estudio no sólo sirve para explicar la sociedad alemana de aquella época sino también las relaciones entre el hombre y la mujer en el mundo contemporáneo.

N.K.:¿Qué queda vigente hoy de Lukács?
INFRANCA: Mira, creo que hoy nos queda una obra filosófica de enorme envergadura (todavía no completamente explorada) y un legado sumamente complejo que nos permite repensar no sólo todos los debates filosóficos del siglo XX sino también abordar algunos de los enigmas futuros de la humanidad.

Written by Eduardo Aquevedo

2 mayo, 2009 at 21:56

Publicado en TEORIA SOCIAL

DE LA FE EN EL MERCADO A LA FE EN EL ESTADO, por Ulrich Beck

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Incluso los neoliberales más radicales suplican ahora el intervencionismo del Estado en economía y mendigan las donaciones de los contribuyentes. Eso sí, cuando había beneficios, los consideraban diabólicos

ULRICH BECK, en El Pais.com

Primer acto de la obra La sociedad del riesgo global: Chernóbil. Segundo acto: la amenaza de la catástrofe climática. Tercer acto: el 11-S. Y en el cuarto acto se abre el telón: los riesgos financieros globales. Entran en escena los neoliberales del núcleo duro, quienes ante el peligro se han convertido de repente desde la fe en el mercado a la fe en el Estado. Ahora rezan, mendigan y suplican para ganarse la misericordia de aquellas intervenciones del Estado y de las donaciones multimillonarias de los contribuyentes que, mientras brotaban los beneficios, consideraban obra del diablo. Qué exquisita sería esa comedia de los conversos que se interpreta hoy en la escena mundial si no tuviera el resabio amargo de la realidad. Porque no son los trabajadores, ni los socialdemócratas o los comunistas, ni los pobres o los beneficiarios de las ayudas sociales quienes reclaman la intervención del Estado para salvar a la economía de sí misma: son los jefes de bancos y los altos directivos de la economía mundial.

Para empezar, tenemos a John Lipsky, uno de los dirigentes del Fondo Monetario Internacional y reconocido fundamentalista del libre mercado, quien de pronto exhorta con una llamada alarmista a los gobiernos de los Estados miembros a hacer exactamente lo contrario de lo que ha predicado hasta ahora, esto es, evitar un derrumbe de la economía mundial con programas de gasto masivos. Como es sabido, el optimismo es inherente al mundo de los negocios. Cuando incluso él habla de que los políticos tendrían que “pensar lo impensable” y prepararse para ello, queda claro lo grave de la situación.

El fantasma de lo “impensable”, que ahora es una amenaza en todas partes, debe por supuesto despertar el recuerdo de las crisis mundiales de los siglos pasados, y salvar a los bancos del abismo. Entra en escena Josef Ackermann, jefe del Deutsche Bank, quien confiesa que él tampoco cree ya en las fuerzas salvadoras del mercado. Al mismo tiempo, se retracta de su abjuración y afirma que no tiene dudas sobre la estabilidad del sistema financiero. Eso suena tranquilizador. ¿O no? Si el distinguido economista fuera sincero, tendría que admitir dos cosas: que la historia de esta crisis es una historia del fracaso del mercado, y que en todas partes gobierna el desconcierto, o más bien la brillante ignorancia.

El mercado ha fracasado porque los riesgos incalculables del crédito inmobiliario y de otros préstamos se ocultaron intencionadamente, con la esperanza de que su diversificación y ocultación acabaría reduciéndolos. Sin embargo, ahora se demuestra que esta estrategia de minimización se ha transformado en lo opuesto: en una estrategia de maximización y extensión de riesgos cuyo alcance es incalculable. De repente, el virus del riesgo se encuentra en todas partes, o por lo menos su expectativa. Como en un baño ácido, el miedo disuelve la confianza, lo cual potencia los riesgos y provoca, en una reacción en cadena, un autobloqueo del sistema financiero. Nadie tiene mejores certidumbres. Pero de pronto, ahora se sabe en todas partes que ya nada funciona sin el Estado.

¿En realidad qué significa riesgo? No hay que confundir riesgo con catástrofe. Riesgo significa la anticipación de la catástrofe. Los riesgos prefiguran una situación global, que (todavía) no se da. Mientras que cada catástrofe tiene lugar en un espacio, un tiempo y una sociedad determinados, la anticipación de la catástrofe no conoce ninguna delimitación de esta índole. Pero al mismo tiempo, puede convertirse en lo que desencadena la catástrofe, siempre en el caso de los riesgos financieros globales.

Es cierto que los riesgos y las crisis económicas son tan antiguos como los propios mercados. Y, por lo menos desde la crisis económica mundial de 1929, sabemos que los colapsos financieros pueden derrocar sistemas políticos, como la República de Weimar en Alemania. Pero lo que resulta más sorprendente es que las instituciones de Bretton-Woods fundadas después de la Segunda Guerra Mundial, que fueron pensadas como respuesta política a los riesgos económicos globales (y cuyo funcionamiento fue una de las claves para que se implantara el Estado del bienestar en Europa) hayan sido disueltas sistemáticamente desde los años 70 del siglo pasado y reemplazadas por sucesivas soluciones ad hoc. Desde entonces estamos confrontados con la situación paradójica de que los mercados están más liberalizados y globalizados que antes, pero las instituciones globales, que controlan su actuación, tienen que aceptar drásticas pérdidas de poder.

Como se ha demostrado con la “crisis asiática”, además de la “crisis rusa” y la “crisis argentina”, y ahora también con los primeros síntomas de la “crisis americana”, los primeros afectados por las catástrofes financieras son las clases medias. Olas de bancarrotas y de desempleo han sacudido estas regiones. Los inversores occidentales y los comentaristas en general observan las “crisis financieras” solamente bajo la perspectiva de las posibles amenazas para los mercados financieros. Pero las crisis financieras globales no pueden “encasillarse” dentro del subsistema económico, como tampoco las crisis ecológicas globales, ya que tienden más bien a generar convulsiones sociales y a desencadenar riesgos o colapsos políticos. Una reacción en cadena de estas características durante la “crisis asiática” desestabilizó a Estados enteros, a la vez que provocó desbordamientos violentos contra minorías convertidas en cabezas de turco.

Y lo que era todavía impensable hace pocos años se perfila ahora como una posibilidad real: la ley de hierro de la globalización del libre mercado amenaza con desintegrarse, y su ideología con colapsarse. En todo el mundo, no sólo en Sudamérica sino también en el mundo árabe y cada vez más en Europa e incluso en Norteamérica los políticos dan pasos en contra de la globalización. Se ha redescubierto el proteccionismo. Algunos reclaman nuevas instituciones supranacionales para controlar los flujos financieros globales, mientras otros abogan por sistemas de seguros supranacionales o por una renovación de las instituciones y regímenes internacionales. La consecuencia es que la era de la ideología del libre mercado es un recuerdo marchito y que lo opuesto se ha hecho realidad: la politización de la economía global de libre mercado.

Existen sorprendentes paralelismos entre la catástrofe nuclear de Chernóbil, la crisis financiera asiática y la amenaza de colapso de la economía financiera. Frente a los riesgos globales, los métodos tradicionales de control y contención resultan ineficaces. Y a la vez, se pone de manifiesto el potencial destructivo en lo social y político de los riesgos que entraña el mercado global. Millones de desempleados y pobres no pueden ser compensados financieramente. Caen gobiernos y hay amenazas de guerra civil. Cuando los riesgos son percibidos, la cuestión de la responsabilidad adquiere relevancia pública.

Muchos problemas, como por ejemplo la regulación del mercado de divisas, así como el hacer frente a los riesgos ecológicos, no se pueden resolver sin una acción colectiva en la que participen muchos países y grupos. Ni la más liberal de todas las economías funciona sin coordenadas macroeconómicas.

Las élites económicas nacionales y globales (los dueños de los bancos, los ministros de finanzas, los directivos de las grandes empresas y las organizaciones económicas mundiales) no deberían sorprenderse de que la opinión pública reaccione con una mezcla de cólera, incomprensión y malicia. Pero el convencimiento certero de que, en una crisis, el Estado al final acabará salvándoles, permite a los bancos y a las empresas financieras hacer negocios en los tiempos de bonanza sin una excesiva conciencia de los riesgos.

No tiene que ver con la envidia social el recordar que los exitosos banqueros ganan al año importes millonarios de dos cifras, y los exitosos jefes de firmas de capital riesgo y de fondos especulativos incluso mucho más. En los tiempos que corren, los banqueros actúan como los abogados defensores del libre mercado. Si el castillo de naipes de la especulación amenaza con desmoronarse, los bancos centrales y los contribuyentes deben salvarlo. Al Estado sólo le queda hacer por el interés común lo que siempre le reprocharon quienes ahora lo reclaman: poner fin al fracaso del mercado mediante una regulación supranacional.

Ulrich Beck es sociólogo y profesor de la Universidad de Múnich y la London School of Economics. Traducción: Martí Sampons
(texto tomado del Blog http://elchaskiy.blogspot.com/, de Mauricio Parra)

Written by Eduardo Aquevedo

2 mayo, 2009 at 16:20

7 Preguntas y 7 respuestas sobre la Venezuela de Chávez.

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Notas sobre las nuevas izquierdas en América Latina

Cómo es el sistema de Chávez

Pragmática, flexible, muy diferente de la de otras décadas, la izquierda después de la ola neoliberal de los noventa toma formas nuevas. En esta serie de notas, Página/12 plantea preguntas y busca respuestas para entender la nueva izquierda latinoamericana. En el comienzo, la Venezuela bolivariana.

Por José Natanson, Pagina/12.com

1

¿Chávez es
antidemocrático?

Chávez llegó al gobierno de manera perfectamente democrática y ganó nueve elecciones consecutivas, más que cualquier otro presidente latinoamericano en el poder. En el 2006, tras obtener su reelección, elaboró un proyecto de reforma constitucional que incluía, entre otras medidas, la reelección indefinida, lo que hubiera convertido a Venezuela en el único país de América latina –a excepción de Cuba– sin ningún límite institucional para el ejercicio perpetuo del poder. Pero en diciembre del 2007 el proyecto fue derrotado en un plebiscito por un margen ajustadísimo.

Chávez admitió el resultado a regañadientes, pero lo hizo. Sus opositores, en cambio, demoraron seis años en reconocer sus derrotas: recién en las elecciones del 2006 los sectores democráticos de la oposición se impusieron sobre los más recalcitrantes –formados en su mayor parte por ex integrantes del viejo partido Acción Democrática– y aceptaron jugar el juego de la democracia. Antes, lo habían intentado todo: el golpe de Estado en abril del 2002; la ocupación de la Plaza Altamira por un grupo de militares rebeldes poco después; el paro petrolero del verano del 2003; el referéndum revocatorio del 2004, cuyo resultado fue desconocido por los líderes opositores a pesar del aval de la OEA y el Centro Carter, y el boicot abstencionista a las elecciones legislativas de noviembre de 2005.

2

¿Chávez es
antirrepublicano?

Además de la presidencia, Chávez controla la Asamblea Legislativa, las fuerzas armadas (está habilitado para ascender discrecionalmente a los jefes militares) y los gigantescos ingresos petroleros. En cuanto a la supervisión judicial, el Tribunal Superior de Justicia fue ampliado de 20 a 32 miembros y completado con diputados y militares oficialistas, mientras que el otro resorte judicial estratégico, el Fiscal General, único funcionario con autoridad para juzgar al presidente, fue ocupado en los comienzos de la gestión chavista, por… el vicepresidente. Como si fuera poco, Chávez consiguió facultades para legislar por decreto en dos oportunidades, la última de ellas en el 2007, a pesar de que el Legislativo ya estaba integrado exclusivamente por sus partidarios.

“Esto no es una dictadura, como dicen algunos, pero tampoco una democracia en sentido pleno. Chávez tiene un pie en el pedal de la democracia y otro en acelerador del autocratismo, y aprieta uno u otro según el momento”, me dijo Caracas Teodoro Petkoff, director del diario Tal Cual y uno de los pocos líderes opositores capaz de mantener la cabeza fría.

Una explicación histórica ayuda a entender mejor esta situación. Durante la segunda mitad del siglo XX, Venezuela fue uno de los pocos países latinoamericanos que logró mantenerse a salvo de las dictaduras militares que asolaron a la región. En el resto, la experiencia autoritaria hizo que, una vez recuperada, la democracia fuera valorada como un bien en sí mismo, y muchos intelectuales de izquierda que en los ’60 la criticaban por hueca y aburguesada descubrieron que en realidad constituye una garantía para los derechos humanos. Luis Maira, actual embajador de Chile en Argentina, lo resume en una frase: “Después de la segunda sesión de tortura, uno empieza a valorar al hábeas corpus”. A diferencia de países como Chile o la Argentina, la sociedad venezolana no registró este cambio en la mentalidad colectiva: la democracia formalmente impecable que gobernaba hasta el triunfo de Chávez era vista como la verdadera responsable de la decadencia nacional, por lo que nadie se molestó mucho cuando el ex capitán de paracaidistas se propuso cambiarla radicalmente. Es en este tipo de explicaciones donde se encuentran las raíces de la particular situación de Venezuela, más que en los análisis fáciles que atribuyen todo a la maldad intrínseca del caudillo o la perversidad oligárquica de la oposición.

3

¿Chávez tiene una buena
política económica?

Los primeros años fueron francamente malos, en un declive que llegó a su momento más dramático durante los 63 días del paro petrolero del verano del 2003. Pero luego de que Chávez lograra derrotar a la gerencia de Pdvsa las cosas comenzaron a mejorar. Venezuela registró tasas de crecimiento superiores al diez por ciento en los últimos cuatro años y es, según la Cepal, uno de los países latinoamericanos que más crece, en el marco de una política macroeconómica que aumentó el gasto público, pero en menor medida que los ingresos, y que no incrementó explosivamente la deuda externa.

Desde luego, esto es en buena medida resultado del aumento del precio del petróleo, que cuando Chávez asumió el gobierno se encontraba en 9 dólares el barril y que hoy araña los 100. El ingreso masivo de divisas, aunque permitió relanzar la economía, también está generando una sobrevaluación del tipo de cambio que les quita competitividad a las actividades no petroleras, impide que se diversifiquen las exportaciones y contribuye a la desindustrialización y la consolidación del modelo monoexportador. Y además alimenta la hoguera de la inflación: Venezuela batió el año pasado el record de inflación de América latina, con casi 21 por ciento, situación que el gobierno intentó controlar mediante un sistema de precios máximos que generaron una crisis de desabastecimiento.

Pero lo central es que el gobierno de Chávez no ha logrado cambiar la esencia económica de Venezuela, el único país de América latina que importa dos tercios de los alimentos que consume, el único que concentra el 85 por ciento de sus exportaciones en un mismo producto y el único que, en los hechos, se vincula comercialmente con prácticamente un solo país: Estados Unidos. “La nuestra es una economía rentista petrolera: ésa es su esencia y su maldición. Se parece más a la economía de Nigeria o Arabia Saudita que a la de Argentina o Brasil”, me explicó en Caracas Margarita López Maya, la prestigiosa historiadora venezolana que fue invitada por Chávez a hablar en la Asamblea Legislativa y que, aunque cercana al gobierno, nunca ha dejado de criticar los aspectos más negativos de la gestión.

4

¿El gobierno de Chávez
es revolucionario?

Chávez tiene habla del socialismo del siglo XXI y gusta definir su proyecto como “revolución bolivariana”, pero en el pasado se ha fascinado por los regímenes nacional-populares latinoamericanos, tipo Velazco Alvarado o Perón, y por la Tercera Vía de Tony Blair. Atendiendo a sus ideas, que han ido cambiando a lo largo de los años, es difícil dar una respuesta, pero el argumento contrario –Chávez no es revolucionario porque le vende petróleo a Estados Unidos– tampoco resulta convincente: la dependencia petrolera estadounidense puede ser vista como una debilidad de Goliat tanto como una claudicación de David.

Una forma más interesante de acercarse a una respuesta es analizar la economía social, el aspecto supuestamente no capitalista –o poscapitalista– de la economía venezolana. En efecto, uno de los objetivos de Chávez es utilizar los enormes ingresos petroleros para crear un nuevo sector económico en base a nuevas formas de propiedad empresarial: núcleos de desarrollo endógeno, microproyectos agrícolas y, sobre todo, cooperativas, que últimamente se han multiplicado como hongos: según la Superintendencia de Cooperativas, hoy ya existen unas 100 mil.

El esfuerzo es loable, pero conviene ponerlo en perspectiva. La función social de las cooperativas es innegable, ya que son grandes creadoras de puestos de trabajo, pero una economía moderna no puede funcionar en base a ellas, pues tienden a ser poco competitivas y tecnológicamente atrasadas. En Venezuela, además, prácticamente todas dependen del Estado –es decir del petróleo–, lo cual ha generado todo tipo de distorsiones y corrupción: muchos empresarios disfrazan a sus empresas de cooperativas para beneficiarse de las exoneraciones impositivas y aprovechar los regímenes de contratación flexibilizados. El aspecto no-capitalista del modelo venezolano existe, pero más que un cambio revolucionario parece una política social encubierta.

5

¿Chávez está mejorando
la pobreza?

El núcleo de la política social del gobierno venezolano son las misiones, el término entre religioso y militar elegido por Chávez para definir un sistema moldeado a su imagen y semejanza: enorme, ambicioso y desordenado. El primer paso fue la Misión Barrio Adentro, de la que hoy participan unos 20 mil médicos cubanos, diseñada para resolver el drama de un sistema de salud incapaz de atender la creciente demanda de los sectores más pobres, que muchas veces no iban al médico simplemente porque no tenían el dinero suficiente para trasladarse hasta los hospitales, invariablemente ubicados en el centro de la ciudad. El problema se resolvió mediante el simple procedimiento de instalar los consultorios en las zonas más inhóspitas de las barriadas más castigadas de Venezuela. Luego siguieron las misiones educativas, también implementadas con asistencia cubana, que permitieron alfabetizar a un millón de personas, y la Misión Mercal, gigantescos mercados que venden alimentos a precios subsidiados y que hoy abastecen a un 40 por ciento de los venezolanos más pobres.

Las misiones supusieron una impresionante extensión de la cobertura si se las compara con los raquíticos programas sociales anteriores, pero también tienen sus problemas: un médico cubano en una sala de primeros auxilios ayuda a prevenir enfermedades y resolver cuestiones menores, pero si es necesario realizar una tomografía o practicar una operación, el paciente debe recurrir al viejo sistema de salud, que no ha cambiado mucho. Del mismo modo, las misiones no se articulan con el mercado laboral, no han creado un sector económico eficiente ni han contribuido a potenciar la economía. Y sus resultados no se miden ni controlan, lo que crea un espacio enorme para el clientelismo, la utilización política y la corrupción: sus recursos no salen del presupuesto general del Estado sino de un fondo especial financiado con ingresos petroleros, al que solo el gobierno tiene acceso.

Pese a todos estos déficits, constituyen una política social muy valorada por la población. Sus resultados, en general, fueron positivos, aunque naturalmente es difícil estimar si la reducción de la pobreza es consecuencia de las misiones o del derrame de la prosperidad petrolera. Como sea, tras arañar el 50 por ciento a fines de 2002, hoy la pobreza, según la Cepal, ha bajado al 30 por ciento.

6

¿Chávez quiere conquistar
el mundo?

Desde el comienzo mismo de su gobierno, Chávez ha desarrollado una activa política latinoamericana, que luego adquirió proyección mundial, cuyo eje es la diplomacia petrolera. El gobierno venezolano vende petróleo barato a una larga lista de países, en la que figuran casi todos los estados del Caribe y que encabeza, por supuesto, Cuba, que hoy recibe unos 90 mil barriles diarios, la misma cantidad que obtenía de la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Además, Chávez ha comprado bonos de la deuda externa de Argentina y Ecuador e influye políticamente, aunque menos de lo que se piensa, en Bolivia y Nicaragua.

La interminable serie de iniciativas de Chávez mezcla ideas sensatas, como el Banco del Sur, otras más dudosas, como el Gasoducto del Sur, y otras que son pura imagen pública, como el ALBA. Y no todo se limita a mandar petróleo, porque también hay operaciones culturales como el canal de noticias Telesur y hasta propaganda internacional heterodoxa, como el subsidio de Pdvsa a la Escola Vila Isabel, que ganó el Carnaval de Río de 2006 con una comparsa que tomó como motivo la unidad latinoamericana y que estuvo encabezada por un muñeco gigante de Bolívar que llevaba en sus manos un enorme corazón, rojo y palpitante.

Pero lo más discutible de la política internacional de Chávez no es su irremediable hiperkinesia, ni siquiera los shows que suele montar en las cumbres internacionales, sino su objetivo fundamental, que parece menos lograr la integración regional que irritar a Washington. Esto es lo único que explica su relación con Irán o sus reuniones con el presidente de Belarús, definido por la Unión Europea como el último dictador del continente.

7

¿Chávez tiene
futuro?

El panorama político venezolano parece más tranquilo. Tras muchos años de enfrentamientos, la oposición asumió que la única forma de derrotar a Chávez es ganándole una elección, y el gobierno se vio obligado a aceptar por primera vez una derrota, lo cual abre expectativas sobre un juego más sosegado y confirma avances en el aspecto más elemental de la democracia: elecciones limpias y competitivas aceptadas por todos. Pero nada está dicho. Chávez anunció el plan de las tres erres –revisión, reformulación y reimpulso– para conseguir su reforma constitucional, e incluso le puso una nueva fecha: el 2010. El futuro, aunque por el momento luce más promisorio, podría incluir tanto un giro autoritario del gobierno como un retroceso antidemocrático de la oposición.

Written by Eduardo Aquevedo

2 mayo, 2009 at 11:41

Chile: el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria), hace 40 años…

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DR1 Movimiento de Acción Popular Unitaria, a 40 años de su fundación…

De Wikipedia, la enciclopedia libre

MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria), partido político de izquierda chileno que se formó de la escisión de un sector rebelde de la Democracia Cristiana. Una razon que desencadenó la división fue la Junta Nacional de la DC, mayo 1969, cuyo voto político no satisfizo a dicho sector, formando el 19 de mayo de 1969 el MAPU. La formación del sector rebelde y de otros nucleos críticos dentro de la DC tiene su origen ya desde los inicios del gobierno de Frei, cuya orientación pro-norteamericana provocó creciente descontento en la juventud DC en especial.

En este grupo se encontraban, principalmente jóvenes militantes democratacristianos, Rodrigo Ambrosio, Rafael Agustín Gumucio, Oscar Guillermo Garretón, Eduardo Rojas, Alberto Jerez, Julio Silva Solar, Vicente Sota, Carlos Montes, Jacques Chonchol, José Miguel Insulza, Eduardo Aquevedo, Jaime Estévez, Tomás Moulian, Gonzalo Ojeda, Samuel Bello, Juan Ruz y Enrique Correa, entre otros.

Ingresa a la Unidad Popular en 1970. Participó directamente en el gobierno de Salvador Allende encabezado por Rodrigo Ambrosio, quien fallece en un accidente en mayo de 1972. Durante 1971 Allende y otros sectores presionaron a la dirección del MAPU para no definirse como marxistas, al punto que para el 26 de Julio de ese año una delegación del MAPU encabezada por Jaime Gazmuri y Eduardo Aquevedo es invitada a Cuba, donde tiene lugar una conversación de varias horas, en el Hotel Habana Libre, con el Comandante Fidel Castro. Junto con Eduardo Aquevedo y Jaime Gazmuri estuvo presente también Juan Enrique Vega, entonces Embajador de Chile en Cuba. En un ambiente muy positivo y coloquial, Fidel Castro intentó convencer a dichos dirigentes del Mapu de no adoptar una definición marxista, sino cristiana de izquierda, con el argumento de que ya el marxismo estaba representado por varios partidos en Chile, pero no asi el cristianismo revolucionario o de izquierda (no obstante la existencia de la Izquierda Cristiana, considerada muy débil aún). Esta propuesta del máximo dirigente cubano fue rechazada por los dirigentes del Mapu, especialmente por Eduardo Aquevedo, cuya posición crítica frente al modelo soviético era conocida.

En Octubre del año siguiente (1972) se realiza el Segundo Congreso del MAPU, donde triunfa ampliamente el sector encabezado por Eduardo Aquevedo y Kalki Glauser, sector representativo de una línea marxista independiente de los bloques internacionales y muy crítico de la URSS. Esto le valió fuertes cuestionamientos del PC y de sectores del PS. En este Congreso de elige a O. Guillermo Garretón, a propuesta de Eduardo Aquevedo, y éste último quedó de Primer Subsecretario General. Al final del gobierno de Allende (marzo de 1973) el Mapu se divide en 2 corrientes: el MAPU propiamente tal, que se declaró marxista-leninista y más radicalizado liderado por Óscar Guillermo Garretón y Eduardo Aquevedo y el MAPU Obrero Campesino (MAPU OC o MOC), de tendencias más moderado y afines al Partido Comunista, liderado por Jaime Gazmuri y Enrique Correa. Ambos sectores siguen participando de la UP y en las elecciones parlamentarias de 1973, hasta el golpe de septiembre de 1973.

Con el gobierno de Augusto Pinochet, el Mapu es proscrito al igual que todos los partidos de la UP y hay una persecución de los militantes de este partido. Entre 1975 y 1976, la UP aún es el punto central de la política de sus partidos. Son años de remezones partidarios que van reacomodando paulatinamente las fuerzas en el interior de cada organización. Por ejemplo, a Europa llega, desde el interior, Eugenio Tironi, entonces miembro del grupo de dirección interior del Mapu que ha sucedido a O. Garretón luego de su asilo en la embajada de Colombia, y que encabeza Carlos Montes e integran, entre otros, Carlos Ortúzar, Guillermo Del Valle, Víctor Barrueto y Fernando Echeverría. Tironi lleva la misión de expulsar del partido a una mal denominada “fracción” izquierdista encabezada por Eduardo Aquevedo (Primer Subsecretario del MAPU) y Gonzalo Ojeda, que representaban a la mayoría de los militantes del MAPU en el exilio y a sectores importantes de la militancia del interior, cuya política supuestamente dificultaba los esfuerzos de reconstrucción de la UP porque planteaban la conformación de un frente amplio opositor que agrupara la izquierda chilena desde la UP hasta el MIR. Es el comienzo de un importante viraje del Mapu.

Desde el interior, y a raíz de una fuerte autocrítica de su participación en el gobierno de Allende, los nuevos dirigentes que asumen en la clandestinidad, tales como Carlos Montes (Cristián), Víctor Jeame Barrueto (Tito), Guillermo del Valle (Zuñiga), Rodrigo González (Javier), Guillermo Ossandón (Pizarro), Ricardo Brodsky (Mica), y Jaime Manuschevich (Ismael). En 1980, al no lograrse la unidad de los socialistas y al existir fuertes indicios que el PC se propone iniciar la lucha armada, optan por participar junto a otros sectores moderados del socialismo chileno, tales como Ricardo Lagos Escobar o Ricardo Núñez, en la renovación del ideario socialista chileno, influyendo de manera significativa en la conformación de la Convergencia Socialista y posteriormente del Bloque Socialista, lo que facilitó el entendimiento con el centro político y la creación de un vasto movimiento social democrático antidictatorial.

Dentro del MAPU, un grupo minoritario, encabezado por Guillermo Ossandón, se opuso a esta orientación y se marginaron de la nueva política, conformando un grupo que fue llamado MAPU Lautaro, que realizaron acciones violentas en contra de la dictadura militar, por lo que son considerados terroristas. Este sector de habia formado en Cuba, siguiendo orientaciones de G. Garretón desde inicios de los 80. Con el retorno a la democracia, este grupo siguió realizando acciones violentas, hasta ser desarticulado por los servicios de investigaciones.

En 1985, en el llamado Congreso de Unidad, realizado en forma clandestina en Punta de Tralca, los sectores encabezados por Garretón y Gazmuri, se reunifican, y asume como nuevo Secretario General Víctor Barrueto.

En 1988, la mayor parte de sus militantes contribuyen a la formación del Partido por la Democracia (PPD), y luego un sector importante ingresa al Partido Socialista de Chile. La militancia y cuadros del MAPU en realidad se distribuyen por partes casi iguales entre ambos Partidos (PPD y PS). Hasta la actualidad, 2008, la presencia del ex MAPU sigue vigente en la política y en el debate chileno, a través de diversos dirigentes en instancias de gobierno, del parlamento y en el mundo académico.


http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_de_Acci%C3%B3n_Popular_Unitaria

DESAFIOS Y DILEMAS DEL INTELECTUAL PUBLICO

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Walden Bello (Sin Permiso)


La verdad no está ahí, sin más, se hace real y se ratifica con la acción, pero aunque para realizarla y llevar a cabo un orden más justo hace falta poder, no se puede permitir que la verdad sea destruida por el poder durante el proceso. Este es el papel del intelectual público: señalar verdades que no son convenientes desde el propio punto de vista político. Extractos del discurso de aceptación del Outstanding Public Scholar Award Panel, International Studies Association, 49th Annual Convention, San Francisco, California, 27 de Marzo, 2008. El reputado científico social filipino Walden Bello ha sido el segundo receptor del premio, después de Susan George en 2007. Los miembros del jurado que premió a Bello fueron el Dr. Richard Falk, profesor emérito en la Princeton University; la Dra. Robin Broad, profesora de la American University, y el Dr.Barry Gills, profesor de la Universidad de Newcastle.

Me gustaría, antes que nada, decir que estoy muy agradecido a la Sección de Economía Política Internacional de la Asociación de Estudios Internacionales por la concesión de este premio. Me siento muy, muy honrado por los generosos comentarios de Barry [Gills], Robin [Broad], Richard [Falk] y Susan [George]. Es verdaderamente un honor estar en compañía de Susan, la primera persona que recibió este premio. Déjenme tan solo decir, especialmente en comparación con Susan, que no estoy muy seguro de ser la persona más apropiada para ser nombrada ISA’s Outstanding Public Scholar [Académico destacado con vocación pública] del 2008, aunque creo que me considero como un intelectual público o, como dicen los franceses, un intelectual comprometido, o sea, que combina el análisis y la acción, o por lo menos, lo intenta.

Barry me ha pedido que hablara de las lecciones que he aprendido durante mi trabajo como intelectual público. No es cosa fácil, porque, aunque mis opiniones sobre las cosas son muy públicas, no estoy acostumbrado a hablar en público sobre mi propia vida. Al reflexionar, la pasada noche, sobre la tarea que Barry me ha asignado, diría que las lecciones clave que he aprendido son tres:

– La primera es que las verdades sólo se convierten en verdad por la acción.

– La segunda es que para llegar a la verdad, a veces hay que hacer uso de métodos de investigación poco ortodoxos.

– Y la tercera es que hay que aceptar que existe una tensión permanente e inevitable entre teoría y práctica, entre pensamiento y acción, entre verdad y poder, y que darse uno a entender que esa tensión es eliminable es una de las peores ilusiones en que puede caer el intelectual público.

Las Verdades solo se convierten en Verdad por la Acción. Tomemos la primera, a saber: que las verdades necesitan de la acción para convertirse en verdad. Esto quizás lo vi claro decisivamente con los acontecimientos de Seattle, a fines de Noviembre y principios de Diciembre de 1999. En la década anterior a Seattle había cantidad de estudios, incluyendo informes de la ONU, que cuestionaban el supuesto de que la globalización y las políticas de libre mercado llevaban al crecimiento sostenible y a la prosperidad. Los datos mostraban, en efecto, que la globalización y las políticas de mercado estaban promoviendo más desigualdad y más pobreza y consolidaban el estancamiento económico, especialmente en el Sur global.

Sin embargo, estos datos fácticos no eran sino “factoides”, pseudohechos, a ojos de los académicos, la prensa y los agentes políticos, los cuales repetían una y otra vez el obligado mantra neoliberal, conforme al cual la liberalización económica promueve el crecimiento y la prosperidad. El punto de vista ortodoxo, reiterado hasta la náusea en aulas, medios de comunicación y círculos políticos era que los críticos de la globalización eran o Luditas o creyentes en un mundo plano, según displicentemente nos calificara Thomas Friedman. Después siguieron las masivas manifestaciones anti-globalización de Seattle, que llevaron al colapso de la tercera reunión de ministros de la Organización Mundial del Comercio. Lo que allí colapsó no fue sólo una renión, sino todo un credo tenido hasta entonces por indisputablemente cierto. Después de Seattle, la prensa empezó a hablar del “lado oscuro de la globalización”, de las desigualdades y la pobreza creadas por la globalización. A continuación vinieron las espectaculares defecciones en campo globalista, como las del financiero George Soros, el premio Nóbel Joseph Stiglitz o el economista estrella Jeffery Sachs. Y luego ya, los descubrimientos ampliamente divulgados hace año y medio por dos fuentes independientes: un estudio del Profesor Robin Broad, de la American University, publicado en la Review of International Political Economy, y un informe de un panel de economistas neoclásicos encabezados por Angus Deaton, de Princeton, y Ken Rogoff, antiguo economista en jefe del FMI; de acuerdo con ellos, el Departamento de Investigación del Banco Mundial, la fuente de la mayor parte de afirmaciones de que la globalización y la liberalización del comercio llevaban a menores tasas de pobreza y a un decremento de la desigualdad, habían distorsionado deliberadamente sus datos y habían hecho afirmaciones injustificadas.

Actualmente, la carga de la prueba corresponde a los partidarios de la globalización y de la liberalización dirigidas por las corporaciones granempresariales. ¿Cuál es la diferencia? No tanto la investigación o el debate, sino la acción. Fueron necesarias las acciones militantes anti-globalización de masas de gente y el colapso espectacular de la reunión ministerial de la OMC para convertir los “factoides” en hechos de pleno derecho, en verdades. La verdad no está ahí, sin más. La verdad se colma, se hace real y se ratifica con y por la acción. Como el viaje de Colón en relación con la teoría de la tierra esférica, Seattle fue un acontecimiento histórico mundial que hizo la verdad “verdadera”. (Ya sé que utilizar a Colón no es políticamente correcto, pero tendrán que perdonarme porque no he sido capaz de hallar una analogía mejor.)

Métodos heterodoxos La segunda lección recibida en mi condición de académico público y de la que me gustaría hablar tiene que ver con los métodos de investigación. Una de las conclusiones a las que he llegado es que, a menudo, cuando se trata de analizar asuntos realmente importantes, nuestros métodos normales de investigación en ciencias sociales, como el análisis cualitativo o el análisis cuantitativo, no son aplicables. No funcionan, porque con frecuencia anda el poder de por medio, y los poderosos no quieren que las cosas sean transparentes. Esto me resultó transparente cuando tuve que estudiar el Banco Mundial. Permítanme remontarme a 1975 –historia antigua, para muchos de ustedes– recién terminado mi doctorado en Princeton. En aquella época no tenía intención de seguir una carrera académica. Tenía muy claro entonces cual era mi trabajo: derrocar la dictadura de Marcos.

Pasé a formar parte de una red internacional conectada con la clandestinidad filipina y me convertí en activista a tiempo completo. Fui a Washington y ayudé a establecer una oficina cuya función era ejercer presión sobre el Congreso USA para acabar con la ayuda al régimen de Marcos. Nos dimos cuenta muy pronto de que para desarrollar un trabajo eficaz teníamos que tener en cuenta todos los aspectos del apoyo de los EEUU al dictador. Por ejemplo, la mayor parte de la ayuda estadounidense a Marcos se canalizaba a través de instituciones multilaterales como el Banco Mundial, y el problema era que la falta de transparencia de esta institución impedía obtener información alguna sobre los programas del Banco. La única información que conseguimos fueron notas de prensa asépticas. Estaba claro que para mostrar lo que el Banco hacía y exponerlo, la única manera era obtener los documentos desde dentro del mismo Banco. Empezamos formando poco a poco una red de informadores dentro del Banco. Eran conocidos, liberales de izquierda conscientes. Nuestro trabajo formaba parte del proceso de construcción de lo que fue efectivamente una red de contrainteligencia, no ya dentro del Banco, sino también dentro del Departamento de Estado y de otras agencias del gobierno USA. Esta gente empezó a traernos ocasionalmente algunos documentos, pero era un proceso tedioso, aunque necesario.

La información no era suficiente, por lo que pensamos que era necesario recurrir a métodos más radicales. Así pues, mis socios y yo nos pusimos a indagar las pautas de conducta de los empleados del Banco, y nos dimos cuenta de que había períodos del año en que allí no había nadie: el Día de Acción de Gracias, la Navidad, el Año Nuevo, el 4 de Julio, el Memorial Day, etc. En estos días, y por un período de tres años, fuimos al Banco simulando que volvíamos de una misión, flojas y desanudadas las corbatas: acabábamos de llegar de África, de la India, de donde fuere. Los agentes de seguridad nos pedían invariablemente nuestros documentos de identidad, y cuando simulábamos buscarlos aturulladamente y con tan fatigada apariencia, venía el esperado: “Está bien, está bien; pasen”. Siempre funcionaba. Como pueden imaginarse, entonces la seguridad era bastante laxa. Una vez dentro, éramos como niños extraviados en un almacén de caramelos. Recogíamos todos los documentos que podíamos, no solamente referidos a Filipinas, y los fotocopiábamos utilizando el equipamiento del propio Banco. ¡Y esto durante tres años! Los documentos – unas 3.000 páginas referidas a prácticamente todos los proyectos y programas sostenidos por el Banco en mi país – ofrecían una visión inigualable del modo en que funcionaba una estrecha relación entre dos instituciones autoritarias y opacas: el Banco Mundial y el régimen de Marcos.

Para empezar, organizamos conferencias de prensa para exponer los documentos, uno por uno, y para embarazo de ambos, del Banco Mundial y del régimen de Marcos; y luego, en 1982, sacamos el libro titulado Desarrollo y Debacle: el Banco Mundial en Filipinas, uno de cuyos autores era Robin Broad. Según muchas personas, esta publicación contribuyó a desenmascarar al régimen de Marcos. Me gustaría que tuvieran razón. Respecto de lo que aprendí…, pues eso: que los métodos ortodoxos o convencionales tienen sus limitaciones, que para llevar a cabo una investigación realmente eficaz, a veces hay que quebrantar la ley. Además, durante el proceso hay que ser terriblemente profesional. Pero tuvimos mucho cuidado al embarcarnos en ello, y no pudimos contar la historia real de cómo obtuvimos los documentos hasta pasados 10 años (1992), cuando lo que se llamaba la ley de prescripción para el procesamiento penal en EEUU nos lo permitió. Mis asociados y yo habríamos podido pasar 25 años en la cárcel, si nos hubieran pillado entrando en el Banco. A propósito: Robin me ha pedido que deje claro aquí que ella no estaba entre las personas que fueron a 1818 H Street NW. En registro menos ligero, la decisión que tuvimos que tomar no fue fácil. Nunca es fácil decidir quebrantar la ley; no sólo por los castigos que eso trae consigo, sino porque todos estamos profundamente socializados para observar la ley. Pero nos dábamos cuenta de que no teníamos otra opción. Si no, la verdad habría sido enterrada por mucho, mucho tiempo.

Teoría y Práctica La tercera cosa de la que me gustaría hablar es de la tensión entre análisis y acción, entre verdad y política. Lidiar con esta relación no es fácil, ya que nuestro lado moral es muy exigente, sobretodo cuando se trata de enfrentarse con verdades desagradables. La primera vez que me encontré cogido entre exigencias incohonestables de verdad y de política fue cuando estaba haciendo mi tesis doctoral. En 1972 empecé la investigación para mi tesis doctoral sobre el tema de la organización política en los suburbios de Santiago, Chile, durante un período revolucionario. En aquellos momentos sentía una gran simpatía por el gobierno de Salvador Allende y su llamada “vía pacífica hacia el socialismo”. De hecho, creo que este fue el momento en que me volví progresista.

Sin embargo, después de tres meses en los suburbios, me di cuenta cabal de que lo que el país estaba experimentando no era un revolución profunda, sino una contrarrevolución incipiente. La revolución de Allende estaba malherida. Llegado a este punto, me pareció que si debía hacer una investigación relevante, tanto política como intelectualmente, lo importante era estudiar la contrarrevolución. De modo que cambié el tema de mi tesis por el de la dinámica de la contrarrevolución, y acabé entrevistando a gente de clase media y de derechas que no podían entender que una persona de piel cobriza como yo hiciera preguntas como las que les estaba haciendo. A menudo, se mostraban francamente hostiles, y en dos ocasiones anduve a pique de ser golpeado. Algunos pensaban que era un agente cubano, y señalaban inquisitivamente el periódico de izquierdas que llevaba despreocupadamente conmigo junto con otros periódicos más conservadores. Cuando les decía que necesitaba seguir lo que pensaban en ambos lados, se reían sardónicamente y me declaraban un caso perdido.

A mediados de 1972, estaba claro que esta gente, muchos de ellos jóvenes afiliados a las juventudes del Partido Cristiano-Demócrata, controlaban las calles de Santiago, algo que me parecía similar a lo que había sucedido anteriormente en la Italia fascista y en la Alemania nazi. Luego terminé mi investigación y volví a Princeton, y después del golpe de Septiembre 1973 me comprometí en el trabajo solidario contra la dictadura de Pinochet. Por aquel entonces era a la vez un activista y un intelectual comprometido que intentaba comprender el conflicto de clases en tiempos de revolución. La tesis, titulada Las raíces y la Dinámica de la Revolución y la Contrarrevolución en Chile, acabó siendo una comparación del papel contrarrevolucionario de las clases medias en Chile en 1971-73 y en Italia y Alemania en los años 1920. Haciendo esta tesis, dos verdades políticamente inconvenientes, parafraseando a Al Gore, se me hicieron muy evidentes. La primera: que, contrariamente a las explicaciones dominantes del golpe, que apuntaban al éxito de Pinochet como algo debido a la intervención de los EEUU y de la CIA, la contrarrevolución estaba ya en marcha antes de los esfuerzos de desestabilización de los EEUU; que fue en gran parte determinada por una dinámica de clases; y que las elites chilenas fueron capaces de conectar con sectores de la clase media aterrorizados por la perspectiva de que sectores pobres se alzaran con su programa de justicia e igualdad. En resumen, la intervención de los EEUU tuvo éxito porque estaba inserta en un proceso contrarrevolucionario en marcha. La desestabilización de la CIA fue solamente uno de los factores, pero no el decisivo. Esto era algo que, por aquel entonces, los progresistas no querían oír, porque lo que querían muchos de ellos era una simple imagen en blanco y negro, o sea, que el derrocamiento de Allende fue orquestado desde fuera por los Estado Unidos.

La segunda verdad relacionada, pero también políticamente inconveniente, que resultó de esta tesis fue el papel de la clase media. Tanto liberales de izquierda como progresistas suelen presentar a la clase media como aliada de la clase obrera y de las clases bajas en general, lo que supone una fuerza para la democratización. La tesis mostró que, contrariamente a esta asunción, las clases medias no constituyen necesariamente fuerzas para la democratización en los países en desarrollo. De hecho, cuando se moviliza a las clases pobres con un programa revolucionario, las clases medias pueden convertirse en una base de masas para la contrarrevolución, como en Alemania e Italia en la década de 1920, en que las clases medias proporcionaron los soldados de los movimientos nazis y fascistas. Pero a los progresistas realmente les cuesta mucho aceptar esta caracterización de la clase media, y parte de la razón subliminal es que ésta es la clase de la que con frecuencia ellos proceden.

De hecho, recientemente he tenido que establecer de nuevo mi posición en una crítica del best seller de Naomi Klein La Doctrina del Shock. Naomi es una gran escritora progresista y es una buena amiga, pero he tenido que señalar que su visión del derrocamiento de Allende como un producto de un complot entre los militares y los Chicago Boys, una alianza sin apoyo popular, es no solo simplista, sino equivocada. Habría sido como decir que el derrocamiento de Thaksin Shinawatra en Tailandia en Septiembre 2006 fue únicamente el producto de una conspiración entre los militares y algunos miembros del Consejo Privado Real, sin referencia ninguna al papel de las clases medias de Bangkok en la creación de las condiciones políticas para el golpe. Como las clases medias tailandesas en el caso de Thaksin, la clase media chilena fue un instrumento del derrocamiento de Allende. Es tarea del intelectual público señalar estas verdades-verdades inconvenientes para la política que uno defiende.

La tensión entre verdad y política se hace mayor cuando el intelectual público forma parte de una organización política. ¿Qué ocurre cuando las solicitaciones de la verdad y las de la organización empiezan a divergir? Este ha sido el mayor miedo de los intelectuales de izquierda, ya que, como he dicho antes, nuestro lado moral o político es muy exigente. Es grande la tentación de ignorar, racionalizar y defender abusos cometidos por nuestros correligionarios, en interés de la batalla más importante contra la derecha, contra la reacción y contra el imperialismo…. [Debido a un estudio que hice sobre violaciones de los derechos humanos por algunas organizaciones progresistas en Filipinas] yo mismo fui tachado de “contrarrevolucionario”.

El hecho de que continuara considerando la hegemonía estadounidense y las políticas neoliberales como el principal obstáculo para el desarrollo económico y político de Filipinas, y de que siguiera luchando contra esos obstáculos, no contaba para nada. Era “objetivamente” un agente del imperialismo norteamericano. Pero me sentía en buena compañía, ya que una de las figuras que yo más he admirado, Nikolai Bujárin, también fue tratado como un agente “objetivo” de la Alemania nazi en los procesos de Moscú de 1937.

Mi experiencia no es única. Intelectuales comprometidos, en otras épocas y en otras circunstancias, se han encontrado con el mismo dilema al tener que decidir entre obedecer la línea marcada o romper con una organización o incluso con un movimiento. A menudo llegan a este punto cuando se dan cuenta de que, o bien deben permanecer en un movimiento, a pesar de sus abusos, porque sus fines valen la pena, o han de romper con él porque creen que el objetivo del cambio no puede divorciarse del proceso de su consecución. Es el momento de la verdad, el momento que deben finalmente decidir si ser fieles a la [organización] o permanecer fieles a su papel como intelectual comprometido. No es una elección fácil, y nunca se está seguro de haber tomado la decisión adecuada. Y desde luego, resulta verdaderamente difícil juzgar a quienes se han resuelto por la otra vía.

Se me permitirá resumir todo esto diciendo que el trabajo intelectual y el trabajo político son complementarios. Pero que están también en tensión entre sí. El desafío es vivir esa tensión, y desde mi punto de vista, una de las peores equivocaciones del intelectual comprometido es subordinar la verdad al poder creyendo que es el mejor camino hacia la justicia. Hace falta poder para realizar la verdad y conseguir un orden más justo, pero no se puede permitir que la verdad sea destruida por el poder durante el proceso. Lo que he hecho aquí, esta tarde, es ilustrar los desafíos y los dilemas a los que se enfrenta el académico con vocación pública a partir de mi propia experiencia. Como señalé antes, no estoy seguro al 100 por cien de haber tomado las decisiones apropiadas. Ciertamente, mis enemigos –que, por desgracia, no son pocos: desde el Banco Mundial y la OMC hasta los militares filipinos y…— juran que no, y no rinden la esperanza que de que sufra pronto el debido castigo por ello. A propósito: alguien dijo una vez –creo que fue Sartre– que una de las certidumbres del intelectual comprometido es que se crea más enemigos que amigos; yo quisiera añadir, por mi parte, que las pocas nuevas amistades que uno ha ido haciendo, como Hugo Chávez, Hamás y Hezbollah, son precisamente las que, según todos los cálculos, sirven para crearse todavía más enemigos. La demanda de académicos con vocación pública es en nuestros días grande, dados los problemas acumulados del cambio climático, la globalización, el caos financiero y la crisis universal de la democracia. Son tiempos en los que, por doquiera – en los Estados Unidos, en las Filipinas, en Tailandia, en China –, salta a la vista la imposibilidad de llevar a cabo una investigación ortodoxa, fundada en la cómoda distancia entre el observador y el objeto de estudio.

En la medida en que todos nos estamos volviendo más comprometidos, nos será útil recordar que el intelectual público se enfrenta a las múltiples y contradictorias tareas de marinar la verdad con el poder, diciéndole las verdades al poder y oponiéndole al poder la verdad. El desafío y el dilema al que debemos enfrentarnos es cómo cohonestar esas exigencias en conflicto. Permítanme aprovechar la ocasión para felicitar al ISA por instituir este premio tan importante. Representa el reconocimiento del camino que no pocos hemos tomado, un camino que no goza de la seguridad y de las recompensas de la vida académica, sino de todas las dificultades de una trayectoria política radical, pero que es tan fundamental para el interés publico como pueda serlo el trabajo del profesor y del analista. No creo haber sido mejor académico con vocación pública que otros. Lo que verdaderamente creo es que en un mundo lleno de contingencias simplemente he tenido más suerte, al haberme ahorrado situaciones realmente muy, muy difíciles y decisiones realmente muy, muy fuertes. Dedico este premio a los intelectuales públicos con menos suerte pero con más mérito. Walden Bello es miembro del Transnational Institute, es profesor de sociología en la Universidad de las Filipinas, presidente de la Coalición por la Abolición de la Deuda Externa, y analista senior en Focus on the Global South.

Sin Permiso.com

Written by Eduardo Aquevedo

2 mayo, 2009 at 5:14

Publicado en SOCIOLOGIA

P. Bourdieu: el poder y los medios de comunicación. Entrevista.

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Pierre Bourdieu se ha convertido en el pensador francés más influyente de este fin de milenio desde que en 1995 apostó claramente por el compromiso de unir teoría y práctica.

La Maison des sciences de L´homme, en el 54 de Boulevard Raspail, Paris, es uno de los grandes laboratorios humanísticos de la vieja Europa. En un pequeño despacho de la cuarta planta me encuentro con el intelectual europeo más citado internacionalmente. Es un joven de casi setenta años que ha entregado su vida a investigar lo oculto que mueve cualquier realidad y que detesta el cinismo y el nihilismo de los predicadores posmodernos que copan los medios de comunicación. La solidez de sus estudios lo han situado en la cumbre de la sociología mundial.

Es profesor en el Collège de France y director de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Dirige la revista Actes de la recherche en sciences sociales , y hace tres años fundó una editorial de agitación: Liber-Raisons d´Agir . Herramientas de pocas páginas que aproximan las últimas investigaciones sociales y culturales a los militantes de los nuevos movimientos contestatarios. Y es que en 1995, durante las huelgas que conmovieron Francia, Pierre Bourdieu no se quedó en el Olimpo de los posmodernos sino que bajo a la arena del activismo político y, como el mismo sostiene, se sitúo a la izquierda de la izquierda para dar argumentos a quienes se resisten contra la mundialización neoliberal.

Su labor como investigador se inició en Argelia a finales de los años 50, con trabajos etnográficos sobre la Kabilia. Poco después estudió la soltería en el Bearn, un pedazo de Pirineo junto al País Vasco francés, donde nació en 1930. La pugna entre lo objetivo y lo subjetivo en el territorio de la creación artística y el intento de unificar las ciencias humanas le motivaron a escribir obras tan reveladoras como "Esbozo de una teoría de la práctica" (1972) y "El sentido práctico". Pero fue "La distinción. Criterios y bases sociológicas del gusto” (1979), el libro que lo consagró como uno de los sociólogos más importantes, que ha sabido dar la vuelta a Marx y a Weber para descifrar cómo funcionan las estructuras simbólicas de dominación ocultas en nuestra tradición cultural.

Para superar el error de Marx de suponer la existencia de clases sociales constituidas en la realidad inventó conceptos tan esenciales como Espacio social y Espacio simbólico, que son algo así como las suma de los diferentes espacios o campos en conflicto, los ruedos, donde se libran las luchas de poder. Capital económico y capital cultural pugnan en cualquier microcosmos o campo para obtener la legitimidad o el canon, el poder, como sucede en los campos artístico, literario o científico, entre otros, que son instituciones históricamente constituidas y dotadas de un conjunto de normas de juego. Su noción de hábitus también es capital, pues mediante la escuela, la tradición, lo oído, escuchado y sentido, el ser humano de un determinado medio social configura un esquema de comportamiento que es lo que le empuja a actuar, opinar y comportarse de una determinada manera dentro del campo, o campos en los que se mueva. En Bourdieu todo es relacional. Y aunque estemos dominados, a causa de ese complejo juego de relaciones en los diferentes microcosmos, él da útiles de resistencia con los que tomar conciencia para vencer cualquier pretedeterminación.

La obra de Bourdieu es impresionante y abarca infinidad de campos. Ha estudiado temas tan diversos como el universo bereber, los museos, los gustos, las escuela, la gestación del Estado moderno, la clase dirigente, la creación artística y literaria, la representación política, la alta función pública, la casa privada, el sufrimiento social, los medios de comunicación. En su último libro, "La Dominatión masculine", muestra cómo la relaciones entre los sexos están eternizadas y desvela los mecanismos estructurales que permiten dominar a las mujeres. Este último libro ha resultado tan polémico y fundamental como los tres anteriores: "Sobre la televisión" (1996), "Meditaciones pascalianas" (1997) y "Contrafuegos" (1998).

En su dilatada carrera como antropólogo, etnólogo y sociólogo ha aportado varios instrumentos para avanzar en la comprensión de los mecanismos ocultos que mueven nuestra sociedad. Para desarticular ideas preconcebidas, como por ejemplo la existencia de clases sociales, ha introducido en el vocabulario de la sociología la noción de espacio social y de campo de poder.

¿Puede explicarlo un poco?

La noción de espacio social resuelve, a mi parecer, el problema de la existencia o no de las clases sociales que divide desde los inicios a los sociólogos. Se puede negar su existencia sin negar lo esencial, que son las diferencias sociales que existen en la sociedad a causa de la distribución desigual de bienes y capitales, lo que genera antagonismos individuales y, a veces, enfrentamientos colectivos. La noción de espacio social permite, matemática o lógicamente, situar las diferencias. Pero al mismo tiempo se abandona la idea de que existen grupos sociales constituidos contra otros grupos, como sostuvo Marx. Las clases sociales sólo existen en estado virtual, y la sociología no ha de construir clases, sino espacios sociales, en primer lugar para romper con la tendencia de pensar el mundo social de una forma sustancialista, que es la del sentido común y el racismo. Las actividades o las preferencias propias de los individuos o grupos de una sociedad determinada en un momento dado, para nada están inscritas de una vez y para siempre en una especie de esencia biológica o cultural.

¿Y cómo estructura el espacio social?

En una sociedad donde hay probabilidad de casarse, de hacer deporte juntos, de hablar el mismo lenguaje, de tener los mismos gustos y el mismo tipo de amigos, tales posibilidades, en la realidad, son muy desiguales según la posición que uno ocupe en función del capital económico y el capital cultural. Puedo citar como ejemplo un estudio en el que demuestro que el espacio social está estructurado a grosomodo en dos dimensiones, y de hecho en tres. Si usted construye la imagen del espacio social y corta un círculo al azar, las personas que estén en él, tendrán muchas más cosas en común que los que están fuera. Por ejemplo, se ha hecho un estudio de endogamia entre matrimonios de un mismo nivel, y cuanto más se afina más aumentan los niveles de endogamia. La endogamia entre los alumnos de la Escuela Normal Superior es extraordinario.

La noción de espacio social da cuenta de todo lo que quieren decir los que hablan de clases sociales, sin caer en el error de creer que las clases existen en la realidad. En tiempos de guerra, por ejemplo, se puede asociar en nombre del patriotismo a los obreros y los patronos. Pero en tiempos normales, uno irá a beber pernaud y el otro whisky. Uno irá a jugar a la petanca y el otro al bridge. Tengo estudios sobre la patronal francesa donde los juegos de sociedad, el bridge por un lado y el golf y el tenis por otro, son instrumentos escondidos de selección social, porque están muy desigualmente distribuidas en un momento dado, y también entre generaciones. Hay una tercera dimensión invisible que es la antigüedad en la posición. Uno tendrá posibilidades de casarse con la hija del jefe y otro no. Este espacio de tres dimensiones es algo muy potente, me da miedo, y me pregunto: ¿Es posible que todo esté tan fuertemente determinado?

¿Y la noción campo de poder?

Es una noción en fase experimental. Necesitaba resolver dificultades y la he concebido atendiendo a muchos estudios sobre el poder, que es una noción complicada porque es un sistema de relaciones. Al estudiar lo que se llama clase dirigente, nos preguntamos qué tienen en común un juez de la corte suprema y un empresario de IBM, o éste último con un gran abogado. Hay que abandonar la visión de grupo unificado, coherente, para decir que hay una especie de campo, un espacio de relación independiente, relativamente autónomo con respecto al espacio social en su conjunto, y en el cual unas personas detentan una especie de capital particular y luchan con otras que detentan otras especies de capitales para dar más fuerza al suyo.

En el siglo XIX, hubo en Francia una lucha entre los artistas y los burgueses. Fueron luchas un tanto rituales. Muchos artistas eran hijos de burgueses en ruptura con la burguesía; Cézanne, hijo de banqueros. Manet, hijo de un alto funcionario. En esta lucha lo que estaba en juego era la dominación sobre el mundo social y al mismo tiempo sobre los instrumentos legítimos de dominación. Cuando Baudelaire ataca al burgués ataca las bases del poder burgués. Dice, los burgueses son filisteos, beocios, incultos, no tienen el buen capital, que es el capital cultural, literario… Y el burgués responde: esas personas son bohemios, maleducados, sucios, irresponsables, inadaptados, locos. Por lo tanto, hay una lucha entre estilos de vida, incluso entre maneras de ser hombre, que es al mismo tiempo una lucha por el poder.

¿Y qué sucede con los diferentes campos intelectuales en relación al poder al final del siglo XX?

Si llego a decir que la única manera de ser un hombre es tener mucho dinero, como sucede hoy, todos los demás quedan descalificados. Actualmente, en esta lucha dentro del campo de poder, los intelectuales han perdido, porque incluso son los banqueros, o casi, los que dicen quiénes son los intelectuales. El campo de poder es como un ruedo, un lugar de lucha relativamente independiente, porque las luchas que suceden en este espacio son diferentes de las grandes luchas sociales. A menudo se han descrito como lucha de clases y revoluciones enfrentamientos internos en el campo de poder, a las que se han unido los desposeidos.

Lo que yo llamo campo intelectual o campo artístico es un subcampo en el interior del campo de poder. Y los intelectuales ocupan una posición temporalmente dominada, económicamente dominada dentro de éste. Y es una de las razones por las cuales están estructuralmente asociados, a menudo, con los dominados. Están entre los dos grupos. Un poco como las mujeres de la clase dominante. No es casual que en los salones fueran ellas las que permanecían junto a los artistas.

¿Cómo se legitiman los prestigios en los diferentes campos de la cultura y quién los autoriza ?

En todos los campos existe una lucha por definir quién decide quién forma parte del campo y quién no. Quién es escritor y quién no. En un campo intelectual o artístico, la gente dirá que Manet, por ejemplo, hizo una revolución artística que desplazó a sus maestros, que vendían los cuadros de Couture o de los grandes pintores pompiers más caros que los de Tiziano. Entre 1860 y 1890 hubo una revolución: cuadros que valían millones se desvalorizaron. Manet no sólo negó a las personas que dominaban el campo artístico, sino también el principio en el nombre del cual dominaban. Joyce hizo una revolución artística análoga que cambió el principio según el cual entramos en el juego y ganamos. En cada campo, en la poesía por ejemplo, hay un desafío escondido: el derecho a jugar o el fuera de juego. Y una vez que el juego está en marcha, cuáles son las bazas que cada uno tiene.

¿Usted publicó, Contra la Televisión, en el que desvela cómo el actual neoliberalismo coacciona la autonomía de los diversos campos intelectuales?

He tenido muchísimas discusiones sobre el neoliberalismo, sobre este cambio, esta crisis de civilización a la que estamos asistiendo. Todas las revoluciones artísticas del siglo XIX tenían el fin de imponer valores no económicos: el arte contra el dinero ..

Pienso que en muchos campos, en literatura y otros, lo que ahora contemplamos es la revancha del dinero contra el arte. La autonomía, la independencia que los universos artísticos habían conquistado gracias a combates terribles, incluso con personas que murieron para que un libro invendible fuera publicable, para que no hubiera ninguna correlación entre el éxito comercial de un libro y su valor artístico, todo esto está amenazado; lo que hoy impera son los valores comerciales. Autores o creadores, que no son necesariamente los mejores desde el punto de valor en términos del medio, pueden aliarse con las personas que están fuera. Uno de los factores de esta pérdida en todos los campos es la televisión. Hoy, ser es ser visto en la televisión y caer simpático a los periodistas. Los libros que tienen éxito son los de la televisión. Esta temible alianza hace que los defensores de los valores específicos, del arte por el arte por decirlo pronto, estén cada vez más amenazados. En el campo de la justicia, los periodistas utilizan el poder que tienen sobre el gran público para intervenir en los procesos de manera emocional. Exclaman cosas como: Han matado a una niña pequeña, ¡hay que matar al asesino!, y así juzgan a los culpables con sus propias leyes. Con los científicos sucede lo mismo. La ciencia cuesta cara, y para conseguir créditos los científicos tienen que pasar por los medios de comunicación.

¿Quiere esto decir que la producción de los diferentes campos culturales está mediatizada por los medios de comunicación?

Cualquier campo científico o cultural es un microcosmos dentro del macrocosmos. Cada campo es una pequeña República en la que están los dominados y los dominadores, y también las relaciones de poder, aunque no todos los poderes son del mismo tipo. El poder que ejerce un gran matemático sobre un pequeño matemático no es igual que el que ejerce un patrón sobre un obrero.Los matemáticos son los más autónomos, nadie entiende lo que hacen, incluso los periodistas no se meten. Son como los poetas de vanguardia, que están al margen de todo y por esa razón pueden permanecer puros, pero a costa de quedar fuera de juego. Por su parte, todas las personas que están entre estos dos ámbitos, como los sociólogos o los economistas, se encuentran particularmente amenazados e intentan construir su campo con sus propias leyes. Pero como de lo que hablan es del dominio público, todo el mundo juzga: los obispos, la gran prensa, el público en general. Este fenómeno es un poco inquietante desde el punto de vista del futuro de las disciplinas artísticas, literarias, jurídicas, filosóficas.

Los nuevos filósofos, por ejemplo, son personas que no tienen un buen nivel profesional, no están al corriente de las discusiones actuales. Estoy seguro de que usted conoce a Bernard Henri-Lévy, y es muy probable que no conozca a Jacques Bouveresse, que es un gran maestro del oficio. El primero va a la televisión y el otro no, o cuando va, el público se pregunta: ¿de qué está hablando?. La televisión ha cambiado las relaciones de fuerzas internas en los espacios de producción. La filosofía es un ejemplo muy bueno. Puede ser muy técnica, y también una práctica de cualquiera que no sea filósofo profesional, de una persona de letras que usa la filosofía como herramienta profesional pero que no aprobaría un examen elemental en la universidad, aunque la use para convencer al público, que sólo tiene nociones vagas de filosofía. Y cuando algún intelectual de nivel le dice a la gente que esto no es filosofía, muchos se sienten ofendidos y exclaman: ¡Claro que sí, yo lo leo y encuentro que está muy bien!. Es tan naif como esto. Ortega y Gasset ya decía cosas como que la pintura moderna ha cortado el contacto con la realidad. Y hoy, los medios o los artistas mediocres utilizan esté tipo de especulaciones para combatir a los buenos artistas.

¿Qué puede hacer el periodista comprometido?

El periodista puede hacer mucho, y si a veces soy crítico es porque pienso que tiene una enorme responsabilidad. Es unos de los personajes sociales más poderosos, aunque individualmente sea vulnerable. La prensa es un poder considerable que se cree crítico, una de las mitologías de la profesión porque la mayoría de periodistas son más bien conservadores. Además no tienen tiempo de leer libros. Cumplen muy poco el papel de descubridores, salvo algunas excepciones. En todo lo relativo al arte, el periodista medio, es decir influyente, de Le Monde des Livres por ejemplo, es una instancia de consagración de cosas mediocres, o de personas no mediocres pero consagradas desde hace cincuenta años.

¿Es posible un periodismo de investigación, un periodismo responsable que sortee la corrupción estructural que existe en el campo del periodismo.?

El periodista que descubre, que investiga complots o bien que hace investigaciones peligrosas sobre el terreno, es un mito. Algunos personas lo hacen, y cada vez más son mujeres. Como están dominadas, son ellas las que investigan las situaciones difíciles. El periodista del establishment, el periodista de Le Monde, de The Guardian, del New York Times, del País, es una persona que contribuye al mantenimiento del orden simbólico y de la visión dominante del mundo.

En el campo de los periodistas están por un lado los establecidos, y por otro los críticos marginados que luchan contra los que dominan en su espacio social. En Francia todavía quedan unos cuantos, sobre todo en Le Monde Diplomatique, Charlie Hebdo, Le Canard Enchaîné. Aunque cada vez hay menos. En mi juventud, si me hubieran dicho que el redactor jefe del Nouvel Observateur se iba a convertir en redactor jefe de Le Figaro me hubiera caído de espaldas. Y que ese mismo podía convertirse en director del Figaro Madame, es ya alucinante. Cosas así ocurren constantemente. Existe una homogeneización, y las condiciones económicas atenúan los efectos de lucha que hay en el campo.

A los minoritarios de Le Monde Diplomatique se les acusa de iluminados, a los del Charlie Hebdo de sesentayochistas trasnochados, cuando su página económica es mucho más seria que la de Le Monde. Habría que crear periódicos, pero para ello se necesita un dinero que no tenemos. Conozco periodistas valientes, inteligentes que no tienen trabajo, o a los que se les paga para que no escriban. ¿Quiere esto decir que se trata de la coacción económica? No, no es tan simple, es la presión económica que se ejerce a través de la lógica propia de los campos humanísticos. Estos campos tiene sus propias leyes, sus competencias, sus confrontaciones. Y los periodistas tienen también los suyos en relación a los diferentes campos culturales. Ese juego, bajo presión, es cada vez más potente y modifica los otros juegos, y no sólo por la presión de la publicidad y de los grandes medios. Si por ejemplo, la economía coaccionara directamente el mundo jurídico todo el mundo protestaría. En el periodismo, como la presión de la economía pasa por mecanismos más sutiles el público la digiere mejor.

¿Los periodistas más jóvenes o más conscientes pueden abrir brecha a esta colosal censura?

En Francia, uno de los dramas es el de las diversas posiciones entre los periodistas precarios, con contratos de duración determinada. En general jóvenes que dicen: tengo un montón de ideas. Actualmente estoy preparando un número en Actes de la Recherche que incluye una investigación sobre el periodismo. En él muestro que se están haciendo cosas muy originales. Programas para niños, documentales de televisión, encuestas de investigación, reportajes. Todo esto está realizado por free lances que se pasan el día buscando temas, cómo venderlos y a quién. Pero estos esfuerzos están totalmente controlados, porque los recién licenciados no inventan con toda libertad sino en función de la idea de lo que va a gustar a las cadenas, incluidas las culturales, que excluyen infinidad de asuntos. Lo que estos free-lances proponen ya ha pasado por el filtro de la autocensura. Saben que no merece la pena cansarse proponiendo un tema sobre la corrupción de Jacques Chirac. Mi profesión me lleva a estudiar fondos de corrupción estructurales, es decir corrupciones en las cuales nadie es el sujeto, sino que se producen por la lógica del sistema. Es la estructura misma la que hace que eso sea así. Estamos inducidos a no decir, ni siquiera a pensar en decir. Existe una censura invisible. En este sentido podría haber alianzas formidables entre investigadores y periodistas.

¿Cree posibles estas alianzas?

En ellas estoy desde hace tiempo. Si por ejemplo tengo un proyecto de artículo sobre el sistema escolar pero no estoy al corriente de lo último que ha dicho el Ministro, o hay ciertos hechos que no puedo comprobar haciendo las verificaciones necesarias porque necesitaría unos años que no tengo, sería muy bueno que me pudiera partir el trabajo con un periodista. Juntos podríamos hacer cosas formidables, aunque para que estas alianzas pudieran prosperar tendrían que existir directores de periódico que las aceptaran. Respecto del periodismo mantengo enormes esperanzas.

¿Cómo se podría conjugar éxito comercial con calidad?

Es un problema difícil. Mallarmé, un poeta muy esotérico, ya se planteaba cómo producir cosas conforme a la lógica del microcosmos cultural lo más poéticas, literarias, científicas y artísticas posibles. Uno de los grandes obstáculos son las personas que están en contacto con el público pero que han perdido el contacto con la verdadera literatura o la verdadera poesía. Estas personas dificultan el esfuerzo para ofrecer al público lo mejor del microcosmos.

Sin embargo, hoy se producen más libros y estudios que en ninguna otra época, algunos de extraordinaria calidad.

Un poeta del siglo XIX afirmaba que hay gente que produce para el mercado y otros que crean su propio mercado. Si tomamos el ejemplo de la sociología cuanto mejor van las cosas más hay que saber para convertirse en sociólogo. En todos estos universos existe lo que los economistas llaman el derecho de admisión, que equivale a lo que cada uno tiene que pagar para ser miembro del mundillo. Cuando la ciencia avanza, el precio del derecho de admisión sube. Para ser filósofo verdadero, hay que tener hoy una gran amplitud cultural porque hay que conocer a la vez a los pragmatistas estadounidenses, a los filósofos vieneses, a tal o cual escuela. Las obras de este microcosmos que eleva el derecho de entrada son cada vez más completas, más conformes a la realidad, más bellas. Y al público no le llegan. Para reconocerlas existe el sistema escolar que transmite los instrumentos de comprensión pero lo hace con retraso y con grandes deficiencias. Estas obras son cada vez más universales e independientes y sin embargo no somos capaces de crear las condiciones de acceso. Hay gente que tiene el monopolio de lo universal y uno de los temas permanentes de mi obra consiste precisamente en decir que estas obras que aspiran a la universalidad estas monopolizadas por algunos, tanto en la producción como en su consumo. Así pues, una de mis consignas sería: universalicemos las condiciones de acceso a lo universal.

¿Qué problemáticas plantean los intelectuales que viven por y para los medios de comunicación de masas?

Escuchando a los filósofos mediáticos parece que ya no hace falta leer a Kant, ni a Hegel, ni a Heidegger. Estos pseudofilósofos se dirigen al público diciendo: Yo les voy a contar cosas que responderán a los problemas que usted se plantea en la vida. Y hablan por la radio sobre la diferencia entre democracia y totalitarismo, y citan a los filósofos más fáciles como Hanna Arendt. O nos hacen creer que, como la historia y la filosofía ya las tenemos, no merece la pena perder el tiempo leyendo a Bourdel o Duby o E.P. Thompson. Personalmente no tengo nada en contra de ellos. Pero políticamente, porque estamos hablando de política literaria y científica, estas personas contribuyen, como se ve en las publicaciones, a aniquilar progresivamente las condiciones de producción de obras de vanguardia. Si usted no vende cada año cinco mil ejemplares, usted no existe. Hace diez años, Les Editions de Minuit , publicaron a Beckett, vendieron trescientos ejemplares y no les preocupó. Ahora se ha elevado el nivel de exigencia en materia comercial y hay cosas que uno no logra publicar. En el terreno de las Ciencias Sociales hay jóvenes investigadores que hacen lo mejor que se hace actualmente en la materia. Si los que les apoyamos dejáramos de existir no podrían volver a publicar.

Usted ha creado utiles para combatir estas situaciones con gran éxito, ¿conoce otras contribuciones?

Puedo citar a Pierre Carles, un joven director de cine que hizo una película de mucho éxito sobre la televisión. Bueno, pues tuvo que hacer una colecta para poder montarla y pasarla en los cines de arte y ensayo. Conozco a grupos de jóvenes artistas que hacen cooperativas para controlar los medios de difusión. Y en mi terreno, hemos fundado la pequeña editorial Raisons d´Agir por razones de censura puesto que eran libros que nadie quería publicar, o porque los periodistas no les harían ninguna reseña, o porque eran libros con mucho riesgo comercial. En esta editorial publique mi libro sobre la televisión, y vendimos doscientos mil ejemplares. El problema del público es que no se le ofrecen productos así. Mi combate principal, y lo llevo también al terreno político, es dentro de los universos intelectuales. La lucha no se da en Chiapas, sino en las redacciones de los medios de comunicación. Parece ridículo decirlo, pero hay mucha lucha de intereses en la filosofía, en el mundo editorial, en la universidad… Desgraciadamente, los intelectuales tienen también costumbres que provienen de su pasado político comunista, socialista, etc. Y tienen una definición un poco limitada de la política porque la convierten en sinónimo de lo que hacen los partidos. Y hay desafíos políticos todos los días, como el sistema escolar, algo de vital importancia que no es objeto del debate que merece. Parece más interesante ocuparse de Timor Oriental. Aranguren era alguien que comprendía esto y libraba luchas intelectuales de cercanía que eran al mismo tiempo luchas políticas.

O sea, se puede luchar contra el pulpo mediático.

Hay un pequeño grupo que se llama Attac, formado por gente de Le Monde Diplomatique. Nosotros estamos unidos a ellos. Nos constituimos para luchar contra la ley de circulación de capitales, que en Francia se llama AMI. Es una medida jurídica que desposee a los Estados de cualquier poder de intervención contra las intrusiones económicas.

¿Cómo construir la Europa de los movimientos sociales frente a la de los banqueros?

Hace varios días que me digo: tienes que escribir algo sobre ello. Pero estaba muy desanimado con todo lo que está ocurriendo en Yugoslavia. Ayer por la mañana, por fin empecé a trabajar pero por la noche estaba otra vez desalentado porque las fuerzas conservadoras son enormes. Los socialdemócratas que han tomado el poder en la casi totalidad de los países europeos son a veces más conservadores que los gobiernos a los que han sustituido. Lo que hoy se plantea el movimiento social es el hecho de que los países más avanzados socialmente, para mantener la competitividad, reduzcan las prestaciones sociales. Para contrarrestar este efecto, la única solución sería que los gobiernos socialistas que hoy gobiernan en los paises más poderosos se plantearan regular la competencia. Habría que instituir una instancia política de control de la banca europea y toda una serie de medidas. Pero nadie piensa en ello. En Maastricht, en lugar de decir qué podemos hacer para limitar los efectos perversos de la competencia interna en Europa, se tomaron medidas destinadas a satisfacer los mercados financieros que prohiben y despojan a los Estados nacionales de la posibilidad de hacer cualquier política social.

Con estos presupuestos, a los gobiernos no les queda ningún margen. Y colectivamente sí habría margen porque Europa es lo suficientemente fuerte como para ser autónoma respecto al mercado. La Europa social sólo son palabras y en cambio habría montones de medidas precisas: salario mínimo garantizado, programas a largo plazo de inversión en materia de ecología, de investigación científica, transportes…, que incluso generarían mano de obra y reforzarían la sinergia positiva. También estoy desencantado porque hay fuerzas, pero todo lo que es transnacional es muy difícil. Los sindicatos son muy nacionales y sus dirigentes no hablan idiomas. Es preciso que en cada unión sindical haya un responsable que conozca Francia, otro que conozca Gran Bretaña, otro que conozca Italia, de manera que cuando se discuta un problema inglés los de los otros paises sepan de que va. A pesar de todo, dentro de unos días haremos en Estrasburgo una reunión con escritores como Günter Grass y sindicalistas para tratar de discutir juntos de manera transnacional. Es un largo proceso que hay que hacer. La CGT, por ejemplo, era un sindicato muy francés que ahora se está planteando lo internacional. Pero la construcción de un verdadero sindicato europeo (Y aún más internacional) es cosa muy difícil. Tal sindicato corre peligro de ser siempre muy frágil, estando amenazado por fuerzas económicas muy poderosas y capaces de introducir contradicciones entre los intereses nacionales.

Marcial Maciel, cuestionado fundador de Los Legionarios de Cristo…

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legionarios10 por Gianni Proiettis*

Murió (a comienzos de este año) el fundador de los Legionarios de Cristo, la orden católica de extrema derecha que mantiene un tenso pulso con el Opus Dei por hacerse con el favor de los poderosos de este mundo. Los Legionarios de Cristo cuentan en España y en América Latina con “gente que cuenta”. Ana Botella, la esposa del expresidente Aznar, acaba de negar en la revista Vogue su pertenencia a Regnum Christi, el brazo seglar de la orden, pero sus simpatías hacia la organización que fundó el padre Maciel son de dominio público. Como las de Ángel Acebes, ex ministro del interior con Aznar.

Como José María Michavila, extitular de justicia (y como tal, responsable de las relaciones con la Iglesia católica) con Aznar. Y como el actual presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps. También la mujer del expresidente mexicano Fox, Marta Saahún, tiene un faible por los Legionarios. Lo mismo que el mexicano Carlos Slim Helù, el hombre más rico del planeta (con permiso de Bill Gates) y actual protector del expresidente español Felipe González. Lo mismo que la mexicana Viviana Corchera, del grupo mediático Televisa. En Colombia, los Legionarios cuentan con Julio Santo Domingo, magnate cervecero. Y en Venezuela, con el magnate Gustavo Cisneros, antiguo protector –y protegido— del expresidente español Felipe González, e involucrado en el golpe de Estado frustrado contra el presidente electo Hugo Chávez en 2002. El corresponsal en México de Il Manifesto cuenta la poco edificante historia del padre Maciel, cuya inquietante carrera político-eclesiástica empezó en la España franquista.

El sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de la orden de los Legionarios de Cristo, falleció el pasado 30 de enero en Houston, Texas, a la edad de 87 años. La última vez que el alto prelado había sido noticia, fue en mayo de 2006 por la suspensión a divinis que le impuso el papa Ratzinger. Se cerraba así un proceso iniciado en 1956 de medio siglo de duración, por el que el religioso era acusado de haber cometido durante treinta años abusos sexuales con niños y adolescentes confiados a su tutela.

La resolución papal, que recomendaba al padre Maciel el retiro a la oración, se comentó en su momento, ya porque constituía una señal de las futuras políticas revisionistas de Benedicto XVI, ya en mérito a la cuestión misma –la práctica clerical de la pederastia—, de creciente y rabiosa actualidad en la Iglesia católica.

La popularidad de Marcial Maciel Degollado en los ambientes de la extrema derecha católica, en el poder actualmente en México, es tal, que la información filogubernamental mexicana –es decir, la práctica totalidad— oculta pudorosamente estos días la historia de la pederastia y de la sanción pontificia, prodigándose, en cambio, en florituras necrológicas.

Pero la personalidad del padre Maciel, un prelado de gran relieve desde los primeros años de Pío XII, y el peso económico y político de los Legionarios de Cristo, la congregación por él fundada en 1941, reclaman atención.

Los Legionarios de Cristo están presentes en una veintena de países, entre los cuales, México, Chile, Brasil, Argentina, EEUU, Canadá, Suiza, Irlanda, Austria, Colombia, España y Venezuela. Poseen 615 centros educativos, de los cuales una docena son universidades privadas, y han fundado y controlan varios movimientos seglares –el más antiguo y famoso, el Regnum Christi— y gestionan una agencia de prensa, la Zénit, que difunde en seis lenguas la voz del Vaticano en el mundo.

Auténtico imperio transnacional, que en México se ha ganado el apodo de Millonarios de Cristo, la congregación se jacta de tener cerca de 600 sacerdotes, 2.500 seminaristas y 65 mil miembros seglares. ¿Su misión? Nada menos que evangelizar el orbe entero, conquistando a las futuras clases dirigentes y a los decision makers para los ideales de la última –y definitiva—cruzada católica.

Dejad que los niños vengan a mí

Oriundo del estado mexicano de Michoacán, el octagenario Marcial Maciel Degollado, a quien sus secuaces llamaban afectuosamente Mon Père, parecía salido de una novela negra. Pederasta, morfinómano y hombre de negocios de éxito, logró fascinar a dos papas que marcaron época como Pacelli y Wojtyla, que le aseguraron protección ilimitada.

Y hay que decir que sus comienzos no fueron precisamente prometedores. Expulsado cuando joven de dos seminarios –por razones jamás hechas públicas—, Marcial Maciel, que se jactaba de contar con varios obispos en su familia, se convirtió en sacerdote a los 24 años, en 1944. Pero, extraordinariamente, tres años antes, en 1941, había ya logrado fundar una orden religiosa: los Legionarios de Cristo, precisamente, que no han dejado de crecer y expandirse desde entonces. Hoy tiene 600 sacerdotes y 2.500 seminaristas presentes en cuatro continentes, como recuerda con cierto orgullo su sitio web (www.legionariesofchrist.org).

Aun a pesar de sus viciosillas costumbres, ampliamente documentadas en decenas de denuncias, el prelado mexicano reunía consensos y simpatías gracias a un programa deslumbrantemente simple: extender el Reino –con mayúscula— de Cristo. Un mensaje destinado a entusiasmar también a los defensores laicos del Occidente –también con mayúscula— cristiano.

Ello es, en efecto, que en 1946 el padre Maciel recala en España por invitación de importantes sostenedores, como el industrial Iñigo de Oriol y Alberto Martín Artajo, ministro de asuntos exteriores de Franco. Allí, aun logrando echar “raíces” entre los ultras católicos “que cuentan”, los planes expansionistas del padre Maciel experimentan un revés cuando, en 1956, llegan al Vaticano las primeras denuncias de sus prácticas sexuales y de su adicción a la morfina, provocando una primera suspensión a divinis. Una cautela que no durará más de dos años, porque el padre Maciel tiene altísimos protectores, como el cardenal Angelo Sodano, secretario de estado de la Santa Sede.1

Para disculparse del consumo de Dolantin –la morfina en ampollas, que llevaba siempre consigo en una elegante petaca de piel de cocodrilo—, el padre Maciel exhibía un certificado médico firmado, sin fecha, por el doctor Galeazzi Lisi, el arquiatra del papa Pacelli. En lo que hace a sus pasiones homosexuales por los jóvenes seminaristas –se gozaba en que le masturbaran—, se justificaba con ellos diciendo que le servía para “aliviar sus intensos dolores” y que esas prácticas le habían sido autorizados, según él, por el mismísimo Pío XII en persona. Luego, de todos modos, absolvía a sus víctimas en confesión, recomendando el silencio.

Recuperado de éste y de otros escándalos menores, reducidos inmediatamente al silencio –como cuando fue arrestado en España mientras compraba varias dosis de morfina—, Marcial Maciel volvió a tomar las riendas de los Legionarios y prosiguió su obra de conquista de las almas de poderosos y millonarios. Educación paramilitar, obediencia ciega, obligación de secreto y “discreción”, unidos al culto a la personalidad del fundador, han sido siempre los valores centrales de la orden. Además de una visión teocrática de la sociedad a imponer, si preciso era, con la fuerza y, huelga decirlo, de un anticomunismo feroz.

Quien crea que los integristas agresivos anidan sólo en campo musulmán, tendría que documentarse un poquito sobre los Legionarios de Cristo, que están cabildeando en favor de la santificación futura de su fundador, inspirados en el ejemplo de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

El diablo da palos de ciego

Pero en noviembre de 1997 la lápida que cubre los pecados del padre Maciel se levanta de nuevo: ocho exlegionarios que habían sufrido las prácticas del religioso en su adolescencia, cansados de que les dieran largas, lo denuncian directamente al papa Juan Pablo II. No se trata de pesos pluma: son todos abogados, médicos e ingenieros de sólido prestigio y óptima reputación. Uno de ellos, Juan Manuel Fernández Amenábar, que había sido rector de la Universidad de Anáhuac fundada en México por Maciel, hace, encima, su denuncia en ellecho de muerte, en febrero de 1995, suplicando que se hiciera pública. Uno de los denunciantes, el doctor José Barba Martín, catedrático del prestigioso Instituto Tecnológico Autónomo de México, declaró: “Al revelar todo esto, cumplo con una obligación de conciencia, porque quiero una Iglesia coherente”.

Parecía que esta vez la Santa Sede, puesta ante testimonios coincidentes tan numerosos, no podía seguir adoptando la política del avestruz. Sin embargo, el cardenal Ratzinger, entonces responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hizo dormir por años la práctica de instrucciones, y en 1999, confió al obispo mexicano Carlos Talavera, que venía insistiendo para abrir el proceso, lo siguiente: “Lo siento mucho, Monseñor; el caso del padre Maciel no se puede abrir, porque es una persona muy amada por el Santo Padre (Juan Pablo II) y ha hecho mucho bien a la Iglesia. No es prudente, lo siento”. Tuvieron que pasar otros siete años, para que el mismo Ratzinger, ya papa Benedicto XVI, se resolviera a tomar una decisión, juzgada por muchos vaga e insuficiente, también porque, al final de la misma, prodgaba un elogio a la obra de los Legionarios.

En particular, los denunciantes del potentísimo padre Maciel, que estaba protegido también por el cardenal primado de México, Norberto Rivera, y por el exnuncio apostólico Girolamo Prigione, al conocer en 2006 que el proceso quedaba definitivamente postergado, se declararon “escandalizados por el evidente pacto entre el Vaticano y un criminal”. En aquella ocasión, anunciaron que tenían intención de llevar el caso ante algún organismo internacional de derechos humanos.

En declaraciones al cotidiano mexicano La Jornada, las antiguas víctimas de Marcial Maciel han puesto de relieve el contraste entre la gran clemencia mostrada con el fundador de los Legionarios y la severa condena con que se castigó en 2005 al sacerdote italiano Gino Burresi, fundador de los Siervos del Corazón Inmaculado de María, un paidófilo pleno de estigmas.

Al padre Maciel, en cambio, se le ahorró el proceso “en consideración a su edad y a su estado de salud”, invitándolo a dedicarse a “una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a cualquier ministerio público”. Ni una palabra para las víctimas de los abusos, como si no existieran. ¿Y los traumas existenciales provocados por aquellas violencias infantiles? ¿Y el valor cívico de aquellas denuncias, mantenidas durante años en la esperanza de impedir nuevos abusos?

Pequeñas molestias, que es mejor ignorar por parte del Vaticano. Lo importante es seguir a buenas con los Legionarios de Cristo, gente seria que desarrolla un trabajo óptimo. Y de todas maneras, desde 2005 la congregación la dirigía ya el sacerdote cincuentón Álvaro Corcuera.

1 Angelo Sodano (Italia, 1927), actualmente Decano del Colegio Cardenalicio del Vaticano, fue entre 1978 y 1988 Nuncio Apostólico en el Chile de Pinochet, y nunca recató sus simpatías por el dictador.

Gianni Proiettis es corresponsal en México del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Publicado en Sin Permiso.