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Archivo para diciembre 3rd, 2008

Adimark: Bachelet llega al 45,6% de aprobación… y es “querida” por 75,4% de los chilenos

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En tanto, la Concertación cayó al mínimo histórico en adhesión ciudadana, con un 15,7% versus el 21,7% de la derecha. Según este sondeo, el efecto post municipales también benefició claramente a Sebastián Piñera.

A un 45,6% llegó la aprobación ciudadana a la gestión de la Presidenta Michelle Bachelet en noviembre, de acuerdo a los resultados de la encuesta Adimark dados a conocer hoy.

La cifra es levemente inferior a la registrada en octubre, cuando la aprobación a la Mandataria alcanzó un 46,3%, en tanto el 40,1% de desaprobación de noviembre también se mantiene en un rango estable respecto al mes anterior. La mandataria además mantiene respecto al gobierno el diferencial a su favor en aprobación, por cuanto sólo un 34,5% califica como positiva la gestión del Ejecutivo.

En cuanto a la imagen global de su gobierno, Salud revela una fuerte caída, con una aprobación situada en apenas un 21,9%. Esto representa una caída de 13 puntos respecto del mes anterior, situándose en el mínimo del sector en el historial de esta encuesta.

Respecto al manejo de la economía, si bien hay una baja leve, la aprobación alcanza un 41,2%. La encuestadora interpreta como “todo un triunfo” para el ministro de Hacienda, Andrés  Velasco, el hecho de que un 44% de los consultados dijera que el gobierno ha reaccionado “muy bien o bien” frente a los efectos de la crisis financiera internacional, y sólo un 14,1% cree que “muy mal o mal”.

Bachelet también puede sacar cuentas alegres por los positivos resultados en la consulta por los atributos de gestión, al elevar sus índices en cada uno de los ítemes.

La Mandataria marcó un 75,4% en “querida por los chilenos”; un 70,1% en “respetada”, un 68% en “creíble”, un 64,1% en “capacidad para enfrentar situaciones de crisis”; 60% en “autoridad”: y 55,3% en “liderazgo”.

MAGROS RESULTADOS

Pero más allá de los resultados de la imagen presidencial y de gobierno, lo relevante de este sondeo son las malas noticias que trae para la Concertación. El oficialismo cayó a su mínimo histórico, con apenas un 15,7% de aprobación, resintiendo de este modo el efecto post elecciones municipales.

En tanto, la derecha llega a un 21,76%, que si bien es menor al de octubre,  evidencia un aumento en la brecha de aprobación entre ambas coaliciones.

En cuanto al ganador de las municipales, un 42,9% afirmó que  fue la Alianza por Chile, y sólo un 16,2% la Concertación.

Pese a esos resultados, a nivel de identificación, un 23,4% dice hacerlo con la Concertación; un 19,8% con la Alianza; y un 10,1% con el Juntos Podemos.

Los resultados de las últimas municipales también impactaron en la evaluación de los presidenciables: un 52% dijo que  Sebastián Piñera salió más fortalecido tras estos comicios locales, mientras sólo un 7,6% se inclinó por la opción de Ricardo Lagos.

Más atrás se ubicaron Eduardo Frei (3,3%), José Miguel Insulza (1,5%), Alejandro Navarro (0,5%, Soledad Alvear (0,3%) y Adolfo Zaldívar (0,1%).

FICHA TECNICA
El estudio se basa en entrevistas de muestra probabilística, que en noviembre de 2008 alcanzó a 1.021 personas, realizadas a través del teléfono entre los días 10 y 29 del mes.

La muestra es de tipo probabilístico con selección aleatoria de hogares y de entrevistados.

El universo está compuesto por los hogares que disponen de teléfono en las principales ciudades del país.

El error se estima en +/- 3%.

Lanacion.cl

03 de Diciembre de 2008

Según la encuesta Adimark-GFK

Piñera aparece como el candidato más favorecido tras las elecciones municipales

Piñera aparece como el candidato más favorecido tras las elecciones municipales El sondeo de la firma presidida por el ex asesor del empresario, Roberto Méndez, da cuenta por otro lado de la mala evaluación al manejo del Gobierno en el tema de la salud, luego del escándalo por los casos de sida que no fueron notificados y que llevaron a la renuncia de la ministra María Soledad Barría. El estudio señala que la aprobación a la Presidenta Bachelet llega a 45,6% mientras que el Gobierno en su conjunto bajó en un mes de 35,9 a 34,5 por ciento.

Por El Mostrador.cl

El candidato presidencial de Renovación Nacional, Sebastián Piñera, fue quien resultó más fortalecido luego de las elecciones municipales del pasado 26 de octubre, según la encuesta Evaluación de Gestión del Gobierno de la empresa Adimark GFK efectuada en noviembre y cuyos resultados se dieron a conocer este miércoles.

El sondeo incorporó en esta oportunidad un nuevo ítem respecto de la percepción de la ciudadanía luego de los comicios. Es así como el 52% de los encuestados cree que el empresario fue el más favorecido, seguido desde bastante lejos por Ricardo Lagos (7,6%), Eduardo Frei (3,3%),  y José Miguel Insulza (1,5%).

Asimismo, el 42,9 por ciento de los encuestados estima que fue la Alianza por Chile se alzó como ganadora, seguida por la Concertación con 16,2 por ciento, aunque el 31,1% no supo o no quiso responder.

Baja en Salud

La consultora presidida por Roberto Méndez, quien fue asesor de Piñera en la campaña presidencial pasada, constató que la aprobación a la Presidenta Michelle Bachelet se mantuvo estable en 45,6%, con una leve baja de 0,7 puntos respecto del mes de octubre. Al mismo tiempo, su desaprobación se redujo de 41% a 40,1%

El Gobierno en su conjunto, en tanto, registró una aprobación de 35,9% bajando 1,4% respecto de la medición de octubre, situándose la desaprobación en 53,2%.

En la medición de temas específicos, destaca la importante baja en la evaluación de los consultados ante la pregunta “¿Usted aprueba o desaprueba la forma como Michelle Bachelet y su equipo de gobierno está manejando la Salud?”. Es así como el menejo en este tema fue evaluado sólo con 21,9%, muy por debajo del 38,4%, anotando un retroceso de 16,5%. De hecho, la reprobación en esta área llega a 70,9 por ciento.

El resultado, que corresponde al mínimo histórico desde que comenzó esta medición en 2006, se produjo en medio del escándalo por los casos de sida sin notificar en los hospitales públicos del país y que significó la renuncia, el 28 de octubre, de la ministra María Soledad Barría, quien fue reemplazada por Alvaro Erazo.

En tanto, el Transantiago continúa siendo el área de gestión peor evaluada, con sólo 10 por ciento de aprobación y 77,9 por ciento de desaprobación.

El manejo de la delincuencia también está entre los puntos más bajos, con 13,5% de aprobación y un elevado 80,9% de desaprobación.

Los temas mejor evaluados, por otra parte, son las relaciones internacionales (59,5% de aprobación y 23,3% de desaprobación) y la economía (41,2% de aprobación y 49,3% de desaprobación).

Ministros

Respecto a los ministros, el mejor evaluado es el titular de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley con 50,5% y una reprobación de 23,7%. Le sigue el titular de Obras Públicas Sergio Bitar con 41,6% (33,1% de reprobación) y el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, con 39,5% (37% de reprobación).

En el otro extremo el peor evaluado sigue siendo el titular de Transportes, René Cortázar, con escaso 22,7% de aprobación y 53,9% de desaprobación. Le siguen el ministro de Economía Hugo Lavados 24% de aprobación y 32,1% de desaprobación) y el titular del Trabajo Osvaldo Andrade (25,6% de aprobación y 32,1% de desaprobación).

Crisis internacional y coaliciones políticas

La encuesta Adimark señala también que el 44,4% de los consultados estima que el Gobierno ha manejado muy bien la crisis financiera internacional, mientras que el 41,6% cree que lo ha hecho “regularl” y el 14,1% “muy mal”.

Por otra parte, el 15,7% aprueba cómo la Concertación está desarrollando su labor, versus un 65,3% la reprueba. En el caso de la Alianza por Chile el 21,7% aprueba su cometido y el 57,4%lo desaprueba.

Metodología

La encuesta se llevó a cabo vía telefónica entre el 10 y 29 de noviembre en 17 ciudades del país a 1.021 personas (hombres y mujeres) mayores de 18 años , de las cuales 403 son de Santiago y 618 de regiones, con un porcentaje de error estimado en 3,0 por ciento.

Pierre Bourdieu: Ciencia de la ciencia… sobre “El oficio de científico”.

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bourdieu1La ciencia en peligro.
Ciencia de la ciencia en Pierre Bourdieu

Eduardo Robredo Zugasti

Noticia crítica del último libro publicado por Pierre Bourdieu:
El oficio de científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad (Anagrama, 2003)

«La autonomía que la ciencia había conquistado poco a poco entre a los poderes religiosos, político o incluso económicos, y, parcialmente por los menos, a las burocracias estatales que garantizaban las condiciones mínimas de su independencia, se ha debilitado considerablemente (…) la sumisión a los intereses económicos y a las seducciones mediáticas amenaza con unirse a las críticas externas y a los vituperios internos, cuya última manifestación son algunos delirios «posmodernos» para deteriorar la confianza en la ciencia, y muy especialmente, en la ciencia social. En suma, la ciencia está en peligro, y en consecuencia, se vuelve peligrosa» (P. Bourdieu, El oficio de científico.)

§. 1

Pierre Bourdieu (1930-2002) ha escrito diversos libros y ensayos. Por ejemplo, sobre educación, Los estudiantes y la cultura (1964), periodismo y teoría de la comunicación, Sobre la televisión (1997), sobre crítica del arte, Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario (1992) así como muchos otros trabajos tan conocidos como La dominación masculina (1999), un texto de cierta relevancia para la teoría feminista o La distinción (1979), donde ensaya una crítica social del gusto. Se ha destacado también como un crítico tenaz del neoliberalismo y los efectos de la globalización (La misera del mundo, 1993,Contrafuegos, 1999). Su principal aportación a la sociología se resume en la teoría de la práctica (Razones prácticas, 1997) y en la idea del «habitus»; un instrumento crítico que propone un balance entre el objetivismo y el subjetivismo de los estudios sociales con el fín de superar tanto el análisis estructuralista como el etnológico (y sus tendencias respectivas a privilegiar los aspectos etic y emic respectivamente).

El oficio de científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad reproduce en papel un curso que Pierre Bourdieu impartió en el College de France sobre sociología de la ciencia.

§. 2

Me parece que una de las enseñanzas fundamentales de la Teoría del Cierre Categorial consiste en subrayar que las ciencias positivas no se desenvuelven en un territorio virgen, que no brotan misteriosamente desde ninguna fuente de prístina epistemología. Las ciencias proceden, por el contrario, desde fuentes que no son ellas mismas científicas (sino mas bien tecnológicas y artesanales) y ello contra cierto «gnosticismo» científico que prefiere ignorar la dialéctica característica de estas ciencias con su medio (no científico). Esta dialéctica (diaméricamente considerada) incluye tanto contradicciones internas a la ciencia (de unas ciencias con otras ciencias, así como de una ciencia consigo misma) como contradiccionesexternas, dadas en las intersecciones con los contextos extracientíficos. Las ciencias poseen, en todo caso, una raíz socio-histórica precisa, y ello aunque sus núcleos gnoseológicos (los teoremas, según la TCC) no sean reducibles enteramente a este «contexto de descubrimiento», por decirlo con Reichenbach.

El diagnóstico de Bourdieu alude, en la cita que reproducimos, a esas contradicciones externas objetivas entre las ciencias y las ideologías envolventes, y no únicamente aquellas que dicen referencia a ideologías en principio alejadas de nuestra «cosmovisión ilustrada» (por ejemplo, las escandalosas «críticas» creacionistas a la teoría de la evolución o a la segunda ley de la termodinámica; o simplemente el soterrado retorno del «pensamiento mágico» popular al estilo Harry Potter, El Señor de los anillos y otros artefactos «new age»), sino también a la supuesta sumisión de la ciencia ante los «poderes temporales» (La crítica de la «razón instrumental», y no sólo en el sentido de los frankfurtianos, sino también en el sentido del mismo Papa de Roma cuando protestaba por la instrumentalización que de la biomedicina habrían hecho los laboratorios a propósito de los tratamientos contra el SIDA).

La obra de Bourdieu, por lo que refiere a la sociología de la ciencia, pretende enmarcarse en un «habitus» (por decirlo a su modo característico) que distará tanto de la postura «heroica» revolucionaria como del «radical chic» (al estilo posmoderno), y ello renunciando al «doble juego» del sociólogo-filósofo, o bien del etnólogo-filósofo, por cuanto su «socioanálisis» pretende arraigar en una tradición de cuño científico positivo, aún inspirándose en la «filosofía rigurosa» de Koyré o Bachelard. Se trata de evitar, tanto el realismo objetivista, como el escepticismo o nihilismo gnoseológico.

Precisamente, Bourdieu presenta su proyecto de una «ciencia de la ciencia» (bajo la «férula sociológica») como una poderosa reacción, tanto frente a las alternativas críticas de la nueva sociología de la ciencia (al estilo de Merton), como frente al nihilismo posmoderno o bien la sumisión de la ciencia al poder temporal y la seducción de las ideologías. Ahora bien, lo que, por nuestra parte, podemos poner en duda, es que semejante perspectiva de una «ciencia de la ciencia» tenga que identificarse necesariamente con el enfoque sociológico. Al menos si se toma como referencia la TCC, no cabe hablar de una «ciencia de la ciencia» si esta se entiende como «síntesis suprema» o como «teoría general de la ciencia» capaz por sí misma de alcanzar la misma esencia gnoseológica. No hay, propiamente, una «ciencia de la ciencia», sino varias: Psicología de la ciencia, Historia de la ciencia, Lógica de la ciencia &c. Así, el psicólogo de la ciencia, desde una teoría de la ciencia basada en el análisis de las ciencias como «conocimiento», tenderá a considerar oblicuamente los resultados ofrecidos por las ciencias sociológicas. Otro tanto ocurrirá con el lógico o con el historiador de la ciencia, que tenderán a privilegiar las estructuras formales sintácticas (ciencias como sistemas lógico-proposicionales), o bien el etnólogo, que tenderá a analizar las ciencias como productos culturales (ciencias como etno-ciencias). Todas estas «ciencias de la ciencia», en todo caso, atribuirán un significado oblicuo, no central, al socioanálisis científico.

Pese a este indudable «sesgo sociológico», la pregunta que trata de responder Pierre Bourdieu se acerca bastante, según pensamos, a la pregunta gnoseológica por la esencia de las ciencias, en cuanto estas han sido capaces de alumbrar verdades de algún modo «trans-históricas», que sin embargo no encuentran su razón última en fundamentos separados o «metaméricos» (como pudieran serlo las «semina scientiae» de Descartes o el sujeto trascendental kantiano, por no hablar de la «patria de las ideas» platónica). Pues la verdad científica estaría situada, para Bourdieu, entre medias de ese «binomio epistemológico» que formarían de un lado el logicismo (y su tendencia al objetivismo y al proposicionalismo) y de otro el historicismo (con su tendencia relativista y escéptica). La crítica sociológica de la ciencia, de esta forma, se presenta, como una superación de esa «tradición escolástica» (nosotros diríamos: la tradición proposicionalista y logicista de la ciencia) que tiende a contemplar el análisis de las ciencias en tanto sistemas ya cristalizados, conclusos y perfectos; sistemas de proposiciones en una ciencia ya establecida (digamos, en su «contexto de justificación») y no ya, por el contrario, en una ciencia en marcha o en una(s) «ciencia(s) en formación».

El propósito de Bourdieu es, ante todo, evitar el «efecto de radicalidad» que sin duda habría propiciado la «nueva sociología de la ciencia» como ciencia falsamente neutralizada. Por ejemplo, para Latour la actividad científica no pasa de ser un tipo de literatura capaz de producir cierto «efecto de verdad». Este efecto estaría basado en la centralidad de la explicación (donde será posible encontrar un «cierre proposicional», pero no tanto un «cierre objetual» por cuanto la verificación no resultaría de un proceso objetivo, sino de un proceso de auto-verificación de la realidad artificial como una construcción social, entre otras) y en una visión semiológica del mundo (paralela, acaso, al textismo de Geertz).

En la visión de la nueva sociología de la ciencia, los científicos no pasarían de ser, según esto, «empresarios capitalistas», donde el análisis de las ciencias quedaría centrado en el descubrimiento de las alianzas y las luchas cínicas por el crédito sociológico, según un modelo explicativo basado en el finalismo de los agentes individuales.

La sociología de la ciencia de Bourdieu surge, justamente, como la crítica del microanálisis del laboratorio y del modelo finalista basado en estas estrategias cínicas individuales de lucha y poder; unos modelos que, de hecho, habrían puesto en peligro el estatuto gnoseológico de la ciencia y su prerrogativa para distinguirse de otros modos de conocimiento. La propuesta del sociólogo francés consiste, pues, en diseñar una teoría general del espacio científico cuyo «campo» presupone, pues, una visión dialéctica de las ciencias (frente a las ideas de la ciencia pura, exquisita), dado que semejante campo estaría conformado esencialmente por la presencia de fuerzas y luchas (entre los dominadores o la «ciencia normal» y los dominados o posibles «revolucionarios») que se desenvuelven entre medias de unas ciencia in-fectas en los procesos sociales e históricos (si bien no habría porque reducir las ciencias a estos procesos). Además, el capital científico resultante del campo tendría en cuenta tanto el análisis del conocimiento como el papel esencial del re-conocimiento (reconocimiento del hecho científico en cuanto «homolegein» o consenso derivado del diálogo dialéctico). Pues el «conocimiento» científico empieza a ser propiamente tal, en efecto, en el mismo momento en que es re-conocido por la comunidad de científicos.

Lo que se quiere poner en cuestión, en consecuencia, es tanto la radicalidad escéptica de la tradición relativista como la tradición objetivista de cuño escolástico (lógico-proposicionalista); puesto que ambas tendencias impedirían contemplar a la práctica científica en cuanto esta es el producto de un habitus sui generis. El «oficio de científico» no vendría tanto determinado, y este es un punto verdaderamente crucial, desde un método previamente cristalizado (como se ha pensado tradicionalmente sobre todo desde las líneas más «hermenéuticas» de la filosofía de la ciencia; estoy pensando en Gadamer y esa nítida división de humanidades y ciencias metódicas, el paradigma de la explicación y la comprensión con su cuidadosa distinción de ciencias naturales y ciencias del espíritu, etc), sino más bien desde un dominio práctico (connaiseurship) basado mucho antes en el cuidado por la práctica que en el dominio abstracto de unas normas dadas de antemano. Esta visión de la práctica científica como «arte» (en el sentido de Polanyi, si bien la práctica del científico no se confunde con la del artista) privilegia la competencia técnica y las operaciones manuales, por encima incluso de la lógica. Pues entre lógica y práctica existiría algo así como un hiatus que el «oficio de científico» debe salvar.

«La dificultad de la iniciación en cualquier práctica científica (física cuántica o sociología) procede de que hay que realizar un doble esfuerzo para dominar el saber teóricamente, pero de tal manera que dicho saber pase realmente a las prácticas, en forma de «oficio», de habilidad manual, de «ojo clínico», etcétera, y no quede en el estado de metadiscurso a propósito de las prácticas». (Bourdieu,op. cit., pág. 76.)

La noción de «campo» es pues, junto al «habitus», la idea más potente en el análisis de Bourdieu. Un campo científico que estaría dotado de ciertos caracteres tanto genéricos (compartidos por otros «campos»), como específicos; entre ellos la limitación de su acceso a los especialistas, su sumisión al arbitraje de la realidad misma, o el «postulado de sentido» a la manera de Frege: si todo estuviera en un flujo continuo y nada se mantuviera fijo para siempre, no habría ninguna posibilidad de conocer el mundo y todo estaría sumido en la confusión.

Bourdieu, en todo caso, evita el enfoque epistemológico, al menos en sentido subjetivo, «el sujeto de la ciencia no es un colectivo integrado (Durkheim, Merton) sino un campo, y un campo absolutamente singular, en el que las correlaciones de fuerza y de lucha entre los agentes y las instituciones están sometidas a unas leyes específicas».

La sociología de la ciencia de Pierre Bourdieu se interesa, ante todo, por el análisis de las condiciones socio-trascendentales del conocimiento. En este sentido puede considerarse que su obra se encuentra inserta en la tradición de historización y socialización del sujeto trascendental kantiano. Pues la objetividad que presuponemos a las ciencias depende esencialmente de unas condiciones de observación que son colectiva y socialmente dispuestas: «no existe una realidad objetiva independiente de las condiciones de su observación sin poner en duda el hecho de que lo que se manifiesta una vez determinadas dichas condiciones, conserva un carácter de objetividad» (Bourdieu, op. cit., pág. 131.).

La verificación resultará ser, en resolución, más un proceso sociológico que puramente lógico-epistemológico, donde la «publicación» de sus resultados no se reduzca a mera «publicidad» (como parecía sugerir la nueva sociología de la ciencia), y ello porque la finalidad de esta publicación con vistas al reconocimiento consiste en un «hacer público», un llevar el hecho al consenso social (pues, como decimos, el hecho conocido ha de ser re-conocido por la Institución Ciencia). La ciencia es, en definitiva, una construcción social, pero de tal modo (como el propio Bourdieu se ve impelido a admitir) que sus descubrimientos (sus núcleos gnoseológicos, sus verdades) resultan irreductibles a las condiciones sociales que la han hecho posible.

http://www.nodulo.org

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