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Archive for noviembre 21st, 2008

Distribución del ingreso en Chile (2008) mantiene gran desigualdad en últimos 10 años, según INE

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Quintil más alto concentra un 51,03% del ingreso total del páis, mientras que el más pobre llega a sólo 5,38%.

Aunque disminuye la brecha de ingresos del país, los resultados de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), donde se muestran los cambios de consumo de los hogares del país, continuó dando cuenta de una amplia brecha entre los sectores más acomodados y desposeídos del país.

(Ver estudio completo del INE, 2008)

De esta manera, la entidad informó que a nivel nacional, los hogares del quintil más rico del país concentran el 51,03% del ingreso total, con un ingreso promedio mensual por hogar de $1.681.182, cifra 9,5 veces superior al quintil más pobre, que percibe mensualmente $177.041. Los hogares de este último quintil representan el 5,38% del ingreso total.

Por primera vez, INE realizó la EPF no sólo en el Gran Santiago, como en años anteriores, sino en todas las capitales regionales y sus zonas conurbadas, obteniendo resultados que reflejan las tendencias de gasto e ingreso de todo el país. Se entrevistaron a personas en 10.092 hogares que representan directamente a 2.650.757 de hogares.

Según el INE, “a pesar de estas diferencias, al comparar con la Encuesta anterior de 1997 las brechas en el ingreso del Gran Santiago entre los cuatro primeros quintiles y el quintil más rico se reducen en todos los casos. El quintil más rico disminuye su participación del ingreso total en 1,5 puntos porcentuales, mientras que el quintil más pobre aumenta 0,18 puntos porcentuales“.

Agregó que el quintil 3 también incrementa su participación en el total de ingresos del Gran Santiago de 12,80% a 13,46% (0,66 puntos porcentuales). Lo que significa mensualmente un ingreso promedio para este quintil de $480.384 en 2007.

Al analizar el gasto de los hogares encuestados, el estudio dio cuenta que en el Gran Santiago, con la excepción del quintil de mayores ingresos, todos los restantes quintiles gastan más de lo que perciben como ingresos. En promedio el quintil más rico gasta $ 1.641.997 ($210.188 menos del ingreso) al contrario del quintil más pobre, que tiene un gasto familiar promedio de $327.219 ($136.181 más de lo que gana mensualmente).

En promedio, el ingreso mensual es de $713.577 mientras el gasto mensual es de $739.960, lo que indica que los hogares gastan $26.383 más de lo que perciben. Estas cifras se obtuvieron por primera vez a nivel nacional, registrando un ingreso promedio mensual de los hogares $658.858, pero gastan $681.767 mes a mes.

“Como ya lo habían mostrado los resultados preliminares, en el Gran Santiago el principal gasto de los hogares está destinado principalmente a Transporte y Comunicaciones (22,3%), seguido por Alimentos y Bebidas (22,1%) y por Vivienda (14,2%). Por primera vez, en relación a las encuestas anteriores del Gran Santiago, el grupo Alimentos y bebidas no ocupa el primer lugar, como tampoco lo hace en el resultado nacional, lo que indica un gran cambio en la pauta de consumo de los chilenos”, dijo el INE.

Asimismo, por quintiles, el grupo de mayores ingresos concentra mayoritariamente (24,5%) su gasto familiar en Transporte y Comunicaciones mientras que en el de menores ingresos lo destina principalmente a Alimentos y Bebidas (37,5%).

Ambos grupos mantienen una importancia en todos los quintiles con comportamientos inversos considerando la estructura del gasto, al avanzar del quintil 1 al 5, Alimentos y Bebidas disminuye su porcentaje de participación en el gasto de los hogares de 37,5% -equivalente a $122.592 mensuales- a 15,6% – que se traducen en $239.096-, mientras que por el contrario Transporte y Comunicaciones va en aumento de 14,6% -que significa gastar $47.906- a 24,5% -que implican $402.186, cifra 7,4 veces superior al del quintil más pobre.

Ver estudio de J. Schatan sobre distribución del ingreso en Chile, 2003

Ver estudio de Solimano y Torche  sobre distribución del ingreso en Chile, 2007

La Tercera.cl

Venezuela y Chávez: elecciones decisivas el domingo próximo…

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chavez2A una semana de las elecciones regionales
El 23N, punto de inflexión en el proceso venezolano

José Vicente Rangel

El próximo domingo diecisiete millones de venezolanas y venezolanos decidirán en las urnas a los futuros gobernadores de estados y más de 300 alcaldes, incluidos los de la capital, Caracas, entre otros cargos. Estas elecciones son un punto de inflexión para el proceso encabezado por Hugo Chávez desde hace casi una década. Lo que está en juego es mucho más que el mapa electoral del país.

Pocas veces el proceso de construcción de lo que el presidente Chávez llama el “socialismo del siglo XXI” tuvo una parada tan determinante como la que se vive por estas horas en Venezuela, cuando se cierran las campañas electorales hacia el “23N”: las elecciones que deberán decidir 24 gobernadores de estados, 327 alcaldes y una multitud de legisladores y consejeros comunales.

Las encuestas más serias coinciden en presentar ganador al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en la mayoría del mapa electoral, aunque prevalecen dudas en algunos estados. Sin embargo, qué gobernador gana qué estado o cuál pierde es sólo un aspecto que se definirá el domingo. Hay otros. El primero, es saber sí el oficialismo se recuperará de la derrota del año pasado.

Repasemos. En diciembre de 2007, el NO a la reforma constitucional impulsada por el presidente Hugo Chávez se impuso por muy ajustado margen a nivel nacional, y más holgadamente en 8 estados considerados claves en el esquema electoral venezolano. Esa derrota inédita (Chávez jamás había perdido ningún tipo de elección desde que ganó las presidenciales de 1998) tuvo una razón central: 3 millones de ciudadanos que avalaron al presidente en la reelección de 2006 no concurrieron a las urnas al año siguiente. ¿Volverán ahora? Varios factores indican que sí.

Por un lado, el mismo presidente Chávez se puso al frente de la campaña electoral del PSUV, en su calidad de titular del partido y líder de lo que él mismo y muchos en Venezuela, en América Latina y el mundo gustan llamar “Revolución Bolivariana”. Diferencia central con la campaña de 2007, cuando la convocatoria a las urnas fue tibia. Los gobernadores chavistas hicieron pobres esfuerzos, cuando los hicieron, y el embrionario PSUV no estaba en condiciones de caminar solo, sin maquinara electoral. La del Movimiento Quinta República, la primigenia estructura partidaria del bolivarianismo estaba paralizada desde el reférendum confirmatorio de 2004.

Esta campaña fue bien distinta. Ahora fue el mismo Chávez quien se montó no sólo en las tarimas sino también tras la estructura de base en la lucha por convencer a los chavistas en el regreso masivo a las urnas: los “patrulleros” del padrón electoral de cada centro de votación en todo el país. Los desvelados pudieron ver por el canal estatal algunas de estas últimas noches al presidente y los referentes principales del PSUV llamando a “patrulleros” a la una de la mañana, para conocer el avance del trabajo de contactar, convencer y garantizar la presencia ante las máquinas de votación el próximo domingo de todos los adherentes del PSUV y de los indecisos sin bandería. Se puso así en marcha una maquinaria de convocatoria popular con el presidente Chávez como principal impulsor.

“Los patrulleros deben estar bien entrenados, esa es la garantía de la victoria, es la batalla práctica. Debemos convencer a los que están dudando y buscarlos estén donde estén, para garantizar ese voto que nos ayudará en la victoria”, dijo Chávez en un acto en el estado Barinas.

Así, es mucho lo que está en juego. Si esta estructura falla y no logra su objetivo de mantener “rojo rojito” la mayor parte del territorio nacional, será leído -interesadamente y no- como una derrota casi personal del presidente.

Justo antes que por disposición del Consejo Nacional Electoral de Venezuela quedara suspendida la difusión de encuestas electoral, varios medios estatales difundieron una encuesta de la estadounidense North American Opinion Research, que da como ganador a los candidatos del PSUV en 21 de los 24 estados de Venezuela. El respetado periodista local Eleazar Díaz Rangel en su columna del domingo pasado en el diario Ultimas Noticias coincidió en general con estos datos, citando otras fuentes.

Por otro lado, tampoco cambiaría el mapa en la capital, Caracas, donde el nuevo alcalde mayor sería el candidato de PSUV, Aristóbulo Istúriz. También se impondría el candidato del oficialismo en el municipio Sucre, una de las zonas populares de los aledaños a Caracas, central para el triunfo tanto en la capital como el estado Miranda, que seguiría en manos de Diosdado Cabello.

Los resultados favorables a Chávez en Caracas servirán también para aplacar el incipiente intento de algunos dirigentes estudiantiles de oposición reciclados en candidatos capitalinos antichavistas.

En suma, aunque tras el recuento de votos del 23N el oficialismo no obtenga la misma cantidad de estados que en las elecciones del 2004 (aquella vez fueron 22 sobre 24) tampoco la oposición capitalizará en el terreno la derrota del referéndum del 2007. Por el contrario, todo indica que lo que viene será la ratificación del liderazgo de Hugo Chávez, que perdura más allá de los vaivenes, las campañas de prensa, las dificultades y los errores propios del proceso político más auscultado, vilipendiado y ensalzado desde la revolución cubana para acá.

 

¡Fraude! Recurso del derrotado

Últimas Noticias

La oposición no habló durante un tiempo de la posibilidad de fraude en las elecciones del próximo domingo. Mientras mantuvo la ilusión -por cierto, funesta ilusión- de que había obtenido una gran victoria en el referendo del 2D, y que ese resultado era extrapolable, se mantuvo en el plano cívico.

Pero cuando debido a sus propias fallas, divisiones internas, falta de liderazgo y de discurso, constató -a través de encuestas y otras formas de medición- que la situación no la favorecería en las urnas y que sus cálculos en cuanto al número de gobernadores y alcaldes se evaporaban, cobró fuerza el recurso clásico, ritual, repetitivo del derrotado: denunciar fraude. ¿De qué manera? Comenzando, primero, a disparar contra el árbitro, el CNE, catalogándolo de instrumento de Chávez; y, luego, esparciendo la especie del ventajismo oficial -¿cuál, se pregunta cualquiera observador, es la realidad? La del gobernador Rosales y otros mandatarios regionales opositores y alcaldes de la misma tendencia política-, sembrando sospechas sobre el resultado de los comicios. Pero hay algo más de fondo respecto al planteamiento de fraude.

Acaban de realizarse elecciones municipales en Nicaragua y el Frente Sandinista se impuso abrumadoramente -de 87 alcaldes pasó a 96-, incluso en la capital, Managua. Enseguida el candidato derrotado, el banquero Montealegre, denunció fraude sin siquiera concluir el escrutinio. Y lo que es aún más grave: esa misma noche, con pasmosa sincronización, un vocero del Departamento de Estado secundó la denuncia de la oposición y cuestionó al máximo organismo electoral nicaragüense, afirmando que el resultado no era confiable porque no había suficientes observadores internacionales. Para mí se trata del “efecto Managua”, es decir, del cuestionamiento orquestado, no sólo de la elección en el municipio de un pequeño país centroamericano que, curiosamente, atrae la atención de una nación como EEUU con colosales problemas. Algo verdaderamente insólito, que trasciende el hecho puntual, como es la fijación de una política para la región. A mi juicio lo ocurrido con Nicaragua hay que conectarlo a la realización de las elecciones el próximo domingo, y a otros comicios que se celebrarán en la región.

En concreto: es la descalificación del sistema electoral regional debido al avance de las fuerzas progresistas que optaron por asumir la institución del sufragio. De ahí que los que aquí gritan ¡fraude! están en algo más…

El ciudadano Chávez

La intención es clara: hay que despojar a Hugo Chávez de todos sus derechos, y, por supuesto, de su vida. Lo del magnicidio no es cuento. Como tampoco el propósito de derrocarlo. Ambas fórmulas ya fueron ensayadas sin éxito. Pero estuvieron a punto de lograrlo.

El 11A y el golpe petrolero, acciones en las que estuvieron comprometidos, sin excepción, todos los partidos políticos de la oposición, al igual que la Iglesia católica, Fedecámaras, los medios y gremios profesionales, tenían como objetivo abolir la Constitución de 1999 y acabar con el Estado de derecho. También con la vida del Presidente, quien se salvó de milagro mientras estuvo prisionero.

Esos mismos factores han tratado de montar ahora una aventura similar que por razones obvias niegan. Mientras esos sectores hacen lo que les viene en gana y no disimulan su aviesa intención, avanza una campaña de deslegitimación del Gobierno constitucional y de cuestionamiento de la legalidad que representa el Presidente. No hay antecedentes en el mundo de ataques más feroces, de campañas más despiadadas y descalificadoras contra un Jefe de Estado, que los que se producen en Venezuela.

Aprovechando la permisividad legal existente, las garantías consagradas en la Constitución -hecha para preservar la libertad y no para reprimirla-, y el talante democrático de quienes gobiernan, se dan increíbles manifestaciones de irresponsabilidad y desprecio a la ley. Al extremo que la oposición traspasa todos los límites calificando como de facto al Gobierno e involucrándose en una confabulación antipatria con factores internacionales.

En este insólito contexto la oposición tiene plenos derechos, incluso el de conspirar y atentar contra la vida de Chávez, mientras que a éste se le niega todo. La oposición puede injuriar, agraviar, mentir, ofender, implicarse en aventuras desestabilizadoras y desprestigiar al país en el exterior, en tanto que al Presidente se le quiere negar lo más elemental: el derecho a defenderse; a responder los ataques despiadados de que es víctima y a difundir su obra de gobernante.

No pasa un día sin que alguien se querelle contra Chávez. Que se invoque cualquier motivo para promover acciones ante el Tribunal Supremo, el CNE, la Contraloría y la Fiscalía, al igual que ante la Cidh y cualquier otro organismo desde el cual sea posible escandalizar.

Si Chávez intenta defenderse como ciudadano, sin siquiera recurrir a los órganos jurisdiccionales competentes; si reclama el injusto tratamiento de que es objeto en los medios, enseguida se le acusa de autócrata. Si en una campaña electoral como la actual ejerce el derecho cívico de irse a la calle a debatir, a exponer planes, a polemizar y a llamar a votar por los candidatos de su partido -al igual que lo hacen gobernadores y alcaldes de la oposición- es acusado de ventajista. O sea, que Chávez no tiene derechos. Todos los confiscó la oposición. El ciudadano Chávez no existe.

Pero esta grotesca forma de hacer política y tan descarada manifestación de irracionalidad con la que se quiere confundir al pueblo, revierte negativamente contra la oposición como hasta ahora ha ocurrido. Lo veremos el próximo domingo. Eso sí, votando y, sobre todo, aceptando los resultados, como Chávez lo dijo mientras la oposición guarda sospechoso silencio. Y algunos de su voceros ya hablan de fraude.

 
 
Algunos indicadores del “populismo chavista”
 

Chávez: diez victorias y media

 

 

Con libérrimas garantías para la oposición (cosa que cualquier observador desprejuiciado calificaría de “insólitas”), el pueblo de Venezuela concurrirá a las urnas el domingo venidero. Esta vez, para elegir gobernadores y alcaldes.

Si los pronósticos aciertan, la revolución bolivariana volverá a imponerse en las urnas. Algunas firmas de encuestas pronostican que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) conseguirá 21 de 23 gobernaciones y 329 alcaldías del país (67 por ciento).

Tres comicios presidenciales (1998, 2000, 2006); tres referendos constitucionales (dos en 1999, uno en 2004); dos elecciones parlamentarias (1999, 2005); dos municipales y parroquiales (2000, 2005), y una más, regional (2004). Hugo Chávez sólo perdió el referendo para la reforma constitucional (diciembre de 2007).

Diez años de democracia real, y 11 victorias electorales consecutivas, incluyendo la que perdió por la mínima diferencia. Total y efectivo: diez y media victorias. ¿Qué “misterios” subyacen en el masivo apoyo que reciben Chávez y el gobierno que conduce?

Revisemos algunos indicadores de lo que algunos sabios llaman “metapolítica populista chavista” (periodo 1998-2007, datos oficiales).

• Pobreza extrema: bajó de 20.3 a 9.4 por ciento.

• Pobreza general: de 50.4 a 33.07.

• Brecha riqueza-pobreza: de 28.1 a 18.

• Mortalidad infantil: de 21.4 a 13.9 por cada mil nacidos vivos.

• Desocupación: de 16.06 a 6.3.

• Salario mínimo: de 100 mil bolívares, a 614 mil 790 (154 a 286 dólares –el más alto de América Latina–, sin incluir el “cesta-ticket”, y otros beneficios que reciben 2 millones 58 mil 373 trabajadores y trabajadoras de los sectores público y privado).

• Aumento del poder adquisitivo: 400 por ciento.

• Inflación promedio: gobierno de Jaime Lusinchi (1984-88) 22.7 por ciento; Carlos Andrés Pérez (1989-93) 45.3; Rafael Caldera (1994-98) 59.4; Hugo Chávez (1999-2007) 18.4 por ciento.

• Educación: de 3.38 a 5.43 por ciento (inversión social respecto del PIB).

• Educación prescolar: de 44.7 a 60.6.

• Educación básica: de 89.7 a 99.5

• Educación media y diversificada: de 27.3 a 41.

• Educación superior: de 21.8 a 30.2.

• Alimentación escolar: de 252 mil 284 a un millón 815 mil 977 beneficiarios.

• Acceso a Internet: de 680 mil a 4 millones 142 mil 68 usuarios.

• Salud: de 1.36 a 2.25 por ciento.

• Acceso al agua potable: de 80 a 92 por ciento

• Recolección de aguas servidas: de 62 a 82.

• Situación económica futura del país (“mucho mejor”, “un poco mejor”): 50 por ciento de los consultados por Latinbarómetro respondió “mucho mejor”, en tanto el promedio de los países latinoamericanos dijo “poco mejor” (31 por ciento).

• Situación económica actual (“muy buena”, “más buena”): 52 por ciento de los venezolanos respondieron “muy buena”, en tanto el promedio continental fue “buena” para 21 por ciento.

La encuestadora chilena Latinbarómetro, nada “chavista” por cierto, realizó un par de mediciones en torno al “grado de satisfacción con la democracia”. En 1998, Venezuela figuraba con 35 puntos, por debajo del promedio general. En 2007, la confianza creció a 59 por ciento.

En cuanto a desempeño del Estado y políticas públicas, 67 por ciento de los venezolanos piensan que el Estado puede resolver todos sus problemas, contra un promedio de 38 por ciento que en América Latina piensa igual.

Aprobación o desaprobación de la gestión del gobierno encabezada por Chávez: 61 por ciento respondió a Latinbarómetro positivamente, por debajo de 75 alcanzado en abril de 2002, cuando el fallido golpe de Estado respaldado por Washington y Madrid.

En 2007, la confianza depositada en Chávez fue de 60 por ciento, contra un promedio de 43 puntos respecto de otros gobernantes de América Latina.

Otra encuestadora, la famosa Gallup, preguntó a más de 50 mil personas del mundo: “en lo que a usted concierne, ¿cree que 2008 será mejor o peor que 2007?” Entre 54 países, Venezuela ocupó el quinto lugar: 53 por ciento de optimistas.

Tales son los datos que ocultan la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el grupo español Prisa, y los medios electrónicos de embrutecimiento colectivo (CNN, Fox, Televisa, Tv Azteca, Venevisión, Tv Globo, Multimedios Clarín, etcétera).

Y ahora, una de tres, vote usted:

a) Chávez es un “Mussolini tropical”, como dijo un escritor viejito, con vuelo propio;

b) Chávez es un “caudillo tele-evangélico”, como dijo un escritor menos viejito, sin vuelo propio;

c) Chávez es un hombre querido y respetado por su pueblo, y está dispuesto a defender las grandes transformaciones habidas en el decenio pasado.

Rebelion.org