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Archive for noviembre 15th, 2008

Infidelidad por Internet…

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Infidelidad virtual, separación real

Redacción BBC Mundo

Second Life

Para tener sexo en Second Life es necesario primero comprar los genitales.

La esposa llega a casa y encuentra a su marido con otra mujer en una situación comprometida. La esposa se siente traicionada y presenta una demanda de divorcio. El matrimonio se termina.

Esta es la historia de Amy Taylor y David Pollard, pero ¿qué tiene de especial? La respuesta es que en esta ocasión la infidelidad tuvo lugar más allá del mundo en el que vivimos.

Amy Taylor y David Pollard se conocieron en una sitio de chateo en internet en 2003. Más tarde se casaron y tomaron interés en Second Life, un mundo virtual en el que los usuarios se recrean a si mismos e interactúan entre sí.

Pero el matrimonio terminó cuando el alter ego virtual o “avatar” de Amy Taylor encontró al de su marido teniendo relaciones sexuales con una prostituta en el sofá.

Genitales en oferta

¿Cómo tienen sexo los personajes en Second Life? “Primero hay que comprar los genitales”, responde Adrian Mars, especialista en temas de tecnología.

“Cuando empiezas en Second Life no tienes genitales y tienes que comprarte unos. Los hay de todo tipo, incluso unos que eyaculan en el momento preciso”.

Cuando empiezas en Second Life no tienes genitales y tienes que comprarte unos. Los hay de todo tipo, incluso unos que eyaculan en el momento preciso
Adrian Mars, especialista en temas de tecnología

Mars agregó que aunque algunos llegan a tener relaciones muy intensas, lo cierto es que los mecanismos sexuales en Second Life no son nada apasionantes: “Lo que ves en la pantalla es lo que hay y lo mejor a lo que puedes aspirar es un poco de humor sexual”.

“Obviamente, las relaciones sexuales en Second Life no son lo mismo que en la vida real, pero ciertos comportamientos pueden resultar igual de ofensivos en el mundo virtual que en de verdad”.

Los usuarios de Second Life pueden comunicarse verbalmente a través de micrófonos o escribiendo mensajes que aparecen en una burbuja de texto encima del personaje. Es posible tocarse, moverse y gesticular.

Limitaciones sexuales en Second Life

Pero las caricias en Second Life están muy lejos de ser algo sensual. Según Gabby Kent, profesora de juegos de computador en la Universidad de Teeside, no hay que olvidar que estos alter ego son meras aglomeraciones de píxeles que no pueden doblar músculos individuales.

Second Life

Las relaciones sexuales también tienen sus reglas en el mundo virtual.

Así, una relación sexual entre dos personajes virtuales sería algo así como dos muñecos frotando torpemente sus cuerpos.

Los movimientos pueden realizarse por medio del teclado o el ratón, aunque por el momento la representación en la pantalla es muy rudimentaria.

La forma de explorar estos mundos virtuales se basa en gran medida en asunciones. Basta con hacer click sobre una puerta para que el alter ego la traspase, sin necesidad de dirigir la mano de forma explícita sobre el pomo.

Quizás por esa razón, la mayor parte del sexo en Second Life es por medio de palabras.

Etica sexual en la red

Kent opina que el hecho de que Amy Taylor se sintiera traicionada está justificado ya que en Second Life todos los personajes son representaciones de un ser de carne y hueso.

Las relaciones sexuales entre alter egos sólo pueden tener lugar si ambos consienten y lo mismo sucede a la hora de quitarle la ropa a un personaje.

La infidelidad y el adulterio son sólo algunos de los temas espinosos en Second Life.

Se sabe de comportamientos sexuales inadecuados, como el caso de un periodista estadounidense que fue atacado por una bandada de penes voladores mientras realizaba una entrevista en su oficina virtual.

Written by Eduardo Aquevedo

15 noviembre, 2008 at 19:00

P. Krugman: ¿Franklin Delano Obama?

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krugman_visita_barcelonaPor Paul Krugman/Premio Nobel de Economía 2008

DE PRONTO, TODO lo viejo vuelve a ser un Nuevo Trato. Reagan está out, mientras Delano Roosevelt (FDR) está in. Pero ¿cuánta orientación ofrece la era de Roosevelt al mundo? La respuesta es: mucha. Aunque Obama debiera aprender también de los fracasos de FDR, así como de sus logros. El Nuevo Trato (el New Deal de Roosevelt) no fue tan exitoso en el corto plazo como en el largo. Y la razón para ello, que casi desarmó su plan completo, fue que su política económica fue muy cauta.

Respecto del largo plazo: las instituciones que construyó demostraron ser tanto perdurables como esenciales. Aún son el fundamento de la estabilidad económica estadounidense. Imagine cuán peor sería la crisis si el Nuevo Trato no hubiese asegurado la mayoría de los depósitos o lo inseguros que se sentirían los estadounidenses de mayor edad si los republicanos hubiesen desmantelado la seguridad social. ¿Puede Obama conseguir algo comparable? Los progresistas esperan que su administración, como el Nuevo Trato, responda a la crisis económica y financiera creando instituciones, en especial un sistema universal de atención de salud, que cambie la sociedad estadounidense por generaciones. Pero no debiera buscar emular algo menos exitoso: la inadecuada respuesta a la Gran Depresión misma.

Existe toda una industria intelectual, que opera sobre todo en think tanks de derecha, dedicada a propagar que FDR empeoró la Depresión. Es importante saber que lo que se escucha entre líneas se basa en una deliberada tergiversación. El Nuevo Trato trajo un alivio real a la mayoría. Dicho esto, FDR no pudo en la práctica conseguir una recuperación económica plena en sus primeros dos períodos. El fracaso suele ser mencionado como evidencia en contra de la economía keynesiana, que plantea que mayor gasto público puede activar una economía estancada. Pero el estudio sobre la política fiscal en la década de 1930 del economista del MIT Cary Brown concluyó algo muy diferente: los estímulos fiscales no tuvieron éxito, pero “no porque no funcionen, sino porque no se intentaron”. Esto pareciera difícil de creer. Es fama que el Nuevo Trato puso a millones de estadounidenses en la nómina pública de pagos mediante la Agencia de Obras Públicas (WPA) y el Cuerpo de Conservación Civil.

Hasta hoy los estadounidenses nos movilizamos por carreteras de la WPA y enviamos a nuestros hijos a escuelas de la WPA. ¿No representaron estas obras públicas un estímulo fiscal de importancia? Bueno, no fue tanto como se podría pensar. Los efectos del gasto federal en obras públicas fueron compensados por otros factores, en especial un gran aumento de los impuestos aplicados por el Presidente republicano Herbert Hoover, cuyos efectos no se sintieron hasta que su sucesor tomó el mando.

También, la política expansiva a nivel federal se vio disminuida por recortes de gastos y el aumento de los impuestos a nivel estadual y local. Y FDR no sólo era renuente a emprender una expansión fiscal generalizada: ansiaba regresar a los principios presupuestarios conservadores. Ese afán casi destruyó su legado. Luego de obtener una aplastante victoria en 1936, la administración limitó el gasto y elevó los impuestos, precipitando una recaída que llevó, una vez más, el desempleo a los dos dígitos y condujo a una gran derrota en las elecciones de mitad de período. Lo que salvó a la economía y al Nuevo Trato fue el enorme proyecto de obras públicas conocido como Segunda Guerra Mundial, que dio un estímulo fiscal adecuado a la economía.

La historia ofrece importantes lecciones para la próxima administración. La enseñanza es que los pasos económicos en falso pueden socavar un mandato electoral. Los demócratas ganaron en grande el 4 de noviembre pero ganaron aún más en 1936, sólo para ver evaporarse sus ganancias tras la recesión de 1937-1938. Los estadounidenses no esperan ahora resultados instantáneos, pero sí resultados, y la euforia demócrata tendrá corta vida si no producen una recuperación económica.

La lección consiste en la importancia de hacer lo suficiente. FDR pensaba que era prudente al contener sus planes de gasto: en realidad estaba tomando grandes riesgos con la economía y su legado. Mi consejo a la gente de Obama es que calculen cuánta ayuda piensan que necesita la economía y luego le agreguen 50%. Es mucho mejor en una economía deprimida equivocarse por el lado del mucho estímulo que por el del muy poco. Las posibilidades de que Obama lidere un Nuevo Trato dependen de que sus planes económicos de corto plazo sean audaces. Los progresistas sólo pueden esperar que él tenga la audacia necesaria

INTERNATIONAL HERALD TRIBUNE/DERECHOS EXCLUSIVOS PARA LA NACIÓN

Edgar Morin: “Viviremos otros mayos del 68”. Entrevista

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edgar_morinJAVIER RODRÍGUEZ MARCOS – Madrid – 15/11/2008

“Por la ciencia, como por el arte, se va al mismo sitio: a la verdad”. Un enorme azulejo con esta cita de Gregorio Marañón preside la estación madrileña de metro que lleva su nombre. A unos metros de allí, en la Residencia de Estudiantes, un hombre, más irónico y menos optimista, piensa algo parecido. Es el filósofo francés Edgar Morin, que el jueves pasó por Madrid para cerrar la Semana Marañón con una conferencia sobre la ética y los valores en el siglo XXI.

Nacido en 1921, este parisiense de origen sefardí llamado realmente Edgar Nahum, ha estado en las suficientes batallas -la liberación de París, su expulsión del Partido Comunista, mayo del 68- como para saber si esos valores han cambiado con el milenio. “Lo que cambia es la propia idea del bien y del mal. El siglo XX ha dado todo el sentido a la frase de que el infierno está empedrado de buenas intenciones”. Morin ha acuñado el concepto “ecología de la acción” para subrayar la distancia entre teoría y práctica. La política es, dice, uno de los grandes caladeros de esa contradicción: “La invasión de Irak pretendía combatir el terrorismo y ha provocado una escalada terrorista. Y el comunismo: millones de militantes convencidos de trabajar por la emancipación de la humanidad sin saber que lo hacían por una nueva forma de esclavitud”, apunta el autor de títulos como Introducción al pensamiento complejo (Gedisa) y de los cuatro volúmenes de El método (Cátedra).

Morin propone introducir en la moral la idea de contradicción: “Puede haber dos imperativos morales con la misma fuerza pero antagónicos. En algunos pueblos árabes conviven la moral de la hospitalidad y la de la venganza. Ambas son sagradas. Uno de mis maestros contaba la historia de un hombre asesinado por un rival. Al anochecer, el asesino pidió hospitalidad en casa de la viuda. Ésta lo acogió, pero por la mañana lo mató”. Respecto a la superioridad de los valores occidentales, el pensador advierte contra el eurocentrismo y pone el ejemplo de la medicina tradicional china. Para Morin, la aportación de Occidente es incontestable por dos vías: la ciencia y la crítica, es decir, las vacunas y los disidentes. “El rechazo a Europa”, explica, “se entiende porque colonizó el mundo. Pero Occidente no sólo generó la colonización, también generó sus antídotos. Produjo a Hernán Cortés, pero también a Bartolomé de las Casas. Los derechos de la mujer son buenos para las musulmanas. Eso sí, no podemos imponerlos”.

El problema es legislar sobre cuestiones morales. La idea de contradicción que él propone casa mal con una ley igual para todos: “No podemos deducir un bien colectivo a partir de uno individual”. Temas como el aborto encarnan esos dilemas: “Ahí entran en juego tres derechos: el de la mujer a su autonomía, el de la sociedad a controlar su demografía y el del embrión. ¿A partir de qué momento somos humanos? No hay respuesta clara. ¿Qué hacer? En Francia se privilegió, y estoy de acuerdo, el derecho de la mujer. En China, el de la sociedad, y de forma negativa. Finalmente, el embrión tiene ya existencia. No estoy de acuerdo con la Iglesia, pero lo que eliminamos no es un objeto, es un ser vivo. Es una elección que apoyo, pero hay que ser consciente de lo que supone”.

En la Semana Marañón, dedicada al humanismo en la medicina, se impone una pregunta: ¿debe la ciencia hacer todo lo que puede hacer? Para Morin, hay que distinguir entre curar y “perfeccionar”. No es lo mismo querer un hijo para salvar a su hermano que quererlo con ojos azules. Con todo, matiza, “estamos en un periodo muy primitivo de la genética”. ¿La filosofía está a la altura de esa revolución? ¿Es la ciencia la filosofía de hoy? “Rotundamente, no. Nos preguntamos por qué el progreso ha producido las armas de destrucción masiva. Pues porque la ciencia moderna se desarrolló a partir de la separación entre los hechos objetivos, de los que se ocupa ella, y los valores, que quedan para la religión y la filosofía. Fue el precio que hubo que pagar para que la ciencia sea autónoma. Pero los científicos no tienen ningún medio para controlar su propia obra”. Hasta ahora, esa laguna la ha llenado la vieja moral: con seres humanos no se experimenta. “Son derechos que habría incluso que ampliar a los animales torturados en laboratorios y granjas”.

¿Y qué hay de la filosofía? “Es víctima de la separación entre la cultura científica y la humanista. Son escasos los filósofos al día en cuestiones científicas. Prefieren comentar a Platón. Cuando se interesan por la vida no tienen conocimientos para juzgar. Ahí está Sartre, que se equivocó sobre el estalinismo. O Foucault, que dijo que la revolución de Jomeini era progresista”.

A los 40 años de una revolución más efímera, la de mayo del 68, Edgard Morin, uno de sus grandes cronistas, defiende las dos primeras semanas de revuelta: “Expresaron una aspiración que recorre la historia de la humanidad desde el anarquismo (libertad), el socialismo (justicia) y el comunismo (igualdad). Además de una explosión adolescente, hubo algo especial: la gente se hablaba en las calles de París, cosa que nunca hace, y las consultas de los psiquiatras se vaciaron. Todos curados. Luego la revuelta degeneró y la gente volvió al psiquiatra. Pero la aspiración sigue. Viviremos otros mayos del 68”. Lo dice con una sonrisa, sorprendido casi por el optimismo de un hombre que, a sus 87 años, todavía hace planes de futuro.

J. Stiglitz: la crisis mundial y el siguiente Bretton Woods

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joseph-stiglitzJoseph E. Stiglitz 09/11/2008

El mundo está cayendo en una grave desaceleración mundial, probablemente la peor del último cuarto de siglo, quizá incluso la peor desde la Gran Depresión de 1929. Una crisis que, en más de un sentido, es made in USA, fabricada en Estados Unidos.

Estados Unidos exportó sus hipotecas tóxicas al resto del mundo en forma de títulos respaldados por activos. Exportó su filosofía desreguladora del mercado libre, algo que ahora hasta Alan Greenspan, su sumo sacerdote, admite que fue un error. Exportó su cultura de irresponsabilidad empresarial y la opaca práctica de las opciones de compra de acciones, que fomentan esa mala contabilidad que, al igual que ocurrió en los escándalos de Enron y Worldcom hace unos pocos años, tan importante ha sido en este descalabro. Como colofón, EE UU ha exportado su desaceleración económica.

La Administración de Bush ha acabado haciendo lo que todos los economistas le instaban a hacer: inyectar más liquidez en los bancos. Sin embargo, como siempre, el problema está en los detalles, y puede que el secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, haya logrado incluso echar por tierra esta buena idea, ya que parece haber concebido una recapitalización bancaria que no va a producir la reactivación del crédito, algo que no sería nada bueno para la economía.

Más importancia tiene aún que las condiciones impuestas por Paulson a los bancos estadounidenses receptores de capital sean mucho peores que las dictadas por el primer ministro británico Gordon Brown (por no hablar de las que consiguió Warren Buffett cuando proporcionó mucho menos dinero a Goldman Sachs, el banco de inversión más sólido de EE UU). Los precios de las acciones demuestran que, para los inversores, éste ha sido un acuerdo excelente.

Una de las razones para preocuparse por el mal acuerdo que se ha ofrecido a los contribuyentes estadounidenses es la deuda nacional que se nos viene encima. Antes incluso de esta crisis financiera, estaba previsto que el endeudamiento de EE UU pasara de 5,7 billones de dólares en 2001 a más de 9 billones este año. Por sí sola, la deuda del presente año se acercará al medio billón, y la del año próximo, al acentuarse la desaceleración en Estados Unidos, será todavía mayor. El país necesita un gran paquete de medidas de estímulo. Pero los conservadores fiscales de Wall Street (sí, los mismos que nos han conducido a este bajón) ahora pedirán que se modere el déficit (lo cual nos recuerda a Andrew Mellon en la Gran Depresión de 1929).

Podemos decir que la crisis se ha extendido a los mercados emergentes y a los países menosdesarrollados. Por curioso que parezca, Estados Unidos, pese a todos sus problemas, sigue considerándose el lugar más seguro para depositar el dinero. Supongo que no es muy sorprendente, ya que, con todo, el aval del Gobierno de EE UU tiene más credibilidad que el de un país del Tercer Mundo.

Mientras Estados Unidos rebaña los ahorros del mundo para solucionar sus problemas, las primas de riesgo se disparan y, por todas partes, la renta, el comercio y los precios de las materias primas se hunden. Los países en vías de desarrollo van a pasarlo mal. Probablemente algunos vayan a sufrir más que otros: los que ya antes de que arreciara la crisis tenían un considerable déficit comercial, los que debían refinanciar una deuda nacional y los que mantenían vínculos comerciales estrechos con Estados Unidos. Los países que, como China, no han liberalizado del todo sus mercados financieros y de capital, se congratularán de no haber cedido ante Paulson y el Tesoro estadounidense, que les conminaban a hacerlo.

Muchos están pidiendo ayuda ya al Fondo Monetario Internacional (FMI). Lo que se teme es que, al menos en ciertos casos, el FMI retome sus antiguas y fallidas recetas, basadas en una contracción fiscal y monetaria que no hará más que incrementar la injusticia en el mundo. Aunque los países desarrollados apliquen políticas estabilizadoras anticíclicas, los que están en vías de desarrollo se verán obligados a tomar otras de carácter desestabilizador que alejarán el capital cuando más lo necesitan.

Hace diez años, en la época de la crisis asiática, se habló mucho de la necesidad de reformar la arquitectura financiera mundial. Es evidente que se hizo poco, demasiado poco. En esa época, muchos pensaban que lo que de verdad buscaban esos nobles llamamientos era impedir una auténtica reforma: los que se habían beneficiado del sistema anterior sabían que la crisis pasaría y, con ella, las demandas de reforma. No podemos permitir que eso vuelva a ocurrir.

Quizá estemos de nuevo ante una situación como la de Bretton Woods. Las antiguas instituciones han reconocido que la reforma es necesaria, pero se mueven tan lentas como los glaciares. No hicieron nada por impedir la crisis actual y preocupa que no sean capaces de reaccionar eficazmente ahora que arrecia.

Tuvieron que pasar 15 años y una guerra mundial para que el mundo se reuniera a abordar las debilidades del sistema financiero común que contribuyó a la Gran Depresión de 1929. Esperemos que en esta ocasión no nos cueste tanto tiempo, ya que, dado el grado de interdependencia global, simplemente los costes serían demasiado elevados.

Sin embargo, mientras que el antiguo Bretton Woods lo dominaron Estados Unidos y Gran Bretaña, el panorama global actual es notablemente distinto. De igual manera, las antiguas instituciones de Bretton Woods acabaron definiéndose a partir de un conjunto de doctrinas económicas que ahora se han revelado fallidas, no sólo en los países en vías de desarrollo, sino en el propio núcleo del capitalismo. La inminente cumbre mundial, para conducir realmente a la creación de un orden financiero más estable y equitativo, deberá enfrentarse a estas nuevas realidades.

Joseph E. Stiglitz, catedrático de Economía de la Universidad de Columbia y premio Nobel de Economía en 2001, es coautor, junto a Linda Bilmes, de The three trillion dollar war: the true costs of the Iraq conflict. © Project Syndicate, 2008. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.

El País.es

P. Krugman: la crisis financiera fuera de control…

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krugman33El remolino que no para de agrandarse

PAUL KRUGMAN

Los datos económicos rara vez inspiran pensamientos poéticos. Pero mientras contemplaba el conjunto de cifras más reciente, me di cuenta de que me pasaba por la mente William Butler Yeats: “Girando y girando en el remolino que no para de agrandarse / El halcón no oye al halconero; / Las cosas se desmoronan; el centro no se sostiene”.

En este caso, el remolino que no para de agrandarse serían los bucles de retroalimentación (adiós a la poesía) que hacen que la crisis financiera se descontrole todavía más. El desdichado halconero sería, supongo, Henry Paulson, el secretario del Tesoro .

Y el remolino sigue agrandándose de formas nuevas y terroríficas. Mientras Paulson y sus homólogos de otros países tomaban medidas para rescatar a los bancos, nuevos desastres se acumulaban en otros frentes.

Algunos de estos desastres ya se preveían más o menos. Los economistas ya venían preguntándose desde hace tiempo por qué los fondos de cobertura no se veían afectados por la carnicería financiera. Ya no tienen que preguntárselo por más tiempo: los inversores están retirando su dinero de estos fondos, obligando a sus gestores a obtener efectivo vendiendo acciones y otros activos a precio de saldo.

Sin embargo, lo realmente escandaloso es el modo en el que la crisis se está extendiendo a los mercados emergentes, a países como Rusia, Corea del Sur y Brasil.

Estos países se vieron afectados de lleno por la anterior crisis financiera mundial, a finales de la década de 1990 (que en aquel momento parecía algo terrible, pero fue como pasar un día en la playa comparado con la que se nos ha echado encima ahora). Estos países respondieron a la experiencia acumulando enormes reservas de dólares y euros, que supuestamente debían protegerlos en caso de futura necesidad. Y parece que fue ayer cuando todo el mundo hablaba del “desacople”, la supuesta capacidad de las nuevas economías de mercado para seguir creciendo aunque Estados Unidos entrase en recesión. “El desacople no es un mito”, aseguraba The Economist a sus lectores en marzo. “De hecho, puede que incluso salve a la economía mundial”.

Eso era entonces. Ahora los mercados incipientes están en un buen apuro. De hecho, dice Stephen Jen, principal economista de divisas de Morgan Stanley, el “aterrizaje forzoso” de los nuevos mercados podría convertirse en el “segundo epicentro” de la crisis mundial (los mercados financieros estadounidenses fueron el primero).

¿Qué ha ocurrido? En la década de 1990, los gobiernos de los mercados emergentes eran vulnerables porque se habían acostumbrado a pedir prestado en el extranjero; cuando los dólares dejaron de afluir, se vieron empujados al borde del abismo. Desde entonces, han tenido cuidado de endeudarse principalmente en los mercados nacionales, al tiempo que acumulaban enormes reservas de dólares. Pero toda su cautela no ha servido para nada porque el sector privado ha hecho caso omiso del riesgo.

En Rusia, por ejemplo, los bancos y las grandes empresas corrieron a pedir prestado en el extranjero, porque los tipos de interés en dólares eran más bajos que en rublos. Así que, mientras el Estado ruso acumulaba una impresionante reserva de moneda extranjera, las empresas y los bancos rusos acumulaban una deuda externa igualmente impresionante. Ahora les han cortado las líneas de crédito, y su situación es desesperada.

Es innecesario decir que los problemas actuales en el sistema bancario y los nuevos problemas de los fondos de cobertura y de los nuevos mercados se refuerzan mutuamente. Las malas noticias engendran malas noticias, y el círculo de dolor sigue agradándose.

Mientras tanto, los políticos estadounidenses siguen mostrándose reacios a hacer lo que hay que hacer para controlar la crisis. Fue una buena noticia que Paulson accediese por fin a inyectar capital en el sistema bancario a cambio de la propiedad parcial. Pero la semana pasada Joe Nocera, de The Times, señalaba un fallo esencial del plan del Tesoro estadounidense para rescatar a los bancos: no contiene garantías contra la posibilidad de que los bancos sencillamente se guarden el dinero. “A diferencia del Gobierno británico, que ha acondicionado las inyecciones de capital a la concesión de créditos, a nuestro Gobierno parece que le da miedo hacer cualquier cosa que no sea rogar”. Y cómo no, parece que los bancos se están dedicando a acumular dinero.

Hoy están pasando cosas raras en lo que respecta al mercado hipotecario. Yo creía que lo que el Gobierno federal pretendía con la absorción de las agencias de préstamo Fannie Mae y Freddie Mac era eliminar los temores acerca de su solvencia y de ese modo bajar los tipos hipotecarios. Pero algunos altos cargos insisten en negar que la deuda de Fannie y Freddie esté respaldada por “toda la fe y el crédito” de la Administración Pública estadounidense y, en consecuencia, los mercados siguen tratando la deuda de las agencias como un activo arriesgado, lo cual hace subir los tipos de interés en un momento en el que deberían estar bajando.

Lo que ocurre, sospecho, es que la ideología antiestatal del Gobierno de Bush sigue impidiendo que se tomen medidas efectivas. Los acontecimientos han obligado a Paulson a nacionalizar parcialmente el sistema financiero, pero él se niega a usar el poder que conlleva esa propiedad.

Sean cuales sean los motivos para que persista la debilidad en la política, es evidente que la situación sigue sin estar controlada. Todo se está yendo a pique.

Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y Premio Nobel de Economía 2008. © 2008 New York Times Service. Traducción de News Clips.

El País.es